EL ARTE GRIEGO
INTRODUCCIÓN
Es sabido que el arte y la arquitectura de la antigua Grecia y su cultura en general,
tuvieron una gran influencia en el mundo occidental, hasta la actualidad podemos tomar
evidencias de su legado cultural. Es por ello que es importante continuar el estudio de la
historia del arte analizando a fondo las creaciones, modelos, técnicas e ideas manifestadas
en las obras que se presentan en esta época de la historia. Durante este reporte se podrá
indagar acerca de la pintura, escultura y arquitectura de la cultura helénica y sus
influencias egipcias y un tanto romanas, así como en los diferentes estilos que
caracterizaron a cada una de estas áreas.
Los micénicos y otros clanes que describió Homero fueron las primeras tribus de lengua
griega que penetraron, alrededor del año 2000 a.C., en la península helénica. Hacia el
1100 a.C. llegarían otras que arrollaron y absorbieron a las anteriores. De entre aquellas
destacan dos grupos fundamentalmente: los dorios, que se asentaron en la Grecia
Continental, y los jonios, que se distribuyeron por las islas del mar Egeo y las costas de
Asia Menor.
Los griegos estaban unidos por unas creencias religiosas y unos idiomas comunes, los
antiguos lazos tribales continuaron dividiéndoles en ciudades-estado, de suerte que la
profunda rivalidad política, militar y económica que existía entre éstas, aunque estimuló
indudablemente el desarrollo de las ideas y las instituciones, hizo que en última instancia,
pagaran muy caro su incapacidad para el compromiso o, cuando menos, para ampliar su
idea de la gobernación del estado.
LA PINTURA
El Estilo Geométrico
La fase de formación de la civilización griega se prolongó por espacio de 4 siglos, entre el
año 1100 y el 700 a.C. cuando los griegos aparecieron súbitamente a la luz de la historia.
En el transcurso de los mismos, se produjo el desarrollo total del más antiguo estilo
característicamente griego en las Bellas artes: El estilo Geométrico.
Conocido a través de cerámica pintada y de esculturas de pequeño tamaño. La
arquitectura y la escultura monumental no tuvieron lugar hasta el siglo VII a.C.
En un principio la cerámica se había decorado solo con motivos abstractos, tales como
triángulos, círculos concéntricos, cuadrados de damero, pero hacia el 800 a.C., empezaron
a representarse figuras humanas y de animales dentro del marco geométrico, así, en las
piezas más elaboradas esas figuras formaban ya escenas autónomas.
EL Estilo Arcaico
Hacia el 700 a.C. el arte griego comenzó a absorber influencias de Egipto y el Próximo
Oriente, estimulado por un comercio con estas regiones. En este estilo se le añade carne a
las incorpóreas imágenes geométricas de los dorios. Fusión que produjo el estilo arcaico,
entre los últimos años del siglo VI y el 480 a.C., connotando una llamativa frescura que
hizo que muchas personas le consideraran como la fase de mayor vitalidad en el arte
heleno.
Las figuras negras
A mediados del siglo VI a.C. los pintores de vasos alcanzan tan alta estimación entre sus
coetáneos que los mejores de ellos empezaron a firmar sus trabajos.
Este estilo tiene ya muy poco en común con las convencionales figuras del estilo
geométrico. Las líneas grabadas y los detalles de color se han reducido al mínimo con el
objeto de no romper la compacta masa de color negro. Las figuras muestran la riqueza de
conocimientos anatómicos y tal destreza en el empleo del escorzo que nos produce la
impresión de vivir en el espacio curvo que ocupan (vasos y ánforas). En este estilo se ve
marcada la puntura narrativa, la cual utilizó como fuente de inspiración, los mitos y
leyendas griegas. Sus historias eran resultado de añadir los héroes y las divinidades
locales, dóricas y jónicas, al panteón de los dioses del Olimpo y a las epopeyas
homéricas. De igual forma, estas obras representaban un intento de comprender
globalmente el mundo en que vivían. Los helenos entendieron así, el sentido intrínseco de
los acontecimientos como fruto del destino y del carácter humano antes que del azar en la
Historia, por la que se interesaron muy poco antes del 500 a.C. El propósito principal de
sus relatos fue explicar la razón de que los legendarios héroes del pasado pareciesen
mucho mejores que los hombres de su presente. Aunque algunos de ellos fueron
personajes históricos, a todos se les atribuyó un origen divino, si bien su aspecto era
humano, su ascendencia de la unión entre dioses y seres mortales, justifica los poderes
extraordinarios que poseían.
