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Arte Colonial

El arte colonial en el Perú se desarrolló entre los siglos XVI y XVIII luego de la conquista española. Los españoles trajeron imágenes religiosas para evangelizar a los indígenas y el arte estuvo al servicio de la iglesia católica. La ciudad de Lima fue un importante centro artístico donde trabajaron pintores y escultores traídos de España, Italia y Flandes. Con el tiempo, los artistas locales desarrollaron estilos propios combinando elementos europeos con la cultura andina.

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Arte Colonial

El arte colonial en el Perú se desarrolló entre los siglos XVI y XVIII luego de la conquista española. Los españoles trajeron imágenes religiosas para evangelizar a los indígenas y el arte estuvo al servicio de la iglesia católica. La ciudad de Lima fue un importante centro artístico donde trabajaron pintores y escultores traídos de España, Italia y Flandes. Con el tiempo, los artistas locales desarrollaron estilos propios combinando elementos europeos con la cultura andina.

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ARTE COLONIAL

I. INTRODUCCIÓN:

En el Perú se conoce como Arte Colonial al período comprendido entre los


siglos XVI y XVIII, es decir luego de producirse la ocupación española hasta la
etapa de la independencia.

Con la llegada de los españoles al territorio peruano la activa producción de


elementos simbólicos-representativos andinos (al que hoy en día llamamos arte
prehispánico) sufrió un revés sin precedentes. La incompatibilidad entre las
percepciones españolas (basadas principalmente en el realismo) y las tradiciones
andinas (basadas en el simbolismo) hizo que, ante la incomprensión del mensaje,
los españoles destruyeran casi todas las formas de representación local. Las
quilcas o tablillas pintadas, los quipus, los tocapus o los dibujos simbólicos de
los incas no fueron entendidos por los peninsulares, pues no encontraban ningún
elemento cercano a sus tradiciones visuales.

Con este bagaje visual, los españoles utilizaron las imágenes de Cristo, la virgen
María, Santos, etc. para llevar a cabo las primeras evangelizaciones en el vasto
territorio peruano, ante la estupefacta mirada de los indígenas. Lo que probó ser
una medida muy efectiva, pues logró facilitar el entendimiento de la fe cristiana
a los vernaculares.

El arte durante los primeros años virreinales fue exclusividad de los religiosos y
su uso tuvo un fin práctico principalmente en el adoctrinamiento. No sólo
pinturas o imágenes estuvieron presentes en esta tarea. Esculturas de diversos
tamaños y retablos fueron herramientas imprescindibles para los misioneros
católicos.

La ciudad de Lima jugó un rol preponderante en el desarrollo del arte en el


virreinato del Perú. Su rápido crecimiento urbano, la acumulación de riqueza por
parte de los encomenderos y la construcción de templos e iglesias fueron
motivos para la demanda de pinturas y esculturas de las principales ciudades de
los reinos españoles. Especial preferencia se tuvo por las obras provenientes de
Flandes e Italia, aunque las obras sevillanas y andaluzas tuvieron igualmente
gran demanda. Lima como centro político del más importante virreinato durante
el siglo XVI fue plaza importante para destacados artistas que no dudaron en
venir y ofrecer su arte a la iglesia. Destacan Angelino Medoro, Bernardo Bitti,
Mateo Perez de Alesio, entre otros.

Otro rasgo importante en la evolución de las artes durante la colonia lo


constituye la exquisitez de la arquitectura religiosa. Los templos fueron
encomendados a alarifes que dominaban las técnicas de la edificación en piedra
y barro, por lo que erigieron obras de buena factura, muy superior a las
realizadas en otras partes del continente. Tan solo mencionar a los conventos e
iglesias de Santo Domingo, San Francisco el viejo, San Pedro, Las Trinitarias o
La Merced para dar cuenta del refinado gusto estético de los alarifes limeños.

En el interior del virreinato la situación no fue diferente. En Cuzco, Arequipa,


Cajamarca, Huamanga, Puno y Trujillo hubo una clara tendencia hacia la
búsqueda de lenguajes propios, basados en la utilización de elementos locales.
La utilización del sillar en Arequipa o la Piedra en Cuzco es muestra clara de la
adaptación del arte europeo y su transformación para el uso local.

