Módulo1 2020 PDF
Módulo1 2020 PDF
de la Comunicación
Módulo 1
- Programa de la materia
- Unidad 1
• Castells, Manuel (1995), La ciudad informacional: tecnologías de la información,
reestructuración económica y el proceso urbano-regional, Alianza Editorial, Madrid, 504
p (fundamentalmente Introducción y Capítulo 1).
• Deleuze, Gilles (1995) “Post-scriptum sobre las sociedades de control”, en
Conversaciones, Pre-textos, Valencia, disponible en
[Link]
• Lessig, Lawrence (1998), Las leyes del ciberespacio”, conferencia Taiwan Net '98,
mimeo, Taipei, publicado en
[Link]
medios/[Link]
• Maldonado, Tomás (1998), Crítica de la razón informática, Paidós, Barcelona, 239 p.
Capítulo 1.
• Srnicek, N. (2018), “Introducción, La larga recesión y Capitalismo de plataformas”,
en Capitalismo de plataformas (pp. 9-86). Buenos Aires: Caja Negra Editora.
• Williams, Raymond (ed) (1992), Historia de la comunicación, editorial Bosch,
Barcelona. Capítulo “Tecnologías de la información e instituciones sociales”, p. 182-
210. Disponible en [Link]
• Winner, Langdon (1983), “¿Tienen política los artefactos?”, en Documentos CTS-OEI,
disponible en [Link]
• Wolton, Dominique (1999) "La comunicación en el centro de la modernidad".
En: Internet, ¿y después?: una teoría crítica de los nuevos medios de comunicación.
Capítulo 1. Barcelona: Gedisa, pp. 35-67.
• Pinch, Trevor y Wiebe Bijker (1987) “La construcción social de los hechos y de artefactos:
o acerca de cómo la sociología de la ciencia y sociología de la tecnología pueden
beneficiarse mutuamente”. En Thomas, H. y A. Buch (coord.) (2008) Actos, actores y
artefactos. [Link], Bernal.
UBA – Facultad de Ciencias Sociales – Licenciatura en Cs. de la Comunicación
PROGRAMA
1. SÍNTESIS DE LA PROPUESTA:
La dimensión concentrada, centralizada, global y comercial del salto tecnológico digital en las
actividades info-comunicacionales replantea los supuestos de análisis de las industrias del sector
y subrayan la necesidad de contar con un enfoque superador del abordaje tecnofílico como matriz
de comprensión crítica en uno de los sectores clave para la estructuración de las sociedades a
partir del año 1980. En particular, el impacto de este marco contextual en las rutinas productivas
informacionales y comunicacionales será objeto de trabajo y reflexión en la asignatura.
1
producción y diseminación de contenidos por parte de los alumnos, con el soporte de las nuevas
tecnologías digitales.
Unidad 1:
Concepto de técnica y tecnología. Las tecnologías de la información y la comunicación como
articulaciones sociales, políticas y económicas. Cualidades: de la divergencia a la convergencia.
Telecomunicaciones, Medios Audiovisuales e Informática en perspectiva histórica.
Ordenamiento de estas industrias en función de su carácter distintivo, organización de mercados
divergentes y lógicas disociadas. El circuito productivo de la información: producción,
procesamiento, almacenamiento, transmisión, distribución, difusión, consumo/recepción y
reproducción. El valor de la información.
Deleuze, Gilles (1995) “Post-scriptum sobre las sociedades de control”, en Conversaciones, Pre-
textos, Valencia, disponible en
[Link]
Lessig, Lawrence (1998), Las leyes del ciberespacio”, conferencia Taiwan Net '98, mimeo, Taipei,
publicado en [Link]
nuevos-medios/[Link]
Maldonado, Tomás (1998), Crítica de la razón informática, Paidós, Barcelona, 239 p. Capítulo 1.
Pinch, Trevor y Wiebe Bijker (1987) “La construcción social de los hechos y de artefactos: o acerca
de cómo la sociología de la ciencia y sociología de la tecnología pueden beneficiarse
mutuamente”.En Thomas, H. y A. Buch (coord.) (2008) Actos, actores y artefactos.
[Link], Bernal.
Williams, Raymond (ed) (1992), Historia de la comunicación, editorial Bosch, Barcelona. Capítulo
“Tecnologías de la información e instituciones sociales”, p. 182-210. Disponible en
[Link]
Winner, Langdon (1983), “¿Tienen política los artefactos?”, en Documentos CTS-OEI, disponible
en [Link]
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Wolton, Dominique (1999) "La comunicación en el centro de la modernidad". En: Internet, ¿y
después?: una teoría crítica de los nuevos medios de comunicación. Capítulo 1.
Barcelona: Gedisa, pp. 35-67.
Unidad 2:
Convergencia e informacionalismo. La informatización de la sociedad, la sociedad red, la
sociedad digital: el proceso de convergencia tecnológica entre las distintas ramas, segmentos e
industrias de la información y la comunicación. Niveles analíticos de desagregación de dicho
proceso. Los impactos sociales. Los impactos productivos. Lo novedoso y lo heredado de las
“nuevas” tecnologías de la información y la comunicación: innovación y aplicaciones a partir de
la década de 1980 en las diferentes industrias. Globalización, convergencia y concentración: el
rol de los intermediarios digitales (Google, Facebook, Amazon y otros actores globales
corporativos).
Bhatia, Rahul (2016), “La historia interna del peor fracaso de Facebook”, The Guardian.
Disponible en [Link]
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Castells, Manuel (2009), Comunicación y Poder, Alianza, Madrid, Cap. 2, “La comunicación en la
era digital”.
Gladwell, Malcolm (2010), “La revolución no será twitteada”, en Página 12, Buenos Aires, disponible
en [Link]
Siri, Laura (2015), “El rol de Netflix en el ecosistema de medios y telecomunicaciones: ¿El fin de
la televisión y del cine?”, en Hipertextos Capitalismo, Técnica y Sociedad en debate Vol.
3 N°5 Junio/Diciembre, Buenos Aires, disponible en [Link]
content/uploads/2016/11/[Link]
The Economist (2017), “Cómo los datos se convertirán en el petróleo del futuro”, traducido por La
Nación y disponible en [Link]
nacion/20170508/281741269332409
Van Dijck, José (2016), La cultura de la conectividad: una historia crítica de las redes sociales,
Siglo XXI, Buenos Aires, 304 p. Capítulo 1.
Unidad 3:
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Capas de Internet. Espectro radioeléctrico y comunicaciones inalámbricas. Radio, frecuencias,
televisión, sistemas de radio y televisión digital. Normas y estándares. Redes e Internet. Capas,
gobierno y control en la red. Audiovisual y digitalización. Arquitectura y gestión de las redes.
Banda Ancha. Acceso inalámbrico y satelital. Hardware y software. Historia de la informática.
Evolución de los sistemas operativos y las aplicaciones. Modelos de negocios y modelos de
desarrollo en el campo del software. Modelos de licenciamiento: libre, privativo.
Bibliografía obligatoria de la Unidad:
Unidad 4:
Nueva economía, nueva tecnología y vieja regulación: los actores del proceso de la
convergencia: empresas operadoras, proveedores de tecnologías, entes reguladores,
organismos políticos, organismos internacionales públicos y privados (ITU, OMC, ADPIC, OMPI,
UNCTAD, ICANN, TLCs, CEPAL), sociedad civil, grandes consumidores y usuarios. Los derecho
a la libertad de expresión, datos personales (y “olvido”), derechos de autor, propiedad intelectual
y competencia económica en el ecosistema digital. Apropiación social, usos y niveles de acceso,
El problema del “triple play” y de la última milla para los bienes y servicios info-comunicacionales.
Regulaciones técnicas. Neutralidad de la red.
Busaniche, Beatriz (2005), “Las ideas y las cosas: la riqueza de las ideas y los peligros de su
monopolización”, en: ¿Un mundo patentado?La privatización de la vida y del
conocimiento, Fundación Heinrich Böll, El Salvador, p. 68-82. Disponible en
[Link]
Cortés Castillo, Carlos (2014), “Derecho al olvido: entre la protección de datos, la memoria y la
vida personal en la vida digital”, en Bertoni, Eduardo (comp.) Internet y derechos
humanos: aportes para la discusión en América Latina, CELE-UP, Buenos Aires,
disponible en [Link]
Morozov, Evgeni (2016), “Menos delito, más castigo”, en La locura del solucionismo
tecnológico (pp. 207–253). Buenos Aires: Capital Intelectual.
Parisier, Eli (2017), “Introducción”, en El filtro burbuja. Cómo la red decide lo que leemos y lo que
pensamos, Taurus, Buenos Aires, p. 11-29.
Zukerfeld, Mariano (2010), “La expansión de la Propiedad Intelectual: una visión de conjunto”, en
Casalet, Mónica (comp.), El papel de las Ciencias Sociales en la construcción de la
Sociedad del Conocimiento: Aportes de los participantes al Summer School de EULAKS,
EULAKS, Flacso México, México DF, disponible en [Link]
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Zukerfeld, Mariano y Bernadette Califano (2019), "Discutiendo la neutralidad de la red: de los
discursos dominantes a las prácticas en contextos periféricos", en COMMONS, Ciencias
Sociales y Comunicación, Vol 8, nº 1, 5-43, disponible en
[Link]
Unidad 5:
Ecosistema de comunicaciones en Argentina. Regulaciones (la libertad de expresión, censura,
datos personales, privacidad y “olvido”, derechos de autor, propiedad intelectual y competencia
económica delitos informáticos, privacidad). Ordenamiento legal de las actividades convergentes
en la Argentina y, en particular, leyes de Servicios de Comunicación Audiovisual de 2009, de
Telecomunicaciones y TIC de 2014 y sus modificatorias a partir de diciembre de 2015.
3. Objetivos:
5
5. Sistema de evaluación:
a) Trabajos prácticos sobre las consignas de cada clase (temas y lecturas de la puesta en
agenda pública de la convergencia tecnológica info-comunicacional);
b) Informes sobre los escenarios y las lecturas de las clases teóricas y de la bibliografía
obligatoria;
c) Un examen parcial;
d) Trabajo Final consistente en la ejercitación de un tópico tecnológico específico articulado
con la realización de entrevistas, la aplicación de las lecturas y los planteos conceptuales
de la bibliografía, con nivel académico. El Trabajo Final será presentado en forma de
monografía al final del curso y expuesto en el examen final.
e) Un examen final en el que se integran los aprendizajes realizados en las clases teóricas
y prácticas junto al trabajo realizado por los alumnos durante el cuatrimestre.
Se requiere como condición adicional de aprobación la asistencia al 75% de las clases prácticas.
EXÁMENES LIBRES
Los exámenes libres constan de una parte escrita que consiste en la elaboración de la
monografía con los mismos estándares exigidos en la cursada, y un examen oral. La monografía
debe presentarse al menos con diez (10) días de antelación a la fecha de examen libre a los
fines de poder evaluarla. La bibliografía del examen libre es la del último programa vigente.
a. Bibliografía Obligatoria:
Bhatia, Rahul (2016), “La historia interna del peor fracaso de Facebook”, The Guardian. Disponible
en [Link]
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Busaniche, Beatríz (2013), Propiedad Intelectual y Derechos Humanos. Tensiones existentes entre
la Ley 11.723 y el marco constitucional de los Derechos Culturales en Argentina, tesis de
Maestría defendida en 2013 en Flacso Buenos Aires. Capítulo 2, “La normativa de derechos
de autor en la Argentina”, disponible en [Link]
content/uploads/2014/07/Tesis.final_.[Link]
Busaniche, Beatríz (2005), “Las ideas y las cosas: la riqueza de las ideas y los peligros de su
monopolización”, en: ¿Un mundo patentado?La privatización de la vida y del
conocimiento,Fundación Heinrich Böll, El Salvador, p. 68-82. Disponible en
[Link]
Castells, Manuel (2009), Comunicación y Poder, Alianza, Madrid, Cap. 2, “La comunicación en la
era digital”.
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Castells, Manuel (1995), La ciudad informacional: tecnologías de la información, reestructuración
económica y el proceso urbano-regional, Alianza Editorial, Madrid, 504 p
(fundamentalmente Introducción y Capítulo 1).
Cortés Castillo, Carlos (2014), “Derecho al olvido: entre la protección de datos, la memoria y la vida
personal en la vida digital”, en Bertoni, Eduardo (comp.) Internet y derechos humanos:
aportes para la discusión en América Latina, CELE-UP, Buenos Aires, disponible en
[Link]
Deleuze, Gilles (1995) “Post-scriptum sobre las sociedades de control”, en Conversaciones, Pre-
textos, Valencia, disponible en
[Link]
Gladwell, Malcolm (2010), “La revolución no será twitteada”, en Página 12, Buenos Aires, disponible
en [Link]
Lessig, Lawrence (1998), Las leyes del ciberespacio”, conferencia Taiwan Net '98, mimeo, Taipei,
publicado en [Link]
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Maldonado, Tomás (1998), Crítica de la razón informática, Paidós, Barcelona, 239 p. Capítulo 1.
Morozov, Evgeni (2016), “Menos delito, más castigo”, en La locura del solucionismo
tecnológico (pp. 207–253). Buenos Aires: Capital Intelectual.
Parisier, Eli (2017), “Introducción”, en El filtro burbuja. Cómo la red decide lo que leemos y lo que
pensamos, Taurus, Buenos Aires, p. 11-29.
Pinch, Trevor y Wiebe Bijker (1987) “La construcción social de los hechos y de artefactos: o
acerca de cómo la sociología de la ciencia y sociología de la tecnología pueden
beneficiarse mutuamente”.EnThomas, H. y A. Buch (coord.) (2008) Actos, actores y
artefactos. [Link], Bernal.
Siri, Laura (2015), “El rol de Netflix en el ecosistema de medios y telecomunicaciones: ¿El fin de la
televisión y del cine?”, en Hipertextos Capitalismo, Técnica y Sociedad en debate Vol. 3
N°5 Junio/Diciembre, Buenos Aires, disponible en [Link]
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The Economist (2017), “Cómo los datos se convertirán en el petróleo del futuro”, traducido por La
Nación y disponible en [Link]
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Van Dijck, José (2016), La cultura de la conectividad: una historia crítica de las redes sociales, Siglo
XXI, Buenos Aires, 304 p. Capítulo 1.
Williams, Raymond (ed) (1992), Historia de la comunicación, editorial Bosch, Barcelona. Capítulo
“Tecnologías de la información e instituciones sociales”, p. 182-210. Disponible en
[Link]
Winner, Langdon (1983), “¿Tienen política los artefactos?”, en Documentos CTS-OEI, disponible
en [Link]
Zukerfeld, Mariano (2010), “La expansión de la Propiedad Intelectual: una visión de conjunto”, en
Casalet, Mónica (comp.), El papel de las Ciencias Sociales en la construcción de la Sociedad
del Conocimiento: Aportes de los participantes al Summer School de EULAKS, EULAKS,
Flacso México, México DF, disponible en [Link]
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b. Bibliografía Optativa:
Albornoz, Luis (2003), “La prensa on line: mayor pluralismo con interrogantes”, en Bustamante,
Enrique (coord), Hacia un nuevo sistema mundial de comunicación. Las industrias
culturales en la era digital, Gedisa, Barcelona, p. 111-138.
Álvarez Ugarte, Ramiro y Eleonora Rabinovich (2013), “Los intermediarios y los desafíos para la
libertad de expresión en Internet”, en Cuestión de derechos nº4, disponible en
[Link]
Beltrán, Ricardo (2007) “El riesgo de una Internet discriminadora”, en Observatorio 5 - Industrias
Culturales de la Ciudad de Buenos Aires, Observatorio de Industrias Culturales de la
Ciudad de Buenos Aires, Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, p. 48-51. Disponible
online en:
[Link]
ublicacion_revista_observatorio_5.pdf
8
Bustamante, Enrique (2003), “Televisión digital: globalización de procesos muy nacionales”, en
Bustamante, Enrique (coord), Hacia un nuevo sistema mundial de comunicación. Las
industrias culturales en la era digital, Gedisa, Barcelona, p. 167-206.
Bustamante, Enrique (2002), “Nuevas fronteras del servicio público y su función en el espacio
público mundial”, en Vidal Beneyto, José (comp.), La ventana global, Taurus, Madrid, p.
181-193.
Califano, Bernadette y Mariela Baladrón (2013), “La regulación de Internet: formas emergentes de
gobierno privado”, en Mastrini, Guillermo, Ana Bizberge y Diego de Charras (eds.), Las
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Aires, p. 207-242.
Castells, Manuel (1997), La era de la información: economía, sociedad y cultura. Vol 1: La sociedad
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Chaparro, Enrique (2014), “Neutralidad de la red: indefiniciones e imprecisiones a la orden del día,
en Fundación Vía Libre, Buenos Aires, disponible en
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Comisión Económica para América Latina (CEPAL) (2008), La sociedad de la información en América
Latina y el Caribe: desarrollo de las tecnologías y tecnologías para el desarrollo, CEPAL y
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Flichy, Patrice (1993), Una historia de la comunicación moderna: Espacio público y vida privada,
Gustavo Gili, Barcelona, 260 p.
