Conversaciones del VIII ENAPOL
ASUNTOS DE FAMILIA, sus enredos en la práctica
Buenos Aires • Septiembre 2017
3. ¿Qué cosa es un hermano?
Responsable EOL: Fabián Schejtman
Participantes: Patricio Álvarez, Marcelo Barros, Gabriela Basz, Natalí Boghossian,
Alejandra Eidelberg, Vera Gorali, Gabriela Grinbaum, Haydée Iglesias, Roberto Mazzuca,
Kuki Mildiner, Alma Pérez Abella, Enrique Prego, Sohar Ruiz, Nieves Soria,
Débora Sznaider, Laura Valcarce
1. Hermano-trauma
1.a. La Cosa, el complejo del prójimo y de intrusión
La Cosa es un elemento extraño, pero íntimo a la vez: “das Ding está [...] en el centro, en el
sentido de que está excluido [...] ajeno a mí estando empero en mi núcleo”.1 Localización
éxtima2 del goce, pero vinculada ya con el complejo del prójimo [Nebenmensch].3 Éste “se
separa en dos partes, una de las cuales se impone por un aparato constante, que permanece
unido como cosa [...] El Ding es el elemento que es aislado en el origen por el sujeto, en su
experiencia del Nebenmensch, como siendo por naturaleza extranjero”.4 Lacan retoma así, en
su Seminario 7, la vertiente real del hermano-trauma que ya se anticipaba tempranamente
como complejo de la intrusión. En 1938 señalaba: “El papel traumatizante del hermano en
sentido neutro está [...] constituido por su intrusión. El hecho y la época de su aparición
determinan su significación para el sujeto. La intrusión parte del recién llegado para infestar al
1
Lacan, J., (1959-1960), p. 89.
2
Cf. ibídem, p. 171.
3
Cf. Freud, S., (1895), p. 377.
4
Lacan, J., (1959-60), p. 67. Cf. también Freud, S., (1895), p. 377.
ocupante”.5 Ya en 1932, en su tesis doctoral, su elaboración del caso Aimée lo aproximaba al
hermano-trauma.
1.b. Aimée
Aimée se casa a los veinticuatro años y “ocho meses después [...] la hermana mayor viene a
vivir bajo el techo conyugal”.6 Durante su primer embarazo tiene ideas de persecución. Su hija
nace muerta e imputa la desgracia a sus enemigos. Tiempo después nace su hijo, Didier
Anzieu, se instala la certeza de que querían matarlo y “la hermana impone su dirección para
criar al niño”.7 Tiene la idea de ir a EE.UU, será novelista. La familia se opone. Aimée afirma:
“tramaron un complot para arrancarme a mi hijo [...] hicieron que me encerraran en una casa
de salud”.8 Es externada y se traslada a París. Allí vive sola, su hijo queda con su hermana.
Sus esperanzas de ver publicadas sus novelas se frustran: lastima a la empleada que le da la
noticia. Tiempo después, ataca a la actriz Marguerite ex Duflos quien habría tenido la
intención de matar a su hijo. Ésta se defiende, Aimée le hace un corte en una mano. La
trasladan a la cárcel, se declara culpable y el delirio cae. Luego ingresa a Sainte-Anne.
Lacan ubica el complejo fraterno como el punto inicial que le servirá a Aimée de base para la
sustitución de sus perseguidoras: esta serie de mujeres que ocupan el lugar del ideal se inicia
con su hermana mayor y se desplaza hacia su amiga íntima, C. de la N., a Sara Bernard, y
finalmente a Z., la actriz Marguerite ex Duflos. “La hermana representa para Aimée […] la
imagen misma del ser que ella es incapaz de realizar”.9 El carácter intrusivo del otro fraterno
revela lo éxtimo del propio ser y en esta línea se localizan sus perseguidoras. “Aimée se resiste
a reconocer a su enemiga en su hermana […] Pero [...] la naturaleza familiar del lazo que la
une a su enemiga más íntima hace comprensible el desconocimiento sistemático en que [...] se
ha refugiado”.10 En ese desconocimiento del odio que experimenta por su hermana podemos
5
Ibídem, p. 54.
