Tesis Maestría en Filosofía Nelson Hurtado Ordoñez
Tesis Maestría en Filosofía Nelson Hurtado Ordoñez
PRESENTADO POR:
1
“LA CONFORMACIÓN ESTÉTICA DEL HOMBRE.
ELEMENTOS PARA UNA VISIÓN ANTROPOBIOLÓGICA DEL ARTE”
PRESENTADO POR:
NELSON ADOLFO HURTADO ORDOÑEZ
DIRIGIDO POR:
Ph.D. WILLIAM M. GONZALEZ VELASCO
Introducción ……………………………………………………………………………… 6
B. Arte y subjetividad……………………………………………………………107
Bibliografía……………………………………………………………………………… 159
INTRODUCCIÓN
“Un animal lo es ya todo por su instinto; una razón extraña lo ha provisto de todo.
Pero el hombre necesita una razón propia; no tiene ningún instinto,
y ha de construirse él mismo el plan de su conducta.”
Inmanuel Kant “Tratado de pedagogía”
filosófica nos puede ofrecer en función de problematizar la idea del arte, en particular, nos
acercaremos desde una antropología que por principio estructura sus premisas desde la
sociólogo alemán Arnold Gehlen. Orientaremos este análisis en una perspectiva estética
amplia, de tal manera que nos sea posible un acercamiento al arte sin soslayar las
de manera corriente, se encuentra referida a un tipo de experiencia, bien del orden sensible
o bien espiritual, sobre objetos y situaciones específicas del llamado “mundo del arte”, a
el sentido del fenómeno estético muchas veces en la convención social y cultural; o bien
relatos estos que asumen una autonomía que se pone por encima del planteamiento
antropológico, evadiendo toda pregunta que podría caberle en relación a su injerencia en las
6
Los elementos de este análisis se pondrán en relación crítica con la concepción dominante y
una mercancía, con metas y horizontes desatados por su propia posibilidad de ser, de modo
que la vida le resulta siendo un “motivo” más entre otros tantos de los que se ocupa.
Situándonos un poco más atrás de las prácticas modernas del arte, los cuestionamientos
enunciación de las preguntas y las respuestas sobre el arte y la estética misma; tal vez de
este modo nos sea posible apropiar nuevos elementos para confrontar las razones por las
animar en él un humanismo esencial. No nos es extraño ―por esta misma razón―, que
encuentren referidas o emparentadas en su raíz, a gran parte de la historia del mundo judeo-
cristiano; relación que, más que ponderar las positividades a que dan lugar esos encuentros
determinaron entre otras, la concreción de formas y estilos artísticos, de los cuales toma
7
partido la historia del arte. Por su parte, la filosofía del arte no ha dejado de ver en estos
fundamentan la belleza, aquella que en el arte acusan las más selectas sensibilidades. Visto
ocultamiento de las obras, la emergencia del museo, entre otros aspectos. Lo que no
revelarnos en la forma del fenómeno artístico, del fenómeno creador, y aún en la obra, el
En oposición a esta tradición, estructuraremos una idea del arte que nos permita
comprender su papel en la efectuación del mundo que nos corresponde, del mundo que
correspondería al arte como acción «productora», en la tarea por la cual el hombre se hace
hombre, y el mundo se hace mundo de los hombres. Nuestra hipótesis estaría cifrada en un
primer momento, en que el arte como acción que interviene en la existencia —digámoslo a
una prolongación de lo real humano; producción que en este sentido estaría en relación
8
movimiento que no es otro que el de la complejidad y necesidad: necesidad de hacerse un
mundo, necesidad que tiene el hombre de hacerse hombre, y necesidad de hacerse una idea
Vinculamos el arte de manera directa con la acción productora, porque no nos interesa
de perseverar en la existencia se trata. No cabe duda que las representaciones que sobre el
arte se hace el hombre han movilizado su posibilidad de ser y lo constituyen, allende que
cuál es la idea del hombre como organismo inteligente1 que “efectúa algo en el mundo,
1
Para Gehlen la acción del hombre es acción de un organismo inteligente, por ello el concepto de inteligencia
otorga un sentido ampliado de la biología del hombre, puesto que se trata de una biología que se constituye en
interrelación con el entorno. Esta apertura nos ubica en el estricto sentido de lo práxico —subrayando el
carácter constitutivo relacional—, y no desde la estreches de una dinámica naturalizada (mecánica) de lo vivo
en general.
9
introduce un cambio, le otorga finalidad, interviene”; enunciado que, como se hace
evidente, nos pone en radical distancia con respecto a la estética entendida como instancia
en la que se busca aprehender un universal (lo bello o la belleza, la totalidad, etc.), tal como
que corona más allá de toda evidencia las realizaciones del hombre.
Sabemos que en el siglo XVIII, la estética surge como el estudio de las sensaciones en
asigna su lugar en el ámbito de la sensibilidad. Esto querría decir, que un estudio estético
constituyente del hombre y por supuesto, de su mundo humano. Así entonces, se hace
necesaria una consideración estética capaz de abarcar toda acción por la cual, el hombre, a
la vez que “delimita” e introduce el mundo en "forma", establece de manera simultánea sus
hombre, ha sido conducido hacia la forma de una entidad autónoma, causa eficiente que ha
10
dado lugar a un torrente de preguntas y afirmaciones autorreferenciales, que versan sobre su
hombre. La necesidad del arte y sus realizaciones, creemos no pueden ser desatadas de la
relación al ser humano como organismo inteligente, para lo cual hemos de arribar en
sentido estricto a una estética antropológica y no a una estética teorética que, parafraseando
Gehlen, la comparación del ser humano con el animal, el arte se nos presenta entonces
como la expresión conceptual de la ruptura del “círculo funcional” que caracteriza a los
poseer como los animales una preadaptación hereditaria a las reacciones que deben
11
debe orientarse. En esta perspectiva, el arte afirma rotunda y paradójicamente en la
experiencia estética —o trágicamente— la apertura del hombre como ser no fijado, lo cual
realiza mediante acciones que han escalado la necesidad vital de fijación (gestos,
compensatorios (las obras de arte), sino que se constituye (en un movimiento de reflexión
movimiento legítimo al carácter excéntrico del organismo humano, así mismo como a la
humana.
biológicas que lo determinan, lo sitúan en una oscilación entre lo posible y lo actual, nunca
algo definido de una vez y para siempre. Visto en la acción específica de sus actividades
12
mundanas, puede ser comprensible a partir de dos aspectos diferenciables en cada
de una cultura, lo cual es muy propio de la estética y las teorías modernas del arte.
gnoseología inferior que disputa la porción sensible del conocimiento humano, pasa aquí a
ser la forma de referirnos a las condiciones de posibilidad del ser práxico, que se expresa
principio, como una conformación que se pone como “profundidad”, al menos así la
entendemos si acogemos la afirmación que Gehlen toma de Heisenberg cuando refiere que
13
separados, los cuales, por decirlo así, se conexionan entre sí en un espacio abstracto detrás
de los fenómenos” de tal manera que “todo conocimiento, en cierta manera, ha de estar
suspendido sobre una profundidad sin fondo”»2. Las funciones superiores (fantasía,
lenguaje, pensamiento, etc.) en Gehlen toman lugar como necesidades vitales, por tal razón
No se trata de explorar el sentido nietzscheano del dominio del arte sobre la vida, como
la estética como una vía por la que podemos describir el camino antropológico que traza la
natural y los procesos de producción que requiere nuestra biología carencial para
enfrentarlas; acción que hace visible el mundo del hombre en el juego de orientación,
2
GEHLEN, Arnold. El hombre. Su naturaleza y su lugar en el mundo. Ediciones Sígueme, Salamanca, 1987.
p. 21
14
la existencia, y su expansión en función del juego de las posibilidades, es la afirmación
humana, partiendo de la idea que la acción en sentido pleno asume un complejo relacional
que se sobrepone a los dualismos y que tiene su núcleo en la forma del saber-hacer con el
que Gehlen entiende la experiencia. El complejo humano a la vez que asume y elabora la
sobrecarga de percepciones que le asaltan, se conforma como tal y hace lugar a sus
contiene la idea del hombre como tarea para sí mismo en continua auto-actividad, así las
cosas posibilidad no significa azar. Para ilustrarlo con Gehlen, se trata del “ciclo activo”
un proceso cíclico de reflexión propio de toda actividad, las acciones tendientes a modificar
3
Ibid. Pág. 212
15
buscamos más bien dar cuenta de la transformación que acontece en este ciclo de la auto-
Lo que Arnold Gehlen llama la "industria" de sí, nos permite elaborar la dimensión estética
singular de la naturaleza que es el hombre, y el otro la tarea singular que es el hombre para
sí. El arte visto desde esta óptica, sería una de las rutas por las cuales el hombre se da el
mundo en tanto toma de posición dialogante con su propia condición. Decimos dialoga,
en tanto que carente y precario biológicamente, así, la técnica y el lenguaje serían los
“…el hombre se hace posible todo lo que no está a su alcance, utilizando en cada
situación problemática de la vida, instrumentos “extranaturales” con relación a su
dotación biológica de origen (…) En la cultura el hombre se da el “entorno etológico
que no poseía, o de manera más exacta, el mundo (como decía Max Scheler) en el cual
16
activa sistemas de transformación indirecta que lo descargan de lo que no puede
realizar directamente”4
especificidad del arte, puesto que, si bien el arte hace parte de sus relaciones constitutivas,
cuanto condensa para su propia actividad todos los elementos que han escalado en la
cultura como sistemas de transformación indirecta (el movimiento corporal, los útiles
mismo (como imagen en la pintura, como sonido en la música, como forma en la escultura
y la arquitectura, etc.), a la vez que hace referencia y se dirige en otro orden (distinto al de
la representación) a la condición humana, no por otra razón sino por la fuerza que le asiste
4
GONZALEZ, William. El hombre problema. Retardación y Neotenia. Fundación Filosofía y Ciudad.
Universidad del Valle. 2007. Páginas 37 y 38
17
al arte de indicar la naturaleza como máxima potencia creadora. Es en este punto donde el
El acto de crear se ha visto como una capacidad exclusiva de los artistas, a la vez que éstos
serían los únicos seres habilitados para hacer emerger lo nuevo y lo inimaginado. Si bien a
relacionado con lo excepcional, se trata de darle como hemos dicho, el lugar que le
idea del arte lejana críticamente de los emparentamientos a los que ha sido proclive la
sociedad moderna y contemporánea, toda vez que al arte se le asigna un lugar entre las
categorías del status social, provocando además su mutación política, y cuando no, se le ha
concepción que del arte se ofrece al tomar en consideración los estudios experimentales de
la biología del hombre. De entre ellos, profundizaremos la idea en torno al riesgo que
significa el arte para el sistema de instituciones, sobre las cuales se entiende, se erigen los
que nuestro análisis intenta precisamente situarse en el orden de una reflexión estética
18
respecto a la cual, el arte se incorpora en la serie de condiciones constituyentes del hombre,
bien como horizonte, bien como vuelta crítica sobre sí mismo, lo cual, si bien puede ser
contrario según Gehlen al sistema institución que se estructura como orientación para
contrarrestar la falta de fijación del hombre, no significa que deba asumir un sentido
filosófica de Gehlen, la cual asume el carácter “no fijado” del hombre, definición que,
estructurada desde la óptica biológica, filosóficamente entrega una idea del hombre como
“Así lo vio Nietzsche, cuando llamó al hombre «el animal todavía no afirmado» (XIII,
276). Tales palabras son exactas y con razón tienen un doble sentido. En primer lugar
significan, que todavía no hay ninguna explicación de qué sea el hombre; y en
segundo lugar, que el ser humano está en alguna manera «inacabado», no está
«establecido con firmeza». Ambas afirmaciones son acertadas y podemos admitirlas.”5
5
GEHLEN, Arnold. El hombre. Su naturaleza y su lugar en el mundo. Ediciones Sígueme, Salamanca, 1987.
Págs. 10-11
19
Semejante definición, es la más afortunada cuando se trata de acercarnos a una
continuo y renovado comienzo; como lo dice acertadamente Ernst Bloch en una apreciación
antropológica “los hombres siempre comenzamos con las manos vacías”6. Desde el arte, la
6
Citado por JIMÉNEZ, José. La estética como utopía antropológica. Ediciones Tecnos. Madrid, 1983, p. 45
20
I PRIMER CAPÍTULO
21
I. La antropología como problema filosófico.
Decir que es necesario hacerse una imagen del hombre podría ser una expresión muy
general, en oposición a decir que es necesario definir conceptualmente una idea del
en relación a la idea en tanto concepto, siendo este último, la herramienta intelectual con la
que se aborda la estructuración densa, lógica y aprehensible del complejo que llamamos
razón a que, la antropobiología filosófica de Arnold Gehlen, si bien da cuenta del hombre
22
comprender la estructuración que el hombre hace del mundo, sino más bien su
La imagen tendría que ver con la pertinencia de posibilitar una orientación afín con la
viviente llamada hombre, que se hace a la vez que se pregunta por lo que es, y es de
acuerdo a la manera en que se pregunta. De ahí que encontramos entre las primeras
argumentativa, que busca precisar los sentidos desde donde se erige la antropobiología
filosófica como idea e imagen del hombre. Tenemos entonces estas dos premisas:
puramente teórica.
que establecen una clara diferencia en su comportamiento con relación a hechos reales.
Para converger positivamente estos dos elementos en el intento por determinar la esencia
23
“…existe un ser vivo, una de cuyas propiedades más importantes es la de tener que
adoptar una postura con respecto a sí mismo, haciéndose necesaria una “imagen”,
una formula de interpretación. Con respecto a sí mismo significa: con respecto a los
impulsos y propiedades que percibe en sí mismo y también con respecto a sus
semejantes, los demás hombres, ya que el modo de tratarlos dependerá de lo que
piensa acerca de ellos y de lo que piensa acerca de sí mismo. Pero esto significa que el
hombre tiene que dar una interpretación de su ser y partiendo de ella tomar una
posición y ejercer una conducta con respecto a sí mismo y a los demás, cosa que no es
tan fácil.”7
posibilidad de una concepción total del «hombre» como objeto inequívoco para una
antropología. Vemos que las pesquisas de la antropología en este sentido, tendrán lugar en
antropológico; idea por cierto cercana al arte, en la medida en que éste contiene el esquema
posibilidad.
7
GEHLEN, Arnold. El hombre. Su naturaleza y su lugar en el mundo. Ediciones Sígueme, Salamanca, 1987.
Págs 9 – 10.
24
La intuición y la sugerencia atribuidas a la imagen, no son una sospecha vuelta
la cual está compelido el hombre, siendo ésta una suerte de interfaz que permite la
complementada una y otra vez, de ahí que Gehlen exprese que “El hombre es un campo de
fenómenos antes nunca vistos y a los que todavía no se ha dado nombre”8. Gehlen delimita
con precisión en la acción, el marco en el que deben producirse las afirmaciones respecto a
cuanto el hombre está «abierto al mundo». Así tiene lugar en Gehlen, una estimación
8
Ibid. Pág. 11
25
Como elemento inicial en la fundamentación que hace Gehlen de la antropobiología, está el
unilateral y reducida que cada uno abandera sobre la experiencia. Para Gehlen la
de la vida” que nos pone a la altura de las exigencias y demandas sorpresivas, y que de
suyo nos permite asumirlas con decisión, voluntad inequívoca y ejecución versátil; no se
trata en modo alguno de la experiencia entendida como rudimento que debe desembocar en
dualistas de base metafísica en torno al hombre, esto es, aquellos que conciben al hombre
conformado por una espiritualidad sustancial e inmortal abstraída del mundo, y de otra
parte un cuerpo material. Los hechos de análisis a que apela el autor, nos dice, debe quedar
sale a uno a cada paso y, si trata de librarse de él, se le aparece en forma de objeción”. Tras
la ruptura con toda suerte de dualismo, así como con las posturas insolubles de la
metafísica, surge en estricto sentido la antropología filosófica. Mediante esta ruta crítica,
Gehlen busca instalarse en un punto en el que le sea posible tomar como referentes de
26
partida, aspectos observables y constatables en relación al estudio del hombre, en el que su
naturaleza con fines útiles al hombre, es menester concebir a este como un “ser
primordialmente activo”.
