Lucas 11
Algunas de las cosas que Jesús dijo sobre la
oración"Aconteció que estaba Jesús orando en un lugar y,
cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos
a orar, como también Juan enseñó a sus discípulos. Él les dijo:
Cuando oréis, decid: Padre nuestro que estás en los cielos,
santificado sea tu nombre. Venga tu Reino. Hágase tu voluntad,
como en el cielo, así también en la tierra. El pan nuestro de
cada día, dánoslo hoy. Perdónanos nuestros pecados, porque
también nosotros perdonamos a todos los que nos deben. Y no
nos metas en tentación, mas líbranos del mal."
El motivo por el cual Su discípulo quiso saber cómo orar fue que
él vio y oyó orar a Cristo. La costumbre del Señor era retirarse a
orar El solo. Un discípulo a oír Su oración y en su corazón
surgió el deseo de orar como Cristo. hoy, el Señor Jesucristo se
encuentra a la derecha de Dios intercediendo por nosotros. El es
nuestro gran Intercesor. Una petición sería "Señor, enséñanos
a orar".
Este discípulo no estaba solo preguntando cómo orar. El Señor
había presentado el Sermón del Monte, que resumía como se
podría orar. No estaba preguntando por una técnica, un
sisTema, o un ritual que se debiera seguir. No se trataba de
cómo hacerlo, sino que quería orar como Cristo oraba.
El discípulo le pidió al Señor: enséñanos a orar, como
también Juan enseñó a sus discípulos. Juan el Bautista
era un hombre de oración. ¿Dirán lo mismo de ti y de mí?
Todos los grandes siervos de Dios han sido hombres de
oración. La vida estéril de los cristianos y la falta de vida
de la iglesia de nuestro tiempo son el resultado de la falta
de oración. Este es nuestro gran problema en estos días.
el Señor fue un gran ejemplo de oracion. Jesus en
ningún momento enseño que ésta oracion se convirtiese
en la oración repetitiva sin sentido y conciencia del gran
poder que tiene esta oración, sino para ser una oración
personal, espontánea, como la de un hijo que habla con
su padre. Dios el Padre me conoce y El desea que al orar,
sea yo mismo. Tampoco desea que emplee una gran
abundancia de palabra, esto que jesus nos dejo escrito de
la oración es mas profundo de lo que nosotros nos
imaginaamos.
V2 es de adoración: "Santificado sea ti nombre"
(santo , Santo, Santo) atributo incomunible del Señor
.isaias 6:2-3 …2Por encima de El había serafines; cada uno tenía seis alas: con
dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies y con dos volaban. 3Y el uno al otro
daba voces, diciendo: Santo, Santo, Santo, es el SEÑOR de los ejércitos, llena está toda
la tierra de su gloria
"Venga tu Reino" expresa el deseo de que la voluntad de
Dios se haga en la tierra. Implica acabar con el mal e
instaurar el bien. Significa que tienes el deseo que la
voluntad de Dios se imponga en nuestras vidas. Es inútil
pronunciar las palabras de esta oración si no tienen un
significado real y personal. Esta es una oración para el
creyente, "¡Oh Dios, ten compasión de mí que soy
pecador!" (Lucas 18:13), Dios es misericordioso y puede
extender su gracia y misericordia sobre cada UNO. No le
tienes que suplicar que te salve; te salvará si vienes a Él.
se refiere a la provisión física Y ESPIRITUAL , V3 "El pan
nuestro de cada día, dánoslo hoy". RECONOCER LA
DEPENDENCIA DE DIOSpara suplir las necesidades
diarias tan pan físico como espiritual (pan: es su palabra
de Dios que alimenta el Alma, Jesus dijo no solo de pan
vivira el hombre) v 4 "perdónanos nuestros pecados,
porque también nosotros perdonamos a todos los que
nos deben". Se reconoce que el pecado es una deuda con
Dios debe confesarse basandose en su misericordia
Nosotros perdonamos se acepta que si se pide a Dios
misericordia, esta también se ha demostrar a los demás.
Hay que adoptar el mismo modelo que esperamos que
sigan los demás. ¿Perdonas nosotros a todos? Dios
quiere que perdonemos a otros. en Efesios 4:32, y dice
así: Sed buenos y compasivos unos con otros, y
perdonaos unos a otros como Dios os perdonó en Cristo.
Que Dios nos ayude a ser hombres y mujeres de oración.
Cuando pensamos en prioridades dentro de nuestras
iglesias, pensamos en más predicadores, locales,
misioneros, entretenimiento, conciertos. Lo cierto es que
necesitamos más personas que sepan como orar,
llegando hasta la misma presencia de Dios.
Lucas 5 al 10
"Les dijo también: ¿Quién de vosotros que tenga un
amigo, va a él a medianoche y le dice: Amigo, préstame
tres panes, porque un amigo mío ha venido a mí de viaje
y no tengo qué ofrecerle; y aquél, respondiendo desde
adentro, le dice: No me molestes; la puerta ya está
cerrada y mis niños están conmigo en cama. No puedo
levantarme y dártelos? Os digo que, si no se levanta a
dárselos por ser su amigo, al menos por su importunidad
se levantará y le dará todo lo que necesite. Por eso os
digo: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se
os abrirá, porque todo aquel que pide, recibe; y el que
busca, halla; y al que llama, se le abrirá."
Dios no duerme. ¿Crees que Él no quiere responder a tus
oraciones? Él realmente desea responderlas y así lo hará.
Esto es lo que esta parábola está diciendo. Es una
parábola que nos confronta No me molestes; la puerta ya
está cerrada y mis niños están conmigo en cama. No
puedo levantarme y dártelos
En Isaías 65:24, dijo: Antes que clamen, yo responderé;
mientras aún estén hablando, yo habré oído.
Algunos piensan que Dios, simplemente, no escucha y,
por lo tanto, no responde sus oraciones. Quizás aún no
han entendido que muchas veces Él dice que no, a lo que
hayamos pedido. Nuestro problema es que no estamos
preparados para asumir una respuesta negativa. Porque
Dios siempre oye las oraciones de los suyos y las
contesta. Y cuando la respuesta es "no" se debe a que no
hemos estado orando por lo que era mejor para nosotros.
Con el transcurso de los años he aprendido que la mejor
respuesta que Dios me ha concedido a muchas de mis
peticiones es un "no" rotundo y absoluto.
Hace muchos años había estado orando por mucho
tiempo y con gran ilusión por algo que consideraba
valioso y muy importante para mí,
Cuando llegó el tan esperado día, recibí el tremendo
impacto de una respuesta negativa. Aquel día, en vez de
orar, me dirigí a Dios con lágrimas, expresándole mi
desilusión, mi gran decepción porque había defraudado
mis esperanzas. Hoy, después de muchos años me
avergüenzo de aquella primera reacción y le he pedido
perdón por mi actitud de rebeldía e incomprensión.
Porque realmente, Dios no me había dejado sola, no me
había fallado. Él sabía lo que era mejor para mí y, más
adelante, cuando llegó el momento oportuno, recibí algo
muchísimo mejor de lo que había pedido . Y tuve que
darle las gracias, no sólo por haber respondido ahora
abundantemente y positivamente, por haberme dicho al
fin que "sí". Sino también le di las gracias por la primera
respuesta negativa, porque si en aquel momento, me
hubiera dicho que sí, mi vida habría tenido un mal
comienzo y con impredecibles resultados.
Recuerda las palabras claves del versículo 9 y 10. Pedid,
y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá,
porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla;
y al que llama, se le abrirá. Preséntale a Dios tus
peticiones y Él te dará lo mejor. Dice el versículo 11:
"¿Qué padre de vosotros, si su hijo le pide pan, le dará
una piedra? ¿O si le pide pescado, en lugar de pescado le
dará una serpiente?"
Pero antes de dirigirnos a Dios en oración, asegúrarnos
de que Él es realmente nuestro Padre celestial. Juan
1:12, Mas a todos los que lo recibieron, a quienes creen
en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de
Dios. El creer que el Señor Jesucristo murió por nosotros
y resucitó para nuestra justificación, nos convierte en un
hijo de Dios. Cuando confías en Cristo como tu Salvador,
eres unido por el Espíritu Santo a la iglesia, es decir, al
cuerpo espiritual de Cristo. Entonces, y ya como hijo,
puedes presentarte ante Dios y llamarle "Padre", con la
misma naturalidad con que te presentas ante tu padre
aquí en la tierra, para hablar con él y compartir tus
problemas o necesidades. versículos 12 y 13, que
completan esta idea:
"¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? Pues si
vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a
vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará
el Espíritu Santo a los que se lo pidan?"
Jesús les dijo a Sus discípulos que pidiesen el Espíritu
Santo. Más tarde Cristo les diría, en Juan 20:22, Recibid
el Espíritu Santo. Ellos necesitarían el Espíritu Santo
durante esos días antes de Pentecostés. Después, en el
gran día de Pentecostés, Él vino y les bautizó, uniéndoles
al cuerpo de creyentes, uniéndoles a Cristo mismo. En
ese día fueron llenos del Espíritu Santo. Esa llenura, esa
plenitud es algo que todos necesitamos. todos los
creyentes han sido bautizados para formar un solo
cuerpo. Como dijo San Pablo en 1 Corintios 12:13, De la
misma manera, todos nosotros, judíos o no judíos,
esclavos o libres, fuimos bautizados para formar un solo
cuerpo por medio de un solo Espíritu; y a todos se nos dio
a beber de ese mismo Espíritu.
Jesús fue acusado de expulsar demonios por Beelzebú
Este incidente quedó también registrado en Mateo 12:24-30 y
Marcos 3:22-30. De este relato surgió la noción del llamado
"pecado imperdonable". En la actualidad, no hay ningún pecado
imperdonable. Leamos los versículos 14 y 15
"Estaba Jesús echando fuera un demonio, que era mudo; y
aconteció que, después de salir el demonio, el mudo habló y la
gente quedó maravillada. Pero algunos de ellos decían: Por
Beelzebú, príncipe de los demonios, echa fuera los demonios."
Los fariseos No podían negar la existencia de los
milagros cuando estaban ocurriendo delante de sus ojos
y atribuyeron los milagros de Jesus a Satanas el cual era
ua blasfemia. alegaron que habían sido realizados por el
poder del diablo. Leamos también los versículos 16 al 19:
"Otros, para tentarlo, le pedían señal del cielo. Pero él,
conociendo los pensamientos de ellos, les dijo: Todo reino
dividido contra sí mismo es asolado, y una casa dividida
contra sí misma, cae. De igual manera, si Satanás está
dividido contra sí mismo, ¿cómo permanecerá su reino?
Os digo esto ya que decís que por Beelzebú echo yo fuera
los demonios. Si yo echo fuera los demonios por
Beelzebú, ¿vuestros hijos por quién los echan? Por tanto,
ellos serán vuestros jueces."
Y así, Cristo les fue mostrando lo absurdo de sus
razonamientos, afirmación del versículo 20:
"Pero si por el dedo de Dios echo yo fuera los demonios,
ciertamente el reino de Dios ha llegado a vosotros."
La frase "El reino de Dios ha llegado a vosotros"
significaba que el reino estaba entre ellos, en la
presencia de la persona de Jesús, que tenía las
credenciales del Rey. Leamos a continuación, los
versículos 21 y 22:
"Mientras el hombre fuerte y armado guarda su palacio,
en paz está lo que posee. Pero cuando viene otro más
fuerte que él y lo vence, le quita todas las armas en que
confiaba y reparte el botín."
"El hombre fuerte y armado" aquí es Satanás. El hombre
que había sido poseído por el demonio, era una evidencia
de su poder. "El hombre más fuerte que él" es Cristo. Y
Jesucristo, más poderoso que Satanás, pudo expulsar al
demonio, liberando a aquel hombre
Jesús, al ser el más fuerte, tiene derecho a repartir el
botín, que incluye a todos los que, como este hombre ,
estaban poseídos por demonios, y dejaron de pertenecer
a Satanás. Preguntémonos cuantas veces dentro de
nuestra casa, familia permitimos y abrimos puertas en
nuestros corazones para que haya división con pleitos,
contiendas, maledicencias, enojos, iras a veces por no
ponernos de acuerdo en el manejo del dinero, manejo de
los hijos Permitiendo que el enemigo traiga división v17
todo reino dividido contra si mismo , es asolado y una
casa dividida contra si misma cae. Es una manera de
reflexionar y pedirle al Señor que nos ayude a
permanecer en unidad espiritual porque el enemigo nos
acecha y busca dia a dia a quien devorar.
versículos 24 al 26, que relatan la
Parábola del espíritu impuro
"Cuando el espíritu impuro sale del hombre, anda por
lugares desiertos buscando reposo; pero, al no hallarlo,
dice: Volveré a mi casa, de donde salí. Cuando llega, la
halla barrida y adornada. Entonces va y toma otros siete
espíritus peores que él; y entran y viven allí, y el estado
final de aquel hombre viene a ser peor que el primero."
Esta parábola habla de un hombre con un espíritu
impuro. El demonio deja al hombre y éste siente que está
limpio, vacío, barrido y adornado. Lo que se necesita no
es una reforma, sino una regeneración.
V27-28
Bienventurado el vientre la mujer alabo a la madre de
Jesus, pero Jesus les dijo bienaventurados (doblemente
bendecidos) los que oyen la palabra de Dios y la
guardan, bendición aquellos que aceptan la voluntad de
Dios escrita en las escrituras.
La señal de Jonás
"Apiñándose las multitudes, comenzó a decir: Esta
generación es mala; demanda señal, pero señal no le será
dada, sino la señal de Jonás, porque así como Jonás fue
señal para la gente de Nínive, lo será también el Hijo del
hombre a esta generación. La reina del Sur se levantará
en el juicio contra los hombres de esta generación y los
condenará, porque ella vino desde los confines de la
tierra para oír la sabiduría de Salomón, y en este lugar
hay alguien que es más que Salomón. Los hombres de
Nínive se levantarán en el juicio contra esta generación y
la condenarán, porque ante la predicación de Jonás se
arrepintieron, y en este lugar hay alguien que es más que
Jonás."
La "señal" sería Su propia resurrección, por supuesto.
Jesús les dirigió hacia 2 incidentes del Antiguo
Testamento. El primero era el relato del profeta Jonás.
Jonás fue aparentemente restaurado a la vida cuando se
encontraba en el pez. Dios le rescató de la oscuridad y de
la muerte, llevándole hacia la luz y la vida. La experiencia
de Jonás era un símbolo de la próxima muerte y
resurrección de Jesucristo. Después de su milagrosa
liberación, los habitantes de Nínive recibieron a Jonás,
escucharon su predicación y se arrepintieron. Pero en
cuanto a Israel, sus actos y actitud como nación, la
colocaron en una posición mucho peor, porque ella no
recibió a su Mesías y no se arrepintió.
A continuación leamos los versículos 33 al 36, que tratan
sobre la
Parábola de la lámpara encendida
"Nadie pone en oculto la luz encendida, ni debajo de una
vasija, sino en el candelero, para que los que entran vean
la luz. La lámpara del cuerpo es el ojo. Cuando tu ojo es
bueno, también todo tu cuerpo está lleno de luz; pero
cuando tu ojo es maligno, también tu cuerpo está en
tinieblas. Cuidado, pues, no sea que la luz que en ti hay
no sea luz, sino tinieblas. Así que, si todo tu cuerpo está
lleno de luz, no teniendo parte alguna de tinieblas, será
todo luminoso, como cuando una lámpara te alumbra con
su resplandor."
Nuestro Señor dio una simple explicación sobre el
propósito de la lámpara, como elemento que produce luz,
con el objeto de transmitirla. La resurrección de Cristo es
la luz, un rayo de luz en el mundo. Tú y yo estamos en un
mundo limitados por el nacimiento y la muerte,
encerrados entre estos 2 eventos. La resurrección de
Cristo es aquello que trae esperanza del exterior. ¿Qué
harán los seres humanos con esa luz?
Para ver un objeto hay 2 cosas esenciales: luz, para
hacerlo visible y los ojos, para mirarlo. La luz no tiene
ninguna utilidad para el que está ciego. Alguien que
pueda ver, pero que no tenga luz, y un ciego con una luz,
están en la misma dificultad. La luz y el ojo son
esenciales para la vista.
Incluso ante la presencia de Cristo, los hombres no
estaban evidentemente viéndole, porque para ellos fue
como un obstáculo frente al que tropezaron. Ello no quiso
decir que Él no era la Luz del Mundo; sino que ellos
estaban ciegos.
Leamos los versículos 37 al 41:
"Tan pronto terminó de hablar, un fariseo le rogó que
comiera con él; y entrando Jesús en la casa, se sentó a la
mesa. El fariseo, cuando lo vio, se extrañó de que no se
hubiera lavado antes de comer. Pero el Señor le dijo:
Vosotros los fariseos limpiáis lo de fuera del vaso y del
plato, pero por dentro estáis llenos de rapacidad y de
maldad. ¡Necios!, el que hizo lo de fuera, ¿no hizo
también lo de dentro? Dad limosna de lo que tenéis, y
entonces todo os será limpio."
Vemos aquí que el Señor había omitido la limpieza
ceremonial, que era un rito religioso. El Señor proclamó
que la religión no era un asunto de detalles externos,
sino una cuestión del corazón y con ello estableció un
gran principio. Después pronunció 3 ayes o
lamentaciones que ilustraron dicho principio. Leamos los
versículos 42 al 44:
"Pero ¡ay de vosotros, fariseos!, que separáis para Dios la
décima parte de la menta, la ruda y toda hortaliza, y
pasáis por alto la justicia y el amor de Dios. Esto os era
necesario hacer, sin dejar de hacer aquello. ¡Ay de
vosotros, fariseos!, que amáis las primeras sillas en las
sinagogas y las salutaciones en las plazas.¡Ay de
vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, que sois como
sepulcros que no se ven, y los hombres que andan por
encima no lo saben."
Ellos tenían valores falsos. El no estaba diciendo que era
malo separar la décima parte para Dios, pero su error era
lo que dejaban de hacer. Y es que dar tus bienes
materiales no te convertirá en un cristiano. Sin embargo,
si amas a Cristo, contribuirás voluntariamente con lo que
quieras. Y en esto como en lo demás, los Fariseos eran
una mala influencia. Leamos el versículo 45:
"Respondiendo uno de los intérpretes de la Ley, le dijo:
Maestro, cuando dices esto, también nos ofendes a
nosotros."
Cada palabra iba encajando donde correspondía. Los
Fariseos estaban ocupados en los detalles externos. Y el
pecado de los escribas era la falta de sinceridad, y
estaban añadiendo cosas a la Ley, haciéndola más difícil
e incluso, no cumpliéndola ellos mismos. Leamos los
versículos 46 al 52:
"Él dijo: ¡Ay de vosotros también, intérpretes de la Ley!,
porque cargáis a los hombres con cargas que no pueden
llevar, pero vosotros ni aun con un dedo las tocáis. ¡Ay de
vosotros, que edificáis los sepulcros de los profetas a
quienes mataron vuestros padres! De modo que sois
testigos y consentidores de los hechos de vuestros
padres; a la verdad ellos los mataron, pero vosotros
edificáis sus sepulcros. Por eso la sabiduría de Dios
también dijo: Les enviaré profetas y apóstoles; y de ellos,
a unos matarán y a otros perseguirán, para que se
demande de esta generación la sangre de todos los
profetas que se ha derramado desde la fundación del
mundo, desde la sangre de Abel hasta la sangre de
Zacarías, que murió entre el altar y el Templo; sí, os digo
que será demandada de esta generación. ¡Ay de vosotros,
intérpretes de la Ley!, porque habéis quitado la llave de la
ciencia; vosotros mismos no entrasteis, y a los que
entraban se lo impedisteis."
La actitud de Jesús frente a los líderes religiosos
constituyó una advertencia para todos los tiempos. Las
personas recurrieron a ellos como intérpretes de la
verdad. Pero ellos colocaron el énfasis sobre las cosas
materiales antes que en el propósito espiritual para el
cual debían ser usadas. Y ellos mismos no estaban
llevando una vida acorde con las Sagradas Escrituras.
Desgraciadamente, el mayor obstáculo para la causa de
Cristo hoy, es el creyente que profesa exteriormente
creencias que no se corresponden con su realidad
interior. Necesitamos examinar nuestras propias vidas a
la luz de estos pasajes Bíblicos. Leamos los últimos
versículos, 53 y 54:
"Diciéndoles él estas cosas, los escribas y los fariseos
comenzaron a acosarlo en gran manera y a provocarlo
para que hablara de muchas cosas, acechándolo y
procurando cazar alguna palabra de su boca para
acusarle."
La situación de Jesús puso en evidencia el precio que
pagó por expresar fielmente el mensaje de Dios.
¿Ocurriría lo mismo en la actualidad?
Jesús fue acusado de expulsar demonios por Beelzebú
Este incidente quedó también registrado en Mateo 12:24-
30 y Marcos 3:22-30. De este relato surgió la noción del
llamado "pecado imperdonable". En la actualidad, no hay
ningún pecado imperdonable. Leamos los versículos 14 y
15:
"Estaba Jesús echando fuera un demonio, que era mudo;
y aconteció que, después de salir el demonio, el mudo
habló y la gente quedó maravillada. Pero algunos de ellos
decían: Por Beelzebú, príncipe de los demonios, echa
fuera los demonios."
La naturaleza convincente de los milagros de Jesús obligó
a los Fariseos a ofrecer alguna explicación. No podían
negar la existencia de los milagros cuando estaban
ocurriendo delante de sus ojos. Y recurrieron a la
explicación más ruin y blasfema para intentar justificar
los milagros de Jesús. No negaron que habían tenido
lugar, pero alegaron que habían sido realizados por el
poder del diablo. Leamos también los versículos 16 al 19:
"Otros, para tentarlo, le pedían señal del cielo. Pero él,
conociendo los pensamientos de ellos, les dijo: Todo reino
dividido contra sí mismo es asolado, y una casa dividida
contra sí misma, cae. De igual manera, si Satanás está
dividido contra sí mismo, ¿cómo permanecerá su reino?
Os digo esto ya que decís que por Beelzebú echo yo fuera
los demonios. Si yo echo fuera los demonios por
Beelzebú, ¿vuestros hijos por quién los echan? Por tanto,
ellos serán vuestros jueces."