6
Lacan, J., (1932), p. 209.
7
Ibídem, p. 214.
8
Ibídem, p.145.
9
Ibídem, p. 211.
10
Ibídem, p.213.
ubicar lo éxtimo, lo más oculto para ella misma. Bajo los términos de “enemigo interior”,11 en
su tesis, Lacan anticipa lo que desarrollará años más tarde valiéndose de los desarrollos de
Guiraud. En “Acerca de la causalidad psíquica”,12 la referencia al kakon –especie de mal
interior del cual el sujeto intenta desprenderse– posibilita circunscribir las coordenadas del
pasaje al acto en Aimée: golpea al otro y se agrede a sí misma, es decir, golpeando su propia
imagen en el espejo apunta a su ser.
2. Hermano: del trauma al fantasma
2.a. Envidia, rivalidad y celos. Virajes del goce
Respecto del complejo de intrusión, Lacan menciona dos posiciones posibles para el hermano:
pudiente y usurpador.13 Destaca que los celos representan una identificación mental. Luego,
éstos y la envidia son pasiones, aunque de distinto tenor. Si la rivalidad es constitutiva y se lee
con lo imaginario, los celos –hermanos del deseo– suponen la tríada. En contraposición, la
envidia es diádica y destructiva. En la relación fraterna se ponen en juego los tres y sus marcas
quedarán en el fantasma. Pero tal dimensión fantasmática ya es tramitación del goce, lo que
nos conduce a interrogar los virajes del mismo a partir de la confrontación traumática con lo
real de un hermano. Abordaremos las modificaciones en la economía del goce en función de
las dos operaciones que Freud aísla para concebirlos -mudanza de afecto y cambio de vía-,
para llegar luego, con Lacan, a despejar la vía que va del trauma al fantasma (estable,
vacilante o realizado).
2.b. Mudanza de afecto y cambio de vía
De la mudanza de afecto [Affektverwandlung] encontramos varias versiones freudianas. En el
“Manuscrito E”14 y en los escritos sobre las neuropsicosis de defensa,15 se produce junto con
11
Ibídem, p. 216.
12
Cf. Lacan, J., (1946), p. 165.
13
Lacan, J., (1938), p. 47.
14
Cf. Freud, S., (1894ª).
15
Cf. Freud, S., (1894b) y (1896).
la defensa: el placer se torna en displacer en la histeria, en reproche en la neurosis obsesiva, en
angustia en la fobia. En “La interpretación de los sueños”16 se vuelve un elemento que define a
la represión. En los escritos metapsicológicos ocurre en el nivel de la pulsión.17 Aunque
cuestionado en el caso Schreber,18 en la paranoia el afecto aún se muda por el mecanismo de
proyección tanto en el delirio de persecución como en el erotómano. En el cambio de vía
[Wechsel] es el objeto el que está en juego: por ejemplo, de heterosexual a homosexual o
también, en el caso de la niña, de la ligazón-madre a la ligazón-padre. Así lo define Freud en
“Pulsiones y destinos de pulsión”:19 “En el curso de los destinos vitales, la pulsión puede sufrir
un número cualquiera de cambios de vía [Wechsel] […] Un lazo particularmente íntimo de la
pulsión con el objeto se acusa como fijación”. Tanto la mudanza de afecto como el cambio de
vía, se producen a partir de una contingencia vital, que puede estar referida a la irrupción de
un hermano. Así se destaca, por ejemplo, en el Hombre de los lobos,20 con la seducción de su
hermana a los tres años que produce la mudanza de afecto sádico a masoquista; en Juanito,21
con la aparición de las erecciones junto con el nacimiento de la suya, que producen la
mudanza de afecto placentero en angustia, motor de su fobia; y en la Joven homosexual,22 en
la que el nacimiento del hermano produce un cambio de vía, que fija la libido a un objeto
homosexual.
