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Condena por Calumnia a Esteban Bonilla

Este documento resume la decisión de la Corte Suprema de Justicia de Colombia en el caso de Esteban Bonilla Vente, quien fue condenado por el delito de calumnia. La Corte determinó que no se violó el principio de tipicidad ni la garantía de legalidad de los delitos y las penas, ya que las expresiones de Bonilla en el juicio se ajustaban a la definición legal del delito de calumnia. Además, la Corte explica la diferencia entre calumnia e injuria y por qué la inmunidad para injurias entre litigantes establec

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Condena por Calumnia a Esteban Bonilla

Este documento resume la decisión de la Corte Suprema de Justicia de Colombia en el caso de Esteban Bonilla Vente, quien fue condenado por el delito de calumnia. La Corte determinó que no se violó el principio de tipicidad ni la garantía de legalidad de los delitos y las penas, ya que las expresiones de Bonilla en el juicio se ajustaban a la definición legal del delito de calumnia. Además, la Corte explica la diferencia entre calumnia e injuria y por qué la inmunidad para injurias entre litigantes establec

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República de Colombia

Corte Suprema de Justicia

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA


SALA DE CASACIÓN PENAL

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA


Magistrado Ponente

SP11143-2016
Radicación 42706
(Aprobado Acta No. 243).

Bogotá D.C., agosto diez (10) de dos mil dieciséis


(2016)

VISTOS:

Derrotado el proyecto presentado por el Magistrado


Eugenio Fernández Carlier, se pronuncia la Sala sobre la
eventual violación de garantías fundamentales en el proceso
seguido contra ESTEBAN BONILLA VENTA, condenado como
autor del delito de calumnia.

HECHOS:

En el juicio que por los delitos de estafa y falsedad se


adelantó ante la Juez Quinta Penal del Circuito de
Descongestión de Bogotá contra el abogado ESTEBAN
CASACIÓN 42706
ESTEBAN BONILLA VENTE

BONILLA VENTE, en la sesión del 28 de abril de 2006, éste le


atrbuyó a Luis Guillermo Namen Rodríguez, apoderado de la
parte civil, haber comprado a la Juez 28 Penal del Circuito
de la misma ciudad, funcionaria que conoció inicialmente
del proceso. El debate fue suspendido por la Juez, dado que el
ánimo irritado del procesado impidió su cabal desarrollo y dejó
constancia de tal vicisitud en la correspondiente acta,
precisando que aquél en el curso del juicio lanzó “expresiones
infundadas” y “atrevidas” en su contra.

El 21 de junio siguiente, ESTEBAN BONILLA recusó


mediante escrito a la juez, aduciendo que ella estaba
“actuando conforme a los caprichos de la Parte Civil”, como se
colige de la referida “constancia parcializada e ilegal”, además
de que había surgido una enemistad grave hacia él, probada,
según el recusante, porque “la Parte Civil ha hecho una
afirmación gravísima que dice que tiene el fallo arreglado”.

ANTECEDENTES PROCESALES:

El 28 de abril de 2006 el abogado que representaba la


parte civil en el mencionado juicio formuló querella contra
BONILLA VENTE por los sucesos ocurridos en esa fecha.
Luego de varios aplazamientos, el 14 de septiembre de 2010,
ante el Juez 56 Penal Municipal de control de garantías de
Bogotá se realizó audiencia en la cual ESTEBAN BONILLA fue
declarado contumaz y la Fiscalía imputó el delito de calumnia.

2
CASACIÓN 42706
ESTEBAN BONILLA VENTE

Presentado el escrito de acusación el 12 de octubre


siguiente, se realizó la correspondiente audiencia el 19 de
diciembre de 2011 en el Juzgado 15 Penal Municipal de
Bogotá, en la cual la Fiscalía lo acusó como autor del mismo
punible.

Surtida la fase del juicio, el 17 de junio de 2012 el Juez


15 Penal Municipal con funciones de conocimiento absolvió
al acusado. La Fiscalía y la víctima apelaron ese
pronunciamiento y el Tribunal Superior de Bogotá, a través
de la sentencia recurrida en casación por la defensa,
dictada el 12 de septiembre de 2013, la revocó y, en su
lugar, condenó a ESTEBAN BONILLA a 24 meses de prisión,
multa de 225,71 salarios mínimos mensuales legales vigentes,
inhabilidad para el ejercicio de derechos y funciones públicas
por el mismo lapso de la pena privativa de la libertad y
prohibición del ejercicio de la profesión de abogado por 39
meses, como autor del delito de calumnia objeto de acusación.
Le fue concedida la condena de ejecución condicional.

Mediante auto del 26 de noviembre de 2014 esta Sala


inadmitió la demanda de casación y en la misma providencia
dispuso que una vez agotado el trámite del mecanismo de
insistencia (el cual no prosperó), las diligencias debían
regresar para decidir acerca de la eventual “infracción al
principio de legalidad de los delitos y de las penas, al
haberse proferido una condena por una calumnia ocurrida en
actuación judicial, conducta que de acuerdo con el artículo
228 de la Ley 599 de 2000 puede no constituir delito”.

3
CASACIÓN 42706
ESTEBAN BONILLA VENTE

CONSIDERACIONES DE LA CORTE:

Luego del examen de los hechos acreditados y declarados


en la sentencia de segunda instancia, advierte la Sala que no
fue desconocido el principio de tipicidad, inherente a la
garantía de legalidad de los delitos y las penas, dado que la
situación fáctica se ajusta en estricto rigor al supuesto de
hecho definido por el legislador para el delito de calumnia.

En efecto, el Tribunal aplicó debidamente el artículo 221


de la Ley 599 de 2000 que lo consagra, pues la imputación
que ESTEBAN BONILLA VENTE le realizó al apoderado de la
parte civil el 28 de abril de 2006, en la sesión del juicio
seguido en su contra por los punibles de estafa y falsedad y
que luego consignó en el memorial con el cual recusó a la juez
del caso, corresponde a la atribución específica de un delito a
una persona determinada.

