Examen Profetas-Nahum
Examen Profetas-Nahum
1. Título.-
El título del libro consiste simplemente del nombre del profeta que fue su autor. Nahúm, Heb. Najum, significa "consolado" o "el que es
consolado". El nombre aparece sólo aquí en el AT, aunque está relacionado con el nombre de Nehemías: "Yahweh ha consolado", y
Manahem: "consolador".
2. Paternidad literaria.-
No hay más información en cuanto a Nahúm que la que se halla en su profecía. Era natural de "Elcos" (ver com. cap. 1: 1).
3. Marco histórico.-
Un indicio del tiempo del ministerio profético de Nahúm se halla en la referencia a la caída de No- Amón (cap. 3:8, BJ). Esta ciudad
(conocida por los griegos con el nombre de Tebas, RVR, y más tarde como Dióspolis) fue destruida por Asurbanipal, rey de Asiria, en 663 a.
C. Por lo tanto, a lo menos una parte del ministerio de Nahúm debe haberse efectuado después de ese tiempo. El profeta contempla la caída
de Nínive como todavía futura (cap. 3:7), y por eso una fecha razonable para Nahúm podría ser alrededor de 640 a. C. Siendo que esta
profecía, que atañe al fin de Asiria, fue escrita cuando esa nación estaba aún en el apogeo de su poder y prosperidad, el libro de Nahúm
admirablemente comprueba la profecía bíblica y atestigua de la inspiración divina de los profetas. En el reinado de Asurbanipal la mayor
parte de las naciones de la Media Luna Fértil habían sido subyugadas por los ejércitos asirios o pagaban tributo a Asiria. Sin embargo, antes
de que él muriera, empezó a cambiar el cuadro, y después de su muerte (alrededor de 627?), el imperio asirio se desmoronó rápidamente. Al
fin, después de un sitio de tres meses, Nínive misma fue tomada en 612 a. C. por los medos y los babilonios (ver t. II, pp. 67-68). Para una
descripción de la ciudad de Nínive, ver la Nota Adicional de Jonás 1 y también el mapa de la p. 1026.
4. Tema.-
El libro tiene un tema principal: la futura destrucción de Nínive. Por esta razón, la profecía complementa el mensaje de Jonás. Este predicó el
arrepentimiento en Nínive, y por haberse humillado sus habitantes ante Dios, la ciudad fue perdonada. Sin embargo, Nínive recayó en la
iniquidad, y la misión de Nahúm fue predecir la sentencia divina de su destrucción. El orgullo, la crueldad, y la idolatría de Nínive habían
colmado la medida. Durante demasiado tiempo los reyes de Asiria desafiaron al Dios del cielo y a su soberanía, colocando al Creador del
universo en el mismo nivel de los ídolos de los países circunvecinos (2 Rey. 18: 33-35; 19: 8-22), pues esos reyes, al parecer, llevaban a
cabo los deseos de su Dios Asur al luchar contra otras naciones (ver t. 11, pp. 56- 57). La forma en que Asirla desafiaba a Dios 1058 debía
cesar, sino era mediante el arrepentimiento de la nación, lo sería por medio de su destrucción. La derrota de las fuerzas asirias en Judá había
sido predicha antes por Isaías (Isa. 37: 21-38), pero la predicción de Nahúm previó la caída final de la capital misma del imperio.
5. Bosquejo.-
I. El propósito divino al castigar a Nínive, 1: 1-15.
A. El sobrescrito o prefacio, 1: 1.
B. El poder de Dios para castigar a los impíos, 1: 2-8.
[Link] certidumbre del castigo venidero, 1: 9-15.
2. Paternidad literaria.-
No sabemos nada de este profeta aparte de lo que dice de sí mismo en su libro.
Parece seguro por el cap. 1: 1 que provenía de una familia distinguida. El hecho de que remonte su ascendencia hasta Ezequías, podría
considerarse como una indicación de que se refiere al rey de Judá de ese nombre, y por lo tanto, implica su ascendencia real (ver com. cap. 1:
1).
3. Marco histórico.-
El profeta ubica el tiempo de su profecía (cap. 1: 1) en el reinado de Josías, rey de Judá (640-609 a. C.). Como Sofonías predijo la caída de
Nínive (cap. 2:13) -acontecimiento que sucedió en 612 a. C., es muy probable que haya profetizado durante los primeros años del reinado de
Josías. Tal vez fue contemporáneo de Habacuc. Hay más información acerca de él en la p. 25.
4. Tema.-
El libro de Sofonías, como el de Joel, se concentra en "el día de Jehová". Para entender el significado de esta expresión, ver com. Isa. 2: 12.
No sólo revela el profeta el castigo venidero sobre Israel, sino también advierte en cuanto al castigo que vendrá sobre otras naciones. Sin
embargo, si Sofonías alarma por los severos castigos que anuncia, es sólo para que el pueblo pueda arrepentirse, buscando justicia y
mansedumbre (cap. 2: 3), para escapar así del castigo.
