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M ANUEL

RODRÍGUEZ
LOZ ANO

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M ANUEL
RODRÍGUEZ
LOZ ANO
PENSAMIENTO Y PINTURA

1922– 1958

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El Instituto Nacional de Bellas Artes, Primera edición, 2011
a través del Museo Nacional de Arte, agradece © Instituto Nacional de Bellas Artes
el generoso apoyo de los patrocinadores que San Antonio Abad 130, 5º piso
contribuyeron a la realización de la exposición Colonia Tránsito, 06820, México, D.F.
y el catálogo que la acompaña Manuel Rodríguez © Los autores, por sus textos
Lozano. Pensamiento y pintura 1922 –1958:
Patronato del Museo Nacional de Arte Portada: La tragedia en el desierto (detalle cat. 78)
Talleres Gráficos de México

Coordinación y cuidado editorial: ISBN: ???-???-????-??-?


Evelyn Useda Miranda
Víctor Mantilla González
Arturo López Rodríguez Impreso en México
Jesica Martín del Campo
Queda prohibida la reproducción parcial o total, direc-
Diseño editorial: ta o indirecta del contenido de la presente obra, sin
Peyret_Aronska contar previamente con la autorización expresa y por
Retoque fotográfico: escrito de los editores, en términos de la Ley Federal
Armando Haquet Gudiño de Derecho de Autor y, en su caso, de los tratados
internacionales aplicables. La persona que infrinja esta
Fotografía de obra: Francisco Kochen, disposición se hará acreedora a las sanciones legales
Ernesto Peñaloza, Óliver Sanatana, Darío Arroyo, correspondientes.
Roberto Ortiz Giacoman, Mario Asplan,
Ricardo Vega Muñoz, Ariel Zúñiga [Link]

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ÍNDICE

P R E S E N TA C I ONES
  10 CONACULTA
  12 INBA
  14 PATRONATO
  15 MUNAL

 L O S D U E L O S DE
M A N U E L R O DRÍGUEZ LOZANO
19 JAIME MORENO VILLARREAL

E S T R U C T U R A Y MOVIMIENTO
  39 BERTA TARACENA

 LOS CÍRCULOS
C U LT U R A L E S DE LA ARGENTINA
  83 PATRICIA M.  ARTUNDO

E N E L R E F L E J O DE SU REFLEJO
125 PÁVEL GRANADOS

 P E N S A M I E N T O Y PINTURA 1922  –  1958


157 ARTURO LÓPEZ RODRÍGUEZ

APÉNDICE
217 ÍNDICE DE AUTORES
219 IMÁGENES DE REGISTRO
245 LISTA CATALOGRÁFICA
253 CRÉDITOS
257 AGRADECIMIENTOS

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Para Talleres Gráficos de México es un momen- de Arte preparó la exposición Manuel Rodríguez
to oportuno participar nuevamente con el Museo Lozano. Pensamiento y pintura 1922 –1958, la cual
Nacional de Arte esta vez en la realización de un explora su vida y su obra desde otras perspectivas
catálogo de arte que apoye la difusión y la revalo- documentales e iconográficas.
ración de pintores reconocidos, como es el caso Con esta publicación Talleres Gráficos de
de Manuel Rodríguez Lozano. México refrenda su compromiso institucional
A través de la impresión TGM aporta un do- y social con los públicos de arte, vocación que
cumento que deja constancia y memoria visual de comparte con el propio Museo Nacional de Arte,
esta exposición conmemorativa para el público en colocando al alcance del lector-espectador parte
general, así como para investigadores y académi- del patrimonio artístico de nuestro país.
cos interesados en este pintor mexicano.
Manuel Rodríguez Lozano, uno de los grandes
maestros de la plástica mexicana del siglo veinte
y constructor de una identidad y un estilo nacio- José Rafael Ríos Martínez
nal, murió en 1971. En conmemoración por los Director General
cuarenta años de su muerte, el Museo Nacional TALLERES GRÁFICOS DE MÉXICO

Manuel Álvarez Bravo


Manuel Rodríguez Lozano en su estudio, ca. 1938
Plata sobre gelatina,
Colección Colette Urbajtel/Asociación Manuel Álvarez Bravo, A.C.

