Didáctica de las Matemáticas en Educación
Didáctica de las Matemáticas en Educación
Introducción
En los inicios del siglo XXI vamos a abordar la educación matemática con recursos que aparentemente no
tienen punto de comparación con aquellos que se han utilizado en el pasado. Sin embargo, en estas nuevas
circunstancias, no es seguro que nuestros conocimientos y nuestras prácticas actuales nos garanticen una
mejor regulación y una mejor eficacia en este dominio que las que se tuvieron a principios del siglo XX.
Siempre nos hemos preguntado cuáles son los aportes de los conocimientos matemáticos “necesarios” para
la educación y la sociedad y cómo llevar a cabo dichos aportes. Los textos acerca de la finalidad de las
matemáticas abundan. Explican la necesidad, para una sociedad, de que cada ciudadano disponga de una
cultura matemática suficiente, y a la vez, la necesidad social de disponer de la cantidad suficiente de
técnicos y de científicos para enfrentar los desafíos del futuro. Todo tiende a convencernos de que las
matemáticas jugarán en ello un papel importante. Dichos textos explican también la importancia de las
propiedades formativas inherentes a las matemáticas, tanto a nivel individual, por las capacidades que
parecen desarrollar, como a nivel de la vida colectiva. El comportamiento racional de una sociedad, es decir,
su relación tanto con la verdad como con la realidad, no descansa únicamente en las virtudes individuales
de sus miembros. Exige una práctica social y una cultura que deben enseñarse en la escuela. Las
matemáticas constituyen el campo en el que el niño puede iniciarse más tempranamente en la racionalidad,
en el que puede forjar su razón en el marco de relaciones autónomas y sociales.
A través de su acercamiento profundo a la conjugación de las distintas culturas que lo componen, México
me ha parecido siempre muy afecto al aspecto humano y humanista de la enseñanza. Desde esta óptica,
las hemos coincidido frecuentemente en la importancia de organizar desde la infancia relaciones más vivas
con matemáticas, más próximas de su funcionamiento real, y menos austeras de lo que podría pensarse.
Pero no voy a volver aquí a este mensaje siempre de actualidad.
Nos cuestionamos hoy además, acerca de los medios que hemos creado para responder a esta demanda
inicial: en qué medida el éxito de la difusión de los conocimientos matemáticos depende de las Ciencias de
la educación o de las matemáticas mismas, o qué lugar tienen en esta difusión los conocimientos de
didáctica, y más precisamente de la didáctica de las matemáticas, qué instituciones pueden asegurar la
coherencia y la pertinencia de este género de conocimientos…
No estoy en condiciones de hacer un estado del arte en relación con la educación matemática en todo el
mundo y de hacer un inventario de las tendencias que se han desarrollado en el fin del siglo, además ésta
no es mi especialidad. La cantidad y la calidad de los trabajos experimentales, la multiplicidad y la
diversidad de las propuestas didácticas que se han realizado rebasan el propósito de esta conferencia y
probablemente también mi capacidad de información y de síntesis.
Más que un panorama amplio, les propongo hacer un recorrido por estas preguntas siguiendo un itinerario
que conozco porque lo he seguido. Así pues, me limitaré a lo siguiente:
Presentar una de las aproximaciones a la enseñanza –asumida como objeto de estudio- que se
desarrolló a partir de los años 60 de manera complementaria o paralelamente a otras.
Indicar qué parte puede ser considerada para la enseñanza de la educación de los alumnos y para la
formación de los maestros.
1
Trabajo presentado en el V Congreso Nacional de Investigación Educativa. Aguascalientes, Ags. 30 y 31
de octubre y 1º y 2 de noviembre de 1999.
2
Traducción de David BLOCK y Patricia MARTÍNEZ FALCÓN
3
Instituto Universitario de Formación de Maestros
BROUSSEAU, G. Educación y Didáctica de las matemáticas
En: Educación Matemática (en prensa). México, Nov. 1999.
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Plantear algunas preguntas sobre el estatuto epistemológico, científico y social de esta aproximación.
Este enfoque, el de la teoría de las situaciones didácticas, se presenta actualmente como un instrumento
científico. Tiende a unificar y a integrar los aportes de otras disciplinas y proporciona una mejor comprensión
de las posibilidades de mejoramiento y de regulación de la enseñanza de las matemáticas.
No es mi intención hacer aquí proselitismo para un nuevo método de enseñanza, incluso si numerosas
aplicaciones han sido tomadas de este acercamiento. Me parece que en la educación en el siglo XX no han
faltado profetas e innovadores. Yo solamente deseo propiciar una reflexión acerca de las relaciones entre
“contenido” de la enseñanza con los métodos de la educación.
4
“Contra las diversas formas de empirismo, la epistemología constructivista rechaza considerar el
conocimiento como un reflejo del mundo exterior en la representación del sujeto, y es en la actividad
práctica o cognitiva del sujeto y no en la aprehensión sensorial, donde se sitúa el origen de este
conocimiento. Recíprocamente, contra las diversas formas de nativismo, de apriorismo y de idealismo,
rechaza ver en el conocimiento la proyección sobre la realidad de las estructuras trascendentales del
espíritu”. P. GRECO, artículo “Jean Piaget” en Encyclopedia universalis
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BROUSSEAU, G. Educación y Didáctica de las matemáticas
En: Educación Matemática (en prensa). México, Nov. 1999.
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Desde esta perspectiva, la enseñanza se convierte en una actividad que no puede más que conciliar dos
procesos, uno de aculturación y el otro de adaptación independiente.
Si identificamos los conocimientos que el sujeto desarrolla en el contacto del medio, con los saberes
enseñados, y si identificamos al sujeto que aprende con el alumno, se obtiene el esquema cuadripolar de la
figura 3.
Sstema Medio
educativo Material,
organización Social …
Sujeto
Alumn aprendien
o do
Enseñanza adaptación
aculturación
3. Desde inicios del siglo, los trabajos de psicología no han dejado de influir en la enseñanza. Sin embargo,
los resultados han aparecido solamente como medios de “rectificarla”. Deben “ser tomados en cuenta” por
los maestros, sin que se sepa cómo.
Prescripciones recientes como “el niño debe ser ubicado en el centro de las preocupaciones del educador”
muestran el deseo de reaccionar contra la lógica de la comunicación, pero no logran esconder la impotencia
de la psicología y de la pedagogía para intervenir de otro modo que no sea el modo crítico y correctivo. Así
pues, estos esfuerzos no consiguen modificar sensiblemente el esquema tripolar.
4. En los años 60, el medio del alumno no fue un objeto de estudio en sí mismo. Se buscó construir un
modelo del sujeto que aprende, del proceso de producción o de aprendizaje de conocimientos, o bien, de la
estructura de los saberes. Para SKINNER, la caja negra es el sujeto, los estímulos pueden decidirse por el
experimentador, por lo tanto son “conocidos”, más exactamente, son transparentes y de lo que conviene
construir un modelo es del sujeto5. La cultura científica de PIAGET le proporciona todos los conocimientos
que necesita para concebir los dispositivos experimentales en los cuales el niño revela sus modos de
pensamiento y para reconocer en sus comportamientos las estructuras y los conocimientos matemáticos de
su elección. A fortiori, si las modalidades de la influencia del medio sociocultural sobre los aprendizajes de
los alumnos son tomados en cuenta y estudiados por VIGOTSKI, el estudio del medio, en sí mismo, da lugar
a otro campo, ideológico o científico.