5. Bosquejo.-
l. El castigo sobre Judá por sus pecados, 1: 18.
A. El sobrescrito o prefacio, 1: 1.
B. Severidad y extensión del castigo, 1: 2-18.
[Link]ón para buscar al Señor mientras dure el tiempo de gracia, 2: 1-3.
III. Castigos sobre diferentes naciones, 2: 4-15.
A. Sobre Filistea, 2: 4-7. B. Sobre Moab y Amón, 2: 8-11. C. Sobre Etiopía, 2: 12. D. Sobre Asiria, 2: 13-15. IV. Jerusalén reprendida por
sus pecados, 3: 1-7.
V. Castigo sobre todas las naciones, 3: 8.
VI. Promesas de restauración, 3: 9-20. 1084
2. Paternidad literaria.-
No se sabe más de Habacuc de lo que se registra en su libro. No se sabe si, como en el caso de Amós (ver com. Amós 7: 14), Habacuc fue
llamado por Dios de alguna otra ocupación, o si fue especialmente preparado para su vocación en la escuela de los profetas.
Entre los famosos rollos hallados en Kirbet Qumrán (ver p. 128; t. I, pp. 36-37) hay un rollo que trata de Habacuc. Al examinarlo, se vio que
era un antiguo midrash , o comentario, compuesto de pasajes cortos citados de Habacuc y seguidos por la interpretación que el escritor da a
los pasajes. La escritura está bien conservada, pero desgraciadamente hay muchas lagunas o vacíos. El comentario consta de 13 columnas de
escritura, y abarca sólo los dos primeros capítulos de Habacuc. Este manuscrito ha recibido la fecha de c. 100 a. C. Resulta contemporáneo
de los dos rollos de Isaías (p. 129). El Comentario sobre Habacuc fue publicado en placas facsímiles, con un texto paralelo en caracteres
hebreos modernos, junto con el rollo más completo de Isaías(rollo 1QIsa de los Manuscritos del Mar Muerto).
La importancia primordial del Comentario sobre Habacuc para la erudición bíblica, no consiste en los comentarios en sí, por interesantes que
sean, sino en el mismo texto bíblico. Este texto, copiado por algún antiguo escriba sectario (probablemente esenio), es casi tan milenio más
antiguo que los manuscritos más antiguos del texto masorético (ver t. I, pp. 38-39). Por lo tanto, su valor es inestimable para un estudio
textual del libro de Habacuc. Ver com. cap. 1: 4, 17; 2: 1, 4-5, 15-16.
3. Marco histórico.-
Este libro parece haber sido escrito durante un tiempo de terrible apostasía (PR 285), quizá durante la última parte del reinado de Manasés,
durante el reinado de Amón o durante la primera parte del reinado de Josías. Es muy probable que el ministerio de Habacuc siguiera más o
menos de cerca al ministerio del profeta Nahúm. Esta opinión tiene a su favor el lugar en que está colocado el libro tanto en el canon hebreo
como en el griego. En términos generales, los males que Habacuc atribuye a su pueblo y de los cuales se queja, también corresponden 1070
con este período. Por lo general, la fecha 630 a. C. ha sido asignada a su profecía por las razones que se hallan enumeradas en la p. 25. El
profeta bien conocía la crisis que Babilonia pronto habría de provocar a su pueblo por causa de sus pecados, una crisis que finalmente
resultaría en el cautiverio de Judá. Habacuc amonestó anticipadamente a la nación en cuanto a esa crisis, y también predijo el castigo divino
sobre la Babilonia idólatra e inicua, el enemigo de Dios y de su pueblo.
4. Tema.-
Aunque Habacuc lamenta los pecados de Judá y sabe que su pueblo merece castigo, está preocupado por el resultado de las aflicciones de su
pueblo. También se preocupa por el destino del instrumento que Dios usa para imponer ese castigo, los caldeos, que parecen ser bendecidos
con una prosperidad siempre creciente. Dios responde a las cordiales preguntas de su siervo, y muestra a Habacuc que el castigo de los
israelitas es para su bien final, mientras que la prosperidad material de los impíos, representados por Babilonia, se desvanecerá como
resultado del castigo divino. Este libro llega a su apogeo en la "oración" del cap. 3, por medio de una descripción gráfica de la suerte de los
impíos y el galardón triunfante de los justos.
En este contraste, Dios tiene el propósito de revelar al profeta cómo el creciente orgullo de los caldeos, y también el de todos los impíos,
conduce a la muerte, mientras que conduce a la vida la confiada sumisión de los justos ante Dios por fe. En este énfasis sobre la santidad y la
fe, Habacuc se une a Isaías como un profeta evangélico.
