TUTELA
REPORTE DE CONSULTA
RELEVANTE
SALA DE CASACIÓN CIVIL Y AGRARIA
ID : 667327
M. PONENTE : LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA
NÚMERO DE PROCESO : T 1100102030002019-00591-00
NÚMERO DE PROVIDENCIA : STC6975-2019
CLASE DE ACTUACIÓN : ACCIÓN DE TUTELA - PRIMERA
INSTANCIA
TIPO DE PROVIDENCIA : SENTENCIA
FECHA : 04/06/2019
DECISIÓN : CONCEDE TUTELA
ACCIONADO : SALA CIVIL FAMILIA DEL TRIBUNAL
SUPERIOR DEL DISTRITO JUDICIAL
DE CÚCUTA, INTEGRADA POR LOS
MAGISTRADOS ÁNGELA GIOVANNA
CARREÑO NAVAS, MANUEL ANTONIO
FLECHAS RODRÍGUEZ Y GILBERTO
GALVIS ACCIONANTE: CARMEN NEIRA
PATIÑO
FUENTE FORMAL : Constitución Política de Colombia art.
13, 42, 43, 44 y 93/ Código General del
Proceso art. 17, 170, 281, 397 núm 3 /
Código Civil art. 411 núm. 1, 1757 / Ley
1257 de 2008 / CEDAW art. 2, 5 y 11 /
Convención de Belm do Para art. 4
ASUNTO:
PROBLEMA JURÍDICO: ¿La Sala Civil Familia del Tribunal Superior del
Distrito Judicial de Cúcuta, vulnera los derechos fundamentales de la
accionante, al desestimar la cuota alimentaria fijada en su favor por el
juez de primera instancia y a cargo de su excompañero permanente, por
considerar que la obligación había concluido desde la disolución de la
unión marital de hecho?
TEMA: ACCIÓN DE TUTELA CONTRA PROVIDENCIA JUDICIAL
DERECHO PROCESAL - Providencia judicial - Sentencia: definición y
finalidad
DERECHO PROCESAL - Providencia judicial - Sentencia: elementos que la
integran en el Estado de Derecho
Tesis:
« (…) debe recordarse que la sentencia es el acto jurisdiccional asignado
por excelencia al juez, cuya característica definitoria es zanjar el fondo una
controversia, proveyendo sobre la sustancia o lo principal de ésta, pero
ante todo, dispensando justicia material.
Justamente, la Corte, en fallo proferido en las postrimerías del Siglo XIX,
luego de transcribir apartes del artículo 672 del extinto, Código Judicial,
para ese entonces, del Estado de Cundinamarca, pronunció:
“(…) La simple lectura de esta definición deja comprender que no puede
haber sentencia propiamente dicha sino cuando hay una decisión judicial
que pone fin a una controversia ó pleito entre partes que pretenden cada
una hacer efectivo un derecho ó extinguir una obligación (…)”.
Un fallo agota, a través de su ejercicio pleno, el derecho de acción, que es
de orden general, no sólo por la necesidad de la asistencia jurisdiccional
para proteger la tranquilidad y paz pública, sobre la base de las garantías
subjetivas reconocidas por el ordenamiento, sino también para el logro
definitivo de los valores fundantes de la sociedad, en lo concerniente al
acatamiento y fuerza vinculatoria perdurable de las decisiones de la
justicia.
De tal modo que a la resolución de la cuestión constitucional arriba
expuesta, corresponde a éste órgano límite sentenciarla, pues responde a
una atribución propia asignada por el ordenamiento, y para el efecto, lo
hará desde dos ópticas: (i) Una primera, en el ámbito de la dogmática del
C.C. desde la estructura del Estado Constitucional y Social de Derecho
como marco para resolver los asuntos relacionado con el derecho
alimentario de la familia; y (ii) la segunda, en la perentoria perspectiva de
encauzar el análisis a partir de una orientación de género».
DERECHO CIVIL - Interpretación y dogmática
DERECHO PROCESAL - Principio de congruencia: motivos de
inconsonancia en los fallos judiciales
DERECHO PROCESAL - Principio de congruencia: alcance
Tesis:
«En lo relativo a la interpretación dogmática C.C. y Estado Constitucional
Los códigos civiles contemporáneos con independencia de su época de
expedición, y el nuestro con más de una centuria (26 de mayo de 1873) de
vigencia reclama una epistemología acompasada a los tiempos que corren
y al sistema político imperante ahora, el Estado Constitucional y social de
derecho. Por ello, frente a la interpretación de la Ley (parte preliminar), las
personas (libro primero), la propiedad (libro segundo), las sucesiones en
vida o por causa de muerte (libro tercero), y las obligaciones y los contratos
(libro cuarto), las cinco ideas estructurales del C.C. colombiano, la Sala
desde 1936 a hoy, ha sido consciente de su tarea para forjar una
hermenéutica que responda a la solución de los problemas de justicia
material que incesantemente agita la ciudadanía. En este nuevo siglo,
plenamente percatada del tránsito del Estado Legislativo al Estado
Constitucional y Social de Derecho, y desde una visión apuntalada en la
Constitución de 1991, e imbuida de la necesidad de proteger los derechos
fundamentales, evacuará la solución de esta causa constitucional en éste
nuevo contexto.
El fallo judicial en el Estado de Derecho, como no puede ser arbitrario,
sino motivado y con observancias del debido proceso, se halla integrado
por las declaraciones de hechos que, en mérito de la apreciación de las
pruebas legalmente allegadas y practicadas en el juicio, estima probadas el
juzgador; por las definiciones jurídicas que de ellas, como verdad legal, se
deriven, y por la consiguiente, declaración del derecho discutido en la
controversia.
Su fundamento es la totalidad del material procesal, por tratarse del acto
del juez que satisface la obligación de proveer y hacer justicia, no tanto de
administrar, porque la justicia se construye, no se administra. No puede ir
más allá ni fuera de las peticiones de la demanda, so pena de incurrirse en
causales de inconstitucionalidad, de ilegalidad o de incongruencia, éstas
últimas, previstas en el artículo 281 del Código General del Proceso:
“(…) La sentencia deberá estar en consonancia con los hechos y las
pretensiones aducidos en la demanda y en las demás oportunidades que
este código contempla y con las excepciones que aparezcan probadas y que
hubieren sido alegadas si así lo exige la ley”.
“No podrá condenarse al demandado por cantidad superior o por objeto
distinto del pretendido en la demanda ni por causa diferente a la invocada
en ésta”.
“Si lo pedido excede de lo probado se le reconocerá solamente esto último
(…)”.
Esos motivos de disonancia, amplia y con frecuencia estudiados en sede
de casación por la jurisprudencia, se cifran, (i) cuando se otorga más de lo
pedido por el actor (ultra petita); (ii) se resuelve sobre aquello que no fue
impetrado (extra petita); o (iii) cuando al decidir, se omite pronunciarse, en
todo o en parte, acerca de la demanda o las excepciones del reo, tornando
diminuto el pronunciamiento (cifra o mínima petita). No obstante, estos
hitos conceptuales, los jueces pueden resolver superando sus fronteras
cuando se afrentan principios y derechos fundamentales, nervio y esencia
del Estado democrático.
La congruencia en la providencia judicial mira la armonía entre la decisión
y la pretensión-excepción, cuál lo explica la clásica y decantada postura
del profesor, Devis Echandía:
“(…) Los hechos que las partes aducen en la demanda configuran no solo
el objeto de la pretensión sino la causa jurídica de donde se pretende que
emane el derecho para perseguir tal objeto, lo que delimita exactamente el
sentido y alcance de la resolución que deba adoptarse en la sentencia (…).
La máxima judex judicare debet secundum alligata et probata significa en
materia de congruencia que el juez debe atenerse a los hechos de la
demanda y de las excepciones, probados en el juicio, pero no que el juez
no pueda tener iniciativa para buscar esas pruebas, como debiera tenerla
(…)”».
DERECHO PROBATORIO - Prueba de las obligaciones: carga de la prueba
de las obligaciones y de su extinción
DERECHO PROCESAL - Pruebas de oficio: obligatoriedad del juez de
decretarlas en litigios que ofrecen deficiencia probatoria, especialmente
cuando se afectan derechos fundamentales y de orden público
PROCESO DE ALIMENTOS - Pruebas de oficio: deber del juez de
decretarlas para establecer la capacidad económica del alimentante y la
necesidad del alimentario, cuando no las aportan al proceso
PROCESO DE ALIMENTOS - Facultad extra y ultra petita del juez en
asuntos de familia
Tesis:
«La sentencia también debe encarar los medios de convicción aportados
por las partes. Uno de sus principios es el concerniente a la carga de la
prueba, cuya génesis normativa se halla en el centenario artículo 1757 del
Código Civil, precepto que por regla general asigna al demandante el deber
onus probando incumbit actori, pero también lo asigna al demandado,
cuando excepciona con relación a los fundamentos de su defensa, pues
funge de actor, por virtud del principio reus in excipiendo fict actor. Tan
caro postulado fue explicado en 1938, cuando la Corte, con maestría,
señaló:
“(…) Prescribe el artículo 1751 (hoy 1757) del Código Civil que “incumbe
probar las obligaciones o su extinción al que alega aquéllas o éstas”.”
“De este principio legal, trasunto de la equidad y de la justicia abstractas,
resulta entonces que todo demandante que intente una acción debe
acreditar el fundamento en que se apoya; y todo demandado que, sin
negar el hecho mismo alegado contra él, invoque otro hecho que destruya
el efecto del primero, debe aducir la prueba correspondiente.
“De consiguiente, al demandado corresponde probar los hechos en los que
se funda su acción. Actori incumbit probatio. Como el actor propónese
introducir un cambio en la situación jurídica presente, pretendiendo el
reconocimiento de un vínculo de derecho obligatorio contra él y el
demandado, en fuerza del cual el segundo tiene a su cargo una prestación,
lo racional es que acredite ese vínculo, y mientras no lo haga, el
demandado está libre por la presunción de que no es deudor. Por tal razón
el demandado que se limita a negar los hechos alegados por el
demandante, no tiene que presentar prueba alguna en apoyo de su
negación. Incumbit probatio qui dicir, non qui negata.