Las figuras rojas
En este estilo el procedimiento de colores es inverso, Psiax coloreó en rojo las figuras y
dejó en negro el fondo. Dicha técnica reemplazó gradualmente al método anterior desde el
500 a. C. Una pintura representativa es la de un autor anónimos apodado como el “Pintor
fundidor”. Los detalles en la figura del lapita y el centauro han sido dibujados libremente
con el pincel, en lugar de ser grabados, de modo que el artista tiene una dependencia
mucho menor de la vista de perfil que antes. En su lugar, explota las líneas interiores de
comunicación, lo que le permite representar sin temor no solo las figuras en escoro y
superpuestas, sino también interesantes expresiones fáciles u los minuciosos detalles de
las vestimentas.
El estilo clásico
Algunas fuentes literarias, hablan sobre el gran progreso que hicieron los artistas griegos
del periodo clásico, el cual se inicia hacia el 480 a.C., dominando la técnica del “espacio
ilusorio”. Sin embargo, no hay pinturas murales o sobre tabla que verifiquen estos datos.
La pintura de vasos, por su naturaleza solo puede reflejar de manera rudimentaria el nuevo
concepto de espacio pictórico. Sin descartar que haya vasos que constituyen la excepción
a este principio general. Son frecuentes en un tipo especial de recipientes: los
denominados lecitos, jarras de aceite, que utilizaban como ofrendas funerarias.
Presentaban una superficie en lanco sobre la que el pintor podía dibujar y realizar efectos
espaciales con las mismas posibilidades que tiene con el lápiz y el papel sus sucesores
actuales. En ambos casos, el fondo blanco es tratado como un espacio vacío del que
parecen surgir las formas que componen la escena representada, siempre y cuando el
dibujante sepa cómo conseguirlo. El pintor más destacado de lecitos, es una artista
desconocido apodado el “Pintor de Aquiles”, que dibujó a una mujer. De tal pintura, resulta
interesante la formidable maestría de su dibujo: con unas pocas líneas, seguras, originales
y fluidas, no sólo creó una figura tridimensional, sino que, además no descubre que hay
bajo el vestido. Ante la imagen la vista es persuadida de que tiene volumen, por su
espléndido dominio del escorzo, también pose importancia la “dinámica interna” de las
líneas, pues sus variaciones de intensidad y color hacen que algunos de los contornos se
destaquen vigorosamente, mientras que otros se funden entre sí o desaparecen en el
fondo blanco.
LOS TEMPLOS
Desde los tiempos de la Roma antigua, la máxima contribución griega a la Arquitectura se
ha venido identificando con la creación de los tres órdenes clásicos: dórido, jónico y
corintio. El dórico es el que mejor puede exigir la consideración de orden básico, ya que es
más antiguo y está mucho más definido formalmente que el jónico, en tanto el corintio no
deja de ser una variante del jónico. El concepto de “orden arquitectónico” se ha utilizado
tan solo para la arquitectura griega y sus descendientes, pues ningún otro de los sistemas
arquitectónicos que conocemos ha producido algo semejante. Los órdenes griegos se
caracterizan, en modelos tipológicos, como el “templo dórico”, una entidad real que
adquiere forma concreta en nuestra mente cuando examinamos los monumentos de dicho
estilo. Abstracción que no es un ideal con el que medir el grado de perfección de un
determinando templo dórico, sino, que lo elementos que integran un templo dórico son
extraordinariamente constantes en número, en especie y en sus relaciones reciprocas.
Todos los templos dóricos pertenecen a la misma familia, fácilmente identificable, y
presentan una coherencia interna, una correspondencia mutua entre las partes, que les
confiere una calidad única de totalidad y de unidad orgánica.