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La obra pictórica de Manuel Rodríguez Lozano Militar, diplomático, viajero, casó con Carmen
(1896 –1971) así como sus otras facetas y accio- Mondragón y se hizo pintor autodidacta; en París
nes en el ámbito de la cultura son poco conocidas siguió de cerca los movimientos vanguardistas,
más allá de los círculos de especialistas, críticos, vivió la consolidación del cubismo. De vuelta a
académicos y aficionados al arte. Su nombre pa- México, se acercó al grupo Contemporáneos,
reciera secreto a pesar de que su pintura está ilustró revistas e hizo escenografías bajo el me-
inscrita por derecho propio en la maravillosa vida cenazgo de Antonieta Rivas Mercado. Rodríguez
cultural y artística de México de la primera mitad Lozano, espíritu inquieto, emprendió una búsque-
del siglo XX. La vida y la obra de Rodríguez Lozano da de la modernidad que conjugara la expresión
son un cruce de destinos, de escuelas y tenden- nacional entendida como una manifestación de
cias artísticas, de infortunios y transgresiones, de lo universal. La escritura, la poesía, la crítica de
mujeres y hombres cuyos nombres bastan para artes plásticas, el teatro, el cine, todo llamaba su
definir una época. Pablo Picasso, Georges Braque, atención y espíritu, por ello, su vida tanto como
Henri Matisse, Carmen Mondragón (quien luego su pintura, revelan un camino que se aparta de las
sería conocida, gracias al Dr. Atl, como Nahui Olin), convenciones y fórmulas establecidas.
Antonieta Rivas Mercado, entre otras, son algunas Manuel Rodríguez Lozano. Pensamiento y
de las figuras que acompañaron y contribuyeron a pintura, 1922 –1958 es una exposición (debe su
conformar el camino, la elección personal, vital y título a un libro de ensayos del propio Rodríguez
artística que tomaría forma en una expresión plás- Lozano) que presenta el Museo Nacional de Arte
tica personal cuya “calidad poética enriquece la a cuarenta años del fallecimiento del artista que
pintura de nuestro tiempo con una visión dramáti- no sólo ofrece una muestra representativa de sus
ca de la existencia humana”, nos dice con certeza distintas estaciones artísticas agrupadas en cuatro
Justino Fernández. ciclos temáticos, también el discurso museológico

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se extiende con algunas reflexiones contenidas en mediante construcciones desoladas y escenas trá-
Pensamiento y pintura así como con obras de sus gicas. Tales figuras, fantasmas de mágico lirismo,
alumnos Abraham Ángel, Nefero, Tebo, Julio Cas- integran el ciclo en el que predomina el blanco y
tellanos, Francisco Zúñiga y Antonio Reynoso. los colores fríos.
El primer ciclo, “llamado “La mirada colosal” Completan la exposición la posibilidad de es-
ofrece figuras humanas monumentales, a menudo cuchar música de Igor Stravinski, Carlos Chávez,
desnudas, de notable expresividad y sensualidad, Silvestre Revueltas y Modest Mussorgsky. Tam-
que acusan la admiración de nuestro artista por bién habrá lecturas dramatizadas de obras de Ro-
la pintura neoclásica de Picasso. “Un fauvismo dolfo Usigli y Juan Tovar, y se exhibirán películas
mexicanista”, el segundo ciclo, está dedicado a de Adolfo Best Maugard, Felipe Cazals, Carlos
los primeros trabajos, que datan de los años vein- Saura y Emilio Fernández. Tanto la música, como
te. “Un país luminoso” es el núcleo que muestra las obras teatrales y las películas están vinculadas,
dos asuntos estrechamente relacionados en la en algunos casos de manera directa, con la vida
obra de Rodríguez Lozano: la vida del pueblo y la o la obra de Manuel Rodríguez Lozano, figura de
muerte. El primero le dará sustento a su pensa- las artes plásticas de nuestro país, contemporáneo
miento, el segundo encontró su expresión en la de un momento glorioso de nuestro arte nacional.
figura de Santa Ana, serie de tableros ejecutados Espero que esta exposición contribuya a revalorar
entre 1932 y 1933. Por último, “El silencio y la y remirar la obra de un artista cabal.
tragedia” brinda un conjunto de obras de la lla-
mada “época blanca”, encabezada con un mural
que pintó en la Penitenciaría del Distrito Federal, Consuelo Sáizar
titulado La piedad en el desierto. Esta etapa, una Presidenta
de las más elogiadas hoy en día, sintetiza su arte CONSEJO NACIONAL PARA LA CULTURA Y LAS ARTES

