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DE JUSTICIA DE LA NACION 733
SENTENCIA: Principios generales.
Si bien es cierto que para establecer el alcance y los limites de la de-
cisién que emana de un fallo ha de atenderse primordialmente a su paz-
te dispositiva, no io es menos que no debe prescindirse de sus funda-
mentos, pues toda sentencia constituye una unidad, en la que aquella
parte no es sino la conclusién final y necesaria del andlisis de los pre-
supuestos de hecho y legales tenidos en cuenta en su fundamentacién (1).
REGINALD RAYFORD y OTROS
‘CONSTITUCION NACIONAL: Derechos y garantias. Defensa en juicio. Proce-
dimiento y sentencia.
Sia partir de la inspeccién realizada en el domicilio de uno de los
coprocesados se desenvolvieron los distintos pasos de la pesquisa que
Hevaron a la incriminacién del apelante, la garantia del debido proce-
so que lo ampara lo legitima para perseguir la nulidad de la condena,
fruto de los antecedentes del sumario que, desde el comienzo mismo de
Jos sucesos, tuvo a dicho coprocesado como protagonista, sin que obste
a ello que éste no hubiera apelado la condena, pues durante el curso
del proceso cuestioné 1a validez del allanamiento y su especial situacion
personal, al tratarse de un extranjero no radicado en el pais —que por
otra parce ya abandoné—, hace presumir su falta de interés en conti-
nuar Ia causa,
“Kowalsky, Julio c/Estado Nacional (A.N.A) s/ordinario”; S. 136, XX.
“Schmid, Omar c/ Estado Nacional - Congreso Nacional s/ nulidad
de resolucién”; A. 99. XX. “Alfaro, Carlos Alberto c/ Estado Nacio-
nal (A.N.A.) s/nulidad de acto administrativo” del 12 de agosto de 1985.
A. 425, XX. “Alonso, Lino c/Estado Nacional (D.G.I.) s/nulidad de
Resolucién; V. 124. XX. “Natale, Roberto c/ la Nacién s/ordinario”,
falladas el 22 de octubre y 5 de noviembre de 1985, respectivamente.
(}) Fallos: 295:780,TB FALLOS DE LA CORTE SUPREMA
ALLANAMIENTO.
La ausencia de objeciones por parte del interesado respecto de la
inspeccién domiciliaria que pretenda evar a cabo el personal poli-
cial, no resulta por sf sola equivalente al consentimiento de aquél,
en Ja medida en que tal actitud debe hallarse expresada de manera que
no queen dudas en cuanto a la plena libertad del individuo al for-
amular 1a autorizacién, En el caso no puede equipararse a una auto-
tizacién valida —y debe desecharse la legitimidad de la requisa y del
secuestro que es su resultado— la mera ausencia de reparos, teniendo
en cuenta que se procedié a la detencién del procesado en Ia via pir
blica v durante la madrugada, a escasos metros de [Link], al
que penetré de inmediato 1a comisién policial. Pero, y cllo es fun-
damental, esa persona era extranjera y desconocedora del idioma na-
cional, dc modo que ante Ja falta de auxilio por algin intérprete, re-
sulta extremadamente dudoso que pudiera comprender cabalmente el
alcance del procedimiento que se realizaba y, en concreto, la posibi
lidad que tenfa de oponerse a su ejecucién.
CONSTITUCION NACIONAL: Derechos y garantias. Defensa en juicio. Proce-
dimiento y sentencia,
Conceder valor a las pruebas obtenidas por vias ilegitimas y apoyar
en ellas una sentencia judicial, no sélo es contradictorio con la ga-
rantia del debido proceso, sino que compromete Ia buena administra-
cién de justicia al pretender constituirla en beneficiaria del hecho ili
cito por el que se adquirieron tales evidencias.
PRUEBA: Apreciacién.
Apreciar Ja proyeccién de Ja ilegitimidad del procedimiento sobre cada,
elemento probatorio es funcién de los jueces, quienes en tal come-
tido deben valorar las particularidades de cada caso en concreto. Resul-
ta ventajoso para esa finalidad el andlisis de Ia concatenacién causal
de los actos, mas no sujeta a las leyes de la fisica sino a las de la
Iégica, de manera que por esa via puedan determinarse con claridad
los efectos a los que conduciria la eliminacién de los eslabones vi-
ciados. Debe tenerse en cuenta asimismo, Ia posibilidad de adquisicién
de Jas evidencias por otras fuentes distintas de las que se tengan por
ilegitimas.
CONSTITUCION NACIONAL: Derechos y garantias. Defensa en juicio. Proce-
dimiento y sentencia.
Corresponde revocar la sentencia que condené al apelante por el delito
de summistro de estupefacientes, si aquél quedé vinculado a la in-DE JUSTICIA DE LA NACION. BS
vestigacién como efecto exclusivo del procedimiento ilegitimo en el
que se secuestré el estupefaciente, desde que esa circunstancia deter-
min6 las manifestaciones de uno de los coprocesados y la consecuente
incriminacién de aquél. Ello es asi, pues no hubo varios cauces de in-
vestigacién sino uno sélo, cuya vertiente original estuvo viciada y
contamiaé todo su curso, abarcando también el reconocimiento del
propio recurrente en tanto ello es consecuencia directa de su ilegitima
vinculacién al sumario.
RECURSO EXTRAORDINARIO: Requisitos formales. Introduccion de 1a cues-
tién federal. Oportunidad.
mn federal, base del recurso extraordinario, debe introducirse
era ocesién posible que brinde el procedimiento, a fin de
que los jueces de la causa puedan tratarla y resolverla, pues tanto la
admisién como el rechazo de Jas pretensiones de las partes son even-
tos previsibles que obligan a plantear en su momento las defensas a
que hubiera lugar. En ese sentido, se ha expresado que la invocacién
de que se halla involucrada en el pleito una cuestién constitucional,
no puede ser el resultado de una reflexién tardia 0 de una mera ocu-
rrencia (Disidencia del Dr. José Severo Caballero).
RECURSO EXTRAORDINARIO: Requisitos formales. Introduccién de la cues-
tién federal. Oportunidad. Planteamiento en el escrito de interposicién del
recurso extraordinario.
Los agravios del unico apelante vinculados con Ja supuesta violacién del
art, 18 de la Constitucién Nacional en virtud del presunto allana-
miento ilegitimo practicado en el domicilio de quien resulté conde-
nado por tenencia de estupefacientes, no pueden tener cabida, pues
tal cuestién federal, que se pretende someter al conocimiento de la
Corte Suprema, ha sido tardiamente introducida en el escrito de i
terposicién del recurso extraordinario, cuando la primera oportunidad
posible fue al mejorar los fundamentos del fallo de primera instancia,
que acogié las objeciones constitucionales de la defensa de quien
sufriera dicho allanamiento y sustenté la absolucién, en lo pertinente,
de aquélla (Disidencia del Dr. José Severo Caballero).
