Lucien Febvre - Combates Por La Historia
Lucien Febvre - Combates Por La Historia
LUCIEN FEBVRE
Traducción castellana de
EDITORIAL ARIEL
BARCELONA- CARACAS- MÉXICO
PRÓLOGO
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de un tío r¡uc ensei)ó hi~turia tuda ~11 vida y r¡ue emefiú tra de historia. Los veinte primeros años de mi vida
a amarla des<lc la más tierna infancia. Al husmear rr. la transcurrieron en Nancy; y allí en mis recorridos por la
biblioteca paterna, encontraha debajo de los fasdcu lo~ espesa arboleda de los bosques de Haye, descubriendo
de Darrmlicrg et Saglio, que se sucedían reg11lar1rnc,ntc, uno tras otro, claramente perfilados, los horizontes de
esos dos volúmenes que representan con todo realismo las co~tas y de los llanos de Lorena, reuní un puñado
las grandes Ifütoires des Crees el rfes Rcmwim de Víc- de recuerdos e impresiones que no me abandonarán
tor Duruv obras maestras de la casa editora IIaehette, nunca. Pero ¡con qué delicia volvía cada año al Franco
de magnífi~a factura; Loda la antigüedad entonces c1.mo· Condado, mi verdadera patria! En primer término el
cida, templos, bustos, diose~, vasijas, ilustradas por lo, dulce valle del Saona, la suave majestad del pueblo de
mejores cTihujantes. Devoraba principalmente con. t~1:,1 Gray dominando esa pradera que devolvió la felicidad
pasión nunca satisfecha los tomos de la gran cd1ctt1n a Proudhon; y at'm más: el viejo y bravío Jura, sm
Huzcl de la llistoire de Fra11ce de Michclet, ilmtrarla ribazos y sus abetos, sus verdes aguas y sus gargantas
por Daniel Vierge, visionario alucinante, con láminas dominadas por grandes bancos calcáreos, plasmadas por
tan bic11 adaptadas a ciertos textos del -gran vidente qu¡, el épico pincel de Gustave Courbet. Así es el Franco
todavía hov me siento molesto si tengo que releerlos ei1 Condado, que recorrí en todas direcciones desde mis
la triste edición que la gente ha dado en calificar de primeros años en las viejas diligencias de carroza ama-
"definitiva". Con tales consejos por alimento, la rique7.,a rilla de Messageries Bouvet: recuerdo el tufo del cuero
de esas lecturas y los sueños iue hacían nacer en mí, viejo, el acre olor de los caballos sudados, el alegre tin-
~ cómo no iba a ser historiador. tineo de los cascabeles y el chasquido de látigo a la
' Ahí t'stán mis maestros, mis verdaderos maestros. entrada de los pueblos. También el Franco Ccndado
A los que más turdc, f'ntre los diedséis y los vci1Jtiún tiene, como Lorena, sus allos lugares solitarios y sagra-
,1üos, habrá que añadir: Elisée Reclus y la profunda dos: la Haute-Pierre de :\fouthier, el Poupet de Salins
hnmanidad dC' sn Geografúz Universal; Burckhardt y su que envía su saludo al Mont Blanc por encima de las
Rc,wcimiento en Italia: Courajod y sus lecciones en la .:restas; más lejos, la Dole, esa cumbre literaria, v tantas
t>S<:uela del Loqvre sobre el renacimiento borgoñón y otras menos notorias; lugares saludables donde .el espí-
himcf's a partir de 1910, el Jaures de la Historia del ritu sopla con el viento y que proporci.onan la necesidad
~-(.,cialisnw. tan rica en intuiciones ecQnómicas y socia; de descubrir, de respirar infinitos horizontes para toda
les: y, por último, Stendhal, sobre todo el Stcndhal de la vida. Los del Franco Condado no somos conformistas
Roma, Nápoles y Florencia, de la Hf.ñoria del arte en en absoluto. Courbet apenas lo era cuando pintaba
Italia. de las Menwrias de un turista, de la Correspo11- L'Entcrrement a Orrwns o L'Atelier. Tampoco Pasteur.
den...--:ia.: "invitaciones a la historia psicológica y senti- ¡' cuando las academias conjuradas daban gritos de muer-
mental", que durante años estuvieron sobre mi mesita
de noche, Las descubrí casi por azar, en aquellos le- ¡ te contra rn verdad. Ni Proudhon, el hijo del tonelero,
cuando afinnó en homenaje a los acomodados burgueses
janos tiempos, malvendidas por Colomb e impresas por de Besarn;on "la propiedad es un robo". Proudhon hu-
Calmann en papel de envolver. con viejos tipos ... biera dado, sin duda, la mejor definición de los hijos
Ésa foc "mi alma de papel". J11nto a ella, mi alma del Franco Condado ("Anarquistas ... pero con gobier-
campestre y rústica: la Tierra foc para mí la otra macs- no") si Michelet no nos hubiera cali.6ca<lo con estas
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palabras: "Siempre han .~ahido dos cosas: saber hacer Así pues, solo en la liza, trabajé lo mejor que supe.
y saber detenerse". Algunas de las cosas que en estos cincuenta años he po-
Así es como, al reunirse en mí la doble aspereza dido decir, y que parecían aventuradas cuando las for-
"crítica, polémica y guerrera", del Franco Condado Y ' mulaba por vez primera, son ya un lugar común. Otras
de Lorena, no acepté de buen grado la historia de los siguen siendo discutidas. La suerte del pionero es en-
vencidos de 1870, sus temblorosas prudencias, sus re- gañosa: o bien su gcneraci6n le da raz6n casi inmedia-
nuncias ante toda síntesis, su culto por el "hecho", la- tamente y absorbe en un gran esfuerzo colectivo su es-
borioso pero intelectualmente perezoso y ese gusto casi fuerw de investigador aislado; o bien su generación re-
exclusivo por la historia diplomática ("¡Si la hubiéramos siste y deja que la generación siguiente haga germinar
aprendido mejor no seguiría preocupándonos!''), obse- la semilla prematuramente lanzada en los surcos. Ahí
sión de los hombres que nos adoctrinaban entre 1895 está la causa de que el éxito prolongado de ciertos li-
y 1902, desde Albert Sorel (ese semidiós) hasta :E:mile bros, de ciertos artículos, sorprenda a su autor: no en-
Bourgeois (esa décima de dios). A ese doble rigor se contraron su verdadero público hasta diez o quince
debe también el que yo haya reaccionado casi instin- años después de su publicación, cuando les llegaron
tivamente y sin apoyo en el campo de los historiadores ayudas externas.
(entre mis amigos se encontraban lingüistas y orientalis- Hablando de ayudas, he de decir que me dio una
tas, psicólogos y médicos, geógrafos y germanistas, desde gran seguridad el descubrimiento de Henri Pirenne, a
Jules Bloch hasta Hcnri Wallon, Charles Blondel, Jules partir de 1910, cuando me sumergía en su pequeño vo-
Sion, Marce! Ray, mientras que los menos conformistas lumen de la colecci6n Flammarion, Les anciennes dé-
de mis hermanos historiadores, con algunas raras excep- mocraties des Pays-Bas y después en los primeros tomos
ciones entre las cuales hay que señalar la de Augus- de la Historia de Bélgica, en espera de las espléndidas
tin Renaudet, se alineaban sin más, creyéndose osados, memorias que fueron su canto aeI cisne (Los períodos
bajo el ambiguo estandarte de Charles Seignobos); y que de la historia social del capitalismo, 1914; Mahoma y
me inscribiera inmediatamente entre los fieles de la Re- Carlomagno, 1922; Merovingios y carolingios, 1923; y
vtre de Synthese Histürique y de su creador, Henri Eºr último esa joya que es el librito Las ciudades
Berr: nada tiene de extraño una aventura tal. A no ser de la Edad Media, 1927). Me dio seguridad, primero,
el hecho de que califica una época: ni mis atrevimientos y, después, júbilo personal saber que un hombre fuerte
ni mis ingeniosidades fueron su6cientes para levantar recorna, con paso constante y dominador, los campos
en contra mía aquellos valientes corazones que me que- históricos de fa Bélgica amiga. Júbilo que experimenté
rían bien y que me lo demostraban en cada ocasión; de nuevo cuando Marc Bloch, joven historiador, con
pienso en Gabriel Monod, en Christian Pfister, en Ca- ocho años menos que yo, orientado por sí mismo de una
mille Jullían y también en Gustave Bloch y en Vidal forma ligeramente distinta, vino a respaldarme frater-
de la Blache (aunque él ya había hecho su propia revo- nalmente, a continuar y prolongar mi esfuerzo en su
lución para sí y para sus sucesores). La alta universi- campo de medievalista. En 1929 fundamos juntos los
dad de aquel tiempo era aristócrata de corazón al me- Annales, ayudados desde el primer número por la fi-
nos. Y entre los grandes reinaba una benevolencia ope- delidad de Leuilliot y más que par el beneplácito de
rante, una fraternidad. Henri Pirenne por su magnífica -colaboración. ¡Pero
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cómo no reconocer el m~rito que corresponde, en aque- una historia, una c:iem:ia hi.~túrica a la medida Je: tiem-
llos Anrwles que adquirieron rápido prestigio y en los pos imprevisibles va a nacer. Yo deseo que mi csfuer:r.n
que había que aceptar de entrada su carácter saluda- haya sabido adivinar y abrazar sus directrices por ade-
ble y vivificador, a todos los que a mi alrededor for- lantado. Y c¡nc rnis arroyo~ puedan aumC"ntar ',ll torrcntP.
maron un círculo fraternal y ferviente! Y que lo siguen
formando todavía: Fernand Braudel, poderoso evoca- Le Sougcl, Vrwidml dr: 1952
dor de un Mediterráneo tan lleno de resonancias y des-
pués osado protector de una historia económica reno-
vada; Georges Friedmann, penetrante analista de las
almas individuales y colectivas, desde Leibniz y Spino-
za hasta los siervos anónimos de la máquina; y Charles
\.forazé, curioso y ardiente descubridor ae tierras desco-
nocidas; intrépido en la obstinada búsqueda de métodos
nuevos; y por último, todos vosotros, mis colaborado-
res, mis lectores, mis alumnos y mis colegas de Francia
y del extranjero, cuyo exigente afecto mantiene mi fuer-
za y sostiene mi impulso. Yo debía decir esto, debía pro-
clamar al comenzar esta recopilación mis deudas sen-
timentales para con tantos hombres y lugares y también
para con las casas que me acogieron: la Escuela Nor-
mal Superior (1899-1902) y la Fundación Thiers en las
universidades de Dijon y de Estrasburgo; sin olvidar
entre tantas otras, en el viejo y nuevo mundo, la Uni-
versidad Libre de Bruselas que durante un año me abrió
sus cátedras; y .finalmente desde 1933, el noble College
de France. Gracias a esas altas tribunas mi voz pudo
hacerse oír tan extensamente.
¡Ojalá estas páginas que guardan relación entre sí,
y por ello espero que sean tanto más expresivas, puedan
servir a las causas que me son tan caras! En estos años
en que tantas angustias nos ~rimen no quiero repetir
ccm el Michelet del Peuple: Jóvenes y viejos estamos
fatigados". ¿Los jóvenes, fatigados? Espero que no. ¿Los
viejos, fatigados? No lo deseo. Por encima de tantas
tragedias y transformaciones, en el horizonte lucen am-
plias claridades. En la sangre y en el dolor se engen-
dra una humanidad nueva. Y por tanto, como siempre,
10 ll
ADVERTENCIA AL LECTOR
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D E 1892 A 19-.'\.3
EXAMEN DE CONCIENCIA
DE UNA HISTORIA Y DE UN HISTORIADOR
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1892, 1933: dos fechas, un problema. Problema que
de la quinzaine: 1 "Corrientemente los historiadores
es absolutamente necesario que yo os plantee. Y si al hacen historia sin meditar sobre los limites y las con-
hacerlo me veo obligado a proceder a un examen sin diciones de la hfatoria; tiene razón, sin duda: más vale
contemplaciones de las ideas que recibieron los hom- que cada cual haga su oficio. En líneas gen~le~,
bres de mi generación y de los métodos que les fueron vale más que el historiador empiece por ha~ histona
sin tratar de ir más lejos. ¡En caso eontrano, nunca
enseñados no debéis ver en ello ni pizca de orgullosa
haría nada!" -siempre he tenido miedo de que mu-
presunción, sino simplemente un gran deseo de dari-
dad y la necesidad, mía y vuestra, de aclarar un cami- chos historiadores, al leer esas frases falsamen~e bon~-
chonas sacudan aprobatoriamente la cabeza sm perci-
no común en lo sucesivo.
bir el 'regusto avinagrado de esa socarronería de Or-
M=·· · d
Todo eso, por fuera. Por dentro, las cosas se or e-
1 naban simplemente.
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partiendo de 1933, el historiador había empezado por gricnto de políticas behcistus -. Y poco a poco l~e~áis
remontar la corriente, reconocer todos los afluentes, eli- hasta el famoso texto de los ComentatWs gue vattcma:
minar los ~raza~ que se desviaban (quiero decir, que "El Rhin, línea de serración de la Gaha y l~ Ger-
no conduman directmnente a César). Ese majestuoso ·, " Tras lo cua volvéis a empezar. Esta claro
rnam ,,, ' d
oe inocentemente. Estoy de acuer o en que
lib
remen·
desarrollo encantaba al historiador e introducía en una
his~oria viviente'. hecha, de catástrofes, tragedias, ampu- q Pero a lo largo del camino apretáis con fuerza en
tacmnes y aneX1ones sm fruto, una especie de rigiaez ~:· mano los dos extremos de la cadena. A pes~r vues,tro
ficticia y cadavérica, si hay que decirfo todo, habéis proyectado el ardiente presente sobre siglos fnos.
Aunque no sea más que mirando con nueva aten- y en ellos volvéis a encontrar el presente tal romo lo
ción un atlas hist6rico, pongamos ante nosotros mismos habéis considerado. No dudéis que se trata ~e un mé-
la prodigiosa representaci6n de todas las figuras sor- todo regresivo. Es concebible que ya un Gmllenno U
prendentemente distintas que ha presentado el país que Jo haya preconizado y que, a ejempln suyo, lo defien-
denominamos Francia, nombre c:on el que se le ha lla- dan los que considerándose el ornbli~o del ?1undo pien-
mado con continuidad de.~de hace siglos; si consegui· san que todo el pasado entero no strvc mas que como
mo.~ liberarnos de la obsesión de "lo que es-'', evo- preparación y justifi",ación deseada de l~ que e!los son
quemos esa serie de formaciones paradójicas en nuestra y proyedan. Pero ¿dónde situar la ciencia?, que queda
opinión; si una de ellas hubjera perdurado podemos de la ciencia en todo eso?
estar seguros de que la historia hubiera vuelto a en- A5í andábamos y la hisloria triunfaba. Desde fuera
contrar, remontándose, a 5Us antepasados: la alianza se la envidiaba por su potencia. Si~ embargo, ~co a
de Francia y España, y la de Francia y Renania o Fran- poco se iba vaciando de su sustancia real. La historia,
cia e Inglaterra, o Francia e Italia, Francia y los Países se d~cía no era una disciplina particular con un.. con·
Bajo~ ... ¿<?uién podrá d~r lo que una historia pierde tenido Perfectamente definido, 'E:ra un "'método.: u?
de v1tal e mterés si no se, tienen Fn cuenta tantas casua~ método a punto de convertirse en el método cuasi um·
lidades, escarceos e innovaciones? ¿Quién podrá decir versal en el campo de las ciencias del hombre. Co~o
el peligro que puede representar, si desde esla cáte- si un método tal, al que un conocido _text~ !lamaba el
dra pudiera utiliza!' palabras que no sean científicas? método empleado para constituir la historia , fuese,. en
Supon~amos la historia del Rhin.~ Empezáis a es- realidad, afgo distinto a uno de los méto~os prac:ic~-
cribirla de buena fe partiendo de la ilusión de que dos por todas las ciencias, el de_l oonoc1miento md1-
seguís el hilo de los acontecimientos mientras que de recto, La historia. no babia perdido su sombra. Pero
hecho, habéis empe7.ado por remontarlo. Partís d~ lo renunciaba a su verdadero cuerpo por una sombra.
que representa el Rhin para nosotros - un Rhin cargado y quienes lo afirmaban, principalmente los que agru-
de rencores nacionales, un Rhin fronterizo, enclave san· paba Henri Berr en torno a la Revue ,de Sy?"~se Hü-
toru¡ue, el hombre que tuvo la valenha clanvtden!e de
2. Lucien FEBVRE, Le problbne- hWtorjq1.<e du Rhil'I, primera escribir en 19U, en el prólogo a 5~1 ensay~ critico Y
parte <lel volumen La Rhin, publfoadu i,n ,,,,Jaboraci6u con Albert teórico La synthese en histoirfl (pág. Vl): . Se afinna
DF!>!ANOEON, por la Soriété 11énétale ulsaciernn; de Banqne, F.Nb:ll$- (¡ue la historia no tiene contacto ron la vida porqne
hurgo, lmprimerie AhílciennP, J9:3ll, én 1.". Rüc()g!do en Le lthitt,
prob/;'mes ,l'histoire et d'frnnomie, l'aris, A. Colin, 1935, en 8,", es demasiado científiC'a; yo estoy convencido, por él
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contrario, de que no lo tiene parque no es lo rn- Fauh t como un disfraz bajo d nombre dc- "materia-
ficientemente científica", aquéllos eran los que prepa- lismo histórico··, y responder, con soma, co1;10 un Ber-
raban el futuro porque, desde luego, no domeñaban el nard Shaw, ante los que hablaban del medm y de sus
presente. condidonamientos: "El hombre razonable se adapta
, J ,nedio· el hombre no 1'uicioso intenta adaptar el me-
,,dio· de ahí ' c¡1rn todos los progresos sean obra de 1~. b'e-
II ·1 '~,. en todo eso no había nada de imprevisto m ' que-
Cl ('. , p t
pudiera interesar a los historiadores. or'.lue es ~s
Y llegó el despertar, brusco y desagradable. En h i'an perfectamente {¡ue hay dos planos siempre di-
plena crisis, en medio de las dudas. Duda.~ hijas de la sa
fcrenciados, el del conocimiento y eI d e a! ·•¡
acc10n: e
guerra. Dudas de los que reanudaban su pacífico ofi- plano del saher y el de la inspira~i~n, el plano de l~s
cio, obsesionados por la idea de que estaban allí para cosas que ya han empezado a existir y el de la crea-
hacer la tarea individual de cada cual y no tal como dón en formación. ¿Podrían obligar alguna vez ~ los
la hubieran hecho si la tormenta no hubiese arrastrado hombres leyes históricas perfectamente establecidas?
al mundo con sus torbellinos; y, ante todo, para haeer ·Quién puede afirmar que no sea necesario un senti-
la tarea de los que ya no estaban allí, de aquellas dos ~icnto de creación autónoma para operar, en un me-
generaciones atrozmente diezmadas, de las cuales sólo Jio determinado, contra el peso de las tradiciones,
sobrevivían algunos rc~tos como en esos bosques de contra la inercia de las instituciones, mientras que de
pesadilla que uno atraviesa, directamente, sin dudas ... ª cara al futuro el esfuerzo autónomo de los innovadores
'Hacer historia, enseñar historia; remover cenizas, unas se inscribirá, sin duda, entre las consecuencias del ré-
ya frías y otras todavía tibias, pero siempre cenizas, gimen que combaten?
residuos inertes de existencias consumidas ... '" Pero (',no :Más grave era la crisis de todo lo que rodeaba, de
había otras tareas más urgentes, más útiles (para de- todo lo que enmarcaba a la historia en ,el te1:eno del
cirlo con la gran palabra), reclamándonos que les en- espírih1. Y en este caso la guerra no habla; temdo nada
tregáramos el resto de nuestras fuerzas? e ue ver. Bajo el repetido choque de las ideas n~vas,
Dudas de los qnc se burlaban del "'fracaso de la
historia". Verdad es que éstas tenían menos peso, por-
J. las profundas sacudidas que queb~antahan, disloca-
ban los seculares fundamentos de la física, todo un mun-
que acusar a la historia de no haber previsto ni pre- Jo se venía abajo; ese mundo moderno del que estába-
dicho nada, ironizar sohre el desmoronamiento de las mos tau orgullosos y que ofreda a nuestras actividades
"leyes" que se forjaban por el puro placer <le denun- el confortable asilo de la certeza adquirida; ese mundo
ciar su inutilidad, objetar las reservas de una energía llomirrndo por la matematiz.ación rigurosa de una físi_ca
moral, cuyas posibilidades no negaba nadie, ante el "es- con~iderada como una geometría del mundo que vacia-
piritualismo económico'" ya .\eñalado por un Frédéric ba ]J. materia de toda cualidad para darle una extensión
absolutamente nueva; esta ciencia de los fenómenos
3. Ludt"ll F~.H\ 1u;. "'L'histmre dün, 1.- monde ~n rni11,·S", k,·- naturales que, con todo .~u ardor, tendía hacia el ohjeti-
ción de apnt11rn dd nirsu de historia mndnna en la Univ.-rsidad
de Estrasbmgn (Ret:4e de Synthh,· Ili,torique. t. XXX. 1. n.º 81:i,
f,·brno 1920, pág. 1 } siguienk,.'. 4. E:twles de muml,·. París. Alean, l!Jll. pin!. fi4 Y iiguicntes.
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vo, un objetivo sustraído a las exigencias del Yo y que La historia es la ciencia del hombre, ciencia del pa-
se valora~ no por la cualidad sino por la cantidad· y sado humano. Y no la ciencia de las cosas o de los con-
más especialmente, esta ciencia de los hechos del ho~- ceptos, Sin hombres ¿quién iba a difundir las ideas?
bre que se iba constituyendo por aplicación al terreno Ideas que son simples elementos entre otros muchos de
humano de los métodos experimentados hasta entonces ese bagaje mental hecho de influencias, recuerdos, lec-
en el .terreno de una materia ligada al determinismo turas y cOnversaciones que cada cual lleva consigo. ¿Iban
más nguroso. a difundirlas las instituciones, separadas de aquellos que
¿~s una derrota de las viejas ideas, de las viejas las hacen y que, aun respetándolas, las modi.Gcan sin
doctrinas anonadadas por las nuevas que irrumpen? No cesar? No, sólo del hombre es la historia, y la historia
tanto. Nu~ca hubo mar geológico que no dejara un es- entendida en el más amplio sentido. Ya es sabido con
trato at~shguando su potencia. i¿Es una crisis- de ideal, qué vigor denunciaba Michel Bréal, aquí mismo, en el
necesano retomo a un misticismo primitivo o evolucio-. Collflge, la quimera de James Darmesteter cuando es-
n~d?? Menos aún. Se tr~ta: ciertamente, de un enrique- cribió La vie des mots dando al lenguaje la categoría
curuento y de un~ ~pliación; la posibilidad, entrevista, de héroe.
de nuevas _negOCJ.aciones, relaciones inteligibles en el La historia es ciencia del hombre; y también de los
punto bec1so que ahora nos ocupa entre esos dos te- hechos, sL Pero de los hechos humanos. La tarea del
rr~o~ sta ahora separados por un abismo: el campo historiador: volver a encontrar a los hombres que han
oh¡_etivo de la naturaleza y el terreno subjetivo del es- vivido los hechos y a los que, más tarde, se alojaron en
píntu ... ellos para interpretarlos en cada caso.
~o es ahora el momento de investigar cómo, en qué Y también los tertos. Pero se trata de textos huma-
medida y en qué aspectos específicos esas grandes trans- Ms. Las mismas palabras que los forman están reple-
formaciones de ideas pueden afectar a la historia_ que tas de sustancia humana. Todos tienen su historia, sue-
ernpi~ a ~ar los primeros pasos por el camino general nan de forma diferente según los tiempas e incluso si
de la CienCia-. Haría falta, si no un libro, por lo me- designan objetos materiales; sólo excepcionalmente sig-
nos un ~r~o. Habrá que ~ntentarse con una simple nifican realidades idénticas, cualidades iguales o equi-
observación. ¿Cómo concebll' en un ambiente de trans- valentes.
formaciones tales una historia absolutamente inmóvil Hay que utilizar los textos, sin duda. Pero todos los
en sus viejas costumbres? ¿Cómo no vamos a sentir los textos, Y no solamente los documentos de archivo en
historiadores la necesidad de conc.ertar nuestras ideas y favor de los cuales se ha creado un privilegio: el pri-
nuestros métodos con los de otras disciplinas? Para ha- vilegio de extraer de ellos, como deda el otro,~ un nom-
blar claro ¿cómo no reconstruir cuando aparecen grietas bre, un lugar, una fecha, una fecha, un nombre, un
por todas partes? lugar, todo el saber positivo, concluía, de un historiador
despreocupado por fo real. También un paema, un cua-
• • • dro, un drama son para nosotros documentos, testimo-
Pero ¿sobre qué fundamentos reconstruir? No hay
que buscar muy lejos: sobre 1os sólidos cimientos de
lo qne debe llamarse la humanidad. 5. El físico Boisse.
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nios de una historia viva y humana, saturados de pensa- i1l\"estigadores ai~la<los (JUL. buscan el apoyo de sus
miento y de acción en potencia ... rnmpaf1eros de otras disciplinas. Mañana será, sin <luda,
Está duro que hay que utilizar los textos, pero 110 caractcrí~tica propia de trabJ.jadores de formación di-
exc7usioomente los textos. También los documentos, sea versa 1midos en equipos para aunar sus esfuerzos; me
cual sea su naturaleza: los l[Ue hace tiempo que se uti- imagino c1ue el físico planteará el problema, el mate-
lizan y, principalmente, aquellos que proporcionan el mático aportará su virtuosismo en el manejo del len-
feliz esfuer7.0 de las nuevas disciplinas como la estadís- guaje científico y, por último, el astrónomo elegirá los
tica, como la demografía que sustituye a la gcm~alogía astros q11e hay que ekgir en el inmenso campo del
en la misma medida, indudablemente, en que demos eiPlo, observará y controlará. Indudablemente, es una
remplaza en su trono a los reyes y a los príncipes; e,-omo Fónnnla para el futuro. Al trabajo, le hará perder mu-
la lingüística que proclama con Mcillet que todo hecho cho de su intimidad. Nu será ya asunto de un hombre
lingüístico pone de manifiesto un hecho de civilización: y su proyección, al menos, tan profundamente. Pero
como la psicología que pasa del estudio del individuo ganará en eficacia lo (pie se pierda en personalidad.
al de lo~ grupos y las masas. Y tantas otras disciplinas. Quiérase u no, los tiempos del artesanado empiezan
Hace milenios que el polen de los árboles forestales a ,1uedar fuera de nnestro horizonte. Y como tantas
cayó en los cenagosos pantanos del norte. Hoy, un otras cosas, el pequeño artesano cientí.6co que somos
Gradmann, examinándolo al microscopio saca de ese cada uno de nosotros, q uc nos gusta hasta en sus taras
hecho el fundamento de apasionantes estudios sobre el y m~ manías; el pe(¡ueño artesano qne todo lo hace
poblamiento antiguo que la ciencia del hábitat huma- por sí mismo y para sí mismo, que crea su utillaje, su
no debe confesarse impotente para realizar - aun aña- campo de experiencias, .~11 programa de investigación,
diendo a los datos de los textos el estudio de los va a reunirse en el pasado con tantas otras bellezas
nombres de los lugares o el de vestigios arqueológi- muertas. Pero ya otra bcllt'za se esboza ~obre la tierra.
cos-. Ese polen milenario e:. un documento para la Coluboraci6n entre los hombres, concordancia de los
historia. La historia hace con él su miel, porque la his- métodos, analogía en los desarrollos. Una ciencia nue-
toria se edifica, sin exclusión, con todo lo que el in- va, la lingüística, tnvo sn r)figen en una sección de la
genio de los hombres pueda inventar y combinar para filología, la filología comparada, que a su vez había sur-
suplir el silencio de los textos, los estragos del olvido ... gido del descubrimiento del sánscrito en el siglo xvnr.
Negociar perpetuamente nuevas alianzas entre dis- .-\hora bien, antes de orientarse hacia el estudio estático
ciplinas próximas o lejanas; concentrar en haces sobre dC" los hechos lingüísticos haciendo abstracción de la
un mismo tema la luz de varias ciencias heterogéneas: historia de las lenguas, se consagró casi únicamente a
ésa es la tarea primordial, la más urgente y la más f'sta. Evolución c1ue, sin duda, prefigura en líneas gene-
fecunda, sin duda, de las que se imponf'n a una histo- rales r muy tosca.~ la que un día asumirá la historia,
ria que se impacienta ante las fronteras y los compar- i:·uan<lo del pstudio global de los conjuntos históricos
timientos estancos. - pueblos y naciones, si se quiere - pase en una forma
¿Hay que tornar prestadas ciertas nociorws? Algu- cgic no se puede determirnrr por adelantado (porque está.
nas vecPs. Pero sobre todo, hay que tomar prestados claramente en función de los futuros progresos de otras
métodos e inspiración. l ..a regla huy es que lo hagan ciencias próximas) al estudio estático de los hechos de la
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historia ... De momento, modestamente, no le asigna- tiva. .tsta intenta, mediante un esfuerzo heroico y di-
mos más tarea que plantear problemas humano~..Por recto, desembarazándose de las interpretaciones citadas,
preocupaciones humanistas y a la vez por presentnn1en- reconstruir los sistemas sucesivos de ideas e institu-
to de lo que un día pueda ser la historia. La ciencia de ciones en su estado de frescura original. Pero al mismo
los hechos históricos. tiempo sabe medir las dificultades de una tarea tal.
·Una ciencia con leyes? Acaso. Todo depende de lo Sabe que nunca podrá poner en funcionamiento el in-
qu/ se denomine ley. Palabra ambici~sa, !'ero plena de hallable aparato que, tras un sueño de varios siglos, le
sentidos diferentes y a veces contrad1ctonos. Ya hemos permitiría oír, grabada tal cual, toda una eternidad,
dicho que no se trata de leyes que o~ligan a la acci~~· la voz misma del pasado reflejada en lo Contemporáneo.
No aplastemos el esfuerzo humano ba¡o el peso ~sten.h- La historia objetiva interpreta, organiza. Reconstruye y
zador del pasado, Hay que repetir en vo~ alt~, histona- completa las respuestas. Se hace el pasado que nece-
dores - y precisamente en cuanto que histona~or~s - , sita, Y en ello no hay escándalo ni atentado contra la
que el pasado no obliga. No hay que hacerse 1lus1ones. supuesta majestad de la ciencia. La ciencia no se hace
El hombre no se acuerda del pasado; siempre lo re- en una torre de marfil; se hace en la vida misma y por
construye. El hombre aislado es una abstracción. La rea- gentes que trabajan en ese momento. Está ligada a
lidad es el hombre en grupo. Y el hombre no conserva través de mil sutilezas y complicados lazos a todas las
en su memoria el pasado de la misma forma en que los actividades divergentes de los hombres. A veces incluso
hielos del Norte conservan congelados los mamuts mi- sufre la influencia de las modas. ¿Cómo iba a escapar
lenarios. Arranca del presente y a través de él, siempre, a sus inquietudes, moviéndose en el mismo ambiente
conoce e interpreta el pasado. , , , . que todas las demás disciplinas humanas, esta ciencia
¿Hace falta un ejemplo? ¿Cual sería el mas tlp1co? de la que decía Poincaré que "adivina el pasado"? No-
El del derecho consuetudinario medieval que ayer ale- sotros decimos que la historia sólo toca con su varita,
gaba justamente Marc Bloch. Durante varios .siglos se para resucitarlas, algunas partes determinadas: aque-
consideró válida una regla de derecho, o se 1uzgó le- llas que tienen valor para el ideal al que sirve la histo-
gitimo un canon por la sola razó1~ de que r_egla o canon ria, y en un momento concreto ... Y con esto, vuelvo
eran inmemoriables. Cuando el ¡uez concienzudo bus- a plantear la pregunta de antes.
caba la verdad jurídica volvía al pasado: "¿qué ~.e h~ ¿De qué leyes se trata? Si se trata de esas fórmulas
hecho con anterioridad'?, ¿,cuál era _la c~stumbre? As; comunes que fonnan series agrupando hechos hasta
pues, ¿tenía que pennanecer estaec10n~no el der,ec.110, entonces 1,eparados, ¿por qué no? Así será como la his-
Sin embargo, no ha dejado de evolucmnar, y rap1da- toria experimentará una vez más la unidad viva de la
mente. Lo mismo que evolucionó el cristianismo entre ciencia; y entonces se sentirá, más aún, hermana de las
la paz de la iglesia y la Reforma... . otras ciencias, de todas aquellas para las cuales el gran
Son necesidades vitales. Reacciones de defensa ms- problema hoy es negociar el acuerdo entre lo lógico y
tintivas contra la formidable masa de los hechos, las lo real -de la misma manera como para la historia se
ideas, los hábitos de antaño. El primer medio de resis- trata de negociar el acuerdo entre lo institucional y lo
tencia es imbuir el presente en la tradición misma. Cosa contingente.
que ;:io es en absoluto la reacción de la historia obje~ Difícil tarea. En todas las ciencias, hoy, no hay más
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J -- Híl\ ...
que oposiciones, conflictos, antinomias. A.qui, en esta los espíritu.~. porqL1e no tuvo sistemas - sistema~ de los
casa, dejemos bromear a los que van denunciando con que también Claude Hemard decía r¡uc tienden a escla-
una risita burlona nuestras impotencias. Sólo olvidan una vi~r al espíritu hu,mano ~, e~ camhio se preocupó por
cosa; en el origen de toda adquisic:ión científica existe l~s ideas y las teor.ias; por las ideas, pon1ue las ciencias
d no-mnfonnismo. Los progreso.~ de la ciencia son fru, solo avanzan gracias a la potencia creadora v original
to de la discordia. De la misma manera que las religio- del pensamiento; por las teorías, porque, sin .duda, sa-
nes se refuerzan con la herejía de que se alimentan. bemos perfectamente qL1e nunca abarcan la infinita
Opartet haereses esse. coI?pleji<lad de los fenómenos naturales: son grados su-
ce~1vos que ~a ciencia, rn su deseo iIJsaciable por am-
• • • pliar el honzonte del pensamiC'nto hum,ino, consigue
unos tras otros con la magnífica certeza de no alean.zar
Yo ya sabía al empezar esta lección cuánto tiempo y jamás la cumbre de las cnmbrt"s, la eima desde donde
esfuerzo exigen estas ideas para ser realmente explici- se vería la aurora surgiendo del crepúsculo.
tadas. Perdonadme que no me haya detenido ante difi-
cultades que conocía. Se trataba, en mi opinión, no de
edificar un sistema, sino de presentaros a un hombre, sns
intenciones, sus prejuicios quizás y sus debilidades, en
cualquier caso, su buena voluntad.
En el bello libro jubilar que publicó el CoUege de
France con ocasión de su cuarto centenario, se encuen-
tra reproducido, gracias a la atención de Paul Hazard,
un documento emocionante. Es una página de notas
autógrafas de Michelet - anotaciones hechas L'Oll su
fina tv.i.ligrafía, antes de una de las últimas lecciones
que profesó aquí-. En ella, vibran ya las· cadencias
del gran poeta de la historia romántica; se lec lo si-
guiente:
"¿Por rp1é no tengo partido? ... Porque he visto en
la historia la historia y nada más .. .
"¿Por qué no tengo eseuela? ... Porque no be exage-
rado la importaneia de las fórmulas, porque no he que-
rido someter a ningún espíritu, sino al contrarío, libe-
rarles, darles la fncrza que permite ju:.~gar y encontrar."
Mi aspiración es que un día, próximo o lejano, al
término del c11rso que hoy inauguro, pueda merecer
que se me rinda este homenaje: "En la historia sólo vio
la hhtoria, nada más". En su magisterio no sometió a
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VIVIR LA HISTORIA
PALABRAS DE INICIACIÓN
37
como maestro de conferencias en la Escuela). Anatole cía! en ve:z de pnlitiea y .~ocia], literaria y .mcial, religio-
France cuenta en alguna parte que de niño soñaba e;1 sa y social o incluso filosófica y social. No fueron razo-
escribir una historia de Francia .. con todo detalle , nes razonadas las que nos habituaron a rclacion~r de
Nuestros maestros, en los institutos, parecían propo- forma natural y sin mayores re8exiones los dos ep1tetos
nemos el ideal pueril del pequeño Anatole. Se ha dicho df' económico v social. Fueron razones históricas muy
que hacer historia era para ellos, si no aprender todos, fáciles de detcr.minar - y, en definitiva, la fórmula que
por lo menos el mayor número posible de detalles sobre nos ocupa no es más que un residuo o una herencia de
fa misión de :\1. de Chamacé en las Cortes del Norte.
Y naturalmente quien sabía un poco más_ sobre cs?s
detalles se llevaba el gato al agna: ¡servia para his- l las largas discusiones a que dio lugar de.~de hace un
siglo lo que se denomina el problema del materialismo
histórico-. Por tanto, cuando utilizo esa fórmula co-
toriador!
Tengo un poco de miedo de que las cosas no hayan
! rriente, cuando hablo de historia económica y social, no
Jebe creerse que yo albergue alguna duda sobre su va-
cambiado mucho desde mis tiempos. Con ese humor lor real. Cuando Marc Bloch y yo hicimos imprimir esas
normalista que conservó hasta los últimos momentos, el dos palabras tradicionales en la portada de los Annales,
gran matemático Lcbesgue, un colcga que acabamos ~e sabíamos perfectamente que lo "social", en particular,
perder en el Collt'ge de Francc, nos confi~h.a un drn es uno de aqnellos adjetivos a los que se ha dado tan·
que, según él, había dos clases de matematicos: nna tas significaciones en el transcurso del tiempo que, al
clase temible, la de los inspectores generales, que con- final, no quieren decir nada. Pero lo recogimos preci-
fesaba no entender bien; y otra accesible, la que cada samente por eso. Y lo hicimos tan bien que por razones
día avanzaba y ante la cual no se oponía ninguna difi- puramente contingentes hoy figura sólo en la portada
cultad. Paralelamente ¿_no habrá dos historias, la pri- de los propios Annal.es, <1ue pasaron a ser de económi-
mera de las cuales aprobaría todo el mundo igualmen- eos y sociales, par una nueva desgracia, a sólo Sociales.
te? El problema es temerario. En cualquier ca~o º? v~y U na de~gracia que aceptamos con la sonrisa en los la-
a hablaros de eso, sino de otra co.~a. De la h1stona sm bios. Porque estábamos de acuerdo en pensar que, pre-
más. La que yo intento hacer progresar, fa qlllC' me gusta. dsamente, una palabra tan vaga .:orno "social" parecía
haber sido creada y traída al mundo por un decreto
nominal de la Providencia histórica, para servir de ban-
1 dera a una revista que no pretendía rodearse de mura-
llas, sino hacer irradiar sobre todos los jardines del
·Historia sin más?, me preguntaréis. No, ya que vecindario, ampliamente, libremente, indiscretamente in-
anu~ciáis charlas sobre historia "económica Y social''. cluso, un espíritu, su cspír:tu. Quiero decir un espíritu
Precisamente por eso lo primero que . deb.o decir.os .es de lihre crítica y de iniciativa en todos los sentidos.
que, hablando con propiedad, no hay lnston~, econom1m
y social. Y no únicamente porqu.e .la ~elac1on entre l? • • •
económico y lo social no es un pnv1!f'g10 - una cxcl~s1-
vidad como diría un director de eme - en el sentido Repito, por tanto: no hay historia económica y so-
de qu'e no hay razón alguna para dt>eir económica Y so- cial. Hay la historia sin mü, en su unidad. La historia
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11uic-r tipo <le hombre abstr~ct~, etern?, i~mutabl.e en su
que es, por dcfimóóri, abso!uta1~1cn~c social. En mi opi- fondo y perpetuamente identlco a s1 m1smo, smo por
nión la historia es el estudw cwnt1ficamentc elahora<lo hombres comprendidos en el marco de las sociedades
de l~s diversas actividades y de las diversas creacio- de cp1c son miCTilbros. La historia se interesa por hom-
nes de los hombres de otros tiempos, captadas en su bres dotados de múltiples funciones, de diversas acti-
fecha en el marco de sociedades extremadamente \.-a- vidades, preocupaciones y actitudes variadas que se
riada~ y, sin embargo, comp<lrables unas a otra~ (el 11 mezclan, chocan, se contrarían y acaban por concluir
postulado es de la sociología); a~tividadcs. y creac1orn~s , entre ellas una paz de compromiso, un modus vivendi
con }as quC' cubrieron la super~c~~ de la berra Y l~ s~1- al que denominamos Vida.
cesion de las edades. La cfe6mc1on es un poco larga, Definido así, se puede asir al hombre, por comodi-
pero yo desconfío de las definiciones demasiado, bre- dad, de tal o cual miernbro, por la pierna o por el brazo,
ves, demasiado milagrosamente brcws. Y ademas en más que por la cabeza. Es igual: siempre será el hom-
sus mismos términos descarta, me parece, muchos psen- hrc entero lo que se arrastra desde el momento en que
<loproblemas. . se tíra ele él. No se puede descomponer a un hombre
A ello se debe, en primer lugar, que califique la l'll trozos sin matarlo. Por eso el historiador no tiene que
historia como estudio científicamente elaborado y no hacer pedazos de cadáveres. El historiador estudia la
como ciencia; raz6n por la cual, igualmente, al trazar vida pasada - y Pircnne, el gran historiador de nuestra
el plan de la EncycWpédie franyaisc no quise fundamen- é}X}Ca, lo definía un día: "un hombre que ama la vida
tarlo, como exigían los ritos, en una clafificaciqn grn:ral y que sabe mirarla"-. En una palabra, el hombre de
de las ciencias; principalmente porque hablar de c.1en- 11ue hablamos es el lugar común de todas las activida-
cias es, ante todo, evocar la idea de una suma de resul- des que ejerce y puede interesarse más particularmente
tados, de un tesoro, si se quiere, más o mPnos ~ep.leto por una de éstas, par su actividad, por sus actividades
de monedas unas preciosas y otras no; pero no significa económicas por ejemplo. Con la condición de.~º _olvidar
subrayar lo' que repr~senta el resorte mot'.>r del cicntí- nunca que esas actividades incriminan siempre al hom-
flco, es decir, la inquietud, el replanteam1~m~o no per- bre completo y en el marco de las sociedades que ha
petuo y maniático, sino razona.do y metod1co dP. las forjado. Eso es, precisamente, lo que significa el epíteto
ve!dades tradicionales, la necesidad de recobrar, reto- "social" que ritualmente se coloca junto al de "econó-
car y repensar, cuando haga falta y desde que haga mico". Nos recncrda que el objeto de nuestros estudios
falta, los resultados adquiridos para readaptarlos a las no es un fragmento de lo real, uno de los aspectos ais-
concepciones y, más aún, a las nn~vas con?iciones de lados de la actividad humana, síno el hombre mismo,
existencia que nunca acaban de foqarse el tiempo Y los considerado en el seno de los grupos de que es miembro.
hombres, los hombres en el marco dd tiempo.
Y, por otra parte, en ]a deflnici?n se habla d~ ho1?1- • • •
bres. Los hombres son el objeto unico de la h1stor~a,
de una historia que se inscribe en el grupo de las dis- Me excuso por los aspectos un tanto abstractos que
ciplinas humanas de todos los ~rdenes y de ~odos ~os hay en estas observaciones. Y al formularlas no pierdo
grados, al lado de ]a antropolo_[!;ia, la ps1cologia, la lm- de vista mi verdadero proyecto ni la razón profunda
giiística, ele.; una historia que no se mtc-resa por cual-
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por la que estoy aquí en este momento. Ayer releía para
vosotros textos curiosos y bellos. Hace años, en 1914, :~~ora. bjen, re~rda~ que si bien no he hablado de
Hauser publicó algunas notas de Michelet, como siem- ciencia de la h1stona, lo he hecho, en cambio, de "es~
pre, plenas de destellos, de destellos de adivinación y tudio científicamente elaborado". Y estas dos últimas
genio. Entre ellas hay una lección profesada aquí mi.~- palabras no las he pronunciado para hacer bonito.
mo, el 10 de julio de 1843, ante los alumnos de tercer "Científicamente elaborado": la fórmula implica dos
curso que terminaban en la Escuela e iban a partir operaciones, las mismas que se encuentran en la base
haci~, las provincias. Michelet imprimía ánimos a aque- de todo trabajo científico moderno. Plantear problemas
llos Jovenes a los que esperaba el duro oficio de profesor y formular hipótesis. Dos operaC'iones que ya a los
en un colegio real, en una ciudad sin archivos organi- hombres de mi edad se nos denunciaban como las más
zaíl.os, sin bibliotecas catalogadas, sin facilidades para peligrosas. Porque plantear problemas o formular hipó-
hacer viajes ni posibilidades de evasión. Ponía de ma- tesis era simplemente traicionar. Hacer penetrar en la
nifiesto cómo un historiador que quiere puede trabajar ciudad de la objetividad el caballo de Troya de la sub-
útilmente en todas partes. Hoy el probiema ya no es el jetividad ...
mismo. Pero, no obstante, yo quisiera intentar con vo- En aquel tiempo lo.~ historiadores vivían con un
sotros - y salvando todas las diferencias - lo que in· respeto pueril y devoto por el "hecho". Tenían la con-
tentaba Michelet con sn antoridad, el ardor de su pa- vicción, ingenua y chocante, de que el científico era
labra y el resplandor de rn genio. Consideraría que he un homhre que poniendo el ojo en el microscopio cap-
pagado parte de la deuda contraída con esta casa si taba inmediatamente un haz de hechos. De hecllos que
pudiera recuperar o consolidar alguna vocación de his- se le. entr~gaban, que eran fabrica,dos para él por una
toriador vacilante; si pudiera desmontar los prejuicios Providencia, de hechos que no tema más que registrar.
nacidos contra la historia a causa de un desgraciado Cualquiera de estos doctores en método hubiera tenido
contacto con lo que muy frecuentemente se nos ofrece suficiente con echar una ojeada, aunque fuera breve,
bajo ese nombre - con lo que se os ha enseñado y lo al ocular de un microscopio y mirar una preparación de
que se os reclamará todavía en los exámenes hasta histología. ~ara darse cuenta inmediatamente de que
el doctorado, único examen que escapa o, al menos, para el h1stologo no se trata de observar, sino de inter-
puede escapar al peligro-; si pudiera hacer vuestro pretar lo que debe denominarse una abstracción. Cínco
el sentimiento de que se puede vivir siendo historiador. minutos hubieran sido suficientes para medir, en la
Y '¿cómo hacer vuestro ese sentimiento - la convic- toma de posesión por el científico de lo que con ante-
ción de que se puede vivir siendo historiador - si no rioridad preparó larga y difícilmente - en función de
es examinando ante vosotros, con vosotros, algunos de nna idea preconcebida - , toda la parte personal del
los problemas vivos que plantea hoy la historia a quienes hombre, del investigador que sólo apera porque se ha
se sitúan en la vanguardia de la investigación, a aque- planteado antes un problema y formulado una "hipótesis.
llos que, en la proa del barco, interrogan continuamente
al horizonte que se extiende ante sus ojos? • • •
/ / Plantear un problema es, precisamente, el comienzo
Yel final de toda historia. Sin problemas no hay historia. Lo mismo ocurre con el historiador. No hay ninguna
Providencia c:J.ue proporcione al historiador hechos bru-
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tos, hechos dotados por lo extraordinario de una exis· libros que tienen más estampillas aduladoras para el
tencia real perfectamente definida, simple, irreductible. Instituto, la Sorbona o las Universidades regionales que
Es el historiador quien da a luz los hechos históricos, banderitas multicolores uno de nuestros bu2nos hotéles
incluso los más humildes. Sabemos que los hechos, esos para turistas; y cuando la idea descubierta es la siguien-
hechos ante los cuales se nos exige C.'On tailta frecuencia te: "El período que vamos a estudiar (uno de los más
que nos inclinemos devotamente, son abstracciones entre vivos de nuestra historia) rnntinúa al que precede y
las que tenemos que elegir necesariamente - y abs- anuncia el que sigue; es importante por lo que suprime,
tracciones cuya determinación obliga a recurrir a los pero también por lo que establece", etc., ¿vamos a seguir
más diversos e incluso contradictorios testimonios-. preguntándonos por qué se burlan de la historia, se
Así es que esa colección de hechos, que tan a menudo alejan de la historia, censuran y ridiculizan la historia
se nos presentan como hechos brntos que rnmpondrían numerosos hombres sanos, decepcionados al ver tantos
automáticamente una historia transcrita en el mismo esfuerzos, tanto dinero, tanto buen papel impreso que
momento en que se producen los acontecimientos, tiene no conduce más que a propagar esa .filosofía, a perpe-
también una historia. Y lo sabemos: la historia de los tuar esa historia papagáyica y sin vida en la que naaie
progresos del conocimiento y de la consciencia de experimenta nunca (para decirlo con palabras de Paul
los historiadores. En tal medida que, para aceptar la Valéry, palabras que hay que citar por fuerza) "ese
lección de los hechos, tenemos perfecto derecho a recla- suspenso ante lo incierto en que consiste la gran sen-
mar que se nos asocie prjmero al trabajo crítico que sación de las grandes vidas: la de las naciones ante la
sirvió para preparar el encadenamiento de los hedios batalla en que Pstá en juego su destino; la de los am-
en el espíritu efe quien los invoca. biciosos cuando ven que la hora siguiente será la de
En el mismo sentido, me veo obligado a declarar rn 1 la corona o la del cadalso; la del artista que va a de.s·
bien del oficio, de la técnica, del e:,fuerzo científico, cubrir su escultura o a dar orden de que se quiten
que si el historiador no se plantea problemas, o plan- 1 todos los puntales y apoyos que sostienen aún su edifi-
teándoselos no formula hipótesis para resolverlos, está
atrasado con respecto al último de nuestros campesinos.