Heinz, Federico (2007) “Software libre y software privativo”, en Monopolios Artificiales sobre Bienes
Intangibles, Buenos Aires, Fundación Vía Libre. Disponible online en :
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Innerarity, Daniel (2016), “Hombres ricos y hombres pobres (en datos)”, El País, Disponible en
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Katz, Claudio (1998), “El enredo de las redes”, en Voces y Culturas nº14, Voces y Culturas,
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Krakowiak, Fernando, Ana Bizberge, Guillermo Mastrini y Martín Becerra (2012), “El Estado como
protagonista del desarrollo de la TDT en Argentina”, en Cuadernos de Información nº31,
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Universidad Católica de Chile, Santiago, p. 69-78. Versión electrónica:
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Maldonado, Tomás (2007), Memoria y conocimiento: sobre los destinos del saber en la perspectiva
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Magnani, Esteban (comp) (2018), “Cultura libre: crear, modificar, compartir”, UNRAf. Disponible en
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Mastrini, Guillermo y Carolina Aguerre (2007), “Muchos problemas para pocas voces. La regulación
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Stiftung A. C., disponible en [Link]
Mateu, Gabriel (2013), “Una discusión sobre derechos de autor e Internet”, mimeo, Buenos Aires,
6 p.
Nora, Simon y Alain Minc (1980), La informatización de la sociedad, Fondo de Cultura Económica,
México, 244 p. Selección de la cátedra.
Punie, Yves, Jean-Claude Burgelman y Marc Bogdanowicz (2002), “El futuro de las industrias de
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revista Telos n 53, octubre diciembre, Fundación Telefónica, Madrid, p. 101-111.
Siri, Laura (2011) “El dilema del dictador”, en L. Siri y G. Vázquez Villanueva (comps.) Casos
Concretos. Comunicación, Información y Cultura en el siglo XXI , La Crujía, Buenos Aires,
p. 125-134
Siri, Laura (2011) “Entre la explosión informativa y la sombra digital”, en L. Siri y G. Vázquez
Villanueva (comps.) Casos Concretos. Comunicación, Información y Cultura en el siglo
XXI, La Crujía, Buenos Aires, p. 103-124.
Smiers, Joost (2006), Un mundo sin copyright: artes y medios en la globalización, Gedisa, Barcelona,
383 p. Capítulo 7, “Una reglamentación a favor de la diversidad cultural”.
UNESCO (1980), Un solo mundo, voces múltiples. Comunicación e información en nuestro tiempo,
Fondo de Cultura Económica y UNESCO, México, 508 p.
Virilio, Paul (2010), “Siempre se infunde miedo en nombre del bien”, entrevista realizada por
Eduardo Febbro en Página 12, 20/11/2010, Buenos Aires, disponible en
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Gilles Deleuze
I. HISTORIA
Foucault situó las sociedades disciplinarias en los siglos XVIII y XIX; estas socie-
dades alcanzan su apogeo a principios del siglo XX. Operan mediante la organiza-
ción de grandes centros de encierro. El individuo pasa sucesivamente de un círcu-
lo cerrado a otro, cada uno con sus leyes: primero la familia, después la escuela
("ya no estás en tu casa"), después el cuartel ("ya no estás en la escuela"), a con-
tinuación la fábrica, cada cierto tiempo el hospital y a veces la cárcel, el centro de
encierro por excelencia. La cárcel sirve como modelo analógico: la heroína de Eu-
ropa 51 exclama, cuando ve a los obreros: "creí ver a unos condenados". Foucault
ha analizado a la perfección el proyecto ideal de los centros de encierro, especial-
mente visible en las fábricas: concentrar, repartir en el espacio, ordenar en el
tiempo, componer en el espacio-tiempo una fuerza productiva cuyo efecto debe
superar la suma de las fuerzas componentes. Pero Foucault conocía también la es-
casa duración de este modelo: fue el sucesor de las sociedades de soberanía, cu-
yos fines y funciones eran completamente distintos (gravar la producción más que
organizarla, decidir la muerte más que administrar la vida); la transición fue pro-
gresiva, Napoleón parece ser quien obra la conversión de una sociedad en otra.
Pero también las disciplinas entraron en crisis en provecho de nuevas fuerzas que
se iban produciendo lentamente, y que se precipitaron después de la segunda
guerra mundial: las sociedades disciplinarias son nuestro pasado inmediato, lo que
estamos dejando de ser.
Todos los centros de encierro atraviesan una crisis generalizada: cárcel, hospital,
fábrica, escuela, familia. La familia es un "interior" en crisis, como lo son los de-
más interiores (el escolar, el profesional, etc.). Los ministros competentes anun-
cian constantemente las supuestamente necesarias reformas. Reformar la escuela,
reformar la industria, reformar el hospital, el ejército, la cárcel; pero todos saben
que, a un plazo más o menos largo, estas instituciones están acabadas. Solamen-
te se pretende gestionar su agonía y mantener a la gente ocupada mientras se
instalan esas nuevas fuerzas que ya están llamando a nuestras puertas. Se trata
de las sociedades de control, que están sustituyendo a las disciplinarias. "Control"
es el nombre propuesto por Burroughs para designar al nuevo monstruo que Fou-
cault reconoció como nuestro futuro inmediato. También Paul Virilio ha analizado
continuamente las formas ultrarrápidas que adopta el control "al aire libre" y que
reemplazan a las antiguas disciplinas que actuaban en el período de los sistemas
cerrados. No cabe responsabilizar de ello a la producción farmacéutica, a los en-
claves nucleares o a las manipulaciones genéticas, aunque tales cosas estén des-
tinadas a intervenir en el nuevo proceso. No cabe comparar para decidir cuál de
los dos regímenes es más duro o más tolerable, ya que tanto las liberaciones co-
mo las sumisiones han de ser afrontadas en cada uno de ellos a su modo. Así, por
ejemplo, en la crisis del hospital como medio de encierro, es posible que la secto-
II.LÓGICA
Los diferentes internados o centros de encierro por los que va pasando el indivi-
duo son variables e independientes: se sobreentiende en cada ocasión un comien-
zo desde cero y, aunque existe un lenguaje común a todos los centros de encierro,
es un lenguaje analógico. En cambio, los diferentes "controlatorios" son variantes
inseparables que constituyen un sistema de geometría variable cuyo lenguaje es
numérico (lo que no siempre significa que sea binario). Los encierros son moldes o
moldeados diferentes, mientras que los controles constituyen una modulación,
como una suerte de moldeado autodeformante que cambia constantemente y a
cada instante, como un tamiz cuya malla varía en cada punto. Se puede apreciar
sin dificultad en los problemas de los salarios: la fábrica era un cuerpo cuyas fuer-
zas interiores debían alcanzar un punto de equilibrio, lo más alto posible para la
producción, lo más bajo posible para los salarios; en una sociedad de control, la
fábrica es sustituida por la empresa, y la empresa es un alma, es etérea. Es cierto
que ya la fábrica utilizaba el sistema de las primas y los incentivos, pero la em-
presa se esfuerza con mayor profundidad para imponer una modulación de cada
salario, en estados siempre metaestables que admiten confrontaciones, concursos
y premios extremadamente cómicos. El éxito de los concursos televisivos más es-
túpidos se debe a que expresan adecuadamente la situación de las empresas. La
fábrica hacía de los individuos un cuerpo, con la doble ventaja de que, de este
modo, el patrono podía vigilar cada uno de los elementos que formaban la masa y
los sindicatos podían movilizar a toda una masa de resistentes. La empresa, en
cambio, instituye entre los individuos una rivalidad interminable a modo de sana
competición, como una motivación excelente que contrapone unos individuos a
otros y atraviesa a cada uno de ellos, dividiéndole interiormente. El principio mo-
dulador de que los salarios deben corresponderse con los méritos tienta incluso a
la enseñanza pública: de hecho, igual que la empresa, toma el relevo de la fábri-
ca, la formación permanente tiende a sustituir a la escuela, y el control continuo
tiende a sustituir al examen. Lo que es el medio más seguro para poner la escuela
en manos de la empresa.
posición en la masa. Para las disciplinas, nunca hubo incompatibilidad entre am-
bos, el poder es al mismo tiempo masificador e individuante, es decir, forma un
cuerpo con aquellos sobre quienes se ejerce al mismo tiempo que moldea la indi-
vidualidad de cada uno de los miembros (Foucault encontraba el origen de este
doble objetivo en el poder pastoral del sacerdote -el rebaño y cada una de las
ovejas-, si bien el poder civil se habría convertido, por su parte y con otros me-
dios, en un "pastor" laico). En cambio, en las sociedades de control, lo esencial ya
no es una marca ni un número, sino una cifra: la cifra es una contraseña (mot de
passe), en tanto que las sociedades disciplinarias están reguladas mediante con-
signas (mots d'ordre) (tanto desde el punto de vista de la integración como desde
el punto de vista de la resistencia a la integración). El lenguaje numérico de con-
trol se compone de cifras que marcan o prohíben el acceso a la información. Ya no
estamos ante el par "individuo-masa". Los individuos han devenido "dividuales" y
las masas se han convertido en indicadores, datos, mercados o "bancos". Quizá es
el dinero lo que mejor expresa la distinción entre estos dos tipos de sociedad, ya
que la disciplina se ha remitido siempre a monedas acuñadas que contenían una
cantidad del patrón oro, mientras que el control remite a intercambios fluctuantes,
modulaciones en las que interviene una cifra: un porcentaje de diferentes mone-
das tomadas como muestra. El viejo topo monetario es el animal de los centros de
encierro, mientras que la serpiente monetaria es el de las sociedades de control.
Hemos pasado de un animal a otro, del topo a la serpiente, tanto en el régimen en
el que vivimos como en nuestra manera de vivir y en nuestras relaciones con los
demás. El hombre de la disciplina era un productor discontinuo de energía, pero el
hombre del control es más bien ondulatorio, permanece en órbita, suspendido so-
bre una onda continua. El surf desplaza en todo lugar a los antiguos deportes.
III. PROGRAMA
El estudio socio-técnico de los mecanismos de control que ahora están en sus co-
mienzos debería ser un estudio categorial capaz de describir eso que ahora se es-
tá instalando en el lugar de los centros de encierro disciplinario, cuya crisis está
en boca de todos. Es posible que, tras las adaptaciones correspondientes, reapa-
rezcan algunos mecanismos tomados de las antiguas sociedades de soberanía. Lo
importante es que nos hallamos en el inicio de algo. En el régimen carcelario, la
búsqueda de "penas sustitutorias", al menos para los delitos menores, y la utiliza-
ción de collarines electrónicos que imponen al condenado la permanencia en su
domicilio durante ciertas horas. En el régimen escolar, las formas de control con-
tinuo y la acción de la formación permanente sobre la escuela, el correspondiente
abandono de toda investigación en el seno de la Universidad, la introducción de la
empresa en todos los niveles de escolaridad. En el régimen hospitalario, la nueva
medicina "sin médicos ni enfermos" que localiza enfermos potenciales y grupos de
riesgo, y que en absoluto indica un progreso de la individuación como a menudo
se dice, sino que sustituye el cuerpo individual o numérico por una materia "divi-
dual" cifrada que es preciso controlar. En el régimen empresarial, los nuevos mo-
dos de tratar el dinero, de tratar los productos y de tratar a los hombres que ya
no pasan por la antigua forma de la fábrica. Son ejemplos mínimos, pero que nos
permiten comprender mejor lo que hay que entender por "crisis de las institucio-
nes", es decir, la instalación progresiva y dispersa de un nuevo régimen de domi-
nación.
Una de las cuestiones más importantes es la inadaptación de los sindicatos a esta
situación: ligados históricamente a la lucha contra las disciplinas y a los centros
de encierro, ¿cómo podrían adaptarse o dejar paso a nuevas formas de resistencia
contra las sociedades de control? ¿Puede hallarse ya un esbozo de estas formas
futuras, capaces de contrarrestar las delicias del marketing? ¿No es extraño que
tantos jóvenes reclamen una "motivación", que exijan cursillos y formación per-
manente? Son ellos quienes tienen que descubrir para qué les servirán tales co-
sas, como sus antepasados descubrieron, penosamente, la finalidad de las disci-
plinas. Los anillos de las serpientes son aún más complicados que los orificios de
una topera.
pesimistas son deplorables, no lo son menos los optimistas. Se Algunos colegas universitario~ --Giovan!1i Anceschi_, ~
equivocan quienes ven la informática como una caja de ~ando niele Marini y Marco Sancambrogio-- ha? leido ':ª.ªversión m
ra rebosante de desgracias, pero también quienes la consideran progress del primer capítulo. Sus_~bservacio?es, crmcas y suge-
una cornucopia desbordante de frutos milagrosos. . rencias me han sido de gran utilidad. He intentado acogerlas,
En el presente ensayo, he incencado superar esca manera sim- en la medida en que las comparría, en la redacción final del tex-
plista de presentar el problema. Fiel a una aproximación que, to. El m ismo capítulo ha sido leído por Patrizia Nanz, qu_e me
desde siempre, me resulta muy congenial, me he esforzado por ha ayudado a encender algunos puncos~ para mí_poco a:cesibles,
tratar el cema recurriendo a distincas áreas disciplinarias. Con- del pensamiento de Habermas. Gracias también a Simonecca
fieso que, esca vez, la tentativa ha sido particularmente ardu~ y Tabboni, que, amigablemente, me ha ayudado a super~r algu-
no siempre, pese a mi empeño, he conseguido superar las difi- nas dificultades de búsqueda bibliográfica. Como es habitual en
cultades. Sea como fuere, tengo la impresión de que el hecho de estos casos, está claro que las ideas sostenidas y los eventuales
examinar la razón informática desde múltiples ángulos ha per- errores deben acribuírseme a mf y sólo a m!.
mitido iluminar algunos aspectos que, de otro modo, habrían Escoy cambién reconocido a Fiammetca Costa y Costanza
permanecido oscuros . No me parece poco. . . Pracesi por su colaboración en las sucesiv~s le~curas del m~nus:
!:! f>•imer capítulo de este lib~o es compleca~ence !né?1to. crico. Asimismo a Grazia Cassara, de G1ang1acomo Felmnelli
El segundo recoma, con modificaciones y sustanc1a~~s anad1d~s, Edicore, por su siempre eficiente cuidado en la revisión edito-
una conferencia celebrada en el Encuenrro lnnovac1on tecnológ1ca rial del cexto.
y estrategia urbana (Telecom, Palermo, 1994) y fragmentos de
discincas intervenciones en el ámbico académico. En el caso del
tercer capítulo, he hecho confluir en un planteamiento original
algunas ponencias en encuencros ciencíficos editadas en revistas
especializadas de difícil hallazgo (IV Congreso de infom~ática_ y
neurociencias, Bari, 1993; Encuentro de alta cult11ra rad10/óg1ca,
Erice, 1993; l Congreso inttrnacional 1obre la realidad virtual m
rehabilitación, Gubbio, 1994; Encuentro internacional Lo1 colores
de la vida, Turín, 1995), además de un ensayo aparecido en un
libro colectjvo a cargo de P.L. Capucci (1994).
Como he hecho siempre en mis libros anceriores, el cexco se
presenta acompañado por un rico elenco de nocas y una amplia
bibliografía. Esto no responde --quiero precisarlo-- a la vo-
luntad de exhibir una presunta erudición, sino sencillamente al
deseo de facilitar el cam ino a los estudiosos (y a los estudiantes)
que quieran abordar con mayor profundidad las temáticas aquí
discutidas.
Querría expresar mi agradecimienco a Medardo Chiapponi
y a Raimonda Riccini que, desde hace años, y con inestimable
generosidad, me ayudan en la elaboración y en la redacción de
mis libros. En el segundo capítulo, para el examen de las cues-
tiones relativas al celecrabajo, me ha sido preciosa la concribu-
ción de Antonella Penaci . También estoy en deuda con Anna
Poli, que me ha asiscido en codas las fases de la búsqueda bi-
bliográfica, sobre codo la on fine.
