13/10/2020 19.
Mesiánica
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Seminario Reina Valera
19. Profecías Mesiánicas
Hermenéutica es la ciencia de interpretar
correctamente la Biblia usando el método gramático-
historico tomando en cuenta el impacto directo del
contexto en el cual se dio la Palabra de Dios. Se sigue
la interpretación literal de las palabras sin ignorar las
figuras literarias y retóricas, las parábolas, la poesía y
la profecía. Provee las herramientas para ser un buen
intérprete de las Escrituras.
PROFESÍAS MESIÁNICAS
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La profecía mesiánica tiene por su magno objeto el glorioso
reinado de Dios entre los hombres, el consiguiente derrocamiento del mal
y la exaltación y bienaventuranza de un pueblo que le obedece y ama la
justicia. Este género de profecía constituye un aspecto especial de la
revelación profética del Antiguo Testamento y aparece bajo dos formas:
primera, una representación impersonal de un futuro reino de poder y de
justicia, en el cual la humanidad alcanza su mayor bien; y, segunda, el
anuncio de una persona, el Ungido, con quien se relaciona todo el triunfo
y la gloria. De acuerdo con esto existen profecías mesiánicas en las que
no se menciona la persona de Cristo y otras en las cuales todo el énfasis
se coloca sobre su nombre representándosele como la causa eficiente de
toda la gloria.
La profecía mesiánica debe estudiarse bajo sus dos aspectos, el
divino y el humano. Contemplada como parte del propósito y plan divinos
de redención, aparece en el curso de la historia sagrada como una serie
progresiva de revelaciones especiales, desarrollándose gradualmente en
más y más claridad a medida que transcurren los siglos. La reconocemos
en e1 protoevangelio (Gén. 3:15), en las promesas a Abraham, (Gén. Inscripción fácil
12:3 ; 17:6; 18:18; 22:18) , en las palabras proféticas de Jacob (Gén. al SRV con su
49:10) y en la promesa de un profeta como Moisés (Deut. 18:15, 18) . nombre y correo
Tomó forma más distinta en conexión con las palabras de Nathan a David electrónico - más
(2 Sam. 7:12‑16) y después el rey y el reino de justicia se destacan en revista
estudiantil para
los Salmos y los Profetas.
alumnos.
En la interpretación de profecías mesiánicas encontramos dos
Conozca la razón
escuelas de extremistas. Una insiste en la interpretación literal de casi
del seminario, la
cada pasaje y, por consiguiente, tiende, por necesidad lógica, a la
visión del rector,
enseñanza de una futura restauración temporal de los judíos a Jerusalén,
y los testimonios
la reedificación del templo y la renovación del ritual y culto hebreos. El
de seminaristas
otro espiritualiza todas las formas de enseñanza profética hasta un punto
preparándose.
tal que apenas permite ninguna verdadera interpretación histórica. A fin
de obtener una exposición fiel y satisfactoria debemos aprender a
distinguir, con razonable claridad, entre las formas del lenguaje y el gran
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pensamiento predominante entre las imágenes, de la alusión histórica y Orientación para
metafórica y los contenidos esenciales de una profecía. ingresados al
seminario más
Qué parte de una profecía sea mera forma y que parte sea la instrucciones
idea esencial, es cosa que se verá mejor, mediante una comparación y para estudiar por
cotejo de un número de profecías similares. Esto es tan cierto tratándose Internet.
de profecías mesiánicas coma tratándose de otras grandes predicciones.
Nuestros principios pueden ser suficientemente ilustrados mediante la Consiga hoy el
atención que prestemos a las cinco notables profecías mesiánicas que título ministerial
aparecen en los primeros doce capítulos de Isaías. El orden cronológico "Diplomado en
de estas y de otras profecías del hijo de Amoz parece haber sido Teología." Su
sometido a cierto orden lógico, como si al editar y arreglar los varios estudio merece
oráculos estuviese regido por el propósito de exhibir una serie orgánica. ser reconocido.
