Perspectivas sobre el 17 de octubre de 1945
Perspectivas sobre el 17 de octubre de 1945
Desde la historia, la sociología, la literatura, la política, mucho se ha escrito y debatido sobre este
acontecimiento histórico. En los textos que siguen se rescatan distintas percepciones y reflexiones, espontáneas
las primeras, más elaboradas las otras, de personas que vivieron los hechos como participantes activos o
simplemente como espectadores. Estas perspectivas complejizan y enriquecen la comprensión que hoy tenemos
acerca de este momento de la historia argentina contemporánea.
Después de la lectura de estos testimonios te proponemos:
1) La realización de una comparación entre las distintas visiones. Relevar para ello sus aspectos más
significativos, como por ejemplo el sujeto del acontecimiento, las expectativas existentes en tomo a sus
posibles comportamientos, las relaciones que el acontecimiento induce a realizar con el pasado nacional o
con otras realidades contemporáneas.
2) Reflexionar acerca de las razones de la existencia de visiones en muchos aspectos contradictorias entre sí.
3) Establecer la filiación político-ideológica de cada uno de estos autores e inferir su alineamiento político
posterior a los sucesos de octubre de 1945.
4) Realizar un informe en el que resumas tus conclusiones y reflexiones en tomo a los puntos 1), 2) y 3).
“Bueno, ahí estaban. Como si hubieran querido mostrar todo su poder, para que nadie dudara de que
realmente existían. Allí estaban, por toda la ciudad, pululando en grupos que parecían el mismo grupo
multiplicado por centenares.
“Los mirábamos desde la vereda, con un sentimiento parecido a la compasión. ¿De dónde salían? ¿Entonces
existían? ¿Tantos? ¿Tan diferentes a nosotros? ¿Realmente venían a pie desde esos suburbios cuyos nombres
componían una vaga geografía desconocida, una “térra incógnita” por la que nunca habíamos andado? ¿Sería
posible que los moviese el nombre de ese hombre, el aborrecido, el sonriente monologuista que hacía apalear
estudiantes; metía presos a los jueces; cerraba los diarios; clausuraba universidades? Nos parecía increíble todo
eso y las columnas que marchaban, cada vez más espesas, cada vez más impresionantes en su frenesí, se nos
figuraban por momentos ejércitos de fantasmas, zombies conducidos por un anónimo comando de hombres con
los duros rostros y los precisos gestos de los nazis de las películas.
“Habíamos recorrido todos esos días los lugares donde se debatían preocupaciones como las nuestras. Nos
habíamos movido en un mapa conocido, familiar; la Facultad, La Recoleta en el entierro de Salmún Feijóo, la
Plaza San Martín, la Casa Radical. Todo, hasta entonces, era coherente y lógico; todo apoyaba nuestras propias
creencias. Pero ese día, cuando empezaron a estallar las voces y a desfilar las columnas de rostros anónimos
color tierra, sentíamos vacilar algo que hasta entonces había sido inconmovible. Y nos peguntamos, apenas por
un instante, si no tendrían razón ellos, los extraños, los que pasaban y pasaban y seguían pasando, sin siquiera
miramos, coreando sus estribillos y sus cantos, lanzando como una explosión el rotundo nombre de aquel
hombre.
“Sin embargo, no alcanzamos a dudar. Simplemente pensamos que era una lástima tanta gente buena
defendiendo una mala causa. Piadosamente los contemplamos, aplastados bajo el rigor de la baja presión. Y
después nos fuimos a seguir recorriendo el mapa de siempre, ahora alterado por cierta extraña soledad. Recién
cuando escuchamos la voz desde la radio, catapultada por una tormenta de rugidos, nos dimos cuenta de que
algo estaba pasando en el país. Pero como no entendimos qué era, exactamente, lo que pasaba, nos quedamos
mirando sobradoramente desde la vereda. Así, diez años más.”
Félix Luna, El 45, Ed. Jorge Alvarez, 1960.
Un dirigente metalúrgico, Ángel Perelman, cuenta así su experiencia: “...en la mañana del 17 de Octubre
vinieron a buscamos al Sindicato Metalúrgico, en la calle Humberto 1°, unos compañeros de Barracas.
“ ¿Qué pasa? —preguntamos.
"—En Avellaneda y en Lanús la gente se está viniendo al centro —contestaron.
«—¿Cómo es esto?
"—Sí, no sabemos quién largó la consigna, pero toda la gente está marchando desde hace algunas horas
hacia Buenos Aires.
“—Pero la CGT en la reunión de anoche —les dijimos— dio la orden de la Huelga general. ¿Qué es esa
marcha?
“—No sabemos —dijeron esos compañeros—. La cosa viene sola. Algunas fábricas que estaban trabajando,
porque no habían recibido a tiempo la orden de la huelga general, han parado el trabajo, pero los hombres, en
vez de irse a la casa, enfilan hacia Plaza de Mayo. ¿Ustedes saben algo?
“—Lo único que sabemos —respondimos— es que Evita está en un auto recorriendo los barrios y
difundiendo la orden del paro general.
“En realidad, la idea de volcarse sobre la Plaza de Mayo brotó espontáneamente en el seno profundo de las
masas populares, porque de otra manera no hubiera podido surgir. No hay orden alguna capaz de movilizar a un
tiempo a centenares de miles de hombres, mujeres y niños, sino cuando esas multitudes sienten la necesidad de
manifestarse en los momentos decisivos de su existencia. (...)”
