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Hora Santa-2012

Este documento describe la celebración de la Hora Santa del Jueves Santo. En tres oraciones o menos: El documento describe la celebración de la Hora Santa en Jueves Santo, reflexionando sobre cómo la Última Cena de Jesús transformó la Pascua judía en la Eucaristía cristiana, el memorial perpetuo del sacrificio de Cristo. Se pide participar dignamente en los santos misterios para alcanzar la plenitud de amor y vida, ya que cada Eucaristía renueva la obra de nuestra redención.

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Este documento describe la celebración de la Hora Santa del Jueves Santo. En tres oraciones o menos: El documento describe la celebración de la Hora Santa en Jueves Santo, reflexionando sobre cómo la Última Cena de Jesús transformó la Pascua judía en la Eucaristía cristiana, el memorial perpetuo del sacrificio de Cristo. Se pide participar dignamente en los santos misterios para alcanzar la plenitud de amor y vida, ya que cada Eucaristía renueva la obra de nuestra redención.

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1

HORA SANTA, JUEVES SANTO, 2012


Eucaristía celebrada

Han llegado las fiestas de la Pascua, tan deseadas, tan


anheladas: Cristo el Señor, el bendito, entra en su Hora, la Hora en
que va a ser glorificado, elevado sobre la tierra, para atraer a todos,
sepultado como grano de trigo y resucitado en su carne gloriosa,
con poder de juzgar y dar vida. Es la Pascua, es el triduo pascual
santísimo.

Para Cristo es su Hora, la que deseaba ardientemente que


llegara; para nosotros comienzan “las fiestas de nuestra salvación”1.

Una y otra vez, durante la Cuaresma, fijábamos los ojos en


la Pascua y pedíamos vivir santamente estos días. Suplicábamos
“participar tan vivamente en las celebraciones de la pasión del Señor que
alcanzásemos su perdón”2, “que las prácticas santas de esta Cuaresma
dispongan el corazón de tus fieles para celebrar dignamente el misterio
pascual”3,“llegar, bien dispuestos, a las fiestas de Pascua”4.

El deseo de Pascua crecía: “a medida que se acerca la fiesta de


nuestra salvación, vaya creciendo en intensidad nuestra entrega para celebrar
dignamente el misterio pascual”5.

El deseo de Pascua anhelaba vivir el Misterio pascual de


Cristo con intensidad, dignidad, fervor, entrega: queremos “llenos de
alegría, vivir los sacramentos pascuales y sentir en nosotros el gozo de su
eficacia”6.
1
OC Domingo IV Cuaresma.
2
Cf. OC Martes santo.
3
Cf. OC Martes IV Cuaresma.
4
OC Jueves IV Cuaresma.
5
OC Jueves III Cuaresma.
6
OC Sábado III Cuaresma.
2

El deseo de Pascua suscitaba la renovación del hombre


viejo, la transformación del corazón y que “purificados por la
penitencia cuaresmal, lleguemos a las fiestas de Pascua limpios de pecado”7.

Éste es el momento, ésta es la Hora.


Hemos llegado y comenzamos la Pascua.
Éste es el momento, el paso del Señor. ¡Qué poco falta
para la santísima Vigilia pascual!
Ésta es su Hora.
Hemos iniciado el Triduo pascual: adentrémonos con
silencio, amor, recogimiento, fervor.

********

I.

La Cena pascual, memorial del Señor por generaciones de


la liberación de Egipto pasando Israel de la esclavitud a la libertad,
de la muerte a la vida, de la tiranía al gozo eterno, ha
experimentado un cambio único y definitivo. Ahora el cordero es
sustituido por el verdadero Cordero, al que no le rompen ningún
hueso, que es inmolado, cuya sangre no rocía ya dinteles y jambas,
sino que sella y purifica a los fieles. “Éste es el Cordero de Dios que
quita el pecado del mundo”. “Hemos sido rescatados a precio de la sangre de
Cristo, el cordero sin defecto ni mancha”.

Quiso Cristo celebrar la Pascua con sus discípulos; allí les


entrega su Cuerpo y su Sangre, sacramentalmente, en el pan y en el
vino. Es el memorial de su Pascua, la verdadera Pascua; es el
sacrificio hecho también sacramento: “Esto es mi cuerpo… Esta es mi
sangre… Haced esto”. Es el Don que Cristo-Esposo entrega a la
Iglesia-Esposa: su Cuerpo, su vida, su amor redentor.

