UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE GUERRERO
Cátedra “Carlos Marx”
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La Obra de Carlos Marx y los desafíos del
Siglo XXI
La Habana, del 3 al 8 de mayo de 2006.Palacio de las Convenciones
Carlos Marx, el imperialismo y la
revolución en el Siglo XXI
Camilo Valqui Cachi1
1
Profesor-investigador de la Universidad Autónoma de Guerrero, México. Doctor en
ciencias filosóficas, autor y coautor de varios libros entre otros Marx Vive: fin del
capitalismo y del socialismo real, El pensamiento de Marx en los umbrales del Siglo XXI,
Filosofía de la praxis en México ante el derrumbe del socialismo soviético e Irak: causas
e impactos de una guerra imperialista; conferencistas y ponente en eventos nacionales e
internacionales y Coordinador de la Cátedra “Carlos Marx”.
1
Carlos Marx, el crítico más agudo de la totalidad capitalista, el
descubridor de la ley última por la que se mueve la sociedad actual y
pensador de la negación radical del capitalismo, fue declarado difunto por
enésima vez entre 1989 y 1991, por las burguesías imperialistas
propietarias de las corporaciones transnacionales, gobiernos y
democracias liberales, así como de las plumas y del pensamiento de una
legión de intelectuales, académicos y políticos de mercado.
Tanto en las metrópolis imperiales como en las regiones ex-soviéticas y
en las nuevas colonias de Asia, África, América Latina y El Caribe, la
Obra y la acción de Carlos Marx sufrieron los ataques más infames de la
inquisición capitalista transnacional.
Como bien dice Néstor Kohan, los oligarcas del gran capital:
“[…] Habían esperado este momento desde un tiempo sin memoria.
Festejaron con entusiasmo desbocado y grosero. ¡Ahora sí!, se codeaban
mutuamente, mientras acariciaban, entre risotadas y exabruptos, sus
tarjetas de crédito y sus acciones bursátiles. Esos años inmediatos fueron
crueles, despiadados, inmorales. Ellos no tuvieron escrúpulos. Ni una
pizca de lástima. Los aprovecharon bien, con una obscenidad y un
cinismo sin límites”.1
De este modo, obnubilados por el colapso soviético buscaron a ultranza
borrar de la historia, la memoria de los pueblos y la conciencia del
proletariado mundial, la obra de Carlos Marx, el marxismo crítico y las
revoluciones que generaron en el Siglo XX.
Asimilando, esta fiebre antimarxista global las burocracias académicas
neoliberales, expulsan la Obra de Carlos Marx de los planes y programas
de estudio, legitimando estas razzias oscurantistas con remedos de
reforma académica. Así, en muchas Facultades de Economía de América
Latina desaparece virtualmente el estudio, análisis e investigación de El
Capital, en beneficio de la filosofía y patrón curricular de mercado que
centraliza el aprendizaje de la teoría económica, los análisis empíricos a
través de los métodos matemáticos y estadísticos y la elaboración de
políticas económicas gubernamentales bajo la lógica del Consenso de
Washington. Por extensión rechazan también todo pensamiento crítico de
2
inspiración marxista, pervierten y diluyen el papel de las ciencias sociales
y humanidades en el desarrollo del pensamiento, la cognición y
transformación del mundo.
Asimismo, el marxismo crítico es desterrado de las áreas de investigación
científica y estudios de postgrado, estableciendo en su reemplazo una
línea académica de mercado y por ende la servidumbre de la filosofía, las
ciencias sociales y humanas a la dictadura del capitalismo, con el objetivo
de naturalizarla y eternizarla. En esta misma ruta, se fomentó un
positivismo ramplón que privilegia y financia las “ciencias duras” en
contraposición y total desprecio de las ciencias sociales y humanísticas.
Como en la época de Carlos Marx: “Los espadachines a sueldo
sustituyeron a la investigación desinteresada, y la mala conciencia y las
ruines intenciones de la apologética ocuparon el sitial de la investigación
científica sin prejuicios.”2
A la educación humanista y a las ciencias críticas les siguieron como
hongos después de la tormenta la educación y las ciencias del mercado.
Muchas universidades del mundo (con honrosas excepciones) fueron
avasalladas e instrumentalizadas por la filosofía, la economía y la política
imperialista, ante la ausencia de una masa crítica de académicos,
estudiantes, trabajadores, optaron dócilmente por las políticas educativas
capitalistas..
De manera general estas universidades asumieron una lógica
empresarial y traicionaron a sus mártires, renegando de su historial de
luchas entregaron sus conquistas intelectuales, políticas, morales y
laborales. Abiertamente muchos universitarios abjuraron de sus principios
libertarios y pugnaron por una educación como área de inversión y
acumulación de capital.
A nivel mundial y de América Latina, se expandieron las llamas del
antimarxismo aldeano con tufo macartista intensificando la cacería policial
de comunistas y militantes revolucionarios. Triunfalistas las oligarquías
3
capitalistas, desplegaron el truculento mercado de ideas y el negocio de
paradigmas, crecieron las avaricias de los tenderos de las modas
postmarxistas y se vendieron al mejor postor procesos revolucionarios y
causas humanistas.