No se trató de simples injurias expresadas por litigantes


en los estrados judiciales. Por el contrario, las expresiones del
procesado al abogado Luis Guillermo Namen confirman la
imputación de un delito de cohecho, en la modalidad de dar u
ofrecer (artículo 407 Ley 599 de 2000) por haber “comprado” a
la juez, es decir, por haberle entregado dinero u otra utilidad a
cambio de favorecer los intereses que representaba, proceder
que también involucra a dicha funcionaria al inculparle el
delito de cohecho propio por realizar un acto contrario a sus
deberes oficiales (artículo 405 ídem).

4
CASACIÓN 42706
ESTEBAN BONILLA VENTE

Expuesto así el objeto y tesis de la presente decisión, la


Corte se ocupará de señalar puntualmente los fundamentos
de orden jurídico para no casar oficiosamente el fallo de
condena de segunda instancia.

El artículo 10 de la Ley 599 de 2000 establece la


tipicidad como norma rectora, así: “La ley penal definirá de
manera inequívoca, expresa y clara las características
básicas estructurales del tipo penal...”.

Según el artículo 29 de la Constitución, “nadie podrá


ser juzgado sino conforme a leyes preexistentes al acto que
se le imputa”, disposición que consagra el principio de
legalidad de los delitos y las penas, el cual protege la
libertad individual frente a la arbitrariedad de los
funcionarios judiciales y garantiza tanto el principio de
igualdad de las personas ante la ley, como el de seguridad
jurídica.

En cuanto se refiere a los funcionarios que


administran justicia, sus facultades se rigen por lo
dispuesto en el artículo 230 de la Constitución, disposición
que establece el principio de imperio de la ley en las
decisiones judiciales.

La taxatividad de los tipos penales, principio de tipicidad


o de legalidad estricta, es una garantía que obliga tanto al
legislador como al funcionario judicial y se deriva de axiomas
universales, tales como, “no hay delito sin ley previa que lo
defina”; “no hay lugar a pena sin ley anterior que la defina”;

5
CASACIÓN 42706
ESTEBAN BONILLA VENTE

“corresponde a la ley establecer el juez natural del caso”; “sólo


se puede imponer una sanción luego de un juicio legal”,
también reconocidos en tratados internacionales vinculantes
en virtud del Bloque de Constitucionalidad, como por ejemplo,
en el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos
(artículos 14 y 15)1 y la Convención Americana de Derechos
Humanos (artículos 8 y 9)2, los cuales incluyen normas que se
refieren en general a las garantías judiciales, la preexistencia
de la ley y sus respectivas sanciones, el derecho al juez natural
y el debido proceso3.

Respecto de los funcionarios judiciales el principio de


legalidad precisa de los requisitos de ley previa, ley escrita, ley
cierta y ley estricta.

Como en el auto inadmisorio de la demanda de casación


del 26 de noviembre de 2014 esta Sala ordenó que una vez
surtido el mecanismo de insistencia, se debería verificar la
posible “infracción al principio de legalidad de los delitos y
de las penas, al haberse proferido una condena por una
calumnia ocurrida en actuación judicial, conducta que de
acuerdo con el artículo 228 de la Ley 599 de 2000 puede no
constituir delito”, resulta de singular importancia constatar las
diferencias esenciales entre los delitos de injuria y calumnia,
pues respecto del primero opera para las injurias entre
litigantes la indemnidad reglada en la citada norma.

1
Ley 74 de 1968.
2
Ley 16 de 1972.
3
En el mismo sentido: Declaración Universal de los derechos del hombre y el ciudadano,
artículos 7 y 8, y la Carta Internacional de Derechos Humanos, artículos 10 y 11.

6
CASACIÓN 42706
ESTEBAN BONILLA VENTE

La injuria y la calumnia son delitos que atentan contra el


bien jurídico de la integridad moral. Imputar hechos
delictivos falsos concretos, a sabiendas de que no son
ciertos, es calumniar, mientras que hacer imputaciones o
afirmaciones deshonrosas indeterminadas, o enrostrar
condiciones de inferioridad, aunque sean verdaderas, es
injuriar4.

En los debates del proyecto que finalmente dio lugar a la


expedición de la Ley 599 de 2000, respecto de las pretensiones
de algunos sectores orientadas a desprisionalizar los delitos de
injuria y calumnia, de modo que únicamente tuvieran pena
pecuniaria, se adujo que tales posturas son “apartadas del
contexto constitucional que califica la honra como derecho
fundamental y objeto de especial garantía a la persona por
parte del Estado” (artículos 2º y 21), pues dada “la
intensidad de la guerra verbal que en nuestro país se
vive, hace aconsejable mantener la pena privativa de la
libertad. Lo anterior especialmente, por cuanto por razones
políticas, publicitarias y otras, sería muy rentable injuriar y
calumniar, para posteriormente, por la vía de la oblación,
extinguir la punición sin consecuencias de ningún tipo en el
ámbito de la prevención general y especial”5.

Los delitos de injuria y calumnia protegen derechos


fundamentales reconocidos en disposiciones
constitucionales, en este sentido el artículo 2 señala
que “las autoridades de la República están instituidas para

4
Cfr. CC C-417/09.
5
Gaceta del Congreso No. 280. 20 de noviembre de 1998. p. 68.

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CASACIÓN 42706
ESTEBAN BONILLA VENTE

proteger a todas las personas en su vida, honra, bienes,


creencias y demás derechos y libertades”. El artículo 21
establece que “Se garantiza el derecho a la honra. La ley
señalará la forma de su protección”. Por su parte, el artículo
15 dispone que “Todas las personas tienen derecho a su
intimidad personal y familiar y a su buen nombre, y el
Estado debe respetarlos y hacerlos respetar”. También se
encuentran reconocidos en instrumentos internacionales
tales como el Pacto Internacional de Derechos Civiles y
Políticos (artículo 17) y la Convención Americana de Derechos
Humanos (artículo 11).

