Manual de Estandares
Manual de Estandares
UNIVERSIDAD DE CONCEPCION
Por
1999
PROLOGO
Este Manual de Estándares Técnicos y Económicos para obras de Drenaje ha sido escrito con
el propósito de entregar a profesionales, técnicos, estudiantes universitarios de la ingeniería
agrícola y en general a toda persona interesada en el tema, un documento referencial para la
realización de proyectos de drenaje. Junto a las Bases Técnicas que elabora la Comisión
Nacional de Riego cada vez que llama a concurso de proyectos de la Ley de Fomento,
debieran constituir las bases técnico-científicas para la mejor comprensión del problema y su
posible solución. Teniendo en consideración lo anterior, este documento se estructuró en diez
(10) capítulos tratando de abarcar la mayoría de los aspectos que deben tenerse en
consideración al momento de elaborar un proyecto.
Este Manual está lejos de pretender entregar una respuesta definitiva y única a cada una de
las situaciones que puede enfrentar un profesional. Es necesario tener presente que cada
problema de drenaje es sitio específico y por tanto sólo la investigación puntual podrá
proveer adecuadamente las respuestas requeridas.
CAPITULO PAGINA
I MARCO TEORICO......................................................... 01
1.1. Definiciones.............................................................. 01
2.1. Introducción........................................................... 25
3.1. Introducción........................................................... 43
4.1. Introducción.......................................................... 57
CAPITULO PAGINA
6.3. Porosidad drenable................................................. 186
6.3.1. Definiciones............................................. 186
6.3.2. Determinación de la porosidad drenable.. 189
ANEXO....................................................................................... 377
INDICE DE FIGURAS
FIGURA PAGINA
4.3. Piezómetro.................................................................... 65
FIGURA PAGINA
FIGURA PAGINA
4.19. Influencia del origen y características del subsuelo,
sobre la forma del nivel freático................................... 98
TABLA PAGINA
TABLA PAGINA
6.3. Factor para determinar el número de mediciones de
conductividad hidráulica por rango de superficie........... 185
8.1. Factor geométrico (a) según Ernst (Van Beer 1979).. 267
TABLA PAGINA
9.13. Costo de algunos geotextiles utilizados en drenaje...... 342
I. MARCO TEORICO.
1.1. DEFINICIONES.
En estos sistemas u obras de drenaje, es posible distinguir entre drenaje superficial y drenaje
subsuperficial o subterráneo. Un sistema de drenaje superficial es, por lo tanto, el conjunto
de obras requeridas para evacuar o eliminar los excesos de agua acumulada en la superficie
del suelo (Capítulo VII) y un sistema de drenaje subsuperficial es el conjunto de obras
necesarias para evacuar o eliminar los excedentes de agua, acumulados en el interior del
suelo, a través de un control de la profundidad de la napa (Capítulo VIII).
En lo que respecta a la expresión “obras menores”, ella hace referencia a un límite de costo,
establecido por la citada Ley Nº 18.450, en el sentido que el Estado bonificará este tipo de
2
obras siempre que su costo máximo sea de UF 12.000.-1 en el caso de sistemas de propiedad
privada individual, y de UF 24.000.- en el caso de obras privada comunitarias.
Los problemas de drenaje tienen su origen en diversas causas, entre las que destacan: la
naturaleza de la recarga, el suelo y la topografía. En los párrafos siguientes se describe
brevemente cada uno de ellos, puesto que en forma detallada se tratan en capítulos
posteriores.
1.2.1. Recarga.
La recarga, coeficiente de drenaje o exceso de agua que crea el problema de drenaje, tiene a
su vez varios orígenes: lluvia, riego, filtraciones, inundaciones, etc. Estas causales pueden
presentarse individualmente o como una combinación de dos o más de ellas, situación que
obliga a conocer exactamente cuál es el origen y cantidad de la recarga, para poder hacer un
adecuado dimensionamiento del sistema de drenaje.
1
1 Unidad de Fomento (UF) = $13.650,02 al 30 de Julio de 1997
1 US dólar = $ al 30 de Julio de 1997
3
Para ilustrar el impacto de la percolación profunda sobre la napa freática, asumamos que las
pérdidas por percolación profunda sean del orden del 20% en un riego de 1.000 m3/ha, es
decir, 200 m3/ha (20 mm) se pierden por dicho concepto. Ahora bien, si estos 20 mm llegan
hasta una napa ya existente y si la porosidad drenable del suelo fuese del 10%, significa que
el nivel freático puede elevarse en 20 cm en cada riego. Consecuentemente, si no existe un
adecuado sistema de drenaje natural o artificial, la napa podría alcanzar niveles que a la
larga puede hacer absolutamente improductivo un terreno. Al respecto, Carruthers (1985)
menciona que en el Bajo Indo (Pakistán) antes de 1923, en que se introdujo el riego, la napa
se encontraba a más de 4 m de profundidad; 50 años más tarde, en el 75% de los sitios, está a
menos de 1 metro.
4
Si la recarga proviene de aguas externas al área de mal drenaje, tales como: pérdidas por
filtración en cauces naturales y/o canales que cruzan el área afectada; percolación de
regadíos realizados en zonas o áreas más elevadas topográficamente; flujos subterráneos
provenientes de zonas vecinas situadas a una cota igual o superior; existencia de agua
artesiana en el subsuelo, exceso de aguas superficiales e infiltración provenientes de lagos,
embalses, cauces naturales y canales situados fuera del área afectada, se deberá proceder
también a la determinación de su origen y cuantificación, para poder hacer posteriormente un
adecuado dimensionamiento del sistema.
A modo de resumen, se puede decir que la determinación de la recarga, sea ésta por lluvia,
excesos de riego o cualquier otra causa, se debe hacer con datos provenientes del lugar
afectado, por cuanto es una variable que incide directamente sobre el espaciamiento de los
drenes y depende de una serie de factores locales. La lluvia constituye una excepción a esta
regla, porque es necesario trabajar con registros históricos que sólo están disponibles en
lugares donde hay estaciones pluviométricas. Por lo general, entonces, será necesario hacer
interpolaciones o extrapolaciones para adaptar tales datos a la latitud deseada.
Desde el punto de vista del suelo, las restricciones al drenaje natural pueden ser de diverso
origen. Entre las más comunes es posible mencionar la formación de horizontes o estratas
lenta o muy lentamente permeables; estratas u horizontes cementados; posiciones
topográficas desfavorables, etc. Muchas veces se produce una convergencia de estos efectos
limitantes, de modo que los problemas de drenaje alcanzan tal magnitud, que excluye el uso o
manejo de los suelos para cultivos e incluso para praderas.
5
Drenaje Alterado.
Existen ocasiones en que pueden haberse producido cambios que no se reflejan en la
morfología del suelo. Tales modificaciones se deben a una rehabilitación de suelos, a través
del drenaje artificial o del riego, pero también se pueden deber a un proceso natural, como la
profundización del curso de un estero, el relleno de depresiones, o la humedad debida a
aguas de escurrimiento profundo de canales de drenaje o de riego. Las condiciones de
drenaje alterado deben ser consideradas en tanto afecten la producción potencial de cultivos.
Un caso notable de drenaje alterado es el que se ha producido bajo la Presa de Colbún,
donde suelos bien drenados, por efecto de las filtraciones producidas por debajo del muro
muestran actualmente condiciones de drenaje variadas: muy pobre, pobre, imperfecto,
moderadamente bueno, etc. dependiendo de las distancias a que se encuentren de las
filtraciones antes mencionadas.
9
Según Alcayaga (1989), los suelos que muestran algún tipo de drenaje restringido se
encuentran distribuidos desde el norte al sur del país. Al considerar el Llano Longitudinal
(depresión central) desde el valle del río Aconcagua por el norte al valle del río Cautín por el
sur se observa que los problemas se incrementan de oriente a poniente y se hacen
predominantes al occidente de la carretera panamericana (ruta 5). Al sur del río Cautín, los
problemas de drenaje restringido se encuentran asociados a las planicies fluvioglaciales del
Llano Longitudinal, y en general, se observa que los suelos más planos y más delgados
presentan los mayores problemas de humedad. En el caso de las terrazas aluviales, los
problemas de los suelos se ven acentuados por las inundaciones de temporada que afectan a
una parte importante de los terrenos (vegas).
En la tabla 1.1 se entregan cifras estadísticas parciales presentadas por Alcayaga (1989) y
extraídos de diversos estudios de suelos. Los correspondientes al valle del Elqui, Región
Metropolitana (Maipo), Colchagua y Ñuble son trabajos semidetallados y detallados, el resto
son trabajos generalizados con leyendas detalladas, aunque sectores de Osorno incluyen
trabajos detallados.
A partir de tales cifras, se concluye que en el Valle Central, el 50% de los suelos están
imperfectamente drenados, el 35% son suelos imperfecta a pobremente drenados y sólo 15%
corresponde a suelos moderadamente bien drenados. Se concluye además que, de la tierra
arable, un 30% a 40% presenta problemas de drenaje restringido, siendo Colchagua una
excepción con más del 63%.
11
Clases Drenaje
de Drenaje Restringido Total
ZONAS (ha) (ha) arable
Mod. bien Imperfecto % total (ha)
drenado Imperfecto pobre Total arable
Valle del Elqui 278 12.112 549 12.939 38 33.596
Valle del Aconcagua, Putaendo y La 5.316 18.192 11.612 35.120 29 119.895
Ligua
Región Metropolitana 25.415 41.663 29.163 96.241 33 288.724
Provincia de O’Higgins 31.836 42.575 - 74.411 45 164.696
Provincia de Colchagua 5.199 57.198 39.738 102.126 64 160.340
Provincia de Curicó 406 7.275 7.561 15.272 29 52.930
Provincia de Linares 24.895 74.606 51.862 151.423 70 216.030
Provincia de Ñuble 23.368 64.050 43.252 130.670 38 339.424
Provincia de Bío-Bío y Concepción 1.813 40.460 10.381 52.654 22 244.000
Provincia de Malleco 5.229 - 175 5.404 3 205.574
Provincia de Valdivia 15.702 62.480 13.721 91.903 38 273.983
Provincia de Osorno 5.289 53.809 - 59.098 38 136.113
Total 144.836 474.411 208.044 840.291 37 2.223.305
Porcentaje 18 57 25 100
12
1.5.1. Problema causado por arcillas densas del tipo expandible (Valle del río Lluta),
I Región.
La agricultura en el tercio inferior del valle del río Lluta siempre fue ganadera con algo de
cultivos, principalmente maíz y hortalizas. En 1942, la Caja de Colonización Agrícola (CCA)
inició un proceso de parcelaciones, que terminó 10 años después, debido a la alarmante
subida del nivel freático a consecuencia del riego. En efecto, la napa freática se había
elevado, estableciéndose una profundidad promedio de 40 cm haciendo desaparecer la
agricultura de la zona. La agricultura prácticamente desapareció del valle y éste quedó
abandonado. Por esa fecha, se emprendió el primer estudio de suelos que permitió
comprobar que los niveles freáticos se encontraban en o cerca de la superficie, en la mayoría
de los terrenos agrícolas. Posteriormente, en 1955 un estudio detallado de suelos demostró
que el nivel freático se había reducido en todos los suelos y en la mitad había desaparecido
completamente. La diferencia entre ambas observaciones era obvia, en el sector entre Posta
del Rosario y la desembocadura, se había dejado de regar y los excedentes de agua
desaparecieron en cuatro años. Con anterioridad, la CCA había construido tres grandes
drenes que cortaban el valle desde el río hasta el cerro con objeto de impedir que las aguas
subterráneas afloraran en los sectores de riego más hacia el poniente, entonces se suponía
que existía un río subterráneo que corría a poca profundidad por debajo del valle. En el año
1955, se constató que no fluía una gota de agua a estos drenes comprobándose que el
problema del agua en el suelo tenía otro origen.
13
En la década del 60, se decidió habilitar el valle de Lluta para una explotación intensiva. Se
hicieron esfuerzos para mejorar la calidad de las aguas de regadío y la Corporación de la
Reforma Agraria procedió a establecer un complejo sistema de drenaje, a gran profundidad
(2,5 m) se dispuso tubos de considerable diámetro a los que se vaciaban drenes (15 cm de
diámetro) colocados a 1 m de profundidad. El sistema, entró en operación conjuntamente con
una explotación relativamente intensiva, nuevamente transcurridos 4 ó 5 años, el nivel
freático se encontraba en promedio a 15 ó 30 cm de la superficie. Los drenes ubicados a 2,5
m trabajaban perfectamente bien dejando escurrir una ínfima cantidad de agua, los drenes
superficiales (1 m) no trabajaban en absoluto. Dos eran las razones de este fracaso: la
primera vinculada con un problema de mal drenaje ocasionado por un nivel freático colgante
que no accedía a los drenes y segundo, sedimentos arenosos que correspondían a depósticos
férricos del tipo concresiones, producto de actividad bacteriana.
¿Cuál era la situación de los suelos?. Existían dos condiciones diferentes: una
correspondiente a suelos arenosos con drenaje libre asociados a suelos estratificados de
textura moderadamente gruesa y que en conjunto presentaban escasos o ningún problema de
humedad excesiva y otra, correspondiente a suelos predominantemente arcillosos con estratas
intercaladas de texturas francas. Era en éstos últimos representados por las series Caribe y
Chatre que los niveles freáticos se encontraban a muy poca profundidad de la superficie.
Este último tipo de suelo, bajo condición de riego por los niveles freático presentados, se
había definido como pobremente drenado o muy pobremente drenado. Posteriormente,
cuando el suelo dejó de regarse por varios años y no presentaba nivel freático, se clasificó
como imperfectamente drenado. Actualmente, de acuerdo al conocimiento y al
comportamiento del suelo corresponde definirlo como pobremente drenado, los estudios del
perfil de suelo revelaron que el primer nivel freático se formaba en la base del horizonte A1,
alcanzando 10 a 15 cm de espesor, muy ocasionalmente podía tener 20 cm. Un segundo nivel
freático aparecía a los 80 ó 90 cm de profundidad y éste tenía un espesor de 25 a 30 cm, a
veces hasta 35 cm. Rara vez se observaba una continuidad entre estos dos niveles freáticos,
por el contrario se mantenían separados durante todo el año; la arcilla por debajo de los 90
14
El estudio de la morfología del suelo mostró la presencia de arcillas del tipo 2:1, que se
caracterizan por poseer una estructura altamente expandible cuando se mojan, entonces se
tornan impermeables y no dejan pasar el agua en profundidad. Es lo que sucede con las
arcillas presentes entre 30 y 60 cm y entre 80 y 105 cm, o por lo menos, en una parte de estos
horizontes, produciéndose sobre ellos un nivel freático colgado (que produce los moteados
característicos) y el agua no se mueve hacia el dren superficial que se encuentra 10 ó 20 cm
más profundo que el nivel freático. Con el paso del tiempo y el efecto el riego, los niveles de
agua libre se elevaron más y más y ello obligó a abandonar los cultivos y se incrementaron
las praderas volviendo a aparecer el pasto salado en sectores importantes. Para recuperar el
suelo se inició un sistema de drenes abiertos en las parcelas con suelos arcillosos, pero no un
sistema de drenes integrado.
1.5.2. Problema causado por la presencia de un horizonte petrocálcico (Llano del río
Maipo), Región Metropolitana.
Las planicies aluviales del río Maipo se caracterizan por la presencia de suelos profundos o
moderadamente profundos y bien drenados. A medida que se avanza en los suelos, la serie
Agua del Gato, al sur poniente de Santiago es una de las más típicas. Se trata de suelos
lacustres que ocupan grandes extensiones en el área depositacional cerca de Talagante, los
que durante gran parte del año acusan niveles freáticos altos y pueden clasificarse como
imperfectamente drenados.
desaparece completamente en verano, salvo en los suelos regados (mal regados y en posición
baja) que siempre mantienen algún nivel freático. De acuerdo a las condiciones antes
descritas, los suelos delgados deben clasificarse como pobremente drenados y los
moderadamente profundos como imperfectamente drenados.
constituida por suelos moderadamente bien drenados en pendientes casi planas. Los suelos
planos y delgados son imperfectamente drenados, los suelos moderadamente profundos y casi
planos son generalmente moderadamente bien drenados. Por la topografía, las posibilidades
de drenaje de los suelos más profundos no siempre son exitosas por los aportes continuos de
aguas desde las partes altas.
1.5.4. Problema causado por arenas con restricciones de drenaje (Cruce camino Lo Prado a
Curacaví, Valle de Curacaví), Región Metropolitana.
El valle de Curacaví se caracteriza por tener una gran variabilidad de suelos y una gran
variación de la condición del drenaje de los mismos. Los suelos arenosos estratificados
derivados de materiales graníticos constituyen alrededor de un 15% del total y la mayor parte
de ellos presentan problemas de drenaje que fluctúan entre ligeros y moderados. La serie Las
Mercedes es la más representativa de estos suelos planos arenosos, y corresponde a pedones
imperfectamente drenados y moderadamente profundos, cuyos niveles freáticos se presentan a
los 70 cm de profundidad. Las unidades moderadamente bien drenadas de esta serie
representan algo más del 50% del total y las imperfectamente drenadas un 25% del total de la
serie. En las fases moderadamente bien drenadas no existen niveles freáticos por encima de
los 100 cm, en ningún período del año.
El drenaje artificial de la serie Las Mercedes resulta muy fácil, basta un dren de unos 150 a
180 cm de profundidad colocado en las cabeceras de los potreros y drenes en líneas paralelas
distanciados a 500 ó 600 m para producir un drenaje efectivo. Si se opta por zanjas abiertas,
el problema más difícil es la mantención de los taludes de los drenes, pues éstos se derrumban
con facilidad producto de la acción de los animales y del socavamiento de las paredes por
escurrimiento de las aguas.
17
1.5.5. Problema causado por arcillas densas, duripanes y areniscas cementadas (Puyaral,
entre esteros Patagua y Changaral, Provincia de Ñuble), VIII Región.
El sector de San José de Puyaral está caracterizado por planos bajos, muy húmedos y muy
arcillosos y terrazas aluviales altas, antiguas, de suelos rojos arcillosos, densos y plásticos,
que descansan sobre duripanes (no sobre areniscas) los que están sobre un substratum
fluvioglacial de materiales ligeramente intemperizados a frescos. La serie San José de
Puyaral es representativa de los suelos de la parte baja, se encuentra constituida por pedones
delgados, con un aumento del contenido de arcilla en profundidad y un duripán, de 1 a 3 cm
de espesor, encontrado a los 30 ó 35 cm sobre materiales graníticos. El duripán impide la
penetración del agua y de las raíces; el espesor promedio del suelo varía entre 30 y 40 cm y
oscila entre extremos de 20 y 70 cm. En los espesores mínimos el suelo es pobremente
drenado o muy pobremente drenado, en los espesores máximos el suelo es imperfectamente
drenado. El pedón tipificado de la serie se define como pobremente drenado y no tiene
posibilidades de drenaje dentro de límites económicos, tampoco el suelo presenta
posibilidades de riego.
Todos los niveles freáticos de este suelo desaparecen en el mes de Diciembre (en los primeros
10 días) y el suelo se seca a tal extremo que la cubierta vegetal la conforman espinos de muy
escaso desarrollo. La cubierta herbácea desaparece a principios de Noviembre.
1.5.6. Problema causado por arcillas de características vérticas sobre tobas volcánicas
(Santa Josefína, entre estero Las Mercedes y río Changaral), VIII Región.
constantemente renovado por el movimiento de tipo circular de arcillas dentro del pedón.
Las arcillas son del tipo 2:1, montmorrilloníticas y el suelo al parecer deriva de toba
volcánica. Los suelos de la serie Quella son moderadamente profundos a profundos,
arcillosos, masivos, muy plásticos y muy adhesivos, lentamente permeables una vez
humedecidos (en seco muestran profundas grietas de 60 ó 90 cm de profundidad) y de drenaje
imperfecto a pobre, con nivel freático durante 6 meses a lo menos (Mayo-Octubre). Ocurren
en una topografía casi plana (con pendientes de 1 a 3% complejas) incluyendo sectores
planos de tipo cóncavo.
1.5.7. Problema causado por niveles freáticos regionales sobre depósitos arenosos (Abanico
aluvial del río Laja), VIII Región.
Los cursos medios de los ríos Itata, Laja y Coreo discurren en un gran abanico aluvial que se
conoce con el nombre de “Abanico del Laja” y llena la depresión longitudinal entre los ríos
Itata y Bío-Bío, con un manto continuo de arenas de grano medio o grueso, de color gris
negro, bien seleccionadas y con cierto grado de cohesión. Estas arenas se encuentran
compuestas por materiales volcánicos de origen basáltico y vítreos (cristales de olivina y
andesita) depositadas por un aluvión que bajó desde la cordillera al romperse el muro de un
19
gran lago en el valle superior del Laja, o bien, pudo ser la actual laguna pero de un tamaño
mucho mayor.
Estos materiales arenosos se depositaron encima de un abanico más antiguo, constituido por
un manto lahárico (abanico lahárico del Salto del Laja), más bien delgado, pero con un alto
grado de consolidación lo que le otorga el carácter de un abanico, de 1 a 6 m de espesor. Los
componentes conforman un agregado consolidado de color gris pardusco obscuro con
fragmentos angulares cuyo tamaño varía de sólo unos centímetros a bloques de 15 m de
diámetro. Estos materiales son de composición basáltica con algunos fragmentos andesíticos,
la matriz es cinerítica vítrea de color obscuro, casi negro, con algo de arcilla la que tiene su
origen “in situ”. En el Salto del Laja, estos materiales están debajo de 30 ó 35 cm de cenizas
finas (materiales ácidos), de color pardo rojizo con arenas finas y ripios aluviales
intercalados. En otros sectores el depósito tiene entre 30 y 40 m de cenizas y arenas
cineríticas con paquetes de ripios fluviales en su parte inferior. El origen de este flujo
lahárico se encuentra en el complejo volcán Antuco y de allí se vació por el río Laja enviando
dos ramas, una por el río Itata y otra por el río Coreo, para finalmente cubrir todo el llano.
La serie Arenales comprende suelos profundos de drenaje bueno a excesivo; sin embargo, un
50% del área cubierta por la serie presenta nivel freático temporal (desde fines de otoño
hasta mediados de primavera e incluso hasta fines de primavera) a profundidad variable
20
entre 70 y 120 cm, los que desaparecen totalmente en verano. Sectores muy planos y
deprimidos presentan niveles freáticos permanentes, los que en invierno se observan a menos
de 40 cm y en primavera-verano a 75 cm. Los niveles freáticos fluctuantes afectan el
crecimiento de las raíces pero éstas son capaces de seguir el descenso estacional del agua
durante el período de estiaje.
2) Microrrelieve acentuado con pendientes de 0 a 3% donde los suelos de los bajos son
moderadamente profundos y de drenaje imperfecto y los suelos de los altos son
moderadamente profundos y moderadamente bien drenados. Los montículos tienen por lo
general 10 a 30 cm de alto sobre la planicie. Durante el verano (en terreno de riego), los
bajos se ven con humedad normal. Los altos, completamente secos, y para mantenerlos
húmedos hay que regar cada 4 días.
Para solucionar este problema de drenaje diferenciado, no hace falta un sistema de drenaje,
sólo una nivelación del terreno. Al parecer esta medida es efectiva con montículos de hasta 1
metro aproximadamente.
1.5.8. Problema causado por arcillas densas sobre tobas o depósitos fluvioglaciales muy
lentamente permeables (Terrazas aluviales bajas en la confluencia de los ríos Cato y
Niblinto), VIII Región.
21
Los suelos de Ñadis o, más corrientemente, los Ñadis son similares a los trumaos, tanto por
sus propiedades químicas y mineralógicas como por una gran parte de sus propiedades
físicas, sin embargo, difieren considerablemente en morfología, génesis y comportamiento.
Los ñadis son suelos derivados de cenizas volcánicas sometidas a saturación estacional por
efecto de un drenaje impedido o restringido que favorece la formación de un nivel freático
22
Dentro de los suelos húmedos de la XI Región, los Mallines ocupan casi la totalidad del área.
Las principales características que pueden definir un mallín son: su formación, su condición
de humedad y su vegetación (ICC-CONIC, 1993).
Debido a que en general los mallines ocupan posiciones altas, que los suelos no presentan
limitaciones por presencia de estratas compactadas y que se trata de suelos profundos, se
estima que no hay serias limitaciones que dificulten o encarezcan su rehabilitación. No
obstante lo anterior, las principales limitaciones de los mallines es su escaso potencial de
desarrollo, no permiten el empleo de maquinaria (exceso de troncos), pueden sufrir serios
problemas de subsidencia (disminución de volumen del suelo), y constituyen un ecosistema
muy frágil.
24
Carruthers, Ian. 1985. Como cuidar la inversión en riego: el factor drenaje. CERES 18(4):15-
21.
ICC-CONIC. 1993. Investigación de zonas de mal drenaje XI Región. Parte II. Tomo 1.
Ministerio de Obras Públicas, Dirección de Riego. Departamento de Estudios y Planes.
Oosterbaan, R.J. 1991. Agricultural land drainage : a wider application through caution and
restrint. International Institute for Land Reclamation and Improvement (ILRI), The
Netherland. Annual Report.
U.S.B.R. 1993. Drainage manual. A water resource technical publication. U.S. Department of
Interior. Bureau of Reclamation.
25
2.1. INTRODUCCION.
El propósito final de toda obra de drenaje agrícola es crear las condiciones óptimas para el
desarrollo de los cultivos y en esa forma obtener mayores rendimientos y mejor calidad de los
productos. Asimismo, mediante el drenaje es posible mejorar las condiciones del suelo de
modo tal que otros cultivos de mayor valor y mayor rentabilidad puedan crecer en él.
Mejorar las condiciones de aireación del suelo significa, sin embargo, que el agua estará más
difícilmente disponible para las plantas y por lo tanto éstas deberán realizar un esfuerzo
adicional para extraerla. Esto se debe particularmente a dos razones. Primero, debido a que
el contenido de agua de las capas superiores del suelo disminuye y, segundo, porque en la
medida que el contenido de agua decrece, disminuye la conductividad hidráulica y, en
consecuencia, el abastecimiento de agua desde mayor profundidad también disminuye. En
términos prácticos, ésto significa que bajo condiciones de suelos drenados, será indispensable
hacer un buen manejo del agua de riego de modo que las plantas no sufran por falta de ésta.
26
Como se señaló anteriormente, el mal drenaje de un suelo provoca efectos perjudiciales a las
características físicas, químicas y biológicas del suelo las cuales se traducen en daños
directos a las plantas y/o en una disminución de la productividad y producción. A
continuación se hace una revisión de algunas de las propiedades que resultan más
severamente afectadas.
Las características físicas del suelo principalmente afectadas por el mal drenaje son: la
estructura del suelo, la aireación, la temperatura, la materia orgánica y la trabajabilidad.
Figura 2.1. Influencia de la profundidad del nivel fréatico sobre el contenido de agua, aire
y distribución de tamaño de poros (Van Hoorn, 1958).
29
Bajo condiciones de mal drenaje (reducción) es posible encontrar que las raíces de los
cultivos son más cortas; el sistema radicular ocupa menos espacio y es más superficial y
algunas veces las raíces se extienden hacia la superficie; las raíces son menos numerosas, el
sistema radicular menos complejo y generalmente se detiene la formación de pelos
radiculares; se estimula el desarrollo de raíces adventicias; la respiración cambia de
aeróbica a anaeróbica con la consecuente acumulación de subproductos tóxicos y una menor
eliminación de energía a partir de la misma cantidad de carbohidratos; se reduce la tasa de
transpiración y consecuentemente la de absorción de agua y nutrientes; los brotes de las
hojas se reducen y las hojas de decoloran; los procesos reproductivos son retrasados y
reprimidos; flores o frutos jóvenes pueden caer prematuramente.
Consecuentemente, una buena condición de aireación y humedad a través del perfil del suelo,
estimula el crecimiento y desarrollo del sistema radicular en todas direcciones. En suelos
bien drenados el sistema radicular profundo puede incluso extraer agua desde la franja
capilar. Plantas que desarrollan un sistema radicular superficial, debido a un exceso de agua
en sus estados iniciales de desarrollo, pueden sufrir un déficit de agua en estados posteriores,
aún cuando la napa no esté muy profunda.
30
En la figura 2.2. parte superior del gráfico es posible observar que con la napa freática a 45
cm de profundidad, prácticamente no hay diferencia de temperaturas a 10 cm bajo la
superficie del suelo entre un suelo arcilloso y otro franco arenoso. Cuando la napa está a
1,65 m la temperatura sube casi 1°C. A 3 cm de profundidad, al bajar la napa de 45 cm a
1,65 m, en un suelo franco arenoso, la temperatura asciende 2 a 3°C, pero sólo 0,5 a 1,0°C en
un suelo arcilloso. De lo anterior se puede concluir que disminuir la napa en el suelo franco-
arenoso es más efectivo que disminuirla en el suelo arcilloso por cuanto en el primer caso se
produce una mayor pérdida de agua (menor retención).
La temperatura del suelo incide directamente sobre el crecimiento de la planta por su efecto
sobre la disponibilidad de nutrientes, relaciones de humedad y absorción de agua. Bajas
temperaturas del suelo desaceleran la descomposición de la materia orgánica, de modo, que
sólo escasos nutrientes quedan disponibles.
31
Figura 2.2. Variación de la temperatura a diferentes profundidades del suelo como función
de la textura y la profundidad de la napa (Feddes, 1971).
32
Laborar suelos arcillosos con un exceso de humedad resulta en una destrucción de los
agregados, dispersión de las partículas y, consecuentemente, acumulación de agua en la
superficie. En casos extremos la consecuencia puede ser una compactación del suelo. Los
efectos de ésta son la disminución de la infiltración y la conductividad hidráulica del suelo y
por lo tanto los sistemas de drenaje no funcionarán adecuadamente.
A continuación se analizan brevemente dos de las propiedades químicas de un suelo que son
sensiblemente afectadas por un drenaje deficiente.
Abastecimiento de nutrientes.
Como ya se indicó anteriormente, varios procesos activados por bacterias, hongos y otros
microorganismos dependen de una buena aireación del suelo. La fijación de nitrógeno y la
nitrificación por microorganismos pueden mencionarse como dos de los principales procesos
aeróbicos que ejercen una importante influencia sobre el crecimiento y desarrollo de las
plantas. Cuanto más profundo puedan penetrar las raíces, mayor cantidad de nutrientes
estarán disponibles para ser absorbidos. La ventaja del drenaje entonces es aún más evidente
cuando los nutrientes han sido desplazados hacia mayores profundidades. Esta relación
entre la absorción de distintos nutrientes (N, P, K, Ca, y Mg) y su dependencia de la
profundidad de la napa freática, se ilustra en la figura 2.3. (Minessy et al., 1971), para dos
variedades de cítricos.
34
Como se aprecia en la figura, uno de los elementos más sensibles a las condiciones de
aireación es el nitrógeno (N). Bajo condiciones anaeróbicas la descomposición de la materia
orgánica se desacelera, mientras que parte del nitrógeno disponible se inmoviliza. Además,
serias pérdidas resultan de la descomposición del nitrato (NO3) por microorganismos los
cuales lo usan como aceptor de hidrógeno en reemplazo de oxígeno atmosférico reduciéndolo
a nítrico, oxido nitroso y nitrógeno gas el cual escapa desde el suelo por difusión (Wesseling,
1974).
Según Oosterbaan (1988), los principales efectos de la salinidad sobre el crecimiento de las
plantas y su producción son: a) germinación lenta e insuficiente de las semillas; b) sequía
fisiológica, marchitez y secado de plantas; c) crecimiento retardado, hojas pequeñas, ramas y
tallos cortos; d) hojas de color azul verdoso; e) retardamiento del florecimiento, pocas flores,
esterilidad y semillas pequeñas; f) crecimiento de plantas tolerantes a las sales o plantas
halófitas y g) bajos rendimientos de semillas y partes vegetativas de la planta.