“Por el contrario, cuando el actor prueba la exactitud de los hechos en que
se apoya, es decir prueba la obligación, la situación primaria se invierte,
debido a que la presunción originaria queda destruida. De esta manera si
el demandado opone medios de defensa, pretendiendo que las
consecuencias jurídicas de los hechos alegados se paralicen por otros
hechos, por ejemplo, si sostiene que es propietario por prescripción
adquisitiva, o que ha cumplido la obligación, etc., es a él a quien incumbe
aducir las pruebas de estos medios de defensa. Reus excipiendo fict actor
(…)”.
1.3.2. No obstante, como la misión de la justicia en el Estado
constitucional es lograr la demostración de la verdad real para restablecer
derechos agredidos, respecto del juzgamiento de los intereses en conflicto,
ha dicho la Corte, que cuando los litigios ofrecen deficiencia probatoria, es
obligación del juzgador emplear los poderes oficiosos para decretar todos
los elementos de convicción que, a su juicio, considere convenientes para
verificar los hechos alegados por las partes, ante todo, cuando se afectan
los derechos fundamentales o el orden público.
A esa filosofía responde el canon 170 del C.G.P. cuando reza:
“(…) El juez deberá decretar pruebas de oficio, en las oportunidades
probatorias del proceso y de los incidentes y antes de fallar, cuando sean
necesarias para esclarecer los hechos objeto de la controversia (…)”.
Sin embargo, la obligación de decretar pruebas oficiosamente no es
dictatorial, obedece a hipótesis precisas. En las demás, la ley concede al
juzgador la potestad o facultad de hacerlo según su razonable y prudente
arbitrio, y la instrucción compela.
Es excepcional, proceder de esa forma:
“(…) [E]s obligatorio ordenarlas y practicarlas, como por ejemplo la
genética en los procesos de filiación o impugnación; la inspección judicial
en los de declaración de pertenencia; el dictamen pericial en los divisorios;
las indispensables para condenar en concreto por frutos, intereses,
mejoras o perjuicios, etc. (…) so pena que una omisión de tal envergadura
afecte la sentencia (…)”.
1.3.3. Las particularidades propias de los procesos que involucran a la
familia, los destinatarios de protección reforzada, y las solicitudes
alimentarias, se hallan en esa línea por los fines que persiguen y los
intereses que protegen. En los alimentos de menores, de discapacitados,
adultos mayores y otro tipo de controversias conexas con el debate de esta
vital prestación, al estar comprometidos fines de orden público y la
dignidad humana, compete al juez actuar con especial celo.
El numeral 3º del canon 397 del Código General del Proceso, clara y
terminantemente le impone al fallador la obligación de decretar, aun
oficiosamente, “(…) las pruebas necesarias para establecer la capacidad
económica del demandado y las necesidades del demandante, si las partes
no las hubieren aportado”.
Pero además, el Estado constitucional obliga al juez, en la sustanciación
de causas familiares contaminadas con déficit de derechos, atemperar el
rigor del principio de consonancia. En ese contexto, el C. G. del P., prevé:
“(…) En los asuntos de familia, el juez podrá fallar ultra y extra petita,
cuando sea necesario para brindarle protección adecuada al niño, la niña
o adolescente, a la persona con discapacidad mental o de la tercera edad, y
prevenir controversias futuras de la misma índole (…)” (Pár. 1, art. 281
C.G.P.).
Estas autorizaciones no devienen únicamente por disposición procesal,
sino también por preceptos materiales, por imperio del bloque de
constitucionalidad y todo el cuerpo jurídico internacional de los derechos
humanos».
DERECHO AL DEBIDO PROCESO - Proceso de declaración de unión
marital de hecho, disolución y liquidación de la sociedad patrimonial:
desconocimiento del principio de congruencia al desestimar los alimentos
otorgados en primera instancia a la excompañera permanente otorgados
con base en el numeral 1 del artículo 411 del CC, sin que el recurrente
hubiera expuesto argumentos para hacerlo
DERECHO AL DEBIDO PROCESO - Proceso de declaración de unión
marital de hecho, disolución y liquidación de la sociedad patrimonial:
defecto sustantivo al interpretar restrictivamente el numeral 1 del artículo
411 del CC, como quiera que la finalización de la relación entre
compañeros permanentes, no siempre extingue la pretensión alimentaria
Tesis:
«(...) se advierte el éxito de la pretensión constitucional, puesto que además
de incongruencia, la decisión ejecutó una interpretación constitucional
equivocada del numeral 1° del artículo 411 del C.C.
Nótese, al sustentar los motivos de la alzada ante la autoridad ahora
cuestionada, el apoderado actor dijo:
“(…) El numeral 1º del art. 411 [C.C.] habla: (…) se le deben alimentos al
cónyuge entendiéndose que cubre a los compañeros permanentes siempre
[y cuando] la unión siga vigente pues una vez disuelta (…), ya se perdería
el título de cónyuge o compañero permanente (…)” (minuto 6, CD).
1.3.5. Hubo una interpretación restrictiva del nº 1 del artículo 411 del
C.C., pues no siempre, la finalización de la relación entre los
excompañeros en disputa, puede dar al traste con la pretensión
alimentaria del desamparado.
Ciertamente, la providencia hace un recuento de la evolución del contenido
de la memorada disposición, y de cómo el derecho alimentario en debate
reguló inicialmente los vínculos matrimoniales para extender finalmente
sus efectos a las hoy denominadas “uniones maritales de hecho” como la
surgida entre Aurora del Carmen Neira Patiño y Benjamín Flórez García,
por disposición de la Corte Constitucional en sentencia C-1033 de 2002
(minuto 17, CD).
Con apoyo en esta decisión, destacó que la carga obligacional de prestar
auxilio económico obedecía a la “solidaridad y mutua ayuda” entre los
cónyuges o compañeros, mientras persistiera la “unión”, pues finalizada
esta, se extinguía la prerrogativa.
Bajo tales derroteros, el ad quem puntualizó:
“(…) [A]l evidenciarse que la unión marital de hecho entre demandante y
demandada tuvo vigencia entre el 27 (sic) de febrero de 2001 y 27 de
febrero de 2018, para la Sala resulta fácil concluir (…) en el caso que nos
ocupa no estaban dadas todas condiciones de orden fáctico y jurídico para
la imposición de la obligación alimentaria en los términos en que se
profirió dicha orden, en virtud a que la solidaridad que se pregona entre
los compañeros permanentes para la imposición de la obligación
alimentaria había fenecido para el momento en que se profirió la decisión
objeto de impugnación (…)” (minuto 21, CD).
No obstante, el juzgador criticado sustrajo los alcances del precepto en
cuestión desde la textura constitucional, desde los principios, valores y
derechos que inspiran la tarea de subsunción de la ley y de adjudicación
de derechos en el Estado Constitucional».
DERECHO DE ALIMENTOS - Titulares del derecho - Alimentos del
cónyuge: inexistencia de distinción sustancial de las obligaciones
alimentarias entre los cónyuges y las de los compañeros permanentes,
después de finalizado el vínculo consensual o solemne
RAMA JUDICIAL - Corte Suprema de Justicia: función nomofiláctica
DERECHO CONSTITUCIONAL - Derecho a la igualdad en la familia:
necesidad de abordar la obligación alimentaria desde una perspectiva
constitucional en un Estado constitucional y Social de Derecho
DERECHO DE ALIMENTOS - Naturaleza y alcance
DERECHO DE ALIMENTOS - Alimentos entre compañeros permanentes:
fundamento constitucional
DERECHO DE ALIMENTOS - Alimentos entre cónyuges o compañeros
permanentes: posibilidad de reclamar alimentos sin sujeción a la
culpabilidad o al elemento subjetivo de la conducta en la ruptura del
vínculo, cuando uno de los integrantes de la pareja se encuentre en
situación de necesidad demostrada
DERECHO DE ALIMENTOS - Características de la obligación alimentaria
(c. j.)
DERECHO DE ALIMENTOS - Alimentos entre cónyuges: presupuestos (c.
j.)
DERECHO DE ALIMENTOS - Elementos axiológicos de la obligación
alimentaria
Tesis:
«Igualdad jurídica entre Matrimonio y Unión Marital de Hecho. Dos estados
civiles con pleno vigor, admitidos en plano de igualdad por la doctrina de
esta Sala:
Esta Corte no halla fundada la distinción sustancial en materia de
derechos y obligaciones entre cónyuges y compañeros permanentes en
punto de las obligaciones alimentarias regladas por el canon 411 del C.C.,
en especial, tratándose de mujeres u hombres, en situación de debilidad e
incapacidad para prodigarse sus propios alimentos, ante el advenimiento
de la ruptura y finalización del vínculo consensual o solemne.
En el ordenamiento interno, la Constitución Política de 1991 introdujo
varios cánones aplicables a la materia, tales como los derechos a la
igualdad, a la familia, la homogeneidad entre hombre y mujer y la
protección reforzada de los niños, adolescentes y personas de la tercera
edad (arts. 13, 42, 43 y 44).
Es necesario ir cerrando las brechas a la iniquidad, a la desigualdad y a la
discriminación que aún subsisten en la sociedad y en la familia,
amoldando los códigos decimonónicos con la historia, para ponerla a tono
al presente y al futuro, ante todo, en instituciones tan caras para el
derecho, como la unión marital de hecho, para personas de igual o diverso
sexo, etc.
La Corte Suprema en su Sala de Casación Civil es el órgano por excelencia
que por su función nomofiláctica investida, hace más de una centuria y es
la autoridad judicial que debe hacer tal reajuste, a pesar de que la
controversia tenga que ver con una acción de tutela, porque el juicio
sometido ahora en sede constitucional, no es asunto con respecto al cual
proceda la casación en el estado procesal actual del problema jurídico
planteado, y por otra parte, tampoco puede aducirse que pueda ser agitado
en sede de revisión extraordinaria.
En efecto, el punto que constituye el quid jurídico, escapa por diversas
razones, a cualquiera de las causales o medios de defensa eficaces,
previstos por el legislador para el pertinente juicio rescindente.
Ontológicamente reviste, muy por el contrario, un problema
eminentemente constitucional, tocante con la reclamación de los derechos
materiales alimentarios en un Estado constitucional y social de derecho.
En consecuencia, el amparo, en esta ocasión resulta idóneo para abordar
el análisis de la denunciada infracción iusfundamental.