1. Ciberespacio, ¿un espacio democrático?
car de escablecec cuál disposicivo cécnico fav?rece, en abscra~to, plicación corporal asume, en la práctica, distintas caracterís-
la pasividad y cuál la actividad, sino más bien encender ~~l~s ticas. Mientras que en el caso del usuario del televisor la im-
son las razones de fondo que, en un específico coi;it~co hiscon- plicación es muy modesta, por cuanto consiste casi exclu-
co, hacen que los sujetos sociales prefieran la pas1v1dad a la ac- sivament e en el mero uso del mando a distancia (y sólo
tividad. esporádicamente del teléfono), en el del usuario del 1elep11ter la
Enfocado así el cerna asume una dimensión muy concrera. implicación es mayor, dado que tiene que inreraccuar conci-
Desde esca ópti~a, el papel de Los disposiriv?s cécnicos, aun nuamence mediance el teclado u otros dispositivos manuales:
cuando siempre es relevante en esce ~unto, p1erd_e la a~soluca si queremos expresamos con las debidas cautelas, sería mejor
centralidad que, de costumbre, se le asigna. Es red1m~ns10nad~, hablar de una implicación menos pasiva. Por otra parre, esca si-
al menos en parte, un cierro determinismo tecn~ló~1co procli- tuación podrfa modificarse el día, parece que no muy lejano,
ve, desde siempre, a acribuír apresuradamente a d1snntas tecno- en que las órdenes del teleputer se efectúen sólo con la ayuda de
logías la responsabilidad, en lo bueno y en lo malo~. de fenóme- la voz.
nos sociales (e incluso políticos) de elevada c~mple¡.1dad. Aludo Hay, empero, otra diferencia, quizá más importante: la
en parricular a esas teorías que ~o~mulan la h~p?ces1s de una ra- relariva a la implicación, digamos, psíquica. Mientras que el
dical dicotomía entre una celevmón toda pas1v1dad y un telepu- universo de las elecciones sometidas al usuario del televisor
ter todo actividad, y que atribuyen sin términos r:iedios una na- es l imitado, por su naturaleza preprogramada (y, por tanto,
turaleza no democráti~a a la primera y democráctea al segundo. predeterminada), el del usuario del teleputer, en cambio, es, en
Teorías, como se intuye, muy temerarias y, en cierros aspectos, apariencia, ilimitado. En otras palabras, mientras las posibili-
concrainmitivas, sobre las cuales querría detenerme ah?ra.. dades de navegación del primero no dependen de él, ya que los
No tengo dificultades para reconocer que la expene~c1a te- recorridos le son impuestos (o sugeridos) por las elecciones aje-
levisiva, por las razones que ya he exi:iuesco, se caracc~nza por nas, las posibilidades del segundo dependen de él y sólo de él.
una fuerce pasividad. En Estad?s U nidos se us~ la pmcoresca El á.rea de intervención del primero sería finita y la del segun-
expresión couch patato pa~ defirur el comJ><?rt3°!1~nco de ,un _ce- do, infinita.
leadicco en estado de casi absoluta postración fístea y ps1qu1c_a, Aunque esto, en líneas generales, es verdad, hay que hacer
hundido --como una pataca- en un sillón, mientras traga sm algunas precisiones al respecto. Si tomamos, por ejemplo, la co-
pausa codo cipo de porquerías. . . municación vía Internet está claro que el usuario es libre de de-
La pregunta, en este punto, es la s1gu1ence: ¿esca~os segu- cidir con qué personas o cosas quiere ponerse en contacto, por
ros de que el [Link] del telep~ter: puede dar origen a un el sencillo motivo de que, como dicen los promotores del servi-
comportamiento sustancialmente d1sc1nro? ¿Estamos seguros cio en red, everyone and everything is on the net. 7
de que nuestra relación con el releputer no se configurará, a fin de Sin embargo, es preciso encenderse sobre esca proclamada
cuencas como una nueva variante del couch patato? Todo hace posibilidad de absoluto y libre acceso a la red. Se erara de un
pensar que puede ocurrir algo similar: exi~te el riesgo de que punto crucial del actual debate sobre la relación información-
de la apoltronada pasividad frente al televisor se pase a un ac- democracia. Porque una cosa es la posibilidad de un libre acceso
tivismo, paradójicamente, igual de apoltronado, frence al tele- a la información y otra muy distinta la probabilidad de que los
puter. O sea: nuestro febri l n_omadismo explorador.ª. través de ciudadanos puedan hacer uso de ella. La posibilidad de estable-
la red no viene, como se quiere hacer creer, ~ deb1lltar nues- cer concacco con everyone y everything puede estar técnica (y le-
tra inercia contemplativa, nuestro sedentarismo frente a la galmente) garanrizada, pero no significa que ello ocurra efecti-
pantalla, sino a hacer este fen6meno aún más agudo y alar- vamente. Y esto por dos razones: J
cricciones subjetivas de acceso, es decir, aquellas que los m~s son democrácicamence elegidos, luego escapan, normalmente,
mos accores se ponen en consonancia con sus val~res, creencias al concrol de sus electores.
y preferencias, sin exdui~ los p~ejuicios que denvan de ellos~ ,Así, se q~erría restablecer, ahora con apariencia electrónica,
No se bUJca sin saber que se quiere encontrar y d6n.~e encon el agora aceruense.9 Se trataría, empero, de un ágora no relegada
erario. Lo cual, en los hechos, crae aparejad~ la. elecc1on de .de- como en la Arenas de Pericles, a un lugar geográficamente li~
terminados objetivos e itinerarios y la cons1gu1ence renuncia a mic_ado -la ciudad-Estado--, sino a un lugar sin confines es-
paciales. A un lugar, por así decir, no lugar. En cal contexto se
ocr~~ segundo lugar, está el ~roblema de las limitaciones exte- habla, si~uie~do los pasos ~e Mcluhan, de ·aldea global>., el
riores de nuestra libertad. Pese a que se nos asegure la que vasto ce~rttono en 9ue los ~iudadano~, por primera vez, podrían
Isaiah Berlín llama «libertad negativa»,8 o sea, en nuestro caso ser considerados, sin recónca (o casi), verdaderos «ciudadanos
específico, la «ausencia de incerferenci~ en _el uso de la ~~· la del mundo». Los agentes sociales serían puestos en la situación
efectiva probabilidad de disfrutar de dicha libertad es min.1ma. técnica de acceder inceraccivamence, a nivel planetario, a todos
En este aspecto de la cuestión, el ejemplo dado por el mismo los p:ocesos inform~civos, pero también a codos los procesos de
Berlin es, me parece, muy inscruccivo: la libertad de em~render dec1s1ón: canto los ligados a problemas de barrio como a los na-
un viaje alrededor del mundo que, al menos en los pa~ses de- cionales e inceroacionales.
mocráticos, está garantizada formalmente a codos los ciudada- Poco anees hemos visco la vulnerabilidad de este escenario.
nos. Es un hecho, empero, que, para poderlo llevar a cabo, .es Volvamos ahora sobre el tema para examinar más de cerca al-
necesario satisfacer algunas condiciones que, por el concrano, gunas de las principales argumentaciones utilizadas por sus
sólo unos pocos pueden permitirse. Por ejemplo: estar en con- defensores. Generalmente, entre éscos se da una gran relevan-
diciones de sopoccar los elevados costes de la empres~ Y tener a cia al nuevo tipo de relación que, mediante la red se establece-
disposición el tiempo requerido para afronc~La. la ltben~d de ría encre las personas. En teoría, codos podríamo; dialogar con
acceder a través de la red a everyone y a everythmg es, pues, iluso- codos.
ria. Igualmente ilusorio es ~uponer, c~mo. se hace con fre~uen De golpe, las sofocantes jaulas de la nacionalidad , la raza, el
género y la religión perderían vigencia. De este modo, se crea-
~~
cia, que esca libertad consuruye, en s1 mis~. y ¡:>_<>r s1 misma,
una especie de vía privilegiada para una pamc1pac16n democrá- rían ~as condiciones para el advenimiento de una cultura que a.\t,l,~
enfattza los factores de convergencia y no de divergencia entre
(~l.1.\0
tica global. .
Hay un aspecto que, aunque implícito en el punto anterior, los seres humanos. Por este camino, dicen, desaparecerían de
es preferible tratar por separado, puesto que se tra~a de una hecho muchos prejuicios redprocos. Y así se contribuiría a dar
cuestión a la cual, sobre codo reciencemence, se ambuye una v_ida a una sociedad global basada en la tolerancia y la compren-
importancia cada vez. mayor. Me refiero al papel q_ue_ las .red~s sión. Por ocra parce, la posibilidad ofrecida a codos de comuni-
celemácicas podrían asumir en el conc~xco de las .Pracnc~. msn- carse con codos debería favorecer el surgimiento de «Comunida-
cucionales (y no inscicucionales) relanvas a la vid~ polittc~. Se des virruales».
erara de la propuesta de una sociedad en que lo~ sujetos sociales
actúen (e inceraccúen) polícicamence por medio de redes cele-
mácicas. d
Tal propuesta, lo hemos señalado, es_ muy grac~ a to ~s
aquellos que ven en la denominada rep~bhca eleccr6mca la pn-
mera oportunidad en la historia de realizar una t<verdade~a d~ 9. Sobre la dcmoccac:ia griega, v&se Th. A. [Link] (15151), Ch. Mcier (1983),
mocracia» . El escenario presentado :sel de u~a .democra~1a ~1n L. Canfora (1989), N . Maa:eucci (1989), D. Scockron (1990). S. Homblowcr
(1992), C. Farrar (1992) y D. Mwri (1995). Sobre la idea. griega de democracia en
delegación, sin el libre albedrío de rncermediarios que, s1 bien 12 era mod_cma y concemporánra., véasc lL DahJ (1989) y J. Duno ( 1992), y sobre
su presencia en d actual debate relativo a la ·democracia eJccu6nia•, véase L. K.
8 . I. Berlin (1969). pág. 122. Véase G. W. P. Hegel (196~). pág. 413. Grossman (1995).
~ :~~::,.
·[Link]·~
nuestra libertad de expresión y a invadir nuestr~. privac~dad desde el cual, según un clásico esquema jerárquico, se distribu-
personal? ¿No sería más ajustado a la realidad a?mmr qi:e, 1un- yen mensajes destinados a una periferia pasiva, indolente y ser-
to a esca categoría de guardianes, hay otra, su~ilmenre lig~da a vil. El argumento es archiconocido: en la red todo sería centro y
la anterior, que condiciona en no menor n:ed1da. nuestra tib:~ codo periferia. Por tanto, no existiría una sede privilegiada des-
tad y nuestra privacidad, per? que lo hace 11!1ptíctfa Y I?-º ~xpl:c,1- de la cual se pueda ejercitar una gestión rotal de los flujos co-
tamente? En rigor, ¿los organismos .<o a~enc1as) ?e soc~ali~ac1on municativos. 27
y culturización -familia, escuela, iglesias, part!dos, sindicatos, En una primera aproximación, se puede decir que en esto
asociaciones y, no en último lugar, los ~ss media- no desarro- hay algo de verdad. Pero cuando a lo que hay de verdad se le
llan cambién un papel de vigilancia ind~recta de. nuestros ~om confiere, como en este caso, un carácter absoluto, fuera de todo
portamiencos? ¿El conrrol social no se e¡erce en igual medida a conrexro, resulta difícil sustraerse a una acritud de prudente in-
cravés de los valores, las preferencias, los deseos, los ~uscos Y los certidumbre. En líneas generales, con rodas las consideraciones
prejuicios puntualmente inculcados por estos org~msmos? del caso, puede ser correcto decir, por ejemplo, que en la red no
De codos estos interrogantes emerge con claridad u? tema existe un cenero, pero no que en ella deba excluirse, por princi-
de gran interés. Me refiero a la cu,esción ?e los dos .npos de pio, la presencia de cualquier forma de control sobre los usua-
guardianes. Porque si no~ocros ac,eptaramos trJ to~o la tesis de q~e rios. Existe ya la sospecha, más aún, la certeza, de que en la red
los guardianes a combam s?n [Link] los de la pnmer~ cacegona, esrán presentes algunas formas de control, si bien distintas de
los guardianes fácilmente 1denuficables, los. guardianes, p~ra las tradicionales.
encendernos, visibles -las empresas y el g~b1erno--, acaba~i~ Habitualmente, cuando se habla de la desaparición del cen-
mos por creer que, para garantizar nuesc:a libertad de expres10.n ero en la red se recurre a las metáforas del Panopticon y del Gran
y proteger nuesrra privacidad, .so:i su.fk1entes .sólo pocas medi- Hermano. En síntesis, se dice, el advenimiento de la red contri-
das 0 expedientes técnicos y legislativos desunados a hacerlos buye a desembarazarnos definitivamente de aquella centralidad
del poder que encuentra expresión en esas metáforas. 28 li
inocuos. . · d
Con ello, está claro, no quiero subesci~ar la 1mportanc1a., e Me parece útil para mi análisis detenerme -y pido excusas
cales medidas, sino senci llamence prevemr c~ntra una verswn por la digresión- en escas dos tan manidas (y abusadas) mecá-
demasiado reducciva de los fenómenos exarrunados. Una v~;
sión más articulada debería tener en cuenta, al menos •. c~mb1en 27. Véase la aguda exposición de B. Lacour (1991) sobre la relación local-glo-
a los guardianes invisibles, o bien, si se quiere, ~enos vmbles . .En bal en las •redes cécnicas» .
breve: unos guardianes que somos noso~ros m1~mos en relac1ó.n 28. La teoría según la cual el advenimiento de la red marcaría el fin del po-
der cenera! de concrol, recuerda mucho la hipócesis de J. Baudrillard de un «fin
a los demás, cómplices, de costumbre, mco~s71em~s, de un di- du sysceme panopcique». Al exponer su pensamienco sobre la •socialicé hiperréa-
fuso sistema de vigilancia recíproca: Una v1gilanc1a que se ex- lisce» (•ou le réel se confond avec le modele ..), Baudrillard escribe: ·Así, ya no
presa sea mediante nuestra tendencia a la aur~censura, sea me- hay instancia de poder, inscancia emisora -el poder es algo que circula, de lo
diante nuestra tendencia a censurar a los demas cuando ellos se que ya no se detecca la fuence, un ciclo en el cual las posiciones de dominame y
identifican con valores que no son los nuestros. de dominado son intercambiadas, en una inversión sin fin que es también el fin
del poder en su definición clásica. (1981), pág. 52, n. 7. T. Eagleton se ha opues-
to con dureza a la tesis de Baudrillard: ~El cinismo "de izquierda" de un Baudri-
llard es vergonzosamence cómplice de lo que el sisrema querría hacer creer: que
La red sin centro ahora codo "funciona por sí mismo", independiencemente del modo en que las
cuestiones sociales son plasmadas y definidas en la experiencia popular,. 0991),
En este punto, tropezamos co:i un. tema que es, .quizás, ~l trad. ic., pág. 68. Por lo que concierne a la mecáfora del Gran Hermano, querría
más escimulance de los muchos d1scuudos en. el ámbito del ci- cicar, a modo de ejemplo, un pasaje de un edicorial de: «The Economisc• (1995):
«la mulciplicaci6o de los canales de comunicación creará la antítesis de un mun-
berespacio. Sus teóricos sostienen, con premisas b~rante i:er- do orwelliano en el que el Gran Hermano te observa [ ...} Al Gran Hermano le re-
suasivas, que la red relemácica, por su naturaleza mreracnva, sultará imposible ceneros vigilados en medio de coda la información que pasa a
excluye la existencia de un punto focal, de un cenero de control cravés de hilos, cables y ondas».
32 C!ÚTJCA DE lA RAZÓN INFORMÁTICA CJBERESPACIO, , UN ESPACIO DEMOCRÁTICO>
33
foras. Querría, anee codo, ocuparme del Panopricon. 29 Et Panopti- el aspecco esencial de su proyecco. Todo gira en corno al hecho
con es un modelo de edificio penicenciario que, por su nacurale- de que se puede «S~eing wichouc ~ing seen», lo que permite
za, va, con seguridad, mucho más allá del ineenco de enconcrar ~na .'<appacenc ommpresence of che inspeccor•, pero sin que eso
una solución ópcima al problema específico de la vigilancia de 1mp1da la «extreme faciliry of his real presence». 30
los prisioneros. En efecco, el Panopticon es una gran mecáfora del A. sei:nejance incerprecación del Panopticon benchamiano ha
poder absoluco, o sea de un poder que, desde un lugar cenera!, conmbwdo, en 1975 •. sobre codo M. Foucaulc.3 1 Sin embargo,
esrá en condiciones de ejercer una vigilancia roca! sobre codos y deb~ reco~darse que, s1mulcáneamence {y quizás incluso anees),
sobre codo. ha?1a ha~1do sobr~ esce cerna cambién un imporcance cexco del
Es inevicable en esre punco iluscrar, aunque sea de manera ps1~oanalisca lacamano J.-A. Miller, 32 que, como Foucaulc, en-
sucinta, cuáles son las caracreríscicas (ffsicas) más sobresaliences f~c1zaba el aspecco visual --en el sencido más amplio de observa-
del Panopticon benrhamiano. Si bien son muy conocidas, ellas etonal- de la rel~ción vigilance-vigilado. Esce aspecco, como
pueden, espero, facilirarnos la rarea de dececcar nuevos elemen- veremos, es esenetal en Bencham. Y lo es igualmence respecco
cos de valoración de la cesis anci-Panopticon de los reóricos del al rema que estamos discuciendo. 33
ciberespacio. Beneham describe el Panopticon más o menos en La mecáfora del Gran Hermano no tiene un significado discin-
los siguiences rérminos: la residencia del carcelero o del inspec- '·ª
co de. del Panopticon. Ambas cienen como reference un poder
cor (inspector lodge) escá situada en el cenero del edificio circular coercmvo cencral. El Gran Hermano es el apelativo como se sabe
y las celdas de los p risioneros, dispuescas a modo de anillo en el del personaje de la novela 1984 de George Orweti (1949). En I~
perímerro excerior, escán orienradas radialmence hacia el cenero. novela, el Gran f!ennano ejerce un poder omnipresence y despia-
Un decalle muy imporcance es que las vencanas de la resi- dad~ en una sociedad hecha a su imagen y semejanza, un poder
dencia escán proviscas de persianas, de manera que los prisione- med1ance el cual codas las personas escán somecidas, con medios
ros no puedan saber si, en un momenco dado, el carcelero es- que llamaríamos .. mulcimedia», a un concrol absoluco.34
cá presence o no. El concrol que se realiza sobre el prisionero
es, pues, aJ mismo t iempo real y virrual . Es real por cuanco se 30. M. Boiov1c 0995}, siguiendo los pasos de C.K. Ogden (1932), recienc~
menee ha demoscrado cómo el tema de l:a r-elaci6o real -vmual en el p""ºPll<On se
sience vigilado, y se comporra en consecuencia, pero es virrual º"
debe remicir al Frapunr 01Jtoloty, un cauc1vador cexco filos6fico del mismo Btnc-
por cuanco el carcelero puede no estar en su puesco de concrol, ham, en el que se des:[Link] una siscemácica teoría de las fict1flo111 mtititJ.
aun cuando el vigilado no escá nunca en condjciones de saberlo 31. M. Foucaulc 0975).
con cerceza. 32. J .-A. Miller 09n).
