La sabiduría sobre el matrimonio: Proverbios 5
TITULO: La sabiduría sobre el matrimonio
TEXTO: “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a
la iglesia…” (Ef 5:25)
LECTURA BÍBLICA: Proverbios 5
ORACIÓN POR LA OFRENDA:Oh Padre amante, venimos a tu
presencia con recogimiento y reverencia en el nombre que es sobre
todo otro nombre, el nombre de Jesucristo. Ponemos delante de ti
estas ofrendas hechas de todo corazón para que tú te dignes
utilizarlas a fin de que nuevas almas se añadan a tu iglesia; para que
el mundo a nuestro alrededor y en lugares apartados de la tierra
oigan tu voz. Bendice estas ofrendas, Señor, y bendice nuestros
hogares; que sean luces en medio de la oscuridad que envuelve
nuestra sociedad. Por Jesús nuestro Señor. Amén.
INTRODUCCIÓN: “La ley bíblica tiene el propósito de crear una
sociedad de familias, y la principal ofensa es atacar la vida de
familia. El adulterio (en el Antiguo Testamento) es así colocado al
mismo nivel que el asesinato, por cuanto es un acto criminal contra
la institución social central de toda cultura sana. El adulterio no
castigado destruye la vida de la familia y el orden de la sociedad (Lv
20:10; Dt 22:22).” RUSHDOONY
Notemos en este capítulo que es responsabilidad de los padres el
enseñar a sus hijos las normas bíblicas y darles una cuidadosa
educación sexual basada en las Escrituras.
1. LA PROTECCIÓN DE LA SABIDURÍA CONTRA LA INFIDELIDAD
MARITAL Y LA FALTA DE CASTIDAD DE LOS SOLTEROS (vv 1-6)
a. Veamos algunos de los controles o diques poderosos y
prácticos que la sabiduría ofrece para estos problemas.
i. El “dique” o contención de una definición
adecuada:
i. “La sexualidad normal en el cristianismo es la
sexualidad marital; el adulterio es una
violación de esa relación y es un acto anormal
y criminal, un ataque al orden fundamental.”
RUSHDOONY
ii. El adulterio introduce dentro de la vida
propia y la de la familia una lealtad deforme
hacia otro ser ajeno. Es un acto de traición
hacia Dios y hacia la esposa y los hijos.
iii. Veamos en 1 Corintios 6:16 el horror de la
inmoralidad sexual.
ii. El “dique” o contención de la condenación
i. En el libro de Proverbios se condena toda
relación sexual antes o fuera del matrimonio
(6:20-35; 7:21; ver también Ex 20:14; Dt
5:18).
ii. Podemos ver lo mismo en el Nuevo
Testamento. Hechos 15:20,29; 21:25;
Romanos 1:29; 1 Corintios; Sal 1; 6:13; 18-20;
7:2 hablan claramente de la fornicación y la
condenan. En Mateo 5:28 el Señor condena
los pensamientos impuros.
iii. El “dique” o contención de la promesa (y la
recompensa a la obediencia):
i. La sexualidad dentro del matrimonio no
significa una vida pobre, sino que es una
fuente de gozo y salud (5:15-23).
ii. Las funciones de la sexualidad marital:
i. Función creativa: Junto con el pacto
público del casamiento (Mal 2:14), el
compromiso privado de la relación
sexual crea, bajo el poder de Dios, una
relación indisoluble (véase Gn 2:22-25).
ii. Función recreativa: La sexualidad
marital en el fin de Dios es no
solamente establecer el vínculo de “una
carne” sino también que este vínculo
sea estimulado y sostenido. Es una
fuerza renovadora del matrimonio. “La
mujer y el hombre en su amor marital
pueden libremente unirse sin temor ni
vergüenza en una comunión de carne y
espíritu para hallar solaz juntos.” HOWE
(Véase Gn 2:24,25; Pr 5:15)
iii. Función procreadora. En las Escrituras
se espera que la unión sexual sea
fructífera (véase Gn 1:28, y Sal 127 y
128). La procreación no es la única
función, sin embargo. La sexualidad
matrimonial puede ser –y permanecer–
como una actividad valiosa para
aquellos que son estériles y para los
avanzados en años.
iii. El “dique” o la contención del consejo sabio.
El libro de Proverbios nos da consejos claros
de cómo evitar la incontinencia sexual, es
decir la falta de pureza:
Ama a tu esposa o esposo (5:19).
Evita las situaciones seductoras (5:8).
Cuida tus ojos y tus pensamientos (4:25).
b. Las promesas engañosas de la impureza sexual.
i. Aquí se aprecia el contraste entre las promesas
falsas y los verdaderos resultados (vv 3,4).
ii. La impureza sexual puede terminar en la muerte
social, física, marital, emocional, y espiritual.
iii. El problema básico de la persona impura es que no
vive de acuerdo con un plan lógico sino más bien
por impulsos (v 6).