Desataron una y otra vez, su guerra global contra la Obra de Carlos Marx,
el comunismo, el socialismo, la revolución y los movimientos radicales,
enemigos radicales de sus intereses transnacionales.
Enajenados hasta la médula, sus escribas decretaron el fin de la historia,
de las clases sociales y la lucha de clases, del comunismo, del socialismo
y la revolución. Con inusitado descaro anunciaron el comienzo de una
nueva era de libertad, de democracia, de desarrollo, paz e integración y
por lo mismo, reconocieron en el capitalismo (imperialista) la única forma
natural de existencia compatible con la esencia humana. Sacralizaron al
capital y proclamaron su eternidad in sécula seculórum.3
Los académicos y publicistas de las transnacionales promovieron el afán
de novedades, legitimaron la dictadura del pensamiento neoliberal y la
religión de mercado. Al conjuro del colapso soviético se desataron a
escala planetaria las escaladas antimarxistas, contrainsurgentes y de las
guerras preventivas contra el pensamiento marxista, las luchas y los
movimientos sociales, antiimperialistas y revolucionarios del mundo.
El diluvio del derrumbe soviético también alcanzó a las filas del
comunismo internacional acelerando su generalizada descomposición.
Aquí, se pusieron a la orden del día las deserciones, traiciones,
abjuraciones y arrepentimientos. Con mayor o menor cinismo, ingenuidad
y pusilanimidad los partidos comunistas se disolvieron y los movimientos
sociales y revolucionarios de orientación marxista capitularon. Los otrora
fervientes “militantes”, “luchadores”, “dirigentes” e “ideólogos” del
marxismo y el comunismo buscaron acomodo en los establos del
imperialismo, carentes de ética y sin perspectiva revolucionaria.
4
Algunos teóricos, escritores, intelectuales, políticos, periodistas,
sindicalistas, académicos y artistas mudaron en un santiamén su filiación
marxista por una profesión de fe capitalista.
Muchos de ellos encontraron empleo en el mercado de conciencias, otros
se asumieron postmarxistas, no pocos devinieron sicofantes mientras
otros siguen buscando su identidad perdida en la nueva izquierda
variopinta del presente siglo.
En el terreno científico se abandonó como herramienta de análisis la
contradicción universal capital-trabajo, premisa del capitalismo, clave en
la valoración del pensamiento de Marx y fundamental para encarar y
asumir la vigencia de sus tesis esenciales. Este extravío teórico abrió de
par en par las puertas a la metafísica postamarxista y a los socialismos
pluriclasistas de las multitudes.
Este abandono de la comprensión crítica del fundamento universal del
capitalismo, condujo (y conduce) al eclecticismo, pragmatismo y
escepticismo filosófico, al reformismo, al oportunismo político y a la
asunción del capitalismo como forma natural de existencia humana.
Concepciones y prácticas que tras el derrumbe soviético, echaron raíces
como hongos después de la lluvia en algunos procesos revolucionarios de
inspiración marxista y así como en ciertas experiencias contemporáneas
que se reivindican socialistas, como China, que construye el socialismo
de mercado.
Este capitalismo socialista, vulgar utopía del Partido Comunista de China
(PCCH), pretende instaurar la socialización de los medios de producción,
de lo producido, del poder y del conocimiento, asumiendo la lógica de la
plusvalía, la acumulación de capital y la ganancia capitalista. Persigue
asimismo, conciliar lo irreconciliable: capital-trabajo, apropiación privada-
apropiación colectiva, dominación-emancipación,
Por lo demás, el socialismo de mercado chino es resultado de 25 años de
“reformas de mercado” iniciadas por Deng Xiao Ping a partir de
5
condiciones histórico-concretas, del carácter de clase la revolución china
de 1947-1949 y de las premisas teórico-prácticas sentadas por el
maoísmo. Este socialismo de cuño capitalista, instaurado por la
burocracia y la casta del PCCH, desmanteló las comunas agrícolas y
transformó a China en un país capitalista y en el centro estratégico de las
operaciones de las corporaciones multinacionales estadounidenses,
mismas que disponen hoy, de la mano de obra más barata del planeta de
439 millones de personas, provenientes de la clase obrera de la industria,
los servicios y otros. Por eso, no es casual que el PCCH, partido de
capitalistas, reivindique retóricamente a Carlos Marx y al socialismo y al
mismo tiempo maquille con nombres, ritos y símbolos “comunistas” el
violento proceso de valorización de capital trasnacional, para conjurar
ilusamente, el fantasma de una nueva revolución socialista en China,
como fruto de las nuevas contradicciones sistémicas y de clase, internas y
externas.
A pesar de todo, a más de década y media del colapso del socialismo
soviético y la “muerte” definitiva de Carlos Marx y del marxismo crítico, las
quimeras imperialistas de bienestar humano, desarrollo, democracia, paz
y libertad, se evidenciaron como vulgar metafísica y sus “verdades”
sacralizadas devinieron falacias sistémicas. Las estrategias y proyectos
colosales de la filosofía de mercado fracasaron estrepitosamente otra vez,
fueron incapaces de comprender y resolver el drama humano.
