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Leguía y la Transformación de Perú

El documento describe el proyecto de la "Patria Nueva" impulsado por el presidente Leguía en Perú a inicios del siglo XX. Este proyecto buscaba transformar la sociedad peruana mediante una nueva constitución en 1920 y medidas para beneficiar a los sectores marginados e indígenas. Leguía justificó su golpe de estado en 1919 argumentando que se necesitaba un cambio radical para lograr el progreso del país. Su gobierno se orientó a la dictadura personal y centralizó el poder político y económico del estado.
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Leguía y la Transformación de Perú

El documento describe el proyecto de la "Patria Nueva" impulsado por el presidente Leguía en Perú a inicios del siglo XX. Este proyecto buscaba transformar la sociedad peruana mediante una nueva constitución en 1920 y medidas para beneficiar a los sectores marginados e indígenas. Leguía justificó su golpe de estado en 1919 argumentando que se necesitaba un cambio radical para lograr el progreso del país. Su gobierno se orientó a la dictadura personal y centralizó el poder político y económico del estado.
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Historia Económica del Perú y el Mundo

SEPARATA 11.

11. El proyecto de Leguía de la “Patria Nueva”y sus


fundamentos políticos, económicos y sociales.
11.1 El proyecto de Leguía de la Patria Nueva y sus fundamentos
políticos, económicos y sociales:
11.1.1 Aspecto Político.

El golpe de Estado del 4 de Julio de 1919 y la iniciación del régimen Leguiísta:

Las elecciones realizadas en 1919 no habían sido correctas. La Corte Suprema al


hacer la revisión de los escrutinios había anulado varios miles de votos al señor
Leguía, por considerarlos viciados disminuyendo así sus posibilidades de ser elegido si
continuaba este proceder, podía llegar al caso de que el Congreso anulase las
elecciones y se irrogase la facultad de elegir al nuevo presidente, como había ocurrido en
las elecciones de 1912 y en tal caso el señor Leguía estaba en desventaja porque el
Congreso tenía una mayoría pardista.

En la madrugada del 4 de Julio realizaron un Golpe de Estado que depuso al


Presidente Pardo. Sublevaron a las fuerzas de gendarmería de la Capital, y con la
colaboración de numerosos partidarios suyos, y ante la pasividad de las fuerzas del
ejército, asaltaron al Palacio de Gobierno, tomaron preso al Presidente Pardo, lo
condujeron al local de la Penitenciaría, y luego lo deportaron a Europa. El señor Leguía
asumió el gobierno con el carácter de Presidente Provisorio. El congreso fue
disuelto.

El régimen fue bautizado con el nombre de "PATRIA NUEVA" y convocó


inmediatamente a la realización de un plebiscito para incorporar 19 reformas a la
Constitución de 1860, y a elecciones para formar un nuevo Congreso.

El nuevo Parlamento adoptó el nombre de Asamblea Nacional, se instaló el 24 de


setiembre de 1919 y a los pocos días (2 de octubre) eligió al señor Leguía Presidente
Constitucional para un período de cinco años.

El 12 de octubre asumió la Presidencia en medio del júbilo de sus partidarios. La


Asamblea Nacional empezó a discutir y aprobar las reformas constitucionales y el
18 de enero de 1920 fue promulgada la nueva Constitución.

El señor Leguía dirigió su política a hacer un gobierno de carácter personal con


orientación hacia la dictadura. La implantación del nuevo gobierno coincidió con la
aparición de otras dictaduras en América. Era el momento de la decadencia de los
gobiernos democráticos que ocurrió al término de la primera guerra mundial.
Necesidad de un cambio político:

La sociedad peruana exigía cambios radicales en su desarrollo como tal, y ese era el
objetivo de la “Patria Nueva”, que implicaba un proceso de “transformación” del
país, y para ello, Leguía planteó medidas drásticas que le permitieran llevar a cabo
este proceso, y que fueron: la Constitución de 1920; el intento de descentralización de
la administración estatal a través de los Congresos Regionales; la realización de un
proceso de modernización e industrialización del país a través de la presencia del
capital extranjero, sobretodo de EE.UU.; la reivindicación de la masa indígena, siendo
una expresión de ello, la Asociación Pro-Indígena; y en lo exterior, la formalización de
nuestras fronteras pendientes, con Colombia y Chile, lo que motivó el intento de llevar
a cabo la realización del Plebiscito de Tacna y Arica, logrando recuperar solamente
Tacna.

