Deep Blue Sea
Deep Blue Sea
Conferencias. Delgada, pálida, de cabellos rojo fuego y los ojos verdes más impresionantes que
había visto en su vida. El Vicepresidente de la compañía familiar, Design Daynes, Thomas Jeffrey, la
hizo pasar. Los hermosos ojos verdes expresaban confusión y cansancio, ¿sabría por qué estaba allí?
Amanda se caracterizaba por confiar en su instinto, en los negocios, con las personas, era fría y
práctica e implacable. Y estaba allí para encontrar al culpable de las pérdidas de dinero y lo haría.
Durante varios meses después del infarto de su padre, Amanda había tomado el mando, llevaba toda
su vida estudiando y preparándose para heredar el negocio familiar, al menos la parte que era su
derecho, aunque había tenido éxito en los suyos propios, pero le disgustaba las condiciones en que
se había producido. Por las pérdidas inexplicables su padre estuvo tan estresado durante meses que
su cuerpo se rindió. Amanda no lo supo hasta que fue demasiado tarde, por eso el castigo para el
ladrón sería incluso más severo. Mientras Ava Brenner tomaba asiento frente a ella, su instinto le
decía que no era la persona que buscaba, aunque si la culpable más obvia, al menos en papeles.
Se dedicó un instante a observarla, tenía ojeras y un profundo agotamiento en la mirada, las manos
entrelazadas en el regazo para mantener la compostura pero el modo en que fruncía los labios
delataba el nerviosismo. Apenas a un metro de distancia apreciaba la piel blanca y suave, los rasgos
finos y unos labios rellenos y apetecibles. Incluso bajo el traje se apreciaba una figura delgada pero
con curvas en los lugares apropiados. Extrañamente lo que más le atraía era el aire de inocencia y
vulnerabilidad que la rodeaba, también cabía la posibilidad de que estuviese fingiendo, ¿pero con qué
propósito? Si estaba al tanto de la magnitud de los hechos nada la iba a salvar de la cárcel.
-Buenos días señorita Brenner, me alegra que haya podido asistir, sé que ha estado ocupada.- dijo
Amanda con frialdad, que la joven le provocara sensaciones que no podía controlar, no quería decir
que las fuese a demostrar -¿Sabe por qué la hemos citado? – la pregunta quedó en el aire y si fue
posible, Ava palideció aún más.
Ava había escuchado los rumores semanas atrás, desde que el presidente se había retirado y los
motivos de ese hecho. Alguien estaba robando a la compañía, no mucho después también se
escuchó que la hija de Harold Dayne había tomado el mando y se llevaba a cabo una investigación
buscando al culpable. Ava tenía días preocupada y con un nudo en el estómago. Las transferencias
de dinero se manejaban en su departamento y alguien debió autorizarlas, pero todavía no habían
presentado acusación a nadie, lo cual era un alivio y una tortura a la vez.
Esa mañana apenas si puso un pie en la oficina, cuando su supervisor le informó sobre la reunión
con la nueva Presidenta a quien no conocía. Según era parte de la rutina entrevistar a todos, pero no
pudo evitar los nervios, necesitaba el trabajo desesperadamente, tenía pocos ahorros y con su nueva
situación no podía quedarse sin trabajo. Suplicaría si fuese necesario, por otro lado, no sabía que
esperar. Los comentarios sobre la nueva Presidente no era alentadores. Había despedido a varios
desde su llegada y decían que la mujer se asemejaba más a un témpano de hielo que a un ser
humano y apenas entró al salón tuvo la oportunidad de comprobarlo.
La mujer que la observaba era increíblemente hermosa, de piel blanca, cabellos negros ondulados y
unos ojos azules, claros y despejados como el cielo, inteligentes y muy fríos, que la estudiaron
detenidamente hasta que prácticamente la hizo sentir expuesta y vulnerable. Le produjo escalofríos,
había algo más en su mirada, pero desvió el contacto al instante. Entonces su voz rompió el silencio,
indiferente, como la apariencia que proyectaba y Ava sintió temor por primera vez. Algo le decía que
de aquella entrevista podía salir muy mal. Como pudo, reunió las palabras necesarias para contestar.
-¿Por la investigación? Se me ha dicho que es parte del proceso.- contestó nerviosa.
La expresión del Vice-Presidente fue lo primero que anunció la gravedad del problema, la de Amanda
en cambio se mantuvo hermética, aunque no le quitaba los ojos de encima. Ava no se atrevió a
preguntar pero…?sería posible que la estuviesen considerando como sospechosa o culpable? El
corazón se le detuvo en el pecho.
-Thomas, déjanos a solas.- pidió Amanda al instante.- El hombre la observó, primero con sorpresa,
después indignado, pero obedeció sin mediar palabra. Esperó hasta que se hubo marchado, se puso
de pie, llenó un vaso de agua y lo depositó frente a la joven que palidecía. Se veía enferma y
Amanda se preocupó –Bebe.- fue una orden.
A juzgar por la reacción Amanda sospechaba que había llegado a la conclusión de por qué estaba allí,
habían descubierto sus artimañas, pero no le gustaba suponer, así que regresó a su asiento y esperó
en silencio. Quería creer en su inocencia y el pensamiento la sorprendió, nunca le interesaban los
problemas ajenos, ni los casos de caridad. ¿Entonces?¿Por qué reaccionaba así con ella? Bien podía
estar fingiendo. Por el momento prefería no buscar respuestas que le entorpecieran el camino. Un
minuto después la observó asentir en silencio, como si hubiera tomado una decisión y buscara el
valor para comunicarla. Amanda siguió el movimiento de sus labios cuando los humedeció con la
punta de la lengua, completamente distraída. Entonces alzó la mirada y la encaró, había fuego en
sus ojos de esmeralda, tal vez no fuese tan indefensa como aparentaba.
-Cada centavo que he ganado en mi vida ha sido honesto y con trabajo.- sintió la necesidad de
aclararlo, aunque no sirviera de nada, para su sorpresa la Presidente asintió, ¿le creía?
-Quiero que vea algo señorita Brenner y que sepa, que el hecho de que estemos aquí, representa
una oportunidad.
-¿Oportunidad para qué? – preguntó desconcertada y con el temor frío recorriendo su cuerpo.
Y lo hizo, pero nada la preparó para lo que iba a encontrar en esa carpeta. El dinero, las
transacciones, las firmas, las autorizaciones, enormes cantidades designadas a empresas pequeñas,
que más tarde se identificaron como fantasmas. En total, 20 millones de libras esterlinas perdidas y
en cada traspaso estaba su nombre, su sello y no tenía que ser detective para saber lo que
significaba. Las pruebas estaban allí y todo apuntaba a que la ladrona, había sido ella.
-Debes respirar profundamente, vamos, inténtalo.- le sorprendió escuchar un tono suave, casi
hipnótico y su cuerpo respondió a la sugerencia, incluso antes de que la asimilara.
Amanda Daynes se había sentado frente a ella y estaba inclinada hablándole, tan cerca que percibía
el aroma a cítricos de su cabello, ¿o era su perfume?¿Y por qué se tomaba el tiempo para ayudarla a
calmarse, cuando ella era la culpable de que la Empresa estuviese en problemas?
-¿Tienes idea de cómo pudo suceder algo así? – le preguntó Amanda, Ava la miró con sorpresa.
Amanda asintió, cada vez era más obvia la pantalla para inculpar a la joven. Recién llegada,
inexperta y allí el ladrón había cometido un error. Al menos dos de los traspasos correspondían a
fechas anteriores a un mes, cuando Ava todavía no estaba contratada. ¿Cómo no se había percatado
de eso? “Porque estaba ocupada admirando a la bella jovencita,” le contestó una vocecilla malvada
en su cabeza. En parte, pero el error se debía a una falta de información, inadecuada en la persona
que se suponía, era responsable por llevar la Empresa, la mano derecha de su padre, su primo
Andrew Daynes.
-¿Tienes idea de por qué alguien querría inculparte? – le preguntó de pronto, Ava relamió sus labios,
lo cual provocó ciertos impulsos en Amanda y negó al instante.
-Solo tengo cinco meses en el trabajo y en la ciudad, a menos que rechazar invitaciones a tomar
café sea un crímen.- contestó con ironía, era bueno saber que no había perdido el sentido del humor
–Soy inocente, lo juro, a pesar de todo esto.- señaló los papeles –Jamás le he robado.
Por alguna razón no procesó las declaraciones de inocencia y si el hecho de reconocer que Ava
pudiese tener alguien en su vida. La verdadera pregunta era, ¿por qué le interesaba algo así de una
desconocida? Sabía la respuesta y prefirió ignorarla antes de decir o hacer algo de lo que pudiera
arrepentirse. Ava Brenner le atraía, más que eso, deseaba protegerla lo cual le servía de
absolutamente nada y complicaba más la situación. Por otro lado, no sabía de ella, en el informe que
recibió no decía que estuviese recién llegada a la ciudad, ni a su trabajo y eso la irritaba. ¿Por qué a
cada paso se encontraba todo a medias e incompleto?
-Comprendo, pero confío en que usted lo haga también, no puedo ignorar los hechos.
Ava alzó la mirada, lo comprendía pero le resultaba difícil pensar con la lógica, cuando toda su vida
se desmoronaba y no sería ella quien sufriría más con las consecuencias.
-A la cárcel no, ninguna prueba es concluyente para pedir un arresto, pretendo llegar primero al
fondo de este asunto. En cuanto al trabajo, lamentablemente no puedo mantenerla empleada
mientras corre la investigación.
De todas las noticias fue el golpe más duro y Ava lo encajó como pudo. No iría a la cárcel, así que
podía buscar otro trabajo al instante, por suerte había pagado la renta de ese mes y con sus ahorros
podía sobrevivir otro. Asintió parpadeando para contener las lágrimas.
-Adelante.
El impulso de ir tras ella y consolarla fue tan grande que Amanda se aferró a la silla. En el pasado se
había metido en más de un problema por la misma razón y eso era suficiente para mantenerla en su
sitio. Recogió los papeles y se marchó al despacho pensativa. La pantalla del robo era una
chapucería, una distracción, lo problemático eran las cuentas donde se había transferido todo el
dinero, imposibles de rastrear. Todas eliminadas y el dinero desaparecido, culpar a Ava resultaba
demasiado evidente, se sentía como una burla directa y probablemente lo fuera. En cuanto a la
señorita Brenner, sus pensamientos desembocaban en ella cada vez, estaba intrigada, quería saber
mucho más y no tenía paciencia para esperar un informe.
Tardó exactamente 30 minutos en resistir sus impulsos de buscarla, pero ya se había marchado, el
portero del edificio le indicó que había salido 5 minutos atrás en dirección al metro. Buscó su
dirección en la base de datos y condujo el Maseratti por las calles atestadas calculando que llegaría
aproximadamente junto con el metro. No se equivocó, cuando giró en la calle hacia el modesto
barrio con apartamentos antiguos y descuidados Ava cruzaba la calle hacia uno de ellos. No era el
lugar donde una mujer que había robado millones estaría viviendo. Amanda se detuvo cuando ella
entró al edificio y se apresuró en seguirla. El interior lucía igual de descuidado, las escaleras
estrechas y desgastadas, no tenían elevador así que comenzó a subir, apenas había alcanzado el
primer piso cuando escuchó una conversación.
-¡Señorita Ava! Estuve intentando comunicarme con usted. El plomero ha venido porque su piso está
inundado.- era la voz de una señora mayor, amable y preocupada.
-Una tubería rota, llevará un par de días arreglarla, ya sabe cómo es.- por segunda vez en el día
Amanda escuchó el mismo gemido ahogado, ahora se sentía doblemente culpable. Despedida y sin
techo donde pasar la noche –Le he dicho que puede quedarse aquí mientras.
-Oh no, no podría, usted está enferma, ya hace suficiente por mí, buscaré un hotel.- negó Ava más
serena.
¿Sebástian? Otra punzada de irritación llegó hasta Amanda, ¿quién demonios era Sebástian?¿Un
perro, un gato?
-No se preocupe por eso, tendré tiempo de cuidarlo ahora.- la escuchó responder y subió los
escalones necesarios para observar la escena sin ser vista.
-Lo sé, gracias. ¿Le importaría cuidarlo un poco más mientras recojo algunas cosas y busco un hotel?
Depositó el bebé en una sillita y se despidió con un beso, a juzgar por las condiciones como vivía,
dudaba que recibiera ayuda del padre y recién la despedía. ¿Cómo iba a mantenerse? Retrocedió
justo a tiempo para ocultarse, se sentía como una intrusa y la villana, por lo que no le llevó más de
un segundo en tomar una decisión y tocó la puerta en el departamento de Ava.
El peso del mundo le había caído sobre los hombros en cuestión de horas. Acusada de fraude y con
posibilidades de ir a la cárcel, despedida, sin un techo donde vivir y sin dinero suficiente para rentar
un hotel, pagar una niñera y poder buscar un nuevo trabajo. El departamento estaba hecho un
desastre, inundado completamente así que solo quedaba hacer las maletas y componerse por
Sebástian. Era un niño muy sensible y no quería alterarlo con sus preocupaciones. Abrumada se
tomó un minuto para recostarse en el sofá, cuando unos toques suaves en la puerta la distrajeron.
Estaba agotada pero aun así se puso de pie y abrió para llevarse la impresión del siglo cuando
Amanda Daynes apareció en el umbral.
-No, no estoy aquí por esos motivos. Veo que he llegado en mal momento.- observó el piso
empapado.
-Una tubería rota.- suspiró doblemente apenada, Amanda con su elegancia y aire refinado,
desentonaba completamente –Te invitaría a pasar pero…no estoy segura de que sepas nadar.- ¡Una
broma, le estaba haciendo bromas a su ex –Jefa en medio de semejante caos! –Perdón.
-¿Te disculpas siempre de todo? – preguntó Amanda extrañamente el comentario la divertía, era
espontánea y fresca, a pesar de todos los problemas se mantenía firme.
-No, sí, a veces.- contestó nerviosa, la intimidaba y la impresionaba en partes iguales y de una
manera inquietante y no todo se debía a la situación del fraude.
Era la forma en que la miraba, con esos ojos azules impresionantes, parecía como si fuera capaz de
ver a través de sus secretos, de sus defensas, hasta el deseo más profundo y eso la asustaba y la
intrigaba.
-¿Has llamado un plomero? – preguntó Amanda sorprendiéndola, su vecina lo había hecho, asintió.
-¿Y mientras? – indagó sin confesar que sabía la respuesta. Dudaba que pudiese pagar un lugar
cómodo para un bebé y eso la preocupó, un sentimiento que parecía ser una constante desde que la
conoció.
-Un hotel supongo.- intentó parecer natural, pero en sus ojos se reflejaba preocupación.
Amanda estaba a punto de hacer una pregunta imprudente, cuando de pronto estalló el llanto de un
niño, Sebástian. Sin dudarlo Ava se disculpó y cruzó el pasillo hacia la puerta donde la anciana
aparecía con el bebé en brazos. Solo se calmó cuando ella lo tomó y comenzó a arrullarlo.
-Tiene algo de fiebre, es por los dientes.- aseguró la señora mirando a Ava y Amanda
alternativamente.
La expresión de Amanda era de total seriedad y Ava casi adivinó lo que estaba pensando. ¿Cómo
podía cuidar de un bebé en esas condiciones? Sin casa, sin trabajo, en un hotel que no podía
permitirse pagar, su peor secreto y el mejor guardado, le aterrorizaba que pudiesen quitarle a su
pequeño. Cuando pensaba que la estaba juzgando, Amanda la sorprendió aún más.