Inclusive en el ex campo socialista, donde sus pueblos atontados por el
oropel burgués soñaban con la tierra prometida del capital, despertaron
prematuramente instalados de por vida en el frío cálculo de las ganancias,
el individualismo, la exclusión social, la violencia, el narcotráfico, la
prostitución, el desempleo, la falta de pan, vivienda, educación y salud.
Con estupor descubrieron la tierra prometida pero atrapados en la jungla
de la plusvalía y de la miseria, y entonces debieron empezar a
comprender la necesidad de una nueva revolución socialista, sabiendo
que “La reintegración de la Unión Soviética y ahora de China al “negocio
usual” representa apenas la jugada más reciente de la reintegración de
6
los movimientos que intentaron en un momento dado transformar el
capitalismo en socialismo pero terminaron adaptándose como partes
funcionales del sistema capitalista mundial”.4
Como reconoce también, el Premio Nóbel liberal de Economía, Joseph E.
Stiglitz:
“La globalización (imperialismo CVC) y la introducción de la economía de
mercado (capitalismo CVC) no ha producido los resultados prometidos en
Rusia y en la mayoría de las demás economías en transición desde el
comunismo hacia el mercado. Occidente aseguró a esos países que el
nuevo sistema económico les brindaría una prosperidad sin precedentes.
En vez de ello, generó pobreza sin precedentes; en muchos aspectos,
para el grueso de la población, la economía se ha revelado incluso peor
de lo que habían predicho sus dirigentes comunistas”.5
Las depredaciones capitalistas continuaron y continúan, se perpetran a
diario en los ámbitos natural, social y humano. La irracionalidad y el
despotismo universal del capital, estriban en los violentos patrones de
acumulación transnacional y en las tendencias fascistoides del complejo
militar-industrial, en la pobreza extrema, miseria, las guerras de
recolonización y exclusión social de los parias de la tierra. Asimismo, se
incrementan el parasitismo y las pruebas de la descomposición
imperialista, particularmente estadounidense, son fehacientes a escala
mundial.
Incluso, para escarnio de los monaguillos de la “economía libre de
mercado” la mayor potencia militar y financiera de la tierra, EE.UU.,
celebra cada año el Día de Gracias, encubriendo sus 36 millones de
pobres y despellejando pueblos del planeta, como lo hizo en sus inicios
mediante el genocidio de 30 millones de indígenas en su propio territorio.
Hoy, se exacerban las contradicciones sistémicas del capital
transnacional, así como el exterminio de hombres y naturaleza. Las
guerras y todas las formas de violencia inherentes al orden burgués
producen y reproducen la barbarie cotidiana del capital imperialista y
tiende al exterminio de la humanidad.
7
Las paradojas sistémicas, como: capital-trabajo, valor de uso-valor de
cambio, producción social-apropiación privada, producción y parasitismo
financiero; producción y consumo, libre competencia y monopolio;
desarrollo y subdesarrollo; recolonización e independencia, expansión
económica mundial y rivalidad ínter e intra imperialistas, acumulación y
crisis, producción de medios de vida y medios de destrucción masiva;
dominación y libertad de la fuerza de trabajo, empleo y exclusión laboral;
acumulación de capital y destrucción ambiental; humanidad y
enajenación, emancipación y esclavización contemporánea, no tienen ni
tendrán solución en los marcos del sistema y la racionalidad capitalistas.
Asimismo, estas paradojas son veneros de las crisis estructurales
recurrentes del capitalismo contemporáneo, y en contra de lo que
piensan sus apologistas, las guerras que instrumentan hoy las burguesías
transnacionales, aún siendo albañales que palian las contradicciones
sistémicas del capitalismo, son incapaces de superarlas y al contrario
crean y recrean las bases objetivas del fin capitalista.
Por eso, pese a las carnicerías bélicas globales y regionales que perpetra
el imperialismo, sus contradicciones no encuentran solución porque le
son consustánciales. Estas carnicerías imperialistas evidencian toda la
crudeza la inhumanidad y el poder destructivo del capitalismo.
El capitalismo no puede superar sus contradicciones inherentes. No está
al alcance del capital su negación revolucionaria, esta será obra de las
clases proletarias, movimientos populares, campesinos, indígenas,,
ecologistas, feministas, migratorios, estudiantiles e insurgencias
revolucionarias del planeta.
En este sentido, pese a las profundas transfiguraciones capitalistas
contemporáneas que afectan de manera drástica a las fuerzas
productivas fragmentándolas y jerarquizándolas, los proletarios del siglo
XXI como los proletarios clásicos, constituyen la única clase radical
anticapitalista. La única clase, potencialmente comunista porque su
existencia se funda en la negación de la propiedad privada sobre los
8
medios de producción, y la única clase potencialmente revolucionaria,
porque sólo puede superar su esclavitud asalariada destruyendo al
capitalismo. La única clase capaz de recobrar su humanidad socializando
los medios de producción, el poder y el conocimiento y con ello posibilitar
la humanización de la propia humanidad. Sólo esta clase universal posee
las condiciones para ejercer las armas de la crítica y la crítica de las
armas. Puede abolir todas las condiciones de explotación y dominación
general al destruir la explotación y dominación capitalista.