2.c. Incidencias sobre la economía del goce
Desde la perspectiva de Lacan, el hermano puede suponer la emergencia de un real que
desarma la construcción previa y modifica la articulación entre los registros, con efectos en el
nivel del fantasma y del goce. Para la Joven homosexual,23 ubicada simbólicamente en el lugar
materno, el real que supone el nacimiento del hermano, frustración imaginaria mediante, la
16
Freud, S., (1900), p. 593.
17
Cf. p. ej. Freud, S., (1914).
18
Cf. Freud, S., (1911).
19
Cf. Freud, S., (1914).
20
Cf. Freud, S., (1917).
21
Cf. Freud, S., (1909).
22
Cf. Freud, S., (1920).
23
Cf. Lacan, J., (1956-1957).
conduce a la posición masculina: tiene el falo y puede darlo a otra mujer. En Dora24 el tránsito
es inverso: el recuerdo encubridor inicial marca la fijación oral del fantasma e incluye la
elección del hermano como objeto amoroso, de donde pasa a identificarse con éste, paradigma
de la identificación viril histérica. Leyendo “Pegan a un niño”25 Lacan sitúa el pasaje de la
identificación triangular, simbólica, con el hermano pegado por el padre en el primer tiempo
del fantasma, a la relación imaginaria, dual, entre el niño y el padre, que fija en el segundo
tiempo un modo de goce: ser pegado por el Otro. La fijación fantasmática se sostiene así de la
suposición del goce del Otro. En todos estos casos la fijación de esa imagen-real fantasmática
conlleva una modificación en la posición de goce anterior: de heterosexual a homosexual en el
primero, de oral a viril en el segundo, de sádico a masoquista en el tercero.
2.d. El hermano y el fantasma: vacilación, restauración, realización
En el abordaje del caso Juanito que Lacan realiza en su Seminario 4,26 el surgimiento de la
angustia -que echa por tierra el tiempo primero de la dicha del niño, soportado por su
identificación con el falo materno- es referida a la emergencia del pene real -primeras
sensaciones ligadas a la masturbación infantil-, pero el nacimiento de su hermana Ana es
fundamental en ese tránsito. Ella es también un elemento de lo real que hace vacilar la
identificación y posición fantasmática inicial del niño que soportaba su juego de engaños con
la madre: “En cuanto hay una hermanita [...] las cosas no pueden encajar de forma tan
simple”.27 “Ana [...] es el otro término inasimilable de la situación”.28 Cuestionada de esta
manera su posición fálica, puede plantearse la pregunta que induce la angustia en el sujeto: “ya
que no soy tu falo, ¿qué me quieres?” Apertura al sin-sentido angustiante del deseo del Otro
que motorizará la fobia como miedo al caballo. Pero en la solución que ésta supone, la
hermana se resitúa y el fantasma se restaura. De elemento de lo real, pasa a enmarcarse
fantasmáticamente: “Todo el proceso de los fantasmas de Juan consiste en resituar este
24
Cf. Freud, S., (1905) y Lacan, J., (1951) y (1956-1957).
25
Cf. Freud, S., (1919).
26
Cf. Lacan, J., (1956-1957).
27
Cf. Ibídem, p. 262.
28
Cf. Ibídem, p. 370.