Frutales Ce * 10-3
(mmhos/cm)
Palma datilera 8,0
Vid 4,0
Naranjo 3,0
Limonero 2,5
Manzano, peral, damasco, ciruelo 2,5
Almendro, durazno 2,5
Boisenberry 2,5
Palto 2,0
Frambuesa, frutilla 1,5
De la tabla anterior se desprende que la mayoría de los frutales son altamente sensibles a los
excesos de sales en la solución del suelo y, por tanto, para proveerles las condiciones
adecuadas de salinidad es necesario realizar obras de drenaje que permitan eliminar las
sales excedentes. Esto significa que en zonas áridas el sistema debe diseñarse para una
capacidad que contemple la eliminación de la recarga además de los requerimientos de
lavado.
Tiempo de inundación.
En la figura 2.4. se indican los resultados obtenidos con maíz de diferente altura, cuando se
somete a diferentes tiempos de inundación. De dicha figura se desprende que, en la medida
que aumenta el tiempo de inundación, la disminución del rendimiento es mayor. Asimismo, es
posible advertir que cuando el maíz tiene 30 cm de altura una inundación de 4 días lo afecta
más seriamente que cuando tiene 60 cm de altura.
Figura 2.4. Efecto del tiempo de inundación sobre el rendimiento de maíz y sorgo (D.W.
DeBoer y W.F., Ritter, 1970).
Figura 2.5. Efecto del tiempo de inundación sobre el rendimiento de festuca a tres niveles
diferentes de temperatura ambiente (J.B. Beard y D.P. Martín, 1970).
39
De las figuras anteriores es posible establecer que el efecto del mal drenaje sobre los cultivos
es función del tiempo de inundación, el tipo de cultivo, el estado de desarrollo y de la
temperatura ambiente. En términos generales podemos decir que el rendimiento se ve más
severamente afectado cuando el tiempo de inundación aumenta, cuando los cultivos son más
sensibles al exceso de agua, cuando las plantas se encuentran en pleno desarrollo vegetativo
y cuando la temperatura ambiente es más alta.
De la misma figura es posible concluir que el impacto sobre los rendimientos es mayor bajo
condiciones de exceso de agua (rama húmeda de la curva) que bajo condiciones de déficit de
agua (rama seca de la curva). Asimismo, se puede deducir que es posible mantener un
rendimiento óptimo de los cultivos en un determinado suelo, si el nivel freático se mantiene a
una profundidad adecuada. Este último principio es el que se aplica en el caso de riego sub-
superficial.
40
En cuanto al efecto del mal drenaje sobre la producción de frutales, es posible afirmar que el
sistema relativamente inflexible de crecimiento radicular de los árboles, con raíces activas
desarrollándose a gran profundidad, parece ser fácilmente afectado por la presencia de una
napa no necesariamente muy profunda. Sin embargo, la susceptibilidad de un árbol frutal a
un drenaje pobre dependerá además de su edad y la estación climática. Así por ejemplo, las
raíces de un manzano sufrirán un daño mayor en verano que en invierno debido a que en éste
último período el árbol se encuentra en latencia e inactivo.
Las plantaciones de frutales en suelos con alto contenido de materia orgánica, pueden sufrir
severos daños cuando tales suelos son drenados y ocurre subsidencia. Por otro lado, si el
42
árbol crece bajo condiciones de nivel freático alto, tiende a desarrollar un sistema radicular
muy superficial, tipo platiforme, que no le provee la sustentación necesaria.
Beard, J.B. and D.P. Martín. 1970. Influence of water temperature on submersion tolerance of
four grasses. Agronomy Journal 62(2): 257.529.
DeBoer, D.W. and W.F. Ritter. 1970. Flood damage to crops in depresion areas of norh-
central Iowa. Transactions of ASAE 13(5): 547.549.
Feddes, R.A. 1971. Water, heat and crop grouwth. Mededelingen Landbouwgeschool,
Wageningen, The Netherland.
Grez, Renato. 1989. Procesos físico-químicos en los suelos de drenaje restringido. En: Los
suelos de drenaje restringido. Sociedad Chilena de la Ciencia del Suelo. Boletín N° 9.
Minessy, F.A.; M.A. Barakat and E.M. El-Azab. 1971. Effect of some soil properties on roots
and top growth and mineral content of Washington navel orange and Bolady mandarin. Plan
and Soil 34(1):1-15.
Oosterbaan, R.J. 1988. Drainage for agriculture. 27th International Course on Land
Drainage. International Institute for Land Reclamation and Improvement (ILRI). The
Netherland.
Oosterbaan, R.J. 1991. Agricultural land drainage: a wider application through caution and
restrint. International Institute for Land Reclamation and Improvement (ILRI). The
Netherland. Annual Report.
Van Hoorn, J.W. 1958. Results of a graundwater level experimental field with arable crops on
clay soils. Netherland Journal of Agriculture 6:1.10.
Wesseling, J. 1974. Crop growth and wet soil. In: I. Van Schilfgaarde (Ed). Drainage for
agriculture. American Society of Agronomy N° 17. Madison, Wisconsin, USA. pp. 7-32.
43
3.1. INTRODUCCION.
Por esta razón, el objetivo fundamental de los estudios e investigaciones de terreno, radica en
la necesidad de reconocer el problema como única forma de disponer de suficientes elementos
de juicio para proceder a un diagnóstico del mismo. En la mayoría de los casos dichas
determinaciones se realizan en suelos ya afectados por niveles freáticos altos y/o con
problemas de salinidad pero, en otros casos, pueden tener como objetivo el efectuar un
pronóstico de la situación que podría presentarse en el futuro.
Este segundo caso ocurre frecuentemente en los nuevos proyectos de riego, en condiciones de
aridez, donde el riego imprime una modificación sustancial al balance hídrico en equilibrio
con el clima; por lo tanto, los niveles freáticos ascienden como consecuencia del aumento de
la recarga. En nuevos proyectos de riego es común observar la aparición de problemas de
drenaje en lapsos tan breves como 5 a 10 años después de la puesta en riego.
Una baja capacidad natural de drenaje, proclive a crear problemas de exceso de humedad a
futuro, puede reconocerse si se dispone de suficiente información geológica, edáfica,
hidrológica y climática. Ello permite adoptar medidas en cuanto a disminución de la recarga
y/o aumento de la capacidad de descarga y en cuanto a estudios e investigaciones previas
tendientes a un mejor conocimiento de la transmisividad de los estratos.
44
Según los estándares del Bureau of Reclamation (USBR, 1993) en cualquier investigación de
drenaje, lo que se busca son los datos necesarios para responder a las siguientes
interrogantes:
En los párrafos siguientes se hace un análisis del tipo de estudios que es necesario realizar
para dar una respuesta adecuada a las interrogantes anteriores. Previamente se analiza el
nivel o profundidad con el que deben realizarse cada uno de estos estudios para ir abordando
el problema en forma gradual.
45
Para postular a los concursos de drenaje que se convocan con cargo a la Ley 18.450, las
Bases Técnicas indican que deberá presentarse un “Anteproyecto definitivo de las obras”,
documento que no es un proyecto detallado, definitivo o de diseño como usualmente se conoce
en la terminología internacional (FAO, 1970; World Bank, 1989); sin embargo, debe contener
todos los elementos requeridos para definir su costo y características constructivas.
Al proceder de esta forma es posible que en cualquier momento, por razones técnicas o
económicas, pueda abandonarse el proceso sin haber incurrido en grandes inversiones de
tiempo o dinero. Estas etapas se indican en los párrafos siguientes:
La información preliminar así recolectada debe ser asociada con ciertas condiciones
subsuperficiales que imperen en el lugar. Esto dice relación particularmente con la ubicación
del estrato impermeable causante del problema de drenaje. La observación de pozos puede
dar una buena aproximación al respecto, antes de iniciar cualquier otro trabajo de terreno.
Se espera que a través de este estudio preliminar sea posible dar respuesta a las siguientes
interrogantes:
47
Los mapas deben considerar toda la hoya hidrográfica en la cual se encuentra localizado el
proyecto en consideración, el cual debe delimitarse específicamente a objeto de conocer
aspectos tales como: superficie total, tipo de suelos, evacuación del agua, reutilización del
agua, efecto sobre áreas adyacentes, etc.
En las Bases Técnicas que regulan la presentación de proyectos a concursos a la Ley 18.450,
esta fase se define como el estudio técnico que sobre la base de la información de suelos,
topografía e hidrología, permite definir las características constructivas de la obra con
suficiente grado de aproximación a su costo real. Según las bases técnicas, dicho
anteproyecto de una obra de drenaje debe incluir los siguientes aspectos, los cuales son
abordados en diferentes capítulos de este Manual:
• Estudios topográficos
• Estudios de suelos (agrológicos)
• Estudios geológicos
49
• Estudios de salinidad
• Estudios de niveles freáticos y/o piezométricos
• Estudios de conductividad hidráulica
3.3.1. Topográficos.
La escala en que se presentará el plano o mapa es función del nivel del estudio, del área
involucrada y de las pendientes y accidentes topográficos relevantes. Para grandes áreas
(mayores a 5000 hectáreas) y estudios preliminares, puede ser suficiente una escala 1:50.000.
Para áreas menores (1000-2000 hectáreas) y estudios de un grado mayor de detalle puede
utilizarse una escala 1:25.000. Estudios especiales requieren escala 1:5.000 o mayor. En
estudios preliminares las curvas de nivel deben trazarse a 1.0 m de equidistancia vertical.
Para el diseño y trazado definitivo de los sistemas de drenaje se requiere a lo menos 0.5 m de
equidistancia. En terrenos muy planos se recomienda 0.25-0.20 m. Además, dichos planos
deben incluir ubicación de las principales estructuras hidráulicas (embalses, red de canales,
etc.) así como perfiles longitudinales de los cauces naturales (ríos, arroyos) de los posibles
colectores y de la red general de riego.
En relación al plano topográfico que debe acompañar a los proyectos que se presentan a los
concursos de la Ley 18.450, se especifica lo siguiente:
50
a) Para áreas mayores de 20 hectáreas físicas, deben presentarse planos a escala 1:10.000
con curvas de nivel cada 1 m o de mayor detalle, que se podrá obtener mediante
levantamiento taquimétrico o por restitución aerofotogramétrica con apoyo terrestre. Los
trabajos de terreno tendrán carácter local, no exigiéndose su vinculación a la red
geodésica básica del país.
En el plano topográfico que se obtenga, se indicarán los puntos de referencia necesarios para
definir los sistemas de coordenadas y de cotas del levantamiento, todos los cuales deberán
quedar materializados en terreno permitiendo posteriormente el replanteo de las obras que
consulta el proyecto.
3.3.2. Suelos.
Para resolver adecuadamente un problema de drenaje suelen ser de gran importancia los
estratos del suelo que se encuentran por debajo de 1,5 m ya sea porque allí se encuentran
aquellos que tienen la mayor capacidad de conducir agua o porque, allí se localiza la
“barrera” o “estrato impermeable” limitante del flujo gravitacional. Asimismo, las
características físicas del suelo por debajo de los 1.5 m son importantes para definir el tipo
de flujo que existe hacia el dren (horizontal o radial) y para calcular el espaciamiento.
Puesto que este estudio del subsuelo está generalmente fuera del ámbito de trabajo del
agrólogo, es necesario realizar estudios específicos al respecto.
51
De acuerdo a los criterios establecidos en las Bases Técnicas, para la confección del
anteproyecto definitivo, el estudio agrológico debe incluir lo indicado en la letra e) del
artículo 5° del Reglamento y deberá ceñirse a las “Pautas para Estudios de Suelos” de la
Comisión Nacional de Riego, las cuales se incluyen en el anexo de este manual. El estudio
deberá contener la definición de series y fases reales de suelos con las clasificaciones
interpretativas de clases, subclases y unidades de capacidad de uso actuales, en las
condiciones de mal drenaje, y aquéllas potenciales que se obtendrían una vez construido el
proyecto. Además, el estudio deberá considerar las clases de drenaje y categorías de riego de
cada una de las unidades cartográficas y la determinación de las constantes hídricas,
densidad aparente y textura. Las fases de suelo deberán separarse hasta superficies mínimas
de 0,5 hectáreas. Asimismo, en el mapa deberá delimitarse claramente el área sometida a
clasificación, el área donde se ejecutará el sistema de drenaje y los deslindes de los predios
involucrados. Además, dichas Bases Técnicas indican que el estudio de suelos debe
contemplar la confección de perfiles típicos para indicar la profundidad a la cual se
encuentra el estrato impermeable. En la figura 3.1 se incluye un ejemplo en que el estudio
agrológico ha permitido identificar claramente cuál es el estrato impermeable, a qué
profundidad se encuentra y cómo esta profundidad varía espacialmente.
3.3.3. Geológicos.
La geología y la geomorfología del suelo representan una valiosa ayuda para identificar
problemas de drenaje. La acción que ha dado origen al material del suelo (glacial, eólico,
aluvial) tiene relación con su textura y permeabilidad. Generalmente los mayores problemas
de drenaje se encuentran en suelos de origen aluvial. Cuando existen situaciones de aguas
artesianas que abastecen los estratos superiores del suelo, deben hacerse estudios de
comportamiento de pozos, oportunidad en que se aprovecha de estudiar las condiciones
geológicas a mayor profundidad.
52
En consecuencia, los mapas geológicos y las descripciones del perfil geológico constituyen
información que, si bien no es específica de los estudios de drenaje, complementan los datos
necesarios para identificar y caracterizar el problema. Sin embargo, en atención a que no es
estrictamente necesario realizar estudios específicos de este tipo, debido al alto costo que esto
significa, se recomienda referirse a los estudios generalizados que existen en Chile o aquéllos
de mayor detalle que se incluyen en los Estudios Integrales de Riego que la Comisión
Nacional de Riego ha encargado realizar para diferentes cuencas del país.
53
Figura 3.1. Profundidad y espesor del estrato impermeable en tres perfiles de suelo.
54
3.3.4. Salinidad.
La identificación del exceso de sales y/o sodio en los suelos, se hace en base a tres
determinaciones químicas: conductividad eléctrica (C.E.), porcentaje de sodio intercambiable
(P.S.I.) y pH. En base a la combinación de estos parámetros, se establecieron los criterios
para agrupar los suelos en cuatro categorías. La tabla 3.1 indica los valores límites para
cada una.
+
Na
RAS = Ec.3.1
++
Ca + Mg
++
donde:
La delimitación de las áreas que tienen diferentes grados de salinidad y/o alcalinidad,
permite programar la recuperación de los suelos mediante el drenaje subsuperficial. Los
procedimientos que se deben seguir son:
USBR. 1993. Drainage manual. A water resource technical publication. U.S. Department of
Interior. Bureau of Reclamation.
FAO. 1970. Guideline for the preparation of feasibility studies for irrigation and drainage
projects. FAO/IBRD Cooperative Programme. Rome.
WORLD BANK. 1989. Planning the management, operation and maintenance of irrigation
and drainage systems. A guide for the preparation of strategies and manuals. International
Commission on Irrigation and Drainage. The World Bank, Washington, D.C.
57
4.1. INTRODUCCION.
Una parte esencial de una investigación (reconocimiento de terreno) con fines de drenaje, es
el estudio de las condiciones y características del agua subterránea presente tanto en el
acuífero freático como en acuíferos confinados o semi confinados que se presentan en el perfil
del suelo. Esto no sólo implica la determinación de la posición actual del nivel freático, sino
también la identificación de las causas que han provocado el problema.
Previo a la iniciación de cualquier trabajo de terreno será necesario tener presente que es
altamente recomendable una acuciosa revisión del material cartográfico e informes
disponibles. Dicho material puede ser: mapas topográficos; fotografías aéreas (proveerán
fundamentalmente información acerca de la hidrogeología y cubierta vegetal del área de
estudio); mapas geológicos (permiten identificar zonas de recarga, descarga y los diferentes
tipos de acuíferos); datos hidrológicos (precipitación, caudales, pozos, lagunas, embalses,
sistemas de riego, etc.) y datos sobre calidad de aguas.
58
Este trabajo preparatorio puede ser de gran ayuda en el trazado de un plan eficiente y
efectivo para el estudio de aguas subterráneas con fines de drenaje el cual debe comprender
las siguientes etapas: recolección de datos; procesamiento de datos y evaluación de datos.
En los párrafos siguientes se discuten separadamente cada una de las etapas haciendo énfasis
en aquellos aspectos de mayor relevancia.
Los pozos existentes son frecuentemente los sitios más convenientes para la medida de los
niveles freáticos en una etapa preliminar. Ellos tienen, sin embargo, que ser cuidadosamente
evaluados en cuanto a su confiabilidad y representatividad. En cada pozo deben considerarse
condiciones de profundidad, perfil del suelo y revestimiento. De esta información puede
concluirse si el pozo está siendo abastecido con aguas freáticas y/o artesianas.
Pozos relativamente profundos, en los cuales se alternan capas de arena y arcilla, no son
confiables debido a que el agua que los abastece puede provenir de diferentes cargas
hidráulicas que se presentan en cada estrato. Consecuentemente, pozos construidos a mano,
de escasa profundidad (norias) son más confiables puesto que ellos generalmente penetran
sólo un poco más abajo del nivel freático.
59
Las norias tienen generalmente gran diámetro (mayor a 1 m). Bajo estas circunstancias, es
posible que se requiera un tiempo considerable para que el nivel del agua dentro del pozo se
ajuste a los cambios del nivel freático en el suelo adyacente. Por otra parte, en pozos
profundos, entubados, la presencia de partículas en los filtros puede hacer bajar la
permeabilidad del terreno adyacente y por tanto no existir una conexión directa entre el nivel
del agua del pozo y la del suelo.
Los pozos desde los cuales se extrae agua de riego regularmente y en grandes cantidades
deben considerarse no confiables, principalmente cuando la velocidad de recarga es baja
debido a una baja conductividad del suelo. El tiempo de recuperación del nivel de agua,
luego de una brusca depresión, puede ser un indicador de la confiabilidad del pozo.
En cuanto a la calidad del agua, los pozos existentes en zonas salinas pueden no ser
representativos de la condiciones imperantes en la zona adyacente, particularmente si éstos
están destinados a la bebida. Ello se debe a que frecuentemente este tipo de pozos se ubican
en lugares donde se ha detectado fuentes de agua dulce. Además, la calidad del agua de un
pozo usado intensamente puede diferir de la calidad de otros pozos cercanos debido a que la
recarga puede provenir de acuíferos más profundos los cuales pueden tener una calidad
mejor que la del nivel freático.
Finalmente, es necesario tener presente que la distribución espacial de los pozos existentes no
necesariamente tienen que satisfacer los requerimientos de una adecuada red de observación,
razón por la cual siempre será necesario completar la red con pozos de observación o
piezómetros.
60
Las superficies de agua libre (lagos, lagunas, pantanos, etc.) suministran información de
utilidad en la medida que exista conexión con el agua subterránea. Si el nivel de agua libre
se encuentra por sobre o bajo el nivel del agua subterránea, indicará si dicha superficie se
comporta como fuente de recarga o descarga del acuífero, respectivamente.
El nivel de agua es usualmente leído con una regla topográfica graduada (mira) o una estaca
graduada con referencia en la superficie del agua.
Pozos de observación.
Un pozo de observación consiste en una perforación construida en el suelo, generalmente
mediante un barreno agrológico, hasta una profundidad tal que exceda el nivel freático
mínimo esperado. El pozo así construido puede ser entubado o no entubado (Figura 4.1.).
Una vez alcanzada la profundidad requerida, instale la tubería que servirá para controlar la
profundidad del agua. Esta no requiere tener más de 2,5 cm de diámetro (1 pulgada), estar
ranurada o perforada a lo menos en 1 m desde el fondo y estar sellada en el extremo inferior.
A continuación se rellena el espacio entre la tubería interior y exterior con grava o arena
gruesa hasta una cierta altura por encima del largo perforado. El espacio restante puede
completarse con el mismo material original del suelo. Finalmente, extraida la tubería
exterior, construya un anillo superior de concreto para prevenir daños posteriores.
Terminado todo el proceso anterior y antes de iniciar las lecturas del pozo se recomienda
extraer desde el interior todo el barro que pudiera haberse acumulado durante la etapa de
construcción. Para este efecto ocupe una bomba manual como la que se indica en la figura
4.2. la cual puede construirse con materiales de deshecho y a muy bajo costo (Grassi, 1981).
Piezómetros.
Un piezómetro es una tubería de diámetro pequeño, abierta en ambos extremos, generalmente
no perforada (excepto en una sección pequeña, no superior a 10-20 cm), instalada mediante
barreno o percusión en el suelo de modo tal que no se produzcan filtraciones entre la pared
exterior del tubo y el suelo y permitir que toda el agua que ingrese a su interior lo haga sólo
por el extremo inferior (figura 4.3.).
Una tubería instalada en tales condiciones sirve para medir la presión hidrostática del agua
subterránea en acuíferos confinados o no confinados en el punto donde se encuentra el
extremo inferior del tubo. Al existir una batería de piezómetros instalados a diferente
profundidad será posible medir la carga hidráulica en cada uno de ellos y las diferencias que
existan entre unos y otros serán indicadores de la dirección del flujo. Este fenómeno se
ilustra en la figura 4.4.
Los piezómetros son particularmente útiles en áreas donde existe, o se sospeche, la presencia
de presiones artesianas o en aquellas zonas de riego en que se desee conocer la velocidad con
que se mueve el agua de percolación. Asimismo, los piezómetros son útiles en áreas donde se
desea conocer si efectivamente ocurre o no drenaje en estratos arenosos ubicados a mayor
profundidad (ver casos a y f de la figura 4.4.).
64
Figura 4.2. Bomba manual y partes para extracción de agua desde un pozo de
observación.
A. Bomba.
B. Extremo superior de la bomba indicando abertura para salida del agua.
C. Válvula de placa.
D. Válvula de bola.
65
Figura 4.4. Nivel de agua en piezómetros bajo diferentes condiciones de suelo y agua
subterránea.
A. Suelo homogéneo, arenoso.
B. Suelo de dos estratas, flujo descente.
C. Suelos de dos estratas, flujo ascendente.
D. Suelo de tres estratas, flujo ascendente.
E. Suelo de tres estratas, flujo desde arena hacia arcilla.
F. Suelo de tres estratas, flujo desde arcilla hacia arena.
67
Disposición.
La disposición de los pozos de observación y piezómetros en forma de reticulado (cuadrado o
rectangular), presenta ventajas para el dibujo e interpretación de los mapas y para
representar perfiles de niveles freáticos en los dos ejes de coordenadas. Sin embargo, esta
disposición tiene la desventaja de un eventual excesivo número de puntos y además su posible
ubicación en terrenos cultivados donde pueden entorpecer las labores agrícolas.
Sin caer en una extrema rigurosidad geométrica, que pueda conducir a la instalación de
pozos en lugares inadecuados o que no interesan desde el punto de vista del estudio que se
está ejecutando, parece recomendable instalarlos con una cierta regularidad. Más
importante que todo, conviene que su ubicación sea realmente de acuerdo a lo que se
pretende medir, que tengan fácil acceso y que, al mismo tiempo, posibiliten el trazado de
perfiles longitudinales y transversales. Por lo tanto, se recomienda que éstos sean instalados
considerando los siguientes criterios básicos:
Como se indicó previamente, superficies de agua libre tales como ríos, lagunas, canales, etc.,
deben ser incluidos dentro de la red de observación. Sin embargo, es necesario tener en
consideración que el nivel del agua en dichas fuentes no necesariamente se encuentra
conectada con los niveles freáticos, no obstante, que puedan comportarse como áreas de
recarga o descarga. En la figura 4.6. se ilustran algunas alternativas que se presentan
frecuentemente en relación al aporte de agua desde ríos o canales.
Densidad.
En relación a la densidad de puntos dentro de la red, no existen reglas estrictas al respecto en
atención a que esto depende enteramente de las condiciones topográficas, geológicas e
hidrológicas del área y del nivel de estudio que se está realizando (preliminar o anteproyecto
definitivo). Como la precisión requerida es por lo general inversamente proporcional al
tamaño del área, la siguiente relación puede servir como guía.
Puesto que una red de observación provee datos acerca de las elevaciones y variaciones
delnivel freático y superficies piezométricas es pertinente que la densidad de los puntos de
lectura esté relacionada con las fluctuaciones del nivel freático que se espera ocurran en el
terreno. Una idea de estas posibles fluctuaciones las puede proveer el relieve del terreno ya
70
Figura 4.6. Impacto de las filtraciones de ríos y canales sobre el nivel freático.
A. Cauce efluente.
B. Cauce influente (nivel freático superficial).
C. Cauce influente (nivel freático profundo).
71
que la forma del nivel del agua subterránea tiende a asemejarse más a éste que a una
horizontal. En terrenos aluviales profundos, de material grueso, es factible que se aproxime
a un plano. En presencia de estratos relativamente impermeables cercanos a la superficie, la
configuración del nivel freático tiende a acercarse a la del terreno.
De esta manera, las características topográficas y del perfil geológico, los accidentes
geográficos (ríos, lagos, etc.) y las alteraciones introducidas por el hombre (canales, redes de
riego, caminos, etc.) pueden orientar nuestra decisión con respecto a la densidad de la red.
Por ejemplo: antes de los cambios bruscos de pendiente; donde existan evidencias claras de
un cambio de conductividad hidráulica (color del suelo o compactaciones) o donde termine el
área regada.
Profundidad.
La profundidad de los pozos de observación dependerá de los niveles mínimos que alcanza el
agua subterránea. Esto asegurará que los pozos no se sequen durante la temporada estival y
que en lo posible las lecturas puedan realizarse durante todo el año.
Los niveles mínimos del agua freática pueden estimarse a partir de los estudios geológicos o
agrológicos, si estos últimos se han realizado a mayor profundidad que la usual. Sin
embargo, observaciones a profundidades mayores de 3 metros raramente son necesarias en
áreas planas en atención a que la profundidad de los drenes agrícolas sólo en casos muy
especiales superan los 2 metros. En caso de terrenos de topografía ondulada es posible que
se requieran pozos de observación a mayor profundidad con el propósito de tener un
panorama más completo acerca del comportamiento del agua subterránea.
Levantamiento planialtimétrico.
Terminada la construcción de los pozos de observación y/o piezómetros, éstos deben ser
referidos al sistema de coordenadas y cotas utilizados para la confección del plano
topográfico (sección 3.3.1.).
Disponer de las cotas de cada uno de estos puntos permitirá posteriormente correlacionar
los niveles del agua subterránea a los niveles o cotas del terreno y preparar los mapas
respectivos. Mayores antecedentes sobre este tema se entregarán en la sección 4.3.
Procedimiento de lectura.
Cada una de las lecturas del nivel del agua que se realicen en un pozo de observación o
piezómetro debe hacerse a partir de un nivel de referencia. En el caso de pozos de
observación no entubados el nivel de referencia coincide con la cota del terreno del pozo. En
el caso de pozos entubados y piezómetros, el nivel de referencia corresponde al extremo
superior del tubo, el cual a su vez está referido a la cota del terreno puesto que se conoce la
distancia que hay entre el suelo y el borde del tubo.
Las lecturas pueden realizarse con equipos simples y fáciles de confeccionar. Generalmente
se emplean cintas mojables, sondas acústicas o sondas eléctricas. En las figuras 4.7. y 4.8. se
muestran algunos de estos tipos de sondas.
La cinta mojable consiste en una huincha metálica o de género, graduada y con un peso en su
extremo la cual es introducida dentro del tubo hasta una profundidad superior a la cual se
encuentra el agua. Se registra la lectura en el punto superior, se extrae la cinta y por
diferencia con respecto al punto en que la cinta quedo mojada se obtiene la distancia desde el
nivel freático al punto de referencia. Para obtener la profundidad neta del agua, a la lectura
anterior se debe restar el largo del tubo por sobre el nivel del suelo (Figura 4.8-A). Para
facilitar la lectura es conveniente agregar tiza en polvo a la cinta.
73
B
A
Figura 4.7. Sondas para la lectura del nivel del agua en pozos y piezómetros.
A. Sonda acústica
B. Sondas eléctricas
74
Figura 4.8. Diagrama de sondas para la lectura del nivel de agua en pozos y piezómetros
(Oosterbaan, 1988).
A. Cinta mojable
B. Sonda acústica
C. Sonda eléctrica
D. Limnígrafo
75
La sonda eléctrica consiste de un cable eléctrico doble con los electrodos descubiertos en el
extremo inferior. El extremo superior se encuentra conectado a un dispositivo tal como
voltímetro, ampolleta o timbre alimentado mediante una batería. Cuando la cinta se
introduce en la tubería y los electrodos tocan la superficie del agua se cierra el circuito
eléctrico y activa el indicador (movimiento de la aguja, luz o sonido, respectivamente). Si el
alambre se encuentra graduado o adherido a una cinta graduada, la lectura se hace en forma
directa (Figura 4.8-C).
La frecuencia con que se deben realizar las lecturas depende del tipo de estudio que se desea
realizar. Con fines de diseño es suficiente dos veces al mes. Para estudiar casos particulares
(efecto de las lluvias, ríos, riegos, etc.) la frecuencia requerida puede ser incluso diaria.
76
Cada pozo debe tener su propio registro de información donde se debe contemplar al menos
los siguientes datos: fechas de la observación, profundidad del agua desde el nivel de
referencia, profundidad del agua bajo el nivel del suelo, cota del nivel del agua con respecto
al punto de referencia del levantamiento planialtimétrico. Otros datos importantes pueden
ser número del pozo, ubicación, profundidad, cota terreno, cota del punto de referencia, etc.
A continuación se incluye una planilla que puede considerarse como modelo para registrar la
información recolectada en terreno.
Antes de sacar cualquier conclusión sobre la causa, extensión y/o severidad del problema de
drenaje del área en estudio, todos los datos de terreno, incluyendo niveles freáticos
piezométricos, calidad del agua, etc. deben ser procesados de alguna forma que permitan su
correcta interpretación y, al mismo tiempo, que a partir de ellos se pueda extraer la mayor
información posible.
Aunque las Bases Técnicas de los concursos públicos de la Ley 18.450 exigen que, en relación
a los datos de aguas subterráneas, se confeccione sólo un plano de isohypsas o
equipotenciales, en este Manual se presentan otras formas de procesamiento de los datos que
pueden contribuir poderosamente a una mejor interpretación de la situación en estudio.
Proyecto Pozo N°
Observador
Valor a corregir
4.3.1. Hidrogramas.
Cuando la cantidad de agua subterránea almacenada aumenta, el nivel freático del suelo
aumenta y cuando este almacenamiento disminuye, el nivel freático disminuye. Un
hidrograma es entonces un gráfico que muestra las variaciones de este almacenamiento,
relacionando la profundidad (o altura) del nivel freático o piezométrico, versus el tiempo
(Figura 4.9.).
4.3.2. Planos.
Existe una considerable cantidad de mapas o planos que pueden confeccionarse a partir de
los datos del agua subterránea. Cada uno de ellos tiene un objetivo específico. Los más
comunes son los que se indican a contunuación.
79
Al igual que en un plano topográfico, es necesario elegir un intervalo vertical adecuado entre
curvas, acorde a la pendiente del nivel freático. En terrenos planos un intervalo
recomendable es 25 a 50 cm. En terrenos con pendiente el intervalo vertical puede
aumentarse hasta 1 ó 2 m. Un plano de estas características debe incluir tambien la cota del
agua en cualquier superficie de agua libre que esté directamente conectada con el nivel
freático. El trazado de las líneas de igual cota sigue los estándares clásicos para el trazado
de curvas de nivel del terreno.
Evidentemente, con cada conjunto de datos existentes es posible construir un plano. Sin
embargo, esto no es estrictamente necesario y puede resultar más importante seleccionar un
período específico, como por ejemplo: el mes crítico (inmediatamente antes o después del
inicio del riego), la media durante el período de crecimiento de los cultivos, la media anual,
etc. Un plano de estas características es una importante herramienta en investigaciones de
aguas subterráneas ya que provee información suficiente para derivar datos sobre gradientes
hidráulicos (dh/dx) y dirección del flujo.
Planos de isoprofundidad.
