INSTITUTO SUPERIOR PEDRO FRANCISCO BONÓ
ESTÉTICA
Estudiante: Juan José Alfaro Calvo.
Profesor: Ingrid Luciano Sánchez.
Reporte de lectura: Poética - Aristóteles
Aristóteles inicia su texto afirmando que la epopeya y poesía trágica, así como la comedia, la ditirámbica, la aulética y la
citarística, en conjunto, son imitaciones. Pero que se diferencian entre sí por tres cosas: por imitar con medios diversos, o
por imitar objetos diversos, o por imitarlos diversamente y no del mismo modo. Los diferentes medios empleados en la
imitación son el ritmo, el lenguaje y la armonía. Entonces la imitación puede hacerse con medios diversos, por motivos
diversos y puede referirse a diversos objetos. Según Aristóteles el arte que imita sólo con el lenguaje, en prosa o en verso,
carece de nombre hasta ahora -pero sería lo que conocemos como literatura-.
El Estagirita nos dice que se puede imitar bien a personas superiores, como sucede en la epopeya y en la tragedia, o bien a
personas comunes o inferiores, como sucede en la comedia. Respecto al modo se puede imitar narrativa o dramáticamente,
este último modo representa los hechos poniéndolos en boca de un personaje, como sucede en la comedia y en la tragedia.
Según nuestro filósofo la poesía tiene dos causas, la primera surge de la actitud natural del ser humano de tender a imitar la
realidad. La segunda es el regocijo que producen en la naturaleza humana las tareas miméticas. Entonces siéndole al ser
humano natural el imitar, engendro la poesía partiendo de las improvisaciones. La poesía, se dividió en dos grandes clases.
Los poetas de alto espíritu -la tragedia- y los poetas inferiores -la comedia-. Aristóteles hace mención especial a la figura de
Homero, a quien considera el autor de la tragedia, así como de la comedia. A continuación, se hacen algunas
consideraciones generales acerca del origen y características de la comedia y la tragedia.
En el capítulo VI Aristóteles expone su definición de tragedia, que es para él: La imitación de una acción esforzada y
completa, de cierta amplitud, en lenguaje sazonado, separada cada una de las especies en las distintas partes, actuando los
personajes y no mediante relato, y que mediante temor y compasión lleva a cabo la purgación de tales afecciones. Una vez
definida la tragedia, se exponen las seis partes que la componen: la fábula, los caracteres, la elocución, el pensamiento, el
espectáculo y la melopeya. La tragedia consiste en la imitación no de objetos particulares externos, sino de acciones
humanos, de la felicidad y desdicha humanas, por lo tanto, el fin de la misma es una acción, no una cualidad. Los
protagonistas de las tragedias tienen cualidades, pero es en sus acciones donde se produce la felicidad o desdicha. De suerte
que los hechos y la fábula estructura de los hechos- son el fin de la tragedia, y el fin es lo principal en todo.
El Estagirita afirma los medios principales con que la tragedia seduce al alma son partes de la fábula, acá se refiere a las
peripecias y a las agniciones -reconocimientos-. La tragedia es, en efecto, imitación de una acción, y, a causa de ésta, sobre
todo, de los que actúan. La acción se expresa por medio de discursos retóricos donde es excluido el carácter -es la
revelación del propósito moral de los protagonistas-. El pensamiento consiste en saber decir lo implicado en la acción y lo
que hace al caso. El cuarto elemento verbal es la elocución, esta es la expresión mediante las palabras.
Para Aristóteles las tragedias son imitación de una acción completa y entrera, de cierta magnitud -que tenga una extensión
que pueda recordarse fácilmente-, por lo tanto, toda tragedia debería de tener, al menos, tres partes: inicio, desarrollo y
desenlace. La fábula tiene unidad nos dice nuestro filosofo, que consiste en no incluir todo lo que acontece a un héroe, sino
que debe narrar solamente aquello que, de no estar presente, alteraría la coherencia de la misma.
Según Aristóteles, el poeta se diferencia del historiador en que el segundo dice lo que ha sucedido, mientras el poeta dice lo
que podría suceder. El poeta debe ser artífice de fábulas más que de versos, ya que es poeta por la imitación, e imita las
acciones. El Estagirita divide a las fábulas en dos, simples y compuestas. Una acción es simple cuando el cambio de fortuna
no incluye los elementos de la peripecia ni agnición -reconocimiento-, y compuesta si lo incluye.
A continuación, nuestro filósofo define peripecia como el cambio de la acción en sentido contrario -como el caso de Edipo
Y Linceo-. La agnición -reconocimiento- por su parte, es un cambio desde la ignorancia al conocimiento, por amistad o por
odio, de los destinados a la dicha o al infortunio. La peripecia siempre suscita o bien temor o bien compasión, que son las
acciones fundamentales para representar en la tragedia. Además, también el infortunio y la dicha dependerán de tales
acciones. Finalmente tenemos el lance patético, es una acción destructora o dolorosa, por ejemplo, las muertes en escena,
los tormentos, las heridas y demás cosas semejantes.