Intelectuales como José A. Encinas, Erasmo Roca, Julio C. Tello, Raúl Porras
Barrenechea, Jorge G. Leguía, César Falcón y José C. Mariátegui apoyaron a la
“Patria Nueva”, porque creyeron en ella. Pero en 1923, frente a la idea de la reelección
presidencial se descubrió la esencia autocrática del régimen, es decir, la intención
que tenía Leguía de consolidarse en el control del Estado.

El Golpe del 4 de Julio de 1919. Punto de inicio de la “Patria Nueva”. Cuando Leguía toma
el control del Estado, decide llevar a cabo una “transformación” del Estado y de la
sociedad existente en ese momento, es decir, que el Estado tenga un mayor
acercamiento e interés hacia el sector marginado del país, que constituía la mayoría del
país, sobretodo del indio; dicho en otras palabras, establecer medidas que beneficien a
ese sector de la sociedad peruana; y que ese sector marginado de la sociedad ya no sea
ignorado, sino que tomara participación del desarrollo de la sociedad, y que reciba los
beneficios y compromisos al ser parte de ella.

Otro de los argumentos que utilizó Leguía para “justificar” el movimiento revolucionario
contra Pardo, fue la necesidad que llevar a cabo la “transformación” del Estado en
sus diferentes aspectos (social, económico, cultural, políticos, administrativo, etc.) para
poder lograr un cambio del mismo. Y para ello, era necesario realizar una nueva
convocatoria para elegir a los miembros de una Asamblea Nacional que reformaría
la Constitución, y poder así, llevar a cabo las medidas necesarias para lograr el progreso
en el país. Entonces, no se podía llevar a cabo una “Patria Nueva” sobre lo existente y
que era aceptado de una manera inconsciente, es decir, que formaba parte del modo de
vida de la sociedad pero que ya empezaba a expresar su descontento hacia esa situación
existente.

Por todo ello, una vez concluido su proyecto del golpe de Estado, Leguía procedió a dictar
las normas a que debían sujetarse la población, en su elección de los miembros de la
Asamblea Constituyente de 1919 y para el plebiscito de la Constitución de 1920. Voz de la
“Patria Nueva”. Una vez elegidos, por voto popular, los miembros que formarían parte de
la Asamblea Constituyente o Nacional, organismo estatal que tenía la responsabilidad de
elaborar el contenido de la nueva Constitución; o como diría Reaño, era la “(…) piedra
angular del grandioso edificio de la “Patria Nueva”(…)”.

En la ceremonia de inauguración de dicha Asamblea, el Presidente Leguía explicó sus


objetivos para continuar gobernando el país.

A partir de ese momento, la “Patria Nueva” daba inicio a todo aquello que implicaba
una renovación institucional del Estado y una “transformación” de la sociedad en
sus diversos aspectos (cultural, social, etc.), para lograr una mayor participación de
aquellos sectores relegados por el grupo oligárquico: la clase media y las
comunidades indígenas, y se sientan parte del desarrollo de la sociedad peruana.

Para viabilizar la “Patria Nueva”, Leguía requería del ejército. Cinco años atrás, la
institución militar se había alineado con el civilismo para derrocar a Billinghurst e impedir
la aprobación de las medidas que antes Leguía buscaba imponer. Pero, en 1919 la crisis
oligárquica había socabado sustancialmente la legitimidad de la clase dominante,
de su representación política, así como la de los militares.