Entones, la negación del capitalismo actual demanda una doble tarea: 1)
Teórica: comprender, asumir y recrear crítica y dialécticamente la
compleja Obra de Carlos Marx, en correspondencia con las experiencias
socialistas del siglo XX y las condiciones histórico-concretas del presente
siglo, obra generalmente ignorada, deformada, vulgarizada y simplificada
por su adversarios y también por la mayoría de sus seguidores, en las
metrópolis y periferias, así como reconstruir el proyecto radical del
socialismo y comunismo marxista, y 2) Práctica: crítica y superación
efectiva del orden capitalista.
Esta doble tarea teórico-práctica se funda y realiza dialécticamente en la
revolución comunista y tiene un alcance estratégico mundial. Las
revoluciones del siglo XXI -tanto en los países capitalistas como en la
inmensa mayoría de países recolonizados de Asia, África y América
Latina y El Caribe, con formaciones económico-sociales pre o semi-
capitalistas-, serán ricas en su compleja diversidad pero esencial y
dialécticamente serán universales, proletarias y comunistas. Al respecto
Carlos Marx subrayaba: “(…), el proletariado sólo puede existir en un
plano histórico-universal, lo mismo que el comunismo, su acción, sólo
puede llegar a cobrar realidad como existencia histórico-universal”.6
Bajo este enfoque, la reconstrucción teórica del marxismo revolucionario y
su proyecto comunista no es un ejercicio hermenéutico y metafísico
sobre el pensamiento de los clásicos del marxismo, sino es en primer
término, un trabajo científico de recreación y creación crítica de la
monumental Obra de Carlos Marx, Federico Engels, Lenin y las
9
contribuciones revolucionarias de los teóricos marxistas del siglo XX,
asumiendo los problemas y desafíos que plantea el imperialismo actual, la
experiencia soviética y algunas formaciones contemporáneos que se
reivindican socialistas, y en segundo término, es un trabajo de formulación
de un sólido proyecto revolucionario orientado a dirigir la compleja
revolución del siglo XXI, a partir de las premisas objetivas y las
contradicciones sistémicas del orden burgués y con los sujetos históricos
clásicos y contemporáneos existente a nivel mundial.
Por lo mismo, las claves para la superación práctica del actual orden de
cosas, no se encuentran en las obras marxistas sino en el propio sistema.
Las armas y sujetos históricos cada vez más complejos, que crea y
recrea el sistema capitalista, son las claves de la disolución capitalista. Al
marxismo crítico le toca en el presente siglo, forjar las conciencias de las
clases, masas y movimientos que harán la revolución socialista,
capacitándolos para descubrir y asumir las posibilidades, tendencias y
alternativas al capital, en las nuevas condiciones que presenta el
capitalismo transnacional.
Parafraseando a Carlos Marx de las célebres Tesis sobre Feuerbach, es
en la práctica donde el marxismo revolucionario del siglo XXI, deberá
probar y demostrar el poderío de su verdad, la validez y viabilidad de su
proyecto comunista anticapitalista.
Porque hoy, todo indica que mientras el mundo esté sometido a ley de la
plusvalía, la humanidad está condenada a la miseria, la barbarie y al
peligro cada vez más real del exterminio imperialista, como apunta István
Mészáros:
entramos en la fase más peligrosa del imperialismo en toda la
historia; pues lo que está en juego hoy no es el control de una
región en particular del planeta, no importando su tamaño, ni la
condición más o menos favorable, por continuar tolerando las
acciones independientes de algunos adversarios, sino el
control de su totalidad por una superpotencia económica y
militar hegemónica, con todos los medios –incluyendo los más
extremadamente autoritarios y violentos medios militares- a su
disposición (…). La cuestión es que tal racionalidad (…) es al
mismo tiempo la forma más extrema de irracionalidad en la
10
historia, incluyendo la concepción nazista de dominación del
mundo, en lo que se refiere a las condiciones necesarias para
la supervivencia de la humanidad.7
Consecuentemente, nunca la frase “socialismo o barbarie” que alguna vez
elocuentemente pronunciara Rosa Luxemburgo, tuvo tanta urgencia
mundial como en nuestros días”.8 Jamás, fue más contundente como en
el siglo XXI, la disyuntiva: “barbarie o comunismo”.