Angel Perelman, en Félix Luna, op. cit., págs. 276-77.
“—Era muy de mañana... El coronel Perón había sido traído ya desde Martín García. Mi domicilio era este
mismo de la calle Rivadavia. De pronto me llegó desde el Oeste un rumor como de multitudes que avanzaban
gritando y cantando por la calle Rivadavia: el rumor fue creciendo y agigantándose, hasta que reconocí primero
la música de una canción popular y en seguida su letra: ‘Yo te daré / te daré, Patria hermosa / te daré una cosa, /
una cosa que empieza con P / ¡Péróooon!’. Y aquel ‘Perón’ retumbaba periódicamente como un cañonazo... Me
vestí apresuradamente, bajé a la calle y me uní a la multitud que avanzaba rumbo a la Plaza de Mayo. Vi,
reconocí y amé a los miles de rostros que la integraban: no había rencor en ellos, sino la alegría de salir a la
visibilidad en reclamo de su líder. Era la Argentina ‘invisible’ que algunos habían anunciado literariamente, sin
conocer ni amar sus millones de caras concretas y que no bien las conocieron les dieron la espalda. Desde
aquellas horas me hice peronista...”
Leopoldo Marechal, en F. Luna, op. cit., pag. 276.
Entretanto, la ciudad y el Gran Buenos Aires estaban totalmente paralizados. Unos por adhesión, otros por
temor, otros por las dudas, los lugares de trabajo se habían ido vaciando de gente. Un gran silencio medroso
flotaba sobre Buenos Aires. Este silencio es lo que más impresionó a Ernesto Sábato. “Estaba en Santos Lugares
con la extraña impresión de lo que era una revolución popular... había un silencio profundo, no había noticias,
todo estaba paralizado. Yo tuve la impresión de que algo muy poderoso y hasta lleno de misterio estaba
aconteciendo; la impresión de que una fuerza enorme y silenciosa, casi subterránea, se había puesto en
movimiento. Siempre había asociado la palabra revolución don la idea de ruido, de corrida, de gritos. Y de
pronto desde allí, desde Santos Lugares, tuve la sensación de que un movimiento popular podía ser algo potente
pero silencioso”.
Ernesto Sábalo, en F. Luna, op. cit., págs. 283-84.
Al día siguiente del 17 de octubre de 1945, Delfina Bunge de Gálvez describía en el diario católico El
Pueblo, el espectáculo que había visto en la Plaza de Mayo: “Las calles de Buenos Aires presenciaron algo
insólito: De todos los puntos suburbanos veíanse llegar grupos proletarios: eran los más pobres entre los
proletarios. Y pasaban debajo de nuestros balcones. Era la turba temida. Era -pensábamos— la gente
descontenta. Con el antiguo temor, nuestro primer impulso fue el de cerrar los balcones. Pero al asomamos a la
calle quedábamos en suspenso. Pues he aquí que estas turbas se presentaban ante nosotros como trocadas por
milagrosa transformación. Su aspecto era bonachón y tranquilo. No había caras hostiles ni puños levantados
como vimos hace pocos años. Aquel primer impulso de cerrar convirtiósenos en un compasivo deseo de ofrecer
a los pobres caminantes algún descanso y alimento. Pero ¿qué irán a hacer cuando se encuentren luego reunidos
y fuertes en número? ¿Cuáles serán sus finales intenciones? Nuestras sorpresas irán en aumento. Al avanzar la
noche, hemos presenciado las horas emocionantes en que la multitud de trabajadores iba engrosando i rente a la
Casa Rosada. Llega a decimos la radio que eran medio millón. Para los escépticos, reduzcámoslos a menos de la
mitad: unos doscientos mil. ¿Va a estallar ahora el odio contenido? ¿Van a comenzar las hostilidades?
Semejante multitud debía sentirse poderosa para llevar a cabo cualquier empresa. Tenían allí a un paso la
Catedral, pueden incendiarla. Ahí está la Curia, que tantas veces fue objeto de insulto anticlerical. Pero la
multitud se muestra respetuosa. Hasta se veía una columna en la que parte de sus componentes hacía la señal de
la cruz al enfrentarse a la iglesia. Se objetará que en alguna parte de la ciudad hubo desmanes. Milagro
portentoso sería que ninguno hubiera habido en parte alguna. Estas turbas parecían cristianas sin saberlo. Su
actitud era tal que nos hizo pensar que ellas podían ser un eco lejano, ignorante y humilde, de nuestros
Congresos Eucaristía)*".
Un J. C. Torre, "La ciudad y los obreros”, en J. L
Romero y LA. Romero (comps.), Buenos Aires, historia
de cuatro siglos, Buenos Aires, Ed. Abril, 1982.
“Es increíble y hasta admirable el poder de persuasión y de ejecución de nuestra oligarquía. En el mes de
octubre de 1945 el coronel Perón fue destituido y encarcelado. El país, azorado, se enteraba de que el asesor de
la formación del nuevo gabinete era el doctor Federico Pinedo, personaje a quien no puede calificarse sino con
la ignominia de su propio nombre. El ministerio de Obras Públicas había sido ofrecido al ingeniero Atanasio
Iturbe, director de los ferrocarriles británicos, que optó por esconderse detrás de su personen). El ministerio de
Hacienda sería ocupado por el doctor Alberto Hueyo, gestor del Banco Central y presidente de la Cade, entidad
financiera que tiene una capacidad de corrupción de muchos millones de kilovatios.