Como su nombre lo indica, los planos de igual profundidad del nivel freático o planos de
isoprofundidad muestran la distribución espacial de la profundidad del nivel freático bajo la
82
superficie del suelo. Este plano resulta del trazado de curvas que unen puntos que tienen
igual profundidad al nivel freático. Las áreas comprendidas entre dos líneas de
isoprofundidad indican que el nivel freático se encuentra dentro de los rangos que cada línea
expresa (Figura 4.12.).
Planos de este tipo se preparan para indicar situaciones específicas tales como: delimitación
del área afectada con problemas de drenaje; para conocer cuál es la profundidad del nivel
freático durante ciertos períodos críticos del crecimiento de los cultivos o para programar
algunas actividades agrícolas. Particularmente importante y útil puede ser el plano de la
profundidad media anual o durante un período (estación) específico. Igualmente importante
podría ser tener planos que indiquen las profundidades máximas y mínimas y a partir de ellos
determinar las fluctuaciones del nivel freático.
Asumamos una situación como la que se muestra en las figuras 4.4b. o 4.4c. con un gran
número de piezómetros distribuidos a lo largo de toda el área bajo estudio y ubicados uno en
el estrato superior y otro en el inferior, en cada punto. Se determina la diferencia en la altura
de agua entre el piezómetro superior y el inferior y se anota dicha diferencia en un plano.
Luego de elegir un intervalo vertical adecuado, se trazan las líneas que unen puntos que
tienen igual diferencia de carga. El plano así resultante es útil para determinar áreas donde
ocurren flujos verticales ascendentes o descendentes. En aquellos lugares donde las
diferencias de carga son mayores, el flujo será también mayor.
única forma práctica de resolver el problema en atención a que es muy posible que existan
tantos valores de conductividad hidráulica como puntos de determinación.
Es conveniente tener presente que para una adecuada evaluación e interpretación de los
datos procesados es imprescindible correlacionar éstos con otros antecedentes del área bajo
estudio tales como geología, suelos, topografía, clima, hidrología, uso del suelo y vegetación.
En zonas regadas si se desea tener un adecuado conocimiento del comportamiento del agua
subterránea se requiere, además, tener conocimiento acerca del patrón de cultivos, el
abastecimiento y distribución del agua y la eficiencia de riego.
Los cambios en el nivel del agua subterránea pueden obedecer a dos fenómenos principales.
Estos son: a) cambios en el almacenamiento del agua subterránea y b) cambios debido a
variaciones en la presión atmosférica, o por deformación de los acuíferos debido a
movimientos de la corteza terrestre.
En drenaje estamos interesados en los cambios que ocurren en el nivel freático debido a los
cambios en el almacenamiento del agua subterránea en atención a que éstos son el resultado
del régimen hidrológico imperante. Los elementos más comunes que provocan cambios en el
almacenamiento y que se traducen en el comportamiento del hidrograma son: la
precipitación, los riegos, el bombeo desde pozos y las filtraciones desde ríos y canales.
nivel del agua, respectivamente (Figura 4.15). Otro tanto, puede suceder en acuíferos
freáticos relativamente delgados sometidos a fuertes descargas por lluvia o riegos.
Aunque los efectos de las lluvias sobre el nivel freático son generalmente bastante evidentes,
no siempre es posible obtener una conclusión muy precisa o exacta debido a: a) diferencias
en la porosidad efectiva de las estratas dentro de las cuales fluctúa el agua subterránea (lo
cual crea elevaciones o depresiones del nivel freático en forma desigual) y b) parte de la
precipitación puede que nunca llegue a alcanzar el nivel freático porque puede ser evapo
(transpi) rada, almacenada o escurrir libremente por la superficie del suelo.
Dentro de lo posible, es recomendable evaluar cada uno de los hidrogramas de los pozos de
observación del nivel freático. La comparación entre ellos nos permitirá evaluar su
comportamiento en cuanto a que registran elevaciones, declinaciones o variaciones del nivel
freático relativamente similares. Si ese fuera el caso y si los registros de los pozos se
continúan por un período prolongado, es posible disminuir el número de pozos de
observación teniendo sólo uno que represente el área en cuestión y obtener la profundidad de
los otros mediante la obtención de las respectivas ecuaciones de regresión.
Es conveniente tener presente que la percolación de aguas lluvia, riegos o filtraciones no son
las únicas causantes de las fluctuaciones del nivel freático. La evapotranspiración puede ser
también una causa importante de disminución del nivel freático dependiendo de los cultivos
existentes en el área y el clima imperante.
Figura 4.15. Influencia de los cambios del nivel de agua en un río sobre el terreno
adyacente.
91
Planos de equipotenciales.
Como se ha señalado anteriormente los planos de isohypsas o equipotenciales son una
representación gráfica del relieve y pendiente del nivel freático. Consecuentemente, ellos son
la base para determinar la dirección, velocidad y cantidad de agua subterránea en
movimiento, las fuentes de recarga y descarga y las variaciones en la tasa de percolación y
permeabilidad de materiales aluviales.
En áreas planas el nivel freático tiene generalmente un relieve y pendiente suaves y gradual
hacia los puntos de menor cota donde se produce la descarga. En otras áreas, sin embargo,
cambios en el relieve se traducen en elevaciones o depresiones locales del nivel freático, las
cuales pueden ser de origen natural o causadas por el hombre.
Al igual como sucede en la superficie del suelo, el flujo de agua subterránea es siempre en la
dirección de la pendiente. Si se asume un suelo homogéneo e isotrópico (igual conductividad
vertical y horizontal), la mayor velocidad y la mayor cantidad de agua que fluye se producirá
en el sentido de la máxima pendiente (Figura 4.16.). Es decir, equipotenciales y líneas de
flujo son perpendiculares entre sí (Millar, 1974).
La topografía del área bajo estudio es importante puesto que determina la configuración del
nivel freático. La forma del nivel freático puede ser tanto convexa como cóncava. Una
elevación local del nivel freático puede deberse a una recarga local por riego o por flujo
subterráneo (artesiano) ascendente. Depresiones locales del nivel freático pueden deberse a
bombeo de pozos o filtraciones a estratos más profundos (falla geológica).
92
En terrenos planos disectados por ríos, canales, esteros o drenes la forma del nivel freático
está determinada por el comportamiento que tenga el cauce. Esto es si actúa como elemento
de recarga o descarga del acuífero. Esta situación se presenta en la figura 4.17., que suele
ser muy frecuente en las terrazas bajas adyacentes a los ríos y esteros (vegas). De dicha
figura se desprende que en aquellas secciones donde el río filtra agua hacia el terreno
adyacente, las equipotenciales se curvan hacia aguas abajo del río. En aquellos lugares en
los cuales el río actúa como dren y el agua fluye desde el terreno adyacente hacia el cauce,
las equipotenciales se curvan hacia aguas arriba del río. Donde existe equilibrio entre los
niveles del agua dentro del río como en el terreno adyacente, las equipotenciales son líneas
rectas.
La curvatura de las equipotenciales cerca de ríos o drenes puede tener diferente forma debido
a la resistencia que oponga el suelo al flujo radial del agua. Mientras mayor es la curvatura
significa que la resistencia radial es mayor. Para determinar con precisión la forma que
tiene la curva y consecuentemente conocer la resistencia que opone el suelo al flujo radial, es
necesario realizar varias determinaciones del nivel de agua a ambos lados del cauce y a
escasa distancia un pozo del otro. La figura 4.18. muestra diferentes grados de curvatura del
nivel freático medidos en un dren en el cual se han instalados piezómetros a ambos lados del
mismo.
Según Ernst (Oosterbaan, 1988) la resistencia radial es la resistencia que debe vencer el agua
subterránea al fluir hacia un dren debido a contracciones en las líneas de flujo en las
cercanías del dren. Puede determinarse a partir del gradiente hidráulico a una cierta
distancia a ambos lados del dren, donde el flujo es preferentemente horizontal. Si además se
conoce la trasmisividad (KD) del subsuelo, el valor de esta resistencia puede obtenerse a
partir de la siguiente ecuación:
∆h
qo = (i1 - i2) KD = ------ Ec.4.1.
rr
94
Figura 4.18 Variación de la forma del nivel freático en las cercanías de un dren.
96
donde:
qo = flujo total en una sección vertical a través del perímetro mojado del dren (m2/día)
i1 - i 2 = gradiente hidráulico a cada lado del dren, donde el flujo es eminentemente
horizontal (adimensional)
KD = transmisividad de la región de flujo (m2/día)
∆h r = diferencia de carga entre el nivel de agua en el dren y el nivel freático en las
cercanías del mismo (m)
rr = resistencia radial del dren (días/m)
1 Dr
rr = ------ ln ------ Ec. 4.2.
πK πro
donde:
K = conductividad hidráulica para flujo radial (m/día)
Dr = espesor del estrato donde ocurre resistencia radial (m)
ro = radio del dren (m)
∆h m L2
R = ------ = ------ + Lr r Ec.4.3.
q 8KD
donde:
R = resistencia del área (días/m)
∆h m = diferencia de elevación entre el nivel de agua en el interior de los drenes y el
punto
medio entre dos drenes (m)
q = descarga del dren (m/día)
97
Algunos casos típicos de esta naturaleza que pueden estar afectando la forma del nivel
freático se muestran en la figura 4.19. En el caso (A) de dicha figura, la presencia de “lentes
de arcilla” ubicados a escasa profundidad de la superficie pueden provocar una elevación
local del nivel freático aún cuando la recarga (por riego o lluvia) sea uniforme. Otro tanto
ocurre en el caso (B) donde una elevación del estrato más impermeable hace que el agua
subterránea se acerque a la superficie del suelo. En los casos (C) y (D) se produce una
fuerte declinación de la napa debido a un cambio en la textura del sustrato y a una falla
geológica, respectivamente.
La Ley de Darcy establece que la velocidad del agua subterránea (V) es directamente
proporcional al gradiente (i=dh/dx) y una constante de proporcionalidad conocida como
conductividad hidráulica (K). Esto significa a su vez que a flujo constante, el gradiente es
inversamente proporcional a la conductividad hidráulica. Consecuentemente, es posible
deducir que en un plano de equipotenciales, en la medida que las curvas se acercan unas a
otras el gradiente es mayor y la conductividad hidráulica menor. Por el contrario, cuando
las curva se distancian unas de otras la gradiente es menor pero la conductividad hidráulica
es mayor.
98
Figura 4.19. Influencia del origen y características del subsuelo, sobre la forma del nivel
freático.
A. Lentes de arcilla en un suelo regado que impide el flujo vertical
descendente.
B. Efecto de la forma del estrato impermeable sobre el nivel freático.
C. Cambio en el material del suelo.
D. Presencia de una falla geológica.
99
Planos de isoprofundidad.
Como se mencionó en la sección 4.3.2. los mapas de isoprofundidad indican áreas en las
cuales el nivel freático se encuentra dentro de un cierto rango de profundidad.
Consecuentemente, su mayor utilidad consiste en poder separar sobre él la superficie
efectivamente a considerar en el proyecto o en otras palabras la superficie efectivamente
afectada por un problema de drenaje que amerite su estudio y solución.
Un segundo factor que debe ser considerado en la evaluación e interpretación de este tipo de
planos es el valor de la porosidad drenable o efectiva (µ) del suelo. Considerando que la
porosidad efectiva es baja en suelos arcillosos y alta en suelos arenosos, los cambios o
fluctuaciones del nivel freático en suelos arenosos serán inferiores que en suelos arcillosos,
bajo una misma condición de recarga. Esto puede demostrarse aplicando la siguiente
expresión:
∆S = µ ∆h Ec.4.4.
donde:
∆S = cambios en el almacenamiento de agua del suelo en un cierto período de tiempo (m)
µ = porosidad drenable
∆h = cambio de la altura del nivel freático en el mismo período de tiempo (m)
h-h’ h-h’
VZ = K’ ------ = ------ Ec. 4.5.
D’ c
donde:
VZ = velocidad del flujo vertical ascendente por unidad de área (m/día)
c = D’/K’ = resistencia hidráulica del estrato semipermeable (días)
h-h’ = ∆h = diferencia de carga entre acuíferos
Si la concentración de sales del agua que entra a las estratas superiores es conocida, puede
calcularse una concentración promedio para toda el área. Este valor multiplicado por la
velocidad de ascenso vertical (VZ), da como resultado el abastecimiento de sales al área en
estudio.
En zonas áridas y semiáridas las napas freáticas superficiales son por lo general salinas
debido a la alta evaporación que consume el agua y concentra las sales. El riego de dichas
áreas puede aumentar la salinidad del agua subterránea por disolución de las sales presentes
en las estratas superiores del suelo.
hidráulico que se genera existe un continuo movimiento de aguas subterráneas salinas hacia
el sector sin riego donde se evapora el agua y se concentra la sal.
Castilla, P. Oscar. 1966. Normas para el estudio y proyecto de sistemas de drenaje de aguas
freáticas en los distritos de riego. Secretaría de Recursos Hidráulicos, Dirección General de
Distritos de Riego. México, D.F. Memorandum Técnico N°240.
Grassi, C.J. 1981. Manual de drenaje agrícola. CIDIAT, Venezuela. Serie Riego y Drenaje.
RD-10.
Millar, A.A. 1974. Drenagen de terras agricolas. I. Principios, pesquisas e calculos. IICA,
Petrolina, Permambuco, Brasil. Publicaciones Misceláneas N°124.
V. CRITERIOS DE DRENAJE.
5.1. INTRODUCCION.
Los parámetros de diseño dicen relación con las características físicas e hidrodinámicas del
suelo tales como conductividad hidráulica, porosidad drenable, textura, estructura y
retención de humedad. Algunos de estos parámetros de diseño y su forma de determinarlos se
abordan en el capítulo VI de este manual.
Los criterios de diseño, como su nombre lo indica, se refieren a los criterios o decisiones que
el profesional debe tomar en consideración para satisfacer los requerimientos que el sistema
exige. Entre estos criterios podemos mencionar la recarga, la profundidad del nivel freático
en el punto medio entre dos drenes, la profundidad radicular, la profundidad de los drenes, la
carga hidráulica y el tiempo de drenaje. Determinar los criterios de drenaje propios del
lugar donde se va a diseñar un sistema de drenes requiere de una completa información de
terreno que no siempre está disponible. Para formular adecuadamente dichos criterios será
necesario tener en consideración los siguientes factores:
• Condiciones hidrológicas, las cuales determinan la cantidad de agua que debe ser drenada
en un período específico de tiempo.
106
• Condiciones agronómicas, las cuales, dependiendo del cultivo y del suelo, determinan el
límite de la zona radicular y el tiempo máximo que los cultivos pueden soportar
condiciones de exceso de agua.
• Condiciones del suelo, las cuales determinan las relaciones entre: aireación y contenido de
humedad; nivel freático y contenido de humedad y nivel freático y ascenso capilar.
Puesto que el drenaje subsuperficial tiene como propósito crear las condiciones óptimas de
aireación y humedad en la zona radicular para obtener los máximos rendimientos de un
cultivo, la determinación de la profundidad efectiva (Pe) óptima es el primer criterio de
drenaje a determinar. Este es un criterio de diseño de base netamente agronómica y está
determinado por las características de arraigamiento de los cultivos y la sensibilidad que
éstos tengan al exceso de agua y en consecuencia al efecto que esta situación produzca sobre
los rendimientos.
Como queda demostrado al comparar la tabla anterior con las que se indican a continuación,
diversos autores tienen también diversas opiniones en cuanto a la profundidad que alcanzan
las raíces de los cultivos. Esto representa una seria dificultad al momento de decidir que
criterio utilizar, razón por la cual la experiencia del consultor y el conocimiento que se tenga
del área en estudio (limitantes del suelo, datos locales, etc.), son determinantes.
En cuanto a especies frutales, el mismo autor indica que, de acuerdo a una encuesta realizada
a diversos especialistas en estas materias, la profundidad de arraigamiento es la que se
indica en la tabla 5.3. Es importante mencionar que si la profundidad de arraigamiento de
dichos frutales es menor que el umbral límite indicado en la tabla 5.3, los rendimientos
pueden afectarse seriamente y disminuir en un 30% o más.
TABLA 5.2. PROFUNDIDAD DE ARRAIGAMIENTO DE ALGUNOS CULTIVOS
(Honorato, 1993).
ARRAIGAMIENTO
Superficial Medio Profundo
(<60 cm) (60-90 cm) (>90 cm)
Arvejas Ají Alfalfa
Apio Betarraga Alcachofa
Cebolla Cereales Camote
Coliflor Calabaza Cerezo
Espinaca Espárragos Cítrico
Frutilla Habas Frutales de hoja
Lechuga Maíz caduca en general
Maravilla Nabo Melón
Poroto Pepino Olivo
Pimiento Porotos verdes Palto
Papas Remolacha Sorgo
Repollo Sandía Tabaco
Trébol ladino Tomate Vid
Trébol blanco Trébol rosado
Zanahoria
Zapallo
Enfrentado el consultor a la complejidad que significa decidir entre las alternativas indicadas
en las tablas precedentes, se recomienda utilizar el criterio propuesto por FAO (1980) que se
indica en la tabla 5.4.
109
Cuando el suministro de agua es muy irregular o las prácticas de riego muy deficientes se
sugieren los siguientes valores (Tabla 5.5)..
Por su parte Oosterbaan (1988) sugiere las profundidades que se indican en la tabla 5.6. Este
criterio tiene el mérito de considerar como variable la textura del suelo.
CULTIVOS TEXTURA
Arenosa Franca Arcillosa
Praderas 0.5 0.6 0.7
Cereales 0.6 0.7 0.8
Cultivos forrajeros 0.7 0.8 0.9
Cultivos de raíz, tubérculos, fibras, aceites y hortalizas 0.8 0.9 1.0
Frutales, árboles 1.0 1.2 1.4
Suelos barbechados con alza capilar con sales 1.2 1.5 1.3
110
Puesto que en Chile no existen estudios sistemáticos que permitan establecer la profundidad
efectiva óptima que deben tener las diferentes especies con el objeto de tener rendimientos
económicamente rentables, se recomienda utilizar cualquiera de los dos criterios indicados
anteriormente (FAO u Oosterbaan) o algún otro que la propia experiencia local indique.
Tolerancia
Especies máxima
(días)
Hortalizas anuales (frijol, papa, lechuga) frutilla, frambuesa, <2
palto
Hortalizas perennes, (espárragos, alcachofas) frutales 2-3
pomáceos, maíz, remolacha, kiwi
Cereales, frutales drupáceos (durante período invernal), alfalfa 3-4
Praderas permanentes, tréboles, festucas, peras, membrillos 4-6
Los datos de la tabla anterior tienen carácter referencial. La única forma de tener claridad
al respecto es haciendo las investigaciones específicas que el caso requiere.
En zonas áridas y semiáridas, donde existe riesgo de salinización por efecto del ascenso de
sales por capilaridad (FAO, 1980) se recomienda una profundidad mínima de 1.4 m en suelos
111
5.3. RECARGA.
c) Almacenamiento (∆W).
∆W = Cambios en la cantidad de agua subterránea almacenada debido a elevaciones o
depresiones del nivel freático.
E - S = ∆W Ec.5.1
o bien reemplazando:
En otras palabras:
Lluvia de diseño.
Determinar la lluvia crítica o de diseño implica, según las Bases Técnicas de los Concursos
de la Ley 18.450, realizar el análisis de frecuencia de lluvias máximas en períodos de 1, 2 y 3
días consecutivos de lluvia, para un período de retorno de 5 años, con lo cual es posible
generar gráficos de altura-duración-frecuencia (ADF). Tal análisis de frecuencia se puede
realizar en forma gráfica, analítica o con la ayuda de programas de computación. Puesto que
se trata de valores máximos, se sugiere utilizar las distribuciones Gumbel, Log Pearson o Log
Normal, seleccionando aquélla que mejor se ajuste mediante el test de Kolmogorov-Smirnov,
chi cuadrado u otro similar.
m 1
P= y T= Ec.5.3.
N +1 P
donde :
P = probabilidad de excedencia
m = número de orden
115
d) Si los datos no se ajustan a una línea recta significa que esta distribución no sirve y se
debe recurrir a otra distribución como la Log Pearson o Log Normal.
e) Si los datos se ajustan a una recta, proceda de la siguiente manera para el trazado de la
línea de regresión que mejor se ajusta.
∑x
- Calcule la media: x = Ec.5.4.
N
∑ x − (∑ x ) / N
2 2
- Calcule la desviación estándar: sx = N −1
Ec.5.5.
- De las tablas 5.8 y 5.9 obtenga la media esperada (yn) y la desviación estándar esperada
(σn)
σn
- Calcule la variable auxiliar (a), tal que: a = Ec.5.6.
sx
yn
- Calcule el parámetro (u): u = x - Ec.5.7.
a
y
- Calcule la ecuación de la recta: x = u + Ec.5.8.
a
- Trace la recta que mejor se ajusta eligiendo dos valores arbitrarios de la variable
reducida (y).
f) Como los datos originales conformarán tres series (para 1, 2 y 3 días de lluvia
consecutivos), en el mismo papel de probabilidades trace las tres rectas.
116
N 0 1 2 3 4 5 6 7 8 9
10 0,4952 0,4996 0,5035 0,5070 0,5100 0,5128 0,5157 0,5181 0,5202 0,5220
20 0,5236 0,5252 0,5268 0,5283 0,5209 0,5309 0,5320 0,5332 0,5343 0,5353
30 0,5362 0,5371 0,5380 0,5388 0,5496 0,5402 0,5410 0,5418 0,5424 0,5430
40 0,5436 0,5442 0,5448 0,5443 0,5458 0,5463 0,5468 0,5473 0,5477 0,5481
50 0,5485 0,5489 0,5493 0,5497 0,5501 0,5504 0,5508 0,5511 0,5515 0,5518
60 0,5521 0,5524 0,5527 0,5530 0,5533 0,5535 0,5538 0,5540 0,5543 0,5545
70 0,5548 0,5550 0,5552 0,5555 0,5557 0,5559 0,5561 0,5563 0,5565 0,5567
80 0,5596 0,5570 0,5572 0,5574 0,5576 0,5578 0,5580 0,5581 0,5583 0,5585
90 0,5586 0,5587 0,5589 0,5591 0,5592 0,5593 0,5596 0,5596 0,5598 0,5599
100 0,5600
150 0,5646
200 0,5672
250 0,5688
300 0,5699
400 0,5714
500 0,5724
750 0,5738
1000 0,5745
g) Con un valor de período de retorno (T) de 5 años (P = 0.20 = 20%), seleccione los datos
correspondientes y construya la curva altura-duración-frecuencia (ADF).
Ejemplo 5.1
Determine la lluvia crítica en un área de 500 hectáreas ubicadas en las cercanías de Chillán.
El suelo es plano, de textura franco arcillosa, condición hidrológica buena, con 200 hectáreas
con cultivos anuales y 300 hectáreas de praderas naturales. Se desea tener una profundidad
efectiva de 1.0 metros. En atención a la cercanía de Chillán, se utilizarán los datos diarios de
precipitación recolectados en la Estación Agrometeorológica de la Universidad de
Concepción, Campus Chillán.
Una vez trazadas las rectas en el papel de probabilidad de Gumbell (Figura 5.2) y para un
período retorno de 5 años (T = 5 años) es posible obtener las lluvias máximas en 1, 2 y 3 días.
Estos son:
Tiempo Precipitación
(días) (mm)
1 97
2 127
3 150
Escorrentía.
Los drenes superficiales no se dimensionan para la descarga de diseño de aguas de
escorrentía porque generalmente su capacidad es mayor que la requerida para la descarga
máxima. Esto se debe a que la sección hidráulica mínima depende generalmente más de las
necesidades de control de erosión y manejo del suelo, que de la capacidad de descarga del
agua. Sin embargo, el cálculo del caudal correspondiente a la escorrentía se necesita para el
diseño de la red principal de drenaje ya que sobre esta descarga y la descarga debida al
drenaje subsuperficial se dimensionan los drenes colectores y los drenes principales.
El primer paso para determinar la descarga de diseño (m3/seg) es estimar que porcentaje de
la lluvia crítica (mm) se transforma en escorrentía superficial, una vez descontada el agua
interceptada por la vegetación y la infiltrada en el suelo. Los métodos de predicción de la
escorrentía en función de la precipitación se fundamentan en alguno de los siguientes
principios:
b) Medir la escorrentía en una cuenca pequeña, calcular la relación que resulta entre este
factor y la precipitación que la originó y aplicarlas a una cuenca mayor. En este principio
se basa el Método Racional.
d) Establecer la influencia de cambios en el manejo del suelo y del agua de una cuenca, sobre
las relaciones precipitación-escorrentía, de forma que pueda predecirse la escorrentía
esperada como resultado de obras de ingeniería realizadas en la cuenca. El Método
Hidrológico Simplificado se basa en este principio.
Por la simplicidad de su uso, se sugiere el Método de la Curva Número (CN) propuesto por el
Soil Conservation Service de USA. Dicho método asume que la escorrentía no es un valor
constante sino que varía de acuerdo a la magnitud de la precipitación según se indica en la
figura 5.4.
Ia = 0.2 S Ec.5.9.
2
( P − 0 .2S )
E= Ec.5.10.
P + 0 .8 S
donde:
25400
S= − 254 Ec.5.11.
CN
125
donde:
E = escorrentía (mm)
P = lluvia crítica (mm)
S = retención máxima de la cuenca (mm)
Ia = índice de almacenamiento superficial (mm)
CN = curva número
Grupo Descripción
A Bajo potencial de escorrentía. Suelos que tienen altas tasas de infiltración aún cuando
están bien mojados, consistentes principalmente en arenas o gravas profundas y bien a
excesivamente drenados. Estos suelos tienen una alta tasa de transmisión de agua.
B Suelos con tasas de infiltración moderadas cuando están bien mojados, moderadamente
profundos a profundos, moderadamente bien a bien drenados, con texturas
moderadamente finas a moderadamente gruesas. Estos suelos tienen una tasa de
transmisión de agua moderada.
C Suelos con tasas de infiltración lentas cuando están bien mojados, principalmente con
una capa que impide el movimiento hacia abajo del agua, o de textura moderadamente
fina a fina y una tasa de infiltración lenta. Estos suelos tienen una tasa lenta de
transmisión de agua.
D Alto potencial de escorrentía. Suelos que tienen tasas de infiltración muy lentas cuando
están bien mojados, principalmente suelos arcillosos con un alto potencial de expansión;
suelos con una napa subterránea permanente alta; suelos con claypan o capa arcillosa
en la superficie o cercana a ella; y suelos poco profundos sobre materiales casi
impermeables. Estos suelos tienen una tasa muy lenta de transmisión de agua.
127
CN 1 * A1 + CN 2 * A2 + ..... CN n * An
CN = Ec.5.12.
A
E
R = 2 ,78 (l/s/ha) Ec.5.13.
td
E * 24
R= (mm/día) Ec.5.14
td
donde:
R = recarga en litros por segundo por ha (lps/ha) o milímetros por día (mm/día)
E = escorrentía (mm)
td = tiempo de drenaje (horas)
Ejemplo 5.2.
Con los datos del ejemplo 5.1, determine la escorrentía y la recarga o coeficiente de
drenaje.
130
a) De la figura 5.3 obtenemos que la lluvia crítica para un período de retorno de 5 años y
1 día de duración es de 97 mm.
b) Dado que el suelo de la cuenca es de textura franco-arcillosa de la tabla 5.11 se deduce
que pertenece al grupo D.
c) Con esta información y asumiendo una condición hidrológica buena, de la tabla 5.13
obtenemos:
Para cultivos anuales (surcos rectos) CN = 89
Para praderas CN = 80
25400 25400
S= − 254 = − 254 = 49 .8 mm
CN 83.6
( P − 0 .2 S )2 ( 97 − 0 .2 * 49 .8 )2 ( 87 .04 )2
E= = =
P + 0 .8 S ( 97 + 0 .8 * 49 .8 ) 136 .84
E = 55 mm
55
R = 2.78 * = 6.37 lps/ha
24
131
55 * 24
R= = 55 mm/día
24
Percolación profunda.
En el caso de drenaje subsuperficial, luego de seleccionada la lluvia crítica es necesario
determinar que porcentaje de ella efectivamente percola y contribuye a la elevación del
nivel freático. Para tal efecto proceda de la siguiente manera:
donde:
θCC = contenido volumétrico de humedad del suelo a capacidad de campo (%)
θPMP = contenido volumétrico de humedad del suelo a punto de marchitez
permanente (%)
Pe = profundidad efectiva (mm)
Puesto que es improbable que la lluvia crítica caiga sobre un suelo totalmente seco o
totalmente saturado, se recomienda usar sólo una fracción del valor calculado mediante
la ecuación 5.15. Un valor aceptable puede ser un 30% a 50% de la humedad
aprovechable total (H).
Ejemplo 5.3.
Con los datos del ejemplo 5.1, calcule la recarga por percolación profunda. El suelo es
franco arcilloso y los valores de Capacidad de Campo (CC) y Punto de Marchitez
Permanente (PMP), obtenidos en laboratorio son 42% y 22% respectivamente. La
densidad aparente 1.2 gr/cm3. La profundidad efectiva 1.0 metro. Luego, el
almacenamiento, calculado a partir de la ecuación 5.15., es:
42 − 22
H= * 1.2* 1000mm = 240mm
100
0.4 H = 96 mm
R = 18 mm/día
133
V ZR
Ef a = * 100 Ec.5.16.
VA
Percolación profunda.
La percolación profunda (P) puede calcularse a partir de la ecuación de infiltración
acumulada (Iac), tal que si:
y además:
Tr
R= Ec.5.18.
Tf
135
entonces:
( R + 1) − R B
B
P= * 100 Ec.5.19.
( R + 1) + R B
B
o simplemente:
B
P= 100 Ec.5.20.
2 R + 1
donde:
A = K/n+1
B =n+1
K y n = constantes de la ecuación de infiltración
R = relación de tiempo
Tr = tiempo requerido para llevar la zona de raíces a capacidad de campo
Tf = tiempo requerido para que el agua llegue al final del paño a regar
P = percolación profunda
Al expresar las pérdidas por percolación en función del volumen infiltrado, tenemos:
V PER
P= 100 Ec.5.21.
V ZR + V PER
V
P = PER 100
VA
137
De la tabla anterior se desprende que existe una estrecha relación entre el método de
riego, la textura del suelo y las pérdidas por percolación. Para un mismo método de riego,
es factible esperar mayores pérdidas en suelos de textura gruesa que en suelos de textura
fina.
138
En el cálculo de las necesidades de lavado de un suelo hay que considerar dos situaciones:
a) una situación a largo plazo (un año o durante el período de riego) durante el cual no
debe haber una acumulación de sales que pueda generar una salinización progresiva;
b) una situación a corto plazo (durante el período de desarrollo del cultivo), durante el
cual la salinidad del suelo no debe exceder el umbral de tolerancia del cultivo.
140
P + R + C = ET + Pp + ∆A Ec.5.22.
donde:
P = precipitación (mm)
R = riego (mm)
C = ascenso capilar (mm)
ET = evapotranspiración (mm)
Pp = percolación profunda (mm)
∆A = variación en el almacenamiento de humedad del suelo (mm)
Por otra parte, el balance de sales en la zona radicular, suponiendo que la sales existentes
son altamente solubles y no precipitan y que la salinidad del agua de lluvia y la consumida
por el cultivo (ET) es nula, es el siguiente:
R * Cr + C * Cc = Pp * Cpp + ∆Z Ec.5.23.
donde:
Cr = concentración de sales del agua de riego (gr/l)
Cc = concentración de sales del agua capilar (gr/l)
Cpp = concentración de sales del agua de percolación (gr/l)
∆Z = variación del contenido de sales en la zona radicular (gr/m2)
141
( ET − P ) * C r + C( C c − C r )
Pp = Ec.5.24.
( C pp + C r )
( ET − P ) cr + C( cc − c pp )
RL = Ec.5.25.
( c pp + cr )
Cr
RL = ( ET − P ) Ec.5.26.
C pp − Cr
VE
PE = * 100 Ec.5.27.
VA
143
donde:
PE = pérdida por escorrentía (%)
VE = volumen escurrido (m3/ha)
VA = volumen aplicado (m3/ha)
Las filtraciones desde ríos, esteros, canales, embalses o terrenos adyacentes a la zona con
problemas de drenaje, constituyen una importante fuente de recarga que es fundamental
identificar y cuantificar. En los párrafos siguientes se describe cómo detectar la presencia
de tales filtraciones y cómo determinar la cantidad de agua en movimiento.