7
OC Viernes II Cuaresma.
3

“Señor Dios nuestro, que nos has convocado hoy


para celebrar aquella misma memorable Cena
en que tu Hijo antes de entregarse a la muerte,
confió a la Iglesia el banquete de su amor,
el sacrificio nuevo de la alianza eterna;
te pedimos que la celebración de estos santos misterios
nos lleve a alcanzar la plenitud de amor y de vida”8.

Es el Señor mismo, Dios nuestro, quien nos convoca. La


iniciativa proviene de Él, la liturgia, los sacramentos, la Eucaristía,
provienen de Él. Es acción sagrada, divina. Es intervención,
actuación divina. Es el Señor mismo quien convoca porque la
liturgia es suya. Caen las falsas imágenes sobre la liturgia: el
subjetivismo, la liturgia como obra humana, secularizada,
moralizante, informal.

Dios mismo nos ha convocado hoy para celebrar algo


grande, la nueva Pascua; convocados por Él “para celebrar aquella
misma Cena memorable”, la Cena pascual celebrada por el Hijo muy
amado antes de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a
los suyos, los amó hasta el extremo. Aquella Cena memorable es
celebrada hoy por la Iglesia, se hace presente en el Misterio: ya no
son alimentos perecederos (hierbas amargas, frutos secos, salsas y
cordero), sino alimento que perdura y da vida eterna. Ya no es un
cordero animal, irracional, sino el mismo Jesucristo, Cordero de
Dios. Ya no es el vino de la uva pisada en el lagar, sino la Sangre
de Cristo mismo, pisada en el lagar de la Cruz.

La Cena pascual, en la que se conmemoraba el éxodo y la


liberación, la libertad y la vida, la propiedad personal del Señor con
el pueblo que Él se escogió como heredad, esa Cena pascual es
transformada, y de signo y profecía pasa a ser verdad y
cumplimiento: es la Eucaristía de la verdadera Pascua. Cristo hoy

8
OC Misa in Coena Domini.
4
entrega la Eucaristía a la Iglesia: “antes de entregarse a la muerte confió a
la Iglesia el banquete de su amor, el sacrificio nuevo de la alianza eterna”.

La Eucaristía es banquete, no humano ni entendido


humanamente, sino banquete “de su amor”, de un amor divino, de
caridad. La Eucaristía es también sacrificio, la presencia
sacramental de su sacrificio nuevo y definitivo, de una vez para
siempre, en el altar de la cruz con el que sella “una alianza eterna”,
inquebrantable de parte de Dios. ¡Dios es fiel! ¡Eternamente fiel!
Aquí, en la cruz, se realiza esa alianza nueva y eterna, esponsal, de
Cristo con su Iglesia.

¿Y qué pediremos?
¿Qué rogaremos, humildes pero insistentes, a Dios?
¿Cuál será nuestra súplica eucarística, nuestro deseo orante
al comenzar el santísimo Triduo pascual?

“Que la celebración de estos santos misterios nos lleve a alcanzar la


plenitud de amor y de vida”.

Son “santos misterios”; bajo el velo de oraciones, cantos,


gestos, ritos y plegarias, Dios mismo está actuando, Jesucristo está
presente, el Espíritu Santo transforma y diviniza. Porque son
“santos misterios”, se revistan nuestras almas de un fervor santo,
recogimiento orante, actitud reverente, adoración constante.

Celebrados aquí los santos misterios, cuando somos


peregrinos a la espera de la Pascua eterna, esperamos alcanzar “la
plenitud de amor y de vida”, ahora en este tiempo y después en la vida
bienaventurada.

Nos lo conceda Dios todopoderoso, por su Hijo Jesucristo


y el Espíritu Santo, única y santa Trinidad, que vive y reina y todo
lo gobierna por siglos eternos. Amén.

****************
5

II.

Depositada la oblación de pan y vino sobre el altar, que son


las verdaderas y únicas ofrendas, hemos rezado la oración que
cierra el rito de preparación de los dones:

“Concédenos, Señor, participar dignamente


en estos santos misterios,
pues cada vez que celebramos este memorial de la muerte de tu Hijo,
se realiza la obra de nuestra redención”9.

Sabemos, Señor, que es una gracia inmensa que nos


admitas en tu presencia y podamos servirte ante Ti, delante de tu
altar, ofrecer la Eucaristía y ofrecernos junto con tu Hijo.