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Manuel Rodríguez Lozano se propuso hacer un generosa cooperación de muchas personas e


arte que no fuera “tributario” sino “real, formal- instituciones, un análisis detallado de las piezas
mente mexicano”, pero no por sus temas ni sus y de los periodos de la historia del arte en que
imágenes, esto es, dejando de atenerse a la sola han sido ubicadas. El resultado, así lo creemos,
anécdota o a lo manido pintoresco. ¿Pudo hacer- es una muestra que permite releer a uno de los
lo? De una obra maestra suya −un asunto de la clásicos del arte mexicano del siglo XX, valorarlo
devoción cristiana− el crítico de arte Paul Wes- estéticamente, asignarle −por parte de los nuevos
theim nos dio su veredicto: “Esta Piedad, en su espectadores y la nueva crítica− el sitio que con
honda melancolía y resignación, en su contenida justicia le corresponda en nuestra pintura y, ante
angustia, es una Piedad muy mexicana”. Toda su todo, disfrutar mejor de un trabajo que ha solido
producción pide un veredicto amplio, suficiente, ir acompañado por una leyenda extra artística.
desde hace ya tiempo. Está es precisamente la Se trata de una obra a cuya vida interior pa-
nueva apuesta del Museo Nacional de Arte al recen concurrir por partes iguales el sentimien-
ofrecer al público la exposición Manuel Rodríguez to, el intelecto y el espíritu de su autor. De ahí su
Lozano. Pensamiento y pintura, 1922 –1958. proverbial armonía. Aunque para el Alfonso Reyes
Para ello fue necesario el mayor acopio de de 1925 primara en ella la razón sobre los senti-
fuentes posible, una búsqueda exhaustiva, la mientos. Los “cuadros −dice− se acaban en su

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mente antes de que empiece la obra exterior de la luz de consideraciones y desarrollos teóricos y
los pinceles. Así, no lo engañan los ojos de fuera técnicos de que había carecido.
−malas sirenas−, y si el primer color manchado El Instituto Nacional de Bellas Artes, con
en un ángulo de la tela parece débil, él sabe que Manuel Rodríguez Lozano. Pensamiento y pintura,
resaltará y cobrará su equilibrio cuando, en los 1922 –1958, da continuidad a sus propósitos de
demás rincones del cuadro, florezcan los demás ahondar en el estudio de los creadores de nuestro
tintes que viven ya en los ojos de dentro”. país, los de ayer y los de hoy, así como de difundir
El catálogo que el lector tiene en sus manos su obra en circuitos cada vez mayores, poniendo
es −como siempre se dice−, complemento, me- siempre en ello el mejor esfuerzo, y asumiendo la
moria y continuación de la muestra; esta vez no responsabilidad de que en esta doble labor está la
podría serlo con mayor exactitud. Compendia una conservación misma del rico patrimonio artístico
rica iconografía del artista y reúne en sus ensayos y cultural de los mexicanos.
una visión integral de aquello que le es peculiar y
que constituye sus aportaciones a la plástica mo-
derna. Berta Taracena, Patricia M. Artundo, Pável Teresa Vicencio Álvarez
Granados, Jaime Moreno Villarreal y Arturo López Directora General
Rodríguez revisan la obra de Rodríguez Lozano a INSTITUTO NACIONAL DE BELLAS ARTES

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En el ideario estético de una época importante de Críticos e historiadores del arte han incorpo-
la pintura mexicana, la del convulsionado siglo rado su producción artística a la literatura historio-
XX, se encuentran figuras como Manuel Rodrí- gráfica por sus grandes contribuciones a la cultura
guez Lozano. Considerado un artista arquetípico mexicana. No es de extrañar, sin embargo, que
de nuestra historia, Rodríguez Lozano contribuyó un personaje de esta naturaleza, refinado y tem-
notablemente a la pintura mexicana de esa centu- peramental, haya acaparado también la atención
ria. Desde la década de los veinte, inmerso en el de autores cuyas novelas históricas abren ciertos
proyecto educativo vasconcelista, el pintor buscó capítulos del libro de su vida, lleno de momentos
expresar bajo otros canónes la historia, el espíritu estrujantes.
y las costumbres mexicanas. Manuel Rodríguez Lozano, un humanista de la
La expresión de la mexicanidad se convirtió pintura, trazó con renovada apariencia la realidad
en su móvil, pues ansiaba disolver en su expre- de la vida mexicana de su tiempo. Los valores es-
sión la naturaleza del pueblo mexicano; según se téticos propios y las transmisiones plásticas de sus
aprecia en su pintura y en sus escritos que tradu- alumnos, se ofrecen en esta exposición conmemo-
cen su época. Esta profunda búsqueda en el alma rativa planeada por el Museo Nacional de Arte.
nacional, en la estética popular, lo convirtieron en
uno de los artistas cardinales de la entonces nue- Roberto Hernández Ramírez
va escuela mexicana, aquella contemporánea a la Presidente
muralista. PATRONATO DEL MUSEO NACIONAL DE ARTE, A. C.

