Paisios 473
Paisios 473
Starez (starez, signi ca – anciano, maestro espiritual) Paisio, así se llamaba Arsenio Eznepidis, antes de
ser tonsurado monje nació el 25 de julio de 1924, en el día de santa Ana en Tarassas de Capadocia, en
Asia Menor. Su padre se llamaba Pródromos. Era el inten dente de Tarassas. Lo caracterizaba el amor, la
veneración a san Arsenio Jadgiefendi y el patriotismo, por lo cual su vida estuvo varias veces en peligro
por causa de los salvajes salteadores turcos, que eran la única amenaza de los tarassiotas. Teniendo gran
veneración a san Arsenio, cualquier milagro que veía o escuchaba anotaba en un cuaderno como ayuda
El 7 de agosto de 1924, una semana antes de la partida de los tarassiotas a Grecia, San Arsenio de
Capadocia bautizó a todos lo niños que no estaban bautizados. Pródromos Eznepidis trajo a su hijo
(futuro Starez) para que lo bautice San Arsenio de Capadocia. Comenzó el Sacra mento, y en el
momento de dar el nombre al niño, Pródromos, según la tradición, mencionó el nombre del abuelo,
"Cristo." El padre Arsenio no estuvo de acuerdo, ya que deseaba dar a ese niño su nombre. Por eso dijo a
los padres: "Esta bien, voso tros queréis poner al niño sobre las rodillas del abuelo, pero yo quiero dejar
después de mi a un monje." Dirigiéndose a la madrina, dijo: "¡Llámalo Arsenio!"
Sa
San Arsenio, por el don de su clarividencia, preveía la vocación del niño, que desde el seno de su madre
era destinado a ser elegido como recipiente del espiritu Santo
Cinco semanas después del bautismo del pequeño Arsenio, el 14 de septiembre de 1924, en el día de la
honorable y vivi cante Cruz, tras muchas di cultades, la nave con los prófugos se acercó al
desembarcadero griego — "san Jorge del Pireo." Tuvieron que esperar 3 semanas
San Arsenio, según su profecía, vivió 40 días en esta isla, y el 10 de noviembre de 1924, a la edad de 83
años, murió, dejando un digno heredero de los bienes espirituales —
En broma le recomendaban que se frote las mejillas, para que la barba creciera mas rápido, lo que él
hacia continuamente.
También le gustaba ir al bosque para orar, él tenía una cruz, que el mismo hizo.
En Koniza él terminó la escuela primaria, y recibió el certi cado con una cali cación de "8" puntos de
promedio y un sobresaliente en conducta. Antes del servicio militar, Arsenio trabajó como carpintero,
como nuestro Señor durante Su permanencia en la tierra. Un ejemplo, que caracteriza su alma
bondadosa, es que, siendo carpintero, si le tocaba hacer un ataúd, lo hacia gratis, compadeciendo a la
familia del hermano difunto.
En 1945 Arsenio fue llamado a las las. Allí se destacó por su valor y probidad. Siempre pedía ser
enviado a los lugares más peligrosos, pre riendo él, encontrarse en peligro en lugar de otra persona.
Muchas veces ocupaba el lugar de los casados y con hijos, y mandándolos para atrás, les decía: "Tienen
esposa y niños que los esperan, en cambio, yo, soy libre." (Sin embargo, los casados también discutían
entre si para ocupar la primera línea).
Muchas veces sufrió el peligro de muerte por salvar a otro soldado compañero. Durante la mayor parte
del servicio militar fue radista. Recibió el atestado del ejército en 1949, con la valoración "excelente."
Después del servicio militar, Arsenio se fue al Monte Santo, ya que había decidido llevar ahí una vida
monástica. Vivió algunos meses en el Jardín de la Madre de Dios, pero lo morti ca ba el pensamiento
de que sus hermanas no estaban aun acomodadas. Así, decidió regresar por un tiempo al mundo.
Después de un año, en 1950, de nuevo llegó al Monte Athos. La primera noche fue recibido con
hospitalidad en la celda del monasterio de san Juan el Teólogo, que se encuentra al lado de Karea.
bendito confesor P- Cirilo en Pantaleón, que vivía ahí en la celda de la In troducción de la Virgen. Al p.
Cirilo lo obligaron ser el prior del monasterio "Kutlumuch." El reposó con Dios en 1968).
El joven Arsenio recibió muchos bene cios, viviendo con el P-Cirilo, el cual ayunaba mucho y hacia
vigilias. Arsenio deseaba ardientemente quedarse con el p. Cirilo para siempre, pero como el decía —
ciertas personas no le dieron permiso para la celda El. Padre Cirilo lo en vió entonces al monasterio
"Es gmeno," que se distinguía por el amor a los peregrinos y no había allí, en aquel tiempo tanta
envidia. A este monasterio él llegó en el año1950 y allí en el 1954 tomó los hábitos con el nombre de
Averkio.
Le gustaba estudiar la vida de los Santos, el Patericon y a Abba Isaac, del cual nunca se separaba, y
durante el sueño lo tenía bajo la almohada. Cuando el joven Averkio terminaba su debida obediencia,
no iba a descansar a la celda, sino que ayudaba a los otros hermanos a terminar sus trabajos, ya que no se
sentía capaz de descansar mientras los demás hermanos hacían los "trabajos de educación" hasta muy
tarde. Trataba siempre de ayudar a los débiles y enfermos. Amaba a todos los padres, no haciendo
diferencia, obedecía a todos humildemente, y se consideraba inferior a todos.
propia voluntad preguntaba todo a su confesor, orando a Dios para que lo ilumine al mismo, para
poder enseñar según la voluntad Divina.
Siempre tenia gran amor a la verdad, o sea, pensaba siempre en todas las bene cencias Divinas,
puso como única meta en el corazón — co rresponder, aunque en medida ín ma, a las bene cencias
Divinas.
El joven Averkio consideraba — a la Gracia Divina como la única causa de todo lo bueno, y de todo lo
malo (por profunda humildad) se ponía como causa a si mismo.
Por ejemplo, si veía un hermano caído en un pecado, o no arrepentido, o con falta de fe, decía en su
pensamiento: "La culpa de esto es mía, porque si yo hiciera todo lo que ordena Cristo, Dios escucharía
mis oraciones, y mi hermano no se encontraría en este estado, donde permanece a causa de mi
crueldad." Así pensaba él siempre y tomaba como propios los problemas de los hermanos, y
continuamente rezaba a Dios para que ayudara a todo el mundo sufriente (según su opinión) a causa
de su negligencia y pereza espiritual. Y Dios, que prometió escuchar a los humildes, siempre escuchaba
las oraciones de Averkio, que salían de la "chimenea" de su corazón ferviente con su piedad y humildad.
Le gustaba mucho a Averkio visitar a los bienaventurados maestros espirituales y padres, portadores del
Espíritu, para recibir su bendición y escuchar consejos espirituales. Todo lo que oía de estas "hermosas
ores" de la Madre de Dios, su alma pura e infantil recibía sin vacila ción ni duda alguna. Creía en ellas
con sencillez de corazón y nunca sometía los consejos a su propio juicio, para con rmar y luego aceptar,
sino que los recibía con plena fe, sabiendo que veri car lo espiritual, es tratar de tomar el aire con las
manos.
En la edad juvenil visitó a muchos padres, y como una abeja recogió el néctar espiritual para luego
producir miel espiritual, que alimentaría a muchos necesitados en sanar. En 1954 él tuvo que ir al santo
convento "Filofeo" y someterse al Starez Simeón. En el año 1956, el Padre (en griego se le dice papa al
padre) Simeón lo tonsuró con la pe queña "sjima" monacal con el nombre de Paisio, en honor al
metropolitano de Cesárea, Paisio II, con el cual eran oriundos de Tarassa de Capadocia.
En el convento "Filofeo", el Starez Paisio siguió con el mismo modo de vivir del monasterio
"Es gmeno," o sea, ejercía el amor al prójimo y ayudaba a los hermanos con todas sus fuerzas. Es
característico el siguiente hecho: uno de los hermanos cayó en un gran pecado y tenía vergüenza de
confesarse. En consecuencia se encerró en si mismo y, desesperado, tenia la idea del suicidio. El Starez,
que estaba al tanto, hizo lo siguiente: una vez, estando a solas, comenzó a contarle que él tenía diversos
pecados y entre estos nombró el pecado del hermano caído. Por desgracia, este hermano no tenia
pensamientos buenos, y al escuchar esto, no supo ayudarse a si mismo y dirigir su alma a la confesión,
— comenzó a correr la voz entre los monasterios sobre Paisio, que él no merecía respet o y amor y tenia
muchos pecados, y contaba palabra por palabra lo que le había dicho el Starez. Naturalmente, el Starez
no se justi có por ello. Pero, los padres comprendieron en esto un acto de plenitud de amor y ellos
mismos lo justi caron y lo elogiaron..
Diariamente él se preocupaba por puri car su alma. No pedía nada a Dios, ya que entendía bien, que el
Señor, a través del santo bautismo ya le había otorgado la gracia del Espíritu Divino, que lo representa
todo. Por eso no tenia envidia de los dones de otros padres, sabiendo que desde el santo bautismo los
tenía en su alma. No se ponía orgulloso por el hecho de estar seguro, que los tenía, y reconocía ¡que eran
los dones de la gracia Divina! Se preocupaba solamente como por medio del amor y la humildad hacer
activa en si mismo esta gracia del Espíritu Santo, y por ello trataba de puri car su alma.
Así puri caba su alma, en primer término, de todo vestigio de pensamiento malicioso y trataba de
tener solo buenos pensamientos. . Cualquiera podía notar con agrado, cómo, sin esfuerzo y por la
Gracia, que "no piensa lo malo" — uían de su alma (hasta en cir cunstancias adversas) pensamientos
benignos, y con esto cubría los errores y pecados de otros, tal como se ve en el s iguiente ejemplo:
En un monasterio un hermano decía algunas cosas que se consideraban como seducción. Los laicos que
lo escucharon se tentaron y una vez preguntaron al Padre Paisio: "en tal monasterio un hermano dice
tales y tales cosas. ¿Que pasa?"El Starez sin demora les contestó: Fíjense en si mismos y no condenen.
Este hermano es venerable, pero cuando en el monasterio hay visitas, simula ser "necio" para recibir la
recompensa Divina." Así los peregrinos se tranquilizaron. Encontrándose en el monasterio "Filofeo,"
porque iba al hermitario a lo del padre Cirilo le pidió consejos en distintas ocasiones. El padre Cirilo,
por la gracia de Dios, le ayudaba en todo, y a menudo resolvía los problemas del Starez, antes de que se
los hubiera contado. Siempre tenia el "aviso" de Dios, de que el Starez venia por consejo, y lo esperaba
con la respuesta ya lista
Hasta, a veces, le daba la respuesta subrayada en el texto de algún libro, y cuando venia el staretz, le
mostraba la respuesta, y él después de recibir la bendición se iba, habiendo recibido la utilidad y lleno
de alegría.
En 1966 el Starez se enfermó y fue internado muchos meses en el hospital "Papanicolau," donde le
sacaron gran parte de los pulmones.
La Providencia Divina hizo, que el Starez conociera a las hermanas del sagrado isijastirio de s. Juan el
Teólogo en Suroti (Suroti — un lugar pintoresco a unos 20 km. de Saloniki, Macedonia). En este
periodo (de la enfermedad del Starez en 1966) el sacerdote del templo de santa Sofía en Saloniki, p.
Policarpo Madzaroglu, supo de la enfermedad del Starez.
Al Starez lo internaron en el hospital para operarlo, y el p. Policarpo pidió a las hermanas espirituales,
que se encontraban bajo su dirección y se preparaban para ser monjas, para ayudar al Starez en todo lo
que necesite durante su permanencia en el hospital. Hacía falta donar mucha sangre, y las hermanas
dieron la cantidad necesaria, porque los parientes del Starez no estaban cerca ( por su voluntad).
Al convento "Stavronikita" el Starez llegó en el 1968. Allí ayudó mucho, tanto en su renovación, como
en la fundación espiritual de la hermandad.
En la celda de la Santa Cruz, no lejana de "Stavronikita," era confesor el padre-Tikhon (nacido en Rusia
en el año 1884). Tenía muchos dones espirituales y cumplía grandes hazañas monásticas. El padre Paisio
venia a menudo para pedirle consejos al p. Tikhon, y ayudaba en la Divina Liturgia como salmista.
Muchas veces el servicio se inte rrumpía porque el p. Tikhon entraba en trance de contemplación
espiritual, que podía durar hasta media hora. Veía como él confesaba (pedía, solicitaba, reconocía) a
Querubines y Sera nes, que glori caban a Dios. En este tiempo el p. Tikhon tonsuró al Starez en la
gran sjima angelical. 10 días antes de morir, el p. Tikhon pidi ó al Starez, que viniera a ayudarlo en sus
últimas horas. El Starez atendió al moribundo con gran auto sacri cio, ofreciendo toda la ayuda que
necesitaba. El p. Tikhon decía: "Tu Paisio y yo tenemos el precioso amor. Mi dulce Paisio, hijo mío,
vamos a tener el amor por los siglos de los siglos."
El problema serio con la salud del Starez comenzó en el 1969. Sufría una enfermedad respiratoria con
ebre alta, fuerte tos con secreciones, que lo debilitaron mucho. Los médicos pusieron un diagnostico
erróneo — la presencia de tuberculosis. Así el Starez necesariamente tuvo que tomar, muchos remedios
contra la tuberculosis, lo cual lo debilitó mucho por sus acciones colaterales.
