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Oseas

El documento presenta información sobre el profeta Oseas. Oseas predicó en el reino del norte de Israel durante un período de declive nacional entre 755-715 a.C. Su mensaje advirtió sobre el juicio divino debido a la infidelidad espiritual de Israel hacia Dios a través del abandono de su pacto y la adoración a dioses falsos. Oseas ilustró esta relación usando su propio matrimonio con una esposa infiel, Gomer, y los nombres de sus hijos.

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Oseas

El documento presenta información sobre el profeta Oseas. Oseas predicó en el reino del norte de Israel durante un período de declive nacional entre 755-715 a.C. Su mensaje advirtió sobre el juicio divino debido a la infidelidad espiritual de Israel hacia Dios a través del abandono de su pacto y la adoración a dioses falsos. Oseas ilustró esta relación usando su propio matrimonio con una esposa infiel, Gomer, y los nombres de sus hijos.

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CAPÍTULO 5

OSEAS

PATERNIDAD Y FECHA
El autor de este libro es el profeta Oseas, quien se identifica como hijo de Beeri (1.1). El nombre Oseas
significa «salvación». Predicó en el reino del norte (Israel, también llamado «Efraín») durante un período
de declinación nacional.
Cuando Oseas empezó su ministerio, Jeroboam II era el rey y fue un tiempo de gran prosperidad, y luego
siguieron cuatro consecutivos reyes de Judá: Uzías, Jotam, Acaz y Ezequías. Esto quiere decir que su
ministerio profético abarcó un período de unos cuarenta años, como del 755 a.C. al 715 a.C. Pero la nación
se corrompía internamente y se involucraba en alianzas extrañas en lugar de confiar en que Dios los
guiaría y protegería. Oseas vivió para ver cómo los asirios llevaban cautivo a Israel en el 721 a.C. Léase en
2 Reyes 15–17 una parte del trasfondo histórico.
Excepto por lo que se puede espigar del mismo texto, muy poco se sabe del profeta mismo aparte de la
historia de su tragedia conyugal, narrada en los capítulos 1–3. Sin embargo, es posible deducir que era del
reino del norte, por cuanto hay muchas menciones geográficas en el mensaje (p.ej., 4.15; 5.1; 6.8), y que
se trataba de una persona culta, por su lenguaje y conocimiento histórico. Oseas fue el primer y único
profeta literario oriundo del reino del norte. Ejerció su ministerio en Israel.
Su ministerio queda claramente datado por los reinos de cuatro reyes del sur (Uzías, Jotam, Acaz y
Ezequías) y Jeroboam II del norte (1.1). Una fecha razonable para esta profecía sería el 750 a.C.

MARCO HISTÓRICO
Concluimos que el ministerio de Oseas se sitúa en el período entre el final del reinado de Jeroboam II
(752–753 a.C.) y la caída de Samaria (725–722 a.C.), tiempo de marcada corrupción religiosa
(«baalización») y descomposición política en Israel (sucesión de varios golpes de estado y reyes; 2 R 15), a
la vez que de desarrollo del poderío de ASIRIA (Os 5.13; 7.11s; 8.9; etc.).

PROPÓSITO DE OSEAS
Esta profecía fue la última voz de Dios al reino del norte, Israel, antes de su destrucción. Fue un intento de
gracia de rescatar a personas individuales de entre la nación sentenciada. Este mensaje de juicio fue
cumplido al cabo de pocos años.

BOSQUEJO BÁSICO
(1) La esposa infiel (1-3)
(2) El pueblo infiel (4-14)

BOSQUEJO PARA ESTUDIO Y ENSEÑANZA


La esposa adúltera y el esposo fiel 1.1—3.5
1. La introducción al Libro de Oseas 1.1
2. El matrimonio profético de Oseas y Gomer 1.2—2.1
a. Matrimonio de Oseas con Gomer 1.2
b. Los niños de Oseas y Gomer 1.3–9
c. La aplicación de la futura restauración 1.10—2.1
3. La aplicación del adulterio de Gomer 2.2–23
a. El pecado del adulterio espiritual de Israel 2.2–5
b. Juicio de Dios 2.6–13
c. Restauración de Israel 2.14–23
4. La restauración de Gomer a Oseas 3.1–5
El adúltero Israel y el Señor fiel 4.1—14.9
1. El adulterio espiritual de Israel 4.1—6.3
a. Los pecados de Israel 4.1–19
- Rechazo del conocimiento de Dios 4.1–10
- Idolatría de Israel 4.11–19
b. Juicio sobre Israel 5.1–14
c. Restauración de Israel 5.15—6.3
2. Israel rehúsa arrepentirse de su adulterio 6.4—8.14
a. Transgresión voluntaria del pacto 6.4–11
b. No quieren volver voluntariamente al Señor 7.1–16
c. Idolatría voluntaria 8.1–14
3. Dios enjuicia a Israel 9.1—10.15
a. Juicio de dispersión 9.1–9
b. Juicio de infertilidad 9.10–17
4. La restauración de Israel al Señor 11.1—14.9
a. El amor de Dios por Israel 11.1–11
b. El continuo pecado de Israel 11.12—13.16
c. La promesa de Dios de restaurar a Israel 14.1–9

