Geo Ooooo
Geo Ooooo
Después de lo ocurrido en el cuarto de baño, y aunque los dos hubiéramos acabado bien
relajados, se hacía un poco rara la convivencia con mi madre. Aquella noche ya cené con ella
y mis hermanas. No se si cualquera de ellas dos habrían percibido algo de tensión en el
ambiente. Cuando me fui a dormir, solo di un par de vueltas: mis pensamientos se
durmieron junto a mi muy plácidamente. Era domingo y el día siguiente era un lunes de
finales de julio en el que todos en mi casa gozábamos de vacaciones. Aunque yo tendría que
quedarme allí con mi reposo absoluto.
Me desperté tarde. Aquel día fue mi madre quien estuvo más por mi. Me preparó un
chocolate con leche de avena y galletas, me trajo un libro del salón para que leyera
(evidentemente, con mi mano derecha inutulizada no podía jugar con mi consola portátil), se
sentó junto a mi a charlar y animarnos los dos... La tensión que había habido cenando con
mis hermanas ya no estaba, con lo que estuve muy agradecido. No obstante, si que había
algo de "raro" en cuanto nos dirigíamos la palabra.
Mis hermanas no estuvieron demasiado tiempo en casa y el poco tiempo que estuvieron se lo
pasaron en la piscina. Mi habitación daba al jardín así que las podía ver si me levantaba de la
cama. Ver chicas en bikini es algo que a mi siempre me apetece, pero cuando tengo que
estar de pie y no me encuentro bien, prefiero quedarme en la cama. Y si encima me dan
envidia por estar disfutando ellas de algo que yo no puedo... pues razón de más. Mi madre
no bajó a la piscina, supongo que por una especie de solidaridad conmigo, aunque no me
habría molestado. Cuando ella estaba por sus cosas volví a intentar pajearme yo solo. Aún
me sentía bastante necesitado. Más fracasos: mi mano izquierda era totalmente inútil.
El día pasó más rápido que el anterior y casi me da un vuelco el corazón cuando, después de
que mi madre entrara en mi habitación, le oí decir:
-¿Te apetece hoy también una ducha antes de cenar?
No lo dudé, aunque tardé un poco en responder:
-Claro, mamá...
-Pues vamos allá.
Ya en el cuarto de baño yo volvía a estar en calzoncillos de la misma forma que ya me había
visto un día antes mi madre. No disimuló que lo estaba mirando:
-Ya estamos otra vez ¿no?
-Pues eso parece mamá...
No se refirió más al tema y siguió todo como el día anterior, aunque ella estaba mucho
menos nerviosa y, por qué no decirlo, yo también. Cuando llegó al momento de enjabonarme
la polla no dudó y, jabón en mano, me lo empezó a esparcir a lo largo del falo. Yo no reprimí
mucho mis pequeños gemidos de gustillo. Mi madre habló:
-Cariño, estás como ayer... ¿Quieres aprovechar e intentarlo?
-Vale mamá, -dije yo- sujétame.
Esta vez mi madre no tuvo el arrebato de abrazarme para sujetarme, y fue una lástima
porque yo tenía muchas ganas de sentirla cerca de verdad. Simplemente me agarró con sus
manos con seguridad, apartando la vista de una manera que a mi me pareció que le requería
un poco de esfuerzo. ¿Sentiría ella mucha curiosidad por verlo? Yo, con firmeza, me agarré la
polla y la comencé a menear con mi mano zurda. Pasaron varios minutos y la situación se
tornó incómoda. Nunca antes en mi vida me había pajeado con la izquierda y no la tenía
nada entrenada, aparte de eso la notaba cansada y me dolía forzarla, me estresé cuando
entendí que no podría.
-Robe, cielo -dijo mi madre denotando preocupación. Prudentemente giró su cabeza y miró
mi miembro siento masajeado por mi mano "tonta".- ¿No lo consigues?
-Mamá, lo siento mucho... -dije muerto de vergüenza- No me sale...
-Shh... -dijo ella llevándose un dedo a los labios- no te preocupes amor.
-Ayer ya estaba al borde de.. de correrme -me supuso un esfuerzo decirlo- y enseguida
pude. Pero hoy me cuesta más trabajo conseguirlo... -maldecía aquella situación tan
vergonzosa. A diferencia del dia anterior, aquel día era yo quien estaba mucho más
incómodo y nervioso que ella, estaba casi temblando- y tengo el brazo muy cansado...
-Cariño -dijo mi madre con firmeza cortando mis absurdas lamentaciones.- Yo sé que tanto
ayer como hoy la excitación te ha venido por varios motivos. Estás en una edad de
hormonas revueltas, tal y como me dijiste ayer, de masturbarse una vez al día. Además por
culpa de un accidente hace una eternidad que no lo haces y tu sexualidad se está
recuperando así, con solo tener cerca un cuerpo de mujer aunque sea el de tu madre... pero
yo te puedo ayudar solo hasta ciertos límites. Robe, hay cosas que no puedo hacer por ser tu
madre... porque es así.
Yo miraba a mi madre aún consumido por mi verguenza, de todas formas ella no decía nada
de aquello con tono severo, de hecho sonaba muy conciliador, como pidiéndome perdón por
no poder ayudarme más.
-Aunque... -dijo ella después de un silencio- Como madre si que te puedo lavar y limpiar
cuando tu solo no puedes... y si tu y yo consideramos que tu... -pausa para buscar la
palabra adecuada mirándome a la polla- ...que tu "miembro" aún no está limpio del todo lo
puedo seguir enjabonando hasta que nos parezca suficientemente limpio. Y si sientes que
vas a tener un "desafortunado accidente placentero" me avisas y te alivias en el momento en
que vaya a salir...
Me quedé helado y abrí los ojos a más no poder. ¿Me lo acababa de proponer de forma
indirecta (tirando a bastante directa)?
-Mamá... yo...
-¿Sigo enjabonando o no? -dijo ella con un tono deliciosamente cariñoso y amable- tu
decides...
-Sí, por favor, mami...
Se volvió a enjabonar la mano y la dirigió a mi polla. Antes que la tocara dije:
-Gracias... te quiero mucho.
-Tontito... -dijo ella,- yo también a ti, ¡Por eso te limpio tan bien!
Sonreí emocionado. Mi madre era genial y me estaba a punto de hacer sentir otra vez su
mano en mi pene, acariciándome... y esta vez con el objetivo de llevarme al borde del
orgasmo y que a mi no me costara nada provocármelo al final. La punta de sus dedos
rozaban mi glande cuando me estremecí de placer. Movió la mano primero poco a poco y,
con la excusa de esparcir el jabón, me empezó a pajear. No lo podía creer. Nunca me había
pajeado ninguna otra mano que no fuera la mía y allí estaba: siendo masturbado por mi
propia madre. ¡Qué locura! Y cuanto lo había estado deseando en el fondo... Quise que el
mundo se parara allí al no poder imaginar nada más feliz.
-Mami... -dije jadeando- Me gusta mucho...
-Cariño... -contestó ella- ¿tanto te gusta que te enjabone? Yo solo estoy haciendo eso ¿eh?
-Sí mamá me gusta mucho, me gustas mucho...
Ahí creo que se sonrojó y quizás se incomodó un poco pero no paró ni un segundo. Ya no
disimulaba: me estaba hacendo una paja con todas las letras. La miré. Estaba un poco
inclinada hacia mi polla y, evidentemente, sus enormes tetas quedaban muy a la vista, no
muy protegidas por el escote que llevaba, bastante parecido al de dia anterior, siendo otra
camiseta de ir por casa en verano. Las quería tocar. Quería agarrarlas fuerte. ¿Qué pasaría si
lo hacía? ¿Y si por intentarlo todo aquel sueño se terminaba? Ella no me estaba sujetando
pero me sentía seguro si dejaba de apoyarme en la pared con mi mano izquierda. Decidí
hacerlo, pero me decidí tarde: cuando estaba a punto de lanzarme noté mi esperma
llamando a la puerta para salir. Tenía que avisarla: aquel era el trato.
-Mamá... ¡Me voy a correr! -advertí.
-¿Ya? -dijo ella, y seguidamente soltó mi polla me abrazó: esta vez sí. Las tetas que había
estado a punto de tocar se presionaron contra mi y, como pude, terminé el trabajo que había
iniciado mi madre con esa dichosa mano izquierda. Me corrí de nuevo como un caballo, el
semen era caliente, quemaba. Jadeé y me apoyé mucho en ella, que sostenía mi peso con
firmeza. Me sorprendió dándome un tremendo besazo en la mejilla, de los sonoros. Pasados
unos segundos y unos cuantos espasmos, respirábamos los dos relajados.
-Gracias otra vez, mamá -dije- Te quiero un montón...
-Ya lo sé hijo, -dijo ella- sabes que no tienes que agradecerme nada... y que yo tambien te
quiero... por eso te... -otra de sus pausas para buscar la palabra adecuada- ..."ayudo".
-Pues gracias por tu ayuda -dije yo.
Mientras me secaba, mi madre tomó la decisión de hablar del tema sin necesidad de
incomodarse, pero para acordar unas pautas:
-Bueno, Robe, no hay que sentirse culpable, no es nada grave lo que hemos hecho.
-Claro mami, -dije divertido- solo me enjabonabas la...
-Claro, claro -dijo ella cortándome y haciendo como que se hacía la tonta- ..y tu por
"casualidad" has visto que te corrías y te has masturbado mientras yo creo que ni me
enteraba -me guiñó un ojo.- Sea como sea, ahora en serio... No pasa nada por esto ¿vale?
No me siento tan incómoda como me habría podido imaginar que me podía sentir... Por lo
tanto mientras tu no puedas... lo podemos hacer así.
-¿En serio? -dije, interrumpiendo yo esta vez.
-Bueno, Robe, pero ahora ya has soltado la parte que más necesitabas, entre ayer y hoy. Sé
que estabas acostumbrado a una al día pero para que un adolescente "sobreviva" yo creo
que con una cada tres días es suficiente.. ¿Qué me dices?
No quería quedar mal y decirle "¿solo eso?" así que dije:
-Si tu lo ves así, mamá.. a mi me parece bien...
-Y, POR SUPUESTO, esto será nuestro secreto. -dijo con firmeza- Entonces ¿Trato hecho?
-me extendió su mano para que la chocara, aluciné con aquel gesto, la verdad es que me dió
mucho morbo que mi madre quisiera cerrar de aquella manera un trato que implicaba que
me ayudaría a masturbarme durante un tiempo.
-Trato hecho -dije yo.
-Cuando recuperes fuerzas podrás volver a tu paja diaria -dijo ella con alegría. La verdad,
hablando cómodamente de sexo y habiéndolo prácticamente practicado con su hijo se la veía
radiante y despreocupada. Parecía como si estuviera feliz por ello...
-Mamá... -me reí- me verás ahora como un pajillero...
-¿Acaso no lo eres? -se rió ella a carcajadas con su broma- ¡Mi niño se hace mayor y se ha
vuelto todo un pajillero! Al decir esto, dejó de secarme con la toalla y me toqueteó el pene
que estaba en estado morcillón. Le hizo como cosquillas y me reí más:
-¿Ahora me metes mano, mamá?
-Jeje -se sonrojó de su atrevimiento sonriendo con picardía y volvió a secarme.- pues mira,
sí, te he metido mano... -dijo con orgullo falseado, siguiéndo en su tónica de humor- total...
antes ya te he tocado bien... -me guiñó un ojo. Creo que tenía que aprovechar esta
oporunidad. ¿Sería aquel el momento? Pues sí: lo era. "Vamos allá" me dije.
Mi mano izquiera se catapultó a su teta izquierda y la agarró pillando a mi madre totalmente
desprevenida, aunque fuera por encima de la camiseta y solo fuera un segundo la apreté y
noté su masa. ¡Por fin! Le había sobado una teta a mi madre. La musa de mis pajas,
sobretodo por aquellas dos razones, (aunque me gustara ella entera).
-¡Robe! ¿Qué haces? -estaba sorprendidísima de mi atrevimiento, se había quedado helada.
-Si tu me metes mano, pues yo también a ti... -dije, ahora yo, fingiendo orgullo.
Ella estaba alucinando pero su sonrisa ganó, creo que pensaba que no podía molestarse
conmigo: había sido un toqueteo en broma y ella había hecho lo mismo justo antes.
-Serás... -dijo aún sorprendida pero riendo- ¡Vaya con el niño! Vale, ahora estamos
empatados... -siguió hablando en un tono marcadamente amable y comprensivo para que no
sonara a bronca:- pero recuerda que lo de meter mano a tu madre es raro y no está bien
¿eh?
-Jaja... -reí.- Ya hemos hecho cosas bastante raras para ser madre e hijo y acabamos de
cerrar un trato para seguir haciéndolas.
Me miró vencida por mi argumento:
-Vale... pero hasta aquí ¿vale?
Me acababa de secar. Me ayudó a ponerme el pijama y nos fuimos a la cocina a conversar
mientras ella hacía la cena. Estuvimos bien, conversando como si todo fuera normal, y esa
sensación fue maravillosa. Marta llegó un ratito después y luego llegó Laura. Cené con las
tres feliz de mi familia, sobretodo de mi madre, una mujer única.
...
Lunes. Otro día aburrido. Solo llevaba tres días en casa y no me parecía mucho mejor que el
hospital. El hecho de que fuera verano hacía que yo lo llevara peor. Mis pensamientos iban
cambiando, pero siempre pasaban por mi madre: me acordaba de como me había tocado,
pensaba en sus tetas... No podía esperar a que llegara el miércoles. Por la noche me volvió a
duchar. No me empalmé tanto como los días anteriores. Supongo que fue por la
concienciación que debía aguardar al tercer día, porque no creo que estuviera totalmente
desahogado y más viendo todo el santo día a mi madre en pantalón de chándal corto
y camisetas de tirantes escotadas de estar por casa, sin sujetador debajo. Durante la ducha
todo fue normal y no se trató el tema masturbatorio.
...
Martes. No fué un día aburrido, pero fue un poco duro. Mi madre me había asegurado que un
chico de mi edad podía sobrevivir perfectamente con una paja cada tres días, y de sobras.
Pero después de lo que me hizo inconscientemente... Entró a mi cuarto con el bikini amarillo
puesto.
-Cariño -dijo con tono meloso- Hace un calor terrible... no te importa que baje un momentito
a la piscina ¿Verdad?
-Jaja -me reí intentando aguantar el tipo y que mis ojos no se salieran de sus órbitas- Claro
mamá, para eso está la piscina, no me digas que no te bajabas a bañar por mi... ¡No seas
tonta y aprovecha, que te mereces las vacaciones como cada año!