En esta simple serie descubrimos un marcado progreso de pensamiento
pasando de lo que al principio es amplio y relativamente indefinido, a lo
que es más específico y personal.
El monte de la casa de Jehová
La primera en el orden es la profecía del monte de la casa de
Jehová (Isaías 2:24). Este pasaje es idéntico a Miqueas 4:1‑3, pero si
Isaías citó a Miqueas (Gesenius, Henderson) o Miqueas a Isaías
(Vitringa, Lowth), o si ambos citaron a un escritor más antiguo hoy
desconocido (Rosenmüller, Knobel) es cosa que no puede determinarse
positivamente. Hitzig y Ewald creen que ambos profetas lo tomaron de
una obra perdida de Joel; pero esto es pura conjetura. Isaías parece
haberlo citado como un texto sobre qué basar una apelación a la casa de
Jacob (comp. 2: 5, 4: 6) anunciando primeramente el glorioso futuro en
las palabras de otro y luego procediendo a demostrar que Judá y
Jerusalén deben ser purificadas con explosiones de juicio, de modo que
únicamente un residuo escogido alcanzará la edad de oro (comp. 4:2‑6).
Hé aquí el pasaje:
2. Y acontecerá en lo postrero de los tiempos que será
confirmado el monte de la casa de Jehová por cabeza de los montes y
será ensalzado sobre los collados y correrán a él todas las gentes.
3. Y vendrán muchos pueblos y dirán: Venid y subamos al monte
de Jehová, a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará en sus caminos
y caminaremos por sus sendas. Porque de Sión saldrá la ley y de
Jerusalén la palabra de Jehová. 4. Y juzgará entre las gentes y repren-
derá a muchos pueblos; y volverán sus espadas en rejas de arado y sus
lanzas en hoces: no alzará espada gente contra gente ni se ensayarán
más para la guerra".
De acuerdo con las reglas ya enunciadas, primeramente
debemos tratar de distinguir lo que es esencial de lo que es meramente
cuestión de forma. Aquí, una interpretación literal envolvería dificultades
insuperables, por no decir absurdos. ¿Quién sostendrá que el Monte de
Sión o Moriah ha de ser un día levantado a una elevación natural mayor
que la de todas las montañas de la tierra y que todas las naciones de
hombres tienen, como tales, que ascender a él? ¿O quién insistirá que
para que esta profecía se cumpla verdaderamente las espadas y las
lanzas deben, efectiva y literalmente, convertirse en las herramientas
aquí descritas? La verdadera interpretación debe buscarse mediante una
eliminación racional de los pensamientos principales de entre las formas
ideales de sus imágenes. El autor era judío y asociaba las esperanzas
más elevadas de su nación con una glorificación del santo monte del
templo de Jehová. Sin embargo, no debemos espiritualizar todas estas
formas judías de concepto y caer en fantásticas interpretaciones
alegóricas de ciertas palabras. En la vestidura misma de sus
pensamientos reconocemos las limitaciones naturales del profeta y
hallamos los rastros del realismo histórico de la religión del A.
Testamento.
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Examinemos ahora el contenido esencial y los correspondientes
pensamientos proféticos esenciales de este pasaje. Fuera de toda duda,
las cuatro ideas principales son (1) el templo‑monte (incluyendo a Sión)
ha de ser exaltado sobre toda otra montaña; (2) Jerusalén será el
manantial de la Ley y de la Revelación; (3) allí afluirán las naciones; (4) la
paz universal se realizará por juicios divinos entre las naciones. Estos
contenidos esenciales suministran una predicción clara de cuatro
grandes hechos correspondientes que se cumplen en el origen y
propagación del Evangelio de Jesucristo. Puede formularse así: (1)
Jerusalén ocupa una posición histórica, geográfica y religiosa muy
conspicua en el origen y desarrollo del reino de Dios en la tierra; (2) el
evangelio es una republicación y ensanche de la ley y la palabra de
Jehová, habiendo salido de Jerusalén en cuanto a punto de partida
geográfico e histórico (comp. Luc. 24:47) ; (3) las naciones reconocerán y
aceptarán las verdades y excelencias de esta revelación nueva y más
elevada; (4.) el resultado final será paz entre las naciones. Con este
método de interpretación mostramos debida consideración al lenguaje y
pensamiento del escritor, evitamos caer en los extremos innaturales del
literalismo, no permitimos alegorizaciones fantásticas y obtenemos un
resultado a la vez sencillo, claro, evidente como exposición verdadera y
confirmada por un manifiesto cumplimiento neotestamentario.