La disolución del Congreso contó con la presencia personal de Cáceres, jefe del “partido
militar”, y el apoyo de la gendarmería. Cuando los oficiales generales pretendieron
impedir esa disolución se encontraron ante el insólito hecho que la tropa no acató
sus órdenes y se desbandó. Posteriormente, Leguía no olvidó recompensar a
quienes habían apoyado su empresa y buscó asegurar la lealtad personal de los
mismos, a través de una muy explícita política de clientelaje en el ejército. Esta
consistió en el ascenso de un numeroso grupo de oficiales, contraviniendo la
legislación vigente, con lo que desbancó el monopolio civilista de la institución.

Paralelamente a esta acción y en el transcurso de sus once años de gobierno, Leguía


favoreció el desarrollo de la Marina, Aviación y en especial de la guardia Civil, en su
doble propósito de neutralizar al Ejército y asegurar los medios de control sobre la
población. Así, por ejemplo, Leguía terminó con los bandoleros que asolaban las
inmediaciones de Lima.

Conjuntamente con esta medida de refuerzo a la centralización política del Estado, en


1922 promulgó una ley creando el Banco de Reserva del Perú, encargado de regular el
sistema crediticio y centralizar la emisión monetaria. Así sólo a partir de entonces puede
hablarse con propiedad de moneda nacional. Hasta su fundación, dicha función había
sido desempeñada de manera particular por los enclaves, la banca, las firmas
habilitadoras, las haciendas y las minas, restringiendo el intercambio y el crecimiento
del mercado interno. Simultáneamente al desmantelamiento político del civilismo y del
sector social que ese partido representaba.

La ampliación del aparato político se realizó rompiendo todos los preceptos legales
que el civilismo pretendió imponer tan penosamente, dejando al descubierto la
precariedad de la dominación política de la República Aristocrática. Siguiendo el
precepto de Vidaurre, se atropellaban las leyes para imponer las de la ‘Patria Nueva”, sólo
así Leguía pudo reelegirse en 1924 y en 1929. Para justificar esta situación se usaron
los mismos argumentos a que recurrieron los positivistas de otros países en su afán de
establecer el “orden y progreso”: el país no estaba preparado pan regirse bajo las
reglas democráticas debido a su atraso económico, social y moral; en estas
condiciones un régimen democrático no significaba otra cosa que el desorden, tal
como se había visto durante los cien años de existencia republicana.

Para resolver esta situación, hacía falta un “caudillo constructor” —el gendarme necesario
de Ballenilla Lanz- que hiciera las veces de un organizador del país, creando estabilidad
política y, en consecuencia, fomentando el desarrollo económico. Entonces, sólo cuando
el país estuviera “maduro” se podrían crear estructuras políticas democráticas que
estarían en capacidad de asegurar el orden y la vida institucional, como lo señala Julio
Cotler en su libro “Clases, Estado y Nación en el Perú”.

La rearticulación política hecha por Leguía, al desplazar a la oligarquía civilista, se


realizó conformando nuevas clientelas con individuos hasta entonces segregados
del poder; esta situación devino rápidamente en un grado desconocido hasta entonces
de corrupción y servilismo personal al Presidente. Este hecho reforzó el régimen
político basado en el sistema de clientelas e impidió la creación de una comunidad de
intereses de los propietarios, en la medida que el enriquecimiento a través de la
corrupción que el gobernante estimulaba, constituía una realidad estrictamente
individual, en la que competían muchos candidatos.

11.1.2 Aspecto Económico.

Leguía había puesto todas sus esperanzas en el incremento de las exportaciones


“peruanas” al mercado norteamericano, en base a un mayor aporte de su capital.

El Papel Económico de EE. UU dentro de la “Patria Nueva”.