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En 1949 advertía Rodolfo Usigli que “cuando li- pero también, bajo un esquema renovado, plantea
cuada la nube de la pasión contemporánea, se los influjos y la relación que tuvo con Abraham
hagan la historia y el balance de la gran pintu- Ángel, Ignacio Nieves Beltrán (Nefero), Ángel To-
ra mexicana de este siglo, la figura y la obra de rres Jaramillo (Tebo), Julio Castellanos, Francisco
Manuel Rodríguez Lozano aparecerán visibles en Zúñiga y Antonio Reynoso, receptores todos de
toda su pureza”. Tal aseveración parece haber sido su estética.
ominosa, ya que desde hace tiempo algunas vo- Los temas propuestos retoman una serie de
ces de especialistas en arte advertían la necesidad reflexiones que Rodríguez Lozano depositaría en
de “rescatar del olvido” al pintor y de editar una Pensamiento y pintura (1960); una antología de
monografía que ofreciera su contribución al arte sustancia histórica que destila su ardimiento críti-
mexicano. co y disconforme, además de un profundo cono-
Dicho compromiso llevó al equipo del Museo cimiento del medio artístico de su época.
Nacional de Arte a escudriñar lo escrito y exhibido De este modo, el Museo Nacional de Arte
sobre el artista en los últimos años, entre ensayos continúa con su misión de examinar, con enfo-
fundamentales, exposiciones realizadas y consulta ques interdisciplinarios cada vez más perceptibles,
de otras fuentes documentales en archivos institu- la plástica de los artistas que constituyen su acer-
cionales y particulares, permitiendo hoy la realiza- vo cultural. En esta ocasión, alentados por Manuel
ción de una muestra y una publicación que, bajo Rodríguez Lozano, uno de los grandes pintores
otras líneas y escenarios de investigación, contri- mexicanos, a propósito de los cuarenta años de
buye a estos plausibles designios. su fallecimiento.
El discurso curatorial de Manuel Rodríguez
Lozano. Pensamiento y pintura, 1922 –1958, brin- Miguel Fernández Félix
da al público el fulgor de su arte en estos años, es Director
decir, el umbral y la madurez del pintor-pensador; MUSEO NACIONAL DE ARTE, INBA

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LOS DUELOS DE
MANUEL RODRÍGUEZ LOZANO
JAIME MORENO VILLARREAL

La figura y la pintura de Manuel Rodríguez Lozano esos cuadros últimos dominados por la luz lunar,
me han despertado a la palabra “duelo”. Por noti- digamos poscrepuscular, de una paleta de azules
cias de quienes lo conocieron –algunos de ellos en y verdes oscuros, grises, blancos y negros, varios
el ambiente pictórico, otros en el taurino–, sabía de ellos sugerentes de un contexto de guerra y
de su carácter irascible y su delirio de grandeza, atezados por la aflicción femenina, la violencia, la
pero al adentrarme en su pintura, sobre todo la de postración, las separaciones, siempre en una at-
la última etapa, me cautivó la visible contradicción mósfera de fatalidad.
entre fijeza y fragilidad. Brillante, desenfadado, En su acepción de enfrentamiento entre dos
satírico, irreductible: conforme usufructuaba su combatientes, “duelo” deriva del latín bellum (due-
madurez como artista, parecía arrastrar un pro- llum), guerra, procedencia que traigo al caso por-
fundo dolor atado a una autoestima muy vulne- que como duelista y doliente Rodríguez Lozano
rada. Manteniendo una presencia pública como se manifestó contrariado una y otra vez, cuando
duelista que todo el tiempo se dolía, llevaba un no horrorizado, por las guerras que le tocaron en
aparente quebranto relacionado con la muerte, vida: la Revolución mexicana, cuyo derramamien-
con el combate, con el escarnio –algo, por otra to de sangre habría servido –a su juicio– para arri-
parte muy cercano a la personalidad de ciertos mar al poder a una gavilla de estafadores y cuyo
toreros– mientras daba pases de castigo en sus fruto fue “una miseria mayor para el pueblo y una
artículos críticos que publicaba en Hoy, Mañana riqueza más grande para los dirigentes”,2 la Prime-
y Excélsior, siempre reclamando mayor atención ra guerra mundial que vivió de joven en Europa,
para su trabajo y trayectoria. Al leer los artículos la guerra Cristera y la segunda Guerra Mundial
periodísticos que escribió y las entrevistas que cuyos horrores denunció repetidamente como el
1 Textos recogidos en
concedió durante su etapa activa,1 se me confirma summum de la barbarie, para más tarde deplorar
Manuel Rodríguez
Lozano, Pensamiento y el doble duelo de Rodríguez Lozano. El primero la llamada Guerra fría. Añádase a lo anterior su
pintura, pról. de Rodolfo señala una pertinaz disposición para el combate experiencia como reo en la penitenciaría de Le-
Usigli, México, Imprenta público sancionado por testigos; el segundo se cumberri donde, en carne propia y compartiendo
Universitaria, 1960 p.
refiere al dolor, especialmente al luto. Combate y vida y testimonios con sus compañeros de prisión,
388.
2 E n los años cincuenta del luto se acendraron en su apogeo y ocaso como conoció aspectos absurdos y torvos del conflicto
pasado siglo, el pintor se artista, desde la serie de los tableros de Santa Ana social. Con un retintín de falso orgullo reivindicaba
sumó decididamente al muerta, (1932 –1933), en donde emplaza defini- como golpe de suerte el haber caído en la cárcel,
discurso del “fracaso de
tivamente a dolientes y plañideras, pasando por pues esa situación lo había colocado entre los su-
la Revolución”. Véase “El
porvenir de la pintura La piedad en el desierto (1941 –1942), hasta los yos, con los desposeídos, con la gente del pueblo,
mexicana”, Ibid., p. 39. más de quince años de la llamada “época blanca”, pero luego se condolía por la mala fe y la injusticia