“La oligarquía vitalizada reflorecía en todos los resquicios de la vida argentina. Los judas disfrazados de
caballeros asomaban sus fisonomías blanduzcas de hongos de antesala y extendían sus manos pringadas de
avaricia y de falsía. Todo parecía perdido y terminado. Los hombres adictos al coronel Perón estaban presos o
fugitivos. El pueblo permanecía quieto en una resignación sin brío, muy semejante a una agonía.
“Con la resonancia de un anatema sacudía mi memoria el recuerdo de las frases con que hace muchos años
nos estigmatizó el escritor Kasimir Edschmidt: ‘Nada es durable en este continente’, había escrito. ‘Cuando
tienen dictaduras quieren democracias. Cuando tienen democracias buscan dictaduras. Los pueblos trabajan para
imponerse un orden, articularse, organizarse y configurarse, pero, en definitiva, vuelven a combatir. No pueden
soportar a nadie sobre ellos. Si hubieran tenido un Cristo o un Napoleón lo hubieran aniquilado’.
“Pasaban los días y la inacción aletargada y sin sobresaltos parecía justificar a los escépticos de siempre. El
desaliento, húmedo y rastrero, caía sobre nosotros como un ahogo de pesadilla. Los incrédulos se jactaban de su
acierto. Ellos habían dicho que la política de apoyo al humilde estaba destinada al fracaso porque nuestro pueblo
era de suyo cicatero, desagradecido y rutinario. La inconmovible confianza en las fuerzas espirituales del pueblo
de mi tierra, que me había sostenido en todo el transcurso de mi vida, se disgregaba ante el rudo empellón de la
realidad. Pensaba con honda tristeza en esas cosas en esa tarde del 17 de octubre de 1945. El sol caía a plomo
cuando las primeras columnas de obreros comenzaron a llegar. Venían con su traje de fajina porque acudían
directamente de sus fábricas y talleres. No era esa muchedumbre un poco envarada que los domingos invade los
parques de diversiones con hábito de burgués barato. Frente a mis ojos desfilaban rostros, brazos membrudos,
torsos fornidos, con las greñas al aire y las vestiduras escasas cubiertas de pringues, de restos de breas, grasas y
aceites. Llegaban cantando y vociferando, unidos en la impetración de un solo nombre: Perón. Era la
muchedumbre más heteróclita que la imaginación puede concebir. Los rastros de sus orígenes se traslucían en
sus fisonomías. El descendiente de meridionales europeos iba junto al rubio de trazos nórdicos y al trigueño de
pelo duro en que la sangre de un indio lejano sobrevivía aún. El río cuando crece bajo el empuje del sudeste
disgrega su enorme masa de agua en finos fluidos que van cubriendo los bajíos y cilancos con meandros
improvisados sobre la arena en una acción tan minúscula que es ridícula y desdeñable para el no avezado que
ignora que ese es el anticipo de la inundación. Así avanzaban por Avenida de Mayo, por Balcarce, por la
Diagonal.
“Un pujante palpitar sacudía la entraña de la ciudad. Un hálito áspero crecía en densas vaharadas mientras
las multitudes continuaban llegando. Venían de las usinas de Puerto Nuevo, de los talleres de Chacarita y Villa
Crespo, de las manufacturas de San Martín y Vicente López, de las fundiciones y acerías del Riachuelo, de las
hilanderías de Barracas. Brotaban de los pantanos de Gerli y Avellaneda o descendían de las Lomas de Zamora.
Hermanados en el mismo grito y en la misma fe iban el peón de campo de Cañuelas y el tornero de precisión, el
fundidor, el mecánico de automóviles, la hilandera y el peón. Era el subsuelo de la patria sublevado. Era el
cimiento básico de la nación que asomaba, como asoman las épocas pretéritas de la tierra en la conmoción del
terremoto. Era el substrato de nuestra idiosincrasia y de nuestras posibilidades colectivas allí presente en su
primordialidad sin recatos y sin disimulos. Era el de nadie y el sin nada en una multiplicidad casi infinita de
gamas y matices humanos, aglutinados por el mismo estremecimiento y el mismo impulso, sostenidos por una
misma verdad que una sola palabra traducía: Perón.”
R. Scalabrini Ortiz, Yrigoyen y Perón, Ed. Plus Ultra, Buenos Aires, 1972.
“En la tarde de ese día —relata sir David Kelly— decidí que era necesario ir a la Casa Rosada para decirle
al único ministro que quedaba —el ministro de Marina (sic)— que debía asumir la responsabilidad de proteger
los ferrocarriles. Debo confesar asimismo que me impulsaba una enorme curiosidad por saber qué estaba
pasando. Al acercarme a la Casa Rosada había un cordón de policía montada pero no hacía esfuerzo alguno por
impedir el paso de la gente ni se metía para nada con la multitud. El chofer quería retroceder y tuve que insistir
para que siguiera adelante, a muy poca velocidad. Tal como lo había esperado, la multitud nos dio paso no bien
vio la bandera inglesa, limitándose a gritar en forma amistosa: ¡Abajo Braden! ¡Viva Perón! Llegué a la Casa
Rosada y el ministro de Marina me prometió que haría todo lo posible en el asunto de los ferrocarriles; pero por
el momento ni él mismo estaba seguro de lo que estaba sucediendo.”