En resumen, lo que hasta aquí se puede decir es que: el hombre está determinado como ser
activo, puesto que está abierto al mundo, así se entenderá que el hombre está obligado a
actuar debido a su innegable e indelegable condición “de ser impresionado por una
preceptos a partir de los cuales se da asiento a las posibles respuestas motivadas por las
preguntas de la antropología filosófica, abren una tarea en relación a la cual, una imagen
La imagen a la que alude Gehlen, y de la cual queremos sacar partido, estará siempre en los
bordes entre lo deseable y lo necesario, de ahí que para nuestra reflexión tenga importancia
acercar estos planteamientos al arte, puesto que su relevancia, estaría en obtener así, la
9
GEHLEN, Arnold. Antropología filosófica. Del encuentro y descubrimiento del hombre por sí mismo. 1993,
Pág. 32
27
mayor densidad posible del concepto de «apertura al mundo», antes que definir el
funcional merced a una carencia. Terminemos este apartado introductorio con una cita en la
que Gehlen, no puede sino coquetear tímidamente con esta cercanía entre el arte y la idea
de una antropología filosófica, visión que como veremos, el autor por razones que
antropología.
“Por eso, dentro del tema «experiencia» es justificado hablar también del
carácter, ya que éste pertenece a ese gran complejo de posiciones de principio
que hay que formar en muchos niveles para enfrentarse al mundo, complejo del
cual he descrito aquí algunos aspectos. Se trata propiamente de vivir dentro del
marco de tales principios preservados, definidos y excluyentes. En esto
consiste, para usar las palabras de Goethe, la «obra de arte» que es nuestra
vida, todo lo cual se explica por este rasgo esencial: el ser humano no vive,
sino que dirige su vida a partir de experiencias y aptitudes que él mismo ha
asimilado y cultivado y de las cuales dependen inclusive el desenvolvimiento de
los procesos vitales de su cuerpo.”10
10
Ibid. Pág. 53
28
B. El planteamiento biológico en la antropobiología filosófica.
planteamientos que Gehlen elabora con base en la comprensión biológica del hombre.
En este sentido, hay que recordar que Gehlen toma de Scheler además de la idea del
hombre como ser abierto al mundo, un aspecto que es relevante, a saber, la comparación del
ser humano con el animal, y no precisamente desde la escala valorativa que legó la teoría
evolucionista, por la cual, el hombre estaría en el extremo más elaborado del “desarrollo”
orgánico y racional. Se trata como bien lo dice Gehlen, de asumir la condición del hombre
como un organismo vivo que existe junto a otros en el mundo, pero el cual se define por su
“posición especial”, que es necesario intentar comprender desde el hombre mismo, a partir
posiblemente capaz de iluminar las razones por las cuales “nunca nos asalta la duda de si un
11
GEHLEN, Arnold, El hombre. Su naturaleza y su lugar en el mundo. Ediciones Sígueme. Salamanca 1987,
pág. 12
29
El rastreo antropobiológico que realiza Gehlen no parte como pudiéramos figurarnos, de la
descripción dogmática o recurrente de lo biológico, esto es, haciendo una referencia directa
sobre la constitución orgánica y corporal del hombre. El ejercicio de Gehlen por poner en
desde la búsqueda de respuesta al sentido de esa “necesidad que tiene el hombre de darse
una interpretación”, lo que ocupa un lugar muy sugerente y singular, frente a cualquier otra
comunicación, etc.
El asunto es que para el hombre, no es clara la razón por la cual le es indispensable llevar a
cabo dicha interpretación, como no le es clara la tarea que con ello da cumplimiento, no
obstante, ante cualquier riesgo especulativo, hemos de decir que los motivos, cualquiera
30
refiere al hombre como un ser en cierto modo12 “inacabado” por cuanto es un ser que está
situado ante sí o ante ciertas tareas que le habrían sido dadas por el mero hecho de existir,
pero sin resolver13. Como podemos observar, en estas formas de enunciación, se comienza
Tener que dar curso ineludible a la tarea inacabada de darse una interpretación de sí mismo,
es algo que está ligado a la existencia del hombre, por ello, dice Gehlen, esta indigencia ha
concepción total del mismo, capaz de distinguirlo de todo otro ser, en particular de los
animales, los cuales, en el decir común, son referidos siempre como la contraparte de lo
humano, es decir, son lo no humano, o bien, una especie de antecedente primitivo del
hombre en los que se encuentran rasgos que, tomados de manera aislada parecen
12
Debe tenerse presente que para Gehlen, si bien la definición del hombre como “ser carencial”, ha sido
acuñada desde Herder, y se ha establecido con fuerza gracias a su carga de sentido, ésta no cuenta con su total
aprobación, acoge más bien con rigor la “retardación” o retención de rasgos de la primera infancia, lo que
creemos, obedece a que en esta se define un principio más denso en el sentido del despliegue biológico,
experimental y explicativo, en tanto que en la primera, su valor transitorio tiene que ver con lo sugerente y
paradójico de saber al hombre como una suerte de animal “sumamente imperfecto e incluso imposible”. Esta
posición en relación a las dos concepciones puede encontrarse en su libro Antropología filosófica, páginas 33
y 36 de la edición aquí citada.
13
GHELEN, Op. cit. Pág. 10
31
oposición a toda idea evolutiva que trace lazos de procedencia del hombre con respecto al
animal. Si en este punto nos hemos llamado a engaños, es porque se carece de una visión
total del hombre que conjugue desde diversas ciencias, lo que en relación al hombre mismo
permita que “todas las características y actividades esenciales humanas, internas y externas
tuviesen una conexión (…) visible desde un solo punto de vista (…) en todo caso debería
imposibilitar que un solo rasgo característico (la «razón», la mano, la posición erecta, el
marco general comparativo entre el hombre y el animal, como hemos dicho, en distancia
rotunda tanto con la postura evolucionista, como con aquella que pretende partir de lo
corporal para “captar desde fuera tanto cuanto pueda del elemento anímico sin palmaria
biológico.
Notemos que la biología es tomada como una óptica específica del pensamiento, con lo que
se acota de manera muy precisa, que en modo alguno la biología se puede reducir a un
14
Ibídem., p. 14
15
Ibídem., p. 15
32
compendio metodológico puramente experimental, el cual, generalmente haya su
relacionales de lo vivo. Es por esto que Gehlen nos propone la hipótesis biológica respecto
no ha intentado nunca ni en otra parte16, postura que como vemos, incorpora el sentido de
teoría de la procedencia rectilínea del hombre a partir de los antropoides. Simplificar es por
una ley evolutiva de la vida orgánica. El pensamiento biológico se moviliza por una
observación penetrante, que busca ir al «dentro» del hombre, esto significa, su vida interior,
antropobiología debe adentrarse y dar cuenta específica del sistema de relaciones que
16
Ibídem., p. 15
33
corresponden a la especial disposición corporal del hombre y la compleja interioridad del
general la idea de causalidad pierde sentido frente a un sistema de relaciones mutuas que
corporal y lo anímico. Sólo para precisar esta idea, tomemos dos citas de Gehlen al
apelado:
“El análisis objetivo de un ser vivo sólo puede llevarse a cabo biológicamente,
cuando investigue también los fenómenos vitales anímicos y espirituales como
hechos que tienen relación con otros hechos”, y luego más adelante concluye
de manera simple y a la vez compleja sobre lo que entiende en estricto sentido
como un planteamiento biológico sobre el hombre, nos dice: “consiste
34
solamente en la pregunta acerca de las condiciones de la existencia del ser
humano” o de otra manera, “¿en virtud de qué medios existe propiamente?”17.
manera exclusiva de las condiciones de la existencia del ser humano, las cuales,
del medio entorno. Sin embargo, ateniéndonos a la comprensión del asunto, hemos de
acoger también como parte imprescindible de dichas condiciones, las respuestas que se ve
nos muestre de manera directa a la observación, pero sí nos es posible dar cuenta de la
17
Ibídem. Páginas 17 y 18, el resaltado es de Gehlen.
18
Ibídem. Pág. 17
19
Desde el punto de vista biológico, se entiende de manera amplia las funciones superiores como
pertenecientes a los condicionamientos bajo los cuales un ser tan expuesto como el hombre se hace realmente
capaz de vivir.
35
una importancia rotunda, pues, si observamos a fondo este sistema relacional, tendremos
con lo que se señala que la óptica biológica pretende mostrar el arte, la religión, el derecho,
como puros reflejos de la vida orgánica21. El asunto es que, la óptica biológica nos permite
proponer una morfología especial, en la que las funciones superiores hacen parte de las
corporal y lo anímico. Las funciones vitales así consideradas, nos alejan de tener que
20
GEHLEN, Arnold, Antropología filosófica. Editorial Paidós. Págs. 49-50
21
Ibídem. Pág. 20
36
enfrentar facultades o poderes extracorporales o trascendentales, pues, son ahora
exigencia biológica que se conexiona en toda acción que ejecuta el hombre para
abstractos»22.
manera determinada ante el mundo que le rodea; de tal suerte que, contrario a los animales,
el hombre está obligado por auténtica necesidad a construir y guiar su propia vida.
Las carencias corporales y la reducción instintiva, hacen del hombre un animal todavía no
acabado, un ser que no está fijado con firmeza. Esta idea del hombre como un «ser de
22
Ibídem. Pág. 21. Recordemos que Gehlen refiere con la idea de lo abstracto, a la posible condensación de
toda la multiplicidad relacional que tienen lugar en el conjunto de lo corporal y lo anímico, lo que daría lugar
a la realidad que no nos es presente de plano.
37
carencias» en comparación al animal, es como nos lo dice Gehlen, un concepto con valor
revelándosenos cuasi paradójico, lo que permite provocar formas del preguntar, capaces
Obsérvese que contrario a la opinión general, la superación de los obstáculos que le impone
al hombre su condición de ser inacabado, no tiene lugar mediante la oscura inclusión de una
“condición o disposición especial de la pura inteligencia; (o) en una cualidad especial del
espíritu”, porque de ser así, irremediablemente nos conduciría a rupturar toda posible
posibilidad de hallar “una unidad de la ley estructural que reine en todas las funciones
como la ley estructural que impregna o traspasa todas las funciones y operaciones humanas,
23
Ibídem. Pág. 25
38
El campo de relación en donde se ha pretendido tramitar una relación comparativa entre el
instinto, arrojando como resultado de manera recurrente, una confusión que traza relaciones
causales, expresando una escala de grados que iría de manera evolutiva desde el instinto
primitivo hasta el espíritu humano. Gehlen se opone radicalmente a este esquema, puesto
elaborado de procesos gradativamente inferiores que se hallan en los animales, y que ahora
biológica y que obedece a una ley estructural que hemos de plantear con mayor fuerza
afirmando una carencia de instintos que lo ratifican como un ser práxico. Según Konrad
24
GEHLEN, Arnold, El Hombre. Ediciones Sígueme. Salamanca. 1987. Pág. 29
39
Marginar al hombre de reacciones o comportamientos instintivos, significa sin duda alguna,
determinadas por señales o accionadores específicos, todo aquello que se le presenta como
carga de manera “natural”, debe recurrir a la descarga (Entlastung) que es una posibilidad
con respecto a los estímulos de situaciones cambiantes. Este proceso puede describirse en
sus diferencias con respecto a las condicionantes instintivas de los animales, que están
incorporación de rasgos típicos que estructuran espacios y situaciones concretas en las que
es sólo posible el desencadenamiento de la acción. Respecto a este punto, para hacerlo más
manera clara la diferencia constitutiva que hay entre el hombre y los animales. Nos dice
Poulain, que los animales están preadaptados de manera hereditaria (invariable), a las
40
mecanismo etológico que se estructura en tres variables que trazan los circuitos pulsionales
que son necesarios a la supervivencia de cada especie animal: estímulo, reacción, acción
Gehlen dirá: “En todo caso, se puede decir que el hombre, expuesto como el animal a la
naturaleza agreste, con su físico y su deficiencia instintiva congénitos, sería en todas las
la descarga, se moviliza a partir de un «hacerse libres» los órganos de los sentidos con
“…es de la mayor importancia que todo uso auténtico de símbolos, por ejemplo el
lenguaje, se base sobre esa condición de la disociabilidad del comportamiento con
respecto al contexto de cada situación concreta, ya que pertenece a la esencia del
símbolo el hacer referencia a algo no dado y que no se puede deducir del contexto”28
25
Para seguir este planteamiento, puede leerse el apartado 1 del primer capítulo del libro L’âge pragmatique
ou l’experimentation totale de Jacques Poulain. Un resumen preciso de este análisis puede igualmente
encontrarse en el trabajo introductorio que hace William González, al texto que traduce al español de Jacques
Poulain, titulado La apuesta por la verdad. Crítica de la razón pragmática. Publicado por la Fundación
Filosofía y Ciudad, Cali, 2003.
26
GEHLEN, Arnold. Antropología filosófica. Del encuentro y descubrimiento del hombre por sí mismo.
Ediciones Paidós. 1993, Pág. 33.
27
Ibídem., p. 33
28
Idem.
41
Siguiendo con la comparación del hombre y el animal, este último muestra una atadura
etc.), en tanto que el hombre visto en sus posibilidades de relación con el entorno, se nos
muestra inacabado, en riesgo, teniendo que hacer de sí una tarea para sí mismo que no es un
lujo, es una condicionante a la que no puede renunciar por cuanto su naturaleza está inscrita
en el anillo de la necesidad; por tal motivo debe tomar posición, formarse una opinión, dar
Decir que el hombre es un ser carente, se traduce en sentido biológico como no-adaptación,
esencialmente negativo:
29
Ibídem., p. 37
42
En la visión negativa del hombre, nos encontramos con un ser constituido por una serie de
sitúan en una medianía biológica sin par, que ha de compensar mediante su capacidad de
trabajo o capacidad de acción, esto es, con sus manos e inteligencia, “por eso está erecto
conceptual de esa mediocridad orgánica del hombre, su falta de instintos, que nos revela la
permanecer en la vida. Ahora bien, pese a todas las carencias constatables, el hombre ha
logrado existir por su propia industria, lo cual quiere decir que las condiciones de su
existencia están en él, hacen parte constitutiva de su propia estructura y es necesario dar
En su obligada «apertura al mundo», el hombre debe dominar una plétora de estímulos sin
finalidad, esto es, que no tienen relación directa con sus necesidades vitales; se enfrenta con
un mundo que debe elaborar en una relación espacio-temporal que le permita tomar
distancia con la locura que significa no poder ser al instante; esta experimentación la logra
30
Ibídem., p. 38
43
mediante “pre-visión”, y “pro-videncia”, descargándose de las demandas inmediatas para
Gehlen nos muestra que la descarga es el principio que permite comprender la ley
relación a la teoría de la “retardación” tomada de Louis Bolk, la cual, concibe todos los
implicaciones. Miremos esta extensa cita de Gehlen, en donde expone de manera puntual la
“Se entendía por tal, por ejemplo, el hecho de que ciertas peculiaridades orgánicas,
como la dentadura sin diastema, la mano con cinco dedos y otras peculiaridades «
31
Ibídem., p. 41
44
arcaicas», vale decir, antiguas en la historia evolutiva, son sólo comprensibles como
punto de partida de especializaciones como las que hallamos en monos grandes
(colmillos salientes, acortamiento del pulgar). Las demás peculiaridades (carencia de
pelaje, bóveda craneana con mandíbula ortognata, estructura de la región pelviana,
etc.) deben entenderse como estados fetales que se fijaron, se hicieron permanentes.
