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UBA – Facultad de Ciencias Sociales – Licenciatura en Cs.

de la Comunicación

INTRODUCCIÓN A LA INFORMÁTICA, LA TELEMÁTICA Y TALLER DE PROCESAMIENTO DE


DATOS
2020

CÁTEDRA: Dr. Martín A. Becerra

Módulo 1
- Programa de la materia

- Unidad 1
• Castells, Manuel (1995), La ciudad informacional: tecnologías de la información,
reestructuración económica y el proceso urbano-regional, Alianza Editorial, Madrid, 504
p (fundamentalmente Introducción y Capítulo 1).
• Deleuze, Gilles (1995) “Post-scriptum sobre las sociedades de control”, en
Conversaciones, Pre-textos, Valencia, disponible en
[Link]
• Lessig, Lawrence (1998), Las leyes del ciberespacio”, conferencia Taiwan Net '98,
mimeo, Taipei, publicado en
[Link]
medios/[Link]
• Maldonado, Tomás (1998), Crítica de la razón informática, Paidós, Barcelona, 239 p.
Capítulo 1.
• Srnicek, N. (2018), “Introducción, La larga recesión y Capitalismo de plataformas”,
en Capitalismo de plataformas (pp. 9-86). Buenos Aires: Caja Negra Editora.
• Williams, Raymond (ed) (1992), Historia de la comunicación, editorial Bosch,
Barcelona. Capítulo “Tecnologías de la información e instituciones sociales”, p. 182-
210. Disponible en [Link]
• Winner, Langdon (1983), “¿Tienen política los artefactos?”, en Documentos CTS-OEI,
disponible en [Link]
• Wolton, Dominique (1999) "La comunicación en el centro de la modernidad".
En: Internet, ¿y después?: una teoría crítica de los nuevos medios de comunicación.
Capítulo 1. Barcelona: Gedisa, pp. 35-67.

Adicional para prácticos:

• Pinch, Trevor y Wiebe Bijker (1987) “La construcción social de los hechos y de artefactos:
o acerca de cómo la sociología de la ciencia y sociología de la tecnología pueden
beneficiarse mutuamente”. En Thomas, H. y A. Buch (coord.) (2008) Actos, actores y
artefactos. [Link], Bernal.
UBA – Facultad de Ciencias Sociales – Licenciatura en Cs. de la Comunicación

INTRODUCCIÓN A LA INFORMÁTICA, LA TELEMÁTICA Y TALLER DE PROCESAMIENTO DE


DATOS
2020

CÁTEDRA: Dr. Martín A. Becerra

PROGRAMA

1. SÍNTESIS DE LA PROPUESTA:

La propuesta del curso se asienta en la necesidad de presentar y comprender, en el marco de la


Licenciatura en Ciencias de la Comunicación, los principales aportes sobre las tecnologías de la
información y la comunicación y el proceso de convergencia que protagonizan, insertando dicho
proceso en el marco de la mutación socioeconómica de las sociedades contemporáneas y sus
consecuentes impactos productivos y culturales. Complementariamente, se desarrollará una
modalidad de trabajo en taller (fundamentalmente en las clases prácticas) para estimular la
construcción de capacidades de lectura y de producción y difusión de contenidos (informativos y
comunicacionales) por parte de los alumnos con el soporte convergente de las nuevas
tecnologías informacionales y comunicacionales (en adelante, info-comunicacionales).

El campo disciplinar de referencia es el de los estudios de economía política de la comunicación


y las tecnologías en el marco del proceso de transformación de las principales actividades info-
comunicacionales. Este proceso de transformación es de carácter estructural y global y se
corresponde con la concentración de la producción, la centralización de capitales, la
incorporación y desarrollo de tecnologías, la modificación de los centros geográficos productores
de contenidos, y la metamorfosis de las rutinas productivas.

Asimismo, se presentará un análisis que responda a la singular materialización de las diferentes


ramas y soportes de producción (multimedia, redes, audiovisual, gráficos) y a la comparación
entre ellos, relacionando el cambio de lógica divergente, propia de su estructuración histórica,
hacia el proceso de convergencia que se profundiza en las últimas tres décadas.

La dimensión concentrada, centralizada, global y comercial del salto tecnológico digital en las
actividades info-comunicacionales replantea los supuestos de análisis de las industrias del sector
y subrayan la necesidad de contar con un enfoque superador del abordaje tecnofílico como matriz
de comprensión crítica en uno de los sectores clave para la estructuración de las sociedades a
partir del año 1980. En particular, el impacto de este marco contextual en las rutinas productivas
informacionales y comunicacionales será objeto de trabajo y reflexión en la asignatura.

Como ejes de abordaje conceptual en el curso, se propone la introducción a la comprensión de


los procesos productivos de las actividades info-comunicacionales; la centralidad de los
dispositivos informacionales y comunicacionales en la estructuración de las sociedades
contemporáneas y la formulación de proyectos concomitantes (Sociedad de la Información); el
salto tecnológico convergente de los años setenta y ochenta; las principales tendencias de
constitución de los mercados globales en información y comunicación; la actividad de
concentraciones horizontales, integraciones verticales y fusiones de los principales grupos de las
industrias de las telecomunicaciones, multimedia, informática, audiovisual y gráfica en tanto
lógicas fundamentales en el funcionamiento actual de las actividades de comunicación y cultura.

Este marco conceptual se desarrollará tomando como punto permanente de referencia la


producción de contenidos y el fomento de capacidades en la modalidad de taller para la

1
producción y diseminación de contenidos por parte de los alumnos, con el soporte de las nuevas
tecnologías digitales.

2. Estructura del Curso:

El curso tendrá una constitución centrada en el debate conceptual, en la elaboración de trabajos


prácticos y, por consiguiente, una metodología teórico-práctica que complementa el perfil de los
teóricos semanales y las clases prácticas que serán el espacio metodológico del taller, en donde
se trabajará en la elaboración, seguimiento y evaluación de los trabajos prácticos de los
contenidos info-comunicacionales producidos por los propios alumnos. En las clases prácticas
se discutirá la teoría, se analizarán las noticias sobre tecnología y medios de la semana, se
resolverán los capítulos del trabajo final del Taller, asignando subtemas en función de cuestiones
centrales de las tecnologías digitales que permiten realizar tareas de observatorio tecnológico
info-comunicacional en espacios productivos.

Las unidades de la asignatura serán:

Unidad 1:
Concepto de técnica y tecnología. Las tecnologías de la información y la comunicación como
articulaciones sociales, políticas y económicas. Cualidades: de la divergencia a la convergencia.
Telecomunicaciones, Medios Audiovisuales e Informática en perspectiva histórica.
Ordenamiento de estas industrias en función de su carácter distintivo, organización de mercados
divergentes y lógicas disociadas. El circuito productivo de la información: producción,
procesamiento, almacenamiento, transmisión, distribución, difusión, consumo/recepción y
reproducción. El valor de la información.

Bibliografía obligatoria de la Unidad:

Castells, Manuel (1995), La ciudad informacional: tecnologías de la información, reestructuración


económica y el proceso urbano-regional, Alianza Editorial, Madrid, 504 p
(fundamentalmente Introducción y Capítulo 1).

Deleuze, Gilles (1995) “Post-scriptum sobre las sociedades de control”, en Conversaciones, Pre-
textos, Valencia, disponible en
[Link]

Lessig, Lawrence (1998), Las leyes del ciberespacio”, conferencia Taiwan Net '98, mimeo, Taipei,
publicado en [Link]
nuevos-medios/[Link]

Maldonado, Tomás (1998), Crítica de la razón informática, Paidós, Barcelona, 239 p. Capítulo 1.

Pinch, Trevor y Wiebe Bijker (1987) “La construcción social de los hechos y de artefactos: o acerca
de cómo la sociología de la ciencia y sociología de la tecnología pueden beneficiarse
mutuamente”.En Thomas, H. y A. Buch (coord.) (2008) Actos, actores y artefactos.
[Link], Bernal.

Srnicek, N. (2018), “Introducción, La larga recesión y Capitalismo de plataformas”, en Capitalismo


de plataformas (pp. 9-86). Buenos Aires: Caja Negra Editora.

Williams, Raymond (ed) (1992), Historia de la comunicación, editorial Bosch, Barcelona. Capítulo
“Tecnologías de la información e instituciones sociales”, p. 182-210. Disponible en
[Link]

Winner, Langdon (1983), “¿Tienen política los artefactos?”, en Documentos CTS-OEI, disponible
en [Link]

2
Wolton, Dominique (1999) "La comunicación en el centro de la modernidad". En: Internet, ¿y
después?: una teoría crítica de los nuevos medios de comunicación. Capítulo 1.
Barcelona: Gedisa, pp. 35-67.

Unidad 2:
Convergencia e informacionalismo. La informatización de la sociedad, la sociedad red, la
sociedad digital: el proceso de convergencia tecnológica entre las distintas ramas, segmentos e
industrias de la información y la comunicación. Niveles analíticos de desagregación de dicho
proceso. Los impactos sociales. Los impactos productivos. Lo novedoso y lo heredado de las
“nuevas” tecnologías de la información y la comunicación: innovación y aplicaciones a partir de
la década de 1980 en las diferentes industrias. Globalización, convergencia y concentración: el
rol de los intermediarios digitales (Google, Facebook, Amazon y otros actores globales
corporativos).

Bibliografía obligatoria de la Unidad:

Bhatia, Rahul (2016), “La historia interna del peor fracaso de Facebook”, The Guardian.
Disponible en [Link]
basics-india-zuckerberg

Becerra, Martín (2000), “De la divergencia a la convergencia en la sociedad informacional:


fortalezas y debilidades de un proceso social inconcluso”, en Zer nº8, Facultad de
Ciencias Sociales y de Comunicación, Universidad del País Vasco, Bilbao, p. 93-112.

Castells, Manuel (2009), Comunicación y Poder, Alianza, Madrid, Cap. 2, “La comunicación en la
era digital”.

Döpfner, Mathias (2014), “Carta abierta a Eric Schmidt”, Disponible en


[Link]
[Link]

Gladwell, Malcolm (2010), “La revolución no será twitteada”, en Página 12, Buenos Aires, disponible
en [Link]

Jenkins, Henry (2006) “Introducción: Adoración en el altar de la convergencia”, en Convergence


Culture. La cultura de la convergencia de los medios de comunicación. Barcelona, Paidós.

Miguel de Bustos, Juan (2003), “Los grupos de comunicación: la hora de la convergencia”, en


Bustamante, Enrique (coord.), Hacia un nuevo sistema mundial de comunicación: las
industrias culturales en la era digital, Gedisa, Barcelona, p. 227-256.

Siri, Laura (2015), “El rol de Netflix en el ecosistema de medios y telecomunicaciones: ¿El fin de
la televisión y del cine?”, en Hipertextos Capitalismo, Técnica y Sociedad en debate Vol.
3 N°5 Junio/Diciembre, Buenos Aires, disponible en [Link]
content/uploads/2016/11/[Link]

The Economist (2017), “Cómo los datos se convertirán en el petróleo del futuro”, traducido por La
Nación y disponible en [Link]
nacion/20170508/281741269332409

Van Dijck, José (2016), La cultura de la conectividad: una historia crítica de las redes sociales,
Siglo XXI, Buenos Aires, 304 p. Capítulo 1.

Unidad 3:

3
Capas de Internet. Espectro radioeléctrico y comunicaciones inalámbricas. Radio, frecuencias,
televisión, sistemas de radio y televisión digital. Normas y estándares. Redes e Internet. Capas,
gobierno y control en la red. Audiovisual y digitalización. Arquitectura y gestión de las redes.
Banda Ancha. Acceso inalámbrico y satelital. Hardware y software. Historia de la informática.
Evolución de los sistemas operativos y las aplicaciones. Modelos de negocios y modelos de
desarrollo en el campo del software. Modelos de licenciamiento: libre, privativo.
Bibliografía obligatoria de la Unidad:

Becerra, Martín (2012), Redes y medios: la resurrección de la política, en Fundación Friedrich


Ebert, mimeo, Santiago. Disponible en [Link]
Medios-Politica-FES-MB-Jun2012

Kurbalija, Jovan (2016), Gobernanza de Internet, DiploFoundation, Disponible en


[Link]

Unidad 4:
Nueva economía, nueva tecnología y vieja regulación: los actores del proceso de la
convergencia: empresas operadoras, proveedores de tecnologías, entes reguladores,
organismos políticos, organismos internacionales públicos y privados (ITU, OMC, ADPIC, OMPI,
UNCTAD, ICANN, TLCs, CEPAL), sociedad civil, grandes consumidores y usuarios. Los derecho
a la libertad de expresión, datos personales (y “olvido”), derechos de autor, propiedad intelectual
y competencia económica en el ecosistema digital. Apropiación social, usos y niveles de acceso,
El problema del “triple play” y de la última milla para los bienes y servicios info-comunicacionales.
Regulaciones técnicas. Neutralidad de la red.

Bibliografía obligatoria de la Unidad:

Busaniche, Beatriz (2013), Propiedad Intelectual y Derechos Humanos. Tensiones existentes


entre la Ley 11.723 y el marco constitucional de los Derechos Culturales en Argentina,
tesis de Maestría defendida en 2013 en Flacso Buenos Aires. Capítulo 2, “La normativa
de derechos de autor en la Argentina”, disponible en [Link]
content/uploads/2014/07/Tesis.final_.[Link]

Busaniche, Beatriz (2005), “Las ideas y las cosas: la riqueza de las ideas y los peligros de su
monopolización”, en: ¿Un mundo patentado?La privatización de la vida y del
conocimiento, Fundación Heinrich Böll, El Salvador, p. 68-82. Disponible en
[Link]

Cortés Castillo, Carlos (2014), “Derecho al olvido: entre la protección de datos, la memoria y la
vida personal en la vida digital”, en Bertoni, Eduardo (comp.) Internet y derechos
humanos: aportes para la discusión en América Latina, CELE-UP, Buenos Aires,
disponible en [Link]

Morozov, Evgeni (2016), “Menos delito, más castigo”, en La locura del solucionismo
tecnológico (pp. 207–253). Buenos Aires: Capital Intelectual.

Nissenbaum, Helen (2010), “Conclusiones”, en Privacidad amenazada: tecnología, política y la


integraidad de la vida social”, ed. Océano, p. 225-236.

Parisier, Eli (2017), “Introducción”, en El filtro burbuja. Cómo la red decide lo que leemos y lo que
pensamos, Taurus, Buenos Aires, p. 11-29.

Zukerfeld, Mariano (2010), “La expansión de la Propiedad Intelectual: una visión de conjunto”, en
Casalet, Mónica (comp.), El papel de las Ciencias Sociales en la construcción de la
Sociedad del Conocimiento: Aportes de los participantes al Summer School de EULAKS,
EULAKS, Flacso México, México DF, disponible en [Link]
content/uploads/2011/11/[Link]

4
Zukerfeld, Mariano y Bernadette Califano (2019), "Discutiendo la neutralidad de la red: de los
discursos dominantes a las prácticas en contextos periféricos", en COMMONS, Ciencias
Sociales y Comunicación, Vol 8, nº 1, 5-43, disponible en
[Link]

Unidad 5:
Ecosistema de comunicaciones en Argentina. Regulaciones (la libertad de expresión, censura,
datos personales, privacidad y “olvido”, derechos de autor, propiedad intelectual y competencia
económica delitos informáticos, privacidad). Ordenamiento legal de las actividades convergentes
en la Argentina y, en particular, leyes de Servicios de Comunicación Audiovisual de 2009, de
Telecomunicaciones y TIC de 2014 y sus modificatorias a partir de diciembre de 2015.

Bibliografía obligatoria de la Unidad:

Becerra, Martín (2018), “Toyotismo comunicacional: políticas de comunicación en tiempos de


Macri”, en prensa.

Morozov, Eugeni (2013), “Regular la batalla por la información”, en El País, 30 de septiembre,


Madrid, disponible en
[Link]

3. Objetivos:

• Proveer elementos de reflexión sobre el concepto de técnica y tecnologías, aplicándolo a la


evolución las actividades info-comunicacionales, sus soportes y sus ejes de modificación en
el último medio siglo.

• Analizar el desarrollo de las actividades info-comunicacionales en relación con su impacto


productivo y estrategias de valorización desde su constitución en procesos divergentes hasta
su mutación provocada por el salto tecnológico convergente de los años 1970s. Examinar el
proceso de convergencia tecnológica.

• Comprender el desarrollo de aplicaciones tecnológicas digitales en el marco de las lógicas


de los procesos de innovación social de la tecnología.

• Proveer categorías y conceptos clave de funcionamiento de las actividades info-


comunicacionales, la evolución de hardware y software, modelos de negocio y de
licenciamiento.

• Aplicar el marco conceptual a la producción y difusión de contenidos info-comunicacionales.

• Asociar el desarrollo histórico convergente de las industrias info-comunicacionales con la


formulación del proyecto de Sociedad de la Información / autopistas globales de la
información. Analizar las políticas públicas sobre el sector.

• Elucidar las condiciones de acceso y transformación actuales de las actividades info-


comunicacionales a partir de la articulación entre causas de tipo tecnológico, socioeconómico
y cultural.

• Analizar la evolución de la regulación y de la agenda de organización de las políticas


relacionadas con los sectores info-comunicacionales en las últimas décadas en Argentina en
particular.

5
5. Sistema de evaluación:

El sistema de evaluación incluye los siguientes factores:

a) Trabajos prácticos sobre las consignas de cada clase (temas y lecturas de la puesta en
agenda pública de la convergencia tecnológica info-comunicacional);
b) Informes sobre los escenarios y las lecturas de las clases teóricas y de la bibliografía
obligatoria;
c) Un examen parcial;
d) Trabajo Final consistente en la ejercitación de un tópico tecnológico específico articulado
con la realización de entrevistas, la aplicación de las lecturas y los planteos conceptuales
de la bibliografía, con nivel académico. El Trabajo Final será presentado en forma de
monografía al final del curso y expuesto en el examen final.
e) Un examen final en el que se integran los aprendizajes realizados en las clases teóricas
y prácticas junto al trabajo realizado por los alumnos durante el cuatrimestre.

Se requiere como condición adicional de aprobación la asistencia al 75% de las clases prácticas.

EXÁMENES LIBRES
Los exámenes libres constan de una parte escrita que consiste en la elaboración de la
monografía con los mismos estándares exigidos en la cursada, y un examen oral. La monografía
debe presentarse al menos con diez (10) días de antelación a la fecha de examen libre a los
fines de poder evaluarla. La bibliografía del examen libre es la del último programa vigente.

a. Bibliografía Obligatoria:

Bhatia, Rahul (2016), “La historia interna del peor fracaso de Facebook”, The Guardian. Disponible
en [Link]
zuckerberg

Becerra, Martín (2018), “Toyotismo comunicacional: políticas de comunicación en tiempos de


Macri”, en prensa.

Becerra, Martín (2012), Redes y medios: la resurrección de la política, en Fundación Friedrich


Ebert, mimeo, Santiago. Disponible en [Link]
Politica-FES-MB-Jun2012

Becerra, Martín (2000), “De la divergencia a la convergencia en la sociedad informacional:


fortalezas y debilidades de un proceso social inconcluso”, en Zer nº8, Facultad de Ciencias
Sociales y de Comunicación, Universidad del País Vasco, Bilbao, p. 93-112.

Busaniche, Beatríz (2013), Propiedad Intelectual y Derechos Humanos. Tensiones existentes entre
la Ley 11.723 y el marco constitucional de los Derechos Culturales en Argentina, tesis de
Maestría defendida en 2013 en Flacso Buenos Aires. Capítulo 2, “La normativa de derechos
de autor en la Argentina”, disponible en [Link]
content/uploads/2014/07/Tesis.final_.[Link]

Busaniche, Beatríz (2005), “Las ideas y las cosas: la riqueza de las ideas y los peligros de su
monopolización”, en: ¿Un mundo patentado?La privatización de la vida y del
conocimiento,Fundación Heinrich Böll, El Salvador, p. 68-82. Disponible en
[Link]

Castells, Manuel (2009), Comunicación y Poder, Alianza, Madrid, Cap. 2, “La comunicación en la
era digital”.

6
Castells, Manuel (1995), La ciudad informacional: tecnologías de la información, reestructuración
económica y el proceso urbano-regional, Alianza Editorial, Madrid, 504 p
(fundamentalmente Introducción y Capítulo 1).

Cortés Castillo, Carlos (2014), “Derecho al olvido: entre la protección de datos, la memoria y la vida
personal en la vida digital”, en Bertoni, Eduardo (comp.) Internet y derechos humanos:
aportes para la discusión en América Latina, CELE-UP, Buenos Aires, disponible en
[Link]

Deleuze, Gilles (1995) “Post-scriptum sobre las sociedades de control”, en Conversaciones, Pre-
textos, Valencia, disponible en
[Link]

Döpfner, Mathias (2014), “Carta abierta a Eric Schmidt”, Disponible en [Link]


content/uploads/2016/07/[Link]

Gladwell, Malcolm (2010), “La revolución no será twitteada”, en Página 12, Buenos Aires, disponible
en [Link]

Jenkins, Henry (2006) “Introducción: Adoración en el altar de la convergencia”, en Convergence


Culture. La cultura de la convergencia de los medios de comunicación. Barcelona, Paidós.

Kurbalija, Jovan (2016), Gobernanza de Internet, DiploFoundation, Disponible en


[Link]

Lessig, Lawrence (1998), Las leyes del ciberespacio”, conferencia Taiwan Net '98, mimeo, Taipei,
publicado en [Link]
nuevos-medios/[Link]

Maldonado, Tomás (1998), Crítica de la razón informática, Paidós, Barcelona, 239 p. Capítulo 1.

Miguel de Bustos, Juan (2003), “Los grupos de comunicación: la hora de la convergencia”, en


Bustamante, Enrique (coord.), Hacia un nuevo sistema mundial de comunicación: las
industrias culturales en la era digital, Gedisa, Barcelona, p. 227-256.

Morozov, Eugeni (2013), “Regular la batalla por la información”, en El País, 30 de septiembre,


Madrid, disponible en
[Link]

Morozov, Evgeni (2016), “Menos delito, más castigo”, en La locura del solucionismo
tecnológico (pp. 207–253). Buenos Aires: Capital Intelectual.

Nissenbaum, Helen (2010), “Conclusiones”, en Privacidad amenazada: tecnología, política y la


integraidad de la vida social”, ed. Océano, p. 225-236.

Parisier, Eli (2017), “Introducción”, en El filtro burbuja. Cómo la red decide lo que leemos y lo que
pensamos, Taurus, Buenos Aires, p. 11-29.

Pinch, Trevor y Wiebe Bijker (1987) “La construcción social de los hechos y de artefactos: o
acerca de cómo la sociología de la ciencia y sociología de la tecnología pueden
beneficiarse mutuamente”.EnThomas, H. y A. Buch (coord.) (2008) Actos, actores y
artefactos. [Link], Bernal.

Siri, Laura (2015), “El rol de Netflix en el ecosistema de medios y telecomunicaciones: ¿El fin de la
televisión y del cine?”, en Hipertextos Capitalismo, Técnica y Sociedad en debate Vol. 3
N°5 Junio/Diciembre, Buenos Aires, disponible en [Link]
content/uploads/2016/11/[Link]

Srnicek, N. (2018), “Introducción, La larga recesión y Capitalismo de plataformas”, en Capitalismo


de plataformas (pp. 9-86). Buenos Aires: Caja Negra Editora.

7
The Economist (2017), “Cómo los datos se convertirán en el petróleo del futuro”, traducido por La
Nación y disponible en [Link]
nacion/20170508/281741269332409

Van Dijck, José (2016), La cultura de la conectividad: una historia crítica de las redes sociales, Siglo
XXI, Buenos Aires, 304 p. Capítulo 1.

Williams, Raymond (ed) (1992), Historia de la comunicación, editorial Bosch, Barcelona. Capítulo
“Tecnologías de la información e instituciones sociales”, p. 182-210. Disponible en
[Link]

Winner, Langdon (1983), “¿Tienen política los artefactos?”, en Documentos CTS-OEI, disponible
en [Link]

Wolton, Dominique (1999) "La comunicación en el centro de la modernidad". En: Internet, ¿y


después?: una teoría crítica de los nuevos medios de comunicación. Capítulo 1. Barcelona:
Gedisa, pp. 35-67.

Zukerfeld, Mariano (2010), “La expansión de la Propiedad Intelectual: una visión de conjunto”, en
Casalet, Mónica (comp.), El papel de las Ciencias Sociales en la construcción de la Sociedad
del Conocimiento: Aportes de los participantes al Summer School de EULAKS, EULAKS,
Flacso México, México DF, disponible en [Link]
content/uploads/2011/11/[Link]

Zukerfeld, Mariano y Bernadette Califano (2019), "Discutiendo la neutralidad de la red: de los


discursos dominantes a las prácticas en contextos periféricos", en COMMONS, Ciencias
Sociales y Comunicación, Vol 8, nº 1, 5-43, disponible en
[Link]

b. Bibliografía Optativa:

Albornoz, Luis (2003), “La prensa on line: mayor pluralismo con interrogantes”, en Bustamante,
Enrique (coord), Hacia un nuevo sistema mundial de comunicación. Las industrias
culturales en la era digital, Gedisa, Barcelona, p. 111-138.

Álvarez Ugarte, Ramiro y Eleonora Rabinovich (2013), “Los intermediarios y los desafíos para la
libertad de expresión en Internet”, en Cuestión de derechos nº4, disponible en
[Link]

Becerra, Martín (2016), “Restauración: cambios en las políticas de comunicación”, en Épocas:


revista de ciencias sociales y crítica cultural nº2, Buenos Aires. Disponible en
[Link]

Becerra, Martín (2003), La Sociedad de la Información: proyecto, convergencia, divergencia, Norma


editorial, Buenos Aires, 153 p.

Beltrán, Ricardo (2007) “El riesgo de una Internet discriminadora”, en Observatorio 5 - Industrias
Culturales de la Ciudad de Buenos Aires, Observatorio de Industrias Culturales de la
Ciudad de Buenos Aires, Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, p. 48-51. Disponible
online en:
[Link]
ublicacion_revista_observatorio_5.pdf

8
Bustamante, Enrique (2003), “Televisión digital: globalización de procesos muy nacionales”, en
Bustamante, Enrique (coord), Hacia un nuevo sistema mundial de comunicación. Las
industrias culturales en la era digital, Gedisa, Barcelona, p. 167-206.

Bustamante, Enrique (2002), “Nuevas fronteras del servicio público y su función en el espacio
público mundial”, en Vidal Beneyto, José (comp.), La ventana global, Taurus, Madrid, p.
181-193.

Califano, Bernadette y Mariela Baladrón (2013), “La regulación de Internet: formas emergentes de
gobierno privado”, en Mastrini, Guillermo, Ana Bizberge y Diego de Charras (eds.), Las
políticas de comunicación en el Siglo XXI. Nuevos y viejos desafíos, La Crujía, Buenos
Aires, p. 207-242.

Castells, Manuel (1997), La era de la información: economía, sociedad y cultura. Vol 1: La sociedad
red, Alianza Editorial, Madrid, 590 p.

Chaparro, Enrique (2014), “Neutralidad de la red: indefiniciones e imprecisiones a la orden del día,
en Fundación Vía Libre, Buenos Aires, disponible en
[Link]
a-la-orden-del-dia/

Comisión Económica para América Latina (CEPAL) (2008), La sociedad de la información en América
Latina y el Caribe: desarrollo de las tecnologías y tecnologías para el desarrollo, CEPAL y
@lis, Santiago, 48 p.

Comisión Europea (1997), Libro Verde Sobre la convergencia de los sectores de


telecomunicaciones, medios de comunicación y tecnologías de la información y sobre sus
consecuencias para la reglamentación en la perspectiva de la sociedad de la información,
Comisión Europea, Bruselas, 45 p.

Comisión Interamericana de Derechos Humanos (2013), Libertad de expresión e Internet, Relatoría


Especial para la Libertad de Expresión, disponible en
[Link]

Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la Información (CMSI) (2004), Declaración de Principios:


Construir la Sociedad de la Información: un desafío global para el nuevo milenio, Ginebra,
mimeo, documento WSIS-03/GENEVA/4-S, 10 p.

Flichy, Patrice (1993), Una historia de la comunicación moderna: Espacio público y vida privada,
Gustavo Gili, Barcelona, 260 p.

Ford, Aníbal (1999), La marca de la bestia. Identificación, desigualdades e infoentretenimiento en


la sociedad contemporánea, Norma, Buenos Aires, 322 p.

García Canclini, Néstor (2004), Diferentes, desiguales y desconectados: mapas de la


interculturalidad, Gedisa, Barcelona, 223 p.

Heinz, Federico (2007) “Software libre y software privativo”, en Monopolios Artificiales sobre Bienes
Intangibles, Buenos Aires, Fundación Vía Libre. Disponible online en :
[Link]

Innerarity, Daniel (2016), “Hombres ricos y hombres pobres (en datos)”, El País, Disponible en
[Link]
_externo_rsoc=TW_CC

Katz, Claudio (1998), “El enredo de las redes”, en Voces y Culturas nº14, Voces y Culturas,
Barcelona, p. 123-140. Disponible en [Link]

Krakowiak, Fernando, Ana Bizberge, Guillermo Mastrini y Martín Becerra (2012), “El Estado como
protagonista del desarrollo de la TDT en Argentina”, en Cuadernos de Información nº31,

9
Universidad Católica de Chile, Santiago, p. 69-78. Versión electrónica:
[Link]

Kern, Alejandra (2004),¿Qué significa la “brecha”digital? Un análisis de los conceptos


predominantes en el campo de las Tecnologías de la Información y la Comunicación,
mimeo, disponible en [Link]

Maldonado, Tomás (2007), Memoria y conocimiento: sobre los destinos del saber en la perspectiva
digial, Gedisa, Barcelona, 311 p. Capítulo 2: Hablar, escribir, leer.