El orden dórico
El concepto de orden dórico se refiere a los elementos tipo y a su ordenación para
configurar el exterior de cualquier templo dórico. Consta de tres divisiones principales, el
estilóbato o plataforma elevada, las columnas y el entablamento (que incluye todo lo que
descansa sobre las columnas). La columna consta de fuste, compuesto por los tambores y
recorrido por canales verticales llamados estrías, y de capitel, que es la pieza que soporta
los bloques de piedra horizontales del arquitrabe o epistilo. Por encima del arquitrabe están
el friso y la cornisa. En los flancos longitudinales del templo la cornisa es horizontal,
mientras que en los lados transversales (o hastiales) se abre de manera que encierra al
frontón entre sus extremos inferior e superior.
Las plantas de los templos griegos no se ajustan directamente a los órdenes, pero sus
rasgos básicos son tan similares que resulta útil estudiarlos por medio de un plano “típico”
general. El núcleo es la cella o naos (la sala donde se ubica la divinidad) y el pórtico
(pronaos), con sus dos columnas flanqueadas por pilastras. Con frecuencia se añade un
segundo pórtico, que se sitúa detrás de la cella, a fin de dar mayor simetría al edificio. En
los templos de mayor tamaño, este cuerpo central está rodeado por una hilera de
columnas (o columnata, también llamada peristilo).
Las características esenciales del templo dórico ya estaban definidas alrededor del 600
a.C., se desarrollaron y cristalizaron rápidamente en un sistema.
La idea de que los templos habían de construirse en piedra y con un elevado número de
columnas debió venir de Egipto. El templo egipcio fue concebido para ser contemplado
desde el interior, en tanto que el griego se proyectó de manera que su aspecto exterior
fuera el más impresionante.
Los edificios de Paestum, Italia, son los representativos de este estilo, La Basílica de
Paestujm, y el templo de Poseidom, con ligeras variaciones en su estructura y geometría,
y el Partenón, en Atenas, arte dórico mejorado, estética y estructuralmente.
El Orden Jónico
Este orden manifiesta esbeltez de proporciones y el capitel con volutas , desarrolladas
previamente en los Propileos , puerta de acceso del Partenon. Sin embardo, no llegó
realmente a convertirse en un orden especifico hasta el periodo clásico, e incluso entonces
siguió siendo algo más flexible que el dórico.
Su peculiaridad más notable es la columna jónica, la cual se apoya sobre una base cuyo
diseño tiene su propia ornamentación; el fuste es más esbelto, no tan ahusado y
abombado, y el capitel presenta una gran espiral doble o voluta, que se proyecta
ampliamente fuera del diámetro del fuste.
La columna jónica es más grácil y ligera que su afín continental, carece de la condición
muscular de ésta, en su lugar, nos evoca el recuerdo de una planta que está en proceso de
crecimiento, de algo parecido a una palmera esquematizada. Es posible que la columna
jónica tenga su origen más remoto Egipto, y en lugar de llegar a Grecia por vía marítima,
realizo un lento y tortuoso viaje por tierra, a través de Siria y Asia Menor.
LA ESCULTURA
El estilo arcaico
En la escultura Kouros, de este estilo, se aprecia aun el carácter cubico, como si el escultor
no pudiera olvidarse del bloque original de piedra; hombros anchos, esbeltas siluetas, la
posición de los brazos, con las manos cerradas, la postura de las piernas, con la izquierda
adelantada,; las rotulas muy pronunciadas, y la especie de peluca ensortijada del joven,
que nos recuerda el tocado que utilizaba el faraón. Sin embargo, posee cualidades que no
pueden ser valoradas según criterios egipcios. Su condición de escultura exenta: como la
liberación por completo de una estatua de tamaño natural del bloque circundante de
piedra. En el caso de Kouros, el artista ha eliminado todos los restos de piedra muerta,
excepto los diminutos fragmentos que unen los puños a los muslos.