-Te ayudaré a empacar lo necesario, conozco un lugar donde puedes alejarte y además puedes
trabajar y cuidar de tu bebé.- a diferencia de otros momentos, aquella no era una decisión tomada
por el impulso, estaba consciente de lo que hacía y por qué. Quería a Ava Brenner cerca, donde
pudiese observarla, conocerla y no podía dejar a un bebé a su suerte. La vio abrir la boca para
protestar y esgrimió el argumento más sólido –Piensa en él, no es una situación donde puedes
permitir el azar.
Ava no encontró una razón para rebatirle. Todo era demasiado bueno para ser verdad, demasiado
preocupante. ¿Cómo confiar en la mujer que la había despedido y que podía enviarla a la cárcel? Lo
peor era que lo hacía, confiaba en ella y sabía que estaba siendo sincera, tampoco le sobraban
opciones. Le ofrecía techo y trabajo, a ella y a Sebástian, no podía darse el lujo de rechazar ninguno
aunque después tuviese que pagar las consecuencias.
-No…- iba a decir que no creía que fuese buena idea, pero la mirada severa de Amanda la detuvo,
¿realmente sería tan egoísta de someter a su bebé al estrés de sus problemas, cuando tenía la
solución? No, no lo era, por él caminaría sobre brasas calientes si se lo pedían –Está bien, pero
cuando el departamento esté listo regreso de inmediato y voy a buscar otro trabajo.- dijo intentando
mantener el control de la situación sin mucho éxito.
-Como prefieras, ahora sugiero que empaques lo necesario para marcharte.- le irritaba la testarudez
de Ava, aunque la comprendía, ella tampoco tendría razones para confiar y mucho menos como se
dieron las cosas.
-Debería aceptar la ayuda de su amiga señorita Ava. La buena voluntad es algo escaso en estos
días.- habló la señora sin percatarse de la tensión.
Amanda asintió ligeramente, Ava suspiró rendida y regresó al departamento lleno de agua con
Sebástian en brazos, quería gritar de frustración. El universo estaba al parecer en su contra. Para
completar, Sebástian comenzó a llorar otra vez, Ava presionó los labios contra la frente del pequeño,
tenía fiebre. Agotada y desesperada caminó despacio y con cuidado hacia la cocina, solo para
descubrir que ya no tenía jarabe, había olvidado comprarlo. Se tragó el sollozo de impotencia e
intentó poner al bebé en la sillita a pesar del llanto.
-Sebástian por favor, solo será un momento.- le suplicó, pero un bebé de 6 meses con malestar no
podía comprender el alcance de sus problemas, mucho menos pagar por ellos.
Amanda apareció de pronto a su lado, sobresaltándola, había olvidado que estaba allí. Le extendió
los brazos y antes de que Ava pudiese reaccionar, Sebástian se había ido con ella, al instante dejó de
llorar y se limitó a observarla atento. No podía culparlo, ella impresionaba a todos con su belleza y
esa aura de seguridad y autoridad que la hacía resaltar y ni siquiera un bebé era inmune a eso. Por
un instante observó con horror como se llevaba las manitas a la boca y las limpiaba sobre el carísimo
traje de su jefa, ese era el momento en que todos se deshacían de los bebés, en cambio Amanda,
curvó los labios en una leve sonrisa, parecía relajada y cómoda, como si fuese natural para ella tener
niños todos los días en brazos. Se percató que no sabía nada ella, ¿tendría hijos, esposo?
-Tengo sobrinos pequeños.- dijo Amanda viendo su expresión confusa –Haz las maletas, yo me
ocupo.
-Es un bebé, se espera que ensucie todo a su paso.- respondió con descuido, su voz también parecía
tener un efecto hipnótico, a juzgar por la expresión de total adoración en el rostro de su hijo, Ava no
salía del asombro.
-Se me dan bien los niños, ve ya, necesitamos hacer varias diligencias en el camino y no quiero que
se haga tarde.
Sin más opciones Ava obedeció y se fue a preparar las maletas con todo lo necesario, casi veinte
minutos después y de lo más intranquila por el silencio total en el departamento, regresó a la sala
para presenciar otra escena aún más desconcertante. Sebástian profundamente dormido en brazos
de Amanda, quien estaba acomodada en un sillón hablando por teléfono, al parecer dando ciertas
indicaciones. Como si hubiera advertido su presencia, terminó la llamada y se volteó hacia ella.
-Está agotado por la fiebre. ¿Todo listo? – cuando Ava asintió, acomodó al bebé en la sillita y bajaron
al auto, una vez todo listo y a punto de marcharse, Ava se percató de algo.
-¿A dónde vamos?¿Dónde me voy a quedar? – debía estar loca para irse así, por un instante el temor
y las dudas la asaltaron. ¿Y si no era más que una estrategia de Amanda para obtener información?
-A mi casa.- fue la respuesta que recibió, cuando ya era demasiado tarde para reaccionar y negarse
–Trabajarás conmigo en algo importante para la compañía y no te preocupes, te pagaré el mismo
salario y beneficios.
Ava ni siquiera podía procesar la primera parte, mucho menos la segunda. Iba a vivir con ella, en su
casa, bajo su mismo techo y una sensación parecida a la excitación la estremeció. ¿En qué demonios
estaba pensando al confiar así? Bien podía secuestrarla, aunque en alguna parte de su mente
reconoció que probablemente, eso fuese un poco exagerado. Amanda Daynes la ponía nerviosa con
una simple mirada, se sentía segura a pesar de todo y la sorprendía a cada paso. La mujer era un
misterio y de pronto, Ava quiso descubrir todo sobre ella. ¿Otra vez? Cada vez se le parecía más al
cuento de la Caperucita…y la loba feroz. “Tonterías,” estaría solo unos días, en los que debía
concentrarse en cómo conseguir arreglar su departamento y un trabajo para mantener a su pequeño
seguro.
-Gracias por hacer esto.- dijo de pronto, a fin de cuentas, ayuda era ayuda, sin importar de donde
viniera.
-Aún no me agradezcas nada, dicen que soy egoísta y no hago nada sin un motivo oculto.- contestó
Amanda y no había nada de broma en su comentario.
-¿Tienes un motivo oculto? – preguntó Ava, lejos de temor sentía curiosidad y esa otra sensación
parecida a la euforia antes de la aventura. Si no tenía cuidado con el lobo feroz…
-Quizás.- fue la enigmática respuesta de su acompañante, que le dedicó una mirada que no supo
descifrar.
-“Caperucita, viene el lobo.”- se repitió la frase en sus pensamientos como un mantra –“La loba Ava,
la loba,”- porque a eso se asemejaba Amanda, a una loba al acecho de su presa, esa precisamente,
era la sensación que sentía cuando la miraba con aquellos ojos, azules, profundos y oscuros, como el
misterioso océano.
Ava no pudo ocultar la impresión. “La casa,” era en realidad una enorme mansión blanca y elegante,
oculta entre jardines en una de las zonas más exclusivas de Londres. Por supuesto que los dueños de
una corporación multimillonaria no vivían en departamentos como el suyo, no estaba acostumbrada
a tanto lujo.
En ese instante la puerta se abrió y apareció una mujer mayor, de aspecto amable y sabio.
-Niña Amanda, todo está preparado.- habló de pronto sorprendiendo a Ava –Y esta debe ser la
señorita Brenner, ¿Dónde está el pequeño?
-Llámeme Ava por favor.- la corrigió sorprendida, ¿Acaso Amanda le habló sobre ellos? La interrogó
con la mirada pero no obtuvo respuesta.
-¡Oh!!Pero si es un angelito! – exclamó la señora que abrió la puerta en busca del bebé, con tanto
movimiento ya se despertaba –Hola pequeño.- la voz de Rosa se transformó en un arrullo suave, Ava
abrió los ojos sorprendida. Su experiencia con bebés debía ser infinita. Observó como la mujer le
tocaba la frente y murmuró algo que no alcanzó a comprender mientras losacaba de la sillita. Por
segunda vez en el día Sebástian se iba a los brazos de una extraña sin protestar. Vaya familia –Las
habitaciones están listas, el encargo llega en una hora, José subirá las maletas y la habitación de la
señorita es la roja, enséñale donde está, mientras llamaré al doctor Benson.
Ava estuvo a punto de abrir la boca, cuando Amanda negó con la cabeza, Rosa ya se adentraba en la
casa con Sebástian muy a gusto en sus brazos.
-Es inútil intentar contradecirla, aquí todos somos subordinados. No te preocupes por el bebé, está
en manos expertas. Vamos, te mostraré la casa y tu habitación.
Pero Ava se sentía como un pez del agua, en un lugar desconocido, entre personas desconocidas, su
hijo era lo único a lo que podía aferrarse y se lo habían arrebatado. A pesar de eso siguió a su ex –
jefa hacia el interior de la casa, que era incluso más impresionante de lo que se imaginó. Una sala de
juegos, biblioteca, recibidor, terraza con piscina, una cocina enorme, territorio de Rosa según
Amanda, otro salón de estar más privado con una chimenea. Regresaron al recibidor donde dos
enormes escaleras a cada lado subían a una segunda planta donde estaban los dormitorios, ocho en
total y seis baños.
-Esta es mi habitación.- señaló Amanda la segunda puerta a la derecha del pasillo –La roja es esta.-
dos puertas más adelante frente a la suya. Para su sorpresa Rosa ya estaba allí cambiando el bebé y
las maletas a un lado de la cama.
-Este niño es precioso. Me tomé la libertad de desempacar algunas cosas para cambiarlo.- dijo Rosa
con una sonrisa, Amanda observó a su invitada, temía que pudiese sentirse incómoda.
-Tonterías, ha estado cuidando de su bebé, debe estar agotada. Un poco de ayuda no es molestia,
crié a mis hijos y a la niña Amanda con su hermano, me encantan los niños.
-Igualmente le agradezco, Amanda ya está haciendo mucho por mí.- contestó poco acostumbrada a
tanta amabilidad y atenciones.
Era la primera vez que la llamaba por su nombre y le gustó, con suerte la formalidad iría
desapareciendo.
-Bueno, yo me retiro que debo resolver algunos asuntos.- anunció Amanda, le quedaba un largo
camino de investigaciones y toda la situación sobre el robo la tenía irritada y quería resolverlo cuanto
antes –Estás en casa, aprovecha para relajarte y descansar, nos veremos en la cena, se sirve
puntual a las 8.
-¿Te marchas? – preguntó Ava y al instante se arrepintió, lo cierto era que se sentía a gusto en su
compañía y un poco menos fuera de lugar.
-No es nada.
-Hablaremos más tarde.- concluyó Ava apenada y Amanda asintió antes de retirarse.
Rosa observaba en silencio el intercambio de miradas, reconocía cuando dos personas tenían mucho
que decirse y estaban a punto de cambiar la vida de la otra. Nadie le había dicho que no podía
cooperar un poco.
-Es bueno ver a la niña relajada, ha estado tan preocupada últimamente.- se lanzó Rosa.
-Me temo que es culpa mía.- respondió Ava tomando asiento al borde de la cama junto a Sebástian.
-En lo absoluto lo creo y su estás aquí, es porque Amanda opina lo mismo, diría que más que eso,
nunca trae a nadie a casa, ni amigos, ni novias, ni nada.-continuó Rosa despreocupada vistiendo a
Sebástian.
-Sí, aunque no es que alguna haya valido el tiempo, todas con cuerpo de Barbie y cerebro de
plástico.
Ava estaba sorprendida, por suerte Rosa no se había percatado de su imprudencia, no quería que
malinterpretara su reacción. ¿Amanda tenía novias? Ni siquiera sabía por qué le sorprendía, una
mujer hermosa y elegante como ella, con dinero podía tener el mundo a sus pies si lo deseaba.
Quizás por eso le afectaban tanto sus miradas, sabía cómo conquistar a una mujer. “Oh, por favor,
suficiente tontería,” no es que Amanda fuse una devoradora, mucho menos se interesaba en madres
solteras acusadas de robo de guante blanco. Le había inspirado lástima por Sebástian y era la razón
por la cual estaba allí. Además, nunca estuvo interesada en mujeres más allá de curiosidad y ni
siquiera en colegio hizo nada por satisfacer esa curiosidad pasajera. Esos tiempos quedaron atrás,
aunque no tenía dudas de que Amanda era capaz de satisfacer cualquier curiosidad, incluidas las
suyas. “¿Pero qué…?”
Ava fue hasta las maletas y desempacó algunas cosas, preparó el baño, se dio el lujo de una ducha
caliente y gel de baño exquisito, se lavó el cabello y estuvo lista en cuestión de minutos. Miles de
preguntas daban vueltas en su cabeza, sobre todo el hecho de que Amanda estaba interesada en las
mujeres y su curiosidad excesiva con el tema. “Déjalo ya Ava, cada quien lleva su vida como desea.”
Por lo demás, disfrutaba del descanso, confiaba en Rosa plenamente y el bebé estaba a gusto con
ella sin embargo, los problemas de su vida continuaban allí, esperándola.
Con el cabello pelirrojo libre para secarse, jeans, una blusa blanca y sandalias, fue en busca de Rosa
y su hijo. Cuando bajó las escaleras, tres hombres, cargaban varias cajas hacia el piso superior en lo
que ella seguía su camino hasta la terraza trasera. Era media tarde ya, corría una brisa suave y
Sebástian retozaba sobre un colchoncito sobre el suelo, para su sorpresa, no era Rosa quien estaba
allí sino Amanda. Con las piernas desnudas, llevaba shorts cortos, estiradas y cruzadas sobre un
banquito acolchado, una camiseta ligera y la laptop sobre las piernas, alternaba la mirada entre lo
que escribía y el niño, siempre atenta. En ese instante Sebástian lanzó el jueguete de goma para
morder al suelo y Amanda dejó el pc a un lado para recogerlo y entregárselo. Pero la mirada de Ava
estaba fija en las piernas interminables y los muslos bronceados y definidos por el ejercicio, unos
pies delicados y uñas pintadas de rojo, sencillas y elegantes. El abdomen plano se adivinaba bajo la
camiseta y un escote de senos firmes y generosos quedaba a la vista cuando se inclinó. Ava
reaccionó de golpe cuando el calor le subió a las mejillas, avergonzada por lo que estaba haciendo y
más que eso, lo que estaba sintiendo.
Amanda alertaba sus sentidos curiosos con su atractivo, era una suerte que viviera por sendas
opuestas de la vida y la situación en la que estaba fuese tan complicada, no necesitaba buscar
problemas innecesarios por tonterías de colegio, como un caso agudo de hormonas rebeldes, ya no
era una adolescente. Y bajo esa consigna puso freno a sus pensamientos, aunque a veces las
palabras no fuesen necesarias. Cuando alzó la mirada Amanda la miraba a los ojos. Enrojecer era
algo que no podía evitar, sobre todo porque los ojos de la mujer frente a ella eran como un espejo,
reflejaban muchas cosas, promesas, deseos y el conocimiento de que no le era indiferente. Como
había dicho, suerte que su vida fuese un desastre complicado y eso la mantenía firme con los pies
sobre la tierra. Suspiró y se acercó.
-Debiste haberme llamado, esto es demasiada molestia.- dijo arrodillándose junto a su hijo con
irritación y aparentando la mayor naturalidad imposible.