En los años 60, siendo todavía estudiante de matemáticas, y al mismo tiempo alumno de Pierre Gréco en
Psicología cognitiva, me impresioné por su habilidad para concebir dispositivos experimentales destinados a
poner en evidencia la originalidad del pensamiento matemático de los niños en las etapas de su desarrollo.
5
Sus críticos, como CHOMSKI, después NELSON o ARBIB y su seguidores como SUPPES hacen modelos
del sujeto por medio de autómatas formales.
3
BROUSSEAU, G. Educación y Didáctica de las matemáticas
En: Educación Matemática (en prensa). México, Nov. 1999.
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Sin embargo, me daba cuenta de que no se hacía ningún esfuerzo por analizar los dispositivos mismos y
por hacer explícita la relación entre éstos y la noción matemática cuya adquisición era estudiada6.
Asimismo, cuando PIAGET utilizaba los axiomas de PEANO para identificar EL desarrollo de EL
conocimiento de EL número en EL Niño, estos singulares me parecían apuestas interesantes pero
arriesgadas, más que evidencias. Yo podía producir “definiciones” de números naturales, matemáticamente
equivalentes a los axiomas de PEANO, pero de complejidades cognitivas muy diversas. La equivalencia
matemática no tiene como consecuencia la equivalencia cognitiva. Igualmente, bastaba con variar un poco
los números propuestos para ver que el conocimiento DEL número era de hecho el conocimiento de
algunos números. ¿Qué es lo que nos permitiría declarar que es exactamente este conocimiento
matemático el que el sujeto conoce y no otro más general o más particular? Estas observaciones no eran
objeciones a los trabajos de PIAGET, sino al uso muy preciso que se quería hacer de los estudios
piagetianos para hablar de las adquisiciones de un alumno particular en una situación particular y para
inferir prescripciones didácticas7.
5. Así pues, me pareció que era preciso extender estos trabajos al estudio los dispositivos mismos y de sus
relaciones con tal o cual conocimiento: ¿en qué condiciones puede propiciarse que un sujeto -cualquiera-
tenga la necesidad de un conocimiento determinado para tomar ciertas decisiones?, y ¿cómo explicar de
antemano la razón por la cual lo haría? Sin los dispositivos piagetianos, esta idea hubiera sido trivial, ya que
estudiar los problemas y los ejercicios que hacen que se utilice una noción matemática es un trabajo
habitual para los matemáticos. Sin embargo, como cada noción apela a todo un conjunto de problemas y de
ejercicios que le son específicos, podía pensarse que esta vía de investigación tenía una oportunidad más o
menos nula para aportar información sobre la adquisición de saberes un poco generales. En esta
perspectiva, son los comportamientos de los alumnos los que revelan el funcionamiento del medio,
considerado como un sistema. La caja negra es, entonces, el medio.
En esa época, los profesores de matemáticas trataban de inventar ejercicios para acompañar la introducción
de conocimientos matemáticos nuevos y sus esfuerzos dejaban ver, desde mi punto de vista, cierta pobreza
de nuestras concepciones didácticas. Se conformaban con frecuencia con encontrar un ejemplo, en el que,
a través de una traducción simple, se pudieran “leer” los elementos de la estructura o las propiedades
enunciadas en la definición o el teorema de matemáticas. La aplicación en un sentido literal de las
estructuras matemáticas sobre los objetos y sobre relaciones muy diversas era interesante, pero confinaba
al alumno al papel de espectador, y al profesor al de presentador del espectáculo. En el mejor de los casos,
hacer actuar al alumno consistía en comunicarle las condiciones y las propiedades de un sistema generador
y en hacerle producir los conocimientos previstos (fórmulas, declaraciones, etc.) mediante la aplicación de
reglas enseñadas previamente, como lo proponía Z. DIENES. En estas condiciones, la pregunta que
planteada a cada propuesta considerada engendró los trabajos de los que vamos a hablar fue “¿por qué?”:
¿por qué un sujeto haría tal cosa en lugar de tal otra? ¿por qué es este conocimiento el que determina a
este comportamiento?
Esta actitud conduce naturalmente a considerar un problema o un ejercicio, no como una simple
reformulación de un saber, sino como un dispositivo, como un medio que “responde al sujeto” siguiendo
algunas reglas. ¿Qué juego debe jugar el sujeto para tener necesidad de dicho conocimiento? ¿qué
aventura - sucesión de juegos- puede llevarlo a concebirlo o a adoptarlo? En este acercamiento, no hay
necesidad de describir al sujeto mejor que a un jugador de ajedrez, que mueve las piezas blancas o negras
siguiendo una estrategia impersonal. ¿Qué información, qué sanción pertinente debe recibir el sujeto por
parte del medio para orientar sus elecciones y comprometer tal conocimiento en lugar de tal otro?
6. El mismo camino conduce entonces a considerar al medio como un sistema autónomo, antagonista del
sujeto, y es de éste del que conviene hacer un modelo en tanto una especie de autómata.
6
“Desplazamientos” o “transformaciones” son quizás términos técnicos del geómetra pero que
corresponden aquí sin lugar a equivocación a acciones, a movimientos usuales.. pero ya no se trata de
movimientos vividos en la acción, se trata de movimientos imaginados, ejecutados o reconstituidos en
pensamiento” structures e significations (EHESS, 1991)
7
H. AEBLI (1959) Didactique psichologique
4
BROUSSEAU, G. Educación y Didáctica de las matemáticas
En: Educación Matemática (en prensa). México, Nov. 1999.
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Hemos llamado “situación” a un modelo de interacción de un sujeto con cierto medio que determina a un
conocimiento dado como el recurso del que dispone el sujeto para alcanzar o conservar en este medio un
estado favorable. Algunas de estas “situaciones” requieren de la adquisición “anterior” de todos los
conocimientos y esquemas necesarios, pero hay otras que ofrecen una posibilidad al sujeto para construir
por sí mismo un conocimiento nuevo en un proceso “genético”.
Notemos que la misma palabra “situación” sirve, en su sentido ordinario, para describir tanto al conjunto (no
necesariamente determinado) de condiciones que enmarcan una acción, como al modelo teórico y
eventualmente formal que sirve para estudiarla.
7. En 1970 se plantea el proyecto científico: se trata de construir el modelo de las situaciones utilizadas para
introducir o enseñar las nociones matemáticas (y de criticarlas) así como de imaginar otras más apropiadas.
Planteando los problemas de esta manera, es posible introducir en el análisis, en particular en el cálculo,
junto con los argumentos de organización lógico-matemática del saber, argumentos de tipo económico y
ergonómico. Pero también es posible tomar en cuenta otras restricciones, en particular aquellas que podrían
aparecer como conclusiones de trabajos de psicología o de sociología, con la condición de hacerlas
funcionales, es decir de precisar cómo intervienen efectivamente. Un ejemplo de aplicación de este principio
metodológico es el que se plantea en el siguiente párrafo. Permanezcamos en el dominio del aprendizaje
del número.
