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habla lentamente e incluso es despaciosa
0 comer, Lili empezé a llamatla “hicotey’’s
como quien dice tortuga chiquita, ¥ claro, c
la misma terminacién de Dorotea, el apo.
sus compaiieros.
“Oye, hicotea, jcomo estas?”
“hicoteia
como llevabs
el apodo pegs entre
Dorotea se estremecia cada vez que la llamaban ag,
Luego la rematabar =
“Perdén, Dorotea, D
» Doroteita. Jeje, si sue
hicotea, hicoteita’, : ours
Ent 6
ale eb ce unrecaeeite naeeara
ites, as, jirafas. Bastaba que
alguno hablara y mirara o se vistiera de un modo part
cular para obtener un feo apodo. on
Los que se los inventaban no dejaban escapar la es-
tatura, ni el peso, ni si tenia anteojos o el color de piel,
ni los ademanes que se hacen al hablar. Gordo, moflete,
larguirucho, esqueleto, tetona, planita, calva, pelona. Eran
despiadados. Cualquier rasgo se magnificaba.
Ni siquiera yo me he escapado, Me tienen varios
apodos y me los hacen saber. Me enteré porque a mi es-
critorio legan aviones de papel, con un dibujo y una le-
yenda. El primero fue mi cara con una inmensa boca, de
oreja a oreja. Luego otro y cada semana uno diferente
O bolitas de papel que al desenrollarlas tenian di-
bujos y una sarta de apodos. Ya se me empezaba a notar
la barriga. Mamoncilla. Doiia Globo. Gemeluda. ¥ otras
sandeces, Luego se concentraron en el “Mamoncilla” y
en los grafitis dibujaban algo asi como una habichuela
con una pepa gigante dentro. Los dibujos sin firma,
estoy casi segura, eran de Arturo. Es muy habil y le co-
nozco el trazo.
No puedo negar que se basaban en obs
inteligentes, pero perversas... Y para fastidiar
tiene talento. Algunos dibu-
iculizar. Los letreros decian
ervaciones
agudas,
a Jos demas, hay gente que
jos expresan gracia para ri
cosas duras.
Se envalent
Jaban de alumnos y profesor
Siguieron con el coordinador de disciplina, que
Ia ira, Luego fueron mas osados: se enfocaron
wn Prudencio fue dibujado como don Ful-
una tira cémica, grande, tonto,
pero con sus mismas gafas, st
onaron con su éxito. Ya no solo se bur-
sres; se atrevieron con los di-
rectivos.
triné de
enel rector, Dor
gencio, el personaje de
con un peinado ridiculo,
atuendo y su nariz, Toda una caricatura.
‘Ahi si las directivas se ocuparon del asunto a fondo.
la siguiente izada de bandera. Cayeron
ld de suspensiones, matriculas
para los reincidentes
elque
Fue el tema de
rayos y centellas. Se hal
condicionales y aun de expulsion
La ola de apodos causé conmocién. Alberto,
se marché hace un poco mas de un mes, no los pudo re-
fue su principal victima. Con él se cebaron. La
tiempo. Aqui el iniciador fue Gén-
tacién de fuerza y miiscu-
sistir, pues
cantinela era todo el
gora, quien siempre hace osten!
los. Le molestaba que el otro fuera menudo y fragil, muy
diferente a él.
En clase de Educacién Fisica los dividen por gru-
pos, como equipos. Los dos quedaron en el mismo bando
en la competencia de jalar lazo, Habian logrado pasar las
eliminatorias, sudando a mares. Ya en la final, las fuerzasiban muy parejas, pero Alberto no tuvo arrestos para
eltirén definitivo y perdieron, Aquello lo afect.
Alberto era un chico muy inteligente, sensible, de.
gado, de modales finos. Los padres son iguales. Ese vs,
temperamento. Ademés, era sedentatio. No le gustaben
los deportes de fuerza, Daba la impresién de ser fri 5
punto de romperse,
Pronto, ser asi le costaria caro, Sus compaieros
—yeen especial la Banda de los Tres— le repetian esa re-
tahila para nitios pequeios, que se lee en viejas cartillas
de lectura
Manecita rosadita,
Muy experta yo te haré.
Mientras le gritaban en coro, ponian los brazos en
jarra, para simular un gesto amanerado.
Pronto, los apodos se volvieron mas directos: “Ca-
miseta rosadita’, “Voz rosadita’
‘A los insultos verbales, siguieron los grafitis con un
dibujo de su perfil. Debajo aparecia el texto: “Me llamo
Rosadita’ en pintura de ese color.
Los apodos pasaron del salén al colegio. Si Alberto
estaba en el patio, Ia letania se hacia insoportable: “Ahi
va Rosadita’.
El pasoa las palabras de grueso calibre ya no tard6:
“Mariposa”, “Maricén’, “Mariquita’, “Marichuela’, “Alber-
tina’, “Alberticé
Los profesores tratamos el caso en un comité de
convivencia.
—Los apodos son estigmas, es agresividad concen-
trada —les dije.
Algunos compaferos contestaron: “Exageras”. “Es
solo una costumbre folelorica’
Yo queria hablar de frente y poner el dedo en la
llaga porque el caso era urgente y preocupante. Planeaba
citar a los padres de familia, incluso pensaba pedirle al
rector que asistiera. Pero la mayoria de los profesores
opinaron lo contrario. Se decidié que se manejaria el
asunto con perspectiva “de bajo perfil”.
—Si no le damos importancia, el globo se desinfla
solo —concluyé el coordinador de disciplina.
Insisti en aplicar el manual de convivencia, pues
los profesores debemos estar atentos ante esa agresivi-
dad evidente en algunas conductas. Mi afin se debia a»
que conocia bien a mi alumno y tema
Como los profesores no se interesaron, nn? sister,
—Dejemos enfriar el probleme ctor.
camente. Era su actitud cuando algo no fee
Parecia grave, Esta vez no hubo peroratag mre
Los iniciadores del ataque a Alberto fone
nestados de forma privada, cada uno neh
gran discrecién, es
Pero el mal ya estaba hecho,
esa oleada de murmuraciones.
fe abe? ett en crisis fae al psidogo, pe
ue suficiente. Se negé a volver al colegio y sue pad
decidieron retirarlo, Segiin entiendo, el rector lanes
colega de otro plantely alla lo recibieron, liming clone
blema, sin enfrentarlo, ee
nadie podia detener
La ola de ataques a través de los apodos no se calmé
y ahora se volvié clandestina
Empezaron los grafitis.
n
Hablemos del! miedo
(Malena)
En clase de Lengua Castellana, la profe Gabriela nos
pidié aprender de memoria un poema, recitarlo y luego
hablar sobre el texto.
