FACULTAD DE CIENCIAS SOCIALES
ESCUELA PROFESIONAL DE DERECHO
Título
CONVENIOS INTERNACIONALES POR EL MEDIO AMBIENTE
Y PRINCIPIOS
AUTORES:
Angulo Soto, Ruth Carolina.
Chocaca Tafur, Juliana Ernestina.
Chuquizuta Mendoza, Rosa Consuelo.
Flores Chavez, Antony José.
Hernandez Gonzales, Ingrid.
Ramírez Vásquez, Claudia Yulissa.
Requejo Guevara, Darío.
Ruiz Pinedo, Clara del Pilar.
Ruiz Rojas, Ángel Emilio.
DOCENTE:
JOSE MANUEL VILLALTA CAMPOS
MATERIA:
Derecho Minero y Ambiental
PERÚ
2020
I. INTRODUCCION
La palabra Ambiente es preferida a Medio Ambiente por entender que el
concepto Ambiente es más amplio y globalizador al incluir al hombre como un ser más en el
planeta tierra. Hablar de Ambiente denota una visión biocéntrica del mundo, donde las
personas constituyen una especie más en la naturaleza en contraposición a una visión
antropocéntrica, representada en las palabras Medio Ambiente, que identifica al hombre como
centro y lo que lo rodea, el medio en el cual se desarrolla. Ambiente, viene de dos palabras del
latín: «ambiens» condición o circunstancia y «entis» que rodea o cerca, significando
"circunstancias o condiciones que rodean a las personas, animales o cosas".
El Ambiente constituye uno de los valores protegidos por el orden jurídico internacional y
consiste en un conjunto total de factores relacionados que rodean y forman parte de la tierra.
El estudio y protección del Ambiente encuentran su correlato científico dentro de las ciencias
naturales en la palabra Ecología. Ecología proviene del griego «Oikos» casa y «logos» tratado,
tratado de la casa. La palabra ecología es utilizada para estudiar la estructura y funcionamiento
del mundo natural, sintetizándola para el campo del Derecho Ambiental como «la economía de
la naturaleza».
La disciplina de las Relaciones Internacionales constituye un factor de influencia en el proceso
de toma de decisiones en materia Ambiental. Esta disciplina aún no considerada ciencia afecta
al Derecho Internacional y a todo lo relacionado con la producción de normas ambientales
internacionales destinada a la protección del Ambiente a escala mundial y regional en el plano
de la política ambiental. Este artículo presenta una descripción de los principios y normas
generales del derecho internacional ambiental que surgen de los tratados, acuerdos y
costumbres internacionales.1 La importancia de la generalidad de estos principios es que
pueden aplicarse a la comunidad internacional para la protección del medio ambiente.2 De
acuerdo a las opiniones tradicionales, el derecho internacional público deriva de una de las
siguientes cuatro fuentes: convenios internacionales, costumbres internacionales, principios
generales de derecho reconocidos por naciones civilizadas y decisiones y enseñanzas judiciales
de expertos jurídicos altamente calificados.3 A partir de las fuentes mencionadas, así como de
otras menos tradicionales y vinculantes está surgiendo un derecho internacional ambiental
nuevo. No existe un instrumento internacional de aplicación global que defina los derechos y
obligaciones de los países en temas ambientales. Sin embargo, las resoluciones y declaraciones
de los organismos internacionales a cargo del control ambiental, tales como la Agencia de
Energía Nuclear, describen las prácticas y decisiones de los tribunales internacionales que
desempeñaron un papel importante en la elaboración de normas. A partir de ese amplio
conjunto de instrumentos internacionales
se pueden señalar siete principios. No todos ellos tienen la misma uniformidad y aceptación, tal
como se observará más adelante
II. CONVENIOS Y TRATADOS DEL MEDIO AMBIENTE.
II.1. LÍNEA DE TIEMPO
ELEMENTOS MÁS RESALTANTES DE LOS CONVENIOS
La Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sostenible, (Johannesburgo, Sudáfrica, 26 de agosto al 4
de septiembre del 2002) se celebró atendiendo a la convocatoria de Naciones Unidas, para
efectuar una evaluación de la implementación de los acuerdos de la Conferencia de Naciones
Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo, que se realizó en Río de Janeiro, Brasil, en 1992.