La medida directa de las pérdidas por filtración en canales pueden realizarse por los
procedimientos convencionales basados en el aforo simultáneo en dos estaciones
separadas convenientemente una de otra, determinando un tramo de canal. Si se dispone
de tales datos es posible obtener las pérdidas por filtración de la siguiente manera:
F = Qi - Qf Ec.5.28.
donde:
F = filtraciones (m3/seg) en un tramo de largo “l”
Qi = caudal al inicio del tramo (m3/seg)
Qf = caudal al final del tramo (m3/seg)
144
Para expresar dichas pérdidas en mm/día será necesario conocer el perímetro mojado del
canal a través del cual se producen las filtraciones que eventualmente están abasteciendo
el nivel freático.
En atención a que no siempre es posible realizar las mediciones respectivas para el cálculo
de las filtraciones en la forma indicada, el Bureau of Reclamacion (USBR) de Estados
Unidos propone el uso de la figura 5.9. obtenido a partir de las características hidráulicas
del canal y la naturaleza física del mismo (Grassi, 1981).
Filtraciones Laterales.
Si las filtraciones que llegan al área problema provienen desde terrenos adyacentes, para
su identificación y cuantificación se requiere la construcción de una red de pozos de
observación (Sección 4.2.4.).
Una vez hecho el levantamiento topográfico de los niveles freáticos, se procede al trazado
de las isohypsas (líneas de igual cota). Si se conoce la conductividad hidráulica del suelo,
es posible calcular el caudal que filtra hacia el área problema, aplicando la ley de Darcy:
Q = K*A*i Ec.5.29.
145
Figura 5.9. Nomograma para estimar la pérdida por filtración en canales (Grassi, 1981).
146
donde:
Q = caudal que fluye en una determinada dirección (m3/día)
K = conductividad hidráulica (m/día)
dh diferencia . entre. dos. curvas m
i = = gradiente hidráulico =
dx distancia . entre. dos. curvas m
Ejemplo 5.4.
Luego:
K = 5m/día
A = 5m * 1km
i = 0.005
efectiva más el rango sobre el cual fluctúa el nivel freático. Generalmente se encuentra
entre 1.0 y 2.0 m bajo la superficie del suelo.
La profundidad mínima de los drenes dependerá del régimen de flujo que se considere
para el cálculo del espaciamiento. Según FAO (1985) esta profundidad mínima deberá ser
el valor máximo resultante de las profundidades calculadas según el siguiente
procedimiento:
Como una forma de simplificar este cálculo, la profundidad de los drenes bajo
condiciones de régimen permanente puede ser simplemente:
Pd = Pe + ∆h Ec.5.30.
donde:
Pd : Profundidad del dren (m)
Pe : Profundidad radicular efectiva (m)
∆h : Carga hidráulica (m)
• el 100% del ascenso del nivel freático producido por la recarga individual máxima
debida a una aplicación local de agua;
• un valor residual de carga hidráulica de 0.1 m.
Un método alternativo para este último caso es usar el método del equilibrio dinámico
indicado en el ejemplo 8.7. (solución 3), capítulo VIII; manteniendo el máximo nivel
freático bajo el nivel especificado.
Ejemplo 5.5.
carga hidráulica (∆h). Es decir, en el punto medio entre los drenes debe haber una cierta
altura de agua por sobre el nivel de los drenes.
Es necesario tener presente que, en la medida que aumenta el valor de la carga hidráulica
el flujo hacia los drenes será más eficiente y rápido por cuanto aumenta el gradiente
hidráulico. Según este principio, pareciera conveniente utilizar valores lo más grande
posible. Sin embargo, ello incide directamente sobre la profundidad de los drenes y por
tanto sobre los costos. Considerando ambas circunstancias y la experiencia profesional
acumulada, se recomiendan valores de carga hidráulica que pueden fluctuar entre 0.2 y
0.5 m.
FAO. 1980. Drainage design factors. Irrigation and Drainage Paper 38.
Grassi, C.J. 1981. Manual de drenaje agrícola. CIDIAT, Venezuela, Serie Riego y
Drenaje. R.D.-10.
Oosterban, R.J. 1988. Drainage for agriculture. 27th International Course on Land
Drainage. International Institute for Land Reclamation and Improvement. (ILRI). The
Netherland.
152
6.1. INTRODUCCION.
Desde el punto de vista del drenaje, las características hidrodinámicas más relevantes de un
suelo y que tienen que ver directamente con el cálculo del espaciamiento entre drenes
subsuperficiales (Capítulo VIII.3) son:
La importancia que tiene este valor en el cálculo del espaciamiento es posible demostrarlo a
partir de cualquiera de las ecuaciones indicadas en el capítulo VIII.3. Así por ejemplo, un
error en el cien por ciento de la conductividad provoca un error del orden del 40% en el
espaciamiento. Considerando las variaciones que presenta un suelo, diferencias puntuales
del cien por ciento entre uno y otro no son del todo extrañas cuando se hacen
determinaciones en terreno.
Desde el punto de vista de su variación en el tiempo ésta se debe a que los factores que
actúan son dinámicos lo cual, sumado a la intervención humana, somete al suelo a continuos
cambios que de una u otra forma afectan la conductividad. La figura 6.1. muestra la
variación de la conductividad hidráulica debido a una saturación prolongada. Dicha
variación depende de varios procesos simultáneos, aunque la diferencia en las tres fases en
que se ha dividido la curva, se explica por la predominancia de cada factor. De acuerdo a la
figura, la disminución de la conductividad durante la fase 1, se debe al efecto de la mojadura
de las partículas y lixiviación de los electrolitos. En la fase 2, se produce un aumento
relativamente brusco de la conductividad debido a la disolución del aire atrapado y
eliminación del mismo con el agua. Finalmente, en la fase 3, se produce una disminución
gradual de la conductividad debido a la actividad hidráulica. Un sistema de drenaje puede
detener este fenómeno antes que produzca el deterioro de la estructura del suelo.
Dos características del suelo que inciden poderosamente sobre la conductividad hidráulica
son la textura y la estructura. La tabla siguiente ilustra claramente el efecto de la textura
sobre la conductividad hidráulica del suelo.
Textura K
m/día
Arena gruesa con grava 10-50
Franco arenosa fina; arena fina 1-5
Franco; franco arcillosa bien estructurada 1-3
Franco arenosa muy fina 0.5-2
Arcilla con grietas 0.5-2
Arena muy fina 0.2-0.5
Franco arcillosa, arcillosa mal estructurada 0.002-0.2
Arcilla compactada <0.002
Como se puede apreciar en la tabla 6.1, la conductividad hidráulica disminuye de las texturas
más gruesas a las más finas, además dentro de una misma clase textural las variaciones de la
conductividad hidráulica del suelo son considerablemente altas y están afectadas por la
estructura predominante. Esto ilustra con claridad la necesidad de obtener un valor
representativo de la conductividad para hacer un diseño de drenaje adecuado. En general, es
posible sostener que la conductividad de un suelo arenoso es función de su textura
(granulometría), en cambio, la conductividad de un suelo arcilloso depende
fundamentalmente de su estructura (ordenamiento espacial de las partículas).
a) Métodos de laboratorio.
a.1. Permeámetro de altura constante
a.2. Permeámetro de altura variable
b) Métodos de terreno.
b.1. Con nivel freático presente
- Método del pozo
- Método del piezómetro
- Método del doble pozo
- Método de la prueba de bombeo
- Método de drenes paralelos
b.2. Sin nivel freático presente
- Método del pozo invertido
- Método del cilindro de infiltración
- Método del doble tubo
c) Métodos de correlaciones.
c.1. A partir de la curva de retención de humedad del suelo
c.2. A partir de la curva de distribución del tamaño de partículas
c.3. A partir de la clase textural
Tanto los métodos de laboratorio como los de terreno, se basan en imponer ciertas
condiciones al flujo de agua, en una muestra de suelo o en el suelo mismo, para la aplicación
de una fórmula basada en la ley de Darcy sujeta a ciertas condiciones de borde.
Los métodos de laboratorio se aplican sobre muestras de suelo obtenidas mediante cilindros.
Aunque éstos métodos son relativamente laboriosos se usan en atención a su rapidez y bajo
costo y porque eliminan algunos supuestos en los que se basan las fórmulas que relacionan
las propiedades del suelo con la conductividad. Además, permiten obtener la conductividad
horizontal y vertical del suelo en cada estrata identificada en el estudio agrológico, lo que es
158
una ventaja. Sin embargo, estos métodos son poco recomendables, debido a la gran
variabilidad y escasa representatividad de los resultados por el pequeño tamaño de la
muestra. Además, y puesto que la muestra proviene de un lugar puntual, está afecta a errores
de procedimiento durante su extracción y posterior manipulación en el laboratorio.
Para el cálculo de la conductividad hidráulica se utiliza la ecuación de Darcy que bajo las
condiciones de flujo imperantes en el sistema resulta ser:
Q*L
K = -------------- Ec.6.1.
A*H
donde:
K = conductividad hidráulica (L/T).
Q = caudal (L3/T).
L = largo de la muestra de suelo (L).
A = área del cilindro (L2).
H = L + h = carga de agua (L).
h = altura de agua sobre la muestra (L).
160
Con el propósito de obtener una muestra de suelo en su condición más natural posible
(muestra no disturbada), es conveniente que ésta se obtenga con el mismo cilindro con que
posteriormente será procesada en laboratorio. Es conveniente que el cilindro escogido esté
provisto de un bisel en el borde inferior, tenga un diámetro no superior a 7.5 centímetros y
que no supere los 10 centímetros de largo. Este cilindro se inserta en el suelo (vertical u
horizontalmente) a la profundidad deseada mediante presión o golpes suaves cuidando no
destruir la estructura natural del suelo.
Una vez obtenida la muestra, ésta se limpia con un cuchillo para ajustarla al nivel superior e
inferior del cilindro, cuidando no sellar los poros del suelo. Para evitar la deshidratación de
la muestra y facilitar su traslado hacia el laboratorio, es conveniente sellar ambos extremos
con un plástico.
Bajo las condiciones de flujo indicados en la figura 6.3., es posible demostrar que la
conductividad hidráulica queda determinada por la siguiente expresión:
L Hi
K = 2.3 ----- log ----- Ec.6.2.
∆t Hf
donde:
K = conductividad hidráulica (L/T).
L = largo de la muestra (L).
∆t = intervalo de tiempo desde Hi a Hf (T).
Hi = altura inicial del agua (L).
Hf = altura final del agua (L).
Este método consiste en perforar un pozo en el suelo hasta la profundidad deseada bajo el
nivel freático, empleando un barreno. Luego que el agua en el pozo alcanza su nivel de
equilibrio con aquélla presente en el suelo, se extrae una parte mediante una bomba de tipo
manual. Al producirse una diferencia de carga hidráulica entre el nivel de agua del pozo y la
del suelo circundante, el agua comienza a fluir por las paredes y llena el interior del pozo.
Disponiendo de un conjunto de datos de altura del agua versus tiempo, se calcula la
conductividad hidráulica con alguna ecuación que relacione la velocidad de ascenso del
agua, las condiciones de flujo y la geometría del pozo (Salgado, 1971). Bajo las condiciones
descritas, este método mide la conductividad hidráulica promedio en un radio de 40 a 50
centímetros en torno al pozo y hasta 20 centímetros bajo el fondo del mismo (Figura 6.4.).
164
Figura 6.4. Diagrama del método del pozo según Hooghoudt y Ernst.
165
a) Si D ≠ 0, entonces:
2.3 r S ho
K = -------------------- log ----- Ec. 6.3.
(2H + r) ∆t h1
b) Si D = 0, entonces:
2.3 r S ho
K = -------------------- log ----- Ec. 6.4.
2H ∆t h1
donde:
D = profundidad al estrato impermeable desde el fondo del pozo (cm).
r = radio del pozo (cm).
H = distancia desde el nivel freático al fondo del pozo (cm).
ho = distancia desde el nivel freático estabilizado al nivel del agua en el pozo al tiempo to
(cm).
h1 = distancia desde el nivel freático al nivel del agua en el pozo al tiempo t1 (cm).
∆t = intervalo de tiempo entre to y t1 (seg)
S = factor de geometría del pozo (adimensional)
166
donde:
r = radio del pozo.
H = distancia desde el nivel freático estabilizado al fondo del pozo.
Ernst (Van Beers, 1970) desarrolló una fórmula para determinar la conductividad hidráulica
del suelo independientemente de la velocidad de ascenso de agua dentro del pozo. Dicha
ecuación se puede expresar en forma simple como:
∆h
K = C -------- Ec. 6.5.
∆t
Donde:
K = conductividad hidráulica (m/día).
C = coeficiente geométrico.
∆h = intervalo de distancia entre ho y h1 (cm) o gradiente hidráulico.
∆t = intervalo de tiempo entre to y t1 (seg).
Si D > 0.5 H
4.000 r/h
C = ----------------------------- Ec. 6.6.
(20 + H/r)(2 - h/H)
167
Si D = 0
3.600 r/h
C = ------------------------------- Ec.6.7.
(10 + H/r)(2 - h/H)
donde:
D = profundidad al estrato impermeable desde el fondo del pozo (cm).
H = distancia desde el nivel freático al fondo del pozo (cm), siempre que: 20 < H < 200.
r = radio del pozo (cm). Se recomienda que: 3 < r < 7.
h = profundidad media del agua en el pozo bajo el nivel freático (cm), tal que
h = 0.5 (ho - h1).
ho = profundidad inicial del agua en el pozo desde el nivel freático (cm), al tiempo to.
h1 = profundidad final del agua en el pozo desde el nivel freático (cm), al tiempo t1.
Cuando 0 < D < 0.5 H el valor de la conductividad hidráulica puede obtenerse a partir de la
media aritmética o geométrica de los valores obtenidos con las ecuaciones 6.6 y 6.7.
Luego de construido el pozo se requiere que el agua alcance su nivel de equilibrio. Las
mediciones se deben comenzar tan pronto se extraiga el agua desde el pozo, a intervalos
regulares de tiempo y deben prolongarse por un tiempo no superior al requerido para que el
25% del volumen de agua extraída haya reingresado al pozo, a través de las filtraciones. Si
no se respeta esta condición, es posible que en el suelo adyacente se produzca un
considerable abatimiento del nivel freático, haciendo variar las condiciones de flujo bajo las
cuales fueron derivadas las ecuaciones y por lo tanto no sean válidas.
168
C E
B D
F
Luego que se han hecho las mediciones respectivas será necesario revisar su consistencia y
confiabilidad. Para tal efecto será necesario realizar todo el proceso de nuevo, hacer nuevas
mediciones en el mismo pozo, eliminar aquellos datos que merezcan dudas y finalmente
utilizar sólo aquéllos con los cuales se obtiene máxima consistencia.
Cuando se trata de un suelo heterogéneo, compuesto de dos horizontes que tienen una
apreciable diferencia en su textura (Figura 6.6.), Ernst propuso obtener la conductividad de
cada estrato utilizando las siguientes expresiones:
∆h1 K1 K2 K2
------- = ----- + ----- - ------
∆t1 C1 C2 C1
luego:
C1 ∆h1/∆t1 - K1
K2 = ----------------------------- Ec.6.8.
(C1/C2 ) - 1
Con frecuencia es deseable obtener la conductividad hidráulica de cada estrata del perfil de
suelo. Esto es particularmente importante cuando se estudia el diseño de un sistema de
170
Figura 6.6. Diagrama del método de Ernst para un suelo de dos estratas.
171
drenaje de un suelo de origen aluvial, estratificado, en que las características físicas de cada
estrata, influyen directamente en la profundidad de instalación de los drenes. En un suelo de
dos estratas (Figura 6.6.) se puede emplear el procedimiento propuesto por Ernst (Ec. 6.8.).
En un suelo de tres o más estratas, se recomienda el uso del método del piezómetro.
Este método, permite la entrada de agua al pozo solamente a través de una cavidad en el
extremo inferior de un tubo. El procedimiento consiste en hincar en el suelo, un tubo metálico
o plástico con su borde inferior biselado hasta una profundidad bajo el nivel freático (Figura
6.7). El tubo se introduce a presión, y se va extrayendo el suelo del interior. Lograda la
profundidad requerida, se continúa perforando más allá del tubo, dejando un espacio de
paredes sin recubrir. Una alternativa diferente es perforar hasta el fondo del tubo y luego
levantarlo para dejar un espacio de paredes sin tubo.
Una vez construida la cavidad, se deja que el nivel freático alcance su punto de equilibrio,
se extrae el agua desde el interior y se inicia el registro de los datos correspondientes al
ascenso del agua, en forma similar a la descrita para el método del pozo.
Kirkham (Salgado, 1971) determinó las siguientes expresiones que permiten el cálculo de la
conductividad hidráulica.
2.3 π r2 ho
K = --------------- log ------ Ec.6.9.
A * ∆t h1
o bien
π r2 ∆h
K = --------------- ------ Ec.6.10.
A * ∆t h
172
donde:
K = conductividad hidráulica (cm/seg).
r = radio del tubo (cm).
ho = profundidad inicial del agua en el pozo desde el nivel freático (cm).
h1 = profundidad final del agua en el pozo desde el nivel freático (cm).
∆h = intervalo de distancia entre ho y h1.
A = factor geométrico del pozo (Figura 6.8.).
h = profundidad media = (ho-h1)/2 (cm).
∆t = intervalo de tiempo entre to y t1 (seg).
El error que se comete al usar la ecuación 6.10. es pequeño si la relación ∆h/h1 es pequeña,
pero aumenta al aumentar dicha relación. Dicho error es inferior al 4% para relaciones
∆h/h1 menores a 0.5 e inferior al 10% para relaciones entre 0.5 y 0.7 (Richards, 1954).
Reconocido como método de Porchet en la literatura francesa, ha sido diseñado para obtener
la conductividad hidráulica de un suelo con problemas de drenaje, pero sin presencia de nivel
freático en el momento de la medición. Se basa en el principio de la infiltración de agua en el
suelo y se emplea un cilindro para hacer pasar continuamente agua a un suelo no saturado.
Después de un tiempo, se encontrará que el suelo debajo y alrededor del cilindro alcanza la
saturación, y que el frente húmedo describe una línea relativamente nítida entre el suelo
húmedo y el suelo seco (Figura 6.9.).
Si se considera un punto por encima del frente húmedo, se observa que allí el potencial
mátrico (hm) es bajo. La diferencia de carga entre el punto Z y la superficie del suelo, por lo
tanto, será Z + h, siendo h, la altura del agua en el cilindro.
174
∆h = Z + h + hm
∆h Z + h + hm
i = ------ = -----------------------
Z Z
En el método del pozo invertido, el suelo saturado alcanza una velocidad de infiltración casi
constante (Figura 6.10). Luego la infiltración total (Q) será igual a la velocidad por el área
de infiltración (V * A) y como V = K, entonces:
Como en tales circunstancias el agua se infiltra tanto a través de las paredes como del fondo
del pozo, el área total de infiltración será:
A = 2π r h + π r2
donde:
A = área total de infiltración.
r = radio del pozo.
h = altura de agua dentro del pozo
177
Q = 2π K r (h + r/2)
dh
2
Q = - π r -----
dt
dh r
2
-π r ------ = 2π K r ( h + ---- )
dt 2
Integrando la expresión anterior entre los límites ho - ht y to-tt, resulta finalmente que:
donde:
K = conductividad hidráulica (cm/ seg).
ho = altura de agua en el pozo al tiempo to.
ht = altura de agua en el pozo al tiempo tt.
Al graficar en un papel semilogarítmico los valores de ht - r/2 versus t (Figura 6.11.), resulta
una línea recta donde:
179
y por tanto:
Es importante construir el gráfico ilustrado en la figura 6.11 ya que si los valores resultantes
de una prueba de terreno no se ajustan a una línea recta significa que el suelo no ha
alcanzado aún la plena saturación y por lo tanto se requiere seguir agregando agua al pozo
hasta lograr dicha condición.
Dado el origen aluvial de la mayoría de los suelos del Valle Central de Chile, es usual que se
necesite conocer la conductividad hidráulica de una estrata, formada por una gran cantidad
de piedras y gravas, con una matriz arenosa o arcillosa. En este caso resulta infructuoso el
empleo de barreno para aplicar el método del pozo, se recomienda en cambio, realizar una
prueba de bombeo (Figura 6.12.), de acuerdo a la siguiente metodología:
Q
K = ------------------ Ec. 6.15.
C * ∆H * r
donde:
K = Conductividad hidráulica (m/día).
Q = Caudal de bombeo constante (m3/día).
r = Radio del pozo (m).
C = f(h,r) = factor geométrico adimensional (Figura 6.13.)
H2 - h2
∆H = ------------- (m)
H
H = Distancia desde el fondo del pozo al nivel freático en su condición inicial (m)
h = Distancia del fondo del pozo al nivel de agua dentro del mismo luego de alcanzar la
condición de equilibrio (m)
Es necesario tener presente que en este procedimiento el valor de C es válido sólo para
H<0.25S, donde S representa la distancia desde el fondo del pozo hasta el estrato
impermeable. El valor así obtenido representa un promedio dentro de la región del flujo.
Figura 6.13. Factor (C) para el cálculo de la conductividad según prueba de bombeo.
(Kessler, J. and Oosterbaan, R.J., 1974).
184
2. Puesto que con fines de drenaje no tiene sentido conocer la conductividad hidráulica de
una fase, de una unidad de manejo ni mucho menos de una serie de suelos, es
indispensable realizar un gran número de determinaciones y con éstos desarrollar un
plano de rangos de conductividad (Figura 4.14.) para finalmente elegir un valor
representativo dentro de dicho rango y proceder al cálculo del espaciamiento, el cual es
válido sólo dentro del área que comprende ese rango.
La literatura indica diversos criterios para estimar el número mínimo de determinaciones que
debieran realizarse, cantidad que está condicionada por las características del suelo y el
espaciamiento esperado. La tabla 6.2. señala un criterio ampliamente utilizado en el cual los
valores recomendados expresan el número máximo de hectáreas representadas por cada
punto de determinación.
En Chile, en las Bases Técnicas de los concursos de la Ley 18.450 se tiende a exigir un
elevado número de determinaciones en superficies inferiores a 100 hectáreas. Esto, en
185
Superficie Factor
(ha)
≤ 20 1,0
25 - 50 0,5
51 -100 0,2
>100 0,1
La aplicación de la tabla 6.3. exige que la superficie total a drenar sea subdividida en cada
uno de los rangos indicados y éstos multiplicados por el respectivo factor. Así, en una
superficie menor de 20 ha., debe realizarse una determinación por hectárea; si la superficie
es de 50 ha. deberán realizarse 35 determinaciones (20 * 1 + 30 * 0,5 = 35) y si la superficie
es de 100 ha. deberán realizarse 45 determinaciones (20 * 1 + 30 * 0,5 + 50 * 0,2 = 45).
En cuanto a la profundidad a la cual deben hacerse las mediciones, aquélla está determinada
por el tipo de suelo existente. Generalmente se acepta que si el suelo es homogéneo, las
determinaciones, las debieran hacerse hasta una profundidad equivalente a 1/8 del
espaciamiento previsto. Si el suelo es heterogéneo las determinaciones debieran hacerse
hasta una profundidad equivalente a 1/20 del espaciamiento previsto. En ambos casos,
obviamente, el límite inferior es el estrato impermeable. Otro criterio recomienda que la
profundidad hasta la cual deban realizarse las determinaciones sea en función de las
características del suelo y el espaciamiento esperado. La tabla siguiente resume dicho
criterio.
186
6.3.1. Definiciones.
El espacio poroso drenable (µ) es una parte del espacio poroso total, y corresponde al
volumen de agua que pierde un acuífero no confinado al bajar el nivel freático desde una
posición inicial a un nivel final más profundo (Figura 6.14.). También puede definirse como
la diferencia de contenido de humedad del suelo, inmediatamente encima del nivel freático, en
ausencia de evaporación.
Figura 6.14. Diagrama que explica el concepto de espacio poroso drenable o rendimiento
específico en un acuífero freático.
188
Porosidad
Textura Estructura drenable
(%)
Arcillosa Columnar, aglomerada muy fina 1-2
Franco-arcillosa densa
Arcillosa Prismática muy fina o fina en bloques 1-3
Franco-arcillosa angulares o laminar
Arcillo-limosa
Franco arcillo-arenosa
Arcillosa Prismática fina y mediana en bloques 3-8
Arcillo-limosa angulares y laminar
Franco-arcillo-limosa
Franco-arcillosa
Franco-limosa
Limosa
Franco-arcillo-arenosa
Franco-arcillosa poco densa Prismática mediana y en bloques 6-12
Limosa subangulares
Franco-limosa
Franco-arenosa muy fina
Franca
Franco-arenosa fina En bloques subangulares gruesos y 12-18
Franco-arenosa granular, migajón fina
Arenosa-franca Migajón mediana de grano suelto 15-22
Arenosa-fina
Arenosa-media De grano suelto 22-26
Arenosa-gruesa De grano suelto 26-35
Grava
De lo anterior, se desprende que los poros finos de un suelo no contribuyen al espacio poroso
drenable debido a que la fuerza con que el agua es retenid, es mayor que el peso de la
misma. Como consecuecia de lo anterior, desde los poros pequeños no hay drenaje de agua
por efecto de la gravedad. Esto explica en parte, por qué en suelos arcillosos se requiere un
menor espaciamiento de los drenes que en suelos arenosos y por qué los suelos arcillosos
retienen mayor cantidad de agua que los arenosos.
Si en un suelo cualquiera, que tiene un nivel freático a una determinada profundidad (NF
inicial) se lleva éste a una nueva posición, más profunda (N.F. final), se produce una pérdida
189
de agua desde el perfil del suelo equivalente al área sombreada de la figura 6.15. Por lo
tanto, el espacio poroso drenable estará determinado por:
Existen diversos métodos para determinar la porosidad drenable. Las Bases Técnicas de los
Concursos de la Ley 18.450 señalan que este valor puede obtenerse por una simple
correlación con la conductividad hidráulica mediante la expresión desarrollada por Van
Beers (Martínez, 1982).
µ= K Ec. 6.17.
donde:
µ = porosidad drenable (%)
K = conductividad hidráulica (cm/día)
190
Los valores así obtenidos se relacionan razonablemente bien con aquellos otros propuestos
por Grassi (1981) y el Water and Power Service de Estados Unidos (FAO, 1980) que se
indican en las figuras 6.16 y 6.17, respectivamente. Por tratarse todas ellas de relaciones
empíricas, a continuación se indican dos procedimientos para calcular la porosidad drenable
a partir de datos obtenidos en laboratorio.
Ejemplo 6.1.
A: ϕh = 0 cm ⇒ θv = 49%
A: ϕh = 100 cm ⇒ θv = 42%
luego:
µ = 49 - 42 = 7%
192
Figura 6.17. Relación general entre porosidad drenable (µ) y la conductividad hidráulica
(K) (Grassi, 1981).
194
Como se ha señalado anteriormente, al bajar el nivel freático desde una posición inicial
(previo al drenaje) hasta una posición final (después de instalados los drenes), el suelo pierde
agua desde la zona saturada. Bajo tales condiciones, la porosidad drenable queda
determinada por la ecuación 6.16. Si la disminución del nivel freático no es superior a los
150-200 centímetros, es posible aplicar dicha relación y el procedimiento a seguir es el
siguiente:
área ABCD
µ = ----------------- (mm)
distancia AD
BE + CE
µ = ---------------
2
Esta última expresión señala que la porosidad drenable es igual al promedio del contenido de
humedad en volumen en la superficie del suelo, entre ambas situaciones.
195
Ejemplo 6.2.
La tabla 6.6. muestra un ejemplo de cálculo de la porosidad drenable para un suelo franco
arcillo limoso, cuando el nivel freático se baja de 0.50 a 1.2 metros de profundidad. Como se
desprende de la tabla, el método descrito requiere que se disponga de datos de contenido de
humedad volumétrico del suelo a tensiones inferiores de 1/3 de atmósfera (300 centímetros).
La región de flujo es la zona saturada del suelo en la cual ocurre el flujo. Consecuentemente,
es conveniente diferenciar entre la situación sin drenes y con drenes.
En una condición sin drenes (sin proyecto) la región de flujo está limitada en su parte
superior por la posición del nivel freático (donde el agua se encuentra a una presión igual a
la presión atmosférica) y en su parte inferior por el estrato impermeable causante de la
presencia de esta situación de saturación.
En una condición con drenes (con proyecto) a su vez podemos distinguir dos situaciones.
Bajo una condición de régimen permanente el límite superior de la región de flujo será la
posición del nivel freático en el punto medio entre dos drenes laterales (: Figura 8.1). Bajo
una condición de régimen impermanente el límite superior será el punto medio entre el nivel
freático inicial y final entre dos períodos de recarga (Capítulo VIII: Figura 8.12). En ambos
casos el límite inferior es el estrato impermeable.
La identificación de esta región de flujo es fundamental para decidir a qué profundidad deben
realizarse las determinaciones de conductividad hidráulica y porosidad drenable. Es decir, si
la región de flujo está entre 1.5 m y 4.0 m de profundidad, la conductividad hidráulica debe
determinarse en aquellas estratas que se encuentran comprendidas en dicha profundidad. En
el capítulo VIII, donde se explica detalladamente el uso de las ecuaciones para el cálculo del
espaciamiento, se hace mención nuevamente en la importancia de este concepto.
198
FAO, 1980. Drainage design factors. Irrigation and Drainage Paper 38.
Grassi, C.J. 1981. Manual de drenaje agrícola. CIDIAT, Venezuela. Serie Riego y Drenaje
RD-10.
Kessler, J. and R.J. Oosterbaan. 1974. Determining hidraulic conductivity of soils. In. ILRI
(ed). Drainage principles and applications. Publication 16. Chapter 24.
Reeve, R.C. and J.N. Luthin. 1957. Methods of measuring soil permeability. In. Luthin, J.N.
(ed). Drainage of agricultural lands. American Society of Agronomy, Madison, Wisconsin.
Volume 7.
Van Beers, W.F.J. 1963. The auger hole method. A field measurement of the hydraulic
conductivity of soil below the water table. International Institute for Land Reclamation and
Improvement (ILRI), The Netherland. Bulletin 1.
199
7.1. INTRODUCCION.
Se entiende por drenaje superficial, la remoción de los excesos de agua que se acumulan en la
superficie del suelo a causa de lluvias muy intensas y frecuentes, topografía muy plana e
irregular, suelos poco permeables y alta escorrentía superficial como consecuencia de riegos
muy prolongados.
El drenaje superficial, al igual que el drenaje interno o subsuperficial de los suelos, ha sido
un aspecto al cual normalmente ni los agricultores ni las agencias estatales le han dado la
importancia que se merece. Por un lado, la actitud normal de los agricultores ha sido evitar
el uso de aquellos suelos que presentan problemas de drenaje o, en el mejor de los casos,
emplear cultivos de período de desarrollo corto que crezcan durante la temporada en que el
problema no es evidente. Por otra parte, los proyectos estatales sólo consideran la
habilitación del suelo o su puesta en riego pero no aseguran su productividad en el futuro.
La necesidad del drenaje superficial se justifica en zonas donde los factores climáticos, las
condiciones hidrológicas, las características de los suelos, la topografía y la utilización de la
tierra, dan lugar a que el agua permanezca inundando la superficie del suelo, durante un
tiempo superior al que los cultivos pueden soportar sin manifestar serios efectos sobre los
rendimiento y/o sobrevivencia.
200
La acumulación de agua superficial puede deberse a que la velocidad de infiltración del suelo
es menor a la intensidad de lluvia. Si la velocidad de infiltración no es factor limitante, la
escorrentía superficial puede deberse a que la capacidad de almacenamiento de agua del
suelo es sobrepasada por la precipitación y/o el riego.