Después de la operación y de tomar tantos antibióticos fuertes, se enfermó de falsa colitis con fuertes
dolores de abdomen, y como resultado, una particular sensibilidad a los alimentos: la mayoría de los
cuales le causaban desarreglos digestivos y dolores.
El Starez aprendió a hacer unas pequeñas imágenes metálicas, que el mismo cortaba. Estos iconos
(Cruci jos, la Virgen, san Arsenio de Capadocia) las distribuía como "bendición" entre los peregrinos.
Este trabajo le agregaba mas cansancio, sobre todo du rante la preparación, cuando hacia falta hacer
fuerte presión Con eso, el paulatinamente se enfermó seriamente de una hernia inguinal. También en
esta dolencia el Starez demostraba una gran paciencia. Se negaba a operarse, tratando sin resultado, de
tapar él mismo la brecha de la pared abdominal. Le dolía estar sentado y mas todavía el estar parado.
Recuerdo, que en este estado de salud, él, durante sus visitas al isijastrio de san Juan, estaba oblig ado a
estar parado durante muchas horas, mientras daba bendiciones a la gente. Se ponía pálido y sudaba de
Cerca del 1988 surgió otra di cultad en el intestino del Starez. Aparecieron fuertes diarreas, a pesar del
tratamiento. Los médicos le recetaron arroz, te europeo, etc., pero las diarreas no cesaron..
Entonces el Starez sospechó, que algo de lo que usaba todos los días, le hacia mal, probablemente el
agua. Fue a inspeccionar la fuente de agua, la que sacaba con una manguera .El Starez observó que la
fuente de agua estaba muy sucia. Cuando la limpió, las diarreas cesaron.
Un tiempo después apareció una leve hemorragia en el recto, la cual aumentaba y se hacia mas
frecuente. A pesar de las indicaciones de los médicos, él no quería hacerse los estudios. Los médicos por
no tener esos estudios, suponían que era colitis, o hemo rroides, o un tumor canceroso. Proponían
diversas cosas y daban diferentes consejos, a los cuales el Starez no hacia caso, ya que sabia por
experiencia, que todos los remedios tenían efectos se cundarios. El decía: no desprecio los remedios,
pero no los tomo, porque con los remedios tapamos un ag u jero y abrimos otro, así nunca se termina el
problema..
Cuando yo estaba en el monasterio, cumpliendo labores de paramédico, una vez le dije al Starez:
Geronta, (así los eles griegos se dirigian al Starez) le traje vitaminas y hierro, que le van a ayudar a
levantar un poco el nivel de la hemoglobina.
Pero él contestó: Creo, que el hierro es inútil para mi. El p. Teoclito que está construyendo un
monasterio, está juntando todo el hierro; déjaselo para él. Pre ero el acero para mí! — y trajo un vaso de
agua, puso una tableta efervescente de vitaminas y sonriendo me dijo: — todo se pasará cuando esté
debajo de la tierra! — acercando el vaso a mi a la manera de brindis, agregó: ¡vamos, padre, por un buen
reposo!
Viéndolo en tal estado, me arrodillé delante de él y le rogué ir a Salónica para que los médicos le
Escúchame, padre mío, este estado ayuda mucho a la vida espiritual, por eso no es conveniente evitarlo
Estas son las causas por las cuales yo no quiero salir para hacer los análisis:
6. Ahora todo el mundo sufre de tres cosas: cáncer, enfermedades síquicas y divorcios. Cada
semana recibo muchas cartas donde me escriben sobre estos problemas. Desórdenes síquicos
serios no tengo, — decía él sonriendo, — tampoco ten go algo que ver con divorcios y
distribución de bienes, entonces... por lo menos tengo cáncer, para que el mundo se consuele.
Esta mal, cuando todo el mundo sufre, y hay alguien, que no tiene nada. En cambio ahora,
gracias a Dios, todo esta bien;
7. ¡Dios se conmueve!, cuando alguien tiene cáncer o grandes problemas, y a pesar de ello no se
preocupa por si mismo, sino que ruega a Dios por los otros. Así, en todo caso, el hombre
tiene la oportunidad de decir a Cristo: "He aquí, yo no me intereso por mi mismo y no pido
nada, pero Te ruego ayudes a los otros." Y Dios ayuda. Por eso, padre mío, no te preocupes
En este mismo periodo de la Gran Cuaresma del 1993, teniendo frecuentes hemorragias, su
hemoglobina estaba muy baja y se desmayaba con frecuencia... A menudo perdía el conocimiento en
cualquier lugar donde estuviera parado. Pero no se desanimaba. A la enfermedad le contraponía mucha
paciencia, resistencia y valentía. En la mitad del mes de abril lo operaron para reconstruir el recto.
Después de unos días la tomografía demos tró que las metástasis se extendieron al hígado y a los
pulmones.
Los médicos avisaron que el pronóstico era malo y que viviría como mucho cuatro meses. Escuchando
esto, el Starez dijo sonriendo: "¿Bien, no será antes? ¿Tengo que esperar tantos meses?"
El Starez decidió rmemente volver al Monte Santo y el día 13 de junio, preparó todo para ello, pero le
subió la ebre con el ajetreo, y tuvo que posponer el viaje. El estado de su salud empeoraba
continuamente. Los médicos avisaron que le quedaban 2-3 se manas de vida .El Starez dejó de recibir
visitantes y empezó a prepararse para el gran viaje. El 9 de julio recibió a un obispo y le pidió que leyera
por él una oración.
El 11 de julio, el día de santa Eu mia, el Starez comulgó por última vez, de rodillas al lado de la cama.
Las últimas 24 horas estuvo muy tranquilo, aunque sufría mucho, pero con resigna ción aguantaba
Desde la noche del lunes al martes (11 al 12 de julio) fue un martirio para el Starez. Comenzaron a
enfriársele las extremidades y tornársele cianóticas, le faltaba la respiración, pero el corazón todavía
trabajaba bien. A la mañana siguiente bajó la presión arte rial y su respiración se hizo más lenta. Se hizo
claro que el nal se acercaba. Vinieron las hermanas del convento para recibir la última bendición. El
martes, 12 de julio entregó su alma beata, humildemente, con tranquilidad al Señor, a Quien amaba y
servia desde su juventud.
El Starez fue sepultado en el monasterio de San Juan El Teólogo en Suroti de Solun. Algunos se
preguntaron porque el Starez se quedó a morir allí, y no fue sepultado en el Monte Santo.
Mencionamos aquí algunas enseñanzas y relatos del p. Paisio, porque pueden ser útiles a la gente laica,
que vive en el mundo. Estas lecciones renuevan y forman en las almas el fuego espiritual, casi
evaporado en nuestros días. Por todas partes reina el espíritu mundano y de alboroto.
El Starez enseñaba:
Tu meta que sea la puri cación del alma y la total sumisión de la mente a la gracia Divina. Para esto,
siempre ora, aprende, y humildemente recita la oración de Cristo, teniendo presen te, que tú tienes una
necesidad absoluta de la misericordia Divina.
Si actúas así, a su debido tiempo llegará la gracia de Cristo. Solo, que para que llegue, hay que de alguna
manera "demostrarle" a Cristo nuestro amor y humildad, ya que solo con eso El otorga Su gracia.
Además es necesario que el transmisor y el receptor (o sea, Cristo y nuestra alma) tengan una misma
frecuencia: lo que dice Cristo, hagámoslo nosotros y lo que pedimos a Cristo, que lo haga El. Hay que
tratar de semejarse a El en nuestros pensamientos y actos. Sin esto en vano se quemaran las baterías de
nuestro receptor (o sea, serán inútiles las genu exiones, rosarios, ayunos, etc.).
Para que se te ilumine el alma lee todos los días el Nuevo Testamento.
Tu palabra "Si", que sea "si," y lo que "No," que sea "no."
Preocúpate siempre por hacer el bien a tu prójimo, y no a ti mismo.
A la pregunta, que es la verdad Divina, el Starez contestó con los siguientes ejemplos.
"Digámos, dos personas están a la mesa, comiendo. Tienen adelante un plato con diez damascos. Si uno
de los comensales por gula come siete y deja al otro tres, es injusticia. Si él dice: mira, somos dos, hay
diez damascos. A cada uno le corresponden cinco. Comerá cinco, y los otros cinco los dejará para el otro
— actuará en forma justa, o sea, según la verdad humana. Para defender sus derechos humanos, la gente
muchas veces toma abogados y juzga a otros.
En cambio, si el hombre ve, que al otro le gustan los damascos y, simulando que no le gustan a él,
comerá uno o dos, y dirá al amigo: "Hermano, come los restantes, ya que no me gustan demasiado," —
en este caso él actuará según la verdad Divina. En el plano de las relaciones humanas, él,
voluntariamente, sufrió una perdida, resultó como menoscabado,. pero por su amor y generoso
sacri cio será recom pensado y recibirá en exceso, en abundancia, la gracia Divina.
Voy a relatar otro ejemplo para mejor comprensión de lo que es la verdad Divina. Supongamos, que
viene un hermano y me dice: "¡Geronta, esta celda es mía! Por eso levántate rápi do y ándate. Busca un
lugar donde quieras, — necesito esta celda." Entonces, si me guío por la verdad Divina, estaré de
acuerdo con él, y hasta humildemente le agradeceré el haberme permitido vivir un tiempo en su celda.
En cambio, si voy a actuar según la verdad humana, no accederé a sus exigencias, comenzaré a discutir
con él, enojarme e insultar, hasta que demuestre en un juicio que tengo razón y que la celda era mía.
Un cristiano verdadero no debe ni juzgar, ni enojarse, ni litigar con otros, hasta si estos le quitan su
vestimenta. Ya que existe solo una diferencia entre verdaderos cristianos y los no creyentes: los
cristianos siguen la ley de la verdad Divina, que es humilde y que cede, mientras que los no creyentes
Nuestro Señor Jesucristo fue el primero que realizó la verdad Divina. Cuando Lo acusaban, no se
justi caba y cuando Le escupían, no protestaba, cuando Lo martirizaban, no amenazaba, todo lo
aguantaba con paciencia, calladamente. El no se defendió cuando le quitaron Sus vestidos y Lo
colgaron sin ropas en la cruz — para el oprobio ante la muchedumbre. Y en este ejemplo de humildad,
lo mas instructivo para nosotros se muestra en que El, no solo buscaba la defensa de la ley, sino
justi caba a Sus perseguidores ante Su Padre Celestial y oraba por ellos: "Padre, perdónalos, porque no
saben lo que hacen" (Luc. 23:34).
Para vergüenza nuestra, no tomamos el ejemplo de nuestro Salvador, Dios encarnado, y no cesamos de
juzgar a otros y también a discutir por cualquier pequeñez. El re sultado es, que nuestra "verdad"
humana lleva a un gran error. Y lo que a rman algunos, que es erróneo permitir a los sinvergüenzas
desfalcar nuestra propiedad, — no es otra cosa que un pretexto cómodo para poner su propio bien por
encima del bien del prójimo. Si nosotros, dejando de lado la oración y la puri cación del corazón,
comenzamos a camorrear con la gente, llevarla a los tribunales, se verá claramente, que hacemos que los
objetos de la vida sean mas importantes, que nuestra propia salvación. Y lo que es mas horrible todavía,
— los ponemos por encima del mismo mandamiento de Cristo (Luc. 6:26-29).
Concluyendo su explicación, el Starez dijo :así como el heno y el fuego no pueden estar juntos, así no se
pueden encontrar al mismo tiempo en el alma las dos verdades distintas: la Divina y la humana. El que
cree en la verdad Divina, no se ofusca cuando lo ofenden y no busca justi cación en caso que fuera
condenado, sino que recibe las falsas acusaciones, como si fueran verdaderas, no se preocupa de
convencer a los calumniadores, sino todavía le pide perdón.
El relato de un peregrino.
Nuestra familia en Grecia vivía pobremente. Nuestro padre tenía 5-6 lotes de tierra que cultivaba y de
ello vivíamos. Inesperadamente él murió y nosotros los cinco hijos quedamos so lamente con nuestra
madre. Mis hermanos se pusieron de acuerdo sobre la herencia, o sea, en cual sería el lote que tomaría
cada uno de nosotros, ya que nuestro padre no había dejado testamento. Así que nos sentamos y mis
hermanos comenzaron a dis cutir en quien tomaría el lote mayor, y quien — el mas fértil. Siendo yo el
menor y el más tímido, me senté aparte, esperando lo que mis hermanos me darían. Cuando ellos
dividieron entre si los campos buenos, me destinaron el lote en un lugar muy apartado y desérti co. El
terreno allí era completamente estéril, arenoso, donde podían crecer solo las malezas. Me dolió, que me
menoscabaran así, pero les agradecí sin reprochar la injusticia.
Varios años después me casé, y como no podía quedar en Grecia por las di cultades económicas, con mi
esposa me fui a Alemania. Allí, con la ayuda de Dios armé mi propia empresa y con lo que ganaba
alimentaba mi familia — sin ayuda de nadie. Habiendo vivido en Alemania 20 años, y teniendo
ahorrado un modesto capital, decidi mos volver a Grecia y allí continuar con nuestra empresa. Del lote,
que me dejaron mis hermanos como herencia, nos olvidamos como la de una cosa inútil. ¡Pero Dios no
lo olvidó!
¿Que pasó? Durante nuestra ausencia, en la región de mi lote desértico se construyeron muchos
grandes hoteles y rmas turísticas; de manera que los precios de la tie rra subieron mucho. Resultó, que
nuestro lote arenoso quedó en el medio de varios edi cios grandes, y por él ofrecían un precio alto.
