El último período, el del “análisis mutuo”, es el resultado de su crítica a los efectos de la frialdad y la
hipocresía del analista en el trato con su paciente. Propone que el analista manifieste de manera directa
los sentimientos e impulsos surgidos al calor de la relación transferencial (no confesiones respecto de su
vida) tal como en su momento le propuso a Freud que hicieran entre ellos. Esta época está testimoniada
en su Diario clínico (que va desde el mes de enero hasta octubre de 1932).
diferencia alguna entre un análisis terapéutico y un análisis didáctico????
Ferenczi solicita además del analista que lleve su análisis hasta el nivel de profundidad
que requiere su labor; esto supone para él orientarlo más allá de los fines terapéuticos,
hasta la aprehensión por parte del sujeto de las debilidades más recónditas de su
carácter. Es decir, un análisis plenamente acabado.
análisis mutuo a distancia (paciente y analista se analizan mutuamente por
telepatía).
Que Sandor Ferenczi retorne en este su Diario clínico es obviamente de mejor
pronóstico que su vigencia insistente pero denegada en todas las “innovaciones
técnicas” aportadas hasta hoy. Todas ellas le deben a Ferenczi, muchas veces sin
saber, las premisas básicas y los modelos de un “activismo” de la práctica. Pero
quizá haya una diferencia: Ferenczi buscaba una apertura de la dimensión real del
inconsciente freudiano; los innovadores posfreudianos su sepultamiento bajo los
escombros del ego autónomo.
El análisis mutuo
Con respecto al ser del analista Ferenczi nos dice: Gran parte de la crítica
rechazada (o sea lo que rechazan los otros analistas de sus críticas sobre la
práctica) se refiere a lo que podríamos llamar la hipocresía profesional; acogemos
cortésmente al paciente cuando entra, le pedimos que nos comunique sus
asociaciones y le prometemos escucharlo atentamente y consagrar todo nuestro
empeño a su bienestar y al trabajo de aclarar su estado; en realidad puede ocurrir
que algunos rasgos internos o externos del paciente nos sean difícilmente
soportables o incluso que sintamos que la sesión de análisis nos aporta una
perturbación desagradable o una preocupación profesional más importante, o un
problema íntimo; aquí no veo otra salida que tomar consciencia de nuestro propio
problema y comentarlo con el paciente admitiéndolo no sólo como posibilidad sino
como hecho real. He de insistir que esta renuncia a la hipocresía profesional
considerada hasta ahora como inevitable, en lugar de herir al paciente le aporta un
notable consuelo. La situación analítica, esa fría reserva, la hipocresía profesional y
la antipatía respecto al paciente que se oculta tras ella y que el enfermo capta con
todo su ser, no difiere demasiado de las cosas que anteriormente, es decir en la
infancia, le hicieron enfermar.
Cuando Ferenczi dice no ver otra salida que comunicar al paciente las fallas propias
del analista, insinúa ya lo que será una de sus propuestas finales; el “análisis
mutuo”; y donde sostiene que el paciente “capta con todo su ser”, vemos en
germen lo que practicará luego como análisis por telepatía.
Un momento importante del “análisis mutuo” es el de la “confesión
contratransferencial” como lo denomina Lacan en “La dirección de la cura…” y que
consiste en hacerle saber al paciente no sólo todo lo que él produce en el analista
en el nivel afectivo, sino también confesarle los errores que comete en la dirección
de la cura y las rectificaciones que está dispuesto a hacer. Con esto entiende
desalojar el obstáculo transferencial que representa la “hipocresía profesional”.
Para Ferenczi, la necesidad de la confesión transferencial radica en que de todos
modos el paciente “sabe” de los verdaderos sentimientos del analista, aún si este
no los comparte. Como resultado de estas percepciones tan efusivas, terminará
hablando en el “Diario Clínico” de ciertos análisis realizados telepáticamente
En una carta escrita desde la cama el 4 de mayo de 1932, un año antes de morir,
Ferenczi asevera que una de sus pacientes americanas, residente en los Estados
Unidos y a quien solía dedicar cuatro o cinco horas diarias, le había analizado a él y
curado de todos sus trastornos recibiendo mensajes a través del atlántico. Para ese
entonces, y según lo informado por Ernest Jones (aunque desmentido por quienes
lo acompañaron hasta el final, entre ellos M. Balint), Ferenczi padecía de una grave
psicosis que había hecho rápidos progresos en pocos meses.
En realidad falleció de un complejo cuadro de anemia (enfermedad de Bernier).
Para entender un poco más el “psicoanálisis” de Ferenczi en esta etapa final, hay
que tener en cuenta su transferencia con Freud y lo no analizado en su análisis. En
la transferencia con Freud, Ferenczi pretende encontrar a un padre ideal, tan ideal
que se transmuta en madre, y cree que Freud debe prestarse a ocupar ese lugar
para ayudarlo en su curación.