—Es un ejercicio voluntario —nos aclaré—, no se
calificara.
Sibien me gusta la poe
nada, estaba entusiasmada con la idea. Gabriela, ademas,
nos habia animado.
Me preparé: con dos lecturas, ya me sabia de me-
moria el poema, Lo repasé en casa ante el espejo. Ensayé
los gestos y movimientos de manos, hice ejercicios de
‘voz para que el volumen, la entonacién y la diccién fue-
ran claros. Mi papa hizo de auditorio y le gusté.
La hora del ejercicio Hegé y ahi estaba yo. Me
ofreci de voluntaria a pasar al frente, Declamé el
poema como si estuviera en un gran escenario. Hice
, Fecitarla me asusta. Pero
99«1 pequefia venia de cabeza ante el
publico, como Gabriela nos ha ense-
fiado. Con voz clara y fuerte comencé:
Miedo
A veces,
0 estoy solo,
me visita el Miedo.
Cuando él llega, todo es oscuro,
el peligro acecha,
la inmensa casa y mi cuerpo tiemblan
El tiempo esté lleno de gota
una a una, caen en el aire,
tic, tac, tic, tac, re
enan,
crujen las maderas,
temo que alguien se acerca.
Las sombras se alargan.
Mi corazén se acelera.
Cuando el miedo se mete dentro,
uno oye todos los ruidos,
ve todas las s
ibras,
siente todos los frios,
pre:
idos los monstruos,
Estoy cansado del mied«
Tengo que enviarlo lejos,
Elno es un
compan
ro.
igo gritos y ruidos, se abre la pu
Me gusté todo lo que transmitia
ese poeta con tan pocas palabras.
Me quedé pensando en mis miedos. Es
cierto que cuando estoy sola y en silencio aprove-
chan y salen de sus cuevas.
Aquella negra noche, mis miedos pelearon de
nuevo... Habia sido asi, por aitos. Pero ahora el miedo
‘a absoluto: mis padres habian decidido separarse.
sale un auto, luego oigo ese crash violento, todo tiembla
y corremos ala calle...‘Veo las lamas que salen del interior del vehiculo...,
Ese recuerdo estaba en mi mente cuando terminé
de recitar el poema.
Bien, muy bien, Malena! —me dijo la profe Ga-
briela,
Luego ella pidié opiniones sobre el tema.
—Los miedos son amigos de la oscuridad, parece
que le tuvieran temor a la claridad —concreté Simon,
—Si —agregé Leila—, son como Dracula y los
vampiros
le temen al sol
‘Todos nos reimos.
Luego Bernardo alzé la mano:
—Los miedos son cobardes —afirmé expresiva-
mente—. Cuando estoy acompaiado con mis papas o
con mis amigos, parece que se espantan y se marchan.
La clase queds en silencio. Me ofreci a continuar.
—El poema habla del miedo... En este colegio, en
este curso, hay miedo. Se siente. Miedo de que puedan
‘ocurrir cosas desagradables, sin aviso. No me gusta estar
cen clase y tener miedo.
La Banda de los Tres no me quitaba los ojos de en-
cima,
—Uno al fin se cansa del miedo —dije para ter-
minar.
Miré a Gabriela, estaba sorprendida. Luego se paré
ijo convencida:
—Eso es exactamente lo que
entendido muy bien.
Me senté, un poco azorada, pero orgullosa. Mis
amigos me felicitaron y varios me dieron abrazos.
ese poeta, lo has
a
Unos minutos después aparecié un papelito en mi
pupitre:
i esta cansada del miedo, solo puede
hacer una cosa: aguantarlo.
Me parecié que era la letra de Lili, pero no estaba
segura. Seguro la cambié, ella no es tonta. En clase de la
profesora Gabriela, los tres molestan ms, Ella los ignora
y se concentra en el resto de la clase,
Ahora estoy en la biblioteca del colegio. El poema
sigue rondando en mi cabeza.
—Malena, todos tus compaieros ya salieron. Es hora
de cerrar. —La bibliotecaria me urge a recoger mis cosas.
Guardo mis apuntes, entrego el libro que ella me
habia prestado y salgo al patio inmenso, donde todo es
gritos y juegos
“Tengo miedo. Si, de la Banda de los Tres tengo
miedo”2
Ya casi al dia
Gorge)
Alfinal del viernes, cuando ya saliamos, la profesora Ga-
briela me dijo que necesitaba hablar conmigo.
—{Cémo te has sentido? —me pregunté. Me mi-
raba con amabilidad.
Le iba a decir que me estaba esforzando, que no
era fic
Ella no me dio tiempo a responder y continué:
—Al comienzo es difi
fuerzo permanente.
‘Tendris que hacer un es-
—Ahora su rostro expresaba pre-
‘ocupacién—. Me vas contando cuando necesites algo.
Ella ya queria dar por terminada la conversacién,
aunque yo no habia hablado. No estaba dispuesto a irme
con el embuchado que sentia en el corazén. Saqué fuer
zas y le pregunté:
—Profesora, jen el salén, no podria ubicarme un
poco mis adelante?
6
‘Me miré interrogativa. Yo no queria poner quejas.
Inventé una historia.
—Quiero estar mas cerca del tablero. Desde alla no
veo bien, quiza necesito gafas...
Ella dudaba. Entonces agregué:
—Los comparieros de atris hacen mucho ruido y
‘no me dejan poner atencién.
El argumento la puso a pensar. Entonces me dijo:
—Hacer cambios ahora implica desarmar los gru-
pos —me respondié—. Veré qué puedo hacer y te con-
taré luego.