Tina Modotti, atribuída, Manuel Rodríguez Lozano, ca. 1928 (cat. 20)

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que lo habían confinado. Puede colegirse que el gada”4 incidente que nos repone el tono de con-
final traslado de su pintura a una ambientación frontación común en la época, del que Rodríguez
nocturnal de luto y guerra es otro modo del de- Lozano no se desprendió jamás en público.5 Tan criticaba solapadamente a
safío al estado de cosas vigente contra el que se no se desprendió que hubo de mantener respecto Diego Rivera y a otros
más al elogiar a
rebeló en sus duelos por los vivos y los muertos. del propio Orozco un voluble vaivén de elogios y
Rodríguez Lozano:
Se ha señalado también que esos duelos apunta- denuestos en la medida en que Rodríguez Lozano “Manuel Rodríguez
rían a la muerte trágica de sus allegados, como el combatió reiteradamente a los muralistas como Lozano es un PINTOR
pintor Abraham Ángel o Antonieta Rivas Mercado. estafadores del pueblo mexicano, al punto de que […]. Hay muchos que
embarran color y
Es de subrayarse que en su imaginario pictórico, no dudó en mencionar a Orozco como “gesticu-
estupideces sobre muros y
el dolor será un aspecto distintivamente femenino, lador”,6 pasando por alto una vieja amistad y el telas pero NO PINTAN.
con frecuencia derivado de la acción bárbara del hecho de que éste hubiera encabezado en 1941 Rodríguez Lozano PINTA y
hombre. la protesta del gremio de artistas en contra de su esto en una época en que
parece que se trata de
En su extensión luctuosa, el duelo aparece encarcelamiento en Lecumberri.7 Vaivenes seme-
poner de moda el ídolo de
ya en el temprano cuadro El velorio (1927), en jantes timbran el temperamento colérico y volu- códice, ¡pobres indios!”
el que una estilización, tocada por el ingenuis- ble, rayano en el patetismo, de un artista que se (catálogo Rodríguez
mo sublimado de los discursos primitivistas y las reclamaba invariablemente agraviado. En verdad, Lozano, México,
Clardecor, 1949.)
escuelas al aire libre, señala la orientación del ar- mantenía una deuda secreta con Orozco, quien 6 R odríguez Lozano pone
tista hacia el arte popular, al que quiso honrar a además de proveer tremendas escenas sintéti- este término en boca de
la largo de su carrera. Vemos aparecer ahí a las cas de violencia y lesa humanidad en los dibujos “un siquiatra considerado
mujeres dolientes que más tarde serán constan- de su serie “La Verdad”, que fueron expuestos el mejor del mundo”,
cuyo nombre,
tes en su obra, mientras que las coronas mor- en 1945, había sido el gran introductor del tema
penosamente admite, no
tuorias que acotan el primer plano no dejan de del duelo luctuoso relacionado con la Revolución recuerda; testimonio
evocar el ritmo de las “grecas” en combinaciones mexicana, del cual Rodríguez Lozano es un con- improbable, pues el
de tres en tres del método de dibujo de Adolfo tinuador. Si Orozco da aquel título a esa serie de término se remite sin más
a la pieza homónima de
Best Maugard,3 método que Rodríguez Lozano imágenes atroces desprendidas de la Revolución,
Rodolfo Usigli, donde el
reformó para la enseñanza escolar. Una foto de en el centro de las querellas de Rodríguez Lozano dramaturgo designa como
El velorio fue publicada en las primeras páginas siempre prevalece la voluntad de convertirse en El gesticulador al
de la revista Forma, donde iba a ser acompañada el más genuino intérprete del pueblo mexicano, demagogo corrupto del
sistema político mexicano.
por una nota elogiosa de la pluma de José Cle- de sus pugnas y desgracias. Una y otra vez de-
Ver Raúl Uribe,
mente Orozco. Sin embargo, el texto de Orozco fiende, contra Orozco, Siqueiros y Rivera, que él “Rodríguez Lozano
fue rechazado “por entrañar un ataque violento, es el único que ha sabido sumergirse entre las ‘mastica caliche’”,
dirigido a otro pintor, y muy fuera de la obra juz- clases populares, que las conoce de veras, y que Pensamiento y pintura,
p. 309.
7 R odríguez Lozano
3 M étodo de dibujo. Rodríguez Lozano”, menos hasta fines de los reconoció sin embargo
Tradición, resurgimiento y Forma, núm. 4, 1927, años sesenta del siglo XX . públicamente esta acción
evolución del arte p. 2. La belicosidad se de Orozco en 1956.
mexicano, México, SEP , 5 L a retórica del denuesto emplazaba como modo de “Como hombre y como
1923, pp. 45 y sigs. que abona el elogio fue enunciación a la vez que pintor, opino distinto a
4 N ota editorial en el una constante de la crítica categoría de la crítica. Rivera, Siqueiros y
artículo “Manuel cultural en México por lo Así, el propio Orozco Tamayo”, Ibid., p. 332.

