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Ciclónicas N°4-Perla Rivera

El documento presenta varios poemas de la autora Perla Rivera. Los poemas tratan temas como la ciudad de Tegucigalpa, el amor, la memoria, la ausencia y la naturaleza. La autora expresa sentimientos y reflexiones a través de sus poemas.
Derechos de autor
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Ciclónicas N°4-Perla Rivera

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P E R L A R I V E R A

Ciclónicas
Encuentro de escritoras hondureñas
P O E S Í A
Perla Rivera
Perla Lusete Rivera Núñez, Ajuterique, Comayagua, Honduras.
Docente, poeta y gestora cultural. Especialista en Literatura por la
UPNFM. Ha publicado: Sueños de origami (2014), Goblin
Editores, Nudo 2017 Ediciones Malpaso, Antologia Personale
(2019) editada en Venecia Italia,  y Adversa (2019), por Editorial
Ático de Monterrey México. Invitada a festivales y encuentros de
poesía en América Latina y Europa. Publicada en revistas de
poesía en Latinoamérica y Europa. Traducida al inglés, afgano e
italiano.
P E R L A R I V E R A

Ciclónicas
Encuentro de escritoras hondureñas
P O E S Í A
Ciclónicas N° 4
(poesía)
 
 
 
CICLÓNICAS:
Encuentro de escritoras hondureñas

Primera edición
septiembre-octubre 2020

 
© de los poemas: Perla Rivera

© de esta edición: Ediciones MALPASO


Tegucigalpa, M.D.C., Honduras.

 
Edición bajo el cuidado de Armando Maldonado

 
Corrección de textos: Iveth Vega

© de la fotografía: Perla Rivera

 
Publicado por Ediciones MALPASO, propiedad
de Inversiones Cultrales Honduras: ICH.
Tegucigalpa, M.D.C. Honduras.
Septiembre de 2020

 
Esta breve publicación es de libre circulación, no se permite su
comercialización. Se permite citar los textos para fines académicos, de
investigación o de enseñanza, siempre y cuando se den los créditos de
autoría y de la casa editora.
Tegucigalpa

Quiero superar la cruz que rodea esta ciudad. Acertijos que se balancean
desde muchas lenguas. No seré una espectadora, víctima de traficantes de
exorcismos y mercaderes de ojos cerrados que inventan números   detrás
de las puertas. Desobedezco como me enseñó mi padre, con mi rostro de
hambre a cada uno de sus artificios y esquivo las tormentas que babean sus
bocas para que no se tiñan mis pasos  de mansedumbre.  Se puede odiar
invocando  ángeles, pero también se puede llenar de huellas y de gritos los
campos sepultados bajo el concreto. Sigo sosteniendo que el paisaje guarda
historias de hombres que han sido sacrificados por el silencio, que sus
voces se entierran en el asfalto para despertar un día en la fiesta de la
memoria recobrada.

-5-
Un poema que aprendo de memoria

Todo está a salvo en tu palabra


y en tus ojos que han vivido mil años.
El cuerpo en tus manos, no me alcanza
templo donde nace y muere la ternura.
¿Cómo entender la distancia cuando el sol nos estremece?

Esta noche amor podría hacer frío


-pero insisto- todo está a salvo en tus manos.
La desesperación nos habla, es cierto,
pero vos sos un pintor de barcos y de brújulas
y yo navego libremente en tu boca 
cuando tus labios me responden.

-6-
El testimonio de los objetos

Mientras vuelves, yo me encargo de custodiarlos.


Aunque muchas veces con algunos no puedo.
El calendario es uno de ellos.
¿Cómo esconderlo para que no me recuerde los días en tu ausencia?
El teléfono y tu nombre.
Registrado para darnos el buenos días amor, el buen provecho
y el te necesito, antes de dormir.
 
Apenas un lapso y tu nombre se agita.
Es una ráfaga de viento entre esta distancia mía hasta la tuya.
Las une un pacto,
como una arteria principal que intenta reanudar el pulso
y me devuelve hacia la luz.
Así como si hubiese pasado un siglo entero.
 
Hoy no le daré al espíritu oportunidad de extrañarte.
Este poema dará pasos quietos en tu búsqueda.
El viento repetirá tu nombre
y la noche cerrará el puño
con nuestros nombres dentro.