-Eres un sol, Robe... -y vino hacía mi para agacharse como una diosa en bikini y darme un
beso tierno en la mejilla mientras me acariciaba los hombros.- te vas a poner bueno
enseguida y aún la podrás aprovechar este año, ya veras...
No se si me pondría bueno pronto, pero en aquel momento me estaba poniendo malo malo.
Me levanté de la cama a mirar por la ventana y verla nadar. Era como una sirena de mis
sueños, aunque me cansaba de estar de pie no me cansaba mirarla. Ella miró a mi ventana y
me sorprendió mirándola. ¿Por qué había mirado de pronto a mi ventana? ¿Qué estaba
pensando para tener ganas de mirar hacía donde estaba yo? ¿Esperaba verme allí mirando o
solo quería mirar hacia mi ventana y yo la había sorprendido tanto como ella a mi? Nos
quedamos los dos congelados un par de segundos. Y al final ella me sonrió ampliamente y
me saludó con la mano. También sonreí y le devolví el saludo. Siguió nadando y no volvió a
mirar a mi ventana. Me pregunté si sabía que yo la seguía observando durante un buen rato.
-Vaya, Robe -dijo sin tapujos- parece que esta no se acuerda que hay que esperar a mañana
¿eh?
-Jeje -me reí despojándome de la verguenza- Pues sí... espero que no estalle antes.
-Jaja! -me dijo mi madre guiñando un ojo- Tu tranquilo, cuanto más esperes más fácil nos
será... Y mañana vuelves a tener premio ¿Vale? Tu aguanta, mi amor...
Me enjabonó sin detenerse demasiado tiempo en ningún sitio, para mi desgracia, y estuve
luciendo aquella erección durante todo el baño. A la hora de cenar me tranquilicé
autoconciendiado que mañana era mi gran día.
...
Miércoles. Otro día más. Otra visión de mi madre en bikini por la mañana. También de mis
hermanas, que se pasaron el día entero también así, ya que iban entrando y saliendo de la
piscina cuando querían y se secaban rápido cuando se tumbaban a tomar el sol. Mi madre
me vino a buscar a la habitación y me dijo:
-Robe, cariño... Si quieres puedes bajar y te tumbas junto a la piscina, no te puedes bañar
pero puedes tomar el sol con nosotras.
-Sí, mamá, -dije yo- pero estoy de aquella manera que ya sabes cada dos por tres.
-Vaya -dijo mi madre viendo que el tema volvía a salir- ¿Pero en que piensas tanto, hijo?
-preguntó sin esperar respuesta.
-No solo es lo que pienso, mamá -quería hacérselo entender sin crear ningún mal rollo. Mi
madre se quedó un segundo pensativa y bajó su mirada, se miró las tetas cubiertas y
sujetadas como el bikini buenamente podía.
-¿Estar tan bien? ¡Ay que cosas me dices, tontito! Me voy a dar un remojón...
Le dediqué una sonrisa. Ella me la devolvió. Yo estaba tranquilo porque mi madre siempre
cumplía sus promesas. Cuando la tarde avanzó llegó, ya vestida otra vez con camiseta de
tirantes y pantalón de chandal corto. Entró a mi cuarto suspirando de lo relajada que estaba
después de aquel día caluroso en la piscina. Me sonrió y me dijo:
-¿Una ducha?
-Mamá... -dije, avisándola para que parara y yo solo me provocara el orgasmo.- Ya viene...
-Sí -dijo ella, sientiendo mi polla relajada en su mano y soltándola poco a poco- Total si lo he
empezado yo, no pasa nada porque la termine yo misma... -me sonrió- No es mucho más
grave. -Hizo una pausa y luego me preguntó:- ¿Que no te ha gustado?
-Mamá... -dije yo- Nunca había sentido tanto placer corriéndome... -No sabía que más
decirle, solo agradecérselo.- Gracias... ¡Muchas gracias! ¡De verdad!
-De nada, cariño -contestó- Me sigo sintiendo un poco rara, pero verte bien me ayuda.
-Sí, mami.
...
Jueves. Día relajado. Las rutinas habituales de verano en mi familia me alegraban bastante
la vista pero no lo llegué a pasar mal. Por la tarde mi madre se fue a comprar pero no tardó
demasiado en volver.
...
Viernes. Mi madre entró en mi cuarto con algo que me sorprendió. ¡Un bikini nuevo de color
verde! Este era el típico de triángulos como sujetador y nudos a los lados de la braga. Aún
enseñaba más que el amarillo. Me quedé atónito. Me dijo alegremente:
-¡Sí! -dijo ella percatándose de que yo aún no lo había visto y mirándose al cuerpo, abriendo
los brazos mientras se contorneaba luciendo su nuevo modelito- Me lo compré ayer ¿Te
gusta?
Ella seguía mirándose a lo suyo, sin enterárse del efecto que me estaba produciendo. Hasta
que notó mi mirada. Sonrió en vez de avergonzarse:
-Hijito... -dijo conciladoramente- no me dirás que ahora no puedo ir en bikini por casa. Lo
tuyo es fuerte: solo con ver un poco de carne...
-No es solo eso mamá... -dije firme- Ya sabes que pienso que tu estás...
-Ay niño... -dijo sonrojándose y sentándose en mi cama- Qué cosas de decir... -Se rió- ¡Si ya
soy una vieja!
-¡Ni hablar! -dije yo serio- Ya les gustaría a muchas de mi edad estar como tu...
-Jeje... cariño... -se inclinó para darme un beso en la frente.- Sé que es por tu abstinencia
sexual de la que aún te estás recuperando. No es lo más normal del mundo opinar eso de
una madre -me quedé en silencio, sintiéndome un poco culpable, ella pensó que debía
cambiar el tono para no hacerme sentir mal.- Pero no te preocupes, ya sabes que he
decidido "echarte una mano" así que no me pongas esa cara, que no me voy a escandalizar
por que me mires así. Cuando se te haya pasado, todo volverá a ser normal.
-Mamá... -dije abatido- No creo que sea solo cosa del momento.
-Sí, hijo, sí -respondió.- Ya verás como, en unos días y cuando puedas pajearte tu solo, ya
se te pasará tanto calentón "familiar".
-Si tú lo dices... -yo no me lo creía. Mi madre ya me gustaba antes del accidente así que eso
no era una tontería mía, pero eso ella no lo sabía y tuve dudas acerca de contárselo.- Yo no
lo veo así.
-Tu tranquilo y ya sabes que puedes contar conmigo para casi todo. Cuéntame lo que
quieras, ¿vale? -asentí con la cabeza pero no dije nada. Debido a mi silencio dijo:- ¡Ahora
me voy a la piscina un rato!
...
Sábado. ¡Tocaba paja! Me levanté de buen humor solo por este pensamiento. Mis hermanas
no estuvieron en casa casi ni un rato por lo que los chapuzones de mi madre fueron en
solitario. Por la tarde se fue a hacer la compra semanal y volvió cargada de bolsas:
-¡Cielo! -me gritó desde el piso de abajo- ¡Ya estoy aquí! ¡Hoy tenemos cena especial para
celebrar que llevas una semana en casita.
Subió y entró a mi habitación llamando primero. Estaba vestida de calle, radiante con una
blusa corta un poco escotada (no tanto como las camisetas de ir por casa) y una falda negra
que le llegaba por encima de las rodillas. Llevaba pendientes y un toque muy suave de
maquillaje.
-¡Hoy estoy muy contenta y quiero celebrarlo! -dijo radiando felicidad- Vamos a comer unos
fideos con verduras. ¿Qué te parece?
-Pero antes... -bajó el volumen de la voz y cambió a tono picarón- ¿Una ducha antes de que
vuelvan Laura y Marta?
-Mamá, nunca había necesitado tanto una ducha, solo de verte entrar en mi cuarto tan
preciosa, -me destapé y señalé mi paquete abultado- ya me entiendes...
-¡Ya estamos otra vez con los piropos! -se rió- ¿No quedamos en que era tu madre y que
tienes que vaciar esos huevines para dejar de pensar en eso?
-Mamá.. eso no va a funcionar -dije como si se lo hibiera dicho ya millones de veces.- Te dije
que no es una tontería derivada de mi accidente, de hecho... -me callé. Mi madre puso gesto
de estar muy interesada.
-Pues eso... yo... -me costaba hablar, volví a coger aire y dije:- yo me caí porque tenía la
vista fija en otra cosa...
-Yo estaba... -se quedó pensativa e hizo memoria.- Me estaba quitando el bikini... Iba a
nadar en topless...
-¿Sabes? -dijo ella reflexiva- En el fondo tenía esa sensación. Pero no podía ver hasta que
punto era cierta. -Se le iba esbozando poco a poco una sonrisa.- Pensaba que el vino que te
hizo perder el equilibrio, pero tu no bebiste tanto como yo...
-Fue porque estaba impaciente y no miraba ni por donde andaba. -dije respirando
profundamente- Quería verte las tetas a la luz antes que volvieras a la oscuridad de la
piscina...
-Hijo... -dijo ella muy maternal.- Lo siento mucho por la parte que me toca... Ni me
imaginaba que esto hubiera podido pasar. Lo siento de verdad.
Se sonrojó de nuevo:
-Pues eso, que no lo sabía. -iba haciendo pausas mientras hablaba.- Podríamos haberlo
hablado antes... de haberlo sabido, claro...
-No me siento mal, Robe... -dijo sonriendo amistosamente- solo un poco... rara.
-No te preocupes, me alegra que hoy toque ayudarte. Además.. a mi edad mejor tomármelo
como un halago.
-Lo que estas han causado voy a tener que ayudar a remediarlo.
-Mamá... tienes unas tetas espectaculares... -dije fascinado.- Por lo poco que vi antes de
caerme...
-¿En serio me dices esto, cariño? -preguntó ruborizándose. Luego su expresión cambió a algo
más parecido a la curiosidad.- ¿Las llegaste a ver?
-¿Es una propuesta? -pregunté interesado. Ella se calló hasta que dijo, con su sonrisa
amable:
-Pues lástima, -dije yo un poco más deshinibido, sonriendo.- Porque sería fantástico.
-Sería fantástico, mamá -dije aún con mi sonrisa.- eso es lo que he dicho.
-Mira, a mi no me importa que me veas -se explicó,- vivimos bajo el mismo techo. Y en un
momento dado, pues me podrías pillar cambiándome o algo por pura casualidad... Y no
pasaría nada... Igual que el día de la piscina en que me apetecía hacer topless... -cambió su
expresión y habló con un tono más catastrófico.- Pero enseñártelas expresamente...
-Eso que dices de esas puras casualidades nunca ha ocurrido, lamentablemente. -contesté yo
con pena- Ya me habría gustado, pero no.
Mi madre me miró con ojos de duda. La tenía casi convencida pero no quería forzar la
situación. Me atreví a decir:
-Por favor mamá... tu a mi me has visto desnudo y entero, y no es justo que yo... -dejé de
darle explicaciones y se lo pedí sin más- Solo esta vez...
-Está bien... -dijo ella, rindiéndose y suspirando- Pero porque he dicho que hoy
celebrábamos una semana desde tu vuelta y lo podemos incluír en la "fiesta". Que conste
que lo hago todo para que te encuentres mejor ¿Vale?
-De hecho, aunque sea raro que quieras mirarme, no me averguenza desnudarme delante de
ti. Eres mi hijo y hay muchos hijos que ven a su madre desnuda como algo natural.
-Es verdad mamá, muchos de mis amigos las ven sin problema...
No quise hablar más: puse toda mi concentración en el sentido de la vista. Cuando la blusa
desapareció, tan solo un sujetador azul me separaba de verle bien las tetas por fin.
-¿Preparado? Te veo muy expectante... -dijo ella haciendo broma, un poco sonrojada pero
con su sonrisa traviesa que me volvía loco.
Cuando aparecieron pensé que me había perdido en un sueño. No acabé de creer que fuera
real. Era como tantas y tantas veces lo había imaginado, pero de verdad. Sus tetas eran
grandes, redondas y pesadas (por eso caían un poco). Pero estaban increiblemente en su
sitio para el tamaño que tenían y para una mujer de su edad. Eran una maravilla. Sus
pezones eran rosados y de un tamaño mediano perfecto. No daba crédito. El primer sitio del
que me alimenté era ahora mi mayor sueño, y estaba a un escaso metro de mi.
-Hijo... -dijo mi madre ya relajada por haber comprobado que no se sentía tan incómoda. Me
interrumpió la reflexión.- ¡Te has quedado pasmado!
No podía contenerme. Tenía que hacerlo otra vez aunque aquella ocasión ya no tenía excusa.
Pero ¿como? ¿Pidiéndoselo? ¿Directamente?
-Parecen tan suaves -dije por instinto. Ella se mantuvo en silencio un tiempo mirándome
sonriente, viendo como alegraba la vista a su hombrecito. Al final dijo:
-No has tocado nunca unas ¿verdad?
-Mamá -contesté yo.- El otro día te toqué una...
-¡Jaja! -rió mi madre.- Aquello no fue nada, además llevaba camiseta. Seguro que ni siquiera
lo disfrutaste.
-Fue corto, pero lo deseaba tanto... que me alegré mucho de que no te enfadaras.
-¡Ay hijito! -dijo ella- Si es que eres un sol.. es dificil enfadarse contigo.
-Y un día, -recordé en voz alta- haciéndole cosquillas a Marta, le toqué una por accidente.
Noté que le está creciendo el pecho bastante rápido... Aunque luego pude comprobarlo con
mis ojos, al verla en la piscina ¿Te habías fijado?
-Bueno, -dijo ella mirándose el busto hacia abajo.- De tal palo... -me volvió a mirar a mi
soriente.- Es de la familia, no se puede negar. Pero en fin, ninguna de esas dos veces cuenta
como tocar unos pechos como Dios manda.
-Entonces, según tú... -dije yo, abatido- No. Nunca he tocado unas, respondiendo a tu
pregunta.
A todo esto yo seguía con mi mirada fija en aquellos pezones. Ella volvió a hablar
cariñosamente:
-Te veo muy dubitativo... Anda, ¡que caray! Hemos dicho que hoy estábamos de
celebración... ven.
Me agarró suavemente mi mano izquierda y poco a poco se la dirigió a su teta, totalmente
desprotegida para ser tocada por mi. La hizo aterrizar poco a poco en su pecho derecho y
empecé a palpar aquel deseado tacto.
Primero la apreté con miedo, después, con más decisión, amasé aquella teta que se me
ofrecía. Sonreí.
-Entonces haré hasta donde me dejes... -le anuncié- ...aunque no llego bien así.
-No me acordaba de como era... ¡Hacía unos quince años que no lo hacía!