Esta «retardación», a la cual le debe el hombre un exterior como quien dice
embrionario, es un elemento aclaratorio sumamente valioso, porque permite
comprender también otras propiedades humanas, sobre todo el periodo
desproporcionadamente largo de desarrollo, la prolongada etapa de desvalimiento del
niño, la tardía maduración sexual, etc. Todas las características se engloban bajo el
concepto de «falta de especialización», que justifica el describir y comparar al hombre
en relación al animal, sobre todo a sus parientes más cercanos, los grandes simios,
por cierto muy especializados”.32
El hombre visto desde esta perspectiva morfológica, es pues, un caso excepcional que ha
debido, en procura de poder conservarse, vivir como un ser cultural, es decir, a partir de los
productos de su actividad previsora, por los cuales transforma las condiciones que le
32
Ibídem. Pág. 64
45
En relación a la condición retardada o relentificada del desarrollo biológico, y su impacto
sobre la conformación del hombre y su mundo entorno, subrayamos dos aspectos que se
engranan en una tensión, que tal vez permita situar el arte en su singularidad como
que se definen dentro de una concepción del tiempo muy particular, que tiene lugar en
de tiempo, exige procesos de formación y aprendizaje que se proyectan hacia adelante con
es desestimable este punto de la producción de un tempo de los hombres, puesto que, desde
el otro lado que debemos considerar, la condición biológica retardada obliga al hombre a un
las pulsiones constitutivas. Considerar estas producciones del tiempo, nos muestran cómo
el hombre se proyecta más allá del ahora, en una idea de sí, que desde la perspectiva
estética, vuelve sobre el hombre para cercarlo en la paradoja de la negación en favor de una
Observemos que el primer aspecto tiene que ver con las condiciones específicas que
46
condición “fetal” que obliga a dotarse de una agrupación que lo acoja y le prodigue las
sostenimiento de la existencia. Por esta vía, emerge con fuerza el significado biológico de
la llamada “esfera cultural”, para acentuar aún más desde Helmuth Plessner, el sentido
Retomemos un poco más el sentido de la óptica biológica que aquí se pone en juego, de tal
antropobiológica que abre la posibilidad de entender que “no hay limitaciones naturales de
antropología, parten de dar cuenta de la esencia del hombre en su relación con el animal y
la planta, anclando la diferencia en la idea del puesto metafísico que es peculiar al hombre,
47
lejos de todo naturalismo. Por su parte Gehlen, no dirime la singularidad del hombre
naturaleza que corresponde al hombre, para lo cual, rastrea las especificidades biológicas
animal, nos encontramos en primera instancia con el sentido de “lo dado” que aporta la idea
existencia. Pero por otra parte, debemos decir que la idea de naturaleza es integración,
manifiesta en la forma como se disponen la energía vital del animal y sus facultades en un
corresponde al hombre, para Gehlen es claro que no habría una naturaleza a la manera de
“lo dado”, como tampoco en el sentido de la integración con entorno alguno. Desde esta
óptica que en estricto sentido hemos de llamar antropobiológica, el hombre se nos muestra
la naturaleza natural, o bien como lo dice el mismo Gehlen gracias a que se ha fabricado
48
lo expone su desintegración instintiva, contando además, con el hecho que el hombre es la
única especie que representa un real peligro para sí mismo y los otros, puesto que, al no
saber lo que él es, está atado de manera conflictiva a los otros para confirmarse en su
imagen. La “apertura al mundo”, traza en este sentido un derrotero que le sale al paso a la
dinamizadora asida al riesgo, lo cual, impone al hombre el darse frenos externos de control
de sí.
Tocamos aquí un punto importante respecto a las fuerzas que mueven al hombre y lo
conforman. Debemos partir diciendo que no se trata en modo alguno de un asunto resoluble
cómo la condición orgánica y biológica del hombre, lo ponen de lleno en situación de tener
que tomar posición frente a sí y con ello frente al mundo. No basta pues con enunciar la
49
obligatoriedad, sino por el contrario, acercar el asunto al problema antropológico, ya que,
como lo expone de manare reiterada Arnold Gehlen, es imperioso en este camino, salvar el
escollo de las respuestas metafísicas que están a la orden del día, y eludir la recurrente
filosófica un asunto fácil, de hecho, desarrollar la especificidad del principio vital que
mueve y configura la singularidad del hombre nos pone de frente a lo vivo en general. En la
historia del pensamiento, la comprensión del principio de lo vivo, así como la distinción del
hombre frente a lo vivo en general, ha tomado diversos derroteros, unos integradores que
vieron en el alma un principio vital que anima todo lo vivo: alma vegetal, alma animal y
alma humana; lo que dio lugar a una línea de separación específica entre lo viviente y lo no
viviente; antes que a la oposición entre la vida y las funciones del hombre frente a las del
Para Arnold Gehlen, en el hombre nos encontramos con “un proyecto absolutamente único
de la naturaleza, que ésta no ha intentado nunca ni en otra parte”, lo que hemos de entender
33
SIMONDON, Gilbert Dos lecciones sobre el animal y el hombre. Ediciones La Cebra, Buenos Aires 2008.
Pág. 28
50
auténticamente antropológico. Así Gehlen determina una especificidad que no es la
especificidad que por ejemplo otorga Sócrates, quien “distingue inteligencia e instinto y
opone, en cierta medida, la inteligencia al instinto. Funda, uno puede decirlo en este caso,
aún cuando más tarde fuera un abuso emplear la misma palabra, un humanismo. Es decir,
una doctrina según la cual el hombre es una realidad no comparable a ninguna otra en la
ti mismo”, no son entonces las cosas, el mundo o los fenómenos físicos que hay que
hay que liberarlo, por ello, entre instinto y razón, entre los animales y el hombre existe una
diferencia de naturaleza. En el Timeo de Platón, nos dice Simondón, los animales son una
degradación del hombre, de éste se desprenden las diferentes especies por simplificación y
Constatamos que las relaciones que se trazan entre el hombre y el animal están
a cargo de uno u otro lado, de hecho, aunque nuestro interés es aquí intentar seguir a
Gehlen en sus desarrollos, es necesario contrastar su visión con la de otros pensadores que
quedar claro que para Gehlen no hay posibilidad de establecer preceptos dicotómicos como
34
Ibídem. Pág. 32
51
los del cristianismo, que estructuran la diferencia poniendo de un lado la realidad animal
desprovista de interioridad y del otro lado la realidad humana con su capacidad de hacer
sustancia, la vida animal (res extensa), de la vida humana (res cogitans). En esta historia de
las elaboraciones dicotómicas, el animal resulta siendo el no-humano, “un ser ficticio que
es, ante todo, lo que no es el hombre, un pseudo viviente, una clase de contratipo de la
Hemos dicho que es menester plantear los elementos que nos permitan el trazado de un
trayecto antropológico, capaz de acoger los aspectos que podemos considerar específicos
35
Ibídem. Pág. 52
36
Ibídem. Pág. 67
52
del hombre, o al menos observables en su peculiaridad orgánica y su acción. Como
Plessner, quienes le son muy cercanos conceptual e históricamente. Veremos cómo buscan
búsqueda de la esencia humana, el núcleo original, con la esperanza de hallar, aquello que
hace que el hombre sea hombre y lo defina como tal. Encontramos así planteamientos
teológicos y teleológicos al igual que otros de corte evolucionista que, aún cuando al
parecer velan por la unidad de lo vivo, no hacen sino situar al hombre en la cumbre de los
logros de la naturaleza, otorgándole la supremacía sobre lo vivo, bien por su intelecto sin
igual, como por sus dotes sobrenaturales. Comencemos diciendo que efectivamente el
hombre, posee una característica orgánica especial que, hasta donde sabemos, lo diferencia
de los demás seres vivos. Se trata de la posibilidad de tomar posición frente a sí mismo,
constitutivo del hombre permitiría mostrar, cómo la esfera de lo humano entendida en esta
dinámica, define la apertura al mundo como una tarea a cargo del hombre, la cual, pese a
53
En la búsqueda del elemento productivo antropológico, podemos diferenciar dos niveles del
que se traza con el animal y con lo vivo en general, lo que llevará a plantear una condición
no natural de la “naturaleza” del hombre. En este punto, la acción por la que tiene lugar la
naturaleza no natural, que le corresponde al hombre como mundo entorno. El otro nivel del
definición en tanto ser abierto al mundo-, y los sistemas de prolongación o continuación del
impulso vital, por lo cual tienen lugar lo específicamente humano. Este nivel es para
pura vitalidad que caracteriza al hombre, y de manera más precisa, centrando la atención en
Tan sólo para ilustrar, bosquejemos cómo intentan Max Scheler y Plessner la enunciación
54
Las plantas estarían en este sentido, dotadas de impulso afectivo, sin conciencia, ni
padecer sin objeto), serían los dos únicos estados del impulso afectivo37. Las plantas por
denominada vegetativa, queriendo decir que su impulso está dirigido íntegramente hacia
fuera, por lo que no hay en la planta una reversión o reflexio de la vida sobre sí misma.
En otro nivel estarían los animales, quienes cuentan con el instinto como siendo la segunda
forma psíquica esencial, mucho más primitiva que los complejos anímicos determinados
por asociaciones38. El instinto es, según Scheler, una palabra oscura y discutida, por lo
cual, es necesario atender exclusivamente a la conducta del ser vivo, para de ahí colegir lo
que sobre él se pueda decir. Scheler hace una caracterización de las conductas instintivas -
asunto que no vamos a tratar aquí-, mostrándonos además, cómo el instinto puede
para Scheler es en el animal, una relación determinada a priori con la estructura del mundo
En lo que respecta al hombre, Scheler formula un principio que de manera explícita afirma
es “ajeno a todo lo que podemos llamar vida…principio que se opone a toda vida en
37
SCHELER, Max El puesto del hombre en el cosmos. Editorial Losada S.A. Buenos Aires 1932, pág. 28
38
Ibídem. Pág. 38
55
general”39, los griegos le llamaron razón, Scheler le llama espíritu. Gehlen rechaza como
sabemos esta teoría, puesto que no hace más que retornar a un discurso metafísico, que a lo
imagen cierta e integral del hombre. Dotando al hombre de espíritu, Scheler permite que el
hombre se libere de la presión de lo biológico y todo lo que como tal lo atara a la vida; el
medio ambiente que somete al animal, el hombre es capaz de objetivarlo, tomar distancia
de él. Entonces lo específicamente humano sería esta libertad de origen interno que le
El hombre contrario a las plantas y los animales, contaría con el anuncio retroactivo de los
39
Ibídem. Pág. 54
40
Ibídem. Pág. 58,59
56
Gehlen insiste que en Scheler la diferencia entre el hombre y los animales es sólo de grado,
y que por lo tanto, se hace necesario definir las diferencias mediante una ley estructural que
reine en todas las funcione humanas, de tal suerte que no se escinda al hombre en funciones
que provienen de lugares distintos, con lo que además, se estructura la falsa idea de un
movimiento evolutivo de operaciones, que irían del instinto hasta el espíritu humano. Como
vemos, para Scheler esta dinámica que imprime el espíritu y que pretende explicar la
existencia para aprehender el puro ser de las cosas, no puede ser de este mundo. Con
Gehlen podemos concluir entonces, que Scheler apela a la argumentación metafísica para
antropología.
“¿Qué condiciones han de cumplirse para que una cosa viviente perciba el punto
central de una posición, en el que vive integralmente y por cuyo medio tiene vivencias
y actúa? Condición fundamental para ello sería, sin duda, que el punto central de su
57
posición, en cuya distancia frente al propio cuerpo (Leib) radica la posibilidad de
cualquier darse, tomará distancia frente a sí mismo.”41
Si bien Plessner aborda el problema de la esencia del hombre, hay que subrayar que, como
hombre y su historia tiene la idea que de sí mismo se haga. Lo que el hombre piense de sí
mismo y lo que sea capaz de hacer, le permiten jugar con su propio destino, no hay
neutralidad posible; por ello, toda acción y decisión humana tiene implicaciones sobre la
existencia del hombre. Plessner se preguntará entonces, por los límites que es necesario
fijar al hombre, cuando tras haber perseguido y derrumbado todos los principios
Visto desde aquí, Plesnner entiende que la fundamentación de una humanitas, se hace
difícil además de muy peligrosa, ya que la base biológica no tiene vínculo directo con ello,
la historia alemana. Visto de esta manera, las indefinidas líneas de lo humano quedan
vida, y las determinaciones históricas que dan lugar a lo real en forma de los procesos de
individuación que acometen los hombres. Es por lo tanto la tarea de Plessner –entre otras-,
41
H. PLESSNER, Los grados de lo orgánico y el hombre, en Clínica y pensamiento, n. 2 (2003), Exlibris
ediciones. Madrid, págs. 7-26, trad. esp. de A. Gely Alonso y revisión técnica de F. Pereña.
58
indagar cómo es posible, que a partir de la dimensión biológica tenga lugar la existencia
Para este análisis, Plessner desarrolla el concepto de excentricidad, lo que supone que sólo
un ser posicional por cuanto está puesto en sí mismo, lo que quiere decir, que se vive como
centro, con lo que Plessner hará alusión a la muy peculiar y compleja relación que en el
vínculos entre el hombre y el resto de los seres vivientes, y por esta vía con la naturaleza en
42
MENEGAZZI, Tommaso Helmuth Plessner: Antropología y Bio-Filosofía a comienzos del siglo XX.
Thémata. Revista de Filosofía. Número 43. 2010, Universidad Autónoma de Madrid, pág. 297
59
general, en oposición con la separación arbitraria que promueve la tradición occidental.
Decíamos arriba que la relación específica del hombre como organismo y el entorno,
relaciones que tienen lugar en los otros organismos. Para Plessner la planta está en el
primer grado de lo orgánico, y forma una unidad ideal con el entorno debido a su inserción
decir, no hay mediatez porque su posición central es el absoluto aquí-ahora. El animal por
su parte, presenta una organización centralizada en clave reactiva sin ninguna relación con
su centro posicional, o lo que es lo mismo, sin relación con su ser él mismo. Cuerpo físico
posicional. El hecho de estar referido de manera única a su posición central, descarta que en
el animal se presente otra instancia a la cual referirse, así el animal al ser él mismo en esta
“El animal vive desde su centro y en dirección a él, pero no vive como centro.
Experimenta vivencias de su entorno (Umfeld) ajeno o propio, y posee también la
60
capacidad de adquirir un dominio sobre su cuerpo (Leib), que constituye un sistema
que remite a él mismo, es decir: constituye un sí-mismo, pero algo nunca será
contenido de su vivencia: ese sí mismo.”43
le den los propios tener, experimentar y obrar del aquí-ahora, porque está ausente un plano
proyectivo sobre el cual y en relación al cual, se pudiera dar una distancia entre la
estructura de la cosa viviente y la cosa cuerpo animal. El animal está dado ante sí mismo,
ejercer influencia sobre ella logrando que los impulsos centrales se traduzcan en resultados
físicos; sin embargo, la totalidad corporal “aún no” se habrá vuelto perfectamente
resaltar este “aún no”, porque mediante esta observación, Plessner bosqueja la posibilidad
de pensar una elevación, por la que la cosa corporal viviente puede ascender “a un grado
posicionalmente superior dejando atrás el grado animal”, de hecho plantea que en los seres
vivientes tiene lugar una ley que determina la diferencia de grado, por ejemplo es dable
el animal la posibilidad de una realización sólo dable en otro tipo de ser. Esta especie de ley
43
PLESSNER, Helmuth Los grados de lo orgánico y el hombre. revista Clínica y Pensamiento. Pág. 7
44
Idem. Pág. 8
61
“El animal está puesto en él mismo, vive partiendo de su centro, pero esto, que
constituye sin duda el punto de apoyo de su existencia, no se halla en relación con él,
no se le da. Por tanto, ahí queda abierta la posibilidad de una realización. Y nuestra
tesis apunta que está reservada al hombre”45
Debe decirse no obstante, que para Plessner, si bien por las determinantes de una categoría
posicional puede intuirse la posibilidad de otra como lo que le es diferente, esto no quiere
decir que exista de hecho una continuidad entre una y la otra. Tampoco puede explicarse
una por la otra, por ejemplo el hombre por las determinantes posicionales del animal,
porque el hombre exige una nueva categoría vital, porque en estricto sentido, el hombre es
Plessner formula la siguiente pregunta: ¿Qué condiciones han de cumplirse para que una
cosa viviente perciba el punto central de una posición, en el que vive integralmente y por
cuyo medio tiene vivencias y actúa? La condición parece dibujarse de manera esquemática
en un posible momento de suspensión o retardación del tiempo del aquí-ahora, para de este
modo, trazar distancia con respecto al cuerpo y ahí precisamente la posibilidad de darse
45
Idem. Pág. 8
62
ante sí mismo lo que le es dado. Añade Plessner: “¿ante quién, si no es ante sí mismo,
puede darse aquello ante lo que todo está dado?” es el ser humano el único que vive a partir
una distancia con respecto a sí mismo, siendo esta la condición determinante que permite al
saberse el centro de la misma, puede pues percibirse percibiendo, verse viendo. El carácter
posicional del hombre le permite ser centro al igual que es ex-céntrico, es decir, vive desde
su centro posicional el aquí ahora, a la vez que tiene conciencia de ser el sujeto activo de su
existencia. Como referencia conclusiva de este asunto en Plessner, tomemos una cita
Plessner:
46
MENEGAZZI, Tommaso Helmuth Plessner: Antropología y Bio-Filosofía a comienzos del siglo XX.