Como se acostumbra, lo entregué para la venta en remate, y como muchos lo querían comprar, el
precio subió a varios millones. Naturalmente, lo vendí al que propuso el precio mayor. Ahora, viviendo
con total bienestar, vine a ver al Starez con el n de donar con generosidad para obras de misericordia.
— "Aconséjeme, Geronta, cuanto y para que n puedo donar."
Bien, concluyó el Starez, — ¡en todas partes triunfa la verdad Divina! Ella puede tardar un poco, pero
nunca sucede que no triunfe. Por eso, el Señor nos exige, que la verdad nuestra sobrepase la verdad de
los fariseos, ya que éstos se limitaban a la verdad humana...
El Starez nos explicó, que cuando no tenemos razón, Dios no acepta nuestras oraciones — no importa
cuantas inclinaciones y vigilias hagamos. Nos juntamos y juzgamos a nuestros hermanos, y después,
hacemos oficios religiosos... En vano gastamos las baterías. Dios no nos escuchará hasta que no nos
corrijamos.
Cada uno debe jarse en sí mismo, en lo que uno hace, y no meterse en cosas ajenas. Dios no nos quiere
ver de otra manera. Pero si nos preocupamos más por el bienestar de nuestros hermanos, que por
nosotros mismos, entonces actuamos de acuerdo a la verdad Divina, y Dios al verlo se va a preocupar
Providencia Divina.
Providencia es la preocupación de Dios por su creación. Todo lo que acontece por la providencia Divina
es espléndido, es de la mejor manera y no puede ser mejor. De que El provea bien, cada uno puede
cerciorase a partir de los siguientes razonamientos:
Siendo benévolo, Dios provee y se preocupa por Su creación, porque si no lo hiciera así no seria
benévolo. Tanto los hombres, como los animales, privados del don de la palabra, por naturaleza cuidan
a sus hijos; el que no lo hace es considerado malo. Co mo Dios es Sabiduría, El mani esta de manera
perfecta la preocupación por Su creación. Observando atentamente las obras de la providencia Divina,
no podemos no maravillarnos de la benevolencia Divina. Por eso debemos glori carlo y aceptar con
sumisión Su cuidado por nosotros, a pesar de que algunas veces los caminos de Su providencia no son
Sobre este tema el Starez relató lo siguiente: Cierta vez tenía que viajar a un lugar. Para gastos de viaje
necesitaba cerca de 1000 dracmas, pero no tenía ese dinero. Mientras pensaba donde conseguirlo, un
hermano le trajo una carta con el giro, justo de 1000 dracmas. La carta no tenia rma. En lugar de la
dirección del remitente estaba escrito: "Remitente: Pantanassa," — o sea "Reina de todos."
Al ver como el Señor se preocupó por mi, lloré y agradecí al Señor y a la Santísima Virgen. Vi muchos
milagros en mi vida. Cosa admirable: si no nos preocupáramos de nosotros mismos sino solo del Reino
de Dios, el Señor no nos dejaría ni percibir, que tenemos n ecesidades! En realidad, este giro había sido
enviado antes de que yo supiera que voy a necesitar el dinero. Dios, como Padre bondadoso se ocupa de
nosotros antes de que necesitemos algo; y también, antes de que pidamos, Su providencia se preocupa
por nosotros. De parte nuestra, solo es necesario con ar en El.
"A veces me llega un pensamiento, en el cual no me detengo. Por ej., que se esta acabando el vino para la
Liturgia y sería necesario conseguirlo. En seguida aparto esta turbación de mi mente, diciéndome:
"Seguro que mañana u otro día me lo traerán." Y así pasa. En tonces me extrañó mucho, porque el que
lo trajo, supongamos de Creta, lo había preparado ¡varios días antes de que yo lo necesitara!
De esto queda claro, que Dios vela por nosotros todavía antes de que llegue el momento que nos demos
cuenta de las cosas que nos faltan, y que nos pongamos a pedírselo a El, como está escrito: "Vuestro
Padre sabe de que cosas tenéis necesidad, antes que vosotros pidáis... así que no os afanéis por el día de
mañana..." (Mat. 6:8; 33-34).
"Nuestra tarea y preocupación consiste en complacer a Dios y en ayudar a nuestro hermano, y todo lo
que se re ere a nuestro bienestar, debemos dejarlo a la voluntad Divina — ya que esto, es asunto de
Dios. El desea que haya armonía espiritual, y si al trabajar para El, con amos en El en forma
despreocupada, entonces Dios va a velar por nosotros. Esto nos lo enseña el Apóstol, cuando escribe:
"Echen toda vuestra ansiedad sobre El, porque El tiene cuidado de vosotros" (1 Pedro. 5:7).
"Quien vive con sencillez piensa en si mismo con humildad y siente la necesidad del cuidado paternal
de Dios, dejando a El todas las preocupaciones sobre uno mismo. En este caso, el benévolo Dios, viendo
que esta alma en todo confía en El, y no confía en si misma, la cubre con Su providencia y misericordia.
Dios quiere que el alma sea sencilla sin dudas, ni preguntas. Que sea infantil, y que sea como el de una
criatura que espera todo de sus padres. Por eso el Señor dijo: "Si no se vuelven y son como niños
pequeños, no pueden entrar al Reino Divino." Es menes ter pedirle ayuda a Dios con toda simplicidad,
confesarle nuestra debilidad, y así podremos liberarnos de toda preocupación sobre nosotros mismos.
Como la sombra sigue al cuerpo, así a la fe y a la sabiduría humilde le sigue la misericordia Divina.
Para convencer a sus visitantes de que Dios realmente cuida siempre a la gente y dirige todo hacia lo
mejor, Starez relató el siguiente caso.
"A un devoto le dolía el alma, viendo muchas injusticias en la vida le pidió a Dios que le revele porqué a
menudo la gente piadosa sufre males y persecuciones, y al mismo tiempo, los pecadores y ateos
triunfan y prosperan. Durante largo tiempo él rogó a Dios resolverle este misterio sobre los caminos de
Su Divina providencia y explicarle el enigma de una aparente contradicción de lo que debe ser y lo que
acontece. Por n escuchó una voz, que le decía:
Y he aquí, como en una visión, este starez se sintió sobre la tierra y fue llevado por una misteriosa
corriente de aire a un prado cerca de un camino. Del otro lado del prado pasaba un arroyo y hab ía un
árbol viejo. Se le ordenó esconder en el hueco de este árbol y observar lo que iba a pasar.
Pronto al arroyo llegó a caballo un hombre rico. Paró allí para tomar agua y descansar. Disponiéndose
sobre el pasto, él sacó del canasto una bolsita llena de monedas de oro. Habiéndolas contado, repuso la
bolsita en el canasto y sacó la comida para reforzar se. No se dió cuenta de que, al sacar la comida la
bolsita cayó sobre el pasto. El hombre rico comió, se recostó para dormir y luego subió al caballo y
siguió su camino, sin darse cuenta que la bolsita había quedado sobre el pasto.
Pronto al arroyo se acercó otro caminante. Vió la bolsita con monedas de oro, la recogió y alegre se fue.
Después de corto tiempo, apareció un tercer hombre, delgado, mal vestido — aparentemente un
mendigo. El también paró al lado del arroyo, tomó agua, sacó un paneci llo y se sentó para reforzarse.
Todavía no había terminado de comer, cuando llegó al galope el primer hombre, el rico que perdió su
bolsita. Rojo de cólera, atacó al mendigo, exigiendo la devolución de las monedas de oro. Naturalmente
el pobre, no sabiendo de que se trataba, se negó y aseguró al rico que nunca vió sus monedas de oro. El
rico no le cre yó al pobre y, perdiendo el control, comenzó a pegarle cruelmente, hasta que lo mató.
Revisando sus ropas, él no encontró nada, y compungido se fue.
Observando todo lo que había pasado desde el hueco del árbol, el asceta comenzó a llorar y compadecer
que en vano pereció el mendigo. Y de nuevo rogó a Dios: ¿"Señor, que signi can estos hechos? ¿Como
puede Tu benevolencia permitir semejante injusticia? El rico por falta de atención perdió sus monedas,
un hombre fortuito las aprovechó y un pobre ino cente pagó con su vida."
No te a ijas y no pienses que esto pasó contra la voluntad de Dios. Todo en la vida acontece o por
connivencia Divina, o para educación de la gente, o para la edi cación Divina. Escucha: el que perdió
las monedas de oro — es el vecino del hombre que las encontró. El tenía un jardín, que valía 100
monedas de oro. El rico, siendo ávido de plata, lo obligó a venderle el jardín por la mitad de su costo.
Siendo vulnerado por el rico y sin defensa, comenzó a pedir ayuda a Dios. Dios arregló, para que él e
ncontrara las monedas de oro y así recuperara lo debido.
Pero sufriendo en el alma por su gran pecado, rogaba a Dios enviarle tal muerte, que le permitiera pagar
el pecado por haber asesinado una persona inocente. Ciertamente, el propicio Dios lo había ya
perdonado, viendo su total corrección, pero permitió una muerte violenta, para darle la corona del
martirio, tal como él pedía.
Finalmente, el rico ávido, que perdió las monedas de oro, fue castigado por su amor al dinero, porque
Dios lo dejó caer en un gran pecado de asesinato. Quebrantado por lo sucedido, él volvió en si y con
gran congoja empezó a arrepentirse. Luego distri buyó sus riquezas, dejó el mundo y se hizo monje en
uno de los monasterios.
¿Así, en cual de los tres acontecimientos tu ves la injusticia, o un destino ciego? Por eso ponte humilde
ante Dios y en adelante no investigues sobre Sus juicios, ya que El todo lo hace con justicia y lo lleva
hacia lo mejor.
Terminando este relato, Starez citó las palabras del Salmo: "Justo eres Tu, oh Dios, y rectos Tus juicios"
(Sal. 119:137).
Starez vivía en aquel tiempo en la celda de la Santa Cruz del monasterio Stavronikita. Era el domingo,
que la Iglesia llama "del ciego."el Starez estaba acostado enfermo y extenuado, tanto por la dolencia,
como por los ayunos. Salió al patio abatido, porque no tenia nada con que restituir sus fuerzas.
Mirando hacia el mar, vió sobre el horizonte elevarse un punto negro, que volaba en dirección a su
celda. Pronto pudo distinguir un ave, semejante a un halcón o águila, que llevaba en sus garras un gran
pez. Acercándose a la celda, el ave soltó al pez, que ca yó a los pies del Starez.
Entonces el Starez fue a la capilla de su celda, y después de orar se convenció de que no era una
tentación, sino misericordia Divina. Glori cando a Dios, agradeció también a la Virgen por Su
preocupación por él. Después preparó pescado frito, lo comió y resta bleció sus fuerzas.
Durante un tiempo el Starez vivió en el hermitario del monasterio de Iver. Comenzando el ayuno
anterior a la festividad de la Asunción. Habían pasado ocho días, durante los cuales no había comido.
Al día noveno un anciano monje le pidió que le ayudara a transportar sus cosas al monasterio. A pesar
de su debilidad, el Starez se puso a llevar las cosas del monje. Pero, cuando volvía se sintió extenuado y
mareado. De repente apareció ante él un joven luminoso y le dio un canasto con frutas frescas — que
no eran de la tem porada. El Starez le agradeció y el joven desapareció. Persignándose, el Starez comió
algunos frutos y sus fuerzas se recuperaron completamente. El entendió que estas frutas le fueron
traídas por un Ángel, y le agradeció al Señor.
Sobre la oración.
— Hay que orar por otros con contrición y dolor del alma. Esto el alma lo puede lograr, humildemente
si se considera culpable de lo que pasa con los prójimos.
— ¿Pero Geronta, como puede Ud. sentirse culpable, cuando, por ej., alguien se divorcia de su esposa en
Atenas?
Y el Starez dice— "He aquí, lo que me digo: Si yo fuera un Santo, como eran los antiguos padres, y
pidiera a Dios la g racia de la unión de ellos, y que se amen el uno al otro, enton ces Dios, que prometió
escuchar a los Santos, les ayudaría. Por no ser yo un Santo, Dios no me escucha. Por consiguiente soy
culpable de la familia que se divorcia, y de todo otro mal que suced e. Así no culpo a nadie, sino que
solo a mi mismo: entonces ¡Dios ayuda!"
También el Starez decía: "El rosario — es como la manija de encendido manual de un mecanismo.
Dando varias vueltas, calentamos el motor y comienza a trabajar solo. Algo semejante pasa con la
oración, con el rosario: pronunciamos los rezos, y el alma se calienta , hay que rezar sin parar el rosario,
hasta que se derritan los hielos espirituales, para poner en acción el mecanismo espiritual y el corazón
por sí solo va a orar."
El Starez dijo: "Debemos orar en todas partes. Una vez un conductor golpeó a un niño con su auto. El
niño quedó ileso porque el chofer oraba durante su manejo." — "Como las naves en peligro mandan la
señal SOS, así el hombre debe orar siempre: "¡Se ñor Jesucristo ten piedad de mi!" La oración debe ser
simple."
La oración necesita una preparación Y el Starez siempre aconsejaba: "Antes de la oración, hay que leer
unos renglones del Evangelio o Patericon. Así se calentará vuestro pensamiento y lo trasladará al país
espiritual."
"Los traidores, que debilitan la oración son — la sequedad espiritual y la frialdad. Contra ellos hay que
usar oraciones cortas, y principalmente la oración de Jesús, lectura de las Sagradas Escrituras y libros
espirituales. También nos alejan del pecado y nos ayudan los pensamientos sobre la muerte, juicio,
paraíso, in erno y bene cios Divinos. Dios observa nuestro corazón y veri ca hacia donde se inclina.