Porque los campesinos saben que no es conveniente
llevar a los animales a la buena de Dios para que pasten
l cio"? ¿Cómo sorprenderse entonces de las violentas
campañas contra la historia, de la desafección de los
jóvenes, del retroceso continuado y de la verdadera
crisis de la historia que los hombres de mi generación
en el primer campo que aparezca: los campesinos apris- han visto desarrollarse lentamente, progresivamente, con
can el ganado, lo atan a una estaca y le obligan a pacer seguridad? Pensad que cuando yo entré en la Escuela
en un lugar mejor que en otro. Y saben por qué. la partida estaba ganada. La historia había ganado J.i
¿Qué queréis? Cuando por casualidad se descubre partida. Demasiado; demasiado, porque no aparecía
una idea en uno de esos gruesos libros cuya redacción ni siquiera como una disciplina particular y limitada.
parece absorber las energías de nuestros mejores pro- Demasiado, porque la historia daba la impresión de ser
fesores de historia - manuales honorables, consciente- un método univ~rsal aplicable indistintamente al aná-
mente preparados, cuidadosamente redactados, atibo- lisis de todas las formas de la actividad humana. Dema-
rrados de hechos, cifras y fechas, enumeraciones de ~iado, porque todavía hoy existen retrasados para definir
cuadros, de relato.~ o de máquinas-, en uno de esos la historia no por su contenido, sino por ese método,
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que no es ni siquiera el método histórico, sino el método lo son con frecuencia-, pero que tradn<:en, todos, algo
crítico :.in más. que es preciso remediar y rápido: un desencanto, una
La historia conqllistaba, un,i. a una, todas las disci- desilu$iÓn total~ el sentimiento amargo de que hacer
plinas humanas. Gustave Lanson convertía la crítica hístoria, leer historia es, en adelante', perder el tiempo.
literaria en historia literaria. Y la crítica estétka pasaba
a ser historia J..,¡ Mte con Anclré .\.1ieheL !.m:esor de!
tempestuoso Courajod, el Júpiter tonante- de la escuela II
del Louvre. La vieja controversia se convertía en histo·
ria de las religiones. La hi~toria se dormía en sus laure- Hay que p<>uer remedí<>, pero ¿cómo'?
les, satbfecha de sus progresos, orgullosa de sus con- • Tomando clara consciencia de Íós lazos que 11ncn ,1
quistas, vani<!osa por. sus éxi!os matc_rialcs. Frenaba su
marcha. Volvia a decir, repetia, l'('{'ogia, pero no recrea-
li' . la historia, lo sepa o no, voluntaria o involuntariamente,
con las disciplinas próximas. Lazos de los (1ue su destino
<, .
ba. Y cada afio (1ue pasaba. la voz de la historb se
¡)arecfa más al sonido cavC'rnoso Je ml.l vo:t de ultra-
i• no la separa num::a.
Míchelct decía a sus alumnos en la kcd6n de 1834:
t11mba. "En historia pasa como en la novela de Stcrne: lo que
Sin embargo, se iban eh.Ü,ornnJo nuevas disciplinas. ~·e hace eu el salón se hace en la cocina. Ahsulutamentr-
La psicología renovaba a la vez sus métodos y ~11 oh· igual que dos relojt:'s simpáticos, uno de ellos situa..
·et~ hajo <'1 impulso <le Ribot, Janct, Dumas. La socio. do a 200 leguas señala la hora mientras que el otro da
l ogra se (.'()nvertfa a Lt vez en ciencia y en esL1iela a la las campanada.~". Y añadía el ejemplo siguiente: Lo
llama<la de Durkheim, Simíand y Mauss. J,.a geografí { mi.<,mo pasaha en lii. Edad Media: el filósofo .Abelardo
humana, instanrada en la Escuela Normal por Vida!, proclamaba la libertad micntnt~ que las comunas dt>
desa~rolla<la en fa Sorbona por Demangeon y en el Picardía la seiialaban". Frases muy inteligentes. Mi-
College dt· Franct: por Jean Brunhes, satisfacía una chelet - lo señalo de pasada~ no establecía una jerar~
ne<:e~idad de realidad que nadie tmcontraba en los es- r1uía, una clasificación jerárquica entre las diversas
tudios históricos, oricntadtis progresivamente hacia la actividades del hombre; tlo tenía en su espíritu la siin-
más arbitrada hü\toria diplomática y absolutamente plista metafísica del albaiiil: primera hilada, SCb''tmdu
separada <le la realí<lml - y ha<:ia la historia política hilada, tercera hilada - o primero. segundo, tercer
cornpletumente despn'Ol'upada par todo lo que no hwra piso-. Tampoco establecía una genealogia: esto de·
ella, f;:'.U el sentido estricto de fa palabra--. 1 ,a inclina- dva de aqud[o, aquello eugen<lrn esto. No; tenía la idea
c:i6u de los jóvene.~ har.:ía las mwvas disciplinas iba en de un clima común - ídea sutil e inteligente._.•. Y, eutr-.·
aumento. Llegó la guerra y esta\16 la crisis -parn uno.~ par~ntesis, er. muy curios() comprobar que hoy, en un
representó el ahandono, para otros el sarcasmo-. Ahora mundo saturado de electricidad, cuando la electricidad
hien, la historia nq1pa demasiad.u lugar en la vida dt" nos ofrece lanlas metáforas apropiadas a nue5tras nece-
nm·stro~ e.sf?Í~itw; como para que uno no se preocupe sidades mentales, todavía 1ws obstmamos en discutir con
por !>U~ \'lCiS1tude.~. Y l'OtrJo pam ,:.·ontentar.\c tan .~ólo gravedad sobre metáforas antiguas que vienen del fondo
con alzar los hombros al hablar de ataques que pueden <le los siglos, cargantes, pesadas, inaJaptadas; loda-vía
st:r injustos t•n la forma, o 1trnliutendonados - y qne nos esforzamos en pensar sobre las cosas de la historia
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por hileras, etapas, escalones, bases y .'>uperestructuras, • • •
..
"
mientras que el paso de la corriente por el hilo, sus inter-
ferencias y cortocircuitos nos proporcionarían fácilmente La cosa tiene escasa importancia, por lo demás. Por-
todo un manojo de imágenes que se adecuarían con más .,:;.: 1 que aunque los historiadores no se den cuenta, la crisis
<
flexibilidad al marco de nuestros pensamientos. Pero :, 1 de la historia no fue una enfermedad que atacara úni-
siempre ocurre así. Cuando un historiador quiere hacer camente a la historia.
teoría de la historia inspirándose en el estado de las 1
Fue y es uno de los aspectos, el aspecto propiamente
ciencias, relee (si tiene un espíritu muy curioso) la ln- hist6rico de una gran crisis del espírih1 humano. Dicho
troduction lI la médecíne experimental.e, de Claude Ber- más precisamente: tal enfermedad no es más que uno
nard. Que es un gran libro, pero con un interés exclu- de los signos y, a la vez, una de las consecuencias de
sivamente histórico. (La norma es: un siglo de retraso una transformación muy clara y muy reciente de la ac-
más o menos.) El pübre Plattard escribió, hace tiempo, titud de los hombres de ciencia, de los científicos, frente
un artículo en el que manifestaba su extrañeza porque a la ciencia.
el sistema de Copérnico no hubiera tenido más influen- En realidad es muy cierto que en el punto de partida
cia inmediata en su tiempo y no hubiera operado una de todas las nuevas concepciones de los científicos
brusca revolución en el espíritu de los hombres. Hoy (o mejor, de los investigadores, de los que crean, de
podría escribirse un hermoso libro sobre el sorprendente los que hacen progresar la ciencia y con frecuencia se
hecho de que, desde hace treinta o cuarenta años, todos preocupan más de operar que de hacer la teoría de sus
los viejos sistemas científicos sobre los que se apoyaba acciones) es muy cierto, repito, que en ese punto de
~mestra quietud fueron destruidos o invertidos bajo el partida hay el gran drama de la relatividad que ha lle-
impulso de la física moderna. Hay que considerar de gado a sacudir, a socavar todo el edificio de las ciencias
nuevo y volver a poner a punto no solamente los siste- tal como se lo figuraba un hombre de mi generación
mas sino las nociones de base. Y todas; empe.:ando por en los tiempos de su juventud.
la del determinismo. Pues bien, yo pienso que dentro df' En aquel tiempo, vivíamos sin temor y sin esfuerzo
den años, cuando se haya realizado una nueva revolu- sobre nociones elaboradas lenta y progresivamente, en el
ción, cuando hayan caducado las concepciones de hoy, curso de los a11os, a partir de datos sensoriales y que
los hombres inteligentes, los hombres cultos, los que pueden ser caWicados de antropomórficos. Con el nom-
harán las teorías de las ciencias humanas y principal- bre de física se constituyó, en primer término, un blo-
mente la teoría de la historia, caerán en la cuenta, ima- que de saberes fragmentarios que originalmente se con-
gino, de que existieron los Curie, Langevin, Perrin, Bro- sideraban autónomos y distintos y que agrupaban he-
glie, Joliot y algunos más (para no citar más que chos comparables en el sentido de que habían sido
científicos franceses). Y utilizarán algún resto de los es- proporcionados a los hombres por uno u otro de sus
critos teóricos de éstos para volver a poner al día sus órganos sensoriales. La óptica existía en función de
tratados de método. U na puesta al día que tendrá la vista. La acústica en función del oído. La teoría
cien años de antigüedad. del calor en función del sentido táctil y muscular. Más
complicada ya, la mecánica era la ciencia del movi-
miento de los cuerpos percibidos a la vez por la vista
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4 - navn
y por el tentido muscular, comhinando así datos .~enso- pre sobre el mismo plano, la triunfal reducción de lo
riales de diferente origen; más complicada, pero, a pe- psíquico a lo físico. Y nosotros, los historiadores, está-
sar de ello, más rápida en su desu.rrollo, quizás a causa bamos a gusto en este universo científico en que todo
de una mayor riqueza de informaciones, de una más parecía señalado por cifras conocidas, cuando, brusca-
amplia curiosidad de los hombres que se interesaban mente, se hizo la revolución. Una revolución en dos
por la mecánica debido a razones de orden práctico y tiempos: en primer lugar, la imprevista revelación de
técnico, es decir, para la construcción de máquinas, que la electricidad, el magnetismo e incluso la óptica se
molinos o serrerías, por ejemplo, lo que planteaba pro- resistían a la anexión anunciada y celebrada por adelan-
blemas de hidráulica cada vez más complejos; para la tado. Y después - sobre la base de la oposición formal
fabricación y perfeccionamiento continuo de las armas que contra la mecánica, edificada por Newton a partir
de fuego, particularmente cafione;,, cuya constrncciún <le las observaciones <le Copérnico, constituía la electro-
planteaba problemas de balística cada vez má.~ arduos. dinámica fundada por Maxwell a partir de las experien-
Los otros capítulos de la física, aquellos en los cuales cias de Ampére y Faraday- se realizó esa prOOigiosa
la experiencia humana ern menos inmediata, se desarro- síntesis que trastocando las nociones primordiales de
llaron más lentamente; y todavía más lentamente los ,· "tiempo", "extensión" y "masa" abarcó por completo
'.
nuevos campos de la electricidad y el magnetismo, a la física y unió, en gavillas de leyes, los factores que
en los que todo o casi todo escapaba a la aprehensión había separado la antigua concepción.
directa de los órganos sensoriales.
No puedo hablar, porque encontraría muchas difi-
cultades para ello y porr¡ue además sería bastante inútil
para mi proyecto, no puedo hablar, digo, sobre cómo
la mecánica se lanzó a conquistar poco a poco y a
l. • • •
Entretanto, una revolución análoga se operaba en el
penetrar esos diversos capítulos. En primer lugar se
anexionó la acústica interpretando las sensaciones so-
campo de la vida - una revolución engendrada
microbiología-. De la observación se derivaba a no-
r.''la
nmas con ayuda de las vibraciones. Después, constituyó ción de organismos compuestos por un número inmenso
._,na mecánica celeste, mediante la aplicación a los as- de células del oi-den de la milésima parte de milímetro.
tros de las leyes humanas del movimiento - leyes del Y mientras que los organismos vivos observados a simple
movimiento que el cerebro de nuestros antepasados ob- vista aparecían cada vez mtls como sistemas flsicoq_uí-
tuvo de su propio esfuerzo muscular~. Más tarde, la micos, los organismos que revelaba la microbiología
mecánica extendió sus leyes y sus métodos a todo el eran organismos sobre los cuales la acción de las leyes
terreno de la teoría del calor y a todo el campo de los mecánicas, el peso, etc., parecía despreciable. Escapa-
fluidos. Quedaba, sin duda, la óptica, el magnetismo y ban a las opiniones de las teorías explicativas que habían
la electricidad, pero se consideraba que se podía ya nacido en los tiempos en que también los organismos,
anunciar su conquista. Y por adelantado se celebraba por lo menos los organismos elementales, parecían re-
el triunfo universal e indiscutible de la física cartesiana. 3idos por leyes de la mecánica clásica. En cambio, los
geometría del mundo; ~e abrigaban inmensas esperan- organismos que captaba la microbiología eran organis-
zas, se anunciaba, se veía esbozarse, se pre<lt'l'Ía. sicm- mos sin resistencia propia, en los que hay más vacíos
50 51
que llenos y que, en su mayor parte, no son más que teorfas por otras nuevas. Se hacía necesario revisar
espacios recorridos por campos de fuerza. De esta ma- todas las nociones científicas con las que se había vivido
nera, el hombre cambiaba bruscamente de mundo. Ante
él, por una parte, organismos como su propio cuerpo, ..,. '' hasta entonces.
,'
visibles a simple vista, palpables con la mano; organis- • • •
mos con grandes mecanismos a los cuales - pellsemos
en la dn:uladón sanguínea, por ejemplo - eran y se- Sería demasiado largo indicar aquí en detalle lo que
guían siendo aplicables las leyes de la mecánica clásica fue esta revisión. Señalemos que nada escapó a ella. Ni
basadas en la geometría euclidiana. Pero ante él tenía la concepción del hecho científico, ni la concepción .de
igualmente los millones y millones de células de que ley científica, ni la de azar. Ni tampoco la concepc16n
está formado ese organismo, Células de una magnitud total o de .conjunto de las ciencias particulares y de la
o de una pequeñez tal que no podemos representárnos- ciencia, Ciencias que Augusto Comte presentaba antaño
las. Y lo que ocurría al nivel celular desmentía claramen- como jerarquizadas en una clasificación cuyo doble
te lo que pasaba al nivel de nuestras percepciones sen- defecto aparecía bruscamente. Defecto que consistía en
soriales. Estos últimos organismos que uaptábamos de desconocer la profunda unidad del trabajo científico
golpe, los organismos que nos revelan los trabajos re- y en transformar ahnsivamente el estado de hecho en
cientes, superaban, por decirlo así, y chocaban con nues- estado de derecho; y que conducía, por ejemplo, a situar
tro "buen sentido". Y los vacíos de que estaban tejidos en 1a cumbre de las ciencias una geometría y una me-
nos hahituahan también, en el campo de la biología, a cánica orgullosas, qt1c se complacían con la imagen de
la noción de discontinuo, que, por otra parte, se había su perfección y proponían sus leyes a las otras ciencias
introducido en la física eon la teoría de los qua11ta; cen- - sus leyes verdaderas, sus leyes abstractas, absolu!as,
tuplicando los e~tragos ya causados en nuestras concep- universales y necesarias - como modelos y, por decirlo
ciones científicas por la teoría de la relatividad, la teorfa así, como un ideal. Las ciencias eran campos de dislo-
de los quanta parecía volvt'r a cuestionar la noción tra- cación magmas. Todos los descubrimientos se hacían,
dicional, la antigua idea de causalidad, y al mismo tiem- no en 'el seno· de cada una de ellas, en su corazón,
po, en consecuencia, la teoría del determinismo, el fun- sino ~n los bordes, en los márgenes, en las fronteras,
damento indiscutible de toda ciencia positiva, el pilar allí donde se penetran entre sí. Eso sucedía eon las
inquebrantable de la vieja historia clásica. ciencias particulares. Pero la ciencia 1JOr su parte se
De un solo golpe se hundía toda una concepción del aproximaba al arte y, en general, podía decirse de ella
mundo, toe.la la construcción de una representación lo 1ue decía Berthelot de la química orgánica fundada
del mundo abstracta, adecuada y sintética, elaborada en a síntesis, en 1860, en el momento de la euforia de
por generaciones de científicos a lo largo de siglos su- los primeros triunfos. Proclamaba Bcrthclot: ''La quí-
cesivos. Bruscamente nuestros conocimientos superaban mica crea su objeto". Y añadía: ·'Esta facultad creadora,
a nuestra raz6n. Lo concreto rebasaba los marcos de lo semejante a la del arte, la distingue esencialmente de
abstracto. El intento de explicación dei mundo por la las ciencias naturales e históricas.,. Porque estas otras
mecánica newtoniana o racional terminaba con un fra- ciencias, precisaba: "tienen un objeto dado de antemano
caso brutal. Se hacía neCesario sustituir 1as antiguas e independiente de la voluntad y de la acción del cien-
52 53
tífico; no disponen de su objeto", mientras que la nueva
química "tiene la capacidad de fonnar una multitud
de seres artificiales, semejantes a los seres naturales y
..•
.fll
·'"·e ,
"'-' '
puesta se conoce por adelantado. Es inútil proclamarla
solemnemente.
• • •
que participan de todas sus propiedades". La distinción
se hacía caduca en un momento en que, cada vez más, Ése es el gran drama que se desarrolla ante nosotros.
lo que aparecía a los científicos como el término mismo Uno de los grandes dramas, porque hay muchos otros
del esfuerzo científico no era el conocimiento sino la que se ligan y se desligan bajo m~:stra 1:°ira<l.a sin 1:1ue les
comprensión. Distinción caduca en un momento en que, prestemos un minuto de atencmn. S1 tuviera tiemp~,
precisamente, nuestros sabios deflnen cada vez más la ¡cómo me hubiera gustado esbovtr ante vosotros, a t~-
ciencia como una creación, nos la representan "constru- hilo de referencia y comparación, lo que puede denomi-
yendo su objeto" y advierten en ella, en todo momento, narse la Tragedia del Progreso! Cómo me hubiera gus-
la intervención del científico, de su voluntad y de su tado mostraros a los creadores, a los animadores de las
actividad. sólidas sociedades burguesas del siglo XlX fundamen-
Tal es el clima de la ciencia hoy. Un clima que no tando sobre la razón los comienzos de su poderío, soste-
tiene nada en oomún con el de la ciencia de antaño,
con el de la ciencia de cuando yo tenía veinte años. ! niendo este poderío con la ayuda de u~a filosofía clar~-
mente racionalista - y después, hacia finales del si-
Esta ciencia y los postulados sobre los cuales reposaba glo xrx, cuando se anuncian las dificultades. sobre el
han sido destmidos, criticados, superados. Hace años 1
1 reparto del mundo, cuando las masas se org~mzan Y _re-
que los científicos han renunciado a ellos y los han sus- claman cada vez más. imperiosame~te un mvel de ,vida
tihiido por otros. Me planteo, por tanto, una pregunta, más elevado-, cambiando de camisa, echando a la ra-
una simple y única pregunta: ¿Vamos a continuar siendo zón por la borda y, en el momento mismo en que de-
los historiadores los Únicos que reconocen como válidos dican sus vidas a las técnicas, a esas aplicaciones de la
aquellos postulados? Y, por otra parte ¿de qué servi- ciencia que antiguamente sus padres ex.alta?an bajo el
ría esta reconquista si es cierto que todo el material de mismo nombre de progreso - esas aphcac10nes d~ la
nociones científicas que utilizamos lo hemos tomado ciencia que ya no les servían, sino que les e~cla~1za-
prestado precisamente de los homhres que hace decenas ban - , dejando de creer predsamente en la ciencia. Y
de años cultivaban las ciencias en el sentido napoleó- en el progreso cuya derrota proclam~ban ... Contradic-
nico de la palabra, las ciencias del mundo físico y de la ción patética pero que se resuelve, temendo presente que
naturaleza? ¿No es posible sustituir las viejas nociones debido a que esos hombres dejaron de creer _en el
caducas por nociones nuevas, más exactas, más cerca- valor humano de la ciencia pudieron ser esclavizados
nas? Y al menos, ya que las ciencias de hace cincuenta por sus técnicas. Cuando n? existe, u~ fin mayor qu_e
años no son más que recuerdos y fantasmas ¿no es empuja a los hombres hacia los hm1t~s de su hon-
posible renunciar de una vez a apoyarnos sobre la~ zonte, los medios pasan a ser fin~ y convierten en escla-
"ciencias" de hace cincuenta años para apuntalar y vos a los hombres libres.
j11stificar nuestras teorías? Ése es el problema. Y res- Gran lección para nosotros. historiad~res. La histo-
ponder, significaría resolver la crisis de la historia. Si ria es la ciencia del hombre. No lo olvidemos nunca.
es cierto que las ciencias son todas solidarias, la res-
55
54
Ciencia del perpetuo cambio de las sociedades huma. ·6n y el pensamiento no hay ningún tabique, ningu-
nas, de su perpehto y necesario reajuste a nuevas con. ~:ctbarrera. Es preciso gue la histoda deje d-e aparecer
diciones de e:dstenr.ia material, política, moral, religio. :, como una necrópolis dormida por, la q°:e sólo pasan
Na, intelectual. Ciencia de ese acuerdo que se negocla mbras despojadas de sustancia. Es preciso que .pen~-
de la armonía que, perpetua y espontáneamente, s~ ~;éis en el viejo palacio silencioso donde la histona
establece en todas las époc.as entre las diversas y sincró. duerme, animados por la lucha, cubíertos de polvo del
nicas condiciones de existencia de los hombres: oondi~ combate y de la coagulada sangre del monstruo ven-
ciont's materiales, condicíones técnicas, éúndiciones es- ·ao y que abriendo las ventanas de par en par con la
pirituales. Por ahí es por donde la historia descubre e'. la 'nena d~ luz y restablecido el sonido, despertéis con
la vida. Por eso deja de ser maestra de siervos y de per- :ostra ¡:iropia vida, con vuestra vida caliente Y joven,
seguir un sueño mol'lffero en todos los sentidos de la vida helada de la Princesa do~mida .. ,
la palabra: imponer a los vivos la ley dictada, preten. No serán intervenciones extenores las que restable-
ciosamentt', por los muertos de ayer, Y porque tengo cúÚll la unidad del mundo -do un mundo desgarra-
Ja suerte de saber q"e en esta sala hay jóvenes decidí. do, roto, sangranle y que pide ª);ida-. Corresponde
dos a consagrar su vida a la investigación histOrica; les a cada cual rehaeer el munao en s1 mismo, a tTavés del
digo oon plena consciencia: para hacer historia volved magnífico acuerdo c11tre su pensamiento profundo Y su
la espalda resueltamente al pnsado, vivid primero. Mez- acción d1:sintcre5ada, a través de ese don. tot~l que es
cla.os con la vida. Con la vida intelectual, indudable- el único que puede liberar nuestras concienc1as de la
mente, en toda su variedad. Sed geógrafos, historiado. muda interrogación que yo recor~ab¡. al comenzar, e]
res. Y también juristas, y sociólogos, y psicólogos; no único que ante la gran prcgunt~ ¿tengo yo derecho?
hay que cerrar los ojos ante el gran movimiento que nos permitirá, con toda la segundad recobrada, respon-
transforma las ciencias del universo físico a una velo- der: sí. b
cidad vertiginosa. Pero hay que vivir también una vida Perdonad el rumbo que han tomado estas o serva-
práctica, No hay que contentarse con ver desde la dones. Hablo, unte todo, para los historiadores. Y si
ori11a, perezosamente, lo que ocurre en e] mar enfure- están dispuestos a pensar que hablarles así no es hablar
cido. Cuando el baroo esté amenazado no seáis como como historiador !f•s conjuro a reflcxinnar antes de for·
Panurgo, • que se ensució de. varonil miedo, ni tampo- mular tal crÍtica.' Porque es mortal. En la historia pasa
co como el pobre Pantagruel, que se oontent6 con elevar como en cualrpller ntra disciplina. N'ecesit~ buenos obre-
los ojos al cielo, abrazado al palo mayor, e implorar. ros y buenos aparejadores, capaces de c¡ecutar correc-
Hay que arremangarse, como el hermaoo Juan.• \' ayu- lamenlt? los trabajos de acuerdo c~n pl~nos de otros.
dar a los marineros en 1a maníobra, Necesita también algunos buenos mgem~os. Y ést~s
~Es eso todo? No. Eso apenas es nada si tenéis que deben ver las cosas desde un pot'O más a1T1ba que el pte
continuar separando Ja acción del pensamiento, la vida de la pared, 11:stos deben tener la posibilidad de tra.zar
como historiador de Ia vida como hombre. Entre la planos, vastos planos, amplifs planos, en cuya reahza-
ción puedan trabajar despues con provecho los buenos
• Personájes di:, Gargantúa 11 1'tJnttJ~l. d., F. Rabe]ai~. (N. obreros y los buenos aparejadores. Para tr~~r pla~os,
del T.) vústos plano~, amplim- planos, hllccn folta t_>spmtu~ vastos
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y amplios. Se precisa una Yisión darn de las cosas. Es DE CARA AL VIENTO
nec<.>sario trabajar de acuerdo con todo el movimiento MANIFIESTO DE LOS NUEVOS "ANNALES"
de su tiempo. Hay que tener horror de lo pequeño, de
lo mezquino, de lo pobre, d(' lo atrasado. En una pala~
bn\: hu.y tjuo saber pensar.
Eso es o que, por desgracia, falta a los historiadores,
sepamos reconocerlo, desde hace medio siglo. Y eso es
lo que no debe faltarles ya. De lo contrario, a Ia preM
gunta "¿hay que hacer historia?" yo os diría muy claro:
responded que no. No perdáis vuestra vida. No tenéis
este derecho. Por lo demás, una visión clara y amplia Desde 1929, los Annales han ido apareciendo con-
de las relaciones que unen a la historia con las demás tinuamente.
ciencias no es un impedimento para captar los proble- Ni un solo afio, fueran las que fuesen lus calamida-
mas concretos y rlamettrlos de forma positiva y prác- des que se cernían sobre Francia y e~ m?ndo, los A11-
tfr.'a. ¡Al contrario Eso es lo 11uc intentaré pOner de ma- Mles desertaron de su doble tarea CJentüica y educa-
niflesto la próxima vez. Y si acaso los historiadores to-
cional. ¡,
man más gusto e interés por esas lecciones que por su Los Arinales continúan. En un clima nuevo, con or·
introducci6n, les pedida que pensarnn, simplemente, mulas nuevas. Y un nuevo título.
que todo sirve. Y que una buena cultura general es
para el ar<j11itecto quizá más útil que una buena prác-
tica de los secretos de la albaüilcría.
• • •
Eso es lo que yo guerfo deciros hoy sin afectación. "¡ Qué gusto por el cambio! Primero se llamaron
Y dar las gracias porque lo habéis escuchado sin fa. Amwles d'Histoire Pcouomique et Sociale. Desr.ués
tiga. ¡\nnales d'Histoire Sociale. Más ta1·de Mélari.ges dHis-
toire Sociale. Y ahora AN N ALES sin más. Con el lar~
go subtítulo siguiente: 1!:conomies,. Soclétés, Civilisa·
tions.'·
Podríamos responder que esos cambios foeron en
parte fortuitos. Pero ¿para qué excu~arnos? Bloch y yo
quisimos, en 1929, un~s Anna~s vivientes. Y yo espero
que los que por largo tiempo aun prolonguen nuestrú. e~·
fuerzo p~olongarán también noestro deseo. Porque v1v1r
es cambiar. .
Sentimos gran admiradón - y es para admtl'ar -
ante esas grandes revistas que se instalan en u.na parcela
del saber con la concienda tranquila, con la indiferente
59
58
placidez de una pirámide de Egipto. Allí están. Y aUí velocidad que nos perturba también pdigrosamenle:
se quedan, De lejos dan la impresión de una imagen ,, »ahl problema de cambios. Ya se ha r~suelto en el
majesluosa. Pero de cerca son tumbas. En el centro de á~bito de las fronteras uacmnales. Se trabaJa para r~ol~
su masa, las pirámides tienen cautivo a un muerto ilus. erlo a nivel contincnlaL Se resolverá, claro esta, a
tre y momificado. ¡Viva el cemento y el vidrio transpa· ~ivel de todo d planeta. Cuestión de tiempo, ~.e estu-
rente! Cuando su uni6n 110 rcsp0nde ya a las nuevas dio, de material .. Prindpalme~~e de roat~r:al.., Es la
necesidades, se le echa abajo sin pena ni remordimien- ·tmión del ingemero. Y tambien del pohtico, rodeado
to. Se reconstruye. Se vuelve a empezar. Es otro im. ~le· funcionarios a c¡uicnes se ha tt'nido que; enseñar
puho: la fuerza en expansión de esas grandes duda. álgebra para que sepan manejar a los homhres.
des de América que cada diez años reedifican sus Es cierto que hay problemas técnicos. Y problema.~
avenidas y echan nueva piel. económicos. Pero el problema que r.:uenta para el fnht-
Los Antw.les cambian, porque a su alr,:dedor todo ro de ]a humanidad es el problema humano. Problema
cambia: los hombres y las cosas. En una palabra: el que en 1932, al volver de una visita u la Exposición
mu~do. El mundo del 38 no era ya e1 del 29. ¿Qué Coloníal donde había visto manifestarse, irresistible, la
decir del mundo del 42 o del 46? ¿Qué decir que sea nueva osadía, yo planteaba en los ténnínos siguientes:
justo y efle~z? "El historiador vuelve a bajar a la ciudad, meditando
Porque, comúnmente, vamos orquestando el tema sobre todos los desarreglos que se producen en la his-
romántico de las ruinas. Vamos descontando las cen~ toria las variaciones alternadas de las distancias entre
trales el.éctdca,, los viaductos v los puontes, los barrio.~ .11 raza~. entro pueblos: unas, las distancias ~ateri~les, se
de las ciudades y los pueblos ofvidados. Y añadimos con hacen cada día más pequeñas; otras, las ~,1stuncrn1s tn~-
los ojos abiertos por la inquietud, en voz baja: .. y la ; rales, son enormes, qui7.á§ infranqueables . -Alu res1·
bomba atórnica, .. ¡El mundo está arruinado!" ¿Arrui~ de el drama. El drama de la dviliwción. En 1932 se
nado? .Hay algo distinto y más grave que las ruinas: fa 1 anunciaba, En 1946 está en juego,
prod1g10sa accleraci?n de la v\locidad que acerca vio, "Nosotras, civilizaciones, sabenws ahora perfecta-
lentamente los continentes, esta aboliendo los océanos mente gue somos mortales." Esta frase, que Valéry
mprime los de,~iertoG y pone en brusco contacto grupo; escribió a finales de los aiios veinte, tuvo una gran reso·
humanos cargados de f'lectr:icidades contrarias, los más 11a11cia. Para el historiador, por lo demás, no era una
obstinados hasta ahora en "conservar las distancias" en V()Z completamente nueva: el vkjo Ballanche (para no
moral como en física: contacto brnst'O, cortocircuito ... dlü.r má~ que un ejemplo) ya había dícho textua~ente
Por eso es por lo c¡nl·', en escnci11_, nuestro mundo lo mismo en 1817. En uno y otro caso, rdlex1on de
está destruido, Es vítal darse cuenta, Quien s6lo tiene sü1icstra<los. Claro que lfallanche podía tener tal opi-
ojos para las niinas se consuela pro u to: "Paciencia ... nión porque ~ra ciudadano de una ~urop~ prestigiosa
Al cabo de uno, dos, dit'Z afios, todo se habrá restau. y que se sentia y se proclamaba la berra c1vilizada ~r
rado. Todas las estaciones de metro volverán a estar excelencia, a pesar de las risitas burlonas de Founer.
abiertas. Se habrán arreglado las carreteras. Y habrá Pero ¿y \'aléry? Ya en tiempos de los RegarM sur le
plátanos en todas la~ fruterías". - Falsa seguridad. monde act~l el problema no es tanto sa~~r. si ?uestra
Asimismo, ht1y una t'ierta forma de pensar sobre la ci\•ili7.aclón, que seguirnos llamando la civil1zac16n, va
60 61
a morir. Morir es una palabra noble, preñada de tran. tes pero prolongados, con rcmi~ioncs y repeticione.~?
quilidad majestuosa y natural serenidad. El problema Una recíproca digestión de civilizaciones: bárbaros
no es ni siquiera saber si nuestra civilización va a pere. contra romanos, nórdicos contra mediterráneos, asiáti-
cer asesinada. Es saber qué L'ivilización se establecerá cos contra europeos, En cuyo término está, fresca y
mañana en este nuevo mundo que ya se está elabo. joven, la civili:z.aci6n cristiana de la Edad Media. Toda-
randa en el fondo del crisol. vía ayer, nosotros vivíamos únicamente esta gran in-
Porque una civilización puede morir; pero la civili- novación. Entonces ¿no son pasos atrás mis "prediccio-
zación no muere. Es un instinto de los &ombres, una nes" de historiador?
propiedad de los hombres superarse, tomar su volun-
tad como trampolín para saltar siempre más alto. Sólo • • •
que, hasta el presente, ha sido en el marco estricto de Un hecho es cierto ya desde ahora: vivir, para no-
los grupos limitados donde los hombres realizaban los sotros y para nuestros hijos, será mañana, es hoy ya,
mayores esfuerzos. A~í es cómo producían civilizacio- ('.' adaptarse a un mundo perpeh1amentc resbaladizo.
nes de grupos, de tribus, de naciones, incluso de con- Ha comenzado una gran tarea. Tarea que no se
tinentes o porciones de continentes: civilizaciones par- detendrá, sea cual fuere la duración de las paradas y
celadas, Sin ninguna duda, mañana, por primera vez las treguas. Liquidad vuestros "seguros de vida", com-
y salvo catástrofe, los hombres presentarán, si no in- pañías de seguros. Ya ha pasado el tiempo en que los
mediatamente una civilización mundial, la civilización padres ponían en vuestras huchas varios centenares de
de los terrestres extendida por la ecumene, sí, al me- escudos asegurando a sus hijos, para recuperarlos con
nos, una o dos civilizaciones intercontinentales, que, intereses veinte años más tarde. Desarrollad vuestros
alimentadas por varias civilizaciones locales, se prepa- "seguros contra incendios", modernizándolos. Y también
rarán, enfrentándose, para absorberse recíprocamente. los "seguros contra robos" ...
¿Cuáles serán las etapas de este inmenso proceso? Sí. Vamos a estar muy amenazados. Gemir no sirve
¿Cuáles serán los primeros éxitos parciales? ¿A qué para nada. Es preciso acomodarse. Y ante todo no per-
niveles sucesivos se establecerán? ¿Qué representarán derse. Hacer balance cada día. Situarse en el tiempo
en la obra total las aportaciones de los no europeos? y en el espacio.
¿Qué ocurrirá con nuestra civilización en esas civili- El espacio, que también denominamos universo: esa
zaciones a escala mundial que la sustituirán? Secreto bolita de materia perdida, entre otros tantos millones,
del futuro. Que uno quisiera prever y, si no saber, adi- en un rincón de la Vía Láctea y que empieza ya a no
vinar ... ser suficiente para nuestros sueños de exploradores.
"Todo eso son locuras. Y en la pluma de un histo- Por vez primera tomamos conciencia de su pequeñez.
riador ... " - Ya, ¿y de qué pluma quisierais que vinie- ¡Medida en toesas era tan grande1 En kil6metros, ya
sen esas observaciones de historia? Porque, al .6n y al no tanto. A la velocidad de un avión ya no es nada.
cabo, por favor, ¿qué ocurrió en Europa en los siglos v1, Uno sube al avión por la mañana en Karachi y toma
vu, VIII, IX y x? ¿Qué ocurrió ya, sino una batalla de el té al día siguiente en Londres a las 4 de la tarde.
civilizaciones en medio de convulsiones sin nombre, ¿Es casualidad que desde hace diez años, cansados de
derrumbamientos, destrucciones, incendios intermiten- un planeta sin incógnitas, soñemos con cohetes, excur-
62 63
siones al infinito, en dirección a esa pálida luna que un ro de acontecimientos esenciales ha adquirido, desde la
día acabaremos por alcanzar? ... escuela y mediante la escuela renovada, una especie de
Sí, bruscamente, nuestro humilde planeta nos parece
pequeño, mezquino, sin misterio... Planeta en el que, . ...
ciones .
experiencia sobre Ia muerte y la ,,.ida de las civiliza-
sin embargo, hemos de pasar nuestra existencia, de En definitiva, hablar de Espacio es hablar de geo-
grado o por fuerza, blancos, negros o amarillos. La grafla. Y hablar del Tiempo es hablar de la historia.
Casa de los Hombres, con su "Reglamento" al pie de
la escalera: a cualquier iufracci6n, la muerte ... • • •
Casa de cien pisos, casa de mil habitaciones. De
todos los colores, de todas las dimensiones, con todas Otras soluciones, ciertamente, tienen sus defensores.
las clases de muebles. Pero hay que conocerse unos "Mirad al vecino", diremos. De él viene el peligro.
a otros porque ahora - a unos pasos en el pasillo o a Incluso si no os quiere mal, se ha establecido tal codo
un par de rellanos en el ascensor - el amarillo entra en a codo entre los hombres - blancos, negros, amarillos -
casa del blanco y el blanco en casa del negro, metraw que todo moyimicnto de unos repercute inmediatamente
lleta en mano y con el saco tirolés a la espalda, lleno en los otros. Un codearse. Lo que no quiere decir fra-
de buenas cosas que comer: son los dos aspectos más ternidad. Porque, ¡qué extraños e inquietantes vecinos .,,,..
recientes del internacionalismo. hay a nuestro alrededor! Son hombres, ya está dicho
La primera tarea del europeo de 1948 es aprender todo.
a conocer la disposición de este universo, el conteni- Yo digo: sí, el humanista díce que son hombres. Y
do de sus compartimientos, llenos de mercancías y vosotros decís: miradles. Y yo respondo, con Sócrates:
también de fuerzas de las que hay que levantar inven- .. Miraos a vosotros mismos. Tomad conciencia dd Hom-
tario, pero, siempre, sólo desde el punto de vista del bre que hay en vosotros; del Hombre semejante al Hom-
hombre. ¿ Y la segunda tarea? Situarse en relación no bre, a través de los siglos y las civilizaciones. Siempre
solamente a las sociedades que vivieron antes de nues- el mismo, con sus virtudes, sus cualidades, sus excelen-
tro nacimiento en nuestra propia vivienda, sino en re- cias. Y del que sólo cambian Jas formas externas, las apa-
laci6n a todas las que en las otras viviendas de la Casa riencias. Despreciad al hombre circunstancial, sin gran-
de los Hombres precedieron a los actuales huéspedes, deza ni constancia. Id rectos al Hombre eterno. Trabaja,
ordenaron las habitaciones, dejaron algunos muebles a niño, en liberarle en ti mismo. Acaba de esculpirle, adul-
sus herederos, manh1vieron ciertas relaciones con nues- to, en ti mismo. Fuerte, orgulloso, s6lido, capaz de re-
tros antepasados. El Espacio es la primera coordenada, sistir ante las presiones del exterior, sin dejarse aplas-
La segunda, d Tiempo. Tomemos prestada la fórmula tar ... "
de Gustave Monod, reformador de nuestra enseñanza ¿El Hombre eterno? Pero en esta bella academia,
secundaria: el hombre culto en 1946 es "'el capacitado ejecutada de acuerdo con las reglas (elegir diez bellos
para captar 9U situación de hombre en el tiempo y en modelos; tomar los hombros de uno, las piernas de otro,
el espacio a la vez. El que es capaz de relacionar con etcétera), ¿no conduce todo nuestro esfuerzo propio, jó-
otras civilizaciones aquella de la que es actor y testigo. venes "ciencias del Hombre" (psicología, ecología hu-
El hombre que con el conocimiento de un cierto núme- mana, etnografía, folklore, sociología, y la historia na-
64 65
hechos están ahí. Y a veces, bajo el golfic de u~a vio,
turalmente) - todo, incluso b cirugía de Lcrichc, que lenta emoción, individual o, con m~s. recuencia, co-
cada día se considera más humana, más directamente . a ·no resurge bruscamente el v1e10 fondo hcreda-
preocupada por el ser humano-, no conduce, repito, l ee t 1v , ~. <l , , , <lo
do, el viejo fon Jo ~alvaje, provocan o I?ªmco~, amma~,
a oponer cada vez más a los hombres? or sagrado a toda una multitud, mtroduc1en-
¿No hablaban de buen grado los geógrafos de hace dose f'''
con '
en nosotros .
ha~ta el pnnto d e " a11enarnos "?
.
treinta años del "Hombre" y de sus obras sobre la tie- Mirémonos a nosotro~ mismos. ¡Cuántos hallazgos para
rra? ¿No les hemos obligado a no hablar más que de
grupos humanos y de sus prodigiosos esfncrzos de adap-
ia arqueología de los pcnsami~ntos humanos hay en los
estratos sucesivm tle esos aluv10nes que llenan d fondo
tación mediante los cuales se explica el éxito terrestre
de .~eres tan débilmente armados por la naturale7~'l, tan d • ~ estras concieucias! Legado de nuestros '
antcpasa-
' es 1mpos1 'ble.
dos. Pero aceptarlo a título tle invei_ltano
frágiles, tan vulnerables y que, sin embargo, se en- La muerte nos sigue, aun estando vivos.
cuentran tanto en el círculo polar como en el Ecnador,
en Groenlandia o en el Congo, en todas partes, o casi • • •
exactamente en todas las de la superficie dd globo? ¿No
reside todo nuestro deseo en captarlos· trahajando, en ese Entonces, a la tarea, rápido, historiadores. Basta de
perseverante y magnífico esfuerzo que los grupos hu- discusionPs. El tiempo pasa, el tiempo presiona. Quizás
manos siguen realizando desde que existen sohrc la os gustaría que se os dejara re.<.pirar el tiempo nec:-
tierra para insertarse en los amhicntcs más hostiles y sario para que cada cual barra delante de su pl:ert.L
dislocándolos, disgregándolos, aprovechando las meno- Seguro que se trata de eso. El mundo os t•rnpu¡a, el
res fisuras, conseguir un espado cada vez más grande, mundo os sopla al rostro su aliento de fiebre, No, no
trazarse un papel, es decir, vivir, en la plenitud huma- se os dcj,irá tram1uilos. ;,.;¡ los ingleses, ni los americanos,
na de esa hermosa palabra? ni los rusos, ni los libaneses, ui los sirios, ni los árabes:
"\.1il:aos a vosotros mismos." Perc cuando nos au- ni los cahilefios, ni los mozos de cuerda cfo Dakar, m
topenetramos, cuando nos observamos a nosotros mismos los boys de Saigón. ;Trarn1uilos! ¡Pero si estáis cogidos
en profi.mdidad, nos .~orprf'ndemos al encontrar no los li- entrt' la masa! Prensados, empujados, atropellados por
1wamientus de una academia tan perfecta como sea po- gentes que no han apr1;n<lido buenos modales, esos bue-
sible en su abstracta desnudez, sino la, numerosas hue- nos rnodale~ vncstros <le los ({UC' estáis tan orgullosos.
llas de nuestros antepasados: una sorprendente colecdón (Aunque ya ~e sabe en lo que .~e convierte~ v~1cstro.s
de testimonios de edades antiguas, de antiguas creen- buenos modales a la menor ocas1on.) Los vecmos os P.:-
1
cias, de viejas formas de pensar y sentir que cada cual san los talones: "Quítate de ahí, quiero ponerme yo,;
hereda el día de su nacimiento, sin sahcrlo. Y que nues- ¿,Qné hacer'! Poner un gesto altivo: "Pero c?b,allero .. ·.
tros hi.~toriadores descubren hasta en la conciencia de El caballero ¿e la Cahila v el caballero tonkmes se bm-
Pericles, de Fidias, de Platór'i - al precio de un sacrile- larán nn buen rato -\' 'luego os darán un empellón
gio que siempre reprueban huestros humanistas de es- realmente fraternal-., Y entonces ¿qué? ¿,Tanqul'.'s,
tricta observancia-, Porque, en el fondo, hallazgos ta- cañones aviones? Pero ellos también tienen. Yo-
les no nos gustan mucho; nos humillan . .;\l"os rebajan '
sotros mismo,; se los vem1éís. Y at1emas, ' son tl e11las1a-
'
ante nuestra propia mirada. Pero, al fin y al cabo, los
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dos, dernasíados, demasiados.,. ¿Espolvorear con bom~ cátedra en la universidad de E:strasburgo liberada! Yo
bas atómicas todo el universo, metódicamente, kil6m~ había sobrevivido, pero tenía presente los cementerios
tro ¡>0r kilómetro? ¿.Bombardeo de predsi6n? Hermoso donde dormian, sin sosiego, los muertos de dos genera-
progreso, pero se conocen medios más baratos para ciones cortadas en flor,
suicidarse ... ¿Tenla yo, como historiador, derecho a rehacer 1a
El m1indo de ayer terminó. Terminó para siempre. historia, a consagrar a la historia mi tiempo, mi activi-
Si nosotros, franceses, tenemos una posibilidad de sal, dad, todas las fuerzas que me quedaban, mientras qtw
varnos es comprendiendo más rápido y mejor que los tantas otras necesidades requerían con urgencia la cola-
otros esta evidente verdad. Dejando los restos del nau~ borací6n de los ciudadanos? ¿Tenía yo, como profesor,
fragio. Al agua, os digo, y nadad r.ipido. Trabajemos en dere-eho a predi.car con el ejemplo, a comprometer con-
hacer de la solidaridad de hecho que desde ahora une migo a jóvenes en el camino que yo seguía? ¿Con qué
a los náufragos - y que mañana 1111irii a todos los hom~ redoblada angustia debemos interrogarnos hoy, todos.
bres - una solidarídad de trabajo, de intercambio, de en una situación mucho más dramática?
libre cooperación. Hemos perdido todos o casi todos Para responder con claridad. A.si es romo yo contes-
nuestros bienes materiales. Pero nada hemos perdido si to aquí, sin vacilar: "Hacer historia, si. En la medida,
nos qu1;,-<la el espírih.l, Expliquemos el mundo al mundo, precisamente, en que la historia es capaz, la ,inica ca~
Por la historia, Pero ¿qué historía? ¿La que "cuenta" paz, de permitirnos vivir con reflejos dislinlos de los del
la vida de María Estuardo'f ¿La que proyecta "toda la miedo. en nn mundo en situación de inestabilidad de-
luz·· sobre el caballero de Eon y sus faldas? ¿La que finitiva; con reflejos distintos de los del miedo que se
durante cincuenta años estudia los dos últimos segmen- experimenta en los descensos sin rumbo a las cuevas,
tos del cuarto par de palas? Perdón, me confundo, cuando todo el esfuerzo humano queda reducido a sos-
¡Pues bien, no! No tenemos tiempo. Demasiados his~ tener, a apuntalar durante algunas11oras Ios techos hun-
toriadores, bien formados y conscientes leso es lo ~r), didos, la techumbre en ruinas, por encima de nuestras
demasiados historiadores se dejan influir por las pobres cabezas vacilantes",
locciones de los vencidos del 70. ¡Trabajan bien, claro! Hablo de la historia, De la historia que no liga a
Hacen historia de la misma manera que tapizaban sus los hombres. De la historia que no obliga a nadie, Pero
abuelas. Al puntillo. Son aplicados. Pero si se les pre- sin la cual no ~e haee nada s6lido. Quien quiera levantar
gunta el porqué de todo ese trabajo, lo mejor que saben el Sacré-Creur en lo alto de Montmartre debe realizar
responder, con una sonrisa infantil, es la cándida frase~ primero un sondeo a través del otero hasta el nivel del
del viejo Rankc; "Para saber exactamente c6mo pasó". Sena. Arenas, margas, yesos, calizas: se puede construir
Con todo drfalle, naturalmente. con conocimiento de causa cuando se sabe lo que $OS·
tiene el agríetado suelo de la superficie. Claro está que
• • • la geología no obliga al arquitecto a hacer estilo neóbi-
zantíno antes que neogótico. Sea cual fuere el esh1o qt1_e
No tenemos tiempo, ni tampoco derecho. ¡Con qué Snalmente se adopte, la geología le permite cimentar só-
ansiedad me interrogaba sobre mi deber hace veintiséis lidamente su edificio, sin que se hunda al año siguiente.
añoS¡ en 1920, al subir por ve;i: primera al estrado de mi Lo mismo oct1rre con la historia. Comprende y hace
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comprender. No es una lección que hay que aprender, ·e hada buscador de libros en los andenes. Y que
devotamente, cada mañana, sino, realmente, una condi- uno ~ . 'ti ·
nos proparcionen una histona no automa ca, smo pm·
ción permanente de atmósfera. Eso es lo que siempre
ha sido, aquí, para Marc Bloch y para mí. Lo que será blemática. , ..
