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Perspectivas sobre el 17 de octubre de 1945

Este documento presenta varias perspectivas y testimonios sobre los acontecimientos del 17 de octubre de 1945 en la Argentina. Incluye extractos que describen la marcha masiva de trabajadores hacia la Plaza de Mayo en apoyo de Perón, las reacciones de sorpresa de algunos espectadores ante la presencia de estas masas populares, y análisis posteriores que reflexionan sobre el significado político y social de estas movilizaciones.

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Perspectivas sobre el 17 de octubre de 1945

Este documento presenta varias perspectivas y testimonios sobre los acontecimientos del 17 de octubre de 1945 en la Argentina. Incluye extractos que describen la marcha masiva de trabajadores hacia la Plaza de Mayo en apoyo de Perón, las reacciones de sorpresa de algunos espectadores ante la presencia de estas masas populares, y análisis posteriores que reflexionan sobre el significado político y social de estas movilizaciones.

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El 17 de Octubre de 1945: diferentes visiones

Desde la historia, la sociología, la literatura, la política, mucho se ha escrito y debatido sobre este
acontecimiento histórico. En los textos que siguen se rescatan distintas percepciones y reflexiones, espontáneas
las primeras, más elaboradas las otras, de personas que vivieron los hechos como participantes activos o
simplemente como espectadores. Estas perspectivas complejizan y enriquecen la comprensión que hoy tenemos
acerca de este momento de la historia argentina contemporánea.
Después de la lectura de estos testimonios te proponemos:
1) La realización de una comparación entre las distintas visiones. Relevar para ello sus aspectos más
significativos, como por ejemplo el sujeto del acontecimiento, las expectativas existentes en tomo a sus
posibles comportamientos, las relaciones que el acontecimiento induce a realizar con el pasado nacional o
con otras realidades contemporáneas.
2) Reflexionar acerca de las razones de la existencia de visiones en muchos aspectos contradictorias entre sí.
3) Establecer la filiación político-ideológica de cada uno de estos autores e inferir su alineamiento político
posterior a los sucesos de octubre de 1945.
4) Realizar un informe en el que resumas tus conclusiones y reflexiones en tomo a los puntos 1), 2) y 3).
“Bueno, ahí estaban. Como si hubieran querido mostrar todo su poder, para que nadie dudara de que
realmente existían. Allí estaban, por toda la ciudad, pululando en grupos que parecían el mismo grupo
multiplicado por centenares.

“Los mirábamos desde la vereda, con un sentimiento parecido a la compasión. ¿De dónde salían? ¿Entonces
existían? ¿Tantos? ¿Tan diferentes a nosotros? ¿Realmente venían a pie desde esos suburbios cuyos nombres
componían una vaga geografía desconocida, una “térra incógnita” por la que nunca habíamos andado? ¿Sería
posible que los moviese el nombre de ese hombre, el aborrecido, el sonriente monologuista que hacía apalear
estudiantes; metía presos a los jueces; cerraba los diarios; clausuraba universidades? Nos parecía increíble todo
eso y las columnas que marchaban, cada vez más espesas, cada vez más impresionantes en su frenesí, se nos
figuraban por momentos ejércitos de fantasmas, zombies conducidos por un anónimo comando de hombres con
los duros rostros y los precisos gestos de los nazis de las películas.
“Habíamos recorrido todos esos días los lugares donde se debatían preocupaciones como las nuestras. Nos
habíamos movido en un mapa conocido, familiar; la Facultad, La Recoleta en el entierro de Salmún Feijóo, la
Plaza San Martín, la Casa Radical. Todo, hasta entonces, era coherente y lógico; todo apoyaba nuestras propias
creencias. Pero ese día, cuando empezaron a estallar las voces y a desfilar las columnas de rostros anónimos
color tierra, sentíamos vacilar algo que hasta entonces había sido inconmovible. Y nos peguntamos, apenas por
un instante, si no tendrían razón ellos, los extraños, los que pasaban y pasaban y seguían pasando, sin siquiera
miramos, coreando sus estribillos y sus cantos, lanzando como una explosión el rotundo nombre de aquel
hombre.
“Sin embargo, no alcanzamos a dudar. Simplemente pensamos que era una lástima tanta gente buena
defendiendo una mala causa. Piadosamente los contemplamos, aplastados bajo el rigor de la baja presión. Y
después nos fuimos a seguir recorriendo el mapa de siempre, ahora alterado por cierta extraña soledad. Recién
cuando escuchamos la voz desde la radio, catapultada por una tormenta de rugidos, nos dimos cuenta de que
algo estaba pasando en el país. Pero como no entendimos qué era, exactamente, lo que pasaba, nos quedamos
mirando sobradoramente desde la vereda. Así, diez años más.”
Félix Luna, El 45, Ed. Jorge Alvarez, 1960.

Un dirigente metalúrgico, Ángel Perelman, cuenta así su experiencia: “...en la mañana del 17 de Octubre
vinieron a buscamos al Sindicato Metalúrgico, en la calle Humberto 1°, unos compañeros de Barracas.
“ ¿Qué pasa? —preguntamos.
"—En Avellaneda y en Lanús la gente se está viniendo al centro —contestaron.
«—¿Cómo es esto?
"—Sí, no sabemos quién largó la consigna, pero toda la gente está marchando desde hace algunas horas
hacia Buenos Aires.
“—Pero la CGT en la reunión de anoche —les dijimos— dio la orden de la Huelga general. ¿Qué es esa
marcha?
“—No sabemos —dijeron esos compañeros—. La cosa viene sola. Algunas fábricas que estaban trabajando,
porque no habían recibido a tiempo la orden de la huelga general, han parado el trabajo, pero los hombres, en
vez de irse a la casa, enfilan hacia Plaza de Mayo. ¿Ustedes saben algo?
“—Lo único que sabemos —respondimos— es que Evita está en un auto recorriendo los barrios y
difundiendo la orden del paro general.
“En realidad, la idea de volcarse sobre la Plaza de Mayo brotó espontáneamente en el seno profundo de las
masas populares, porque de otra manera no hubiera podido surgir. No hay orden alguna capaz de movilizar a un
tiempo a centenares de miles de hombres, mujeres y niños, sino cuando esas multitudes sienten la necesidad de
manifestarse en los momentos decisivos de su existencia. (...)”
Angel Perelman, en Félix Luna, op. cit., págs. 276-77.

“Habíamos hablado mucho de nuestro pueblo. Ya en el Himno se lo menciona, pero no lo conocíamos.


Perón nos reveló, no al pueblo sino a una zona del pueblo que, efectivamente, nos parecía extraño y extranjero.
El 17 de octubre Pelón volcó en las calles céntricas de Buenos Aires un sedimento social que nadie habría
reconocido. Parecía una invasión de gentes de otro país, hablando otro idioma, vistiendo trajes exóticos y, sin
embargo, eran parte del pueblo argentino, de1 pueblo del Himno. Porque había ocurrido que, hasta entonces,
habíamos vivido extraños a parte de la familia que integraba ese pueblo, ese bajo pueblo, ese miserable pueblo.
Lo habían desplazado u olvidado aun los políticos demagógicos y Perón tuvo, más que la bondad y la
inteligencia, la habilidad de sacarlo a la superficie y de exhibirlo sin avergonzarse de él, no en su calidad de
pueblo sino en calidad de una fuerza tremenda y agresiva que hacía peligrar los cimientos (te tina sociedad
constituida con solo una parte del elemento humano. O sea, el pueblo escogido que habíamos visto desfilar en
las fiestas patrias vestido de domingo. Eso era también pueblo, que no habíamos tomado en cuenta, como dije,
pero que existía. No un pueblo sepultado, un pueblo, diré, como el inca o el azteca, un pueblo muerto en vida.
No. Era un pueblo vivo, un pueblo viviente que ahora estaba en marcha. Y eran nuestros hermanos harapientos,
nuestros hermanos miserables. Lo que se llama, con una palabra técnica, el ‘lumpenproletariat’. Era, asimismo,
la Mazorca, pues salió de los frigoríficos como la otra salió de los saladeros. Eran las mismas huestes de Rosas,
ahora enroladas en la bandera de* Perón, que a su vez era el sucesor de aquel tirano. (...) Ejercían en el seno
mismo de la ciudad, sin poncho pero con facón, el oficio de desjarretadores, degolladores y saladeros del tasajo
de antaño. El país seguía siendo un gran criadero y matadero de vacas como lo fuera desde Echeverría hasta
Hudson. Y aquellos siniestros demonios de la llanura, que Sarmiento describió en el Facundo, no habían
perecido. Están vivos en este instante y aplicados a la misma tarea, pero bajo techo, en empresas muchísimo
mayores que las de Rosas, Anchorena, Terrero y Urquiza. El 17 de octubre salieron a pedir cuenta de su
cautiverio, a exigir un lugar al sol, y aparecieron con sus cuchillos de matarifes en la cintura, amenazando con
una San Bartolomé del barrio norte. Sentimos escalofríos viéndolos desfilar en una verdadera horda silenciosa,
con carteles que amenazaban con tomarse una revancha terrible...
“No solo dio a ese infraproletariado de trabajadores pobres un lugar al sol, sino que en muchos conceptos lo
colocó sobre el empleado, el maestro y aun el profesional. La clase media libre y la burocracia quedaron detrás o
debajo de ellos. Formó una nueva clase, por decirlo así, intermedia entre la superior de los potentados y
asociados y la clase media propiamente dicha, para la que trazó una sociología, una filosofía y hasta una religión
peronistas, con sus códigos y doctrinas. Aprovechó las quiebras producidas en siglos por la miseria y la
ignorancia y en ellas introdujo su cortafilos, reduciendo a “su” pueblo a la impotencia. ¿Cómo podemos
reprocharle que no sintiera la pérdida de su libertad y de su dignidad, si nunca las tuvo? En esa estafa de su
buena fe otros lo habían precedido desde hacía muchísimo tiempo.
“He aquí el obrerismo de Perón cuál diferente del electoralismo de Yrigoyen, pero a la vez cuán parecido al
gobierno de la mulatería y de la gauchería de Rosas. Pero el obrerismo de Perón, el de los descamisados, ya es
otro tema.”
Ezequiel Martínez Estrada, ¿Qué es esto?, Ed. Lautaro, Buenos Aires, 1956.