Sabemos, Señor, que la santa liturgia es obra de tu amor


divino que se nos comunica, ¡pura gracia!, un tesoro de vida
sobrenatural.

Y sabemos, Señor, que al convocarnos deseas que


participemos, que formemos parte, que entremos en el Misterio, y
nunca nos comportemos como mudos y pasivos espectadores ante
algo exterior a nosotros, unas ceremonias hermosas que cumplir,
unas funciones sagradas, un espectáculo estético para los sentidos
sin incidencias en la vida.

“Participar dignamente”: así te suplicamos, porque tal vez


existan muchos modos humanos de participar y tomar parte en
algo, pero para una realidad tan santa, tu liturgia, sólo podremos
participar “dignamente”, tal como conviene a la naturaleza de tu
divina liturgia.

9
OF, Misa in Coena Domini.
6
Señor: queremos siempre “participar dignamente”, es decir,
lograr una participación real y verdadera, una participación plena,
activa, consciente, interior, fructuosa; “dignamente” orar, responder,
escuchar, cantar, comulgar, ofrecer; “dignamente” estar ante Ti,
servirte, ofrecer y ofrecernos, unirnos a Ti y recibir lo que de Ti
viene.

“Cada vez que celebramos este memorial de la muerte de tu Hijo, se


realiza la obra de nuestra redención”. Cada vez, ¡cada vez!, en cada
ocasión, en cada Eucaristía. Ya lo decía tu Apóstol: “cada vez que
coméis este pan y bebéis del cáliz, anunciáis la muerte del Señor, hasta que
vuelva”.

El drama salvador de la cruz y de la Resurrección fueron


históricos, se sucedieron en el tiempo, datables históricamente con
fecha y lugar concretos. Pero, realizado “de una vez para siempre”,
por ser el sacrificio pascual de tu Hijo unigénito, supera el tiempo y
el espacio y se hace contemporáneo nuestro por medio del
memorial de la liturgia.

Así es, Señor Dios nuestro. “Cada vez” que lo celebramos,


“se realiza la obra de nuestra redención” ya que Tú la haces presente en
la liturgia, porque eres Tú el que actúas salvando hoy, aquí, ahora,
para nosotros, en nuestro tiempo.

Abre nuestros ojos, Señor, e ilumina nuestra inteligencia


para captar este gran misterio: supera la memoria y se convierte en
“memorial”; deja de ser recuerdo y deviene “presencia”; trasciende los
límites del tiempo y de la historia para ser presente y actuante hoy.

Bendito y alabado seas, Señor, por la obra santa de la


redención y por la divina liturgia. Bendito Tú, santa y verdadera
Trinidad, igual en esencia, a quien corresponde el honor y la gloria
por siempre. Amén.

*************
7

III.

La santísima Eucaristía es un Don, un inmenso regalo y


produce en nosotros frutos distintos, conducentes todos ellos a la
vida divina, a la unión con Dios, con Cristo y con el mismo
Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia.

Somos sustentados por el alimento eucarístico; somos


sostenidos por este pan entregado para darnos vida.

Concédenos, Dios todopoderoso,


que la Cena de tu Hijo,
que nos alimenta en el tiempo,
llegue a saciarnos un día
en la eternidad de tu Hijo10.

La Eucaristía es “Cena del Señor”, a Él le pertenece porque


Él la prepara y nada que ver con el concepto banal, trivializado, de
una cena con amigos. Es la “Cena del Señor” celebrada “la víspera de
su pasión voluntariamente aceptada”, “la noche en que iba a ser entregado”.
Él, la Sabiduría, “ha preparado el banquete, mezclado el vino y puesto la
mesa” (Prov 9,2).

Él, el Señor, ofrece su Cena santísima a sus hermanos: Él


es el anfitrión, Él es el Alimento mismo, Él es el Altar.

Él prepara la Cena, Él se da como Comida, Él invita a


pasar al Banquete: “¡Dichosos los invitados a la Cena del Señor!”

Él ofrece el Banquete, Él convida, Él mismo es la Cena


“que recrea y enamora”11: “¡Gustad y ved qué bueno es el Señor!”

10
OP, Misa in Coena Domini.
11
San Juan de la Cruz, CB 15.
8
La Cena del Señor “nos alimenta en el tiempo” y la debilidad de
nuestra alma halla fortaleza en tal sustento; y la fragilidad de lo que
somos, encuentra consistencia en su Cuerpo y en su Sangre; y
aquello que se va apagando en nosotros recibe en la santísima
Eucaristía fuego y gracia que nos encienden de fe, esperanza y
caridad.