La introducción del capital extranjero en el Perú significó la alianza que existió, luego de
superada las consecuencias económicas de la Guerra del Pacífico, entre el grupo
oligárquico y el capital extranjero. Dicho en otras palabras, la presencia preponderante
del capital extranjero proveniente de EE.UU. consolidó el poder interno del grupo
dominante. Y para lograr todo ello, se divulgó la idea “que solamente bajo el impulso
del capital norteamericano era factible el desarrollo económico del país. Sólo a
partir de la explotación de nuestros recursos naturales será posible un rápido y
vigoroso desarrollo”. Con la ayuda del capital proveniente de EE.UU. se lograría el
desarrollo anhelado en el país.

Ese planteamiento modernizante era divulgado por los sectores con intereses
comerciales y urbanos; pero hubo una contraparte que sería el sector señorial o
terrateniente, que pondría obstáculos al mismo, pero solamente en la medida que el
ingreso del capital monopólico atentase contra sus bases privadas de poder.

Desde sus inicios como Ministro de Hacienda, en 1903, Augusto B. Leguía fue uno de
los interesados, dentro de ese grupo oligárquico del país, en que se lograra el ingreso
del capital extranjero, sobretodo de EE.UU.; y por ello, durante sus once años de
gobierno, sin una fuerte oposición a sus planteamientos, pudo llevar a cabo una
alianza económica con los EE.UU.

Esto era parte de una política norteamericana que tenía como objetivo invertir en
América Latina, y las ventajas que eso conllevaba, tal como lo señala José Renique:
“Se creía que, progreso material y mejores niveles de vida traerían consigo estabilidad
política y desarrollo institucional, abriéndose la posibilidad de constituir un sistema
interamericano de repúblicas democráticas y progresistas, económica y
políticamente sujeto a las directivas de (EE. UU) aunque manteniendo todos los
elementos formales de la soberanía nacional.

Entonces, un grupo de profesionales y expertos en las diferentes ramas que pudieran


contribuir en el desarrollo, de EE.UU., se dirigieron a América Latina para lograr un
mejoramiento en los sectores políticos, sociales y económicos principalmente.

Bajo este panorama existente, del interés que tenía EE.UU. de invertir en América
Latina, es que Leguía retorna a la Presidencia del Perú, en 1919, producto del
descontento de las clases medias y de los sectores marginados, con el control político y
económico del grupo dominante. Al llegar a tomar el control del Estado, Leguía estaba
consciente de que necesitaba el apoyo económico y político de EE.UU. y por ello
expresó de un modo abierto, desde un inicio, su posición pro norteamericana.

El apoyo de la inversión de EE.UU. a través de la presencia de empresas


norteamericanas, era el medio que necesitaba Leguía para que pudiera conseguir los
medios financieros y técnicos para llevar a cabo sus medidas, cuyos objetivos eran
centralizar el poder del Estado y la realización de un programa de obras públicas y
urbanización, lo cual él denominaría la “modernización” del Perú y que se
concentraría en Lima.

El desarrollo de este proyecto le permitiría consolidarse en el control del Estado y


asegurarse el apoyo de los sectores populares y medios, de aquellos que se sentían
marginados, y contar con los recursos económicos que le permitieran tener clientela
suficiente, es decir, allegados, que lo ayuden a llevar a cabo sus objetivos y garantizar el
control del Estado. Estas clientelas se denominarían “leguiísmo”, según lo sustentado
por Marty Ames Zegarra en su Tesis “El Oncenio de Leguía a través de sus elementos
básicos” (1919-1930), UNMSM-Facultad de Ciencias Sociales, Lima, 2009.

Entonces, se dio una conjunción de intereses: para Leguía se convirtió en el medio


para afirmar su control del Estado y también beneficiarse de las ganancias de la
explotación de los recursos por el capital extranjero; mientras que EE.UU. podría
obtener mayores beneficios de las actividades económicas a través del uso de las obras
(carreteras, ferrocarriles, puertos, etc.) administradas y realizadas por el Estado.