Sir David Kelly, Embajador de Gran Bretaña, en F. Luna, op. cit., pág. 284:
SOBRE LA DETENCIÓN DE PERÓN Y LA MOVILIZACIÓN OBRERA DEL 17 DE OCTUBRE
DE 1945
LOS DEBATES ENTRE LOS DIRIGENTES DE LA CGT PARA DECIDIR CÓMO PROCEDER
ANTE LA DETENCIÓN DE PERÓN
Si este cuerpo no resuelve la huelga general les puedo asegurar que se producirá lo mismo, por el
estado emotivo de los trabajadores. Acabo de tener un comunicado telefónico con carácter de urgente
desde Rosario, donde se me ha inquirido en forma enérgica cuál es la posición de la central obrera.
Ustedes saben que nosotros ya hemos constituido un comité de huelga y que la huelga ya está
declarada, y en tal sentido se me ha dado mandato al venir aquí. Únicamente están esperando las
instrucciones de la CGT a los efectos de que el movimiento se haga en forma coordinada.
Pero les aseguro, sin ánimo de presionarles, que si aquí no se vota la huelga, en Rosario se irá al
paro lo mismo.
Ramón Bustamante, delegado del Sindicato de la Carne de Rosario.
Declarar la huelga en estos momentos sería desastroso para los trabajadores, porque pondríamos al
gobierno en contra de nosotros [...]. No debemos olvidar que fue el mismo coronel Perón quien nos
dijo que la consigna era "del trabajo a casa" y que debíamos evitar por todos los medios la
provocación de incidentes.
Anselmo Malvicini, delegado de los trabajadores ferroviarios.
Ayer, cuando se tomó la resolución de declarar la huelga general, en principio, en La reunión de la
Comisión Administrativa, yo dije que la huelga sería hecha en defensa de las conquistas obreras y
contra la oligarquía que había ganado una posición de privilegio en el gobierno, situación confesada
por los propios funcionarios. Los diarios entregados al capital y a la oligarquía aplauden las palabras
del nuevo secretario de Trabajo y Previsión y eso solo ya es un índice para nosotros, porque hasta
hace muy pocos días esos mismos diarios se caracterizaban por su violenta oposición a la obra que
cumplía la Secretaría de Trabajo y Previsión.
Ayer analizamos extensamente el problema antes de tomar la resolución que ustedes conocen, y
ahora nuevamente se arguye que no hay razones para declarar la huelga general y que no puede ser
motivo el pedido de libertad del coronel Perón. Yo pregunto, ¿y la negativa de los patrones a pagar el
12 de octubre y otorgar las vacaciones? ¿Y la información que dan los diarios sobre los posibles
integrantes del gabinete nacional, conspicuos miembros de la oligarquía todos ellos? ¿Y la prisión del
coronel Perón? Porque pese a todo lo que se diga, el coronel está preso.
¿Y la detención del teniente coronel Mercante? Dentro de poco seguiremos nosotros el mismo
camino, pues no debemos olvidar que si Ávalos se proclama amigo de Perón, Vernengo Lima es
enemigo acérrimo de aquel y de nosotros; y a mi juicio tiene más influencia en el gobierno Vernengo
Lima que nadie, porque cuenta con el apoyo del capital y la oligarquía [...].
En concreto, la situación sería esta: Ávalos está con Perón y Vernengo Lima está contra Perón. Me
parece entonces que nuestra actitud va a reforzar la posición del primero y tendrá como consecuencia
inmediata la libertad de Perón y el seguramiento de todas nuestras conquistas.
Tenemos que aprovechar este momento excepcionalmente favorable para nosotros, pues si no,
habremos perdido la lucha por muchos años.
Libertario Ferrari, representante de la Asociación de Obreros y Empleados del Estado y miembro
de FORJA.
Hay que dejar bien claro que la CGT no puede, por razones de principio, declarar la huelga general
solicitando la libertad del coronel Perón. Tenemos una gran deuda de gratitud hacia él, pero son
nuestros principios los que orientan al movimiento obrero. La CGT no puede pedir en forma directa la
libertad de Perón. Esto sería enajenar el futuro de la central obrera. Si resolviéramos declarar la
huelga, repito que tendría que decirse bien claro que es en defensa de las conquistas obreras
amenazadas por la reacción capitalista; de lo contrario, proclamaríamos que la existencia de nuestro
movimiento está ligada a la suerte de un oficial del ejército.
Néstor Álvarez, secretario adjunto de la CGT.
Por mucho que demos vueltas el asunto, si hemos de declarar la huelga general, esta será por la
libertad del coronel Perón, porque reclamando su retorno al gobierno estamos defendiendo nuestras
conquistas, pues él ha sido el único que ha hecho justicia a las aspiraciones obreras. Si la CGT pide y
gestiona la libertad de Perón no vulnerará los principios sindicales, porque podemos decir ahora que
Perón es uno de los nuestros.
