Müller, M. (1997). Orientación Vocacional (cap.
4)
4. Grupo Operativo en Orientación Vocacional
Las consultas de OV son numerosas e insistentes en ámbitos institucionales: escuelas, centros de orientación
y de salud mental. En ese contexto, es indispensable que el orientador conozca e instrumente la dinámica
grupal, capacitándose como coordinador. Todos aprendemos desde y por lo social, lo incorporamos a partir de
nuestra inserción en un sistema de relaciones familiares que hacemos nuestro por procesos de identificación
e introyección y que actúa “desde adentro”.
Ya Freud decía en “Psicología de las masas y análisis del yo ” (1920): “En la vida anímica individual aparece
integrado siempre ‘el otro’, como modelo, objeto, auxiliar o adversario, y de este modo la psicología individual
es, al mismo tiempo, y desde un principio, psicología social”. La personalidad se constituye “desde otros”,
comenzando por el ámbito presubjetivo: la sociedad, la cultura, el lenguaje; preexistentes a todo sujeto y
predeterminantes.
Pichón Rivière ha elaborado un marco conceptual que denominó epistemología convergente para explicar y
operar en psicología social y dinámica grupal. Nos señala los ámbitos inclusivos de estudio: psicosocial (la
psicología individual como punto de encuentro con la psicología social); socio-dinámico (los pequeños
grupos); institucional (las organizaciones sociales formales) y el comunitario (la sociedad más amplia).
El término sujeto hace referencia a subjetivo, y también a sujetado: es resultante de innumerables relaciones,
expresión de deseos de otros: es un producto social. El sujeto es alguien originalmente indefinido, expuesto o
sujeto a influencias. Por su parte, un grupo es un conjunto de personas que comparten normas, presentan
relaciones estructurales (roles) y dinámicas (conflictos, interacciones), en procura de objetivos comunes.
Haremos referencia, en especial, a los grupos operativos, según el ECRO ( Esquema Conceptual Referencial
y Operativo). Los grupos operativos implican una mutua representación interna, un interjuego de roles
constantes espacio-temporales, y el compartir una tarea explícita (orientarse vocacionalmente en nuestro
caso) e implícita (aprender a “pensar”, a resolver su problemática, elaborando las ansiedades y resistencias
ante la tarea explícita). En el grupo operativo, el líder principal es la tarea.
Coordinador de grupo: atenderá a ambos niveles de la tarea. Señalará y establecerá el encuadre de lo
manifiesto (lo explícito) e interpretará lo latente (implícito), recordando que los emergentes de los
procesos grupales los conectará:
Con la Gestalt grupal (todo lo que aporta cada integrante puede relacionarse con la totalidad
del grupo).
Con el vínculo [hacia el coordinador y los observadores] (transferencia).
Con la tarea concreta que se realiza.
En los fenómenos grupales se observa la coincidencia de dos puntos:
1) La situación o estructura grupal (horizontalidad)
Es un complejo de factores interdependientes, una Gestalt o totalidad sistémica, que a su vez puede
transformarse (está siempre en curso).
En cuanto a los conceptos estructurales básicos, tenemos el de roles o papeles desempeñados
alternativamente por los integrantes del grupo. En especial, el rol de liderazgo, que puede asumir diversas
características (autocrático o despótico; democrático o participativo; laissez faire 1 o prescindente; demagógico
o paternalista (autocrático encubierto); mesiánico o depositario de las expectativas de salvación. Hay líderes
impuestos o formales (los profesores por ejemplo) y líderes espontáneos surgidos del mismo grupo.
Los integrantes del grupo pueden compartir fantasías básicas respecto del liderazgo y la tarea, los supuestos
básicos (señalados por Bion) o creencias irracionales inconscientes compartidas, como el de dependencia (se
venera en forma idealizada al líder, quien se espera que alimente y nutra incansable y omnipotentemente al
grupo); el de ataque y fuga (supone canalizar la agresión del grupo hacia algo o alguien del endo o exogrupo,
para evitarlo o segregarlo, mientras se espera un sólido caudillaje del líder); y el de emparejamiento (o
expectativa y esperanza mesiánicas cifradas en una pareja grupal que aportará el líder futuro).
Otros roles significativos son: el chivo emisario (asume todo lo negativo proyectado por el grupo, posibilitando
así la disociación de lo temido y rechazado, que los demás integrantes se resisten a reintroyectar); el
saboteador (o líder de la resistencia al cambio: negativista, quejoso, siempre crítico, no cooperativo, y que
intenta organizar acciones contrarias al objetivo del grupo); el portavoz (o representante de la fantasía y el
conflicto grupales. Es eminentemente rotativo, pero en sí cada tipo de rol habría de serlo en un grupo de
buena operatividad, ya que esta implica la flexibilización y alternancia de roles).