-7-
Ventana con vista al jardín

Heredará los pájaros –dijo la abuela-. Y abrí los ojos.


Su voz ha sido una sentencia donde caben muchas de mis angustias.
Su sombra avanza a hurtadillas por esas calles que ocultan la canción de los
/adioses
y que repiten las huellas de mi madre, 
ella que nos enseñó a trazar una ruta hacia todas las orillas 
así como quien aprende a dejar de ser un náufrago.

Hace mucho que persigo a los saltamontes, 


cuéntenme ¿por qué se quedaron de este lado del muro?
Cuéntenme del árbol del atrio de la iglesia
y de su sacrificio, cuando todos dormíamos o cuando nadie quiso salvarlo.

He sido un pájaro en estas calles plantadas de nombres viejos 


y de mujeres de maíz.
He sido un pájaro viendo pasar la tristeza 
de los que aún no han visto una puesta de sol.

Quiero recordar las canciones


que se repetían en la vieja radio de mi abuelo 
aunque mis oídos ya no pueden escuchar los grillos que se ocultan en los
/abrigos de mis antepasados.

Pero recuerdo que todo pájaro tiene el derecho de romper el cielo


incluso el cielo del repartidor de sonrisas.
Pienso entonces en la casa que tiene una ventana al jardín, 
que no ha renunciado a su tragaluz 
y donde todavía se escapan por una rendija 
mis viejas canciones de cuna.

-8-
Sacrificio

He llorado tanto tu ausencia como la crucifixión de Cristo,


llantos que harán un hueco en el mármol que guardará mis restos.
 
Todas tus palabras y el rencor
eran necesarios para desollar la escasa piel que aún quedaba.
 
Te faltó mirar esas constelaciones que parecían un rebaño
consumando la ceremonia del fracaso.
 
Los Cantares y el Génesis me absorbían a dentelladas
los evangelios se escribían en la planta de tus pies.
Tragabas perlas disueltas en vinagre.
 
Nada permanece,
solo tus estatuas, mientras me haces concebir abortos
al ritmo de un viejo saxofón.

-9-
Todo converge
las horas
el cielo
los motivos
la promesa del día anterior
la canción que suena en la radio
incluso el tráfico.
Todo.
Menos tú.

-10-
Olvido

Se enmoheció el sitio donde cuelga nuestra foto:


plegaria con rostros aún sonrientes,
el tuyo, con el cristal como máscara que defiende una sombra
y el mío como un ave amarilla,
que resucitó de la guerra
esta tarde de junio.

-11-
Suicida
Te aíslas  bajo cerraduras de silencios
te busco convertido en luz.
He muerto varias veces
he sido suicida
y cada noche
un verso me recoge en el vacío.

-12-
Equivocación

Yo imaginaba la vida siempre como una ventana,


un lugar para acariciar el mar.
 
Yo soñaba con palabras que ya nunca se dirán,
que la crueldad era un pequeño territorio que no nos pertenecía.
 
Y es allí, en ese espacio donde el cielo se desploma,
y esa mujer que debo ser yo
ya no se desvela por un mensaje para hacerte sonreír.
 
Y es entonces que mi mundo se ha vuelto una rama.
Esos días que perdieron el nombre, abrazaron la raíz y la semilla
y una viña brotó,  en la palma de mis manos.

-13-
Monólogo en la casa de la montaña

Mamá:
desde estos kilómetros pienso en los hijos que se quedaron en casa. Seres
que llevan la continuidad de su sangre y que repiten la sonrisa, el color del
cabello o la suavidad de su piel. Aquellos que algún día dejarán de
preguntar: ¿Dónde está la abuela? ¿Por qué no nos lleva de vacaciones a
esas ciudades que se han arrancado del álbum? ¿Por qué nunca las
visitamos juntos?
 
Mamá, ayer cuando caminaba por la calle escuché tu voz en la  corriente
de la lluvia,  gritaba; ¿Qué es de tu vida pequeña? ¿Por qué no hay justicia
para una huérfana de madre que no tiene más culpa que creer en rostros
imaginarios?
 
Recordaba las paredes de nuestra casa, mamá, aquellas columnas amarillas
y agujereadas por los clavos que sostenían las fotos de nuestros momentos
felices. Esas mismas en las que a hurtadillas hacía mis bocetos con lápices
de colores y donde aprendí a dibujar cabezas de caballos con cuerpos de
mariposas.
 