elemento intolerable de lo real en el registro imaginario [...] Ana es reintroducida bajo una
forma completamente fantasmática”.29
En contrapunto con el caso de Juanito, puede leerse el de la fobia a las gallinas, escrito por
Helen Deutsch30 y analizado por Lacan en su Seminario 16.31 Destacamos aquí la mutación en
la posición del sujeto producida a partir de la seducción que sufre por parte de su hermano
mayor. La diferencia con Juanito es notoria: vacilación del fantasma en el caso freudiano,
realización del mismo en el de Deutsch. Si de inicio el jovencito se ubicaba gustoso como la
gallinita de mamá, entregando sus huevitos fecales, perfectamente dispuesto a ser revisado
como una más de las aves de corral, el encuentro con el hermano mayor -que una tarde lo
aferra por la cintura y le suelta ese: “Yo gallo, tú gallina”- lo conduce a extraer todas las
consecuencias de su primera posición. El “Yo no quiero ser la gallina” es la rebelión subjetiva
que conduce a la caída de la identificación con la gallina y motoriza la fobia que se erige
luego. Subrayamos que, aquí, ésta no viene a responder por la angustia ante el sin-sentido del
deseo del Otro, sino que es más bien la certeza del goce del Otro lo que moviliza la
insurrección del narcisismo frente al poder del hermano:32 lejos de cualquier vacilación, es la
realización del fantasma, con la irrupción de goce que acarrea -enmarcado pero insoportable-
lo que hace girar el caso. La verdad, velada de inicio, termina revelándose luego... “hermana
del goce”.33
2.e. Localizaciones fantasmáticas en dos testimonios de pase
Anne Lysy, en su testimonio,34 señala que su hermano gemelo produjo en ella una demanda de
amor “devorante” dirigida a su madre tempranamente, “en competencia con aquel otro… tuve
la impresión de ser la mala”. Cuando a los cuatro años surge su pregunta ¿por qué hay niñas y
niños?, quiso distinguirse del hermano. “Mi padre declaró que las niñas valían tanto como los
niños. Yo decidí que las niñas valían incluso más”. “Niña” fue connotado con un “más”, lo
que tuvo consecuencias sobre su vida amorosa. En el primer encuentro con el analista, éste le
29
Cf. Ibídem, p. 370.
30
Cf. Deutsch 1930.
31
Cf. Lacan, J., (1968-1969), pp. 278-280.
32
Cf. Lacan, J., (1968-1969), p. 279.
33
Cf. Lacan, J., (1969-1970), capítulo IV.
34
Cf. Lyzy, A., (2010), pp. 101-108.
preguntó si no había creído haberle robado a su hermano su actividad. “Yo era burlona e
incluso ligeramente despreciativa respecto a ese muchacho tan calmo”. Así, la identificación
viril histérica resuelve la competencia fálica con el hermano dándole un guión fantasmático
que retornará en su síntoma: el analista señala su nombre, la “corredora”, ubicando el goce de
un activismo constante, resto de aquello que se inició con la competencia fálica fraternal.
Anna Aromí35 era la mayor de cinco hermanos. Su única hermana mujer muere a los quince
años teniendo ella veinte: “el silencio cayó sobre su nombre”. Anna hace una “tentativa de
suicidio inconsciente” al volante de un coche. Es lo que desencadena su primer pedido de
análisis. “Las mujeres de mi familia se contaban de dos en dos. Entre dos se sostenía la
feminidad. La muerte de mi hermana me había dejado coja. Los analistas serían el partenaire-
síntoma con el que tratar esa cojera”. Fijó su nombre con una pareja de dos enes, “Anna”:
“una para mi hermana, otra para mí”. La marca de aquella muerte instila su modo de habitar la
feminidad.
2.f. Articulación de semblante y real
Freud analiza el poema de Gilgamesh36 en una carta a Jung37 y encuentra en él, el
“antiquísimo motivo de la pareja de hermanos desiguales”, que se repite en la mitología y la
literatura desde tiempos remotos. Menciona las historias de Rómulo y Remo, la de los
Dióscuros, y también la del Quijote y Sancho Panza.38 Siempre uno de ellos es más débil,
muere más joven, o cede con mayor facilidad a las pasiones. En el caso de los Dióscuros, uno
es mortal y el otro inmortal. Rómulo muestra una diferencia con Remo que podríamos
comparar con la que hay entre Michael Corleone y su hermano Fredo, en la saga de Coppola:
El Padrino. Freud ve en este motivo mítico “la relación de un hombre con su libido”. Dirá que
ese hermano más débil o más salvaje, encarna la libido del héroe, que está condenada a
35
Cf. Aromí, A., (2014), pp. 74-77.