De esta manera operaran sobre su época. Y penmtl-
mañana para todos los amigos que me ayudaron en mi rán a sus contemporáneos, a sus conciudadanos com-
trabajo. La historia responde a las preguntas que _e] nder mejor los dramas de que van a ser, de que ya
hombre de hoy se plantea necesariamente. Explicación pr~ todos juntos, actores y espectadores. Así es cómo
de situaciones complicadas en cuyo ambiente el hombre so 'rtarán los más ricos elementos de solución a los
se debatirá menos ciegamente si conoce su origen. Re- ~·blemas que turban a los h ombres de Sll tiempo..
cuerdo de soluciones que fueron propias del pasado pro Método histórico, método filológico, método crítico:
-y que, en consecuencia, no podrán ser en ningún caso bellos útiles de precisión ..Honran a sus ~n~entores Y a
las del presente-. Pero entender bien en qué se dife- las generaciones de usuanos que lo~ .n·c1b1eron de sus
rencia el pasado del presente, ¿no es una gran escuela antepasados, perfeccionándolos al utilizarlos ..Pero no es
de flexibilidad para el hombre alimentado por la his- suficiente para .~er historiador con saber mane¡arlos y con
toria? el gusto por su utilización. Sólo es digno de este he~o-
so nombre quien se lanza completamente a la ':.1?a,
• • • con la ~ensación de que sumergiéndose en ella, banan*
dose en ella, penetrándose en ~lla d~ h~manidad pre-
"Así es que subordina usted la majestad de una sente, despliega sus fuerzas de mvestigac1ón, su poten-
ciencia a las exigencias de lo que nuestros periodistas cia de resurrección del pasado. De un pasado que ?e-
llaman actualidad ... " Yo no subordino nada en abso- tenta y que restituye, en intercambio, el secreto sentido
luto. No conhmdo - es necesario asegurarlo - a los
de los destinos humanos.
historiadores con esas amables señoritas a las que los
abonados de la telefónica, marcando las letras S. V.P.,
pueden preguntar sobre la edad de sus. contemporáneos
célebres o sobre los distíntivos de los diversos grados en
el ejército peruano. Pero tampoco creo que deba subsu-
mir bajo el concepto de Eternidad al Fulgence Tapir del
viejo Anatolc Francc. Pido a los historiadores que cuan-
do van al trabajo no se pongan a él como Magendie:
~agendie, el maestro de Claude Bernard, el precursor
de la füiología, al que tanto le gustaba vagar, con las
manos en los bolsillos, 1mtre hechos raros y curiosos y
entre los restos, como el trapero, según decía. Yo les
pido que trabajen como Claude Bernard, con una buena
hipótesis de trabajo en la cabeza. Q11e no se hagan nu_?·
ca .:..'Oleccionistas de hechos, a lo que salga, como antano
70 71
LA VIDA, ESA CONTINUA PREGUNTA
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ramos en los volúmenes em.,m.1dernados en rústica - los
"tres cincuenta"• blancos, rojos o amaríllos de Vanier, bal~os. de ARolo-. Pero a pe:mr dt:\ la muy despierta
Calmann o Charpentic-r ~. Por lo demás, en el mi-.mo cunos1dad nmguno de nosotros habta visto a los die,
momento en que intentábamos liberamos de ella, nues. ciséis años un Manet, un Monet o un Renofr. ¿Conocía-
tra demasiado buena formación del instituto continuaba mos sol~rnente los nombres de los réprobos - no tanto,
dictándonos nuestros juicios. Por eso, en Francia, nos de los ignorados-? Los de \m grandes l1ombres del
gustaban sobre todo las ironías al estilo de Jéróme Salón, sí. Con la requerida deferencia contemplábamos
Coígnar<l o la erudición maliciosa de La Reine Péda«. cada año, en el Figaro-Salü11 de Albert Vt'olf los Don~
que; por eso, más que el anarquismo sutil de las tres nat, los Benjamín Constant, los Jean-Panl La'urens- a
novf'las ideológicas de Barres, nos gustaba Le Sang. veces un :Besnard, tan audaz, o nn H-Pnri 1fartín, tan
la Volupt6 et la· Mort que pintaba con colores román. rev~Jucionario--, Por lo demás, en e.J país dt>l hierro,
ticos una España más que semiretóríca. Sin embargo ded1cábomos nuestros ardores a maldecir la industria,
comenz:ábamos a saborear a Verlaine con mucha emo: Claro que teníamos ojos para admirar por la noche el
dón, pero con cierta resistencia. En c~ianto a nuestra resplandor de las coladas o el extraño paisaje que, al
época, Les nuits, ks emiufa et les dmes de nos plus no- surgir de la bruma, componen por lu mañana las fábri-
toires contemporaines (¿cómo resistir al placer de citar cas con sus s~luetas _metalicas. Pero los dogmas ahoga.
ese título, tan perfectamente fechado, de ,m librito de bav nuestras 1mpres10nes. De la misma manera que :nos
Ernest la Jeuncsse?), Les nuits, digo, y algunos otros, impedían identificar t'On el arte todo lo que no fuer~
nos revelaban el sentido de adjetivos de moda: "deca. arquitectura, pintura, escultura o grahado, También
dente" y ''fin de siglo". Algunos de nosotros se aventu- es verdad que en aquellos tiempos las fábricas parecían
raban incluso en los Concourt. Otros, incluso en Huys. leprosos, los altos hornos eran mezquinos, los puentes
mans. Y todos leíamos a Maupassant a escondidas. Un metálicos no tenían amplitud. Y la fotografía (por no
poco a Daudet. Y mucho a Zola, citar más artes) justificaba de sobra los anatemas de
¿Música? Algunos conciertos clásicos. De Beetho- Flaubert: no cm más ql1e un medio para fabricar eso.~
ven, de Schumann. Casi m1nca de Berlioz. Entre una á)!_mms cuyos broche~ se abrían para admirm· el mi-
reposición de Roméo y el triwúo de Werther o den¿. nmi!ue de la tía Mana o el polis6n de la prima Juana.
rodiadc, el Te.ttro Municipal nos revelaba en desordtm n tocio eso, una novedad - una sola-, Pero q,1e
Samso11 et Dalila_. Sigurd, o L'attaquc du moulin: nove- no interesaba más que al "arte decorativo", Se nos
dades todas que foeron tnny discutidas, Tras las cuales, lanzaba al mundo cuidadosamenle provístos de cate-
pernzo5amente, se desü:taban LolwngN°tl y Tannh<itJSef. gorías ~st.i.ncas: habia el Arte que era la Belleza y la
De pintura y escultura no gran ccisa. Por suerte a Industria qne era la Fealdad; asimismo a las artes
mí mti gustaba un Uodin - el Clamfu Lorrain encara- :puras", i.?útiles y prestigiosas se oponÍan las artes
mado, en Pl parque de la PépiuiClrc, cnn su silueta ~to~ aplicadas , manchadas de utilidad v, por tanto infe-
sa, sus pesádas botas y su rostro deslumbrado, sobre riores, Sin embargo, era en el campó de estas ú'ltirrrn.s
on pt>de-stal que arrastr.1.han con furioso impulso los ca- donde algo nacía: el arte silvestre v .Boral de E:milt>
Gallé que pasaba ya de sus vasijas 'llenas de misterio
• Lil,,-n~ que se V<'T1dh1.11 ~ :3,50 tt. IN Jd T.} a sus improvisados muebles - a todas la bandejas de
madera en marquetería que cubría con los despojos
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de un otoño dorado-. Debidamente estilizada, esa al pie del zócalo sobre el cual, con la cabeza atrás, hu-
flora sinuosa empezaba a invadir el zócalo de los monu- raño y desdeñoso en su sayal, el Balzac de Rodin no
mentos públicos Y,. la fachada de los ~~teles burg~eses. ]es desafía, sino que les rechaza, escupen sus ironías
E] "modero style se constituía de hnos, parrav1rgen, y sus risas obscenas.
hojas de plátano y de castaño. Cada tarde asistíamos Entretanto, la sala Caillebotte en el ~uxemburgo
a su génesis en los escaparates de Majorelle. Mesas de -y, sobre todo, en la Exposición de 1900, la Centen-
té y baúles, vasijas pintadas y vidrieras, maderas de nale de rArt fraflf<li8 - revelaba ante nuestros , ojos
butacas y tapicerias - el decorado entero de nuestra deslumbrados por tanta claridad el impresionismo y su
vida so abismaba en una orgía de flores de madera cortejo. Pero ¿es que Francia era la casa universal de
esculpida y ramajes en bronce. la pintura y no se nos decía? Revuelta y pinchazo for-
midable en nuestros espíritus. Todos entraban en no-
• • • sotros: Monet, Renoir, Pissarro, Sisley, Cézanne, Ma-
net, Degas y, después, Rodin. Entraban en nosotros
De repente, París, 1896-1002. Luchas y crisis - po- fraternalmente, Nos ocupaban. El resto se acabó, de-
líticas, morales y estéticas-. Todo a la vez. En esos saparecían: ya no iríamos nunca más a los Salones ofi-
años rurbulentos, como pequeños provincianos que ciales a reverenciar a los virtuosos del falso dibujo y
descubrían la ciudad, combatíamos por nuestras ver- del claroscuro pedagógico. Conocíamos ya a nuestros
dades, por nuestras razones de existencia, - y también verdaderos dioses. Y nos daban un alma nueva.
para hacernos con otros ojos, con otros 01dos, una ma- A nosotros, biólogos, historiadores, filósofos, médicos
nera nueva de sentir el mundo. Para alcanzar gozos o filólogos, que no tuvimos nunca tiralíneas, ni arcos de
desconocidos. violín, herramientas de escultor ni pinceles. Indudable-
Un domingo por la tarde en el Chatelet. Una pe- mente, apenas analizábamos en a uel momento. Amába-
chera blanca ligeramente aplastada, una barba nesto- 1
mos, paseíamos. No hacíamos a teoría de nuestros
riana, un hombre obeso que se inclina: es J;:douard amores ni de nuestros bruscos disgustos. No quería-
Colonne, maldito por la platea por crimen de wag- mos ver el choque, el conflicto, la oposición evidente
nerismo -frenéticamente adamado por nosotros, los que hay entre la serenidad voluntaria de un Cézanne,
del tercer piso, con todas las manos en acción y los absorto en sus preocupaciones sobre la composición
clamores rebosando las gargantas-. Tras lo cual, du- exacta y la salud y el gozo de un Renoir, tan virgen
rante horas, a lo largo de los muelles y las calles, en intenciones literarias como un Rabelais -y, por
mientras los entendidos discutían tema y leitmotiv, los otra parte, el romanticismo germánico de Wagner o
silenciosos todavía maravi1lados oían a su corazón sal- los gritos, los gemidos, las llamadas desesperadas que
tar dentro' del pecho. surgen de una pareja enlazada de Rodin; entre la
Otro domingo: el Palacio de la Industria. Por ba- dureza de Manet, la crueldad de Degas, las visiones
tallones, por regimientos, por cuerpos de ejército, las de Monet, las fiestas en el agua viva de Sisley. Nues-
puertas grandes abiertas "les" vomitan: en la nave tro corazón, dilatado bruscamente, era lo bastante gran-
todos, jocosos y reposados, se abalanzan, se excitan por de como para contenerlos a todos.
adelantado ante el prometido placer. Y cuando llegan A ellos y a los que se presentaban ya para rempla-
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Pero enlazar ¿,tp1é?, ¿nuestra literatura? Claro está
;z;arlos. Tan generosa era la savia en aquellos años fo.· que si nos hubiéramos planteado el problema en tér-
cundas. Un día en la sala Druet descubrimos después mino.~ abstractos hubiésemos tenido muchas dificulta-
de sus paisajes los desnudos de Marquet. O bien, en des para resolverlo. Lo he dicho ya y nosotros lo sen-
la sala de Bernhcim, en la plaza de la Madeleine, los tíamos confusamente: de todas esas telas, de to<los esos
retratos de Bonnard, los interiores de Vuillard, las églo- mármoles y esos bronces que habíamos conquistado
gas de Roussel. La robustez plenaria de los Renoir, en 110 se derivaba una lecci6n única. De un Rodin, de un
la sala Duran<l-Ruel. Y casi en todas partes, los dibu- Degas, de un Rcnoir y de un Monet contemplados en
jos de Rodin. ¿Todo impunemente? Es decir, ¿bien una misma mañana antes de una audición áe Tristan
encerrado en un casillero reservado oon la etiqueta de _ o de Pell.éas - nadie hubiera sabido deducir que
''placeres de arte y literatura"? Si cont~stamos n~ a el romanticismo había desaparecido, que el naturalis-
semejante pregunta no es poniue hubiéramos leido mo estaba enterrado, ni que acababa de vencer un
tratados de estética. Pero hemos sentido cómo se ope- lirismo espontáneo en singular combate con un áspero
raba en nosotros, gracias a esos "obreros" y su arte, la realismo. Pero, paralelamente, en literah1ra no había-
metamorfosis que realmente nos ha hecho ver lo que mos renunciado a todo lo que nos gustaba "antes". Y
seguimos siendo treinta años más tarde. en lo que entonces acogíamos con el mayor de los im-
pulsos apenas estábamos dispuestos a discernir esa
• • • unidad de inspiración que, en realidad, sólo Horeee en
los manuales. Tampoco se trataba de establecer una
¿A qué vienen esos recuerdos? Parece como si di- relación de discurso académico entre "nuestros" pintores
vagara, contara por gusto simplemente nuestros años por una parte y por otra (cito aprt'suradamente, en es-
jóvenes ... En realidad ¿es posible que yo esté plena- bozo, obras muy distintas) digamos, por ejemplo, las
mente en la Encyclopédie franfaise, tomes XVI et Histoires naturelles de Jules Renard (por lo demás ilus-
XVII, Arts et littératures, firi? tradas por Bonnan1) y su Poil de Carotte; los Charles-
Algo había entrado en nosotros. Tan fuerte, tan Louis Philippc desde Bubu hasta Charles Blanchard;
luminoso que bruscamente todo nos parecía despla- los Octave M irbeau; los Pierre Hamp de La peine des
zado por ello. Era necesario restablecer los lazos rotos, hommcs o Colette y La vagabonde. Es cierto, sin
recrear un orden necesario. Enlazar. Y en primer tér- embargo, que en el origen de ciertos repudios, de cier-
mino el propio adorno de nuestra vida. A,sí pue.s ¿váis to!> disgustos, de ciertas imposibilidades (por ejemplo,
a colgar un Rcnoir o un Monet en un salon Féhx-Fau- el teatro de los Boulevards y sus dramas burgueses),
re, afeado por muebles de perfiles re,dondeados ?' cur- existió para nosotros y para tantos otros la toma de
vas blandas, recargado de chuchenas heteróclitas y posesión, alrededor del año 1900, y la adopción apa-
contorneadas, pesados tapi<;es oscuros, ~on p~ofusión de sionada de esa cosita desconocida y despreciable en
inutilidades agresivas? As1 pues ¿vais a mscrtar las la civilización occidental que es la pintura francesa, la
líneas de un Cézanne en un marco modern style? Ya de los maestros que nacieron aproximadamente entre
Loas desde Viena nos predicaba la guerra contra el 1830 y 1840.
ornamento. Y mejor todavía nos lo enseñaban en la ¿Hay que ir más lejos?, ¿,hay que hablar de moral
práctica los cuadros de los hijos de Courhct y Delacroix.
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o de filosofía para "enlazarlas" también? Nos opon- Schmitt. Y éstos a ... Pero no sigamos. Había quien de-
dríamos a establecer lazos demasiado precisos, cier- cía: "Yo quizá viva en 1900, pero mi compañero, aquel
tamente, entre el impresionismo y ciertas actitudes que véis allí, vive en 1890; y aquel otro de allá, en
filosóficas que entonces seducían a tantos jóvenes es- 1880". La verdad es que todos vivíamos en 1935 y tam-
píritus. Y lo mismo vale para la relación entre nues- bién en 1920 y, en cualquier caso, en 1912.
tros fogosos apetitos de justicia, nuestras apasionadas Resumamos con una palabra. No hay nada mejor
necesidades de ver claro y, por ejemplo, la observa- que las conquistas de la ciencia para desembocar a veces
ción de Monet a Renoir, a Sisley y a Bazille aquel día a lo que se ha denomiDado verdaderas "mutaciones"
del afio 1862 en que ante un modelo viviente, Gleyre del intelecto humano: transformaciones rápidas y tan
les ordenaba pensar en la antigüedad: "'Larguémonos profundas que en algunos años las mismas nociones
de aquí, el lugar es malsano, falta sinceridad ... " Aun- cuya conq1;1ista ~a ;°stado grande~ esfuerzos a los pri-
que quede menos claro que en la inversión de los meros gemas científicos de una epoca se hacen evi-
terminas del problema nosotros opondríamos no sola- dentes y fáciles incluso para los escolares. Hay eso que
mente el problema previo, sino datos positivos y una se puede y se debe llamar las conquistas del arte,
pregunta precisa, ¿Bergson y el bergsonismo? Y ¿por cuyos resultados constituyen también una "mutación".
qué situar a los pintores, que obraron bien antes que al incorporarse en algunos años a la visión camón dei
él y sin él, en el decorado frágil del filósofo, antes universo. Y no solamente a la de los artistas o a la
que la filosofía transitoria en el palacio eterno de la de los aficionados al arte, o incluso a esa "élite" de
pintura? la que ayer hablaba un excelente historiador del arte
denunciando como "uno de los mó:ltiples efectos d~
• • • la democracia que suprime las élites" la incomprensión
total, furiosa de los franceses de 1860 a 1900 ante
Era necesario enlazar. Y enlazamos. Por elimina- Courbet, Manet, Rodio y tantos otros: se trataba, sin
ción y selección. Y también mirando antiguas cosas embargo, salvo excepciones, de las "élites" que llena-
con ojos muy nuevos. Era el tiempo en que algunos ban sus salones con los uniformes carísimos de Meis-
de nosotros se apresuraban a adquirir la edición Cal- sonnier, de quien no hay ni huella en la reciente His-
mann - tipos y papel malos -de los Paseos por Roma toire de la peinture en France de nuestro autor; y de
y de las Menw-rtas de un turista, tal como las había los combates de Detaille y de los retratos cotizados
legado el pobre Colomb a una posteridad que por lo de Chartran y de los cromos en colores de tantos aca-
demás no tenía demasiado interes en adoptarlas ... Ya démicos recargados, la cita de un solo nombre de los
en esos años de fiebre estábamos dispuestos para aco- cuales haría enrojecer a un hombre culto de hoy.
ger a Proust. Y a Valéry. Si entraron en nosotros-y Revoluciones artísticas. Hay que reconocer en ellas uno
en la medida en que entraron -fue porque eran intro- de los fermentos más activos de la historia humana cuan-
ducidos por los que nos transformaron y contra los cua- do tienen la potencia y la amplitud de aquella que se
les reaccionaban ellos mismos. Como es el caso de realizó ante nuestros ojos humanos, cuyos veinte años
Wagner, en de6nitiva, que entre nosotros dio audiencia sonaron en los relojes de 1900.
a Debussy. Y Debussy a Ravel, a Strawinsky, a Florent
80 6 . - FUVllll 81
• • • un determinado momento, reducir esos dos volúmenes
a uno solo, he tenido que renunciar inmediatamente
¿Se ve acaso a dónde apunta todo eso'? En primc1 pa,ra volver al proyecto primitivo; si todo eso ha sido
lugar (sería inútil volver ahora sobre ello) a acabar as1, no se debe en absoluto a una fantasía gratuita.
de demostrar que no es deseable ni posible conclusión Se debe a que, en mi propia experiencia, en mis
alguna en los volúmenes XVI y XVII de la Encyclo- recuerdos, en mi conciencia de haber "sido hecho"
pédie. Porque ni siquiera nosotros, los cincuentenarios encontraba la noción viva de que el arte no se ins~
de hoy, hemos bajado el telón sobre nuestras conquis- cribe, o no se inscribe más que accesoriamente al precio
tas de 1900 y 1910. Porque al volver de la guerra (y de una deformación, entre esos "ocios y diversiones"
hablo aquí de la guerra sólo como una referencia cro- que serán tratados en el tomo XIV de la Encyclopédie.
nológica, no como una causa o como "la" causa de Su. puesto real lo he señalado desde el principio
todo) hemos conocido, hemos gustado otros pintores, (Pierre Abraham ha tenido a bien recordarlo en el
otros escultores, otros músicos, otra arquitectura en- umbral del tomo XVI). Se sitúa entre los más eficaces
marcada en otros decorados. Y además otras arte~: medios. para conocer y comprender de que dispone la
el hombre colaborando en la fotografía, en el trabajo humamdad. _Por lo menos ahora - y sin prejuzgar 1o
bruto de la luz; el hombre registrando el movimiento que será manana.
para recrearlo a su gusto. Todo eso, en un mundo com- Hay que hablar de lo que el arte pueda y deba
pletamente transformado y renovado por un prodi- ser,,. en 1,1~ momento en que los científicos abren
gioso conjunto de descubrimientos científicos que con- las perspectivas conocidas ante nuestros ojos mitad
ducen a la telegrafía sin hilos, a la aviación, al embelesados mitad deslumbrados; en un mom~to en
fonógrafo, a la radio - y mañana a la televisión, etc.-. q.ue los científicos nos muestran cómo la investiga-
Todo eso es tan importante y profundo que ayer Hen- ción experimental y la investigación matemática se en-
ri Wallon nos advertía de que al cabo de pocos años lazan para captar mejor el universo en las mallas de
esos ' inventos de una universalidad prodigiosa han la red h~mana - para encerrarlo mejor en potentes
empezado a operar sobre nuestros organismos, a mo- construcciones, hechas de esas nociones abstractas y
dificar nuestras percepciones, a transformar una huma- de :sas formas que la razón saca de las cosas ya co-
nidad que desde hace siglos y siglos era casi inmóvil ~oc~das - . El matemático, explorador de regiones sin
en su constitución. hm1tes de que habla Jean Perrin; prospectar de ese
Pero hay otra cosa. Si en el plan total de la Ency- cerebro humano "en el que duermen en fa noche innu-
clopédie he concedido desde el principio un espacio mE:rables posi~ilidades que la conciencia podría no
tan amplio a las artes y la literatura; si junto a Jos amma; nunca , . el ~atemático, digo, saca de objetos
.dos volúmenes necesariamente asignados a la física conocidos sus mñmtas cadenas de seres racionales
moderna, la revolución de las reVoluciones, he que- Ha!ta el día en que, completamente elaborado el con:
rido que hubiera dos volúmenes, dos gruesos voló- terudo de las realidades, exija a los trabajadores de
menes dedicados a "hacer comprender"' lo que repre- la experimentación una nueva cosecha de hechos ele-
senta el arte para nuestra civilización y nuestras viclas; mentos necesarios para futuras construcciones. '
si después de intentar, por razones de comodidad en Ciclo sin fin, engranaje un poco terrorífico, entre
82 83
cuyos dientes muchas cosas frágiles, tiernamente \'ÍVas POR UNA HISTORIA DIRIGIDA
y a las que tenemos cariño, dn duda pueden verse
machacadas sin compasión, si el arte, pr~isamente, LAS INVESTl6ACIONES COLECTIVAS
no intervíene aquí como contrapeso. O como un haz
de luz. El arte no es la antítesis de la ciencia. El arte Y EL PORV~NIR DE LA HISTORIA
no debe Jgnorarla o combatirla, sino apoyarse en ella
cada vez más y tomar los datos de ésta como objeto
de su trabajo propio. No solamente para enriquecer
sus posibilidades, dotarse de mievos medios, aOrirse
a tierras nuevas, sino también, y principalmente, para
presentar a ciertos hombres, que ónicamente podrían
aceptarla del arte, la interpretación general de las
cosas que fa ciencia propone y el arte sugiere. El arte
- o los artistas. Investigaciones colectivas. La fórmula o, si se qtlie~
Es sano prever un relevo del arte en este ciclo de re, el programa no tiene por qué sorprender o chocar
dos investigaciones que se Stlplen mutuamente y c.'On- ?l biólogo o al flsi61ogo; ni tampoco al psicólogo; ni
jugan sus alternativos esfuerzos. ¿Una tercera investi- mduso, ya más cerca de nosotros, al geógrafo ..hu-
gación, más superficial que en profundidad? ¿Así lo man?", al .. antropólo~o que corrientemente trabaja a
creéis? ¡Qué importa la profundidad! Yo me inclino partir de encu.estas . Es un hecho, en cambio, que
sobre el océano y vosotros me decís: "Aquí, tres mil tal fórmula aplicada a la historia sorprende y choca
metros de fondo". Tres mil o trescientos, lo mismo da. a la rnayor,parte de los que se diecn historiadores, hoy,
Lo que irnporta es saber hasta dónde llegará la en un pa1s corno Francia. Para explicar ese hecho
claridad. Lo que cuenta es hacer bajar la luz a más hay que empezar por comprenderlo.
dístancia, más ahajo, síempre más abajo. Hacer retroce- Puede invocarse la tradición. Cuando yo uaci pará
der a la oscuridad. Y, en conseci1encia, se.r profundo. la hi.s:oria -:- en el preciso momento en que nacía
Quiero decír: ad.arar lo oscuro. El arte puede ílumi· tamb1en el siglo xx - no eta, ciertamente, moda en
nado. la firme Clío el trabajo colectivo. Todavía ocurrían
casos increíbles de viejos "archivistas" que escondían
legajo5 "descubiertos" par ellos y los ha('fan (leqapare#
cer durante años para asegurarse su eventual uso. De
vez en cuando estallaba un caso de "prioridad" abso-
lutamente ridículo; o bien se asistía, un poco emocio~
nado, a la carrera de vefocidad de dos historiadores
que trabajaban sobre el mismo tema y que, lanzados
a todo vapor (metáfora de un tiempo en que se igno-
raba el automóvil), trntaban de adelantarse uno a otro
trhmfalrncnte. Individualismo pueril. No era la histo-
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ción de sus actividades científicas con el conjunto de
ria, una ciencia a promover, lo que importaba. Era el las demás actividades que se realizan en la misma
historiador un libro a firmar. Vanidades de autor. épaEoa.'
No soy lo bastante ingenuo como para dejar de n otros t érmmos:
· 1a ciencia
. . no es un 11Dpe:no
. . en
pensar que ese estado de ánimo - un poco atenuado, el imperio. No se separa del medio social en el cual
sin duda - sigue existiendo todavía. Pero es un efecto se elabora. Sufre la presión de éste, la imposición de
y no ya una causa. Procede de fuertes convicciones múltiples contingencias que pesan sobre su desarrollo.
antagónicas en buena lógica, pero que a pesar de ello Por esa razón, entre paréntesis, la historia de la cien-
acaban por unirse. En unos, convicción de q~e ~a his- cia está muy lejos de constituir un lúgubre y polvo·
toria "no es una ciencia". En otros, la conv1cci6n de riento conservatorio de teorías muertas y explicaciones
que al ser la historia una ciencia, Erohíbe al historia- caducas; al contrario, representa un capítulo vivo de
dor "naturalmente", toda elección de elementos, cual- la historia general del pensamiento humano: señala, en
qui~r interposición de ideas (en forma d_e hipótesis o definitiva, la adaptaci6n del espíritu a las cosas y la
incluso de teorías) entre la simple elecc1ón de docu- toma de posesi6n del medio por el hombre.
mentos y su presentación al lector.. No. intentar~os De ahí se sigue que la historia no puede quedar
discutir detalladamente esas contrad1ctonas concepcio- al margen de las transformaciones de la ciencia, tenien-
nes. La persistencia de su éxito en los amb.ie1_1tes his- do en cuenta que las ciencias de la naturaleza han
tóricos sólo se explica por el total desconocumento de sufrido los efectos de una verdadera revolución ideo-
la !-olidaridad que une, de grado o por fuerza, todas lógica en las dos últimas décadas; que han visto cómo
las -- disciplinas científicas entre sí, y, por otra pa~e, se hundía, gracias a una serie de rápidos y sorpren-
por la ignorancia absoluta y serena de la evoluc16n, dentes progresos de la física, toda la construcci6n teów
O de la revolución, que en nuestros día~ se, ha produ- rica elaborada por generaciones de sabios en los si-
cido en las ideas de cuerpos enteros de c1entificos sobre glos xvn, XVIII y xrx; que el intento de explicar el
lo que se ha convenido en llamar objetividad científica. mundo mediante la mecánica "racional" ha terminado
en fracaso al romper lo concreto los marcos de lo abs-
• • • tracto; que se ha hecho necesario proceder a una revi-
sión de conjunto de todas las nociones científicas con
Hay que decirlo de una vez y breveme~te: no, la las cuales se había vivido hasta ahora; que, finalmen-
ciencia no se hace en una torre de marfil gracias a la in- te, a esta revisión no ha escapado nada de lo que es
tima y secreta operación de científicos espiritualizados
que viven una vida de intelectualidad pura, fuera del
l. Sobre todo esto, ~er además de la, recensiones de la, Se-
tiempo y del espacio. . maine, Intenwtionale, de Synthese - principalmente las exposicio-
La ciencia - y entiendo por tal la sociedad de las nes sobre el lema "Ciencia y Ley" (quinta semana, París, Alean,
ciencias - se hace gracias a hombres que se sumer- 1934, en 12) el interesante Yo]umen colectivo titulado A la fo.
gen en el ambiente de su época; y eso vale p~ra ~os mleTe Ju mardsme (París, E.S.I., 1935. en 8.·) r mis refte:rlones
sobre ese tema: "Un débat de méthode: Techniques, Sciences et
matemáticos, los físicos, los biólogos ... y los histona- Marxisme .. (Annalet d'Hbtoire 1:conrnnique et Socfole, 1935, pá-
dores; y es así no sólo porque opera sobr~ todos de ginas 615-623).
la misma forma, sino también porque actualiza la rela-
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esencial: ni la concepción del hecho científico, ni la seno de la historia, a la absurda e ingenua creencia
de la ley; ni la de la necesidad; ni la de la cont.ing~n- de que es obra pía reunir hecho."> "para nada", por
cia; ni siquiera la concepción de las propias ciencias gusto, esperando que llegue un espíritu capaz de do-
y de la ciencia misma... de la ciencia que construye minarlos. Y en lo que se refiere a las relaciones entre
su objeto con la constante y grave intervención de los la historia y las ciencias próximas conduce a la teoría,
científicos. Quiéralo ? no, la hist~ri.a está implicada en tan cara a los sociólogos de antaño (y tan propicia,
todo esto. La histona se hace ns1ble cuando se obs- además, rara sus ambiciones), de que el historiador es
tina en referirse a todo un bagaje de ideas que tienen el albañi obligado a tirar de la carretilla y a pulir la
un siglo de antigüedad y son rechazada~ hoy por l?s cantería que el sociólogo-arquitecto vendrá luego a en-
científicos de quienes no hace mucho tiempo la his- samblar ...
toria las tomó prestadas. Y si es verdad que todas las Hay que desterrar de una vez para siempre el in-
ciencias son solidarias, la historia se hace risible por genuo realismo de un Ranke imaginándose que podría
nada, por mero gusto. conocer los hechos en sí mismos "como han ocurrido".
Tanto la "realidad histórica" como la realidad física
• • • se perciben a través de las fonnas de nuestro espíritu.
La vieja distinción, el tradicional esquema de trabajo
Ahora bien, ¿qué nos enseñan esas ciencias solida- histórico (establecer los hechos para operar con ellos)
rias cuyo ejemplo debe pesar sobre la historia? Mu~has debe ser sustituido por otro que tenga en cuenta tanto
cosas, pero principalmente esto: que todo he~o ct.e~.- la técnica de hoy como la práctica de mañana, tal
tífico es "inventado" y no simplemente dado al sab10 , como ya se anuncia. Historiador, no razonemos como
Que la vieja distinción entre observación, fotografía el lógico deseoso de elevarse progresivamente, jerár-
de lo real, y experimentación, intervención en 1~, real, quicamente, de lo simple a Jo compuesto y reconstruir,
debe ser revisaáa por completo. Que la observaCIOn no peldaño por peldaño, la escalera que lleva de la tarea
proporciona en ningún caso datos sin más. Que la más simple a la más alta. El orden que aquí se impone
observación es una construcción. Como son construc- es el orden genético. Y desde este punto de vista lo que
ción los mismos "puntos de vista" que se utilizan para aquí importa es la existencia, la confección y la per-
tal o cual veri6cación o demostración de la teoría. Que, petua puesta al día de programas de investigación am-
en consecuencia, ~- inoperante la tan frecuentemente pliamente meditados y de gran alcance.2
repetida objeción de qu~ "el historiador _no tiene .de-
recho a elegir los hechos ; porque, en realidad, el cien· • • •
tí6co en cualquier disciplina, elige siempre y porque,
ade~ás toda historia es ya elección desde el momento
¿Así es que en la base de la historia debe haber
en que' existe el azar que destruyó cierto testimonio.
"teorías"? La palabra no tiene nada que pueda hacer-
cierta huella del pasado o tal conjunto determinado
me retroceder. ¿De quién eran si no esas opiniones
de documtntos, salvaguardando otros. Y por último,
que anclarse en tantos viejos prejuicios sobre el verd~- 2. Ver iupra, De 1892 o 1933: Examen de conclet1da de una
dero valor del trabajo científico conduce, en el propio historia 11 un his!oriodor, página 15.
88 89
subversivas que yo leía no h.1ce mucho tiempo: "una trozo de,.pa.red, Tras lo cual, frot3.ndose las manos, ex-
teoría es una construcción del espíritu que, respon· d~m~; . Mi parte para el futuro palacio", Pero uo.
diendo a nuestra natural e imperiosa nc<:esídad de N1 s17:m~a es una parte. Cuando se quiera construir
comprender, está destinada a proporcionarnos una ex- el fª ac10 se mandará venir al arquitecto, que tra.
plicaci6n de los hechos. En este sentido, la teoría es 7:11ra su plano. Y lo primero que hará será ec>har por
la expresión :misma de la ciencia,.. cuyo objeto últi· tierra todos los palmos de pared disparatados para
mo no es el descubrimiento de leyes, sino la compren- que no obstruyan el terreno. Empecemos, también no-
sión de los fenómenos"? ¿Quién era ese sospechoso sotros, por el comienzo: por los planos de arquítecto.5
metafísico? Un biólogo, Anthouy, citado por otro bió- Plan de co9rdinaci6n, esencialinente. y de ooopera-
logo, Fraipont. 8 Terminaron, se han invertido los tiem- ci6~, P~r eso recomendamos las "invesligaciones 00• ¡
pos que evocaba últimamente Louis Lapicque t y la lechv_as que nunca perdimos de vista. Ya han pasado :
excitación de trapero de ronda que describía Magen- los tiempos del universalismo. En todas partes en
die: "Me paseo por ahí dentro como un trapero y a todas ~s disciplinas...Se nos dice; "Giard fue el úli.ímo
tJada paso encu(."lltro algo interesante que meter en el naturahsta completo . Se nos dice: "Svlvaín Lévi fue
saco". "Por ahí dentro" era el dédalo de un cuerpo e~, último indianista completo". Seu. ¿G'uál es la lec-
viviente. Todavía hoy, para muchos historiadores, "por cmn a sacar?, ¿que muerto Alejandro se divide su irn-
aM dentro" es el dédalo de una historia viviente ... perlo? Es decir: ¿que llegarán hombres que serán
Pero a la opini6n de Magendie, Lapicque oponía la ~naest:os solamente de una de las partes del inmenso
de Dastre. Hay que saber reteiierla para nuestra causa, 1mpeno que un Sylvain Lévi podía aún poseer y regir
historiadores; la ciencia nos cubre: "Cuando no se e~teramente? Pero ¿es ésa la unica conclusión? Yo, por
sabe lo que se busca tampoco se sabe lo que se en~ mt parte, veo otra.
cuentra". Restringir el campo de acci6n del cíentí6co es au-
¿Por 'jué iba a ser imbecilidad y locura para el his- mentar la plaga de la "'especialización" Es hacerla
toriador o que es válido, sabiduría y raz:6n para el irremediable. ¿Y si se dejara al sucesor Alejandrode
biólogo? ¿Cómo va a aceptar lanzarse por más tiempo reinar so?re todo. el imperio, pr.ro imponiéndole Ja
a la. ventura, sin brújula, aisladamente, y sin implorar cola~orac1ón. de cinco o sei~ hombres - un generai
.\ más dios que el azar, el hombre que trata de trabajar un d1plomáhco, un financiero, un constructor- y con
en la más compleja de todas lus disciplinas como es la
actividad histórica. de los hombrés? Este hombre, toda- ,. 5. FermilU$.,me reconfar, no sin orgullu, que Ja Encyclop,Mie
vía. actualmente, en el campo de la historia, sin im- ;;:ral8(l tal como y~ la ha concebida- Enciclopedia M prcbW-
portarle quién se instala ni dónde, sin importarle los h Y no de rnfere.-.c,m, ~ representa )a mayür t,;,ntativa '}\W ~"' ha
echo hasta el dfa de hoy en paÍ• algunr, pílra apr,-,ximar m~tllil•
materiales que emplea ni en qué dirección trabaja, mente Y ponerlos en contacto con el público o:ulto no a vulgariza.
construye a su aire~ más pequeño o más grande- su 1:reg 1"' t11len10, 81no ~ Jog propios c:t•Mdores, a los "ín,·entore,"
la c1end.ii, <!n .tod~s sus ,;,ampos: hombres, que iituados a ]a cabe-
3, Ch. Fl\Jllt'O«T, Adoptationi et mutatjow,, París, Hermann, za ~e las m\·esti¡¡ac1oneg matem.l.tica, Hsica, biol6¡ica, et()., sacan
1932, en s.•. fü\ ideas no de tratado~ o manuall's, dn,) de .u lucha cnotiu11ada
4. "L'orit<ntatinn aduelh, ();¡ la physlofogit<" ![L Phllo.wphlq1111, Y cotidiana tonll'a lo de«conoeido en lo fJUC cada día tcinquistan
1930, n.• 9-10). un ¡,oéo m.11.
90 91
la función de organizar la coordinación, regular tas personas, c?n lo!> premios académicos fundados para
tareas y definir los trabajos? e.llos, el, rn1sm? nombre que desacreditan, se desbau-
Traspa.~emos el ejemplo a nuestra disciplina: ¿qué tizaría sin vac!lar para no ser víctirna por más tiempo
pasaría si el historiador, en lugar de construirse por si de una confus16n descortés y, en definitiva, demasiado
mismo todo el reloj - primero sus propios útiles, des, absurda.
pués fabricar las piezas y, por último, unirlas y hacer~ Si se q\1icre acelerar la llegada de esos tiempos -y
las funcionar - se contentara con este último papel? vale la pena - lo primero qúe hay que hacer es aten-
Si una vez razonablemente elegido el tema a estudiar, ~~r t:l consejo de lós demás. Enriquecerse con las rea-
delimitado con cuidado, señalado lo que tiene más im- h~a~10~1cs ya hech:is. ,~poyarse sobre los que, en sus
portancia que se llegue a establecer (pues hay que d1sc1phnas, han orgumzado la "üivestigación colec-
renunciar a la pueril idea de que todo es igualmente tiva".
interesa.rite para todos), si una vez realizado todo esto,
el historiador organizara las investigaciones de un equi-
po del que formarían parte, pongamos por caso (pen"
sando en ciertas posibles y deseables encuestas de
historia de las técnicas) un técnico propiamente dicho;
un químico al corriente de la historia de su ciencia;
un economista de espíritu concreto - reservándose para
el historiador, el di6cilísimo papel que rcEresenta
proyectar los cuestionarios p;evios; comparar las res.
puestas proporcionadas; derivar de ellas los elementos
de soluci6n; ordenar los indispensables suplementos
de la encuesta y, principalmente, señalar las relaciones
entre el problema planteado y el conjunto de los pro-
blemas hist6rü'Os
. del momento en que se formula·····:
si una vez elegido este largo camino que, al .6n y a la
postre, será mucho más corto que los viejos y sinuoso~
caminos de antaño, consiguiexa hacer de la historia una
"ciencia de problemas a plantear" si no a resolver siem-
pre con certeza y a la primera ocasión, creo que el pa·
pel del historiador sería singularmente más claro que el
de un vago fabricante de libros "personales"; creo que
nadie se preguntaría ya si la historia es una ciencia o
un arte; creo que se dejaría de calificar de historiador
a LUalquie:r sabio autor de sabios libros sobre Luis XV
y las mujeres o El venetl-0 de los Bürgia o que, en
caso contrario, el historiador, dejando a esas excelentes
92 93
CONTRA LA SIMPLE HISTORIA DIPLOMÁTICA
¿HISTORIA O POLITICA?
DOS MEDITACIONES: 1930, 1~
95
manas. Les basta que duerman en secre.tas p~?fundi-
prcr~de sin dificultad, el pan cotidiano de una diplo- dades. Son "las capas subyacentes de la h1stona , como
macia que debe soportar, bien a su pesar, con la acci6n dice Hauser en su introducción. Atrincherados de-
del medio, el control permanente y directo de los par- trás de un criterio simplista, el de utilizar sólo docu-
lamentos populares. Evidentemente esta preponderan- mentos diplomáticos propiamente dic~os: los ~e las
cia de la economía sobre la política no es de ayer, Nu- compilaciones oficiales, sean az~les, gnsE;s, amanllos o
merosas guerras antiguas fueron, si se va al fondo de rojos; los de las grandes coleccmnes nacionales,. la ale-
las cosas, guerras por la sal, por las especias o por el mana y la inglesa a falta de la fran~esa, demasiado :c-
harén. Si alguien 1o sabe éste es el autor de un exce- cicnte; añadamos la correspondencia y las memor13:s
lente librito sobre los Origines historiques d.es proble- <le los protagonistas y de ]os testigos de los aco~tec1-
mes économigues aduels, que con mucho gusto desta- mientos; sólo se preocupan ?~
la ~rteza :super6~1al de
camos y alabamos cuando se publicó. Pero además su globo, de su esfera pohbco-dtplomática ... ,:,Debe-
desde hace medio siglo esta preponderancia se ha he- mos criticarles? A ellos no. A los hombres, tampoco. A
cho cada ve~ má~ visible. Tomemos uno o dos ejemplos una tradición, quizás. ,
entre los mas evidentes: la compra por Disracli de la~ En la misma cubierta de los dos volumenes de la
acciones del jedive Ismaíl fue un factor esencial de la Ht%oire diplomatique se puede leer esta fórmula: ~a-
p~lítica i~glesa en Egipto a partir de 1875; el ferroca- nuel de politique européenne. ¿Dir.é ~u~ no la aprecio?
rnl de Herat estuvo a punto de desencadenar el conflic- Es mejor comprobar, desde un prme1p10, qu? demues-
to, anunciado a menudo, entre rusos e ingleses; la Triple tra una cierta orientación, que pone de manifiesto una
Alianza no se concibe si no es pensado en la apertura detenninada concepción, legítima si. se q:1iere, pero un
del Gotardo; en fin, los problemas de minerales, de poco especial. La misi_na qu~ c~noc1dos hbros, no. ha~
combustibles, de mercados comerciales y de créditos mucho publicados ba¡o la ,rubnca .d~ Manuels histo~i-
industriales han pesado sin duda en las determinacio- ques de politique étrangere, exlnb1eron en Francia,
nes de los hombres y de los países que tomaron parte desde 1892 e hicieron triunfar poco a poco en el cam-
en la guerra de 1914. po de la 'enseñanza. Desgra.ciadamimte la hicieron
Ahora bien, estos hevhos, muy claramente cfrcuns- triunfar: lo escribo como lo pienso desde hace mucho
tanciales o, como a veces se dice, '"eventuales", están tiempo, y no porque considere como malos. libros, téc-
poco calificados para representar, a causa de si1 mismo nicamente hablando, a estos manuales, smo porque
estallido, esta oscura pero constante presión de la eco- contribuyeron más que otros a s~stituir en los cerebros
nomía sobre fa política, qne es, r-.ntrc otros vurius de de varias generaciones de estudiantes (muchos de los
igual importancia, uno de los factores determi:nantes cuales se han convertido después en profesores) la
de la conducta de unos estados frente a otros; estos noción pragmática 1 de una "política histórica" por la
hechos particulares y en cierta medida anecdóticos los
realzan, si se presenta el caso, los redactores de la l, ¿Hay que decir que cmlicientemente pragmática? .~f. :ti_nile
Histoire diplomatíque de l'Europe; pero con demasia- Bou>1GEOI!i, Manuel hfstodque de politique étra~(,e, t. l, Averti.sse-
ment'", p. 7 (iuliu 1892): "Anta.fio, cuando los pu~bl,os entrega~an s~
da reserva y brevedad. No obstante se preocupan de do,stino en manos de ]as familia, reaks, se conducrn a los hi¡os d
dar a la luz pública las fuerzas escondidas, los resortes estas familias, varün~s y hembra\, a los archivos dd estado para pre-
secretos que hacen actuar y moverse a las masas hu-
97
7.-rnvu
96
noción <lC'sintcrcsada de una historia "de las relacio-
]izando argumentos no .co~trai:ios, ~in.o com~le1!1enta-
nes". :\Je re.fiero a una historia qnc se limita a compren- rios; y no quisiera dismmmr m :in ~p1cc el s1gn1~':ado
der :y hacer comprender en lo posible (decimos, en la de titular un libro Manuel histonque de pol1t1q!1?
medida en que no es imposible) los motivos reales étrangJre o, más elípticamente, Manu~l ele po!iti-
profundos y múltiples de estos grandes movimiento~ que européemw, que, quiérase o no, est~, por cnc1m~
de masa que tan pronto conducen a las colectividades de la historia viviente de los estado.~ de carne }
nacionales a unirse y a colaborar pacíficamente como hueso", de estados que "informan" pajscs hechos de
las lanzan unas contra otras, animadas por pasiones tierras y aguas, de bosques y montanas, pero tam-
violentas y mortíferas.
bien de hombres que llevan determinados géneros
Ahora bien, e_.~ de sentido común qne no hay que de vida, habituados a determinadas maneras de pen-
bus,car estos motivos solamente en el humor, la psico- sar, de sentir, de creer, el todo combinado en p;ropor-
logia ~ los caprichos individuales de los "grandes", ni ciones tan variables que produce para cada p~1s una
en el p1ego contradictorio de diplomacias rivales. Son fisonomía individual. Es hacer fluctuar por encima de
geograficos, económicos, sociales e intelectuales reli- estas realidade~ la perpetua abstracción de una política
giosos y psicológicos, Y entiendo que el histol'Íador
cuanto más se ahonda en el pasado - me refiero aÍ
"extranjera", de una política "ex~erior", ?e una .. gran
política" si ~e pre~ere (pu~~e e~egirs~ la f~nnula), h~sta
de los estados europeos modernos-, más se ve obli- de una pohtica europea , abmentandosc en el c1el?
gado a dar relieve a los fac~ores personales de políticas diplomático no de segundas intenciones como la Qm-
que los textos presentan siempre como dirigidas por mera del bueno de Rahelais, sino de caprichos reales,
soberanos ~ás o menos absolutos, o por ministros aún de vahos imperiales o de "grandes designios" ministe-
más absolutistas que sus señores. También comprendo
que hay que ~ar un puesto de acuerdo con su papel riales. l
Y si se objeta: "Pero este <livorcio en t~~ os inte-
a I~ que podnamos denominar la diplomacia técnica. 1
reses reales de las naciones y la gran ponl1ea de los
Entiendo, en fin, que no es inlltil el trabajo que al gobernantes, al r¡nc usted se refiere existe realmente
precio de dificultades a veces extremas y de un esfuer- inm· a menudo", contestaré que entonces las obras qu:,
zo crítiC? siem~re ai:duo consigue fechar, no por se- po( definición, silencian este hecho de _importancia capi-
manas DI por días, smo por horas o minutos, las ges- tal, las obras qlle parecen presentar sistemas abstractos
ti.o?es diplomáticas cuya influencia ha podido ser de- de diplomacia~, consideradas en sí .~ismas como ser~s
cmva para un determinado acontec:imiento. Entiendo ahstractos, a la manera de transpos1c1ones de los s~nh-
todo esto, e igualmente lo que podría responderse uti- mientos unánimes, las ideas, las voluntades y los mte-
reses de los gmpos naci~nalcs en no1;1bre ~c. los cuales
parades, P"r e! estudio dd derecho público y e! conocimiento de los hablan escriben v actuan estos d1plomat1cos, estas
interese, tradícionale,; del estado, para la tarea que les aguardaba.
En lods partes. l,oy en que la nación ha recobrado su soheranla obras ¡lejan de lado el verdadero problema, el Único
es. a ella.ª la. <}U(" corresponde dar a •Us hijos estas lecciones." ¿La;
mismas, mspu-adas por el mismo espíritu, fundadas en las mí,mas
problema que vale la pena tener "'º cuenta. Y esto ob-
consideraciones dcr1"adus de los mfamo.1 principios? Este es todo el servando el problema sólo en su aspecto puramen.tc
problema, y la nbra <Jue ,·itanrn, lu ha resuelto •ín huberlo plan.
teadu.
científico. Si lo observáramos desde otro punto dr VIS·
ta, si nos fuera necesario, como a determinados allto-
98
99
res, 11abiar de formación profesional o de educación riamente la voluntad o las veleidades de los dirigentes
cívica, es fácil adivinar lo que tendríamos q 11 c decir. de los intereses fundamentales de los súbditos; la his-
Enmascarar tales divorcios sería un grave error; por toria que no sabe ni lo que es una diplomacia en sí,
no emplear más duras palabras. ni una política desligada de la economía, ni una eco-
nomía que OC> refleje, con la acción de poderosos fac-
tores físicos y naturales, el juego no menos ardoroso de
estas fuerzas espirituales o psicológicas que uno ve (o
siente) correr en medio de todas las manifestaciones de
Concluyamos y resumamos en pocas palahras estas la actividad humana "infatigable y estridente" como
observaciones incluidas libremE'Tltc en una obra de la el fuego entre los brezales.
c~al ~stimamos la imparcialidad, el cuidado y la cons-
CICHC;Ja.