¿Sería posible? Amanda se equivocaba pocas veces y estaba segura de que no era una de esas. Rosa
le había pedido cuidar el bebé para terminar la comida y ella aceptó gustosa mientras terminaba
unos informes. Ava se duchaba y no pudo evitar que su imaginación volara hacia la ducha, hacia una
piel suave y exquisita rociada con cientos de gotas dulces que le encantaría…Un suspiro agotado, no
había que ser un pecador para auto-flagelarse, que manía la suya. Si Ava supiera lo que estaba
pensando, si llegase a imaginar siquiera que parte de los motivos por los que estaba allí, era la
atracción que sentía por ella, estaría en problemas serios. Pero se llevó la sorpresa del siglo cuando
la encontró recorriendo su cuerpo con una mirada de evidente interés y algo más, sabía diferenciar
bien una cosa de otra y de alguna manera imposible, no le era indiferente a Ava Brenner.
Algo se agitó en su interior, como el cazador que avista a la presa, el preludio y la emoción de la
caza. El silencio observó la reacción de vergüenza al ser descubierta y se guardó la sonrisa. Por el
momento le dejaría creer que lo pasaba por alto, la situación de Ava con la compañía era delicada y
no quería complicarlo más para ella, pero entre tardes y noches, indagaría un poco más en esa
mirada esmeralda que la había devorado en secreto.
-Deja de disculparte, yo me ofrecí, Rosa está terminando la comida y tiene razón en que puedes usar
un poco de tiempo para ti.- contestó Amanda relajada, con satisfacción observó cómo rehuía de su
mirada.
-No me has traído de vacaciones, ni para que hagas de niñera.- contestó irritada. Le molestaba que
la tratara tan bien, que diese tantas vueltas a sus intenciones y que todo fuese un misterio –Se
supone que vine a trabajar.
-Y lo harás, pero todo a su tiempo. Apenas llegaste hace un par de horas, ha sido un día agotador y
necesitas acomodarte.- le respondió con calma, teniendo en cuenta el tono -¿Te molesta aceptar
ayuda?¿O es solo porque viene de mí?
-Ehm…no, es que…No entiendo, con todo lo que sucede, ¿por qué me ayudas? – era angustia,
incertidumbre, el temor de quedar en la calle y perder a su hijo.
-Porque eres inocente y no te mereces lo que te han hecho, mucho menos que pague un niño.-
respondió con el tono frío que había utilizado en la Sala de Conferencias, era evidente que la
situación la disgustaba, al menos con respecto al bebé.
-¿Cómo puedes afirmar algo así? No me conoces.- inquirió sorprendida con la sinceridad, realmente
lo creía.
-Intuición, no tienes una gota de maldad como para hacer algo así, además, utilizarte de pantalla fue
tan obvio y tan tonto, un error estúpido, es casi una burla.
Sí que tenía buena intuición, al menos en la parte en que carecía de maldad y astucia para robar
semejante cantidad de dinero. Además de que nunca expondría a su bebé a quedarse solo por ir a la
cárcel.
-Vaya, supongo que debo darte las gracias, otra vez.- sentía que le debía hasta el alma y ni todas las
gracias del mundo serían suficientes.
-No me las des todavía, hasta que no se atrape al culpable, sobre todo porque ese será tu trabajo.-
le soltó de pronto cerrando la laptop y poniéndose de pie –La cena está lista.
-¿Pero cómo…?
-Después, a comer primero.- recogió a Sebástian en brazos, Ava estaba tan distraída por la sorpresa,
que no atinaba a nada –A Rosa no le gusta que lleguen tarde a la mesa, ya te explicaré.- dijo y se
marchó al comedor, Ava no tuvo más opción que seguirla.
Para cuando llegaron a la mesa Ava era un mar de preguntas y confusión. ¿Atrapar un ladrón ella?
Era contadora, no detective. Amanda percibiendo la inquietud, le entregó el bebé a Rosa que había
hecho comida especial para él y tomó asiento a la cabeza de la mesa señalando la silla a
continuación para ella.
Rosa que había escuchado el intercambio preguntó curiosa sobre la situación, Amanda le explicó de
manera resumida lo que ocurría y el papel de Ava, incluyendo parte de las razones por las que
estaba allí, estaba segura de que Rosa había deducido la otra mitad, pero se reservó los planes
futuros y los detalles de su nuevo trabajo. Planes futuros, ¡JA!
-Si la niña Amanda te ha creído inocente, entonces no tienes que preocuparte.- sentenció Rosa con
confianza, no dudó un instante y eso descolocó a Ava.
Sus padres eran buenas personas, pero vivían en un pueblo de mente cerrada y preferían continuar
así, en su burbuja. Cuando su hermana Elena comenzó con problemas de conducta, la típica etapa
rebelde de la juventud, le pidieron que recogiera y se marchase, Ava se fue con ella. Si sus padres
podían abandonarla, ella jamás lo haría. Por eso la familiaridad, la confianza y el trato maternal y
cariñoso de Rosa estaba haciendo mella en su firmeza y derrumbando las defensas que había
construido en su vida. Su hermana era la única persona que permitió en su corazón hasta que
falleció y ahora su bebé. La parte de ella que añoraba una familia, el calor de una madre, aún lloraba
la pérdida de algo que nunca tuvo, a pesar de haberse repetido tantas veces que no lo necesitaba.
Tenía que marcharse de allí antes de derrumbarse, de mostrarse vulnerable y continuar deseando
algo que no le correspondía. Luchando contra las lágrimas, consiguió hablar a pesar del nudo en la
garganta, apenas si había comido tres bocados y estaba a punto de devolverlos sobre el plato.
-Me disculpan por favor, voy a retirarme. No se preocupe Rosa, yo acostaré a Sebástian. Gracias por
todo.
Amanda la observó intrigada pero no la detuvo, algo había cambiado en Ava en cuestión de minutos.
Quizás se debía a la presión y podía reconocer cuando alguien necesitaba espacio. Terminó de comer
mientras Rosa retiraba las sobras y la vajilla, dejarían la conversación sobre trabajo para otro
momento. Subió a las habitaciones y se detuvo frente a la puerta de Ava indecisa, al final tocó.
Segundos después, la joven abrió la puerta en un pijama discreto y juvenil, pantalones cortos un
poco más debajo de la rodilla, camiseta sin mangas ajustada, estaba descalza y no llevaba sostén.
Sus senos relativamente pequeños para una madre que daba el pecho a su bebé, algo que estaba
asumiendo, pero redondos y perfectos con pequeños pezones que se marcaban a través de la tela.
La piel era de la misma palidez suave en los brazos y en el pecho, como en las mejillas y la nariz,
estaba salpicada de pecas diminutas. Amanda se mordió la lengua para resistir el impulso, de pronto
quería besarlas todas y algo debió delatar sus intenciones, los pezones de Ava se endurecieron bajo
la tela, el pecho se agitó ligeramente y cuando finalmente alzó la mirada, tenía las mejillas
encendidas. ¿Cuánto tiempo la había estado mirando? Al parecer el suficiente como para ponerse en
evidencia.
-Vine a ver si necesitaba algo antes de irme a dormir, o para Sebástian.- logró decir en un tono de
voz ronco y profundo, iba de mal en peor. Ella que lo controlaba todo, se ponía en evidencia por
segunda vez y quizás era eso lo que necesitaba. ¿Cuántas veces no la habían acusado de no tener
corazón y jugar con las emociones de las personas? Lo que sea que fuese aquello, quería
experimentarlo, así que no se molestó en ocultar su interés.
Ava deseó no haber respondido a la puerta, no quería ver a nadie, mucho menos cruzarse con
Amanda que se las había arreglado para en un solo día, desenterrar anhelos del pasado y ninguno
agradable. Pero lo hizo y allí estaba, consciente de la mirada atenta sobre su cuerpo, que reaccionó
traicionero a los estímulos de su propia mente. Amanda la miraba con deseo y no era tímida en lo
absoluto para mostrarlo, la hacía desear retroceder el tiempo, a cuando podía darse el lujo de
explorar lo que sentía sin consecuencias y complicaciones. Pero el tiempo no iba a retroceder y su
vida ya estaba patas arriba. Además, si Amanda prefería mujeres como modelos, ella no tenía nada
que ofrecer, excepto ser la diversión del momento y se negaba a eso. Pero no se lo ponía nada fácil,
sus ojos azul hielo se habían oscurecido y la desnudaban, se estremeció como si supiera todo el
placer que podía recibir y que prometían, estuvo a punto de dar un paso adelante, pero en vez de
eso retrocedió cruzando los brazos sobre el pecho para cubrirse y alejándose de la tentación
personificada.
-Nada, Sebástian ya está dormido y yo también lo necesito, estoy agotada.- respondió con un ligero
temblor en la voz –Así que buenas noches. Si no te importa prefiero que conversemos mañana.
-Mañana será entonces.- comprendió la indirecta, podía sentirse atraída por ella, pero no se dejaría
arrastrar y si era sensata, ella tampoco –Buenas noches.- se despidió y se marchó a su habitación.
En sueños complació cada fantasía con Ava y besó cada centímetro de su cuerpo y si pensó que los
sueños aliviarían la necesidad, no pudo equivocarse más. A la mañana siguiente en el desayuno tuvo
que alejar con frecuencia las imágenes de los besos y las caricias, sobre todo cuando Ava apareció
en el comedor, en jeans ajustados, una blusa sencilla blanca y tenis deportivos, demasiada piel para
avivar su imaginación y ni siquiera lo necesitaba. Ava por su parte, había probado los besos de
Amanda en sueños y los labios le ardían desde el instante en que sintió su mirada sobre ella al
entrar. Aquello estaba mal en todos los sentidos y podía írsele de las manos en cualquier momento.
Aquello solamente irritó a Ava, las actitudes cambiantes le desagradaban. Primero la miraba como si
quisiera besarla y ahora prácticamente le era indiferente. Probablemente había perdido el interés
después del rechazo la noche anterior y debería sentirse aliviada, podía largarse con sus rubias de
cuerpo plástico y cabeza vacía, en vez de jugar con ella e intentar complicar su vida. Entonces, ¿por
qué la irritaba tanto la indiferencia? Y ni hablar del pensamiento sobre ir a dedicar atención a una de
esas barbies. “¿Qué demonios estaba pensando?” Se reprendió al instante, era libre y podía hacer lo
que le daba la gana, además de que no le interesaban los jueguitos de seducción para una noche de
sexo y después ser desechada. Su curiosidad podía quedarse perfectamente donde estaba, en el
pasado.
-Fue una noche perfecta, Sebástian durmió corrido, lo cual es un milagro, ¿Y tú? – preguntó con
educación.
-Fue interesante, hacía mucho que no soñaba así…tan vívido.- comentó con descuido y curvó los
labios en una sonrisa. Tan vívidos que no pudo resistir la necesidad de extender la mano y tocarla.
Antes de percatarse, apartaba un mechón pelirrojo del rostro y en el proceso acariciaba la mejilla
con la punta de los dedos –Aun así, tienes el rostro agotado y marcas de sueño.
Ava se quedó paralizada cuando fue consciente de que Amanda alzaba una mano para tocar su
rostro. ¡Retrocede!, fue la orden inmediata de su cerebro, pero había algo en su mirada,
preocupación, anhelo, además de que ella misma lo deseaba, que la tocase. Contuvo el aliento
cuando sus dedos la rozaron y cada fibra de su cuerpo recibió el impacto de un estremecimiento,
inconsciente se inclinó para percibir más el contacto que no había sido suficiente para satisfacer sus
propios deseos. Quería lo que Amanda podía ofrecerle, la experiencia de su vida, quería dejarse
llevar y cada vez cedía más a los impulsos de olvidar todo y lanzarse al vacío, o en su defecto, a sus
brazos. Por suerte para ambas, Rosa entró al comedor en ese instante y la burbuja se rompió sobre
sus cabezas como un balde de agua helada.
Amanda parpadeó desorientada, estaba jugando con fuego, siendo irresponsable. Ava no era una de
sus conquistas para una noche, no pertenecía a su mundo, ni siquiera estaba segura de que
verdaderamente tuviera los mismos gustos y que no fuese la típica curiosidad. Era una joven con
una vida complicada, madre soltera, sin tiempo para juegos de seducción con los que intentaba
confundirla aún más. Tenía que recuperar el control y enfocarse en ayudarla, como debió ser desde
un inicio. Rosa actuó con normalidad a pesar de haber presenciado la escena antes de entrar. Nunca
había censurado a su niña, pero el poco sentido común que estaba demostrando la tenía
desconcertada. ¿Acaso no se daba cuenta que Ava no era igual a las mujeres que frecuentaba? La
joven tenía una vida difícil ya como para agregar más presión y no dudaba que una vez que abriese
su corazón, Amanda lo destrozaría, consciente o no.
-No, a nada según los exámenes.- contestó Ava que tenía dificultades para normalizar los latidos de
su corazón.
-Perfecto entonces.
-Rosa, si puedes cuidar del pequeño, necesito conversar sobre algunos temas con Ava.- habló de
pronto Amanda, sorprendiéndola por la dureza en el tono. Rosa frunció el ceño pero asintió y
desapareció a la cocina sin decir palabra. Ava la miró interrogante, no comprendía que había
sucedido, ni la razón de un cambio tan brusco, o quizás sí lo sabía –En el despacho estaremos más
cómodas y es más privado. Si terminaste sígueme.
Parte irritada y parte curiosa la siguió. En cada paso notaba el cambio y para cuando llegaron al
despacho y tomaron asiento, Amanda había levantado un muro de hielo y su mirada era tan
inexpresiva como cuando la había conocido. Decidió serenarse y enfocarse en el problema y la razón
por la que estaba allí.
-No estoy segura como puedo ayudar en lo que me has dicho.- dijo rompiendo el hielo -¿No tienes
personal más capacitado?
Amanda abrió el pc y los archivos que Daniel había reunido, estaba claro que no los analizaron lo
suficiente en su momento.
-Quizás sí, pero quiero investigar por mi cuenta y confío en ti para que me ayudes. Créeme, serás
recompensada, además de la garantía de que podrás limpiar tu reputación y continuar trabajando
una vez que se haya resuelto. ¿Lo necesitas por escrito?
-La garantía.
-No, no sé Amanda, ¿Qué significa todo esto?¿Por qué me ayudas? Me ofreces casa, trabajo, la
oportunidad de probar mi inocencia.- pero bien sabía que nada era gratis en la vida –Cualquier otro
ya me hubiese lanzado a la cárcel sin dudarlo. Has dicho que no haces nada sin un motivo y quiero
saber cuál es. Que quieres de mí.- concluyó mirándola fijamente, aunque cada vez tenía más claro lo
que Amanda pretendía de ella.
Tenía valor para enfrentarla, le daba crédito por eso, pensó Amanda mientras le permitía
desahogarse. La presión era demasiada y se estaba quebrando y ella contribuyendo, por mucho que
quisiera no podía evitarlo. Aguardó un par de minutos antes de ordenar las ideas para una
respuesta.
-Te dije antes, que todos son sospechosos, no confío en nadie. Quien hizo esto sabía cómo eludir las
revisiones y ocultar el dinero. Detectamos el problema por una casualidad, de lo contrario las
pérdidas hubiesen sido mayores y el ladrón habría conseguido cubrir los errores a tiempo, e ibas a
parar a la cárcel. Es evidente que sabe cómo funciona la compañía y muy de cerca.- en ese punto
tenía lógica, reconoció Ava, era alguien que sabía cómo manejar las transacciones encubiertas.