36
Gilgamesh es un déspota lujurioso que goza de las mujeres por la fuerza. Para limitarlo, los dioses envían a
Enkidu, un hombre salvaje que enfrenta al monarca. El combate, sin embargo, los hermana en una amistad
indisoluble, juntos emprenden hazañas que desafían a los dioses.
37
Freud, Jung (1906-13), 13/10/1911.
38
Podrían agregarse a la serie, con sus matices, los bíblicos Caín y Abel, Isaac e Ismael, Jacob y Esaú, Moisés y
Aarón… la lista continúa.
perderse. Ese hermano gemelo es la placenta.39 que procede siempre de la misma madre.
Freud señala que, en La rama dorada de Frazer, se lee que en muchos pueblos primitivos la
placenta es nombrada como el hermano o hermana. Este “gemelo” que comparte con el hijo el
seno materno, que es alimentado y conservado, no puede durar mucho. En ello, Freud también
ve el motivo del doble, cuya aparición es siempre presagio de que uno de los dos debe perecer.
¿Cómo entender esta referencia a la placenta? Bajo la categoría de un semblante que se toma
de la naturaleza, más que como algo real... aunque un verdadero semblante presenta una
articulación con lo real.
3. Hermano-sinthome
3.a. Arco elegante
El tránsito del hermano-cosa-trauma, a su localización en la escena del fantasma da cuenta de
la naturaleza misma de este último: se trata de un compuesto, tal como Freud pudo anticiparlo
al suponerlo soldado40 al goce autoerótico, lo que asegura el adormecimiento subjetivo -más
suave o más pesadillezco- a los fines del principio del placer. Tal carácter es lo que le permitió
a Miller incluirlo en ese “arco elegante”41 que enlaza una serie de compuestos en la enseñanza
de Lacan: la identificación y la imago, el falo, el fantasma y... el sinthome. En efecto, si no se
confunde al sinthome con la cara real del síntoma, ni se lo vuelve producto exclusivo de un
análisis llevado hasta su término,42 se deja abordar como Lacan lo quiso: cuarto elemento que
permite que sus tres registros no se vayan cada uno por su lado.43 Un hermano puede venir a
ese lugar.
39
Lacan retomó este motivo en su mito de la laminilla (cf. Lacan [1964], pp. 204 y sigs.).
40
Cf. Freud, S., (1905) y (1907).
41
Cf. Miller, J.-A., (1986-1987), pp. 256 y sigs.
42
Cf. Schejtman, F., (2013).
43
Cf. Lacan, J., (1975-1976), especialmente capítulo VI. A continuación, abordamos al sinthome en su sentido
más amplio: en su función de anudamiento y reparación, prescindiendo de la consideración de su localización en
el lugar del lapsus del nudo o no.
3.b. James y Stanislaus
James Joyce comporta una solución singular ante la “Verwerfung de hecho”, la “dimisión
paterna” que Lacan le supone.44 Con su escritura y, especialmente, con la publicación de su
obra, se hace el “Ego corrector”45 que repara, en tanto que sinthome, el lapsus del nudo entre
simbólico y real, e impide la fuga de lo imaginario. Lo que no excluye la posibilidad de que
otros elementos se adicionen reforzando esta solución. Al ajuste –corporal– que agrega la
relación con su mujer –¡a-guante46 Nora!–, sumamos aquí la función de su hermano
Stanislaus. Tres años menor que James, cumplió un papel importante en su vida: “James tenía
el don de transformar el material, no de crearlo y Stanislaus fue la primera de una serie de
personas en quien se apoyó para recoger ideas”.47 Fue él quien le sugirió el título de Stephen
Hero para la primera versión del Retrato del artista adolescente y le aconsejó que convirtiera
el libro en un “Fausto irlandés”.48 Si para Stanislaus su hermano ocupaba la función del ideal,
James lo abordaba a partir de una perspectiva utilitarista muy particular. Si desaprensivamente
afirmaba que su hermano le servía de “piedra de afilar”,49 apenas se exilia le suplica que se
mude a Trieste con él. Si lo degradaba, no era menos cierto que lo precisaba. Stanislaus
mantuvo una “gran autoridad moral”50 sobre James, sacándolo de sus borracheras en las
cervecerías y “manteniéndole el humor y las finanzas”.51 Tuvo gran participación en la
producción literaria de su hermano y en la gestión sobre sus publicaciones. La relación declina
cuando Stanislaus cae preso durante la primera guerra mundial y paulatinamente James
encuentra “otros guardianes de disciplina menos severa”.52 lo que certifica que su hermano
“fue una suerte de modelo de las relaciones de amistad que mantendría a lo largo de su
vida”.53
44
Ibídem, p. 86.