“—Era muy de mañana... El coronel Perón había sido traído ya desde Martín García. Mi domicilio era este
mismo de la calle Rivadavia. De pronto me llegó desde el Oeste un rumor como de multitudes que avanzaban
gritando y cantando por la calle Rivadavia: el rumor fue creciendo y agigantándose, hasta que reconocí primero
la música de una canción popular y en seguida su letra: ‘Yo te daré / te daré, Patria hermosa / te daré una cosa, /
una cosa que empieza con P / ¡Péróooon!’. Y aquel ‘Perón’ retumbaba periódicamente como un cañonazo... Me
vestí apresuradamente, bajé a la calle y me uní a la multitud que avanzaba rumbo a la Plaza de Mayo. Vi,
reconocí y amé a los miles de rostros que la integraban: no había rencor en ellos, sino la alegría de salir a la
visibilidad en reclamo de su líder. Era la Argentina ‘invisible’ que algunos habían anunciado literariamente, sin
conocer ni amar sus millones de caras concretas y que no bien las conocieron les dieron la espalda. Desde
aquellas horas me hice peronista...”
Leopoldo Marechal, en F. Luna, op. cit., pag. 276.

Entretanto, la ciudad y el Gran Buenos Aires estaban totalmente paralizados. Unos por adhesión, otros por
temor, otros por las dudas, los lugares de trabajo se habían ido vaciando de gente. Un gran silencio medroso
flotaba sobre Buenos Aires. Este silencio es lo que más impresionó a Ernesto Sábato. “Estaba en Santos Lugares
con la extraña impresión de lo que era una revolución popular... había un silencio profundo, no había noticias,
todo estaba paralizado. Yo tuve la impresión de que algo muy poderoso y hasta lleno de misterio estaba
aconteciendo; la impresión de que una fuerza enorme y silenciosa, casi subterránea, se había puesto en
movimiento. Siempre había asociado la palabra revolución don la idea de ruido, de corrida, de gritos. Y de
pronto desde allí, desde Santos Lugares, tuve la sensación de que un movimiento popular podía ser algo potente
pero silencioso”.
Ernesto Sábalo, en F. Luna, op. cit., págs. 283-84.

Al día siguiente del 17 de octubre de 1945, Delfina Bunge de Gálvez describía en el diario católico El
Pueblo, el espectáculo que había visto en la Plaza de Mayo: “Las calles de Buenos Aires presenciaron algo
insólito: De todos los puntos suburbanos veíanse llegar grupos proletarios: eran los más pobres entre los
proletarios. Y pasaban debajo de nuestros balcones. Era la turba temida. Era -pensábamos— la gente
descontenta. Con el antiguo temor, nuestro primer impulso fue el de cerrar los balcones. Pero al asomamos a la
calle quedábamos en suspenso. Pues he aquí que estas turbas se presentaban ante nosotros como trocadas por
milagrosa transformación. Su aspecto era bonachón y tranquilo. No había caras hostiles ni puños levantados
como vimos hace pocos años. Aquel primer impulso de cerrar convirtiósenos en un compasivo deseo de ofrecer
a los pobres caminantes algún descanso y alimento. Pero ¿qué irán a hacer cuando se encuentren luego reunidos
y fuertes en número? ¿Cuáles serán sus finales intenciones? Nuestras sorpresas irán en aumento. Al avanzar la
noche, hemos presenciado las horas emocionantes en que la multitud de trabajadores iba engrosando i rente a la
Casa Rosada. Llega a decimos la radio que eran medio millón. Para los escépticos, reduzcámoslos a menos de la
mitad: unos doscientos mil. ¿Va a estallar ahora el odio contenido? ¿Van a comenzar las hostilidades?
Semejante multitud debía sentirse poderosa para llevar a cabo cualquier empresa. Tenían allí a un paso la
Catedral, pueden incendiarla. Ahí está la Curia, que tantas veces fue objeto de insulto anticlerical. Pero la
multitud se muestra respetuosa. Hasta se veía una columna en la que parte de sus componentes hacía la señal de
la cruz al enfrentarse a la iglesia. Se objetará que en alguna parte de la ciudad hubo desmanes. Milagro
portentoso sería que ninguno hubiera habido en parte alguna. Estas turbas parecían cristianas sin saberlo. Su
actitud era tal que nos hizo pensar que ellas podían ser un eco lejano, ignorante y humilde, de nuestros
Congresos Eucaristía)*".
Un J. C. Torre, "La ciudad y los obreros”, en J. L
Romero y LA. Romero (comps.), Buenos Aires, historia
de cuatro siglos, Buenos Aires, Ed. Abril, 1982.

“Es increíble y hasta admirable el poder de persuasión y de ejecución de nuestra oligarquía. En el mes de
octubre de 1945 el coronel Perón fue destituido y encarcelado. El país, azorado, se enteraba de que el asesor de
la formación del nuevo gabinete era el doctor Federico Pinedo, personaje a quien no puede calificarse sino con
la ignominia de su propio nombre. El ministerio de Obras Públicas había sido ofrecido al ingeniero Atanasio
Iturbe, director de los ferrocarriles británicos, que optó por esconderse detrás de su personen). El ministerio de
Hacienda sería ocupado por el doctor Alberto Hueyo, gestor del Banco Central y presidente de la Cade, entidad
financiera que tiene una capacidad de corrupción de muchos millones de kilovatios.
“La oligarquía vitalizada reflorecía en todos los resquicios de la vida argentina. Los judas disfrazados de
caballeros asomaban sus fisonomías blanduzcas de hongos de antesala y extendían sus manos pringadas de
avaricia y de falsía. Todo parecía perdido y terminado. Los hombres adictos al coronel Perón estaban presos o
fugitivos. El pueblo permanecía quieto en una resignación sin brío, muy semejante a una agonía.
“Con la resonancia de un anatema sacudía mi memoria el recuerdo de las frases con que hace muchos años
nos estigmatizó el escritor Kasimir Edschmidt: ‘Nada es durable en este continente’, había escrito. ‘Cuando
tienen dictaduras quieren democracias. Cuando tienen democracias buscan dictaduras. Los pueblos trabajan para
imponerse un orden, articularse, organizarse y configurarse, pero, en definitiva, vuelven a combatir. No pueden
soportar a nadie sobre ellos. Si hubieran tenido un Cristo o un Napoleón lo hubieran aniquilado’.
“Pasaban los días y la inacción aletargada y sin sobresaltos parecía justificar a los escépticos de siempre. El
desaliento, húmedo y rastrero, caía sobre nosotros como un ahogo de pesadilla. Los incrédulos se jactaban de su
acierto. Ellos habían dicho que la política de apoyo al humilde estaba destinada al fracaso porque nuestro pueblo
era de suyo cicatero, desagradecido y rutinario. La inconmovible confianza en las fuerzas espirituales del pueblo
de mi tierra, que me había sostenido en todo el transcurso de mi vida, se disgregaba ante el rudo empellón de la
realidad. Pensaba con honda tristeza en esas cosas en esa tarde del 17 de octubre de 1945. El sol caía a plomo
cuando las primeras columnas de obreros comenzaron a llegar. Venían con su traje de fajina porque acudían
directamente de sus fábricas y talleres. No era esa muchedumbre un poco envarada que los domingos invade los
parques de diversiones con hábito de burgués barato. Frente a mis ojos desfilaban rostros, brazos membrudos,
torsos fornidos, con las greñas al aire y las vestiduras escasas cubiertas de pringues, de restos de breas, grasas y
aceites. Llegaban cantando y vociferando, unidos en la impetración de un solo nombre: Perón. Era la
muchedumbre más heteróclita que la imaginación puede concebir. Los rastros de sus orígenes se traslucían en
sus fisonomías. El descendiente de meridionales europeos iba junto al rubio de trazos nórdicos y al trigueño de
pelo duro en que la sangre de un indio lejano sobrevivía aún. El río cuando crece bajo el empuje del sudeste
disgrega su enorme masa de agua en finos fluidos que van cubriendo los bajíos y cilancos con meandros
improvisados sobre la arena en una acción tan minúscula que es ridícula y desdeñable para el no avezado que
ignora que ese es el anticipo de la inundación. Así avanzaban por Avenida de Mayo, por Balcarce, por la
Diagonal.
“Un pujante palpitar sacudía la entraña de la ciudad. Un hálito áspero crecía en densas vaharadas mientras
las multitudes continuaban llegando. Venían de las usinas de Puerto Nuevo, de los talleres de Chacarita y Villa
Crespo, de las manufacturas de San Martín y Vicente López, de las fundiciones y acerías del Riachuelo, de las
hilanderías de Barracas. Brotaban de los pantanos de Gerli y Avellaneda o descendían de las Lomas de Zamora.
Hermanados en el mismo grito y en la misma fe iban el peón de campo de Cañuelas y el tornero de precisión, el
fundidor, el mecánico de automóviles, la hilandera y el peón. Era el subsuelo de la patria sublevado. Era el
cimiento básico de la nación que asomaba, como asoman las épocas pretéritas de la tierra en la conmoción del
terremoto. Era el substrato de nuestra idiosincrasia y de nuestras posibilidades colectivas allí presente en su
primordialidad sin recatos y sin disimulos. Era el de nadie y el sin nada en una multiplicidad casi infinita de
gamas y matices humanos, aglutinados por el mismo estremecimiento y el mismo impulso, sostenidos por una
misma verdad que una sola palabra traducía: Perón.”
R. Scalabrini Ortiz, Yrigoyen y Perón, Ed. Plus Ultra, Buenos Aires, 1972.