A mi madre le hizo gracia mi broma relacionada con mi época de bebé. Dejé aquella teta en
paz y dije:
-Por tu semana de recuperación en casita -me dijo, y acto seguido me dio un dulce pico en
los labios. Yo me quedé mudo.
Después fuimos al baño y me ducho aún con las tetas al aire, le metí mano un poco más
pero ya no se dejaba tocar tanto. Me decía:
-Robe, que tengo las manos ocupadas enjabonándote y no me puedo defender...
Después de esto cenamos los fideos con Marta y Laura, y celebramos esa maravillosa
semana. Aunque mi celebración particular con mi querida madre había sido pocas horas
antes en mi habitación y había sido mucho mejor.
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Hace unos años cuando aun estaba soltero tuvimos una fiesta en casa de mi
mamá en la cual todos tomamos de más...
En esa ocasión mi hermana invito a un novio que tenía por aquel entonces, que
era mucho mayor que ella...
Yo me retiré a dormir y unas horas después me levanto, serían como las 8am,
me dirijo a la cocina a tomar algo para la resaca, escucho ruido en la sala y veo
a mi mamá platicando con el novio de mi hermana...
Ella tenia puesta una bata transparente y no traía brasier, tiene unos pechos
muy grandes, algo caídos, con unos pezones grandes y oscuros, unas caderas
muy anchas y un culo bien parado...
Los saludo y sigo mi camino... verle esos enormes pechos a mi madre me
excitó...
Me dice que la disculpe por meterse con el novio de mi hermana pero que
llevaba mucho tiempo sin tener sexo y lo necesitaba...
Me paré y la besé, ella me quiso rechazar pero le bese el cuello hasta hacerle
un chupetón, esto la calentó, empezó a jadear y me besó con una pasion que
solo con ella he sentido esa pasion...
Yo me vine dentro de ella, como nunca me habia venido, porque nunca habia
sentido esa pasion de morbo de saber que es con tu mamá con quien estas
cogiendo...
Inundé su panocha con toda la leche caliente que tenia en mis testiculos...
Bufffff... rico, rico a pesar de que no comentamos ninguna palabra ....
Pero para ella su preocupación era saber si mi hermana nos habia escuchado,
debido al ruido que habíamos hecho, porque la notaba rara... ya en confianza
me comentó, tratando de justificar su calentura, que ese día el novio de mi
hermana la dejo caliente porque solo se preocupo en su placer y que por eso
paso lo que pasó conmigo...
No volvimos a tocar el tema por mucho tiempo hasta que en una ocasión
tuvimos una fiesta por el cumple de mi mamá y llegaron mis tíos, hermanos de
mi mamá, eran 3 mujeres y 2 hombres mi mamá era la más chica...
Uno de mis tíos es un año mayor que mi mamá y le gusta mucho tomar...
empezamos a tomar y ya en el transcurso de la fiesta fue pasando el tiempo
hasta que se hizo tarde...
Yo viendo como iba la cosa le comento a mi tío que ya era tarde, que teníamos
que ir a dormir y dice que era pronto...
Mi tío estaba de pie, mi mamá lo abrazaba del cuello y con sus piernas
rodeando la cintura de mi tío, mientras el, de conflexion robusta sin problema
la levantaba de las nalgas y le ensartaba una verga enorme a mi mamá...
- Violame como lo hacias cuando era niña tienes una verga muy grande y me
encanta que me cojas fuerte con ella... Dale... Llename con tu leche
hermanito...
La verdad es que yo era la primera vez que veía un pene de ese tamaño...
Yo me hice una puñeta súper rica, tuve un orgasmo de una leche espesa y gran
cantidad viendo cómo mi tío hacia gritar a mi mamá...
Cuando terminó de bañarse salió con una blusa vieja y desgastada se podía ver
sus prietos pezones yo me calenté y estuvimos platicando acerca de lo de mi
tío...
Ella me platico que cuando aun era una puber su hermano la violó en el baño
mientras ella se bañaba y lo platico pero nadie le hizo caso y como mis abuelos
vendían en los tianguis y salían a las 4am, casi a diario mi tío se metía a su
cama y la cogia...
Me dice que a ella le empezaba a gustar pero que nunca alcanzó un orgasmo
porque mi tío se venía muy rápido y a ella no le daba tiempo a llegar...
Y así paso el tiempo hasta que llegó un señor a rentar un cuarto que rentaban
mis abuelos el sr. manejaba un camión y ese señor la conquistó a pesar de la
diferencia de edades mi mamá tenía 18 años y el sr. 33 en pocas palabras el la
enseñó a cojer la enseñó a como venirse en diferentes posiciones...
En eso se escuchó una puerta y era mi hermana que iba a bañarse, mi mamá
bajo su playera y yo me separé...
Cuado terminó de bañarse y vestirse gritó que saldría con un amigo, el cual ya
no era el sr. mayor de la fiesta que se habia cogido a mi madre, era un chavo
de su edad...
Yo me puse a ver tv, era domingo pero seguía caliente hasta que como a la
hora tocan la puerta y era el amigo de mi hermana, por fin se iría...
Al principio me dió un poco de asco pero después se lo mamaba con todas mis
fuerzas le cambiaba de la panocha hasta el culo, ella gemia riquísimo...
- Dale hijo, meteme tu verga, cojeme duro, llename con tu leche caliente...
- Dale, métele la verga a tu mamá que está muy caliente, no te demores mas,
la necesito dentro de mi yaaaaa...
Nos besábamos con tanta pasión... ella entre jadeos y gemidos de placer me
decía que apartir de ese momento yo iba a ser su pareja oficial, que solo yo me
la cojeria de ese día en adelante, que dormiríamos juntos todos los días...
Luego ella se montó en mi y a los pocos movimientos los dos nos venimos al
mismo tiempo, gritando como locos.. Ricoooo... muy pero muy rico...
Después de ese día cojiamos todos los días hasta que, pasado el tiempo, mí
hermana se casó y se fue a vivir con su marido...
Yo conocí a una mujer a la que quedé embarazada y tuvimos un hijo... Ella era
muy blanca y a mi me gustaban las morenas, lo más parecido a mi mamá, me
separé de ella y me fui a vivir otra vez a casa de mi mamá pero ella ya no
quería cojer conmigo...
Hasta que en una ocasión tuvo una reunión con sus amigas y unos
compadres...
Como era gente mayor yo evitaba estar con ellos por sus pláticas y esa vez
empezaron hablar del intercambio de parejas, luego de las lesbianas y después
del incesto...
Yo ya quería que se fueran las visitas estaba muy caliente y decidí salir a ver
cómo seguía la reunión ya quería que se fueran, pero ellos estaban a lo suyo...
- Hijo, creo que los dos lo necesitamos asi es que quiero que me cojas ahora
mismo...
Fue un polvo rapido pero intenso, un "aqui te pillo, aquí te mato" lleno de
morbo...
Al rato mi mamá salió toda delineada y solo le dió risa a sus visitas, que
imaginaban lo que habia pasado...
Pasó el tiempo y su hija le llama diciendo que su tío había intentado violarla
que se había entrado a su cuarto en la madrugada, dándose cuenta su
esposa...
Después nos enteramos que los dos eran amantes desde que ella era niña pero
al verse descubiertos ella le echo la culpa a su tío...
Finalmente me empezó a platicar que ella siempre ha sido muy caliente y que
en ocasiones jugaba con su hermano menor a las casitas ella era la mamá y el
papá y se besaban y se desnudaban pero no hacían nada porque estaban muy
chicos, pero que ya más grandes empezaron a jugar a los novios, jugaban a
besarse por largos ratos hasta que una noche se quedaron solos, mi esposa
busco a su hermano y tuvieron sexo por primera vez, los dos eran vírgenes y
esto se empezó a convertir en costumbre hasta que su mamá empezó a
sospechar y ya no los dejaban solos...
Mi esposa conocio al papá de sus hijos y al quedar embarazada se fué con el...
Ella me pidió que nunca platicara a nadie esto y yo le dije que era normal que
eso pasara, que a veces uno es caliente y pues se dan las cosas...
- Te acuerdas que hace unos meses fui a mi tierra sola a arreglar unos papeles
del terreno que nos dió mi mamá, pues ahí fue la última vez que lo hicimos...
Le dije que que le gustaba de el y me dijo que el tiene la verga más grande que
se a comido y que la sabía mover muy bien sin lastimarla, dandola un placer
distinto, muy rico...
Yo le dije que me gustaria verla cojer con el, que es mi fantasia y me dijo que
no...
Cuando llegamos nos pasó a su oficina para explicarle el problema que tenía yo
le dije que si me tenía que salir y me dijo que no era necesario, nos llevó a otro
cuarto más amplio, con una colchoneta y un sillón me dijo que me sentará y
que mi esposa se desnudara en otra habitacion que solo dejará sus pantaletas y
brasier... cual fue mi sorpresa que salió con una tanga rojita que se le ve el
culo más grande...
Al sr. se le fueron los ojos, mi esposa tiene un poquito debarriga pero con ese
culon no se nota...
Yo la dije que si... ella pensaba que el sr. la iba a dar a mamar la verga, pero
para sorpresa de los dos el sr. le hizo a un lado la tanga y se la metió de golpe
que entró con mucha facilidad por lo mojada que estaba y comenzó a cogersela
sin contemplaciones... Mi esposa se vino tantas veces que deliraba diciendo
groserías, ella es muy grosera cuando cojemos, es vulgar me encanta eso...
Ahora que escribo estos recuerdos voy a visitar a mi mamá ya vive sola me voy
a cojer a mi vieja y le voy a mamar ese culo tan sabroso...
Silvia era una de las muchísimas madres del colegio. Recién alcanzados los 40
era una rubia de bote con el pelo largo y la cara permanentemente pintada con
un maquillaje ligero, el justo para no denotar sus incipientes arrugas de
expresión. De complexión normal, sus tetas eran acordes con su cuerpo, es
decir, no más de una talla 85 de sujetador y en ocasiones, según qué modelo
elegía, se notaba que la edad y la gravedad estaban haciendo efecto en su
busto. Era la típica mami de pantalón tejano permanente pero rematado con
zapatos elegantes. Estaba casada con un pasmado que en las pocas ocasiones
en las que lo había tenido que tratar denotaba que tenia la inteligencia justita
para pasar el día. Y si a todo eso le añadíamos que su hija era la típica listilla y
consentida, se comprendía fácilmente que en más de una ocasión, hiciera cara
de asqueada cuando la iba a buscar.
Por eso, porque siempre había creído que Silvia tenía una vida anodina y
aburrida, me sorprendió cuando la vi entre la gente que estaba en la discoteca
Vinilo, de Terrassa. Aquella discoteca era una donde ponían música ochentera y
la típica donde uno va con los amigotes a echar una o dos y a ver como las
madres (y en ocasión, abuelas) hacen memoria y se intentan comportar como
las hembras que en algún momento pretérito fueron.
Carlos: Es una madre del colegio – le conteste apuntando con la barbilla hacia
Silvia, que ahora bailaba una canción en medio de la pista como si estuviera
sola, con claros síntomas de ir bastante pasada de alcohol – no sabía que el
monigote de su marido la dejara salir y menos que le gustara tanto darle al
cubata.
Aquello no solo lo veíamos mi colega y yo, sino que además, lo veía uno de los
parroquianos, un chavalito joven con pinta de macarra que, viendo a Silvia
como una presa fácil, se acerco a ella y tras hablar un par de minutos, le agarro
un pecho sin ningún disimulo. La rubia, con la mente embotada por el alcohol,
miro la mano, miro la cara del chaval y poniendo cara de circunstancias, sonrió
como una imbécil. El tío, interpretando que aquello era una luz verde, agarro a
la madre por la nuca y la beso, metiéndole la lengua hasta la garganta, pero
aquello no debió ser del agrado de Silvia, ya que haciendo fuerza, intento
apartar a aquel capullo.
Lamentablemente, entre el alcohol y que era más grande, sus esfuerzos fueron
improductivos, así que siguió comiéndole la boca a la vez que bajaba su mano
de la teta al coño de la borracha.
Silvia: Joder… gracias, Carlos – Dijo con la boca pastosa y el habla vacilante.
Olía a vodka que echaba para atrás y tenía una sonrisa tonta en la boca – el
muy gilipollas se me ha puesto a tocarme el coño sin haberme invitado a un
cubata ni nada – dijo con total naturalidad
Carlos: Y si lo hubiera hecho… ¿Te abrías dejado? – dije con una sonrisa picara.
Silvia: De haber sabido que estabas por aquí, no – dijo mientras movía la
cabeza, como si le pesara demasiado para sujetarla con el cuello y empezó a
reír de forma descontrolada.
Tanto rio y con tantas ganas que perdió el equilibrio, teniéndola que coger para
que no se fuera al suelo. Ella, en su intento de sujetarse extendió la mano y
termino con ella sobre mi bragueta. Cuando me toco la polla por encima del
pantalón me la miro, como si fuera la primera vez que notara una polla en la
mano y mirándome a los ojos, volvió a reír, al tiempo que soltaba mi rabo
después de haberlo manoseado durante unos segundos.
Carlos: ¿Estás bien? – le pregunte mas por educción que otra cosa. Después de
lo que había hecho, seguro que lo estaba
Silvia: Si… si… per… perdón… yo… - dijo sin dejar de mirarme el paquete
mientras se excusaba – yo… joder…
Silvia: jo… joder… que voy un poco borracha, pero… ahora entiendo porque
siempre esta de tan buen humor tu mujer – soltó y volvió a reír como una
tonta.
Silvia: Pues que con eso en casa, yo también iría contenta todos los días – dijo
mientras me señalaba el paquete.
Carlos: Y eso que no la has tocado ahora – le dije, echando toda la carne al
asador – que ya ha reaccionado después de las caricias que le has dado.
Silvia: ¿Si? ¿De verdad? – me pregunto con aquella cara de maruja borracha
que tenía en aquel momento. Yo asentí y ella alargo tímidamente la mano.
Cuando la puso sobre mi paquete noto mi polla morcillona y mis huevos,
cargados de leche y listos para lo que fuera necesario. El contacto se prolongo
unos largos segundos y tras sobármela bien, se retiro – Madre mía, Carlos…
como me gustaría que la de David fuera igual… es… es la mitad de gorda que la
tuya y tengo que estar un buen rato para que se le ponga medio tiesa y poder…
montar.
Carlos: Nunca he entendido como te casaste con él. Sois muy diferentes – le
dije acercándome a su oído para que me pudiera escuchar bien. Ella, aprovecho
el gesto para volver a agarrármela, como si yo no me diera cuenta y volvió a
sobarla, notando como se endurecía cada vez mas – algún día me lo contaras.