Magnani, Esteban (comp) (2018), “Cultura libre: crear, modificar, compartir”, UNRAf. Disponible en
[Link]

Mastrini, Guillermo y Carolina Aguerre (2007), “Muchos problemas para pocas voces. La regulación
de la comunicación en el siglo XXI”, en Diálogo Político Año XXIV - Nº 3, Konrad-Adenauer-
Stiftung A. C., disponible en [Link]

Mateu, Gabriel (2013), “Una discusión sobre derechos de autor e Internet”, mimeo, Buenos Aires,
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Gilles Deleuze

17. POST-SCRIPTUM SOBRE LAS SOCIEDADES DE CONTROL

I. HISTORIA

Foucault situó las sociedades disciplinarias en los siglos XVIII y XIX; estas socie-
dades alcanzan su apogeo a principios del siglo XX. Operan mediante la organiza-
ción de grandes centros de encierro. El individuo pasa sucesivamente de un círcu-
lo cerrado a otro, cada uno con sus leyes: primero la familia, después la escuela
("ya no estás en tu casa"), después el cuartel ("ya no estás en la escuela"), a con-
tinuación la fábrica, cada cierto tiempo el hospital y a veces la cárcel, el centro de
encierro por excelencia. La cárcel sirve como modelo analógico: la heroína de Eu-
ropa 51 exclama, cuando ve a los obreros: "creí ver a unos condenados". Foucault
ha analizado a la perfección el proyecto ideal de los centros de encierro, especial-
mente visible en las fábricas: concentrar, repartir en el espacio, ordenar en el
tiempo, componer en el espacio-tiempo una fuerza productiva cuyo efecto debe
superar la suma de las fuerzas componentes. Pero Foucault conocía también la es-
casa duración de este modelo: fue el sucesor de las sociedades de soberanía, cu-
yos fines y funciones eran completamente distintos (gravar la producción más que
organizarla, decidir la muerte más que administrar la vida); la transición fue pro-
gresiva, Napoleón parece ser quien obra la conversión de una sociedad en otra.
Pero también las disciplinas entraron en crisis en provecho de nuevas fuerzas que
se iban produciendo lentamente, y que se precipitaron después de la segunda
guerra mundial: las sociedades disciplinarias son nuestro pasado inmediato, lo que
estamos dejando de ser.

Todos los centros de encierro atraviesan una crisis generalizada: cárcel, hospital,
fábrica, escuela, familia. La familia es un "interior" en crisis, como lo son los de-
más interiores (el escolar, el profesional, etc.). Los ministros competentes anun-
cian constantemente las supuestamente necesarias reformas. Reformar la escuela,
reformar la industria, reformar el hospital, el ejército, la cárcel; pero todos saben
que, a un plazo más o menos largo, estas instituciones están acabadas. Solamen-
te se pretende gestionar su agonía y mantener a la gente ocupada mientras se
instalan esas nuevas fuerzas que ya están llamando a nuestras puertas. Se trata
de las sociedades de control, que están sustituyendo a las disciplinarias. "Control"
es el nombre propuesto por Burroughs para designar al nuevo monstruo que Fou-
cault reconoció como nuestro futuro inmediato. También Paul Virilio ha analizado
continuamente las formas ultrarrápidas que adopta el control "al aire libre" y que
reemplazan a las antiguas disciplinas que actuaban en el período de los sistemas
cerrados. No cabe responsabilizar de ello a la producción farmacéutica, a los en-
claves nucleares o a las manipulaciones genéticas, aunque tales cosas estén des-
tinadas a intervenir en el nuevo proceso. No cabe comparar para decidir cuál de
los dos regímenes es más duro o más tolerable, ya que tanto las liberaciones co-
mo las sumisiones han de ser afrontadas en cada uno de ellos a su modo. Así, por
ejemplo, en la crisis del hospital como medio de encierro, es posible que la secto-

Post-scriptum sobre las sociedades de control 5


Gilles Deleuze

rialización, los hospitales de día o la asistencia domiciliaria hayan supuesto en un


principio nuevas libertades; ello no obstante, participan igualmente de mecanis-
mos de control que no tienen nada que envidiar a los más terribles encierros. No
hay lugar para el temor ni para la esperanza, sólo cabe buscar nuevas armas.

II.LÓGICA

Los diferentes internados o centros de encierro por los que va pasando el indivi-
duo son variables e independientes: se sobreentiende en cada ocasión un comien-
zo desde cero y, aunque existe un lenguaje común a todos los centros de encierro,
es un lenguaje analógico. En cambio, los diferentes "controlatorios" son variantes
inseparables que constituyen un sistema de geometría variable cuyo lenguaje es
numérico (lo que no siempre significa que sea binario). Los encierros son moldes o
moldeados diferentes, mientras que los controles constituyen una modulación,
como una suerte de moldeado autodeformante que cambia constantemente y a
cada instante, como un tamiz cuya malla varía en cada punto. Se puede apreciar
sin dificultad en los problemas de los salarios: la fábrica era un cuerpo cuyas fuer-
zas interiores debían alcanzar un punto de equilibrio, lo más alto posible para la
producción, lo más bajo posible para los salarios; en una sociedad de control, la
fábrica es sustituida por la empresa, y la empresa es un alma, es etérea. Es cierto
que ya la fábrica utilizaba el sistema de las primas y los incentivos, pero la em-
presa se esfuerza con mayor profundidad para imponer una modulación de cada
salario, en estados siempre metaestables que admiten confrontaciones, concursos
y premios extremadamente cómicos. El éxito de los concursos televisivos más es-
túpidos se debe a que expresan adecuadamente la situación de las empresas. La
fábrica hacía de los individuos un cuerpo, con la doble ventaja de que, de este
modo, el patrono podía vigilar cada uno de los elementos que formaban la masa y
los sindicatos podían movilizar a toda una masa de resistentes. La empresa, en
cambio, instituye entre los individuos una rivalidad interminable a modo de sana
competición, como una motivación excelente que contrapone unos individuos a
otros y atraviesa a cada uno de ellos, dividiéndole interiormente. El principio mo-
dulador de que los salarios deben corresponderse con los méritos tienta incluso a
la enseñanza pública: de hecho, igual que la empresa, toma el relevo de la fábri-
ca, la formación permanente tiende a sustituir a la escuela, y el control continuo
tiende a sustituir al examen. Lo que es el medio más seguro para poner la escuela
en manos de la empresa.

En las sociedades disciplinarias siempre había que volver a empezar (terminada la


escuela, empieza el cuartel, después de éste viene la fábrica), mientras que en las
sociedades de control nunca se termina nada: la empresa, la formación o el servi-
cio son los estados metaestables y coexistentes de una misma modulación, una
especie de deformador universal. Kafka, que se hallaba a caballo entre estos dos
tipos de sociedad, describió en El proceso sus formas jurídicas más temibles: la
absolución aparente (entre dos encierros), típica de las sociedades disciplinarias,
y el aplazamiento ilimitado (en continua variación) de las sociedades de control
son dos formas de vida jurídicamente muy distintas, y si el derecho actual es un
derecho en crisis, vacilante, ello sucede porque estamos abandonando unas for-
mas y transitando hacia las otras. Las sociedades disciplinarias presentan dos po-
los: la marca que identifica al individuo y el número o la matrícula que indica su

Post-scriptum sobre las sociedades de control 6


Gilles Deleuze

posición en la masa. Para las disciplinas, nunca hubo incompatibilidad entre am-
bos, el poder es al mismo tiempo masificador e individuante, es decir, forma un
cuerpo con aquellos sobre quienes se ejerce al mismo tiempo que moldea la indi-
vidualidad de cada uno de los miembros (Foucault encontraba el origen de este
doble objetivo en el poder pastoral del sacerdote -el rebaño y cada una de las
ovejas-, si bien el poder civil se habría convertido, por su parte y con otros me-
dios, en un "pastor" laico). En cambio, en las sociedades de control, lo esencial ya
no es una marca ni un número, sino una cifra: la cifra es una contraseña (mot de
passe), en tanto que las sociedades disciplinarias están reguladas mediante con-
signas (mots d'ordre) (tanto desde el punto de vista de la integración como desde
el punto de vista de la resistencia a la integración). El lenguaje numérico de con-
trol se compone de cifras que marcan o prohíben el acceso a la información. Ya no
estamos ante el par "individuo-masa". Los individuos han devenido "dividuales" y
las masas se han convertido en indicadores, datos, mercados o "bancos". Quizá es
el dinero lo que mejor expresa la distinción entre estos dos tipos de sociedad, ya
que la disciplina se ha remitido siempre a monedas acuñadas que contenían una
cantidad del patrón oro, mientras que el control remite a intercambios fluctuantes,
modulaciones en las que interviene una cifra: un porcentaje de diferentes mone-
das tomadas como muestra. El viejo topo monetario es el animal de los centros de
encierro, mientras que la serpiente monetaria es el de las sociedades de control.
Hemos pasado de un animal a otro, del topo a la serpiente, tanto en el régimen en
el que vivimos como en nuestra manera de vivir y en nuestras relaciones con los
demás. El hombre de la disciplina era un productor discontinuo de energía, pero el
hombre del control es más bien ondulatorio, permanece en órbita, suspendido so-
bre una onda continua. El surf desplaza en todo lugar a los antiguos deportes.

Es sencillo buscar correspondencias entre tipos de sociedad y tipos de máquinas,


no porque las máquinas sean determinantes, sino porque expresan las formacio-
nes sociales que las han originado y que las utilizan. Las antiguas sociedades de
soberanía operaban con máquinas simples, palancas, poleas, relojes; las socieda-
des disciplinarias posteriores se equiparon con máquinas energéticas, con el ries-
go pasivo de la entropía y el riesgo activo del sabotaje; las sociedades de control
actúan mediante máquinas de un tercer tipo, máquinas informáticas y ordenado-
res cuyo riesgo pasivo son las interferencias y cuyo riesgo activo son la piratería y
la inoculación de virus. No es solamente una evolución tecnológica, es una pro-
funda mutación del capitalismo. Una mutación ya bien conocida y que puede re-
sumirse de este modo: el capitalismo del siglo XIX es un capitalismo de concen-
tración, tanto en cuanto a la producción como en cuanto a la propiedad. Erige,
pues, la fábrica como centro de encierro, ya que el capitalista no es sólo el propie-
tario de los medios de producción sino también, en algunos casos, el propietario
de otros centros concebidos analógicamente (las casas donde viven los obreros,
las escuelas). En cuanto al mercado, su conquista procede tanto por especializa-
ción como por colonización, o bien mediante el abaratamiento de los costes de
producción. Pero, en la actual situación, el capitalismo ya no se concentra en la
producción, a menudo relegada a la periferia tercermundista, incluso en la com-
pleja forma de la producción textil, metalúrgica o petrolífera. Es un capitalismo de
superproducción. Ya no compra materias primas ni vende productos terminados o
procede al montaje de piezas sueltas. Lo que intenta vender son servicios, lo que
quiere comprar son acciones. No es un capitalismo de producción sino de produc-
tos, es decir, de ventas o de mercados. Por eso es especialmente disperso, por

Post-scriptum sobre las sociedades de control 7


Gilles Deleuze

eso la empresa ha ocupado el lugar de la fábrica. La familia, la escuela, el ejérci-


to, la fábrica ya no son medios analógicos distintos que convergen en un mismo
propietario, ya sea el Estado o la iniciativa privada, sino que se han convertido en
figuras cifradas, deformables y transformables, de una misma empresa que ya só-
lo tiene gestores. Incluso el arte ha abandonado los círculos cerrados para intro-
ducirse en los circuitos abiertos de la banca. Un mercado se conquista cuando se
adquiere su control, no mediante la formación de una disciplina; se conquista
cuando se pueden fijar los precios, no cuando se abaratan los costes de produc-
ción; se conquista mediante la transformación de los productos, no mediante la
especialización de la producción. La corrupción se eleva entonces a una nueva po-
tencia. El departamento de ventas se ha convertido en el centro, en el "alma", lo
que supone una de las noticias más terribles del mundo. Ahora, el instrumento de
control social es el marketing, y en él se forma la raza descarada de nuestros
dueños. El control se ejerce a corto plazo y mediante una rotación rápida, aunque
también de forma continua e ilimitada, mientras que la disciplina tenía una larga
duración, infinita y discontinua. El hombre ya no está encerrado sino endeudado.
Sin duda, una constante del capitalismo sigue siendo la extrema miseria de las
tres cuartas partes de la humanidad, demasiado pobres para endeudarlas, dema-
siado numerosas para encerrarlas: el control no tendrá que afrontar únicamente la
cuestión de la difuminación de las fronteras, sino también la de los disturbios en
los suburbios y guetos.

III. PROGRAMA

No es preciso apelar a la ficción científica para concebir un mecanismo de control


capaz de proporcionar a cada instante la posición de un elemento en un medio
abierto, ya sea un animal dentro de una reserva o un hombre en una empresa
(collarín electrónico). Félix Guattari imaginaba una ciudad en la que cada uno po-
día salir de su apartamento, de su casa o de su barrio gracias a su tarjeta electró-
nica (dividual) mediante la que iba levantando barreras; pero podría haber días u
horas en los que la tarjeta fuera rechazada; lo que importa no es la barrera, sino
el ordenador que señala la posición, lícita o ilícita, y produce una modulación uni-
versal.

El estudio socio-técnico de los mecanismos de control que ahora están en sus co-
mienzos debería ser un estudio categorial capaz de describir eso que ahora se es-
tá instalando en el lugar de los centros de encierro disciplinario, cuya crisis está
en boca de todos. Es posible que, tras las adaptaciones correspondientes, reapa-
rezcan algunos mecanismos tomados de las antiguas sociedades de soberanía. Lo
importante es que nos hallamos en el inicio de algo. En el régimen carcelario, la
búsqueda de "penas sustitutorias", al menos para los delitos menores, y la utiliza-
ción de collarines electrónicos que imponen al condenado la permanencia en su
domicilio durante ciertas horas. En el régimen escolar, las formas de control con-
tinuo y la acción de la formación permanente sobre la escuela, el correspondiente
abandono de toda investigación en el seno de la Universidad, la introducción de la
empresa en todos los niveles de escolaridad. En el régimen hospitalario, la nueva
medicina "sin médicos ni enfermos" que localiza enfermos potenciales y grupos de
riesgo, y que en absoluto indica un progreso de la individuación como a menudo
se dice, sino que sustituye el cuerpo individual o numérico por una materia "divi-

Post-scriptum sobre las sociedades de control 8


Gilles Deleuze

dual" cifrada que es preciso controlar. En el régimen empresarial, los nuevos mo-
dos de tratar el dinero, de tratar los productos y de tratar a los hombres que ya
no pasan por la antigua forma de la fábrica. Son ejemplos mínimos, pero que nos
permiten comprender mejor lo que hay que entender por "crisis de las institucio-
nes", es decir, la instalación progresiva y dispersa de un nuevo régimen de domi-
nación.
Una de las cuestiones más importantes es la inadaptación de los sindicatos a esta
situación: ligados históricamente a la lucha contra las disciplinas y a los centros
de encierro, ¿cómo podrían adaptarse o dejar paso a nuevas formas de resistencia
contra las sociedades de control? ¿Puede hallarse ya un esbozo de estas formas
futuras, capaces de contrarrestar las delicias del marketing? ¿No es extraño que
tantos jóvenes reclamen una "motivación", que exijan cursillos y formación per-
manente? Son ellos quienes tienen que descubrir para qué les servirán tales co-
sas, como sus antepasados descubrieron, penosamente, la finalidad de las disci-
plinas. Los anillos de las serpientes son aún más complicados que los orificios de
una topera.