El derecho fundamental a la integridad moral es


“inherente a la persona misma en tanto el hombre es el valor
supremo de la Nación constituida como Estado. Su protección se
funda en el respeto a la dignidad humana cualidad intangible
del ser humano y por tanto no susceptible de ser desplazada
por otros valores o principios”, perspectiva desde la cual el
honor y la honra, constituyen “el contenido fundamental de la
integridad moral y son componente innato, absoluto, inmutable,
irrenunciable, inalienable, indisponible y extra-patrimonial del
derecho subjetivo privado, a ser respetado frente a las
agresiones ilegítimas de los demás”6.

Ambos delitos son de mera conducta, pues basta para su


consumación la expresión de las locuciones injuriosas o
calumniosas, divulgadas por cualquier medio al titular del
bien jurídico de la integridad moral, a varias personas, o al
público en general.

6
Cfr. CSJ AP, 14 jul. 1998. Rad. 10793 y CSJ AP, 18 dic. 2001. Rad. 17120.

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CASACIÓN 42706
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También son dolosos, por requerir que el autor, con


conocimiento y voluntad, impute a otra persona determinada o
determinable el comportamiento deshonroso (injuria) o la
conducta típica falsa (calumnia).

El delito de calumnia se encuentra definido en el artículo


221 de la Ley 599 de 2000, modificado en cuanto a la
consecuencia penal por el artículo 14 de la Ley 890 de 2004
(normas vigentes para la época de los hechos), como “El que
impute falsamente a otro una conducta típica (…)”.

En este punible la imputación falsa de una conducta


típica constituye un ingrediente normativo. La inflexión verbal
imputar equivale a la acción y efecto de atribuir algo a alguien;
falso es lo no cierto, lo contrario a la verdad; conducta típica es
la definición de un comportamiento humano plasmada por el
legislador, que para ser delito debe ser también antijurídica y
culpable.

La Corte ha señalado que la calumnia supone: (i)


Imputación de una conducta típica, (ii) Atribución a una
persona determinada o determinable, (iii) Conocimiento o
conciencia del autor acerca de la falsedad del comportamiento
imputado y (iv) Que el suceso delictuoso falso imputado sea
claro, concreto, circunstanciado y categórico, no surgido de
suposiciones de quien se siente aludido con una
manifestación generalizada7.

7
Cfr. CSJ. AP, 14 may. 1998. Rad 12445; AP, 2 mar. 2005. Rad. 20921; AP, 16 dic. 2008.
Rad. 30644 y AP, 30 abr. 2014. Rad 39239.

9
CASACIÓN 42706
ESTEBAN BONILLA VENTE

Ahora, que la imputación delictiva falsa sea


circunstanciada, no puede entenderse como una expresión
al detalle y pormenorizada de la conducta, pues esa sería
una exigencia ajena al tipo penal; basta con que se entienda
a qué acción u omisión delictiva se refiere y cuál es su
contexto. Por ejemplo, si conocida la muerte violenta de X a
manos de sicarios, Y afirma falsamente de manera pública
que “Z fue el determinador del crimen de X”, tal expresión
resulta calumniosa, no injuriosa, por imputar falsamente a
alguien determinado la participación en un específico delito
de homicidio.

De otra parte, encuentra la Sala que hay injurias entre


litigantes, cuando en los escritos, discursos o informes
producidos ante los tribunales y no dados por sus autores a
la publicidad, para herir la autoestima del otro se le dice, por
ejemplo, bruto, ignorante, orate, perturbado, demente,
lunático, o bien, ventajoso, torticero, irregular, tramposo,
desleal, pícaro, etc., caso en el cual tiene lugar la indemnidad
contenida en el artículo 228 del Código Penal, sin perjuicio de
“las correcciones y acciones disciplinarias correspondientes”.

En este caso advierte la Corte que las expresiones o


locuciones que según la acusación y la sentencia de segunda
instancia se reprochan al procesado como lesivas de la
integridad moral, cumplen con las condiciones atrás
puntualizadas respecto del delito de calumnia.

En efecto, si bien la Corte advierte que las expresiones


del acusado, primero en la audiencia de 28 de abril de 2006

10
CASACIÓN 42706
ESTEBAN BONILLA VENTE

(de lo cual da cuenta la querella y el testimonio del


perjudicado, pues en el acta de esa sesión no hay constancia
al respecto) y luego en el memorial de recusación del 21 de
junio siguiente, están referidas en forma genérica a “la Parte
Civil”, lo cierto es que de su contexto se colige que no se
dirigieron contra Víctor Julio Moreno Solano, víctima de los
delitos de estafa y falsedad objeto de esa actuación, sino
contra su abogado Luis Guillermo Namen Rodríguez, lo cual
motivó al último a presentar la respectiva querella.

En efecto, tanto Namen Rodríguez como Moreno Solano


coincidieron en señalar que BONILLA VENTE le dijo
directamente al primero que había comprado a la Juez 28
Penal del Circuito de Bogotá y que ya se sabía en qué sentido
dictaría el fallo, es decir, tal como lo afirmó el Tribunal en la
sentencia de segundo grado, le imputó falsamente la comisión
del delito de cohecho por dar u ofrecer previsto en el artículo
407 de la Ley 599 de 2000 y, a la par, dado el carácter
bilateral o de doble vía de tal punible contra la administración
pública, también involucró a la mencionada funcionaria, en su
caso, como autora del punible de cohecho impropio (artículo
405).

Entonces, no se trata de la imputación de una conducta


delictiva de carácter genérico, vago, impreciso y equívoco, pues
por el contrario, da cuenta de un proceder ilegal en el que
habría incurrido el abogado Luis Guillermo Namen
Rodríguez, en procura de asegurar que la Juez 28 Penal del
Circuito de Bogotá favoreciera los intereses de la parte civil

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CASACIÓN 42706
ESTEBAN BONILLA VENTE

que representaba, en perjuicio de ESTEBAN BONILLA VENTE,


en su condición de acusado por los delitos de estafa y
falsedad.

También concluye la Sala que el interés del acusado no


era otro que el de agraviar la honra del abogado que
representaba la parte civil, con quien ya habían mediado
discrepancias personales y agresiones verbales, proceder que
se adecúa al delito de calumnia, en cuanto es claro que las
motivaciones del ofensor no importan, únicamente interesa su
comportamiento orientado por el ánimo de difamar y dañar la
integridad moral al tratar a la víctima falsamente como autora
de un delito concreto.