El libro de Habacuc proporciona una solución al problema de por qué Dios permite que prosperen los pecadores, comparable con la solución
proporcionada por el libro de Job al problema de por qué Dios permite que sufran los santos (ver t. III, p. 494). Habacuc amaba sinceramente
al Señor, y con ansia anhelaba el triunfo de la justicia, pero no podía entender por qué Dios aparentemente permitía que continuaran
desenfrenados e impunes la apostasía y el crimen de Judá (Hab. 1: 1-4; cf. Jer. 12: 1). Dios le informa que tiene un plan para refrenar y
castigar a Judá por su mala conducta, y que para eso va a utilizar a los caldeos como su instrumento (Hab. 1: 5-11; ver pp. 33-34; cf. Isa. 10:
5-16).
Esta explicación presenta otro problema en la mente de Habacuc: ¿Cómo puede usar Dios a una nación más impía que Judá para castigar a
Judá? ¿Cómo se puede conciliar un plan tal con la justicia divina? (cap. 1: 12-17).
Temerariamente, y sin embargo con toda sinceridad e inocencia, Habacuc demanda una respuesta de Dios (cap. 2: 1). Pasando por alto
temporalmente la temeridad de la pregunta de Habacuc, Dios asegura al profeta en cuanto a la certidumbre de su propósito respecto a Judá
(vers. 2-3), y luego le muestra su propia necesidad de humildad y fe (vers. 4). Dios procede a enumerar los pecados de Babilonia (cap. 2: 5-
19). Conoce muy bien la traición y la maldad de Babilonia y le asegura a Habacuc que él, Dios, aún rige los asuntos de la tierra. Por eso
todos los hombres, incluso Habacuc, harían bien en callarse " "delante de él" (vers. 20). Es decir, no deben poner en duda la sabiduría de los
caminos de Dios.
Dándose cuenta de que se había extralimitado atreviéndose a desafiar la sabiduría de Dios y su voluntad, Habacuc se arrepiente
humildemente. Sin embargo, al mismo tiempo su fervorosa y celosa preocupación por Judá, como el instrumento escogido del plan divino en
la tierra (ver pp. 28-29), lo induce a rogar que la justicia divina sea morigerada con misericordia (cap. 3: 1-2). Sigue a esta oración una
revelación de la gloria y el poder divinos que presenta a Dios trabajando para la salvación de sus hijos fieles, y para la derrota de sus
enemigos (vers. 3-16). Termina el libro con una afirmación de confianza de Habacuc en la sabiduría y éxito final del plan divino (vers. 17-
19). 1071
5. Bosquejo.-
I. El problema: La paciencia divina para con Judá y Babilonia, 1: 1- 17.
A. Queja de Habacuc respecto a la iniquidad de Judá, 1: 1-4.
B. Plan de Dios para tratar con Judá, 1: 5-11.
C. Protesta de Habacuc contra el plan de Dios, 1: 12-17.
Las primeras palabras de la profecía constituyen un título del libro: "Las palabras de jeremías" . En la LXX la frase inicial dice: "La palabra
de Dios que vino a Jeremías" , la cual es parecida a otras que se emplean comúnmente en los demás libros proféticos del AT (ver Eze. 1: 3;
Ose. 1:1; Joel 1:1; etc.).
2. Paternidad literaria. -
Jeremías es el autor de la mayor parte del libro. La tarea de redactarlo le fue confiada a Baruc, su fiel secretario, hijo de Nerías (cap. 36: 4,
27-28, 32). Baruc también pudo haber redactado, compilado y preservado el material del libro, y haber contribuido en las narraciones
biográficas que contiene. Su puesto como "el escriba" y secretario de Jeremías implica que Baruc era muy culto. Según Josefo
( Antigüedades x. 9.1), Baruc descendía de una familia distinguida de Judá. Parece que su hermano era el principal intendente de Sedequías,
quien acompañó al rey a Babilonia (ver com. Jer. 51: 59). Su noble carácter e influencia se manifiestan por el hecho de que el remanente, el
resto, los pocos que quisieron huir a Egipto acusaron a Baruc de haber ejercido presión sobre el profeta en contra de ellos (cap. 43: 3), y
también porque algunos escritos espurios aparecieron más tarde bajo su nombre. Uno de ellos, el libro de Baruc, se halla entre los libros
apócrifos. Siempre leal a Jeremías, fue con éste a Egipto cuando se obligó al profeta a que acompañara al remanente de Judá a ese país (cap.
43: 5-7).
El capítulo final del libro (cap. 52) consta de un sumario histórico-no una profecía- que se extiende mucho más allá del tiempo del ministerio
de Jeremías, escrito quizá posteriormente por otra persona. El que lo escribió fue muy cuidadoso en 380 aclarar que este capítulo no era obra
del profeta Jeremías. Antes de añadir este apéndice histórico, escribió: "Hasta aquí son las palabras de Jeremías" (cap. 51: 64).
El libro de Jeremías explica la manera en que fueron redactadas las dos versiones de esta profecía (cap. 36). Durante más de veinte años
Jeremías había procurado persuadir al pueblo de Judá para que se volviera sinceramente a Dios. En el cuarto año de Joacim (604 a. C.), Dios
le ordenó que escribiera el contenido principal de sus predicaciones, para que pudiese ser leído públicamente por su secretario (cap. 36: 1-2).