Silvia: Jajajaja – rió con ganas - ¿Y qué diría María? – me pregunto con
pretendida inocencia
Carlos: María y yo siempre hemos comentado que eres de las mejores mamis
del cole y que realmente estas muy rica – Ella rio tontamente. Mi mujer, nerea,
era bisexual y más de una vez habíamos comentado de que esa fulanita tenía
mucho morbo como objeto sexual.
Silvia: Carlos… Me voy a ir… porque entre lo que me he tomado y lo que tengo
en la mano… me estoy poniendo cachondísima y todavía te voy a pedir que…
bueno, que me voy… - dijo como si tuviera una disputa en el interior de su
mente.
Ella volvió a sonreír con aquella gran bocaza que tenia y paso delante mío. Los
legins le marcaban un buen culo. No era gordo y se notaba que iba
regularmente al gimnasio. Además, la falta de marcas denotaba que,
efectivamente, iba sin bragas.
Al pasar por delante de mis camaradas, les giñe un ojo y les dije que iba a
acompañarla al coche, que en un rato volvía, lo que provoco más de una
sonrisa cómplice y algún que otro gesto referente a golpear con la pelvis.
Silvia: Yo… ¿Me la dejas tocártela otra vez? – pregunto ella, mirándome a los
ojos
Carlos: Claro – le dije con la misma sonrisa - ¿Me dejas a mi tocarte también?
Ella separo los muslos y alargo la mano, agarrándome por tercera vez la polla
esa noche. Mi rabo, con tanto toqueteo ya estaba enhiesto y preparado para
ser usado para aquello que se diseño: darle placer a cualquier hembra.
Silvia: Na… nada… hostia, Carlos… hostia Carlos… hostia… - decía mientras
gemía y se agarraba con la mano libre a mi hombro – no está… en casa… se ha
ido… joder, Carlos… se ha ido a casa de su madre con… hostia… con la niña…
hostia… que… que me corro, Carlos!!! Carlos!!! ME CORROOOOOO!!! CARLOS!!!
- Silvia se corrió sin tapujos. Su orgasmo empapo toda la entrepierna del
legging y si bien no había sido un squirt como tal, si que había soltado gran
cantidad de flujo – Hostia, Carlos… Como lo necesitaba… joder… a veces me
siento tan… tan vieja…
Silvia: ¿Qué… que haces? Carlos… Oh!... Oh!... Oh! Joder!!! – Dijo mientras
empezaba a mover la cadera como si se estuviera follando a alguien. Por su
reacción era la primera vez que notaba aquella caricia tan intima, cosa que
aproveche para separar mas las nalgas y profundizar con la lengua en su
agujero trasero, follándoselo con mi apéndice – hostia Carlos!!! Que bueno,
Carlos… hostia… hostia, para que me… joder Carlos, que me corro!!!!!!!!!
Silvia: Por dios, Carlos!!! Por Dios!!! Que rico, joder!!! Hostia!!! - El alcohol
había hecho que la rubia perdiera el norte y que no recordara que se
encontraba en mitad de un polígono industrial. Afortunadamente, no había
nadie a la vista – Hostia, Carlos… Fóllame… lo necesito… por favor…
Silvia se puso en cuclillas no sin cierta ayuda. Todo el alcohol que había
ingerido, los tacones y que tuviera los leggings enrollados en los tobillos no
ayudaba demasiado a su estabilidad. Cuando estuvo en posición su coño se
abrió, separándose los labios menores y dejo caer sobre el suelo un pequeño
chorrito de flujo blanco, desabroche mi bragueta y saque mi polla al exterior.
Ella sonrió al verla y empezó a besarla, como si fuera un juego. Aquello me hizo
sonreír. Las reacciones de las borrachas no dejaran nunca de sorprenderme y
que empezara así no me hizo sospechar de lo que iba a suceder.
Silvia: Ga… Ga… Ga… ¿Te gusta? - Dijo la rubia sacándose la polla por un
momento de la boca y dejándose de follar a si misma la garganta – A David
también le gusta, pero si se lo hago a él… ji ji ji – rio estúpidamente – me
quedo sin follar incluso solo un poco porque me suelta todo el grumo en la boca
– y se volvió a meter la polla en la boca para pegarse otras cuatro empujadas –
me lo enseño mi ex y de tanto en tanto, me gusta practicarlo con alguno
cuando salgo por ahí – hizo un mohín, perdiendo totalmente el hilo de la follada
– cada vez me entran menos hombres… Estoy más vieja…
Agarre el largo pelo rubio de Silvia y tras hacerle una coleta, dirigí su boca
hacia mi polla. Ella estaba suficientemente borracha para no tener vergüenza
de estar con los pantalones hasta los tobillos y el culo al aire, pero sabía cual
era su obligación cuando tenía a un macho delante, así que volvió a abrir la
boca y se metió mi polla hasta el fondo, follándose a sí misma la garganta. Un
rato después, la baba le resbalaba por la comisura de los labios y le caía sobre
el jersey. Durante todo ese tiempo, me estuvo mirando a los ojos, como una
perrita fiel a la espera de su recompensa.
Sonreí y tire del pelo. Silvia se puso en pie. Tenía los pantalones impidiéndole
la movilidad de los tobillos y el coño perfectamente depilado al aire. Sobre él la
cicatriz de la cesárea, justo sobre el pubis. Con la mano izquierda se la acaricie.
No sabía porque pero la encontré sexy. Luego, subí por su estomago y metí mi
mano bajo su prenda superior de ropa. Más arriba, hice lo mismo con el
sujetador y tras agarrarlo, se lo subí junto con el jersey. Al aire quedaron dos
tetas de un buen tamaño, con una aureola negra y un pezón gordo como un
garbanzo. Agarre la teta por la base y tras apretarla chupe con fuerza. Como la
mayoría de las madres que han dado el pecho, aquel gesto le encantaba y cerró
los ojos para notar la succión. Mi mano derecha soltó la presa de su cabello y
bajo hasta su coño, pero esta vez en lugar de acariciarle el clítoris,
directamente le metí dos dedos, que entraron como si los hubiera sumergido en
gelatina. Los gire y le folle el coño, consiguiendo que en menos de un minuto se
volviera a correr y esta vez, con un gran squirt que cayó íntegramente sobre el
legging.
Cuando aquella madre se noto llena se olvido de todo. De que estaba desnuda,
de que estaba borracha y de que estaba en medio de un polígono industrial.
Silvia, después de tanto tiempo, había encontrado justo lo que estaba
buscando: Una polla que la pusiera fina. Y desde el momento que le encaje la
mía, lo único con lo que podía pensar era el coño. Toda la frustración por su
matrimonio, toda la preocupación por su envejecimiento e impotencia con la
mala educada de su hija se había desvanecido en cuanto la cabeza de mi polla
toco el cuello de su hutero.
Silvia: Dios!!! – Dijo la madre mientras se corría abundantemente – joder!
Joder! Joder!!!
Carlos: Eso digo yo… joder…- le dije mientras bombeaba agarrándola por la
cintura – que necesitada ibas de polla, Silvia… Menuda zorrita estas hecha…y el
cabronazo de tu marido con tu hija, en casa de mami, pensando que su
mujercita esta dormida ¿Qué diría si te viera ahora?
A estas alturas, Silvia era una yegua desbocada que había apoyado las manos y
los codos sobre el capo de su coche y dejaba que sus tetas de madre rebotaran
la una contra la otra y con el vehículo. Yo había cambiado la sujeción de la
cintura por la de los hombros y le daba realmente duro, notando en cada
pollazo como mi capullo se estrellaba contra su útero, cosa que le provocaba
verdaderos espasmos de placer y hacia que se corriera de una forma
incontrolable, empalmando un squirt con el siguiente.
Mis manos habían pasado a apretar sus tetas y pezones, jugando con ellos y
alternando los pellizcos con las caricias y las estrujadas. Experimentando con
ellos había descubierto que si en el momento del orgasmo se los apretaba, la
reacción era mucho más fuerte y a parte de soltar mas flujo, apretaba mas el
coño, así que en los siguientes orgasmos le triture los pezones hasta que no
pudo mas.
La tenia agarrada del cabello con la mano izquierda y con la derecha le estaba
palmeando las nalgas cuando recordé el placer que le dio que metiera mi
lengua en su ojete, así que me lubrique con saliva el índice y empecé a hacer
círculos sobre su ano. Primero casi acariciándolo y poco a poco mas fuerte, pero
sin dejar de follarla.
Tal como me esperaba, aquel agujero se fue abriendo poco a poco y dejando
entrar mi apéndice de una forma que me indicaba que no era la primera vez
que algo se había introducido por esa obertura y cuando consegui enterrar dos
falanges, empece a meter y sacar el dedo, haciéndole una doble penetración
con mi polla y mi dedo.
Silvia: joder Carlos… qué bueno!!! Joder… ¿Qué me haces, cabrón? No pares!!!
Carlos: ¿Te gusta que juegen con tu ojete, putita? - le dije inclinándome sobre
su espalda, para que notara mi peso mientras empujaba hasta meterle todo el
dedo en el interior de su ano – ya veo que si… Apuesto a que el paradito de
David no te lo hace…
Carlos: Pero a ti te gusta, putita… no es la primera vez que te meten algo por
detrás ¿verdad? – Le dije mientras le sacaba la polla del higo para que
únicamente notase placer por el culo.
Al hacerlo, la dilatación de su coño quedo patente. Aquel agujero habitualmente
tan prieto había quedado dilatado por la follada y ahora escurría de su interior
todo aquel flujo que no había podido salir antes por la presencia de mi rabo.
Ahora si parecía el coño de una hembra de cuarenta años: usado y lubricado,
listo para recibir a cualquier macho que se la quisiera beneficiar.
Silvia: Si… Si… Mi ex… me desvir… JODER! – exclamo cuando noto que mi dedo
medio entraba por su coño. Ahora tenia un dedo en cada agujero y la follaba
por los dos – me abrió el culo a los 15. El muy hijo de… UFFFFF… puta tenía el
doble de edad que yo y en lugar de… Joder… en lugar de usar gomas, me daba
por el culo cuando iba a … Hostia que rico… Cuando iba a correrse…
Carlos: Así que te habían usado por detrás pero lo habías olvidado, zorrita – le
dije a la vez que le volvía a meter la polla en el coño, sin sacarle los dos dedos
del ano.
Silvia asintió con la cabeza mientras se mordía el labio. No hacía más que
resoplar y mover el culo. Cuando note que su flujo volvia a mojarme los
huevos, tire de mi polla y la saque de su depilada raja. Hice lo propio con los
dedos y observe el ano de mi amiga. El flujo que acababa de meterle con el
dedo le daba un halo brillante y la luz tenue de la farola dejaba entrever sus
pliegues que se contraían y relajaban como si fuera una pequeña boca dando
besos al aire. Por el contrario, mi polla estaba empapada en su flujo
blanquecino fruto de unos cuantos orgasmos. Apunte con calma aquel agujero
y puse la punta del capullo sobre él.
Ella abrió mucho los ojos y la boca. Durante un segundo, tal vez dos, se quedo
paralizada, haciendo que su embotado cerebro asumiera la situación: estaba
desnuda, sobre el capo de su coche y el padre de una compañera de la clase de
su hija la acababa en penetrar por un agujero que llevaba sin usar para el sexo
más de 20 años. Cuando toda aquella información estallo en su cerebro, fue
incapaz de controlarse y empezó a convulsionar, a gemir, chillar y mearse
encima. Durante demasiados años se había controlado y se había negado a
dejar salir lo que en realidad era: una hembra. Y como tal, con ganas de que la
montaran como se merecía y no como sabia el pusilánime de David.
Hasta un buen rato después, no deje de encularla. Lo hice justo cuando empecé
a notar que las ganas de correrme dentro de la MILF eran ya casi
inaguantables. Durante todo el proceso estuve comprobando si aquel drenaje
de carne salía sucio y ya fuera por azar o porque la perra se lo había
preparado, ni una de las emboladas salió manchada, así que hice poner a Silvia
otra vez en cuclillas y con la excusa de volverla a lubricar, se la metí en la
boca.
Uno de los placeres de la vida es follar una garganta con la polla recién salida
del ojete y ese gustazo era el que me proporciono Silvia. Con el buzón de
correos que gastaba por bocaza no tenía problemas en meterse toda mi polla
hasta que los huevos tocaban su barbilla. Cuando tuve la polla bien lubricada
otra vez, la volví a subir al capo, pero esta vez, en lugar de espaldas, la puse
de frente, con la espalda en contacto con el coche, abierta como una rana. En
aquella postura veía perfectamente sus dos agujeros, ahora dilatados y listos
para encajar mi polla. Tentado estuve de metérsela por aquel coño acogedor
que tenia, pero mi lado cabrón me dijo que sería más divertido volverle a dar
por culo, así que puse sus rodillas sobre mis hombros y volví a empujar mi rabo
dentro de su ano. Esta vez, abierto como estaba y lubricada mi polla por la
saliva de la rubia, entro sin problemas. Su empapado coño choco contra mi
pubis y cada vez que bombea era como si le diera una palmada a un charco.
Pase mis manos por los laterales de sus piernas y la agarre por la base de las
tetas para usarlas como asideras y follarmela duro. Así, con cada pollazo, la
rubia notaba como mi rabo entraba en su ojete mientras sus tetas se estiraban
para que yo pudiera tomar posesión ella, lo que pareció volverla loca hasta el
punto de volver a soltar dos de sus potentes squirts, que rebotaron contra mi
pubis y salpicaron toda su cara y tetas hasta el punto que parecía que se había
meado sobre si misma
Silvia: Hijo de puta… hijo de puta… me vas a… ufffff… reventar… hijo de puta…
Los últimos cinco minutos de follada fueron frenéticos. Con la leche en mis
cojones pugnando por salir, me dedique a darle lo más duro que podía, asi que
cambie sus tetas por sus caderas como asidero, lo que me garantizaba una
mayor sujeción de la hembra. Ella, cuando se las noto libres, se agarro los
pezones y empezó a tirar de ellos y a apretarlos a la vez que me buscaba la
boca. Ni cuenta se dio de la pareja que paso a nuestro lado y comento que
aquella mujer ya era mayorcita como para dar según que espectáculo.
Carlos: Te voy a rellenar el culo – Le dije sin otra intención que informarla, ya
que lo había decidido hacia tiempo - ¿Estas lista, zorra?
Silvia: Si… culo… dámelo… todo… dame… - decía en su trance de alcohol y viaje
sexual.
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En mi familia como podéis ver falta la figura paterna ,murió siendo muy
jóvenes en un accidente de coche,también era abogado compañero inseparable
de mi madre y al morir fue un duro golpe para todos pero especialmente para
mí madre.
