INDICE - Unidad 1
1. Qué leemos cuando leemos literatura
1.1. Muestra uno .......................................................................................................... 4
1.2. Muestra dos .......................................................................................................... 4
1.3. Muestra tres .......................................................................................................... 5
1.4. Muestra cuatro ...................................................................................................... 7
1.5. Muestra cinco ....................................................................................................... 9
Bibliografía
Bibliografía obligatoria ................................................................................................... 14
Bibliografía recomendada ................................................................................................. 14
Teoría y Práctica de la lectura y la escritura - Autor: Alcira Bas - Paula Labeur Página Nº 1
1. Qué leemos cuando leemos literatura
Para ingresar y recorrer esta primera Unidad se necesita que usted imagine con toda convic-
ción que es un avezado investigador intergaláctico enviado por su remotísimo planeta a la Tierra para
buscar muestras características de la vida allí. Su nave aterriza según sus precisos cálculos en la Tierra
e incalculadamente en Occidente, en una zona hispanohablante. Usted no parece llamar demasiado la
atención ni causar miedo (o su aspecto no es tan extraño o se adapta muy bien o el poder de la invi-
sibilidad está entre los suyos. No importa. Elija la justificación que más se acomode a lo que sigue)
y puede recorrer más o menos tranquilamente (o no menos que cualquier occidental en estos días) la
parte del planeta a la que llegó.
Un terráqueo más amigable que otros a quien conoce en algún lugar y con quien comparte
Pastilla algunos de los días subsiguientes (desconociendo el terráqueo que es un objeto de investigación) le
Como va viendo, usted tendrá
que ensayar una mirada acerca unos textos diciéndole:
extrañada sobre esa conven-
ción cultural que es la litera-
tura: mirarla nuevamente, -Tomá, leé. ¿No leíste nada vos? Literatura es lo que tenés que leer.
mirarla como si la viera por
primera vez, desautomatizar
la mirada sobre la literatura.
Usted -no olvide ni por un instante que es un investigador intergaláctico, etc.- enfrenta entu-
siasmado ese corpus que le impone el terráqueo y trata de llegar a una definición de esto que su infor-
mante denominó literatura. Así que en los días que siguen usted lee Ilíada de Homero, El eternauta
de Héctor Oesterheld, Cuentos de amor, de locura y de muerte de Horacio Quiroga, Macbeth de
William Shakespeare, "La Bella y la Bestia" de Madame Leprince de Beaumont, El recurso del méto-
do de Alejo Carpentier, Poeta en Nueva York de Federico García Lorca, Madame Bovary de Gustave
Flaubert, El loro de Flaubert de Julian Barnes, Madre Coraje de Bertold Brecht, Historia de crono-
pios y de famas de Julio Cortázar, Historia de un amor exagerado de Graciela Montes, *"La fiesta
Pastilla ajena" de Liliana Heker, *La sueñera de Ana María Shúa y *"Los oficios terrestres" de Rodolfo
En las Unidades 8, 14 y 6 de
este Módulo puede encontrar Walsh y va haciendo sus primeras hipótesis.
los textos marcados con aste-
risco. Si no leyó los otros,
puede hacerlo porque son
fácilmente hallables (quizás
hasta los tiene en su bibliote- Actividad
ca en la pila de los "en espe-
ra"). Y si no los encuentra o
lo que no encuentra es el 1.A partir del corpus que le entregó tan imperativamente su informante, intente definir el con-
tiempo para leerlos ahora,
seguramente oyó hablar bas- cepto de literatura tal como se maneja hoy en día en Occidente. Borronee en algún lado estas
tante acerca de ellos así es
que, por lo menos, se imagina primeras impresiones.
cómo son.
Probablemente sus borradores incluyan algunas de las definiciones que se ensayaron para dar
cuenta del concepto de lo literario. El crítico Terry Eagleton recorre y resume las más frecuentes en
Teoría y Práctica de la lectura y la escritura - Autor: Alcira Bas - Paula Labeur Página Nº 2
el capítulo introductorio de Una introducción a la teoría literaria.
Una manera de caracterizar a la literatura ha sido definirla en función de lo que refiere: mien-
tras otros textos hablan de una realidad externa, los literarios inventarían esa "realidad" que no exis-
te fuera de ellos. En ese sentido, el concepto de literatura incluiría necesariamente el de ficción.
Otras definiciones se detienen en el instrumento utilizado: si bien comparte la palabra como
elemento de expresión con otras muchas prácticas sociales, la literatura se diferencia por hacer un uso
diferencial, característico de la lengua. Esta definición puede extenderse hacia la evaluación de ese
uso característico y definir a lo literario como lo "bien" escrito.
