CASO PRÁCTICO
El 27 de agosto de 1981 el “Grupo Peruano”, a través de una carta, formula
una oferta de contrato a Daimler Benz A.G. (conocida como Mercedes Benz);
como producto de intensa correspondencia telegráfica entre las partes, luego
de la oferta de celebrar un contrato de representación, la empresa alemana de
automóviles acordó (mediante telex) en marzo de 1982, otorgarle la
representación general en el país al Grupo Peruano, concretándose, para tal
efecto, reuniones en febrero de 1982. Para ello ambas partes debían cumplir
con ciertas condiciones, tres de las cuales le correspondían al oferente y dos a
Daimler Benz. Como era de esperar, el Grupo Peruano cumplió con las
siguientes condiciones:
- La compra de un terreno de 15, 000 metros cuadrados.
- La adquisición de un importante stock de repuestos, y
- Disponer y aportar el capital de tres millones de dólares y convenir el
traspaso de personal y activos de la compañía AUTEC en el Perú, a lo que
posteriormente se agregó el aporte del local de la fábrica SANIVET requiriendo
la demanda edificar dos mil metros cuadrados. Pese a ello la empresa
alemanda consideró inconveniente formalizar el negocio con el Grupo Peruano,
otorgando la representación a otro inversionista, sobre condiciones diferentes a
las establecidas en el documento “convenio de bases” suscrito con Grupo
Peruano. Además de frustrarse las inversiones efectuadas, también se
frustraron las expectativas de ganancia del negocio en proceso, por lo que
Grupo Peruano demanda indemnización por daño emergente, económico,
moral y por el lucro cesante dejado de percibir. Daimler Benz, en su
contestación, alega que si bien los actores cumplieron con los presupuestos a
su cargo, previos al otorgamiento de la representación, quedaron algunos
puntos pendientes, por lo que no llegó a concluirse el contrato por falta de
conformidad sobre todos los extremos, de suerte que las inversiones
ejecutadas por los demandantes se hicieron en la fase de la negociación
precontractual , y por tanto la indemnización reclamada es extracontractual, por
lo que dedujo una excepción de prescripción. Ante esto, el tribunal señala que
la controversia se centra en:
- La determinación de la existencia o no de una relación jurídica
contractual entre las partes, para ello señala que no solo se debe centrar en
determinar las voluntades documentadas sino a los actos ejecutados , como
uno de los telex que pone en evidencia la existencia de acuerdos firmes, en lo
que atañe a su contenido y decisión de las partes de suscribir el contrato de
representación cuando la demandante hubiera cumplido sus tres prestaciones,
poniendo fin a las tratativas existentes; en el mencionado telex Daimler Benz
expresa su conformidad con proyectos de instalaciones, sugiere la compra
adicional de un terreno de quince mil metros y la edificación de dos mil metros
cuadrados e indica que enviará determinados planos de edificación, agregando
textualmente que la firma definitiva del contrato sólo dependía de la edificación
y construcción, según sus conceptos de planos, para lo cual enviaría actores
para su revisión. De ello se colige que ambas partes tienen deberes de
cumplimiento recíproco.
El tribunal considera que las partes ya se encuentran de la órbita contractual,
poniendo fin a las negociaciones, de modo tal que no se puede estar en un
ámbito de la responsabilidad extracontractual; sin perjuicio de continuar con las
negociaciones. El tribunal señala que, no es dable sostener responsabilidad
extracontractual ni culpa precontractual o in contrahendo, ya que el telex y las
conductas posteriores revelan que las partes ya habían contraído ciertas
obligaciones recíprocas de preceptiva observancia “conducentes al contrato
definitivo”. El Tribunal ordena a Daimler Benz el pago de $216 121 (dólares
americanos) por gastos inmobiliarios, $ 518 300 (dólares americanos) por
capital paralizado, $900 000 (dólares americanos) por lucro cesante, $ 50 000
dólares para cada uno de los demandantes por daño personal y moral y $ 200
000 por
pérdida en la operación con el grupo Lohmann. (Citado por JORGE LUIS
CONDEMAYTA MOLLEHUANCA en LA RESPONSABILIDAD PRECONTRACTUAL
DERIVADA DE LA RUPTURA INJUSTIFICADA DE LAS TRATATIVAS “EL ROL DE LA
BUENA FE Y EL DEBER DE INFORMACIÓN”).