DATOS IMPORTANTES ACERCA DE OSEAS


(1) Palabra clave: el amor de Dios por Israel.
(2) Capítulo clave: 2, una descripción del amor.
(3) Versículo clave: 1.2-9; 2.5-8; 3.1-5
(4) Personajes clave: Oseas y Gomer
(5) Geografía de Oseas: Israel

APORTE A LA TEOLOGÍA
La historia del PACTO de Dios y la infidelidad del pueblo, desde la salida de Egipto, se presenta en Oseas
con la figura del matrimonio (2.2ss; 11.1). Dios no puede pasar por alto la infidelidad, cuyo fruto es
desorden y caos (4.4–6; 8.7; 10.13). La caída de Israel será el resultado final de ese proceso, pero en
medio de esta situación, Oseas afirma lo que es el centro mismo de su mensaje: la gracia de Dios
disciplina pero no abandona a su pueblo (11.3, 4, 8). En esa fidelidad inquebrantable descansa la
esperanza de la restauración (11.9–11). Solo el amor de Dios puede inducir al arrepentimiento y a la
conversión (2.14–23; 6.1–3). El reconocimiento de la misericordia divina hará posible un nuevo trato entre
los israelitas (6.6).
Oseas habla frecuentemente de un juicio o litigio de Dios con su pueblo (2.2ss; 4.1, 4; 7.10; 12.2), de
clamor (8.2) o de sentencia (2.6, 9, 10–16), recursos literarios que señalan el quebrantamiento del pacto.
Pero a menudo el profeta (cuya conciencia de hablar en nombre de Dios es muy clara, como se deduce de
su estilo) introduce quejas en las que se expresa la piedad de Dios y del profeta por el pueblo (7.13ss;
8.8ss) y en que Oseas intercede por Israel (9.14).
Lo fundamental del mensaje de Oseas es la relación de Dios con Israel. Oseas ve los mismos males
morales y religiosos que su contemporáneo Amós, pero halla la raíz de los mismos en la infidelidad de
Israel al pacto. La nación ha abandonado a su esposo y se ha entregado a los dioses cananeos (baales),
confiando en ellos, o en su propio poder militar y en alianzas extranjeras (5.13; 7.11; 12.1). Como
consecuencia, toda su vida privada y pública se ha corrompido (4.11). Israel no tiene conocimiento de Dios,
ha quebrado la relación con Él y no discierne ni sigue su voluntad.
En Oseas, más que en ningún otro profeta del Antiguo Testamento, se ve la relación que existe entre su
mensaje, su persona, y las experiencias de vida personales y de su pueblo.

OTROS PUNTOS IMPORTANTES


La historia de su matrimonio con Gomer (1–3) ha constituido siempre un problema de interpretación.
Escandalizados por la crudeza de los relatos, algunos comentaristas judíos y cristianos han explicado el
matrimonio como una alegoría, como una visión del profeta o como un símbolo, negándole con ello carácter
histórico.
Sin embargo, el relato es demasiado vívido para entenderlo así. Es necesario reconocer que se trata de
un relato autobiográfico, aunque no sea posible reconstruir los detalles, particularmente con respecto a la
relación entre el capítulo 1 (¿es ya Gomer prostituta cuando Oseas se casa con ella o llega a serlo
después?) y el 3 (¿se trata de otro relato del mismo hecho del capítulo 1 o de una separación y nuevo
casamiento posterior?). El hecho es que el mensaje es claro e inconfundible.
CONSIDERACIONES ESPECIALES
Oseas llama al reino del norte por varios nombres: Israel, Efraín y Samaria (p.ej., 4.16-17; 5.9-13; 7.1; 10.6-
7). Israel, naturalmente, es la designación usual; Samaria era la capital del reino del norte y su nombre
simboliza a toda la nación; Efraín se usa porque la tribu con este nombre era la más poderosa de las tribus
en el reino del norte.
Oseas no ejerció su ministerio en tiempos placenteros. Israel estaba en una situación espiritual y moral tan
mala que no tenía parangón. Y políticamente no estaba mejor. Después de la muerte de Jeroboam II, los
asesinos y las intrigas fueron cosa común en la política de Israel. De los últimos 6 reyes en el trono, sólo
uno murió de muerte natural en el cargo (cp. 2R 15.10-30). Moral y espiritualmente, el pueblo estaba casi
totalmente contaminado.
La nación había degenerado moral y espiritualmente hasta el punto que eran parecidos a las naciones que
Josué había expulsado de la tierra hacía muchos siglos. Oseas fue enviado como el último profeta de Dios
a esta situación corrompida.
Durante un breve período de tiempo, es probable que Oseas ejerciera su ministerio de manera
contemporánea a Amós en el norte y a Isaías y Miqueas en el sur.