(xx)
2. LOS EFECTOS DEVASTADORES DE LA IMPUREZA SEXUAL Y LA
INFIDELIDAD MARITAL (vv 7-14)
a. (vv 7,8) La urgencia de “huir” de la inmoralidad está
claramente expresada en este pasaje, y sería bueno que
notáramos lo que al respecto nos dice 1 Corintios 6:18, y
también Génesis 39:12. Sin duda aquí vemos la valentía
en su forma más ejemplar.
b. (vv 9-14) La naturaleza de esta devastación.
i. (v 10) Se pierde la vitalidad física y la seguridad
económica. Una descripción gráfica de este
resultado la tenemos en Oseas 2:3.
ii. (v 11) Se produce una degeneración física y
emocional causada por modos pecaminosos de vivir
y la carga de culpabilidad que debe soportarse.
Mencionaríamos como un ejemplo
las enfermedades venéreas que aun en los países
más avanzados, si podemos así llamarlos, alcanzan
proporciones de epidemia. Casi no necesitamos
mencionar el auge de la psiquiatría donde una gran
proporción de los pacientes están perseguidos por
el “sentimiento de culpa” y por la terrible
desilusión de sus vidas. Una enfermera creyente de
uno de los países más adelantados nos expresó hace
tiempo que la mayoría de los casos de suicidio se
producen entre aquellas mujeres que se sintieron
“liberadas de todo prejuicio” y comprobaron tarde
que habían destruido su vida.
iii. (vv 12,13) La impureza (sin arrepentimiento) trae
remordimiento y vergüenza que puede llevar a la
insensibilidad.
iv. (v 14) Sin arrepentimiento se produce la ruina, aun
en medio de la congregación, es decir donde el
pueblo debería ser santo, donde debería estar a
salvo del mal. El asunto es que
aun los cristianos evangélicos no están exentos de
caer en el pecado de la impureza. “El que piensa
estar firme, mire que no caiga” (1 Co 10:12).
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3. LA BELLEZA Y LAS BENDICIONES DEL AMOR MARITAL (vv 15-
23)
a. (v 15) El refrigerio y la satisfacción del amor conyugal.
i. Aparte de la excepción de 1 Corintios 7:1, no existe
tal cosa como una vida independiente del sexo
opuesto. La vida del hombre está relacionada con la
de la mujer en forma específica y total, y lo mismo
se puede decir de la mujer en relación con el
hombre. Esto lo vemos claramente en 1 Corintios
11:11.
ii. El marido y la esposa no son ejecutantes de un acto
sexual sino compañeros íntimos. El marido y la
esposa introducen en su intimidad sexual todo el
significado y el valor que ellos asignan al total de su
vida conyugal. El matrimonio se vería disminuido
sin el don del sexo, y el don del sexo carecería de
la estabilidad, la responsabilidad, y la mutualidad
que el matrimonio trae consigo.
“El matrimonio es la consumación de un creciente
compañerismo de amor, de una creciente unión de
dos personalidades, es la consumación del
compromiso contraído por dos personas para vivir
unidos. La relación sexual es la consumación de una
creciente intimidad física. En los designios de Dios
estas dos consumaciones convergen y se
complementan en el matrimonio. El compromiso de
amor se complementa con el compromiso de la
intimidad sexual.” D.H. SMALL
iii. Si bien el matrimonio es la relación sexual
ordenada por Dios entre el hombre y la mujer, no
consiste solamente en el sexo. El sexo es tan
solamente un aspecto del matrimonio.
iv. Por lo tanto, debemos evitar dos errores básicos en
la actitud actual de los cristianos con respecto al
sexo:
i. Pensar que es un mal vergonzoso y necesario
que debe reprimirse y ocultarse todo lo
posible. Este punto de vista contradice lo que
tenemos en Génesis 1:31.
ii. Hacer énfasis sobre la espiritualidad, el
encanto, y el misticismo del sexo más allá de
lo justo. Se hace énfasis sobre el sexo y se lo
endiosa como el centro y la esencia de las
relaciones humanas. El hombre moderno pide
del sexo más de lo que ha sido creado para
dar, y por lo tanto, se siente decepcionado y
frustrado, y trata de
encontrar estímulos sexuales novedosos y
pervertidos.
v. La sexualidad conyugal, de acuerdo con lo
establecido por Dios, es como un largo trago de
agua refrescante (v 15).
b. (vv 16-17) La perversidad de la infidelidad conyugal.
i. Aquí se indica cuán nefando y horrible es malgastar
la sexualidad (adulterio, fornicación, masturbación,
etc.).
ii. La belleza y la fuerza de la unión en una sola carne
es el “secreto compartido” (intimidad) y su
contexto de permanencia y seguridad (Gn 4:1).