“En la tarde de ese día —relata sir David Kelly— decidí que era necesario ir a la Casa Rosada para decirle
al único ministro que quedaba —el ministro de Marina (sic)— que debía asumir la responsabilidad de proteger
los ferrocarriles. Debo confesar asimismo que me impulsaba una enorme curiosidad por saber qué estaba
pasando. Al acercarme a la Casa Rosada había un cordón de policía montada pero no hacía esfuerzo alguno por
impedir el paso de la gente ni se metía para nada con la multitud. El chofer quería retroceder y tuve que insistir
para que siguiera adelante, a muy poca velocidad. Tal como lo había esperado, la multitud nos dio paso no bien
vio la bandera inglesa, limitándose a gritar en forma amistosa: ¡Abajo Braden! ¡Viva Perón! Llegué a la Casa
Rosada y el ministro de Marina me prometió que haría todo lo posible en el asunto de los ferrocarriles; pero por
el momento ni él mismo estaba seguro de lo que estaba sucediendo.”
Sir David Kelly, Embajador de Gran Bretaña, en F. Luna, op. cit., pág. 284:
SOBRE LA DETENCIÓN DE PERÓN Y LA MOVILIZACIÓN OBRERA DEL 17 DE OCTUBRE
DE 1945
LOS DEBATES ENTRE LOS DIRIGENTES DE LA CGT PARA DECIDIR CÓMO PROCEDER
ANTE LA DETENCIÓN DE PERÓN

Reunión del Comité Central Confederal de la CGT, 16 de octubre de 1945.

Si este cuerpo no resuelve la huelga general les puedo asegurar que se producirá lo mismo, por el
estado emotivo de los trabajadores. Acabo de tener un comunicado telefónico con carácter de urgente
desde Rosario, donde se me ha inquirido en forma enérgica cuál es la posición de la central obrera.
Ustedes saben que nosotros ya hemos constituido un comité de huelga y que la huelga ya está
declarada, y en tal sentido se me ha dado mandato al venir aquí. Únicamente están esperando las
instrucciones de la CGT a los efectos de que el movimiento se haga en forma coordinada.
Pero les aseguro, sin ánimo de presionarles, que si aquí no se vota la huelga, en Rosario se irá al
paro lo mismo.
Ramón Bustamante, delegado del Sindicato de la Carne de Rosario.
Declarar la huelga en estos momentos sería desastroso para los trabajadores, porque pondríamos al
gobierno en contra de nosotros [...]. No debemos olvidar que fue el mismo coronel Perón quien nos
dijo que la consigna era "del trabajo a casa" y que debíamos evitar por todos los medios la
provocación de incidentes.
Anselmo Malvicini, delegado de los trabajadores ferroviarios.
Ayer, cuando se tomó la resolución de declarar la huelga general, en principio, en La reunión de la
Comisión Administrativa, yo dije que la huelga sería hecha en defensa de las conquistas obreras y
contra la oligarquía que había ganado una posición de privilegio en el gobierno, situación confesada
por los propios funcionarios. Los diarios entregados al capital y a la oligarquía aplauden las palabras
del nuevo secretario de Trabajo y Previsión y eso solo ya es un índice para nosotros, porque hasta
hace muy pocos días esos mismos diarios se caracterizaban por su violenta oposición a la obra que
cumplía la Secretaría de Trabajo y Previsión.
Ayer analizamos extensamente el problema antes de tomar la resolución que ustedes conocen, y
ahora nuevamente se arguye que no hay razones para declarar la huelga general y que no puede ser
motivo el pedido de libertad del coronel Perón. Yo pregunto, ¿y la negativa de los patrones a pagar el
12 de octubre y otorgar las vacaciones? ¿Y la información que dan los diarios sobre los posibles
integrantes del gabinete nacional, conspicuos miembros de la oligarquía todos ellos? ¿Y la prisión del
coronel Perón? Porque pese a todo lo que se diga, el coronel está preso.
¿Y la detención del teniente coronel Mercante? Dentro de poco seguiremos nosotros el mismo
camino, pues no debemos olvidar que si Ávalos se proclama amigo de Perón, Vernengo Lima es
enemigo acérrimo de aquel y de nosotros; y a mi juicio tiene más influencia en el gobierno Vernengo
Lima que nadie, porque cuenta con el apoyo del capital y la oligarquía [...].
En concreto, la situación sería esta: Ávalos está con Perón y Vernengo Lima está contra Perón. Me
parece entonces que nuestra actitud va a reforzar la posición del primero y tendrá como consecuencia
inmediata la libertad de Perón y el seguramiento de todas nuestras conquistas.
Tenemos que aprovechar este momento excepcionalmente favorable para nosotros, pues si no,
habremos perdido la lucha por muchos años.
Libertario Ferrari, representante de la Asociación de Obreros y Empleados del Estado y miembro
de FORJA.
Hay que dejar bien claro que la CGT no puede, por razones de principio, declarar la huelga general
solicitando la libertad del coronel Perón. Tenemos una gran deuda de gratitud hacia él, pero son
nuestros principios los que orientan al movimiento obrero. La CGT no puede pedir en forma directa la
libertad de Perón. Esto sería enajenar el futuro de la central obrera. Si resolviéramos declarar la
huelga, repito que tendría que decirse bien claro que es en defensa de las conquistas obreras
amenazadas por la reacción capitalista; de lo contrario, proclamaríamos que la existencia de nuestro
movimiento está ligada a la suerte de un oficial del ejército.
Néstor Álvarez, secretario adjunto de la CGT.
Por mucho que demos vueltas el asunto, si hemos de declarar la huelga general, esta será por la
libertad del coronel Perón, porque reclamando su retorno al gobierno estamos defendiendo nuestras
conquistas, pues él ha sido el único que ha hecho justicia a las aspiraciones obreras. Si la CGT pide y
gestiona la libertad de Perón no vulnerará los principios sindicales, porque podemos decir ahora que
Perón es uno de los nuestros.
Tenemos que vivir la realidad del movimiento al que pertenecemos. Yo nunca pude comprender
por qué los trabajadores no se organizaban antes, por qué eran descreídos y escépticos.
Sin embargo, bastó que las autoridades revolucionarias con el coronel Perón a la cabeza
empezaran a realizar su obra de justicia social, aumentando los salarios, velando por el estricto
cumplimiento de las leyes que protegen al trabajo, para que los obreros despertaran de su letargo y
acudieran en masa a los sindicatos, desde los cuales los llamábamos nosotros desde hace muchos
años. Por eso existe hoy un sentimiento de malestar en el pueblo ante los hechos producidos contra el
hombre que posibilitó la creación de este movimiento de grandes masas que actualmente tenemos y
no aquel otro raquítico en el que vegetábamos unos cuantos militantes.
Ramón W. Tejada, delegado de la Unión Ferroviaria de San Juan.
Reunión del Comité Central Confederal de la CGT, 16 de octubre de 1945.

CARTA DE JUAN D. PERÓN A MARÍA EVA DUARTE


Mi adorable tesoro: Solo cuando estamos apartados de quienes amamos, sabemos cuánto les
amamos. Desde que te dejé ahí, con el mayor dolor que se pueda imaginar, no he podido sosegar mi
desdichado corazón. Ahora sé cuánto te amo y que no puedo vivir sin ti. Esta inmensa soledad está
llena de tu presencia. Escribí hoy a Farrell, pidiéndole acelerara mi excedencia y, tan pronto salga de
aquí, nos casaremos y nos iremos a vivir en paz a cualquier sitio... Desde casa me trajeron aquí, a
Martín García, y no sé por qué estoy aquí ni me dicen nada. ¿Qué te parecen Farrell y Ávalos? ¡Qué
par de bastardos, hacer esto con su amigo! Así es la vida. Lo primero que hice al llegar fue escribirte.
No pierdas los nervios ni descuides tu salud en mi ausencia hasta que vuelva. Estaría más tranquilo si
supiera que no corres peligro y estás bien. Dile, por favor a Mercante que hable con Farrell para saber
si autorizan que nos vayamos a Chubut. Creo también, que tendrías que poner en marcha algún tipo de
papeleo legal... Ten mucha calma. Mazza te informará de cómo va todo. Haré lo posible por regresar a
Buenos Aires. Si se acepta mi excedencia nos casaremos al día siguiente y si no, ya lo arreglaré todo
de una manera u otra, pero sea lo que sea, pondremos fin a tu vulnerable situación. Amor mío, tengo
en mi cuarto aquellas pequeñas fotos tuyas y las contemplo todos los días con los ojos húmedos. Que
no te pase nada o de lo contrario mi vida habrá acabado. Cuídate mucho y no te preocupes por mí,
pero quiéreme mucho porque necesito tu amor más que nunca... Escribiré un libro sobre todo esto... y
ya veremos entonces quién tenía razón. Lo malo de este tiempo y especialmente de este país, es la
existencia de tantos idiotas, y como sabes, un idiota es peor que un canalla. Bueno mi vida, me
gustaría seguir escribiendo todo el día pero Mazza te contará más de lo que yo te pueda decir. La
lancha llegará dentro de media hora. Mis últimas palabras en esta carta serán para pedirte calma.
Muchos, muchísimos besos a mi queridísima chinita. Perón.
Juan Domingo Perón, desde su lugar de
detención en la isla Martín García,
octubre de 1945.
EL 17 DE OCTUBRE SEGÚN UN INTELECTUAL NACIONALISTA
Un pujante palpitar sacudía la entraña de la ciudad. Un hálito áspero crecía en las densas
vaharadas, mientras las multitudes continuaban llegando. Venían de las usinas de Puerto Nuevo, de
los talleres de Chacarita y Villa Crespo, de las manufacturas de San Martín y Vicente López, de las
fundiciones y acerías del Riachuelo, de las hilanderías de Barracas. Brotaban de los pantanos de Gerli
y Avellaneda o descendían de las Lomas de Zamora. Hermanados en el mismo grito y en la misma fe
iban el peón de campo de Cañuelas y el tornero de precisión, el fundidor, el mecánico de automóviles,
el tejedor, la hilandera y el empleado de comercio. Era el subsuelo de la patria sublevada. Era el
cimiento básico de la Nación que asomaba como asoman las épocas pretéritas de la tierra en la
conmoción del terremoto. Lo que yo había soñado e intuido durante muchos años estaba allí presente,
corpóreo, tenso [...]. Eran los hombres que están solos y esperan, que iniciaban sus tareas de
reivindicación.
Raúl Scalabrini Ortíz, escritor,
integrante del grupo FORJA.
EL TESTIMONIO DE UN DIRIGENTE COMUNISTA
Yo estuve el 17 de octubre en las calles, junto a los manifestantes.
Cuando llegué al Comité Central del Partido Comunista comenté lo que me parecía un hecho
extraordinario, yo conocía el origen de esa gente cuya aparición había anunciado. Entonces Codovilla
dijo: "Es el lumpen”. Otros dijeron: "Es gente movida por la policía".
Después del golpe del '43 yo pasé a la clandestinidad, nuestra prensa fue clausurada, se trataba de
una dictadura abierta. Estuve encarcelado un año en Villa Devoto. Al día siguiente de ser puesto en
libertad, en agosto de 1945, me entrevisté con el almirante Teisaire, pues era mi costumbre tener
contacto con todos los partidos y gobiernos. El militar me propuso la unidad del comunismo con el
peronismo, y para ello consideró oportuna la constitución de un partido del tipo laborista, iniciativa
que ya había sido tomada por el sindicalista de la carne de Cipriano Reyes.
Pero yo le pedí antes de discutir ese tema que abriera los locales del PC, lo que hizo
inmediatamente. También me reuní con Filomeno Velazco, jefe de Policía, quien me manifestó que el
gobierno tenía intenciones de mantener relaciones cordiales con el comunismo.
Yo retomé la dirección del periódico Orientación. Pero ese contacto que tuve con muchos
peronistas —mientras el PC los rechazaba— me permitió comprender que esa imagen de Perón,
dictatorial y despótico, no era ajustada a la verdad. Pero la unidad con los peronistas no se concretó.
El PC conservaba sus buenas relaciones con radicales y socialistas, y fuimos juntos a la campaña
electoral en la Unión Democrática, contra Perón.
Ernesto Gíudici, dirigente
disidente del Partido Comunista
Argentino.

