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El león aprende a escribir por amor

El león no sabía escribir y pidió ayuda a otros animales para escribir una carta para impresionar a una leona, pero las cartas que escribieron contenían frases inapropiadas. El león se dio cuenta de que debería escribir la carta él mismo expresando sus propios sentimientos por la leona. Cuando la leona preguntó por qué no escribió él mismo, admitió que no sabía escribir, pero la leona lo ayudó a aprender el alfabeto para que pudiera escribir en el futuro.
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El león aprende a escribir por amor

El león no sabía escribir y pidió ayuda a otros animales para escribir una carta para impresionar a una leona, pero las cartas que escribieron contenían frases inapropiadas. El león se dio cuenta de que debería escribir la carta él mismo expresando sus propios sentimientos por la leona. Cuando la leona preguntó por qué no escribió él mismo, admitió que no sabía escribir, pero la leona lo ayudó a aprender el alfabeto para que pudiera escribir en el futuro.
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El león que no sabía escribir

El león no sabía escribir. Pero eso no le importaba porque podía rugir y mostrar sus dientes. Y no necesitaba más.
Un día, se encontró con una leona.
La leona leía un libro y era muy guapa. El león se acercó y quiso besarla. Pero se detuvo y pensó: Una leona que lee es una dama. Y
a una dama se le escriben cartas antes de besarla. Eso lo aprendió de un misionero que se había comido. Pero el león no sabía
escribir.
Así que fue en busca del mono y le dijo: ― ¡Escríbeme una carta para la leona!
Al día siguiente, el león se encaminó a correos con la carta. Pero, le habría gustado saber qué era lo que había escrito el mono. Así
que se dio la vuelta y el mono tuvo que leerla.
El mono leyó: ―Queridísima amiga: ¿quiere trepar conmigo a los árboles? Tengo también plátanos. ¡Exquisitos! Saludos, León.
― ¡Pero noooooo!, rugió el león. ― ¡Yo nunca escribiría algo así! Rompió la carta y bajó hasta el río.
Allí el hipopótamo le escribió una nueva carta.
Al día siguiente, el león llevó la carta a correos. Pero le habría gustado saber qué había escrito el hipopótamo. Así que se dio la
vuelta y el hipopótamo leyó:
―Queridísima amiga: ¿Quiere usted nadar conmigo y bucear en busca de algas? ¡Exquisitas! Saludos, León.
― ¡Noooooo!, rugió el león. ― ¡Yo nunca escribiría algo así! Y esa tarde, le tocó el turno al escarabajo. El escarabajo se esforzó
tremendamente e incluso echó perfume en el papel.
Al día siguiente, el león llevó la carta a correos y pasó por delante de la jirafa.
― ¡Uf!, ¿a qué apesta aquí?, quiso saber la jirafa.
―¡La carta! –dijo el león–. ¡Tiene perfume de escarabajo! ―Ah –dijo la jirafa–, ¡me gustaría leerla!
Y leyó la jirafa: ―Queridísima amiga: ¿Quiere usted arrastrarse conmigo bajo tierra? ¡Tengo estiércol! ¡Exquisito! Saludos, León.
― ¡Pero noooooo! –rugió el león– ¡Yo nunca escribiría algo así!
― ¿No lo has hecho?, dijo la jirafa.
― ¡No! rugió el león ¡Noooooo! ¡No! Yo escribiría lo hermosa que es. Le escribiría lo mucho que me gustaría verla. Sencillamente,
estar juntos. Estar tumbados, holgazaneando, bajo un árbol. Sencillamente, ¡mirar juntos el cielo al anochecer! ¡Eso no puede
resultar tan difícil!
Y el león se puso a rugir. Rugió todas las maravillosas cosas que él escribiría, si supiera escribir.
Pero el león no sabía. Y, así, continuó rugiendo un rato.
― ¿Por qué entonces no escribió usted mismo?
El león se dio la vuelta: ― ¿Quién quiere saberlo? –dijo.
―Yo –dijo la leona.
Y el león, de afilados colmillos, contestó suavemente: ―Yo no he escrito porque no sé escribir... La leona sonrió , empujó
tiernamente al león con su nariz y se lo llevó con ella.
Le mostró un libro y le enseñó la 1ª palabra del alfabeto.   “A” de AMOR.

Si queremos decir algo, con nuestros propios sentimientos e ideas, tenemos que escribirlo nosotros mismos.
Martin Baltscheit, El león que no sabía escribir. México, SEP-Lóguez, 2007

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