En obediencia a esa orden Jeremías dictó a Baruc las palabras de la primera versión de la profecía, y éste las escribió en un rollo de
pergamino (cap. 36: 1-4, 17-18; PR 319). Entonces se le confió a Baruc la peligrosa tarea de leer estas palabras al pueblo en el templo, en un
día de ayuno (cap. 36: 5-8).
Más tarde, cuando Jehudí, uno de los funcionamos de Joacim, leyó el rollo al rey, éste lo tomó con enojo, lo rasgó con un cuchillo de escriba
y lo echó al fuego (cap. 36: 20-23). Esto hizo necesario que fuesen escritos de nuevo los mensajes anteriores (cap. 36: 27-28, 32). Jeremías
dictó de nuevo las palabras, y Baruc las escribió. Esta segunda versión del texto fue de mayor extensión, porque contenía no sólo los
mensajes de la primera, sino también los recibidos posteriormente (cap. 36: 32).
El libro de Jeremías revela vigorosamente la rica personalidad de su autor. Su naturaleza sumamente sensible se refleja en una cantidad de
pasajes que han sido llamados sus "confesiones" (cap. 11: 18-23; 12: 1-5; 15: 10-18; 17: 14-18; 18: 18-23; 20: 7-18; cf. cap. 1: 4- 10; 6: 11;
8: 2 1 a 9: 1). Estos pasajes nos dan una autobiografía espiritual de este varón de Dios. Jeremías, por naturaleza tímido y retraído, con
frecuencia luchaba contra intensos conflictos íntimos; pero mediante el poder divino desarrolló un valor espiritual que lo convirtió en un
héroe poderoso para Dios.
Además de estos pasajes muy íntimos, el libro de Jeremías contiene una serie de narraciones biográficas e históricas. Se puede saber más de
la vida y del ministerio de Jeremías que de la vida y del ministerio de los escritores de los demás libros proféticos. En efecto, el erudito A. B.
Davidson afirmó que este libro "no pretende tanto enseñar las verdades religiosas como presentar una personalidad religiosa" (Hastings,
Dictionary of the Bible [Diccionario de la Biblia], t. 2, p. 576).
Jeremías vivía en Anatot (cap. 1: 1; 29: 27), hoy Anata, unos 4 km. al noreste de Jerusalén. Descendía de una familia sacerdotal (cap. 1: 1).
Su padre Hilcías no fue, sin duda, el sumo sacerdote del mismo nombre que descubrió el libro de la ley (2 Rey. 22: 8). Se designa al padre de
Jeremías como "de los sacerdotes", y no " el sacerdote" o " el sumo sacerdote". El hecho de que Jeremías viviera en Anatot significa que
quizá era descendiente de Elí y del linaje de Abiatar, a quien depuso Salomón del sumo sacerdocio (ver com. 1 Rey. 2: 26-27).
Jeremías fue llamado al oficio profético aproximadamente en 627 a. C., el 13er año del reinado de Josías (cap. 1: 2; ver pp. 20-21 y el t. II, p.
79). Poco después Dios ordenó al profeta que predicara en Jerusalén (cap. 2: 2); pero no limitó su ministerio a Jerusalén, sino que llevó a
cabo una gira de predicación por las ciudades de Judá (cap. 11: 6; PR 316). Cuando regresó a Anatot, sus conciudadanos se confabularon
para matarlo (cap. 11: 18-23). Para escapar de estas persecuciones, parece que se trasladó a Jerusalén. Allí se atentó otra vez contra su vida.
Su osada predicación al principio del reinado de Joacim, hijo de Josías, de que el templo llegaría a ser como Silo, airó a los sacerdotes, a los
falsos profetas y al pueblo de Jerusalén, quienes exigieron que Jeremías fuese muerto (cap. 26: 6-11). Sin embargo, los príncipes lo
defendieron (cap. 26: 16).
Más tarde, cuando el ejército de Nabucodonosor levantó el sitio final de Jerusalén por un poco de tiempo, para hacer frente a la amenaza de
la aproximación del 381 rey de Egipto, Jeremías fue apresado cuando procuraba irse a Anatot (cap. 37: 11-15). El profeta fue acusado de
intentar pasarse a los caldeos, y de nuevo fue azotado y encarcelado. Esta vez, por poco pierde la vida en la mazmorra fangosa de Malaquías
(cap. 38: 6), pero fue rescatado por Ebed-melec el etíope (cap. 38: 7-13). Sin embargo, Sedequías indudablemente lo mantuvo en la prisión,
en donde quedó hasta que cayó Jerusalén (cap. 38: 14-28).