Otro criterio frecuente para recortar el concepto de literario es el de poner el acento en su fun-
ción: los textos literarios no tendrían una función práctica inmediata y perseguirían únicamente el fin
de gustar o provocar una emoción estética.
Lectura Obligatoria
EAGLETON, TERRY (1993), "Introducción: ¿Qué es la literatura?", en: Una introducción a la
teoría literaria, FCE, Madrid
Actividad
2.Confronte sus borradores con las posibles definiciones de literatura que recorre EAGLETON
(1993).
Usted pensó que había leído todo lo que tenía para leer e iba a sentarse a pasar en limpio sus
borradores con el formato de informe que le exigen desde su lugar de origen cuando descubre con
cierta sorpresa que algunos textos se le habían traspapelado. Como el investigador riguroso que es,
los analiza para ir redondeando el concepto de literatura que había borroneado.
Lo que sigue es el resto del corpus desagregado de modo tal de concentrarse en los proble-
mas uno por uno.
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1.1. Muestra uno
Lea el siguiente texto:
Leer Atento
JOSÉ MARÍA MONTELLS GALÁN (1982)
Actividad
3.Después de leer atentamente "Comicpoema" y su referencia bibliográfica (ver
BIBLIOGRAFÍA del Módulo):
A)Intente explicarse por qué el informante terráqueo lo incluyó en el corpus.
B)Confronte esa explicación con el concepto de literatura que escribió.
1.2. Muestra dos
Lea el siguiente texto:
Leer Atento
MAN RAY (1982)
Teoría y Práctica de la lectura y la escritura - Autor: Alcira Bas - Paula Labeur Página Nº 4
Actividad
4. Después de leer atentamente "Laugedicht" y su referencia bibliográfica:
A)Intente explicarse por qué el informante terráqueo lo incluyó en el corpus.
B)Confronte esa explicación con el concepto de literatura que escribió.
1.3. Muestra tres
Lea el siguiente fragmento:
Leer Atento
UNA MODESTA PROPOSICIÓN.
PARA PREVENIR QUE LOS NIÑOS DE LOS POBRES DE IRLANDA SEAN UNA CARGA
PARA SUS PADRES O EL PAÍS, Y PARA HACERLOS ÚTILES AL PÚBLICO
JONATHAN SWIFT
Dublín, Irlanda, 1729
Es un asunto melancólico para quienes pasean por esta gran ciudad o viajan por el campo, ver
las calles, los caminos y las puertas de las cabañas atestados de mendigos del sexo femenino,
seguidos de tres, cuatro o seis niños, todos en harapos e importunando a cada viajero por una
limosna. Esas madres, en vez de hallarse en condiciones de trabajar para ganarse la vida hones-
tamente, se ven obligadas a perder su tiempo en la vagancia, mendigando el sustento de sus des-
validos infantes: quienes, apenas crecen, se hacen ladrones por falta de trabajo, o abandonan su
querido país natal para luchar por el Pretendiente en España, o se venden a sí mismos en las
Barbados.
Creo que todos los partidos están de acuerdo en que este número prodigioso de niños en los bra-
zos, sobre las espaldas o a los talones de sus madres, y frecuentemente de sus padres, resulta en
el deplorable estado actual del Reino un perjuicio adicional muy grande; y por lo tanto, quien-
quiera que encontrase un método razonable, económico y fácil para hacer de ellos miembros
cabales y útiles del estado, merecería tanto agradecimiento del público como para tener instala-
da su estatua como protector de la Nación.
Me ha asegurado un americano muy entendido que conozco en Londres, que un tierno niño sano y
bien criado constituye al año de edad el alimento más delicioso, nutritivo y saludable, ya sea estofa-
do, asado, al horno o hervido; y no dudo que servirá igualmente en un fricasé o un ragout. (...)
