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PROGRAMA DEL PARTIDO COMUNISTA DE CHILE

Contenidos:
Programa del Partido Comunista de Chile

Elaborado por la Comisión de Programa designada en el XXI Congreso Nacional


septiembre 2001

• Una mirada al presente

▪ El cambio como una necesidad histórica


▪ La esencia de la nueva fase de desarrollo capitalista
▪ La gran patria latino-americana

• ¿Por qué Chile necesita el cambio?

▪ La estructura de clases y la organización del trabajo han variado


▪ El actual modelo social excluye a millones de chilenos
▪ El régimen imperante es un régimen de minorías
▪ ¿Cuál es la contradicción principal del período?

• La revolución democrática

▪ Transformar el sistema político


▪ Democratizar el Poder Judicial
▪ La democratización de las Fuerzas Armadas
▪ Una concepción democrática de la seguridad ciudadana
▪ Un Proyecto Nacional de Desarrollo
▪ Una política social de mayoría
▪ Chile en la Comunidad internacional

• Una democracia superior: el socialismo

▪ La crisis del socialismo en el siglo XX


▪ El socialismo para Chile

• El Partido Comunista al servicio del Pueblo y de Chile

▪ Un Partido de los trabajadores


▪ Un Partido con profundas raíces históricas
▪ Un Partido internacionalista
▪ Un Partido que asume los problemas globales de la humanidad
▪ Un Partido que postula el valor esencial de los Derechos Humanos
▪ Un Partido que lucha por las libertades individuales
▪ Un Partido que reivindica la familia y la igualdad de géneros en la sociedad
▪ Un Partido por la libertad de creación
▪ Un Partido que lucha irrestrictamente por la democracia en el país
▪ Un Partido que promueve la ética en la política
▪ Un Partido para la unidad
▪ Un Partido que promueve el intelectual colectivo
▪ Un Partido que asume el legado de la teoría y las experiencias socialistas y
corrientes progresistas
▪ Un Partido que asume las lecciones de la historia

Una mirada al presente

El cambio, una necesidad histórica

La humanidad ha ingresado en un nuevo milenio manteniendo en su corazón el


anhelo de una nueva sociedad, solidaria, fraterna, democrática, centrada en el ser
humano y la promoción de sus más altos valores.

Hacerlo realidad es el desafío que el siglo XX nos deja.

1. El mundo vive un tiempo de profundas transformaciones. La revolución científica –


técnica ha significado un impresionante desarrollo de las fuerzas productivas y una
creciente capacidad de manejo y control de la naturaleza.

El contraste entre las formidables posibilidades de satisfacción de las necesidades


humanas y el despilfarro de recursos materiales, vidas, inteligencias es la
contradicción crucial de la época contemporánea.

Tales capacidades acumuladas permitirían actualmente solucionar los más agudos


problemas globales: el hambre, la miseria extrema, la cesantía masiva, el
analfabetismo, la inseguridad de la vida en el planeta. Es posible proponerse acabar
con la pobreza y elevar la calidad de vida de cada ser humano como desafío práctico
del siglo XXI.

La más alta expresión del humanismo consiste en la transformación revolucionaria


del mundo, de manera que toda la humanidad, en armonía con la Naturaleza, se vea
beneficiada con ese proceso.

Para los comunistas, el desarrollo de las ciencias y de la cultura en general, es parte


fundamental de su lucha incesante por la promoción colectiva de las
potencialidades de la especie y de sus valores.

2. La permanencia de sociedades basadas en la explotación del hombre por el hombre,


con su acumulación y distribución desigual de riquezas, hace imposible que todos los
seres humanos puedan usufructuar de los resultados de este progreso. Las
posibilidades mismas de progreso están amenazadas por la depredación y
contaminación de los recursos naturales y por el despilfarro de las fuentes de vida del
planeta. Es ésta una limitación objetiva, inherente a ese tipo de desarrollo, que no
puede ser cambiada por una simple reforma. El capitalismo es incapaz de poner fin a
esta dramática contradicción.

En el siglo XXI la supervivencia de la humanidad exigirá un tipo de desarrollo


sustentable para todos; nuevos modos de producción y distribución de la riqueza
material, la constitución de una formación social de naturaleza distinta, formas de
vida y de consumo acordes con el carácter colectivo e internacional de las nuevas
fuerzas productivas, que permitan que lo creado por el ser humano, beneficie a toda
la humanidad. Esta es nuestra concepción humanista de la globalización.

3. Un modo de construcción del socialismo, pese a haber conseguido importantes


avances en la realización de equidad y justicia social, generó contradicciones que no
fueron asumidas por las fuerzas dirigentes e hicieron posible su utilización por los
adversarios del socialismo hasta llevarlo a su desmoronamiento en una serie de
países. No obstante, el fracaso, no es la derrota del ideal de un sistema solidario y
humanista. La superación del capitalismo sigue siendo una necesidad impostergable.
El carácter de la época está determinado por esta superación necesaria.

La esencia de la nueva fase de desarrollo capitalista

Tras una reestructuración de altos costos humanos y sociales emerge una nuev a
modalidad de funcionamiento del sistema capitalista. Utilizando la revolución
científico técnica, generó una gigantesca expansión de la productividad del trabajo,
combinada con formas de superexplotación de hombres, mujeres y niños, en
especial, del Tercer Mundo. Al impedir que los trabajadores gocen de los beneficios
de la mayor productividad de su trabajo, ha tenido lugar un crecimiento desorbitado
de la tasa de ganancia. Tal es la esencia de la “modernización” o “globalización”
capitalista.

La integración de países y centenares de millones de trabajadores en la nueva


división internacional del trabajo se impone bajo el afán de lucro de un puñado de
gigantescos conglomerados capitalistas. Al concentrar la producción, los capitales,
la tecnología y los medios de comunicación han acumulado un enorme poder con el
cual manipulan las necesidades, imponen los modos de producción, deciden el auge
o decadencia de ciudades, regiones, países y continentes.
Se han ido conformando centros principales como directrices de la economía
mundial, que están en disputa por un nuevo reparto del mundo y del mercado:
EE.UU., la Comunidad Económica Europea, el Japón. Al mismo tiempo otros pugnan
por asumir esta función.

El capitalismo ha dado nacimiento a un nuevo sistema de dominación, que atenta


contra la supervivencia de los Estados nacionales generando una red de poder cuyos
centros se encuentran en distintos países y abarcan diversos aspectos de las
antiguas estructuras económicas y políticas.
La estructura de los estados nacionales se ha visto profundamente transformada.
Se impone un sistema político elitista y fuertemente centralizado. Un nuevo
totalitarismo disfrazado de liberalismo y modernidad, en el que los grupos
económicos transnacionales y nacionales dominan a la sociedad por el poder del
dinero.

Esta es la naturaleza contemporánea del imperialismo.

En la nueva situación mundial, Estados Unidos, potencia imperialista principal,


profitando del fin del sistema socialista, procura la configuración de un nuevo orden
internacional unipolar, bajo su hegemonía. Impone sus designios incluso a otras
potencias capitalistas.
Pueblos y países que pugnan por poner fin a la dependencia y conquistar su plena
soberanía y autodeterminación, están frente a la amenaza de su int ervención
económica, política y militar.
El imperialismo norteamericano se auto asigna el derecho de agredir cualquier país.
El capitalismo no logra cambiar su esencia injusta e inhumana. La riqueza se acumula
en un polo, mientras que, para cientos de millones de personas la vida se hace más
difícil e incierta. Mantiene validez la afirmación de Marx de que

“El valor creciente del mundo de las cosas determina, en directa proporción, la
devaluación del mundo de los hombres”.

Aún en los países desarrollados las injusticias y desequilibrios sociales, se agravan.


Crece la cesantía, se generan bolsones de miseria, particularmente entre los
inmigrantes, la tercera edad. las mujeres y los jóvenes. Se exacerba el racismo y la
xenofobia. En Estados Unidos, paradigma del sistema, sesenta millones de personas
viven en la pobreza.
La marginalidad, el exitismo y la competencia desenfrenada aumentan la
delincuencia y las mafias, la inseguridad y la precariedad de la vida. Contribuyen a
la desintegración de la familia, al incremento del alcoholismo, la drogadicción y la
prostitución. Se universaliza la mercantilización del hombre mismo y de sus valores
morales.

En el tercer mundo, donde habita la aplastante mayoría de la humanidad la situación


es aún más dramática. Hay quinientos millones de personas
al borde la muerte por hambre; ochocientos millones de cesantes o en empleos
precarios; ochocientos millones al margen de toda asistencia médica y dos mil
millones que aún se encuentra sin acceso al agua potable.

La gran patria latino-americana

América Latina es un continente súper explotado por el capitalismo y supeditado al


imperialismo norteamericano. En 500 años, distintas dominaciones coloniales,
neocoloniales e imperialistas han impedido su desarrollo independiente y en
beneficio de las grandes mayorías nacionales.
Vive un proceso de readecuación capitalista en los marcos del neolibera lismo, lo
que determina la transnacionalización progresiva de sus economías. La deuda
externa crece constriñendo las posibilidades de desarrollo. Los grandes capitales
profitan de sus recursos naturales que son explotados sin criterios de preservación.
Las consecuencias sociales de esta situación son dramáticas: sobre el 60% de la
población vive en la pobreza, la extrema desigualdad en la distribución del ingreso,
base de profunda inequidad social, se ha agravado en los últimos años, más de 20
millones de niños sin hogar deambulan por nuestras ciudades, las mayorías carecen
de los más elementales derechos. Son los que sobran en el nuevo capitalismo a los
cuales el mercado no les asigna ningún beneficio económico ni social.

Luego del aplastamiento de la democracia por cruentas dictaduras que asolaron


países en los últimos dos decenios, las heroicas luchas de nuestros
pueblos y la resistencia de sus exponentes de izquierda, progresistas y humanistas,
han posibilitado reabrir espacios democráticos.
Sin embargo, los nuevos regímenes nacen frustrados por las imposiciones de los
grupos de poder económicos y políticos pro imperialistas, así como por las
concepciones restrictivas y limitativas del ejercicio de la soberanía popular.

El imperialismo norteamericano, requiere más que ayer, ampliar la explotación y el


sojuzgamiento de América Latina, para asegurar su hegemonía mundial, frente a la
competencia de otros bloques de poder, centrados en Europa y Asia. Se propone un
sólo mercado desde Alaska hasta Tierra del Fuego, donde circulen, como en su
propio territorio, sus capitales, mercancías y servicios y transformarlo en coto de
caza de recursos naturales, materias primas y fuerza de trabajo para sus
transnacionales. Un primer paso ha sido el Tratado de América del Norte, con
Canadá y México. Luego han de venir los TLC con Chile y otros países, en
negociaciones por separado, para facilitar su sometimiento. Mediante tales tratados
se busca la liquidación de las industrias y agriculturas locales que comp itan con sus
productos, la imposición de sus marcas registradas, tratamiento de excepción a sus
capitales y limitaciones decisivas a la soberana de los estados nacionales. En esa
dirección trata de utilizar el Banco Interamericano, el Fondo Monetario, el Banco
Mundial y se apresta a aprovechar la Organización Mundial de Comercio, sucesora
del GATT. Actúa unilateralmente o a través de la OEA o el Consejo de Seguridad de
las N.U para invadir o imponer sanciones. Adecúa su doctrina militar para mantener
su tutela sobre las FF. AA del continente y, según las circunstancias, desplegar sus
tropas en nuestros territorios. Refuerza, mediante sus tecnólogas y capitales, su
dominio ideológico y cultural, por los medios de comunicación de masas. La CIA y
sus similares penetran más a fondo en las organizaciones e instituciones sociales.
Buscan aplastar a los partidos comunistas y obreros, impedir los movimientos
revolucionarios y antiimperialistas, dispersar o dividir a la izquierda.

En América Latina los trabajadores asalariados, el campesinado, los estudiantes y la


intelectualidad han sido factores determinantes del progreso democrático,
la defensa de nuestros recursos naturales y la extensión de las conquistas sociales y
de la soberanía popular. En este siglo amplios movimientos populares han llevado a
cabo revoluciones democráticas, agrarias, antiimperialistas que constituyen ricas
experiencias de lucha de nuestros pueblos.
A pesar del desarrollo desigual que experimentan las naciones del continente
nuestros pueblos y países tienen objetivos comunes a alcanzar: la conquista de una
democracia real, la cooperación y el apoyo mutuo en aras de sus intereses
nacionales, avanzar hacia la integración económica y política, abrir paso al triunfo
del socialismo en el continente.
Durante más de tres décadas la revolución cubana ha sostenido la primera
experiencia americana de una nueva sociedad en la perspectiva del socialismo. La
revolución dejó atrás lacras propias del capitalismo y de la dominación
norteamericana: el desempleo, la miseria, el analfabetismo y el gansterismo. Son
reconocidos mundialmente los altos niveles alcanzados en educación, salud, ciencia
y arte, deporte y otros aspectos de la cultura. Los valores humanistas y solidarios,
la participación masiva y consciente de su pueblo en la construcción del país han
permitido a Cuba resistir las consecuencias del derrumbe de la URSS y del acoso del
imperialismo norteamericano.
Cuba es un baluarte de dignidad e independencia nacional. La solidaridad con la
revolución cubana es el primer deber internacional de los patriotas
latinoamericanos.

¿Por qué Chile necesita el cambio?

Chile es un país capitalista de desarrollo medio, marcadamente dependiente. El


ingreso de capitales extranjeros ha alcanzado cuantiosos volúmenes y una nueva
calidad al fusionarse con grupos financieros nacionales. La remesa al exterior de
parte del producto nacional, bajo la forma de intereses de la deuda exte rna y de
utilidades, es muy alta. Parte importante de la inversión extranjera ingresó con
grandes subsidios públicos, utilizando ahorro interno o apoderándose de
patrimonios nacionales. El pesado gravamen de la dependencia frena las
posibilidades de desarrollo y la capacidad nacional de atender las necesidades
de sus habitantes, lo que implica entre otras cosas, un desarrollo desigual de las
regiones.
La violencia y el terrorismo de Estado que sufrimos los chilenos bajo la dictadura
fascista de Pinochet fue determinante para la imposición del nuevo proyecto de
capitalismo transnacional, que continúa aplicándose.
La dictadura provocó profundos cambios en el país para permitir el dominio de las
transnacionales y de un nuevo sector de la burguesía. Profundizó e l abismo social y
la desnacionalización del país.
La dominación transnacional ha adquirido expresiones extraordinariamente
diversas. Consorcios transnacionales controlan los sectores fundamentales de la
economía nacional. Reducen las capacidades reguladoras del Estado y su presencia
se expresa, ante todo en los sectores más dinámicos.
Se manifiesta de múltiples formas: a través de inversiones directas, en el dominio
de recursos naturales, en la esfera del comercio exterior – particularmente a través
del intercambio desigual – en su control de los sectores de punta y de los adelantos
científico-técnicos; en el mercado de capitales, incluido el manejo de parte
significativa del ahorro interno, en la influencia determinante que tienen los
organismos financieros multilaterales; en las crecientes facilidades que obtiene para
el libre movimiento de capitales, bienes y servicios y en la gravitación determinante
en las telecomunicaciones.
La inserción del país en la división internacional del trabajo descansa en la
exportación de un grupo de productos primarios de bajo valor agregado. La
capacidad competitiva, se apoya en los grandes recursos naturales con que se
cuenta -mineros, forestales, pesqueros, agrícolas, ante todo – y en tasas elevadas
de superexplotación de la fuerza de trabajo.