Después del asolamiento de Jerusalén, Nabucodonosor libertó al profeta y le permitió que se quedara en Palestina o que acompañara a los
cautivos a Babilonia (cap. 40: 1-5). Jeremías eligió quedarse con el remanente en Palestina bajo el gobernador Gedalías que acababa de ser
nombrado (cap. 40: 6). Después del asesinato de Gedalías, un remanente de los judíos capitaneado por Johanán huyó a Egipto en contra del
consejo de Jeremías, llevándose al profeta consigo (cap. 42; 43). Allí, en Tafnes, Jeremías predijo que Egipto sería invadido por
Nabucodonosor (cap. 43: 8- 13), y dio su último mensaje de advertencia a los judíos que habían huido a ese lugar (cap. 44). Indudablemente
fue en ese país extranjero donde llegó a su fin la carrera de este gran profeta.
Una nota breve sobre las diferencias entre el texto de la LXX y el hebreo viene bien aquí. Una notable diferencia se advierte en la ordenación
de las profecías que se refieren a países extranjeros. En el texto hebreo esas profecías se encuentran en los cap. 46-51, pero en la LXX se
encuentran en los cap. 25: 14 a 31: 44. También hay una diferencia en el orden en que se tratan las diferentes naciones. En hebreo el orden
es: Egipto, Filistea, Moab, Amón, Edom, Damasco, Cedar, Hazor, Elam y Babilonia. En la LXX, el orden es: Elam, Egipto, Babilonia,
Filistea, Edom, Amón, Cedar y Hazor, Damasco y Moab.
Hay variantes también en el texto. Se calcula que la LXX tiene aproximadamente unas 2.700 palabras menos, y que es l/8 más corta que en
hebreo. La LXX por regla general no emplea la frase "dice Jehová" cuando se usa con sentido parentético, ni títulos tales como "el profeta",
después del nombre de Jeremías, ni "el rey", después del nombre del monarca reinante. En general, sucede lo mismo con títulos tales como
"el Dios de Israel" o "el Dios de los ejércitos".
Ciertas secciones enteras compuestas de varios versículos tampoco aparecen. Las siguientes son las más notables: cap. 8: 10b-13a; cap. 10:
6-10; cap. 17: 1-5a; cap. 27 (cap. 34 en la LXX): 1, 7, 13, 21; cap. 29 (cap. 36 en la LXX): 16-20; cap. 33 (cap. 40 en la LXX): 14-26; cap.
39 (cap. 46 en la LXX): 4-13; cap. 48 (cap. 31 en la LXX): 45-47; cap. 51 (cap. 28 en la LXX): 44c-49a; y cap. 52: 27b-30. Además de
éstas, hay diferencias menores que tienen que ver mayormente con frases y palabras aisladas.
Para explicar estas variantes del texto algunos eruditos han recurrido a la teoría de una doble recensión (revisión crítica) del libro de
Jeremías. Suponen que una de ellas se efectuó en Palestina y la otra en Egipto. Otros piensan que el traductor de la LXX acortó
deliberadamente el texto omitiendo repeticiones, simplificando el estilo y abreviando las lecturas difíciles. Los eruditos conservadores han
opinado que puede haber algo de verdad en esta segunda teoría. Por ejemplo, la omisión del cap. 8: 10b-12 en la LXX podría deberse a su
similitud con el cap. 6: 12- 15. Otros opinan que la omisión de uno o dos pasajes puede deberse simplemente al error de un copista al saltar
de una línea a otra que tiene una terminación semejante, omitiendo así el texto intermedio, omisión que se llama homoiotéleuton .
Las variantes ya tratadas, aunque más extensas que en los demás libros del AT, no afectan mucho el tema básico del texto. Podría ser que un
estudio cuidadoso de los manuscritos hebreos más recientes (ver pp. 128-129; t. 1, pp. 35-36) arrojen luz adicional sobre el texto de
Jeremías.
3. Marco histórico.-
Durante los primeros días del ministerio de Jeremías, tres grandes potencias, Asiria, Egipto y Babilonia, luchaban por ejercer la supremacía.
Bajo Asurbanipal (669-627? a. C.) Asiria había llegado a su apogeo, pero comenzaba ya a declinar (ver t. II, pp. 67-68). Egipto se había
quitado el yugo de Asiria, y se esforzaba por recuperar su preponderancia en el Cercano Oriente (ver t. II, pp. 9194). Con la ascensión de
Nabopolasar al trono de Babilonia en 626 a. C., empezó el predominio del Imperio Neobabilónico. La suerte de Asiria fue sellada con la
caída de Nínive (612 a. C.), y el Imperio Neobabilónico llegó a ser la potencia dominante en Asia occidental. Necao II, faraón de Egipto, se
opuso a la supremacía repentina de Babilonia. Nabucodonosor II, hijo de Nabopolasar, hizo frente con éxito a ese desafío en la batalla de
Carquemis, 605, a. C., y Babilonia reemplazó a Asiria como potencia mundial (ver pp. 536-538; t. II, pp. 95-96).