L´Autre Journal , n.°- 1 ,


Mayo de 1990

Post-scriptum sobre las sociedades de control 9


Las leyes del ciberespacio - Lawrence Lessig
Y, finalmente, tenemos la restricción de lo que
Traductor: Javier Villate podríamos llamar naturaleza, pero que prefiero
Cuadernos Ciberespacio y Sociedad Nº 3 Marzo 1999 denominar "arquitectura". Esta es la restricción que
presenta el mundo tal y como lo encuentro, aunque sea
URL del documento original: (3 abril un mundo que otros han hecho antes. El hecho de que
1998) [Link]/works/lessig/laws_cyberspace. pdf
no pueda ver a través de esa pared es una restricción
de mi capacidad para saber qué está sucediendo al otro
lado de la misma. El hecho de que no haya una rampa
Antes de la revolución, el zar de Rusia tenía un de acceso a una biblioteca restringe la entrada de quien
sistema de pasaportes internos. El pueblo odiaba este debe utilizar una silla de ruedas. Estas restricciones
sistema. Estos pasaportes indicaban de qué estado regulan, en el sentido que doy aquí a ese término.
procedía la persona y esta indicación determinaba los Para entender una regulación, tenemos que
lugares a los que se podía ir, con quién podía uno comprender la suma y combinación de estos cuatro
asociarse, qué podía llegar a ser. Los pasaportes eran tipos de restricciones. Ninguno de ellos por sí solo
distintivos que facilitaban o prohibían el acceso. puede representar el efecto de los cuatro juntos.
Controlaban lo que los ciudadanos podían llegar a
saber en el estado ruso. Esta es la era de lo ciber-libertario. Vivimos en un
Los bolcheviques prometieron cambiar todo esto. momento en el que se ha hecho muy popular cierta
Prometieron abolir los pasaportes internos. Y tan pronto imagen falsa del ciberespacio. Esta es más o menos la
tomaron el poder, lo hicieron. Los rusos volvieron a ser siguiente: el ciberespacio es inevitable, más aún, es
libres de viajar a donde quisieran. Ningún documento irregulable. Ninguna nación puede vivir sin él, más aún,
que debieran llevar consigo determinaba ya a dónde ninguna podrá controlar la conducta de las personas en
podían ir. La abolición de los pasaportes internos él. El ciberespacio es ese lugar en el que los individuos
simbolizó la libertad para el pueblo ruso, una están, inherentemente, libres del control de los poderes
democratización de la ciudadanía en Rusia. soberanos del espacio real.
Sin embargo, esta libertad no duraría demasiado. Mi punto de vista sobre el ciberespacio es
Una década y media después, enfrentados con la diferente. Mi objetivo es criticar esta imagen falsa. En
perspectiva del hambre, los campesinos invadieron las mi opinión, el mundo en el que estamos entrando no es
ciudades en busca de alimento. Stalin reinstauró el un mundo de libertad perpetua; o más precisamente, el
sistema de pasaportes internos. Los campesinos mundo en que estamos entrando no es un mundo en el
volvieron a quedar atados a sus tierras (una restricción que la libertad esté asegurada. El ciberespacio tiene el
que se mantuvo durante la década de 1970). Los rusos potencial de ser el espacio más plena y extensamente
se vieron de nuevo restringidos por lo que permitía su regulado que hayamos conocido jamás en cualquier
pasaporte. Una vez más, para desplazarse por Rusia, lugar y en cualquier momento de nuestra historia. Tiene
los rusos tenían que mostrar algo de lo que ellos eran. el potencial de ser la antítesis de un espacio de libertad.
Y, a menos que comprendamos este potencial, a
En el mundo real -este mundo, el mundo en el menos que veamos cómo podría desarrollarse, es
que estoy ahora hablando- la conducta es regulada por probable que no nos enteremos de esta transición de la
cuatro tipos de restricciones. La ley es sólo una de ellas. libertad al control. Y, en mi opinión, esa es la transición
La ley regula mediante sanciones impuestas ex post: si que estamos viendo precisamente ahora.
no pagas tus impuestos, probablemente irás a la cárcel; Quiero aclarar esto utilizando las dos
si robas mi coche, probablemente irás a la cárcel. La introducciones con las que he empezado hoy: el relato
ley es la preminencia de los reguladores. Pero sólo es sobre la Rusia bolchevique y la idea de la regulación.
una de las cuatro restricciones. Las dos juntas nos ayudarán a ver a dónde va el
Las normas sociales constituyen el segundo tipo. ciberespacio y, sobre todo, cómo puede evolucionar.
Estas también regulan. Las normas sociales -las En primer lugar, al igual que en el espacio real,
comprensiones o expectativas acerca de cómo debo la conducta en el ciberespacio es regulada por cuatro
comportarme, impuestas no a través de una agencia tipo de restricciones. La ley sólo es una de ellas. A
centralizada, sino mediante las comprensiones o pesar de la falsa imagen existente, ya existen leyes en
expectativas de casi todos los miembros de una el ciberespacio, las cuales restringen la conducta en el
comunidad- dirigen y determinan mi conducta en una mismo igual que lo hacen en el espacio real.
variedad de contextos de forma más amplia que También hay normas en el ciberespacio, reglas
cualquier ley. Las normas dicen qué ropa debo vestir, que gobiernan la conducta y exponen a los individuos a
cómo debo sentarme, organizan cómo vamos a las sanciones de los demás. Y también funcionan en el
interactuar después de que termine esta charla. Las ciberespacio como lo hacen en el espacio real,
normas guían la conducta; en este sentido, funcionan amenazando con castigos ex postimpuestos por la
como una segunda restricción reguladora. comunidad.
El mercado es el tercer tipo de restricción. Y también sucede lo mismo con el mercado. El
Regula a través del precio. El mercado limita el dinero mercado constriñe en el ciberespacio como lo hace en
que puedo gastar en ropa o lo que puedo ganar el espacio real. Si cambia el precio del acceso al
mediante charlas públicas; dice que puedo exigir por ciberespacio, las restricciones a dicho acceso cambian
mis escritos menos que Madonna, o menos por mis también. Si cambia la estructura de los precios de
canciones que Pavarotti. Mediante el precio, el acceso, la regulación del acceso marginal se modifica
mercado asigna mis opciones y a través de estas, también.
regula mi conducta. Pero, para nuestros propósitos, la más
importante de las cuatro restricciones de la conducta en
1
el ciberespacio es la equivalente a lo que Para responder a esa pregunta, pensemos por
denominé arquitectura en el espacio real: lo que un segundo en cómo se plantea el mismo problema en
llamaré código. Por código quiero decir, simplemente, el espacio real. ¿Qué regula la distribución de
el software y el hardware que constituyen el pornografía en el espacio real?
ciberespacio tal como es: el conjunto de protocolos y En primer lugar, en Estados Unidos, las leyes en
reglas implementadas, o codificadas, en el software del el espacio real regulan la distribución de pornografía
ciberespacio mismo, las cuales determinan cómo entre los adolescentes. Son leyes que exigen a los
interactúan, o existen, las personas en este espacio. vendedores de pornografía que comprueben la edad de
Este código, al igual que la arquitectura en el espacio los compradores, o leyes que exigen que los
real, establece los términos en los que entro, o existo, vendedores se ubiquen en una zona de la ciudad fuera
en el ciberespacio. Y al igual que la arquitectura, no es del alcance de los chicos. Pero las leyes no son las
opcional. No elijo si obedezco las estructuras que restricciones más importantes en la distribución de
establece el código; los hackers pueden elegir, pero pornografía entre los chicos.
son casos especiales. Para el resto de nosotros, la vida Más importantes que las leyes son las normas.
en el ciberespacio está sometida al código, al igual que Las normas dificultan que los adultos vendan
la vida en el espacio real está sometida a las pornografía a los adolescentes. Esta restricción es
arquitecturas del espacio real. incluso relativamente efectiva entre los distribuidores
La sustancia de las restricciones del código en el de pornografía.
ciberespacio varía. Pero lo que no varía es cómo se Pero no sólo las normas sociales intervienen.
experimentan. En algunos lugares, uno debe introducir También lo hace el mercado, con los precios de la
una contraseña antes de entrar; en otros, uno puede pornografía que los chicos no pueden pagar.
entrar si ha sido identificado. En algunos lugares, las Pero la restricción más importante en el espacio
transacciones que uno realiza dejan rastros que real es lo que he llamado arquitectura. Todas las demás
permiten relacionarle; en otros lugares, esta relación es limitaciones dependen de esta. Las leyes, las normas y
establecida sólo si el individuo lo elige así. En algunos el mercado pueden discriminar el acceso de los
lugares, uno puede decidir hablar un lenguaje que sólo adolescentes en el espacio real, porque es difícil ocultar
el destinatario puede interpretar (mediante el cifrado); que eres un menor. Por supuesto, un chico puede
en otros lugares, no existe esta opción. ponerse un bigote y unos zancos y entrar en una tienda
Las diferencias están basadas en el código de porno para comprar pornografía. Pero normalmente, no
estos lugares diferentes. El código, o software, o lo conseguirá. Para la mayoría será bastante difícil
arquitectura, o protocolos, de estos espacios establece ocultar su edad. Por eso, generalmente, las
estas características; estas son seleccionadas por los restricciones basadas en la edad pueden ser efectivas.
que escriben el código y restringen la conducta. En este El ciberespacio es diferente. Incluso si asumimos
sentido, como la arquitectura en el espacio real, regulan que las mismas leyes del espacio real se aplican al
la conducta en el ciberespacio. ciberespacio y que las restricciones de las normas y del
El código, el mercado, las normas y la ley, mercado también tienen lugar, sigue habiendo una
combinados, regulan la conducta en el ciberespacio, de diferencia básica entre los dos espacios. Porque
la misma forma que la arquitectura, el mercado, las mientras que en el espacio real es difícil ocultar que tú
normas y la ley regulan la conducta en el espacio real. eres un menor, en el ciberespacio ocultar quién eres o,
Debemos, pues, considerar cómo operan más exactamente, tus características identificadoras es
conjuntamente estas cuatro restricciones. la cosa más sencilla del mundo. La condición
Un ejemplo -un contraste entre una regulación en predeterminada en el ciberespacio es la anonimidad. Y
el espacio real y la misma regulación en el al ser tan fácil ocultar quién es uno, es prácticamente
ciberespacio- aclarará este punto. Pensemos en la imposible que las leyes y las normas se apliquen en el
preocupación (algunos podrán llamarla obsesión) que ciberespacio. Para que estas leyes se apliquen, uno
existe en mi país en torno a la regulación de la tiene que saber que la persona con la que está tratando
indecencia en la red. es un menor. Pero la arquitectura del ciberespacio,
Esta preocupación se inició en Estados Unidos a simplemente, no ofrece esa información.
comienzos de 1995. Su origen fue el extraordinario Ahora lo que importa es ver la diferencia e
crecimiento de usuarios normales de la red y, por identificar su origen. La diferencia está en lo que
consiguiente, también de usuarios jóvenes, e incluso un denominaré regulabilidad del ciberespacio, es decir, la
crecimiento más extraordinario aún de la disponibilidad capacidad de los gobiernos de regular la conducta en
de lo que podemos llamar "pornografía" en la red. Un el ciberespacio. Tal y como lo conocemos ahora, el
estudio extremadamente polémico (y básicamente ciberespacio es un espacio menos regulable que el
defectuoso), publicado por la revista de derecho de la espacio real. El gobierno, aquí, puede hacer poca cosa.
Universidad de Georgetown, decía que la red estaba El origen de esta diferencia de regulabilidad está
inundada de pornografía. Time y Newsweek trataron el en la arquitectura del ciberespacio: en el código que
tema. Y los senadores y congresistas fueron constituye el ciberespacio tal como es. Su arquitectura,
bombardeados con demandas de hacer algo para en mi opinión, es esencialmente irregulable.
regular la "ciberporquería". O, por lo menos, lo era en 1995 y en 1996,
Se desató la furia. Pero podemos preguntarnos cuando el Congreso de Estados Unidos intentó sacar
por qué fue tan grande esta furia sobre la pornografía adelante la Ley de Decencia de las Comunicaciones.
en el ciberespacio. A decir verdad, existe más Voy a hablar un poco sobre lo que pasó con esta ley,
pornografía en el espacio real que en el ciberespacio. pero primero quiero destacar este periodo y ver dónde
¿Por qué tanta furia ante la pornografía en un lugar al estamos hoy. Fue la arquitectura del ciberespacio en
que la mayoría de los chicos no tienen acceso? 1995 y 1996 lo que lo hacía esencialmente irregulable.
2
Llamemos a esa arquitectura Red 95 -ya que se anónimas. El director, citando el principio de que las
refiere a 1995- y veamos cuáles eran sus reglas que regulen la libre expresión en la universidad
características. Si uno tenía acceso a Red 95, podía debían ser tan protectoras de la libertad de expresión
pasearse sin revelar su identidad. Red 95 era como la como la Primera Enmienda, dijo que sí: cualquiera
Rusia bolchevique. La propia identidad o características podía tener el derecho a comunicar anónimamente en
personales eran invisibles para los demás en esos la universidad, puesto que la Primera Enmienda de la
tiempos y uno podía entrar y explorar sin presentar Constitución garantizaba ese mismo derecho frente al
ningún tipo de credencial, sin un pasaporte interno. El gobierno. El diseño de la arquitectura de la red de la
acceso era abierto y universal, no estaba condicionado Universidad de Chicago se derivó de esa decisión
a la presentación de credenciales. Era, en el sentido política.
estricto del término, un momento extraordinariamente En Harvard las reglas son diferentes. Uno no
democrático. Los usuarios eran fundamentalmente puede conectar su ordenador a la red de Harvard, a
iguales. Esencialmente libres. menos que dicho ordenador esté registrado,
Fue en este contexto, Red 95, que la Corte autorizado, aprobado, verificado. Solamente los
Suprema enjuició la Ley de Decencia de las miembros de la comunidad universitaria pueden
Comunicaciones. Dos tribunales de rango inferior registrar sus ordenadores. Una vez registrado, todas
habían anulado la ley por considerarla una violación del las interacciones con la red son potencialmente
derecho a la libertad de expresión. Millones de supervisadas y asignadas a un ordenador determinado.
personas siguieron el juicio y los argumentos que en el En realidad, la comunicación anónima no está permitida
mismo se expusieron. en esta red. El acceso puede ser controlado en base a
En junio del año pasado, la Corte confirmó las la identidad de cada cual y las interacciones pueden ser
decisiones de los tribunales de rango inferior y declaró supervisadas, en base a lo que cada cual hizo.
que la ley era inconstitucional. No nos interesa ahora La razón de este diseño se debe también a una
examinar por qué era inconstitucional. Lo importante, decisión de un administrador; aunque, en esta ocasión,
para nuestros propósitos, es la retórica que llevó a la se trate de un administrador menos interesado en las
Corte a tomar esa decisión. protecciones de la Primera Enmienda. En Harvard, el
La decisión dependía, de forma crucial, de las ideal es controlar el acceso; en Chicago, el ideal era
concepciones sobre la arquitectura de la red de facilitar el acceso. Por tanto, en Harvard se eligieron las
entonces, es decir, de Red 95. Dada esa arquitectura, tecnologías que hacían posible el control; en Chicago
la Corte concluyó que cualquier regulación que se eligió las tecnologías que facilitaban el acceso.
intentara zonificar el acceso de los menores a la Esta diferencia entre las dos redes se ha hecho
pornografía sería excesivamente gravosa para los bastante común en nuestros días. La red de la
emisores y receptores. Tal y como era la red entonces, Universidad de Chicago representa la arquitectura de
la regulación sería demasiado gravosa. Internet en 1995. Es, una vez más, Red 95. Pero la
Pero lo importante fue que la Corte habló como arquitectura de Harvard no es una arquitectura de
si esta arquitectura de la red -Red 95- fuera la única Internet. Es, más bien, una arquitectura de intranet. La
arquitectura posible de la red. Habló como si hubiera diferencia es esta: dentro de una intranet, la identidad
descubierto la naturaleza de la red y, por consiguiente, está lo bastante establecida como para que el acceso
estaba decidiendo la naturaleza de cualquier posible pueda ser controlado y el uso, supervisado. Los
regulación de la red. protocolos subyacentes son todavía TCP/IP, es decir,
Pero el problema es que, evidentemente, la red los protocolos fundamentales o subyacentes de
no tiene naturaleza alguna. No hay una única Internet. Pero superpuesto a los mismos hay un
arquitectura que sea esencial en el diseño de la conjunto de protocolos que facilitan el control. La red de
red. Red 95 es un conjunto de características o Harvard es Internet plus, donde el plus significa poder
protocolos que constituían la red en un periodo de control.
determinado de tiempo. Pero nada exige que estas Estas dos arquitecturas reflejan dos filosofías
características o protocolos hayan de constituir para distintas sobre el acceso. Reflejan dos conjuntos de
siempre la red. Y, de hecho, nada de lo que hemos visto principios, o valores, sobre cómo deben controlarse los
en los dos últimos años puede llevarnos a pensar que contenidos. En mi opinión, reflejan la diferencia entre
vaya a ser así. regímenes políticos de libertad y regímenes políticos de
Un ejemplo puede aclarar este punto. Antes de control. Reflejan la diferencia ideológica entre la
que fuera profesor de Harvard, enseñé en la Alemania del Oeste y la del Este; entre los Estados
Universidad de Chicago. Si uno quería acceder a la red Unidos y la antigua Unión Soviética; entre la República
en esta universidad, sólo tenía que conectar su China y la China continental. Es una diferencia entre la
ordenador a los enchufes que había por toda la libertad y el control, la cual se expresa en la arquitectura
universidad. Cualquier ordenador podía conectarse a o el diseño del código. Estas arquitecturas posibilitan
esos enchufes y, una vez conectado, cualquier valores políticos. Son, en ese sentido, políticas.
ordenador podía tener pleno acceso a Internet. El No trato con ello de criticar a Harvard. Harvard es
acceso era anónimo, completo y libre. una institución privada; es libre, en una sociedad libre,
La razón de que existiera esta libertad fue una de asignar sus recursos como desee. Lo que pretendo
decisión de la administración. El director de la es hacer ver cómo hay muchas arquitecturas y, por
Universidad de Chicago es Geof Stone, ex decano de tanto, cómo elegir una u otra es una opción política. Y
la Facultad de Derecho de la Universidad de Chicago y cómo, a nivel nacional, la arquitectura es
un prominente experto en libertad de expresión. inherentemente política. En el mundo del ciberespacio,
Cuando la universidad diseñó su red, los técnicos le la elección de una arquitectura es tan importante como
preguntaron si iba a permitir las comunicaciones la elección de una constitución. Básicamente, el código
3
del ciberespacio es su constitución. Establece los abrace las tradiciones de libertad expresadas en
términos en los que la gente accede al mismo; nuestro pasado constitucional, a una arquitectura que
establece las reglas, controla nuestras conductas. En es fundamentalmente contraria a esas tradiciones.
este sentido, es su verdadero poder soberano. Un ¿Pero cómo puede el gobierno hacer estos
poder soberano alternativo, que compite con los cambios? ¿Cómo podría el gobierno imponer este
poderes soberanos del espacio real en la regulación de control? Muchos no son capaces de ver cómo el
la conducta llevada a cabo por los ciudadanos del gobierno puede imponer este control. En los pocos
espacio real. minutos que me restan, intentaré mostrarlo. Quiero
Pero la Corte Suprema de los Estados Unidos insistir en el camino que va desde donde estamos en la
trató la cuestión de la arquitectura como si la misma actualidad hasta donde me temo que nos estamos
fuera algo dado. Habló como si sólo existiera un único dirigiendo. Quiero que vean cómo estos cambios son
diseño posible para el ciberespacio: el diseño que, de posibles y cómo el gobierno puede ayudar a que sean
hecho, tenía. permanentes.
En esto, la Corte Suprema no está sola. En mi Volvamos, pues, a la idea con la que empecé
opinión, el mayor error de los teóricos del ciberespacio este ensayo -la cuestión sobre las diferentes
-de los ideólogos y, especialmente, de los abogados modalidades de restricción- y señalemos algo
que piensan en la regulación de este espacio- es el importante sobre esa idea que hemos remarcado hace
mismo que el de la Corte Suprema. Es el error del poco. Dije al principio que debíamos pensar en la ley
naturalismo aplicado al ciberespacio. Es el error de como una más de las modalidades de restricción; que
pensar que la arquitectura que tenemos ahora será la debíamos pensar en ella como una parte de la
que tendremos siempre; que el espacio nos garantizará estructura de contención que regula nuestras
la libertad; que nos librará de los gobiernos que quieren conductas.
controlarnos. Alguien podría tomar eso como un argumento
Este punto de vista es profundamente erróneo. sobre la insignificancia de la ley. Si hay otras muchas
Lo es porque, mientras celebramos la libertad fuerzas, además de la ley, que también regulan, eso
"inherente" de la red, la arquitectura de la red está podría significar que la ley, por sí sola, puede hacer bien
cambiando ante nosotros. La arquitectura está pasando poco.
de ser una arquitectura de libertad a una de control. Pero señalemos algo que debería ser obvio. En
Está cambiando ya sin la intervención del gobierno, el modelo que he descrito, la ley regula mediante una
aunque este está examinando rápidamente cómo regulación directa -regulando la conducta individual a
podría intervenir para acelerar ese cambio. Y donde el través de la amenaza de castigo. Pero la ley también
gobierno está interveniendo, lo está haciendo en una regula de otras formas. Lo hace tanto directa como
forma pensada para cambiar precisamente esta indirectamente. Y lo hace indirectamente cuando regula
arquitectura, para convertirla en una arquitectura de estas otras modalidades de restricción, con el fin de que
control, para que sea, como he dicho, más regulable. regulen de forma diferente. Es decir, puede regular las
Mientras los ideólogos prometen una libertad eterna normas para que estas, a su vez, regulen de forma
incorporada en la misma arquitectura de la red, técnicos diferente; y puede regular la arquitectura para que esta,
y políticos están trabajando juntos para cambiar esa a su vez, regule de forma diferente. En cada caso, el
arquitectura, para desmantelar esta arquitectura de gobierno puede cooptar las otras estructuras, de forma
libertad. que restrinjan los fines del gobierno.
Como teóricos de este espacio, debemos Este tipo de regulación indirecta es también
comprender este cambio. Debemos reconocer las posible en el ciberespacio. Pero aquí esta regulación
consecuencias políticas de este cambio. Y debemos indirecta puede ser incluso más importante. Aquí el
responsabilizarnos de estas consecuencias. La gobierno no puede regular sólo indirectamente para
trayectoria del cambio es inconfundible y el fruto de esta hacer avanzar un fin sustantivo particular del gobierno.
trayectoria, veneno. Más importante aún, el gobierno puede regular para
Como constitucionalistas, debemos afrontar una cambiar la misma regulabilidad del espacio. Es decir, el
cuestión fundamentalmente constitucional: si tenemos gobierno puede regular las arquitecturas del
la opción de elegir entre arquitecturas de control y ciberespacio de forma que la conducta en el mismo sea
arquitecturas de libertad, ¿cómo decidimos estas más regulable, pues se trata de una arquitectura
cuestiones constitucionales? Si las arquitecturas son potencialmente más regulable que ninguna otra que
muchas, ¿nos guiará la misma constitución en la hayamos conocido en la historia del gobierno moderno.
selección de tales arquitecturas? Dos ejemplos aclararán esto. Uno se refiere a la
En mi opinión, los valores constitucionales regulación gubernamental de un fin sustantivo
implican la arquitectura de este espacio. En mi opinión, particular, y el otro, derivado del primero, es un ejemplo
los valores constitucionales deberían guiarnos en de regulación gubernamental para incrementar la
nuestro diseño de este espacio. Y, en mi opinión, los regulabilidad.
valores constitucionales deberían limitar los tipos de El primero es la regulación de la criptografía. El
regulabilidad que esta arquitectura permite. interés del gobierno en la criptografía tiene que ver con
Pero mi punto de vista está ausente de la el uso de esta tecnología para proteger la privacidad;
reflexión actual sobre el papel del gobierno en el su capacidad para ocultar el contenido de las
ciberespacio. En realidad, mi país -durante muchos comunicaciones a los ojos de una tercera parte
años símbolo de libertad en un mundo en el que esta vigilante, sea esta el mismo gobierno o un vecino
escaseaba- se ha convertido en líder en favor de este curioso. Durante buena parte de la historia de esta
cambio de una arquitectura de libertad en Internet hacia tecnología, el gobierno norteamericano la ha regulado
una arquitectura de control; de una arquitectura que intensamente; durante un tiempo amenazó con prohibir
4
su uso, ha prohibido insistentemente su exportación ¿Qué debemos hacer? ¿Qué deben hacer
(como si sólo los norteamericanos entendieran las ustedes -como poder soberano libre de la influencia de
matemáticas de alto nivel) y ha intentado que el cualquier gobierno extranjero- y nosotros, como
mercado se viera invadido con tecnologías de cifrado constitucionalistas liberales? ¿Qué debemos hacer
estándar que incorporaran una "puerta trasera" para ante las decisiones de los poderes políticos y
que el gobierno interceptara las comunicaciones. económicos dominantes para influenciar la arquitectura
Las propuestas más recientes son las más mediante la regulación realizada por el código?
importantes. En noviembre pasado, el FBI propuso una Los poderes soberanos deben entender esto. El
ley que exigiría a los fabricantes que garantizaran que código del ciberespacio es él mismo una especie de
cualquier sistema de cifrado que desarrollaran incluyera poder soberano. Es un poder soberano competidor. El
la posibilidad de recuperar, obtener, las claves de código es él mismo una fuerza que impone sus propias
cifrado o una "puerta trasera" equivalente, de forma que reglas a la gente que está en el ciberespacio; pero esa
los agentes del gobierno pudieran, si lo necesitaban, gente es también la gente que está aquí, en el espacio
acceder al contenido de las comunicaciones. real (ciudadanos de la República China, de Francia, de
Esta es una regulación gubernamental del código cualquier nación del mundo). El código les regula,
que regularía indirectamente las conductas. Es aunque sólo estén, por derecho, sujetos a la regulación
indirecta en el sentido que he descrito anteriormente y, de sus poderes soberanos locales. El código compite,
desde una perspectiva constitucional, es brillante. No así, con el poder regulador de los poderes soberanos
porque su fin sea bueno, sino porque la constitución locales. Compite con las decisiones políticas tomadas
norteamericana, por lo menos, ofrece muy poco control por los poderes soberanos locales. Y en esta
sobre una regulación gubernamental como esta. La competencia, a medida que la red se vaya convirtiendo
constitución norteamericana ofrece pocas protecciones en el lugar dominante de los negocios y la vida social,
contra la regulación gubernamental de las empresas y, el código desplazará a las regulaciones de los poderes
dado los intereses de estas, es probable que las soberanos locales. Ustedes, como poder soberano, han
regulaciones de este tipo sean efectivas. temido la influencia competidora de otras naciones.
Mi segundo ejemplo se deriva del anterior. Una Ahora, una nueva nación está enchufada a sus
segunda utilización de la criptografía es la teléfonos y su influencia sobre los ciudadanos es
identificación: de la misma forma que se oculta lo que creciente.
alguien dice, mediante certificados digitales puede Ustedes, como poder soberano, tendrán que
utilizarse para autentificar quién dice algo. Con la reconocer esta competencia. Y tendrán que reconocer
capacidad de autentificar quién es quién, el gobierno y cuestionar el rol especial que los Estados Unidos
podría decir de dónde viene alguien o qué edad tiene. están jugando en esta competencia. Gracias a la
Y con esta capacidad -mediante sistemas de distribución de los recursos que controlan la
identificación o pasaportes para las superautopistas de arquitectura de la red, los Estados Unidos tienen un
la información- los gobiernos podrían regular mucho poder único para influenciar el desarrollo de esa
más fácilmente la conducta en el ciberespacio. Esto arquitectura. Es como si se estuviera escribiendo la ley
recrearía el poder de controlar la conducta, recrearía el de la naturaleza y los Estados Unidos fueran los
poder de regular. autores. Este poder da una importante responsabilidad
Reparemos en lo que lograrían estas dos a los Estados Unidos, y ustedes deben asegurarse de
regulaciones. Puesto que Estados Unidos es el que lo ejerce de forma responsable.
mercado más grande de productos de Internet, ningún Para los constitucionalistas -aquellas personas
producto puede esperar tener éxito a menos que lo preocupadas de preservar las libertades sociales y
tenga en los Estados Unidos. Así, los estándares políticas en este nuevo espacio-, el problema es más
impuestos con éxito en Estados Unidos se convierten difícil.
en estándares para el mundo entero. Y, en primer lugar, Volvamos al relato con el que inicié esta charla,
estos estándares facilitarían la regulación y, en el mundo de los pasaportes internos. Una forma de
segundo lugar, asegurarían que las comunicaciones de entender lo que he dicho hoy sobre el ciberespacio está
Internet pudieran ser interceptadas por cualquier en la línea de ese relato sobre la Rusia zarista. El
gobierno que siguiera los procedimientos indicados en nacimiento de la red fue como la revolución; la vida
la ley. Pero los estándares que esos gobiernos tendrían según Red 95 era como la vida en la Rusia bolchevique
que cumplir no son los estándares de la constitución de (por lo menos, en lo que se refiere a sus partes buenas,
Estados Unidos, sino cualquier estándar que un como la eliminación de los pasaportes internos); la Red
gobierno local tenga la oportunidad de tener, se trate se está convirtiendo en algo parecido a la Rusia
del gobierno de China continental o de Suiza. estalinista, donde se reinstauraron los pasaportes
La consecuencia es que el gobierno de Estados internos.
Unidos estaría exportando una arquitectura que facilita Hay una trampa en esta historia, una trampa
el control, y no sólo un control ejercido por otros retórica que tiende a oscurecer un hecho importante
gobiernos democráticos, sino por cualquier gobierno, sobre la vida en el espacio real. Todos nosotros vivimos
incluidos los represivos. Por eso, los Estados Unidos en un mundo de pasaportes internos. En los Estados
dejarían de ser un símbolo de la libertad para Unidos, en muchos lugares, uno no puede vivir sin un
convertirse en un vendedor ambulante de control. Tras coche, y no puede conducir un coche sin una licencia,
haber ganado la guerra fría, estaríamos ahora y una licencia de conducir es como un pasaporte
promoviendo las técnicas que nuestros enemigos interno: dice quién eres, de dónde eres, cuántos años
emplearon durante la guerra fría. tienes, si has estado condenado por un delito
recientemente..., vincula tu identidad con una base de
datos que revelará si has sido detenido (si has sido
5
condenado o no) o si existe alguna orden de detención democracia constitucional. La cuestión radica en ser
contra tí en algún país. La licencia de conducir es el crítico con este poder soberano emergente, como lo
pasaporte interno del moderno estado norteamericano. somos con cualquier otro poder soberano.
Y no tengo la menor duda de que su capacidad de ¿Cuáles son estos límites? Mientras el gobierno
control o identificación es mucho mayor que la que controla e influencia la arquitectura del código de la red,
existía en la Rusia zarista. debemos, como mínimo, garantizar que el gobierno no
Pero en los Estados Unidos -por lo menos para monopoliza estas tecnologías de control. Debemos
aquellos que no son inmigrantes o miembros de una garantizar que los diferentes tipos de control que hemos
minoría marginada- la carga que representan estos incorporado en la democracia constitucional se incluyen
pasaportes es liviana. La voluntad de regular, también en la regulación de esta constitución, del
supervisar, rastrear, no es lo bastante fuerte en los código. Debemos garantizar que las restricciones de
Estados Unidos como para apoyar cualquier esfuerzo cualquier democracia constitucional -los límites de la
sistemático dirigido a utilizar estos pasaportes para eficacia que constituye la Declaración de Derechos y
controlar las conductas. Y esa voluntad no es lo los sistemas de control y de equilibrios- se incluyen en
bastante fuerte porque el coste de ese control es muy la regulación del código. Estos límites son los "errores"
grande. No hay puestos de control en cada esquina; no (bugs) del código de una democracia constitucional; y,
se pide a los individuos que se registren cuando se como dice John Perry Barlow, debemos incorporar
desplazan a otra ciudad; uno puede pasear de forma estos "errores" en el código del ciberespacio. Debemos
relativamente anónima la mayor parte del tiempo. Las incorporarlos de forma que, en base a su ineficacia,
tecnologías de control son posibles, pero son muy podamos recrear algunas de las protecciones que
costosas. Y este coste es, en buena parte, la razón de conocemos desde hace tanto tiempo.
la gran libertad que disfrutamos. Es la ineficiencia de El ciberespacio está regulado por leyes, pero no
las tecnologías de control en el espacio real lo que sólo por la ley. El código del ciberespacio es una de
produce la libertad en ese espacio. estas leyes. Debemos examinar cómo este código es
Pero, ¿qué pasaría si el coste del control un poder soberano emergente -
descendiera dramáticamente? ¿Qué pasaría si emerge omnipresente, omnipotente, amable, eficaz, creciente-
una arquitectura que permitiera una supervisión y debemos desarrollar, contra este poder soberano, los
constante, una arquitectura que facilitara un rastreo límites que hemos desarrollado contra los poderes
continuo de la conducta y del movimiento? ¿Qué soberanos del espacio real. Los poderes soberanos
pasaría si emergiera una arquitectura que recogiera, sin dirán siempre -en el espacio real y en el ciberespacio-
coste, datos sobre los individuos, su conducta, sobre que los límites y las ineficiencias -los errores- no son
quiénes quieren llegar a ser? ¿Y qué pasaría si la necesarios. Pero las cosas cambian demasiado
arquitectura pudiera hacer eso de forma invisible, sin rápidamente como para tener esa confianza. Mi temor
interferir con la vida cotidiana de los individuos en no es sólo que no hayamos desarrollado todavía un
absoluto? lenguaje de la libertad contra este poder soberano. Ni
Esta arquitectura es el mundo en que se está que no tengamos tiempo para desarrollarlo. Mi temor es
convirtiendo la red. Esta es la imagen de un control que no tengamos voluntad; esa voluntad de las
creciente. Como en el espacio real, tendremos sociedades libres de las dos centurias pasadas para
pasaportes en el ciberespacio. Como en el espacio real, construir constituciones que protejan la libertad a costa
estos pasaportes podrán ser utilizados para supervisar de la eficacia.
nuestra conducta. Pero en el ciberespacio, a diferencia © Lessig 1998: Este ensayo fue presentado en la conferencia
del espacio real, esta supervisión, este rastreo, este Taiwan Net '98, celebrada en Taipei, en marzo de 1998.
control de la conducta será mucho menos caro. Este
control se realizará en segundo plano, de forma eficaz
e invisible.
No vamos a decir si este cambio es para bien o
para mal. En realidad, creo que, como
constitucionalistas, debemos reconocer una
ambigüedad fundamental en nuestros actuales juicios
políticos sobre la libertad y el control. Estamos divididos
en las reacciones ante esta imagen de un sistema de
control perfecto y, al mismo tiempo, invisible. Muchos
dirían que este sistema es maravilloso. Fantástico para
atrapar al culpable y con pocas molestias para el
inocente. Pero hay muchos, también, que dirían que
este sistema es espantoso. Dirían que, mientras
profesa nuestros ideales de libertad y no ingerencia del
gobierno, habríamos establecido un sistema de control
mucho más eficaz que ningún otro en el pasado.
La respuesta a todos estos problemas no es,
necesariamente, renunciar a las tecnologías de control.
La respuesta no es insistir en que Red 95 es la
arquitectura definitiva de la red. La respuesta es
encontrar una forma de traducir al diseño de la
arquitectura de la red lo que es sobresaliente e
importante para nuestras libertades actuales y la
6
Maldonado, Tomás (1998), Crítica de la razón informática,
Paidós, Barcelona, 239 p. Capítulo 1.
10 CRÍTICA DE LA RAZÓN INFORMÁTICA 11
PREFACIO

pesimistas son deplorables, no lo son menos los optimistas. Se Algunos colegas universitario~ --Giovan!1i Anceschi_, ~­
equivocan quienes ven la informática como una caja de ~ando­ niele Marini y Marco Sancambrogio-- ha? leido ':ª.ªversión m
ra rebosante de desgracias, pero también quienes la consideran progress del primer capítulo. Sus_~bservacio?es, crmcas y suge-
una cornucopia desbordante de frutos milagrosos. . rencias me han sido de gran utilidad. He intentado acogerlas,
En el presente ensayo, he incencado superar esca manera sim- en la medida en que las comparría, en la redacción final del tex-
plista de presentar el problema. Fiel a una aproximación que, to. El m ismo capítulo ha sido leído por Patrizia Nanz, qu_e me
desde siempre, me resulta muy congenial, me he esforzado por ha ayudado a encender algunos puncos~ para mí_poco a:cesibles,
tratar el cema recurriendo a distincas áreas disciplinarias. Con- del pensamiento de Habermas. Gracias también a Simonecca
fieso que, esca vez, la tentativa ha sido particularmente ardu~ y Tabboni, que, amigablemente, me ha ayudado a super~r algu-
no siempre, pese a mi empeño, he conseguido superar las difi- nas dificultades de búsqueda bibliográfica. Como es habitual en
cultades. Sea como fuere, tengo la impresión de que el hecho de estos casos, está claro que las ideas sostenidas y los eventuales
examinar la razón informática desde múltiples ángulos ha per- errores deben acribuírseme a mf y sólo a m!.
mitido iluminar algunos aspectos que, de otro modo, habrían Escoy cambién reconocido a Fiammetca Costa y Costanza
permanecido oscuros . No me parece poco. . . Pracesi por su colaboración en las sucesiv~s le~curas del m~nus:
!:! f>•imer capítulo de este lib~o es compleca~ence !né?1to. crico. Asimismo a Grazia Cassara, de G1ang1acomo Felmnelli
El segundo recoma, con modificaciones y sustanc1a~~s anad1d~s, Edicore, por su siempre eficiente cuidado en la revisión edito-
una conferencia celebrada en el Encuenrro lnnovac1on tecnológ1ca rial del cexto.
y estrategia urbana (Telecom, Palermo, 1994) y fragmentos de
discincas intervenciones en el ámbico académico. En el caso del
tercer capítulo, he hecho confluir en un planteamiento original
algunas ponencias en encuencros ciencíficos editadas en revistas
especializadas de difícil hallazgo (IV Congreso de infom~ática_ y
neurociencias, Bari, 1993; Encuentro de alta cult11ra rad10/óg1ca,
Erice, 1993; l Congreso inttrnacional 1obre la realidad virtual m
rehabilitación, Gubbio, 1994; Encuentro internacional Lo1 colores
de la vida, Turín, 1995), además de un ensayo aparecido en un
libro colectjvo a cargo de P.L. Capucci (1994).
Como he hecho siempre en mis libros anceriores, el cexco se
presenta acompañado por un rico elenco de nocas y una amplia
bibliografía. Esto no responde --quiero precisarlo-- a la vo-
luntad de exhibir una presunta erudición, sino sencillamente al
deseo de facilitar el cam ino a los estudiosos (y a los estudiantes)
que quieran abordar con mayor profundidad las temáticas aquí
discutidas.
Querría expresar mi agradecimienco a Medardo Chiapponi
y a Raimonda Riccini que, desde hace años, y con inestimable
generosidad, me ayudan en la elaboración y en la redacción de
mis libros. En el segundo capítulo, para el examen de las cues-
tiones relativas al celecrabajo, me ha sido preciosa la concribu-
ción de Antonella Penaci . También estoy en deuda con Anna
Poli, que me ha asiscido en codas las fases de la búsqueda bi-
bliográfica, sobre codo la on fine.
1. Ciberespacio, ¿un espacio democrático?