-Tengo varias ideas y ninguna prueba, por eso estás aquí. Eres la más beneficiada en que esto se
resuelva y eres honesta, estás obligada a serlo, de lo contrario te destruirán la vida. Tu motivación
es algo mayor que el dinero, tienes un hijo por el que velar.- dijo con una conclusión tan evidente
como cierta. Cada argumento era irrefutable, calculado y analizado, donde todo se limitaba al simple
trabajo y el hecho de que ella estaba contra la espada y la pared.
-Tienes razón en que haré todo lo que sea necesario para probar que soy inocente.- pero había algo
más, ambas lo sabían, mencionarlo significaba reconocer sus propias dudas.
-Entonces todo aclarado. Contigo fuera de la Empresa, como principal sospechosa y todas las
pruebas aparentes, el estafador confiará en que está a salvo y cometerá un error. De hecho, ya lo
hizo.- mencionó y Ava abrió los ojos de la sorpresa –Y ese rastro es el que necesito que sigas sin
alertar a nadie. Todo lo que necesitas está aquí.- le cedió una laptop que estaba a su lado y señaló
además varias cajas con carpetas llenas de documentos –Trabajaremos juntas cuando esté aquí, el
resto avanzarás sola y cada día me tendrás un informe.
-Eso puedo hacerlo.- le dijo decidida, no todos los días tenía la oportunidad de probar su inocencia y
Amanda le había dado todas las razones adecuadas -¿Qué debo buscar?
-Descubrí dos transacciones de apenas unos días antes de tu contratación en la Empresa. Esos
documentos tienen que estar ahí.- señaló las carpetas –Escondidos, pero están. Puede que el rastro
electrónico haya sido borrado, pero tengo la esperanza de que esos papeles existan y sabremos qué
ejecutivo aprobó esas compañías y ordenó las transacciones.
-¿Crees que será tan sencillo? – preguntó con duda, aunque la esperanza crecía a cada palabra.
-No, pero el estafador tampoco es tan inteligente como quiere hacernos creer. Tú fuiste su primer
error.
-Lo haré porque de esto depende de mi vida, mi futuro, pero no tengo garantías de nada.
-No servirá de nada si no puedo probar que no robé ese dinero. Está en cada papel, tendrás que
entregarme tarde o temprano.- entendió angustiada pero firme. Le maravillaba como aún no había
caído bajo un colapso nervioso, Sebástian la mantenía en pie, era su pilar y su fuerza.
-Eso…lo decido yo.- la escuchó contestar con seriedad, hablaba la ejecutiva una vez
más.
-Alguien tiene que pagar Amanda.- la esperanza era muy tentadora y también la
destruiría si se permitía tenerla.
-Y lo hará créeme.
-No estaría donde estoy si no estuviese segura de lo que hago.- contestó Amanda con la
rabia bajo la piel, quería rodear la mesa, abrazarla, besarla y asegurarle que todo
estaría bien, pero no podía –Necesito que te enfoques, no irás a la cárcel, no lo
permitiré.- palabras confiadas, una sentencia.
-“Porque eres mía,” – Amanda escuchó las palabras con tal claridad en su cabeza que
casi creyó que las había pronunciado en voz alta, pero no. Aunque no por eso la
revelación era menos perturbadora. Lo que sentía hacia Ava no tenía explicación,
posesividad sería la palabra más adecuada, atracción, como nunca antes la sintió con
nadie y una pérdida de control, que la tenía enojada y fascinada a la vez. Pero no fue
esa la respuesta que salió de sus labios –Porque un hijo necesita a su madre y porque
no me sirve de nada que vayas a la cárcel, cuando el ladrón todavía está en la Empresa.
Por un instante Ava lo percibió, la tensión en el aire, el silencio que no podía calibrar
detrás de esa mirada y creyó que finalmente lo diría. La razón por la cual la miraba de
esa manera, la razón por la cual la había llevado a su casa, la razón que flotaba entre
ellas como una corriente silenciosa. No debería existir y sin embargo allí estaba, no
debería anhelarlo y sin embargo lo hacía, pero no era tan valiente para lanzarse a las
aguas de algo tan profundo que amenazaba con ahogarla. Pero una vez más Amanda la
decepcionó con la fría lógica apartándola, al margen de la muralla que había alzado
entre ambas. Y eso la desesperaba, todas las emociones se acumularon en su pecho
como un nudo y sintió como el aire se le escapaba de los pulmones. No comprendía la
necesidad visceral por formar parte en el mundo de aquella mujer que apenas conocía.
La necesidad de su atención, de sus miradas y de tomar lo que le ofrecía en cada una de
ellas. Quería gritar, llorar y derrumbarse porque estaba sola, agotada, aterrorizada, no
solo porque su vida se venía abajo, sino por la inminente locura que provocaba su
atracción por Amanda. Como si toda su necesidad, su soledad, cada deseo y
pensamiento solo pudiese satisfacerlo ella. Se había vuelto loca, completamente loca.
Amanda se preocupó por el abrupto silencio de Ava, un minuto antes vio asomarse la
desesperación en su mirada, las lágrimas que dejaban un rastro húmedo en su mejilla y
ahora nada, un vacío oscuro como si se hubiera marchado lejos de allí. Su cuerpo
comenzó a temblar a pesar de estar en un estado catatónico y temió por ella, que
finalmente el dique se hubiese roto ante la presión y estuviese presenciando un colapso.
Se acercó, dudando si debía tocarla o no, necesitaba traerla de regreso de alguna
manera.
-Ava.- susurró manteniendo la calma –Ava.- no se resistió a secar las lágrimas que
fluían, a tomar el rostro ausente entre sus manos y encararla –Ava, escúchame…no
estás sola y Sebástian te necesita. Vamos, hazlo por él.- y por ella que no soportaba
verla así –Respira profundo y regresa, tienes un hijo que te necesita, no puedes rendirte
ahora.
El nombre de su hijo hizo eco en su cabeza, era la razón de su vida le brindaba calidez a
la frialdad que había entumecido su cuerpo de pronto. Eso y las manos delicadas que la
sostenían y provocaban una revolución tal de sensaciones que parpadeó al instante,
inspirando bruscamente el aire. Entonces se encontró con unos ojos azules cargados de
preocupación, caricias suaves que secaban sus lágrimas y anhelo se transformó en un
dolor punzante que fracturó su mundo. Comenzó y la impotencia se transformó en un
dolor punzante que fracturó su mundo. Comenzó con un sollozo que desató el llanto
desesperado y desgarrador y no tenía nada más a que aferrarse, excepto a la propia
Amanda, que la rodeó con sus brazos y la sostuvo mientras su cuerpo se sacudía en
temblores incontrolables. En Amanda la preocupación y la impotencia se transformaron
en una rabia fría y oscura, el responsable iba a pagar porque lo destrozaría.
Ninguna se percató del tiempo, tampoco interesaba porque mientras Ava la necesitara,
Amanda estaría allí. Cuando ya solo quedaban lágrimas silenciosas y suspiros, Ava se
obligó a sí misma a reaccionar, considerando donde estaba y con quien, Amanda que
percibió el movimiento le permitió la libertad de apartarse si lo deseaba. Pero negar lo
que habían sentido en ese abrazo, sería una mentira. Protección, apoyo, la sensación de
estar en el lugar correcto, con la persona correcta, emociones peligrosas que tampoco
tenían garantía y podía destrozarla y que por ese instante, prefirió ignorar. Finalmente
se apartó, con la sensación de pérdida absurda, que la impulsaba a lanzarse a sus
brazos otra vez, estaba demasiado agotada para avergonzarse, para dar explicaciones y
Amanda pareció comprender, como si la conociera de toda la vida, para ella parecía ser
un libro abierto.
-Pediré a Rosa que traiga un té, o lo lleve a tu habitación.- dijo rompiendo en silencio,
Ava negó, en su habitación estaría sola y sin Amanda se derrumbaría otra vez –
Entonces aquí.- la llamó a través del teléfono interno y minutos después, la mujer
apareció con té y galletas, un extra, intercambió una mirada silenciosa al ver el estado
de Ava, pero se abstuvo de hacer preguntas y se marchó en silencio –Te hará bien,
come.
-Lo siento.
-Eres humana, me hubiese preocupado que la presión provocara algo peor. Ahora
tendrás la cabeza más despejada para pensar, esto ha sido bueno.- otro suspiro, lo
cierto era que se sentía apaleada –Puedes comenzar mañana, hoy relájate en la piscina,
disfruta el día con Sebástian, hay tiempo.
-No.- respiró categórica y dejó la taza sobre la bandeja –Los números me relajan,
necesito distraerme.- Amanda no estaba de acuerdo, pero no dijo nada más.
-Si no estás concentrado quiero que lo dejes, no nos podemos permitir más errores.-
fue la condición.
-Lo haré.- meditó unos segundos en silencio antes de tomar valor para la siguiente
pregunta –Hay algo más, ¿cierto? Algo más que…quieres de mí.- la razón le pegó una
bofetada que ignoró, si se lanzaba a la boca del lobo no sería nadie más responsable
que ella.
-Será que lo quieras dar Ava.- el tono derritió un poco el muro de hielo y desató una
chispa.
-¿Tengo elección?
-No.- extendió el brazo para detenerla sin pensarlo –Lo siento, quédate por favor.- le
pareció sorprenderla y sonrió –No has dudado de mí un solo segundo, me ofreciste una
mano en el infierno que se ha convertido mi vida y has sido honesta en cada palabra. Te
he devuelto el favor con una acusación y ha sido injusto de mi parte y cobarde.
-Por eso, has sido honesta.- le sostuvo la mirada –No entiendo por qué, no entiendo y
confieso que no sé cómo actuar, pero mentiría si no digo que también quiero algo,
porque lo he sentido. No puedo explicar esto, me abruma y me confunde. Yo…
Aquello era mucho más de lo que Amanda hubiese esperado, infinitamente más. Ava
confiaba en ella con una confesión que la tentaba a tomarla en brazos y mostrarle,
exactamente que fluía entre las dos. Pero eso sería un desastre, traicionar esa
confianza, aprovechar la confusión y la vulnerabilidad, arrastrarla en algo para lo que no
estaba preparada, a pesar de desearlo.
-Serás tú quien decida qué hacer con eso Ava, yo, prefiero no arriesgarme. Al parecer
hay muchas cosas inexplicables en esto, demasiadas…me cuesta ser, sensata en cuanto
a lo que deseo y mantener las distancias.- si le tocaba ser honesta lo sería –La primera
muestra es el hecho de que estés aquí. Sebástian es una razón, la situación de la
Empresa también, el resto son puramente mías y egoístas. Espero que me perdones por
eso, fue inevitable. Tampoco puedo explicar el por qué pierdo el control cuando se trata
de ti.- la mirada intensa fue suficiente confirmación de que era cierto –Lo que tú
decidas, cuando lo decidas, lo respetaré.
¿Perdía el control?¿Qué significaba eso? No es que las palabras no fuesen claras, estaba
allí porque Amanda tenía interés en ella. Manejaba la posibilidad de que fuese un
capricho, seducirla, llevársela a la cama y conseguir una confesión. Podía ser parte de
una estrategia bien calculada, por otro lado, era tomarse demasiado trabajo y
complicaciones cuando simplemente podía enviarla a la cárcel. Sin embargo, la parte
estúpida en ella que anhelaba la cercanía de Amanda, no dudaba de absolutamente
nada. Ya no era una niña ingenua, aunque en aspecto de relaciones no era la más
experimentada, tenía claro que con Amanda cualquier decisión podía ser un riesgo.
¿Qué estaba dispuesta a ofrecerle?¿Una aventura exótica y llena de experiencias
nuevas? Trabajo, casa, ¿una relación? Ni siquiera le atraían las mujeres y allí estaba,
cuestionando lo que podía ser su vida si se rendía a la curiosidad y atracción. Ya lo había
dicho Rosa, no se comprometía con nadie, jamás había llevado a nadie a la casa y su
situación era demasiado diferente para hacer comparaciones. No obstante, no podía
negar que tener el control de lo que sucedía entre ellas le confería un poder único,
aunque sabía que jamás lo utilizaría en su beneficio. ¿Lo haría Amanda? Contrario a lo
que dictaba la razón, deseaba que no mantuviera las distancias. Amanda la observó en
silencio, consciente de que libraba su batalla muy particular en la que no tenía derecho
a intervenir por mucho que quisiera inclinar la balanza a su favor. No le haría ningún
bien a ninguna. Tenía la sensación de que Ava no era de las que se conformaban con
una aventura y ella no tenía más que ofrecer. Aunque la pregunta correcta era: ¿sería
ella misma capaz de conformarse con tan poco de lo que deseaba?
-Creo que debo marcharme, ambas necesitamos trabajar.- dijo al fin quebrando la
atmósfera y sin esperar respuesta alguna.
-¿Regresas a la Empresa?
-Sí, tengo una reunión con los accionistas, quieren un informe sobre la investigación.- le
dijo poniendo distancia entre ambas, la sensación de pérdida la hizo apretar los labios.
-Que los abogados y los investigadores que contratamos y la policía están haciendo su
trabajo. Tu permanencia y tú trabajo aquí es confidencial, no quiero ponerlos en sobre
aviso.
Evidentemente.
¿Qué dirían sus padres de semejantes pensamientos? Apenas si había cruzado palabra
con ellos desde la muerte de su hermana, nunca les perdonó no haber estado allí para
ella en sus últimos momentos y por esa razón no conocían la existencia de su hijo. No
quería continuar su vida con las reglas que le habían impuesto, sobre como una hija
perfecta debía ser y eso incluía pensamientos y una visión de la vida bastante arcaicos.
Pero sorprendentemente no era eso lo que la mantenía alejada de Amanda y sus propios
deseos. Sus padres y lo que pudiesen opinar no era el problema, sino el resto del
universo y cada señal que le advertía el peligro y las consecuencias de ceder a los
impulsos y caprichos de una relación más que prohibida. Empezando porque Amanda no
tenía relaciones y ella ya no era una adolescente despreocupada a la que no le
importaría ser un simple entretenimiento de cama.
A media tarde Rosa le avisó que la cena estaba lista, Amanda tenía otro compromiso y
no llegaría hasta tarde en la noche. De esperarse dada la situación en que se
encontraba la Empresa, aunque no pudo reprimirse el pensamiento molesto de que ese
compromiso no fuese de trabajo. Tonterías, que existiera atracción no quería decir nada,
no tenían una relación, ni Amanda le debía explicaciones. Así que se concentró en dar
de comer a Sebástian, hasta que Rosa la sorprendió con un detalle. La habitación a su
lado la habían transformado para un bebé con todo lo necesario, incluso ropa nueva.
Una cuna, cambiador, juguetes, le prepararon en silencio durante el tiempo que estuvo
trabajando y Ava se sintió más abrumada aún. ¿Por qué hacía todo eso?¿Por ella? Una
desconocida, acusada de robo. Se sentía cada vez más atrapada y en deuda aunque el
gesto fuese increíble, nadie se tomaba tantas molestias por un niño ajeno, ni siquiera
los hombres se esforzaban tanto en sus intentos por llevársela a la cama. Para Ava que
estaba acostumbrada a comprar las cosas de uso, en rebajas y mercados baratos, a
contar cada centavo para llegar a final de mes y que Sebástian tuviese todo lo necesario
y aquello era demasiado. Un derroche innecesario para solo unos días de permanencia.
No podía evitar cuestionarse si Amanda intentaba comprarla a través de Sebástian.
-¿Por qué lo hace? – murmuró tensa mientras observaba la habitación –No me conocía
hasta ayer. Debería haberme enviado a la cárcel y en cambio me ofrece todo esto, se
preocupa por Sebástian, no comprendo.