El Renuevo de Jehová
La profecía del Renuevo de Jehová en Isaías 4:2‑6, es un
duplicado de la del capítulo 2:2‑4.. La una abre y la otra cierra la
apelación a la casa de Jacob. La una presenta un cuadro histórico
externo, la otra una vista interna de la redención del verdadero Israel. La
una debe compararse con la parábola del grano de mostaza, la otra, con
la de la levadura (Mat. 13:31‑33).
“2. En aquel tiempo el Renuevo de Jehová será para hermosura
y gloria, y el fruto de la tierra (el fruto del país) para grandeza y honra a
los librados de Israel; 3. Y acontecerá que el que quedare en Sión y el
que fuere dejado en Jerusalén, será llamado santo; todos los que en
Jerusalén están escritos entre los vivientes; 4. Cuando. el Señor lavare
las inmundicias de las hijas de Sión y limpiase las sangres de Jerusalén
de en medio de ella, con espíritu de juicio y con espíritu de
discernimiento. 5. Y criará Jehová sobre toda la morada del monte de
Sión y sobre los lugares de sus convocaciones, nube y oscuridad de día,
y de noche resplandor de fuego que eche llamas: porque sobre toda
gloria habrá cobertura. 6. Y habrá sombraje para sombra contra el calor
del día, para acogida y escondedero contra el turbión y contra el
aguacero".
Ewald, Cheyne y otros, explican los términos: "El Renuevo de
Jehová" y "el fruto de la tierra" como la riqueza natural, producto de la
tierra de Israel; es decir: cosechas inmensas y gloriosas que serían
dadas como bendiciones de Jehová: Esto, realmente, suministraría un
digno cuadro profético de la época mesiánica y podría ser explicado
como las imágenes similares del capítulo 35:1‑2. Gesenius, entiende por
el renuevo el residuo escogido, el nuevo crecimiento de Israel después
de los juicios con castigos disciplinarios, pero esto confunde cosas que el
escritor sagrado distingue en el contexto inmediato. Preferimos, con
muchos intérpretes entender ese término como designando un individuo,
como en Jer. 23:5; 33:15 y Zac. 3:8; 6:12, donde se emplea la misma
palabra. Este renuevo se representa, a un mismo tiempo, como un brote
de Jehová y un producto de la tierra de Israel, una indicación bastante
obscura pero muy sugestiva del Cristo que es, a la vez, divino y humano.
Los elementos esenciales de esta profecía pueden presentarse
en cuatro proporciones: (1) Las inmundicias y crímenes del pueblo judío
deben extirparse mediante llamaradas e incendios de juicios (2)
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sobrevivirá un residuo, conocido como santo y anotado para vida; (3)
este residuo gozará del cuidado y protección dios tan ciertamente como
los gozaron los escogidos de Dios en la época del éxodo de Egipto; (4.)
toda esta honra, gloria, majestad y belleza serán producidas o, en alguna
forma, estarán íntimamente asociadas con una persona o un poder
notable, al que se designa con el título de "el Renuevo de Jehová". No
debemos insistir acerca de la personalidad de este renuevo porque no
ocupa lugar prominente en la profecía, como tampoco debemos empajar
la doble alusión del ver. 2 cómo texto‑probatorio dogmático de la doble
naturaleza del Mesías. De modo, pues, que se ve que el pasaje íntegro
es una notable profecía del juicio, redención y glorificación de Israel.
