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Geo Ooooo

Este resumen contiene información de alto nivel sin detalles explícitos. Un hijo se lastima la mano y su madre lo ayuda a bañarse. Ella comienza a masturbarlo para limpiarlo, lo que lleva a encuentros sexuales posteriores donde ella lo masturba para que alcance el orgasmo. Acuerdan mantenerlo en secreto y que ella lo ayudará cada tres días mientras se recupera, cerrando el "trato" con un apretón de manos.

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Geo Ooooo

Este resumen contiene información de alto nivel sin detalles explícitos. Un hijo se lastima la mano y su madre lo ayuda a bañarse. Ella comienza a masturbarlo para limpiarlo, lo que lleva a encuentros sexuales posteriores donde ella lo masturba para que alcance el orgasmo. Acuerdan mantenerlo en secreto y que ella lo ayudará cada tres días mientras se recupera, cerrando el "trato" con un apretón de manos.

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EL PACTO

 
Después de lo ocurrido en el cuarto de baño, y aunque los dos hubiéramos acabado bien
relajados, se hacía un poco rara la convivencia con mi madre. Aquella noche ya cené con ella
y mis hermanas. No se si cualquera de ellas dos habrían percibido algo de tensión en el
ambiente. Cuando me fui a dormir, solo di un par de vueltas: mis pensamientos se
durmieron junto a mi muy plácidamente. Era domingo y el día siguiente era un lunes de
finales de julio en el que todos en mi casa gozábamos de vacaciones. Aunque yo tendría que
quedarme allí con mi reposo absoluto.
 
Me desperté tarde. Aquel día fue mi madre quien estuvo más por mi. Me preparó un
chocolate con leche de avena y galletas, me trajo un libro del salón para que leyera
(evidentemente, con mi mano derecha inutulizada no podía jugar con mi consola portátil), se
sentó junto a mi a charlar y animarnos los dos... La tensión que había habido cenando con
mis hermanas ya no estaba, con lo que estuve muy agradecido. No obstante, si que había
algo de "raro" en cuanto nos dirigíamos la palabra.
 
Mis hermanas no estuvieron demasiado tiempo en casa y el poco tiempo que estuvieron se lo
pasaron en la piscina. Mi habitación daba al jardín así que las podía ver si me levantaba de la
cama. Ver chicas en bikini es algo que a mi siempre me apetece, pero cuando tengo que
estar de pie y no me encuentro bien, prefiero quedarme en la cama. Y si encima me dan
envidia por estar disfutando ellas de algo que yo no puedo... pues razón de más. Mi madre
no bajó a la piscina, supongo que por una especie de solidaridad conmigo, aunque no me
habría molestado. Cuando ella estaba por sus cosas volví a intentar pajearme yo solo. Aún
me sentía bastante necesitado. Más fracasos: mi mano izquierda era totalmente inútil.
 
El día pasó más rápido que el anterior y casi me da un vuelco el corazón cuando, después de
que mi madre entrara en mi habitación, le oí decir:
 
-¿Te apetece hoy también una ducha antes de cenar?
 
No lo dudé, aunque tardé un poco en responder:
 
-Claro, mamá...
 
-Pues vamos allá.
 
Ya en el cuarto de baño yo volvía a estar en calzoncillos de la misma forma que ya me había
visto un día antes mi madre. No disimuló que lo estaba mirando:
 
-Ya estamos otra vez ¿no?
 
-Pues eso parece mamá...
 
No se refirió más al tema y siguió todo como el día anterior, aunque ella estaba mucho
menos nerviosa y, por qué no decirlo, yo también. Cuando llegó al momento de enjabonarme
la polla no dudó y, jabón en mano, me lo empezó a esparcir a lo largo del falo. Yo no reprimí
mucho mis pequeños gemidos de gustillo. Mi madre habló:
 
-Cariño, estás como ayer... ¿Quieres aprovechar e intentarlo?
 
-Vale mamá, -dije yo- sujétame.
 
Esta vez mi madre no tuvo el arrebato de abrazarme para sujetarme, y fue una lástima
porque yo tenía muchas ganas de sentirla cerca de verdad. Simplemente me agarró con sus
manos con seguridad, apartando la vista de una manera que a mi me pareció que le requería
un poco de esfuerzo. ¿Sentiría ella mucha curiosidad por verlo? Yo, con firmeza, me agarré la
polla y la comencé a menear con mi mano zurda. Pasaron varios minutos y la situación se
tornó incómoda. Nunca antes en mi vida me había pajeado con la izquierda y no la tenía
nada entrenada, aparte de eso la notaba cansada y me dolía forzarla, me estresé cuando
entendí que no podría.
 
-Robe, cielo -dijo mi madre denotando preocupación. Prudentemente giró su cabeza y miró
mi miembro siento masajeado por mi mano "tonta".- ¿No lo consigues?
 
-Mamá, lo siento mucho... -dije muerto de vergüenza- No me sale...
 
-Shh... -dijo ella llevándose un dedo a los labios- no te preocupes amor.
 
-Ayer ya estaba al borde de.. de correrme -me supuso un esfuerzo decirlo- y enseguida
pude. Pero hoy me cuesta más trabajo conseguirlo... -maldecía aquella situación tan
vergonzosa. A diferencia del dia anterior, aquel día era yo quien estaba mucho más
incómodo y nervioso que ella, estaba casi temblando- y tengo el brazo muy cansado...
 
-Cariño -dijo mi madre con firmeza cortando mis absurdas lamentaciones.- Yo sé que tanto
ayer como hoy la excitación te ha venido por varios motivos. Estás en una edad de
hormonas revueltas, tal y como me dijiste ayer, de masturbarse una vez al día. Además por
culpa de un accidente hace una eternidad que no lo haces y tu sexualidad se está
recuperando así, con solo tener cerca un cuerpo de mujer aunque sea el de tu madre... pero
yo te puedo ayudar solo hasta ciertos límites. Robe, hay cosas que no puedo hacer por ser tu
madre... porque es así.
 
Yo miraba a mi madre aún consumido por mi verguenza, de todas formas ella no decía nada
de aquello con tono severo, de hecho sonaba muy conciliador, como pidiéndome perdón por
no poder ayudarme más.
 
-Aunque... -dijo ella después de un silencio- Como madre si que te puedo lavar y limpiar
cuando tu solo no puedes... y si tu y yo consideramos que tu... -pausa para buscar la
palabra adecuada mirándome a la polla- ...que tu "miembro" aún no está limpio del todo lo
puedo seguir enjabonando hasta que nos parezca suficientemente limpio. Y si sientes que
vas a tener un "desafortunado accidente placentero" me avisas y te alivias en el momento en
que vaya a salir...
 
Me quedé helado y abrí los ojos a más no poder. ¿Me lo acababa de proponer de forma
indirecta (tirando a bastante directa)?
 
-Mamá... yo...
 
-¿Sigo enjabonando o no? -dijo ella con un tono deliciosamente cariñoso y amable- tu
decides...
 
-Sí, por favor, mami...
 
Se volvió a enjabonar la mano y la dirigió a mi polla. Antes que la tocara dije:
 
-Gracias... te quiero mucho.
 
-Tontito... -dijo ella,- yo también a ti, ¡Por eso te limpio tan bien!
 
Sonreí emocionado. Mi madre era genial y me estaba a punto de hacer sentir otra vez su
mano en mi pene, acariciándome... y esta vez con el objetivo de llevarme al borde del
orgasmo y que a mi no me costara nada provocármelo al final. La punta de sus dedos
rozaban mi glande cuando me estremecí de placer. Movió la mano primero poco a poco y,
con la excusa de esparcir el jabón, me empezó a pajear. No lo podía creer. Nunca me había
pajeado ninguna otra mano que no fuera la mía y allí estaba: siendo masturbado por mi
propia madre. ¡Qué locura! Y cuanto lo había estado deseando en el fondo... Quise que el
mundo se parara allí al no poder imaginar nada más feliz.
 
-Mami... -dije jadeando- Me gusta mucho...
 
-Cariño... -contestó ella- ¿tanto te gusta que te enjabone? Yo solo estoy haciendo eso ¿eh?
 
-Sí mamá me gusta mucho, me gustas mucho...
 
Ahí creo que se sonrojó y quizás se incomodó un poco pero no paró ni un segundo. Ya no
disimulaba: me estaba hacendo una paja con todas las letras. La miré. Estaba un poco
inclinada hacia mi polla y, evidentemente, sus enormes tetas quedaban muy a la vista, no
muy protegidas por el escote que llevaba, bastante parecido al de dia anterior, siendo otra
camiseta de ir por casa en verano. Las quería tocar. Quería agarrarlas fuerte. ¿Qué pasaría si
lo hacía? ¿Y si por intentarlo todo aquel sueño se terminaba? Ella no me estaba sujetando
pero me sentía seguro si dejaba de apoyarme en la pared con mi mano izquierda. Decidí
hacerlo, pero me decidí tarde: cuando estaba a punto de lanzarme noté mi esperma
llamando a la puerta para salir. Tenía que avisarla: aquel era el trato.
 
-Mamá... ¡Me voy a correr! -advertí.
 
-¿Ya? -dijo ella, y seguidamente soltó mi polla me abrazó: esta vez sí. Las tetas que había
estado a punto de tocar se presionaron contra mi y, como pude, terminé el trabajo que había
iniciado mi madre con esa dichosa mano izquierda. Me corrí de nuevo como un caballo, el
semen era caliente, quemaba. Jadeé y me apoyé mucho en ella, que sostenía mi peso con
firmeza. Me sorprendió dándome un tremendo besazo en la mejilla, de los sonoros. Pasados
unos segundos y unos cuantos espasmos, respirábamos los dos relajados.
 
-Gracias otra vez, mamá -dije- Te quiero un montón...
 
-Ya lo sé hijo, -dijo ella- sabes que no tienes que agradecerme nada... y que yo tambien te
quiero... por eso te... -otra de sus pausas para buscar la palabra adecuada- ..."ayudo".
 
-Pues gracias por tu ayuda -dije yo.
 
Mientras me secaba, mi madre tomó la decisión de hablar del tema sin necesidad de
incomodarse, pero para acordar unas pautas:
 
-Bueno, Robe, no hay que sentirse culpable, no es nada grave lo que hemos hecho.
 
-Claro mami, -dije divertido- solo me enjabonabas la...
 
-Claro, claro -dijo ella cortándome y haciendo como que se hacía la tonta- ..y tu por
"casualidad" has visto que te corrías y te has masturbado mientras yo creo que ni me
enteraba -me guiñó un ojo.- Sea como sea, ahora en serio... No pasa nada por esto ¿vale?
No me siento tan incómoda como me habría podido imaginar que me podía sentir... Por lo
tanto mientras tu no puedas... lo podemos hacer así.
 
-¿En serio? -dije, interrumpiendo yo esta vez.
 
-Bueno, Robe, pero ahora ya has soltado la parte que más necesitabas, entre ayer y hoy. Sé
que estabas acostumbrado a una al día pero para que un adolescente "sobreviva" yo creo
que con una cada tres días es suficiente.. ¿Qué me dices?
 
No quería quedar mal y decirle "¿solo eso?" así que dije:
 
-Si tu lo ves así, mamá.. a mi me parece bien...
 
-Y, POR SUPUESTO, esto será nuestro secreto. -dijo con firmeza- Entonces ¿Trato hecho?
-me extendió su mano para que la chocara, aluciné con aquel gesto, la verdad es que me dió
mucho morbo que mi madre quisiera cerrar de aquella manera un trato que implicaba que
me ayudaría a masturbarme durante un tiempo.
 
-Trato hecho -dije yo.
 
-Cuando recuperes fuerzas podrás volver a tu paja diaria -dijo ella con alegría. La verdad,
hablando cómodamente de sexo y habiéndolo prácticamente practicado con su hijo se la veía
radiante y despreocupada. Parecía como si estuviera feliz por ello...
 
-Mamá... -me reí- me verás ahora como un pajillero...
 
-¿Acaso no lo eres? -se rió ella a carcajadas con su broma- ¡Mi niño se hace mayor y se ha
vuelto todo un pajillero! Al decir esto, dejó de secarme con la toalla y me toqueteó el pene
que estaba en estado morcillón. Le hizo como cosquillas y me reí más:
 
-¿Ahora me metes mano, mamá?
 
-Jeje -se sonrojó de su atrevimiento sonriendo con picardía y volvió a secarme.- pues mira,
sí, te he metido mano... -dijo con orgullo falseado, siguiéndo en su tónica de humor- total...
antes ya te he tocado bien... -me guiñó un ojo. Creo que tenía que aprovechar esta
oporunidad. ¿Sería aquel el momento? Pues sí: lo era. "Vamos allá" me dije.
 
Mi mano izquiera se catapultó a su teta izquierda y la agarró pillando a mi madre totalmente
desprevenida, aunque fuera por encima de la camiseta y solo fuera un segundo la apreté y
noté su masa. ¡Por fin! Le había sobado una teta a mi madre. La musa de mis pajas,
sobretodo por aquellas dos razones, (aunque me gustara ella entera).
 
-¡Robe! ¿Qué haces? -estaba sorprendidísima de mi atrevimiento, se había quedado helada.
 
-Si tu me metes mano, pues yo también a ti... -dije, ahora yo, fingiendo orgullo.
 
Ella estaba alucinando pero su sonrisa ganó, creo que pensaba que no podía molestarse
conmigo: había sido un toqueteo en broma y ella había hecho lo mismo justo antes.
 
-Serás... -dijo aún sorprendida pero riendo- ¡Vaya con el niño! Vale, ahora estamos
empatados... -siguió hablando en un tono marcadamente amable y comprensivo para que no
sonara a bronca:- pero recuerda que lo de meter mano a tu madre es raro y no está bien
¿eh?
 
-Jaja... -reí.- Ya hemos hecho cosas bastante raras para ser madre e hijo y acabamos de
cerrar un trato para seguir haciéndolas.
 
Me miró vencida por mi argumento:
 
-Vale... pero hasta aquí ¿vale?
 
Me acababa de secar. Me ayudó a ponerme el pijama y nos fuimos a la cocina a conversar
mientras ella hacía la cena. Estuvimos bien, conversando como si todo fuera normal, y esa
sensación fue maravillosa. Marta llegó un ratito después y luego llegó Laura. Cené con las
tres feliz de mi familia, sobretodo de mi madre, una mujer única.
...
 

Lunes. Otro día aburrido. Solo llevaba tres días en casa y no me parecía mucho mejor que el
hospital. El hecho de que fuera verano hacía que yo lo llevara peor. Mis pensamientos iban
cambiando, pero siempre pasaban por mi madre: me acordaba de como me había tocado,
pensaba en sus tetas... No podía esperar a que llegara el miércoles. Por la noche me volvió a
duchar. No me empalmé tanto como los días anteriores. Supongo que fue por la
concienciación que debía aguardar al tercer día, porque no creo que estuviera totalmente
desahogado y más viendo todo el santo día a mi madre en pantalón de chándal corto
y camisetas de tirantes escotadas de estar por casa, sin sujetador debajo. Durante la ducha
todo fue normal y no se trató el tema masturbatorio.

...
 

Martes. No fué un día aburrido, pero fue un poco duro. Mi madre me había asegurado que un
chico de mi edad podía sobrevivir perfectamente con una paja cada tres días, y de sobras.
Pero después de lo que me hizo inconscientemente... Entró a mi cuarto con el bikini amarillo
puesto.

-Cariño -dijo con tono meloso- Hace un calor terrible... no te importa que baje un momentito
a la piscina ¿Verdad?
-Jaja -me reí intentando aguantar el tipo y que mis ojos no se salieran de sus órbitas- Claro
mamá, para eso está la piscina, no me digas que no te bajabas a bañar por mi... ¡No seas
tonta y aprovecha, que te mereces las vacaciones como cada año!

-Eres un sol, Robe... -y vino hacía mi para agacharse como una diosa en bikini y darme un
beso tierno en la mejilla mientras me acariciaba los hombros.- te vas a poner bueno
enseguida y aún la podrás aprovechar este año, ya veras...

No se si me pondría bueno pronto, pero en aquel momento me estaba poniendo malo malo.
Me levanté de la cama a mirar por la ventana y verla nadar. Era como una sirena de mis
sueños, aunque me cansaba de estar de pie no me cansaba mirarla. Ella miró a mi ventana y
me sorprendió mirándola. ¿Por qué había mirado de pronto a mi ventana? ¿Qué estaba
pensando para tener ganas de mirar hacía donde estaba yo? ¿Esperaba verme allí mirando o
solo quería mirar hacia mi ventana y yo la había sorprendido tanto como ella a mi? Nos
quedamos los dos congelados un par de segundos. Y al final ella me sonrió ampliamente y
me saludó con la mano. También sonreí y le devolví el saludo. Siguió nadando y no volvió a
mirar a mi ventana. Me pregunté si sabía que yo la seguía observando durante un buen rato.

Cuando llegó la hora de ducharme ella me volvió a ver en todo mi esplendor:

-Vaya, Robe -dijo sin tapujos- parece que esta no se acuerda que hay que esperar a mañana
¿eh?

-Jeje -me reí despojándome de la verguenza- Pues sí... espero que no estalle antes.

-Jaja! -me dijo mi madre guiñando un ojo- Tu tranquilo, cuanto más esperes más fácil nos
será... Y mañana vuelves a tener premio ¿Vale? Tu aguanta, mi amor...

Me enjabonó sin detenerse demasiado tiempo en ningún sitio, para mi desgracia, y estuve
luciendo aquella erección durante todo el baño. A la hora de cenar me tranquilicé
autoconciendiado que mañana era mi gran día.

...
Miércoles. Otro día más. Otra visión de mi madre en bikini por la mañana. También de mis
hermanas, que se pasaron el día entero también así, ya que iban entrando y saliendo de la
piscina cuando querían y se secaban rápido cuando se tumbaban a tomar el sol. Mi madre
me vino a buscar a la habitación y me dijo:
 

-Robe, cariño... Si quieres puedes bajar y te tumbas junto a la piscina, no te puedes bañar
pero puedes tomar el sol con nosotras. 

-No se mamá, ahora...

-¿Por qué no? ¿No te apetece el sol?

-Sí, mamá, -dije yo- pero estoy de aquella manera que ya sabes cada dos por tres.

-Vaya -dijo mi madre viendo que el tema volvía a salir- ¿Pero en que piensas tanto, hijo?
-preguntó sin esperar respuesta.

-No solo es lo que pienso, mamá -quería hacérselo entender sin crear ningún mal rollo. Mi
madre se quedó un segundo pensativa y bajó su mirada, se miró las tetas cubiertas y
sujetadas como el bikini buenamente podía.

-Vale hijo -dijo un poco avergonzada- Lo siento... A la hora de la ducha te ayudo, lo


prometo.
-No es culpa tuya estar tan bien, mamá... -me excusé- pero gracias por tu ayuda
igualmente.

-¿Estar tan bien? ¡Ay que cosas me dices, tontito! Me voy a dar un remojón...

Le dediqué una sonrisa. Ella me la devolvió. Yo estaba tranquilo porque mi madre siempre
cumplía sus promesas. Cuando la tarde avanzó llegó, ya vestida otra vez con camiseta de
tirantes y pantalón de chandal corto. Entró a mi cuarto suspirando de lo relajada que estaba
después de aquel día caluroso en la piscina. Me sonrió y me dijo:

-¿Una ducha?

-Por supuesto -contesté.

En el cuarto de baño mi pene apareció, evidentemente endurecido a su máximo nivel. Mi


madre no lo comentó pero lo miró con media sonrisa. Sabía que el trato nos permitía
aliviarme hoy y le reconfortaba aquella sensación. Cuando llegó el momento de enjabonarme
el cuerpo mi corazón palpitaba a un ritmo muy alto. Me guiñó un ojo antes de empezar y me
agarró la polla con su mano derecha mientras reposó la izquierda a la parte baja de mi
espalda, se había agachado un poco y miré descaradamente sus tetas. Me sentía flotar y no
me planteé tocárselas por si perdía el equilibrio al dejar de sujetarme con la única mano que
podía mover. Me pajeó disimulando cada vez menos, solo aguanté unos minutos, pero lo
mejor fue el final:

-Mamá... -dije, avisándola para que parara y yo solo me provocara el orgasmo.- Ya viene...

-Échala toda cariño... -pero no me soltó la polla. Me la siguió pajeando.

Me corrí. Me corrí como un cabronazo, fueron varios espasmos acompañados de abundantes


chorros de esperma, mi cuerpo entero temblaba mientras me corría siendo pajeado por mi
propia madre. La sensación de sorpresa de que aquello estuviera pasando de verdad era lo
que me acababa de hacer llegar al éxtasis total. Gemí y gemí hasta acabar jadeando,
mientras ella disminuía su ritmo, pero seguía acariciándome para prolongar mi placer. Me
besó en la mejilla, aún agarrando mi falo con su mano, dándole cuidadosas caricias. Yo no
podía casi ni hablar.

-Mamá... -dije entre jadeos- Lo has hecho tu...

-Sí -dijo ella, sientiendo mi polla relajada en su mano y soltándola poco a poco- Total si lo he
empezado yo, no pasa nada porque la termine yo misma... -me sonrió- No es mucho más
grave. -Hizo una pausa y luego me preguntó:- ¿Que no te ha gustado?

-Mamá... -dije yo- Nunca había sentido tanto placer corriéndome... -No sabía que más
decirle, solo agradecérselo.- Gracias... ¡Muchas gracias! ¡De verdad!

-De nada, cariño -contestó- Me sigo sintiendo un poco rara, pero verte bien me ayuda.

-Eres la mejor... -seguía alabándola yo- Te quiero...

-Y yo -dijo- Bueno, ahora hasta el sábado ¿eh?

-Sí, mami.

...
 
Jueves. Día relajado. Las rutinas habituales de verano en mi familia me alegraban bastante
la vista pero no lo llegué a pasar mal. Por la tarde mi madre se fue a comprar pero no tardó
demasiado en volver.
...
Viernes. Mi madre entró en mi cuarto con algo que me sorprendió. ¡Un bikini nuevo de color
verde! Este era el típico de triángulos como sujetador y nudos a los lados de la braga. Aún
enseñaba más que el amarillo. Me quedé atónito. Me dijo alegremente:
 

-¿Qué tal vas, cielo?

-¡Mamá! -balbuceé- ¡Este bikini es nuevo! 

-¡Sí! -dijo ella percatándose de que yo aún no lo había visto y mirándose al cuerpo, abriendo
los brazos mientras se contorneaba luciendo su nuevo modelito- Me lo compré ayer ¿Te
gusta?

-Ajá... -dije yo con los ojos muy abiertos- Mucho...

Ella seguía mirándose a lo suyo, sin enterárse del efecto que me estaba produciendo. Hasta
que notó mi mirada. Sonrió en vez de avergonzarse:

-Hijito... -dijo conciladoramente- no me dirás que ahora no puedo ir en bikini por casa. Lo
tuyo es fuerte: solo con ver un poco de carne...

-No es solo eso mamá... -dije firme- Ya sabes que pienso que tu estás...

-Ay niño... -dijo sonrojándose y sentándose en mi cama- Qué cosas de decir... -Se rió- ¡Si ya
soy una vieja!

-¡Ni hablar! -dije yo serio- Ya les gustaría a muchas de mi edad estar como tu...

-Jeje... cariño... -se inclinó para darme un beso en la frente.- Sé que es por tu abstinencia
sexual de la que aún te estás recuperando. No es lo más normal del mundo opinar eso de
una madre -me quedé en silencio, sintiéndome un poco culpable, ella pensó que debía
cambiar el tono para no hacerme sentir mal.- Pero no te preocupes, ya sabes que he
decidido "echarte una mano" así que no me pongas esa cara, que no me voy a escandalizar
por que me mires así. Cuando se te haya pasado, todo volverá a ser normal.

-Mamá... -dije abatido- No creo que sea solo cosa del momento.

-Sí, hijo, sí -respondió.- Ya verás como, en unos días y cuando puedas pajearte tu solo, ya
se te pasará tanto calentón "familiar".

-Si tú lo dices... -yo no me lo creía. Mi madre ya me gustaba antes del accidente así que eso
no era una tontería mía, pero eso ella no lo sabía y tuve dudas acerca de contárselo.- Yo no
lo veo así.

Me volvió a besar en la frente:

-Tu tranquilo y ya sabes que puedes contar conmigo para casi todo. Cuéntame lo que
quieras, ¿vale? -asentí con la cabeza pero no dije nada. Debido a mi silencio dijo:- ¡Ahora
me voy a la piscina un rato!

...
Sábado. ¡Tocaba paja! Me levanté de buen humor solo por este pensamiento. Mis hermanas
no estuvieron en casa casi ni un rato por lo que los chapuzones de mi madre fueron en
solitario. Por la tarde se fue a hacer la compra semanal y volvió cargada de bolsas:
 

-¡Cielo! -me gritó desde el piso de abajo- ¡Ya estoy aquí! ¡Hoy tenemos cena especial para
celebrar que llevas una semana en casita. 
Subió y entró a mi habitación llamando primero. Estaba vestida de calle, radiante con una
blusa corta un poco escotada (no tanto como las camisetas de ir por casa) y una falda negra
que le llegaba por encima de las rodillas. Llevaba pendientes y un toque muy suave de
maquillaje.

-¡Hoy estoy muy contenta y quiero celebrarlo! -dijo radiando felicidad- Vamos a comer unos
fideos con verduras. ¿Qué te parece?

-Estupendo -dije yo sonriendo.- Mi apetito había aumentado hasta llegar a la normalidad


durante aquella semana.

-Pero antes... -bajó el volumen de la voz y cambió a tono picarón- ¿Una ducha antes de que
vuelvan Laura y Marta?

Sonreí. Y me atreví a decir:

-Mamá, nunca había necesitado tanto una ducha, solo de verte entrar en mi cuarto tan
preciosa, -me destapé y señalé mi paquete abultado- ya me entiendes...

-¡Ya estamos otra vez con los piropos! -se rió- ¿No quedamos en que era tu madre y que
tienes que vaciar esos huevines para dejar de pensar en eso?

-Mamá.. eso no va a funcionar -dije como si se lo hibiera dicho ya millones de veces.- Te dije
que no es una tontería derivada de mi accidente, de hecho... -me callé. Mi madre puso gesto
de estar muy interesada.

-De hecho ¿Qué? -dijo.

Yo no sabía bien qué decir ni como decirlo. Al final fui valiente:

-Mamá... de hecho es justamente al revés... el accidente fue por eso...

-¿Como dices, Roberto?

-Pues eso... yo... -me costaba hablar, volví a coger aire y dije:- yo me caí porque tenía la
vista fija en otra cosa...

-La vista fija en... -repitió mi madre- ¿Otra cosa?

-¿No te acuerdas? -le pregunté.

-Yo estaba... -se quedó pensativa e hizo memoria.- Me estaba quitando el bikini... Iba a
nadar en topless...

-Así es -dije yo rendido ante la verdad.

-¿Sabes? -dijo ella reflexiva- En el fondo tenía esa sensación. Pero no podía ver hasta que
punto era cierta. -Se le iba esbozando poco a poco una sonrisa.- Pensaba que el vino que te
hizo perder el equilibrio, pero tu no bebiste tanto como yo...

-Fue porque estaba impaciente y no miraba ni por donde andaba. -dije respirando
profundamente- Quería verte las tetas a la luz antes que volvieras a la oscuridad de la
piscina...