En el diseño de sistemas de drenaje superficial hay que distinguir dos casos diferentes, el de
las zonas planas (con pendientes inferiores al 2%) y el de zonas con pendiente (mayores al
2%). En el primer caso, el sistema debe ser capaz de evacuar el exceso de agua superficial,
que ocurra en un cierto período de recurrencia, en un tiempo inferior al crítico de los
cultivos. Este tiempo generalmente debe ser inferior a 48 horas y el período de retorno -para
cultivos extensivos- suele ser de 5 años, aunque también se eligen períodos de 10 años, si los
cultivos son de mayor rentabilidad. En el segundo caso, el sistema de drenaje debe ser capaz
de conducir un caudal máximo, correspondiente al período de retorno seleccionado, sin que
se produzca erosión.
El sistema de drenaje superficial a utilizar en un área depende de varios factores. Los más
relevantes son:
1. Fuente de exceso de agua.
2. Características topográficas del área.
3. Tipo de suelos.
4. Uso del suelo (cultivos).
5. Consideraciones económicas.
6. Consideraciones sociales.
En este manual se hace una presentación utilizando la fuente de exceso de agua como criterio
de clasificación. A partir de este criterio podemos identificar los siguientes sistemas: control
de inundaciones, control del escurrimiento de áreas adyacentes y drenaje superficial local.
No obstante que este tema puede considerarse que no está directamente relacionado con el
drenaje, no es menos cierto que en muchos terrenos ésta es la razón principal de los
problemas de drenaje que se presentan. Tal es el caso de las terrazas bajas adyacentes a ríos
y esteros.
Rectificación de cauces.
c) Enderezamiento. Mejorar las características del flujo y reducir la erosión en los bordes.
Como se señala en el capítulo X, una intervención de este tipo sobre el estero o río podría
tener algunas consecuencias de tipo ambiental no sólo en el lugar de la intervención sino,
eventualmente, aguas arriba y/o aguas abajo del lugar afectado. Consecuentemente, deberán
tomarse las medidas correctivas del caso cuando la intervención es de cierta magnitud.
203
Diques.
Los diques son muros de tierra que se levantan en los márgenes de los ríos con el objeto de
aumentar la capacidad natural del estero e impedir que el agua ingrese a las áreas bajas
adyacentes. La figura 7.1 muestra un dique y las formas más tradicionales de elevar su altura
bajo condiciones críticas.
Muros de contención.
Los muros de contención son, por lo general, obras de hormigón, albañilería o madera,
destinados también a aumentar la capacidad de porteo del río e impedir que el agua ingrese a
los terrenos circundantes. En la figura 7.2 se muestran diferentes tipos de muros que pueden
construirse.
Diques perimetrales.
Los diques perimetrales tienen como función interrumpir el flujo del agua hacia el área de
drenaje. Si la cantidad de agua que se desea interceptar no es muy alta, puede ser contenida
por el dique y permitir que se infiltre. Si, por el contrario, la cantidad interceptada es muy
alta, debe ir acompañada de una zanja de desviación que la transporte hasta un punto donde
no cause problemas (Figura 7.3).
Dren interceptor.
El drenaje superficial local es aquél que se realiza dentro del área afectada. De acuerdo a la
pendiente del suelo, es posible distinguir entre drenaje de áreas planas y drenaje de áreas con
pendiente. Por su importancia, ambas se tratarán separadamente en las secciones siguientes.
207
Figura 7.3. Dique perimetral y dren interceptor para controlar escorrentía (SCS-USDA, 1973).
208
De lo anterior se concluye que el diseño de drenaje en áreas planas contempla dos etapas: a)
El modelado o sistematización de la superficie del terreno, lo cual en otras palabras significa
cambiar la microtopografía y b) La construcción de drenes.
7.3.1. Sistematización.
Nivelación.
La nivelación del suelo con fines de drenaje consiste en hacer cortes, rellenos y
emparejamientos de modo de obtener una pendiente continua. Este tipo de nivelación difiere
considerablemente de la nivelación con fines de riego porque para la primera no se requiere
una pendiente continua, como en el segundo caso. Para proveer el buen drenaje superficial
la pendiente puede variar tanto como sea necesario, con el mínimo movimiento de tierra
(Figura 7.4).
209
Emparejamiento.
7.3.2. Camellones.
Figura 7.5. Emparejamiento del terreno con fines de drenaje superficial (SCS-USDA, 1973).
212
La longitud de las fajas de tierra varía entre 100 y 300 metros. Su altura respecto al nivel de
los surcos debe ser de 40 centímetros cuando el uso de la tierra es para praderas y de 20
centímetros para cultivos en rotación. Los laterales son drenes superficiales de unos 25
centímetros de profundidad, con taludes muy tendidos (1:6 ó 1:10) y pendiente de 0.1% o
superior.
La utilización de este sistema se restringe a praderas y a cultivos que permiten una superficie
del terreno suave. La figura 7.7 muestra el proceso de construcción de este sistema de
drenaje.
Es el sistema más efectivo de drenaje superficial, especialmente para zonas planas con
drenaje natural superficial muy deficiente. El sistema consiste en surcos trazados en
dirección a la pendiente, que desaguan en drenes superficiales paralelos, de taludes tan
tendidos, para que la erosión sea pequeña y se permita el tránsito de maquinaria a través de
ellos. Los drenes superficiales desaguan en un dren lateral, que a su vez descarga en un dren
colector (Figura 7.8).
Ancho de
Tipo de dren Profundidad solera (m) Talud Ventaja
(m)
Forma en V 0.15 a 0.30 - 1:10 o más tendido facilidad de cruce y corte
Trapezoide 0.25 a 0.50 2.50 1: 8 o más tendido facilidad de cruce y corte
Los laterales en los que desaguan los drenes superficiales suelen estar espaciados a 500
metros. Las secciones de estos drenes laterales - que pueden ser trapezoides o en V- varían
según la capacidad de diseño, control de erosión, profundidad y pendiente del talud y
necesidades de mantenimiento. En la tabla 7.2 y Figura 7.10 se indican algunas dimensiones
tipo recomendadas.
Este sistema es similar al anterior con la diferencia que los drenes paralelos son sustituidos
por zanjas abiertas de poca profundidad. Generalmente se aplica en suelos que requieren
drenaje superficial y subsuperficial. Las zanjas tienen una profundidad de 0.6 a 1 metro y los
taludes varían entre 1:1 y 1:1.5. La separación depende de las condiciones climáticas y de
los suelos; generalmente varía entre 60 y 100 metros. En la figura 7.11 se muestra el trazado
de un sistema de zanjas abiertas paralelas.
Si el espaciamiento entre las zanjas abiertas lo permite, los surcos pueden desaguar
directamente en la zanja siempre y cuando el talud de la zanja sea muy tendido. En caso
contrario, la descarga del agua superficial conducida por los surcos puede hacerse mediante
surcos transversales, que recogen el agua de varios surcos longitudinales. La salida de un
dren superficial a una zanja más profunda nunca debe ser directa. Para evitar el riesgo de
erosión se utiliza un tubo que conecta el dren superficial con el lateral o colector. (Figura
7.12).
labores se hacen en dirección paralela a los drenes, la pendiente de los taludes pueden ser
1:4.
Se entiende por dren topo la construcción de un pequeño túnel (de 5 a 7 cm de diámetro), sin
necesidad de tener que cavar una zanja ni instalar un tubo. Se usa preferentemente en suelos
de texturas finas y densamente estructurados. El propósito de estos drenes no es controlar el
nivel freático que puede estar muy profundo, sino remover el exceso de agua de la superficie
o de la parte superior del suelo. Por lo tanto, los drenes topo pueden ser considerados como
un sistema intermedio entre un sistema de drenaje superficial y uno subsuperficial. Este
sistema de drenaje que se recomienda en suelos con problemas de saturación hasta la
superficie (pantanosos), también ha sido utilizado eficientemente en la recuperación de suelos
salinos y salinos sódicos.
En Chile, este sistema ha sido exitosamente utilizado en algunos suelos ñadis de la X Región.
Debido a que los excedentes de agua superficial se eliminan con cierta rapidez, es posible
recuperar suelos que se encuentran con excesivo contenido de agua e incorporarlos a una
agricultura productiva. Tanto en éstas áreas como en aquéllas con suelos pesados
(arcillosos) podría tener un gran éxito tanto por su facilidad de construcción como por su
bajo costo.
El éxito de un sistema de drenes topo, depende de una entrada satisfactoria del agua al túnel
y del túnel mismo, el cual debe permanecer abierto y estable por un tiempo razonable. En los
párrafos siguientes se hace una revisión de las principales características y requerimientos
que tiene este sistema de drenaje.
224
Construcción.
Los drenes topos se construyen mediante un implemento que consta de una hoja o cuchilla
que termina en una base o topo propiamente tal, a este último se adosa un cilindro, con un
diámetro ligeramente superior a la base, que actúa como expandidor (Figura 7.14a). La base
o topo y el expandidor forman el túnel, y la cuchilla forma un surco fino, profundo y las
respectivas fisuras o grietas, que se deben extender desde el túnel hasta la superficie (Figura
7.14b). El número y tamaño de las fisuras producidas por la cuchilla depende de las
condiciones del suelo. Un número pequeño de fisuras anchas, tiende a formarse bajo
condiciones de suelo seco, pero en la medida que el suelo se humedece y alcanza su límite de
plasticidad, las fisuras son más angostas y más numerosas. Estos cambios continúan hasta
que finalmente cesan cuando el suelo alcanza condiciones de extrema plasticidad.
Por otra parte, las paredes del túnel serán más suaves en la medida que el contenido de agua
aumenta. Bajo condiciones de alta humedad y suelo de baja densidad, el expandidor tiende a
sellar los puntos de conexión entre las fisuras y el túnel. Consecuentemente, el éxito de un
sistema topo depende de satisfacer dos condiciones básicas: alcanzar el patrón de flujo de
aguas más apropiado para las condiciones existentes y lograr que el túnel sea lo más estable
posible.
Si una significativa cantidad de agua entra al dren tan pronto se construya el túnel, reducirá
considerablemente su vida útil induciendo su inestabilidad. Si éste puede permanecer sin
agua durante 2 a 3 semanas, favorecerá su estabilidad. Por lo tanto, será más deseable
construir los drenes durante el período de verano y no en invierno. Cuando esta operación
deba realizarse necesariamente bajo condiciones de suelo saturado para poder hacer otras
labores posteriores (ñadis) ésta deberá repetirse nuevamente tan pronto el contenido de
humedad del suelo lo permita.
Aunque no existen reglas definidas al respecto, algunos autores señalan que para que el dren
tenga una larga vida útil y funcione adecuadamente, el contenido de arcilla del suelo a la
profundidad que se construya el dren debe ser igual o superior al 50%.
Patrón de flujo.
El patrón de flujo depende del problema de drenaje que se desee resolver y de la forma que se
decida construir el sistema. El flujo puede variar desde un 100% localizado a través de las
fisuras del suelo y la fisura principal realizada por la cuchilla, hasta aquella situación en que
la mayor parte del flujo ocurre a través de la masa de suelo. Algunos casos particulares son
los siguientes:
a) Si se trata de una condición de napa colgada, lo que se desea es una rápida descarga del
agua del suelo al dren. Lo anterior, puede lograrse con una buena conexión entre fisuras
laterales, aquélla que deja la cuchilla y el propio túnel (Figura 7.15a).
227
b) Si se desea recuperar un suelo salino, el patrón de flujo de agua debe ser uniforme a lo
largo de toda la masa de suelo (figura 7.15b). En esas condiciones, no es deseable tener
fisuras o grietas bien desarrolladas y se debe evitarse su formación. Así, una vez
construido el dren será necesario cerrar todas las fisuras, rastreando el suelo y
compactándolo con un rodillo. Esta misma condición puede ser deseable bajo
condiciones de riego por tendido o inundación.
c) En suelos arroceros, el drenaje del suelo es requerido sólo en ciertos estados de
desarrollo del cultivo y por lo tanto la salida de los drenes debiera estar cerrada la mayor
parte del tiempo. En este caso los drenes funcionarán con o sin fisuras, pero el tiempo de
descarga variará totalmente (Figura 7.16).
Como se ha indicado, este patrón de flujo puede modificarse construyendo los drenes bajo
diferentes condiciones de humedad o ajustando la geometría de la cuchilla. Esto último
significa, por ejemplo, modificar el ancho, la rugosidad o el área lateral, puesto que el
desarrollo de las fisuras depende principalmente del espesor y la rugosidad de la cuchilla,
cuando la adhesión del suelo es baja y del área lateral de la misma cuando la adhesión es
alta.
La estabilidad o vida útil de un dren topo puede variar desde unos pocos minutos hasta varios
años (10 o más), dependiendo del tipo de suelo, sus condiciones de humedad al momento de la
construcción, las técnicas de construcción, el equipamiento usado y el clima bajo el cual ha
de funcionar. La vida útil de un dren bien construido, fluctúa entre 3 a 5 años. Existen
variadas razones que pueden hacer colapsar un dren topo, entre las más frecuentes se
mencionan:
228
Figura 7.15. Patrón de flujo hacia los drenes topo (Cavelaars, Vlotman and Spoor, 1974).
A. Situación de napa colgada.
B. Situación de lavado del suelo.
229
Figura 7.16. Influencia del desarrollo de las fisuras en el patrón de descarga (Cavelaars,
Vlotman and Spoor, 1974).
230
a) El colapso de la parte superior del túnel, debido a una inadecuada cohesión de las
partículas del suelo al momento de la construcción, probablemente como consecuencia de
que el expandidor no trabajó en forma adecuada.
e) Desmoronamiento. Se debe a que porciones importantes del suelo pueden caer a través
de las fisuras laterales o por aquélla producida por la cuchilla. Conviene rehacer el
trabajo en condiciones diferentes de humedad del suelo.
f) Erosión. Se produce cuando la pendiente del dren es muy alta y la velocidad del agua en
su interior alcanza una velocidad erosiva. En este caso sería recomendable variar la
dirección de los drenes para disminuir la pendiente.
Profundidad.
Como se ha mencionado antes, la profundidad del dren está en gran medida determinada por
las características del suelo. La profundidad óptima será aquélla que combine en mejor
forma una vida útil y eficiencia razonables.
231
Generalmente, los drenes topo se construyen a profundidades que varían entre 0.4 a 0.7
metros, aunque no hay ninguna razón para no hacerlo a mayor profundidad si así se desea.
No obstante, varios autores indican que lo más importante es determinar la profundidad
crítica para cada tipo de suelo. Dicha profundidad crítica corresponde al punto de transición
entre dos formas diferentes de falla del dren y la única forma de encontrar este punto es
realizando las pruebas de terreno, con un implemento específico. Construir los drenes a una
profundidad inferior a la profundidad crítica, inducirá a soltar el suelo y favorecer su rápido
deterioro. En terreno, esto puede identificarse rápidamente observado que el suelo
superficial se levanta por la ausencia de la fisura principal que debió formar la cuchilla.
Espaciamiento.
Debido a la naturaleza semi permanente de los drenes, su bajo costo de construcción y a los
riesgos de colapso, generalmente se adoptan espaciamientos inferiores a aquéllos que
satisfacen los criterios de diseño mediante drenes subsuperficiales. Así, se asegura que el
funcionamiento de los drenes, no se afecta severamente si uno de ellos se derrumba,
frecuentemente el espaciamiento varía entre 2 y 5 metros.
El éxito que se espera del sistema, depende en gran medida del largo del dren, así mientras
tenga el sistema, mientras mayor sea el riesgo, más corto debe ser el dren. El largo
recomendado varía entre 20 y 100 metros. Para el diseño establecer como norma que a
mayor pendiente menor largo, con el fin de evitar colapso por erosión.
232
La pendiente influye sobre la estabilidad del dren a través de la acumulación de agua dentro
del túnel y de la erosión. En la práctica, el almacenamiento prolongado de agua, hasta una
altura igual o superior a la mitad del diámetro, aumenta rápidamente el riesgo de colapso del
dren. Asimismo, deben evitarse al máximo las pendientes negativas por cuanto en esas
condiciones los riesgos son aún mayores.
La pendiente óptima del dren es 1,5 a 2,5 por mil, pendientes excesivas pueden causar erosión
al interior del dren y posteriormente su colapso. Pendientes inferiores son adecuadas,
siempre que no tengan valores negativos. En general, la pendiente de los drenes es igual a la
pendiente media del terreno y usualmente no existe una forma de control independiente,
puesto que por diseño la maquinaria trabaja a una profundidad constante.
Durante la etapa de construcción, es fundamental controlar que el pie del topo se desplace a
la profundidad deseada, paralelo a la superficie del suelo. Pequeñas ondulaciones o
irregularidades del terreno pueden causar variaciones en la pendiente general del dren
afectando severamente su futuro funcionamiento. De acuerdo con lo anterior, una etapa de
gran importancia previo a la construcción del dren es el acondicionamiento (nivelación y/o
emparejamiento) del terreno es una etapa de gran importancia previo a la construccion del
dren. Igualmente importante resulta el tipo de implemento que se use. Los más usados se
indican en la figura 7.17. En la X Región del sur de Chile, se utiliza con bastante éxito un
implemento en la barra de tiro accionado por animales o tractor según las condiciones del
terreno.
233
a) Salida directa a una zanja abierta de una profundidad tal que garantice la caída libre de
aguas desde los drenes (Figura 7.18a).
b) Descarga a una zanja de relleno donde se ha instalado previamente un dren de tubo con
abundantes piedras y grava como material envolvente que actúa como colector (Figura
7.18b).
El drenaje de áreas con pendiente (mayores de 2%) está estrechamente relacionado con el
control de la erosión. Los métodos existentes intentan crear las condiciones apropiadas para
regular o interceptar el flujo superficial que se puede acumularse en las depresiones del
terreno y/o alcanzar velocidades excesivas, causando erosión del suelo. Las técnicas de
terraceo, que a menudo se emplean para drenaje y el control de la erosión y conservación del
agua, son:
Este sistema, conocido también como terrazas Nichols, consiste en un dren y terraza nivelada
como se indica en la figura 7.19. Se usa fundamentalmente en terrenos que tienen una
pendiente igual o inferior al 4% y donde los sistemas sugeridos para áreas planas son
impracticables debido al riesgo de erosión. Se asemeja al sistema de drenes paralelos para
áreas planas. Es efectivo en suelos con condiciones de drenaje pobres, de pendiente regular,
pero con gran cantidad de depresiones.
Los drenes se construyen casi paralelos a la curva de nivel del suelo, con una pendiente entre
el 1 y el 10 por mil, dependiendo de la topografía. La superficie del terreno debe ser
emparejada para que el agua escurra libremente. Los drenes, según se indica en la figura
7.19 pueden ser de forma triangular o trapezoide, con taludes de 4:1 a 10:1. El área
transversal varía entre 0.4 y 0.7 m2, la profundidad puede variar entre 0.15 y 0.25 metros y el
largo máximo alcanzar entre 300 a 400 metros. La distancia entre drenes depende de la
pendiente del terreno, la intensidad de la lluvia, la erodabilidad del suelo y las especies que
se cultivarán, sin embargo, generalmente fluctúa entre 30 y 45 metros.
Una característica fundamental de este sistema es que entre el 80 y 100% del agua contenida
en el dren se encuentra bajo el nivel original del suelo, que induce a reducir el riesgo de
rotura de la terraza ubicada aguas abajo.
La terraza de erosión, conocida también como terraza tipo Magnum, se usa en terrenos hasta
10% de pendiente. La diferencia fundamental con el tipo anterior es que en este caso el
material extraído para hacer el dren se utiliza para formar un dique aguas abajo (Figura
7.20).
237
Debido a la fuerte pendiente del terreno, en este tipo de terrazas por lo general sólo el 50%
del agua almacenada se encuentra bajo el nivel del terreno. Los drenes también se
construyen casi paralelos a las curvas del nivel del suelo, con pendientes entre el 1 y 6 por
mil. Debe tenerse especial cuidado que la velocidad del agua entre terrazas no exceda 0.6
m/seg. En terrenos arenosos la velocidad del agua no debe exceder 0.3 m/seg.
La teoría de esta forma de drenaje no está tan desarrollada como la del drenaje subterráneo
con una fuente local de recarga. El caso más simple de intercepción es aquél en que se tiene
que drenar una napa freática de pendiente uniforme que fluye sobre un lecho relativamente
impermeable y cuya fuente de recarga constante se encuentra en algún lugar alejado, aguas
arriba de la napa. El análisis matemático de este caso fue realizado por Glover y presentado
por Donnan (Van Hoorn y Van der Molen, 1974).
De acuerdo a la ley de Darcy antes de instalar los drenes se tiene que (Figura 7.21):
q=K*H*S Ec.7.1
240
Figura 7.21. Geometría de un dren interceptor (Van Hoorn y Van der Molen, 1974).
241
donde:
q = flujo de agua por unidad de ancho del acuífero (m3/día/m).
K = conductividad hidráulica (m/día).
H = espesor del acuífero saturado, sobre la napa impermeable (m).
S = tgα = gradiente hidráulico de la napa freática.
Con la presencia de los drenes interceptores se establece una nueva situación en estado
permanente y se tiene que:
dy
q = K y S + Ec.7.2
dx
donde:
y = espesor del acuífero saturado sobre la capa impermeable a una distancia x del dren
interceptor (m)
dy/dx = gradiente hidráulico de la napa freática a una distancia x del dren interceptor
(m/m)
En el lado aguas arriba de un dren interceptor (recuerde que los interceptores se diseñan en
dirección perpendicular al flujo de agua) el volumen de agua que llega al dren es siempre el
mismo.
Luego de integrar la ecuación 7.2, es posible obtener la distancia (x) hasta la cual es efectivo
el dren, aguas arriba del mismo, tal que:
1 H −h
X= H ln + (h − y ) Ec.7.3
S H−y
donde:
242
A veces se acepta que, aguas abajo del dren interceptor, la napa freática tendrá la misma
pendiente que la que tenía antes de la existencia del dren, pero localizada en un nivel más
bajo en tal manera que su punto de partida es el nivel de agua en el dren interceptor.
Debe recordarse que la ecuación 7.3 ha sido derivada sin tomar en cuenta la resistencia
radial cerca del dren interceptor, ni la existencia de un suelo estratificado con diferente
permeabilidad, ni otras fuentes adicionales de recarga como precipitación o excesos de riego.
Cuando el flujo radial hacia los drenes es importante, es muy probable que el nivel y la
pendiente de la napa freática aguas abajo del dren interceptor no sea como el que se logra
dentro del dren.
Para el diseño de la capacidad del dren, se debe conocer la cantidad de agua interceptada.
Esta cantidad del flujo interceptado, qi está dado por:
H−h
qi = q Ec.7.4
H
donde:
qi = flujo de agua interceptado por unidad de ancho del acuífero (m3/día/m).
q = flujo de agua por unidad de ancho del acuífero tal como se definió para la ecuación
7.1 (m3/día/m).
H y h = anteriormente definidos.
Para disminuir la influencia del flujo radial alrededor del dren será siempre recomendable
hacer el interceptor relativamente ancho y profundo.
243
Ejemplo 7.1.
Como su nombre lo indica, un dren interceptor se construye cuando se desea interceptar
flujos de agua que provienen de áreas vecinas regadas, canales o esteros, que al ingresar a
otra área ubicada en posición más baja crean un problema de drenaje. Si el flujo en cuestión
es subsuperficial, es indispensable determinar dos variables: la distancia efectiva aguas
arriba del dren (Ecuación 7.3) y el caudal interceptado (Ecuación 7.4).
K = 10.00 m/día.
S = 0.008 (8 por mil).
H = 6.0 m.
h = 4.0 m.
y = 4.5 m.
1 6 −4
x= 6.0 * ln + ( 4 − 4.5 )
0.008 6 − 4.5
x = 151 m
Consecuentemente, el dren tiene una efectividad de 151 metros aguas arriba del mismo, hasta
donde se tiene una altura del nivel freático (medido desde el estrato impermeable), igual o
superior a 4.0 metros.
244
Según ecuación 7.4, el caudal total que fluye hacia el dren es:
H−h 6 .0 − 4.0
q=q = 0 .48 = 0.160 m3/día/m
H 6 .0
= 0.0019 l/s/m
Si el largo del dren es 200 metros, significa que el caudal total interceptado será de 0.38 l/s.
máximas de agua lluvia ocurren fuera de la estación de riego por lo tanto no son simultáneas
a las pérdidas por riego.
Sin embargo, el caudal de escorrentía, se debe calcular necesita para el diseño de la red
principal de drenaje, ya que sobre esta descarga y sobre la descarga debida al drenaje
subsuperficial, se dimensionan los drenes colectores y los canales principales. Para la
obtención del coeficiente de drenaje superficial es necesario conocer de antemano ciertos
valores de diseño que dependen de la finalidad del sistema y de consideraciones técnico-
económicas. Estos valores son el tiempo de drenaje y el período de retorno.
El tiempo de drenaje depende del cultivo y está determinado por la tolerancia del cultivo a
condiciones de inundación. En la literatura no existen suficientes antecedentes que permitan
clasificar las especies según su grado de sensibilidad al exceso de agua. No obstante, se
puede utilizarse los datos indicados en la tabla 5.7.
En cuanto al período de retorno (T), éste dice relación con el tiempo de recurrencia para el
cual se realiza el diseño. No existiendo otro tipo de indicaciones, debemos entender que, al
igual como para calcular la recarga para drenes subsuperficiales, éste debiera ser de 5 años.
La metodología para calcular la recarga o coeficiente de drenaje se explicó detalladamente
en el Capítulo V.
246
Las aguas de drenaje provenientes de drenes de campo (laterales y colectores) debe llevarse
hacia un dren principal y desde ahí a un lugar de descarga natural de las aguas (estero,
quebradas, etc.). En lo posible cada uno de los drenes debe descargar sus aguas en forma
libre (0,20-0,30 metros de diferencia de cota) para evitar sedimentación, erosión o ingreso de
aguas a los terrenos cultivados.
En términos generales, el trazado de la red de drenaje debe consultar los siguientes aspectos:
En áreas con pendiente, donde los drenes o zanjas se trazan casi paralelos a las curvas de
nivel, la eliminación de las aguas debe hacerse necesariamente mediante colectores que
corren en el mismo sentido de la pendiente. Esto implica la necesidad de construir
estructuras tales como saltillos, pedraplenes y construcción de canales con vegetación, para
impedir la erosión. Los drenes colectores pueden ser de sección parabólica, triangular o
trapezoide, los taludes, no mayores de 4:1 para permitir el paso de maquinaria, el ancho de
fondo, no inferior a 2,5 metros.
Una vez trazada la red es necesario proceder al cálculo de la capacidad de los drenes y el
diseño de los canales.
247
Cálculo de la capacidad.
Esta se obtiene conociendo el coeficiente de drenaje y el área de drenar por cada dren.
Ejemplo:
Coeficiente de drenaje ( Cd ) = 91 mm = 10,5 l/s/ha
Area (A) =12 ha
Capacidad (Q = Cd * A ) = 10,5 * 12 = 126 l/s
Diseño definitivo.
Los factores a considerar en el diseño definitivo son los mismos que en el diseño de un canal y
por escapar a los objetivos de este Manual no se analizan. Sin embargo, es conveniente
recordar que estos factores de diseño son:
a) Un dren profundo (con tirante alto) proporciona una mayor velocidad que uno superficial
(de tirante pequeño).
248
Cavelaars, J.C.; W.F. Vlotman and G. Spoor. 1994. Subsurface drainage systems. In.
Ritzema, H.P. (ed). Drainage principles and applications. International Institute for Land
Reclamation and Improvement (ILRI). The Netherland. Publication 16. pp 827-930.
Raadsma, S. and F.E Schulze. 1974. Surface field drainage systems. In. ILRI (ed). Drainage
principles and applications. Publication 16 ,Chaper 28. The Netherland.
SCS-USDA. 1973. Drainage of agricultural land. A practical handbook for the planning.
design, construction and maintenace of agricultural drainage system. Water Information
Center, INC., N.Y.
Schwab, G.O.; R.K. Frevert; T.W. Edminster and K.K. Barnes. 1981. Soil and water
conservation engineering. John Wiley and Sons, N.Y.
Van Hoorn, J.W. and W.H. Van der Molen. 1974. Drainage of sloping lands. In ILRI (ed).
Drainage principles and applications. Publication 16, Chapter 34. The Netherland.
250
8.1. INTRODUCCION.
La relación entre laterales y colectores puede ser simple o compuesta. Se entiende por una
red simple cuando laterales de tubo descargan en colectores zanja. Se entiende por una red
compuesta cuando laterales de tubo o zanja descargan en colectores de tubo o zanja,
respectivamente. Como se señalará más adelante, la primera forma de diseño (tubo-zanja) es
la más frecuentemente utilizada por las ventajas que tiene para el mantenimiento de la red.
En términos generales podemos señalar que definir las características de diseño significa
definir los parámetros y criterios necesarios para determinar el espaciamiento y las
características hidráulicas de los laterales para conducir los caudales de diseño. En cuanto a
los aspectos constructivos, éstos son fundamentalmente la definición de la disposición de los
drenes, los materiales que se utilizarán y las técnicas de construcción que se emplearán. En
las secciones siguientes de este capítulo se hace una revisión de cada uno de estos aspectos.
En el contexto de este Manual, hemos definido como “parámetros de diseño”, todas aquellas
características físicas o permanentes que definen el sistema. Tales parámetros son: la
conductividad hidráulica del suelo, el espacio poroso drenable y el espesor de la región de
flujo. Estos parámetros de diseño fueron abordados detalladamente en el Capítulo VI.
Por otra parte, hemos dicho que “criterios de diseño” son aquellos aspectos del diseño que
pueden ser interpretados o manejados por el diseñador o consultor, ya sea para satisfacer
requisitos internos específicos impuestos por el medio donde se desea implantar el sistema de
drenes o para satisfacer requisitos externos al sistema que pueden condicionar su
construcción. Dichos criterios de diseño son: la recarga que debe extraer el sistema, la
profundidad del nivel freático en el punto medio entre los drenes, la carga hidráulica, el
tiempo entre dos posiciones de la napa, la profundidad de los drenes y el radio de la tubería o
la sección de la zanja, según sea el caso. Es necesario recordar que la formulación de dichos
criterios se realiza separando la temporada de riegos de la estación de lluvias,
particularmente porque la recarga varía entre una estación y otra. La formulación de estos
criterios se trató en el Capítulo V.
252
De acuerdo a una encuesta realizada por FAO (1980) a numerosos especialistas, fue posible
concluir que: “El uso de las ecuaciones para régimen permanente o impermanente es en gran
medida una opción personal. Como resultado de una larga experiencia utilizando ecuaciones
para régimen permanente, son muchos los proyectistas que siguen utilizándolas
indistintamente para cualquier condición. El uso actualmente creciente de las ecuaciones
para régimen impermanente se debe fundamentalmente a la disponibilidad de nuevas técnicas
de cálculo, que facilitan la aplicación de tales métodos, más que a una conveniencia de tipo
técnico”.
Como podrá deducirse fácilmente, ésta es una condición difícil de encontrar en la naturaleza
y sólo se da cuando la recarga es de baja intensidad y constante en el tiempo como sería el
caso de lluvias moderadas de larga duración. No obstante, las ecuaciones que responden a
esta condición son de uso común debido fundamentalmente a su simplicidad y facilidad de
cálculo.
Para el cálculo del espaciamiento bajo una condición de régimen permanente es necesario
conocer o definir: la conductividad hidráulica del o los estratos que componen la región de
flujo (K); el espesor de la región de flujo ( sobre y bajo los drenes ); la profundidad a la napa
en el punto medio entre laterales (Pe); la profundidad de los drenes (Pd); la carga hidráulica
(∆h); la profundidad desde la base de los drenes al estrato impermeable (D) y la recarga (R).
Todas estas variables están debidamente individualizadas en la figura 8.1.
254
Existe una serie de fórmulas para el cálculo del espaciamiento bajo condición de régimen
permanente. En las secciones siguientes se analizan algunas de estas ecuaciones, evitando
entrar en consideraciones teóricas para hacer énfasis en los aspectos prácticos de cada caso.
El ordenamiento de dichas ecuaciones se hace a partir de las diferentes situaciones que el
consultor puede enfrentar en la solución de un problema real.
CASO 1: Drenes zanja hasta el estrato impermeable, alto nivel de agua dentro de la zanja
(figura 8.2.).