Los alimentos en su esencia reflejan la naturaleza de un derecho
fundamental, y como tales, rebasan cualquier consideración legal de
carácter restrictivo para amilanarlos, dentro del modelo del Estado
constitucional y social, edificado en el tríptico de principios, valores y
derechos. Emergen como categoría intangible, legitimando con todo rigor
su reclamo válido a través de los mecanismos de protección constitucional.
Constituyen una prerrogativa y derecho subjetivo que facultan para exigir
a otro sujeto de derecho, una determinada conducta, no solamente como
deber jurídico, sino como obligación, en cuanto tiene que ejecutarse una
prestación concreta a favor de otra persona urgida por una necesidad vital.
Dentro de esta institución confluyen plurales y multiformes prerrogativas
como el derecho a la vida, su existencia y su calidad, porque los alimentos
componen un elemento vital determinante para la subsistencia y
coexistencia de cada ser humano en particular, y como secuela de la
misma comunidad. También se edifican en los principios y derechos de
solidaridad social y familiar, en el derecho a la dignidad humana de un ser
y de todos los miembros de la familia; además, en el innominado del
mínimo vital (lo necesario para la subsistencia de quien no está en
capacidad de procurársela por sus propios medios), en la igualdad, y en el
principio de respeto del mejor interés de los sujetos vulnerables.
Si la sentencia C-238/12, extendió los beneficios patrimoniales y de
seguridad social, al compañero o compañera permanente del otro o del
mismo sexo, en el análisis de constitucionalidad de la palabra “cónyuge”,
para subsanar la omisión legislativa relativa a parejas homosexuales y
heterosexuales; fulge como obligada, igual reflexión en el marco del
derecho alimentario.
El artículo 13 de la Carta Política con carácter perentorio prevé que
“[t]odas las personas nacen libres e iguales ante la ley, recibirán la misma
protección y trato de las autoridades y gozarán de los mismo derechos,
libertades y oportunidades sin ninguna discriminación por razones de
sexo, raza, origen nacional o familiar, lengua, religión, opinión política o
filosófica”, panorama en el cual, el Estado deberá promover “(…) las
condiciones para que la igualdad sea real y efectiva (…)”.
En fin, no puede sostenerse frente a la Constitución que las parejas sin
vínculo solemne no tengan derechos similares al de quienes se hallan
atadas por un nexo obligacional solemne, y con mayor razón, con relación
a los derechos básicos, mínimos y elementales de las personas, como los
correspondientes a las prestaciones alimentarias.
Una situación discriminatoria para quienes también se hallan protegidos
en la constitución, como ocurre para las diferentes clases de familia
previstas en el artículo 42 de la Carta y el Corpus iuris internacional de la
familia, de las conquistas de género, de las minorías, de las personas de
orientación diversa, afecta los derechos fundamentales a la igualdad, a la
vida, a la libertad, a formar un familia, al mínimo vital, a la dignidad
humana, al acceso a la tutela judicial efectiva; en fin, un número plural de
derechos fundamentales, de modo que tras comprobarse su infracción, son
fundamento para deprecar y disponer protección constitucional por esta
Corte.
Los principios y valores que postula la ética democrática, y por supuesto,
el principio de solidaridad social, en adición, también impone análoga
conclusión como piedra angular para abordar el problema de las parejas
de hecho o convivientes sin vínculo solemne. Aunque “(…) cada persona
debe velar por su propia subsistencia y por la de aquellos a quienes la ley
le obliga, con fundamento en el principio de solidaridad, según el cual los
miembros de la familia tienen la obligación de procurar la subsistencia a
aquellos integrantes de la misma que no están en capacidad de
asegurársela por sí mismos. Considera entonces esta Corte que la
obligación alimentaria tiene su fundamento tanto en el principio
constitucional de protección a la familia, en la solidaridad, y en el principio
de equidad, en la medida en que “cada miembro es obligado y beneficiario
recíprocamente”.
El derecho de exigir y la obligación de dar alimentos tienen su base,
además, en el principio de solidaridad social y familiar enunciado. La
solidaridad desde esta perspectiva es un vínculo, un compromiso
perdurable en el tiempo y en el espacio, por cuanto “(…) la solidaridad, es
un principio, una norma y un derecho, con esencia ética, que endereza
una relación horizontal de igualdad y que incorpora a cada sujeto en el
cumplimiento de tareas colectivas internalizando el deber de ayuda y
protección por el otro. Y si se trata de la solidaridad familiar se justifica de
conformidad con las reglas 42, 13 y 5 de la Carta, que un integrante de la
familia exija a sus parientes más cercanos asistencia y protección cuando
se hallen en peligro sus derechos fundamentales.
Precisamente, la misma Corte Constitucional ha destacado las formas de
manifestación o de aplicación de la solidaridad: “(…) se puede presentar en
tres facetas, a saber, (i) como una pauta de comportamiento conforme a la
cual deben obrar las personas en determinadas ocasiones; (ii) como un
criterio de interpretación en el análisis de las acciones u omisiones de los
particulares que vulneren o amenacen los derechos fundamentales; (iii)
como un límite a los derechos propios”.
En ese contexto, según se esbozó ut supra, si están demostrados, todos los
elementos de la obligación alimentaria en los casos concretos, brota
diamantino el fundamento, para que el juez del Estado Constitucional
pueda disponer la protección de alguno de los integrantes de la pareja,
como emanación directa del propio Código Civil que protege a la persona y
a la familia, los derechos subjetivos, y por supuesto del programa
constitucional inserto en la Constitución de 1991, consonante con el
bloque de constitucionalidad. La Corte Constitucional en 1994, analizando
la cuestión expuso:
“(…) El derecho de alimentos puede entenderse como el poder de voluntad
de una persona (alimentario), otorgado por el ordenamiento jurídico
positivo, de exigir a otra (alimentante) los medios para su subsistencia
cuando carece de ellos (…)”.
“(…) El fundamento constitucional del derecho de alimentos es el principio
de solidaridad social (Arts. 1º y 95, Núm. 2). En el interior de la familia,
por ser ésta la institución básica de la sociedad (Art. 5º) o el núcleo
fundamental de la misma (Art. 42), por lo cual, por regla general, una de
sus condiciones es el parentesco de consanguinidad o civil entre
alimentario y alimentante, en los grados señalados en la ley, o la calidad
de cónyuge o divorciado sin su culpa (…)”.
En un pronunciamiento más reciente, enunció las “características de las
obligaciones alimentarias”:
“(…) a. La obligación alimentaria no es una que difiera de las demás de
naturaleza civil, por cuanto presupone la existencia de una norma jurídica
y una situación de hecho, contemplada en ella como supuesto capaz de
generar consecuencias en derecho. b. Su especificidad radica en su
fundamento y su finalidad, pues, la obligación alimentaria aparece en el
marco del deber de solidaridad que une a los miembros más cercanos de
una familia, y tiene por finalidad la subsistencia de quienes son sus
beneficiarios. c. El deber de asistencia alimentaria se establece sobre dos
requisitos fundamentales: i) la necesidad del beneficiario y ii) la capacidad
del obligado, quien debe ayudar a la subsistencia de sus parientes, sin que
ello implique el sacrificio de su propia existencia. d. La obligación de dar
alimentos y los derechos que de ella surgen tiene unos medios de
protección efectiva, por cuanto el ordenamiento jurídico contiene normas
relacionadas con los titulares del derecho, las clases de alimentos, las
reglas para tasarlos, la duración de la obligación, los alimentos
provisionales (arts. 411 a 427 del Código Civil); el concepto de la
obligación, las vías judiciales para reclamarlos, el procedimiento que debe
agotarse para el efecto, (arts. 133 a 159 del Código del Menor), y el trámite
judicial para reclamar alimentos para mayores de edad (arts. 435 a 440
Código de Procedimiento Civil), todo lo cual permite al beneficiario de la
prestación alimentaria hacer efectiva su garantía, cuando el obligado elude
su responsabilidad (…)” (subrayas fuera de texto).
En decisión reciente, esta Sala analizando un asunto de alimentos entre
cónyuges, para hacer justicia, expuso:
“La obligación alimentaria tiene algunos preceptos sustantivos que sirven
de venero para las declaraciones judiciales correspondientes. En efecto, el
Código Civil centenariamente enuncia a quienes se debe alimentos, a
saber:
“(…) Al cónyuge; a los descendientes; a los ascendientes; (…) al cónyuge
divorciado o separado de cuerpo sin su culpa; a los hijos naturales, su
posteridad y a los nietos naturales; a los ascendientes naturales; a los
hijos adoptivos; a los padres adoptantes; a los hermanos legítimos; [y] [a]l
que hizo una donación cuantiosa si no hubiere sido rescindida o revocada
(…)” (Art. 411 Código Civil).
“A renglón seguido, en el canon 412 se define que las pautas previstas en
el Título XXI de esa preceptiva se aplican genéricamente para esa
prestación sin distingos de ninguna índole, como el mismo texto enseña:
“(…) sin perjuicio de las disposiciones especiales que contiene este Código
respecto de ciertas personas (…)”.
“En consecuencia, los alimentos, sean congruos o necesarios (art. 413
ejúsdem), provisionales o definitivos (art. 417 ibídem), pueden ser
reconocidos con las medidas correspondientes a que haya lugar a favor de
todos los enlistados en el canon 411 reseñado.
“Adicionalmente, son otorgados cuando se acreditan los elementos
axiológicos de la obligación alimentaria: “(…) i) la necesidad del
alimentario; ii) la existencia de un vínculo jurídico, ya de afinidad, ora de
consanguinidad o de naturaleza civil, para el caso de los adoptivos, o en
las hipótesis del donante; y iii) capacidad del alimentante (…)” (resaltado
de la Sala).
“Como los tres elementos axiológicos de la obligación alimentaria deben
concurrir simultáneamente, la falta de todos o de alguno de ellos torna
nugatoria la respectiva acción.
“Es pertinente reseñar que en el régimen de alimentos el único correctivo
es el previsto en el artículo 414 ibídem, aplicable en los casos en los cuales
el acreedor alimentario incurre en injuria respecto del alimentante, caso en
el cual, se exime al ofendido de suministrar los alimentos congruos cuando
el ataque es “grave” o, si es “atroz”, “cesará enteramente la obligación de
prestar alimentos”, en otras palabras: “(…) el alimentario puede cometer
contra el alimentante (…) una injuria atroz que lo priva de alimentos, o
una injuria grave que los reduzca a lo necesario (…)”.