Otro punto a resaltar en el derrotero de las artes en el virreinato peruano es la


llegada del barroco. Como parte de la contrarreforma de la iglesia, el barroco
buscó sensibilizar al espectador a través de los sentidos antes que por la razón.
Es por ello que este estilo se caracterizó por la gran concentración de elementos
y ornamentos (mayormente vinculados a temas religiosos) y también por la
meticulosidad que tuvieron los artistas en colocarlos de tal manera que crearan
una atmósfera mística y ascética.

El barroco dominó casi por 200 años las artes en el Perú e impuso su sello en la
pintura, escultura, arquitectura, música y literatura. Hubo una gran influencia
externa, aunque la respuesta peruana fue a todas luces autóctona. El barroco se
reinterpretó, y el resultado fueron obras de excelente calidad, que no dejaron de
plasmar los elementos simbólicos y realistas que el barroco exigía.

El siglo XVIII se caracterizó por la llegada de nuevas tendencias procedentes de


Francia, Austria y Alemania. Las artes ya no fueron exclusividad de los
religiosos, por el contrario, fueron los civiles y la corte los principales
compradores de estas tendencias. Uno de estos estilos fue el rococó. Impulsado
por los reyes borbónicos, este estilo manifiesta un gusto exquisito y refinado,
mostrándose principalmente en la pintura y la arquitectura. Destaca la torre de la
catedral de Santo Domingo, bello ejemplo de rococó en el Perú y atribuida al
diseño del mismo virrey Manuel Amat y Juniet.

Los moldes neoclásicos llegaron a finales del siglo XVIII, producto de las
corrientes ilustradas. Los mejores receptores para esta tendencia fueron los
criollos, no obstante en la política virreinal también tuvo acogida. Matías
Maestro fue el introductor de esta corriente y manifestó su arte no solo en la
pintura sino también en la arquitectura, de la cual fue su máximo exponente.

No sólo pinturas o imágenes estuvieron presentes en esta tarea. Esculturas de


diversos tamaños y retablos fueron herramientas imprescindibles para los
misioneros católicos.

II. ESCULTURA
Desde los primeros años de la conquista se trajeron al Perú muchas esculturas
sevillanas de carácter religioso destinadas, entre otras cosas, a apoyar la
evangelización de la población andina. Desenvuelve la práctica y el cultivo de la
confección de las imágenes religiosas como vírgenes y santos
Las esculturas de maestros sevillanos como Juan Martínez Montañés se
convirtieron en un modelo a seguir por los artistas del Perú colonial.

● Talla en madera: La mayor parte de las esculturas durante el Virreinato


eran de plata o madera. La piedra solo se utilizó para las fachadas de los
edificios de la administración virreinal, las universidades, las iglesias y
casas de gente importante.
El tipo que más destacó fue el de la madera tallada, lo que queda
demostrado en los techos de las iglesias menores y conventos coloniales,
así como en los siguientes tipos de trabajos:
1. Púlpitos: Consistían en una especie de plataforma elevada en la
parte lateral de la iglesia, desde donde el sacerdote pronunciaba sus
homilías. Todos los púlpitos coloniales estaban bellamente tallados.
Uno de los más hermosos es el de la parroquia de San Blas, en
Cusco.
2. Retablos:Eran grandes construcciones de madera, recubiertas en
algunos casos con pan de oro. Se encontraban detrás del altar o en
las capillas laterales de iglesias y conventos. En los retablos, se
representaban historias bíblicas o la vida de los santos. Uno de los
más importantes se encuentra en la catedral de Lima. Es el de San
Juan Bautista, realizado por Juan Martínez Montañés y traído desde
España.
3. Sillas para coros: Las sillerías contaban con respaldares totalmente
tallados con imágenes de santos o narraciones de historias sagradas.
Las muestras más importantes que se conservan en Lima están en los
conventos de San Francisco y Santo Domingo, y en la catedral de
Lima.