Pero, Leguía, en un primer momento, no pudo obtener beneficios de EE.UU., debido


a los reajustes económicos que se realizaban en dicho país por el término de la Primera
Guerra Mundial. Recién en 1923, pudo acceder a mayores préstamos de parte de los
EE.UU. Ante esta situación y la negativa de la banca norteamericana a acceder a los
préstamos solicitados por el gobierno peruano, que afectaba directamente a empresas
que tenían contratos de servicios y construcción de obras públicas con el Estado peruano,
y durante dos años, Leguía optó por financiar el gasto estatal con préstamos a corto
plazo concebidos por las empresas norteamericanas del Perú.

Para el período 1924- 1929 esta situación cambió, debido a que Leguía obtuvo la
mayoría de préstamos pactados durante el resto de su gobierno, lo cual implicaría
que EE.UU. no tenía interés en establecer un fuerte control sobre las actividades
económicas en América Latina, a pesar de las críticas que surgieron al interior de
EE.UU., a partir de 1923, que expresaban su preocupación por la situación de fuerte
endeudamiento que vivía América Latina a raíz de esos préstamos.

Leguía aprovechó la celebración de los centenarios de la Independencia del Perú y


de la Batalla de Ayacucho, en 1921 y 1924 respectivamente, para demostrarle a los
líderes y prensa internacional lo beneficioso que resultaba la ayuda económica de
EE.UU., a través de la construcción de obras públicas y la construcción de parques
con los monumentos que los países, a través de sus colonias establecidas en el Perú,
donaban con motivo de esas celebraciones.

También hubo otra perspectiva sobre la situación económica que vivió el país durante el
Oncenio de Leguía, es decir, para sus opositores, la Patria Nueva también significó la
entrega a Estados Unidos, en su política internacional; y a los banqueros
norteamericanos en lo económico. La penetración norteamericana fue una de las
expresiones de la “Patria Nueva”. Como lo señalan algunos; “un crítico contemporáneo
diría en esa oportunidad: Nueva hubo de ser una Patria sin las antiguas tradiciones
nacionales que diera todo su pasado por los artefactos mecánicos de Yanquilandia,
que se importaban para mayor embellecimiento de las ciudades y la mayor comodidad de
los habitantes del país”. Y agregaba, “Un pueblo que es fiel a sus tradiciones jamás
podrá tener una Patria Nueva.

Tener una Patria Nueva significa haber cambiado de patria. Y en efecto, el Perú se había
puesto en camino de aclamar como Patria los Estados Unidos de Norteamérica, que
lo estaba conquistando financiera y moralmente, evitando el ruido desagradable de las
armas.

Asimismo, se consideraba importante la opinión de EE.UU. en los asuntos de


política exterior, lo cual se puede apreciar en la participación que tuvo en la definición
de límites fronterizos con Chile y Colombia, y la excesiva recurrencia a los créditos
que otorgaba al país y el uso ilimitado de los mismos. Por todo ello, el Perú, que debió ser
por naturaleza un país económicamente soberano, se convirtió en un país más
dependiente. Y como relata Dora Mayer de Zulen:

“…esa admiración a los Estados Unidos la enseñaban en mayor grado las maquinarias de
la Foundation Company, tendiendo con rapidez asombrosa las pistas de cemento en las
calles y campos, y levantando construcciones de toda especie; la propagaban los cines
con sus películas de Hollywood; la difundían los múltiples viajeros que regresaban
obsesionados con las maravillas de Nueva York; la cultivaban los deportistas; la
predicaban los médicos y los legisladores que copiaban los métodos higiénicos y
administrativos de la más moderna de las naciones; la profesaban los dueños de talleres y
los agricultores, empleando los motores y las prácticas yanquis.

El pensamiento entero de la población peruana fue ocupado por las imágenes de


automóviles, cámaras de refrigerio, etc.; la mentalidad de la gente se concentró de un
modo absoluto en los objetos materiales de invención yanqui, desapareciendo los
intereses de otras épocas, que habían sido más nacionalistas o cosmopolitas”.