DISCURSO DE JUAN D. PERÓN DESDE EL BALCÓN DE LA CASA DE GOBIERNO EN


LA PLAZA DE MAYO
Trabajadores: hace casi dos años dije desde estos mismos balcones que tenía tres honras en mi
vida: la de ser soldado, la de ser un patriota y la de ser el primer trabajador argentino. Hoy a la tarde,
el Poder Ejecutivo ha firmado mi solicitud de retiro del servicio activo del Ejército. Con ello, he
renunciado voluntariamente al más insigne honor al que puede aspirar un soldado: llevar las palmas y
laureles de general de la Nación. Ello lo he hecho porque quiero seguir siendo el coronel Perón, y
ponerme con este nombre al servicio integral del auténtico pueblo argentino. Dejo el sagrado y
honroso uniforme que me entregó la Patria para vestir la casaca de civil y mezclarme en esa masa
sufriente y sudorosa que elabora el trabajo y la grandeza de la Patria.
Por eso doy mi abrazo final a esa institución, que es el puntal de la Patria: el Ejército. Y doy
también el primer abrazo a esa masa grandiosa, que representa la síntesis de un sentimiento que había
muerto en la República: la verdadera civilidad del pueblo argentino. Esto es pueblo. Esto es el pueblo
sufriente que representa el dolor de la tierra madre, que hemos de reivindicar. Es el pueblo de la
Patria. Es el mismo pueblo que en esta histórica plaza pidió frente al Congreso que se respetara su
voluntad y su derecho. Es el mismo pueblo que ha de ser inmortal, porque no habrá perfidia ni maldad
humana que pueda estremecer a este pueblo, grandioso en sentimiento y en número. Esta verdadera
fiesta de la democracia, representada por un pueblo que marcha, ahora también, para pedir a sus
funcionarios que cumplan con su deber para llegar al derecho del verdadero pueblo.
Muchas veces he asistido a reuniones de trabajadores. Siempre he sentido una enorme
satisfacción: pero desde hoy, sentiré un verdadero orgullo de argentino, porque interpreto este
movimiento colectivo como el renacimiento de una conciencia de trabajadores, que es lo único que
puede hacer grande e inmortal a la Patria. Hace dos años pedí confianza. Muchas veces me dijeron
que ese pueblo a quien yo sacrificara mis horas de día y de noche, habría de traicionarme. Que sepan
hoy los indignos farsantes que este pueblo no engaña a quien lo ayuda. Por eso, señores, quiero en
esta oportunidad, como simple ciudadano, mezclarme en esta masa sudorosa, estrecharla
profundamente en mi corazón, como lo podría hacer con mi madre. [En ese instante, alguien cerca del
balcón le gritó: "¡Un abrazo para la vieja!”]. Perón le respondió: Que sea esta unidad indestructible e
infinita, para que nuestro pueblo no solamente posea una unidad, sino para que también sepa
dignamente defenderla. ¿Preguntan ustedes dónde estuve? ¡Estuve realizando un sacrificio que lo
haría mil veces por ustedes! No quiero terminar sin lanzar mi recuerdo cariñoso y fraternal a nuestros
hermanos del interior, que se mueven y palpitan al unísono con nuestros corazones desde todas las
extensiones de la Patria. Y ahora llega la hora, como siempre para vuestro secretario de Trabajo y
Previsión, que fue y seguirá luchando al lado vuestro para ver coronada esa era que es la ambición de
mi vida: que todos los trabajadores sean un poquito más felices.
Ante tanta nueva insistencia, les pido que no me pregunten ni me recuerden lo que hoy ya he
olvidado. Porque los hombres que no son capaces de olvidar, ni merecen ser queridos y respetados por
sus semejantes. Y yo aspiro a ser querido por ustedes y no quiero empañar este acto con ningún mal
recuerdo. Dije que había llegado la hora del consejo, y recuerden trabajadores, únanse y sean más
hermanos que nunca. Sobre la hermandad de los que trabajan ha de levantarse nuestra hermosa Patria,
en la unidad de todos los argentinos. Iremos diariamente incorporando a esta hermosa masa en
movimiento a cada uno de los tristes o descontentos, para que, mezclados a nosotros, tengan el mismo
aspecto de masa hermosa y patriótica que son ustedes.
Pido, también, a todos los trabajadores amigos que reciban con cariño este mi in-menso
agradecimiento por las preocupaciones que todos han tenido por este humilde hombre que hoy les
habla. Por eso, hace poco les dije que los abrazaba como abrazaría a mí madre, porque ustedes han
tenido los mismos dolores y los mismos pensamientos que mi pobre vieja querida habrá sentido en
estos días. Esperamos que los días que vengan sean de paz y construcción para la Nación. Sé que se
habían anunciado movimientos obreros; ya ahora, en este momento, no existe ninguna causa para ello.
Por eso les pido, como un hermano mayor, que retornen tranquilos a su trabajo y piensen. Y hoy les
pido que retornen tranquilos a sus casas, y esta única vez, ya que no se lo puedo decir como secretario
de Trabajo y Previsión, les pido que realicen el día de paro festejando la gloria de esa reunión de
hombres que vienen del trabajo, que son la esperanza más cara de la Patria.
He dejado deliberadamente para lo último, el recomendarles que antes de abandonar esta
magnífica asamblea, lo hagan con mucho cuidado. Recuerden que entre todos hay numerosas mujeres
obreras, que han de ser protegidas aquí y en la vida por los mismos obreros; y finalmente, recuerden
que estoy un poco enfermo de cuidado y les pido que recuerden que necesito un descanso que me
tomaré en el Chubut ahora, para reponer fuerzas y volver a luchar codo a codo con ustedes, hasta
quedar exhausto si es preciso. Pido a todos que nos quedemos por lo menos quince minutos más
reunidos, porque quiero estar desde este sitio contemplando este espectáculo que me saca de la
tristeza que he vivido en estos días

Juan Domingo Perón, 17 de octubre de 1945.

MANIFIESTO DE LOS EMPRESARIOS


“Las fuerzas vivas del país están profundamente preocupadas y alarmadas ante el ambiente de
agitación social que daña la disciplina y el esfuerzo productivo de la colectividad. El clima de
descontento se origina y es instigado desde las esferas oficiales. Lejos estamos de negar la existencia
de un genuino problema social, de carácter permanente y universal, cuya solución solo puede llegar a
través de la honesta colaboración de las partes y bajo la serena supervisión del Estado. A lo que nos
oponemos es a la creación de un clima de sospecha, provocación y rebeldía, que estimula el
resentimiento y genera reclamos permanentes. Este clima y sus efectos están destruyendo los lazos de
una justicia solidaria, fuente de progreso y bienestar. Desde la creación de la Secretaría de Trabajo,
este espíritu, y el sentido unilateral de las decisiones, justificadas por la necesidad de extirpar el
comunismo, han interferido en la resolución de los problemas sociales. Esta situación es tanto más
lamentable cuando se considera que es el producto de una voluntad personal, que es siempre
transitoria”. • |

LOS EMPRESARIOS FRENTE A PERÓN


El peronismo se presentó como riesgoso para los sectores agroexportadores, por plantear un
modelo de desarrollo industrial no subordinado a su hegemonía, y también como amenazante para los
grandes industriales por sus medidas tendientes a fortalecer la organización y participación de
sindicatos obreros. La redefinición de la función económica del Estado, así como la profun-dización
de la intervención estatal en las relaciones obrero-patronales, fueron percibidas por estas asociaciones
como avances autoritarios sobre el poder empresarial. • |
Carlos H. Acuña, Política democrática y cambio de
modelo de acumulación en la Argentina: su impacto sobre la
organización y comportamiento de los empresarios.