~e exp~1lsó casi por completo del campo de los es· ¡¡
tud10s ~enos y ;,~e le relegó a las soledades glaciale~
donde vegetan los sucfios escolásticos a este hamo
recrmo11~ícus al_ q1;1e sonríen con compiaciencia muchos Quince años después, aparecía un libro en la pe-
economistas b1cmntencionados. Cuando se habrá cli. queña colección de Annand Colin. Su título: La paix
minado_ totalmente de ese mismo campo al homo di- armée (1871-1914). Me incomoda un tanto hacer su
plonwticus, con sus cortesías protocolarias, sus fórmulas crítica, porque éste es un libro hecho a consciencia pu.-
de saludo sabiamente graduadas y sn horrorosa bar- un buen universitario, habituado a un trabajo honesto
barie que .~us afectad:Ís cortesías no acaban de dis- y que se ha documentado en la.~ mejores fuentes.
frazar, desde un punto de vista puramente científico Sin embargo, expone un problema de tal gravedad
(el único que ~quí. nos interesa, el único que debe in- que es necesario examinarlo sin apriorismos.
teresar a los h1stonadores), se habrá asegurado no sólo No nos detengamos en el título. Paix armée es un
el triunfo de la razón clarividente sobre una rutina pa· sistema, en el sentido estricto y restringido de la pa-
ral,iza.dora, sino q_ue, además, desde nn punto de vista labra, que podría merecer un estudio. Pero no es de
practico, se habra realizado una buena acción, bien se este estudio <le lo que se trata aquí, sino de un resu-
t~atc ?e .r~eparar pa~a su futuro cometido a diplomá- mido compendio de toda la historia de las relaciones.
ticos mc1p1cntcs, o simplenwnte de ilustrar a ciudada- diplomáticas que cubren el período que va de 1871
nos libres. a 1914: el que generahnente se conoce por "período de
Nuestros bisabuelos conocieron una política inspi- la paz armada". Lo que, confesémoslo, no quiere decir
rada en la Sagrada Escrihua. ¿Puede enseñarse a nues- gran cosa. Ya que la paz posterior a 1920 no fue me-
tros contemporáneos una política inspirada en la his- nos "armada" que la paz anterior a 1920. Y no veo
toria diploffi:ática, en e~ sentido estricto de la palabra? que la paz posterior a 1946 sea muy "desarmada". Lo
Voy a repetir, y a reJ?:hcar. Lo que sé, sin lugar a du- importante es que este libro claro, dispuesto en la for-
das, es que esta pohtica v la historia son <los cosas ma didáctica a la moda en tíh1los, subtítulos, párrafos
diferentes: me refiero a la Íiistoria que no aísla arbitra. y apartados, se sitúa con bastante exactitud en las an-
100 101
•
típodas de lo que, para nuestros Amwles, constituye el .,o cambio más cambio ... Por consiguiente, el su-
ca mb , ' · tu's
buen libro de historia contemporánea. ·eta es el mundo, sus pasiones, sus apetitos, sus ~s cm.,
Geografía, nada. No se aprecia influencfa en el au- ~incluyendo la diplomacia? Sí, como un medm entre
tor, por poca que fuera, ni de los trabajos <le la escuela otros, uno de los medios que emplea este mun~o sa1-
geográfica francesa, ni de lo.> trabajos geopolíticos ale- ·aje desordenado, vehemente, apasionado, recorndo por
manes. Y, sin embnrgo, no está mal preservar su virll!Cl Íucr~as tan enormes que amenazan escapar, a cada mo-
cuando uno se encuPntra en contacto con estas sirenas mento, de las manos de los que las mane1an con prudcn-
germánicas, que por otra parte nunca aportan demasia- c:a; uno e.le los inedias qt1e emplea cs~e mundo, ~uros
do. No obstante hace falta saber que existen cuando se grandes motores se denominan los capitales, el ~red1to,
publica en 1945 un libro terminado en 1940 sobre estos Ja industria, los organismos d.e venta y ~e cambm! para
problemas de relaciones internacionales, que no se de- saciar sus pasiones, satisfacer sus apetitos, mamfestar
sarrollan en otro mundo. Hay que sdíalar que el sen- sus astucias. Uno de los medios. Ilay otros: la fuertil
tido geográfico, que Jacques Ancel atestigua en su tra· abierta y brutal de los ejé·rcitos, la fuerza solapada Y
bajo y por el cual intentaba renovar la historia de las roedora de la corrupción y de la prop~ganda. .
relaciones diplomáticas, es extraño a nuestro autor. Cerrar los ojos a todo esto; a!}unc1aros tra~q~1la-
Economía, nada. Oh, sí, nna palabra aquí, otra ali.\., mcnte que "las razones complejas de los acontecmucn-
alguna palabra accesoria: la economía a remolque ... tos y en partícular los móviles que han !n:1pulsado a
¿_No es por intereses económicos que, cada vez más, el los gobernantes permar,c ~en sumidos en. tinieblas que,
mundo toma partido y las potencias ejecutan su juego? tal vez no serán jamás disipadas"; hipnotizarse Y querer
"¿Cuál es el sujeto?", preguntan los profesores de hipnotizar al lector con e~m "móviles de los gober~an-
gramática cuando hacen explicar a los principiantes tcs", que no son más que _anécdota~; h.lccr como ~1 l~s
una frase de César. A. Houbaud, y con él todos los verdaderas causas, las profundas causas, l~s _causas uni-
sostenedores de esta vieja y nefasta "historia diplomá- versales, cegadoras y determinadas, no cx1~t1e:an - ~e
tica" responden: "la diplomacia". ¡No! La diplomacia refiero a las grandes revoluciones de la técmca mdu,str~al,
no es el sujeto. Y los diplomáticos no son los epítetos hijas asimismo de las grandes revoluciones de l~ tec~1ca
del sujeto. El sujeto es el mundo de 1871 a 1914, científica y generadoras de las grandes revoluciones de
El mundo. ~o digo Europa. El mundo, sus descu- la economía mundial-, e-s hacer una apuesta, una mala
brimientos, sus triunfos, sns pasiones. Ya que el mundo llpuesta. d J
se hizo durante los años en que se enumeran los con- Cuando nuestro autor, erigido en defensor ~ a
flictos diplomáticos. :\fe refiero a un determinado ré- diplomacia secreta, evoca con ternura a los ~écmc~s
gimen de vida, hasta entonces localizado en algunos dotados del sentido de la realidad, que traba1an ba¡o
países, e incluso en estos países confinado en determi- el control de ministros responsables, "al abrigo de .las
nadas regiones, en ciertos medios, un régimen de vida pasiones y de las utopías", u,no,,cre~ soña~. ¿"Al ~brigo
que repentinamente se universalizó; todos los hombres ae las pasiones y de las utopias ? Como si fuera la_ hora
de todos los países usan de todos los productos hu- d Laval de X Y Z (no citemos nombres tristes),
manos, tanto si son productos intelectuales como mate- "bajo cu/o contr:Jl" Ímpurcial,. "?bjetiv;o". y dc~int:resa-
riales: el objetivo se ha definido, liberado. Y esto implic:ci do trabajaron tan bien esos dehcrnsos tecmcos No '"amos
102 103
a continuar, Este juego apacible anterior a 1940, este Sí es sorprendente. Y mortal. Francia escogió. Es·
pequefio juego que nos 11ev6, a nosotros, a nuestros di· cogi6' Ja catástrofe. Y esta elección nadie la entiende.
plomáticos y a nuestra diplomacia, a11á donde nos llevó, Se busca a Francia allí donde debería estar y no se la
este pequeño juego ha durado demasiado, Antes de 1940, encuentra. Ju ego. oon las viejas mufiecas de su abuela
¡llldO decirse, alzando los hombros: pecado contra el sabiamente, santamente, estúpidamente. ,
espíritu. Después de 1940 se debe decu; pe<:ado contra ¡Basta! Es necesario que esto termine. Es prec1s~
Francia. No 9ueremos más. Gritaremos tan alto y tan que los franceses - y en primer lugar los que ad~n-
fuerte como haga falta. Y repelircm<>s, repetiremos sin nan a lo, otros - miren las cosas de frente. ¿Qmén,
cesar la frase de Marc Bloch: La derrota de Francia ha 11es conduce el mundo? ¿Los diplomáticos? ¿Los po-
sido, ante todo, una derrota de la Inteligencia y del ca· [íticds? ¿O bien estas dos élites cuya actllaci6n nos
rácter. muestra Chappey en su reciente libro:. aquí los, técnicos
Desde 1850, Francia, que dominaba, dirigía, orien· del espíritu, ·escritores, mtistas, moralistas; alh los téc~
taba las revoluciones en el mundo, palpahu la realidad nicos de la materia, fabricantes y negociantes, aliados
sin darse cuenta (o cuando se aperdbfa de ello, sólo lo a pesar de las pullas 9-ue a vec>es pueden lanzarse, par~
hacía para ufanarse). La revolución material había na- divertirse, aliados, umdos para gobernar el mundo des-
cido, y los franceses, atrincherado~ detrás de su vieja de hace varias décadas?
filosofía de la moderación, de la cordura, de la pruden-
cia continuaban haciendo pol:,;,_!a, sólo política y siem- • • •
pre política. "¡Abajo la Monarquía, viva la Repúblk-a!
¡Ahajo la República, viva el Imperio! ¡Abajo el Impe- "'Los partidarios del materialismo histórico intenta,»
rio, viva la República! ¡Abajo la República, viva el siempre incrementar la in.0.uencia de los factores eeono-
Rey!'' Este rey fue mariscal. Resumen un poco abre- micos en los conflictos internacionales, en detrimento
viado, pero ex.acto, de la historia de los pemamientos de los fa(!tores políticos y morales", escribe cam~ha-
y de las preocupaciones franceses desde 1848. Pensa. namente A. Rouband, en la página 212, de 3u lib~o.
mientas y preocupaciones más o menos nnánimes. Pero, ¡santo delo\ ¿qué viene a hacer a9-m el mat~na-
Sin embargo, la civilización mecánica so esparcía lismo histórico"? Y ¿qué significa este titubeo cándido:
sobre el mundo a través de oloodas sucesivas cada vez "Sin duda ... ¿Pero en fin"? El mundo es el mundo.
más furiosas. ¿Qué hacer? Saltar a su barca, empufiar No obstante, decidnos: antes de la guerra de 1914'no
los remos con mano viril, ponerse a la cabe.>.a del movi- era lo que llegó a ser de 1920 a 1940. Pero tampoco era
miento. Por Jo menos, a la cabeza espiritual. Al buscar de 1871 a 1914 lo que había sido de 1648 a 1870. ¿Por
a Francia se terminó por encontrarla, La pequeña y qué? ¿Por razones políticas? ¿Morales? ¡No!, porrazo-
brava Francia, tan cuerda, tan razonable, tan modesta nes económicas. Esto salta a la vista.
en sus viejos hábitos de otros tiempos, sentada en el y lo repito: decirlo en 1945 no es se~vir a la in_teli-
jardín de su encantadora cusa ancestral, con los dedoi; gencia y a la historia. Para un frances es sen:n a
metidos en los oídos paru no oír nada, leyendo y rele~ Francia.
yendo sus viejos clásicos. Los ma,:slro~ Je la moderación
francesa. ¿De la moderación o de la mediocridad?
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POR LA SINTESIS CONTRA LA HISTORIA-CUADRO
107
y no se hable más del asunto; pe1uütid <lt'dros que,
ron al imprimir 1932 sobre la cubierta e instintivamen- ~i esto es 1m método, es un método detest~i.ble. ,
te pensanan en 1902. ¿Por qué? º'Nada de acontecimientos". Entonct:s, ¿nos invitais
En pruner lugar, la Histoire de Russie propiamente a identificar, así, simplemente, "historia" y "aconte:i-
dicha empieza en la página 81 con el artículo de Miako- míento"? Y, majestuosamente sentados sobre este m-
tinc que introduce en la historia de la Europa oriental, menso fárrago de papeles de .1serr~11 a7:uJados (y al
alrededor del siglo vrr. a las tribus eslavas. Página 81, cabo de diez años blanqueados) con Ja am.I;na .~on q~1e
el siglo vu; página 150, ya lván el Terrible (1533-1584); impregnáis vuestros documentos, prodamais: La his-
página 267, ¡Pedro el Grande! Recapitulemos: una his- toria de diez siglos es incognoscible" ¡Per<lóul Es de lo
toria de 1.416 páginas, en tres volúmenes; 200 páginas más fácil de conocer. Todos los que ~e ocupan de ell~
para diez sig!os (siglos .vn a xvn) contra _1416 pági- lo saben, todos los que se las ingenian 1_w para transcri-
nas para dos siglos y medm (1682-1932) ... As1, cuando se bir del documento sino para rcconstituII el pasado con
lee en la página XI la frasecita de Ch. Seignobos ase- todo un juego de disciplinas convergentes apoyándose,
gurando con serenidad "se ha mantenido un equilibrio apuntalándose, supliéndose mutuamente; y vuestro de-
juicioso tanto entre los períodos sucesivos como entre ber de historiador es precisamente sostener este esfuer-
las materias de diferente naturaleza", por más que se zo, describirlo, promoverlo el máximo. p~si~I;. No se
sepa que el prologuista cultiva la ironía, no deja una puede justificar una pereza real y una hmitacmn d: ho-
de pensar que está viendo visiones ... rizontes deplorable que proclama cou g1.,sto desdenúsú:
Y lo peor es que Ch. Seignobos lo justifica. Pues si "No hay nada que hacer. .. " .
nos hubiera dicho: "¡Perdonadnos! los tiempos son.du- Todo esto se refiere al equilibrio eutrc penados. Pe-
ros, los editores son terribles, se han metido en h cabeza ro, ¿y la dosificación de "materias" como_ se dice,e.n far-
que la historia del mundo (la que es rentable) empie- macología? Hay que dedr que no es me¡or. _¡Pohtica en
za en 1900, ¿qué quiere que hagamos contra esto?"; primer lugar! Sólo hay un ~faurras q~e lo diga.·: Nues-
o incluso: "Estamos desprovistos de colaboradores para tros historiadores hacen mas que dcc1rlo, lo aplican. ~s
estos períodos que exigen verdaderos especialistas, ex- todo un sistema. Incluso, posiblemente, 1111 contras1s-
cusadnos ... " Nos habríamos lamentado porque se nos tema. Una vez más Ch. Seignobos entona el himno en
privaría de lo que más nos interesaba, de lo que tene- honor de la historia-cuadro, que es la historia-manual.
mos una necesidad más perentoria.2 Pero en fin, n0s ·He ahí a 1m hombre al que los años no afectan\ Los
hubiéramos inclinado ante la fuerza mayor. Pero, ¡nada ~utores, nos explica el prefacio (p. x), "han deseado
de esto! Ch. Seignobos defiende su postura. No nos presentar un cu,a~ro histór}c_:o d~ to~os los as,p?Ctos de
dice nada, explica categóricamente, porque no hay nada la vida rusa: regunen poht1co mtenor y pohtica exte-
9-ue decir: "falta de documentos" en primer lugar y rior· movimiento de la población y organización de la
falta de acontecimientos" en segundo lugar ... ¡Ah!, soci~ad; agricultura, industria y eomercio; letras y ar-
te, ciencias y enseñanza". Y más adelante este progra-
2, Que se reabra la pequeña obra maestra de Hcnri Pirenne ma: "Presentar separaUa y sucesiva~e.nte los. grupos
sobre las ciudades de la edad media, y se enooutrnr>, en ella, sólo
releyendo las páginas, alguuus ejemplos de la utilidad de la hi,tu-- de hecho de diferente naturaleza, poht.ca, soc1al, eco-
ria de Rusia para la comprensión de un capítul<.l de la historia nómica, intelectual". Es lo que acostumbro llamar "'el
europea medie,·:.l.,.
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sistema de la cómoda", de la vieja cómoda de caoba, PeJro el Grande. Dentro de estos límites todo funciona.
gloria de los pequciios mobiliarios burgueses. ¡Tan bien Y hay que estar contento con lo que se nos da. Es evi-
arreglada, y en un orden tan bello! Cajón de arriba, dente que, en el marco tradicional de los reinados, los
la política: "la interior" a la derecha, "la exterior" a la colaboradores de Pablo Miliukov y este mismo han sa-
izquierda, sin confusión. Segundo cajón: en el rincón bido componer un relato muy preciso y suficientemente
de la derecha, "el movimiento de la población"; en el nutrido de "acontecimientos" de la historia rusa: acon-
rincón de la izq11ierda, "la organización de la sociedad". t{·cimientos políticos, con excursos más o menos breves
(¿Por quién? Imagino por el poder político, que desde en los acontecimientos económicos, sociales, literarios y
el cajón de arriba, n.º I, lo domina, rige y gobierna todo, artísticos en la medida en que son dirigidos por la ac-
como le viene en gana.) Es una concepción, como lo es ción política de los gobiernos. Pero ...
también ~ihlar "la economía" después de "la sociedad"; Pero eso no es todo: tenéis delante de vosotros a
pero no es nueva. Cuando yo era un jovencito que iba Rusia. Yo no la conozco de dsu, como decía el otro,
tanteando como podía apareció, en la Historie de Fran- no la estudié especialmente nunca. Sin embargo, me
ce llamada de Lavisse, el Seizieme siJcle de Henri Lc- imagino r¡ue Rusia, la inmensa Rusia rural y campesina,
monnicr. Recuerdo siempre mi emoción candorosa feudal y ortodoxa, tradicional y revolucionaria ¿es algo
(¡tenía 20 afias!) cuando descubrí con horror que el autor bastante poderoso? Ahora bien, abro la Histaire de
trataba, con toda sencillez, de las "clases" sociales an- Russie: zares grotescos, escapados de Ubu Rey, trage-
tes <le hablarnos de \a vida económica ... Han pasado dias de palacio, ministros concusionarios, burócratas
treinta y cinco afias desde entonces, ¿y medimos el pro- papagayos, ukases y prikases a discreción. Pero la vida
greso viendo que después <le haber metido, triunfal- dura, original y profunda de este país, la vida del bos-
mente, la organización de la sociedad en el segundo que y de la estepa; el flujo y el reflujo <le las poblacio-
ca¡on, la Histoire de Russie coloca en el tercero ... a los nes trashumantes, la gran marea que por encima de
fonómcnos económicos? No, sino que sitúa en él la Oral se extiende hasta el Extremo Oriente siberiano; y
Agricultura, la Industria y el Comercio que seguirán a la vida potente de los ríos, los pescadores, los barque-
las Letras y a las Artes. ¡Oh, comido agrícola de Yon- ros, el tránsito; y la práctica agncola de los campesinos,
ville! Solamente, en Yonvillc, el comercio iba en cabeza; sns instrumentos, su técnica, la rotación de los cultivos,
en la Hístoire de Russic nos lo ponen a la cola. ¿No es el pastoreo; la explotación forestal y el papel del bosque
natural, tratándose de un país en el que, imagino, debió en la vida rusa; el funcionamiento del gran dominio; la
consistir prim("ramente ... en vender, tanto en el interior fortuna terrateniente de la nobleza y su forma de vida;
como en el extranjero, los productos de una agricultura 01 nacimiento de las ciudades, su origen, su desarrollo,
que trahaja tempranamente para la exportación, y de sus instituciones, sus caracteres; las grandes ferias ru-
una industria que sigue sus huellas? Historia-cuadro, sas; la lenta constitución de lo que llamamos burguesía,
C:,stos son tus golpes ... ¿pero hubo jamás una burguesía en Rusia?, la toma de
De hecho no tenemos un•! Hisloire dt.i Russie. Tene- consciencia por todo este mundo de una Rusia que evo-
mos un Manuel d'hi~toire politiquc de la Russic de 1682 ca en ellos representaciones precisas, pero ¿en qué or-
d. 1932, con una introducción de cerca <le 200 páginas den: étnico, territorial, político? El papel de la fe
a la cabeza, que aporta un Riickblick sobre la Hnsia de ortodoxa en la vida colectiva rusa y, si ha lugar (si no
llO 111
ha lugar decidlo), en formación imlivic..lual de las cons- decirlo,, satisface al espíritu: ya que en fin ~xplicar
ciencias; las cuestiones lingüísticas; las oposiciones re- la historia de la nada, ¿es una apuesta? No se pida a_ la
gionales y sus principios. ¿Qué sé yo? Sobre todo esto Histoire de Russie nada de todo esto, que es, lo repito
que se coloca frente a mí, como un interrogante, sobre una vez más, lo que llamo historia; no se le pida, insisto
todo esto que para mí es la historia mis.na de Rusia: más que un relato de los acontecimientos pohticos, vistos
casi nada, en las 1400 páginas. ¿Soy un anormal, un fe- por uno de sus actores.
nómeno de feria, un monstruo? Pero ¿y Mme. de Krud-
ner y sus relaciones con Alejandro, y la zarina que era
hija de un tabernero, y la otra que amaba hombres her-
mosos, y todo ese fárrago anecdótico? No, esto no es
historia,
La historia es lo que no encuentro en esta H41oire
de Russie, que por tanto nace muerta.
Hay que mentir por delicado que sea. Carece de
suficientes aperturas sobre el presente y el futuro rusos.
Un breve capítulo expone lo que pasó en la U.R.S.S.
después de octubre-noviembre de 1917. Hay un cierto
esfuerzo por la objetividad. Además meritoria porque
estas páginas están firmadas por Miliukov. Pero, ¿era
indicado pedir estas páginas precisamente a Miliukov
que fue actor en la tragedia? ¿De qué se trataba? De
hacer comprender. Ni más, ni menos, Ahora bien, pese
a todos los esfuerzos no hay verdadera comprensión
allí donde falta una simpatía necesaria y fatal.
Si queremos saber lo que verdaderamente anima a
1os hombres que, desde hace dieciséis años, tienen la
ruda carga de pilotar el navío de la U.R.S.S. sobre las
olas terriblemente agitadas - los hombres que se coJo.
can a barlovento, disparan andanadas, dudan, chocan
y a veces se destruyen entre ellos, pero paran el golpe
y después de todo amasan con hermosa potencia la
pasta humana-, lo preguntremos a diez observadores
franceses, ingleses, americanos u otros, que han visto y
hacen ver, que por otra parte se contradicen (¡por suer.
te!) en muchos puntos, pero se ponen de acuerdo en
otros. Y todos dejan una impresi6n de vida, de fuerza,
de acción tensa y de voluntad creadora que, hay que
113
112
8. - nBYU
CONTRA EL INÚTIL TORNEO DE LAS IDEAS
UN ESTUDIO SOBRE
EL ESPÍRITU POLÍTICO DE LA REFORMA
115
cho de los protestantes, fiU concepción del estado, su Circunscribir en el cerebru Je Lutero (¿pero Lutero
noción de la soberanía. Luego intenta determinar el es sólo un cerebro?), en el cerebro de Zuinglio, en el
lugar ·que ocupan lai: ideas individualistas en la filoso- de Calvino (y la misma cuestión prej~dicial s~ ~r~senta
fía y la eclesiología de los reformadores. Y, de nuevo, aquí también), de un ;ajo de b~s~un ,,muy !nc1s1vo el
desfilan algunos pequeños problemas: libre examen, Ji. compartimiento ele las ideas pohticas , llevarselo des-
bertad cri1.tiana, sacerdocio universal. .. ¿Puede com- pués, separándolo de todo lo que le rodeaba, de to~o
prenderse el sentimiento de malestar que experimento Jo que le encuadraba, cortando las arterias y los neTVIOS
al cerrar esh~ libro? Su tema es de los que, según los que le daban vida, y luego, describir esta cosa, muerta
gustos y los talentos, se trata en 200 páginas, sin notas, como si la vida no se hubiera retirado, no sera nunca
cuando se ha reflexionado sobre él veinte años. O bien, un método al que se adhiera un historiador! aunque,
en seis volúmenes de 500 páginas, cuando se le ha de- desde hace años, se venga aplicando esta técmca con el
dicado toda una vida.
mayor éxito académico por hombres a los que se con-
No se trata sólo de que M. de Lagarde, a pesar de
sidera (y que se consideran) como maestros. Pero al leer
toda su buena voluntad, no pueda ofrecemos más que
consideraciones superficiales sobre tantas cuestiones que sus escritos, en los cuales se inspiró M. de Lagarde, se
cada una de Piias asustaría por su amplitud a un histo- · nt"~. un malestar que confirma la idea de dqued, uno
s1e d
riador. Se trata, para mí, de una cuestión de método. tas "historiador" ... Desde este momento se Y~ e on e
Este libro está construido sohrf' un determinado número procede mi ('mbarazo al rendir cuenta del hbro de M.
de libros, seleccionados, naturalmente, y muy a concien- de Lagardr. . , . , .
cia, pero d~ modo arbitrario, ele los kilómetros de estan- Ahrase, por ejrmplo, por la pnmera pagm~. Cont~ene
terías de estas bibliotecas formidables: la luterana, la el sumario de la introducción. Y este sumar~~ empieza
zuingliana, la calviniana, por no hablar de otras. U na l: así: "Las tres fuentes del pensamiento pohhco ~e la
vez hubo leído estos libros les aplicó los recursos de J Edad ~edia: la filosofía escolástica y la teolo~1a, ~l
una inteligencia clara, lúcida y leal. Como lo dice en una ¡· derecho romano y los jurisconsultos, los canonistas .
formulación m11y limpia: "Agrupando los matPriales , ·Y qué! ¿son éstas las fuentes del pensamiento político
antiguos, intenté comprender ... Es allí donde se albergó ~e la Edad 11cdia, las únicas, y no hay otras? ¿Este
la dificultad. pensamiento sólo se nutría de libros, o mejor, ~e manus-
¿Comprender? Se puede comprender tomando direc- critos, de tradiciones librescas y de especulaciones doc-
tamente de los libros las ideas políticas de los reforma- trinales? ¿Los hombres de esta época, cmpar:dados en
dores, comparándolas, poniendo de relieve las posibles bibliotecas herméticamente <:erradas a los somdos exte-
combinaciones, sus contradicciones no manifiestas, sus riores, sólo se inspiraban en estas "tradiciones", en I.a
probables consecuencias. Pero no es a esto a lo que un enseñanza de los jurisconsultos romanos y en la tradi-
historiador llama comprender. Para él, comprender no es ción? Sé que M. de Lagarde añade: "colaboración de
clarificar, sirnpli.6.car, reducir a un esquema lógico per- las ideas y de los hechos". Sé que indica, página 13, que
fectamente claro, trazar una proyección elegante y abs- "más aún que en las univcrsi',lades, fue en los ca~pos
trada. Comprender es complicar. Es enriquecer en pro- de batalla y en las cancillenas donde se produJO el
fundidad. Es ensanchar por todos los lados. Es vivificar. nacimiento del estado". Pero hay otras muchas cosas
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m'as que ] os campos de batalla y que las cancillerías a en que se han movido los hombres, muy diferentes en
tener en cuenta si se quiere '"'comprender". si mísmos por sn nacimiento, su origen social, su for-
Y P,aralelamcnte: ¿ Lutero, Zuinglio, Calvino, 1o~ mación, su r.acionalidad, sus experiencias vividas, in-
an_abaph~tas, los campesinos, los monarcómanos, todos al cluso por su época, como un Lutero, un Zuinglio, un
m1sm~ tiempo, todos en el mismo costal, si me atrevo Calvino ... ? Y ¿,cómo "comprenderles", a estos hombres,
ª. dectr, to~os ellos son representantes de esa abstrac- si se les abstrae de esta forma de todo lo que les explica,
c1ónyersomficada, la Reforma? Leo, por ejemplo, el pe- de todo lo que nos da cuenta, a la vez, de sus profundas
queno resumen d~. historia de las págii::as 114-115: "el semejanzas y de sus radicales diferencias?
~tmdo reformado dislocado y desprovisto de orienta- Al comentar en una nota (p. 114) un texto muy co-
c1ó~ de. 1530, porque Lutero está absorbido por la or- nocido de Florimond de Raemond, YI. de Lagarde nos
gamzac1ón de la Jgfesia de Sajonia, Zuinglio es derrotado dice que "E~trasburgo era el refugio de todos los adep-
en Cappel y Estrasburgo ocupado por doctores diver- tos franceses del luteranismo". Somos nosotros los que
gentes; Y lue.~o hru~camente, cuando "la Reforma se señalamos esta curiosa fórmula. Uno no se extraña de
desmenuzaba , surg1a Calvino: "Con Calvino se abre encontrarla bajo la pluma de Josse Clichtoue o de nues-
una nueva fase de su historia ... La Reforma se reem- tro maestro Heda: era una guerra noble. Pero aquí, ¿en
prende Y se organiza alrededor de una doctrina más este libro? Todos los adeptos ... es mucho. O bastante
intelectual. Se des~c~, pero al mismo tiempo se forti.Bca. oco. Ya que, después de todo, ¿cuáles fueron los re-
R?_mpe con el espmtu del luteranismo indeciso y difu-
so , etc. Temo no comprender ya. ¿Qué? ¿Calvino fue
r.
ugiados franceses de Estrasburgo, los que cuentan? Le-
fcvre d':E:taplcs, Gérard Roussel, Guillaume Farel, Juan
¡el Hsepulturero
,, . del lutcranism,i?, G·fue e'l. , "' con sn
, mano Calvino. ¿,A cuál de estos cuatro hombres, tan diferen-
a na , qwen amortajó al bebedor de cerveza de Wit- ciados del resto, se aplicaría correctamente la fórmula
temberg? ¡Qué imaginación! Pero visiblemente M de de M. de Lagarde: "adeptos franceses al luteranismo"?
L~garde no se preocupa, en su libro, de rebus;a; los Se comprende ahora, imagino, la naturaleza de las re-
onfenes profundos, por otra parte heterogéneos, de ¡; servas, prejudiciales en algún sentido, que nos inspira
Re orma fran~esa, de la Reforma alemana, de la Re- el libro de M. de Lagarde. Reservas de instinto para un
for~a de .zunch, para emplear etnias que no son más historiador dedicado a cultivar en él el gusto y el sen-
satisfactorias ~ue las denominaciones de ecrsonas. No tirlo de diferencias específicas tan fecundas. Se me dirá
creo que se cite el nombre de Lcfevre d .E:taples a lo que he insistido excesivamente sobre un libro cuya
largo de todo el libro. La Reforma, para el autor a- concepción más c¡ue su ejecución levanta críticas, pero
rece ser una invención de Lutero del alemán T ', p críticas que no tienen nada de especial para el autor.
t'. l qu; a d ''l '
mi_ro _e suizo Zuinglio; cuando estos dos pro~
~uero Quizás. Pero hay tanto ardor y huena voluntad en este
tagomstas ~e vieron afectados por desgracias que ame- grueso volumen que uno se irrita al ver desperdiciar
1
nazaban t.1slocar a la Reforma la únic" la exd .· fuerzas que, concentradas sobre un objeto muy delimi-
1U' ·, T ' ...., us1va,
('.' - nc·,.·s ,tpar:c.10 . mm Calviyio, que la salvó por un tado, elegido sin demasiada ambición ni timidez, ha-
hf'.npo, ?l latimzarla. ¡He ah1, pues, una muv extraña brían podido producir excelentes efectos.
coJJ~epc10n para 19261 ¿Dónde está a lo larg¿ de todo En cuanto a discutir las tesis del autor, acabo de
el libro, la preocupación por los m~dios tan diferentes explicar por qué no me siento inclim1.do a admitirlas.
118 119
No soy amante de las controversias. Me esfuerzo por reformadores "se reducía, en definitiva, a sacudirse del
ser historiador. Y no incrimino las intenciones de M. de yugo romano para encontrar otro amo" es demostrar
Lagarde, sino, lo repito una vez más Sil método. Son la poca preocupación que se ha tenido de penetrar en la
treinta años que he dedicado al estudio del siglo XVI. intimidad de la consciencia luterana. Es eometer exac-
Sobre todo los temas, tan numerosos, tan enormes, tan tamente el mismo desprecio que M. de Lagarde echa
prodigiosamente variados que aborda una y otra vez en cara a los ingenuos que toman a I ,utero por "el padre
con una hermosa intrepidez M. de Lagarde, apresurado del libre examen y de la razón moderna".
por correr de Cernan a Grocio sobre las huellas de De hecho, para intcr~sarme por este choque de
Figgis: ¡no estoy falto de ideas! ¡Es tan relativamente fórm.ulas que llama 1a atención de M. de Lagarde, sería
fácil tener ideas! Pero, ¿estoy seguro de "comprender"? preciso que me despojara de todos mi.,, hábitos espiri-
No alimento una ilusión tan burda. tuales. O qQe sintiéndome conducido por uno de esos
Ideas que son sólo ideas, que tal vez sea agradable guias que sólo se encuentran una o dos veces en la vida
contrastar con las de un interlocutor atento, cuando se y que se siguen con deleite, pero no sin un secreto temor,
está en vena de discusión; el verdadero peligro reside esté tentado a sacrificar temporalmente mis escrúpulns
en hacerse trampa a sí mismo, aun cuando se apuyen de historiador a mis alegrías de literato.
estas ideas - según recetas conocidas y facilonas.:....__ en
algunas de esas citas que nada dicen porque lo dicen
todo, y que arrancadas de su medio aparecen desarrai-
gadas, como si las hubieran vaciado de su savia. El in-
dividualismo no es "el eje de la revuelta de los reforma-
dores" afirma, con campechanía, M. de Lagarde. Esta
proposición me¡arece tan verdadera, y del mismo gé-
nero de verda que su proposición diametralmente
opuesta. Flatus vocis. Se trata de comprender. No digo
solamente que hay que definir lo que se entiende por
individualismo, sino comprender a los hombres de la
Reforma. Y si se comprende en profundidad a un Lutero
y a un Calvino, si se comprende lo que era la fe y la
intensidad del sentimiento religioso que les quemaba,
si se restituyen tras las frases que profirieron, los sen-
timientos que les han movido, las ideas que los deter-
minaron; ¡de qué forma estas controversias, estos cho-
ques de ideas, estos dilemas triunfantes, todo el arse-
nal de una dialéctica jurídico-escolástica caduca en el
mismo momento en que se cree en plena prosperidad,
de qué forma todo ello, en verdad, parece ocioso. Es-
cribir que "todo el mensaje ostentoso de libertad" de los
120 121
NI HISTORIA DE TESIS NI HJSTORIA-MANUA.L
123
nes que responden desacertadamente a las ver~aderas por su cuenta nuevos caminos y de un renombrado
curiosidades pragmáticas y son incapaces de suscitar cu- profesional de la pedagogía histórica. Ambos nos ofre-
riosidades nuevas, así como de ampliar el horizonte ~e cen una historia ae Francia, con algunas semanas de
lectores cultos poniéndoles en contacto con ~l tra_baJO intervalo. Con los escrúpulos, claro, que traducen las
que llevan a ctiho los mejores productores, sden':-osa- palabras Esbozo en uno y Ensayo en otro; pero, en
mentc, lejos de los lugares donde se habla demasiado. cualquier caso, puede leerse en grandes letras negras
Da gusto oír exclamar a los historiadores !l respecto: o rojas: Historia de los franceses e Historia de la nación
"¡Se nos ignora! ¡se nos tien~ a~ m~r~en! , mientras francesa. ¿Deberíamos interrumpir la prescripción? Veá-
Jos editores atiborran a un publico av1do de que se moslo. sin prejuicios.
le engañe con "vidas novelescas", "indiscreciones de
la historia", "interioridades" y "revelaciones" adulte-
radas. Verdaderamente. Pero, en principio, vuestras crí- 1
ticas contra todo ese fárrago no parecen tener funda- í
mento. Errores, decís: el problema no es ése. Pequeños
y gruesos libros que tanto os irritan son admirablemente
' El ensayista es Julien Henda. No hay que recordar
su afición por los combates ideológicos. Esta vez el
exactos en cuanto a datos y fechas; por tanto, ¿cómo po- analista un tanto triste de Fin de rf:ternel se dirige
dría desarmar a los críticos esta corrección? Hay que a los historiadores. Como otros, les reprocha sus silen-
reprochar a esos libros que mantengan entre el públlco cios y entre tantos temas que callan les señala uno de
la ilusión de que son "libros de historia" y que la his- cierta envergadura.
toria es, precisamente, lo que esos libros contienen: ¿Cómo se ha ido formando a través de los siglos una
ilusión que c0mparten incluso sanos espíritus. 1 Y para gran nación - y en especial, esta nación francesa con
que vuestros reproches tengan efectivida~, d:béis hacer más de veinte siglos ya de desarrollo histórico-? No
historia vosotros mismos, verdadera historia, no en- se trata solamente del problema del patriotismo sobre el
cerrados en las bibliotecas y con veinte especialistas, cual seguimos sin tener más que d"eclamaciones o in-
sino ante el público, en público. Se os pregunta por el dicaciones mal entramadas. Se trata del problema fun-
pasado inteligible, por la humanidad viva y verdadera: damental de la nación afrontado a toda costa y con un
dejad de ofrecernos mementos escolares. vigoroso impulso. ¿Quién forjó la nación en el yunque
Tengo ante mi dos pequeños volúmenes con formato de los siglos? ¿Sus jefes y sus reyes como se dice a
de novela.2 Obras de un ensayista q1w intenta descubrir menudo? ¿O la totalidad de sus miembros, formando
cuerpos y grnpos, animados por una oscura, pero po-
l. ¿Habrá que recordar les niidosos ataqu<"o de Paul Valén
(Heg 11 rd.! sur le monde acwel. 1831) digamos conltá la historia?
tente voluntad colectiva? "La formación actual de los
Valen contra lo que el gran público llama historia, pero ,',rs e.so la franceses como nación - responde el señor Ben da -
historia? En este punto radica el verdadno problema. es el resultado de una vol.untad que tuvieron, y que
2. Julien J\ESDA, Esquis.se d'une hi.<toire des I•ran('ais d,ms tuvieron tempranamente (pág. 16), y no, como enseña
leur colon.té J•,iitre une nation, París, Gallimard, 1932, 271 p;\g~.
en 16.º. Charles SETcsoaos, llisloire sincere de la naHon frcm{:aise, una cierta escuela, de una serie de transformaciones
enai J'une histaire de l'évolutlon du peuple fran,;a~,. París, Rieder, efectuadas por elios, como mecánicamente, bajo la pre-
XJI-520 págs. sión de fuerzas externas y al margen (al menos durante
124 125
mento que hace crecer la pasta humana - es necesario
siglos) de cualquier tendencia, incl~so inconsciente, ha,. que el individuo se sumerja de nuevo en el grupo, lo más
cia el organismo qi.ie nos presentan , rápidamente posible, que se reincoipore al grupo; y en
Ya se ve la amplitud de la proposidón Y todo lo q~c: ese caso hablamos de repliegue o retroceso utilizando
en ella se encierra. Pero J. Benda no tiene la preten~1on el lenguaje c...'Otidiano. Repliegue que el temporalmente
de volver a trazat los hechos en detalle. ltl no es h1.sto- evadido efectúa por sí mismo, por medio de sus discí-
ri~dor y lo dice agudamente. ¿Su proyecto? !nqujet~r pulos o a través de su doctrina que la masa, tras un
a los historiadores; obligarles a hacer el traba10 que el rechazo más o menos largo, seguido a veces de una
esboza y, pdnclpalmente, hacerles comprender s~ .ne· aparente aceptación literal, sólo asimila, por último, des~
sidad Habría una forma absurda y desleal de cnhcar pués de haberla modificado, repensado a su modo y
ce libro:
su . desmontarlo página por p á" ~ma, .con 1a aspc - hecho todo Jo asimilable que es posible, precisamente,
rt:>za del pequeño comerciante de h1.sto~1a que teme para la masa ...
la. competencia legítima, que es la s1g~1~mtc: rcoog~r Y soy todavía menos de los que os dicen con inge-
sil esbozo, trazo por trazo, apro?ar, cr1t1car, corregu, nuidad: todo lo que vive y cuenta én la historia de la
modificar ... Fero eso representana c,~bozar l'º~ cuenta humanidad data del "comienzo de los tiempos moder~
ro ia una "historia de los franf.!escs , ~os .hm1larem?s uos", Croo haber entendido un poco nnestro siglo XVI.
~l e~amen de métodos Cideas al gue nos invita el proa10 ~ Pienso que si he podido dar una representación plau-
autor. Cree él que su tesis (pág. 32),. encontrar~ c!s sible en algunos puntos sobre el siglo XVI ha sido porque
clases de opositores; aquellos para qtuenes l~ h1~t~na siempre he reaccionado con todas mis foerzas contra
es sólo obra de intlh,iduos; y los que declararan: ~ale la idea pueril de que era ""un oomienzo".
a los tiempos modernos; pero para la E<lud Medta _?' Mí actitud es simple. Quisiera pensar que es la
bA1ta Edad Media y los orígenes: no Y mil veces no · actitud propia del historiador. Ante mí hay una tesis.
:Perdón, pero yo pido que se me inscribll en una tercera Una tesis metafísica, se precisa:1 Me importa poco, Por
categoría. h' , " 61 1 mi parte, sólo veo en ella una hipótesis de trabajo. Y
Yo no soy de esos para quienes la 1~tor1~ es s O \ me pongo a la tarea con mis útiles y mi técnica de tra-
obra de individuo!.", En mi opini6n, la h1sto.m. es obra
de los individuos y de los grnpos, pata dewlo de una 4. '"Ern vo!uut11d de una eokcdo',u de hn11)\¡rrs qui' ro asi,
manera muy general. El individuo hístórfoo - lo he milo a una voluntad indi"frlnal, la <·1,11! trascitnde lin ~oluntades
explicado en otro lugar el persottnfe hist6ríco más de su, parh•s, .. "~ fundamentalmenlf' un pr(,dudu dd poder de abs--
exactamente, se desarrolla en y por el gr«Po· llay ~no,. tracdón ,fo mi r_spíritu, una noción de ol'tlé"n mctafisi,:O. Exislt" nc-
f'<'S~riament<c en todo hombre qlle haLla <le la hi~toria de Francia,
mentas en que se separa del grupo y le muestra caminos de la voluntad secular dt:< Fronda ... aunque In:, que emp],;au C\e
nuevos. Pero para Ifevar a cabo su obra - la de un fer- !fn!(uaj,; profesan ,, ,-ect:<-; rl mayor de\procio hacia la~ nociones
abstrnutus y pretendt:<n 'no t•rm(>e(lr más qu<:1 lo& hechos. El Un!eo >'íl•
3. L.'ludi\Jldualité en hi3tofre, fo ;>.ir!Otl,1t1ge h111totique ('froi· for de ~'sic e.icrilo es qu!r.1i que siendo mt'tM15ko en ,H, sabcmo!l que
·eme Scmalne intemationafo de Synth(lse), Pads, Ak,rn, 1933, llls ,vmos" ('flenc:la, p¡\g . .'.19). Seiialemos simplemenfr, de pasada,
" 16 • 123-138 Rneuerdo también todo Jo que se ha ap1>rtado que entre la, <los iórmula, "la !,i~torfa de 1''uucia" y "la \'oluntad
en . , PI?· · ¡ h . .;. ·
al problema de las ,dadoute~ entre el persou!i e 1s,.,,1co Y
]!\ ,;-01~~·
• weular de Fra11t:l11" hl\Y unu. r·e:.uri. l.;\) do,; n<1 plantMn p:robk.
ti id d en historia en Ul'I dPMl>t, Marlin LutJwr (Plld~, Rkdcr, rniu idéntico!,
19\ , ', en 16"·
~ . , 3•,tdki6n
, , l'ar!s , l'.l'.f',, 1951, en 8,").
127
126
é? E n palabras mayores. El
bajo. ¿Por o clontra ,qute· ¿~ºa¡~º qué condiciones, hbtó· las únicas inteli{!iibles para generaciones enteras de esos
problema es C siraien ' , condiciones puede con- franceses que 'han hecho a Francia": sumisión a los
ricamente hablan ºru'.Yó~n _qu~s¡)onde a una realidad? señores naturales, respeto religioso a la persona sagra-
siderarse que una p ests ,
da del rey, parejos sentimientos sobre c:ostumbres, ha-
• • • blas, concurreMias, devociones, etc?
Analice una vez más. Trace exactamente sus cua-
dros de ausencias y presencias. No está usted ante la
"'Yo creo - diet< usted - q ue
. la voluntad
1--entede
en for-
los B~'finge. No será. devorado si no eneuentra 1a palabra,
.6 · tió en Frapcia no 50ll«J•
mar una nae1 n exis si los modernos, sino mucho Pero su trabajo será vano, su estocada no encontrará
tiempos modernos, en los ,. ed lldad" de sus con~
,. "S cía" y la · mc·r u más que el agua clara, si n?s P!de a lo.~ hí.~toriadores
antes .
tradictores unocreen , ortancia
tienen 1mp . · Muéstrenos cómo pu· que resolvamos problemas históricos a base de afirma-
do
O
no pudo ocurrir Y
"Yo no tengo más P
1~::r~mJ:ga usted_ (pági·
g, n los historiadores, pa·
cione,~ lógicas - o incluso, mediante llamamientos a los
antiguos fondos de una "psicología de la nación" que
130 131
si nuestras historias de la unificación son principalmente mientras que en nuestras universidades nunca se ha
historias politicas, diplomáticas y militares eso se deba conseguido (si se hubiera pensado en ello) disuadir a
a rp1c las masas, los hombres "oscuros y anónimos'' sean un "no apto para la historia". ¿No es motivo de es-
particularmente difíciles de conocer en la intimidad cándalo para muchos exigir, ante todo, "el don" del
de sus sentimientos. 7 ¿Hay que pensar que estamos más
seguros cu.ando se trata de los grandes y que es nece- ,¡ historiador?
Primero espíritu, después cultura. La historia no
sario distinguir lo que puede moverles en un sentido se hace sin un mínimo de conocimientos positivos per-
o en otro - ambiciones territoriale~, rencillas familia- i fectamente adaptados a las necesidades del historiaaor.
res, relaciones de clientela, herencias de lealtad o re- Y tampoco - añado - sin un material del que nadie
belión? 1 tiene derecho a dar preventivamente un inventario limi-
En realidad, los historiadores se callan porque los
textos no les proporcionan respuestas completamente '' tativo, porque precisamente una de las formas de elec--
ción de la actividad histórica consiste en multiplicar sus
elaboradas. Porque están demasiado acostumbrados, no elementos, en descubrir que cuando no se tienen textos
a sacar de los textos lo que éstos no les proporcionan puede sacarse mucho provecho del estudio agudo de
de entrada, sino a tomar lo que les ofrecen y tal como los nombres de los lugares, del examen comparado
se lo ofrecen. Si en los archivos de los departamentos de ciertos grupos de palabras, o incluso de la forma
hubiera expedientes constih1i<los administrativamente en que estén repartidos distintos tipos de sepulturas,
por los prefacios del tiempo d_c Felipe Augu_sto o por los de la expansión de un modo de construcción, de los
procuradores generales del tiempo del Lms XI y que nombres de santos que llevan las iglesias, de ritos reli-
llevaran de manera visible la inscripción .. estado de la giosos, de formas jurídicas, de ceremonias y costum-
opinión pública", hace tiempo que los historiadore_s bres y qué sé yo cuantas cosas más. Hay que ser
hubieran tratado el problema con esa espec.:ie de soli- ingenioso. Ser activo ante lo desconocido. El trabajo
citud indiferente con que aceptan los temas tal como propio del historiador es suplir, sustituir y completar.
se les ofrecen. Pero es muy cierto que los historiadores El historiador sólo tiene un objetivo. Saber es sólo
son, muy a menudo, pasivos ante los documentos y un comienzo. Juzgar, no-. Prever, aún menos: Se trata,
que el axioma de Fuste! na historia se hace con textos) efectivamente, de comprender y hacer comprender.
acaba por revestir para ellos un sentido deletéreo, por
predicar la pereza de espíritu y la pasividad.
La historia se hace, en..,primer término, con el sen- II
tido y el apasionamiento por la historiP; cop ese con-
junto de aptitudes especiales que califica por sí solo El libro del ensayista precedió en un año al libro
para el buen ejercicio de un oficio inteled:ual. Y no del profesor. Al ver este ú1timo en los escaparates uno
deja de ser extraño que esas aptitudes se reconozcan podría decirse: "Vaya, ¿se habrá conjuraao la mala
cuando se trata de un matemático o de un filósofo, suerte? ¿Por fin un historiador con conocimiento de
causa contesta a la pregunta de Julien Henda?" Se
7. E:~a es sin embargo la opinión de Ch. Scignobos. Ver más abre el volumen. Quisiera decir con toda sencillez por
adelante d 1."'Shozo ele una discusión. qué una vez leído algunos se vieron obligados a con-
]32 133
fesar que se habían equivocado, que en lugar de una grafo. Entre paréntesis, epíteto por epíteto, yo hubiera
verdadera ..historia" se trataba una vez más de un preferido que Seignobos intentara proporcionarnos una
manual escolar muy hábilmente hecho por lo dem~s Y Historia cordial de la nación ff'tlncesa. Pero no nos ha
convenientemente tradicionalista, que, en fin, el libro dejado alternativa. Y ya que él va a cosa hecha, por
con que soñaban sigue estando por escribir. C?n to~ qué no decirle abiertamente: "¿Qué nos importa a no-
sencillez y sin la menor reserva mental por m1 ~ · sotros su sinceridad?"
por encima del libro, l? que yo atae;o no es a ~n ~s~ La sinceridad es un asunto entre su conciencia y
toriador, sino a una cierta concepción de la histona, usted mismo. Usted que habla de ciencia y de espíritu
una concepción que durante años, a travé~ de sus fun- científico, abra uno de esos excelentes libros en que
ciones su influencia personal y sus escotos, el seó.ar toda la finura de una sociedad pulida y cortés parece
Seign~bos ha defendido con potentes. medios; 8 una condensada en fórmulas exquisitas; abra los Synonymes
concepción que yo rechazo con todo m1 ser ~ a la ¿ue franfois del buen abate Girard, que yo nunca devuelvo
considero responsable en parte de esa espeae de ,es- sin agradecimiento a su Jugar correspondiente en la
crédito, injusto y justifi.ca.do a la vez, en. que ha ~1d? biblioteca; podrá usted leer allí: ..La sinceridad impi-
con mucha frecuencia 1a historia a los OJOS de los lai- de decir cosa distinta de Jo que se piensa. Es una vir-
cos". Una cierta historia, de la cuaL precisamente, tud•., Pero, precisamente, la historia no se preocupa
Seignobos ha venido a darnos en el libro que nos ocupa de 1a "'virtud• en quienes la hacen. Y usted desvía el
una nueva y significativa muestra. . problema. ¿Es un deber no decir cosa distinta de lo
Vamos, pues, a allanar dificultades y tratar rápida- que se piensa? Quizá lo sea del hombre privado, pero
mente dos o tres cuestiones que uno no debe des.pre- ¿con respecto a quién y a qué?; con respecto a sí mis-
ciar ni amplificar. Ya se adivina que se trata en prrmer mo; a sus '"opiniones": en definitiva, con respecto a su
lugar del título. Título desagradable - Y. pido perd6~ Yo más personal y más claramente individualizado, a
al autor y a su c6mplice, Ch. V. Langl01s, cuyo testi· su Yo militante, enteramente comprometido en las
monio póshtmo aquél invoca-. ¿Lanz6 u~ moda el pasiones del siglo, en los lazos del o.Scio, de la clase,
sabio profesor de la Sorbona? ¿Veremos manana a ~- del partido político, de la religión o de la incredulidad.
toine Meillet anunciar, rivalizando con él, una Exposi- Será usted •sincero", pero con respecto a usted mismo,
ción sincera de los caracteres generales de las lenguas a sus formas privadas de pensar y de sentir (Littré art.
gennánicas o a Georges Dumas anunciando un Tra- Sincero: "'el que expresa con verdad lo que piensa, lo
tado sincero de las emociones? Poseemos ya una Geo- que siente ..). En realidad, es el peor de los subjeti-
grafía cordial de Europa, pero no es obra de un ge6- vismos. S~ usted oondfr!o_ frente a los documentos que
utiliza, frenté a los hechos con que -trabaja, pero no
8. Lo cual, entre paréntesis, hace ba6tanle snrpreudente sn.s sea sincero en el sentido en que Littré de:6ne, tras el
recriminaciones contra ía versión de la historia de Francia reci- abate Girard, la inoportuna palabra que usted emplea.
bida en la enseñanza" (pág. 12). Porque, al fin Y al cahn, durante
años ¡08 manwiles Seignobo.s tuvieron en la ens!"iianza .una gran 9. Utilizo la edición de París, 1780, aumentada por Beauzée
audiencia y enorme posibilidad de introducir en el espíntu de los (dos volúmenes en 12.•); el articulo Sinceridad (comparado con Fran-
niños una versi6n satisfactoria - quiero decir que satisfa¡¡:a a Seig- que=, Candidez, lngenufrlaá) se encuentra en el tomo primero,
nobos. pág. 386 (articulo 341).
