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Código Ético Docentes Bogotá

El documento presenta el Código de Ética para docentes de colegios oficiales de Bogotá. Establece que los docentes deben centrarse en los estudiantes y promover su formación integral a través de un proceso educativo basado en el respeto, la cooperación y el pluralismo. También señala que los docentes deben cumplir con la constitución y las leyes, y fomentar la participación ciudadana.

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Código Ético Docentes Bogotá

El documento presenta el Código de Ética para docentes de colegios oficiales de Bogotá. Establece que los docentes deben centrarse en los estudiantes y promover su formación integral a través de un proceso educativo basado en el respeto, la cooperación y el pluralismo. También señala que los docentes deben cumplir con la constitución y las leyes, y fomentar la participación ciudadana.

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Código de Ética

Para docentes de colegios oficiales de Bogotá D.C.

Presentación

El Código de Ética para Docentes de Colegios Oficiales de Bogotá D.C. nos convoca a hacer
propios unos mínimos morales para humanizar la vida y para forjar una mejor sociedad desde
nuestras instituciones educativas. Consiste en una declaración en la que se plasman acuerdos
colectivos en torno a los valores compartidos por los docentes del Distrito.

El Código está dirigido a ciudadanos libres y responsables para quienes la vocación de la


profesión docente da sentido a la propia vida. Este documento se orienta a la motivación de
las acciones pedagógicas de los docentes del Distrito, quienes desarrollan su labor docente en
contextos variados y complejos, algunos de ellos caracterizados por la pobreza y la inequidad.

La madurez de la profesión docente nos proveé de autonomía para asumir nuestras


obligaciones morales en búsqueda del bien común, así como capacidad de promover ideas y
conductas moralmente adecuadas. Por esta razón el Código ad quiere un carácter voluntario
que va mucho más allá de lo formal. Representa una serie de compromisos mínimos
priorizados por los ciudadanos y ciudadanas que seguimos imaginando y creando una ética
que nos permita reconocernos diferentes e iguales al mismo tiempo. Este documento puede
catalogarse como utópico, pero la utopía es parte sustancial de la profesión docente, es así
como nos permite soñar con sociedades diferentes.

Más allá de reconocer los derechos y los propios deberes, el Código nace de nuestra
responsabilidad como ciudadanos comprometidos con la formación de las nuevas
generaciones. En el documento se describe el proceso que nos permitió la elaboración
colegiada del Código, como expresión del estilo de dirección de esta Administración,
caracterizado por la construcción participativa.

Mi deseo es lograr que los docentes del Distrito encuentren expresada en este Código la
dignidad de la labor educativa y que se sirvan de él como bitácora en su labor cotidiana al
servicio de la educación.

Abel Rodríguez Céspedes


Secretario de Educación del Distrito
Preámbulo

"El hecho del que debe partir todo discurso sobre la


ética es que el hombre no es, ni ha de ser o realizar
ninguna esencia, ninguna vocación histórica
o espiritual, ningún destino biológico. Sólo por esto
puede existir algo así como la ética: pues está claro
que si el hombre fuese o tuviese que ser esta o
aquella sustancia, este o aquel destino, no existiría
experiencia ética posible, y sólo habría tareas por
realizar" (Giorgio Agamben, La comunidad que viene).

La construcción colectiva del presente Código de Ética para Docentes de Colegios Oficiales de
Bogotá D.C hizo evidente que la educación como práctica social constituye una experiencia
intersubjetiva y por lo tanto comunicativa. Reconocer la educación como acontecimiento
comunicativo ha implicado resaltar la finitud ineludible de los seres humanos, admitir que no
hay nada absoluto en la vida humana.

Asumirnos en constante cambio y trasformación hace presente la contingencia en una forma


inquietante que nos abre la posibilidad de imaginar mundos alternativos. Esta provisionalidad
y la apertura que posibilita, se manifiesta en la palabra, en el lenguaje y en la comunicación,
que nos obligan como seres humanos y como docentes a estar en incesante interpretación y
relectura de nuestras experiencias y de nuestras acciones.

La construcción del presente Código de Ética para Docentes de Colegios Oficiales de Bogotá
D.C. nos permitió comprender que un auténtico proceso educativo distante del
adoctrinamiento, conduce a establecer una estrecha relación entre la finitud del propio ser y el
diálogo que nos proyecta hacia los
Principios orientadores de la acción de los
docentes

1. Estamos comprometidos con el derecho a la educación de calidad si asumimos a los seres


humanos como el centro de nuestras prácticas pedagógicas.