Tenemos que vivir la realidad del movimiento al que pertenecemos. Yo nunca pude comprender
por qué los trabajadores no se organizaban antes, por qué eran descreídos y escépticos.
Sin embargo, bastó que las autoridades revolucionarias con el coronel Perón a la cabeza
empezaran a realizar su obra de justicia social, aumentando los salarios, velando por el estricto
cumplimiento de las leyes que protegen al trabajo, para que los obreros despertaran de su letargo y
acudieran en masa a los sindicatos, desde los cuales los llamábamos nosotros desde hace muchos
años. Por eso existe hoy un sentimiento de malestar en el pueblo ante los hechos producidos contra el
hombre que posibilitó la creación de este movimiento de grandes masas que actualmente tenemos y
no aquel otro raquítico en el que vegetábamos unos cuantos militantes.
Ramón W. Tejada, delegado de la Unión Ferroviaria de San Juan.
Reunión del Comité Central Confederal de la CGT, 16 de octubre de 1945.
EL 17 SEGÚN UN HISTORIADOR
“Un conato de revolución militar obligó a Perón a retirarse transitoriamente del poder y permitió
la cuidadosa organización de su retorno a la vida pública en condiciones excepcionales que
demostraban el trasfondo de su política y sus planes. Con la colaboración desembozada de fuertes
grupos militares y de la policía se organizó el 17 de octubre de 1945 una marcha sobre Buenos Aires
para exigir la ´libertad´ de Perón. El movimiento tenía –en gran escala- la misma estructura interna de
otros que anteriormente había organizado la policía para otorgar un poco de calor popular a los actos
de gobierno de la revolución de 1943; pero era inequívoco que ahora existía también un movimiento
espontáneo de masas populares para las cuales el nombre de Perón se había transformado en bandera
de un movimiento social.”
José Luis Romero. Las ideas políticas
en la Argentina. Buenos Aires, 1981.
“Era la Argentina ‘invisible” que algunos habían anunciado literariamente, sin conocer ni amar
sus millones de caras concretas, y no bien las conocieron les dieron la espalda. Desde aquellas horas
me hice peronista."
Leopoldo Marechal
“Multitudes grises avanzaban como un torrente de plomo derretido, lentas, graves, concentradas
en su destino. ’’
Juan José Hernández Arreghi
Leopoldo Marechal: "Era muy de mañana, y yo acababa de ponerle a mi mujer una inyección de morfina (sus dolores lo hacían
necesario cada tres horas). El coronel Perón había sido traído ya desde Martín García. Mi domicilio era este mismo departamento de calle
Rivadavia. De pronto me llegó desde el Oeste un rumor como de multitudes que avanzaban gritando y cantando por la calle Rivadavia: el
rumor fue creciendo y agigantándose, hasta que reconocí primero la música de una canción popular y, enseguida, su letra:
"Yo te daré
te daré, Patria hermosa,
te daré una cosa,
una cosa que empieza con P
Perooón".
Y aquel "Perón" resonaba periódicamente como un cañonazo. Me vestí apresuradamente, bajé a la calle y me uní a la multitud que
avanzaba rumbo a la Plaza de Mayo. Vi, reconocí, y amé los miles de rostros que la integraban no había rencor en ellos, sino la alegría de
salir a la visibilidad en reclamo de su líder. Era la Argentina "invisible" que algunos habían anunciado literariamente, sin conocer ni amar
sus millones de caras concretas, y que no bien las conocieron les dieron la espalda. Desde aquellas horas me hice peronista".
Al 17 de octubre
Era el pueblo de Mayo quien sufría,
no ya el rigor de un odio forastero,
sino la vergonzosa tiranía
del olvido, la incuria y el dinero.
Silvina Ocampo escribió sobretodo poesía y cuentos. Proveniente de una familia de la aristocracia porteña, formó parte de los círculos
destacados de la alta cultura. Junto a Victoria Ocampo, su hermana, Adolfo Bioy Casares, su esposo, y Jorge Luis Borges conformaron el
grupo que ingresó en la historia de la literatura argentina bajo el nombre “Sur”, nombre que llevaron la revista y editorial que dirigió
Victoria Ocampo. En 1955 "Sur" dedicó un emblemático número de la revista a la celebración del derrocamiento del peronismo. En ése
número, Silvina Ocampo publicó "Testimonio para Marta", un poema a su hija, una suerte de legado maternal contra el olvido que, con
fuerza de ley, profesa:
Mucho antes, en plena emergencia del peronismo, Silvina Ocampo escribió “Esta primavera de 1945, en Buenos Aires”. El poema se
publicó en la revista Anti-Nazi el 29 de noviembre de 1945.
La obra de Leónidas Lamborghini es principalmente poética, aunque también escribió narrativa y una obra de teatro titulada “Perón en
Caracas”. En la década del cincuenta trabajó en la industria textil, fue delegado gremial y en 1973, bajo la presidencia de Héctor J.
Cámpora, ocupó durante tres meses el cargo de secretario de cultura del gobierno de la provincia de Buenos Aires. En 1977 se exilió en
México y recién regresó a la Argentina en 1990.