8. Sería ocioso indicar aquí todas las condiciones que han hecho que esta idea de estudiante se haya
convertido en una hipótesis de trabajo, en un método y en un programa de investigación para toda una
generación de investigadores en didáctica de las matemáticas en Francia. El proyecto y el programa IREM
(Instituto de Investigaciones sobre la Enseñanza de las Matemáticas) y la regulación de las reformas de los
años 70 están en el centro de estos acontecimientos. Desde esta época se observa que buscar las
condiciones de existencia de un saber constituye un medio general para la investigación y para la ingeniería
en didáctica. La descripción sistemática de las situaciones didácticas es un medio más directo para discutir
con los maestros acerca de lo que hacen o podrían hacer, y para considerar cómo éstos podrían
prácticamente tomar en cuenta los resultados de las investigaciones en otros campos. La teoría de las
situaciones aparece entonces como un medio privilegiado, no solamente para comprender lo que hacen los
profesores y los alumnos, sino también para producir problemas o ejercicios adaptados a los saberes y a los
alumnos y para producir finalmente un medio de comunicación entre los investigadores y con los profesores.
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BROUSSEAU, G. Educación y Didáctica de las matemáticas
En: Educación Matemática (en prensa). México, Nov. 1999.
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Mamá: ¡Pero si nuestra vecina Odile, que tiene cinco años, cuenta perfectamente hasta el 70!
Tía Mimí: Seguramente también puede recitar la fabula de LA FONTAINE “El gato, la comadreja y
el conejito” que contiene más de 70 palabras8, pero cree que los penates9 son una especie de
pantuflas. Esto no es grave, pero una colega me contó que los padres ejercen actualmente una
fuerte presión para que los niños “sepan contar” precozmente. Ha visto que bajo la influencia de
este “duro y dale” algunos alumnos empiezan a contar cuando escuchan la palabra “número”, sin ni
siquiera querer reflexionar sobre la pregunta que se les plantea. Tiene en su salón de maternal a
niños chicos y medianos que cuentan mecánicamente más allá del 50, y por ello no puede, ni con
éstos ni con los que no cuentan más allá de cinco, organizar colectivamente ninguna actividad
matemática de su edad, etc.
8
N de T: Se refiere a series de palabras que los pequeños se pueden aprender de memoria, sin por ello
comprender lo que éstas dicen, o cambiando su sentido. Ejemplos en México tenemos muchos.
9
Dioses domésticos, entre los romanos. Las imágenes de los penates se guardaban en la penetralia o sala
central de la casa. Había penates del estado y de cada familia particular
6
BROUSSEAU, G. Educación y Didáctica de las matemáticas
En: Educación Matemática (en prensa). México, Nov. 1999.
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Si un conocimiento es muy complejo, lo deberá descomponer, enseñar sus partes y enseñar después la
composición de dichos conocimientos fragmentados. Las razones de este recorte son ajenas al niño y el
sentido de lo que ha aprendido no le podrá ser dado sino después, a través del uso. Esto explica la
necesidad de multiplicar los ejercicios de aplicación de un saber aprendido. El sentido de este saber estará
representado, no por su adecuación al establecimiento de respuestas, sino por un universo de situaciones
determinado por sus analogías. Así, por ejemplo, la enseñanza clásica de la división separa el aprendizaje
del algoritmo, del aprendizaje de su sentido.
No continuaremos este análisis que solamente tenía como objetivo mostrar cómo opera una interpretación
de las prácticas, en términos de la sujeción del alumno a una situación.
4. Hipótesis de la situación fundamental. La vía empírica consiste en intentar mejorar estas prácticas.
Nosotros, por el contrario, vamos a seguir el otro camino, aquel que partiendo de un conocimiento
determinado, busca qué tipo de situaciones son capaces de propiciar su aparición, su utilización, su
construcción y su aprendizaje.
Por razones heurísticas, suponemos que cada conocimiento matemático posee al menos una situación que
lo caracteriza y lo diferencia de los otros.
Además, conjeturamos que el conjunto de situaciones que caracterizan a una misma noción está
estructurado y puede ser engendrado a partir de un pequeño número de situaciones llamadas
fundamentales, a través de un juego de variantes, de variables y de cotas sobre estas variables.
Pero antes de abordar estas preguntas teóricas, me parece útil ilustrar concretamente la noción de situación
fundamental presentando la que corresponde al número natural. No señalaremos los razonamientos de
ingeniería didáctica que siguen de los que ya hemos dado y a través de los que llegamos a este resultado.
Tampoco mostraremos los argumentos en favor de la idea de que esta situación es bastante próxima a la
situación fundamental. No obstante, se puede señalar que, en lugar de criticar la ceguera de las situaciones
prácticas, resulta más eficaz compararlas con una situación fundamental.
Antes de dar este ejemplo es importante considerar por el momento que una situación fundamental no es a
priori una situación “ideal” para la enseñanza, ni siquiera una solución más eficaz. El valor de una situación
para su uso didáctico se aprecia en función de un gran número de otros parámetros externos, tales como la
posibilidad efectiva de ponerlos a disposición en un ambiente psico-socio-cultural determinado.
10
N de T. En sus trabajos sobre la noción de número natural, BROUSSEAU distingue la enumeración en el
sentido de listado (“énumération”), de la asociación de los objetos de la lista con la serie de los números
(“comptage” ) y finalmente de la determinación del cardinal de un conjunto (ya sea por medio de un conteo,
de una correspondencia uno a uno o de otra manera) (“dénombrement.”). Debido a que en este texto de
carácter general esta distinción no es muy importante, hemos decidido, en acuerdo con el autor, traducir
“dénombrement” por “conteo” entendiendo por éste además de la asociación de cada número de la serie
con un objeto, la determinación final del cardinal.
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BROUSSEAU, G. Educación y Didáctica de las matemáticas
En: Educación Matemática (en prensa). México, Nov. 1999.
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Para que el número aparezca explícitamente, es necesario transformar esta auto-comunicación en una
comunicación verdadera:
“Debes quedarte cerca de los botes de pintura, y decir o escribir un mensaje para que tu
compañero pueda traerte los pinceles que quieres. Si te trae demasiados pinceles o le
faltan, entonces los dos pierden. Sabrán contar cuando puedan hacerlo, incluso cuando
haya muchos botes y muchos pinceles”.
El niño sabrá contar cuando pueda jugar los dos roles: pedir (emisor) a alguien (receptor), oralmente o por
escrito, la cantidad de pinceles necesarios verificando la operación, y al contrario, proveer la petición de una
cantidad deseada.11
Los recursos para resolver este problema van a evolucionar, en particular con el tamaño de las colecciones
y con la forma en que éstas se presenten. El conocimiento de los números pequeños se enriquecerá aún
más cuando sirvan para construir otros con la ayuda de diversas operaciones… Es necesario observar que
si bien los niños adquieren rápidamente ciertos esquemas verdaderos para cualquier número, la posibilidad
efectiva de tomar a estos esquemas como objetos de conocimiento y de tratarlos como saberes no se
adquiere ni espontánea ni rápidamente. Será necesario además, tarde o temprano, no conformarse con su
utilización, sino también dilucidar, formular y discutir sus propiedades y sus estructuras numéricas. Estas
dilucidaciones son necesarias para el aprendizaje mismo y deben acompañarlo. ¿Cuándo y cómo? El
conocimiento de El número no puede reducirse al de los axiomas de Peano. Los conocimientos humanos no
están contenidos en los saberes que los resumen.