RECURSO EXTRAORDINARIO: Requisitos comunes. Subsistencia de tos re-
quisitos.
Son inatendibles las alegaciones que plantean Ia violacién del régimen
penal de la minoridad. Ello es asi, puesto que el recurrente no de-
muestra que el condenado sufra gravamen. actual por la no aplicacién
del régimen que propugna, ya que, si bien era menor de 18 afios al736
FALLOS DE LA CORTE SUPREMA
tiemp> de comisién de los hechos ilicitos incriminados, a la fecha
ha excedido —tiene 22 afios— la pauta temporal que tal norma fija
para la aplicacién del régimen especial; lo que determina que resulte
inoficioso un pronunciamiento de la Corte al respecto (Disidencia
de los Dres. José Severo Caballero y Carlos S. Fayt).
RECURSO EXTRAORDINARIO: Requisitos propios. Cuestiones no jederates.
Interpretacién de normas y actos comunes.
Remite al examen de temas de hecho y prueba y de derecho comin
Y procesal, que han sido resueltos con fundamentos de igual cardc-
ter, la decisién que, a partir de considerar que el apelante tenfa 19
afios de edad al ticmpo de dictar la Camara su sentencia, y tras esti-
mar acreditado cl delito de suministro de estupefacientes —indepen-
diente de la tenencia— y Ia intervencién que en aquél cupo al cau-
sante a titulo de autor responsable, efectué una interpretacién del
art, 4° de la ley 22.278 en funcién’ del art. 8 de la misma norma, que
Jo Hev3 a condenarlo haciendo mérito de Jas constancias de la causa
que bsindaban infermacién sobre su conducta, considerando cumpli-
dos los fines tutelares que persigue el citado régimen legal, dada la
edad del imputado al momento de la decisién (Disidencia del Dr.
José Severo Caballero),
CONSTITUCION NACIONAL: Derechos y garantias. Defensa en juicio. Proce-
dimiento y sentencia.
Si la [Link] tiene sustento en otros. elementos probato-
rios que permiten arribar a similares conclusiones, en especial la
existencia de parte de todos los procesados de confesién judicial del
delito cometido, atin cuando Ia versién de los hechos haya sido dife-
rente segiin quién Ios haya relatado, cllo impide la descalificacién
de lo decidido por el a quo por la sola impugnacién de Ja diligencia
levada a cabo por la policia (Disidencia del Dr. Carlos S. Fayt).
DICTAMEN DEL ProcuraDoR GENERAL
Suprema Corte:
La Sala IV de la Camara Nacional de Apelaciones en lo Crimi-
nal y Correccional revocé Ja sentencia de primera instancia y con-
dené a los acusados de los delitos de tenencia y suministro de estu-
pefacientes (fs. 306/311).DE JUSTICIA DE LA NACION 731
Contra esa decisién interpuso recurso extraordinario el abo-
gado defensor de uno de ellos (fs. 349/362), el que fue concedido
(fs. 369).
Entre los agravios que nutren la apelacién federal debe ser
atendido prioritariamente el que se vincula con la afectacién a Ja
garantia de la inviolabilidad del domicilio (art. 18 de la Constitu-
cién Nacional) por la consumacién de un allanamiento ilegal de
morada y el consiguiente demérito de la prueba obtenida en el
curso de la requisa, ya que, si fuere declarado procedente, el tra-
tamiento del restante careceria de objeto. Si bien el procedimiento
cuestionado se Ievé a cabo en la residencia de un coprocesado que
no ha recurrido el pronunciamiento del a quo, como la base de
este proceso ha sido aquél, es evidente el interés del apelante en
su impugnacién.
Ello establecido, estimo que entre el presente caso y el resuelto
por V.E. en la sentencia del 27 de noviembre de 1984 (causa F.508,
[Link], “Fiorentino, Diego Enrique s/tenencia ilegitima de estupe-
facientes”) existe una marcada analogia. En efecto, tanto en aquél
como en éste la inspeccién domiciliaria se llevé a cabo sin que
la autoridad preventora requiriera orden de allanamiento, no me-
dian circunstancias que autoricen Ia aplicacién de alguna de las
excepciones previstas por el art. 189 del Cédigo de Procedimientos
en Jo Criminal, y el presunto consentimiento de quien podia opo-
nerse al ingreso carece de efectos por las circunstancias en que se
presté (en estado de detencién, por alguien que no conocia el idio-
ma nacional y luego de ser sorpresivamente interceptado por el
personal policial en la puerta del domicilio y en horas de la ma-
drugada). En tales condiciones, con remisién a los fundamentos
del fallo citado y los que informan el dictamen de este Ministerio
Ptiblico que Je precede, pienso que cabe acoger favorablemente el
agravio y dejarse sin efecto el detisorio recurrido en todo cuanto
resuelve porque, en las especialisimas circunstancias del sub exa-
mine, al caer el presupuesto del art. 207 del ordenamiento instru-
mental, no puede mantenerse la condena.738 FALLOS DE LA CORTE SUPREMA
Opino, por tanto, que corresponde revocar la sentencia apelada
con el alcance indicado. Buenos Aires, 14 de marzo de 1985. Juan
Octavio Gauna.
FALLO DE LA CORTE SUPREMA
Buenos Aires, 13 de mayo de 1986.
Vistos los autos: “Rayford, Reginald; Baintrub, Alvaro Eze-
quicl; Loubet, Alejandro Miguel c/I consumo de estupefacientes;
II y III suministro estupefacientes”.
Considerando:
1°) Que en la madrugada del dia 4 de febrero de 1982 se cons-
tituyé una comisién policial en el cruce de Jas calles Florida y Via-.
monte de esta Capital Federal, con el objeto de investigar la acti-
vidad de una persona de origen extranjero que, segin informacio-
nes confidenciales, se dedicaria en esa zona a la consumicién y dis-
tribucién de “picadura de marihuana”. A las 4.45 se individualizé a
Reginald Ray Rayford, de nacionalidad estadounidense, en transito
en el pais, domiciliado en Florida 878, 6? piso, departamento 21,
quien refirié consumir marihuana y poseer esa sustancia en su
domicilio. Alli concurrieron de inmediato los policias —que al efec-
to recabaron Ja presencia de un testigo—, y ante la falta de reparo
por parte de Rayford se procedié a la inspeccién de la morada,
secuestrandose de un portafolios una envoltura de papel contenien--
do dicho estupefaciente. Durante el traslado a la comisaria, el dete-
nido entregé una tarjeta personal de Alvaro Ezequiel Baintrub,
quien serfa el que le suministré la marihuana (confr. fs. 1/2, 4,
10, 12 y 14). A las 9.45, el menor Baintrub fue detenido en la casa
de sus padres (fs. 18), y sus manifestaciones condujeron a la de-
tencién de Alejandro Miguel Loubet Sarrasin, también menor de
edad (fs. 39).