En su obra se destaca El solicitante descolocado, producto de su trabajo entre 1966 y 1971, una reescritura en clave paródica de la
historia política argentina: “Yo he usado la parodia para desenmascarar al modelo desde la risa. Y en vez de llorar frente a él, o de quejarse,
reírlo. Esa risa crítica.”
El solicitante descolocado comprende tres poemas: “Las patas en la fuente”, seguido de “La estatua de la libertad” y “Diez escenas del
paciente”. En Las patas en las fuentes (1966), que porta en el título una versión pluralizada de la simbólica imagen del 17 de octubre, hay
dos personajes principales: el solicitante descolocado y el saboteador arrepentido. Como en la poesía gauchesca, estos personajes dialogan,
forman voces en contrapunto. De algún modo, este poema podría ser considerado como el 17 de Octubre de la poesía argentina: “El de
Lamborghini es uno de los itinerarios más coherentes entre los que intentan darle una voz y un nombre a lo que somos y no a lo que
deberíamos ser", dijo Juan Sasturain, en 1973 en el diario La Opinión.
Me detengo un momento
por averiguación de antecedentes
trato de solucionar importantísimos
problemas de estado;
vena mía poética susúrrame contracto
planteo, combinación
y remate.
En vez
tú no tienes voz propia
ni virtud
dijo
y escribes sólo para
yo quise decirle mentira mentira
para purificarme
(…)
(…)
El Saboteador Arrepentido
—¿Qué es esto?
Hasta que el fabricante disfrazado
de patrón vistiendo su más fino casimir
su más peinado hábito
me envuelve con su cola y aquí
me deposita:
—Este es tu nuevo puesto
(...)
Me detengo un momento
en el país de los países
de las maravillas
la izquierda es la derecha
lo blanco es negro.
(…)
En el país de:
y di tres pasos
hacia los libertadores
y eran los.
y matan y persiguen y rondan y secuestran
sollozando al occidente
sollozando al occidente
y bailan alrededor
de un cadáver que no muere
(…)
y los adictos
buscaban la salida
en el callejón
sin forzando la salida
adictos a
y la mujer que va al frente está
gritando
¡Todos unidos
hagamos antorchas compañeros!
(…)
“y había allí
manando sangre de muñones
“somos los destrozados
los mutilados
la vida por
la vida por
cruzando la Gran Plaza”
(...)
dios
dios
acelera las contradicciones
de los que tendrán
que ser devorados
y cuando llegará
ese día
en que los devoremos
y vi a ese
tipillo
limpiar su autillo
todo el día
oh dios
dios
y devorémoslo
también
(…)
entonces vi al saboteador
arrepentido
llevaba una bomba casera
entre sus manos
“y ya no estoy arrepentido”
me dice
cuando a los pocos pasos
la bomba estalló contra su vientre
y aún así reventado
llama
y yo acerco mi oído tenso a su boca
“la redención por la lucha”
me dice
“la insurrección es un arte
es un arte”
y así
expiró entre mis brazos
¡Y hagamos antorchas
compañeros!
gritó la mujer que iba al frente
[Link]
Poemas y testimonios del 17 de Octubre de 1945
POR DANIEL BRION
SONETO
Por Leopoldo Marechal
Era el pueblo de Mayo quien sufría,
no ya el rigor de un odio forastero,
sino la vergonzosa tiranía
del olvido, la incuria y el dinero.
El mismo pueblo que ganara un día
su libertad al filo del acero
tanteaba el porvenir, y en su agonía
le hablaban sólo el Río y el Pampero.
De pronto alzó la frente y se hizo rayo
(¡era en Octubre y parecía Mayo!),
y conquistó sus nuevas primaveras.
El mismo pueblo fue y otra victoria.
Y, como ayer, enamoró a la Gloria,
¡y Juan y Eva Perón fueron banderas!
Dijo Marechall:
“El coronel Perón había sido traído ya desde Martín García. Mi domicilio era este mismo departamento de calle Rivadavia. De pronto
me llegó desde el Oeste un rumor como de multitudes que avanzaban gritando y cantando por la calle Rivadavia: el rumor fue creciendo y
agigantándose, hasta que reconocí primero la música de una canción popular y, enseguida, su letra:
"Yo te daré/
te daré, Patria hermosa,/
te daré una cosa,/
una cosa que empieza con P/
Perooón".
Y aquel "Perón" resonaba periódicamente como un cañonazo.
Me vestí apresuradamente, bajé a la calle y me uní a la multitud que avanzaba rumbo a la Plaza de Mayo. Vi, reconocí, y amé los miles
de rostros que la integraban. No había rencor en ellos, sino la alegría de salir a la visibilidad en reclamo de su líder. Era la Argentina
"invisible" que algunos habían anunciado literariamente, sin conocer ni amar sus millones de caras concretas, y que no bien las conocieron
les dieron la espalda. Desde aquellas horas me hice peronista"…
Octubre entero
Por Fermín Chávez
Miradme así en octubre, la boca levantada,
para decir los nombres que en mi sangre macollan.
Todo lo que en el Pueblo se vuelve luz gritada
cuando el hombre y la tierra se buscan y se apoyan.
Miradme así en octubre, con mi ruano mañero
que a la fiesta del pueblo me arrimó receloso.
Traigo un campo de huesos. Viene el paisaje entero
con un perro y un chico y un arroyo barroso.