‘Algo me decia que eso seria lo mejor: poner distan-
cGaentre la banda y yo, antes de que terminemos peleando.
Llevo casi tres semanas en el nuevo colegio. No he
hecho otra cosa que copiar cuadernos, tomar notas, leer,
trasnochar, tratar de ponerme al dia.
‘Algunos me prestan libros 0 cuadernos. En dos
dias los devuelvo... Otros lo hacen a regafiadientes.
El de Lengua Castellana me lo presté Malena, sus
apuntes son muy completos. Simén ha sido amable, pero
su letra en el cuaderno de Historia es casi ilegible. En
cambio, se ve el interés que tiene en la miisica porque sus
cescritos ahi si son detallados. Es cierto que él ve “teoria
avanzada’ y eso me complica la vida porque no acabo de
entender. Toco algo de guitarra, pero de oido, pues de sol-
feo no sé nada. El tema, en todo caso, me interesa. De la
regin de donde vengo, y en mi familia, ha habido muchos
miusicos.
Pero ahi se acabaron los préstamos voluntarios.
‘Verénica no queria, pero la profesora Gabriela le insisti6.
6Su cuaderno de Arte es supercuidado: lo tiene forrado y
Jos dibujos son coloreados con muy buen gusto. Es tan
bonito que no ha hecho falta que me diga que lo cuide,
Lo haré, Ademés me lo entregé en una bolsita plastica,
—Me lo devuelves el lunes, sin falta —me dijo con
cara de seria.
Ese fin de semana no quise salir de tanto trabajo
{que tenia y mi mami se preocups.
—jAl fin acabé! —grité cuando pude dejar las cosas
ordenadas— y fui a abrazarla,
Habia que celebrar ese logro. Acepté salir ese do-
‘mingo por la tarde.
—Vamos por un helado y regresamos pronto —me
dijo, mientras con su mano me revolvia el pelo.
Fuimos a una heladerfa muy conocida, hay varias
enesta ciudad, son una cadena, La carta de postres y hela-
dos era larga, e inclufa fotos que anunciaban lo delicioso
de todo. En el pueblo solo hay tres heladerias, la variedad
¢s poca. Son las mismas bolitas de helado en cono 0 en
vasito, y la maxima atraccién es la banana split, que tiene
salsas y helado, pero uno se cansa y quiere cambiar.
Esta es una de las ventajas de esta ciudad, hay mu-
chas cosas que ver. Hemos acordado con mami planear
Jos fines de semana y salir a diversos lugares.
Adin no tenia muchos amigos. Si en el tiempo libre
no encontraba a Malena o a Simén, quedaba desampa-
rado, Durante las clases no importaba. El problema era a
la hora de descanso, o en la cafeteria: no tenia con quién
conversar.
Caminaba sin rumbo, iba hasta el quiosco, luego
hasta el drbol del centro, otra vez al quiosco donde ven-
dian refrescos y paquetes. Me tomaba un tiempo mien-
tras bebia un jugo, sorbo a sorbo.
Durante el almuerzo, me sentaba en algun sitio
vacio, ojalé que no hubiera nadie més en la mesa, o que
fuera gente de otros cursos. Todos me miraban al co-
‘mienzo como un bicho raro, sabian que era un alumno
nuevo. Los primeros dias algunos hicieron preguntas.
“Eres nuevo, se nota, te vistes distinto, hablas con
ese acento raro’, “;De donde eres?” “;Dénde queda tu
Chaparral?”,
No saben nada de mi regién, lo que me molesta y
me da tristeza. A lo sumo dicen que alli vivieron los pi-
jaos y que se ve un nevado cerca, o que hay un riLos mas dicen que debe haber guerrilla y que debe
ser peligrosa esa regién.
Hay muchas cosas que han cambiado en mi vida.
En el pueblo habia saludos, sonrisas, se le podfa pedir un
favor a cualquiera.
‘Aqui lo que siento diferente es el paso del tiempo.
Allé las horas eran lentas, largas, cabian muchas cosas en
una mafana o en una tarde, Aqui pasan mas cosas, uno
esti muy ocupado, las horas vuelan. Todo el mundo va
de afin.
Lo que mas me afecta es que uno esta solo.
lego a casa y mi mamé no ha llegado. Alla pasaba
por la casa de los abuelos 0 por las de mis tios 0 visitaba
aun amigo.
‘Tengo horas en que siento que el tiempo se acaba
antes de tiempo.
Mama llega, comemos y tiene cosas que hacer de la
oficina, Se enfrasca en el computador a “hacer informes’,
segiin dice. No nos damos esas charlas largas de otras
épocas. Veo television un rato, hasta cuando me dice:
—Hijo, es tiempo de dormir... ;Ya alistaste lo de
mafiana?
—Si, mamé, hace rato —le respondo triste porque
ya he organizado la maleta y la ropa para que ella se fije,
Pero ella esta en otro rollo.
Es hora de dormir, pongo la cabeza en la almohada,
Jos ojos se cierran... Pronto me duermo.
9
Eres un perdedor
(orge)
Ya llevaba cuatro semanas en el colegio. Estaba revisando
mi morral antes de entrar al salén, cuando Géngora me
‘empujé. A mi mirada de sorpresa respondié con un gesto
retador, ojos grandes, mentén hacia delante y pufios al
frente.
—{No le gusté?
No dije nada, pero no le bajé la mirada. Ese dia no
fue m:
Al dia siguiente de la entrega de los boletines bi-
mestrales con los padres, Géngora volvié enojado. Me
imagino que debido a sus notas, sus padres lo regafiaron.
Parecia un buldécer, de esos que tumban casas.
Yo estaba guardando mi maleta en los casilleros,
que habitualmente viven solitarios. Cuando me vio,
Géngora se vino en picado. Répidamente se le unieron,
Lili y Arturo, que se quedaron unos metros atris.
6Se ofan burlas y risas. Géngora empez6 a insul-
tarme.
—Esa modita de pueblo...
Luego fue Arturo:
—Y ese peinadito, de carrerita al lado...
Lili, con sonrisa irénica:
—Parece un nifio bueno al que se le perdié la
mamé.