Rayford relaté que se hallaba circunstancialmente en el pais
por pertenecer a una compafifa extranjera de espectdculos, y queDE JUSTICIA DE LA NACTON: B39
conocié casualmente a Baintrub, con quien trab6 cierta relacién
que los Mevé a convenir la compra de marihuana para consumo
personal, que seria provista por el nombrado, entregando Rayford
el dinero. Reconocié que la sustancia secuestrada era el sobrante
de la que le levé Baintrub (fs. 24/25 y 85/86). A su vez, éste ad-
mitié haber adquirido la marihuana con el dinero de Rayford, para
lo que solicité la colaboracién de Loubet Sarrasin, quien le pre-
senté a un proveedor a fin de comprar el estupefaciente, que luego
fumé en parte con Rayford en su departamento, quedandose éste
con el resto (fs. 38 y 88/90). Por ultimo, Loubet Sarrasin acepté
haber intervenido en el acercamiento de Baintrub con el proveedor
(fs. 47 y 92/93).
22) Que el ministerio piblico formuldé acusacién a fs. 197/201,
solicitando que se condenase a Rayford a la pena de un afio de
prision y multa como autor del delito de tenencia de estupefa-
cientes (art. 6? de la ley 20.771), y a Baintrub y Loubet Sarrasin
a la pena de tres afios de prisin y multa como autores del delito
de suministro de estupefacientes (art. 2%, inc. d, de la citada ley).
Luego del periodo de prueba, la defensa de Rayford cuestiond a
fs. 268/270 la validez del allanamiento y secuestro, sobre la base de
Ja violacién del art. 188 del Cédigo de Procedimientos en Materia
Penal.
La sentencia de primera instancia (fs. 275/278) absolvié a los
imputados por considerar nula la diligencia de secuestro, en razon
de no haberse recabado la pertinente orden de allanamiento, la
ausencia de consentimiento vdlido del interesado, la hora en que
se realizé, y por ser insuficiente la presencia de un solo testigo.
Valoré también el haberse omitido la exhibicién del material se-
cuestrado al tiempo de rendirse las respectivas declaraciones inda-
gatorias, concluyendo en la falta de acreditacién del cuerpo del
delito. Apelado este pronunciamiento por el fiscal, la Camara Na-
cional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional, Sala IV, lo
revocé con fecha 27 de octubre de 1983, condenando a los proce-
sados de acuerdo a la pretensién de aquél (fs. 306/311). La alzada
sostuvo la validez del secuestro por haber mediado el consenti-
miento del interesado, circunstancia que consideré no negada por740 FALLOS DE LA CORTE SUPREMA
éste y que slo introdujo la defensa al alegar. Tampoco encontré
6bice en la hora del procedimiento por corresponder al momento
de la detencién del sospechoso; ni estimé invdlida el acta por haber
concurrido un solo testigo, ya que este punto no. fue cuestionado
y —a su juicio— debian computarse también los testimonios de los
policfas intervinientes. Desechd, asimismo, el vicio derivado de la
falta de exhibicién de la sustancia en las indagatorias, pues ese
tema no se habia planteado antes y porque siempre reconocieron
los imputados la calidad de lo secuestrado.
3°) Que dicha sentencia dio lugar al recurso extraordinario ar-
ticulado por Ja defensa de Alvaro Ezequiel Baintrub (fs. 349/362),
en el que se‘impugna la condena, entre otros agravios, a raiz de la
ilegitimidad de la actividad policial que condujo a la formacién
del proceso.
Cuestiona, en ese sentido, los actos iniciales de la investigacion
por cuanto resultarfan violatorios de las garantias contenidas en el
art. 18 de la Constitucién Nacional. En particular se agravia del ile-
gitimo allanamiento en el domicilio de Rayford y todo lo que fue
su_consecuencia.
En este orden corresponde resolver como asunto previo el in-
terrogante que podria suscitarse en torno a la legitimacién del
recurrente para impugnar los actos iniciales del procedimiento, en
tanto podrfa sostenerse que su validez o invalidez afectarfan sdlo
el interés del coprocesado Rayford, mas no el de Baintrub, que
fue ajeno a ellos. La respuesta no puede ser sino afirmativa por-
que, como luego se vera, fue a partir de la inspeccién realizada
en el domicilio de aquél que se desenvolvieron los distintos pasos
de Ia pesquisa que levaron a su incriminacién en esta causa. Tales
acontecimientos, pues, aunque en apariencia habrian ocurrido fuera
del ambito de proteccién de sus derechos, resultan indisoluble-
mente relacionados con su situacién, a punto tal que la condena
es fruto de todos los antecedentes del sumario, desde el comienzo
mismo de los sucesos que tuvieron a Rayford como protagonista.
En consecuencia, Ia garantia del debido proceso. que ampara a
Baintrub lo legitima para perseguir la nulidad de dichas actuacio-DE JUSTICIA DE LA NACION TAL
nes, y su recurso ha sido entonces bien concedido por el a quo a
fs. 369. Es de destacar, asimismo, que la circunstancia de que
Rayford no haya apelado el fallo condenatorio por la via prevista
en el art. 14 de la ley 48, no configura ébice a los agravios de Bain-
trub. Esa omisién no debe entenderse en el caso como si aquél
admitiese, en definitiva, la validez del allanamiento, ya que durante
el curso del proceso lo cuestiond (confr. fs. 268/270), y ello fue
inclusive admitido por el juez de primera instancia; y porque, ade-
més, la especial situacién personal de Rayford, al tratarse de un
extranjero no radicado en el pais —que por otra parte ya aban-
doné—, hace presumir su falta de interés en continuar la causa.
En estas condiciones, la interpretacién de su actitud particular no
puede ampliarse hasta perjudicar el derecho de un tercero que
cuenta con interés legitimo en la impugnacién.
Cabe anticipar por tiltimo, antes de ingresar en la considera-
cién de Jas cuestiones a resolver, que su naturaleza exigré necesa-
riamente al Tribunal incursionar en las circunstancias facticas del
caso, que aunque son regularmente extrafias a la instancia extra-
ordinaria, se encuentran aqui de tal modo ligadas al planteo cons-
titucional que resulta imposible su solucién sin atender a ellas.