Se pretendió, por parte de los representantes de los países, sectores y organizaciones de la
sociedad, revisar lo que se había hecho, adoptar nuevas medidas e identificar nuevas metas
para la instrumentación de la Agenda 21 y se esperaba que las medidas concretas que se
acordaran permitieran reducir la brecha que ha impedido su ejecución.
También pretendió responder a la preocupación de la comunidad internacional por frenar el
deterioro ambiental que se registra a nivel global debido a los procesos insustentables, a la
sobre explotación de los recursos naturales y a la necesidad de emprender el compromiso del
desarrollo sustentable, a través de la interacción de políticas económicas, sociales y
ambientales.
El Secretario General de las Naciones Unidas, Kofi Annan, identificó cinco áreas claves en las
que la Cumbre de Johannesburgo centrara y priorizara su discusión: agua y saneamiento,
energía, salud, productividad agrícola, biodiversidad y la gestión de los ecosistemas.
II.2. PRINCIPIOS DEL DERECHO AMBIENTAL
II.2.1. SOBERANÍA Y RESPONSABILIDAD.
El derecho internacional ambiental se ha desarrollado entre dos principios
aparentemente contradictorios. Primero, los estados tienen derechos soberanos sobre
sus recursos naturales. Segundo, los estados no deben causar daño al medio
ambiente. Aunque el concepto de la soberanía de un estado sobre sus recursos
naturales está arraigado en el antiguo principio de soberanía territorial, la Asamblea
General de las Naciones Unidas lo impulsó más aún, al declarar, inter alia, que el
derecho de los pueblos y naciones a la soberanía permanente sobre sus recursos
naturales y riquezas debe ejercerse en interés del desarrollo y el bienestar de los
habitantes del país.
Esta resolución refleja el derecho a la soberanía permanente sobre los recursos
naturales como un derecho internacional, aceptado por los tribunales, como un reflejo
de las costumbres internacionales. La soberanía nacional sobre los recursos naturales
se ha corroborado en acuerdos internacionales. El concepto de soberanía no es
absoluto y está sujeto a una obligación general de no causar daño al medio ambiente
de otros países o a zonas más allá de la jurisdicción nacional. Tal como se señaló en la
Declaración de Río de 1992: “De conformidad con la Carta de las Naciones Unidas y los
principios del derecho internacional, los Estados tienen el derecho soberano de
aprovechar sus propios recursos según sus propias políticas ambientales y de
desarrollo, y la responsabilidad de velar por que las actividades realizadas dentro de
su jurisdicción o bajo su control no causen daños al medio ambiente de otros Estados
o de zonas que estén fuera de los límites de la jurisdicción nacional.” Esto deriva de la
máxima general de que la posesión de derechos implica el cumplimiento de las
correspondientes obligaciones.
Este principio se desarrolló aún más en 1961 cuando la Asamblea General de las
Naciones Unidas declaró que “los principios fundamentales del derecho internacional
imponen a todos los Estados una responsabilidad respecto de las medidas que, al
aumentar los niveles de precipitación radioactiva, puedan tener consecuencias
biológicas nocivas para la generación actual y las generaciones futuras de la población
de los otros Estados.” La obligación de evitar daños ambientales también ha sido
aceptada en los tratados internacionales, así como en otras prácticas internacionales.
Además, cuando se trata de recursos compartidos, es decir un recurso que no se
encuentra en su totalidad dentro de la jurisdicción de un estado, el concepto principal
es la obligación de utilizar el recurso en forma equitativa y armoniosa
II.2.2. EL PRINCIPIO DE SUBSIDIARIEDAD.
Subsidiariedad: Principio que apunta básicamente a la promoción de la eficacia de las
acciones de protección y de cumplimiento de las normas, evitando la burocratización y
centralización de decisiones que terminan impidiendo la concreción en los hechos de
los objetivos de ordenación y protección. El estado no debe asumir acciones de
protección de manera centralizada y cupular, cuando los particulares y sus
asociaciones están en mejores condiciones de conocimiento y proximidad para
ejecutar las planificaciones. Es este el principio que está evidentemente detrás de los
principios 20, 21 y 22 de la Declaración de Río en cuanto establecen el principio de
género, promoviendo la participación de la mujer cuando ésta desempeña un papel
fundamental en la ordenación del medio ambiente y en el desarrollo, el principio de
movilización de la juventud para valorizar el aporte de sus propias acciones, así como
en el caso de los indígenas y sus comunidades.
