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Barrán, J. Historia de La Sensibilidad en Uruguay. I y II

Uruguay

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Después de innumerables ediciones er: dos tomos —“La cultura “barbara”” y “El disciplinamiento”—, se presenta ahora esta obra fundamental de José Pedro Barrén —Historia de la sensibilidad en el Uruguay- en su tercera edicién en un solo volumen compacto. En el libro primero, a través del andlisis de la violencia, el juego, Ja sexualidad y la muerte, se exponen las maneras de sentir en el Uruguay que Sarmiento habria calificado de “bérbaro”, el de la primera mitad de siglo XIX. Una sociedad que dio tanto espacio al juego que este terminé por invadir la vida politica y la esfera religiosa, que exhibio imptidicamente los sentimientos de sus integrantes, vivi6 “abusivamente” su sexualidad y mostré a la muerte con sus rasgos ms macabros. En el libro segundo, se estudia el proceso mediante el cual estas maneras “excesivas” de sentir fueron reprimidas y se construyé, justo en el Uruguay que comenzaba su modernizacién social, econémica y politica, un nuevo orden de sentimientos. La “civilizacién’” fue la época del disciplinamiento de las pulsiones, de la vigilancia de la mujer, el nifio, el adolescente y las clases populares, todo ello en nombre de la sacralizaci6n del trabajo, el pudor y la dignidad de la muerte. En el plano de los métodos de control social, la nueva sensibilidad se horroriz6 ante el castigo del cuerpo pero admiti6 en su lugar la mis eficaz domesticaci6n del alma. Es:o es, entonces, una historia de prohibiciones internas, de culpas que fueron como el cimiento conservador del Uruguay “progresista” en el Novecientos. I ill a Historia de la sensibilidad en el Uruguay arran 989.5 BARhis ic; 2 Historia aT _ sensibilidad i enel Titer em orc ta ere ererar ster tattent ts k j Ni IENTA S Bz 332 José Pedro Barran Historia de la sensibilidad en el Uruguay La cultura “barbara” (1800-1860) El disciplinamiento (1860-1920) INSTITUTO DE PROFESORES “ARTIGAS” wd 428562 Invent. Ediciones dela Banda Oriental Cardia: Fidel Slave Nato: deo da Pecro Blanes Viale ISON 978-09761-0595-5 ° EDICIONES DELABANDAORIENTALSRL GGaboto 1582 Tel 40 2008 — 401 0464 Faw 409 B18 ‘11.200 -Mentavideo, Unigusy, sw bandaorientl com dy Guede hecho e depito que marc a ley Impeeso ene! Uruguay = 2011 Para Alicia y Pedro Agradecimientos: ‘Al Licenciado Dante Turcatt, quien me facilité con gene rosidad la documentaci6n existente en el Archivo de la Curia, Eclesifstica de Montevideo. ‘Alos funcionarios de la Biblioteca Nacional, en particular el sefor Alvaro Corbacho y la seftorta Erlinda Ramos. ‘Ala sefforita Sara Sansone, funcionaria de la Facultad de Humanidades y Ciencias ‘Amis compatieros de a Facultad de Humanidades y Cien- ccias que a menudo me han sefialado documentacién itil; en ‘orden alfabético: Milita Alfaro, Diana Bianchi, Julio César Fer- néndez Techera, Yamandki Gonzilez, Juan Oddone, José Pe- dro Rilla, Ana Maria Rodriguez, Amelia Resenite, Ester Rui, Carlos Zubillaga. ‘Al Licenciado Ratil Jacob y a los Profesores Julio C. Ro- d{guez. y Gerardo Caetano, por haber lefdo el manuscrito. ‘Ami esposa, por paciencia y ayuda. Los datos del Archivo General de la Nacién pertenecen a ‘una investigacién de la Profesora Ménica Maronna. Esta investigacién ha sido realizada en ef marco de las actividades del autor como docente de dedicacién exclusivaen el Departamento de Historia del Uruguay en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educacién, ‘Agradezco a mis amigos, el doctor Daniel Gil y e! licen- ciado Marcos Lijtenstein, sus consejos en materia bibliogréfica -ypsicol6gica, aunque las