Hoy existe una esperanza, muy difundida en algunos secto-


res de nuestra sociedad, de que las tecnologías inceractivas y
multimedias puedan contribuir a una drástica reubicación de
nuestra presente manera de encender (y practicar) la democra-
cia. Se confía en que estas tecnologías estén en condiciones, en
sf mismas y por sf mismas, de abrir el camino a una versión di-
recta, o sea participativa, de democracia. 1 De este modo, se argu-
menta, será posible superar las debilidades, las incoherencias y
las ficciones, tantas veces denunciadas, de la actual estructura
parlamentaria y representativa de la democracia.
Una vez más, pues, se asigna a la tecnología un papel tau-
matúrgico en la resolución de cuestiones de fondo de nuestra
sociedad. Es un hecho que merece una atenea consideración, no
sólo por las implicaciones de carácter teórico que suscita, sino

l. Desde luego, éste no es un asunto inédito. En los últimos quince allos, ha


sido ampliamente discutido: l. de S. Pool (1983 y 1990), P. Virilio (1984 y 1996),
L. Winncr (1986), Th. Rosuk (1986), [Link]. Artercon (1987), H. Delahaie (1987),
J. B. Abramson y otros (1988),J. Ellul (1988), J. Chesnaux (1989), J. Rifkin (1989
y 1995). G. Gilder (1992),J. Raucb (1994), A. Kroker y M. A. Wcinsrein (1994),
M. Surman (1994), R. Spean y M. Lea (1995), A. y H. Toffier (1995), S. L. Talbott
(1995), Ph. Breron (1995), C. Stoll (1995), L. K. Grossman 0995). S. London
(1994 y 1995), N. P. N egroponcc (1995}, H.I. ScbHler (1995}, D. Burscein y D.
Kline (1995). J . Guisnel (1995), D. Kline y D. Burscein (1996), R. Barbrook y A.
Cameron (1996) y J. Habermas (1996). En Italia: G. Cesarco (1984), G. Sartori
(1989), G . De Michelis (1990 y 1995), P.M. [Link] (1990), L. Ardesi (1992),
D. Zolo 0992). S. Rodod (1992 y 1995). D. Campana (1994), N. Bobbio (1995),
F. Colombo (1995) y A. AbNZZCSC (1995 y 1996).
CIBERESPACIO, ¿UN ESPACIO DEMOCRÁTICO? 15
CR1TtCA DE LA RAZÓN INFORMÁTICA
14
Estado a los parciculares. En breve: el control, que anees estaba,
cambién por los intereses concreros que mov~liza: no se debe sobre codo en clave antimonopólica (pero no sólo) en manos del
soslayar que este g randioso dise~o ~s favorecido, ade~ás, por Estado, ahora pasaría a las agrupaciones monopólicas que, gra-
fuerzas económicas a las que es d1ffc1l reconocer una acmu~ re- cias a una excesiva liberalización, se volverían omnipotentes. Lo
ceptiva en cuanto a la suerte de las instituciones democráncas. cual no es una eventualidad teórica o un hipotético escenario
Aludo a las empresas multinacionales, inclinadas a menud~ a para el siglo que viene, sino una realidad.
anteponer, siguiendo una rígida lógica de mercado, sus propios A ello ha contribuido, de manera determinante, la Ttlerom-
intereses a los de la comunidad. . m11nication1 Reform Aa, reciencemeoce promulgada por el senado
Es preciso admitir, empero, que hay orros grupos de op1- de Escados Unidos (1996), que ha proporcionado las bases jurí-
nión que, desde ópticas diferentes e i~cluso conc:apuescas a las dicas para una casi coral dtrtgulation en la esfera de los medios
de las multinacionales, están convencidos de un 1mpa~t? bené- de comunicación. Los efeccos de este nuevo ordenamiento están
fico de las nuevas tecnologías en el desarrollo democraoco. No a la visea de todos: eras la explosión de múltiples iniciacivas que,
debe darse por descontado, en verdad, que escos grupos se pue- al comienzo, habrían podido hacer pensar en una mayor articu-
dan considerar en codos los casos, absolucamence autónomos lación compecencial del mercado, el resultado ha sido, en
de la influenci~ explícita o impl!cica de la lógica de mercado. cambio, la agrupación de algunas grandes empresas en un nú-
(Piénsese en aquellos que ha~ si?o idenr!fi~ados, ~~ poco pro- mero cada vez más reducido de conglomerados mulcinaciona-
vocacivamence, como los cap11alut ryberhzppm o/ Sr/Jcon Va/ley.) les.3 No me parece temerario prever que esca tendencia a una
Sería igualmente reduccivo y ~esoriencado~ creer que todos estos integración sin reglas, confiada al papel de la malfamada «mano
grupos no son más que la ~xpres1?n ~e cales [Link]: invisible», acabará, an ces o después, por hacer vanas las pre-
Entre quienes anunc1an el inminente advenimiento de una sencias menores en el mercado. No sería la primera vez que
república elecrrónica están también, quizá los más acci~os, aque- ocurriera esto. lo;.< ~.>.::,. :t~
llos que denuncian el intento P?r parte de . los gobiernos de Para avanzar en el examen de un cema can complejo e in-
querer ejercer un control normanvo y censorio sobre las redes. crincado, me parece necesario ilustrar, en primer lugar, los ar- •Xv~(.. \. t ~·J.,
Un concrol que, en última instancia, se configu:arfa como una gumentos que, de coscumbre, se utilizan en defensa de la ceo-
amenaza para los potenciales conrenidos .emanc1pa?ores d~ las rfa, anees mencionada, de los contenidos emancipadores de las
tecnologías informáticas. 2 Pero no se de~1enen aqui.. Al mismo nuevas tecnologías informáticas y de sus actividades económi-
ciempo, estos grupos acacan las cendenc1as monopolistas, de. las cas inducidas. Aunque soy consciente de los riesgos inherentes
empresas multinacionales del sector, en las cuales enrrev~n ries- a cualquier enumeraci6n sumaria de argumentos, querría al
gos canco o más insidioso~ para el fiuuro de !a democracia. menos presentar aquellos que son más recurrentes. Y, en mi
Sin embargo, esca pos1c16n presenta, en CJertos aspectos, .u na opinión, más significativos. Al mismo ciempo, trataré de expli-
embarazosa similitud con la sostenida, en nombre del libre citar mi posición sobre cada uno de ellos.
mercado, por las multinacionales: también las multinacio_?3;1es Entre los autores que ven en las tecnologías informáticas un
rechazan cualquier forma de co~crol estac~, pero co_n el ~meo factor de ensanchamiento y consolidación de las bases democráti-
objetivo de favorecer, en su prop10 benefic10, una. rad1Cal l!bera- cas de nuestra sociedad, a menudo se examina la cuestión relativa
lización de los media y de las redes. Una estrategia encaminada, al formidable impacco de escas tecnologías sobre los medios de
en síntesis, a una mera transferencia del poder de control del comunicación. En este contexto se plantean duras críticas a los
ma.s1 media tradicionales . Según estos aucores, ellos no resistirían
2. En Escados Unidos, asociaciones como la EPF (Elcccronic Froncier Pouoda-
tion) la CPSR (Compum [Link] for Social .Responsability) y el CDT (Centet 3. Esca tendencia escaba ya presente algunos meses antes de la TtlttommMnica-
for Democracy and Teclmology) son los baluartes conrea los ioccnros por parre de la rion1 R1/orm A<t, quizá porque se sabía con anticipación, oficiosamente, que la átrt-
NSA (Nuional Secucicy Agency), del FBI y de algunos miembros del Sc03do (por gMlatton era inm1nence. Me refiero, en esce [Link], a las asociaciones encre Walc Dis-
ejemplo, el proyccco de ley Co11u1tM11icati111S Dtm1ry Aa de los senadores E~on Y Gor- ney y [Link], NBC y M1c«»0fr, y CNN y Time Warner. Sobre el papel de las
don), pua JegiTimar la capilar vigilaocia y el [Link] de Las redes celemátaa.s. VEuc mulcinacionalcs cnccc viejos y nuevos mtáia, vbsc. A. W . Blll1lscomb (199'1).
J. Guisncl (1995).
[Link] DE LA RAZÓN INFORMÁTICA OBERESPAOO, eUN ESPAOO DEMOCRÁTICO? 17
l6

la comparación, en cuanco a riqueza inte~ctiva •. [Link] los nuevos Teleputer


11Jldia informáticos. En efecto, los maJJ media tradIC1onales, por su
modus operandt -vertical, descendiente y unidireccion~-, hacen , Las ~u~vas cecnologí3:5 deberían concribuir a romper esce
impracticable una efecciva comunicación de ~o~le senudo. ctrculo v1c1oso y a hacer viable un recorrido alcernacivo. Y en el
Esco es verdad en parcicular para la celevlSlÓn, no por cas~a­ cenero de este desarrollo, como faccor dinamizador de una fun-
Lidad el principal blanco de l~s críricas. Ap~[Link] de nuestra dts- damental renovación democrática de los medios de comunica-
ponibilidad (o no) a aceptar in_ 1010 cales [Link]~, no hay duda ción, se encoocrarfa un nuevo objeto técnico: el teleputer (teiepu-
de que la televisión es un medio de comu01cac100 basado, pre- 1er = televisión + computado + celéfono).-4
ferentemente, en la absoluta pasividad del sujeto receptor. Es Sin querer subestimar los aspeccos novedosos de la accual
superfluo al respecto recordar el hecho, para nada nuev~, ?e que controversia en corno a la televisión, debe recordarse que mu-
la información recibida por el telespectador es sum1niscrada chos de los temas hoy en discusión habían escado ya en el cenero
unilateraimenle por el emisor. . del de.b~te ea los años cincuenta., El problema, por ejemplo, de
Por supuesto, en los últimos tiempos se ,ha t~atado de .m~ro­ la pas1v1dad del telespectador, que ahora es considerada uno de
ducir algunas astucias técnicas que, en u~ amb1co muy lt~1ca­ los .aspectos más alienantes de la experiencia celevisiva, fue dis-
do, permitirían que el telespectador, med1~nre puntuales inter- cuudo enconces por los sociólogos de la comunicación.
venciones telefónicas, se incorporara, por e}emplo, en un debate A decir verdad, las conclusiones a las que llegaron eran a
en curso o expresara sus preferencias sobre cuestiones que le son menudo demasiado genéricas e inconcluyenres. Y esto se debía
sometidas. Otro método consiste en llevar las cámaras a deter- --como uno de ellos, R. B. Meyersohn (1957), había aguda-
minados lugares privados o públicos para entrevistar en dir~c~o ~[Link] desracado-- a un uso poco prudente de la noción de pa-
a una persona o a un grupo de personas,, o para craosr;[Link], s1v1dad. Desde esca óptica, Meyersohn invitaba a sus colegas a
siempre en directo, el desarrollo de especcaculos o d.e [Link] distinguir dos aspeccos del problema: a) el hecho de que «ver
políticos. Pero no son éstos los únicos esfuerzos para incent1var tele~isión pued.a .~onducir a la pasi,vid~d »¡ y b) el hecho de que
una mayor actividad del telespectador.. . «mtrar la celev1S1on pueda ser en s1 mismo un acco pasivo». Se-
No se pueden ignorar, en esce sentado, los r~~1;n~es desa~ro­ gún Meyersohn, la indagación debía concentrarse más en las
llos y recursos técnicos de la denominada cele.v1S1on 1ncer~cuva: causas que llevan a la gente a la pasividad y menos en las causas
video 011 dmzand, near vitko 01'1 demand, pay per v1~ [Link], lt- P_O~ las cuales la ce~evisión es una óptima suministradora de pa-
lebanking, ecc ..Todo esro, empe~~·, no convenc~ a los más reca~­ s1v1dad. Todo considerado, decía Meyersohn, a menudo se olvi-
cicrances opos1cores de la celev1s1on. Las medidas cornadas, di- da que «la pasividad es una característica humana no de la ce-
cen, no son más que paliativos, expedientes bascance [Link] levisión». 6 '
destinados a remedar una participación interactiva que no ex1s- .Creo qu~ semejante maciz interpretativo puede ser úcil, mu-
ta/u mutandJS, en el accua1 debate sobre la pasividad: me parece
ce en absoluto.
Por canco, la televisión, al menos cal como hoy la conocemos, percibir que, canco hoy como ayer, el problema no es canco era-
tendría un futuro incierto. No sólo eso: algunos van mucho. r:iás
allá y anuncian, a breve plazo, su [Link]. En .e~ecco, la celev1s1ón 4. Un e?cacnizado oposimr de la celevlsión y apasionado pcomocor del 1úep111er
ya no estaría a la alcura de l~ apremiante sohc1cud, J?Or parce de es George G1ldec. Un ~rsonaje discutido: racisca, ancifeminisca y asesor del políti-
vascos sectores de nuestra sociedad, de hacer los m~[Link] ~omu­ co ulccaconservador estadounidense Newc Gingcich, anuncia en conos pcof€cicos Ja
nicación menos coercitivos y más dispuestos a la implicación de decadencia definitiva del sistema celevislvo y el advenimiento de la era del 1útp111er.
~te último debería liberamos de los cdcmences cspccrkulos• a los que nos ha ha-
los usuarios. Bien mirado, la televisión estaría irremisibleme~ce
bmwlo ese "Pantano nihilista• que es la televisión. Vb$e P. Bronson (1996).
ligada a un siscema de co':11unicación q~e, ~ntrelíneas, es defimdo 5. Entonces fueron importantes los ensayos de T .W . Adorno (1964), G . An-
como no democrático e incluso auconcano, porque su plancea- ders (1957), H. Rabassiece 0957) y M. [Link] (1957).
mienco habría sido siempre (y aún sería) asimétric~: por .un lado, 6. [Link] al respecto el ya cUsico [Link] de H . [Link] (19~9) sobre el
el productor de la información¡ por el otro, su desnnacano. dilema •vida activa• o •vida contemplativa•.
18 CIÚTlCA DE LA RAZÓN lNFORMÁTICA [Link].¿UN ESPACIO DEMOCRÁTICO? l9

car de escablecec cuál disposicivo cécnico fav?rece, en abscra~to, plicación corporal asume, en la práctica, distintas caracterís-
la pasividad y cuál la actividad, sino más bien encender ~~l~s ticas. Mientras que en el caso del usuario del televisor la im-
son las razones de fondo que, en un específico coi;it~co hiscon- plicación es muy modesta, por cuanto consiste casi exclu-
co, hacen que los sujetos sociales prefieran la pas1v1dad a la ac- sivament e en el mero uso del mando a distancia (y sólo
tividad. esporádicamente del teléfono), en el del usuario del 1elep11ter la
Enfocado así el cerna asume una dimensión muy concrera. implicación es mayor, dado que tiene que inreraccuar conci-
Desde esca ópti~a, el papel de Los disposiriv?s cécnicos, aun nuamence mediance el teclado u otros dispositivos manuales:
cuando siempre es relevante en esce ~unto, p1erd_e la a~soluca si queremos expresamos con las debidas cautelas, sería mejor
centralidad que, de costumbre, se le asigna. Es red1m~ns10nad~, hablar de una implicación menos pasiva. Por otra parre, esca si-
al menos en parte, un cierro determinismo tecn~ló~1co procli- tuación podrfa modificarse el día, parece que no muy lejano,
ve, desde siempre, a acribuír apresuradamente a d1snntas tecno- en que las órdenes del teleputer se efectúen sólo con la ayuda de
logías la responsabilidad, en lo bueno y en lo malo~. de fenóme- la voz.
nos sociales (e incluso políticos) de elevada c~mple¡.1dad. Aludo Hay, empero, otra diferencia, quizá más importante: la
en parricular a esas teorías que ~o~mulan la h~p?ces1s de una ra- relariva a la implicación, digamos, psíquica. Mientras que el
dical dicotomía entre una celevmón toda pas1v1dad y un telepu- universo de las elecciones sometidas al usuario del televisor
ter todo actividad, y que atribuyen sin términos r:iedios una na- es l imitado, por su naturaleza preprogramada (y, por tanto,
turaleza no democráti~a a la primera y democráctea al segundo. predeterminada), el del usuario del teleputer, en cambio, es, en
Teorías, como se intuye, muy temerarias y, en cierros aspectos, apariencia, ilimitado. En otras palabras, mientras las posibili-
concrainmitivas, sobre las cuales querría detenerme ah?ra.. dades de navegación del primero no dependen de él, ya que los
No tengo dificultades para reconocer que la expene~c1a te- recorridos le son impuestos (o sugeridos) por las elecciones aje-
levisiva, por las razones que ya he exi:iuesco, se caracc~nza por nas, las posibilidades del segundo dependen de él y sólo de él.
una fuerce pasividad. En Estad?s U nidos se us~ la pmcoresca El á.rea de intervención del primero sería finita y la del segun-
expresión couch patato pa~ defirur el comJ><?rt3°!1~nco de ,un _ce- do, infinita.
leadicco en estado de casi absoluta postración fístea y ps1qu1c_a, Aunque esto, en líneas generales, es verdad, hay que hacer
hundido --como una pataca- en un sillón, mientras traga sm algunas precisiones al respecto. Si tomamos, por ejemplo, la co-
pausa codo cipo de porquerías. . . municación vía Internet está claro que el usuario es libre de de-
La pregunta, en este punto, es la s1gu1ence: ¿esca~os segu- cidir con qué personas o cosas quiere ponerse en contacto, por
ros de que el [Link] del telep~ter: puede dar origen a un el sencillo motivo de que, como dicen los promotores del servi-
comportamiento sustancialmente d1sc1nro? ¿Estamos seguros cio en red, everyone and everything is on the net. 7
de que nuestra relación con el releputer no se configurará, a fin de Sin embargo, es preciso encenderse sobre esca proclamada
cuencas como una nueva variante del couch patato? Todo hace posibilidad de absoluto y libre acceso a la red. Se erara de un
pensar que puede ocurrir algo similar: exi~te el riesgo de que punto crucial del actual debate sobre la relación información-
de la apoltronada pasividad frente al televisor se pase a un ac- democracia. Porque una cosa es la posibilidad de un libre acceso
tivismo, paradójicamente, igual de apoltronado, frence al tele- a la información y otra muy distinta la probabilidad de que los
puter. O sea: nuestro febri l n_omadismo explorador.ª. través de ciudadanos puedan hacer uso de ella. La posibilidad de estable-
la red no viene, como se quiere hacer creer, ~ deb1lltar nues- cer concacco con everyone y everything puede estar técnica (y le-
tra inercia contemplativa, nuestro sedentarismo frente a la galmente) garanrizada, pero no significa que ello ocurra efecti-
pantalla, sino a hacer este fen6meno aún más agudo y alar- vamente. Y esto por dos razones: J

mante. En primer lugar, porque un universo de acceso homogénea-


A pesar de codo, sería erróneo no reconocer que, de hecho, mente disponible plantea, por fuerza, el problema de las res-
existen algunas diferencias. Está fuera de dud~ que en am?os
casos la actividad física es relativamente reducida, pero la 1m- 7. Vhse W. R. Jobnsoo (1991), págs. 150-175.
CRÍTICA DEL\ RAZÓN lNFORMÁTICA CIBERESPAOO, ¿UN ESPACIO DEMOCRÁTICO? 21
20

cricciones subjetivas de acceso, es decir, aquellas que los m~s­ son democrácicamence elegidos, luego escapan, normalmente,
mos accores se ponen en consonancia con sus val~res, creencias al concrol de sus electores.
y preferencias, sin exdui~ los p~ejuicios que denvan de ellos~ ,Así, se q~erría restablecer, ahora con apariencia electrónica,
No se bUJca sin saber que se quiere encontrar y d6n.~e encon el agora aceruense.9 Se trataría, empero, de un ágora no relegada
erario. Lo cual, en los hechos, crae aparejad~ la. elecc1on de .de- como en la Arenas de Pericles, a un lugar geográficamente li~
terminados objetivos e itinerarios y la cons1gu1ence renuncia a mic_ado -la ciudad-Estado--, sino a un lugar sin confines es-
paciales. A un lugar, por así decir, no lugar. En cal contexto se
ocr~~ segundo lugar, está el ~roblema de las limitaciones exte- habla, si~uie~do los pasos ~e Mcluhan, de ·aldea global>., el
riores de nuestra libertad. Pese a que se nos asegure la que vasto ce~rttono en 9ue los ~iudadano~, por primera vez, podrían
Isaiah Berlín llama «libertad negativa»,8 o sea, en nuestro caso ser considerados, sin recónca (o casi), verdaderos «ciudadanos
específico, la «ausencia de incerferenci~ en _el uso de la ~~· la del mundo». Los agentes sociales serían puestos en la situación
efectiva probabilidad de disfrutar de dicha libertad es min.1ma. técnica de acceder inceraccivamence, a nivel planetario, a todos
En este aspecto de la cuestión, el ejemplo dado por el mismo los p:ocesos inform~civos, pero también a codos los procesos de
Berlin es, me parece, muy inscruccivo: la libertad de em~render dec1s1ón: canto los ligados a problemas de barrio como a los na-
un viaje alrededor del mundo que, al menos en los pa~ses de- cionales e inceroacionales.
mocráticos, está garantizada formalmente a codos los ciudada- Poco anees hemos visco la vulnerabilidad de este escenario.
nos. Es un hecho, empero, que, para poderlo llevar a cabo, .es Volvamos ahora sobre el tema para examinar más de cerca al-
necesario satisfacer algunas condiciones que, por el concrano, gunas de las principales argumentaciones utilizadas por sus
sólo unos pocos pueden permitirse. Por ejemplo: estar en con- defensores. Generalmente, entre éscos se da una gran relevan-
diciones de sopoccar los elevados costes de la empres~ Y tener a cia al nuevo tipo de relación que, mediante la red se establece-
disposición el tiempo requerido para afronc~La. la ltben~d de ría encre las personas. En teoría, codos podríamo; dialogar con
acceder a través de la red a everyone y a everythmg es, pues, iluso- codos.
ria. Igualmente ilusorio es ~uponer, c~mo. se hace con fre~uen­ De golpe, las sofocantes jaulas de la nacionalidad , la raza, el
género y la religión perderían vigencia. De este modo, se crea-
~~
cia, que esca libertad consuruye, en s1 mis~. y ¡:>_<>r s1 misma,
una especie de vía privilegiada para una pamc1pac16n democrá- rían ~as condiciones para el advenimiento de una cultura que a.\t,l,~
enfattza los factores de convergencia y no de divergencia entre
(~l.1.\0
tica global. .
Hay un aspecto que, aunque implícito en el punto anterior, los seres humanos. Por este camino, dicen, desaparecerían de
es preferible tratar por separado, puesto que se tra~a de una hecho muchos prejuicios redprocos. Y así se contribuiría a dar
cuestión a la cual, sobre codo reciencemence, se ambuye una v_ida a una sociedad global basada en la tolerancia y la compren-
importancia cada vez. mayor. Me refiero al papel q_ue_ las .red~s sión. Por ocra parce, la posibilidad ofrecida a codos de comuni-
celemácicas podrían asumir en el conc~xco de las .Pracnc~. msn- carse con codos debería favorecer el surgimiento de «Comunida-
cucionales (y no inscicucionales) relanvas a la vid~ polittc~. Se des virruales».
erara de la propuesta de una sociedad en que lo~ sujetos sociales
actúen (e inceraccúen) polícicamence por medio de redes cele-
mácicas. d
Tal propuesta, lo hemos señalado, es_ muy grac~ a to ~s
aquellos que ven en la denominada rep~bhca eleccr6mca la pn-
mera oportunidad en la historia de realizar una t<verdade~a d~­ 9. Sobre la dcmoccac:ia griega, v&se Th. A. [Link] (15151), Ch. Mcier (1983),
mocracia» . El escenario presentado :sel de u~a .democra~1a ~1n L. Canfora (1989), N . Maa:eucci (1989), D. Scockron (1990). S. Homblowcr
(1992), C. Farrar (1992) y D. Mwri (1995). Sobre la idea. griega de democracia en
delegación, sin el libre albedrío de rncermediarios que, s1 bien 12 era mod_cma y concemporánra., véasc lL DahJ (1989) y J. Duno ( 1992), y sobre
su presencia en d actual debate relativo a la ·democracia eJccu6nia•, véase L. K.
8 . I. Berlin (1969). pág. 122. Véase G. W. P. Hegel (196~). pág. 413. Grossman (1995).
~ :~~::,.
·[Link]·~

