ANEXOS DEL SISTEMA DIGESTIVO.
PÁNCREAS
El páncreas es una glándula blanda oblonga que mide cerca de 6 pulgadas de largo y 1 pulgada de grosor.
Se encuentra debajo de la gran curvatura del estómago y se conecta al duodeno del intestino delgado por un
conducto. El páncreas se divide en una cabeza (la parte más cercana al duodeno), el cuerpo (la parte
principal), y la cola. Internamente, el páncreas está formado por grupos de células epiteliales glandulares. Los
islotes de Langerhans, o los islotes pancreáticos, forman parte de estos grupos de células y componen la
porción endocrina de la glándula, por lo que son parte del sistema endocrino. Algunos islotes están formados
por células alfa, que secretan la hormona glucagón, y por células beta, que segregan la hormona insulina.
Otras masas de células se llaman acinos la porción exocrina del órgano. Los acinos secretan una mezcla de
enzimas digestivas (lipasas, carbohidrasas y proteasas), que en conjunto se llama jugo pancreático; éste deja
el páncreas a través de un tubo principal llamado conducto pancreático o conducto de Wirsung. Las células
de los conductos secretan bicarbonato de sodio para dar el pH alcalino (7,1- 8,2) que amortigua el jugo
gástrico ácido del quimo, frena la acción de la pepsina del estómago y crea el pH adecuado para la acción de
las enzimas digestivas en el intestino delgado. Las enzimas del jugo pancreático son la amilasa pancreática,
que digiere el almidón; varias enzimas que digieren proteínas, como la tripsina, la quimotripsina, la
carboxipeptidasa y la elastasa; la principal enzima digestiva de los triglicéridos en los adultos llamada lipasa
pancreática, y enzimas que digieren los ácidos nucleicos: la ribonucleasa y la desoxirribonucleasa. En la
mayoría de las personas, el conducto pancreático se une con el conducto biliar del hígado y entran hacia el
duodeno en un conducto común, llamado originalmente ámpula de Vater, que ahora se conoce como ámpula
hepatopancreática.
Las funciones del páncreas son dos: la primera, las enzimas que secretan los acinos permiten continuar con
la digestión de los alimentos en el intestino delgado y la segunda, las células alfa y beta secretan las
hormonas insulina y glucagón, que regulan y controlan los niveles de azúcar en la sangre.
HÍGADO
El hígado es uno de los principales órganos del sistema digestivo; pesa aproximadamente cuatro libras y se
divide en dos lóbulos principales: el lóbulo derecho y el lóbulo izquierdo, que están separados entre sí por el
ligamento falciforme. Los lóbulos del hígado están formados por numerosas unidades funcionales, llamadas
lobulillos hepáticos. El hígado está formado por varios componentes:
1. Hepatocitos (héepatos-, hígado; y –kytos, cavidad): son las principales células funcionales del hígado
y cumplen una amplia variedad de funciones metabólicas, secretoras y endocrinas. Entre los hepatocitos
vecinos, proporcionan espacios para los canalículos en los que los hepatocitos secretan bilis. La bilis, un
líquido amarillento, amarronado o de color verde oliva, sirve tanto como un producto de excreción como una
secreción digestiva.
El principal pigmento biliar es la bilirrubina. La fagocitosis de los eritrocitos viejos libera hierro, globina y
bilirrubina (derivada del hemo). El hierro y la globina se reciclan; la bilirrubina se secreta en la bilis y
eventualmente se degrada en el intestino. Uno de los productos de su degradación, la estercobilina, les otorga
a las heces su característico color marrón. La bilis es, en parte, un producto excretorio y en parte, una
secreción digestiva. Las sales biliares, que son sales sódicas y sales de potasio de los ácidos biliares (en su
mayoría, ácido quenodesoxicólico y ácido cólico), cumplen una función en la emulsificación, la degradación de
grandes glóbulos de lípidos en una suspensión de glóbulos más pequeños. Los glóbulos de lípidos más
pequeños tienen una gran superficie, que permite que la lipasa pancreática digiera los triglicéridos con mayor
rapidez. Las sales biliares también participan en la absorción de lípidos, luego de su digestión.
2. Canalículos biliares. Son pequeños conductos entre los hepatocitos que recogen la bilis producida por
éstos. Desde los canalículos biliares, la bilis pasa hacia los conductillos biliares y luego hacia los conductos
biliares, que emergen y eventualmente forman los conductos hepáticos derecho e izquierdo.
El hígado tiene seis funciones principales:
1. Fabrica anticoagulantes como la heparina y la mayoría de las otras proteínas plasmáticas, como la
protrombina y la trombina, que participan en el mecanismo de coagulación de la sangre.
2. Las células de Kupffer fagocitan ciertas bacterias así como los glóbulos blancos y rojos envejecidos o
dañados.