Rosa que arropaba el bebé, la miró comprendiendo la confusión y sin respuestas,
porque ella estaba igual de sorprendida. Amanda no actuaba bajo ninguna lógica
conocida y eso la tenía preocupada.
-Es una respuesta que solo puede darte ella, yo cumplo lo que pide.- respondió –Es la
primera vez que la veo actuar así, aunque la niña Amanda es muy justa, eres inocente y
el bebé también, nunca permitiría que un niño se quede solo, sin su madre.- la
respuesta intrigó a Ava, que supiera Amanda no tenía hijos, solo sobrinos –Sabe lo difícil
que puede ser.
-Amanda es la menor, su madre murió al dar a luz, el señor Daynes quedó devastado.
Por muchos meses estuvo conmigo y con su hermano Nath. Fue la consentida hasta que
el señor Daynes se casó nuevamente, la niña ya no era tan joven y una mujer ocupada
el lugar de una madre que nunca conoció, no fue fácil de aceptar. Por suerte la señora
Laura tuvo paciencia y al menos intentó ser una madre mientras Amanda se lo permitió.
Ava tenía el corazón encogido y un nudo en la garganta. La historia de Amanda era tan
similar al futuro de Sebástian, aunque ella ni siquiera lo supiera. Crecer sin una madre
para una niña debió ser un golpe duro, una carencia de esas que marcan toda la vida.
Nadie podía sustituir el amor de la mujer que te trae al mundo. Ni siquiera Ava, que
tenía diferencias con sus padres podía imaginarlo. Se sintió avergonzada por haber
imaginado todas las razones y ninguna buena. Cierto que Amanda la deseaba en su
cama y no lo ocultaba, pero había mucho más en sus intenciones. Heridas profundas
que revelaban a una persona, que estaba segura, el resto del mundo no conocía. En
silencio abandonaron la habitación del bebé, con el monitor que Ava se llevó al
despacho, trabajaría un poco más y con suerte encontrarse con Amanda, necesitaba
darle el informe diario. Una excusa para el hecho de que la había extrañado todo el día y
necesitaba verla.
Los investigadores privados estaban sobre el rastro de las empresas fantasma, pero
cada pista se quedaba en un callejón sin salida. Un pronóstico nada alentador, razón por
la cual no quiso extender mucho más la reunión. Al finalizar, Nathaniel y Andrew la
acompañaron a su oficina, su primo sobre todo no había estado particularmente feliz
con su presencia, por supuesto, siempre creyó que su padre le cedería el control cuando
se retirase. Pero eran circunstancias especiales y sabía que la intuición de Amanda podía
revelar mucho más que la rigidez de Andrew.
-Estamos al borde de una pérdida mucho mayor si se revela el robo. Creí que a estas
alturas tendrías respuestas.- le soltó una vez instalados frente a ella.
Aquel tipo de comentarios no era inusual en Andrew, sobre todo con ella a quien
consideraba una usurpadora de su lugar por derecho. Si no le había respondido era por
respeto a su padre y por evitar una situación mucho más delicada para la imagen de la
Empresa, mala suerte que ese día no estuviese de tan buen humor. Nathaniel
intercambió una mirada serena con ella, llamando a la paz, pero Amanda no estaba de
ánimos para ser diplomática.
-Cada uno hace su trabajo como puede, no estuviéramos en esta situación si como
segundo hubieses tenido control sobre la Empresa. Saber lo que ocurre aquí es tu
responsabilidad, no la mía. No olvides que fui yo quien descubrió la irregularidad desde
el otro lado del mundo.
-No creo que ciertas actitudes resuelvan el problema.- intervino su hermano con
paciencia. Nathaniel poseía la serenidad de su padre, verdadera calma, mientras ella
escondía su temperamento fuerte bajo una capa de control gélido –Todos queremos
llegar al fondo de esto, tenemos mucho que perder.
-La culpable continúa libre, ahora que está despedida puede desaparecer con ese
dinero. Debiste consultarme, Thomas me dijo que ni siquiera le permitiste estar
presente.- contratacó su primo. Amanda curvó los labios en una sonrisa fría, sabía que
Thomas era el ratón de su primo, razón por la cual lo mantenía al margen.
-No se ha hecho una denuncia formal, por tanto no hay motivos para detenerla sin
revelar todo el asunto de la estafa. Según explicaron los investigadores, esperan que los
guie hasta los verdaderos culpables de todo esto.- contestó a duras penas manteniendo
el control.
-¿Qué más necesitan? Todas las pruebas están ahí.- tanta insistencia hizo que Amanda
alzara una ceja intrigada.
-Yo me limito a dirigir la Empresa y los detectives hacen su trabajo. Estoy aquí para
recuperar pérdidas y evitar que ocurra otro desastre. Desde hoy todos están bajo
auditoría y evaluación, cada departamento y me refiero a todos, eso te incluye Andrew,
a ti y a Thomas.- anunció con frialdad, Andrew enrojeció de ira.
-No te atreverías.- fue la respuesta airada de su primo, que al parecer se creía por
encima de las reglas en la compañía.
-Estamos investigando todo y hasta nuevo aviso, cada persona en este lugar es
sospechoso. Tú estabas aquí en la Empresa, esto sucedió bajo tu supervisión y la de
Thomas durante meses mientras mi padre estuvo enfermo.- la dureza en su tono se
transformó en hielo ártico, allí se jugaba con los intereses de su familia -¿Sabes por qué
no lo viste? Porque has estado demasiado ocupado en cenas y fiestas de alta sociedad
con amantes nuevas. No es mi problema en que derrochas tu dinero, pero si el que se
pierde en la Empresa. Las auditorías son tu responsabilidad cada dos meses, yo las hago
incluso cada mes, la última fue hace 4 meses, mucho después que comenzara el desvío
de dinero. ¿Cómo es que te percataste del dinero perdido? Mi padre confió en ti y se
perdieron millones, por eso fue tu responsabilidad y si no estás apto para ella, entonces
tampoco para la posición y el salario desmesurado que cobras.
-¿Quién te crees que eres Amanda? Llegas y cuestionas todo cuando tuve que cargar
con el peso de la compañía y también ser quien daba la cara para publicidad.- Andrew
se había puesto de pie y la encaraba furioso.
-¡He trabajado muy duro por llegar aquí y no lo voy a perder por tu ambición sin límites!
– le advirtió furioso.
-¿Mi ambición? – soltó una carcajada irónica –Tienes que estar bromeando, olvidas que
no soy segunda de nadie, que me hice mi camino sola, fundé mi propio negocio y no
dependo ni siquiera de la riqueza familiar. Esa acusación es tan ridícula que ni tú te la
crees. Es mi última palabra Andrew, si no estás capacitado para llevar la compañía con
toda la responsabilidad y sin arruinarla, te vas. Las auditorías comienzan hoy, te sugiero
que pongas en orden tus papeles y los entregues. Revisaré cada departamento
personalmente.
-¿La apoyas en esto? – preguntó Andrew a Nathaniel que había permanecido en silencio
por algo obvio –Por supuesto, jamás esperaría otra cosa, por eso se comporta como lo
hace, arbitraria y arrogante.
-No, eres socio minoritario por las acciones de tu padre, pero tu posición no depende de
eso. Entiende Andrew que estás tomando esto de manera personal y no lo es. Si otra
persona cometía este error, como la joven que tuve que despedir, estaría ya en la calle.
Sin embargo tú conservas el puesto, incluso Thomas a pesar de ser responsables.- lo
corrigió Amanda, la situación la irritaba cada vez más, ¿Quién se creía que era? Ava
estaba en la calle con un bebé y él se quejaba porque no le cedieron el control de la
Empresa –Pasarás la auditoría, como todos y si existen otros errores que propiciaron
esto, considérate despedido. Tus datos, los espero con mi secretaria en menos de una
hora.
Consciente de que la batalla estaba perdida Andrew decidió retirarse sin mediar palabra.
Por el momento los dejaría creer que tenían el control de todo. La auditoría de Amanda
era una inconveniente con el que no contaba, pero era muy sencillo de solucionar. La
orden de auditoría aparecería entre los documentos de Thomas como que había sido
emitida, pero nunca se realizó por su negligencia, aunque a los ojos de Amanda eso no
lo exoneraba de nada. Perra.
-Eso, ha sido un movimiento estúpido, impropio de ti Amanda. ¿Se puede saber en qué
estás pensando enfrentándolo así? – fue Nathaniel quien rompió el silencio
desconcertado –Lo has puesto en sobre aviso.
-Llevo años en silencio observando como ese payaso se hace con el control y pide
aumentos de salario por el trabajo que hacen otros y todo porque papá se siente
responsable por la muerte del tío. Y mira donde la compasión lo llevó.- respondió con
crudeza lo típico en ella.
-Y elegiste este instante para comenzar a lavar trapos familiares, cuando tenemos una
espada de Damocles sobre la cabeza. ¿Qué sucede contigo? Tiene que haber algo más,
de lo contrario no revelas tu plan así.
Su hermano la conocía bien, demasiado bien y era el único en quien podía confiar en
esas circunstancias.
-Estoy llevando una investigación por mi cuenta, encontré una pista que me puede dar
las respuestas que necesitamos.
-No, pero no puedo permitir que esto se quede así.- que Ava fuese a la cárcel por un
crimen que no cometió –Encontraré al responsable de esto, papá estuvo al borde de la
muerte y lo haré pagar Nath.- fue una declaración sin remordimientos y no se
sorprendió.
-Los desvíos comenzaron hace 6 meses, no 5 como todos creen. Encontré dos
transacciones escondidas de las que no hay registros tampoco, es muy probable que al
ser las primeras sean las órdenes originales y encuentre quien firmó y autorizó todo.
Quien nos robó probablemente no tenía intenciones de llegar tan lejos, pero supongo
que la ambición pudo más.- le explicó –Las actuales están firmadas y autorizadas por
Ava Brenner, pero ella fue contratada 5 meses atrás. Sospecho que con toda intención
de ser el conejillo de indias, si escarbo lo suficiente estoy segura de poder encontrar
quien la recomendó. Ella tenía el perfil perfecto para justificar el robo, deudas de
hospital, de universidad, soltera, ajena a la ciudad.
-Entonces ya la juzgaste como inocente.- afirmó Nathaniel –No crees que vaya a
guiarnos hasta los culpables como has dicho.
-Por supuesto que no, ella es la cortina de humo. Pero prefieren seguir su rastro porque
nadie tiene idea de cómo sucedió algo así.
-La despediste para evitar que la detuvieran.- Nathaniel sonrió, esa era la cualidad que
convertía a su hermana en un genio de los negocios. Siempre iba un paso adelante.
-Hice más que eso.- confesó seria, por el tono supo que estaba a punto de escuchar
algo que no le iba a gustar –Es ella quien está revisando los documentos y para
mantener la seguridad la he llevado a casa. Nathaniel la miró como si le hubiese salido
dos cabezas, completamente serio, en su favor pudo decir que mantenía la calma.
-Ya ocultas información Amanda, algo así puede desacreditarte. No conoces a esta
persona, dime que sabes lo que haces.
-Si Andrew lo descubre, lo usará contra ti y ni hablar de cuánto más la vas a perjudicar
a ella.
-Sí, pero será otro escándalo que no necesitamos, otro disgusto que papá no necesita.-
Directo al punto en el que no le podía negar la razón, sobre todo porque estaba en lo
cierto. Su comportamiento irracional hacia Ava la distraía, sin hablar de las decisiones
que había tomado sobre lo que sentía por ella, la censuraría mucho más si lo supiera.
-Intento hacer lo mejor para controlar el desastre Nathaniel, ¿Crees que a los socios les
importa a que mujer me llevo a casa?¿O están más pendientes de cómo les mantengo
seguro su dinero y la compañía a flote? Dime, ¿de qué manera vamos a salir ilesos de
esto si las acciones bajan?, será la ruina y papá, no quiero ni pensarlo. Acepto tus ideas
si son mejores.- le dijo esperando con la mirada fija y la espalda recta sobre la silla -
¿No? Eso imaginé. No voy a permitir que papá pierda todo por lo que ha luchado, no
hago esto por mí.- quizás también lo hiciera por Ava.
-Lo sé Amanda.- aceptó y le tocó reconocer que él no tenía su visión y capacidad para
manejar algo así, no a esa escala, además de la responsabilidad. Mucho tiempo atrás
decidió que a pesar de ser el mayor, no le interesaba dirigir el negocio familiar y si tener
una vida más tranquila, como Arquitecto en Jefe estaba perfectamente cómodo, sin
embargo Amanda, era como si hubiese nacido para ello -¿Te importa si lo compruebo
por mí mismo? Me refiero a conocer esta chica, revisar los informes yo también.
Amanda asintió a pesar de que estaba tensa. Si Nathaniel la veía cerca de Ava notaría al
instante la atracción entre ellas. De hecho, fue él quien la hizo consciente de su
atracción por las mujeres, cuando ella aún se debatía con sus dudas.
-Bien, iré mañana y almorzaré en casa, avisa a Rosa.- le dijo, era un margen de tiempo
para advertir a Ava -¿Algo más que deba saber?
-No, nada más perjudica la compañía.- solo a ella y a Ava si se veía atrapada en el
medio de la tormenta.
Amanda llegó exhausta y preocupada, pensando en frío durante el día, Nath tuvo razón cuando la
acusó de imprudente. Enfrentarse a Andrew fue una estupidez.
La enorme mansión estaba a oscuras y en silencio, le hubiese gustado saludar a Ava, no es que
pudiera olvidarse de ella tan fácilmente, aunque no estaba segura de que en su estado fuese lo más
conveniente. Por fuerza de costumbre el despacho era su primera opción antes de marcharse a la
cama y descubrió que la luz estaba encendida. ¿Ava? Abrió la puerta sin titubear, una vez más
subestimaba su atracción por ella y su propia ansiedad.
-Buenas noches.- saludó en el instante en que entró a la habitación. Estaba inclinada sobre algunos
papeles, aun trabajando –Es tarde, deberías estar descansando.
Ava alzó la mirada, cansada y esbozó una ligera sonrisa, Amanda se acercó hasta tomar el asiento
frente a ella.
-Se me fue el tiempo, no me había percatado de la hora.- contestó estirando los músculos, el pijama
se ajustó a su cuerpo y Amanda la apreció sin disimular provocando el sonrojo en sus mejillas, esa
vez, Ava no se ocultó de su mirada -¿Cómo te fue hoy?
Ahora fue ella la sorprendida, no tenía por costumbre que nadie la esperase en casa, preguntando
algo tan simple como su diario. Ciertamente ella había sido la única culpable.
-Agotador pero productivo, o eso espero.- respondió inclinando ligeramente el rostro –Hay muchas
cosas que corregir.
-Lo imagino.- en realidad no, su mundo se resumía a los números, llevar una responsabilidad como
la de Amanda no estaba segura de tener temple para eso –Se te nota agotada, tensa. Me
comentaste que tenías una reunión con los socios.
-Fue breve, solo querían asegurarse de que su dinero estaba a salvo.- se encogió de hombros.
-No, no lo es, pero me gustaría dejar esos temas donde pertenecen, en el trabajo, ahora estoy en
casa.-Comprendiendo que no quería continuar la conversación, rebuscó entre los papeles el informe
que había preparado.
-¿Quieres que revisemos lo que llevo? – preguntó, a fin de cuentas estaba allí trabajando no
socializando. Amanda no le iba a revelar los problemas cuando era la principal sospechosa.