La diferencia entre el conteo como saber cultural habitual y el conteo como conocimiento de un recurso
para resolver la situación fundamental queda muy clara en el ejemplo que veremos enseguida y que
debemos a B. VILLEGAS:
11
Esta situación parece presentar un carácter fundamental porque “todas” las situaciones de conteo pueden
deducirse con sólo variar sus variables cognitivas (naturaleza, movilidad de los objetos, circunstancias,
tamaño de los conjuntos, etc.) y porque todas las prácticas de conteo y de aprendizaje del conteo pueden
también ser clasificadas y comparadas desde el punto de vista didáctico. Las dos prácticas habituales
anteriores se obtienen a partir de la situación fundamental, suprimiendo o transfiriendo al adulto algunas
tareas. En la primera situación, que podemos llamar por ejemplo “el conteo popular”, el alumno
reproduce una serie de palabras bajo el control del adulto. La segunda, “el conteo escolar clásico” es
más evolucionada, al niño le toca hacer corresponder un número a un conjunto de botes de pinturas
(trabajo de emisor), o le toca constituir un conjunto a partir de un número dado de pinceles.
8
BROUSSEAU, G. Educación y Didáctica de las matemáticas
En: Educación Matemática (en prensa). México, Nov. 1999.
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Enumerar en el sentido de “hacer un listado”. Para mayor información acerca del proceso de “enumerar”
se puede consultar la tesis de J. BRIAND (1993) L’énumération dans le mesurage des collections. Un
dysfontionnement dans la transposition didactique (DAEST, Université de Bordeaux 2, Place de la Victoire
33 000 Bordeaux) y la de B. VILLEGAS (1986); acerca de la numeración, la tesis de M BAHRA (1995)
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BROUSSEAU, G. Educación y Didáctica de las matemáticas
En: Educación Matemática (en prensa). México, Nov. 1999.
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mismo), al mismo tiempo que las pone en correspondencia con otra colección, y que evalúe su cardinal
mediante esta correspondencia, particularmente cuando las cuente (cuando ponga en correspondencia sus
elementos con las palabras), y después, si el conteo fue descompuesto, cuando nombre el resultado de su
conteo (expresando el número oralmente mediante un sistema de numeración) y finalmente cuando escriba
el número. Será necesario también que se apropie de los usos ordinales de la serie de números, etc. La
denominación y la escritura de los primeros números se basa en procedimientos de numeración que deben
ser reconocidos para ser utilizados, pero cuyo estudio y cuyo análisis deben continuar a todo lo largo de la
escolaridad básica, por lo menos para conocer y utilizar nuevos números. El análisis de la criptografía
numérica y de los sistemas de numeración, opuestos a la práctica del numeral, y especialmente a la lectura
de números, es indispensable.
10
BROUSSEAU, G. Educación y Didáctica de las matemáticas
En: Educación Matemática (en prensa). México, Nov. 1999.
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Así como no existe ninguna metafísica que engendre a la vez a la termodinámica, a la óptica y a la
electricidad, lo que voy a presentar constituye una especie de meta didáctica que no puede convertirse
automáticamente para tratar a cualquier conocimiento.
Figura 4
Conoci-
mientos
Situación
Medio
Utilización Material,
aprendizaje Social…
Sujeto o
institución Acciones
que actúa Informaciones
13
J. BRIAND (1993) L’énumération dans le mesurage des collections. Un dysfontionnement dans la
transposition didactique
11
BROUSSEAU, G. Educación y Didáctica de las matemáticas
En: Educación Matemática (en prensa). México, Nov. 1999.
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Este modelo es el que generalmente se adopta para concebir una actividad finalizada cualquiera, en una
institución cualquiera. El actor puede ser él mismo una institución.
¿Cuándo una situación constituye una realización de otra? ¿Cuándo dos situaciones son diferentes?... La
definición de los instrumentos generales para la comparación de situaciones es todavía muy incierta, sobre
todo en lo que se refiere a la jerarquía y a la agregación de situaciones y de conocimientos asociados. El
propósito de la teoría de las situaciones es permitir organizar localmente el aprendizaje de conocimientos
elementales considerando su adecuación a las circunstancias y a las posibilidades del sujeto, y al mismo
tiempo permitir su reorganización de acuerdo con necesidades lógicas y teóricas que son el fruto de una
adaptación completamente diferente de la sociedad.
Las interacciones
Tanto la observación antropológica como la lógica del principio metodológico de la Teoría de la Situaciones
nos conducen a distinguir tres tipos fundamentales de interacciones de un actor con su medio:
- El tipo “acción” que consiste para el actor en fijar un estado del medio o en determinar o limitar las
acciones de otros actores (materialmente o mediante reglas impuestas) (figura 4).
- El tipo “comunicación” que consiste en modificar los conocimientos de otro actor por medio de
mensajes portadores de informaciones (figura 5).
- El tipo “prueba” que tiende a la justificación o validación cultural de los actos o de las declaraciones
(fig. 6).
informaciones
A B
Sujeto o Sujeto o
institución Mensaje Institución
que emite que recibe
Cada una de estas interacciones se modela mediante tipos de situaciones diferentes y pone en juego
repertorios de recursos diferentes.
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BROUSSEAU, G. Educación y Didáctica de las matemáticas
En: Educación Matemática (en prensa). México, Nov. 1999.
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Por ejemplo, es fácil mostrar por qué proporcionar una “prueba” se inscribe en una situación muy distinta a
una simple comunicación de información: la estructura de la situación, es decir la posición de los actores
con respecto a un medio, es muy diferente, el juego, las reglas y el repertorio de recursos de prueba
también.
Medio de A
Repertorio Repertorio
Conoci- Conoci-
mientos, mientos,
Medio
lenguajes lenguajes
Ambiente
lógicos, lógicos,
Material,
teoría teoría
Social…
Asunto del
debate Modelo del
medio
B Sujeto,
A Sujeto,
Institución
institución Pruebas, Oponente-
Proponente
teoremas
En las clases, esta clasificación de situaciones ha favorecido el establecimiento y la observación del tránsito
de situaciones de argumentación a situaciones de prueba. Sin esta clasificación la iniciación a estas
prácticas no sería fácil de poner en marcha.
No obstante, estas situaciones no sólo constituyen un paso importante desde el punto de vista de los
procesos matemáticos, son además portadoras de un proyecto educativo esencial: el de hacer del alumno
un ser racional, social, autónomo y responsable, capaz de comprender cómo se establece y se comparte
una verdad en una sociedad, mediante debates a la vez democráticos y constructivos.
Los dos sentidos de “Situación didáctica”
El término de “situación didáctica” tiene hoy dos significados:
i) En el sentido clásico, es una situación que se usa con fines didácticos, que sirve para enseñar
(como un problema o un ejercicio), tanto si está dotada de virtudes didácticas autónomas, como si
el profesor debe intervenir para que produzca su efecto.
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BROUSSEAU, G. Educación y Didáctica de las matemáticas
En: Educación Matemática (en prensa). México, Nov. 1999.