“Debe recordar esta Sala que de la hermenéutica de los preceptos 411 y
414 no puede inferirse naturaleza indemnizatoria en la obligación
alimentaria para ser asimilada como una prestación ligada al daño
contractual o extracontractual. Los cánones mencionados refieren la
prestación por causa de las distintas fuentes obligacionales que le dan
nacimiento a la misma o para extinguirla. Analizan los congruos y los
necesarios, frente a los cuales las ofensas graves o atroces provenientes
del acreedor inciden para su cuantificación o determinación, según sean
unos u otros, pero de ninguna manera para edificar el nacimiento de una
prestación indemnizatoria, esta última como ya se ha explicado tiene su
fuente en el derecho de daños que difiere sustancialmente del vínculo
obligacional que surge en materia de alimentos”.
Por tanto, tratándose de compañeros o de cónyuges al margen de la
culpabilidad o del elemento subjetivo que puede imputarse a su conducta
para efectos de la terminación de su vida de pareja, así esa extinción se
surta con respecto al vínculo solemne o meramente consensual; sin duda,
pueden reclamarse alimentos entre sí, cuando uno de los compañeros o
cónyuges se encuentre en necesidad demostrada, salvo las limitaciones
que imponen los casos de “injuria grave o atroz”.
De tal forma que los alimentos postruptura conyugal, marital, conviviente;
postdivorcio o postcesación matrimonial para la pareja que sin distingos
de raza, color, sexo, religión, constituyó una familia, corresponden a un
régimen excepcional, el cual de ningún modo puede ser ajeno el juez en el
Estado de Derecho Constitucional y Social. Por supuesto, que en el caso,
de las uniones de hecho, ante las intermitencias y veleidades de algunas
de ellas, el juez debe analizar los tiempos de permanencia de la
convivencia (por ejemplo, la del caso concreto superó los veinte años), esto
es, su duración; los roles de la pareja, la situación patrimonial, el estado
de salud o enfermedades graves, la edad de las partes, las posibilidades de
acceso al mercado laboral del necesitado, la colaboración prestada a las
actividades del otro, las responsabilidades en la economía del hogar, etc.
Se trata también de la solidaridad posterminación, que mediante juicios de
inferencia analiza en cada situación de hecho el juez, sin que se trate de
una indemnización por daños o de enriquecimiento injusto, o de la
construcción de un régimen sancionatorio o culpabilístico, como
consecuencia de actos antijurídicos, como los tocantes con la regla 411 del
numeral 4 del C.C. colombiano vigente.
Incumbe a un tratamiento singular y extraordinario, “no común ni
habitual” de las prestaciones alimentarias entre la pareja que da por
terminada su convivencia, coherente con el concepto de Estado
Constitucional y social de derecho, que defiende la familia, el socorro, la
ayuda mutua, la ética social y familiar en las relaciones familiares de
pareja y en la buena fe en la celebración de los negocios o actos jurídicos
familiares como los concernientes a los acuerdos de una pareja que
edificara una familia, frente a la regla general de la cesación de toda
obligación recíproca entre excompañeros o excónyuges. No emerge, por
consiguiente, se itera, como sanción o castigo, ni como fuente de
enriquecimiento para el necesitado; sino que brota de las entrañas del
Estado Constitucional fincado en valores, principios y derechos, anclado
en una axiología desde la estructura jurídica y ética de la familia, ante la
fragilidad, la debilidad, el desamparo o la incapacidad vital, como puede
quedar uno de los convivientes, que por tanto, reclama una hermenéutica
humanitaria y fraterna, desde la óptica de la solidaridad familiar, de la
equidad y de la ética.
Por consiguiente, para la determinación de la cuota alimentaria, tal cual se
anticipó, el juez debe entonces, observar elementos tales como la
posibilidad de la reinserción laboral del cónyuge o compañera alimentario,
su edad, el número de hijos, la calificación laboral que se posea, la
dignidad humana, acorde con las condiciones que se tenían antes de la
ruptura o terminación de la unión; y por supuesto, la capacidad
económica del obligado y sus propias necesidades y obligaciones
alimentarias frente a quienes dependen de él; sin que ahora se predique
que se trata de la continuación de la unión postdisolución, o del
surgimiento de una carga prestacional eterna, sino dependiente de la
permanencia o vigencia de la necesidad del alimentario y de la capacidad
del obligado; pues puede extinguirse porque si se prueba la desaparición
de la necesidad del acreedor o la capacidad del deudor, en fin, reviste una
naturaleza diferente a la erigida con fundamento en la relación inocencia-
culpabilidad, encofrado y detonante de la causal 4 del art. 411 del C.C.,
citado.
Ahora bien, en todo caso, esa obligación alimentaria reclama
axiológicamente, demostrar: 1. La presencia de un vínculo jurídico sea de
carácter legal (el parentesco) o de naturaleza convencional, 2. La
demostración de la necesidad del alimentario, en cuanto quien los pide no
tiene lo necesario para su subsistencia; y 3. La correspondiente capacidad
del alimentante; de modo que si están demostrados estos elementos
estructurales, reclamar otras exigencias o requisitos diferentes, se
obstaculiza el ejercicio de tan esencial derecho subjetivo.
Dentro de este esquema, el acreedor o alimentario es quien no está en
capacidad de procurarse por sus medios la propia subsistencia; el deudor
o alimentante es la persona que debe sacrificar parte de su patrimonio
para garantizar el desarrollo y supervivencia del alimentario.
El vínculum o nexo en el caso de los compañeros o cónyuges, es por regla
general de carácter legal o consensual, solemne o no, con raigambre en la
Constitución y en el Corpus iuris internacional, por cuanto toda clase de
familia tiene protección constitucional. Si los códigos decimonónicos
discriminan y dejan en desventaja a los compañeros frente al matrimonio,
resulta paradójico en el Estado actual de estirpe constitucional y social no
equipararlos integralmente, máxime si cuanto se reivindica es un derecho
de alcurnia eminentemente fundamental. Para el caso de los compañeros,
parejas no casadas de diferente o igual sexo, caracterizadas por una
protección deficitaria que demanda ahora progresividad y equidad frente a
diferencias injustificadas con el matrimonio, y que, en lo tocante con los
derechos civiles como el derecho alimentario, es aún mayor».
DERECHO DE ALIMENTOS - Violencia intrafamiliar: obligación
alimentaria del cónyuge culpable en el marco de la indignidad y la
violencia
DERECHO A LA FAMILIA - Violencia intrafamiliar: protección
constitucional
DERECHO CIVIL / FAMILIA - Matrimonio: definición
DERECHO DE ALIMENTOS - Obligación alimentaria derivada de la
extinción del vínculo familiar en el derecho comparado
Tesis:
«1.3.7 La indignidad y la violencia intrafamiliar en el marco alimentario en
la arquitectura del numeral 4 del art. 411 del C.C. colombiano.
Anteriormente se razonó que una cosa son los alimentos y otra muy
diferente la reparación que pueda surgir del daño, los cuales son
inconfundibles, a pesar de sus múltiples relaciones e interferencias.
La Corte Suprema de Justicia no es ajena a esta problemática. De vieja
data ha censurado la violencia generalizada en la sociedad, en la familia,
en las uniones maritales o en los matrimonios, o cuando por causa de esta
sobreviene la ruptura contractual solemne o consensual, o el
desentendimiento de la solidaridad familiar o de los deberes al interior de
la familia frente a los niños y las mujeres, o frente a las personas de
diferente orientación sexual. Si la familia es cenáculo y fundamento de la
construcción de la sociedad y de la democracia, no puede cohonestarse la
insensibilidad ni mucho menos el ejercicio de la fuerza física o moral de
cualquier miembro de ella, o de terceros, contra la parte más débil o en
discapacidad física, moral o jurídica para repelerla o resistirla.
Esas prácticas merecen todo el rechazo, por cuanto, en lugar de dignificar
al hombre lo tornan en villano y miserable, de vuelta a la barbarie,
materializando las formas preestatales y bárbaras que Hobbes describe
sentencioso bajo el paradigma “homo homini lupus” cuando reiteró a
Plauto (Asinaria). Los jueces del Estado social democrático no podemos
excusar el ejercicio de la arbitrariedad y de la fuerza. Y a fortiori, esta
Corte que históricamente en su función judicial ha venido adoctrinando y
luchando contra todas las formas de violencia y especialmente la moral.
Conviene memorar la siempre y viva doctrina de la Sala, con el siguiente
segmento jurisprudencial que reprueba la indolencia y el desamor en el
marco y estructura de las causales de la ruptura de la vida familiar de la
pareja:
“(…) [U]n ultraje leve, un trato cruel ocasional, sin gravedad ni importancia
o un maltratamiento de la misma calidad, pueden no alcanzar a justificar
el divorcio, pero indudablemente basta uno de esos desplantes, si es muy
grave, ofensivo o peligroso”.
“En verdad no es correcta la interpretación de la regla 5ª (artículo 154 [hoy
numeral 3º del mismo canon del Código Civil]) al entenderla en el sentido
de que para producir el efecto jurídico allí previsto se necesita que
concurran ultrajes, trato cruel y maltratamientos materiales, y que
además sean frecuentes. Puede que el marido nunca haya agraviado a la
mujer sino de palabra, sin maltrato físico o, a la inversa, que sin
pronunciar palabra alguna ofensiva o injuriante, llegue al hogar y por
disgustarle algo, silenciosa pero torpemente maltrate de obra a la mujer.
Cualquiera de esas actitudes bastaría para hacer imposibles la paz y el
sosiego domésticos, lo que justificaría el divorcio. Por otra parte, la norma
en cuestión no exige que para el efecto, ultrajes, trato cruel o
maltratamiento de obra sean frecuentes. La interpretación del Tribunal
implicaría que la mujer está obligada a soportar sin queja varios insultos y
más de dos palizas. Pero [¿] Cuántas? [¿] Cinco, diez o quince? Esa
discriminación resulta absurda e inhumana (…)”.