Para el escultor heleno era de vital importancia el disociar a su obra de la materia inerte y
neutra, ya que lo óptimo era conseguir la máxima fidelidad al ser vivo que representaba. El
Kouros, escultura representativa de ese estilo, está cargado de tensión, lleno de vitalidad
que parece anunciar movimiento. La fría y reservada mirada del faraón, ha sido
reemplazada por unos ojos que son más que vivaces; unos ojos completamente abiertos
que nos remiten al primer arte mesopotámico.
Utilizadas como ofrendas religiosas o destinadas a las tumbas, las estatuas del tipo Kouros
se produjeron en gran cantidad durante el periodo arcaico. Igual que ocurre con los vasos
decorados de dicho periodo, algunas de ellas llevan inscrito el nombre del autor. Pero no
se sabe con seguridad si representaban a alguna divinidad, a un donante o a un campeón
de los juegos atléticos. Cabe suponer, debido a que difieren muy poco en sus rasgos
esenciales, que se hicieron con objeto de representar un ideal, es decir, un dios
humanizado o un hombre divinizado.
También abundan en el mismo periodo las estatuas femeninas, aunque las masculinas
muestran mejor las innovaciones que dan su peculiar carácter a la escultura griega, ya que
en el caso de las Korai (Koré,doncellas), al estar invariablemente vestidas, faldas y chales
rellenan aquellos huercos que hicieron tan patente el contraste entre la escultura helénica y
toda la anterior. Por el contrario, presentan más variedad que los kouroi (plural de Kouros),
en parte de las diferencias locales de vestimentas y en parte porque el problema que
planteó el ropaje, como adaptarlo al cuerpo, fue resuelto de muchas distintas maneras por
los artistas.
La escultura arquitectónica
Cuando los griegos empezaron a construir sus templos en piedra, heredaron al mismo
tiempo la secular tradición de la escultura arquitectónica.
Los griegos siguieron el ejemplo de los Micenos, en sus templos la escultura en piedra se
emplazó en el frontón, es decir el triángulo vacío formado por el techo horizontal y los
lados oblicuos del tejado; y en la zona inmediatamente inferior a éste, el friso. Pero
también conservaron la riqueza narrativa de los relieves egipcios.
La batalla entre los dioses y los gigantes, es un friso, realizada en altotorrelieve, pero con
el fondo muy rebajado es la más representativa. De esculturas en relieve de frontones.
Paralelamente, el relieve se había abandonado en la escultura de los frontones, en su
lugar encontramos estatuas independientes, yuxtapuestas en complejas secuencias
dramáticas y diseñadas para adaptarse al marco triangular. Entre las más impresionantes
figura el Guerrero moribundo., procedente del frontón oriental del Templo de Egina. El
conjunto al que pertenece esta escultura, nos transporta a la última fase de la evolución de
la escultura arcaica.
El estilo clásico
El efebo de Kritios, es la primera estatua que está en posición de pie , tratándose de que el
peso del cuerpo recayera en una sola pierna, en lugar de gravitar con proporcional
distribución sobre las dos; la postura resultante denominada con la palabra italiana como
“contrapposto”, produce roda suerte de suaves curvaturas: de la flexión de la rodilla libre
resulta una ligera torsión de la pelvis, con el consiguiente arqueamiento de la espina
dorsal, así como una delicada inclinación que ajusta los hombros. De esta forma, se realza
la impresión de vivacidad que nos produce. En reposo, sigue pareciendo capaz de
moverse; en movimiento, de conservar su estabilidad. La vida impregna toda la figura, y no
es necesaria ya la sonrisa arcaica, en su lugar, hay una expresión grave y pensativa.
Las formas presentan una armoniosa proporción y un naturalismo nuevo que, juntos,
proporcionan la ase de la intensa idealización que definirá a todo el arte griego posterior.
El estilo helenístico
La escultura de este periodo refleja a menudo un realismo y una expresividad mucho más
pronunciados, así como un mayor grado de experimentación en los ropajes y en las
posturas, las cuales presentan con frecuencia torsiones considerables. Cabios que se
contemplan como intentos válidos y necesarios de ampliar la gama de temas
representados y el dinamismo de los mismos, de acuerdo con unos puntos de vista y un
temperamento nuevos.