La Cena del Señor “nos alimenta en el tiempo”, es ahora el


alimento de los peregrinos, el viático, el pan y la ayuda para
caminar en esta vida, en este tiempo, en la caducidad, y así, porque
el camino es largo, la santa Eucaristía nos nutre hasta llegar a la
Pascua eterna, a la mansión del cielo, a la vida eterna, a la patria
celestial. Será la Eucaristía ahora celebrada y recibida la que
permitirá que “llegue a saciarnos un día en la eternidad de su reino”12.

¡Qué dulzura!
¡Qué consuelo!
¡Cuánta Gracia!

Nos alimentas con esta “prenda de inmortalidad” y acrecientas


nuestro deseo de Ti y nuestro deseo del cielo.

¡Cuántas gracias habremos de darte por este Pan del cielo,


tu propio Cuerpo; por este Vino de eternidad, tu propia Sangre!

Accedemos a tu sacramento, “nos reunimos en torno a la mesa


de este sacramento admirable, para que la abundancia de tu gracia nos lleve a
poseer la vida celestial”13. Tú, amado Señor Jesucristo, obediente hasta
la muerte de cruz, nos has precedido en el camino. En la
Eucaristía, que es el testamento de tu amor, te conviertes para
nosotros “en comida y bebida espiritual para alimentarnos en nuestro viaje

12
OP, Misa in Coena Domini.
13
Pf. II Stma. Eucaristía.
9
hacia la Pascua eterna. Con esta prenda de la resurrección futura, en la
esperanza participamos ya de la mesa gloriosa de tu reino”14.

Señor, danos siempre de ese Pan, danos siempre tu Cuerpo


y tu Sangre.

¿Para qué? ¿Qué esperamos? ¿Qué suplicamos al recibirte?


“Sentir siempre hambre de Cristo”15, “contarnos siempre como miembros
tuyos”16, “que este mismo sacramento, que sostiene nuestra vida temporal, nos
lleve a participar de la vida eterna”17, “que la fuerza del sacramento pascual,
que hemos recibido, persevere siempre en nosotros”18.

Son éstas nuestras súplicas y peticiones cuando celebramos


tu Eucaristía y recibimos tu Cuerpo y Sangre: “haz que los
sacramentos pascuales den en nosotros fruto abundante, y que el alimento de
salvación que acabamos de recibir fortalezca nuestras vidas”19, “el Espíritu
Santo sea siempre nuestra fuerza y la eucaristía que acabamos de recibir
acreciente en nosotros la salvación”20, “concédenos encontrar la salud del alma
y del cuerpo en el sacramento que hemos recibido”21; “el pan de vida eterna nos
haga crecer continuamente en la fe verdadera”22 y vivir tan unidos a ti “que
fructifiquemos con gozo para la salvación del mundo”23.

Señor, danos siempre de ese pan; danos hoy, Señor, ese


Pan santo de cada día: que nunca nos falte, que no nos veamos
privados de él, que nada nos aparte de poder recibirlo y así nada
nos aparte nunca de tu amor.

14
Pf. III Stma. Eucaristía.
15
OP I Dom. Cuaresma.
16
OP V Dom. Cuaresma.
17
OP Martes santo.
18
OP Dom. II Pascua.
19
OP Dom. VI Pascua.
20
OP, Pentecostés.
21
OP, Stma. Trinidad.
22
OP, Dom. IV T. Ordinario.
23
OP, Dom. V T. Ordinario.
10

Sí, así te lo suplicamos, Señor: danos siempre de ese pan.

Por tu misericordia, Dios nuestro, que eres uno con el


Padre y el Espíritu Santo, y vives y todo lo gobiernas por siglos
eternos. Amén.

**************

IV.

Escúchanos, Dios nuestro, por el honor de tu nombre,


sálvanos y danos parte en la vida de tu Hijo para que por su pasión
y su cruz lleguemos a la gloria de la resurrección.