Y así, Cristo les fue mostrando lo absurdo de sus
razonamientos, culminando con la siguiente afirmación
del versículo 20:
"Pero si por el dedo de Dios echo yo fuera los demonios,
ciertamente el reino de Dios ha llegado a vosotros."
La frase "El reino de Dios ha llegado a vosotros"
significaba que el reino estaba entre ellos, en la
presencia de la persona de Jesús, que tenía las
credenciales del Rey. Leamos a continuación, los
versículos 21 y 22:
"Mientras el hombre fuerte y armado guarda su palacio,
en paz está lo que posee. Pero cuando viene otro más
fuerte que él y lo vence, le quita todas las armas en que
confiaba y reparte el botín."
"El hombre fuerte y armado" aquí es Satanás. El hombre
que había sido poseído por el demonio, era una evidencia
de su poder. "El hombre más fuerte que él" es Cristo. Y
Jesucristo, más poderoso que Satanás, pudo expulsar al
demonio, liberando a aquel hombre. Lucas no dijo cuándo
Cristo atacó y venció a Satanás. Quizás tenía en mente la
experiencia de la tentación, o la muerte y resurrección, o
tal vez la victoria final sobre Satanás. Y Jesús, al ser el
más fuerte, tiene derecho a repartir el botín, que incluye
a todos los que, como este hombre del cual leímos,
estaban poseídos por demonios, y dejaron de pertenecer
a Satanás.
Leamos los versículos 24 al 26, que relatan la
Parábola del espíritu impuro
"Cuando el espíritu impuro sale del hombre, anda por
lugares desiertos buscando reposo; pero, al no hallarlo,
dice: Volveré a mi casa, de donde salí. Cuando llega, la
halla barrida y adornada. Entonces va y toma otros siete
espíritus peores que él; y entran y viven allí, y el estado
final de aquel hombre viene a ser peor que el primero."
Esta parábola retrata la precaria posición de Israel y los
Fariseos. La parábola habla de un hombre con un espíritu
impuro. El demonio deja al hombre y éste siente que está
limpio, vacío, barrido y adornado. Una reforma no es
buena; si todos en el mundo dejasen de pecar ahora
mismo, (suponiendo que tal cosa fuese posible) no habría
por ello más cristianos. Lo que se necesita no es una
reforma, sino una regeneración. Figurativamente
hablando, Israel había barrido la casa limpiándola por
medio de los ministerios de Juan el Bautista y Jesús, pero
la nación no invitaría al Señor Jesucristo a ocuparla. Así,
esa generación malvada de judíos alcanzaría un estado
aún peor, tal como lo describe la parábola.
Lucas 7:1-17
Jesús sanó al siervo del centurión
"Después que terminó todas sus palabras al pueblo
que lo oía, entró en Capernaum. Y el siervo de un
centurión, a quien este quería mucho, estaba enfermo
y a punto de morir. Cuando el centurión oyó hablar de
Jesús, le envió unos ancianos de los judíos, rogándole
que viniera y sanara a su siervo. Ellos se acercaron a
Jesús y le rogaron con solicitud, diciéndole: Es digno
de que le concedas esto, porque ama a nuestra
nación y nos edificó una sinagoga. Jesús fue con ellos.
Pero cuando ya no estaban lejos de la casa, el
centurión envió a él unos amigos, diciéndole: Señor,
no te molestes, pues no soy digno de que entres bajo
mi techo, por lo que ni aun me tuve por digno de ir a
ti; pero di la palabra y mi siervo será sanado, pues
también yo soy hombre puesto bajo autoridad, y
tengo soldados bajo mis órdenes, y digo a este: Ve, y
va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y
lo hace. Al oir esto, Jesús se maravilló de él y,
volviéndose, dijo a la gente que lo seguía: Os digo
que ni aun en Israel he hallado tanta fe. Y al regresar
a casa los que habían sido enviados, hallaron sano al
siervo que había estado enfermo."
En aquella ciudad había muchos soldados romanos. el
centurión era un hombre de fe. Su amor por la nación
judía fue evidente cuando edificó una sinagoga en
Capernaum. En su posición, era un funcionario con
autoridad; sus órdenes eran obedecidas inmediatamente.
El reconocía que Jesús poseía esa clase de poder, y que
solo tendría que pronunciar una palabra y su siervo sería
sanado. Jesús se sorprendió de la fe de este hombre.
El centurión tenía mucha fe, tanto que el Señor Jesús la
ponderó diciendo: "¡Os digo que ni aun en Israel he hallado
tanta fe!" (Lc 7:9).
El centurión; que le dijo a Jesús de Nazaret: "Señor, no te
molestes, porque no soy digno de que entres bajo mi techo.
Por eso, no me tuve por digno de ir a ti. Más bien, di la palabra,
y mi criado será sanado" (Lc 7:6-7)
Jesús restauró a la vida al hijo de la viuda de Naim
"Aconteció después, que él iba a la ciudad que se llama Naín, e
iban con él muchos de sus discípulos y una gran multitud.
Cuando llegó cerca de la puerta de la ciudad, llevaban a
enterrar a un difunto, hijo único de su madre, que era viuda; y
había con ella mucha gente de la ciudad. Cuando el Señor la
vio, se compadeció de ella y le dijo: No llores. Acercándose,
tocó el féretro; y los que lo llevaban se detuvieron. Y dijo:
Joven, a ti te digo, levántate. Entonces se incorporó el que
había muerto y comenzó a hablar. Y lo dio a su madre. Todos
tuvieron miedo, y glorificaban a Dios diciendo: Un gran profeta
se ha levantado entre nosotros y Dios ha visitado a su pueblo."
es maravilloso cómo Dios obra de una manera increíble, y que
está absolutamente por encima de nuestra capacidad de
entenderlo. Esto es lo que llamamos divina providencia. El
apóstol Pablo en (Ro 11:33) exclama: "¡Oh profundidad de las
riquezas, de la sabiduría y del conocimiento de Dios! ¡Cuán
incomprensibles son sus juicios e inescrutables sus caminos!".
La Palabra del Señor no nos dice que nos cuesta entender; no
nos dice que es difícil de comprender. Nos dice que sus
caminos son inescrutables.
Y así es con los caminos de Dios. Por eso, prosigue Pablo:
"Porque: ¿Quién entendió la mente del Señor? ¿O quién llegó a
ser su consejero? ¿O quién le ha dado a él primero para que
sea recompensado por él?" (Ro 8:34-35); ver también (Is 55:8-
9).
versículo 12: "Cuando llegó cerca de la puerta de la ciudad, he
aquí que llevaban a enterrar un muerto, el único hijo de su
madre, la cual era viuda. Bastante gente de la ciudad la
acompañaba". ¡Qué oportunidad nos permite el Señor de
acompañar a los que sufren una pérdida como esta mujer!
Después de todo, solamente aquellos que conocen al Señor
Jesús como su Salvador pueden dar una palabra de consolación
efectiva cuando lo hacen guiados y bajo la dependencia
absoluta del Espíritu Santo. Cuántos se habrán acercado a esta
mujer y le dijeron: "Mi sentido pésame, lo siento mucho"; pero
en realidad, no suele ser así, apenas es un sentimiento
superficial.
ahora ha pasado lo que esta mujer como cualquier madre en su
inconsciente temía: ha perdido a su único hijo. ¿Por qué Dios
permite que estas cosas sucedan? ¿Por qué Dios permite que
algunas personas sufran tanto? En (Ro 8:18) el apóstol Pablo
nos dice: "Porque considero que los padecimientos del tiempo
presente no son dignos de comparar con la gloria que pronto
nos ha de ser revelada". Nosotros no sabemos nada del estado
espiritual de esta mujer. No sabemos si estaba como Pedro,
próxima a desmayar, o si como Job en medio de sus
tribulaciones, todavía podía confiar en Dios y decir: "Pero yo sé
que mi Redentor vive, y que al final se levantará sobre el polvo.
Y después que hayan deshecho esta mi piel, ¡en mi carne he de
ver a Dios, a quien yo mismo he de ver! Lo verán mis ojos, y no
los de otro. Mi corazón se consume dentro de mí" (Job 19:25-
27). Esta es quizás una de las expresiones más claras de la fe
en la resurrección de los muertos que se halla en el Antiguo
Testamento.
V 13 "Y cuando el Señor la vio, se compadeció de ella y le dijo:
No llores" (Lc 7:13). ¡Estas palabras son maravillosas!
El Señor la vio y se compadeció de ella. ¿Qué vio? A una mujer
que iba a enterrar a su único hijo. Vio a una mujer
seguramente con ropas de luto que denotaban el duelo de su
corazón. El rostro de esta mujer mostraba la aflicción, la
congoja y el desconsuelo de la madre que ha perdido a su
único hijo. Cada uno de la multitud que la acompaña podría
decirle: "Lo siento mucho". Pero aquí aparece aquel que tiene
la autoridad divina de decir: "No llores
Cuando el Señor Jesús vio a esta mujer se compadeció de ella.
Notemos que no hay mención de que ella pidiera que el milagro
se produjera. Parecería que el dolor es tan profundo que sus
labios no emiten ninguna palabra. El Señor Jesús, en su
ministerio en la tierra, a veces hizo milagros en respuesta al
pedido de la propia persona. Por ejemplo, el ciego Bartimeo
que clamaba e insistía: "¡Jesús, hijo de David, ten misericordia
de mí!" (Mr 10:47). Él hizo milagros respondiendo al ruego de
otras personas.
De esta mujer no sabemos nada; pero el Señor Jesús es muy
misericordioso. Es Dios quien toma la iniciativa, quien primero
se dirige hacia nosotros. Dios quien obra en la conversión del
incrédulo. El Espíritu Santo trabaja y hace su obra de
convencer de pecado, de justicia y de juicio. Yo me pregunto:
¿Qué es lo que Jesús de Nazaret vio en esta mujer? Sus ojos
hinchados de tanto llorar apenas se podrían ver. Su rostro
cubierto con el velo del luto apenas se vería. el Señor Jesús
vio más que el rostro lleno de dolor de una mujer que había
perdido a su único hijo.
En (Lc 7:13) leemos: "Y cuando el Señor la vio, se compadeció
de ella y le dijo: No llores". ¡Cuánto consuelo hay en esas
palabras! Aquí podemos distinguir tres frases conectadas en
forma armoniosa: Observamos, en primer lugar, que el Señor
Jesús la vio. No la ignoró. ¡Qué fácil nos es ignorar lo que pasa
a nuestro alrededor, sobre todo cuando es desagradable o nos
cuesta emotivamente! Pero el Señor Jesús mientras anduvo en
este mundo siempre fue sensible a la necesidad. Él vio al ciego
de nacimiento que se había pasado toda su vida pidiendo
limosna y que algunos quizás pensarían que era parte del
paisaje; algo así como parte de la estructura arquitectónica del
templo. Los discípulos en (Jn 9:2) vinieron con la pregunta
teológica: "¿quién pecó, este o sus padres, para que naciera
ciego?". Pero el Señor Jesús reparó en el individuo. ¡Qué
precioso es cuando el Señor en su gracia nos mira!
Pero notamos, en segundo lugar, que él se compadeció de ella.
Sin duda había una distancia entre él y el cortejo fúnebre. Pero
aquel para quien las distancias no existen sabe todo lo que
sucede. ¿Creen ustedes que el Señor Jesucristo sabía que esta
viuda había perdido a su único hijo, que no tenía tres o cuatro
hijos más para que la consolaran? Yo creo que aquel que es
Dios manifestado en carne y todo lo conoce, lo sabía
perfectamente. Ahora la Palabra dice que se conmovió. El dolor
de esta mujer lo tocó. Lo hizo reaccionar. Jesús de Nazaret no
era inmutable ante el dolor humano.
¡Qué precioso es a nuestros corazones reconocer que el Señor
Jesucristo, que hoy está en la gloria del Padre, tiene compasión
de nosotros! A veces, caminando por la ciudad vemos un
mendigo, cuyo aspecto parece bastante saludable y no mueve
a la gente que pasa por allí a mucha compasión. Un poco más
adelante vemos a otro que sí nos conmueve. Quizás no es que
esté pidiendo limosna con más intensidad
Nosotros los creyentes en el Señor Jesucristo también
sentimos; nuestro corazón reacciona a las cosas espirituales. El
apóstol Pablo nos dice en (2 Co 5:14-15): "Porque el amor de
Cristo nos impulsa, considerando esto: que uno murió por
todos; por consiguiente, todos murieron. Y él murió por todos
para que los que viven ya no vivan más para sí, sino para aquel
que murió y resucitó por ellos".
Y cuando el Señor la vio, se compadeció de ella y le dijo: No
llores"En tercer lugar, (Lc 7:14) nos dice: "Luego se acercó y
tocó el féretro". Notemos los detalles: "Se acercó". El Hijo de
Dios se acercó. Dios se acerca a nosotros una y otra vez (1 Ti
3:16). Notemos también que se acercó al féretro. Él hizo algo
que el judío religioso tradicionalista nunca hubiera hecho: tocar
algo que de alguna manera estaba contaminado por un muerto.
Jesús de Nazaret no tiene miedo a ser contaminado porque él es
tres veces santo. Él se acercó al ciego, hizo lodo con sus dedos y
lo tocó. Él tocó al leproso y le dijo: "Quiero, sé limpio"; y no se
contaminó. Noten que el hecho de tocar el féretro era algo tan
inusual que los que lo llevaban pararon. La caravana de la
muerte se ha detenido y aquel que es la resurrección y la vida va
a obrar un milagro. Todo sucede de una manera muy sencilla.
Me imagino el momento en que los que lo llevaban se detienen.
¿Para qué se detienen? ¿Podrá Jesús de Nazaret hacer algo en
esta situación sin esperanza? El Maestro con voz firme
expresa: "'joven, a ti te digo: ¡Levántate! Entonces el que había
muerto se sentó y comenzó a hablar. Y Jesús lo entregó a su
madre". Al parecer los judíos no usaban ataúdes como
nosotros. Las Escrituras no nos dicen qué dijo el joven, ni lo
que vio en esas horas que estuvo bajo el poder de la muerte.
Comentando sobre este pasaje yo he dicho que lo primero que
supongo que el joven dijo fue lo que dice la mayoría de las
personas cuando se despiertan de un desmayo o de un estado
de inconsciencia; las personas preguntan: "¿Dónde estoy?". Y
me imagino cuál habrá sido su reacción cuando le dijeron que
estaba en camino al cementerio para ser enterrado.
Jesus dice dice: "lo entregó a su madre". La Palabra de Dios
guarda silencio ante una escena sin duda tremendamente
conmovedora. Los ojos de todos los que están presentes no lo
pueden creer. El joven está vivo. El Maestro se lo entrega a su
madre. Ella lo toma, lo abraza, lo besa y dice: "¡Mi hijo está
vivo!". Creo que de corazón alaba a Dios por esta misericordia.
No sabemos cómo actúa la multitud. Quizás exclaman: "¡Viva el
Maestro Jesús de Nazaret!". Pero ¡qué precioso es para
nuestros corazones el saber que un día los féretros de los
creyentes quedarán vacíos! La Escritura nos dice en (1 Ts
4:14): "Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, de la
misma manera Dios traerá por medio de Jesús, y con él, a los
que han dormido. Pues os decimos esto por palabra del Señor:
Nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida
del Señor, de ninguna manera precederemos a los que ya
durmieron".
Hasta hoy, solo una Persona se ha levantado de los
muertos en resurrección, y ésa fue el Señor Jesucristo. Es
el único que se levantó de los muertos con un cuerpo
glorificado. Uno de estos días, en el acontecimiento que
llamamos el "arrebatamiento" de la iglesia, los que han
muerto en Cristo y los creyentes que viven serán
transformados en cuerpos resucitados y glorificados, y
serán recogidos para estar con el Señor. Esos cuerpos ya
nunca morirán.
El relato del hijo muerto de la vida de Naín es realmente
triste. El era el único hijo de una madre viuda, lo cual
hacía su muerte doblemente trágica. Mientras el cortejo
pasaba por el pueblo de Naín, el Señor se encontró con la
procesión fúnebre.
Jesús restauró a este joven a la vida por causa de su
madre solitaria. Tuvo compasión por la situación de esta
mujer. Tocó el ataúd en el que yacía el joven y le habló.
El siempre utilizó el mismo método cuando restauraba a
alguien a la vida. Hablaba directamente a la persona.
También cuando recoja a Su iglesia se oirá Su voz. Dice
apostol Pablo en 1 Tesalonicenses 4:16, 17. "Porque se
oirá una voz de mando, la voz de un arcángel y el sonido
de la trompeta de Dios, y el Señor mismo bajará del cielo.
Los que murieron creyendo en Cristo resucitarán
primero; después, los que estemos vivos seremos
llevados juntamente con ellos en las nubes, para
encontrarnos con el Señor en el aire, y así estaremos con
el Señor para siempre". El vendrá a buscarnos con una
potente voz: Su voz será como la voz de un arcángel y la
trompeta de Dios. Únicamente Su voz llamará a los suyos
de entre los muertos. Porque siempre utilizó el mismo
método para restaurar la vida. Sin embargo, en otros
milagros no usó el mismo método. Pero para restaurar a
los muertos a la vida, siempre habló directamente con
ellos.
Crucifixión y muerte de Jesús - Marcos 15:21-41
(Mr 15:21-41) "Y obligaron a uno que pasaba, Simón de Cirene,
padre de Alejandro y de Rufo, que venía del campo, a que le
llevase la cruz. Y le llevaron a un lugar llamado Gólgota, que
traducido es: Lugar de la Calavera. Y le dieron a beber vino
mezclado con mirra; mas él no lo tomó. Cuando le hubieron
crucificado, repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes
sobre ellos para ver qué se llevaría cada uno. Era la hora
tercera cuando le crucificaron. Y el título escrito de su causa
era: EL REY DE LOS JUDÍOS. Crucificaron también con él a dos
ladrones, uno a su derecha, y el otro a su izquierda. Y se
cumplió la Escritura que dice: Y fue contado con los inicuos. Y
los que pasaban le injuriaban, meneando la cabeza y diciendo:
¡Bah! tú que derribas el templo de Dios, y en tres días lo
reedificas, sálvate a ti mismo, y desciende de la cruz. De esta
manera también los principales sacerdotes, escarneciendo, se
decían unos a otros, con los escribas: A otros salvó, a sí mismo
no se puede salvar. El Cristo, Rey de Israel, descienda ahora de
la cruz, para que veamos y creamos. También los que estaban
crucificados con él le injuriaban. Cuando vino la hora sexta,
hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena. Y a la
hora novena Jesús clamó a gran voz, diciendo: Eloi, Eloi, ¿lama
sabactani? que traducido es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me
has desamparado? Y algunos de los que estaban allí decían, al
oírlo: Mirad, llama a Elías. Y corrió uno, y empapando una
esponja en vinagre, y poniéndola en una caña, le dio a beber,
diciendo: Dejad, veamos si viene Elías a bajarle. Mas Jesús,
dando una gran voz, expiró. Entonces el velo del templo se
rasgó en dos, de arriba abajo. Y el centurión que estaba frente
a él, viendo que después de clamar había expirado así, dijo:
Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios. También había
algunas mujeres mirando de lejos, entre las cuales estaban
María Magdalena, María la madre de Jacobo el menor y de José,
y Salomé, quienes, cuando él estaba en Galilea, le seguían y le
servían; y otras muchas que habían subido con él a Jerusalén."
Introducción
El pueblo de Jerusalén, dirigido por sus sacerdotes, ancianos y
gobernantes acababa de pedir a Pilato que condenase a muerte
a un hombre inocente, nada más y nada menos que a Jesús, el
Hijo de Dios, y que soltase en su lugar a Barrabás, un activista
político asesino. Y consiguieron lo que pidieron. Tristemente
fue así y ahora vamos a ver cómo esta sentencia fue ejecutada.
La última vez que vimos a Jesús estaba en el pretorio, es decir,
en la residencia del gobernador romano en Jerusalén, y ahora
iba a ser llevado hasta el Gólgota, un monte cercano a la
ciudad, donde había de ser ejecutado.
En su recorrido tendría que pasar por algunas de las calles
principales de la ciudad llevando la cruz en la que sería
ejecutado. Esta era una costumbre que tenía el propósito de
disuadir a los judíos de cualquier intención de rebelarse contra
Roma.
"Y obligaron a uno que pasaba a que le llevase la
cruz"
un hombre llamado Simón de Cirene fue entonces obligado a
cargar con la cruz. Esto nos hace pensar en la debilidad física
de Jesús en esos momentos si tenemos en cuenta que desde la
noche anterior, cuando había estado celebrando la cena
pascual con sus discípulos, todo había ocurrido muy
rápidamente y con mucha intensidad, sin que el Señor tuviera
tiempo de descansar o de comer. Recordemos brevemente la
secuencia de los acontecimientos: durante y después de la
cena, Jesús estuvo enseñando ampliamente a sus discípulos,
luego fue al huerto de Getsemaní donde oró con gran angustia
y tristeza. luego llegó Judas con mucha gente armada para
detenerle y de allí le llevaron a casa del sumo sacerdote, donde
fue interrogado a lo largo de la noche, hasta que se decidió su
culpabilidad y entonces los alguaciles de los principales
sacerdotes pasaron el resto de la noche burlándose de Jesús
mientras lo custodiaban. Al amanecer fue llevado a Pilato para
ser juzgado por él. Pero a lo largo de la mañana fue conducido
también hasta Herodes, que además de interrogarlo también lo
menospreció y escarneció con sus soldados. Luego fue remitido
otra vez a Pilato, que en un intento de despertar la compasión
de la gente hacia Jesús, lo hizo azotar brutalmente. Y cuando
finalmente decidió condenarlo, lo entregó a sus soldados, que
todavía tuvieron un rato para burlarse de él. Si tenemos en
cuenta todo esto, no es de extrañar que en esos momentos
Jesús estuviera realmente agotado y muy debilitado, al punto
de no poder cargar con el peso de la cruz.
"Simón de Cirene" es muy poco lo que sabemos de él. Provenía
de Cirene, una ciudad en el norte de África, pero desconocemos
cuánto tiempo llevaba viviendo en Jerusalén.
Este Simón fue obligado a cargar la cruz, bueno, en realidad el
madero transversal, pues la parte vertical solía estar ya en el
lugar de la ejecución. Simón no podía negarse a hacerlo,
porque los romanos tenían la facultad de requisar a cualquier
hombre para que prestara un servicio como el de llevar una
carga (Mt 5:41).