-Hijo... -dijo ella muy maternal.- Lo siento mucho por la parte que me toca... Ni me
imaginaba que esto hubiera podido pasar. Lo siento de verdad.

-Mamá, no es culpa tuya... -sonreí.- Soy un torpe.


-No pensaba que realmente sintieras tanta... -sus famosas pausas para buscar la palabra
adecuada- atracción... por mis pechos.

-Por toda ti, mamá.

Se sonrojó de nuevo:

-Pues eso, que no lo sabía. -iba haciendo pausas mientras hablaba.- Podríamos haberlo
hablado antes... de haberlo sabido, claro...

-No te lo dije para que no te sintieras mal...

-No me siento mal, Robe... -dijo sonriendo amistosamente- solo un poco... rara.

-Pues siento hacerte sentir rara. -dije.

-No te preocupes, me alegra que hoy toque ayudarte. Además.. a mi edad mejor tomármelo
como un halago.

Se puso las manos a los pechos y se los agarró, sujetándoselos. Dijo:

-Lo que estas han causado voy a tener que ayudar a remediarlo.

-Mamá... tienes unas tetas espectaculares... -dije fascinado.- Por lo poco que vi antes de
caerme...

-¿En serio me dices esto, cariño? -preguntó ruborizándose. Luego su expresión cambió a algo
más parecido a la curiosidad.- ¿Las llegaste a ver?

-No tanto tiempo como me gustaría... -contesté.

-¡Ja! -rió ella- ¿Y de cuanto tiempo estamos hablando?

-¿Es una propuesta? -pregunté interesado. Ella se calló hasta que dijo, con su sonrisa
amable:

-Era solo una pregunta, cielo.

-Pues lástima, -dije yo un poco más deshinibido, sonriendo.- Porque sería fantástico.

-¿Me estás pidiendo..? -preguntó lentamente- ¿Que te las enseñe..?

-Sería fantástico, mamá -dije aún con mi sonrisa.- eso es lo que he dicho.

-Ya pero eso tambien me hace sentir muy rara, cariño...

-Lo ibas a hacer el día de la piscina...

-Mira, a mi no me importa que me veas -se explicó,- vivimos bajo el mismo techo. Y en un
momento dado, pues me podrías pillar cambiándome o algo por pura casualidad... Y no
pasaría nada... Igual que el día de la piscina en que me apetecía hacer topless... -cambió su
expresión y habló con un tono más catastrófico.- Pero enseñártelas expresamente...

-Eso que dices de esas puras casualidades nunca ha ocurrido, lamentablemente. -contesté yo
con pena- Ya me habría gustado, pero no.
Mi madre me miró con ojos de duda. La tenía casi convencida pero no quería forzar la
situación. Me atreví a decir:

-Por favor mamá... tu a mi me has visto desnudo y entero, y no es justo que yo... -dejé de
darle explicaciones y se lo pedí sin más- Solo esta vez...

Se quedó callada unos eternos segundos.

-Está bien... -dijo ella, rindiéndose y suspirando- Pero porque he dicho que hoy
celebrábamos una semana desde tu vuelta y lo podemos incluír en la "fiesta". Que conste
que lo hago todo para que te encuentres mejor ¿Vale?

-Vale, mamá -dije reprimiendo mi emoción. No me lo podía creer.

Se sentó a mi derecha en la cama. Yo tambien me incorporé y me quedé sentado. Ella se


desabotonó la blusa sin ninguna prisa. Yo me recreé mirándola. Ella aceptaba que la mirara,
de eso se trataba. Mientras tanto ella fue hablando:

-De hecho, aunque sea raro que quieras mirarme, no me averguenza desnudarme delante de
ti. Eres mi hijo y hay muchos hijos que ven a su madre desnuda como algo natural.

-Es verdad mamá, muchos de mis amigos las ven sin problema...

No quise hablar más: puse toda mi concentración en el sentido de la vista. Cuando la blusa
desapareció, tan solo un sujetador azul me separaba de verle bien las tetas por fin.

-¿Preparado? Te veo muy expectante... -dijo ella haciendo broma, un poco sonrojada pero
con su sonrisa traviesa que me volvía loco.

-Sí -dije yo conteniendo la respiración.

Se empezó a desabrochar el sujetador. Ya nada me impediría verlas, sentado en mi cama no


me resbalaría ni me caería. Además, ella lo hacía precisamente para que yo la viera. Podía
mirarla descaradamente.

Cuando aparecieron pensé que me había perdido en un sueño. No acabé de creer que fuera
real. Era como tantas y tantas veces lo había imaginado, pero de verdad. Sus tetas eran
grandes, redondas y pesadas (por eso caían un poco). Pero estaban increiblemente en su
sitio para el tamaño que tenían y para una mujer de su edad. Eran una maravilla. Sus
pezones eran rosados y de un tamaño mediano perfecto. No daba crédito. El primer sitio del
que me alimenté era ahora mi mayor sueño, y estaba a un escaso metro de mi.

-Hijo... -dijo mi madre ya relajada por haber comprobado que no se sentía tan incómoda. Me
interrumpió la reflexión.- ¡Te has quedado pasmado!

-Mamá... -no pude decir mucho más.

-Cariño... -sonrió mi madre afectuosa- Y bien, ¿Qué te parecen?

-Me encantan mamá, me gustan mucho, muchísimo...

No podía contenerme. Tenía que hacerlo otra vez aunque aquella ocasión ya no tenía excusa.
Pero ¿como? ¿Pidiéndoselo? ¿Directamente?

-Parecen tan suaves -dije por instinto. Ella se mantuvo en silencio un tiempo mirándome
sonriente, viendo como alegraba la vista a su hombrecito. Al final dijo:
 
-No has tocado nunca unas ¿verdad?
 
-Mamá -contesté yo.- El otro día te toqué una...
 
-¡Jaja! -rió mi madre.- Aquello no fue nada, además llevaba camiseta. Seguro que ni siquiera
lo disfrutaste.
 
-Fue corto, pero lo deseaba tanto... que me alegré mucho de que no te enfadaras.
 
-¡Ay hijito! -dijo ella- Si es que eres un sol.. es dificil enfadarse contigo.

-Y un día, -recordé en voz alta- haciéndole cosquillas a Marta, le toqué una por accidente.
Noté que le está creciendo el pecho bastante rápido... Aunque luego pude comprobarlo con
mis ojos, al verla en la piscina ¿Te habías fijado? 

-Bueno, -dijo ella mirándose el busto hacia abajo.- De tal palo... -me volvió a mirar a mi
soriente.- Es de la familia, no se puede negar. Pero en fin, ninguna de esas dos veces cuenta
como tocar unos pechos como Dios manda.

-Entonces, según tú... -dije yo, abatido- No. Nunca he tocado unas, respondiendo a tu
pregunta.

A todo esto yo seguía con mi mirada fija en aquellos pezones. Ella volvió a hablar
cariñosamente:
 
-Te veo muy dubitativo... Anda, ¡que caray! Hemos dicho que hoy estábamos de
celebración... ven.
 
Me agarró suavemente mi mano izquierda y poco a poco se la dirigió a su teta, totalmente
desprotegida para ser tocada por mi. La hizo aterrizar poco a poco en su pecho derecho y
empecé a palpar aquel deseado tacto.

-Mamá... dijé balbuceando- ¿De verdad que puedo? 

-Ya lo estás haciendo cielo.

 Primero la apreté con miedo, después, con más decisión, amasé aquella teta que se me
ofrecía. Sonreí.

-¿Qué tal? -dijo ella- No había para tanto ¿verdad?


 
-Mamá -dije mientras amasaba fascinado.- Es lo mejor que me ha pasado nunca...
 
-¡Exajerado! -dijo ella riendo- Mira que eres... -hizo una expresión nostálgica.- Aunque ahora
recuerdo lo que me gustaba a mi que me las tocaran... Hacía tanto tiempo...
 
-Yo lo hago siempre que tu quieras, mamá -dije. Con esto se sintió un poquito incómoda.
 
-Cielo, hemos dicho solo esta vez...

-Entonces... -añadí yo- Tendría que aprovechar ¿No? 

-Sí, claro -respondió ella.- Pero hasta que yo te diga.

-Entonces haré hasta donde me dejes... -le anuncié- ...aunque no llego bien así.

-¿No llegas bien a qué?

-Me gustaría... -dije notando como me ruborizaba en questión de segundos- Chupártelas...


Mi madre no dijo nada pero puso los ojos en blanco con expresión de "pues vaya calentorro
que tengo por hijo". Se incorporó poniédome las tetas a la altura de la cara hasta que la
distancia fue suficiente como para que yo llegara a lamerlas. Ahí sí que me recreé. Le pille la
misma teta que había estado sobando y la chupé, la lamí, la besé... Me concentré en
sorberle el pezón un buen rato. Paré para respirar y le dije:

-No me acordaba de como era... ¡Hacía unos quince años que no lo hacía!

A mi madre le hizo gracia mi broma relacionada con mi época de bebé. Dejé aquella teta en
paz y dije:

-A ver la otra... -me dirigí a su otra teta. Se volvió a reír:


 
-¡Robe, son prácticamente iguales! Que cosas tienes...
 
Las estuve amasando y degustando unos minutos deliciosos. Metí más la cabeza entre ellas y
me sentí en el paraíso. Ahora ya sabía porque siempre me habían llamado tanto la atención:
el placer y sensación de bienestar que te pueden dar son indescriptibles.
 
-Son blanditas y suaves, -concluí- me encantan.
 
-Tu, en cambio -me sorprendió mi madre poniéndome una mano en el paquete.- Sigues bien
bien duro.
 
-Mamá... -balbuceé- me encanta que me toques.
 
-Y a mi que me toques tu, cariño, -dijo ella emocionada- por muy raro o poco habitual que
sea.
 
-Sigue, por favor...
 
Ella me miró a los ojos con otra maravillosa sonrisa traviesa.
 
-Creo que hoy no hace falta esperar a la ducha -dijo con decisión.- Hoy me toca darte lo que
pactamos y no hace falta que nos movamos de aquí...
 
Poco a poco me saco la polla de los calzoncillos y allí se ergió imponente. Con un poco de
excitación dijo:
 
-Ay nene... No veas como te pongo ¿no?
 
Y me agarró el falo. Me lo empezó a masajear poco a poco y fue acelerando. Entonces
necesité quejarme:
 
-Ay! -dije- Me duele un poco...
 
-¿Y eso, amor? -preguntó- ¿Que lo hago mal?
 
-No.. -jadeé.- Pero esque está un poco seca...
 
Ella sonrió con picardía. Me soltó la polla y se lamió todos los dedos para que estos volvieran
bien húmedos a masturbarme. Esparció su saliva a lo largo de tronco y besé el cielo. Siguió
masturbándome y a mi me había dado una idea. Le solté las tetas, me lamí los dedos y, com
los dedos húmedos, le estimulé los pezones. Ella gimió. No dijo nada pero parecía gustarle
porque no se quejó. Poco a poco fué acelerando el ritmo de su muñeca mientras mi polla se
iba endureciendo a la vez que cada vez recibía un a paja más intensa. 

-Mami... -dije yo a duras penas.- No voy a aguantar mucho... 

-Hazlo cuando te apetezca, cariño. -contestó ella de lo más sexy- No te preocupes.


Tal y como había previsto, no tardé en correrme, apretando sus tetas con decisión la leche
salió de mi polla como la lava de un volcán en erupción. Mi madre gimió y sonrió al verlo. Me
estuvo acariciando el falo más lentamente mientras mi orgasmo se apaciguaba y mis
espasmos iban siendo menos constantes.

-Por tu semana de recuperación en casita -me dijo, y acto seguido me dio un dulce pico en
los labios. Yo me quedé mudo.
 
Después fuimos al baño y me ducho aún con las tetas al aire, le metí mano un poco más
pero ya no se dejaba tocar tanto. Me decía:
 
-Robe, que tengo las manos ocupadas enjabonándote y no me puedo defender...
 
Después de esto cenamos los fideos con Marta y Laura, y celebramos esa maravillosa
semana. Aunque mi celebración particular con mi querida madre había sido pocas horas
antes en mi habitación y había sido mucho mejor.
 

Este relato es también real, me lo ha mandado otro lector de mis relatos


(Parece que se está convertiendo en algo habital, cosa que por mi esta muy
bien)...

He tratado de respetar dentro de lo gramaticalmente aceptable su forma de


expresarse, porque pone de manifiesto la frescura de lo autentico...

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En mi familia somos mi mamá, mi hermana y yo...

Hace unos años cuando aun estaba soltero tuvimos una fiesta en casa de mi
mamá en la cual todos tomamos de más...

En esa ocasión mi hermana invito a un novio que tenía por aquel entonces, que
era mucho mayor que ella...

Pasando las horas todos se empezaron a marchar, mi hermana se sentía


mareada y decidió retirarse también a descansar y solo quedamos mi mamá y
el novio de mi hermana y yo...

Al poco tiempo mi mamá se retira también y nos quedamos tomando un cubata


el novio de mi hermana y yo...

Ya como a las 3:30 decido retirarme a mi recamara a dormir, le dije  al novio


de mi hermana que se quede a dormir en la sala y aceptó...

Yo me retiré a dormir y unas horas después me levanto, serían como las 8am,
me dirijo a la cocina a tomar algo para la resaca, escucho ruido en la sala y veo
a mi mamá platicando con el novio de mi hermana...

Ella tenia puesta una bata transparente y no traía brasier, tiene unos pechos
muy grandes, algo caídos, con unos pezones grandes y oscuros, unas caderas
muy anchas y un culo bien parado...
Los saludo y sigo mi camino... verle esos enormes pechos a mi madre me
excitó...

Despues de tomar un vaso de agua volví a mi recamara y como a la media hora


escucho un ruido extraño...

Me levanto y veo que el novio de mi hermana se estaba cogiendo a mi madre a


lo perrito...

Se me paro la verga de volada y me quedé quieto a modo de que no me vieran


y empecé a chaquetearmela y como la cara de mi mamá estaba viendo hacia
dónde yo estaba me alcanzó a ver y me excitó mucho ver su cara morena
sudada  con los ojos abiertos por la sorpresa y lo caliente que estaba, en ese
momento se vino de volada con un grito que pensé que despertaría a mi
hermana... yo también en ese momento avente mi leche a la vez que el novio
de mi hermana hacia lo propio dentro de mi madre...

Yo me metí corriendo a mi recamara y me acoste, me sentía mal por haber


echo eso...

Al poco tiempo oigo como se marcha el novio de mi hermana y todo se queda


en silencio...

Yo ya tenía la verga parada otra vez y de pronto, abre la puerta mi mamá y me


ve con la verga parada y yo la veo con su bata transparente sin nada debajo,
ella en esa época no se rasuraba las axilas ni la panocha...

Me dice que la disculpe por meterse con el novio de mi hermana pero que
llevaba mucho tiempo sin tener sexo y lo necesitaba...

Me paré y la besé, ella me quiso rechazar pero le bese el cuello hasta hacerle
un chupetón, esto la calentó, empezó a jadear y me besó con una pasion que
solo con ella he sentido esa pasion...

Me agarra la verga, me avienta a la cama y sin darme tiempo a nada se monta


en mi, clavandose mi verga hasta dentro y comenzó a cabalgarne como una
perra en celo... ella es multiorgásmica y en un lapso corto tuvo tres
escandalosos orgasmos...

Yo me vine dentro de ella, como nunca me habia venido, porque nunca habia
sentido esa pasion de morbo de saber que es con tu mamá con quien estas
cogiendo...

Inundé su panocha con toda la leche caliente que tenia en mis testiculos...
Bufffff... rico, rico a pesar de que no comentamos ninguna palabra ....

Se paró y se retiró a su recamara y yo me quedé acostado parecía que se había


orinado en mi, estaba todo mojado al rededor de mi verga... ese olor a mujer
caliente nunca lo he olvidado

Pasaron los días y mi mamá no me hablaba hasta que yo tomé la iniciativa y le


pregunté que porque estaba enojada conmigo y ella me dijo que no era enojo
sino que se sentía apenada por haber echo eso conmigo que está mal y no
volvería a pasar...

Yo la dije que no se preocupará que nadie lo iba a saber y que, si ella no


queria, no volvería a pasar...

Pero para ella su preocupación era saber si mi hermana nos habia escuchado,
debido al ruido que habíamos hecho, porque la notaba rara... ya en confianza
me comentó, tratando de justificar su calentura, que ese día el novio de mi
hermana la dejo caliente porque solo se preocupo en su placer y que por eso
paso lo que pasó conmigo...

No volvimos a tocar el tema por mucho tiempo hasta que en una ocasión
tuvimos una fiesta por el cumple de mi mamá y llegaron mis tíos, hermanos de
mi mamá, eran 3 mujeres y 2 hombres mi mamá era la más chica...

Uno de mis tíos es un año mayor que mi mamá y le gusta mucho tomar...
empezamos a tomar y ya en el transcurso de la fiesta fue pasando el tiempo
hasta que se hizo tarde...

Mi tío estaba un poco tomado y platicando con el me dice:

- No te enojes pero tu hermana está muy guapa y se está poniendo bien


buena...

Yo por lo contrario le contesté que no era para mí y traté de cambiar la


plática...

El insistiendo en el tema, me dice que si nunca habia visto a mi hermana


bañándose yo le dije que no y le pregunté que si el había espiado a las suyas y
me dijo que si, que no me enojara pero que a la que más había visto era a mi
mamá, que le gustaba sus pechos grandes y sus anchas caderas, que siempre
estuvo bien buena mi mamá...

Yo con la conversación me empeze e excitar y veo que el también y le comento


que yo ya había visto a mi mamá desnuda, a lo que me dijo si me sacaba la
leche pensando en ella o si había soñado que me la cogia...

Me quedé callado un rato y por lo caliente y lo borracho que estaba, le conté lo


que había pasado, como me habia cogido a mi mamá, el con esto, se puso bien
caliente y me dijo:

- Voy a bailar con mi hermana...

Ya éramos pocos en la fiesta mi hermana ya se había salido a la disco con unas


primas y solo quedaban unos compadres de mi mamá y también le estaban
entrando al pulque y el sr. no estaba acostumbrado a tomar pulque y rápido se
puso ebrio y decidieron irse...

Finalmente solo quedamos mi mamá mi tío y yo  seguíamos tomando y yo saco


a bailar a mi mamá que ya estaba un poco ebria y la empiezo a besar el cuello
terminó la canción y nos sentamos...
A la siguiente canción la saco mi tío y la empezó a tocar las nalgas ella le
quitaba las manos pero el insistía...

Yo viendo como iba la cosa le comento a mi tío que ya era tarde, que teníamos
que ir a dormir y dice que era pronto...

Empezaron a platicar cosas de cuando eran niños y me quedé dormido no se


cuánto tiempo paso pero los ruidos clásicos de cuando cojen me despertaron...

Mi tío estaba de pie, mi mamá lo abrazaba del cuello y con sus piernas
rodeando la cintura de mi tío, mientras el, de conflexion robusta sin problema
la levantaba de las nalgas y le ensartaba una verga enorme a mi mamá...

Ella gritando de placer le decia:

- Violame como lo hacias cuando era niña tienes una verga muy grande y me
encanta que me cojas fuerte con ella... Dale... Llename con tu leche
hermanito...

La verdad es que yo era la primera vez que veía un pene de ese tamaño...

Después la empino y se vino dentro de ella mientras mi tío aullaba de placer...

Yo me hice una puñeta súper rica, tuve un orgasmo de una leche espesa y gran
cantidad viendo cómo mi tío hacia gritar a mi mamá...

Mi casa olía a puro sexo... mi mamá se quedó dormida en el sillon de la sala,


desnuda y escurriendo gran cantidad de semen de su concha...

Mi tío se retiró no se si por pena o porque estaba muy borracho...

Yo solo le puse una cobija a mi mamá y ma retire a dormir estaba algo


tomado...

Al día siguiente cuando desperté mi mamá se encontraba recogiendo la casa,


mi hermana estaba dormida no se a que hora llegaría, destape una botella de
brandy que ya estaba a la mitad y me prepare un cubata y le ofrecí uno a mi
mamá...

Ella me dijo que después de tomar un baño se lo tomaría...

Cuando terminó de bañarse salió con una blusa vieja y desgastada se podía ver
sus prietos pezones yo me calenté y estuvimos platicando acerca de lo de mi
tío...

Ella me platico que cuando aun era una puber su hermano la violó en el baño
mientras ella se bañaba y lo platico pero nadie le hizo caso y como mis abuelos
vendían en los tianguis y salían a las 4am, casi a diario mi tío se metía a su
cama y la cogia...

Me dice que a ella le empezaba a gustar pero que nunca alcanzó un orgasmo
porque mi tío se venía muy rápido y a ella no le daba tiempo a llegar...
Y así paso el tiempo hasta que llegó un señor a rentar un cuarto que rentaban
mis abuelos el sr. manejaba un camión y ese señor la conquistó a pesar de la
diferencia de edades mi mamá tenía 18 años y el sr. 33 en pocas palabras el la
enseñó a cojer la enseñó a como venirse en diferentes posiciones...

Escuchandola contarme todo esto y después de tres cubatas yo ya estaba súper


caliente, ella lo notó y me dijo que si quería mamar sus pechos como cuando
era bebé...

No tuvo que decírmelo dos veces, la levante la playera y se los comencé a


mamar con ansia...

En eso se escuchó una puerta y era mi hermana que iba a bañarse, mi mamá
bajo su playera y yo me separé...

En esa ocasión se me hizo eterno el baño de mi hermana...

Cuado terminó de bañarse y vestirse gritó que saldría con un amigo, el cual ya
no era el sr. mayor de la fiesta que se habia cogido a mi madre, era un chavo
de su edad...

Yo me puse a ver tv, era domingo pero seguía caliente hasta que como a la
hora tocan la puerta y era el amigo de mi hermana, por fin se iría...

Mi mamá se fue a su recamara y yo me quedé viendo tv en eso oigo que me


grita por mi ni nombre, me dirijo a su cuarto y me llevo la mejor de las
sorpresas...

Estaba completamente desnuda, acostada boca abajo y me dice que la de un


masaje porque mi tio (Su hermano) me maltrato mucho porque es muy tosco...

Lo primero que le sobé fue su culo gordo, después de un rato me preguntó si


ya había hecho el beso negro yo le dije que no, levanto su culo, se abrió las
nalgas, tenía un ano prieto y me dijo:

- Besalo con la punta de tu lengua como si fuera mi boca...

Al principio me dió un poco de asco pero después se lo mamaba con todas mis
fuerzas le cambiaba de la panocha hasta el culo, ella gemia riquísimo...

Yo tenia mi verga a reventar y la dije que se la quería meter en el culo, pero


ella me dijo que hoy no, que queria mi verga en su panocha, que quería toda
mi leche dentro de ella...

Se volteo, se metio mi verga en su boca, me dió como tres mamadas y despues


se tumbó de espaldas, abrió sus piernas lo más que pudo y me dijo
sobreexcitada:

- Dale hijo, meteme tu verga, cojeme duro, llename con tu leche caliente...

A mi me encanta su biscocho peludo y mojado, le di unas cuantas mamadas y


le recorrí mi glande en toda su panocha...
Ella ansiosa por tener mi verga dentro, me decia entre jadeos:

- Dale, métele la verga a tu mamá que está muy caliente, no te demores mas,
la necesito dentro de mi yaaaaa...

Se la metí hasta el fondo de un solo golpe... su panocha quemaba por dentro...


se sentia riquísimo...

Nos besábamos con tanta pasión... ella entre jadeos y gemidos de placer me
decía que apartir de ese momento yo iba a ser su pareja oficial, que solo yo me
la cojeria de ese día en adelante, que dormiríamos juntos todos los días...

Luego ella se montó en mi y a los pocos movimientos los dos nos venimos al
mismo tiempo, gritando como locos.. Ricoooo... muy pero muy rico...

Después de ese día cojiamos todos los días hasta que, pasado el tiempo, mí
hermana se casó y se fue a vivir con su marido...

Yo conocí a una mujer a la que quedé embarazada y tuvimos un hijo... Ella era
muy blanca y a mi me gustaban las morenas, lo más parecido a mi mamá, me
separé de ella y me fui a vivir otra vez a casa de mi mamá pero ella ya no
quería cojer conmigo...

Hasta que en una ocasión tuvo una reunión con sus amigas y unos
compadres...

Como era gente mayor yo evitaba estar con ellos por sus pláticas y esa vez
empezaron hablar del intercambio de parejas, luego de las lesbianas y después
del incesto...

Yo solo encuchaba desde mi cuarto y una comadre de mi mamá que venía de


Tampico les confesó que su papá desde chiquita le hacía el amor y a la edad
que tenía en ese entonces que serían como 40 años, ella lo buscaba a él para
cojer porque decía que ella pensaba que su marido era gay porque era muy
raro la vez que la tocaba... Que ella en vacaciones se iba a la casa de su papá
que ya estaba separado de su mamá para coger con el todo el tiempo...

Un compadre de mi mamá la dijo que porque con el habiendo tantos hombres,


a lo que ella le contestó que su papá fue su primer hombre y le gustaba como
se lo hacía que era muy tierno con ella y la hacía gozar como nadie...

Yo ya me había excitado y me acariciaba la verga pensando como era que se la


cojia su papá...

Yo ya quería que se fueran las visitas estaba muy caliente y decidí salir a ver
cómo seguía la reunión ya quería que se fueran, pero ellos estaban a lo suyo...

Estaban unos compadres de mi mamá haciendo poses, como si estuvieran


cojiendo solo que estaban vestidos y entre pose y pose preguntaban a los otros
qué si ya habian echo esta... unos decían que no y entonces les decían que 
pasen para explicarles y así le dicen a mi mamá:

- A ver comadre ¿Usted ya hizo está?


Mi mamá dijo que no y entonces la dijeron que pasara para explicarle, con su
hijo como pareja no tiene nada de malo...

Pasamos y al momento de sujetar su cintura y levantar una pierna se me paro


y no sabía cómo esconder mi erección...

El compadre solo dijo con risa:

- ¿Ya vio como se puso su bebé? ...

Yo me retire a mi cuarto apenado y como a los diez minutos entró mi mamá y


me dijo:

- Hijo, creo que los dos lo necesitamos asi es que quiero que me cojas ahora
mismo...

No me lo pensé dos veces, la tiré sobre la cama y cojimos como locos, mi


mamá gritó sin importarle las visitas, yo vacié toda la leche de mis inchados
testiculos dentro de mi mamá... Bufffff

Fue un polvo rapido pero intenso, un "aqui te pillo, aquí te mato" lleno de
morbo...

Al rato mi mamá salió toda delineada y solo le dió risa a sus visitas, que
imaginaban lo que habia pasado...

A partir de ese dia volvimos a cojer a diario, pero yo entré a trabajar a un


tienda en ventas y ahí conocí a una señora mayor  morena labios carnosos y
nos fuimos a vivir juntos, ella tenía dos hijas y un hijo, cojiamos a diario, es la
mujer más cachonda que he conocido, aparte de mi mamá...

Con el tiempo su hija mayor se fue a estudiar a la universidad a otro estado,


ahí vivía su tío hermano de su mamá...

Pasó el tiempo y su hija le llama diciendo que su tío había intentado violarla
que se había entrado a su cuarto en la madrugada, dándose cuenta su
esposa...

