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La Mitología

La mitología se refiere al conjunto de mitos de un pueblo que explican el origen del mundo y de los seres humanos. En la antigua Grecia, los mitos formaban parte de la religión y giraban en torno a los dioses olímpicos como Zeus. Los investigadores modernos estudian los mitos griegos para entender mejor las instituciones y civilización de la antigua Grecia.

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La Mitología

La mitología se refiere al conjunto de mitos de un pueblo que explican el origen del mundo y de los seres humanos. En la antigua Grecia, los mitos formaban parte de la religión y giraban en torno a los dioses olímpicos como Zeus. Los investigadores modernos estudian los mitos griegos para entender mejor las instituciones y civilización de la antigua Grecia.

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La mitología

Es el conjunto de mitos o historias de un pueblo o de una cultura, a través de los cuales se pretende explicar el
origen del mundo, de las fuerzas de la naturaleza y la creación del ser humano; pero también de los enigmas y
fundamentales del origen de la civilización y la técnica y de la organización social.

En la Antigua Grecia, formaban parte de la religión que tenía como objeto de culto básicamente a los dioses
olímpicos. Los investigadores modernos recurren a los mitos y los estudian en un intento por arrojar luz sobre las
instituciones religiosas y políticas de la antigua Grecia y su civilización, así como para entender mejor la naturaleza
de la propia creación de los mitos.

Un mito es una leyenda en sentido amplio; es todo relato de sucesos que son inciertos e incomprobables, pero
sobre los cuales existe una tradición que los presenta como irrealmente sucedidos.

La mitología clásica es el conjunto de leyendas o mitos griegos (y romanos) que, según testimonios fehacientes
que poseemos, tuvieron vigencia como tales leyendas en cualquier momento temporal que va desde los orígenes
hasta el 600 d. C.

En el mito las fuerzas naturales ( el fuego, el viento, etc. ) son personificadas y divinizadas: se trata de dioses
personales cuya presencia y actuación como tales se deja sentir continuamente en el curso de los
acontecimientos. En segundo lugar, y en consonancia con lo anterior, los fenómenos y sucesos del universo se
hacen depender de la voluntad de un dios.

La actuación misma de los dioses está sometida a ciertas fuerzas de carácter cósmico como el “Destino”. Se trata
de entidades más o menos imprecisas que, al contrario que los dioses a que nos hemos referido anteriormente, no
son personales sino abstractas: contra el Destino nada pueden los hombres, nada pueden los dioses.

El mito tiene tres características: polimorfología, atemporalidad y capacidad de reelaboración.

Los mitos tienen tres funciones: narrativa (entretener, deleitar; goce y evasión estética), reiterativa u operativa
(provocar aquello que se repite cíclicamente asociado a un cierto ritual: mitos de la fertilidad, por ejemplo) y
explicativa (explicar origen de cosas o instituciones o justificar realidades de difícil explicación: muerte, origen del
hombre, etc..).

Según su función sociocultural los mitos se agrupan:

a) Origen de las divinidades (teogonías).

b) Origen del universo (cosmogonía)

c) Origen de las instituciones humanas.

El conjunto de obras literarias que tratan de la mitología (griega y latina) se llama mitografía.

La mitología incluye una rica, pero también ambigua, descripción de las vidas y actos de los dioses y héroes. En el
mundo griego los dioses gozaron de algún tipo de existencia, no como personas o seres reales, sino como
creaciones simbólicas complejas que actuaron sobre los griegos.
Los principales dioses del panteón griego, llamados Dioses Olímpicos (Zeus y sus hemanos y hermanas) y los
principales dioses hijos e hijas de Zeus (los llamados dioses Olímpicos de segunda generación), el principal dios de
todos.

GENEALOGÍA DE LOS DIOSES GRIEGOS:

Los principales dioses griegos son:

ZEUS: dios del trueno, hermano de Poseidón, Hestia, Deméter, Hades y Hera (con quien tuvo varios hijos). Los
padres de Zeus son Crono y Rea. Sus símbolos son el rayo, el cetro y el águila. Para los romanos se llama Júpiter.

HERA: diosa de la familia y la unión, madre de Hebe, Hefesto, Ilitía y Ares. Sus símbolos son la corona y el pavo
real. Para los romanos es Juno.

POSEIDÓN: dios de los mares y océanos. Sus símbolos son el tridente, los caballitos de mar y los caballos. Para los
romanos es Neptuno.

HADES: es el dios del inframundo y los muertos. Sus símbolos son el casco y el cuerno. Para los romanos es Plutón.

DEMETER: diosa de la cosecha, sus símbolos son la espiga de trigo y la antorcha. Para los romanos se llama Ceres.
HESTIA: diosa del hogar, siempre se encuentra adentro del mismo. Su símbolo es la llama en el hogar. Los
romanos la llaman Vesta.