No sabemos cuáles serían los pensamientos de Simón en esos
momentos. Por un lado, seguro que no le agradó que los
romanos le obligaran a hacer esto, máxime porque un judío
nunca se ofrecería a tocar una cruz, instrumento de maldición.
Pero también por la vergüenza que pudiera sentir porque le
pudieran confundir con el condenado.
"Y le llevaron a un lugar llamado Gólgota"
"Gólgota" es una palabra aramea que significa "calavera este
lugar estaba fuera de la ciudad. Al menos, esto fue en lo que se
fijó el autor a los Hebreos cuando dijo:
(He 13:11-12) "Porque los cuerpos de aquellos animales cuya
sangre a causa del pecado es introducida en el santuario por el
sumo sacerdote, son quemados fuera del campamento. Por lo
cual también Jesús, para santificar al pueblo mediante su
propia sangre, padeció fuera de la puerta."
"Le dieron vino mezclado con mirra; mas él no lo
tomó"
Cuando llegaron al lugar en el que Jesús iba a ser crucificado,
le ofrecieron vino mezclado con mirra, que servía como un
estupefaciente para menguar en algo los dolores físicos, pero
él no quiso beberlo, ya que tenía la firme intención de apurar
aquella "copa" hasta las heces, agotando todo el sufrir y toda
la muerte que correspondía a una humanidad perdida.
el Señor permaneció consciente hasta el último momento
cuando entregó su espíritu.
"Cuando le hubieron crucificado"
Eran tiempos difíciles, de muchas turbulencias y agitación en
Palestina, por lo que eran muchos los condenados a ser
crucificados.
Los evangelios no describen en detalle cómo era el proceso de
la crucifixión, pero hay otros documentos de la época que nos
permiten conocerlo.
En primer lugar, se humillaba al prisionero en público
desnudándolo. Luego se colocaba la cruz en el suelo y se
acostaba al reo de espaldas sobre ella; las manos eran atadas o
clavadas a la vara horizontal de madera y los pies a la vara
vertical. Sabemos que en el caso de Jesús tanto sus manos
como sus pies fueron clavados (Jn 20:25) (Lc 24:39-40). La
cruz se llevaba luego a una posición vertical, y se la dejaba
caer en una cavidad previamente preparada en el terreno.
Generalmente se agregaba un taco o un asiento rudimentario
para sostener en parte el peso de la víctima, y evitar que los
clavos desgarraran las manos cuando se levantara la cruz. Una
vez levantada, la cruz no era muy alta, quedando los pies de la
víctima separados del suelo por no más de medio metro, con lo
que era posible la comunicación descrita en los evangelios
entre Jesús y las demás personas que le rodeaban. Una vez
crucificado, quedaba allí suspendido, expuesto en total
impotencia al intenso sufrimiento físico, al escarnio público, al
calor del día y al frío de la noche. La tortura podía prolongarse
durante varios días hasta que el reo moría lentamente de
hambre y de sed, llegando en muchas ocasiones al punto de
dar señales de locura en medio del intenso sufrimiento o
incluso perder el conocimiento.
No hemos de olvidar que este castigo fue inventado para hacer
la muerte tan penosa y prolongada como el poder de la
resistencia humana fuera capaz de soportar. el método más
cruel de ejecución jamás practicado, porque demora
deliberadamente la muerte hasta haber infligido la máxima
tortura posible.
"Repartieron entre sí sus vestidos"
Cuando los soldados terminaron de crucificar a Jesús, se
sentaron y echaron suertes sobre los vestidos de Jesús. A
nosotros nos resulta extraño que estos hombres pudieran
tener a su lado a Jesús muriendo y al mismo tiempo estuvieran
repartiéndose sus vestidos. Pero desgraciadamente, este
ejemplo de indiferencia frente a la muerte de Jesús en la cruz,
es muy común en nuestros días. ¡Cuántos no tienen interés en
el hecho de que él muriera en la cruz por cada uno de nosotros
y lo miran con absoluta indiferencia! ¡Son como estos
embrutecidos soldados romanos, que lo único que les interesa
son las cosas materiales! Pero en cualquier caso, ¡qué poco se
llevaron de Cristo, sólo unas pocas prendas de ropa usada,
cuando podrían haber obtenido la salvación eterna para sus
almas!
Esta parece que era la costumbre romana, según la cual las
ropas del ejecutado correspondían al pelotón de ejecución. Así
desposeyeron a Jesús de lo único que le quedaba en el terreno
material de este mundo. Pero al hacerlo, cumplieron con total
exactitud otra profecía de la Escritura:
(Sal 22:18) "Repartieron entre sí mis vestidos, y sobre mi ropa
echaron suertes."
"El título escrito de su causa era: EL REY DE LOS
JUDÍOS"
Marcos observa la costumbre que tenían los romanos de
colocar la causa de la ejecución en la parte superior de la cruz.
Pilato mandó que fuera escrita en tres idiomas: hebreo, griego
y latín (Jn 19:20), de tal manera que todas las personas que
pasaban por allí pudieran leerlo.
¿Por qué lo hizo? Bueno, en principio porque era la causa por la
que los judíos habían entregado a Jesús ante Pilato y por la
que éste le había mandado crucificar. Sin embargo, podemos
pensar también que el gobernador romano estaba molesto
porque los dirigentes judíos acababan de ganar una victoria
sobre él al forzarle a crucificar a Jesús, sabiendo
perfectamente que era inocente. hizo escribir este título a
modo de venganza personal, expresando así el cinismo de los
judíos que acababan de crucificar a su propio rey. De este
modo les estaba diciendo a los judíos que habían renunciado a
sus esperanzas mesiánicas, lo que sin duda era cierto, y
constituía un terrible suicidio nacional.
los principales sacerdotes entendieron las intenciones de Pilato
y rápidamente le reclamaron que quitara ese título, algo que el
gobernador romano se negó a hacer (Jn 19:21-22).
no deja de ser paradójico que fuera una cruz el trono a donde
Jesús fue levantado y desde donde ahora atrae a la
humanidad (Jn 12:32). Pero siendo un mundo pecador y
rebelde contra Dios, no había otra forma de establecer su
gobierno en esta tierra. No olvidemos que la cruz es el lugar
donde los pecadores, enemigos de Dios, somos reconciliados
con él. Y es también allí donde queda fuera de toda duda el
amor que Dios tiene por la humanidad y que logra conquistar
nuestros endurecidos corazones. La cruz es el punto de
encuentro entre el hombre pecador y el Dios santo, y es el
lugar desde donde Cristo reina en la actualidad en este mundo.
"Crucificaron también con él a dos ladrones"
En aquel día había también otros dos presos que fueron
crucificados junto a Jesús. los describe como "ladrones",
palabra que Juan utiliza para referirse a Barrabás en (Jn
18:40), así que tal vez debamos pensar que también eran
combatientes de la resistencia contra el poder romano. En ese
caso, Jesús fue colocado en medio de ellos porque fue
considerado un delincuente de la misma clase.
Jesús había caracterizado todo su ministerio por su contacto
permanente con los pecadores, al punto que los judíos le
menospreciaban diciendo que era "amigo de publicanos y de
pecadores". Aunque él justificó este contacto explicando que
"los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos",
por lo que nunca dejó de estar cerca de los pecadores hasta el
fin. No era algo de lo que él se avergonzara, y de esta manera
muchos llegaron a ver sus vidas totalmente restauradas.
Incluso en la cruz, su cercanía a los pecadores dio fruto,
puesto que según nos informa Lucas, finalmente uno de los dos
ladrones que estaban crucificados con él, se arrepintió y le
reconoció como Rey (Lc 23:40-43).
Y una vez más se cumplió otra parte de la Escritura:
(Is 53:12) "Por tanto, yo le daré parte con los grandes, y con
los fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su vida
hasta la muerte, y fue contado con los pecadores, habiendo él
llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores."
"Y los que pasaban le injuriaban"
A pesar de todas las injusticias que Jesús había sufrido hasta
ese momento, los judíos todavía no parecían estar satisfechos,
así que fueron hasta el lugar donde había sido crucificado y no
pararon de injuriarle. Marcos distingue tres grupos diferentes:
"los que pasaban" (Mr 15:29), "los principales sacerdotes" (Mr
15:31), y "los que estaban crucificados con él" (Mr 15:32).
De esta manera se cumplió la profecía:
(Sal 22:7-8) "Todos los que me ven me escarnecen; estiran la
boca, menean la cabeza, diciendo: Se encomendó a Jehová;
líbrele él; sálvele, puesto que en él se complacía."
los dirigentes judíos miraban aquel espectáculo con profunda
satisfacción. Habían logrado lo que pretendían. Jesús había
sido crucificado, y de esta manera lograron que fuera
totalmente desacreditado como Mesías, porque como decía la
Ley: "Maldito todo el que es colgado en un madero" (Dt
21:23) (Ga 3:13).
Y aunque nos parece incompresible cómo alguien puede llegar
a alegrarse de este modo en el sufrimiento y el dolor de otra
persona, sin embargo, ellos no sólo lo hacían, sino que además
le injuriaban diciéndole que todo eso le estaba ocurriendo
porque Dios no le amaba. Esto tuvo que ser especialmente
doloroso para Jesús.
Veamos cuáles eran estas injurias:
1. "Tú que derribas el templo de Dios, y en tres días lo
reedificas"
Los que injuriaban a Jesús lo hacían tergiversando las palabras
que él había dicho: "Tú que derribas el templo de Dios, y en
tres días lo reedificas...". Se mofaban así del Señor,
expresando su desprecio por él y haciéndole sentir una vez
más su debilidad y abandono. Pero eran incapaces de
comprender que justo en ese momento ellos mismos estaban
cumpliendo lo que Jesús realmente había predicho: "Destruid
este templo, y en tres días lo levantaré" (Jn 2:19). Ellos
estaban destruyendo el templo de su cuerpo al que Jesús había
hecho referencia, y la resurrección sería el momento en el que
Dios lo levantaría, librándole de la muerte y mostrando al
mundo que era su Hijo, aunque esto ocurriría tres días
después, no antes.
2. "Sálvate a ti mismo, y desciende de la cruz"
Vemos que los judíos también le desafiaban para que
descendiera de la cruz y se salvase a sí mismo. Esta era la
misma tentación que el diablo ya había intentado antes: "Le
llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los
reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo: Todo esto te
daré, si postrado me adorares" (Mt 4:8-9). En aquella ocasión,
igual que en esta, la sutil invitación era a evitar la cruz.
Ninguno de los presentes lograron entender que lo que le
sujetaba a aquella cruz no era su impotencia, sino su
obediencia y amor al Padre y a la humanidad. Si hubiera bajado
de aquella cruz, no habría salvado a los pecadores. Pero una
vez más él venció la tentación y demostró su poder no bajando
de la cruz. No lo olvidemos, el diablo no ha cambiado y sigue
proponiendo a los hombres la salvación sin la cruz.
3. "A otros salvó, a sí mismo no se puede salvar"
sus enemigos reconocían que había salvado a otros, sin
embargo, todos aquellos milagros habían dejado indiferente su
duro corazón.
su planteamiento consistía en demostrar que si él no era capaz
de salvarse a sí mismo, estaba descalificado para liberar a
otros. ¿Cómo podía ser el Mesías enviado de Dios, el escogido,
si no era capaz de impedir que sus enemigos le crucificasen?
Claro está que ellos pensaban en términos políticos, pero esa
nunca había sido la pretensión de Jesús.
Desde ese punto de vista, podría parecer que los gobernantes
judíos tenían razón. Pero su problema era que no habían
entendido que él era "el Cordero de Dios que quita el pecado
del mundo" (Jn 1:29). ¿Cómo podía un cordero salvar a otros
sin morir? sin entenderlo y con la intención de insultarle,
dijeron una gran verdad: no podía salvarse a sí mismo y a otros
al mismo tiempo. Eligió sacrificarse a sí mismo con el fin de
salvar al mundo.
4. "El Cristo, Rey de Israel, descienda ahora de la cruz, para
que veamos y creamos"
estaban fingiendo que estarían dispuestos a creer si vieran
alguna señal (Mr 8:11), pero solamente era una tentación con
el fin de hacerle bajar de la cruz. es precisamente porque
Jesús no bajó de la cruz por lo que hoy creemos en él.
"También los que estaban crucificados con él le
injuriaban"
Hasta sus compañeros de suplicio se unieron a la burla y el
desprecio contra él. Podemos decir que Jesús se encontraba
absolutamente solo en su dolor.
uno de los ladrones "le injuriaba, diciendo: Si tú eres el Cristo,
sálvate a ti mismo y a nosotros" (Lc 23:39). A pesar de estar a
las puertas de la muerte no tenía ningún temor de Dios.
Tampoco sufría ningún remordimiento en su conciencia por los
pecados cometidos. Sin confesión de su culpabilidad delante de
Dios, sin ninguna expresión de arrepentimiento, sin ninguna
petición de perdón divino, nada podía hacer el Señor por él. Y
además, ¿qué sentido tendría en esas condiciones librarle de la
cruz? Salvarle de un castigo temporal, que era consecuencia de
sus crímenes, no serviría de nada si finalmente iba a sufrir un
castigo eterno mucho más terrible.
el otro ladrón que estaba siendo crucificado manifestó
finalmente una actitud totalmente diferente, llegando incluso a
reprender a su compañero. A éste Jesús le dio palabras muy
consoladoras: "De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el
paraíso" (Lc 23:40-43).
"A la hora sexta, hubo tinieblas sobre toda la
tierra"
Jesús había pasado ya tres horas en la cruz, y aun pasaría
otras tres más antes de que expirara. La palabra nos dice que
justo a la mitad, a la hora sexta (sobre las doce del mediodía),
ocurrió algo asombroso: "hubo tinieblas sobre toda la tierra".
Debemos entender esto como un fenómeno sobrenatural,
puesto que a esa hora es cuando el sol brilla en toda su
intensidad.
Se trataba de una intervención directa de Dios con el propósito
de atraer la atención de la vasta muchedumbre que estaba
reunida allí y que pedían una señal del cielo. Sin embargo, la
señal que recibieron era muy diferente de la que ellos
esperaban. Aunque, por supuesto, no les hizo cambiar su
incredulidad.
Estas tinieblas expresaban la oscuridad espiritual que envolvía
a Jesús en la cruz. En la bíblia las tinieblas significan la
separación de Dios (1 Jn 1:5). Las "tinieblas de afuera" eran
una de las expresiones que Jesús usaba para referirse al
infierno (Mt 8:12), por cuanto se trata de una exclusión total y
absoluta de la luz de la presencia de Dios.
Hasta ese momento, Jesús había sido abandonado por todos
los hombres, pero todavía podía decir: "Mas no estoy solo,
porque el Padre está conmigo" (Jn 16:32). Pero al entrar
dentro de esas densas tinieblas que cubrieron el Gólgota, el
Hijo estuvo completamente solo, abandonado incluso por Dios
mismo. Jesús mismo lo expresó así: "Dios mío, Dios mío, ¿por
qué me has desamparado?" (Mr 15:34).
Y nosotros también nos preguntamos por qué Jesús fue
desamparado de ese modo, por qué las tinieblas le separaron
de su Padre. Todo indicaba la solemnidad de este momento,
cuando Dios mismo estaba juzgando el pecado de la
humanidad y cargando su culpabilidad sobre su propio Hijo.
Pablo lo expresó de esta manera:
(2 Co 5:21) "Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo
pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en
él."
Si el resultado del pecado es la separación de Dios, al cargar
con la culpabilidad de nuestros pecados en la cruz, Dios tuvo
que apartarse de su Hijo y exponerlo a su ira y juicios divinos.
(Is 59:2) "Pero vuestras iniquidades han hecho división entre
vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar
de vosotros su rostro para no oír."
Las tinieblas nos enseñan la profunda gravedad del pecado a
los ojos de Dios. Es como si hasta el mismo universo
entendiera esto y se vistiera de luto, sumido en oscuridad, para
no presenciar aquella escena tan dramática.
"Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has
desamparado?"
De entre las tinieblas brotó este grito de desamparo de Jesús,
que a su vez se hacía eco de una cita del Salmo 22 en la que se
describían gráficamente los sufrimientos internos del Mesías
en su agonía.
(Sal 22:1-2) "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has
desamparado? ¿Por qué estás tan lejos de mi salvación, y de
las palabras de mi clamor? Dios mío, clamo de día, y no
respondes; y de noche, y no hay para mí reposo."
Aquí se describe la ruptura entre el Padre y el Hijo, lo que
constituye un misterio imposible de explicar. Cristo era Dios, y
como tal no podía haber ruptura dentro de la Trinidad. Pero
también era hombre, y en esa condición sí podría sufrir la
separación con Dios. Sin embargo, él era un hombre perfecto, y
por lo tanto, tampoco había ninguna razón para que esta
ruptura se produjera.
Pero como ya hemos comentado anteriormente, la razón de
esta separación la encontramos en el hecho de que él estaba
en ese momento ocupando el lugar del pecador (2 Co 5:21). No
quiere decir que se hizo pecador por nosotros, sino que se
presentó como ofrenda por nuestro pecado. Difícilmente
podemos imaginarnos lo que tuvo que significar para el Santo
Hijo de Dios ser colocado bajo el peso de la culpa
correspondiente al pecado del mundo.
Sin lugar a dudas, esta ruptura en la comunión entre el Padre y
el Hijo fue el mayor dolor de la cruz. Por supuesto también
sufrió por los terribles padecimientos físicos, y por el dolor que
le produjo el hecho de ser abandonado por los suyos, pero
nada de eso era comparable con la separación de su Padre.
Para un alma tan sensible como la del Señor Jesucristo, este
aislamiento debió significar una agonía extrema. Quizás
nosotros no lo entendamos, puesto que desgraciadamente en
muchos casos la ruptura de la comunión con Dios no la
apreciamos como un problema muy grave. Pero para Cristo
esta relación era vital.
Incluso podemos ver su dolor en la forma en la que se
expresaba en su oración; por primera vez no usó la forma
habitual con la que siempre oraba, tratando a Dios como su
"Padre", sino que le escuchamos dirigirse a él con estas
palabras: "Dios mío, Dios mío". Todo esto manifestaba que en
esos momentos la relación fraternal que el Hijo había
disfrutado con el Padre fue cambiada por una relación judicial,
donde el Padre actuaba como el Juez divino, y el Hijo era quien
se hacía cargo de pagar la culpabilidad del pecado de la
humanidad.
Nos debe conmover el hecho de que Dios estuviera dispuesto a
sufrir de tal manera para llegar a salvarnos. En el desamparo
de su Hijo debemos ver el amor de Dios hacia el mundo
pecador.
(Jn 3:16) "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha
dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree,
no se pierda, mas tenga vida eterna."
Como explicaba el mismo Salmo 22, para que todos los fieles
de todos los tiempos disfrutaran del auxilio divino en sus
aflicciones, el mismo Hijo de Dios tuvo que ser desamparado:
(Sal 22:4-8) "En ti esperaron nuestros padres; esperaron, y tú
los libraste. Clamaron a ti, y fueron librados; confiaron en ti, y
no fueron avergonzados. Mas yo soy gusano, y no hombre;
oprobio de los hombres, y despreciado del pueblo. Todos los
que me ven me escarnecen; estiran la boca, menean la cabeza,
diciendo: Se encomendó a Jehová; líbrele él; sálvele, puesto
que en él se complacía."
Podemos decir que en la cruz Jesús hizo suyo y se identificó
con el grito angustiado del mundo atormentado por la ausencia
de Dios. Asumió así el clamor, el tormento, y todo el
desamparo de la humanidad perdida y en tinieblas, para que
ésta pudiera disfrutar de la luz de la presencia de Dios.
"Y algunos decían, al oírlo: Mirad, llama a Elías"
Los presentes no entendieron el sentido del grito de Jesús, y lo
confundieron con una llamada al profeta Elías, puesto que en
hebreo "Dios mío" suena de una forma parecida al nombre del
profeta.
En cualquier caso, lo que queda claro es que aquellos que
estaban presenciando la agonía de Jesús, no entendieron la
gravedad e importancia de lo que estaba ocurriendo, y estaban
dispuestos a hacer burla de cualquier detalle, algo que
tristemente sigue ocurriendo en nuestros días.
¿Cómo pudieron pensar que Jesús estaba pidiendo ayuda al
profeta Elías? Ellos sabían que Elías vendría antes que el
Mesías, así que tal vez se estaban burlando de Jesús como si
en sus aspiraciones mesiánicas estuviera reclamando la
presencia de su precursor para que descendiera del cielo en el
mismo carro de fuego en el que había partido y que le
rescatara para demostrar que verdaderamente Jesús era el
Mesías esperado. Lo cierto es que no sabemos qué era
exactamente lo que querían decir, lo único seguro es que
estaban ridiculizando y menospreciando una vez más a Jesús.
"Empapando una esponja en vinagre, le dio a
beber"
Al comienzo de la crucifixión, los soldados habían ofrecido a
Jesús vino mezclado con mirra, que era una bebida que servía
para atenuar los insoportables dolores, pero él la rechazó
puesto que había elegido asumir conscientemente todo el
sufrimiento (Mr 15:23). Pero después de seis horas colgado en
la cruz y bajo el sol abrasador del mediodía, Jesús gritó:
"Tengo sed" (Jn 19:28). Fue entonces cuando le ofrecieron un
vino agriado, muy común entre los pobres, que también se
podía considerar vinagre y que se tenía como una bebida para
calmar la sed.
Aquí nos encontramos de nuevo con esa compenetración
exacta entre la profecía bíblica y los acontecimientos
históricos. En esta ocasión es una escritura del Salmo 69 la que
se cumple:
(Sal 69:20-21) "El escarnio ha quebrantado mi corazón, y
estoy acongojado. Esperé quien se compadeciese de mí, y no lo
hubo; y consoladores, y ninguno hallé. Me pusieron además
hiel por comida, y en mi sed me dieron a beber vinagre."
"Mas Jesús, dando una gran voz, expiró"
Marcos no explica lo que Jesús dijo cuando dio esta "gran voz",
pero podemos verlo en los otros evangelistas:
(Lc 23:46) "Entonces Jesús, clamando a gran voz, dijo: Padre,
en tus manos encomiendo mi espíritu. Y habiendo dicho esto,
expiró."
(Jn 19:30) "Cuando Jesús hubo tomado el vinagre, dijo:
Consumado es. Y habiendo inclinado la cabeza, entregó el
espíritu."