3. Las células hepáticas contienen varias enzimas que degradan sustancias dañinas y las transforman en
sustancias menos nocivas. Si el cuerpo no puede degradar y excretar estas sustancias, se almacenan y
causan daño. Las células del hígado son capaces de convertir el amoniaco en urea (un producto inofensivo),
que luego es excretada por los riñones y a través de las glándulas sudoríparas.
4. Los nutrientes que se absorben de manera excesiva son colectados en el hígado. El exceso de glucosa y
otros monosacáridos pueden ser almacenados en forma de glucógeno, o se convierten en grasas. Cuando es
necesario, el hígado puede transformar el glucógeno y las grasas en glucosa.
5. Almacena glucógeno, cobre y hierro, así como vitaminas A, D, E y K.
6. Produce sales biliares que descomponen las grasas. Estas sales biliares son enviadas hacia el duodeno
del intestino delgado para la emulsificación (separación) y la absorción de las grasas.
VESÍCULA BILIAR
La vesícula biliar es un saco en forma de pera que mide de 3 a 4 pulgadas de largo, y está situado en una
depresión de la superficie del hígado. Su revestimiento, como el del estómago, tiene pliegues que le permiten
ampliarse y llenarse con la bilis almacenada. La función de la vesícula biliar es almacenar y concentrar la bilis
producida por los lóbulos del hígado hasta que sea necesaria en el intestino delgado.
Cuando no hay digestión de alimentos, la bilis vuelve a subir por el conducto cístico y entra en la vesícula
biliar para su almacenamiento. Mientras está en la vesícula biliar, la bilis se concentra mediante la extracción
de agua. Más adelante, cuando entran alimentos grasos en el duodeno, un estímulo hormonal hace que la
vesícula biliar se contraiga y la bilis almacenada salga a borbotones, de modo que el duodeno pueda disponer
de ella.
PROCESO DIGESTIVO
Las principales funciones del tracto digestivo suelen resumirse en dos palabras: digestión y absorción. Sin
embargo, muchas de sus actividades específicas (como la actividad de los músculos lisos) y determinados
sucesos reguladores no se incluyen realmente en ninguna de estas dos funciones. Para su estudio se divide
en seis procesos esenciales:
1. Ingestión y descomposición de los alimentos.
Una vez que los alimentos están en la boca, se inicia la digestión mecánica y química. En primer lugar, el
alimento se descompone físicamente en partículas más pequeñas mediante la masticación. A continuación, a
medida que el alimento se mezcla con la saliva, la amilasa salivar inicia la digestión química del almidón, de
modo que lo descompone en maltosa.
2. Impulsión de los alimentos: deglución y peristalsis.
Para que el alimento sea transportado desde la boca, debe tragarse primero. La deglución (o la acción de
tragar), es un proceso complejo que implica la actividad coordinada de varias estructuras (lengua, paladar
blando, faringe y esófago). Una vez que el alimento se ha masticado y se ha mezclado bien con la saliva, la
lengua lleva el bolo (masa de alimento) hasta la faringe quien transporta el alimento a través de la faringe y el
esófago.
A continuación, mediante contracciones peristálticas a modo de ondas de sus paredes musculares. Una vez
que el alimento alcanza el extremo distal del esófago, presiona el esfínter cardioesofágico, lo que hace que se
abra y que el alimento entre en el estómago.
3. Descomposición de los alimentos.
La presencia de alimento y el aumento del pH en el estómago estimulan las células estomacales para que
liberen la hormona gastrina que impulsa a las glándulas estomacales para que produzcan pepsinógenos,
mucosidad y ácido clorhídrico. En condiciones normales, se producen entre dos y tres litros de jugo gástrico al
día. El ácido clorhídrico hace que el entorno extremadamente ácido active el pepsinógeno en pepsina, la
enzima de la digestión de las proteínas. A medida que el alimento entra en el estómago y lo llena, su pared
empieza a estrecharse. A continuación, las tres capas musculares de la pared del estómago se activan.
Comprimen y vapulean el alimento, para descomponerlo físicamente, mezclando continuamente el alimento
con el jugo gástrico que contiene enzimas, de modo que se forma el quimo semilíquido.
4. Propulsión de los alimentos
Una vez que se ha mezclado bien el alimento, comienza una vigorosa peristalsis en la mitad superior del
estómago, y las contracciones se vuelven más fuertes a medida que el alimento se acerca a la válvula
pilórica. El píloro del estómago, que soporta unos 30 ml de quimo, actúa como un contador que sólo permite
el paso de líquidos y partículas muy pequeñas a través del esfínter pilórico. Puesto que el esfínter pilórico
apenas se abre, cada contracción del músculo estomacal lanza 3 ml de quimo o menos en el intestino
delgado. La contracción también cierra la válvula, así que el resto (unos 27 ml) se impulsa hacia atrás en el
estómago para mezclarse más.