Géngora se unié al “chiste” de su amiga:
—0 un ternero lamido por la vaca.
Ahora no paraban de reirse. En los desiertos casi-
Heros se ofan las carcajadas sonoras.
je una palabra. Sabia que cualquier cosa que
dijera seria usada para hacer més burlas,
—Corra a ponerle quejas al coordinador de disci-
» cobarde —me grité Géngora empujindome.
Atin guardé silencio, No queria pelear.
Busqué salir de alli
Los tres me cerraron el paso.
Los miré de frente. Intenté abrirme paso entre Ar-
turo y Lili,
—Las nenas huyen, se les nota el culillo —
Gong. ea
Hacia un gesto bien conocido con las manos, de
juntary separar los dedos, y d
—Culillo, como culito de gallina.
Se le nota el miedo —reviré Lil.
Segui sin abrir la boca. Entonces Gong hundié sus
dedos en las, con fuerza.
La presién contra mis dientes era inaguantable.
—Miren como se desinfla un loretas —ironiz6 en
voz alta Géngora.
En ese momento varios compaieros llegaron a los
casilleros. El tumulto atrajo mis curiosos. La gente es-
taba alrededor nuestro.
Quedamos en medio de un ruedo: nos miraban
con cara de “Aqui qué esta pasando?”,
Gong queria aprovechar la situacién para mostrar
su pod
Volvié a comprimirme los cachetes.
Poco a poco los llené de aire y él empezé a compri-
mir con mis fuerza.
nEntonces, me inflé las me
liva, que salié a presién con el aire comprimido, le lav
todo el rostro.
Todos se rieron, entonces me solté y comenzé a
limpiarse.
Estaba furioso, Arturo y Lili me gritaban:
—Perdedor, perdedor, eres un perdedor.
Luego los tres se abrazaron y se fueron cantando a
pleno pulmén:
Eres un perdedor, criatura miserable.
Te puedo matar, eres un perdedor.
Habian modificado a su manera los versos de la
cancién de Beck, que el profesor Smith habia usado en
clase de Inglés para alguna actividad
Los perdedores habian sido ellos.
‘Varios compafieros se me acercaron. Senti solida-
ridad.
“Qué he perdido? Para nada, soy un perdedor’,
pensé tranquilo.
Malena y Simén, que no habian estado presentes
en el incidente, me preguntaron qué habia pasado. Les
conté.
—Esto me huele mal, ellos no se quedardn quietos
—afirmé preocupada Malena—. Quieren salvar su fama
de perdonavidas, que ha sido burlada. Van a arremeter de
nuevo contra ti
Me propuse que por ahora pasaria en silencio, pero
sin mostrar miedo. Es mejor no enfrentarlos abierta-
mente, precisamente para ganar tiempo...
Esa noche lo pensé de nuevo y tomé una deci
ia siguiente fui hasta donde el coordinador de
disciplina, el profesor Ramén.
Tiene cara de bravo y rapidamente le hice un resu-
men del acoso que yo sufria.
Me creyé porque conoce los antecedentes de la
Banda de los Tres.
Los lamé uno por uno.
Volvieron al sal6n, con cara de “yo no fui’, mirando
para el techo y hacia los lados, Arturo pasé haciéndose el
bravo, pero no dijo nada.
—Las cosas se arreglan entre nosotros acusetas
jo Gong en vor baja.
—Sapo —me dijo Lili al oido.
Gong empezé a hacerme muecas desde su pupitre.
Inflé sus cachetes como yo lo habia hecho e hizo ademan
de escupirme, pero se contuvo porque la profesora Ga-
briela estaba mirando,
—me
—Ojalé fuera sapo de veneno, no de saliva —le res-
pondi delante de todos.
Los tres de la banda, y otros cuatro compaiteros
que se les unieron desde ese dia, no me volvieron a de-
terminar. Me habia vuelto invisible para e
Solo una ver, uno de
s.
los, mientras yo tomaba mi
refrigerio, haciendo gesto de asco se me acercé y me su-
surré:
—Perdedor, desaparece.1h
Lo que ensefia un poema
(Gabriela)
El rector seguia con sus regafios en puiblico. No me gus-
tan mucho esos sermones, que a la larga sirven poco.
Entonces decidi ocuparme del asunto a mi manera:
seguiria usando poemas para hacer reflexionar a los es-
tudiantes.
Les pedi leer un poema que trata sobre los apodos.
Como siempre, seria un ejercicio voluntario. Le pedi a
Isabel que lo leyera en voz alta.
Alias
Sé que me llaman de mil formas.
Se burlan de mi peso, de mi talla,
de mis lentes, del vestido.
Lo harian de todas maneras,
aunque fuera lo inverso.
Rien de mi a mis espaldas.
Estoy lleno de alias
{Quin ha sido el autor de este atropello?
‘Muchos y nadie, Ninguno responde,
‘nunca dan ta cara los cobardes,
Todos esos apodos, esos nombres,
algunos extratios, otros ciertos,
que salen de sus bocas,
¥y luego de todas esas otras bocas,
se riegan como un incendio.
Son palabras agudas, teas incendiarias,
como si salieran de corazones en llamas.
Hay mucho odio vestido de inocencia,
debajo de tantos apodas y sus alias.
Yo también podria burlarme de ti y de tu imagen,
hacer ridiculo todo lo que amas,
‘mas no quiero que nazcan mis risas de tus lagrimas.
Serian tristes y amargas.
Miré a la parte de atris del salén, pues queria ver
las reacciones. Los principales implicados estaban silen-
iosos, me esquivaban la mirada,
—2A quiénes de ustedes en la casa 0 en el colegio
les tienen apodos? —pedi opiniones.
Pricticamente todos levantaron la mano. Ber-
nardo, el mas grande del grupo, que camina desgarbado
yel pelo le tapa un poco los ojos, comenté:—En mi casa a veces me laman “Perro sanber-
nardo’, pero yo lo tomo a broma. Si uno no le da impor-
tancia, ellos pronto lo olvidan, De todos modos, no es
agradable.