De esto podemos sacar varias conclusiones. En primer lugar,
no debemos entender esta "gran voz" como un lamento
desgarrador de alguien que ha sido vencido, sino como la voz
de triunfo de quien había consumado plenamente la Obra de la
Redención. Y en segundo lugar, nos recuerda lo que Jesús
había dicho anteriormente: "Nadie me quita la vida, sino que
yo de mí mismo la pongo" (Jn 10:18). En su caso no fue la
muerte la que se acercó a él, sino que fue él mismo quien salió
al encuentro de la muerte.
"Entonces el velo del templo se rasgó en dos"
Mientras aquel grito todavía resonaba en el corazón de todos
los presentes, en ese preciso momento en el que parecía que
los principales sacerdotes habían triunfado desgarrando la vida
de Jesús y destrozando las esperanzas de sus seguidores, en el
templo sucedió algo asombroso: el enorme velo que separaba a
Dios en el interior del Lugar Santísimo, se rasgó de arriba
abajo. ¿Por qué ocurrió esto? ¿Qué significaba?
En primer lugar debemos notar que el velo se rasgó "de arriba
abajo", lo que indica que fue una acción divina. Esta fue la
primera respuesta del Padre a la oración de su Hijo y la
primera consecuencia de su muerte.
Podemos imaginarnos el terror que se apoderaría de los
sacerdotes que en aquel momento estuvieran oficiando en el
templo. ¡Ver abierto el Lugar Santísimo al que sólo el sumo
sacerdote podía entrar una vez al año! Suponemos que los
servicios quedarían parados inmediatamente hasta que el velo
fuera restaurado nuevamente.
No sabemos cómo interpretaron ellos todos estos hechos, pero
los primeros cristianos entendieron rápidamente su
significado. Lo más evidente, como explica detalladamente el
autor de Hebreos, es que el camino hasta el Lugar Santísimo,
que hasta ese momento permanecía cerrado, había quedado
abierto para todos por la muerte del Señor Jesucristo, y nunca
más volvería a estar cerrado (He 10:19-22). Todos los hombres
que lo deseen pueden ahora acercarse a Dios con confianza
gracias a Cristo. Todas las barreras entre el hombre y Dios han
desaparecido.
¡Todo esto es asombroso! Después de que la humanidad mató
al Hijo de Dios, lo lógico habría sido que Dios hubiera tomado
algún tipo de represalia contra ella. Con toda justicia podría
habernos abandonado a nuestra suerte, nos podría haber
dejado para que cosecháramos el fruto de nuestro mal obrar y
que pereciéramos en nuestros pecados. Esto es lo que
merecíamos. Pero en lugar de eso Dios rasgó el velo del
templo, mostrándonos así que no estaba planeando la
venganza, sino que en su infinito amor estaba abriendo su
corazón para perdonar y recibir a todos los que lo deseen.
Aquellos que en su odio crucificaron a Jesús, ahora se les da la
bienvenida para que regresen a él, dándoles la posibilidad de
arrepentirse. Sólo un corazón duro como una piedra, puede
permanecer inconmovible ante un amor como este. De hecho,
es más que amor. El nombre que la Biblia le da es "gracia",
amor manifestado hacia el que no lo merece.
también podemos pensar que por medio de este velo rasgado,
Dios estaba manifestando su abandono de aquel templo.
¿Cómo podría seguir dentro de aquel centro religioso que
odiaba a su Hijo? Aquel lugar había dejado de contar con la
presencia de Dios. Allí ya no quedaba nada de vida. Y puesto
que había perdido definitivamente su razón de existir, no
tardaría en ser destruido tal como Jesús había anunciado (Mr
13:1-2).
Y no sólo el templo desaparecería, también el sacerdocio
levítico que estaba asociado a él perdería su razón de ser. Por
un lado, el sumo sacerdote descendiente de Aarón sería
sustituido a partir de ese momento por Cristo, nuestro Sumo
Sacerdote según el orden de Melquisedec, que intercede por
nosotros en el cielo. La epístola a los Hebreos se encarga de
explicar ampliamente la superioridad de Cristo en este sentido
(He 6:19-8:13). Pero no sólo el sumo sacerdote sería
sustituido, también todos los sacerdotes del orden levítico
desaparecerían para dar lugar al sacerdocio universal de todo
creyente:
(1 P 2:9) "Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio,
nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las
virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz
admirable."
(Ap 1:6) "Y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a
él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén."
Debemos señalar que este cambio se produjo paulatinamente.
Al comienzo del libro de los Hechos vemos que los apóstoles y
los primeros cristianos todavía se reunían en el templo, pero
poco a poco se fueron distanciando de él debido a la
persecución de los líderes religiosos de Israel contra los
cristianos. E
esta lenta transición fue algo muy sabio de parte de Dios,
aunque finalmente el hecho de que el velo del templo se
hubiera rasgado simbolizaba con claridad la abolición del
antiguo pacto, y tarde o temprano tendría que desaparecer por
completo, algo que ocurrió de forma definitiva en el año 70 d.C.
cuando los romanos destruyeron el templo y la ciudad.
Pero además del templo y el sacerdocio, también los mismos
sacrificios del orden levítico se habían acabado. Todos ellos
eran símbolos y tipos que apuntaban al sacrificio que Cristo
acababa de realizar, por lo tanto, ya no era necesario seguir
ofreciéndolos.
Por último, es interesante que consideremos también la
interpretación que el autor de Hebreos hace de este incidente.
Veamos la cita:
(He 10:19-20) "Así que, hermanos, teniendo libertad para
entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el
camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es,
de su carne..."
El velo en el templo escondía la presencia de Dios, aunque al
mismo tiempo, por medio de vivos colores y querubines
simbólicos, daba una idea del Dios que moraba al otro lado
dentro del Lugar Santísimo. Y de la misma manera, podemos
decir que en el Señor Jesucristo habitaba toda la plenitud de la
deidad (Col 2:9), aunque de alguna manera quedaba velada
por medio de su humanidad, aunque al mismo tiempo, su
perfecta humanidad mostraba la belleza del Dios eterno. Ahora
bien, ¿de qué manera la naturaleza humana de Jesús nos
separa de Dios? El hecho es que su perfección pone en
evidencia nuestras imperfecciones y pecados, que son
precisamente el problema por el que estamos separados de
Dios. Pero cuando en el Gólgota él se entregó por nuestros
pecados, su sacrificio fue aceptado por Dios, debido a su
santidad perfecta y al valor de su vida. A partir de ese
momento, quedó abierto un "camino nuevo y vivo" a través de
Cristo.
"El centurión dijo: Verdaderamente este hombre
era Hijo de Dios"
Marcos dirige ahora nuestra atención hacia otro de los
personajes presentes en la crucifixión de Jesús: el centurión
encargado de la cuadrilla de ejecución.
Suponemos que en un principio él no tuvo ningún interés en
Jesús, sino que lo único que hacía era cumplir con su deber de
manera rutinaria. Desconocemos cuánto sabía del conflicto que
los principales sacerdotes tenían con Jesús, o de las cuestiones
religiosas que les había llevado a acusarle ante Pilato. Y quizás
él mismo había participado en las burlas que los soldados
romanos habían hecho al Señor antes de llevarle para ser
crucificado (Mr 15:16-20).
Pero lo cierto era que en aquella ejecución habían ocurrido
cosas que no eran habituales, lo que tuvo que avivar el interés
del centurión por saber algo más acerca de Jesús. Las densas
tinieblas a la hora del mediodía, o la afluencia inusual de gente
durante esa crucifixión, junto con los insultos que hacían y el
dominio propio con el que Jesús los recibía, o las
conversaciones de los otros ladrones con Jesús, y aun la forma
en que murió exclamando a gran voz, imaginamos que todo
esto no pudo dejar indiferente ni aun a este endurecido
soldado.
Seguramente habría asistido a la crucifixión de peligrosos
criminales, de ordinarios homicidas, revolucionarios políticos y
un sinfín de gente diversa, pero en Jesús había visto una
perfección moral que nunca antes había conocido en esas
circunstancias cuando los seres humanos son puestos en la
peor de las condiciones: cara a cara con la muerte.
Finalmente el centurión confesó que "verdaderamente este
hombre era Hijo de Dios". Surge la duda acerca de lo que
realmente quiso decir. Lo más razonable es suponer que había
visto en Jesús algo sobrenatural y divino. Que a pesar de la
humillante muerte que había tenido, ese crucificado era mucho
más de lo que la gente en general pensaba. Que se había
cometido un funesto error al crucificar a alguien que era
justo (Lc 23:47). Que Jesús no era lo que sus enfurecidos
enemigos habían estado diciendo contra él durante toda la
crucifixión. Aunque también pudiera ser cierto que en ese
momento no llegara a entender el concepto de la plena
divinidad de Cristo como nosotros, puesto que probablemente
él tendría una formación pagana.
"Había algunas mujeres mirando de lejos"
Jesús murió solo, en la ausencia de sus discípulos y en el
silencio del Padre. Sólo estaban allí, mirando desde lejos, unas
mujeres que lo habían acompañado desde Galilea, ayudándole
con sus bienes y su trabajo. En estos momentos nada podían
hacer por el Señor, pero seguían demostrando su amor y
devoción con su simple presencia.
En cualquier caso, no podemos imaginarnos una escena más
desgarradora. Parecía que una vez más habían ganado los de
siempre, los poderosos, y que seguirían manteniendo sus
privilegios como si nada hubiera pasado. Una vez más todas las
esperanzas de un auténtico cambio en este mundo se habían
desvanecido. Podemos ver esta desolación en los comentarios
que más tarde hicieron los dos que iban camino de Emaús:
"nosotros esperábamos que él era el que había de redimir a
Israel; y ahora..." (Lc 24:21).
Pero Marcos no nos introduce a estas mujeres aquí por
casualidad. Ellas van a estar presentes a lo largo del próximo
capítulo y serán el eslabón entre la muerte de Cristo y su
resurrección. Ellas que habían seguido a Jesús a lo largo de su
vida, lo harían también después de su muerte, llegando a ser
los primeros testigos de su resurrección. Sin duda, un hermoso
reconocimiento a la sensibilidad espiritual de las mujeres.
Pero era necesario que para que su testimonio fuera válido,
estuvieran presentes en la muerte, sepultura y resurrección de
Jesús, algo que el evangelista se propone demostrarnos a
continuación (Mr 15:40) (Mr 15:47) (Mr 16:9).
¿Quiénes eran estas mujeres?
María Magdalena, a quien el Señor había librado de
posesión demoníaca (Lc 8:2).
María, madre de Jacobo llamado el menor y de José, bien
conocidos en la iglesia primitiva.
Salomé, a quien quizá se le puede identificar como la
esposa de Zebedeo (Mt 27:56) y madre de Jacobo y Juan.
El rechazo a la cruz de Cristo
Nuestras consideraciones a lo largo de este estudio nos han
dado una idea del por qué la crucifixión se veía con auténtico
horror en el mundo antiguo. Por ejemplo, los romanos nunca la
aplicarían a un ciudadano romano, sino sólo a los esclavos,
extranjeros, o cualquiera que ellos consideraran indigno de ser
tenido por persona. En cuanto a los judíos, ellos interpretaban
que una persona que moría colgada en un madero estaba bajo
la maldición de Dios (Dt 21:22-23).
Por estas razones, cuando Pablo predicaba que el Mesías de
Dios había muerto en una cruz, inmediatamente despertaba las
actitudes más despectivas.
(1 Co 1:23) "Nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los
judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura"
¿Cómo podría una persona en su sano juicio adorar a un
hombre que había sido condenado como criminal, y sometido a
la forma más humillante de ejecución? ¿Cómo podía el Mesías
haber muerto sometido a la maldición de Dios?
Y el rechazo que la cruz despertaba en el mundo antiguo sigue
siendo el mismo en nuestros días. Consideremos brevemente
algunas de las razones.
1. Revela la gravedad de nuestros pecados
Si Cristo murió en la Cruz para pagar la culpa que nosotros
merecíamos, y si Dios mismo no encontró ningún otro modo de
perdonar con justicia al pecador, salvo ofreciendo a su propio
Hijo como ofrenda por el pecado, entonces tenemos que
admitir que nuestros pecados eran extremadamente horribles
y nuestra condición ante Dios muy grave.
Evidentemente ningún hombre quiere verse de esta manera, y
normalmente intentamos crear una imagen de nosotros
mismos mucho más positiva. Esta es una de las razones por las
que el hombre rechaza la cruz, ya que nos hace sentir
vergüenza por lo que somos. Nos obliga a humillarnos y
confesar que hemos pecado y que no merecemos otra cosa que
el juicio. Nuestro orgullo se revela con fuerza contra esto.
2. Hiere nuestro orgullo
La cruz nos revela que la salvación provista por Cristo tiene
que ser recibida como un regalo gratuito, sin que nosotros
podamos pagarla o hacer algo para ganarla. Las últimas
palabras de Cristo fueron "Consumado es" (Jn 19:30). Con esto
declaró que ya no había nada más que se pudiera agregar. Esta
es otra razón por la que las personas rechazan la cruz. Les
parece inconcebible que no puedan ganarse su propia
salvación, ni siquiera colaborar para obtenerla. Ante la cruz
somos tratados como inválidos incapaces por nosotros mismos
de salvarnos, y a nuestro soberbio ego no le gusta verse
humillado de esta manera ante la cruz.
Hasta el día de hoy no hay nada que excluya a la gente del
reino de Dios más que el orgullo. El evangelio nos desnuda
totalmente (no tenemos vestiduras en las cuales presentarnos
delante de Dios), y nos declara en bancarrota (no tenemos
moneda alguna con la cual podamos comprar el favor del
cielo).
3. Excluye cualquier otro medio de salvación
En el mundo antiguo donde el evangelio se predicó por primera
vez, había muchas religiones politeístas, y muchos de los que
escucharon hablar de Jesucristo se mostraron dispuestos a
aceptarlo como una divinidad más a quien adorar entre otras
muchas. Pero el problema surgió cuando los apóstoles y
misioneros insistían es sostener la singularidad y el carácter
único de Jesucristo y su obra en la cruz.
Por supuesto, los tiempos han cambiado, y todas aquellas
antiguas divinidades paganas han quedado en el olvido, pero
sin embargo, la gente sigue prefiriendo el pluralismo religioso,
y cada vez se persigue más los comentarios despectivos hacia
cualquier religión. Muchos abogan por la fórmula del
ecumenismo y otros por el sincretismo religioso. En este
ambiente, la exclusividad del evangelio de Jesucristo sigue
despertando un fuerte rechazo.
Y no sólo por el hecho de que se predique que el Dios cristiano
es el único verdadero, sino también porque se afirma que la
obra realizada por su Hijo en la Cruz es el único medio de
salvación para toda la humanidad.
(1 Ti 2:5-6) "Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre
Dios y los hombres, Jesucristo hombre, el cual se dio a sí
mismo en rescate por todos..."
Esta afirmación de exclusividad produce un fuerte rechazo.
Muchos la consideran insoportablemente intolerante. No
obstante, la afirmación de la verdad nos obliga a sostenerlo,
por grande que sea la ofensa que ocasione.
Conclusión
Los cristianos no nos avergonzamos de presentar a Cristo
crucificado. Pablo mismo lo expresó con rotundidad: "Lejos
esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor
Jesucristo" (Ga 6:14). Nosotros sabemos que Jesús no merecía
la maldición de Dios, sino que era nuestra propia maldición la
que él estaba llevando sobre la cruz (Ga 3:13). Y es por esta
razón que el recuerdo del amor de Dios expresado en la cruz
nos constriñe para vivir diariamente para Cristo (2 Co 5:14-
15).
Jesús es sepultado - Marcos 15:42-47
(Mr 15:42-47) "Cuando llegó la noche, porque era la
preparación, es decir, la víspera del día de reposo, José de
Arimatea, miembro noble del concilio, que también esperaba el
reino de Dios, vino y entró osadamente a Pilato, y pidió el
cuerpo de Jesús. Pilato se sorprendió de que ya hubiese
muerto; y haciendo venir al centurión, le preguntó si ya estaba
muerto. E informado por el centurión, dio el cuerpo a José, el
cual compró una sábana, y quitándolo, lo envolvió en la
sábana, y lo puso en un sepulcro que estaba cavado en una
peña, e hizo rodar una piedra a la entrada del sepulcro. Y María
Magdalena y María madre de José miraban dónde lo ponían."
Introducción
la realidad de la muerte de Jesús. Cuando Pablo resumió el
mensaje del Evangelio lo hizo de esta forma: "Cristo murió por
nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y fue sepultado, y
resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras" (1 Co 15:3-4).
¿Por qué hizo el apóstol una mención especial a la sepultura?
¿Qué parte tenía en la Obra de la redención? No debemos
olvidar que de la muerte de nuestro Señor Jesucristo dependen
las esperanzas de todos los pecadores redimidos, por lo tanto,
no debe sorprendernos ver el empeño con que los evangelistas
establecen cuidadosamente la realidad de este hecho histórico.
Y la sepultura fue una parte importante de todo este proceso.
Los testigos de la muerte de Jesús que Marcos menciona son
los siguientes:
El centurión romano que estaba cerca de la cruz y le vio
morir.
Las mujeres que siguieron a nuestro Señor desde Galilea
hasta Jerusalén, y que le vieron morir en la cruz y
también cómo lo colocaban en el sepulcro.
Y José de Arimatea, que recogió su cuerpo muerto y le dio
sepultura.
En cualquier caso, el funeral del Señor Jesucristo se llevó a
cabo con mucha urgencia y en la intimidad de unos pocos
discípulos. Tristemente no guardaba relación con la dignidad
de quién era él.
"José de Arimatea pidió a Pilato el cuerpo de
Jesús"
En cierto sentido, podemos imaginarnos por qué muchos de los
ejecutados quedaban en aquel lugar sin enterrar, ya que
resultaría comprometido, y hasta humillante, hacerse cargo del
cuerpo de alguien que había sido ejecutado bajo la acusación
de sedición contra Roma. Seguramente se exponía a tener que
contestar muchas preguntas incómodas sobre su relación con
el crucificado. Además, en el caso concreto de Jesús, implicaría
ser señalado inmediatamente por las autoridades judías.
En esas circunstancias, no era probable que alguno de los
discípulos tuviera el valor de pedir formalmente el cuerpo de
Jesús para enterrarlo, una vez que todos ellos habían huido
unas horas antes cuando se apoderó de ellos el temor al ver
cómo arrestaban a su Señor. Por otro lado, ellos eran galileos,
lo que reduciría considerablemente sus posibilidades en
Jerusalén para encontrar en tan poco tiempo un sepulcro para
el cuerpo de Jesús. Además, debería ser un sepulcro nuevo,
porque la tradición judía dictaba que alguien que había muerto
bajo la maldición de Dios, debía ser enterrado fuera de la
ciudad y que sus restos no se podían mezclar con los de los
santos de Israel. Pero encontrar un sepulcro nuevo, aun
complicaba más las cosas dado el poco tiempo que quedaba.
Pero justo en ese momento, cuanto todo indicaba que Jesús se
quedaría sin ser sepultado dignamente, y ante la sorpresa de
todos, apareció en la escena un hombre llamado José de
Arimatea, que con una valentía y diligencia admirables, se hizo
cargo de todo lo relacionado con la sepultura de Jesús. Hasta
ahora no habíamos sabido nada de él, pero por medio de unas
pocas pinceladas, Marcos nos muestra que era la persona
indicada para prestar el último servicio al Señor antes de su
resurrección y ascensión.
Por un lado se nos dice que José de Arimatea era "miembro
noble del concilio", lo que en esas condiciones era muy
importante por varias razones. Primero, porque siendo
miembro del Sanedrín podía hacer una solicitud formal ante
Pilato y ser atendido con rapidez, algo muy importante dado el
poco tiempo que quedaba. Y en segundo lugar, y más
importante aun, disponía de un sepulcro nuevo muy cerca del
lugar en donde Jesús había sido crucificado, lo que permitiría
llevar a cabo la sepultura con mucha rapidez. Veamos cómo
Juan explica los detalles de esta maravillosa providencia:
(Jn 19:41-42) "Y en el lugar donde había sido crucificado,
había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo, en el cual
aún no había sido puesto ninguno. Allí, pues, por causa de la
preparación de la pascua de los judíos, y porque aquel sepulcro
estaba cerca, pusieron a Jesús."
Ahora bien, una vez que hemos visto cómo Dios arregló todos
los detalles para que su Hijo fuera sepultado dignamente, nos
surgen otras preguntas acerca de José de Arimatea. Por
ejemplo, si era miembro del Sanedrín, ¿por qué no hemos
sabido antes de él, ni le hemos visto oponerse a la decisión
tomada de crucificar a Jesús?
Tal vez debamos intentar ver el progreso espiritual que siguió
este hombre a partir de la información que nos suministran los
otros evangelios, para así no ser excesivamente críticos con él.
Por ejemplo, Lucas nos dice que él no había aprobado la
decisión del Sanedrín (Lc 23:51). José de Arimatea era un
miembro más del Concilio, con una influencia limitada.
Aunque probablemente en esos momentos su
identificación con Jesús era todavía muy tímida. Juan nos
dice "que era discípulo de Jesús, pero secretamente por
miedo de los judíos" (Jn 19:38).
Sin embargo, la muerte de Cristo tuvo un impacto muy
fuerte en su conciencia, e inmediatamente se convirtió en
el primer discípulo en identificarse públicamente con el
Crucificado. Quizá porque comprendió que si quería
librarse de cualquier implicación en el asesinato judicial
de Cristo, había de distanciarse públicamente de la
decisión del Sanedrín.
Y tal vez le debamos también mucha de la información
que los evangelios recogen de las reuniones secretas del
Sanedrín durante la noche en la que Jesús fue juzgado.
La aparición en este momento de este discípulo secreto, del
que poco o nada sabíamos hasta ahora, y que además era
miembro del Sanedrín, nos hace pensar que el Señor tiene
seguidores en este mundo que no conocemos, y que se
encuentran incluso en lugares en donde nunca habríamos
imaginado. Algunas veces podemos sentirnos un poco solos en
este mundo, pero es entonces cuando tenemos que recordar
las palabras que Dios le dirigió a Elías cuando le informó de
que no estaba solo, sino que había todavía en Israel siete mil
cuyas rodillas no se habían doblado ante Baal, ni sus bocas lo
habían besado (1 R 19:18).