Thémata. Revista de Filosofía. Número 43. 2010, Universidad Autónoma de Madrid, pág. 299
63
“El hombre se caracteriza por tanto como un yo (Ich), como aquel «punto de fuga de
su propia interioridad situado “detrás de sí mismo” [hinter sich] que, abstrayéndose
en cada momento de las acciones que la vida ejecuta a partir de su propio centro,
constituye el espectador que contempla el campo interior como un escenario, el polo
subjetivo que ya no podrá ser objetivado y colocado en posición de objeto». Sin
embargo, el hecho de guardar una distancia desde el centro de ejecución (Vollzug)
vital y el hecho de establecer una diferenciación respecto al punto de origen de la
conciencia no implican en modo alguno una ulterior presencia sustancial que se
coloque más allá del núcleo subjetivo interior (Leib), en una suerte de ulterioridad
ocular que acredita la existencia de un “detras de” o a un “dentro de” efectivamente
presentes. A este propósito Plessner es muy claro: «si existe el aquí-ahora como un
punto absoluto, centro posicional de un ser vivo, entonces es absurdo suponer que
“cerca” de él, detrás o delante, antes o después, pudiera existir otra vez ese mismo
punto». El hombre, en último término, no es sino ese «yo que no pertenece a la esfera
de la que, sin embargo, constituye el centro» y así logra observar su propia relación
centro-medium a partir de un punto que se sitúa fuera del centro de ejecución de los
actos. Por tanto, argumenta Plessner, su existencia «se encuentra más acá y más allá
del abismo, vinculada al cuerpo, vinculada a la psique, pero a la vez puesta en
ninguna parte, sin lugar y sin nada que la vincule al espacio y al tiempo, y así es
hombre». Es decir una cosa viva que siente y vive en primera persona el inmediato
brotar de sus acciones, y que por tanto también se considera (al observarse en tercera
persona, desde fuera) el autós de su misma existencia”47
Como veremos en adelante, la forma de asumir este asunto así como su desarrollo, es en
64
la antropobiología que entiende al hombre como ser carencial y por lo cual, deben contarse
tanto los productos de su actividad planificada como sus materiales y recursos intelectuales
Desde esta óptica biológica, el hombre se nos muestra en otra dimensión de la naturaleza,
natural. La diferencia con respecto a los otros autores, está en que Gehlen intenta vincular
sino estructuralmente al sistema relacional del hombre con su medio ambiente, en razón
Queda claro en Gehlen el carácter pragmático de sus consideraciones sobre este asunto, por
una fase de la acción49. Significa esto que en el hombre, pensamiento y conocimiento son
48
GEHLEN, Arnold Antropología filosófica. Del encuentro y descubrimiento del hombre por sí mismo.
Ediciones Paidós. Barcelona 1993. Pág. 65
49
GEHLEN, Arnold. El hombre. Su Naturaleza y Lugar en el mundo. Ediciones Sígueme. Salamanca 1987.
pág. 70
65
comunicación que puede ser exclusivamente simbólico, pero que no obstante es
acción, ¿Cómo se explica esto? Pues bien, Gehlen nos ha dicho que el hombre cuenta con
especiales condiciones biológicas que lo definen como un ser carencial, porque carece de
un sistema de respuestas para liberarse del agobio imparable del mundo y sus afectaciones.
Así se ve el hombre obligado a tener que desvincular sus relaciones con el mundo del puro
presente (el presente de las impresiones rapsódicas que lo afectan sin cesar), mediante una
penosa laboriosidad de sus experiencias; el hombre por su propia industria las debe arrancar
proceso laborioso sobre la experiencia como aplicación y disponibilidad lo que nos permite
50
GHELEN, Op. cit. Pág. 50, 51.
66
Esto no resuelve todavía el movimiento que nos interesa, a saber, el volver sobre sí mismo
por el cual el hombre se diferencia del animal y los demás seres vivos. Nos permite no
retener un punto, y es que en el hombre la relación dualista entre cuerpo y alma debe ser
abandonada para situarnos en el hecho que el hombre es un ser abierto al mundo, es decir,
no especializado, que ha sido dejado a su propia actividad e inteligencia para poder vivir,
un ser totalmente expuesto a todos los peligros que le presenta el mundo teniendo que, no
entonces por necesidad de su propia naturaleza un ser abocado a la acción y por ello un ser
que tiende hacia afuera, lo que nos entrega un sentido distinto del “dentro” que no tiene
nada que ver con la idea de una mismidad puesta en relación consigo misma. Gehlen al
“El alma aislada del hombre pensante se equivoca al alzarse ella sola con la pretensión de la
profundidad. “Aquella profundidad, que con justo título puede uno sólo pensar, se halla,
según las categorías ónticas, del mismo modo hacia dentro como hacia fuera”, dice N.
Hartmann.”51
51
GHELEN, Op. cit. Pág. 475
67
Ahora bien, el camino para avanzar hacia la comprensión de este “dentro” en el hombre,
puede rastrearse a partir del hiatus, factor determinante en la conformación específica del
trayecto antropológico. Veamos ahora, cómo la separabilidad de las acciones con respecto a
los impulsos (hiatus) nos acerca a comprender las condiciones por las cuales, el volver
sobre sí del hombre, esto es, el sentido de su “mismidad”, debe entenderse de manera tal
para nosotros que, en el hombre, la distancia (hiatus) entre el estímulo y la acción, producto
sensitivos que le asaltan simultáneamente, es una necesidad, porque si el hombre, con toda
animal, sería incapaz de vivir. De nuevo cobra sentido aquí el concepto de descarga, que –
como hemos visto antes-, permite explicar cómo el hombre se libera de la presión del aquí
52
Idem., pág. 193
68
ahora, de hecho, la importancia de ésta categoría, según Gehlen, radica en que, en ella se
describe una de las leyes fundamentales de la vida sensorial y motora que delimitan el
está preso el animal (el aquí-ahora), por ello, es posible para el hombre asumir de manera
reflexiva está firmemente atada a la idea que, el hombre debido a su particular morfología
Gehlen plantea el problema de manera interesante; nos dice que “siempre el ahora de la
aquellos en los que el hombre trabaja para salir de sí mismo hacia la super-visión y la
53
Idem., pág. 77
69
captación sinóptica de lo que la situación contiene ahora.”54. Abordar los movimientos por
los cuales tiene lugar la superación del ahora mediante la prolongación en el tiempo de los
del hombre respecto al animal, a partir del quantum de fuerza biológica que da lugar al
hombre, sino también entender la actividad autoconformadora del hombre cómo se enlaza
sin fractura desde sus basamentos biológicos. Se trata precisamente de la pulsión, la cual,
ingresa a esclarecer el sentido vinculante entre los instintos y la conciencia, así lo afirma
de esta idea: la pulsión se define en relación a la orientación que debe dar el hombre a la
acción, y no en el sentido de una fuerza abstracta, pese a que la pulsión es considerada por
Gehlen un a priori constitutivo del hombre. Sin infringir el pensamiento de Gehlen, vamos
a permitirnos citar a Nietzsche quien entrega una idea suficiente para iluminar el problema
de las pulsiones que bien puede seguirse en Gehlen. Al respecto nos dice Nietzsche:
54
Idem. Pág. 58
55
GEHLEN, Arnold Antropología filosófica. Del encuentro y descubrimiento del hombre por sí mismo.
Ediciones Paidós. Barcelona 1993 pág. 125,126.
70
“Un quantum de fuerza es justo un tal quantum de pulsión, de voluntad, de actividad –
más aún, no es nada más que ese mismo pulsionar, ese mismo querer, ese mismo
actuar, y, si puede parecer otra cosa, ello se debe tan sólo a la seducción del lenguaje
(y de los errores radicales de la razón petrificados en el lenguaje), el cual entiende y
malentiende que todo hacer está condicionado por un agente, por un “sujeto”. Es
decir, del mismo modo que el pueblo separa el rayo de su resplandor y concibe al
segundo como un hacer, como la acción de un sujeto que se llama rayo…”56
Tenemos que las pulsiones estarían indicando no otra cosa que el carácter esencialmente
práxico del hombre, y es esta sobreabundante fuerza pulsional, lo que ha de ser sometido a
descarga, toda vez que el encuentro irrefrenable con el mundo, no está en el hombre
limitado por el instinto o especialización orgánica alguna, de este modo se hace obligante la
retrosentido, abriendo por ello las condiciones para configurar la conciencia humana, la
acción humana. Este sería entonces el esbozo que nos permite entender el carácter que en
Gehlen tiene el movimiento reflexivo que caracteriza al hombre; lo cierto es que, no es una
facultad a priori, sino que obedece al proceso constitutivo de la acción, o de otra manera, es
56
NIETZSCHE, Friedrich La genealogía de la moral. Alianza Editorial, Madrid 1981. Pág.51
71
emerge en él durante la conformación del mundo y del hombre mismo. Volvamos sobre el
El hombre en relación al animal es un ser que cuenta con mínimos reductos instintivo
(residuos instintivos), puesto que hay un mínimo de respuestas orgánicas inmediatas que
Para Gehlen es claro que desde la reducida posibilidad del instinto en las situaciones arriba
pueden entender sin las acciones de otros hombres y que han sido aprendidas.”57, por lo
tanto, toda actividad humana que escala hacia la estabilidad, inductilidad y automatización,
72
complementaria a la fetalización morfológica y al desarrollo del cerebro58. En
con una inhibición o regresión de los instintos, dando lugar a una indiferenciación de la
estructura pulsional, lo que hace imposible –afirma Gehlen- hacernos una imagen clara de
los instintos ni siquiera por introspección. Indiferenciación significa que “los residuos
que le impone tanto tareas internas como externas, es tal este flujo de intensidad, que logra
siempre en superávit, lo que significa que el hombre cuenta con mucha más energía
pulsional de la que necesita para vivir, más aún, para decirlo con mayor énfasis, su energía
58
Para un abordaje sintético de esta relación, puede consultarse el texto Antropología filosófica de Gehlen que
hemos tomado en este trabajo como referencia, ver el apartado Reducción instintiva y retardación, páginas
126 y 127.
59
GEHLEN, Arnold Antroplología filosófica Del encuentro y descubrimiento del hombre por sí mismo.
Ediciones Paidós. Barcelona 1993. Pág. 134
60
GEHLEN, Op. cit. Pág. 65
73
En el animal la interacción del instinto con el entorno está atada a sus órganos, éstos se
diversa que le presentan tanto las condiciones externas como internas, ahí tiene lugar por
da por descontado tener que enfrentar lo inesperado y toda circunstancia posible. Las
No dejemos de lado la idea del hombre como un ser retardado porque entre otras cosas,
luego de nacer, necesita un periodo muy extenso de desarrollo hasta llegar a adquirir la
Ya hemos dicho que las pulsiones tienen que transformarse en acciones, y lo son cuando se
futuro, es pre-visora. La apertura al mundo es asumida por la propia industria del hombre,
61
GEHLEN, Arnold, EL Hombre. Su Naturaleza y Lugar en el mundo. Ediciones Sígueme. Salamanca 1987.
Pág. 67
74
haciéndola el “espacio vacío” de un mundo abarcable con la mirada, un mundo super-
“los puntos de contacto con la situación del “ahora”, sensorial y motóricamente, están
A esta altura, en relación al problema que asediamos, podemos decir con Gehlen que el
superávit de pulsión aplica a la vida interior del hombre una severa presión a configurarse,
pues padecer esta fuerza modeladora es la condición del desarrollo de un ser práxico, es
como dice Gehlen, un imperativo de adaptación. Y es porque los impulsos son susceptibles
de ser frenados o retenidos (apertura del hiato) y en cierta medida desviados, que el hombre
lo que consolida necesariamente todo el trabajo que imponen los procesos para salir de sí
mismo hacia la super-visión. Con la siguiente nota extensa, consideramos se hace patente
cómo la concepción del movimiento de reflexión que permite al hombre volver sobre sí
62
Ibidem. Pág. 53
75
mismo, esto es la posibilidad de hacer conciencia de sí y del mundo como una dimensión
biológicas y corporales del hombre en conjunto con el esfuerzo que significa la industria de
“En nuestra concepción de la conciencia, según la cual las cosas y nosotros mismos
aparecemos como objetos de la conciencia, no se puede separar –la conciencia*-, de
la infraestructura general, que interviene en ese acto de reflexión. Es decir, no se
puede separar –la conciencia*-, de la estructura especialísima del movimiento y de la
sensación en el ser humano. Ni del “principio-de-la-doble-vía” y control y descarga
recíproco de los sentidos. Ni de la descarga o liberación de los impulsos que se realiza
en el intercambio comunicativo. Ni finalmente, de la ubicación morfológica
especialísima del hombre, su postura erecta, etc. No se puede contraponer como si
fuera espíritu esta conciencia, que resalta en la reflexión, a un mundo que todavía es
puramente pensado. ”63
“Un movimiento dirigido puede ciertamente alcanzar su objeto, pero sobre todo a sí mismo.”64
63
Ibid. Pág. 209 *La nota aclaratoria es nuestra.
64
Ibid. Pág. 160
76
facultades, o la emergencia de una espiritualidad irrefutable en la forma por ejemplo de la
razón, no tienen cabida. Así, el sustrato de lo humano no es un a priori, sino que está atado
orgánicamente a lo que el hombre puede. La imagen del hombre que nos entrega la
por su propia industria; hacer de sí que obliga una toma de posición frente a sí mismo y
a los aspectos que pueden llegar a constituirse en sugerentes, a la hora de abordar desde
esta óptica una consideración estética del hombre y su acción. A continuación y con el
la industria propia del hombre, es referir la conformación que por esfuerzo propio hace el
todos los “movimientos” que desde la infancia tienen lugar en contacto con el mundo, y los
77
cuales configuran las condiciones de disponibilidad y aplicabilidad de la experiencia en la
medida en que dichos movimientos van incorporando las cosas del mundo en las
las cosas, llevándolas a una simbólica que permite –como hemos dicho-, la descarga de las
visión. Esta visión no solamente nos presenta las cosas, sino que a la vez podemos ver en
ellas sus valores de uso y de trato, ya descargados de la penosa experiencia que al principio
que asaltan al hombre, van siendo paulatinamente reducidas a series de centros abarcables
por la mirada que, por supuesto, no están cerrados sino que contienen una gama inagotable
posibles mutaciones a desarrollar con las cosas. Esto que se da el hombre de dirigirse al
mundo, y como dice Gehlen, mirarlo “en paz”; es el fruto de su propia industria a través de
reducir la plétora de impresiones a centros concretos que quedan bajo su dominio. Sólo
entonces el hombre puede enfrentar el ahora del mundo y establecer una distancia.
78
Pero como la tarea del hombre no es simple, dominar las impresiones le significa
Gehlen-, la diferencia cualitativa que en este sentido existe entre el hombre y los animales.
Sabemos por experiencia que los animales logran dominar en muy poco tiempo (horas) la
escala de movimientos que les es necesaria, tras lo cual dicha escala queda cerrada. Si
oficio cualquiera, pueden ser tantas y tan complejas como las figuras cinéticas exactamente
guiadas que se despliegan en una danza artística. Nos referimos al carácter “plástico” del
Al igual que el hombre en su dinámica comunicativa con el mundo debe trabajar en función
de descargarse de la presión sensorial, está obligado a dominar sus movimientos que están
65
Sólo para mantener la claridad respecto al carácter antropobiológico del planteamiento, recordemos que la
no especialización del hombre es considerada en relación a la adaptación orgánica y biológica del animal en
relación a su ambiente. El animal presenta especializaciones corporales para vivir en el ambiente que le
corresponde: visión nocturna, olfato agudo, garras, plumaje, alas, pico, pelo en todo el cuerpo, disposición
muscular para la carrera y la fuga, etc.
79
sumidos en una variación infinita. En el trato con los objetos que lo rodean, el hombre debe
desarrollar sus movimientos, de tal suerte que su experiencia cinética crea espacio para
nuevas combinaciones de lo que Gehlen llama kinefantasía, con lo que logra disponibilidad
cinética que puede variar a voluntad toda vez que ha logrado un orden de colocación,
dirección, colaboración, cambio de dirección y control. Para puntualizar más este tema,
Gehlen define dos rasgos característicos de los movimientos del hombre frente a la escala
ser posible desplegarse a la par con la infinitud de circunstancias objetivas. Debe haber una
variación cinética controlable, lo que quiere decir, que los movimientos tienen que ir
2. A estas funciones propias de la cinética del hombre, deben agregarse dos más:
80
autoperceptibilidad de los movimientos humanos para la acción. Es gracias a que la
motórica humana esté en todas sus fases dotada de percepción táctil y es vista en sus
realizaciones juntamente con las mutaciones en las cosas en las que se ocupa. Esto permite
que los movimientos puedan ocuparse de las impresiones que reciben, al igual que
reaccionar a sí mismos unos con otros dando lugar al intercambio. Con los movimientos así
de qué manera tienen lugar las vivencias táctiles y visuales en su tarea de apropiar la
realidad, es decir, cómo mediante la visión y el tacto tiene lugar un proceso de descarga
importante que opera mediante una simbólica que permite comportarse por alusiones; luego
nos acercaremos a comprender este mismo movimiento en su estado más complejo, el cual
Gehlen entiende como no siendo otra cosa que la continuación de la ley del
66
GEHLEN, Arnold, El Hombre. Su Naturaleza y Lugar en el mundo. Ediciones Sígueme. Salamanca 1987.