Traigo la voz del pueblo en mi boca de octubre,
en mi sangre de octubre parecida a una mora.
Miradme así en octubre, con las manos de octubre
y tendones rosados empujando a la aurora.
Quiero mirar la patria en el humo que sube
azul desde las fábricas, azul desde mis venas,
nombrarla en un tobillo que no tiene cadenas,
mirarla como el hombre cuando mira a la nube.
Quiero decir obrero, decir descamisado.
17 de octubre, laurel en la tormenta.
Quiero abrir una fiesta en mi jergón colorado
y una garza rosada.(La aurora que se asienta).
Miradme así en octubre, con mi ruano mañero
que la fiesta del Pueblo me arrimó resudado.
Traigo un campo de lino. Viene mi octubre entero.
Con un perro y un chico y un arroyo cortado.
Recordaba Andrés “El Negro” Framini
”El 17 marca el punto de partida de la revolución peronista y es un ejemplo incuestionable de cómo, a través de la movilización de los
trabajadores, es posible alcanzar los objetivos que hacen a la grandeza de la Nación y al bienestar del pueblo. Yo recuerdo cómo millones de
trabajadores irrumpieron en las calles. Entonces entendí qué era eso de "las masas". Allí estábamos, movilizados, dispuestos a la pelea. No
nos imaginábamos que eso se iba llamar Peronismo.”
Reflexionó Don Arturo Jauretche
"El país era otro país y no quisieron entenderlo... El 17 de octubre, más que representar la victoria de una clase, es la presencia del
nuevo país con su vanguardia más combatiente y que más pronto tomó contacto con la realidad propia.”
La famosa foto de “las patas en la fuente” nos muestra a dos hermanos en primer plano, Juan Molina (fallecido el 11 de julio de
2010, a los 82 años) y su hermano mayor, los dos con un gesto casi calcado.
Fue Don Fermín Chávez quien años después de aquel glorioso 17 de octubre descubrió a quien estaba en la foto. Era al ser
encontrado por Don Fermín dirigente del gremio de la sanidad.
Como homenaje a los miles de compañeros que hicieron aquel 17 de octubre glorioso, he unido y transcripto reportajes que
realizaron Pablo Calvo y Luis Sartori:
"Estuve en la Plaza aquel 17, sigo siendo peronista, pero hoy no sé a quién votar"Testigo privilegiado del nacimiento del peronismo,
hoy es uno más entre los miles de indecisos.
Hace 62 años que Juan Molina vive atrapado en una foto. Tiene los pies en remojo y está sentado al borde de una fuente de la Plaza de
Mayo, esperando que liberen a Juan Perón. Mira a un costado y se frota las rodillas, porque llegó agotado desde Palermo, hasta donde lo
había acercado el tren. Tiene 17 años, la vida por delante y la historia enfrente, en ese balcón.
También se frota las rodillas ahora que es anciano y empieza a contar lo que pasó entre aquel recuerdo en blanco y negro y esta tarde
soleada junto a las veredas floridas de Hurlingham.
Su baúl de nostalgias guarda el momento en que conoció a Eva Perón. "Fue una emoción tremenda, insuperable. Me saludó, la besé en
las mejillas, hablamos un poco. Luego la vi donar una casa y una máquina de coser a una mujer" que acababa de enviudar: "Cuidala,
querida, no dejés que los yuyos te lleguen al techo. Mirá que una tarde paso a ver cómo la tenés y, de paso, tomamos un mate cocido",
escuchó decir a la mujer delgada, que estaba por emprender el viaje hacia su propia leyenda.
Con brazalete de luto lo recibió Perón en la Casa Rosada, porque para entonces, 1953, Molina era dirigente del gremio de la Sanidad.
Ninguno de los dos conocía entonces la historia de la foto.
La curiosidad del historiador Fermín Chávez, uno de los biógrafos de Perón, hizo que asomara la novedad:
-Che, Molina, fijate bien, ¿no sos vos el que está en esta foto?
-Uy, sí, y el de al lado es mi hermano mayor. Hasta tenemos el mismo gesto, miramos para el mismo lado.
Trabajaban juntos en una fábrica de aguas gaseosas el día en que decidieron sumarse a la multitud. Juan usaba botas ortopédicas, por
una diferencia en el largo de sus piernas. En medio del camino, se las sacó. "Fue un gran error, porque los pies se me hincharon como dos
empanadas". Al rato, el agua de la fuente le regalaba un alivio especial.
Pudo saltar cuando la gente coreó: "La Patria sin Perón, es un barco, sin timón, sin timón". Y pudo emprender el regreso en el tranvía
que iba de Chacarita a Campo de Mayo. Lo esperaba el reproche de sus padres:
-Se puede saber adónde estaban? Son las dos de la mañana...
Años después, Juan trabajó en una fábrica de curitas y cinta adhesiva y se hizo amigo inseparable de José Falón, el que más se
entusiasma con los recuerdos del 17 de octubre de 1945.
El 20 de junio de 1973, cuando el regreso definitivo de Perón al país, corrió con sus pies imperfectos en Ezeiza, con ruido de disparos
de fondo. También conoció a Isabel Perón: "Vino a entregar los diplomas de la escuela de enfermería, sin López Rega"
Recuerda también su paso por la estructura sindical liderada por Saúl Ubaldini, en el retorno democrático."