4 K (H 2 − D 2 )
L =
2
Ec.8.1
R
o bien:
2
8 KD∆h + 4 K∆h
L = Ec.8.2
2
R
donde:
L = espaciamiento (m).
K = conductividad hidráulica (m/día).
D = distancia del nivel de agua en la zanja al estrato impermeable (m).
H = D + ∆h (m)
∆h = carga hidráulica (m)
R = recarga (m/día)
Es posible demostrar que en la ecuación 8.2. el término (8KD∆h)/R representa el flujo bajo
los drenes y la expresión (4K∆h2)/R representa el flujo sobre los drenes.
256
Figura 8.2. Drenes zanja hasta el estrato impermeable, alto nivel de agua dentro de la
zanja.
R = recarga
Pe = profundidad efectiva
Pd = profundidad del dren
∆h = carga hidráulica
D = región de flujo bajo los drenes
H =Región total de flujo
257
Ejemplo 8.1.
Asumamos que un suelo homogéneo, sometido a una recarga de 15 mm/día (0.015 m/día),
tiene una profundidad de 2.0 metros y una conductividad hidráulica de 1.0 m/día. Se requiere
una profundidad radicular efectiva (Pe) de 1.2 metros. Se pretende construir zanjas que
lleguen hasta el estrato impermeable. La carga hidráulica será de 0.3 m. Según la figura 8.2,
tenemos:
H = 0,8 m
D = 0,5 m
∆h = 0,3 m
4 * 1 ,0 * ( 0 ,8 2 − 0 ,5 2 )
L = = 104 ⇒ L = 10 m
2
0 ,015
CASO 2: Drenes de tubo o zanja en el estrato impermeable, con reducido nivel de agua
(Figura 8.3.).
Puesto que en este caso la altura de agua alcanza sólo unos pocos centímetros por encima del
estrato impermeable, se puede deducir fácilmente que no existe flujo bajo los drenes. Por lo
tanto, despreciando el primer término de la ecuación 8.2. tenemos que el espaciamiento es:
4 K ∆h2
L =
2
Ec.8.3
R
donde:
L = espaciamiento (m).
K = conductividad hidráulica (m/día).
∆h = carga hidráulica (m).
R = recarga (m/día).
Ejemplo 8.2.
Asumamos la misma situación del ejemplo 8.1, pero ahora los drenes se ubican en el estrato
impermeable. Si ese es el caso, podemos distinguir dos situaciones diferentes:
a) Mantener la misma profundidad efectiva (Pe=1.2 m) y por lo tanto ∆h = 0.8. Luego, según
la ecuación 8.3:
4 * 1,0 * 0 ,8 2
L = = 170 ⇒ L = 13m
2
0 ,015
4 * 1,0 * 0 ,32
L = = 24 ⇒ L = 5 m
2
0 ,015
259
Figura 8.3. Drenes tubo o zanja en el estrato impermeable, bajo nivel de agua.
R = recarga
Pe = profundidad efectiva
Pd = profundidad del dren
∆h = carga hidráulica
260
Como en este caso los drenes descansan en el estrato impermeable, no hay flujo bajo los
drenes y el espaciamiento es considerablemente menor que en el Caso 1. Asimismo, se
demuestra que al aumentar la carga hidráulica, aumenta el espaciamiento.
CASO 3: Drenes (tubo o zanja) que no alcanzan el estrato impermeable (Figura 8.4.).
Bajo tales circunstancias la primera parte de la ecuación 8.2. no es válida, puesto que al
estar los drenes por encima del estrato impermeable, el flujo en la cercanía de éstos es de tipo
radial. Para tomar este efecto en consideración, Hooghoudt introdujo el concepto de estrato
equivalente (d) el cual se define como: “el espesor que tendría la región de flujo si éste fuese
eminentemente horizontal”.
8 Kd∆h + 4 K ∆h2
L2 = Ec.8.4
R
Si D < ¼ L
D
d= Ec.8.5
8D D
1+ ln
πL u
Si D > ¼ L
L
d= Ec.8.6
8 L
ln
π u
261
donde:
u = b+2 ro = perímetro mojado (m).
b = base de la zanja de excavación (m).
ro = radio interior de la tubería (m).
u = π * ro
Ejemplo 8.3.
Consideremos la misma situación descrita en el ejemplo 8.1. En este caso, sin embargo, se
instalarán drenes de tubo de 100 milímetos de diámetro a 1.5 metros de profundidad. Según
la figura 8.4 tenemos.
0 ,015 0 ,015
L = 160 * d + 24
2
Calculamos “d” a partir de la ecuación 8.5 por cuanto lo más probable es que D < L/4.
263
El cálculo de “d” requiere un proceso de iteración que consiste en asumir un cierto valor de
L, calcular d y luego obtener L. Si el L calculado está dentro de un error menor o igual al 5%
con respecto al valor asumido, se entiende como correcto. Por ejemplo:
0.5 0.500
Si L = 10 m ⇒ d = = = 0.512
8 * 0.5 0.5 0.976
1+ ln
π * 10 0.6
Esta es una situación que se presenta muy frecuentemente en suelos de origen aluvial en que
la conductividad hidráulica de la estrata superficial suele ser menor que la de la estrata más
profunda. En este caso, el cálculo del espaciamiento entre drenes debe resolverse mediante
aplicación de la ecuación de Ernst, la cual describe la pérdida de carga total (∆ht) como la
sumatoria de cuatro componentes (figura 8.5), tal que:
264
Figura 8.5. Componente del flujo hacia los drenes, según la teoría de Ernst.
K1 = conductividad hidráulica del estrato superior
K2 = conductividad hidráulica del estrato inferior
D1 = distancia desde el nivel del agua en el punto medio entre los drenes al
límite de las estratas
D2 = espesor de la estrata inferior
∆h = carga hidráulica
E.I. = estrato impermeable
265
donde:
h1-h2 = ∆hv = pérdida de carga por flujo vertical (m)
h2-h3 = ∆hh = pérdida de carga por flujo horizontal (m)
h3-h4 = ∆hr = pérdida de carga por flujo radial (m)
h4-h5 = ∆he = pérdida de carga por flujo de entrada (m)
h1-h5 = ∆ht = pérdida de carga total (m)
RD v
∆h v =
Kv
2
RL
∆hh =
8 ∑ ( KD )h
∆hr = RW r L
∆he = r e q u
RD v RL 2
∆ht = + + RW r L
Kv 8 ∑ ( KD )h
R RDV
L + RW r L + − ∆h t = 0
2
Ec.8.8
8 ∑ ( KD )h Kv
donde:
L = espaciamiento (m)
R = recarga (m/día).
(KD)h = transmisividad de la (s) estrata (s) a través de la(s) cual(es) ocurre flujo horizontal
(m2/día).
Dv = espesor de la estrata a través de la cual ocurre flujo vertical (m)
Kv = conductividad hidráulica vertical (m/día).
Wr = coeficiente de resistencia radial.
∆ht = pérdida de carga total (m)
Para el correcto uso de la ecuación 8.8 se asume que el flujo vertical ocurre entre el punto
mas alto del nivel freático y el nivel de los drenes y que el flujo horizontal y radial ocurre
bajo el nivel de los drenes. Los ejemplos 8.4, 8.5 y 8.6 ilustran esta situación según la
posición del dren en un suelo estratificado.
1 a
Wr = ln D r Ec.8.9
πK u
donde:
267
El factor geométrico (a) depende del perfil del suelo y la posición de los drenes. En un suelo
homogéneo el factor geométrico es igual a uno (a=1). En un suelo estratificado el factor
geométrico depende si los drenes están en la estrata superior o en la estrata inferior. Si los
drenes se encuentran en la estrata inferior, se asume que el flujo radial se restringe a esta
estrata y por lo tanto nuevamente a = 1. Si los drenes se encuentran en la estrata superior, el
valor del factor geométrico depende de la relación entre la conductividad hidráulica del
estrato inferior (k2) y el superior (k1), tal que :
Si K2/K1 < 0.1 Estrata inferior se puede asumir impermeable, el suelo es homogéneo
y por tanto a = 1
Si 0,1 < K2/K1 < 50 El factor geométrico debe obtenerse de la tabla 8.1, o la figura 8.6.
Si K2/K1 > 50 Factor geométrico permanece constante (a = 4)
TABLA 8.1 FACTOR GEOMÉTRICO (a) SEGÚN ERNST (Van Beer, 1979).
k2/k1 D2/D1
1 2 4 8 16 32
1 2,0 3,0 5,0 9,0 15,0 30,0
2 2,4 3,2 4,6 6,2 8,0 10,0
3 2,6 3,3 4,5 5,5 6,8 8,0
5 2,8 3,5 4,4 4,8 5,6 6,2
10 3,2 3,6 4,2 4,5 4,8 5,0
20 3,6 3,7 4,0 4,2 4,4 4,6
50 3,8 4,0 4,0 4,0 4,2 4,6
268
Obtenidos los valores de cada variable, la ecuación 8.8 se reduce a una expresión del tipo:
A L2 + B L + C = 0
donde:
R
A=
8 ∑ ( KD )h
B= RW r
RDV
C= − ∆ht
Kv
− B + B2 − 4 AC
L= Ec.8.12
2A
Según la disposición que tengan los drenes es posible distinguir los siguientes casos: drenes
ubicados en el estrato superior; drenes ubicados en el límite entre ambas estratas y drenes
ubicados en el estrato inferior. La figura 8.7 muestra esquemáticamente cada caso, cada uno
de los cuales se analiza en las paginas siguientes.
Figura 8.7. Ubicación del dren en un suelo constituido por dos estratas
A. Estrata superior
B. Interfase
C. Estrata inferior
K1 = conductividad hidráulica del estrato superior
K2 = conductividad hidráulica del estrato inferior
D1 = distancia desde el dren al límite de los estratos
D2 = espesor del estrato inferior
E.I. = estrato impermeable
271
Figura 8.8. Suelo constituido por dos estratas. Drenes en el estrato superior.
R = recarga
Pe = profundidad efectiva
∆h = carga hidráulica
D1 = región de flujo horizontal
D2 = espesor estrato inferior
Dr = región de flujo radial
K1 = conductividad hidráulica estrato superior
K2 = conductividad hidráulica estrato inferior
272
Ejemplo 8.4.
Supongamos un suelo compuesto por dos estratas (figura 8.8). El estrato superior tiene un
espesor de 1,5 metros y el inferior de 2,0 metros. Las conductividades hidráulicas son K1 =
0,5 m/día y K2 = 3,0 m/día. Los drenes se instalarán a una profundidad de 1 metro y la
profundidad efectiva será de 0,5 metros. La recarga es de 20 mm/día. Se usarán drenes de
PVC corrugado de 100 milímetros de diámetro y se instalarán en el fondo de una zanja que
tiene una base de 0,3 metros.
De la tabla 8.1 o figura 8.6, se desprende que a = 3.8. Reemplazando este valor en la
ecuación 8.9 y haciendo K1 = Kr puesto que los drenes se muestran ubicados en el estrato
superior, tenemos:
1 3,8 * 0 ,5
Wr = ln = 0,637 ln 4,75 = 0,99
π * 0.5 0 ,4
R 0 ,02
L = L = 3,9 * 10 L
2 2 −4 2
a)
8 ∑ ( KD )h 8( 0 ,5 * 075 + 3,0 * 2 ,0 )
273
Observe que en este caso el flujo horizontal (Dh) ocurre desde ½ ∆h hasta el estrato
impermeable (ver figura 8.8).
D v 0 ,02 * 0 ,5
c) R = = 0 ,02
Kv 0 ,5
En este caso la región donde ocurre flujo vertical (Dv = ∆h) es desde el nivel del agua en el
punto medio entre los drenes al nivel de agua dentro de éstos.
Luego, según la ecuación 8.8:
0,039 L2 + 1,98 L – 48 = 0
o bien :
L = 17 m.
CASO 2: Drenes ubicados en la interfase entre las dos estratas (figura 8.9).
8 K 2 d∆h 4 K 1 ∆h 2
L = +
2
Ec.8.13.
R R
donde:
K1 = conductividad hidráulica del estrato superior (m/día).
K2 = conductividad hidráulica del estrato inferior (m/día).
d = estrato equivalente (m).
Ejemplo 8.5.
Consideremos la misma situación del ejemplo 8.4, pero ahora los drenes se ubican justo en la
interfase entre las dos estratas (figura 8.9). Los datos son:
∆h = 0,5 m.
Pe = 1,0 m.
K1 = 0,5 m/día
K2 = 3,0 m/día
D = 2,0 m
2
8 * 3,0 * d * 0 ,5 4 * 0 ,5 * ( 0 ,5 )
L2 = + = 600 * d + 25
0 ,02 0 ,02
D
d=
8D D
1+ ln
πL u
Asumiendo un valor de “L” para calcular “d” y luego recalcular “L”, resulta:
Si L = 50 ⇒ d = 1,72 ⇒ L = 33
Si L = 32 ⇒ d = 1,59 ⇒ L = 31
276
De lo cual se deduce que el espaciamiento correcto en este caso es 32 metros, valor que es
considerablemente mayor al que se obtiene cuando los drenes se instalan en la estrata
superior. Esto se debe a la influencia del flujo horizontal a través de la estrata de mayor
conductividad.
En este caso el flujo horizontal, vertical y radial son preponderantes, razón por la cual sólo se
puede aplicar se la ecuación de Ernst (ecuación 8.8). Bajo tales condiciones se tiene que:
1 Dr
Wr = ln Ec.8.14.
πK 2 u
2
RL RL D r RD v
+ ln + − ∆h t = 0 Ec.8.15
8 ∑ ( KD )h πK 2 u K1
277
Ejemplo 8.6
Consideremos una vez mas la situación del ejemplo 8.4, sin embargo, ahora los drenes
estarán ubicados en la estrata inferior, tal que (figura 8.10):
R = 0,020 m/día
u = 0,4 m
K1 = 0,5 m/día
K2 = 3,0 m/día
Pe = 1,0 m
Pd = 1,65 m
∆h = 0,65 m
Dh = 2,0 m
Dv = 0,5 m
Dr = 1,85 m
2
RL 0 ,02 L 2 0 ,02 2
a) = = L = 4 ,17 * 10 L
−4 2
8 ∑ ( KD h ) 8( 3,0 * 2 ,0 ) 48
1 Dr 1 1,85
b) W r = ln = ln = 0,1061 ln 4,625 = 0,162
πK 2 u π * 3,0 0 ,4
RW r L = ( 0 ,02 * 0 ,162 )L = 32 ,4 * 10 L
−4
Dv 0 ,5
c) R = 0 ,02 * = 0 ,02
Kv 0 ,5
De modo que:
4,17 * 10-4 L2 + 32,4 * 10-4 L+ 0,02 – 0,65 = 0
278
Figura 8.10. Suelo constituido por dos estratas. Drenes en el estrato inferior.
R = recarga
Pe = profundidad efectiva
Pd = profundidad del dren
∆h = carga hidráulica
Dh = región de flujo horizontal
Dv = región de flujo vertical
Dr = región de flujo radial
K1 = conductividad hidráulica estrato superior
K2 = conductividad hidráulica estrato inferior
E.I. = estrato impermeable
N.S.= nivel del suelo
279
L = 35 m
Al comparar este resultado con el obtenido en el ejemplo 8.5 queda en evidencia que la
diferencia en espaciamiento es mínima y que en este caso no se justificaría poner los drenes a
mayor profundidad que el límite entre las estratas.
Como estas condiciones raramente se cumplen en la naturaleza y los parámetros del suelo
(conductividad hidráulica, espesor del acuífero y porosidad drenable) son difíciles de
determinar con precisión, los espaciamientos calculados con este tipo de ecuaciones deben
contrastarse con los calculados mediante otros métodos, como la ecuación de Hooghoudt
para régimen permanente, antes de tomar una decisión definitiva.
Por lo tanto, para el cálculo del espaciamiento entre drenes, bajo una condición de régimen
impermanente, es necesario conocer o definir: la conductividad hidráulica (K); la porosidad
drenable (µ); el tiempo (t) en que el agua debe bajar desde una posición inicial (ho) a una
final (ht); la recarga instantánea (Ri); la profundidad de los drenes (Pd) y la profundidad
efectiva (Pe) para el desarrollo radicular.
Figura 8.11. Régimen impermanente. Drenes ubicados por encima del estrato impermeable.
Ri = recarga instantánea
µ = porosidad drenable
D0 = región de flujo considerando resistencia radial
D = región de flujo bajo los drenes
d = estrato equivalente
h0 = carga hidráulica inicial
ht = carga hidráulica final
K = conductividad hidráulica
Pe = profundidad efectiva
L = espaciamiento entre drenes
282
π 2 K Do t
L =
2
Ec.8.16
µ ln 1,16 h o
ht
donde:
K = conductividad hidráulica (m/día).
Do = d + h = espesor de la región de flujo(m)
d = estrata equivalente (m)
h = ho * ht = altura media del nivel freático (m)
t = tiempo para que el nivel freático baje de ho a ht
Ri
ho = = altura de agua al tiempo cero (m)
µ
ht = altura de agua al tiempo t (m)
µ = porosidad drenable (%)
Ri = recarga instantánea (m/día)
Como en este caso los drenes (zanja o tubo), no llegan hasta el estrato impermeable, hay una
fuerte componente de flujo radial (y consecuente resistencia radial), obligando al cálculo del
estrato equivalente. Este cálculo se realiza mediante las ecuaciones 8.5 u 8.6, según sea el
caso.
La distancia (h) representa el espesor promedio de la región de flujo entre dos posiciones de
la napa. Se recomienda calcularla como la media geométrica ya que la media aritmética
tiende a sobrestimar la carga.
283
a) Cada vez que sucede la recarga instantánea (Ri) el nivel freático se eleva una altura ho,
pero la condición es que éste no puede superar cierta altura preestablecida para satisfacer
la condición de profundidad efectiva (Pe). La variable tiempo (t) indica el intervalo (fijo)
entre una recarga y otra.
b) Se permite que el nivel freático alcance cualquier altura (incluso la superficie del suelo)
siempre y cuando dentro de un plazo predeterminado éste baje hasta niveles que no causen
daño al cultivo. En este caso, por lo tanto, el tiempo (t) es la variable que permite
satisfacer el requisito.
Ejemplo 8.7.
Un suelo homogéneo tiene una profundidad total (hasta el estrato impermeable) de 5 metros,
una conductividad hidráulica de 0,5 m/día y una porosidad drenable de 5%. La profundidad
efectiva requerida es de 1,0 metro. La recarga se debe a pérdidas por percolación, producto
de riegos de baja eficiencia los cuales se han estimado son de 25 milímetros por riego y
ocurre cada 10 días. Se instalarán drenes de 100 milímetros de diámetro en una zanja de
excavación de 0,3 metros de base: Consecuentemente, los datos son (Figura 8.11):
284
Ri = 25 mm = 0,025 m.
t = 10 días
Pe = 1,0 m.
Pd = 1,8 m.
φ = 100 mm.
D = 3,2 m.
K = 0,5 m/día
u = b + 2r0 = 0,3 + 2 * 0,05 = 0,4 m.
Solución 1
Ri 0 ,025
∆h = = = 0 ,5 m
µ 0 ,05
ho = P d − P e = 1,8 − 1,0 = 0 ,8 m .
h t = h o − ∆h = 0 ,8 − 0 ,5 = 0 ,3m .
lo cual significa que cada vez que se riega el agua asciende 0,5 m y que al cabo de 10 días el
agua se encuentra 0,3 m por encima del nivel de agua en los drenes.
D
d=
8D D
1+ ln
πL u
π K Do t = π * 0 ,5 * 10 * Do
2 2
L =
2
0 ,8
µ ln 1,16 ho 0 ,05 * ln 1,16
ht 0 ,3
L = 873 D o ⇒ L = 29 D o = 29 d + 0 ,49
2
Si L = 40 m ⇒ d = 2,25 ⇒ Do = 2,74 ⇒ L = 48 m
L = 50 m ⇒ d = 2,39 ⇒ Do = 2,88 ⇒ L = 49 m
Solución 2
La misma situación anterior, pero ahora supondremos que el nivel freático llega hasta la
superficie cada vez que se riega. Los criterios de diseño son que:
1. Nivel freático debe descender 0,25 metros cada 2 días hasta 0,5 metros, y
2. Nivel freático debe descender hasta 1,0 metro de profundidad en los 3 días siguientes.
El procedimiento exige tratar cada condición separadamente y luego seleccionar aquélla que
satisface la condición más exigente. Luego:
a) 0,0-0,25 ⇒ ho = 1,8 m
ht = 1,55 m
t = 2 días
286
Si L = 40 m ⇒ d = 2,25 ⇒ Do = 3,92 ⇒ L = 41
L = 50 m ⇒ d ) 2.39 ⇒ Do = 4.06 ⇒ L = 52 m
b) 0,25-0,50 m ⇒ ho = 1,55 m
ht = 1,30 m
t = 2 días
_
h = 1,42 m
c) 0,50-1,00 m ⇒ ho = 1,30 m
ht = 0,80 m
t = 3 días
_
h = 1,02 m
Si L = 30 m ⇒ d = 2,04 ⇒ Do = 3,06 ⇒ L = 38 m
L = 40 m ⇒ d = 2,25 ⇒ Do = 3,27 ⇒ L = 39 m
287
Como se puede observar, en este caso hemos obtenido tres valores diferentes del
espaciamiento (50, 48 y 40 metros) y cada uno de ellos satisface una condición específica. El
único que satisface las tres condiciones es el de menor espaciamiento. En consecuencia, el
valor recomendado de espaciamiento sería 40 metros.
Solución 3
En este caso ho y ht son desconocidos y cambian con el tiempo, por lo tanto para resolver el
problema debemos recurrir a un proceso iterativo. Considerando los resultados de la
solución 1, tenemos los siguientes datos para el primer intento:
L = 50 m
d = 2,39 m
D = 3,2 m
Pd = 1,8 m
Pe = 1,0 m
ho max = Pd - Pe = 1,8 - 1,0 = 0,8 m
∆h = 0,5 m
ht = 0.3 m
_
h = h o * ht = 0.8 * 0.3 = 0.49 m
_
Do = d + h = 2.39 + 0.49 = 2.88 m
R i = + ∆h
h0 = h t + ht
µ
h t = 1 ,16 h o e
−αt
2
donde: α =π
K D0
=
π 2 * 0 ,5 * 2 ,88 = 0 ,114
µ L2 0 ,05 * 50 2
Con estos valores construimos la tabla siguiente:
Riego ∆h ho t αt ht/ho Ht
N° (m) (m) (días) (m)
0 0,00(*)
1 0,5 0,50 25 2,85 0,067 0,03
2 0,5 0,53 20 2,28 0,119 0,06
3 0,5 0,56 15 1,71 0,210 0,12
4 0,5 0,62 10 1,14 0,371 0,23
5 0,5 0,73 10 1,14 0,371 0,27
6 0,5 0,77 10 1,14 0,371 0,29
7 0,5 0,79 10 1,14 0,371 0,29
8 0,5 0,79 10 1,14 0,371 0,29
(*)
Asumimos que al tiempo (t=0) del primer riego, el nivel freático coincide con el nivel de agua en los drenes.
Como se puede observar en el ejemplo anterior, bajo tales condiciones, al séptimo riego la
altura (ho) es igual a 0,79 m, casi lo mismo especificado en las condiciones iniciales del
problema. Esto significa que el resultado encontrado en la solución 1, es también válida para
esta condición.
La figura 8.12 representa una situación en la cual la ubicación de los drenes coincide con el
estrato impermeable. En tal caso es posible utilizar las ecuaciones de Glover y Dumm o
Boussinessq.
K ho t
L = 0 ,22
2
Ec.8.17
µ ho − 1
ht
K ho ht t
L = 4 ,46
2
Ec.8.18
µ (h o − h t )
Las variables empleadas en las ecuaciones 8.17 y 8.18, tienen el mismo significado que el
indicado al pie de la ecuación 8.16.
Ejemplo 8.8
Asumamos un suelo homogéneo, delgado, con el estrato impermeable a 1,5 metros. Su
conductividad hidráulica es de 2,5 m/día y la porosidad drenable del 7%. Se instalan drenes
de tubo de 100 milímetros de diámetro que descansan directamente sobre el estrato
impermeable (Figura 8.12). Se desea una profundidad efectiva de 1 metro y que al cabo de
10 días el nivel freático baje de 0,5 a 0,2 m (∆h = 0,3 metros). Luego:
K = 2,5 m/día
µ = 0,07 ⇒ Ri = ho * µ = 0,035 m
ho = 0.5 m
ht = 0.2 m
t = 10 días
0 ,22 * 2 ,5 * 0 ,5 * 10 2 ,75
L = = = 26 ,19
2
0 ,5 0 ,105
0 ,07 − 1
0 ,2
290
L = 5 m.
4 ,46 * 2 ,5 * 0 ,5 * 0 ,2 * 10 11,15
L = = = 530
2
0 ,07( 0 ,5 − 0 ,2 ) 0 ,021
L = 23 metros
Dada la disparidad en los resultados que se obtienen con ambas ecuaciones, sería
conveniente comprobar el resultado con la ecuación 8.3. En tal caso, utilizando un valor
promedio de h0 y ht (aritmética o geométrica), se obtiene que :
+
∆h = h0 h t = 0 ,35
2
4 K ∆h 2 4 * 2 ,5 * ( 0 ,35 ) 1,225
2
L = = = = 35
2
R 0 ,035 0 ,035
L = 6 metros
Como se señaló en la sección 8.1, laterales y colectores pueden ser zanjas y/o tubos. Por lo
general los laterales son tuberías y los colectores, zanjas. Esto facilita el mantenimiento de la
red y el control de su funcionamiento (figura 8.13).
292
Figura 8.13. Vista en planta y corte longitudinal de una red de drenaje mostrando laterales
y colectores.
L = espaciamiento entre drenes
l = largo del lateral
Pd = profundidad del dren
E.I. = estrato impermeable
293
Cuando el suelo tiene una alta conductividad hidráulica, está sometido a una recarga
relativamente baja y no se requiere alcanzar grandes profundidades del nivel freático (caso
de praderas en un suelo arenoso), es recomendable construir zanjas como laterales. El costo
es menor y debido a que el espaciamiento es grande, no se produce un excesivo
seccionamiento del suelo.
Por el contrario, cuando el suelo tiene una conductividad baja, la recarga es alta y se
requieren grandes profundidades del nivel freático, es más recomendable el uso de tubos para
construir los laterales. Bajo tales condiciones puede esperarse un costo mayor por unidad de
superficie, pero tiene la ventaja que una vez rellenada la zanja donde se instalaron los tubos
la superficie del terreno queda continua, en su forma original, sin obstrucciones para su uso y
libre circulación de maquinaria.
Las tuberías más frecuentemente utilizadas con fines de drenaje son las de cloruro de
polivinilo (PVC), liso o corrugado. También es posible el uso de tuberías de cemento o
arcilla. Sin embargo, estas últimas han sido largamente superadas por las de PVC en
atención a su costo, duración, facilidad de transporte y manipulación.
En las páginas siguientes se hace un análisis del cálculo hidráulico de tuberías y zanjas en
términos de caudales, diámetros (de tubos), secciones (zanjas) y pendientes de diseño.
Los laterales de un sistema de drenaje deben diseñarse para conducir el caudal máximo que
es posible esperar bajo las condiciones de diseño. Esto es:
Qmax = qo * A Ec.8.19
donde:
294
La longitud máxima de los laterales (l) depende de la pendiente del dren y su relación con la
del terreno, de la cota de salida al colector y de las dimensiones y forma del terreno a drenar.
En áreas planas se recomienda que dicho largo no exceda los 200-250 metros, como una
forma de favorecer la mantención.
Puesto que el área drenada queda definida por el espaciamiento y el largo de los laterales, el
problema principal consiste en determinar el caudal específico (qo). Este caudal específico
depende del régimen imperante, tal que:
Si para el cálculo del espaciamiento se ha asumido una condición de régimen permanente (en
que la recarga es igual a la descarga) y se ha utilizado cualquiera de las ecuaciones de la
sección 8.3.1, entonces:
qo = R (m/día) Ec.8.20
3,46 K
qo = 2 ho
2
Ec.8.22
L
n
Qt = ∑ q i
i =1
donde:
Qt = caudal total del colector (m3/día)
qi = caudal máximo del lateral i (m3/día)
296
La sección hidráulica (radio hidráulico) de zanjas requeridas para conducir los caudales
máximos de drenaje es por lo general tan pequeña que usualmente se adoptan valores
constructivos mínimos. Estos valores mínimos, muchas veces, están determinados por la
maquinaria que se utiliza en la construcción.
Si la cantidad de agua que deben transportar laterales y colectores es muy grande, es posible
utilizar la fórmula de Manning que indica que:
1 2 / 3 1/ 2
Q= R S E.8.23.
n
donde:
Q = caudal (m3/seg)
n = coeficiente de rugosidad de Manning
R = A/P = radio hidráulico (m)
A = bd + Zd2 = área (m2)
Como regla general, la pendiente de diseño de laterales y colectores debe ser la máxima
disponible por cuanto para descargar el caudal máximo, a mayor pendiente menor será la
sección hidráulica requerida. Si el terreno tiene pendiente y ésta es uniforme, el dren puede
ir paralelo a la superficie del terreno a todo lo largo del lateral. Esto puede facilitar
considerablemente el replanteo. Si el terreno es excesivamente plano, la pendiente del dren
será diferente a la del terreno y la profundidad del lateral será menor al inicio que a la
salida. En este caso se puede optar por dos alternativas:
298
a) Hacer el diseño, de modo que al inicio del lateral se satisfaga los requerimientos de
profundidad al nivel freático y al dren. En tales circunstancias, dichos requerimientos
quedarán sobradamente satisfechos en la medida que nos acercamos a la salida del
lateral, pero significa que el colector debe diseñarse a mayor profundidad.
b) Hacer el diseño de modo de compartir los requerimientos. En la práctica esto significa que
aguas abajo de un cierto punto del lateral se satisfagan plenamente los criterios de diseño,
pero no así aguas arriba del mismo punto. Sin embargo, en esta forma se evita construir
colectores demasiado profundos.
No obstante lo señalado, es importante tener presente que existe una relación indisoluble
entre caudal, sección y pendiente. De modo que, en la medida que una quede previamente
determinada, afecta directamente a la otra. En la sección siguiente se analiza esta situación
en forma más detallada.
Si la tubería es lisa (arcilla o PVC liso) se recomienda resolver este problema según las
fórmulas de Darcy-Weisbach, debido a que existe una estrecha relación entre el factor de
resistencia al flujo y el número de Reynolds. Basado en este principio, existe la posibilidad de
299
y
S = 1,71 * 10-3 Q 2max φ -5,334 Ec.8.29.
300
donde:
φ = diámetro de la tubería (m)
Qmax = caudal máximo (m3/seg)
S = pendiente (m/m)
Con el propósito de asegurarse que los diámetros calculados sean capaces de conducir los
caudales requeridos, se recomienda incrementar los diámetros así obtenidos, en un 15% en el
caso de los colectores y en un 20% en el caso de los laterales.
Como en Chile no existen tuberías de drenaje de todos los diámetros a que el cálculo con las
ecuaciones anteriores puede conducir, se recomienda hacer los ajustes necesarios haciendo
un primer cálculo para determinar el diámetro óptimo, seleccionar luego aquél del diámetro
inmediatamente superior que exista en el mercado y hacer los ajustes pertinentes de la
pendiente.
En el uso de las expresiones anteriores es necesario tener presente que para lograr que la
carga hidráulica en la cabecera del dren sea nula, la pendiente de la línea de tubos debe ser
igual al gradiente hidráulico.
donde:
φ = diámetro de la tubería (mm)
R = recarga (mm/día)
301
El valor del coeficiente de rugosidad de Manning (n) es generalmente un dato entregado por
el propio fabricante. Si no se dispone de tal información puede asumirse en la tabla 8.5
siguiente:
Tubería Coeficiente n
Arcilla 0,013
Concreto 0,013
PVC liso 0,015
PVC corrugado 0,016
Los cálculos anteriores pretenden determinar la pendiente mínima que debe darse a la línea
de tubos para neutralizar la resistencia natural que ésta opone al flujo. Las pendientes más
usadas fluctúan entre el 1 y el 5 por mil. La FAO (1985) sugiere una pendiente mínima del
0.5 por mil. El Bureau of Reclamation de Estados Unidos recomienda un mínimo de 1 por mil
para evitar sedimentación. Otra recomendación es la que se incluye en la tabla siguiente:
302
Ejemplo 8.9.