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LOS DUELOS DE MANUEL RODRÍGUEZ LOZANO   JAI M E M O R E N O V I L L A R R E A L   21

Santa Ana muerta con tres figuras, 1932 (cat. 108)

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su expresión pictórica no es una falsificación de importante es que no existan las cosas o, por lo
lo que el pueblo vive y siente, como ocurre con menos, que parezcan no existir.8
aquellos pintores que producen obra para ricos y
extranjeros. Este fragmento, que antecede inopinadamente la
No es de sorprender que estos embrollos ha- crítica del “ninguneo” que pocos años después
yan sido materia de su pintura, como fueron cons- hará Octavio Paz en el Laberinto de la soledad,9 da 8 “ Realismo y verdad”,
tantes de la reflexión de Rodríguez Lozano, quien pie a otro alcance de Rodríguez Lozano, su crítica Ibid., p. 69–70.
desde joven se mantuvo atento al discurso sobre del “complejo de Caín” que también caracterizaría 9 “ El ninguneo es una

la identidad del mexicano, prohijado por algunos al mexicano y que se establece como un conflic- operación que consiste
en hacer de Alguien,
intelectuales de la posrevolución. En ese esfuer- to entre hermanos con el consabido desenlace.10
Ninguno. La nada de
zo de timbre filosófico, pero también ideológico y Esta noción, adoptada por el artista para describir pronto se individualiza, se
mitográfico, Rodríguez Lozano alegaba haber ela- la rivalidad entre pintores, y en general entre los hace cuerpo y ojos, se
borado un fichero “de las características más sa- mexicanos, quedó plasmada en su cuadro El cai- hace Ninguno.” Octavio
Paz, El laberinto de la
lientes de nuestro pueblo”, con el fin de alcanzar nismo (1947) donde ante el hermano caído, con
soledad (1950), México,
su verdad profunda y poder llevarla a su expresión las mujeres como testigos, el victimario parecería FCE, 1989, p. 49.
universal. Adoptando el tono que filósofos como responder con un instante de contrición. Las cla- 10 S e trata del complejo de