AFRODITA: es la diosa de la belleza y el amor. Sus símbolos son las ostras del mar, la rosa y la manzana. Siempre
está acompañada de su hijo Cupido. Para los romanos se llama Venus.

HEFESTO: dios del fuego, sus símbolos son la fragua y el martillo. Para los romanos se llama Vulcano.

ARES: es el dios de la guerra, sus símbolos son la lanza, el escudo y el perro. Para los romanos es Marte.

APOLO: es el dios de la música, sus símbolos son la lira, el sol y el arco. Para los romanos es Febo.

ARTEMISA: es la diosa protectora de los animales salvajes, sus símbolos son el arco y la flecha, los ciervos. Para los
romanos es Diana.

DIONISIO: es el dios del vino. Sus símbolos son la copa, la hoja de vid y una cabra. Para los romanos se llama Baco.

ATENEA: es la diosa de la sabiduría, sus símbolos son la lechuza y el olivo. Para los romanos se llama Minerva.

HERMES: es el dios del comercio y el mensajero, sus símbolos son el casco con alas, las sandalias con alas, y el
cedaceo. Para los romanos se llama Mercurio.

Mito griego de la creación


En un principio solo existía el Caos. A continuación, Gea o la Madre Tierra engendró por si misma a Urano, o el
Firmamento Estrellado.
Gea se unió a Urano y tuvo varios hijos.
En primer lugar nacieron seis Titanes varones: Océano, Ceo, Crío, Hiperión, Japeto y Crono, que era muy perverso,
y seis Titánides mujeres: Tía, Rea, Temis, Mnemósine, Febe y [Link] Gea y Urano tuvieron otros hijos, Los
Cíclopes. Arges, Estéropes y Brontes:

Y más tarde fueron padres también de los Hecatónquiros, tres monstruos gigantes con cien brazos y cincuenta
cabezas cada uno.

Urano era malvado y cada vez que Gea iba a dar a luz, los retenía en el vientre de Gea, no permitiendo que
nacieran.

Cansada Gea de sufrir, ya que sentía que estaba por explotar, urdió un maléfico plan. Dio a luz una hoz de acero
brillante y buscó la ayuda de Crono, el más perverso de sus hijos para que le cortara los órganos genitales mientras
dormía.

Crono esperó agazapado que Urano roncara placidamente y con la hoz provista por su madre, Gea, lo castró
tirando sus órganos al mar.
Crono mantenía encadenados a todos los monstruos en las profundidades de la tierra.

La sangre derramada, volvió a fecundar la tierra. De allí nacieron las Erinias, espiritus vengadores de los crímenes
de sangre, Los Gigantes y las Ninfas Melíades o de los árboles de fresno. Del órgano que cayó al mar nació la diosa
Afrodita, que encontraron flotando en una concha marina.

Crono se unió a Rea, pero también tenía la mala costumbre de comerse a sus hijos, entonces el menor, Zeus, lo
destronó y conquistó el dominio del mundo.

Los Titanes que estaban confinados en las profundidades, no estaban de acuerdo y se sublevaron agitando la
tierra, sacudiendo las montañas y causando todo tipo de terremotos y maremotos.

Zeus, pensó que si los soltaba se calmarían, pero apenas los liberó de su prisión, comenzaron a arrojarle rocas y
amontonar montañas. Este desastre duró diez años.

Zeus deseaba poner orden de una buena vez y para siempre, entonces descendió hasta el Tártaro donde se
encontraban encadenados los Cíclopes y los Gigantes de cien brazos y les pidió ayuda para acabar con el flagelo de
los Titanes.

Estos accedieron de buena gana y cuando por fin volvieron a ver la luz del sol se llenaron de energía y se lanzaron
a la batalla con todas sus fuerzas. Tembló la tierra y se sacudió el cielo hasta que los Titanes quedaron sepultados
bajo una montaña de rocas arrojadas por los monstruos de cien brazos. Los que sobrevivieron fueron arrojados al
Tártaro y nunca más volvieron a salir de allí.

La aportación prehelénica correspondió en gran medida a la cultura minoica de Creta. Su religión se caracterizaba
por el culto a la madre tierra, la diosa prehistórica adorada en sus versiones respectivas por todos los pueblos de
Oriente Próximo. Encarnaba las fuerzas de la naturaleza, y su poder comprendía tanto la fertilidad como la vida de
ultratumba, o sea, la vida y la muerte. La agricultura trajo consigo la aparición de una segunda deidad, relacionada
con la diosa madre, que regulaba el ciclo de la vegetación.