conclusiones son responsabilidad del autor. ACLARACIONES AC: Archivo de la Curia de Montevideo, AGN: Archivo General de la Nacin, Montevideo, [Link]: Diario de Sesiones de la Cimara de Representates, Uraguty. [Link]: Diario de Sesiones de la Cémara de Senadores, Uruguay. MACCL.: Matias Alonso Criado: Coleccién Legslativa de la Repiblica Oriental del Uru guay. [Link]: Orestes Arajo: Legislacin Escolar Cronologica, Uruguay El nombre de los periédicos se ha puesto enze comillas y nose cia su procedenecia cuando son dde Montevideo y sf cuando provienen del interior del Uruguay. Es sepuido de la ubiccic y el titulo de tos ates, Los libros y flletos de época se encuentran en Biblioteca Nacional de Montevideo. Biblioteca de Ia Curia de Montevideo. CColeccién de folletos de Horacio Aredondo del Instituto de Ciencias Histrics de la Facultad de Humanidades y Ciencias, Montevideo, INTRODUCCION Una historia de la sensibitidad, zy por qué no de las mentalidades, como quiere la historiografia francesa? Sobre todo porque el término sensibilidad es més nuestro y necesita menos explicaciones. Se trata de analizar Ia evolucién de la facultad de sen- de percibir placer y dolor, que cada cultura tiene y en relacién a qué la tiene, Pretende ser, mas que una historia de los habitos del pensar en una época — aunque también puede incluirlos~, una historia de las emociones; de la rotundidad o la brevedad culposa de la risa y el goce; de la pasién que lo invade todo, hasta la vvida piblica, o del sentimiento encogido y reducido a la intimidad; del cuerpo desen- ‘vuelto 0 del encorsetado por la vestimenta y la coaccién social que juzga imptdica (oda soltura Lahistoria de la sensiblidad en ese Uruguay del siglo XIX, para poner de una vez los pies en Ia tierra, es Ia de la lenta desaparicién del pathos y la también lenta apari- cin del freno de las “pasiones interiores”, en feliz expresién de nuestro primer Arzo- bispo, Mariano Soler, a fines del siglo pasado, Pero debe ser una historia ~en eso sf, a la francesa~ que pretenda describir el sentir colectivo al que nadie escapa, por encumbrado 0 bajo que se encuentre en la cscala social, desde el doctor de la Defensa montevideana y el caudillo Fructuoso Rivera, hasta cl gaucho contrabandista de ganado, el agricultor de Canelones y el siviente negro de la pudiente familia montevideana. ‘Cualquier investigador de nuestro pasado, cualquier lector curioso de la prensa del siglo XIX y aun del Novecientos, se habré enfrentado a lo que alguna vez habra llamado, sino tenfa mucha cultura las “excentricidades” del pasado, y, sila ten‘a, la “atmésfera” de la época. En ocasiones, ademas, cuando barruntamos esa distancia ‘mental que nos separa de aquellos antecesores, nos invade la desesperanza, Ia secre- ta conviccién de que tal vez nunca podamos entenderlos cabalmente en sus motiva- ciones y conductas, Pues bien, de esas “rarezas” en algunos de sus planos trata este libro. Qué sensibilidad era esta que hacia derramar el Ilanto en paiblico a las mujeres, de la cazuela ante una representacién de “La Traviata” en 1856 y provocaba el mismo “exceso” en el Coronel Lorenzo Latorre, el dictador oriental, cuando ofa a los trégicos italianos que visitaban cl Teatro Solfs en la década del setenta? ;Qué sociedad era festa que a la vez que jugaba, trabajaba en faenas rurales como la doma y la yerra y dlistraia una cuarta parte del aflo en el Carnaval y las “fiestas” religiosas? ,Debido a ‘qué preferian aquellos hombres castigar el cuerpo -del delincuente, del nfo, del enemi- 0 politico- antes que hacer lo que nosotros, reprimir su alma y convencer a los tres -10- =u de su culpa original para mejor disciplinarlos? ,Qué necesidad de visualizar qué mun- do hacia que el piblico teatral asistiera en 1866 y 1867 al estreno de “La Forza del Destino” de G. Verdi, dela cancién “Mambri se fue a la guerra”, tocada por el “gran ianista norteamericano Gottschalk, y de los cuadros vivos de Agustina Keller y su Compania tales «Apolo entre las musas» y «El iio dia de Pompeya»", en cuya escenificacién tomaron parte “gladiadores expresamente contratados para esa grandiosa escena?”