Entre los escultores más importantes tenemos en la sierra sur a Francisco Titu
Yupanqui y a Juan Tomás Tuyro Túpac. En la Lima del siglo XVIII destacó el
escultor mestizo Baltazar Gavilán, autor de esculturas funerarias y de La Muerte

Esculturas traídas a Lima durante el siglo XVII


La escultura española durante este período tuvo tres tendencias, las cuales por su
importancia marcaron escuela no solo es España sino también en Iberoamérica.
Estas fueron:

● Escuela castellana, Valladolid: Tiene su antecedente en escultores como


Alonso Berruguete, Juan de Juni (s. XVI) y Francisco de Rincón
(Representante máximo del Barroco temprano, destacando entre sus
obras su modelo de los Pasos Procesionales s. XVII).
● Escuela Andaluza, Sevilla: Sus precedentes son Juan Bautista Vásquez
“La Rectora” y Jerónimo Hernández y Martínez Montañés (s. XVI)
llamado el Dios de la Madera por la excelencia en su obra, fue el
representante máximo de esta escuela
● Escuela granadina de escultura: Esta escuela lleva el realismo al extremo,
pora lo cual usa artificios como ojos y lágrimas de cristal, vidrio en el
paladar, su objetivo es lograr el máximo realismo para conmover al
espectador.

III. PINTURA:

La pintura Colonial tuvo tres grandes influencias: la española, la italiana y la


flamenca como referencia el manierismo. Traído desde España al Nuevo Mundo
se forman talleres en las principales ciudades americanas, donde enseñan a
criollos, indios y mestizos. La pintura que realizaron los indígenas fue un Arte
religioso bajo la influencia de la catequización esto dio inicio a la
transculturización.

Características:

● Inspiración religiosa
● Preferencia por el arte del retrato
● Utilización de la pintura en fresco
● Uso de variedad de materiales: acuarelas, madera, óleo, cuero.
● Predominó la técnica de la pintura al óleo sobre lienzo.
● Se mantienen las técnicas y los modelos europeos.

En estos trabajos se nota la influencia del renacimiento italiano. La época de


mayor auge de esta tendencia fue cuando llegó al Perú el jesuita Bernardo Bitti.
Desde 1575 difundió su obra por todo el virreinato, a pesar de que su taller se
encontraba en Lima. Bitti fue el primero de una serie de pintores extranjeros que
llegaron al Perú para ponerse al servicio de la iglesia. Junto al maestro jesuita
Leonardo Bitti destacan, dentro de la corriente italiana llegada al Perú, Mateo
Pérez de Alesio y Angelino Medoro.

● Virgen de la Candelaria Obra de Italiano Bernardo Bitti del S. XVII


muestra los drapeados, características del renacimiento Italiano(Iglesia
San Pedro de Lima)
● Virgen inmaculada ,Anonimo, en la parte superior se aprecia a la
santísima Trinidad, cuyos integrantes comparten en el mismo rostro.
● Virgen de la Leche, Escuela Limeña

El barroco llegó al virreinato peruano con las pinturas encargadas por el


convento de Santo Domingo al gran pintor sevillano Miguel Güelles. Sus obras
reunidas bajo la serie La muerte de Santo Domingo tuvo un impacto profundo en
el medio limeño, pues su naturalismo e idealismo fueron las características
comunes en las pinturas locales del siglo XVII. Tuvo dos etapas:
1. Plenitud del realismo: tuvo sus mayores exponentes en España a
Velasquez, Zurbarán y José de Ribera llamada el españoleto.
2. Desarrollo pleno del Barroco: Se caracteriza por ser una pintura de
características mayormente italianas. Sus representantes fueron Valdés,
Leal y Murillo

IV. ORFEBRERÍA:

La platería es uno de los temas históricos artísticos más interesantes del arte
peruano, lamentablemente poco apreciado. Su inclusión dentro de la categoría
impropia de “arte menor”, junto a su poca divulgación y generalmente
restringido al ámbito productivo de la Colonia, no ha permitido reconocer su
innegable importancia artística y estética en el arte colonial.

● Cruz de plata (Convento de san Francisco)


● Detalle de una custodia de oro, angel (Iglesia Santo Domingo Cuzco)
V. ARQUITECTURA

Si bien la arquitectura colonial peruana nació a partir de modelos peninsulares y


europeos, con el devenir de los años logró afirmarse como una arquitectura con
personalidad propia, única en América. En la arquitectura colonial, como en la
pintura y la escultura, predominaron las construcciones religiosas sobre las
laicas.
Así, durante el siglo XVI, en todo el Virreinato del Perú se alternaron
construcciones de estilo renacentista con otras del gótico tardío, y era frecuente
hallar en edificaciones de ambos estilos techos de tipo mudéjar.

Características de la arquitectura colonial son:


● Empleo de arco en las puertas de entrada
● Uso de la bóveda
● Utilización de la columna.
● Variedad en la utilización de materiales : piedras, ladrillos y adobes.
● Tipos de construcciones: Grandes casas solariegas Edificaciones de
templos y conventos Fortificaciones militares.