José de Arimatea y el centurión romano que custodio a Jesús
durante su crucifixión, fueron los primeros a quienes la cruz les
atrajo poderosamente hacia Cristo. Con esto se empezaban a
hacer realidad las palabras que el Señor había dicho:
(Jn 12:32) "Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos
atraeré a mí mismo."
Un detalle interesante acerca de José de Arimatea y del que
nos informa Marcos, es que él "esperaba el reino de Dios". Esto
nos lleva a preguntarnos ¿qué pensaría en esos momentos?
¿Creería que todo se había perdido? No olvidemos que José era
un judío piadoso que esperaba lo que el Antiguo Testamento
había prometido acerca de la venida de un Mesías que
inauguraría el Reino de Dios en este mundo con poder. Pero el
hecho de que Jesús hubiera muerto de esa manera en una
cruz, rechazado por su propio pueblo y gobernantes, tuvo que
hacerle pensar que Jesús no era realmente el Mesías esperado,
y que por lo tanto, el Sanedrín había hecho bien en pedir su
ejecución por impostor. Sin embargo, lo que ocurrió fue justo
lo contrario. Como decíamos, la cruz aclaró sus pensamientos y
le atrajo poderosamente hacia Jesús. En esos momentos
percibió con claridad que quien estaba siendo crucificado allí
era realmente el "Rey de los judíos". Algo similar le ocurrió
también a uno de los ladrones que estaba crucificado con Jesús
y que en esas circunstancias le hizo una sorprendente petición:
"Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino" (Lc 23:42).
Humanamente hablando es incomprensible que un hombre
ejecutado de forma tan vergonzosa y en medio de una
debilidad tan evidente, pueda despertar tales pensamientos en
las personas hasta el punto de creer que pueda ser un Rey.
Pero estos hechos confirman lo que Pablo diría años después:
"La palabra de la cruz es poder de Dios" (1 Co 1:18). Sin duda,
deberíamos predicar mucho más acerca de la Cruz con todo lo
que ella implica.
José de Arimatea entendió que su fe en Jesús le debía llevar a
actuar, así que con una valentía que sólo Dios puede
proporcionar, fue hasta Pilato y se distanció de la posición del
resto del Sanedrín que horas antes habían solicitado la muerte
de Jesús. Sin duda fue una especie de protesta contra la
injusticia que se había cometido al condenar a un inocente.
Pero al mismo tiempo, estaba también confesando su fe en la
veracidad de las pretensiones de Jesús de ser verdaderamente
el Mesías y su confianza en que tal como había prometido,
regresaría desde la diestra del poder de Dios para establecer
su reino (Mr 14:62). Y nosotros deberíamos seguir su ejemplo
y dejar clara nuestra posición en relación con las pretensiones
de Cristo en el mundo en el que nos ha tocado vivir.
"Pilato, informado por el centurión, dio el cuerpo
a José"
Cuando José de Arimatea pidió el cuerpo de Jesús, Pilato se
sorprendió de que hubiera muerto tan pronto. No hemos de
olvidar que sucedía con frecuencia que los crucificados
tardaban días en morir, y que en este caso sólo habían pasado
seis horas. Para cerciorarse, Pilato pidió que el centurión lo
certificara mediante un informe oficial.
El centurión y los soldados que le asistían comprobaron que
Cristo ya estaba muerto, sin embargo, para asegurarse
totalmente, uno de ellos atravesó su costado con una lanza,
produciéndole una herida tan profunda que Tomás podría
haber metido después su mano en el costado de Jesús (Jn
19:33-35) (Jn 20:27).
El hecho de que el gobernador romano fuera tan estricto en su
investigación fue algo providencial, puesto que quedó fuera de
toda duda que Jesús había muerto realmente. A partir de aquí
nadie puede argumentar que Jesús fue colocado en el sepulcro
cuando todavía estaba vivo y que después logró reanimarse
con el frescor de la tumba. Los que sostienen esta postura
tienen que ignorar el certificado de muerte que emitió el
centurión romano, además de las heridas mortales que Jesús
había sufrido.
"Lo envolvió en la sábana y lo puso en un
sepulcro"
Una vez que José de Arimatea recibió el permiso de Pilato para
hacerse cargo del cuerpo de Jesús, fue hasta la cruz con una
sábana que había comprado y colocó el cuerpo de Jesús en
ella. En este momento es muy probable que los mismos
soldados romanos ya hubieran bajado a los reos de la cruz,
arrancando sus clavos y colocando los cuerpos sobre el suelo.
El evangelio de Juan nos informa que en este proceso fue
ayudado por otro miembro noble del Sanedrín llamado
Nicodemo (Jn 19:39-40). estos dos destacados personajes de
la clase dirigente de Israel hicieron lo que habría sido
imposible para los once discipulos. Pero de esta forma dieron
también cumplimiento con total exactitud a la profecía de
Isaías:
(Is 53:9) "Y se dispuso con los impíos su sepultura, mas con
los ricos fue en su muerte."
Sin lugar a dudas, Dios estaba dirigiendo todo lo que ocurría.
Podemos imaginarnos lo que habría ocurrido si el cuerpo de
Jesús hubiera sido arrojado en una fosa común junto a otros
cuerpos. En ese caso habría sido imposible verificar su
resurrección, pero una tumba vacía sí que servía como una
evidencia clara de la resurrección.
Así que entre estos dos hombres trasladaron el cuerpo de
Jesús envuelto en una sábana hasta "un sepulcro nuevo, en el
cual aún no había sido puesto ninguno" (Jn 19:41), y que se
hallaba excavado en la roca en un huerto cercano. Por
supuesto, tuvieron que actuar con mucha diligencia, y en poco
tiempo preparar el cuerpo antes de dejarlo en la tumba.
Suponemos que primero lo lavarían para después envolverlo en
los lienzos con especias aromáticas, tal como era la costumbre
sepultar entre los judíos. Utilizarían para ello el compuesto de
mirra y de áloes que había traído Nicodemo (Jn 19:40). Al
mezclar los lienzos con este compuesto, y rodear el cuerpo de
Jesús, éstos quedaban pegados formando una momia. Para
hacernos una idea podemos recordar el caso de Lázaro, al que
resucitó Jesús (Jn 11:44).
En este punto muchos se preguntan dónde está la tumba donde
fue colocado el cuerpo de Jesús. Y aunque no creemos que se
trate de un detalle importante, los investigadores sugieren en
la actualidad dos posibles emplazamientos. Sobre uno de ellos
está edificada una iglesia, y el otro se encuentra fuera de la
muralla de la ciudad. Aunque muy probablemente Jesús no fue
sepultado en ninguno de los dos sitios. No olvidemos que la
ciudad fue destruida completamente por el general Tito en el
año 70 d.C., y que además, Dios no tenía ningún interés en que
la tumba permaneciese intacta, porque muchas personas la
habrían convertido en un objeto de culto, como de hecho así ha
ocurrido. No olvidemos que después de todo, no hay ningún
valor en la tumba en la que Jesús fue sepultado, sino en Aquel
que venció la muerte y se ha sentado a la diestra de la
Majestad en el cielo. En él debemos concentrar nuestra
atención.
"Hizo rodar una piedra a la entrada del sepulcro"
Una vez que José de Arimatea y Nicodemo terminaron de
preparar el cuerpo de Jesús, hicieron rodar una gran piedra
hasta la entrada del sepulcro, cerrando su entrada. Esta piedra
estaría en una canaleta con un pequeño desnivel de modo que
resultara fácil colocarla en su lugar con sólo empujarla un
poco.
Pero mientras todo esto ocurría, los demás miembros del
Sanedrín se dieron cuenta de que habían perdido el control
sobre la situación y temieron que los discípulos de Jesús se
pudieran reorganizar con la ayuda de José y Nicodemo, hasta
el punto de robar el cuerpo de Jesús y fingir su resurrección.
Así que con toda diligencia, al día siguiente volvieron a
presentarse ante Pilato para solicitase que asegurase la tumba
por medio de una guardia (Mt 27:62-66). De esta manera, los
líderes judíos, junto con una guardia romana, se hicieron cargo
del sepulcro donde Jesús había sido colocado. Lo primero que
harían al llegar sería comprobar que el cuerpo de Jesús estaba
dentro, para lo que tendrían que abrir nuevamente el sepulcro.
Luego lo cerraron, pusieron un sello que certificaba la
autenticidad de la tumba y colocaron una guardia romana que
vigilara que nadie pudiera alterar la tumba en el transcurso de
tres días, que era el plazo que Jesús había señalado para su
resurrección.
"Y las mujeres miraban dónde lo ponían"
José de Arimatea y Nicodemo fueron seguidos y observados
todo el tiempo por dos mujeres; "María Magdalena y María
madre de José". Ellas se mantuvieron siempre a cierta
distancia porque no habría sido correcto de acuerdo a las
costumbres judías que ellas se mezclaran con los dos
miembros del Sanedrín.
¿Por qué hicieron esto? Bueno, Marcos nos va explicar
inmediatamente que ellas también querían prodigar sus
cuidados al cuerpo de su amado Salvador (Mr 16:1), así que
era importante que estuvieran informadas de primera mano
acerca del lugar donde había sido colocado. Y aunque tuvieron
que esperar a que pasara el día de reposo, cuando se dirigieron
al sepulcro sabían perfectamente dónde se encontraba. La
razón por la que encontraron el sepulcro abierto y vacío no fue
porque se habían equivocado del lugar, sino porque Jesús
había resucitado.
Hasta aqui
Un ciego sanado en Betsaida - Marcos 8:22-26
(Mr 8:22-26) "Vino luego a Betsaida; y le trajeron un ciego, y
le rogaron que le tocase. Entonces, tomando la mano del ciego,
le sacó fuera de la aldea; y escupiendo en sus ojos, le puso las
manos encima, y le preguntó si veía algo. Él, mirando, dijo: Veo
los hombres como árboles, pero los veo que andan. Luego le
puso otra vez las manos sobre los ojos, y le hizo que mirase; y
fue restablecido, y vio de lejos y claramente a todos. Y lo envió
a su casa, diciendo: No entres en la aldea, ni lo digas a nadie
en la aldea."
Introducción
Este milagro se parece al de la curación del sordomudo de
Decápolis (Mr 7:31-37):
en ambos casos el Señor NO HIZO LO que le dijeron los
amigos en cuanto (que les pusiera las manos o lo tocase)
para llevar a cabo la sanidad.
El Señor usó su saliva en el proceso de sanar a cada uno
de ellos.
estas dos sanidades, la primera de un sordomudo y la segunda
de un ciego, están situadas en un contexto en el que
constantemente vemos las dificultades de la gente, y aun de
los mismos discípulos, para distinguir quién era Jesús. Jesús
les llegó a decir a sus discípulos: (Mr 8:18) "¿Teniendo ojos no
veis, y teniendo oídos no oís?". Y en el pasaje siguiente (Mr
8:27-28), el Señor pregunta a sus discípulos sobre la opinión
que la gente tenía de él, y se puede apreciar que aunque lo
consideraban un gran hombre de Dios, sin embargo, ninguno
había llegado a una comprensión completa de quién era
realmente Jesús.
Ese era el estado espiritual de los discípulos en aquellos días, y
cómo el Señor estaba obrando también en ellos para abrir sus
oídos y sus ojos para llegar a una comprensión plena de quién
era Cristo, algo que finalmente ocurrió (Mr 8:29).
"Vino luego a Betsaida y le trajeron un ciego"
Jesús estaba nuevamente en Galilea, concretamente en
Betsaida, la ciudad de Andrés y Pedro (Jn 1:44). Quizá esta fue
pudo haber sido la razón por la que Cristo hizo allí muchos
milagros. Sin embargo, permaneció en su incredulidad, razón
por la que el Señor anunció un juicio especialmente severo
sobre ella (Mt 11:21-24).
Fue allí (Betsaida) donde unos hombres le trajeron a un ciego
para que lo sanara. podemos decir que estos amigos sirven de
ejemplo para nosotros mismos tenemos que llevar a otras
personas a Cristo para que puedan ser salvos.
Pero vemos el interés de los amigos, contrasta con la pasividad
del ciego, que debía haber sido el mayor interesado. no se
parecía en nada a Bartimeo, aquel ciego de Jericó, que desde el
momento en que supo que Jesús llegaba a la ciudad, no dejó de
seguirle dando voces y pidiendo que le sanara (Mr 10:46-48).
¿Por qué ese ciego se había vuelto tan pasivo? ¿Reflejaba de
alguna manera a los mismos discípulos que se dejaban llevar
por el Señor, pero sin tomar iniciativas?
"Entonces, tomando la mano del ciego, le sacó
fuera de la aldea" v23
La razón por la que Jesús no quiso hacer el milagro dentro de
Betsaida no lo sabemos. Tal vez tenía que ver con el rechazo de
la ciudad y era una parte del juicio de Dios sobre ella. su
propósito era evitar dar más publicidad a sus milagros, como
vemos (Mr 8:26).
el hecho de que Jesús sacara fuera de la ciudad al ciego, nos
presenta muy compasivo y algo hermoso. Podemos
imaginarnos a Jesús guiando al ciego por un buen rato, hasta
estar fuera de la ciudad. No es que el ciego no tuviera quien lo
guiara, allí estaban sus amigos, pero el Señor quiso hacerlo él
mismo. Esto formaba parte también del proceso de sanidad que
el ciego necesitaba. El contacto con Jesús, el sentir su
dirección, el ver que le dedicaba su tiempo, tal vez alguna
conversación en el camino, pero sobre todo, estar a solas con
él fuera de la multitud de curiosos, servía para establecer una
relación personal de confianza, necesaria para este hombre,
que como hemos visto, parecía muy pasivo al principio.
"Y escupiendo en sus ojos, le puso las manos
encima" v23
El Señor sanó a muchos ciegos, pero en esta ocasión, la forma
en que se llevó a cabo la sanidad, es completamente diferente
a todas las demás.
Esto nos recuerda que el Señor no se limita a usar siempre los
mismos medios. Cada persona es diferente, y por eso el Señor
trata cada caso de forma individual y personal.
De la misma manera, a cada uno de nosotros Dios nos busca y
nos llama a la conversión de una forma distinta, atendiendo
siempre a nuestras circunstancias y necesidades concretas.
En el caso del ciego, Jesús usó métodos que él pudiera
entender, y sobre todo sentir. El hecho de que Jesús le guiara
de la mano hasta fuera de la ciudad fue el comienzo, pero
luego continuó poniendo saliva en sus ojos, y colocando sus
manos sobre él. En todo esto, apreciamos el acercamiento e
intimidad con la que Jesús le estaba tratando. quería que le
entendiera, pero aún más, que confiara en él.
nos sorprende la grandeza del Señor, que estaba dispuesto a
usar cualquier manera con el fin de hacerse entender por una
mente sencilla.
"Y le preguntó si veía algo. El, mirando, dijo: Veo
los hombres como árboles"
estos detalles que el hombre no había sido ciego desde su
nacimiento, porque sabía cuál era la forma de los hombres y de
los árboles.
el hecho de que por primera vez Jesús hacía un milagro de
forma gradual. generalmente las sanidades se producían de
forma instantánea, pero con este ciego, fue necesario que el
Señor pusiera en dos ocasiones sus manos sobre él. ¿Por qué
realizó este milagro en dos etapas? V25
no era por una falta de poder por parte de Jesús. Tal vez el
Señor lo hizo a la lentitud de la fe de este hombre.
Y algo similar nos ocurre también con todos los hombres
(nosotros). hay personas que se convierten después de
escuchar la primera predicación, pero normalmente, es un
proceso que lleva su tiempo, mientras el Espíritu de Dios va
convenciendo a la persona de su necesidad y de quién es
Jesús (Jn 16:7-11). Y lo mismo pasa con los creyentes. Nuestra
comprensión de Dios y de su revelación es progresiva, y
avanza según crecemos en la fe.
Todo esto nos debe llevar a ser pacientes y comprensivos con
las dificultades de visión y entendimiento que todas las
personas tienen, de la misma forma que Jesús lo fue con sus
discípulos.
"Y fue restablecido, y vio de lejos y claramente a
todos" v25
finalmente el ciego fue completamente restaurado. Y esto nos
enseña una gran verdad: el Señor no deja nunca sus obras a
medias. Como dice el apóstol Pablo: (Fil 1:6) "Estando
persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena
obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo".
Y de igual manera, la visión de los discípulos también progresó
hasta un discernimiento pleno de quién era Jesús, cuando ante
la pregunta del Señor acerca de quién pensaban ellos que era
él, Pedro contestó acertadamente: "Tú eres el Cristo" (Mr
8:29). Y como veremos, ese momento cierra un ciclo que
termina igual que el milagro del ciego de Betsaida: "viendo
claramente" a Jesús.
"No entres en la aldea, ni lo digas a nadie en la
aldea"
Y nuevamente nos encontramos con algo a lo que el Señor nos
tiene acostumbrados: la prohibición de divulgar el milagro. El
propósito sería evitar provocar entusiasmos desmedidos que
dificultaran el progreso de su obra.
porque mientras que las multitudes, y los mismos discípulos
manifestaran tanta lentitud para comprender quién era
realmente él, y lo que había venido a hacer, no podía fomentar
su popularidad, creando falsas esperanzas sobre la cercanía de
una liberación política, que por el momento era lo que la
mayoría esperaba de él.
Pero una vez que los discípulos comprendieron quién era
Jesús, y también tuviera ocasión de enseñarles acerca de la
obra que había venido a llevar a cabo en Jerusalén, entonces
ya no sería necesario seguir "escondiéndose", sino que él
mismo se presentaría públicamente en Jerusalén (Mr 11:1-11).
Pero mientras tanto, era necesaria cierta discreción.
La confesión de Pedro - Marcos 8:27-30
(Mr 8:27-30) "Salieron Jesús y sus discípulos por las aldeas de
Cesarea de Filipo. Y en el camino preguntó a sus discípulos,
diciéndoles: ¿Quién dicen los hombres que soy yo? Ellos
respondieron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros,
alguno de los profetas. Entonces él les dijo: Y vosotros, ¿quién
decís que soy? Respondiendo Pedro, le dijo: Tú eres el Cristo.
Pero él les mandó que no dijesen esto de él a ninguno."
Introducción
Con esta finalidad, el Señor se retiró al distrito de
Cesarea de Filipo y allí preguntó a sus discípulos acerca
de la opinión que la gente tenía de él, y también la de
ellos mismos. De su respuesta se desprende que el
pueblo en general tenía un buen concepto de él, pero sin
llegar a entender realmente quién era él. Por el contrario,
los discípulos, después de un tiempo de endurecimiento,
habían llegado a comprender que Jesús era el Cristo, tal
como lo manifestó Pedro .
Este era un enorme paso hacia adelante, pero todavía
insuficiente, así que el Señor les mandó que no lo dijeran
a nadie. La razón para esta prohibición, estaba en que
aunque habían entendido que Jesús era el Mesías, sin
embargo, su concepto de lo que esto significaba estaba
muy lejos de los pensamientos de Dios. Para ellos, si
Jesús era el Cristo, lo que había que hacer
inmediatamente, era llevarlo a Jerusalén para que
ocupara el trono de David su padre. Pero fue entonces
cuando Jesús comenzó a enseñarles para asombro de
todos, "que le era necesario padecer mucho, y ser
desechado por los ancianos, por los principales
sacerdotes y por los escribas, y ser muerto, y resucitar
después de tres días" (Mr 8:31).
Para los discípulos era incomprensible lo que Jesús les
estaba diciendo: ¡Morir en lugar de reinar! Tanto
chocaban estos conceptos en sus mentes, que Pedro se
atrevió a reconvenirle acerca de tales ideas, lo que
provocó una severa reprensión de Jesús (Mr 8:32-33). Su
concepto del Mesías y su Reino sólo era concebido en
términos de la fuerza, dinero y sabiduría humanas, pero
el Señor tenía que enseñar a los discípulos, que el Reino
no podía establecerse de esta forma en un mundo de
pecado, sino a través de una muerte expiatoria.
"¿Quién dicen los hombres que soy yo?" v27
El Señor quiso saber por boca de sus discípulos la opinión que
las multitudes habían formado de El después de dos años y
medio de ministerio. Jesús estaba preguntando: No tenía
interés en saber qué impresión tenían de sus enseñanzas o
milagros, sino que lo que realmente le importaba era la opinión
que se habían formado de su misma Persona.
En este tiempo preguntemonos ¿Quién es Jesús? Tan
importante es la contestación que demos a esta pregunta, que
de ella depende nuestra vida presente, así como nuestra
eternidad.
"Respondieron: Unos, Juan el Bautista; otros,
Elías; y otros, alguno de los profetas" v28
La opinión que las multitudes se habían formado de Jesús era
buena. Todos ellos lo asociaban con alguno de los grandes
hombres de Dios que habían dejado huella en la historia de
Israel.
Pero aunque estas opiniones manifestaban mucho respeto por
la persona de Jesús, eran incompletas y no lo identificaban
correctamente. Para la gente, Jesus era uno más de los que
anunciaban la venida del Mesías, como lo hicieron los profetas,
o Elías, o Juan el Bautista. Pero no habían llegado a
comprender el hecho primordial de que él mismo era el Mesías
esperado.
Esto es más triste de lo que parece, porque después de meses
de ministerio entre ellos, haciendo grandes obras de poder, y
enseñándoles de una forma nunca antes conocida por ninguno
de ellos, sin embargo, no lograban ver en él más que un buen
hombre de Dios.
Pero la gente no ver la diferencia que había entre su obra y la
de todos aquellos hombres con quienes lo estaban
comparando. Cuando colocamos a Jesús al lado de alguno de
ellos, encontramos diferencias abismales que ellos mismos
deberían haber considerado. ¿Quién era Elías en comparación
con Jesús? ¿No había dicho Juan el Bautista que él no era
digno de desatar encorvado la correa de su calzado (Mr 1:7)?
¿Por qué insistían ellos en verlos como iguales?
las multitudes se habían atascado en su comprensión de Cristo
hacía tiempo, y no lograban ir adelante. Sus opiniones eran las
mismas que expresaron meses atrás y que vimos en (Mr 6:14-
15).
Y los tiempos no han cambiado en dos mil años. Todavía hoy la
gente sigue lanzando mil hipótesis sobre la identidad de Jesús.
Y aunque la mayoría valoran muy positivamente sus
enseñanzas, su carácter, y en algunos casos, hasta sus obras
milagrosas, sin embargo, Cristo y su Evangelio son tan poco
comprendidos hoy como entonces.