De esto vendrá el miedo a Dios, la visión de su estado, rechazo de pensamientos y sentimientos malos y
manutención de pureza moral. Siempre vamos a controlarnos y, así nos arrepentiremos de pecados
pasados y sabremos de nuestra debilidad. Pero no vamos a perder la esperanza de la salvación."
Dijo el Starez: "Que la mayor parte de vuestra hazaña sea la oración, ya que ella sostiene nuestra
comunicación con Dios, la que debe ser constante. La oración es el oxigeno del alma, su necesidad es
constante, y no debe ser considerada como una obligación pesada. Para que la oración sea oída por Dios
es necesario que proceda del corazón, que se haga con humildad y profundo sentimiento de nuestra
pecaminosidad. Si la oración no es de corazón, — no tiene valor alguno. Dios siempre oye la oración del
hombre, que espiritualmente se encuentra desolado. Una lectura atenta de las Sagradas Escrituras
ayuda mucho a la oración, calienta el alma y lleva al orante al país espiritual."
El Starez recomendaba: "Huir de un enemigo muy fuerte: el charlar con la gente. Como una nube
cubre al sol, así la charla oscurece el alma. La oración es un descanso. El alma no se cansa rezando,
porque conversando con Dios, ella descansa. Solo la oración de corazón, es verdadera oración, ya que se
produce con dolor y trae resultados. Orando, debemos permanecer con humildad y la simp licidad de
una pequeña criatura, para ser dignos de la preocupación Paterna. Reconozcan su ojedad e iniquidad
para que sea cubierta por la compasión Divina. Aquel que siente su pecaminosidad y suspira desde la
profundidad del alma, es superior a aquel que puede resucitar a un muerto y con su enseñanza ayudar a
todo el mundo. El que llegó a conocer su debilidad espiritual — llegó a la humildad perfecta.
En su libro sobre los ascetas del Monte Santo el Starez escribe: "Una tranquila oración nocturna trae
gran provecho por su quietud y es muy útil para nuestro crecimiento espiritual. En forma semejante,
una lluvia nocturna, tranquila, ayuda mucho a la germinación de las plantas. ¿Quieres que tu oración
se torne de corazón y sea aceptada por Dios? Haz del sufrimiento del prójimo — tu sufrimiento. Hasta
un suspiro de corazón hacia tu prójimo, trae frutos reales. La noti cación Divina, de que la oración fue
aceptada, es el consuelo que siente el hombre después de la oración."
El Starez nos exhortaba: "Los años pasan, la gente envejece, no hay que detenerse en la encrucijada.
Elijan la cruz que corresponda y llévenla por uno de los dos caminos de nuestra Iglesia. Sigan a Cristo
en la cruci cación, si quieren alegrarse con la aleg ría de Su Resurrección." Los dos caminos son, — o el
matrimonio, o la vida monástica. "Es dulce el pan después del ayuno; es dulce el sueño después de la
vigilia."
A la pregunta de que libros debe leer un cristiano,el Starez contestó: "¿Que es mas importante: leer o
cumplir? La hazaña es mas valiosa que el conocimiento."
Hablando con los seminaristas, entre otras cosas, dijo lo siguiente: "Eviten las ocasiones para el pecado.
Si alguien tiene diabetes y no debe comer cosas dulces, ¿como podrá evitarlo, visitando con terías.?
Estén atentos con las tentaciones. Todo comienza por el pensamiento, que nos atrae. ¡Cuan más
espiritual es servir a otro hombre y perdo narle sus errores.! El que recibe la bene cencia, siente una
alegría humana, él que la otorga — una alegría Divina." Dirigiéndose a la juventud, el Starez dijo: "Solo
cortando nues tras pasiones, podemos ayudar a otros a hacerlo. La oración debe realizarse junto con el
co razón, y no solo con la boca."
A los hombres jóvenes el Starez persuadía: "Traten de llenar su cassette de sonidos ahora, mientras son
jóvenes, sino, cuando envejezcan, junto con la música clásica, se es cuchará mezclado el rock-and-roll."
— "El trabajo espiritual debe empezar desde la edad temprana, ya que el hombre joven puede trabajar y
tiene fuerzas para eso. Cuando envejezcan, les será difícil trabajar. Ahora me alimento con lo que junté
en mi juventud. Y vo sotros trabajen ahora, mientras son jóvenes.
El padre Paisio escribía: "El adolescente, que entrega todo su corazón a Cristo, y por si mismo se entrega
con fe a un experimentado maestro espiritual, fácilmente se saca de encima al hombre vetusto; tal como
la papa nueva se pela muy fácilmente. El hombre mayor, si no es muy simple y humilde, se parece a
una papa vieja, que se pela d ifícilmente. Debe ser hervida, y pelada en caliente."
El Starez dijo: "Traten de cortar las pasiones y eliminar las fallas, que llenan su corazón. Todas las
fuerzas del mundo se encuentran en él. Cuando cortamos nuestras grandes pasiones, fácilmente
desaparecen las menores. Vivan en una constante glori cación y agradecimiento a Dios, ya que el
mayor pecado es la ingratitud, y la peor persona de todos es el desagradecido."
Además el Starez decía: "Si los cables están oxidados, la corriente no pasará en cuanto limpies los cables
recibirás la instrucción Divina." "Primero tengo que deshilvanar las madejas, y luego puedo tejer los
rosarios... nuestros logros espirituales, igual que la salvación, dependen de nosotros. Nadie otro puede
salvarnos... La mayor rec ompensa se recibe por la limosna. Este espíritu superior de sacri cio no lo
poseen los que tienen el corazón de hielo. Pero, por suerte, ellos también tienen fermento bueno.
Cuando el hombre hace algo de todo corazón, o sea, ama lo que hace, — no se cansa el alma." "El bien
vence buenamente. En simplicidad anden por el camino de su vida. Una mutilación física puede hacer
casta el alma... Rendimos exámenes para pasar a la vida eterna. Debemos lograr recibir, aunque sea, la
nota para pasar." "Dios hace todo
para el bien nuestro. Pero vamos a tener que responder, si no trabajamos en ese sentido. No nos vamos a
justi car, para no poner obstáculo a la gracia Divina. Hay que servir a Dios desinteresadamente." "El
mal comienza por falta de fe en la vida venidera. Una mujer piadosa y el vale mas que el icono de
alguna santa, ya que ella personi ca al icono viviente."
"Cuando un hombre se considera que realmente es el peor de todos, y exclama piadosamente aunque
sea un solo rezo por él ¡"Señor, ten piedad!", este rezo, tiene la fuerza equivalente a 1000 rezos de "¡Señor
ten piedad!" de otras personas, que carecen de humildad. La oración debe trasformarse para nosotros en
una continua necesidad. Tene mos que orar por los que necesitan la oración y por todo el mundo.
Dividiremos nuestra oración en tres partes: una — por nosotros mismos, otra — por los seres vivientes
y la tercera — por los difuntos. Debemos regularmente entregar por escrito nuestros nombres en los
servicios religiosos (proscomidion) para que el sacerdote los mencione ante la sagrada mesa de
sacri cio. No debemos con arnos en nosotros mismos. La audacia es un gran escollo para la Gracia
Divina. Cuando toda la esperanza la ponemos en Dios, El sin falta nos ayudará!"
Un visitante del p. Paisio le preg untó ¿porque él no sentía la Divina Comunión de la misma forma,
como la sentía, cuando era niño. El Starez le contestó: "Si tienes hijos, podrás entender esto. El padre da
dulces a sus pequeños hijos. Mas tarde, cuando ya crecie ron, ellos deberán solos comprarse los dulces.
Así Dios, al principio otorga su Gracia — gratis, pero luego desea nuestra hazaña personal para sentir la
Divina Comunión."
El trabajo espiritual es difícil e in nito .El Starez presentó el siguiente ejemplo: "Como una imagen
santa, tallada en madera, contemplada con lupa parece inacabada, así el alma humana se ve imperfecta
a los ojos del hombre cuando la mira como por un telescopio. El hombre es o — un espejo, o — una
tapa de lata: sin la luz solar que la ilumine, — no brilla.
"El corazón se puri ca con lágrimas y suspiros. Un suspiro con dolor del alma es igual a dos baldes de
lágrimas. Lloremos nuestros pecados, esperando siempre el amor y la clemencia Divina. Sumerjamos el
alma en fuentes de lágrimas. No reduzcan la oración solamente a palabras. Conviertan su vida en una
permanente oración a Dios."
P. Paisio a rmaba: "La Gracia Divina— es un manantial in nito, y no se parece a una cisterna, donde
con el tiempo se termina el agua. Vamos a trabajar con todas las fuerzas para lograr el paraíso, ya que sin
hazaña, nadie puede entrar en él. La puerta del pa raíso es muy estrecha, y no hay que creer a los que
dicen, que todo el mundo se va a salvar. Es una red diabólica para que no trabajemos (en la búsqueda
de nuestra puri ca ción): pues ello es conveniente para él.
Para que la hazaña espiritual traiga frutos se necesitan varias condiciones .El Starez aclaraba así: "El que
un largo tiempo cumple hazañas y no ve un adelanto espiritual — es un orgulloso y un egoísta. El
adelanto espiritual esta ahí, donde hay mucha humil dad que lo realiza todo. El Adelanto espiritual lo
tiene aquel hombre, que siente que todo su interior es abominable e indecoroso. Una hazaña con
mucho sentimiento, celo e indigencia, teniendo la esperanza puesta en Dios — es el oxigeno espiritual.
Todo esto otorga la seguridad a la hazaña espiritual." El Starez enseñaba: "Vamos a cumplir la hazaña
con ganas y celo para no entristecer a nuestro Ángel de la Guarda, quien, día y noche lucha duramente
para entregar nuestra alma pura en las manos de Dios. No permitamos que él vaya ante Dios con las
manos vacías. No entreguen su corazón a cosas vanas y tempo
rales del mundo; no pierdan en vano su tiempo en ellas, ya que en aquel Día vamos a rendir cuentas de
todo. El tiempo nos es dado por Dios para usarlo en forma debida. Entreguemos todo nuestro corazón a
Dios y no a este mundo. Dios solamente exige de noso tros un corazón puro. El que entrega su corazón
al mundo es enemigo de Dios."
"Dios no quiere que Su creación sufra. Sin embargo a las personas se les presentan tentaciones para su
perfeccionamiento. Cuando el hombre se perfecciona, entonces cesan las tentaciones.
El Starez centraba todo el trabajo espiritual del cristiano en el logro de la sabiduría de la humildad. El
decía: "Dios ama mucho al hombre, sabe perfectamente el problema de cada uno y quiere ayudarle
antes de que este se lo pida, ya que para Dios, siendo El omnipotente, no existen di cultades. El Señor
pone di cultad, a un hombre cuando carece de humildad. Así esta única di cultad de Dios consiste en
que El "no puede" ayu darle hasta que el alma del hombre no se vuelve humilde. Entonces el benévolo
Dios en cierto modo se "a ige" porque ve como sufre Su creación, y El no puede ayudarle, sabiendo que
lo pedido por el hombre será nocivo para él por su falta de comprensión humilde. Lo que pasa con el
hombre esta absolutamente vinculado con la humildad. Ve mos, por Ej., al hombre perseguido y
vencido por alguna pasión. Dio
s permite esto, solo porque su alma tiene la mente enaltecida, o esta cercana a aceptarlo(o sea, tiene
disposición para el orgullo). El hombre puede odiar las pasiones concretas, no desearlas, hasta puede
verter sangre para eliminarlas, — pero no tiene ningún resultado, ya que Dios no le ayuda, y no le
ayudará — hasta que él no domine su orgullo. (Porque a pesar de odiar sus pasiones concretas, es
esclavo del orgullo, que lo lleva a no dejar todas las pasiones restantes).
Para avanzar espiritualmente el hombre puede pedirle a Dios amor, oración, sabiduría, obediencia y
otras virtudes. Pero hay que metérselo bien en la cabeza, — que Dios no nos dará nada de lo pedido, a
pesar de todos nuestros esfuerzos, si es que antes no Se lo pedimos con humildad. En cuando nuestra
única meta — sea la humildad, entonces Dios nos lo dará todo gratis.
Dios quiere de nosotros una sola cosa —humildad, nada más. Lo quiere solo para ayudarnos con su
Divina gracia, la cual nos la dio a través del Santo Bautismo por Su inexpresable benevolencia, aun
antes que hiciéramos algo, antes de que Lo amáramos a El, y antes de nuestras hazañas. La gracia Divina
nos ayuda a amar al Señor y a conocerlo. El Señor lo realiza todo — solo tenemos que tener humildad,
para no interferir con la gracia Divina, y permitirle actuar. Le ponemos obstáculo por falta de nuestra
humildad. Una sola cosa es contraria a la gracia Divina — es el orgullo.
El apóstol Pedro en su 1-ra epístola, cap. 5, nos hace entender bien esto — tanto en lo que nos acusa,
como en lo que debemos hacer: "todos, deben estar sumisos unos a otros, revestidos de humildad;
porque Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes. Humilláos, pues, bajo la poderosa mano
de Dios, para que El los exalte cuando fuere tiempo; echando toda vuestra ansiedad sobre El, porque El
tiene cuidado de vosotros" (1 Ped. 5:5-7).
Si nos examinamos y nos decidimos por esta única obra — la humildad, entonces, para todo lo restante
se nos otorga la benevolencia de Dios. En cambio, cuando nos ocupamos de lo que sea, y no de la
humildad, no sabemos adquirir nada bueno. Lo único ne cesario: la humildad del corazón para que
entre allí el reino de la gracia Divina.