Por tanto, en esta otra arista, se trata de circunstancias diferentes,
mediadas por el numeral 4 del art. 411 del C.C., que escapan a la
interpretación constitucional y teleológica de la ética familiar desde el
numeral 1 del mismo artículo, pues enarbolan hipótesis diferentes.
Mientras las hipótesis del numeral 1 se apoyan en la existencia misma de
la familia, en los fines de su prolongación, permanencia y ánimo de
hacerla duradera en la ayuda, el socorro y la solidaridad familiar y social;
las circunstancias del numeral 4 son otras muy diferentes porque ventilan
la relación inocencia-culpabilidad, que por circunstancia de violencia
intraconviviente, intraconyugal o simplemente intrafamiliar frustran la
continuación de la vida de la pareja y de los proyectos vitales y
comunitarios conjuntos que dan pie a la ruptura definitiva.
Así, partiendo del supuesto de que toda relación de pareja con ánimo de
permanencia “(…) es un contrato (…) por el cual [dos personas] se unen
con el fin de vivir juntos, de procrear y de auxiliarse mutuamente (…)” (art.
113 del C.C.), su finalización por motivos personales morales o económicos
puede ocasionar la prolongación de diferentes obligaciones, entre ella las
alimentarias, según se viene razonando, a pesar de la extinción del vínculo
familiar; o puede engendrar perjuicios de diversa índole; y con mayor
razón a quien deba soportar la consecuencia sin haber buscado o querido
ese resultado, pero en escenarios diferentes.
La tesis no resulta arbitraria frente al derecho nacional y continental. En
Argentina, Chile, España y Perú se ha previsto la “compensación
económica” a favor del consorte cuando hay terminación de la relación
jurídica de pareja; permitiendo, con diferentes matices, la aplicación de
medidas compensatoria o alimentarias a través del pago de una única
suma o por conducto de una “pensión” periódica.
El Código Civil Español reglamenta en los artículos 97 y 98:
“(…) Artículo 97. El cónyuge al que la separación o el divorcio produzca un
desequilibrio económico en relación con la posición del otro, que implique
un empeoramiento en su situación anterior en el matrimonio, tendrá
derecho a una compensación que podrá consistir en una pensión temporal
o por tiempo indefinido, o en una prestación única, según se determine en
el convenio regulador o en la sentencia.
“A falta de acuerdo de los cónyuges, el Juez, en sentencia, determinara su
importe teniendo en cuenta las siguientes circunstancias:
1. Los acuerdos a que hubieren llegado los cónyuges.
2. La edad y el estado de salud.
3. La cualificación profesional y las probabilidades de acceso a un empleo.
4. La dedicación pasada y futura a la familia.
5. La colaboración con su trabajo en las actividades mercantiles,
industriales o profesionales del otro cónyuge.
6. La duración del matrimonio y de la convivencia conyugal.
7. La pérdida eventual de un derecho de pensión.
8. El caudal y los medios económicos y necesidades de uno y otro cónyuge.
9. Cualquier otra circunstancia relevante.
“En la resolución judicial o en el convenio regulador formalizado ante el
secretario judicial o el Notario se fijarán la periodicidad, la forma de pago,
las bases para actualizar la pensión, la duración o el momento de cese y
las garantías para su efectividad.
“Artículo 98. El cónyuge de buena fe cuyo matrimonio haya sido declarado
nulo tendrá derecho a una indemnización si ha existido convivencia
conyugal, atendidas las circunstancias previstas en el artículo 97 (…)”.
El Código Civil y Comercial de la Nación de Argentina, aprobado por la Ley
26.994 del 8 de octubre del 2014, en el precepto 434, establece:
“(…) Artículo 434.- Alimentos posteriores al divorcio. Las prestaciones
alimentarias pueden ser fijadas aun después del divorcio:
“a) a favor de quien padece una enfermedad grave preexistente al divorcio
que le impide autosustentarse. Si el alimentante fallece, la obligación se
trasmite a sus herederos;
“b) a favor de quien no tiene recursos propios suficientes ni posibilidad
razonable de procurárselos. Se tiene en cuenta los incs. B), c) y e) del art.
433.
“La obligación no puede tener una duración superior al número de años
que duró el matrimonio y no procede a favor del que recibe la
compensación económica del art. 441.
“En los dos supuestos previstos en este artículo, la obligación cesa si:
desaparece la causa que la motivó, o si la persona beneficiada contrae
matrimonio o vive en unión convivencial, o cuando el alimentado incurre
en alguna de las causales de indignidad.
“Si el convenio regulador del divorcio se refiere a los alimentos, rigen las
pautas convenidas“(…)”.
A su vez, el Código Civil Alemán (BGB), hoy vigente, en los artículos 1361 y
1576, responde a la misma tendencia sobre los alimentos al cónyuge:
“(…) §1361 Alimentos en caso de vida separada.
(1) Si los cónyuges viven separados, uno puede exigir del otro una
prestación de alimentos adecuada a las condiciones de vida de los
cónyuges y a su situación patrimonial y profesional; si se aplica el §1610 a
los gastos derivados de los daños corporales o a la salud. Si entre los
cónyuges pende un proceso de divorcio, se incluyen también en la
prestación de alimentos, desde el momento de la litispendencia, los costes
de un seguro adecuado de vejez y de reducción de la capacidad laboral”.
“(…)
“§1576. Alimentos por razones de equidad.
“Un cónyuge divorciado puede reclamar alimentos del otro si, y en la
medida que por motivos especialmente gravosos, no puede esperarse de él
el ejercicio de una actividad económica y la denegación de los alimentos
seria gravemente contraria a la equidad en atención a las necesidades de
ambos cónyuges. Los motivos especialmente gravosos no deben ser
contemplados solo porque han conducido al fracaso del matrimonio (…)”.
Esta tesis, halla entonces venero, no solamente en la interpretación del
sistema jurídico nacional, también en el bloque de constitucionalidad y se
acompasa con las tendencias modernas del derecho alimentario de los
cónyuges o compañeros. De tal modo, no es únicamente cuando haya
culpabilidad de uno de los consortes, sino también, por razones de
solidaridad, de equidad, de apoyo y por razones éticas; razones de
enfermedad, de edad, etc.; las que fuerzan acceder al auxilio demandado.
1.3.8. Así las cosas, los juzgadores de instancia se encuentran facultados a
adoptar disposiciones ultra y extra petita, bajo una interpretación amplia
del numeral primero del artículo 411, dado los altos fines de la familia, la
pareja y la solidaridad familiar y social, así como de la ética, contemplando
los elementos axiológicos de la obligación alimentaria, o escrutando la
relación de culpabilidad prevista en el numeral 4 del mismo precepto,
conforme se autoriza en el parágrafo 1º de la regla 281 del Código General
del Proceso, según el cual:
“(…) En los asuntos de familia, el juez podrá fallar ultrapetita y extrapetita,
cuando sea necesario para brindarle protección adecuada a la pareja, al
niño, la niña o adolescente, a la persona con discapacidad mental o de la
tercera edad, y prevenir controversias futuras de la misma índole (…)”
1.3.9. Esta Corte no puede avalar que, so pretexto de la autonomía de la
voluntad de los consortes, para iniciar o finiquitar su relación, se deje
desamparado a uno de ellos, máxime cuando han convivido por más de
dos décadas, y cualquiera de los dos, para el caso la mujer, ayudó a la
construcción económica de la familia con su entrega al hogar, que si bien
éste aporte no es remunerado, si implica un elemento de gran importancia
para la pareja, pues tal actividad coadyuva a la consecución del
patrimonio social o para la estimación de la pensión ahora devengada por
el aportante financiero principal, y al sostén del hogar común».
DERECHO AL DEBIDO PROCESO - Proceso de declaración de unión
marital de hecho, disolución y liquidación de la sociedad patrimonial:
protección constitucional para extender la obligación alimentaría al
compañero permanente, después de extinguido el vínculo
DERECHO DE LAS MUJERES A LA IGUALDAD PROCESAL - Vulneración
Tesis:
«Sobre la necesidad de encauzar el análisis a partir de una perspectiva de
género
El estudio y la decisión de la problemática familiar hoy en Colombia, o en
cualquier otro lugar, no puede dejar de lado los problemas de género.
En efecto, el tribunal querellado al revocar la prestación alimentaria
concedida por el a-quo a favor de la accionante, no solo prescindió la
interpretación constitucional del numeral 1° del canon 411 del C.C.,
reduciendo sus alcances únicamente a la circunstancia espacio-temporal
anterior a la ruptura, desestimando una exégesis postruptura definitiva.
También omitió examinar la situación fáctica a la luz de la causal 4° del
citado artículo, por cuanto el fundamento de la obligación económica se
daba igualmente en el contexto de la ruptura de la unión marital y no
durante su vigencia, pudiendo para tal caso establecer la culpa o no del
excompañero permanente para provocar la disolución; subsunción
normativa que para el subjúdice reclama una perspectiva de género.
Relacionado con la orientación de género, aparentemente resultaban
evidentes categorías sospechosas de discriminación y violencia económica
padecidos por una mujer en el entorno de una relación de subordinación
respecto de su pareja, pues la tutelante sufre problemas de salud mental y
depende económicamente de su exconsorte, según se infiere de la
foliatura.
Tales circunstancias ameritaban por la corporación accionada encauzar el
análisis del asunto desde las garantías específicas propias de la
perspectiva de género, relacionadas con (i) la cláusula de igualdad y no
discriminación, donde la condición de mujer es un factor dudoso de
exclusión; (ii) el derecho de las mujeres a una vida libre de violencias; y (iii)
el debido proceso con enfoque de género».