Estilos arquitectónicos que influenciaron en la colonia:

● Estilo Barroco.- Implantado Entre los siglos XVII y XVIII se


caracteriza por lo recargado de la ornamentación, columnas abundantes y
gran empleo de cornisas Ejemplos San Francisco de Lima Palacio de
Torre Tagle Compañía de Jesús Cusco
● Estilo Churrigueresco.- Implantado en España por Don Juan de
Churrigere y que se caracteriza por las columnas retorcidas, adornos
recargados y concepción del lujo y riqueza con decorados en pan de oro.
Este estilo tuvo mucha aceptación en el Perú colonial y magníficos
Ejemplos: Templo de San Agustín La Merced de Lima.
● Estilo Rococó.-denominado también afrancesado sus características son:
Adornos en puertas y ventanas, balcones de líneas ondulante,
ornamentación moderada. Ejemplo: Iglesia de las Nazarenas
Los Alarifes
Los arquitectos y maestros de obras en la Colonia recibían el nombre de alarifes.
En el siglo XVI, la mayoría de los que trabajaban en el Perú eran de origen
español. Entre ellos sobresalió Francisco Becerra, gran impulsor del
Renacimiento y uno de los responsables de la construcción de la catedral de
Lima. Ya en el siglo XVII aparecieron alarifes nacidos en el Perú, como Manuel
de Escobar, responsable de la edificación del templo de San Francisco.

Las portadas de las iglesias conservan las formas clásicas italianas, a pesar de
que los alarifes tuvieron gran libertad para interpretarlas, haciendo hincapié en
un sentido bastante decorativo. Como indica Antonio San Cristóbal, acaso el
estudioso más importante de la arquitectura virreinal peruana, la portada lateral
de la iglesia limeña de San Agustín es una de las poquísimas portadas existentes
de Francisco Morales (alarife) que muestra en todo su esplendor sus formas
clásicas, propias del renacimiento tardío.
ARTE POPULAR

I. Introducción
Arte realizado por el pueblo y para el pueblo, generalmente de una manera
anónima con finalidad decorativa y con materiales simples y de escaso valor
material. Corresponde a un pueblo y a una delimitación geográfica, pero no a un
periodo histórico. El arte popular no tiene épocas y la continuidad de formas,
colores, temas y procedimientos son características propias. No se identifica la
persona del autor, pero puede clasificarse por escuelas o grupos locales.
En este arte se podrá apreciar los distintos tipos de soportes y técnicas aplicadas
en la historia del arte popular peruano, tales como, la cerámica, los mates, los
retablos, la talla en alabastro, la pintura campesina, la textilería, la madera
tallada, la orfebrería, t’anta wawas, Artesanías con materiales
alternativos, Arte Shipibo etc.

II. Del cuzco


El arte popular cusqueño es el resultado del encuentro de dos mundos, de la
fusión de la ancestral cosmovisión andina con la visión europea del mundo de
los siglos XIV y XV. Pero al valor de este resultado sincrético se le suma la
calidad, la técnica, la notable destreza propia de sus artesanos, en cualquiera de
sus expresiones: textilería, cerámica e imaginería, así como en la platería y la
cerería. 
No hay sitio arqueológico, ni pueblo donde no se ofrezcan hermosas piezas de
artesanía. Casi en cualquier lugar céntrico de la ciudad del Cusco se pueden
encontrar tiendas o vendedores ambulantes que las ofrecen, como en los portales
de la Plaza de Armas, por ejemplo.         

III. Retablo ayacuchano

Es una de las expresiones de arte más reconocidas y un ejemplo del alto nivel de
maestría que han alcanzado los artesanos de Ayacucho, en el Perú. La tradición
española de tener altares portátiles y nacimientos, también conocidos como
"belenes" fue muy bien acogida en el mundo andino. Estas cajas contenían
santos y otras efigies sagradas y eran usadas para cuidar las viviendas y a los
viajeros que las llevaban consigo. El antecedente más cercano al retablo actual
es el Cajón de San Marcos, patrón del ganado. Hasta ahora, el san marco se usa
para presidir el ritual de la herranza, o fiesta de Santiago, y para convocar a los
espíritus que viven en las montañas. Pero el retablo siguió evolucionando. En la
década de 1940, imagineros ayacuchanos e intelectuales limeños de la corriente
indigenista impulsaron el renacer de este arte.
El Museo de Arte Popular de Ayacucho surge a partir de la voluntad de don
Nicario Jiménez, gran maestro retablista, interesado en preservar las formas más
genuinas del arte popular de su tierra. En el Museo, no solo se expone la obra de
este singular artesano, sino aquellos objetos característicos de la tradición
artística ayacuchana como las cruces de camino, las tallas en piedra de
Huamanga, los mates burilados, los bastones, los objetos de cerámica de Quinua,
los de hojalatería, las tablas de Sarhua, las mantas multicolores, las máscaras etc.