Subsidiariedad y política comunitaria del medio ambiente.
El Derecho Primario: la formulación de la subsidiariedad en los Tratados
constitutivos.
Resulta bastante significativo que la primera referencia explícita al principio de
subsidiariedad en el Derecho Primario de las Comunidades; europeas (los Tratados
constitutivos y sus sucesivas reformas) se encuentra en el Acta Única Europea de
1987 (en adelante, AUE), al regular, por primera vez en esta sede, la política
comunitaria del Medio Ambiente. Efectivamente, el art. 130 R 4 del Tratado de la
Comunidad Económica Europea (en adelante, TCEE).
El Derecho derivado: la aplicación de la subsidiariedad.
A finales de 1994, se hizo público el primer Informe anual de la Comisión al
Consejo Europeo de Bruselas sobre la aplicación del principio de subsidiariedad, en
cumplimiento a la invitación
formulada por el Consejo Europeo del 11/12 de diciembre de 1993. Se compone
de dos partes: la primera trata del respeto de la subsidiariedad en el momento de
la elaboración de la legislación futura de la Comunidad, y la segunda trata de la
revisión de los actos legislativos existentes (en concreto, sobre el estado de los
trabajos del programa de refundición y simplificación propuesto por la Comisión al
Consejo Europeo de Bruselas de diciembre de 1993). En ambos casos, la Comisión
se muestra abierta a las sugerencias que pueda recibir de los Estados miembros e
incluso promueve el debate a través de los "libros verdes" o "libros blancos".
La subsidiariedad en el 5° Programa de Acción Ambiental de la Unión Europea.
En el 5°PAA, el principio de subsidiariedad, junto o combinado con el de
"corresponsabilidad" o de "responsabilidad compartida" (que ya hemos estudiado)
ocupa un lugar de preeminencia y de aplicación general en el TUE. Su virtualidad
está estrechamente ligada con el objetivo fijado en el vigente art. del TUE: crear
una Unión cada vez más estrecha entre los pueblos de Europa, "en la cual las
decisiones serán tomadas de la forma más próxima posible a los ciudadanos".
Como resume el 5°PAA:
"el principio de subsidiariedad va a tener una función importante a la hora de velar
por que los objetivos, metas y actividades se hagan plenamente efectivos por
medio de las iniciativas y actividades adecuadas en las esferas nacional, regional y
local , va a servir para tener plenamente en cuenta las tradiciones y los puntos
sensibles de las distintas regiones de la Comunidad y la rentabilidad de las
diferentes actividades y para poder elegir más adecuadamente entre distintas
actividades y combinaciones de instrumentos a nivel de la Comunidad y a otros
niveles, si bien los objetivos establecidos en el Programa sólo podrán realizarse si
todos los agentes involucrados trabajan de forma concertada y en colaboración"
II.2.3. PRINCIPIO DE PARTICIPACIÓN.
Este precepto constitucional, unido a que el Derecho Ambiental es eminentemente
administrativo, tiene como consecuencia la necesidad de participación ciudadana de
tipo administrativo en temas medioambientales. La normativa ambiental recoge
diversas formas de participación ciudadana, tanto de tipo orgánico (Consejos
Consultivos de Medio Ambiente) como de tipo funcional (encuestas, trámites de
información pública, vigilancia ambiental, etc.
II.2.4. PRINCIPIOS DE BUENA VECINDAD Y DE COOPERACIÓN INTERNACIONAL.
El principio de buena vecindad coloca en los estados la responsabilidad de no dañar el
medio ambiente. El principio de cooperación internacional también confía a los
estados la obligación de prohibir actividades dentro del territorio del estado contrarias
a los derechos de otros estados y que podrían dañar a otros estados y a sus
habitantes.