RESUMEN DE OSEAS
La primera sección principal de la profecía se centra en la situación familiar del profeta, la cual sería la
base de gran parte del mensaje de Oseas a Israel (1.1-3.5). Los tiempos extremados demandan a veces
métodos extremos o inusitados. La nación de Israel había oído las palabras de muchos de los profetas de
Dios, pero los mensajes de estos portavoces de Dios habían caído en oídos insensibles (cp. Dn 9.6,10).
Por ello, Dios escogió emplear un abordamiento más bien extremo para captar la atención de su pueblo.
Dios decidió usar a su profeta (y su familia) como lección práctica para Israel. La familia de Oseas, o más
específicamente la relación de Oseas con su mujer, vendría a ser una ilustración del amor de Dios para con
Israel. Oseas amaría a su mujer aunque ella le sería infiel. Y Dios amaba a Israel aunque ella le había sido
totalmente infiel.
La primera palabra que le vino a Oseas de parte de Dios fue algo extraño. Dios le mandó que se casase
con una mujer que resultaría infiel en su relación matrimonial. El término “mujer fornicaria” (1.2) sugiere
intensamente que Gomer (la mujer de Oseas) era culpable de inmoralidad sexual antes del matrimonio,
quizá como prostituta de un templo. La imagen de la prostitución es usada por Oseas a lo largo de su
mensaje (2.2-5; 3.3; 4.10-19; 5.3-4; 6.10; 9.1). Era un tema totalmente apropiado para la nación de Israel
en su relación con Dios. Oseas se casó con Gomer y nacieron tres hijos, que recibieron nombres que dirían
algo acerca de la relación de Dios con Israel (1.4,6,9). El primogénito fue llamado Jezreel (nombre que
simboliza “juicio”); el segundo, una hija, Lo-ruhama (que significa “no compadecida”); ; el tercero, Lo-ammi
(que significa “no mi pueblo”, dando a entender que Dios se estaba alejando de Israel). Hay cierta evidencia
de que aunque el primer hijo era claramente de Oseas, los otros dos no fueron engendrados por él.
Evidentemente, Gomer se cansó del matrimonio y abandonó a Oseas, volviéndose a su vida de inmoralidad
(2.2,5). Durante un tiempo vivió la “buena vida” de abundancia material y prosperidad. Evidentemente
durante esa época, Oseas realmente contribuyó con el sostenimiento de su esposa descarriada (2.8). Esto
por supuesto, sería un paralelismo preciso de lo que Dios había hecho por Israel, prosperándole durante el
reinado de Jeroboam II cuando estaba tan profundamente involucrada en la idolatría. Obviamente la
“buena vida” de Gomer tuvo un terrible final y terminó en una subasta, vendida como esclava. Dios mandó
entonces a Oseas que fuese y comprase a su mujer y la restaurase como esposa suya (3.1-3), lo cual hizo.
De modo que Gomer fue comprada y restaurada como la mujer del profeta. Esta experiencia en la vida de
Oseas fue ideada para mostrarle a Israel cuán profundo e inmutable era el amor de Dios. Y serviría de base
para el ministerio de predicación de Oseas.
La segunda división principal de esta profecía es un mensaje a esta infiel nación que había recibido tanto
de Jehová (4.1-14.9). La nación de Israel (el reino del norte) había abandonado a su “marido” yéndose en
pos de otros dioses y cometiendo adulterio espiritual. El hecho de abandonar al Señor había engendrado
una multitud de pecados que son mencionados por Oseas: Infidelidad, blasfemia, engaño, homicidio, robo,
adulterio, rebelión, idolatría, desobediencia, soberbia, terquedad, y participación en espiritismo (4.1-2,10-
14,16; 5.5; 6.8-10). Oseas observa que los líderes, que debían haber ofrecido una buena guía al pueblo,
era tan pecadores como ellos (4.9,18;5.1;7.5;9.15). Los israelitas habían oído la advertencia de Dios una y
otra vez. Su falta de respuesta los había endurecido tanto que no querían arrepentirse (5.4), lo que
significaba que el juicio era seguro. Sin embargo, aunque no había esperanza para la nación, eso no quería
decir que las personas individualmente no podían volverse al verdadero Dios y reconciliarse con Él. Aunque
Oseas veía que el juicio era ineludible, al igual que los otros profetas estaba seguro de que Dios restauraría
a Israel en el futuro (14.4-9).