Emmanuel
La profecía acerca de Emmanuel, en Isaías 7:14‑16, es,
probablemente, la más difícil y enigmática de todas las profecías. En
parte se debe esto al hecho de que varias expresiones de ella son
capaces de más de una interpretación. Traducimos este pasaje en la
forma siguiente:
14. "Por tanto el Señor mismo os da señal:
Hé aquí que la virgen ha concebido
Y está por parir un hijo,
Y llamar su nombre Emmanuel.
15. Leche coagulada y miel comerá
Hasta que sepa desechar lo malo y escoger lo [bueno.
16. Porque antes que el niño sepa
Desechar lo malo y escoger lo bueno,
Abandonada será aquella tierra
Ante cuyos dos reyes sientes tanto terror".
Los grandes problemas aquí son, ¿quién es la virgen y quién es
Emmanuel? Hay que admitir que la palabra hebrea almah, comúnmente
traducida por "virgen", denota una joven en edad de casarse, sin
determinar si es casada o no. Si se quería dar énfasis a la virginidad de
la persona de quien se hablaba, es difícil concebir por qué motivo no se
empleó la palabra bethulah, que, definidamente, significa "virgen". Sin
detenernos a examinar las interpretaciones no‑mesiánicas, notemos,
primero, la opinión de Ewald y la de Cheyne, que el profeta esperaba el
advenimiento del Mesías dentro de pocos años y que pronunció este
oráculo más para beneficio de sus propios discípulos que para el de
Achaz, quien ya estaba, judicialmente, endurecido. De acuerdo con esto,
la virgen sería la madre del Mesías, pero soltera y, en realidad,
desconocida. Sin embargo, esta opinión que sostiene que la esperanza y
la profecía de Isaías no se cumplieron, despoja a la Escritura de toda
significación honrosa y nunca será satisfactoria para los evangélicos
creyentes. Está en desacuerdo con la manera solemne y enfática con
que el profeta emitió la palabra divina. Otros (Junius, Calvino) han
sostenido que debe entenderse dos hijos, distintos y que el versículo 14
se refiere al Mesías y el 16 al hijo del profeta Sear‑jasub o a algún otro
niño que entonces vivía. Sin embargo, esto envuelve una violencia
sumamente extraordinaria. Semejante cambio de referencia de un niño a
otro habría necesitado una forma más clara de expresión. La
interpretación mesiánica más común sostiene que la profecía fue
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cumplida, primera y únicamente, por el nacimiento de Jesús y es así
considerada en Mat. 1:2223. Se afirma que la predicción acerca del
abandono de la tierra se cumplió realmente en tiempos de Achaz y que el
nacimiento de Emmanuel fue una señal únicamente en un sentido en que
algo que ocurre largo tiempo después puede ser una señal. Sin embargo,
éste es el punto débil en la explicación mesiánica. Ningún expositor ha
conseguido explicar de qué manera un acontecimiento que había de
ocurrir siglos después pudo ser una señal para Achaz ni para nadie que
entonces viviera; ni puede reconciliarse esa teoría con ninguna, creencia
sana en la sagrada veracidad de las profecías. El caso de Moisés, (Ex.
3:12) citado a menudo, de ninguna manera es paralelo pues Moisés ya
había presenciado la señal de la zarza ardiente y él sacó de Egipto al
pueblo y sirvió a Dios en aquel monte poco tiempo después de aquel en
que se le había dado la certidumbre. Pero si Israel hubiese ido al Sinaí,
por primera vez, siglos más tarde, no podía haber sido una señal para
Moisés. Además, el lenguaje de Isaías 7:14‑16 no puede, sin extrema
violencia, explicarse como refiriéndose a un acontecimiento en un lejano
futuro. Nos dice que la virgen está por parir un hijo y que antes que el
niño llegue a la edad de la razón la tierra de Siria y de Efraín, (comp. vs.
4‑9) ante cuyos dos reyes temblaba Achaz, sería abandonada.
Suponer, frente a esta declaración que la tierra fue,
efectivamente, abandonada dentro del tiempo especificado pero que el
niño no nació hasta siete siglos después, es cosa excesivamente
extraordinaria, por no decir absurda.