CIBERESPACIO, ¿UN ESPACIO DEMOCRÁTICO? 23


22 CRÍTICA DE LA RAZÓN INFORMÁTICA

culcivan sobre todo las «afinidades electivas» .13 Personalmente,


La comunidad virtual rengo grandes dudas de que de un cipo de comunicación como
. ésta se pueda obtener un sustancial enriquecimiento de la vida
¿Pero qué es, en la prácuca, una com~ruºdad v1rcua
. l;>lO
. (·Es democrática. Las comunidades virtuales, en cuanto asociaciones
justo considerarla, como se suele hacer, un 1m_P?[Link] factor de que derivan de una libre y espontánea confluencia de sujetos
renovación de la democracia? ¿Cómo se concilia la idea de una con visiones unánimes, son comunidades con escasa dinámica
comunidad virtual, que se funda en la parciaH~aci6n~ co~}a;> de inrerna. Por su aleo grado de homogeneidad, tienden a ser deci-
la aldea global, que aspira, en cambio, a l~ universaliza~ion. Y didamente autorreferenciales. Y no pocas veces se comportan
en el caso de que la aldea global no sea mas, como alguien sos- como verdaderas sectas, en las que la exacerbación del sentido
tiene, que una comunidad virtual, por ~r decir, ensanchada, una de pertenencia conduce, en los hechos, a excluir cualquier dife-
especie de comunidad virrual planecana, ¿cómo se produce el rencia de opinión encre sus miembros. Es el fenómeno entrevis-
saleo de un nivel a otro? · to por A. de Tocqueville en su penetrante análisis de la vida
Hay una característica que emerge ~on dari_dad en el, escu- democrática en Estados Unidos: «Los estadounidenses --escri-
dio del proceso formativo de las comunidades v1rruales v1a r~d. be-- se dividen con gran cuidado en pequeñas asociaciones
Éscas nacen, normalmente, de la búsqueda de conracto encre 10- muy distintas para degustar por separado las alegrías de la vida
:l,\ dividuos o grupos que tienen ideas, imer:_e~es y/o gusros co1!1u- privada. Cada uno de ellos ve con placer que sus conciudadanos
nes.11 El advenimiento de las redes telemancas ha hecho posible son iguales a él. .. yo creo que los ciudadanos de las nuevas so-
12 ~[Link]-:.::ú cación interactiva igualitaria, de igual a igual (peer-to- ciedades, en vez de vivir en común, acabarán por formar peque-
peer), pero al mismo tiempo ha te~ido ~fec~os ambiva~enre~ .. El ños grupos». 14
«igual a igual», encendido en sentido tec~ICO co~o d1spos1t1~0 En el fondo, estos pequeños grupos pertenecen a la catego-
que en una arquitectura de red opera al mismo nivel, ha asumi- ría de las asociaciones que definiría como débiles. Para mí so~
do un sentido no técnico, como relación que se establece eocre fuertes, en cambio, las asociaciones que son capaces de atesorar,
usuarios de la red cultural y socialmente ig11ales.'2 En otras pa- en su interior, el intercambio de ideas y de experiencias entre
labras, entre almas gemelas, o sea entre aquellos que .~uscan el aquellos que piensan de distinto modo. Es decir, son fuertes
1' contacto y, eventualmente, el consuelo ? la cola~rac1on, entre aquellas que, a diferencia de las comunidades virtuales, están en
~\ semejantes. He aquí por qué las comunidades ~irruales se con- condiciones de enfreocarse, como ha advercido S. L. Talbort, t)
figuran como punto de encuentro (¿o de refugio?) en el que se con las diferencias y no sencillamente con las similitudes enrre
sus miembros. La observación es de particular importancia,
10. En los últimos tiempos, han sido muchos los intentos, por parce de los porque es sólo a través de la confrontación deliberativa entre po-
partidarios del ciberespacio, de definir la comunidad .virtual. Quiús el más. docu- siciones divergentes o incluso abiertamente [Link] como
mentado y, en ciertos aspectos, el menos dogmáuco, es el de H . Rhelngold se puede contribuir a una potenciación del comportamiento de-
(1993). .
11 . Como es obvio, esto no significa que, por ejemplo, los miembros de la co-
munidad virtual de propietarios de perros de rau deban [Link] tener las 13. Algunos aucores creen ver en La actual rendencia a la agrupación en corno a
mismas ideas, imereses y/o gustos sobre cuestiones que no [Link] dir~ccament~ al un cerna algo similar a la agrupación en corno a un cócem. Sobre el neorribalismo,
cuidado de los perros de rua, sino que se refieren a valores mas amplios. Alguien véase M . Maffesoli. No faltan, empero, diferencias incerprerativas sobre cuál es la
podría sostener que cales valores no dejan _de influir s~bre el m~o en que cada djnámica gencraciva de tal agrupación. •W rribus posmoderoas --afirma Z. Bau-
miembro de la comunidad enciende el propio compromiso en el cuidado de los pe- man ( 1993), trad. ita!., pág. 242-, deben su exiscencia a la explosión de la sociabi-
rros dt' mzi1. Es prob-.1ble que sea así, como se puede inferir fá.cilmente pensando en lidad: la acción común no deriva de intereses compaccidos; los crea.• El hecho de
l;1 disrint11 uniruJ h11da los perros de raza de un pi ncor animalisca o de un apasiona- que la acción común resulte de intereses compartidos a priori --como tiendo a cre-
.lu por los c:oncursos caninos. Sin embargo, estos macices, con seguridad importan- ce- o de ince= que se crean durante el desarrollo de la acción misma --como
1<•s ··n 11rros .trnhiws .t.- rdlcición. no modifican sustancialmente el hecho de que las sostiene Bauman- no cambia suscancialmence la nacuraleia del fenómeno.
'"11u111i.l,,.ks v1n1111lt-s dC'h.111 st·r .:onsidccudas comunidades de semejantes. De se- 14. A. de Tocqueville (1981), págs. 267-268.
mcjanrcs, no de idéncacos. 1 15 . S. L. Talbott (1995), p~g. 75.
12. Sobre el •peer-t~peen , véase G. Gilder q 994).
OÚTICA DE LA RAZÓN INFORMÁTICA CIBERESPAOO, <UN ESPACIO DEMOCRÁTICO? 25
24
mocrático. No es ésce el caso de las comunid~des vircuales que, de una colectividad, una idea para ellos aún demasiado abs-
de coscumbre, no privilegian ~na confro:'1caci6n de esca. natura- tracca.17
leza Lo cual no significa, ennéndase bien, que sus miembros . En efecto, en Ja historia de Estados Unidos, como [Link] am-
sea~ insensibles a los valores democráci_cos. La verdad es que pliamente documencado por D. J. Boorscin18 en su obra The Ameri-
muchas comunidades vircuales han nacido~ como 16demuesc~n cans, el papel de las comm1111ities be/ore gwemment fue fundamental.
los numerosos ejemplos citados por J:l·
Rbem_gold, en funció_n «Desde el principio --[Link]- las comunidades exisrían anees de
de encomiables iniciativas de solidaridad hacia personas neces1- que se consriruyeran los gobiernos para cuidar de los asuntos públi-
cadas de asistencia o ayuda. . . cos y para imponer a los ciudadanos sus deberes. Esce orden crono-
Sin embargo, en el cerna de las comunidades vircua!es .hay ~ógico, que veía que las comunidades precedían a los gobiernos, e,a
otros aspecros sobre l_?s qu~ qu~rría [Link]. El pnnc1pa~ impensable en Europa; en Norteamérica era normal. »
es el referido a sus ra1ces hiscóncas y ~ociocul~urales. Me pa Otra característica de escas comunidades era su nomadismo.
rece bastante evidente que las comunidades virtuales no son Se. trataba de comunidades, por así decir, sin morada fija. Boor-
el resultado del advenimienco de los ordenador~s. Y de las ~tln las llama transient communities, comunidades de paso. Es
redes -como los culcores de un ing~nuo decermrnism? t~~­ 1nce~esance observar que esca auconomfa espacial y temporal es
nológico querrían hacernos creer-, sino de un comple10 i~i­ teorizada como uno de los aspectos más caracreríscicos de las
nerario histórico. En otras palabras, tienen una ger:ealogia. co~uni dades virtuales. Escas coincidencias, y muchas otras, au-
Prueba d e ello es, me parece, el hecho de que, en ngo~, las conzan a pensar que no es can casual que Jos profetas (y divul-
comunidades virtuales, por los valores a l_os que. se remiten, gadores) de las comunidades virtuales procedan en gran parce
valores de fuerce entonación populista y hbercana, ~uescran de Escados Unidos, un país en el cual, lo acabamos de decir, la
una indudable semejanza con otras formas de comunidad del tradición comunicada está aún viva y omnipresence.19
pasado. l ' Con todo esto, claro está, no quiero sugerir que las comuni-
El espfriru que prevalece en ambas revela. unas ana o~ias dades virtuales sean un fenómeno explicable sólo en el concexro
bascance consiscences, a pesar de que los m:d1os ce~nológicos de la tradición comunicaría estadounidense. Por otra parce, em-
hoy utilizados sean, con segurid~d, muc~o mas sofisncados q~e pero, sería erróneo no tener en cuenca la influencia, can sutil
los de ayer: creo que las comunidades v1rcuales pu~en se.r vis- como se quiera, que dicha tradición haya podido ejercer sobre
eas como una especie de variante, adecuada a las . ex1gen~ias de el fenómeno en examen. No hay duda de que en la tradición co-
nuestro ciemp0, de aquel cipo de co~unidad p~emdusmal que munitaria, con su rechazo al Estado (o sencillamente al gobier-
en el pasado desarrolló un papel vicario en re~ación a un Estado
incipiente 0 rebelde. Me refiero a las comumdades 9~e, en los 17. So_brc la idea de cfronrcra.. y sobre SU papel CD la formación de las peque·
siglos xvu y xvm, tuvieron una importancia. dec1s1va en la ñas comurudades, vbsc F. J . Turncr (19H). En la inccoducci6n a la edición [Link]-
fase de fundación de Estados Unidos, pero también mucho des- na, M. Calamandrei cita a W . P. Webb: •la fronccra no es una líneo en la que de-
tenerse, sioo un área que invita a cnrrario. Ea orras pabbra.s, la fronrera como
pués. , d l
La historiografía de aquel pa.1s habla al respecco e a «g~an espacio infinico. Un espacio, empero, que se ha de conquistar con la eficiencia ope-
tradición comunicaría escadoumdense», en l~ cual la, cohesión rativa de las pequeñas comunidades, no de las grandes agrupaciones.
18. D.). Boorstin (196S), plig. 65.
social se expresaba preferencemence por medio de~ ~mculo so- 19. En este conrcxro me valgo de la expresión •comunirarismo• para referirme
lidario de grupos muy pequeños. En a~~ella ~rad~c1ón la con- al fenómeno hisrórico-culcwal en el que la comunidad es coiuiderada, cnrce otras
quista de la «frontera» -una referencia imagmauv.a de fuerce cosas, como La. forma más fiable de agrupación social. Querría aclarar de iomediaco
sugestión- guiaba la acción de los primeros colonizadores en que el comu niwismo en ~en no debe ser confundido con el comuniwismo tal
canco miembros de distintos grupas llamados a enf~encarse como hoy es cmendido en el ámbico de b füosofía moral (A. Maclncyrc, M. Sandcl,
~· WaJicr y Cb. Taylor) y de la sociología (R. Mangabeiu Unger). Lo cual no sis-
concrecamence con un ambieoce hostil, y no como miembros nifica, empero, que ene comunicarismo, coo su inc&oce referencia a los •valores
de ~ comunidad•, se deba repucar del rodo ajeno al orco cipo de comuniwismo
16. H . Rhcingold (1993). que aquí estamos discutiendo.
CLBERESPAC10, ¿UN ESPACIO DEMOCRÁTICO? 27
CRÍTICA DE LA RAZÓN INFORMÁTICA
26
Su relato de la conscicución ateniense, a pesar de las norables
)su confianza en la libre y esponcánea asociación de indivi- mejoras introducidas primero por Arístides y luego por el mis-
~~oi, está implícita la idea, favorecida por los .pro~otores ~e mo Pericles, no encuencra verificación, a decir verdad, en la rea-
las comunidades virtuales, de qu~ la democracia directa es a lidad de la polis. La constiruci6n, según Pericles, estaba hecha
única forma de genuina democracia. «de modo que los derechos civiles correspondan no a pocas per-
sonas, sino a la mayoría... [A rodas corresponde] frente a las le-
yes, por lo que se refiere a los intereses particulares, un plano de
Democracia directa o indirecta igualdad, mienrras que por lo que se refiere a la consideración
pública en la administración del Estado, cada uno es preferido
Es imporcance recordar, una vez más, que el .cerna de las co- según su relevancia en un determinado campo, no por su proce-
munidades virtuales no puede aislarse de la cuesc1ón~ mucho 1:1~ dencia de una clase social, sino por lo que vale». 21
vasta, referida al ambicioso escenario de una [Link] telemau- Basca un examen, incluso rápido, del planteamiento de la
ca a nuestro actual modo de entender (y de [Link]~encar) la de- conscicución, como ha sido descrira por Aristóteles --o por un
mocracia, que, en lo bueno y en lo malo,. se identifica en gran pseudo-Ariscóceles, según algunos aurores-, para darse cuenta
medida con la intermediación represencauva, o s~a p~rlamenr:a­ de qué distante de la realidad de la polis estaba la democracia
ria. La diatriba encre los defensores de la democracia directa Y [Link] postulada por Pericles. La constitución aparece como una for-
partidarios de la democracia indirect~ es una [Link] en la,, h1s- midable megamáquina en la que la implicación directa de los
coria del pensamiento político. El ob1ero en disputa es, en smce- ciudadanos está enormemente condicionada por una serie de
sis, el modo de concebir la soberanía popula.r. instancias de mediación y de control. Las dos referencias ideales
Con el nacimiento de las grandes naciones-Estado mode~­ de Aríscides y de Pericles, la isonomfa (igualdad anee la ley) y la
nas, el modelo de la democracia directa ha perdid?,. ~or moti- isegoría (libertad de expresión y de opinión), aparecen obstaculi-
vos prácticos y de gestión, gran parce de su cred1b1hd~d. Ese zadas y desnaturalizadas por doquier. 1 .,..c.r.
"-
modelo se había inspirado siempre, ya lo be~os m~nc1ooa~o, Por ocra parte, si es verdad que a veces estaban garantizados
.,...-\"'te~
en el modelo de las ciudades-Estado de la Grecia clás1Ca. Su m- algunos aspectos de la implicación directa de los ciudadanos, es
viabilidad se hace evidente cuando se tiene en cuenca el . ~rden igualmente cierto que ellos se refieren exclusivamente a aque- v; .
de las maj?;nicudes en juego: entonces el Arica, una reipon de
2.500 km2 de superficie, contaba con unos 500.000 habitantes.
llos que eran reconocidos como cales a codos los efectos, o sea la
minoría de los incluidos -los varones adultos- que corres- (~~JJ .
En el presente, con el formidable ~aleo de escala que ha acom- pondía apenas al quince por cienco de los residences en el Arica.
pañado el advenimiento de las nac1one_s-Estado, hay .que vérse- Mientras que los restantes (esclavos, mujeres y metecos) estaban
las con cantidades no comparables..Piénsese, por eJemI;lo~ en excluidos de la participación en la vida pública. 22
Estados Unidos, que en una superficie de 9.372:614 km uene
hoy una población de unos 250 millones de hab1ta~ces:
Además, sabemos que el modelo de democracia duect~, al 21. Tucídjdes (1985), 1, pág. 325 .
menos como era practicada bajo Pericles, fue enormeme~te ide- 22. Siempre que se quiere poner ca duda la naturaleza no democrática de la so-
alizado. En realidad, la democracia griega era ~enos duec~a, e ciedad griega, el acgumenro consisce en recordar que, codo considerado, se trataba
de una sociedad en la que la libertad y la participación de los ciudadanos estaban
incluso menos democrática, de cuanto durante siglos se. ha ima- [Link] por el hecho de que, gracias a Ja explotación masiva de los esclavos,
ginado. Las recientes contribuciones de alg~nos e~c':1d1osos, en ellos esraban exonerados de Las obligaciones del trabajo. Lo cual es verdad sólo en
especial las del danés M. H . Hansen, 20 han sido dec1Slvas en es~e parce. Este estereotipo interpretativo ha servido a menudo para esconder un hecho
sentido. Ahora parece cada vez ~ás claro qu~ la famo,sa defin~­ igualmenre importllnte: que en la. sociedad griega no eran sólo los esclavos los que
ci6n de democracia dada por Pendes, en su discurso ~nebre CI- ccabajaban, como se ha querido hacer creer, sino c:ambi¿n los campesinos y los arte·
sanos que gozaban de los derechos de ciudadanía.. Y las condiciones de trabajo de
cado por Tuddides, sólo cenía un carácrer programát:tco. estos últimos no diferían mucho, normalmente, de las de los esclavos. Sobre eSte
tema, [Link] E. Meiksins Wood (1 988) y también K. Polanyi (1 977).
20 . M. H . Hanscn 0 985, 1987 Y 1991).
28 CR(TJCA DE LA RAZÓN lNFORMÁTICA ClBl:[Link], ¿UN ESPACJO DEMOCRÁTICO?
29
Todo ello no ha impedido, empero, que la idealización de la En la época de Jefferson, un diseño can ambicioso era en los
democracia aceniense, encendida juscamence como arquetipo de hechos, .una utopía. ":- [Link] contribuía, además, la pob~za de
la democracia directa, fuera nuevamente propuesta por parce de los medios de comunicación entonces disponibles. Pero las co-
los teóricos del ciberespacio, ansiosos de legitimar hisc6rica- sas, se sostiene, ahora habrían cambiado radicalmente con el ad-
menre la dm11JCracia tk la red. Esca cendencia a mitificar el mo- venimiento de los medios de relecomunicación digital. las nue-
delo democrático helénico, en clave de ciberespacio, escá muy vas tecnologías informáticas están en condiciones, al menos en
difundida precisamence en Estados Unidos. Lo cual no debe ceorfa, de permitir la efectiva realización del viejo sueño de la
asombrarnos. No se puede olvidar que Thomas Jefferson, uno democracia direcca. Para los profecas del ciberespacio, las redes
de los padres fundadores de la nación norreamericana, presenta- estarían, pues, en condiciones de relanzar, sobre bases concretas
ba una democracia directa de explícita inspiración griega. la tradición jeffersoniana. Una tradición que se ha marchitado'
A decir verdad, los teóricos del ciberespacio llegan a Peri- pero no ~a desaparecido, y que .se corresponde con la «image~
cles a través de Jefferson . Y al revés. Lo cual, en resumidas esradoun1dense de la democracia»,is ligada como está, por lo
cuentas, lleva a una especie de doble idealización: .por un lado, demás, a la «gran tradición comunitaria estadounidense» anees
a la idealización de la democracia directa de Pendes, por el evocada.
otro, a la idealización de la de Jefferson. Hay que decir, empero, Al describir el programa de la Eleccronic Froncier Founda-
que así como el alcance del modelo griego -acabamos de ver- cion (EFF), D . Burscein y D. Kline escriben: «La EFF ha subra-
lo-- ha sido decididamente relativizado, lo mismo esrá ocu- yado una aproximación "jeffersoniana" al ciberespacio. Para los
rriendo con el modelo de Jefferson, del que se señalan, en no "líderes" de la EFF, esro significa sostener que las redes inrerac-
pocas ocasiones, ambigüedades y conrradicciones. 23 rivas deben ser diseñadas en función del modelo "abierto" y no
Aun pasando por alto escas valoraciones de naturaleza histó- del modelo de los "guardianes" ... Para la EFF, el "jeffersonis-
rica, es un hecho que Jefferson es a menudo celebrad.o, por par- mo" en el ciberespacio significa, por consiguiente, poner un
ce de los acciviscas del ciberespacio, como una especie de héroe fuere~ acenro en la d~fensa de la libercad de expresión, como
a11ant la lt11rt de la democracia celemárica. Es desde esca 6prica también en la protección de la privacidad personal frente ... a las
que se proclama un .. regreso a Jeffersoni. . Lo cual, .en la p~cri­ empresas y al gobierno, y, en general, impedir que el gobierno
ca, significa querer restablecer el presunto evangelio ~pul~sra­ pueda convertirse en el guardián de las autopistas de la infor-
liberrario de Jefferson, o sea su visión de una democracia d1rec- mación» .26
ra y descentralizada en la que la intermediación del gobierno y Pues bien, frente a premisas programáticas de naturaleza
del parlameoro de be ria . a1 mirumo.
, red ucirse , . 24
ta~ ~enéric~ y'. además, animadas por un sano espíritu demo-
cranco, es difícil no estar de acuerdo. Las dificultades comien-
23. En el actual debace sobre la contribución del ciberespacio a la realización de zan, empero, cuan~o entramos en los detalles. Admiriendo que
una democracia directa, son frecuentes las referencias crícicas a la cradici6n jeffersonia- las redes [Link] .abiertas», ¿~seamos seguro.s de que, siempre y
na. Véase al respecco M. Surman (1994) y R. 81.l'brook y A. Camcron (1996). En el en cualquier caso, consegwremos neutralizar a los «guardia-
ensayo de escas dos últimos (investigadores briclinicos de la Universiry of Wcscmins-
nes»? Por otra parce, ¿hay guardianes? ¿Debemos acaso atri-
cer), hay una desacralizad ora coma de posición contra la figuca ,hiscóric~ de Jcffe~on, y
la cendencia a hacer de ~I el gran precursor del programa polfnco del c1berespac10. buir el pa~el de [Link] sólo y exclusivamence ; esos s~jecos
24. Jefferson, siguiendo los pa;sos de Locke, consideraba intangible el principio q~e son dueccas e~anaciones de las empresas y del gobierno,
de la centralidad del pueblo, y de cada ciudadano, y se oponía a la posición de aqu,c- SUJecos que conmbuyen, en general, explícitamente a coartar
llos que, como Hamilcon y Madison, cracaban de limicar el poder de la [Link].
Mientras que Jcfferson ceorizaba una democracia populista, directa y anciescaral, Ha-
rnilcon y Madison preferían una república que exaltara el papel de [Link] minorías .Yde 2S . W . Lippmann (1921).
la incermediación represtncativa. Hoy se sabe que 6ca era una vemón convencional 26. D. Bumein y D. KJioe (1995), P'g. 337. Uno de los fundadores de la EFF,
de las dos corrientes de pensamiento. Encre el populismo del primero y el elirismo de M. Kapor 0 993) escribe: •u vida en el ciberespacio parece desarrollarse exacu-
los segundes, ha habido recíprocas concesiones que están en la base de la nacunleza ~e~t~ como Thomas Jclferson habría q~rido: fundada en la primada de la libertad
chibrida• de la democracia escadounidensc. Véase R. A. Dahl (1956 y 1984). indJVJdual Y en el compromiso por el pluralismo, la diversidad y la comunidad...
CRfTlCA DE LA RAZÓN INFORMÁTICA CIBERESPACIO, ¿UN ESPACIO DEMOCRÁTICO? 31
30

nuestra libertad de expresión y a invadir nuestr~. privac~dad desde el cual, según un clásico esquema jerárquico, se distribu-
personal? ¿No sería más ajustado a la realidad a?mmr qi:e, 1un- yen mensajes destinados a una periferia pasiva, indolente y ser-
to a esca categoría de guardianes, hay otra, su~ilmenre lig~da a vil. El argumento es archiconocido: en la red todo sería centro y
la anterior, que condiciona en no menor n:ed1da. nuestra tib:~­ codo periferia. Por tanto, no existiría una sede privilegiada des-
tad y nuestra privacidad, per? que lo hace 11!1ptíctfa Y I?-º ~xpl:c,1- de la cual se pueda ejercitar una gestión rotal de los flujos co-
tamente? En rigor, ¿los organismos .<o a~enc1as) ?e soc~ali~ac1on municativos. 27
y culturización -familia, escuela, iglesias, part!dos, sindicatos, En una primera aproximación, se puede decir que en esto
asociaciones y, no en último lugar, los ~ss media- no desarro- hay algo de verdad. Pero cuando a lo que hay de verdad se le
llan cambién un papel de vigilancia ind~recta de. nuestros ~om­ confiere, como en este caso, un carácter absoluto, fuera de todo
portamiencos? ¿El conrrol social no se e¡erce en igual medida a conrexro, resulta difícil sustraerse a una acritud de prudente in-
cravés de los valores, las preferencias, los deseos, los ~uscos Y los certidumbre. En líneas generales, con rodas las consideraciones
prejuicios puntualmente inculcados por estos org~msmos? del caso, puede ser correcto decir, por ejemplo, que en la red no
De codos estos interrogantes emerge con claridad u? tema existe un cenero, pero no que en ella deba excluirse, por princi-
de gran interés. Me refiero a la cu,esción ?e los dos .npos de pio, la presencia de cualquier forma de control sobre los usua-
guardianes. Porque si no~ocros ac,eptaramos trJ to~o la tesis de q~e rios. Existe ya la sospecha, más aún, la certeza, de que en la red
los guardianes a combam s?n [Link] los de la pnmer~ cacegona, esrán presentes algunas formas de control, si bien distintas de
los guardianes fácilmente 1denuficables, los. guardianes, p~ra las tradicionales.
encendernos, visibles -las empresas y el g~b1erno--, acaba~i~­ Habitualmente, cuando se habla de la desaparición del cen-
mos por creer que, para garantizar nuesc:a libertad de expres10.n ero en la red se recurre a las metáforas del Panopticon y del Gran
y proteger nuesrra privacidad, .so:i su.fk1entes .sólo pocas medi- Hermano. En síntesis, se dice, el advenimiento de la red contri-
das 0 expedientes técnicos y legislativos desunados a hacerlos buye a desembarazarnos definitivamente de aquella centralidad
del poder que encuentra expresión en esas metáforas. 28 li
inocuos. . · d
Con ello, está claro, no quiero subesci~ar la 1mportanc1a., e Me parece útil para mi análisis detenerme -y pido excusas
cales medidas, sino senci llamence prevemr c~ntra una verswn por la digresión- en escas dos tan manidas (y abusadas) mecá-
demasiado reducciva de los fenómenos exarrunados. Una v~;­
sión más articulada debería tener en cuenta, al menos •. c~mb1en 27. Véase la aguda exposición de B. Lacour (1991) sobre la relación local-glo-
a los guardianes invisibles, o bien, si se quiere, ~enos vmbles . .En bal en las •redes cécnicas» .
breve: unos guardianes que somos noso~ros m1~mos en relac1ó.n 28. La teoría según la cual el advenimiento de la red marcaría el fin del po-
der cenera! de concrol, recuerda mucho la hipócesis de J. Baudrillard de un «fin
a los demás, cómplices, de costumbre, mco~s71em~s, de un di- du sysceme panopcique». Al exponer su pensamienco sobre la •socialicé hiperréa-
fuso sistema de vigilancia recíproca: Una v1gilanc1a que se ex- lisce» (•ou le réel se confond avec le modele ..), Baudrillard escribe: ·Así, ya no
presa sea mediante nuestra tendencia a la aur~censura, sea me- hay instancia de poder, inscancia emisora -el poder es algo que circula, de lo
diante nuestra tendencia a censurar a los demas cuando ellos se que ya no se detecca la fuence, un ciclo en el cual las posiciones de dominame y
identifican con valores que no son los nuestros. de dominado son intercambiadas, en una inversión sin fin que es también el fin
del poder en su definición clásica. (1981), pág. 52, n. 7. T. Eagleton se ha opues-
to con dureza a la tesis de Baudrillard: ~El cinismo "de izquierda" de un Baudri-
llard es vergonzosamence cómplice de lo que el sisrema querría hacer creer: que
La red sin centro ahora codo "funciona por sí mismo", independiencemente del modo en que las
cuestiones sociales son plasmadas y definidas en la experiencia popular,. 0991),
En este punto, tropezamos co:i un. tema que es, .quizás, ~l trad. ic., pág. 68. Por lo que concierne a la mecáfora del Gran Hermano, querría
más escimulance de los muchos d1scuudos en. el ámbito del ci- cicar, a modo de ejemplo, un pasaje de un edicorial de: «The Economisc• (1995):
«la mulciplicaci6o de los canales de comunicación creará la antítesis de un mun-
berespacio. Sus teóricos sostienen, con premisas b~rante i:er- do orwelliano en el que el Gran Hermano te observa [ ...} Al Gran Hermano le re-
suasivas, que la red relemácica, por su naturaleza mreracnva, sultará imposible ceneros vigilados en medio de coda la información que pasa a
excluye la existencia de un punto focal, de un cenero de control cravés de hilos, cables y ondas».
32 C!ÚTJCA DE lA RAZÓN INFORMÁTICA CJBERESPACIO, , UN ESPACIO DEMOCRÁTICO>
33

foras. Querría, anee codo, ocuparme del Panopricon. 29 Et Panopti- el aspecco esencial de su proyecco. Todo gira en corno al hecho
con es un modelo de edificio penicenciario que, por su nacurale- de que se puede «S~eing wichouc ~ing seen», lo que permite
za, va, con seguridad, mucho más allá del ineenco de enconcrar ~na .'<appacenc ommpresence of che inspeccor•, pero sin que eso
una solución ópcima al problema específico de la vigilancia de 1mp1da la «extreme faciliry of his real presence». 30
los prisioneros. En efecco, el Panopticon es una gran mecáfora del A. sei:nejance incerprecación del Panopticon benchamiano ha
poder absoluco, o sea de un poder que, desde un lugar cenera!, conmbwdo, en 1975 •. sobre codo M. Foucaulc.3 1 Sin embargo,
esrá en condiciones de ejercer una vigilancia roca! sobre codos y deb~ reco~darse que, s1mulcáneamence {y quizás incluso anees),
sobre codo. ha?1a ha~1do sobr~ esce cerna cambién un imporcance cexco del
Es inevicable en esre punco iluscrar, aunque sea de manera ps1~oanalisca lacamano J.-A. Miller, 32 que, como Foucaulc, en-
sucinta, cuáles son las caracreríscicas (ffsicas) más sobresaliences f~c1zaba el aspecco visual --en el sencido más amplio de observa-
del Panopticon benrhamiano. Si bien son muy conocidas, ellas etonal- de la rel~ción vigilance-vigilado. Esce aspecco, como
pueden, espero, facilirarnos la rarea de dececcar nuevos elemen- veremos, es esenetal en Bencham. Y lo es igualmence respecco
cos de valoración de la cesis anci-Panopticon de los reóricos del al rema que estamos discuciendo. 33
ciberespacio. Beneham describe el Panopticon más o menos en La mecáfora del Gran Hermano no tiene un significado discin-
los siguiences rérminos: la residencia del carcelero o del inspec- '·ª
co de. del Panopticon. Ambas cienen como reference un poder
cor (inspector lodge) escá situada en el cenero del edificio circular coercmvo cencral. El Gran Hermano es el apelativo como se sabe
y las celdas de los p risioneros, dispuescas a modo de anillo en el del personaje de la novela 1984 de George Orweti (1949). En I~
perímerro excerior, escán orienradas radialmence hacia el cenero. novela, el Gran f!ennano ejerce un poder omnipresence y despia-
Un decalle muy imporcance es que las vencanas de la resi- dad~ en una sociedad hecha a su imagen y semejanza, un poder
dencia escán proviscas de persianas, de manera que los prisione- med1ance el cual codas las personas escán somecidas, con medios
ros no puedan saber si, en un momenco dado, el carcelero es- que llamaríamos .. mulcimedia», a un concrol absoluco.34
cá presence o no. El concrol que se realiza sobre el prisionero
es, pues, aJ mismo t iempo real y virrual . Es real por cuanco se 30. M. Boiov1c 0995}, siguiendo los pasos de C.K. Ogden (1932), recienc~
menee ha demoscrado cómo el tema de l:a r-elaci6o real -vmual en el p""ºPll<On se
sience vigilado, y se comporra en consecuencia, pero es virrual º"
debe remicir al Frapunr 01Jtoloty, un cauc1vador cexco filos6fico del mismo Btnc-
por cuanco el carcelero puede no estar en su puesco de concrol, ham, en el que se des:[Link] una siscemácica teoría de las fict1flo111 mtititJ.
aun cuando el vigilado no escá nunca en condjciones de saberlo 31. M. Foucaulc 0975).
con cerceza. 32. J .-A. Miller 09n).
Si se me concede una analogía algo banal, diría que el dis- 33. V hst .M. Jay Cl 993). Habicualmence, la meráfora del P"nop11trm es u u liu-
da .en el. concexco de un discurso general sobre el poder, pero ramb1én con referencia
posicivo de concrol del Panopticon es muy similar al del lecrero a .smuc1ones muy concretas. Por ejemplo, respecco al problema del concrol y la vi-
de «Cuidado con el perro» colgado de Ja verja de algunas vi- gilancia en el puesco de crabajo. V6$e S. Zuboff (1988), A. F. Wescin (1992), G. T .
viendas. El hecho de que haya o oo un perro guardián no cam- Marx 0992), M . Lcvy 0994) y D. Lyon (1994). Desde una 6pcica discinra v6$e
bia en absoluco la función disuasoria del terrero hacia los even- también R. Spears y M. Lea (1995). '
tuales incrusos. En efecco, en el Panopticon nos enconcramos 34. Los aparatos in~d~uci~nales a los que recurre el Gran Hmna110 son princi-
frence a la misma ascucia de control, un recurso cécnico que palm~nce cuatco:. e~ "~inmeno de la verdad,. (responsable de la distribución de
me~c~ras), el "min1m:no del amor» (responsab le de torturu n los disidentc:s), d
:1c1\..c:: iutercambiable lo real y lo vircual. Para Bencham, ésce es
• m1n1scer!o de la puM (responsable de favorecer las guerras) y el •miniscerio de la
abundancia" (r·csponsable de agravar las carescfas). Por doquier se expone en gigan-
cescas pancallas de televisión, la cara del Gran Hmnano, acompai'iada indeíectible-
29. La idea del Panop1íron, como se sabe, fue desarrollada por ). Bencham en menre por 1.a siguience inscripción: •Big Brocher is wacching you• (Bl Gl'lln Her-
una serie de carcas, paca ser- precisos veinciu02, enviadas desde Rusia a un amigo en mano ~s mira). Pero con un refinamiento adicional, que Orwell quizá coma del
lngla1erra a panir de 1786 y publicadas en volumen en 1791, junco con dos comos Palfopmon de Bentham, escribe: .Nacuralmence, no hay modo de saber exaccameme
de posdatas sobre el mismo asunto. Se rma, en sfnresis, de un modelo de arquirec- e~ qui! mo.m cn to os mira», Ocro apararo era la cneolingua•, CU)l2 función era impe-
rura carceluia (o pcnicenc1aria), elaborsdi por Beotham en colaboración con su her- dir cualquier auconomía ~ pensam1enco. Sobre la neolingua de Orwell en Ja •cien-
mano Samuel). Bencham (197 la). cia de los modernos•, vbsc G. Giorello (1994), págs. 369-370.
34 CRITICA DE LA RAZÓN INFORMÁTICA
CIBERESPAQO, éUN ESPACIO DEMOCRÁTICO?
35
Algunos de los más desenvuelros represencances del ciberes-
pacio, ya lo hemos recordado, esrán persuadidos de ~ue, co~ la formácica. {la world wide web no es ocra cosa que una [Link]ña
llegada de la red ya no .será posible .rraccicamence n!ngun tl.f?O global, una «red de redes» que se extiende por codo el planeta.)
de vigilancia. En seme1ance escenario, no habrá mas remedio Si se quiere tomar en serio, digamos, esca analogía, parece evi-
que «perder de vista» a los demás. . dente que hay, en efecto, grandes semejanzas encre la telaraña
Sabemos perfecramenre que «no perder de v1sc~» a los de- informática y la telaraña de la araña, eocre la telaraña de fibra
más ha sido siempre el paso obligado para co?seg~r «tenerlos óptica y la telaraña de seda.
al alcance de la mano». Anulada, dicen, la ex1srenc1a de un lo- Somos conscientes de los riesgos de semejante analogía,
cu1 central de concrol desde el que se mira, se vigila, se escruca pero, en este caso, si no exageramos su alcance, ella puede ser
y se inspecciona, en breve, se espía nu~srra vida cotidiana ~y útil [Link] nuestra argumentación. Que quede claro, empero, que
codo lo que ella comporta), desaparecerian codas esas ~odal1- comparar dos fenómenos a los cuales, en principio, se acribuye
dades de control que durante milenios nos han sometido a la un cierro grado de afinidad -formal o estructural- no puede
voluncad coercitiva de poderes, manifiestos y ocu~tos, so~re l~s consistir sólo en tratar de detectar las cosas que tienen en co-
que nosotros, por nuestra parre, no podíamos e1ercer nrngun mún, sino también las cosas que no tienen en común. El «ojo
control. . . para las semejanzas» del que hablaba Aristóteles es también, al
¿Pero es verdad, como se afirma, que el ciberespacio san- mismo tiempo, un «ojo para las diferencias>). 36 Descubrir seme-
ciona el fin histórico del Panopticon y del Gran Hermano como janzas implica, de hecho, poner en evidencia diferencias, y vice-
modelos ideales del poder absoluto? ¿Es creíbl.e que, de ver- versa.
dad, nos estemos acercando a ese umbral crítico imagin~do por ¿Pero cuáles son los rasgos similares y cuáles, en cambio, los
Hegel en el que la «indivisa sustancia de la absoluta l!berra~ distimos en la comparación encre red informátka y telaraña? La
sube al Trono del Mundo sin que poder alguno escé en condi- pregunca, concrariamenre a lo que podría parecer, no es irrele-
ciones de oponerle resistencia)>? 3 ~ ¿~o existe el ri:sgo, d:l q~e vante. Consideremos, por ejemplo, la más obvia de las semejan-
J-t ...;e! era consciente, de que entronizando a una ~mprec1sa 11- zas. Sabemos que la red y la telaraña tienen algo en común: ni
bercad absoluta se acabe estableciendo un nuevo t1po de poder la una ni la otra son creaciones ex nihilo. De la misma manera
absoluto, un poder enmascarado, jusramence, de libertad abso- que la telaraña es «proyectada», «construida» y «gestionada»
luta? por una araña, es difícil concebir una red telemática sin alguien
¿En qué medida, se preguntará el leccor, este largo excursus que desarrolle un papel equivalente al de la araña, o sea sin al-
sobre el Panopticon y el Gran Hermano puede [Link]. a encen- guien que la «proyecte», «construya» y «gestione».
der qué hay de cierto (y de no cierco) :n el ciberespacio eoce~­ Sin embargo, esca inrerprecación es relativizada, por los mo-
dido como negación del poder cencralizado, com? una especie tivos ya discutidos, por los seguidores del ciberespacio que, pa-
de trasaltar del sistema de poder del que el Panop11con y el Gran radójicamente, han sido {y aún son) los más impetuosos promo-
Hermano son dos eficacísimas meráforas? tores de la red telemática encendida como telaraña global. Por
supuesto, ellos no afirman -sería absurdo-- que las redes tele-
mácicas sean una creaóón ex nihilo, pero plantean algunas obje-
La telaraña y el laberinto ciones.
Sostienen, por ejemplo, que, a diferencia de cuanto ocurre
Como ya se sabe, en español se ha elegido la ¡;alabea red con la telaraña, en la red no se puede hablar de una araña, y
como craducción del inglés web. Lo cual no es erroneo. Pero sólo de una, que desde un privilegiado lugar central proyecta,
web, en inglés, es también (y sobre todo) ~e/araña._ Y en este s:n- consrruye y gestiona la totalidad de la red. En suma: mientras
tido precisamence se utiliza en la jerga tnternac1onal de la 10- que la analogía de la telaraña es aceptable, no vale lo mismo
para la de la araña. La araña, según ellos, sería superflua, por
35. G. W. F. Hegel (1964), p~g . 450.
36. Vé2sc [. A. Richards (1936), pág. 86.
36 CRÍTICA DE LA RAZÓN INFORMÁTICA CIBERESPACIO, ¿UN ESPAOO DEMOCRÁTICO? 37