EL "GIRO ESTRATÉGICO" DE PERÓN


Cuando en 1945 Perón vio reducido su apoyo político solo a las organizaciones sindicales,
realizó un giro estratégico. Entre el proyecto original y el que emergió al compás de las vicisitudes
políticas de la coyuntura de 1945, hubo una diferencia capital: el sobredimensionamiento del lugar
político de los trabajadores organizados que, de ser una pieza importante pero complementaria dentro
de un esquema de orden y paz social, se convirtieron en el principal soporte de la fórmula política de
Perón. El llamado a los trabajadores y los sindicatos cerró el paso a todo compromiso, agudizó la
polarización política y, por un breve tiempo, pareció sellar su suerte. *|
Juan Carlos Torre, El 17 de octubre de 1945.

"EL 45" SEGÚN EL HISTORIADOR FÉLIX LUNA


Caras, voces, coros, tonos desconocidos: la ciudad los vio con la misma aprensión con que vería
a los marcianos desembarcando en nuestro planeta. Argentinos periféricos, ignorados, omitidos,
apenas presumidos, que de súbito aparecieron en el centro mismo de la urbe para imponerse
arrolladoramente. Por eso lo del 17 de octubre no provocó el rechazo que provoca una fracción
política partidista frente a otra: fue un rechazo instintivo, visceral, por parte de quienes miraban desde
las veredas el paso de las turbulentas columnas. Empezaba la mañana cuando comenzaron a llegar
rotundos, desafiantes, caminando o en vehículos que habían tomado alegremente por asalto y cuyos
costados repetían hasta el hartazgo el nombre de Perón en tiza, cal y carbón. A medida que
avanzaban, las cortinas de los negocios se bajaban abruptamente como tableteo de ametralladoras.
Nadie los conducía, todos eran capitanes.

EL 17 SEGÚN UN HISTORIADOR
“Un conato de revolución militar obligó a Perón a retirarse transitoriamente del poder y permitió
la cuidadosa organización de su retorno a la vida pública en condiciones excepcionales que
demostraban el trasfondo de su política y sus planes. Con la colaboración desembozada de fuertes
grupos militares y de la policía se organizó el 17 de octubre de 1945 una marcha sobre Buenos Aires
para exigir la ´libertad´ de Perón. El movimiento tenía –en gran escala- la misma estructura interna de
otros que anteriormente había organizado la policía para otorgar un poco de calor popular a los actos
de gobierno de la revolución de 1943; pero era inequívoco que ahora existía también un movimiento
espontáneo de masas populares para las cuales el nombre de Perón se había transformado en bandera
de un movimiento social.”
José Luis Romero. Las ideas políticas
en la Argentina. Buenos Aires, 1981.

Objetivos del G.O.U.


"... pensamos que no pueden llegar al gobierno del país las fuerzas comunistas o las asociadas en
cualquier forma con ellas. El Frente Popular debe ser destruido antes de su éxito político o durante el
mismo, para evitar la guerra civil, que tampoco tememos, pero que estamos en la patriótica obligación
de evitarla."
En Javier Slodky, El estado justicialista, Ceal, 1988.
Desde dentro de las filas del GOU comienza a destacarse la figura del coronel Juan D. Perón,
quien, al frente de la Secretaría de Trabajo y Previsión elabora su estrategia de acercamiento al
movimiento obrero.

Secretaría de Trabajo y Previsión


“Ha terminado la época en que los políticos ponían al Ejército frente al pueblo. Hoy, el Ejército y
el pueblo marchan en la misma dirección y por el mismo camino. (...)
La Secretaría de Trabajo y Previsión no es un organismo estatal más, sino que es la casa de los
verdaderos trabajadores, la casa que ha de defenderlos a ustedes contra cualquier injusticia del pasado,
del presente y del porvenir Es, en otras palabras, la garantía de que en este país no volverá a
producirse el drama de una clase trabajadora olvidada por los poderes públicos y engañada por los
políticos durante más de cincuenta años."
Discurso de Perón (10 de agosto de 1944) en
Silvina Sigal y Elizeo Veron, Perón o muerte
Hyspanoamerica 1988

“Era la Argentina ‘invisible” que algunos habían anunciado literariamente, sin conocer ni amar
sus millones de caras concretas, y no bien las conocieron les dieron la espalda. Desde aquellas horas
me hice peronista."
Leopoldo Marechal

“Multitudes grises avanzaban como un torrente de plomo derretido, lentas, graves, concentradas
en su destino. ’’
Juan José Hernández Arreghi

“Una multitud pidió en Plaza de Mayo la libertad de Perón”


“Una jornada dramática vivió ayer Buenos Aires, tal vez la más tensa desde los días que
precedieron y siguieron a la renuncia del ex vicepresidente coronel Juan Domingo Perón. Una
multitud se reunió ayer frente a la Casa de Gobierno, en la Plaza de Mayo, para pedir a gritos la
libertad del coronel Perón. (...)
Un intento del presidente Farrel de calmar a la multitud fracasó poco después de las 11.15. El
Presidente inició su discurso con la frase (sic) 'trabajadores’, pero fue interrumpido por los gritos de
Perón, Perón’ de los manifestantes. No obstante, Farrel alcanzó a anunciar que iba a designar un
nuevo gabinete. (...) Para entonces, las seccionales de toda la Capital Informaban que miles de
personas se reunían en varios puntos de la ciudad para marchar hacia la Casa de Gobierno. (...) Sobre
el mediodía, se informó que en Callao y Cangallo, Callao y Córdoba y Montevideo y Cangallo se
habían formado tres columnas de diez cuadras de extensión que marchaban a Plaza de Mayo. /I las 16,
las puertas de la Casa de Gobierno fueron cerradas, mientras la multitud crecía. Algunos intentaron
aliviar el cansancio de la marcha remojando sus pies en la fuente de agua de la plaza. (...)
El coronel Perón llegó a la Casa de Gobierno a las 22.25, y a las 23 salió a los balcones para
hablar a la multitud. ‘Hace dos años -dijo Perón- pedí confianza. Me dijeron que este pueblo, al cual
yo sacrificaba todas mis horas de sueño y de trabajo, había de traicionarme. Que sepan hoy los
indignos farsantes que este pueblo (...) no engaña a nadie, que no los traiciona’. (...) Aseguró que,
luego de haber pedido el retiro del Ejército, seguirá ‘luchando al lado de vosotros para coronar esta
obra que constituye la ambición de mi vida.
La CGT dio comienzo a las dos de la madrugada de hoy, jueves 18, a un paro general de
veinticuatro horas."
Clarín, jueves 18 de octubre de 1945.

Desde la tierra, desde las fábricas


“Llegaban cantando y vociferando, unidos en una sola fe. Era la muchedumbre más heteróclita
que la imaginación puede concebir. Los rastros de sus orígenes se traslucían en sus fisonomías.
Descendiente de meridionales europeos iba junto al rubio de trazos nórdicos y al trigueño de pelo
duro en que la sangre de un indio lejano sobrevivía aún. (...) Venían de las usinas de Puerto Nuevo, de
los talleres de Chacarita y Villa Crespo, de las manufacturas de San Martín y Vicente López, de las
fundiciones y acerías del Riachuelo, de las hilanderías de Barracas. Brotaban de los pantanos de Gerli
y Avellaneda. (...) Hermanados en el mismo grito y en la misma fe, iban el peón de campo de
Cañuelas y el tornero de precisión, el fundidor, mecánico de automóviles, la hilandera y el empleado
de comercio. Era el subsuelo de la patria sublevado. Era el cimiento básico de la nación que asomaba,
como asoman las épocas pretéritas de la tierra en la conmoción del terremoto (...) el espíritu de la
tierra se erguía vibrando sobre la plaza de nuestras libertades, pleno en la confirmación de su
existencia."
Raúl Scalabrini Ortiz, Tierra sin nada, tierra de profetas, en Ediciones Historia Viva.

“El huracán de la historia”


“No hay nada en nuestra historia que se parezca a lo del 17 de octubre. Acaso el único
antecedente que reconozca una vaga semejanza con esa jornada sea el movimiento del 5 y 6 de abril
de 1811, cuando el gauchaje de los suburbios de Buenos Aires (...) se concentró en la Plaza Mayor
para apoyar al gobierno supuestamente conservador de Saavedra contra la oposición supuestamente
progresista de los partidarios de Moreno. En aquella oportunidad, la orgullosa clase mercantil que
había hecho la Revolución de Mayo y los jóvenes patriotas que juraban por la memoria de Moreno
sintieron el mismo asombro (o la misma repugnancia) que sintieron los porteños de 134 años más
tarde, cuando descubrieron una caliente y vociferante presencia popular cuya existencia no habían
imaginado hasta entonces.
Porque lo más singular del 17 de Octubre fue la violenta y desnuda presentación de una nueva
realidad humana que era expresión autentica de la nueva realidad nacional. Y eso es lo que resultó
más chocante a esta Buenos Aires orgullosa de su rostro europeo: reconocer en esa hora desaforada
que tenía el color de la tierra, una caricatura vergonzosa de su propia imagen. Caras, voces, coros,
tonos desconocidos: la ciudad los vio con la misma aprensión con que vería a los marcianos
desembarcando en nuestro planeta. Argentinos periféricos, ignorados, omitidos, apenas presumidos,
que de súbito aparecieron en el centro mismo de la urbe para imponerse arrolladoramente. Por eso lo
del 17 de octubre no provocó el rechazo que provoca una fracción política partidista frente a otra: fue
un rechazo instintivo, visceral, por parte de quienes miraban desde las veredas el paso de las
turbulentas columnas. Empezaba la mañana cuando comenzaron a llegar rotundos, desafiantes,
caminando o en vehículos que habían tomado alegremente por asalto y cuyos costados repetían hasta
el hartazgo el nombre de Perón en tiza, cal y carbón. A medida que avanzaban, las cortinas de los
negocios bajaban abruptamente con tableteo de ametralladoras. Venían de las zonas industriales
aledañas a Buenos Aires. Nadie los conducía, todos eran capitanes.
El día anterior, Arturo Jauretche se había encontrado con un dirigente forjista de Gerli.
-¿Qué hacemos mañana, doctor?
-¿Mañana? ¿Qué pasa mañana?
-Y... la gente se viene para Buenos Aires... No los para nadie! Todos están con Perón...
-¿Y quién organiza eso?
-Qué sé yo! Nadie... Todos... ¿Qué hacemos nosotros?
Jauretche confiesa que nada sabía de semejante movimiento. Pero no vaciló.
-Mira, si es así, cuando la gente salga, agarrá la bandera del comité y pónete al frente...!
Y cuenta:
Pedro Arnaldi movía treinta votos en Gerli. El 17 de Octubre a la madrugada pasó el puente
Puey-rredón con su bandera al frente de diez mil almas..."
Félix Luna, El 45, Hyspamérica, 1986.