DERECHO DE LAS MUJERES A UNA VIDA LIBRE DE VIOLENCIA -
Prohibición de todas las formas de discriminación contra las mujeres:
marco normativo nacional e internacional
DERECHO DE LAS MUJERES A UNA VIDA LIBRE DE VIOLENCIA -
Violencia de género - Violencia económica: configuración
DERECHO A LA IGUALDAD - Clasificación de los tipos de derechos y
obligaciones
DERECHO A LA IGUALDAD - Prohibición de todas las formas de
discriminación contra las mujeres: principio de protección especial a la
mujer
DERECHO A LA IGUALDAD - Protección debida a los grupos
discriminados o marginados: demostración de la discriminación normativa
o fáctica
DERECHO A LA IGUALDAD - Discriminación fáctica: la situación en sí
misma no es prueba de la discriminación, lo es, la motivación para
realizarla
DERECHO DE LAS MUJERES A UNA VIDA LIBRE DE VIOLENCIA -
Prohibición de todas las formas de discriminación contra las mujeres -
Carga de la prueba: obligación de la parte acusada de discriminar, de
acreditar que su comportamiento no se funda en el género de la persona
afectada
DERECHO DE LAS MUJERES A UNA VIDA LIBRE DE VIOLENCIA -
Prohibición de todas las formas de discriminación contra las mujeres -
Violencia económica: la situación de subordinación económica sufrida por
la accionante respecto de su excompañero permanente, constituye per se,
una práctica simbólica de discriminación basada en una relación desigual
de poder
DERECHO AL DEBIDO PROCESO - Proceso de declaración de unión
marital de hecho, disolución y liquidación de la sociedad patrimonial: falta
de motivación de la providencia que resuelve la procedencia de los
alimentos de la compañera permanente, sin estudiar la causa de la
ruptura del vínculo
DERECHO DE LAS MUJERES A UNA VIDA LIBRE DE VIOLENCIA - La
falta de análisis sobre la procedencia de la obligación alimentaría en favor
de la compañera permanente, contribuye al mantenimiento de su
sometimiento a una situación de atropello económico ininterrumpido y
sistemático
DERECHO AL DEBIDO PROCESO - Proceso de declaración de unión
marital de hecho, disolución y liquidación de la sociedad patrimonial:
desconocimiento de la obligación de protección judicial con perspectiva de
género al revocar la prestación alimentaría otorgada en favor de la
excompañera permanente, desconociendo su evidente discapacidad física y
la dependencia económica de su excompañero
Tesis:
«Sobre la cláusula de igualdad y no discriminación, donde la condición de
mujer es un factor dudoso de exclusión, la Comisión Interamericana de
Derechos Humanos (CIDH), en aplicación del artículo 1.1. de la
Convención Americana, reiteró que en toda actuación que obedezca a “(…)
factores o categorías sospechosas (…)” como raza, color, sexo, idioma,
religión, opiniones políticas o de cualquier otra índole, resultan temerosas
y suspicaces de invalidez e ilegalidad y deberán soportar un criterio de
escrutinio fuerte, labor desarrollada particularmente por los jueces.
Los axiomas vinculantes del derecho a la igualdad y no discriminación
representan el fundamento axial del Sistema Interamericano de los
Derechos Humanos, como se itera, la Convención Americana sobre
Derechos Humanos, la Declaración de los Derechos y los Deberes del
Hombre, la Convención Belém Do Para y la Convención sobre la
“Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la mujer”
-CEDAW, cuyo propósito es promover la igualdad de iure y de facto entre
géneros en el ejercicio de sus prerrogativas fundamentales.
La abundante normativa internacional y jurisprudencia de la Corte
Constitucional, en el marco del derecho a la igualdad (art. 13 C.P.) ha
diferenciado tres tipos de derechos y obligaciones: el primero, relativo a la
igualdad ante la ley; el segundo, la igualdad de trato y de protección,
procurando garantizar el goce de los mismos derechos y oportunidades; y
el tercero, la salvaguarda debida a los grupos discriminados o marginados.
En este último se edifica y cobra poder el principio de protección especial a
la mujer, el cual, según la mencionada colegiatura, se concreta de alguna
manera, en la siguiente doctrina:
“(…) La exclusión de la discriminación por razón de sexo contenida en el
art. 13 de la Constitución Política no se detiene en la mera prohibición
sino que abarca el propósito constitucional de terminar con la histórica
situación de inferioridad padecida por la población femenina; esa decisión
autoriza dentro de un principio de protección la toma de medidas positivas
dirigidas a corregir las desigualdades de facto, a compensar la relegación
sufrida y a promover la igualdad realidad y efectiva de las mujeres en el
orden económico y social (…)” (se destaca).
Tratándose del análisis de cualquier clase disposición jurídica, la
demostración de la discriminación se hará del simple cotejo de sus
supuestos normativos con la finalidad legítima de tal regulación y la
conexión directa que los instrumentos contenidos en ella tienen en la
consecución de tal propósito.
Pero correspondiendo a un hecho acusado de segregador, la situación
probatoria cambia de manera ostensible, teniendo en cuenta que no será
en sí misma la situación fáctica la prueba de la discriminación, sino la
motivación para realizarla (vgr. en la esfera laboral, la discriminación se
ejemplifica en actos como escogencia, ascenso, aumento salarial, acoso,
despido, etc.).
De ese modo, al subsistir una evidente dificultad demostrativa que implica
esta clase de situaciones y teniendo en cuenta la debilidad de la parte
supuestamente discriminada, como el caso de la mujer, el principio de su
especial protección se activa al invertirse la carga de la prueba, al punto
que será la parte acusada de discriminar, quien deberá acreditar que su
comportamiento no se fundó en el género de la persona afectada, o si éste
predominó, fue un criterio utilizado legítimamente (bona fide criteria),
según los derroteros fijados por la doctrina constitucional.
Frente al caso, realizando un análisis interseccional, el cual permite
identificar las múltiples opresiones padecidas por mujeres como la
tutelante mediante la intersección de aspectos como salud y condición
económica, se infiere que el tribunal accionado profirió un trato
discriminatorio a la accionante al negarle alimentos, limitándose a
establecer su improcedencia por no ajustarse a la causal primera del
artículo 411 del C.C.
A propósito, desde la óptica interseccional se visualizan los escenarios de
referencia utilizados por la colegiatura al momento de decidir
negativamente sobre la prestación dineraria a favor de la gestora, los
cuales se concretan simplemente en negarle una manutención sin reparar
en su condición siquiátrica y dependencia económica.
En efecto, soslayó que la actora, por causa de sus dolencias mentales,
según consta en el plenario, continuamente requiere de atención médica
especializada, aspecto prima facie revelador de cierto grado de
discapacidad, hallándose imposibilitada de realizar actividades plenas y
efectivas en la sociedad en igualdad de condiciones con las demás
personas.
Así mismo, no tuvo en cuenta que la evidente situación de subordinación
económica sufrida por la promotora respecto de su excompañero,
constituía per sé una práctica simbólica de discriminación, basada en una
relación desigual de poder que ubica a la mujer en desventaja con el
varón.
En consecuencia, la accionante resultó doblemente discriminada porque
se soslayó su condición de mujer en situación de indefensión por razones
de salud y económicas, y la omisión del tribunal en advertir tal condición.
Esta doble discriminación, esto es, conferir un trato desigual no justificado
a la querellante, la deja al margen de cualquier posibilidad de protección
en el marco de un escenario judicial, por cuanto según los parámetros
determinados por la conducta del tribunal accionado, o se es presunto
discriminador económico y susceptible de no responder por esa situación o
víctima mujer en condiciones desfavorables para llevar adelante un
proyecto de vida.
1.4.2. En relación con la segunda garantía de análisis en la perspectiva de
género concerniente al derecho de las mujeres a una vida libre de
violencias, este se halla definido en el artículo 7 de la Ley 1257 de 2008:
“(…) Artículo 7: Además de otros derechos reconocidos en la ley o en
tratados y convenios internacionales debidamente ratificados, las mujeres
tienen derecho a una vida digna, a la integridad física, sexual y
psicológica, a la intimidad, a no ser sometidas a tortura o a tratos crueles
y degradantes, a la igualdad real y efectiva, a no ser sometidas a forma
alguna de discriminación, a la libertad y autonomía, al libre desarrollo de
la personalidad, a la salud, a la salud sexual y reproductiva y a la
seguridad personal (…)” (se resalta).
Igualmente, las normas y tratados internacionales propios del bloque de
constitucionalidad y ratificados por Colombia en materia de los derechos
de las mujeres, como la Convención sobre la “Eliminación de todas las
Formas de Discriminación contra la mujer” -CEDAW, señala:
“(…) Artículo 2: Los Estados Partes condenan la discriminación contra la
mujer en todas sus formas, convienen en seguir, por todos los medios
apropiados y sin dilaciones, una política encaminada a eliminar la
discriminación contra la mujer y, con tal objeto, se comprometen a: (…) b)
Adoptar medidas adecuadas, legislativas y de otro carácter, con las
sanciones correspondientes, que prohíban toda discriminación contra la
mujer; c) Establecer la protección jurídica de los derechos de la mujer
sobre una base de igualdad con los del hombre y garantizar, por conducto
de los tribunales nacionales o competentes y de otras instituciones
públicas, la protección efectiva de la mujer contra todo acto de
discriminación; d) Abstenerse de incurrir en todo acto a práctica de
discriminación contra la mujer y velar porque las autoridades e
instituciones públicas actúen de conformidad con esta obligación; e)
Tomar todas las medidas apropiadas para eliminar la discriminación
contra la mujer practicada por cualesquiera personas, organizaciones o
empresas” (…)” (se subraya).
Así mismo, el mencionado instrumento jurídico dispone en sus cánones 5
y 11, respectivamente:
“(…) Los Estados Partes tomarán todas las medidas apropiadas para:
a) Modificar los patrones socioculturales de conducta de hombres y
mujeres, con miras a alcanzar la eliminación de los prejuicios y las
prácticas consuetudinarias y de cualquier otra índole que estén basados
en la idea de la inferioridad o superioridad de cualquiera de los sexos o en
funciones estereotipadas de hombres y mujeres;
“(…)
“Los Estados Partes adoptarán todas las medidas apropiadas para eliminar
la discriminación contra la mujer en la esfera del empleo a fin de asegurar
a la mujer, en condiciones de igualdad con los hombres, los mismos
derechos, en particular:
“(…)
“El derecho a la seguridad social, en particular en casos de jubilación,
desempleo, enfermedad, invalidez, vejez u otra incapacidad para trabajar,
así como el derecho a vacaciones pagadas (...)” (destacado propio).