Ofrezco por lo tanto humildemente a la consideración del público que de los ciento veinte mil
niños ya calculados, veinte mil se reserven para la reproducción, de los cuales sólo una cuarta
parte serán machos; lo que es más de lo que permitimos a las ovejas, las vacas y los puercos; y
mi razón es que esos niños raramente son frutos del matrimonio, una circunstancia no muy esti-
mada por nuestros salvajes, en consecuencia un macho será suficiente para servir a cuatro hem-
bras. De manera que los cien mil restantes pueden, al año de edad, ser ofrecidos en venta a las
personas de calidad y fortuna del reino; aconsejando siempre a las madres que los amamanten
copiosamente durante el último mes, a fin de ponerlos regordetes y mantecosos para una buena
Teoría y Práctica de la lectura y la escritura - Autor: Alcira Bas - Paula Labeur Página Nº 5
mesa. Un niño llenará dos fuentes en una comida para los amigos; y cuando la familia cene sola,
el cuarto delantero o trasero constituirá un plato razonable, y sazonado con un poco de pimien-
ta o de sal después de hervirlo resultará muy bueno hasta el cuarto día, especialmente en invier-
no. (...)
Concedo que este manjar resultará algo costoso, y será por lo tanto muy apropiado para terrate-
nientes, quienes, como ya han devorado a la mayoría de los padres, parecen acreditar los mejo-
res derechos sobre los hijos.
Todo el año habrá carne de infante, pero más abundantemente en marzo, y un poco antes o des-
pués: pues nos informa un grave autor, eminente médico francés, que siendo el pescado una
dieta prolífica, en los países católicos romanos nacen muchos mas niños aproximadamente
nueve meses después de Cuaresma que en cualquier otra estación; en consecuencia, contando
un año después de Cuaresma, los mercados estarán más abarrotados que de costumbre, porque
el número de niños papistas es por lo menos de tres a uno en este reino: y entonces esto traerá
otra ventaja colateral, al disminuir el número de papistas entre nosotros.
Ya he calculado el costo de crianza de un hijo de mendigo (entre los que incluyo a todos los
cabañeros, a los jornaleros y a cuatro quintos de los campesinos) en unos dos chelines por año,
harapos incluidos; y creo que ningún caballero se quejaría de pagar diez chelines por el cuerpo
de un buen niño gordo, del cual, como he dicho, sacará cuatro fuentes de excelente carne nutri-
tiva cuando sólo tenga a algún amigo o a su propia familia a comer con él. De este modo, el
hacendado aprenderá a ser un buen terrateniente y se hará popular entre los arrendatarios; y la
madre tendrá ocho chelines de ganancia limpia y quedará en condiciones de trabajar hasta que
produzca otro niño.
Quienes sean más ahorrativos (como debo confesar que requieren los tiempos) pueden desollar
el cuerpo; con la piel, artificiosamente preparada, se podrán hacer admirables guantes para
damas y botas de verano para caballeros elegantes.
En nuestra ciudad de Dublín, los mataderos para este propósito pueden establecerse en sus zonas
más convenientes, y podemos estar seguros de que carniceros no faltarán; aunque más bien
recomiendo comprar los niños vivos y adobarlos mientras aún están tibios del cuchillo, como
hacemos para asar los cerdos. (...)
Algunas personas de espíritu agorero están muy preocupadas por la gran cantidad de pobres que
están viejos, enfermos o inválidos, y me han pedido que dedique mi talento a encontrar el medio
de desembarazar a la nación de un estorbo tan gravoso. Pero este asunto no me aflige en abso-
luto, porque es muy sabido que esa gente se está muriendo y pudriendo cada día por el frío y el
hambre, la inmundicia y los piojos, tan rápidamente como se puede razonablemente esperar. Y
en cuanto a los trabajadores jóvenes, están en una situación igualmente prometedora; no pueden
conseguir trabajo y desfallecen de hambre, hasta tal punto que si alguna vez son tomados para
un trabajo común no tienen fuerza para cumplirlo; y entonces el país y ellos mismos son feliz-
mente librados de los males futuros. (...)
Suponiendo que mil familias de esta ciudad serían compradoras habituales de carne de niño,
además de otras que la comerían en celebraciones, especialmente casamientos y bautismos: cal-
culo que en Dublín se colocarían anualmente cerca de veinte mil cuerpos, y en el resto del reino
(donde probablemente se venderán algo más barato) las restantes ochenta mil. (...)
No se me ocurre ningún reparo que pueda oponerse razonablemente contra esta proposición, a
menos que se aduzca que la población del Reino se vería muy disminuida. Esto lo reconozco
francamente, y fue de hecho mi principal motivo para ofrecerla al mundo. (...)
Declaro, con toda la sinceridad de mi corazón, que no tengo el menor interés personal en esfor-
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zarme por promover esta obra necesaria, y que no me impulsa otro motivo que el bien público
de mi patria, desarrollando nuestro comercio, cuidando de los niños, aliviando al pobre y dando
algún placer al rico. No tengo hijos por los que pueda proponerme obtener un solo penique; el
más joven tiene nueve años, y mi mujer ya no es fecunda.