Si se me concede una analogía algo banal, diría que el dis- 33. V hst .M. Jay Cl 993). Habicualmence, la meráfora del P"nop11trm es u u liu-
da .en el. concexco de un discurso general sobre el poder, pero ramb1én con referencia
posicivo de concrol del Panopticon es muy similar al del lecrero a .smuc1ones muy concretas. Por ejemplo, respecco al problema del concrol y la vi-
de «Cuidado con el perro» colgado de Ja verja de algunas vi- gilancia en el puesco de crabajo. V6$e S. Zuboff (1988), A. F. Wescin (1992), G. T .
viendas. El hecho de que haya o oo un perro guardián no cam- Marx 0992), M . Lcvy 0994) y D. Lyon (1994). Desde una 6pcica discinra v6$e
bia en absoluco la función disuasoria del terrero hacia los even- también R. Spears y M. Lea (1995). '
tuales incrusos. En efecco, en el Panopticon nos enconcramos 34. Los aparatos in~d~uci~nales a los que recurre el Gran Hmna110 son princi-
frence a la misma ascucia de control, un recurso cécnico que palm~nce cuatco:. e~ "~inmeno de la verdad,. (responsable de la distribución de
me~c~ras), el "min1m:no del amor» (responsab le de torturu n los disidentc:s), d
:1c1\..c:: iutercambiable lo real y lo vircual. Para Bencham, ésce es
• m1n1scer!o de la puM (responsable de favorecer las guerras) y el •miniscerio de la
abundancia" (r·csponsable de agravar las carescfas). Por doquier se expone en gigan-
cescas pancallas de televisión, la cara del Gran Hmnano, acompai'iada indeíectible-
29. La idea del Panop1íron, como se sabe, fue desarrollada por ). Bencham en menre por 1.a siguience inscripción: •Big Brocher is wacching you• (Bl Gl'lln Her-
una serie de carcas, paca ser- precisos veinciu02, enviadas desde Rusia a un amigo en mano ~s mira). Pero con un refinamiento adicional, que Orwell quizá coma del
lngla1erra a panir de 1786 y publicadas en volumen en 1791, junco con dos comos Palfopmon de Bentham, escribe: .Nacuralmence, no hay modo de saber exaccameme
de posdatas sobre el mismo asunto. Se rma, en sfnresis, de un modelo de arquirec- e~ qui! mo.m cn to os mira», Ocro apararo era la cneolingua•, CU)l2 función era impe-
rura carceluia (o pcnicenc1aria), elaborsdi por Beotham en colaboración con su her- dir cualquier auconomía ~ pensam1enco. Sobre la neolingua de Orwell en Ja •cien-
mano Samuel). Bencham (197 la). cia de los modernos•, vbsc G. Giorello (1994), págs. 369-370.
34 CRITICA DE LA RAZÓN INFORMÁTICA
CIBERESPAQO, éUN ESPACIO DEMOCRÁTICO?
35
Algunos de los más desenvuelros represencances del ciberes-
pacio, ya lo hemos recordado, esrán persuadidos de ~ue, co~ la formácica. {la world wide web no es ocra cosa que una [Link]ña
llegada de la red ya no .será posible .rraccicamence n!ngun tl.f?O global, una «red de redes» que se extiende por codo el planeta.)
de vigilancia. En seme1ance escenario, no habrá mas remedio Si se quiere tomar en serio, digamos, esca analogía, parece evi-
que «perder de vista» a los demás. . dente que hay, en efecto, grandes semejanzas encre la telaraña
Sabemos perfecramenre que «no perder de v1sc~» a los de- informática y la telaraña de la araña, eocre la telaraña de fibra
más ha sido siempre el paso obligado para co?seg~r «tenerlos óptica y la telaraña de seda.
al alcance de la mano». Anulada, dicen, la ex1srenc1a de un lo- Somos conscientes de los riesgos de semejante analogía,
cu1 central de concrol desde el que se mira, se vigila, se escruca pero, en este caso, si no exageramos su alcance, ella puede ser
y se inspecciona, en breve, se espía nu~srra vida cotidiana ~y útil [Link] nuestra argumentación. Que quede claro, empero, que
codo lo que ella comporta), desaparecerian codas esas ~odal1- comparar dos fenómenos a los cuales, en principio, se acribuye
dades de control que durante milenios nos han sometido a la un cierro grado de afinidad -formal o estructural- no puede
voluncad coercitiva de poderes, manifiestos y ocu~tos, so~re l~s consistir sólo en tratar de detectar las cosas que tienen en co-
que nosotros, por nuestra parre, no podíamos e1ercer nrngun mún, sino también las cosas que no tienen en común. El «ojo
control. . . para las semejanzas» del que hablaba Aristóteles es también, al
¿Pero es verdad, como se afirma, que el ciberespacio san- mismo tiempo, un «ojo para las diferencias>). 36 Descubrir seme-
ciona el fin histórico del Panopticon y del Gran Hermano como janzas implica, de hecho, poner en evidencia diferencias, y vice-
modelos ideales del poder absoluto? ¿Es creíbl.e que, de ver- versa.
dad, nos estemos acercando a ese umbral crítico imagin~do por ¿Pero cuáles son los rasgos similares y cuáles, en cambio, los
Hegel en el que la «indivisa sustancia de la absoluta l!berra~ distimos en la comparación encre red informátka y telaraña? La
sube al Trono del Mundo sin que poder alguno escé en condi- pregunca, concrariamenre a lo que podría parecer, no es irrele-
ciones de oponerle resistencia)>? 3 ~ ¿~o existe el ri:sgo, d:l q~e vante. Consideremos, por ejemplo, la más obvia de las semejan-
J-t ...;e! era consciente, de que entronizando a una ~mprec1sa 11- zas. Sabemos que la red y la telaraña tienen algo en común: ni
bercad absoluta se acabe estableciendo un nuevo t1po de poder la una ni la otra son creaciones ex nihilo. De la misma manera
absoluto, un poder enmascarado, jusramence, de libertad abso- que la telaraña es «proyectada», «construida» y «gestionada»
luta? por una araña, es difícil concebir una red telemática sin alguien
¿En qué medida, se preguntará el leccor, este largo excursus que desarrolle un papel equivalente al de la araña, o sea sin al-
sobre el Panopticon y el Gran Hermano puede [Link]. a encen- guien que la «proyecte», «construya» y «gestione».
der qué hay de cierto (y de no cierco) :n el ciberespacio eoce~ Sin embargo, esca inrerprecación es relativizada, por los mo-
dido como negación del poder cencralizado, com? una especie tivos ya discutidos, por los seguidores del ciberespacio que, pa-
de trasaltar del sistema de poder del que el Panop11con y el Gran radójicamente, han sido {y aún son) los más impetuosos promo-
Hermano son dos eficacísimas meráforas? tores de la red telemática encendida como telaraña global. Por
supuesto, ellos no afirman -sería absurdo-- que las redes tele-
mácicas sean una creaóón ex nihilo, pero plantean algunas obje-
La telaraña y el laberinto ciones.
Sostienen, por ejemplo, que, a diferencia de cuanto ocurre
Como ya se sabe, en español se ha elegido la ¡;alabea red con la telaraña, en la red no se puede hablar de una araña, y
como craducción del inglés web. Lo cual no es erroneo. Pero sólo de una, que desde un privilegiado lugar central proyecta,
web, en inglés, es también (y sobre todo) ~e/araña._ Y en este s:n- consrruye y gestiona la totalidad de la red. En suma: mientras
tido precisamence se utiliza en la jerga tnternac1onal de la 10- que la analogía de la telaraña es aceptable, no vale lo mismo
para la de la araña. La araña, según ellos, sería superflua, por
35. G. W. F. Hegel (1964), p~g . 450.
36. Vé2sc [. A. Richards (1936), pág. 86.
36 CRÍTICA DE LA RAZÓN INFORMÁTICA CIBERESPACIO, ¿UN ESPAOO DEMOCRÁTICO? 37
cuanto las tres funciones anees mencionadas son (¿o deberían rior y un interior: en orros rérminos, el rizoma puede proliferar
ser?) desarrolladas por una imprecisa interacción de todos los al infiniro».39
usuarios de la red, usuarios capilar y homogéneamente distri- No puede olvidarse, por otra parte, la contribución narrati-
buidos por doquier en el planeta. va (y poética) de Jorge Luis Borges a la idea de un laberinro
La araña es, por consiguiente, junco con el Panopticon y el «rizomático». En su brevísimo relato Los dos reyes y los dos labe-
Gran Hermano, la cercera meráfora que los teóricos del ciberes- rintos, Borges pone en boca de un rey árabe la descripción de
pacio rechazan sin términos medios. En efecco, las eres metáfo- su laberinto, que contrapone al absolutamenre clásico de un
ras tienen en común centralidad, invisibilidad y personaliza- rey babilonio: en mi laberinto, dice el rey árabe, «no hay esca-
ción del poder de concroL Pero, bien mirado, la araña es una leras que subir, ni puertas que forzar, ni farigosas galerías que
metáfora, en el plano lógico, más resiscence que las otras dos. recorrer, ni muros que ce veden el paso». 40 El laberinro evoca-
Mientras que el Inspector y el Gran Hermano son personajes rela- do no es orro que el desierro, o sea un lugar subjecivamence
tivamente abstractos y lejanos, la araña, en cambio, es un suje- privado de espacio y de tiempo. La misma aproximación <(rizo-
to que aparece, como es obvio, funcionalmente ligado a la tela- mática» se encuenrra en el poema Laberinto: (cNo habrá nunca \
raña. Y la relación de la araña con la telaraña, nos guste o no, es una puerca. Estás adencro / Y el alcázar abarca el universo / Y
ineludible. no tiene ni anverso ni reverso I Ni externo muro ni secreto -\· ·-
La lisca de las mecáforas posibles en corno a la red no acaba centro». 41
aquí. Debemos añadir otra más, que es citada de manera recu- Aquí se plantea, creo, una cuestión ineludible: ¿estamos se-
rrente en la literarura, sobre codo en la periodística, sobre el guros de que a la eliminación de las figuras emblemáticas del
ciberespacio. Aludo a la anciquísima metáfora del laberinco.37 Gran Hermano orwelliano, del lnspectqr benchamiano y de la ara-
Se debe decir en seguida, empero, que lo que los comentaris- ña, corresponde la abolición de toda forma de control? ¿Es ad-
tas del ciberespacio tienen en menee cuando hablan de labe- misible la hipótesis de que un laberinco rizomático pueda permi-
rinto no es canco un sistema de meandros con un Minocauro tirnos ascender, para citar otra vez el pasaje de Hegel, al «Trono
en el cenero, sino más bien esa parcicular variance de laberin- del Mundo» en el que debería reinar para siempre la absoluta
to, bastante heterodoxa, que Umberco Eco, inspirándose, pre- libertad? ¿Será ésca la anhelada realización de la democracia
sumo, en Gilles Deleuze y Félix Guartari, ha llamado «rizo- ideal o bien, como parece temer Hegel, el advenimiento de un
ma».38 período incierto en el que podría adquirir relevancia un nuevo
En efecto, Eco propone, además del laberinco «unidireccio-
nal>~ y el laberinto «manierista», las dos formas más cradiciona-
39. U. Eco (1984), pág. X. Para un craramiento sistemático del cema del labe-
les, un tercer cipo: el «rizoma», al que describe en estos térmi- rinro, véanse las imporcames obras de P. Sanrarcangeli (1967 y 1984) y de H. Kern
nos: ((En cercer lugar, esrá el rizoma o la red infinita, donde (1981). Véase asimismo P. Rosensriehl (1979).
cada punto puede conectarse con cualquier ocro y la sucesión de 40. J. l. Borges (Obras completas, Buenos Aires, Emecé, 1974), pág. 607.
las conexiones no tiene término teórico, porque no hay un exce- 41. ). L. Borges (Obr11Homple1as, Buenos Aires, Emecé, 1974), pág. 986. lncreí-
blememe actual en .Borges es la sugerencia de que la celarai'la (!)sea una alrernariva
del laberinto. Peco c:ambién su sorprcndenrc rcpresenración de ese objeco misterioso
37 . Ocra metáfora, también ésta grata a los informáticos, es la que compara la llamado •Aleph•: «Cerré los ojos, los abrí. Enronces vi el Alcph ... En la parre infe-
red con el sistema nmJioso ctlllral, peco desaforcunadameme, por razones de economía rior del escalón, hacia la derecha, vi una pequei'la esfera cornasolada, de casi inrole-
expositiva, me vc:o obligado a excluirla de mi aná.lisis. Me he ocupado del asumo rable fulgor. Al principio la creí giratoria; luego comprendí que ese movimienco era
en mi libro llfuturo dtl!a modemita (1987), pág. 141. Véase H. Miyakawa (1985), una ilusión producida por los verciginosos espectáculos que encerraba. El diámetro
pág. 47 y G. O . Longo (1996), págs. 80-89. del Aleph sería de dos o tres cemfmecros, pero el espacio cósmico estaba ahí, sin
38. G . Deleuze y F. Guarcari (1980). El •riwmav es definido así por los dos fi- disminución de tamaño" (Na"acionu. Barcelona, Ediciones Orbis, S.A. - Origen,
lósofos franceses : •Un rizoma es un rallo subterráneo que se djstingue roca!mence de S.A., 1982), págs. 139-140. ¿No es ésta una imaginativa descripción de ese •espa-
las raíces y de las raicillas. los bulbos y los cubérculos son rizomorfos ... codo punco cio cósmico" que, casi cincuenta años después, es ceorizada por los culcorcs del ci-
de un rizoma puede escac conectado con cualquier punto, y debe eslllrlo. Es muy di - berespacio? ¿El Aleph no puede ser visco como la anticipación de un eventual 1t/1-
íerenre del árbol o de la raíz que fijan un punto, y un orden• (pág. 13). p11ter miniarurizado?