Aunque, Carlos Marx, ya en su tiempo constaba la esencia y dialéctica
bárbara del capitalismo, al escribir en El Capital:
El capitalismo “[…] destruye, al mismo tiempo, la salud física
de los obreros urbanos y la vida intelectual de los trabajadores
rurales. […] Y todo progreso de la agricultura capitalista no es
sólo un progreso en al arte de esquilmar al obrero, sino a la
vez en el arte de esquilmar el suelo; todo avance en el
acrecentamiento de la fertilidad de éste durante un lapso dado,
un avance en el agotamiento de las fuentes duraderas de esa
fertilidad. Este progreso de destrucción es tanto más rápido,
cuanto más tome un país -[…]- a la gran industria como punto
de partida y fundamento de su desarrollo. La producción
capitalista, por consiguiente, no desarrolla la técnica y la
combinación del proceso social de producción sino socavando,
al mismo tiempo, los dos manantiales: la tierra y el trabajador”
9
Sin embargo, ¿por qué el capitalismo imperialista, pese a ser una
constante y cotidiana barbarie que azota a la humanidad, ha sido el gran
beneficiario del derrumbe soviético y sentirse incluso rerum natura? 10
Aurelio Arteta nos da una respuesta clave:
[...] el abrumador éxito del capitalismo bien podría ser el
síntoma inequívoco de una naturaleza humana todavía
demasiado natural, mientras que el fracaso del socialismo
sería entonces la señal palmaria de que aquella naturaleza no
está aún lo bastante humanizada [...].11
Esto significa que los dueños del planeta, jamás comprendieron que el
derrumbe del socialismo en la URSS y Europa Oriental, por un lado, fue
sólo un acontecimiento histórico coyuntural, pasajero y resultado del
propio capitalismo, cuyas contradicciones e irracionalidades fueron
recreadas en las entrañas de la sociedad soviética, antagonismos que en
11
última instancia explican el fracaso del primer intento mundial de construir
el socialismo.
Por el otro, el fracaso del modelo soviético como alternativa al
capitalismo, evidenció la bancarrota de su fundamento ideológico: el
“marxismo–leninismo” soviético y el desplome de la formación social que
plasmó: la sociedad soviética. La obra de Carlos Marx es la negación
teórica y práctica de esta variedad de socialismo.
Sin el análisis de estas cuestiones de fondo sólo se podrán producir
lecturas fenoménicas acerca del derrumbe soviético, como las
provenientes del campo burgués y de algunos seudo marxistas.
En este sentido, lo que se identifica por el “derrumbe socialista”, si bien
abarca el breve lapso comprendido entre el derrocamiento de los
regímenes soviéticos en Europa Centroriental (1989) y la disolución de la
URSS (1991), no se reduce a este periodo, por el contrario es una larga
coyuntura histórica inserta en la irracionalidad y en las contradicciones de
la totalidad capitalista mundial, sus causas son múltiples, se remontan a
los orígenes de la URSS hasta su fin. Causas que tienen que ver con: la
inexistencia de premisas materiales, políticas y culturales para la
construcción del socialismo, la agresión multi-imperialista, la guerra civil,
el comunismo de guerra, la instauración de la NEP, la liquidación de los
soviets, la perversión ideológica del pensamiento marxista,
burocratización y liquidación del partido bolchevique, responsabilidad de
Stalin y Trotsky, el surgimiento y asalto al poder proletario por parte de la
burocracia soviética, los procesos forzados industrialización y
socialización de las tierras, la liquidación del internacionalismo proletario,
la carrera armamentista, la instauración del revisionismo y , la conversión
de la URSS en potencia mundial con ambiciones y planes de corte
imperialista, la restauración de relaciones capitalistas de producción tras
una fachada supraestructural socialista, papel anti-socialista de la
perestroika de Gorbachov y de la contrarrevolución de mercado
impulsada por las fracciones burocrático y militares, beneficiarias internas
del colapso soviético..
12
En todo caso, el derrumbe de la experiencia socialista en la Unión
Soviética y los demás países del ex campo socialista, no es una
manifestación de que el capitalismo haya logrado un status humano
superior, sino todo lo contrario. En esta lógica, el capitalismo es fuerte en
sus posiciones pero es débil en sus movimientos, omnipotente
tácticamente pero impotente estratégicamente.
Entonces, la defunción de Carlos Marx fue interesada y sus funerales
demasiado apresurados, su pensamiento ha renacido de sus cenizas, la
historia en curso ofrece más pruebas que nunca de su desbordante
vitalidad, vigencia y radicalidad mundial.
La sostenida y firme recuperación del pensamiento crítico de Carlos Marx
en todos los campos de la ciencia y particularmente en las ciencias
sociales y humanas a nivel mundial, es inequívoco. Carlos Marx vuelve a
destruir la paz burguesa y a incendiar la lucha de clases en el planeta.
Los poderes imperiales se cimbran ante el fantasma real de nuevas
revoluciones comunista. El nombre de Carlos Marx., es pensamiento,
bandera y acción de los oprimidos del orbe. Esto explica por qué, tras una
encuesta de la veterana emisora estatal británica BBC, resultara electo en
julio de 2005, Carlos Marx, como el mayor filósofo de todos los tiempos,
dejando muy atrás a veinte pensadores participantes como Hume, Smith,
Kant, Sócrates, Aristóteles, Platón, Santo Tomás de Aquino, Descartes,
Locke, Hegel, Einstein, Nietzsche, Wittgenstein y Popper entre otros.