La rotación de roles se produce por el interjuego de los mismos, lo no estereotipado de los mismos, la
posibilidad de complementarse y no suplirse, o sea, no invadir competitivamente el rol del otro. En todo grupo
se da un interjuego de adjudicación y asunción espontáneas de roles, acorde con las características de cada
personalidad, sus predisposiciones y los vínculos situacionales que surgen. En el grupo, escenario “real”, se
mueven proyecciones e identificaciones múltiples y cruzadas, que envuelven a todos los miembros. Por lo
mismo, también las transferencias son múltiples y se comparten fantasías (supuestos básicos) así como
representaciones acerca de su problema).
Hay procesos de depositación (proyecciones ubicadas en ciertos miembros); depositarios (los que reciben y
actúan lo depositado) y depositantes (quienes depositan).
En el devenir grupal se presentan existentes (situaciones presentes), que por la intervención operativa del
coordinador se convierten en emergentes.
2) La historia o génesis (verticalidad)
Se refiere a lo aportado por cada integrante del grupo: cada uno trae su constitución subjetiva, su mundo
interno con vínculos evolutivos, etcétera. Cada rol jugado en el grupo dependerá de la sobredeterminación
disposicional. Aquí influyen la compulsión a la repetición, las estereotipias defensivas, el miedo y la resistencia
a los cambios. Pero también el estilo perceptivo y del aprendizaje, entre otras cosas.
Cada integrante aporta sus representaciones internas de la red de vínculos (grupo interno), con la impronta de
su mundo imaginario, poblado de deseos, temores y elaboraciones subjetivas que proyecta a lo grupal.
Para comprender el acontecer grupal
Lo tomaremos como un “texto” expresado con un argumento explícito (temática) y un sentido implícito
(dinámica) legible a diversos niveles:
La tarea
Los vínculos grupales
Los vínculos con el equipo coordinador
1
Expresión francesa que significa «dejen hacer, dejen pasar»; una práctica caracterizada por una abstención de dirección o
interferencia especialmente con la libertad individual de elección y acción.
Lo implícito o latente obedece a leyes del inconsciente: condensación (una misma expresión remite a distintas
ideas y asociaciones); desplazamiento (metonimia: una representación cambia de forma al manifestarse);
dramatización (se representa algo por medio de la acción) y simbolización (se utilizan símbolos e imágenes
como significantes de otras cosas, cuyo sentido permanece inconsciente para quienes simbolizan).
La tarea del coordinador será aprender a observar y escuchar lo grupal, atender a los temas reiterativos o
significativos y “traducir” la lectura grupal, de acuerdo con su código o marco conceptual, a los significados
atribuidos. La lectura se realiza desde un lugar teórico existencial, dejándose primero penetrar por el
acontecer del grupo.
Se detallarán los momentos observados en el trabajo grupal operativo:
a) Pretarea: en este primer momento se pierde el tiempo, se explora a los demás, se desestructuran los
estereotipos defensivos. Surge la ansiedad confusional, el supuesto básico es el de dependencia: sólo
el coordinador sabe, se lo idealiza, se le demanda.
Es un paso previo a todo aprendizaje: implica des-aprender, confundirse, reconocer el no saber y la
necesidad del otro.
El discurso es imaginario, con indiscriminación de lo real: se proyectan las fantasías, los mundos
internos, se teme perder lo conocido y seguro.
Las defensas son: la evitación, la negación, la racionalización, impostura o “como sí” (huida
contrafóbica a la tarea). Predomina lo fóbico, la disociación y evitación.
El coordinador puede temer y evitar la tarea, sentir estar en falta, de estafar al grupo, de centrarlo todo
en sí, por temor a la exclusión.
En esta etapa el coordinador explicitará las tareas grupales, el encuadre y las reglas fundamentales.
Espera a que retomen la tarea, la señala. Interpreta las ansiedades ante la tarea y la transferencia (el
liderazgo que el grupo deposita en él).
El paso a la tarea real requiere un duelo: la renuncia a etapas anteriores de aprendizaje, la aceptación
de una reparación parcial de objeto simbólico y fragmentado a re-crear entre todos.
b) Tarea o momento dilemático: se dosifica la competencia, se reconoce la cooperación y se pasa a la
productividad, pudiéndose reflexionar por identificación con el objeto, habiendo transformación
recíproca.