Esta cita expresa hasta qué grado llegó la penetración económica de EE.UU. y su
posterior intromisión en los diversos aspectos de la sociedad peruana, en el ámbito
social, tecnológico, educativo, etc., lo cual generó una fuerte influencia en nuestra
conducta y patrones culturales, al sentirnos más como parte integrante de EE.UU.
que del Perú.

También fue una “Patria Nueva” que se expresó en un embellecimiento de las


ciudades a través de la “modernización” del país y tuvo como expresión de ello, la
presencia de obras públicas y la realización del proceso de urbanización de las mismas
ciudades, sobretodo de Lima. Y para darle un punto final a este aspecto de la “Patria
Nueva”, aquel que está relacionado con la “transformación“ del Perú, Leguía se
autoproclamó promotor y gestor de este proceso.

Posteriormente, el segundo período de Leguía es llevado a su etapa final a través de su


derrocamiento ocasionado por un movimiento militar iniciado en Arequipa, liderado
por Sánchez Cerro; con ello se ponía fin a la alianza con EE.UU., como relata José
Renique : “….la fracción liderada por Leguía terminó siendo un incipiente núcleo con
intereses urbano especulativos que al desaparecer Leguía de la escena política, perdió
toda relevancia.

Al cabo de un prolongado período de intensos conflictos, acentuados por la modalidad de


la penetración imperialista en el Perú, la clase dominante se encontraba profundamente
debilitada, más aun haciendo frente al embate del movimiento anti-oligárquico desatado
en Agosto de 1930”.

Ante esta situación que se dio durante el gobierno de Leguía, se aumentó el


resentimiento a todo lo relacionado con el control extranjero en la economía
peruana y, motivó ese sentimiento antiimperialista que fue uno de los pilares de la
ideología del APRA fundado por Víctor R. Haya de la Torre, y de José C. Mariátegui,
fundador del Partido Socialista, en 1928.

Así se dio término a esta suerte de primer desarrollismo, el de la “Patria Nueva”, cuyo
objetivo central fue llegar a los sectores mayoritarios y marginados de la sociedad, para
“legitimar” su gobierno.
11.1.3 Aspecto Social.

Leguía dictó diversas medidas que parcialmente respondían a las exigencias


populares y de los sectores medios, con la expresa finalidad de atraerse el respaldo de
dichas clases y, al mismo tiempo neutralizar su actividad política independiente. De esta
manera y, por primera vez en la historia republicana, una fracción de la clase
dominante pretendió representar los intereses nacionales, en tanto que populares y,
en términos gramscianos, lograr una posición hegemónica, tal como lo sustenta Julio
Cotler en su libro “Clases, Estado y Nación en el Perú”; IEP, Lima 1 978.

En cuanto a la clase media, el gobierno reconoció la necesidad de la reforma


universitaria lo que significó la expulsión de los profesores civilistas y el ingreso de
Manuel Vicente Villarán al rectorado de San Marcos; el aparato burocrático creció
sobre la tasa de crecimiento natural de los sectores medios urbanos, satisfaciendo sus
requerimientos de empleo e ingresos.

La educación, hasta entonces basada en preceptos tradicionales de índoles


hispánica, pasó a regirse por métodos y objetivos norteamericanos, adecuándose así
a los objetivos originalmente opuestos por Manuel Vicente Villarán. Asimismo, la
modernización de los institutos armados se encomendó a misiones aéreas y
navales de los Estados Unidos; la construcción de submarinos y la compra de
armamentos se hicieron a empresas de esa nacionalidad, teniendo como base los
empréstitos provenientes de la banca norteamericana.

Al mismo tiempo, se desarrolló una tendencia en las artes plásticas y en las ciencias
sociales, que tenía como interés central al indígena, presentándolo como paradigma
nacional. Simultáneamente, se sirvió de esa legislación para atacar a la clientela
latifundista del Partido Civil, favoreciendo una sorda guerra entre medianos
propietarios rurales y oligarquías señoriales, en especial con las que no se adi-hieron
a su régimen.