Queda, pues, que entendemos la profecía haber sido realmente
cumplida en tiempos de Achaz y de Isaías, por el nacimiento de un niño
que fue tipo del Mesías. Esto no envuelve la doctrina de un doble sentido
en las Escrituras. El lenguaje no tiene significado doble u oculto. Su
aplicación á Cristo en Mateo 1:23 tiene que explicarse típicamente, tal
como explicamos el pasaje citado de Oseas, en Mateo 2:15. La
explicación más sencilla es la que identifica a la virgen con la joven
esposa del profeta, a la que en el capítulo 8: 3, se titula "la profetisa y el
niño” Emmanuel no es otro que Maher‑salal‑hash‑baz, cuyo nombre y
nacimiento fueron declarados con tanta solemnidad ( 8:1‑3). Entendemos
este último como sólo otro nombre simbólico del niño Emmanuel, porque
la misma gran señal va a ser, a un tiempo mismo, una prueba de que
DIOS ESTA con su pueblo y de que también SE APRESURA AL
DESPOJO de los dos reinos que tanto temía Achaz. En menos de tres
años, a cantar desde el comienzo del reinado de Achaz, Tiglath‑pileser,
rey de Asiría, quebrantó el poder de Damasco y saqueó las ciudades de
Efraín, según la descripción de 2 Rey. 15:29; 16:9. El lenguaje de Isaías
84, comparado con Isaías 7: 16, confirma esta interpretación porque
demuestra que la señal significativa de que el niño Emmanuel habría de
ser de la casa de David, debía cumplirse también en
Maher‑salal‑hash‑baz; esto vuelve a confirmarse, incidentalmente, por la
repetición que hallamos en Isaías 8:8 y 10, del nombre Enmanuel.
Puede, además, demostrarse que todo el pasaje, comenzando con Isaías
6:1 y terminando con 9:7, es un Apocalipsis de nombres simbólicos en el
que figuran los hijos del profeta como "señales y prodigios en Israel"
(Isaías 8:18). Las dificultades que algunos han hallado en este pasaje,
debido al cambio de nombres y apelativos, desaparecen cuando vemos
que el profeta, en el cap. 8:1‑4, siguiendo la manera de las repeticiones
apocalípticas, presenta la revelación Emmanuelista del cap. 7:14‑16
desde otro punto de vista y en conexión con otro nombre simbólico.
El rey Galileo
El pasaje apocalíptico que comienza con Isaías 6:1, concluye
magníficamente con una profecía acerca del Príncipe de Yaz destinado a
reinar para siempre ( Isaías 9:1‑7 ). En contraste con la tristeza y la
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angustia que, con seguridad, sobrecogerían a los que deseaban "la ley y
el testimonio" de la revelación divina ( 8:20 ) y se volvían a los oráculos
paganos, se describe la luz y el gozo del verdadero Israel. Traducimos en
la siguiente forma:
"1. Pero no será tristeza a la que estuvo en apretaras.
Como en tiempo anterior despreció la tierra de Zabulón y Neftalí,
La última honra el camino del mar más allá del Jordán.
El círculo de las naciones.
2. El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz,
Morando en tierra de sombra de muerte, luz les resplandeció.
3. Has aumentado la nación y magnificado su gozo,
e han regocijado delante de ti como gozo en tiempo de siega,
4•. Así como se gozan cuando reparten despojos.
Parque el yugo de su carga y la vara de su hombro,
El cetro de su opresor has roto como el día de Madían.
5. Porque el calzado del guerrero en la refriega y la vestidura
revolcada en sangre,
Aun ello será para quema, pábulo del fuego.
6. Porque un niño nos es nacido, un hijo nos es dado,
Y el principado sobre su hombro,
Y llamaráse su nombre Pele‑yo'ets'‑el‑gibbor‑abi‑adsar‑shalom
(1) .
7. Grande el dominio y sin final la paz
Sobre el trono de David y sobre su reino,‑
Para confirmarlo y fortalecerlo en justicia y juicio, Desde aquí a
toda eternidad.
El celo de Jehová de los ejércitos realizará esto.