Ella llegaba de trabajar con su vestido Super elegante y al llegar a casa sobre
las 19h se desvestía y totalmente desnuda nos llamaba y entrábamos en la
bañera con ella.
La costumbre era enjabonarnos cada uno y ella nos limpiaba bien las partes de
nuestro sexo.
Ella empezó a suspirar le estaba gustando puso una pierna encima del borde y
mientras yo le chupaba por delante mi hermano lo hacía por detrás
ummmmmm si nenes muy bien si seguir ah ah decía ,nos agarro las cabezas
aplastándolos fuertemente en sus agujeritos ah ah ah ummmmmmmmmmm
me vengo ,seguro que lo hacíamos torpemente pero ver a nuestra madre así
nos animó a seguir hasta que acabo en un increíble orgasmo soplaba y soplaba
de gusto oh oh niños que bien lo hacéis ah ah que placer me dais
ahhhhhhhhhhhhhhhhhhh ella continuaba nos inundaba con sus líquidos que
nosotros tragábamos encantados.
Hijos míos sois mi vida os quiero mucho y necesito que no contéis lo que hemos
hecho a nadie,la gente no lo entendería pues está mal visto por la sociedad me
lo prometéis?
Si mama le dijimos.
A partir de ese día nuestra vida cambio y descubrimos lo que era el placer del
sexo.
Nos pasábamos el día chupando la concha de mama en La Cocina en el baño en
su dormitorio y además le encantaba ver cómo nos chupabamos entre
nosotros.Nos enseño bien cómo hacerlo.Mi hermana María era el juguete de
todos.Iba desnuda por casa y sentados en el sofá nos encantaba chupar todo
su cuerpo.uno le chupaba el chochito otro sus pies le comíamos la boca
ummmmmm que placer sentía con mi hermana ,le ponía mi pollita en su boca y
lo chupaba muy rico.
Un día sin darme cuenta mientras mi mama me estaba chupando la polla tuve
mi primer orgasmo ohhhhhh salían chorlitos de leche ohhhhhh me encanto la
sensación ohhhhhh todos querían y mi polla ya tenía un tamaño
considerable.Hasta mi hermano se hizo adicto a mi polla y su semen.
Los años iban pasando y nuestros juegos iban en aumento,era normal que de
vez en cuando nuestra madre nos dejará solos en casa por unas horas,ella salía
con sus amigos y me dejaba a mi al cuidado de mis hermanos.
En esa época dormía muchas veces con mama,mi polla creció y ya media 15
cm.
Ese mismo día mientras estaba follando el culito de María ,está chupaba la polla
de José ummmmm si hermanito ah ah me gusta si si ah ah con mi mano le
tocaba el clitoris si si ahhhhhhhhh ya ya tuvo un orgasmo la nena y mi
hermano otro a la vez ahhhhhh la putita de María tragaba la leche de José
ummmmm yo saqué la polla de su culo y nos chupaba las dos pollas
ahhhhhh,no me había dado cuenta que mama nos estaba viendo ,estaba en la
puerta de la habitación pajeandose observando a sus hijos.
Hola niños
Muy bien ,pero mejor ahora al llegar a casa me encanta veros así.
Los tres encima de mama recorriendo todo su cuerpo.Ami me encantan los pies
es mi fetiche,le chupe todos sus dedos y me metía el pie entero en la boca
ahhhh como me gusta y mama lo disfrutaba si seguid ahhh mientras José le
chupaba el chocho mama le chupaba el chocho y culo a María ahhh hijos ahhhh
me corro ahhhhh fluían jugos de placer por el chocho ohhhhhh mojaba las
sabanas .
David folla a mama ,me puse encima me movía con fuerza se oían los
chapurreas ah ah sigue sigue ah ah ah si si,cinco minutos bombeando,no se los
orgasmos que tuvo estaba en extasis me matáis ahhhhhhhhhhhhhhhh.Maria y
José se besaban,se tocaban ,José se preparaba para follar el culo de María
,hazlo le dijo mama .
Follame el culo Ami también DAVID ,si mami tenía energía y además mi polla
estaba bien erecta ,tenía el culo mojado de sus jugos entro de un golpe ah ah si
si folla de tu madre cabron ah ah me gusta ah que polla tienes hijo si si,le cogia
el culo con las manos y lo apretujaba contra mi uffffffff como entraba mami
mama me vengo si si juntos juntos yo también ya ya
ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh ohhhhhhhhhhhhh que
orgasmo tan bestia lo tuve dentro de su culo empujaba hasta dejar mi última
gota.
Fue una noche memorable,desde ese día dormimos Los cuatro juntos.
Ahora con 18 años soy un pervertido incurable ,mi polla mide 20 cm soy alto y
de buen ver y consigo las mujeres que quiero,pero en casa tengo mi fiesta
particular.
Tiene una novia que compartimos como una putita que es.inclusive la hemos
introducido en nuestra familia y es una más de nosotros.
Yo prefiero no tener novia y así tener libertad para hacer mis fechorías.
Era lunes, fui temprano al starbucks por mi Té Chai y mientras esperaba a que
me lo prepararan escuché una tímida voz diciendo mi nombre
- ¿Camila?
Y al voltear vi a Javier, un compañero de la universidad, que no veía desde
entonces.
Beso, abrazo, sonrisa y bla bla bla. Yo estaba más interesada en que me
despacharan mi té y regresar a la oficina a seguir rompiéndome la cabeza para
optimizar la ya optimizada hasta la náusea estrategia de costos.
- ¿de verdad? ¿cómo crees? yo llevo trabajando cinco años en la calle de atrás
y no te había visto
- Me da mucha pena de verdad Javier, pero me tengo que ir, a ver que otro día
coincidimos y seguimos platicando
No éramos amigos, de hecho él casi no tenía amigos, salvo por un par de chicos
raros que tampoco socializaban mucho.
Pero siempre supe que yo le gustaba, sentía sus miradas en clase, cuando iba
por el campus, en la biblioteca y en las fiestas en las que llegamos a coincidir.
Y entonces recordé una fiesta en especial, una a la que fui con mis dos mejores
amigas, en la camioneta de una de ellas.
La fiesta era muy lejos, casi fuera de la ciudad, pero nos animamos a ir porque
iban a ir los guapos de la escuela, en particular dos chicos con los que mis
amigas ya estaban en trámites de algo más que una amistad.
Así que me permití usar para la ocasión una minifalda de cuadritos azul con
blanco, muy ajustada que resaltaba mis curvas y me hacía lucir mis bonitas
piernas.
Arriba un crop top holgado blanco que sin mostrar mucho daba la idea de la
cantidad y la calidad de lo que había debajo.
Cuando la fiesta terminó, mis amigas salieron con sus nuevos novios.
Hasta ahí iba todo bien, pero entonces noté que lo que me pareció una
camioneta muy grande y cómoda de ida, no iba a ser suficiente para tres chicas
y tres chicos ya de regreso.
Nos detuvimos junto a un parque por donde a esa hora no pasaba ni un alma,
porque obviamente mis amigas querían entregarse a la pasión con sus ligues.
De hecho en el camino ya venian toqueteándose y besándose. Manos se
deslizaban por abajo de las faldas o por enmedio de un escote. Susurros y
risillas. A mi amiga que venía manejando le venían sobando las piernas. Yo solo
veía y escuchaba y me empezó a dar un calorcillo en el vientre bajo.
Una de mis amigas me dijo al oído antes de bajar del auto: No seas apretada,
dale una probadita - Y noté que Javier lo escuchó.
- eeehhh... ¿esto? es... eh, bueno... es que así se hace el pantalón - dijo
notablemente apenado
Dejó escapar un - ahhh - de satisfacción cuando dejé caer todo mi peso en él,
pero seguía paralizado
- ¿cómo es posible que sea tan tímido? ¿será que aún es virgen? - Pensé
verdaderamente sorprendida
- Creo que es mejor si te bajas el pantalón - tuve que indicar, porque él seguía
atónito
Javier al fin pareció tomar control de sí mismo y sujetándome por las caderas
comenzó a moverse como si me estuviera penetrando. Luego de algunos
minutos de apretujar mis voluminosas, jóvenes y firmes nalgas, eyaculó
embarrándome las piernas y los asientos de piel de la camioneta.
Esa noche fue la única vez que hicimos travesuras. Luego de eso todo regresó a
lo de siempre, ambos a nuestros estudios y él con sus amigos raros.
Yo estuve todos esos días acariciando la idea en mi mente de que Javier podría
ser el corneador que mi esposo y yo estábamos buscando.
Serio, controlado, estable, con un matrimonio que cuidad por lo que habría
pocas probabilidades de dramas o celos.
Pero ¿cómo estar segura? ¿sería buena idea consultarlo con mi marido? ¿o
consultarlo con Javier primero?
Así que consideré desde un coqueteo leve hasta seducción total, a ver cómo se
daban las cosas.
Una mujer de nuestra edad, muy guapa, rubia, muy delgada y bajita con ojos
color entre azul y gris.
Javier ya me había anticipado que era muy conservadora, y pensé: tal para
cual...
Por la cara que tenían todos se podría haber pensado que estaban a punto de
ser convencidos de algo y pensé: mi marido y su alma de vendedor hasta
cuando no está trabajando.
De hecho creo que hasta estaba haciendo contactos para negocios, lo cual iba a
ser muy bueno para mí porque así iba a tener más margen de acción con el
cumpleañero.
Estuve atenta y cuando noté que la esposa de Javier se entretuvo con unos
invitados, vi mi oportunidad y me acerqué a él para preguntarle dónde estaba
el sanitario
- Hay uno arriba, al final del pasillo luego de las escaleras, dando la vuelta
por.....
- ¿mi... regalo? - Preguntó mientras el muy torpe me veía las manos vacías
- Si, tu regalo, algo que quedó pendiente hace como veinte años
Tan pronto estuvimos ahí, nos lanzamos el uno al otro para darnos un faje
furioso, en el que recorrió mis curveadas formas estrujando con fuerza ahí
donde había más carne, carne firme, bien formada y abundante, en contraste
con su delgada y grácil esposa que apenas y tenía atributos.
Javier alcanzó mi largo cabello y lo jalaba con cada estocada que me daba.
- ¿te gusta tu regalo? Te regalo mis nalgas, úsalas cuando quieras - dije bajito
- Que delicia de culo tienes mami, me encanta tu culote gordo, ¿te gusta cómo
te la meto? ¿le vas a decir a tu maridito que te partieron el culo y te gustó?
Estaba tan sorprendida y emocionada con el cambio de Javier, que no contesté
nada pero eché las nalgas para atrás con más fuerza dejándole saber que
todavía podía recibir más fuerte
Javier intentó quitar dos botones en mi escote para llegar a mis tetas, pero solo
eran de adorno, así que bajé los tirantes del vestido, mostrándole el bonito
brassiere de encaje que hacía juego con el cachetero del cual seguro ya ni se
acordaba.
- ¿también éstas son mías? - y chupeteó tan fuerte que temí que me fuera a
dejar una marca en las tetas
- toda yo soy tuya - dije con voz entrecortada porque justo en ese momento
me embistió fuertísimo
Y entonces penetró, beso, chupó, manoseó, estrujó, con fuerza, con deseo
reprimido por años.
- Cógeme, soy para ti, cógete estas nalgotas que son para ti
- ay, me vengoooo - exclamó en voz alta y yo solo cerré los ojos segura de que
ahora sí nos habían escuchado
Pero no, nadie escuchó porque nadie subió, el bullicio abajo seguía igual.
Me levanté y todo el semen salió de mi, bañando el regazo de Javier, que yacía
en su cama sin fuerzas.
- Salí a fumar con Javier a la calle para poder platicar un rato, ¿no me viste
salir?
- No sé, dijo que le dolía la cabeza y se metió ¿me preparas algo de beber mi
vida?
- ajá
- ¡qué interesante!
Aparte de eso, una cosa era segura, para mi cumpleaños el regalo tendría que
ser excepcional.
hola lectores, me presentare diciendo que soy un hombre, Me llamo David, soy
normal nacido en el 67, de Vizcaya (España) casado y fisicamente normal, del
monton, como se suele decir. Me gusta las mujeres muy maduras,
aproximadamente de 60 años para arriba. No de ahora si no de siempre.
Esto que os voy a contar me paso hace tiempo. Es algo que llevo dentro y
desde hace tiempo tengo ganas de contarlo. Tenia 30 años cuando me paso, mi
suegra por aquel estonces tenia 58. Mi mujer y yo llevabamos dos años
casados, todo normal en mi matrimonio, en todos los aspectos hasta los
ultimos meses, nuestras relaciones sexuales no era igual. Mi mujer ascendio en
la empresa que trabaja y estaba metida en la oficina desde la mañana hasta
noche. Llegaba a casa siempre cansada, se duchaba comia algo y a la cama,
Asi un dia tras otro, incluso casi todos los fines de semana. Los escasos fines de
semana que no trabajaba comiamos en casa de sus padres.
Mi suegra era una mujer que siempre estaba preparada tanto en casa como en
la calle. Fisicamente era de media estatura buenas tetas 110 y un culo que no
estaba nada mal.
Mi historia empieza cuando los dias que comiamos en casa de los suegros y por
mi falta de sexo empece a mirar a mi suegra de otra manera. Ella siempre a
sido cariñosa, amable educada y de buen humor. Despues de comer mi suegro
siempre tenia la costumbre de salir a dar un paseo y no regresaba a casa hasta
entrar la noche. En la sobremesa nos quedabamos los tres solos y teniamos
tertulias que se estiraban durantes horas, hablabamos de todo incluso algunas
veces tocabamos en tema del sexo. Por lo que contaba mi suegra se quejaba
que su marido le hacia poco caso y ella hechaba de menos en momentos
puntuales. Empece a mirarla y sobre todo se me iban los ojos a sus tetas, no
dejaba de mirarlas, mi suegra se dio cuenta que me se las miraba mucho pero
no decia nada. Era un mes de Julio, esa tarde mi mujer supuestamente tenia la
tarde libre y como siempre quedamos para comer con sus padres. LLego la
hora de comer y sono el telefono.
Ese dia hacia calor, comimos y mi suegro como siempre se fue a dar su paseo y
mi suegra y yo nos quedamos charlando.
- que calor me voy a dar una ducha a ver si se me quita este calor que tengo
encima
- yo le dije bien y mientras te ducha me voy a poner algo fresco para estar en
casa.
Me puse una camiseta y un pantalon corto.Mientras me cambiaba me
imaginaba a mi suegra en la ducha llena de jabon y eso me ponia muy caliente,
tenia una ereccion que con el pantalon corto, se notaba. Salio mi suegra de la
ducha con una bata fresca y fina. Me quede embodado al verla salir, no llebaba
sujetador,y se le transparntaba un poc las aureolas y los pezones. Fue en lo
primero que me fije.