—Como soy morena y mi nombre viene de la pa-
labra noche —siguié Leila—, me hacen feos juegos de
palabras: Noche, negra, bruja, hazme un conjuro Sheila,
sos apodos son insultos racistas, disimulados —concluy6.
ica, agregé
Jerdnimo, que es de la costa Pac
—Me dibujan en forma de diablo.
Simén se animé a pedir la palabra:
—En mi barrio me tienen muchos apodos, casi
cada dia uno diferente: Simén simonete, timén, limén,
Simén el Bobito, el violinista. Esos remoquetes a veces
son chistes 0 muestras de carifio. No siempre es odio, a
veces reflejan afecto, Depende de quien vengan...
Bien interesante el aporte de Simén. Pero los apo-
dos no suelen ser amorosos.
—jLes gustan los apodos o prefieren no tenerlos?
No hay nada mejor que el nombre verdadero
—contesté Bernardo.
Entonces ocurrié algo que me sorprendié. Lili le-
vanté la mano.
Con naturalidad le di el turno, aunque otras tres
manos estaban levantadas desde antes, pero la suya era
‘una vor que podia pesar en esa conversaci6n.
—En cada una de las casas de mis papas me tienen
apodos diferentes, ninguno me gusta: Gruftona, Liliput.
Cuando mi mam4 se disgusta conmigo siempre me llama
“la enana Liliput’
“Poco a poco la oscuridad deja pasar la luz”, pensé
en silencio. “;Por qué algunos tienen tanto odio?”
—iQuiénes de ustedes han puesto apodos? —pre-
gunté ya con més confianza.
Ninguno levantaba la mano, no se ofa una sola
confesién.
—Yo he puesto varios, pero creo que no los volveré
a poner —se excusé Jerénimo—. Crei que era un juego
divertido. Ahora veo que es un juego... peligroso.
Isabel decidié hablar:
—A veces lo he hecho. En especial me he burlado
de los gordos. ¥ ellos se han burlado de mis huesos. A
mi me daba risa, pero es cierto que mis risas pueden ser
lagrimas de otros. O al contrario. a
Repeti la misma experiencia didactica en los otros
grados donde doy Lengua Castellana.
Empecé a notar que algunos estudiantes ya se lla-
maban por sus nombres o apellidos.15
En casa de Simén
(lorge)
‘Simén me invité ayer sibado a su casa, luego de que sa-
limos del entrenamiento para las pruebas de Estado. Su
papa nos recogié y nos vinimos en la camioneta.
.do es muy ordenado y agradable. Me
Es grande, un poco mas que la mia.
la ventana. Las paredes estan pinta-
,y Simén ayuds.
10s un asado, en una gran parri-
mazorcas y los plitanos maduros. El aji estaba
deliciose. Bueno, me gusté todo.
la tarde fuimos un rato al parque, que queda
era once goles. Le
cia.
gané a Simén por la miCuando regresamos, la mama nos estaba espe-
rando en la casa con refrigerios. Me gustaron los sindwi-
ches, Alld nada es de caja, El jugo y las papas eran recién
hechos, me encantaron y repeti.
Luego Simén me mostré la coleccién de peliculas
ue tiene, casi todas en inglés. Es enorme. Son originales,
ninguna pirata,
—Debes practicar el inglés —me dijo—. Si quieres
te presto unas peliculas. Ademés, en Internet hay cursos
gratis,
Simén tiene raz6n, debo seguir trabajindole duro al
inglés. Es cosa de darle y darle y de parar oido. Me regalé
dos peliculas,
Luego, mi mama paso a recogerme, un poco tarde
Porque el trabajo en el almacén los sébados es terrible.
Es el peor dia. Entré a saludar un momento. Llevé una
torta de regalo y a Simén un cémic. Quedaron encan-
tados con ella,
Eso de entrenar para las pruebas de Estado los sé-
bados me ha traido problemas. Al principio era volun-
tario, pero luego don Prudencio ha vuelto obligatoria la
asistencia, :
A mi mami le parecié bien, porque asi estoy ocu-
pado ese dia,
Yo hubiera preferido quedarme en casa, para estu-
diar y repasar, lo necesito. Ahora Gnicamente se habla de
competir, Han sacado una lista interna, de cada curso,
con los puntajes que vamos sacando, Estoy abajo, casi
entre los ultimos de mi clase.
16
Mafoneo en la red
(Gabriela)
Cuando la ola de los apodos se fue, vino otra peor... La
del matoneo por Internet.
Empezé en un curso superior, al parecer en LA,
luego se extendio por el colegio y por las redes como un tsu-
‘nami, En 6C Arturo, Wilmer y Lili les siguieron la cuerda.
Empezaron con el coordinador de disciplina. El
sehior es grande y un poco jorobado y camina bamboledn-
dose. La foto inicial era la de un camello, que desfallece
de sed en un desierto, Lo etiquetaron con su nombre, al
margen. Luego modificaron la imagen: al camello le pu-
sieron la cara del coordinador,
amarran con un lazo,
mientras varios nifios lo
como en una imagen de Gulliver
capturado por los liliputienses.
En el colegio vimos el meme por Facebook
El coordinador sintié que su autoridad estaba en
riesgo y empezaron a llover sanciones disciplinarias,in embargo, los probables autores del texto no
fueron tocados,
Luego la emprendieron contra la nifia que habja re-
cibido la medalla de amor al colegio: con Rosita Gomez.
Hicieron circular en la red un video animado en el que
aparecia un pajaro al que le caia bomiga. La animacion
traia un texto breve: “Soy Rosita Gomez, silveme’.
En cuestion de dias, el video se volvié viral.
Las agresiones contra la nifia se hicieron continuas.
En los bafios aparecian reproducciones del dibujo y ella
tuvo que oir cosas horribles en los pasillos y el patio.
Una semana después, la calmada, juiciosa y activa
Rosita se habia convertido en otra persona: se sentia humi-
llada y degradada. La tragedia se sentia venir. Un miércoles,
cuando ya estaba terminando el descanso, Rosita se aba-
lanzé contra Arturo Lopez, a quien consideraba el autor del
desafortunado video, e intenté apufialarlo con una navaja,
mientras gritaba y lloraba:
Monstruo, monstruo, monstruo!