49) Que esta Corte tiene declarado que la ausencia de objecio-
nes por parte del interesado respecto de Ja inspeccién domiciliaria
que pretenda Mevar a cabo el personal policial, no resulta por sf
sola equivalente al consentimiento de aquél, en la medida en que
tal actitud debe hallarse expresada de manera que no queden dudas
en cuanto a la plena libertad del individuo al formular la autoriza-
cién (doc. causas: “Fiorentino, Diego Enrique” y “Cichero, Ariel
Ignacio”, del 27 de noviembre de 1984 y 9 de abril de 1985, respec-
tivamente). Para ello es util el examen de las circunstancias que
han rodeado al procedimiento y las particularidades en que se ma-
nifesté Ja falta de oposicién al registro. En este sentido corres-
ponde tener especialmente en’ cuenta que, en el caso, se procedié
a la detencién de Rayford en la via publica y durante la madru-
gada, a escasos metros de su domicilio, al que penetré de inme-
diato la comisién policial. Pero, y ello es fundamental, esa per-
sona era extranjera y desconocedora del idioma nacional, de modo742 FALLOS DE LA CORTE SUPREMA
que ante la falta de auxilio por algtin intérprete, resulta extrema-
damente dudoso que pudiera comprender cabalmente el alcance
del procedimiento que se realizaba y, en concreto, la posibilidad
que tenia de oponerse a su ejecucién. Cabe concluir, pues, que en
estas condiciones, la mera ausencia de reparos no puede razonable-
mente equipararse a una autorizacién valida. Como consecuencia
de lo expuesto debe desecharse la legitimidad de la requisa y, por
ende, del secuestro que es su resultado.
58) Que, sin embargo, si bien la invalidez declarada precedente-
mente resulta decisiva en cuanto elimina la prueba esencial refe-
rente a la existencia misma del objeto material: sobre el que recae
el delito de tenencia de estupefacientes, es de destacar que Bain-
trub no ha sido condenado por esa figura, sino por la de suministro,
cuya comprobacién no requeriria necesariamente el secuestro de
Ja sustancia incriminada y podria extraerse de otros medios de
prueba.
En la especie, la condena del nombrado se sustenta en el se-
cuestro de la marihuana que suministré, en su confesién y en los
dichos de Rayford y Loubet Sarrasin. Descartado el secuestro, los
restantes medios podrian aun constituir elementos suficientes para
justificar el reproche. Y es en este punto donde corresponde aden-
trarse, porque debe determinarse en qué medida la ilegitimidad
inicial del procedimiento afecta la validez de los actos subsiguien-
tes; hasta qué punto el vicio de origen expande sus efectos nuli-
ficantes.
Al respecto, la regla es la exclusién de cualquier medio proba-
torio obtenido por vias ilegitimas, porque de lo contrario se des-
conoceria el derecho al debido proceso que tiene todo habitante
de acuerdo con las garantias otorgadas por nuestra Constitucién
Nacional. [Link] dicho esta Corte que conceder valor a esas prue-
bas y apoyar en ellas una sentencia judicial, no sdlo es contradic-
torio con el reproche formulado, sino que compromete la buena
administracién de justicia al pretender constituirla en beneficiaria
del hecho ilfcito por el que se adquirieron tales evidencias (Fallos:
303: 1938) .DE JUSTICIA DE LA NACION 743
Pero dicha regla, no obstante su categérica formulacién, ad-
mite también el concurso. de factores que pueden atenuar los efec-
tos derivados de una aplicacién automatica e irracional. Asi, por
ejemplo, de ordinario los elementos materiales indebidamente obte-
nidos perderan valor de una vez y para siempre por su espuria ad-
quisicién, dada la inmutabilidad del objeto que constituye la evi-
dencia. Por el contrario, la prueba que proviene directamente de
las personas a través de sus dichos, por hallarse ellas dotadas de
voluntad auténoma, admite mayores posibilidades de atenuacién de
Ja regla. En este aspecto, el grado de libertad de quien declara
no es irrelevante para juzgar sobre la utilidad de sus manifesta
ciones, de modo que la exclusién requiere, en estos supuestos, un
vinculo mds inmediato entre la ilegalidad y el testimonio que el
exigido para descalificar la prueba material.
En definitiva, apreciar la proyeccién de la ilegitimidad del pro-
cedimiento sobre cada elemento probatorio es funcién de los jue-
ces, quienes en tal cometido deben valorar las particularidades de
cada caso en concreto. Resulta ventajoso para esa finalidad el and-
lisis de la concatenacién causal de los actos, mas no sujeta a las
Jeyes de la fisica sino a las de la Idgica, de manera que por esa
via puedan determinarse con claridad los efectos a los que condu-
cirfa Ja eliminacién de los eslabones viciados. Debe tenerse en cuen-
ta, asimismo, la posibilidad de adquisicién de las evidencias por
otras fuentes distintas de las que se tengan por ilegitimas.
No cabe olvidar, por ultimo, como ya lo recordé el Tribunal
en el citado precedente de Fallos: 303:1938, que la materia en
examen siempre encierra un conflicto entre dos intereses funda-
mentales de Ja sociedad, como Jo son el de una rapida y eficiente
ejecuci6n de Ia ley y el de prevenir el menoscabo de los derechos
individuales de sus miembros a raiz de la aplicacién de métodos
inconstitucionales por parte de quienes se encuentran encargados
de resguardar su cumplimiento.
6°) Que, en consecuencia, corresponde ahora examinar concre-
tamente las circunstancias del caso sobre la base de las pautas
sefialadas. Y en esta tarea se observa que, como ya se dijo, dese-744 FALLOS DE LA CORTE SUPREMA
chado el secuestro ilegitimo, quedarian atin en pie las manifes-
taciones de Rayford y Loubet Sarrasin, y la confesién de Baintrub.
Para determinar la utilidad de esos elementos, y de acuerdo al
método expuesto, se debe retornar al punto de origen de la .inves-
tigacién. Para ello habra que guiarse por las constancias efectivas
del sumario, pues de los informes confidenciales a que se alude a
fs. 1/2, 10 y 12/13 no existen otros antecedentes que los alli expre-
sados. Con esto se quiere significar que no se advierte que la
pesquisa haya tenido vida por una via distinta de la que consta
efectivamente en la causa, es decir, la intercepcién de Rayford en
Ja via publica y el inmediato allanamiento ilegitimo de su domici
Una observacién racional de lo ocurrido a partir de entonces
conduce a la conclusién invalidante de los actos subsiguientes. En
efecto, en ese procedimiento se incauta indebidamente parte del
estupefaciente suministrado por Baintrub. De no haber sido por
ese medio, resulta harto conjeturel suponer que Rayford lo hubiera
involucrado espontaneamente. Ello es asi porque surge obvio que
la indagacién ha girado, desde el comienzo, sobre esa sustancia se-
cuestrada y no sobre otra, de modo que existe un nexo directo
entre el secuestro ilegitimo y la mencién que Rayford trae de Bain-
trub. Es mas, ain antes de que aquél efectuara manifestaciones
en la comisaria, ya en camino hacia ella entregé a la comisién po-
licial una tarjeta personal de Baintrub a quien indicéd como ven-
dedor de “dicha marihuana” (confr. fs. 1/2, 10 y 12/13), vale decir,
de la que fue especificamente objeto de la requisa.