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ii) Es una situación que describe el entorno didáctico del alumno, comprende todo aquello
que concurre para enseñarle algo. En este sentido, comprende a al profesor, tanto si éste se
manifiesta durante el desarrollo de la situación, como si no.
Ciertas situaciones de uso didáctico tienen la propiedad de permitir al alumno tomar solo decisiones
pertinentes, juzgar su adecuación, y adaptarse al medio mediante la construcción del conocimiento
deseado. A estas situaciones subyace un modelo “no didáctico”, en el sentido de que no requieren de una
intervención específicamente didáctica. En oposición con este caso límite, se encuentran las situaciones
puramente didácticas en las que el profesor debe intervenir en todo momento a lo largo del desarrollo de la
acción del alumno, para provocarla, orientarla, restringirla y controlarla según su propia estrategia didáctica.
En general las situaciones de enseñanza reales pueden descomponerse en un componente didáctico y en
un componente no didáctico (desdidactificado) que pueden desarrollarse simultáneamente o sucesivamente
(Fig. 7 y 8)
14
BROUSSEAU, G. Educación y Didáctica de las matemáticas
En: Educación Matemática (en prensa). México, Nov. 1999.
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Figura 7
Saber Conoci-
escolar mientos
Alumno Sujeto
Apren-
Enseñanza diendo adaptación
aculturación
Figura 8
Parte “dedidactificada” de una
Saber Conoci-
situación de uso didáctico,
Situaciónescolar mientos
Didáctica
tiene más o menos virtudes
en tanto
didácticas propias
entorno
didáctico
puede o no necesitar
organizacio
intervenciones didácticas
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BROUSSEAU, G. Educación y Didáctica de las matemáticas
En: Educación Matemática (en prensa). México, Nov. 1999.
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14
H. RATSIMBA-RAJOHN acerca de las concepciones de los racionales.
15
G. VERGNAUD con la teoría de los Campos conceptuales.
16
R. GRAS con el análisis implicativo
17
Y. CHEVALLARD, 1992
18
G. BROUSSEAU, 1976
19
H. EL BOUAZZAOUI, 1982
16
BROUSSEAU, G. Educación y Didáctica de las matemáticas
En: Educación Matemática (en prensa). México, Nov. 1999.
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observador, el hecho de saber que un conocimiento es falso porque produce errores, no es necesariamente
la expresión de un funcionamiento erróneo de los mecanismos de cognición del sujeto observado. La Teoría
de las Situaciones remite al estudio de las condiciones presentes y anteriores que “justifican” el estado de
esos conocimientos y el uso que conviene hacer de ellos.
Por ejemplo, todos los alumnos establecen su comprensión de la “multiplicación” de dos números, mediante
el sentido que ésta asume en los números naturales: 5x4 representa 5+5+5+5, y controlan su uso
implícitamente a través de “propiedades” como: “el producto de dos números no puede ser más pequeño
que el más grande de los dos”. El día en que deben interpretar la “multiplicación” 0.8 por 0.6, sus medios de
comprensión y de control desaparecen. Se trata de otra operación, diferente aunque tenga el mismo nombre
y se parezca un poco a la anterior.
Inversamente, el hecho de conceder de esta manera al alumno o a una institución, la legitimidad de conocer
una noción de una manera particular, no hace automáticamente de este reconocimiento un objeto esencial
para el trabajo del maestro. Entre los conocimientos erróneos sólo son interesantes para el profesor
aquellos que son significativos para los otros alumnos, es decir, aquellos que tienen una probabilidad fuerte
de reproducirse y que pueden ser explicados y erradicados en un tiempo razonable, etc. Se ha podido
observar en varios países los inconvenientes de prestar una atención excesiva a los errores de los alumnos.
Estos conocimientos no son a priori degradaciones o errores con respecto a los conocimientos
culturalmente establecidos. Tienen una legitimidad que conviene comprender y respetar, aún si se les quiere
modificar.
Los conocimientos relativos pueden compararse con los “conocimientos científicos o académicos
universales”, pero hay que cuidarse de una confusión: el hecho de que sean adecuados no los hace por ello
“verdaderos”.
El gradiente y la transposición didáctica
En relación con una misma noción, dos instituciones pueden tener conocimientos diferentes, lo cual puede
constituir un obstáculo para su colaboración si entran juntas en una nueva institución. Más allá de cierto
margen, se vuelve necesario un esfuerzo de homogeneización. Se traduce por una situación didáctica: una
de las instituciones intenta modificar el repertorio de la otra directamente o a través del intermediario de una
tercera. Frecuentemente la acción didáctica efectiva es recíproca. Las dificultades para cooperar son más
grandes en la medida en que las diferencias sean importantes y en que el número de situaciones en las que
esas diferencias se manifiestan sea grande. Esta especie de gradiente crea por lo tanto una presión
didáctica. No obstante, la enseñanza sólo es posible si los repertorios no son demasiado diferentes y se
realiza al precio de una adaptación –espontánea o meditada- de los conocimientos transmitidos, llamada
transposición didáctica. Por otra parte, el hecho mismo de enseñar un conocimiento lo modifica, tanto para
el que enseña como para el enseñado. La transposición es una modificación de conocimientos que altera su
papel, la situación en la que intervienen. Es una condición y un efecto de la relación didáctica.
Las paradojas de “contrato” didáctico
Jeanine Filloux, al extender el contrato social de ROUSSEAU, destacó la noción de contrato pedagógico, en
el que se precisan la obligaciones recíprocas entre alumno sociedad y profesores. ¿Puede este contrato
extenderse a la parte “enseñanza” de la educación? ¿Puede el profesor precisar y aplicar un contrato de
enseñanza de la misma manera? En un primer momento, yo había imaginado que el profesor actuaba sobre
el sistema {alumno, situación, conocimiento}, exactamente como el alumno actúa en la situación no
didáctica. En ese caso, el contrato didáctico hubiera estado constituido únicamente por las reglas de esa
situación. Me di cuenta de que semejante construcción de modelos conducía a contradicciones que se
expresaban en la realidad por paradojas: por ejemplo, el profesor no puede decir explícitamente de
antemano lo que el alumno tendrá que hacer frente a un problema, sin quitarle, al hacerlo, la posibilidad de
manifestar o de adquirir el conocimiento correspondiente. El profesor no puede comprometerse a “hacer
comprender” un conocimiento, y aún menos a hacer que se produzca: nadie sabe como “se hacen”
matemáticas nuevas, y menos aún cómo se puede “hacer hacerlas” de manera certera. De manera que la
relación didáctica no puede dar lugar formalmente a un contrato; las cláusulas no pueden escribirse; las
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BROUSSEAU, G. Educación y Didáctica de las matemáticas
En: Educación Matemática (en prensa). México, Nov. 1999.
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sanciones en caso de ruptura no pueden ser previstas, etc. Sin embargo, la ilusión de que hay un contrato
es indispensable para que la relación se dé y, eventualmente, tenga éxito. Cada uno, el maestro y el
alumno, se hacen una idea de lo que el otro espera de él y de lo que cada uno piensa de lo que el otro
piensa... y esta idea crea las posibilidades de intervención, de devolución de la parte a-didáctica de las
situaciones y de la institucionalización. Esta ilusión permite la ficción de que el profesor enseña un saber
definitivo preparando las adquisiciones posteriores sin tropiezos. La teoría de las situaciones muestra que la
situación didáctica no puede depender del mismo tipo de modelo que las situaciones no didácticas (de uso
didáctico) del alumno. El contrato didáctico existe por lo tanto como una ficción necesaria. El juego entre
situaciones reales y situaciones ficticias también es indispensable.