!.* De esta cultura hemos investigado particularmente su actitud ante Ia violencia fisica, ante la actividad IMdica, las formas que asumis la sexualidad y sobre todo, Ia ‘eflexién’ sobre lo sexual, y la relacin del hombre con su muerte y la de los otros Violencia y sexualidad encarnan, en realidad, dos referencias a un solo hecho: la actitud ante la vida. El otro componente, la actitud ante la muerte, completa y cubre, a ‘nuestro entender, los problemas basicos de toda cultura. Esta revelard, creemos, sus mas escondidos presupuestos, el secreto de las conductas de sus integrantes, as razo- nes del “corazén’, al mostrarnos c6mo sinti la violencia fisica; el espacio que conce- dig al juego y la manera en que lo diferencié o lo confundié con el trabajo; al descubrir~ ros con qué carga de culpa o de gozo vivié la sexualidad, y, por fin, como sinti6 la muerte, sila acept6, la negé o entremezel6 ambas actitudes. Por ello pensamos que nalizar la violencia, el juego, la sexualidad y la muerte nos acercaré a la médula de esa 6poca, a los rasgos colectivos y seguramente intransferibles de una forma de Pero esta historia de la sensibilidad también revelaré, y desde su primer momen- to, 6mo lo social lo impregna todo, cémo ni siquiera las formas casi impersonales de la sensibilidad escapan a la influencia de los sectores dirigentes. No se trata, claro cesté, de proponer automatismos, ni relaciones de causa a efecto, de afirmar que la sensibilidad que mejor sirve los intereses dominantes en una sociedad scala que siem- pre prevalece. No creemos esto, pero sf que existen funcionalidades, corresponden- cias, afnidades electivas y suites, entre la esfera de la historia de la cultura y la de la historia social. ¥ en este plano, esta historia de la sensibilidad se diferencia de la historia de las mentalidades francesa, al menos de la practicada por la mayoria de los, investigadores galos. (© Todas La eamcripiones de dcumentosspaecen en basanila cuando se hallan ens conteto. La ‘ora bu sido moderna excetaen algunas orasones ques lector adver, cuando nos ha pareido ‘mejor contra sab orignal 1. La Tibor’, 1o,seembre 1866, 3,63 Teo Salis. Gran func exer No ha sido por affn de allar Io social que lo hemos encontrado, ya que s6lo esperi- ‘bamos descubrirlo indiferenciado, lo que unia.a Carlos V con el iltimo de sus lansquenetes, pra utilizar un ejemplo famoso,a Melchor Pacheco y Obes con los esclavos que liber en 1842 al convertilos en soldados, para usar un ejemplo de menos lustre. Lo que nos suce- di fue que lo social seimpuso desde el comienzo de a investigacién, cuando la documen- taci6n probs la presencia a cada paso de as clases dirigentes, a veces protagonizando el rechazo de ciertas formas dela sensibilidad, a veces impulsando otra por completo nueva, Por eso es que hemos utilizado para las dos formas de sensibilidad que se suce- ddenenel siglo XIX uruguayo, los términos de "barbara" y “civilizada”. Ellos revelan, con el espléndido prejuicio cultural y de clase con que fueron aplicados por los secto- res dirigentes, c6mo locultural se hall6 indisolublemente ligado a lo social, Y, ademas, dan al texto un color de época que en esta clase de historia consideramos esencial Este ver tan claramente lo social en la sensibilidad tal vez sea un