El 17 de octubre según la óptica de un peronista


“(...) la clase obrera ruge en los barrios del cinturón porteño. Su silencio es preanuncio de
tormenta y el 17 de octubre, todo el cordón proletario que rodea el corazón fenicio de la ciudad estalla
al unísono. Sudorosos, cansados, mugrientos, descamisados, llegarán hasta Plaza de Mayo; la
aristocracia vacuna quedará espantada, al igual que en 1820 cuando las montoneras de Pancho
Ramírez ataron sus caballos en la Pirámide. Lo cierto es que de un lado estaban todos los valores
caducos de nuestra sociedad, del otro la pujanza de la nueva gran fuerza: el proletariado industrial."
Alberto Bellonl, Del anarquismo al peronismo, Peña Lillo, 1960.

El peronismo concentró, como anteriormente lo hiciera el yrigoyenismo, críticas vehementes. El


21 de octubre de 1945, el Partido Comunista rubrica el siguiente manifiesto:

“Higienización democrática y clarificación política”


“El malón peronista -con protección oficial y asesoramiento policial- que azotó al país, ha
provocado rápidamente -por su gravedad- la exteriorización del repudio popular de todos los sectores
de la república en millares de protestas. Hoy la nación en su conjunto tiene clara conciencia del
peligro que entraña el peronismo y de la urgencia de ponerle fin.
Se plantea así para los militantes de nuestro partido una serie de tareas que, para mayor claridad,
hemos agrupado en dos rangos: hlgienización democrática y clarificación política. Es decir, por un
lado, barrer con el peronismo y todo aquello que de alguna manera sea su expresión; por el otro llevar
adelante una campaña de esclarecimiento de los problemas nacionales, la forma de resolverlos y
explicar ante las amplias masas de nuestro pueblo, más aún que lo hecho hasta hoy, lo que la
demagogia peronista representa.
En el primer orden, nuestros camaradas deben organizar y organizarse para la lucha contra el
peronismo, hasta su aniquilamiento. Corresponde aquí también, señalar la gran tarea de limpiar las
paredes y las calles de nuestras ciudades de las inmundas 'pintadas' peronistas. Que no quede barrio o
pueblo sin organizar las brigadas de higienización democrática.
Nuestras mujeres se han ganado un lugar destacado en la lucha por la democracia. Es preciso
ORGANIZAR Y ENCAUZAR su acción. Es necesario que también ellas organicen sus piquetes para
visitar las casas de familia, los comercios, sindicatos, industrias, centros de estudio, etc., reclamando
la acción coordinada y unánime contra el peronismo y sus hordas.
Perón es el enemigo número uno del pueblo argentino."
En Rodolfo Puiggrós, op. cit., Tomo III.
[Link]
El 17 de octubre en la poesía: Marechal, Ocampo y Lamborghini
Por Soledad Guarnaccia
¿Cómo vivieron los poetas el 17 de octubre? ¿Cómo se expresó en la poesía el surgimiento del peronismo? Leopoldo Marechal se hizo
peronista ese mismo día y compuso un soneto en el que equipara la movilización del 17 de octubre con la gesta épica de la Revolución del
Mayo. Pero no sólo los peronistas pusieron palabras a aquel acontecimiento que cambió para siempre la realidad política argentina: Silvina
Ocampo escribió un poema cargado de sentimientos de desconcierto y terror. En ambos casos, son poemas escritos al calor de los mismos
acontecimientos que persiguen. Finalmente, muchos años después, Leónidas Lamborghini escribió "Las patas en las fuentes", un poema que
bien puede ser considerado el 17 de octubre de la poesía argentina.

Leopoldo Marechal (1900-1970): Al 17 de Octubre


Una biografía lo define así: vanguardista, católico, peronista. Leopoldo Marechal escribió poesía, narrativa, teatro y ensayo; también
fue maestro, profesor de enseñanza secundaria y secretario de cultura del gobierno peronista. Participó de los movimientos porteños
vanguardistas de la década de 1920 junto a Oliverio Girondo, Macedonio Fernández y Jorge Luis Borges, entre otros. Por su adhesión al
peronismo, fue relegado por la “alta cultura” de su época. A partir del golpe de 1955, se autodenominó "poeta depuesto". Más tarde fue
recuperado y su obra es actualmente una instancia ineludible de la literatura latinoamericana.

El 17 de Octubre según Marechal


Fragmento extraído de la entrevista Palabras con Leopoldo Marechal, realizada por Alfredo Andrés en 1968. Extraído del libro: "La
Jornada del 17 de octubre" compilado por Fermín Chávez:

Leopoldo Marechal: "Era muy de mañana, y yo acababa de ponerle a mi mujer una inyección de morfina (sus dolores lo hacían
necesario cada tres horas). El coronel Perón había sido traído ya desde Martín García. Mi domicilio era este mismo departamento de calle
Rivadavia. De pronto me llegó desde el Oeste un rumor como de multitudes que avanzaban gritando y cantando por la calle Rivadavia: el
rumor fue creciendo y agigantándose, hasta que reconocí primero la música de una canción popular y, enseguida, su letra:

"Yo te daré
te daré, Patria hermosa,
te daré una cosa,
una cosa que empieza con P
Perooón".

Y aquel "Perón" resonaba periódicamente como un cañonazo. Me vestí apresuradamente, bajé a la calle y me uní a la multitud que
avanzaba rumbo a la Plaza de Mayo. Vi, reconocí, y amé los miles de rostros que la integraban no había rencor en ellos, sino la alegría de
salir a la visibilidad en reclamo de su líder. Era la Argentina "invisible" que algunos habían anunciado literariamente, sin conocer ni amar
sus millones de caras concretas, y que no bien las conocieron les dieron la espalda. Desde aquellas horas me hice peronista".

Al 17 de octubre
Era el pueblo de Mayo quien sufría,
no ya el rigor de un odio forastero,
sino la vergonzosa tiranía
del olvido, la incuria y el dinero.

El mismo pueblo que ganara un día


su libertad al filo del acero
tanteaba el porvenir, y en su agonía
le hablaban sólo el Río y el Pampero.
De pronto alzó la frente y se hizo rayo
(¡era en Octubre y parecía Mayo!),
y conquistó sus nuevas primaveras.
El mismo pueblo fue y otra victoria.
Y, como ayer, enamoró a la Gloria,
¡y Juan y Eva Perón fueron banderas!
Silvina Ocampo (1903 –1993): Esta primavera de 1945, en Buenos Aires

Silvina Ocampo escribió sobretodo poesía y cuentos. Proveniente de una familia de la aristocracia porteña, formó parte de los círculos
destacados de la alta cultura. Junto a Victoria Ocampo, su hermana, Adolfo Bioy Casares, su esposo, y Jorge Luis Borges conformaron el
grupo que ingresó en la historia de la literatura argentina bajo el nombre “Sur”, nombre que llevaron la revista y editorial que dirigió
Victoria Ocampo. En 1955 "Sur" dedicó un emblemático número de la revista a la celebración del derrocamiento del peronismo. En ése
número, Silvina Ocampo publicó "Testimonio para Marta", un poema a su hija, una suerte de legado maternal contra el olvido que, con
fuerza de ley, profesa:

Las tiranías son siempre como las pestes.


Tendrás que recordarlas, existen estas cosas:
Hay hombres todavía que veneran a Rosas.

Mucho antes, en plena emergencia del peronismo, Silvina Ocampo escribió “Esta primavera de 1945, en Buenos Aires”. El poema se
publicó en la revista Anti-Nazi el 29 de noviembre de 1945.

Esta primavera de 1945, en Buenos Aires

Hoy, en la sombra tibia, con detalles,


en la inscripción de tiza, en la basura,
lloro la suerte de mi patria, oscura,
entre los paraísos de las calles.

Esas molduras pálidas de acanto,


esas flores violetas en el suelo
muestran su imagen a través de un velo
que enturbia el puro goce de mi canto.

¡Con qué impudicia la naturaleza


no suspende una sola de sus rosas!
Como cuando alguien muere: en estas cosas
pensamos en las horas de tristeza.

He oído como en sueños a un tirano


con una quejumbrosa exultación
interrumpir la noche, en un balcón,
amenazando un trágico verano.

En distintas ventanas de las casas


he visto disparar ciegos caballos,
y elevarse los sables como rayos
castigando a mujeres en las plazas.

Vi morir a estudiantes tristemente,


asesinados por la policía:
y en la profundidad azul del día
la cobardía, abyecta, impenitente.