Asuntos vitales para el país se resuelven fuera de las fronteras nacionales. En


esencia, son resultado de políticas decididas por el capital transnacional, interesado
en lograr la más amplia apertura al exterior, libertad de movimiento de capitales,
bienes y mano de obra barata.

El dominio transnacional y su modelo de libre mercado son los responsables del


grave deterioro ecológico producido, desde la implantación de la dictadura:
Agotamiento de las especies marinas, destrucción de los bosques nativos,
envenenamiento de ríos y lagos, incremento de desechos no reciclados,
contaminación atmosférica y acústica, anarquía del tránsito; importación libre y uso
irresponsable de tóxicos en los procesos productivos. La ley 19.300 de 1994 apenas
si limita los efectos, sin atacar las causas de los daños ecológicos; carece de recursos
y atribuciones para actuar con eficacia.
Chile es un país altamente monopolizado. Particularmente, están sometidos a una
mayor concentración los sectores más dinámicos y rentables. Una pequeña, pero
poderosa élite, crecientemente asociada con el capital transnacional, tiene
presencia gravitante en diferentes sectores de la actividad económica.
Antiguos y nuevos grupos económicos han acumulado inmensos patrimonios,
apropiándose muchas veces fraudulentamente de empresas que constituyeron
buena parte del patrimonio social de Chile. Conforman, junto con el capital
transnacional, el mapa de la extrema riqueza.
El capital transnacional y los grandes grupos económicos inter nos constituyen
conglomerados, con empresas orientadas a un espectro diversificado de funciones,
que se proyectan más allá de nuestras fronteras.
La transnacionalización de la economía chilena, con el pretexto de su creciente
integración en el mercado mundial, acentúa la crisis de diversas industrias como el
carbón, los textiles y el calzado, las pequeñas empresas y amenaza a ramas
agropecuarias como los cereales y cultivos industriales. Esto, traducido en el cierre
de fuentes de trabajo, sumado al agotamiento de recursos naturales y al abandono
gubernamental, va creando una grave crisis económica y social en diversas ciudades,
provincias y regiones. Es el caso de Arica, Tocopilla, sectores de la Cuarta Región,
Valparaíso, Arauco, Aysén y Magallanes. En el marco del neoliberalismo y el libre
mercado, las llamadas reconversiones, basadas en incentivos al capital privado y
fórmulas similares, sin firme compromiso estatal para asegurar nuevos empleos y
actividades estables, no constituyen soluciones reales para la mayoría de los
afectados. Se les condena a emigrar, a caer en la cesantía crónica o en la pobreza
extrema.
La estructura de clases y la organización del trabajo han variado

La nueva organización del capitalismo está generando una mayor diversificación de


la clase obrera. Se desarrollan nuevas formas de explotación que incorporan hasta
el trabajo infantil. Esto va unido a la generación de desempleo estructural, a la
marginalización y a la exclusión de sectores sociales.

La organización del trabajo ha variado, pero no la estructuración en clases de la


sociedad. Asistimos a un proceso de diversificación de la producción que incorp ora
al nuevo conocimiento de manera directa. En el capitalismo, esto se hace sin cuidar
de los aspectos humanos, produciendo una enajenación creciente, dificultando que
la clase obrera adquiera conciencia de sí y se proponga disputar el poder.

En la burguesía chilena se ha producido un profundo proceso de diferenciación. Los


sectores dominantes son poco numerosos, pero extraordinariamente influyentes.
Los grupos económicos han pasado a tener una posición determinante. A su vez en
el agro, como resultado del proceso de contrarreforma agraria, que significó la
devolución de cerca del 70% de las tierras expropiadas, surgió una nueva burguesía
agraria, audaz y agresiva, que se liga a los grupos económicos y al capital
transnacional.
Otros sectores de la burguesía no monopólicos, la gran masa de Propietarios
medios y pequeños, ven afectados sus intereses por el dominio que ejercen los
grupos y el capital transnacional, que se apropian de parte sustantiva del plusvalor
producido por éstos.
La mayor parte de la fuerza de trabajo del país es asalariada. El proletariado ha
crecido y se ha modificado. En términos cuantitativos han aument ado los
asalariados de los sectores servicio y comercio. Igualmente ha crecido el
proletariado agrícola, con la particularidad de que una parte del mismo tiene
ocupación temporal. El proletariado minero industrial sigue teniendo una gran
importancia, aunque tiende a disminuir en términos relativos. Crece el proletariado
femenino. Una parte de los asalariados tiene una mayor formación cultural y una
más alta calificación. Numerosos profesionales y técnicos se han proletarizado.
La contratación de la mano de obra toma expresiones nuevas. Aumentan las
unidades económicas pequeñas y medianas; así también, los contratistas al servicio
de las grandes empresas. Por otra parte, disminuyen las grandes concentraciones
de trabajadores.
Se abre paso a una nueva organización del trabajo. Un sistema que incrementa la
superexplotación, el empleo precario, dificulta la organización sindical y fomenta el
individualismo y la falta de solidaridad. En la práctica la jornada de 8 horas ya no
existe. Se estimula el trabajo parcial, el trabajo a domicilio, la negociación individual,
la facilidad de despidos, la restricción del derecho a huelga, a vacaciones y otras
regulaciones.
El modelo socio-económico descansa en altas tasas de explotación y en la
marginalidad de una parte de la población. La distribución del ingreso es
extraordinariamente desigual. Según datos del año 2001, el 20% más rico de la
población se apodera del 57,5% de los ingresos totales. En cambio, el 20% de los
individuos de menores ingresos apenas percibe un 3,7% de los mismos.
En términos generales, prácticamente un 60% de los chilenos recibe ingresos entre
los deciles I y VI de la tabla de distribución nacional respectiva, según la encuesta
Casen 2000. Se trata de todos quienes ganan hasta un salario mensual de $325.447
que no bastan para asegurar las condiciones mínimas de vida de una famil ia de 4
personas. Es decir, en Chile 9 millones de personas son consideradas pobres según
los estándares de los organismos internacionales especializados. Un 30% de la
población no cuenta con cobertura previsional. Numerosos chilenos al llegar a la
tercera edad o perder la capacidad de trabajo caen en la miseria. Más del 20% de la
fuerza de trabajo no cuenta con contratos laborales.
Entre 1974 y 1990, los trabajadores dejaron de percibir, el equivalente a más de 3
años de ingresos, si se compara el índice de remuneraciones con el existente en
1970. Por otro lado, la escala de sueldos y salarios se ha hecho extraordinariamente
desigual, existiendo una enorme diferencia entre lo percibido por las capas
gerenciales y la generalidad de los trabajadores.

El actual modelo social excluye a millones de chilenos

Existe un vasto sector informal de la economía en el que se desenvuelve


aproximadamente el 30% de la fuerza de trabajo. Entre ellos se encuentran los
parceleros, pirquineros, artesanos, areneros, vendedores ambulantes y callejeros,
temporeros y transitorios, trabajadores de subcontratos, cuya pobreza, riesgos y
desprotección aumentan. en proporción a su número, a la represión policial y
burocrática, y a la explotación a que son sometidos por los intermediarios y
capitalistas. Sus ocupaciones son sumamente inestables. Ello contribuye a la
inseguridad de todos los trabajadores y constituye un componente central del
ejército industrial de reserva.

La precariedad, la inestabilidad, el incumplimiento de los derechos laborales del


conjunto de los trabajadores es la tónica general. Es la esencia del Código Laboral
elaborado por la dictadura y aún vigente.

El déficit habitacional, según el censo de 1993, alcanzó el nivel de 800.000 viviendas.


Cientos de miles de familias viven de allegadas. El drama habitacional afecta en
forma prioritaria a las parejas jóvenes y a las familias de menores recursos. Las
deudas habitacionales atenazan a una gran masa de chilenos.
Los problemas que afectan a los trabajadores y pobres de la ciudad se ven
agudizados en el agro. Dos millones de ellos viven en la pobreza. Hay quinientos mil
indigentes. Son más agudos sus problemas de salud, educación y viviend a.
Permanecen altos sus niveles de desnutrición, mortalidad infantil y analfab etismo.
Ellos son los principales afectados por el trabajo temporal, la intensificación en la
ocupación de la fuerza de trabajo, bajos salarios, falta de seguridad laboral y otra s
secuelas de la superexplotación. Muchos pequeños y medianos productores debe n
ser también asalariados para poder subsistir.
Los elevados niveles de pobreza son una manifestación de la desigualdad social, del
gran porcentaje de población desocupada y su ocupada y de la caída de las
remuneraciones en la mayoría de los casos por debajo del valor de la fuerza de
trabajo. Los niveles de consumo de una gran parte de la población son precarios. El
consumo per cápita de calorías y proteínas al año 1995 es inferior a los niveles
existentes hasta 1973.
El actual sistema previsional, basado en las Administradoras de Fondos de Pensiones
(AFP), genera graves incertidumbres y peligros para los futuros jubilados. Una
elevada proporción de ellos ve amenazado su futuro por la evasión tolerada de las
cotizaciones, por las comisiones y gastos injustificados, por los frecuentes períodos
de cesantía y por los riesgos de pérdida en sus fondos debido a las inversiones
especulativas que efectúan. Los grupos financieros y transnaci onales que controlan
las AFP utilizan los fondos de los trabajadores más para acrecentar su poder
económico y político que para la seguridad y beneficio de los afiliados o de las
necesidades de la economía nacional.
En el empeoramiento de la salud de los chilenos, tanto física como mental, se
expresan gravemente las consecuencias del modelo económico neoliberal.
El sistema público de salud ha sufrido, desde la Dictadura, un grave deterioro, El
presupuesto fiscal, como porcentaje del PGB, es notoriamente inferior a lo que
fuera en los años de la U.P. Hay un déficit de hospitales, policlínicos, falta de
médicos, enfermeras, especialistas, infraestructura insuficiente, atrasada o en mal
estado; el personal administrativo y auxiliar está mal pagado y súper explotado. Las
postas, los servicios de urgencia, quirúrgicos, especializados, funcionan a medias y
no dan abasto. Muchos enfermos deben esperar meses para interconsultas u
operaciones. Pacientes crónicos o de enfermedades costosas no tienen dónde
acudir. FONASA no otorga subsidios adecuados a sus afiliados. Los cons
ultorios municipalizados, soportan las carencias de los municipios pobres. A todo lo
anterior, se agrega la carestía de los medicamentos, cuyos precios están al arbitrio
de las transnacionales y cadenas farmacéuticas.
Una parte de la población trabajadora se ha visto obligada a incorporarse a las
ISAPRES, debido a la degradación de los servicios públicos. Convertido en un negocio
altamente lucrativo de un puñado de magnates, las ISAPRES gozan de subsidios del
Estado, encarecen el costo para los usuarios, reducen las prestaciones, rechazan a
los adultos mayores, a los enfermos crónicos, a las familias numerosas, ocultan
información, manipulan las licencias y los aranceles. Así, todo aquél que no puede
afiliarse a una ISAPRE no tiene otro camino que declararse indigente para obtener
atención gratuita del Estado.
Un fenómeno similar se produce en el plano educacional. Las inversiones sectoriales
igualmente se redujeron. En l990, el gasto social per cápita en educación fue de sólo
un 60% del registrado en l972. Las remuneraciones y normativas laborales del
magisterio son absolutamente insuficientes.
La nueva realidad de la educación chilena basada en criterios empresario –
mercantiles, permite que cualquier particular instale instituciones de educación sin
garantía de calidad, debilitando el rol del Estado y la sociedad. La educación queda
sujeta a los requerimientos del capital. La propuesta del gobierno de la Concertación
del año 1995 contempla un aumento de un 1% del producto en el presupuesto fiscal
de Educación, a condición de que aumente en la misma proporción la inversión
privada, y en otro tanto el gasto familiar a través del llamado “financiamiento
compartido”.
Un alto porcentaje de egresados de la enseñanza media no entran a la educación
superior ni son preparados para incorporarse al mundo del trabajo. Entre los
jóvenes se producen las más altas tasas de cesantía.
Los problemas de falta de escolaridad se registran ante todo en los hogares de
menores ingresos. Los analfabetos absolutos alcanzan al 8,9% y un l9% tienen
menos de cuarto año básico cursado. Sólo el 64% de los jóvenes entre 15 y 19 años
recibe algún tipo de educación media.
La fuga de cerebros es muy alta. Los grandes centros capitalistas se apoderan de
personal preparado en el país. En ello influye la falta de posibilidades que se les
proporciona. Se calcula que la mitad de los jóvenes científicos que realizan estudios
de post grado en el extranjero no regresan.
Los recursos destinados a la investigación científica y tecnológica son insuficientes.
En la de carácter productivo sólo el equivalente a un 0,7 % del PGB. Existe una grave
tendencia a poner toda la investigación científica y tecnológica en dependencia del
capital privado.
El libre mercado deja a los consumidores al riesgo de productos de baja calidad y
sin garantías sanitarias mínimas. La población está expuesta al consumo de
alimentos y materias primas prohibidas en otros países, que afectan su salud y el
medio ambiente. Hasta el presente ninguna ley de protección del consumidor ha
logrado ser aprobada en el Congreso Nacional.
El modelo reproduce una sociedad cada vez más violenta y agresiva. Aumentan los
robos con fuerza. La pobreza es el factor determinante en los niveles alarmantes de
delincuencia. Todo indica que es insuperable si no se resuelven las bases económico
– sociales que la generan.
El país es cada vez más un campo de acción del lucrativo negocio capitalista de la
droga. Los carteles internacionales de la droga utilizan el territorio nacional, como
lugar de tránsito hacia países desarrollados. Aprovechan las múltiples facilidades
existentes en el país para promover el consumo y el lavado de dinero.
Bajo el pretexto del narcotráfico el DEA, organismo supra policial norteamericano,
incrementa una peligrosa línea de intervencionismo en los asuntos internos del país.
El proyecto neoliberal ha provocado una profunda crisis de valores. La gestión de la
dictadura, la violación sistemática de los derechos humanos, como política oficial,
la imposición del terrorismo de Estado y la corrupción, por una parte; el
consumismo, la falta de oportunidades y de participación, la demagogia, el
individualismo, el valor omnipotente que se le asigna al dinero y otros graves
factores componentes del proyecto transnacional, por otra, ha generado un
deterioro ético y moral.
Esta crisis moral afecta a toda la sociedad, y en especial a la juventud que se rebela
contra esta realidad inhumana, la falta de transparencia, el cinismo social, la
carencia de posibilidades de trabajo, estudio y participación, la imposibilidad de un
desarrollo humano pleno y la ausencia de una sociedad justa.