Finalmente, la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y
Erradicar la Violencia contra La Mujer “Convención de Belem do Para”,
dispone:
“(…) Artículo 4: Toda mujer tiene derecho al reconocimiento, goce, ejercicio
y protección de todos los derechos humanos y a las libertades consagradas
por los instrumentos regionales e internacionales sobre derechos
humanos. Estos derechos comprenden, entre otros:
f. El derecho a igualdad de protección ante la ley y de la ley;
“g. El derecho a un recurso sencillo y rápido ante los tribunales
competentes, que la ampare contra actos que violen sus derechos (…)” (se
resalta).
Los antelados mecanismos jurídicos reflejan que la violencia contra la
mujer también es económica. Dicho ataque, aunque difícil de advertir, se
encuadra en escenarios sociales donde usualmente los hombres tienen
mayor control sobre la mujer. Así, en la violencia patrimonial el hombre
utiliza su poder económico para controlar las decisiones y proyecto de vida
de su consorte.
En esta clase de agresión, el perpetrador gobierna todo cuanto ingresa al
patrimonio común, sin importarle quién realice la contribución. Además,
manipula el dinero, lo administra y en él recae, tradicionalmente, la
titularidad de los bienes sociales. La característica particular de este tipo
de violencia se presenta frecuentemente en el ámbito privado, donde sus
efectos se hacen más notorios.
Así mismo, los abusos económicos generalmente resultan ignorados por la
mujer y en su entorno social, pues ocurren bajo una fachada de
cooperación de pareja. Esto, porque culturalmente predomina el
estereotipo del hombre como proveedor por excelencia, aspecto que
funciona como maniobra de opresión.
Otro efecto peculiar de esta arremetida, lo constituye la forma como la
mujer resulta relegada de las decisiones económicas del hogar, donde es
obligada a rendirle cuentas de todo tipo de gastos, incluyendo, los
personales. Igualmente, el hombre le impide estudiar o laborar para evitar
que la mujer logre su independencia económica, al punto de convencerla
que sin él, ella no podría sobrevivir.
Es importante destacar que los alcances de esta clase de violencia se
revelan cuando tiene lugar la ruptura de relación, pues es ahí, cuando la
mujer reclama sus derechos económicos, pero, como ocurrió durante la
vigencia de la convivencia marital, es el hombre quien se beneficia en
mayor medida con estas disoluciones.
En el caso, al prescindir el tribunal del análisis sobre la procedencia o no
de los alimentos en favor de la actora bajo la causal 1° del artículo 411 del
Código Civil, teniendo en cuenta las circunstancias de indefensión e
incapacidad del integrante de la pareja necesitado, debe pasar el juez a
estudiar la causalidad de la ruptura para disponer la solución de la
reclamación alimentaria desde la indagación del numeral 4 del art. 411 del
C.C.
En esta perspectiva del numeral 4, por ejemplo, una conducta pasiva e
indiferente puede generar, vitalizar o reproducir los riesgos de violencia
económica representada en una situación concreta, por cuanto ratifica la
relación de dominación patrimonial a la que se halla expuesta una mujer,
o el otro integrante de la unión, durante y después de la convivencia con
su expareja.
La decisión censurada en esta sede de alguna manera corroboró el
estereotipo de la cultura de la discriminación contra la mujer, como un
destino que las mujeres deben soportar por el hecho de ser mujeres.
Lo antelado conlleva a afirmar que la corporación querellada contribuyó de
alguna forma a continuar sometiendo a la tutelante a una situación de
atropello económico ininterrumpido y sistemático por su excompañero,
perpetuando la institucionalización de la cultura de la discriminación
contra las mujeres en la actividad judicial.
Así las cosas, como si se tratara de un experimento más de Stanley
Milgram sobre obediencia burocrática en la ejecución del mal, el tribunal,
sin ningún interés en abordar el asunto de los alimentos de la tutelante
desde la perspectiva de género, ejerció una violencia simbólica,
institucional y estructural, ajustada, sin rastros de humanidad, para
consolidar una omisión y desprecio de trato frente a las mujeres
colombianas víctimas de violencia económica por sus parejas, reafirmando
la cultura de discriminación hacia ellas, y vulnerando su derecho a la
dignidad en su dimensión de llevar una vida libre de toda agresión.
1.4.3. La tercera prerrogativa desconocida por el tribunal convocado, hace
referencia al debido proceso con enfoque de género.
A propósito, recientemente la Corte Constitucional en la sentencia T-338
de 2018, reiteró el compromiso de la “Administración de Justicia con
Perspectiva de Género” como la obligación de sancionar y reparar la
violencia estructural contra la mujer, señalando:
“(…) Son los [funcionarios] judiciales del país quienes deben velar por su
cumplimiento. En efecto, es necesario que dichas autoridades apliquen
una perspectiva de género en el estudio de sus casos, que parta de las
reglas constitucionales que prohíben la discriminación por razones de
género, imponen igualdad material, exigen la protección de personas en
situación de debilidad manifiesta y por consiguiente, buscan combatir la
desigualdad histórica entre hombres y mujeres, de tal forma que se
adopten las medidas adecuadas para frenar la vulneración de los derechos
de las mujeres, teniendo en cuenta que sigue latente la discriminación en
su contra en los diferentes espacios de la sociedad (…)” (resaltado propio).
Lo anterior impone, siguiendo una visión doctrinal de la perspectiva de
género, realizar un reexamen del clásico derecho al debido proceso,
invitando al juzgador a no reproducir las prácticas patriarcales de
desigualdad entre géneros existentes en la sociedad, el proceso y la
decisión judicial, vale decir, combatir la normalización de la violencia
contra la mujer y destruir los estereotipos de género.
En conclusión, ninguna de las anotadas herramientas, propias de la
orientación de género en la justicia fue analizada por el tribunal tutelado
cuando revocó la prestación alimentaria en favor de Aurora del Carmen
Neira Patiño, al prescindir abordar el caso desde la perspectiva de género,
en tanto que los antecedentes fácticos del mismo, esto es, la evidente
discapacidad física y dependencia económica de la tutelante a su
excompañero, sugerían inevitablemente realizar dicho enfoque.
1.5. Aplicados al asunto los lineamientos anunciados con antelación, se
insiste, refulge que el tribunal olvidó dilucidar si las circunstancias
especiales del subexámine, en el cual se arguyó como báculo del reclamo
alimentario el abandono de la morada por el compañero en mejor posición
económica, de quien la hoy gestora dependía enteramente para su
subsistencia, permitían adoptar una decisión en ese sentido a favor de la
tutelante.
Luego ante la referida omisión, emerge diamantina la vía de hecho,
imperando la necesidad de revocar el proveído atacado, abogando por una
familia que respete el género y la diferencia».
DERECHO INTERNACIONAL - Convención Americana sobre Derechos
Humanos: protección constitucional en ejercicio del control de
convencionalidad
DERECHO INTERNACIONAL - Convención Americana sobre Derechos
Humanos - Control de convencionalidad: obligatoriedad
Tesis:
«(…) se abrirá paso a la protección incoada por virtud del control legal y
constitucional que atañe en esta sede al juez, compatible con el necesario
ejercicio de control convencional, siguiendo el Pacto de San José de Costa
Rica de 22 de noviembre de 1969 (art. 8º de la Convención Americana
sobre Derechos Humanos), a fin de garantizar el debido proceso.
El convenio citado es aplicable por virtud del canon 9 de la Constitución
Nacional, cuando dice:
“(…) Las relaciones exteriores del Estado se fundamentan en la soberanía
nacional, en el respeto a la autodeterminación de los pueblos y en el
reconocimiento de los principios del derecho internacional aceptados por
Colombia (…)”.
Complementariamente, el artículo 93 ejúsdem, señala:
“(…) Los tratados y convenios internacionales ratificados por el Congreso,
que reconocen los derechos humanos y que prohíben su limitación en los
estados de excepción, prevalecen en el orden interno”.
“Los derechos y deberes consagrados en esta Carta, se interpretarán de
conformidad con los tratados internacionales sobre derechos humanos
ratificados por Colombia (…)”.
El mandato 27 de la Convención de Viena, sobre el Derecho de los
Tratados de 1969, debidamente adoptada por Colombia, según el cual:
“(…) Una parte no podrá invocar las disposiciones de su derecho interno
como justificación del incumplimiento de un tratado (…)”, impone su
observancia en forma irrestricta cuando un Estado parte lo ha suscrito o
se ha adherido al mismo.
1.6. Aunque podría argumentarse la viabilidad del control de
convencionalidad sólo en decursos donde se halla el quebranto de
garantías sustanciales o cuando la normatividad interna es contraria a la
internacional sobre los derechos humanos, se estima trascendente
efectuar dicho seguimiento en todos los asuntos donde se debata la
conculcación de prerrogativas iusfundamentales, así su protección resulte
procedente o no.
Lo aducido porque la enunciada herramienta le permite a los Estados
materializar el deber de garantizar los derechos humanos en el ámbito
doméstico, a través de la verificación de la conformidad de las normas y
prácticas nacionales, con la Convención Americana de Derechos Humanos
y su jurisprudencia, ejercicio que según la Corte Interamericana se surte
no sólo a petición de parte sino ex officio.
No sobra advertir que el régimen convencional en el derecho local de los
países que la han suscrito y aprobado, no constituye un sistema opcional
o de libre aplicación en los ordenamientos patrios; sino que en estos casos
cobra vigencia plena y obligatoriedad con carácter impositivo para todos
los servidores estatales, debiendo realizar no solamente un control legal y
constitucional, sino también el convencional; con mayor razón cuando
forma parte del bloque de constitucionalidad sin quedar al arbitrio de las
autoridades su gobierno».
DERECHO INTERNACIONAL - Convención Americana sobre Derechos
Humanos - Control de convencionalidad: finalidad
DERECHO INTERNACIONAL - Convención Americana sobre Derechos
Humanos: obligación de los estados partes de impartir una formación
permanente en DDHH y DIH en todos los niveles jerárquicos de las fuerzas
armadas, jueces y fiscales
Tesis:
«El aludido control en estos asuntos procura, además, contribuir judicial y
pedagógicamente, tal cual se le ha ordenado a los Estados denunciados
-incluido Colombia-, a impartir una formación permanente de Derechos
Humanos y DIH en todos los niveles jerárquicos de las Fuerzas Armadas,
jueces y fiscales; así como realizar cursos de capacitación a funcionarios
de la rama ejecutiva y judicial y campañas informativas públicas en
materia de protección de derechos y garantías.