Apiádate de tus hijos, que aguardan la salvación y vigilan


esperando la Pascua de tu Hijo Jesucristo, y que ahora claman a Ti
desde la tierra:

• Que siempre nos nutramos de tus sacramentos: Señor, ten


piedad.
• Que amemos la vida sacramental: Señor, ten piedad.
• Que participemos plena, consciente, activa, interiormente:
Señor, ten piedad.
• Que aprendamos a ofrecernos a Ti junto con Cristo:
Señor, ten piedad.
• Que intercedamos por todos con corazón católico: Señor,
ten piedad.
• Que presentemos como ofrenda agradable cuanto somos y
hacemos, gozos y fatigas, trabajos y apostolados: Señor,
ten piedad.
• Que te demos gracias y cantemos tu salvación: Señor, ten
piedad.
• Que reconozcamos con amor la Presencia real de tu Hijo
en la Eucaristía: Señor, ten piedad.
11

• Que comprendamos el Sacrificio pascual de tu Hijo por el


que nos viene la redención: Señor, ten piedad.
• Que vivamos en la paz con los hermanos y en comunión
con toda la Iglesia: Señor, ten piedad.
• Que dignamente y con santidad de vida comulguemos el
Cuerpo y la Sangre de Cristo: Señor, ten piedad.
• Que la celebración eucarística impulse nuestro envío,
misión y apostolado en el mundo: Señor, ten piedad.
• Que adoremos la Santísima Eucaristía y permanezcamos en
oración ante ella: Señor, ten piedad.
• Que la Misa dominical santifique nuestra semana y nunca
faltemos disminuyendo los miembros vivos del Cuerpo de
tu Hijo: Señor, ten piedad.

Oh Dios, que realizas en tus sacramentos obras admirables


con tu poder invisible.

Oh Dios, que mediante los signos sacramentos tú obras


con invisible potencia las maravillas de tu amor.

Oh Dios, que concediste a tu pueblo peregrino en el


desierto de la historia el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo como
alimento verdadero y bebida espiritual hasta llegar a la patria
celestial.

Oh Dios, que edificas la Iglesia por la celebración


eucarística, fuente y culmen de su vida, y concedes así medios
abundantes para la santificación de tus fieles.

Escúchanos, oh Dios nuestro:

• Aparta de nosotros la rutina: Señor, ten piedad.


• Aparta la frialdad y la indiferencia: Señor, ten piedad.
12

• Aparta la pereza y las distracciones: Señor, ten piedad.


• Líbranos de comulgar indignamente: Señor, ten piedad.
• Líbranos de buscar en la liturgia nuestro protagonismo:
Señor, ten piedad.
• Líbranos de cualquier frivolidad al participar en la Misa:
Señor, ten piedad.
• Líbranos de una participación rutinaria o mediocre: Señor,
ten piedad.
• Líbranos de no tener la debida consideración y reverencia
al Cuerpo y Sangre de tu Hijo: Señor, ten piedad.
• Líbranos de asistir como mudos y pasivos espectadores:
Señor, ten piedad.
• Líbranos de mundanizar y desacralizar tu divina liturgia:
Señor, ten piedad.
• Líbranos del intimismo, del aislamiento de una falsa
piedad: Señor, ten piedad.

“Teniendo presentes nuestras creencias y nuestros pecados,


no te inmolamos víctimas incruentas, sino con rendidos
sentimientos te ofrecemos el cuerpo de nuestro Sumo Sacerdote.

Así pues, acuérdate, Señor, de lo que por nosotros padeció


llevando nuestros pecados.

Revístenos, por ello, con la estola de santidad para que


ninguno de nosotros se siente a tu cena sin vestido nupcial, y así el
banquete del Nuevo Testamento, florezca con celestiales goces.
Lejos de nosotros la traición en la que quedó enredado aquel mal
discípulo. Que viva en todos la verdadera fe, la esperanza cierta, la
caridad pura, para que nuestra conciencia no quede dañada por los
sacramentos espirituales, sino que limpios de todos nuestros vicios,
13
por la dulzura de tu paz y caridad, podamos clamar desde la
tierra”24: Padre nuestro…

Señor, que por el misterio pascual de tu Hijo realizaste la redención


de los hombres,
concédenos avanzar por el camino de la salvación
a quienes, celebrando los sacramento,
proclamamos con fe la muerte y resurrección de Cristo.
Él que vive y reina contigo
en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios,
por los siglos de los siglos. Amén.

Javier Sánchez Martínez, pbro.


Palma del Río, 27-3-2012

24
Ad dominicam orationem, Misa de la Feria V in Coena Domini, Rito his-
pano-mozárabe.

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