Yo vi una turba histérica, incivil,


que a la Casa Rosada se acercaba,
mientras que en la memoria se mezclaba
como un recuerdo, ya, el presente hostil.

El niño envuelto en una azul bandera


y los caballos inocentemente
acompañaban a esa triste gente
que escribía palabras en la acera.

Por esas mismas largas avenidas


ángeles nunca vistos en las puertas
surgieron de las casas descubiertas
al oír nuestras voces encendidas.

Quise pintar avergonzada a Clío


escondiéndose el rostro con el brazo,
en el fondo apenado del ocaso
allá por donde acaba el caserío.

De las provincias y gobernaciones


llegan hasta mi oído los clamores
tan melancólicos, entre las flores,
y siento en mí crecer los corazones

de este país tan grande como el mundo.


¡Oh, desolada confusión del día,
que ha transformado en odio la armonía
de un territorio plácido y profundo!

En las confiterías, en los coches,


en los confines de los arrabales,
en arcanos y férvidos umbrales
con plantas, en las casas, en las noches

de terrenos baldíos y de luna


donde se adoran las palomas quietas
en las últimas pálidas glorietas,
en la luz del amor, en la infortuna,

en los gomeros hondos y en la reja,


en la sombra del río, en la pobreza,
en los jardines siento esta tristeza.
Es la voz de mi patria que se queja.
Leónidas Lamborghini (1927-2009): Las patas en las fuentes

La obra de Leónidas Lamborghini es principalmente poética, aunque también escribió narrativa y una obra de teatro titulada “Perón en
Caracas”. En la década del cincuenta trabajó en la industria textil, fue delegado gremial y en 1973, bajo la presidencia de Héctor J.
Cámpora, ocupó durante tres meses el cargo de secretario de cultura del gobierno de la provincia de Buenos Aires. En 1977 se exilió en
México y recién regresó a la Argentina en 1990.
En su obra se destaca El solicitante descolocado, producto de su trabajo entre 1966 y 1971, una reescritura en clave paródica de la
historia política argentina: “Yo he usado la parodia para desenmascarar al modelo desde la risa. Y en vez de llorar frente a él, o de quejarse,
reírlo. Esa risa crítica.”

El solicitante descolocado comprende tres poemas: “Las patas en la fuente”, seguido de “La estatua de la libertad” y “Diez escenas del
paciente”. En Las patas en las fuentes (1966), que porta en el título una versión pluralizada de la simbólica imagen del 17 de octubre, hay
dos personajes principales: el solicitante descolocado y el saboteador arrepentido. Como en la poesía gauchesca, estos personajes dialogan,
forman voces en contrapunto. De algún modo, este poema podría ser considerado como el 17 de Octubre de la poesía argentina: “El de
Lamborghini es uno de los itinerarios más coherentes entre los que intentan darle una voz y un nombre a lo que somos y no a lo que
deberíamos ser", dijo Juan Sasturain, en 1973 en el diario La Opinión.

Las patas en las fuentes (fragmentos)

Me detengo un momento
por averiguación de antecedentes
trato de solucionar importantísimos
problemas de estado;
vena mía poética susúrrame contracto
planteo, combinación
y remate.

En vez
tú no tienes voz propia
ni virtud
dijo
y escribes sólo para
yo quise decirle mentira mentira
para purificarme

(…)

Pueblo goloso perezoso lujurioso


porque las curvas económicas
nos son favorables
una nueva conciencia os pido
en marcha.

Y si las cosas se complican


descentralizar:
—Listo, vamos
gobemar es poblar es hablar;
apoyando mi oído
en el obrero concentrado:
vibra.

(…)

“No son todos los que están


no están todos los que son”
mi pobre especie
son
los no antologados.

El Saboteador Arrepentido

Oh Máquina de los recuerdos


y está música traqueteante
renace, que aún vive, que aún persiste
de los batanes

Gran Cuarto de los zurcidos


bajo el tribunal de las telas en crudo
en otoño nací.
¿Mi destino estaba sellado?
cuando la más vieja de las zurcidoras
—toca en mis sienes con su resplandeciente
aguja especializada—
dijo
—Dirigirá esta fábrica
toda la producción
pasando por sus manos.
Entonces me erguí
mitad empleado - mitad obrero
sólo como un monstruo sabría hacerlo
y trozos aún del cascarón textil
lo alcancé bien y comprendiendo que
aquello era
sentencia
angustia fabril
y dolor de conflictos en la mano de obra
Huyendo par debajo de las mesas
revisadoras
describo inverosímiles curvas
económicas avisé apresurado en las paredes

YO NO SOY TÉCNICO YO NO SOY TÉCNICO

—¿Qué es esto?
Hasta que el fabricante disfrazado
de patrón vistiendo su más fino casimir
su más peinado hábito
me envuelve con su cola y aquí
me deposita:
—Este es tu nuevo puesto

(...)

Me detengo un momento
en el país de los países
de las maravillas
la izquierda es la derecha
lo blanco es negro.

-Es éste el país


equívoco del equívoco
de los equívocos
pregunté.

(…)

En el país de:
y di tres pasos
hacia los libertadores
y eran los.
y matan y persiguen y rondan y secuestran
sollozando al occidente
sollozando al occidente
y bailan alrededor
de un cadáver que no muere

(…)

y estoy con la cabeza


metida en la cabeza
del adicto cabeza
y qué tiene
el adicto cabeza
en la cabeza
tiene
económicamente libres
y socialmente justos
tiene y tiene
políticamente soberanos
tiene el adicto
cabeza en la cabeza

-¡Y ese es un adicto cabeza!


dicen los libertadores
que son los
des-libertadores.

y los adictos
buscaban la salida
en el callejón
sin forzando la salida
adictos a
y la mujer que va al frente está
gritando
¡Todos unidos
hagamos antorchas compañeros!

(…)

“y había allí
manando sangre de muñones
“somos los destrozados
los mutilados
la vida por
la vida por
cruzando la Gran Plaza”

(...)

dios
dios
acelera las contradicciones
de los que tendrán
que ser devorados

y cuando llegará
ese día
en que los devoremos

y vi a ese
tipillo
limpiar su autillo
todo el día

y veo que complica


a su pequeño
enseñándole a adorar “eso”
complicándolo
en la horrible dedicación
de hacer brillar “eso”

oh dios
dios
y devorémoslo
también

(…)

entonces vi al saboteador
arrepentido
llevaba una bomba casera
entre sus manos
“y ya no estoy arrepentido”
me dice
cuando a los pocos pasos
la bomba estalló contra su vientre
y aún así reventado
llama
y yo acerco mi oído tenso a su boca
“la redención por la lucha”
me dice
“la insurrección es un arte
es un arte”
y así
expiró entre mis brazos

¡Y hagamos antorchas
compañeros!
gritó la mujer que iba al frente

y lo que esas antorchas


alumbran alzándose en su luz
“es la toma
del poder”
balbuceó el Buen Idiota
“ y también
cuando metimos las patas el poder
en las fuentes de la Gran Plaza”
dijo mirando a los adictos.

[Link]
Poemas y testimonios del 17 de Octubre de 1945
POR DANIEL BRION
SONETO
Por Leopoldo Marechal
Era el pueblo de Mayo quien sufría,
no ya el rigor de un odio forastero,
sino la vergonzosa tiranía
del olvido, la incuria y el dinero.
El mismo pueblo que ganara un día
su libertad al filo del acero
tanteaba el porvenir, y en su agonía
le hablaban sólo el Río y el Pampero.
De pronto alzó la frente y se hizo rayo
(¡era en Octubre y parecía Mayo!),
y conquistó sus nuevas primaveras.
El mismo pueblo fue y otra victoria.
Y, como ayer, enamoró a la Gloria,
¡y Juan y Eva Perón fueron banderas!
Dijo Marechall:
“El coronel Perón había sido traído ya desde Martín García. Mi domicilio era este mismo departamento de calle Rivadavia. De pronto
me llegó desde el Oeste un rumor como de multitudes que avanzaban gritando y cantando por la calle Rivadavia: el rumor fue creciendo y
agigantándose, hasta que reconocí primero la música de una canción popular y, enseguida, su letra:
"Yo te daré/
te daré, Patria hermosa,/
te daré una cosa,/
una cosa que empieza con P/
Perooón".
Y aquel "Perón" resonaba periódicamente como un cañonazo.
Me vestí apresuradamente, bajé a la calle y me uní a la multitud que avanzaba rumbo a la Plaza de Mayo. Vi, reconocí, y amé los miles
de rostros que la integraban. No había rencor en ellos, sino la alegría de salir a la visibilidad en reclamo de su líder. Era la Argentina
"invisible" que algunos habían anunciado literariamente, sin conocer ni amar sus millones de caras concretas, y que no bien las conocieron
les dieron la espalda. Desde aquellas horas me hice peronista"…
Octubre entero
Por Fermín Chávez
Miradme así en octubre, la boca levantada,
para decir los nombres que en mi sangre macollan.
Todo lo que en el Pueblo se vuelve luz gritada
cuando el hombre y la tierra se buscan y se apoyan.
Miradme así en octubre, con mi ruano mañero
que a la fiesta del pueblo me arrimó receloso.
Traigo un campo de huesos. Viene el paisaje entero
con un perro y un chico y un arroyo barroso.
Traigo la voz del pueblo en mi boca de octubre,
en mi sangre de octubre parecida a una mora.
Miradme así en octubre, con las manos de octubre
y tendones rosados empujando a la aurora.
Quiero mirar la patria en el humo que sube
azul desde las fábricas, azul desde mis venas,
nombrarla en un tobillo que no tiene cadenas,
mirarla como el hombre cuando mira a la nube.
Quiero decir obrero, decir descamisado.
17 de octubre, laurel en la tormenta.
Quiero abrir una fiesta en mi jergón colorado
y una garza rosada.(La aurora que se asienta).
Miradme así en octubre, con mi ruano mañero
que la fiesta del Pueblo me arrimó resudado.
Traigo un campo de lino. Viene mi octubre entero.
Con un perro y un chico y un arroyo cortado.
Recordaba Andrés “El Negro” Framini
”El 17 marca el punto de partida de la revolución peronista y es un ejemplo incuestionable de cómo, a través de la movilización de los
trabajadores, es posible alcanzar los objetivos que hacen a la grandeza de la Nación y al bienestar del pueblo. Yo recuerdo cómo millones de
trabajadores irrumpieron en las calles. Entonces entendí qué era eso de "las masas". Allí estábamos, movilizados, dispuestos a la pelea. No
nos imaginábamos que eso se iba llamar Peronismo.”
Reflexionó Don Arturo Jauretche
"El país era otro país y no quisieron entenderlo... El 17 de octubre, más que representar la victoria de una clase, es la presencia del
nuevo país con su vanguardia más combatiente y que más pronto tomó contacto con la realidad propia.”