Un experto en seguridad informatica que contraté
el rector logré frenar la ola de ataques por Internet, pues
ie odio.
asusté a los anénimos agresores, que seguramente se vie-
ron tras las rejas,
Creo, en todo caso, que no es suficiente con atacar
el sintoma; hay que llegar a la fuente de todo este odio.
Sospecho que detris de cada acosador cibernético
hay una historia oscura: padres alcohélicos, abandono,
maltrato, abuso..
aResponde el Manual de convivencia a todos estos pro-
bblemas que ha traido vivir en una comunidad que depende
cada vez mas de Internet? Creo que no, porque las normas
no logran asentarse si hay tantos cambios al tiempo. Lo que
esti sucediendo es frenético y no se ha asentado un cambio
cuando viene otro y lo reemplaza. Ser maestro hoy es tener
la boca abierta de tanto asombro que nos trae cada dia.
Como sea, habra que ayudar a estos jovenes a vivir
sin herirse, a formar afectos.
No me puedo quedar con los brazos cruzados.q
La historia escondlida
(Gabriela)
Ninguin estudiante es bueno 0 malo porque si. Por ejem-
plo, Arturo podria ser un buen dibujante o un artista;
tuna gran lider; Géngora, tal vez un deportista famoso.
Pero por qué han preferido oponerse a esa posibi-
lidad? ;Tengo yo responsabilidad en ello?
Miro los casos contrarios de alumnos que prome-
ten mucho: Malena es brillante, llegara lejos; Sim6n sera
un hombre feliz y Jorge traerd sorpresas.
Sigo pensando que cada uno trae a cuestas su pro-
pia historia, feliz a veces, amarga en otras. Una casuali-
dad me llevé a enterarme del entorno familiar de Wilmer
Géngora.
Estaba en un supermercado y escuché a dos sefio-
ras que hablaban mientras compraban verduras y frutas.
—iQué vergiienza, deberiamos hacer algo! —dijo
la sefiora mayor—. Ese sefior Géngora llega borracho y
ie ‘
cone Palo a la mujer y a los hijos. Anoche los gritos de
los nifios me daban escalofrios.
—Y eso que los muchachos estin ya creciditos
—complementé la otra—. Me asomeé a ver y estaban en
a rinc6n como ratones asustados. El sefior sacé un ma-
chete, de esos que se usan para cortar cafta y lo rastrillaba
contra el suelo, Salian chispas.
—La mama se puso delante de los niftos, para de-
fenderlos —agregé la primera.
—Llegué a temer que resultaran heridos o muertos
—concluyé la segunda.
La historia era escalofriante. Estaba tan atenta que
‘me quedé un buen rato parada frente al mostrador de la
comida para gatos (seguro yo parecia una estatua).
Segui escuchando hasta que las sefioras me mira-
ron asustadas.
—Creo que esa sefiora nos esta espiando —dijo la
mayor con cautela.
Voltearon a mirarme con desagrado.
Entonces me alejé rapidamente para no darle mis
base a sus sospechas.
8518
Kosita
(Matena)
Hoy me la encontré en el primer descanso. Ella, que
siempre era el centro de un gran grupo, ahora estaba
sola. Nos saludamos como siempre, charlamos un rato
y no mencioné para nada lo que habia sucedido con Ar-
turo, Preferi hablar de otras cosas, del préximo receso de
una semana y qué pensdbamos hacer.
—Yo nada, no tengo ganas de nada —me dijo con
tristeza
Rosa va dos grados atras, pero nos conocemos
desde que egué al colegio, hace dos aiios. Ella es mas
antigua que yo, pues ingresé al colegio desde segundo
grado, Recuerdo que me saludé muy afable el primer di
—Eres nueva aqui... jde dénde vienes? —me pre-
guntd mientras me guiaba por el colegio—. Voy a pre-
sentarte algunos compafteros. Esta es mi segunda casa
—me dijo entonces.
86
En aquellos dias Rosita me buscaba para acompa-
farmea almorzar 0 en los recreos. Yo me sentia tranquila,
pues tenia una amiga, asi fuera menor que yo. Realmente
era muy simpatica, Hace unas semanas me parecié di-
vertido que el mismo dia en que me dieron la medalla de
excelencia, a ella también la hubieran premiado.
Pero ahora esta muy cambiada. La cambié el video
aquel que se volvi6 viral, ese del pajaro y la boitiga. Y
todo lo vino a empeorar el episodio de la navaja. La sus-
pendieron unos dias. Creo que ella nunca pensé herirlo,
sino asustarlo para que la dejara tranquila.
Cuando regres6 de las dos semanas de castigo, la
obligaron a devolver la medalla que le habian concedido.
La Banda de los Tres se enteré y todos en clase es-
cucharon cuando Arturo dijo: “Lo tiene bien merecido”.
Eso me llené la copa. Me di la vuelta para mirarlos
alacara,
—Ustedes también lo tendrian merecido. ;Acaso
no fueron los que comenzaron a fastidiarla?
Se quedaron callados, pero con ellos nunca se sabe.
No seria raro que me incluyeran en su lista negra.
‘
&9
Los cambios
(Gabriela)
Llegué a clase y empecé a llevar a la prictica los cambios
que habia decidido anoche.
—Como jefa de grupo de este curso... voy a hacer
una reorganizacién. Es bueno que todos roten un poco,
‘que amplien su grupo de amigos, que se conozcan mejor
entre ustedes.
Varios empezaron a demostrar en sus rostros mo-
lestia 0 enojo.
Vamos a cambiar de la siguiente forma: alli Luis,
ac Leila, a este lado Géngora, Isabel mejor ven hacia
delante porque te distraes mucho mirando por la ven-
tana... Lili, ti quédate cerca de Malena...
Lili me miré desafiante.
—Jorge, detras de Simén.... Mas hacia delante.
Hubo protestas aisladas. Cada uno tiene sus afini-
dades y quiere estar cerca de los suyos. Me lo esperaba.
88
Era un privilegio més que yo les habia dado al comienzo
del afio.
Casi nadie puso problemas, excepto Wilmer que se
puso serio en plan de “Yo no voy a cumplir lo que usted
me dice’. Arturo y Lili también se sintieron afectados.