Ahora, Aristóteles enumera las partes de la tragedia desde un punto de vista cuantitativo, prólogo, episodio, éxodo y parte
coral. Advierte acá nuestro autor, que la composición de la tragedia más perfecta no debe ser simple, sino compleja, y al
mismo tiempo imitadora de acontecimientos que inspiren temor y compasión. Una buena fábula no ha de pasar de la
desdicha a la dicha, sino, al contrario, de la dicha a la desdicha; no por maldad, sino por un gran yerro. Explicita el
Estagirita que el temor, y la compasión pueden nacer del espectáculo, pero también de la estructura misma de los hechos, lo
cual es mejor y de mejor poeta. La fábula, debe estar constituida de tal modo que, aun sin verlos, el que oiga el desarrollo
de los hechos se horrorice y se compadezca por lo que acontece. El poeta debe proporcionar por la imitación el placer que
nace de la compasión y del temor, por lo tanto, estos hay que introducirlos en los hechos.
En cuanto a los caracteres, hay cuatro a las que se debe aspirar. La primera y principal, que sean buenos. Lo segundo que
sea apropiado, en ese sentido no es adecuado a una mujer ser varonil o temible. Lo tercero es la semejanza. Lo cuarto la
consecuencia. Lo correcto, por tanto, en los caracteres, así como en los incidentes del drama es buscar siempre lo necesario
o lo probable en consecuencia de su carácter. Evidentemente también el desenlace de la fábula debe resultar de la fábula
misma.
Según Aristóteles toda tragedia tiene nudo y desenlace. El nudo llega desde el inicio hasta aquella parte que precede
inmediatamente al cambio hacia la dicha o hacia la desdicha, y el desenlace, desde el principio del cambio hasta el fin.
Nuestro filósofo distingue cuatro tipos de tragedia: la compleja, la patética, la de carácter y la de espectáculo.
Luego de haber tratado la fábula y los caracteres, Aristóteles quiere hablar de la elocución y del pensamiento. Le
corresponde al pensamiento todo lo que debe alcanzarse mediante las partes del discurso, o sea, los efectos que se pueden
producir por medio del lenguaje -compasión, temor, ira, piedad, etc.-. La elocución es la “expresión mediante las palabras”,
tampoco es un arte propio de la tragedia, sino de los actores. Sus modos son el mandato, la súplica, la narración, la
amenaza, la pregunta y la respuesta.
En el capítulo XX aborda Aristóteles las partes de la elocución, que son: elemento, sílaba, conjunción, nombre, verbo,
artículo, caso y enunciación. En el capítulo XXI, el Estagirita explica en qué consiste la metáfora, y dice: “Metáfora es la
traslación de un nombre ajeno, o desde el género a la especie, o desde la especie al género, o desde una especie a otra
especie, o según la analogía.” Por lo tanto, la metáfora consiste en dar a un objeto un nombre que pertenece a otro. En el
capítulo XXII nuestro filósofo afirma que la excelencia de la elocución -dicción- consiste en que sea clara sin ser baja. Lo
que más ayuda a este último fin es el uso de formas de palabras alargadas, breves y alteradas. En cuanto a la imitación
narrativa y en verso, es evidente que se debe estructurar las fábulas, como en las tragedias, de manera dramática y en torno
a una sola acción entera y completa, que tenga principio, partes intermedias y fin. Acá Aristóteles establece una
contraposición entre la épica y la historia; donde la historia no posee la unidad de la primera, la cual, como ocurre en la
Odisea de Homero, se centra en una sola acción.
Aristóteles nos afirma que la epopeya puede dividirse en los mismos géneros que la tragedia. Pero la epopeya se distingue
por la largura de la composición del verso. La epopeya o épica tiene la ventaja de poder narrar varias historias
simultáneamente. Realiza el Estagirita otra distinción mientras en la tragedia se busca lo maravilloso, la épica deja espacio
para lo improbable. Según nuestro filósofo, una fábula debe dejar fuera todo lo irracional.
En el capítulo XXV Aristóteles nos dice que el poeta es un imitador, y que necesariamente imitará siempre las cosas en uno
de los tres siguientes modos: 1. Cómo eran o son las cosas. 2. Cómo se piensa o se dicen que son. 3. Cómo deberían ser.
Esta imitación la realiza el poeta haciendo uso del lenguaje, y su principal herramienta es la metáfora.
En el último capítulo, el XXVI, el Estagirita problematiza la superioridad o inferioridad de la tragedia frente a la epopeya.
Se podría argumentar que la tragedia es inferior, pues está destinada a un público vulgar que no entiende la epopeya. La
epopeya por su parte no necesita acompañamiento de gestos, pues va dirigida a un auditorio cultivado. Dice Aristóteles que
no es inherente a la tragedia el uso de gestos; y que la tragedia es superior porque tiene todos los elementos de la épica y,
además, la música y el espectáculo, los cuales son medios eficacísimos para deleitar