IV. Mascaras en el Perú


La máscara constituye un elemento muy importante en el vestuario de las
danzas, además de ser un producto artístico sumamente expresivo. Es conocido
que las máscaras andinas representan en su mayoría personajes de la colonia, de
la República e incluso de la actualidad, de manera grotesca y burlesca, si bien es
cierto la máscara ejerce la sátira contra el dominador, también cumple una
función transformadora. No solo satiriza al dominador, sino que lo transforma,
desposeyendo de su poder…
De esta manera a través de la máscara se manifiestan identidades, tanto del
personaje como del individuo en relación al grupo humano que les rodea, así
mismo la máscara cumple una función transformadora, tomando alavés un
aspecto mediador entre dos mundos al mismo tiempo, el del personaje y la
identidad de la persona.
Las máscaras son gestos tradicionales de gran antigüedad que sobreviven gracias
a los acontecimientos, fechas o conmemoraciones, es un viejo patrimonio
salvado gracias al sentimiento de unos cuantos.
La máscara, sola, colgada en un clavo en la pared de una casa carece del  poder
que tiene, ya puesta y conformando un todo con el danzante, su traje, la música y
los movimientos propios. Entonces, ellas recién cobran vida, se posesionan de
los personajes y los transfiguran, como salidos de un mundo mágico…”
La máscara también afirma la identidad cultural de la comunidad. Es un arte
creado por el pueblo y al servicio de sus creencias, estas han sido elaboradas
generalmente en el anonimato, actualmente ya se conocen algunos artesanos
mascareros quienes extraen materiales de su propio entorno. Hojalata, cueros
curtidos y sin curtir, madera, maguey, cartón, papel, yeso, etc. buscando la mejor
expresión a sus macaras.
Mates
Los mates burilados están echos del fruto seco de la calabaza (Lagenaria
vulgaris) a la que previamente se le a extraído la pulpa , para grabarla se utiliza
el buril. Este antiguo arte se practica principalmente en las comunidades
campesinas de los Departamentos de Huancayo y Ayacucho y en menor
proporción en otros Departamentos.
Artesanía en piedra de huamanga
En el departamento de Ayacucho - Perú, hay abundancia de  Piedra de
Huamanga  (alabastro)  formada por sedimentos de origen volcánico, por lo cual
los artesanos la utilizan mucho, trabajando en ella desde esculturas hasta
preciosas miniaturas.

V. Tanta Wawa

Tanta wawa, wawa tanta o simplemente wawa es el bizcocho serrano por


antonomasia, tradicional en las ciudades de Puno, Cusco, Huancavelica y
Ayacucho. Su nombre viene de t’anta (pan) y wawa (niño), niños de pan, en
quechua.
Sobre todo, en el “Rincón de los muertos” (Ayacucho) hay la costumbre de
regalar y comer tanta wawas cada 1 de noviembre, día de Todos Santos. Es la
única fecha del año en la que se ven grandes cantidades de wawas, caballos,
trenzas y otras formas tradicionales de este pan. Si por estos días usted va a las
agencias interprovinciales que vienen de la ciudad de las 33 iglesias, lo
envolverá un olor dulzón a bizcochuelo, que llega en cajas. Los ayacuchanos
residentes y sus asociaciones en Lima y en el extranjero han seguido la
costumbre y con antelación hacen sus pedidos de tanta wawas para regalar a sus
amigos y familiares. Uno de los que tiene más pedidos es Saturnino Guerra
Quispe, un panadero ayacuchano de 73 años de edad que ha sido reconocido en
varios concursos de tanta wawas. Sus suaves bizcochos también han hecho
delicias en los festivales que ha participado: en Italia, Alemania, Estados
Unidos, Brasil y Argentina.
Explica que la tradición en Huanta es que las wawas se remojen ligeramente en
un vino tinto oporto para apreciar mejor su sabor. Aunque hoy más se consume
con una buena taza de leche con chocolate. Tradicionalmente, uno regala t’anta
wawas a sus comadres yt'anta caballos a sus compadres o a los aspirantes de
ellos. Los niños y jóvenes también regalan wawas, con lo que establecen así
futuros lazos de compadrazgo, siguiendo la tradición. En Huanta, a diferencia de
Ayacucho, no se utilizan las harinas de arvejas y habas, solo harina de trigo
combinada con harina del norte, también por una cuestión de costos. Pero esta
mezcla permite que la masa no necesite del palito de carrizo que a modo de
columna vertebral se pone en las masas ayacuchanas para que no se desarme la
tanta wawa. Todavía se pueden ver algunos hornos tradicionales que a leña
cocinan las t’anta wawas. Pero a leña o en horno industrial, como dicen, el
secreto está en las manos, en el amor que se pone para este bizcochuelo, que en
Ayacucho es símbolo de la amistad.