38 ClÚTICA DEL\ RAZÓN INFORMÁTICA CIBERESPACIO, ¿U N ESPACIO DEMOCRÁTICO? 39
aucoritarismo? Y aún más: si las funciooes atribuidas en el pa- Detrás de estas posiciones está el rema de la auconomfa. So-
...,,1,, ;, •J11 (ir.1• ,, lrr:jlv. l•/f '• ;, •Jri (J r1 I'.'• r;ran Jl~rnan/J t,, <L Uí'"'- n:ios sobre codo deudores dt Kant qut:, coc. su cxplíciu ty apa-
ÚUH.a uruiiaJ f ut:rau t:n d futuro confiadas dt htcbo a millooes y s1onada) defensa de una plena auconomía de juicio moral (y po-
millones de usuarios de una red de cipo ccrizoma», ¿quién pue- lítico) de los seres humanos, dio una inflexión decisiva al modo
de asegurar que, en el foodo, el papel de éscos no es más que vi- de discutir esce asunto. En su respuesta a la pregunta Qui eJ la
cario, o sea de sutil representación indirecta, y por eso menos ilustrarión'A invita a hombres y mujeres a liberarse del •estado
visible que anees, de los tradicionales detentadores del poder? de minoridad• (Unmiindigkeil), a desembarazarse de los tutores
Frente a escos incerrogances, se responde, muy expediciva- y del humillance yugo de la cucela (joch der Unmiindigkeit). En
menre, que las dudas formuladas son, a fin de cuencas, expre- ocro escrito, Kanr teoriza su famosa «autonomía de la volun-
sión de una sustancial falca de confiaoza en el papel democrá- cad» (Au1ommie tks Willens), que es definida como «ese carácter
tico de los sujetos sociales, en esce caso, de los ciudadanos de la voluntad por el cual ella es ley en s{ misma (independien-
usuarios de la red. Valoraciones de esce cipo pueden ser y, de temente del carácter de los objecos del querer)•, en concraposi-
hecho, son, demasiado esquemáticas, pero aluden a cuesciones ción a la «heteronomía de la voluntad», en la que «no es lavo-
que, por su relevancia en el fucuro de la democracia, no pueden luntad la que se diera leyes a sf misma, sino que es el objeco el
ser cornadas a la ligera. que diera leyes a la voluntad mediante su relación con ella» .4,
Ellas afectan nada menos que al cerna, ya citado, de la rela- Todas escas premisas son ampliamente conocidas pero, por
ción entre democracia directa y democracia tout court, un cerna una razón que veremos, me ha parecido importante recordarlas
obviamente ligado al de la modalidad de participación de los a los fines de nuescro discurso. Ellas están en la base de la pre-
ciudadanos en una sociedad democrácica. sente idea de democracia. Y al mismo tiempo contienen, empe-
ro, una evidente enfatización del papel autónomo de los sujetos
sociales, papel que puede ser visco, en la óptica actual, en con-
Democracia directa y autonomía crasce con las inscicuciones de la democracia representativa. En
·~ . cierta medida, pueden parecer anticipaciones de algunas pro-
Querría volver sobre esce asunco. Para empezar me propon- puestas, como la de la democracia on fine, que hoy tratan de ra-
go presentar, de manera resumida, las raíces histórico-filosóficas dicalizar la idea de democracia direcra.
de la idea de democracia directa. Como ya he expuesto larga- Aquí se presenta una cuestión particularmente compleja.
mente, la idea de democracia direcca se puede hacer remoncar al No hay duda de que aceptar que codos los individuos adultos
concrovercido modelo de la democracia griega, repropuesro por -prescindiendo del sexo, de la raza o del nivel de renca o de
Jefferson, en térmicos no menos [Link], en el siglo educación- están en condiciones (y tienen el derecho) de par-
xvm. Pero los principios básicos de esca idea deben buscarse, ticipar en primera persona y libremence en los procesos de deci-
además, en las críticas de Locke a la democracia parlamentaria, sión que afectan a sus intereses y a los de la comunidad es un
en la cual encrevé una congénita propensión al abuso y a la co- elemento cardinal de la democracia. Lo cual, en síncesis, signi-
rrupción. Y, en no menor medida, también en la vibrance exal- fica que codos los ciudadanos, sin excepción, deben ser cenidos
tación, por parte del mismo Locke, del papel de los individuos por igualmente cualificados para valorar, juzgar y gestionar ca-
en el proceso democrático, hasta el punco de reconocerles el de- les procesos. Es lo que Dahl ha llamado el «principio fuerte de
recho a la revuelca (y a la revolución) contra los represencantes igualdad» .46
malhechores.42 La misma desconfianza hacia la representación y Cada vez que se ha tratado de invalidar (o de relativizar más
la misma ilimitada confianza, en cambio, en los individuos está de lo debido) este principio, el concepto de democracia (y la de-
presente en Rousseau.'(}
44. l. Kant (1968), pág. H.
42. J. locke (1801), pigs. 470-471. 4S . l. Kant 0 9S6), págs. 74-7S.
43. J.-J. Rowseau (1964), págs. 428-430. 46. R . A.. Dahl (1989), pág. 31. V&.se del mismo autor (1982).
40 CRITICA DE LA RJ.ZÓN INFORMÁTICA
CIBERESPACIO, ,UN [Link] DEMOCRÁTICO? 41
mocracia .misma) se ha vuelto huidizo. En la práccica, no hay
dem~rac1a que aguanre cuando, a la luz de experiencias a veces rales- de una sofistificación sin precedentes. Una escruccura
negattvas, se repropone el «Estado de minoridad» del que ha- que, por su formidable capacidad de penerración, permite mo-
blaba Kanc,_~ sea ese Estado en que los ciudadanos son juzga- dificar radicalmente, al menos (pero no sólo) en teoría, el accual
dos como ninos poco fiables y necesitados de una vigilante tu- ordenamiento de nuestra sociedad. Y rodo ello sin que esté cla-
tela. E~ suma: el «gobierno de los guardianes» de platónica ra la deseabilidad de los cambios presentados. En mi opinión,
memona. sería éste, y no otro, el desafío teórico que los estudiosos de la
A p_esar de todo, es innegable que la democracia ha tenido, filosofía política deberían aceptar p riorirariamence.
desde siempre, en sus recovecos más recónditos, problemas a los Como se acab¡¡. de ver, uno de los presupuestos básicos de la
cuales no se ha dado hasta ahora una respuesta convincente. democracia es el de la auronomía de los ciudadanos, o sea de su
Problemas que configuran el núcleo remácico central de la filo- derecho a ejercer libremente la propia aucodecerminación como
sofía política desde el siglo XVII y que afectan a la cuestión de sujecos sociales. Los filósofos de la polírica, o al menos los de
todas [Link] cuesri~nes: la relación entre autonomía y aucoridad, indiscutibles convicciones democráticas, han sostenido, desde
encre ltberrad e igualdad, entre libertad individual y Estado.4 7 siempre, la intangibilidad de este principio,49 que se identifica
Hay una crítica que me avenruraría a hacer a los actuales re- rocalmence con lo que Volcaire llamaba el «pouvoir de se dérer-
presencanres de l_a filoso~ía polícica. Soy proclive a pensar que, miner soi-meme a faire ce que luí para1c bon».)º
con pocas excepciones, aun no han sabido (o querido) compren- Sin embargo, el cerna, insisto, no está exenco de aspectos
der que la democracia on fine aporra elemenros de gran novedad que, canco a nivel conceptual como práctico, están poco claros.
al secu~ar de~ace sobre la relación entre el fundamento ideal y O, como mínimo, menos claros de lo que normalmente se su-
el func1onamienro c~ncreco de la democracia. No se puede ig- pone. En la mayoría de las contribuciones sobre esre asumo se
norar q~e. el escenan? ~e una república electrónica repropone al- examina la auronomía en función de la relación que se establece
gunas v1e1as concrad1cciones de la democracia de una manera entre los ciudadanos, justamente celosos de su [Link] de auto-
mucho más aguda que en el pasado. Si en el pasado fue posible determinación, y la parre contraria, que erara de limitar esta
e?coouar, fren~e a ellas, atajos más o menos aceptables -por autonomía suya. En breve: por un lado, los ciudadanos; por el
e1emplo, el mste co~uelo del «principio Winscon»48- , el otro, el poder.
n~evo model~ a~temat1vo que se va configurando es tan insi- Hay un problema, empero, que raras veces aparece en la re-
dioso que sena irresponsable no enfrentarse con sus premisas flexión sobre este asumo. Me refiero al hecho de que los ciuda-
reóricas y prácricas. danos y el poder no son dos comparrímencos estancos. Es super-
Digo insidioso porque, quizá por primera vez en la historia, fluo recordar, porque es demasiado obvio, que los ciudadanos
se trata de un modelo cuya indudable base ideológica se vale
del apoyo de una estructura tecnológica -las tecnologías digi- 49. Un ejemplo muy instructivo al respecto es la vehemenre defensa de la au-
ronomía por pane de S. Veca, agudo intérprete eo Icalia del neoconcraccualismo
rawlsfano: •Cualquiera que incence o consiga impedirme hacer lo que deseo hacer,
47 · Estos problemas, ya presenres en Platón, Aristóteles, san Agustín y sanco viola el presupuesto de la teoría dd valor moral de Ja dección. Nacuralmence, salvo
Tomás, son retomados por Hobbes, Spino:z:a, Locke, Hume, MonteS<¡uieu, Volcaire, en los casos de un despotismo obtuso o caliguliano, la violación y la interferencia
Rousseau, Bencham, Mili, Mane y Sidgwick, y luego por Dewey, Schumpecer, Kel - serán acompañadas por el acoscwnbrado cortejo de razones y jusrificaciones o, me-
sen, Schmitr, y m'.15 reciencemen~e por Rawls, Arrow, Luhmann, Nozick, T aylo r, jor, racionalizaciones: que oo somos los mejores inrérpreces de nuescros verdaderos
Madncyre, Dworkin, Unger, Berlsn, Sen, Harsanyi, WiUiams, Habermas y Bobbio. intereses, que hay alguien -más sabio, prudente o informado que nosotros- que
Sob~e el m3do a~iual ~el_ dc:ba~c en el ámbito de la filosofía política, hay en la ac- sabe qué es lo mejor que debemos des~. En otros rérminos. hu razonc:s y las justi-
tualidad una copiosa bibl1ografta. Muy a menudo, los remas discutidos no son fácil- ficaciones o, mejor, las [Link] adoptadas forman parre del familiar y recu-
mente escindibles de los de la filosofía moral. rrente argumento pacernalisca, repropuesco por iglesias, partidos, gurús, elites teo-
48. Con •principio Winston• queremos referimos a la famosa bc111atÚ atribuida cráncas o cecnocráricas, milicares o, más senci!lamenre, aguerridas compañías de
a Winston Churchill: •La democracia es un ~simo siscema, pero es el mejor de co- ventura publicitarías y programas televisivos, además de las sagradas lecturas mati-
dos los conocidos• . nales del burgu~s, para decirlo con Hegel». (1990), pág. 66.
50. Volcaire (196 1), pág. 161.
42 CRlTICA DE U. RAZÓN INFORMÁTICA CIBERESPACJO, ¿UN ESPAOO DEMOCRÁTICO? 43
son individuos cuya identidad como personas esrá fuertemenre ~ ión de los preceptos que, manifiesta o subrepciciamence, son
modelada por los condicionamientos, directos o indirecros, de msercados en nuesua .calma», nosotros es ramos en condicione.s
I~ insriruciones del poder. En ocras palabras, al .calma• de los de reelaborarlos e incluso de modificarlos. De modjficarlos, no
c1Udadanos no se le asigna nada similar a una inmaculada auto- pocas veces, en contradicción con los preceptos recibidos.
nomía, a un incontaminado .cescado de inocencia»., 1 Aunque esca visión, por así decir, laica del liberum arbitrium
Cualquier discurso sobre la autonomía de los ciudadanos no presenca algunos puntos concroverridos. Y los interrogantes que
puede pasar por aleo esca realidad . Nos guste o no, nuestra au- se pl~ncean no son secundarios: afectan plenamente, repico, a Ja
tonomía se sicúa en un concexco en el que la heceronomía se lle- cuestt6n de la auconomía. Si una parce de nosotros es respecuo-
v~ la parce del león. Anees he señalado el papel que, en esre sen- s~ y ocra irrespetuosa de los precepcos de la sociedad en que vi-
tido, rienen los organismos de socialización y culrurización: la vimos, ¿cómo podemos valorar nuestro grado real de autono-
familia, Ja escuela, las iglesias, los parcidos, las asociaciones y m ía? Dicho de otra manera: ¿en qué sentido y en qué medida
los mau media. Mediante escos organismos, decía, se nos incul- somos obedientes, dóciles y obsequiosos ejecutores de cales pre-
c~n los valores, preferencias. deseos, gustos, creencias y prejui- ceptos y en qué sentido y en qué medida libres de decidir en
Cl?S que escán en la base de nuescras elecciones privadas y pú- plena auconomía? Más sencillamente: ¿en qué sencido y en qué
blicas. medida somos, de veras, autonómos?, 2
Naturalmente, personificar esca premisa induce, con seguri- Desde esta óptica, es útil recordar la invitación que nos hace
dad, a error. Baste pensar en las simplificaciones al respecto de Schumpeter de ser realistas en nuestras valoraciones de lo que
un ~arcuse en los años sesenta y setenta. Nuestro bagaje de acaece en la democracia y de no confundir la democracia ideal
premisas culturales y sociales nos viene impuesco (o sugerido), con la real. Algunos escudiosos, entre éstos Dahl,n han denun-
es verdad, desde fuera (y desde arriba), o sea de los aparatos de los ciado justamente, me parece, los riesgos inherentes a la posi-
que se valen la ideología y la culrura dominantes. Pero nosotros ción de Schumpecer, sobre codo en su desconcertante ceoría de
n? somos, _como quería cierro radical ancimencalismo, una espe- la relación excluidos-incluidos en la sociedad democrática. No
cie de pasiva black box, en la que no habrfa ninguna diferencia obstante, en Schumpeter hay otros aspeccos sobre los cuales es
encre la información de mirada y la de salida. iluscracivo reflexionar. Creo que es uno de los pocos que ha
¿Una reedición, en disdnros términos, de la vieja disputa, abordado el rema de la autonomía reclamando nuestra atención
de teológica (y agustiniana) memoria, sobre el liberum arbi- sobre el papel que desarrollan los aparacos de socialización y
1ri11m? Esto no debe excluirse. Pero, a parcir de Kant, sabemos culrurización como faccores de heceronomía.
que, por suerte, la determinación de nuestro comportamienco Permitidme citar en extenso un conocido pasaje de Capita-
no es coral. No hay duda de que, en el proceso de mecaboliza- lismo, socialismo y democracia:
En particular, nos encontramos con que debemos atribuir a
51. En esce orden de ideas, G . Sanori (1 995) ha dado una versión muy anicula-
da del problema: •Las opiniones no son innatu y no surgen de la nada; son el fruto
la voluntad del indit1iduo una auconomfa y una racionalidad del
de procesos de formación. ¿De qué modo, enconces, se forman o son formadas las todo irreales. Si debe ser de por sí un hecho político digno de
opinio~es?.", (pág. 183). Y más adelante: •¿Quifo hace ... la opinión que se convier- respeto, la voluntad de los ciudadanos debe, anee codo, exiscir:
te en publica?.. , (pág. 188). Sobre la base de una reinterpcecación del famoso [Link] debe ser algo más que un haz confuso de impulsos vagos, que
mod1/ de K. W. Deucsch, Sarcoci responde: •todos y nadie•. (Una resis, dicho sea
como i~ciso, no muy distinta de la recifo expuesta de los defensores del ciberespacio
~2 . A. K. Sen, al CJtamlnar un punco esencial de la cu.esri6n de la igualdad, se
para quienes, en la red, el poder estaría por doquier y en ninguna parce.) De esca di-
ficulrad de identificar, en concreto, i:¡uién (o qué) es responsable del proceso forma- ha inrerrogado: .¿Por qué la igualdad? ¿Igualdad de qué?• 0992). u misma pre-
tivo de la opin!ón públ ic~, Sartoci deduce que la opinión pública cbien puede ser gunta, con razonable aproximación, se puede transformar en c¿por qu~ la aucono·
llamada aucénc1a: aucfoc1ca porque es auc6noma, y desde luego lo suficientemente mfa?, ¿autonomía de qué?• u verdad es que, como ocurre con la igualdad, somos
autónoma como para funda.e la democracia como gobierno de opinión... Debo decae, autónomos en relación a algunas (pocas) cosas y no en relación a (muchas) otras.
empero, que Sarcori aventura aquí un paso de las premisas a las conclusiones nada H . R. A. Dahl (1989), P'&S· 121-123, 128-130. Sobre el r11:11is1M político de
convincente. Schumpecec, v~ D. [Link] (1992).
44 CRÍTICA DE U. RAZÓN INFORMÁTICA CJBERESPACJO, ¿UN ESPACJO DEMOCRÁTICO? 45
obran en base a eslóganes e impresiones equívocas. Cada uno de- ahora la indagación se cenera, por un lado, en sus aspeccos lógi-
bería saber exaccamence por qué desea bacirse, y esca voluncad cos, semánticos y episcemológicos,)6 y, por el ocro, como se des-
unfvocamence definida debería•ser complecada por la capacidad prende de la dispuca encre neoucilicaristas y neoconcracmalis-
canco de observar e incerprerar de la manera correcca los hechos cas, en algunos de sus presupuestos categoriales, en la utilidad,
que son accesibles direccamence a codos, como de ponderar críci- en la justicia (o equidad), en la igualdad y en la «vida buena».n
camence las informaciones recibidas sobre los hechos que no En ambos casos, a pesar del indudable refinamiento de los
lo son. [ ...] El ciudadano medio debería realizar por sí mismo
instrumentos de análisis utilizados, el problema de la autono-
codas escas operaciones independiencemence de presiones de
grupos o de acciones de propaganda, siendo obvio que a las vo- mía es apenas cocado. Uso la palabra auconomía, préstese aten-
liciones y decisiones impuestas a los electores no se les podrá ción, en la acepción anees introducida por mf: autonomía como
reconocer nunca la dignidad de datos últimos del proceso demo- «libertad negativa» de los ciudadanos)11 en relación a evencuales
crático. [ ... ] Los economisc:as que han aprendido a observar más restricciones o constricciones impuescas por el poder vigente
atencamence los hechos de su compecencia se han percatado de (libertad de palabra, libertad de prensa, libertad de asociación,
que, incluso en las circunsc:ancias más banales de la vida cotidía- ere.), pero también autonomía que, en gran parce, se idencifica
na, los consumidores no responden a la imagen que los textos de con el grado de libertad del que podemos (o no) disfrutar en
economía solían darles. Por un lado, sus necesidades no escán en relación al sistema de valores que este mismo poder nos pres-
absoluco definidas y las acciones derivadas de ellas no son en ab- cribe.
soluco rápidas y racionales; por el ocro, están can expuestos a la Si bien esca última forma de autonomía puede parecer lo
influencia de la publicidad y de otros métodos de convicción contrario de la ancerior, una especie de «libertad positiva», a
que a menudo los produccores parecen diccar la ley en vez de de- decir verdad sólo se erara de una variante de la «libertad negati-
jarse dirigir por ella. La técnica de la publicidad es parcicular-
mencc inscrucciva. H va».