Samuel Ramos introducían para el estudio de la ves están de algún modo expuestas en el artículo rivalidad fraterna
formulado originalmente
fenomenología del mexicano, Rodríguez Lozano “Complejo de Caín del mexicano” que Rodríguez
por Freud, y al cual el
propuso como noción identitaria el “regateo”: Lozano publicó en mayo de 1950, donde luego psicólogo Charles
de la reiterada explicación sobre cómo quienes se Baudouin denominó
El regateo es una forma característica nuestra, encumbraron políticamente con la Revolución son como “complejo de Caín”
en su Psychanalyse de
perfectamente identificada con México, que co- los mismos que después arremetieron contra el
Victor Hugo, Ginebra,
menzó en los tianguis para pasar a los mercados y pueblo, establece una analogía con el devenir de ed. Mont Blanc, 1943.
que, después de rodar por todas las modalidades la pintura mexicana: El “complejo de Caín”
posibles de comercio, ha llegado a ser una cos- describe la hostilidad
que surge en un niño
tumbre nacional. Hay que ver la lucha que tuvimos que llevar
cuando se siente
Se regatea tanto el valor de la inteligencia a cabo contra la reacción y el academismo para desplazado por el
como los valores artísticos, se regatea la amis- imponer un arte que no fuera colonial y que pre- nacimiento de un
tad, el elogio, la belleza, la caridad, y el regateo sentara las características de una obra autónoma hermano menor,
conflicto al que el
cesa solamente o, si se quiere, llega a su plenitud, y, por consiguiente, mexicana. […] Este movi-
menor puede también
cuando alcanza la negación completa. Entonces miento pictórico pudo realizarse y tomar auge gra- reaccionar aniquilando
sí, llegamos hasta parecer generosos, porque lo cias al apoyo que prestó el gobierno del general simbólicamente al mayor.

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LOS DUELOS DE MANUEL RODRÍGUEZ LOZANO   JAI M E M O R E N O V I L L A R R E A L   23

El velorio, 1927, (cat. 31)

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Álvaro Obregón. Pero fue también en ese momen- beatas y a la iglesia, decora hoy templos con calva-
to cuando un sector de la pintura mexicana se rios, resurrecciones de Lázaro, Apocalipsis y otros
convirtió en pintura oficial. En el transcurso del temas religiosos.”13 En efecto, Orozco retomaba
tiempo ese grupo privilegiado fue reduciéndose explícitamente esa iconografía; mientras que Ro-
hasta terminar en tres pintores que negaron a to- dríguez Lozano lo hizo a la callada. Si ya existe ese
dos los demás y que buscaban y obtuvieron el timbre en los tableros de Santa Ana muerta, donde
acaparamiento exclusivo de todas las obras. Vol- las dolientes se ahorman a la tradición iconográfica
vemos al mismo razonamiento: “Antes, los demás de la muerte de la madre de la Virgen María, por
nos fastidiaban porque carecíamos de las cosas. más que Rodríguez Lozano laicizara su aproxima-
Ahora que las tenemos, nosotros fastidiamos a ción, el vínculo es tan patente como mantenido en
los demás.” He aquí el doble filo del resentimiento el misterio.14 El hecho es que a partir de entonces,
del mexicano, que no es sino el eterno complejo Rodríguez Lozano extrae de la imaginería religiosa 11 O p. cit., p. 193.
12 R ecordemos que Caín es
de Caín.11 las figuras del duelo, y entre ellas la imagen cris-
condenado a expiar su
tológica del hombre caído. Por lo demás, es de
culpa errando.
El pintor tematizaba su inscripción personal en notar que el rebozo blanco que caracteriza a sus 13 “ Política y arte”, en

el gremio de los pintores y en la sociedad mexi- adustas mujeres de la “época blanca”, totalmente Pensamiento y pintura,
cana asumiéndose en pugna de hermanos, y los atípico en el mundo rural mexicano, recuerda a la op. cit., p. 112.
14 ¿ Por qué acordaron el
temas atinentes a la figura de Caín, como el mal, cofia o manto blanco de la Virgen, y desde luego
pintor y el coleccionista
el asesinato y la caída, la venganza y el castigo, de la Virgen doliente a la vera del Hijo sacrificado. comitente Francisco
así como el reconocimiento de la culpabilidad y Con todo, Rodríguez Lozano logra crear a partir de Sergio Iturbe la
la errancia,12 parecen vislumbrarse efectivamente ese trasfondo pío un pathos singular, austero y de realización de la serie
Santa Ana muerta? A la
en la iconografía de la “época blanca” mediante la profunda emotividad. Ahí quiso tocar el alma del
fecha, se desconoce la
representación de relaciones familiares y afectivas pueblo mexicano, en un mundo sublunar de rap- razón, aunque se sabe
rotas. tos, traiciones, muertes y abandonos, en el que no que la madre de Iturbe
Evocando la saga de los hermanos enemigos dejan de presentarse escenas que parecen tópicas había muerto
recientemente. Véase la
que vivió con José Clemente Orozco, cabe mencio- del cine mexicano de la época, como en El incen-
nota de Mireida
nar que Rodríguez Lozano recurría a la iconografía dio (1943) y La partida (1958). Velázquez sobre la serie
religiosa para componer sus temas. Esto es por Del fondo iconográfico religioso al que el en el catálogo Francisco
demás evidente en La piedad en el desierto; pero artista recurrió resalta, como he dicho, la figura Iturbe, coleccionista. El
mecenazgo como
cabe subrayarlo porque en algún momento repro- del hombre caído en arco dorsal, en El holocausto
práctica de la libertad,
chó a Orozco precisamente el valerse de ese recur- (1944) y La revolución (ca. 1944 –1945) que en el México, Museo de Arte
so: “Orozco, que antes se comió a los curas, a las primer caso fue concebido para una decoración Moderno, 2007, p. 98.