Esto se considera una aplicación de la máxima latina sic utere tuo ut alienum non
laedas (usa tus bienes de manera que no causes daño a los bienes ajenos). El principio
de buena vecindad está estrechamente relacionado con la obligación de cooperar para
investigar, identificar y evitar daños ambientales; La mayor parte de los tratados
internacionales tienen disposiciones que requieren cooperación para producir e
intercambiar información científica, técnica, socioeconómica y comercial. Esta
obligación de cooperar no es absoluta. Está supeditada a las circunstancias locales,
tales como la protección de patentes.
El intercambio de información general es fundamental para controlar la puesta en
marcha de las obligaciones internacionales en el ámbito interno. Por ejemplo, un
intercambio de información basado en la cooperación con respecto al comercio de la
fauna en peligro de extinción es esencial para investigar la evolución de la población
animal; Ocurre lo mismo con las emisiones del efecto invernadero; Debido a la
importancia del intercambio de información, algunas convenciones crearon órganos
internacionales separados con las funciones de generar y distribuir información.
Además, muchas convenciones contienen disposiciones referentes al conocimiento
científico, a los cambios atmosféricos, a la contaminación marina y a la preservación
cultural. Otros subprincipios que forman parte de la buena vecindad y de la
cooperación internacional son los de notificación y consulta previas. La notificación
previa obliga a los estados actuantes a dar aviso previo y a tiempo, así como a
suministrar la información pertinente, a cada uno de los estados que podrían
perjudicarse a consecuencia de actividades que afecten el ambiente. Asimismo, es
especialmente importante dar aviso cuando se produce un derrame de petróleo, un
accidente industrial o un accidente nuclear.
Por último, cuando un estado está actuando en el territorio de otro, no alcanza con
notificación y consulta. Se requiere un informado consentimiento previo. Este
consentimiento es obligatorio en actividades tales como el transporte de desechos
peligrosos a través de un estado, la prestación de asistencia urgente después de un
accidente y para realizar prospecciones de recursos genéticos.
II.2.5. PRINCIPIOS DE ACCIÓN PREVENTIVA.
El principio de prevención de la contaminación debe diferenciarse de la obligación de
evitar daños ambientales. De acuerdo a esta nueva norma, un estado puede estar
obligado a prevenir daños dentro de su propia jurisdicción. Por lo tanto, es necesario
detener la eliminación de substancias tóxicas en cantidades o en concentración que
excedan la capacidad de degradación del medio ambiente, a fin de garantizar que no
se causarán daños a los ecosistemas.
Es preferible actuar al comienzo del proceso para reducir la contaminación, en lugar
de esperar y luego restaurar las áreas contaminadas. A fin de garantizar este principio,
los estados han establecido procedimientos de autorización, compromisos sobre
normas ambientales, métodos para acceder a la información, uso de sanciones y la
necesidad de realizar estudios de impacto ambiental.
II.2.6. PRINCIPIO DE PRECAUCIÓN.
Aunque esta norma todavía está en evolución, se manifiesta en el principio quince de
la Declaración de Río, el cual establece que cuando existe un peligro de daño grave o
irreversible, la falta de certeza científica absoluta no se utilizará como justificación
para postergar la adopción de medidas eficaces en costos para evitar la degradación
del medio ambiente.
Esperar a obtener pruebas científicas de los efectos que tienen los contaminantes que
se despiden en el ambiente, puede producir daños ambientales irreversibles y
sufrimiento humano. Tradicionalmente, los estados que deseaban adoptar
determinadas medidas protectoras debían probar de manera indiscutible el peligro y
la urgencia de las medidas deseadas.
Afortunadamente, a raíz del principio de precaución, este criterio tradicional sobre la
carga de la prueba se invirtió de manera que un estado pueda actuar antes, sin
esperar hasta la presentación de la carga de la prueba. Otra interpretación posible con
respecto a esta reorientación en la carga de la prueba es que los estados que desean
emprender ciertas actividades, deberán probar que ellas no causarán daño al medio
ambiente.
El primer tratado que incorpora este principio es el Convenio de Viena para la
Protección de la Capa de Ozono. A partir de entonces, se ha abordado extensamente
el concepto de precaución en la protección del medio ambiente. Lamentablemente,
los requisitos del principio no son precisos y sus formulaciones varían. Lo que todavía
sigue siendo ambiguo es la determinación del punto a partir del cual la falta de
pruebas científicas no puede aducirse como argumento para postergar la adopción de
medidas.