134 135
l!:se es el mayor servicio que se puede prestar a una ~ontra los invasores extranjeros". ¿Un comandante en
historia del espíritu científico. Jef~ de las tropas interaliadas, en definitiva? Entonces
cali6qu~os a Vercingetorix de "héroe polinacionaI de
• • • los ~alo! y n? hablemos más. Los "'patriotas retros·
pe~vos pod~an ver en ello una promoción y la sin-
Historia "sincera" y por tanto "intrépida": la pen- ceridad de Srngnobos se llenará de satisfacción.
diente de las virtudes es deslizante. Escuchemos lo que Tenem?s también el caso de Juana de Arco ... Es-
dice Ch. Seignobos en el prólogo: hablará "sin ret~- taba preVJ.sto. ¿Encarnación del patriotismo? ¡Vamos
cencias, sin deferencia alguna hacia las opiniones reci- ho,mbre! Eso son bobadas a lo Michelet, que no tení~
bidas sin consideración hacia los convencionalismos ofi- 1
~et~d?. (Lo que no impide que la única Juana de Arco
ciales: sin respeto por los personajes célebres y las ,·! mtehgi.ble con que contamos siga siendo hasta el pre-
autoridades establecidas". La gran promesa. ¿Resul- sente la Juana de Arco de Míchelet.) ¿Juana de Arco?
tado de tanta audacia? Tres o cuatro ingeniosidades Una partidista sin más (pág. 201). "Su lealtad se diri~
en 520 páginas. . gía al rc,r de su partido más que al rey de la naotón
Aquí tenemos a Vercingetorix. en el Mont-Aux?1s. francesa. Lo que. no es nufvo y sí simple; tan simple
Siempre alerta, Charles Seignobos trepa por el ~nste que apenas lo entiendo, As1 es que si uno de los par-
pedestal del vencido de Alesia y se dedic~ a trra~le tidos, _el borgoñón, hubiera aparecido como aliado de]
audazmente de los bigotes (pág. 30). ¡Un heroe nac~o- extran1ero, ¿no hubiera sido precisamente ése el de
nal! Para otros. ¿De qué nos sirve el invento de "patrio- Juana? Pero lo que yo no entiendo es, ante todo, eso
tas retrospectivos"? No había "nación" en la Galia en d.e rey de un partido, rey de la nación. Lo que yo qui.
tiempos de Vercingetorix: afirmación perentoria que, s1era sab~r es qué representaba en aquella época el rey
evidentemente, basta para echar por tierra las concl~- de _Francia en la común opinión de los hombres. Ahí
siones contrarias de una Historia insincera de la Galia radica todo el problema.
a la que, como todo el mundo sabe, consagró su vida Por9ue. a un historiador no se le exige (salvo en
Camille Jullian. Puesto que "los galos no forma~on los penóchcos cuando se le hace una entrevista; pero
nunca una nación", Vcrcingetorix no pudo haber sido en ese c:iso no se trata ya de historia) que responda
el héroe nacional de los galos. q.e.d. con un s1 o un no a la pregunta de si Vercingetorix y
No parece que en este punto Seignobos t;nga. u1!~ lu~na de Are? merecen el título de "'héroes naciona-
idea precisa de lo que debe entenderse por nac16n . ; es ·. Se l~ ex!ge que explique cada uno de esos per-
naturalmente, tenía que sacar partido de esta preci- s~na¡~s h1st~nc.os. No es"'culpa mía si el profesor de
sión, como vamos a ver, a la hora de hacer el proy~cto h1stona.. m~ mc1t~ tras lo metafísico" a pensar de nue-
de su libro. No hay que prnguntar tampoco lo que de v.o en remtencm ~nt~ el extranjero". Lo que yo qui-
verdad" fue Vercingetorix. "Un jefe de Arvernos que _s1er!l saber es que ideas y sentimientos, sin duda,
había servido en el ejército romano", respondería Sei- rad,~a~ente ~iferen!es de nuestras actuales ideas y
gnobos (pág. 30) y que al estallar u~ "levantamiento se~tmuentos, 1mprím.~a esta fórmu~a en el espíritu de
general" en la Galia ( general, no nac10TU1t, está claro) los galos su.blevados generalmente contra Roma. y en
acogió la petición de acaudillar "una liga en guerra consecuencia, ¿qt1é encarnaba el jefe común de esa
136 137
resistencia? Y también ¿qué ha'bía tras la lucha de los q_ue entiende por nación-. Dice Seignobos: "He que-
.. Annagnacs" de los tiempos de Carlos V"!1 ..
contra ndo hacer un esbozo de historia de la evolución del
las bandas al servicio del rey de Inglaterra ? En de- p_ueblo francés", Por tanto ¿puehlo francés igual a na-
finitiva, lo que yo pido al historiador es que me ense_ñe CIÓn francesa? ¿Es asf, con seguridad? - "Mostrar en
lo que animaba en la lucha a Juana y sus comp~e- qué momento, en qué lugar y por qué motivos se crea-
ros, lo que significaba para ellos el rey que combatian ron las costumbres, las instituciones, las condiciones de
y el rey que defendían. Y si el historiador no pu..ede vida que, en mi opinión, constituyen el fundamento
satisfacer mi curiosidad, que diga par lo menos: He de la nación francesa ... " ¿No estamos lejos del sentido
investigado. Aqui están los problemas que me he plan- que Beoda da a la nación, en plena "historia de la
teado. No he descubierto nada; quizá mañana otro, sociedad" o de las sociedades que constituyeron los
con más suerte..... franceses de todas las condiciones, de todos los estados
Hay que dejar la puerta abierta siempre. Y poner d~. t~das las cul~as en éP?cas diversas, con el fuert~
las cosas en su sitio, no echarlo todo por tiena. Hacen ding1endo al débil, como dirían los fiscales? Pero in-
falta programas para realizar encuestas y no ingenio- cl~so esto ¿es así, con seguridad? En cien pasajes,
sidades para molestar a X... o cantar las cuarenta a Y... Se1~o?Os pone ~e maniHesto ºIll!, concepción muy ma-
La sinceridad es cosa de usted. Sentido histórico es lo yontana de su nación francesa . Es la masa la que
que hace falta. Quiero decir, un esfuerzo constante, le preocupa. En virtud de un razonamiento singular v
tenaz, desesperado para entrar y hacer entrar al lector que revela la más extraña concepción del papel de Ia·s
en la propia piel de los hombres de antaño. ideas y de la forma en que éstas se propagan, Seigno-
bos sacri.6ca las artes, las ciencias y las letras.u Ofre--
••• aquellos sitios donde los hombres consiguen hacérselos producir".
138 139
ce, en cambio, los hechos de la vida cotidiana: ¿no burguesía, los citados capítulos dejan ver demasiado
constituyeron siempre "el interés principal d"? la vida que el autor no ha seguido el trabajo intenso (y muy
de la enorme mayoría de los individuos"? Entonces vivo en sus sucesivas profundizaciones, retrocesos, con-
¿qué? Uno se pierde en todo eso. ¿Historia de la nación, tradicciones y ampliaciones) que· se ha ido haciendo
del pueblo francés, del pueblo de Francia o de las sobre estas cuestiones un poco en todas partes, pero,
masas populares? ¿Es un buen ejemplo esa zarabanda, principalmente, en Bélgica con H. Pirenne y sus dis-
desde el principio, en un libro destinado a la educa- cípulos; en Francia mismo con Georges Espinas y al-
ción pública? gunos otros (a pesar de la abstención, denunciada fre-
cuentemente, de nuestros historiadores universitarios).
• • • Ante todo, los prejuicios tan claros como "sinceros" de
Seignobos le llevan a pintar a veces con extraños colo-
Al margen, hay también algunos puntos sorprenden- res a sus héroes colectivos. Cuando, para tomar un
tes. Y que se multiplican desde el momento en que ejemplo entre veinte, afirma que "el noble sólo se in-
entramos en la Edad Media. teresaba por sus tierras en cuanto que fuentes de ingre-
A Ch. Seignobos no le gusta la Edad Media. Está ~os ", ese acceso de materialismo económico larvado ha
en su perfecto derecho de hombre privado, si no de de desconcertarnos por fuerza. 12 Y lo mismo cuando
historiador. La considera pueril y se compadece por traza (pág, 177) el siguiente cuadro de "la vida en las
su "ingenuidad"; el epíteto se repite hasta la obsesión ciudades" en el siglo xvrrr: "La vida urbana difiere
en las veinte líneas que dedica a la religión de los profundamente en esta época de la vida en el campo.
hombres de la Edad Media (pág. 186): fe ingenua, El cerco que defiende a los habitantes contra el exte-
trasposición ingenua; imaginación ingenua. En conclu- rior les obliga a vivir apiñados en un espacio muy redu-
sión: cristianismo ingenuo. Me hace desconfiar. Cuan- cido ... Apenas salen de él; el campo no tiene nada
do resolvemos la cuestión así, con una palabra, ¿no que les atraiga (?), está desprovisto de casas (?) y ár-
seremos nosotros los ingenuos? Pero dejémoslo. Hace boles para poder vigilar los alrededores; en el campo
tiempo, cuando salía de las lecciones de ~ustel, el no tendrían seguridad; ni siquiera hay ninguna huella
señor Seignobos se ocupó de la Edad Media en una que muestre que iban a pasear al campo". ¿Se ima-
tesis sobre el régimen feudal en Borgoña. Me pregunto gina Seignobos hasta qué punto este esbozo deja es-
si esto de ahora no es peor, Nunca se olvida lo que se
ha creído saber por los alrededores de la treintena; y 12. El "noble", dice (y espero que no se trate de una de esas
para tratar hoy las cuestiones ,que ocup~ban a S~i~o- abstracciones personificadas, como ",.\ francés" o "el alemán" ante
las cuales, .,egúo nos cu,.ntao sus alumnos, el maestro tenía fobia, el
bos hace cincuenta años ¿cuantas noc10nes reC1b1das "noble" ¿debedamos traducirlo, supongo, por ··el seiíor"? Pero
en los años 80 y 90 no habría que olvidar? perpetuar de e¡la manera una confusión deplorable no es la fonna
Así pues, los cuatro capítulos que el autor dedica de educar a su público, Y ante todo ¿en qué se apoya esa fórmula
por orden de precedencia a los villanos, a los nobles, tan tajante? "El noble sólo se intert"saba por su dominio en cuanto
a los burgueses y a los clérigos, safüfactorios si se les posición estratégica", la afirrn,wión sería tan plausible - y tan gra-
1
tuita - eomo la de Ch. Seignobos. Por una vez ¿no habrá el pru-
data en 1895 o 1900, no están ya al día en 1933. En dente profesor "colmad" las lagunas .. de sus conocimientos, .. me-
particular en lo que se refiere a las ciudades y a la 1 diante razonamientos fundados <'U g<'lat"rulizacioncs imprudentes"?
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t
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tupefactos, incrédulos y desconcertados a los lectores explotar ~os tres o cuatro jornales de tierra, lo más
que saben cómo, aun en el siglo XVI, ciudad y campo ~rea posible de su pueblo, que les proporcionaban su
se penetraban íntimamente en lugar de volverse la es- trigo y su "bebi~a" y, si era posible, su cáñamo para
palila, y que se representan en esas ciudades ya rela- la ropa? ¿He sonado yo que en la ciudad subsistían
tivamente "modernizadas" el continuo vaivén de las amplios espacios vacíos, los jardines, los cercados los
aves domésticas, de los perros, de los caballos, el paso prados y las viñas? "El campo no tiene nada qu; les
de cerdos revolcándose en plena calle, la reunión cada atraiga." Quizás estéticamente no; hay que vivir antes
mafiana por el pastor comunal de los rebaños de la de contemplar y, como suele decirse "la belleza no
ciudad o del barrio y su retorno par la tarde a través se come con cu~hara": Pero lo que p;oduce el ~mpo
de calles estrechas entre el ladrido de los perros y los atrae y mucho. ¿No iban al campo a pasearse? Evi-
mugidos de los animales? Para no hablar de la espera dentemente. El camping no data precisamente del si-
desde el amanecer, ante las puertas aún cerradas, de glo :°u. Pero iban a "laborar" (lnbaurer),° en el viejo
los vendimiadores con la azada al hombro, de los bur- sentido de la palabra; y a negociar; y también a reco-
gueses con sus aperos en la mano que, una vez des- ger, ~n abril, las majuelas y las violetas. ¿Quién puede
pertado el centinela y bajado el puente levadizo, mar- considerar cerrados ante lo que denominamos el senti-
chan hacia las viñas y los huertos mientras que los do de la na~raleza a esos hombres que modelaron,
campesinos, en un movimiento inverso, llegan a la ciu- para de~ectación de sus contemporáneos y glori.6cación
dad con sus haces, sus frutos, sus gavillas de paja. de un dios creador de bellezas naturales las siluetas de
¿Es un sueño mío que en aquellos tiempos en que el guad~eros y segadores de los calend~ios de piedra
numerario, tan escaso, se extraviaba muy poco en las que existen en nuestras viejas iglesias? Y mientras tanto,
faltriqueras del común, el ideal de los pequeños bur-
gtteses era necesariamente, no aprovisionarse en los gran- adentrnban en esos tenenos forestales que constituían en el seno
des almacenes (¡más bien escasos!} y gastarse en ellos de un país como Francia <c"nonnes colonias de población. Entre
otras mil, dedico a Ch. Seignobos esa frase qne ponía yo ayer
el dinero que no tenían, 18 sino poseer, explotar o hacer de manifiesto en la tesis de un ¡eó~afo, M. DEFFONTAINES, sobre
los hombres Y sus trabajos en las comarcas del Garona medio.
Concluía un largo estudio con esta fórmula, "Un país repoblado
13. Ch. Seignobos dedica a los hechos monetarios algunas
sin cesar'', ¿Quién de nosotros que conozca una región de Fran-
anotaciones esporádicas. Pero quedan al margen de su texto y de su
cia no la haría suya? Desde luego, no voy a ser yo, hijo del Franco
espú:itu. Seignobos no piensa económicamente. Desde el punto de
Condado y del Jurn (el Jura, esa colonia poblada en el gozne de
vi..'lta doctrinal, sus intentos en este campo no han sido felices; en el
v_arios '.nundos). Y para colmo, <c"TI cuanto a añadir que el campe--
terreno de los hechos ni siquiera se puede hablar de intentos. Mos-
smo, s1 hubiera tenido dinero y,., los consejos del profesor de-
trarn.os al campesino medieval (sin ninguna otra especificación)
partamental de Agricultura habría podido mejorar sus cultivos en
como "encerrado en el horizonte de su pueblo, privado de cualquier
el si.gl'.' xm, mientras que antes se nos ha explicado más O menos
posibilidad de cambiar su condición, sin dinero ni conocimiento para
prec1p1tadamcnte (pág. 130) el sistema de las servidumbres agra-
mejorar HUI! cultivos.. , es amontonar en do1 o tr~ Une~ una ex-
rias (aun.que parece claro que no se ha realiuulo en su espíritu,
traordinaria cantidad de anaw:oni..'lmos. ¿Estaba el campesino "en·
cenado"? ¿Es que Ch. Sei¡nobos no encontró nunca en los textos ¿representa eso una contribución a la ntenslón de ideas sanas y
justas?),
ese prodigioso ejército de v11¡abundos, fugitivos, errantes, nómadas
que conlan por los campos, frecuentaban los bosques, respondían • Juego de palabra~ de <lifü•il traducción. Lobomer síguifica
al llamamiento de lo!l que se dedicaban a las roturaciones y se a la vez "labrar'' y .. trabajar". (N. del T.)
142 143
Jtleditando ante sus cofres cerrados con candados, los "¡Oh maravilla, historia sin protagonistas! ¡Si bus-
grandes mercaderes debían soñar en los señoríos que cáis a Mirabeau en el capíh1lo dedicado a la Revolu-
un día adquirirían ... ción no le encontraréis. Tampoco está Danton; ni Car-
¿Divorcio entre ciudad y campo? ¡El bello tema not, Vergniaud, Desmoulins, Hébert .. .l ¡Qué magní-
de historia oomparada, 14 la hermosa ocasión perdida! .6ca osadía!"' Grandiosidad aparte, es cierto. Pero antes
Sería necesario poner el dedo en la llaga para creer en de exclamar "milagro" recordemos que Seignobos hizo
esa profunda diferencia que, desde este punto de vista, sus primeras armas bajo la enseñanz.a de Fuste!. Y que
separa a un país como Alemania donde las ciudades, ya el autor de l.,a Cité antique enseñaba que el único
aislándose efectivamente y amurallándose celosamente, agente de los fenómenos sociales es la multitud, aun
brillan poco en un campo llano, extraño por completo cuando la democracia no haya acabado de acostumbrar-
a las ciudades, debido a su estatus político, a su de- se a saludar en él a uno de sus padres. Y uno puede
recho, a su incultura, y que se venga haciéndolas im- cerrar las Institutions de l'ancienne France sin "haber
potentes, y un país como Francia donde los campos se ' aprendido nada sobre Dagoberto, Carlomagno, Ludovi-
urbanizaron tan pronto y asimilaron lo que pudieron ! co Pío o Carlos el Calvo. Ni siquiera su nombre.
del derecho urbano, creando esta civilización relativa- Pero, ¿y la preocupación por los hechos de la vida
mente homogénea y coherente que fue desde los pri- cotidiana - hechos que Seignobos enumera, por lo de-
meros momentos uno de los trazos distintivos de nues- 1 más, de una forma un tanto singular: alimentación, ves-
tro país. timenta, hábitat, y luego, costumbres familiares y ...
!i
No, la Edad Media, en verdad, no coincide con la el derecho privado, en apéndice-? Ciertamente, ha-
visión de Charles Seignobos. bría mucho que hablar sobre la forma en que son no
presentados sino enumerados por un autor que se diría
• • • deseoso de dejar cuidadosamente en la ignorancia a sus
lectores sobre todo lo que preocupa a su alrededor a
Además de las interrogaciones y las exclamaciones, geógrafos, historiadores, economistas, folkloristas, juris-
¿no debería haber también sobresalientes al margen? tas en pleno trabajo. "El campesino habitaba corriente-
Con seguridad. Pero yo no los colocaría donde tantos mente una choza pequeña, húmeda, sombría ... construi-
críticos competentes - periodistas, políticos, moralis- da muy frecuentemente con listones (?) de madera y
tas y demás - nos han enseñado que conviene ponerles
cortésmente.
:j arcilla, etc." A eso es a lo que conducen (pág. 140)
'I cincuenta años de estudios sobre el hábitat en Francia,
todo lo que sabemos sobre la extrema variedad de las
14. A despecho de afirmaciones teóricas, Ch. Seignohos (y eso formas, de la disposición y del modo de construcción
rn, nos sorprende en absuluto) no ha C'Unseguillo de ninguna manera
zambullir de nuevo la historia francesa en la gran bañera de la de las casas rústicas en las distintas partes del país,
historia occidental en la que hubiera habido que dar al público todo el complejo de apasionantes problemas que se
la impresión de que dicha historia se baña, !miándose de un libro ·1 plantean a este respecto ... ¿Podría pintarse con otros
de vu!gar:izaci6n y educación popular. Releamos el discurso de Pi- colores al campesino y la choza en el momento del ro-
renne sobre la historia comparada y la exposición de :Marc Jllod1
sobre las condiciones de esta historia (Re~ue de Synth!Jse Hislorique,
manticismo deshonrado de Seignobos?
tomo XLVI, 1928). Continuemos: "El campesino se alimentaba princi-
144 145
;Q. - TER\'ilE
palmente con gachas, pan negro, centeno, legumbres linarlamente hablando, hay algo más que la Francia del
muy poco variadas, tocino y queso", Gachas, sí; pero aceite y de la mantequilla (¡cuántas cosa~ ha~ria que
¿y las sopas? (de cocciones ácidas o dulces). Pan, sí; decir sobre la mantequilla!); que en Francta existen re-
pero ¿y las simples galletas? Y además .¿gachas de qué? giones culinarias lo mismo que regiones lingiilsticas ...
Me inquieta una frase: "legumbres muy poco variadas". o regiones vegetales.
Así es como queda enmascarado ese importante hecho Dicho esto, añado: no, la preocupación par las co-
de la historia de la alimentación como es la disminución sas de la vida cotidiana en un historiador Irancés no
constante del número de plantas alimenticias recolecta- data de 1933. El viejo Monteil (Amans·Alexis), para no
das en un mismo lugar. Un amplio esfuerzo de simplifi- remontamos más lejos, exploraba y~ estas tierras d~s-
cación y mejoras ¿no condujo poco a poco al hombre a conocidas cuando componia, a partir de 182~, su Hu-
despreciar un número progresivamente creciente de las toire des Fraflfllis de divers états. Y más próxuno a no-
plantas a recoger, o áe plantas cultivadas con menor sotros y a nuestros métodos, el excelente Rambaud,
valor; a reducir a una sola, el trigo candeal, la numerosa cuando compilaba su Histoire de la civillsation fran·
variedad de cereales panificables utilizados antigua- raise, de la que tanto aprendí yo cuando tenía catorce
mente; y Bnahnente, a remplazar las gachas de mijo años.
y alforfón, las ga11etas y sopas de toda especie, todavía
en pleno uso en Francia en el siglo XVIII, por una alimen- • • •
tación cuyas bases vegetales son el pan de trigo y la
patata? Todo lo cual coincide con un movimiento in- Hechas estas reservas, en el libro de Seignobos hay
verso, cada vez más rápido: 1a creación de una amplia cosas buenas, No grandes cosas. Quiero decir que no
red de circulación mundial que lleva a la mesa, no so- hay esas amplias hipótesis que, agrupando mi~es de
lamente de los ciudadanos ricos, sino de los obreros y pequeños hechos dispersos, los aclaran me~ante su
los campesinos, provisiones cada vez mayores de legum- aproximación y suscitan todo un fecun~ traba10 de ve-
bres y frutas nuevas que llegan de las cuatro partes del rificaciones, destrucciones y reconstrucc10nes; o sea, la
mundo. vida propia de una ciencia y de sus cientill.cos. Hay, en
A fin de cuentas, retroceso, estabilización, ampliación, cambio, pequeñas reflexiones incisivas, fonn~ en el
progreso cualitativo, Todo eso es lo que usted debería cuño de un buen sentido, un tanto corto, vigoroso Y
aecirnos y esbozar su esquema. Y cuando usted señala cáustico en sus límites. La forma y el tono son a me-
la aparición de los ferrocarriles debería dedicar al me- nudo más negativos que positivos y más descorazonad-o-
nos una palabra a señalar que éstos condujeron progre- res que entusiastas: es el sino de Seignobos. Sus buenas
sivamente a los franceses a no vivir exclusivamente en hadas madrinas no le han querido indicar alegremente
los límites de su tierra. Y cuando usted habla de la Edad los caminos nuevos, ni excitar a los viajeros a la osadía,
Media deberla dedicar una palabra, una sola, a decir ni ¡:a_ los aventureros a los descubrimientos. Burlarse del
que la alimentaci6n francesa no es uniforme y exclusiva- entusiasmo; enseñar que al poner un pie delante de otro
mente francesa; que los hechos capitales desbordan los se corre un gran peligro (caer en un hoyo, hacerse un
límites de Francia - y que, frecuentemente también, esguince, romperse la nariz.,.) y por último colocar pas-
no se extienden por toda Francia; que alimenticia y cu- tes de alerta a todo lo largo del camino real de los es-
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tudios históricos (y especialmente en las encrucijadas te se han formado otros tantos que no han sido durade-
Y en las bifurcaciones); "'¡Atención, peligro de muer- ros y que nosotros despreciamos porque la historia sólo
te!" Todo eso, sí es su triunfo, Que no es demasiado. tiene en cuenta las conquistas ¿Cómo y por qué, a pe-
Así pues, ahora podemos ir directos al hecho. Sei- sar de tantas "ofertas", como hubiera dicho Lavisse, a
gnobos no escribió en absoluto un libro por el vano pla- pesar de tantos intentos fracasados de naciones franco-
cer de gastar papel. O yo me equivoco totalmente sobre inglcsas, o franco-ibéricas, o franco-lomb~rdas, o fran-
su intención, o se propuso crear un libro de educación co-renanas, entrevistas como posibles, o mcluso a ve-
popular susceptible de amplia difusión. ¿Hay que su- ces realizadas temporalmente en los hechos, cómo y
poner que se trata al mismo tiempo que de un libro de por qué, repito, la formación de la Galia, después de
educación, de un libro de iniciación a la historia, a sus muchas tormentas consiguió siempre reaparecer y rea-
métodos, a su espíritu, a su objeto? ¿Qué decir de la grnpar en torno a un germen (cuya. noción fecund~
Historia sincera, considerada desde este doble punto de no aparece en ninguna parte en el hbro de Ch. Se1-
vista? Que es, en verdad, desconcertante. Y en primer gnobos) los membra disiec!a que !?s acontecimie~tos _que
lugar por su conformismo. Porque este libro es tradi- nosotros calificamos de azares se habían d1soc1ado
cional de cabo a rabo. 1 r, temporalmente del conjunto? En efecto, ¿no hubo en
Seignobos se ha inspirado para la concepción de su eso más que "la determinación mecánica de aconteci-
tema en el dominio r.úblico. A lo largo de todo su li- mientos externos" o bien, por el contrario, deben tener-
~ro hace de Francia ·algo ya hecho", un lecho predes- se en cuenta otros factores como los que J. Benda quería
tinado que con todas las mantas providencialmente arro- sacar a la luz? E incluso cuando hahlamos de franceses
padas, desde la primera página de la llistoria sincera, desde .el umbral de una llamada historia "de Francia"
espera que el elegido se acueste en ~1. Y sin embargo, y cuando seguimos hablando de ellos a lo largo de esta
¿he soñado yo que hace treinta años Vida} de la Blache historia, ¿tenemos razón? ¿No deberíamos preocuparnos
en su Tableau planteó magistralmente el verdadero pro- por decir quiénes, son esos franceses en cada époc~
blema: investigar cómo y por qué regiones heterogéneas, y por precisar a que llamamos franceses en una determi-
a las que ningún decreto nominativo de la Providencia nada fecha, a quiénes excluimos de Francia y cuáles
designaba para que se unieran en un determinado con- eran los sentimientos de los excluidos, de los franceses
junto, acabaron, sin embargo, par formar ese conjunto, separados en los puntos importantes que estamos con-
que, en sustancia, captamos por vez p::-imcra en los tex- siderando?
tos d~ César que designan a partir de sus "límites na- Es cómodo escamotear un problema. Pero sigue exis-
tura1cs" una Galia, prefiguración aproximativa de nues- tiendo la C'nestión que hay q11e enunciar si quiere darse
tra Francia? al pí1 b1ico i'ma lección real de independencia de espíritu.
Pero formar un conjunto tal es mucho y no es nada. Es el problema que Vida] planteaba c,º:11º gran ge6gr~-
Porque no sirve mas que si se mantiene. Podrían haber- fo y Henda como apremiante metaf1S1co. Y que Sci-
se constituido cien conjuntos diferentes, y temporalmen- g;nobos ha rehusado plantear como historiador. Porque
fa misma noción de :problema le es tan extraña como
15. Indiqu<cmos simplemente que, ni pum,rse a la venta, uua repugnante la de hipotesis. Nueva fidelidad a las ideas
faja promeHn en cada ejemplar: "'La Vndad ~onlrn la Tradici6n". de siempre.
148 149
I;a ,virtud cardinal del historiador es el sentido del Y EN TODO ESO
movumento, Negarse a tomar como postulado una es-
pecie ~e necesid~d perpchta de las naciones y de las ¿DÓNDE ESTÁ EL HOMBRE?
formaCiones políticas cuya permanencia de derecho se SOBRE UN MANUAL
supone a través de lo~ siglos. Gusto por la vida que no
e~ más 9.ue construccmnes y demoliciones, reuniones y
dislocac1ones. Aun siendo flntiguo, ¿no está lleno de
~uen sentido ese texto que recuerda tíln bien al histo~
nadar la perpetua relatividad de su labor?: "Las socie~
dades perecen; de sus ruinas nacen sociedades nuevas·
leyes, oos~mbres, usos, hábitos, principios incluso: tod¿
ha cambiado... Francia debe recottponer sus anales
para relacionarlos con los progresos ele la intelige11cia" Machacamos. lnsisthnos. Damos la impresión de
¿Es efo el espíritu mismo de la historia? Sí, y de6níd~ estar irritados. ¿Contra hombres? Claro que no. Los
por Chateau'Eiriand. hombres ejecutan con plena consciencia el programa que
se les ha trazado y que ellos han aceptado. flacen la
historia que se les ha enseñado a considerar como his-
toria. Pero esa historia para nosotros es inoperante,
\ : ¿Cuesti6n de método? ¿Cuestión de temperamento, trun·
bién? En cualquier caso, conflicto claro, oposición abier-
ta entre dos escuelas.
Pues bien, aquí tenemos otra vez uno de esos ma-
nuales que tan a menudo provncan nuestras :reservas.
El título es atractivo: Dé1Mcraties et capítolisme.
¡Cuántos probletnas! ¡Cuántas reflexiones trágicas, en
verdad, solne esos dos tomos de extensión desooncer~
tantel ¿Cuántas lecciones críticas y positivas podrían
'•' darse a los jóvenes e incluso a los viejos, si por casua-
lidad, atraídos por las promesas de un bello título
abrieran L'On ferviente curiosidad este grueso Ubro de
•• aspecto simpático?
Abrámoslo, pues. Si no me equivoco es el penúlti-
:1 mo de los volúmenes que faltan para eompletar la OO·
l¡ lección Peuples et Civilisations. 1 Trata de Europa y
{1" 1, P11ris, Ptrm1s Universit11ires, 1941; 640 pÚll:ft, cu 8." (Col.
PeupÚ!$ "'' Cfollúatloru, vol. XVI).
150
¡1 151
del mundo entre 1848 y 1860. Y lo hace como un ma- traicionarla no se trata <le un libro de historia, sino
nual. Con prejuicios y olvidos igualmente singulares de un man~al, un manual más, todavía un manual. En
(en lo que respecta al objeto de nuestros propios estu- el mal sentido de la palabra. Pero, en.~· ¿_no hacen
dios). falta manuales? Aclaremos. Fara los mnos de las es-
No es que pase por alto el lugar que corresponde a cuelas hacen falta libros clásicos. Los sabios autore.~
la economía. Describe Ia "revolución de los transpor- que moviliza la colección Peupl~ et CioilisatiO-ns no
tes" y los progresos de las técnicas industriales; anun- trabajan en absoluto para esta clientela. Para ella ad-
cia el advenimiento del crédito; pero de la estructura mito libros de lectura bien hechos y mementos_ pre-
social de los pueblos y de las naciones ni una palabra. cisos con la condición de que todo lo que ensenen a
Las cosas sí, por supuesto. ¿Los hombres?, ¿qué se les los ~os desemboque en la vida. Y si reú~en hecho~,
habría perdido en los talleres de Clío? que sean pocos, pero bien escogidos, de tmport~~cia
Así, pues, ni una palabra sobre la evolución de las al exJ,licados a fondo , de verdad. Con la condición,
burguesías en un período tan rico en hechos sociales. re, 'bl
ante to o, de que no busquen, sino que proscn an .. as
Nada sobre la evolución de las masas artesanales y fórmulas, las horrorosas fórmulas que se aprenden de
obreras de la misma época. Nada sobre el conflicto memoria" y dispensan para siempre a los per82:osos el
vivo y carnal de las ideas que encarnan en los hombres trabajo de juzgar por sí mismos, pesado trabaJO ~nte
y en sus pululantes y contradictorias agrupaciones. el que la mayoría de los: hombres retroceden obstma-
Cuenta, enumera, recensiona incansablemente. Una damente ... En cuanto a los jóvenes de 17, de 18, de
muestra, página 201: las "calderas de Belleville" y los 1() años que empiezan a estudiar en las facultades; y,
"recaientadores Farcot" perfeccionados por la Socie- con mayor razón, en cuanto a los hombre~ hechos Y
dad Industrial de Mulhouse, y las turbinas de Tour- los profesores que preparan sus cursos, digo resuel~
naire, los "motores de aire caliente de Ericson, 1862, tamente: no. A cada cual lo suyo: hay ya algunos lo-
y de Franchot, 1853, de débil potencia" y "los motores gros en la colección Clio (al7unos, no to~o~; pero los
de gas que, inventados en principio por Lebon, en modelos existen). Lo que incita o puede tnci!ar a pen.~
1801, alcanzaron aplicación industrial con el motor de sar, a buscar, a leer, eso sí. Pero manuales cerrados
Hugon, en 1858, y principalmente con la máquina ho- y cuya ambición se reduce a describir todas las cosas
rizontal de Lenoir, en 1860". Yo me pregunto qué desde fuera, con el mayor número de detalles, vista
pueden tener de inteligible esas letanías - un nom- la situación: no, no y mil veces no. ,
bre, una máquina, ,ma fecha; una máquina, un nombre, y advertid que lo que es verdad rra la economta
una fecha - para un lector cuyo cerebro no se re- no es menos verdad para el arte. E autor de! libro
duzca por completo a una memoria mecánica. Enu- encuentra ante él a Courbet. Cito textualmente: Cour-
meraciones. Pero ¿dónde se pone en claro el nuevo bet, liberado de toda prudencia por su entusiasn:io re-
papel que asumen las máquinas en la vida de los hom- volucionario realiza en 1846 los Casseurs de pierres;
bres? Y ¿cuál es ese papel? Y ¿cuántas máquinas hay en 1850, el Enterrement clOrnans (devolvámosle\ pun-
proporcionalmente? Y ¿r¡ué rendimiento tienen? En tillosos su verdadero nombre: el Enterrement a Or-
definitiva, a pesar del título cuya belleza parece como nans); 'en 1851, las Demciselles de vill.age; en 1853,
si todo el contenido de la obra estuviera hecho para los Lutteurs, luego, en 1854, las Cribleuses de blé Y el
152 153
Rencontre; en 1855, el Atelier". Courbet, liberado de raciones de historiadores sin ideas, sin pensamientos,
toda })!Udencia ... La f6rmula es curiosa. Yo no creo, sin exigencias intelectuales y que se nutre de nom-
de verdad, que un Courbet se haya desembarazado del bres, títulos y fechas, Generaciones que repiten y re-
peso de sus obras por "imprudencia" o por "entusias- petirán, impávidas, perpetuamente, comenzando sus
mo revolucionario". Pero aejémoslo. ¿Y Jos títulos y lecciones o, por desgracia, sus libros con esas fórmu-
las fechas? Ya tenemos también a Courbet tratado de 1
las magnffi.cas en las que se encierra la sabiduría y
la misma manera que la máquina de vapor. Títulos, -1 la filosofía de la Escuela: "El periodo que vamos a
telas y fechas, fechas, telas y títulos. Mañana, el joven estudiar continúa al que le precede y anuncia el que
Durand, de Mende, que jamás vio un Courbet (ni tam- le sigue. Periodo notable par lo que suprime, pero
poco un recalentador Farcot) y el ¡·oven Dupont, de también por lo que establece", etcétera. ¿Exagero? Por
Béziers, que está bien dotado para a historia (dotado desgracia, no hago más que citar (p. 1): "El período
de una memoria caballuna, se defiende mal en francés, que se extiende de 1848 a 1860, aproximadamente, ha
en 6Josofía, en latín, en griego y ni se aclara en mate- dejado su huella en Ia historia (?) no sólo por lo que
máticas, Jo que irremediablemente le consagra a Clío, destruyó, sino también por lo que empezó a cons·
ese ganapán de quien nadie quiere saber nada), futuros truir... En este sentido, el movimiento de 1848 perte-
"historiadores"' ambos, leerán, releerán, repetirán en nece al período anterior y lo concluye. Pero es también
voz alta con furioso celo esos ocho títulos y esas ocho un comienzo, está orientado el futuro". ¿Por qué no
fechas; "et le s~auront si bien que, au coupelaud, le publicar una buena edición muda - quiero decir con
rendront par cueur, :\ revers". Perfección gargantues. las fechas y nombres en blanco - de esos textos y dé
ca. Pero el joven Martin, de Castelnaudary, más astu- algunos otros bajo la halagüeña rúbrica de Ideas ge.
to, se dedicará, quizás, a aprender en otro libro al- nerales (o incluso, si se prefiere, de Filosofía de la his-
gunos tirulos y algunas fechas suplementarias. Porque, toria)? Cada cual podría llenar a su gusto los espacios
~ fin y al ~bo, ¿por qu~ no esta otra lista courbética: en blanco. Ya estoy viendo al historiador de Ram-
El Portrait de Baudelaire de 1845; el potente Berlioz sés II, Sesostris, empezando: "El periodo que se ex·
de 1848; el Homme a la ceinture de cuir de 1849; el tiende degde ... hasta aproximadamente ... ha dejado su
Homme lZ la pipe de 1850; Apres.Díner lZ Ornans de huella en la historia", etc.
1849; las Baigneuses, 1853; la Roche de dix heures, Después de eso, cómo sorprenderse de la cólera y
1855; y Hallali, 1858"? Otras tantas obras maestras:
ocho contra ocho. Y el cazurro de Martin, muy capaz
¡; la ironía de tanta buena gente que al estudiar historia
creen encontrar en libros de esta especie la satisfacción
(¡vaya si está dotado!) de contaminar las dos listas, 1 de sus curiosidades; hecha la experiencia, se irritan
pasará delante de los azorados Dupont y Durand y al ver que tantos esfuerzos, dinero y buen papel im·
será el primero en conseguir su licencfatura, ¡cual Nues- preso no conducen más que a propagar esta filosofía
tro Maestro Janotusl Porque ¿no es la regla del juego - esta concepción de una historia papagáyica sin mis·
decir todo lo que se sepa sobre hechos, nombres y terio y sin vi3a -; una historia donde no se siente ya
fechas en diez líneas o en dos páginas o en diez, según (para detirlo con palabras de Paul Valéry, al que ten·
el escantillón del examen? go que citar, adrede) "ese suspenso ante lo incierto en
Así es como se fabrican y se perpetúan esas gene. _ que consiste la gran sensación de las grandes vidas: la
154 155
de las naciones ante la batalla en que está en juego sas. Esas cosas que los manuales no dicen nunca y que,
su destino; la de los ambiciosos cuando ven que la hora por tanto, hay que proclamar diez veces mejor que
siguiente será la de la corona o la del cadalso; la del una: "El hombre, medida de la historia. Su única
artista que va a descubrir su escultura o a dar la orden medida. Más aún: su razón de ser". En nuestras vie·
de que se quiten todos los puntales y apoyos que sos- jas casas del Franco Condado, cuando yo era joven,
tienen aún su edificio". ¡Y si sólo fuera esto! había siempre en el fondo de la alcoba de los viejos
Vuelvo a coger el libro, Ausencia total de hombres. un D10s SOLO, enmarcado en negro. Los Amwles están
Despreocupación absoluta por lo que fueron, su for- muy dispuestos a mandar fabricar para uso de los his·
mación, su carácter, por su psicología. El ser humano toriadores tantos Ilm.mRF-'> SOLOS como haga falta para
que siente, que piensa, que sufre, que actúa, que go- su satisfacción personal. Vamos, ¿quién se apunta?
za ... Eso aquí ni se usa. En tres o cuatro ocasiones se
menciona la intervención de un tal Marx; o, en otras,
los libros de un cierto Comte. ¿Para qué interesarse
por los hombres que tenían estos nombres? Títulos,
nombres, fechas, fechas, títulos, nombres: es la res·
puesta que sirve para todo. Alguna vez, sin embargo,
una fórmula. Aquí están, enumerados, los últimos es·
critos de Augusto Comtc: "El sentimiento vuelve a
encontrar un lugar junto a la inteligencia, y el amor
llega a guiar la acción". El Amor guiando a la Acción
y el Sentimiento volviendo a encontrar su lugar en el
hogar de la Inteligencia: dos hermosos temas para me·
dallas, en verdad. Pero yo me digo que para Dupont
y Durand, seducidos, hay muchas posibilidades de que
esas palabras tan sorprendentes hagan durante toda
su vida las veces de Augusto Comte - y retumben en
el vacío de sus cerebros sin cultivar - en una nada
de pensamientos y experiencias. Y esto es lo que me
asusta. Porque toda pedagogía va lejos y la de la his·
toria más lejos que otras, acaso ...
En resumen: Ausencia de los individuos en tanto
que tales. Imposible distinguir entre los cualquiera y
los muy grandes. Acumulación de mediocridades sobre
las cuales uno se pregunta qué tendrán que ver con
la historia. Murger, Laprade, ¿quién más? Vamos, una
vez más, y no será la última; una vez más, y sin citar
personas (hay que decirlo), repitamos esas grandes CO·
156 157
CONTRA EL ESPÍRITU DE ESPECIALIDAD
UNA CARTA DE 1983
159
cias frente al mapa inmutable y la "fotografía-testi- tanciales y locales de elementos a menudo asociados
monio", etcétera). Es difícil, sí. Y no se trata de hacer- arbitrariamente. Romper los cuadros abstractos, ir rec-
lo mecánicamente (aun cuando no haya que desdeñar to a los rroblcmas que el hombre no especializado
la ingeniosidad mecánica), sino intelectualmente. Tan lleva en s mismo, se plantea para sí mismo y para los
difícil que no se llegará a la perfección al primer in- otros al margen de cualquier preocupación escolar, al
tento. ~ero la Encyclopédie e~ una obra en perpetua margen de todo "espíritu de botón", como se dice en
évolucwn y que se completara, retocará y rehará ca- la marina: tal es mi objetivo desde el principio, des-
da año. de la primera nota redactada ele prisa y corriendo en
. Finalmente, tercer argumento (y aquí las divergen- octubre de 1932 y que es el germen de la Encyclo-
cias son evidentes). Me dice usted: "En todo eso ¿don- pédte. Es así como se hará sensible a todos la unidad
de ,está la geografía?" Mi querido amigo: la geografía del espíritu humano: esa unidad que oculta la abun-
esta en todas partes y en ninguna. Exactamente como dante reproducción de las pequeñas disciplinas con-
la historia del arte. Exactamente como el derecho. Exac- tentas de su autonomía y aferradas desesperadamente
tamente c?mo la moral. Exactamente como ... No sigo. - también ellas - a una autarquía tan vana en el do-
¿,P?.r qué? Porque no hago una Encyclopédíe des minio intelectual como funesta en el campo económico.
scicnces. Hagamos unos y otros, cuando haya ocasión, tratados
He rechazado con energía, con violencia incluso, y manuales de nuestras respectivas ciencias: es una
ese punto de vista. Punto de vista que el año pasado necesidad J?ráctica. Pero sófo tendrán valor humano
me encontré, representado por un notable filósofo: cuando esten animados por el amplio espíritu de uni-
nos había aportado una completa clasificación de las dad científica que, precisamente, la Encyclopédie quie-
ciencias y pedía que, una tras otra, todas las ciencias re proporcionar y proporcionará.
que él había recen.5ionado (y allí estaba la geografía, Esto es un pensamiento de siempre. Y no traiciono
la moral, la lógica, la metafísica, el derecho, la estéti- ningún secreto diciéndole que si me he lanzado a la
ca, etc.) tuvieran en la Encyclopédie su pequeño o tarea de la Encyclopédie con todo el impulso que toda-
gran capítulo, en el cp~e una vez más se expandie- vía me queda es porque en ello he visto el medio
ran la~· ?elle~s del esRmtu de f'Specirdista. No, no y no. - que bruscamente y de la forma más imprevista se
Aqa1 reside tambmn el quid de nm•stra discusión. me proporcionaba - para servir las ideas que defiendo
Estoy de acuerdo con todos aquellos que no dejan desde siempre y que, cada vez más, hacen suyas cien-
de repetirme en todo el día: ·'¡Sea mtc<l duro! Ni una tíficos que piensan sus ciencias en el marco de la
sola concesión al espíritu de Pspecialidad que es el ciencia. No, la geografía humana en cuanto tal no fi-
espíritu ,,<le la muerte en el actual estado' del trabajo gura en la Encyclopédie. Repito su fórmula final y los
humano . Estoy de acuerdo - me atrevo a decirle - votos que expresa, para traducir mejor mi pensamien-
conmigo mismo, cuya vida toda, cuya acción toda ha to: no, mi querido amigo, la geografía humana no en-
estado hasta el presente dirigida contra el espíritu de contrará nunca "su casita independiente en el edificio
especialidad (vea, en último término, mis Annales enciclopédico". Ni tampoco la química, la botánica,
d'Histoire économique et sociale). Y por ello he dicho: etcétera. Eso sería la negación misma del programa,
no, ciencias no, nada de esas combinaciones circuns· del proyecto de Encyclopédie. La Encyclopédie no es
162 163
CONTRA LOS JUECES SUPLENTES
DEL VALLE DE JOSAFAT
CAMILLE DESMOUUNS:
¿HISTORIA O REQUISITORIA?
165
Esas pocas citas, que co:eio de la introducción, nos recíprocamente. Ya es hora de acabar con esas in-
ponen tn la pista sobre el clima" de la publicación. terpelaciones retrospectivas, esa elocuencia de aboga-
Se trata de una de las más científicas, serias y pro- do y esos efectos de toga.
fundas. Nos proporciona una edición crítica de un El historiador no es un juez. Al terminar su reedi-
texto minimizado a menudo y siempre gustado; una ción del n.º 1 del Vieux Cordelier (p. 48), Albert Ma-
edición ~,llida, bien anotada, copiosamente atiborrada thiez anota: "La finalidad de este número es poco
de apéndices - que yo, personalmente, hubiera pre- modesta. La pretensión de Desmoulins de ser un pen-
ferido ver agrupados y fundidos en un todo, en un S'ldor es risible, etc." Sea. Pero después de haber leído
estudio aparte, pero que, en cualquier caso, están este pasaje del n." V del Vieux Cordelier (p. 164):
llenos de utilidaa y saDer -; apéndices que proyec- "En un momento de guerra en el que he perdido a mis
tan la luz más penetrante sobre las circunstancias de dos hermanos mutilados y destrozados por la libertad
la publicación, su interés, su alcance, sus efectos y, ¿qué es la guillotina, sino un sablazo y el más glorioso
µrincipalmente, sobre el verdadero sentido político de de todos para un diputado víctima de su valentía y de
la causa a la que sirve. su republicanismo? Y cuando en la parte inferior
Dicho eso, me repugna a la vez ese tono de fiscal de la página encuentro esta anotación: "Al leer este
que adopta perpetuamente un historiador - Mathicz - fragmento de bravura es penoso evocar la actitud de Ca-
envuelto en el ropaíe de sus virtudes cívicas y arro- mille Desmoulins en el momento de su ejecución", me
gándose un derecho de juicio retrospectivo un tanto siento molesto moralmente. Y, sopesando mis palabras,
infantil, en cualquier caso bastante desconcertante, yo también digo al predicador ae la modestia de la
puesto que no se funda en nada más que en su pro- página 48: "Seamos modestos. No juzguemos". ,En
pio sentimiento: "Acusado Desmouüns, levántese ... primer lugar, porque cuando hacemos historia no es ése
¿Qué tiene que decir en su defensa? Pretende usted nuestro oñcio. En segundo ...
que la libertad (n." VI, p. 187) es cla fraternidad, la Cobardía, valentía, valentía, cobardía: palabras,
santa igualdad, la apelací6n sobre la tierra, o al me- esas pobres palabras que os parecen tan clara.~ y tan
nos en Francia, a todas las virtudes patriarcales>, pero simples ¿creéis que, humanamente, se las puede ma-
¿está justificado hacer el elogio de las virtudes patriar- nejar con tanta certeza? Yo sé de muchos hombres de
cales?" (sic; nota 5, p. 187). mi generación que una vez hecha la experiencia (una
No sigamos adelante. Toda una generación de his- experiencia que le ha faltado a Mathiez) hllll perdido
toriadores se resume en esos pasos. Una generación para siempre las ganas de pronunciarlas cual Fouquier-
de historiadores que poniéndose en pie, como el fis- Tinvilles de melodrama.
cal de una película policíaca, se deaica a exigir las No, el historiador no es un juez. Ni siquiera un
penas más severas contra los actores o los comparsas juez de instrucción. La historia no es juzgar; es com-
de la historia en nombre de una moral que varía en prender - y hacer comprender. No nos cansamos de
sus principios y de una política inspirada unas veces repetirlo. Es el precio que cuestan los progresos
~r la ideología "de derechas" y _otras por la ideología de nuestra ciencia.
de izquierdas": los .6scales de izquierda se indignan,
~n buena fe, por lo demás, contra los de derecha y
166 167
ésa es la verdad, Que pretende ser a la vez "materia-
lista con Marx y místico con Michelet". Cosa 'iue no
es del todo exacta; Jaurfls escribió únicamente: Nues-
lI tra interpretación de la historia será, a la vez, mate-
rialista con Marx y mística con Michelet"; y me di-
rán: "Por lo menos eso no es tan malo, ya que Mi-
UN LIBRO EXASPERANTE SOBRE LA REVOLUCIÓN
chelet - y el señor Daniel Guérin nos lo dice en la
página 370 y tiene razón al decírnoslo~ "supera por
Me envía usted algo nuevo. Nuevo realmente nue- su genio en cien codos a todos los historiadores de la
vo. Gracias. Pero ¿es a usted a quien corresponde pre- Revolución". Pero hay que estar en el ajo. La colusión
gonarlo desde los techos con grandes kikirikíes de gallo de Michelet y Marx es un incesto; por fuerza ha de
desgañitado? Si es verdad, lo veremós perfectamente. engendrar bastardos. Seamos puros.