- si
Tomando el cafe...
- Nada, por?
- llevo dias observandote y veo que tus ojos se te van a mis tetas
- Si, pero.. cada vez menos. ya sabe tu hija con el trabajo llega tarde y
cansada. Ultimamente poco o mejor dicho muy poco
Nos reimos
- pues si
- te gustan las tetas de una mujer mucho mas mayor que tu?
Mis ojos no dejaba de mirar esas tetas que estaban escondidas debajo de esa
bata
- esta noche cuando llegue mi hija a vuestra casa habla con ella y le das un
buen revolcon ya veras como se te pasa la fiebre de mis tetas
- no creo
hasta que mi suegra me sorprende abre su bata y me deja ver esas tetas tan
deseadas
- que tienen estas tetas que tanto te gusta, si las de mi hija estan mas duras y
no tan caidas
Las agarre con todas mis ganas mientras ella seguia pajeandome cada vez mas
rapido. No dejaba de magrearselas y ella me miraba la polla y se relamia los
labios
- Ya no me acordaba de esto
- No te preocupes
Cuando llegue a casa no podía dejar de pensar en esas tetas y la paja que me
regaló. No tuve más remedio que irme al baño y volver a masturbarme
pensando en sus tetas.
Ella entro sin decir nada. Lleva un vestido ajustado marcando su figura rellenita
y por su puesto sus tetas que querían salir de su vestido. Quedaba poco para la
hora de la comida y le invité a que se quedara.
+ Este va a ser nuestro secreto David. Sé que tú y mi hija tenéis poco sexo,
y yo menos que vosotros.
+ Son cosas que pueden pasar, tú y yo no somos de piedra. Estoy cansada
de masturbarme, tu suegro en la cama no me hace caso, necesito algo más y
me imagino que tú también.
Mi polla empezó a reaccionar, ella con sus caricias cada vez se acercaba más a
mi bulto.
- Suegra cuidado con esa mano, que como has dicho no somos de piedra.
Me cogió la polla en ese momento y la estrujaba con sus ganas. Me tire encima
de mi suegra y la comencé a besarla y coger sus tetas por encima de su
vestido. Poco a poco comenzamos a desnudarnos seguíamos metiéndonos
manos. Nos pusimos de pies y nos quedamos totalmente desnudos. Mire a mi
suegra desnuda, mire esas tetas y mire su coño con pelos y arregladito. Ella se
sentó y me acercó hacia ella, me cogió la polla…
+ Cuanto tiempo soñando con este momento. Hacía tiempo que no me
comía una polla.
Comenzó a pasar su lengua por mi capullo, luego por la polla y mis huevos. Su
lengua la notaba caliente. Poco a poco comenzó a tragársela entera
- Joder suegra que bien comes la polla, para que me voy a correr.
Me tumbe encima de ella, le comí esos pezones todas las tetas, las agarraba
como si fueran las ultimas. Cogí mi rabo y apunte hacia su coño, si la meti de
una vez. Comence a follarmela.
+ Si, si, me gusta, sigue que voy a volver a correr. Ahhhh, me corro, joder
que gusto, metela toda, toda. Que rico cuando te vayas a correr quiero
tragarme toda tu semen.
- Si suegra, estoy a punto. Me voy a correr, toma, toma, agarrala y trágate
todo. Que gusto suegra follas mejor que tu hija.
Después de la follada nos vestimos, los dos con cara de gusto. Prepare otro
café nos pusimos a ver la tele durante un rato. De vez en cuando nos miramos,
hablamos poco hasta que llego el momento y nos despedimos.
+ Ya sabes que mi hija sabe a la hora que sale de casa, pero no a la que
entra.
- Muy bien
Ciriaco sacudió la cabeza a un lado y al otro con fuerza y se dijo a sí mismo que
era un tonto de capirote. ¿Pero qué diablos le estaba ocurriendo? Le complacía
la frecuencia y la variedad en las relaciones sexuales, y adoraba a cualquier
fémina lozana con la que se le presentara la oportunidad de acostarse, pero
habitualmente no se lanzaba al vacío como si fuera un vulgar adolescente.
Sobre todo si tenía la certeza de que iba a quedar insatisfecho.
Ciriaco llegó al fin al primer piso y, al tiempo que gozaba de la discreta pero
opulenta decoración pensó que el Hotel Alameda era, sin ningún género de
dudas, uno de los mejores hoteles del país. Los enormes lienzos que colgaban
en las paredes de la galería de la primera planta junto a las antiquísimas
estatuas de bronce y los jarrones de estilo chino deberían tener un valor
incalculable –supuso mientras intentaba menguar su incipiente erección.
Mientras seguía acariciando su cada vez más inquieta virilidad, Ciriaco sopesó
la opción de llevar a cabo una necesaria pausa en su habitación. Experimentaba
una profunda incomodidad entre las piernas. Debía resolver un par de cosas
que tenía pendientes, pero una efímera masturbación lograría que sus
pensamientos se relajasen. Pensó en el momento de la placentera descarga,
pero al mismo tiempo imaginó que le resultaría poco o nada gratificante. No
quería correrse con la sola compañía de su imaginación y su mano, sino que
deseaba compartir aquel momento con Rosalía. O en su defecto con cualquier
otra mujer. Volvió a su cabeza la faena que la recepcionista le había encargado
y recordó la penetrante mirada que Celia Lúzaro, la popular novelista cuya
ducha no funcionaba desde hacía veinte minutos, le había regalado el día
anterior.
Ciriaco, eres un sinvergüenza y un bribón –se dijo al dirigir sus pasos hacia la
suite número veintisiete, la cual ocupaba aquella madura mujer en cuyo
sinuoso y apetecible cuerpo reparó desde la primera vez que la vio.
Debía reconocer que se sentía plenamente atraído por aquella dama. Sí señor,
la señora Celia Lúzaro era deliciosamente atractiva para un joven muchacho
como él. Nada más verla llegar al hotel se quedó prendado de su esbelta figura
y de aquellos expresivos ojos verdes que tanta curiosidad le habían inspirado.
Ciriaco sospechó que el aspecto confusamente idealista de aquella mujer, acaso
vendría dictado por su prolífica inspiración a la hora de imaginar historias, pero
por otro lado pensó que seguramente se correspondiese con un problema en la
vista, pues al firmar en el libro de registro del hotel necesitó echar mano de las
gafas que tenía guardadas en el bolso. Luego supo, por boca de la propia
señora Lúzaro, que desde hacía tres años tenía un problema de vista cansada
debido al uso asiduo del ordenador al escribir sus novelas.
Pues para serte franca, la verdad es que no tengo ni la más remota idea. Nunca
leí ninguno de sus libros.
¡Bah! Menuda bazofia, son unos libros sin el más mínimo interés. A las
jovencitas y las marujonas que no buscan más que sensiblería y cursilería y
nada de follar les encantan. No gastaría ni un euro en uno de ellos.
Ciriaco sonrió abiertamente meditando sobre todas aquellas cosas que la rubita
de Claudia estaría dispuesta a tantear, a succionar y lamer, a manosear y
acoger en aquel soberbio cuerpo.
Llamó a la puerta dos veces con los nudillos y enseguida escuchó ruido en el
interior de la suite. Celia Lúzaro le había dado la sensación de ser una mujer un
tanto inocente pese a ser una persona célebre y haber corrido mucho mundo.
No daba la sensación de estar muy convencida de su feminidad, pese a que
cualquiera la hubiese imaginado como una autora de novela rosa con unos
modales refinadamente femeninos.
Hola –saludó cuando la señora Lúzaro abrió la puerta. Tengo entendido que
tiene un problema con la ducha.
Pues la verdad es que sí –le contestó ella mirándole con cara de sorpresa y una
expresión apocada en el rostro. Necesito darme un baño para relajar los
músculos del cuello que los tengo agarrotados y apenas salen unas gotas…
¿Sería tan amable de arreglarla? Se lo agradecería infinito…
Tras estas palabras en busca de auxilio, entró a la habitación con un frufrú de
seda rosa pálido que balanceaba en torno a sus piernas.
Si fuera tan amable… necesito darme un baño y como verá el mando está
atascado. No funciona ni a un lado ni al otro. –le comentó mientras se acercaba
a él y casi rozó el brazo del muchacho con su seno.
¿Cómo dice? Ah sí, claro. ¡Dios mío no me había dado cuenta, estoy empapada!
–contestó la mujer bastante turbada, al tiempo que trataba de desprender la
tela del negligé de sus pechos los cuales se mostraban duros y apetitosos a los
ojos del recepcionista. La cuarentona novelista se mostraba más inquieta por su
propio aspecto que por el de Ciriaco. El muchacho contuvo la respiración ante el
espectáculo que le ofrecían aquel par de pezones que se marcaban bajo la bata.
Ciriaco pensó que aquel era el momento tan deseado, en que la mujer se
despojaba de la molesta bata o en que se arrojaba sobre él entregada entre sus
brazos. Parecía claro que la señora Lúzaro debía haber proyectado algo de eso
o tal vez que ambas ideas habían pasado por su cabeza pero, sin embargo.
llegados a ese momento dio la sensación de querer echarse para atrás. Esbozó
una leve sonrisa y se llevó una mano al húmedo cabello, acariciándolo con
suavidad entre los dedos. Dejó resbalar la mano con inusitada lentitud a través
del cuello, hasta llegar a la altura de uno de los senos. Aquel gesto, en lugar de
resultar cautivador a los ojos del muchacho logró más bien el efecto contrario.
Rió con ganas, con lo cual el rostro de la mujer mostró un rictus de dolor. Se
mordió con fuerza el labio inferior, se mostró colérica y furiosa consigo misma
ante la actitud del muchacho y acabó llorando desconsolada.
¡Por amor de Dios! ¿No seré capaz de hacerlo? –gimoteó apenada. ¿Es que ya
no resulto atractiva y deseable para los hombres? ¡Mierda, no soy capaz de
conquistarle!
Los lamentos de la afligida mujer se hicieron más agudos al igual que el apetito
de Ciriaco. En general se sentía atraído hacia compañeras descaradas y nada
apocadas como lo eran Rosalía, Claudia o la misma Valentina; sin embargo la
sumisión de aquella mujer le resultaba encantadora. Los sollozos de Celia
Lúzaro le provocaban los mayores deseos hacia ella.
Celia parecía furiosa ante su desacierto en sus coqueteos, sin percatarse que el
efecto sobre el muchacho era precisamente el contrario. Ciriaco contuvo a
duras penas la pasión que le embargaba, el arrollador afán por tumbarla sobre
las delicadas sábanas y por arrancar los primeros suspiros de deseo de aquella
adorable mujer.
Verá… -le miró con aquellos preciosos ojos verdes, lacrimosos e ingenuos.
Supongo que sabrá que escribo novelas…
Por lo que he oído decir muchos de sus libros son grandes ventas –contestó
Ciriaco intentando animarla.
El hombre admitió con la cabeza, no era muy difícil imaginar la clase de acción
a la que se refería la señora Lúzaro.
Pues bien, puedo jurarle que he procurado imaginar las más tórridas escenas
de sexo, pero lamentablemente resultan poco o nada creíbles. Mi editor me
reprocha que me falta creer en mis textos, que carezco de imaginación y
fantasía en mis escritos… Y lo peor de todo es que es cierto.
La señora Lúzaro fijó sus ojos en los del muchacho, tratando de imaginar los
recónditos pensamientos que invadían la mente del guapo recepcionista.
Señora Lúzaro, debo de reconocer que usted aún es una mujer muy
interesante. Estoy seguro que resultará terriblemente tentadora para cualquier
hombre –aseveró con rotundidad mientras tomaba la toalla de las manos de la
escritora. Creo que es una pena que se encuentre sola sin un hombre que le
haga compañía…
¿Realmente cree que aún soy atractiva? –preguntó la mujer con voz
temblorosa.
Señora, no sólo lo creo sino que lo puedo asegurar con plena convicción.
Tras estas palabras, Ciriaco dejó la toalla sobre la mesilla de noche y se echó
sobre la sometida mujer, al tiempo que unía sus deseosos labios a los de ella
besándola con toda la ternura de que fue capaz. Notó cómo suspiraba,
completamente entregada a él y disfrutó de aquella boca fresca y jadeante.
Presionó con su lengua contra los trémulos labios de la señora Lúzaro y
finalmente advirtió cómo éstos se abrían, acogiendo con gran placer la lengua
que le ofrecía.
Aquella deliciosa boquita se confió a sus caricias sin dar muestras de disgusto
y, mientras el muchacho degustaba, mordisqueaba con deleite y empezaba a
reconocer aquellos dulces labios, sus ardientes cuerpos se fueron juntando más
y más.
Querida, ¿te apetece que te muestre algo sobre lo que puedas escribir una
buena novela? –empezó a tutearla para así romper el hielo entre ambos.
CAPÍTULO II
Trató de zafarse de modo infructuoso, pues sólo logró que Celia acrecentara
sus ánimos. Así es, la mujer se agarró a él sin dejarle escapar, gemía sin parar
respirando con dificultad. Su alborotado pecho se estremecía, el revuelto
cabello le caía por la cara, sus poderosos muslos no cejaban en estrujarle
contra ella, no se detenía ni por un segundo en el roce de su pelvis contra la de
Ciriaco. El muchacho notaba la presión de los erguidos pezones de la señora
Lúzaro contra su pecho y cómo el cuerpo de aquella hembra irradiaba deseo a
través de todos los poros de su piel. De la desamparada escritora que había
conocido se había transformado, como por arte de magia, en una auténtica loba
en celo.
El cuerpo de Celia vibró impaciente y Ciriaco dudó por un instante de sus dotes
de seducción que tan buenos dividendos le habían dado en el pasado. Sin
embargo, la mujer ronroneó mostrándose plenamente dichosa y en ese mismo
momento él supo que tenía la batalla ganada. Aquella encantadora hembra ya
no sería capaz de negarle nada.
Mi amor, haré que recuerdes enseguida cómo gozar –le susurró al oído,
pasando a mordisquear con deliciosa dedicación el cuello de la escritora y de
ahí trasladó sus caricias a la nuca, para finalizar lamiendo el lóbulo de la oreja
de la señora Lúzaro la cual sintió escalofríos de placer gracias a aquella
exquisita caricia.
Ciriaco estaba seguro que debían de ser fácilmente excitables y sus sospechas
se confirmaron en el momento en que jugueteó con uno de los alterados
pezones, rozándolo apenas con sus dedos. La madura mujer tembló de placer
sollozando ruidosamente.