En este pasaje, el ojo del profeta se extiende mucho más allá de
su época y contempla el futuro mesiánico como un triunfo perfecto. Los
contenidos esenciales pueden establecerse en siete proposiciones: (1)
La región galilea, antiguamente despreciada, en los postreros tiempos
será grandemente honrada (Comp. Mat. 4:14‑16); (2) el pueblo que
anteriormente se hallaba en tinieblas verá gran luz; (3) la nación
prosperará y tendrá gozo; (4) el yugo de su opresión será sacudido tan
triunfalmente como cuando Gedeón derrotó a Madian; las vestiduras
militares no harán más falta, sirviendo únicamente para el fuego; (6) se
anuncia al Mesías como ya nacido y llevando un nombre de múltiple
significación; (7) él está destinado a reinar como sobre el trono de David,
en justicia, para siempre. Aquí observamos la manera cómo, tanto el
reino como la persona del Mesías, se destacan y el expositor cristiano no
halla dificultad en demostrar que la profecía se cumple maravillosamente
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en el nacimiento de Jesucristo, así como su entronización para reinar
hasta que haya hollado a todos sus enemigos. (1 Cor .15:25).
(1) La consecuencia en la traducción y en la interpretación exige
que este nombre simbólico se conserve en su idioma original, como se
ha conservado el de Emmanuel y el de Maher salal‑hash‑baz. El
intérprete tiene que demostrar que así como el primero significa "Dios
con nosotros" y el segundo "Apresura a la presa", así este tercero
significa: "Admirable, consejero, Dios‑héroe, padre eterno, príncipe de
paz".
El brote de Isaí y el éxodo final
La profecía y el cántico mesiánicos que ocupan los capítulos XI y
XII de Isaías son demasiado largas para reproducirlos aquí. Sólo
tenemos espacio para una declaración de los principales ideales
mesiánicos que forman los pensamientos proféticos esenciales de todo el
pasaje. (1) El Mesías es un brote del tronco de Isaí; (2) está dotado del
espíritu sabio y santo de Jehová; (3) es un juez recto y santo; (4) ha de
efectuar una paz universal como la del Edén; (5) tal paz estará
acompañada de un conocimiento universal de Jehová; (6) las naciones y
pueblos buscarán su glorioso reposo; (7) el resultado envolverá una
redención más gloriosa que la del éxodo de Egipto; (8) el pueblo redimido
triunfará sobre sus enemigos; (9) toda antigua rivalidad y disputa de tribu
cesarán; (10) el cántico en el capítulo XII es una oda mesiánica ideal, de
triunfo, con el designio de que sea análoga naturalmente, limitado por su
posición histórica y los a la que Israel cantó a orillas del mar egipcio
después de su liberación (Éxodo 15:1‑19) y también debe comparársele
con el cántico de Moisés y del Cordero en el mar de vidrio (Apoc. 15:2‑3).
El estudiante de las profecías no dejará de notar cuán
extensamente este último de los cinco oráculos que acabamos de citar
corresponde con el primero (en el cap. 2: 24) y es una elaboración más
completa de sus principales ideales. También ha de observarse que
estas cinco profecías mesiánicas, tal como están arregladas aquí, forman
una serie progresiva, comenzando con la relativamente indefinida, bien
que comprensiva, de la exaltación de la montaña‑templo y terminando
con este cuadro completo y refulgente de redención a realizarse en el
reinado eterno del Hijo de David. Esta estructura orgánica de profecía
mesiánica puede exhibirse en una escala amplia mediante un cotejo y
comparación de todos los oráculos del A. Testamento pertenecientes a
esta clase.