-Estuve aquí, compartí con Sebástian y…Rosa me mostró la habitación.- dijo en tono de reproche
aunque no revelaría lo que le contó la anciana –Otra vez es demasiado.
-Quiero que esté cómodo.- contestó indiferente, al marcharse sería un regalo. La idea le causó
incomodidad, casi había olvidado que la presencia de Ava y su hijo era temporal.
-No justifica el gasto, podía quedarse conmigo.- Ava permanecía inflexible muy aparte de la infancia
de Amanda, no podía evitar las dudas de antes. La atmósfera de familiaridad desapareció en un
segundo y cuando Amanda respondió, Ava supo que si continuaba así jamás se entenderían.
-Pensé que ya habíamos aclarado este tema ayer, pero me equivoqué. Quiero que lo digas en voz
alta, no con dudas en la mirada.- le pidió cortante –Quieres sinceridad, entonces adelante.- por muy
increíble que pareciera Ava estaba tan enojada como ella y no se dejó intimidar.
-Es imposible que no tenga dudas, que me cuestione si en todo esto al final deba pagarlo mucho más
caro. Fuiste sincera sí, pero no comprendo. ¿Por qué te tomas tantas molestias en agradarme?, en
ayudarme, en preocuparte por Sebástian cuando solo quieres llevarme a la cama. Seré una más,
eso lo tengo claro, dependo de ti y cada vez te debo más, que no tengo como pagar ni agradecerte,
excepto que mi cuerpo sea el precio. Sabes que haría cualquier cosa por mi hijo, por no perderlo y lo
has aprovechado, lo has utilizado contra mí.- soltó con amargura, además de que la atracción que
sentía por Amanda la abrumaba y de alguna manera buscaba culparla por hacerla sentir así. Pero
quizás había ido un poco lejos en las acusaciones, Amanda no era la responsable de que estuviera a
punto de ir a la cárcel y la estaba haciendo pagar por ello.
Amanda estaba lívida, furiosa y sin palabras. ¿Así era como interpretaba su ayuda? Que utilizaba la
situación en su beneficio sí, pero a Sebástian no, jamás. Un bebé se merecía todos los cuidados del
mundo y nunca existió una segunda intención en ese pensamiento. Una mirada azul, fría y vacía,
desprovista de cualquier emoción se clavó en ella y Ava tuvo la certeza de que había marcado un
abismo profundo entre ambas.
-Mañana vendrá mi hermano Nathaniel, a él le presentarás el informe, está al tanto de todo. Puedes
dejarlo en el escritorio y yo lo revisaré más tarde, a solas. Por razones de seguridad necesito que
permanezcas aquí y no te preocupes, la estancia no es necesario pagarla de ninguna forma.- le
informó en su tono de ejecutiva y se puso de pie para marcharse, antes de cruzar la puerta, las
palabras resonaron en la habitación –Tienes razón en que no necesito comprar a nadie, si deseo
tener a alguien en mi cama. No te molestaré más, olvida que alguna vez tuvimos esta conversación.
Rosa se encargará de todo de aquí en adelante.- Ava no tuvo dudas que esas palabras significaban
una despedida y que cumpliría su palabra.
Amanda se marchó en silencio y ella se desplomó en la silla con un sollozo. A la mañana siguiente
fueron solamente tres en el desayuno y Ava angustiada no se atrevió a preguntar. Con aparente
descuido fue Rosa quien le confirmó las dudas, aunque el resultado de la conversación fue mucho
peor de lo que sospechaba.
-El niño Nath vendrá para el almuerzo.- Ava solo pudo asentir, tenía la pregunta en la punta de la
lengua, ¿y Amanda? –Y la niña Amanda pasará un tiempo fuera, el departamento le queda mucho
más cerca cuando sale tan tarde del trabajo. Me comentó que la situación en la Empresa es muy
difícil.- ahí estaba, se había marchado. El desayuno se le revolvió en el estómago, pero Rosa la
miraba suspicaz y no tuvo más opción que contestar.
-Sí, lo puedo imaginar, han sido muchas pérdidas.- intentó mantener la voz lo más neutral posible.
La mujer no insistió y decidió tomarse el resto de la mañana para compartir con Sebástian.
Nathaniel llegaría al mediodía para revisar el informe. Apenas logró relajarse en lo que fue una
mañana muy corta, pero se arregló para recibir al hermano de Amanda que llegó antes de lo previsto
y la sorprendió en los jardines mientras paseaba el bebé en un cochecito.
-Es un niño precioso.- fue el saludo sorpresivo, antes de extender la mano con curiosidad –Soy
Nathaniel.
Le pareció un hombre atractivo, compartía el tono de ojos con Amanda, azules, pero amables y
cálidos, ajenos a la frialdad de los de su hermana. Cuando estrechó su mano fue un apretón
amigable y cordial, inexplicablemente Ava se sintió cómoda, a pesar de que sabía que la estaba
evaluando, no la intimidaba como Amanda. Observó los rasgos perfectos y atractivos que no le
provocaron absolutamente ninguna reacción, por no decir que su mente automáticamente, lo
comparaba con la belleza de la mujer que ocupaba sus pensamientos. Perfecto. Simplemente
perfecto.
La presencia del bebé que Amanda había olvidado mencionar despejaba unas cuantas dudas a
Nathaniel. Por otro lado Ava era una belleza de mujer, delicada, femenina, natural y amable,
sospechar de ella casi le parecía ridículo aunque las apariencias podían engañar. El escenario de
madre soltera, sin trabajo, encajaba mucho mejor con los motivos de su hermana y el hecho de que
la supuesta ladrona resultara ser tan atractiva, quizás también influía.
-Rosa ya me habló maravillas del pequeño, la ha seducido.- comentó inclinándose para acariciar los
cabellos del niño con una sonrisa.
-Le encantaban los niños, eso se nota.- respondió devolviendo el gesto –Nos ha tratado de
maravillas.
-Créeme, sería feliz si te quedaras eternamente, la pasa muy sola en la mansión. Un niño le da vida,
Amanda nunca está y yo solo vengo de visita.- confesó culpable.
-Es increíble estar aquí, sobre todo por Sebástian que está rodeado de atenciones, pero me temo
que solo estoy de visita. Ya se han tomado demasiadas molestias, decoraron toda una habitación
para él y le encanta, pero sé que nuestra presencia aquí puede causar problemas.- Ava no era tonta,
Nathaniel la observó atento, cada vez estaba más de acuerdo con su hermana.
-No creo que debas preocuparte, Amanda te ha traído por seguridad. Quien sea que te haya utilizado
puede intentar otras formas de perjudicarte. Te declaraste inocente, no hay demanda formal aún,
pero si se da el caso, con la presión adecuada tendrías que confesar el robo, así sea una mentira y
las autoridades dejarían de buscar al verdadero culpable.
Ava se paralizó, ¿Cómo no había pensado en eso antes? En su hijo y que podría estar en peligro, con
motivos ocultos o no, Amanda había comprendido eso incluso primero que ella. Los remordimientos y
la culpa era una carga miserable.
-Confío en Amanda.- una respuesta firme y sin titubear, era sincero y confiaba en su hermana
ciegamente, todos lo hacían excepto ella.
-Todo esto me abruma a veces. No esperaba ser acusada de robo multimillonario, mucho menos de
recibir este trato de ustedes.
-Aun no comprendo cómo Amanda pudo tomar una decisión así y ayudarme.
-Porque nació con un detector de mentiras instalado.- bromeó Nathaniel –Y también aprendió a
ocultarlas muy bien. Conociéndola sé que no te dejaría a la suerte con un bebé. Amanda puede ser
fría e implacable en los negocios, debe serlo, pero la realidad es que es tan humana como cualquiera
de nosotros. Los niños son su debilidad.
-¿Dudaste de sus intenciones? – preguntó lo obvio, Ava asintió avergonzada, aunque las intenciones
a las que se refería no eran las adecuadas.
-Es natural, tu posición es muy delicada y Amanda tiene una reputación que la precede.
-Es una de sus virtudes, que a veces debería controlar. Habla con ella, sé que entenderá, estás bajo
mucha presión. Te utilizaron una vez y será muy difícil volver a confiar.- Nathaniel miró la hora y
señaló la casa –Hora de comer, después revisaremos ese informe tuyo, tengo mucha curiosidad.
En el almuerzo conversaron de todo y nada, Nathaniel bromeó con Rosa y estuvo atento a Sebástian
y a la propia Ava. En algún punto se mencionó a Amanda, pero nadie dio detalles sobre su ausencia,
simplemente estaba ocupada. Después Rosa se llevó al bebé y se retiraron al despacho donde Ava le
mostró los pocos avances de un día. Pero Nathaniel la tranquilizó a pesar de la importancia de lo que
realizaba, estaba convencido de que atraparían al culpable.
-¿Cómo te sientes tú? – la sorprendió con una pregunta personal.
-Bastante bien dadas las circunstancias, la verdad que con tanto apoyo ha sido mucho más
llevadero.
-Amanda me comentó que tuvo que despedirte, pero no como llegaste a venir a la casa.- La mención
de su benefactora le provocó una sonrisa, las circunstancias habían sido absurdas. Ava se lo contó y
Nathaniel no pudo evitar reír, le interesaba conocer la relación entre su hermana y la joven, a juzgar
por ciertas razones y expresiones cuando salía el tema de Amanda, estaba intrigado.
-En cuanto lo arreglen regresaré.- le aseguró Ava, asegurando que el departamento estaba en
reparación.
-No puedo quedarme aquí para siempre, dependiendo de tu hermana.- algo parecido a la tristeza
empañó sus ojos –Necesito un trabajo, además, Amanda me trajo por necesidad, pero no nos
entendemos del todo bien. Estoy segura que no pretende tolerarme más de lo necesario.
-No creo que sea como dices, aceptar ayuda no es malo. ¿Es eso lo que te molesta? – Nathaniel
frunció el ceño –Amanda no está molesta ni incómoda con tu presencia. Lo ve como una oportunidad
beneficiosa para ambas. Si algo lo hace diferente es que confía en ti lo suficiente para algo tan
importante, inocente o no. Tener su confianza es muy raro.
-No haría nada en su contra, no tengo opción, ¿por qué va a desconfiar de mí?
-Porque es el mundo en el que vive.- Nath sonrió –Veo que eres independiente, testaruda y
desconfiada, me gusta eso. Quizás cuando todo esto termine y quieras cambiar de aires te lleve
conmigo, puedo encontrar algo para tí.- ella lo miró incrédula –Hablo en serio, necesito personas
eficientes y lo eres, necesito trabajar menos o Andy me pedirá el divorcio.
-Se puede decir, disfruto de lo que hago.-sacó la tarjeta del bolsillo y apuntó su número personal –
Guárdalo y llámame cuando estés dispuesta para trabajar.- Ava no se lo creía, mirando la tarjeta
como una oportunidad para recomenzar su vida.
Cuando Nathaniel se marchó, la cabeza de Ava estaba llena de preguntas. ¿Había influido Amanda,
en que le ofrecieran el trabajo? Definitivamente se lo preguntaría cuando la viera otra vez. Pero para
su disgusto y algo parecido a la desesperación, no apareció en los días siguientes. Nathaniel revisaba
el informe diario y las noticias sobre ella eran escuetas y relacionadas al trabajo. Según él, toda la
Empresa estaba bajo auditoría por irregularidades y tenía mucho trabajo hasta el punto en que había
desplazado personal de su propia Empresa para ayudar. Personas de confianza.
-Además, la Vice-Presidenta de Luxury Diamons.- la compañía que había fundado Amanda – Esta
aquí resolviendo ciertos asuntos sobre algún negocio y esas dos no tienen para cuando parar.- el
comentario casual la pilló desprevenida y alzó la mirada de golpe, Nath lo interpretó como
curiosidad.
-Debe ser difícil dirigir ambas cosas.- comentó controlándose, entre la culpa por cómo le había
hablado, el hecho de que la ignoraba y enviaba a su hermano en su lugar y ahora…¿celos? Tenía los
nervios de punta.
-Sí, pero Valeria lo tiene todo bajo control. Han estado juntas desde los inicios, si alguien conocer el
modo de Amanda esa es ella.
¿Juntas? La palabra de pronto le parecía una amenaza, podía significar cualquier cosa, que eran
socias, amigas, nuevamente se recordó que ella no tenía derecho a preguntar, ni a sentirse de
ninguna manera al respecto. Pero si tenía que verla, le debía una disculpa y con esa excusa
mentirosa, pidió la dirección del departamento a Rosa. Esa noche apenas durmió y temprano ya
estaba en camino al lugar, con suerte llegaría antes de que Amanda se fuera a la Empresa. El edificio
estaba en un lugar exclusivo de Londres, el portero le permitió subir con la justificación de que traía
unos informes confidenciales para la señorita Dayne y marcó la clave de un piso exclusivo. Solo
había dos puertas, alzó el puño y tocó la adecuada varias veces. El corazón le latía desbocado,
estaba nerviosa y no tenía idea de que iba a decirle, aunque la realidad se conformaba con verla. No
pretendía entrometerse en la relación que Amanda pudiera tener, después de todo, ella la había
rechazado con sus dudas. Antes de que pudiera arrepentirse y marcharse, la puerta se abrió y
definitivamente no era Amanda.
-¿Sí?¿Cómo puedo ayudarla? – inquirió la mujer que la estudiaba desde el otro lado.
Una belleza rubia, de ojos azules, tan alta como ella, envuelta en una bata de seda que marcaba un
cuerpo perfecto. “Barbies rubias,” recordó el comentario de Rosa sobre los gustos de Amanda. Fue
como un puñetazo al estómago. Siempre estuvo consciente de que sería una aventura más, pero no
esperó que la sustituyera tan rápido, tan fácil, cuando por un instante sus palabras la habían hecho
sentir…especial. Era una estúpida y una ilusa.
–Lo siento, ha sido un error…yo…- se detuvo cuando escuchó una voz conocida en el interior.
Quiso salir corriendo, pero los pies se le anclaron al suelo el tiempo suficiente para que apareciera en
su campo de visión, cubierta en una bata de baño. La expresión fue de sorpresa, luego el gesto se
endureció. Ava parpadeó saliendo del trance, con la garganta cerrada en un nudo y la avalancha de
emociones que amenazaba con aplastarla y no se derrumbaría otra vez. Rabia, decepción, tristeza,
celos, nada que pudiese controlar y comprender, por eso dio media vuelta y casi corrió al elevador.
Cuando las puertas se cerraron, las lágrimas comenzaron a caer.
Amanda no daba crédito a lo que veía, Ava en la puerta de su departamento, ¿Qué hacía allí? Le
había costado mucho mantenerse alejada y evitar la casa, por suerte, las montañas de trabajo la
entretenía entre lo ocupada y agotada, no tenía tiempo para más. Pero nada de eso evitaba que cada
día hubiese pensado en ella, la necesidad se convertía en obsesión y a veces la ansiedad la mantenía
en vela. Ava se había metido bajo su piel de una manera dolorosa y cruel en cuestión de días.
Valeria fue su salvación cuando llegó y pudo contarle todo y desahogarse, hasta su amiga estaba
sorprendida.
-Esa, es Ava.- respondió escueta. Cuando Valeria se asomó, el pasillo estaba vacío.
-Oh.- cerró la puerta –No está, es rápida y muy linda. ¿La buscarás? Si ha venido hasta aquí es por
algo.
-No, probablemente sea a decirme que se marcha, o cualquier otra cosa.- respondió con indiferencia,
pero lo cierto era que si quería salir corriendo tras ella, zarandearla y que entrara en razón. Se obligó
a respirar profundo y encogerse de hombros –Lo mejor es que me mantenga alejada, las atracciones
pasan.- Valeria le sostuvo la mirada por unos segundos hasta que negó.