45
Ibídem, p. 149.
46
Ibídem, pp. 81-82.
47
Joyce, J., (1958), p.13.
48
Ibídem, p. 15.
49
Ibídem, p. 8.
50
Ibídem, p. 13.
51
Ibídem, p. 14.
52
Ibídem, p. 20.
53
Godoy, C., (2012), p. 262.
En esta perspectiva es dable plantear que por más de dos décadas el hermano ofició de
guardián y reparador del agujero narcisista que padecía James: lazo sostenido en una
dimensión utilitaria54 de lo imaginario, que transformó a Stanislaus en una extensión de su yo,
complemento de su sinthome-Ego. La cadena en Joyce se torna así polireparada:55 la figura
del hermano adiciona una compensación no borromea que, sin emplazarse en el lugar del
lapsus del nudo, sino entre simbólico e imaginario, refuerza, en el nivel del semblante, el
sinthome que el Ego comporta y también aquel otro que constituyó su mujer.56 Desde la trenza
puede plantearse como una “reparación-hebra”57 que se mantuvo en el tiempo: cuando la
relación fraterna decae, se deja sustituir por el lazo que James mantuvo con algunos otros que,
en su amistad o mecenazgo,58 cumplieron una función análoga a la que le cupo por años a su
hermano.59
4. Fraternidades: clásicas y actuales
4.a. La fraternidad interrogada por el declive de la imago paterna
La estabilidad que procura el “compuesto-hermano”, sea en el nivel de la identificación y la
imago, del fantasma o del sinthome, se continúa en la fraternidad generalizada que, bien
podría anticipar, ya desde Freud –con su ya clásico análisis del fenómeno de masas–,60 aquel
“arco elegante” que hace del hermano una defensa contra lo traumático. Sin embargo, la
fraternidad clásica no es la actual.
54
Cuestión que C. Soler (2009) plantea para su mujer, Nora. Nos parece más pertinente proponerla de ese modo
para su hermano.
55
Cf. Schejtman, F. (2013), pp. 283 y sigs.
56
Cf. Ibídem, p. 109-110.
57
Cf. Ibídem, pp. 255 y sigs.
58
Cabría distinguir esta “hebra fraterna”, sin embargo, de las relaciones de Joyce con sus “alter-ego” -James
Stephens y John Sullivan- cuya función de transitivismo imaginario en el nudo joyceano destaca muy
rigurosamente C. Godoy (2012).
59
Otro ejemplo de nudo fraternal puede hallarse en la relación entre el célebre pintor Vincent Van Gogh y su
hermano, cuatro años menor, Teodoro, quien representó un apoyo y sostén polifacético en la vida de Vincent.
60
Cf. Freud, S., (1921).
4.b. Segregación del Otro sexo
En El seminario 17 Lacan plantea que el:
[…] empeño que ponemos en ser todos hermanos prueba evidentemente que no lo somos.