Y lo diremos. Si usted nos deja decirlo en paz. Aún podríamos decir que con JaurCs hay ciertas
¿Es a usted a quien realmente corresponde pro- deferencias ... relativas. Pero veamos Mathiez. ¡Pobre
clamarse, implícitamente, el único inteligente y el úni- Mathiez1 Un imbécil o un vendido. Igual que los otros.
co clarividente? ¿el único digno de ser leído, enten- Sin lugar a dudas, ha intentado vulgarizar "lo que
dido y ªf,robado? Y ¿cree usted legítimo presentar esta ha llegado a entender" (pág. 376) del método mate-
simple a ternativa: ''imbéciles 0 vendidos" a los des- rialista -pero escogiéndolo-. En efecto, "lo que ha
graciados que le han precedido y que, pobres, no tie- comprendido del método materialista" es lo que .. ofre-
nen ni sus dotes evidentemente excepcionales, ni su ce menos peligros para la clase dominante". La idea
heroísmo ciertamente sobrehumano? de un Mathiez trabajando para molestar lo menos po-
Autor de un libro exasperante sobre Ja Lutte de sible a la clase dominante os provocará un ataque de
classes sous la premil?re République, el señor Daniel risa; pero estáis equivocados. Ni siquiera intentéis su-
Guérin empieza por recordar a sus antecesores (pági- gerir; "Era inconsciente, pero lo hacía de buena fe ... "
na 368) que Trotski les cali6caba de "falsificadores". Intransigente, el señor Guérin os dirá: ¡Buena fe, ya
Y va una. Figura de retórica ciceroniana, decía Panur- no queda por estas latitudes! En el fondo a todos esos
go. El señor Guérin, por su cuenta ya, les trata de historiadores demócratas hay que meterlos en el mis-
tunantes empedernidos que, "astutamente", intentan mo saco. "Dominados como están por sus pasiones",
"sacar de 1a Revolución francesa la justificación de su todos sufren "la presi6n de sus intereses de clase",
dominación de clase". Sí, y eso vale para todos. Todos ¿Buena fe, mala fe"? El psicoanálisis - uno lo esperaba
esos historiadores demócratas que (pág. 369) no con- y sufre al no verle entrar en acción hasta la tardía
siguen liberarse del "capullo de la democracia bur- página 338 del tomo II -, el psicoanálisis ¿no ha hecho
guesa" (¡bravo por el capullo!). En primer lugar, Jau- desvanecerse todas esas distinciones caducas? La ver·
res; ese falso socialista que nunca rompió "el cordón dad es que todo historiador de la Revolución que no
umbilical que le unía a la democracia burguesa" (pági- sea Daniel Guérin "miente". Quizás inconscientemente
na 371). Que nunca consiguió - ¡pobre hombre! - en tanto que hombre privado; pero en tanto que hom-
más que "digerir en parte" el método materialista, bre de clase "miente intencionadamente para servirla
168 169
mejor" (pág. 388). Así pues, no iréis a pretender que .. no tiene nada que ocultar" (pág. 389). Y ¿ellos? Tie-
Mathiez (para volver a él), "funcionario de la III Re- nen las manos llenas de verdades, pero nunca las
pública, leal servidor de la democracia burgesa" (pági- abren. De manera que causan "a la ~istorla" (¿y quién
na 378) no se haya vendido en cuerpo y alma a la clase es esa dama?) un perjuicio "cuya importancia no es
dominante. ¡No faltaba más! En cuanto a Georges Le- posible determinar", En definitiva, esos mentirosos "nos
febvre, tampoco él (pág. 379) "se libera enteramente engañan".
del capullo de la democracia burguesa" (¡dichoso ¡Oh! el señor Guérin es acomodaticio. Si uno se
capullo que puede servir tantas veces sin gastarse!); lo pide con buenas maneras consentirá en decir: "Se
se debe saludar su esfuerzo, claro está. Pero "lamentar engañan o nos engañan" (pág. 388). Fórmula que le
su timidez" ... parece "menos descortés con respecto a maestros
¿Su timidez? ¡Puro placer para un hombre del si- que ... ", etc. Pero, querido señor, tratar a esos maes-
glo XVI como yo! Ya había un "tímido Lefebvre" en tros de falsarios con Trotski; y después de mentirosos;
la historia. Ahora tenemos dos, Al de 11:taples, al que y más tarde de fabricantes de alusiones, oscuras "por
desde hace cuatrocientos años todos los doctrinarios prudencia"; escribir que les cogéis "en flagrante delito
protestantes de estricta observancia censuran por ha- de disimulación" ... ¿es eso cortesía? La cólera le arras-
ber sido Lefebvre y no Farel-y-eso por mieclo, por tra, ~.. ¿Por qué no hemos de tener derecho a mon·
puro temor a ser quemado en la hoguera como un
tar en cólera?" (pág. 389). ¡Claro que tiene usted de.
arenque ahumado; porque para estos doctrinarios no
rechol Todo el derecho. Montad "en cólera", Como el
se puede resoplar ante su doctrina más que por mie-
do; es lógicamente irresistible-; al de lttaples, digo, padre Duchtlne, c... Pero el padre Duchtlne era, ese
tenemos que añadir ahora el de Lille; el que tiene c.,., era, c ... , infinitamente más divertido que usted
por nombre Georges y no J acques; ese maestro en el con sus cóleras en caliente, c... Reclamamos al padre
arte de las alusiones que "liberadas de los velos de la Duchéne, que no meaba vinagre en frío. Viva su ver-
prudencia• serían "susceptibles de transformarse en borrea y que nos deje tranquilos con sus acaloramien-
claras y vigorosas conclusiones" (pág. 379). Así pues, tos laboriosos de escritor. Que necesariamente no va
no hay duda: s_i Georges Lefebvre no habla como el "arremangado".
propio Daniel Guérin es únicamente porque tiene mie- Esa especie de tono me recuerda algo - o al-
do. Simple psicología. Cordial. Sutil. La de todos los guien-. ¡Ah, sil Georges Sorel. Blandiendo precoz-
fanáticos de todos los tiempos. mente su "cuchillo de cocina" contra Jaures. El que-
Inmediatamente después, una pequeña disertación rido Sorel de Lagardelle y de Mussolini.-¡Viva el
sobre "la historia imparcial" (págs. 379-382). El viento padre Duchetle, coño!
refrescante de la licenciatura en filosoHa. Y cuando Una última palabra. Ya que todos somos idiotas o
ya se siente cómo el soplo va perdiendo intensidad, vendidos - conocido de antemano - ¿por qué enviar
una buena cita de Raymond A.ron - que no da para en servicio de prensa su libro a nuestras revistas "bur-
más-. E inmediatamente se vuelve al tema funda- guesas", a nuestras revistas "que tienen algo que ocnl·
mental. ¿Los historiadores burgueses? "Todos tienen tar"? ¿no es usted, es el editor? ¡Por desgracia, en:
algo que esconder" (pág. 386). Sólo el señor Guérin nombre de buenas doctrinas se ha colgado a muchos
170 171
valientes que no tenían esas colusiones sobre la con- de los intereses que le mantienen ... Y tan tonto que
ciencia! ni siquiera se da usted cuenta. O si no, tan canalla
Dicho esto ¿qué falta por decir? (y ruego al lector que hace usted como si... Mire, mi argumentación ~s
que tenga en cuenta que yo no soy historiador de la simple; consiste en ofrecerle en todo momento la si-
Revolución, par suerte para mí; que apenas he cono- guiente alternativa: ¿idiota o vendido? O las dos cosas
cido a Mathiez y de muy lejos; y que, en consecuen- a la vez. No hay que romperse la cabeza ... "
cia, intervengo en este debate a título puramente gra- Hablemos seriamente. Entre muchos otros, el in-
tuito: a título de vieja bestia sin más, que data del conveniente de los procedimientos de discusión que
otro siglo y no entiende nada de nada}-dicho esto adopta D. Guérin es que casi os impiden decirle: "soy
¿qué encontramos al abordar el libro mismo de Daniel de su opinión" - si uno tiene algún sentimiento de
Guérin? dignidad (pero después de todo, después del psicoaná·
Un estudio, una investigación de segunda mano, lisis, ¿puede hablarse todavía de dignidad?). Uno se
pero vibrante y viva, sobre este tema: "La Revolu- siente molesto. Si se le contradice, señor Guérin, es par
ción francesa fue una revolución burguesa. Pero fue interés o por miedo, dirá. Si se le aprueba ¿no será
también otra cosa: el esbozo, el embrión de una revo- por miedo o por interés?
lución proletaria. Intentemos demostrarlo. Examinemos ¿Se le aprueba? En el fondo no se trata de eso.
con particular atención, aun fragmentada, incluso em- Que lo discutan los historiadores especializados en el
brionaria, esta revolución proletaria.,," estudio de la Revolución. Por mi parte no veo nada
En este punto me vienen ganas de responder: que me impida aprobarle. Yo defino gustosamente
"Pero, querido señor, examine. A su gusto. ¿Qué in- la historia como una necesidad de la hUlllanidad ~ la
conveniente piensa que podríamos pnner a ello?" Yo necesidad que experimenta cada grupo humano, en
diría más. Me vienen ganas de responder: "'¡Pero si cada momento de su evol,1ci6n, de buscar y dar valor
es evidente! Usted nos aporta una revelación súbita. en el pasado a los hechos, los acontecimientos, las ten.
Nos confía su gran proyecto como si fuera milagroso. dencias que preparan el tiempo presente, que permi·
¿Puedo confesarle que yo no veo nada de milagroso ten comprenderlo y que ayudan a vivirlo. Y añado:
en ninguna parte? ¿Y que, de t'ntrada, estoy bastante recomponer la mentalidad de los hombres de otra épo-
dispuesto a creerle? Como cualquier otro, he leído ca; ponerse en su cabeza, en su piel, en su cerebro
textos parecidos a esas cartas de Babeuf anteriores para comprender lo que fueron, lo que quisieron, lo
a 1789; textos que siempre me han atraído, Y ¿por que consiguieron; pero no considerar, sin embargo, que
qué iba a negarme a admitir los hechos que usted nos depende de un hombre detener su obra en un cierto
aporta?" punto, a partir del momento en que esta obra se ex-
"¡Ah, porque usted está podrido de sentimientos tiende por el mundo. Al contrario, hay que estar aten-
de case! Usted no es trotskista ... - Mi querido señor, tos a ese perpetuo drama del gran hombre, del investi-
yo no sé nada de eso: usted tampoco. Eso es cuenta gador grande, del gran inventor; atentos al drama
mía. Y que yo sea trotskista, stalinista, papista o bu- espiritual del hombre de genio al que escapa su obra
dista ¿a usted qué le importa? Cuando yo hago histo- de su mismo vivir - su obra que se deforma, su
ria, soy historiador. - ¡Imbécil! Está usted al servicio obra que se altera, su obra que, adoptada por la
172 173
multi.tud y desarrollando sus efectos a lo largo de SOBRE UNA FORMA DE HACER HISTORIA
los tiempos, acaba a menudo por decir lo contrario QUE NO ES LA NUESTRA
de . lo que quería decir {véase Lutero y el lute-
ramsmo) -tal es el deber propio del historiador.
Po_: tanto, ¿qu.é es lo que pueae molestarme, querido LA HISTORIA HISTORIZANTE
senor, en su mtento? Lo busco en vano· no Jo veo
Sólo veo injurias; y me molestan. No ~e consider~
usted una mujercita. Sé decir no, como cualquier otro.
Pero. no creo en los ampulosos braceas de los fiscales
de Clnema. No creo en las requisitOtias fihnadas. Ni
en los gestos despectivos del ministerio público. Per-
dóneme. Soy un viejo historiador muy ridículo. Que
tengan . suerte nuestros sucesores, si ese tono ha de He leído con cuidado y con interés, naturalmente,
convertirse en regla. el librito que mi viejo amigo Louis Halphen ha com-
puesto en la soledad, aprovechando el ocio forzado al
que le sometía el gobierno de Vichy, lejos de sus libros
robados y de su documentaci6n dispersada por los
"ocupantes", con su experiencia como única ayuda;
la experiencia de un historiador que no ha dejado de
trabajar desde 1900, ya sea por cuenta propia o in-
citando y dirigiendo el trabajo de otros (pienso, natu-
ralmente, en la colección Peuples et Civilisations a la
que está ligado, al mismo tiempo que el de Sagnac,
su nombre).
a
Halphen titula este librito lntroduction l'histoire. 1
Pero más que una introducción lo que el autor em-
prende es una defensa de la historia. "Nunca se ha
criticado tan vivamente - nos dice - la utilidad de
los estudios históricos ... Mi proyecto no es abogar por
una causa que se defiende por si misma ... " ¡Ah! No
está tan claro, ésa es la verdad; si así fuera, hace ya
tiempo que los ataques hubieran cesado. Louis Halphen
tiene sus dudas; tantas que inmediatamente empieza a
defender, a justiScar una toma de posición conocida
hace tiempo y que no tiene misterio.
l. Pads, Presses Universitaires, 1946.
174 175
.
1
j
"De todas las :fidelidades - escribe el Gide de los 1911: un hombre que, trabajando sobre hechos partí·
Pretextes (pág. 97) - la más imbécil es la .fidelidad culares establecidos por él mismo, se propone ligar
a uno ,mismo porque ya no es espontánea". Nada más estos hechos entre sí, coordinarlos, y después (cito al
espon.táne? y, por tanto, más legitimo que la .fidelidad Halphcn de 1911) "analizar los cambios políticos, so·
del h1stonador de Carlomagno a sus ideas. Volvemos ciales y morales qu,'; los textos n?s revelan en .un mo·
a encontrarle bajo sus laureles tal como era al salir de mento determinado . Apuntad bien: los cambios par·
la E:cole des Chartes: paladín convencido de esa form: 1 ticulares, ya que la historia, en opinión de nuestro
de hacer historia que Henri Bcrr ha bautizado de ma- autor se define como una ciencia de lo particular. 3
nera afortunada como la historia historizante. Louis Así pues, abramos la Intrnduction 11 fhistoire de
Hal~hen ha dedicado a ella su vida. Y si hoy nos pro- 1946. Tres capítulos fundamentales a lo largo del li~
porc10na una lntroduction ,i fhistoíre, haceos a la idea bro: 1, el establecimiento de los hechos; TI, la coordi·
de que no es en. a~soluto ,ª, la universal Clío a quien se nación de los hechos; 111, la exposición de los hechos.
ofrece este sacn.6.cm - Cho, que bajo los pliegues d .. l ,a doctrina, la vieja doctrina de las dos operaciones
su peplo encierra todas las formas, todas las varieda- que constituyen la historia, no ha cambiado: primero,
des, todas las diversidades de las escuelas históricas establecer los hechos; después, operar con ellos. Así
de la misma manera que la Virgen de la Misericordi~ ! - se nos dice - procedían Heródoto y Tucídides.
abrigaba bajo su manto a todos los verdaderos repre-
sentantes de la cristiandad. Más modesto y más or-
gulloso, Halphen sólo piensa en una cierta fonna
''
Ji
Así también, Ftt.~tel y Mommscn. As~ todos nosotros
hoy. Perfectamente. Establecer los hechos y operar con
ellos: una de esas fórmulas claras que dejan ansiosos y
de historia; la que él cultiva; y nos concede el honor de ·~ estupefactos a todos los espíritus curiosos ...
pc~sar que todos nosotros la aceptamos como la única Porque, en fin, los hechos ... ¿A qué se llama los
vál~da. ¿Introducción a la historia? ¿Defensa de la his- hechos? ¿Qué hay detrás de la palabrita "hecho"?
toria? No. Abogar por la historia historizante sobre ¿Pensáis que los hechos están dados en la historia
la que Rerr escribía en 1911: "Reside en ella u'na for~ como realidades s~~tanciales c1ue el tiempo ha enterra·
ma de historia que, además de bastarse a sí misma do más o menos profundamente, y que se trata de de-
pretende bastar al conocimiento histórico". La frase m~ 1
senterrar, limpiar y presentarlos bellamente iluminados
gusta. Por sí sola es la recensión crítica del libro de a los contemporáneos? O se trata de una repetici6n
Halphen.2 por su cuenta de la frase de Berthelot ensalzando la
• • • química inmediatamente después de sus primeros
triunfos - la química, su química, la única entre todas
¿Qué es, en efecto, un historiador historizante? Hen- las ciencias, decía orgullosamente, que fabrica su ob-
ri Berr responde sustancialmente, titilizando los térmi-
nos de una carta que el propio Halphen le escribió en 3. Un particular que, ('apta<lo en el interior de un mismo círeu-
lo de <'ivili~aci<ln, en una época determinada, se parecería furiosa-
2. I:hislolre lrm/itionne/le et la synthi'se hlstoriqU{', Pari 6 Al· mente a un general. ~i se concede audiencia a esta gran dama,
rnn, 1921, 146 ¡,,íg,, La "Discusióri <'On uri historiador hi~tori- cara a Pirenne, cara a Marc TI!nch, cara a t,,clos nosolrM, que
zaute", <Ju,_. <'on,tih,vt> ,.¡ fut1,lo <l<'l capítulo JI, data ya dP 1911, se lluru;, historia comparada.
176 177
12. - · UBYllB
feto. En este punto Berthelot se equivocaba. Porque
todas las ciencias fabrican su objeto.
Vale para nuestros predecesores, los contemporá- • • •
neos de Ios Au1ard, Jos Seignobos, los Langlois, vale
para esos hombres a quienes "Ja ciencia" imponía tan- Ya tenemos aquí un primer silencio que nos separa.
~o respe~o (>: que lo ign;>raban todo sobre la práctica Y ¡cuántas consecuencias!
e las ciencias y sus metodos); para ellos es correcto Habéis oído bastantes veces repetir a nuestros ma-
creer lº~ un histólogo es un hombre al que basta po-
ner de .ªJº d: su microscopio un trozo de cerebro de
yores: "El historiador no tiene derecho a elegir los
hechos. ¿Con qué derecho? ¿En nombre de qué prin-
r~t6n: mmed1atamente se ocuim: de hechos diferen- cipios? Elegir, atentando contra la "realidad-,, y por
ct~dos, de hechos indiscutibles, de hechos "ya a un- tanto contra la "verdad". Siempre la misma idea; los
to. , por decirlo así; lo único que tiene que hacJ: es hechos: cubitos de mosaico muy distintos, muy homo-
almear1os en sus cajones. Don no de Michelín · géneos, muy pulidos. Un temblor de tierra dislocó el
d] · ] ' ,SIDO mosaico; los cubos se hundieron en el suelo; retirémos-
e a propia natura eza ... Hubiera sorprendido mucho
a nu~stros antepasados historiadores diciéndoles que los y, ante todo, veamos de no olvidar ni uno solo; al-
un ~1stólogo, en realidad, fabrica primero el objeto cémoslos tocios. No escojamos ... Eso decían nuestros
propm de .sus investiga~ones y de sus hipótesis, con maestros, como si por el solo hecho del azar que des-
gran desplie~e de delicadas técnicas y sutiles colo- truyó tal vestigio y protegió tal otro (no hablamos, en
rantes. En Cierto sentido, Io "revela" en la acepción este momento, del hecho que constituye el hombre)
fotográ6c'!. de la palabra. Después de lo cual, fo in- toda la historia no fuera una elección. ¿Y si no hubiera
t~reta. Leer sus resultados , operación que no es en ella más que esos azares? En realidad, la historia
simple. Porque describir lo que se ve ¡todavía ase! ~ elección. AJbitraria, no. PI'ecollccbida, sí. Y esto,
P:ro ver lo q.ue debe describirse ¡eso sí que es /¡fícilÍ todavía, querido amigo, nos separa.
Bien se hubiera sorprendido, sí a nuestros mayores Hipótesis, programas de investigación, incluso teo-
denomina~do a los hechos, corr:o un .fi1ósofo contem~ rías son otras tantas cosas que uno busca en su lntro-
poráneo, clavos en los cuales se cuelgan las teorías" duction; pero no se encuentran en parte alguna.
Clavos que hay que forjar antes de clavarlos en I~ Ahora bien, sin teoría previa, sin teoría preconce-
fcared .. Y tratándose de historia, es e] historiador quien bida no hay trabajo científico posible. La teoría, cons-
~s ÍOlJa. No, como dice Hal,Phen, "el pasado". o, me~ trucción del espíritu que responde a nuestra necesidad
<liante u~ extraña tautologia, "la historia". de comprender, es la experiencia misma de la ciencia .
. ¿Es_tálS de acuerdo? Decidlo. ·No estáis de acuerdo? Toda teoría está fundada, naturahnente, en el postu~,
J:?iscu~d. Pero, por favor, no deiis este problema en el lado de que la naturaleza es explicable. Y el hombre,
si}encm. Este pequeño problema. Este problema ca- objeto de la historia, forma parte de la naturaleza. El
pital. hombre es para la historia lo que la roca para el mine-
ralogista, el animal para el biólogo, las estrellas para el
astrofísico: _algo qu.: hay_ que explicar. Que hay que
entender. )' por tanto; que liay q11:e pensar. l!n histo-
riador que rehúsa pensar el hecho humano, un his-
178 179
toriador que J?rofesa la sumisión pura y simple a los he- en los bancos del sexto, del quinto y del cuarto cl~ico.
~hos, com~ s1 los h:-chos ~o estuvieran fabricados por Q é bien consiguieron impedirme hacer matemáticas!
¡u
el, como s1 TIO hubieran _sido elegidos por él, previa- y es que las reducían a pequeños proced""t umen os, pe-
mente, en todos los sentidos de la palabra "escoger" ueños artificios, me-zquinas recetas para resolver ·los
(y los hechos ~o pueden no ser escogidos por él) es iroblernas. "Trucos", como decíamos en nuestro argot
un ayudante tecmco. Qnc puede ser excelente. Pero escolar hoy pasado de moda .. ,
no es nn historiador. 4
P''o' está claro los "trucos" no me interesaban en
absoluto.' Me daban' "buenas razones " para hacer a Igo
• • • sobre lo que nadie me decía nunca por qué ese algo va-
lía la pena hacerse. Cómo y por qué se había inven-
tado. Y, finalmente, para qué servia ... - ¿par~ en~r
Termino con mi gran crítica. Introducción a la his- n día en la Escuela Politécnica? Pero la Politécmca
toria, método de Ta historia, teoría de la historia de- ~o es un :6.n en sí. Y desde aquel tiempo (tanto peor
fensa de la. historia ... Pero ¿qué es, entonces Ia' his- para mí) tengo ciertas exigencias fundamentales de es-
. '
t ona. ,
píritu ... Además, era bien sencillo. Yo ~aba la e_:ipa1-
Voy a decíroslo ... Recoged los hechos. Para ello id a da a las matemáticas. Y aquellos de mis campaneros
los archivos, esos graneros de hechos. Allí no hay más que no pedí~n t~nto. triunfab_an ...
que agacharse para recolectar. Llenad bien los cestos. La histona histtmzante exige poco. Muy paco. De-
Desempolvadlos bien. Ponedlos encima de vuestra mesa. masiado poco para mí y para otros m1;1chos. ll::sta es
Haced Jo que hacen los nifios cuando se entretienen con nuestra queja; pero es sólida. La q~c1a de aq1:1ellos
"cubos" y trabajan para reconstituir la bella 6gura que para quienes las ideas son una necesidad. L~s ideas,
a propó~ito, noso~ros .les he;nos desorden~do.;. Se acabÓ esas valientes mujercitas de las que habla Nietzsche,
el traba10. La historia esta hecha. ¿Que mas queréis? que no se dejan poseer por hombres con sangre de
-Nada. Sólo: saber por qué. ¿por qué hacer historia? rana.
¿Y qué es, entonces, la historia?
¿No me lo decís? Entonces, me voy. Me recuerda
a esos pobres hombres a quienes la Universidad por
una deplorable aberración, confiaba la tarea _ difícil
entre las difíciles- de iniciar en las matemáticas a
los pequeños "alumnos de letras" que éramos nosotros,
180 181
,..
DOS FILOSOFfAS OPORTUNISTAS DE LA HISTORIA
DE SPENGLER A TOYNBEE
183
negativo a la vez, se liga Jntd.iante un evidente lazo a
toda una serie de recientes manifestaciones (diversas en
su forma, semejantes en su espíritu). Qswald Spengler. Grandeza y decadencia de un profeta
Desde hace algunos años los historiadores tienen
e] privilegio de verse en el banquillo colocado por un En 1922, aparecía un libro, en Alemania. Nombre
v~d? lote de h?mbres notables -poetas, novelistas, del desconocido autor: Spengler. Título al efecto: Der
penodIStas, ensayistas - que, distrayendo en favor de Untergang des Abcndlandes.2 Todavía veo elevarse en
Clío algunos ratos de una vida dedicada a otros cultos los escaparates de las librerías renanas, las pilas imp~e-
comprenden instantáneamente (o al menos, así lo ase~ sionantes de esos in-octavo; desaparecian como la me-
guran) Io que los histo~adores no han sido capaces de ve bajo el sol. En algunas semanas el nombre de Os-
captar y expresar en anos de estudios exclusivos. Tras wald Spengler era célebre en el mundo germánico y
lo ~a~ estos brillantes y dinámicos espíritus nos co- su libro alcanzaba el m1tyor éxito que ha conocido en
m~m.can en unos pocos traros apasionados sus descu- Alemania un libro de .6losofía histórica desde Gibbon.
bn~uentos o sus sistemas, con una caridad velada por Ni siquiera éxito es la palabra apropiada; habría que
la uonía francesa en unos y por furor germánico O hablar de revelación.
h_umor inglés ~n otros. ¿Qué hacer? ¿Darles las gracias En el extranjero, la acogida fue menos calurosa.
sm falsa verguenza, examinar con toda sinceridad sus Reservada curiosidad en Inglaterra; entre nosotros,
críticas, entregamos o resistir? Hay que decirles sí, si desconfianza irónica; tres años hubo que esperar para
:emos en ellos camaradas de combate y que pueden la aparición del librito de Fauconnat que catalogaba
1~teresarnos ya sea con argumentos racionales O me- los temas spenglerianos, y dos años para una tra~uc-
diante llamadas al sentimiento (porque historiadores ción de efecto retardado. Sin embargo, una copiosa
al .6n Y al cabo, vivimos en la misma atmósfera de cri~ literatura (Der Streit um Spengler; O. Spengler und
sis que los demás hombres contemporáneos nuestros y das Cliristentum, etc.) repetía en todos los aspectos
para perseverar nos hace falta con.6anza en nosotros posibles, con una paciente monotonía, las ideas de!
Y en nuestras obras). No, si tras un biombo de histo- profeta, de aquel que no dudaba en procla~arse a s1
ria, descubrimos en esos hombres la seducción de los mismo "el Copémico de la historia". No le Juzguemos;
errores y las ilusiones. No, decididamente no, si com- juzgar no es tarea de un historiador. Intentemos com-
proba~?s en sus 1;5critos la acción de un veneno para prenderle, lo que en sustancia quiere d~cir poner su
el espintu. De ah1 que estemos obligados a hacer un obra y su éxito en relación con las necesidades de una
amplio examen. Alemania en la que se gestaba aqueHo de lo que sal-
Un recordatorio, sin embargo, antes de abordar a dría el nacional-socialismo hitleriano.
Toynbee Y su obra. A manera de introducción pero El hombre - murió e-n 1936 completamente aban-
no de entremés. ' donado-, el hombre había nacido en 1880, en 1a Pru-
184 185
sia oriental, Protestante, de familia modesta, se docto-
ró en 1904 en "o:::íeudas naturales" con una disertací6n - da de cronómetro ni de historia científica, sino la ro·
sobre Heráclito. Ahora bien, toda la Decadencia de I::nna dórica y la geometría de Euclides. Y J?ªI~lela-
nte se podría dar su símbolo a la cultura egipcia: el
Occidente testimonia un rencor violento contra el res-
peto oon que demasiados alemanes cuidan las ciencias :;...ino cortado, estrecho y misterioso que conduce al
de la naturaleza y contra el liberalismo de sus adeptos, visitante hasta la tumba secreta del Faraón. Pero, por
principalmente su concepción del progreso; probrreso, distintas que sean, todas estas culturas ém1ocían suce,..
liberafismo, eran los dioses que al joven Spengler ha- sivamente un período ascendente (Kultur ); un periodo
bían impuesto su medio familiar, sus maestros y sus descendente (Cioilization)-y finalmente, la m~erte.
compañeros de estudio, Contra ello, reacción brutal (y ¿Hay que inclirltrse ante estas fantasías v1Vamente
también contra el atomismo histórico, el trabajo mo- coloreadas como se inclina el aficionado con su topa ante
nográfico, la separación de la historia en ramas que se una prueba precoz de la Foire de flmpruneta? ¿De qué
ignoran recíprocamente: historia diplomática, econó~ nos sirven esas culturas unificadas y totalitarias de .las
mica, literaria, historia de las artes, de las ciencias, de que participarían indistintamente y de forma seme1a1- ·
las filosofías etc,), En el lugat de todos esos comparti- te toaos los hombres que ~i".en en ,la mi~a época. cun"
mientos, un amplio y preclaro palacio. Una historia to. quiera que fuera su cond1cion social-;:- t,ratese d,,e Ber~· .
talitaria. Pueblos y leng\1as, dioses y naciones, guerras, son O de Babitt, del dependiente del Prmtemps detras .
ciencias y filosofía, oonrepcione-s de la vida y formas de del mostrador, del científico en su laboratorio o del
la economía: otros tantos símbolos a interpretar. Las granjero eu su pueblo? P~ro ¿y es~s. hermosas pala-
relaciones y las correspondencías entre la geometría bras, esas metáforas (nacimiento, crecnnmnto: ~uerte de
euclidiana y la dudad griega, entre &l cálmlo integral las culturas)? Palabras nuevas sobre c~sas v1e1as. Y que
y Luis XIV, entre el teléfono y el mecanismo del eré· llevan al lector francés a los buenos tiempos (1887) de
díto, no son superficiales y fortuitas. Son intimas y Arsene Darmesteter y su librilo La vic des mots,ª tan
esenciales. pronto puesto al día por Mkhel Bréal. Este siglo. no
Todos los hechos humanos de una misma época se había nacido. , S ·
integran en "culturas.,. Y esas <:ulturas son sores vi- ¿Cómo, pues, explicarse el prodigioso éx1t~ de pen-.
vientes. Plantas, digamos, que nacen, crecen, se mar- gler y no solamente entre el gran público, sm defensa ·
chitan y mueren. Su destino Cúmienza cuando el irn· contra sus impresiones, sin? enf:e .todos 105 hombres
pulso, la prolife¡·ación de todo lo que englohan en su cultos de Alemania y Austna, prmctpahnente entre los
unidad se hace anárquico y si11 regla, Por To demás, jóvenes?
aunque todas cumplieran con el mismo orden fas mís-
ina.~ etapas, cada una difiere profundamente de sus ve-
cinas por el alma propia que la anima; nuestra cultura 3. Pad~, Debgrnw:, 1887, en l~.", XII-212 págs. l_ntroduc-
occidental tiene el alma do Fausto, eterna tensión, de~ ló pág 3, "La~ Jeng\lu ,on or¡t11.n1~m0, vivo~, cuy¡i vida, por
seo de imposihlc, diuamísmo del com7,6n y del espíritu, :erºdc orden p11ramente lnte\eetual, no es por dio menosalreal - ~·
fllllólde compatattr a )a de \ns org,1ni~mos del reino v ege'¡d o an¿·
El alma de la cultura a11tlgua era "apolínea": estatis-
mo y nada de dinamismo; calma, lentitud, serenidad;
mal"_. Cf. igualruenh> en pÁg, 175, al final: "En 1ª.}' , a º~l ·
niea de los animal,:,~ y vegetales, como ('U la villa linguistica, es~
,;,nbrimo~ la acción d-11 las mUmas \<;yes", etc.
186
187
la columna dórica, ¡sabroso espectáculo! Todo un pú-
• • • blico alemán debió a Spengler el ingenuo y puro gozo
de descubrir la historia - o, por lo menos, una historia
Es que Spengler aparecía ante todos como un li- a su alcance, con perspectivas proyectadas para él Y
b~rador. ~uando Icemos sus apóstrofes y sus conmina- este público recogió la ofrenda con reconocimiento.
ciones - ¡Basta de monografias, basta de síntesis!" - Tanto más cuanto s¡¡ie el autor, convirtiéndose en
nos dan ganas de sonreír. Es cierto que también noso- profeta, anunciaba la decadencia de todo aquello que
tros tenemos nuestros miopes, nuestros topos excava- realmente ataba a sus lectores: nueva fuente de júbilo
dores,4 pero tampoco nos faltan en absoluto las síntesis y liberación. Porque, al fin, participar en el surgimiento
sustanciales y vivas. En cambio, en Alemania la historia de una liberación que asciende está bien. Vivir los
seguía estando sometida todavía después de terminada días de una decadencia, mejor. Y situado ante la muer-
la guerra, a un régimen de especialización a ultranza. te, aceptarla virilmente- "¡Sea, si así ha de ser!" - es
Escritas en jerga por técnicos para los técnicos, las mo- una hermosa actitud romántica; uno se encuentra a
nografías no salían de los círculos universitarios· la gusto adoptándola. Es cierto que los historiadores pro-
historia cuyos fundamentos edificaban pacientemente' era fesionales alzaban los hombros o se escandalizaOan
cosa de doctores obstinados en contradecirse: Vadius - excepto para recoger algunas migajas del pastel deba-
haciendo trizas a Trissotin. Un mundo cerrado: el coto jo de la mesa, a escondidas-. Es cierto que los marxis-
de los técnicos y de sus bárbaras disertaciones inau- tas se indignaban, denunciando una doctrina indiferente
gurales. El hombre culto normal no tenía posibilidad a todos los aspectos sociales de la historia y de la vida.
de entrar en él. Fach, y sacrilegio, el laico que ponía Pero el lector medio se sentía tocado en su amor propio
la mano sobre un Fach. individual y en su amor propio actual. Pequeño burgués
Ahora bien, Spengler predicaba ese sacrilegio - y prusiano o sajón, el lector medio, sin duda, no tenía el
el reparto de las riquezas saqueadas-. Y lo predicaba alma fáustica, pero deseaba tenerla o figurarse que la
no en la jerga del especialista, sino en una lengua clara tenía. Fausto, símbolo de toda la civilización de Oc-
viva, llena de cadencia y de ímpetu. A la inquietud cidente: la encamación era placentera y dulce para su
intelectual de los burgueses de posguerra Spengler corazón. Después de eso ¿qué importaba que tal teoría
echaba el pasto de una historia que él había robado a de Spengler le pareciera confusa o difícil? Sentir con-
los historiadores patentados (una historia traducida en fusamente es aún más fácil y menos fatigoso que com-
fórmulas cada una de las cuales cubría siglos de pa- prender con toda lucidez.
sado humano. Entre hechos hasta entonces estrictamente Señalémoslo finalmente (y ciertas ingenuidades de
ubicados en compartimientos estancos); formaba rela- la crítica francesa no hacen inútil la observación}: la
ciones que atraían por lo imprevisto y divertían por su filosofía de la historia no era más que uno de los as-
vanidad: la geometría de Euclides tendiendo la mano a pectos del pensamiento spengleriano, y el menos impor-
tante a su gusto. La historia, un busto de Jano: una
4. Cf. las rcllexíoues de Gcorges EsJ>JXAS ,·n los Annales d'Jlis-
cara hacia el pasado, y otra hacia el porvenir. Y ;.qué
toire 1kanomir¡ue et Sociale, t. VI, 1935, pág. 365: "De l'horreur porvenir? La decadencia de Europa, prefigurada ya,
du général, une d6viation de la méthode érudite". siguiendo las reglas de la analogía, por la decadencia
188 189
adaptado a las necesidades de la atormentada Alemania
del Imperio romano. La constitución de imperios gi- entre 1922 y 1929. Y contraprueba demostrativa: si en
g~te~cos. La guerra entre estos imperios y, primero y los últimos años perdi. la estima general de los ambien-
p~c1pal, entre el Imperio británico, capitalista esen- tes nazis no ha sido en absoluto porque se haya recono-
ctalmente, y el Impeio germánico caracterizado en cido la fa!5edad d~ sus teorías históricas. Ha sido por-
esencia, por el estatismo. ¿El futuro? Un puñad~ de que la actitud sentimental que había asegurado su triun-
~ndes Iiombres, por una parte; la masa, por otra. De fo y sus tenaces profecías dejaron de coincidir con la
a_h1 Jas predicaciones a los jóvenes: "No perdáis el ideología del partido triunfante desde- el momento en
tiempo con la poesía, la filosofía, la pintura. El pasado que éste se hizo dueño del poder.
ha muerto. Dad forma en vosotros mismos a la materia "Vamos a cambiar el mundo. O por lo menos Ale-
prima de la que surgirán los hombres grandes". Temas mania": es el eslogan que seguía a la victoria. Umbruch ·
esbozados en La Decadencia, pero recogidos y orienta- Neubeginnen; Der neue Mensch: expresiones cargada~
dos en Neubau des deutschen Relches o en Politische de optimismo activo y que, de la noche a la mañana,
Pflichten der deutschen Jugend, programas políticos corrieron de boca en boca y bajo todas 1as plumas.
de un hombre IJ,Ue, según se dice, se contó entre los pri- ¿Cómo hacer coincidir esta necesidad de confianza y
meros en adherirse al nacional-socialismo.
de fe en el porvenir, esa necesidad fanática de esperan-
zas apropiadas para hacer surgir 1as energías y el valor
• • • necesarios para la tarea cotidiana con los sermones
pesimistas del hombre qu: durante años había repetido,
~n ese m?mento, Spengler y sus lectores, los futuros mcansablemente, la fatalidad del destino, el aplasta-
nazis de estricta obediencia, tenían enemigos comunes: miento d:l presente por el pasado, la vanidad de que-
la democracia, el liberalismo burgués y el marxismo. rer sacudu el yugo dé la historia dando un ilusorio im-
Por los años 20, Spengler comerciaba con los artículos pulso a una civilización agonizante?
entone~~ más ~ciados: o sea, un cierto aire patético, Spimgler no lo advirtió, y en su último libro-Jahre
un anh-mtelectualismo a ultranza, la noción heroica del der Entscheidung - 6 acabó por enemistarse con los
destino, el anti-esteticismo, el escalofrío de la criatura nacional-socialistas. El libro afmndaba en cosas ya di-
h1;1mai:i,a ante lo ~ayestático, la amplia majestad de la chas: el fin del mundo se deberá a las razas de color;
histona. Y ademas (véase su traóajo de 1920 Der la ideología no tiene nada que hacer en el campo de
Mensch: Die Technik) la profecía de la rnina tan cara 1a política exterior y de la economía internacional, etc.
para el pequeño burgués nazi, tan de acuerdo con sus Caracterizaba duramente a los iluminados del nacional-
suefios de autarquía: '"Los excesos del maquini~mo socialismo: "esos jovenzuelos eternamente excitados"
perderán a Europa; 1as razas de color aprenderán de ( schwiirmende ewige JüngUnge ), esos niños inmaduros,
la raza. ?!anca a forjar en su! propios talleres las armas sin experiencia y sin voluntad incluso para hacer Jas
que utilizarán contra ésta... tstos son los méritos por
los que Spengler tuvo éxito: no los méritos de un his- 5. Munich, C. H. Bccl<, 1933, en 8. 0 , 165 pá¡¡s. Críticas na·
toriador analista y deductivo, sino los de un profeta, :zis, vúasc principalmente A. ZWETh'TNGEfl., Spen¡¡ler ,m,l ,3 Re/el,,
los de un mago, los de un visionario perfectamente 1933, y G. G1tAUDEI., Jahre der Ueberwendung, 1934.
190 191
experiencias - en una palabra: esos adeptos no ya del
romanticismo social de los comunistas, sino de un xo- hábil, seductor, qf palabra fácil, en la azarosa Alemania
manticismo político-económico que consideraba heclios de 1922 a 1929 ...
posilivos y demostrativos el número de votos en las
elecciones, la borrachera triunfal de los grandes díscur·
sos v las teorías monetarias de ciertos incompetentes -. El ascenso de un twet10 profeta: Arnold J. Toynbee
Hori'ibres no, cabezas de borregos en rebaño. Y que
sintiéndose innumerables se ciegan voluntariarneute en Miren por dónde, una decena de años despt1é.~ de b
su importancia (pii.g. 8), hablando de Sll victoria sobre aparición de la obra de Spe11gler, y en lengua inglesa
el individualismo. esta vn.., dirigíéndose a un públim inglés, empieza a
Falta de conlaC'to caracterizado con la nueva Ale- realizarse una obra -·- una obra qn<', también, se pre-
mania. 1.A, que hace dudar de las cualidades de p~ofeta senta como una revelación - : la de una filosofía dC la
y de historiador de Spengler, Y encima, el rid1culo: historh inédita e innovadora.
el hombre que rompía con e1 puebla de los que le habían ~n realidad, lo mismo que las de Oswald Spengler,
adamado, continuaba ofredéndose a los nazis como su !.as ideas de Arnold Toynbee no son bs ideas desinte-
verdadero consejero. En sus propias palabras, graves; resudt:1s de un homlm; <le ckncia. Por diferentes que
"Quien actúa, no ve lejos. Empujado por los aconteci- sean la.~ dos obra.~, por independiente '}lle se :muestre el
Fou~!~~i:aCt~~f; C~nUl~i~r~~O a~;~~~
mientos, marcha sin ver el objetivo. Si se diera cuenta,
quizás se pondría en contra del movimiento, porque la ªtto~r:~~;:a
lógíca del destino nunca ha hecho caso del deseo de los (sino la dosificación) de elementos críticos (ataques con-
humanos· pero, con mucha frecuencia, se deja descarriar tra los historiadores y su ineficacia). elementos ctms-
por el esJ?ejismo equívoco de las cosas que le rodean ..... tructivos (filosofía de la historia que se presenta como
¿Qué hacer sino confiar en la historia - y creer en original) y presupuestos político~. en fin, conscientes y
Spcnglcr, deposita~io s?berano de la llave mágica q_ue determinantes a lu vez. A Stttdy of History ha provoca-
abre a la vez la h1stona del pásado y la del porvemr? do, en amhiE<ntes que no .~e habían abierto a Spengler,
¡Peón, peón! respondían los nazis: ¡Oberlehrer, vivas curiosidades, cntusia.~mos ciertos (incluso, podría
Oberlehrerl Y soñando todavía con la te(>is spengleriana decirse, pasiones). En unos poi.:o~ tntN!S, todo un voca.
del hombre bestia feroz y del mundo de~plomándose de bulario que puede sacarse fácilmente de su libro ha sido
guerra en guerra y de revulud6n en revolución en el adoptado por sectores enteros de historiadores, etnó.
abismo final: "¡Sádico de oficina! ¡Fa.brir:ante de melo- grnfos y so<:iólogos británkos. Ha atravc~ado el Canal
dramas\" Porque en Alemania, en 1936, era obligato- con los propios libro5 de Toynbee, Aquí y allá se ha
rio creer que el hombre medio era bueno y que la paz aclamado la novedad, la revelación, la obra maestra. In.
del mundo seria la obra última del nacional-socíalh-mo t~ntemos ver las lecciones y enseüanzas que un historia.
triunfante. dor puede recoger en el fondü de e~tos libros, material-
Y en todo eso e.dónde está la historla? Cuán pronto mente bien presentados, fádlt$ de leer y cousullar, que
se ha resquebrajado la débil capa de barniz de histo~ representan el "primer tramo" de la obra. Y dejando lo
riador que recubría la mixtura polítll'a <le un hombre accesorio iremos recto a lo que constituye la apurtación
192 193
de Toynbee: su teoría de las sociedades y las civiliza- pío, no es ya la sociedad occidental, sino, por decirlo así,
ciones. el fleco de una ~ociedad romana. La idea no e.~ nueva v
Sociedades, civilizaciones: objetos v.:rda<leros de la yo no sabría LTiticarla: desde hace tiempo he propucstÜ
historia, nos dice. Ellas y no las nacionPs tomadas una a los hi.~toriadores utili:t.arla para resolver el problema
a una. Así pues, se cuentan cinco (que en nuestros de las {.'esuras cronológicas de la historia.~
días viven simultáneamente): la nuestra, en Occidente; Ahora bien, tales rc8cxiones conducen a Toynbcc a
la ortodoxa, en los Balcanes, Próximo Orieule y Rusia; plantf,ar lo que él llama el prohlema de aplicación: el
más lejos, la islámica; a más distancia aún, la india; y, de las relaciones, si se quiere, que pueden unir recípro-
finalmente, la del Extremo Oriente. A las que hay que camente dos sociedades que se suceden. ¿Sucesión di-
añadir algunos restos de socie<lade~ agoni7..antes: la recta, inmediata, en el tiempo? No necesariamente. Véa-
cristiandad monofisita; la nestoriana; la sociedad judía se el califato de Bagdad. No nació lentamente, como
y la de los parsis: las dos sociedades budista~· de los el Imperio romano. Lo hizo de golpe, con la victoria
mahaganios y los hinaganios; en la India, la de los jains. conseguida sohre el califato de Damasco (1, 73). Así
Como se ve, predominio de etiquetas religiosas; sin pu~s, esta vir.:toria re.\tahle<-'erÍa entre Siria y Egipto,
embargo, nuestra civilizaci6n "se salva" de las etiquetas: antiguas provmcias romanas, y Arabia, provincia sasá-
"cristiana" no significaría gran cosa; <.'atólica no se nida, t'l la:to recién anudado por el Imperio de los aquc-
aplicaría ni al país de Enrique VJll, Isabel y Crom- ménidas (el que destruyó Alejandro :\1agno). La vic-
well, ni a los de T,utero, Cal '·10 y Zuinglio (ni tam- toria <le los abasíes operaba, por tanto, después de
poco a otros; nombremos al azar; Voltairc, Diderot, un milenio, la resurrección de una gran formación his-
Karl Marx, Lenin). Pasemos adelante y veamos lo que tórica destruida por la brutalidad de un choque absolu-
la historia puede sacar del esh1dio de las sociedades tamente externo. Y ya esü <le.scubit>rta la filiación; ya te-
que sustituye al dc- las naciones: una doble ampliación nemos aquí a Toynbce pasando a golpe de metáforas
en el espacio y en el tiempo. -parálisis, caída en el sueño, despertar, curación (I,
Es preciso, nos <lice Toynbee, instalarse en primer 17)-- sobre estos diez siglos, plenos de historia viva sin
lugar en el corazón de la sociedad cuya historia se hace, embargo, y reuniendo por encima de las formaciones
allí donde se la capta mejor en su plenitud original. inteimedias el estado de los abasícs con el de los
Y a continuación, partiendo de ahí, remontar de tramo aqueménidas ...
en tramo hasta el punto en que uno se encuentra, sin No le seguimos en esos peligrosos saltos atrás, dignos
posible duda, con otra sociedad muy claramente per- de un Colleano. ¿Qué quiere demostrar? ¿Que si se
ceptible y captahle. Por ejemplo, nuestra sociedad occi- aplie~ su reflexi_ón al estudio de una formación política
dental: remontemos el <.'urso efe los tiem,Pos y llegaremos y social compleja (a la que, sin embargo, se pue<le atri-
paso a paso a una especie de nomans land histórico, buir una fecha de nacimiento válida) podemos damos
t'n el que desaparecerá todo lo r¡ue sirve para caracte- cuenta, con mucha frecuencia, de que desde épocas a
rizarla, al menos rudimentariament<•. Si suJ?eramos los
aledaños del año 77.5, tendremos la sensacion de pene- 6. "Observations sur le probli,me des divi,,ions en histoire",
trar en algo que cada vez más se irá caracterizando Rull, du Centre interna/. de Synthhe, n." 2, 1926, p. 22-26 (R.S.H.,
como sociedad distinta y original, algo que, en princi- t. XLII, ApCndíce).
194 195
veces separadas por muy amplios intervalos, esta fo~- de la humanidad la conocen y la enseñan. El libro del
mación ha sido prefigurada por otras, en las que sm Génesis y el libro de Job, el Fausto de Goethe tanto
demasiado esfuerzo pueden encontrarse de nuevo como el Voluspá de los escandinavos o el Hip6líto de
algunas de sus características formales? ¡Pero si noso- Eurípides; y de.,¡dc Hesíodo a Volney, desde san Mateo
tros historiadores, estamos todos acostumbrados a buscar y Orígenes a C""octhe, desde san Pablo y Virgilio hasta
tales prefiguraciones! Sólo que, o no son más que un Turgot, todo es una revista de dioses, semidioses y hé-
juep;:o, o bien conducen a opiniones de conjunto soh_r:- la roes (1, 271 a 302), alineados en torno a la cuna de la
génesis de las formacionPs humanas. O, para ut1hzar gran idea. Toynbee pasa revista con seriedad - no sin
(forzadamente, por lo demás) el vocabulario tan poco que a veces, en el curso de esta larga ceremonia, nazca
analítico y tan aproximativo de Toynbee, sobre la géne:;is una amable sonrisa en los labios del lector francés, "na-
de las "civilizaciones". cido malicioso". Sin embargo, todo el tomo II de A
¿Qué, pues, nos aporta Toynbee de original sobre Study nos proporciona la exposición de una especie de
este importante problema? .. fisiología", bastante embrollada, de la "intimación".