El mensaje de Oseas es para la nación de Israel, mostrando sus pecados y advirtiéndoles del juicio que se
avecinaba. Como veremos, hay también un mensaje de esperanza para el futuro. Pero lo singular en
cuanto a su mensaje es que tuvo que vivirlo antes de predicarlo a su pueblo. El profeta tuvo que
experimentar profunda agonía en su matrimonio debido a los pecados de su esposa, pero todo eso fue una
lección objetiva divinamente enviada tanto para él como para su pueblo.

I. Se describe la infidelidad de Israel (1–3)


Oseas quería casarse con una mujer llamada Gomer y Dios se lo permitió, pero le advirtió que ella le
rompería el corazón. La advertencia de Dios se hizo realidad: Gomer le dio a Oseas tres hijos, luego lo dejó
para irse con otros hombres. Imagínese cómo se destrozó el corazón de Oseas por el pecado de ella.
Entonces Dios le ordenó al profeta que fuera a buscar a su esposa descarriada y la encontró: ¡estaba en
venta en el mercado de esclavos! (3.1–2). Tuvo que comprarla, traerla a su casa y asegurarle su perdón y
amor. Tenemos toda razón para creer que Gomer se arrepintió de sus pecados y llegó a ser una esposa
fiel.
Todo esto es un cuadro de la infidelidad de Israel para con Dios. La nación estaba casada con Él (Éx
34.14–16; Dt 32.16; Is 62.5; Jer 3.14) y debía haberle permanecido fiel. Pero Israel cometió «adulterio
espiritual» al olvidarse del verdadero Dios y adorar a los ídolos de sus enemigos. Ellos le prometieron
muchos placeres, pero la nación descubrió que había idéntico dolor y sufrimiento. Como Gomer, Israel iría
a la esclavitud (cautiverio) por sus pecados. Pero ese no es el fin de la historia. Así como Oseas buscó a
su esposa y la compró de nuevo, el Señor buscaría a su pueblo, los libertaría y los restauraría a su
amor y bendición.
Se puede trazar la historia de Israel en los nombres de los tres hijos: (1) Jezreel (1.4) que significa
«esparcido», refiriéndose al tiempo que Dios esparciría a Israel entre las naciones; (2) Lo-ruhama (1.6)
significa «no compadecida», dando a entender que Dios retiraría su misericordia de la nación y le permitiría
sufrir por sus pecados; (3) Lo-ammi (1.9) significa «no pueblo mío», indicando este tiempo presente en el
programa de Dios cuando Israel está fuera de la comunión con Él y su pueblo no es su pueblo como una
vez lo fue.
En 2.1 vemos que habrá un tiempo cuando Dios llamará a Israel «Pueblo mío» y «Compadecida»,
cuando Cristo vuelva y restaure la nación y establezca su reino justo. En 3.3–5 tenemos un resumen de la
condición espiritual de Israel.
No podemos dejar estos capítulos sin destacar que el adulterio espiritual puede ser también un pecado
de los cristianos del NT así como lo fue de los judíos del AT (1 Jn 2.15–17; Ap 2.1–7; Stg 4.1–10). Los
cristianos que aman al mundo y viven para el pecado son falsos a su Salvador y le destrozan el corazón.
Pablo advirtió a los corintios en contra de esto (2 Co 11.1–3).