"Y vosotros, ¿quién decís que soy?
Respondiendo Pedro, le dijo: Tú eres el Cristo"
La respuesta no se hizo esperar, y Pedro, con el carácter
impulsivo que le caracterizaba, expresó lo que todos ellos
pensaban: "Tú eres el Cristo".
Los discipulos habían llegado a la conclusión de que él no era
otro profeta que anunciaba la venida del Mesías, sino que
Jesús mismo era el Mesías. Los largos siglos de espera habían
terminado, y ellos habían llegado a comprender que el
cumplimiento de todo lo anunciado por los profetas estaba
teniendo lugar allí mismo, en medio de ellos.
todo el Evangelio gira ¡Jesús, el carpintero de Nazaret, era el
esperado Hijo de Dios que se había humanado para llevar a
cabo la Obra de la redención!
Hoy Es tiempo de mantenernos firmes en nuestra fe, a pesar de
las influencias negativas a nuestro alrededor. Los discípulos
lograron librarse de la levadura de los fariseos y de Herodes, y
nosotros debemos procurar lo mismo.
Jesús anuncia su muerte - Marcos 8:31-38
(Mr 8:31-38) "Y comenzó a enseñarles que le era necesario al
Hijo del Hombre padecer mucho, y ser desechado por los
ancianos, por los principales sacerdotes y por los escribas, y
ser muerto, y resucitar después de tres días. Esto les decía
claramente. Entonces Pedro le tomó aparte y comenzó a
reconvenirle. Pero él, volviéndose y mirando a los discípulos,
reprendió a Pedro, diciendo: ¡Quítate de delante de mí,
Satanás! porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en
las de los hombres. Y llamando a la gente y a sus discípulos,
les dijo: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí
mismo, y tome su cruz, y sígame. Porque todo el que quiera
salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por
causa de mí y del evangelio, la salvará. Porque ¿qué
aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su
alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma? Porque
el que se avergonzare de mí y de mis palabras en esta
generación adúltera y pecadora, el Hijo del Hombre se
avergonzará también de él, cuando venga en la gloria de su
Padre con los santos ángeles."
Introducción
Hemos llegado a un punto crucial en el evangelio de Marcos.
Por un lado, la popularidad de Jesús entre las masas había
tocado su punto más alto, y por otro, la fe y percepción de los
apóstoles en cuanto a su verdadera identidad, también había
alcanzado su cima. Era el momento adecuado, por lo tanto,
para comenzar a explicar la secuencia de acontecimientos que
habían de preceder el establecimiento del reino. Y lo primero
que hizo fue anunciarles con total claridad que iba a ser
rechazado por la nación y crucificado. Esto era algo difícil de
entender y aceptar para los discípulos. Primeramente, porque
chocaba frontalmente con los conceptos que ellos tenían
acerca del Mesías como un caudillo victorioso, y no como
alguien vencido y derrotado. Y en segundo lugar, porque
viendo a las multitudes enfervorizadas siguiendo a Jesús por
todos los lugares por donde iba, no podían imaginar que su
propia nación fuera a crucificarlo. Pero el Señor conocía bien al
pueblo, y sabía que mucha de la fe de la gente que le seguía
era superficial e interesada, y que finalmente llegarían a
rechazarle en el momento en que no se ajustara a lo que ellos
esperaban de él. Además, Jesús sabía muy bien que para llegar
a reinar sobre hombres pecadores, era necesario vencer
primero el pecado, y esto sólo era posible por medio de su
propia muerte y resurrección.
"Y comenzó a enseñarles que le era necesario al
Hijo del Hombre padecer mucho" v1
Una vez que los discípulos entendieron que Jesús era el Mesías,
se hacía necesario que comprendieran también qué tipo de
Mesías era. Por esta razón, Jesús comenzó a enseñarles la
verdad fundamental sobre la que se iba a establecer su reino,
que no podía ser otra que su muerte y resurrección
Para entender la importancia de lo que Jesús quería decir,
debemos observar bien el lenguaje que él empleó: "es
necesario". Pero ¿por qué era necesario?
Porque formaba parte del plan divino para el establecimiento
de su reino. Los judíos no habían considerado el grave
problema del pecado en el ser humano, pero el Señor sabía que
no es posible implantar los grandes principios del reino,
expuestos claramente en el "Sermón del monte" (Mt 5-7), en
corazones sin regenerar, y que no había otra forma de
conseguirlo, sino por medio de su muerte y resurrección.
el anuncio que Cristo hizo acerca de su muerte, era algo
"obligado" por la estrategia divina para el establecimiento de
su reino, lo que implicaba, que cualquier intento de evitar u
oponerse a su muerte, sería algo totalmente contrario a la
voluntad de Dios.
"Y ser desechado por los ancianos, por los
principales sacerdotes y por los escribas" v1
El Señor no sólo dijo que iba de padecer mucho, sino que
también que serían los mismos líderes espirituales del pueblo,
que no aceptaban , quienes le desecharían.
"Y ser muerto, y resucitar después de tres días"
el Señor les dijo que sus padecimientos habrían de terminar
en la muerte, y más tarde en la resurrección. Y aunque Jesús
no se detuvo en este momento a explicar la razón por la que
todo esto era necesario, estaba adelantando el hecho de que
la vida había de surgir de la muerte, y que la aparente derrota
de la Cruz, sería seguida de la victoria de su resurrección.
Pero parece que los apóstoles no escucharon la parte en la que
Jesús les habló de su resurrección. Tal vez ellos entendieron
que se refería a la resurrección general, tal como lo interpretó
Marta cuando Jesús le habló de la resurrección de su hermano
Lázaro (Jn 11:24). Fue necesario que tuviera lugar el glorioso
evento de su resurrección, después de tres días en el sepulcro,
para que ellos entendieran a lo que Jesús se estaba refiriendo
en este momento.
el establecimiento de su reino en este mundo tampoco vendría
inmediatamente después de la resurrección. Para ello sería
necesaria su segunda venida en gloria, tal como más tarde les
dijo a sus discípulos (Mr 8:38).
"Entonces Pedro le tomó aparte y comenzó a
reconvenirle" v32
El apóstol Pedro reaccionó rápidamente ante lo que Jesús
estaba diciendo. No podemos negar que en sus palabras había
un intenso afecto hacia Jesús, a quien de ninguna manera
deseaba ver sufrir, y aun menos de muerte.
Pedro no comprendía la necesidad de la cruz. Y seguramente,
los otros discípulos también pensaban lo mismo, aunque no
llegaran a expresarlo. Y así es también con la mayoría de los
hombres. Pablo decía que "la palabra de la cruz es locura a los
que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros,
es poder de Dios" (1 Co 1:18).
"Pero él, volviéndose y mirando a los discípulos,
reprendió a Pedro" v33
No deja de sorprendernos cómo el apóstol Pedro, que
momentos antes había hecho una declaración tan acertada
sobre Jesús (Mr 8:29), ahora descendía tan bajo, haciéndose
merecedor de una de las reprensiones más fuertes que
recordamos del Señor Jesucristo: "¡Quítate de delante de mí,
Satanás!".
así somos todos nosotros. Aun cargados de buenas
intenciones como Pedro, llegamos a cometer terribles
equivocaciones. Y el hecho de haber salido victoriosos de
determinadas circunstancias, no debería llevarnos a "bajar la
guardia", porque como vemos, el enemigo no descansa, y
nosotros somos mucho más débiles de lo que nos creemos.
Pero sin duda, el que tampoco bajaba la guardia era el Señor
Jesús. Inmediatamente respondió a lo que Pedro le estaba
sugiriendo, reprendiéndole en presencia de todo el grupo. Esto
tuvo que resultar muy humillante para el apóstol, pero
totalmente necesario. Había que quitar de las mentes de los
discípulos la idea de un establecimiento inmediato del reino, en
el que Jesús se sentara glorioso en Jerusalén a reinar, y ellos
compartieran con él el honor y el poder.
Pedro no estaba actuando sólo, y el Señor reconoció
inmediatamente la presencia del mismo Satanás detrás de él.
De hecho, no era la primera vez que el diablo le hacía
proposiciones similares. Todos recordamos cómo cuando Jesús
fue tentado después de su bautismo, el diablo le ofreció
establecer su reino sin necesidad de pasar por la cruz (Mt 4:1-
11). Por ejemplo, le propuso convertir piedras en pan, con la
finalidad de acabar con el hambre en el mundo y así ganarse el
prestigio de las personas, que serían inclinados a reconocerle
inmediatamente como rey. O cuando le tentó para que hiciera
algo espectacular como tirarse desde el pináculo del templo en
presencia del pueblo, para ganarse su admiración. O cuando
directamente le propuso entregarle todos los reinos de este
mundo si le adoraba. Todas estas tentaciones tenían un
elemento en común: trazaban un camino por el que Jesús podía
llegar a ser rey, sin tener que pasar por la cruz. Pero ninguna
de las propuestas del diablo tenía en cuenta el grave problema
del pecado del hombre. No nos engañemos, el hombre pecador
es ingobernable, aunque tenga su estómago lleno de pan.
Antes de reinar, el Señor sabía que tenía que cambiar los
corazones de los hombres para prepararlos para su reino, y la
única forma que Dios en su sabiduría eterna había encontrado,
era la muerte y resurrección de su Hijo encarnado. Por esta
razón, rechazar el sacrificio de Cristo es algo muy peligroso.
"Porque no pones la mira en las cosas de Dios,
sino en las de los hombres" v33
Pedro puso de manifiesto el fuerte contraste que hay entre los
pensamientos de Dios y los de los hombres. Como venimos
considerando, el hombre no logra ver la gravedad del pecado y
cómo éste le aleja de Dios. Así que, mientras que para Dios es
fundamental solucionar este problema en primer lugar, en
cambio, los hombres ni siquiera logran ver que sus pecados
puedan ser un obstáculo para participar del reino de Dios.
Y otro tanto ocurre con la forma en la que Dios y el hombre
piensan en cuanto al establecimiento del reino. Los medios que
el hombre utiliza, siempre se relacionan con el poder y la
fuerza, mientras que Dios lo hace por el camino de la cruz, que
implica debilidad y sufrimiento. El hombre piensa en su propia
gloria, prestigio, posición social, influencia, fama, exaltación,
pero Dios busca la redención del hombre por medio de la
humillación y el oprobio de su propio Hijo.
"Si alguno quiere venir en pos de mí" v34
Después de rechazar la postura de Pedro, Jesús llamó a los
discípulos y a la gente para explicarles las condiciones en las
que le tendrían que seguir. Hasta ese momento, ir en pos de
Jesús, había consistido básicamente en acompañarle,
escucharle y verle actuar, pero a partir de aquí, el Señor
requería un grado de compromiso con él mucho mayor.
Pero, ¿quién querría seguirle por el camino que les estaba
describiendo de rechazo, padecimientos y muerte?
"Niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame"
Antes de que consideremos cuáles son las condiciones para
este seguimiento, debemos apreciar dos características muy
importantes del llamamiento que hizo Jesús.
La primera de ellas, es su honestidad. El Señor no ocultó
en ningún momento la dureza del camino.
Y la segunda, es que él no mandó a nadie que fuera por
un camino por el que él mismo no hubiera ido antes.
1. "Niéguese a sí mismo"
La primera condición para seguir a Jesús es "negarse a sí
mismo". la primera cosa que implicaría, sería dejar de pensar
como los hombres y empezar a ver las cosas como las ve Dios.
Esto supone dejar toda aspiración material al reino de Dios, y
también considerar adecuadamente la gravedad del pecado y
la necesidad de la cruz.
En segundo lugar, al negarnos a nosotros mismos para seguir a
Jesús, estamos cediendo nuestro derecho a gobernar nuestras
propias vidas para dárselo a él. Dejamos de ser dueños de
nosotros mismos, para ponernos a sus órdenes. Ya no tenemos
la última palabra acerca de lo que vamos a hacer o a dónde
vamos a ir. Pablo lo expresó (1 Co 6:19-20) "¿O ignoráis que
vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en
vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque
habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en
vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios". A
partir del momento en que decidimos seguir a Jesús, asumimos
su señorío en nuestras vidas, y que debemos negarnos a todo
pensamiento o acción que esté basado en nuestro propio
interés y no en su voluntad.
2. "Tome su cruz"
Para entender adecuadamente lo que Jesús quería decir con
tome su cruz, debemos recordar que en aquel tiempo la cruz
servía para ejecutar a los condenados a muerte. Antes de eso,
el reo era obligado a cargar con su propia cruz hasta llegar al
lugar en el que iba a ser ajusticiado (Jn 19:17). Claro está, que
aquellas personas llevaban la cruz por obligación, pero a
nosotros se nos pide que lo hagamos voluntariamente.
Pero ¿en qué sentido debemos llevar la cruz? Muchas personas
creen que se refiere a alguna prueba por la que están pasando,
y hablan de "la cruz que les ha tocado". Pero ya hemos dicho,
que la cruz era un lugar de muerte, no sólo de sufrimiento. y lo
que aquí está diciendo, es que la muerte es un requisito
imprescindible para poder llegar a ser un seguidor de Cristo.
por lo tanto, tomar la cruz implicaba morir. Pero no se refiere
aquí a la muerte física, sino a la muerte del hombre caído. Este
es un paso fundamental para llegar a ser un verdadero
cristiano, y debemos recapacitar sobre lo que significa.
Desgraciadamente, en muchas ocasiones, cuando se predica el
evangelio a los inconversos, lo que se les dice es que tienen
que creer que Jesús murió por ellos en la cruz, y que por su
muerte, ellos pueden llegar a ser salvos. Y no cabe duda de que
esto es completamente cierto, pero no es toda la verdad que
ellos necesitan saber y aceptar. Realmente, lo que Jesús dijo es
que cualquiera que quiera llegar a ser un cristiano, él mismo
también tiene que morir. El apóstol Pablo lo expresó así:
"hemos sido crucificados juntamente con Cristo" (Ga 2:20).
Por supuesto, la muerte de Cristo fue en sustitución por los
pecadores, y esto es imposible de imitar, pero esto no quita
que nosotros también debemos "morir con él".
Entonces, ¿en qué consiste el ser "crucificados juntamente con
Cristo"?
En primer lugar, cuando nosotros decimos que hemos muerto
con Cristo, lo que estamos haciendo, es reconocer que no hay
nada en nosotros que pueda ser recuperado para ser llevado al
cielo. Todo en nosotros está manchado por el pecado, y debe
ser "ajusticiado", debe morir. Por lo tanto, el primer requisito
para morir en este sentido, es reconocer que Dios tiene razón
en el diagnóstico que hace de nosotros cuando nos dice que
todo nuestro ser está perdido por el pecado, y que no hay nada
que podamos hacer por nosotros mismos que nos pueda salvar.
Y en segundo lugar, implica también nuestra identificación con
la muerte de Cristo. Aceptamos que merecemos la justa
condenación de Dios, pero rogamos que Cristo ocupe nuestro
lugar. Confiamos en el valor del sacrificio que él realizó en la
cruz.
Sin duda, tomar la cruz resulta difícil. A ninguno de nosotros
nos gusta admitir que hemos fracasado, que somos pecadores
y viles. Todos preferimos pensar bien de nosotros mismos, e
intentar hacer algo para salvarnos. Por eso, el tener que
admitir que no podemos, hiere profundamente nuestro orgullo.
Esta es la razón por la que al hombre le gusta mucho más la
religión que el cristianismo; porque en la religión, siempre le
dicen que puede hacer algo por sí mismo para salvarse,
mientras que cuando queremos ser cristianos, tenemos que
dejar que Cristo nos salve enteramente.
Viendo el cristianismo moderno, parece que muchos aceptan el
hecho de que Cristo ha sido crucificado por nosotros, pero cabe
preguntarnos, si nosotros también hemos sido crucificados
juntamente con él. Recordemos que es imposible beneficiarse
de la muerte de Cristo, si nosotros no morimos al pecado
juntamente con él. Y desgraciadamente, algunos parecen
actuar creyendo que el hecho de que Cristo muriera en la cruz
por ellos, les da algún tipo de licencia para poder seguir
viviendo sus propias vidas en el pecado. ¡Esto no es posible!
Quienes hacen esto, no han entendido lo que es ser un
seguidor de Cristo.
Por último, si morimos con Cristo, también resucitaremos con
él a una nueva vida de victoria sobre el pecado (Ef 2:6). En el
momento en que tomamos la firme decisión de arrepentirnos
de nuestros pecados, al punto de morir a ellos, y confiamos en
el valor de la obra de Cristo en la cruz en sustitución nuestra,
entonces Dios nos da una nueva naturaleza, creada a la imagen
de su Hijo y dirigida por el poder de su Espíritu Santo (Jn 3:5-
7) (Ef 1:13). Esta nueva vida, sí que es apta para entrar en el
reino de Dios y está capacitada para ajustarse a sus principios.
En estas condiciones sí que es posible seguirle.
3. "Y sígame"
Seguir a Jesús significa andar por donde él anda y obedecer lo
que él nos manda. Esto debe afectar a la totalidad de nuestra
vida. Ser cristiano no es seguir a Jesús en algunas ocasiones, y
en otras ir por nuestros propios caminos. Es cierto que no es
fácil, y que en muchas ocasiones fracasamos, pero el
verdadero discípulo, con todo y no ser perfecto, ha elegido de
corazón seguirle a él y obedecerle.
Pero como hemos dicho, para que esto sea realmente posible,
es imprescindible negarnos a nosotros mismos y tomar la cruz.
Es entonces cuando Dios obra en nosotros por medio de su
Espíritu Santo, dándonos una nueva naturaleza y el poder
necesario para andar siguiendo sus pisadas (1 P 2:21).
Nos invita a perseverar: "sígame continuamente". El Señor nos
quiere llevar a una vida de continua santificación. No se trata
de una decisión para un momento, sino que tiene que ver con
un plan que abarca toda la vida.
"Porque todo el que quiera salvar su vida, la
perderá" v35
Para entender este dicho del Señor, es necesario que nos
preguntemos ¿qué es lo que desea salvar exactamente? Como
ya hemos comentado más arriba, Dios ha diagnosticado que el
hombre caído está bajo la condenación de Dios, y que no hay
nada en él que se pueda salvar. Por eso, nos invita a
identificarnos con Cristo en su muerte, para que de esta forma
podamos también disfrutar de la nueva vida que nos da por su
resurrección.. Todo lo que edifiquemos sobre el hombre caído,
finalmente será destruido.
Este principio fundamental se puede aplicar tanto a la
salvación del hombre, como a su santificación. Si el hombre
cree que su naturaleza caída le puede llevar a la salvación,
tarde o temprano descubrirá que ha perdido su vida
eternamente. Pero de la misma manera, si un creyente decide
vivir en la carne en lugar de en el Espíritu, llegará el momento
en que se encontrará delante del tribunal de Cristo y verá como
todas esas obras son destruidas (1 Co 3:11-15). Por supuesto,
él mismo será salvo, "aunque así como por fuego", pero sin
poder disfrutar eternamente del fruto de su trabajo.
"Y todo el que pierda su vida por causa de mí y
del evangelio, la salvará" v35 b
El Señor dice si alguno decide "hacer morir" (Col 3:5-10) lo que
pertenece al viejo hombre, con el fin de vivir para Cristo y su
evangelio, salvará su vida eternamente.
el llamamiento del Señor es claro y radical. En él no hay lugar
para la tibieza (Ap 3:15-16). Sin duda, para el mundo, la
persona que se involucra mucho en la vida cristiana, le parece
que la está perdiendo. Para ellos, ganar la vida es "disfrutar"
desmedidamente de todos los placeres mundanos y "les parece
cosa extraña que nosotros no corrámos con ellos en el mismo
desenfreno de disolución, y os ultrajan; pero ellos darán
cuanta al que está preparado para juzgar a los vivos y a los
muertos" (1 P 4:4-5).
Pero es en la medida en la que gastamos nuestras vidas en la
causa de Cristo, que realmente las estamos ganando.
Solamente la consagración total al Señor y al servicio del
Evangelio, puede dar sentido y eficacia a la efímera existencia
del hombre sobre la tierra.
Por todo esto, el cristiano que vive con un pie en el mundo y
otro en la iglesia, es un auténtico infeliz. Sufre en el mundo y
sufre en la iglesia. Para disfrutar plenamente de la vida
cristiana es necesario tomársela con la radicalidad con que la
enseñó el Señor.
"Porque ¿qué aprovechará al hombre si ganare
todo el mundo, y perdiere su alma?"
el Señor presenta a continuación un caso extremo:
imaginemos un hombre que logra hacerse con todas las cosas
valiosas de este mundo, pero en su esfuerzo por conseguirlas,
pierde su propia vida, ¿de qué le sirve todo lo que ha ganado si
no lo puede disfrutar? ¿No preferiría tener su propia vida
aunque perdiera todas sus posesiones?
Todos los tesoros de esta tierra, no pueden compararse con la
vida eterna. Por eso, el negocio más ruinoso que el hombre
puede hacer en este mundo, es el de cambiar los bienes
materiales por la salvación eterna de su alma. Porque por
mucho que pueda disfrutar de los bienes en este mundo,
pronto sus años acabarán, y tendrá que dejarlos, mientras que
las realidades eternas a las que el Señor se estaba refiriendo,
permanecerán por toda la eternidad.
Finalmente, lo que Jesús nos está preguntando es a qué damos
valor en la vida. Sin duda, nuestra respuesta a esta pregunta,
determinará nuestro comportamiento y la forma en la que
gastamos nuestra vida. ¿Nos importan las cosas terrenales o
las espirituales y eternas? ¿Vivimos para la carne o en el
Espíritu? ¿Damos valor a los principios del reino o a opiniones
mundanas? ¿Nos interesa la gloria de Dios o la nuestra propia?
¿Es nuestra prioridad el reino de Dios o nuestras propias
posesiones?
Al tomar nuestra decisión, debemos recordar que hay cosas
que tienen un valor temporal, mientras que otras son eternas.
Algunas las tendremos que dejar necesariamente al salir de
este mundo, y otras las podremos disfrutar por toda la
eternidad (Ap 14:13).
"¿O qué recompensa dará el hombre por su
alma?"
En un mundo materialista como el nuestro, el valor de las
personas se mide generalmente por lo que tienen. Y nosotros
mismos, sin darnos cuenta, fácilmente damos por bueno el
dicho popular de "tanto tienes, tanto vales". Pero el Señor nos
enseña para que veamos que el valor de una vida, no está en
relación con el dinero o posesiones que tiene: ¿Con qué dinero
se puede recuperar una vida? , todos los ricos darían sus
fortunas a cambio de seguir viviendo cuando llegara el
momento de su muerte, y sin embargo, no les sirve para nada.