La señora Lúzaro, en un breve instante de lucidez, disfrutó del bello rostro del
muchacho y pensó en qué deliciosa locura la había hecho llegar a ese punto sin
retorno. Ya no había una posible marcha atrás. Estaba segura que iba a
entregarse a él sin reservas. Suspiraba por que la hiciera suya, rendirse por
completo a ese atractivo hombre.
La verdad es que era un completo extraño para ella, tan solo conocía su
nombre cuando escuchó a la recepcionista llamarle. Ciriaco era un bonito
nombre, le gustaba. Aquel muchacho no tenía un puesto concreto en aquel
lujoso hotel, era como un comodín, servía un poco para todo. ¡La maldita
polivalencia que tanto se demandaba en aquellos tiempos! Desempeñaba las
labores de admisión de los clientes, se encargaba del equipaje del cliente así
como del mantenimiento del hotel. Y allí se encontraba ella, sudorosa y
abrazada a él, dejándose mimar entre sus fornidos brazos. ¡Dios, hacía mil
años que no se sentía tan afortunada! Aquel muchacho era como un soplo de
aire fresco en su desdichada y tediosa vida.
La mujer, a duras penas podía contener la emoción que sentía. Estando a punto
de bramar gracias al goce que soportaba, Ciriaco la besó voluptuosamente
mezclando su lengua con la de ella. Mezcló su saliva con la de la complacida
dama y ésta fantaseó con la idea de que la húmeda boca del muchacho
circulaba a través de sus inflamados senos y de su necesitada vagina. El
orgasmo se aproximaba a marchas forzadas. No había respiro ni tregua para
los excitados amantes. El cuerpo de la agradecida hembra vibraba de deseo.
La paciencia del muchacho para con ella era infinita, frotó sus duros pechos sin
pausa mientras la besaba con gran delicadeza. Parecía que su sexo y sus
pechos estuvieran en contacto, pues cuanto más agasajaba aquel par de senos
más placer sentía en su vulva. Sus labios vaginales se agitaban de la pasión
que la consumía y su flujo emanaba entre sus piernas igual que si fuera un río
caudaloso. La espaciosa suite olía a sexo, al aroma que desprendía el cuerpo de
la complacida escritora. Sintió vergüenza de sí misma, se sintió igual que una
vulgar ramera entregada a aquel joven macho.
No pudo soportar por más tiempo aquel sensacional tormento que recorría toda
su anatomía y acabó corriéndose gritando sin parar, expulsando de su cuerpo
toda la tensión acumulada. Aullaba como una fiera, temblaba de pies a cabeza.
Disfrutaba de aquel momento, retorciéndose bajo el cuerpo del muchacho.
¡Hacía tanto tiempo que no sentía algo así! Jadeaba con dificultad y por sus
pómulos resbalaron lágrimas de satisfacción. Celia se contorsionaba
desesperadamente, pero la caricia del joven no cedía. La hambrienta boca de
Ciriaco siguió deleitándose con aquel dulce manjar.
No hubo que explicarle más; Celia llevó una mano hasta posarla sobre la tela
que cubría la polla del muchacho. Acarició aquel bello ejemplar con evidente
recelo y nerviosismo. La verga del muchacho se mostraba excitada y palpitante
bajo la empapada tela del bóxer. Aquel hermoso espécimen parecía querer
escapar del presidio en que se encontraba, para así poder ser manoseado a
placer por los dedos de la madura dama. La señora Lúzaro no pudo menos que
sentirse temerosa ante el sorprendente tamaño que iba adquiriendo la polla de
su amante.
El siguiente paso sí que resultó mucho más trabajoso para la inexperta mujer.
Sus inútiles dedos parecían asustados ante la tarea que se les presentaba. Una
tarea aparentemente tan sencilla como retirar la tela del bóxer, para así dejar
en libertad el miembro del muchacho, resultó para ella un trabajo de chinos.
Tuvo que ser el joven, quien finalmente hiciera saltar desafiante su emocionado
dardo ante los sorprendidos ojos de la mujer. Éstos se abrieron de forma
desmesurada ante la horrible visión que se les brindaba. Era un aparato tan
largo y grueso que no pudo menos que sentirse acobardada ante semejante
intruso.
Por favor amor, ayúdame. No sé qué hacer ahora con ella –sonrió nerviosa al
dar a conocer su manifiesta torpeza en aquellas lides.
Muy bien, ahora con los labios y la lengua debes chuparla como si te comieras
un plátano o estuvieras disfrutando de un riquísimo helado.
¡Así, qué bien lo haces! Cómetela vamos, lo estás haciendo muy bien.
Muy bien, veo que aprendes rápido –la animó Ciriaco, mientras la ayudaba en
la felación agarrándola del cabello y apretándola con fuerza contra su miembro.
De repente, ella extrajo aquel tronco de su boca y escupió sobre él una buena
cantidad de saliva para así humedecerlo mejor. Aquella actitud sorprendió al
muchacho, pues no imaginó que Celia perdiera los estribos de ese modo. Una
mujer tan decorosa como ella, no hubiera pensado jamás que pudiera escupir
sobre su miembro como si fuera una vulgar ramera. Dejó caer su cuerpo sobre
la cama y la ayudó a que se colocara sobre él a horcajadas, en posición inversa
a la suya. La mujer soltó el nudo del cinturón de la bata y se deshizo de ella,
lanzando la vaporosa prenda al suelo. Volvió a tragarse la polla del joven,
mientras él aprovechó para lamer con ganas la vagina de ella la cual se lubricó
al instante. Pasó su húmeda lengua por su clítoris, el cual se endureció
nuevamente gracias a la caricia del hombre.
¡Ahhh, qué bueno es esto! Chúpamelo por favor. ¡Qué placer más bueno que
siento!, conseguirás hacer que me corra otra vez.
¿Qué me haces maldito bastardo? Me matas, qué placer tan bueno. Nunca me
habían acariciado de ese modo ahí. ¡Qué delicia, sigue así!
¿De veras te gusta? Dime lo que sientes, cuéntamelo anda… qué estrecho lo
tienes, me encanta.
Es difícil de explicar, es diferente a lo poco que he podido conocer. Sólo sé que
si sigues de ese modo no tardaré en correrme.
Tras estas palabras, ambos se dedicaron aún con mayor interés si cabe a dar
placer a su pareja. La señora Lúzaro succionaba la verga del joven
recepcionista, al tiempo que se ayudaba con la mano masturbándole sin parar.
Las venas de la polla palpitaban gracias al tratamiento que recibían. La sangre
se iba acumulando en aquel músculo tan interesante de la anatomía del
muchacho. Notaba cómo estaba a punto de eyacular en su boca y estaba
deseosa de recibir el elixir almacenado en esos cargados testículos.
No aguanto más. ¡Me corro cabrón! Diosss, qué placer tan fenomenal. Córrete
tú también, vamos. Dame tu leche venga. Córrete en mi boca, en mis labios…
¿De verdad lo hice bien? –preguntó un tanto aturdida ante las palabras del
muchacho.
¡Diosss, qué enorme es! –se quedó mirando con los ojos vidriosos aquel pedazo
de carne que tanto la maravillaba.
Ya lo verás, confía en mí… Estoy seguro de que te gustará. Sólo déjate llevar y
disfruta.
Así muchacho, ponme cachonda otra vez. ¡Quiero que me folles de una buena
vez!
¿Estás muy caliente, eh? Sí cariño, te follaré hasta que digas basta. Te haré
gozar como nunca lo hayas hecho.
¡Cállate de una vez maldito y hazme gozar con tu lengua! Cómeme el coñito
vamos.
¡Asíííííííí, qué bueno es esto! No quiero que se acabe nunca. Muy bien, sigue así.
Ciriaco se levantó, abrazándose a aquel cálido cuerpo que se pegó al suyo con
gran necesidad de sentirle junto a ella. Apoyó su espalda sobre el pecho del
joven y aprovechó para lanzar hacia atrás sus redondas nalgas en busca del
preciado aparato que tanto deseaba. Suspiró con fuerza, dejando descansar la
cabeza en el pecho de él y notó la dureza de aquel temible enemigo al que
debería enfrentarse en breve.
¡Qué gorda la tienes, cariño! Vamos fóllame ya, no me hagas sufrir más. Quiero
sentirte dentro de mí.
Así, mi niño así. Métemela hasta el fondo, no te pares ahora. Aghhhhh, qué
bueno, fóllame sí.
El apuesto joven embistió con fuerza, entrando poco a poco en ella. Aquel
tremendo instrumento fue alojándose paso a paso, hasta llegar al fondo de
aquella mujer. Celia notó como su amante golpeaba sus nalgas con sus repletos
testículos y contuvo la respiración, tratando de acomodar su dilatada vagina a
tan salvaje invasión. El muchacho la ayudó, quedándose quieto dentro de ella
por unos segundos para que ella se acostumbrara a tan demoledor visitante.
Aquella tremenda barra de carne la llenaba por completo. Mordió con fuerza su
labio inferior para no chillar como una loca.
¿Qué tal estás? ¿Te gusta cómo te follo? ¿Quieres que te folle más deprisa?
Te siento, te siento… cómo te siento, condenado cabrón. Qué polla tan rica que
tienes –respondió ella con voz trémula, mientras explotaba en un nuevo
orgasmo.
Él aprovechó la total entrega de la hembra que tenía entre sus manos para
dirigir sus envenenadas atenciones hacia el ano de ella. Escupió sobre sus
dedos y los llevó a la entrada posterior de la mujer, humedeciéndola con
generosidad. Celia volvió su sudoroso rostro hacia él, sospechando cuál era el
siguiente paso que su compañero pretendía dar. Evidentemente sabía lo que él
quería. Iba a follarle el ano y sólo esperaba que fuera delicado con ella.
Fóllamelo con cuidado amor, ten cuidado no me vayas a lastimar. ¡La tienes tan
gorda!
Su rendida pareja puso los ojos en blanco al acoger aquel gordo champiñón.
Aulló como una fiera salvaje, sintiendo el modo como él iba ingresando
milímetro a milímetro en su estrecho orificio. El esfínter fue dilatándose,
recibiendo a tan placentero ocupante. Los aullidos de dolor fueron remitiendo y
convirtiéndose en gemidos de placer, una vez que el muchacho hubo ingresado
en ella y empezó a empujar con ganas.
Fóllame, fóllame, destrózame el culo. ¡Me quema pero qué bueno que es! Qué
placer tan rico me estás dando. Jamás imaginé que fuera tan bueno. Vamos, no
te detengas ahora muchacho.
Los berridos de la mujer invadían toda la alcoba y seguro que podían oírse en el
resto de la planta de aquel lujoso hotel. Aquellos eran berridos de dolor y
placer, una sensación extraña pero encantadora al tiempo. Notaba sus entrañas
doloridas por los incansables envites de su acompañante. El hombre la follaba
sin compasión, clavándola y desclavándola una y otra vez. No daba síntomas de
cansancio, lo cual hacía enloquecer a su compañera. Lo único que deseaba en
ese momento era que aquel polvo no se acabara nunca.
¿Sabes que tienes un culito muy estrecho? Me encanta, así el placer es aún
mayor.
No aguanto más. Voy a correrme. ¿Es que no te vas a correr nunca? Vamos
muchacho, córrete y dame toda tu leche.
Señora, ¿puedo correrme en su culo? –le preguntó con una voz implorante pero
llena de vicio.
Ciriaco dio los últimos envites dentro de aquel estrecho agujero y acabó
explotando dentro de ella. Una catarata de líquido seminal la llenó por
completo, aquella leche la quemaba por dentro. En el momento en que sintió la
corrida del joven, reventó nuevamente en un orgasmo interminable y
totalmente placentero.
¡Joder, qué bueno es esto! ¡Menudo polvo! Qué leche tan caliente, querido, me
llena por entero –dijo abriendo los ojos como si volviese a la realidad desde un
sueño delicioso y plenamente reparador.
Nada de eso… la verdadera culpable has sido tú. Eres una mujer ardiente y
llena de pasión, que debes dejar que fluya para poder ser feliz. Aún eres joven
y estoy convencido que muchos hombres desearán hacerte suya.
No podía dejar de jadear, había sido tan intenso el momento que seguía en
shock sintiendo mi vagina y mis piernas palpitar de pasión y de deseo.
Mi hijo Alejandro era uno de esos jóvenes que están tan buenos que hasta a
sus madres las ponen a temblar y eso me paso a mí, cuando me di cuenta que
sus piernas y nalgas eran de otra dimensión deje de verlo como mi niño y es
que el día en que regresando del trabajo y lo vi durmiendo desnudo enseñando
todo su culazo al aire sentí que los años de infeliz matrimonio me caían encima,
su espalda musculosa y marcada, sus piernas fuertes y ese culo respingón y
perfecto me llevaron a otra dimensión, me metí a mi habitación e imagine
despertándolo mientras me clavaba su verga en mi y comenzaba a cabalgarlo.
Me masturbé imaginando sus pectorales tensarse, sus brazos grandes y
musculosos tomando mis caderas y guiando mi ritmo desbocado de amazona,
ese rostro de chulo sonriendo, viendo a su madre sometida a su cuerpo como
una puta.
De pronto la cuarentena cayó en el país y con ella cerraron todos los gimnasios,
mi hijo resintió terriblemente la noticia, mi marido nos aviso que por motivo de
optimizar personal habían decidido trasladarlo a la ensambladora de
Aguascalientes, vivíamos en Guanajuato y por lo tanto tendría que pasar al
menos un mes en ese nuevo lugar de trabajo. Se despidió la mañana del
sábado 21 de marzo y desde ese momento mi hijo y yo quedamos en casa,
Alejandro casi sin percibirlo se relajo tanto que dejo de usar camisa en casa,
sólo usaba una ligera playera sin mangas que me dejaba ver todos sus bíceps y
pectorales, me volvía loca, su cuerpo era mejor de lo que vi aquella tarde hace
casi un año.
Un medio día mientras yo estaba corriendo en la caminadora entró al gym
casero y me pidió permiso de entrenar, le deje sin problemas, estaba tan
ansiosa de ver su cuerpo sudar y ponerse bestia que decidí que ese día haría
sólo cardio. Tal como lo pensé Alejandro se dejo llevar por sus antiguos hábitos
y se machaco en nuestro improvisado gimnasio, sus músculos no dejaban de
crecer, tanto como mi vagina de humedecerse, de pronto y tras una hora se
arrancó su playera y me dejo ver su sudoroso torso, estaba como una perra en
celo esperando una sola migaja como esa, le dije que ya tenia suficiente y me
fui a la ducha, la imagen que me acababa de dar me sirvió para hacerme un
dedo monumental deseando ser su hembra.