O de las intimaciones, porque el autor las clasi6ca en
cinco categorías .
• • • En primer lugar, las brutales. La intimación debe
tener vigor. Por tanto, no busquemos su patria de elPc-
Toynbee descarta deliberadamente la raza. No es ción en comarcas favorables. Frecuentemente, la génesis
ella la que crea las civilizaciones. No hay raza pura; la de una civilización representa un duro ejercicio humano
noción científica y el concepto popular de raza no se -y tan excepcional que los efectos no han podido
corresponden. Tampoco hay raza privilegiada: de las prolongarse: es la lección que nos dan las ruinas de
veintiuna civilizaciones que enumera, unas son obra de los mayli.s, testimonio de una lucha trágica del hombre
los blancos, otras de los negros, amarillos o cobrizos contra la selva virgen - o los monumentos ocultos bajo
(1, 223). ¿El medio geográfico? ¿El clima? La mis:11a las lianas de Ceilán o de Camboya - o, en otro medio,
actitud (1, 249). Se ven nacer civilizaciones muy dife- las ruinas de Palmira, nacidas de una llamada directa
rentes en países físicamente comparab~es (por ejemp~o, del desierto.
Canadá y Rusia). Y civilizacione<; fluviales, la del Nilo Contra-prueba: la intimación es demasiado suave,
o la del Yang-tsc, son tan poco parecidas unas a otras las condiciones de vida demasiado favorables: tenemos
como las civilizaciones "archipelágicas": la minoica, la el caso de Capua, perfida Capt..ta, la traidora c¡ue perdió
japonesa y la helénica (1, 269). a los soldados de Aníbal.' Pero ¿,la ley no se cumple en
Lo cierto es que las ciencias de la naturaleza no todas partes? ¿Dónde nació la civilización china? ¿En
podrían proporcionarnos la clave del enigma. En este las riberas del agraciado Yang-tse o en las del demo-
punto Toynbee se une a Spengler. Se trata de un pro-
blema humano - y la ley {\ue rige todo este amplio
campo es una ley de vida, a ley del Challenge and 7. éSc de.sean nlrns ejemplos~ La Circe de Ulises interviene
en el m"mt'nto oportuno, seguida de Calip.~o, escoltada por las
Resp011Se -; traduzcamos, si se '\uiere: Intimación y delicias de C.ana,in, Toynbee ha tomado el partido de mc,zclar a posta
Adaptación. Ley eterna: todos los ibros fundamentales las refn<"ncias hist6ricas y las r<"ff'rf'T\CÍas ¡wétkas.
196 1!17
níaco Hoang.Ho? y ¿dónde la civilización andina'? ¿En toles, atestiguado por los Actos, provocado por la se-
el templado Chile? No, en Perú, en un lugar donde se gunda desaparici6n del Maestro ...
plantean agudos problemas de irrigación y cultivo (11, Stimulus of blows. Al lado, las respuestas ante r.re·
34). El Atica, Grecia de las Gredas, ¿no es tan seca siones continuas: stimulus of pressures. ¿Historia pohtica
como húmeda y verde la pesada Beocia? -~ En todas de Egipto? La de una. tension entre dos polos extremos
partes, siempre ocurre lo mismo. La moderna Alemania situados, respectivamente, al Norte y al Sur (con Tebas,
no ha nacido en el hermoso jardín renano; se ha forjado el eoraz6n, en el centro). ¿Vitalidad, robustecimiento,
en el duro yunque de Brandenburgo. Los Ha?sbu~go fecundidad política de los países fronterizos? Véase el
no han salido de la más noble, sino de la mas deb1l caso de la India: la mayor parte del ejército de los
región de su herencia. Intimaciones de la rudeza: en hindúes se extrae todavía hoy del Penjab, de un país
relación con ellas, la llamada de la novedad - la potente que ha tenido que reaccionar sin cesar ante las presiones
llrurn1da de la tierra nueva: la civilización de Babilonia externas. Y mientras el centro cultural era Delhi, ex-
ha nacido en Asiria, donde había que roturar la ti~rra - puesto a los vaivenes, fue vivo y actuante; una vez trans-
y la civilización de la India, en el sur de la Pemnsula, ferido a Bengala por los ingleses, se marchita.U Pero
en una región de tierras iucultivadas. ¿de dónde surge el reino de los merovingios? En Austra-
Por lo demás, las intimaciones sólo proceden de la sta, bajo la amenaza de los sajones y los avaros. Y con-
naturaleza. Es de humanos, por orden y origen. De aquí quistada Sajonia, como estaba en las avanzadas, fue ella
las reacciones que provocan las pruebas súbitas, un la que se convirtió bajo Otón en la provincia vital entre
desastre, catástrofes: Roma reaccionando después de todás las demás.10
Alia, el Imperio otomano más fuerte cincm~nta años Finalmente, último stimulus: la respuesta ante las
después que antes del desastre de Angora y del triunfo persecuciones, Stimulus of petwlizations, está represen-
de Tamerlán (U, 702). Ley que se cumple a lo largo de tada por el cristianismo deudor de su vida secreta, mil
toda la historia, desde Zama a Verdún ... pasando por vec~s más intensa que su vida oficial, ante las perse-
el Pentecostés que sufrió el florecimiento <le los após- cuctones de los paganos y los emperadores. Es el mismo
caso ~ lo.~ fanariotas ante su condición de huéspedes
R. Sin tener en cuenta modificadones, muy sensibles, que ,u. precanos de un ghetto cristiano, con su actividad co,
fri() el Alica desde la Antigüedad. A dos pasos estaba Calcis, te- mercial, su toma de contacto con los occidentales y su
rritorio fecundo, pero n)inúsculo. Era necesario emigrar: <le ahí
la expansión de Calcis hasta Trada y Sicilia (ll, 42;. Pas~mos a talen~o de adminis~radores adquirido en la gerencia de
Siria. En ella "' inven!6 el alfabeto, se descubrió el Atlántico, se los bienes del Patriarcado; cualidades todas que, a fines
elaboró una noción de dios, común al judaísmo, a la religión de
Zoroastro al cristianismo y al islam, pero c,cl:r11ña a las religion~,
.sumeda, 'ei,;ipcia, médica y hclienica (II, 50). Ahoni bien ¿qué 9 . .Hoy es en la costa, tocando al mar, eJJ Bombay, doude
pueblos han propagado semejantes descuhrimicnlt.•? ¿Lo~ gruesos I~spond,endo a las incitaciones del Occidente ·vencedor, se des-
filisteo, o los delgados fcni<·ios, habit,rntes dc una berra pobre, pierta el gran movimiento nacional indio .
eslimuladus a la vez por el JlHH y por el desierto y r¡ue se fotnm . lO. Lo que vale para Europa vale para América: para ter-
a descubrir todo un muP-0,1;1 de.,conoddo', el Atlántico, al mismo ti~m- ~mar s~ ,peripln,. Toynhee nos conduce a los Andes, a Cuzco, a
po ,¡ue una pequefia cu"munidad de nómadas que vi,via, tamb!?n, en enocht,tlan, capitales activas (y no Tlaxcala O Chulula, f'iudades
las peores condiciones sobre los cascajos de Efram Y TmL,, dcs- resguard~das del interior), porque .sobre ella_, .se ejcrcia la presión
cubr[a el monoteísmo? de las tnbus de la selva u de los ehicbime,;-as (III, 207).
198 199
del siglo xvu, les valieron en el Imperio otomano una Os•mlíes, que conservaban sus hábitos de pastores
sorprendente revancha material y rnoral. _ de donde sacarían los roedios para trhmfar - . El
Conclusión: las civilizaciones nacen de la dificultad eastor Y sus perros r sus caballo,¡, animales que sabe
y no de y en la facilidad. A mayor intirnadón, más viva Oomesticar y qiw le permiten guiar el rebaño. Los pa·
respuesta, hasta un cierto límite, sin embargo. Donde dishahs otomanos fueron hombres a los que domestica~
se ha desarrollado con más fuerza la dvilizad6n escan- ron en lugar de los animales. Soldados o funcionarios,
dinava no ha sido cu Noruega, en la tierra menos agres- hicieron de ellos perros guardiauc,s humanos. Y por
te, ni en Groenlandia, en la más dura, sino en lslan· urut paradoja que s6lo es aparente, les cogieron no sólo
dia. Y ello porque esta civilización debía responder, en entre ellos, sino entre los cristianos. Y es que domar a
primer lugar, a las incitaciones de una migración trans- esos guardianes de hombres suponía tan dura prueba,
marina. De ahí que encontrara en Islandia condiciones tal restauración, c1ue Únicamente seres totalmente desa~
de vida más duras que en Noruega, Más duras, pero no rraigados de su ambiente humano eran capaces de eje·
demasiado duras, como en el caso de Groenlandia. cutarla. Pero tan pronto como a fines del síglo xvr fueron
admitidos musulmanes libres en las filas de los jenízaros
esto representó el fin de la institución. su desintegra-
• • • ción y la de1,aparicí6n (nl, 46).
Diferente y, sin embargo, análogo es el caso de los
Asi pi1es, Toynbce pretende decirnos cómo nacen espartanos. Cuando, hacia el siglo vn antes de Jesucristo,
las civilizaciones, Pero ¿nacer? Hay que vivir, Y perdu- la superpoblación de 1:i~ ciudades planteó al mundo
rar. La hfatoria está llena de civilizaciones abortadas, o griego un problema tdtgico, Esparta no lo re1>olvió me-
de civilizaciones detenidas que sin ser des.truidas por diante la expansión marítima. Y jostificadamente. Se
fueu.a,~ extornas dejan de desarrollarse f:'D un cierto precipitó sobre sus vecinos, los mesenios. Pero éstos
momento, se petrifican, por así deddo, y chocan con no eran, como los bárbaros colonizados por los demás
dificultades demasiado constantes y dema~iado fuertes; griego9, portadores de una civili7.ación inferíor.1t Y la
continúan viviendo en una horrible tensión sin llegar victoria de los espartanos .~obre ellos fue de esas "en
nunca a un surgimiento pleno. Ejemplo: la civiliza- que la espada entra en el alma del vencedor" (III. 53).
cí6n de los es11uimales, detenida, atada, por decirlo asi, Desde entonces, toda la vida espartana no tuvo má$
al propio exceso de "duro esfuerzo humano" que snponc que un objetivo: mantener la conquista y, para ello,
la cotidiana existencia en un medio ambiente semejante. forjar una máquina policíaca y de explotación cada vez
Otro ejemplo: las civilizad011cs do' los nómadas, que más rígida y más perfeccionada. En la base, en lugar
pagan sn audacia de afrontar la estepa. Ejemplos más
desarrollados, finalmente: los que proporcionan a 'foyn. 11. L.1 ~upnforidad de Jo3 i,:rie!(t>s sobr<" lM h,hbaros era tal
bee las civilizaciones de los osmanlíes y los espartanos. <Jue por una parte ba$faban P"'!',eiins ('ontin¡:cntes para asf'gurar
Una respuesta, la primC'ra, a rectuerimientos de orden el dnrninfo de lo$ primeros; Y, por otra. laR tierra~ oolonizadas, va·
humano. El prClhlema era dominar comunidades fuerte· lurii:adas l'<Jr lns griegos. eran a la vez ~ulidente~ para cubrir las
nec.,sidndr., de Jo, rrmQut'sta<los } lns crmqu(stadores. D,:, al1i n,,,
mente implantadas en terrenos que codiciaban los os- !imhiosís que foerun lus 1:iud;l<les griegas de Sicilia. la M11gn11
manHes, antiguos conductores de rebaños en la estepa. Grecia, tracia, t'IC.
200 201
de esclavos sacados de la masa vencida como en el caso occidentai un ¡jlradójico esfuerzo para f undír en el
de los osmanlíes, niños libres. Con estos niños se rea- campesinado msn los ideales contradictorios de LPnin
lizaba el mismo trabajo que con los jenízaros: severa y Ford. O mejor aún: los métodos de Fonl v el ideal de
selección, especialización absoluta, vigilancia estricta de Lenin (llI, 202). Para nosotros los problt>mas t•xternos
la vida privada, desarrollo del espíritu de emulación, están resueltos; nuestra té:cnica los domina, pero ¿somos
recompensas y castigos igualmente excesivos. Y tras ello, capaces de dominar m1estra técnica:!_ ~.<lf' triunfar en el
Esparta en estado de tensión y perpetua excitación. Es- plano interno? Es el gran problema y la gran prueba.
parta, gran ironía: un ejército incomparable, pero que Veamos.
los espartanos, ínfima minoría, no se atrevían a apro- Estamos ante lo <¡ne conduce a Toynbee, por una
vechar parque el equilibrio social, estrictamente cal- senda un tanto ondu ante, a plantear el prohlema del
culado, dejaba tan poco margen a las fantasías que una desarrollo intC'rnO de las sociedades y, principalmente.
victoria excesiva le hubiera descompuesto y echado aba- e~ problema de las r~laciones. entre sociedades e ind_i-
jo. Por eso, la victoria fatal de 404 condujo a la derrota v1duos. ¿Su respuesta? La sociedad no crea. No es mas
fatal de 371. Y a la decadencia (111, 71-75). que el lugar común donde (.'Oinciden las actividades
Civilizaciones detenidas. Civilizaciones osificadas. Se individ11aks. Organiza las comunicaciones entre indi-
imagina uno a los insectos: rigidez, inmovilidad, sin viduos, pero son éstos, y no las sociedades, los que
impulso posible. Todo se hace con un único fin: no de- hacen historia (111, 231). Las sociedades avanzan gra-
bilitarse. cias a los genios que modifican el medio común, res-
ponden a los requerimientos que la sociedad recibe, le
• • • imponen las mismas transformaciones que se han im .
puesto a sí mismos. Si los genios no triunfan es porque
¿Cómo, pues, medir la vitalidad de una sociedad? van por delante de los tiempos, en cuyo caso han de
Toynbee enumera sus criterios. En primer lugar, el do- desaparecer. 12
minio progresivo del medio humano. Después, el domi- A veces se observa una eclosión simultánea de ge-
nio progresivo del medio físico. Má;; tarde, la espirltua- nios. Los progresos están en el aire. Requerimientos muy
lización progresiva de todas las actividades humanas. semejantes se dirigen a individuos que se mueven en el
Incluso en el campo de la pura técnica: ¿no se trata del mismo medio ambiente y provocan respuestas idénticas.
paso de lo más denso a lo más ligero, de lo más pesado Pero la masa es siempre inactiva. Y lo que distingue
a lo más sutil - del carbón al mazut, del agua motriz radicalmente las sociedades primitivas de las verdaderas
al vapor? Finalmente, último criterio: la transición civilizaciones es la ausencia de minorías creadoras. En
de los requerimientos y de las respuestas de fuera aden- todas partes, siempre, el camino de la historia pasa sobre
tro. Para nosotros, por ejemplo, los problemas externos
están resueltos. Que no se diga que el bolchevismo nos 12, Todo genio rompe un equilibri<>, m,ís u m,;,n<ls laboriosa-
amenaza desde fuera. Es un hecho occidental y no un mente establecido antes de que él venga a incriminurlo. Unu vez
que l<l ha rolo ¿lo restablecerá sobre sus antiguas bases, en la
hecho extranjero: la crítica que el Occidente hace del linea de! titmpo, o sohre bases nuevas, en una línea imprevista?
orden social inestable y transitorio instaurado en el si- En todos los casos, el ¡il<lnio se hate contra la s0<;iedad, v el conB.icto
glo XIX. Y el plan quinquenal, una victoria de la técnica sólo puedt' tt'rminH con su d,;,rrota o con su triunfo (IÚ, 236).
202 203
las crestas que separan a las masas estancadas de las a una incitacfrín da origen inmediatamente a una nueva
minorías despiertas -los genios, que tienen sus leyes incitación. Y como las experiencias que se encadenan
particulares, su propio ritmo de vida ... varían, las civilizaciones puederi diferir unas de otras.
Acción, éxtasis y, de nuevo, acción. Lo que Toynbee Cada cual posee su estilo particular: Toynbee sigue en
denomina la ley de Retirada y Retorno, Withdrawal and este punto fielmente a Spengler. El estilo de la nuestra,
Retum, y que ilustra a continuación poniendo ante nues- y desde hace mucho tiempo (desde mucho antes de los
tros ojos, pinchados con un alfiler en pleno coselete, es deseubrimümtos contemporáneos), el estilo de la nues-
una maravillosa galería de genios. Transcribamos: san tra, digo, es el mffanicismo. Y d tercer volumen de
Pablo, .~an Benito, san Gregario Magno, Ignacio de Lo- Toynbee se cierra con esta condusión optimista: fl.o-
yola, Buda, David, Sol6n, Filopémenes, César, León recilmtc, ahortada o detenida, toda civilización tiene
Siriaco, Mahoma, Pedro el Grande, Lcnin, Garibaldi, su sentido en un Universo animado por el ritmo que
Hindenburg, Tueídides, Jenofonte, Josefa, Ollivier expresa <'l verso del Corán (X, 4); "Todos volveréis
(¡:E:mile!), Maquiavelo, Polihio, Clarendon, Abenjal- a él. Tal es la verdadera promesa de Dios, Él hace
dún, Confucio, Kant, Dante y ... HalTllet. El humor bri- emanar la creación y después la hace retornar".
t;Í.nico no pierde nunca sus <ll'rechos. 13
Rt>tirada y Retorno: movimiento universal. No sólo
afecta a los individuos, sino a los gn1pos que, castiga- La lección de ''A Study of History"
dos por la vida, se repliegan en sí mismos para lanwrse
luego con más fuerza que nunca (III, 233). Afecta a las Tal es esta obra o, al menos, sus comienzos ('foyn-
propias civilizaciones; y Toynl:wf' pretende descuhrirlo bee anuncia veinte volúmenes). Tal la atmósfera de esta
en la Rusia soviética; pero, para no ser infiel a su tf'oría gran empresa, plena de cualidades semibles, de bri-
sobre la impotencia de las masas, precisa claramente llos un tanto teatrales, de vivacidad y destreza.
que la withdrawal de la minoría creadora pr~ede siem- Atmósfera de escalofrío ante la amplia majestad de
pre a la de la ciYi1ización en su conjunto. E igualmente la historia; sensación producida en el lector confiado
precisa que frecuentemente los creadores están respon- por la evocac::iún magistral de todas las civilizaciones
diendo ya a nuevos requerimientos, mientras que la illfl- en numerus clausus, que se desarrollan ante sus ojos
sa dirigP, simplemente, los rcsnlta<los obtenidos con deslumhrados como los cuadros de un melodrama:
anterioridad. admiración no regateada por el prestidigitador que
De aquí deriva el hecho de que la evolución de la maneja con un brío tal los pueblos, las sociedades, las
civilización se haga a saltos. Expansiones bruscas segui- civilizaciones del pasado y del presente, de Europa y
das de repasos, reposos que preparan nuevos saltos de África, de Asia y de América; sentimiento de la gran-
(III_ !J.i'.5). Porque, en una sociedad viva, toda n~~·puesta deza de los destinos colectivos de la humanidad, de la
pequeñez individual del hombre, de su potencia tam·
13. Cada uno d,· e,tos genios ti.-n., dcrcch" ,1 una pequeña ,rnta bién, porque - conducido por Toynbee - llega a en-
ínfornrnliva de Z 11 ¡¡ páginas; de donde rnh· e11 estado df' pieza
anatómica, mutil,.do, deformado, mecaniT.ado " "ºJuntad. Gracias "
trever de una sola ojeada las veintiuna civilizaciones
los cuidad", ,1., un hombre, Toynb,..-, qn.-. a cada página clama sn fatídicas con que se ha tejido la trama de la historia
culto por la vida .. humana ... Y esta otnniscit'tlcia, esta total certeza, estas
204 205
explicaciones tan totalizadoras son tan perfectamente trarios, la cerrazón, el espíritu de monografía? Perfecto.
explicativas que, al cabo de cincuenta páginas, uno siente Nunca seremos demasiados en favor de esa cruzada.
nacer una frenética envidia no de comprenderlo todo, Además, estemos más o menos cualificados para hacer-
sino de aprender, porque, al fin y al cabo, uno no sabe, lo, la buena voluntad no siempre es suficiente en estas
siemP.re, todo sobre todo - y porque quedan, todavía, materias: hace falta competencia. Pero, 'ciertamente,
por plantear algunos cxtrai:ios y bienhechores enigmas ... Toynbee no tiene nada que enseñar a ninguno de los
Si uno resiste a la seducción del mago; s1 uno recha- que, desde hace años - en Francia y en el extranje-
za la actitud sentimental del crevente asistiendo a un ro~. participan en el esfuerzo del grupo que Hcnri
culto; si se examinan las ideas frÍamcnlc, y las condu- Berr, animador de L'E.volution de l'Humanité, supo
siones, ¿qué hay de nuevo en todo eso? ¿qué hay de constituir en torno a su Revue de Synthese, a partir de
verdaderamente nuevo y que pueda, historiadores, in- 1901. Y tampoco a los jóvenes trabajadores que se reú-
citamos a volver sobre nuestro.~ pasos, a una condena nen en torno a los Annales d'Ilistoire l;conomique et
de nuestros métodos, a la adopción de métodos nuevos? Sociak, o a los experimentados científicos que, respon-
¿Nos detendremos en esos artificios seductores, en diendo al llamamiento del "Comité de l'Encyclopédíe
ese gusto decadente por las aproximaciones bruscas, fram¡aisc ", ~e han reunido para pensar el universo con-
por los imprevistos contactos <le hechos, ideas y aspec- temporáneo no par especialidades, sino en sus problemas
tos divergentes que ya señalamos en Spengler? Véase vivos y sin preocuparse por delimitaciones de escuela
el gran Mommsen (1, 3). Todo el mundo sabe que em- u oficio. A. J. Toynbee une simplemente una voz in-
pezó escribiendo, aproximadamente en 1854, una his- glesa a nuestras voces francesas. No nos corresponde a
toria "nacional", la del pueblo romano. Tras lo cual, se nosotros decir hasta qué punto esta vez se destaca de
dedicó a publicar textos e inscripciones, el Corpus, el las demás en el mundo británico. En el nuestro, su
Código de TeodoSio, el Digesto ... ,;Qué decir, sino sitio está en los coros.
que la curva de esta vida repro<luc~ sin esfuerzo 1a Toynbee tiene razón en procesar alegremente las his-
curva misma del siglo: ansiedad "nacional" al co- torias nacionales que sólo son nacionales y a los histo-
mienzo, y, por tanto, reducción del campo visual del riadores miopes que (1, 15) se niegan a ver en su país
historiador a esos trozos de humanidad que encierran un simple elemento de la totalidad. Con un ardor de
las fronteras; ansiedad industrial después, preocupación ne6fito enseña a sus lectores que uno no debe quedarse·
por la materia prima a recoger, elaborar, triturar: y, en hipnotizado en Inglaterra, sino tener en cuenta el con-
consecuencia, el historiador trabajando en las "fuentes", junto de la sociedad occidental - de la misma manera
en la materia prima de la historia ... Ahí tenemos una que no podemos dedicar nuestros desvelos Únicamente
ingeniosidad. Una agudeza que debería conducirnos, ló- a Atenas o sólo a Lacedemonia, sino a toda la sociedad
gicamente, a hacer de un Mabillon, auténtico proveedor helénica-. Muy bien. A condición de que nos acorde-
de materia prima histórica, el contemporáneo ignorado mos de un pequeño dato: el hombre que con más vi-
{y que se ignoraba) de una gran industria preocupada gor y autoridad proclamaba, no hace rnucho tiempo 1
ya por sus materiales y por su trituración ... l~s virtudes del método comparativo en historia, es pre-
Volvamos atrás. ¿,Toynbee predicando, tras las hue- cisamente autor de una historia nacional. Se trata de
llas de Spenglcr, la guerra santa contra los cortes arbi- Henri Pirenne, quien supo hacer de la Historia de Bél-
206 2f11
gica el más rico capítulo de una historia de Europa todo: el método histórico comparativo. En consecuen-
que aún está por crear. Lo que, si fuera preciso, de- cia, una cuestión se plantea para nosotros, aficionados
bería ponernos en guardia contra fáciles oposiciones y y buscadores de realidades históricas y no de verdades
prédicas un tanto simples, al modo del publicista, fi}osó6C'JS: ¿es lícito, metódicamente sano y correcto
pero con el horror del científico. de procedimiento instituir, entre veintiuna civilizacio·
Aclarado todo eso, hay que hacer balance: 1.300 nes escalonadas de un extremo a otro de la cadena de
páginas de texto que acabamos de resumir en una vein- los tiempos y distribuidas por toda la circunferencia
tena, poco más o menos, y cuyo rontcnido "original'' del globo, una serie de comparaciones válidas y fe-
se reduce, al fin y al cabo, a tres o cuatro tesis. ¿Dis- cundas?
cutibles para el historiador? Sí, con la condición de Veámoslo con Toynbeq, ya que en la primera parte
ponerse antes de acuerdo sobre ciertas precauciones. de su ijbro dedica cuarenta páginas a hacer la apolo-
Toynbee, a diferencia de Spengler, no profesa el gía no diremos de el método, sino de su método com-
pesin;iismo radical. Más bien al contrario, enseña lo que_ parativo. Y, una por una, expone, y luego refuta, las
podnamos denominar un optimismo cosmológico. En objeciones que más se teme. He aquí la primera:
su opinión, la significación de tantas civilizaciones como las sociedades no son comparables por heterogéneas.
han venido al mundo y han desaparecido se Tevelará Nada tienen en común, salvo este hecho bruto: todas
en otro mundo. Respetable creencia, aunque bastante representan campos igualmente válidos de investigación
vaga (si me atreviera, diría: un poco clorótica); pero histórica - lo que es un tanto vago para permitir rea-
no vamos a discutirla, ya que -es irrelevante tanto lizar verdaderas comparaciones-. Error, responde
para la historia como para la crítica. Toynbee. Las veintiuna sociedades tienen de común en
Preocupado por volver a _dar a la historia su im- todos los casos lo siguiente: son "civilizaciones" y no
pulso vital, Toynbcc trata, por otra parte, de salvarla sociedades primitivas. Las sociedades primitivas son
ae la mecanización. De ar1uí, desde luego, todo el ar- 650. Pero estas veintiuna civilizaciones tienen por sí
senal de expresiones y metáforas "vitalistas"; y, sobre solas más miembros que todas las sociedades primitivas
todo, la ley suprema de la vida (en su opinión, al me- juntas. Y el hecho de que todas ellas son igualmente
nos, la ley de Challenge and Response). Y en esta oca- "civilizaciones" nos proporciona una base válida para la
sión, historiadores, decimos: fórmula filosófica. Verdad comparación. Sea. Pero ¿no habría que ponerse de
filosófica, si Toynbee lo prefiere. Pero que no vamos acuerdo antes sobre lo que llama civilización?
a discutir. Como tampoco discutiremos la ley del Segunda objeción, que se opone diametralmente a
Wlthdrawal and Retum que lleva a nuestro autor a ins- la primera: heterogeneidad de las civilizaciones. Acaba-
talarse en la misma cadena para hacer desfilar ante mos de ver lo que hay que pensar sobre eso; unidad
nosotros a Tucídides, Mahoma y.. ~mile Ollivier. de la civilización. Siempre habrá quien mantendrá la
También en este punto, simplemente diríamos: nada tesis: la humanidad es una; no permite su separación
que tenga que ver con nosotros; nada que tenga rela- en ramas; en consecuencia, no puede hablar.se de civi-
ción con nuestro trabajo, nuestras preocupaciones y lizaciones: no hay más que una, ln Civilización. - Toyn-
nuestros métodos - nada, si Toynbce no pretendiera bee dedica más de veinte páginas (I, 150-172) a com-
haber dest·ubierto estas leyes por la grada de un mé- batir esta tesis y, de paso, la concepci6n europeocén-
208 209
14. ""' u
trica de una historia que, en el fondo de su corazón,
gustaría a la civilización occidental del siglo xx. Cosa • • •
que_ está muy bien - pero el lector francés, primero,
sonríe al ver a don Quijote lan7,.irse contra ese espejo Queda la última objeción: "Todo hecho histórico es
con tanta convicción; tras lo cual, se sorprende un un hecho único -y, en consecuencia, por naturaleza
poco: ¿no será que la Gran Brelaiia seguirá siendo tan y definición, imposible de e~:imi:iarar a otros-". T~da
tiel a las ideas del siglo XVlll declinante para que hagan vida, responde Toynbec, no sm cierto malestar, toda vida
falta tantos esfuerzos, tantas páginas para combatirlas? es a la vez única y comparable a las otras vidas. La
Toynbee ve venir una objeción más grave: "Las existencia de ciencias como la botánica y la zoología,
veintiuna civilizaciones - se dirá - 110 son rnntem- las eiencias biológicas en general y la fisiología de-
poráneas; se extienden a lo largo de 6.000 años. ¿Cómo muestra por sí sola, experimentalmente, que los fenó-
compararlas, entonces?" Pero ¿qué son 6.(M)() aüos si menos de la vida pueden ser comparados. Y de forma
se piensa que el mundo se remonta a dos mil millones semejante, la cxisteneia de la antropología, que no se
de años, la vida sobre la tierra a 300 millones y la apa- priva en absoluto de hacer comparaciones ... ¿Compa-
rición del hombre (nosotros dejamos, naturalmente, a raciones? Pero las sociedades primitivas son socicdaaes
Toynbee la responsabilidad <le todas esas fechas) sin historia ... - - Sólo os lo parece, responde Toynbee,
a 300.000? Así es que 6.00() años, y vi~tos desde Sirio, porque faltan documentos. Admite usted que se com-
no son nada. Una película de tiempo ~in grosor apre· paren instituciones primitivas. Si usted pudiera rec:ons-
dable. ¿Vamos a establecer difereneiasi' Así pues, si- tituir la historia de las sociedades que las adoptaron
gamos: todas las civilizaciones son contemporáneas. o cre:.uon, admitiría también que se estudiara compa-
Tanto más cuanto que cada una de ellas, como un ver- rativamente esas sociedades en su evolución. Por tanto,
dadero individuo, no representa nunca más que tres ¿qué le impide admitir que se estudie comparativamen-
edades sucesivas: la de la génesis y, si lo hay, el en- te, de la misma manera, las sodedades, las civilizacio-
cuentro con una civilización externa; la del nacimiento; nes r¡ne poseen todos los documentos necesarios para
la edad de la afiliación a una nueva civilización o la un estudio tal? Tanto más cuanto que, desliza hábil-
de la extinción pura y simple. ¡Pasa, nuez! La nuez mente Toynbee (1, 180), de todo estudio empírico de
pasa; el prestidigitador es hábil, pero ¿no lleva acaso las civilizaciones resulta la existencia de un elemento
a mecanizar una historia que se trataría de vitalizar? de regularidad y de repetición que proporcionará la
Dejémoslo y dejemos también lo que sigue. La nue- mejor de las bases a nuestro método comparativo. For-
va puerta que Toynbee hunde presionando vehemente- ma astuta, como se ve, <le dar por demostrado lo que
mente con los brazos extendidos (1, 175-177): todas las habría que demostrar.
civilizaciones se hacen valer, afuma, y la nuestra no Después de lo cnal, nuestro autor afi.ade: ¿discuten
es una culminación. ¡Levantemos acta! ustedes, historiadores, con pffiantería sobre la posibi-
lidad de aplicar el método comparativo a hechos vivos
o que fueron tales? Los homhres tiP negocios no dis-
ruten tanto. ¿SohrP qué fundan sus empresas?, ¿sobre
qm'- basan, por l'jemplo, las cümpafiías de seguros sus
210 211
actividades? Sobre estar.listicas. Es dC'C'Ír, sobre compa- viera má.s cul'iosidad por las cosas y las ideas de Fran-
raciones válida,<, entre hechos que se consideran "úni- cia (dejando aparte a gmile Ollivier y Gobineau) - no
cos", Las estadísticas no engañan: desprécielas, y su creo, digo, que nunca haya tomado posición contra el
empresa se debilitará, utilícelas juiciosamente, y pros- método comparativo. Al contrario, creo saber perfecta-
perará. Por tanto ... Por tanto, imitemos a los hombres mente que he roto más de una lanza en su favor. Pero
de negocios, historiadores timoratos. Y 11tilicemos, como con las necesarias prudencias.
ellos, el método comparativo. Comparemos, sí. Pero como his_to!ia~ores. No por el
¡Un momento! Yo no pregunto si es a la noción de gozo perverso de sumergirnos en la nada··ae veintiuna
precio de coste o primas de seguros a calcular adonde conchas vacías, sino por el sano y fuerte placer de apren-
conducen finalmente tan hermosas d("('laracioncs sobre
der de lo concreto, de disecar cada vez con más agu-
la vida y la historia viva. Yo pregunto, simplemente:
deza e.ms cadáveres de tiempos idos que son las civi-
¿asegura usted que los hombre.~ de negocios deben su
lizaciones. Comparemos. Pero no para fabricar, al :6n,
buen sentido al hecho de que no se han formado en
los métodos desusados de la historia? Perfecto. ¿El a la buena de Dios, extraños conceptos abstractos de
buen sentido les incita a encontrar "muv natural" el iglesia ecuménica, estado universal o invasión de los
empleo del método comparativo en su- campo? De bárbaros, con datos chinos que se mezclan con hechos
acuerdo. Pero ¿qué es lo que comparan?, ¡_a qué limite indios, nisos y romanos. Comparemos para poder sus~
de tiempo aplican sus comparaciones? Si se salen de tituir por plurales esos singulares, pero con conoci-
esos límite~ yo les desaconsejaría, .~in vacilar, que basa- miento de causa. Para poder decir, si se me permite
ran sus cálculos para la próxima cosecha en las Hnc- elegir un ejemplo que me es familiar: no ya 7.a Reforma,
tuaciones de los precios del trigo en las riberas del sino las Reformas del siglo xvr, mostrando de qué ma-
Nilo durante el reinado de Ramsés 11 ... Y no vacilaría nera éstas se han operado en formas diferentes en dis-
incluso en rogarles que se lo pensaran dos veces antes tintos ambientes nacionales y sociales como respuesta
de deducir de la observación de los hechos europeos de a los "requerimientos" del mundo medieval descom-
hace cincuenta años leyes aplicables, tal cuaf, a los puesto; las Reformas, lo que no quiere decir una colec-
hechos europeos de hoy. Pero dejemos de seguir a ción de disertaciones monográficas sobre los detalles de
Toynbce en su campo y de polemizar 6.cticiamente los dogmas formulados por Lutero, Zuinglio, Melanch-
a ejemplo suyo con interlocutores británicos que, vis- lon, Hucer o Calvino, sino la explicación de las varian-
tos a través de él, nos parecen viejos de viejos países tes que introducía la vida, con sus particúlaridades, en
atrasados y de una ingenuidad un paco demasiado fa- el conjunto de las "concepciones del mundo" que estos
vorable a los éxitos de Toynbee. No creo que ni yo, hombres formulaban para uso propio y para el de
ni ninguno de los compañeros de annas históricas de sus contemporáneos. Cada una de estas variantes debía
que hablaba antes - los de la Revue de SynthCse, los tener en cuenta todas las de los vecinos y se originaban
de los Annales y los de la Encyclopédie - demos la en las condiciones dr existencia propias de los indivi-
impresión de ser historiadores refractarios a cualquier duos, los grupos, las clases y las naciones. Cierto que
innovación. Yo no creo - y la colección de estas publi- es una empresa para la que se necesita mucho impulso.
caciones propürcionaría un testimonio a Toynbee si tu- Pero, al fin y al cabo, modesta, si la comparamos a la
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de Toynbec. Menos de un siglo frente a 6.000 años: los países dejen de ironizar sobre los especialistas, esos
película por película, la primera es más delgada. atrasados que tienen la culpa de todo. Toynbee y sus
A lo cual se objetará lo siguiente: "Ese pasado que émulos son, al menos, tan atrasados como ellos. Los
usted trata de comprender e interpretar en su trabajo, en especialistas son de "ayer", los otros también, si no són
definitiva ¿no lo reconstruye usted realmente?" - Claro de anteayer. "La vida": se les llena la boca con la
que sí. Toda ciencia es constructiva. P_ero no toda cons- _ palabra. Igual que a los de 1900. Pero no va a ser
trucción es igualmente sólida, leal y lícita. Decir que comparando a la vez veintiuna civilizaciones como se
los documentos no lo dicen todo; decir que el histo- captará la vida. Por fuerza ha de desvanecerse entre
riador ha de tener, para interpretarlos, adivinación, una las manos de los ··comparatistas" que enfrentan vio-
cierta especie de sensibilidad, antenas; decir que de lentamente Asurbanipal con san Luis o Sesostris con
los documentos no se desprenden irresistible y automá- Lenin. Menos devoci6n verbal por la Vida y más res-
ticamente las mismas conclusiones, son otras tantas peto por !.as Vidas. En los límites de un determinado
perogrulladas, Pero pretender reconstihtir de manera período ¿es ya tan difícil para el historiador, me ima-
válida el -pasado con la ayuda de una centena de datos gino, no proyectar sus ideas, sus sentimientos, sus preo-
sacados de algunas memorias de especialistas es una cupaciones de hombres de siglo xx en los espíritus y
audacia. Pretender hacerlo de tercera mano, siguiendo los corazones de los hombres del siglo xv1? Comparar
datos obtenidos en manuales, es una quimera. veintiuna sociedades es querer cometer veintiuna veces
Y añado: es realmente una pérdida de tiempo con- multiplicado por veintiuna el pecado capital, el pecado
tinuar oporiiendo, wmo se hace perezosamente, el .. es- irremisible del anacronismo. Y de una sola vez.
pecialista", autor de monografías, al verdadero histo- ¿Tienen o no tienen historia los "primitivos"? El
riador, constructor de síntesis. Aquí hablo como prác- problema no es ése, en mi opinión. Lo que distingue
tico de la historia. ¿Especialista o sintetista? Las dos las tribus de "primitivos" de las sociedades de los "'ci-
cosas a la vez, porque hay que ser las dos cosas. Gene- vilizados" es esencialmente esto: puede hablarse con
ralizar en lo concreto, sin preocuparse por abstraccio- cierta legitimidad de los zulúes o los cafres, porque
nes hechas t?n serie: ésa es la cumbre última a coro- están relativamente muy poco diferenciados en el in·
nar por el historiador, la más alta y la más difícil. terior del grupo; en cualquier caso, mucho menos que
No todos la alcanzan, ni todos están dotados para al- los civilizados. Pero es arriesgarse a cometer un abuso
canzarla. Y no la trasponen más que los que primero de confianza histórica hablar, si no se hace con aten-
hayan hecho le11tamente, penosamente, difícilmente, sus ción, de los griegos, de los romanos, los franceses de
marchas de aproximación por la montaña. No hay nada la Edad Media, los italianos del Renacimiento-y aun
que pueda dispensar de eso a nadie. Pretender enca- más, de los hombres de la Edad Media o de los del
ramarse en la cumbre de un salto, tomar en ella una Renacimiento ("sin más", como quien dice). Y em-
pasición de vanguardia y luego partir de nuevo de otro brutecer la vida, con el pretexto de expresarla con
salto, saludando, está muy bien para una fotografía una sola palabra. Recojamos un ejemplo caro a Toyn-
de portada en una revista ilustrada. Pero eso no pasa bee: el "duro esfuerzo" de sus espartanos es muy real
entre los alpinistas. Quiero decir, los historiadores. pero es el duro esfuerzo de un hábil periodista. Salte-
Y ataque final: que Toynbee y sus émnlos de todos mos, también nosotros, los siglos, aunque no sea más
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que por una vez. ¿No se escribirían, si uno quisiera, indistintamente, las veintiuna puertas de las veintiuna
hermosas páginas comparando Esparta con la Alemania civilizaciones. Pero es que ¡jamás hemos intentado te-
de los nazis? ¿Pero qué es la Alemania de los nazis, nerlas! Aun sin orgullo, tampoco estamos faltos de con-
sino un título, una rúbrica, una forma cómoda de expre- fianza. Sabemos perfectamente por qué la historia es
sarse? ¿Alemania nazi? Son los propios nazis quienes todavía entre las ciencias humanas una Cenicienta sen-
lo consideran una realidad. Pero la realidad viviente tada debajo de la mesa. Y sabemos también que parti-
de la Alemania contemporánea está hecha, a los ojos cipa en la crisis general y profunda de las ideas y de
del historiador y para hablar con el lenguaje de Toyn- las concepciones científicas que ha provocado un súbi-
bee, de respuestas diferentes rp1e los diferentes grupos to impulso de ciertas ciencias: en particular, la física,
y los diferentes individuos dan ante las "incitaciones" al destruir nociones que desde hace varias décadas
del nacional-socialismo. Está hecha de toda la gama de parecían adquiridas y sobre las cuales la humanidad
compromisos que se escalonan desde el 95 por 100 descansaba a pierna suelta. Sabemos que nuestras
de adhesión hasta el 100 por 100 de rechazo, y de la ideas, fundadas en una filosofía científica pasada de
fusión dinámica (y viviente) de tradiciones vivas, su- moda, han de ser revisadas en función de tales trans-
pervivencias fragmentadas y experiencias vividas que formaciones y porque la ciencia es una y todas las
recubre el manto del conformismo oficial. Y Esparta demás ciencias solidarias de ella - y nuestros métodos
¿qué? Si la uniformidad nazi no es más que una pala- revisados en función de nuestras ideas-. Nada hay
bra, ¿qué pensar de la uniformidad espartana y de la en eso que nos espante, nada que pueda incitamos,
imagen que de ella nos da Toynbee? No echemos sobre renunciando a nuestra labor prudente y difícil, a echar-
tantas lagunas la máscara de un decorado de cartón nos en los brazos de milagreros, de taumahugos cán-
piedra, prestigioso, por lo demás, y muy al gusto del didos y astutos a la vez, de fabricantes de baratas filoso-
Londres de 1936. fías de la historia. Pero en veinte volúmenes.
Historia comparada a lo Toynbee ... ¿,No estaremos Y en cuanto a la afinnación implícita que se deriva
ante una resurrección, en el siglo XX, de un viejo géne- del libro de Toynbee, afirmación que no se formula,
ro literario que h1vo su momento de plenitud y sus pero que se advierte en cada una de las páginas del
obras maestras? Un género literario que desde Luciano libro, "la historia se repite", hay que decir: sí, la his-
a Fontenelle se llamó Diálogos de los muertos. toria se repite, en efecto. En todo el sentido en que
Concluyamos con dos palabras. Lo que de loable lo expresaba aquel viejo bibliotecario de un Sha ago- '
nos aporta A Study of History no es gran cosa nueva nizante. El monarca deseaba tanto, en el último minuto
para nosotros. Y lo que nos aporta de nuevo, no nos de su vida, aprender toda la historia ... "Mi príncipe
sirve. - le dijo el viejo sabio-, los hombres nacen, aman
Una vez leído el libro andamos un poco a tientas: y mueren".
no se ha echado nada por tierra, nada se ha conmocio-
nado; no estamos más engreídos de nuestras conquis-
tas que antes - tampoco desazonados por los fraca-
sos -. La verdad es que no descubrimos en nuestro
bolsillo ninguna llave. Ninguna ganzúa capaz de abrir,
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HACIA OTRA HISTORIA
219
samente extensas, estudios penetrantes de textos de tiempa. Jgualmente, no se es cristiano si uno no se sitúa
todas las procedencias, viajes y encuestas en el extran. a si mismo y, con él, las sociedades, las civilizaciones
jero), a ese punto en que las grandes obras parece y los imperios, entre la caída, punto de partida, y e!
como si nacieran de sí mismas bajo la pluma del maes- juicio, punto de llegada de todo lo que vive aquí abajo.
tro que las lleva en él - Marc- Bloch, la más cruel, qui- Lo que significa a la vez encuadrarse a sí mismo y en-
zás, y la más inexpiable de todas las pérdidas hnmanas cuadrar al universo en la duración - y por tanto, en la
sufridas por Francia entre 1940 y 1945. historia.
He dicho en otro sitio cómo, de vuelta a Francia, Así pues, que muchos portadores de la civilización
después del armisticio, por el peligroso circuito Dun- oecidental se hayan desembarazado, bruscamente en
kerque, Londres, Rennes, lejos de sus notas escondidas las últimas décadas, de su viejo gusto por la historia;
en París en lugar seguro, más lejos aún de sus libros que hayan puesto claramente de manifiesto su desilu-
cuidadosamente empaquetados y expedidos a Alema- sión por hombres que habían creído demasiado en lo
nia por el ocupante, este hombre que detestaba la ocio- que les gustaba llamar sus "lecciones"; que el ritmo
sidaci, tomó la pluma y empezó a llenar páginas con propio de las revoluciones técnicas, tan furiosamente
sus reHexiones sobre la historia. Y, en primer lugar, acelerado, engendre cada diez o quince años en nues-
sobre su legitimidad, tanto con respecto a los propios tras sociedades verdaderas mutaciones psicológicas.
historiadores como con respecto a nuestra civilizaciÓf!-, c1ue corresponden en cada caso a nuevos cambios: fe-
interesada directamente en el debate. rrocarriles, después automóviles, más tarde aviones, y
Porque, en el fondo y desde sus orígenes, se trata la piel de zapa escogiéndose a sacudidas; vapar, des-
de una civilización de historiadores. A diferencia de pués fuerza eléctrica, más tarde energía atómica en
tantas otras, algunas de ellas importantes como, por vías de domesticación, y todo lo demás, que harían
ejemplo, la hindú. 8 Incluso el cristianümo, la religión falta páginas para enumerar, todo lo que afecta al géne-
que expresa tantos de sus aspectos fundamentales, es ro de vida, el compartamicnto individual o colectivo,
también, ciertamente, una religión de historiadores. las reacciones sensoriales de los hombres; 4 que este
"Creo en Jesucristo, que naci6 de la Virgen Ylar(a, fue ritmo propio, que esta aceleración prodigiosa de las
crucificado bajo Poncio Pilatos, resucitó de entre los transfonnaciones ahonde cada vez más la fosa que se-
muertos al tercer día": una Teligión fPchada. Y estas para las generaciones y rompe las tradiciones. Todo
referencias no constituyen para el fiel un accesorio, en eso es algo que no puede ahora probarse ampliamente.
absoluto. No se es cristiano si no se aceptan esas afir- Consecuencia, entre otras: un gran desdén por la his-
maciones, que la religión coloca en el umbral de la toria. El desdén de hombres que se embriagan con sus
creencia, como otras tantas verdades situadas en el conquistas, sin tiempo para establecer sobre ellas una
3. Sobre la historicidad de las diversas civilizacionf"s sabemos 4, Tampu,·a l,ay ..,tudio, concertados. Apenas si los "filmogis-
muy pocas cosas. Demasiado dichosos somos cuando podemos recu- tas" d~ r~l'in,lt' nadmientu empiezan a inquietarse. Henri Wallon
rrir a Granet 1>ara la China. Habría r¡ue provocar estudios seme- ha trazado, en el marco de su., estudios, un programa tan interesante
jantes, alertar a los indianistas, los egiptólogus, los ~,iriólo¡:us, de. para e] historiador como para el 6.lmólogo; falta operar con él, y
Tales estudios sólo se harfo a partir de la solicitacifm directa d~ \ns proseguir siinnltáneamente e~tud10s sobre los organismos humanos.
interesados. Sin d,·,¡,re,ür t>l problema de la w•\ncidad.
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fundamentadón duradera; porque, mañana, nuevas la practica; todo, no como un pedante que dogmatiza,
conquistas vendrán a poner todo, de nuevo, en tt>la sino como el hombre r¡ue trata de eomp~enderse total-
de juicio. Desdén de hombres que se proclaman orgu- mente. Lo que en el libro de Marc Hloch gustará an-
llosamente hijos de sus ohras - y no ya de sus pre- te todo, más que su alegato en favor de la historia, son
decesores anticuados-. ¿Qué les importa Volta a nue~- esas preciosas confidencias. Las reflexiones del maestro
tros constn1ctores <le centrales eléctricas? Es como ha- sobre- un oficio delicado. Libres, pero ordenadas, sin
blar de Jcaro a un constructor de aviont>s. Agua pasada, pizca de academicismo ni de herencia.