Actividad
5.Después de leer atentamente el texto de Jonathan Swift:
A)Intente explicarse por qué el informante terráqueo lo incluyó en el corpus.
B)Confronte esa explicación con el concepto de literatura que escribió.
1.4. Muestra cuatro
Pastilla Lea el siguiente fragmento de la Carta de Cristóbal Colón:
El original de esta carta de
Colón ha desaparecido. Se
conservan varias versiones en
español, italiano y latín. Esta Leer Atento
edición sigue la de Lionel
Cecil Jane, en su obra Selected
Documents Illustrating the La gente de esta isla y de todas las otras que he hallado y he habido noticia, andan todos desnu-
four Voyages of Columbus (2
vols, London: The Hakluyt dos, hombres y mujeres, así como sus madres los paren, aunque algunas mujeres se cobijan un
Society, 1930. Vol. I, 2-19).
Disponible en: solo lugar con una hoja de hierba o una cofia de algodón que para ellos hacen. Ellos no tienen
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hierro, ni acero, ni armas, ni son para ello, no porque no sea gente bien dispuesta y de hermosa
estatura, salvo que son muy temerosos a maravilla. No tienen otras armas salvo las armas de las
cañas, cuando están con la simiente, a la cual ponen al cabo un palillo agudo; y no osan usar de
aquellas; que muchas veces me ha acaecido enviar a tierra dos o tres hombres a alguna villa,
para haber habla, y salir a ellos de ellos sin número; y después que los veían llegar huían, a no
aguardar padre a hijo; y esto no porque a ninguno se haya hecho mal, antes, a todo cabo adon-
de yo haya estado y podido haber fabla, les he dado de todo lo que tenía, así paño como otras
cosas muchas, sin recibir por ello cosa alguna; mas son así temerosos sin remedio. Verdad es
que, después que se aseguran y pierden este miedo, ellos son tanto sin engaño y tan liberales de
lo que tienen, que no lo creería sino el que lo viese. Ellos de cosa que tengan, pidiéndosela,
jamás dicen de no; antes, convidan la persona con ello, y muestran tanto amor que darían los
corazones, y, quieren sea cosa de valor, quien sea de poco precio, luego por cualquiera cosica,
de cualquiera manera que sea que se le dé, por ello se van contentos. Yo defendí que no se les
diesen cosas tan civiles como pedazos de escudillas rotas, y pedazos de vidrio roto, y cabos de
agujetas aunque, cuando ellos esto podían llegar, les parecía haber la mejor joya del mundo; que
se acertó haber un marinero, por una agujeta, de oro peso de dos castellanos y medio; y otros,
de otras cosas que muy menos valían, mucho más; ya por blancas nuevas daban por ellas todo
cuanto tenían, aunque fuesen dos ni tres castellanos de oro, o una arroba o dos de algodón fila-
do. Hasta los pedazos de los arcos rotos, de las pipas tomaban, y daban lo que tenían como bes-
tias; así que me pareció mal, y yo lo defendí, y daba yo graciosas mil cosas buenas, que yo lle-
vaba, porque tomen amor, y allende de esto se hagan cristianos, y se inclinen al amor y servicio
de Sus Altezas y de toda la nación castellana, y procuren de ayuntar y nos dar de las cosas que
tienen en abundancia, que nos son necesarias. Y no conocían ninguna seta ni idolatría salvo que
todos creen que las fuerzas y el bien es en el cielo, y creían muy firme que yo con estos navíos
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y gente venía del cielo, y en tal catamiento me recibían en todo cabo, después de haber perdido
el miedo. Y esto no procede porque sean ignorantes, y salvo de muy sutil ingenio y hombres que
navegan todas aquellas mares, que es maravilla la buena cuenta que ellos dan que de todo; salvo
porque nunca vieron gente vestida ni semejantes navíos.
Lea ahora el siguiente poema de ERNESTO CARDENAL (1966):
Leer Atento
Por lo que toca a su vida y sus costumbres,
hombres y mujeres andan completamente desnudos.
Son de mediana estatura y de buenas proporciones.
Su carne tira a roja como el pelo de los leones,
Y soy de opinión que si anduvieran vestidos
serían blancos como nosotros.
Tienen sus pelos largos y negros,
especialmente las mujeres,
a las que sienta bien la larga y atezada cabellera.
No son muy hermosos sus semblantes
porque tienen las caras chatas y aplastadas
semejantes a las de los tártaros.
Son de extremo ligeros y veloces al para correr
tanto los hombres como las mujeres.