cuanto las tres funciones anees mencionadas son (¿o deberían rior y un interior: en orros rérminos, el rizoma puede proliferar
ser?) desarrolladas por una imprecisa interacción de todos los al infiniro».39
usuarios de la red, usuarios capilar y homogéneamente distri- No puede olvidarse, por otra parte, la contribución narrati-
buidos por doquier en el planeta. va (y poética) de Jorge Luis Borges a la idea de un laberinro
La araña es, por consiguiente, junco con el Panopticon y el «rizomático». En su brevísimo relato Los dos reyes y los dos labe-
Gran Hermano, la cercera meráfora que los teóricos del ciberes- rintos, Borges pone en boca de un rey árabe la descripción de
pacio rechazan sin términos medios. En efecco, las eres metáfo- su laberinto, que contrapone al absolutamenre clásico de un
ras tienen en común centralidad, invisibilidad y personaliza- rey babilonio: en mi laberinto, dice el rey árabe, «no hay esca-
ción del poder de concroL Pero, bien mirado, la araña es una leras que subir, ni puertas que forzar, ni farigosas galerías que
metáfora, en el plano lógico, más resiscence que las otras dos. recorrer, ni muros que ce veden el paso». 40 El laberinro evoca-
Mientras que el Inspector y el Gran Hermano son personajes rela- do no es orro que el desierro, o sea un lugar subjecivamence
tivamente abstractos y lejanos, la araña, en cambio, es un suje- privado de espacio y de tiempo. La misma aproximación <(rizo-
to que aparece, como es obvio, funcionalmente ligado a la tela- mática» se encuenrra en el poema Laberinto: (cNo habrá nunca \
raña. Y la relación de la araña con la telaraña, nos guste o no, es una puerca. Estás adencro / Y el alcázar abarca el universo / Y
ineludible. no tiene ni anverso ni reverso I Ni externo muro ni secreto -\· ·-
La lisca de las mecáforas posibles en corno a la red no acaba centro». 41
aquí. Debemos añadir otra más, que es citada de manera recu- Aquí se plantea, creo, una cuestión ineludible: ¿estamos se-
rrente en la literarura, sobre codo en la periodística, sobre el guros de que a la eliminación de las figuras emblemáticas del
ciberespacio. Aludo a la anciquísima metáfora del laberinco.37 Gran Hermano orwelliano, del lnspectqr benchamiano y de la ara-
Se debe decir en seguida, empero, que lo que los comentaris- ña, corresponde la abolición de toda forma de control? ¿Es ad-
tas del ciberespacio tienen en menee cuando hablan de labe- misible la hipótesis de que un laberinco rizomático pueda permi-
rinto no es canco un sistema de meandros con un Minocauro tirnos ascender, para citar otra vez el pasaje de Hegel, al «Trono
en el cenero, sino más bien esa parcicular variance de laberin- del Mundo» en el que debería reinar para siempre la absoluta
to, bastante heterodoxa, que Umberco Eco, inspirándose, pre- libertad? ¿Será ésca la anhelada realización de la democracia
sumo, en Gilles Deleuze y Félix Guartari, ha llamado «rizo- ideal o bien, como parece temer Hegel, el advenimiento de un
ma».38 período incierto en el que podría adquirir relevancia un nuevo
En efecto, Eco propone, además del laberinco «unidireccio-
nal>~ y el laberinto «manierista», las dos formas más cradiciona-
39. U. Eco (1984), pág. X. Para un craramiento sistemático del cema del labe-
les, un tercer cipo: el «rizoma», al que describe en estos térmi- rinro, véanse las imporcames obras de P. Sanrarcangeli (1967 y 1984) y de H. Kern
nos: ((En cercer lugar, esrá el rizoma o la red infinita, donde (1981). Véase asimismo P. Rosensriehl (1979).
cada punto puede conectarse con cualquier ocro y la sucesión de 40. J. l. Borges (Obras completas, Buenos Aires, Emecé, 1974), pág. 607.
las conexiones no tiene término teórico, porque no hay un exce- 41. ). L. Borges (Obr11Homple1as, Buenos Aires, Emecé, 1974), pág. 986. lncreí-
blememe actual en .Borges es la sugerencia de que la celarai'la (!)sea una alrernariva
del laberinto. Peco c:ambién su sorprcndenrc rcpresenración de ese objeco misterioso
37 . Ocra metáfora, también ésta grata a los informáticos, es la que compara la llamado •Aleph•: «Cerré los ojos, los abrí. Enronces vi el Alcph ... En la parre infe-
red con el sistema nmJioso ctlllral, peco desaforcunadameme, por razones de economía rior del escalón, hacia la derecha, vi una pequei'la esfera cornasolada, de casi inrole-
expositiva, me vc:o obligado a excluirla de mi aná.lisis. Me he ocupado del asumo rable fulgor. Al principio la creí giratoria; luego comprendí que ese movimienco era
en mi libro llfuturo dtl!a modemita (1987), pág. 141. Véase H. Miyakawa (1985), una ilusión producida por los verciginosos espectáculos que encerraba. El diámetro
pág. 47 y G. O . Longo (1996), págs. 80-89. del Aleph sería de dos o tres cemfmecros, pero el espacio cósmico estaba ahí, sin
38. G . Deleuze y F. Guarcari (1980). El •riwmav es definido así por los dos fi- disminución de tamaño" (Na"acionu. Barcelona, Ediciones Orbis, S.A. - Origen,
lósofos franceses : •Un rizoma es un rallo subterráneo que se djstingue roca!mence de S.A., 1982), págs. 139-140. ¿No es ésta una imaginativa descripción de ese •espa-
las raíces y de las raicillas. los bulbos y los cubérculos son rizomorfos ... codo punco cio cósmico" que, casi cincuenta años después, es ceorizada por los culcorcs del ci-
de un rizoma puede escac conectado con cualquier punto, y debe eslllrlo. Es muy di - berespacio? ¿El Aleph no puede ser visco como la anticipación de un eventual 1t/1-
íerenre del árbol o de la raíz que fijan un punto, y un orden• (pág. 13). p11ter miniarurizado?
38 ClÚTICA DEL\ RAZÓN INFORMÁTICA CIBERESPACIO, ¿U N ESPACIO DEMOCRÁTICO? 39

aucoritarismo? Y aún más: si las funciooes atribuidas en el pa- Detrás de estas posiciones está el rema de la auconomfa. So-
...,,1,, ;, •J11 (ir.1• ,, lrr:jlv. l•/f '• ;, •Jri (J r1 I'.'• r;ran Jl~rnan/J t,, <L Uí'"'- n:ios sobre codo deudores dt Kant qut:, coc. su cxplíciu ty apa-
ÚUH.a uruiiaJ f ut:rau t:n d futuro confiadas dt htcbo a millooes y s1onada) defensa de una plena auconomía de juicio moral (y po-
millones de usuarios de una red de cipo ccrizoma», ¿quién pue- lítico) de los seres humanos, dio una inflexión decisiva al modo
de asegurar que, en el foodo, el papel de éscos no es más que vi- de discutir esce asunto. En su respuesta a la pregunta Qui eJ la
cario, o sea de sutil representación indirecta, y por eso menos ilustrarión'A invita a hombres y mujeres a liberarse del •estado
visible que anees, de los tradicionales detentadores del poder? de minoridad• (Unmiindigkeil), a desembarazarse de los tutores
Frente a escos incerrogances, se responde, muy expediciva- y del humillance yugo de la cucela (joch der Unmiindigkeit). En
menre, que las dudas formuladas son, a fin de cuencas, expre- ocro escrito, Kanr teoriza su famosa «autonomía de la volun-
sión de una sustancial falca de confiaoza en el papel democrá- cad» (Au1ommie tks Willens), que es definida como «ese carácter
tico de los sujetos sociales, en esce caso, de los ciudadanos de la voluntad por el cual ella es ley en s{ misma (independien-
usuarios de la red. Valoraciones de esce cipo pueden ser y, de temente del carácter de los objecos del querer)•, en concraposi-
hecho, son, demasiado esquemáticas, pero aluden a cuesciones ción a la «heteronomía de la voluntad», en la que «no es lavo-
que, por su relevancia en el fucuro de la democracia, no pueden luntad la que se diera leyes a sf misma, sino que es el objeco el
ser cornadas a la ligera. que diera leyes a la voluntad mediante su relación con ella» .4,
Ellas afectan nada menos que al cerna, ya citado, de la rela- Todas escas premisas son ampliamente conocidas pero, por
ción entre democracia directa y democracia tout court, un cerna una razón que veremos, me ha parecido importante recordarlas
obviamente ligado al de la modalidad de participación de los a los fines de nuescro discurso. Ellas están en la base de la pre-
ciudadanos en una sociedad democrácica. sente idea de democracia. Y al mismo tiempo contienen, empe-
ro, una evidente enfatización del papel autónomo de los sujetos
sociales, papel que puede ser visco, en la óptica actual, en con-
Democracia directa y autonomía crasce con las inscicuciones de la democracia representativa. En
·~ . cierta medida, pueden parecer anticipaciones de algunas pro-
Querría volver sobre esce asunco. Para empezar me propon- puestas, como la de la democracia on fine, que hoy tratan de ra-
go presentar, de manera resumida, las raíces histórico-filosóficas dicalizar la idea de democracia direcra.
de la idea de democracia directa. Como ya he expuesto larga- Aquí se presenta una cuestión particularmente compleja.
mente, la idea de democracia direcca se puede hacer remoncar al No hay duda de que aceptar que codos los individuos adultos
concrovercido modelo de la democracia griega, repropuesro por -prescindiendo del sexo, de la raza o del nivel de renca o de
Jefferson, en térmicos no menos [Link], en el siglo educación- están en condiciones (y tienen el derecho) de par-
xvm. Pero los principios básicos de esca idea deben buscarse, ticipar en primera persona y libremence en los procesos de deci-
además, en las críticas de Locke a la democracia parlamentaria, sión que afectan a sus intereses y a los de la comunidad es un
en la cual encrevé una congénita propensión al abuso y a la co- elemento cardinal de la democracia. Lo cual, en síncesis, signi-
rrupción. Y, en no menor medida, también en la vibrance exal- fica que codos los ciudadanos, sin excepción, deben ser cenidos
tación, por parte del mismo Locke, del papel de los individuos por igualmente cualificados para valorar, juzgar y gestionar ca-
en el proceso democrático, hasta el punco de reconocerles el de- les procesos. Es lo que Dahl ha llamado el «principio fuerte de
recho a la revuelca (y a la revolución) contra los represencantes igualdad» .46
malhechores.42 La misma desconfianza hacia la representación y Cada vez que se ha tratado de invalidar (o de relativizar más
la misma ilimitada confianza, en cambio, en los individuos está de lo debido) este principio, el concepto de democracia (y la de-
presente en Rousseau.'(}
44. l. Kant (1968), pág. H.
42. J. locke (1801), pigs. 470-471. 4S . l. Kant 0 9S6), págs. 74-7S.
43. J.-J. Rowseau (1964), págs. 428-430. 46. R . A.. Dahl (1989), pág. 31. V&.se del mismo autor (1982).
40 CRITICA DE LA RJ.ZÓN INFORMÁTICA
CIBERESPACIO, ,UN [Link] DEMOCRÁTICO? 41
mocracia .misma) se ha vuelto huidizo. En la práccica, no hay
dem~rac1a que aguanre cuando, a la luz de experiencias a veces rales- de una sofistificación sin precedentes. Una escruccura
negattvas, se repropone el «Estado de minoridad» del que ha- que, por su formidable capacidad de penerración, permite mo-
blaba Kanc,_~ sea ese Estado en que los ciudadanos son juzga- dificar radicalmente, al menos (pero no sólo) en teoría, el accual
dos como ninos poco fiables y necesitados de una vigilante tu- ordenamiento de nuestra sociedad. Y rodo ello sin que esté cla-
tela. E~ suma: el «gobierno de los guardianes» de platónica ra la deseabilidad de los cambios presentados. En mi opinión,
memona. sería éste, y no otro, el desafío teórico que los estudiosos de la
A p_esar de todo, es innegable que la democracia ha tenido, filosofía política deberían aceptar p riorirariamence.
desde siempre, en sus recovecos más recónditos, problemas a los Como se acab¡¡. de ver, uno de los presupuestos básicos de la
cuales no se ha dado hasta ahora una respuesta convincente. democracia es el de la auronomía de los ciudadanos, o sea de su
Problemas que configuran el núcleo remácico central de la filo- derecho a ejercer libremente la propia aucodecerminación como
sofía política desde el siglo XVII y que afectan a la cuestión de sujecos sociales. Los filósofos de la polírica, o al menos los de
todas [Link] cuesri~nes: la relación entre autonomía y aucoridad, indiscutibles convicciones democráticas, han sostenido, desde
encre ltberrad e igualdad, entre libertad individual y Estado.4 7 siempre, la intangibilidad de este principio,49 que se identifica
Hay una crítica que me avenruraría a hacer a los actuales re- rocalmence con lo que Volcaire llamaba el «pouvoir de se dérer-
presencanres de l_a filoso~ía polícica. Soy proclive a pensar que, miner soi-meme a faire ce que luí para1c bon».)º
con pocas excepciones, aun no han sabido (o querido) compren- Sin embargo, el cerna, insisto, no está exenco de aspectos
der que la democracia on fine aporra elemenros de gran novedad que, canco a nivel conceptual como práctico, están poco claros.
al secu~ar de~ace sobre la relación entre el fundamento ideal y O, como mínimo, menos claros de lo que normalmente se su-
el func1onamienro c~ncreco de la democracia. No se puede ig- pone. En la mayoría de las contribuciones sobre esre asumo se
norar q~e. el escenan? ~e una república electrónica repropone al- examina la auronomía en función de la relación que se establece
gunas v1e1as concrad1cciones de la democracia de una manera entre los ciudadanos, justamente celosos de su [Link] de auto-
mucho más aguda que en el pasado. Si en el pasado fue posible determinación, y la parre contraria, que erara de limitar esta
e?coouar, fren~e a ellas, atajos más o menos aceptables -por autonomía suya. En breve: por un lado, los ciudadanos; por el
e1emplo, el mste co~uelo del «principio Winscon»48- , el otro, el poder.
n~evo model~ a~temat1vo que se va configurando es tan insi- Hay un problema, empero, que raras veces aparece en la re-
dioso que sena irresponsable no enfrentarse con sus premisas flexión sobre este asumo. Me refiero al hecho de que los ciuda-
reóricas y prácricas. danos y el poder no son dos comparrímencos estancos. Es super-
Digo insidioso porque, quizá por primera vez en la historia, fluo recordar, porque es demasiado obvio, que los ciudadanos
se trata de un modelo cuya indudable base ideológica se vale
del apoyo de una estructura tecnológica -las tecnologías digi- 49. Un ejemplo muy instructivo al respecto es la vehemenre defensa de la au-
ronomía por pane de S. Veca, agudo intérprete eo Icalia del neoconcraccualismo
rawlsfano: •Cualquiera que incence o consiga impedirme hacer lo que deseo hacer,
47 · Estos problemas, ya presenres en Platón, Aristóteles, san Agustín y sanco viola el presupuesto de la teoría dd valor moral de Ja dección. Nacuralmence, salvo
Tomás, son retomados por Hobbes, Spino:z:a, Locke, Hume, MonteS<¡uieu, Volcaire, en los casos de un despotismo obtuso o caliguliano, la violación y la interferencia
Rousseau, Bencham, Mili, Mane y Sidgwick, y luego por Dewey, Schumpecer, Kel - serán acompañadas por el acoscwnbrado cortejo de razones y jusrificaciones o, me-
sen, Schmitr, y m'.15 reciencemen~e por Rawls, Arrow, Luhmann, Nozick, T aylo r, jor, racionalizaciones: que oo somos los mejores inrérpreces de nuescros verdaderos
Madncyre, Dworkin, Unger, Berlsn, Sen, Harsanyi, WiUiams, Habermas y Bobbio. intereses, que hay alguien -más sabio, prudente o informado que nosotros- que
Sob~e el m3do a~iual ~el_ dc:ba~c en el ámbito de la filosofía política, hay en la ac- sabe qué es lo mejor que debemos des~. En otros rérminos. hu razonc:s y las justi-
tualidad una copiosa bibl1ografta. Muy a menudo, los remas discutidos no son fácil- ficaciones o, mejor, las [Link] adoptadas forman parre del familiar y recu-
mente escindibles de los de la filosofía moral. rrente argumento pacernalisca, repropuesco por iglesias, partidos, gurús, elites teo-
48. Con •principio Winston• queremos referimos a la famosa bc111atÚ atribuida cráncas o cecnocráricas, milicares o, más senci!lamenre, aguerridas compañías de
a Winston Churchill: •La democracia es un ~simo siscema, pero es el mejor de co- ventura publicitarías y programas televisivos, además de las sagradas lecturas mati-
dos los conocidos• . nales del burgu~s, para decirlo con Hegel». (1990), pág. 66.
50. Volcaire (196 1), pág. 161.
42 CRlTICA DE U. RAZÓN INFORMÁTICA CIBERESPACJO, ¿UN ESPAOO DEMOCRÁTICO? 43

son individuos cuya identidad como personas esrá fuertemenre ~ ión de los preceptos que, manifiesta o subrepciciamence, son
modelada por los condicionamientos, directos o indirecros, de msercados en nuesua .calma», nosotros es ramos en condicione.s
I~ insriruciones del poder. En ocras palabras, al .calma• de los de reelaborarlos e incluso de modificarlos. De modjficarlos, no
c1Udadanos no se le asigna nada similar a una inmaculada auto- pocas veces, en contradicción con los preceptos recibidos.
nomía, a un incontaminado .cescado de inocencia»., 1 Aunque esca visión, por así decir, laica del liberum arbitrium
Cualquier discurso sobre la autonomía de los ciudadanos no presenca algunos puntos concroverridos. Y los interrogantes que
puede pasar por aleo esca realidad . Nos guste o no, nuestra au- se pl~ncean no son secundarios: afectan plenamente, repico, a Ja
tonomía se sicúa en un concexco en el que la heceronomía se lle- cuestt6n de la auconomía. Si una parce de nosotros es respecuo-
v~ la parce del león. Anees he señalado el papel que, en esre sen- s~ y ocra irrespetuosa de los precepcos de la sociedad en que vi-
tido, rienen los organismos de socialización y culrurización: la vimos, ¿cómo podemos valorar nuestro grado real de autono-
familia, Ja escuela, las iglesias, los parcidos, las asociaciones y m ía? Dicho de otra manera: ¿en qué sentido y en qué medida
los mau media. Mediante escos organismos, decía, se nos incul- somos obedientes, dóciles y obsequiosos ejecutores de cales pre-
c~n los valores, preferencias. deseos, gustos, creencias y prejui- ceptos y en qué sentido y en qué medida libres de decidir en
Cl?S que escán en la base de nuescras elecciones privadas y pú- plena auconomía? Más sencillamente: ¿en qué sencido y en qué
blicas. medida somos, de veras, autonómos?, 2
Naturalmente, personificar esca premisa induce, con seguri- Desde esta óptica, es útil recordar la invitación que nos hace
dad, a error. Baste pensar en las simplificaciones al respecto de Schumpeter de ser realistas en nuestras valoraciones de lo que
un ~arcuse en los años sesenta y setenta. Nuestro bagaje de acaece en la democracia y de no confundir la democracia ideal
premisas culturales y sociales nos viene impuesco (o sugerido), con la real. Algunos escudiosos, entre éstos Dahl,n han denun-
es verdad, desde fuera (y desde arriba), o sea de los aparatos de los ciado justamente, me parece, los riesgos inherentes a la posi-
que se valen la ideología y la culrura dominantes. Pero nosotros ción de Schumpecer, sobre codo en su desconcertante ceoría de
n? somos, _como quería cierro radical ancimencalismo, una espe- la relación excluidos-incluidos en la sociedad democrática. No
cie de pasiva black box, en la que no habrfa ninguna diferencia obstante, en Schumpeter hay otros aspeccos sobre los cuales es
encre la información de mirada y la de salida. iluscracivo reflexionar. Creo que es uno de los pocos que ha
¿Una reedición, en disdnros términos, de la vieja disputa, abordado el rema de la autonomía reclamando nuestra atención
de teológica (y agustiniana) memoria, sobre el liberum arbi- sobre el papel que desarrollan los aparacos de socialización y
1ri11m? Esto no debe excluirse. Pero, a parcir de Kant, sabemos culrurización como faccores de heceronomía.
que, por suerte, la determinación de nuestro comportamienco Permitidme citar en extenso un conocido pasaje de Capita-
no es coral. No hay duda de que, en el proceso de mecaboliza- lismo, socialismo y democracia:
En particular, nos encontramos con que debemos atribuir a
51. En esce orden de ideas, G . Sanori (1 995) ha dado una versión muy anicula-
da del problema: •Las opiniones no son innatu y no surgen de la nada; son el fruto
la voluntad del indit1iduo una auconomfa y una racionalidad del
de procesos de formación. ¿De qué modo, enconces, se forman o son formadas las todo irreales. Si debe ser de por sí un hecho político digno de
opinio~es?.", (pág. 183). Y más adelante: •¿Quifo hace ... la opinión que se convier- respeto, la voluntad de los ciudadanos debe, anee codo, exiscir:
te en publica?.. , (pág. 188). Sobre la base de una reinterpcecación del famoso [Link] debe ser algo más que un haz confuso de impulsos vagos, que
mod1/ de K. W. Deucsch, Sarcoci responde: •todos y nadie•. (Una resis, dicho sea
como i~ciso, no muy distinta de la recifo expuesta de los defensores del ciberespacio
~2 . A. K. Sen, al CJtamlnar un punco esencial de la cu.esri6n de la igualdad, se
para quienes, en la red, el poder estaría por doquier y en ninguna parce.) De esca di-
ficulrad de identificar, en concreto, i:¡uién (o qué) es responsable del proceso forma- ha inrerrogado: .¿Por qué la igualdad? ¿Igualdad de qué?• 0992). u misma pre-
tivo de la opin!ón públ ic~, Sartoci deduce que la opinión pública cbien puede ser gunta, con razonable aproximación, se puede transformar en c¿por qu~ la aucono·
llamada aucénc1a: aucfoc1ca porque es auc6noma, y desde luego lo suficientemente mfa?, ¿autonomía de qué?• u verdad es que, como ocurre con la igualdad, somos
autónoma como para funda.e la democracia como gobierno de opinión... Debo decae, autónomos en relación a algunas (pocas) cosas y no en relación a (muchas) otras.
empero, que Sarcori aventura aquí un paso de las premisas a las conclusiones nada H . R. A. Dahl (1989), P'&S· 121-123, 128-130. Sobre el r11:11is1M político de
convincente. Schumpecec, v~ D. [Link] (1992).
44 CRÍTICA DE U. RAZÓN INFORMÁTICA CJBERESPACJO, ¿UN ESPACJO DEMOCRÁTICO? 45

obran en base a eslóganes e impresiones equívocas. Cada uno de- ahora la indagación se cenera, por un lado, en sus aspeccos lógi-
bería saber exaccamence por qué desea bacirse, y esca voluncad cos, semánticos y episcemológicos,)6 y, por el ocro, como se des-
unfvocamence definida debería•ser complecada por la capacidad prende de la dispuca encre neoucilicaristas y neoconcracmalis-
canco de observar e incerprerar de la manera correcca los hechos cas, en algunos de sus presupuestos categoriales, en la utilidad,
que son accesibles direccamence a codos, como de ponderar críci- en la justicia (o equidad), en la igualdad y en la «vida buena».n
camence las informaciones recibidas sobre los hechos que no En ambos casos, a pesar del indudable refinamiento de los
lo son. [ ...] El ciudadano medio debería realizar por sí mismo
instrumentos de análisis utilizados, el problema de la autono-
codas escas operaciones independiencemence de presiones de
grupos o de acciones de propaganda, siendo obvio que a las vo- mía es apenas cocado. Uso la palabra auconomía, préstese aten-
liciones y decisiones impuestas a los electores no se les podrá ción, en la acepción anees introducida por mf: autonomía como
reconocer nunca la dignidad de datos últimos del proceso demo- «libertad negativa» de los ciudadanos)11 en relación a evencuales
crático. [ ... ] Los economisc:as que han aprendido a observar más restricciones o constricciones impuescas por el poder vigente
atencamence los hechos de su compecencia se han percatado de (libertad de palabra, libertad de prensa, libertad de asociación,
que, incluso en las circunsc:ancias más banales de la vida cotidía- ere.), pero también autonomía que, en gran parce, se idencifica
na, los consumidores no responden a la imagen que los textos de con el grado de libertad del que podemos (o no) disfrutar en
economía solían darles. Por un lado, sus necesidades no escán en relación al sistema de valores que este mismo poder nos pres-
absoluco definidas y las acciones derivadas de ellas no son en ab- cribe.
soluco rápidas y racionales; por el ocro, están can expuestos a la Si bien esca última forma de autonomía puede parecer lo
influencia de la publicidad y de otros métodos de convicción contrario de la ancerior, una especie de «libertad positiva», a
que a menudo los produccores parecen diccar la ley en vez de de- decir verdad sólo se erara de una variante de la «libertad negati-
jarse dirigir por ella. La técnica de la publicidad es parcicular-
mencc inscrucciva. H va».
Como ha señalado, con razón, F. A. Hayek (1960), la pérdida
Esce pasaje del libro de Schumpecer, publicado en 1942, de nuestra libertad no se verifica únicamente cuando somos so-
pero presumiblemente una reelaboración de cexcos que se re- metidos a una limitación coercitiva de nuestra voluntad. Esto
montan a los años treinta (o incluso anceriores), es la expresión ocurre asimismo, y no en menor medida, cuando la limitación
de la acticud polémica del autor, en aquellos años,n en relación
a los representantes de la «doctrina clásica de la economía». En 56. En este áua de indagación son importantes las contribuciones de G.E.M.
Anscombe, D. Davidson, G. H . von Wrighr y). R. Scarle. Se reata de contribuciones
una terminología anticuada (hoy no se hablaría, entre ocras co- que, grouo mod4, recoman el análisis de muchas cuestiones planteadas por Mooce,
sas, de publicidad sino de mass media), Schumperer coma vigo- Wittgenstein y Austin (por ejemplo, Anscombe y von Wrighc), ocros las de Bcen-
rosamente posición contra la tendencia a considerar a los ciuda- tano y Austin (por ejemplo, Searle) y orcos más de Quine (por ejemplo, Davidson).
danos como totalmente autónomos en sus preferencias y en sus Son de panicular interés, para este asunro, algunos aspecros de la teoría de Searle
elecciones. sobre la incencionalidad (1983). Al examinar el problema de la relación enrre causa-
lidad e intenciooalidad, Seacle hace una discinci6n muy operativa entre mtwork of
Aun cuando la cuestión planteada por Schumperer sigue inttntional staltJ (red de estados intencionales) y baclt.gro1111d of capacitits and social
siendo, a mi parecer, actual, el modo de abordarla ha cambiado. pra<tím (comexco de capacidad y prácticas sociales). O sc:a encrc un universo incc:n-
Si anees la aproximación al cerna era sobre codo económica, aho- cional y oteo preintencional.
ra es exquisicamence filosófica. El aspecto que se privilegia es el 57. Con esco no me refiero exclusivamente a las críticas dirigidas por algunos
de la compatibilidad (o no) enc:re necesidad y libertad. En cier- ilustres [Link]:s del actual utilitarismo (por ejemplo, J. C. Harsanyi, 1976 y
1988) a la «teoría de la justicia» de John Rawls (1971 y 1993), sino a codas las co-
ro sencido, el rema de la autonomía regresa a sus orígenes (a mas de posición a que ha dado origen la obra de este escudioso. Sin excluir las de
\'.-10bSes, a Locke y, sobre codo, a Hume, Bencham y Mili), pero quienes se niegan a definirse como utilitacistas o contraccualiscas (por ejemplo, R.
Nozick, 1981 y 1993).
58. Nocociamente, el primero en hacer la distinción entre •libertad negativa»
54. J. A. Schumpmc (1942). trad. ital., págs. 242-243 y 245-246. y e libertad posiriva• fue Hegel ( 1965), pág. 413. Esca distinción fue adoptada, con
55. Véase E. Salin (l950). algunas modificaciones, por I. Berlin (1969).
46 CRÍTICA DE LA RAZÓN INFORMÁTICA
CIBERESPACIO, ¿UN ESPAOO DEMOCRÁTICO? 47
no es coercitiva, cuando se ejerce mediante los m~dios cdukesio
de la socialización y la culcurización. Aunque, dicho sea como sino como un derecho que debe ser reconocido rambién a la
un inciso, hay una suscancial diferencia (que Harek parece n_o conciencia ina11tin1ica. Negar esca premisa puede llevar --<orno
percibir suficiencemence) entre ser físicamente privado de l~ li- de hecho ha llevado- a anular (o poner bajo cucela) la libertad de
bertad de querer y ser persuadido a pensar y, en consecuencia, a aquellos a los que juzgamos incaucos cultores de la fals~ con-
querer de una decermi nada manera y no de ocra:, ciencia, y codo esco en nombre de una verdadera conc1enc1a que
Realmence el rema tiene una escrecha relac1on con el de la obviamente sería siempre y sólo la nuestra.
tdiberrad de conciencia», ran discurido. Se sabe que la idea de Sin embargo, el problema reside, en gran parce, en la inne-
libertad de conciencia ha sido objeto, en el pasado, de las más gable ambigüedad de la idea de verdadera conciencia. Ella es
variadas incerprecaciones. Muy .ª men_udo e~ encendida como presentada como una especie de conciencia primordial de la que
conciencia libre de inrerferenc1as e 1mped1menros externos, la falsa conciencia sólo sería una especie de defivación perversa,
como libertad de pensamienro en el senrido de libertad _de ex- una fuga ilusoria (y sublimada) frente a condiciones históricas
presar públicamenre las propias [Link]. No por ~asual1dad la adversas (el capicalismo).
libertad de cul eo religioso, por eiemplo, es defendida, con fre- Lo que añade, empero, mayor complejidad al fenómeno es
cuencia en nombre de la libertad de conciencia. Por orca parce, la nacuraleza reversible que se le atribuye: la verdadera concien-
empero: es también encendida en el senrido. de una indepen- cia, dejada momencáneamenre de lado, podría ser resrablecida
dencia subjeriva del pensamienro, como la. li~er:ad d~ pensar cuando unas condiciones hisróricas más favorables (el socialis-
por propia cuenca, como la libertad que Le1bn1z 1dennfica con mo) permicieran superar la falsa conciencia.
el «pouvo1r . de su1vre
. 1a ra1son».
. )9 . A fin de cuenras, nos gusre o no, la pregunta con la cual en-
Pero las cosas no son can sencillas. A complicarlas ha conm- frentarse sigue siendo casi la misma: si los humanos, en ramo
buido la introducción, por parre del marxismo, del concepto de sujetos agenres, escán en mayor o menor medida predetermina-
cfalsa conciencia• <falsche.s Btw11ssrsein). . . , dos en sus deseos y creencias, ¿es justo considerarlos verdadera-
Engels en su fumosa carca a Mehring, escnbe: «la 1deolog1a es meoce libres en sus acciones? Y si la respuesra es posiriva, ¿de-
un proce~ que, desde luego, los ~up~esros pensadores ~zan a bemos por fuerza estimar que nuescras acciones son libres. e_n
conciencia, pero con una falsa conc1enaaio. No obstante, s1 los mar- rérminos absoluros? O más concrecamenre: ¿debemos admmr
Ai~las, desde su óptica, han tenido ideas muy claras ~bre ~é es que nuesrra libertad de acción es independience de la influencia
una falsa conciencia --alienación, extrañeza de la propia realidad, de factores endógenos o ex6genos que, según la narucaleza de
reificación, ere.-, han dejado, en cambio, en un cerreno muy v:igo nuescra acción, pueden hacer más o menos efectivo (o admisi-
qué es una verdadera concienc_ia. Se ha ~pli~o ~uch~ la concien- ble) el ejercicio de nuestra liberrad? Y si no es así, como me pa-
cia ideológica y poco, en cambio, la conc1enc1a no 1deoló~JC~. . rece razonable suponer, ¿esco significa que nuestra acción es, ·
Admitiendo, pero no concediendo, q':1e cal d1mn~16n .sea siempre y en cualquier caso, libre del mismo modo y en l~ mis:
sostenible, es preciso reconocer que ella ~1ene fuertes 1~pl1ca­ ma medida? ¿Ya no es correcro pensar que nuescra acción, s1
ciones para el rema de la libertad. Es ev1dence que la libertad bien libre, puede ser más o menos libre, y expresarse con for-
de conciencia no puede ser evocada únicamente como la prerro- mas y modalidades disrinras?
gativa de una presuma verdadera conciencia, sino como ~n dere-
cho que debe ser garantizado -¿por q~~ no_?- tam~Hén a la
República electrónica
falsa conciencia. No: pues, COfn:O un pr!vtleg10. excl:1vo _de. la
conciencia, para decirlo con la Jerga he1deggenana, auten11ca,
Creo que se puede echar luz sobre escas pregunras ~i son
abordadas no en rérminos genéricos como en el pasado, sino en
59. G. W. Lcibn12 0994), pág. 80. . . . . . el concexco de los problemas que planrea la ya mencionada hi-
60. Para unil crítica rigurou de las nociones de •aurenuc1dad• (E1gm1/tchkt11) e
•inaurenricidad• (Unugwlzchluir) en Heidegger, véase Th. W. Adorno 0964).
pótesis de una república electrónica. Como primer paso en este
senrido, me parece necesario examinar má.o: ,¡,. rPrr~ ro,.<1 ..... ~--
48 CRfTJCA DE LA RAZÓN INFORMÁTICA CIBERESPACIO, ¿UN ESPACIO DEMOCRÁTICO? 49