Cuando el duodeno se llena de quimo y se estrecha su pared, se produce un reflejo nervioso, el reflejo
enterogástrico. Este reflejo “frena” la actividad gástrica y ralentiza el vaciado del estómago inhibiendo los
nervios vagos y estrechando el esfínter pilórico, de modo que da tiempo a que se realice el procesamiento
intestinal. En general, el estómago tarda unas cuatro horas en vaciarse por completo después de que la
persona haya consumido una comida equilibrada, y seis horas o más si la comida es rica en grasas.
5. Descomposición y absorción de los alimentos.
Los alimentos que llegan hasta el intestino delgado sólo están parcialmente digeridos. La digestión de los
carbohidratos y de las proteínas se ha iniciado, pero no se ha digerido ninguna grasa; aquí, el proceso de
digestión química se acelera a medida que los alimentos realizan un turbulento recorrido de entre tres y seis
horas a través del intestino delgado. En este momento, cuando el alimento llega hasta el final del intestino
delgado, se ha completado la digestión y se ha producido casi toda la absorción de alimentos.
Los alimentos que entran en el intestino delgado están inundados de jugo pancreático que contiene enzimas
que completan la digestión de almidón (amilasa pancreática); realizan aproximadamente la mitad de la
digestión de proteínas (a través de la acción de la tripsina, la quimotripsina, la carboxipeptidasa y otras); son
responsables de la digestión de las grasas, ya que el páncreas es esencialmente la única fuente de lipasas; y
digieren los ácidos nucleicos. Además de las enzimas, el jugo pancreático (contiene un rico suministro de
bicarbonato) neutraliza el quimo ácido procedente del estómago y proporciona el entorno adecuado para la
activación y la actividad de las enzimas digestivas intestinales y pancreáticas.
Cuando el quimo entra en el intestino delgado, estimula a las células de la mucosa para que produzcan varias
hormonas. Dos de ellas, la secretina y la colecistoquinina (CCK), influyen en la liberación del jugo pancreático
y de la bilis. Las hormonas entran en la sangre y circulan hasta sus órganos de destino, el páncreas, el hígado
y la vesícula biliar. La secretina hace que el hígado aumente su producción de bilis, y la colecistoquinina
permite que la vesícula biliar se contraiga y libere la bilis almacenada en el conducto biliar de modo que la
bilis y el jugo pancreático entren juntos en el intestino delgado. La bilis es necesaria para la absorción de
grasas (y otras vitaminas liposolubles [K, D y A] que se absorben junto con ellas) del tracto intestinal.
La absorción de agua y de los productos finales de la digestión se produce a lo largo de todo el intestino
delgado. La mayoría de las sustancias se absorbe a través de las membranas plasmáticas de las células
intestinales mediante el proceso de transporte activo. A continuación, entran en los lechos capilares de las
vellosidades para transportarse en sangre al hígado a través de la vena portal hepática.
Una excepción son los lípidos que se absorben de forma pasiva a través de un proceso de difusión. Los
productos de descomposición de los lípidos entran tanto en los lechos capilares como en los quilíferos de las
vellosidades y se transportan al hígado a través de la sangre y los fluidos linfáticos.
Al final del íleon, lo único que queda es un poco de agua, material alimentario indigerible (fibra vegetal como
la celulosa), así como grandes cantidades de bacterias. Estos desechos entran en el intestino grueso a través
de la válvula ileocecal. Lo que finalmente llega al intestino grueso contiene pocos nutrientes, pero esos
residuos pasarán allí entre 12 y 24 horas más. El colon contiene bacterias “residentes” que habitan en su luz
metabolizan algunos de los nutrientes restantes, liberando gases (metano y sulfuro de hidrógeno) que
contribuyen al olor de las heces. Las heces, el producto más o menos sólido que pasa al recto, contienen
residuos de alimentos no digeridos, mucosa, millones de bacterias y la cantidad justa de agua para permitir un
tránsito sin problemas.
6. Propulsión del residuo y defecación.
Al detectar residuos de alimentos, el colon comienza a moverse, aunque sus contracciones son lentas o de
corta duración. Los movimientos más frecuentes del colon son las contracciones de los haustros. Cuando un
haustro se llena de residuos alimentarios, la distensión estimula la contracción muscular, lo que propulsa el
contenido de la luz hasta el haustro siguiente. Estos movimientos también mezclan los residuos, lo que ayuda
a la absorción de agua. Las contracciones empujan el contenido hacia el recto; la presencia de
macroelementos, o fibra, en la dieta aumenta la potencia de las contracciones del colon y suaviza la
deposición, permitiendo al colon actuar como una máquina bien engrasada.
El recto suele estar vacío, pero, cuando las heces se introducen en él a través del movimiento de masa y se
estrecha su pared, comienza el reflejo de la deposición. El reflejo de la deposición es un reflejo medular (zona
del sacro) que permite que las paredes del colon sigmoide y el recto se contraigan y los esfínteres anales se
relajen. A medida que las heces se expulsan por el canal anal, el cerebro recibe mensajes que nos dan
tiempo para decidir si el esfínter externo debe permanecer abierto o no, para detener el paso de las heces.