¿Cuándo puede exigirse legalmente una acción preventiva?
o Si bien el Convenio de Bamako de 1991 vincula los principios de prevención y de
precaución y no exige que se trate de una posibilidad de daño grave (baja el nivel a
partir del cual se exige la adopción de medidas sin la comprobación científica), el
Convenio para la Protección del Medio Ambiente Marino del Nordeste Atlántico
exige más que una mera posibilidad de daño, elevando el umbral necesario para la
adopción de medidas preventivas.
o OBLIGACIÓN DE INDEMNIZAR POR DAÑOS, Los estados tienen la responsabilidad
de garantizar que las actividades que se realizan dentro de su jurisdicción o su
control no causen daño al medio ambiente de otros estados o áreas fuera de los
límites de su jurisdicción nacional. La violación de esta regla ampliamente
aceptada puede causar daños. Todo estado que haya cometido una violación al
derecho internacional debe poner fin a esa manera ilegal de proceder y
reestablecer la situación anterior a la conducta ilegal.
a) La conducta consiste en un acto u omisión imputada a un estado de
acuerdo al derecho internacional, y
b) Dicha conducta constituye una violación de una obligación internacional
del estado.
La responsabilidad objetiva recalca el daño más que la conducta. Se ha generalizado la
opinión de que el derecho internacional carece, en líneas generales, de responsabilidad
objetiva u absoluta. No hay una fuente única de responsabilidad aplicable en todas las
circunstancias, sino varias, cuya naturaleza depende de la obligación en cuestión.
Por lo tanto, el derecho internacional no es concluyente con respecto a los criterios que
deben aplicarse para cumplir con las obligaciones del medio ambiente. Por ejemplo, la
responsabilidad objetiva en el caso de actividades extremadamente peligrosas puede
considerarse un principio general de derecho, dado que se encuentra en todas las
legislaciones locales del mundo. Algunos tratados establecen incluso la obligación
incondicional para estas actividades; Sin embargo, la responsabilidad estricta u obligación
incondicional son más difíciles de imputar con respecto a actividades que no son de
naturaleza extremadamente peligrosa. Debe tenerse en cuenta que el daño también
puede proceder directamente de órganos estatales, de particulares dentro del territorio o
también del cumplimiento de medidas legítimas.
Por último, con respecto al concepto de reparación, la Corte Permanente de Justicia
Internacional declaró que: El principio esencial que contiene la noción de un acto ilegal es
que la reparación debe, en la medida de lo posible, eliminar todas las consecuencias
producidas por el acto ilegal y restablecer la situación que, con toda probabilidad no
hubiera sucedido si no se hubiera cometido ese acto. La restitución en especie, o de no ser
posible, el pago de una suma que corresponda al valor que tendría la restitución en
especie; de ser necesario, indemnización por daños y perjuicios sufridos, que no estén
cubiertos por la restitución en especie. Estos son los principios que deben utilizarse para
determinar la suma de la debida indemnización, por un acto contrario al derecho
internacional.
El problema es que, en el medio ambiente, la reconstrucción idéntica puede no ser
posible. Una especie extinta no puede reemplazarse. Sin embargo, el objetivo debe ser, al
menos, limpiar el medio ambiente y restaurarlo de manera que pueda cumplir con sus
principales funciones.
El principio de precaución debe orientar todas las actuaciones de las autoridades y los
particulares en las cuales pueda verse comprometido el medio ambiente. No obstante, su
aplicación se ha limitado a las autoridades ambientales, las cuales, en el ejercicio de sus
funciones de vigilancia, control y en especial al momento de conceder permisos como
concesiones de agua, permiso de vertimientos, permiso de tala o licencias ambientales
pueden exigir el cumplimiento de las medidas preventivas con el fin de evitar un daño
grave e irreversible al ambiente. La pregunta que surge es si la aplicación del principio de
precaución se encuentra limitada sólo a la esfera administrativa, a la implementación de
políticas públicas del gobierno, a las funciones de policía ambiental, o si se extiende a
otros sectores del poder público. Uno de los objetivos de este artículo consiste en
demostrar que el principio de precaución permea todas las ramas del poder público, al
ejecutivo porque es el encargado de realizar y ejecutar la política ambiental, al legislativo
porque constituye una directriz que orienta todas las leyes que se expidan en materia
ambiental y al judicial porque se presentan acciones donde es trascendental su
implementación
II.2.7. PRINCIPIO DE RESPONSABILIDAD COMÚN, AUNQUE DIFERENCIADA.