Sobre el tema de las pruebas el Starez escribía: "Aquellos que nacieron inválidos, o se hicieron inválidos
por culpa de otros, o por su propio descuido, si no murmuran y con humildad glori can a Dios, y viven
con Cristo, serán incorporados como confesores. "...Hay en el mundo un gran mal, que dejamos sin
notar: es la ignorancia de la providencia Divina. Debemos saber que Dios nunca nos permite pruebas,
de las cuales no sale algo bueno. Cuando un invalido acepta con alegría la prueba enviada a él, Dios lo
incorpora a los confesores."
"Dios nos ofrece muchas oportunidades de ganarnos el paraíso, pero nosotros no las usamos y no las
aceptamos. Vamos a recibir todas las pruebas con paciencia y humildad, agradeciendo y glori cando a
Dios. Tratemos siempre de estar con Dios y no alejarnos de El, ya que lejos de Dios no hay salvación.
Dios permite que el hombre sufra distintas pruebas, enfermedades, perjuicios y muchas calumnias de
la gente que nos rodea, ofensas, injusticias... Debemos aceptarlas con paciencia, sin confusión, como
bendición Divina. Cuando alguien se comporta con nosotros en forma injusta, debemos alegrarnos y
considerarlo como nuestro benefactor, ya que él será la causa del aumento de nuestra recompensa en la
otra vida. Dios, con las pruebas que permite, nos prepara para Su Reino celestial, para que tengamos en
la mano el pasaporte de las pruebas."
"... Dios permite que algunos justos sean calumniados, para que los culpables no se desesperen y por el
gran amor Divino, que no se pierda algún alma débil, permite que los justos sean juzgados y
calumniados, pero al nal aparece la verdad."
Varios.
"... A menudo Le pedimos a Dios distintas cosas, pero El no nos contesta. Para que El conteste nuestros
pedidos y nos de lo que le pedimos, debemos, en primer lugar, tener humildad. Todos nosotros, tanto
niños, como adultos, tenemos mucho egoísmo y no aceptamos ni indicaciones, ni observaciones. Todo
lo sabemos, y todos somos sabios. Cuando en nosotros reina el egoísmo, alcanza un mínimo pretexto
para una gran disputa. Abrimos la puerta a Satanás, y él entra en nuestro hogar y lo destruye. No
presten aten ción a lo que ven o escuchen en aquel momento. Su consejo no nos ayudará y todavía más
avivara el fuego. Solo aguanten un poco, oren, y cuando el otro se calme, será posible la comprensión
La diligencia.
Un obispo le dijo al Starez: — Geronta, me tienta el pensamiento sobre las concesiones que hace
nuestra Patriarquia al Vaticano, de manera, que no quiero dejar de nombrar a nuestro Patriarca. ¿Que
me dice?
— Antes de contestarle, quiero preguntar: ¡la Patriarquia hace estas concesiones por convicción o bajo
presión de las circunstancias?
Tiene gran importancia — hacer lo que consideramos correcto, o ceder a las circunstancias.
Actualmente aprendemos muchas ciencias. En nuestras casas hay grandes bibliotecas. Tomamos en las
manos la Biblia o el "Amor al bien," pero en la practica — no hacemos nada.
El musulmán.
Un musulmán, aquí en Traquia, habiendo leído en un día al Evangelio, se entusiasmó con la fe, en la
que Jesucristo — es el Dios verdadero. De lo leído, él entendió solo tres cosas: que es necesario 1) amar a
Dios y siempre orar a El; 2) amar a su prójimo y 3) aguantar pacientemente todo lo que sucede en la
vida. Habiendo comprendido esto, se fue a bautizar. Desde ese día él trataba de guardar estas tres cosas
que comprendió.
Jodzha y otros musulmanes, entre otros sus padres, — cuando vieron que él se hizo cristiano, le
declararon la guerra y no lo dejaban en paz. Pero él, en la práctica cumplía las 3 cosas que había
comprendido. Oraba a menudo a Dios, amaba a toda la gente y sufría todo sin protestar. Los
musulmanes se extrañaban de su bondad y paciencia y también comenzaron a creer en Cristo y a
bautizarse. Así el hombre ayudó a si mismo y a sus compañeros.
Nosotros, sin embargo, no cumplimos lo que sabemos, sino seguimos llenando -nuestra alma con
nuevos conocimientos, nos ofuscamos en tal forma, que ya apenas podemos ayudarnos a nosotros
mismos, por haber aceptado pensamientos vanos.(A nuestra manera de pensar "musulmana" no
logramos hacer "ortodoxa.)??"
Una vez, al Monte Athos, vino a ver al Starez el padre de una niña, enferma de cáncer. Los médicos le
dieron un lapso de vida de pocos meses. Su padre trajo algunas cosas de la niña para que el Starez las
bendigera, y pidió que rogara por su hija.
El Starez le dijo: Rogaré, pero tu, como padre, también debes ofrecer a Dios algún sacri cio, ya que el
sacri cio con amor "predispone" a Dios a ayudar.
Siendo poco espiritual, el padre contestó: — No me conozco ni una pasión... Entonces el Starez
preguntó: ¿Fumas cigarrillos?
Aquel prometió hacer así y realmente dejó de fumar. Después de esto la niña empezó a mejorar, hasta
que sanó completamente. Mas tarde los médicos con rmaron su total recuperación.
— Si tú, siendo padre, no posees su ciente devoción para sacri car tu pasión y salvar la vida de tu hija,
yo en nada te puedo ayudar.
El Starez insistía en subrayar, que el hombre no tiene derecho a decir "no puedo," a lo sumo puede
decir: "no me gusta" o "no quiero."
Cuando las personas, están bajo el poder de alguna pasión, dicen que una fuerza les impide hacer el
bien. Deben saber, que esta fuerza no es otra cosa que su propia fuerza, que les fue dada para amar, pero
que ella comenzó a actuar en dirección errónea. Y como ellos aman a sus pasiones, es natural, que no
quieren rechazarlas, ya que lo que amas — no lo quieres perder. Por consiguiente, al comenzar a odiar
su pasión, es necesa rio encontrar algo mejor y más elevado para sustituirla. Ya que el hombre, si no
puede encontrar algo mejor para sí, no sabrá hacia donde dirigir su amor y sus fuerzas, y por ello va a
sufrir.
Entonces digo: — Si, ¡ocurre!... Desde este momento no fumes más y Dios te ayudará. El hombre en
poder de la pasión, mayormente, responde:
— No existe "no me es posible," ¡cumple y nada mas! No te rindas a pensamientos que te sugieren, que
no podrás ante ese hábito.
Con esto el Starez inculcaba a cada uno de nosotros que somos dueños de nosotros mismos. Si nos
hicimos esclavos de alguna pasión, es por nuestro propio deseo. Y si vamos a quedar sus esclavos, es solo
por cariño a ella, porque nos agrada vivir en esclavitud.
Pero, cuando amemos nuestra libertad, y al estar con Cristo, desde ese momento, cuando nosotros lo
queramos, nos liberaremos de la pasión, y nos transformaremos en hijos de Dios. Esto demuestra que
somos dueños de nosotros mismos. Además, Cristo daba Sus mandamientos a pecadores comunes, o
sea a esclavos del pecado. A ellos El les ordenaba liberarse del yugo del pecado y acercarse a El. Al
lujurioso le decía no fornicar. Al ladrón: "no robar." Al mal pensado: "no juzgar."
Si nosotros fuéramos esclavos contra nuestra voluntad, Dios no nos ordenaría:"Salgan de allí y
vengan hacia Mi," Ya que no podríamos cumplirlo. Por eso, si Él nos dice que nos retiremos solos, esto
signi ca que nosotros nos sometimos voluntariamente a nuestras pasiones — las amamos y las
deseamos. Pero, desde el momento en que las empezamos a odiar y dirigimos nuestro amor a Dios —
inmediatamente nos liberamos de ellas.
Entonces es necesario:
Tener conciencia de que voluntariamente nos sometemos a las pasiones y por ello estamos enfermos
por ellas.
El Starez dijo: "La mas grande enfermedad de nuestro tiempo — son los pensamientos vanos, que
inquietan a la gente mundana. A esta enfermedad la sana solo Cristo con la ayuda de paz en el alma,
pero es necesario que el hombre haga penitencia y se dirija a Cristo. P. Paisio señala el peligro espiritual,
que origina el espíritu laico, que domina a los cristianos de nuestro tiempo. Según sus palabras, la gente
se debilita espiri tualmente y puede apagarse el espíritu devoto ortodoxo de nuestra Iglesia.
"Aquí debemos estar atentos, porque, además de que existe un gran debilitamiento, la gente
contemporánea ha creado nuevas leyes que lo favorecen, y que obligan a los devotos a cumplirlas. Por
eso los devotos deben resistirse a la in uencia del espíritu laico y no compararse con los mundanos, y
no imaginarse a ser santos. Sin esto ellos mismos caerán en el debilitamiento y terminaran siendo
peores que los laicos mas desenfrenados."
El Starez escribía: "El fuerte espíritu mundano que reina en el hombre moderno y dirige todos sus
esfuerzos para vivir mejor, con mayor confort y menos trabajo, por desgracia in uenció en la mayoría
de las personas espirituales, que tratan de hacerse santos con me nor esfuerzo. Pero esto no había pasado
nunca, ya que "los santos dieron sangre y recibieron Espíritu." El corazón se alegra ahora de ver a los
cristianos recurrir a los Santos Padres, y admira a la juventud que aspirando a sus ideales, se consagra a
la vida monástica. Pero el corazón también duele, viendo que todo este buen material humano no
encuentra un adecuado fermento espiritual, no se levanta esta masa espiritual, y este pan sin levadura
resulta desabrido."
La cultura de los cristianos "instruidos" no los deja merecer la visita milagrosa de los santos. Ellos
rechazan a todo lo que es contrario a su lógica de hierro. Los antiguos cristianos merecían milagros
porque eran humildes .El Starez decía sobre esto: "en nues tro tiempo del aumento de conocimientos,
la lógica, por desgracia, vulneró la misma base de la fe, y llenó el alma de gente con dudas y preguntas.
Como consecuencia, la gente fue privada de los milagros, porque el milagro se vive con experiencias
personales, y no se explica lógicamente.
La gente mundana se interesa de lo externo y no tiene idea de la vida interior. El Starez representó su
manera de pensar con el siguiente ejemplo: "La gente mundana no quiere ver la suciedad en su patio.
Por eso la barre y la ordena. La basura recogida la entran en la casa para que no sea visible desde afuera.
Así hacen los mundanos. Adentro que haya basura, basta que la gente no la vea. La gente espiritual, al
contrario, limpia la casa, sacando la basura, y no le importa de lo que la otra gente diga.
...Cuando se aleja la gente de la vida simple y natural, y se dedica al lujo, aumenta su miedo por el día
del mañana. Y en cuanto se desarrolla la cortesía mundana, se pierde la simplicidad, la alegría y la
sonrisa natural humana.
... El diablo siempre nos sugiere compararnos con aquellos, que son peores que nosotros.
El signo de una verdadera espiritualidad en un clérigo es que siempre es muy exigente consigo mismo,
e indulgente con la otra gente. Como regla, ¡no va a usar contra los otros los cánones de la Iglesia! Si un
sacerdote tiene muchos hijos espirituales, que se distinguen por ser piadosos, debería ocuparse mas de
éstos, ya que luego, ellos ayudarían a los otros.
En la medida que el hombre se une a Cristo, en tal medida dejará de tener miedo.
La necesidad de la confesión.
— Geronta, ¿de que sirve que me con ese, si luego pecaré de nuevo?
— Mira, en la guerra, cuando alguien es herido, p. ej., en la pierna, ¿no debería ante todo ir al medico
para que le ponga un vendaje? Pero, si él dice: ¿para que va a vendarme, si de nuevo seré herido? —
Entonces va a morir antes de tiempo por hemorra gia o infección, lo cual podría ser evitado. Lo mismo
pasa con los pecados. Por eso con ésate, y si de nuevo caes, de nuevo con ésate. Hasta que dejes de caer.
Acerca de la fuerza de la paciencia el Starez relató el siguiente caso. Un hombre en Traquia se hizo
cristiano. Pero, su esposa no siguió su ejemplo, lo molestaba y trataba con crueldad. El soportaba todo y
le contestaba con amor. Con el tiempo, la esposa se declinó ante su paciencia y amor, diciendo: "Debe
se r verdadero y grande Dios en el Cu al él cree." Y también se hizo cristiana.
El Starez dijo: "La obediencia — es la llave del paraíso. Pero solo la obediencia, y no una sumisión
soldadesca de oración forzada. Nadie puede sanarse a si mismo y nadie se salvará sin la obediencia. La
obediencia y la simplicidad natural llevan a la santidad por un camino corto. Con un simplón, que
cuidaba a un enfermo, pasó lo siguiente. Una vez el enfermo le pidi ó que le diera pescado para comer.
El simplón bajó a la orilla del mar y entró en un templo. Allí levantó los brazos y oró con simplicidad:
"Cristo, dame Te pido, un pescado para ese hombre." Y, ¡oh mila gro! En el acto, en sus manos apareció
un pez, que él, agradeciendo a Dios, llevó al enfermo."
"... Hoy en día, la gente pierde la razón y no entiende lo que están haciendo, perdieron terreno bajo sus
pies. Y esto es porque nadie quiere controlarse, cada uno quiere vivir sin control, según su propia
voluntad. Pero esto lleva a una completa catástrofe. Es verdad, que Dios le otor gó al hombre la libertad
de actuar como quisiera, pero también le dio la razón para que entienda sus limitaciones y la frontera
entre lo correcto y lo incorrecto. Cuando el hombre es presuntuoso, no toma en cuenta su debilidad, —
comete errores. Muchos quieren entender todo con la lógica humana, y lo que su mente no en tiende,
lo rechazan. En lugar de tener fe y gracia Divina, ellos se guían por su cerebro corporal, y así se
desordena la vida social. ¡Esto es terrible!