Nadan maravillosamente en el agua, como peces,
y las mujeres mejor que los hombres.
Sus armas son arcos y saetas
que fabrican con mucha habilidad.
Carecen enteramente de hierro y otros metales
y arman sus saetas con dientes de bestias y de peces.
No tienen jefes ni capitanes de guerra
sino que andan sin orden, cada uno libremente.
Esta gente vive en libertad, no obedece a nadie
No tiene ley ni señor. No riñen entre sí.
En el modo de hablar parecen muy sencillos
pero en realidad son muy astutos y sagaces.
Hablan muy rara vez y en tono muy bajo
usando los mismos acentos que nosotros.
Las voces las forman entre los dientes y los labios;
y tienen vocablos distintos de los nuestros.
Su modo de comer es muy bárbaro
y no tienen horas determinadas para ello;
comen cuando tienen hambre, sea de día o de noche.
Para comer se sientan en el suelo;
y no usan manteles ni servilletas,
pues no tienen lienzo ni paño alguno.
Duermen en grandes redes colgadas en el aire.
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Son muy aseados y limpios porque se bañan mucho.
Sus casas están construidas a manera de campanas.
Sus riquezas son plumas de aves de varios colores
o cuentas que hacen de los huesos de los peces
o piedrecitas verdes y blancas.
Pero desprecian el oro y las piedras preciosas.
Actividad
6.Después de leer atentamente los dos textos de la muestra compárelos entre sí y luego con el
resto del corpus. Intente explicarse por qué el informante terráqueo los incluyó allí. Confronte
esa explicación con el concepto de literatura que escribió.
1.5. Muestra cinco
Lea el siguiente texto:
Leer Atento
Nací cuando caía Irigoyen. Crecí con aquella crisis. Entré a la secundaria con la Segunda
Guerra. Fui a la facultad con Perón. Me casé cuando la quema de iglesias. Bailé boleros con
Pedro Vargas, fox-trots con Benny Goodman, y tuve mi primer hijo cuando Lonardi decía "ni
vencedores ni vencidos". Empecé a escribir profesionalmente con los hippies y el Di Tella.
Seguí escribiendo con los milicos. Tuve mis nietos con la democracia. Tengo cuarto propio pero
no quinientas libras al año. Sigo escribiendo.
Pastilla ANGÉLICA GORODISCHER
La autobiografía de Angélica
Gorodischer aparece en la
solapa de su colección de
cuentos Cómo triunfar en la Ahora lea el siguiente texto de Mary Shelley, autora de Frankenstein o el moderno Prometeo
vida, Emecé, Buenos Aires,
1998.
Leer Atento
INTRODUCCIÓN DE LA AUTORA A LA EDICIÓN STANDARD DE NOVELAS (1831)
Los editores que seleccionaron Frankenstein para la colección de novelas Standard me expresa-
ron su deseo de que incluyera un relato en el que contara el origen de la historia. Lo haré gus-
tosamente pues así podré responder a una pregunta que a menudo me ha sido planteada: ¿cómo
una joven muchacha pudo imaginar una idea tan espantosa? Si bien es cierto que soy contraria
a mostrarme en mis escritos, mi relato aparecerá como un apéndice a una obra de juventud, y
quedará confinado a aquellos tópicos relacionados con mi profesión literaria; no puedo, por lo
tanto, considerar impertinente esta explicación personal. (...)
De niña viví principalmente en Inglaterra, pero pasaba mucho tiempo en Escocia. Visité ocasio-
nalmente las regiones más pintorescas, pero mi residencia habitual fueron las monótonas y deso-
ladas playas del Tay, cerca de Dundee. Al volver la vista atrás las veo monótonas y desoladas,
pero entonces no lo eran en absoluto para mí. Eran el reino de la libertad y la amena región en
la que podía, sin ser oída, comunicarme con las criaturas de mi imaginación. Escribía entonces,
Teoría y Práctica de la lectura y la escritura - Autor: Alcira Bas - Paula Labeur Página Nº 9
pero mi estilo rebosaba de lugares comunes. Era bajo los árboles del jardín de nuestra casa o en
las desnudas montañas de los alrededores, donde nacían y se nutrían mis verdaderas composi-
ciones, los aéreos vuelos de mi imaginación. Yo no era la heroína de tales cuentos. Vista desde
mi perspectiva, la vida me parecía un lugar demasiado común y no llegaba a concebir que las
historias románticas o los incidentes maravillosos pudieran tenerme como protagonista. Pero
como no estaba limitada a mi identidad, podía poblar las horas con creaciones mucho más inte-
resantes que mis propias sensaciones.