Una tarde justo después de saber que la cuarentena se extendería me dijo que
era lo que más deseaba hacer apenas saliéramos, le dije que con sus tías
planeábamos ir a ver un espectáculo de strippers en la capital y tomar un fin de
semana de chicas en San Miguel, me sonrío y me dijo que era una mamá muy
abierta y que le encantaba, dándome un beso cerca de los labios, me derretí al
instante. Pasaron unos días de eso y una mañana después de entrenar me dijo
que quería darme una sorpresa, me pidió que le esperará un momento y luego
sudando aún subió a su habitación, bajó unos quince minutos después envuelto
en un uniforme de soldado, mi amigo Rubén me lo presto hace unos meses dice
que le va bien de stripper pero su madre no sabe así que me pidió guardarlo
aquí, yo sólo podía ver la tela aprisionando su cuerpo y estaba palpitando, sé
que no puedes ir ahora con las tías por eso te haré un baile que me ha
enseñado.
Mientras hundo mis uñas en ese culo que es mío como yo soy de él, me sonríe
y me dice, feliz día de las madres PUTA.
Nací ya cuando mi madre tenía alrededor de los 30, bastante mayor para su
generación. Con mi hermana me llevo doce años, así que a ella la tuvo bastante
joven. Mi hermana se marchó de casa siendo muy joven, con mi madre no se
entendían ni por asomo. Así que un día cogió los trastos y se largó sin casi
despedirse. Hablábamos por teléfono a menudo, y un par o tres de visitas al
año por vacaciones eran lo mejor. Con la distancia y al verse poco la relación
entre ellas se suavizó, y con los años ha acabado siendo buena. Eso sí, siempre
con distancia.
Mi madre, Carmen, es una mujer menuda. Bajita de 1.55. Con el pelo castaño,
unos ojos verdes profundos que cambian con la luz del sol. Cuando te mira su
mirada te penetra hasta el fondo, una mirada que enamora. De piernas
delgadas pero musculosas, manos fuertes y hombros anchos. Un cuerpo
perfecto para soportar el peso de sus enormes tetas y su potentes caderas y
culo. Podríais pensar que es rechoncha, pero para nada. Es bajita, y muy
tetuda, pero no gorda. Es una mujerona al estilo de las pelis italianas de Tinto
Brass. Contundente, con poderío y muy sexual. Tiene una cara preciosa, que
junto a sus hipnotizantes ojos la convierte en una mujer guapísima y muy muy
sexy.
Me encantaba estar amorrado a sus tetas. Era el mejor momento del día.
Succionar esos pezones sin compasión, hasta sacar la última gota de leche era
lo que estaba esperando todo el día en la escuela. No pensaba en otra cosa. Mi
madre se sentaba en el sofá y abría esa bata abotonada que llevaba por casa.
Era una bata ancha, cómoda y fresquita. Iba sin nada debajo, decía que los
sostenes le molestaban todo el día, así que por casa prefería ir cómoda. Con
esas enormes tetas sueltas, una delicia para mi vista. Se sentaba en su butaca
preferida, abría los botones y se sacaba esas tetazas.
- mmm no mami.
- chupa mi niño, toma tu merienda. Chupa todo lo que quieras. Así mi amor.
Y sinceramente creo que se corría una y otra vez mientras yo mamaba sin
cesar. Ponía los ojos en blanco y daba suspiros ahogados cada vez que mis
dientes mordisqueaban su pezón.
Con el tiempo dejó de darme teta por la tarde y la noche. Sólo lo hacía por la
noche cuando ya estaba en la cama. Y chupando teta me dormía como un lirón.
El momento del baño era siempre una fiesta. Ya había preparado la cena
mientras yo hacía los deberes. Así que no había mucha prisa. Íbamos al baño,
me desnudaba, y yo la desnudaba a ella. Que espectáculo de mujer. Es la más
guapa del mundo. Me encantaba sobarle el culo dándole golpecitos.
- Que dices Pepe! Eso no puede ser. Ya eres mayor para eso. Tienes dieciocho
años, hijo. Además, ya se me retiró.
Ya tarde apareció por mi habitación. Estaba medio dormido y todavía dolido por
la escena.
- No – dije enfadado
Me giré, y la luz de la mesita me dejó ver esa bata medio abierta que llevaba.
Me incorporé y la abracé, poniendo mi cabeza contra sus tetas. Olían a leche!!!
Joder, hacía años que no me daba, pero seguían oliendo a leche. Acerque mi
mano y se la toqué por fuera. Su pezón estaba como una roca. No dijo nada.
Entonces aproveché la situación y colé mi mano dentro de la bata que ya
estaba entreabierta, alcanzando ese pezón que tanto ansiaba. Siguió callada.
Estuve jugando con el pezón entre mis dedos durante un eterno abrazo.
Mientras, mi polla cobraba vida propia e iba creciendo más y más. Ya era un
chico completamente desarrollado y mi polla ya era de tamaño considerable.
Conseguí meterme el pezón en la boca y succionar profundamente un par de
veces.
- ¡Para Pepe, para! Esto no está bien hijo. Ya eres demasiado mayor para
tomar teta. ¿Lo ves? mira lo que pasa. – Dijo señalando mis calzoncillos bóxer
que prácticamente no conseguían ocultar mi tiesa polla.
LA cama de mi madre era de madera maciza. Con cuatro grandes patas que
aguantaban el cabezal y los pies de la cama. Las patas de la cama acababan en
una especie de piña gordota. Y allí estaba ella, en cuclillas. Con la piña metida
casi entera en el coño. Tenía el cuerpo sudoroso. El coño chorreaba líquidos
como una fuente. Los pelos de su rajara estaban empapados y la colcha tenía
una gran mancha de humedad. Estaba como poseída. Dando golpes de culo
para que la piña se clavara cada vez más dentro de ella. Un intenso vaivén que
no cesaba, mientras sus flujos tampoco paraban de brotar. Tenía agarrada una
de sus tetas con las dos manos. ¡Y se estaba chupando ella misma, se estaba
mamando los pezones como yo lo hacía! Y chorros de leche le empapaban la
cara mientras se relamía. En una de las embestidas de su culo la piña entró por
completo, y casi desapareció la bola que le seguía. Gritó con un grito sordo de
placer mientras se tapaba la boca y una fuente de flujo salía de su coño. En ese
instante me corrí por tercera vez con un espectáculo tremendo de mi madre.
Por la mañana desayuné sin decirnos nada. Ella me dio un beso para
despedirse, y me dijo.
- Pepe, te he dejado la cena preparada. Sólo tienes que calentarla. Esta tarde
voy al cine al salir de la consulta. Igual llego algo tarde, sobre las 10.
-Con una amiga del trabajo. No sé cómo se titula la peli es una de amor.
En el fondo del cajón de su cómoda había una caja. Tapada con sus bragas más
sexys, las que llevaba cuando salía de cena con sus amigas. Bragas de blonda
tipo tanga brasileño. Un despiporre verle el coño tapado con esas bragas. Hacía
tiempo que no se las veía puestas, pero las olí. En la caja encontré lo que no
esperaba haber visto. Un collar negro de piel, con tachuelas y una argolla,
como un collar de perro vamos. Una especie de máscara que tenía una enorme
argolla en la zona de la boca. Un enorme vibrador con el mango dorado. Lo
encendí y eso era como un minipimer, cómo vibraba el jodido. Eso en el coño
de mi madre debía montar claras! Dios yo la quiero ver jugando con eso. Por
último, unas revistar guarras. Muy guarras. En ellas aparecía una mujer que me
recordaba a ella por sus curvas y su coño peludo. Con cuatro o cinco hombres
alrededor pajeándose. Llevaba puesta una máscara exactamente igual que la
suya. Y un tío le follaba la boca. Jooooooder con mi madre! Pedazo putón que
está hecha!
- Pues claro que la tengo! ¿Qué te pasa, que no tienes ojos en la cara? – Le dije
en plan borde. Y funcionó.
La visión al entrar en la sala A donde daban “Milf tetona, puta juguetona” era
brutal
En la pantalla una mujerona follada a la vez por dos tíos, uno por el culo y el
otro por delante. Y otros tres alrededor. Uno follándole la boca y los otros dos
pajeándose en sus tetas. Tremenda película.
Lo mejor estaba por venir. Un corrillo de seis o siete hombres estaba al fondo
del pasillo, justo delante de primera fila. Todos de pie y con los pantalones
bajados. LA luz de la pantalla daba mucho juego. En el suelo, acuclillada se veía
a una mujer, medio desnuda, con unas enormes tetas al descubierto. Todos se
pajeaban, y uno de ellos le estaba corriendo las tetas. ME acerqué atónito,
esperando no ver lo que era evidente. Era mi madre. Chupando todas las pollas
que podía. ME acerqué lo más que pude, y me saqué la polla que estaba a
punto de estallar. Pero no encontraba un agujero en el corrillo. Había codazos y
patadas para ganar la buena posición y poder follarse su boca.
- Ven aquí manazas! Joder que manos tienes cabrón. Me la has metido hasta el
estómago. Pero que corrida, todavía me salen chorros. Ponte aquí que te voy a
dar la mamada de tu vida cabrón.
- Ooooh no pares no pares. Sigue con los huevos. No pares. Zorra que bien la
chupas so putaaaa… mmmmm Me corrrooo.
- Que hijo de puta eres. Te has corrido tanto que casi me atragantas,
cabronazo. Pero que polla tan buena. Quiero más pedazo cerdo.
Fin
Amiga esto que te voy a contar sucedió hace unos días, te lo juro sigo
temblando por todo lo que esto me ha sorprendido, para empezar debes
recordar lo mucho que estas semanas de cuarentena me ha turbado la
presencia de mi hijo Sergio, te lo dije apenas empezó esto del aislamiento,
verlo regresar de la ciudad donde estudia con ese cuerpazo me hizo perder la
cordura, recuerdo que cuando lo vi bajar del camión con ese jeans tan apretado
y con sus músculos saltado de su camisa me hizo olvidarme que era mi niño a
quien veía. El camino al auto solo podía ver su musculosa espalda y ese par de
nalgas que me estaban poniendo loca.
Creo mi hijo noto lo que su cuerpo causaba en mí, lo veía sonriendo cuando al
sentarnos a cenar o a ver alguna serie en la televisión no paraba de repasar su
cuerpo, sus pectorales, sus brazos y esas piernas que terminaban en ese culo
de 10 que se movía invitando a morderlo, en las mañanas cuando bajaba a
desayunar con su short de pijama me quedaba mirándolo subir las escaleras
pensando en lo que sería verlo fruncirse mientras me empotraba contra la
pared, estaba loca de deseo y te lo dije esa tarde cuando nos reunimos, me
dijiste que él también me veía, que de seguro le gustaba mis tetas y culo
nuevos que me había puesto con un buen cirujano hace un año, y es que yo
también ya estaba bastante mejor que hace un año cuando él se marcho a
estudiar a una universidad cercana.
Ese día llegue tan caliente de saberme deseada y desear a un hombre como mi
bebe que la locura me llevó a colocar una pequeña cámara de vigilancia en el
baño, necesitaba ver su cuerpo desnudo, ver el agua de la ducha caer por su
enorme espalda y por ese par de nalgas, al día siguiente me masturbe viendo a
mi Sergio en mi computador, su pene, sus piernas, todo me atraía de él.
Recordé cuando estando en la preparatoria lo descubrí con su novia, recuerdo
que los gemidos de ella me alertaron al llegar a casa y aunque no lo quise
aceptar entonces me quede unos minutos disfrutando esa explosión de placer
de ambos, mi marido tenía tiempo sin tocarme, subí lentamente a su habitación
y mire a la chica montándolo, sus tetas y culo tan sugerentes, bajé y di un
portazo, llamé a mi hijo y pude escuchar como ambos buscaban como
desatados sus ropas antes de bajar, lo deje pasar.
El lunes mi marido salió por unas cosas del trabajo y yo y Sergio nos quedamos
solos, le dije que me metería a la piscina y me aleje sin verle, no podía hacerlo
más me dije que con la cámara y con verle desnudo ya había cruzado mis
propios límites y no podía permitirme más, estuve nadando un rato hasta que
de pronto escuché música, y vi a mi hijo entrar a la piscina llevando dos
bebidas, era temprano pero el tequila me apetecía además ver a mi hijo en su
pequeño traje de baño me descolocó por completo, toma mami te lo preparé
especial, le sonreí y me lo bebí mirando el agua resbalar en sus pectorales, sus
músculos tensos pues acababa de entrenar en su habitación.
- Gracias bebe tú también tienes un cuerpazo-. Era la tercera bebida que
me tomaba y la música reggaetón me empezaba a hacer bailar.
- Ven mami quieres bailar con tu hijo-. Me tomó de la cintura y me llevo
a la sombra de un árbol cercano, empezamos a bailar, le di la espalda y
empecé a perrearle, pude sentir su cuerpo en mi espalda.
- Ufff mami que culo tienes-. Sus palabras me calentaron tanto que de
pronto, di un empujoncito en su verga y la pude sentir encajada en mi rayita,
mi tanga era tan sugerente que empezó a crecer su miembro.
- Eres una reina mami-. Me susurró al oído dándome un mordisco que yo
respondí clavándome más su verga entre mis dos duras y artificiales nalgas.
- Eres toda una profesional, esas clases de zumba si que funcionan-. De
pronto y sin avisar me dio un beso en la boca, me abrace a él y con mis manos
toqué todo su torso, me volvía loca, le di una nalgada y amase ese culo
prohibido mientras él me dio una también misma que aprovecho para meterme
un primer dedo justo a la entrada de mi vagina.
- Somos madre e hijo-. Le dije dando un segundo beso con mordida de
labio incluida.
- Eres una puta caliente y yo un chulo de gimnasio, sólo eso mami-. Sin
saber en que momento sucedió, me volvió a besar y agarrar mis nalgas.
Me llevo contra el tronco del árbol y mientras el reggaetón se ponía más sucio y
yo seguía moviendo mis nalgas, me arrancó la tanga y me dio un lengüetazo en
mi vagina húmeda, te va a gustar tanto que me vas a pedir más, me dijo y yo
sólo aullaba de placer. 1, 2,3… contó y con una voz de chulo que no le conocía
gimió cuando me la metió entera, su cuerpo se tensó, sus músculos podían
sentirlo entre mis piernas y en mi piel estaban en completa expectación, dame
duro papi ya soy tu putita, y como si esas palabras lo hubieran activado
comenzó un frenético ataque sexual que casi me rompe en dos. Yo sólo gemía
y salivaba mientras escuchaba sus ruidos animales al poseerme, su potencia
juvenil combinada con ese cuerpo que me volvía loca y que hoy me demostraba
su poder me hizo venirme un poco antes que su pene explotará en mi
llevándome a otra dimensión.