En tales condiciones, la incriminacién de Baintrub por Rayford
no puede tenerse en cuenta porque las circunstancias en que se
efectué autorizan a descartar que sus manifestaciones sean el fruto
de una libre expresién de la voluntad. Al contrario, aparecen evi-
dentemente inducidas por la situacién en que se lo colocé a rafz
del allanamiento ilegal que, por otra parte, no fue casual sino que
levaba el especifico propésito de reunir evidencias del delito. Si
se elimina el secuestro y su inmediata consecuencia que son los
dichos [Link], ¢cémo se podria haber Ilegado a la individuali-
zacién de Baintrub? Tal como se encaminé la investigacién se puedeDE JUSTICIA DE LA NACION 745
aseverar que cllo habria sido imposible porque no existen otros in-
dicios que conduzcan a éste.
En otras palabras, Baintrub qued6 vinculado a la investiga-
cion como efecto exclusivo del procedimiento ilegitimo en el que
se secuestré el estupefaciente, desde que esa circunstancia deter-
miné las manifestaciones de Rayford y la consecuente incriminacién
de aquél. No hubo varios cauces de investigacién sino uno solo,
cuya vertiente original estuvo viciada y contamind todo su curso,
abarcando también el reconocimiento del propio Baintrub en tanto
ello es consecuencia directa de su ilegitima vinculacién al sumario.
También deben caer los dichos de Loubet Sarrasin por los mismos
motivos, pues se Io incorporé a los ‘autos a través de las explica-
ciones de Baintrub. Cabe sefialar que, de todos modos, en rigor
aquél no presencié el suministro a Rayford, lo que minimiza su
relevancia. Bi
Por ello, y de conformidad con Io dictaminado en sentido con-
cordanie por el sefior Procurador General, resultando innecesaria
toda otra sustanciacién, se revoca Ja sentencia apelada y, en ejerci-
cio de la facultad conferida en la segunda parte del art. 16 de la
ley 48, se absuelve a Reginald Ray Rayford, Alvaro Ezequiel Bain-
trub y Alejandro Miguel Loubet Sarrasin, por los delitos de tenen-
cia de estupefacientes el primero, y trdfico de estupefacientes los
dos tiltimos, que fueron objeto de acusacién en esta causa.
José SEVERO CABALLERO (en disidencia) —
AvGusto CESAR BELLUscIo (en disidencia)
— CARLOS S. FAYT — ENRIQUE SANTIAGO
PETRACCHI — JULIO CEsar IMOLDI.
DISIDENCIA DEL SENOR PRESIDENTE DOCTOR DON José SEVERO CABALLERO
Considerando:
12) Que en la madrugada del dia 4 de febrero de 1982 se cons-
tituyé una comisién policial en el cruce de las calles Florida y
Viamonte de esta Capital Federal, con el objeto de investigar Ja746 FALLOS DE LA CORTE SUPREMA
actividad de una persona de origen extranjero que, segtin informa-
ciones confidenciales, se dedicarfa en esa zona a la consumicién y
distribucién de “picadura de marihuana”. A las 4.45 se individua-
lizo en la via pUblica a Reginald Ray Rayford, de nacionalidad
estadounidense, en transito en el pais, domiciliado en Florida 878,
6° piso, departamento 21, quien refirié consumir marihuana y po-
seer esa sustancia en su domicilio. Alli concurrieron de inmediato
los policfas —que al efecto recabaron la presencia de un testigo—,
y ante la falta de reparo por parte de Rayford, se procedié a la
inspeccién de la morada, secuestrandose de un portafolios una en-
voltura de papel que contenia dicho estupefaciente. Ya detenido,
durante el traslado a la Comisaria, Rayford entregé una tarjeta
personal de Alvaro Ezequiel Baintrub, quien seria el que le sumi-
nistré la marihuana (confr. fs. 1/2, 4, 10, 12 y 14). A las 9.45, el
menor Baintrub fue detenido en la casa de sus padres (fs. 18) y
sus manifestaciones condujeron a la detencién de Alejandro Miguel
Loubet Sarrasin, también menor de edad (fs. 39).
2°) Que Rayford relaté que se hallaba circunstancialmente en el
pais por pertenecer a una compafifa extranjera de espectdculos, y
que conocié casualmente a Baintrub, con quien trabé relacién. Ex-
plicé que éste Jo invité a su departamento, donde lo convidé con
algunos cigarrillos de marihuana —luego negé esto tltimo— y que,
asimismo, dicha relacién los Ilevé a convenir la compra de mari-
hhuana para consumo personal, que serfa provista por Baintrub,
entregindole Rayford el dinero. Reconocié que la sustancia se-
cuestrada era el sobrante de la que le Ievé Baintrub (fs. 24/25 y
85/86). A su vez, éste admitié haber adquirido la marihuana con
el dinero de Rayford, para lo que solicité la colaboracién de Lou-
bet Sarrasin, quien le presenté a un proveedor a fin de comprar
el estupefaciente, que Iuego fumé en parte con Rayford en su de-
partamento, quedandose éste con el resto (fs. 38 y 88/90). Por ul-
timo, Loubet Sarrasin acepto haber intervenido en el acercamiento
de Baintrub con el proveedor, y refirié que en esa ocasién Bain-
trub Ilevé una balanza para pesar la droga y discutié con el vende-
dor por la calidad y el precio (fs. 47 y 92/93).DE JUSTICIA DE LA NACION 747
32) Que el ministerio publico formuld acusacién a fs. 197/201,
solicitando que se condenase a Rayford a Ja pena de un aiio de
prisién y multa como autor del delito de tenencia de estupefacien-
tes (art. 6? de la ley 20.771), y a Baintrub y Loubet Sarrasin a la
pena de tres afios de prisién y multa como autores del delito de
suministro de estupefacientes (art. 22, inc. d, de la citada ley).
Unicamente después del periodo de prueba, la defensa de Rayford
cuestiono a fs. 268/270 la validez del allanamiento y secuestro, 0-
bre la base de la violacién del art. 188 del Cédigo de Procedimientos
en Materia Penal, y afirmé que la absolucién de su asistido se ins-
piraba en los principios fundamentales que garantizan la seguridad
individual consagrados por la Constitucién Nacional. Con cita de
Fallos de esta Corte Suprema y de la Cémara Criminal de la Capi-
tal, recordé que no resulta posible admitir la prueba ilegalmente
obtenida ni la que es consecuencia de ella, y que ello es asi, a fin
de salvaguardar el derecho de defensa y la garantia del debido pro-
ceso legal, para no hacer, en definitiva, beneficiaria a la adminis-
tracién de justicia de un hecho ilicito.