Más tarde mi vida se volvió más agitada y la realidad ocupó el lugar de la ficción. No obstante,
mi esposo manifestó desde el principio mucho interés en que yo demostrara mi talento y me
enrolara en las páginas de la fama. Me estimulaba constantemente para que obtuviera reputa-
ción literaria, lo cual por aquel entonces era también mi aspiración, a la cual me he vuelto en la
actualidad completamente indiferente. En aquel tiempo, él quería que yo escribiera, no tanto con
la idea de que yo pudiera producir algo notable por su valor, sino para juzgar hasta qué punto
serían prometedoras mis obras futuras. Pero no hice nada. Los viajes y los cuidados domésticos
ocuparon mi tiempo; en lo que respecta al estudio literario, todo lo que hice fue leer y perfec-
cionar mis ideas estando en comunicación con el espíritu de Shelley mucho más cultivado que
el mío.
En el verano de 1816 visitamos Suiza y fuimos vecinos de Lord Byron. Al comienzo, pasába-
mos las horas en el lago o caminando por sus playas; y Lord Byron, que estaba escribiendo el
tercer canto de Childe Harold, el único de nosotros que llevaba sus pensamientos al papel.
Estos, envueltos en la luz y la armonía de la poesía, parecían grabar las glorias divinas del cielo
y de la tierra, cuyas influencias compartíamos con él.
Pero fue un verano muy húmedo y la lluvia incesante nos impedía durante días salir de la casa.
Algunos volúmenes de historias de fantasmas traducidas del alemán al francés cayeron en nues-
tras manos. Así por ejemplo, la Historia del amante inconstante, quien al querer abrazar a la
novia a quien había prometido amor, se encontró en los brazos del pálido fantasma de aquella
otra mujer que había abandonado.
También recuerdo la historia del pecaminoso fundador de aquella raza cuyo sino fatal era dar el
beso de la muerte a los jóvenes de su maldita estirpe, cuando éstos alcanzaban la edad de casar-
se. Se lo veía avanzar lentamente a la medianoche por los sombríos senderos, su talla gigantes-
ca, vestido como el fantasma en Hamlet, con una armadura completa y la visera levantada. En
algunos momentos, la forma espectral se confundía con las sombras que proyectaban las mura-
llas del castillo. Luego una reja chirriaba, se oían pasos, la puerta de la habitación se abría, y él
avanzaba hacia la cama donde los jóvenes dormían, acunados por un saludable sueño. Una tris-
teza infinita aparecía en su rostro cuando se inclinaba para besar la frente de los muchachos,
quienes a partir de ese momento se marchitaban como flores arrancadas de sus tallos. No he
vuelto a leer estas historias desde entonces, pero sus intrigas permanecen en mi mente como si
las hubiera leído ayer nomás.
Un día dijo Lord Byron: "Cada uno de nosotros va a escribir una historia de fantasmas", y todos
aceptamos su propuesta. Éramos cuatro. El noble escritor comenzó un cuento, del cual más tarde
incluyó un fragmento al final de su poema Mazeppa. Shelley, más apto para transmitir ideas y
sentimientos a la luz de brillantes imágenes y con la música de los versos más melodiosos que
adornan nuestro idioma que para inventar la tramoya de una historia, comenzó un poema basa-
do en experiencias de su niñez. El pobre Polidori imaginó un relato referido a una dama con
cabeza de calavera que tuvo este castigo por espiar a través de la cerradura; no recuerdo ahora
qué intentaba ver, seguramente algo muy impresionante y censurable; pero cuando se la redujo
Teoría y Práctica de la lectura y la escritura - Autor: Alcira Bas - Paula Labeur Página Nº 10
a una condición peor que la del famoso Tom of Coventry, el autor ya no supo qué hacer con ella
y tuvo que enviada a la tumba de los Capuletos, el sitio más adecuado para ella, sin duda. Los
ilustres poetas, fastidiados por la trivialidad de la prosa, rápidamente abandonaron esta incómo-
da tarea.