Mamá ya son las 2:35 de la madrugada y los árboles no dejan de hablarme,
y me traen el canto de los gallos del patio de la abuela, ella, la maga de los
dulces y las oraciones a todos los santos, madre de tus ojos, madre de tu
risa y de tus cicatrices, madre de gracia y de misericordia en la vida y en la
muerte.
 
El recuerdo va y viene, parece que está danzando, pero tu sonrisa es
estática y siento que es una lanza puntiaguda que exorciza este   pequeño
corazón que no ha podido crecer porque le faltó macerarse con tus
palabras bonitas. Tus palabras viajan a mi oído, son bálsamo y caricia
cuando las sonrisas solo aparecen en otras caras o en el sujeto que nos
distrae en  la televisión.
 

-14-
Ya se van moviendo más rápido las agujas del reloj, mamá, parece que
quiere amanecer, las 4:20 y huyen los segundos cuando te veo con tu
vestido verde divisando un imperio de lágrimas que se  desborda. Era tu
expresión aquella vez, pero la noche devora los amaneceres.
 
Mucha gente intenta apagar las lunas que se visten de soles en mi memoria
y muchas veces lo consiguen, pero yo soy necia como me enseñaste.
Insisto en ser sol, aunque cada segundo que pasa voy dejando  jirones de
esta piel que también es tuya, porque al nacer mujer no me advertiste que
tenía que gritar más fuerte porque la voz de las mujeres en este país es
muy bajita y para apoyar mi cabeza en paz sobre la almohada tengo que
tener un bulto en medio de las piernas.
 
Los recuerdos me atormentan porque no logran acomodarse en el hueco
de mi cerebro y se retuercen en una danza suicida. Los ojos de mis niños 
vienen a mí y me dicen que hay colores todavía y me alivia un poco saber
que mi sangre y la tuya están juntas en ellos. Pero recuerdo que también
mi hija es mujer y la angustia se multiplica y ya no podré dormir. El viento
silba más fuerte y el terror aparece de  nuevo y no puedo más.
 
Las lágrimas insisten, y navego en un río que parece cementerio con
muchas cruces flotando sobre la tierra. La muerte es una bestia que a veces
tiene clemencia.
 
Los puntos suspensivos del computador parecen calmarme cuando siento
que todavía puedo escribirte. Pienso que para una madre las guerras de los
hijos son suyas y que yo todavía vivo en una llaga pero vivo. La pólvora es
un rito cercano a los nuestros. 
 
Son las cinco y media y no tengo sueño, siento un cementerio en el pecho,
los ojos desaparecen, las lágrimas se me volvieron un sube y baja, la gente
comienza a levantarse con el canto de los gallos, mientras yo busco un
motivo para encender la luz.
 
Seis,
            siete,
                        ocho,
                                   nueve de la mañana
 
y la vida para nosotras, mamá,
sigue siendo un insomnio.

-15-
La memoria pudo salvarnos

A Jhonatan Bonilla

Hay cosas que guardo en poemas para nunca olvidarlas


como  aprender a respirar los destellos que deja la memoria
en un manojito de flores
y el hecho de que aprendiste a llover solo porque te lo he pedido.
 
Te hablé esa tarde del frío que se quedó en la montaña
y me abrazaste tanto
que todavía tus brazos entibian mis futuras sombras.
Te muestro el cielo, las constelaciones 
y hacemos planos de un suspiro
Y olvido por un momento que todos los misterios del universo están
/resueltos
en cada orilla de tus pequeños lunares rojos.
 
Abrir de nuevo la vida puede durar el tiempo de escribir un mensaje
y de nuestros nombres no debo olvidar
que uno a uno fue quemándose, como un milagro,
dentro de dos tacitas de té.

-16-
Se suicida el tiempo
mi pájaro de arena
muere en un espejismo.
Ha llegado el invierno
yo,
cierro la puerta.

-17-
Debajo de mi falda

Hace siglos, desde que me hice niña he podido sacarme el corazón y


decorarlo con cintas, clavarle alfileres, dejarlo sangrar y seguir jugando. Hace
siglos, cuando mis cabellos eran una cascada sobre las piedras, yo volteaba y
sonreía frente al movimiento del agua, mordía mis labios.
 