-Te creería, si no te hubiese visto la cara, tu expresión.- la conocía de años, conocía cada cambio en
unos ojos azules, limpios y claros como un cielo despejado.
-¿De qué hablas? – Amanda no quiso ceder, a pesar de la tensión con la que aún se contenía. Con
tranquilidad, Valeria señaló los puños cerrados, fue la primera vez que notó la extraña sensación, ni
siquiera se había percatado.
-Lo que sea que sientas por ella, es intenso. Supongo que es de esas cosas locas de la vida.-fue el
comentario de su amiga. Amanda no lo afirmó, pero tampoco lo negó. Necesitaba trabajar. Valeria
por su parte, decidió que era tiempo de conocer un poco más sobre Ava, una visita a Rosa para
empezar no estaba mal.
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Unas horas más tarde estaban en el despacho de la Empresa, discutiendo sobre negocios, cuando
apareció un Nathaniel sonriente y ajeno a la tormenta que venía cocinándose.
-Adivina qué.- soltó tomando asiento, Valeria lo miró, Amanda continuó con la atención en los
papeles –Le ofrecí trabajo a Ava, para cuando todo termine y aceptó.- anunció animado y el silencio
que siguió a sus palabras fue ensordecedor. De hecho, habría jurado que la temperatura descendió
varios grados. Valeria abrió los ojos como platos, pero Nathaniel no comprendió la advertencia,
Amanda estaba tensa de rabia cuando alzó la mirada.
-¿También piensas pedirle el divorcio a Andy?- la pregunta fue un latigazo helado, Nath parpadeó,
conocía a su hermana y el tono estaba mucho más allá de su comprensión.
-No seas tonta, pensé en ayudarla y que un cambio de aires le vendría bien.- contestó
despreocupado, intercambiando una mirada de desconcierto con Valeria.
El calor repentino y tempestuoso le llegó hasta la sangre que hervía bajo la piel, de hecho, le
sorprendía que no se hubiese derretido sobre sus huesos. No podía controlarlo, era absurdo sentir
celos de su propio hermano, felizmente casado y enamorado, pero entrometido. Precisamente, esos
celos se unían a la larga lista de razones que la distanciaban de Ava. Estaba perdiendo la cabeza,
definitivamente.
-Perfecto, llévatela entonces.- concluyó y regresó la atención a los documentos sin una gota de
concentración, quería lanzárselos a la cabeza. Esa vez Nathaniel no dejó pasar el comentario.
-¿Qué sucede aquí?¿Valeria?¿Amanda? Sabes que le ofrezco algo razonable, ahora explícame, ¿por
qué escupes las palabras como si fueras una víbora? A no ser que…- la mirada de advertencia de
Valeria fue suficiente, Amanda lo ignoraba, pero tenía los labios fruncidos en una línea tensa y las
piezas cayeron en su lugar –Ava te gusta.- no fue una pregunta y si una afirmación, estaba
sorprendido -¿Por qué no me lo dijiste? Como si ya la situación no fuese complicada.
-No tengo que darte explicaciones.- fue la respuesta mordaz, estaba cerca de perder la paciencia.
-¿Eso crees?¿Sabe ella sobre tus intenciones? – Continuó indagando pero ella se negaba a
responder, tampoco es que fuese necesario –Por supuesto que lo sabe, por eso te marchaste.- las
palabras de Ava tenían sentido ahora, al menos había sido sincera.
-Nath, deja el tema, Amanda no ha molestado a la chica si eso es lo que piensas. No hables sin
saber.- intervino Valeria previniendo una catástrofe –No es el momento.
-Espero que sepas lo que haces. Ava está en una posición muy vulnerable, como para que se
compliquen la vida ambas.- fue el comentario de Nathaniel que desbordó la copa, Valeria cerró los
ojos negando. ¿Por qué no se había quedado callado?
-Largo Nathaniel y no regreses hasta que yo olvide lo que acabas de insinuar.- Lo que se traducía a
que prácticamente se estaba aprovechando de Ava, una manera muy fina de llamarlo prostitución.
Contrario a un estallido de ira, fue un tono cargado de desprecio –Desaparece de mi vista.- de Ava
esperaba esas dudas, pero no de su hermano que se suponía que la conocía. Comprendiendo que
había cruzado un límite, Nathaniel se marchó sin replicar una palabra.
-Solo está preocupado Mandy.- murmuró Valeria, comprendía ambas partes de la situación. El
silencio fue suficiente para hacerla callar y no tocar el tema en el resto del día. Ya en la tarde, recibió
la llamada preocupante del investigador privado que había contratado, lo citó para una hora después
en el despacho.
-¿Y bien?¿Que tienes para mostrarme? – no le gustaba perder el tiempo y llevaba bastante sin
resultados. Valeria que estaba presente se inclinó sobre los papeles que Amanda recibía.
-He conseguido desenterrar el propietario oculto tras una de las Empresas inscritas. Me costó
bastante, utilicé los métodos posibles.- soborno, extorsión, amenaza, no lo dijo en voz alta pero
tampoco era necesario.
-No conozco esta persona.- señaló leyendo el informe -¿Es un empleado de la compañía? – preguntó
Amanda, si era un desconocido, ¿de qué le servía? Otra cortina de humo que seguramente
desembocaba en un callejón sin salida.
-Ni lo será, al menos en eso no son tan evidentes, pero aun así, cometieron un error.- respondió el
detective.
-Amanda…- Valeria que se había quedado mirando el informe se percató al instante –Este nombre si
lo conoces.
-Por supuesto,- comentó controlando la oleada de rabia fría -¿Alguna más?¿Quién aprobó el
presupuesto de las otras cuentas?
-Al parecer se percataron del error, esta cuenta fantasma solo tuvo dos presupuestos aprobados,
después desapareció.- el investigador había hecho su trabajo –El resto de los créditos están
blindados por más compañías fantasmas.
-Investígalas, tiene que haber un nombre, un fundador, una cuenta de banco que tenga el suficiente
capital para respaldar tanto crédito.- ordenó Amanda, si sus sospechas eran ciertas, pronto tendrían
al culpable.
-Estuvo en lo correcto. Si necesita más presupuesto para su investigación hágamelo saber, será muy
bien recompensado.
La reunión terminó con un intercambio de manos y que se mantendrían en contacto para el menor
detalle. No comentaron el tema hasta que estuvieron en el departamento.
-Que no está solo Val y que alguien mucho más inteligente está detrás. Él no puede sostener un
crédito así, sé que tengo razón en quien es el culpable, el resto solo son títeres.
-Por supuesto, tenía sentido en su cabeza, de hecho es casi un plan brillante. Si quedamos en la
ruina puede levantarla con todo el dinero robado, eso si mi padre hubiese confiado en él y no en
cederme el control. Ningún plan es infalible, todavía cree que tiene una oportunidad de sacarme. No
te tengo que decir que comiences una investigación en nuestras finanzas, es capaz de ir por mi
cabeza.
-Que lo intente.- contestó Valeria con una sonrisa desafiante, era su Empresa tanto como la de
Amanda y no permitía que la ambición de nadie la destruyera.
-Creo que de alguna manera papá lo sospechaba, pero no quería creerlo, será un gran disgusto.
-Lo importante es salvar su nombre y el esfuerzo de años, que caiga quien tenga que caer.- por eso
se entendían tan bien, ambas eran implacables –Por cierto, me interesa ver los documentos que
estás revisando por tu cuenta.- comentó con naturalidad pero tuvo el efecto esperado, Amanda se
tensó aunque no se lo negó -¿Te importa si voy? – por toda respuesta recibió silencio y un
encogimiento de hombros desinteresados. La conocía mejor que eso.
******************************************
Tres días antes Ava había decidido visitar a Amanda para aclarar las cosas entre ellas. Pedir
disculpas por las acusaciones que había hecho, pero no había contado con la sorpresa de su vida,
encontrarse con Valeria, la amiga tan especial de Amanda, de la cual Rosa le comentó brevemente.
Habían estudiado juntas, eran inseparables y que si algún día Amanda se decidía a sentar cabeza,
esperaba que fuese con alguien tan sensata como la niña Valeria. Ava no contaba con la dolorosa
confirmación de que ella no tendría más lugar que el de un capricho pasajero, un reto quizás,
aunque al parecer ni eso. Despertaba cada día convenciéndose de que con la atracción confusa que
sentía por Amanda, prefería la distancia, pero lo cierto era que no podía sacarla de su cabeza. Ni
tampoco las suposiciones sobre los momento idílicos que podía estar disfrutando con Valeria.
-Espero no interrumpir, Rosa me dijo que podía encontrarte aquí. Soy Valeria Mazza.- se acercó y
extendió la mano con una media sonrisa, obviando el hecho de que ya se habían conocido en otras
circunstancias –Antes no pudimos presentarnos adecuadamente.- al parecer no lo había olvidado del
todo.
-Ava Brenner.- escueta y más fría de lo que había pretendido, Valeria sonrió relajada.
-Un placer.
-Bueno, voy directo al punto, estoy aquí por los informes. Quiero verificar algunas cosas también,
Amanda me autorizó, pero también quiero contar con tu apoyo, tenemos noticias en el caso.- por
primera vez Ava apartó el disgusto personal por aquella mujer y se interesó en sus palabras.
-Sí, mucho, Amanda ha estado ocupada, por eso vine en su lugar para darte los detalles.- dijo
Valeria y observó una vez más la reacción de la joven, tensa como una cuerda y si las miradas
mataran, quizás Nathaniel estaba equivocado y Amanda ciega, pero ella no.
Ava se controló, no quería sucumbir a los impulsos de gritarle que se marchara de allí, Amanda le
enviaba su nueva amante, a su hermano y ella se encerraba en su torre de marfil ignorándola. ¿Por
qué?¿Porque no había cedido a la primera noche en su cama? En algún punto sabía que esos
pensamientos eran injustos, pero no podía evitarlo. Claramente no era tan importante, Valeria
estaba allí para recordárselo, que no necesitaba esforzarse tanto para encontrar a una mujer
dispuesta en su cama.
-¿Qué debo saber? – se tragó el nudo de impotencia y decepción, Valeria la miró en silencio por unos
instantes manteniendo la sonrisa. ¿Y si le borraba la sonrisa divertida de una bofetada? El
pensamiento la sorprendió y la descolocó, esa no era ella, no lo había sido desde que Amanda entró
en su mundo para descontrolarlo todo y la estaba volviendo loca.
-Que Amanda y yo no estamos juntas.- pronunció Valeria con descuido, como si hablara del clima.
Ava parpadeó confusa.
-¿Cómo dice? – reaccionó con su tono más profesional. ¿A que había ido allí?¿A jugar con ella? – La
vida personal de la señorita Daynes no es de mi incumbencia.- rebatió, pero el nudo en su estómago
comenzaba a deshacerse entre algo parecido a la esperanza y la ilusión.
-Merecías saber que no soy tu rival, por el contrario.- continuó sin inmutarse –Sé que Amanda te
interesa de alguna manera y si hay una posibilidad de que sea un buen final para todos, ten por
seguro que estoy de tu lado. Es inesperado, pero piénsalo.
-Creo que se equivoca y mucho.- logró articular, continuaba sorprendida y enojada, le parecía una
broma de mal gusto –No tengo intenciones de ser una más en la lista de conquistas. Si lo que
pretende es suavizar el camino para su amiga, ahórreselo.
-Si fueses una más ahora estarías en su cama.- fue la respuesta tajante –En cambio se marchó y ha
mantenido la distancia y el respeto. ¿No crees que si solamente le interesara acostarse contigo
estarías aquí? Tienes mucho orgullo y muchos prejuicios, Amanda no necesita comprar a nadie,
simplemente te seducía y ya.- hizo una pausa en que la miró fijamente y se percató de la furia que
ardía en los ojos de la joven –Comprendo que tu posición es delicada, pero como comprenderás
también, Amanda es mi prioridad y no me gusta verla así.- hubo una chispa de interés, ¿así como? –
Distraída, de mal humor, no la culpes a ella por algo que también quieres y elegiste negarte a ti
misma. Como dije, soy tu aliada, cuando estés dispuesta a reconocer lo que sientes y tomes una
decisión.- suspiró negando –Amanda me matará por esto. Realmente le interesas, lo suficiente como
para que te proteja hasta de ella misma, no es solamente por tu hijo, también eres tú.
La sinceridad en las palabras de la rubia derrumbó sus resoluciones. ¿Qué podía decir a todo eso?
Suspiró agotada, ¿podía confiar en Valeria? No es que tuviese muchas opciones.
-Sé que fui injusta con ella, no sé qué esperar de las personas que me rodean. Al menos Amanda no
me ocultó sus intenciones.- reconoció y Valeria asintió en silencio –No sé cómo llamar a lo que hay
entre nosotras, nunca me había ocurrido. Sentirme atraída por una mujer, jamás, no es tan sencillo
para mí y no estoy segura de que sea algo bueno para ninguna dadas las circunstancias.- puede que
no tuviese las cosas claras, al menos no completamente, pero tampoco era una cobarde que huía y
negaba lo que sentía.
-En eso probablemente tengas razón, pero también sé que muchas relaciones surgen de lo
inesperado. Desde mi punto de vista hay algo muy diferente en ti, puede que funcione o no, nunca lo
sabrás si no lo intentas. No tienen que gustarte todas las mujeres, solo ella.- sonrió de medio lado –
Solo pido que te des la oportunidad de conocerla, el tiempo dirá si vale la pena explorar esa
atracción o no.
-Y me encontraste a mí, creíste que era su amante.- no era una pregunta sino una afirmación –
Desconfías demasiado.
-Tengo motivos.
-¿Amanda te ha mentido, te ha ocultado sus intenciones? – Ava negó sin palabras –Entonces no la
incluyas, porque no tienes motivos, no contra ella.
-El plan tiene una falla, ella no quiere verme, envía a su hermano por los informes. Quizás ya perdió
su interés en mí.- Valeria la miró exasperada, como si hubiese dicho el disparate más absurdo del
mundo. Ava era como un erizo, llena de púas y desconfianza y esperaba malas intenciones del
mundo entero. No la culpaba, pero tampoco tenía paciencia para su testarudez.
-Ya todo está dicho, queda por ti. Ahora quiero ver esos informes.
Ava reaccionó con el cambio de tema, lo prefería a continuar una conversación que le ponía los
nervios de punta. Le extendió el sobre con su último informe, cuando se escucharon voces y un
alboroto fuera del despacho. Acto seguido la puerta se abrió de golpe. En el silencio que siguió, se
podía escuchar un alfiler caer. Andrew Daynes las observaba sorprendido, con una Rosa enfadada a
sus espaldas.
-¡No puede entrar así señor Dayne! Le dije que la niña Amanda no se encuentra.-lo reprendió, pero
él la ignoraba, alternando la mirada de una mujer a la otra.
-¡Tampoco es tu casa para entrar en esas maneras, mucho menos tienes el derecho de dirigirte así
hacia Rosa! Amanda no está, pero ten por seguro que sabrá sobre esto y no le va a gustar nada.- lo
enfrentó Valeria.
-Guarda tus amenazas ridículas Valeria, Amanda no intimida a nadie.- contestó arrogante, pero su
mirada continuaba sobre Ava. Valeria soltó una carcajada irónica como respuesta a su fanfarronería,
pero el despliegue de machismo no le preocupaba tanto como las miradas curiosas hacia Ava.