4°) Que la sentencia de primera instancia (fs. 275/278) absol-
vid a los imputados por considerar nula la diligencia de secuestro,
en razén de no haberse recabado Ia pertinente orden de allana-
miento, la ausencia de consentimiento valido del interesado, la hora
en que se realizé, y por ser insuficiente la presencia de un solo
testigo. Se adhirié al criterio de la defensa del procesado Rayford
y también valor6 el haberse omitido la exhibicién del material se-
cuestrado al tiempo de rendirse las respectivas declaraciones inda-
gatorias, concluyendo en la falta de acreditacién del cuerpo del de-
lito. Apelado este pronunciamiento por el Fiscal de primera ins-
tancia, contestaron Ja vista el Fiscal de Camara y la defensa de
Alvaro Ezequiel Baintrub, tras lo cual, Ja Sala IV de la CAmara Na-
cional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional lo revocé con
fecha 27 de octubre de 1983, condenando a los procesados de acuer-
do a la pretension del representante del ministerio publico (fs.
306/311). La alzada sostuvo la validez del secuestro por haber me-
diado el consentimiento del interesado, circunstancia que consideré
no negada por éste, ya que de otro modo lo hubiera hecho saber
al juez instructor o su defensa la habria referido al contestar la748 FALLOS DE LA CORTE SUPREMA
acusacién; maxime cuando la tacha habria sido introducida recién
al alegar. Tampoco encontré dbice en la hora del procedimiento,
por corresponder al momento de la detencién del sospechoso; ni
estimé. invalida el acta por haber concurrido un solo testigo, toda
vez que no se desconocié el secuestro, ni se cuestioné la identidad
del material; ni tampoco el punto fue impugnado oportunamente.
Asimismo, a su juicio, debian computarse Ja hora en que el proce-
dimiento se realizé y los testimonios de los policias intervinientes.
Deseché el vicio derivado de Ja falta de exhibicién de la sustancia
en las indagatorias, pues ese tema no se habia planteado antes y
porque siempre reconocieron los imputados la calidad de lo rete-
nido, circunstancia que ponder6, al igual que la de las confesiones
judiciales.
5°) Que dicha sentencia solamente dio lugar al recurso extra-
ordinario articulado por la defensa de Alvaro Ezequiel Baintrub,
condenado por suministro de estupefacientes (fs. 349/362), en el que
impugna el fallo, a raiz de la ilegitimidad de la actividad procesal
que condujo a la formacién del sumario, y en virtud de la violacién
del régimen penal de la minoridad (ley 22.278). En tal sentido,
cuestiona los actos iniciales de la investigacién, producidos con rela-
cién a Rayford, por cuanto resultarian violatorios de las garantias
consagradas en el art. 18 de la Constitucién Nacional, agraviandose
del ilegitimo allanamiento en el domicilio de éste y de todo lo que
fue su consecuencia; y refiere en lo que concierne a su defendido,
que el a quo debi limitarse a declarar la responsabilidad penal del
procesado, ya que la imposicién de una pena se hallaba supeditada,
conforme al art. 4° de la ley 22.278, al cumplimiento de una serie
de requisitos, entre ellos, dicha declaracién previa de responsabi-
lidad. También afirma que se ha despojado al causante del derecho
a la segunda instancia, que no se trajo al proceso el expediente
tutelar de Baintrub, y que los magistrados no tomaron impresién
directa de su defendido, por todo lo cual aduce la conculcacién de
la garantia constitucional de la defensa en juicio.
6%) Que, en primer lugar, cabe recordar que la cuestién fede-
ral, base del recurso extraordinario, debe introducirse en la primera
ocasién posible que brinde el procedimiento, a fin de que los jue-DE JUSTICTA DE LA NACION 749
ces de la causa puedan tratarla y resolverla, pues tanto la admision
como el rechazo de las pretensiones de las partes son eventos pre-
visibles que obligan a plantear en su momento las defensas a que
hubiera lugar (Fallos: 291:354; 297:285; 302:1081; entre otros). En
ese sentido, se ha expresado que la invocacién de que se halla in-
volucrada en el pleito una cuestién constitucional, no puede ser el
resultado de una reflexién tardia o'de una mera ocurrencia (Fa-
Hos: 179:5; 188:482; 210:718; 302:458).
72) Que por ser ello asi, los agravios del tinico apelante vincu-
Jados con Ia supuesta violacién del art. 18 de la Constitucién Na-
cional en virtud del presunto allanamiento ilegitimo practicado en
el domicilio de quien resulté condenado por tenencia de estupefa-
cientes, no pueden tener cabida, pues tal cuestién federal, que se
pretende someter al conocimiento de este Corte Suprema, ha sido
tardiamente introducida en el escrito de interposicién del recurso
extraordinario, cuando la primera oportunidad posible fue al me-
jorar los fundamentos del fallo de primera instancia, que acogié
las objeciones constitucionales de la defensa de Rayford y sustenté
Ja absolucién, en lo pertinente, en aquélla. De modo que debid al
menos proponerse. el caso federal ante Ja alzada, en la oportunidad
prevista por el art. 538 del Cédigo de Procedimientos en Materia
Penal, en vez de efectuar afirmaciones genéricas e insistir sobre la
falta de tipificacién de Ja figura del suministro de estupefacientes;
méaxime si se tiene en cuenta que —segtin pretende— la validez o
invalidez de los actos iniciales del procedimiento afectarian no sdlo
el interés del coprocesado Rayford sino también el suyo propio
(causas [Link]. “Cattaneo, Andrés s/usura”; [Link]. “Cecchi-
ni, Carlos Alberto del Corazén de Jess y otros s/desobediencia”;
[Link]. “Blanco, Héctor O. y otros s/contrabando”, y [Link].
“Geniso, José Oscar s/causa N2 284”, falladas el 25 de setiembre de
1984 y el 11 de junio, el 15 de octubre y el 30 de diciembre de
1985).
8?) Que también resultan inatendibles las alegaciones que plan-
tean la violacién del régimen penal de la minoridad. Ello es asi,
puesto que el recurrente no demuestra que el condenado sufra gra-
yamen actual por Ja no aplicacién del régimen que propugna, ya‘750 FALLOS DE LA CORTE SUPREMA
que, si bien era menor de 18 afios al tiempo de comisién de los
hechos ilicitos incriminados, a la fecha ha excedido —tiene 22
afios— la pauta temporal que tal norma fija para la aplicacién del
régimen especial; lo que determina que resulte inoficioso un pro-
nunciamiento del Tribunal a su respecto (Fallos: 280:355; 292:589;
296:604; causas [Link]. “Editorial Latinoamericana SRL c/Mu-
nicipalidad de la Ciudad de Buenos Aires"; [Link]. ."Veldzquez,
Luis c/Estado Nacional”, y [Link]. “Diez, Alberto Luis c/Univer-
sidad Nacional del Sur s/nulidad acto administrativo, reposicién
en el cargo y cobro de pesos”, falladas el 22 de marzo y el 31 de
mayo de 1984, y el 4 de julio de 1985).