La “Patria Nueva” y el Indio:

Otro de los objetivos que Leguía estaba interesado en llevar a cabo, una vez que tomó
el control del Estado en julio de 1919, dentro de este proceso de “transformación” de la
sociedad, fue el de mostrar un mayor interés hacia ese personaje que gozó de
indiferencia por aquellos que dirigieron el país durante la “República Aristocrática”: el
indio. Se llegó, inclusive, a formar una corriente, el “Indigenismo” en los ámbitos
intelectuales, que presentó al indígena como un elemento participativo de sus
estudios y planteamientos, es decir, pasaría a ser un “nuevo” protagonista de la
sociedad peruana.

La “Patria nueva” también implicó, según otros estudiosos una “(…) una política nacional
que prometía colocar el Estado al servicio de las mayorías”, y que tuvo como objetivo,
dentro de esa perspectiva, “(…) la necesidad de mejorar la situación de la población
indígena y de reconocer y potenciar su aportación a la vida nacional peruana,
transformando al indio de víctima en protagonista”. Esa fue la esencia de la “Patria
Nueva”.

Para poder llevar a cabo las medidas que beneficiasen al indígena, Leguía contó con el
apoyo de representantes que estaban interesados en la problemática indígena ,
como José Antonio Encinas, miembro del Parlamento y quién se cree que elaboró el
artículo referente al reconocimiento de las comunidades indígenas; mientras que en el
Ejecutivo se encontraba Hildebrando Castro Pozo, quién era un estudioso del tema, y
llegó a elaborar una propuesta de desarrollo nacional centrada en la comunidad indígena.

Una de las iniciativas del gobierno se plasmó en la Constitución de 1920, documento en


el que se expresa la voluntad del Estado de darle un primer reconocimiento a la
existencia legal de las comunidades indígenas(Art.58), y que declaró, en el mismo
documento, imprescriptibles los bienes de las comunidades (Art. 41), convirtiéndose en
un arma fundamental para la defensa de los derechos de los campesinos; debido a que,
al darse reconocimiento constitucional a las comunidades indígenas, la Carta de 1920
daba un paso positivo y un justo reconocimiento a las comunidades campesinas, por ser
ignoradas y actuar como elemento pasivo dentro de la sociedad peruana durante todos
estos años de República. Por lo tanto, al aceptar su existencia y al protegerlas se
respondió a un sentido colectivista de la masa indígena.

Asimismo, otro tipo de iniciativa sobre la problemática indígena, fue la creación del
Comité Central Pro-Derecho Indígena “Tahuantisuyo”, el 16 de junio de 1920, que
contó con el reconocimiento de Castro Pozo, quien se desempeñaba como Jefe de la
Sección de Trabajo del Ministerio de Gobierno; dicho comité tenía como función principal
coordinar las protestas que realice el campesinado peruano.

Junto a esta iniciativa, surgió la propuesta del parlamentario Encinas, de enviar


Comisiones al sur andino para obtener información sobre los reclamos de los
campesinos, lo que generó un temor entre los gamonales y los terratenientes. Pero
estas Comisiones generaron otro tipo de expectativa para el campesino, de creer que una
de las “transformaciones” radicales que se realizarían, para su beneficio, sería la
confiscación de tierras que formaban parte de los terratenientes(latifundios) y se
repartirían entre aquellas comunidades que sufrieron el despojo del patrimonio
más importante y productivo, para ellos: la tierra. Esta situación motivó que entre el 24
de junio y el 2 de julio de 1920 se llevara a cabo en Lima el primer Congreso Indígena en
donde se aprobó la Declaración de Principios del Comité Central Tahuantinsuyo, con lo
cual se daba fortaleza organizativa al Comité mediante la designación de delegados a
nivel nacional.

No hay que olvidar que, desde setiembre 1920, iniciaron movilizaciones por parte de
las comunidades indígenas contra los hacendados, para reclamarles la devolución
de sus tierras. En un primer momento, el Estado no le prestó la debida atención a este
tipo de actitudes que generaban un debilitamiento de los terratenientes en el interior del
país. Pero luego esta revuelta generó una postura más radical, por lo que fue necesario
que participara el Estado para adecuar estas comunidades dentro de la estructura de
dominio ya existente, es decir, bajo control y preponderancia de los hacendados
(terratenientes).