El ministerio de Jeremías abarcó los últimos 40 años de la existencia de Juda como reino. Cinco reyes ocuparon el trono durante este
período: Josías, Joacaz, Joacim, Joaquín y Sedequías. A cada uno de ellos Jeremías dio mensajes de reforma y reavivamiento espiritual.
Presentamos un resumen breve del reinado de cada uno:
El rey Josías murió prematuramente a causa de su imprudente ataque contra Necao II, faraón de Egipto, en , 609 a. C. (ver p. 536; t. II, pp.
96-97; 2 Rey. 23: 29-30; 2 Crón. 35: 20-24). Su muerte, una verdadera pérdida para la nación, fue profundamente lamentada por el pueblo de
Judá (2 Crón. 35: 24-25).
Durante por lo menos una parte del tiempo, Joaquín fue mantenido en prisión, de la cual fue libertado en el año 37 de su exilio por el sucesor
de Nabucodonosor, Amel-Marduk, el Evil-merodac de la Biblia (2 Rey. 25: 27-30).
Nabucodonosor actuó rápida y cruelmente para aplastar la rebelión. Su invasión llenó de terror y zozobra a Sedequías y a toda Jerusalén (Jer.
2 1: 1 - 10). En un esfuerzo desesperado por ganar el favor de Jehová, el rey y su pueblo se unieron en un pacto solemne con Dios,
prometiendo librar a todos los esclavos hebreos de Jerusalén (cap. 34: 8-10). Pero cuando Nabucodonosor levantó transitoriamente el sitio
por la amenaza del ejército de Faraón (cap. 37: 5), olvidaron el pacto y los liberados fueron nuevamente sometidos a una cruel esclavitud
(cap. 34: 11-22). Jeremías fue detenido y encarcelado como traidor (cap. 37: 11-15); sin embargo, pronto se reanudó el sitio. Los judíos
lucharon desesperadamente para salvar la ciudad y salvarse a sí mismos de la suerte que los amenazaba. La ciudad resistió durante 30 meses
(ver t. II, p. 100; t. III, p. 95); pero en Julio de 586 a. C. los babilonios abrieron una brecha en los muros. Sedequías consiguió escapar con un
pequeño pelotón de soldados, pero fue alcanzado y capturado cerca de Jericó (cap. 39: 2- 5). Jerusalén fue saqueada e incendiada (cap. 39:
8), y casi todos los judíos que habían quedado fueron llevados cautivos (cap. 39:9- 10).
f. Gedalías.
Nabucodonosor nombró a Gedalías, hijo de Ahicam, nieto de Safán (Jer. 26: 24), para que gobernara al remanente que quedó (2 Rey. 25:
22). Gedalías estableció su sede en Mizpa, cerca de Jerusalén. Los babilonios dejaron en libertad a Jeremías, y él se unió con el nuevo
gobernador en Mizpa (Jer. 40: 1-6). Después del asesinato de Gedalías (Jer. 41), un residuo de los judíos encabezado por Johanán huyó a
Egipto, obligando a Jeremías a que los acompañara (Jer. 43).
Una lectura ordenada del libro de Jeremías, basada en esta cronología aproximada, sería como sigue:
Joacim (609-598): cap. 17; 7-11; 26; 35; 22:1-19; 25; 18-20; 36:1-4; 45; 36:5-32; 12.
Sedequías (597-586): cap. 24; 29-31; 46-51 (?); 27; 28; 21; 34; 32; 33; 37-39.
[Link].-
El libro de Jeremías se compone de una serie de sermones proféticos, combinados con datos históricos y biográficos concernientes a los
últimos días del reino de Judá. Haciendo uso de cuanto estaba a su alcance, Jeremías procuró contener la rápida decadencia de Judá, que
rodaba por la pendiente de la depravación moral hacia la ruina. Pero sus esfuerzos en favor de la nación fueron casi totalmente inútiles. Sus
exhortaciones al arrepentimiento cayeron en oídos sordos.
Jeremías fue el profeta de la religión sincera. Sus mensajes invitaban a abandonar lo externo y superficial, para volverse a lo interno y real.
Enseñaba que la 385 corrupción tiene su origen en un corazón impío (cap. 17:9), y que sin un nuevo corazón, nuevas intenciones y un nuevo
espíritu, el hombre es incapaz de hacer lo bueno (cap. 13: 23). Tal cambio, destacó, sólo podría ser efectuado por un acto creador de Dios
(cap. 24: 7; 31: 31-34).
Como otros profetas, Jeremías advirtió contra las alianzas peligrosas con otras naciones (cap. 2: 36), amonestó a Judá para que se sometiera
al yugo babilónico, y señaló que la rebelión llevaría la nación al colapso.
Más allá de la ruina inevitable del presente, el profeta previó un futuro glorioso para "aquellos que... fuesen fieles" al Señor (PR 342).