Y el prejuicio aumenta cada vez más: ¿cómo perder En ello reside, creo, lo que en este libro puede inte-
el tiempo en hacer historia euando tantas tareas fecun- resar de modo principal, interesar ante todo al filósofo,
das y que "rinden" rcquieren hoy todas las energías, preocupado por captar los aspectos vivos de las disci-
todas las inteligencia.~? plinas contemporáneas. Ahí reside, en cualquier caso, lo
¿Hay r¡ue reaccionar contra estas tendencias? Sin que a nosotros, historiadores, nos interesa con respecto
duda, en la medida en que presentan el riesgo de res- a la crítica filosófica. (.Es necesario decir que, en gene-
quebrajar los fundamentos mismos de una civilización ral, ésta no nos presta todos los servicios que desearía-
de historiadores. Bloch partió de esta gran preocupa- mos? 5 Sin duda, pasa que los filósofos siguen siendo
ción. El primer título de su libro nos lo revela de forma un poco víctimas de los historiadores - quiem decir
excelente, en tres palabras. Pero hay el segundo. Ya he de los prejuicios que demasiados historiadores continúan
dicho que era hermoso. Y lleno de promesas, igual- propagando: prejuicios heredados de un pasado lejano,
mente. aceptados sin discusión por prácticos poco dados a ma-
nejar ideas y prestos a aprobar las observaciones de
• • • Péguy sin darse cuenta de su anticuado gusto avina-
grado-.....De una forma general (cito de mt'moria y
Es .raro que un historiador de la talla de .),lan; Bloch pido excusas) no es sano que el historiador reflexione
saque de sí mísmo, de su vivencia - t:nando está en demasiado sobre la historia. Durante el tiempo que se
plena producción y las obras que lleva dentro de sí le ocupa de eso, detiene su trabajo. Y el filósofo (al quedar-
obsesíonan - , es raro, <ligo, que formule las lecciom~s se sin oficio) se cruza. de brazos. Con To que tenemos
de su experiencia para comunicarlas a rns contemporá-
neos. Miehelet, que era la historia misma, no lo hi:,;o. 5. Dicho con !<>das ],1s precaucione., precisas. Es un hecho que
Ni Fustel. Ni Jullian en nue~tros días. Tampoco I'iren- historiador y fi]ÓS<l!<> ,,.p,est'nt!ln ,·n gcn<'ral dos tipos de hombres
ne. Enseñarcm y, en consecuem:ia, transmitícron a otros l,a,tantc daramcutf' diff'renciadm. Es un lu·d,o también que en los
oríg,·n<'S de lo que nosotro~ ,·nncebimos conrn historia hubo eficaces
un poco <le sus reílexionés. Pero hay <lifen:>ncia entre Y lenindas refln10ncs y sngcstiones de filósofos. ¿Cómo no refe-
los consejos impartido.~ a aprendice.\ t:n el Lajo, de una rii.s,- n L,.ibni7?. h cómo no referirse más tarde a Herder y des-
forma discursiva y fragmentaria; hay diferencia entre pués a Hegel? E incluso en lo que respecta a Francia ¿a Víctor
esas imlicaeiones de trabajo y esta especie de coriliden- Cousin que lanzó a Michelet sub,., h, pista de Vico, a Quinet sobre
la de Herder: a Michclct, que cncargadt> de enseñar filosofía e his-
eia humana dP nn maestro explicando a lectores, que no toria en la Escuela Normal, protestó con energ(a cuando, al ser
son necesariamente "de los suyos", lo que reprcscnla S<'paradas las dos di.sciplina,, se le confió la de hÍ!ltoria? ¿Habrá
para él su labor. qué fines se propone y con qué espíritu qnt> recordar al Cournot df' las Consid,;,.ntio"s?
222 223
dos hombres que no trabajan" ... Péguy dice eso mucho Se comprende entonces la actitud de los mundanos
mejor. En realidad, los libritos que se titulan Introduc- y :sus risitas burlonas: mundanos para quienes hablaba
ci6n o Iniciación a los estudios históricos reflejan toda- paul Valéry formulando, no sin buen :sentido por otra
vía muy a menudo, en 1940, el estado de la ciencia ha- parle, el proceso de un cierto tipo de historia en el que,
cia 1880. Y la imagen que presentan de la historia no desgraciadamente, algunos no estamos dispuestos a re-
está hecha para atraer el interés de gentes inteligentes conocer el objeto de nuestras preocupaciones; Valéry
y que reRexionan. daba una lección a esos estúpidos que no se habían dado
No hay, por otra parte, más que ésos. Todo .el cuenta, antes de éi de que, por ejemplo, la aparición
mundo les dedica su atención. Hubo los mctodolog1s- en los hogares de la luz eléctrica fue un acontecimiento
tas impenitentes que descubrieron hacia 1880-90, que, histórico mucho más importante que tal congreso diplo-
al fin y al cabo, la historia no era más que un metodo. mático de soluciones efímeras. Cosa que nos divertía
El método histórico. El cual no era otra cosa que el mucho y que con demasiada claridad ponía de maniñes-
método crítico. Y por tanto, en absoluto un monopolio ro que nuestro censor leía libros de historia muy malos.
de los historiadores. De donde se seguía y_ue la historia, Hablando sin rodeos: no había leído nnnca ni una sola
al evaporarse, perdí~ todo contenido y toda _real!dad. línea de los artículos, discursos o libros de Henri Pi-
Cosa que, entre parentcsis, dispensaba a los histonado- renne, de Marc Bloch, de E. F. Gautier, del Jullian
res de plantearse la espinosa cuestión: ¿Qué es la his- de las Chroniques gallo-romaines o de las lecciones de
toria? ~ apertura en el Colegio, del Jules Sion de los :Etudes
Los sociólogos por su parte, con el enl~siasmo de méditerranéennes: nuestros clásicos, nuestros breviarios,
:ms :pri~eras conquistas, la_rizaban alegres ataques a un.a y sólo hablo, naturalmente, de los que han muerto. En-
disciplina tan mal defendida. Los dcf~nso~es de la es- tre los cuales, en cabeza, figuraba esa encarnación de
cuela durkheimiana no disipaban la histona en el hu- la historia en quien nunca dejamos de encontrar nota-
mo. Se la anexionaban como amos. Todo lo que en el bles presentimientos e ideas para la investigación de
campo de las ciencias históricas les pareda susceptible una fuerza singular: nosotros, los amigos de Michelet,
de análisis racional. les pertenecía. El re~ic.luo era la his- desde mi viejo maestro Gabriel Monod hasta su alumno
toria: una paginación cronológica, todo lo más, de ele· Henri Hauser, desde Marc Bloch hasta Renaudet, des-
mentas superficiales, muy frecuentemente, hijos de azar. de... pero somos demasiados. Que no sabemos lo que
Es decir: una relación, un relato.(; es la historia, evidentemente. De vez en cuando, per·
6. En 1934, en los An11<1Úls S<!ci<Jlv1;;,¡ue.,. Honglé concnlía que durkheimianos, al tratar de la morfologla ,ocia!, habían introdu·
la sociología "aunque consiga algunos ¡,rogresns" no ll<"garía qui- cido "una confusión que habían evitado en otros lugares". Por·
zá nunca, a pesar de todo, a luwer inútil el rel«tv hi,.!ór~co,, i a su- que encontraban Írt>nle a ellos "unidades" {entiéndase la aeogra-
plantar a la historia! Es<> ~ru bondad, desde lu<"go. \. anad,a. C<>'.' fia humana y la demografía) demasiado claramente constituida,
cnndesccndcnda: "'El histnriador frndrá que señalar s1,·mprt• clusi· ya como para intentar romperlas. "No tuvimos la valentía de rom-
ficadoues y conjeturas que el sociólogo .será imp,,!t'nte para t'X· per los articulaciones de una ciencia provi,ionalmente mejor hecha
plkar mediante una ley generar': Gr.acias p<>r liis. clasificaciones; que la de las partes de la sociología que nosotro• pretendíamos edi-
pern todri eso es c1,1lpa nuestra, hi.stonadore~. Ef~ct,v:,mcntc, ~n el ficar", Si la hhtoria hubiera sido, también, una "ciencia provhlona1-
mismn fascículo de los An11<1/e~. M. ).fauss explicaba por <¡lle los mente mejor hecha", acaso.,.
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B.-· n•VU
sanas que sí lo saben (e¡, .jU o;r.inión) nos dan una re- ¿Consideraciones pseudofilosóficas 7 sobre la historia?
primenda que sufrimos con eferencia; nos enseñan Tampoco. ¿Rectiñcaci6n de nociones crr6neas o desu-
que Michelet lo fue todo, salvo un historiador. Levan. sadas? Si se quiere, sí. Ante todo el lihro es una rP,vista
ternos acta. No hablemos más hasta el día en que, en crítica de las formas insanas de pensar y hacer historia,
conocimiento del público lo que de su diario íntimo ~ro en forma de charla libre entre hombres honrados.
escapó a las tijeras de Athenals Mialaret, Michelet vueI. El pedante no tiene aquí nada que hacer. Un ejemplo:
va a ser digno de interés. ¿No ha escrito Gabriel Monod ¿Va a trazar Marc Bloch, en el umbral de su libro,
que nadie había hablado de su vida íntima con tanta "una larga y rígida definición" de la historia? Es cierto
franqueza como su maestro? He ahí con qué conciliar que no faltan precedentes. ¿Qué historiador, al menos
simpatías especiales, llegado el momento. Y la solicitud una vez en su vida, no ha cedido al contagio? Marc
de los editores. Bloch rehúsa hacerlo. No define la historia. Porque toda
Dejemos eso. Hace algún tiempo formulé breves ob- definición es una cárcel. Y porque las ciencias, como los
servaciones sobre "una manera de concebir la historia hombres, tienen ante todo necesidad de libertad. (.Defi-
que no es la nuestra". Ahora, a nuestra manera, Marc nir la historia? Pero ¿cuál? Quiero decir ¿de qué fecha
Bloch nos da una exposición, por desgracia interrumpi- y en qué cuadro de civilización? ¿No varía la historia
da, pero ¡qué claridad! perpetuamente en su inquieta búsqueda de técnicas
No se trata en absoluto de que el libro sea polémiW. nuevas, puntos de vista inéditos, problemas que hay que
Al contrario, su serenidad es sorprendente. Es el mismo plantear mejor? Definir, definir; sin embargo, las más
carácter que Marc Bloch imprime a todos los libros que exactas definiciones, las más cuidadosamente meditadas,
nos ha dejado y que datan de ese período de 1940 a las más meticulosamente redactadas ¿no tienen el riesgo
1943, período que él atravesó con tanta dignidad, reso- de dejar al margen, en cada instante, lo mejor de la
lución heroica y nobleza. Sobre su admirable Testament historia? ¿Qué sentido tiene en estos tiempos de trans-
espirituel y sobre sus últimas opiniones he escrito que formaciones, incertidumbres, destrucciones, esa •gran
obligaban a pronunciar la palabra santidad. Palabra manía de las definiciones, apta para tiempos en que cada
que asciende de nuevo a los labios cuando se rememora burgués vivía, adosado al Gran Libro de la Deuda pú-
lo que ha podido saberse de la pasión y muerte de este blica, poderosamente empotrado en el sistema de Lapla-
gran francés. La tranquilidad con que, arriesgando su ce, con el bolsillo del chaleco bien provisto de na.
poleones invariables? ¿No evocan las definiciones la CO·
vida cada día, se enfrentaba con el ñn casi fatalmente
ennoblecía, depuraba todos sus pasos intelectuales. In~ nocida frase, divertida y profunda, sobre los alumnos de
cluso su estilo parecía como cambiado. Más sobrio. Me- 7. "Cada ciencia tomada aisladamt'nte no representa mb que
nos malicioso. Más emocionado por su contenido, sobe- un fragmento del movimiento universal hacia el conocimiento. Para
ranamente liberado de las pequeñeces y las mezquin- entender bien y apreciar ~ns procedimientos de investigación serla
indbpensable ~aber r<;<l¡¡.cfonarlos, con trazo perfectamente seguro,
dades del comercio cotidiano. Para volver a emplear la al conjunto de las tendencias que se manifiestan en las otras clases
palabra de antes: la claridad, la limpieza es más total. de disciplinas, en el mismo momento. Ahora bien, el estudio de los
Y más decisiva. métodos por si mi.i;mos constituye a su manera una especialidad
¿Es un método de historia este libro? En absoluto. en la que los técnicos se llaman filósofos. Es un título al que no
puedo a•pirar". Obra cit., Introducción, p. 17.
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una gran escuela científica "que lo saben todo, pero al ogro de la leyenda: donde _huele carne humana sabe
nada más"? Definir, pero ¿no es definir embromar? que está su caza."
"Atención, amigo mío, se está usted saliendo de la Pisamos ya un terreno sólido. Sólo falta añadir un
historia ... Relea mi definición, ¡es tan clara ... ! Si son trazo, pero esencial. La historia no piensa solam~nte
ustedes historiadores, no pongan el pie aquí; esto es en "humano". Su clima natural es el de la duraCJ.ón.
campo del' sociólogo. Ni allá: se meterían ustedes en Ciencia de los hombres, sí; pero de los hombres en
el terreno del psicólogo. ¿A la derecha? Ni pensarlo, el tiempo. El tiempo, ese cambio continuo, pero también
es el del geógrafo... Y a la izquierda, el del etnólo- perpetuo. ..Los grandes p~ob!emas de la inves~igació!!
go ... " Pesadilla. Tontería. Mutilación. ¡Abajo los tabi- histórica surgen de la anhtes1s de esos dos atnbutos.
ques y las etiquetas! Donde el historiador debe tra-
bajar libremente es en la frontera, sobre la frontera, con
un pie en el lado de ac.á y otro en el de allá. Y con • • •
utilidad ...
Eso es lo que ocurre de un extremo a otro del libro. No voy a seguir el pensamiento de Marc Bloch
Marc Bloch no ataca. Sigue su camino, recto, con fir- desde el comienzo a lo que es hoy, por desgracia, el
meza. Dice las cosas como las ve - y explica con sp- fin de su libro. Ya he dicho lo su6ciente para mos-
briedad par qué las ve así-. "'Historia, ciencia del trar su espíritu y el estilo. ¿Y lo demás? Trátese de
pasado." Así pues, el pasado en cuanto tal ¿es u~ o~- los límites de lo actual, de la forma en que hay que
jeto de ciencia? ¿Por qué no, entonces, una c1enc1a comprender el presente por el pa;;ado y también y
del presente o del futuro( No: "'Hace ya mucho tiempo principalmente el pasado por el presente; ya se trate
que nuestros grandes predecesores nos han enseñado de la observación, de sus características generales, de
a reconocerlo: el objeto de la historia es, por natura- la noción de testimonio y de lo que implica; de la men-
leza, el hombre". Prosigue Bloch citando esta opinión tira y del error y, por tanto, de la verdad en historia;
de un amigo: "'El hombre no, nunca el hombre, las de los problemas especiales del análisis y, en primer
sociedades humanas, los grupos organizados",8 opinión lugar, de los 6nes que con él se persiguen, es decir,
que no hay que considerar, por lo demás, como ten- juzgar o comprender ... Sobre todos estos problemas y
dente a excluir de la historia el estudio del individuo: sobre tantos otros relacionados con ellos se encontrará
nunca se tendrá la precaución suficiente con las fór- en este libro mutilado las opiniones de un maestro
mulas, esos ingenios mal regulados y que no siempre expresadas con una sencillez, una modestia y una hu-
estallan en el sentido previsto. Hay los campos y las manidad fuera de lo común.
máquinas y las instituciones, las creencias, los escri- "Si me da su aprobación, me sentiré a menudo
tos: detrás de todo eso que interesa a la historia, que halagado. Alguna vez me reprenderá. Y todo eso for-
es materia de 1a historia, lo que el historiador quiere mará un lazo más entre nosotros". Así terminan las
captar son los hombre.~. "El buen historiador se parece preciosas líneas que Marc l}loch trazó en mi honor,
a manera de dedicatoria", en la primera página de
su manuscrito. En realidad, yo apruebo sin reservas,
8. La lel'Te et l"évolution humai"", p. 201.
¡claro! Y si Bloch estuviera aquí, ante mí, como tantas
228 229
otras veces, con su mirada curiosa y divertida, yo no nado. Hay que empezar a operar. 'Lectura de los mi-
le "reprendería" en absoluto. Le agradecería, simple- crofilms, pasarlos a fichas, preparación de los mapas,
mente, que haya traducido tan bien pensamientos que de las estadísticas, de los gráficos, confrontacibn de
nos fueron comunes durante tanto tiempo y sobre los los documentos propiamente hiStóricos con los docu-
que él escribía que frecuentemente no podría distin- mentos lingü!sticos psicológicos, étnicos, arqueológi-
guir con claridad "si son de él, míos o de los dos" ... cos ... , etc., que pueden facilitar el conocimiento. Seis
Pero quisiera añadir alguna cosa a lo que ha dicho meses, un año: la encuesta está lista para pasar a ma-
Bloch. nos del público. La encuesta que un trabajador aisla-
La historia evoluciona rápidamente, como toda do hubiera tardado diez años para hacerla y no tan
ciencia hoy. Algunos hombres tienden a orientarse rica, ni tan amplia y menos probatoria. Y eso incluso
cada vez más, con muchas vacilaciones y pasos en falso, en el caso de que hubiera concebido la idea en toda su
hacia el trabajo colectivo. Un día llegará en que se amplitud.
hablará de "laboratorios de historia" como de reaüda. "¡El fin de todo! Sin arte. Sin personalidad. Una
des - y sin provocar sonrisas irónicas-. El trabajo mecanización del saber, como siempre. ¡Una más!"
del economista no se concibe sin un utillaje cada vez -¿Creen ustedes? Mi opinión es la de que mañana
más perfeccionado. Y, en consecuencia, sin la consti- será necesario saber más, tener más inteligencia, úna-
hlci6n de equipos bien entrenados, bien encuadrados. ginación y amplitud de miras (en una palabra: más
Y, por tanto, sin encuestas bien concertadas. Hay his- envergadura para plantear bien una cuestión tradicio-
toriadores que ante ese ejemplo que les afecta de cerca nalmente mal planteada), o principalmente, para plan-
empiezan a despertarse a una concepción nueva de su tear por fin, por primera vez, un problema que no se
trabajo. Una generación o dos y el viejo señor en ha planteado nadie aún y que tiene una enorme im-
su sillón, detrás de sus ficheros estrictamente reser- portancia para nuestro conocimiento tanto del presen-
vados para su uso personal y celosamente guardados te por el pasado como del pasado por el presente. Así
contra las codicias rivales como una cartera en un pues, ¿quién va a impedir que el que formula pregun-
cofre, el viejo caballero de Anatole France y de tantos tas, el maestro de obra tenga talento de escritor?, ¿y qué
otros, habrá terminado su pálida vida. Habrá dejado impedirá que se le emplee en dar cuenta de todos los
su puesto al jefe de equipo, alerta y dinámico, que resultados de la encuesta?
provisto de una gran cultura y animado a buscar en Esto no lo ha dicho Marc Bloch en su libro. Y, sin
la historia elementos de solución para los grandes pro- embargo, es capital, en mi opinión, para el porvenir
blemas C{UC la Vida plantea a las sociedades y a las de la historia. No es que él no estuviera de acuerdo
civilizaciones cada día, sabrá trazar los marcos de una en suscribirlo. Cuando, en 1936, al tomar posesión de
encuesta, plantear correctamente los problemas, indi- la cátedra de historia de la civilización moderna en el
car con precisión las fuentes informativas y, una vez College de France, yo exponía en una lección de aper-
hecho esto, evaluar los gastos, regular la rotación de tura - EXLJmen de corucience ílune histoire et il'un
los aparatos, fijar el número de miembros para el equi- historien-, ]o que entonces no era más que una opi-
po y lanzar su mundo en busca de lo desconocido. nión sobre el porvenir, él no me hizo, ciertamente, nin-
Dos meses, o tres, o cuatro: la recolección ha termi- guna objeción. Pero las circunstancias, esa especie de
230 231
,
repliegue sobre sí mismo al que Marc Bloch se vio amplia red de solidaridades y mutuos apoyos que su-
obligado inmediatamente después del choque de 1940, ple la ausencia del doeumento escrito?
el cambio de país, la necesidad de reaccionar más que Cuando no hay estadística, ni demografía ni otra
de expansionarse, todo eso, sin duda, explica un silen- cosa ¿vamos a responder resignadamente ante esta ca-
cio que no quita nada de su fuerµ y de su eficacia rencia? A1 contrario, ser historiador es no resignarse
a sus meditaciones, sino que, en todo caso, las fecha. nunca. Intentarlo todo, intentar llenar los vacíos de in-
Ahora bien, desde 1945 vivimos años cada uno de lo:. formación. Ingeniárselas, es la palabra exacta. Equi-
cuales vale pc:,r diez. Uno se cree precursor, cuando vocarse o, mejor, lanzarse veinte veces por un camino
ya el grueso de su tropa marcha unos cuantos kilóme~ pleno de promesas - y darse cuenta después de que
tras por delante ... no conduce adonde debía conducir-. No importa, se
vuelve a empezar. Vuelve a cogerse con paciencia la
• • • madeja de los cabos de hilo rotos, enmarañados, dis-
persos. ¿Relaciones de largo alcance entre antiquísi-
¿Se trata únicamente de técnicas y nada más? Téc- mas civilizaciones? ¿Textos? No esperemos tanto.
nicas, en efecto. Pero yo no estaría de acuerdo con ¿Y formas de barco, todavía hoy asociaclas a tal o cual
quienes hablaran sobre ellas con menosprecio. Y ya instrumento, a tal o cual práctica cultural, a un núme-
que tratamos este punto, pennitidme añaair algo. Me- ro a un vocablo a un rito? Fechados a veces, fortui-
nos importante, pero que tiene su valor. Indudable- ta~ente, y que s~ captan en un lugar, una, dos, varias
mente la historia se 6.ace con documentos escritos. veces: eso es lo que permite - con esta especie de
Pero también puede hacerse, debe hacerse, sin docu· embriaguez que da el caminar por una estrecha divi·
mentos escritos si éstos no existen. Con todo lo que soria, entre verosimilitud y fantasía, pura invención y
el ingenio del historiador pueda permitirle utilizar para constatación - , eso es lo que permite, repito, preparar
fabricar su miel, a falta de las flores usuales. Por tan- los materiales para un mapa, pongamos por caso, del
to, con palabras. Con signos. Con paisajes y con tejas. Océano Indico, la gran matriz de las civilizaciones,
Con formas de campo y malas hierbas. Con eclipses de antes que el Mediterráneo, acaso, conociera su prime-
luna y cabestros. Con exámenes periciales de piedras ra o:rdenaci6n y su primer florecimiento ...
realizados por geólogos y análisis de espadas de metal ¿Y más cerca de nosotros? Una sociedad medieva1.
realizados por químicos. En una palabra: con todo lo No hay catastro, no hay planos sobre parcelamíento.
qll;~ siendo del hombre depende del hombre, sirve ¿Tenernos que cruzarnos de brazos? ¿Tenemos qu~
al hombre, expresa al hombre, significa la presencia, la decir '"'no se sabe"? No. Otros documentos habra
actividad, los gustos y las formas de ser del hombre. sobre rentistas, terratenientes, "declaraciones ... Quíté-
¿No consiste toda una parte y, sin duda, la más apa- mosles el polvo, leamos, re8exionemos, inventemos y
sionante de nuestro trabajo como historiadores en un acabaremos procurándonos una especie de balance
constante esfuerzo para hacer hablar a las cosas mu- fragmentario de un territorio dado - pero hay otros
, das, para hacerlas decir lo que no dicen por sí mismas datos además: una estadística familiar con fecha fija;
sobre los hombres, sobre las sociedades que las han un reparto de cultivos, etc.
producido, y en constituir finalmente entre ellas esa No hay que subestimar el persistente dominio de
232 233
este viejo tabú: "Sólo harás historia con textos". Ima-
gino a un historiador de la pintura dictando: "'Hay • • •
pintura cuando se extienden colores al óleo sobre telas.
con pinceles". Y, en consecuencia, que no se moleste En realidad, el gran pr,2blema, el problema capital
a ese hombre con los frescos de la Arena en Padua, que se nos plantea hoy (y repito que Iiablo aquí como
el retrato de Jean le Bon en el Louvre y todos los práctico de la historia y no como filósofo, cosa que
primitivos y todos los exóticos que no han extendido no soy en absoluto; repito que, en mi apinión, todo el
colores al óleo sobre bases tensas de tela. Que no interés de estas páginas reside en informar correcta-
venga a molestársele con las obras maestras descu- mente a los amigos filósofos sobre la forma en que al-
biertas en las cavernas por el abate Breuil. "¿Pintura? gunos concebimos, en Francia, en 1949, el trabajo del
No. ¡Arqueología! No vamos a franquear con paso historiador y, en líneas generales, el papel y el futuro
desenvuelto el límite sagrado: la historia aquí, la pre- de la historia), el gran problema es de organización.
historia allá ... " ¿Hay que hablar de la historia? El término es equí~
Es cierto que no hay necesidad de demostrar que vaco, lo que sería también una razón para no utilizar-
el oficio de conocedor de estaciones lacustres exige oo- ... lo 11 si se pudiera crear un concepto mejor. Pero ¿cuál?
nocimientos y, sin duda, aptitudes que el historiador En todos los casos, tiene dos sentidos. Significa una
de los ferrocarriles en el siglo XIX no tendrá que em- ciencia - y el contenido de esta ciencia-. Se me dirá
plear. Y recíprocamente. Falta decir que la noción de que eso ocurre generalmente. Con menos consecuen-
prehistoria es una de las más ühocantes que uno pued:a cias, quizás, y menos insistencias. Ahora bien, en nues-
imaginarse. El hombre que estudia la era de difusión tros libros o libritos sobre métodos se ha tratado, ge-
de tal cerámica neolítica hace historia exactamente nerahnente, de la ciencia en tanto que mecanismo
igual que el hombre que levanta un mapa de distri- intelectual. Del contenido y de la necesidad de inven-
bución de centrales telefónicas en Extremo Oriente en tariarlo y, después, de organizarlo, nada o poca cosa.
1948. Tanto en un caso como en otro se trata de es- Nm·stros tratados de metodología se limitan en la
tudiar, con el mismo espíritu y los mismos fines, ma- mayoría de los casos a distinguir las operaciones del
nifestaciones del genio inventivo de la humanidad, di- espíritu humano concentrándt1~e en tratar la materia
versos por la edad y el rendimiento, si se quiere, pero histórica. Sus autores, muy poco lógicos, se obstinan
seguramente no en ingenio. Marc Bloch sabía toclo eso en reescribir perpetuamente una especie de lógica su~
lo mismo que yo. Si el destino no se lo hubiera llevado perficial y escolar de la historia. De ahí que casi todos
y hubiera podido asociar su esfuerzo después de 1945
al esfuerzo de los que conmigo, a mi alrededor, en 9. Soy un poco más pesimista que Marc llloch (obra citad(!,
p. 1) sobn, los inconvenientes que ofrece la utilización de esa vieja
esta casa de los Annal.es que fundamos juntos con un palabra gastada y sin significación precisa. Pew ¿por qué otra
mismo espíritu, han recogido el trabajo para impulsar- r""mplazarla, que exprese a la ve:-- la idea de hombre, la. dJ: ..clWlbiQ
lo más lejos, me pregunto si no hubiera sentido 1a ne- Y la de duraci6n~ "Arqueología"' se considera (y deriva de esta ile-
cesidad de añadir a lo que ha dicho, tan exactamente. finición inoperante de la historia): la ciencia del pasado; no evoca
ni la idea de humanidad, ni la idea de .duración. "Antropooronolo-
algunas precisiones complementarias. Pero ¿se trata gía. etnocrouología", invenciones bárbaras y que necesitarían ex-
realmente de un complemento? plic~ciont's ¡,ara ser cntendida8.
234
"
bien claros, bien lavados por así decirlo, probatorios a
ellos se pongan de acuerdo en decimos: el historia~ voluntad - esa metáfora tan cara a nuestros maestros
dor establece primero los hechos: acto I, Tras Jo cual, de antaño me divertía mucho hace ya cincuenta años
opera con ellos: acto 11. Siguiendo dos desarrollos: (porque, al fin y al cabo, yo había "mirado a través
.. Establecer los hechos es ... "; "operar con hechos del ocular" y observado_que los hechos 9ue reve~ba
es ... " Yo no digo nada en contra de eso. Sólo que no el microscopio, en el laboratorio de histologia donde iba
me enseña nada. Y que en tales análisis faltan muchas a visitar amigos, no se captaban tan fácilmente, incluso
cosas: en primer lugar, la noción de lo que busoa, cuando se sabía lo que se buscaba - caso que no era
debe o debería buscar el historiador. UQue el arle es el mío, sino el de mis huéspedes, a los que yo oía dis·
una gran intención y no se encuentra en un tan~": cutir durante horas sobre tal o cual posible interpre·
de esta forma, cuando yo tenía quince años, Brunet~e. tación: mis huéspedes que, par lo demás, habían de-
re pretendía ejecutar a Bernard Palissy y sus Rustic- dicado mucho tiempo a hacer sus "preparados" y en
ques figulines. Yo no quiero ejecutar a nadie. Me 1:130- colorearlos, cosa que excluía la noción efe! "'dado todo
lesta, simplemente, que la historia no tenga intención, hecho.,.")-, ese "cientHlco" de la metáfora famosa, si
que se quede en los: .arriesgado~ hallazgos de Ma- atÍn pinta algo en alguna parte es, mucho me temo,
gendio (lo que nos obhga a referimos a Claude Ber,¡ entre nuestros historiadores. ¡Oh!, sin duda, todos pro-
nard): "Yo me paseo por ahí como un trapero Y,ª cad,,a testan: "'No estamos dispuestos a creer que... •· Pel'o
paso encuentro algo interesante que meter en m1 saco sucede, claro está, bajo el imperio, y s6lo bajo el im-
A lo que Dastre replicaba: "Cuando no se sabe lo que perio, de ese complicado sentimiento que la Iglesia
se busca tampoco se sabe lo que se encuentra". - La llama respeto humano. Porque oidles decir: "¡Es un
historia sigue estando en tiempos de Magendío ... hecho!" Y miradles blandir sus hechos entre dos dedos,
Otra cosa. Esos libros, esas guías para debutantes como el joyero ful que hace admirar al cliente una
hablan de hP.Chos u cada j_:,ágina. Establecer los hechos; piedra falsa. Será edificante.
operar con los hechos establecidos. Pero ¿qué_ e?t~en; Es inútil insistir aquí sobre este aspecto de las
den por hechos? ¿Cómo conciben el hecho histonco? cosas. Lo que al historiador todavía le espanta oír pro-
Uno se da cuenta en seguida de que para la mayoría nunciar, el Blósofo lo tiene por adquirido liace ya mucho
de ellos sigue siendo un dato. 10 En -bruto. Rehúsan tiempo. Pero vuelvo a .rrús observaciones, Se puede mo-
pensar que el dato soa construido en realidad por ellos dificar el esquema dti los manuales, codificando la
mismos s:in darse cuenta. Todavía en 194-9, conservan fom)a de proceder del historiador. Se puede rectificar-
una especie de respeto supersticioso por el hecho, u~a la, complicarla, trasponerla. Añadir a las operaciones
especfo de fetichismo del hecho que ~s la cos~ mas descritas operaciones nuevas. Se puede, Pero eso no es
singular del mundo, y la más anacr6nica. El c1entíf.l. todo. Ni siquiera lo que más importa por el momento.
co que "'mira a través del ocular del micros~opio" ~ al Pasearse a ciegas, no ya en el dédalo del cuerpo hu-
que inmediatamente le saltan los hechos a los OJOS, mano, sino en la formidable multitod de nociODes y
10. Un intereu.nte artfouJ() d1t Hunri L:tvv.BRvHt.., "Lu foil
hechos que componen la hisloriR en el segundo sentido
en histoire", publicado por fa Rer,ie de SynthM,., n~ hu. llamado de la palabra: ése es el tipo de ejercicio al que el bis·
sufldentementc la atención. me par,;,cc, de los histor1adore~ sobre toriador debe renund11r. Y con urgencia.
esto prol,,kma l~n preñado de consecuencias,
237
236
• • • permanentes que estudia el primer libro - influidos y
dirigidos por las fuerzas estables que enumera el segun-
Decir cómo y en detalle es algo que i.e ha de dis- do libro-, el azar juega, sin emDargo, sobre ellos, el
pensar por no hacerlo aquí, en los límites de un ~ícu- azar borda sobre el cafiamazo de los encadenamientos
lo que es, ante todo, informativo. Sería necesano un sus más brillantes y más imprevistas variaciones.
libro colectivo, supongo. Pero, al fin, signos precurso- Esquema audaz, pero simple: sin ruido, sin estrépi-
res anuncian ya la aurora de nuevos días. to, sin declaraciones grandilocuentes ni presuntuosas
Hace poco, una tesis más que notable defendida en profesiones de fe, el libro es un manifiesto. Un signo.
la Sorbona, una tesis sobre La Méditerranée et le monde Y, no dudo en decirlo, una fecha. Nadie acusará a su
médíte"anéen tl Upoque de Philippe Il l l (dos perso- autor de filosofar - lo que en boca de historiador sig-
najes de desigual grandeza, y ya no es el segundo quien nifica, no nos engañemos, el delito capital: el libro, este
tiene preferencia sobre el primero, lo que representa "·oluminoso libro que únicamente la crisis de la impren-
una gran novedad)-hace poco, digo, la tesis de Fer- ta y los precios prohibitivos de la tipografía han impe-
nand Braudel nos aportaba un plan muy nuevo y, en dido que fuera por lo menos el doble, en volumen y en
cierto sentido, revolucionario. Decidido a sihtar de sustancia, de Jo que es actualmente, representa una ma-
nuevo los grandes proyectos de la política española, ravilla de erudición. Son quince años de labor ininte-
en el más amplio sentido de la palabra "política", en rrumpida, de investigaciones continuas en todos los ar-
su cuadro histórico y geográ6co natural, Braudel es- chivos, en todas las bibliotecas históricas que cuentan
tudia en primer lugar las fuerzas permanentes que ope- en el mundo mediterráneo y el mundo ibérico. Tanto
ran sobre las voluntades humanas, que pesan sobre éstas más demostrativo y más ejemplar. Y yo no digo -y Fer-
sin que ellas se den cuenta, que las desvían en una ,u nand Braudel lo afumaría menos que yo-: el prob]ema
otra direcci6n: todo un análisis que aún no se babia está resuelto. El problema de organizar en función de
intentado nunca de lo que representa lo que, con una su presumible importancia el caos de los acontecimien-
palabra pronunciada a JI). ligera llamamos Mediterráneo, tos. De poner un poco de orden en la masa confusa e
como fuerza directora, canalizadora, que contraría tam- indistinta de las nociones y los hechos, permanencias.
bién y frena o, al contrario, exalta, acelera el juego de coherencias y contingencias que, sin exigencia critica
las fuerzas humanas. Tras lo cual, en la segunda parte, ni discriminación, se denominan historia. El problema
saca a la luz fuerzas particulares, pero animadas de una no está resuelto. Pero sí situado para siempre en el te-
cierta constancia - fuerzas impersonales y colectivas, rreno de las realidades.
pero, esta vez, fechadas y localizadas, por decirlo _así,
como las que operan en el siglo XVI, en la segunda mitad • • •
del siglo xv1, es decir en el espacio de ti€mpo que cubrl.'
la vida de Felipe II, rey de España. Tercera parte: los El libro de Femand Braudel es eI libro de un solo
acOntecimientos. La marea tumultuosa, hirviente y con- hombre. Una tesis, una obra maestra artesanal, por tan-
fusa de los hechos. Imantados a menudo por las fuerzas to, exigida por la corporación universitaria a todos los
que quieren hacerse profesores. Aun ruando el autor
11. París, Annand Colin, 1949, en 8. 0 , 1.160 páginas. de esta obra maestra sea un resuelto defensor del tra-
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bajo colectivo, ha tenido que doblegarse ante los regla· es todo. Y, sin dud~ ya es mucho, Pero al /in y al cabo,
mentas que, durante mucho tiempo todavía, no reco- esas. publica~iones disp_ersas, poco numerosas, poco co·
110cerán en absoluto virtud proba.toda a la organi7..ación, noc1das, cast con!idenc1ales, son muy insuficientes para
a la cxmcepción, a la ejecución de un trabajo tal. Pero hacer sentir a todos, y con fuerza la presencia de
hay que reflexionar: ¿en qué sentido la puesta en prác- la histo~a ~dela form,a .como todos sÍ~nten, supongo, b
tica de las encuestas colectivas por los historiadores será presencia de la matematíca o de la qtnmica o de la bio-
apta para fac;,ilitar esa organiµ1c.ión de la historia por la logía en su vida cotidiana.
que estamos tan preoc-upados? Precisamente por el pA· Imaginad, en cambio, que en uno o dos aíios apare-
pel fecundo de la hipótesis que se hace visible a todos cieran loo capítulos sucesivos de una decena o de una
gracias a resultados indiscutibles. Gracias al ahorro de docena de encuestas bien preparadas y sobre temas que
tiem¡>0, de dinero, de esfuer:w índuso que representa afectan directamente al liombre culto - sobre temas
el trabajo colectivo; y gracias, además, al papel de la que, con toda evidencia, tengan que ver de forma im·
historia hecho visible, bruscamente, y sensible para.,.los p_ortante con .s~ vida, su comportamiento en los nego~
que se obstinan en no ver en ella más que un juego ae cms, las dectsiones de orden político o cultura} que
curiosidad gratuita, una diversión mnemotécnica, un deba <':mptender -: encuestas convergentes, pensadas
entretenimiento sin valor -hablando en plata, en ~m¡unto, lanzadas simultáneamente, de manera que
Hoy, incluso en un país dotado de una buena es- tal 1mp0rtante fenómeno de circulación monetaria o de
cuela de historiadores, apenas si aparecen, un año con transporte o de población sea estudiado con el mismo
otro, cuatro o cinco trabajos originales de historia rela~ espíritu ~~ e~ civlli7.aclones alejadas en el tiempo
tivnmente nuevos por su proyecto y cuyos autores se oomo en ClVllizamones separadas en el espado fºr gran~
hayan propuesto algo distinto que dar testimonio de des distancias: todas las concepciones que e público
que conocen y respetan las reglas de su profesión o. pueda tener de la historia serán cambiadas. Y no oida~
incluso, que solicitan la curiosidad de llll publico ávido mos ya, como una diversión un tanto molesta voces
de lecturas "hist6ricas" que no le cuesten apenas es· cá~didas y cordiales que nos dicen: "Usted que' es bis~
fuerzo. Ahora bien, esos cuatro o cinco trabajos tratan tor,~ador debe saberlo: ¿cuál es la fecha de la muerte
de ternas ale,·ados en el tiempo y en el espacio. Emñen- del papa Anacleto?, ¿y la del sultán Mahmud?"
den la curiosidad al estar dedicados, supongo, uno a un .,·,.· No hay que engañarse: a despecho de las aparien-
culto antiguo, otro a un problema de técnica medieval; cias, es un problema importante. No son las exhortacio-
éste al estudio de una revoluci6n monetaria en tíernpos f. nes que vengan desde fuera, no son las lecciOnes de los
del Renacimiento y aquél al análisis de la estructura filósofos, las advertencias de los historiadores precurso-
social de un gran país europeo en el siglo xa. ObligaTI
a decir de sus autores: "¡qué ingeniosos son!""; y de
!' res las que van a determinar un cambio de espíritu y
de actitud en el mundo. propio de los historiadores; ni
sus -conclusiones: "qué nuevas son··. Así pues, entretie- • las que, en commcucncia, producirán esa transforma-
nen la curiosidad de algunos lectores inteligentes que ción profunda de la historia que, en un país como el
tienen la pasibilidad, bastante extraña, de ser bien acon· nuestro, las tradiciones universitarias hacen tan difícil.
sejados por un amigo historiador de .espíritu innova- Hay que repetir los golpes. Un acoso del hombre con~
dor: "Lea esto, querido amigo. y también esto ... " Eso temporáneo por la historia: una historia e8caz•y que se
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haga presente en la consciencia de todos. Primero sur- qué prodigiosa serie de apareamientos, violaciones, mez..
girán exclamaciones. Se harán burlas. Más tarde se re- clas brutales o uniones normales: ¡un vértigo! ¿Y fa
flexionará. Y entonces podrá jugarse la partida. Y ga- memoria de la especie guardandO los rasgos durante
narla. tanto _tie~po? ¡Qué de experiencias también! ¡Qué de
Se ve ahora por qué daba yo tanta impartancia hace partjcipacmnes en sociedades prodigiosamente dife-
un momento a la concepción del trabajo colectivo en rentes unas de otras!... ¡Qué de hue11as dejadas sobre
historia. El común de los hombres sólo comprenderá el nuestros antepasados inmediatos y sobre nosotros mis-
papel, la importancia, el alcance de la historia si re- ~os por sistemas de ideas y creencias, por "institu-
cibe, y en la medida en que la reciba, l• lefí:ción no de cmnes" en el sentido sociológico del término, cuyas
los doctores, sino de los resultados. bruscas reapariciones, cuyos sorprendentes a8oramientos
nos desconciertan a veces - y nos desconciertan tanto
• • • más y con más frecuencia si nos dedicamos a obser-
vamos mejor desde este punto de vista! Pero un ins-
¿Qué papel, qué alcance, qué importancia? último tinto nos aparta de elias. ~n instinto nos advierte que
punto sobre el ue, más allá del libro. de Marc Bloch, no nos dejemos hipnotizar, hechizar, absorber por ese
1
quisiera atraer a atención para terrmnar. Porque de
esos problemas no tratamos, por así decirlo, nun~. Me
pasado. Un instinto nos dice que olvidar es una necesi-
d~~ para los. ~pos, P:Uª las sociedades que quieren
doy perfecta cuenta de que Marc Bloch h~ Pa.i:t1~º de v1vrr: Poder vivir. No de1arse aplastar por esa formidable
aquí: "Papá, explícame para qué sirve la h1stona ... Y multitud, por esa acumulación inhumana de hechos he-
lo ha explicado. P~ro quizá qued.ándo~e u!l poco de- redados. Por esa presión irresistible de las palabras que
masiado en los límites de la técmca histónca. Negán- ¡ aplastan a los vivientes, puliendo bajo su peso la dé-
dose a penetrar en ese nonum's.1.and inexplorado en que l bil capa del presente hasta quitarle toda fuerza de re-
el historiador juzga que él no tiene nada qu~ ha~er - Y j sistencia ...
el filósofo o el sociólogo que es sólo al h1stonador al ¿Qué hacen, históricamente hablando las socieda-
que le toca arriesgarse ... - . des humanas para detener este peligro? Unas, las me-
Evóquese ante los ojos la serie claramente mnume- nos desarrolladas, las menos exigentes mentahnente han
rable de las generaciones que han precedido a la nues- dejado caer todo en la sima del olvido; dejémosla; con
tra _ desde que un ser susceptible de responder a la su miseria. Pero ¿y las otras? Han adoptado dos solu-
definición de homo sapiens ha llegado a dar figura a ciones. Sobre las cuales, desde luego, nada sabemos
una de las nervaduras de ese inmenso abanico de for- con precisión. Así pues ¿quién se atreve a estudiar esas
mas vivientes que la naturaleza despliega y amplía pro- miserias?
gresivamente en su fecundidad; ese abamco cuya ~- Las sociedades tradicionales se han acomodado a su
gen sustituye en nosotros cada vez más, hoy, a la anti- pasado, de. una vez por todas, oficial y pragmáticamen-
gua imagen de un continuo lineal tan cara a _nuestros te. Tras la imagen que se daban a sí mismas de su vida
padres - de una evolución que, desde los anunales al presente, de sus fines colectivos, de las virtudes nece-
hombre, era considerada aproximadamente como un sarias para realizar éstas, han proyectado una e~e
hilo único y sin ruptura. Tras cada uno de nosotros, de preBguración de esta realidad: simplificada, pero de
242 243
alguna manera agrandada y pareja de la majestad, de o no, es en función de sus necesidades presentes como
la autoridad incomparable de una tradición a la cual la 1~ historia recolecta sistemáticamente, puesto que cla-
religión confiere ese carácter augusto y sa~ado. ~Hay sifica y agrupa, los hechos pasados. Es en funci6n de la
que decir que hasta el presente no se ha realizado mngu- vida como la historia interroga a la muerte.
na encuesta sistemática, de conjunto, sobre e] enonne _ ¿Vale la pena pensar en eso? Desde hace años y
problema ;¡ue representa la tradición? Hay que decir anos, documentos y documentos que permitían escribir
que ése se a precisamente - digamos, que será, un dia, la historia económica de la hwnanidad dormían en ca-
un bello tema de encuesta colectiva organizada y concer- jas, en armarios, en torres de castillos convertidas en
tada - cuando la historia se vuelva capaz de abordar depósitos de archivos. Letra muerta. Nadie se preocupa-
también problemas tan importantes. Entonces se disi- ba de sacudir e1 polvo de esos viejos pergaminos o de
parán muchos errores. Y en primer l•gar el de impu- esos viejos papeles. Ha sido cuando nuestras sociedades
tar inmutabilidad a lo que no hace más que cambiar; han ~mpezado a dar a las preocupaciones de orden eco-
porque, en fin, ¿por qué esos librotes titulados Historia nóm,co el lugar que daban antaño a otras preocupacio-
de las costumbres de tal o cual provincia? ¿Lo que nes, el momento en que los historiadores han comen-
sigue siendo inmutable no tiene historia? D~ vez en zado a sacudir el polvo a legajos de los que hasta
cuando, un investigador avisado descubre un rmcón de] entonces na~ie ha~ía sospechado que pudieran pre·
velo. Hay las páginas de Granet, tan notables, sobre 1a sentar un cierto mterés. Es una nueva orientación
reglamentación que los chinos han hecho de una tra- de nuestras sociedades lo que ha engendrado una serie de
dición histórica que responde, en general, al esbozo trabajos que hubieran po<lido nacer sin obstáculos un
que yo daba hace un momento. Hay ]as páginas, igual- siglo o un siglo y medio antes. ¿La ~ntrapartida? És la
mente notables, de Dumézil desmontando el mecanis- historia genealógica quien la proporciona. Si era favore-
mo de la historia oficial de Roma. Pero todo eso no co- cida en el tiempo en que la estructura social exigía de
rresponde al estudio de la tradición que nos hace falta. alguna manera que la historia genealógica existiera en
Hay 1a tradición. Hay la historia. Que respond~, fi- °:uestros países áe Occidente, ha dejado de existir, prác-
nalmente, a la misma necesidad - sea o no consciente ticamente, desde que la cualidad de los hijos de sus
esa necesidad-. La historia, que es un medio de or- padres (cuando no implica una herencia de bienes
ganizar el pasado para impedirle que pese demasiado económicos, cosa 'fue no tiene nada que ver con los
sobre los hombros ae los hombres. La I:ristoria que, in- benellcios de un naciri,,iento" en el sentido que se
dudablemente - yo 1o decfa antes -, no se resigna a daba a esta palabra en el Antiguo Régimen) deja de
ignorar y que, por tanto, se 1as ingenia par: a.ume~tar,; tener la importancia que revestía antaño para los que
siempre más, la multitud d~ .I?s ~echos h1stón~s. habían "nacido". Este ejemplo me parece particularmen-
de que disponen nuestras c1vihzac10nes para escnb1r te probatorio. ..
la historia· pero no hay contradicción en el1o. Porque la Organizar el pasado en función del presente: eso es
historia n~ presenta a los hombres una colección de lo q1;1e podría ~enominarse función social de Ia historia.
hechos aislados. Organiza esos hechos. Los explica y Nadie ha estudiado este aspecto de nuestras actividades.
para explicarlos hace series con ellos; series a las que S~ ha hecho la teoría de la historia. No su socio1ogía.
no presta en absoluto igual atención. Así pues, lo quiera Sm duda, no podría improvisarse. Pero esta revista de
244 245
lo que parece ser realmente la historia de un grupo
de liistoriadores franceses que trabajan mediado el si·
glo XX. esta revista creo que quedaría gravemente in- •
completa si, tras la bella oWenación de nuestros esbozos
metodológicos, no se perfilara ese aspecto, un tanto in-
quietante acaso, de las actividades históricas observadas INDICE
sin prejuicio ni complacencia. Con todas las consecuen-
cias que de ahí se deriven. Principalmente en lo que
respecta, una vez más, el problema ~ la objetividad Prólogo . 5
que nos hemos cuidado de no plantear como teóricos o Advertencia al lector . · · · · . ·
13
como filósofos: es nuestra práctica, sin duda, la que lo De 1892 a 1933. Exam;n de c~nci;nci~ de. un~
plantea de forma nueva, Y quizás imprevista. · historia y de un historiador . . 15
Vivir la historia. Palabras de iniciación . 37
• • • De cara al viento. Manifiesto de los nuevos
"Annales" . . . . . 59
Deberá excusarse lo que hay de sumario, necesaria- La vida, esa continua pregunta . 73
mente, en esta breve excursión a través de lo que podría- Por una .historia dirigida. Las investigaciones
mos llamar las ..zonas pioneras" de la historia. Llegar colectivas y el porvenir de la historia 85
más lejos, imposible. No por falta de espacio o de Contra la .simple historia diplomática. ¿His~ori~
tiempo, sino porque no conviene imponer desde fuer,1 o política~ Dos meditaciones: 1930, 1945 . 95
direcciones proféticas a una disciplina en trance de or- Por ~a s~tes1s contra la historia-cuadro. Una
ganizarse o reorganizarse. Dl'jemos que realice sus pro- histona de la Rusia moderna. ¿Política en
pias experiencias. Sus escuelas. No intentemos trazarle primer lugar? . . . . 107
por adelantado programas didácticos que quizá la obs- Contra el inútil torneo de las ideas. Un estudi~
taculizarian, la molestarían en su avance y serían pron · . s~bre ~l espíritu· político de la Reforma . . 115
tam.ente desmentidos por los hechos. Recordemos al N1 h1stona de tesis ni historia-manual. Entre
viejo emple:ido de la estación de Saint-Lazare: sabía Beoda y Seignobos . . , . 123
cuántos billetes debía preparar cada domingo para Cha- Y en todo eso, ¿dónde está el hombr~? S~br~
tou, rnn w1a aproximación de dos o tres decenas. Pero un manual . . . . . . 151
nosotros no sabemos si seremos del número, del gran Contra el espíritu de especialidad. Una ~art~
número constante de los que se presentarán el próximo de 1003. . . 159
fo;afaf
0
domingo en la taquilla. Sobre la tendencia general de Contra los jueces suplei"ites .del Vaiie d~ 165
la historia hacia otros objetivos, hacia otras realizaciones, Sobre una forma de hacer historia que '1 es ]a
podemos hablar. Sobre los detalles de sus conquistas o nuestra. La historia historizante . • 175
de sus fracasos, decidirá la vida. Dos 6Iosofías oportunistas de la hist~fll: D~
Spengler a Toynbee ' )t 183
Río de ]aneiro, 20 de fulio de 194.9 Hacia otra historia . . · 219
246
..
Lu~ien Febvre ( 1878-1956) ha sido, jun-
to con Marc Bloch, el más influyente histo-
riador francés del siglo XX. Aparte de sus
trabajos fundamentales de investigación y
de su labor al frente de la revista «Annales» ,
Lucien Febvre escribió numerosas páginas
que constituyen una reflexión general sobre
la ciencia histórica y que él quiso denominar
COMBATES POR LA HISTORIA para que ~I
título recordara, según sus palabras : « lo
que hubo siempre de militante en mi vida».