Son miles los jóvenes con expectativas frustradas por las pocas posibilidades de
continuar sus estudios, terminan empleándose en lo que pueden, en las peores
condiciones, por no tener la capacitación ni experiencia, lo que no tiene relación
con el nivel de estudios (8 a 9 años), muy superior a las generacio nes anteriores.
A los jóvenes que estudian en la educación superior, dos tercios de los cuales lo
hacen en instituciones privadas y a un alto costo, el sistema no les garantiza el
ejercicio profesional.

Esta sociedad es incapaz de satisfacer las necesidades materiales y las expectativas


valóricas y éticas de la juventud. Facilita la aparición de fenómenos patológicos. Un
12 a 15% de los jóvenes son alcohólicos y bebedores excesivos, porcentaje que sube
en las áreas urbano-populares a un 28%, acompañado la mayoría de la vez por la
adicción o consumo regular u ocasional de drogas, existiendo un 12 y 22%
respectivamente de adictos. La prostitución, la delincuencia, la drogadicción, se
enmarcan en el ámbito de la exclusión, de la marginación, de la pobreza y, por lo
tanto, de la falta de estímulos, de la traslocación de valores, carencia de
expectativas y de desarrollo personal.

Estos fenómenos son parte del sistema de dominación y formas de enajenar a


sectores sustantivos de la sociedad del quehacer social y la lucha por el cambio.
En lo referido a la sexualidad juvenil es grave la falta de educación. La orientación
de la salud es primordialmente curativa y no contempla adecuadamente la
planificación familiar. Consecuencia de lo anterior anualmente nacen en Chile
38.000 hijos de madres entre 10 y 19 años y se practican 160.000 abortos entre
mujeres menores de 29 años, siendo el aborto complicado la tercera causa de
muerte entre las mujeres menores de 45 años.
Las mujeres son el 50,6% de la población chilena. La población femenina
económicamente activa se ha duplicado en los últimos 20 años, llegando a un tercio
de la fuerza de trabajo empleada. En el 30% de las familias chilenas, la mujer es el
jefe de hogar.
La situación de postergación y opresión de la mujer ha estado presente a través de
la historia. La sociedad le coarta su propio desarrollo. No existe clara conciencia del
problema, sus causas y la búsqueda de soluciones.
En el modelo neoliberal prevalece con mayor fuerza este tipo de
relaciones. Continúa imperando una juridicidad discriminatoria en el trabajo, en el
salario y en la vida civil. Es víctima del asedio sexual y debe enfrentar una doble o
triple jornada de trabajo. Se menosprecia su rol utilizándola como objeto
publicitario, incentivando el machismo.
No cuenta con protección a su maternidad e infraestructura que la libere de sus
tareas domésticas. La carencia de una legislación sobre el aborto, obliga a miles de
mujeres a hacerlo en condiciones clandestinas y sin ninguna seguridad sanitaria.
Pese a su papel fundamental en la sociedad, y al incremento de sus
responsabilidades sociales, su participación en la gestión política y en la dirección
de la sociedad es claramente desmedrada, o bien formal y utilitaria.
La infancia es una de las más afectadas por el deterioro social. Según la UNICEF, e n
1990, dos millones y medio, o sea, más de la mitad de todos los niños chilenos, se
encontraba en la pobreza. De ellos, cerca de un millón, en la indigencia. Desnutridos,
carentes de educación, a menudo sometidos a la violencia o condenados al
abandono, constituyen caldo de cultivo de la delincuencia, la mendicidad o la
prostitución. Una parte es también víctima de la superexplotación laboral.
El aumento del número y proporción de personas de edad avanzada da origen a
nuevos problemas sociales, sin solución bajo el individualismo fomentado por el
libre mercado. La superexplotación del trabajo de los más jóvenes y la continua
reducción de los salarios al mínimo, desvaloriza la experiencia y el trabajo de los
mayores de 40 y los amenaza con dejarlos fuera del mercado. Aumenta el número
de los que sobreviven la edad para el retiro, sin cotizaciones suficientes para
acceder a la jubilación.
Se mantiene sin compensar el despojo de la dictadura a los jubilados. Las pensiones
están marginadas del crecimiento económico y de la productividad, aumenta su
rezago con respecto a los sueldos y salarios reales. El acceso a las ISAPRES les es
prohibitivo y en los servicios públicos, un vía crucis. Hay que declararse indigente,
para obtener atención gratuita. La pobreza es más dolorosa en la tercera edad, la
que se agrava por la soledad familiar, y por el abandono a que condena el modelo
neoliberal, a los que ya no puede explotar.

El régimen imperante es un régimen de minoría

El marco político en que viven los chilenos es una secuela del proyecto impuesto a
sangre y fuego por la dictadura.
El desplazamiento de Pinochet por un gobierno elegido por el pueblo fue un paso
democratizador, que no ha sido profundizado.
La mayoría inmensa de los chilenos aspira a que nunca más asole nuestro país el
terrorismo de Estado. Las antiguas tradiciones democráticas fueron afianzadas en
la conciencia de millones por la lucha anti dictatorial.
Producto de la salida pactada entre el pinochetismo y la Concertación, bajo
auspicio imperialista, se limitó desde sus comienzos los alcances y profundidad del
proceso democratizador post dictatorial.

El nuevo bloque de clase en el poder busca, bajo nuevas formas de dominación,


consolidar la esencia del proyecto transnacional. Se persigue establecer un sistema
político más reaccionario, que asegure la estabilización indefinida del capitalismo
en nuestro país. Esa es la función principal que han terminado por asumir los
gobiernos de la Concertación.

La burguesía y el imperialismo aprendieron de la experiencia del Gobierno Popular


que una democracia amplia y representativa, pone en riesgo su dominación. El
bloque dominante desarrolla una nueva concepción institucional más limitada y
restringida que la democracia burguesa que Chile construyó en el pasado, destinada
a cerrar el acceso al poder del movimiento popular.
La Constitución de 1980 ha permitido que permanezcan en el poder antiguos
sectores pinochetistas incorporando a la Concertación. Las reformas del año 1989
legitimaron la constitución de 1980.
Las nuevas estructuras conjugan un alto grado de autoritarismo con un débil o nulo
control popular. Esto es claro, por ejemplo, en el caso de las FF.AA., del Poder
Judicial, del Tribunal Constitucional, del Consejo de Seguridad Nacional, de los
Senadores Designados. Se han así debilitado los organismos que surgen de la
soberanía del pueblo. No se generan paralelamente sistemas de participación
efectivos que hagan realidad, más allá del voto, el ejercicio real del poder por la
gente.

La proclamada disminución del rol del Estado es en realidad la restricción de las


funciones de los poderes elegidos por el pueblo y el deterioro de su capacidad
jurídica y material para abordar los problemas sociales; mientras, por otra parte, se
fortalecen los aparatos represivos y se les asegura autonomía e impunidad. Tal es la
esencia del Estado de Derecho emanado de la Constitución de 1980 y refre ndado
por los gobiernos de la Concertación.

Esta nueva conformación de las condiciones de dominación se corresponde


claramente con las propuestas imperialistas definidas en “Santa Fe II”, respecto de
la necesaria demarcación entre el poder permanente (FF.AA., Poder
Judicial, Burocracia), y el poder temporal (el Gobierno, organismos electivos).
La disminución del rol económico del Estado se lleva a cabo mediante las
privatizaciones. Además de las realizadas por la Dictadura, la Concertación, violan do
sus promesas electorales, ha entregado al capital monopólico y transnacional,
empresas estatales eléctricas, yacimientos mineros, transporte aéreo, marítimo y
carga ferroviaria, televisión universitaria, de las empresas sanitarias y fuentes de
agua. Se impulsa abiertamente la privatización de CODELCO, ENAP, ENAMI; el litoral
costero, puertos, aeropuertos, ferrocarriles, correos, autopistas, túneles, calles y
estacionamientos, escuelas, universidades, hospitales y policlínicos.
Los servicios públicos y privatizados, aprovechando su condición monopolista,
elevan los precios, tarifas, cargos fijos, aranceles, peajes, cuotas y contribuciones,
en perjuicio del bolsillo popular, sin tener en cuenta la diferente capacidad de pago
de ricos y pobres. Las privatizaciones condenan a los trabajadores a la pérdida de la
estabilidad en el trabajo, las conquistas sociales y a la indefensión y super
explotación. Constituyen un despojo del patrimonio común, formado con el
sacrificio de generaciones de chilenos, favorecen la concentración de la propiedad
privada, la desigualdad y la acumulación de la riqueza en pocas manos.
Asimismo, se consolida la autonomía militar respecto del Estado Nacional, mientras
se acrecienta la dependencia de las FF. AA del poder emanado del nuevo orden
transnacional. Se instala una nueva concepción militarista. Las FFAA. asumen
abiertamente el carácter de instituciones defensoras de un sistema capitalista de
sociedad, se autoasignan un rol tutelar que las coloca por encima de la voluntad
popular democráticamente expresada. Se organizan para emplear la violencia
contra su propio pueblo. Pretenden reproducir sus mandos al margen de toda
incidencia del poder democrático. Las concepciones pinochetistas bloquean toda
posibilidad de Fuerzas Armadas democráticas. Esto aumenta la influencia del
sistema militar imperialista, con evidentes riesgos para la soberanía nacional.
A causa de las Leyes Orgánicas se dificulta modificar y controlar el presupuesto
militar. Se mantiene el privilegio de participación directa de las FFAA del producto
de las ventas de la empresa estatal de mayor envergadura: CODELCO-Chile. Más
aún, se ha conformado un complejo militar-industrial en que las propias fuerzas
armadas pasan a ser actores de la acumulación capitalista.
Los municipios conservan los rasgos autocráticos, tecnocráticos y clasistas,
heredados de la dictadura, los que se preservan mediante un sistema electoral para
uso de las cúpulas políticas dominantes. Unas pocas comunas como Las Condes,
Providencia o Santiago Centro cuentan con ingresos multimillonarios, mientras
centenares de municipalidades están en quiebra o carecen de los recursos m ínimos
para mantener las escuelas y consultorios a su cargo.
El poder Judicial, gravemente comprometido con las violaciones a los derechos
humanos, permanece como una estructura profundamente autocrática y
antidemocrática.
Se desarrolla un proceso de manipulación de las conciencias. Este se caracteriza por
el uso de diversas formas de presión psicológica e ideológica incluyendo el miedo a
la reedición de las formas represivas de la dictadura.
Se acrecienta el control del gran capital de los Medios de Comuni cación de Masas,
ligado al que ejercen las transnacionales a nivel internacional. En la actualidad en
sus manos está el 85% de la circulación de la prensa escrita, la mayor parte de la TV,
parte importante de las radios de audiencia nacional y todas las agencias
informativas. Así se manipulan las conciencias. No se desarrollan formas efectivas
que aseguren el ejercicio del pluralismo ideológico. Cierran y mueren medios de
prensa democráticos y se ponen severas trabas a expresiones comunicativas que
surgen del pueblo.
La cultura y el arte sufren por la mercantilización a que se somete a los creadores y
sus obras.
El Estado renuncia, en favor del mercado, a una política cultural democrática.
Gracias a su control de los medios de comunicación y favorecidos por privilegios
tributarios, los grupos financieros y las transnacionales se erigen en árbitros de la
estética, la moral y la ideología. Mediante una distribución de la riqueza altamente
desigual, el libre mercado excluye a la mayoría popular del acceso a los libros, obras
de arte, espectáculos culturales y a los centros de formación, frenando el desarrollo
espiritual de la nación. Se profundiza la contraposición entre una cultura para ricos
y otra para pobres, de baja calidad y manipulada. Los poderes públicos y el capital
rechazan a los autores críticos del sistema, fomentan la autocensura y el
conformismo, marginan a los creadores de las regiones y comunas populares. La
dominación transnacional avasalla la cultura nacional, aplasta la creación autóctona
y exalta valores, modos de vida y consumos estandarizados por las transnacionales.
Complementariamente se busca el sometimiento y control de las organizaciones
sociales. Se trata de limitar su acción independiente en el proceso político.
Persiste una legalidad que dificulta la organización social, en especial la sindical y
poblacional.

Este proyecto se contrapone al interés mayoritario y a la experiencia y al desarrollo


político y social de nuestro país. Chile se ha caracterizado históricamente po r su
trayectoria democrática, en la cual la clase obrera y el movimiento popular,
tempranamente organizados, desempeñaron un rol fundamental. Ello permitió un
grado creciente de organización social y de participación popular a través del
sindicato, la organización vecinal, el movimiento estudiantil, femenino, cultural, en
el parlamento y el Gobierno. Estas tradiciones, que permitieron la conquista del
Gobierno Popular -el régimen más democrático de la historia de nuestro país- son
las que se pretende sepultar, pues constituyen la base para avanzar en una efectiva
democratización de nuestra patria.
¿Cuál es la contradicción principal del período?

La forma de dominación actual es una nueva fase de desarrollo del imperialismo,


sustentada por el neoliberalismo económico. El neoliberalismo se identifica hoy no
sólo con su expresión económica, sino que con todos los aspectos que conforman
la dominación ideológica que ha desarrollado. Así la contradicción fundamental del
período es entre esa forma de dominación, en su conjunto, y el proceso de
democratización creciente de la sociedad.

En el país se ha impuesto y se mantiene un modelo económico neoliberal que ha


integrado a Chile en la nueva fase de desarrollo capitalista en beneficio de los
conglomerados transnacionales y de los grupos económicos internos, atentando
contra nuestra soberanía y contrario a los intereses de la gran mayoría de los
chilenos: trabajadores, intelectuales, capas medias, pequeños y medianos
empresarios, juventud, mujeres.

En Chile este modelo se sustenta en una democracia restringida y tutelada que


limita la soberanía popular y excluye a la mayoría del ejercicio efectivo del poder.

En el terreno económico-social la línea divisoria se expresa entre el dominio del


capital extranjero y los grandes intereses económicos internos, por un lado, y las
mayorías nacionales, por otro, incluida una parte significativa de la burguesía no
monopólica víctima también del proceso de expoliación de parte del gran capital.