''Y bien es raro pensar en una persona feliz


como una persona solitaria, pues el ser
humano es una criatura social y está
naturalmente inclinado a vivir junto a otros"
(Aristóteles, Ética a Nicómaco).

El ser humano es el centro y el fin de todas las acciones del educador. El respeto por la
dignidad de cada persona y por sus derechos constituye el criterio orientador de una labor
educativa que debe caracterizarse por el buen trato, la promoción del bienestar, la formación
ciudadana, la confianza, la equidad, la fidelidad a la moral pública y la protección de un medio
ambiente del cual somos parte. El cuidado debe ser para los educadores el criterio práctico
que guíe sus relaciones con la comunidad educativa. Así, cuanto más vulnerables son los
destinatarios de nuestras acciones, tanto más importante será nuestro empeño por hacer
equitativas las relaciones entre los miembros de la comunidad educativa.

2. Nos comprometemos con la calidad de la educación si concebimos la actividad educativa


como un proceso de formación integral.

"Que el fruto de la comunicación sea


participación, cooperación, es un verdadero
milagro, frente al cual se desvanece el milagro
de la transubstanciación" (John Dewey, Experiencia y naturaleza).

La formación integral de los estudiantes comporta el desarrollo de aquellos potenciales


deliberativos y discursivos, cognoscitivos, físicos, psicológicos, afectivos, estéticos, sociales y
espirituales, necesarios para asegurar la realización personal de todos y la calidad de vida de
cada uno de los miembros de la comunidad. Se trata de una educación para la autonomía y
para la mayoría de edad, de suerte que las ciudadanas y los ciudadanos se reconozcan como
personas dignas de respeto gracias a sus diferencias y a su identidad personal. Este sentido de
formación constituye la meta de la actividad educadora, que orienta sus esfuerzos hacia la
consolidación de un ambiente de interacción comunicativa, de convivencia y de participación,
desde el cual se articula con la formación que se recibe en la familia y en los demás ámbitos
educativos y públicos de la sociedad.

3. Somos educadores respetuosos si promovemos el reconocimiento del pluralismo, la


cooperación, la participación y la solidaridad en la comunidad educativa.
"Los ciudadanos realizan la plena autonomía
cuando actúan de conformidad can principios
de justicia que especifican los términos justos
de la cooperación que están dispuestos a tener
entre sí, cuando están representados de
manera justa como personas libres e iguales"
(John Rawls, Liberalismo político).

La coherencia del educador, unida a la actividad formadora de la comunidad, constituye un


medio eficaz para promover el pluralismo, la tolerancia, la cooperación, el dialogo y la
participación ciudadana. En las acciones del educador se pone en juego el prestigio de la
institución educativa y de la profesión docente como un todo, recursos fundamentales para el
fomento de la moral pública y de la convivencia justa. Es por ello que el maestro debe respetar
el buen nombre, la dignidad y la honra de todos los miembros de la comunidad, abstenerse de
emitir juicios que vayan en contra del prestigio de sus compañeros y contribuir al
establecimiento de buenas relaciones de trabajo. Debe inhibirse de hacer aseveraciones falsas
o maliciosas con respecto a cualquier miembro de la comunidad a la que pertenece. Además,
debe abstenerse de manipular la información que se le confía, buscando su propio beneficio o
el detrimento de la comunidad educativa.

En este sentido, el educador debe practicar principios de respeto hacia sus alumnos y los
demás miembros de la comunidad educativa, en un marco de armonía, dialogo y amabilidad;
debe ser discreto en lo referente a los aspectos de la vida privada de sus estudiantes, evitar su
menosprecio y cuidarse de realizar actos que atenten contra la integridad física y moral de los
alumnos.

4. Como educadores comprometidos con la democracia cumplimos con el ordenamiento


constitucional y jurídico, promoviendo la participación deliberativa de la sociedad civil.

"Sólo son válidas aquellas normas de acción


con las que pudieran estar de acuerdo como
participantes en discursos racionales todos
aquellos que de alguna forma pudieran ser
afectados por dichas normas"
(Jürgen Habermas, Facticidad y validez).

