ETICA EXISTENCIALISTA
NARLYS ORTEGA MEDRANO
YANDRIS ALARZA CUELLO
ALEJANDRA ROSADO ARGOTE
LUDYS VELASQUEZ MORA
DOCENTE
UNIVERIDAD DE LA GUAJIRA SEDE VILLANUEVA
FACULTAD DE CIENCIAS SOCIALES Y HUMANAS
TRABAJO SOCIAL
VILLANUEVA
2020-1
La desesperación es El individuo
el punto de partida es superior a
de la vida ética lo general ETICA
Representa el EXISTENCIALISTA Filósofo, escritor,
novelista, Surge cuando el ser
nivel más bajo de
biógrafo humano se da
la vida humana
cuenta que se e esta
Religioso percatando de algo
Ético
Estético Valores que se ven El hombre
después de la Critico
Tres estadios elige su Conciencia
coherencia, entre las francés
moral reflexiva
relaciones que hay entre
Es el hecho de
la voluntad de creación y percatarnos de
Padre del el resultado algo, es tener
existencialismo conciencia
Conciencia
Propone a que se PRECURSORES pre reflexiva
considere al individuo
como realidad humana JEAN- PAUL
básica y como centro de SARTRE Marxismo
toda investigación SOREN humanista
filosófica Gran
KIERKEGAARD
exponente
1813- 1855 Surge
GABRIEL en 1989
Filosofía de la La existencia
MARCEL Existencialismo
existencia humana, precede a la
centrar su filosofía en Considerado una esencia
el individuo, en la El ser para si
importante e Prolífico, filósofo,
libertad y influyente figura
responsabilidad teólogo, psicólogo,
del pensamiento Enfocado en el
crítico literario El hombre,
contemporáneo existencialismo
El ser para conciencia, nada,
cristiano
El ser en si otro libertad, carencia de
ser
Ideas más Problema Misterio La presencia del
conocidas otro en la
Las cosas, los
relación como
objetos son lo
sujeto
que son, plenitud
Diario metafísico, del ser
subjetividad ser y tener,
De la naturaleza del
Salto de la fe ser se desprende la posición y
metafísica aproximaciones
ÉTICA EXISTENCIALISTA
Todos y cada uno de los pensadores que destacan el aspecto concreto del
hombre (Hombre de carne y hueso, como lo llama Miguel Unamuno) pueden
considerarse como precursores del existencialismo.
El existencialismo cuenta con una gran variedad de corrientes, sin embargo, se
encuentra un denominador común en todas sus direcciones: El estimular la
existencia antes o por encima de la esencia (de ahí el libre de existencialismo)
así el existencialismo coloca en el centro de su reflexión el hecho concreto de
la existencia, a diferencia de la filosofía clásica que s refiere a las diferencias y
esencias.
Así, la filosofía existencialista se caracteriza entonces, por afirmar que la
existencia procede a la esencia; esto significa, que el hombre empieza por
existir, se encuentra, surge en el mundo y después se define. Dice Sartre que
el hombre no es definible, porque comienza por ser nada.
Así, el existencialismo no se refiere al hombre como esencia, como ya algo
dado y constituido, sino cómo existencia que se va haciendo.
No está de más explicar en qué consiste el contexto existencialista, que para
esta corriente es siempre concreta o individual.
Soren Kierkegaard, afirma que la existencia es ante todo un existente. Dice
Unamuno: Solo existe el hombre de carne y hueso (El concreto e individualista)
Ni lo humano, ni la humanidad, ni adjetivo simple, ni el adjetivo sustantivo, sino
el sustantivo concreto: el hombre.
El hombre de carne y hueso, el que nace, sufre y muere, sobre todo muere, el
que come y bebe y juega, y duerme y piensa, y quiere; el hombre que se va y a
quien se oye, el hermano, el verdadero hermano.
Según Sartre, “El hombre es el único que he no solo es tal como se él se
concibe; sino tal como él se quiere. y como se concibe después de la
existencia, solo se quiere después de este impulso hacia la existencia. El
hombre dice Sartre inventa al hombre. La existencia de los hecho radical y
primario, es la fundamental actividad de n donde se ven articulando las cosas y
las ideas.
Así pues, el existencialismo no se pregunta por el ser general y abstracto, sino
por el ser individual y concreto.