Arrepentirse de ello.
"... Lo trágico es, que hoy, mas que nunca, la gente acepta las sugerencias diabólicas y se demoniza. Ellos
pueden liberarse de estas sugestiones, solo siguiendo los consejos, mencionados mas arriba."
Una vez visitaron al Starez varias personas, a quienes aconsejó pensar siempre lo bueno. Para ilustración,
les leyó un texto de la Biblia donde se relata como el rey de Per sia, Darío, por calumnia de los enemigos,
mandó arrojar al profeta Daniel al foso de los leones (Dan. 6:14-28). A la mañana, acercándose al foso,
Darío mandó abrir la tapa para ver si Daniel esta vivo o no. No escuchando nada, el rey preguntó con
temor: "...Daniel, siervo de Dios viviente, el Dios tuyo, a quien tu continuamente sirves, te ha podido
librar de los leones? (20) ... Daniel respondió al rey: Oh rey, vive para siempre (21)... Entonces se alegró
el rey en gran manera a causa de él (23).
Explicando este caso, el Starez aclaró: Si el profeta Daniel hubiera tenido malos pensamientos, le
hubiera contestado "¿No te da vergüenza, tirano, que a mí, inocente, me tiraste para que me coman los
leones y ahora me preguntas cómo me va?" pero Daniel siempre tenía buenos pensamientos y contestó
mansamente. Por ello, Dios instruyó a los leones para que no lo tocaran.
De manera semejante, no tenían pensamientos malos, los tres mancebos cuando por orden de
Nabucodonosor, injustamente fueron arrojados al horno, pues ellos no murmuraron: "¿Porqué Tú,
Dios nuestro, Cuya ley amamos, no nos defendiste y dejaste que nos arrojaran al horno?" En lugar de
"Bendito seas Señor Dios de nuestros padres y alabado y glori cado sea Tu nombre, por los siglos ya
que eres justo en todo lo que hiciste por nosotros... y juzgaste con verdad lo que nos diste, ya que por la
verdad y el juicio no diste esto, por nuestros pecados, ya que pecamos y Tus mandamientos no
escuchamos, y no los guardamos, y no actuamos como nos ordenaste, para que sea todo el bien nuestro"
(Dan. Cap. 3. Oración de los tres adolescentes en la versión de los 70).
Lo ven, — aclaró el Starez, — ¿que buen pensamiento, basado en la humildad, tuvieron estos tres
adolescentes? Un pensamiento bueno y lleno de sabiduría humilde, transforma a leones en corderos y
un muy caldeado horno — en rocío de paraíso y frescu ra. Por ello, a todos nuestros problemas debemos
anteponerle paciencia, pensamientos buenos y humildad; entonces la Gracia Divina nos ayudará.
Una vez, vino un joven de unos 17 años y llamó para que le abriera. Era temprano en la mañana. Salí y
me acerqué al alambrado. El muchacho me dijo:
Yo, como prueba, le dije: Aquí no está, fue a Karea para comprar cigarrillos.
— No padre, quiero verlo, — insistía el joven. Este joven era bravo y bien intencionado. Yo no pude
confundirlo, a pesar de que lo martiricé durante bastante tiempo.. El no aceptó mi mal pensamiento,
Otra vez, vino un hombre y me pidió que orara por su niño, que estaba muy enfermo. "Haré algo, dije,
— pero tu también debes ayudarme. Seguro que no sabes orar, ni ayu nar, ni hacer genu exiones, etc.,
Pero líbrate de un defecto."
Deja de fumar — le dije. El me escuchó con atención y cuando abrí la iglesia para que él pudiera entrar
y besar los iconos, imperceptiblemente dejó en un asiento los cig arrillos y el encendedor. Enseguida
vino otro hombre, entró en la iglesia, miró con curiosidad, y salió afuera. Se sentó en un escalón de
piedra cerca de la iglesia, prendió un cig arrillo y se puso a fumar descaradamente. Salí y lo vi.
¿Querido, cómo vas a fumar aquí al lado de la iglesia? Anda ahí, debajo de los árboles a fumar, pero no
aquí, — le dije. Pero él tenia pensamientos malos y malignos, y me contestó con descaro:
— ¿Qué te importa que fume? Tu fumas en la iglesia, y yo fumo afuera, ¿hago mal? — Le dije de
nuevo que se vaya, pero no quería y me repetía lo mismo.
— ¡Qué es lo que dice él,? — me pregunté. No podía entender sus palabras. Pero, entrando en la iglesia,
vi los cigarrillos dejados por el atribulado padre. Me di cuenta, que este hombre pensó que eran mis
cigarrillos y que yo fumaba en la iglesia. Le expliqué lo que había pasado en realidad, pero él tenia
pensamientos malos, no tenia deseos de reci bir provecho. Buscaba justi cación de su mal, para
conservarlo en sí mismo. En cambio, el otro joven tenia un animo bueno.
El Starez dijo: "satanás hasta nuestro ultimo suspiro no dejará de sembrar en nuestra mente
pensamientos malignos e impuros. No los tomemos en cuenta. Dejemos,, que los pensamientos vuelen,
como pájaros que vuelan en el aire. Pongamos en marcha la fabrica de pensamientos buenos. Lo que
demos lo mismo vamos a recibir. Si damos hierro — recibiremos hierro. Si damos oro — recibiremos
oro. Vamos a ver todo con simplicidad, viendo algo malo, vamos a trasformarlo en algo bueno. Un
monje, simple de corazón, viendo en una radio japonesa el signo "mas" +, lo tomó por una cruz y¿. qué
hizo? Él no condenó a los japoneses por haber puesto la cruz sobre una radio, pe ro dijo: "¿Gracias a
Dios, también los japoneses se hicieron cristianos!."
Si se encuentran en una compañía donde no se habla de lo espiritual, cállense, sin dar importancia a las
habladurías, y, oren secretamente. Así la oración va a ir también por los que dicen vanidades, y Uds. no
serán dañados.
No retengan en si, cuando les llega un pensamiento malo, porque ello les hace daño. Un pensamiento
malo es parecido a una mosca, sentada en la carne, que pone sus huevos. Pronto aparecerán gusanos. Así
el pensamiento malo, introducido en la mente, produce un gran perjuicio.
A un joven que quería ser discípulo (novicio) del Starez le dijo: "Cuando vos mismo no tienes
pensamientos buenos, en que te puede ayudar el Starez? Por ej., si un hombre por debilidad hace mal,
¿lo vas a juzgar por eso?. Ahora, si él, con la ayuda de la Gracia Divina, hace algún milagro, vas a decir,
que es un brujo y ¿por eso hizo el mila gro?. Así piensan los que tienen malos pensamientos."
El Starez dijo: "Los pensamientos blasfemos son parecidos a aviones, que, sin voluntad nuestra, nos
molestan con su ruido, y no lo podemos impedir. La mas fuerte defensa antiaérea — es cantar salmos,
ya que son oraciones a Cristo, y desprecio al diablo. Los pensamientos blasfemos se eliminan solo con
indiferencia y desprecio hacia ellos. Cuando nos atacan, vamos a cantar salmos. Ellos (los
pensamientos) no son nuestros, son ajenos. Vienen de afuera, como el ruido de los aviones."
Dos peregrinos le preguntaron al Starez si eran responsables por los pensamientos, que atacaban su
mente, y él les contestó: "Me encuentro aquí. Sobre mi vuelan los aviones. Impedirles de volar no
puedo, luego no soy responsable por esto. Pero, si yo comenzara a construir un aeropuerto, entonces
tomaría la responsabilidad sobre mi."
"El Dios benévolo deja a los demonios libres por algún tiempo para que ellos con su maldad nos ayuden
a rendir nuestros exámenes espirituales en la tierra, y para alcanzar la vida celes tial eterna. Mientras el
hombre vive en la tierra, tiene la posibilidad de rendir estos exámenes espirituales. Reexaminación no
existe. Así que vamos a esforzarnos para lograr el grado espiritual necesario para entrar al paraíso.
Cinco sentencias del p. Paisio sobre los pensamientos: "Cuando el hombre no acepta los pensamientos
del diablo, procede correctamente. Tendremos pensamientos benévolos, cuando todo lo veamos
limpio. Ninguna hazaña tiene tanta fuerza como lo tiene un pensamiento bueno. El cora zón limpio y
los pensamientos limpios y buenos traen la salud del alma. El pensamiento malo pone obstáculo a la
gracia Divina."
El Starez escribía: "En el comienzo de la vida espiritual el hombre rechaza a los pensamientos malos con
la enseñanza espiritual, oración continua y aplicación en hazañas. Luego tiene solo pensamientos
buenos. Mas tarde cesan también los pensamientos buenos y se siente un cierto vacío, después de lo
cual el hombre recibe como una iluminación Divina.
La abeja y la mosca.
— Sé por experiencia propia, que en esta vida la gente se divide en dos categorías. No hay una tercera:
cada hombre pertenece a una categoría o a la otra. Una categoría se parece a la de la mosca . La mosca
tiene esta particularidad, que siempre se posa sobre algo sucio. P. ej., si en el jardín hay muchas ores
perfumadas y en un rincón del jardín un animal hizo sus necesidades, la mosca cruza todo el hermoso
jardín sin posarse en ninguna or. Solo cuando ve la suciedad, baja y se posa, comienza a removerla,
deleitándose con el hedor, y no puede separarse.
Si ella pudiera hablar, y uno, agarrándola, le preguntara si sabe donde están las rosas en el jardín, ella
contestaría que no sabe de que se trata. Diría — "yo se donde hay basu ra, baños, suciedad de animales,
lodo..." De manera semejante, en la vida, hay gente parecida a la mosca. Esta categoría de gente aprendió
a pensar negativamente y en todo ve lo malo, no viendo e ignorando todo lo bueno.
Otra categoría de gente se parece a la abeja. La particularidad de la abeja es encontrar y posarse sobre lo
hermoso y dulce. Digamos, p. ej., que en un ambiente sucio, en un rincón, alguien puso un jarrón con
una or. Si la abeja entra volando ahí, dejará de lado todo lo sucio sin posarse, y encontrando la or se
posará en ella..
Si tomas a esta abeja y le preguntas donde está el lugar de la basura, ella contestará que no notó nada,
pero ahí están las dalias, y ahí las rosas, mas lejos — las viole tas, allí la miel y mas allá el azúcar... ella
resultará una conocedora de todo lo bueno y no tendrá ni idea de lo malo. Las buenos re exiones
piensan y ven lo bueno.
Y el Starez concluyó: — "Cuando vienen a mi y comienzan a acusar a otros, les relato ese ejemplo y
propongo elegir en que categoría quieren ubicarse, y de acuerdo a esto de nir también a los que los
acusan.
Una vez vino un joven, que no tenia pensamientos buenos, y me pidió que lo reciba como novicio. Le
expliqué: — No tengo aquí novicios. En primer termino porque habiendo mucha gente, los novicios se
van a convertir en sirvientes, tratando de recibir bene cios, y no — en monjes preocupados de lo
espiritual... En segundo termino siendo monje hace muchos años, adquirí algo bueno, pero también
muchas debilidades, que has ta ahora no puedo eliminar. Viniendo acá — con lo bueno (ayunos,
vigilia, oraciones) te vas a perjudicar, ya que no podrás seguirlos. De mis debilidades también te
perjudicarás, ya que no podrás soportarlas. Por todo esto no puedo recibirte.
Algunos días después, mientras comía dos tomates con pan seco, comencé a re exionar sobre las
bene cios de Dios hacia mi. Pensé que Dios me dió esta hermosa casi ta en un lindo lugar, que podría
inspirar la envidia de muchos ricos, que desearían tener semejante casita para descansar. Pensé, que esta
casita es mía — sin tener que pagar el alquiler, por el cual otra gente debe trabajar mucho. Además
tengo la comida de cada día, sin tener que trabajar como otros en una fabrica para obtener un sueldo.
Que vivo en un lugar tan santo, donde hay muchos hermanos buenos. Re exionando sobre todo esto,
me apené y con lagrimas por mi falta de gratitud a Dios por Sus enormes bene cios. Llorando, no pude
comer mas.
Encontrándome en este estado de emoción, veo, que de repente se acercó al cerco el mismo joven, que
hace poco pidió ser aceptado como novicio. Para que no me vea llorando, entré en la celda, me lavé la
cara y fuí a abrir la verja. Parece, que él se tentó por mi tardanza y me dijo:
— ¿Así que es cierto, eh? ¡Estas considerado como asceta! Comías carne, y cuando me viste, en el acto te
escondiste, para que yo no te vea. ¡Por n descubrí lo que eres en verdad!
Aturdido por semejante acusación, reí y no traté de justi carme. Solo me sorprendió cuan fácil él se
dejó vencer por pensamientos malos.
El Starez decía también, que el contenido de los pensamientos hace evidente el estado espiritual del
hombre. Una vez en el parque de una ciudad estaban sentados tres hombres, charlando. De repente,
casi corriendo, pasó al lado un joven. Ellos se pusieron a re exionar.
Uno pensó: "Parece que robó algo y corre para que no lo agarren." Otro pensó: "Parece que tiene cita
con una joven y, llegando tarde, se apura." El tercero pensó: "Seguro que es salmista en la iglesia y corre
para llegar a tiempo al comienzo del o cio."
Lo ven, de una misma persona tres hombres pensaron distinto. Solo uno que tuvo un buen
pensamiento de su hermano sacó provecho. Mientras que los otros dos se hicieron daño espiritual.