Se ha decidido instalar una red de drenaje como la indicada en la figura 8.13. El largo de los
laterales será de 200 metros y la pendiente de diseño será 2‰ (0.002). Calcular el diámetro
requerido para los casos siguientes:
L = 10 m
qo = R = 0,015 m/día
A = L * l = 10 * 200 = 2000 m2
Qmáx = qo * A = 0,015 * 2000 = 30 m3/día = 3,47 * 10-4 m3/seg
b) Según los datos del ejemplo 8.7 (Régimen impermanente, solución 1):
L = 50 m
K = 0,5 m/día
d = 2,39
ho = 0,80
A = L * l = 50 * 200 = 10000 m2
Qmax = qo * A = 0.0026 * 10000 = 26 m3/día
Qmax = 3,009 * 10 -4 m3 /seg
De los resultados anteriores se desprende que, en caso de utilizar tubos lisos o corrugados el
diámetro óptimo será 35 mm y 50 mm, respectivamente. Agregando un margen de seguridad
de 15%, estos serán en definitiva 40 mm y 60 mm, respectivamente.
304
Debe tenerse presente que en la solución de algunos de los ejemplos anteriores (ejemplo 8.7),
se asumió que se usarán tubos de 100 mm de diámetro y sin embargo, se ha determinado que
un diámetro de 60 mm es suficiente. Por lo tanto, lo recomendable es rehacer todos los
cálculos con aquel diámetro más cercano al óptimo existente en el mercado y verificar los
resultados recalculando el diámetro.
Terminada la etapa de diseño de los drenes descrita en las secciones anteriores, es necesario
proceder a la determinación de los aspectos constructivos de la red. Esto significa definir: la
disposición de la red, las necesidades de material envolvente y la instalación propiamente tal.
Estos aspectos se discuten en las secciones siguientes:
Como se ha señalado, toda red de drenaje está constituida por: laterales o drenes de campo,
colectores y drenes principales. El cálculo del espaciamiento está orientado hacia la
determinación de la distancia a que debe ubicarse un lateral de otro.
A esta altura del proyecto cobra relevancia e importancia, una vez más, el exacto
conocimiento de la topografía del terreno y la dirección del flujo subterráneo, por cuanto de
ello depende como se dispondrá los drenes laterales. Hasta donde sea posible, éstos deberán
305
instalarse perpendiculares a la dirección del flujo. La figura 8.14 muestra algunas de las
disposiciones más típicas. Su elección dependerá de las condiciones locales imperantes.
Una vez decidida la ubicación de los laterales o drenes de campo se deberá determinar el
largo que ellos tendrán y si descargarán en un colector de zanja o tubo. El primer aspecto
depende a su vez de las condiciones topográficas, apotreramiento, tamaño de la propiedad y
caudal de descarga. Por otra parte, la decisión de usar un colector entubado o zanja,
dependerá del uso del suelo y caudal de descarga.
En la sección 8.1 se indicó que, por lo general, una red de drenaje considera la construcción
de drenes entubados (enterrados) como laterales y zanjas abiertas como colectores. Cuando
hablamos de materiales para drenes nos estamos refiriendo preferentemente a drenes de tubo
y las distintas alternativas existentes en el mercado. En Chile, es posible obtener los
siguientes tipos:
Cemento
Dentro de esta categoría es posible diferenciar entre tuberías típicas de alcantarillado (con y
sin collar de unión) y tuberías especialmente diseñadas para tal efecto.
Estas tuberías se fabrican en largos típicos de 0.5 y 1.0 metros y diámetros de 100, 150, 200
milímetros y más. Desde un punto de vista hidráulico, la mayoría de las tuberías de cemento
pueden considerarse como de alta rugosidad. Consecuentemente, el caudal que son capaces
de transportar y el diámetro deben calcularse a partir de las ecuaciones 8.27 y 8.28,
respectivamente.
Los tubos de cemento son generalmente resistentes a las bajas temperaturas y presiones
externas (peso maquinaria); sin embargo, suelen ser altamente sensibles a la presencia de
ácidos y sulfatos en el suelo. Si el pH del suelo es superior a 6.2, generalmente no se
aprecian daños en el material.
Arcilla
Las tuberías de arcilla fueron ampliamente usadas en el pasado, debido a sus excepcionales
características con respecto a la resistencia a los ácidos y sulfatos presentes en el suelo, así
como a las bajas temperaturas.
Una buena tubería de arcilla requiere un proceso de selección del material, confección
mediante proceso de extrusión a través de moldes especiales, regularidad en el tamaño y
cocido a alta temperatura (8000-10000°C). La calidad de un buen tubo de arcilla se puede
apreciar en características tales como: forma (deben ser tubos rectos con bordes nítidos y
limpios); ausencia de fisuras o quebraduras (las cuales pueden detectarse por el sonido que
emite el tubo al golpearse suavemente con un lápiz) y resistentes (no deben romperse por
efecto de la presión).
La tubería de arcilla no tiene collar y sus paredes son impermeables al agua. El agua
penetra al interior de las tuberías a través de las junturas que quedan entre unas y otras al
disponerse éstas en el suelo. Al igual que las tuberías de cemento, sus principales desventajas
son el peso y su consecuente costo de transporte y la fragilidad al momento de la instalación.
308
Plástico
Las tuberías de plástico son las más frecuentemente utilizadas en la actualidad. Su uso
masivo se inició a comienzos de la década del 70 en la versión de tuberías lisas las cuales
más tarde fueron reemplazadas por tuberías corrugadas.
La mayor ventaja de las tuberías plásticas frente a las tuberías de cemento y arcilla dice
relación con su menor peso por unidad de largo y facilidad de manejo. Esto tiene un impacto
importante sobre los costos de transporte e instalación. Una desventaja podría ser
eventualmente el costo de la tubería por unidad de largo (en comparación a concreto y
arcilla) pero por lo general el costo por unidad de área drenada es menor.
Los tres materiales de uso predominante para construir tuberías de drenaje son: cloruro de
polivinilo (PVC), polietileno de alta densidad (PE) y polipropileno. Al comparar PVC con
PE, se ha encontrado que el PE negro es más afectado por altas temperaturas que el PVC de
color. Consecuentemente, el riesgo de deformación del PE es mayor que en el PVC. Por el
contrario, se ha podido constatar que el PVC es más sensible a las bajas temperaturas y a la
radiación ultravioleta que lo hace quebradizo, por consiguiente es un factor que se debe
considerar durante el almacenamiento. En general, las tuberías de plástico son altamente
resistentes a los productos químicos que se pueden encontrar en el agua de drenaje.
Al comparar las tuberías corrugadas con las lisas, hay ventajas considerables en favor de las
primeras. Estos son:
309
a) A una misma cantidad de material plástico, las tuberías corrugadas tienen mayor
resistencia a la presión externa. Puesto que el costo de una tubería es proporcional a su
peso, esto significa menor costo.
b) Las tuberías corrugadas son más flexibles lo que permite almacenarlas en rollos e
instalarlas más fácilmente. No obstante lo anterior, eventualmente esto puede significar
ciertos inconvenientes al momento de instalarlas al fondo de una zanja ya que tienden a
recuperar su forma espiral (característica de “memoria” del plástico).
c) Las tuberías con corrugaciones grandes, que generalmente coinciden con las de mayor
diámetro, presentan mayor resistencia al flujo debido a la alta rugosidad, y muestran una
menor capacidad de descarga.
Las tuberías se fabrican en diferentes diámetros (50, 65, 100 y 200 mm), la profundidad de la
corrugación varía entre 2.5 a 5.5 mm, el ancho de la corrugación entre 3 a 8 mm y el ancho
del valle entre 2.5 a 5 mm. El agua entra a través de perforaciones que se encuentran en los
valles (figura 8.15).
8.7.3. Envolventes.
Se entiende por envolvente al material que se coloca alrededor de los drenes con el propósito
de cumplir una función filtrante, hidráulica o de asentamiento del dren.
funciones proveen una protección contra dos principales consecuencias de una tubería mal
alineada: obstrucción y alta resistencia al flujo.
En consecuencia, el material envolvente debe ser seleccionado de forma que éste prevenga el
ingreso de partículas al interior de la tubería. No obstante, como la función filtrante no es
perfecta, la tubería se puede tapar y presentar una mayor resistencia a la entrada del agua.
Más allá de las características y funciones contrapuestas que debe cumplir el material
envolvente, fijar los criterios funcionales para elegir un buen envolvente, es una decisión
complicada por cuanto estas deben ser compatibles con las características del suelo donde se
instala, la tubería seleccionada y las condiciones de instalación propiamente tal. En otras
palabras, esto significa que el resultado, no es el mismo para una diferente combinación de
envolvente-tubería en un suelo determinado o envolvente-suelo con una tubería específica
(Salgado y Parra, 1994).
No obstante, todos los suelos no requieren material envolvente. En efecto, los suelos de
textura fina, con más del 25-30% de arcilla son estructuralmente estables y en ellos por lo
general se puede prescindir del envolvente. Los suelos de textura gruesa, libres de limo y
arcilla son casi siempre inestables y precisan material envolvente, siendo en este último caso
la función primordial actuar como filtrante y no reducir la resistencia a la entrada del agua.
En los suelos de texturas intermedias es más difícil establecer criterios generales. En los
suelos de texturas muy fina (con contenidos de arcilla entre 10 al 30%) la zanja de relleno
permanecerá estable y con buena permeabilidad, si la excavación se realizó en seco o, si fue
suficientemente compactada, si se trabajó en húmedo. Sin embargo, cuando se instalan
drenes en suelos con alto contenido de humedad (cercano a saturación), probablemente se
presentarán problemas de sedimentación y alta resistencia de entrada, los que se controlarán
empleando envolvente de tipo voluminoso (grava) o de tipo laminar (geotextil).
312
En general, los suelos de textura más gruesa (con menos del 5% de arcilla y alto contenido de
limo) son inestables, tanto en la base de la zanja de excavación como en sus paredes y
además pobremente permeables debido a un reordenamiento de las partículas luego de
excavada la zanja. En esas condiciones puede ser altamente deseable un material envolvente
que rodee plenamente la tubería.
Existe una diversidad de materiales que puede utilizarse como envolventes, partiendo de
materiales minerales y orgánicos a materiales sintéticos y fibras minerales. Algunos, se
muestran en la figura 8.16. A continuación se presenta una breve revisión de sus
características:
Gravas
Las gravas, maicillo y chancado muy fino pueden ser excelentes materiales envolventes de
tipo “voluminoso”, especialmente cuando se quiere tener un material que cumpla tanto, la
función filtrante como la hidráulica. La selección del material más adecuado para una
determinada condición, consiste en relacionar las curvas de distribución del tamaño de
partículas del suelo con aquéllas del envolvente. El criterio más usado es el propuesto por la
USBR y consiste en lo siguiente: (Figura 8.17).
A D
Figura 8.17. Método para seleccionar envolventes de tipo granular (USBR, 1993).
315
e) Seleccione aquel material que haya quedado comprendido entre los límites calculados en el
punto “c”.
Materiales orgánicos.
Existe una gran variedad de materiales orgánicos tales como fibras (coco), turba, pajas
(trigo, arroz, etc.) y subproductos del procesamiento de la madera (aserrín y viruta) que
pueden ser utilizados como envolventes. En general, tienen un buen comportamiento
(Salgado y Parra, 1994), pero en el largo plazo su efecto desaparece debido debido a la
descomposición por acción de los microorganismos.
La vida útil de estos materiales depende de la temperatura, las propiedades químicas del
suelo, agua y envolvente, y de la presencia de oxígeno y no se recomienda en climas áridos o
semi-áridos.
Materiales sintéticos
Los materiales sintéticos pueden encontrarse en forma granular (poliestireno) o fibrosa
(nylon, poliester, polietileno o polipropileno). Estos últimos, se conocen con el nombre
genérico de geotextiles y pueden ser tejidos o no tejidos.
El hecho que un geotextil sea tejido o no tejido, determina su comportamiento con respecto a
la tracción, así en algunos se observa resistencia preferencial en determinado sentido de la
trama del hilado o, ésta es similar en cualquier dirección (Dujisin y Rutllant, 1991). Las
características más importantes de los geotextiles son su resistencia a la tracción, su
elasticidad, permeabilidad y diámetro equivalente.
En países donde la técnica del drenaje es rutinaria y masiva, existen máquinas altamente
especializadas para la construcción e instalación simultánea de drenes, del tipo zanjadoras y
no zanjadoras (Figura 8.18), en nuestro país lo usual es primero la construcción de la zanja y
luego la instalación de los drenes. La excavación de la zanja puede ser manual o
mecanizada. La excavación manual tiene la ventaja que se trata de un trabajo de terminación
más fina y delicada, pero resulta menos conveniente debido al aumento del costo de la mano
de obra y la baja velocidad de avance. La excavación mecanizada implica usar
retroexcavadoras de alto rendimiento, pero con una terminación de baja calidad. Por lo
antes indicado, se recomienda combinar el trabajo manual con el mecánico, como se indica
en la figura 8.19. El dibujo muestra que la primera sección de profundidad (H) se hace con
maquinaria y la segunda sección de profundidad (h), se abre en forma manual.
317
Esto tiene las siguientes ventajas: a) rapidez en la excavación de la primera sección, b) menor
movimiento de tierra en la segunda sección y c) menor uso de material envolvente cuando éste
es del tipo grava.
8.7.5. Estructuras.
Toda red de drenaje bien concebida requiere una serie de estructuras especiales que permitan
conectar, proteger, inspeccionar y mantener adecuadamente la red. A continuación se hace
una breve descripción de cada obra, indicando sus principales características constructivas.
Estructuras de salida
En el lugar donde los laterales descargan a un colector de zanja, el caudal de salida puede
erosionar sus paredes. Como una red de drenaje dispone de muchos puntos de descaga, es
necesario que el costo de las estructuras de protección de la salida sea bajo. Esta situación
tiene dos posibles soluciones:
a) Una tubería de salida suficientemente larga para que el agua del lateral no caiga en el
talud del colector sino en el centro del mismo. Es importante que este tubo pueda ser
temporalmente removido para realizar la limpieza de los taludes (Figura 8.21a).
b) Una tubería de salida que no sobresalga mucho de la pared del colector y que descargue
en una canaleta (de plástico o metal), para evitar la erosión del talud (Figura 8.21b).
320
Estructuras de conexión
Si la red de drenaje es del tipo simple, es decir, laterales de tubería descargan en colectores
de tubería, se requiere la construcción de estructura de conexión entre ellos.
Si laterales y colectores son tuberías de cemento o arcilla, se sugiere que en las partes de
unión o conexión se construyan cámaras de albañilería donde descargan los laterales y desde
donde salen los colectores (Figura 8.24). Obsérvese que en este caso los laterales descargan
por encima de la salida del colector y ésta a su vez se encuentra por encima del fondo de la
cámara. Estos permitirá que en el fondo de la misma, se produzca un colchón de agua que
junto con disipar la energía permite la acumulación de sedimentos y su fácil eliminación
posterior.
En el caso de laterales y colectores de plástico (liso o corrugado) los fabricantes ofrecen los
más variados tipos de conexiones que evitan la construcción de cámaras en cada punto de
unión. En todo caso, la construcción de una cámara puede ser de gran importancia, porque
facilita la inspección y mantenimiento.
323
Cámaras de inspección
Como se ha señalado anteriormente, uno de los problemas más importantes que se presentan
en redes de drenaje construidas integralmente en tuberías, es la mantención. Esto obliga, por
lo tanto, a disponer de cámaras de inspección en puntos críticos a lo largo de la red donde
sea posible controlar su funcionamiento y realizar eventuales procedimientos de limpieza.
Una estructura como la indicada en la figura 8.24 puede cumplir ambas funciones, esto es,
como estructura de conexión e inspección.
Una cámara de inspección, como su nombre lo indica, debe permitir ingresar hasta la tubería
para controlar su funcionamiento. Dichas cámaras deben estar abiertas al exterior.
Generalmente se construyen en albañilería y su tapa superior puede ser de madera u
hormigón armado.
Chow, V.T. 1982. Hidráulica de los canales abiertos. Editorial Diana. México.
FAO. 1980. Drainage design factors. Irrigation and Drainage Paper 38. FAO - Roma.
Schwab, G.O.; R.K. Frevert; T.W. Edminster and K.K. Barnes. 1981. Soil and water
conservation engineering. 3erd. ed. John Wiley and Sons, N.Y.
USBR. 1993. Drainage Manual. U.S. Department of the Interior. Bureau of Reclamation.
Washington, D.C., USA.
328
9.1. INTRODUCCION.
Los proyectos de drenaje que se realizan en Chile con cargo a los fondos asignados para los
concursos de la Ley 18.450, no requieren de una evaluación económica, sino simplemente de
un presupuesto detallado de los gastos en que se va a incurrir, para determinar el costo de
construcción, rehabilitación o instalación del sistema. En este capítulo se incluyen casos
puntuales sabiendo que, en estricto rigor, los costos pueden variar considerablemente de un
lugar a otro, dependiendo de las condiciones locales, los objetivos del sistema que se desea
instalar y la complejidad del sistema diseñado. Sin embargo, previamente parece adecuado
destacar la diferencia entre un análisis económico y un estudio de los costos de construcción,
rehabilitación o instalación.
Un estudio de los costos de construcción es, simplemente, un estudio detallado de cada uno
de los ítemes involucrados en la construcción de la obra. Esto significa que se ha definido
previamente cuál es la alternativa que se ejecutará y sólo resta valorarla. Se preestablece
que la alternativa es factible, aún cuando desde el punto de vista de la relación
costo/beneficio, tasa interna de retorno o cualquier otro indicador, no exista mayor
329
información, pudiendo existir otras alternativas de diseño más económicas y que consigan el
mismo resultado.
Como la Ley 18.450 es una ley de subsidio a la inversión privada en obras de riego y drenaje
el Estado presupone que la decisión racional de invertir está tomada por el privado y es éste
último quien asume los riesgos. Por su parte, el Estado espera recuperar la bonificación a
futuro, a través de la captación de impuestos sobre las actividades económicas desarrolladas
a partir de la recuperación de los suelos improductivos.
Como se señaló en la sección 7.3.6., ésta es una alternativa que se considera particularmente
beneficiosa para suelos arcillosos y para los suelos ñadis del sur de Chile. A continuación se
entregan algunos antecedentes basados en un trabajo realizado por INIA (Ortega, 1996) en la
X Región.
Zanjas.
a) Las zanjas deben disponerse preferentemente adyacentes a los cercos existentes. Esto
reduce la cantidad de cierros que debe considerarse para la protección de las zanjas.
b) Las zonas de descarga de las zanjas deben seleccionarse cuidadosamente tanto por
razones del costo involucrado como por el daño que se puede efectuar a terceros.
330
c) Puesto que la zanja tiene sólo una función colectora y de transporte de las aguas, debe
tener el menor tamaño posible. Para suelos ñadis se recomienda el diseño que se incluye
en la figura 9.1.
d) La pendiente de la zanja no debe exceder el 2 por mil, lo cual es suficiente para asegurar
un buen escurrimiento. Una pendiente mayor no se justifica hidráulicamente y además
tiene un fuerte impacto en el volumen de ripio (material consolidado) que debe removerse,
y por tanto en los costos.
e) El talud de la zanja debe ser de ¼:1 con lo cual se impide el deslizamiento del material de
las paredes.
Drenes topo.
a) Se recomienda construir los drenes a 0.50 metros de profundidad, aunque en la práctica
dicha profundidad queda condicionada por la profundidad de la estrata de fierrillo. Si el
fierrillo está a mayor profundidad, no es necesario profundizar el dren porque 0.5 metros
es suficiente para crear condiciones adecuadas para el crecimiento de las praderas.
b) Se recomienda que el espaciamiento no exceda los 5 metros. La literatura recomienda
espaciamiento entre 2 y 5 metros.
c) El largo de los drenes puede fluctuar entre 100 a 200 metros. En la práctica este
parámetro de diseño depende de la geometría y tamaño de los potreros.
331
Para lograr un buen desarrollo de las fisuras del suelo (Figura 7.14), se recomienda que
los drenes sean construidos a fines de primavera o comienzos de verano, oportunidad en
que el suelo se encuentra seco en la superficie pero húmedo en profundidad.
Item Rendimiento
Excavación en tierra 9 m3/día
Excavación en ripio 2 m3/día
Vida útil pala 0.1 km
Vida útil picota 0.5 km
Limpieza zanja (deterioro severo) 9 m/día
Limpieza zanja (deterioro regular) 17 m/día
Limpieza zanja (tracción mecánica) 1.8 km/hora
Traslado tierra 6.75 m3/día
Traslado ripio 3 m3/día
333
Costo Costo
Item Unidad Unitario Cantidad Total
(UF) (UF)
Topografía ha 0,87 30,55 26,58
Excavación zanja
Tierra m3 0,03 862,20 25,87
Ripio m3 0,14 934,05 130,77
Picotas km 0,70 2,40 1,68
Palas km 3,05 2,40 7,32
Limpieza zanja
Deterioro severo m 0,03 645,00 19,35
Deterioro regular m 0,02 680,00 17,20
Confección drenes topo km 0,42 61,10 25,66
Movimiento material de bordes
Tierra m3 0,04 862,20 34,49
Ripio m3 0,09 934,05 84,06
Cercado de zanjas
Polines km 4,43 4,79 21,22
Alambre km 1,24 4,79 5,94
Mano de obra km 1,09 4,79 5,22
TOTAL 405,36
UF/ha 13,27
334
En la tabla 9.3., confeccionada por Kremer y Croxatto (1998), se incluyen los costos de
construcción de un dren entubado, sin considerar gastos generales, imprevistos, utilidades ni
impuestos, a partir de valores medios de proveedores.
335
En la tabla siguiente (tabla 9.4) se muestran los costos unitarios de las distintas faenas que
deben realizarse en la construcción de un sistema de drenes paralelos, según un trabajo
realizado por Mourgues (1996). La citada tabla no incluye los costos de construcción de
estructuras, las cuales son consideradas separadamente en las tablas 9.5, 9.6, 9.7 y 9.8.
336
Las obras de arte mas comunes en un sistema de drenaje son las cámaras de inspección,
conexión, filtración y las estructuras de salida. En las tablas siguientes se indican los costos
de construcción de algunas de ellas según las figuras que se indican:
Rendimiento
Condición Dimensiones zanja (m) excavador Total
Terreno Ancho Profundidad (día/m3) ($)
Blando 1 0-2 0.21 1.972
Semi duro 1 0-2 0.26 2.442
1 2-4 0.44 4.133
Duro 1 0-2 0.37 3.475
1 2-4 0.59 5.541
Muy duro 1 0-2 0.80 7.514
Ext. escombros - - 1.00 m3 1.800
(*)
Costo total incluye un valor de $5.762/día 8% de recargo por desgaste de herramientas y 55% leyes sociales.
Diámetro Valor
Material Tipo Nominal ($/m)
(mm)
Plástico Flexadren 50 325
65 429
100 825
200 1.925
Drenapecc 65 704
110 1.372
160 2.732
Cemento Graudren 100 1.140
150 1.986
200 3.092
250 4.004
Valores no incluyen IVA. Julio 1997.
Mourgues, M. 1996. Drenaje fundo Santa María de Maule. Proyecto presentado al concurso
109 de la Ley 18.450.
Ortega, C.L. 1996. Drenaje de suelos ñadis. INIA-Remehue; Comisión Nacional de Riego.
Cartilla divulgativa.
USBR. 1993. Drainage Manual. A Water Resource Technical Publication. U.S. Department of
Interior, Bureau of Reclamation.
349
10.1. INTRODUCCION.
Hasta fechas recientes, los proyectos de drenaje eran visualizados sólo como un proyecto de
desarrollo más, sin considerar los efectos que se generaban en el ambiente en el transcurso
de sus diferentes etapas de ejecución, puesto que la meta u objetivo fundamental era sólo la
búsqueda del crecimiento económico. Sin embargo, las numerosas experiencias negativas
que se han producido, han demostrado que el crecimiento económico y la calidad ambiental
no son alternativos, es decir, no son excluyentes y por lo tanto no se puede permitir que el
desarrollo traiga implícitamente la degradación del ambiente.
perjudiciales que provoca todo proyecto. En este sentido, la Ley 18.450 exige a los
consultores cumplir con la normativa vigente.
Este capítulo final intenta, por lo tanto, servir como un llamado de alerta a quienes piensan
que el drenaje puede ser la panacea para resolver todos los problemas productivos que
presentan ciertas áreas de nuestro país debido al exceso de agua presente en la superficie y/o
en el perfil del suelo. No debemos olvidar que la explotación agrícola o forestal es sólo uno
de los destinos que puede darse a un terreno. Hay numerosas experiencias a nivel mundial
donde terrenos que tienen severos problemas de drenaje superficial han sido mantenidos
como tales para preservar la flora y la fauna.
Lagos, bosques, pantanos o praderas naturales son ecosistemas como también lo son los
terrenos cultivados con arroz, praderas artificiales y el jardín de la casa. Estos últimos tres
ecosistemas son modificados permanentemente por la actividad humana (actividad antrópica)
y llamados “ecosistemas intervenidos” los cuales son por lo general mucho más simples que
los denominados “ecosistemas naturales”:
Un desarrollo exitoso y sustentable depende del uso racional de los recursos ambientales y de
la eliminación o minimización de cualquier impacto adverso que tenga un proyecto, lo cual se
logra mejorando el planeamiento, diseño e implementación del mismo. Según Ritzema y
351
10.2.1. Alteración.
Un ambiente alterado y/o contaminado es la categoría más leve (menos severa) que puede
resultar de la intervención humana sobre un ecosistema natural. Un cuidadoso planeamiento
del proyecto puede mantener el impacto sobre el medio ambiente dentro de los límites
aceptables.
Puesto que el drenaje es, en principio, la regulación del sistema agua-suelo-planta (Capítulo
I), al construirse los drenes se altera el caudal en los cauces naturales y, eventualmente, se
descargan aguas con mayor contenido de sales. Todas estas actividades tienen un efecto
sobre el ambiente los cuales son difíciles de predecir en su totalidad. Sin embargo, la
conducción de estudios de impacto ambiental puede proveer una visión de las principales
consecuencias del proyecto de drenaje que se desea realizar. Si los proyectos son
cuidadosamente planeados y se identifican plenamente los efectos que aquél puede producir,
los cambios en los ecosistemas pueden ser minimizados.
Un ejemplo típico de estas alteraciones son los cambios en las características físicas del suelo
como producto de la introducción del drenaje y el aumento en el contenido de sales de las
aguas superficiales como consecuencia del lavado de los suelos.
352
10.2.2. Degradación.
10.2.3. Destrucción.
Ritzema y Braun (1993), indican que para evaluar el impacto ambiental de los dos efectos
directos que tiene la instalación de un sistema de drenaje (esto es, bajar el nivel freático y
aumentar la descarga) éstos deben clasificarse en: efectos aguas arriba, efectos aguas abajo
y efectos en el lugar mismo donde se localiza el área del proyecto. En esta sección se hace
353
una breve revisión de algunos de los efectos que se pueden producir en estas tres áreas,
haciendo una breve descripción del impacto que cada uno de ellos tiene, indicando en cuál
etapa del proyecto se presenta e identificando cuales son las medidas que pueden tomarse
para evitar un daño mayor.
Desde el punto de vista agrícola, antes de introducir drenaje, dichos suelos tienen un bajo
valor comercial y productivo. Una vez drenados pueden ser de alta productividad en atención
a que por lo general tienen gran cantidad de materia orgánica. No obstante, es necesario
tener presente que en su condición original pueden ser de gran valor para la vida silvestre,
recreacional e incluso como áreas de recarga de los acuíferos.
Erosión.
La erosión es el desprendimiento, arrastre y acumulación de partículas de suelo por acción
natural o antrópica. En el caso de los proyectos de drenaje el proceso es inducido por el
hombre al realizar acciones de deforestación, enderezamiento de cauces, excavación del
lecho del río, excavación de zanjas, evacuación de excedentes, construcción de obras,
emparejamiento de suelos, etc. Los efectos se manifiestan por el arrastre de partículas hacia
los cauces, zanjas y drenes de tubo depositándose en su interior. Tal depósito reducirá la
eficiencia de trabajo de dichas estructuras, además de facilitar la proliferación de malezas.
Salinización.
El efecto de la salinización se refiere a la acumulación de sales solubles en la superficie y/o
en el perfil del suelo en una magnitud tal que se afecta el rendimiento de los cultivos. Aunque
el agua de riego sea de buena calidad, ésta puede acarrear grandes cantidades de sales. En
regiones áridas y semiáridas el riego puede además causar un tipo de salinización llamada
secundaria debido al alza capilar desde un nivel freático salino.
Eventualmente el drenaje de un suelo puede ser una fuente adicional de sales. Tal es el caso
que se produce cuando al bajar el nivel freático en un sector se induce el movimiento de
aguas con alto contenido de sales desde otro sector o cuando el flujo de agua subterránea
moviliza sales desde mayores profundidades del suelo. En ambos casos, se aumenta la
salinidad del efluente el cual a su vez puede tener efectos ambientales aguas abajo de la zona
del proyecto.
Subsidencia.
Un efecto importante que se produce en algunos suelos es la subsidencia, esto es, la pérdida
de cota de un suelo (preferentemente orgánico), como consecuencia de la eliminación de
grandes volúmenes de agua que este tipo de suelos es capaz de almacenar. Especialmente
grave es la subsidencia irreversible que se produce en suelos de turba como resultado de un
violento y acelerado proceso de oxidación el cual tiene graves efectos en el medio ambiente.
En estos casos la tasa de oxidación está directamente relacionada con la profundidad del
nivel freático y la temperatura. Bajo condiciones de nivel freático alto y baja temperatura, la
tasa de oxidación es baja (ejemplo, los suelos orgánicos de estepas frías en Magallanes). Por
lo tanto, para conservar dichos suelos es necesario mantener las características originales de
los niveles freáticos cercanos a la superficie. Sin embargo, tal condición es indeseable para
una agricultura rentable debido a la falta de oxígeno para las plantas. Por lo tanto, en la
mayoría de los casos los suelos de turba u orgánicos, no son adecuados para la agricultura a
357
menos que se esté dispuesto a aceptar el costo de la subsidencia y/o el costo de mantener el
nivel freático bajo, ya sea mediante bombeo o drenes subsuperficiales.
Filtraciones.
La disminución de la profundidad del nivel freático dentro del área del proyecto puede
aumentar las filtraciones hacia el área debido a un aumento de la carga hidráulica. Si el
agua que se filtra es dulce, el único efecto que se desprende es un aumento de la cantidad de
agua que tiene que eliminar el sistema. Si el agua es salobre o definitivamente salina, existe
el riesgo de introducir sales hacia el interior del área drenada y, por lo tanto, aumentar el
riesgo de salinización, el cual a su vez causará efecto aguas abajo del área del proyecto.
Este proceso de aumento de las filtraciones tiene lugar durante las fases de construcción y
operación del proyecto. Algunas medidas para minimizar este efecto pueden ser: a) Evitar el
drenaje mediante pozos en áreas cercanas a la costa y b) Construir drenes interceptores para
impedir el acceso de las filtraciones al área del proyecto.
transportados por el agua de drenaje. A modo de ejemplo, las figuras 10.1 y 10.2 ilustran un
trabajo realizado por Evans y colaboradores (1995) quienes reportan resultados sobre
transporte de sedimentos, nutrientes y pesticidas y el efecto sobre la calidad del agua de
drenaje bajo condiciones de drenaje convencional y controlado realizado en Carolina del
Norte. Como puede apreciarse en las figuras, el transporte de nitrógeno y fósforo es
considerablemente mayor en condiciones de drenaje convencional que controlado. Asimismo,
el transporte de nitrógeno es mayor en drenaje subsuperficial y el de fósforo en drenaje
superficial, lo cual está en íntima relación con la solubilidad y forma de transporte de ambos
elementos.