los aspectos característicos de tal hipótesis. Por república elec- ción, la exasperante formalización de los trámites procesales, la
trónica (en los países anglosajones llamada también teledemo- rigidez y, no en último lugar, el irracional despilfarro de los re-
cracy, wired democracy, video democracy, electronic democracy y push- cursos.
button democracy), se entiende un escenario que prevé una Algunos autores han intentado explicar históricamente, con
informatización de los procedimientos y de los comporramien- argumentos muy persuasivos, la actual degradación de las pres-
tos operativos mediante los cuales los ciudadanos ejercen sus taciones de las estrucruras públicas. Según D. Tapscoct (1995,
derechos en una democracia. 61 pág. 161), el sistema organizativo predominante en las burocra-
Me refiero al vasto arco de técnicas que permiten que los cias estatales ha sido influido por aquel, típico de las empresas
ciudadanos participen tanto en los procesos electivos de sus go- industriales del siglo pasado, en que el modelo de mando y de
bernantes y representantes, a codos los niveles, como a aquellos control era jerárquicamente vertical y centralista. Pero mientras
en que se forman (o se prefiguran) las decisiones públicas. En que, a parcir de los años veinte, las empresas industriales han
concreto, a las técnicas de voto en las elecciones polfricas, re- comenzado a renovarse, adoptando el «modelo multidivisional
gionales, provinciales y municipales, en los plebiscitos y en las descentralizado» (A. D. Chandler, 1962), las burocracias estata-
iniciativas refrendarias, y a aquellas de uso cotidiano en la acti- les han quedado ligadas al ya vecusco modelo original.64
vidad parlamentaria. Sin excluir, empero, las distintas técnicas Entre las dos áreas programáticas de la república electrónica
de sondeo de opinión en tiempo real, como también aquellas -por un lado, la propuesta de informatizar la comunicación p0-
que permiten la interacción directa encre los ciudadanos y sus lítica, por el otro, la de informatizar los aparatos administrativos
representantes. Las técnicas enumeradas hasta aquí afectan, en del Estado--, hay una tercera área que resulta de la parcial su-
su conjunco, a un área que, para ser breves, llamaremos de co- perposición (o encabalgamiento) de las anceriores. No hay duda
municación política. 62 de que las dos ambiciosas intervenciones de modernización pre-
Pienso que el rema de la comunicación política ocupa un sentadas son, en muchos aspectos, interdependientes. Desde la
lugar central en el programa (o en los programas) de la repúbli- óptica de la república electrónica, «reinventar el gobierno» es
ca electrónica. Hay, con todo, otro cerna, el de la informatiza- inseparable de la voluntad de «reinventar la política».
ción de los aparacos burocráticos del Estado, que no debe ser
subestimado en lo más mínimo. «Reinventar el gobierno» es el 64. El modelo originario, como se sabe, se había desarrollado en condiciones
eficaz eslogan que D. Osborne y T. Gaebler 63 acuñaron para muy disrincas de las accuales. "Desarrollado,. , como recuerdan David Osborne y
promover este ambicioso proyecto. Es preciso tener presente Ted Gaebler (op. dt., pág. 15), "en una sociedad de ritmo lenco, en la que los cam-
que en codos los países democráticos industrializados se está ve- bios avanzaban sin prisas ( ...) en una edad de jerarquías, en la que sólo los que esra-
ban en la cima de la pirámide tenían suficientes informaciones para tomar decisio-
rificando una profunda crisis de confianza y credibilidad por nes informadas [...] en una sociedad de gence que trabajaba con las manos y no con
parce de los ciudadanos en relación a lo que se llama genérica- la menee [ ...) en un tiempo de mercados masivos, cuando la mayor parce de los es-
mente «el Estado» o «el gobierno». Las razones de este resque- tadounidenses tenían deseos y necesidades similares (...) cuando reníamos fuerces
brajamiento son múltiples, pero una de ellas, quizá la más im- comunid;1des geográficas -barrios y ciudades estrechamente unidos. [ ...] l loy todo
portante, es que los ciudadanos roleran cada vez menos, en la esto ha sido barrido. Vivimos en una época de extraordinarias mutaciones ( ... ] en
un mercado global, que ejercita una enorme presión competitiva sobre nuestras ins-
burocracia del Esrado, la alegre ineficacia, la obrusa centraliza-
ricuciom:s económicas ( ... ] en una sociedad <le la información, donde la gence acc:c-
de a la información casi más rápidamence que sus líderes. [ ...) En cal ambiente:, las
insticuciones burocráticas -públicas y privadas- desarrolladas durante la era in-
61. La expresión república tltctrónica disfruta hoy de un consenso general, sobre- dustrial desaparecen. El encarno accual requiere insricucione:s que sean excrema<la-
todo después de: la publicación del ya citado libro de L. K. Grossman ( 1995), cicula- mence flexibles y adaptables [ ... ] inscicuciones que sean reactivas frence a sus usua-
do The Elmronic Rep11blic. El libro de Grossman había sido precedido por un exce- rios[ ...) que dirijan por persuasión e incentivos más que por órdenes [ ... ]que enén
lence ensayo de D. Ronfeldr (1991) en el que se teorizaba sobre una ryberorracy y un en condiciones de potenciar a los ciudadanos más que sencillamente de Jtn1irlo1.»
cybercratic rtare. Pero la obstinada resistencia a tomar noca del nuevo desafío está llevando a una pro-
62. Para una discusión general de este asumo, véase Ch. F. Arcerton (1987). gresiva calcificación de las arterias decisorias de la democracia. Es el fenómeno al
63. D. Osborne y T. Gaebler (1992). que J. Rauch (1995) ba definido como • demoesclerosis».
08ERESPACIO, ¿UN ESPACIO DEMOCRÁTICO> 51
so CRITICA DE LA RAZÓN lNFORMÁTlCA

sión d~ la república electrónica que hace del explícito rechazo


Todo esco, en el plano teórjco, podría ser visco como un al go~1eroo, al parlamento y a la política (en suma: ¡a «los de
incenco de racionalizar, con la ayuda de las cecnologías infor- Washington~!) su elemenc? más peculiar. Esce modelo, confu-
mácicas, el fu ncionamiento general de nuescra sociedad , ase- samente teonz~do (y también en parce puesto en práctica) por
gurando canco una mayor participación democrática de los Perot, es conoado con el nombre de electronic town hall (ayunta- - ··
ciudadanos, como una mayor eficacia del sistema de gestión miento electrónico).66
de la adminiscración pública. Si así fuera, no habría nada que Por s~pu<:5to, Perot no .ha sido el primero en postular una
replicar. 65 Pero hay un punco que no convence. Miencras que d~mocrac1a directa que, valiéndose de los medios de comunica-
en el programa oriencado a «reinvencar el gobierno» es posi- ción de mas~, tratase de invalidar las accuales reglas del juego
ble encontrar líneas de convergencia y de acuerdo, no se pue- del Estado. l~ber~l-democr~cico. En realidad, con algunas déca-
de decir lo mismo del programa que se propone «reinventa r la das de amic1pación, han sido mucho más expl!ciros que Perot
poi í cica». los autores de bemellers A. Toffler y J. Naisbict:67 estos dos fucu-
A decir verdad, en esce asunco hay grandes discrepancias in- rólogos van mucho m.ás allá q~e Perot. Llegan incluso al punto
cluso entre los mismos promocores de la república eleccrónica. de proponer un drástico cambio de la Constitución de Estados
Las posiciones son suscancialmence dos: por una parce, están l:1n1dos, coi:io [Link] previo para hacer posible una democra-
aquellos para los cuales informatizar la comunicación polícica cia ele_ccr601ca duecta, que, en su opin ión, debería basarse en el
significa hacer más direcca la part:icipación de los ciudadanos, repudio absoluco de cualquier forma de representación· en bre-
siempre en clave de un reforzamiento (no de un debilitamiento) ve: una democracia plebiscitaria de chorro concinuo. '
de la democracia represencaciva; por la otra, están, en cambio, Puede parecer curioso -pero, si se reflexiona, quizá no lo
aquellos que cienen una idea mucho más radical al respecto. sea ranco--, que el [Link] Newc Gingrich, lptaker de
Para éstos informatizar la comunicación política no es más que la Ho~m of Represen1a11t1e~, y ahora en olor de corrupción, sea un
crear las condiciones para llegar, en un fucuro que imaginan «pup1lo» de Toffl~r, qu1en, con seguridad, es un enemigo de-
muy próximo, a una verdadera alcernaciva a la democracia re- clarado de cualquier clase de represencarividad. Gingrich ha
presentativa. El primero es un programa que aspira a mejorar lo confesa?o, ~ace poco, que su concepción política fue enorme-
existente y el segundo a crastornarlo. mente 1nflu1da desde el principio por la idea sostenida por Tof-
Tomemos en examen este último modo de entender la repú- fler, de una «anticipatory democracy». 68 '
blica electrónica. En Estados Unidos, fue el mulcimillonario te-
jano Ross Perot, el pintoresco candidato derrocado en las elec-
ciones presidenciales de 1992, quien dio durante su campaña 66. Pan un documentado estudio del Jtt1ro11ic t1JW11 hall de Ross Peroc, véase
electoral el ejemplo quizá más instruccivo de esa particular vi- P.F. [Link] (1993). Muy a menudo en el debate es1adounidense sobre Perot se usa
la cxpres16n tltaroni< ttn1111 ~ali .y tl«tronic "'""' 1'Utting como sinónimos, aunque
:orno~ hecho ~oc~r S. V1car1 (1993)-, en realidad, son dos cosas discinras. la
65 . Es superfluo recordar ;1qu{ -por demasiado evidence- los efe<:tos induda- primera ne:ie un significado más restringido y la segunda más amplio.
blemente posiuvos de la telem6cica sobre los servicios públicos suministrados a los 67. [Link] A.. Toffler 0971 y 1980), J. Naisbict y P. [Link] (1982) y S.
ciudadanos. Estimo improbable que alguien -incluido quien escribe- ese~ en London (1994).
condiciones de demostrar lo contrario: que la informamaci6n de los servicios públi- . 68. E.n el prefacio a un [Link] libro de A.. y H . Tofíler (199~. pág. 16), Gin-
cos no puede contribuir, dlrccta o indirectamente, a mejorar la calidad de sus presta- gr1ch escribe: •Comencé a craba¡ar con los Toffier a principios de los años serenra
ciones. 8l1Ste pensar, 11 modo de ejemplo, en la posibilidad de poder hacer, tcpor me· sobre el conce~co de democracia anticipativa. Entonces yo er.i un joven ayudante en
dio del ted<ldo y en ttempo real•, codo tipo de gestiones municipales (certificados el Wesc G~rgia St~ce College y estaba.f:ucinado por la intersección de la historia y
de nacimiento, de residencia, estado civil, ere.) y sanitarias (reservas hospitalarias, el futuro, [mtersecc16n] que es la esencia de la polfciet y del gobierno•. Según Tof·
análisis, visicas ambulatorias, etc.). Pero también en la posibilidad de acceso a la fler (1971), págs. 478-479, •democracia [Link]» significa ir direccamenre a la
información que neceman los ciudad11nos. Aludo, por ejemplo, a La consulta del gene~ (•go .'º the ~ple.) y preguntarle cu21 es el cipo de mundo en el que, dem:ro
· boledn oficial• (leyes del Estado, oposiciones, etc.). de las acta.s (y documeniaci6n) de diez, veinte o rreuua años, les gustaría vivir. Ene •continuo plebisciro sobre el
relativas a las del1bcnu:iones de las instituciones regionales, provinciales y munici· fururo• n_o serí~•. si~pre según Toffier, más que un e masivo y global e¡ercicio de
pales, de los proycccos de ley y de su respectivo recorrido parlamentario y, no en úl- democrac1a anc1c1pat1va».
timo lugar, de las sentencias judiciales.
--·-· . ···--- -· - . _....,·-·- ····

52 CRITICA O.E LA RAZÓN INFORMÁTICA [Link], ¿UN ESPACIO DEMOCRÁTICO? 53

A decir verdad, hoy Toffler tiende a dar una versión bastan- críticas que se han hecho, en esros úlcimos cincuenra años, a los
te moderada de la democracia directa, muy distante de la que media tradicionales valen para los actuales new media.11
había expuesto en Future shock (1970) y en The Third Wave Querría citar un ensayo de G. Sartori (1989)72 que, a mi pa-
(1980), quizá con la intención de evitar que el antiparlamen~a­ recer, es muy indicativo al respecro. En este texto, el politólogo
rismo a ultranza de esos textos pueda poner en aprietos a Gin- italiano hace un lucidísimo análisis de lo que él llama el «Video-
grich. Y, sobre rodo, ahora se intenta romar distancias de Ross poder». Alude, en particular, al poder polftico (y cultural) de la
Peroc. «Aquí no se traca --escriben A. y H . Toffier-69 de elec- televisión. Sin embargo, queda basrance claro que la gran ma-
Jronic town halls en la forma rosca presentada por Ross Peror. yoría de las críticas que hace a la televisión pueden ser transfe-
Ahora son posibles procesos democráticos mucho más suciles y ridas, sin forzamientos, al teleputer. Sarcori, por ejemplo, denun-
sofisricados. Y no es una cuestión de democracia directa versus cia el mico de que la televisión, al abarir rodas las barreras,
democracia indirecta, de representación nuestra versus represen- favorecería el nacimiento de la «aldea global». En realidad, la
tación ajena. Pueden inventarse muchas fantasiosas soluciones aldea global no sería, concrariamenre a lo que creía McLuhan,
para combinar democracia directa e indirecta.» una aldea que se vuelve global, sino más bien un globo, com-
Pese a rodo, la «forma cosca» de Perot, justamente por su puesto por «Una miríada de pequeñas patrias», que se vuelve
tosquedad, por sus aspeccos, diría, caricaturesc?s, nos _hace en- aldea. En pocas palabras, la globalidad escondería el localismo.
tender, mejor que la de Los Toffler, la sustancia polftKa de la Esca observación, verdadera para la televisión, lo es aún más
retórica de una democracia electrónica directa. Al menos de para el escenario que se presume global de un ciberespacio ge-
aquella de la que Peroc, pero también Toffier, Gilder ~ inclu_so nerado por el teleputer. Orro ejemplo: la tendencia de la televi-
Gingrich son la expresión, aunque con acentos Y. mauces dis- sión, según Sarcori, a la «compresión•>, o sea a hacer desapare-
tintos. El eslogan preferido de Perot (como también de Toffler cer, por falta de tiempo, el encuadre y la explicación de los
y de tanros otros) es go to the people. En el caso específico de Pe- hechos presentados, corno demuestra el recurso, enrre orras
rot, el eslogan asume connotaciones de una extremada virulen- cosas, a las frases de efecto cada vez más breves (sound bite) y
cia populista, un llamamiento a la movilización contra roda y la limitación (hasta la eliminación) de los (<bustos parlantes»
contra todos, conrra los políticos, los burócratas, el parlamento, (talking heads). Esra tendencia la encomramos también, y con
los lobbies y los impuescos. características aún más agudas, en codas las formas de comuni-
Algunos observadores, empero, no están convencidos de que cación ligadas al teleputer.
el ejemplo de Perot sea, para cal fin, un buen ejemplo. Se argu-
menta que es desorientador, dado que las tecnologías de las que
se vale son bastante elementales (casi exclusivamente los cal/ in Populismo y populismo informát ico
shows radiotelevisivos), miencras que el verdadero desafío teóri-
co se referiría a un electronic /{)W1J hall que utiliza el vasco espec- Aparte de la naturaleza cosca o sofisticada, récnicamenre
tro de nuevas tecnologías basadas en el teleputer.70 atrasada o avanzada, de las versiones más frecuentes de repúbli-
Anees ya hemos intentado establecer cuáles son las semejan- ca electrónica, queda el hecho -insiscc>-- de que ellas tienen
zas y las diferencias encre el sistema comunicarivo vigente ge- muchas cosas en común. Una de éstas, quizá la principal, es
nerado por el televisor y aquél, a punto de nacer, generado por
el teleputer. Creo haber demosrrado que existen discontinuida-
des, pero también concinuidades. Y que estas últimas, desde la 7 l. Sobre una relacivización d'I enfr,[Link] televisi6n-1Jtp11tH, attificial-
óptica de los problemas que estamos discutiendo, no son en ab- menre dramaciiado por G . Gilder (véase nota 4), véase D. Bursmn y D. Kline
soluto secundarias. Personalmente, pienso que muchas de las (1995), págs. 194-219.
72. Véase N. Bobbio (1995 ). En su análisis, Bobbio ha ido más allá de la rele·
visi6n, enfren~ndose tambitfo con l:u implicaciones políticas del ordenador. En cal
69. A. y H. Toffler (1995), pág. 98. contelCro, babia de: ccompurercracia• y juiga •pueril• la idea de confiar en el orde-
70. P. F. Hacter (op. át.). nador el ejercicio del voto de los ciudadanos.
54 CRITICA DE LA RAZÓN INFORMÁTICA ClBERESPACIO, ¿UN ESPACIO DEMOCRÁTICO? 55

que codas rinden rribuco, de una manera u ocra, a una concep- Pero, me pregumo: ¿qué sentido cieoe, si es que ciene algu-
ción populiJta de la democracia. no, repropooer en semejance concexto un populismo a ultranza
No hay duda de que en los discursos sobre la democracia en que, ahora eo versión eleccrónica, tiene la pretensión de funda r
red escá siempre presente un explícico llamamiento a los valores una democracia di recca que debería, en teoría, anular definicj-
del pop11/ismo. Pero el populismo, préscese acención , no debe ser vamence la influencia de cualquier cipo de elice? Prescindiendo
visco como un cuerpo de doctrina unitario. A decir verdad, de la viabilidad o no de esce ambicioso proyecto, es innegable
existen al menos eres grandes tradiciones populiscas: la del far- que expresa, tácitamente, una fuerte condena de un sistema en
mer estadounidense, la del anarquista ruso y la del caudillo lati- el que algunas omniporences agrupaciones elitistas hacen sentir
noamericano. Por razones obvias, entre escas eres es a la primera por doquier su presencia.
a la que debe acribuirse una direcca influencia sobre el ideal po- Esca constatación, empero, no nos exime de la obligación
lícico del ciberespacio. de indagar sobre el alcance efectivo de cal condena. Dicho de
Desde un punto de visea histórico, el pop11/iJmo aparece, otra manera: de pregunramos si el populismo informático,
en Estados Unidos, íncimamence ligado al com11nitariJmo, un presencado como una radical alcernaciva al elitismo vigente,
fenómeno sobre el que ya nos hemos decenido. Es la cesis es verdaderamente lo que pretende ser. El primer paso en este
sostenida por R. Hofscadter (1969) y por P. Worsley (1969). sentido es plantearse Ja siguiente cuestión: ¿en qué medida el
Por el contrario, según Worsley, el populismo ruso es un escenario de una democracia en red puede, de hecho, aporcar
movimiento que nace de los sentimientos solidarios de una (o no) elementos de novedad en la vieja disputa entre popu-
elice, la de los inceleccuales, hacia los sufrimientos de los lismo y elicismo? Y si los aporca, ¿cuáles son? Se erara de in-
campesinos. A diferencia del populismo ruso, el escadouni- terrogantes que no deben ser desatendidos, puesto que, canco
dense no es un movimiento para la gente, sino de la gence. ayer como hoy, el objeto de la concroversia entre populismo y
Mientras que en la cultura populista (y revolucionaria) rusa, elitismo se refiere a cuestiones de la máxima importancia
de Herzen a Lenin, ha sido siempre una elite, o sea una van- para la democracia. Entre éstas, algunas, quizá las más signi-
guardia ilustrada, la que guiaba la movilización de las ma- ficativas, han sido ya puestas en relieve, como la cuestión de la
sas, en la estadounidense, en cambio, se niega a cualquier autonomía y, por canco, de Ja libertad -positiva o oegativa-
elite el papel de guía, y se confía a la esponcaneidad de los de los ciudadanos.
individuos (y de los grupos) la formación de la voluntad co- Aunque el rema del elitismo no pueda ser examinado en
lecciva. 73 los mismos cérmioos con que en el pasado lo discutían V. Pare-
Esrá claro, empero, que, en Estados Unidos, el ancielicismo to, G . Mosca y R . Michels, o sea en los términos de la ineluc-
hoy no goza (ni puede gozar) de la misma credibilidad que en cabilidad de las oligarquías políticas, y sólo políticas, parece
la época de los primeros fam1ers . Me parece superfluo recordar evidente que la aparición de un nuevo tipo de populismo
que las cosas ahora han cambiado radicalmente. A buen seguro, -juscamence el populismo informático- hace necesaria una
sigue postulándose una democracia «desde abajo» (bo1tom-11p), recuperación crícica del tema del elitismo. Dicha recuperación ,
quizá con el mismo énfasis de entonces, como uno de los aspec- a mi parecer, debe partir necesariamente de un sustancial enri-
tos más sobresalientes de la sociedad escadounidense. Semejante quecimiento del concepto de elite. Y ello por el hecho de que
imagen resulta cada vez menos atendible. De hecho, no se co- las elites, y su actuación, ya no son circunscribibles a un solo
rresponde demasiado con un país en el que, justamente, cual- sector. Además, hacen sentir su influencia y su poder condicio-
quier clase de elite -industrial, financiera, militar, cecnocráci- nante también en los lugares en que se profesa el más recalci-
ca y burocrática- ejerce un poder «desde arriba» (1op-d(!Wn) trante ancielicismo.
prácticamente ilimitado. Dentro de los propios confines, pero ¿Qué se debe entender por elitismo, pues, en una época
también fuera de ellos. como la nuestra, en la cual el nuevo populismo se remite no a
las tecnologías pobres de la era preindustrial, sino a las tecno-
73. Sobre el concepco de clicc, véase T. B. Borcomorc (1964). logías más avanzadas de la información y de las celecomunica-
CIBERESPACIO, ¿UN ESPACIO DEMOCRÁTICO> S7
S6 CR1TJCA DE LA RAZÓN INFORMÁTICA

pensamiento político occidental. Es preciso admitir, empero,


ciones y, por canco, indirectamente a las elites industriales y que, en los últimos tiempos, ha asumido una particular actua-
cécnico-cienríficas que presiden el desarrollo de tales cecnolo- lidad. A ello han comribuido, por un lado, la explosión, desde
gías?74 mayo del 68, de disciocas formas de populismo; por el otro, el
Pero más allá (o más acá) de las reflexiones que se puedan resurgimiento de uo cada vez más agresivo conservadurismo
hacer en corno a esce asumo, elitismo y populismo deben ser elitista.
considerados anee codo como dos modos concrapuescos de en- Pero, las cosas no son can sencillas: es un hecho que, en La
cender la democracia, o sea como dos programas sustancialmen- sociedad accual, es difícil distinguir encre populismo y elicis-
te discincos sobre el papel que se ha de atribuir a la ciudadanía mo. No se traca de dos compartimencos estancos. Existe , de he-
en la gestión democrática de la sociedad. E~ síntesis, el enfren- cho, una relación, si bien sutil, de recíproca dependencia entre
camienco es encre quienes, como los populistas, remen el atro- populismo y elitismo. En una sociedad liberal-democrácica, las
pello aucoricario de las elites y quienes, como los elitistas, re- elices están obligadas, al menos a nivel recórico, a adueñarse de
men un «exceso de democracia». las consignas propias del populismo. Hoy en día, ninguna el ite
El neoconservador estadounidense J. Bell,n pese a su explí- que disponga de un poder efectivo puede permitirse el lujo de
cita simpatía por un elitismo en absoluro ribio, ha dado una exaltar abiercamence sus privilegios y, al mismo ciempo, mos-
descripción muy objetiva y operativa de los ?o~ programas en trar desestima, e incluso desprecio, por aquellos que no gozan
cuestión. «Populismo ~scribe Bell- es opr1m1smo en cuan~o de cales privilegios.76 En ciertos aspectos, el elitismo escá obli-
a la capacidad de la gence de comar decisiones s~bce su propia gado a imirar al populismo. . .
vida. Elitismo es optimismo en cuanco a la capacidad de tomar A veces se tiene la sospecha de que la dramar1zac16n del
decisiones por parce de una o varias elices que operan en ayuda conrrasce populismo-elicismo sólo sirve para apartar la atención
de la gente. Populismo implica pesimismo en cuanto a la capa- de los problemas reales de la democracia. La confianza en la ca-
cidad de las elites de tomar decisiones que afecran a la gence. pacidad de juicio de los ciudadanos, ya lo hemos discutido, es
Elitismo implica pesimismo en cuanto a la capacidad de la gen- uno de los presupuestos básicos de la democracia, pero creer,
te de tomar decisiones que afectan a sí misma.» como los populistas, que esca capacidad, en sí misma y por sí
Es fácil percibir que, para Bell, el problema sería de nacu~­ misma, escá en condiciones de producir, siempre y en cualquier
leza preferencemence subjetiva. Al fin y al cabo, codo se red~c~­ caso, elecciones correctas es un grave error. Por Otra parre, dar,
ría a una cuestión de optimismo y pesimismo. Se puede admmr en cambio, por desconcado, como hacen los eliciscas, que alg~­
-¿por qué no?- la idea de que, en esce caso, los aspectos sub- nas elites -por ejemplo, la de los expertos- pueden garann-
jetivos son parce relevante del problema, pero no hasta el punco zar, siempre y en cualquier caso, unas óptimas elecciones es
de pensar que en nuestras elecciones .favorables o co~tr:arias al igualmente un error. 77
populismo o al elitismo no hay cuemones de muy [Link] al- Bien mirado, el verdadero problema (el más accual) no es
cance. El cerna, a decir verdad, no es nuevo en la h1srona del canco el elitismo como el populismo. Sobre el elitismo ya losa-
bemos codo (o casi). Sobre el populismo, en cambio, son necesa-
74. Sin embargo, no es canto el grado de independencia -sin duda, elevado-
del elitismo en relación al populismo lo que aquí nos interesa, sino más bien tracar
rias nuevas puncualizaciones. He incencado demoscrar que el as-
de establecer, como acabamos de anticipar, en qué medida el programa radicalmen- pecco más sobresalieme de cualquier populismo es la inherente
ce ancielitisca del populismo informático puede encontrar verificación en la realidad.
Para saberlo un camino por recorrer, quizás el más tradicional, es indagar sobre el 76. Desde luego, existen algunas elices que se permicen este lujo, pero son
poder vincuÍance que, direcca o indirectamente, ejercitan las empre~as mulcinac.i~­ [Link]. Prescindiendo de los grupos incegriscas de codo cipo, es raro enconcrar
nales de la información y de las celecomunicaciones sobre l:a.s modalidades de u11h- elites institucionales dispuestas a reconocer públicamente su aversión a los negros,
[Link]ón de los usuarios de Lis redes. Se traca de descubrir - lo cual no es tan difícil, judíos, [Link], homosexuales o mujeres, y a jusrifica.r, siempre públicamenre, su
después de codo- cómo los intereses de cales empresas con~ic1~nan el compor~a· odio por las cl:[Link] populares.
,,..,;_,,,,.. '"'lmunionivo de los usuarios. O sn, cómo los propaecaraos de los medaos 77. Sobre la relación elires~xpc:rros, v&.se T. Maldonado (1995), ~gs. 33 y
condicionan los mensajes sigs.
n.) Bell (l 992), pág 3.
,.

