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Tragedia en una noche silenciosa

En una noche oscura y lluviosa, un lechero regresa a su casa después de trabajar. En el camino se encuentra con el sepulturero del pueblo, quien le advierte que "la muerte anda suelta". Al llegar a su casa, el lechero descubre a su esposa e hijos asesinados. Devastado por la pérdida de su familia, cae en una profunda depresión y decide quitarse la vida para reunirse con ellos.

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Tragedia en una noche silenciosa

En una noche oscura y lluviosa, un lechero regresa a su casa después de trabajar. En el camino se encuentra con el sepulturero del pueblo, quien le advierte que "la muerte anda suelta". Al llegar a su casa, el lechero descubre a su esposa e hijos asesinados. Devastado por la pérdida de su familia, cae en una profunda depresión y decide quitarse la vida para reunirse con ellos.

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UNA NOCHE SILENCIOSA

Era una noche oscura después de un fuerte aguacero, que hizo correr a las personas a sus
casas por el temor de la lluvia y los relámpagos, sí; yo también corría a mi casa, con los zapatos
mojados y mi camisa en papada, las gotas frías me hacían temblar al tocar mi piel, tras charco
y charco yo saltaba por las cunetas de este silencioso pueblo.

Era un pueblo pequeño y solo, su gran mayoría de su población eran ancianos, viejos que ya
tenían una pensión de haber trabajado toda la vida para el gobierno y habían sido remunerados
con una pequeño pensión, era un pueblo calmado nunca se escuchaban, que hubieran
problemas, accidentes que alternaran la tranquilidad de esta población . Hasta esa noche
después de esa tempestad.

Corriendo en medio de la llovizna porque poco apoco se fue calmando el aguacero, me


senté en una vieja banca del parque principal del pueblo, al frente se miraba una iglesia que su
patrona era la Virgen del Socorro, y pensando en mi familia, en mi querida esposa Hortensia y
mis hijos Juan y Pedro unos pequeños niños mellizos de diez años de edad. Fatigado y con el
viento que pegaba en mi cara que casi no me dejaba respirar, me imagine si algún día uno de
ellos me llegara a faltar.

El sentimiento de nomas pensarlo me hicieron brotar unas cuantas lágrimas, que se


mesclaban con las gotas de agua que destilaban de mi cabello, y se posaban en mis labios y
sentía ese sabor a agridulce, una combinación de sudor, sal y agua. Mi familia es lo más
importante, es la razón de ser de mi vida y creo que para cual quiera lo es, hemos vivido
momentos tristes y alegres que nos han hecho una familia fuerte a cualquier dolor. Pero quien
sabe si después de a aquella noche lo volveríamos hacer.

Al frente del parque también estaba la alcaldía y las personas más reconocidas del pueblo,
que tenían fuente de dinero por las herencias que les habían dejado sus abuelos a sus papas y
ahora sus papas a ellos. Sobre todo fincas de ganado, que es el sobre existir de las demás
personas que viven en este terruño. Yo soy uno de ellos, tengo unas vaquitas que me brindan
la leche para mis hijos y para vender a las personas de mi pueblo, que gritan ¡lechero lechero!
Todas las mañas cuando paso por estas calles empedradas de este silencioso pueblo y me
hacen sacar una sonrisa porque me estiman mucho soy el más antiguo en esta profesión.

Pero no todos me quieres, ya que madrugo mucho y por mi chicharra o corneta los despierto
y me dicen ¡deje dormir, es muy temprano¡ esto más que todo me gritan los fines de semana
que todos están descansando. Pero yo les digo ¡levántese y tome leche que eso te hace grande
y fuerte! Y me rio entre mí mismo y todo esto hace que mi familia tenga un qué comer todo los
días.
Después de haber descansado en aquella banca y haber dejado de llover, me levante y
seguí mi destino que era ir a donde mi familia que me estaría esperando ansiosos, porque le
llevaba una buena noticia creo que la mejor noticia que habían recibido durante mucho tiempo y
era que nos íbamos de paseo al mar, el paseo que siempre habíamos planeado y que nunca
lográbamos hacer, siempre se presentaba un inconveniente o las deudas no nos daba la
oportunidad de lograrlo, pero con el contrato de vender la leche a una sola persona y que
tendría más ganancias en mi negocio, era un hecho que en dos meses estaríamos a la orilla de
aquel agua salada y suave arena disfrutando de un hermoso atardecer, y tomándonos una
agüita de coco ahhh… solo de pensarlo que bonito se siente si esto hubiera pasado. Pero hoy
ya dos meses y yo aquí encerrado en este cuarto frio y solo.