La protección del medio ambiente es un desafío común a todos los países. Debido a las
diferentes orientaciones en el desarrollo y a la necesidad de compartir la responsabilidad de la
degradación ecológica, algunos países tendrían que asumir una mayor proporción del peso de
la conservación.
La idea es que los estados deben cumplir con las obligaciones internacionales de conservación
del medio ambiente teniendo en cuenta la equidad y de conformidad con sus
responsabilidades en común, aunque diferenciadas y con sus respectivas capacidades. Este
principio fue reconocido en la Declaración de Río en los principios cuatro y siete. Este principio
incluye dos elementos constitutivos.
El primero es la responsabilidad común de los estados de proteger el medio ambiente. Esto
significa que los estados deben participar en una labor mundial de conservación.
El segundo elemento es entender las diferentes circunstancias de cada estado. Por ejemplo, los
países industrializados contribuyeron más al calentamiento del planeta que los países en vías
de desarrollo.
Si bien todos los estados tienen la obligación de participar en la solución para el medio
ambiente, la adopción de normas nacionales y obligaciones internacionales pueden diferir. Por
ejemplo, el plazo para la implementación de medidas preventivas puede variar de país a país.
II.2.8. EL PRINCIPIO DE DESARROLLO SOSTENIBLE.
El principio de desarrollo sostenible se define por primera vez en el Informe Brundtland, como
un desarrollo que satisface las necesidades (en especial las necesidades esenciales de la
población pobre del mundo) del presente, sin comprometer la capacidad de las futuras
generaciones de satisfacer las suyas. Se impone la idea de las limitaciones en la capacidad del
medio ambiente para satisfacer las necesidades del presente y del futuro.
El desarrollo sostenible sugiere que la idea central de la labor de protección del medio
ambiente es el mejoramiento de la condición humana. Según el enfoque antropocéntrico, la
protección de la fauna y de los recursos naturales no es un objetivo en sí, sino una necesidad
para garantizar una mejor calidad de vida para los seres humanos.
El desarrollo sostenible, tal como se refleja en los acuerdos internacionales, abarca al menos
tres elementos:
A. Equidad intergeneracional La equidad intergeneracional es la responsabilidad de cada
generación de dejar a las nuevas generaciones una herencia de riquezas que no sea menos
que lo que ellas mismas heredaron. La generación actual tiene la responsabilidad de
administrar el cuidado de los recursos naturales para las nuevas generaciones. Tanto los
primeros tratados en el tema como los tratados más recientes se refieren a este principio.
B. Uso sostenible de los recursos naturales Los orígenes de este principio de uso sostenible de
los recursos humanos se remontan a 1893, cuando Estados Unidos proclamó el derecho de
garantizar el uso adecuado de las focas para salvarlas de la extinción. El término se ha
utilizado en los convenios sobre conservación. Si bien se ha intentado definir el principio
del uso sostenible de los recursos naturales, no existe una definición general. Se usan
términos tales como: apropiado, uso prudente, explotación sensata, gestión
ambientalmente sana, ecológicamente sana y utilización racional, intercambiándose sin
definiciones.