El historiador Eric Hobsbawn, al referirse a este acontecimiento consideró
que la mayoría de los otros filósofos, desde la antigua Grecia hasta
nuestros días sólo son estudiados por un número limitado de
intelectuales, son sólo nombres, mientras que en el caso de Marx su
influencia quedó impresa en todo el siglo XX, siendo trascendente que
siglo y medio después se siga leyendo El Manifiesto Comunista como una
sorprendente predicción, hecha en el siglo XIX, de la naturaleza y los
efectos de la globalización en la que vivimos hoy. En esta misma
dirección, para Emir Sader el reconocimiento de Carlos Marx como el
13
mayor filósofo de todos los tiempos sólo reafirma que su obra, sus ideas y
su método –la dialéctica- siguen siendo los instrumentos fundamentales
para la comprensión del mundo contemporáneo, un siglo y medio
después de ser escrita. Tantos que “abandonaron” el marxismo, lo
sustituyeron ¿por cual visión del mundo? ¿Qué grandes obras fueron
producidas por esos refugios alternativos al “marxismo superado”?
¿Cuáles son las visiones del mundo producidas por esos “superadores”
del marxismo? La lectura de sus obras y su aplicación creadora siguen
siendo los instrumentos esenciales de todos los revolucionarios. Sus
palabras resuenan con más fuerza que nunca en el nuevo siglo:
12
“¡Proletarios de todos los países uníos!”
Pero el marxismo revolucionario no sólo recobra creciente presencia en el
pensamiento mundial sino también en las luchas de clases, movimientos
sociales e insurgentes planetarios. El retorno de esta arma de la
revolución al corazón de las luchas sociales y humanas, patentiza la
bancarrota internacional tanto de las filosofías, epistemologías y
metodologías de mercado defendidas por los académicos, intelectuales y
publicistas del imperio, como por los gobiernos metropolitanos y locales,
incluidos los partidos social-liberales, que tras el colapso soviético,
deificaron el capital e instrumentaron los programas transnacionales
económico-políticos neoliberales, con cinismo e ingenuidad aldeanos..
En consecuencia, las tareas centrales de los marxistas del siglo XXI,
sean: recuperar el marxismo como unidad de conocimiento y acción;
como crítica de lo existente, proyecto y práctica política. El marxismo de
este siglo más que nunca, sólo tiene sentido en su relación con los
proletarios, la lucha de clases y con el socialismo-comunismo, para la
conquista de la emancipación material y espiritual del género humano..
Por lo mismo, los movimientos sociales por la justicia y la igualdad, contra
las guerra de agresión y el militarismo; las luchas de los emigrantes, los
movimientos indígenas, campesinos, ecologistas, feministas y populares,
las resistencias globales en las calles, en los centros de trabajo, en las
esferas políticas contra el imperialismo en los cinco continentes y las
14
batallas anticapitalistas de los proletarios, las insurgencias guerrilleras, las
luchas de liberación de las masas excluidas y las fuertes tendencias
revolucionarias socialistas, son y serán fuentes y premisas de la
revolución permanente teórica de la Obra de Carlos Marx,. Su discurso
crítico y revolucionario seguirá guiando los procesos insurgentes y la
compleja revolución comunista del porvenir.
La reconstrucción dialéctica del marxismo crítico y revolucionario y del
proyecto comunista, sólo es posible a partir de una clara asunción de la
dialéctica: marxismo- (socialismo) comunismo, como alternativas radicales
al actual orden burgués, dialéctica que se sustenta históricamente en la
clase de los proletarios del siglo XXI. Justamente, las crisis históricas del
marxismo y del los proyectos socialistas están asociadas por un lado, con
las rupturas marxismo-(socialismo) comunismo, y por el otro lado, con las
rupturas de ambos con el proletariado.
De allí que, es absurdo formular y ejecutar un proyecto comunista
aclasista, hacerlo significa bastardear revolución anti-capitalista. Obviar la
contradicción central entre el capital y el trabajo, contradicción esencial y
objetiva, fundamento universal del capitalismo, conduce al reformismo
burgués. Cualquier enajenación teórica y política respecto a esta
contradicción real, además conlleva, posiciones ambiguas, eclécticas,
escépticas y oportunistas ante el marxismo, el comunismo y las
revoluciones socialistas.
La contradicción capital-trabajo, además es clave para descubrir y
comprender las contradicciones y crisis del socialismo soviético, descifrar
las causas de su derrumbe, y asumir sus impactos. En suma, es nodal
para la renovación del la teoría marxista, así como prevenir futuras
perversiones socialistas.
La asunción de esta compleja contradicción sistémica, permitirá
asimismo, comprender que el colapso soviético es en última instancia es
resultado de las recreación de relaciones de producción capitalistas y del
despojo del poder efectivo que sufrió el proletariado soviético. La derrota
15
del trabajo frente al capital en las condiciones histórico-concretas
existentes en las sociedades soviéticas no prueba el fracaso de la Obra
de Carlos Marx ni del comunismo marxista, sino su viabilidad y vigencia
mundial.