Mis pasos oscilan en una cuerda hecha con mis propias arterias, el abismo no
es más que un motivo. Ser mujer fue siempre el salón de los vientos, de
música y aullidos.
 
El vientre ha sido motivo de censura y de espasmos. Olas y mar salvaje que
se abre a la vida, que se multiplica en eslabones de ceniza. Un ejército de
frases mudas muere con un rostro que se ha anclado en la palma de mi
mano, esa mano acusada de fornicar y ceder a los delirios.
 
No soy de jaulas en mis cuerdas vocales ni en ningún átomo de mi cuerpo, y
a pesar de los reparos, cada vez que digo mujer, desnudez, amor, sexo,
debajo de mi falda hay un suicidio colectivo de estrellas.

-18-
Collage

Sujeto el álbum de fotos que me llama desde el anaquel.


Me saludan semblantes con las sonrisas puestas para un momento.
Las arrugas de mis abuelas se hacen perpetuas
y sus rosarios relucientes tiemblan
bajo el flash de un nuevo invento.
 
Las imágenes más delicadas
son daguerrotipos ancestrales que jamás sonríen
congelados en la melancolía.
Parecen un camino hacia el más allá.
 
Distintas a las pinturas al óleo que cuelgan de la pared,
una de ellas es de mamá. 
Se intuye que saluda sonriente al artista
y deja un festival de ternura a quien la observa.
 
Mi abuelo Fernando se asoma desde una plegaria en el campo.
Mi frente es la suya,
trae su perfume de semillas y huerta,
sus pasos lentos patean guijarros
 y su sombra juega con los fantasmas de nuestros antepasados.
 
Las fiestas y los  funerales se repiten según el humor divino
y los trajes bien puestos
han ido a parar a enormes baúles de cedro
donde son alimento de duendes y el olvido.
 
Marlon se guarda las dedicatorias en los bolsillos,
y sonríe a la cámara. 
Acaricio su imagen y
pienso que cualquier frontera es frágil,
incluso la de la muerte que se lo llevó muy pronto.
 

-19-
María y su vestido rojo
enfrentan una coreografía sobre el mar,
bajó la vista y escribe en la arena:
paciencia y  sacrificio.

Mi hermano Ovidio, junto a papá,


hablan sobre himnos de guerra y primaveras fracturadas.

Una foto cae al piso,


la propaganda y las conspiraciones son inevitables.
Cosida a un anuncio de jabón está tu foto,
atada para que no se pierda.

Tu rostro sonámbulo pide clemencia.


Ahora mismo la guardo donde las fechas solían ser solsticios
y te vas escapando
en un bestiario de traición y esquizofrenia.

-20-
A propósito de tatuajes

El calendario es un pantano de signos,


enceguecimos interpretando evangelios,   
negándolo todo.
 
No te lo dije antes,
pero he decidido lloverte
sobre un lienzo que me aguarda.
Invadir tu médula con el acrílico más oscuro de mi paleta.
Dibujarte navajas afiladas en las arterias
que dentro de vos construyan un laberinto.
 
Las flores que nunca enviaste
son cadáveres.
 
Quiero devolverte esta tormenta,
tatuarla en tu lengua
con los tonos grises de  las mañanas 
y de todas las  tardes ciegas
en esta casa huérfana que soy.

-21-
Sobre un puerto
donde por fin pude anclar

De alguna manera
todos somos sobrevivientes.
Más de alguna catástrofe ha crecido en nuestros ojos.
Pero también siempre hay algo que nos salva.
Me sostengo en tu cuerpo como una balsa que lleva profundas cicatrices.
Muelle donde dibujo como un mapa mi itinerario de salvación, 
con un lenguaje que solo nosotros comprendemos
y que derrota todas las noches.

Mi cicatriz se ha anclado en tu boca


sitio donde siempre dibujaremos el mar.

-22-
Índice
5 Tegucigalpa

6 Un poema que aprendo de memoria

7 El testimonio de los objetos

8 Ventana con vista al jardín

9 Sacrificio

10 Todo converge

11 Olvido

12 Suicida

13 Equivocación

14 Monologo en la casa de la montaña

16 La memoria pudo salvarnos

17 Se suicida el tiempo

18 Debajo de mi falda

19 Collage

21 A propósito de tatuajes

22 Sobre un puerto donde por fin pude anclar


4

Ciclónicas
Encuentro de escritoras hondureñas
P O E S Í A

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