El docente, fiel a su espíritu cosmopolita, debe ser defensor de los derechos humanos, tanto
de los civiles y políticos como de los económicos, sociales y culturales, y en especial de los
derechos del niño y el adolescente; debe dar ejemplo de patriotismo constitucional en el
cumplimiento de la Carta Política, de los tratados internacionales y de las de mas normas
jurídicas. Concretamente, el Manual de Convivencia, como construcción colectiva de un pacto,
constituye un significativo recurso motivacional y un eficaz instrumento para orientar sus
acciones hacia el bien colectivo y el aseguramiento de las condiciones necesarias para los
procesos de participación de la comunidad educativa y de la sociedad civil en general.

5. Como docentes responsables nos actualizamos constantemente para brindar lo mejor a


nuestra comunidad educativa, en actitud dispuesta a la innovación pedagógica y al trabajo
investigativo.
"La educación debería concebirse no sólo
como una mera aportación de útiles
habilidades técnicas, sino también, y en un
sentido más central, como un enriquecimiento
general de la persona a través de la
información, la reflexión crítica y la
imaginación" (Martha Nussbaum, Las
Fronteras de la justicia).

La identificación con la profesión docente, que posibilita el crecimiento y la dignificación


personal mediante su ejercicio, demanda un especial interés por la investigación acerca de los
diversos aspectos de su actividad: los procesos cognoscitivos y de producción de
conocimiento; la comprensión intersubjetiva de los contextos; la actualización en pedagogía y
en el área específica de su desempeño; el uso de las nuevas tecnologías de la información y la
comunicación; la investigación formativa; las relaciones entre arte, ciencia, tecnología y
sociedad. Así cualifica cada vez más su tarea formativa gracias a la comprensión de los
contextos y al estudio de la realidad en que ejerce la docencia, con lo cual contribuye a
consolidar un ambiente propicio para aprendizajes innovadores y significativos.

6. Somos educadores comprometidos con la justicia y la equidad si promovemos la inclusión


y el carácter cooperativo deja educación e informamos nuestro quehacer desde las
diversidades de la comunidad educativa.

"Producir generaciones de estudiantes


bondadosos, tolerantes, cultos, seguros,
respetuosos de los demás, producirlos en todas
partes del mundo, es lo que se necesita en
realidad, lo único que se necesita- para hacer
realidad la utopía de la Ilustración” (Richard
Rorty, Derechos humanos, racionalidad y
sentimentalismo ).

El compromiso con la educación, como bien público, conduce a los educadores a velar por su
calidad, por su sostenibilidad y por la inclusión de todos los ciudadanos y ciudadanas en el
sistema educativo. Así, su responsabilidad social consiste en contribuir, a través de la labor
educativa, con la humanización de la sociedad, el mejoramiento de la calidad de vida de todas
las personas que la conforman y la protección del medio ambiente. El cuidado responsable de
los recursos públicos que permiten orientar la labor pedagógica en forma óptima también es
un imperativo para los docentes y se constituye en motivación para el ejercicio diario de la
responsabilidad.

La inclusión equitativa de las diferencias étnicas, culturales, políticas, religiosas,


socioeconómicas, de género y de orientación sexual, exige a los educadores pensar y ejercer la
actividad educativa desde el reconocimiento explicito de tales diferencias, ser equitativos en la
toma de decisiones, sinceros en la expresión de su parecer y prudentes en el manejo de la
información.

7. Manifestamos nuestro sentido de pertenencia si cumplimos con las responsabilidades


adquiridas.
"¿Por qué se debe hacer lo que está bien? ¿Por
qué son rojas las cosas escarlatas? Sólo
podemos salir al paso con otra pregunta ¿Qué
otra cosa se debería hacer?" (Stephen Toulmin,
El puesto de la razón en la ética).

El compromiso con las responsabilidades adquiridas como personas y como comunidad


educativa, el respeto de los acuerdos y de la palabra empeñada, son manifestación de la
identificación con nuestra comunidad moral. Este es el sentido de una ética discursiva de
mínimos: en ella se articula y refleja el sentido de pertenencia del educador a la institución
docente, a las comunidades con las que colabora y a la sociedad en general.

En consecuencia, el educador se esforzara por ser coherente, eficaz, eficiente, oportuno y


puntual en el cumplimiento de las tareas. Especial cui dado debe merecer todo lo relacionado
con los procesos de evaluación, tanto de los educadores como de los educandos, que deberán
ser ante todo transparentes, justos, respetuosos, objetivos y confiables, al mismo tiempo que
tengan en cuenta la autoevaluación integral, oportuna y veraz, de suerte que este ejercicio
ayude a obtener mejor calidad, a través de la innovación pedagógica, para bien de las personas
y de la sociedad en su conjunto.