"...cada uno había escuchado hablar del otro mil veces:
del negrito Ponce, el albañil, y de Molina, el gremialista.
Pero -como en un reencuentro de Gente que busca gente- recién volvieron a verse en julio de este añ[Link] entonces, son
inseparables. Se invitan a celebraciones con cualquier pretexto, se intercambian fotos y se prometen asados, y hasta dicen que sus esposas
también se hicieron amigas.
Se les nota: disfrutan la certeza de haber protagonizado una tardenoche clave del siglo.
Juan Molina, bonaerense, es socio de San Lorenzo y dirige desde 1952 un sindicato del Gran Buenos Aires: el de la Sanidad de
Hurlingham, que él mismo fundó.
Armando Ponce, santiagueño, sigue a Argentinos Juniors y tiene una empresa que arregla [Link] dos esposas (una cada uno),
seis hijos y 16 nietos. Nacieron el mismo año (1928), con dos meses de diferencia. Uno tiene pelo negro y el otro una calva aminorada por
su tenue cabellera blanca. Son verborrágicos, peronistas definitivos y de manos anchas.
Molina, más vehemente, pasó su vida en Hurlingham; Ponce vivió 20 años en Guaymallén, Mendoza, y quizás por eso es de modos
más calmos. El 17 de octubre de 1945 tenían, casualmente, 17 años. Vivían cerca, a una estación de distancia: Molina en El Tropezón y
Ponce en Villa Bosch, un puñado de cuadras más allá de la General Paz. Y cerca se sentaron en la fuente de la Plaza de Mayo para
refrescarse los pies, en una tarde -recuerdan- sofocante. En el medio, aquel día célebre, un descamisado en camiseta. Las patas en la fuente y
los descamisados, símbolos del peronismo insolente que estalló aquel 17 para cambiar la historia argentina. Recuerda Ponce: Yo era cadete
en una sastrería militar, la sastrería García. Estaba en la calle 25 de Mayo, a media cuadra de la Plaza.
Y esa mañana, el delegado, que admiraba a Perón, nos convocó a ir a pedir por el coronel. Está en Martín García y lo quieren fusilar,
porque nos defiende a nosotros, dijo. Allá fuimos. Y nos encontramos con una plaza recontrallena. Molina evoca: El 17 hicimos huelga.
Trabajaba en una fábrica de aguas gaseosas con mi hermano mayor.
Los dos tomamos el tren en Caseros, nos bajamos en Palermo, y fuimos caminando desde ahí por la avenida Santa Fe hacia la Plaza.
Por todos lados se veían pañuelos blancos y banderas argentinas. Cantábamos La patria sin Perón es un barco sin timón, y caminábamos.
Llegamos a Plaza de Mayo como a las cinco de la tarde, hacía calor y no había agua en los bebederos. La foto la deben haber tomado a esa
hora. Su hermano mayor, ya fallecido, es el engominado con saco que está a la izquierda de Juan, en el centro de la famosa foto de la fuente.
Ponce y los Molina se refrescaron en la fuente que está a la izquierda de la Plaza, entre la Pirámide y la Casa de Gobierno, yendo hacia
Puerto Madero.
Sigue Molina: Todos los bares y negocios de la zona estaban cerrados. La gente traía y llevaba información sobre Perón, pero no sé de
dónde la sacaba, porque no había radios portátiles. Al anochecer, se encendieron las luces de la plaza y mucha gente hizo antorchas con
papeles. La Policía estaba tranquila: apenas había una guardia frente a la Casa de Gobierno, y algunos de la montada entre la multitud.
Ponce remata: Para salir, como había tanta gente, tuve que costear las paredes del Banco Nación primero y de la Catedral, después.
El subte estaba cerrado en Diagonal Norte. Y fue en ese momento cuando empezó a hablar Perón, y comparó esa movilización popular
con la toma de la Bastilla en París. No tenía reloj, pero serían las diez y media de la noche. El coronel terminó de hablar y Ponce se alejó
caminando. Llegó a pie a Chacarita y ahí comió pizza, el único alimento del día de su bautismo político. Votaron por Perón al año siguiente
(el 24 de febrero) y siguieron caminos distintos: Ponce se hizo albañil, trabajó de periodista y se destapó como inventor.
Siempre fue militante peronista, y su otro gran momento en la política ocurrió en 1962: fue cuarto candidato a diputado de Mendoza
por la Unión Popular, el nombre del partido peronista, entonces proscripto.
Molina vio cuatro veces a Evita, fue preso en noviembre de 1955, después de derrocado Perón; lo echaron de la fábrica 3M un par de
veces; integró la CGT de Saúl Ubaldini en la última dictadura; fue recibido por Juan Pablo II, y hasta fundó un hospital."
SEAN ESTOS RECUERDOS UN HOMENAJE PARA TODOS LOS COMPAÑEROS Y COMPAÑERAS QUE
HICIERON POSIBLE EL 17 DE OCTUBRE DE 1945, TRANSFORMÁNDOLO EN EL DÍA DE LA LEALTAD.
LEALTAD QUE CONTINÚA HOY AL SERVICIO DE UNA PATRIA SOCIALMENTE JUSTA, ECONÓMICAMENTE
LIBRE Y POLÍTICAMENTE SOBERANA.