Idem., pág. 49
81
organización y dirección del poder de acción logrado por los procesos senso-motores; este
Partamos en rigor de una cita en donde Gehlen de manera detallada nos acerca a
comprender cómo opera la descarga en la vida sensomotriz del hombre, aclarando que es
precisamente por la disposición orgánica del hombre, que le es dado producir una técnica
“Las masas que potencialmente podemos percibir no se dan en la percepción, sino que
el campo perceptivo se ha vuelto extraordinariamente simbólico a consecuencia de la
propia evolución del movimiento. Por ejemplo, en un objeto, una taza, acostumbramos
en parte a super-ver (ver repetidas veces y por tanto pasar por alto) los claros y las
sombras y la ornamentación, o bien el ojo la toma como ayuda referencial o indicativa
para hacerse una concepción del espacio y de la figura, “teniendo” así indirectamente
la parte de atrás y la parte del espacio que está lejos de nosotros (…) También de otro
modo, ciertos datos ópticos, por ejemplo el asa o la posición “manejable” de la forma
total dan sugerencias cinéticas para los movimientos de intercambio. Pero todos esos
datos los abarca el ojo en una sola mirada. Tenemos que decir, pues, que nuestros
ojos son indiferentes al estado objetivo de sensibilidad y de lo sentido en cada caso
como trasfondo, por el contrario son sumamente sensibles para insinuaciones o
indicaciones extraordinariamente complejas.”67
67
Idem. Pág. 72
82
Constata Gehlen que de este modo la inmediatez de la impresión, la plétora de
mínimo, esto es, se han descargado, pero, por el contrario, han adquirido una elevadísima
capacidad de desarrollo. Esta distancia trazada en relación a las cosas rompe el círculo de la
indirecto; visto en relación al animal, el hombre conduce su vida de una manera no natural,
Acogiendo esta idea que prodiga la descarga, se entenderá que la acción del hombre, en
estricto sentido, es aquella que produce instrumentos para metas lejanas, mientras que los
movimientos locales, directos con todas sus combinaciones y variaciones que tienen lugar
funciones superiores al ser dirigidas y accionadas; así estas funciones asumen operaciones
con Gehlen que, gracias a este dominio y contenidos, las funciones superiores operan
carácter crónico de las indigencias a las que somete la naturaleza física al hombre;
83
Un punto a tener en cuenta para nuestros propósitos, es que el comportamiento descargado,
gracias a que libera de las penurias que impone la inmediatez comunicativa con el mundo,
sólo así han de darse ciertas variaciones. Esto es nuclear para la antropobiología filosófica,
descargado hacia otras variantes de la acción, sin embargo, veremos más adelante, cómo
este camino que Gehlen busca fundamentar muy sólidamente, obliga una derivación crítica
diluyente contra el arte que, como intentaremos demostrar, infringe los planteamientos
antropobiológicos en su novedad.
Los hábitos como bases estables y fundamentados que constituyen las funciones superiores,
descargan y así traspasan hacia arriba la energía que en principio se utilizaba para la
motivación, las pruebas y los controles, es decir, en el proceso penoso de las funciones
“apetitivo”, sino de lo “inútil” como lo observable en las artes mecánicas, las artes y los
ritos.
68
Idem. Pág.75
84
Para incorporar mucho mejor el proceso por el cual se llega a los hábitos y las costumbres,
apertura al mundo significa para el hombre un campo ilimitado de admiración en el que una
una aplicación práctica y no teórica. Los movimientos comunicativos aquí aplicados tienen
interpretado y dominado; decimos construir, porque en modo alguno es algo con lo que se
nace. Arriba habíamos descrito con auxilio de Gehlen, la forma como el sentido de la vista
lograba descargarse de la inmediatez que impone el sentido del tacto, gracias a que una
simple insinuación visual basta para recuperar las indicaciones que ha elaborado el tacto en
ocupe en sí mismo y no por otra cosa que por el placer que prodigan esos movimientos. Los
esto que es posible la autosatisfacción objetivada de los propios movimientos. Este sistema
consciente y pueda ser repetido, tiene que ser reencontrado sensorialmente. Tiene que
69
Idem. Pág.151
85
conseguir un “sentimiento objetivado de su mismidad (…) en la envoltura de experiencias
hipótesis, presentándola de la siguiente manera: “Elle affirme à la suite de Herder que l’être
humain n’a pu se rendre la vie posible qu’en coordonnant par l’usage des sons son appareil
de réception sensorielle, l’appareil des cinq sens, à son appareil moteur”71. La hipótesis
funciones inferiores como superiores, permitiendo comprender cómo tiene lugar por
cosas como pesadas, sólidas, líquidas sin tener que tocarlas, porque son percibidas
visualmente, cargadas de valores táctiles sin tener que tocarlas. Seguimos de nuevo a
Poulain: “Cette régulation des sons par leur anticipation auditive se projette dans l’usage
70
Idem. Pág.155
71
POULAIN, Jacques L’age pragmatique ou l’experimentation totale. L’Harmattan, París 1991. Pág. 23-24
“Ella (la hipótesis) afirma siguiendo a Herder que el ser humano no pudo hacerse la vida posible sino a
condición de coordinar mediante el uso de los sonidos, su aparato de recepción sensorial, esto es, el aparato de
los cinco sentidos, a su aparato motor”. La Ttaducción es nuestra.
86
des autres sens, en particulier dans l’usage de la visión et du toucher, en se couplant aux
Gehlen enuncia este doble hecho del reencuentro sensorial que tiene lugar de manera
de la doble realidad del sonido, es decir, es realización cinética del instrumento vocal y a la
vez, resonancia que vuelve y es escuchada por uno mismo. Voz y escucha, así como el
tacto, presentan una doble realidad, la de un comportamiento activo y otro pasivo. La voz
que se articula y el oído que escucha; la mano que toca y a la vez recepta sus sensaciones
táctiles, ambos son componentes importantes de la propia actividad encontrada por uno
humano, el desarrollo que en el numeral anterior hicimos, por cuanto la base de estos
72
Idem. Pág. 24 “Esta regulación de los sonidos por su anticipación auditiva se proyecta en el uso de los otros
sentidos, en particular, en el uso de la visión y del tacto, emparejándose a los fenómenos visuales y táctiles,
subordinando el uso de la mano al del ojo” La traducción es nuestra.
87
cada impresión táctil impulsa a “seguir agarrando”, desarrollándose así nuevas
impresiones táctiles (…) Un movimiento se posesiona de sí mismo en la reacción que
recibe; es reprimido o impulsado, experimentándose así en su mismidad. El objeto ha
penetrado en él. No le seguirá impulsando una retro-percepción abstracta, sino la
comunicación con una cosa externa, asumida en sí mismo.”73
base de los procesos de descarga y que llegan a formar los hábitos, son procesos que
permiten entender y estructurar el sentido real de la objetividad del mundo cuando dicha
objetividad, “está referida a esa estructura “reflejada” del movimiento74, éste es el sentido
73
GEHLEN, Arnold, El Hombre. Su Naturaleza y Lugar en el mundo. Ediciones Sígueme. Salamanca 1987.
Pág.156, 157
74
Ibídem. Pág.159
88
II. SEGUNDO CAPÍTULO
ESTÉTICA ANTROPOLÓGICA
89
II Segundo Capítulo: Estética antropológica.
antropobiológico del hombre como ser carencial, ser retardado y, por otra parte, extraer las
por la posibilidad del hombre a partir de estas condiciones que lo hacen improbable. Ahora,
hay dos puntos que nos interesa plantear para esbozar la idea de una estética antropológica
como una estética del inacabamiento, ellos son, por un lado, el concepto de institución al
cual conduce Gehlen sus desarrollos antropobiológicos y filosóficos, que logran converger
de manera muy significativa en una concepción del arte que confrontaremos, por cuanto a
naturalización que en el mismo Gehlen marca, el sentido del caos diluyente de lo humano.
90
A. Las bases biológica de la Institución
desarrollo del niño, como siendo partes inexcusables en la comprensión de los fenómenos
que dan lugar al hombre en su plenitud. Para la antropobiología filosófica este espacio de
análisis permite rastrear el trayecto antropológico sin dar lugar a vacíos, los cuales, en otros
la confrontación experimental.
en toda su contundencia, en esta etapa, el retardo orgánico del hombre es puesto a prueba
produce lo circundante, ante los cuales –como lo hemos dicho siguiendo a Gehlen-, no
tiene respuestas inmediatas capaces de descargar esta presión. Antes de emerger una
relación interactiva frente a estos estímulos, la primera manifestación que resulta como una
dirigirse hacia afuera del niño, que las hace soportables en la medida en que tiene lugar el
91
repetición y reproducción incansable, que al parecer otorgan placer. Ya habíamos dicho que
el móvil dinámico del sistema motriz es el sentimiento íntimo de la propia actividad, fuente
de placer de los movimientos, que mediante las percepciones sensoriales que los
Es necesario seguir esta idea respecto a que los procesos cíclicos sensomotores, pues si bien
logran establecerse como hábitos que dan lugar a la descarga, su proceso avanza hacia la
liberación del movimiento gracias a que, por ejemplo, el niño comienza a trasponer los
objetos que ve, mediante movimientos cinéticos que aplica en el dibujo, descargándose del
toman a cargo los movimientos en una suerte de automatización. Queremos resaltar en este
75
Ibídem. Pág. 168
92
descarga por cuanto se establecen como hábito, los procesos cíclicos sensomotores se
producción de los procesos sensomotores es tal que de ellos muchas veces, tras intrincados
Manos y lenguaje por su parte aportan a la riqueza sensorial del mundo, uno adicionando
acrecentando las posibilidades de su dominio de la riqueza a que dan lugar, el lenguaje y las
manos han de seguir ocupándose de modo permanente con las vivencias que han
circuito-procesos, es que en el trato con las cosas, esto es, en los movimientos
76
Ibídem. Pág. 159. El paréntesis es nuestro.
93
semejante dinámica nos pone de frente a lo que Gehlen llama “abismamiento” de los
esta incansable comunicación con las cosas acerca la capacidad de poder hacer y se apropia
de ella.
Ahora bien, sobre nuestro objetivo que es tratar el problema de la institución, estos
general y sin más, que la condición de ser “no fijado” del hombre es paulatinamente
de las mismas frente a las necesidades que se imponen. Sin embargo, como es de esperarse,
no hay un tránsito tal que de manera directa, pueda compensar las carencias llevándolas
inmediatamente a su estabilización.
Tengamos en cuenta que por una parte, la condición de objetividad de los movimientos
comunicativos está dada en el hecho que, toda relación con las cosas cumple una acción
acción que tienen como centro una cosa determinada. Por otro lado, es dado para el hombre
que una de las cosas que le rodean se vuelva meta independiente del intercambio,
77
Ibídem. Pág. 168
94
descubriendo con ello sus propias cualidades que acrecientan la conciencia del poder hacer.
Nos dice Gehlen entonces, que cuanto más sucede esto, es mayor la tensión entre el polo
conciencia del poder hacer contenida en dichos resultados. Esta subjetividad otorga de este
con esto, uno de los primeros elementos críticos sobre los cuales se volcará Gehlen a la
hora de confrontar el arte frente a la institución, enmarcando este fenómeno en lo que llama
exageración de la subjetividad.
Sabemos con lo adelantado hasta ahora, que la superación del aquí ahora de las
claro que no hay un antes de la acción sin la descarga, es decir, el mundo en su apertura es
que debe haber un pilotaje. La posibilidad de pilotar está definida por acciones voluntarias
que tiene lugar en primera medida, tal como se había definido la producción de la reflexión,
95
como la que le es propia al hombre, es la determinante que da lugar a esta condición
específica y particularísima.
Respecto a la voluntad, digamos tan solo que la inteligencia de los movimientos (por su
a superar cualquier resistencia para continuarlo; y además, permite que todo éxito casual
total hacia la concentración en una tarea determinada, por esta vía se introduce el concepto
de voluntad. Sin embargo, Gehlen llama la atención en que, como no es posible trazar de
manera nítida la frontera entre conductas voluntarias e impulsadas, “sólo se podrá hablar de
acciones voluntarias en sentido estricto cuando la acción es dirigida por el resultado exitoso
Con todos estos elementos podríamos pensar que el hombre está preparado para conducirse
por sí mismo en la apertura al mundo que le corresponde, pero la verdad es que no hemos
hombre mismo y de su mundo entorno. Digamos sí, que hemos alcanzado a mostrar al
78
Ibídem. Pág. 170 a 171.
96
entonces de poner en relieve lo externo que le es constitutivo (en el sentido de una
biológica que se continúa, se expande, se comunica). Sucede que el hombre, cuando es niño
llegar al mundo en estado prematuro, carente de todas las condiciones para sobrevivir por
estímulos provenientes del mundo exterior, y debe por lo tanto, elaborarlos a través de los
cuidados que le rodean. Este movimiento inaplazable de apertura al mundo que constituye
la interioridad del hombre por la condición de su propia biología, podemos darnos cuenta
extrauterino, lo que podemos observar es del todo distinto en los mamíferos superiores, que
enfrentan esta maduración y desarrollo de operaciones físicas cuando están aún dentro del
cuerpo de la madre. El hombre en tanto ser embrionario, está y debe ser acogido por
recoge esta importante idea que aborda el ensamblaje entre lo interno y lo externo en el
hombre:
97
animal, las que por así decirlo encauzan y delimitan la inconcebible plasticidad e
indefinición del ser humano. Así como la pulsión a hablar, el esfuerzo por expresarse
del bebé se concreta en sonidos articulados que se le lanzan desde fuera, igual se
materializan nuestros impulsos en las formas prescritas por la vida social”.79
mundo entorno viable para el hombre, en la medida en que sus acciones estén orientadas y
reducir las inclinaciones naturales del hombre a la depravación, porque si los puntales que
79
GEHLEN, Arnold. Antroplología filosófica Del encuentro y descubrimiento del hombre por sí mismo.
Ediciones Paidós. Barcelona 1993. Pág. 76
98
a degenerar, si se derriban los soportes que entregan las tradiciones firmes, “nuestra
Gehlen llama carácter al punto de equilibrio obtenido por el hombre para la orientación y
pilotaje de sí en medio de su ser inestable, es tal su importancia en esta tarea, que el autor le
consciente, sino de una conciencia como estado interior, se trata del carácter que se define
como:
El carácter es una de las posiciones de principio que hay que formar (en el penoso ejercicio
80
Ibídem. Pág. 77
81
Ibídem. Pág. 53
99
principios excluyentes que permiten al hombre dirigir su vida, porque el hombre no vive,
Bajo el precepto del hombre como ser inacabado, es apenas comprensible que las garantías
traduciéndose en determinantes e imperativos que tiene por fin no otra cosa que la misma
laboriosa con la singularidad de una biología deficitaria, que ha de ser compensada para
alcanzar algún nivele de estabilidad. Esta laboriosidad que somete por la necesidad de
existir, es lo que Ghelen busca situar como piedra de toque para definir el sentido de la
nuestro autor conduce una crítica agresiva al progreso, la civilización, el bienestar y todo lo
que caracteriza la llamada competencia por el bienestar o elevación del nivel de vida.
de los afectos, la hipertrofia y la propensión a degenerar del alma82. El camino para este
que la liberación intelectual y motriz del ser humano trajeron como consecuencia una
82
Ibídem. Pág. 83
100
reducción instintiva que diluyó las formas conductuales coordinadas, innatas y rígidas que
sí podemos ver en el animal. Es comprensible que las afectaciones externas estarán siempre
anotar que la reducción instintiva significa que los nexos de los impulsos son siempre
propia del componente instintivo del hombre. El asunto es que las conductas de los
instintivo, puesto que los residuos instintivos compiten constante y simultáneamente por el
El otro aspecto que de aquí se deriva, y que permite a Gehlen fundamentar la importancia
83
Ibídem. Pág. 80
101
laboriosidad por la vía del confort, es decir, la búsqueda de comodidad, y a la vez, es la
«desenganche» entre la acción y la pulsión. Esta posibilidad propia del hombre, incorpora
un sentido cada vez más preciso de la lejanía de la que hemos hablado, en la medida en que
actividades concretas e indirectas, y por ello mismo, puede volver sobre ellas abriendo una
84
A propósito, subrayamos el papel que cumplen las imágenes por cuanto son elementos configurantes de la
conciencia, aspecto que en el marco de la comprensión antropobiológica del hombre así como en reflexiones
estéticas que hará el autor, entran a cumplir un papel de suma importancia puesto que en ellas, la conciencia
se permite rutas experienciales sobre la realidad. Recordemos que las imágenes, fantasmas y recuerdos de
contenidos son el producido que se retiene de la experiencia de trato con el mundo, llenando de contenido las
indigencias, lo que posibilita la orientación de las acciones instauradas en la cotidianidad, como también la
disponibilidad de expectativas bien diferenciadas. Jalonado constantemente por la variabilidad del mundo y
sus fenómenos, como por el conocimiento y la acción, el hombre debe ampliar su círculo de actividad
constantemente.