Detengamos aquí esta evocación de las consecuencias del acercamiento teórico a las cuestiones de la
enseñanza a través del análisis de las enseñanzas de las matemáticas. Varios se sentirán posiblemente
sorprendidos del hecho de que no infiero de dicho acercamiento ningún precepto universal y general, ningún
consejo, ninguna instrucción. Los estudios concretos de la teoría de las situaciones indican en qué
condiciones precisas la enseñanza de tal noción es posible y bajo qué forma, e indica asimismo que esas
condiciones nunca son extremas. La conclusión es casi siempre la siguiente: las intervenciones didácticas
son regulaciones destinadas a mantener equilibrios, más que a producir directamente efectos, y esas
regulaciones son específicas de la noción matemática.
La epistemología de los profesores
Con la Teoría de las Situaciones se admite que los conocimientos que se desarrollan en una institución
constituyen adaptaciones “legítimas”, a priori diferentes de aquellas que se desarrollan en otras instituciones
en circunstancias diferentes. La cuestión es entonces saber si las instituciones de enseñanza desarrollan,
por necesidad profesional, conocimientos originales relativos a la adquisición de los conocimientos, a su
papel, a su estatuto, etc. ¿Son estos conocimientos verdaderamente diferentes de aquellos que proponen
las diversas instituciones científicas relativas a la psicología, la sociología, la epistemología..., los cuales a
su vez son diferentes de aquellos que se utilizan en la vida diaria?
Un ejemplo trivial: los profesores utilizan frecuentemente el término de “distracción” o “tontería” como una
manera de calificar una respuesta y de caracterizar a un alumno. Una “tontería” es una respuesta inexacta a
una pregunta para la cual la cultura oficial de la clase propone una respuesta no solamente fácil, sino
familiar, indigna de un nuevo trabajo didáctico. Permite al profesor eludir toda una acción didáctica. No
conozco a la “tontería” como elemento de un diagnóstico médico.... es un elemento de la psicología
(espontánea) de los maestros, pero no constituye una relación personal con el saber.
Un ejemplo menos trivial: ¿la producción “inteligente” de respuestas por parte de los alumnos debe acaso
seguir el esquema de una demostración culturalmente correcta? Los profesores no piensan que esto sea
necesariamente así, y en sus prácticas siguen otros caminos. Pueden por ejemplo, comportarse como finos
psicólogos cognitivos, interpretando las profundidades del pensamiento original de un alumno, respondiendo
a éste y rectificándolo con una gran habilidad retórica. Pero está en juego aquí el ejercicio de los
conocimientos personales del profesor que no tienen lugar legítimo entre los conocimientos oficiales.
Concretamente, el profesor no puede transformar su clase en un laboratorio de psicología. Las divagaciones
de un alumno no siempre son virtudes didácticas para los otros, muy al contrario... El profesor está por lo
tanto obligado a practicar y a profesar un modelo de pensamiento “oficial” calcado sobre aquello que la
cultura declara inteligible y expresable, con la única tolerancia que ofrece la transposición didáctica. El
querer confundir la organización del saber con las leyes de su producción es, manifiestamente, un error,
pero es la consecuencia indispensable del contrato didáctico: el profesor no puede rectificar todas las
trayectorias personales ni siquiera las trayectorias colectivas si se separan demasiado de la organización
final de los saberes. Sería demasiado costoso y técnicamente imposible... de donde se deriva la siguiente
conclusión: una epistemología calcada sobre “la organización actual de los saberes”.
Así, en su práctica, en su vocabulario, en sus exigencias, etc., el profesor pone en juego “conceptos” o
“leyes” cuyo objetivo es permitir la acción del alumno y justificar las decisiones del profesor. “¿Cómo
buscar?”, “¿Qué es buscar?”, “¿Cómo aprender?”, “¿Cómo comprender?”, etc., son preguntas que el
alumno y el maestro de la enseñanza secundaria se plantean y que responden implícitamente a través de
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BROUSSEAU, G. Educación y Didáctica de las matemáticas
En: Educación Matemática (en prensa). México, Nov. 1999.
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su práctica, manifestando así una especie de epistemología espontánea y funcional, pero falsa. Esta
epistemología se acompaña de toda una mitología de metáforas y de símbolos, etc., aunque el conjunto
constituye un sistema praxeológico20 aceptable desde el punto de vista ergonómico21.
Por ejemplo: en principio, en la matemática profesional, sólo cuenta la validez del resultado. Fuera del rigor,
todas las otras consideraciones sobre el modo de prueba son subalternas: la longitud, la complejidad, el
carácter clarificador, la elegancia, la claridad del estilo, lo heurístico natural... razonamiento sutil o fastidiosa
enumeración exhaustiva de casos, intuición genial o azar inesperado, basta mostrar que la solución
resuelve el problema, sin discusión. Pero un alumno principiante que actúa de esta manera y que por
ejemplo produce las raíces de una ecuación “ensayando 1, -1, i, -i, porque esto funciona seguido” no tiene
ninguna posibilidad de ver legitimada su solución (en adelante se le concederá cierto derecho de ver
directamente este tipo de solución)22. Una solución que se intuye y que milagrosamente satisface las
condiciones dadas, no tiene valor en la epistemología de los profesores, y bien poco en los exámenes...
porque no tiene ninguna función didáctica positiva (esto explica que los profesores y por lo tanto los
alumnos rechacen utilizar las conclusiones para buscar los valores correctos que pueden insertarse en el
curso de la demostración, o rechacen desandar el camino de las igualdades recorriéndolas de derecha a
izquierda, etc.). Así, las condiciones de producción de un resultado matemático son muy diferentes y son
tratadas con mucho más vigilancia e intencionalidad en situación didáctica.
El hecho de reconocer que la creencia epistemológica de los profesores se origina en la necesidad de
satisfacer las necesidades de su profesión no es un juicio de valor. Puede ser una verdad o un error
epistemológico y en los dos casos ser igualmente útil y necesario, pero es importante no confundir ni los
objetos ni las funciones.
La Teoría de las Situaciones estudia el funcionamiento efectivo de los sistemas. Existen “creencias”
epistemológicas, de origen cultural, histórico, científico, etc. Éstas tienen una función, una justificación.
Pueden ser correctas o falsas, y adaptadas o inadaptadas ¡independientemente! Aquello que facilita la
relación didáctica “local” no siempre queda sin consecuencias posteriores.
El término “epistemología” abarca un campo más amplio que la concepción de la génesis y del sentido de
los saberes, aunque ésta es la parte más importante para las relaciones del enseñante con la sociedad
sabia.
La forma en que un profesor específico piensa poder producir una génesis didáctica de los saberes que
quiere enseñar en su clase, debe estar controlada por un repertorio de conocimientos explícitos o implícitos
de naturaleza epistemológica. Este repertorio podría identificarse quizás como “la epistemología de tal
profesor, para tal noción, en tal clase”... pero se tendría aquí una especificación difícil de observar y de
manejar. Lo que es observable es el producto, el registro de sus elecciones y de sus decisiones. Querer
inferir de ese registro un repertorio epistemológico privado es azaroso excepto para aspectos bastante
singulares. Además, lo que es particular de un profesor no es muy interesante para la didáctica, en donde
son prioritarios los fenómenos colectivos o estocásticos.