Hacia 1600 a. C. los aqueos, de raza indoeuropea, invadieron la Grecia continental, las islas del Egeo y Asia Menor.
Fueron los primeros griegos propiamente dichos, y su religión, la micénica, una síntesis de elementos
indoeuropeos y minoicos. Superaron la rivalidad entre su culto al dios indoeuropeo del cielo, Zeus, y el de Hera, la
diosa madre venerada en la Argólida (Peloponeso), convirtiendo a esta en hermana y esposa de Zeus. En las
tablillas micénicas aparecen ya los nombres de otras deidades importantes, como Atenea, diosa de la sabiduría, y
Dioniso, heredero del dios de la vegetación.

Los griegos de Micenas recibieron otras influencias. Sus contactos culturales con los hititas son palpables, por
ejemplo, en el culto a Zeus de Labraunda (Asia Menor), cuyo origen era el dios de los vientos hitita. De Chipre
tomaron prestada a Afrodita, diosa del amor, que a su vez era una adaptación de la diosa madre cananea, Astarté,
cuyo rastro se remonta a Mylitta e Ishtar (asirias), Isis (egipcia) e Inanna (sumeria). De esta “globalización” religiosa
en el mundo antiguo fueron conscientes siglos más tarde los propios griegos, que, de hecho, identificaban a los
dioses foráneos con los suyos, como al egipcio Amón con Zeus.
Los poemas homéricos establecieron el canon de la familia de doce dioses que regían el destino del mundo desde
su morada en el Olimpo.

El panteón toma forma

Tendrían que pasar ocho siglos hasta el surgimiento de los primeros textos que recogieron la tradición oral poética
de los mitos griegos, la Ilíada y la Odisea. Se atribuye su autoría a Homero, aunque sigue sin saberse quién fue o si
los poemas fueron escritos por la misma persona o por varias. A esclarecerlo no ha ayudado que durante el
período helenístico circularan todo tipo de biografías sobre el poeta. En cualquier caso se le sitúa en el siglo VIII a.
C., época en que la escritura griega adopta una forma alfabética estable, y se asume, por los rasgos lingüísticos y
los escenarios de su obra, su origen jónico (Asia Menor).

Los poemas homéricos tuvieron un gran valor religioso, ya que suplieron la ausencia de textos sagrados y
ordenaron el batiburrillo mitológico griego. Esta confusión se debía a las migraciones y las guerras y al hecho de
que en la época micénica cada ciudad y su casa real correspondiente tenían su propia genealogía mítica de dioses
y héroes. La Ilíada estableció el canon de la familia de doce dioses que regían el destino del mundo desde su
morada en el Olimpo. Aunque este se suele identificar con la montaña homónima, la mitología no es clara al
respecto, pues a veces aparece como una región del cielo.

Los dioses garantizaban el orden, vigilaban su cumplimento y castigaban su transgresión, en ocasiones con más
crueldad que los héroes humanos

Los doce olímpicos eran dioses que sentían y se comportaban como los hombres, pero se diferenciaban de ellos
por su inmortalidad y por una fuerza y una inteligencia superiores. Con Zeus como soberano, y siguiendo una
organización aristocrática que evoca la de las cortes de la época micénica, garantizaban el orden, vigilaban su
cumplimiento y castigaban su transgresión, en ocasiones con más crueldad que los héroes humanos. El problema
es que se elaboraron distintas listas de quiénes eran en realidad los olímpicos. En general incluían la primera
generación, es decir, los seis hijos de Crono y Rea (Zeus, Hera, Deméter, Hestia, Hades y Poseidón), pero
dependiendo del autor unas veces desaparecía Hestia y otras Hades, la primera por su escaso protagonismo y el
segundo porque vivía en el inframundo. La lista solía completarse con la segunda generación de olímpicos: Ares,
Atenea, Apolo, Artemisa, Hermes, Afrodita y Hefesto.

La Teogonía de Hesíodo, poema del mismo siglo pero posterior a los homéricos, dio forma definitiva a los mitos
referentes a la genealogía de los dioses. La obra relata la creación del mundo y las consiguientes luchas divinas
hasta que Zeus destronó a su padre Cronos e instauró el gobierno de la generación olímpica.

Del mito al logos

A pesar de todo, la mitología griega no tardaría en cuestionarse. El desarrollo de una intensa cultura intelectual,
con el cultivo de la filosofía y las ciencias, transformó el mundo helénico. En el s. VI a. C., la distinción entre el
logos, o pensamiento, y el mito alimentó el escepticismo, y la razón terminó sustituyendo a la mitología como
instrumento para comprender el universo. Por otro lado, el escandaloso comportamiento de los dioses y su lejanía
respecto al hombre hicieron que el individuo pusiera en duda unas normas morales que ni los mismos dioses
seguían. Con el tiempo, la resignación a la frívola e impredecible acción de los dioses y el deseo de obtener su
favor dieron paso a la crítica y, finalmente, a la búsqueda de una nueva religiosidad.

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