VI. Arte shipibo

Antiguamente los shipibo-konibo sembraban algodón en sus chagras, hilaban y


tejían las telas; empleaban colorantes naturales para pintar los diseños en las
faldas, “cushmas” y coronas. Las artesanas no emplean ningún instrumento para
medir los trazos, no hacen maquetas ni borradores. Se colocan frente a una tela y
comienzan a plasmar diseños guiándose por las visiones de sus pensamientos.
Los trazos representan un armazón de caminos por los que los seres viajan
comunicándose entre sí y transportando conocimiento, objetos y poderes.
Actualmente las mujeres shipibo emplean diversos métodos de trazado del kené.
Algunos son pintados con barro y corteza de nogal, utilizando una astilla de
madera o un pincel, sobre telas industriales. Otros son bordados con hilos de
colores y cosidos como aplicaciones; también se encuentran hechos en telar con
hilos de algodón de diferentes tonalidades para componer tejidos de diversos
tamaños, paños y pulseras.

VII. Cerámica Chulucanas

Ésta técnica es la principal característica que distingue a los artesanos de


cerámica de Chulucanas y que fue redescubierta por Gerásimo Sosa en 1978
para volverla a utilizar y ponerle el sello de distinción a sus obras. Los artesanos
de Chulucanas adoptaron la técnica del Paleteo de los antiguos hombres de
Tallan para modelar las vasijas. Método que se realiza utilizando una paleta de
madera y una piedra redondeada.
Una vez realizado el modelado, se procede al bruñido con piedras de río. Hasta
este punto la cerámica es hecha íntegramente a mano
Luego las piezas son colocadas en hornos de leña donde se queman a altas
temperaturas. Los hornos por supuesto son construidos de forma artesanal por
los propios alfareros
La Cerámica de Chulucanas es una representación artística y cultural que
encierra la historia de un antiguo pueblo en su realización, algo que debemos
aprender a valorar no solo por el trabajo que se toma sino por el tiempo que cada
una de las piezas es concebida en la mente del artista.

VIII. Cerámica de quinua


Quinua es un pueblo que está ubicado en la provincia de Huamanga, Ayacucho,
Perú. Allí se encuentra una producción de cerámica de alta calidad. A la
cerámica que proviene de esa región se le llama cerámica de Quinua. Se usa la
arcilla conocida como llinco, de color rojizo y crema. Los ceramistas de Quinua
se especializan en objetos de uso ritual, pero también elaboran menaje
doméstico. Las piezas más representativas de la cerámica de Quinua son las
iglesias, que en el imaginario andino protegen las viviendas de los malos
espíritus. También son comunes los toros de Quinua, que se colocan en los
techos para proteger las casas de los rayos y también cuidar el ganado. La venta
de cerámica es el principal ingreso de las familias de Quinua. La cerámica tiene
en Quinua un origen mágico que forma parte de la tradición de esta comunidad
de artesanos Ceramios muy coloridos con motivos costumbristas o vasijas
utilitarias que sirven como ollas y maceteros de gran calidad producen los
ceramistas de Quinua. Ellos venden su producción en Ayacucho y otros lugares
del Perú, y ahora piensan aprovechar el auge de las exportaciones peruanas para
llevar su arte al mundo.

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