9°) Que, asimismo, ademas de la falta de fundamentacién que
revela el recurso deducido, que en este aspecto carece de la critica
concreta y razonada de los argumentos de la sentencia que ataca,
lo decidido sobre el punto remite al examen de temas de hecho y
prueba y de derecho comun y procesal, que han sido resueltos con
fundamentos de igual caracter que, al margen de su acierto 0 de
su error, brindan al fallo sustento bastante que lo pone a cubierto
de la tacha de arbitrariedad. En efecto, a partir de considerar que
Alvaro Ezequiel Baintrub tenia 19 afios de edad al tiempo de dictar
la Camara su sentencia, y tras estimar acreditado el delito de su-
ministro de estupefacientes —independiente de la tenencia— y la
intervencién que en aquél cupo al causante a titulo de autor res-
ponsable, el @ quo efectué una interpretacién del art. 42 de la ley
22.278 en funcién del art. 8? de la misma norma, que lo llevé a
condenarlo haciendo mérito de las constancias que brindaban in-
formacién sobre su conducta, considerando cumplidos los fines
tutelares que persigue el citado régimen legal, dada la edad del
imputado al momento de la decisién.
10) Que, en las condiciones expuestas, no media entre lo re-
suelto y las garantias constitucionales invocadas, la relacién directa
e inmediata que exige el art. 15 de la ley 48.
Por ello, y habiendo dictaminado el sefior Procurador General,
se declara improcedente el recurso extraordinario interpuesto.
José SEVERO CABALLERO.DB JUSTICIA DE LA NACIN 751
DISIDENCIA DEL SENOR MINISTRO DOcTOR DON AUGUSTO CESAR BELLUSCIO
Considerando:
1°) Que en la madrugada del dia 4 de febrero de 1982 se cons-
tituyé una comisién policial en el cruce de las calles Florida y Via-
monte de esta Capital Federal, con el objeto de investigar la acti-
vidad de una persona de origen extranjero que, segtin informacio-
nes confidenciales, se dedicaria en esa zona a-la consumicién y
distribucion de “picadura de marihuana”. A las 4.45 se individua-
lizé en la via piblica a Reginald Ray Rayford, de nacionalidad esta-
dounidense, en transito en el pais, domiciliado en Florida 878,
6 piso, departamento 21, quien refirié consumir marihuana y po-
seer esa sustancia en su domicilio. Alli concurrieron de inmediato
os policias —que al efecto recabaron la presencia de un testigo—, y
ante'la falta de reparo por parte de Rayford, se procedié a la ins-
peccién de la morada, secuestrandose de un portafolios una envol-
tura de papel que contenia dicho estupefaciente. Ya detenido, du-
rante. el traslado a la Comisaria, Rayford entreg6 uma tarjeta per-
sonal de Alvaro Ezequiel Baintrub, quien seria el que Je suministré
la marihuana (confr. fs. 1/2, 4, 10, 12 y 14). A las 9.45, el menor
Baintrub fue detenido en Ia casa de sus padres (fs. 18) y sus ma-
nifestaciones condujeron a la detencién de Alejandro Miguel Lou-
bet Sarrasin, también menor de edad (fs. 39). :
22) Que Rayford relaté que se hallaba circunstancialmente en
el pais por pertenecer a una compajfifa extranjera de espectaculos,
Y que conocié casualmente a Baintrub, con quien trabé relacién.
Explicé que éste lo invité a su departamento, donde Io convidé con
algunos cigarrillos de marihuana —Iuego nego esto tiltimo— y que,
asimismo, dicha relacién los Ilevé a convenir la compra de mari-
huana para consumo personal, que serfa provista por Baintrub,
entregandole Rayford cl dinero, Reconocié que la sustancia secues-
trada era el sobrante de la que le llevé Baintrub (fs. 24/25 y 85/
86). A su vez, éste admitié haber adquirido la marihuana con el
dinero de Rayford, para lo que solicité la colaboracién de Loubet
Sarrasin, quien le presenté a un proveedor a fin de comprar el752 FALLOS DE LA CORTE SUPREMA
estupefaciente, que luego fumé en parte con Rayford en su depar-
tamento, quedandose éste con cl resto (fs. 38 y 88/90). Por ultimo,
Loubet Sarrasin acepté haber intervenido en el acercamiento de
Baintrub con el proveedor, y refirié que en esa ocasién Baintrub
Nevé una balanza para pesar la droga y discutié con el vendedor
por. la calidad y el precio (fs. 47 y 92/93).
32) Que el ministerio publico formulé acusacién a fs. 197/201,
solicitando que se condenase a Rayford a la pena de un ajfio de
prisién y multa como autor del delito de tenencia de estupefacien-
tes (art. 6° de la ley 20.771), y a Baintrub y Loubet Sarrasin a la
pena de tres afios de prisién y multa como autores del delito de
suministro de estupefacientes (art. 2%, inc. d, de la citada ley). Uni-
camente después del periodo de prueba, la defensa de Rayford
cuestiond a fs. 268/270 la validez del allanamiento y secuestro, sobre
la base de la violacién del art. 188 del Cédigo de Procedimientos
en Materia Penal; y afirmé que la absolucién de su asistido se ins-
piraba en los principios fundamentales que garantizan la seguridad
individual consagrados por la Constitucién Nacional. Con cita de
Fallos de esta Corte Suprema y de la CAmara Criminal de la Capi-
tal, recordé que no resulta posible admitir la prueba ilegalmente
obtenida ni la que es consecuencia de ella, y que ello es asi, a fin
de salvaguardar el derecho de defensa y la garantia del debido pro-
ceso legal, para no hacer, en definitiva, beneficiaria a la adminis-
tracién de justicia de un hecho ilfcito.
49) Que la sentencia de primera instancia (fs. 275/278) absolvié
a los imputados por considerar nula la diligencia de secuestro, en
raz6n de no haberse recabado la pertinente orden de allanamiento,
Ia ausencia dé consentimiento valido del interesado, la hora en que
se realizé, y por ser insuficiente la presencia de un solo testigo. Se
adhirié al criterio de la defensa del procesado Rayford y también
valoré el haberse omitido la exhibicion del material secuestrado
al tiempo de rendirse las respectivas declaraciones indagatorias,
concluyendo en Ja falta de acreditacién del cuerpo del delito. Ape-
lado este pronunciamiento por el Fiscal de primera instancia, con-
testaron la vista el Fiscal de Camara y la defensa de Alvaro Eze-
quicl Baintrub, tras lo cual, la Sala IV de la Camara Nacional deDE JUSTICIA DE LA NACION 753
Apelaciones en lo Criminal y Correccional lo revocé con fecha 27
de octubre de 1983, condenando a los procesados de acuerdo a la
pretension del representante del ministerio publico (fs. 306/311).