Después nos enteramos que los dos eran amantes desde que ella era niña pero
al verse descubiertos ella le echo la culpa a su tío...

Al otro día salimos a recoger a la hija de mi mujer...

Yo al principio me mantuve al margen de su discusión pero cundo veo que mi


cuñado levantó la voz me baje del carro y me acerque, la esposa de mi cuñado,
mi mujer y su hija llorando y solo escuchaba que mi cuñado le decía a mi
esposa que si lo que el había echo con ella también había sido violación, lo
repetía una y otra vez y le decía que quien busco a quien...

Yo interviene y estuvimos a punto de agarrarnos a golpes pero nos separaron y


no quise agravar más las cosas nos regresamos a nuestra ciudad con su hija y
ya en la noche estando en casa le pregunté que porque le había gritado esas
cosas su hermano y me dijo está loco el wey...
Yo insisti con la pregunta y la pregunté que si había pasado algo entre ellos...

Finalmente me empezó a platicar que ella siempre ha sido muy caliente y que
en ocasiones jugaba con su hermano menor a las casitas ella era la mamá y el
papá y se besaban y se desnudaban pero no hacían nada porque estaban muy
chicos, pero que ya más grandes empezaron a jugar a los novios, jugaban a
besarse por largos ratos hasta que una noche se quedaron solos, mi esposa
busco a su hermano y tuvieron sexo por primera vez, los dos eran vírgenes y
esto se empezó a convertir en costumbre hasta que su mamá empezó a
sospechar y ya no los dejaban solos...

Mi esposa conocio al papá de sus hijos y al quedar embarazada se fué con el...

Ella me pidió que nunca platicara a nadie esto y yo le dije que era normal que
eso pasara, que a veces uno es caliente y pues se dan las cosas...

Yo por mi parte, aproveché y le platique mi historia con mi mamá, ella me dijo


que si lo volvería a hacer con mi mamá y le dije que si... yo la pregunté lo
mismo con su hermano y también me dijo que si, que de hecho no hacia mucho
que lo habían hecho, eso me calento y la pregunté que cuando y me dijo:

- Te acuerdas que hace unos meses fui a mi tierra sola a arreglar unos papeles
del terreno que nos dió mi mamá, pues ahí fue la última vez que lo hicimos...

Yo le pedí que me platicara detalles y me comentó que habían quedado de


verse en el terreno en el cual solo había un cuarto con una cama, cuando ella
llegó el ya estaba ahí y cuando entro luego la desvisto dice que ella ya estaba
mojada desde el camión y que cogieron hasta caer rendidos los dos...

Le dije que que le gustaba de el y me dijo que el tiene la verga más grande que
se a comido y que la sabía mover muy bien sin lastimarla, dandola un placer
distinto, muy rico...

Yo le dije que me gustaria verla cojer con el, que es mi fantasia y me dijo que
no...

Después del problema que tuvieron , mi cuñado vino a la casa supuestamente


con la intención de arreglar las cosas con mi esposa... yo no estaba cuando el
llegó pero cuando llegue a mi casa no veía a mi esposa y escucho ruidos
extraños en una recamara en la que nadie se quedaba y cuál fue mi sorpresa
que cuando abro la puerta y veo a mi esposa montada en mi cuñado, ensartada
en su enirme verga, viendo hacia sus pies... ella, haciendome un gesto de
complicidad me indica que espere un tantito, era la oportunidad de ver
cumplida mi fantasia de verla cogiendo con su hermano...

Mi cuñado que no me veia, lanzó un grito y vació toda su leche dentro de su


hermana, ella tambien comenzó a gritar y tuvo un orgasmo muy largo... yo me
exite un chingo pero me quedé sin saber que hacer...

Mi  cuñado al verme, se sacó de onda, se vistió de volada y se fue...

Yo no sabía si enojarme o cojerme a mi mujer, decidí salir a tomarme una


cerveza y sin pensarlo llegue a casa de mi mamá le platique todo y me dijo que
si la dejaría yo le contesté que no sabia que haria, pero que en ese momento
yo estaba muy caliente... Mi mamá me dijo que ella también estaba caliente
porque mi tío (su hermano) hacía mucho que no la cojia... la pregunté si le
podía meter la verga, me dijo que si y cojimos muy rico...

Su hermano viene cada 6 meses a darle verga a mi mamá y yo se la doy cada


vez que cae a pelo...

Yo por mi parte no solo no dejé a mi esposa, sino que como en realidad me


habia gustado verla coger con su hermano, la comenté que quería volverla a
ver cojer con alguien, ella me dijo que no y yo ya no le insistí...

Pasó un tiempo y un día de descanso me dijo que se sentía mal de su espalda


que fuéramos a ver a un quiropráctico y salimos a ver a uno que le habían
recomendado...

Cuando llegamos nos pasó a su oficina para explicarle el problema que tenía yo
le dije que si me tenía que salir y me dijo que no era necesario, nos llevó a otro
cuarto más amplio, con una colchoneta y un sillón me dijo que me sentará y
que mi esposa se desnudara en otra habitacion que solo dejará sus pantaletas y
brasier... cual fue mi sorpresa que salió con una tanga rojita que se le ve el
culo más grande...

Al sr. se le fueron los ojos, mi esposa tiene un poquito debarriga pero con ese
culon no se nota...

El sr. empezó a trabajar con un calentamiento de músculos después pasó a


tronar diferentes partes de su cuerpo  la torcia de manera que parecían poses
sexuales, en un cambio de posición ella separó sus piernas y su pantaleta
estaba mojada como si se hubiera orinado...

Yo me empece a calentar, ella cerraba sus ojos y de pronto los abrió se me


quedo viendo y me hizo el mismo gesto que cuando la pillé con su hermano...
yo comprendiendo lo que iba a hacer le sonreí... Entonces ella llevó su mano a
la verga del sr. el sorprendido volteo a verme para ver mi reaccion y mi esposa
me dijo:

- ¿Me dejas verlo?

Yo le dije que si... El sr. rápidamente se bajó el pantalón y broto su verga


parada... volvió a verme mi esposa y me dijo:

- ¿Me das permiso de comerme está vergota?

Yo la dije que si... ella pensaba que el sr. la iba a dar a mamar la verga, pero
para sorpresa de los dos el sr. le hizo a un lado la tanga y se la metió de golpe
que entró con mucha facilidad por lo mojada que estaba y comenzó a cogersela
sin contemplaciones... Mi esposa se vino tantas veces que deliraba diciendo
groserías, ella es muy grosera cuando cojemos, es vulgar me encanta eso...

Se la comió como 20 minutos, hasta que terminó echandola toda su leche


dentro...
Es una perra mi esposa, cuando llegamos a casa me la coji y quedó toda
madreada de tanta verga...

Ahora que escribo estos recuerdos voy a visitar a mi mamá ya vive sola me voy
a cojer a mi vieja y le voy a mamar ese culo tan sabroso...

Para nosotros el sexo no tiene fronteras familiares, lo disfrutamos a demanda,


cuando nos apetece y con quien nos apetece de conformidad con la otra
persona, naturalmente...

Silvia era una de las muchísimas madres del colegio. Recién alcanzados los 40
era una rubia de bote con el pelo largo y la cara permanentemente pintada con
un maquillaje ligero, el justo para no denotar sus incipientes arrugas de
expresión. De complexión normal, sus tetas eran acordes con su cuerpo, es
decir, no más de una talla 85 de sujetador y en ocasiones, según qué modelo
elegía, se notaba que la edad y la gravedad estaban haciendo efecto en su
busto. Era la típica mami de pantalón tejano permanente pero rematado con
zapatos elegantes. Estaba casada con un pasmado que en las pocas ocasiones
en las que lo había tenido que tratar denotaba que tenia la inteligencia justita
para pasar el día. Y si a todo eso le añadíamos que su hija era la típica listilla y
consentida, se comprendía fácilmente que en más de una ocasión, hiciera cara
de asqueada cuando la iba a buscar.

Por eso, porque siempre había creído que Silvia tenía una vida anodina y
aburrida, me sorprendió cuando la vi entre la gente que estaba en la discoteca
Vinilo, de Terrassa. Aquella discoteca era una donde ponían música ochentera y
la típica donde uno va con los amigotes a echar una o dos y a ver como las
madres (y en ocasión, abuelas) hacen memoria y se intentan comportar como
las hembras que en algún momento pretérito fueron.

La rubia iba acompañada de un grupo de personas, en su mayoría parejas de


su misma edad y puesto que no conocía a ninguna, serian de otro círculo de
amistades ajenas al colegio. Para su infortunio, la rubia no era el centro de
atención de la reunión, cosa que parecía que le desagradaba profundamente y,
por tanto, centraba su atención en consumir una copa tras otra de vodka con
limón que apuraba con relativa velocidad.

Conforme la noche iba avanzando, el grupo de la madre se iba quedando sin


componentes, hasta que a algo así de las tres, se fue la última pareja con la
que compartía amistad. Silvia, en lugar de marcharse con ellos, se quedo
bailando y mirando frecuentemente a su alrededor, como si buscara algo sin
encontrarlo, lo que provoco que más de un moscón se acercara a ella para
echarle la caña. Desafortunadamente para ella, los hombres de la sala que le
entraban eran claramente mayores y tras unas palabras o incluso algún que
otro baile con ella, la rubia les despachaba y se volvía a sumergir en su bebida.
Y sería cosa del karma o vete a saber, pero cuando ella se acercaba a un grupo
de chicos más jóvenes con la intención de ronearse, estos hacían lo mismo con
ella y terminaba bailando otra vez sola.
José: ¿Qué pasa, socio? – me pregunto mi amigo, que hacia un rato que se
había quedado con la copla de que estaba vigilando a alguien como un águila
acecha a su presa - ¿Qué interés tienes en la rubia?

Carlos: Es una madre del colegio – le conteste apuntando con la barbilla hacia
Silvia, que ahora bailaba una canción en medio de la pista como si estuviera
sola, con claros síntomas de ir bastante pasada de alcohol – no sabía que el
monigote de su marido la dejara salir y menos que le gustara tanto darle al
cubata.

José: pues ya ves como mueve el culo. Está pidiendo carnaca.

Aquello no solo lo veíamos mi colega y yo, sino que además, lo veía uno de los
parroquianos, un chavalito joven con pinta de macarra que, viendo a Silvia
como una presa fácil, se acerco a ella y tras hablar un par de minutos, le agarro
un pecho sin ningún disimulo. La rubia, con la mente embotada por el alcohol,
miro la mano, miro la cara del chaval y poniendo cara de circunstancias, sonrió
como una imbécil. El tío, interpretando que aquello era una luz verde, agarro a
la madre por la nuca y la beso, metiéndole la lengua hasta la garganta, pero
aquello no debió ser del agrado de Silvia, ya que haciendo fuerza, intento
apartar a aquel capullo.

Lamentablemente, entre el alcohol y que era más grande, sus esfuerzos fueron
improductivos, así que siguió comiéndole la boca a la vez que bajaba su mano
de la teta al coño de la borracha.

Habitualmente, no me meto en la vida de los demás, de la misma forma que no


me gusta que se metan en la mía o en como adiestro a las miembros de mi
piara, pero aprovecharse de una hembra a la que conocía y además iba
borracha, era algo que no me apetecía consentir. Así que me acerque a donde
estaba Silvia y dándole un par de toquecitos al macarra, le pedí educadamente
que dejara en paz a “mi amiga”.

Macarra: Vete a la mierda. Gilipollas. Búscate a tu borracha. Esta es mía y me


la voy a llevar para que me vacíe los huevos.

Carlos: Te lo he pedido bien – le chille a la oreja para que se enterara de que


no estaba de broma, imponiéndome al tono de la música – si te lo he de pedir
de otra forma, no seré tan amable.

Pero como dice Blade en aquella película “Algunos cabrones se empeñan en


patinar sobre hielo cuesta arriba”, así que pese a la diferencia de altura, que
era considerable, intento darme un puñetazo. Afortunadamente, estaba
preparado y llevando la palma de la mano izquierda hasta mi mejilla, bloquee
el impacto. Al tiempo, mi codo derecho trazo un arco ascendente e impacto
contra la desprotegida barbilla del chaval, que cayó como un saco de patatas.
Unos segundo después, los de seguridad hacían su trabajo y se lo llevaban a
fuera, mientras el jefe, un buen amigo mío, me preguntaba si estaba todo bien.

Silvia: Joder… gracias, Carlos – Dijo con la boca pastosa y el habla vacilante.
Olía a vodka que echaba para atrás y tenía una sonrisa tonta en la boca – el
muy gilipollas se me ha puesto a tocarme el coño sin haberme invitado a un
cubata ni nada – dijo con total naturalidad
Carlos: Y si lo hubiera hecho… ¿Te abrías dejado? – dije con una sonrisa picara.

Silvia: De haber sabido que estabas por aquí, no – dijo mientras movía la
cabeza, como si le pesara demasiado para sujetarla con el cuello y empezó a
reír de forma descontrolada.

Tanto rio y con tantas ganas que perdió el equilibrio, teniéndola que coger para
que no se fuera al suelo. Ella, en su intento de sujetarse extendió la mano y
termino con ella sobre mi bragueta. Cuando me toco la polla por encima del
pantalón me la miro, como si fuera la primera vez que notara una polla en la
mano y mirándome a los ojos, volvió a reír, al tiempo que soltaba mi rabo
después de haberlo manoseado durante unos segundos.

Carlos: ¿Estás bien? – le pregunte mas por educción que otra cosa. Después de
lo que había hecho, seguro que lo estaba

Silvia: Si… si… per… perdón… yo… - dijo sin dejar de mirarme el paquete
mientras se excusaba – yo… joder…

Carlos: ¿Qué pasa, Silvia? – Insistí

Silvia: jo… joder… que voy un poco borracha, pero… ahora entiendo porque
siempre esta de tan buen humor tu mujer – soltó y volvió a reír como una
tonta.

Carlos: ¿Y eso? – Dije haciéndome el tonto

Silvia: Pues que con eso en casa, yo también iría contenta todos los días – dijo
mientras me señalaba el paquete.

Carlos: Y eso que no la has tocado ahora – le dije, echando toda la carne al
asador – que ya ha reaccionado después de las caricias que le has dado.

Silvia: ¿Si? ¿De verdad? – me pregunto con aquella cara de maruja borracha
que tenía en aquel momento. Yo asentí y ella alargo tímidamente la mano.
Cuando la puso sobre mi paquete noto mi polla morcillona y mis huevos,
cargados de leche y listos para lo que fuera necesario. El contacto se prolongo
unos largos segundos y tras sobármela bien, se retiro – Madre mía, Carlos…
como me gustaría que la de David fuera igual… es… es la mitad de gorda que la
tuya y tengo que estar un buen rato para que se le ponga medio tiesa y poder…
montar.

Carlos: Nunca he entendido como te casaste con él. Sois muy diferentes – le
dije acercándome a su oído para que me pudiera escuchar bien. Ella, aprovecho
el gesto para volver a agarrármela, como si yo no me diera cuenta y volvió a
sobarla, notando como se endurecía cada vez mas – algún día me lo contaras.

Silvia: joder, Carlos… joder… - seguía diciendo y acariciándome, cerrando los


ojos para concentrarse en lo que tenía en la mano – me case con él para
escapar de casa y terminar con una relación toxica y con los problemas que
tenia con mi ex, que era un imbécil pero follaba de puta madre. Y encontré
tranquilidad a cambio de follar menos… y peor…
Carlos: Vaya… lo siento…

Silvia: Y yo… y yo también… lo siento y la siento – dijo con aquella sonrisa


estúpida en la cara – y cada vez lo siento más… y no me refiero a tu polla… me
refiero a que me hago vieja y que ya no me mira nadie…

Carlos: No digas tonterías, guapísima – le dije mientras la agarraba por la


cadera con una mano – si estas tremenda!!!

Silvia: ¿De verdad, Carlos? – Dijo mientras soltaba mi polla y se abría la


cruzada de cuero negro que llevaba, dejando ver un jersey ajustado que ceñía
sus tetas y unos leggins en los que me pareció intuir los labios de su coño - ¿Tú
me dirías algo si no me conocieras?

Carlos: Si no te conociera, ya te habría entrado esta noche…

Silvia: Jajajaja – rió con ganas - ¿Y qué diría María? – me pregunto con
pretendida inocencia

Carlos: María y yo siempre hemos comentado que eres de las mejores mamis
del cole y que realmente estas muy rica – Ella rio tontamente. Mi mujer, nerea,
era bisexual y más de una vez habíamos comentado de que esa fulanita tenía
mucho morbo como objeto sexual.

Silvia: Carlos… Me voy a ir… porque entre lo que me he tomado y lo que tengo
en la mano… me estoy poniendo cachondísima y todavía te voy a pedir que…
bueno, que me voy… - dijo como si tuviera una disputa en el interior de su
mente.

Carlos: Te acompaño al coche – le dije haciendo un gesto para que pasara


delante mío – no es un barrio peligroso, pero no quiero que el capullo que te ha
molestado vuelva a acercarse a ti.

Ella volvió a sonreír con aquella gran bocaza que tenia y paso delante mío. Los
legins le marcaban un buen culo. No era gordo y se notaba que iba
regularmente al gimnasio. Además, la falta de marcas denotaba que,
efectivamente, iba sin bragas.

Al pasar por delante de mis camaradas, les giñe un ojo y les dije que iba a
acompañarla al coche, que en un rato volvía, lo que provoco más de una
sonrisa cómplice y algún que otro gesto referente a golpear con la pelvis.

El coche de Silvia estaba a dos calles, en el interior del polígono industrial


donde está situada la discoteca. Pese a ser un barrio interior de la población, a
aquellas horas se movía poca gente por allí, ya que donde había estacionado
eran todo naves industriales. Recorrimos los metros que separaban la salida del
local hasta el coche en silencio. Era como si la rubia mantuviera una
conversación consigo misma. Cuando llegamos al coche, se giro, con la llave en
la mano.

Silvia: Ca… Carlos… Gracias. Eres todo un caballero…


Carlos: De nada, preciosa. Ha sido un placer poder ayudarte – le dije sonriendo
con afecto - ¿Necesitas algo mas, guapísima?

Silvia: Yo… ¿Me la dejas tocártela otra vez? – pregunto ella, mirándome a los
ojos

Carlos: Claro – le dije con la misma sonrisa - ¿Me dejas a mi tocarte también?

Ella separo los muslos y alargo la mano, agarrándome por tercera vez la polla
esa noche. Mi rabo, con tanto toqueteo ya estaba enhiesto y preparado para
ser usado para aquello que se diseño: darle placer a cualquier hembra.

Cuando toque el legging de Silvia comprobé lo que había sospechado desde el


primer momento: la muy cerda no llevaba nada debajo. Aquella fina tela estaba
empapada y dejaba notar todos y cada uno de los detalles de su entrepierna y
la falta de rugosidad indicaba que iba depilada. Tras acariciarlo un poco, localice
su clítoris, que se hinchaba por momentos y empecé a jugar con él. Lo acaricie
primero y después, empecé a masajearlo de lado a lado mientras Silvia abría
cada vez más las piernas, acercándose al primer orgasmo de la noche.

Carlos: ¿Qué dirá David si su mujercita vuelve a casa borracha y con el


pantalón oliendo a flujo? – le pregunte mientras incrementaba el ritmo. Sus
espasmos me indicaban que iba por el buen camino y que pronto vencería su
resistencia y se correría.

Silvia: Na… nada… hostia, Carlos… hostia Carlos… hostia… - decía mientras
gemía y se agarraba con la mano libre a mi hombro – no está… en casa… se ha
ido… joder, Carlos… se ha ido a casa de su madre con… hostia… con la niña…
hostia… que… que me corro, Carlos!!! Carlos!!! ME CORROOOOOO!!! CARLOS!!!
- Silvia se corrió sin tapujos. Su orgasmo empapo toda la entrepierna del
legging y si bien no había sido un squirt como tal, si que había soltado gran
cantidad de flujo – Hostia, Carlos… Como lo necesitaba… joder… a veces me
siento tan… tan vieja…

Carlos: Y esto no ha hecho más que empezar – le dije mientras me separaba y


le daba la vuelta. Luego, hice un poco de fuerza en sus hombros y ella se
inclino sobre el coche hasta que sus codos tocaron el capo del vehículo,
ofreciéndome una vista perfecta de todo su culo – Eso es… perfecto…

E introdujendo mis dedos por el lateral de su pantalón, tire suavemente de


ellos. La goma cedió lentamente en los laterales y se engancho en la parte
superior de sus nalgas. Cuando incremente la presión, la prenda perdió tracción
y dejo al descubierto unas blancas nalgas y unas largas piernas que recorrió
hasta los tobillos, quedándose parada ahí. El frio de la noche había hecho que
la piel se le pusiera de gallina. Toda la piel de las nalgas menos la de su
delicioso ojete, que se veía redondo y plegado, como si fuera un asterisco de
color oscuro sobre una redondez mucho más clara. Debajo, un coño alargado,
de donde sobresalían lo justo dos labios menores. El olor a piel de hembra
cachonda, flujo y gel fino hizo que instintivamente acercara la lengua a su ojete
y, tras separarle las nalgas, empezara a jugar con él. Aquella caricia pillo de
improviso a la madre, que intento zafarse sin conseguirlo.

Silvia: ¿Qué… que haces? Carlos… Oh!... Oh!... Oh! Joder!!! – Dijo mientras
empezaba a mover la cadera como si se estuviera follando a alguien. Por su
reacción era la primera vez que notaba aquella caricia tan intima, cosa que
aproveche para separar mas las nalgas y profundizar con la lengua en su
agujero trasero, follándoselo con mi apéndice – hostia Carlos!!! Que bueno,
Carlos… hostia… hostia, para que me… joder Carlos, que me corro!!!!!!!!!

Y se corrió. Tuvo un profundo orgasmo mientras mi lengua le follaba el ojete y


mis manos le separaban las nalgas. Aquella madre acababa de tener su primer
orgasmo anal con la lengua a los cuarenta años. Instintivamente pensé que
aquello era un desperdicio y no pare mi follada. Poco después, solté la nalga
derecha de Silvia y use mis dedos para penetrarla mientras ella misma se
encargaba de agarrársela otra vez y tirar de ella, para que tuviera una vista
completa de su ano. El índice y el anular entraron prácticamente sin resistencia
en aquel coño encharcado y cuando no llevaba ni un minuto usando lengua y
dedos simultáneamente en su interior, volvió a correrse como una colegiala.

Silvia: Por dios, Carlos!!! Por Dios!!! Que rico, joder!!! Hostia!!! - El alcohol
había hecho que la rubia perdiera el norte y que no recordara que se
encontraba en mitad de un polígono industrial. Afortunadamente, no había
nadie a la vista – Hostia, Carlos… Fóllame… lo necesito… por favor…

Carlos: Hasta ahora has disfrutado tu -  le dije mientras me incorporaba y le


acariciaba aquellas nalgas con la carne de gallina - ¿Qué te parece si ahora
trabajas tu un poquito?

Silvia se puso en cuclillas no sin cierta ayuda. Todo el alcohol que había
ingerido, los tacones y que tuviera los leggings enrollados en los tobillos no
ayudaba demasiado a su estabilidad. Cuando estuvo en posición su coño se
abrió, separándose los labios menores y dejo caer sobre el suelo un pequeño
chorrito de flujo blanco, desabroche mi bragueta y saque mi polla al exterior.
Ella sonrió al verla y empezó a besarla, como si fuera un juego. Aquello me hizo
sonreír. Las reacciones de las borrachas no dejaran nunca de sorprenderme y
que empezara así no me hizo sospechar de lo que iba a suceder.

He de reconocer que tras un par de minutos dándole besos a mi polla y a mis


cojones no me esperaba que Silvia abriera la bocaza de repente y se tragara
casi toda mi polla del tirón. Aquella madre se acababa de sacar una garganta
profunda de la nada y se había metido toda mi polla hasta que mis huevos
tocaron su barbilla. Y no contenta con eso, agarrándome de la parte posterior
de las piernas, empezó a follarse a sí misma la garganta, haciendo ruidos
guturales y llenándome los huevos de saliva como si de una película porno se
tratara.

Carlos: La hostia! Vaya buzón!!! – Le dije francamente sorprendido

Silvia: Ga… Ga… Ga… ¿Te gusta?  - Dijo la rubia sacándose la polla por un
momento de la boca y dejándose de follar a si misma la garganta – A David
también le gusta, pero si se lo hago a él… ji ji ji – rio estúpidamente – me
quedo sin follar incluso solo un poco porque me suelta todo el grumo en la boca
– y se volvió a meter la polla en la boca para pegarse otras cuatro empujadas –
me lo enseño mi ex y de tanto en tanto, me gusta practicarlo con alguno
cuando salgo por ahí – hizo un mohín, perdiendo totalmente el hilo de la follada
– cada vez me entran menos hombres… Estoy más vieja…
Agarre el largo pelo rubio de Silvia y tras hacerle una coleta, dirigí su boca
hacia mi polla. Ella estaba suficientemente borracha para no tener vergüenza
de estar con los pantalones hasta los tobillos y el culo al aire, pero sabía cual
era su obligación cuando tenía a un macho delante, así que volvió a abrir la
boca y se metió mi polla hasta el fondo, follándose a sí misma la garganta. Un
rato después, la baba le resbalaba por la comisura de los labios y le caía sobre
el jersey. Durante todo ese tiempo, me estuvo mirando a los ojos, como una
perrita fiel a la espera de su recompensa.

Carlos: Bien…- Le dije parando la follada de garganta en lo más profundo -


¿Qué es lo que me habías pedido?

Silvia: Goga – contesto. Sonreí y tire de la coleta hasta sacarle el rabo de la


boca. Con la boca rebosando saliva y una amplia sonrisa en la bocaza, volvió a
pronunciarlo - Polla

Sonreí y tire del pelo. Silvia se puso en pie. Tenía los pantalones impidiéndole
la movilidad de los tobillos y el coño perfectamente depilado al aire. Sobre él la
cicatriz de la cesárea, justo sobre el pubis. Con la mano izquierda se la acaricie.
No sabía porque pero la encontré sexy. Luego, subí por su estomago y metí mi
mano bajo su prenda superior de ropa. Más arriba, hice lo mismo con el
sujetador y tras agarrarlo, se lo subí junto con el jersey. Al aire quedaron dos
tetas de un buen tamaño, con una aureola negra y un pezón gordo como un
garbanzo. Agarre la teta por la base y tras apretarla chupe con fuerza. Como la
mayoría de las madres que han dado el pecho, aquel gesto le encantaba y cerró
los ojos para notar la succión. Mi mano derecha soltó la presa de su cabello y
bajo hasta su coño, pero esta vez en lugar de acariciarle el clítoris,
directamente le metí dos dedos, que entraron como si los hubiera sumergido en
gelatina. Los gire y le folle el coño, consiguiendo que en menos de un minuto se
volviera a correr y esta vez, con un gran squirt que cayó íntegramente sobre el
legging.

Cuando todavía el cuerpo de Silvia estaba terminando de convulsionar, saque


los dedos de su coño y le solté la teta. De un rápido movimiento, le quite la
cruzada y el jersey, dejándola desnuda a excepción de la ropa que llevaba en
los tobillos. Luego, la incline sobre el capó del coche, dejando expuesto su
culito. Después de estar en cuclillas, sus labios se habían abierto y ahora se
notaban más que la primera vez. Agarre mi polla por la base y tras frotar el
clítoris con ella, se la metí de un golpe.