II. Se proclaman los pecados de Israel (4–7)


Sin duda, todos los vecinos hablaban de los pecados de Gomer y la señalaban con dedo acusador.
Pero ahora Oseas los señala a ellos con su dedo y revela sus pecados. Su mensaje parece ser como el
periódico actual; léase especialmente 4.1–2. Jurar, mentir, embriaguez, homicidio, traición, adulterio,
idolatría; estos pecados y muchos más campeaban en la nación. Y para empeorar las cosas, la nación
trataba de cubrir sus pecados con un «avivamiento religioso» superficial (6.1–6). Oseas es un predicador
maestro; analice cómo pinta la condición espiritual del pueblo: (1) nube de la mañana (6.4), aquí un minuto,
desaparecida al siguiente; (2) torta a medio cocer (7.8), porque su religión no penetraba profundo en sus
vidas, sino que era algo superficial; (3) canas (7.9), perdiendo su fuerza, pero ignorantes del cambio; (4)
paloma incauta (7.11), inestable, revoloteando de un aliado político a otro; (5) arco engañoso (7.16), en el
cual no se puede depender.

III. Se pronuncia el juicio sobre Israel (8–10)


El descarriado siempre es castigado (Pr 14.14), y esto era Israel: un descarriado (4.16; véase también
Jer 3.6, 11). Los cristianos que rompen sus votos hechos al Señor no pierden su salvación, por supuesto,
pero pierden su gozo, poder y utilidad; y deben sufrir la disciplina de Dios. Oseas podía ver a Asiria
viniendo a castigar a la nación y llevarla al cautiverio. Describe el juicio viniendo como un águila veloz (8.1),
la ira del torbellino (8.7) y la ferocidad del fuego (8.14). La nación va a ser esparcida (8.8; 9.17) y
cosecharán más de lo que han sembrado (10.12–15). Los pecadores siegan lo que siembran, por supuesto
(Gl 6.7–8); pero también siegan más, porque aquellas pocas semillas plantadas se multiplican en una
cosecha grande. ¡Qué terrible es segar la cosecha del pecado! David sembró una semilla de lujuria y vea
qué cosecha de lágrimas segó.
¿Por qué permitió Dios que la perversa Asiria juzgara a Israel? Debido a que amaba a su pueblo. El
amor siempre disciplina para hacer mejor al hijo (Heb 12.1–13; Pr 3.11–12). La mano que castiga es una
mano de amor; es el Padre corrigiendo al hijo; no el juez castigando al criminal.

IV. Se promete la restauración de Israel (11–14)


Oseas no termina con una nota tétrica. Ve la gloria futura de la nación. Así como rescató a su esposa
de la esclavitud y la restauró a su hogar y a su corazón, la nación un día se restaurará a su tierra y a su
Señor. Estos capítulos finales magnifican el amor fiel de Dios en contraste con la infidelidad de su pueblo.
Dios amó a Israel (11.1) cuando la nación estaba cautiva y sin belleza ni gloria. Su gracia fue quien la
redimió de la esclavitud, la guió y proveyó para todas sus necesidades. Pero desde el mismo principio de
este «matrimonio» entre Jehová e Israel, el pueblo estuvo «adherido a la rebelión» (11.7). Dios los atrajo
con cuerdas de amor (11.4), pero ellos trataron de romper esas cuerdas y seguir su propio camino. El
pecado no sólo es quebrantar la ley de Dios; es destrozar el corazón de Dios. Léase 11.8–11 para ver el
anhelante corazón de Dios al tratar de traer a su pueblo infiel de regreso al lugar de bendición. En el
capítulo 12 vemos a la nación «hablando en grande» y jactándose de sus riquezas y logros; sin embargo
Dios dice: «Se están alimentado de viento; todo no es sino aire caliente». El rebelde puede disfrutar de
riqueza material y placeres físicos, pero esto jamás satisfará ni glorificará al Señor; y al final el rebelde
empobrecerá, quedará arruinado, ciego y desnudo.
El capítulo 14 es el llamado amoroso de Dios a su «esposa» a volver a su corazón y bendición. Le pide
sacrificios de labios, palabras de confesión y no sacrificios de animales. Le promete sanar su rebelión
(14.4) y restaurarla a su favor. Describe a la nación como una viña o árbol fructífero (vv. 4–7) una vez que
se haya vuelto de sus ídolos y regresado al Señor. Por supuesto, esto ocurrirá cuando Jesucristo venga a
la tierra para establecer su Reino y cumplir las promesas hechas a los padres.
Pero, por favor, no se pierda el mensaje personal aquí: los rebeldes pueden volver al Señor, experimen-
tar su perdón (1 Jn 1.9) y ser restaurados al lugar de bendición y utilidad.
Los versículos finales presentan dos caminos: el del Señor, que es el recto, y el de los transgresores,
que es el torcido. Aprópiese del versículo 4 y experimente la sanidad de los pecados perdonados.

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