Para incorporar simbólicamente, se procede primero disociando.
El supuesto básico es el ataque y fuga. Se producen polarizaciones y antagonismos, planteos tajantes
e irracionales. Los mecanismos esquizoparanoides llevan a encontrar chivos emisarios, a no tolerar la
ambivalencia ni los matices. Se acrecientan las defensas obsesivas: aislar afectos, intelectualizar, para
eludir la confusión y/o depresión subyacentes: los vínculos son persecutorios.
El coordinador espera que madure el dilema o situación polarizada. Lo señala, interpretándolo como
aspectos o partes de una totalidad. Introduce la información necesaria para resolver el dilema.
Es en este momento en donde se discriminan mejor los roles, el encuadre, en tanto que los
emergentes son nítidos.
c) Problema: en esta instancia se entra a la posición depresiva. Se acepta la ambivalencia, se integran
posibilidades, se perciben vías de solución.
Se produce el diálogo por reconocimiento recíproco y desconcentración, aceptándose lo progresivo y
parcial del aprendizaje. Ante la ansiedad depresiva, la elaboración creativa del proyecto ayuda a
resolverla.
Se logran insights, elaborándose los obstáculos.
Se proyecta hacia el futuro (plan de vida, profesión). Las síntesis preparan nuevas etapas. Se
producen decisiones.
El coordinador resume lo trabajado, colaborando en la anunciación de los proyectos.
La tarea se cumple en niveles de dramatización (simbolización de conflictos) y conceptualización
(reflexión sobre la problemática). La creatividad implica también la aceptación de los hechos.
Papel del coordinador
Es el co-pensor. Ayuda al grupo a cumplir la tarea (explícita o implícita). Sus intervenciones no son directivas
(no aconseja): plantea el encuadre, esclarece malentendidos, señala, interpreta, propone consignas y puede
proporcionar información.
Su actitud es no-normativa (no “pedagógica”), trata de ser continente del acontecer grupal, sin juzgar ni
descalificar lo traído por los participantes.
Su disposición es de “atención flotante”. Tolera los existentes y emergentes (propios, personales y grupales).
Propone integrar los distintos datos, estableciendo relaciones, para percibir el sentido que transmite el “texto
grupal”. Sintetiza, conceptualiza y transmite sus conclusiones en un lenguaje accesible, graduado y dialogado.
Relaciona las secuencias grupales, establece hipótesis a verificar, incluyéndose como operador en su campo
de trabajo, pues participa en los fenómenos que se producen.
Sus intervenciones unen la temática con la dinámica, discriminan los estereotipos y resistencias grupales, y
explicitan los planteos dilemáticos. También deberá seleccionar los puntos críticos significativos que surgen
del grupo, y cuidar en sus verbalizaciones la finalidad actual y prospectiva de la OV.
El coordinador (así como el observador) está sobresaltado por escenas temidas que concuerdan, desde el
presente profesional, con algunas de sus escenas familiares: lo que ni sabe de su trabajo se empalma con lo
que desconoce de sí mismo. Estas interferencias bloquean la instrumentación de conductas alternativas ante
los conflictos y paralizan la operatividad del orientador, por lo que es recomendable elaborarlas con el trabajo
sobre la identidad profesional y el aprendizaje del rol, en equipos supervisados.
El rol del observador
La observación no es ingenua, sino que es sostenida por un marco referencial teórico-técnico. Es un rol
cooperante con el coordinador, que amplía la posibilidad de registrar y reflexionar acerca del acontecer del
grupo.
Parte de lo fenoménico: quiénes están, dónde se ubican, cómo están, qué dicen, etcétera.
Desde el registro textual aprende a percibir (escuchar, ver) para leer un sentido.
La observación puede desarrollarse con distintos estilos:
Distorsionante: hay una identificación masiva con algunos integrantes: queda atrapada en lo
manifiesto, juzga, emite juicios de valor.
Descriptiva: se registra lo verbal, lo temático manifiesto.
Significativa: va a lo implícito, al sentido latente.
El observador puede ser:
Participante: aporta verbalmente, complementando lo dicho por el coordinador. Puede hacer una
síntesis de lo trabajado por el grupo en los minutos finales de cada encuentro.
No participante: registra por escrito, convirtiéndose en la “memoria grupal” del coordinador. Evalúa la
post-entrevista con éste.