En conclusión, desde el punto de vista objetivo las


expresiones recriminadas al acusado, por las cuales se
adelantó el presente proceso, son lo suficientemente claras
para deducir que atribuyó falsamente al abogado Luis
Guillermo Namen la comisión de un delito de cohecho por dar
u ofrecer en procura de asegurar un resultado en el proceso
adelantado en su contra, en el cual aquél representaba los
intereses de la parte civil.

Desde luego, por tratarse del delito de calumnia, no es


procedente aplicar la indemnidad derivada de las injurias
entre litigantes reglada en el artículo 228 de la Ley 599 de
2000, las cuales únicamente quedan sujetas, según la misma

12
CASACIÓN 42706
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disposición, a “las correcciones y acciones disciplinarias


correspondientes”.
Así las cosas, como inicialmente se advirtió, por
encontrarse adecuadamente aplicado el artículo 221 de la Ley
599 de 2000, no es procedente casar el fallo del Tribunal.

Por lo expuesto, la SALA DE CASACIÓN PENAL DE LA


CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, administrando justicia en
nombre de la República y por autoridad de la ley,

RESUELVE:

NO CASAR la sentencia condenatoria proferida contra


ESTEBAN BONILLA VENTE.

Contra esta decisión no proceden recursos.

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE.

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA

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CASACIÓN 42706
ESTEBAN BONILLA VENTE

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA

EYDER PATIÑO CABRERA

PATRICIA SALAZAR CUELLAR

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA

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CASACIÓN 42706
ESTEBAN BONILLA VENTE

Secretaria

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER


JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA
Salvamento de voto

SP11143-2016
Radicación Nº 42706
Aprobado en Acta Nº 243 de 10 de agosto de 2016

Con el respeto que siempre profesamos por las


opiniones de los demás, lo suscritos nos apartamos de los
fundamentos consignados en la decisión mayoritaria
mediante la cual la Sala resolvió confirmar la sentencia
condenatoria emitida en segunda instancia contra el abogado
ESTEBAN BONILLA VENTE por el delito de calumnia.

1. En la ponencia derrotada, la tesis expuesta y


defendida en las correspondientes sesiones de Sala consiste
en que los supuestos fácticos que el ad-quem declaró
probados, tanto desde el punto de vista objetivo como el
subjetivo, no configuran la conducta punible atribuida en
la acusación.

Por el contrario, atendiendo el contexto reconocido por


el Tribunal, en el cual se materializaron las respectivas
expresiones, las mismas constituyen, por la evidente

15
CASACIÓN 42706
ESTEBAN BONILLA VENTE

intención del procesado de ofender a su contraparte, el


delito de injuría.

De ahí que en la ponencia vencida se hubiese


afirmado la violación directa de la ley sustancial por
parte del juzgador de segundo grado, al incurrir en
indebida aplicación de la hipótesis normativa prevista en el
arículo 221 del Código Penal, y la consecuente exclusión
del 220 de la misma obra, así como el 228 de tal estatuto,
habida cuenta que las imputaciones injuriosas entre
litigantes están, desde el punto de vista penal, exentas de
pena, y en virtud de ello se imponía casar de oficio la
sentencia atacada para en su lugar absolver al enjuiciado.

Sin embargo, la Sala mayoritaria no compartió esa


propuesta y en su lugar presentó una nueva en el sentido
ya advertido, decisión que, en criterio de los suscritos, está
afianzada en un supuesto que no concuerda con el que fue
objeto de acusación y juicio, ni de expreso reconocimiento
en el fallo de segundo grado.

2. En efecto, la Sala mayoritaria sostiene tajantemente


que en la sesión de audiencia de 28 de abril de 2006, con
ocasión del juicio penal seguido al aquí acusado en el
Juzgado Quinto Penal del Circuito de Bogotá, aquél “ le
atribuyó a Luis Guillermo Namen, apoderado de parte civil, haber
comprado a la Juez 28 Penal del Circuito de la misma ciudad,
funcionaria que conoció inicialmente del proceso, para que dictara la
sentencia en determinado sentido”.

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CASACIÓN 42706
ESTEBAN BONILLA VENTE

En realidad se trató de locuciones distintas (“ la Parte


Civil ha comprado a la Juez 28 Penal del Circuito ” y “la Parte Civil ha

afirmado que tiene el fallo arreglado ”), igualmente producidas en

circunstancias de modo, tiempo y lugar diferentes:

La pronunciada en la aludida fecha, según la versión


del querellante, fue del siguiente tenór “ LA CALUMNIA PROFERIDA
POR EL INDICIADO FUE: LA PARTE CIVIL DENTRO DE ESTE PROCESO HA
COMPRADO A LA JUEZ 28 PENAL DEL CIRCUITO DE BOGOTÁ CUANDO ELLA
CONOCÍA DE ESTE PROCESO EN LA ETAPA DE AUDIENCIA PÚBLICA, Y POR ESO

SE ME ESTÁ VULNERANDO MI DERECHO A LA DEFENSA”8.

La otra expresión tuvo lugar méses despues, y se


materializó en un memorial presentado el 21 de junio de
2006, en el que el acusado recusó a la Juez Quinta Penal
del Circuito de Bogotá, documento dentro del cual sostuvo:
“…la Parte Civil ha hecho una afirmación gravísima que dice que tiene
el fallo arreglado”9.

La mutación, aunque sutil, no deja de ser sustancial,


pues, en primer lugar, ambas manifestaciones “ están
referidas en forma genérica”10 a “la Parte Civil”, sujeto procesal

que en estricto rigor jurídico es la víctima de un delito, la


cual en el asunto donde se generaron los improperios lo era
Víctor Julio Moreno Solano. Empero, la ponencia
mayoritaria asumió que según el “contexto” del suceso

8
Cfr. Así aparace en la querella que instauró el ofendido (Carpeta Nº 2, folio 6 y 7),
quien en similares términos la reprodujo en el testimonio que rindió en el primer
segmento de la audiencia del juicio dentro del presente trámite, el 20 de junio de
2013, minuto 35:15 a 35:56.
9
Cfr. Carpeta Nº 1, folios 250 y 251. A tales expresiones indeterminadas también se
refirió el quejoso en su testimonio. Ídem, minuto 31:20 a 31:42.
10
Así expresamente lo reconoce la decisión mayoritaria en el párrafo que empieza al
final de la página 10 y continua en la 11.