c. (vv 18-20) El gozo del amor y la sexualidad dentro del
matrimonio.
i. Un rasgo dominante de la sexualidad marital es el
placer físico y emocional. Los esposos deberían
encontrar en su relación sexual un verdadero
disfrute.
ii. Cosas que deben recordarse con respecto a la
sexualidad.
i. La sexualidad es parabólica (ilustrativa y
simbólica) (Ef 5:23). Ilustra la unión de Cristo
y su Iglesia.
ii. La sexualidad es simbólica, es decir, expresa
valores personales que trascienden los deseos
físicos. Simboliza la unión, el compromiso, el
amor, y la confianza que la pareja casada
comparte.
iii. La sexualidad es comunicativa. Es una
relación. “Una de las cosas más significativas
que pueden decirse sobre la relación sexual
es que les proporciona al marido y a la esposa
un lenguaje que no puede ser igualado con
palabras…” TRUEBLOOD
iv. La sexualidad es un don de parte de Dios y
debe ser recibido con agradecimiento y usado
responsablemente como buenos
administradores.
v. La sexualidad es una ofrenda. Cuando Dios
nos entrega un don, debe ser reconocido
como tal y ofrecido de vuelta a él con
alabanza. Por lo tanto, el amor conyugal se
desarrolla para la gloria de Dios y debe ser
importante para nosotros.
d. (v 21) Los ojos del Señor y la relación marital.
i. Dios se deleita en observar la relación marital
porque cumple sus buenos propósitos (Gn 1:31). Por
lo tanto, debemos amarnos bien como casados
delante de los ojos de Dios.
Si no podemos sonreír en relación con la sexualidad
conyugal, nuestro enfoque no es el de Dios; no lo
vemos como él ve esta relación.
Debe recordarse que la sexualidad marital
es deber mutuo de los casados y, por lo tanto, cada
uno debe tener en cuenta el deseo del otro por
encima de sus propios deseos o falta de ellos. La
Biblia es muy práctica y natural sobre este asunto
(véase 1 Co 7:3).
Hace unos doscientos años o más James Mattock fue
expulsado de la Primera Iglesia en Boston “porque
había negado su deber conyugal a su esposa por dos
años, con el pretexto de castigarse a sí mismo por
haberse aprovechado de ella antes del
casamiento”. Por cierto que Dios no aprobaba este
acto de autodisciplina.
i. Los ojos del Señor también están sobre la
persona soltera.
i. El Padre conoce y se preocupa de tu
estado actual; y por lo tanto, puedes
presentarle todas las penas que él ya
conoce sin sentirte avergonzado.
ii. El Padre está ocupándose de tu vida,
dirigiendo tus pasos; y él tiene bien en
cuenta lo que más te conviene, lo
mejor para tu vida. No estropees sus
planes por apurarte.
iii. Aprende a descansar en los poderosos
brazos del Padre, dependiendo de él,
deleitándote en él, confiando en él,
obedeciéndole, y él te dará los deseos
de tu corazón.
iv. Consejos a los solteros (de A.N. Martin).
i. Acepta tu condición presente
como un don sabio y amante de tu
Padre celestial.
ii. Aprovecha tu condición presente
de soltero o soltera en todas sus
ventajas, como lo es el disponer
de más tiempo, más facilidades
de mezclarte con la gente, etc.
Esto no solamente agrada a Dios
sino que es una buena manera de
encontrar tu Eva o tu Adán.
Evitarás el desaliento y abrirás el
horizonte de tu vida. Cosecharás
nuevos amigos.
iii. Trata de mejorar aquellas partes
de tu personalidad que no son lo
que deberían ser. Busca el
consejo de aquellos en quienes
tienes confianza y francamente
pregúntales qué tienes que
mejorar y cómo puedes hacerlo.
iv. Pídele a Dios que te prepare y te
provea.
v. Busca el ambiente adecuado para
relacionarte con personas
adecuadas de ambos sexos.
vi. Establece ideales bíblicos y
realistas de lo que habrá de ser tu
futuro Adán o Eva.
vii. Si es que estás evitando el
casamiento, haz un examen
cuidadoso de las razones que
tienes para tal actitud.
viii. Mantén las riendas de tus
pasiones bien sujetas.
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CONCLUSIÓN. El fin de la persona que cede a la impureza es la
más abyecta esclavitud. Tal
persona destruye el don más preciado que Dios ha concedido al
ser humano para su mayor felicidad en esta tierra. El poder de
una vida victoriosa está en las manos de Aquel que ha dado su
vida en la cruz para salvarnos del pecado. Acéptalo como tu
Salvador y Señor, y él será para ti “poder de Dios y sabiduría de
Dios” (1 Co 1:24).