58 CR1TICA DE LA RAZÓN INFORMÁTICA CIBERESPACIO, ¿UN ESPACIO DEMOCRÁTICO? 59

tendencia a creer que los ciudadanos son, en sus elecciones, in- den renunciar a su identidad asumiendo, a placer, otras. 78 Una
falibles. En la práctica, esta actitud lleva, generalmente, a la estudiante de dieciocho años que se hace pasar por un viejo bo-
exaltación demagógica de lo que se llama la «gente». xeador retirado. Un abogado de provincias por un director de
Pero la idea de gente no es en absoluto neutral. Quien invo- orquesta. Un hombre casado por un solterón recalcitrante. Un
ca a la gente piensa sobre todo en los que, en líneas generales, sacerdote islandés por una prostituta brasileña.
podrían confirmar (o legitimar) sus propias opiniones, no en los Estos disfraces informáticos, como se ve, pueden presagiar
que son contrarios a ellas. Desde esta óptica, la gence se identi- siruaciones de indudable comicidad involuntaria (o volunraria).
fica preferentemente con los que pertenecen a la propia nación, No hay que asombrarse, pues, de que a menudo sean empleados
localidad, raza, clase, religión o género, o bien con los que com- como una especie de ingenioso, frívolo e hilarante juego (vir-
parten su ideología o partido. No me parece excesivo decir que tual) de sociedad: para muchos cencenares de miles de hobbysts,
el populismo, con su retórica apelación a la gente, es también, jóvenes o no, el juego de las falsas identidades es vivido como
en última instancia, una forma de elitismo, porque incluye a un agradable entretenimiento, o bien como un modo, un poco
cierta gente y excluye a otra. artificioso, de compensar una penuria individual en su vida de
Realmente el populismo informático no es una excepción. relación.
Pero lo que a veces hace creer que lo es no es más que su No obstante, el fenómeno tiene implicaciones que van mu-
modo, hay que admitirlo, muy particular de dirigirse a la gen- cho más allá de los ámbitos que acabamos de referir. Aludo a
te. El populismo informático se declara al servicio de toda las implicaciones que el fenómeno puede tener, y de hecho tie-
la gente, sin exclusión. Pero la verdad es otra. En el fragor de ne, cuando se verifica en el ámbito de la comunicación polfrica.
una presuma comunicación universal telemática, es la idea Pienso, por ejemplo, en un grupo de personas que, con la ayuda
de la gente encendida, cambién aquí, como «mi gente» la que del programa Internet re/ay chat (IRC), inrercambian opiniones
se impone. en «tiempo real» sobre asuntos que afectan a imporcances deci-
Hay, empero, una diferencia. Los otros populismos actúan siones colectivas. Y esto sin revelar su identidad o simulando (o
en un vasto radio, recurriendo a menudo, además, a la movili- usurpando) una identidad distinta.
zación de masas. El demagogo populista de tipo tradicional En la jerga informática, la relación coloquial posibilitada por
busca, por ejemplo mediante los mítines en las plazas, un con- un canal IRC se denomina «charla» (chat). En el lenguaje co-
tacro directo con sus potenciales seguidores o acólitos. El popu- mún, la charla es considerada como un modo fútil, [Link],
lista informático, en cambio, es esencialmente un intimista. inconduyence y, a veces, un poco chismoso de dialogar entre las
C'!:::;-.:i en soledad, absorto frente a su ordenador y encerrado en personas. Este sentido, y no por casualidad, escá presente en la
un entorno casi siempre restringido y aparcado, nunca en con- charla i nformácica. Se puede legítimamente suponer que sus
tacto directo, cara a cara, con sus interlocutores distances e inal- efecros, en particular cuando las cuestiones que se discuten son
canzables. Esta modalidad de interacción plantea problemas de políticas, pueden ser devastadores. En efecto, la charla puede
gran intecés para el debace en corno al expuesto escenario de revelarse --<:orno enseña la experiencia televisiva- como u1ía
una democracia electrónica. fuente de fastidio e incluso de desapego de los ciudadanos hacia
la política.
Cuando la charla, como en este caso, tiene lugar entre suje-1
Identidad y multiplicidad de roles tos que interactúan a distancia, sin un conracto cara a cara y,
encima, oculcando la propia identidad, está claro que estamos
.... No es sólo esta carencia la que hace problemárica la demo- ame una forma de comunicación muy alejada de lo que razona-
cracia telemática. Hay, por añadidura, un aspecco aún más in- blemente se puede tomar por una efectiva comunicación. Sobre
quietante, relativo precisamente al fundamental problema de la codo cuando el objeto afecca nada menos que a decisiones de
identidad individual. Me refiero al uso, cada vez más frecuente,
de programas de interacción en red en los que los usuarios pue- 78. Sobre el ocultamienco de la propia identidad, véase J. Starobinski (1961).
•.:..:.;.¡.:,..::.,• • - ••• :. :;..... ·:.;:.:;.: • ~

60 CRITICA DE LA RAZÓN INFORMÁTICA CIBERESPAOO, e UN ESPACIO DEMOCRÁTICO? 61

vasco alcance para la vida democrática. En este ámbito los ciu- estudiosos de la teoría de los roles reaparecen ahora, aunque con
dadanos no tienen necesidad de charlas, sino de una djscusión acencos y macices muy distintos, en las obras de estudiosos de
pública, a campo abierto, sobre las resoluciones que tomar. la filosofía moral. 81 Argumentos que giran en corno a las si-
Tocamos aquí un punro decisivo de nuestra reflexión. Si la guiences preguntas: ¿qué es una persona? O mejor: ¿en qué
charla informática no es, como pienso, una vía creíble para la consiste la identidad de una persona? ¿cuál es el vínculo entre
comunicación polftica, es obligarorio ilustrar, ahora en deralle, el Yo y el Ocro? Si es verdad, según Luciano y Shakespeare,82
cuáles son las causas que la hacen no creíble. A cal fin, es nece- que nuestra vida no es más que un escenario al que somos lla-
sario examinar, aunque sea de manera sumaria, una cemácica mados a interpretar, simultánea o secuencialmente, múltiples
que es recurrente en La tradición sociológica concemporáoea. roles a menudo en conflicto entre sí, ¿cómo se explica el hecho
Aludo a esa temática que tiene directa relación con el modo de que, enrre las numerosas máscaras que debemos llevar, algu-
como los agentes sociales participan operativamente en los proce- nas de ellas nos son can congeniales ~ue estamos dispuestos,
sos comunicativos de la sociedad. como observa sarcásticamente Luciano, 3 a «perder anees la ca-
Y aquí es inevitable la referencia a la 1eorfa de los roles. 79 Una beza que la máscara»? O aún más explícitamente: si somos po-
teoría que, debe decirse de inmediato, es juzgada por muchos, seedores al mismo tiempo de una pluralidad de roles, ¿por qué (y
con razón, como poco percinence para los inrereses actuales de cómo) uno de estos roles, durante un cierto tiempo, predomina so-
la investigación sociológica. No hay duda de que, de hecho, ha bre los demás y se convierce en el elemento caracterizador de
perdido la preeminencia que tenía anees, cuando, en sociología, nuestra identidad?
reinaba indiscutida la escuela funcionalisca. 80 En la actual fase de desarrollo de la sociedad industrial
No obstante, creo que los sociólogos, con pocas excepciones, avanzada (fase que algunos llaman posmoderna y que yo, en
han cenido demasiada prisa en relegarla al olvido. En efecco, cambio, prefiero definir, en simonía con A. Giddens Ll990], en
nos percatamos de que argumentos anees recurrentes entre los términos de hipermodernidad),84 los sujecos tienen una gran
tendencia a cambiar muchas veces de identidad a lo largo de su
vida: ¿cómo se explica la dinámica de esce fenómeno, cuáles son
79. Normalmcnrc, st considera que G . Simmel (1910) y G. H . Mead (1934)
proporcionaron los esquemas incerprecarivos sobre los cuales luego se desarrolló
sus factores desencadenantes y cuáles sus efectos sobre la idea
la ceoría sociol6g1ca de los roles. En esce sencido han sido imporcantcs, encre ocros, de persona y sobre los procesos formativos de la personalidad?
R . Lincon (1936) y R. Oahrendorf (19~8). V~asc tambifo, sobre codo por sus críci- Obviamente, no son pregunras nuevas. En codas las épocas,
ca.s a esca teoría: H. Popin (1968), O. Clacssens (1970), U Gerlwdc 0971) y F. los pensadores se han enfrentado a preguntas de esca o seme-
Haug (1972). Y, no en último lugar, J. Hal>crmas (1984), pág. 187; y 1991 , pág. jame naturaleza. Sin embargo, con el nacimiento del indivi-
13, que plancca fuertes reservas sobre la teoría de los roles c/Jsfra, no canco por las dualismo moderno se hacen más apremiantes. Por primera vez
cosas que dicha ccorfa ha 505cen1do cuamo m:l.s bien por las cosas que ha pasado por
aleo. Y emre ~SCIS, para Habcrm:i.s la m:l.s grave, no haber afrontado la cuesci6n de la (o casi), el Yo no debe ser escondido, o camuflado, detrás de un
•compccencia [Link] corre los roles•. muro de eufemismos. En Montaigne, el Moi es vivido como el
80. La crícica al ,.funcioiulismo cl:[Link]• -para encendernos, el de T . Parson.s y descubrimiento de un nuevo territorio, como el surgimiento
de su escuela- comien:a con C.G. Hempcl (l 9~9), que denuncia, desde una 6pcica
nC'ocmpirista, su insoscenibilidad cientffica. N. Luhmann ( 1970) crac6 de superar,
con inciercos resultados, las crfcicas de Hempcl dC'sarrollando una nueva versión del 81. Me refiero, por ejemplo, a filósofos como B. Wílliams (1973) y Ch. Taylor
funcionalismo: el •ncofuncionalismo». Miencras que el funcionalismo clásico sería, ( 1989). .
según Luhmann, una «teoría esrructural-funcional• (1rruk111re//-f11nkrionale Thtorit), 82. Es l:i idea, intuida en la antigüedad por Luciano (1992), vol. l, pigs. 442-
su ncofuncionalismo sería, en cambio, una •teoría funcional-estructural» (/11nk1ío- 443, que Snake~pcare (1982), p~gs. 520-~21, en un famoso pasaje de una de susco-
1111l-srr11h11relle Thtorit) de los sistemas sociales. La primera pone el acento eo la •CS· medias, ha concribuido a convertir en un lugar común: que en l:i vida codos cscamos
tructura• y la segunda en la •ÍUnc16n• (vol. I, págs. 113-139). Sobre el neofuncio- llamados a incerprecar no uno, sino varios roles.
nahsmo de Luhmano, véase la introducción de O. Zolo a la edición italiana de 83. Luciano (1992), vol. U, págs. 160-161.
l/11str°'i,¡,, so<iwlgi(,a de Luhmann (1970). Otra crtcica al •ÍUncionafümo clásico• fue 84. Las cuesc1oocs relacivas a la modernidad (moderno, modem1uci6n, posmo-
la acu.saa6n de ..conservadurismo•, una acusación no compartida por muchos, por derno, etC.) las he expuesto ampliamenre en mi ensayo El /11111ro át la IM<Úrnulaá
ejemplo, por R. K. Merton (1949), trad. ital., vol. J, 1971, págs. 149 y sigs. 0987).
CIBERESPAQO, ¿UN ESPACIO DEMOCRÁTICO? 63
62 QÚTICA DE LA RAZÓN INFORMÁTICA

de un mundo cocalmence por explorar. Pero la arrolladora grandes categorías: los role.s principales o fundatn1ntalt.1 (madre
irrupción del Yo en la cultura occidencal comporra, al mismo padre, abuelo, hijo, hermano, hermana, nieco, etc.), los roles rol
ciempo, una revalorización del Ocro. El problema de la rela- turaf'! Gtal!ano, europeo, cac?lico, judío, afiliado a un partido
ción encre el Yo y el Orco se sitúa, de pronco, en el cenero de P?lmco~ nuembro de un~ sociedad filantrópica, pacifista, ecolo-
un nuevo horizonte de reflexión. Una relación que no está en- g1s~a'. hincha de un eqwpo de fútbol, etc.) y los roles sociales
tre dos realidades inmutables y sencillas, sino entre dos reali- (medico, abogado, profesor, obispo, actriz, escudiante indus-
dades mudables y heterogéneas. Encre dos realidades que se trial, estrella de ~a cel~vis~ón,_ ama. de casa, estrella de clne por-
modelan recíprocamente. No hay un Yo sin un Orco, y vice- nográfico, men~igo, s10d1Cal1sca, 1efe de negociado, empleadc; - -.
versa. Y, además, forzando un poco las cosas (pero no demasia- obrero, campesino, ere.). Cada individuo ejercica discinros roles
do), se puede decir que en cada Yo escán presentes varios Yoes . en cada una ~e las eres categorías y, no pocas veces, se erara de
Para seguir con la metáfora ceacral, cada Yo debe ser visco roles en confücto entre sí. 86
como una ~sc_eoa en la que se incerprecan distintos papeles en Surge entonces un interrogante: ¿por qué mocivo una reac-
un comple10 Juego de roles. Y ésta es justamente la idea soste- cualización de la teoría de los roles es importante para nuestro
nida por la teoría sociológica de los roles: cada persona es por- rema? Si se acepta la tesis de Habermas, sobre la cual volvere-
tadora de distintos roles. mos m:ás [Link],_de que la ?emocracia presupone una racional
Prescindiendo de las numerosas reservas que se pueden acruac1ón del1berat1va entre dmincos sujetos sociales la cuestión
plantear sobre la ceoría de los roles, ella nos procura una des- de la mulciplicidad de roles de que cada uno de nos~tros es por-
cripción muy fiel de lo que de veras sucede en los procesos tador se convierce en crucial.
conscirucivos de nuescra identidad y de las relaciones de nuestra Esco queda particularmente claro cuando se erara de tomar
identidad con la de los demás. de~isiones colectivas que afectan a asuntos de gran interés pú-
Puede ser útil, en esce punto, recordar la imporcance contri- blico. En esce concexco, la posibilidad de un acuerdo racional
buci~n terminológica de R. K . Merron. Siguiendo los pasos de se enriquece si los sujetos se presentan en la mesa de negociacio-
R. L1ncon ( l 936), pero superando muchas de sus ambigüeda- nes ~o co~ un solo rol, sino con codos los roles que, aunque con-
des, Merron aclara Las nociones de ccescacus», «conjunto de esca- trad~cconamente, forman parce de su identidad. Así, la concco-
tuS» (status-set), «rol», «conjuoro de roles» (role-set). Para Mer-
vers1a ya no es entre dos o más antagonistas en posesión de un
con (como para Linron), «estatus es la posición ocupada por solo rol y, por [Link], predestinados a un enfreocamiento sin al-
determinados individuos en un sistema social, mientras que el ceroacivas.
rol corresponde a las manifestaciones de comporramienco con- Es más, en el momento de las negociaciones a menudo nos
formes a las expeccacivas atribuidas por la sociedad a esa posi- vemos forzados incluso a cambiar nuestro fin, aun conservando
ción» .8 ) nuestras preferencias. ~seo sucede, según J. C. Harsanyi ( 1978),
Mercon, empero, a diferencia de Linton, atribuye a cada esca- por~ue nuestra_valorac16n so?re los «cosces de oportunidad», es
cus un «Conjunto de roles». Por otra parre, dado que cada indi- decir, las ".'enca1as o des":enca1as de _lo~ distintos fines probables,
viduo, siempre según Mercon, ocupa distintos escacus, se con- puede obl1g~nos a elegH un fin d1st1nco del que, al principio,
cluye que cada individuo expresa, de hecho, una «multiplicidad habíamos esnmado, y todavía estimamos, el más deseable. Un
de roles». comporcamienco, pues, que, de un lado, es sin duda incoherence
Desde la 6pcica exclusivamente descriptiva que nos interesa, ya que renuncia~os a un fin a nuestro juicio preferible; y, po;
veamos ahora cómo se manifiestan, en concreto, los roles en la el otro, en cambio, es coherenre, dado que al menos en el plano
vida cocidiana de los agentes sociales. Entre los estudiosos del
cerna -aparre de algunos irrelevantes macices interpretati- 86. ~ta multiplicidad de roles y su confliciividad provienen, en gran pacte,
vos- hay un acuerdo general en reagrupar los roles en eres del excerior: son el resulrado de las expeccativas concnpuestas que 10$ dcmis tienen
en rel:tcióo a oosocr0$. AsI se explica por qué hoy C1 ran dúic1l el discurso sobre ~
•libertad deJ sujeto• (A. Touraioe, 1997), pág. 10.
85. R. K. Mcrton (1949), trad. ir., vol. 11, pág. 684. Véase R. Lincoo (1936).
64 CRÍTICA DE LA .RAZÓN INFORMÁTICA CIBERESPACIO, ¿UN ESPACIO DEMOCRÁTICO, 65

ideal seguimos siendo fieles a la convicción de que ral fin es el Persona e identidad on line
mejor.
Como se sabe, el tema de la coherencia (o no) de nuestras Después de este largo examen del cerna de la identidad y de
elecciones es cenera! en la siempre incensa coocroversia sobre el una parcial reacrualizacíón de Ja teoría de los roles, cr~o que es-
neoucilicarismo. En efecco, es recurrente no sólo encre aquellos tamos en condiciones de dar ocro paso en la profund1zac16n de
que son favorables a la perspecciva neoucilicarisca, sino también la cuestión de la idencidad on line y de sus relaciones con la de-
entre aquellos que no lo son en absoluto o que plantean grandes mocracia. Al respecto, querría analizar algunas de las ideas ex-
incertidumbres en corno a ella. 97 puestas por Sherry Turkle en el libro Ltt vida en la pantalla.
Aunque no sea mi propósico intervenir en esca delicada con- Idenriry in 1he Age o/ the lnternet.89 La aurora. aborda, des~e una
croversia, me parece encender que el rema tiene una relación di- óptica de inspiración preferencemence lacan1ana, la cuesc16n de
recta con mi cesis. Veamos por qué: Si se parce del presupuesto Ja identidad y de los role-playing game.r en Incer~ec. Aparte de
de que cada individuo es porcador de distintos roles, es dif~cil Lacan 1 es evidente la influencia de orcos escud1osos, en gran
escapar de Ja idea de que cada individuo puede expresar, en pnn- parce franceses, como Lévi-Scrauss, Foucaulc, I?errida, ~audril­
cipío, discinc'75 preferencias: Las implicaciones ceór~cas (y prác- lard Deleuze y Guaccari, pero también de P1agec, Enkson y
ticas) de seme¡ance evenrual1dad no deben ser subemmadas en lo obv¡'amence de Freud. El indiscucible mérito de este libro es el
más mínimo. Si las consideraciones sobre los «costes de oporcu- incenco de profundizar en cemácicas que, por lo general, están
nidad » me desaconsejan una elección que, desde la ópcica de mi absolucamence ausentes en la can copiosa como trivial (y repeci-
rol panicular, es la más deseable, puedo echar mano de otra civa) Jiceracura sobre el mundo de Incernec y alrededores.
elección que, desde la óptica de otro de mis roles, es igualmen- La idea cenera! de Turkle, que condiciona codo el plancea-
te deseable. Por esca vía, el problema de la coherencia (o de la mienco de Ja argumencaci6n, es la de la nacuraleza heterogénea
incoherencia) no se verifica en un campo de elección restringido del Yo o sea de la idencidad. Es una idea que, lo acabamos de
a dos o eres alcernacivas, sino en un vasco espectro de elecciones ver se ~icúa canco en el ámbico de la ceoría de los roles (tradicio-
posibles.88 nal' o puesta al día) como en el de la acrual [Link]ía [Link].90 ~~ro,
Está claro que semejante escenario de decisión exige que los en primer lugar, en el ámbito de esas comentes ps1coanal1t1cas
roles ejercidos por cada agente social sean reales y requiere una que, de un modo u ocro, se oponen a la visió~ d.e Jung de u~a
real copresencia, una real interacción cara a cara enrre los agen- unidad arquetípica del Ego. Todo esco es, en prmc1p10, comparu-
tes sociales. Si la copresencia falca, o se debilita, como en el caso ble. Mucho menos lo es, para mí, el uso que se hace de ello.
de la interacción celemácica, la democracia está enormemence La estudiosa estadounidense, remitiéndose a una vasca expe-
amenazada. Y esco se agrava aún más cuando, como hemos vis- riencia de observación del comportamiento (propio y ajeno) en
to y como veremos a concinuación, los incerlocucores, asumien- el uso del canal IRC, del MUO (Mulci User Dungeon), del B~S
do roles ficticios en un juego celemácico, renuncian a su identi- (Bullecin Board Syscem), del WEEL (Whole Earrh Eleccron1c
dad y, a la vez, a la rica dinámica de la propia multiplicidad de Li~k) y del E-mail (Eleccronic mail), plantea una teoría alterna-
roles.
89. S. Turkle (1995). De 1:i misma aueora, profesora de sociologfa e11 el M~R.
v~ase (l 984 y 1992). V~ase cambién P. McCorduck (l 996), su portrflll con ocasión
de la publicación de Lifa 0111he Smen (erad. case.: La 11iáa 111 '"pantalla, Barcelona,
87. V~ase B. Williams (1982) y A. K. Sen (1982). P~idós, 1997).
88. Algunos estudiosos de hi ceoría de los ¡uegos diseinguen emre •juegos "es- 90.• Yo soy muchos•, ha declarado S. Turkle en una enrrevisca (1996). Y alu-
c:lcicos" (caraccerizados por una única Í[Link] de juego)• y juegos •"din:tmicos" (en los día aJ hecho, ames [Link], de q~ cada uno de nosocros debe expresar muchas
que los :igenees sociales corrigen su escracegia en el curso del juego)• (M. Chiappo- idenudades, por cuanco cad:1 uno esd dorado de diseimos roles. Pero ella se refería
nJ, 1989). ~8· 144. Es verosímil que la pos1b11idad, aquí evocada, de que los agen- cambién, y cspecialmence, a la posibilidad ofrecida ª.cida uno de n~cros de cxprc·
c~ [Link] cscfo en cond1ciones de decidir con referencia a un amplio especcro de sar en el ciberespacio, múltiples identidades apócnfas, o sea la pos1b1ltdad de ser
opciones pueda ser [Link] en la caregoña de los 1uegos dinímicos. codavía muchos más de cuaneos, normalmence, nos es permieido ser.
66 CR1TICA DE LA RAZÓN INFORMÁTICA CIBERESPACIO, ¿UN ESPACIO DEMOCRÁTICO? 67

tiva a las posiciones utópicas, utilitarias y apocalípticas que, se- úlcimas) nos aconseja una sobriedad cada vez mayor en los vati-
gún un conocido artículo del New York Tímes citado por la auro- cinios, una prudencia cada vez mayor frente a los pronósticos de
ra, son las más recurrences en la literatura sobre el new way o/ life codo tipo, sobre codo de aquellos que presagian la inminente
electrónico. llegada de sublimes mundos posíbles.
Aunque la invesrigación de cal alcemaciva --en la práctica: Más allá de la remación utópica, en el libro de Turkle no
una cuarra vía- sea obviamente digna de ser incencada, no falcan concribuciones de norable interés. Querría citar sólo dos
creo que Turkle renga éxico en la empresa. Bien mirado, su po- ejemplos: su lúcido análisis de la relación transparencia-opaci-
sición más que una alcernariva es un mix de las eres posiciones. dad en el desarrollo del personal computer y sus reflexiones sobre
Con un agravance: las dosis asignadas a cada una de ellas están los presupuescos filosóficos de lo que llama la «inteligencia ar-
manifiesramente desequilibradas. En su ensayo, prevalece la ac- tificial emergente>>. Es preciso decir, empero, que, en general,
titud utópica. La utilitaria sólo aparece de vez en cuando y la no consigue liberarse de la jaula de las elucubraciones lacania-
apocalíptica -si por apocalíptico se entiende expresar dudas nas. Esrá convencida, y parece no sentirse turbada por la más
e incertidumb res sobre el new way o/ lije- ciene una presen- mínima duda, de que hay algo similar a una calle mayor que
cia aún más limitada, sólo como acro debido, presumo, para lleva directamence de Lacan a Internet. Lo cual, es necesario ad-
sustraerse de una evencual acusación de conformismo. mitirlo, es una idea bastante temeraria.
Por supuesto, el ucopismo que se entrevé en Turkle no es, Sin embargo, con esro no quiero negar, está claro, que algu-
por ejemplo, aquél, cosco y un poco naif, del director del MIT nas premisas de Lacan, tomadas en préstamo de Freud, no pue-
Media Lab, Nicholas Negroponce, profeta (quizá demasiado dan ser útiles para el tema de la identidad en el concexro que
poncificance) de un sublime futuro mundo digital. Es induda- estamos discutiendo. En un libro ancerior, 91 la aurora se había
ble, empero, que el ucopismo de Turkle, como el de Negropon- ocupado, con interpretaciones muy originales, de Lacan y, en
ce, se funda en la creencia, por lo demás muy difundida en la general, de la versión francesa de Freud. En aquel texto ya esta-
cultura cyber, de que la evolución de las tecnologías informáti- ban presentes, in nuce, algunas temáticas retomadas ahora en ex-
cas hará posible una profunda mucación de las condiciones de tenso. No obstante, sigue abierto el problema de si verdadera-
vida del planeta. Y será, anee codo y sobre codo, en la esfera de mente las ideas de Lacan vienen en ayuda, como ella sostiene,
las relaciones incerpersonales donde dicha mutación se hará de las tesis de que en Internet la ubicuidad fantasmal de las
sencir primero. Según esce punco de visea, la celemácica debería personas, el cambio generalizado de las identidades, debe consi-
contribuir a una verdadera emancipación de nuestras relaciones derarse un hecho positivo en las relaciones interpersonales. Ten-
incerpersonales que, el día de mañana, se volverán cada vez más go grandes dudas al respecro.
provechosas, libres e incensas. En la medida en que es posible captar el pensamiento, de
Sin embargo, por el momento, esro pertenece a un seductor suyo paradójico y huidizo, de Lacan, es evidente que él nunca
escenario de utopía positiva, en el cual, una vez más, resuena la ha sido favorable a las idenridades-fancasma. El Yo, el Sujeto,
vieja filosofía de la promesa. Se fabula nuevamente sobre subli- en Lacan, es, con seguridad, una construcción imaginaria, pero
mes 1wmdos posibles que -nos prometen- estarían ya al alcance es en relación con el O tro, también él imaginario, que el Yo (y
de la mano. ¿Quizás un regreso a esas «m etanarraciones» que el Otro) adquiere realidad. Al menos, como él precisa, una rea-
J.-F. Lyorard, demasiado apresuradamente, había dado para siem- lidad a medias. «Nunca hay sujero sin Yo», afirma. Y está,
pre superadas en la historia? Todo lo hace pensar. No hay nada además, la cuestión del Otro. «Esre discurso del Otro no es el
escandaloso en ello. A fin de cuentas, en detrimento de lo que
piensan los agoreros maestros de