Incluso con nuestro hermano consanguíneo, nada nos demuestra que seamos su hermano
[…]. Sólo conozco un origen de la fraternidad, es la segregación […]. Se trata de captar
esa función y saber por qué es así.61
Encontramos una respuesta a la pregunta que aquí se esboza en “Psicología de las masas y
análisis del yo”, donde Freud distingue entre aspiraciones sexuales directas y de meta inhibida,
situando a las primeras como desfavorables para la formación de la masa. La satisfacción que
pone en juego a una mujer como objeto sexual queda excluida de organizaciones tales como la
iglesia y el ejército. Ubica a la segregación en oposición al amor por una mujer,
diferenciándolo explícitamente del amor homosexual masculino.62 Podría señalarse así, que la
función de la segregación ligada con la hermandad freudiana es la defensa ante la inexistencia
de la relación sexual, que pondría en juego la presencia femenina. Es lo que resuelven, con el
asesinato de la intrusa, los hermanos del cuento borgeano,63 cuya versión fílmica dirigida por
Christensen interpreta una erótica homosexual fraterna como defensa ante lo femenino. La
fraternidad de “Tótem y tabú” es aquella de la masa, en la que el líder colocado en el lugar del
ideal del yo pasa a cumplir la función del padre.
Pero, en esta época de franco declive del Nombre del Padre cabe la pregunta acerca del
estatuto de la hermandad en las nuevas masas carentes de líder definido y de referencia al ideal
del yo. La época actual, tal como anticipara Lacan,64 es presa de fenómenos crecientes de
segregación. Pero ésta, que no responde a la lógica paterna de la iglesia y el ejército, sino a
aquella del discurso científico, ¿da lugar a una fraternidad? ¿De qué tipo en todo caso?
61
Lacan, J., (1969-1970), pp. 120-121.
62
Cf. Freud, S. (1921), p. 134.
63
Borges, J. L., (1969).
64
Cf. Lacan, J., (1967ª), p. 22.
4.c. Segregación de la diferencia
En El seminario 19 encontramos una orientación: “lo que crece, que aún no hemos visto hasta
sus últimas consecuencias, y que arraiga en el cuerpo, en la fraternidad del cuerpo, es el
racismo”.65 El racismo como fraternidad del cuerpo, enraizada en lo imaginario, parece
prescindir de la referencia al orden simbólico resultado de la lógica edípica, pudiendo
elucidarse únicamente a partir de la prevalencia del objeto a. Así, a diferencia de los efectos de
segregación de lo femenino propios de la hermandad de la masa, aquellos de la época actual
responden más bien a lo que Miller y Laurent calificaron como “feminización de la
civilización contemporánea.66 Es la hermandad del fundamentalismo, la que da lugar al
“desvarío de nuestro goce”.67 Incidencia de la lógica femenina de la inexistencia de la
excepción paterna que, en lugar de articularse con la lógica fálica dando lugar al no-todo, se
dirige a un para-todos absoluto. En el pasaje hacia la hipermodernidad, la segregación se
agudiza produciendo nuevas formas de exclusión de aquello radicalmente Otro: “proceso
disciplinario de los cuerpos, más sutil y penetrante que la clásica bipartición entre
normalización y exclusión, entre un adentro normativizado y un afuera de la norma. Las
sociedades globalizadas producen neo-segregaciones en las cuales las poblaciones encuentran
una vía de nominación y una identidad de goce en torno a una identificación o a una posición
genérica”.68 Estas formas de segregación representan una alternativa imaginaria respecto de
las modalidades tradicionales. La hermandad del cuerpo es hermandad de goce tramitada por
lo imaginario, sin referencia a la función del ideal del yo, ligada con el Nombre del Padre. El
resultado no es ya la segregación de lo femenino, sino aquella de la diferencia en tanto tal,
incluida la sexual. En consecuencia, en la práctica analítica con el sujeto segregado de las
nuevas fraternidades, deberá prevalecer una orientación que abra una dialéctica entre la
función de la excepción y el sin excepción de la lógica femenina, introduciendo la perspectiva
del no-todo: pondrá en relieve una singularidad irreductible, más allá de toda pretensión
universalizante.