El coño de la madre estaba realmente apretado. Era como si el hecho de serlo


no fuera otra cosa que algo estadístico. Que el marido no la follara demasiado a
menudo, que la tuviera pequeña y que hubiera parido por cesárea hacían que
aquel coño maduro todavía tuviera poco uso, así que cuando mis cojones
tocaron su clítoris, aquel chochito apretó mi polla con verdaderas ganas.

Cuando aquella madre se noto llena se olvido de todo. De que estaba desnuda,
de que estaba borracha y de que estaba en medio de un polígono industrial.
Silvia, después de tanto tiempo, había encontrado justo lo que estaba
buscando: Una polla que la pusiera fina. Y desde el momento que le encaje la
mía, lo único con lo que podía pensar era el coño. Toda la frustración por su
matrimonio, toda la preocupación por su envejecimiento e impotencia con la
mala educada de su hija se había desvanecido en cuanto la cabeza de mi polla
toco el cuello de su hutero.
Silvia: Dios!!! – Dijo la madre mientras se corría abundantemente – joder!
Joder! Joder!!!

Carlos: Eso digo yo… joder…- le dije mientras bombeaba agarrándola por la
cintura – que necesitada ibas de polla, Silvia… Menuda zorrita estas hecha…y el
cabronazo de tu marido con tu hija, en casa de mami, pensando que su
mujercita esta dormida ¿Qué diría si te viera ahora?

Silvia: Joder!!! La puta!!! No se lo creería el muy… Joder!!! El muy cornudo no


se lo creería!!! Joder!!! Me corro!!! Coño, que me corro otra vez, joder!!!

A estas alturas, Silvia era una yegua desbocada que había apoyado las manos y
los codos sobre el capo de su coche y dejaba que sus tetas de madre rebotaran
la una contra la otra y con el vehículo. Yo había cambiado la sujeción de la
cintura por la de los hombros y le daba realmente duro, notando en cada
pollazo como mi capullo se estrellaba contra su útero, cosa que le provocaba
verdaderos espasmos de placer y hacia que se corriera de una forma
incontrolable, empalmando un squirt con el siguiente.

Mis manos habían pasado a apretar sus tetas y pezones, jugando con ellos y
alternando los pellizcos con las caricias y las estrujadas. Experimentando con
ellos había descubierto que si en el momento del orgasmo se los apretaba, la
reacción era mucho más fuerte y a parte de soltar mas flujo, apretaba mas el
coño, así que en los siguientes orgasmos le triture los pezones hasta que no
pudo mas.

La tenia agarrada del cabello con la mano izquierda y con la derecha le estaba
palmeando las nalgas cuando recordé el placer que le dio que metiera mi
lengua en su ojete, así que me lubrique con saliva el índice y empecé a hacer
círculos sobre su ano. Primero casi acariciándolo y poco a poco mas fuerte, pero
sin dejar de follarla.

Tal como me esperaba, aquel agujero se fue abriendo poco a poco y dejando
entrar mi apéndice de una forma que me indicaba que no era la primera vez
que algo se había introducido por esa obertura y cuando consegui enterrar dos
falanges, empece a meter y sacar el dedo, haciéndole una doble penetración
con mi polla y mi dedo.

Silvia: joder Carlos… qué bueno!!! Joder… ¿Qué me haces, cabrón? No pares!!!

Carlos: ¿Te gusta que juegen con tu ojete, putita? -  le dije inclinándome sobre
su espalda, para que notara mi peso mientras empujaba hasta meterle todo el
dedo en el interior de su ano – ya veo que si… Apuesto a que el paradito de
David no te lo hace…

Silvia: Hostia!!! Me encanta!!! – dijo moviendo el culo para que no dejara


parado el dedo – mi marido no me ha metido nunca nada por ahí… dice que es
sucio…

Carlos: Pero a ti te gusta, putita… no es la primera vez que te meten algo por
detrás ¿verdad? – Le dije mientras le sacaba la polla del higo para que
únicamente notase placer por el culo.
Al hacerlo, la dilatación de su coño quedo patente. Aquel agujero habitualmente
tan prieto había quedado dilatado por la follada y ahora escurría de su interior
todo aquel flujo que no había podido salir antes por la presencia de mi rabo.
Ahora si parecía el coño de una hembra de cuarenta años: usado y lubricado,
listo para recibir a cualquier macho que se la quisiera beneficiar.

Silvia: Si… Si… Mi ex… me desvir… JODER! – exclamo cuando noto que mi dedo
medio entraba por su coño. Ahora tenia un dedo en cada agujero y la follaba
por los dos – me abrió el culo a los 15. El muy hijo de… UFFFFF… puta tenía el
doble de edad que yo y en lugar de… Joder… en lugar de usar gomas, me daba
por el culo cuando iba a … Hostia que rico… Cuando iba a correrse…

Mientras me ponía al día de su historia sexual, mi índice seguía moviéndose en


el interior del agujero marrón de Silvia y el medio en el puré en el que se había
convertido su coño. Entraban y salían como si fuera unas pequeñas pollas y
cada vez lo hacían más rápido mientras mi antebrazo izquierdo, sobre su zona
lumbar, inmovilizaba a la hembra y agarraba con fuerza la nalga.

Silvia: Hostia Carlos… Hostia Carlos… Hostia… Hostia… HOSTIA!!!!!! QUE ME


CORRO POR EL CULO!!!

Y diciendo esto, la rubia empezó a convulsionar. En aquel preciso momento,


retire mi dedo de su coño y lo introduje en su ojete sin ningún problema
gracias a lo tremendamente lubricado que había salido de su coño. Aquella
presión extra hizo que le flaquearan las rodillas y si no la llego a tener sujeta
con el antebrazo, se hubiera caído al suelo. Además, ese movimiento hizo que
perdiera el control sobre sus esfínteres y tras pegarse un pedo de los buenos,
en parte gracias al aire que le había metido con la follada, soltó un largo chorro
de meada que fue a parar sobre los ya maltrechos leggings y sobre los zapatos
de tacón, que quedaron para tirar.

Carlos: Así que te habían usado por detrás pero lo habías olvidado, zorrita – le
dije a la vez que le volvía a meter la polla en el coño, sin sacarle los dos dedos
del ano.

Silvia: Hostia, Carlos… Me estas matando de placer… hijo de puta…

Carlos: ¿Si? ¿Te gusta? – Le dije mientras penetraba lentamente su coño de


MILF, haciendo círculos con la polla

Silvia asintió con la cabeza mientras se mordía el labio. No hacía más que
resoplar y mover el culo. Cuando note que su flujo volvia a mojarme los
huevos, tire de mi polla y la saque de su depilada raja. Hice lo propio con los
dedos y observe el ano de mi amiga. El flujo que acababa de meterle con el
dedo le daba un halo brillante y la luz tenue de la farola dejaba entrever sus
pliegues que se contraían y relajaban como si fuera una pequeña boca dando
besos al aire. Por el contrario, mi polla estaba empapada en su flujo
blanquecino fruto de unos cuantos orgasmos. Apunte con calma aquel agujero
y puse la punta del capullo sobre él.

Silvia sabía lo que venía y pese a su estado de embriaguez, procuro relajarse.


Sabía perfectamente que cuando un macho decide entrarle por el ojete a una
hembra, esta lo único que puede hacer es procurar no hacer fuerza y resignarse
a ser enculada. Y así fue lo que paso. Cuando empecé a hacer fuerza, el ano de
la rubia se trago medio capullo sin apenas problemas. Cuando entro la base del
mismo, la resistencia ya era algo mayor, pero es que al llegar a media polla,
aquel agujero se había cerrado de forma involuntaria debido a un nuevo
orgasmo de su propietaria, que había convertido la acera donde estábamos en
casi una pista de patinaje. Cuando aquella presión remetió, agarre a la madre
por las caderas. Ella se giro, mirándome por encima del hombro y con una
sonrisa en el rostro, di un golpe de cadera que hundió los centímetros que
quedaban al aire en lo más profundo de su esfínter.

Ella abrió mucho los ojos y la boca. Durante un segundo, tal vez dos, se quedo
paralizada, haciendo que su embotado cerebro asumiera la situación: estaba
desnuda, sobre el capo de su coche y el padre de una compañera de la clase de
su hija la acababa en penetrar por un agujero que llevaba sin usar para el sexo
más de 20 años. Cuando toda aquella información estallo en su cerebro, fue
incapaz de controlarse y empezó a convulsionar, a gemir, chillar y mearse
encima. Durante demasiados años se había controlado y se había negado a
dejar salir lo que en realidad era: una hembra. Y como tal, con ganas de que la
montaran como se merecía y no como sabia el pusilánime de David.

Cuando empecé a retirar la polla de aquel agujero, la propia musculatura de


Silvia me ayudo, provocando el comentario de borracha “joder, que bueno!
Parece que me cago!” pero cuando estuve a punto de salir, invertí la dirección y
ese ojal se volvió a tragar mi rabo hasta los cojones, lo que vino acompañado
de uh “oooohhhhh!” de placer de aquella hembra. Repetí el proceso cada vez
más rápido y en pocos segundo estaba bombeando con verdadera furia el culo
de aquella pija que ahora gemía y se contorsionaba como una perra callejera
cualquiera.

Hasta un buen rato después, no deje de encularla. Lo hice justo cuando empecé
a notar que las ganas de correrme dentro de la MILF eran ya casi
inaguantables. Durante todo el proceso estuve comprobando si aquel drenaje
de carne salía sucio y ya fuera por azar o porque la perra se lo había
preparado, ni una de las emboladas salió manchada, así que hice poner a Silvia
otra vez en cuclillas y con la excusa de volverla a lubricar, se la metí en la
boca.

Uno de los placeres de la vida es follar una garganta con la polla recién salida
del ojete y ese gustazo era el que me proporciono Silvia. Con el buzón de
correos que gastaba por bocaza no tenía problemas en meterse toda mi polla
hasta que los huevos tocaban su barbilla. Cuando tuve la polla bien lubricada
otra vez, la volví a subir al capo, pero esta vez, en lugar de espaldas, la puse
de frente, con la espalda en contacto con el coche, abierta como una rana. En
aquella postura veía perfectamente sus dos agujeros, ahora dilatados y listos
para encajar mi polla. Tentado estuve de metérsela por aquel coño acogedor
que tenia, pero mi lado cabrón me dijo que sería más divertido volverle a dar
por culo, así que puse sus rodillas sobre mis hombros y volví a empujar mi rabo
dentro de su ano. Esta vez, abierto como estaba y lubricada mi polla por la
saliva de la rubia, entro sin problemas. Su empapado coño choco contra mi
pubis y cada vez que bombea era como si le diera una palmada a un charco.
Pase mis manos por los laterales de sus piernas y la agarre por la base de las
tetas para usarlas como asideras y follarmela duro. Así, con cada pollazo, la
rubia notaba como mi rabo entraba en su ojete mientras sus tetas se estiraban
para que yo pudiera tomar posesión ella, lo que pareció volverla loca hasta el
punto de volver a soltar dos de sus potentes squirts, que rebotaron contra mi
pubis y salpicaron toda su cara y tetas hasta el punto que parecía que se había
meado sobre si misma

Silvia: Hijo de puta… hijo de puta… me vas a… ufffff… reventar… hijo de puta…

Carlos: Cuando salga de ti, te vas a cagar… literalmente – le dije mientras le


mordisqueaba el labio inferior           - literalmente.

Los últimos cinco minutos de follada fueron frenéticos. Con la leche en mis
cojones pugnando por salir, me dedique a darle lo más duro que podía, asi que
cambie sus tetas por sus caderas como asidero, lo que me garantizaba una
mayor sujeción de la hembra. Ella, cuando se las noto libres, se agarro los
pezones y empezó a tirar de ellos y a apretarlos a la vez que me buscaba la
boca. Ni cuenta se dio de la pareja que paso a nuestro lado y comento que
aquella mujer ya era mayorcita como para dar según que espectáculo.

Carlos: Te voy a rellenar el culo – Le dije sin otra intención que informarla, ya
que lo había decidido hacia tiempo - ¿Estas lista, zorra?

Silvia: Si… culo… dámelo… todo… dame… - decía en su trance de alcohol y viaje
sexual.

Agarrándola de las caderas di un ultimo empujón y encaje mi polla en lo has


profundo de su ojete. Ella, abrió los ojos otra vez y empezó a notar como mis
huevos se vaciaban en su interior. Uno, dos… seis, siete potentes chorros de
semen rellenaron su cavidad anal hasta que mis huevos dejaron de bombear el
líquido premio por una follada bien hecha. Y mientras lo hacía, ni por un
momento deje de notar la presión que me proporcionaba el ano de la rubia
mientras se corría. Era como si me la estuviera chupando con el ano. Al
terminar y bajarle las piernas de mis hombros, una cascada de semen broto de
su ojete y cayo sobre unos leggins que pedían a gritos que los jubilara.
Después de todo lo que le había echado encima, ni el pantalón ni los zapatos
serian nunca más lo que fueron. Estire la mano y agarre su jersey y tras
limpiarme la polla con él, se lo pase a su propietaria, que se lo puso
torpemente, seguido de la chaqueta cruzada. Luego, se puso en pie y sin hacer
ni el amago de limpiarse, se subió aquel pantalón que daba verdadero asco.

Silvia: De esto, ni palabra a David – me dijo en un tono que denotaba que la


borrachera se le iba pasando gracias al tiempo que hacía que no consumía y al
frio de la calle, que la había espabilado – Por favor te lo pido…

Carlos: Tranquila, rubia – le dije mientras la agarraba de la nuca y le daba un


profundo morreo con lengua – mientras hagas lo que te diga, tu cornudito no
se enterara nunca de cómo te gusta que te follen… ni vera el video  - dije
mientras me giraba y giñaba el ojo al jefe de seguridad de la discoteca, que no
había dejado de grabar ni un momento desde que aquella MILF empezó a
tocarme la polla, hacia más de una hora…

-------------------------------------------------------------------------------------------------------------------+

Mi nombre es DAVID tengo 18 años y curso primero de económicas ,mi


hermano José  es mi gran amigo tenemos una gran complicidad y hacemos
deporte siempre juntos.A los dos nos encanta estar en forma y practicamos el
ciclismo y otras cosas.

Mi hermana pequeña María es una hermosa niña,guapa y con un cuerpo


precioso,y por último mi madre abogada de profesión una hermosa mujer
adicta al sexo como más tarde os relataré.

En mi familia como podéis ver falta la figura paterna ,murió siendo muy
jóvenes en un accidente de coche,también era abogado compañero inseparable
de mi madre y al morir fue un duro golpe para todos pero especialmente para
mí madre.

La historia de incesto empezó hace bastante tiempo,realmente no lo recuerdo


pero ya de chiquititos nuestra madre nos bañaba y jugaba con nosotros.

Recuerdo mi hermana casi un bebé y mi hermano y yo disfrutando de nuestros


momentos en la bañera con mama era el mejor momento del día.

Ella llegaba de trabajar con su vestido Super elegante y al llegar a casa sobre
las 19h se desvestía y totalmente desnuda nos llamaba y entrábamos en la
bañera con ella.

La costumbre era enjabonarnos cada uno y ella nos limpiaba bien las partes de
nuestro sexo.

Pero no solo las lavaba además nos pajeaba hasta acabar.

Nosotros aprovechábamos para sobarle los pechos y su chochito como si fuera


un juego.A María le gustaba mear y mojarnos los pies le parecía divertido.Un
día nos sorprendió, nos chupo nuestras pequeñas pollas y el chochito de
nuestra hermana y nos animó ha hacerlo entre nosotros.ummmmmm fue
maravilloso,lo primero que buscamos mi hermano y yo fue el chocho de mama
estaba depiladito y muy rico.

Ella empezó a suspirar le estaba gustando puso una pierna encima del borde y
mientras yo le chupaba por delante mi hermano lo hacía por detrás
ummmmmm si nenes muy bien si seguir ah ah decía ,nos agarro las cabezas
aplastándolos fuertemente en sus agujeritos ah ah ah ummmmmmmmmmm
me vengo ,seguro que lo hacíamos torpemente pero ver a nuestra madre así
nos animó a seguir hasta que acabo en un increíble orgasmo soplaba y soplaba
de gusto oh oh niños que bien lo hacéis ah ah que placer me dais
ahhhhhhhhhhhhhhhhhhh ella continuaba nos inundaba con sus líquidos que
nosotros tragábamos encantados.

Hijos míos sois mi vida os quiero mucho y necesito que no contéis lo que hemos
hecho a nadie,la gente no lo entendería pues está mal visto por la sociedad me
lo prometéis?

Si mama le dijimos.

A partir de ese día nuestra vida cambio y descubrimos lo que era el placer del
sexo.
Nos pasábamos el día chupando la concha de mama en La Cocina en el baño en
su dormitorio y además le encantaba ver cómo nos chupabamos entre
nosotros.Nos enseño bien cómo hacerlo.Mi hermana María era el juguete de
todos.Iba desnuda por casa y sentados en el sofá nos encantaba chupar todo
su cuerpo.uno le chupaba el chochito otro sus pies le comíamos la boca
ummmmmm que placer sentía con mi hermana ,le ponía mi pollita en su boca y
lo chupaba muy rico.

Un día sin darme cuenta mientras mi mama me estaba chupando la polla tuve
mi primer orgasmo ohhhhhh salían chorlitos de leche ohhhhhh me encanto la
sensación ohhhhhh todos querían y mi polla ya tenía un tamaño
considerable.Hasta mi hermano se hizo adicto a mi polla y su semen.

Los años iban pasando y nuestros juegos iban en aumento,era normal que de
vez en cuando nuestra madre nos dejará solos en casa por unas horas,ella salía
con sus amigos y me dejaba a mi al cuidado de mis hermanos.

Podía tener cinco o seis orgasmos en 2 horas.

En esa época dormía muchas veces con mama,mi polla creció y ya media 15
cm.

La esperábamos en su cama los tres y mientras llegaba probábamos de todo.

Me encantaba follarles el culo a mis hermanos.Nos chupabamos bien para


lubricar el ano y primero me follaba a mi hermano que por cierto le encantaba y
luego lo hacía con María  ya se la metía hasta el fondo.

Ese mismo día mientras estaba follando el culito de María ,está chupaba la polla
de José ummmmm si hermanito ah ah me gusta si si ah ah con mi mano le
tocaba el clitoris si si ahhhhhhhhh ya ya tuvo un orgasmo la nena y mi
hermano otro a la vez ahhhhhh la putita de María tragaba la leche de José
ummmmm yo saqué la polla de su culo y nos chupaba las dos pollas
ahhhhhh,no me había dado cuenta que mama nos estaba viendo ,estaba en la
puerta de la habitación pajeandose observando a sus hijos.

Hola niños 

Hola mama como te fue la cena?le dije

Muy bien ,pero mejor ahora al llegar a casa me encanta veros así.

Se desnudó y se unió a nosotros

Estoy un poco sudada me chupais un poco para refrescarme?

Los tres encima de mama recorriendo todo su cuerpo.Ami me encantan los pies
es mi fetiche,le chupe todos sus dedos y me metía el pie entero en la boca
ahhhh como me gusta y mama lo disfrutaba si seguid ahhh mientras José le
chupaba el chocho mama le chupaba el chocho y culo a María ahhh hijos ahhhh
me corro ahhhhh fluían jugos de placer por el chocho ohhhhhh mojaba las
sabanas .
David folla a mama ,me puse encima me movía con fuerza se oían los
chapurreas ah ah sigue sigue ah ah ah si si,cinco minutos bombeando,no se los
orgasmos que tuvo estaba en extasis me matáis ahhhhhhhhhhhhhhhh.Maria y
José se besaban,se tocaban ,José se preparaba para follar el culo de María
,hazlo le dijo mama .

Follame el culo Ami también DAVID ,si mami tenía energía y además mi polla
estaba bien erecta ,tenía el culo mojado de sus jugos entro de un golpe ah ah si
si folla de tu madre cabron ah ah me gusta ah que polla tienes hijo si si,le cogia
el culo con las manos y lo apretujaba contra mi uffffffff como entraba mami
mama me vengo si si juntos juntos yo también ya ya
ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh ohhhhhhhhhhhhh que
orgasmo tan bestia lo tuve dentro de su culo empujaba hasta dejar mi última
gota.

Fue una noche memorable,desde ese día dormimos Los cuatro juntos.

Mama también follaba con José y yo a María la hice mi putita preferida.La


verdad es que me encantaba follar a todas horas ,hasta disfrutaba follandome a
mi hermano y me dejaba follar también por el.

Ahora con 18 años soy un pervertido incurable ,mi polla mide 20 cm soy alto y
de buen ver y consigo las mujeres que quiero,pero en casa tengo mi fiesta
particular.

Mi madre es una auténtica ninfomana la follo sin parar y la obligó a ir sin


bragas siempre,inclusive al trabajo.Sabe lo que me gusta y al llegar a casa en
vez de darme un beso me lame los pies y el culo,ese es su saludo.

A mi hermana María ya le he follado por todos sus agujeros y es una adicta al


sexo,me encanta follarmela delante de mama llevándola en brazos con mi polla
dentro es un juego.

Mi hermano y yo somos inseparables es mi mejor amigo y compartimos todo.

Tiene una novia que compartimos como una putita que es.inclusive la hemos
introducido en nuestra familia y es una más de nosotros.

Yo prefiero no tener novia y así tener libertad para hacer mis fechorías.

Ahora empiezo en la universidad y he conocido a una profesora que tiene una


hija preciosa.Es rubia con ojos azules y recién separada .Me ha invitado a cenar
a su casa y pienso aprobechar mi momento,ya os esplicare como ha ido en mi
próximo relato

Era lunes, fui temprano al starbucks por mi Té Chai y mientras esperaba a que
me lo prepararan escuché una tímida voz diciendo mi nombre

- ¿Camila?
Y al voltear vi a Javier, un compañero de la universidad, que no veía desde
entonces.

- ¡Javier! wow, qué sorpresa ¿cómo estás?

Beso, abrazo, sonrisa y bla bla bla. Yo estaba más interesada en que me
despacharan mi té y regresar a la oficina a seguir rompiéndome la cabeza para
optimizar la ya optimizada hasta la náusea estrategia de costos.

- Bien, bien gracias, ¿y tu qué tal? yo trabajo en el edificio de enfrente, soy


analista de riesgo

- ¿de verdad? ¿cómo crees? yo llevo trabajando cinco años en la calle de atrás
y no te había visto

- Bueno, es que casi acabo de entrar, antes estaba en otro lado

En ese momento mi té estuvo listo y agradecí que fueran tan rápidos, de


verdad me urgía regresar.

- Me da mucha pena de verdad Javier, pero me tengo que ir, a ver que otro día
coincidimos y seguimos platicando

- Te invito a mi cumpleaños, va a ser el sábado, me gustaría muchísimo que


fueras - Dijo acompáñandome a la salida

- Ah Ok, muchas gracias, pues si con mucho gusto, apunta mi número y me


mandas la dirección por whatsapp ¿va? perdóname que me vaya pero es que si
llevo mucha prisa. - De nuevo beso, abrazo y bla bla bla

Mientras caminaba de regreso a la oficina recordé las circunstancias en las que


conocí a Javier.

Estudié con él en la universidad, era el típico personaje low-profile que no era


ni brillante ni inepto, simplemente mediocre.

No éramos amigos, de hecho él casi no tenía amigos, salvo por un par de chicos
raros que tampoco socializaban mucho.

Pero siempre supe que yo le gustaba, sentía sus miradas en clase, cuando iba
por el campus, en la biblioteca y en las fiestas en las que llegamos a coincidir.

Y entonces recordé una fiesta en especial, una a la que fui con mis dos mejores
amigas, en la camioneta de una de ellas.

La fiesta era muy lejos, casi fuera de la ciudad, pero nos animamos a ir porque
iban a ir los guapos de la escuela, en particular dos chicos con los que mis
amigas ya estaban en trámites de algo más que una amistad.

En aquel entonces yo tenía una figura de infarto, delgada, cintura diminuta,


caderas anchas, piernas bien torneadas porque practicaba patinaje y por
supuesto mis senos eran firmes y turgentes. Pero sin novio. Creo que en aquel
entonces no estaba de moda el término "forever alone", pero yo era la
definición. Guapa e inteligente pero sola.

Mis amigas me advirtieron que la fiesta era la oportunidad para cazar un


partido digno de mis virtudes.

Así que me permití usar para la ocasión una minifalda de cuadritos azul con
blanco, muy ajustada que resaltaba mis curvas y me hacía lucir mis bonitas
piernas.

Arriba un crop top holgado blanco que sin mostrar mucho daba la idea de la
cantidad y la calidad de lo que había debajo.

Peinado sexy y perfume seductor.

Javier hizo intentos a medias y fallidos de acercarse a mí durante toda la fiesta,


ya que yo siempre estaba bailando o conversando con algún otro chico de los
muchos que conocí ahí. Que al final ninguno me convenció porque ni siquiera se
molestaban en ocultar el hecho de que solo me querían meter mano por esa
noche.

Cuando la fiesta terminó, mis amigas salieron con sus nuevos novios.

Yo salí sola, o al menos eso pensé.

- Hola Camila, ¿te puedo acompañar?

- Hola... Javier - No se como hice para recordar su nombre

- ¿Vas muy lejos? Si quieres te encamino

- Ah no te preocupes, vengo con mis amigas y traemos coche, si quieres te


damos raid

Hasta ahí iba todo bien, pero entonces noté que lo que me pareció una
camioneta muy grande y cómoda de ida, no iba a ser suficiente para tres chicas
y tres chicos ya de regreso.

Cuando le dejé saber a mi amiga el problema, pronto me dí cuenta de la


magnitud de mi ingenuidad.

- Pues te sientas en sus piernas - Y me cerró el ojo con complicidad asumiendo


que yo también había encontrado con quien darme de besos esa noche.

Tímidamente le comuniqué el plan a Javier, y noté que se apenó mucho.

- Al menos es una buena señal, no se va a aprovechar de la situación - Pensé

Nos detuvimos junto a un parque por donde a esa hora no pasaba ni un alma,
porque obviamente mis amigas querían entregarse a la pasión con sus ligues.
De hecho en el camino ya venian toqueteándose y besándose. Manos se
deslizaban por abajo de las faldas o por enmedio de un escote. Susurros y
risillas. A mi amiga que venía manejando le venían sobando las piernas. Yo solo
veía y escuchaba y me empezó a dar un calorcillo en el vientre bajo.

Las dos se bajaron de la camioneta con sus novios para perderse en la


oscuridad del parque y nos dejaron solos a Javier y a mí.

Una de mis amigas me dijo al oído antes de bajar del auto: No seas apretada,
dale una probadita - Y noté que Javier lo escuchó.

Yo había viajado todo el trayecto sentada prácticamente en las rodillas de


Javier, dándole espectáculo de cómo se veía mi trasero en la minifalda
ajustada, lo cual había despertado su virilidad, me di cuenta cuando me senté
junto a el. Había un bultote en su pantalón.

Yo por mi parte me había excitado un poco con el cachondeo de mis amigas y


fue entonces que consideré que darle una probadita a Javier podría ser
divertido como travesura.

- ¿qué es eso? - pregunté con malicia pero fingiendo inocencia, mientras


señalaba el bulto en su pantalón

- eeehhh... ¿esto? es... eh, bueno... es que así se hace el pantalón - dijo
notablemente apenado

- No es el pantalón, se te paró el pito, ¿te excitó que me sentara en tus


piernas?