De otra parte, por el alto grado de internacionalización y transnacionalización


existente, la mencionada contradicción adquiere la forma de oposición entre los
intereses nacionales y las políticas transnacionales, una expresión significativa del
imperialismo contemporáneo.

Es imprescindible abrir paso a la unidad de todos los afectados por este proyecto
para conquistar una democracia real, nacional, popular y participativa.

La revolución democrática

El capitalismo por esencia atenta contra los estados nacionales. En nuestra época
se ha venido estructurando una red de poder supranacional, afín a la
transnacionalización de la economía, cuya hegemonía está en disputa por
conglomerados imperialistas, como EUU, la CEE, la asociación Asia -Pacífico, el ALCA.
Esta es la expresión de la globalización capitalista.

Los restos de los antiguos estados nacionales se ven reducidos a un papel de


regulador económico proclive a las clases dominantes.

Los grandes progresos sociales y políticos alcanzados en el presente siglo han sido
resultado de la lucha organizada de los trabajadores, de la unidad de las fuerzas
democráticas y progresistas. En todo ello la izquierda ha tenido un papel
fundamental.
Los comunistas nos pronunciamos por alcanzar un régimen democrático real, no
sometido a tutelaje militar, ni a poderes imperiales y empresariales.
Postulamos la Nueva Mayoría Nacional como una fuerza política y social, pluralista
y multiclasista, que se construye en la acción, por obreros, trabajadores, capas
medias de la ciudad y del campo, sectores marginados, profesionales, intelectuales,
artistas, artesanos, empresarios no monopólicos, minorías étnicas, dueñas de casas,
jubilados, miembros de las FFAA y de orden, y la juventud, es decir todos los
afectados por el dominio transnacional y la aplicación del modelo neolibe ral. No se
trata de una simple mayoría numérica y pasiva. Se requiere una mayoría activa,
partícipe de un proceso que construya una correlación político - militar favorable al
cambio revolucionario.

La conquista de la democracia reclamará en un momento histórico, el cambio del


carácter de clase del poder. Las reformas que se puedan alcanzar serán siempre
precarias, triunfos provisorios, con la reacción al acecho para liquidarlas. Nuestra
experiencia demuestra que no basta con conquistar el gobierno. Se precisa que el
pueblo conquiste y ejerza la totalidad del poder.

En definitiva, los chilenos debemos resolver las tareas históricas de una revolución
democrática, popular, nacional, antiimperialista y anti oligárquica. Será el resultado
de la unidad y de la fuerza del pueblo que deberá disponer de toda su capacidad
para hacer cumplir el pleno ejercicio de su voluntad soberana y garantizar su
afianzamiento. Su culminación exitosa despejará el camino hac ia el socialismo, en
tanto etapa superior de democracia. Democratización y recreación de una
alternativa revolucionaria, son parte de un mismo proceso.

Esta nueva democracia se construirá en el combate diario de los más amplios


sectores por sus reivindicaciones sociales, económicas y políticas, en la defensa de
los valores éticos y la superación de la crisis moral de la sociedad actual. Procurará
llevar siempre adelante su programa de cambios, por la vía de profundizar la
democracia y conquistar espacios de representación en la base social y en el propio
Estado. A la vez exigirá y, si es necesario impondrá, el respeto de las normas
democráticas, por todos los actores, sin excepción.

Los partidos políticos de izquierda, tienen la responsabilidad principal en la


construcción de esta alternativa. Tenemos en común una rica y fructífera historia y
tradición de lucha en favor de todas las grandes causas del pueblo chileno, hemos
compartido la dirección del movimiento popular, participado juntos en tareas de
gobierno y resistido también juntos las persecuciones.

Estamos por la unidad de la izquierda con todas las fuerzas de avanzada y


progresistas opuestos al sistema neoliberal, guiadas por una dirección compartida,
con una estrategia y táctica común, considerando la diversidad de pensamiento de
sus integrantes, marxistas y cristianos, revolucionarios y reformistas, humanistas,
ecologistas y librepensadores. Recrear una propuesta de izquierda, democrática,
nacional, antimperialista, con vistas al socialismo y acorde con las nuevas
condiciones nacionales e internacionales es un factor decisivo para construir esa
nueva alternativa.

Su desarrollo debe posibilitar la integración creciente de la población a un


compromiso social y político de avanzada que les permita descubrir las
potencialidades de esta alianza.
Un componente fundamental de la Nueva Mayoría Nacional la conformarán las
organizaciones sociales, en primer término, el movimiento sindical.
Postulamos una organización sindical unitaria, por empresa, rama y nacional. La
meta es que la gran mayoría de los trabajadores asalariados del país estén afiliados
a los sindicatos. Para ello es indispensable garantizar los derechos a la
sindicalización, la negociación colectiva y a la huelga. Aspiramos a un movimient o
sindical clasista, independiente de los patrones y del gobierno de turno. Respetamos
el pluralismo político e ideológico dentro de los sindicatos, los que deben regirse
por normas democráticas. Para superar la crisis que lo afecta, el sindicalismo
requiere una estrategia combativa, frente al capital; ampliar su actividad al campo
político, asumir la lucha por la democratización del país, elevar la solidaridad de
clase, ganar para sus causas a la familia, al vecindario, y a otras organizaciones
sociales, como, asimismo, solidarizar con ellas. La solidaridad y la coordinación
internacional del movimiento sindical se hace indispensable, a medida que avanza
la transnacionalización y la globalización de la economía.
La Nueva Mayoría Nacional debe integrar creadoramente a corrientes de diferente
orientación política, filosófica y religiosa, en particular, al pueblo cristiano.
En Chile grandes sectores de la población son creyentes. Es muy significativ a la
presencia de la Iglesia Católica cuya gravitación de masas creció en la defensa de los
derechos humanos. También ha aumentado la relevancia de otras iglesias. La
presencia activa de los creyentes es por tanto condición de existencia de todo
movimiento mayoritario.
En la perspectiva de ir creando un acuerdo cada vez más vasto, se ubica la relación
entre la izquierda y el centro político. Esta deberá darse en torno a acciones
concretas que favorezcan la democracia y allanen el camino para alcanzar cambio s
económico sociales de fondo.
El avance democrático se enfrentará a la permanente resistencia de la reacción
interna y el imperialismo. Cursará en medio de contradicciones, a veces atenuadas,
otras muy agudas, cuya resolución exigirá, en todas las circunstancias, la activa
participación de las masas y el empleo de su fuerza en diversas formas.
En su oposición a la formación de una Nueva Mayoría Nacional y al surgimiento de
un nuevo poder, los sectores reaccionarios continuarán empleando el
anticomunismo. Denigran el socialismo, a pesar de su supuesta derrota definitiv a.
Ante la incapacidad por satisfacer las necesidades materiales y las aspiraciones
culturales de las grandes masas, los ideólogos del capitalismo se cruzan en el camino
de cualquier proyecto de liberación del hombre y de los trabajadores, promueven
la pasividad y el escepticismo, la no participación de la gente en la solución de sus
asuntos, alientan el individualismo y degradan la solidaridad. Todo ello se reviste de
un engañoso lenguaje tecnicista, de la alabanza al pragmatismo y al modernismo.
Es la esencia de las concepciones neoliberales. Es una tarea ideológica de la mayor
importancia derrotar estas concepciones, que conducen a la impotencia del hombre
para pensar en su país y pensarse a sí mismo en libertad real.
Las formas y métodos de lucha que la mayoría popular desarrolle en su camino al
poder serán siempre de masas y estarán definidos por el grado y la forma de
resistencia que opongan las clases dominantes, por la fortaleza que alcan ce el
movimiento social, en estricta consonancia con el humanismo y la moral que
inspiran las fuerzas democráticas. Al mismo tiempo deberá transformar en este
proceso los aparatos ideológicos, como un desafío permanente de su lucha
liberadora.

Construir un poder de mayoría es un camino de creación. Para que la revolución


triunfe, ella debe resolver permanentemente en forma favorable para el pueblo, el
problema del poder de Estado y la conquista de la conciencia y voluntad de millones
de chilenos.

Aspiramos a construir un nuevo Estado Nacional, Social y Democrático,


independiente y soberano, que se sustente en una nueva Constitución propuesta
por una Asamblea Constituyente, que ponga fin a la herencia institucional
dictatorial, establezca un sistema electoral democrático y proporcional, reforme el
Código del Trabajo, cree la Institución del Defensor del Pueblo para garantizar los
derechos ciudadanos y defender a los usuarios ante las empresas de servicios que
actúan como juez y parte en los conflictos.

Un Estado multiétnico, que reconozca a los pueblos aymara, atacameño, pascuense


y kaweskar, así como la autonomía política y cultural del pueblo mapuche, sus
tierras y cultura, costumbres, lenguas y tradiciones.

Un Estado inserto en la comunidad mundial con identidad propia, e integrado en un


frente común con los países de América Latina, lo que significa privilegiar tratados
como el Mercosur, en vez de tratados de libre comercio con Estados Unidos.

Que promueva la descentralización real, basada en la elección universal de los


órganos de poder provinciales y regionales, en un rol mayor de las comunas y los
Municipios, en la participación del pueblo a través de plebiscitos, en la planificación
territorial, en el desarrollo de empresas regionales, creando recursos financieros
propios, y procesos de integración con las regiones de los países hermanos, por
ejemplo, a través de los corredores bioceánicos.

El Estado Democrático asegurará la verdad y justicia plenas en el campo de los


derechos humanos, anulando la Ley de Amnistía, pondrá fin a la tortura, liberará los
presos políticos, normalizará la situación de los más de 1500 chilenos con procesos
pendientes en la justicia debido a su participación en la lucha democrática, 500 de
los cuales tienen órdenes de detención, reconocerá a los exonerados políticos
solucionando sus demandas, aprobará una ley de defensa de los derechos y
libertades ciudadanas, reemplazará el Servicio Militar Obligatorio por uno
voluntario, garantizará la igualdad y no discriminación de las mujeres, jóvenes,
homosexuales, lesbianas y personas que hayan cambiado de género.
Transformar el sistema político

Las grandes mayorías deben ser protagonistas centrales del quehacer político,
económico, social y cultural. Es imprescindible rescatar plenamente la soberanía
nacional, asegurar el absoluto respeto de la soberanía popular, elevar la
participación y el papel de las organizaciones de masas generando un nuevo poder
político.

La organización, la participación y el control son el alma de una democracia real,


popular y nacional.

El poder de mayoría se basará en la más alta y real participación de la población,


con capacidad decisoria -en la definición de los asuntos y políticas municipales,
regionales y nacionales- por parte de las organizaciones de trabajadores, juntas de
vecinos, uniones comunales, entidades sociales, culturales, deportivas, femeninas,
juveniles, etc.

El desarrollo de las organizaciones sociales es indispensable en la red de


participación y es germen del autogobierno. Su autonomía e independencia del
Estado y de los Partidos Políticos debe ser garantizada.
Chile requiere una nueva Constitución Política, que surja de la participación de
todos los chilenos, a través de un plebiscito, una Asamblea Constituyente u otro
mecanismo que exprese efectivamente la soberanía popular. Ningún poder tendrá
legitimidad si no emerge del pueblo. Propiciamos un Estado democrático,
participativo, unitario, que, implementando un proceso de desconcentración y
descentralización, logre un desarrollo armónico del territorio nacional. Estamos por
un aparato estatal no burocrático que en forma eficiente y, salvaguardando los
intereses de las grandes mayorías nacionales, dirija económica, política y
socialmente el país. El sistema político debe ser plenamente representativo,
ampliamente participativo y debe garantizar una adecuada distribución de las
responsabilidades y atribuciones entre los distintos poderes.
Todas las autoridades electas deben estar supeditadas al control popular, rendir
cuenta periódica de su gestión, facultándose al electorado para revocar sus
mandatos. Asimismo, las autoridades no electas deben estar sometidas al control
real del Parlamento o del Poder Ejecutivo; evitando así la constitución y ejercicio de
poderes fácticos por encima del poder elegido por el pueblo.
El Parlamento deberá ser totalmente elegido y reflejar proporcionalmente el
pluralismo de la sociedad. Deberá ser un organismo con poder e iniciativa legal
efectivos, al mismo tiempo que un organismo que controle el desempeño del resto
de los Poderes.
El gobierno regional ha de adquirir una mayor descentralizac ión y autonomía, frente
al poder
central, sin llegar al federalismo; debe contar con recursos adecuados y seguros
para ser eficaz. Las grandes empresas debieran entregar aportes de acuerdo con lo
que obtienen de la región. Las Corporaciones Regionales (CORE) tienen que
democratizarse, para ser expresión de los distintos sectores sociales.
Necesitamos gobiernos municipales, dotados de atribuciones y recursos su
ficientes, verdaderamente representativos de todos los sectores sociales, políticos
e ideológicos. Una ley de elecciones, realmente democrática, debe asegurarlos. Los
Consejos Económicos y Sociales (CESCO) deben integrar a todas las organizaciones
sociales. El Estado debe asegurar a las comunas catalogadas en el área de pobreza,
de los recursos extraordinarios para superarla y proveer a un reparto equitativo de
las contribuciones y otros impuestos generales.
Es necesario implementar constantemente nuevas formas de democracia
directa. Así, el plebiscito debe instituirse para dilucidar conflictos entre los poderes
públicos y la resolución de asuntos de interés nacional, regional o comunal.

Democratizar el Poder Judicial

La garantía de la gestión democrática del poder judicial debe está dada por el
control que los ciudadanos ejerzan sobre él. Sin perjudicar la autonomía de la
justicia, un Consejo Nacional de Justicia, ampliamente representativo, gestado con
la participación del Estado, el Parlamento, los Colegios Profesionales, las
organizaciones sociales y sindicales, actuará como organismo superior para
garantizar el acceso igualitario, oportuno y expedito a ella, de todos los ciudadanos.
La democratización en la elección de los miembros del Poder Judicial en las distintas
instancias deberá garantizar la probidad de los mismos y su absoluta independencia
para emitir fallos.
El establecimiento de Tribunales vecinales, de un Sistema Nacional de Asistencia
Judicial así
como de procedimientos públicos, verbales y sumarios, tenderán a mejorar la
eficiencia y expedición de la justicia.
Los tribunales militares deben reducir su acción a la esfera propiamente militar.
Se debe crear, con rango constitucional, la institución del Defensor del Pueblo,
electo democráticamente, dotado de recursos y atribuciones que le permitan
supervisar todos los órganos de poder y aparatos del Estado, para asegurar el
derecho de las personas frente a todo abuso, o falta en el cumplimiento de los
deberes de dichos organismos o sus integrantes.

La democratización de las Fuerzas Armadas

La defensa nacional es responsabilidad de todos los chilenos, su deber y su derecho.