Los comunistas soviéticos después de Lenin, fueron incapaces de asumir
estratégicamente la revolución permanente y revolucionar el socialismo
en la URSS y a nivel internacional. Obraron en contra de lo que planteó
Carlos Marx en su célebre “El dieciocho Brumario de Luís Bonaparte”:
“Las revoluciones burguesas, […], avanzan arrolladoramente de
éxito en éxito, sus efectos dramáticos se atropellan, los hombres y las
cosas parecen iluminados por fuegos de artificio, el éxtasis es el
espíritu de cada día, pero estas revoluciones son de corta vida […]. En
cambio, las revoluciones proletarias, […], se critican constantemente a
sí mismas, se interrumpen continuamente su propia marcha, vuelven
sobre que parecía terminado, para comenzarlo de nuevo, se burlan
concienzuda y cruelmente de las indecisiones, de los lados flojos y de
la mezquindad de sus primeros intentos, parece que sólo derriban a su
adversario para que éste saque de la tierra nuevas fuerzas y vuelva a
levantarse más gigantesco frente a ellas, retroceden constantemente
aterradas ante la vaga enormidad de sus propios fines, hasta que se
crea una situación que no permite volverse atrás y las circunstancias
mismas gritan ¡Hic Rhodus, hic salta! (¡Aquí está la rosa, baila
aquí!)”.13
Consecuentes con esta visión dialéctica de la revolución comunista, es
fundamental deslindar a Carlos Marx y a su teoría respecto del
“marxismo-leninismo” soviético, fundamento y justificador ideológico del
sistema soviético; así como al socialismo marxista del socialismo
soviético, caracterizado por las relaciones de explotación y dominación.
Por lo mismo, el colapso soviético no se corresponde ni con la Obra de
Carlos Marx y Federico Engels, ni con su proyecto emancipador, por el
contrario puso de manifiesto la quiebra de la imbricación histórica entre el
marxismo y el comunismo, y entre el marxismo y la clase de los
proletarios. La superación radical de la crisis del marxismo actual sólo
será posible desde el marxismo y la revolución socialista (como teoría y
praxis).Por lo demás, el fracaso del socialismo soviético y las crisis de
otros modelos socialistas, no han desaparecido los problemas teóricos y
prácticos del capitalismo, ni las condiciones, premisas y posibilidades de
su destrucción. La revolución y el comunismo, negación del capitalismo
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mundial, planteada y aborda por Carlos Marx, están a la orden del día en
el siglo XXI.
En este sentido, con justeza Adolfo Sánchez Vázquez, define a la Obra de
Carlos Marx y al marxismo revolucionario como: “un proyecto de
transformación del mundo realmente existente, a partir de su crítica y de
su interpretación o conocimiento. O sea: una teoría y una práctica en su
unidad indisoluble. […] En cuanto teoría de vocación científica, el
marxismo pone al descubierto la estructura del capitalismo, así como las
posibilidades de su transformación inscritas en ella, y, como tal, tiene que
asumir el reto de toda teoría que aspire a la verdad: el de poner a prueba
sus tesis fundamentales contrastándolas con la realidad y con la práctica.
De este reto el marxismo tiene que salir manteniendo las tesis que
resisten esa prueba, revisando las que han de ajustarse al movimiento
real o bien abandonando aquellas que han sido invalidadas por la
realidad.”14
Con mayor razón, asumir y valorar dialécticamente la Obra de Carlos
Marx y Federico Engels, significa afirmar su posición y carácter de clase,
confirmada por la universalización del trabajo y el capital prevista por
ellos, y desarrollarla a partir de sus tesis centrales en las actuales
condiciones histórico-concretas.
El análisis y una posición de clase constituyen el núcleo del socialismo
marxista como teoría y práctica de la emancipación de clase y humana en
el presente siglo.
Por ende, no se puede valorar, superar, enriquecer y reconstruir el
marxismo revolucionario en tanto concreto espiritual, dejando de lado el
análisis científico de la realidad capitalista actual –sus contradicciones,
clases sociales, lucha de clases, leyes, tendencias y crisis- , su objeto de
estudio y de transformación universal.
En esta dirección, la valoración histórica y lógica del marxismo y de la
primera experiencia socialista mundial del siglo XX, por rescatar su
carácter de clase, su visión y praxis internacionalista.
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El socialismo del siglo XXI, para ser alternativa viable al capitalismo
planetario, deberá tomar en cuenta, descubrir y actuar con base a: 1) la
complejización del sujeto histórico y las luchas de clases y movimientos
sociales en el capitalismo transnacional, que integra junto a los
proletarios clásicos a una gama riquísima de fuerzas insurgentes
indígenas, étnicas, religiosas, de género, ambientales y culturales entre
otras; 2) las mediaciones necesarias en los procesos de transición
socialista derivadas de las condiciones histórico-concretas de cada país, y
3) las enseñanzas del derrumbe del socialismo soviético y de otros
modelos que actualmente se asumen socialistas.
Bajo esta racionalidad, sin asumir la centralidad del proletariado actual,
resultado de la universalización del capital, como cabeza de la revolución
socialista mundial, así como la necesidad estratégica de la democracia
real y revolucionaria del proletariado, en la transición socialista, el
socialismo del siglo XXI no pasará de ser una caricatura de socialismo.
No pasará de ser una abstracción volátil, un programa subjetivo, en suma
una especulación discursiva tolerada y estimulada por el capitalismo.