8. Somos educadores comprometidos con la comunidad educativa si identificamos los


intereses y las necesidades de sus miembros y, con responsabilidad y autonomía, planeamos
y ejecutamos acciones que los atiendan.

"Lo fundamental aquí es la necesidad de cada


niño de crecer dentro de esta comunidad
democrática y tomar su lugar como ciudadano
competente. De ahí que las escuelas deban
buscar un esquema de asociación que anticipe
el de las mujeres y los hombres adultos en una
democracia" (Michael Walzer, Las esferas de la
justicia. Una defensa del pluralismo y la
igualdad).

El ejercicio de la autonomía impulsa la transformación del entorno y la creación de condiciones


que permitan afrontar los nuevos retos de las sociedades, para atender a las diferencias entre
generaciones y entre estudiantes, así como a los intereses y las necesidades de todos los
miembros de la comunidad educativa y de la sociedad. La participación deberá permitir el
pleno ejercicio de la autonomía y de la solidaridad, basado en la lealtad con los compañeros y
el respeto de los acuerdos, con el fin de alcanzar el fortalecimiento cualitativo de la institución,
reconociendo la pluralidad y las diferencias de pensamiento. La participación, la autonomía y
el pluralismo son claves éticas de una educación para la democracia.
Proceso de construcción participativa

Con el fin de garantizar a los niños, las niñas y los jóvenes del Distrito Capital una educación
integral y con calidad, la Secretaría de Educación del Distrito (SED) se dio a la tarea de cualificar
a los docentes para lograr un mayor compromiso en su quehacer pedagógico. Para tal fin, la
SED considero necesario la creación de un Código de Ética para Docentes de Colegios Oficiales
del Distrito, que se enmarcara en la Constitución Política Nacional y en el Modelo Estándar de
Control Interno (MECI). El contenido del Código se identifica con la labor formativa de los
educadores, pero además tiene en cuenta las complejidades de la labor docente. Este Código
es un instrumento para motivar y orientar a los docentes en sus acciones pedagógicas y en el
cumplimiento de sus funciones en contextos variados y complejos, algunos de ellos
caracterizados por la pobreza y la inequidad.

La Secretaría de Educación del Distrito, con el apoyo del Instituto Pensar de la Pontificia
Universidad Javeriana, inicia la construcción del Código en noviembre de 2008, a través del
diseño de un proceso participativo y democrático que permitió a los docentes de los colegios
oficiales del Distrito ser auto res de su propio Código.

Entre el 23 y el 25 de febrero de 2009 fueron organizados tres foros de rectores y de


representantes de los docentes de cada institución educativa del Distrito para dar a conocer el
plan de trabajo, recoger los aportes y las inquietudes de los participantes. En estos foros
fueron elegidos 2 docentes representantes de las localidades, para participar en los talleres de
construcción y de validación del Código.

Los aportes de los docentes para la construcción del Código fueron recogidos en cuatro
talleres. El 5 de marzo de 2009 se desarrollo un taller para establecer el sentido del Código de
Ética; los talleres para determinar los principios del Código fueron realizados el 16 y 24 de
marzo de 2009; el 3 de abril de 2009, durante el último taller de construcción del Código, se
evaluó el proceso y fueron formuladas algunas sugerencias para la socialización y la
operatividad del Código.

La Secretaría de Educación del Distrito y el equipo de trabajo del Instituto Pensar coordinaron
los foros y los talleres, recogiendo y sistematizando la información obtenida en ellos a través
de protocolos. Como resultado de este proceso se obtuvo la versión preliminar del Código para
ser validada con los directivos de la Secretaría el 21 de abril de 2009, y con los representantes
de los docentes el 30 de abril de 2009. La primera presentación del Código se hizo en las Mesas
Distritales de Docentes, que tuvieron lugar en la Biblioteca Virgilio Barco el 14 de mayo de
2009.

Durante todo el proceso de construcción y de validación del Código, los docentes de los
colegios oficiales del Distrito tuvieron la oportunidad de hacer sus aportes en el foro virtual
organizado por la Secretaría a través de la página electrónica de Red Académica. Este foro
permitió a los docentes tener acceso a los protocolos de los talleres, formular sugerencias y
hacer comentarios sobre el proceso.
La construcción del Código constituyó una enriquecedora experiencia para todos los actores
del proceso por su carácter democrático, participativo e intersubjetivo. Esta experiencia
contribuyó a que los docentes reflexionaran de nuevo acerca de la importancia social de su
labor y del compromiso ético que ella implica.

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