Para contrarrestar esta situación, en mayo de 1922, se creó el Patronato de la Raza


Indígena, que sería presidido por el Arzobispado de Lima, lo que demuestra la
participación y apoyo de las Iglesia al gobierno de Leguía, que coordinaría con las
Juntas Departamentales, Provinciales y Delegaciones de Distrito, para que tuviera una
participación de carácter nacional dicha institución .Y para darle un mayor rigor como
institución enfocada sobre el tema indígena, se puso fuera de la ley al Comité Central
Tahuantisuyo, en octubre de 1922, con lo cual se inicia la caída de dicho Comité y los
objetivos que fomentaba entre las comunidades indígenas.

Leguía estaba consciente de que la situación del indígena se debía tomar en cuenta,
por parte del Estado, debido a que constituía la mayoría de la población. Por ello,
realizó una serie de medidas a favor de ese sector social que se pueden resumir en: la
aprobación y legalización de la propiedad de las comunidades indígenas, que fueron
plasmadas en la Constitución de 1920(Art.41 y 58), la formación de una comisión para
investigar al sur andino, lugar donde se iniciaban mayormente las rebeliones campesinas;
la creación del Patronato de la Raza Indígena y de una sección de Asuntos Indígenas
dentro del Ministerio de Fomento y Obras Públicas liderada por Hildebrando Castro Pozo,
la fundación de escuelas agrarias y establecer el 24 de junio como el “Día del Indio”.

Si se realiza un análisis, desde una perspectiva legal, sobre el reconocimiento de las


Comunidades Indígenas, se diría que: “Al aceptar su existencia y al protegerlas se
inspiraron en un criterio nacional y realista: responde a un sentido colectivista de
nuestro indio, son instituciones cuya historia se remontan al ayllu incaico y a la reducción
española, han sido el único contrapeso frente a un gamonal abusivo o ante una autoridad
provincial omnipotente y constituyen toda la trama sobre la que se apoya la vida del indio”;
entonces, dicho reconocimiento constituyó uno de los aspectos positivos de la
Constitución de 1920.

El indio constituyó uno de los puntos de interés y de preocupación de Leguía


durante el Oncenio; pero también se convirtió en un instrumento de control político, al
constituir la mayoría de la población, y por ende, le garantizaba su permanencia en el
poder del Estado.

En líneas generales, la “Patria Nueva” tuvo como objetivo la “transformación” de la


sociedad, es decir, llevarla hacia un nuevo patrón político, económico y social, que
permitiera un acercamiento entre el Estado y los sectores medios y marginados de la
sociedad, jugando un rol importante la participación del indígena. Para llevar a cabo
esto, fue necesario: contar con el apoyo económico de EE.UU. para poder realizar
dicho proceso, que se reflejó en la “modernización” del país, el cual estuvo concentrado
en la construcción de obras públicas y en la urbanización del país; darle reconocimiento a
las comunidades y propiedades indígenas a través de la elaboración de una nueva
Constitución; y sobretodo, reconocer la participación que tenía el indígena, como
miembro la sociedad peruana, en el devenir de la sociedad misma.
Y peor aún, no se presentó la posibilidad de que se levanten impulsos vitales y
fuertes que se opongan a la política de renovación que planteó Leguía durante este
período, para que fuera más allá de la construcción de obras públicas y
urbanización; y que protestara ante la sumisión del país a EE.UU.

Ese fue el proceso de “transformación” que vivió y sufrió el país durante la “Patria
Nueva” del Presidente Augusto Leguía, tal como lo sostiene Marty Ames Zegarra en su
Tesis “El Oncenio de Leguía a través de sus elementos básicos” (1919-1930), UNMSM-
Facultad de Ciencias Sociales, Lima, 2009.

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