La famosa foto de “las patas en la fuente” nos muestra a dos hermanos en primer plano, Juan Molina (fallecido el 11 de julio de
2010, a los 82 años) y su hermano mayor, los dos con un gesto casi calcado.

Fue Don Fermín Chávez quien años después de aquel glorioso 17 de octubre descubrió a quien estaba en la foto. Era al ser
encontrado por Don Fermín dirigente del gremio de la sanidad.
Como homenaje a los miles de compañeros que hicieron aquel 17 de octubre glorioso, he unido y transcripto reportajes que
realizaron Pablo Calvo y Luis Sartori:
"Estuve en la Plaza aquel 17, sigo siendo peronista, pero hoy no sé a quién votar"Testigo privilegiado del nacimiento del peronismo,
hoy es uno más entre los miles de indecisos.
Hace 62 años que Juan Molina vive atrapado en una foto. Tiene los pies en remojo y está sentado al borde de una fuente de la Plaza de
Mayo, esperando que liberen a Juan Perón. Mira a un costado y se frota las rodillas, porque llegó agotado desde Palermo, hasta donde lo
había acercado el tren. Tiene 17 años, la vida por delante y la historia enfrente, en ese balcón.
También se frota las rodillas ahora que es anciano y empieza a contar lo que pasó entre aquel recuerdo en blanco y negro y esta tarde
soleada junto a las veredas floridas de Hurlingham.
Su baúl de nostalgias guarda el momento en que conoció a Eva Perón. "Fue una emoción tremenda, insuperable. Me saludó, la besé en
las mejillas, hablamos un poco. Luego la vi donar una casa y una máquina de coser a una mujer" que acababa de enviudar: "Cuidala,
querida, no dejés que los yuyos te lleguen al techo. Mirá que una tarde paso a ver cómo la tenés y, de paso, tomamos un mate cocido",
escuchó decir a la mujer delgada, que estaba por emprender el viaje hacia su propia leyenda.
Con brazalete de luto lo recibió Perón en la Casa Rosada, porque para entonces, 1953, Molina era dirigente del gremio de la Sanidad.
Ninguno de los dos conocía entonces la historia de la foto.
La curiosidad del historiador Fermín Chávez, uno de los biógrafos de Perón, hizo que asomara la novedad:
-Che, Molina, fijate bien, ¿no sos vos el que está en esta foto?
-Uy, sí, y el de al lado es mi hermano mayor. Hasta tenemos el mismo gesto, miramos para el mismo lado.
Trabajaban juntos en una fábrica de aguas gaseosas el día en que decidieron sumarse a la multitud. Juan usaba botas ortopédicas, por
una diferencia en el largo de sus piernas. En medio del camino, se las sacó. "Fue un gran error, porque los pies se me hincharon como dos
empanadas". Al rato, el agua de la fuente le regalaba un alivio especial.
Pudo saltar cuando la gente coreó: "La Patria sin Perón, es un barco, sin timón, sin timón". Y pudo emprender el regreso en el tranvía
que iba de Chacarita a Campo de Mayo. Lo esperaba el reproche de sus padres:
-Se puede saber adónde estaban? Son las dos de la mañana...
Años después, Juan trabajó en una fábrica de curitas y cinta adhesiva y se hizo amigo inseparable de José Falón, el que más se
entusiasma con los recuerdos del 17 de octubre de 1945.
El 20 de junio de 1973, cuando el regreso definitivo de Perón al país, corrió con sus pies imperfectos en Ezeiza, con ruido de disparos
de fondo. También conoció a Isabel Perón: "Vino a entregar los diplomas de la escuela de enfermería, sin López Rega"
Recuerda también su paso por la estructura sindical liderada por Saúl Ubaldini, en el retorno democrático."
"...cada uno había escuchado hablar del otro mil veces:
del negrito Ponce, el albañil, y de Molina, el gremialista.
Pero -como en un reencuentro de Gente que busca gente- recién volvieron a verse en julio de este añ[Link] entonces, son
inseparables. Se invitan a celebraciones con cualquier pretexto, se intercambian fotos y se prometen asados, y hasta dicen que sus esposas
también se hicieron amigas.
Se les nota: disfrutan la certeza de haber protagonizado una tardenoche clave del siglo.
Juan Molina, bonaerense, es socio de San Lorenzo y dirige desde 1952 un sindicato del Gran Buenos Aires: el de la Sanidad de
Hurlingham, que él mismo fundó.
Armando Ponce, santiagueño, sigue a Argentinos Juniors y tiene una empresa que arregla [Link] dos esposas (una cada uno),
seis hijos y 16 nietos. Nacieron el mismo año (1928), con dos meses de diferencia. Uno tiene pelo negro y el otro una calva aminorada por
su tenue cabellera blanca. Son verborrágicos, peronistas definitivos y de manos anchas.
Molina, más vehemente, pasó su vida en Hurlingham; Ponce vivió 20 años en Guaymallén, Mendoza, y quizás por eso es de modos
más calmos. El 17 de octubre de 1945 tenían, casualmente, 17 años. Vivían cerca, a una estación de distancia: Molina en El Tropezón y
Ponce en Villa Bosch, un puñado de cuadras más allá de la General Paz. Y cerca se sentaron en la fuente de la Plaza de Mayo para
refrescarse los pies, en una tarde -recuerdan- sofocante. En el medio, aquel día célebre, un descamisado en camiseta. Las patas en la fuente y
los descamisados, símbolos del peronismo insolente que estalló aquel 17 para cambiar la historia argentina. Recuerda Ponce: Yo era cadete
en una sastrería militar, la sastrería García. Estaba en la calle 25 de Mayo, a media cuadra de la Plaza.
Y esa mañana, el delegado, que admiraba a Perón, nos convocó a ir a pedir por el coronel. Está en Martín García y lo quieren fusilar,
porque nos defiende a nosotros, dijo. Allá fuimos. Y nos encontramos con una plaza recontrallena. Molina evoca: El 17 hicimos huelga.
Trabajaba en una fábrica de aguas gaseosas con mi hermano mayor.
Los dos tomamos el tren en Caseros, nos bajamos en Palermo, y fuimos caminando desde ahí por la avenida Santa Fe hacia la Plaza.
Por todos lados se veían pañuelos blancos y banderas argentinas. Cantábamos La patria sin Perón es un barco sin timón, y caminábamos.
Llegamos a Plaza de Mayo como a las cinco de la tarde, hacía calor y no había agua en los bebederos. La foto la deben haber tomado a esa
hora. Su hermano mayor, ya fallecido, es el engominado con saco que está a la izquierda de Juan, en el centro de la famosa foto de la fuente.
Ponce y los Molina se refrescaron en la fuente que está a la izquierda de la Plaza, entre la Pirámide y la Casa de Gobierno, yendo hacia
Puerto Madero.
Sigue Molina: Todos los bares y negocios de la zona estaban cerrados. La gente traía y llevaba información sobre Perón, pero no sé de
dónde la sacaba, porque no había radios portátiles. Al anochecer, se encendieron las luces de la plaza y mucha gente hizo antorchas con
papeles. La Policía estaba tranquila: apenas había una guardia frente a la Casa de Gobierno, y algunos de la montada entre la multitud.
Ponce remata: Para salir, como había tanta gente, tuve que costear las paredes del Banco Nación primero y de la Catedral, después.
El subte estaba cerrado en Diagonal Norte. Y fue en ese momento cuando empezó a hablar Perón, y comparó esa movilización popular
con la toma de la Bastilla en París. No tenía reloj, pero serían las diez y media de la noche. El coronel terminó de hablar y Ponce se alejó
caminando. Llegó a pie a Chacarita y ahí comió pizza, el único alimento del día de su bautismo político. Votaron por Perón al año siguiente
(el 24 de febrero) y siguieron caminos distintos: Ponce se hizo albañil, trabajó de periodista y se destapó como inventor.
Siempre fue militante peronista, y su otro gran momento en la política ocurrió en 1962: fue cuarto candidato a diputado de Mendoza
por la Unión Popular, el nombre del partido peronista, entonces proscripto.
Molina vio cuatro veces a Evita, fue preso en noviembre de 1955, después de derrocado Perón; lo echaron de la fábrica 3M un par de
veces; integró la CGT de Saúl Ubaldini en la última dictadura; fue recibido por Juan Pablo II, y hasta fundó un hospital."

SEAN ESTOS RECUERDOS UN HOMENAJE PARA TODOS LOS COMPAÑEROS Y COMPAÑERAS QUE
HICIERON POSIBLE EL 17 DE OCTUBRE DE 1945, TRANSFORMÁNDOLO EN EL DÍA DE LA LEALTAD.
LEALTAD QUE CONTINÚA HOY AL SERVICIO DE UNA PATRIA SOCIALMENTE JUSTA, ECONÓMICAMENTE
LIBRE Y POLÍTICAMENTE SOBERANA.

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