Es mucho más importante y fácilmente verificable en tanto hecho didáctico lo que es inteligible y puede
justificarse por un “interés profesional” universal, científicamente verdadero o falso, que aquello que es
singular o explicable por circunstancias no didácticas.
Sería interesante establecer un inventario de las creencias que conforman la epistemología de los
profesores y que se justifican por las necesidades de su tarea. Pero la dificultad principal reside en que
todos los matemáticos practican la didáctica. Por consiguiente, fuera de su campo de investigación,
comparten las concepciones didácticas de los profesores. Por lo tanto no es fácil distinguir una creencia
20
Y. CHEVALLARD, 1992
21
Considera las fuerzas y los esfuerzos de los participantes.
22
Sin embargo, durante trescientos años, los Gauss, Germain y otros no tuvieron pena de “demostrar” la
conjutura de FERMAT sobre porciones despreciables de N, a pesar de que estos resultados no tuvieran
ningún valor como argumentos para la conjetura general. El argumento era que cada demostración era
verdadera, y que se le creía útil para “buscar métodos”.
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BROUSSEAU, G. Educación y Didáctica de las matemáticas
En: Educación Matemática (en prensa). México, Nov. 1999.
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23
N. MILHAUD (1983) Memoire de DEA Bordeaux 1.
20
BROUSSEAU, G. Educación y Didáctica de las matemáticas
En: Educación Matemática (en prensa). México, Nov. 1999.
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Y que dará la raíz latina “disc” aprender
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BROUSSEAU, G. Educación y Didáctica de las matemáticas
En: Educación Matemática (en prensa). México, Nov. 1999.
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comienza con el estudio y la construcción de modelos de situaciones didácticas características de tal o cual
saber específico.
No sabría decir si la Teoría de las Situaciones, o uno de sus avatares, está en condiciones de proporcionar
a la didáctica de las matemáticas el esqueleto teórico y experimental susceptible de hacer de ella una
ciencia en forma, espero que sí. Dicha teoría se presenta como un acercamiento científico al conjunto de
problemas que plantea la difusión de las matemáticas, y en el cual la especificidad de los conocimientos
enseñados está implicada y juega un papel significativo.
Didáctica de las ciencias
No se le habrá escapado al escucha atento, si es que todavía los hay después de una exposición tan larga,
que la puesta en situación de conocimientos matemáticos renueva su presentación para los alumnos. La
funcionalidad de los conocimientos pone en evidencia su utilidad, su papel con respecto a un medio.
Reubica el papel de la teorización matemática en la perspectiva de sus aplicaciones.
Por otro lado, el análisis de las transposiciones puede proporcionar un marco experimental al problema de la
adaptación de las matemáticas a la formación de sujetos de diferentes instituciones. ¿Hay que enseñar la
teoría de las distribuciones en tal escuela para ingenieros o es posible contentarse con una estructura
menos poderosa pero más fácil de dominar por los alumnos en el tiempo de que disponen? La pregunta no
depende de debates ideológicos sino de construcciones de modelos, de mediciones, de cálculos y de
experiencias.
25
Littré 1872: Didáctica: que pertenece a una ciencia (2ª acepción)
26
Ver G. BROUSSEAU (1981)
22
BROUSSEAU, G. Educación y Didáctica de las matemáticas
En: Educación Matemática (en prensa). México, Nov. 1999.
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• Acerca de los alumnos, de sus comportamientos, de sus aprendizajes, de sus resultados en las
condiciones específicas de la enseñanza.
• Acerca de los fenómenos de didáctica a los que alumnos y profesores se ven confrontados con
todos los participantes en la comunicación de lo saberes.
En otro orden de cosas, la didáctica puede, a la larga, ayudar al profesor a modificar su estatuto, su
formación y sus relaciones con la sociedad:
• Actuando directamente sobre el estatuto de los conocimientos que utiliza, los cuales pasan de ser
un arte, a ser técnicas que se apoyan en un campo científico.
• Actuando sobre los conocimientos de sus colegas profesionales, sobre los de los padres de familia
y sobre los del público.
• Desarrollando mayores posibilidades para los ciudadanos en general de utilizar la enseñanza de
manera más satisfactoria.
• Dando mayores posibilidades a los poderes públicos o privados de gestionar la enseñanza a través
de medios más apropiados.
Cuando la didáctica explica las causas reales de una dificultad de enseñanza a través de un fenómeno o de
una ley, alivia a los profesores de una parte de la sospecha, ilegítima, de incompetencia que pesa sobre
ellos. Pero en contrapartida, la didáctica precisa sus responsabilidades y proporciona medios de regulación
de su trabajo que pueden ser sentidos como restrictivos. Esto ocurre especialmente cuando la didáctica
hace eco y promueve prescripciones que se infieren directamente y sin análisis de los resultados obtenidos
en otras disciplinas, o cuando retoma sin un análisis serio los juicios de tal o cual organismo o grupo de
presión. La enseñanza es el último refugio de todos los fantasmas colectivos o individuales, el último campo
cerrado en el que pueden enfrentarse, con la mejor fe, todas las ideologías. Para gestionar la enseñanza, la
sociedad le aplica arbitrariamente modelos inadecuados: el consumismo, el productivismo industrial, el
utopismo político o religioso, el cientificismo... En estas condiciones, los profesores, sobrecargados de
obligaciones incompatibles, de prescripciones inaplicables, de representaciones exóticas, pierden su
capacidad de controlar los parámetros fundamentales de su acción, cuando no aprovechan la circunstancia
para descargarse de aquello que a ellos compete asegurar y que desaparece de la atención general.
Examinemos por un momento la ideología de la “innovación” que en mi país y en otros campeó durante
mucho tiempo. Una innovación interesa a cierto número de profesores porque los interroga acerca de sus
prácticas y los ayuda a luchar contra la obsolescencia. Interesa a todos aquellos que giran en torno de la
enseñanza: formadores, editores, responsables diversos, debido a que nutre su discurso y justifica su
intervención. Interesa a todos aquellos que quieren dar a entender, por algún motivo, que la enseñanza está
inadaptada, etc. Sin embargo, al hacer de lo novedoso el criterio esencial para valorar las acciones
propuestas, se destruyen las posibilidades de éxito de las mismas, y se muestra al mismo tiempo que no es
al mejoramiento de la enseñanza a lo que se aspira. Efectivamente, lo propio de una innovación es
descalificar una práctica antigua para reemplazarla por otra, y no para corregirla. Se tiene la ilusión
empirista de que entre las cien flores de la innovación, los profesores recogerán las más adaptadas. Pero
una innovación ahuyenta a otra, critica a la precedente, pero no la regula. Ciertos conocimientos dejan de
poder ser enseñados y desaparecen, pero no porque se haya decidido que ya no son útiles, sino porque las
cascadas de innovaciones hicieron desaparecer los ecosistemas que les permitían existir como objetos de
enseñanza. Las modas pasan o regresan sin verdaderos progresos. La ideología de la innovación aniquila a
la innovación.