Como ha señalado, con razón, F. A. Hayek (1960), la pérdida
Esce pasaje del libro de Schumpecer, publicado en 1942, de nuestra libertad no se verifica únicamente cuando somos so-
pero presumiblemente una reelaboración de cexcos que se re- metidos a una limitación coercitiva de nuestra voluntad. Esto
montan a los años treinta (o incluso anceriores), es la expresión ocurre asimismo, y no en menor medida, cuando la limitación
de la acticud polémica del autor, en aquellos años,n en relación
a los representantes de la «doctrina clásica de la economía». En 56. En este áua de indagación son importantes las contribuciones de G.E.M.
Anscombe, D. Davidson, G. H . von Wrighr y). R. Scarle. Se reata de contribuciones
una terminología anticuada (hoy no se hablaría, entre ocras co- que, grouo mod4, recoman el análisis de muchas cuestiones planteadas por Mooce,
sas, de publicidad sino de mass media), Schumperer coma vigo- Wittgenstein y Austin (por ejemplo, Anscombe y von Wrighc), ocros las de Bcen-
rosamente posición contra la tendencia a considerar a los ciuda- tano y Austin (por ejemplo, Searle) y orcos más de Quine (por ejemplo, Davidson).
danos como totalmente autónomos en sus preferencias y en sus Son de panicular interés, para este asunro, algunos aspecros de la teoría de Searle
elecciones. sobre la incencionalidad (1983). Al examinar el problema de la relación enrre causa-
lidad e intenciooalidad, Seacle hace una discinci6n muy operativa entre mtwork of
Aun cuando la cuestión planteada por Schumperer sigue inttntional staltJ (red de estados intencionales) y baclt.gro1111d of capacitits and social
siendo, a mi parecer, actual, el modo de abordarla ha cambiado. pra<tím (comexco de capacidad y prácticas sociales). O sc:a encrc un universo incc:n-
Si anees la aproximación al cerna era sobre codo económica, aho- cional y oteo preintencional.
ra es exquisicamence filosófica. El aspecto que se privilegia es el 57. Con esco no me refiero exclusivamente a las críticas dirigidas por algunos
de la compatibilidad (o no) enc:re necesidad y libertad. En cier- ilustres [Link]:s del actual utilitarismo (por ejemplo, J. C. Harsanyi, 1976 y
1988) a la «teoría de la justicia» de John Rawls (1971 y 1993), sino a codas las co-
ro sencido, el rema de la autonomía regresa a sus orígenes (a mas de posición a que ha dado origen la obra de este escudioso. Sin excluir las de
\'.-10bSes, a Locke y, sobre codo, a Hume, Bencham y Mili), pero quienes se niegan a definirse como utilitacistas o contraccualiscas (por ejemplo, R.
Nozick, 1981 y 1993).
58. Nocociamente, el primero en hacer la distinción entre •libertad negativa»
54. J. A. Schumpmc (1942). trad. ital., págs. 242-243 y 245-246. y e libertad posiriva• fue Hegel ( 1965), pág. 413. Esca distinción fue adoptada, con
55. Véase E. Salin (l950). algunas modificaciones, por I. Berlin (1969).
46 CRÍTICA DE LA RAZÓN INFORMÁTICA
CIBERESPACIO, ¿UN ESPAOO DEMOCRÁTICO? 47
no es coercitiva, cuando se ejerce mediante los m~dios cdukesio
de la socialización y la culcurización. Aunque, dicho sea como sino como un derecho que debe ser reconocido rambién a la
un inciso, hay una suscancial diferencia (que Harek parece n_o conciencia ina11tin1ica. Negar esca premisa puede llevar --<orno
percibir suficiencemence) entre ser físicamente privado de l~ li- de hecho ha llevado- a anular (o poner bajo cucela) la libertad de
bertad de querer y ser persuadido a pensar y, en consecuencia, a aquellos a los que juzgamos incaucos cultores de la fals~ con-
querer de una decermi nada manera y no de ocra:, ciencia, y codo esco en nombre de una verdadera conc1enc1a que
Realmence el rema tiene una escrecha relac1on con el de la obviamente sería siempre y sólo la nuestra.
tdiberrad de conciencia», ran discurido. Se sabe que la idea de Sin embargo, el problema reside, en gran parce, en la inne-
libertad de conciencia ha sido objeto, en el pasado, de las más gable ambigüedad de la idea de verdadera conciencia. Ella es
variadas incerprecaciones. Muy .ª men_udo e~ encendida como presentada como una especie de conciencia primordial de la que
conciencia libre de inrerferenc1as e 1mped1menros externos, la falsa conciencia sólo sería una especie de defivación perversa,
como libertad de pensamienro en el senrido de libertad _de ex- una fuga ilusoria (y sublimada) frente a condiciones históricas
presar públicamenre las propias [Link]. No por ~asual1dad la adversas (el capicalismo).
libertad de cul eo religioso, por eiemplo, es defendida, con fre- Lo que añade, empero, mayor complejidad al fenómeno es
cuencia en nombre de la libertad de conciencia. Por orca parce, la nacuraleza reversible que se le atribuye: la verdadera concien-
empero: es también encendida en el senrido. de una indepen- cia, dejada momencáneamenre de lado, podría ser resrablecida
dencia subjeriva del pensamienro, como la. li~er:ad d~ pensar cuando unas condiciones hisróricas más favorables (el socialis-
por propia cuenca, como la libertad que Le1bn1z 1dennfica con mo) permicieran superar la falsa conciencia.
el «pouvo1r . de su1vre
. 1a ra1son».
. )9 . A fin de cuenras, nos gusre o no, la pregunta con la cual en-
Pero las cosas no son can sencillas. A complicarlas ha conm- frentarse sigue siendo casi la misma: si los humanos, en ramo
buido la introducción, por parre del marxismo, del concepto de sujetos agenres, escán en mayor o menor medida predetermina-
cfalsa conciencia• <falsche.s Btw11ssrsein). . . , dos en sus deseos y creencias, ¿es justo considerarlos verdadera-
Engels en su fumosa carca a Mehring, escnbe: «la 1deolog1a es meoce libres en sus acciones? Y si la respuesra es posiriva, ¿de-
un proce~ que, desde luego, los ~up~esros pensadores ~zan a bemos por fuerza estimar que nuescras acciones son libres. e_n
conciencia, pero con una falsa conc1enaaio. No obstante, s1 los mar- rérminos absoluros? O más concrecamenre: ¿debemos admmr
Ai~las, desde su óptica, han tenido ideas muy claras ~bre ~é es que nuesrra libertad de acción es independience de la influencia
una falsa conciencia --alienación, extrañeza de la propia realidad, de factores endógenos o ex6genos que, según la narucaleza de
reificación, ere.-, han dejado, en cambio, en un cerreno muy v:igo nuescra acción, pueden hacer más o menos efectivo (o admisi-
qué es una verdadera concienc_ia. Se ha ~pli~o ~uch~ la concien- ble) el ejercicio de nuestra liberrad? Y si no es así, como me pa-
cia ideológica y poco, en cambio, la conc1enc1a no 1deoló~JC~. . rece razonable suponer, ¿esco significa que nuestra acción es, ·
Admitiendo, pero no concediendo, q':1e cal d1mn~16n .sea siempre y en cualquier caso, libre del mismo modo y en l~ mis:
sostenible, es preciso reconocer que ella ~1ene fuertes 1~pl1ca ma medida? ¿Ya no es correcro pensar que nuescra acción, s1
ciones para el rema de la libertad. Es ev1dence que la libertad bien libre, puede ser más o menos libre, y expresarse con for-
de conciencia no puede ser evocada únicamente como la prerro- mas y modalidades disrinras?
gativa de una presuma verdadera conciencia, sino como ~n dere-
cho que debe ser garantizado -¿por q~~ no_?- tam~Hén a la
República electrónica
falsa conciencia. No: pues, COfn:O un pr!vtleg10. excl:1vo _de. la
conciencia, para decirlo con la Jerga he1deggenana, auten11ca,
Creo que se puede echar luz sobre escas pregunras ~i son
abordadas no en rérminos genéricos como en el pasado, sino en
59. G. W. Lcibn12 0994), pág. 80. . . . . . el concexco de los problemas que planrea la ya mencionada hi-
60. Para unil crítica rigurou de las nociones de •aurenuc1dad• (E1gm1/tchkt11) e
•inaurenricidad• (Unugwlzchluir) en Heidegger, véase Th. W. Adorno 0964).
pótesis de una república electrónica. Como primer paso en este
senrido, me parece necesario examinar má.o: ,¡,. rPrr~ ro,.<1 ..... ~--
48 CRfTJCA DE LA RAZÓN INFORMÁTICA CIBERESPACIO, ¿UN ESPACIO DEMOCRÁTICO? 49
los aspectos característicos de tal hipótesis. Por república elec- ción, la exasperante formalización de los trámites procesales, la
trónica (en los países anglosajones llamada también teledemo- rigidez y, no en último lugar, el irracional despilfarro de los re-
cracy, wired democracy, video democracy, electronic democracy y push- cursos.
button democracy), se entiende un escenario que prevé una Algunos autores han intentado explicar históricamente, con
informatización de los procedimientos y de los comporramien- argumentos muy persuasivos, la actual degradación de las pres-
tos operativos mediante los cuales los ciudadanos ejercen sus taciones de las estrucruras públicas. Según D. Tapscoct (1995,
derechos en una democracia. 61 pág. 161), el sistema organizativo predominante en las burocra-
Me refiero al vasto arco de técnicas que permiten que los cias estatales ha sido influido por aquel, típico de las empresas
ciudadanos participen tanto en los procesos electivos de sus go- industriales del siglo pasado, en que el modelo de mando y de
bernantes y representantes, a codos los niveles, como a aquellos control era jerárquicamente vertical y centralista. Pero mientras
en que se forman (o se prefiguran) las decisiones públicas. En que, a parcir de los años veinte, las empresas industriales han
concreto, a las técnicas de voto en las elecciones polfricas, re- comenzado a renovarse, adoptando el «modelo multidivisional
gionales, provinciales y municipales, en los plebiscitos y en las descentralizado» (A. D. Chandler, 1962), las burocracias estata-
iniciativas refrendarias, y a aquellas de uso cotidiano en la acti- les han quedado ligadas al ya vecusco modelo original.64
vidad parlamentaria. Sin excluir, empero, las distintas técnicas Entre las dos áreas programáticas de la república electrónica
de sondeo de opinión en tiempo real, como también aquellas -por un lado, la propuesta de informatizar la comunicación p0-
que permiten la interacción directa encre los ciudadanos y sus lítica, por el otro, la de informatizar los aparatos administrativos
representantes. Las técnicas enumeradas hasta aquí afectan, en del Estado--, hay una tercera área que resulta de la parcial su-
su conjunco, a un área que, para ser breves, llamaremos de co- perposición (o encabalgamiento) de las anceriores. No hay duda
municación política. 62 de que las dos ambiciosas intervenciones de modernización pre-
Pienso que el rema de la comunicación política ocupa un sentadas son, en muchos aspectos, interdependientes. Desde la
lugar central en el programa (o en los programas) de la repúbli- óptica de la república electrónica, «reinventar el gobierno» es
ca electrónica. Hay, con todo, otro cerna, el de la informatiza- inseparable de la voluntad de «reinventar la política».
ción de los aparacos burocráticos del Estado, que no debe ser
subestimado en lo más mínimo. «Reinventar el gobierno» es el 64. El modelo originario, como se sabe, se había desarrollado en condiciones
eficaz eslogan que D. Osborne y T. Gaebler 63 acuñaron para muy disrincas de las accuales. "Desarrollado,. , como recuerdan David Osborne y
promover este ambicioso proyecto. Es preciso tener presente Ted Gaebler (op. dt., pág. 15), "en una sociedad de ritmo lenco, en la que los cam-
que en codos los países democráticos industrializados se está ve- bios avanzaban sin prisas ( ...) en una edad de jerarquías, en la que sólo los que esra-
ban en la cima de la pirámide tenían suficientes informaciones para tomar decisio-
rificando una profunda crisis de confianza y credibilidad por nes informadas [...] en una sociedad de gence que trabajaba con las manos y no con
parce de los ciudadanos en relación a lo que se llama genérica- la menee [ ...) en un tiempo de mercados masivos, cuando la mayor parce de los es-
mente «el Estado» o «el gobierno». Las razones de este resque- tadounidenses tenían deseos y necesidades similares (...) cuando reníamos fuerces
brajamiento son múltiples, pero una de ellas, quizá la más im- comunid;1des geográficas -barrios y ciudades estrechamente unidos. [ ...] l loy todo
portante, es que los ciudadanos roleran cada vez menos, en la esto ha sido barrido. Vivimos en una época de extraordinarias mutaciones ( ... ] en
un mercado global, que ejercita una enorme presión competitiva sobre nuestras ins-
burocracia del Esrado, la alegre ineficacia, la obrusa centraliza-
ricuciom:s económicas ( ... ] en una sociedad <le la información, donde la gence acc:c-
de a la información casi más rápidamence que sus líderes. [ ...) En cal ambiente:, las
insticuciones burocráticas -públicas y privadas- desarrolladas durante la era in-
61. La expresión república tltctrónica disfruta hoy de un consenso general, sobre- dustrial desaparecen. El encarno accual requiere insricucione:s que sean excrema<la-
todo después de: la publicación del ya citado libro de L. K. Grossman ( 1995), cicula- mence flexibles y adaptables [ ... ] inscicuciones que sean reactivas frence a sus usua-
do The Elmronic Rep11blic. El libro de Grossman había sido precedido por un exce- rios[ ...) que dirijan por persuasión e incentivos más que por órdenes [ ... ]que enén
lence ensayo de D. Ronfeldr (1991) en el que se teorizaba sobre una ryberorracy y un en condiciones de potenciar a los ciudadanos más que sencillamente de Jtn1irlo1.»
cybercratic rtare. Pero la obstinada resistencia a tomar noca del nuevo desafío está llevando a una pro-
62. Para una discusión general de este asumo, véase Ch. F. Arcerton (1987). gresiva calcificación de las arterias decisorias de la democracia. Es el fenómeno al
63. D. Osborne y T. Gaebler (1992). que J. Rauch (1995) ba definido como • demoesclerosis».
08ERESPACIO, ¿UN ESPACIO DEMOCRÁTICO> 51
so CRITICA DE LA RAZÓN lNFORMÁTlCA
A decir verdad, hoy Toffler tiende a dar una versión bastan- críticas que se han hecho, en esros úlcimos cincuenra años, a los
te moderada de la democracia directa, muy distante de la que media tradicionales valen para los actuales new media.11
había expuesto en Future shock (1970) y en The Third Wave Querría citar un ensayo de G. Sartori (1989)72 que, a mi pa-
(1980), quizá con la intención de evitar que el antiparlamen~a recer, es muy indicativo al respecro. En este texto, el politólogo
rismo a ultranza de esos textos pueda poner en aprietos a Gin- italiano hace un lucidísimo análisis de lo que él llama el «Video-
grich. Y, sobre rodo, ahora se intenta romar distancias de Ross poder». Alude, en particular, al poder polftico (y cultural) de la
Peroc. «Aquí no se traca --escriben A. y H . Toffier-69 de elec- televisión. Sin embargo, queda basrance claro que la gran ma-
Jronic town halls en la forma rosca presentada por Ross Peror. yoría de las críticas que hace a la televisión pueden ser transfe-
Ahora son posibles procesos democráticos mucho más suciles y ridas, sin forzamientos, al teleputer. Sarcori, por ejemplo, denun-
sofisricados. Y no es una cuestión de democracia directa versus cia el mico de que la televisión, al abarir rodas las barreras,
democracia indirecta, de representación nuestra versus represen- favorecería el nacimiento de la «aldea global». En realidad, la
tación ajena. Pueden inventarse muchas fantasiosas soluciones aldea global no sería, concrariamenre a lo que creía McLuhan,
para combinar democracia directa e indirecta.» una aldea que se vuelve global, sino más bien un globo, com-
Pese a rodo, la «forma cosca» de Perot, justamente por su puesto por «Una miríada de pequeñas patrias», que se vuelve
tosquedad, por sus aspeccos, diría, caricaturesc?s, nos _hace en- aldea. En pocas palabras, la globalidad escondería el localismo.
tender, mejor que la de Los Toffler, la sustancia polftKa de la Esca observación, verdadera para la televisión, lo es aún más
retórica de una democracia electrónica directa. Al menos de para el escenario que se presume global de un ciberespacio ge-
aquella de la que Peroc, pero también Toffier, Gilder ~ inclu_so nerado por el teleputer. Orro ejemplo: la tendencia de la televi-
Gingrich son la expresión, aunque con acentos Y. mauces dis- sión, según Sarcori, a la «compresión•>, o sea a hacer desapare-
tintos. El eslogan preferido de Perot (como también de Toffler cer, por falta de tiempo, el encuadre y la explicación de los
y de tanros otros) es go to the people. En el caso específico de Pe- hechos presentados, corno demuestra el recurso, enrre orras
rot, el eslogan asume connotaciones de una extremada virulen- cosas, a las frases de efecto cada vez más breves (sound bite) y
cia populista, un llamamiento a la movilización contra roda y la limitación (hasta la eliminación) de los (<bustos parlantes»
contra todos, conrra los políticos, los burócratas, el parlamento, (talking heads). Esra tendencia la encomramos también, y con
los lobbies y los impuescos. características aún más agudas, en codas las formas de comuni-
Algunos observadores, empero, no están convencidos de que cación ligadas al teleputer.
el ejemplo de Perot sea, para cal fin, un buen ejemplo. Se argu-
menta que es desorientador, dado que las tecnologías de las que
se vale son bastante elementales (casi exclusivamente los cal/ in Populismo y populismo informát ico
shows radiotelevisivos), miencras que el verdadero desafío teóri-
co se referiría a un electronic /{)W1J hall que utiliza el vasco espec- Aparte de la naturaleza cosca o sofisticada, récnicamenre
tro de nuevas tecnologías basadas en el teleputer.70 atrasada o avanzada, de las versiones más frecuentes de repúbli-
Anees ya hemos intentado establecer cuáles son las semejan- ca electrónica, queda el hecho -insiscc>-- de que ellas tienen
zas y las diferencias encre el sistema comunicarivo vigente ge- muchas cosas en común. Una de éstas, quizá la principal, es
nerado por el televisor y aquél, a punto de nacer, generado por
el teleputer. Creo haber demosrrado que existen discontinuida-
des, pero también concinuidades. Y que estas últimas, desde la 7 l. Sobre una relacivización d'I enfr,[Link] televisi6n-1Jtp11tH, attificial-
óptica de los problemas que estamos discutiendo, no son en ab- menre dramaciiado por G . Gilder (véase nota 4), véase D. Bursmn y D. Kline
soluto secundarias. Personalmente, pienso que muchas de las (1995), págs. 194-219.