El cainismo, 1947 (cat. 48)

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El arco en la tierra, 1944 (cat. 47)

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mural en el Hotel Jardín, residencia de Francis- Por lo demás, Rodríguez Lozano transmitió el
co Sergio Iturbe, su mecenas durante un tiempo. vigor de la iconografía del duelo a algunos artistas
Tendida en arco sobre el vano arquitectónico, ro- jóvenes de la siguiente generación, como Francis-
deada de dolientes, la figura remite al sacrificio de co Zúñiga y Ricardo Martínez. Hacia fines de los
Cristo, y en específico al subgénero de la Lamen- años cincuenta había establecido ya, mediante el
tación de Cristo, imágenes de su cuerpo recién estudio del drama social, del regateo y el cainis-
descendido de la cruz y llorado por las mujeres. mo, de la guerra y el duelo, un imaginario mexi-
Tanto El holocausto como La revolución son versio- cano de carácter inconfundible, pero con rasgos
nes laicizadas de las Lamentaciones y la Piedad, de vida campirana que iban perdiéndose en el ho-
mientras que otra obra de la época, El arco en rizonte, en tiempos en que también la novela de
la tierra (1944), explora otras Lamentaciones y el la revolución alcanzaba su intenso crepúsculo en
Descendimiento de la Cruz (aunque con el des- las obras de Juan Rulfo y en La muerte de Artemio
plome de un cuerpo femenino). El Cristo tendido Cruz de Carlos Fuentes. José Clemente Orozco
en arco dorsal no es una imagen muy común, lo había muerto en 1949, Diego Rivera en 1957. Los
que le añade ciertamente fuerza a la traslación de viejos combatientes iban deponiendo las armas.
Rodríguez Lozano. Se encuentra en la Lamenta- En 1958 se realiza la Bienal de Pintura en el Pala-
ción de Cristo de Botticelli (ca. 1490, Pinacoteca cio de Bellas Artes, a la que Rodríguez Lozano se
de Múnich), pero cuenta además con el antece- niega a concurrir. El triunfador fue Francisco Goi-
dente extraordinario de La Pietà de Villeneuve-lès- tia. En torno a la bienal, un periodista le pregunta
Avignon (ca. 1455) de Enguerrand Quarton, obra a Manuel Rodríguez Lozano su opinión sobre el
que ya se hallaba en el Museo del Louvre cuando premio conferido a Goitia:
Manuel Rodríguez Lozano radicó en París (la pie-
za fue adquirida por dicho museo en 1904). En Lo encuentro absurdo, porque el cuadro al que
ambas Lamentaciones el cuerpo del sacrificado fue adjudicado, según tengo entendido fue pin-
se tiende en arco dorsal sobre las rodillas de la tado en 1927. Un cuadro académico, fiel reflejo
Virgen, tal como en La revolución, mientras que en de la forma en que pintaban entonces los de San
El holocausto, el soporte improbable de la ventana Carlos. Ahora bien, aceptando que el cuadro fue-
parecería sustentarlo sobre un ara o un elemento se bueno, su lugar debería estar en un museo y
funerario. En el primitivismo de la extraordinaria no en una exposición. Por otra parte, y esto es
visión de Enguerrand Quarton se presiente una lo fundamental: ¿qué estímulo puede haber para
afinidad que bien pudo ser actualizada por el pin- el movimiento pictórico mexicano si se premia
tor mexicano. precisamente a un pintor que no ha figurado en

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Enguerrand Quarton
Pietà de Villeneuve-lès-Avignon o Lamentación de Cristo, ca.1455
Óleo sobre madera, París, Francia
Museo del Louvre

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La revolución, ca. 1944 –1945 (cat. 77)

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