Por lo demás, la esencia antihumana del imperialismo capitalista, plantea
la necesidad y la posibilidad de reemplazarlo. Pone a la vez, la vigencia
del socialismo y a la orden del día la revolución socialista. Este socialismo
como primera fase del comunismo, no es un ideal abstracto y congelado
en un mañana ambiguo, sino la alternativa concreta al capitalismo desde
el presente y a partir de las bases reales de su posibilidad y viabilidad
hasta su negación revolucionaria, radical y universal.
El comunismo marxista es un movimiento objetivo, capaz de anular y
superar el actual orden de cosas burgués que señorea en el planeta. El
comunismo es sólo la negación de la barbarie, la dialéctica real que pone
fin al capitalismo.
En este sentido, el comunismo es la negación material e ideal del
capitalismo, como la última forma de explotación y dominación clasista. El
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comunismo marxista, es la afirmación de la destrucción universal y
concreta del capitalismo, y por ende la superación de la barbarie
imperialista del siglo XXI.
Como bien lo subraya Samir Amin:
“Hoy más que nunca, la humanidad se ve ante dos alternativas
permitir que impere la lógica con la que se desenvuelve el
capitalismo hacia su inevitable suicidio colectivo o, por el
contrario permitir que nazcan las enormes posibilidades
humanas que lleva dentro de si el fantasma del comunismo
que obsesiona al mundo” 15
Por eso, la cuestión esencial en este siglo, como lo planteara Carlos
Marx en el siglo XIX, es: la destrucción real y superación radical del
capitalismo como forma de vida, filosofía, sistema económico, social,
político, científico, técnico y cultural. Se trata de reemplazarlo, jamás de
preservarlo y humanizarlo como sueñan los nuevos utópicos, las
pequeñas burguesías humanistas y las izquierdas del liberalismo, los
socialdemócratas y los académicos que viven en sus torres de marfil.
Empresas éstas reaccionarias que no tienen ninguna viabilidad, porque
está probado históricamente que el capitalismo no sólo es incompatible
con la democracia real sino fundamentalmente con esencia comunista de
los seres humanos.
Sólo una humanidad fraguada en la revolución permanente, será capaz
de abolir las clases y lucha de clases, la propiedad privada y el estado en
tanto resumen oficial del antagonismo, la dominación y la violencia.
Únicamente mujeres y hombres del mundo, críticos y revolucionarios,
serán capaces de enfrentar y eliminar la miseria material y espiritual,
sustenta en los procesos cotidianos de enajenación, explotación,
esclavitud asalariada, exclusión social, corrupción, pobreza, barbarie,
prostitución, racismo, narcotráfico, terrorismo y las guerras imperialistas.
Sólo los trabajadores y pueblos del orbe que lleguen a despertar y
comprender que nada humano les es ajeno, serán capaces de fundar una
auténtica comunidad de seres libres, dueños de sus destinos y autores de
su propia historia.
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NOTAS Y REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
1
Kohan, Néstor. “Melena blanca, bigote negro, traje oscuro”, en
http://www.nodo50.org/cubasigloXXI/taller/kohan_100304.htm, 8 de marzo de 2004.
2
Marx, Carlos El Capital, Ed. Siglo XXI, México, 1980, p. 14, T. 1.
3
Léase “por los siglos de lo siglos”.
4
Chase-Dunn, Christopher y Bruce Podobnik. “Próxima guerra mundial: ciclos y tendencias del
sistema mundial”, en Saxe-Fernández, John: Globalización: crítica un paradigma, edi. UNAM-
Plaza & Janés, México, 2002, p. 137.
5
Stiglitz, Joseph E. El malestar en la globalización, Edi. Taurus, Madrid, 2002, p. 30.
6
Véase: Marx, C.--F. Engels.La ideología alemana, en Marx, C.-F. Engels. Obras escogidas, Edi.
Progreso, Moscú 1974, pp. 34-35.
7
Mészáros, István. Socialismo o barbarie. La alternativa al orden social del capital, Edi. Pasado y
Presente XXI-Paradigmas y Utopías, México, 2005, p. 31.
8
Bellamy Foster, John. “<Imperio> e imperialismo”, en http://www.rebelion.org, 9 de diciembre
de 2003.
9
Marx, Karl. El Capital, t. 1, Vol. 2, pp. 611-613.
10
Naturaleza de las cosas
11
Aurelio Arteta. Marx: valor, forma social y alineación, Ediciones Libertarias, Madrid, 1993, p.
8.
12
Véase: http://www.granma.cubaweb, 23 de julio de 2005, asimismo véase: Sader, Emir. ¿Por
qué Marx?”, en http: //www.rebelion.org, 7 de agosto de 2005.
13
Marx, C. “El dieciocho Brumario de Luís Bonaparte”, en Marx, C.-Federico Engels. “Obras
escogidas”, Edit. Progreso, Moscú, 1974, t.I, pp. 411-412.
14
Sánchez Vázquez, Adolfo. “Por qué ser marxista hoy”, http: //www.jornada,unam,mx, 17 de
septiembre de 2004.
15
Amin, Samir. Los fantasmas del capitalismo. Una crítica de las modas intelectuales
contemporáneas, El Áncora Editores, Bogotá, 1999, p. 14.
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