C. Integración del medio ambiente y desarrollo “A fin de alcanzar el desarrollo sostenible, la
protección del medio ambiente deberá constituir parte integrante del proceso de
desarrollo y no podrá considerarse en forma aislada.” Por lo tanto, al poner en práctica las
obligaciones ambientales, es necesario tener en cuenta el desarrollo económico y social y
viceversa. Si bien las organizaciones internacionales tales como el Banco Mundial y la
Organización Mundial del Comercio no solían abordar el tema del medio ambiente, hoy en
día se están dirigiendo gradualmente hacia ello. En la macroeconomía, el cambio hacia un
desarrollo sostenible exige, por ejemplo, nuevos sistemas de contabilidad para la
evaluación del progreso del país. El sistema de contabilidad debería incluir mecanismos de
control de la contaminación y del daño ambiental al calcular el producto interno bruto
(PIB). Por ejemplo, la extracción de minas no reflejaría un aumento del PNB, sino también
una reducción de los recursos naturales. En la microeconomía, el desarrollo sostenible
requeriría, por ejemplo, la imposición de costos por daños ambientales al estado que causó
el daño. La integración del medio ambiente y el desarrollo se remontan a la Conferencia de
Naciones Unidas de 1949 sobre Conservación y Utilización de Recursos, la cual reconoció la
necesidad de desarrollo permanente y la aplicación generalizada de las técnicas de
conservación y utilización de recursos. Este enfoque también toma en cuenta los tratados
regionales y mundiales.
III. CONCLUSIONES
Cuando la contaminación se ha producido, se deben aplicar medidas de corrección lo
antes posible y en el lugar más próximo al de la fuente de contaminación y de esta forma
este principio exige la corrección, no sólo en la fuente de la contaminación, sino también
en el momento más inmediato al que se produjo la misma.
El significado y las consecuencias legales de los principios anteriormente expresados
todavía están sin resolver. Algunos de ellos se han desarrollado en un período de tiempo
corto y a veces en contextos distintos. Además, las costumbres de los estados también
están en evolución. Otro factor que complica el campo del medio ambiente es que
algunos principios no tienen un significado definido. Tampoco hay unanimidad con
respecto a las consecuencias legales de estas normas.
Por otra parte, la obligación de indemnizar por daños causados al medio ambiente puede
considerarse un corolario de la obligación general de indemnizar por daños provocados
por actos internacionales ilegales.
Por lo tanto, la obligación de evitar el daño ambiental se expresaría como la obligación
de tomar las medidas que garanticen que las actividades controladas por el estado
coincidan con las normas internacionales de protección ambiental.
De acuerdo con estos principios podemos concluir que, estos han sido creados para que
proteja y regulen acciones que van contra el medio ambiente, y al igual hacernos
responsables de los actos ilegales que algunos estados cometen.
IV. REFERENCIAS
ANDALUZ WESTREICHER. Carlos "Manual de Derecho Ambiental". Editorial Lustitia. Lima 2009.
ANDÍA VALENCIA, Walter y Juan, ANDÍA VALENCIA. "Manual de Gestión Ambiental". Ediciones
CICE. Lima.
BUÑEL GONZALEZ, Miguel; Fernanda García, Herrera Molina, Pedro M.; González García,
Gabriela (Coordinadores). Modelo de Código Tributario Ambiental para América Latina (Parte
general). ISBN 970-32-1987-X (en PDF).
BUSTAMANTE ALSINA. Jorge "Derecho Ambiental, fundamentación y normativa", Buenos
Aires: Abeledo-Perrot, 1995, p.49
CARMONA LARA, María del Carmen. Derechos en relación con el medio ambiente. ISBN 968-
36-8235-9 (en PDF).
CHANAMÉ ORBE. Raúl "Diccionario jurídico. Términos y conceptos". Ara Editores. Lima 2009.
FONSECA TAPIA. César A. "Manual de Derecho Ambiental". Editorial Adrus. Perú 2010.
FOY Pierre y otros. a) Derecho Internacional Ambiental. Fondo Editorial de la. PUCP Lima Perú
2003; b) Ambiente y Derecho: Nuevas Aproximaciones y Estimativas. Fondo Editorial de la. PUCP
Lima Perú, 2001; c) Ambiente y Derecho: Aproximaciones y Estimativas. Fondo Editorial de la PUCP
Lima Perú, 1997
FOY VALENCIA Pierre; Germán, VERA; Fabian, NOVAK; Sandra, NAMIHAS. "Derecho
Internacional Ambiental". Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Lima 2003.
FOY VALENCIA, Pierre (Editor). "Derecho y Ambiente: aproximaciones y estimativas". 2V. Fondo
Editorial de la Pontificia Universal Católica del Perú; IDEA, Lima 1997-2001.
Franco Romero, Nicolás - Tratado de Derecho Ambiental -, vol. 1, Ed. Trivium, pág. 209.