Javier no sabía que contestar

- Oye, ¿me puedo sentar en él tantito? es solo curiosidad - Obtuve un sí apenas


audible, incrédulo

Así que me acomodé para depositarle mi redondo trasero encima de su


entrepierna y pude sentir su erección.

Dejó escapar un - ahhh - de satisfacción cuando dejé caer todo mi peso en él,
pero seguía paralizado

- ¿cómo es posible que sea tan tímido? ¿será que aún es virgen? - Pensé
verdaderamente sorprendida

Y entonces comencé a frotar mi trasero en su pene pero todo lo que logré


conseguir es que empujara su cadera para encontrarse con la mía. Fui yo la
que tuvo que tomar sus manos y llevarlas a mis carnosas copas por debajo del
crop top.

- Se siente rico, está duro ¿a ti te gusta?

- Ajá, mucho, me gusta mucho - en tono como de quien estuviera aguantando


dolor

- Oye, me gustaría que lo frotaras en mi vagina, por arriba de mi ropa interior


¿quieres?
- Ssssi, si quiero

- Espera, vamos a acomodarnos mejor - le dije mientras me inclinaba contra el


asiento trasero.

- Creo que es mejor si te bajas el pantalón - tuve que indicar, porque él seguía
atónito

Levanté mi minifalda que me quedó como cinturón, Tomé su pulsante erección


y la puse en medio de mis piernas para que frotara mi clítoris por encima de la
delgada panty.

Javier al fin pareció tomar control de sí mismo y sujetándome por las caderas
comenzó a moverse como si me estuviera penetrando. Luego de algunos
minutos de apretujar mis voluminosas, jóvenes y firmes nalgas, eyaculó
embarrándome las piernas y los asientos de piel de la camioneta.

Esa noche fue la única vez que hicimos travesuras. Luego de eso todo regresó a
lo de siempre, ambos a nuestros estudios y él con sus amigos raros.

No pasó mucho tiempo para que yo recibiera en mi whatsapp la dirección de la


casa de Javier.

Durante la semana chateamos para ponernos al tanto y nos contamos lo que


hacíamos, que estábamos casados, ambos sin hijos aún, etc., etc.

Yo estuve todos esos días acariciando la idea en mi mente de que Javier podría
ser el corneador que mi esposo y yo estábamos buscando.

Serio, controlado, estable, con un matrimonio que cuidad por lo que habría
pocas probabilidades de dramas o celos.

Pero ¿cómo estar segura? ¿sería buena idea consultarlo con mi marido? ¿o
consultarlo con Javier primero?

Y al final decidí que su fiesta de cumpleaños sería el momento y el lugar para


hacer la prueba y sondear a Javier.

Así que consideré desde un coqueteo leve hasta seducción total, a ver cómo se
daban las cosas.

El día de la fiesta llegó y mi marido y yo salimos temprano para estar


puntuales.

Yo llevaba un mini tight dress no muy corto, pero sí muy ajustado.


Definitivamente no era lo mismo que la minifalda de hace 20 años pero
seguramente a Javier le iba a encantar. Al menos a mi marido se le hizo agua
la boca.

Al llegar ya había muchísima gente, supongo que la mayoría compañeros de su


trabajo. La casa era muy grande, y tenía un patio enorme donde habían puesto
mesas para los invitados y un espacio en el centro como pista de baile.
- Wow, eso de analizar riesgos si que paga muy bien - Pensé

Cuando nos recibieron, Javier nos presentó con su esposa.

Una mujer de nuestra edad, muy guapa, rubia, muy delgada y bajita con ojos
color entre azul y gris.

Muy seria pero amable.

Javier ya me había anticipado que era muy conservadora, y pensé: tal para
cual...

Comimos, bebimos, charlamos y bailamos.

Mi marido que es muy sociable inmediatamente acaparó la plática de los


caballeros con sus historias, unas reales y otras inventadas.

Por la cara que tenían todos se podría haber pensado que estaban a punto de
ser convencidos de algo y pensé: mi marido y su alma de vendedor hasta
cuando no está trabajando.

De hecho creo que hasta estaba haciendo contactos para negocios, lo cual iba a
ser muy bueno para mí porque así iba a tener más margen de acción con el
cumpleañero.

Que por cierto, el cumpleañero no perdía oportunidad de mirarme las piernas,


que ya sentada y gracias al vestidito que se me subía demasiado, eran el
deleite visual de muchos en la fiesta.

- ¿es mi imaginación o trae una erección? - Pensé cuando lo ví pasar por


enésima vez por enfrente de mi mesa para verme las piernas.

Estuve atenta y cuando noté que la esposa de Javier se entretuvo con unos
invitados, vi mi oportunidad y me acerqué a él para preguntarle dónde estaba
el sanitario

- Hay uno arriba, al final del pasillo luego de las escaleras, dando la vuelta
por.....

- ¿me acompañas? - interrumpí con una sonrisita coqueta

Extrañado por la solicitud aceptó y subimos.

Ya estando a solas le revelé mi plan

- No quiero ir al sanitario, quiero darte tu regalo, pero no hay que perder


tiempo, tú dime donde

- ¿mi... regalo? - Preguntó mientras el muy torpe me veía las manos vacías

- Si, tu regalo, algo que quedó pendiente hace como veinte años

Y entonces vino la epifanía, recordó aquello y supo a lo que yo me refería.


- ¿entonces cumpleañero? ¿dónde? - Insistí

Titubeó demasiado, como si no conociera su propia casa, y entonces sugerí que


en su recámara.... si, justo ahí donde duerme con su abnegada esposa

A falta de imaginación y con la premura encima, aceptó.

Tan pronto estuvimos ahí, nos lanzamos el uno al otro para darnos un faje
furioso, en el que recorrió mis curveadas formas estrujando con fuerza ahí
donde había más carne, carne firme, bien formada y abundante, en contraste
con su delgada y grácil esposa que apenas y tenía atributos.

Nuestras lenguas se enredaron en una danza erótica donde la suya entraba y


salía de mi boca simulando lo que Javier seguramente ya estaba queriendo
consumar.

Creo que sería buena idea que cerraras la puerta - sugerí

Cerró la puerta y puso el seguro, no sin antes asomarse para asegurarse de


que nadie estuviera por ahí.

Al voltear yo ya estaba puesta en cuatro en su cama, con el vestido levantado


hasta la cintura

- Feliz cumpleaños - dije y pase mi lengua por mis labios

Javier se acercó, se bajó el pantalon y liberó la erección que yo ya había visto y


que clamaba por alivio

Yo hice a un lado mi cachetero de encaje y me empiné totalmente, con los


brazos extendidos para poder afianzarme a la cama y resistir el embate que
estaba por venir.

Sentí su pene abriéndose paso en mi vagina, y como si la experiencia que


vivimos en la universidad siguiera fresca en su mente, comenzó a estrujarme
las nalgas igual que aquel día, con la sustancial diferencia de que su pene ahora
gozaba adentro de mi, y no entre mis piernas.

Javier alcanzó mi largo cabello y lo jalaba con cada estocada que me daba.

Yo hubiera querido gemir y gritarle que me partiera por la mitad, pero la


verdad es que no quería arruinarles la fiesta a los demás.

- ¿te gusta tu regalo? Te regalo mis nalgas, úsalas cuando quieras - dije bajito

- Si, me gusta mi regalo, me gusta mucho, estás bien rica

- No te reprimas.... dime lo que quieras - dije sin imaginar lo que esa


sugerencia iba a provocar

- Que delicia de culo tienes mami, me encanta tu culote gordo, ¿te gusta cómo
te la meto? ¿le vas a decir a tu maridito que te partieron el culo y te gustó?
Estaba tan sorprendida y emocionada con el cambio de Javier, que no contesté
nada pero eché las nalgas para atrás con más fuerza dejándole saber que
todavía podía recibir más fuerte

Entonces me empezó a coger muy fuerte, el ruido de su cadera chocando con


mi trasero ya sonaba muy alto y supliqué a las fuerzas que gobiernan todo lo
erótico y sensual que nadie fuera a escuchar, que nadie fuera a subir, y que me
fuera concedido sacar al verdadero hombre que Javier tenía dentro y que había
estado encerrado en un cascarón de santurronería por tantos años.

Mi esposo quería un corneador para mí que me hiciera lo que me estaban


haciendo en ese momento, y era una lástima que no estuviera ahí para ver lo
que tantas veces habíamos imaginado mientras hacíamos el amor.

- Volteate, ahora te quiero coger de misionero - dijo un Javier ya más seguro,


con una incipiente autoridad

Obedecí y de inmediato lo tuve entre las piernas, su pene duro penetrándome


con furia.

Javier intentó quitar dos botones en mi escote para llegar a mis tetas, pero solo
eran de adorno, así que bajé los tirantes del vestido, mostrándole el bonito
brassiere de encaje que hacía juego con el cachetero del cual seguro ya ni se
acordaba.

- ¿también éstas son mías? - y chupeteó tan fuerte que temí que me fuera a
dejar una marca en las tetas

- toda yo soy tuya - dije con voz entrecortada porque justo en ese momento
me embistió fuertísimo

- Estas tetotas son mías, y las voy a usar cuando me de la gana

- Si mi vida, cuando te de la gana. Si tu esposa no se deja me hablas y yo te


doy las nalgas, las tetas, lo que quieras

Y entonces penetró, beso, chupó, manoseó, estrujó, con fuerza, con deseo
reprimido por años.

- Móntame pero dándome la espalda - Dijo ahora sí ordenando

Entonces lo cabalgué segura de lo bien que se debió haber visto mi cabello


negro largo cayendo por mi delgada espalda casi hasta llegar a mis generosas
nalgas enfundadas en el cachetero negro de encaje.

Subí, bajé, me moví en círculos, me quedé quieta un instante, volví a subir y a


bajar y sentía como me corneaba aún con furia, e imaginé que toda esa fuerza
y energía estuvieron contenidas desde el día que lo dejé con las ganas de
cogerme.

- Cógeme, soy para ti, cógete estas nalgotas que son para ti
- ay, me vengoooo - exclamó en voz alta y yo solo cerré los ojos segura de que
ahora sí nos habían escuchado

Pero no, nadie escuchó porque nadie subió, el bullicio abajo seguía igual.

Me levanté y todo el semen salió de mi, bañando el regazo de Javier, que yacía
en su cama sin fuerzas.

Me acomodé toda la ropa de nuevo y en su espejo tomé un cepillo de su esposa


y me peiné.

Pensé: me acabo de coger a su marido, sería ridículo que me diera cargo de


conciencia usar el cepillo de la señora.

- Voy a bajar yo primero, tú quédate aquí un rato más. Si alguien pregunta yo


vine al sanitario y tu a recostarte porque te duele la cabeza - Prescribí y salí de
inmediato.

- ¿dónde estabas mujer? - Preguntó mi marido tan pronto como me vio

- Salí a fumar con Javier a la calle para poder platicar un rato, ¿no me viste
salir?

- No te vi ni salir ni entrar. ¿dónde está él?

- No sé, dijo que le dolía la cabeza y se metió ¿me preparas algo de beber mi
vida?

Todavía nos quedamos un rato en la casa platicando con otras parejas, de


verdad qué bien que había tanta gente en la casa, perfecto para portarse mal a
escondidas.

De regreso en el auto mi marido me contó de todo lo que platicó y de los


negocios que aprovechó para hacer y bla bla bla.

Yo solo le daba por su lado con frases como:

- ¿de verdad? que bien

- ajá

- ¡qué interesante!

Pero en realidad me urgía llegar a casa a asearme porque ya se me venía


saliendo el poco semen que Javier me había dejado adentro. Además venía
tratando de justificar lo que acababa de hacer.

- ¿terminar lo que había empezado hace veinte años?

- ¿prueba piloto para lo que mi esposo de todas maneras quería?


- ¿pecado mortal? me cogí a un hombre casado en su tálamo nupcial. Ahí
donde ha amado y deseado a su compañera.... ¿ahí donde quizá por lo menos
una vez fantaseó con terminar lo que iniciamos hace veinte años?

Aparte de eso, una cosa era segura, para mi cumpleaños el regalo tendría que
ser excepcional.

hola lectores, me presentare diciendo que soy un hombre, Me llamo David, soy
normal nacido en el 67, de Vizcaya (España) casado y fisicamente normal, del
monton, como se suele decir. Me gusta las mujeres muy maduras,
aproximadamente de 60 años para arriba. No de ahora si no de siempre. 

Esto que os voy a contar me paso hace tiempo. Es algo que llevo dentro y
desde hace tiempo tengo ganas de contarlo. Tenia 30 años cuando me paso, mi
suegra por aquel estonces tenia 58. Mi mujer y yo llevabamos dos años
casados, todo normal en mi matrimonio, en todos los aspectos hasta los
ultimos meses, nuestras relaciones sexuales no era igual. Mi mujer ascendio en
la empresa que trabaja y estaba metida en la oficina desde la mañana hasta
noche. Llegaba a casa  siempre cansada, se duchaba comia algo y a la cama,
Asi un dia tras otro, incluso casi todos los fines de semana. Los escasos fines de
semana que no trabajaba comiamos en casa de sus padres.

Mi suegra era una mujer que siempre estaba preparada tanto en casa como en
la calle. Fisicamente era de media estatura buenas tetas 110 y un culo que no
estaba nada mal. 

Mi historia empieza cuando los dias que comiamos en casa de los suegros y por
mi falta de sexo empece a mirar a mi suegra de otra manera. Ella siempre a
sido cariñosa, amable educada y de buen humor. Despues de comer mi suegro
siempre tenia la costumbre de salir a dar un paseo y no regresaba a casa hasta
entrar la noche. En la sobremesa nos quedabamos los tres solos y  teniamos
tertulias que se estiraban durantes horas, hablabamos de todo incluso algunas
veces tocabamos en tema del sexo. Por lo que contaba mi suegra se quejaba
que su marido le hacia poco caso y ella hechaba de menos en momentos
puntuales.  Empece a mirarla y sobre todo se me iban los ojos a sus tetas, no
dejaba de mirarlas, mi suegra se dio cuenta que me se las miraba mucho pero
no decia nada. Era un mes de Julio, esa tarde mi mujer supuestamente tenia la
tarde libre y como siempre quedamos para comer con sus padres. LLego la
hora de comer y sono el telefono.

- Ha llamado la niña y que no viene a comer, le ha surjudo un imprevisto en el


trabajo y que llegara tarde.

Ese dia hacia calor, comimos y mi suegro como siempre se fue a dar su paseo y
mi suegra y yo nos quedamos charlando. 

- que calor me voy a dar una ducha a ver si se me quita este calor que tengo
encima

- yo le dije bien y mientras te ducha me voy a poner algo fresco para estar en
casa.
Me puse una camiseta y un pantalon corto.Mientras me cambiaba me
imaginaba a mi suegra en la ducha llena de jabon y eso me ponia muy caliente,
tenia una ereccion que con el pantalon corto, se notaba. Salio mi suegra de la
ducha con una bata fresca y fina. Me quede embodado al verla salir, no llebaba
sujetador,y se le transparntaba un poc las aureolas y los pezones. Fue en lo
primero que me fije.

- Quieres tomar un cafe

- si

-Pues vamos a la cocina y te lo preparo

Mientras me preparaba el cafe no dejaba de mirarselas, mi suegra me miraba


muy callada

Tomando el cafe...

- David que te pasa?

- Nada, por?

- llevo dias observandote y veo que tus ojos se te van a mis tetas

-Perdona suegra sera un acto de reflejo

- No me lo creo, tu y mi hija practicais el sexo

- Si, pero.. cada vez menos. ya sabe tu hija con el trabajo llega tarde y
cansada. Ultimamente poco o mejor dicho muy poco 

- Ya, tu mujer sale a su padre en el sexo. son frios.

 Nos reimos

- Y por eso te fijas en mis tetas?

- perdona, no volvera a ocurrir

- pues me las a vuelto a mirar, tanto te gustan?

- pues si 

- te gustan las tetas de una mujer mucho mas mayor que tu?

- Perdona suegra, pero me tienen loco ultimamente

Mis ojos no dejaba de mirar esas tetas que estaban escondidas debajo de esa
bata

- esta noche cuando llegue mi hija a vuestra casa habla con ella y le das un
buen revolcon ya veras como se te pasa la fiebre de mis tetas
- no creo 

hasta que mi suegra me sorprende abre su bata y me deja ver esas tetas tan
deseadas

- que tienen estas tetas que tanto te gusta, si las de mi hija estan mas duras y
no tan caidas

me quede con la boca abierta

- David levantate y ven hacia aqui

Me dirigi hacia mi suegra

-menuda ereccion se te nota debajo de esos pantalones.

Me acerque a mi suegra que estaba sentada y me quede de pie delante de ella


sin dejar de mirarselas. Me bajo el pantalon poco a poco y mi polla salto como
un resolte. Se quedo mirandola 

- Hace tiempo que no veia una polla tan cerca de mi

La agarro y empezo a pajearme. Yo no dejaba de mirar esas tetas. 

-Puedes cogermalas y jugr con ellas

Las agarre con todas mis ganas mientras ella seguia pajeandome cada vez mas
rapido. No dejaba de magrearselas y ella me miraba la polla y se relamia los
labios

- No puedo mas me voy a correr

- Siiiii correte en mis tetas

y comence a soltar semen como nunca 

- bueno que tal te has quedad David?

- Ya no me acordaba de esto

- Dejemoslo asi, que tu suegro esta a punto de venir y no da tiempo a mas.


Esto espero que no salga de aqui

- No te preocupes 

- Ya estaremos otro dia solos y terminamos lo de hoy.

- Con mucho gusto suegra

       espero que os haya gustado. Lo que surgio otros dias ya os lo contare. 


Me quede en la cocina y no lo podía creer. Mi suegra se fue otra vez a la ducha
a quitarse ese líquido espeso que salió de mi pene. Cuando volvió a la cocina
nos miramos con ojos de estar bastante avergonzados. Ella se arregló como
siempre suele estar en casa, coqueta. Mi suegro al momento entro por la
puerta de casa, nos saludó, y se marchó a su dormitorio a cambiarse de ropa.
En ese momento le dije a mi suegra que debía marcharme a casa que era
tarde.

Cuando llegue a casa no podía dejar  de pensar en esas tetas y la paja que me
regaló. No tuve más remedio que irme al baño y volver a masturbarme
pensando en sus tetas.

Pasados unos días mi suegra se presento en mi casa

  +    ¡Hola, vaya sorpresa!

Ella entro sin decir nada. Lleva un vestido ajustado marcando su figura rellenita
y por su puesto sus tetas que querían salir de su vestido. Quedaba poco para la
hora de la comida y le invité a que se quedara.

  +     Si, me quedo, tu suegro se ha ido de comida con los amigos y estaba


aburrida en casa.

Estuvimos en la cocina charlando y por supuesto sacamos el tema.

 -        Espera un poco suegra, dejemos eso para después de comer si te


parece. 

 +      Muy bien, ¿y la niña trabajando?

-         Ya sabes, como siempre

Después de comer preparé café y nos fuimos a la sala a tomarlo. Se sentó


frente a mí con las piernas cruzadas, su vestido tan ajustado dejaba de ver suS
musloS y eso me ponía nervioso.

-        Suegra, lo que paso en tu casa, quería pedirte perdón.

+     Este va a ser nuestro secreto David. Sé que tú y mi hija tenéis poco sexo,
y yo menos que vosotros.

Mi suegra se levanto y se sentó a mi lado.

 +    Son cosas que pueden pasar, tú y yo no somos de piedra. Estoy cansada
de masturbarme, tu suegro en la cama no me hace caso, necesito algo más y
me imagino que tú también.

Mientras hablábamos me puso una mano en mi muslo y comenzó a deslizarla


de abajo arriba varias veces.

Mi polla empezó a reaccionar, ella con sus caricias cada vez se acercaba más a
mi bulto.
-       Suegra cuidado con esa mano, que como has dicho no somos de piedra.

+     Ya lo sé, y me he fijado en tu cosa que ha empezado a crecer

Me cogió la polla en ese momento y la estrujaba con sus ganas. Me tire encima
de mi suegra y la comencé a besarla y coger sus tetas por encima de su
vestido. Poco a poco comenzamos a desnudarnos seguíamos metiéndonos
manos. Nos pusimos de pies y  nos quedamos totalmente desnudos. Mire a mi
suegra desnuda, mire esas tetas y mire su coño con pelos y arregladito. Ella se
sentó y me acercó hacia ella, me cogió la polla…

+      Cuanto tiempo soñando con este momento. Hacía tiempo que no me
comía una polla.

Comenzó a pasar su lengua por mi capullo, luego por la polla y mis huevos. Su
lengua la notaba caliente. Poco a poco comenzó a tragársela entera

-        Joder suegra que bien comes la polla, para que me voy a correr.

Paró y se tumbo en el sofá bien abierta de pierna y tocándose su coño…

 +      Comete el coño de esta madura que está a punto de reventar.

-        Te voy a comer el coño como nadie te lo ha comido.

 +      Siiii, quiero correrme en tu boca

Le comí el coño y comenzó a correrse en mi boca

 +      Me corro, siiii, me corro, sigue, sigue

Tuvo un orgasmo largo. Y con una sonrisa…

 +      Ha sido increíble, ahora ven y fóllame.

Me tumbe encima de ella, le comí esos pezones todas las tetas, las agarraba
como si fueran las ultimas. Cogí mi rabo y apunte hacia su coño, si la meti de
una vez. Comence a follarmela.

-      ¿Te gusta cómo te follo suegra?

+     Si, si, me gusta, sigue que voy a volver a correr. Ahhhh, me corro, joder
que gusto, metela toda, toda. Que rico cuando te vayas a correr quiero
tragarme toda tu semen.

-       Si suegra, estoy a punto. Me voy a correr, toma, toma, agarrala y trágate
todo. Que gusto suegra follas mejor que tu hija.

Después de la follada nos vestimos, los dos con cara de gusto. Prepare otro
café nos pusimos a ver la tele durante un rato. De vez en cuando nos miramos,
hablamos poco hasta que llego el momento y nos despedimos.

+     Es hora de irse David.


-     ¿No esperas a que venga tu hija?

+     Ya sabes que mi hija sabe a la hora que sale de casa, pero no a la que
entra.

-       Muy bien

Antes de salir de casa me dio dos besos en la cara

+      Me lo he pasado muy bien

-        Yo también suegra, hasta mañana.

Estuvimos durante una temporada viéndonos a solas, hasta que termino y


dejamos de tener sexo.

Eso es todo queridos lectores.

Si alguien quiere más detalles escríbanme a mi correo, contestaré con mucho


gusto.

Como he dicho en mi primer relato, “ME ENCANTAN LAS MUJERES MADURAS”

Aquella mañana había sido bastante movida. Al ir ascendiendo por aquella


impresionante escalera de estilo rococó hacia el primer piso de aquel lujoso
hotel de cualquier famosa ciudad, a Ciriaco, el recepcionista del hotel, se le veía
más sereno de lo que en realidad podía llegar a estar. Su desdichado y pobre
pene, encerrado en el interior de su ajustado bóxer Calvin Klein, se estremecía
y palpitaba a causa de las diabluras llevadas a cabo durante la mañana debajo
del mostrador junto a Rosalía, su joven compañera en la recepción.

Ciriaco sacudió la cabeza a un lado y al otro con fuerza y se dijo a sí mismo que
era un tonto de capirote. ¿Pero qué diablos le estaba ocurriendo? Le complacía
la frecuencia y la variedad en las relaciones sexuales, y adoraba a cualquier
fémina lozana con la que se le presentara la oportunidad de acostarse, pero
habitualmente no se lanzaba al vacío como si fuera un vulgar adolescente.
Sobre todo si tenía la certeza de que iba a quedar insatisfecho.

Sucedía sin embargo, que su compañera Rosalía lo volvía completamente loco


haciéndole perder la razón sin remedio. Había algo en aquella muchacha, no
podía precisar exactamente el qué, algo poco común en otras mujeres, que
lograba perturbarle intensamente. No se trataba simplemente de una respuesta
puramente erótica, ni tan solo que su polla se agitara por el sexo y el deseo
hacia ella junto a toda aquella memorable feminidad que lo acompañaba.
Aunque debía reconocer que sus redondos pechos, sus rotundas nalgas y aquel
par de estilizadas piernas resultaban tremendamente sensuales para cualquier
mortal. Cualquier miembro de aquel hotel, fuese hombre o mujer, se sentía
irremediablemente atraído por la curvilínea figura de la guapa recepcionista.
Los múltiples escarceos de Rosalía con diferentes miembros del hotel e incluso
con algún conocido cliente que les había visitado, tanto hombres como mujeres,
eran bien conocidos por todos ellos pues ella no trataba en modo alguno de
ocultarlos.

No, lo que verdaderamente lo seducía era el espíritu indomable de aquella linda


gatita. Su enérgica repulsa a todo aquello que pudiera desacreditarla, ya fuera
la prepotente actitud machista de Ciriaco –de la que en numerosas ocasiones el
muchacho se avergonzaba- o bien otros elementos como la zorra, engreída y
vanidosa de Valentina. La subdirectora era astuta y malpensada y, dicho sea de
paso, ni la mitad de eficaz en su trabajo que Rosalía. Vicente, el director del
hotel, era aún más incompetente que su arrogante asistente, y no debería estar
al frente ni tan siquiera de una pequeña pensión así que aún menos de un hotel
de cinco estrellas archiconocido en todo el país.

Ciriaco llegó al fin al primer piso y, al tiempo que gozaba de la discreta pero
opulenta decoración pensó que el Hotel Alameda era, sin ningún género de
dudas, uno de los mejores hoteles del país. Los enormes lienzos que colgaban
en las paredes de la galería de la primera planta junto a las antiquísimas
estatuas de bronce y los jarrones de estilo chino deberían tener un valor
incalculable –supuso mientras intentaba menguar su incipiente erección.

Pensó en dirigirse directamente a la suite ocupada por Celia Lúzaro, la famosa


escritora vitoriana y de éxito mundial; sin embargo volvió sobre sus pasos y se
paró ante un cuadro de un autor del siglo XVIII nada célebre. La figura
femenina que aparecía en el lienzo era de cabellos de tonos rojizos, de
pronunciadas curvas bajo aquel vestido de época y de bellos bordados. Una
mujer representativa de la sociedad burguesa de la época y que por alguna
siniestra razón le recordó al instante a Rosalía.

Al imaginar a su estupenda compañera de recepción engalanada con aquel


magnífico vestido de seda, en lugar de con su habitual traje de chaqueta de
color gris marengo, su mano se encaminó al instante hacia su entrepierna en
busca de una leve caricia. Se presionó su miembro por encima de los
pantalones de pinzas, al mismo tiempo que fantaseaba con la imagen de
Rosalía despojándose del vestido y quedándose desnuda ante él. Imaginaba el
roce con su desnudo cuerpo y el perfil redondeado de su delicado trasero,
redondo como un par de manzanas, mientras él se dedicaba a palparlo a
conciencia. Era plenamente consciente de que dicha caricia complacería
enormemente a la muchacha: ciertamente apenas media hora antes su
descarado y audaz magreo sobre sus nalgas habían logrado arrancarle un
sonoro orgasmo.

