Método histórico-crítico
Definición
Son muchos los que han intentado buscar una definición ecuánime e imparcial
para este controvertido método de interpretación bíblica. Entre ellos voy a citar
a Berkhof, que lo define como: «…el estudio de las Escrituras a la luz de las
circunstancias históricas que ponen su sello en los diferentes libros de la Biblia”.
La crítica histórica busca entender el texto bíblico según su sentido y gramática
original, tratando de proyectar un haz de luz sobre el pasado oscuro del texto, que
nos permita vislumbrar los hechos acontecidos y las verdades que propugnan
pudiendo evaluar la realidad de tales acontecimientos. Como dice la máxima de
Ranke, «la tarea del historiador es establecer los hechos relativos al pasado ‘tal
como realmente fue’, ‘wie ws eigentlich gewesen’”. Una búsqueda en la historia
desde los postulados de la crítica científica, y desde una máxima objetividad, que
nos descubra el valor del texto en su génesis (en su formación, en su comienzo).
Reconociendo la mano Dios tras la mano del hombre, pero sin obviar esta última
ni sus muchos matices e imperfecciones. Pretendiendo restablecer la lectura
original o la más cercana al original mediante la comparación de las copias de los
documentos de los que disponemos. A esta forma de leer los textos analizando las
fuentes, ubicando históricamente al autor, examinando el contexto, etc. se conoce
como «lectura diacrónica”.
Origen
Las razones históricas son cruciales para dar razón a este método y comprender
el auge que tuvo en su época y su perpetuidad a día de hoy. También nos ayuda a
entender las tensiones y disputas que suscita entre teólogos y estudiosos. La
investigación sobre los textos bíblicos comienza desde antes de la época
patrística. Aristóteles (en el campo de la filosofía) y Orígenes (en el campo de
la cristiandad) ya hablan de unas reglas hermenéuticas. Definiendo hermenéutica
como «el arte de interpretar textos jurídicos o religiosos, sacando conceptos
oscuros que provienen de escritos de culturas antiguas”. Desde la edad media ya
se tenía conocimiento de métodos para determinar el nivel de autenticidad de un
texto.
El «boom” de la investigación histórico-crítica llega tras los excesos de la Iglesia
Católica. En respuesta a mucha de la dogmática impuesta desde el status
quo papal, surgen diversos estudiosos y eruditos alemanes, holandeses, ingleses
y franceses, que fraguados en el avance de la Ilustración y el Humanismo,
comienzan a aplicar las mismas herramientas de trabajo científico usadas en
ciencias naturales, economía, filosofía, filología, etc. a la crítica sobre los textos
Sagrados, arrebatándole así la inmunidad sacra a la Biblia. Se busca explicar el
mundo y el ser humano desde la razón, «se desecharon los conceptos de historia
Sacra o Scriptura sacra y dejaron de considerarse como algo evidente tanto la
explicación metafísica del mundo como la autoridad de la Iglesia”.
Todo esto supuso un vuelco en la teología que comenzó a debatirse en pro y en
contra de estos métodos. Los teólogos alemanes que habían permanecido en
silencio durante el siglo XVII, comienzan ahora a investigar y profundizar en el
estudio bíblico. La iglesia católica al principio lo vio como un avance positivo, que
apoyaba con su estudio de la historia y la influencia de la tradición oral en los
escritos bíblicos, el valor de la tradición tan atacado por el protestantismo de la
«sola scriptura”, ello hizo que «al principio de la moderna ciencia bíblica se daba
una cercanía especial de este movimiento a lo católico”. Pero esto duró muy poco.
Enseguida surgieron teólogos católicos que atacaban el método histórico-
crítico tajantemente.
Las primeras tesis que surgen son los estudios sobre el Pentateuco.