Luego, en su relación con los pacientes opera identificado con esa madre-analista
ideal. Se propone así restituir un vínculo del que el paciente ha carecido en la
infancia, de la misma manera que él en su análisis con Freud.
A sus quejas, sus demandas, sus reproches de no haber sido amado
suficientemente, ni analizado a fondo por no haberse tocado la transferencia
negativa, Freud responde no advirtió trazos de ella en su análisis, que si existió.
Ferenczi se guardó muy bien de expresarla.
Lo importante es que Ferenczi no parece haber realizado en el análisis la
experiencia de la castración pues mucho tiempo después sigue insistiendo en el
ideal de un Otro no castrado, padre fálico absoluto, equivalente a la madre fálica de
los primeros momentos del Edipo.
En mi caso sufrí una crisis sanguínea en el mismo momento de comprender que no
sólo no puedo contar con la protección de una potencia superior sino que por el
contrario soy pateado por esa misma potencia indiferente apenas tomo mi propio
camino y no el suyo. La comprensión a la que llegué tras la experiencia es que sólo
fui valiente y productivo mientras me apoyé en esa potencia y que por lo tanto
nunca he sido adulto; rendimiento científico, matrimonio, lucha y peleas muy
fuertes, todo eso fue posible bajo la protección nada más de la idea de que puedo
contar en cualquier circunstancia con este sustituto del padre.
No sería extraño que Ferenczi haya querido con sus innovaciones técnicas halagar a
Freud mostrándole su pasión por el psicoanálisis, pero al mismo tiempo, y en la
medida en que diferían tanto en los enfoques clínicos, lo que funcionaba ahí era una
destitución del padre, una rivalidad con él. No se trataba entonces de “ir más lejos
que el padre” (que según Freud es la condición del éxito), sino de “superar al
padre” (que también de acuerdo a Freud es siempre prohibido y acarrea la culpa y
el fracaso). Ferenczi se rebelaba contra un sometimiento que estaba en el propio
goce de su fantasía.
Es ciertamente una “restitución” esa suplencia paradójica por la cual en sus propios
pacientes termina encontrando a ese Otro no castrado que sabe telepáticamente de
él, y por lo tanto puede analizarlo a distancia. Se invierten así los lugares: el
analista devenido en paciente de su paciente.
Sucede entonces algo equivalente a lo que dicen Freud del niño pequeño frente a
sus padres cuando cree que ellos adivinan sus pensamientos. Si ese fenómeno es
posible se debe a que en el inconsciente del niño aún no se ha inscripto la
operación de la castración en el Otro
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http://www.scb-icf.net/nodus/contingut/article.php?art=371&rev=45&pub=1
http://www.elpsicoanalitico.com.ar/num11/autores-marani-sandor-ferenczi.php
síntesis:
El análisis mutuo para Ferenczy se basaba en que el paciente también analiza al analista,
es más nota cada mínimo detalle. Él describe que esto es un análisis casi telepático.
Esta idea empezó a partir de su fin de análisis y cuando rompió su relación con Freud.
Ferenczy consideraba que el final del análisis había sido precipitado al no haber llegado
a lo mas profundo, lo que consideraba las debilidades más recónditas del carácter.
Unido a la cuestión de que Freud se había convertido en padre fálico absoluto (padre
que no sufrió castración) por la transferencia entre ellos, de la cual Freud se negó ha
hablar, tratando de desacreditar todo el trabajo echo por Ferenczy desde que se
separaron. Todos estos trabajos fueron complementados para intentar superar al padre,
no superando así su propia castración por no reconocer la castración en el otro, que a su
vez se convertía en padre fálico absoluto y madre nutricia, siendo de alguna manera su
primer y único objeto de amor. Sabemos que el intentar superar al padre no causaría en
el más que dolor y culpa.
Este tipo de análisis propone que se ha de ser completamente sincero con el paciente, es
decir, todos los sentimientos que se creen en el análisis del analista hacia el paciente
deben ser planteados en terapia, según él porque el paciente va a notar dichos
sentimientos de igual manera y siendo honestos conseguimos una conexión que nos
permita mayor vínculo terapéutico, aumentando la posibilidad de cura (que para él está
completamente en el paciente al igual que para Freud).
Sin embargo, su modelo no pudo ajustarse bien de manera terapéutica y recibió muchas
críticas ya que, al implantarlo con sus pacientes, por un lado, interferiría en la terapia
con sus propios contenidos inconsciente y por otro lado guiaría al paciente no dejando
que este mostrará sus contenidos propios e inclusive poniendo nuevas resistencias al
análisis. Se observó uno de los casos que peor resultado tubo en el que una paciente
acabó por ser la analista con la que Ferenczy.