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CASACIÓN 42706
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(mismo aspecto que no tuvieron en consideración cuando analizaron

el elemento subjetivo) el acusado los dirigió contra Luis

Guillermo Namen Rodríguez, apoderado de aquél.

En segundo término, en la primera expresión, en parte


alguna se indica que el acusado haya manifestado que “ la
Perte Civil” hubiese “comprado” algun acto propio o no de las

funciones de alguna de las jueces, y menos la emisión de


una sentencia en determinado sentido.

Solo hasta la segunda locución, diferente en


circunstancias de modo, tiempo y lugar, aparece la
referencia en el sentido de que “ la Parte Civil” ha dicho “que
tiene el fallo arreglado”, mas no comprado.

Como es evidente, en el fallo mayoritario del que nos


apartamos, los dos sucesos, esto es, el del 28 de abril de
2006, y el del 21 de junio siguiente, fueron apreciados
como una unidad de acción para justificar la adecuación
típica del delito de calumnia, lo cual es cuestionable, no
solo porque desde las exigencias de la violación directa ello
no se corresponde con los hechos declarados, sino porque,
desde un punto de vista ontológico, se trata de acciones
distintas y perfectamente diferenciables; además que,
desde la perspectiva de la dogmática penal, la posibilidad
de tener ambos supuestos como constitutivos de un único
injusto típico es admisible sólo para los delitos continuados
o los permanentes.

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CASACIÓN 42706
ESTEBAN BONILLA VENTE

El desacierto diríase que viene desde la formulación de


acusación, diligencia en la que ciertamente se atribuyeron
los dos episodios como un único delito de calumnia, y no
como un concurso de tales conductas punibles. Sin
embargo, impera destacar que en el alegato de apertura
presentado por la Fiscalía, ese ente expresamente
circunscribió el objeto del debate público al episodio de 28
de abril de 2006, y con sujeción a ello se dictaron los fallos
de instancia (Primer segmento de la audiencia de juicio de 20 de
junio de 2013, cfr., del minuto 10:50 a 11:46).

La alteración del devenir fáctico condujo a que la Sala


mayoritaria sostuviera que los hechos se ajustan “ en estricto
rigor al supuesto de hecho definido por el legislador para el delito de

calumnia”, y que por lo tanto el Tribunal había acertado en

la aplicación del artículo 221 del Código Penal, dado que:

“No se trató de simples injurias expresadas por litigantes en los


estrados judiciales. Por el contrario, las expresiones del procesado
al abogado Luis Guillermo Namen confirman la imputación de un
delito de cohecho, en la modalidad de dar u ofrecer (artículo 407 Ley
599 de 2000) por haber ‘comprado’ a la juez, es decir, por haberle
entregado dinero u otra utilidad a cambio de favorecer los intereses
que representaba, proceder que también involucra a dicha
funcionaria al inculparle el delito de cohecho propio por realizar un
acto contrario a sus deberes oficiales (artículo 405 ídem)”

La afirmación transcrita está sustentada, como se


indicó párrafos atrás, no solo en imprecisiones sustanciales
respecto del acaecer, sino en suposiciones de la Sala
mayoritaria que terminan por desdibujar el objeto de debate,
dado que en parte alguna del fallo atacado, y menos en
cualquiera de las pruebas practicadas en el juicio, se señala

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CASACIÓN 42706
ESTEBAN BONILLA VENTE

que el procesado hubiese afirmado que Namen Rodríguez “ le


entregó dinero u otra utilidad a cambio de favorecer los intereses que

representaba” a la Juez Quinta Penal del Circuito Bogotá o a

la Veintiocho de la misma especialidad.

3. Ahora bien, teniendo como norte que se trata de


locuciones emitidas en diferentes circunstancias de modo,
tiempo y lugar, al analizar con estricto rigor cada una de
ellas, los suscritos, contrario a lo señalado en la providencia
de la cual nos apartamos, consideramos que las
expresiones “tener arreglado el fallo” o “compró a la juez”, ostentan
apenas un carácter genérico, vago, impreciso o equívoco,
habida cuenta que según la doctrina jurisprudencial de esta
Sala11, las imputaciones calumniosas deben ser debidamente
circunstanciadas, contundentes y categóricas.

De esas exigencias carecen las comentadas expresiones y


por lo tanto hacen imposible afirmar que el acusado le
atribuyó en concreto al querellante el delito de “ cohecho por dar u
ofrecer”, como sin mayor análisis lo concluyó el Tribunal, y
menos a funcionario alguno el de “cohecho propio”, como también
lo entendió la Sala Mayoritaria, pese a que tal aspecto, la
supuesta calumnia contra la juez (delito de naturaleza esencialmente

querellable) no fue objeto de acusación.

Repárese en que las expresiones censuradas no indican


ni permiten determinar cuál fue la utilidad o dádiva
presuntamente ofertada por “la Parte Civil”, bien a la Juez Quinta
o la Veintiocho Penal del Circuito y, por contera, tampoco son

11
Cfr. CSJ. AP 29 sep. 2005, rad. 18389 y AP 13 may. 2009, rad. 26742.

20
CASACIÓN 42706
ESTEBAN BONILLA VENTE

ilustrativas del tipo de acto que habría sido objeto de la


presumida lisonja; es decir, si fue por retardar u omitir uno
propio de sus funciones, o por emitir uno contrario a éstas, o
con sujeción a aquéllas, o si lo pretendido era que la última de
las aludidas funcionarias, de alguna manera, interfiriera en el
criterio del juez al que se le asignó el trámite del respectivo
juicio penal, pues no puede perderse de vista que aquélla,
para la fecha de los sucesos, carecía de facultad funcional
decisoria frente al litigio penal disputado12.