Se refleja una diferencia de mentalidad en la obra Cabeza –retrato de Delos, en este se ve
un gesto de preocupación y por primera vez nos encontramos con el retrato de un
individuo, algo que era inconcebible con el arte griego anterior, que se centró en los tipos
ideales y heroicos. Sus facciones presentan una delicadeza también sin precedentes, y
seguramente fueron modeladas en cera., en vez de arcilla, antes de ser fundidas.
Encontramos esta concepción más humanizada en el Galo moribundo, en donde se intuye
una cualidad animal, la cual busca transmitir el autor. En este caso, la muerte, como un
proceso físico muy concreto, en donde el guerrero es incapaz de mover las primeras, y
concentra sus fuerzas en los brazos, como si tratara de resistirse a un tremendo e invisible
peso que lo estuviera aplastando contra el suelo.
De mayor dramatismo es la Victoria de Samotracia, representa a la diosa posándose sobre
la proa de un barco de guerra. Con sus grandes alas desplegadas parece estar flotando
aun en el aire, sostenida por el fuerte viento contra el que avanza. El invisible ímpetu del
aire se convierte en una realidad tangible. Se trata de una autentica relación de
interdependencia. Dicha escultura merece la fama de obra maestra de la escultura
helenística.
En los años finales del siglo II a.C., gran parte de la escultura griega se realizó por encargo
de Roma, que la sazón, era el nuevo poder en ascenso en el Mediterráneo y un foco de
cultura en el que admiraba profundamente el arte y la cultura helenas.
CONCLUSIONES
Con los diferentes estilos desarrollados en la pintura griega, se puede deducir que los
artistas cada vez exploraban sobre fondos y profundidades, y buscaban expresar cada vez
también, mensajes más completos y con un mensaje objetivo. En las escenas de los vasos
y ánforas en sus diferentes técnicas y estilos, se ve reflejado el desarrollo que va desde las
figuras geométricas a escenas de lucha entre humanos y animales, entre dioses y
semidioses, inspirándose en sus deidades; de igual forma, se llega al grado de plasmar
batallas, con detalles, volúmenes y profundidades necesarios para hacerlos cada vez más
reales.
En cuanto a los templos edificados por los griegos, su arquitectura constituye mucho más
que solo unos hermosos edificios, sus templos están regidos por una lógica estructural que
les hace parecer imperecederos gracias a la precisa ordenación de sus partes. Cabe
señalar que los helenos procuraron regular sus templos de acuerdo con la armonía de la
naturaleza, construyéndoles con unas unidades de medida tan proporcionadas que están
en perfecta concordancia. La idea de “perfección” fue tan trascendental para los griegos
como la de “eternidad” lo había sido para los egipcios.
En la época clásica, la expresión de dichas cargas y contracargas, tanto en templos
dóricos como en jónicos, fue proporcionada con tanta exactitud que la pugna de las
mismas tuvo como resultado el perfecto equilibrio de fuerzas y la armonización de sus
dimensiones y sus formas. Es en realidad, la auténtica razón de porqué, durante muchos
siglos, los órdenes griegos han sido considerados como el único fundamento verdadero de
la belleza arquitectónica.
Las esculturas por su parte representan todo un espectáculo visual, en el que no solo la
forma, el relieve, el realismo y facciones a detalle, al tratarse de representaciones
humanas; se logra tan eficazmente, sino que hay un elemento intrínseco e invisible que
permite visualizar aun sin estar presente el contexto de la escultura. Dando como resultado
que se despierte alguna emoción en el observador, así también, se logre el objetivo de
comunicar las emociones y las actitudes humanas, como la sonrisa arcaica, la agonía ante
la cercanía de la muerte, la sensación de libertad o el sufrimiento con la caída de un
imperio, este último representado en Laocoonte, obra de gran dramatismo, y en donde se
ve el ímpetu creador del arte griego, muy a pesar de su inevitable extinción ante el
inminente dominio romano.
Bibliografía
Janson, H., & [Link]. (1988). Historia del Arte para Jóvenes. España: Akal.