La alzada sostuvo la validez del secuestro por haber mediado el
consentimiento del interesado, circunstancia que consideré no ne-
gada por éste, ya que de otro modo lo hubiera hecho saber al juez
instructor o su defensa la habria referido al contestar la acusa-
cién; maxime cuando la tacha habria sido introducida recién al ale-
gar.‘ Tampoco encontré ébice en la hora del procedimiento, por
corresponder al momento de Ja detencién del sospechoso; ni estimé
invdlida el acta por haber concurrido un solo testigo, toda vez que
no se desconocié el secuestro, ni se cuestioné la identidad del ma-
terial; ni tampoco el punto fue impugnado oportunamente. Asi-
mismo, a su juicio, debian computarse la hora en que el procedi-
miento se realizé y los testimonios de los policfas intervinientes.
Deseché el vicio derivado de la falta de exhibicién de Ja sustancia
en las indagatorias, pues ese tema no se habia planteado antes y
“porque siempre reconocieron los imputados la calidad de lo rete-
nido, circunstancia que ponderé, al igual que la de las confesiones
judiciales.
5°) Que dicha sentencia solamente dio lugar al recurso extra-
ordinario articulado por la defensa de Alvaro Ezequiel Baintrub,
condenado por suministro de estupefacientes (fs. 349/362), en el
que impugna el fallo, a rafz de la ilegitimidad de la actividad pro-
cesal que condujo a la formacién del sumario, y en virtud de la
violacion del régimen penal de Ja minoridad (ley 22.278). En tal
sentido, cuestiona los actos iniciales de la investigacién, producidos
con relacién a Rayford, por cuanto resultarian violatorios de Jas
garantias consagradas en el art. 18 de la Constitucién Nacional,
agraviéndose del ilegitimo allanamiento en el domicilio de éste y
de todo lo que fue su consecuencia; y refiere en lo que concierne
a su defendido, que el a quo debid limitarse a declarar la responsa-
bilidad penal del procesado, ya que la imposicién de una pena se
hallaba supeditada, conforme al art. 42 de la ley 22.278, al cumpli-
miento de una serie de requisitos, entre ellos, dicha declaracién
previa de responsabilidad. También afirma que se ha despojado
al causante del derecho a la segunda instancia, que no se trajo al754 FALLOS DE LA CORTE SUPREMA
proceso el expediente tutelar de Baintrub, y que los magistrados
no tomaron impresién directa de su defendido, por todo lo cual
aduce la conculcacién de la garantia constitucional de la defensa
en juicio.
62) Que, aun partiendo de la base de la nulidad del allana-
miento Ilevado a cabo en el domicilio de Rayford —con arreglo
al criterio establecido por esta Corte a partir de la causa [Link].
“Fiorentino, Diego Enrique s/tenencia ilegitima de estupefacien-
tes”—, la sentencia recurrida tiene sustento en otros elementos
probatorios que permiten arribar a similares conclusiones, en espe-
cial la existencia de parte de [Link] procesados de confesién
judicial del delito cometido, aun cuando la versién de los hechos
haya sido diferente segtin quien los haya relatado (fs. 307 vta), y,
en lo que se refiere especificamente al recurrente, su admisién de
haber recibido dinero de Rayford con el fin de conseguirle mari-
huana, las gestiones realizadas para ello, y la concrecién de la ope-
racién de compra (fs. 88 vta. y ss.), corroborada por la de Rayford,
que expresa haber adquirido el estupefaciente a Baintrub (fs. 85
vta./86). Esa circunstancia impide la descalificacién de lo decidido
por el a quo por la sola impugnacién de la diligencia levada a cabo
por la policia.
72) Que también resultan inatendibles las alegaciones que plan-
tean la violacién del régimen penal de la minoridad. Ello es asi, pues-
to que el recurrente no demuestra que el condenado sufra grava-
men por Ia no aplicacién del régimen que propugna, ya que, si bien
era menor de 18 afios al tiempo de comisién de los hechos ilicitos
incriminados, a la fecha ha excedido —tiene 22 afios— la pauta tem-
poral que tal norma fija para la aplicacién del régimen especial; lo
que determina que resulte inoficios0 un pronunciamiento del Tri-
bunal a su respecto (Fallos: 280:355; 292:589; 296:604; causas E.
[Link] “Editorial Latinoamericana S.R.L. c/Municipalidad de la
Ciudad de Buenos Aires”; [Link] “Velazquez, Luis c/Estado Na-
cional”, y [Link] “Diez, Alberto Luis c/Universidad Nacional del
Sur s/nulidad acto administrativo, reposicién en el cargo y cobro
de pesos”, falladas el 22 de marzo y el 31 de mayo de 1984, y el 4
de julio de 1985).DE JUSTICIA DE LA NACIGN 155
Por ello, y habiendo dictaminado el sefior Procurador General,
se declara improcedente el recurso extraordinario interpuesto. Au-
gusto César Belluscio.
FISCO NACIONAL v. N.N. x/o JUAN PEDRO VARELA
ACLARATORIA.
Es de la tradicién judicial argentina el principio segiin el cual, los
errores aritméticos 0 de cdlculo en que incurra una decision deben
ser neresariamente rectificados por los jueces, sea a pedido de parte
© ex officio. En efecto, en el actual art, 166, inc. 1%, ultimo parrafo,
del Cédigo Procesai Civil y Comercial de Ja Nacién —aplicable en el
sub exomine—, asi como en otros ordenamientos rituales nacionales y
provinciales, puede reconocerse la impronta de un criterio que, en-
tre las fuentes positivas nacionales, fue ya acufiado en las leyes de
Partidas. Ello se -sustenta en el hecho de que cl cumplimiento de una
sentencia informada por vicios semejantes, lejos de preservar, cons-
pira v destruye la institucién de la cosa juzgada, de inequivoca rei-
gambre constitucional, pues aqué!la busca amparar, més que el texto
formal del fallo, la solucién real prevista en él:
RECURSO EXTRAORDINARIO: Requisitos propios. Cuestiones no federales.
‘Sentencias arbitrarias. Procedencia del recurso. Defectos en la consideracién
de extremos conducentes.
Si en un proceso por expropiacién, se resolvié oportunamente que,
a los fines de regular los honorarios, el monto del juicio no tomaria
en consideracién {os intereses (art. 28 de la ley 21.839), y la liquida-
cién contiene una manifiesto error de célculo, ya que la cifra en clla
apuntada como correspondiente a capital (indemnizacién), era compren-
siva no sélo de ese item, sino también de intereses, el fallo que re
chaza la enmienda, se aparta de las circunstancias comprobadas de la
causa y de la norma aplicable (art. 166, inc. 1, ultimo parrafo, cit.),
con agravio de Ja garantia de la defensa en juicio.
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