Desde tal perspectiva consideramos que los enunciados


reprochados al aquí procesado se prestan a toda serie de
especulaciones por carecer de un marco circunstanciado y
objetivo, y sólo se les puede llenar de contenido según el
cambiante y subjetivo criterio interpretativo del observador de
turno, al punto que, precisamente, por carecer de un sentido
calumnioso concreto el fallador de primer grado desestimó la
configuración del correspondiente injusto.

Tanto es así, además, que el carácter ambiguo y


equivoco de las aserciones cuestionadas también lo aludió el
propio querellante en su testimonio, en el que puntualizó
que con las manifestaciones que lanzó su denunciado el 28
de abril de 2006, las que dijo no recordar exactamente,
apenas se “insinuaba” la realización de “actos de corrupción”:

“…mencionó, palabras más palabras menos, que el suscrito


tenía arreglada la sentencia en su contra, que había comprado

12
La Juez 28 Penal del circuito por disposición del Consejo Superior de la Judicatura
pasó a cumplir otras actividades y los procesos a su cargo fueron enviados a la Juez
Quinta Penal del Circuito.

21
CASACIÓN 42706
ESTEBAN BONILLA VENTE

prácticamente a la juez y al fiscal, y que eso era costumbre que


yo realizaba cotidianamente y también lo hacía mi familia […] al
decir que yo estoy comprando a un funcionario judicial, y que
estoy, o que tengo, mejor, arreglada una sentencia en contra de
una persona, está insinuando que estoy realizando actos de
corrupción, la corrupción es un delito completamente
gravísimo…” (Primer segmento de la audiencia de juicio de 20 de
junio de 2013, cfr., del minuto 29:10 a 31:09 y 35:15 a 35:56).

Existe una diferencia de contenido, y no simplemente


semántica, entre insinuar e imputar. Lo primero consiste
en “[d]ar a entender algo, sin más que indicarlo o apuntarlo
ligeramente”, lo segundo es “[a]tribuir a alguien la responsabilidad

de un hecho reprobable”13.

4. Frente al carácter vago e incierto de las expresiones


objeto de la acusación, los suscritos magistrados disidentes,
tal y como fue consignado en la ponencia derrotada,
destacamos que para determinar el alcance de la
correspondiente hipótesis normativa, era de singular
importancia la noción del ingrediente normativo: imputación
falsa de una conducta típica, el cual exige una valoración
rigurosa, conforme al principio de estricta tipicidad, en la labor
de establecer su exacto sentido y significado frente a una
potencial lesión del bien jurídico de la integridad moral.

La inflexión verbal imputar equivale a la acción y efecto


de atribuir algo a alguien; falso es lo no cierto, lo contrario a la
verdad; conducta típica, no es más que la esquemática y
abstracta descripción plasmada por el legislador acerca de un
comportamiento humano (de acción o de omisión) penalmente
13
Cfr., por ambas definiciones, Diccionario de la lengua española, vigesimotercera
edición, páginas 1223 y 1249.

22
CASACIÓN 42706
ESTEBAN BONILLA VENTE

relevante.

La doctrina elaborada por ésta Corporación ha sido


reiterativa y unánime en precisar que los requisitos inherentes
a la cabal cristalización de esa conducta punible son: (i) que
haya imputación de una conducta típica, (ii) que la atribución
se haga a una persona determinada o determinable, (iii) que el
autor tenga conocimiento o conciencia de que el hecho típico
endilgado es falso y (iv) que el suceso delictuoso falso
imputado sea claro, concreto, circunstanciado y categórico, no
surgido de suposiciones de quien se siente aludido con
una manifestación generalizada14.

A propósito de esos elementos del delito de calumnia la


Sala, en recientes pronunciamientos, señaló:
El tipo objetivo se configura con la atribución falsa de una conducta
punible a una persona determinada o determinable, la cual [la
conducta típica] debe ser clara, concreta, precisa y circunstanciada,
esto es, inequívoca, que no provoque dudas, incertidumbres,
perplejidades, titubeos, o vacilaciones.

Según el diccionario de la real academia de la lengua lo inequívoco


excluye la hesitación; duda es la suspensión o indeterminación del
ánimo entre dos juicios o decisiones acerca de un hecho o de una
noticia; equivocación significa tener o tomar una cosa por otra,
juzgando u obrando desacertadamente. Lo concreto se predica de
cualquier objeto considerado en sí mismo, particularmente en
oposición a lo abstracto o general, con exclusión de cuánto puede
serle extraño o accesorio. Determinar, alude a fijar los términos de
una cosa, distinguir, o discernir; distinguir es hacer que una cosa se

14
Cfr. CSJ. AP 14 may. 1998, rad 12445; AP 2 mar. 2005, rad. 20921; AP 16 dic.
2008, rad. 30644 y AP2224-2014 30 abr. 2014, rad 39239.

23
CASACIÓN 42706
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diferencie de otra por medio de alguna particularidad, o señal15.

De acuerdo con lo anterior, la afirmación hecha en el


primer párrafo de la página 10 de la decisión mayoritaria,
según la cual la exigencia relativa a que la imputación
delictiva sea “circunstanciada” “no puede entenderse como una
expresión al detalle y pormenorizada de la conducta, pues esa sería

una exigencia ajena al tipo penal”, en criterio de los suscritos

magistrados, se aparta, sin exponer razón ni justificación


alguna, de los precedentes atrás rememorados.

Y el ejemplo ofrecido en el mismo apartado confirma


que, tal y como está decantado por la jurisprudencia, es
preciso e imperioso que el suceso delictuoso falso imputado
sea claro, concreto, circunstanciado y categórico, condiciones
que indiscutiblemente se cumplen cuando “ …conocida la
muerte violenta de X a manos de sicarios, Y afirma falsamente en un

medio de información que ‘Z fue el determinador del crimen de X’…”,

pero que, en cambio, no pueden predicarse como

satisfechas cuando Y afirma que X “tiene arreglado un fallo” o

que X “compró un funcionario”, dado que tales locuciones no


permiten que “se entienda a qué acción u omisión se refiere y cuál
es su contexto”.