El Starez siempre insistía, diciéndonos: Cuando un hermano tiene pensamientos malos, debemos tratar
de corregirlo con bondad y humildad. Esto — es un deber nuestro. Desgraciadamente ahora mucha
gente, y hasta los eclesiásticos, no luchan con sus pensamientos de teriorados. Ellos, o se ponen de
acuerdo con aquellos que piensan mal, o, peor todavía, degradan mas sus pensamientos.
Un hermano viene al confesor y comienza a quejarse de alguien. Pensando mal del otro, él evidencia al
confesor su mal pensamiento. El confesor, en lugar de corregirlo y llevarlo hacia el amor, toma el
problema en forma mundana, y para congraciarse con el hermano, le dice:
— ¿No lo conoces acaso? ¡Recién ahora sabes como es él en realidad! Aléjate de él y no lo tomes en
cuenta.
Yo, — dijo el Starez, — si quiero, de esta manera puedo tranquilizar hasta al mismo diablo, no solo a los
hermanos. Pero, mira lo que pasa luego, ya que actúa la verdad Divina.
Como los hermanos siguen teniendo pensamientos estropeados uno del otro, llegan a tal ardor, que
comienzan a acusarse uno a otro: "¡A, eres así! — hasta el confesor con quien hablé, tiene la misma
opinión sobre ti." Y aquí ambos establecen que el confesor, deseando quedar bien con ambos, sostenía
sus reciprocas sospechas.
Yo trato de actuar de otro modo. P. ej. si, viene a mi el cabeza de una familia, muy alterado, comienza a
acusar a su esposa de muchas molestias y discusiones que ocurren en su familia. En realidad él dice lo
que siente a causa de sus malos pensamientos.
El resultado es que ambos esposos entienden, que yo fui severo con ellos para corregir sus faltas y
pensamientos malos, y que mi nalidad era restablecer el amor entre ellos.
Cuando vivía en Katunaka, una vez durante la oración nocturna, me comenzó a llenar una alegría
celestial. Al mismo tiempo, mi celda en tinieblas, iluminada levemente con la luz trémula de una vela,
empezó poco a poco a llenarse con una hermosa luz celes te. Esta misteriosa luz era muy fuerte, pero
mis ojos podían aguantarla. Era una luz Divina, no de este mundo, ¡la habían visto muchos monjes del
monte Athos! Varias horas estuve en el b rillo de esta luz Divina, no sintiendo los objetos terrenales y
encontrándome en el mundo espiritual, distinto de este, físico.
Encontrándome en este estado, y percibiendo por medio de aquella luz Divina, sentimientos
celestiales, pasé muchas horas sin notar el tiempo. Pero poco a poco esta luz bendita comenzó a
desaparecer y volví en mi. Sentí hambre, comí un pedazo de pan seco, tragué un poco de agua. Estando
cansado, me senté para descansar y me sentí como un animal. Este sentimiento de mi iniquidad, qu e
me parezco completamente a un animal, nació en mi a partir del estado que había vivido. Del mundo
espiritual bajé enseguida a mi lastimoso estado y, viendo la diferencia, me juzgaba y sentía repulsión
hacia mi mismo.
Con estos sentimientos salí afuera y me pareció que todavía era de noche y plenilunio. En esto
momento, por casualidad, pasaba un hermano, y le pregunté:
El hermano, extrañado, pidió que le repitiera: padre Paisio, ¿que has dicho? ¡No lo entendí!.
Entonces me di cuenta de lo que había pasado— eran ya casi las 10 horas de la mañana, y lo que me
pareció "plenilunio," en realidad era el sol.
De manera, que la Luz no creada era tan fuerte, que comparada con ella, la luz solar parecía ¿una noche
en plenilunio! Y a pesar de esto, mis ojos recibieron la fuerza para poder resistir la luminosidad de
aquella luz. Habiendo relatado este caso, el Starez me ordenó irme, porque vinieron otros peregrinos.
Yendo a casa, me sentí en un estado completamente animal.
"La principal obligación del hombre es amar a Dios y luego a su prójimo, y mas todavía — a su
enemigo. Si amáramos a Dios como se debe, guardaríamos también todos Sus otros mandamientos.
Pero nosotros no amam os ni a Dios, ni a nuestros prójimos. ¿Quien hoy se interesa por otra persona?
Todos se preocupan solo por si mismos, y no por otros. De esto vamos a rendir cuentas .a Dios, Quien es
todo amor, no nos perdona rá esta indiferencia hacia los prójimos."
"El buen cristiano primero ama a Dios y luego al hombre. El amor sobrante lo vierte también sobre los
animales y la naturaleza." Nosotros, la gente contemporánea que, destruimos el medio ambiente
demuestra nuestra falta de amor.
El Starez describe la vida de san Arsenio de Cappadoquia, quien era famoso por su amor a la gente. P.
Paisio escribía: "La vida de san Arsenio era santa, él era como un generador espiritual, movido por el
gran amor Divino que todo lo abarca, siempre milagrosamente comunicaba la Gracia Divina no solo a
los cristianos, sino también a los turcos, a lo eles e in eles."
El Starez decía: "Quien solo por amor se afana a ayudar a su prójimo, — la misma fatiga le trae descanso.
En cambio, el egoísta y perezoso se cansa de su misma falta de acción." Debemos prestar atención a lo
que nos hace incitar a las obras de amor, según decía el Starez. Debo trabajar para otros por puro amor,
y por ningún otro estímulo. M uchos hacen ver su amor a la gente, y acto seguido —(los subyugan a si
mismos.)?
"En el amor al prójimo esta escondido nuestro gran amor a Cristo. En nuestra veneración a la Madre de
Dios y a los santos, también, se esconde nuestra gran veneración a Cristo." Con esto se conserva el amor
cristiano y se diferencia en cualidad del amor a la gente mundana.
La limosna piadosa — es la expresión del amor. Los cristianos contemporáneos casi olvidaron esta
virtud .El Starez hace recordar no solo su necesidad, pero también los frutos espirituales que ella trae.
"Los cambios espirituales del alma y alegría del corazón por el hecho de la bene cencia, o solo la
limosna, ofrecidas al prójimo, no puede darnos ni el medico mas grande con una bolsa de dinero. Los
pensionados que sacri can su tiempo y dinero para salvar a niños indefensos de alguna familia
deshecha Si el hombre analizara bien el provecho espiritual y la alegría interna que se siente, hasta en
esta vida, por una pequeña bene cencia hecha a su prójimo, él mismo rogaría al prójimo que la aceptara
y has ta le estaría agradecido."
El hombre virtuoso.
El Starez escribe: "Cuando vine al Monte Santo, recorrí el jardín de la Madre de Dios, tal como lo hacen
todos los recién venidos, para encontrar las ores perfumadas de la Madre de Dios (a los santos ascetas)
y para tomar prestado de ellos algo de polen espiritual." Hay que glori car a Dios que hasta hoy día
muchos cristianos buscan este polen espiritual. Hay también aquellos, que a pesar de ser religiosos, no
lo buscan, porque su ideal — es el cristianismo exterior, y no la veneración, — y desarrollo de la mente,
del corazón.
"A la virtud no se la puede esconder, por mas que quiera, tal como al sol no se lo puede tapar con un
tamiz, ya que por los agujeros pasarán muchos rayos de luz."
De la plática del p. Paisio con los seminaristas. — Geronta (anciano, starez), ahora todo está en crisis, y
nuestra vida esta sometida a la critica de todos los lados, dinos sobre la hazaña espiritual que debemos
cumplir. Y el Starez contestó: "Escuchen, la gente que ahora se esfuerza, — gente espiritual, va a recibir
sin falta una recompensa grande. Y en estos tiempos, cuando en todas partes está derramado el pecado
y es alabado como algo bueno, y ofrecido a todos, la hazaña y el esfuerzo del trabajador espiritual
merecen mas elogios, que en otros tiempos. Y sepan, hijos míos: un hombre virtuoso y bueno, que se
esfuerza a seguir por el camino de Dios — es el mejor de todos y el más deseable. Es de seado por todos,
nadie siente repugnancia hacia él, todos quieren tener su amistad. Para acla
rar lo dicho les daré un ejemplo: Los ladrones van a robar. Luego, cuando hay que dividir el botín, ¿a
quien, piensan Uds., toman para hacer el reparto? Al ladrón mas grande o a un hombre cabal? Seguro
que al justo, y no a un estafador y ladrón. Y es posible que todos los ladrones, siendo amigos entre ellos,
no obstante estimen al hombre justo, que no es como ellos. Por eso, a pesar de que anden en las peores
compañías, cuando quieren hacer algo, como p. ej., casar a su hija, no la casan con un borracho ni
vagabundo amigo suyo, sino buscan a un hombre bueno y derecho.
P. Paisio escribía: "Los seguidores tienen el deber sagrado de escribir sobre las divinas hazañas de los
Santos Padres de su época, sobre el trabajo que realizaban para acercarse a Dios. Cuando escribimos
sobre los Santos, nuevamente recibimos bene cios; ya que los recordamos y tratamos de imitarlos,
entonces los santos, conmovidos, nos ayudan a que nosotros también los alcancemos .El Starez contó
sobre si mismo: "Cuando era pequeño, con interés escuchaba lo que me contaban sobre el p. Arsenio
los que lo co nocieron, y esto se jaba con facilidad en mi corazón joven, que todavía no estaba cubierto
por el sarro de los pecados.
El p.. Paisio nos trazó plenamente la imagen espiritual de san Arsenio: "El predicaba la fe verdadera con
su propia vida virtuosa. Su cuerpo se derritió en la hazaña de un cálido amor a Dios. El cambiaba las
almas con la Gracia Divina. Tenia una fe profunda y sanaba a muchos eles y a los no-creyentes. Pocas
palabras y muchos milagros. El experimentaba muchas emociones y ocultaba mucho. Bajo la envoltura
dura del exterior, escondía el dulce fruto espiritual. Muy severo consigo mismo, tenia amor paternal
para sus hijos. El los acostumbraba no a la letra de la ley, sino a su sentido, a la aplicación. Como
servidor del Altísimo, él no tocaba tierra, y como Su cooperador iluminaba al mundo. Lo glori có Dios,
a Quien él glori ca con su vida.
La familia.
Muchos padres, amando en forma errónea a sus hijos, les causan un daño espiritual. por. ej., la madre
por excesivo amor a su hijo, abrazándolo y besándolo, le dice: "que maravilloso ni ño eres" o "Tu — el
muchacho mejor del mundo," etc. De esto, el pequeño desde muy temprano (a la edad que no puede
tener todavía plena conciencia), asimila una elevada opinión de si mismo, que él es el mejor y más
inteligente de todos. Por eso él, naturalmente, no siente necesidad de la gracia Divina y no sabe pedir
ayuda a Dios. Así, desde la temprana infancia, en el alma del niño se ja una pétrea presunción, que
nunca podrá superar y la llevará consigo a la tumba.
El mal esta en que los primeros en sufrir esta soberbia son los mismos padres. Realmente, los niños de
tales padres no van a escuchar tranquilamente sus enseñanzas, estando seguros de que lo saben todo
mejor que ellos. Por eso, los padres deben ser muy cuidadosos con el desarrollo espiritual de sus hijos, ya
que son responsables no solo por si mismos, sino también por ellos.
Los consejos útiles del Starez para los confesores y los padres: "El arbolito se ata con un pasto suave y no
con un alambre, sino se daña la corteza y se seca. La limitación de un niño o novicio debe ser suave y
bondadosa para que no se seque espiritualmente." "Un joven vivaz y egoísta no debe ser amansado
brusca mente por su maestro, sino le saldrán muchas ramas, como pasa con un árbol joven y lleno de
jugo, si le cortan muchas ramas. En el tiempo cuando tu árbol espiritual es pequeño y sus ramas bajas,
acepta con alegría el cerco espiritual y los lazos de limitación, para que no sea vulnerado por las cabras y
hecho inservible. Hay que crear la paciencia para crecer espiritualmente, gustar de tus propios frutos y
refrescarte en tu sombra."
El Starez dijo: "El único valor en la vida — es la familia. Apenas perecerá la familia — perecerá también
el mundo. Muestra tu amor, en primer termino, a tu familia... Cuando sea destruida la familia, será
destruido todo, el sacerdocio y el monaquismo."
En nuestro tiempo se habla mucho de magia, por eso representa particular interés un relato del Starez,
que yo cito aquí, según lo anotó un visitante: "El niño puede ser sometido a in uencias demoníacas,
pero si es puro, el diablo no lo puede tentar. Pero, cuan do el niño comienza a desobedecer a sus padres
y deja de ser sincero, de él se aleja la gracia Divina. Hay que saber, que los demonios incitan el hombre
para el mal desde afuera. Pero para que ellos puedan entrar en él, el hombre debe darles pretexto serio.
En otra forma no pueden hacer nada. Para que lo entiendan, les relataré un caso característico con una
maestra de 40 años y su alumno de 15 años. Sobre este caso ella mismo me escribió hace poco. Ella era
soltera, lo que se llama "solterona," y le entró una ardiente pasión im
pura hacia un alumno de secundaria de 15 años. Ella se dirigió a un mago para que le ayude. Pero como
el niño era puro, el mago no pudo hacer nada, y por eso le aconsejó arrastrarlo al pecado, entonces la
magia encontrará su lugar en él, o sea, encontrará abier ta al puerta de su alma para hacer con él lo que
quiera. Ella llevó al niño a su casa, lo sedujo y lo hizo pecar. El diablo, enseguida, aprovechó el momento
propicio y entró en él. Desde ese momento, el niño, poseído por las fuerzas del mal, se debilitó, se
enfermó y estuvo cerca de la muerte. No quería leer, ni ir a la escuela, ni comer, ni hacer nada. Y ahora,
ella, esta mujer diabólica, me escribe que está muy triste por el niño que se en cuentra en ese estado, y
quiere que yo ore por él. Pero, por otro lado, ella no desea perderlo. Si fuera asi, y a pesar de que yo
nunca toqué a nadie, ni con un dedo, le arrancaría todos sus ca bellos, uno por uno, por el mal que le
hizo al niño."