102
todas las mutaciones inmediatas85. Por esto Gehlen dirá que las pulsiones son plásticas y
variables, lo que torna indefinido el límite entre las indigencias elementales y los intereses
condicionados. Otro aspecto que no podemos dejar de lado en estas consideraciones que
vías a la comprensión del mundo social, es el hecho que el frenamiento de las indigencias
da lugar a otras más elevadas que se sitúan como «intereses permanentes», los cuales
las cambiantes indigencias del presente. Encuentra Gehlen en esto un correlato subjetivo de
instituciones objetivas.
las necesidades de alimento, y sexualidad, el hombre debe construir intereses duraderos que
Dos factores plantea Gehlen como problemáticos en este punto. Uno es que el hombre
85
GEHLEN, Arnold, El Hombre. Su naturaleza y lugar en el mundo. Ediciones Sígueme. Salamanca 1987.
Pág. 63
103
perspectiva antropológica significa caos. Por eso dice Gehlen ante esa premisa natural
disciplina, la hegemonía de la moral. El otro punto está definido en este mismo horizonte
pero en clave crítica, ya que según el autor, la cultura demasiado enriquecida, demasiado
diferenciada, trae consigo una descarga exagerada que el hombre no soporta, se refiere a las
mundo abierto. Gehlen cifra en una hipótesis que afina con Freud, un hecho importante que
revela la agudeza problémica en este proceso de reducción instintiva; dice que los
expresaban en dos formas derivadas como son: el trabajo corporal y la lucha entre grupos.
En esta idea que subraya para nosotros una visión estética, es el aparato muscular que entra
en juego como vía central de descarga, es el foco de evidencias que permite hacer innegable
104
propuesta, muestra el autor cómo hoy, el difuso remanente instintual agresivo –lo que no lo
hace menos complejo-, es reducido por vías de pacificación gracias al régimen policial, así
como las máquinas que reducen al mínimo el esfuerzo del trabajo corporal del hombre.
Las pulsiones no sólo obligan una proyección del hombre en el tiempo, el superávit
trabajo físico, progresivamente facilitadas, pierden el contacto con las cosas del mundo en
donde todos convergen, y se repliegan sobre sí mismas. A menos trabajo se empareja una
irritabilidad creciente, una angustia que según Gehlen, jamás hubo antes. Igualmente tiene
lugar por esta interiorización exacerbada, la emergencia de una desconfianza mutua entre
formas “extrañas” del tiempo y el espacio, las que asumimos a partir de conductas
adoptadas por costumbre, ya que no hay lugar de poderlas discernir ni aclarar, recargando
86
Ídem., Pág. 66
105
exentas de orientación, prolifera la charlatanería obteniendo provecho, igualmente la
En oposición, recupera Gehlen la idea de la tradición como una forma en la que se acogen
conductas y valoraciones que han sido puestas a prueba por largos periodos, mostrando
cómo el carácter de lo común que las estructura, facilita el entendimiento con los demás.
porque en una época que devore sus tradiciones, el hombre está empujado a estar
cuasi-natural.
volitivos, que lucharían de frente contra lo que el mundo civilizado capitalista llama
competencia por el bienestar, o elevación del nivel de vida. Se visibiliza en esta postura, la
espacio del decantamiento mutuo de los comportamientos de los hombres que se han
106
consolidado como formas o reglas que dan lugar a una infraestructura de hábitos internos y
externos que descargan y permiten canalizar fuerzas anímicas a otra índole de tareas más
institución provee respecto a “qué hacer y qué no hacer, con extraordinaria ventaja de
estabilizar también su vida interior, de manera que evitan en cada oportunidad entrar en
B. Arte y subjetividad
La condición de inacabamiento del hombre, define una tarea continua de sí que no se agota
dimensión del poder que configura el hombre en la acción. Tendríamos que asumir a partir
de Gehlen, la acción como el poder que enlaza al hombre con la vida en su plenitud. La
preservación de la existencia en un ejercicio que si bien el hombre realiza para sí, no puede
87
GEHLEN, Arnold Antropología filosófica. Pág. 91
107
desatarse de un movimiento de producción del espacio para el equilibrio y la confianza
social entre los hombres. Desnuda Gehlen en esta perspectiva, el desdoblamiento que
acontece en las fuerzas que nutren la necesidad del hombre, tal como si el camino hacia la
abriéndose un hiatus donde las fuerzas pulsionales se producen en un círculo cerrado sobre
satisfactoriamente hacia la apropiación y producción plena del mundo. Obra el hombre una
necesidad vital:
88
GEHLEN, Arnold. Antropología filosófica. Del encuentro y descubrimiento del hombre por sí mismo.
Ediciones Paidós. Barcelona 1993. Pág. 86
108
hombres a sus estructuras, persiguiendo la liviandad de la existencia; de fondo, Gehlen
orden. Hasta ahora sabemos que la dinámica antropológica en la que tiene lugar la apertura
biológica carencial89, son un elemento importante para encontrar el punto de acuerdo entre
las dinámicas internas y las dinámicas externas, es decir, que la necesidad de orientación y
orgánico, debe proveerse las condiciones para poder adaptarse y transformar el mundo,
porque el hombre como ser precario e inacabado “debe inventar toda suerte de instituciones
él”90.
89
Debe además comprenderse entre estas condiciones, el problema a que conduce la reducción instintiva del
hombre. La indiferenciación de los residuos instintivos significa que son plásticos y fusionables condición
que desencadena conflictos internos harto significativos.
90
GONZALEZ, William En El hombre problema. Retardación y neotenia. Louis Bolk. Universidad del Valle.
Grupo de investigación Etología y Filosofía. Cali. 2007. Pág. 37
109
La idea de institución, como ya lo habíamos adelantado, se constituye desde el pensamiento
falta, definiendo un contexto social estable. La toma de posición del hombre en este punto,
debe estar atada a la laboriosidad, al esfuerzo que mantiene el contacto con el mundo y las
que nos interesa. La pregunta orientadora aquí, como el mismo Gehlen lo anticipará es
¿cuál es la teleoconformidad del acontecer orgánico? Y nos podremos preguntar ¿en dónde
radica el valor y la importancia del esfuerzo y la laboriosidad más allá del vivir que impone
el cuerpo orgánico? preguntas legítimas si además revisamos otras las discusiones que
como por ejemplo adelantarán pensadores como Hannah Arendt al distinguir labor, trabajo,
acción, y así avanzar de una idea del proceso del sostenimiento de la vida en su sentido
biológico, hacia la acción libre del hombre que entrega un plus en su existencia. Un camino
que va de lo menos duradero que aporta a la vida, hacia lo duradero que establece el
mundo, cosas permanentes incluso más que la vida de los autores. Esta diferenciación que
110
hace Arendt no la encontramos en Gehlen, porque en su antropología, el hombre no es
puesto en discusión en relación a un proceso que va de menos a más, esto es, del
sino que en Gehlen encontramos que, para el hombre, es una tarea continua y en aumento la
de adaptarse y transformar, aplicándose a una reducción de estímulos que toda vez que son
existiendo una linealidad progresiva hacia una tarea determinada, este movimiento de
además de ser el reflejo fiel de la peligrosidad del hombre, es además la fuerza correlativa
que hace soportable esa peligrosidad o riesgo, así expone Gehlen esta dinámica de los
quanta pulsional:
“La reducción del riesgo físico, tal como se ve en la menor de las adaptaciones al
medio ambiente (es decir, la especialización) no era el camino de la evolución hacia el
hombre. Tampoco es el camino de la evolución del hombre; es decir, de su cultura,
que no parece consistir en mantener conservadoramente las seguridades y equilibrios
111
conseguidos, sino más bien en las culminaciones de una energía, que mediante el
riesgo es estimulada y aligerada”.91
La revelación de esta dinámica es interesante puesto que sobre ella es que se instala la
pregunta por el sentido de la laboriosidad del hombre en relación a sus “altos” propósitos.
Para Gehlen es claro que con la mera existencia y con la ejecución de los movimientos de
perfección que supera todo conocimiento. Nos dice que empíricamente no es dable abarcar
una respuesta de la tarea que acomete el hombre con la existencia, como tampoco es
posible saber cuál es la tarea que debe realizar la conciencia para que tenga sentido la
existencia, lo cierto es que, no tener ante la conciencia una imagen de la tarea, no quiere
decir que no exista algo posible que escapa a la conciencia, así pues, la tarea de lo viviente
necesariamente con la condición del hombre como “ser no terminado”. Nótese bien que el
impone como consecuencia prescriptiva sobre el descubrimiento. Así las cosas, la óptica
91
GEHLEN, Arnold. El Hombre. Su naturaleza y su lugar en el mundo. Ediciones Sígueme. Salamanca 1987.
Pág. 69
112
Ya que hemos mencionado a Arendt, y sólo como contrapunto sin intentar un
que podemos acercar a Gehlen, respecto a que “el hecho de que el hombre sea capaz de
acción significa que cabe esperarse de él lo inesperado, que es capaz de realizar lo que es
improbable. Dice Arendt: “El lapso de vida del hombre en su carrera hacia la muerte
facultad de interrumpirlo y comenzar algo nuevo”93. Vemos aquí cómo el eje pivotante del
de la ruina natural que acaece a los asuntos humanos. Fe y esperanza son constitutivos en
por lo que “fijarse” se torna en una obligación. Pero enfaticemos que esta obligación está
impulsada por la necesidad orgánica, por ello el “fijarse” se torna una tarea crónica, ya que
92
ARENDT Hannah. La condición humana. Ediciones Paidós. Barcelona, 1993. Pág.202
93
Ídem. Pág. 265
113
no hay fijación definitiva posible. Aprovechando el contraste con Arendt, podemos decir
sin equivocarnos que para Gehlen, el hombre no “arriba” con el nacimiento, sino que en el
nacer se ratifica y porque no, agudiza la condición inacabada de su biología, o para decirlo
entendiendo por ello una fuerza aniquiladora que nada tendría que ver con lo humano
Queremos decir con esto, que para Gehlen lo improbable es lo que se vislumbra en
naturaleza en cultura, no por otra cosa sino que por la obligación y la disciplina fruto de una
la forma del derecho, la moralidad, la disciplina, la hegemonía de la moral. Vamos por este
camino a considerar el papel del arte frente a lo improbable, no por razones distintas a las
que invoca Gehlen para ocuparse del arte en esta reflexión sobre las instituciones.
La condición del hombre inacabado que se enfrenta siempre a la tarea de sí, entrega
múltiples elementos constatables que libran el camino de toda idea metafísicas que pretenda
resolver el camino del hombre hacia la superación de sus carencias. A partir del
inacabamiento constitutivo del hombre, Gehlen nos hace pensar que como tensión esencial
114
existen en la forma de las pulsiones, fuerzas configurantes activas, dominadoras, que de
Sin embargo, hay que trazar la distancia que separa a Gehlen de la comprensión
fijarse y dar lugar a fijaciones, es decir, es una fuerza que en esencia no es productiva sino
94
DELEUZE, Gilles Nietzsche y la filosofía. Anagrama, colecc. Argumentos. Barcelona, 1962. Págs.61 a 64
115
cosas más elevadas, personales95 únicas y novedosas, todas ellas en lazo estrecho con la
institución.
propia de la biología deficitaria del hombre, a una dicotomía que parece coquetear con una
postura moralizante que sanciona lo que de fuerza natural habita al hombre, a la vez que
ennoblece la función cultural (no natural) como siendo el movimiento propio de una vida
humanamente deseable.
Desde el nacimiento del hombre, las carencias biológicas estructurales lo conducen a partir
contundente evidencia práctica, porque por definición queda blindado a los procesos
95
De acuerdo con Gehlen, en antropología, “el concepto de personalidad sólo puede pensarse en íntima
relación con las instituciones que son las únicas que le ofrecen posibilidades de un desarrollo más refinado”
GEHLEN, Arnold. Antropología filosófica. Ibídem. Pág. 90
116
modeladora en virtud, como hemos dicho, de la visión pragmática. Este blindaje de la
potenciadora de las fuerzas, en el sentido que “el esfuerzo por aumentar la potencia de
ahora es ¿Qué papel juega el arte en este sistema antropológicamente concebido? Hacemos
la pregunta, porque hasta ahora no hemos visto cuál es el valor antropológico del arte o su
96
DELEUZE, Gilles Proust y los signos. Anagrama. Barcelona, 1970. pág. 124
97
GEHLEN, Arnold Antropología filosófica. Pág. 90
117
En la Antropología filosófica, el arte ingresa como siendo uno de los espacios en los que se
que es, según nuestro autor, uno de los rasgos producto de la dilución de la cohesión
institucional. Aclaremos que esta idea de cohesión tiene su fortaleza de primer grado en el
“análogo” reductivo que construye el hombre con las cosas del mundo, y por esta vía, el
contacto de los hombre todos, ya que según Gehlen “la gente se pone de acuerdo a base de
las cosas” que no es reemplazable en modo alguno por la discusión abierta98. Pero lo cierto
es que aquí, no se trata de una simple alusión al arte como espejo receptor de las fuerzas
diluyentes, ya que así pudiera parecerlo. Si consideramos el arte desde la visión de una
fuerza activa como de hecho lo es, encontraremos que su dinámica propia es precisamente
mayor. En principio digamos que mayor una y otra vez en relación a sí mismo. Sirvámonos
de una cita de Nietzsche para avanzar al respecto: “Aunque se lleve a cabo lo más grande y
maravilloso, ningún sonido resonará en el orco, puesto que el arte huye cuando
Entiéndase con esto, que el arte es fuerza autónoma y en este sentido es que tomará en
98
GEHLEN, Arnold. Antropología filosófica. Ibídem. Pág. 93
99
NIETZSCHE, Friedrich Sobre la utilidad y el perjuicio de la historia para la vida (II
intempestiva).Biblioteca Nueva, Madrid, 1999. Pág. 77
118
Gehlen una importancia reveladora, que cumpliría un papel en su antropobiología más allá
Tomemos el planteamiento por esta pregunta ¿Qué es la exageración del subjetivismo? Es,
egocentrismo, sino “un apego tal a sí mismo que, de buenas a primeras y directamente, el
individuo vive sus apropiaciones casuales, las convicciones e ideas que él se forma y las
seguimos esta idea, tendríamos que pensar primero, que el arte sería un movimiento
la interioridad del individuo, y segundo, que el arte sería un refugio para salvaguardarse
del terror y la desorientación que provocan las cosas y el contacto con el mundo
abandonado de toda cohesión; idea esta última que por cierto configura ya una patología
autística desde donde Jacques Poulain adelanta algunas consideraciones críticas sobre el
arte moderno.
100
GEHLEN, Arnold. Antropología filosófica Del encuentro y descubrimiento del hombre por sí mismo.