5. Adicionalmente, en la ponencia derrotada no solo


se arguyó que desde el punto de vista de la tipicidad
objetiva, las expresiones objeto de acusación y acogidas en
segunda instancia no eran idóneas para predicar el delito

15
Cfr. CSJ. AP3976-2014 17 jul. 2014, rad.36876 y AP4132-2015 27 jul. 2015, rad.
44264.

24
CASACIÓN 42706
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de calumnia por la desafortunada intelección y alcance que


de las mismas hizo el ad-quem.

También se indicó que frente a la tipicidad subjetiva,


el Tribunal en sus consideraciones terminó por reconocer
que la intención del procesado fue la de injuriar mas no la
de calumniar, lo cual corroboraba la violación directa de
la ley sustancial proyectada.

La providencia mayoritaria de la que nos apartamos


eludió derruir la ponencia en ese aspecto, sin sujeción a las
exigencias propias de la vía de ataque desarrollada, ya que
en lugar de analizar si era cierto o no que los razonamientos
del ad-quem reconocían la atipicidad subjetiva para el delito
de calumnia al admitir que la intención del acusado fue
injuriar al querellante, lo que hizo fue consignar su propia
convicción sobre los sucesos al señalar:

“También concluye la Sala que el interés del acusado no era otro


que el de agraviar la honra del abogado que representaba la
parte civil (…) en cuanto es claro que las motivaciones del
ofensor no importan, únicamente interesa su comportamiento
orientado por el ánimo de difamar y dañar la integridad moral al
tratar a la víctima falsamente como autora de un delito
concreto”.

Además, la Sala Mayoritaria imbricó en el comentado


razonamiento un argumento de tipo fáctico o probatorio
para respaldar su convicción acerca de que el acusado obró
con la intención de calumniar debido a que entre él y el
querellante “ya habían mediado discrepancias y agresiones
verbales”, supuesto de hecho que no solo no aparece

25
CASACIÓN 42706
ESTEBAN BONILLA VENTE

referenciado en parte alguna de la sentencia de segunda


instancia, sino que también carece de fundamento
probatorio, habida cuenta que interrogado el abogado
Namen Rodríguez por la Fiscalía sobre incidentes
semejantes, éste tajantemente negó que antes de los
hechos se hubiesen presentado afrentas como las aludidas
(Primer segmento de la audiencia de juicio de 20 de junio de 2013,
cfr., del minuto 32:20 a 33:55).

Olvidó la Sala mayoritaria tambien que en delitos del


género de los aquí referidos, en cada caso en particular,
además de la acción o la palabra, debe examinarse con
rigurosidad lo que el sujeto agente quiso decir o demostrar,
es decir, se debe establecer el impulso moral pues no
siempre lo exteriorizado responde a la fuerza interna.

De ahí que no sea acertado sostener, como lo hace la


decisión, que “las motivaciones del ofensor no importan”, pues
está demás decir que, por ejemplo, cuando se obra con
ánimo de bromear (ánimus jocandi) o de narrar hechos
intrascendentes ocurridos en el pasado (ánimus narrandi) no
se incurre en delito contra el honor por hallarse ausente el
ánimus injuriandi o el ánimus difamandi, según sea el
caso, como elemento subjetivo constitutivo de las
respectivas infracciones.

6. Como las lucubraciones de la Sala mayoritaria no


controvierten la tesis expuesta en la ponencia derrotada
sobre el elemento subjetivo del delito, en procura de
sustentar nuestra discrepancia con la decisión adoptada,

26
CASACIÓN 42706
ESTEBAN BONILLA VENTE

reiteramos los argumentos allí plasmados, en los siguientes


términos:

Adicional a la equivocada subsunción de los hechos en el


elemento objetivo del delito de calumnia, el fallador de
segundo grado reconoció que las locuciones constituyeron
apenas “expresiones peyorativas” que “solamente” tuvieron un “ánimo
ofensivo” y “dilatorio”, “dada la posibilidad de que prescribiera el trámite que se

adelantaba en su contra, como en efecto ocurrió ”, actividad que el Tribunal


advirtió era “asociable, igualmente, con la práctica de algunos litigantes, muy
censurable por cierto, de efectuar maniobras tendientes a indisponer a sus
contrapartes o sacarlos de casillas en el curso de las diligencias, con la precisión de
16
que en este caso trascendieron al ámbito penal” .

Por eso sostenemos que el juez plural reconoció que la


intención del procesado, dentro del contexto en el que hizo
las manifestaciones censuradas, especificamente las
verbalizadas en la sesión de audiencia del 28 de abril de 2006,
tenían el único propósito (impulso moral o fuerza interna) de ofender a
su contraparte en el proceso penal para provocar el
entorpecimiento y cabal desarrollo de esa diligencia, como
ciertamente aconteció, lo cual implica, entonces, que de
acuerdo con lo declarado en el fallo de segunda instancia el
elemento subjetivo del delito de calumnia (animus difamandi) no se
presentó en el asunto examinado.

Y es que ese tipo penal exige, reiteramos, la maliciosa y


firme intención de difamar, de calumniar, o lo que es lo
mismo, de atribuir a un tercero la falsa realización de un
hecho delictivo concreto y determinado, propósito con el que
16
Cuaderno del Tribunal, folios 39 y 40.

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CASACIÓN 42706
ESTEBAN BONILLA VENTE

no obró el acusado al lanzar en la fecha de marras las


expresiones ya comentadas, sino con el de ofender o injuriar a
su contraparte para provocar la exaltación de ánimos que en
efecto determinó —de ello da cuenta el acta de la audiencia de 28 de abril de

2006— y así impedir que culminara la actuación programada.