Aparece Eichorn como padre de la crítica del Antiguo Testamento con su estudio
sobre Génesis. Pronto aparecen Graf y Wellhausen que trabajan la hipótesis
documentaria, afirmando que el Pentateuco se compone de cuatro documentos
(J,E,D,P). Gunkel en 1844 defiende la hipótesis documentaria añadiendo el valor
de la tradición oral en las sagas, que nos llevaría a una protohistoria que pudiera
llegar a la época mosaica. B. H. Streeter propuso la teoría de 4 documentos que
sirvieron como fuentes a Mateo y Lucas, citando a Marcos, el documento Q y una
fuente propia para cada evangelista.
Fundamento
Este método descansa sobre una serie de supuestos básicos que se podrían
resumir en:
La Biblia se da como un escrito histórico, que revela la historia
de salvación del pueblo de Dios, por tanto debe ser analizada y entendida
a la luz de la Historia.
Los textos adquieren sentido pleno y real, cuando se llega a lo que hay en
el corazón y la mente del autor cuando lo escribe.
Todo ser humano está sujeto a su tiempo, cultura y geografía, no se puede
extraer al autor del texto bíblico, de su entorno psico-social y pretender
interpretar sus palabras.
Los manuscritos que se poseen presentan diferencias entre sí. Tenemos
multitud de copias, pero ningún original.
El proceso de copiado manual permitía ciertos errores, voluntarios (aunque
bien intencionados) e involuntarios.
Aplicación
El aparato crítico busca colocarnos ante las variantes del texto más antiguas y
fiables. Para lograr llegar a esa lectura original, este método desarrolla una serie
de herramientas sobre las que descansa la investigación histórico-crítica del texto.
Crítica sobre las fuentes
Analiza el estilo, la unidad y el propósito de los textos bíblicos. Además, analiza
datos como el autor, los destinatarios del texto, fecha y lugar de composición.
Finalmente, intenta determinar cómo llegó el texto hasta nuestros días.
Crítica textual
Evidencias internas
Utilizan unas reglas básicas:
La más difícil «Lectio difficitior probabilior”, es más sencillo pensar que los
copistas fueron corrigiendo pequeños detalles gramaticales para facilitar la
lectura y comprensión del texto. Sin embargo, es muy difícil que un copista
al modifique un texto sencillo a uno de lectura más controvertida o
compleja.
La más corta «Lectio brevior potior”, la lectura más breve siempre es la más
fiable, ya que a un copista no se le ocurriría quitar algo sin embargo le
resultaría aceptable añadir para clarificar. Ejemplo: el caso de las
bienaventuranzas en las que Lc. 6 se consideraría más cercano al original
que Mt. Otro ejemplo sería el final corto del evangelio de Marcos en 16:8.
La que no se conforma a pasajes paralelos, la que no sigue un patrón
aceptado por la mayoría de las variables, ya que se podría haber
modificado para que coincidiese con otras variantes, pero no para crear
disensión, por tanto, se supone que la lectura más «original” o menos
sincrónica es la más fiable.
La de mayor apoyo geográfico.
La que puede explicar la aparición de otras variantes.
La que mejor se ajuste a estilo y vocabulario del autor.
La que no muestre parcialidad doctrinal, es decir, la que no trate
pensamientos teológicos que tuvieron una aparición posterior.
Errores accidentales o involuntarios
División equivocada de las palabras, debido a que la escritura era seguida,
sin separación entre las letras. Ejemplo: 1Tim.3:16, algunas versiones
dividen la 2ª palabra del en dos, «sin duda cuán” y otros
«indudablemente”.
Confundir una letra con otra parecida. Ejemplo: Rom.12:11, en algunos mss
aparece «época” y en otros «Señor”.
El uso de abreviaturas, a veces llevaba a error.
Homoeoteleuton, omisión de palabras o frases que están entre dos
palabras o frases parecidas. Ejemplo: 2ª de Samuel 15:20.
Metátesis, transposición de letras, cambiar una por otra, en cuanto a orden.
Ejemplo: Salmo 49:11 («tumba” o «íntimo pensamiento”).