65
Lacan, J., (1971-1972), p. 231.
66
Miller, J.-A., (1996-1997), III, V y XVIII.
67
Lacan, J., (1973), p. 112.
68
Cosenza, D., (2017).
5. Hermano-otredad
5.a. El psicoanalista-hermano-Otro
¿Qué partenaire devendrá entonces un psicoanalista para ese sujeto segregado de las nuevas
fraternidades? ¿Podrá acaso considerarse su hermano? Que no sorprenda, ya que Lacan no se
privó de considerar al analista hermano del analizante.69 Que en esa ocasión soporte tal
afirmación del hecho de “ser hijos del discurso” –el analítico para el caso–, no impide sostener
que reintroduciendo el no-todo, un psicoanalista encarna la Otredad como tal. Retorna aquí,
entonces, lo real de la función del hermano, pero ahora, ya no bajo los auspicios de lo real
pulsional, sino de lo real de esa Otredad.70
5.b. La hermana de Jacques
A sus cinco años, Jacques Lacan oye a su hermana Madeleine, dos años y medio menor,
proferir un: “Manène sabe”. Más de siete décadas después, lo recuerda, en su vigésimo cuarto
seminario.71 El que se había declarado dos meses antes “histérico perfecto”,72 pero distanciado
de la histérica por unificar su inconsciente, no con la armadura del amor al padre, sino con
su... ¡conciencia! –repudio del abordaje esférico del descubrimiento freudiano: el inconsciente
es extimidad y el toro le viene mejor que cualquier “hacerse” [se-faire/sphère]–, encuentra
ahora el origen de tal unificación en este lazo fraterno con lo femenino –¡no es lo mismo una
hermana que un hermano!– en el encuentro con una –pequeña y femenina– conciencia que,
lejos de ser un “yo sé”, supone una “voluntad de no cambiar”, que se acerca al saber absoluto -
que, lejos de cualquier hegelismo- es apuntado como saber... en lo real.73
Y bien, ¿puede ello reconducirse al “principio de lo que podríamos llamar el delirio de Lacan
con las mujeres”, como lo desliza Miller en El ultimísimo Lacan,74 –aun cuando agregue que
no avanzó en ese sentido puesto que le resultó “de una dificultad prodigiosa” o que nunca lo
consideró propiamente un delirio, aunque sí “una pequeña inducción”? ¿O veremos más bien
69
Cf. Lacan, J., (1971-1972), p. 230.
70
Cf. el modo en que Lacan distingue esos dos reales en su “Respuesta a Marcel Ritter” (Lacan 1975).
71
Cf. Lacan, J., (1976-1977), 15-2-77.
72
Cf. Ibídem, 14-12-76.
73
Cf. Ibídem, 15-2-77
74
Cf. Miller, J.-A., (2006-2007), pp. 229-230.
en ello, para un varón, en el encuentro precoz con lo femenino que una hermana propone, la
posibilidad de la apertura a esa Otredad absoluta del enjambre de Unos profiriéndose en lo
real, ese conjunto abierto que comporta un inconsciente que, femenino, es ya la-una-
equivocación [l’une-bévue], aquella que puede permitirle echar alas para la morra, cuando no
para el amor [s’aile a mourre / c'est l'amour]? Es que si una mujer sólo puede tener
inconsciente (homosexuado) “desde donde es toda, es decir, desde donde la ve el hombre”,75
quizás él sólo pueda equivocar su empuje homo en su encuentro con ella: allí donde la-una-
equivocación logra “reducir el sinthome”,76 “perturbar su defensa”.77
Tal es la vía que una hermana, encarnadura de esa Otredad real que lo fraterno también
comporta, nos abre sobre el final de este trabajo. En efecto, queda abierto.
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75
Cf. Lacan, J., (1972-1973), p. 119.
76
Cf. Lacan, J., (1976-1977), 15-2-77.
77
Cf. Lacan, J., (1976-1977), 11-1-77.
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