Sartre afirma que el existencialismo es un humanismo. el humanismo de este
yo que soy yo, humanismo mío y de todos, porque todos son yo.
La existencia humana es actividad, movilidad. Existir o vivir equivale a elegir
entre diferentes propósitos y objetivos. La existencia no es un estado, sino un
permanente llegar a ser.
La vida no es nunca algo determinado y fijo; consiste en un incoercible
desenvolvimiento, en una marcha hacia lo que ella misma proyecta, hacia la
realización de su programa, ello es, de su mismidad.
Para ejemplificar la ética existencialista, se citará el pensamiento de Soren
Kierkegaard, al cual se le atribuye la paternidad de esta filosofía.
Kierkegaard nació́ en Copenhague en 1813 y murió́ en el año 1855.
Según James Collins, uno de sus biógrafos, hay una serie de hechos decisivos
en la vida de Kierkegaard: su formación en manos de su padre, su desgraciado
amor por Regina Olsen, su choque con el público y la prensa; su abierta lucha
contra la Iglesia danesa...
En su primera etapa (1834), cuando empieza a escribir sus Diarios,
Kierkegaard sufre una influencia de los poetas, novelista y filósofos románticos
como Nóvelas, Hoffman y los Schlegel; percibe en ellos una gran fuerza que
podría servir para contrarrestar la influencia racionalista de Hegel e impedir que
su época sucumbiera completamente a estas teorías. En efecto, la filosofía de
Kierkegaard presenta una reacción contra el racionalismo absoluto de Hegel, el
cual no logra dar cuenta de la existencia concreta e individual. Incluso, para
marcar su oposición a Hegel, Kierkegaard se nombra a sí mismo "el anti-
hegeliano". Kierkegaard explica la existencia, en lo que se refiere a su
autenticidad, a partir de tres estadios fundamentales que son:
Estadio estético
Las características de lo que Kierkegaard llama el estadio estético, se
encuentran en personajes típicos, cuya vida gira en torno a estados anímicos
como: la sensualidad inmediata, la duda y la desesperación.
Estadio ético
Lo que caracteriza el estadio ético es el orden; se trata de una vida
racionalizada, planeada, que se dice a reglas universales y necesarias.
Kierkegaard ejemplifica el estadio ético en el matrimonio, donde el hombre
adquiere responsabilidades.
El símbolo de la vida ética es Sócrates:
Sócrates, en el fondo racionaliza, no podía tener ninguna "noción del pecado",
ni que la salvación del hombre requiere a un Dios crucificado. El modelo de
Sócrates "el modelo del hombre ético en general, es insuficiente por- que no es
el verdadero modelo o no es el modelo paradójico de la revelación en Cristo.
Estadio religioso
Es el estadio superior a todos, ya que se establece por medio de la fe, que es
una relación personal y subjetiva con Dios.
El símbolo de la vida religiosa es Abraham, caballero de la fe. En él se da la
desesperación y la angustia que nos instalan en la existencia autentica.
En la desolación de la angustia, el caballero de la fe es impulsado a su
verdadero destino: creer, a pesar de los obstáculos que a tal acto interpone el
pensamiento abstracto y el "tú debes" de la ética. Abraham se resuelve a
sacrificar a su hijo por mandato divino, no obstante, el precepto que le ordena
no matar (suspensión de la ética).
"Hay que suprimir el saber, para dar lugar a la fe." La verdad revelada supera la
verdad especulativa. Incluso el pecado no reside en el ser, sino en nuestro
saber. El primer hombre ha tenido miedo de la voluntad del Creador, por nada
limitada y ha buscado protección en el saber, el cual, tal como lo había
sugerido el tentador, lo igualaba a Dios. Lo contrario del pecado no es la virtud,
sino la fe.
El existencialismo de Gabriel Marcel
Se dice que Gabriel Marcel no es un filósofo de profesión, sino un dramaturgo y
un crítico literario; sin embargo, es considerado como una de las grandes
figuras del existencialismo francés. Se considera a este pensador como un
segundo Kierkegaard y como un "socrático cristiano".
Marcel nace en 1889; entre sus obras más significativas están: Diario
metafísico, Ser y tener y Posición y aproximaciones concretas al misterio
ontológico.