Errores debidos a los fallos de memoria o a las malas condiciones de
trabajo de los copistas: cansancio, mala iluminación, vocalización,
dictado…
Errores intencionales
Sustitución de palabras que estaban en desuso por otras más actuales.
La armonización con pasajes paralelos.
Quitar o modificar expresiones malsonantes o escandalosas.
Evidencias externas
Determina cuál de ellas posee mayor valor a nivel de testimonios textuales que
avalen cada variante. Para discriminar establece como criterio de calidad. La
jerarquía que se sigue es para el A.T:
El texto masorético: Texto actual de la Biblia hebrea, producida por los
masoretas y conservada por los escribas que añadieron la masora,
también añadieron vocales para fijar una lectura correcta.
La versión de los LXX: Es la que utilizaron los autores del N.T y la iglesia
primitiva. La traducción es del [Link] a.C en Alejandría. Cuenta la leyenda de
Aristeas que 72 sabios se reunieron por separado para traducirla y
llegaron a un acuerdo final total.
La Vulgata: Traducción de Jerónimo por encargo del papa Dámaso, fue la
versión que se impuso en los [Link]-X.
Para el Nuevo Testamento:
o Codex Vaticanus (B), del s. IV. Es reconocido como el más fiable. No
está completo, sino que falta una sección de hebreos, las cartas
pastorales, Flemón y Apocalipsis.
o Codex Sinaíticus (c, S), descubierto en el Monte Sinaí, [Link], un poco
posterior que B.
Otros hallazgos papirológicos. Se destaca el P75, anterior al [Link], que
contiene Juan 1-5 y 8-9 casi intactos y casi todo el evangelio de Lucas.
Evaluación del método
A lo largo de la historia vemos como Dios ha buscado revelarse al hombre. En esa
búsqueda Dios nos ha dado su revelación escrita en la que el Espíritu Santo guio,
guardando de error a hombres, que, bajo su cultura, su tiempo, su personalidad, y
sus experiencias de vida, pusieron por escrito la Palabra de Dios. Dios se
caracteriza por involucrarse de forma real y tangente en la historia de su pueblo.
Irrumpe en ella. Marca momentos históricos puntuales, épocas sujetas a una
geografía, cultura, economía, costumbres, creencias, etc. Este esfuerzo
pedagógico milenario de Dios, un tanto difícil de alcanzar con la vista, puesto que
involucra el lenguaje y la historia humana creo que requiere un estudio detallado,
en el que se reconstruyan sus orígenes históricos, lingüísticos y culturales,
analizando su evolución hasta las comunidades lectoras de hoy.
En cuanto al estudio de las variables, la realidad de que no conservamos ningún
original, sino multitud de copias es cierto que arroja seguridad, pero demanda una
labor de discriminación científica de los textos. Creo que el método histórico-crítico
supone una valiosa herramienta para acercarnos a la Biblia y a lo que Dios quiere
decirnos en ella. Opino que esta tarea es necesaria, no por desconfiar de la
providencia divina sino por desconfiar de la mano del hombre, al ver los errores de
redacción de tantos manuscritos que piden a gritos una explicación seria que vaya
más allá de la «fe del carbonero”, creo que se debe dar una explicación al doble
relato de la creación, a las distintas genealogías de Jesús, a la aprobación de la
esclavitud por el apóstol Pablo, a las diferencias en los sinópticos, etc.
Sin embargo, es cierto que la historia no ha hecho justicia a este método que ha
sido vituperado (dirán algunos) por relegar el componente divino al centrarse
demasiado en la mano humana, hasta el punto de ver la fe como innecesaria.
Personalmente el único inconveniente que veo es el de «atomizar” demasiado el
texto hasta el punto de perder la visión general del mensaje. Sin embargo, creo
que, siguiendo el consejo bíblico, deberíamos despertar nuestra capacidad de
análisis crítico al «examinarlo todo y retener lo bueno”, reconociendo nuestros
prejuicios de lectura y acercándonos con humildad al texto bíblico.
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