Para explicarse el efecto del drenaje artificial en la pérdida de nutrientes y otros elementos,
es necesario comprender primero los efectos hidrológicos que tiene el drenaje. El drenaje
subterráneo causa que la mayoría de las aguas drenadas viajen a través del perfil del suelo
mientras que el drenaje superficial hace que las aguas se movilicen por la superficie. Por lo
tanto, la ruta e intensidad con que las aguas son drenadas están controladas por el diseño y
operación del sistema de drenaje (Shalit, 1995).
Es necesario tener presente que los nutrientes existentes en el agua de drenaje pueden servir
como detonante para el desarrollo de algas al interior de zanjas y tubos creando una
reducción del área de transporte y finalmente su total obstrucción. Bajo tales condiciones es
probable que los costos de mantención de un sistema de drenaje puedan elevarse
considerablemente.
359
Figura 10.1. Transporte de nitrógeno por aguas de drenaje en Carolina del Norte, USA
(Evans, 1995).
360
Figura 10.2. Transporte de fósforo por aguas de drenaje en Carolina del Norte, USA
(Evans, 1995).
361
Este es un proceso que tiene lugar principalmente durante la fase de operación del sistema,
por lo tanto algunas medidas recomendables son: a) Hacer un diseño de sistema de drenaje
controlado, b) Hacer aplicaciones más controladas de nitratos, fosfatos, pesticidas,
herbicidas, etc., de modo de minimizar los excedentes que queden en el suelo, c) Almacenar
las aguas de drenaje altamente contaminadas en lugares específicos donde puedan eliminarse
o eventualmente tratarse y d) Reutilizar para el riego tales aguas con el propósito de dar la
oportunidad para que las plantas puedan utilizar parte de los excedentes que éstas contienen.
concentraciones peligrosas en la zona radicular que pueden dañar a los cultivos y crear
salinización de la superficie por efecto del ascenso capilar. Si se aplican grandes cantidades
de agua, superiores a las requeridas por las plantas, y si existe un sistema de drenes, esta
zona de alta concentración de sales no se crea y la consecuencia directa es que el agua de
drenaje tiene altas concentraciones de sales solubles. Esta concentración puede,
eventualmente, llegar a ser tan elevada que podría afectar seriamente el hábitat y las
condiciones de vida de los organismos acuáticos y deteriorar el agua de los cauces,
haciéndola inadecuada para otros usos como riego, industrial y consumo humano.
En pequeña escala esto puede suceder cuando un agricultor drena sus tierras y evacua sus
aguas de drenaje hacia los vecinos ubicados aguas abajo. A mayor escala los daños pueden
ser de gran envergadura creando problemas de desbordamientos de los cauces, inundaciones
y alteraciones mayores del ecosistema (Aydarov y colaboradores, 1990).
Este problema se manifiesta tanto durante la fase de construcción como de operación del
sistema y algunas medidas que se pueden tomar son: a) redimensionar hidráulicamente el
cauce donde se van a evacuar las aguas. Esto deberá hacerse hasta aquel punto donde se
demuestre que no ocurrirán problemas; y b) diseñar y construir estructuras de regulación y
conducción que garanticen una distribución y transporte seguro de los excedentes.
Este es un problema potencial, de gran envergadura, que puede presentarse en el sur de Chile
al realizar el drenaje masivo de ñadis, vegas y mallines.
Este es un problema que se presenta durante la fase de operación del proyecto. Para evitar
los daños que se puede causar es factible tomar las siguientes medidas precautorias: a) hacer
un diseño adecuado de modo que el nivel de las aguas de drenaje esté más bajo que la del
terreno adyacente, b) impermeabilizar las paredes y fondo de los drenes zanja y; c) utilizar
drenes colectores entubados.
364
La disminución del nivel freático en el área del proyecto generalmente provoca una mayor
filtración hacia esa área y como consecuencia de esto, una disminución del nivel freático
aguas arriba de la misma. De ello se concluye que, indirectamente, es posible beneficiar
áreas relativamente cercanas al proyecto; sin embargo, es necesario tener presente que podrá
ser un efecto totalmente indeseable si significara alterar o modificar la productividad de este
sector.
La ley 19.300 (Ley de Bases de Medio Ambiente) define la Evaluación de Impacto Ambiental
como el procedimiento que, en base a un Estudio o Declaración de Impacto Ambiental,
determina si el impacto ambiental de una actividad o proyecto se ajusta a las normas
vigentes.
ejecutará para impedir o minimizar sus efectos significativamente adversos (Ley 19.300,
artículo 2, letra i).
Por otra parte, una Declaración de Impacto Ambiental (DIA) es el documento descriptivo de
una actividad o proyecto que se pretende realizar, o de las modificaciones que se le
introducirán, otorgado bajo juramento por el respectivo titular, cuyo contenido permite al
organismo competente evaluar si su impacto ambiental se ajusta a las normas ambientales
vigentes (Ley 19.300, artículo 2, letra f).
De las disposiciones anteriores se desprende que hay dos niveles para determinar el impacto
ambiental de un proyecto. Uno que se basa sólo en declarar que con el proyecto no se
vulnera la normativa vigente y otro que requiere un estudio que permita identificar cuáles son
las actividades que pueden crear un impacto negativo y las acciones correctivas que se
tomarán para minimizar dicho efecto.
Por otra parte, el Reglamento del Sistema de Evaluación del Impacto Ambiental en su artículo
3, explícitamente indica que entre los proyectos o actividades susceptibles de causar impacto
ambiental, en cualquiera de sus fases, y que por tanto deberá someterse al sistema de
Evaluación de Impacto Ambiental figuran las obras de drenaje. Más aún, textualmente
indica:
a2. “Drenaje o desecación de vegas y bofedales ubicados en las regiones I y II, cualquiera
sea su superficie. Drenaje o desecación de cuerpos naturales de aguas tales como lagos,
lagunas, pantanos, marismas, turberas, vegas, humedales o bofedales, exceptuándose los
identificados en el inciso anterior (regiones I y II), cuya superficie afectada sea igual o
superior a diez hectáreas (10 ha), tratándose de las regiones I a IV, o a veinte hectáreas
(20 ha) tratándose de las regiones V a VII y Metropolitana, o a treinta hectáreas (30 ha),
tratándose de los regiones VIII a XII. Se exceptuarán de lo dispuesto en este literal, la
desecación de suelos con problemas de drenaje y cuya principal fuente de abastecimiento
de agua provenga de aguas lluvias, tales como los suelos ñadis”.
366
a3. “Dragado de fango, piedras, arenas u otros materiales de cursos y cuerpos de aguas
terrestres, en una cantidad igual o superior a veinte mil metros cúbicos (20.000 m3) de
material a extraer y/o a remover, tratándose de las regiones I a III, o a cincuenta mil
metros cúbicos (50.000 m3) de material a extraer y/o a remover, tratándose de las
regiones IV a XII. Dragado de fango piedras, arenas u otros materiales de cursos o
cuerpos de aguas marítimas, en una cantidad igual o superior a cien mil metros cúbicos
(100.000 m3) de material a extraer y/o a remover”.
a4. “Defensa o alteración de un cuerpo, cauce o curso natural de agua terrestre, tal que para
su modificación se movilice una cantidad igual o superior a veinte mil metros cúbicos de
material (20.000 m3), tratándose de las regiones I a V y Metropolitana, o cincuenta mil
metros cúbicos (50.000 m3), tratándose de las regiones VI a XIII”.
Para completar la visión presentada, es necesario mencionar que la Comisión del Medio
Ambiente (CONAMA), en su documento titulado “Pauta para la Evaluación del Impacto
Ambiental de Proyectos de Inversión”, establece que un estudio de impacto ambiental debe
contar de las siguientes fases:
Para identificar el impacto que el proyecto puede tener en el medio ambiente, Madramootoo
(1992) ha desarrollado una matriz como la indicada en la tabla 10.2. El objetivo de esta
matriz es llamar la atención sobre aquellos aspectos ambientales que pueden resultar
afectados como consecuencia del proyecto. La matriz por si sola indica la interacción entre
acción y medio ambiente. Si dicha matriz se usa en combinación con la tabla 10.1, es posible
también identificar la magnitud e impacto que dicha acción puede tener.
TABLA 10.2. MATRIZ DE INTERACCIÓN PARA IDENTIFICAR IMPACTOS ECOLÓGICOS PRODUCIDOS POR
PROYECTOS DE DRENAJE (Adaptado de Madramootoo, 1992).
INDICADORES ECOLOGICOS
Profundidad del Aire Aguas Aguas BIOTA Hábitat Rendi- Productos
Terrenos
ACCIONES suelo Subterráneas Superficiales Bosques marinos mientos Salud alimen- Praderas
Físicas Químicas Calidad Cantidad Calidad Cantidad Plantas Animales Acuática Aves húmedos y costeros cultivos humana ticios
Aguas drenaje
Reutilización de
aguas de drenaje
Eliminación de
aguas de drenaje
371
La literatura señala una serie de técnicas para efectuar la valorización de los efectos
ambientales. Desde el punto de vista de los beneficios, según CIDIAT (1996), éstos son:
Las técnicas basadas en precios de mercado sirven para valorar los efectos que cambian la
cantidad y calidad de los productos que son comercializados. Entre dichas técnicas se
encuentran: a) técnicas basadas en cambios de productividad; b) técnicas basadas en
pérdidas de ganancias y c) técnicas basadas en costos de oportunidad o pérdidas de ingreso.
En cuanto a las técnicas basadas en precios de mercados sustitutos, éstas utilizan el precio de
mercado observado de un bien para estimar el valor de un bien ambiental que no tiene su
propio precio. Entre ellos podemos destacar: a) Técnicas del valor de la propiedad; b)
técnicas del salario diferencial y c) técnicas del costo de viaje.
372
Las técnicas basadas en estudios se utilizan para evaluar efectos ambientales cuando no
existen suficientes datos o antecedentes para valorarlas o cuando no hay información de
mercados o mercados sustitutos. Bajo tales condiciones, es decir, cuando los precios de
mercado o los precios en mercados relacionados no pueden ser obtenidos, es posible
consultar directamente a las personas acerca de como reaccionarían ellas ante una situación
dada. Consecuentemente, el valor total del efecto es el valor del producto más un excedente
que el consumidor está dispuesto a pagar para mitigar el efecto ambiental.
Si los efectos ambientales se desean valorar desde el punto de vista de los costos, las técnicas
de valorización (CIDIAT, 1996), son:
La técnica del análisis costo-eficiencia, es usada para evaluar los beneficios medidos en una
unidad diferente al dinero y los costos mínimos necesarios para alcanzar dicho beneficio. Un
caso típico es el aplicable a un proceso de tratamiento para alcanzar un determinado
estándar o norma.
Finalmente, también es posible valorar los efectos ambientales desde el punto de vista de los
gastos. Según CIDIAT (1996), estas técnicas son:
a) De los gastos preventivos
b) De los costos de mitigación
373
El primero de ellos se basa en determinar los costos en que las personas incurren
voluntariamente para evitar un daño ambiental. Podría ser el caso de ayudar a costear la
construcción de un dique para evitar la inundación.
La técnica de los costos de mitigación determina cuánto podría costar mitigar o revertir un
daño debido a un cambio en el uso de la tierra, del agua, o un proyecto. Por ejemplo, el costo
de lavar los suelos para disminuir la salinidad.
Por su parte, la técnica de los costos de remplazo determina cuánto podría costar reemplazar
los activos productivos que son dañados por un proyecto. Tal es el caso, por ejemplo, cuando
se produce un problema de erosión ya que se daña la fertilidad y la productividad del suelo.
La técnica consiste en determinar el costo de recuperar la productividad del suelo mediante
la aplicación de fertilizantes.
La técnica de los costos de reubicación, como su nombre lo indica, consiste en determinar los
costos de relocalizar una determinada actividad que ha sido dañada. Podría ser el caso de
relocalizar personas o estructuras tales como caminos, puentes o construcciones, como
consecuencia de la construcción de una represa.
responsabilidad del Estado que dichos efectos o impactos sean mínimos y que éstos pueden
ser previstos con la suficiente antelación de modo de tomar las medidas precautorias
respectivas. Cada vez la comunidad está más sensible a tales problemas y corresponde a los
técnicos prever que se produzcan daños al ambiente como consecuencia de un proyecto de
desarrollo.
Planteado el problema en esta forma, este capítulo final no tiene otra intención que llamar la
atención sobre el tema y entregar algunos elementos de juicio necesarios de tener en
consideración. Corresponde que en el futuro cercano se comiencen a definir los criterios de
evaluación y las técnicas de valorización más adecuadas a aplicar en proyectos de drenaje,
con el objeto de calibrarlos y validarlos para nuestras condiciones específicas. Sería
lamentable que, por no abordar este tema en forma responsable, debamos lamentar un daño
irreparable a nuestro entorno al realizar proyectos sin haber evaluado oportunamente el
impacto ambiental que ellos pueden provocar.
375
Baker, J.L. and H.P. Johnson. 1977. Impact of subsurface drainage on water quality. In Proc.
3rd. International Drainage Symposium. Am. Soc. Agric. Eng., St. Joseph, Michigan. pp. 91-
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Program, U.S. Department of Interior. FWS/OSB-80/II.
377
ANEXO
INTRODUCCIÓN
Desde la aparición del SSM en 1951 hasta sus modificaciones actuales de enero de 1984, se ha
producido un cambio importante en la forma de describir y de clasificar los suelos. Las
descriptivas de suelos eran más cualitativas que cuantitativas y un gran número de decisiones
sobre los parámetros a considerar, eran elementos de juicio que variaban de un reconocedor a
otro. La Taxonomía de Suelos al crear definiciones precisas para las taxa, obligó a que el
trabajo de terreno se hiciera más y más preciso y mucho más completo y el SSM revisado cumple
con este objetivo, proporcionándole las herramientas técnicas para hacer este trabajo
adecuadamente.
Es una agrupación de los suelos que presentan características similares en cuanto a su aptitud
para el crecimiento de las plantas y su respuesta bajo un mismo tipo de manejo y está basada en
un conjunto de alternativas que relacionan suelo-agua-planta. Para ello se efectúa una
agrupación de las fases de Series de Suelos en base a los antecedentes deducidos del Estudio
Agrológico del área. Los principales factores similares que se considerarán para esta
ordenación serán: textura, profundidad, drenaje, naturaleza del substratum, topografía, etc. y que
unido a otras características tuvieran condiciones favorables al desarrollo de determinados
cultivos y/o rotaciones, además de requerir los mismos tipos de manejo, vale decir: similares
tasas de riego, frecuencias de riego, labores culturales e intensidad de uso.
Es necesario precisar que esta ordenación considera la interacción de los factores antes
indicados, pero no la correlación de éstos con el factor de clima, ya que ello obliga a una mayor
subdivisión de los grupos. Dentro del área el factor clima será considerado sólo cuando su
efecto sea claramente diferenciante dentro de un área específica, caso microclima o exposición
en algunos valles del norte.
La agrupación de los suelos según su aptitud agrícola será indicada por un número árabe, que
está entre paréntesis y que va del 1 al 8. Esta ordenación, en general, guarda relación de
acuerdo con sus crecientes limitaciones en uso y manejo, de manera tal que el grupo (1) presenta
aptitud para todos los cultivos de la zona y el grupo (8) representa un uso muy restringido, que
sólo permite pastos y/o uso forestal, existiendo entre ambos grupos una serie de alternativas en el
uso y manejo de los suelos. Para casos específicos, este número de grupos podrá incrementarse
de acuerdo con las necesidades del estudio.
379
La agrupación de los suelos en Clases (Clase, Subclase y Unidades) de Capacidad de Uso, es una
ordenación de los suelos existentes, para señalar su relativa adaptabilidad a ciertos cultivos;
además, indica las dificultades y riesgos que se pueden presentar al usarlos. Está basado en la
capacidad de la tierra para producir, señalando las limitaciones naturales de los suelos.
Las clases convencionales para definir las Clases de Capacidad de Uso, son ocho, que se
designan con números romanos del I al VIII, ordenadas según sus crecientes limitaciones y
riesgos en el uso.
CLASE I: Los suelos Clase I tienen pocas limitaciones que restrinjan su uso. Son suelos casi
planos, profundos, bien drenados, fáciles de trabajar, poseen buena capacidad de
retención de humedad y la fertilidad natural es buena o responden en muy buena
forma a las aplicaciones de fertilizantes. Los rendimientos que se obtienen,
utilizándose prácticas convenientes de cultivo y manejo, son altos en relación con
los de la zona. Los suelos se adaptan para cultivos intensivos. En su uso, se
necesitan prácticas de manejo simples para mantener su productividad y conservar
su fertilidad natural.
CLASE II: Los suelos de Clase II presentan algunas limitaciones que reducen la elección de
los cultivos o requieren moderadas prácticas de conservación. Corresponden a
suelos planos con ligeras pendientes. Son suelos profundos o moderadamente
profundos, de buena permeabilidad y drenaje, presentan texturas favorables, que
pueden variar a extremos más arcillosos o arenosos que la Clase anterior.
CLASE III: Los suelos de la Clase III presentan moderadas limitaciones en su uso y restringen
la elección de cultivos, aunque pueden ser buenas para ciertos cultivos. Tienen
severas limitaciones que reducen la elección de plantas o requieren de prácticas
especiales de conservación o de ambos.
Las limitaciones más corrientes para esta Clase, pueden resultar del efecto de una o
más de las siguientes condiciones:
CLASE IV: Los suelos de la Clase IV presentan severas limitaciones de uso que restringen la
elección de cultivos. Estos suelos al ser cultivados, requieren muy cuidadosas
prácticas de manejo y de conservación, más difíciles de aplicar y mantener que las
de la Clase III. Los suelos en Clase IV pueden usarse para cultivos, praderas,
frutales, praderas de secano, etc. Los suelos de esta clase pueden estar adaptados
sólo para dos ó tres de los cultivos comunes y la cosecha producida puede ser baja
en relación a los gastos sobre un período largo de tiempo.
Las limitaciones más usuales para los cultivos de esta Clase se refieren a:
• Suelos delgados.
• Pendientes pronunciadas.
• Relieve moderadamente ondulado y disectado.
• Baja capacidad de retención de agua.
• Humedad excesiva con riesgos contínuos de anegamiento después del drenaje.
• Severa susceptibilidad a la erosión por agua o viento o severa erosión efectiva.
381
CLASE V: Los suelos de Clase V tienen escaso o ningún riesgo de erosión, pero presentan
otras limitaciones que no pueden removerse en forma práctica y que limitan su uso
a empastadas, praderas naturales de secano (range) o forestal.
Los suelos de esta Clase son casi planos, demasiado húmedos o pedregosos y/o
rocosos para ser cultivados. Están condicionados a inundaciones frecuentes y
prolongadas o salinidad excesiva.
Los suelos son planos o plano inclinados (piedmont) y que por factores climáticos
no tienen posibilidad de cultivarse, pero poseen buena aptitud para la producción
de praderas todo el año o parte de él; como por ejemplo, pueden citarse: turbas,
pantanos, mallines, ñadis, etc., es decir suelos demasiado húmedos o inundados,
pero susceptibles de ser drenados, no para cultivos, sino para producción de pasto.
Otros suelos en posición de piedmont en valles andinos y/o costinos por razones de
clima (pluviometría o estación de crecimiento demasiado corta, etc.) no pueden ser
cultivados, pero donde los suelos pueden emplearse en la producción de praderas o
forestales.
CLASE VI: Los suelos Clase VI corresponden a suelos inadecuados para los cultivos y su uso
está limitado para pastos y forestales. Los suelos tienen limitaciones contínuas que
no pueden ser corregidas, tales como: pendientes pronunciadas, susceptibles a
severa erosión, efectos de erosión antigua, pedregosidad excesiva, zona radicular
poco profunda, excesiva humedad o anegamientos, clima severo, baja retención de
humedad, alto contenido de sales o sodio.
CLASE VII: Son suelos con limitaciones muy severas que la hacen inadecuada para los cultivos.
Su uso fundamental es pastoreo y forestal. Las restricciones de suelo son más
severas que en la Clase VI por una o más de las limitaciones siguientes que no
pueden corregirse: pendientes muy pronunciadas, erosión, suelo delgado, piedras,
humedad, sales o sodio, clima no favorable, etc.
CLASE VIII: Corresponden a suelos sin valor agrícola, ganadero o forestal. Su uso está limitado
solamente para la vida silvestre, recreación o protección de hoyas hidrográficas.
Está constituída por un grupo de suelos dentro de una Clase, que posee el mismo tipo de
limitaciones que se reconocen a este nivel y son:
s - Suelo
w - Humedad, drenaje o inundación
e - Riesgo de erosión o efectos de antiguas erosiones
cl - Clima
0. Suelos que presentan una estrata arenosa gruesa o con muchas gravas que limita la retención
de la humedad y la penetración de las raíces.
1. Erosión actual o potencial por agua o viento.
2. Drenaje o riesgos de inundación.
3. Subsuelos o substratum de permeabilidad lenta o muy lenta.
4. Texturas gruesas o con gravas en todo el pedón.
5. Texturas finas en todo el pedón.
6. Salinidad o alcalinidad suficiente para constituir una limitación o riesgo permanente.
7. Suficientes fragmentos de rocas superficiales para interferir en las labores actuales.
8. Hardpan, fragipan o lecho rocoso en la zona de arraigamiento.
9. Baja fertilidad inherente del suelo.
Una categoría de Suelos para Regadío consiste en una agrupación de suelos para fines de
regadío, que se asemejen con respecto al grado de sus limitaciones y riesgos en su uso.
No puede establecerse una delimitación muy exacta entre las Categorías de Suelos para Regadío,
sin embargo, hay ciertas características inherentes a cada una de ellas. A continuación se
definen brevemente cada una de las seis Categorías:
CATEGORÍA 1: Muy bien adaptada. Los suelos de esta Categoría son muy apropiados para
el regadío y tiene escasas limitaciones que restringen su uso. Son suelos casi
planos, profundos, permeables y bien drenados, con una buena capacidad de
retención de agua.
CATEGORÍA 3: Pobremente adaptada. Los suelos de esta Categoría son poco apropiados
para el regadío y poseen serias limitaciones que reducen la elección de
cultivos y requieren de prácticas de conservación.
CATEGORÍA 4: Muy pobremente adaptada. Los suelos de esta Categoría son muy poco
apropiados para el regadío y tienen limitaciones muy serias que restringen la
elección de los cultivos. Requieren de un manejo muy cuidadoso y/o
prácticas especiales de conservación.
CATEGORÍA 6: No apta. Los suelos de esta Categoría no son apropiados para el regadío y
corresponden a aquellos que no cumplen con los requerimientos mínimos
para ser incluídos en las Categorías 1 a 5.
Subcategorías:
Son agrupaciones dentro de cada Categoría, en las cuales se indica la causa por la que una
superficie determinada se considera inferior a la 1ª Categoría. Éstas deben indicarse colocando
como subíndice las letras "s", "t" o "w" al número de la categoría, si la deficiencia es por "suelo",
"topografía" o "drenaje". La Subcategoría refleja el factor más limitante para la condición de
riego, sólo en forma muy ocasional y siempre que ello se justifique, se podrá usar más de un
subíndice.
384
RECONOCIMIENTO DE SUELOS
Unidades Taxonómicas:
• Series
• Nuevas Series
• Variantes
• Taxadjuntas
• Consociaciones
• Complejos
• Asociaciones
• Grupos no diferenciados
• Grupos no asociados
Serie: No hay cambio en la definición. Las series antiguas deben ajustarse en relación a las
familias; varias series deberán dividirse en dos o tres series diferentes, tanto por este problema
como por problemas de drenaje (rangos demasiado amplios).
Variantes: Son series potenciales que ocupan superficies inferiores a 800 hectáreas. Se definen
en función de la serie con la cual estará más estrechamente relacionada, indicando la principal
diferencia en el nombre expresado como variante.
Taxadjuntas: Los límites impuestos crean un gran número de fragmentos taxonómicos, que
difieren de las series originales sólo en un pequeño incremento del valor de una o pocas
propiedades de diagnóstico y por esto, técnicamente se convierte en otra clase de suelo, llegando
a ser un huérfano no clasificado a nivel de series (Cline 1979); ellos difieren de sus padres
originales en tan poco, que las interpretaciones prácticas son las mismas.
Consociaciones: El 50% o más de los pedones corresponde a los determinados para la unidad
taxonómica. Inclusiones; no limitantes 25%, limitantes 15%, limitantes contrastantes 10%.-
Complejos: 2 fases disímiles de 1 serie con pattern intrincado, no mapeable a escala de 1:24.000
o menos, cada una de las fases debe tener más de un 15% en cada una de las delineaciones.
385
Inclusión: Id.; 2 o más componentes disímiles de taxa que ocurren en un pattern regularmente
repetido, no pueden ser manejados separadamente a una escala de 1:24.000 o menos. Todos los
componentes están presentes en forma normal, aunque el % varía de una delineación a otra.
Inclusiones: Id.
Grupos no asociados: 2 o más clases de suelos importantes que tienen diferentes adaptaciones
para uso y su distribución en el paisaje es desconocida. Se usan sólo en mapas de escala general
y pueden incluir suelos muy contrastantes en la misma delineación.
Fases de suelos:
Son grupos funcionales creados para servir propósitos específicos en reconocimientos de suelos
específicos. Las fases se establecen en base a diferencias de suelos y aspectos del medio
ambiente que son significativos para el uso, manejo o comportamiento de los suelos. Cualquier
propiedad o combinación de propiedades que no implican límite de clases para un taxón, puede
usarse para diferenciar fases; la selección de propiedades y límites está dada por los objetivos
del reconocimiento y por cuan consistentemente puede aplicarse el criterio de fase.
a) Profundidad
2 La clase moderadamente profunda entre 50 y 100 cm., puede ser demasiado grande para satisfacer las necesidades de algunos
reconocimientos. Este rango puede dividirse con una clase entre 50 y 75 cm., por ejemplo, y otra entre 75 y 100 cm., Cuando las
fases definidas en forma más estrecha ocurren en un pattern consistente dentro del área de reconocimiento y es posible mapearlas;
a la fase que cubre mayor superficie no se le da designación.
387
c) Pedregosidad
Elementos Diámetro/longitud
Gravas 0,2 - 7,5 cm
Gravas finas 0,2 - 0,5 cm
Gravas medias 0,5 - 2,0 cm
Gravas gruesas 2,0 - 7,5 cm
Guijarros 7,5 - 25 cm
Piedras 25 - 60 cm
Bloques > 60 cm.
El nombre de la clase de los fragmentos de roca se emplea como un modificador del nombre
de la clase textural.
Muy pedregoso: Entre 35 y 60% de gravas o piedras en volumen Clase IV y VI Cap. de uso.
d) Clases de Pendiente
e) Erosión
f) Clases de Drenaje
Excesivo - (algo excesivo) - Bueno - Moderadamente Bueno - Imperfecto -Pobre - Muy Pobre.
h) Salinidad Conductividad
Eléctrica (Siemens/m)
i) Sodicidad
C. de U Prof. Textura Pedregosidad Agua Permeabilidad Pendiente Sucept. a Clases de Inundación Salinidad Días libres Adap. a Grado de
Efectiva Superficial Supericial Aprovechable (%) erosión Drenaje de heladas cultivos intensidad
(% en volumen) (cm) (1) uso
I Profundo a Francosos 0-5 18 ó más Moderada 2 ó mens Ninguna a Bueno Ninguna Ninguna 150 ó más Buena Muy intensivo
muy profundo (2) leve
II Profundo a aF - A 0 - 15 12 ó más Moderada 5 ó menos Ninguna a Bueno a Ninguna a Ninguna a 100 ó más Buena Intensivo
mod. profundo moderada mod. bien ocasional ligera
drenado
III Profundo a Todas 0 - 15 9,5 ó más Lenta a 9 ó menos Ninguna a Buena a Ninguna a Ninguna a 80 ó más Buena a Moderado
prof. medio (-ag) rápida moderada imperfecta ocasional moderada moderada
IV Profundo a Cualquiera 0 - 35 5 ó más Lenta a 20 ó menos Ninguna a Buena a Ninguna a Ninguna a 50 ó más Limitada Limitado
delgado rápida severa pobre (3) frecuente fuerte
V Media a Cualquiera 0 - 35 -- Lenta a 5 ó menos Ninguna a Buena a Ninguna a Ninguna a 80 ó más Inadecuada Limitado
delgado rápida leve muy pobre muy frecuente fuerte (*)
VI Profundo a Cualquiera 0 - 50 -- Lenta a 30 ó menos Ninguna a Buena a Ninguna a Ninguna a 50 ó más Inadecuada Moderado
delgado rápida severa muy pobre frecuente fuerte (*)
VII Profundo a Cualquiera 0 - 60 -- Lenta a 60 ó menos Ninguna a Buena a Ninguna a Ninguna a -- Inadecuada Limitado
muy delgado rápida muy severa muy pobre muy frecuente fuerte (*)
VIII Terrenos sin valor agrícola, ganadero o forestal. Sólo para vida silvestre.
PROYECTO
Nº PERFIL RECOLECTOR
CLASIFICACIÓN
Nº LABORATORIO
HORIZONTE
PROFUNDIDAD cm
> 2 mm
DISTRIBUCIÓN 2 - 1 mm
DE 1 - 0,5 mm
PARTÍCULAS 0,5 - 0,25 mm
POR 0,25 - 0,10 mm
TAMAÑO 0,10 - 0,05 mm
(%) 2 - 0,05 mm
0,05 - 0,002 mm
< 0,02 mm
TEXTURA
DENSIDAD APARENTE g/cm3 1/3 bar h camp *
HUMEDAD 1/3 bar
RETENIDA 15 bar
HUMEDAD APROVECHABLE %
CARBONO ORGÁNICO %
MATERIA ORGÁNICA %
ÓXIDOS DE Fe %
PH H2O 1:1
PH KCI 1:1
C.E. mmhos/cm a 25º C
CaCO3 %
Ca meq/100g
Mg meg/100g
CATIONES DE K meg/100g
INTERCAMBIO Na meg/100g
SUMA meg/100g
I i meg/100g
CIC
RETENCIÓN DE FOSFATOS
*
Al extr. ac.ox. (1)*
Al extr. ac.ox. (2)*
Fe ext. ac.ox. (1)*
ACIDEZ ext. ph8*
FECHA RECEPCIÓN
* Suelos derivados de materiales volcánicos
(1) Blackmore
(2) Holmgren y York
Métodos de análisis de acuerdo con: "Procedires for collecting soil samples and methods of analysis for soil survey".
Soil Survey Investigations. Report Nº 1 SCS, SMSS. 1982.
400
G R A D O D E L I M I T A C I O N E S
1 Sin. (A) 2 Ligera (B) 3 Moderada (C) 4 Severa (D)
Profundidad del
Suelo
(efectiva (2) Más de 100 100 - 75 75 - 40 < 30
(cm)
Textura: (3) a Ff - FA a Ff - A af - A ag - A
Superficial
Sub-Suelo Fa - FA Fa - FA af - A ag - A
Permeabilidad Moderada a Mod. Moderada a Mod. Mod. Lenta a Muy lenta a muy
(cm/hr) rápida (2,0 - 12,5) rápida (2,0 - 12,5) rápida (0,5 - 25) rápida
(< 0,5 - > 25)
Salinidad < 0,2 s/m < 0,4 s/m < 0,6 s/m > 0,8 s/m
Esta pauta representa una guía para poder establecer la aptitud de los suelos para la
implantación de frutales. En su elaboración no se ha tomado encuenta:
1. Limitaciones climáticas
2. Condiciones económicas o de mercado
3. Disponibilidad, manejo y calidad de agua, y,
4. Fertilidad
Debe sí abrirse un paréntesis para aquellas zonzas de Chile en donde el clima es más importante
que el fector suelo (Quillota, La Cruz, Valles del Norte, etc.); para estos casos esta pauta debe
ser considerada como referencia y en base a la experiencia frutícola de la zona, establecer una
clasificación de suelos local.