Como se verá, Marcel establece una distinción muy importante entre misterio y
problemas. Según este pensador existencialista, la tarea de la filosofía consiste
en reconocer que lo más decisivo en la existencia son los misterios y que el
camino para convivirlo es el recogimiento íntimo.
Como muchos existencialistas, Marcel se preocupa por distinguir la existencia
autentica de la inauténtica o vana. Como ejemplo de esta última, Marcel habla
del hombre que carece del sentido ontológico, del sentido del ser. La época
contemporánea se caracteriza, según Marcel, por un desorbita miento de la
idea de función. Según esto, el hombre es concebido como un conjunto de
funciones vitales, psicológicas, sociales (como consumidor, productor,
ciudadano, etc.). El hombre, como agregado de funciones, vive preocupado por
repartir sus actividades en el tiempo; así́, el ser humano consagra
determinadas horas al sueño, otras al ocio, al descanso, etc.
El mundo centrado en la función es verdaderamente lamentable, triste; por
ejemplo, Marcel evoca la penosa imagen del jubilado "y también la imagen
enteramente afín de esos domingos citadinos en que los paseantes dan
justamente la sensación de estar jubilados de la vida"
Ahora bien, la vida en un mundo apoyado en la funcionalidad conduce a la
desesperación, porque en realidad ese mundo está vacío, suena hueco. En
este mundo no tiene cabida el misterio, solo está abierto al problema.
En el mundo funcionalidad (que equivaldría a la experiencia inauténtica) al no
haber lugar para el miste- rio, priva lo enteramente natural; esto, dice Marcel,
no es más que la expresión de un racionalismo degrada- do, según el cual la
causa explica el efecto. De este modo, en el pensamiento de Marcel hay una
polémica contra la teología racionalista y contra todo racionalismo en general.
Ahora se aclararán los conceptos problema y misterio. Lo que caracteriza al
problema es que este es objetivo, se encuentra entero ante mí. El problema
está́ sometido a una técnica (puede resolverse acudiendo a ciertas reglas o
métodos racionales); otra de sus características es que es completamente
impersonal, pues cual- quiera, utilizando un método eficaz, puede resolverlo;
por ejemplo, un problema matemático.
Sin embargo, el misterio es de una naturaleza diferente del problema;
pertenece a un plano trascendente, es metaproblemático. La filosofía, la
metafísica, no se ocupan de problemas sino de misterios que dan cuenta de la
auténtica existencia.
Marcel distingue el problema y el misterio de la siguiente manera:
Entre un problema y un misterio, hay diferencia esencial; un problema-es algo
que yo encuentro, que hallo, entero, ante mí, pero que por esto mismo puedo
aparcar y reducir, en cambio, un misterio es algo en lo que yo mismo estoy
comprometido y que, por consiguiente, solo es pensable como una esfera en la
que la distinción del en mí y del ante mí pierde su significado inicial. Mientas un
problema autentico está sometido a una cierta técnica cuya función se define,
un misterio trasciende por definición a toda técnica concebible.
Todos los grandes problemas de la metafísica son, en realidad, misterios,
porque no pueden ser representados ni resueltos objetivamente. De esta
manera el mal, la libertad, el conocimiento, el amor, la unión del cuerpo con el
alma son misterios.
Pero el misterio fundamental es el misterio del ser. El misterio ontológico es el
tema central de la filosofía de Marcel.
Desde la reflexión sobre el ser -sostiene Luis Villoro en su prólogo a Posición y
aproximaciones concretas al misterio ontológico- cobran nueva luz; las
determinaciones existenciales que lo son más caras, presencia, fidelidad,
disponibilidad, esperanza, aparecen como vías de acceso al ser, allende la
esfera de la objetivización más allá́ de lo problemático.
El modo para aproximarse al misterio, al ser, no es por la vía lógica o
conceptual, sino por medio de la experiencia concreta y el recogimiento, el cual
puede ser concebido como un método filosófico. El recogimiento en Marcel,
dice R. Verneaux en su Historia de la filosofía contemporánea, "es un paso no
racional, no objetivo"; se trata de un paso reflexivo centrado sobre la
experiencia humana más íntima; es un paso no comprensible por concepto. En
este sentido el pensamiento de Marcel se relaciona mucho con el
irracionalismo de Kierkegaard. El recogimiento de Marcel, según Verneaux,
está muy cerca del pensamiento subjetivo de Kierkegaard.