Mientras seguía acariciando su cada vez más inquieta virilidad, Ciriaco sopesó
la opción de llevar a cabo una necesaria pausa en su habitación. Experimentaba
una profunda incomodidad entre las piernas. Debía resolver un par de cosas
que tenía pendientes, pero una efímera masturbación lograría que sus
pensamientos se relajasen. Pensó en el momento de la placentera descarga,
pero al mismo tiempo imaginó que le resultaría poco o nada gratificante. No
quería correrse con la sola compañía de su imaginación y su mano, sino que
deseaba compartir aquel momento con Rosalía. O en su defecto con cualquier
otra mujer. Volvió a su cabeza la faena que la recepcionista le había encargado
y recordó la penetrante mirada que Celia Lúzaro, la popular novelista cuya
ducha no funcionaba desde hacía veinte minutos, le había regalado el día
anterior.
Ciriaco, eres un sinvergüenza y un bribón –se dijo al dirigir sus pasos hacia la
suite número veintisiete, la cual ocupaba aquella madura mujer en cuyo
sinuoso y apetecible cuerpo reparó desde la primera vez que la vio.

Debía reconocer que se sentía plenamente atraído por aquella dama. Sí señor,
la señora Celia Lúzaro era deliciosamente atractiva para un joven muchacho
como él. Nada más verla llegar al hotel se quedó prendado de su esbelta figura
y de aquellos expresivos ojos verdes que tanta curiosidad le habían inspirado.
Ciriaco sospechó que el aspecto confusamente idealista de aquella mujer, acaso
vendría dictado por su prolífica inspiración a la hora de imaginar historias, pero
por otro lado pensó que seguramente se correspondiese con un problema en la
vista, pues al firmar en el libro de registro del hotel necesitó echar mano de las
gafas que tenía guardadas en el bolso. Luego supo, por boca de la propia
señora Lúzaro, que desde hacía tres años tenía un problema de vista cansada
debido al uso asiduo del ordenador al escribir sus novelas.

Pese a la evidente molestia de Celia Lúzaro con su vista, no le había impedido


obsequiarle con una pronta y encantadora ojeada por debajo de aquel par de
lentes de exquisito diseño italiano que la hacían parecer más joven de lo que
realmente era. Cuando el muchacho le sonrió, ella se sonrojó de manera
encantadora y volvió a tomar del mostrador el bolso de mano de Valentino que
debía haberle costado un buen montón de dinero. Luego cuando le entregó una
suculenta propina y apenas se rozaron sus dedos, volvió a enrojecer
intensamente. Ciriaco se cuestionó sobre qué temas versarían las novelas de
aquella mujer, y en cuanto tuvo ocasión se lo preguntó a Rosalía.

Pues para serte franca, la verdad es que no tengo ni la más remota idea. Nunca
leí ninguno de sus libros.

La información de Claudia, su camarera favorita, le resultó mucho más valiosa.

¡Bah! Menuda bazofia, son unos libros sin el más mínimo interés. A las
jovencitas y las marujonas que no buscan más que sensiblería y cursilería y
nada de follar les encantan. No gastaría ni un euro en uno de ellos.

Ciriaco sonrió abiertamente meditando sobre todas aquellas cosas que la rubita
de Claudia estaría dispuesta a tantear, a succionar y lamer, a manosear y
acoger en aquel soberbio cuerpo.

Llamó a la puerta dos veces con los nudillos y enseguida escuchó ruido en el
interior de la suite. Celia Lúzaro le había dado la sensación de ser una mujer un
tanto inocente pese a ser una persona célebre y haber corrido mucho mundo.
No daba la sensación de estar muy convencida de su feminidad, pese a que
cualquiera la hubiese imaginado como una autora de novela rosa con unos
modales refinadamente femeninos.

Hola –saludó cuando la señora Lúzaro abrió la puerta. Tengo entendido que
tiene un problema con la ducha.

Pues la verdad es que sí –le contestó ella mirándole con cara de sorpresa y una
expresión apocada en el rostro. Necesito darme un baño para relajar los
músculos del cuello que los tengo agarrotados y apenas salen unas gotas…
¿Sería tan amable de arreglarla? Se lo agradecería infinito…
Tras estas palabras en busca de auxilio, entró a la habitación con un frufrú de
seda rosa pálido que balanceaba en torno a sus piernas.

Ciriaco trató de contener la risa mientras la seguía hasta el cuarto de baño.


Pese a la abundancia de invención que se le podía imaginar gracias a su
profesión, Celia había claudicado ante un evidente y recurrente estereotipo: La
idea de la mujer fatal que recibe al fontanero, cubierta con un simple negligé
transparente y zapatillas de bajo tacón. Aquella prenda no daba lugar a que
corriese la imaginación de uno, pues se traslucía todo y además el escote de la
espalda le llegaba hasta el inicio de las nalgas.

El problema radicaba en que las artimañas de aquella madura mujer lograron el


efecto deseado. Ciriaco notó que su libido se aceleraba y que su virilidad se
encabritaba por debajo del pantalón. No tuvo duda de que se había topado con
una nueva admiradora. La vestimenta, los ademanes de la escritora y la
sensual fragancia que la envolvía así lo atestiguaban.

Ciriaco centró su vista en aquel excitante balanceo de las caderas de la señora


Lúzaro bajo aquella ligera prenda y se interrogó sobre las causas que la
llevaban a mostrarse de ese modo tan sumamente explícito. La suavidad de la
tela era de una delicadeza sublime y, si se hubiera encontrado en un casino,
hubiese apostado todo su dinero a que la mujer no llevaba ninguna otra
prenda. Ante aquel pensamiento su miembro se rebeló debajo del pantalón
buscando un mejor acomodo.

Miró disimuladamente a la señora Lúzaro, la cual corrió la puerta de la


mampara a un lado y aparentó un gran interés por la averiada ducha. Ciriaco,
mientras revisaba el mando de la ducha que no parecía sufrir ningún daño,
pensó que Celia Lúzaro poseía una belleza realmente cautivadora. Con su
ondulado cabello, sus modales y su semblante indiferente, no guardaba la más
mínima relación con Rosalía pero poseía un gran atractivo. Celia era delicada y
frágil al mismo tiempo, lo cual la hacía más interesante que aquella estampa
refinada y artificial que pretendía sugerir. Aquella mujer era toda ella ternura,
un ser cándido y sin ningún atisbo de malicia. En ese momento le vinieron a la
cabeza las palabras de Claudia sobre sus empalagosos escritos y reflexionó si
todo aquello se debía a que la señora Lúzaro tenía pensado variar la temática
de sus novelas y pasar a desarrollar unas narraciones de carácter más erótico y
donde el elemento sexual fuera mucho más evidente.

Si fuera tan amable… necesito darme un baño y como verá el mando está
atascado. No funciona ni a un lado ni al otro. –le comentó mientras se acercaba
a él y casi rozó el brazo del muchacho con su seno.

Maniobró con el mando y de pronto sus palabras fueron contradichas, pues


funcionó sin problemas y un brusco golpe de agua les mojó las ropas. La señora
Lúzaro gritó con fuerza y se tapó con ambas manos. Ciriaco cerró bruscamente
el mando sin observar el más mínimo indicio de fallo en la dichosa ducha. Se
encontró con los pantalones y la ropa interior adheridos a la piel, y al mirar
hacia abajo contempló cómo bajo la empapada tela se perfilaba una
escandalosa rigidez. Se hizo con una toalla cercana y se cubrió la zona afectada
sin darle apenas importancia. Aquel inesperado contratiempo no había logrado
tranquilizarle. Más bien al contrario, su turgente virilidad se mostraba orgullosa
y desafiante. Pensó si la escritora se habría percatado de su estado.
Celia observaba detenidamente al joven muchacho. Mostraba los pómulos
encendidos y tenía los labios entreabiertos. Parecía confusa y tenía el cabello
desordenado por el agua que había recibido.

Señora, debería quitarse la ropa mojada no se vaya a constipar –le recomendó


con voz apenas perceptible. Utilizó un tono cargado de erotismo y contenida
sensualidad, que tan provechoso le había resultado en anteriores ocasiones.
Aprovechó para ponerse de costado, a fin de que la erección que tenía no fuese
tan obvia.

¿Cómo dice? Ah sí, claro. ¡Dios mío no me había dado cuenta, estoy empapada!
–contestó la mujer bastante turbada, al tiempo que trataba de desprender la
tela del negligé de sus pechos los cuales se mostraban duros y apetitosos a los
ojos del recepcionista. La cuarentona novelista se mostraba más inquieta por su
propio aspecto que por el de Ciriaco. El muchacho contuvo la respiración ante el
espectáculo que le ofrecían aquel par de pezones que se marcaban bajo la bata.

Ciriaco pensó que aquel era el momento tan deseado, en que la mujer se
despojaba de la molesta bata o en que se arrojaba sobre él entregada entre sus
brazos. Parecía claro que la señora Lúzaro debía haber proyectado algo de eso
o tal vez que ambas ideas habían pasado por su cabeza pero, sin embargo.
llegados a ese momento dio la sensación de querer echarse para atrás. Esbozó
una leve sonrisa y se llevó una mano al húmedo cabello, acariciándolo con
suavidad entre los dedos. Dejó resbalar la mano con inusitada lentitud a través
del cuello, hasta llegar a la altura de uno de los senos. Aquel gesto, en lugar de
resultar cautivador a los ojos del muchacho logró más bien el efecto contrario.
Rió con ganas, con lo cual el rostro de la mujer mostró un rictus de dolor. Se
mordió con fuerza el labio inferior, se mostró colérica y furiosa consigo misma
ante la actitud del muchacho y acabó llorando desconsolada.

¡Por amor de Dios! ¿No seré capaz de hacerlo? –gimoteó apenada. ¿Es que ya
no resulto atractiva y deseable para los hombres? ¡Mierda, no soy capaz de
conquistarle!

Los lamentos de la afligida mujer se hicieron más agudos al igual que el apetito
de Ciriaco. En general se sentía atraído hacia compañeras descaradas y nada
apocadas como lo eran Rosalía, Claudia o la misma Valentina; sin embargo la
sumisión de aquella mujer le resultaba encantadora. Los sollozos de Celia
Lúzaro le provocaban los mayores deseos hacia ella.

La acogió entre sus poderosos brazos y la llevó al dormitorio, cogiendo unas


toallas por el camino. Desplegó la mayor de ellas sobre el amplio lecho y obligó
a la escritora a que se sentara. Con la otra toalla secó con decisión el cabello,
los hombros y la desnuda espalda de la mujer. A causa del desánimo que
mostraba Celia, no le pareció apropiado dirigirse a las zonas más ocultas de
ella. Al menos por el momento. No era capaz de calmar su pasión y el tamaño
de su verga no menguaba un ápice. Apretaba de modo indisimulado por debajo
de la tela del incómodo pantalón, buscando la necesaria liberación. Se colocó de
lado, tratando de esconder la evidente erección a los ojos de aquella hermosa
hembra.

Señora Lúzaro, ¿se encuentra mejor? –le preguntó preocupado, mientras le


restregaba la espalda de forma fingidamente despreocupada. Lo cierto es que
se deleitaba con la convulsa calidez que demostraba la mujer y percibiendo
cómo aquel apetecible cuerpo daba la sensación de estar deseando el roce de
sus acogedoras manos.

Celia parecía furiosa ante su desacierto en sus coqueteos, sin percatarse que el
efecto sobre el muchacho era precisamente el contrario. Ciriaco contuvo a
duras penas la pasión que le embargaba, el arrollador afán por tumbarla sobre
las delicadas sábanas y por arrancar los primeros suspiros de deseo de aquella
adorable mujer.

La verdad es que es realmente ridículo –musitó débilmente al tiempo que


escondía su bello rostro entre las manos. Me creerá una idiota, se mofará de mí
y con toda la razón del mundo.

¿Qué le hace pensar eso? –le contestó aparentemente ofendido.

La toalla se deslizó hasta la cintura de la señora Lúzaro y la calada tela del


negligé acentuaba sus tentadoras formas de un modo delicioso. No pudo evitar
dirigir su vista hacia los senos de la mujer, fijando sus lascivos ojos en aquel
par de pitones que parecían querer traspasar la tela que los cubría.

Desahóguese mujer, ande explíquemelo todo –le rogó y juntó su cuerpo al de


ella, notando la emoción que la dominaba.

Verá… -le miró con aquellos preciosos ojos verdes, lacrimosos e ingenuos.
Supongo que sabrá que escribo novelas…

¿Quién no lo sabe? –respondió tratando de ser cortés.

Siempre me he dedicado a escribir novela rosa. Novelas bobaliconas y


simplonas en las que todo acaba al acceder a la alcoba, cuando la cosa se pone
más interesante –sonrió de forma nerviosa. Imagino que para usted serán de lo
más desesperante.

Por lo que he oído decir muchos de sus libros son grandes ventas –contestó
Ciriaco intentando animarla.

Es cierto, pero ya sabe… todo son modas. La gente se acaba cansando de


siempre lo mismo. Hay que actualizarse o morir. Hay que darle al público
aquello que reclama. Lo que hoy es válido, mañana ya no lo es tanto así que las
ventas han caído en picado y, claro, mi editor desea relatos más explícitos, con
mucha más acción. ¿me sigue, verdad?

El hombre admitió con la cabeza, no era muy difícil imaginar la clase de acción
a la que se refería la señora Lúzaro.

Pues bien, puedo jurarle que he procurado imaginar las más tórridas escenas
de sexo, pero lamentablemente resultan poco o nada creíbles. Mi editor me
reprocha que me falta creer en mis textos, que carezco de imaginación y
fantasía en mis escritos… Y lo peor de todo es que es cierto.

Celia dejó de hablar y el muchacho trató de aguantar la respiración. Sin duda


era una dama terriblemente bonita para cualquier hombre, no debía de carecer
de historias para contar.
¡Es imposible que mis relatos les resulten creíbles a los lectores si nunca he
gozado de ningún tipo de experiencia sexual! Seguramente no me creerá, pero
lamentablemente así es.

Ciriaco no supo cómo actuar para rebajar la desgracia de la mujer. Estaba


excitado pero al mismo tiempo aturdido y desconcertado ante la confesión de
aquella mujer. Siendo tan apetecible y deseable, ¿cómo demonios era posible
que estuviera falta de un hombre o un amante que la cortejara?

La verdad es que tuve un novio hace años, ya ni me acuerdo… -sonrió de


manera forzada. Sin embargo falleció y la verdad es que su recuerdo nunca me
abandonó. Al cabo de cierto tiempo, arrinconé por completo la idea de estar
con un hombre. Me dediqué a escribir como una vía de escape, quería huir de
mis tristes recuerdos. Las novelas eran mi forma de evadirme del mundo que
me rodeaba. Una vida tontamente desperdiciada, ¿no le parece?

No estoy de acuerdo con usted –protestó con firmeza. Trato de entender su


situación y sus sentimientos, pero no concibo cómo los hombres con los que se
relacionaba dejaron que llevara ese tipo de vida.

La señora Lúzaro fijó sus ojos en los del muchacho, tratando de imaginar los
recónditos pensamientos que invadían la mente del guapo recepcionista.

Señora Lúzaro, debo de reconocer que usted aún es una mujer muy
interesante. Estoy seguro que resultará terriblemente tentadora para cualquier
hombre –aseveró con rotundidad mientras tomaba la toalla de las manos de la
escritora. Creo que es una pena que se encuentre sola sin un hombre que le
haga compañía…

¿Realmente cree que aún soy atractiva? –preguntó la mujer con voz
temblorosa.

Señora, no sólo lo creo sino que lo puedo asegurar con plena convicción.

Tras estas palabras, Ciriaco dejó la toalla sobre la mesilla de noche y se echó
sobre la sometida mujer, al tiempo que unía sus deseosos labios a los de ella
besándola con toda la ternura de que fue capaz. Notó cómo suspiraba,
completamente entregada a él y disfrutó de aquella boca fresca y jadeante.
Presionó con su lengua contra los trémulos labios de la señora Lúzaro y
finalmente advirtió cómo éstos se abrían, acogiendo con gran placer la lengua
que le ofrecía.

Aquella deliciosa boquita se confió a sus caricias sin dar muestras de disgusto
y, mientras el muchacho degustaba, mordisqueaba con deleite y empezaba a
reconocer aquellos dulces labios, sus ardientes cuerpos se fueron juntando más
y más.

Cuando Ciriaco la estrechó finalmente entre sus poderosos brazos, la


complacida dama jadeó levemente. Se mostraba agradecida por el inmenso
placer que aquel joven muchacho le entregaba. ¡Hacía tanto tiempo que no se
encontraba abrazada a un hombre como aquel! Su cuerpo ardía, temblaba de
deseo por que la hiciera suya.
El joven se separó unos breves instantes de ella, le quitó las gafas que cubrían
sus preciosos ojos y contempló el bello rostro de la agradecida mujer. Ella
abandonó la cabeza sobre el hombro de él, parecía esperar el siguiente paso
del muchacho.

Querida, ¿te apetece que te muestre algo sobre lo que puedas escribir una
buena novela? –empezó a tutearla para así romper el hielo entre ambos.

La encantadora mujer no contestó, tan solo acarició con suavidad el cabello


mojado del joven y le apremió a que volviera a besarla.

CAPÍTULO II

Mientras sus húmedas bocas luchaban a brazo partido en un combate en el que


no parecía haber un claro vencedor, Ciriaco notó la agradable caricia de la
señora Lúzaro. Aquella recatada dama de momentos antes, trataba
desesperadamente de devorar aquel apetitoso bocado que hacía largo tiempo
que no había saboreado. El problema estaba en que no sabía cómo gozarlo,
corría demasiado como si fuera una carrera de la que debiese salir triunfadora.
La falta de costumbre hacía que no tomase las pertinentes pausas y los
descansos adecuados en toda relación amorosa.

Las rotundas caderas de Celia se agitaban sin descanso y su nervioso pubis se


restregaba contra el de su amante. Aquello se había convertido en un
verdadero acoso y derribo en el que él era el muro a derribar. Debía parar
aquella avalancha de caricias o acabaría con su débil resistencia antes de
tiempo. Pese a su dilatada experiencia, aquella enloquecida mujer le estaba
superando con creces. La verdad es que le sorprendía gratamente el
tratamiento que le dispensaba. Además, debía considerarse que llevaba
acumulada la irritación que le había ocasionado su anterior contacto con
Rosalía.

Trató de zafarse de modo infructuoso, pues sólo logró que Celia acrecentara
sus ánimos. Así es, la mujer se agarró a él sin dejarle escapar, gemía sin parar
respirando con dificultad. Su alborotado pecho se estremecía, el revuelto
cabello le caía por la cara, sus poderosos muslos no cejaban en estrujarle
contra ella, no se detenía ni por un segundo en el roce de su pelvis contra la de
Ciriaco. El muchacho notaba la presión de los erguidos pezones de la señora
Lúzaro contra su pecho y cómo el cuerpo de aquella hembra irradiaba deseo a
través de todos los poros de su piel. De la desamparada escritora que había
conocido se había transformado, como por arte de magia, en una auténtica loba
en celo.

Por favor, te necesito. Ámame, hazme tuya –sollozó mimosamente, en el


momento en que notó cómo Ciriaco separaba sus labios de su ávida boca y le
acariciaba el mentón con sus dedos.

El bello rostro de la señora Lúzaro estaba encendido por el deseo que la


dominaba. Celia se aferró a él con desesperación, como si no quisiera dejarlo
perder. Se sentía dichosa y segura, al lado de aquel guapo muchacho que la
providencia le había entregado para que disfrutase de él.
Tranquila mi niña, no corras… no hay ninguna prisa –afirmó con seguridad.
Tenemos todo el tiempo del mundo. Déjate llevar cariño… confía en mí. Eres
una mujer exquisita y sólo deseo hacerte feliz.

El cuerpo de Celia vibró impaciente y Ciriaco dudó por un instante de sus dotes
de seducción que tan buenos dividendos le habían dado en el pasado. Sin
embargo, la mujer ronroneó mostrándose plenamente dichosa y en ese mismo
momento él supo que tenía la batalla ganada. Aquella encantadora hembra ya
no sería capaz de negarle nada.

Como verás no te he engañado –sonrió tímidamente. Ya casi no recuerdo cómo


comportarme, cómo dar placer a un hombre… ayúdame, por favor.

Mi amor, haré que recuerdes enseguida cómo gozar –le susurró al oído,
pasando a mordisquear con deliciosa dedicación el cuello de la escritora y de
ahí trasladó sus caricias a la nuca, para finalizar lamiendo el lóbulo de la oreja
de la señora Lúzaro la cual sintió escalofríos de placer gracias a aquella
exquisita caricia.

Fue bajando con premiosa lentitud por el cuello de la mujer, recreándose en


cada punto de la anatomía de ella. Al llegar al agitado pecho, Ciriaco se topó
con la molesta tela de la bata que cubría aquel par de tesoros y, al tiempo que
besaba su sudorosa piel, aprovechó para soltar el cinturón que enlazaba el talle
de la mujer. Los pechos de Celia se mostraron a la vista del muchacho, el cual
los admiró con mirada libidinosa. No pudo menos que humedecerse los resecos
labios con la lengua, imaginando el festín que iba a darse. Los senos de la
escritora eran redondos como un par de manzanas y se hallaban rematados por
dos pezones oscuros y deseosos de ser acariciados.

Ciriaco estaba seguro que debían de ser fácilmente excitables y sus sospechas
se confirmaron en el momento en que jugueteó con uno de los alterados
pezones, rozándolo apenas con sus dedos. La madura mujer tembló de placer
sollozando ruidosamente.

El joven se excitó aún más, gracias a la respuesta de Celia a su caricia. Jamás


había gozado de una hembra que respondiera de modo tan apasionado a un
contacto tan aparentemente inocente. Aquellos pequeños pechos guardaban
secretos que el apuesto recepcionista estaba dispuesto a descubrir. Se propuso
llevar a la mujer al clímax con la simple caricia sobre aquel par de deliciosos
pechos. La provocaría hasta hacer que reventara de placer, aquella mujer era
un regalo de los dioses a la que había que tratar con sumo cuidado. Debía ser
cuidadoso y tratarla con cautela, hasta lograr arrancarle alaridos de deseo.
Estaba convencido que la recompensa valdría muy mucho la pena.

La verga le dolía horrores bajo el pantalón, pero se propuso olvidarse de ella


por el momento. Debía dedicarse con plena atención al cuerpo de aquella linda
mujer. Debía descubrir todos los puntos sensibles de ella, para así conseguir su
propia satisfacción en el cuerpo de esa espléndida dama y, dependía de su
pericia mantener un ritmo sosegado y pausado.

La señora Lúzaro, en un breve instante de lucidez, disfrutó del bello rostro del
muchacho y pensó en qué deliciosa locura la había hecho llegar a ese punto sin
retorno. Ya no había una posible marcha atrás. Estaba segura que iba a
entregarse a él sin reservas. Suspiraba por que la hiciera suya, rendirse por
completo a ese atractivo hombre.

La verdad es que era un completo extraño para ella, tan solo conocía su
nombre cuando escuchó a la recepcionista llamarle. Ciriaco era un bonito
nombre, le gustaba. Aquel muchacho no tenía un puesto concreto en aquel
lujoso hotel, era como un comodín, servía un poco para todo. ¡La maldita
polivalencia que tanto se demandaba en aquellos tiempos! Desempeñaba las
labores de admisión de los clientes, se encargaba del equipaje del cliente así
como del mantenimiento del hotel. Y allí se encontraba ella, sudorosa y
abrazada a él, dejándose mimar entre sus fornidos brazos. ¡Dios, hacía mil
años que no se sentía tan afortunada! Aquel muchacho era como un soplo de
aire fresco en su desdichada y tediosa vida.

Los pezones de la señora Lúzaro eran fácilmente excitables si se sabía cómo


tratarlos, el caso es que en contadas ocasiones habían sido halagados de un
modo tan delirante y cortés. El joven los pellizcaba sutilmente e iba saltando
del uno al otro, estimulándola de tal modo que logró que ella se retorciera
como una loca pidiéndole que siguiera aún más.

No tardó Celia en percatarse de que ciertas zonas de su espléndida figura se


revolucionaban con mayor facilidad que otras. Sus irresistibles caderas y sus
endurecidos muslos se contoneaban plenamente agradecidos. En el preciso
momento en el que Ciriaco volvió a pellizcarle uno de los pezones, la mujer
experimentó una especie de corriente eléctrica en su clítoris el cual se irguió al
instante. El guapo recepcionista fijó su atención en su encendido botón,
toqueteándolo y lamiéndolo sin cesar hasta que logró que se endureciera.

La mujer, a duras penas podía contener la emoción que sentía. Estando a punto
de bramar gracias al goce que soportaba, Ciriaco la besó voluptuosamente
mezclando su lengua con la de ella. Mezcló su saliva con la de la complacida
dama y ésta fantaseó con la idea de que la húmeda boca del muchacho
circulaba a través de sus inflamados senos y de su necesitada vagina. El
orgasmo se aproximaba a marchas forzadas. No había respiro ni tregua para
los excitados amantes. El cuerpo de la agradecida hembra vibraba de deseo.

La paciencia del muchacho para con ella era infinita, frotó sus duros pechos sin
pausa mientras la besaba con gran delicadeza. Parecía que su sexo y sus
pechos estuvieran en contacto, pues cuanto más agasajaba aquel par de senos
más placer sentía en su vulva. Sus labios vaginales se agitaban de la pasión
que la consumía y su flujo emanaba entre sus piernas igual que si fuera un río
caudaloso. La espaciosa suite olía a sexo, al aroma que desprendía el cuerpo de
la complacida escritora. Sintió vergüenza de sí misma, se sintió igual que una
vulgar ramera entregada a aquel joven macho.

Pese a los turbios pensamientos que inundaban la cabeza de la mujer, el


muchacho no parecía nada molesto. La besaba con más deseo que antes si
cabe, notando como ella disfrutaba con el tratamiento que tan gentilmente le
prodigaba. Sentía como el erecto miembro del joven presionaba contra su
muslo. Se sintió feliz por haber logrado semejante efecto en aquel donjuán, que
tendría a sus pies a todas las mujeres que quisiera. Sin embargo en ese
momento era completamente suyo, no podía estarla engañando, estaba segura
de ello. No tardaría en hacerle el amor.
Cariño, me haces muy feliz –le dijo mientras lloraba de placer.

Ssshhhhh, calla. Sólo disfruta el momento, lo estás haciendo realmente bien –


contestó él secándole los ojos con su mano.

En esos momentos se sentía la mujer más dichosa del mundo. Su sexo


cabalgaba sin descanso en busca de un placer desconocido. Podría haberse
topado con un compañero que sólo buscase su propio placer, en cambio aquel
muchacho la complacía sin reservas, haciéndola conocer terrenos totalmente
ignorados por ella.

Aquellos ardientes labios buscaron con desesperación los pezones de Celia.


Temía aquella caricia, pues intuía que no sería capaz de soportarla. Sabía que
cuando alcanzara su primer orgasmo se volvería loca por completo. La
necesidad de correrse la trastornaba. Esperaba ansiosa el contacto de aquellos
labios, de aquella lengua sobre sus pezones. Celia revolvió entre sus dedos el
cabello del muchacho con enorme cariño, era la forma que tenía de agradecerle
el modo en que la amaba. Notó como un latigazo en su cerebro, al advertir el
leve contacto de la lengua del muchacho contra su pezón.