El Starez dijo: "Nunca juzguemos a nadie cuando veamos a alguien caer en pecado; lloremos y pidamos
a Dios perdonarlo. Si vamos a juzgar los errores de otros, esto va a signi car, que nuestra vista del alma
todavía no está limpia. El que ayuda a su prójimo, recibe la ayuda de Dios. El que condena a su prójimo
con envidia y cólera, tiene a Dios, como juez. Nunca juzguemos. Vamos a considerar a todos santos, y
solo nosotros mismos — pecadores. La condena puede ser no solo con palabras, sino, con la mente y la
disposición interior del corazón. La disposición interna da el tono a nuestros pensamientos y palabras.
De cualquier manera, para nosotros es mejor ser contenidos en nuestras opiniones para no caer en
vituperio, en otras palabras, vamos a evitar a acercarnos al fuego, sino, o nos quemamos, o nos llenamos
de hollín. La mejor cosa es condenarsa si mismos y dejar de ocuparnos de otros."
Los Santos Padres nos dicen que debemos ser muy cuidadosos con las visiones, ya que pueden proceder
también del maligno, y para no caer en la tentación, debemos distinguir ¡el bien del mal! Por ejemplo,
ellos dicen, que la luz Divina es blanca, en cambio, la luz del maligno — es roja.
También dicen los Santos Padres, que el Ángel de Dios emana alegría, en cambio el maligno, tomando
aspecto de un ángel, trae inquietud. ¿Pero qué hace el espíritu maligno? El excita el corazón con alegría
carnal y seduce al hombre, que no había experi mentado aún el regocijo celestial divino. Lo seduce con
la alegría carnal, para que él no pueda distinguir la alegría verdadera de la falsa. Por eso hace falta
considerar las visiones como lo enseñan los Santos Padres y no con propias explicaciones lógicas.
A menudo, vemos a novicios de los grandes maestros, que no pueden evidenciar la opinión que tiene el
confesor de ellos; a pesar de haber vivido al lado de él muchos años, y leer sus escritos claros y escritos
en idioma contemporáneo.
Es digna la atención en la plática del Starez con un buen amigo mío sobre la educación religiosa de los
niños. Aquí cito sus principales momentos:
— Hay muchas tentaciones y peligros hoy día para la juventud, Geronta. Estamos preocupados por
esto, a pesar de nuestros esfuerzos para que nuestros hijos estén dentro del cerco de la Iglesia.
— Por los niños impregnados de piedad desde su temprana edad, — no teman. Si se alejaran un poco de
la Iglesia con la edad o por tentaciones, volverán de nuevo. Son como jambas de las puertas, que
untamos con aceite, y no se pudren.
— Como lo considera, Geronta, desde que edad los hijos se tornan receptivos y cómo nosotros, los
padres, debemos actuar para no tener miedo de dañarlos sin querer con nuestras exigencias?
— En primer termino, los niños están copiando de nosotros, y esto desde la infancia. Desde este
momento debemos tratarlos como a un reloj. Apenas se a oja su resorte, enseguida hay que darle
cuerda, pero con atención y suavemente para que no se rompa por un esfuerzo excesivo.
— Cuando algo no está en orden, siempre existe una causa. ¿Puede ser, que les den mal ejemplo?
¿Puede ser que vean algunas cosas indecorosas, acciones malas, palabras gruesas en casa? De cualquier
manera vamos a servirles a los niños la devoción en forma de leche, y no como comida dura y seca.
Nunca hay que presionarlos y dar ordenes, p ero antes de todo, ser un ejemplo para los niños.
— Tratemos, hasta donde es posible, de evitar esto. Hasta, si lo admitimos, de ninguna manera debe
hacerse constantemente. El castigo corporal debe ser administrado de manera que el niño entienda
porque lo castigamos. Solo así será útil para él.
— Geronta, a pesar de que cumplimos todo, nuestros hijos se tornan inmanejables. A veces, pasan todos
los limites. No sabemos qué hacer.
— Vamos a entregar, a veces, el destornillador en las manos de Cristo, para que ajuste algunos tornillos
y ponga orden. No pensemos que por nosotros mismos podemos arreglarlo todo.
— Si Geronta, el niño siempre iba a la iglesia, pero desde una cierta edad su conducta comienza a
cambiar y el se escapa del templo, ¿como debemos actuar?
— ¡Con calma.! Si ven algo serio, intervengan. Pero estén atentos, para que el niño no se endurezca, y
no pase algo peor.
— Cuando la criatura se empezó a relacionar con malas compañías y deja su casa, sin haber adquirido
aunque sea un poco de gracia de Cristo, habrá esperanza de que vuelva?
— ¿Y habrá sacado amor de su casa? Cuando en la casa hay amor, y al hijo lo rodeamos de amor,
entonces en cuanto se va, y trata con unas pandillas, en un momento dado, él se dará cuenta, que ahí no
hay amor. Verá por todas partes la falsedad y volverá a casa. Pero si recuerda la enemistad y el odio de su
casa, su corazón no lo va a obligar a volver.
— Si nosotros conocemos a Cristo muy tarde, cuando nuestros hijos hubieran crecido, ¿que tenemos
que hacer para ponerlos sobre el camino hacia Dios?
— Aquí, solo la oración trae frutos. Debemos pedirle al Señor, con una fe grande, la misericordia para
estos hijos, que no tienen culpa de la falta de fe. Aceptémos, que la responsabilidad cae sólo sobre
nosotros, hagámonos humildes y hagámos una sincera pe nitencia, y Dios los ayudará. Les alcanzará
algún salvavidas, para que se salven también ellos.
En el tercer día de Pascua de 1984, el Starez durante la oración tuvo una visión terrible: Ante él se
extendía un gran campo sembrado de trigo, que solo comenzaba a germinar. El estaba parado cerca del
muro, que rodeaba el campo. Prendiendo velas, las pegaba sobre el muro. Lo hacia por la memoria de
los muertos, tal como en realidad tenia costumbre de prender velas por todo el mundo sufriente — por
los vivos y por los muertos.
A la izquierda del campo había un lugar vacío, oscuro, sin vegetación, lleno de rocas y piedras. Estaba
sacudido por un continuo terremoto y de todas partes de escuchaba un fuerte clamor .El Starez escuchó
con atención este bramido y distinguió que se componía de miles de gritos desgarradores. El no conocía
su origen, pero sufría al escucharlos.
Allí, donde él estaba parado sin entender el sentido de la visión, escuchó una voz, que le explicaba que
el campo sembrado de trigo sin madurar signi caba una cripta para las almas de los muertos, que van a
resucitar. El terrible lugar a la izquierda era el lug a r donde se reúnen las almas de los niños muertos en
los abortos .El Starez sufrió tanto por lo visto, que después de la visión, a pesar de estar muy cansado, no
pudo recostarse para dormir un poco.
Distintos casos.
Conversión de un anarquista.
Una vez, seis de nosotros estábamos sentados al lado de la celda del Starez, escuchando sus enseñanzas.
En este momento se acercó un joven con cabellos largos y un echarpe de seda en el cuello. Dirigiéndose
a nosotros, con cierto descaro preguntó:
En el bolsillo izquierdo de la camisa del joven se veía un paquete de cigarrillos .El Starez, indicando el
bolsillo, dijo:
— No, cigarrillos — contesto él y, sacando el paquete, se lo ofreció al Starez, diciendo: — ¿Quiere uno?
Como todos nosotros estábamos sonriendo mirando al Starez, el joven comprendió que aquél era Paisio
a quién él deseaba ver. Certi cándose con nosotros, que no se había equivocado el joven, dirigiéndose
al Starez, preguntó:
— ¿Como te llamas? Te llamas... te llamas... como se llaman aquellos que en Atenas dirigen el trá co en
las calles y dejan pasar los autos... (él sobreentendía los reg uladores del trá co)? Entonces nosotros
pegamos un salto y le decimos al Starez:
— Geronta, Ud. quiere decir: "Stamatis" o "Gregorio"? (son palabras griegas, que equivalen a
"detenedor" — Stamatis, o "mas de prisa" — Gregorio).
Unos seis meses después él volvió al Monte Santo, donde lo encontré cerca del monasterio Kultumush.
Pero él se parecía muy poco a aquel anarquista que vi en lo del Starez. Cambió tanto, que me dejó
perplejo: ¿seria el mismo? Para disipar mi duda le pre gunté:
— Discúlpame, ¿no era Ud., el que hace unos 6 meses atrás vino a ver al Starez?
— Si, padre, ese mismo, que hablaba descaradamente con el Starez. Fui un animal! Ruegue por mi,
padre, para que me enmiende, por las oraciones del Starez.
Salvación de un suicida.
El Starez, según su costumbre, pasaba toda la noche orando. Una vez, cerca de medianoche, durante la
oración, él fue "informado" por la gracia Divina, que en ese momento, en el mundo, se encont raba en
peligro alguien con el nombre de Juan. Al recibir esta noti cación, el Starez inmediatamente prendió
una vela y comenzó a rezar por Juan. Aproximadamente después de media hora, su alma recibió la
"información" que Juan estaba en peligro, .el Starez, sin embargo, no entendió lo que había pasado.
Al otro día vino al Starez un joven y le contó lo que no le había revelado la gracia Divina, o sea, que él,
deprimido por numerosos problemas, se encontró en un absoluto callejón sin salida y decidió terminar
con su vida.
Sentándose sobre su moto a las doce y media de la noche, él se fue a toda prisa afuera de la ciudad,
dirigiéndose a una región alejada para estrellarse en un precipicio. Cerca de las doce cincuenta,
mientras conducía volando, le vino el pensamiento: "Tanto que hablan de este Paisio del Monte Santo,
¿no seria bueno verlo antes? y si no saliera nada de esto, entonces me estrello."
Este era aquel Juan, sobre el cual la Gracia inculcó al Starez que orara mientras se acercaba al barranco.
Y, desde luego, cuando el joven volvió a casa, fue, no al ba rranco, sino al confesor para confesar sus
pecados. Así, por las oraciones del Starez, el joven tomó el camino bueno.
Del libro "Peregrinación de un medico al Monte Santo," sito aquí un fragmento que se re ere al p.
Paisio:
"Hace poco viajó al Monte Athos un conocido mío, abogado, y ex miembro del parlamento, para visitar
a un asceta, famoso por su sabiduría y santidad. Tenia que solucionar un problema, relacionado con la
salud de su hijo. Juntos fuimos a la "kaliva" del Starez. Nos recibió tan amablemente como si nos
conociera desde hace muchos años. Yo esperaba con gran impaciencia y curiosidad la "conclusión" del
Starez: "Si tu hijo y tu no rezan a Dios, la enfermedad seguirá su curso natural. Si van a orar, el
desarrollo de la enfermedad seguirá otro camino. Si Dios juzgara que tu hijo ya está preparado, podrá
llevárselo ahora mismo, y no te entristezcas por esto. Si El determina, que tu hijo no esta listo todavía, te
lo dejará."
Este asceta me quiere y lo demuestra con mucho humor: "¿De nuevo aquí, medico? ¿Porque viniste, yo
no te llamé?" Y agrega en el mismo tono: "¡Bueno, ya que llegas te, me enfermaré, para que no te vayas
sin trabajo!" Muestra una lata con "lucum" (dulce oriental): esto es mi ayuda medica en la calle!
Contiene remedios. Toma uno, ¿tendrás tú medicamentos tan dulces?" Me acompaña y dice
bromeando: "Es mejor un me dico de aldea, que un profesor de la universidad. El medico local está
siempre cerca, en cambio,¿dónde encontrar al profesor de la universidad?"
Starez Paicio de Monte Athos
Starez Paicio de Monte Athos
El Starez estaba muy preocupado por habersele presentado un problema eclesiástico. Mas que nada
oraba a la santa gran mártir Eu mia, y decía: "¡Santa Eu mia, tú que con el "Tomos" resolviste un gran
problema de la Iglesia, ayuda también ahora!" (En el año 451, en Khalquidon, donde estaba reunido el
4-o Concilio Ecuménico, dentro de la iglesia estaban sus reliquias, y S-ta Eu mia hizo un milagro:
levantó su mano con el tomos que contenía la exposición de la fe ortodoxa y se lo dió al Patriarca).
Cierta mañana el Starez escuchó que alguien tocaba la puerta de entrada de una manera rara. Preguntó:
¿Quien es? — Una voz femenina contestó: "Es Eu mia, Geronta." Así pasó dos veces. Luego el Starez
sintió que alguien entró a través de la puerta ce rrada y vió a s-ta Eu mia. El Starez dijo: Decí "¡Gloria al
Padre, Hijo y Espíritu Santo!." La santa recitó la profesión de fe, el Starez cayó de rodillas y se inclinó
ante ella. La Santa le di ó la solución, que esperaba el Starez y contestó otras tres preguntas de sus
oraciones. Entonces él le preguntó: "¿Cómo soportaste el martirio?" La Santa contestó: "Geronta, si yo
supiera lo que me esperaba en esta vida eterna, y la belleza celestial, pediría que el martirio nunca
terminara, porque no es nada, en absoluto, en comparación con lo que me otorgó la Gracia Divina!"
(staretz_paisij_eznepidis_s.doc, 04-20-2005).
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