Faltaban dos cuadras y media para llegar a mi vivienda, con mucho frio y empapado, me
encontré con un viejo amigo, Don Carlos el sepulturero del pueblo, me asuste al verlo porque,
nos cruzamos de frente y la visión era muy nula, el llevaba un sombrero grande y a sus
hombros una pala, que por poquitos centímetros me la pone en la cabeza, ya que él también se
asustó y empuño su pala creyendo que yo le iba hacer daño. Pero al mismo momento le grite,
¡no no no no..le voy hacer nada! ; el reconoció mi voz y me dijo Walter? Y yo le dije: si soy yo.
Y soltó a reír y no paraba de reír, me dijo: casi te mato y mis pobres piernas temblaban de frio y
de miedo a la vez de aquel susto que me dio el viejo.

Nos pusimos a charlar y le pregunte que hace a esta hora en la calle? me respondió: Que lo
había tomado el aguacero en el cementerio y que espero que escampara un poco para poder
llegar casa, pero que tenía miedo por el silencio que se sentía en el pueblo, y que el presentía
que algo podía ocurrir, yo entre mi decía eso es puras supersticiones. Pero me dijo tranquilo
mijo que uno ya viejo y acabado todo le da miedo y nos echamos a reír. Y se despidió y
continúo su camino.

Pero hubo algo que me quedo sonando en mi cabeza y me dejo intrigado, me dijo la muerte
anda suelta mijo yo sé porque le digo, yo seguí caminando despacio y preguntándome porque
me habrá dicho esto será que miro algo en el cementerio o será que ya habla con los muertos,
de tanto haber exhumado cadáveres , no lo sé. Pero solo sé que me hizo poner la piel de
gallina y a sudar frio

Faltaba una cruda para llegar a mi casa y oí que los perros de mi cuadra estaban ladrando
muy fuerte y todos a una sola voz, si tenía miedo ahora sentía el doble de temor. Porque no
era habitual que ellos estuvieran así. Se sentía el palpitar de mi corazón, pare a tomar aire y a
pensar que mis nervios me estaban jugando una mala pasada, y que tendría que tranquilizarme
para llegar donde mi familia, porque quería estar con una sonrisa grande y una alegría
inminente por la noticia tan espectacular que les iba a dar.

Me calme, respira profundo y volví a caminar un poco en pendiente ya que mi casa queda en
una pequeña cima del barrio, pero a un se escuchaba los aullidos y como llantos de los
caninos.
Al llegar a mi cuadra y a lo lejos divisar mi casa, vi rodar una mazna que se atravesaba por el
medio de mis piernas y en ese preciso instante escuche un grito aclamador que decía ¡ No por
favor! Era la voz de una mujer. Y en ese momento se escucharon tres disparos. Que el sonido
de ellos atravesó mi corazón y sentí un dolor que algo como si mi alma se estuviera
desprendiendo de mí.

En shock de lo que había oído y sentido, arranque a correr hacia mi casa y en ese momento
vi correr dos tipos hacia la parte de atrás de mi casa vestidos con prendas negras. Mi mirada
fue atraída por tres personas derribadas en el suelo, una lagrima rodo en mi mejilla era mi
mujer y mis hijos. El mundo se me vino a mis pies, mi corazón se paraba y mi llanto y mis gritos
de aclamación resonaban en el cielo. ¡ No porque porque! levántense! No me dejen! Que
tenemos que ir al mar.

No pude hacer nada mi familia ya no estaba, los vecinos me ayudaron a llevarlos al hospital,
los médicos hicieron todo lo posible pero fue inútil. El más hermoso y amado que tenía en mi
vida se esfumo, y junto a ellos me fui yo.
El día de la exequias estaba el sepulturero, y recordé aquellas palabras que me dijo esa
noche cruel que nos cruzamos.” La muerte anda suelta”.

No pude recuperarme, y hoy desde un cuarto frio, solitario y tomando medicamentos me


encuentro solo recordando que la vida es una ilusión y que esta es la últimas palabras escritas
que podrán leer de mí, porque hoy mismo estaré con ellos, no a orillas del mar como lo
soñamos pero si juntos a ellos.

FIN.

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