No pudo soportar por más tiempo aquel sensacional tormento que recorría toda
su anatomía y acabó corriéndose gritando sin parar, expulsando de su cuerpo
toda la tensión acumulada. Aullaba como una fiera, temblaba de pies a cabeza.
Disfrutaba de aquel momento, retorciéndose bajo el cuerpo del muchacho.
¡Hacía tanto tiempo que no sentía algo así! Jadeaba con dificultad y por sus
pómulos resbalaron lágrimas de satisfacción. Celia se contorsionaba
desesperadamente, pero la caricia del joven no cedía. La hambrienta boca de
Ciriaco siguió deleitándose con aquel dulce manjar.

La señora Lúzaro acabó relajándose tras aquella sucesión de espasmos que


recibió su cuerpo. Su bello rostro denotaba la profunda felicidad que la
envolvía. El muchacho la dejó descansar por unos segundos y le apartó un
rebelde mechón de pelo que caía sobre su frente. Aprovechó el leve reposo de
los amantes, para gozar de la imagen entregada de la madura mujer y logró
que Celia anhelase con todas sus fuerzas sentirse suya.

Celia Lúzaro suspiró dulcemente al comprobar el ardor que sentía en sus


entrañas, hacía siglos que no sentía algo así y su corazón latía desbocado
deseoso de que aquella fuerza que recorría su cuerpo no acabara nunca. Aquel
era uno de los mayores placeres que podía dar la vida. La unión perfecta entre
dos seres, la comunión carnal entre dos cuerpos encendidos y deseosos de
placer. Su vagina vibraba de emoción y lujuria por sentir el cuerpo de aquel
joven macho. Aquel seductor recepcionista tenía todo aquello que una mujer
podía desear. Sí señor, era terriblemente atractivo y él lo sabía y se
aprovechaba de ello, tenía unos ojos que enamoraban nada más verle, una
sonrisa con la que lograba encandilar a cualquier mujer que se le pusiera
delante, un cuerpo fibrado y musculoso…

Cariño, al fin te corriste… ¿Qué tal te encuentras? Sólo buscaba tu placer, me


ha encantado ver cómo gozabas.

Ha sido genial –respondió ella, mientras resbalaba una pequeña lágrima de


satisfacción por su cara. Pero… ¿Qué pasa contigo? Yo también quiero que
disfrutes y que te corras conmigo y me entregues toda tu leche. Te deseo
amor, hazme el amor, fóllame por favor, no me hagas sufrir más…

Ciriaco empezó a soltarse el nudo de la corbata y se desabrochó con cierta


urgencia los botones de aquella blanca e impoluta camisa. La mujer consideró
si podría encapricharse de ese muchacho hasta, tal vez, poder enamorarse de
él. No era tan descabellada la idea de poder caer rendida a los pies de aquel
apuesto joven, pues físicamente era realmente bello y por otro lado era un
hombre conocedor de todos los secretos relacionados con el sexo. No tenía
dudas de que sería capaz de hacer el amor con él, de entregarse hasta el final.
Su principal duda radicaba en el terreno de la pasión y del afecto. Estaba
segura que aquella relación sólo supondría para el muchacho una conquista
más, simple y llanamente sexo, nada de amor. Tenía miedo de poder
enamorarse de él y no ser correspondida a su vez por él.

El joven se deshizo finalmente de la camisa y mostró su velludo tórax, ante el


cual la inexperta mujer quedó embobada y sin saber qué hacer. Alargó sus
temblorosos dedos y le acarició el pecho, recorriéndolo de arriba abajo
disfrutando de aquel cuerpo masculino. Una vez le hubo dejado explorar su
musculoso busto, el muchacho le agarró con fuerza las manos y las llevó hasta
la hebilla del pantalón. Se mostró temerosa ante lo que él le ofrecía pero, tras
un breve momento de duda, le aflojó el cinturón de piel y de ahí pasó a bajar
con decisión la bragueta de los pantalones. Observó el prometedor bulto que se
marcaba bajo la tela del mojado bóxer. La humedad del agua de la ducha hacía
que aquel músculo se revelase a los ojos de la hambrienta dama en todo su
esplendor.

No hubo que explicarle más; Celia llevó una mano hasta posarla sobre la tela
que cubría la polla del muchacho. Acarició aquel bello ejemplar con evidente
recelo y nerviosismo. La verga del muchacho se mostraba excitada y palpitante
bajo la empapada tela del bóxer. Aquel hermoso espécimen parecía querer
escapar del presidio en que se encontraba, para así poder ser manoseado a
placer por los dedos de la madura dama. La señora Lúzaro no pudo menos que
sentirse temerosa ante el sorprendente tamaño que iba adquiriendo la polla de
su amante.

El siguiente paso sí que resultó mucho más trabajoso para la inexperta mujer.
Sus inútiles dedos parecían asustados ante la tarea que se les presentaba. Una
tarea aparentemente tan sencilla como retirar la tela del bóxer, para así dejar
en libertad el miembro del muchacho, resultó para ella un trabajo de chinos.
Tuvo que ser el joven, quien finalmente hiciera saltar desafiante su emocionado
dardo ante los sorprendidos ojos de la mujer. Éstos se abrieron de forma
desmesurada ante la horrible visión que se les brindaba. Era un aparato tan
largo y grueso que no pudo menos que sentirse acobardada ante semejante
intruso.

Por favor amor, ayúdame. No sé qué hacer ahora con ella –sonrió nerviosa al
dar a conocer su manifiesta torpeza en aquellas lides.

Tranquila no te preocupes, yo te ayudaré… ya verás qué fácil que es -la miró a


los ojos, tratando de conseguir que se sintiera cómoda. Cógela con cuidado
entre tus dedos y mueve la mano de arriba abajo.
Dios mío está durísima, parece mentira… es increíble –la miraba como si la
estuviera adorando y seguramente así era.

Muy bien, ahora con los labios y la lengua debes chuparla como si te comieras
un plátano o estuvieras disfrutando de un riquísimo helado.

La famélica hembra inició el camino, lamiendo aquella oscura cabeza que


sobresalía. Tiró hacia abajo la piel que cubría aquel enorme glande y estuvo
jugueteando con él un buen rato, golpeándolo con la punta de la lengua. Fue
subiendo y bajando hasta hacerse con los cargados huevos los cuales succionó
con fruición. Por último, se comió con gran apetito el falo del muchacho, el cual
gimió ante la avasalladora caricia de su compañera.

¡Así, qué bien lo haces! Cómetela vamos, lo estás haciendo muy bien.

En esos momentos se trataba de que la mujer fuese adquiriendo confianza, que


se mostrara cómoda con aquel contacto. Celia se aficionó con facilidad al trato
con aquel aterrador aparato. La mujer entabló confianza con rapidez, pese al
tamaño y al grosor del pene del muchacho. Su inexperiencia fue patente, al
tener que extraer aquella enorme verga del interior de su boca pues al tragarla
hasta el final casi se atraganta.

Muy bien, veo que aprendes rápido –la animó Ciriaco, mientras la ayudaba en
la felación agarrándola del cabello y apretándola con fuerza contra su miembro.

De repente, ella extrajo aquel tronco de su boca y escupió sobre él una buena
cantidad de saliva para así humedecerlo mejor. Aquella actitud sorprendió al
muchacho, pues no imaginó que Celia perdiera los estribos de ese modo. Una
mujer tan decorosa como ella, no hubiera pensado jamás que pudiera escupir
sobre su miembro como si fuera una vulgar ramera. Dejó caer su cuerpo sobre
la cama y la ayudó a que se colocara sobre él a horcajadas, en posición inversa
a la suya. La mujer soltó el nudo del cinturón de la bata y se deshizo de ella,
lanzando la vaporosa prenda al suelo. Volvió a tragarse la polla del joven,
mientras él aprovechó para lamer con ganas la vagina de ella la cual se lubricó
al instante. Pasó su húmeda lengua por su clítoris, el cual se endureció
nuevamente gracias a la caricia del hombre.

¡Ahhh, qué bueno es esto! Chúpamelo por favor. ¡Qué placer más bueno que
siento!, conseguirás hacer que me corra otra vez.

Succionaron como desesperados sus respectivos sexos, gimiendo sin parar. La


caricia de él aumentó en osadía, pues del inflamado clítoris pasó al oscuro
agujero del ano de la madura mujer, humedeciéndolo con su saliva. Celia dio
un brinco, agradablemente sorprendida ante la caricia del muchacho. Ciriaco
observó como la mujer se retorcía, al notar la entrada del dedo de él en su
estrecho ano.

¿Qué me haces maldito bastardo? Me matas, qué placer tan bueno. Nunca me
habían acariciado de ese modo ahí. ¡Qué delicia, sigue así!

¿De veras te gusta? Dime lo que sientes, cuéntamelo anda… qué estrecho lo
tienes, me encanta.
Es difícil de explicar, es diferente a lo poco que he podido conocer. Sólo sé que
si sigues de ese modo no tardaré en correrme.

Tras estas palabras, ambos se dedicaron aún con mayor interés si cabe a dar
placer a su pareja. La señora Lúzaro succionaba la verga del joven
recepcionista, al tiempo que se ayudaba con la mano masturbándole sin parar.
Las venas de la polla palpitaban gracias al tratamiento que recibían. La sangre
se iba acumulando en aquel músculo tan interesante de la anatomía del
muchacho. Notaba cómo estaba a punto de eyacular en su boca y estaba
deseosa de recibir el elixir almacenado en esos cargados testículos.

Ciriaco cerraba los ojos con fuerza y gemía animándola en su caricia,


demostrando el enorme placer que sentía. Lamió sin descanso tanto el duro
clítoris de la escritora como su estrecho esfínter, pasando del uno al otro
alternativamente. Volvió a introducir uno de sus dedos en el oscuro conducto
de la excitada hembra, acompañándolo de un segundo y de un tercer dedo
mientras aprovechaba para morder levemente la lubricada pepitilla de Celia.

No aguanto más. ¡Me corro cabrón! Diosss, qué placer tan fenomenal. Córrete
tú también, vamos. Dame tu leche venga. Córrete en mi boca, en mis labios…

La enloquecida mujer cogió con fuerza el miembro de su compañero y lo


masturbó de arriba abajo, hasta ver cómo eyaculaba sin parar llenándole la
cara de espeso semen, el cual fue a dar sobre sus insaciables labios que lo
recogieron con grandes muestras de placer.

Cayó derrengada sobre él, tratando de recuperar las fuerzas perdidas.


Respiraba con dificultad a causa del fantástico orgasmo que le había hecho
sentir. Se hizo a un lado, dejando caer pesadamente la espalda sobre el mullido
y amplio lecho.

¡Te odio! ¡Eres un maldito bastardo!

¿Un bastardo dices? Pues hace un momento no parecías pensar lo mismo.

No tuviste consideración conmigo. ¡Eres malo!

Pero te retorciste de placer. ¡Te corriste como una perra!

¿De verdad lo hice bien? –preguntó un tanto aturdida ante las palabras del
muchacho.

Agarró nuevamente la virilidad de Ciriaco, gratamente sorprendida al ver cómo


pese a la reciente eyaculación, aquel miembro se mantenía todavía bien erecto
seguramente deseoso de volver a actuar. Lo chupó y lamió con ansias
renovadas, dejándolo bien limpio.

¡Diosss, qué enorme es! –se quedó mirando con los ojos vidriosos aquel pedazo
de carne que tanto la maravillaba.

Ven conmigo –el muchacho la invitó a levantarse, cogiéndola con suavidad de


la mano.
¿Qué vas a hacerme? –preguntó con voz temblorosa.

Ya lo verás, confía en mí… Estoy seguro de que te gustará. Sólo déjate llevar y
disfruta.

Le acompañó como un autómata, hasta que el muchacho la hizo poner de


espaldas a él, apoyada en el teclado del centenario piano de cola que presidía la
estancia. La abrió bien de piernas y se agachó entre ellas, volviendo a chuparle
el coño el cual respondió a aquella invasión empezando a lubricarse
nuevamente.

Así muchacho, ponme cachonda otra vez. ¡Quiero que me folles de una buena
vez!

¿Estás muy caliente, eh? Sí cariño, te follaré hasta que digas basta. Te haré
gozar como nunca lo hayas hecho.

¡Cállate de una vez maldito y hazme gozar con tu lengua! Cómeme el coñito
vamos.

El muchacho disfrutó con la inesperada entrega de aquella recatada mujer. Le


había costado, pero allí la tenía entregada por completo a él, esperando que
hiciera con ella lo que le viniera en gana. La verdad es que le rondaban muchas
ideas por la cabeza. Se dedicó a ella, lamiéndole aquel exquisito botón mientras
la masturbaba al tiempo con su mano, hasta que la hizo correr nuevamente
entregándole sus dulces jugos los cuales sorbió con gran placer.

¡Asíííííííí, qué bueno es esto! No quiero que se acabe nunca. Muy bien, sigue así.

Ciriaco se levantó, abrazándose a aquel cálido cuerpo que se pegó al suyo con
gran necesidad de sentirle junto a ella. Apoyó su espalda sobre el pecho del
joven y aprovechó para lanzar hacia atrás sus redondas nalgas en busca del
preciado aparato que tanto deseaba. Suspiró con fuerza, dejando descansar la
cabeza en el pecho de él y notó la dureza de aquel temible enemigo al que
debería enfrentarse en breve.

¡Qué gorda la tienes, cariño! Vamos fóllame ya, no me hagas sufrir más. Quiero
sentirte dentro de mí.

Sintió como su experto compañero le abría las piernas, lanzándola hacia


delante para que apoyara las manos en la fría madera del piano y cómo acercó
su excitado miembro a su lubricada vagina y empezó a apretar con decisión,
tratando de dilatar la estrecha vulva. La señora Lúzaro se mostraba tensa
llegados a ese punto, así que el muchacho llevó uno de sus dedos hasta su
clítoris, haciéndola gemir de satisfacción. Ella sintió que le fallaban las fuerzas y
que las piernas la abandonaban, pero él la tenía bien agarrada de las caderas.
Gracias a la suave caricia en su gruta, se relajó completamente lo cual fue
aprovechado por él para apretar la cabeza de su pene en las entrañas de ella.

Así, mi niño así. Métemela hasta el fondo, no te pares ahora. Aghhhhh, qué
bueno, fóllame sí.
El apuesto joven embistió con fuerza, entrando poco a poco en ella. Aquel
tremendo instrumento fue alojándose paso a paso, hasta llegar al fondo de
aquella mujer. Celia notó como su amante golpeaba sus nalgas con sus repletos
testículos y contuvo la respiración, tratando de acomodar su dilatada vagina a
tan salvaje invasión. El muchacho la ayudó, quedándose quieto dentro de ella
por unos segundos para que ella se acostumbrara a tan demoledor visitante.
Aquella tremenda barra de carne la llenaba por completo. Mordió con fuerza su
labio inferior para no chillar como una loca.

El joven empezó a moverse lentamente, entrando y saliendo sin parar. Fue


adquiriendo mayor velocidad, aumentando las embestidas que tan
amablemente le propinaba. Ella colaboró activamente con él, echando sus
nalgas hacia atrás y agitándolas de forma giratoria alrededor del eje que la
perforaba. Ciriaco acercó su boca al oído de ella y le susurró débilmente,
mientras continuaba follándola de aquel modo tan exquisito:

¿Qué tal estás? ¿Te gusta cómo te follo? ¿Quieres que te folle más deprisa?

Te siento, te siento… cómo te siento, condenado cabrón. Qué polla tan rica que
tienes –respondió ella con voz trémula, mientras explotaba en un nuevo
orgasmo.

Él aprovechó la total entrega de la hembra que tenía entre sus manos para
dirigir sus envenenadas atenciones hacia el ano de ella. Escupió sobre sus
dedos y los llevó a la entrada posterior de la mujer, humedeciéndola con
generosidad. Celia volvió su sudoroso rostro hacia él, sospechando cuál era el
siguiente paso que su compañero pretendía dar. Evidentemente sabía lo que él
quería. Iba a follarle el ano y sólo esperaba que fuera delicado con ella.

Fóllamelo con cuidado amor, ten cuidado no me vayas a lastimar. ¡La tienes tan
gorda!

Tranquila cielo no te haré daño. Seré delicado contigo, ya lo verás.

Estuvo jugando con su entrada posterior, mientras seguía martilleando sin


pausa sobre su empapada vagina. Ciriaco sacó su verga del interior de la mujer
y levantó una de sus piernas para facilitar la penetración en su estrecho
conducto. Una vez hubo mojado la entrada del ano, empujó con decisión
tratando de dilatar el anillo anal. La presión sobre el mismo surtió efecto y pudo
comprobar cómo iba ingresando sin aparente dificultad en aquel oscuro tesoro.

Su rendida pareja puso los ojos en blanco al acoger aquel gordo champiñón.
Aulló como una fiera salvaje, sintiendo el modo como él iba ingresando
milímetro a milímetro en su estrecho orificio. El esfínter fue dilatándose,
recibiendo a tan placentero ocupante. Los aullidos de dolor fueron remitiendo y
convirtiéndose en gemidos de placer, una vez que el muchacho hubo ingresado
en ella y empezó a empujar con ganas.

Fóllame, fóllame, destrózame el culo. ¡Me quema pero qué bueno que es! Qué
placer tan rico me estás dando. Jamás imaginé que fuera tan bueno. Vamos, no
te detengas ahora muchacho.
Los berridos de la mujer invadían toda la alcoba y seguro que podían oírse en el
resto de la planta de aquel lujoso hotel. Aquellos eran berridos de dolor y
placer, una sensación extraña pero encantadora al tiempo. Notaba sus entrañas
doloridas por los incansables envites de su acompañante. El hombre la follaba
sin compasión, clavándola y desclavándola una y otra vez. No daba síntomas de
cansancio, lo cual hacía enloquecer a su compañera. Lo único que deseaba en
ese momento era que aquel polvo no se acabara nunca.

¿Sabes que tienes un culito muy estrecho? Me encanta, así el placer es aún
mayor.

Celia sintió que un nuevo orgasmo se aproximaba. Había perdido la cuenta de


las veces que se había corrido. La cabeza le daba vueltas, como cuando era
niña y montaba en un tiovivo que no hacía más que girar y girar sin parar. Su
joven amante la golpeaba brutalmente, haciéndola conocer unos placeres
completamente desconocidos para ella hasta ese momento. Ella lloraba de
alegría por el goce que el hombre tan amablemente le ofrecía. Aquello superaba
con creces las mejores expectativas que hubiese podido imaginar.

No aguanto más. Voy a correrme. ¿Es que no te vas a correr nunca? Vamos
muchacho, córrete y dame toda tu leche.

Señora, ¿puedo correrme en su culo? –le preguntó con una voz implorante pero
llena de vicio.

Córrete donde quieras pero lléname con tu caliente esperma. No me hagas


sufrir más, no lo soporto……me estás matando por dentro.

Ciriaco dio los últimos envites dentro de aquel estrecho agujero y acabó
explotando dentro de ella. Una catarata de líquido seminal la llenó por
completo, aquella leche la quemaba por dentro. En el momento en que sintió la
corrida del joven, reventó nuevamente en un orgasmo interminable y
totalmente placentero.

¡Joder, qué bueno es esto! ¡Menudo polvo! Qué leche tan caliente, querido, me
llena por entero –dijo abriendo los ojos como si volviese a la realidad desde un
sueño delicioso y plenamente reparador.

¿Qué tal te encuentras? ¿Quedaste satisfecha? ¿Cumplí tus expectativas? –le


preguntó él insistentemente, como si deseara que aquella madura mujer
ponderara sus habilidades como amante.

Ha sido excepcional, mucho más de lo que hubiera podido imaginar. Nunca


pensé que pudiese enloquecer de este modo y tú has sido el culpable de todo…

Nada de eso… la verdadera culpable has sido tú. Eres una mujer ardiente y
llena de pasión, que debes dejar que fluya para poder ser feliz. Aún eres joven
y estoy convencido que muchos hombres desearán hacerte suya.

Recuerda que necesito ideas para mi próxima novela. ¿Podrás ayudarme


durante los días que me restan en la ciudad? –interrogó ella con voz suplicante.
¿Acaso lo dudas? Acuérdate que hay que arreglar la maldita ducha –contestó
mostrando sus cuidados dientes en una sonrisa maravillosa.

Pensó en cómo se las arreglaría para hacer gozar a la señora Lúzaro y a su


compañera Rosalía al mismo tiempo. Por suerte la estancia de Celia en el Hotel
Alameda duraría sólo una semana. Así pues, trató de apartar de su mente aquel
pensamiento y dejó que la exhausta mujer reposara entre sus brazos,
quedando ambos abandonados al tan necesario y reconfortante sueño

No podía dejar de jadear, había sido tan intenso el momento que seguía en
shock sintiendo mi vagina y mis piernas palpitar de pasión y de deseo.

Mi hijo Alejandro era uno de esos jóvenes que están tan buenos que hasta a
sus madres las ponen a temblar y eso me paso a mí, cuando me di cuenta que
sus piernas y nalgas eran de otra dimensión deje de verlo como mi niño y es
que el día en que regresando del trabajo y lo vi durmiendo desnudo enseñando
todo su culazo al aire sentí que los años de infeliz matrimonio me caían encima,
su espalda musculosa y marcada, sus piernas fuertes y ese culo respingón y
perfecto me llevaron a otra dimensión, me metí a mi habitación e imagine
despertándolo mientras me clavaba su verga en mi y comenzaba a cabalgarlo.
Me masturbé imaginando sus pectorales tensarse, sus brazos grandes y
musculosos tomando mis caderas y guiando mi ritmo desbocado de amazona,
ese rostro de chulo sonriendo, viendo a su madre sometida a su cuerpo como
una puta.

Desde ese momento no dejo de observarlo, de seguir su caminar, viendo su


cuerpo crecer más y más, sus nalgas romper su uniforme de ultimo año de
prepa y su camisa polo tensarse al máximo en sus bíceps de un verdadero
macho. Yo misma soy un poco fan del fitness y en los últimos meses me hice
de unas mancuernas, unas barras y unas ligas elásticas para mi gimnasio
personal, mi hijo prefería entrenar con sus amigos en el gimnasio, yo
complementaba mis sesiones matutinas de aerobics y zumba con mis tardes de
pesas, mis amigas hacían lo mismo pero he de confesar que desde que descubrí
al pedazo de hombre que dormía bajo mi techo me esforcé más incluso mi
marido me agarraba más el culo y nuestra noche semanal se había tornado
más activa, si supiera que mientras me la metía soñaba con que Alejandro me
hacia suya en la ducha y en el jardín y en la cocina, siempre sintiendo su duro y
musculoso cuerpo contra el mío.

De pronto la cuarentena cayó en el país y con ella cerraron todos los gimnasios,
mi hijo resintió terriblemente la noticia, mi marido nos aviso que por motivo de
optimizar personal habían decidido trasladarlo a la ensambladora de
Aguascalientes, vivíamos en Guanajuato y por lo tanto tendría que pasar al
menos un mes en ese nuevo lugar de trabajo. Se despidió la mañana del
sábado 21 de marzo y desde ese momento mi hijo y yo quedamos en casa,
Alejandro casi sin percibirlo se relajo tanto que dejo de usar camisa en casa,
sólo usaba una ligera playera sin mangas que me dejaba ver todos sus bíceps y
pectorales, me volvía loca, su cuerpo era mejor de lo que vi aquella tarde hace
casi un año.
Un medio día mientras yo estaba corriendo en la caminadora entró al gym
casero y me pidió permiso de entrenar, le deje sin problemas, estaba tan
ansiosa de ver su cuerpo sudar y ponerse bestia que decidí que ese día haría
sólo cardio. Tal como lo pensé Alejandro se dejo llevar por sus antiguos hábitos
y se machaco en nuestro improvisado gimnasio, sus músculos no dejaban de
crecer, tanto como mi vagina de humedecerse, de pronto y tras una hora se
arrancó su playera y me dejo ver su sudoroso torso, estaba como una perra en
celo esperando una sola migaja como esa, le dije que ya tenia suficiente y me
fui a la ducha, la imagen que me acababa de dar me sirvió para hacerme un
dedo monumental deseando ser su hembra.

Las siguientes semanas mientras ambos coincidíamos en el gimnasio nos


fuimos compenetrando, nos compartíamos tips, en una ocasión mientras hacia
peso muerto me tomó de la cintura y pude sentir sus duras manos tan cerca de
mi culo haciendo explotar, luego me dio una vista de sus nalgas que tal vez sus
tías y primas estuvieran deseando. Pronto en esas sesiones de sudar y
escuchar música empezamos a hacernos amigos, una vez me sorprendió
cuando comenzó a platicarme de una chica que le había roto el corazón, era
una chica con un cuerpazo a la cual debo admitir hasta yo me tiraría, le di
ánimos y luego de la nada comenzó a soltar detalles de unas profesoras que les
gustaba manosearlo, me dio mucho coraje y prometí venganza, sobre todo una
gorda que daba ingles y le había dado una nalgada en una nivelación el
semestre pasado, esas nalgas son mías me dije mientras me contaba.

Una tarde justo después de saber que la cuarentena se extendería me dijo que
era lo que más deseaba hacer apenas saliéramos, le dije que con sus tías
planeábamos ir a ver un espectáculo de strippers en la capital y tomar un fin de
semana de chicas en San Miguel, me sonrío y me dijo que era una mamá muy
abierta y que le encantaba, dándome un beso cerca de los labios, me derretí al
instante. Pasaron unos días de eso y una mañana después de entrenar me dijo
que quería darme una sorpresa, me pidió que le esperará un momento y luego
sudando aún subió a su habitación, bajó unos quince minutos después envuelto
en un uniforme de soldado, mi amigo Rubén me lo presto hace unos meses dice
que le va bien de stripper pero su madre no sabe así que me pidió guardarlo
aquí, yo sólo podía ver la tela aprisionando su cuerpo y estaba palpitando, sé
que no puedes ir ahora con las tías por eso te haré un baile que me ha
enseñado.

Comenzó a moverse, lo hacia torpemente pero todo eso lo olvide cuando se


arranco la camisa y su cuerpo aún palpitando por el bombeo del ejercicio salió,
estiré mi mano y él la atrajo a sus pectorales los cuales apreté finalmente,
luego dándose la vuelta se arrancó el pantalón… yo no podía creerlo, sus nalgas
tan deseadas estaban frente a mi desnudas!!!, lo siento mami no tenia una
tanga y preferí no usar nada, al darse la vuelta mantenía el pantalón
cubriéndose su miembro mientras seguía bailando y el sudor recorriendo su
cuerpo, se quedo frente a mí un instante, lo suficiente para que yo ya
enloquecida,  le arrancara ese pedazo de tela y al ver su verga metérmela en la
boca. Chupe unos cinco minutos justo cuando alcé la mirada y vi la mirada de
mi hijo llena de lujuria y me sacará de la ensoñación, le pedí disculpas y me
fuera a encerrar a mi habitación.