Según Marcel, la pregunta sobre la existencia del ser (¿existe el ser?) no tiene
sentido, pues el ser se experimenta en forma concreta e inmediata. Es
necesario que haya ser, que no se reduzca a un juego de apariencias
sucesivas e inconsistentes; por lo que la única pregunta adecuada es: ¿qué es
el ser? Sin embargo, esta pregunta entraña un misterio y no un problema,
porque el ser no es un objeto ante mí, yo mismo soy un ser y participo de él.
Por otro lado, "no puedo dejar de preguntarme: ¿quién soy yo que pregunto por
el ser?" El ser solo sería aprehendido mediante una participación en el ser
mismo. Esto muestra que el ser no es un objeto, "no puede --como escribe
Verneaux- ser ni representado ni demostrado, sino experimentado y
atestiguado; no puede hacerse su inventario ni se le puede definir, sino que hay
que reconocerlo y aproximarse a él"5o (de ahí́ el título de una de las obras de
Marcel: Posición y aproximaciones concretas al misterio ontológico).
De la naturaleza del ser se desprende que la meta- física, según Marcel, tenga
estas características mencionadas por Verneaux:
La metafísica no tiene nada en común con una técnica o con una ciencia: no
resuelve ningún problema, demuestra ninguna de sus afirmaciones, no puede
pretender una objetividad. Se sigue también que el esfuerzo metafísico no
consiste en construir un sistema, pues un sistema es un conjunto de conceptos,
y el ser no es representable; además, un sistema tiene la pretensión de agotar
la inteligibilidad de su objeto, y el ser es inexhaustible.
El existencialismo de Jean-PaulSartre
Mientras que Kierkegaard y Marcel representan un existencialismo cristiano,
Jean Paul Sartre (1905-1980) desarrolla una teoría de la existencia que ancla
en el ateísmo, en la medida en que sostiene que no hay Dios, ni principio
trascendente alguno al que pueda recurrir el hombre para fundamentar su
moralidad.
La vasta obra de este filosofo explora diversos ámbitos de la literatura: novela,
cuento, ensayo, teatro. Entre sus libros más específicamente filosóficos se
cuentan:
Lo imaginario (1940), El ser y la nada (1943) y La crítica de la razón dialéctica
(1960). También es preciso mencionar su opúsculo El existencialismo es un
humanismo, que es una conferencia dictada en 1946 en el "Club Mantienen";
aquí́, el filósofo francés define en forma clara lo que entiende por
existencialismo: se trata de una doctrina que sostiene la prioridad de la
existencia sobre la esencia. ¿Qué significa esto? Para explicarlo Sartre pone
un ejemplo: dentro de una visión técnica del mundo, pensemos en un
"cortapapel" (o en cualquier otro objeto manufacturado). Ahora bien, este
cortapapel participa de una esencia, no podría existir si no lo concebimos
primeramente como un conjunto de recetas que nos permitan construirlo. El
mundo de la producción requiere de un técnico, de un obrero que se encargue
de construir los objetos a partir de una idea o modelo preconcebido.
Comparativamente hablando, en la historia de la filosofía encontramos una
tradición esencia lista, según la cual el hombre es concebido conforme a una
naturaleza fija. Por ejemplo, el concepto de hombre como ser racional o como
ser político, etc., es válido para referirse a todos los hombres individuales, es
una especie de molde o receta aplicable a cualquier ser humano. Así́, tanto en
el caso del cortapapel, como en el del hombre (dentro de esta concepción
esencialista) nos encontramos con que la esencia precede a la existencia
(concepción opuesta a la del existencialismo).