El salmista lo expresó de la siguiente manera: "Los que confían
en sus bienes, y de la muchedumbre de sus riquezas se jactan,
ninguno de ellos podrá en manera alguna redimir al hermano,
ni dar a Dios su rescate (porque la redención de su vida es de
gran precio, y no se logrará jamás), para que viva en adelante
para siempre, y nunca vea corrupción" (Sal 49:6-9).
"El que se avergonzare de mí y de mis palabras
en esta generación adúltera y pecadora"v38
El Señor era consciente de que su mensaje no estaba
agradando . Sus discípulos esperaban que si él era el Mesías,
subiría inmediatamente a Jerusalén para ocupar el trono de
David, pero en lugar de eso, les anunció el rechazo del pueblo y
su misma muerte. Ellos estaban pensando en los puestos de
honor que iban a ocupar en el reino, y él les dijo que para
seguirle debían negarse a sí mismos y tomar su cruz. Las
aspiraciones de los discípulos se centraban en lo material y
temporal, y Cristo les hablaba del valor de lo eterno y
espiritual.
¿Qué iban a hacer con esta predicación de Jesús? ¿Se
avergonzarían de él y de sus palabras? La pregunta también
para nosotros, porque todos estos conceptos que Jesús
expresó, tampoco gozan de popularidad en nuestros días.
¿Estaremos dispuestos a sufrir el ridículo, o incluso la
persecución, por predicar estas mismas palabras? ¿Nos
sentiremos orgullosos de ellas? ¿Nos avergonzaremos de la
cruz o nos gloriaremos en ella?
Es cierto que la sociedad utiliza con mucha habilidad el poder
del ridículo con el fin de intentar hacernos callar el mensaje de
la cruz. Pero esto es otra evidencia más de que nuestro mundo
está al revés. Como decía el profeta Isaías: "a lo malo dicen
bueno, y a lo bueno malo" (Is 5:20). Se sienten orgullosos de
sus pecados y de haberse "liberado" de los mandamientos de
Dios, pero en cambio, se avergüenzan de Cristo, de su santidad
y pureza, de su obra de redención en la cruz a favor de los
pecadores. Esto es imposible de comprender, a no ser que el
mundo esté realmente en un estado moral mucho peor del que
podemos imaginar.
Bueno es que nos avergoncemos del pecado, de la
mundanalidad y de la incredulidad, pero nunca de Aquel que
murió por nosotros en la Cruz.
esta generación adúltera y pecadora para negar a Cristo.
"El Hijo del Hombre se avergonzará también de
él cuando venga en la gloria de su Padre" v38
El último y definitivo paso para el establecimiento del reino de
Cristo en este mundo, será "cuando él venga en la gloria de su
Padre con los santos ángeles". Lo que estaba diciendo es que
su muerte y resurrección no traerían inmediatamente el reino a
este mundo de una forma visible y plena. Esto sólo ocurrirá en
su segunda venida en gloria. Los discípulos esperaban esto de
forma inmediata, pero él les anuncia que en el programa divino
para el establecimiento del reino, todavía habría que esperar
un tiempo. En el libro de los Hechos, ante la impaciencia de los
discípulos, el Señor resucitado les dio más información sobre lo
que tendría que ocurrir en ese periodo de espera: "Recibiréis
poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y
me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y
hasta lo último de la tierra" (Hch 1:8). Sería un tiempo de
gracia para anunciar al mundo entero el evangelio de Cristo y
su salvación. Pero el establecimiento visible del reino en este
mundo no vendrá por el éxito de la predicación del evangelio,
sino como el resultado directo de la venida en gloria del Señor.
Hay que considerar también la forma en la que Jesús anunció
que vendría: "Cuando el Hijo del Hombre... venga en la gloria
de su Padre con los santos ángeles". Sin duda, nos recuerda la
profecía de Daniel: "Miraba yo en la visión de la noche, y he
aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre,
que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse
delante de él. Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que
todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio
es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no
será destruido" (Dn 7:13-14).
En ese momento, cuando Cristo regrese a este mundo en
gloria, la conducta que los hombres tienen ahora hacia Cristo,
determinará la conducta de Cristo hacia ellos entonces.
Cuando este día llegue, se acabarán las oportunidades de la
gracia, y será un tiempo de juicio y de arreglar cuentas ante
Dios. Es infinitamente mejor confesar ahora a Cristo y ser
despreciados por los hombres, que vernos negados por Cristo
ante su Padre el día del juicio final.
La queja de los fariseos
Leví había preparado comida en su casa para que sus amigos
conocieran a Jesús, los fariseos no tardaron en manifestar su malestar.
Pronto llegaron con su queja al Señor: "¿Por qué los discípulos de Juan
y los de los fariseos ayunan, y tus discípulos no ayunan?".
Esta reacción de los fariseos no le gusto a Jesus. Ellos se sentían muy
contrariados por el hecho de que el Señor frecuentara ese tipo de
amigos. Pero para Jesus, la comida en casa de Leví había producido
gozo y alegría hasta en el mismo cielo. Recordemos sus palabras:
(Lc 15:10) "Así os digo que hay gozo delante de los
ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente."
Pero los fariseos no creían que pecadores como Leví el
publicano pudieran llegar a alcanzar la salvación, y
aunque querían manifestar su desacuerdo con Jesús, no
sabían cómo hacerlo. Al fin y al cabo, el Señor no había
hecho nada malo en la casa de Leví por lo que pudieran
acusarle, así que optaron por plantearle el asunto de
otra manera. Es aquí donde surge el tema del ayuno. Lo
que vienen a decirle es que en lugar de estar de
comilonas con gente tan poco recomendable como los
publicanos, debería dedicarse a una vida de ayuno y
oración como había hecho Juan el Bautista y sus
discípulos.
Con su actitud volvían a demostrar que eran unos
hipócritas consumados. ¿Acaso habían escuchado a
Juan el Bautista? Recordemos una vez más las palabras
del Señor: "Porque vino a vosotros Juan en camino de
justicia, y no le creísteis" (Mt 21:32).
Es verdad que en este sentido Juan el Bautista y el
Señor manifestaron algunas diferencias, pero los
fariseos no creyeron a ninguno de los dos:
(Mt 11:18-19) "Porque vino Juan, que ni comía ni bebía,
y dicen: Demonio tiene. Vino el Hijo del Hombre, que
come y bebe, y dicen: He aquí un hombre comilón, y
bebedor de vino, amigo de publicanos y de pecadores.
Pero la sabiduría es justificada por sus hijos."
Vemos, el problema de los fariseos era que no querían
creer en el Señor, así como muchas personas de nuestro
tiempo, buscaban cualquier excusa para desviar la
atención de la verdad, que no era otro que su
incredulidad.
El ayuno
1. El ayuno no es una práctica distintivamente judía o
cristiana
Existe en muchas religiones. Por ejemplo el ayuno
musulmán durante el Ramadán, así como el intenso
ayuno propio de la alta casta brahmánica del hinduismo,
o la cuaresma católica.
En ocasiones se ha utilizado también como arma política
de protesta, conocido también como huelga de hambre.
Uno de los ejemplos más famosos fue Hahatma Gandhi,
que vivió de 1869 a 1948, y que dedicó más de 30 años a
hacer una cruzada pacífica a favor de la independencia de
la India. Su familia y su cultura hindú alimentaron su
pasión por el ayuno como arma política.
A todo esto hay que añadir a personas que practican
algún tipo de ayuno por los beneficios que puede tener
para su salud, o sencillamente por motivaciones
estéticas.
2. La práctica del ayuno estaba muy extendida entre los
judíos
la religión judía sólo tenía un día de ayuno obligatorio, el
del día de las expiaciones. Era el día en que la nación
entera confesaba su pecado (Lv 16:29-34) (Lv 23:26-32).
Pero para muchos judíos el ayuno era una práctica
regular que tenía gran reconocimiento social. Era como
un indicador que servía para medir su espiritualidad.
Recordemos las palabras del fariseo en el templo y cómo
se enorgullecía delante de Dios de que "ayunaba dos días
a la semana" (Lc 18:12). Y también su práctica de
"demudar sus rostros para mostrar a los hombres que
ayunaban" (Mt 6:16). Por lo tanto, no es de extrañar que
en su actitud legalista llegaran a censurar al Señor y sus
discípulos porque no mostraban el mismo nivel de ayuno:
"¿Por qué tus discípulos no ayunan?".
3. El ayuno por causas equivocadas
sabemos, el ayuno implica abstenerse de cosas
legítimas como comer, beber o abstenerse de cosas con
el fin de buscar a Dios. lo realmente importante no es
ayunar, sino la razón por la que ayunamos. Si nuestras
motivaciones no son las correctas, no agradaremos a
Dios. Pensemos en algunas de estas causas
equivocadas:
En el Nuevo Testamento se nos cuenta de cuarenta
hombres que se juramentaron bajo maldición a no comer
ni beber hasta que hubieran dado muerte al apóstol
Pablo (Hch 23:21). Este es un ejemplo extremo de una
malvada motivación para el ayuno.
También, como hemos mencionado antes, muchos judíos
en la época de Jesús ayunaban con el fin de parecer
superiores a los demás.
Aunque quizá el caso más grave era el de los fariseos que
planteaban el ayuno como una buena obra que les
llevaría a alcanzar la salvación. Recordamos la parábola
que el Señor contó de un fariseo y un publicano que
entraron en el templo a orar (Lc 18:9-14). Mientras que el
publicano sentía vergüenza por sus pecados y no se
atrevía a levantar sus ojos al cielo, el fariseo fue adelante
para explicar las buenas obras que hacía y por las que se
creía merecedor de ser justificado. una de esas buenas
obras de las que presumía el fariseo era el ayuno, que
practicaba dos veces por semana. él pensaba que podría
salvarse por sus buenas obras, aunque el Señor dejó
claro en aquella ocasión , que eso no iba a ser así, y quien
salió del templo justificado fue el publicano.
Otros, creyendo que el cuerpo es malo y que hay que
castigarlo, practican el ayuno y otras formas de latigos
con el fin de castigarlo y doblegarlo. Sin embargo, el
apóstol Pablo advirtió que esto no sirve contra los
apetitos de la carne (Col 2:20-23).
¿Por qué ayunar?
cuáles serían las razones por las que deberíamos
ayunar. La Biblia nos ofrece varias:
1. En ocasiones tenía que ver con la negación y
humillación de uno mismo como expresión de
arrepentimiento
Nehemías reunió al pueblo "en ayuno y cilicio", y
"estando en pie, confesaron sus pecados" (Neh 9:1-2).
La ciudad de Nínive, arrepentida por la predicación de
Jonás, proclamó ayuno y se vistió de cilicio (Jon 3:5).
Daniel buscó a Dios en oración y ruego, con ayuno, cilicio
y ceniza, oró al Señor su Dios e hizo confesión de los
pecados de su pueblo (Dn 9:3-4).
Saulo de Tarso después de su conversión, afligido por su
persecución de Cristo, durante tres días no comió ni
bebió (Hch 9:9).
2. También se relacionaba con la dependencia de Dios
Tiene que ver con ocasiones especiales en las que
necesitamos buscar a Dios para pedir alguna dirección o
bendición particular. Para ello nos alejamos del
alimento y otras distracciones para concentrarnos en
ello. Es por esta razón que el ayuno y la oración
aparecen normalmente juntos.
Moisés ayunó en el monte Sinaí inmediatamente después
de que fue renovado el pacto mediante el cual Dios
tomaba a Israel para ser su pueblo (Ex 24:18).
Josafat, viendo los ejércitos de Moab y Amón que
avanzaban hacia él, "humilló su rostro para consultar a
Jehová, e hizo pregonar ayuno a todo Judá" (2 Cr 20:1-
3).
La reina Ester, antes de exponer su vida al acercarse al
rey, instó a Mardoqueo a reunir a los judíos y "ayunar"
por ella, mientras ella y sus doncellas hacían lo
mismo (Est 4:16).
Esdras "publicó ayuno" antes de conducir a los
desterrados de vuelta a Jerusalén, "para afligirnos
delante de nuestro Dios, para solicitar de él camino
derecho" (Esd 8:21-23).
Nuestro Señor Jesucristo mismo ayunó inmediatamente
antes de comenzar su ministerio público (Mt 4:1-2).
La iglesia de Antioquía ayunó antes de enviar a Pablo y
Bernabé en el primer viaje misionero (Hch 13:1-3).
Pablo y Bernabé ayunaron antes de designar ancianos en
cada nueva iglesia que fundaban (Hch 14:23).
3. El ayuno de Juan el Bautista y sus discípulos
En este pasaje vemos que Juan el Bautista es
presentado como un hombre que ayunaba. De él se dice
que "ni comía ni bebía" (Mt 11:18), lo que indica que
practicaba el ayuno con mucha frecuencia.
el ayuno reflejaba un deseo de buscar a Dios y esperar
ansiosamente la manifestación del reino de Dios. Y
como vemos, enseñó a sus discípulos a hacer lo mismo.
¿Por qué no ayunaban los discípulos de
Jesús?
Esta fue la pregunta que le hicieron a Jesús los fariseos
y los discípulos de Juan el Bautista. Él les respondió con
una metáfora: "Los amigos del novio no pueden ayunar
mientras el novio esté con ellos".
el ayuno en el Antiguo Testamento se asociaba, por lo
general, con el luto. Era una expresión de pena y
desesperación, en muchos casos debido a algún pecado.
Pero en ese momento en que el Mesías ya había venido,
era una situación demasiado alegre como para el
ayuno.
Jesús estaba haciendo una tremenda afirmación sobre
sí mismo: en el Antiguo Testamento, Dios se presentaba
con frecuencia como el esposo de su pueblo Israel (Is
62:5) (Ez 16:8) (Os 2:19-20), y en este momento Jesús
está diciendo que él mismo era ese Esposo que Israel
estaba esperando. Juan el Bautista ya había reconocido
este mismo hecho (Jn 3:28-29).
Por lo tanto, la pregunta que hicieron los fariseos
acerca de por qué los discípulos de Cristo no ayunaban,
se ve con claridad que no entendían que el Mesías ya
había venido y que estaba en medio de ellos en la
Persona de Jesús.
¿Deben ayunar los cristianos en la
actualidad?
Algunos piensan que el ayuno no es para la época de la
iglesia, y argumentan diciendo que en el Nuevo
Testamento apenas se menciona. Además, la comida se
presenta como algo positivo, y se trata el ascetismo
como un arma débil contra los apetitos de la carne (Col
2:20-23). Incluso hay algunos que advierten de que en
los últimos tiempos vendrían apóstatas que prohibirían
abstenerse de alimentos (1 Ti 4:1-5).
Sin embargo, estos argumentos parecen muy débiles
cuando los comparamos con la evidencia positiva. Por
ejemplo, el Señor Jesucristo en el Sermón del Monte
incluyó el ayuno entre los pilares de la piedad
juntamente con la oración y la limosna (Mt 6:1-18). Y
dio por hecho que sus discípulos sí que ayunarían.
Fijémonos cómo comienza su exhortación: "Cuando
ayunéis" (Mt 6:16). De hecho, él mismo ayunó en
algunas ocasiones de las que tenemos constancia (Lc
4:2). Y también encontramos diversas ocasiones en que
la iglesia ayunaba después de la ascensión de
Cristo (Hch 13:1-3) (Hch 14:23) (2 Co 6:5) (2 Co
11:27).
Es más, en el pasaje, dice lo siguiente: "pero vendrán
días cuando el esposo les será quitado, y entonces
ayunarán". Ahora bien, ¿qué quiso decir el Señor con
esto?
El Señor estaba anticipando que llegaría el momento en
que les sería quitado. Eso hace a su muerte, preferible
pensar mejor en su ascensión al cielo.
En este período de ausencia del Señor, mientras la
Iglesia espera su segunda venida, es cuando los
creyentes son llamados a ayunar. Con esto coincide el
hecho de que Jesús definiera su segunda venida como la
venida del esposo: "¡Aquí viene el esposo; salid a
recibidle!" (Mt 25:6). Así que, desde su ascensión al
cielo, los creyentes ayunan a fin de concentrarse más en
la oración que clama por el retorno de la segunda
venida de Jesús.
Jesús frente al judaísmo de su tiempo
Pero la pregunta de los fariseos dio lugar a que Jesús
aclarara cuál era su posición frente al judaísmo. Donde
Jesus no había venido a reformarlo, sino a hacer algo
completamente nuevo, tanto en la forma externa (el
vestido) como en el contenido interno (el vino). Veamos
cómo lo expresó:
"Nadie pone remiendo de paño nuevo en vestido viejo"
"Nadie echa vino nuevo en odres viejos"
1. El vestido nuevo
la ilustración que Jesús empleó era fácil de entender:
un pedazo de paño recio cosido a una prenda
desgastada no hacía más que empeorar la rotura. Había
llegado el momento en que ya no se podían seguir
poniendo parches y había que plantearlo todo nuevo,
prescindiendo totalmente de lo viejo.
Esta era precisamente su misión en relación con el
judaísmo. Cristo no pretendía "remendar" el judaísmo
con la ayuda de algunos elementos nuevos tomados del
cristianismo. Ni siquiera su pretensión es mejorar al
"viejo hombre", sino que se propone hacer una "nueva
creación", no quiere "reformar" al pecador, sino
"regenerarlo".
2. Los odres nuevos
¿Qué es un odre? En aquellos días no tenían botellas,
por lo que usaban las pieles de los animales cosidas,
estos eran los odres a los que se refiere Jesús. Cuando
los odres eran nuevos tenían cierta elasticidad; pero al
hacerse viejos se ponían duros y no cedían. Si el mosto
en estado de fermentación se echaba en odres viejos y
débiles, éstos se reventaban. La fuerza del vino nuevo
exigía odres nuevos y resistentes.
Aunque la lección es paralela a la del remiendo nuevo
que se ponía en el vestido nuevo, sin embargo, aquí se
subraya el poder interno y espiritual del nuevo orden
que Cristo había venido a establecer.
El ayuno cristiano
En conclusión, debemos decir que el ayuno cristiano no
puede ser planteado como una buena obra que nos
ayuda a ganar la salvación. Somos salvos por la obra de
Cristo en la cruz, y no podemos añadir nada a esto.
Tampoco puede ser practicado con el fin de ganar el
favor de Dios, puesto que ya contamos con él desde el
mismo momento en que aceptamos a Cristo.
Recordemos el razonamiento del apóstol Pablo: "si Dios
nos dio a su propio Hijo, ¿cómo no nos dará con él todas
las demás cosas?" (Ro 8:32). Desde esta perspectiva, es
absurdo plantear el ayuno como una forma de forzar a
Dios para que haga lo que le pedimos, puesto que él nos
ama y desea intensamente bendecirnos.
Pero como hemos visto, la iglesia debe ayunar en este
tiempo como una expresión de su anhelo por estar con
el Esposo. Desea la consumación final del matrimonio ya
establecido. En este sentido, podríamos decir que el
ayuno cristiano es hambre de la plenitud de Dios (Ef
3:19).
Los discípulos recogen espigas en el día de reposo
(Mt. 12.1-8; Lc. 6.1-5)
Aconteció que al pasar él por los sembrados un día de reposo, sus discípulos,
23 [a]
andando, comenzaron a arrancar espigas.
Entonces los fariseos le dijeron: Mira, ¿por qué hacen en el día de reposo lo que
24 [b]
no es lícito?
Pero él les dijo: ¿Nunca leísteis lo que hizo David cuando tuvo necesidad, y sintió
25
hambre, él y los que con él estaban;
cómo entró en la casa de Dios, siendo Abiatar sumo sacerdote, y comió los panes
26
de la proposición, de los cuales no es lícito comer sino a los sacerdotes, y aun dio a
los que con él estaban?
También les dijo: El día de reposo fue hecho por causa del hombre, y no el
27 [c]
hombre por causa del día de reposo. [d]
Por tanto, el Hijo del Hombre es Señor aun del día de reposo.
28 [e]
El verdadero significado e importancia del día de
reposo
Leyendo los evangelios percibimos rápidamente que la
observancia del día de reposo era uno de los puntos de la ley
de Dios que más interesaba a los fariseos, y aunque es cierto
que ellos se habían apartado de lo que la Palabra decía al
respecto, esto no le restaba ninguna importancia al
mandamiento divino.
Tal vez los cristianos de nuestros días se han ido en un
movimiento pendular al extremo opuesto al de los fariseos, no
prestando mucho interés al día de reposo y tratándolo casi
como cualquier otro día de la semana.
Pero como siempre, ante la diversidad de opiniones, lo que nos
debe interesar es lo que la Palabra de Dios dice sobre el día de
reposo. En primer lugar, debemos notar que Dios dedicó
bastante espacio al día de reposo cuando dio a Moisés los diez
mandamientos de la ley moral (Ex 20:1-17) (Dt 5:12-15). Y
como ya sabemos, esta parte de la ley no caduca, sino que
tiene plena vigencia también en nuestros días. Veamos lo que
dijo Dios:
(Ex 20:8-11) "Acuérdate del día de reposo para santificarlo.
Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; mas el séptimo día
es reposo para Jehová tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú,
ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu
extranjero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días
hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que
en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová
bendijo el día de reposo y lo santificó."
La observancia del día de reposo hacía de Israel una nación
distinta de las demás, y reafirmaba su identidad como pueblo
de Dios. Recordemos que el disfrute de un día de descanso a la
semana era algo desconocido en las legislaciones del mundo
antiguo.
El propósito de este mandamiento era doble: por un lado servía
para satisfacer la necesidad de descanso del hombre, pero por
otro, el pueblo dejaba a un lado sus actividades regulares para
honrar la santidad de Jehová. Recordemos las palabras de la
ley: "Acuérdate del día de reposo para santificarlo... es reposo
para Jehová tu Dios". Por lo tanto, no debía ser un día
dedicado a la pasividad más absoluta, sino que debería servir
para nutrir la vida espiritual, y sobre todo, para adorar a Dios.
Como explicó el profeta Isaías, el día de reposo debía servir
para que el creyente se deleite en Dios:
(Is 58:13-14) "Si retrajeres del día de reposo tu pie, de hacer
tu voluntad en mi día santo, y lo llamares delicia, santo,
glorioso de Jehová; y lo venerares, no andando en tus propios
caminos, ni buscando tu voluntad, ni hablando tus propias
palabras, entonces te deleitarás en Jehová..."