Cambiaron de puesto de mala gana.
Ubiqué a los ruidosos en medio de los silenciosos.
A los alborotadores en medio de los tranquilos. Los dis-
traidos adelante, para tenerlos siempre ala vista. Los apli-
cados serian como algodones en medio de vidrios. Luego
hice unos iltimos ajustes. Wilmer qued6 en tercera fila,
en medio de Anita y Jerénimo, que son tranquilos.
A Lili la ubiqué en la segunda fila, Prefiero tener
control sobre ella, todo el tiempo.
Arturo quedé un poco rezagado, no pude ponerlo
mis adelante. Lo importante es tenerlo alejado de sus dos
amigotes.
Jorge qued6 cerca de Simén, pues veo que se han
hecho amigos y este le puede ayudar a ponerse al dia.
Necesito unos dias para valorar los resultados.
Ahora soy consciente de que estuve lenta para
hacer los cambios. Voy a estar més pendiente. Si se nece-
sitan otras medidas, las tomaré pronto,
“Los incendios se apagan mejor cuando comien-
zan’, pensé.20
La gran Sorpresa
(Jorge)
Desde que vivia en Chaparral me gustaba correr, ahora el
atletismo, ¢s mi deporte.
‘Mi papé tenia una pequeiia finca en el Cain de las.
Hermosas, cerca de la cordillera Central, pegadita al rio.
Me gustaba el viaje, pero ibamos poco. El me decia que
en esa zona habia problemas entre el Ejército y la guerri-
Jaro que eso habia sido asi desde muchos aftos atras.
—Desde que tu abuelo estaba chico —me dijo—.
Ese problema lleva casi setenta afios, Con nosotros nunca
se han metido.
Por eso él tomaba las cosas con cierta tranquilidad.
Cuando fbamos alld era muy divertido nadar en el pozo
que forma la corriente del rio entre las rocas y montar aca
ballo hasta donde se terminan las montafias azules. Corria-
‘mos con mis primos por esas colinas. Mi mama decia que
pareciamos cabras. Creo que ahi fue donde hice piernas.
%0
Altercer miércoles de mi llegada al nuevo colegio, el
Profesor nos puso a hacer el test de Cooper.
—Vamos a ver quién recorre una mayor distancia
en doce minutos.
_ Arturo habia sido hasta ese momento el que las
ganaba todas, segtin me habian contado. Se pavoneaba
muy seguro de que seria el ganador, una vez més.
__ Ese dia, yo queria hacer algo notable ante mis com-
Pafieros. Me veian como un alumno rezagado y tenian
raz6n. Queria impresionarlos.
1Corri,corri, sin desfallecer, aunque me fltaba res-
Piracién y me dio bazo. Seria muy
registro, pero lo intentaria.
Llegué exhausto a la meta.
Habjamos salido en grupos de a cuatro, siguiendo
el orden de los nimeros que sacamos de una bolsa,
Cuando salié el primer grupo,
tanda, gané facil,
Arturo también gané en su grupo, con notable
ventaja,
lificil poner el mejor
fui el mejor de esa
Al fin lege el ultimo pelotén. Todos estibamos ex-
ectantes, pues el profesor hacia niimeros en su calcula-
dora, De pronto pidié silencio para hacer el anuncio.
—Jorge Vizcaya recorrié 2432 metros: es un resul-
tado excelente para un alumno nuevo. jHa sido el gana-
dor! —dijo con entusiasmo.
De segundo quedé Arturo: le gané por una dife-
rencia de apenas cincuenta metros.
Me miré queriendo devorarme. Of que a lo lejos
rezongaba:
—Eso lo pudo hacer porque tengo bronquitis.
‘Tres dias después nos citaron en la sala de profeso.
res a Arturo, a Lucui
—Desde ahora, si les interesa, ustedes ocho van
a formar parte del grupo de alto rendimiento —nos in-
forms el profe de Educacién Fisica—. Si pasan las prue-
bas integraran el equipo de atletismo del colegio.
Habian seleccionado solo un estudiante por cada
prueba: Lucumi en velocidad; uno de los mayores en
pesas; otro, larguirucho, en media maratén; una chica
otros cinco estudiantes y a mi
2
Hamada Irene en salto largo; otra de nombre Yolanda en
salto con garrocha; un chico al que le dicen Mayo, del-
gado como un espagueti, en salto alto.
La excepcidn éramos Arturo y yo, que iriamos en
la misma prueba: 400 metros.
—iQue coincidencia! —expresé su asombro el
profesor—. Hubiera querido que fueran en pruebas dis-
tintas, pero los registros son los que deciden. Esa es la
prueba en la que mejor se desempefian.
‘Me dieron una nota para que le llevara a mi mami.
Nadie se puede imaginar lo feliz que se puso. Hasta se le
humedecieron los ojos y me Ilené de elogios. Un pen-
samiento répido como un fogonazo iluminé mi cabeza:
pedirle que de regalo me trajera a mi perro Gari.
Callé, Aun no era el momento.
9a
Y ese qué se ha creido?
(Arturo)
A mis espaldas, y en mi cara también, me llaman el Duro.
El sobrenombre transmite fuerza, Se le ocurrié a Li
—Te tendran respeto —rio contenta cuando lo in-
vent6,
El apodo asusta y por eso no se meten conmigo.
‘Mis compaiieros me temen y los profesores mantienen
cierta distancia. El apodo es mi coraza, mi caparazén,
El profesor de Ciencias Naturales es medio loco.
Una de sus clases me parecié entretenida, Estaba ha-
blando de Darwin y de la evolucién de las especies.
—La vida es dura y competitiva, hay que tener
fortalezas —dijo cerrando los puitios—. De lo contrario,
desapareces.
El mensaje me gusts.
Claro que después dijo otras cosas que no me pa:
recieron. Antes bien, me confundieron: que no siempre
94ganan los fuertes, sino los que se adaptan mejor, que todos,
formamos una red, que unos dependemos de otros...
Que los predadores fuertes generalmente sucumben ante
otros predadores mas poderosos... y que algunos debiles
en apariencia tienen fortalezas insospechadas.