Las Fuerzas Armadas no son en sí las garantes de la democracia, son sólo un aparato
especializado que se debe a la sociedad y al pueblo. Su misión es el resguardo de la
soberanía territorial y su participación activa en el desarrollo nacional en función de
sus capacidades y especialidades. Deben estar supeditadas a las autoridades
elegidas por voluntad popular y desenvolver sus tareas de acuerdo con una nueva
Doctrina Democrática de Defensa Nacional. Se requiere que sus miembros sean
formados en los valores democráticos, en el respeto al ser humano y al pueblo.
Deben ser profesionales, jerarquizadas, eficientes y modernas.

Es fundamental erradicar la Doctrina de “Seguridad Nacional” y el asignado rol


tutelar de las FFAA, que las faculta para ejercer la violencia contra las mayorías e
impone límites arbitrarios a la soberanía popular. La desmilitarización de la vida
nacional es un imperativo democrático. El delito de sedición debe ser severamente
sancionado.
Para garantizar su carácter nacional se pondrá fin a los tratados que las
comprometen con los intereses imperialistas y se fomentarán amplias relaciones
internacionales.
Los militares tendrán derecho de opinión política fuera de los cuarteles, sin perjuicio
de la disciplina propia de las instituciones, dejando esto de ser monopolio del alto
mando en sus conexiones con los círculos más retardatarios del país.
La dependencia y el nombramiento de los Comandantes en Jefe de las FFAA deben
asegurar su supeditación a la voluntad popular.
El financiamiento de las FF.AA. debe atender sus necesidades, en conformidad con
las prioridades sociales y el desarrollo nacional.
Dada la experiencia vivida por miles de jóvenes en los últimos años con el Servicio
Militar Obligatorio, que ha llevado a varios de ellos al suicidio, planteamos el
término de éste en su actual forma y su reemplazo por el Servicio Militar Voluntario
o Alternativo. Respaldamos la objeción de conciencia.
Han de eliminarse las discriminaciones sociales e ideológicas para gara ntizar el
acceso democrático a las FFAA y sus escuelas, terminando con la selección del
ingreso asociada a la capacidad económica de los postulantes.

Una concepción democrática de la seguridad ciudadana

El Estado con la más amplia participación de las organizaciones sociales deben


implementar un sistema que garantice la seguridad a todos los ciudadanos en el
ejercicio de su vida personal, laboral y social.
Las fuerzas policiales han de estar subordinadas a las autoridades democráticas,
garantizándose el respeto a los derechos humanos en el ejercicio de sus tareas. Su
misión es resguardar el orden público.
La delincuencia será abordada atendiendo en primer lugar sus causas económico
sociales: la extrema pobreza, las grandes desigualdades, la cesantía, la
marginalidad, la destrucción de valores, a la cual contribuyen los medios de
comunicación cuando exaltan la violencia, el consumismo y el individualismo.
Las medidas policiales estarán enmarcadas en la doctrina democrática de seguridad
ciudadana que da prioridad a la prevención de delitos, priorizando las medidas
educativas y no punitivas. La lucha contra la delincuencia debe p romover la
participación consciente de los ciudadanos y de las organizaciones sociales en la
prevención, control y sanción de los delitos.
El sistema carcelario será reformulado, en forma tal que permita una efectiva
rehabilitación, a través de un programa dotado de los medios científicos, técnicos,
humanistas, que garanticen una efectiva reinserción social.

Un Proyecto Nacional de Desarrollo

Nuestro concepto de economía eficiente, moderna y desarrollada es inseparable de


la justicia social, de la liquidación del desempleo masivo y del trabajo precario. Está
ligado a la elevación de los niveles y calidad de vida del pueblo.
Propiciamos una economía al servicio del ser humano que se exprese en un Proyecto
Nacional de Desarrollo. Superar la dependencia y resolver las necesidades de la
mayoría exige cambiar el modelo económico neoliberal, enfrentar con
determinación al poder del gran capital y sus privilegios, poner en práctica una
política global dirigida a desarrollar la soberanía nacional y promover un mayor
entendimiento e integración de los países de América Latina.

La inserción del país en el proceso de internacionalización, proceso que corresponde


a una necesidad, se puede hacer en función del desarrollo de Chile y de mejores
condiciones de vida para los chilenos. No es fatal que ocurra bajo el interés de las
transnacionales.

Objetivos primordiales de ese proyecto serán:

• Poner el centro de la regulación de la economía en Chile y terminar con los dictados


del FMI y el Banco Mundial.
• Orientar la integración a la economía mundial, desde una perspectiva propia y no de
las conveniencias de las transnacionales. Poner fin a la exacción que implica el pago
de la deuda externa.
• Terminar con la pobreza que afecta a millones de chilenos, garantizando el progreso
material y espiritual de la gente y asegurando una justa distribución del ingreso.
• Reconocer el trabajo en todas sus formas como motor de desarrollo del país y a los
trabajadores como los creadores de la riqueza social.
• Asegurar una creciente participación popular y el impulso a formas económicas
comunitarias en la distribución y la economía familiar.
• Preservar el medio ambiente y desarrollar tecnologías alternativas.
• Incrementar el desarrollo científico-tecnológico propio.
• Favorecer la integración latinoamericana, decidida y audazmente, en beneficio del
desarrollo de la región y las necesidades de nuestros pueblos.

El Proyecto Nacional de Desarrollo es un conjunto integrado de programas, revisado


periódicamente, para ajustar diagnóstico y pronóstico, meta y resultados. Se trata
de configurar el perfil productivo, económico y social de Chile a mediano y largo
plazo. Ha de contemplar las aspiraciones y necesidades de los chilenos, expresadas
democráticamente; los recursos, los esfuerzos a rea lizar conjuntamente y la
repartición equitativa de sus frutos.
El Estado Democrático ha de cumplir un rol activo, insustituible, para incentivar y
controlar sus resultados, conjugando mecanismos económicos, financieros y
mercantiles, así como
administrativos y legales; combinar las ventajas de la planificación y el mercado;
contemplar las necesidades internas y la necesaria integración en la economía
mundial. El P.N.D. deberá proveer las medidas para la reestructuración permanente
de la economía nacional, en consonancia con los avances tecnológicos y los cambios
en las tendencias mundiales.
La reconversión productiva debe efectuarse asegurando la recapacitación, la
disponibilidad de
nuevos puestos de trabajo, en cantidad y calidad, acorde con el cierre y apertura de
nuevas actividades y la seguridad que demandan las familias y la región afectada .
Requisito básico para materializarlo es un Programa de desarrollo Científico-
Técnico, que debe fijar etapas y metas en materia de formación científica, desarrollo
de la ingeniería nacional,

ampliación de la investigación y experimentación, la adaptación y creación de


tecnologías en las principales avanzadas del conocimiento: informática, biología
marina, biotecnología, ingeniería genética. Todo ello exige una expansión masiva e
integral de la educación, elevación de los niveles de calificación y formación técnico
profesional de las grandes masas juveniles hoy marginadas.
En contraposición con la tendencia a una peligrosa dependencia de hidrocarburos
importados, Chile necesita asegurar una base energética propia, nacional. Las
disponibilidades no pueden quedar sujetas a los vaivenes cortoplacistas del
mercado. Se necesita un plan energético a largo plazo que evalúe fuentes y usos,
revalorice nuestros yacimientos carboníferos y aproveche las grandes reservas
hidroeléctricas. A la vez, ponga en marcha un programa sistemático de
ahorro de energía, incorpore las fuentes solares, eólicas, geotérmicas, de biomasa
y nucleares. Todo ello, con respeto a la naturaleza y la vida de la población. La
privatización de la industria eléctrica y otras fuentes de energía, ante el inmenso
poder económico que representa su propiedad, es incompatible con su carácter
estratégico para la subsistencia e independencia nacional.
No hay modernización ni inserción internacional estable, sin una política industrial
estatal, activa
y deliberada. Así lo han confirmado los países asiáticos, anteriormente
subdesarrollados. El modelo neoliberal ha frenado la industrialización nacional. No
basta el uso de maquinaria y procesos tecnológicos avanzados, ni menos, el mero
ensamblaje de piezas importadas. Tanto más negativo, si dependemos del inestable
y limitado mercado de materias primas y de la sobreexplotación del trabajador y de
la naturaleza. Chile, puede convertirse en exportador preferente de
insumos, procesos, partes y productos acabados. Hay que organizar la elaboración
superior de nuestros productos básicos y avanzar en la fabricación de equipos
automatizados para la minería, bosques, pesca y otras ramas. Se necesita un Plan
de Industrialización que fortalezca la capacidad e independencia de las empresas
nacionales. Un Plan que nos permita participar en algunas de las industrias del
futuro. Hay que retomar el papel de avanzada cumplido por la Corfo, en la creación
de nuevas ramas.
Los tratados de libre comercio, (Ronda Uruguay del GATT, TLC con Estados Unidos y
otros) plantean amenazas mortales a gran parte de la pequeña y mediana
agricultura. Para enfrentar los procesos de pérdida de la tierra, cesantía,
emigración forzosa, acaparamiento de la propiedad y desnacionalización, se
requiere un Plan Nacional de Defensa de la Agricultura Nacional. Debe contemplar
programas masivos de ayuda para la mayoría de las 250 mil familias campesinas y
no proyectos-vitrinas para reducidas clientelas electorales. Las más de cien comunas
rurales, reconocidas de extrema pobreza, deben tener prioridad. Se requiere poner
a la disposición de los campesinos la capacitación y educación técnico profe sional,
la transferencia tecnológica, el financiamiento a corto y largo plazo, la
electrificación, la telecomunicación, la vialidad rural, los subsidios habitacionales y
hacerlos tomar parte activa en la conservación de la naturaleza. Se necesita una red
de poderes compradores y de comercialización, con su respectiva infraestructura,
administradas por los propios campesinos, por medio de asociaciones o
cooperativas. Las aguas de regadío deben volver a ser bienes nacionales de uso
público. Hay que crear el Fondo Nacional de Tierras y derogar el Decreto 208 de la
Dictadura. Las organizaciones campesinas han de tomar parte activa en los planes
gubernamentales y en su ejecución.
Los asalariados agrícolas deben tener derecho a la negociación colectiva de sus
remuneraciones y condiciones de trabajo. Por sus períodos de inactividad necesitan
el subsidio de cesantía.
Deben reestablecerse los derechos y garantías sindicales alcanzadas antes de la
dictadura y ampliarse en relación a las necesidades de la mujer y la salud de los
trabajadores.
El simple crecimiento del producto nacional sin consideración del costo ecológico
nos puede conducir a una catástrofe. Hay que rechazar el criterio de un patrón
ecológico mínimo, para no encarecer nuestras exportaciones. Tampoco es racional
el principio neoliberal de que el que paga pueda contaminar, (los llamados
“permisos transables de contaminación”). El desarrollo económico sustentable
requiere de prohibiciones, sanciones y estímulos justos. Estricta vigilancia debe
existir ante la importación de insumos tóxicos o medicamentos ya prohibidos en
otros países.
Hay que revertir las privatizaciones y volver al dominio de la nación de las reservas
minerales, las fuentes de agua, el litoral, las riberas, los bosques nativos, y
determinados espacios urbanos de uso público. La concesión de su uso puede tener
diversas modalidades, pero con la
exigencia de la preservación, el mejoramiento del medio ambiente y el acceso de
todos a su usufructo. Hay que reformar la ley 19.300, del Medio Ambiente, y ponerla
en consonancia con las normas establecidas por legislaciones avanzadas. Se
requiere una ley de defensa del bosque nativo. Se necesitan planes concretos par a
la purificación de las aguas servidas, el procesamiento racional de los de sechos y
basuras, la limpieza del aire en las ciudades y campos, la recuperación de los
desiertos, la supervivencia de especies marinas. El reciclaje ecológico debe
contemplarse como un programa productivo. Son indispensables las campañas
informativas y educativas con la participación de las organizaciones sociales. En el
país deben permanecer variadas formas de propiedad, en correspondencia con el
desarrollo de las fuerzas productivas y en interés del desarrollo social. El proceso de
democratización reclama generar formas de propiedad, de gestión y distribución
que reduzcan los niveles de explotación de los asalariados y contribuyan a una
creciente justicia social. Los comunistas postulamos una competencia sana y
regulada que estimule la elevación de la productividad y la mejor satisfacción del
consumidor.
En aras de hacer efectivos los intereses de la nación, las libertades públicas, los
derechos de los trabajadores, de los consumidores y de los pequeños empresarios,
es indispensable terminar con la concentración privada de la riqueza del país. Hay
que dispersar o desconcentrar el poder
económico de los grupos financieros que se han repartido, en gran parte mediante
las
privatizaciones, las más grandes empresas del país. Se necesita una efec
tiva ley antimonopolios. Son áreas estratégicas que deben volver al patrimonio
nacional, las grandes empresas que explotan recursos naturales fundamentales, las
industrias básicas de exportación, las fuentes de energía, las telecomunicaciones, el
transporte aéreo y marítimo, y el sector financiero. La inversión extranjera es
aceptable cuando aporta tecnología, mercados, y fuentes de empleo, sin intervenir
en los asuntos internos.
La respuesta más efectiva para sustituir los monopolios capitalistas es la empresa
de propiedad social, dotada de nuevas modalidades de administración, que amplíen
la participación de los trabajadores y que vinculen la productividad y rentabilidad a
los ingresos de su personal. Será posible la participación en la propiedad de dichas
empresas por parte de los trabajadores y de otros sectores de la sociedad.
Las empresas de propiedad social deben ser modernas, eficientes y rentables, sin
trabas burocráticas, incorporando en su dirección la representación de
trabajadores, proveedores y usuarios.
Además de las empresas estatales, favorecemos múltiples otras formas de
propiedad social:
empresas dependientes de las administraciones Regionales y Municipales,
servicios comunitarios en Unidades Vecinales y grupos poblacionales para satisfacer
las necesidades colectivas.
Debe estimularse y protegerse el movimiento cooperativo y las empresas de
trabajadores, con una legislación específica, particularmente entre los campesinos
pobres, artesanos, pirquineros y trabajadores por cuenta propia y potenciar su
contribución al desarrollo nacional.
La empresa privada no monopólica está llamada a cumplir un importante papel. El
Estado facilitará su gestión en las múltiples actividades donde desenvuelva sus
iniciativas. Podrá acceder también a la administración de empresas de propiedad
pública, por medio de arriendo o concesión, otorgados en licitación.
El sistema financiero debe ser liberado del control que ejercen unos pocos grupos
privados y el capital transnacional y ser colocado al servicio de la democratización
de la economía. Es necesario establecer mecanismos diversos que aseguren la
inversión para un desarrollo
económico nacional independiente, con una administración transparente y
democrática. El secreto bancario debe ser eliminado para asegurar la ética de la
función empresarial, social y privada.
La política tributaria será un factor de la distribución equitativa del ingreso nacional,
privilegiando los impuestos directos y progresivos.
Será necesario terminar con la concentración capitalista de la propiedad del suelo
agrícola, asegurando el acceso de los trabajadores a la propiedad individual o
colectiva de la tierra, la que debe ser protegida contra los métodos capitalistas
expropiatorios.
Debe liquidarse el atraso rural mejorando las condiciones de vida del campo,
particularmente en materia de infraestructura y servicios públicos.