La actitud de los fariseos frente al día de reposo
Frente a lo que la Palabra de Dios enseñaba sobre el día de
reposo, los fariseos habían establecido un sinfín de minuciosos
reglamentos que prohibían al hombre hacer casi cualquier cosa
durante ese día. Por ejemplo, como estamos viendo en nuestro
pasaje, prohibían que un hombre arrancara una espiga de trigo
en sábado para satisfacer el hambre, porque según ellos, esto
implicaba el trabajo de segar y trillar el grano.
Pero esto sólo era una pequeña muestra de la cantidad de
vueltas e interpretaciones que le habían dado al mandamiento
del día de reposo, convirtiéndolo en algo trivial e irrazonable.
Por ejemplo, afirmaban que estaba bien escupir sobre una roca
en sábado y que eso no era problema alguno, pero si se
escupía en tierra, eso hacía que se convirtiese en barro, y el
barro era argamasa, por lo tanto, al hacerlo se estaba
trabajando en sábado. Esa era la naturaleza de las
restricciones que habían ideado.
Como vemos, la afición que los fariseos tenían por analizar
todas las diferentes situaciones que se podían presentar en un
día de reposo, lo habían convertido en una carga imposible de
llevar, lo que sin duda, no tenía nada que ver con el propósito
original por el que Dios había dado esa ley.
Por un lado estaba claro que no entendían el propósito de Dios
para el día de reposo, pero por otro, no habían tenido temor en
sepultar la verdadera Palabra de Dios bajo un sinfín de
ridículas tradiciones inventadas por ellos mismos. Y después
de hacerlo, se habían erigido como jueces espirituales de la
nación, juzgando a los hombres según sus propias tradiciones
humanas. En realidad, aunque pretendían ser hombres
temerosos de Dios, lo cierto es que le ignoraban para
establecer sus propios criterios religiosos. Al final, lo que
realmente les atraía eran los ritos religiosos, las ceremonias y
la exposición de sus propias ideas humanas, dejando a un lado
la predicación de la Palabra de Dios.
La enseñanza de Jesús
Como era de esperar, el Señor salió en defensa de sus
discípulos, puesto que la acusación era injusta. Pero además,
le iba a servir para demostrar lo que previamente les había
dicho; que él no había venido a reformar el judaísmo
promoviendo un cumplimiento aún más estricto de este tipo de
normas humanas, tal como les habría gustado a los fariseos,
sino que tenía la intención de hacer algo completamente
nuevo, acorde a la revelación bíblica.
Por lo tanto, como era de esperar, la respuesta del Señor se
fundamentó en la Palabra. Citó una historia de David que
encontramos en (1 S 21:1-6). Se trataba de un momento muy
difícil en la vida de David, cuando el rey Saúl había decidido
acabar con él. En esas circunstancias David tuvo que huir de
manera muy precipitada, sin llevar consigo armas ni
provisiones para el camino. Fue entonces cuando llegó al
tabernáculo de Nob y pidió al sacerdote algo de comida. Pero lo
único que había allí y que le pudo dar eran los panes de la
proposición. Ahora bien, esos panes eran una porción muy
santa de las ofrendas de Dios que sólo podían comer los
sacerdotes en un lugar santo (Lv 24:5-9). Sin embargo, el
sacerdote se los dio y la Escritura no condena en ningún
momento tal acción.
Y ahora el Señor usa esa historia con el fin de establecer cierto
paralelismo entre lo que ocurrió con David y sus hombres y lo
que en ese mismo momento le estaba pasando a él mismo y a
sus discípulos.
Era verdad que David había contravenido la ley al comer de los
panes de la proposición, pero había ciertas circunstancias que
le legitimaban a hacerlo. Debemos recordar que los panes de la
proposición estaban reservados para aquellos que Dios había
elegido para servirle en el ministerio especial del sacerdocio, y
aunque David no era un sacerdote, tampoco era un ciudadano
normal; él era el ungido del Señor (1 S 16:1-13). Por lo tanto,
el sumo sacerdote consideró que tanto David, como también
sus hombres, tenían derecho a comer de aquellos panes.
Ahora el Señor establece una analogía entre lo que David y sus
hombres hicieron, y lo que él mismo y sus discípulos estaban
haciendo. Si la estricta reglamentación sobre el uso de los
panes de la proposición admitió una excepción en el caso de
David, también con Jesús se podría hacer lo mismo en el caso
del día de reposo.
El planteamiento era sencillo, y sin duda los fariseos lo
entendieron perfectamente, pero podemos imaginarnos la
pregunta que inmediatamente comenzó a cobrar fuerza en sus
mentes: ¿Quién se cree éste? Ellos podrían estar dispuestos a
hacer ciertas excepciones con el rey David, pero ¿quién
pretendía ser Jesús para que esperase ser tratado de la misma
manera?
Y aquí volvemos nuevamente a la pregunta de fondo que
venimos encontrando en todos estos pasajes: ¿Quién es Jesús?
No cabe duda de que el Señor se estaba colocando en este
momento al mismo nivel que el rey David, y a sus discípulos los
estaba equiparando con los valientes de David. Al fin y al cabo,
era su descendiente legítimo (Mt 1:1), y más adelante el Señor
se presentó incluso como el Señor de David (Mr 12:35-37).
Por otro lado, la actitud de creciente rechazo que una y otra
vez iban manifestando los fariseos hacia la persona de Jesús,
servía para establecer otro punto de paralelismo entre ambas
situaciones. Recordemos que en aquellos momentos David
había sido ungido ya como rey, sin embargo, había sido
rechazado, y en lugar de reinar, estaban intentando cazarlo
como a una perdiz (1 S 26:20). Y curiosamente, poco después
de que Jesús dijera estas palabras, "los fariseos tomaron
consejo con los herodianos contra él para destruirle" (Mr 3:6).
Y por último, debemos pensar también en la situación de
urgencia y necesidad por la que atravesaba David y sus
hombres en aquellos momentos. Él buscaba desesperadamente
la forma de sobrevivir a la persecución de Saúl y llegar a ser
rey en Israel cuando Dios quisiera vindicarle, pero en este
sentido, aún era más importante y urgente la misión del Señor
Jesucristo, que como rey había venido a proclamar y establecer
el reino de Dios en este mundo.
Jesús es Señor aun del día de reposo
si a los fariseos les pareció que Jesús había traspasado todos
los límites razonables al compararse de ese modo con el rey
David, ¿qué pensarían cuando a continuación dijo que él era
"Señor aun del día de reposo"?
el Señor se atribuye prerrogativas divinas. No había lugar a
dudas sobre lo que estaba diciendo. La ley decía que "el
séptimo día es reposo para Jehová tu Dios" (Ex 20:10), y ahora
Jesús dice que él es el Señor del día de reposo, ocupando
claramente la posición que sólo le puede corresponder a Dios.
si observamos la palabras exactas de Jesús, vemos que fue
más lejos todavía. Él no dijo que era "Señor del día de reposo",
lo que realmente dijo es que era Señor "aun" del día de reposo.
porque lo que está reclamando es que el ser humano no debe
servirle un sólo día de la semana, sino la semana entera.
Jesús, como Señor del día de reposo, tenía autoridad
suficiente para determinar lo que sus discípulos que le
acompañaban y servían, podían hacer en un día de reposo.
Mediante esta declaración Jesús afirma que, como Señor del
día de reposo, el Hijo del Hombre es quien determina lo que es
o no lícito o permisible, y cualquier costumbre por los fariseos
o sus tradiciones quedaba sin efecto. Y esto era totalmente
necesario, porque con sus normas y reglamentaciones,
sutilezas y aspavientos, los fariseos estaban tergiversando la
voluntad de Dios.
ningún otro maestro o profeta de la antigüedad había hecho
declaraciones tan sorprendentes como las que Jesús hacía. Era
habitual que los profetas respaldaran sus declaraciones con
algo así como; "Así dice el Señor", pero Jesús nunca usó esa
expresión u otra parecida, sino que apeló siempre a su propia
autoridad divina. usaba frecuentemente era la siguiente: "De
cierto, de cierto os digo".
Los fariseos, y también muchas personas en nuestros días,
estarían dispuestas a aceptar a Jesús como un maestro, pero
de ninguna manera le reconocerían como Dios. la forma en la
que él respaldaba su enseñanza con su propia autoridad divina,
hace imposible que se puedan separar ambas cosas. Si
aceptamos su enseñanza sobre el día de reposo, ha de ser
porque reconocemos que él es Señor aun del día de reposo.
El reposo de Dios
los judíos habían convertido el día de reposo en una carga
pesada de llevar, pero Jesús había venido a traer descanso.
Hasta ahora hemos visto que el propósito de Dios al establecer
ese día era traer bendición al hombre, otorgándole el merecido
descanso de su trabajo. Ahora bien, hay un hecho cada vez
más frecuente en nuestra sociedad, y es que muchas personas
no logran descansar sin la ayuda de pastillas. Otros van de
vacaciones, pero no tienen descanso en su alma. Todo esto nos
lleva a pensar que no sólo necesitamos un día de descanso,
sino también la capacidad de descansar. Pero, ¿cómo
conseguirlo?
Para contestar esta pregunta debemos pensar primero en la
forma en la que surgió el día de reposo, y para ello tenemos
que remontarnos a la historia de la creación en Génesis: "Y
acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo; y reposó el día
séptimo de toda la obra que hizo" (Gn 2:2). Pensemos en cómo
se utiliza aquí el término "reposo". Sin duda no tiene nada que
ver con el hecho de que Dios estuviera cansado después de
seis días creando el Universo. Dios es Todopoderoso y no se
cansa nunca. Entonces, ¿por qué reposó? En su caso no tenía
nada que ver con descansar, sino con el hecho de que estaba
satisfecho del trabajo realizado. Es como el artista que al
terminar su obra se sienta para contemplarla, no porque esté
cansado, sino porque quiere disfrutar de lo que ha hecho. Y así
fue en el caso de Dios. Notemos que una y otra vez se repite la
misma frase: "Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí
que era bueno en gran manera" (Gn 1:31).
¿cómo podemos descansar nosotros de esa misma manera? Lo
cierto es que como hombres esto parece imposible. Siempre
nos acompaña la sensación de que todo lo que hacemos es
incompleto e imperfecto. Sólo hay que echar un vistazo a cómo
estamos dejando este planeta que salió de las "manos de Dios"
como algo bello y perfecto.
Por lo tanto, es imposible que logremos descansar mirando
nuestras propias obras. Necesariamente tendremos que
descansar en las obras de otro. Y esto nos lleva a mirar hacia la
cruz de Cristo y a recordar sus últimas palabras antes de morir:
"Consumado es" (Jn 19:30). El sufrió por nuestros pecados
para darnos perdón y paz. El llevó sobre sí nuestros pecados y
fracasos; todas aquellas cosas que habíamos hecho mal o
habíamos dejado incompletas. Lo que nosotros no
conseguimos, lo consiguió él por nosotros, de tal manera, que
quienes confían en él pueden llegar a disfrutar del verdadero
reposo de Dios.
¿Cómo debemos usar el día de reposo?
a la luz de lo que hemos venido viendo hasta aquí, debemos
decir algo similar a lo que ya dijimos en cuanto a la cuestión
del ayuno. Debemos guardar el día de reposo, pero no como
una carga, sino como una posibilidad gozosa de disfrutar de la
comunión con Dios.
Tambien debe ser un día de descanso físico y mental, lo que
implica dejar de hacer nuestro trabajo cotidiano, no debemos
olvidar que debe tener un énfasis espiritual. Debemos dar
tiempo para adorar a Dios, escuchar su Palabra, y servirle en
tranquilidad.
Amen
MATEO 26:57-75. Juicio y Negación
En la entrada anterior vimos cómo Judas traicionó a Jesús, entregándolo a los
guardas del sumo sacerdote.
LLEVADO ANTE EL CONCILIO
Los guardas llevaron a Jesús ante el sumo sacerdote, para ser juzgado ante una
sesión clandestina del Concilio (Sanhedrin), que se estaba llevado a cabo en la
oscuridad, antes del amanecer.
(Mateo 26:57) Los que prendieron a Jesús le llevaron al sumo sacerdote Caifás,
adonde estaban reunidos los escribas y los ancianos.
Lo más probable es que no estaba todo el Concilio, sino sólo los miembros
corruptos, entre los cuales estaba el sumo sacerdote, Caifás. Algunos estudiosos
han señalado varias razones por las cuales el juicio a Jesús debería considerarse
como ilegítimo, y entre éstas están:
* El Concilio no puede reunirse fuera de su localidad en el Monte del Templo
>>y se reunieron en casa de Caifás
* Los casos de pena de muerte deben juzgarse durante el día
>> Y a Jesús se le juzgo de noche
* No se llevaban a cabo juicios en los días de Fiesta, ni aún en el día anterior
>> Jesús fue juzgado el 14 de Nisán, al inicio de la fiesta de la Pascua
* En casos de pena capital, la corte no debía condenar a muerte en un solo día,
sino que debían esperar por lo menos un día más para tener tiempo de considerar
el asunto.
>> Condenaron a muerte a Jesús en una sola noche
* Cuando la corte prueba que hubieron falsos testigos en un juicio, el juicio se
anula y se castiga a los testigos falsos con el castigo que hubiera sufrido la
persona puesta en juicio (Deu. 19:16-21)
>> No le hicieron nada a los testigos falsos, a pesar que se hizo evidente que
dieron falso testimonio
* En un juicio con pena de muerte, no se toma en cuenta la declaración del
acusado.
>> Se encontró culpable a Jesús sólo por el testimonio que él dio
El propósito del juicio no era buscar la verdad sobre Jesús, sino deshacerse de él.
(Mateo 26:59-61) Y los principales sacerdotes y los ancianos y todo el concilio,
buscaban falso testimonio contra Jesús, para entregarle a la muerte, y no lo
hallaron, aunque muchos testigos falsos se presentaban. Pero al fin vinieron dos
testigos falsos, que dijeron: Este dijo: Puedo derribar el templo de Dios, y en tres
días reedificarlo.
En un juicio, se da la oportunidad al acusado de defenderse. Pero para sorpresa
de todos Jesús no decía nada. Ante eso, el sumo sacerdote dijo:
(Mateo 26:62-63) Y levantándose el sumo sacerdote, le dijo: ¿No respondes
nada? ¿Qué testifican éstos contra ti? Mas Jesús callaba. Entonces el sumo
sacerdote le dijo: Te conjuro por el Dios viviente, que nos digas si eres tú el Cristo,
el Hijo de Dios.
Cuando el sumo sacerdote le preguntó directamente si era el Mesías,
(Mateo 26:64) Jesús le dijo: Tú lo has dicho; y además os digo, que desde ahora
veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las
nubes del cielo.
Esta fue la única ocasión que Jesús se identificó como el Mesías en público. No
sólo eso, sino que fue más allá citando una profecía de Daniel que hace referencia
a la segunda venida del Mesías. Jesús reCONOCIO QUE ERA EL mesias y el hijo
del hombre . tanto la expresión del hijo de hombre como la frase viniendo en las
nubes provienen Daniel 7:13-14 donde jesus confirma no solo su humanidad, sino
también su identidad como rey de origen celestial que posee reino eterno.
(Daniel 7:13-14) Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del
cielo venía uno como un hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días, y le
hicieron acercarse delante de él. Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que
todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno,
que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido.
Por otro lado, al principio de su respuesta, Jesús hizo referencia al Salmo 110,
haciéndose igual a Dios…
(Salmo 110:1) Jehová dijo a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a
tus enemigos por estrado de tus pies.
Esta confesión era todo lo que esperaban los religiosos que juzgaban a Jesús.
Ahora ya tenían excusa “religiosa” para condenarlo, pues no sólo se confesó ser el
Mesías, sino que se igualó a Dios diciendo que estaría sentado a Su Diestra.
(Mateo 26:65-66) Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras, diciendo: ¡Ha
blasfemado! ¿Qué más necesidad tenemos de testigos? He aquí, ahora mismo
habéis oído su blasfemia. ¿Qué os parece? Y respondiendo ellos, dijeron: ¡Es reo
de muerte!
Allí el Concilio lo condenó. Pero no sólo eso, sino que lo agredieron físicamente.
(Mateo 26:67-68) Entonces le escupieron en el rostro, y le dieron de puñetazos, y
otros le abofeteaban, diciendo: Profetízanos, Cristo, quién es el que te golpeó.
Sin darse cuenta, los religiosos estaban cumpliendo así una profecía mesiánica:
(Miqueas 5:1-3) …con vara herirán en la mejilla al juez de Israel. Pero tú, Belén
Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será
Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días de la
eternidad. Pero los dejará hasta el tiempo que dé a luz la que ha de dar a luz; y el
resto de sus hermanos se volverá con los hijos de Israel.
NEGACIÓN DE PEDRO
Mientras todo esto pasaba en el concilio clandestino, Pedro estaba esperando
afuera noticias de Jesús…
(Mateo 26:58) Mas Pedro le seguía de lejos hasta el patio del sumo sacerdote; y
entrando, se sentó con los alguaciles, para ver el fin.
Estando en el patio, varios reconocieron a Pedro como un seguidor de Jesús…
(Mateo 26:69) Pedro estaba sentado fuera en el patio; y se le acercó una criada,
diciendo: Tú también estabas con Jesús el galileo.
Teniendo miedo que lo atraparan también a él, Pedro lo negó…
(Mateo 26:70) Mas él negó delante de todos, diciendo: No sé lo que dices.
Luego lo negó una segunda vez…
(Mateo 26:71-72) Saliendo él a la puerta, le vio otra, y dijo a los que estaban
allí: También éste estaba con Jesús el nazareno. Pero él negó otra vez con
juramento: No conozco al hombre.
Y lo negó una tercera vez…
(Mateo 26:73-74) Un poco después, acercándose los que por allí estaban, dijeron
a Pedro: Verdaderamente también tú eres de ellos, porque aun tu manera de
hablar te descubre. Entonces él comenzó a maldecir, y a jurar: No conozco al
hombre. Y en seguida cantó el gallo.
En el momento en que oyó al gallo, Pedro recordó lo que Jesús había dicho:
(Mateo 26:75) Entonces Pedro se acordó de las palabras de Jesús, que le había
dicho: Antes que cante el gallo, me negarás tres veces. Y saliendo fuera, lloró
amargamente.
¡El dolor de saber que uno le falló al Señor! Pedro creía que su fe era fuerte y que
nunca traicionaría a Jesús, pero en ese momento se dio cuenta que había fallado.
La realidad es que todos podemos fallarle a Dios en algún momento, pero
sabemos que si nos arrepentimos el Señor nos perdona, y la gloria de nuestra
restauración se la lleva Él (2 Cor. 12:9).
Pedro vivió esto para ser ese siervo que Dios quería para el cumplimiento del plan divino para
madurar, permanecer y avanzar en el ministerio, pedro fue muy usado para sanidades, levantar la
iglesia que entendiera que Jesucristo era el centro de su vida. A pesar que lo negara eran
debilidades del hombre no PERDIO LA MIRADA EN EL AUTOR Y CONSUMADOR DE LA FE, pero
CRISTO ESTREGO TODO POR AMOR A NOSOTROS, SE HUMILLO HASTA LO SUMO Y PEDRO VIVIO
TODO , SE IMAGINAN QUE estuvo todo el tiempo con jesus, cuando FUE JUZGADO Y ENTRO EN
CONFUSION SU MENTE, SE PUEDE IMAGINAR LA ANGUSTIA, EL DOLOR EN SU CORAZON DE SABER
QUE JESUS LE HABIA MANIFESTADO QUE ESTABA ANGUSTIADO, TRISTE HASTA LA MUERTE, SABER
QUE EL NO PODIA HACER NADA POR SU MAESTRO AL PRESENCIAR Y VER LAS INJUSTICIAS DE LAS
MUERTE DE JESUS.
Podemos compara la actitud que tuvo pedro y judas, ambos le fallaron,
ambos en su debilidad pecaron, pero pedro conoció quien era Jesús el
salvador y tuvo un encuentro con Jesús y se arrepentido , mientras judas no
conoció a cristo como su salvador y su mente se entenebreció y no soporto
entregar a Jesús, no se arrepentido y termino en muerte espiritual al
suicidarse.
EXAMINEMOS COMO ESTAMOS NOSOTROS CON EL CUMPIR EL PROPOSITO
DE DIOS EN NUESTRAS VIDAS, EN ESTE CAMINAR CON TANTAS AFLICCIONES
Y PRUEBAS QUE VIVIMOS,
NOS ESTAMOS CONFORMANDO, NOS ESTAMOS LLENANDO DE
ARGUMENTOS, OBSTACULOS EN NUESTRAS MENTES, QUEJAS
PENSAMIENTOS negativos, pereza espiritual, velos que no nos dejan avanzar.
SATANAS NOS QUIERE ESCLAVIZAR CON PECADO, CULPA, SEÑALAMIENTO,
ESCLAVITUD.
EL SEÑOR NOS LLAMA Estar PUES FIRMES EN CRISTO, TODO FUE PAGADO. SI
HOY PECO, ME DOY PALO, CULPA --- TENEMOS QUE ARREPENTIRNOS. EL
AMOR DE CRISTO ES INFINITO.
¿CONQUE TANTA LIBERTAD VIVIMOS HOY? CRISTO CONQUISTO POR MI EN
TODAS LAS AREAS DE NUESTRAS VIDAS- tener que BUSCAR SOLUCIONES,
BUSCAR OPORTUNIDADES, TENER NUESTRA MIRADA POR ENCIMA DE Las
circunstancias.
oracion
Estamos llamados a vivir en libertad, CRISTO YA LO CONQUISTO, CRISTO NOS
HIZO LIBRES
TODO EL PESO DE MI PECADO CAYO SOBRE JESUS Y NO TEMERE, PERFECTO
AMOR Y HECHO FUERA MI TEMOr
DIRE AL SEÑOR REFUGIO MIO, MI FORTALEZA, EN TODO TIEMPO EN TI
CRISTO CONFIAARE, ERES MI ESCUDO , MI SALVADOR, MI VIDA FUE
ESCONDIDA EN TI SEÑOR, ERES MI ROCA FUERTE.
LA SALVACION ES DEL SEÑOR.
HEBREOS 2:18
HEBREOS 4:16