Ediciones Paidós. 1993. Pág. 92
119
Nos dice Gehlen que la exaltación de la subjetividad es una suerte de precipitado por
Pero revisemos por un momento la variante pragmática que Gehlen introduce a esta idea,
tras las objeciones que recibiera en relación a que existen instituciones secundarias en las
que caben elementos de esta clase, con el fin de hacer fructífera la subjetividad inestable,
versátil e inconsecuente. Retoma la idea concediendo que efectivamente el arte actual, muy
marcado por la ruptura y alejamiento con respecto a las normas y cánones que regían el arte
anterior, ha sido acogido y afirmado por una armazón de instituciones surgidas muy
razón de ser es la posesión de obras como expresión cierta de riqueza. Es en este orden de
ideas donde se hace importante abrir una brecha para la recomposición de una estética
La mirada del autor se tiende precisamente situándose en una especie de quiebre que le
significa el arte moderno, con sus emergencia, por cierto paradigmáticas, muy citadas y
101
Ibídem. Pág. 94
120
fundamentalmente el periodo entreguerras y la segunda guerra mundial. Desde este
parangón vuelve su mirada sobre el arte del pasado allanándolo en la forma de una
y el cultivo del oficio y más aún, el deseo de servicio; y eleva entonces una mirada
justificatoria respecto a una idea de un arte moderno que ahora se muestra sumamente
proclive al decaimiento. Falta en este arte la “forma” de la institución. Entre la forma del
constitutivo primario de la dimensión estética del hombre, o para decirlo de otra manera, la
estética como siendo la forma expresiva humana de la fuerza viviente, fuerza entendida
tanto en lo que tiene de activa como en lo que puede. Una estética antropobiológica debe
asediar el complejo constitutivo del hombre en su ser carencial y deficitario, sin desconocer
este núcleo biológico y filosófico, debe elevarse, avanzar o hundirse con las fuerzas que
lo que tienen de posibilidad. El mundo emergente en este trayecto sigue siendo tan
improbable como el hombre, que toda pretensión de volverlo norma sobre la acción que él
emprende, contraría uno a uno los motivos por los cuales el hombre es hombre.
Plantear la historia del arte como historia de una institución, afirma la institución y no
explica el arte (lo sume en la negatividad). Gilles Deleuze en su muy importante texto de
121
estética filosófica conocido como Lógica de la sensación, aborda en el segundo numeral,
las relaciones que tenían algunos pintores del periodo Renacentista con la figuración,
entendiendo esto último como un sistema que impone el sentido de lo figurativo como
anclaje de la pintura con el “modelo”, que bien puede asemejarse aquí, mutatis mutandis a
la idea de institución geghleniana. Deleuze muestra cómo en el arte que se piensa imbuido
con todo y la presencia de Dios, la virgen y el infierno, encontramos que las líneas, los
representación. Nos dice Deleuze al respecto de la fuerza activa que es propia al arte:
Entonces, por su cuenta, no tienen asuntos más que con las “sensaciones”
celestes, infernales o terrestres. Se hará pasar todo bajo el código, se pintará el
sentimiento religioso de todos los colores del mundo. No es necesario decir “Si
Dios no está, todo está permitido”. Justamente se trata de lo contrario. Pues
con Dios todo está permitido. Es con Dios que todo está permitido.”102
Si se trata de óptica y perspectiva del problema, hay que decir que esta visión es una
declaración de principio que pone en evidencia, la injerencia de las fuerzas reactivas que
102
DELEUZE, Gilles Francis Bacon. Lógica de la sensación. Revista Sé cauto. Traducción de Ernesto
Hernández. Santiago de Cali. Págs. 10 a 11
122
históricamente enmarcan una idea del hombre –ya como lo enunciaba Gehlen en la
produce a sí mismo (antropológicamente podemos ver que esta idea no puede sino
movilizarse en un hiatus por cuanto siempre es una toma de distancia con respecto a sí
hacer violencia al pensamiento para romper las comodidades, las melodías acompasadas y
moderna no está ensimismada, sino que está más plagada de clichés e invadida por la
proliferación de imágenes fotográficas que, como lo dice el pintor Francis Bacon, reinan no
sobre la pintura sino sobre la visión. Romper con este dominio del esquema, del modelo, es
lo que, según Deleuze, intentó hacer el arte abstracto; sin embargo, el filósofo nos entrega
una inquietud clave respecto a que tal vez, es posible encontrar una vía más directa y más
sensible para lograrlo. Esta pregunta indica sutilmente la ruta que señalaría una estética
encriptado en su mundo interior, en el círculo cerrado de su propio yo, sino que volviendo
una y otra vez a sí, pasa a través de sí en un creativo elevarse por encima de las cosas, un
123
abismarse amoroso en los datos empíricos, una poética elaboración de tipos dados103
¿Haciendo qué? Retomando el mundo por el camino del hacerse a sí mismo; obligación
hecho de existir.104
La fuerza diluyente que el arte significa para la forma institución, no nos interesa
extiende y se continúa en el hombre bajo sus propias fuerzas que no son sólo las de ser,
movimiento de inversión respecto a su papel de institución, este giro que vemos ha tomado
la necesidad de Dios para el bien, podríamos asemejarlo al que igualmente puede tomar la
necesidad de la institución para la vida. Esos giros en la historia del pensamiento filosófico
lo expone Jacques Poulain, a propósito del poema de Voltaire titulado Poema sobre el
103
NIETZSCHE, Friedrich Sobre la utilidad y el perjuicio de la historia para la vida (II
intempestiva).Biblioteca Nueva, Madrid, 1999. Pág. 92
104
Ídem. Pág. 83
124
desastre de Lisboa105; en él pone en cuestión lo ocurrido con el terremoto de esta ciudad
habituado a la calma y la paz, el terremoto generó el terror cuando por la mano de Dios
que veían en este acontecimiento un mal necesario al bien, un mal integrable en el mejor de
los mundos posibles. El poema muestra la imposibilidad de la teodicea para lograr sus
fines, cuando se interpela al Dios creador del mejor de los mundos posibles. Poulain
expone la manera cómo Marquard ubica este hecho en la historia de las ideas que el
Este giro es de rotunda importancia, nos dicen estos pensadores, ya que el hombre accede a
tomar un puesto que la metafísica clásica jamás hubiera podido darles que es el de homo
105
VOLTAIRE, Maurice-Quentin Cuentos completos en prosa y verso. Ediciones Siruela y Fondo de Cultura
Económica. México, 2006. Pág. 823 a 828.
106
POULAIN, Jacques La apuesta por la verdad. Crítica de la razón pragmática. Publicado por la Fundación
Filosofía y Ciudad, Cali, 2003 Pág. 150
125
progressor y homo emancipator, pero en este mismo sentido, al ascender a esta posición,
debe asumir el lugar de acusado absoluto que antes había asignado a Dios. Haciendo
cuentas, se entiende que esta situación entrega al hombre el mejor bien cultural que había
podido darse a sí mismo, a saber: ahora está obligado a reconocerse como ser histórico,
como ser que produce sus propias condiciones de existencia y que debe hacerlo de manera
vida humana, porque el hombre debe justificarla teniendo que responder cada uno a las
siguientes preguntas sin la salvaguarda de la potencia divina: ¿Con qué derecho existes tú,
en lugar de no existir? ¿Con qué derecho eres así y no de otra manera? Como resultado
tenemos que “esta supertribunalización nos condena de antemano a estar debajo de la tarea
para el hombre hacerse perfecto, como lo es para Dios librarse de su condición de creador;
entonces, Dios es absuelto al convertirlo en inocente absoluto, esto es, inocente por ser
107
Ídem. Pág. 151
108
Ídem. Págs. 152 a 153
126
Marquard muestra que de este mal surgieron además, dos disciplinas filosóficas: la
“lo que la naturaleza hace del hombre” en oposición a lo que “él hace, puede y debe hacer
de sí mismo como ser histórico que obra libremente”109, sin embargo por vía de la
sus responsabilidades, dato que encontraremos muy señalado en la apreciación que Gehlen
una antropodicea de las facultades, haciendo del hombre el homo sensibilis y genialis que
no sólo legitima sino que salvaguarda un acuerdo sin concepto entre las facultades,
entonces “el arte se institucionaliza como espacio cultural que elude el tribunal acusador.
(Por tanto) A la obra de arte no conviene plantearle la pregunta: ¿Con qué derecho? De esta
109
Ídem. Págs. 152
110
Ibídem. Pág. 153. El paréntesis es nuestro.
127
Gehlen y Marquard, cada uno a su manera, revelan las formas de producirse los sistemas de
legitimación del arte, que más bien fungen como reclusiones para ese “fuera de la ley” que
logra ser cercado en el efecto de sus propias ocurrencias subjetivas, en alto grado
contaminantes. Es notable cómo se cernió sobre el arte a lo largo de la historia, una mirada
parámetro el estatuto ideal de la cultura desde las ideas de estabilidad, cohesión, tradición y
entendimiento; sin olvidar las virtudes metafísicas que le conciernen por vía de su origen
indiscernible como “divino”: belleza, equilibrio, armonía, proporción, entre otras virtudes
que señalan más bien, un compendio de valores morales que se contienen en la relación
Sobre estos antecedentes culturales nos presenta Arnold Hausser una visión muy sugestiva,
que bien podría agregar algunos elementos clave para comprender en otro espacio, la
persistente confrontación tribunalizada a que es sometido el arte, toda vez que su desarrollo
se entiende estaría atado a las condiciones materiales de cada época. Una idea del arte
anclada en las demandas que impone el mundo, o mejor, un arte instituido por las
“estable” con el mundo. Hauser refiere que la formalización de las facultades y las obras
del espíritu, así como el nacimiento de la investigación pura y de l’arte pour l’art, no son
128
pues, una creación del capitalismo moderno; indica que este proceso tiene sus inicios en el
siglo VII a.C. en Jonia y se halla en conexión con el carácter de la colonización griega.
desestabilización del sistema cultural, siempre en estado de mediana estabilidad, sólo que
los momentos históricos desde donde ambos autores reflexionan el fenómeno, dan lugar a
111
HAUSSER, Arnold. Introducción a la historia del arte. Ediciones Guadarrama. Madrid, 1973. Págs.54 a
55.
129
espiritualizado en conceptos abstractos, mientras que en Gehlen gira hacia el desequilibrio
emocional y la inestabilidad social. Nótese en todo caso que en Gehlen –como veremos
institución como sistema que indica la salud de una sociedad, su teoría desemboque en la
metaforización del sistema social en la idea del cuerpo orgánico, cuya estructura está a
expensas de las enfermedades. De manera muy sugerente los grupos culturales toman la
forma de sistemas orgánicos deficitarios expuestos a una carga exterior amenazante, lo que
requeriría sistemas de protección y descarga. De hecho esta metáfora no es nueva y aún hoy
diáspora e interculturalidad.
Respecto a la concepción que en el seno del mundo social se tiene del arte y del fenómeno
estético, consideramos que se trata de reorientar la pregunta tal como lo propone Poulain
respecto al lenguaje, ya que, como lo muestra, las teorías del lenguaje y la comunicación
parten de situar la importancia del lenguaje en el mundo social y político tomando como
punto de partida su importancia funcional, pero han esquivado la pregunta por las raíces del
mismo, dejando de lado las posibilidades que con ello se abren, para una comprensión del
130
lenguaje en el seno de un mundo dominado por la tecnocracia socioeconómica, y los
que se encadena entre sus piezas ora de manera fluida, ora gracias a rupturas productivas,
que igual se atan en la narración de sus distancias, testimoniando los grandes giros del
material. Así mismo tenemos la visión histórica y social que puede bien satisfacer el
espíritu pragmático del investigador, que desde cada punto de la historia que le ha tocado
vivir –como lo plantea Arnold Hausser- se sirve del arte para comprender a su manera los
teniendo del arte sólo su rostro cultural, sometido al relativismo de las épocas y las
necesidades, sin responder a las preguntas que tienen lugar en el campo de una estética
antropológica. Digamos que el producto de este enganche reductivo y sin duda excluyente
que significa la historia del arte (si sólo contamos la plástica), aparte de mostrar un trazado
constancia de la presencia irrefutable de una fuerza humana, de la cual tenemos las huellas
sin poder comprender el camino. Con esta imagen que puede sonar retórica, queremos
poner el acento sobre la importancia antropológica que tendría asediar las rutas de la
131
gimnasia física, y el diálogo sensomotriz y afectivo que cada vez en cada obra, han
significativa si abrimos la pregunta a las múltiples expresiones estéticas en las que tiene
forma de los gestos vividos que anudan un tejido o labran un tronco; los vértigos, levedades
concebida desde el intelecto; el enganche de los sonidos de la voz con el gesto las manos, y
jugando entre la línea y el sfumato que imaginamos; la poesía trae la experiencia del mundo
Si recuperamos estas ideas que competen a una estética antropológica, sin olvidar que nos
el espacio del atletismo artístico que debe escalar en las cosas para recuperarlas en el gesto,
en el color, en la línea, en giro ondeante, veloz y entrecortado de las manos que modelan,
iluminan, trazan la profundidad inagotable de las cosas. Tal vez hoy desde nuestra mirada
familiar, apenas si podemos comprender en el arte que llamamos clásico y que nos provoca
132
imágenes en su momento dieron lugar. Como móvil de nuestro estremecimiento suele
encontrarse solamente el aura que sobre ellas vierte el valor económico y cultural, que en
esta sociedad ostentan y que se nutren constantemente con el ritual que imponen los
museos en calidad de sagrario, y los coleccionistas que no escatiman en los detalles que
dotan de autenticidad.
tienden sobre el arte para definirlo en su sentido humanista, y han sido legitimadas en el
discurso de la estética filosófica, aprovechando este mojón que viene bien a la idea de
espiritualizar un horizonte humano. Quienes sostienen las consignas del arte por la
dominación, y el arte por el aconductamiento del cuerpo y el espíritu, saben que no se trata
de combatir el ídolo metafísico, pues han descubierto el sentido mundano del arte hecho
hombre, y como máquinas de guerra empuñan sus conceptos fascistas. Walter Benjamín ha
sido quien en el momento más tormentoso para el devenir del arte, ha puesto esta discusión
en el plano del mundo material de los hombres, motivando la producción dialéctica de unas
tesis acerca de las tendencias evolutivas del arte, cuyo valor combativo es radical. Estas las
“Dichas tesis dejan de lado una serie de conceptos heredados (como creación y
genialidad, perennidad y misterio), cuya aplicación incontrolada, y por el momento
difícilmente controlable, lleva a la elaboración del material fáctico en el sentido
133
fascista. Los conceptos que seguidamente introducimos por vez primera en la teoría
del arte se distinguen de los usuales en que resultan por completo inútiles para los
fines del fascismo. Por el contrario, son utilizables para la formación de exigencias
revolucionarias en la política artística”112
No es nuestro interés tratar ahora el problema que introduce Benjamín, el cual es muy
productivo por demás, si acaso queremos penetrar con minucia en la dimensión estética
antropológica, con la que asume la relación del hombre con los medios técnicos de
naturalizando su encuentro, de tal manera que los resultados del esfuerzo empeñado sean
“asumidos” como fruto del devenir histórico del hombre y el mundo en el horizonte de la
maravillando al hombre ante lo que pareciera ser sus propias creaciones, todo sin cambiar
nada en su base social y material, cual si la estabilidad del mundo siguiera siendo el garante
134
Esta breve referencia a Benjamín, precisamente para mostrar cómo el discurso de la estética
se ha vertido sobre la historia del arte, allanando sus fuerzas bajo la forma de la tradición;
pero también para constrastar lo que Gehlen piensa en relación al cambio o disolución de
los patrones que establece la cultura, pretensión que él llama “revolucionaria” y que
entre el hombre y la cultura diciendo que “el hombre es por naturaleza un ser cultural”113,
lo que, sin embargo, no va más allá de una naturalización que como tal, en el hombre
que permite definir al hombre como un ser inestable por naturaleza. La conciencia de esta
conclusión a la que ya hemos aludido a propósito del texto de Hauser, pero que Gehlen no
da la relevancia que merece, pues dice que la causa fundamental para la disolución de los
113
GEHLEN, Antropología filosófica. Pág. 97
114
Ibídem., pág.77
135
consolidados culturales e institucionales en la crisis de confianza de una sociedad en sí
la tradición, es desde todo punto de vista insostenible e inviable. Parece ser que las ideas
llegan a un punto en el que el relativismo introducido por la cultura obliga el paso hacia el
normativismo para sobreaguar. Añade además Gehlen, que el otro aspecto destructor de las
lentitud pero igualmente a fondo- todos los moldes de vida, los ideales y criterios del
De este punto de arbitrariedad no resuelta a que da lugar la institución, pasemos por último
a considerar más de cerca el abordaje que hace Gehlen del fenómeno específico del arte
moderno. Veremos cómo se le abre una historia clínica para demostrar su patología
radicalizada pues, además de invitar a no llamarles artes plásticas, insta a que “no debiera
115
Ibidem., Págs. 100 a 104
116
Ibidem. Pág. 91
136
colgarse las pinturas modernas en los mismos museos donde exhibe su homogeneidad el
límites a las conductas y hasta determina sobre la corporalidad, esto para Gehlen, desde una
social. En los procesos de transición de las formaciones culturales, las normas y reglas
rígidas pueden derivar hacia la convención, lo que expresa una crisis en relación a la
pérdida de confianza en las tradiciones, la convención tiene una validez no sentida que en
cualquier momento está abierta a la discrepancia consigo misma. Otra forma del
tachándola de artificial. En este punto Gehlen arrecia contra los artistas, por cuanto en la
choca con esta idea porque la “nueva naturalidad”, dice, tiene un origen tan cultural como
la convencionalidad, es así que esta dinámica de choque en la crisis de las normas, estará
117
Ibídem. Pág. 111
137
Gehlen hace el ejercicio de seguir el movimiento de la idea de naturalidad en la pintura
Según nuestro autor, la dificultad primera en la comprensión del fenómeno del arte
moderno se debe a que no le ha sido fácil desprenderse de la clásica idea del genio, propia
de los siglos XVIII y XIX, nutrida en un especie de “don de la naturaleza”, lo que, como
puede hacerse comprensible, sirvió para confrontar el arte de academia y todas sus reglas y
esquemas, ya que al genio lo mueve una fuerza natural a crear de manera original. Esta idea
pueden descargar a través de sí y sobre sus lienzos y cartones, fuerzas y energías telúricas
Viéndose en retrospectiva los mismos pintores, hallarán que sus antecesores estaban tan
lejos de la naturaleza, cuanto que ahora se está muy cerca de la nueva naturalidad, gracias a
que se cuenta con teorías y medios científicos. Así lo muestran los impresionistas, los
búsqueda, o de esta presunción, da lugar a la idea de una rivalidad donde el cuadro busca
desplazar la naturaleza, ante lo que Gehlen concluye que “Lo creado por el hombre desaloja
138
lo creado por la naturaleza; he ahí una frase que describe toda la cultura moderna y, por
los impulsos, y en general la pérdida del control sobre lo que es reprobable culturalmente,
estilándose, con gran énfasis, en su valor de novedad”119. Cuando el arte converge en este
que, bajo las condiciones de su época, asumen lo aberrante como natural, abriendo campaña
obligatoriedad. Esta actitud sin duda alguna, piensa Gehlen, aparta radicalmente el mundo
118
Ibídem. Pág. 107
119
Ibídem. Pág. 109
139
de los artistas de la vida cotidiana, conduciendo un movimiento separatista que autoriza la
fundación de repúblicas propias donde cada quien gobierna con sus propias leyes y fija sus
propios valores.