Ambas casas de Israel retornarían; se reunirían de nuevo como un solo pueblo (PR 348). Otra vez serían el pueblo de Dios, y él sería su Dios
(Jer. 32: 37-41). Si Israel obedecía los mensajes de reforma, la nación sería reconstituida bajo un nuevo pacto (cap. 31: 31-34). Un "Renuevo
de justicia" " de la raíz de David sería su rey (cap. 33: 14-17).
5. Bosquejo.-
I. El llamamiento y la comisión del profeta, l: 1-19.
A. Identidad del profeta, l: 1-3.
B. El llamamiento de Jeremías, 1: 4-6.
C. Su investidura con autoridad, l: 7- 10.
D. La visión de la vara de almendro, l: 11-12.
E. La visión de la olla hirviente, l: 13-16.
F. La misión del profeta, con promesas de protección, l: 17-19.
II. Profecías referentes a Judá y Jerusalén, 2: 1 a 35: 19.
A. Una descripción y condenación de la maldad de Judá, 2: 1-37.
1. La ingratitud e infidelidad de Judá a cambio del amor de Dios, 2: 1-13.
2 . El pecado y la terquedad de Judá mientras sufría el castigo, 2: 14-28.
3. El desprecio de Judá a las correcciones pasadas de Dios, 2: 29-37.
B. Invitación al pueblo infiel de Israel para volver, 3: 1 a 4: 4.
1. Su infidelidad vergonzosa y los privilegios perdidos, 3: 1-5.
2. La culpabilidad de Judá excede a la de las diez tribus, 3: 6-11.
3. Una renovada exhortación a ambas casas de Israel al arrepentimiento, con promesas de reunión y restauración, 3: 12-20.
4. Una oración de confesión a favor de Israel, 3:21-25.
5. Demanda de una conversión "de corazón", 4: 1-4.
C. Castigo por medio de una nación invasora, 4: 5 á 6: 30.
1. Una descripción del peligro cercano, 4: 5-31.
2. Causas de los juicios inminentes, 5: 1-31.
a . La falta generalizada de integridad hacía inevitable el castigo e imposible el perdón, 5:1-9.
b . Falta de fe en los mensajes proféticos, y falsa confianza en las ciudades fortificadas, 5:10-19.
c . Terquedad, duplicidad y abierta desobediencia, 5: 20-31.
3. Una descripción de la ruina y sus causas, 6: 1-30.
D. El discurso en el templo, 7: 1 a 10: 25.
1. Condenación de la idolatría desvergonzada y la contaminación del templo, 7: 1 a 8: 3.
2. Anuncio de un terrible castigo por la insolente impiedad del pueblo, 8: 4-22.
3. Lamento por la traición y duplicidad del pueblo, y las calamidades resultantes, 9: 1-26.
4. Necedad de la idolatría, 10: 1-16.
5. La invasión de Judá y el exilio de sus habitantes, 10: 17-22.
6. Súplica de Jeremías para que se disminuyera el castigo, 10: 23-25.
E. Exposición del pacto, 1l: 1 a 13: 27.
1. El pacto violado, 11: 1-17.
2. Reacciones ante la predicación de Jeremías, 11:18 a 12:6.
a . La confabulación de los hombres de Anatot contra el profeta, 11: 18-23.
b . La confabulación en la misma familia del profeta, 12: 1-6.
3. Castigo y redención, 12: 7-17.
4. La reprensión por el orgullo de Judá, el pueblo escogido, 13: 1-27.
a . El acto simbólico del cinto de lino y su interpretación, 13: 1-11.
b . Una declaración simbólica concerniente a los odres de vino, y la interpretación, 13: 12-17.
c . Un mensaje al rey y a la reina madre, 13: 18-19.
d . Un lamento por la calamidad que vendrá sobre Jerusalén, 13: 20-27.
F. Vicisitudes personales del profeta, 14: 1 a 16: 9.
1. La sequía: La intercesión de Jeremías rechazada, 14: 1 a 15: 9.
2. Conflicto interior de Jeremías, 15: 10-21.
3. Se prohibe a Jeremías que se case, o participe en duelos o en asambleas festivas, 16: 1-9.
G . Las causas de las calamidades de Judá y mensajes de consuelo, 16: 10 a 17: 18.
H. exhortación acerca de la observancia del sábado, 17: 19-27.
I. Símbolos de la destrucción de la nación, 18: l a 19: 13.
1. La vasija del alfarero, 18: 1-23.
2. La vasija rota del alfarero, 19: 1- 13.
J. Jeremías perseguido 19: 14 a 20: 18.
1. Jeremías azotado y puesto en el cepo por Pasur, 19: 14 a 20: 6.
2. Conflicto íntimo de Jeremías, 20: 7-18.
[Link]ón de los dirigentes civiles y espirituales de Judá, 2l: 1 a 24: 10.
1. Sedequías recurre a Jeremías; el anuncio del profeta de la toma de Jerusalén, 21: 1-14.
2. Una exhortación a la casa real, 22: 1-9.
3. Castigos sobre la casa real, 22: 10 a 23: 8.
a . La suerte de Joacaz , 22: 10-12.
b . La conducta pecaminosa y la suerte de Joacim, 22: 13-19.
c . El efecto sobre Judá por la pérdida de sus reyes, 22: 20-23.
d . La suerte de Joaquín, 22: 24-30.
e . Promesas de la restauración de Israel, 23:1-8.
