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La gallina de Pedro Urdemales

Pedro Urdemales le encargó su gallina al Rey mientras estaba de viaje. La Princesa se comió la gallina y cuando Pedro regresó, exigió que le devolvieran su gallina o se llevaría a la Princesa. El Rey entregó a la Princesa. Mientras viajaban, Pedro dejó a la Princesa con una anciana mientras buscaba agua. La anciana engañó a Pedro y cambió a la Princesa por su perra brava. Cuando Pedro abrió el saco, salió la perra en lugar de la Princes
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La gallina de Pedro Urdemales

Pedro Urdemales le encargó su gallina al Rey mientras estaba de viaje. La Princesa se comió la gallina y cuando Pedro regresó, exigió que le devolvieran su gallina o se llevaría a la Princesa. El Rey entregó a la Princesa. Mientras viajaban, Pedro dejó a la Princesa con una anciana mientras buscaba agua. La anciana engañó a Pedro y cambió a la Princesa por su perra brava. Cuando Pedro abrió el saco, salió la perra en lugar de la Princes
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Colegio Leonardo Da Vinci

Departamento de Lenguaje y Comunicación

Lee el siguiente texto:


La gallina
Pedro A. Laval

Pedro Urdemales había comprado una gallina muy bonita, y teniendo que hacer un viaje muy largo, se la dejó
encargada al Rey, que la hizo llevar al gallinero.

Un día la princesa vio la gallina y la encontró tan linda que le dieron ganas de comérsela; pero el Rey le dijo que
era ajena y que mejor escogiera otra para hacérsela
guisar. La Princesa se empecinó y dijo que o se
comía esa gallina, o no comía nada hasta morirse
de hambre, y se puso a llorar. El Rey, que la quería
mucho y no podía verla sufrir, consistió que
matasen la gallina de Urdemales y la Princesa se la
comió hecha estofado.

Después de algún tiempo, Pedro pasó a buscar su


gallina y se encontró con que se la había comido la
hija del Rey. Pedro la reclamó y el Rey ofreció
pagársela muy bien pagada, pero Pedro no
consintió:

— "O me dan mi gallina, o me llevo a la Princesa,


que se comió mi gallina". — Y nadie lo pudo sacar
de esto.

El Rey le entregó la Princesa, y Pedro, metiéndola en


un saco, se la echó al hombro y se largó por esos
mundos, hasta que, después de mucho andar, llegó
a un rancho en que vivía una viejecita. Pedro le pidió
agua, y la viejecita le dijo que fuese él mismo a
buscarla a un esterito que corría a los pies del
rancho. Dejó Pedro su saco en tierra y con un
calabazo que le proporcionó la anciana, fue en
busca del agua. La viejecita aprovechó la ausencia
de Pedro para ver lo que el saco contenía, porque
era curiosa como un diantre, y lo abrió, y al ver a la
linda Princesa que había adentro y a quien ella
conocía bien porque la había criado a sus pechos,
se le ocurrió cambiarla por una perra muy brava, que
tenía.

Y así lo hizo; sacó a la princesa y la escondió muy bien escondida y en su lugar metió la perra en el

saco. Poco después volvió Pedro y echándose su saco al hombro se despidió de la vieja y siguió su
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camino.
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Mientras iba andando, la perra se movía en el saco, pero Pedro le decía, creyendo que era la Princesa:

— No se desespere, hijita, que luego vamos a llegar y quedará contenta".

Cuando llegó Pedro a su casa, abrió el saco para sacar a la Princesa pero en vez de salir ella, saltó afuera la perra y
le mordió las pantorrillas.

Desde ese momento Pedro Urdemales vivió muy triste, hasta que murió de la pena que le causó el haber sido
engañado por una vieja.

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