En eventos semejantes estudiados por esta Corporación,


cuando el sujeto activo afirma de la presunta víctima, por
ejemplo, que es “ladrón”, o que ha “sobornado” a otro, o que es es
“vocero de las FARC” o que “representa los intereses del terrorismo”, ha
entendido que tales hipótesis carecen de idoneidad para
configurar del delito de calumnia17, y que esas expresiones u
otras equivalentes, por su vaguedad fáctica, dada la
indeterminación de las circunstancias modales, espaciales y
temporales, a lo sumo constituyen a injurias, si es que de ellas
puede predicarse (como en el caso debatido) el animus injuriandi
(reconocido por el Tribunal en este evento) , que consiste en la intención
maligna, consciente y voluntaria de ultrajar el amor propio, la
autoestima, el sentimiento de la propia dignidad y decoro de la
persona contra quien se dirigen.

7. En conclusión, insistimos en que desde el punto de


vista objetivo las expresiones recriminadas al acusado, por las
cuales se adelantó el presente proceso, carecen de las
exigencias de ser claras, precisas, categóricas y unívocas en
cuanto a la atribución falsa de un específico hecho típico —sin

olvidar que también son ambiguas respecto de la persona a la que se dirigieron— ; y


desde la perspectiva subjetiva, conforme expresamente lo
reconoció el Tribunal, las respectivas locuciones solamente

17
Cfr. CSJ. AP4419-2014, 30 jul. 2014, rad. 44042; AP4132-2015, 27 jul. 2015,
rad. 44264; y AP6799-2015, 20 nov. 2015, rad. 41132.

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CASACIÓN 42706
ESTEBAN BONILLA VENTE

buscaban ofender o injuriar a la contraparte, razón por la que


su represión y castigo en la órbita penal quedó circunscrita
justamente al delito de injuria.

Sin embargo, la correspondiente degradación no podría


haberla hecho la Sala debido a que según el artículo 228 de la
Ley 599 de 2000 las “injurias expresadas por los litigantes, apoderados o
defensores en los escritos, discursos o informes producidos ante los Tribunales y no
dados por sus autores a la publicidad, quedarán sujetas únicamente a las

correcciones y acciones disciplinarias correspondientes”.

En el caso debatido, con sujeción a la propuesta de los


suscritos, se cumplían a cabalidad los presupuestos que
habilitan la activación de los efectos de la causal especial de
ausencia de responsabilidad penal prevista en esa norma,
pues: (i) las manifestaciones injuriosas fueron expresadas por
el aquí encausado en un asunto penal regulado por la
sistemática de la Ley 600 de 2000, con sujeción a la cual se le
había reconocido la doble condición de sindicado y defensor
en su propio caso (artículos 126 y 128); (ii) las locuciones fueron
formuladas en actuaciones judiciales, a saber: en una sesión
de la audiencia de juzgamiento y en un memorial de
recusación dirigido al fallador de primera instancia; (iii) los
respectivos enunciados injuriosos no fueron publicitados más
allá de los escenarios judiciales en los que fueron concretados.

8. Para los suscritos magistrados lo afirmado por el aquí


acusado en el sentido de que “la Parte Civil” (o el apoderado de ésta) “ha
comprado” a la juez; o que ese sujeto procesal (aludiendo a cualquiera

de sus dos extremos) había manifestado que “tiene el fallo arreglado”,

constituyen expresiones ofensivas e insultantes que

29
CASACIÓN 42706
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ciertamente, como lo reconoció el ad-quem, buscaban sulfurar


a su adversario, como estrategia que, aunque reprochable (y por
18
eso desde el punto de vista disciplinario debió ser severamente castigada) , rindió
los frutos esperados, pues impidió la cabal terminación del
juicio y consiguió dilatar el proceso hasta consolidar la
prescripción de la acción penal.

Por supuesto no avalamos ni compartimos ese tipo de


prácticas que, en tratándose de un abogado como lo es el aquí
procesado, desdicen de su ética y profesionalismo19; empero,
con sujeción al principio de legalidad estricta y acatando el
mandato contenido en el artículo 228 de la ley 599 de 2000,
consideramos que lo procedente era, como se adujo en el
proyecto derrotado, absolver al acusado (i) dada la manifiesta
atipicidad del delito de calumnia atribuido en la acusación,
conforme a los hechos y circunstancias que se declararon
probados en el fallo de segundo grado, y (ii) ante la
imposibilidad de degradar la adecuación típica del
comportamiento a la conducta punible de injuria —que es la que se
configura— para imponer la condigna pena, atendiendo los
efectos del precepto últimamente aludido.

18
Decreto 196 de 1971, artículo 50: “Constituyen faltas contra el respeto debido a la
administración de justicia, las injurias y las acusaciones temerarias contra los
funcionarios, abogados y demás personas que intervengan en los asuntos
profesionales, sin perjuicio del derecho de reprochar o denunciar comedidamente, por
los medios competentes, las faltas cometidas por dichas personas. El responsable de
una de estas faltas incurrirá en amonestación, censura o suspensión”. En el mismo
sentido Ley 1123 de 2007, artículo 32.
19
Decreto 196 de 1971, articulo 47: “Son deberes del abogado: 1. Conservar la
dignidad y el decoro de la profesión; 2. Colaborar lealmente en la recta y cumplida
administración de justicia; 3. Observar y exigir la mesura, la seriedad y respeto
debidos en sus relaciones con los funcionarios, con los colaboradores de la justicia,
con la contraparte y sus abogados, y con las demás personas que intervengan en los
asuntos de su profesión;… 7. Proceder lealmente con sus colegas”. En igual sentido
ley 1123 de 2007, artículo 28.

30
CASACIÓN 42706
ESTEBAN BONILLA VENTE

Tal solución resultaba consecuente, además, con el


principio de derecho penal mínimo, o de mínima
intervención del aparato represor estatal, pues, como se
sabe, el derecho penal como medio de control social no
resulta válido utilizarlo frente a todas las situaciones, sino
como última herramienta (ultima ratio) cuando no hay o han
fracasado otros mecanismos de contención, y sólo para
proteger los bienes juridicos más importantes para la vida
en comunidad respecto de agresiones verdaderamente
graves e intolerables (carater fragmentario del derecho penal).

Fecha up supra,

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA


Magistrado

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER


Magistrado

31

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