Una política social de mayoría


Sólo un nuevo Poder de Mayoría permitirá terminar con la pobreza y sus formas
extremas. Para esto, no bastan los programas selectivos o focalizados. El salario y la
pensión mínima deben calcularse de acuerdo con las reales necesidades básicas del
ser humano, incluidas la recreación y la cultura. Nadie debe quedar por debajo de
tales mínimos. Los programas sociales, particularmente la educación, la salud, la
vivienda deben beneficiar a toda la población bajo los índices de pobreza. El sólo
crecimiento económico no basta. Se necesita un amplio programa de redistribución
de ingresos. La eliminación de la extrema pobreza demanda, a su vez, el fin de la
extrema riqueza. La expansión de las empresas del área social, la política tributaria
progresiva, la política antimonopolio, el desestimulo a la ganancia especulativa y
excesiva, la reordenación del presupuesto estatal para reducir el gasto militar y
suprimir el derroche, el fomento de la solidaridad y la justicia social son
componentes insustituibles de un plan para acabar con las agudas desigualdades
existentes en Chile.

El actual sistema previsional, basado en las AFP, requiere profundas reformas. Su


administración debe dejar de ser fuente de lucro y poder económico de los grupos
financieros. Las inversiones de los fondos no pueden estar sujetos a la especulación
bursátil, dentro o fuera del país, sino contribuir al desarrollo de áreas de interés
nacional. Debe ponerse fin a la evasión de las cotizaciones. Los afiliados deben tener
voz y voto en la política de inversiones. Los empresarios deben aportar al fondo
jubilatorio.
La seguridad social que debe cubrir todas las contingencias de la vida humana, es
una responsabilidad colectiva y no simplemente un ahorro individual. Hay que
rebajar la edad para jubilar y asegurar para todos el acceso a una pensión, a partir
de cierta edad, cuando los recursos individuales no lo permiten. El estado debe
garantizar el poder adquisitivo de las pensiones y su mejoramiento en relación al
progreso económico general.
Propiciamos la estructuración de un Sistema Nacional de Salud mixto, intersectorial
y participativo, donde el sector público sea lo fundamental, asegurando los recursos
materiales y humanos para la prevención, protección, atención equitativa y
oportuna de la gran mayoría que no pueda acceder a la medicina privada. La
participación de los profesionales, trabajadores y organizaciones vecinales debe
hacerse efectiva en todo el nivel del sistema de salud.
Debe garantizarse la descentralización de la gestión, su regionalización y
democratización sectorial.
Un Fondo Nacional Previsional de Salud, de gestión pública, administrado por los
imponentes con asesoría del estado y operación descentralizada, de carácter
universal y solidario, conformado por los aportes de los trabajadores, de los
empresarios y del Estado será la base del financiamiento del Sistema. Los seguros
privados, como las ISAPRES, seguirán existiendo para el financiamiento de
prestaciones adicionales asumidas por quien quiera y pueda hacerlo y con recursos
distintos a los del Fondo Nacional.
Una política democrática debe encaminarse a garantizar vivienda digna de cada
familia. Es preciso recuperar el rol constructor del Estado, contemplar mayores
recursos del presupuesto y emprender un plan nacional destinado a resolver en
breve plazo el déficit habitacional.
Una nueva política habitacional participativa debe considerar la generación de
formas diversas de autoconstrucción, cooperativas y otras, así como un nuevo
sistema de financiamiento.
El costo de los dividendos debe ser proporcional a los ingresos y contemplarse
subsidios en caso de cesantía.
La educación debe ser preocupación preferente del Estado, asignándose los
recursos financieros a tal efecto. Nadie debe ser privado del derecho a la educación
por falta de medios económicos. Las familias de menores recursos deben contar con
ayuda para la formación de sus hijos y asegurarse, a lo menos, el l00% de
sustancialidad escolar en desayunos.
Se garantizará una enseñanza pluralista, científica, profesional -en permanente
modernización y de igual calidad para todos- que forme ciudadanos en el respeto a
los derechos humanos, al servicio de los intereses nacionales, con altos valores
morales. El sistema se encaminará a garantizar que la selección sea sobre la base de
la capacidad intelectual y no la económica y deberá considerar distintos canales de
incorporación a la vida laboral.
Se establecerá la participación de los trabajadores de la educación y las
organizaciones sociales en la política y administración educacional. Se garantizará
la estabilidad de la carrera magisterial y académica, asegurando a los educadores
condiciones dignas de vida y de trabajo independientemente del tipo de
establecimiento educacional en que se desempeñen. En el sistema de educación
podrán coexistir diversos tipos de establecimientos, según sea su dependencia
administrativa y educacional. La enseñanza particular será entendida en función de
ofrecer distintos proyectos educativos, asegurando el cumplimiento de las normas
fundamentales definidas por los organismos participativos y garantizadas por el
Estado en su función reguladora.
Se requiere atender a las necesidades de desarrollo cultural global de nuestro
pueblo. Para ello es necesario que el Estado asuma esta responsabilidad, que es una
clave estratégica para el progreso de la nación. Las universidades y otras
instituciones de Educación Superior estatales deben constituir el más fuerte pilar de
un Sistema Nacional, tanto a nivel de la excelencia de sus funciones, como de los
recursos de que disponga. Esta es la mejor garantía de que se respete a todos la
educación como un derecho y no sea considerada un privilegio.
Postulamos la constitución de un Sistema Nacional de Educación Superior que
englobe a universidades, institutos profesionales, centros de formación técnica,
centros de investigación, escuelas matrices de las Fuerzas Armadas. Sus funciones
básicas son las de aprehender el desarrollo del conocimiento humano en general y
su reproducción, elaborando los propios fundamentos de nuestro desarrollo
nacional independiente.
Su regulación y orientación general se establecerá a través de un Consejo Nacional
de la Educación Superior y de Consejos Regionales, generados democráticamente.
De la misma manera concebimos el cogobierno en cada institución, como expres ión
de la participación efectiva de académicos, estudiantes y funcionarios.
El Consejo Nacional supervisará la calidad de la educación, fijará las prioridades
formativas de acuerdo a las necesidades del desarrollo nacional, evitando la
proliferación innecesaria de instituciones de educación superior y de carreras,
buscando garantizar que los egresados, profesionales y académicos, puedan cumplir
su función social.
El arte y la cultura deben estar crecientemente al alcance de las grandes mayorías.
La política cultural debe considerar el conjunto del proceso de formación de valores,
eliminar los rasgos autoritarios y deformantes de los sistemas de
comunicación, relevar la identidad nacional y latinoamericana. Debe fomentar la
creación, la protección del artista y eliminar los impuestos que definen la cultura
como una mercancía. Al mismo tiempo, precisa impulsar la extensión y difusión que
coloque la creación al alcance de las mayorías y permita la amplia expresión del arte
y la cultura popular, para lo cual la sociedad garantizará las condiciones e
infraestructura necesarias.
El uso de los medios de comunicación en el desarrollo cultural, la difusión de la
creación mundial y nacional, el impulso a la producción editorial, del cine, del teatro,
de los espectáculos y exposiciones de acceso masivo, así como el fomento al
desarrollo de las aptitudes artístico culturales de cada persona serán elementos
sustantivos en la perspectiva de la formación plena de cada chileno.
El deporte, la recreación y el turismo, como aspectos del desarrollo integral del ser
humano serán preocupación del poder de mayoría.
Una política deportiva que considere adecuadamente el desarrollo del deporte de
masas y la preparación de los deportistas destacados, permitirá el desenvolvimiento
más pleno de cada chileno desde la niñez a la tercera edad y asimismo superar el
retraso del país en el deporte de alta competencia.
El descanso como un derecho de todos los chilenos exige generar las estructuras
necesarias para ello. Se debe estimular el empleo creador del tiempo libre.
Los medios de comunicación, por sus múltiples implicaciones en la política, la
economía, la ética y la cultura serán democratizados.
La democratización de estos medios reclama la participación de sus trabajad ores y
de las organizaciones sociales en la propiedad y orientación de sus contenidos. Es
preciso asegurar una regulación equitativa del sistema de avisaje a través de
mecanismos de distribución y redistribución de la publicidad. Es necesario apoyar
el desarrollo de medios de prensa comunitarios y regionales.

La televisión debe ser reorientada, asegurando la difusión de la información y las


ideas de los más diversos sectores sociales y políticos. La propiedad de los canales
debe ser nacional y en su dirección deben participar sus trabajadores. Asimismo el
Consejo Nacional de Televisión, encargado de regular el sistema, debe ser
democráticamente constituido. Entre sus funciones estará el impedir la formación
de monopolios privados en los medios de comunicación.

Propiciamos una política de comunicaciones que surja del debate y la


participación popular y que promueva efectivamente la identidad nacional, los
valores de la solidaridad, la igualdad, los derechos humanos garantizando la
pluralidad ideológica, sin exclusión.

La composición de la población chilena es multiétnica. Conviven en nuestro


territorio diferentes pueblos con identidad propia, que debe ser reconocida
legalmente en los ámbitos de sus decisiones autónomas, su participación política en
los asuntos generales del país y en la propiedad de los territorios que ocupan
comunitariamente.
El Estado deberá promover para los pueblos mapuches, huilliches, aymara s,
pascuenses, atacameños, y kaweskar, políticas de desarrollo global en lo social,
económico e institucional. Como expresión del reconocimiento multiétnico de
nuestra sociedad, se les debe asegurar su más activa participación y protagonismo,
que eleve su nivel de vida, garantice y proteja su patrimonio territorial, cultural y
ecológico.
El Estado democrático asegurará bases para garantizar el ejercicio de la igualdad de
derechos y oportunidades para ambos sexos, incluso en el hogar, eliminando las
discriminaciones jurídicas y culturales que aún pesan sobre la mujer.
La profundización democrática requiere relevar las funciones específicas de la mujer
en la reproducción social, asumiendo la libertad de ella como fuerza transformadora
de la sociedad, a través de su participación activa en la vida social y política del país.
Se tomarán las medidas legales, económicas y sociales que consideren la doble
condición, de madre y trabajadora, de la mujer. Asimismo, se promoverá el
desarrollo de servicios que liberen a la mujer y a la familia del peso de las labores
del hogar, como lavanderías, casinos, etc. La legislación sobre el aborto y el divorcio,
deben estar orientadas a preservar la salud física y mental de los miembros de la
familia y su bienestar económico y social.
La participación juvenil en todos los ámbitos de la vida social y política es
imprescindible en un régimen de mayoría. El desarrollo autónomo del movimiento
juvenil, el reconocimiento
institucional de distintos tipos de organizaciones juveniles y políticas específicas
serán la base para ello.
La mayoría de edad se establecerá a los 18 años.
La política social contemplará facilidades para los que estudian y trabajan; subsidios
y otras medidas especiales para las parejas jóvenes; adecuada concepción del
contrato de aprendiz,
asegurando salario justo, previsión, asignación familiar, seguridad laboral y plenos
derechos sindicales. Se implementarán programas integrales de capacitación.
Se desarrollarán programas especiales para las vacaciones, el deporte masivo, la
cultura y la recreación juvenil.
Se posibilitará el derecho a una sexualidad sana y libre, ajena a prejuicios arcaicos y
se abordarán de un modo científico y humanista problemas como el Sida, la
prostitución juvenil, el alcoholismo, la drogadicción.
Se eliminará la detención abusiva de jóvenes sin causa justificada,
que se ha dado en denominar “detención por sospecha”.
El desarrollo de la ciencia y la tecnología permite prolongar la esperanza de vida
humana.
Posibilitar una vida plena a quienes llegan a la tercera edad es una tarea para todos
los chilenos.
Se requiere asegurar espacios de inserción social apropiada a sus capacidades
biológicas, aprovechando su experiencia. La sociedad debe garantizarles
condiciones económicas dignas y el desarrollo de ambientes de recreación, estudio
y convivencias especiales, que posibiliten su aporte creativo al país.
Chile en la Comunidad internacional

Chile debe realizar una política exterior activa en favor de la colaboración entre las
naciones.

La política exterior de un gobierno de mayoría nacional tendrá como ejes de su


actividad, bilateral y multilateral, orientaciones como las siguientes:

• Participación activa en todas las agrupaciones de los países en desarrollo, tendiente


a la defensa de sus intereses comunes, la preservación de sus recursos naturales,
nuevos términos de intercambio favorables y por el respeto irrestricto a la
autodeterminación de los pueblos.
• Rechazo a la amenaza o al uso de la fuerza militar, al bloqueo u otras sanciones
unilaterales para resolver los conflictos locales, regionales o mundiales. Oposición a
toda acción hegemónica de una potencia o
grupo de ellas en contra de la independencia de las naciones o estados.
• Apoyo a los acuerdos o tratados para avanzar en el desarme multilateral, para la
eliminación del uso y ensayo de armas atómicas, químicas o biológicas, o de otras
de uso masivo en contra de los pueblos. Reducción sustancial de los gastos militares
y destinación de sus recursos a la eliminación de la pobreza.
• Promoción de acuerdos para preservar el hábitat planetario.
• Democratización de las Naciones Unidas y otros organismos mundiales.
Garantizar el igual derecho de todos los Estados en la adopción de sus decisiones.
Eliminación del derecho a veto y del carácter permanente de miembros del Consejo
de Seguridad del cual gozan las grandes potencias.

Somos decididos partidarios de avanzar en la integración económica, política y


cultural de la América Latina y el Caribe. La integración no debe ser sobre la base
del modelo neoliberal, ni según las conveniencias de las transnacionales o de
Estados Unidos. Por el contrario, debe contribuir a potenciar nuestras capacidades
nacionales frente a aquéllos u otros bloques. La Integración Latinoamericana debe
contemplar paralelamente la democratización y la participación de los pueblos en
la construcción de las instituciones integracionistas. No basta la reducción de las
barreras aduaneras. Habrá que avanzar en políticas comunes frente a terceros,
acordar cooperación financiera, tecnológica, científica, comercial, particularmente
en empresas públicas, universidades y organismos sociales. En este contexto, Chile
debe integrarse al MERCOSUR y propiciar la convergencia con el PACTO ANDINO.
Propiciamos convenios fronterizos, regionales o provinciales con regiones
adyacentes de nuestros vecinos. Hay que avanzar hacia una estrecha solidaridad
entre los trabajadores y otros sectores de nuestros países.