privilegio de los paises dependientes, Los “paises nuevos”, como se Ilamaba a fos semicoloniales de América Latina en el siglo XIX, en que coexistfan sistemas econémicos y culturales de diversas épocas, en que la inmigracién curopea y la influencia decisiva de los paises imperiales aceleraban procesos, permiten observar la historia de la sensibilidad desde una posiciGn privilegiada, desde un lugar donde los lentos cambios del alma se apuran como en cémara rdpida. Procesos culturales que en Europa son casi imper: cceptibles, duran siglos y pertenccen a la larga duracidn de Braudel, aqui perduran alo ‘sumo decenios, al menos en el siglo XIX, en el que se dieron las condiciones de aceleracin antes sefialadas. Es esta relativa rapidez de los procesos culturales, per se lentos, la que permite descubrir lo social con tanta facilidad, observar el papel promotor de las clases dirigentes en los cambios de sensibilidad, sus dificultades y fracasos, la inercia de lo cultural pero también Ia fuerza de los sistemas de domina- cig, En este primer tomo mostraremos una sociedad que practie6 la violencia fisica y la justific6 como el gran método de dominio del Estado sobre sus sibditos y de los amos (padres, maestros, patrones) sobre sus subordinados (hijos,nifos y sirvientes); ‘que jug6 y rio casi tanto como trabajé y a cuya mayoria le costara diferenciar entre estas actividades por presentirseles entrelazadas; hombres y mujeres que vieron su sexualidad casi con alegria rabelesiana, en medio de un catolicismo permisivo; una £poca, por Fin, que exhibi6 macabramente la muerte, a anuncié con bombs y platillos Jos moribundos y hasta a vincul6 con la fiesta el omnipresente juego. ‘Aeste tipo de sensibilidad, dominante, sin dudas, hasta la década que se inicia en 1860, muchos integrantes de las clases dirigentes le dieron el nombre de “barbara”, En 1845, Domingo Faustino Sarmiento tom6 su antinomia barbarie y civilizacign de este medio social al que pertenecia, asigndndole tanto un contenido geogréfico -vin- cculando la barbarie con el medio rural e identificando la civilizacién con las ciudades- ‘como otro valorativo, -12- [Nosotros pretendemos utilizar esas categorfas como meras ilustraciones de épo- cea, como manera de llamar la atencién sobre el juicio de las clases dirigentes espafio- las y orientales que ya en el siglo XVIII describian la sexulidad vigente como una “inclinacién a la barbarie" y en 1809 calificaban a los sectores populares de “Re- ppiblica de Carives™, uilizando ta antinomia civilizacién y barbarie en un sentido cultural més vasto que el de Sarmiento, en un sentido que hace recordar el Atiel y Caliban shakespereano, La“barbarie”, es decir, la sensibilidad de los “excesos” en el juego y el ocio (su consecuencia improductiva),en la sexualidad, en la violencia, en la exhibicién “ieres- Petuosa” de la muerte, la “barbarie” que practic también buena parte, a veces la mayorfa de las clases dominantes en su vida cotidiana, fue opuesta, sobre todo por los dlrigentes de la politica y el saber ~cabildantes, gobernadores, presidentes, ministros, legisladotes, periodista y fundamentalmente el clero~a la “ivilizacin”,enel sentido de represién de la violencia, el juego, la sexualidad y la “fiesta” de la muerte Esos sectores pensantes,¢ influyentes, encuadraron los cambios de la sensibil dad en ¢l siglo XIX siempre dentro de este marco interpretativo, un marco nunca ‘gratuito, mas bien interesado en la promocin de determinado desarrollo “europeiza- do” de la regién platense. Una larga y sostenida cosmovisién calificé ya en 1831 al Camaval, desde el diario “El Universal”, como “los tiempos de barbaridad”, y

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