Consideramos que hasta el momento, hemos logrado acentuar el valor que para Gehlen
tiene la institución, como punto que corona las posibilidades del hombre en su tarea
mostrar las relaciones de cercanía que se trazan entre la subjetividad y el arte, a lo cual el
concepto de institución gehleniano opone firme resistencia desde una visión que, vista
Se espera del hombre carencial, deficitario y retardado por definición, que pueda
depende como sabemos, de las posibilidades que haya logrado darse a través de su propia
industria; debe hacerse a medios probados que por supuesto, han de garantizarse tanto en la
140
movimientos útiles, engranados por el complejo sensorial, motriz e intelectual; como
social.
Consideramos que el punto importante aquí –al menos desde nuestra óptica- en lo que tiene
que ver con hacernos una imagen aceptable de la complejidad humana, está en la idea de
hombre no vive, sino que dirige su vida a partir de experiencias y aptitudes asimiladas y
cultivadas por sí mismo, de las cuales, dependen también los procesos vitales de su cuerpo.
El hombre debe darse orientación porque a diferencia del animal no tiene instintos, sin
embargo, se ha dicho que, posee ciertos reductos instintivos que no obstante, en su supuesta
entre actos instintivos y actos mentales. Hablar de los reductos instintivos es entonces,
plantear las dinámicas por las que pasa toda actividad del hombre camino a la acción y
demás actos que tejen la esfera humana, aún la misma inactividad contemplativa.
Los sentidos juegan un papel importante ya que, tanto los procesos perceptivos que nos
ocupan de la manera más inmediata, como las profundas necesidades instintivas se orientan
141
instintivo que hace presencia en el hombre; se trata del vínculo directo entre el instinto y la
conciencia. La razón general de esta relación es, como se dijo, presentar el nivel de
complejidad que reviste este tema en el hombre, por cuanto la integración asociativa a que
afectivos que tienen lugar en el hombre. La razón puntual está en que toda actividad
humana, debido a la reducción instintiva, no puede sino tener lugar en una pausa de la que
hombre:
120
GEHLEN, Arnold El hombre. Su Naturaleza y lugar en el mundo. Ediciones Sígueme. Salamanca.. 1980.
Pág. 77 a 78
142
estimulación externa de valor biológico que desencadena una respuesta sin haber ninguna
repertorio de componentes altamente específicos. Con este ejemplo Gehlen nos entrega una
como una llave en algo así como una predisposición lista para percibir, destrabando
exteriormente visible.”121
Los estudios adelantados sobre los desencadenantes instintivos en los animales, entregan
penetrante. Respecto a los colores se encuentran entre los desencadenantes los llamados
puros del espectro; entre las formas, las regulares y simétricas; entre los movimientos, los
rítmicos.
exclusivamente visual, por lo que será más fácil para el autor apuntar sus consideraciones
estéticas hacia las artes plásticas. Pues bien, respecto al hombre, si bien se sabe que tendría
121
GEHLEN, Arnold. Antropología filosófica. Del encuentro y descubrimiento del hombre por sí mismo.
Editorial Paidós. Barcelona. 1993. Pág. 128
143
donde Gehlen lo acerca a compartir con los animales la capacidad de reaccionar ante esto
que podríamos considerar, los elementos formales del sistema primario de la estética
antropobiológica; por tal motivo, asegura que estas cosas producen en el hombre la
la naturalidad “natural” del arte, que perdieron los artistas modernos; de hecho, a partir de
esta constatación, propondrá “dejar al descubierto algo así como un substrato biológico de
por ejemplo, si observamos sus movimientos, podemos encontrar sólo algunos pocos que
aún son medianamente distinguibles en su estado de reducción instintiva, al punto que son
encadenamiento a esquemas instintivos definidos. El sistema motriz del hombre es, visto en
122
Ibídem. Pág. 130
123
Ibídem. Pág. 131
144
su infinita posibilidad, el componente necesario a un ser que debe producir constantemente
convertibles, a tal punto que se interceptan convirtiéndose unos en otros. Tenemos entonces
una fórmula importante y muy reveladora del comportamiento humano con respecto al del
animal, pues, pareciera que varios grupos de residuos instintivos concurriesen constante y
escenario parecen ser excitables en todo momento. En los animales las conductas y
reacciones instintivas, pasan sin titubeo de una a la otra, mientras que en el hombre la
conflictos internos.
A esta concurrencia, se suma el hecho que los factores instintivos en su actividad constante,
pero conservando su energía. Este hallazgo que Gehlen comparte con Freud, presenta una
situación dramática por cuanto habría “factores pulsionales cuyo desahogo en acción
145
declarada sería constitutivamente imposible y nada susceptible de vivirse.”124, con esto,
Freud acentúa la brecha constitutiva del hombre que imposibilita la armonía e “impide la
plena satisfacción”, dándole al hombre el único sentido que se contiene en sus posibilidades
efecto excitador que es el choque emocional provocado; contención interna que genera la
“pausa” o el intervalo entre la excitación actual y la acción diferida, este vacío que recuerda
cabida a una independización (pausa) entre la afección y la reacción. Aquí tiene lugar lo
que Gehlen nomina como la raíz antropológica de la preferencia por lo bien configurado,
precisamente porque este gusto está desatado de consecuencias activas, porque el repertorio
124
Ibídem. Pág 138
146
Nos está diciendo Gehlen, que la reducción instintiva y la indeterminación de los
choque emocional que, puede bien darse frente a representaciones y copias. Al respecto
anota Gehlen: “La emancipación de los choques emocionales respecto de la acción llega,
pues, hasta una “independización”, sin ningún alcance biológico, del nexo entre la
impresión óptica, por un lado, y una reacción efectiva inmediata, semiinstintiva, por el
otro”125. A este respecto nos muestra el autor que la psicología de la Gestalt ha demostrado
ciertas propiedades de la percepción, que se inclinan hacia lo bien configurado sin que haya
significación biológica
Para terminar este punto, Gehlen nos muestra que en el hombre los pocos desencadenantes
que pueden identificarse en relación a la motricidad son los de las reacciones mímicas,
aporte que toma de K. Lorenz. De hecho estos se han convertido en esquemas sociales de
reacción innatos a los cuales no va ligada ninguna conducta inequívoca, puesto que los
gestos de la mímica o bien están atados a fuertes convencionalismos, o bien son la salida
125
Ibídem. Pág 139 a 140
147
espontánea de los choques emocionales configurándose como espacio de la pura
“expresión”.
Vemos cómo paulatinamente los procesos biológicos y vitales comienzan a ser un eco
lejano, en relación a la obligación que significa existir. En la medida en que las relaciones
comunicativas con las cosas del mundo se van vinculando más a procesos de índole
Gehlen toma partido por las consecuencias de este análisis que se le antoja muy oportuno y
saludable como vemos, por ello tratará de completar el esquema de una interioridad
la formulación de una fisiología del arte que instala definitivamente la dimensión estética
Gehlen sabe que el arte visto en la historia como lenguaje de la imagen, bien puede
asemejarse a la estructura e importancia que carga consigo el lenguaje, por lo que considera
ideal y lo concebible. Pero con todo y eso, dice que no hay todavía teoría que cabalmente
148
haya abordado con profundidad, o haya dado respuesta a la razón por la cual, el arte es
fuente de profunda fascinación. Reconoce eso sí, que la vivencia estética no puede ser una
vida aislada y ascética de la conciencia, y que por tanto debe estar vinculada a las
esta enunciación, desde ya tiene claras consecuencias, puesto que la vida instintiva hasta
ahora nos ha sido expuesta en función de aspectos que llegan a ser bastante paradójicos
para el arte, como por ejemplo, legitimarlo en la inactividad, para así garantizarle el ingreso
del hombre: “En el lado de los instintos se conservó un estado residual que ya no apunta a
determinados grupos de objetos, sino que reacciona ante cosas que exhiban siquiera esas
conduzca a influir o actuar como lo obligan las demás vivencias del mundo, estará arrojado
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Ibídem. Pág. 143
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Ibidem. Pág. 145
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a vivir una experiencia libre de obligación que le retorna placer por el hecho mismo de la
libertad en que lo sitúa. Esta experiencia es vivida como un acto impensado, y por ello,
parece revestirse de profunda benevolencia. No piensa lo mismo Gehlen del arte moderno
prodigan las condiciones instintivas. Y es que lo que señala Gehlen como anómalo del arte
alguno, en esta burla dirá Gehlen, es donde este arte se siente arte, es un arte tendencioso
“La caótica cultura moderna, con sus sorpresas y novedades sin fin, con sus
experiencias eternamente cambiantes y en parte contradictorias entre sí, con
sus efectos de frenado tanto en el plano moral como espiritual, hace imposible
al individuo la lisa ejecución de su existencia singular, por no hablar de sus
nexos colectivos…Todos nos hemos acostumbrado ya a esta situación
determinada por multitud de expetriencias, valores y apelaciones en constante
interferencia…justamente a causa de esta previa habituación nos resulta
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Ibídem. Pág. 146
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insoportable en las artes las afirmaciones inmediatas y carentes de
rupturas…En cambio, todo el arte del pasado, que en su mayor parte resulta
ingenuo incluso en el sentido de que excluye toda ruptura, se hace significativo
para la reflexión justamente por su contraste con el arte moderno”129
Para terminar este ejercicio, creemos conveniente, tras la crítica que se ha trazado a la
como la inversión de la dirección de los impulsos, lo que según el autor consiste en que el
hombre se propone con su acción, no una modificación útil del mundo exterior, sino una
modificación sin valor biológico de su propio estado subjetivo. Esta vivencia posible para
he aquí la virtud con que Gehlen reviste este esfuerzo, porque ésta manera de búsqueda
indirecta y por ello mismo laboriosa de placer, evita la inversión del sentido de los
frase de Gehlen que, la laboriosa experiencia estética sería un placer narcótico tan natural,
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GEHLEN, Arnold. Imágenes de época. Sociología y estética de la pintura moderna. Ediciones península.
Barcelona, 1994. Págs. 103 a 104
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En este ejercicio de reflexión e investigación filosófica, creemos haber bosquejado al
filosófica de Arnold Gehlen, y con ello, también guiado nuestro esfuerzo hacia la obtención
de las consecuencias de esta mirada sobre el hombre, poniendo el acento en una posible
estética antropológica. Hemos visto que en Gehlen, su estética naturalizada hasta donde no
más, deja perder el germen crítico que realmente le viene a su antropología por la ruta de
de esta su antropobiología, deja perder en el ideal del hombre socialmente sostenible, las
potencias diluyentes del arte, que, desprendidas deliberadamente del impulso natural,
inacabado. Tal vez descubramos que sus opciones frente a la naturaleza son
indeterminadas, pero puede darse opciones posibles frente a un mundo que sigue siendo su
tarea.
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CONCLUSIONES
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Conclusiones
concepción que del arte se ofrece al tomar en consideración los estudios experimentales de
la biología del hombre. De entre ellos, la idea en torno al riesgo que significa el arte para la
institución, sobre la cual se entiende se erigen los garantes de sobrevivencia del hombre.
recurrente de lo biológico, se trata más bien de una óptica biológica que permiten traducir
los problemas constitutivos del hombre, a un lenguaje teórico más denso gracias al cual, el
- Darse una interpretación de sí mismo y tomar posición ante sí, es una obligación ligada a
la existencia del hombre, por ello, dice Gehlen, su indigencia ha de hacer parte de la
- La óptica biológica propone una morfología especial, en la que las funciones superiores
hacen parte de las necesidades vitales, que han de transformarse en acción, punto de
convergencia de lo corporal y lo anímico. Las funciones vitales así consideradas, están lejos
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de facultades o poderes extracorporales o trascendentales, siendo ahora producciones
- Lo que el hombre piense de sí mismo y lo que sea capaz de hacer, le permiten jugar con
su propio destino, no hay neutralidad posible; por ello, toda acción y decisión humana tiene
sensitivos que le asaltan simultáneamente, es una necesidad, porque si el hombre, con toda
animal, sería incapaz de vivir. Por ello el concepto de descarga, permite explicar cómo el
las conductas y hasta determina sobre la corporalidad, lo que para Gehlen, es totalmente
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- En el trato con las cosas, tiene lugar un proceso de incorporación-liberación de las
de producir, semejante dinámica nos pone de frente a lo que Gehlen llama “abismamiento”
toda relación con las cosas cumple una acción tanto de incorporación, distanciamiento y
satisfacción; creando de este modo hábitos de acción que tienen como centro una cosa
determinada.
como un abstracto o en un sentido natural, sino concebida en la dimensión del poder que
realiza para sí, no puede desatarse de un movimiento de producción del espacio para el
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- En los procesos de transición de las formaciones culturales, las normas y reglas rígidas
pueden derivar hacia la convención, lo que expresa una crisis en relación a la pérdida de
- Gehlen acerca al hombre a los animales en la medida en que ambos dice, comparten la
antropobiológico, definido así: para los colores los llamados puros; para las formas, las
regulares y simétricas; para los movimientos, los rítmicos. Gehlen asegura que estas cosas
alguna que lo conduzca a influir o actuar como lo obligan las demás vivencias del mundo,
estará arrojado a vivir una experiencia libre de obligación que le retorna placer por el hecho
mismo de la libertad en que lo sitúa. Contrario a este precepto, el arte moderno, de manera
- En Gehlen, su estética naturalizada está despojada del germen crítico que una visión
cabalmente antropológica le otorga. El giro hacia una postura prescriptiva que promueve el
ideal del hombre socialmente sostenible, cierra las vías de encuentro posible con una
estética antropológica, capaz de recuperar las potencias liberadoras y diluyentes del arte,
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surgidas no de otra parte que de las fuerzas constitutivas del hombre que se asume en su
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BIBLIOGRAFÍA
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- -----------------------------. Sobre la utilidad y el perjuicio de la historia para la vida (II
intempestiva).Biblioteca Nueva, Madrid, 1999
- SCHELER, Max El puesto del hombre en el cosmos. Editorial Losada S.A. Buenos Aires
1932,
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