Insistir en la aplicación del citado control y esbozar el contenido de la
Convención Interamericana de Derechos Humanos en providencias como
la presente, les permite no sólo a las autoridades conocer e interiorizar las
obligaciones contraídas internacionalmente, en relación con el respeto a
los derechos humanos, sino a la ciudadanía informarse en torno al
máximo grado de salvaguarda de sus garantías.
Además, pretende contribuir en la formación de una comunidad global,
incluyente, respetuosa de los instrumentos internacionales y de la
protección de las prerrogativas fundamentales en el marco del sistema
americano de derechos humanos».
ACLARACIÓN DE VOTO
ARIEL SALAZAR RAMÍREZ
DERECHO AL DEBIDO PROCESO - Proceso de declaración de unión
marital de hecho, disolución y liquidación de la sociedad patrimonial:
vulneración por indebida valoración probatoria de los elementos que
acreditan la necesidad de la accionante de recibir alimentos y la capacidad
económica de su excompañero para suministrarlos, a la luz del principio
de solidaridad
DERECHO AL DEBIDO PROCESO - Proceso de declaración de unión
marital de hecho, disolución y liquidación de la sociedad patrimonial:
protección constitucional para extender la obligación alimentaría al
compañero permanente, después de extinguido el vínculo en virtud del
principio de solidaridad
DERECHO AL DEBIDO PROCESO - Proceso de declaración de unión
marital de hecho, disolución y liquidación de la sociedad patrimonial:
inexistencia de evidencia probatoria para demostrar maltrato físico o
psicológico de la accionante por parte de su excompañero, los cuales,
tampoco fueron alegados en el proceso
DERECHO DE ALIMENTOS - La obligación alimentaría a cargo del
compañero permanente no surge del enfoque de género ni del papel de
villano con el cual se califica al hombre, sino del deber de solidaridad que
debe existir en la pareja
Tesis:
«Comparto el criterio expuesto por la Sala en la sentencia emitida en el
asunto objeto de estudio, en cuanto a la procedencia del amparo
constitucional rogado por la tutelante, pero no por las razones que allí se
expusieron, sino porque en el proceso de declaración de unión marital de
hecho donde se origina la queja, la autoridad judicial accionada no valoró
adecuadamente las pruebas que acreditaban su necesidad de recibir
alimentos de parte de su ex compañero permanente, cuya capacidad
económica para brindárselos también se demostró y, en virtud del
principio de solidaridad, era necesario proteger a la reclamante.
En efecto, se tiene que el proceso de declaración de unión marital de hecho
y disolución y liquidación de la sociedad patrimonial correspondiente, fue
iniciado por el compañero de la quejosa, bajo el argumento de que ella
había abandonado el hogar; sin embargo, en la contestación de la
demanda, ella clarificó que fue él quien la dejó pese a haber sido
diagnosticada con "trastorno depresivo-episodio moderado-con
medicación", el cual se le agudizó con la partida de su pareja. Así mismo,
ambas partes coincidieron en que la convivencia perduró por diecisiete (17)
años, que no procrearon hijos ni adquirieron bienes diferentes a varios
muebles y enceres que el demandante relacionó en su demanda y que
plantaron unas mejoras sobre un inmueble que no era de propiedad de
ninguno de los dos.
En su contestación, la tutelante solicitó una cuota alimentaria a su favor,
con fundamento en que depende económicamente del demandante dada
su edad y delicado estado de salud mental y que él devenga pensión gracia
y de invalidez, cuyas asignaciones mensuales ascienden a algo más de
cinco millones de pesos; que él se fue del hogar desatendiendo su
manutención y dejándola desamparada.
El juzgador de la primera instancia accedió a aquella pretensión al
momento de dictar la sentencia reclamada por los litisconsortes, en virtud
del derecho a la igualdad, el deber de solidaridad entre la pareja, la
satisfacción del numeral 1° del artículo 411 del Código Civil, en
concordancia con lo señalado por la Corte Constitucional en sentencia C
1033 de 2002 y la especial situación de la demandada.
Apelada esa determinación, el Tribunal Superior de Cúcuta, mediante
providencia de 31 de octubre de 2018, la revocó con soporte en que, si
bien la Corte Constitucional extendió los efectos del numeral 1° del
artículo 411 del Código Civil a los compañeros permanentes, tal carga
“...solo existe cuando la unión marital de hecho se mantiene vigente, esto
es mientras perdure la convivencia, más no cuando la misma se extiende
por virtud de la separación por cualquier causa, pues en esta última
hipótesis no hay lugar a exigirlos. Luego entonces entratándose de la
figura de la unión marital, si no hay convivencia entre los compañeros
tampoco habrá lugar al reconocimiento de la cuota alimentaria”.
2. De manera acertada, la decisión objeto de esta aclaración, resolvió
acceder al amparo invocado por la tutelante y, en consecuencia, ordenarle
al Ad quem “... se pronuncie dentro del proceso declarativo de existencia
de unión marital de hecho (...) sobre la procedencia o no de imponer un
aporte alimentario al allá actor, en favor de la entonces demandada, ahora
accionante, siguiendo para ello los lineamientos sentados en la parte
motiva de este proveído”.
Para arribar a tal conclusión, puso de presente la equiparación que, en
punto de algunos derechos, existe hoy en día entre la institución del
matrimonio y la unión marital de hecho, como es el caso del deber
alimentario entre los integrantes de la pareja, según lo ha decantado la
jurisprudencia de la Corte Constitucional y el deber de solidaridad previsto
en la Carta Política; sin embargo, también trajo a colación algunas
consideraciones que no guardan ningún tipo de relación con la situación
fáctica expuesta en el caso concreto, lo cual se presta para equívocos y/o
erradas interpretaciones acerca de los supuestos de hecho que dan lugar a
la fijación de una cuota alimentaria en este tipo de litigios.
Así, la providencia analiza los derechos de las mujeres desde una
perspectiva de género y del derecho internacional, dando a entender que a
la mujer, por su condición de tal, se le deben alimentos por regla general,
dado su histórico sometimiento a la violencia del hombre, al punto que se
tilda a éste de "villano y miserable", cuando en el caso objeto de estudio
ninguna de las partes alegó la existencia de maltratamientos de obra ni
morales en contra de la tutelante.
En esa dirección, se indicó que el juzgador accionado debió estudiar la
solicitud de alimentos desde una perspectiva de género, entre cuyas
aristas debió tomar en consideración la condición de mujer de la
peticionaria, pues ella constituye un factor dudoso de exclusión, a la luz
del derecho internacional humanitario, cuyo contenido remembró.
No obstante, se insiste, por ninguna parte se observa que la accionante
hubiese señalado haber sufrido maltratamientos de obra ni palabra
durante la convivencia que sostuvo con el allí demandante, al punto que lo
único que reprochó al contestar la demanda fue que no fue ella sino el
conviviente quien abandonó el hogar y, por consiguiente, dejó de
sostenerla.
Dicha precisión es importante para explicar que la fijación de una cuota
alimentaria a cargo del ex compañero permanente no obedece al enfoque
de género, como se sugiere en la providencia, ni al papel de "villano
miserable" con el que se ha calificado en muchos casos al hombre, sino al
deber de solidaridad que debe existir entre una pareja, máxime cuando
han convivido por espacio de tantos años y uno de ellos, en este caso, la
mujer, queda desamparado con la decisión de separarse, bien porque
carece de los recursos necesarios para proveer su propia subsistencia,
padece alguna enfermedad o avanzada edad que le impide ejercer alguna
actividad económica o porque los bienes del haber social conformado no
son suficientes para suplir aquellas deficiencias.
Exactamente, aquellas circunstancias y no otras, eran las que imponían el
estudio de la procedencia o no de la protección de la accionante para velar
porque su ex pareja, quien, adicionalmente, cuenta con capacidad
económica para brindarle un soporte para su manutención, sea solidario
con ella en atención a las casi dos décadas de convivencia que sostuvieron,
a las graves afecciones mentales que le impiden satisfacer su propia
subsistencia y a la ausencia de bienes de los que la quejosa pueda derivar
alguna renta para sobrevivir por cuenta propia.
En esas condiciones, en el caso que se analiza, resultaba plausible el
estudio de la concesión de la protección invocada, pero por las especiales
condiciones fácticas arriba expuestas y no porque la mujer, por el hecho
de ser mujer, siempre deba ser beneficiada con la fijación de una cuota
alimentaria a su favor, pues pueden existir eventos en que sea el hombre
quien requiera de la solidaridad de su compañera para proveerse los
medios necesarios para subsistir, cosa que debe ser establecida de
acuerdo al contexto particular del asunto de que se trate.
Por aquellas razones, no debió imponerse al juez de la causa un estudio
del asunto desde los lineamientos que se expusieron en la providencia
-enfoque de género-, sino desde los presupuestos fácticos en que
realmente se suscitó la solicitud de alimentos.
De otra parte, debe atenderse que la sola alusión al ordenamiento foranéo
no tiene per se la aptitud de proteger los derechos esenciales de las
personas.
La figura a la que se hace referencia, en mi criterio, no tiene aplicación
general en todas las controversias que involucren derechos fundamentales;
su utilidad estaría restringida a los eventos de ausencia de regulación,
déficit de protección a nivel de las normas nacionales, o una manifiesta
disonancia entre estas y los tratados internacionales que ameriten la
incorporación de los últimos.
En materia de alimentos al cónyuge o compañero permanente, la
constitución nacional y la ley civil colombiana, así como la jurisprudencia,
otorgan suficientes herramientas jurídicas para asegurar la protección de
quien demuestre el derecho a recibirlos, sea hombre o mujer, por lo que no
existe déficit alguno que suplir con un control de convencionalidad».
JURISPRUDENCIA RELACIONADA: CC C-238/12, CC C-156/03, CC T-
1096/08, CC C-994-2004, CC C-727-15, CSJ STC-10829-17, CC T-
338/18
SALVAMENTO / ACLARACIÓN / ADICIÓN DE VOTO: SALVAMENTO DE
VOTO: LUIS ALONSO RICO PUERTA
SALVAMENTO DE VOTO: ÁLVARO FERNANDO GARCÍA RESTREPO
ACLARACIÓN DE VOTO: ARIEL SALAZAR RAMÍREZ