Es muy importante que haya un trabajo en equipo entre el coordinador y el observador, para así acrecentar la
operatividad grupal del equipo.
Síntesis del encuadre grupal en OV
Tareas del grupo Tareas del coordinador
Aprender a elegir Explicitar tareas grupales: encuadre y reglas
fundamentales
Aprender a trabajar grupalmente en el aprendizaje de Señalar, interpretar la tarea latente, ser “co-pensor”
la elección vocacional
Pretarea: disociación –estructura fóbica, evitación (se Espera que retomen la tarea: señala la tarea
evita contactar con la tarea) manifiesta, interpreta las ansiedades ante la tarea y
la transferencia (liderazgo esperado)
Dilema: disociación, estructura esquizoparanoide: Espera que madure el dilema, señala el dilema
aislamiento obsesivo ante la confusión y la depresión manifiesto, interpreta el dilema latente como aspecto
(abordan la tarea con planteos parciales) de una totalidad
Problema: ambivalencia, entrada en posición Espera que madure el problema, lo señala. Interpreta
depresiva (se aborda la tarea más intregativamente) las ansiedades y la transferencia
Decisión: insight, posición depresiva, síntesis (cada Sintetiza soluciones y decisiones
integrante define su respuesta al problema)
Proyecto: reparación, salida de la posición depresiva Enuncia los nuevos proyectos y las tareas pendientes
(cada integrante plantea su proyecto)
Evaluación de los procesos grupales
Esquema del cono invertido (Pichon Rivière)
1) Pertenencia: es la integración al grupo, producida por identificación controlada, como consecuencia de
la mutua presentación interna. Se establece un vínculo significativo y un compromiso con el “nosotros”
grupal.
Se configura de esta manera un equipo identificado con la tarea y con los demás integrantes. Esto
posibilita la planificación y el cumplimiento de actividades. El obstáculo a este vector lo constituye el
saboteador, desde su rol de líder de la antitarea.
2) Cooperación: es el trabajo común, que también puede incluir aportes silenciosos. Se aúnan lo
intelectual y experiencial en un interjuego de roles que, para cooperar, requieren ser complementarios
y manejar las emociones básicas (hostilidad, envidia, amor, reparación). La cooperación se ve
obstaculizada por los roles suplementarios (donde un integrante desplaza a otro y le impide participar),
o por la rivalidad envidiosa o por el narcisismo de las diferencias (por el cual se denigra a quienes son
distintos y se los excluye). Cooperar implica reconocer las propias carencias, aceptando los aportes de
los demás.
3) Pertinencia: requiere ajustarse a la tarea y acercarse a los objetivos, es decir, superar la etapa de
pretarea y atenerse a los propósitos explícitos del grupo. Se esclarece la tarea, y puede evaluarse su
operatividad según la creatividad del grupo y su posibilidad de elaborar proyectos.
4) Comunicación: es el sistema de mensajes verbales, preverbales (gestuales, de acción) y paraverbales
(ruidos vocales, toses, carraspeos). Consideramos el texto (lo que se dice), el contexto (dónde y
cuándo, con quiénes y dirigido a quién) y el sub-texto o connotación (por qué, para qué y cómo se
emitió el mensaje). Se estudian las coincidencias, discrepancias y contradicciones entre los distintos
códigos (los esquemas referenciales interpersonales, pero también, los diferentes sistemas
comunicativos de un mismo sujeto).
El grupo lleva a elaborar un código compartido. No obstante, surgen repetidamente malentendidos o
contradicciones y obstáculos en la confrontación de dichos códigos.
5) Aprendizaje: a partir de una sumatoria de información compartida, se produce un cambio cualitativo
estructural (“la ley de la dialéctica de transformación de cantidad en calidad” – Pichon Rivière).
El objetivo del aprendizaje, primero caótico, fragmentado, va reintegrándose simbólicamente en
síntesis operativas que permiten una mejor lectura de lo real, una adaptación activa y pasar a lo
nuevo. En términos de OV, sería conocerse más a sí mismos y a los demás, conocer la realidad socio-
ocupacional y educativa, estableciendo un proyecto posible.
6) Telé: es la transferencia, positiva o negativa, hacia cada miembro del grupo. Se realiza de acuerdo con
modelos internalizados que, de algún modo, suponen un reencuentro con imágenes previas de la
historia subjetiva. Esto ocurre por identificación proyectiva, mediante la depositación de imágenes
pasadas que pueden ser distorsionantes.
La Telé constituye el clima afectivo del grupo, entre los diversos miembros y con el equipo
coordinador.