Por mi parte, yo me puse a pensar en una historia, que pudiera rivalizar con aquellas que nos
habían incitado a emprender este desafío. Una historia que tocara los miedos ocultos de nuestra
naturaleza y que despertara un horror espeluznante, que hiciera que el lector temiera apartar su
vista de la página un instante para mirar alrededor, que le congelara la sangre y que acelerara
los latidos de su corazón. Si no cumplía con estos requisitos, mi historia de fantasmas no sería
merecedora de tal nombre. Pensé y reflexioné durante horas, pero todo era en vano. Sentía aque-
lla incapacidad de invención que es la mayor desgracia de los creadores, cuando la insípida
Nada responde a nuestras ansiosas invocaciones. Cada mañana me preguntaban si había pensa-
do en una historia, y cada mañana me veía forzada a responder con una mortificante negativa.
Cada cosa debe tener su comienzo, para hablar en términos de Sancho; y este comienzo debe
estar ligado a algo anterior. Los hindúes imaginan al mundo sostenido por un elefante, pero
colocan al elefante sobre una tortuga. La invención, debemos admitido con humildad, no con-
siste en crear algo del vacío, sino desde el caos. En primer lugar, los materiales deben estar dis-
ponibles: se puede dar forma a sustancias oscuras e informes, pero no se puede crear la sustan-
cia misma. En todos los asuntos que implican descubrimiento e invención, aun aquellos que
dependen de la imaginación, nos viene a la mente la historia de Colón y su huevo. La invención
consiste en la capacidad para captar la potencialidad de un tema, y en el poder de modelar y
ajustar las ideas que él nos sugiere.
Por su parte, en aquellos días, Lord Byron y Shelley mantuvieron muchas y largas conversacio-
nes, de las que yo era un testigo devoto, aunque casi siempre silencioso. En una de ellas, los
interlocutores dialogaron acerca de varias doctrinas filosóficas, y se discutió sobre la naturale-
za del principio de la vida, y sobre si existía alguna posibilidad de que fuera descubierto y trans-
mitido.
Hablaron de los experimentos del Dr. Darwin (no hablo sobre lo que este doctor realmente hizo,
o dijo que hizo, sino más bien, sobre lo que se decía en aquella época que había hecho), quien
había conservado un pedazo de vermicelli bajo una campana de vidrio y por algún medio
extraordinario se había logrado que comenzara a moverse por su propia voluntad. Esto demos-
traba que se podía dar vida a algo inanimado. Tal vez un cadáver pudiera ser vuelto a la vida;
en todo caso, los desarrollos del galvanismo habían dado algún indicio para pensar en ello.
Quizás las diferentes partes de una criatura podrían ser fabricadas, armadas, y dotadas del háli-
to vital.
Recuerdo que después de una de estas veladas y cuando había pasado ya la hora de las brujas,
nos retiramos a descansar. Al apoyar la cabeza en la almohada, no me pude dormir, ni tampoco
podría decir que pensaba. Era mi imaginación espontánea la que me poseía y me guiaba, dotan-
do a las sucesivas imágenes que surgían en mi mente de una nitidez inusual en las ensoñacio-
nes. Vi -con los ojos cerrados, pero con una aguda visión mental- al pálido estudiante de artes
profanas arrodillado junto al ente que había armado. Vi la espantosa figura de un hombre yacien-
do inerte y que, poco después, con la ayuda de una poderosa máquina daba señales de vida y
comenzaba a moverse con dificultad. Debía de ser pavoroso, tanto como lo puede ser el que un
ser humano trate de imitar el estupendo mecanismo del Creador del mundo. Su éxito aterroriza-
ría al artista quien huiría velozmente de su odiosa creación. De allí en más, su única esperanza
sería que se desvaneciera la chispa de vida que le transmitió; que este ser que recibió una ani-
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mación tan imperfecta se hundiera en la muerte. Y dormiría creyendo que el silencio de la tumba
podría extinguir para siempre la existencia de aquel espantoso cadáver que llegó a considerar
como fuente de vida. Duerme, pero se despierta. Abre los ojos y contempla que el horrible ser
se ha parado al costado de su cama, ha descorrido los velos, y lo mira con ojos amarillos, acuo-
sos, pero especulativos.
Yo abrí mis ojos aterrorizada. Esta idea se apoderó de mi mente a tal extremo que sentí un esca-
lofrío de miedo recorriéndome el cuerpo, y busqué reemplazar esta desagradable imagen de mí
mente por la realidad que me rodeaba; allí estaban la habitación, la madera oscura del piso, las
persianas cerradas y atravesadas por el brillo de la luna, y más allá el lago cristalino y los altos
Alpes nevados.
No me fue fácil deshacerme de mi horrible fantasma, todavía me obsesionaba. Debía pensar en
algo distinto y para ello, recurrí a mi vieja y desgastada historia de fantasmas. ¡Oh! ¡Si pudiera
solamente inventar una historia que asuste a mi lector como yo misma he sido espantada esta
noche!