Lo anterior no quiere decir que el conservadurismo didáctico no presente otros inconvenientes igualmente
cuestionables.
Interés para la formación de maestros
Al proporcionar a los profesores una ciencia integradora y una memoria propia, la didáctica permite la
creación de una cultura común así como consideración de la experiencia adquirida y de los resultados de la
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En: Educación Matemática (en prensa). México, Nov. 1999.
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En: Educación Matemática (en prensa). México, Nov. 1999.
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de especialista que necesitará. Un alumno no aprende matemáticas sólo por sus necesidades, sino también
para ofrecer a la sociedad una oportunidad de encontrar, en un momento dado, tanto a los matemáticos
como a los modestos usuarios de las matemáticas que ésta necesitará.
Interés para la ciencia misma
Mejorar la producción de conocimientos científicos sin perder el control de su validez constituye una
preocupación para la comunidad, y particularmente para los matemáticos. Para que la comunicación y la
reestructuración de saberes pueda desarrollarse, es necesario que estas dos actividades entren en el
proceso social científico de evaluación. La didáctica tendría la vocación de ser el medio para este ingreso si
resolviera algunos problemas teóricos que se le plantean...
Desde el momento en que tenemos que ver con la organización de los saberes, es con sus productores con
quienes hay que discutir. Por lo tanto, es en el seno de la comunidad científica, en donde los didactas y los
profesores debemos ganar la legitimidad para reorganizar los saberes enseñables. De hecho, estas
reorganizaciones forman parte integrante de la actividad científica. Muy frecuentemente se olvida que esta
limpia y reorganización impuestas por la comunicación y por la enseñanza de las ciencias, son necesarias y
contribuyen fuertemente a su evolución.
Este punto explica porqué la didáctica de una disciplina científica debe ponerse bajo la responsabilidad de
dicha disciplina, aún si puede ser el objeto de trabajo de didactas de origen científico diverso.
La gran dificultad de esta función de la didáctica es que pretende enseñar a los profesionales de la
investigación un arte que ellos practican inconscientemente en su trabajo y de una manera que los
satisface. La didáctica pretende hacerlo además apoyándose en una ciencia que dichos profesionales
naturalmente consideran evidente o extraña, y por lo tanto inútil.
Interés para el conjunto de la sociedad
Es en la ciencia, y más precozmente en las matemáticas, en donde los alumnos pueden aprender cómo
establecer y cómo gestionar la verdad científica en una sociedad democrática. Los medios para realizar este
proyecto no son fáciles de inventar ni de poner en marcha, pero es aún más difícil introducir este proyecto y
sus consecuencias en la cultura. Sin embargo, únicamente la penetración de la didáctica en la cultura
permitirá mejorar le gestión política de la difusión de los saberes y volver más democrático su uso y su
creación.
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BROUSSEAU, G. Educación y Didáctica de las matemáticas
En: Educación Matemática (en prensa). México, Nov. 1999.
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En: Educación Matemática (en prensa). México, Nov. 1999.
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aunque sea sólo debido a que unos y otros tendrán una motivación diferente. La segunda generación de
doctores, cualquiera que sea su valor, estará más alejada de las matemáticas.
Con esta organización, los matemáticos se mantienen fuera del ámbito de la enseñanza y de la formación
hasta el día en que una cábala los eche a andar y haga caer sobre el gremio de maestros una parvada de
anatemas en nombre de la ciencia.
¿Entonces? ¿Acaso hay que retomar en cada generación el mismo dispositivo inicial y dejar la formación de
profesores, una y otra vez, a cargo de personas que, aunque formadas en otras áreas, son eternos
principiantes en didáctica?. Creo que es necesario integrar en las universidades científicas opciones
didácticas bajo la responsabilidad de cada sector científico. Así se forman los matemáticos didactas,
responsables actuales o futuros de la formación “matemática y didáctica” de los profesores. En Francia en
donde se ha intentado esta solución desde hace treinta años, algunos universitarios han mostrado fuerte
rechazo por la misma. Sin embargo parece que este rechazo está motivado más bien por cuestiones de
interés y de comodidad. Es normal querer utilizar a los matemáticos que ya terminaron su fase de
producción matemática o que la aminoraron en la enseñanza, y en particular en la enseñanza de los futuros
maestros. A los matemáticos les es fácil, por lo menos en Francia, exigir la responsabilidad total de esta
formación, declararse competentes de facto para esta tarea y hacer que en los concursos administrativos
para reclutar profesores se elimine del examen cualquier otra competencia que no sea matemática. Esto es
en todo caso más fácil para ellos que ponerse aprender “oficialmente” los conocimientos y los saberes
necesarios, lo cual sin embargo es tan normal en otras profesiones.
¿La investigación en didáctica y la formación de profesores deberían entonces estar reservadas para los
matemáticos? ¡Sería absurdo! la mayor parte de las investigaciones se realizan bajo la responsabilidad de la
ciencias de la educación. En cualquier lugar en el que esta rama asume una participación institucional en la
formación, estas investigaciones adquieren un valor evidente para la enseñanza.
Es necesario desarrollar en las universidades, dedicadas a la formación de profesores o generales, equipos
de enseñanza y laboratorios de investigación mixtos, abiertos a investigadores de origen diverso, dispuestos
a participar en los debates científicos con argumentos verificables por otros. Esto se hace con frecuencia,
pero en este caso, la principal dificultad es encontrar los medios conceptuales para regular estas
disposiciones y estas competencias dispares. Los conceptos “migrantes”, las ideas brillantes pero
superficiales, las ideologías supradisciplinarias, las novedades tienen entonces toda la posibilidad de
arrasar con el estudio de dificultades más familiares mediante conceptos complejos.
Es en estas condiciones que aparece la necesidad de teorías fuertes.
5. Conclusiones
Más de tres mil años después de la invención del comercio, a la economía -ciencia de las condiciones de la
difusión de los bienes materiales que los hombres- le tomó doscientos cincuenta años empezar a salir de su
existencia fantasmal y está aún lejos de proponer soluciones satisfactorias.
Para educar a los poco más de dos mil millones de no adultos debe haber en el mundo alrededor de
cincuenta millones de personas que se ocupan profesionalmente de su enseñanza y de su educación junto
con unos cuatro mil millones de padres de familia... El número de creadores y de difusores de las ciencias y
de las técnicas es probablemente muy inferior a un millón de personas. Si el objetivo de la didáctica es
importante, su fuente no lo es menos.
Sin embargo el estudio científico de los fenómenos de la difusión de los saberes científicos, por su parte, no
cuenta más que con un número muy restringido de investigadores dispersos en instituciones diferentes, a
veces concurrentes, esparcidas en caminos de investigación divergentes. La debilidad de los medios de
elaboración y de difusión de los conocimientos didácticos es manifiesta.
No obstante, a pesar de ciertos vientos actuales que a veces soplan en la dirección contraria, la didáctica de
las matemáticas no arrancó tan mal y progresa. Estoy convencido que entrará progresivamente en las
prácticas científicas y sociales, y que va a contribuir a mejorar la educación de todos los niños.
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En: Educación Matemática (en prensa). México, Nov. 1999.
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Bibliografía
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