La tarde permanecí en mi habitación, pensando en lo que había hecho y en las


consecuencias, estaba mi cabeza hecha girones y sabía que ya nada sería igual.
La noche cayó conmigo llorando y pidiendo perdón a dios.
Mi hijo debió sentir terror cuando a media noche sintió una boca en su pene,
quiso decirme algo pero le callé, seguí chupando unos minutos y luego le dije,
ahora si sabrás lo puta que es tu mami, y me senté en su verga, metiéndomela
toda, la luna que se metía por su habitación y me había dado el valor de tomar 
a ese macho como mi verga personal me dejaba ver su mirada de deseo y sus
músculos de hombre tensarse al darme placer. Cuando finalmente me vine y
me rendí en sus pecho mi hijo me dio un beso sucio y me saco de su verga
poniéndome en cuatro, mami me tienes loco, eres una puta crees que no
notaba como me mirabas como en las madrugadas vienes a ver si duermo
desnudo y te quedas mirando mi culo o mi verga tocándote, me dio una
nalgada que me hizo gemir, esto te va a quitar lo caliente y me la metió a
cuatro.

Estuvimos las siguientes semanas en un trance, por las mañanas entrenamos y


concluimos con una buena cogida en mi habitación o la suya, luego comemos y
seguimos cogiendo hasta dormir. Pero a principios de mayo nos aviso mi
marido que volvía, desde ese día 1 de mayo estuvimos sin hacer nada teníamos
amor por él y ninguno quería hacerle daño, pero entonces paso el 10 de mayo
día de las madres, tres de la mañana despierto con una cachetada, chupa puta
me dice mi hijo, siento terror mi esposo duerme al lado, se lo señaló, no te
preocupes le di una pastilla no despertará hasta medio día, empieza a chupar…
y lo hago, chupo hasta que siento su primer lechazo en mi garganta, pero su
verga sigue erecta, le miró y me sonríe, yo también tomé una pastilla pero de
diferente naturaleza.

Me coge de a cuatro, siento su verga entera entrar en mí, luego me sienta y me


hace cabalgarlo, la presencia muda de mi marido, su papá al lado, me pone
más caliente, le pido que me dé más fuerte, más profundo, agarró sus duras y
perfectas nalgas mientras me taladra y lo hundo más en mí, siento el sudor
cayendo de su frente cayendo en mis tetas, siento mi vagina vibrar alrededor
de su verga y su cuerpo dando el máximo, yo explotó en un orgasmo intenso
mientras siento que Alejandro es un animal que me va a partir en dos.

Mientras hundo mis uñas en ese culo que es mío como yo soy de él, me sonríe
y me dice, feliz día de las madres PUTA.     

    

Desde que tengo recuerdos, la relación con mi madre siempre ha sido


diferente. Buena en la mayor parte del tiempo, pero con épocas complicadas.
Seguramente mi adolescencia y las hormonas revolucionadas no ayudaban
mucho a que todo fuera fácil, más bien al contrario. Es una mujer muy
cariñosa, y tremendamente protectora. De carácter fuerte y dominante, pero de
trato muy afable y próximo. Sabía sacarme todo lo que quería saber, aun
cuando yo me negara en rotundo a contárselo. Tarde o temprano, usando sus
dotes de persuasión siempre lo conseguía. Yo intentaba hacer lo mismo con
ella, averiguar todos sus secretos y lo que escondía en esa mente asombrosa.

Nací ya cuando mi madre tenía alrededor de los 30, bastante mayor para su
generación. Con mi hermana me llevo doce años, así que a ella la tuvo bastante
joven. Mi hermana se marchó de casa siendo muy joven, con mi madre no se
entendían ni por asomo. Así que un día cogió los trastos y se largó sin casi
despedirse. Hablábamos por teléfono a menudo, y un par o tres de visitas al
año por vacaciones eran lo mejor. Con la distancia y al verse poco la relación
entre ellas se suavizó, y con los años ha acabado siendo buena. Eso sí, siempre
con distancia.

Mi madre, Carmen, es una mujer menuda. Bajita de 1.55. Con el pelo castaño,
unos ojos verdes profundos que cambian con la luz del sol. Cuando te mira su
mirada te penetra hasta el fondo, una mirada que enamora. De piernas
delgadas pero musculosas, manos fuertes y hombros anchos. Un cuerpo
perfecto para soportar el peso de sus enormes tetas y su potentes caderas y
culo. Podríais pensar que es rechoncha, pero para nada. Es bajita, y muy
tetuda, pero no gorda. Es una mujerona al estilo de las pelis italianas de Tinto
Brass. Contundente, con poderío y muy sexual. Tiene una cara preciosa, que
junto a sus hipnotizantes ojos la convierte en una mujer guapísima y muy muy
sexy.

Sus enormes pechos son el sueño de cualquier hombre. Grandes, duros,


rellenos y algo caídos por el peso, pero no fláccidos. Una maravilla de la
naturaleza. Las aureolas acompañan al tamaño de sus pechos. Grandes, muy
grandes, como galletas maría. De color marrón claro, y con unos contundentes
pezones que aparecen erguidos y amenazantes siempre.

De pequeño me dio de manar. Bueno, de pequeño y hasta entradito en años.


Hasta los siete u ocho años. Este era uno de los motivos de discusión con mi
hermana, aunque yo no era consciente de ello en ese momento

Me encantaba estar amorrado a sus tetas. Era el mejor momento del día.
Succionar esos pezones sin compasión, hasta sacar la última gota de leche era
lo que estaba esperando todo el día en la escuela. No pensaba en otra cosa. Mi
madre se sentaba en el sofá y abría esa bata abotonada que llevaba por casa.
Era una bata ancha, cómoda y fresquita. Iba sin nada debajo, decía que los
sostenes le molestaban todo el día, así que por casa prefería ir cómoda. Con
esas enormes tetas sueltas, una delicia para mi vista. Se sentaba en su butaca
preferida, abría los botones y se sacaba esas tetazas.

- Pepe, antes de hacer los deberes ven a merendar un poquito mi niño – me


gritaba cariñosamente.

- Voyyyy mami!! – y salía corriendo por el pasillo como un poseso a tomar mi


leche.

- Siéntate en mi regazo, y no me muerdas la tetita, que te veo gamberrete.

- mmm no mami.

ME sentaba en su regazo. Siempre tenía las piernas abiertas y me enseñaba sin


pudor su hermoso y peludo coño negro azabache. Por aquel entonces todavía
no mostraba mucho interés en él, lo veía cada día en la ducha y no me causaba
curiosidad.

- Hoy la izquierda mi amor.


Me agarraba a su teta, y lo primero que hacía era sobarla, sobarla mucho con
mis pequeñas manos. Estiraba suavemente su pezón, que ya era grande. Y
cuando salía la primera gota de leche me lo metía en la boca. Primero lo
estimulaba con la lengua, dándole golpecitos y girando en círculos. ME
encantaba esa sensación del pezón enorme de mi madre en la boca que se
resistía a mis estimulaciones por lo duro que estaba. Y ahí empezaba a sacar
leche a presión. Tres chorritos incesantes que yo succionaba como un poseso.
Mientras, con mi otra mano, iba estimulando el otro pezón. Iba jugando con él
con mis dedos, dándole golpecitos y viendo cómo rebotaba hasta que sacaba
leche.

Mi madre se quedaba medio traspuesta, me acariciaba mientras decía:

- chupa mi niño, toma tu merienda. Chupa todo lo que quieras. Así mi amor.

Y sinceramente creo que se corría una y otra vez mientras yo mamaba sin
cesar. Ponía los ojos en blanco y daba suspiros ahogados cada vez que mis
dientes mordisqueaban su pezón.

- Venga mi niño. YA está – me espetaba después de cuatro o cinco veces de


tener los ojos en blanco y haber cambiado de teta.

- Esto no se lo cuentes a nadie. No es nada malo que mamá te de leche, al


contrario, es bueno para ti. Pero la gente no entendería que un hombrecito
como tú siga tomando leche de mamá. Es nuestro secreto mi amor.

Con el tiempo dejó de darme teta por la tarde y la noche. Sólo lo hacía por la
noche cuando ya estaba en la cama. Y chupando teta me dormía como un lirón.

El momento del baño era siempre una fiesta. Ya había preparado la cena
mientras yo hacía los deberes. Así que no había mucha prisa. Íbamos al baño,
me desnudaba, y yo la desnudaba a ella. Que espectáculo de mujer. Es la más
guapa del mundo. Me encantaba sobarle el culo dándole golpecitos.

- Tienes el culo duro mamá!

- JAJAJAJ Pepe que cosas tienes! Ya me gustaría que estuviera duro.

- Que va mamá, está súper duro.

Nos metíamos en la bañera y nos enjabonábamos el uno al otro. Todo. La


cabeza, las piernas, por supuesto las tetas con las que aprovechaba para jugar.
El culo, mi pito y el coño era lo último antes de salir. Le pedía que me frotase
bien, ya que me gustaba mucho cómo lo hacía. Y yo con la esponja también le
daba una buena enjabonada a su peludo coño.

Pasó el tiempo y el baño conjunto y la leche desaparecieron. Ya era mayor para


esos juegos, pero ella seguía llevando bata e iba desnuda debajo. No le
importaba mostrarse totalmente desnuda. Siempre había habido mucha
naturalidad en nuestra desnudez. Eso no había cambiado. A mí ya empezaba a
ponérmela dura cada vez que la veía. Estaba muy buena y mis hormonas
echaban chispas. Yo ya debía alrededor de quince o dieciséis años.
Un día, sin ton ni son, le pedí que me diera leche. Quería su lechita.

- Que dices Pepe! Eso no puede ser. Ya eres mayor para eso. Tienes dieciocho
años, hijo. Además, ya se me retiró.

-Va mamá, hace mucho que no me das, y me apetece un montón. Solo un


poquito.

- No, Pepe, no puede ser.

- Va, mamaaaaa!!!, Joder!

Me dio un sopapo que me giró la cara. –He dicho que no impertinente! ¡Y no


digas tacos!

Me fui a la cama con el mayor disgusto de mi vida. Jamás me había puesto la


mano encima hasta ese día.

Ya tarde apareció por mi habitación. Estaba medio dormido y todavía dolido por
la escena.

- ¿Hola mi amor, ya duermes?

- No – dije enfadado

- Perdona Pepe, no debí darte el cachete. No estuvo bien. Lo siento.

Me giré, y la luz de la mesita me dejó ver esa bata medio abierta que llevaba.
Me incorporé y la abracé, poniendo mi cabeza contra sus tetas. Olían a leche!!!
Joder, hacía años que no me daba, pero seguían oliendo a leche. Acerque mi
mano y se la toqué por fuera. Su pezón estaba como una roca. No dijo nada.
Entonces aproveché la situación y colé mi mano dentro de la bata que ya
estaba entreabierta, alcanzando ese pezón que tanto ansiaba. Siguió callada.

Estuve jugando con el pezón entre mis dedos durante un eterno abrazo.
Mientras, mi polla cobraba vida propia e iba creciendo más y más. Ya era un
chico completamente desarrollado y mi polla ya era de tamaño considerable.
Conseguí meterme el pezón en la boca y succionar profundamente un par de
veces.

- ¡Para Pepe, para! Esto no está bien hijo. Ya eres demasiado mayor para
tomar teta. ¿Lo ves? mira lo que pasa. – Dijo señalando mis calzoncillos bóxer
que prácticamente no conseguían ocultar mi tiesa polla.

Sonrojado me tapé instintivamente el paquete.

- No te avergüences, es normal que te pase esto. Te has excitado y tu cuerpo


responde así. Por eso mamá ya no puede darte teta. Ya te lo he explicado
varias veces. A mí también me gusta, pero no puede cariño. Nuestro secreto
seguirá siendo nuestro, pero eso se acabó.

- Vale mamá, lo entiendo. – dije avergonzado.


Me dio un beso y se fue a su cuarto. Y me tapé con la sábana y empecé a
pajearme como un loco, con el sabor de la leche todavía en mi boca. Que
delicia, que sabor, y que bien olía. Mmmm, la paja frenética me llevo a
correrme en dos minutos. Pero la empalmada no bajaba. Me limpié, pero seguí
de nuevo con la segunda de la noche. Y no iba a ser la última.

Siempre dormíamos con las puertas entreabiertas. Y era evidente que mi


madre había escuchado mis jadeos al pajearme. Estaba en mi cama, con la
polla en la mano todavía, y se escuchaba un ruido que no reconocía. La luz del
pasillo estaba apagada, y solo había la luz de su pequeña lámpara de noche
encendida.

Salí de mi cama sigilosamente y me deslicé como un ninja por el pasillo. Llegué


a la puerta de su habitación que estaba entreabierta. Lo justo para que pudiera
ver la escena si ser visto. O al menos eso creía yo.

LA cama de mi madre era de madera maciza. Con cuatro grandes patas que
aguantaban el cabezal y los pies de la cama. Las patas de la cama acababan en
una especie de piña gordota. Y allí estaba ella, en cuclillas. Con la piña metida
casi entera en el coño. Tenía el cuerpo sudoroso. El coño chorreaba líquidos
como una fuente. Los pelos de su rajara estaban empapados y la colcha tenía
una gran mancha de humedad. Estaba como poseída. Dando golpes de culo
para que la piña se clavara cada vez más dentro de ella. Un intenso vaivén que
no cesaba, mientras sus flujos tampoco paraban de brotar. Tenía agarrada una
de sus tetas con las dos manos. ¡Y se estaba chupando ella misma, se estaba
mamando los pezones como yo lo hacía! Y chorros de leche le empapaban la
cara mientras se relamía. En una de las embestidas de su culo la piña entró por
completo, y casi desapareció la bola que le seguía. Gritó con un grito sordo de
placer mientras se tapaba la boca y una fuente de flujo salía de su coño. En ese
instante me corrí por tercera vez con un espectáculo tremendo de mi madre.

Por la mañana desayuné sin decirnos nada. Ella me dio un beso para
despedirse, y me dijo.

- Pepe, te he dejado la cena preparada. Sólo tienes que calentarla. Esta tarde
voy al cine al salir de la consulta. Igual llego algo tarde, sobre las 10.

- Ok mamá, que vas a ver? ¿Con quién vas?

-Con una amiga del trabajo. No sé cómo se titula la peli es una de amor.

Se marchó, pero me dejó tremendamente intrigado. No era la primera vez, es


decir, lo hacía a menudo. Pero siempre que quería ver una peli en la tele me
decía que no le gustaba el cine. No me cuadraba, así que decidí saltarme la
clase de la tarde para ver dónde iba mi madre.

La vi salir de la consulta, ella era enfermera de un podólogo. Algo


tremendamente aburrido, de eso no tengo duda. Estar viendo pies todo el día,
que mal rollo. Lo extraño es que iba sola. Y lo más inquietante es que iba
vestida diferente de como salió de casa. Muy ceñida, con un vestido negro que
no había visto en la vida. Un escotado enorme que dejaba sus tetas medio
desnudas por la calle. Y claro no llevaba sostén, quizás tampoco bragas.
Caminó tres o cuatro calles hasta llegar a Av. Pérez Galdós, y luego giró por la
calle Cuenca. ¿A dónde iba? Ostias, no podía creérmelo. ¡Iba al cine X la muy
puta! El taquillero la saludó, y pasó directamente. Así que seguro que la conocía
de otras veces. Crucé la calle, miré en mi bolsillo, pero no tenía suficiente
dinero. Dos euros justos para el bus de vuelta a casa.

Al llegar a casa llevaba un cabreo monumental, todavía no sé por qué, pero


estaba cabreado. Mi madre en un cine X, esto es increíble. Me fui directamente
a su habitación y empecé a registrar sus cosas. No buscaba nada especial, pero
alguna cosa que me explicara lo que ocurría.

En el fondo del cajón de su cómoda había una caja. Tapada con sus bragas más
sexys, las que llevaba cuando salía de cena con sus amigas. Bragas de blonda
tipo tanga brasileño. Un despiporre verle el coño tapado con esas bragas. Hacía
tiempo que no se las veía puestas, pero las olí. En la caja encontré lo que no
esperaba haber visto. Un collar negro de piel, con tachuelas y una argolla,
como un collar de perro vamos. Una especie de máscara que tenía una enorme
argolla en la zona de la boca. Un enorme vibrador con el mango dorado. Lo
encendí y eso era como un minipimer, cómo vibraba el jodido. Eso en el coño
de mi madre debía montar claras! Dios yo la quiero ver jugando con eso. Por
último, unas revistar guarras. Muy guarras. En ellas aparecía una mujer que me
recordaba a ella por sus curvas y su coño peludo. Con cuatro o cinco hombres
alrededor pajeándose. Llevaba puesta una máscara exactamente igual que la
suya. Y un tío le follaba la boca. Jooooooder con mi madre! Pedazo putón que
está hecha!

Sin pensarlo dos veces, lo guarde todo de nuevo. Y con mi tremenda


empalmada me fui de nuevo al cine. Esta vez con dinero en el bolsillo para la
entrada. Eso no quería perdérmelo otra vez.

ME planté nervioso en la puerta, y al pagar la entrada el taquillero me suelta:

- ¿Chico, tu tienes la edad?

- Pues claro que la tengo! ¿Qué te pasa, que no tienes ojos en la cara? – Le dije
en plan borde. Y funcionó.

- Vale vale, pasa. No sé si sabes dónde te metes, pero pasa.

La visión al entrar en la sala A donde daban “Milf tetona, puta juguetona” era
brutal

En la pantalla una mujerona follada a la vez por dos tíos, uno por el culo y el
otro por delante. Y otros tres alrededor. Uno follándole la boca y los otros dos
pajeándose en sus tetas. Tremenda película.

Lo mejor estaba por venir. Un corrillo de seis o siete hombres estaba al fondo
del pasillo, justo delante de primera fila. Todos de pie y con los pantalones
bajados. LA luz de la pantalla daba mucho juego. En el suelo, acuclillada se veía
a una mujer, medio desnuda, con unas enormes tetas al descubierto. Todos se
pajeaban, y uno de ellos le estaba corriendo las tetas. ME acerqué atónito,
esperando no ver lo que era evidente. Era mi madre. Chupando todas las pollas
que podía. ME acerqué lo más que pude, y me saqué la polla que estaba a
punto de estallar. Pero no encontraba un agujero en el corrillo. Había codazos y
patadas para ganar la buena posición y poder follarse su boca.

Di la vuelta y aproveché que a su espalda no había nadie. Me arrodillé y


empecé a meterle mano en sus tetas, que estaban llenas de leche de todos los
tíos del cine. Ella no dejaba de gruñir – Grrrra cabrón córrete ya, en mis tetas
gggrrsss. Que pollón tienes vejete mmmm fóllame la boca aaahggggg.

Con mi mano izquierda empecé a tocarle el coño. No llevaba bragas y estaba


muuuy húmedo. Mi polla se había corrido sola, pero seguía tiesa como un palo.
Le estaba metiendo mano en el coño a la puta de mi madre en medio del cine
x. Eso correaba flujos a cada embestida de mi dedo, en un momento dado
soltó- Méteme más dedos cabrooonfffgggg- Y le metí otro, luego otro, cuatro
dedos en su chorreante coño. Empezó a subir y bajar como hizo con la cama.
Me estaba follando la mano. - Ahhhhhggggg que gusto cabrpooooon. Mas
adentróoooo gggessss - Seguía chupando pollas frenéticamente. LE metí el
pulgar y ese dilatadísimo coño engulló de golpe mi mano entera hasta la
muñeca con una explosión de flujo, pis o lo que fuera al grito de –
CABRONAZOOOOOO ME CORROOOOO AHHHHHGGGHHHGHH – paró un
momento- Me quitó la mano de su coño y me estiró para que fuera delante de
ella. Seguía de rodillas, con las piernas medio abiertas. Le acababan de correr
la cara, así que tenía los ojos llenos de semen. Y me dijo

- Ven aquí manazas! Joder que manos tienes cabrón. Me la has metido hasta el
estómago. Pero que corrida, todavía me salen chorros. Ponte aquí que te voy a
dar la mamada de tu vida cabrón.

ME agarró la polla y se la restregó por la cara. Antes de metérsela en la boca-


Menuda polla tienes nene. TE la voy a comer hasta que te deje los huevos
secos. Nunca te la mamará nadie como yo. De esto te acordarás toda tu vida- Y
se la metió entera y de golpe. Cada embestida de su cabeza llegaba más
adentro. Hasta que llegó a los huevos. Y con la boca completamente llena de
polla, sacó la lengua y empezó un masaje en los huevos.

- Diooossss que gusto so putaaaaa- Sigue sigue sigue. Ahhhhhgggghhh

- Grrs grrs Grrs grrrs. – decía ella.

- Ooooh no pares no pares. Sigue con los huevos. No pares. Zorra que bien la
chupas so putaaaa… mmmmm Me corrrooo.

Los tres primeros chorretones entraron directos a su estómago, la tenía tan


adentro que no llegó a tiempo de sacársela. Los siguientes en sus labios y sus
tetas. Mientras decía.

- Que hijo de puta eres. Te has corrido tanto que casi me atragantas,
cabronazo. Pero que polla tan buena. Quiero más pedazo cerdo.

- Toda la polla que quieras mamá. A partir de ahora serás mi puta.

Fin
Amiga esto que te voy a contar sucedió hace unos días, te lo juro sigo
temblando por todo lo que esto me ha sorprendido, para empezar debes
recordar lo mucho que estas semanas de cuarentena me ha turbado la
presencia de mi hijo Sergio, te lo dije apenas empezó esto del aislamiento,
verlo regresar de la ciudad donde estudia con ese cuerpazo me hizo perder la
cordura, recuerdo que cuando lo vi bajar del camión con ese jeans tan apretado
y con sus músculos saltado de su camisa me hizo olvidarme que era mi niño a
quien veía. El camino al auto solo podía ver su musculosa espalda y ese par de
nalgas que me estaban poniendo loca.

Creo mi hijo noto lo que su cuerpo causaba en mí, lo veía sonriendo cuando al
sentarnos a cenar o a ver alguna serie en la televisión no paraba de repasar su
cuerpo, sus pectorales, sus brazos y esas piernas que terminaban en ese culo
de 10 que se movía invitando a morderlo, en las mañanas cuando bajaba a
desayunar con su short de pijama me quedaba mirándolo subir las escaleras
pensando en lo que sería verlo fruncirse mientras me empotraba contra la
pared, estaba loca de deseo y te lo dije esa tarde cuando nos reunimos, me
dijiste que él también me veía, que de seguro le gustaba mis tetas y culo
nuevos que me había puesto con un buen cirujano hace un año, y es que yo
también ya estaba bastante mejor que hace un año cuando él se marcho a
estudiar a una universidad cercana.

Ese día llegue tan caliente de saberme deseada y desear a un hombre como mi
bebe que la locura me llevó a colocar una pequeña cámara de vigilancia en el
baño, necesitaba ver su cuerpo desnudo, ver el agua de la ducha caer por su
enorme espalda y por ese par de nalgas, al día siguiente me masturbe viendo a
mi Sergio en mi computador, su pene, sus piernas, todo me atraía de él.
Recordé cuando estando en la preparatoria lo descubrí con su novia, recuerdo
que los gemidos de ella me alertaron al llegar  a casa y aunque no lo quise
aceptar entonces me quede unos minutos disfrutando esa explosión de placer
de ambos, mi marido tenía tiempo sin tocarme, subí lentamente a su habitación
y mire  a la chica montándolo, sus tetas y culo tan sugerentes, bajé y di un
portazo, llamé a mi hijo y pude escuchar como ambos buscaban como
desatados sus ropas antes de bajar, lo deje pasar.

El lunes mi marido salió por unas cosas del trabajo y yo y Sergio nos quedamos
solos, le dije que me metería  a la piscina y me aleje sin verle, no podía hacerlo
más me dije que con la cámara y con verle desnudo ya había cruzado mis
propios límites y no podía permitirme más, estuve nadando un rato hasta que
de pronto escuché música, y vi a mi hijo entrar a la piscina llevando dos
bebidas, era temprano pero el tequila me apetecía además ver  a mi hijo en su
pequeño traje de baño me descolocó por completo, toma mami te lo preparé
especial, le sonreí y me lo bebí mirando el agua resbalar en sus pectorales, sus
músculos tensos pues acababa de entrenar en su habitación.

-          Mami te quedaron increíbles-. Mis tetas se habían salido de mi bra.

-           Gracias bebe tú también tienes un cuerpazo-. Era la tercera bebida que
me tomaba y la música reggaetón me empezaba a hacer bailar.

-          Ven mami quieres bailar con tu hijo-. Me tomó de la cintura y me llevo
a la sombra de un árbol cercano, empezamos a bailar, le di la espalda y
empecé a perrearle, pude sentir su cuerpo en mi espalda.
-          Ufff mami que culo tienes-. Sus palabras me calentaron tanto que de
pronto, di un empujoncito en su verga y la pude sentir encajada en mi rayita,
mi tanga era tan sugerente que empezó a crecer su miembro.

-          Gracias, mi amor-. Ummm gemí y seguí bajando y moviendo mis


nalgas al ritmo de la música. De pronto y sin avisar me dio una sonora nalgada
que yo respondí con un gemidito sugerente.

-          Eres una reina mami-. Me susurró al oído dándome un mordisco que yo
respondí clavándome más su verga entre mis dos duras y artificiales nalgas.

-          ¿te gusta cómo bailo? -. le dije mientras ambos sudábamos y


seguíamos consumidos por la música-. Aunque sea cuarentona me muevo bien.

-          Eres toda una profesional, esas clases de zumba si que funcionan-. De
pronto y sin avisar me dio un beso en la boca, me abrace a él y con mis manos
toqué todo su torso, me volvía loca, le di una nalgada y amase ese culo
prohibido mientras él me dio una también misma que aprovecho para meterme
un primer dedo justo a la entrada de mi vagina.

-          Somos madre e hijo-. Le dije dando un segundo beso con mordida de
labio incluida.

-          Eres una puta caliente y yo un chulo de gimnasio, sólo eso mami-. Sin
saber en que momento sucedió, me volvió a besar y agarrar mis nalgas.

Me llevo contra el tronco del árbol y mientras el reggaetón se ponía más sucio y
yo seguía moviendo mis nalgas, me arrancó la tanga y me dio un lengüetazo en
mi vagina húmeda, te va a gustar tanto que me vas a pedir más, me dijo y yo
sólo aullaba de placer. 1, 2,3… contó y con una voz de chulo que no le conocía
gimió cuando me la metió entera, su cuerpo se tensó, sus músculos podían
sentirlo entre mis piernas y en mi piel estaban en completa expectación, dame
duro papi ya soy tu putita, y como si esas palabras lo hubieran activado
comenzó un frenético ataque sexual que casi me rompe en dos. Yo sólo gemía
y salivaba mientras escuchaba sus ruidos animales al poseerme, su potencia
juvenil combinada con ese cuerpo que me volvía loca y que hoy me demostraba
su poder me hizo venirme un poco antes que su pene explotará en mi
llevándome a otra dimensión.

Ambos exhaustos caímos al suelo, yo me arroje a lo que quería, le bese sus


duros pectorales, baje hasta sus abdominales y finalmente a su culo el cual
mordí mientras él riendo me decía, eres una putita mamá, desde que me viste
ese día querías un pedazo de estas nalgas, y son mías cabrón, le dije
besándolo, esta cuarentena tendrás que ser mi macho ya que tu padre no
puede.

Por eso mismo seguí el consejo de tu amiguita y te di un poquito de alcohol me


dijo cuando me invito a sentarme en su verga para cabalgarlo.

Te escribo para agradecerte e invitarte a comer a la casa, comeremos pizza y


esa verga de Sergio y si quieres te puedo convidar ese postre delicioso, esas
duras y perfectas nalgas que tiene.

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