La idea se me ocurrió con la rapidez de la luz: "¡Por fin lo encontré! Lo que me hizo morir de
miedo, seguramente hará morir de miedo a los otros; ¡solamente necesito describir el espectro
que acechó mi almohada!".
A la mañana siguiente pude anunciar que tenía una historia. Ese día inicié mi relato con estas
palabras: "En una lluviosa noche de noviembre..." y luego transcribí las tétricas escenas de
aquello que había soñado despierta.
Al principio pensé en un cuento corto de unas pocas páginas, pero Shelley me sugirió que des-
arrollara esa historia con más extensión. Por cierto, mi esposo no me sugirió ninguno de los inci-
dentes que relato, ni tampoco los sentimientos que allí se muestran, pero sin su estímulo mi obra
nunca hubiera tomado la forma en que fue finalmente dada a conocer. Por supuesto debo excep-
tuar de lo dicho el prefacio que, según puedo recordar, fue enteramente escrito por él.
Y ahora una vez más, pido a mi horrible progenie que salga y prospere. Me une a ella un espe-
cial afecto porque fue el resultado de días felices, en que la muerte y el dolor eran solo palabras
que no encontraban eco en mi corazón. Sus páginas evocan muchas caminatas, paseos y con-
versaciones en una época en que no estaba sola todavía, y mi compañero era aquel a quien no
volveré a ver más en este mundo. Pero esto es únicamente para mí. Mis lectores no tienen nada
que ver en estas reflexiones.
Solo añadiré una palabra más sobre los cambios que he realizado y que son principalmente de
estilo. No he alterado ninguna parte de la historia ni tampoco he introducido nuevas ideas o cir-
cunstancias. He compuesto el lenguaje en aquellos párrafos en que resultaba demasiado directo
como para interferir en la narración, y estos cambios pertenecen casi exclusivamente a la pri-
mera parte, no habiendo modificado para nada la sustancia esencial de mi historia.
Londres, 15 de octubre de 1831.
Lectura Obligatoria
FOUCAULT, MICHEL (1969), ¿Qué es un autor?, Universidad Autónoma de Tlaxcala,
México.
Teoría y Práctica de la lectura y la escritura - Autor: Alcira Bas - Paula Labeur Página Nº 12
Actividad
7.Después de leer atentamente los dos textos de la muestra compárelos entre sí y luego con el
resto del corpus:
A)Intente explicarse por qué el informante terráqueo los incluyó allí atendiendo a que ambos
textos fueron hallados en los paratextos de los libros de las autoras.
B)Dado que no hace mucho tiempo que usted está en la Tierra, lea la conferencia de FOU-
CAULT (1969) atendiendo a la función clasificatoria que ejerce la idea de autor respecto de
los textos literarios para la crítica actual.
C)Deténgase en cómo esta idea agrupa, delimita, excluye ciertos textos producidos por la
misma persona. Confronte esa explicación con el concepto de literatura que escribió.
8.El tiempo ha pasado. Quienes financian su investigación le exigen un informe, quieren saber
de qué se habla en la Tierra cuando se habla de literatura, qué se lee cuando se lee literatura.
Usted pone manos a la obra y tipea un texto que explica ese concepto. Pero para demostrar la
dificultad de la tarea que le han encomendado no les explica el concepto "en general", sino a
partir de alguno de los textos que catalogó como "muestras". Si no se decide por ninguno en par-
ticular, puede recortarlos, meterlos en una bolsita, sacudirla un poco, cerrar los ojos, meter la
mano, sacar uno y a partir de lo que haya decidido el azar por usted escribir ese texto que dará
fin a esta Unidad.
Lectura Recomendada
WILLIAMS, RAYMOND (1980), "Literatura", en: Marxismo y literatura, Península,
Barcelona.
Teoría y Práctica de la lectura y la escritura - Autor: Alcira Bas - Paula Labeur Página Nº 13
BIBLIOGRAFÍA OBLIGATORIA
EAGLETON, TERRY (1993), "Introducción: ¿Qué es la literatura?", en: Una introducción a la teo-
ría literaria, FCE, Madrid.
FOUCAULT, MICHEL (1969), ¿Qué es un autor?, Universidad Autónoma de Tlaxcala, México.
BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA
WILLIAMS, RAYMOND (1980), "Literatura", en: Marxismo y literatura, Península, Barcelona.
Teoría y Práctica de la lectura y la escritura - Autor: Alcira Bas - Paula Labeur Página Nº 14