4. Condenación de los falsos profetas, 23: 9-40.
5. La visión de las dos cestas de higos, y su interpretación, 24: 1-10.
L. Anuncio de castigo, 25: 1-38.
1. Castigo sobre Judá; los setenta años de exilio, 25: 1-14.
2. Castigo sobre todas las naciones, 25: 15-38.
M. Conflictos con falsos profetas, 26: 1 a 29: 32.
1. Conflicto concerniente a la destrucción de Jerusalén y del templo, 26: 1-24.
a . Predicción de la caída de Jerusalén y de la destrucción del templo, 26: 1-6.
b . Se pide la muerte de Jeremías; su defensa, 26: 7-15.
c . La defensa de Jeremías hecha por los príncipes y ancianos, 26: 16-24.
2. Polémica en cuanto al "yugo... de Babilonia", 27: 1 a 28: 17.
a . Advertencia a las naciones para que no se sublevaran contra Babilonia, 7:1-11
b . Consejo a Sedequías para que se sometiera al yugo de Babilonia, 27: 12-22.
[Link] literaria.-
No sabemos nada de Joel excepto lo que se revela en su libro. Su padre era Petuel, Bathou l en la LXX (cap. 1: 1), pero quién fue éste, no lo
sabemos. Joel parece que era oriundo de Judá. Su misión profética se relacionó con Judá y Jerusalén (cap. 2: 1, 15; 3: 1, 6, 18, 20-21). En
toda su profecía no hay una sola mención de Israel.
[Link] histórico.-
A diferencia de muchos otros profetas (Isa. 1: 1; Ose. 1: 1, Amós 1: 1; etc.), no nos dice nada en cuanto al rey, o los reyes, en cuyo tiempo
profetizó. Por lo tanto, es necesario depender de la evidencia interna del libro para establecer la fecha. No se puede deducir nada con certeza
por la posición del libro en el canon, porque no estamos seguros de que los libros estén colocados en un orden cronológico exacto. En el
canon hebreo el libro ocupa el mismo lugar que en castellano, entre Óseas y Amós. En la LXX ocupa el cuarto lugar en la lista de los
llamados profetas menores, colocado después de Miqueas que allí ocupa el tercer lugar. Algunos consideran que Joel es el más antiguo de
los profetas mayores y menores; otros lo consideran como postexílico. Un tercer punto de vista sitúa a Joel en el siglo VII, durante los
primeros años de Josías. Hay un resumen de los argumentos para estas diferentes fechas en las pp. 22-23. Aunque no se puede comprobar
definitivamente ninguna fecha, este Comentario ha adoptado la fecha del siglo VII por las razones que se exponen en las páginas citadas.
Joel ocupa un lugar importante entre los profetas hebreos, y ha sido clasificado con Isaías y Habacuc por su estilo sublime y elevado. Es
notable también por sus vivas descripciones y lo pintoresco de su dicción. Su estilo es puro y claro.
[Link].-
El libro está dividido en dos partes: (1) Cap. 1: 1 a 2: 17, la descripción de una invasión terrible de "langostas" (ver com. cap. 1: 4),
evidentemente acompañada de una sequía; y (2) cap. 2: 18 a 3: 21, la promesa de que Dios nuevamente sería misericordioso. Se han dado
dos interpretaciones para la descripción de la plaga de "langostas": (1) La literal, que considera que verdaderas nubes de langostas fueron la
causa de las súplicas del profeta; y (2) la alegórico, que opina que las "langostas" son una representación metafórica de la invasión de
ejércitos hostiles. En general, la interpretación literal parece ser más probable (ver com. cap. 1: 4). 962
Cualquier interpretación que se acepte no altera en nada las enseñanzas del libro. El desastre nacional, ya sea real o figurado, da lugar a una
exhortación al arrepentimiento (cap. 1: 13-14; 2: 1, 12-17), y para una disertación acerca del "día de Jehová" (cap. 1: 15; 2: 1-2, 11, 31; 3:
14). La visión de la gloria futura contempla el establecimiento de los judíos en su propia tierra, cuya productividad ha sido restablecida, y
que goza del favor del cielo tanto temporal como espiritualmente. Presenta, además, la oposición que se despertaría y el esfuerzo de las
naciones enemigas para aplastar a la nación próspera, y finalmente el castigo de Dios sobre esos enemigos y la prosperidad subsiguiente y
estable de la nación judía.
Al aplicar las enseñanzas escatológicas del libro, se debiera tener en cuenta los principios presentados en las pp. 27-40 (ver com. cap. 2: 18;
3: 1, 18).
[Link].-
I. La plaga de langostas y la exhortación al arrepentimiento, 1: 1 a 2: 17.