Una democracia superior: el socialismo

La aspiración al socialismo en Chile surge con el proletariado como clase consciente


a comienzos del siglo. Motivados por sus valores, la clase obrera y el movimiento
popular han construido sus organizaciones sociales, políticas y culturales, han
luchado por mejorar sus condiciones de vida y asumido la defensa del interés
nacional, siendo factores determinantes en cada avance democrático de nuestra
patria.

Uno de sus principales frutos fue la conquista y las realizaciones del Gobierno
Popular. Se trató de un proceso revolucionario democrático antiimperialista, que
despertó un amplio apoyo en los trabajadores en una perspectiva chilena al
socialismo, proceso que atrajo la simpatía de toda la humanidad progresista.

En los mil días del proceso encabezado por el presidente Allende se vivió el período
más democrático de la historia nacional. La distribución del ingreso fue la más
equitativa, los salarios alcanzaron los niveles más altos, aún no recuperados, los
trabajadores se incorporaron a la dirección de las empresas y la opinión de la CUT
era siempre considerada. Jamás antes ni después existió mayor participación social.
La producción y la productividad se elevaron, el país recuperó el control de sus
riquezas y acrecentó su dignidad e independencia. Los niveles alimentarios de los
sectores populares crecieron significativamente, mejorando su calidad proteica y
nutritiva. Floreció la cultura, alcanzando niveles incomparables: millones de
chilenos tuvieron acceso al libro, a la música, al ballet, al teatro, la creación y la
creatividad. La educación alcanzó las más altas coberturas en todos sus niveles. Los
derechos humanos se respetaron y ampliaron. Más allá de los errores cometidos, el
Gobierno Popular desarrolló un profundo proceso de efectiva, real y democrática
modernización del país. Esto fue insoportable para el imperialismo y la oligarquía
que vieron en el ejemplo de Chile un camino que podía ser asumido en otras
latitudes. Por eso llevaron a cabo el golpe de estado.

La crisis del socialismo en el siglo XX

Las primeras experiencias de construcción del socialismo en el mundo, durante el


siglo XX, han puesto en evidencia las grandes potencialidades de los pueblos para
abrir camino hacia la justicia social, la libertad, el fin de la explotación, la igualdad
de oportunidades.

El socialismo significó la conquista de múltiples derechos, la eliminación de la


extrema pobreza, hacer realidad el derecho al trabajo, a la salud, a la educación, a
la seguridad social, y a la cultura. Millones de personas salieron de la miseria y del
oscurantismo. Influyó positivamente en el mejoramiento de las condiciones de vida
de los trabajadores de los países capitalistas, alentó sus luchas reivindicativas e hizo
temer a la burguesía la cercanía de la revolución social.

Nadie puede olvidar la contribución de la URSS a la victoria sobre el fascismo, su


apoyo a las causas de liberación nacional y a la liquidación del colonialismo, su
aporte para evitar el exterminio nuclear.

Al mismo tiempo, particularmente en Europa del Este, se ha demostrado las


inmensas dificultades que esta gigantesca empresa conlleva. Aquellas que en primer
lugar provienen de los errores de los revolucionarios, así como las que derivan de
las presiones del imperialismo que ha llegado hasta la guerra para promover
regresiones capitalistas.

Los graves errores cometidos impidieron que el socialismo fuese capaz de asu mir
los nuevos desafíos, en particular, incorporar los avances de la revolución científico-
técnica y proyectar un salto necesario en el desarrollo global de estas sociedades.
Contrariamente se cayó en un proceso de estancamiento, de crisis progresiva, de
desmoronamiento del sistema y de reversión hacia el capitalismo. Esto ha
determinado un significativo cambio de la correlación de fuerzas a nivel mundial
con grave perjuicio para todos los pueblos.

Para todos los revolucionarios el conocimiento y análisis de estas experiencias


permitirá extraer enseñanzas hacia el futuro y enriquecer nuestro pensamiento y
acción.

Una concepción dogmática y deformada de las tesis del marxismo distorsionó la


comprensión científica de los procesos históricos contemporáneos, de los nuevos
fenómenos, de los cambios en la Economía, la Cultura y el pensamiento. Se negó el
carácter universal del conocimiento. El dogmatismo y el sectarismo crearon fa lsos
enemigos con su secuela de violaciones a los Derechos Humanos.

Socialismo y democracia son inseparables. La participación de los trabajadores y el


pueblo en la dirección y control de los asuntos políticos y sociales; una relación
sólida y permanente de los partidos con las masas, para conocer realmente sus
aspiraciones y demandas; el respeto a las tradiciones y particularidades nacionales
y culturales fusionadas con el ideal socialista, son principios que resaltan de la
experiencia.
Se destaca como lección la necesidad de cautelar de modo permanente la esencia
humanista del quehacer político. Estimular la conciencia moral y política, el interés
y el compromiso personal con los desafíos de la nueva sociedad, en cada una de sus
fases.
El autoritarismo y la burocratización del poder constituye en toda sociedad, una
fuente de privilegios, corrupción, enajenación y causa determinante de la
precariedad de los Derechos Humanos. Son por tanto contrarias al ideal socialista.

La resolución de las contradicciones no antagónicas, inevitables de todo proceso


social debe realizarse por medios democráticos, respetando
el pluralismo propio de toda comunidad humana. La autonomía de las
organizaciones sociales, así como la separación del Partido y el Estado deben ser
garantizadas.
La economía, orientada al desarrollo y las necesidades de la gente, debe integrar
planificación y mercado, evitar la arbitrariedad y la anarquía, estimular la
creatividad y la permanente incorporación al proceso productivo de los avanc es
científico-tecnológicos.
El derrumbe del socialismo en Europa es la crisis de un modelo, de una etapa en la
historia de la lucha por el socialismo. No ha sido la derrota de nuestra opción, ni el
fracaso del socialismo como esperanza de la humanidad.

El socialismo en cada país ha de tener en cuenta las regularidades universa les de


todo proceso social. No existe un único molde. Cada pueblo deberá edificar las
nuevas relaciones sociales, acorde con sus características nacionales, en el marco
del movimiento mundial hacia la integración e interrelación de todas las naciones.

El proceso de cambio social no transcurre de la noche a la mañana. Al decir de


Recabarren, “así como el niño en cada edad de la vida se transforma o adquiere un
nuevo conocimiento o una nueva experiencia, así sucederá con el socialismo, que
irá introduciendo en la sociedad sus modalidades, a medida que la experiencia las
muestre superiores”. La nueva sociedad puede ser reversible en la medida que no
asuma los cambios producto de su propio desarrollo y de las demandas siempre
nuevas de los seres humanos.

El socialismo para Chile

Los comunistas chilenos fuimos influidos por el enfoque dogmático del marxismo,
las concepciones acerca del centro “rector” y el carácter monolítico del Partido. Esto
nos llevó a falta de crítica y a asumir algunas actitudes seguidistas particularmente
en la política internacional. Se debilitó el desarrollo teórico propio; durante un
cierto período se menospreció a Recabarren. En general, se relativizó su a porte y el
de otros pensadores latinoamericanos y del resto del mundo. Con t odo, estos
factores no impidieron el carácter nacional, independiente de la actividad del
partido y su creación política. Nos favoreció en esto, la preocupación por la ligazón
con las masas. El Partido logró una interpretación generalmente adecuada de los
cambios que se necesitaban en cada período y pudo cumplir un rol significativo en
el progreso de Chile.

Nuestro Partido ha elaborado, y llevado a la práctica, diversos aspectos de un


proyecto socialista para Chile, mucho antes de iniciados los procesos renovadores.
Tales son, entre otras, las formulaciones sobre el pluralismo y el pluripartidismo, las
diversas áreas de propiedad, el Estado de derecho, el rol de los cristianos en la lucha
social, las diversas vías revolucionarias, la libertad de creación, el papel de las
organizaciones sociales en el proceso.

Identificamos el socialismo con la democratización real en todas las esferas de la


vida social. Una sociedad cuya mayor preocupación es el desarrollo integral de cada
uno de sus integrantes y el resguardo de la naturaleza. Con igualdad de
oportunidades y posibilidades para todos los chilenos y en la que la distribución de
la riqueza se hace conforme al trabajo y a la capacidad de cada cual.
Relaciones humanas de dignidad, respeto y tolerancia, de solidaridad y a la vez de
responsabilidad individual y colectiva, deberán sustituir las relaciones de
explotación, opresión, de competencia destructiva y de violencia creciente que
caracterizan al Chile actual.
La dirección de la sociedad socialista, con hegemonía de la clase obrera moderna, la
concebimos amplia y pluralista, en la cual se integran los campesinos, las capas
medias y de modo creciente otros sectores que hacen suya la necesidad de organizar
la sociedad sobre la base de los nuevos valores humanistas.
La participación de la gente en las decisiones, práctica y control de la cuestión
pública en favor de la progresiva autogestión de la sociedad organizada, debe ser
una característica esencial del socialismo.
Los chilenos contamos con una rica experiencia de organización social. Ella genera
condiciones favorables para avanzar hacia nuevos niveles de profundización de
dicha participación. De este modo, se enriquecerá la conciencia político -cultural de
los ciudadanos, con vistas a un mayor cumplimiento responsable de sus deberes y
derechos.
La democracia socialista fomentará la autonomía de las organizaciones sociales
como canales de expresión de los intereses sectoriales y locales. Estas y las leyes
respectivas velarán porque sean plenamente representativas.
Para el control y fiscalización de la gestión pública existirán organismos, generados
democráticamente y dotados de los medios apropiados.
La democracia socialista debe garantizar el ejercicio del pluralismo ideológico y
político. En la nueva sociedad continuará existiendo diversas clases
sociales, estratos y capas que expresarán multiplicidad de intereses y enfoques. El
pluralismo debe manifestarse en el derecho de cada cual, a profesar sus ideas
políticas, organizarse en torno a ellas, integrar partidos para difundirlas, elegir y ser
elegido en cargos de función pública, sobre la base del respeto de todos a las normas
democráticas socialistas. Dichas normas garantizarán la existencia y preservación
del Estado Socialista.
La democracia socialista basada en un Estado de Derecho, se asentará en el respeto
irrestricto a los DD.HH. Ellos permanecerán consagrados en la Constitución, siendo
obligación de los Poderes Públicos ejecutar políticas permanentes destinadas a
hacerlos efectivos.
El Estado de Derecho Socialista se fundará en la separación de los Poderes Públicos
y su necesaria coordinación. Debe estar establecida la gestación democrática de
todos ellos, mediante elecciones periódicas, como, asimismo, la supremacía de los
órganos representativos por sobre los aparatos burocráticos, afirmando la
tendencia a transferir gradualmente las decisiones desde los niveles superiores a la
base. Quedará asegurada así la capacidad del
pueblo para decidir la alternancia en el gobierno, cada vez que la mayoría lo estime
necesario.

El Estado Socialista dispondrá de los medios jurídicos, institucionales y materiales


para garantizar la soberanía nacional y popular y enfrentar con éxito la subversión
contrarrevolucionaria, interior o exterior.
A medida que en Chile se construya el socialismo la economía cambiará de sentido:
se moverá cada vez más por las necesidades sociales e individuales de todos sus
integrantes, con elevación creciente de los niveles y calidades de la producción.
Las decisiones económicas se adoptarán sobre la base de las necesidades presentes
y futuras, colectivas e individuales, del desarrollo de las fuerzas productivas, del
respeto por la naturaleza y de las leyes objetivas de la economía. Así se resolverá
qué producir, en qué invertir, cómo distribuir los recursos humanos y materiales y
cómo repartir equitativamente los frutos del esfuerzo colectivo.
La sociedad socialista deberá garantizar la igualdad de oportunidades para el libre
desarrollo de las capacidades individuales. No será una sociedad del igualitarismo
en cuanto a ingresos y estilos de vida. En la economía socialista, paulatinamente,
será la calidad y la cantidad del trabajo de cada uno, la fuente fundamental del nivel
de vida de cada chileno.
En el transcurso de la construcción del socialismo existirán diferentes formas de
propiedad de los medios de producción y diversos tipos de empresas, si bien las
formas colectivas de propiedad tenderán a ser predominantes.
En el área de propiedad social las empresas estatales, de gobierno regionales y
municipales; empresas arrendatarias o concesionarios de bienes colectivos,
cooperativas y empresas de trabajadores.
En el área de propiedad privada existirán la empresa individ ual o familiar,
sociedades de personas, sociedades por acciones. En estas últimas, el poder
decisorio no dependerá del capital de los accionistas sino que se inspirará de una
autogestión democrática. Podrán darse también formas mixtas o entrelazadas entre
unas y otras.
La propiedad personal o familiar podrá dar lugar a formas legítimas de ingresos. La
sociedad sin embargo, no dará espacio para enriquecimientos ilícitos, beneficios de
la especulación, el acaparamiento o el soborno.
Es preciso una nueva concepción de la administración de las empresas estatales. Su
gestión pondrá en el centro una amplia participación de los trabajadores. Buscará
mecanismos que permitan la representación de los usuarios y proveedores en ella.
Habrá que abrir espacio a la iniciativa individual estimulándola moral y
materialmente. La nueva gestión de las empresas tendrá un alto grado de
autonomía sin que ello exima a sus dirigentes de hacerse responsables
ante la sociedad por sus resultados positivos o negativos.
Concebimos una planificación de carácter estratégico que defina los grandes
objetivos nacionales de mediano y largo plazo y los medios correspondientes. Toda
la sociedad debe participar en su elaboración gestión y control. Ella permitirá
entregar las grandes orientaciones reguladoras del mercado.
El Estado socialista contará con los recursos y atribuciones tanto para dirigir la
marcha planificada hacia los objetivos nacionales, como para satisfacer aquellas
necesidades colectivas básicas: el empleo, el salario, la alimentación, la salud, la
educación, la seguridad social, la seguridad ciudadana y la defensa nacional, el
medio ambiente, la cultura y otras.
El mercado, donde todos puedan concurrir cada vez más equitativamente, orientará
las empresas a producir más eficientemente y con mejor calidad, a partir de las
necesidades siempre renovadas de los consumidores. Los diferentes tipos de
empresa, mediante competencia regulada por la ley, fijarán los precios guiándose
por el costo social efectivo y las demandas de la población.
En el curso de la edificación del socialismo la hegemonía de clase de los trabajadores
deberá consolidarse a través de un proceso multifacético

Las nuevas relaciones sociales tienen como objetivos:


• suprimir la explotación del hombre por el hombre,
• la efectiva participación de los trabajadores en la gestión, propiedad y resultados de
las empresas,
• resolver la enajenación del trabajador respecto de los medios de producción, de las
condiciones en que trabaja y del fruto de sus esfuerzos.
• la participación en la dirección política y autogestión de la sociedad organizada,
• el afianzamiento de un conjunto de valores culturales y éticos compartidos por las
grandes mayorías.