72. Véase N. Bobbio (1995 ). En su análisis, Bobbio ha ido más allá de la rele·
visi6n, enfren~ndose tambitfo con l:u implicaciones políticas del ordenador. En cal
69. A. y H. Toffler (1995), pág. 98. contelCro, babia de: ccompurercracia• y juiga •pueril• la idea de confiar en el orde-
70. P. F. Hacter (op. át.). nador el ejercicio del voto de los ciudadanos.
54 CRITICA DE LA RAZÓN INFORMÁTICA ClBERESPACIO, ¿UN ESPACIO DEMOCRÁTICO? 55
que codas rinden rribuco, de una manera u ocra, a una concep- Pero, me pregumo: ¿qué sentido cieoe, si es que ciene algu-
ción populiJta de la democracia. no, repropooer en semejance concexto un populismo a ultranza
No hay duda de que en los discursos sobre la democracia en que, ahora eo versión eleccrónica, tiene la pretensión de funda r
red escá siempre presente un explícico llamamiento a los valores una democracia di recca que debería, en teoría, anular definicj-
del pop11/ismo. Pero el populismo, préscese acención , no debe ser vamence la influencia de cualquier cipo de elice? Prescindiendo
visco como un cuerpo de doctrina unitario. A decir verdad, de la viabilidad o no de esce ambicioso proyecto, es innegable
existen al menos eres grandes tradiciones populiscas: la del far- que expresa, tácitamente, una fuerte condena de un sistema en
mer estadounidense, la del anarquista ruso y la del caudillo lati- el que algunas omniporences agrupaciones elitistas hacen sentir
noamericano. Por razones obvias, entre escas eres es a la primera por doquier su presencia.
a la que debe acribuirse una direcca influencia sobre el ideal po- Esca constatación, empero, no nos exime de la obligación
lícico del ciberespacio. de indagar sobre el alcance efectivo de cal condena. Dicho de
Desde un punto de visea histórico, el pop11/iJmo aparece, otra manera: de pregunramos si el populismo informático,
en Estados Unidos, íncimamence ligado al com11nitariJmo, un presencado como una radical alcernaciva al elitismo vigente,
fenómeno sobre el que ya nos hemos decenido. Es la cesis es verdaderamente lo que pretende ser. El primer paso en este
sostenida por R. Hofscadter (1969) y por P. Worsley (1969). sentido es plantearse Ja siguiente cuestión: ¿en qué medida el
Por el contrario, según Worsley, el populismo ruso es un escenario de una democracia en red puede, de hecho, aporcar
movimiento que nace de los sentimientos solidarios de una (o no) elementos de novedad en la vieja disputa entre popu-
elice, la de los inceleccuales, hacia los sufrimientos de los lismo y elicismo? Y si los aporca, ¿cuáles son? Se erara de in-
campesinos. A diferencia del populismo ruso, el escadouni- terrogantes que no deben ser desatendidos, puesto que, canco
dense no es un movimiento para la gente, sino de la gence. ayer como hoy, el objeto de la concroversia entre populismo y
Mientras que en la cultura populista (y revolucionaria) rusa, elitismo se refiere a cuestiones de la máxima importancia
de Herzen a Lenin, ha sido siempre una elite, o sea una van- para la democracia. Entre éstas, algunas, quizá las más signi-
guardia ilustrada, la que guiaba la movilización de las ma- ficativas, han sido ya puestas en relieve, como la cuestión de la
sas, en la estadounidense, en cambio, se niega a cualquier autonomía y, por canco, de Ja libertad -positiva o oegativa-
elite el papel de guía, y se confía a la esponcaneidad de los de los ciudadanos.
individuos (y de los grupos) la formación de la voluntad co- Aunque el rema del elitismo no pueda ser examinado en
lecciva. 73 los mismos cérmioos con que en el pasado lo discutían V. Pare-
Esrá claro, empero, que, en Estados Unidos, el ancielicismo to, G . Mosca y R . Michels, o sea en los términos de la ineluc-
hoy no goza (ni puede gozar) de la misma credibilidad que en cabilidad de las oligarquías políticas, y sólo políticas, parece
la época de los primeros fam1ers . Me parece superfluo recordar evidente que la aparición de un nuevo tipo de populismo
que las cosas ahora han cambiado radicalmente. A buen seguro, -juscamence el populismo informático- hace necesaria una
sigue postulándose una democracia «desde abajo» (bo1tom-11p), recuperación crícica del tema del elitismo. Dicha recuperación ,
quizá con el mismo énfasis de entonces, como uno de los aspec- a mi parecer, debe partir necesariamente de un sustancial enri-
tos más sobresalientes de la sociedad escadounidense. Semejante quecimiento del concepto de elite. Y ello por el hecho de que
imagen resulta cada vez menos atendible. De hecho, no se co- las elites, y su actuación, ya no son circunscribibles a un solo
rresponde demasiado con un país en el que, justamente, cual- sector. Además, hacen sentir su influencia y su poder condicio-
quier clase de elite -industrial, financiera, militar, cecnocráci- nante también en los lugares en que se profesa el más recalci-
ca y burocrática- ejerce un poder «desde arriba» (1op-d(!Wn) trante ancielicismo.
prácticamente ilimitado. Dentro de los propios confines, pero ¿Qué se debe entender por elitismo, pues, en una época
también fuera de ellos. como la nuestra, en la cual el nuevo populismo se remite no a
las tecnologías pobres de la era preindustrial, sino a las tecno-
73. Sobre el concepco de clicc, véase T. B. Borcomorc (1964). logías más avanzadas de la información y de las celecomunica-
CIBERESPACIO, ¿UN ESPACIO DEMOCRÁTICO> S7
S6 CR1TJCA DE LA RAZÓN INFORMÁTICA
tendencia a creer que los ciudadanos son, en sus elecciones, in- den renunciar a su identidad asumiendo, a placer, otras. 78 Una
falibles. En la práctica, esta actitud lleva, generalmente, a la estudiante de dieciocho años que se hace pasar por un viejo bo-
exaltación demagógica de lo que se llama la «gente». xeador retirado. Un abogado de provincias por un director de
Pero la idea de gente no es en absoluto neutral. Quien invo- orquesta. Un hombre casado por un solterón recalcitrante. Un
ca a la gente piensa sobre todo en los que, en líneas generales, sacerdote islandés por una prostituta brasileña.
podrían confirmar (o legitimar) sus propias opiniones, no en los Estos disfraces informáticos, como se ve, pueden presagiar
que son contrarios a ellas. Desde esta óptica, la gence se identi- siruaciones de indudable comicidad involuntaria (o volunraria).
fica preferentemente con los que pertenecen a la propia nación, No hay que asombrarse, pues, de que a menudo sean empleados
localidad, raza, clase, religión o género, o bien con los que com- como una especie de ingenioso, frívolo e hilarante juego (vir-
parten su ideología o partido. No me parece excesivo decir que tual) de sociedad: para muchos cencenares de miles de hobbysts,
el populismo, con su retórica apelación a la gente, es también, jóvenes o no, el juego de las falsas identidades es vivido como
en última instancia, una forma de elitismo, porque incluye a un agradable entretenimiento, o bien como un modo, un poco
cierta gente y excluye a otra. artificioso, de compensar una penuria individual en su vida de
Realmente el populismo informático no es una excepción. relación.
Pero lo que a veces hace creer que lo es no es más que su No obstante, el fenómeno tiene implicaciones que van mu-
modo, hay que admitirlo, muy particular de dirigirse a la gen- cho más allá de los ámbitos que acabamos de referir. Aludo a
te. El populismo informático se declara al servicio de toda las implicaciones que el fenómeno puede tener, y de hecho tie-
la gente, sin exclusión. Pero la verdad es otra. En el fragor de ne, cuando se verifica en el ámbito de la comunicación polfrica.
una presuma comunicación universal telemática, es la idea Pienso, por ejemplo, en un grupo de personas que, con la ayuda
de la gente encendida, cambién aquí, como «mi gente» la que del programa Internet re/ay chat (IRC), inrercambian opiniones
se impone. en «tiempo real» sobre asuntos que afectan a imporcances deci-
Hay, empero, una diferencia. Los otros populismos actúan siones colectivas. Y esto sin revelar su identidad o simulando (o
en un vasto radio, recurriendo a menudo, además, a la movili- usurpando) una identidad distinta.
zación de masas. El demagogo populista de tipo tradicional En la jerga informática, la relación coloquial posibilitada por
busca, por ejemplo mediante los mítines en las plazas, un con- un canal IRC se denomina «charla» (chat). En el lenguaje co-
tacro directo con sus potenciales seguidores o acólitos. El popu- mún, la charla es considerada como un modo fútil, [Link],
lista informático, en cambio, es esencialmente un intimista. inconduyence y, a veces, un poco chismoso de dialogar entre las
C'!:::;-.:i en soledad, absorto frente a su ordenador y encerrado en personas. Este sentido, y no por casualidad, escá presente en la
un entorno casi siempre restringido y aparcado, nunca en con- charla i nformácica. Se puede legítimamente suponer que sus
tacto directo, cara a cara, con sus interlocutores distances e inal- efecros, en particular cuando las cuestiones que se discuten son
canzables. Esta modalidad de interacción plantea problemas de políticas, pueden ser devastadores. En efecto, la charla puede
gran intecés para el debace en corno al expuesto escenario de revelarse --<:orno enseña la experiencia televisiva- como u1ía
una democracia electrónica. fuente de fastidio e incluso de desapego de los ciudadanos hacia
la política.
Cuando la charla, como en este caso, tiene lugar entre suje-1
Identidad y multiplicidad de roles tos que interactúan a distancia, sin un conracto cara a cara y,
encima, oculcando la propia identidad, está claro que estamos
.... No es sólo esta carencia la que hace problemárica la demo- ame una forma de comunicación muy alejada de lo que razona-
cracia telemática. Hay, por añadidura, un aspecco aún más in- blemente se puede tomar por una efectiva comunicación. Sobre
quietante, relativo precisamente al fundamental problema de la codo cuando el objeto afecca nada menos que a decisiones de
identidad individual. Me refiero al uso, cada vez más frecuente,
de programas de interacción en red en los que los usuarios pue- 78. Sobre el ocultamienco de la propia identidad, véase J. Starobinski (1961).
•.:..:.;.¡.:,..::.,• • - ••• :. :;..... ·:.;:.:;.: • ~
vasco alcance para la vida democrática. En este ámbito los ciu- estudiosos de la teoría de los roles reaparecen ahora, aunque con
dadanos no tienen necesidad de charlas, sino de una djscusión acencos y macices muy distintos, en las obras de estudiosos de
pública, a campo abierto, sobre las resoluciones que tomar. la filosofía moral. 81 Argumentos que giran en corno a las si-
Tocamos aquí un punro decisivo de nuestra reflexión. Si la guiences preguntas: ¿qué es una persona? O mejor: ¿en qué
charla informática no es, como pienso, una vía creíble para la consiste la identidad de una persona? ¿cuál es el vínculo entre
comunicación polftica, es obligarorio ilustrar, ahora en deralle, el Yo y el Ocro? Si es verdad, según Luciano y Shakespeare,82
cuáles son las causas que la hacen no creíble. A cal fin, es nece- que nuestra vida no es más que un escenario al que somos lla-
sario examinar, aunque sea de manera sumaria, una cemácica mados a interpretar, simultánea o secuencialmente, múltiples
que es recurrente en La tradición sociológica concemporáoea. roles a menudo en conflicto entre sí, ¿cómo se explica el hecho
Aludo a esa temática que tiene directa relación con el modo de que, enrre las numerosas máscaras que debemos llevar, algu-
como los agentes sociales participan operativamente en los proce- nas de ellas nos son can congeniales ~ue estamos dispuestos,
sos comunicativos de la sociedad. como observa sarcásticamente Luciano, 3 a «perder anees la ca-
Y aquí es inevitable la referencia a la 1eorfa de los roles. 79 Una beza que la máscara»? O aún más explícitamente: si somos po-
teoría que, debe decirse de inmediato, es juzgada por muchos, seedores al mismo tiempo de una pluralidad de roles, ¿por qué (y
con razón, como poco percinence para los inrereses actuales de cómo) uno de estos roles, durante un cierto tiempo, predomina so-
la investigación sociológica. No hay duda de que, de hecho, ha bre los demás y se convierce en el elemento caracterizador de
perdido la preeminencia que tenía anees, cuando, en sociología, nuestra identidad?
reinaba indiscutida la escuela funcionalisca. 80 En la actual fase de desarrollo de la sociedad industrial
No obstante, creo que los sociólogos, con pocas excepciones, avanzada (fase que algunos llaman posmoderna y que yo, en
han cenido demasiada prisa en relegarla al olvido. En efecco, cambio, prefiero definir, en simonía con A. Giddens Ll990], en
nos percatamos de que argumentos anees recurrentes entre los términos de hipermodernidad),84 los sujecos tienen una gran
tendencia a cambiar muchas veces de identidad a lo largo de su
vida: ¿cómo se explica la dinámica de esce fenómeno, cuáles son
79. Normalmcnrc, st considera que G . Simmel (1910) y G. H . Mead (1934)
proporcionaron los esquemas incerprecarivos sobre los cuales luego se desarrolló
sus factores desencadenantes y cuáles sus efectos sobre la idea
la ceoría sociol6g1ca de los roles. En esce sencido han sido imporcantcs, encre ocros, de persona y sobre los procesos formativos de la personalidad?
R . Lincon (1936) y R. Oahrendorf (19~8). V~asc tambifo, sobre codo por sus críci- Obviamente, no son pregunras nuevas. En codas las épocas,
ca.s a esca teoría: H. Popin (1968), O. Clacssens (1970), U Gerlwdc 0971) y F. los pensadores se han enfrentado a preguntas de esca o seme-
Haug (1972). Y, no en último lugar, J. Hal>crmas (1984), pág. 187; y 1991 , pág. jame naturaleza. Sin embargo, con el nacimiento del indivi-
13, que plancca fuertes reservas sobre la teoría de los roles c/Jsfra, no canco por las dualismo moderno se hacen más apremiantes. Por primera vez
cosas que dicha ccorfa ha 505cen1do cuamo m:l.s bien por las cosas que ha pasado por
aleo. Y emre ~SCIS, para Habcrm:i.s la m:l.s grave, no haber afrontado la cuesci6n de la (o casi), el Yo no debe ser escondido, o camuflado, detrás de un
•compccencia [Link] corre los roles•. muro de eufemismos. En Montaigne, el Moi es vivido como el
80. La crícica al ,.funcioiulismo cl:[Link]• -para encendernos, el de T . Parson.s y descubrimiento de un nuevo territorio, como el surgimiento
de su escuela- comien:a con C.G. Hempcl (l 9~9), que denuncia, desde una 6pcica
nC'ocmpirista, su insoscenibilidad cientffica. N. Luhmann ( 1970) crac6 de superar,
con inciercos resultados, las crfcicas de Hempcl dC'sarrollando una nueva versión del 81. Me refiero, por ejemplo, a filósofos como B. Wílliams (1973) y Ch. Taylor
funcionalismo: el •ncofuncionalismo». Miencras que el funcionalismo clásico sería, ( 1989). .
según Luhmann, una «teoría esrructural-funcional• (1rruk111re//-f11nkrionale Thtorit), 82. Es l:i idea, intuida en la antigüedad por Luciano (1992), vol. l, pigs. 442-
su ncofuncionalismo sería, en cambio, una •teoría funcional-estructural» (/11nk1ío- 443, que Snake~pcare (1982), p~gs. 520-~21, en un famoso pasaje de una de susco-
1111l-srr11h11relle Thtorit) de los sistemas sociales. La primera pone el acento eo la •CS· medias, ha concribuido a convertir en un lugar común: que en l:i vida codos cscamos
tructura• y la segunda en la •ÍUnc16n• (vol. I, págs. 113-139). Sobre el neofuncio- llamados a incerprecar no uno, sino varios roles.
nahsmo de Luhmano, véase la introducción de O. Zolo a la edición italiana de 83. Luciano (1992), vol. U, págs. 160-161.
l/11str°'i,¡,, so<iwlgi(,a de Luhmann (1970). Otra crtcica al •ÍUncionafümo clásico• fue 84. Las cuesc1oocs relacivas a la modernidad (moderno, modem1uci6n, posmo-
la acu.saa6n de ..conservadurismo•, una acusación no compartida por muchos, por derno, etC.) las he expuesto ampliamenre en mi ensayo El /11111ro át la IM<Úrnulaá
ejemplo, por R. K. Merton (1949), trad. ital., vol. J, 1971, págs. 149 y sigs. 0987).