Bueno, lo que yo sé es que soy grande y fuerte.
Mi fortaleza nace de que soy un atleta, con pasta de
campeén.
No me voy con rodeos. ¥ no tengo predadores, no
los veo. En el patio del colegio puedo hacer lo que se me
antoje.
Pero donde soy verdaderamente el grande, el mas
fuerte, es en los campeonatos intercolegiados. En los 400
metros soy el rey, tengo el récord. Me encantan los
aplausos del final de la competencia. Me encanta pasar
al podio. Me encantan mis medallas, tengo siete. A veces
las miro, estan en la biblioteca de la casa. Mis papas se las
muestran a todas las visitas.
Quiero ser un campeén de grandes ligas. Para eso
entreno cuatro veces por semana. Con este profesor de
Educacién Fisica he progresado. El tiene pensado que el
colegio participe este ato en los campeonatos intercole-
giados. Ya me imagino una victoria, en un estadio lleno,
las medallas, el himno, las fotos, el periédico...
iY preciso llega ahora este aparecido y me ganal
‘Tuvo la fortuna de que yo ese dia tenfa tos. ;Qué se
estard creyendo ese perdedor?
En la proxima me desquito. Y si no se hace a un
lado, ya me inventaré un método para sacarlo del medio.
96
ZZ
La amenaza
Gorge)
Luego de dos semanas de entrenamiento diario, el profe-
sor nos volvié a reunit.
—Es hora de nuevos registros —dijo mientras
miraba su planilla de tiempos—. Nos van a servir de
referencia para valorar los progresos. jEmpecemos el ca-
lentamiento para los 400 metros! —grité con entusiasmo.
Me sentia muy bien. Todos los miisculos estaban
en maxima tensién. Nos puso en el partidor, usamos las
taconeras. Tres veces revisé que la posicién de las piernas
fuera la correcta,
iAl fin oimos el pistoletazo!
Lucumi con sus largas piernas y enormes pulmo-
nes imponia su velocidad, a los cien metros nos levaba
dos. Arturo me aventajaba un poco. Habia que estar lo
mis cerca posible de ellos... Yo respiraba hondo y mis
piernas estaban respondiendo.
7|A los doscientos metros Lucumi nos levaba tres
metros. Yo ya iba en linea con Arturo.
‘A Jos trescientos metros el puntero comenz6 a
afljar yl fuimos dejando. Arturo se adelant6, Yo sent
aque atin me quedaba aire de reserva,
“Es ahora el momento’, pensé agresivamente.
‘Aceleré al maximo. Pasé a Arturo,
Se defendia.
Me igual.
Unos treinta metros estuvimos emparejados, pero
uego lo dejé ars.
El contraatacé...
‘Apenas logré ganarle por menos de un metro...
Habia ganado la prueba con esfuerzo, pero sin ne-
cesidad de un desesperado embalaje final.
El profesor me felicit6... Sin embargo, de premio
me dio un balde de agua fria.
—Esta marca es la del colegio, Jorge, no se entu-
siasme demasiado. Ha igualado el récord local que lo
tenia precisamente Arturo, pero esté muy lejos de una
marca decente para participar en los intercolegiados.
Mi rival se quedé callado. Movia la cabeza molesto
y se tocaba el ment6n con la mano con nerviosismo. Me
acordé de una pelicula en la que hay un tigre en su jaula,
Me olvidé del asunto y charlé un rato con Simén
en el descanso. Cuando quedé solo, Arturo me abordé
de frente:
—Lo de atletismo es lo mii
rritorio, Usted vera qué hace o dice, pero no cabemos los
dos en el equipo.
10 se meta en mi te-
98
Comprendi que mi competidor hablaba en serio.
Ya iba a contestar cuando él continud.
no lo hace, no respondo por lo que le pueda
Pasar —dijo amenazante—. De usted depende.
Lo miré de frente, no le dije nada y me fui.
Tenia claro que no iba a retirarme del equipo por
las amenazas de Arturo. De todos modos, la situacién era
fastidiosa
Unos dias més tarde, el profesor de Educacién Fi-
sica nos cité de nuevo.
—iListos para entrenar? —pregunté riéndose.
Nos entregé la dotacién: camiseta con el logo del
colegio, pantaloneta y unos tenis especiales que son
‘como un guante para los pies. Con el uniforme me senti
bien, me imaginé que todos me miraban, que ganaba la
medalla. Pero fue solo un globo, pronto aterricé.
— Como va a hacer para zafarse? —me preguntd
de nuevo Arturo cuando quedamos solos.
—iZafarme? Esti loco. Yo sigo.
Me apunt6 con el dedo como si este fuera una
pistola,
923
Las dos casas
(Malena)
‘Vamos a leer y analizar el poema que les dejé en la clase
pasada —dijo la profesora Gabriela.
—zAlguien se ofrece de voluntario para leerlo?
Silencio total. Nadie se atrevia.
Ella me mir6, pidiéndome ayuda.
Yo simulé estar distraida. No sé por qué, pero no
queria hablar.
Bueno, si sé, estaba tocada por el poema, me dolia,
Isabel levanté la mano y pas6 al frente. Tiene buena
vozy sabe manejarla. Ademés le gusta que la miren, Tam-
bién hizo la venia. Comenzé con voz fuerte:
Dos casas
Dizque tengo dos casas,
una de lunes a viernes,
otra para el fin de semana.
Dizque en ambas soy el rey,
los dos quieren cumplir todos mis deseos,
aun los que no tengo.
No me dejan tranquilo,
que si como, que si duermo,
que si estoy més cmodo, aqui o alla...
Detesto las dos casas,
siempre deseo con urgencia
lo que no traje conmigo.
Si se han separado,
podrian unirse de nuevo.
‘No quiero hacer y deshacer mi maleta
Me aburre esta semana rota,
las recuerdo mejores
cuando eran enteras.
Isabel, squé piensas de lo que dice el poema?
—Pregunt6 con notorio interés Gabriela,
—Me identifico con él. A mi también me abu-
tren los trasteos, pero eso es lo de menos —contest6
Isabel convencida—. Las dos casas son muy diferentes,
100 u