El socialismo en Chile será el resultado del esfuerzo compartido y conscie nte de toda
la gente, teniendo siempre como norte la humanización progresiva del ser humano
y de la vida en comunidad.

El Partido Comunista al servicio del Pueblo y de Chile

Un Partido de los Trabajadores

El Partido Comunista surgió desde el seno y como expresión política de la clase


obrera, para aportar a su acción organizada y consciente por sus reivindicaciones y
hacer realidad la tarea histórica de los trabajadores manuales e intelectuales de
nuestro país: asumir el papel de conductores del proceso de ensanchamiento
sostenido de la democracia y el paso a un nuevo sistema social superior al
capitalismo.

Es la organización política, de los trabajadores manuales e intelectua les, de la ciudad


o el campo, asalariados permanentes o temporales. Forman parte de él, asimismo,
trabajadores por cuenta propia, profesionales, pequeños o medianos empresarios,
dueñas de casa, estudiantes, intelectuales, científicos, que en esencia comparten la
misma finalidad: edificar el socialismo y suprimir la explotación del hombre por el
hombre.

Lleva adelante su acción inspirado en valores y principios que se sustentan en la


teoría del socialismo científico y en su experiencia acumulada en decenios de lucha
junto al pueblo, con espíritu abierto a lo nuevo que emerge cada día en la vida de
nuestra patria y el mundo.

Desde su fundación en 1912, como Partido Obrero Socialista, ha llevado a cabo una
incesante labor a favor de la organización y la unidad de los trabajadores. Luis Emilio
Recabarren, nuestro fundador, hizo una contribución histórica para que la naciente
clase obrera tomara conciencia de su papel decisivo en el desarrollo del progreso
social y de la democracia. Desde entonces, hemos pugnado por el derecho de los
trabajadores y el pueblo a alcanzar el poder, dirigir los destinos del país y labrar un
futuro libre, independiente y soberano para nuestra patria.

Un Partido con Profundas Raíces Históricas


El Partido Comunista es una fuerza política profundamente nacional. Formamos
parte de la continuidad histórica de los anhelos y luchas liberadoras en nuestra
tierra.
Las raíces del Partido Comunista se encuentran en los albores mismos de nuestra
historia. Nos reconocemos herederos de mapuches y pueblos originarios, del
espíritu indómito con que defendieron durante siglos su libertad, su territorio, su
cultura, haciendo frente a los colonizadores españoles.
Nuestras luchas se inspiran en las hazañas e ideales de los patriotas que se rebelaron
y combatieron por la independencia nacional.
Son nuestros los visionarios sueños de solidaridad y progreso social, las luchas por
la igualdad y las nobles gestas de defensa de nuestra independencia económica y
autodeterminación, precursoras del ideal socialista que postulamos.
Reivindicamos el decisivo papel jugado por nuestro Partido en las conquistas
democráticas y sociales alcanzadas por el movimiento popular en este siglo, a la
creación de las bases del desarrollo del país y su aporte al enriquecimiento del
patrimonio cultural de la nación.

Asumimos la herencia de Salvador Allende, inolvidable conductor de nuestro


pueblo, luchador hasta su muerte por la democracia y el socialismo en nuestra
patria.

Un Partido Internacionalista

El Partido
Comunista nació con un profundo sentido internacionalista y solidario que ha
sostenido a lo largo de toda su existencia.

Nos identificamos con los destinos y la misión liberadora del proletariado univ ersal.
Hacemos nuestros los objetivos históricos que se propusieron los fundadores del
socialismo y proclamamos el derecho de los pueblos a su liberación y a construir el
socialismo en sus respectivos países.

El internacionalismo es inseparable del patriotismo verdadero, se opone a toda


forma de racismo, al desprecio por las naciones más pobres.
Ante el creciente dominio de las transnacionales el internacionalismo es un
imperativo. La internacionalización de los procesos económicos sociales y
políticos hace indispensable fortalecer la colaboración entre los distintos
destacamentos nacionales de la clase obrera mundial, generar nuevas relaciones de
cooperación, en un pie de igualdad y ajenas a toda
injerencia en los asuntos internos.
Más allá de las diferencias nacionales, los trabajadores y los pueblos unidos deberán
hacer valer sus derechos para la construcción de un nuevo orden mundial,
democrático, humanista y solidario.
El Movimiento Comunista Internacional cumplió un valioso papel en los avances por
la democracia, la justicia social, la liberación nacional y el socialismo, pese a los
errores cometidos. Nuestra lucha es común a la de todos aquellos partidos
comunistas, obreros y revolucionarios que compartan estos objetivos.
Perseveramos en la búsqueda de formas de coordinación y solidaridad entre todos
ellos.
Propiciamos relaciones amistosas con todos los partidos y organizaciones
democráticas y progresistas del mundo.
Compartimos destinos con los pueblos de América Latina. Nos unen
cultura, tradiciones comunes y los desafíos que hemos enfrentado en diversos
períodos de nuestra evolución, signada por la brega contra la discriminación racial,
la servidumbre colonial y la explotación e intervención imperialista, por afianzar
nuestra soberanía.
La causa antimperialista es una necesidad patriótica común, una gran tarea para
nuestros pueblos.

La clase obrera latinoamericana crece en número e importancia social y política.


Lucha por sus derechos y por sus propios objetivos clasistas, los cuales se identifican
con los intereses nacionales.

Está emergiendo un nuevo movimiento en América Latina al que confluyen nuevos


y antiguos Partidos y organizaciones políticas y sociales con distintas inspiraciones
ideológicas, profundamente críticos del capitalismo y que aspiran a una nueva
sociedad. Se proponen a llevar adelante los cambios, diseñar con mayor
determinación y audacia pasos hacia una integración independiente de nuestro
continente y concordar esfuerzos del Tercer Mundo para promover un orden
internacional justo. Nos planteamos colaborar y buscar convergencia en tareas y
causas comunes con ellos, así como con todos aquellos que comparten estos valores
en otras latitudes.

Un Partido que Asume los Problemas Globales de la Humanidad

Los comunistas asumimos como responsabilidad propia la lucha por la solución de


los problemas planetarios. Entre ellos la pobreza y el atraso de millones de seres
humanos, las guerras, la discriminación de género y de etnias, el SIDA y el
narcotráfico.
Participamos en todas las campañas por la preservación del medio ambiente, la
defensa de la Naturaleza y de la biodiversidad, contra la producción y el comercio
de productos tóxicos y contaminantes.

Un Partido que Postula el Valor Esencial de los Derechos Humanos

Asumimos los derechos humanos como parte esencial de nuestros valores.


La base insustituible de la paz, es la verdad y la justicia. Somos firmes defensores de
las libertades y derechos de los chilenos y nadie puede arrogarse la facultad de
suprimirlas. Consideramos legítimo el derecho a la rebelión de los pueblos
consagrado en la Declaración Universal de los Derechos Humanos cuando por medio
de la coerción se vulnera la realización de su voluntad soberana.
Asimismo, hacemos nuestras las nuevas convenciones y ampliaciones de la carta
fundamental de las Naciones Unidas, relativas a los derechos de la Tercera Edad, la
Infancia, las Etnias y el Medio Ambiente.
Un Partido que Lucha por las Libertades Individuales

Nuestra lucha es por el respeto a la dignidad y libertad individuales, por el derecho


de cada cual a pensar y expresarse con autonomía; por una sociedad que asegure
las condiciones materiales y espirituales para el ejercicio de las capacidades y el
logro de las aspiraciones de todos sus integrantes, sin discriminaciones de ninguna
especie.
Rechazamos el falso concepto de libertad de las clases dominantes, que es ante todo
la libertad para apoderarse de las riquezas a costa de las privaciones de la mayoría.
Concebimos la libertad intrínsecamente ligada al fin de la explotación. a la igualdad
de oportunidades para todos, a la satisfacción de las necesidades, y al logro de la
justicia social.

Un Partido que Reivindica la Familia y la Igualdad de Géneros en la Sociedad

Los comunistas propiciamos relaciones de pareja y familiares basadas en el amor,


la solidaridad, la verdad y el respeto mutuo, sin prejuicios ni hipocresía.
Las modificaciones en el carácter de la familia, la sexualidad y las relaciones
generacionales deben ser asumidas. Propendemos a crear condiciones materiales,
jurídicas y morales que favorezcan la vida familiar y la protección de sus miembros.

Un Partido por la Libertad de Creación

Nos pronunciamos por la libre creación artística y científica en interés del desarrollo
humano, contra la existencia de cualquiera escuela oficia l y contra toda forma de
coerción administrativa. La gran necesidad de los seres humanos es liberar las artes
y la cultura de toda sujeción a intereses mezquinos y discriminaciones ideológicas.
Hay que afirmar el derecho de todos al patrimonio cultural universal, impedir que
las leyes del mercado capitalista lo reduzcan al disfrute de una élite.

Un Partido que Lucha Irrestrictamente por la Democracia en el País

El Partido Comunista ha promovido y defendido la democracia como parte esencial


de sus luchas, a través de toda su historia. Ni en las peores épocas de su historia ha
claudicado a este principio.
Aspiramos y empeñamos todos nuestros esfuerzos para el progresivo despliegue de
la democracia y de la soberanía popular, marco imprescindible para el pleno respeto
de los Derechos Humanos y de las libertades ciudadanas, públicas e individuales. Es
en esta cuna que los comunistas luchan por gestar y proteger la demo cracia de
nuevo tipo que el país requiere.

Un Partido que promueve la ética en la política

Los valores propios del humanismo que propiciamos deben imprimir su sello a todo
el quehacer político. Repudiamos el concepto de que “el fin justifica los medios ”.
Rechazamos la politiquería, la demagogia y la falta de ética política, muestra de
oportunismo que a menudo se justifica con el pragmatismo.

Nuestra historia demuestra que son las clases dominantes quienes practican el
engaño al pueblo, el incumplimiento de las promesas electorales. Justifican el
empleo de la violencia incluyendo las formas más bárbaras e inhumanas con tal de
mantener el sometimiento de los explotados a sus mezquinos intereses. Desde las
matanzas del salitre hasta la dictadura terrorista de Pinochet, tal es la lección que
el movimiento obrero y popular ha confirmado reiteradamente en carne propia.
Rechazamos el terrorismo en todas sus formas, como contrario a la democracia y
favorable a la reacción.
Estamos por una sociedad que erradique la violencia entre los hombres. Sin
embargo, rechazamos la pretensión de confundir terrorismo con autodefensa del
pueblo. Si se ejerce violencia sistemática contra éste, cerrándole el camino para el
ejercicio de su soberanía y el poder político la ampara o la tolera, somos decididos
partidarios de que éste ejerza su legítimo derecho a la defensa.

Un Partido para la Unidad

Ni ayer, ni hoy consideramos que el objetivo patriótico de conquistar el poder para


el pueblo comprometa sólo los esfuerzos de los comunistas. Son también desafíos
posibles de alcanzar con la conciencia, decisión, creatividad y las luchas de millones
de personas sin partido u otras militancias.
Con esta convicción procuramos compartir la definición de los cambios necesar ios,
de los caminos para su consecución y de la dirección del movimiento capaz de
impulsarlos y hacerlos realidad. Para ello, como en cada momento de nuestra
historia, la ligazón del partido con las masas, su disposición unitaria son la base
insustituible de nuevos avances y desarrollos.

Un Partido que Promueve el Intelectual Colectivo

El proceso de renovación que impulsamos se dirige a desarrollar una política


revolucionaria. Ello exige el empeño de toda la organización por asumir a fondo
nuestra cambiante realidad, por afianzar un pensamiento humanista y de clase, por
participar activamente en las luchas de la gente y compartir experiencias y
conocimientos.
La capacidad del Partido como intelectual colectivo integra la experiencia específica
de los militantes en su quehacer político y práctico de cada día.
Nos proponemos perfeccionar el centralismo democrático, acorde con la
experiencia nacional e internacional.
Trabajamos por un Partido que estimule y demande la participación plena y el
despliegue creativo y multifacético de cada militante y de cada organismo para
llevar adelante la política y el Programa del Partido.
Un Partido que Asume el Legado de la Teoría y las Experiencias Socialistas y
Corrientes Progresistas

La renovación permanente y a fondo en la teoría y en la práctica de los partidos y


en sus militantes es un valor revolucionario.
Creemos que los contenidos esenciales del pensamiento de Marx, Engels y Lenin
mantienen plena vigencia y sustentan nuestras definiciones ideológicas. Como ellos
mismos lo expresaban, nunca se propusieron un sistema acabado, dogmático, sino
una concepción del mundo en constante evolución, una guía para la acción.
El socialismo científico exige el enriquecimiento permanente de nuestro acervo
intelectual, requiere asimilar críticamente todo lo creado por los científicos y
artistas, pensadores y políticos humanistas, marxistas o no, creyentes o no
creyentes.

Un Partido que Asume las Lecciones de la Historia

Somos un Partido revolucionario, de pensamiento y de acción, para servir a los


trabajadores y el pueblo.
Compartimos su vida diaria y su destino, sus alegrías y tristezas. Nos proyectamos
con una política de mayorías que busca interpretar a todos los que viven de su
trabajo, a todas aquellas clases, grupos sociales y movimientos que desean un
cambio en las relaciones de explotación actuales, superar la alienación del ser
humano, su soledad, y dignificar su vida en sociedad.
Ello nos demanda aprehender debidamente las duras lecciones de la historia y
renovar con decisión nuestra teoría y práctica, nuestra vida democrática, para
mantener y levantar más en alto las banderas de la revolución, la democracia y el
socialismo.
Hemos servido con fidelidad a los trabajadores y al pueblo de Chile, al precio de la
vida, el martirio y grandes sacrificios de muchos de nuestros militantes.
Podemos afirmar que ninguno de los éxitos o conquistas populares en ocho
decenios, se ha logrado sin la presencia activa y la lucha intransigente de los
comunistas.

Chile necesita al Partido Comunista. En él se unen experiencias de momentos


distintos de la lucha, la dedicación y creatividad de miles de hombres, mujeres y
jóvenes. Su rol es insustituible para el cambio social.

Superaremos los nuevos desafíos con la fuerza de la razón, nuestra unidad,


disciplina y entrega a la causa del pueblo.

Nuestra historia, grande y conmovedora, nutrida por la rica savia obrera, popular y
nacional, da sólido basamento a nuestra determinación de canalizar los ímpetus
transformadores de la humanidad.

El presente programa será revisado y actualizado en el próximo Congreso Nacional

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