El existencialismo ateo representado por Sartre se opone a esta concepción
tradicional del esencialismo. "Declara que si Dios no existe hay por lo menos un
ser en el que la existencia precede a la esencia, un ser que existe antes de
poder ser definido por ningún concepto."52
La frase: "la existencia precede a la esencia" significa que el hombre comienza
por existir, se encuentra, urge en el mundo y después se define. De tal manera
que el hombre es como un proyecto que va ir determinándose a través de su
existencia. "El hombre dice Sartre - no es otra cosa que lo que el se hace." El
hombre resulta ser enteramente responsable de sus actos, esto que no hay
esencias ni seres trascendentes a los que deba rendir cuentas. Sin embargo, la
responsabilidad del hombre no es meramente individual. Queriendo romper con
una postura solipsista, Sartre considera que el hombre, al elegir una forma de
existencia está, al mismo tiempo, eligiendo por toda la humanidad y esto
acarrea la angustia. Si yo elijo, por ejemplo; ser sindicalista, profesor o aun
drogadicto, estoy suponiendo que esta elección es la mejor para los demás
hombres.
De este modo nuestra responsabilidad es mucho mayor de lo que podríamos
suponer, porque es una elección en la que está en juego el destino de la
humanidad. Vinculada con la elección y el compromiso está la angustia,
sentimiento que surge ante la perplejidad y responsabilidad tremenda en que
nos coloca una elección. No podemos soslayar la angustia, quien la evade o
enmascara desemboca en la "mala fe". En el Existencialismo es un
humanismo, Sartre ilustra el concepto de la angustia con el ejemplo de
Abraham, personaje bíblico al que se le aparece un ángel. ¿Soy en verdad
Abraham?, ¿es en verdad un ángel aquella visión? Estas preguntas llenas de
duda y perplejidad nos instalan en el sentimiento de la angustia.
A partir de esta diferenciación entre el ser para sí y el ser en sí, Sartre aborda
el tema de las relaciones que se dan entre el hombre y el mundo. Estas
relaciones muestran un contraste, pues por un lado tenemos el mundo regido
por leyes necesarias y por el otro al hombre, ser contingente y libre para hacer
lo que ha elegido (el hombre es libertad).Al intentar dotar de sentido al mundo y
a las cosas con que se topa, el hombre experimenta nausea y angustia. La
náusea, por ejemplo, tal como la describe Sartre en su novela del mismo
nombre, nos muestra como aparece el mundo cuando se le capta en su
contingencia absoluta, despojado de toda esencia. "Las cosas ----dice Sartre-
se han desembarazado de sus nombres. Están ahí́ grotescas, obstinadas,
gigantes, y parece absurdo llamarlas por algún nombre o decir cualquier cosa
de ellas; estoy en medio de las cosas, las innominables. Solo, sin palabras, sin
defensa."54
En El ser y la nada Sartre habla de la "viscosidad" de las cosas, como
categoría propia de la realidad: con ello se refiere a algo que no podemos asir,
en virtud de su escurridiza contextura. Para zafarnos de la viscosidad de las
cosas tendríamos que ser capaces de enfocar nuestra vida como si ésta
discurriese por cauces fijos y rectilíneos, capaces de considerarnos a nosotros
mismos como sólidos seres en sí que se moviesen en un mundo de objetos
asimismo sólidos y fatalmente pre- decibles en su comportamiento.
Por otro lado, ya vimos cómo la elección se acompaña de angustia. Cualquiera
que sea nuestra elección nunca podríamos justificarla plenamente como si se
tratara de un ser en sí. Por ello nos sentimos angustia- dos ante el
reconocimiento de que tenemos que elegir, porque la elección es
completamente gratuita. Al intentar justificar nuestra elección sucumbiremos en
lo que Sartre llama "mala fe". Por ejemplo, seria "mala fe" inventar cualquier
excusa o pretexto para explicar y revestir de carácter necesario cualquier
elección nuestra: así, compramos un objeto costoso y superfluo, y decimos que
era necesario porque si no lo comprábamos justo ahora, su precio iba a
aumentar; o no participamos en una actividad política de nuestra comunidad
objetando que no tenemos vocación para esos menes- teres, etcétera.
Sartre analiza también las relaciones del ser para sí con sus semejantes, con
"los otros". En general, las relaciones del ser para sí con los otros son
conflictivas: "el infierno son los otros". Los otros tienden a anular la libertad, a
cosificar al ser para sí. Esto sucede incluso en una relación tan personal e
íntima como es la relación amorosa. El amor, considera Sartre, es también
voluntad de dominio, solo que en lugar de pretender conquistar un simple
objeto, se dirige a un sujeto; el enamorado no desea poseer a la amada como
se posee una cosa; reclama un tipo especial de propiedad; la posesión de una
libertad como libertad.