Las profecías mesiánicas parecen, con frecuencia, haber sido
sugeridas por los males y desalientos de las épocas en que se
pronunciaron y haber, por decirlo así, volado por encima de los males
que el profeta veía a su alrededor e idealizado una futura edad de oro, en
la que todos esos males quedarían abolidos. Por consiguiente, al
describir el futuro mesiánico, cada profeta se hallaba, grandes
acontecimientos de su época daban tono y colorido a su lenguaje. De
esta manera Isaías, en los capítulos VII‑XII, parece conectar la
glorificación de Israel con la caída de Asiria, como si aquella fuese a
seguir inmediatamente después de la próxima gran catástrofe política y
conmoción entre las naciones. Así vemos que "el día del Señor" está
cerca en las visiones del profeta, y de entre sus tinieblas y terrores
amanece el reinado triunfante del Príncipe de Paz, cuyo reino es
perenne.
Notamos, asimismo, cómo la profecía se apropia los hechos y
formas de la historia y conceptos teocráticos y los hace servir al propósito
de la alusión metafórica. El Mesías ‑mismo es un renuevo, un brote, una
insignia, un príncipe, gobernador, rey, juez, conquistador, sacerdote,
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profeta, etc., y su dominio está asociado con todo lo que es grande y
noble en el pensamiento judío. En los ejemplos precedentes tenemos la
época del Evangelio predicha bajo las imágenes de la montaña‑templo
exaltada sobre todas las otras; y a Sión como el punto de partida de una
nueva revelación (cap. 2: 24) . Un residuo escogido ha de ser el núcleo
del reino mesiánico (10:22; 11:16) . La restauración final del verdadero
Israel y su bienaventuranza y gloria se presentan bajo las imágenes de
los milagros del éxodo (4:5‑6; 11:15‑16). Del mismo modo, en otros
pasajes similares se describe la gloria final como una re‑creación de
Jerusalén y una observancia perfecta de nuevas lunas y sábados y, en
fin, como una nueva tierra y nuevos cielos (Isaías 4.5:17‑18; 66:22‑23;
comp. Ezeq. XL‑XLVIII). También es de notarse que la inmortalidad y la
vida celestial se implican más que se anunciase bien expresamente. Aun
al hablar de nuevos cielos y tierra es un cuadro terrenal y humano el que
se traza y conceptos tan espirituales como el "sacar agua de las fuentes
de salud" (Isaías 12:3) están asociados con el pensamiento de morar en
medio de Sión.
Finalmente, puede afirmarse que los elementos formales de las
grandes profecías mesiánicas son de una índole tal como para
advertirnos que no hemos de esperar su cumplimiento literal. Es una
tendencia mórbida y aficionada a prodigios la que registra la historia
humana en busca de cumplimientos minuciosos de antiguas
predicciones. A1 ver las exposiciones de algunos escritores, podría uno
deducir de ellas que la única esencia, el único valor real de algunas
profecías mesiánicas dependiera del cumplimiento minucioso de ciertos
detalles de sus imágenes que, a lo mejor, son sólo incidentales con
respecto a la gran idea envuelta en la profecía. Asi, la entrada del Señor
en Jerusalén, cabalgando humildemente sobre un asno fué, realmente,
un cumplimiento de las palabras de Zacarías 9:9 y así lo declaran los
evangelistas (Mat. 21:1‑9; Juan 12:12‑16) . Pero hallar toda, o la parte
principal del intento de la profecía cumplido en ese hecho particular, es
perder la gran lección de las palabras del profeta y del acto simbólico de
Cristo. El pasaje citado por los evangelistas no es más que una parte
incidental del cuadro compuesto presentado por Zacarías, y de ninguna
manera agota su significado, el que, más bien, ha de hallarse en la
encarnación, humildad y triunfo final del Cristo, de las cuales cosas la
entrada a Jerusalén cabalgando un asno no era nada más que un simple
símbolo. No el cumplimiento literal, sino el substancial o esencial de la
profecía es lo que debe buscarse. Es la clase más inferior y de menos
importancia, en la profecía, la que entra en minuciosidad de detalles. Tal
fue la de Samuel al predecir a Saúl lo que le ocurriría en su ida a su casa
(1 Sam. 10:2‑7) y el método empleado por él en esa ocasión se acerca
mucho al de los sortílegos. La profecía mesiánica y la apocalíptica
ocupan una posición mucho más elevada.
Hermenéutica por M. S. Terry
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