CIBERESPAQO, ¿UN ESPACIO DEMOCRÁTICO? 63
62 QÚTICA DE LA RAZÓN INFORMÁTICA
de un mundo cocalmence por explorar. Pero la arrolladora grandes categorías: los role.s principales o fundatn1ntalt.1 (madre
irrupción del Yo en la cultura occidencal comporra, al mismo padre, abuelo, hijo, hermano, hermana, nieco, etc.), los roles rol
ciempo, una revalorización del Ocro. El problema de la rela- turaf'! Gtal!ano, europeo, cac?lico, judío, afiliado a un partido
ción encre el Yo y el Orco se sitúa, de pronco, en el cenero de P?lmco~ nuembro de un~ sociedad filantrópica, pacifista, ecolo-
un nuevo horizonte de reflexión. Una relación que no está en- g1s~a'. hincha de un eqwpo de fútbol, etc.) y los roles sociales
tre dos realidades inmutables y sencillas, sino entre dos reali- (medico, abogado, profesor, obispo, actriz, escudiante indus-
dades mudables y heterogéneas. Encre dos realidades que se trial, estrella de ~a cel~vis~ón,_ ama. de casa, estrella de clne por-
modelan recíprocamente. No hay un Yo sin un Orco, y vice- nográfico, men~igo, s10d1Cal1sca, 1efe de negociado, empleadc; - -.
versa. Y, además, forzando un poco las cosas (pero no demasia- obrero, campesino, ere.). Cada individuo ejercica discinros roles
do), se puede decir que en cada Yo escán presentes varios Yoes . en cada una ~e las eres categorías y, no pocas veces, se erara de
Para seguir con la metáfora ceacral, cada Yo debe ser visco roles en confücto entre sí. 86
como una ~sc_eoa en la que se incerprecan distintos papeles en Surge entonces un interrogante: ¿por qué mocivo una reac-
un comple10 Juego de roles. Y ésta es justamente la idea soste- cualización de la teoría de los roles es importante para nuestro
nida por la teoría sociológica de los roles: cada persona es por- rema? Si se acepta la tesis de Habermas, sobre la cual volvere-
tadora de distintos roles. mos m:ás [Link],_de que la ?emocracia presupone una racional
Prescindiendo de las numerosas reservas que se pueden acruac1ón del1berat1va entre dmincos sujetos sociales la cuestión
plantear sobre la ceoría de los roles, ella nos procura una des- de la mulciplicidad de roles de que cada uno de nos~tros es por-
cripción muy fiel de lo que de veras sucede en los procesos tador se convierce en crucial.
conscirucivos de nuescra identidad y de las relaciones de nuestra Esco queda particularmente claro cuando se erara de tomar
identidad con la de los demás. de~isiones colectivas que afectan a asuntos de gran interés pú-
Puede ser útil, en esce punto, recordar la imporcance contri- blico. En esce concexco, la posibilidad de un acuerdo racional
buci~n terminológica de R. K . Merron. Siguiendo los pasos de se enriquece si los sujetos se presentan en la mesa de negociacio-
R. L1ncon ( l 936), pero superando muchas de sus ambigüeda- nes ~o co~ un solo rol, sino con codos los roles que, aunque con-
des, Merron aclara Las nociones de ccescacus», «conjunto de esca- trad~cconamente, forman parce de su identidad. Así, la concco-
tuS» (status-set), «rol», «conjuoro de roles» (role-set). Para Mer-
vers1a ya no es entre dos o más antagonistas en posesión de un
con (como para Linron), «estatus es la posición ocupada por solo rol y, por [Link], predestinados a un enfreocamiento sin al-
determinados individuos en un sistema social, mientras que el ceroacivas.
rol corresponde a las manifestaciones de comporramienco con- Es más, en el momento de las negociaciones a menudo nos
formes a las expeccacivas atribuidas por la sociedad a esa posi- vemos forzados incluso a cambiar nuestro fin, aun conservando
ción» .8 ) nuestras preferencias. ~seo sucede, según J. C. Harsanyi ( 1978),
Mercon, empero, a diferencia de Linton, atribuye a cada esca- por~ue nuestra_valorac16n so?re los «cosces de oportunidad», es
cus un «Conjunto de roles». Por otra parre, dado que cada indi- decir, las ".'enca1as o des":enca1as de _lo~ distintos fines probables,
viduo, siempre según Mercon, ocupa distintos escacus, se con- puede obl1g~nos a elegH un fin d1st1nco del que, al principio,
cluye que cada individuo expresa, de hecho, una «multiplicidad habíamos esnmado, y todavía estimamos, el más deseable. Un
de roles». comporcamienco, pues, que, de un lado, es sin duda incoherence
Desde la 6pcica exclusivamente descriptiva que nos interesa, ya que renuncia~os a un fin a nuestro juicio preferible; y, po;
veamos ahora cómo se manifiestan, en concreto, los roles en la el otro, en cambio, es coherenre, dado que al menos en el plano
vida cocidiana de los agentes sociales. Entre los estudiosos del
cerna -aparre de algunos irrelevantes macices interpretati- 86. ~ta multiplicidad de roles y su confliciividad provienen, en gran pacte,
vos- hay un acuerdo general en reagrupar los roles en eres del excerior: son el resulrado de las expeccativas concnpuestas que 10$ dcmis tienen
en rel:tcióo a oosocr0$. AsI se explica por qué hoy C1 ran dúic1l el discurso sobre ~
•libertad deJ sujeto• (A. Touraioe, 1997), pág. 10.
85. R. K. Mcrton (1949), trad. ir., vol. 11, pág. 684. Véase R. Lincoo (1936).
64 CRÍTICA DE LA .RAZÓN INFORMÁTICA CIBERESPACIO, ¿UN ESPACIO DEMOCRÁTICO, 65
ideal seguimos siendo fieles a la convicción de que ral fin es el Persona e identidad on line
mejor.
Como se sabe, el tema de la coherencia (o no) de nuestras Después de este largo examen del cerna de la identidad y de
elecciones es cenera! en la siempre incensa coocroversia sobre el una parcial reacrualizacíón de Ja teoría de los roles, cr~o que es-
neoucilicarismo. En efecco, es recurrente no sólo encre aquellos tamos en condiciones de dar ocro paso en la profund1zac16n de
que son favorables a la perspecciva neoucilicarisca, sino también la cuestión de la idencidad on line y de sus relaciones con la de-
entre aquellos que no lo son en absoluto o que plantean grandes mocracia. Al respecto, querría analizar algunas de las ideas ex-
incertidumbres en corno a ella. 97 puestas por Sherry Turkle en el libro Ltt vida en la pantalla.
Aunque no sea mi propósico intervenir en esca delicada con- Idenriry in 1he Age o/ the lnternet.89 La aurora. aborda, des~e una
croversia, me parece encender que el rema tiene una relación di- óptica de inspiración preferencemence lacan1ana, la cuesc16n de
recta con mi cesis. Veamos por qué: Si se parce del presupuesto Ja identidad y de los role-playing game.r en Incer~ec. Aparte de
de que cada individuo es porcador de distintos roles, es dif~cil Lacan 1 es evidente la influencia de orcos escud1osos, en gran
escapar de Ja idea de que cada individuo puede expresar, en pnn- parce franceses, como Lévi-Scrauss, Foucaulc, I?errida, ~audril
cipío, discinc'75 preferencias: Las implicaciones ceór~cas (y prác- lard Deleuze y Guaccari, pero también de P1agec, Enkson y
ticas) de seme¡ance evenrual1dad no deben ser subemmadas en lo obv¡'amence de Freud. El indiscucible mérito de este libro es el
más mínimo. Si las consideraciones sobre los «costes de oporcu- incenco de profundizar en cemácicas que, por lo general, están
nidad » me desaconsejan una elección que, desde la ópcica de mi absolucamence ausentes en la can copiosa como trivial (y repeci-
rol panicular, es la más deseable, puedo echar mano de otra civa) Jiceracura sobre el mundo de Incernec y alrededores.
elección que, desde la óptica de otro de mis roles, es igualmen- La idea cenera! de Turkle, que condiciona codo el plancea-
te deseable. Por esca vía, el problema de la coherencia (o de la mienco de Ja argumencaci6n, es la de la nacuraleza heterogénea
incoherencia) no se verifica en un campo de elección restringido del Yo o sea de la idencidad. Es una idea que, lo acabamos de
a dos o eres alcernacivas, sino en un vasco espectro de elecciones ver se ~icúa canco en el ámbico de la ceoría de los roles (tradicio-
posibles.88 nal' o puesta al día) como en el de la acrual [Link]ía [Link].90 ~~ro,
Está claro que semejante escenario de decisión exige que los en primer lugar, en el ámbito de esas comentes ps1coanal1t1cas
roles ejercidos por cada agente social sean reales y requiere una que, de un modo u ocro, se oponen a la visió~ d.e Jung de u~a
real copresencia, una real interacción cara a cara enrre los agen- unidad arquetípica del Ego. Todo esco es, en prmc1p10, comparu-
tes sociales. Si la copresencia falca, o se debilita, como en el caso ble. Mucho menos lo es, para mí, el uso que se hace de ello.
de la interacción celemácica, la democracia está enormemence La estudiosa estadounidense, remitiéndose a una vasca expe-
amenazada. Y esco se agrava aún más cuando, como hemos vis- riencia de observación del comportamiento (propio y ajeno) en
to y como veremos a concinuación, los incerlocucores, asumien- el uso del canal IRC, del MUO (Mulci User Dungeon), del B~S
do roles ficticios en un juego celemácico, renuncian a su identi- (Bullecin Board Syscem), del WEEL (Whole Earrh Eleccron1c
dad y, a la vez, a la rica dinámica de la propia multiplicidad de Li~k) y del E-mail (Eleccronic mail), plantea una teoría alterna-
roles.
89. S. Turkle (1995). De 1:i misma aueora, profesora de sociologfa e11 el M~R.
v~ase (l 984 y 1992). V~ase cambién P. McCorduck (l 996), su portrflll con ocasión
de la publicación de Lifa 0111he Smen (erad. case.: La 11iáa 111 '"pantalla, Barcelona,
87. V~ase B. Williams (1982) y A. K. Sen (1982). P~idós, 1997).
88. Algunos estudiosos de hi ceoría de los ¡uegos diseinguen emre •juegos "es- 90.• Yo soy muchos•, ha declarado S. Turkle en una enrrevisca (1996). Y alu-
c:lcicos" (caraccerizados por una única Í[Link] de juego)• y juegos •"din:tmicos" (en los día aJ hecho, ames [Link], de q~ cada uno de nosocros debe expresar muchas
que los :igenees sociales corrigen su escracegia en el curso del juego)• (M. Chiappo- idenudades, por cuanco cad:1 uno esd dorado de diseimos roles. Pero ella se refería
nJ, 1989). ~8· 144. Es verosímil que la pos1b11idad, aquí evocada, de que los agen- cambién, y cspecialmence, a la posibilidad ofrecida ª.cida uno de n~cros de cxprc·
c~ [Link] cscfo en cond1ciones de decidir con referencia a un amplio especcro de sar en el ciberespacio, múltiples identidades apócnfas, o sea la pos1b1ltdad de ser
opciones pueda ser [Link] en la caregoña de los 1uegos dinímicos. codavía muchos más de cuaneos, normalmence, nos es permieido ser.
66 CR1TICA DE LA RAZÓN INFORMÁTICA CIBERESPACIO, ¿UN ESPACIO DEMOCRÁTICO? 67
tiva a las posiciones utópicas, utilitarias y apocalípticas que, se- úlcimas) nos aconseja una sobriedad cada vez mayor en los vati-
gún un conocido artículo del New York Tímes citado por la auro- cinios, una prudencia cada vez mayor frente a los pronósticos de
ra, son las más recurrences en la literatura sobre el new way o/ life codo tipo, sobre codo de aquellos que presagian la inminente
electrónico. llegada de sublimes mundos posíbles.
Aunque la invesrigación de cal alcemaciva --en la práctica: Más allá de la remación utópica, en el libro de Turkle no
una cuarra vía- sea obviamente digna de ser incencada, no falcan concribuciones de norable interés. Querría citar sólo dos
creo que Turkle renga éxico en la empresa. Bien mirado, su po- ejemplos: su lúcido análisis de la relación transparencia-opaci-
sición más que una alcernariva es un mix de las eres posiciones. dad en el desarrollo del personal computer y sus reflexiones sobre
Con un agravance: las dosis asignadas a cada una de ellas están los presupuescos filosóficos de lo que llama la «inteligencia ar-
manifiesramente desequilibradas. En su ensayo, prevalece la ac- tificial emergente>>. Es preciso decir, empero, que, en general,
titud utópica. La utilitaria sólo aparece de vez en cuando y la no consigue liberarse de la jaula de las elucubraciones lacania-
apocalíptica -si por apocalíptico se entiende expresar dudas nas. Esrá convencida, y parece no sentirse turbada por la más
e incertidumb res sobre el new way o/ lije- ciene una presen- mínima duda, de que hay algo similar a una calle mayor que
cia aún más limitada, sólo como acro debido, presumo, para lleva directamence de Lacan a Internet. Lo cual, es necesario ad-
sustraerse de una evencual acusación de conformismo. mitirlo, es una idea bastante temeraria.
Por supuesto, el ucopismo que se entrevé en Turkle no es, Sin embargo, con esro no quiero negar, está claro, que algu-
por ejemplo, aquél, cosco y un poco naif, del director del MIT nas premisas de Lacan, tomadas en préstamo de Freud, no pue-
Media Lab, Nicholas Negroponce, profeta (quizá demasiado dan ser útiles para el tema de la identidad en el concexro que
poncificance) de un sublime futuro mundo digital. Es induda- estamos discutiendo. En un libro ancerior, 91 la aurora se había
ble, empero, que el ucopismo de Turkle, como el de Negropon- ocupado, con interpretaciones muy originales, de Lacan y, en
ce, se funda en la creencia, por lo demás muy difundida en la general, de la versión francesa de Freud. En aquel texto ya esta-
cultura cyber, de que la evolución de las tecnologías informáti- ban presentes, in nuce, algunas temáticas retomadas ahora en ex-
cas hará posible una profunda mucación de las condiciones de tenso. No obstante, sigue abierto el problema de si verdadera-
vida del planeta. Y será, anee codo y sobre codo, en la esfera de mente las ideas de Lacan vienen en ayuda, como ella sostiene,
las relaciones incerpersonales donde dicha mutación se hará de las tesis de que en Internet la ubicuidad fantasmal de las
sencir primero. Según esce punco de visea, la celemácica debería personas, el cambio generalizado de las identidades, debe consi-
contribuir a una verdadera emancipación de nuestras relaciones derarse un hecho positivo en las relaciones interpersonales. Ten-
incerpersonales que, el día de mañana, se volverán cada vez más go grandes dudas al respecro.
provechosas, libres e incensas. En la medida en que es posible captar el pensamiento, de
Sin embargo, por el momento, esro pertenece a un seductor suyo paradójico y huidizo, de Lacan, es evidente que él nunca
escenario de utopía positiva, en el cual, una vez más, resuena la ha sido favorable a las idenridades-fancasma. El Yo, el Sujeto,
vieja filosofía de la promesa. Se fabula nuevamente sobre subli- en Lacan, es, con seguridad, una construcción imaginaria, pero
mes 1wmdos posibles que -nos prometen- estarían ya al alcance es en relación con el O tro, también él imaginario, que el Yo (y
de la mano. ¿Quizás un regreso a esas «m etanarraciones» que el Otro) adquiere realidad. Al menos, como él precisa, una rea-
J.-F. Lyorard, demasiado apresuradamente, había dado para siem- lidad a medias. «Nunca hay sujero sin Yo», afirma. Y está,
pre superadas en la historia? Todo lo hace pensar. No hay nada además, la cuestión del Otro. «Esre discurso del Otro no es el
escandaloso en ello. A fin de cuentas, en detrimento de lo que
piensan los agoreros maestros de