Aquello sí que era un problema grave -¿Quién eres? Tu rostro me es conocido.- le preguntó directo,
sabiamente, Ava eligió mantener el silencio –Debes ser importante para que te haya traído, ¿una
nueva amante quizás? – Más silencio, Ava alzó el mentón desafiante, Andrew se echó a reír –Suerte
con eso, cambia de mujer como de ropa.
-Aww, pobre, ¿aún no superas que tus conquistas prefieran a Amanda? – se burló Valeria.
-¿Dónde está? – El tono amenazante y el destello peligroso tensó a ambas mujeres –Sé que el
detective la visitó hoy y trajo información importante de la cual tengo derecho a saber.
-Eso pregúntaselo a ella, no sé dónde está, asumo que arreglando el desastre que provocaste.
El gesto de Andrew se endureció aún más y no hizo falta mucho para comprender que ese hombre
sería un peligro, para la Empresa y la familia. Ava y Valeria respiraron aliviadas cuando se marchó
con un portazo, pero con la sensación de que la guerra era cada vez más inminente.
-Esto será un problema para Amanda, ¿cierto? – preguntó Ava, percatándose por primera vez sobre
las verdaderas consecuencias de su estadía allí –No pensé que la situación entre la familia…
-No es la familia.- negó Valeria –Es solo Andrew, su padre, el tío de Amanda, murió cuando era un
niño y desde ese entonces la madre le inculcó que había sido culpa de Harold, el papá de Amanda,
porque le exigía demasiado en el trabajo. Murió en un accidente de auto, pero no porque llegaba
tarde del trabajo, sino de la casa de su amante. Harold prácticamente le adoptó como un hijo, pagó
los estudios, le entregó las acciones de la compañía que pertenecían a su padre y le exigió menos
que a nadie por lástima. Gracias a eso ocurrió todo esto, la pérdida de dinero. Andrew cree que la
Empresa debería ser suya, su padre ayudó a fundarla, como socio minoritario, pero no está
preparado ni nunca lo estará. Le gusta demasiado imitar el estilo de vida de su padre, derrochar
dinero en fiestas, mujeres, alimentar su fama de playboy.
-¿Y el desastre?
-El robo no se detectó a tiempo porque no hizo las auditorías necesarias, era su trabajo y el de
Thomas. De hecho, se tardaron mucho más de lo estipulado, dos meses en los que la Empresa
perdió millones.- Valeria la miró con curiosidad -¿Nunca lo habías conocido? – eso explicaba por qué
Andrew tampoco se había percatado de quien era Ava.
-No, ¿por qué debería? Los dioses no se mezclan con los mortales.- respondió Ava con humor, lo cual
en ese caso la beneficiaba.
-A veces sí, lo cual me recuerda.- marcó en el celular a su amiga que contestó de inmediato –Tienes
que venir a la mansión, Andrew estuvo aquí, de muy mal humor y buscándote. Sabe sobre el
detective.- una pausa –Detalles no.- otra pausa –Sí, estaba aquí, por eso mismo creo que debes
venir. Ok, te espero.
Del otro lado en el enorme escritorio Ava tuvo la certeza de que hablaba con Amanda. Entre los
nervios por la situación que había presenciado, las sospechas que tenía sobre la disputa familiar y la
inminente presencia de Amanda, se derrumbó en la silla. Nadie le tenía que decir que era un
problema sin resolver y que se vería en medio de una guerra, donde era el peón ideal para sacrificar.
-No tiene sentido que intente arruinar la Empresa si lo que quiere es controlarla.
-Lo tiene, con todo el dinero robado, cuando Harold le pasara el control le inyectaba el capital y
quedaba como el héroe.
-¿Y qué sucedió? – preguntó Ava sorprendida, nunca se hubiese imaginado una traición así, la cual
estaría pagando de no ser por Amanda.
-Pues, que Amanda encontró las irregularidades, Harold no confiaba del todo en Andrew por
irresponsable y le cedió a ella total control de la Empresa. Un fallo con el que no contaba y ahora
sabe que mientras Amanda esté ahí, la Empresa nunca será suya y hasta quizás lo descubra. Como
presenciaste está desesperado, utilizará cualquier cosa contra ella.
-No te preocupes, Amanda se hará cargo, es ridículo siquiera sospechar que hayas podido robarte
millones.- comentó Valeria con ironía –Ahora que te conozco, sé que nunca se equivocó contigo.-
Ava se sintió pésimo, confiaban en ella, porque Amanda lo había decidido así con apenas una
mirada. No existían reproches, ni siquiera cuando estaba en su casa y podía perjudicarla, a los
efectos, era la ladrona que aparecía en los papeles.
-Siento que le debo demasiado, de una manera que nunca podré pagar.- murmuró resignada, su
vida y sus sentimientos eran un caos.
-Algo puedes hacer.- le recordó Valeria –Darte la oportunidad de conocerla y confiar en ella. El resto,
lo dirá el tiempo.
Ava no estaba muy segura de que el tiempo fuese a influir mucho. Amanda le había brindado más
apoyo y protección a ella y su pequeño que nadie en su vida. No la había hecho sentir como alguien
que se vendía por dinero, sino deseada. Muchos hombres la miraban con lujuria, morbo, pero el
brillo en los ojos de Amanda era puro y limpio deseo y a diferencia de otras situaciones de su vida
donde sintió asco y rechazo, con ella su cuerpo reaccionaba a las promesas que ardían en su mirada
azul. Se hubiera ido a la cama desde la primera noche, si Amanda lo hubiese querido así.
-Es lo mínimo que puedo hacer.- regresando a la realidad contestó a Valeria, quien esbozó una
sonrisa satisfecha.
-No permitas que te intimide y siempre se honesta, es todo.
Y con esa última advertencia la puerta se abrió y apareció Amanda, que las observó a ambas con
preocupación. En Ava apenas demoró la mirada para no causar incomodidad, lo cual la decepcionó
un poco, pero era de las consecuencias que había provocado y tenía que corregir. Mientras la recién
llegaba intercambiaba unas palabras con Valeria sobre la situación, se dedicó a observarla. Sin duda
Amanda era hermosa, de labios finos y elegantes, la piel que siempre daba la impresión de ser
bronceada de manera natural, unas pestañas tupidas y abundantes, que ocultaban una mirada azul
que la había recorrido con interés en más de una ocasión y por estúpido que parecía, le temía a esa
mirada y la anhelaba a su vez. Con ella, Amanda la hechizaba a su antojo.
En su camino a la mansión Amanda maldijo constantemente. Desde que recibió la llamada de Valeria
con la noticia sobre Andrew estaba furiosa. ¿Cómo se atrevía a entrar a su casa de esa manera,
insultando a Rosa e intimidando a Valeria y Ava?¿Qué hubiese sucedido de estar Ava sola? Aunque
Valeria le aseguró que no la reconoció, tarde o temprano daría con ella y por supuesto que lo usaría
en su contra, haría todo lo posible por desacreditarla y tomar el control, lo conocía más que bien.
Irónicamente, muy aparte del enojo y la preocupación estaba nerviosa, vería a Ava otra vez.
Se le escapó una risa irónica, estaba nerviosa ante la perspectiva de un encuentro que no tenía como
manejar. Valeria no le había comentado si conversaron sobre el incidente en el departamento,
supuso que lo sabría al llegar. En cuanto puso un pie en la mansión, Rosa le explicó brevemente lo
ocurrido e inmediatamente se dirigió al despacho. ¿Debería tocar? Se escuchaban voces, aunque no
comprendía las palabras, se decidió por entrar de una vez. Las dos mujeres voltearon a mirarla,
Amanda se controló. Ava se veía hermosa, con su cabello rojo recogido en una cola juvenil, el rostro
limpio de maquillaje no restaba nada de su belleza natural y esos ojos verdes luminosos, que por un
instante, la miraron con emociones que no supo identificar. ¿Estaba sonriendo antes de que ella
llegara? Al parecer sí, la ausencia de tensión entre ella y Valeria indicaba que habían aclarado ciertos
temas. Se obligó a no quedarse mirándola como una idiota embelesada y se concentró en la
situación.
-¿Todo bien? Rosa me ha puesto al tanto, desde hoy tiene la entrada prohibida a esta casa.- dijo con
frialdad, sobre todo porque había puesto en riesgo a Ava y su bebé –De camino llamé a la agencia de
seguridad, vendrán a instalar un mejor sistema y tendrán un guardia en la puerta de entrada. Me
preocupa que a medida que avance esto y se sienta acorralado intente algo más. Estarán
protegidos.- aseguró y esa vez miró a Ava que había permanecido en silencio y con una mirada
inquietantemente fija sobre ella.
-Lo sé.- la respuesta y la suavidad en su voz la sorprendió. Estaba siendo amable y hasta sonreía
otra vez. ¿Qué tanto habían hablado esas dos? Amanda entrecerró los ojos y lanzó una mirada
interrogante a Valeria que también sonrió con un gesto distraído.
-Creo que lo mejor es que estés aquí, también puede aparecer en el departamento y serás tú quien
esté sola.- dijo Valeria preocupada.
-Se defenderme.
-No lo dudo, pero aquí también hay mayor privacidad. Yo me voy mañana y quiero hacerlo sin
preocupaciones Amanda. Promete que te regresas y de aquí en adelante tendrás mucho cuidado,
Andrew vendrá por ti con todo.- la petición de Valeria la ponía entre la espada y la pared, además si
se negaba quedaría como una cobarde.
-Está bien, puedes irte tranquila.- aceptó con sospecha ante la sonrisa de triunfo de su amiga.
-Perfecto, entonces hablemos del asunto inmediato, no llegué a todos los detalles con Ava.
Cuando Amanda se fue a sentar Ava le ofreció la silla principal pero se negó. Amanda fue todo lo
profesional que pudo mientras explicaba los nuevos hallazgos, desde ese instante buscarían a
profundidad en los documentos de Thomas y Andrew como principales sospechosos. Muy aparte de
todo Ava lució relajada y concentrada en la conversación, ya no desviaba la mirada, sino que la
sostenía con seguridad, lo cual descolocó un poco a Amanda. ¿Qué había cambiado? Después de una
hora aproximadamente, Valeria se despidió con la excusa de que se hacía tarde para su reunión con
Nathaniel y las dejó a solas, no sin antes animar a Ava con una sonrisa y un guiño que Amanda no
se percató.
-¿Has comprendido todo?- preguntó Amanda, sin la presencia de Valeria comenzaba a sentirse
inquieta.
-Sí, solo me asombra todo esto, como es posible que una persona sea capaz de destruir tanto por
ambición, más entre familia.- comentó consternada.
-Y tú te mueves en ese mundo, además has triunfado, es admirable.- fue un cumplido de sincera
admiración, Ava la sorprendió.
-No tenía muchas opciones para elegir.- se encogió de hombros aunque le había gustado escucharlo
–Pero gracias.
-Podías haber sido una niña rica y mimada, de esas que se divierten de fiesta en fiesta, gastan
fortunas en las tiendas y viven del dinero de sus padres.- comentó con humor.
-Alguna vez lo fui,- en su muy temprana juventud fue justamente alguien así –Me creía una diva, en
la cima del mundo.- la misma Amanda sonrió, aunque jamás había sido indiscreta o desmedida, solo
arrogante, orgullosa y con fama de romper corazones –Demasiado arrogante y creída.- Ava mantuvo
la sonrisa, por alguna razón le creía. Amanda tenía la extraña cualidad de ser sincera sin revelar
demasiado.
-Supongo que algunas cosas no cambian.- se burló Ava divertida. Amanda se aferró al momento de
humor sorpresivo y relajado, no se había esperado algo así de su parte.
-Creo que debes serlo, sobre todo en el mundo que te ha tocado vivir y eso te ha hecho llegar a
donde estás. Pero también he presenciado cosas que me muestran a la persona detrás de eso.-
concluyó con naturalidad –Me has ayudado, has cuidado de Sebástian y esas, no son acciones de una
persona creída que no mira más allá de su dinero.
-¿También me psicoanalizas? No siempre es así Ava, no soy tan altruista.- fue la respuesta sincera,
Ava negó suavemente.
-No, me limito a los hechos.- hizo una pausa y respiró profundo, había llegado el momento de nadar
en el río –Amanda yo…lo siento, por todo. Fui muy injusta contigo, lo lamento, reaccioné de una
manera exagerada y te hice pagar por mi…
-No, detente ahí. He sido yo quien insistió en complicarte la vida, en arrastrarte a reconocer lo que
sea que hay entre las dos, sin tener en cuenta lo que estás pasando. Por supuesto que ibas a dudar
de mis intenciones, en el mundo nadie hace favores sin un precio y que yo insinuara mi interés no
fue apropiado.
-Hablas como si yo fuese una niña ingenua. Para mí no es nueva esa clase de interés y el precio que
conlleva, fue nuevo en el hecho de que fueses una mujer, en parte, pero lo más desconcertante fue
reconocer el mío propio. Nunca había reaccionado así, con nadie.- ni siquiera en otras situaciones
más comprometedoras de su vida, más bien se había sentido asqueada, pero tenía un papel que
representar, o en las previas y pocas relaciones íntimas que pudo tener, jamás se excitaba de esa
manera.
Amanda la estudiaba con detalle mientras hablaba y por primera vez captó un destello oculto en su
mirada. Sus ojos se habían oscurecido, como si recordase algo que prefería mantener en el olvido.
¿Sería sobre el padre de Sebástian? Claramente el tipo no era una presencia en su vida, hasta ese
instante no se había percatado que no conocía nada de su vida y de su pasado. ¿Debería pedirle un
informe al detective? De ese modo sentía que traicionaba su confianza, pero también estaba en una
posición delicada donde no se podía permitir errores y sorpresas. Tampoco era la primera vez que
reconocía la atracción, pero le sorprendió la seguridad y aceptación, cuando antes lo negó.
-Las dos enfrentamos las cosas de manera incorrecta.- aceptó Amanda –Me alegra que podamos
aclararlo.
-Complicaría todo al extremo, lo sé. Pero existe y es absurdo lo mucho que me está afectando, me
he pasado la semana…-Amanda suavizó el tono hasta casi un susurro, estaba revelando demasiado,
pero necesitaba ser sincera. Ava por su parte contuvo el aliento al escucharla, ponía todas sus cartas
sobre la mesa, aceptaba su debilidad con ella y eso no ayudaba en su resolución de mantener las
complicaciones al mínimo. Las palabras se le escaparon antes de poder controlarlas.
-Pensando en ti…- terminó ella y Amanda alzó la mirada con sorpresa, Ava sonrió ligeramente, ¿qué
sentido tenía negarlo? –Admito que me sentí traicionada, tonto, ¿cierto? Yo te acusé de cosas
desagradables y cuando fui a buscarte, imaginé que Valeria y tú…que ciertamente no necesitabas
tanto drama para tener una mujer en tu cama. Me dije que no tenía derecho a sentirme así, cuando
no podía ofrecerte nada. Desde que me miraste en la sala de conferencias, como me miraste, me
gustó, me llenaste de dudas y desde ese entonces he batallado contra eso. Claramente sin éxito
ninguno.- confesó, ya que estaban siendo sinceras, jugar al gato y al ratón no tenía sentido.
-Yo reconozco que no he batallado contra nada en lo absoluto. Me impresionaste desde que te vi, fue
inexplicable y un verdadero alivio mirarte a los ojos y saber que eras inocente. Te seguí hasta tu
casa, es preocupante el hecho de que no me pude controlar y no quise hacerlo tampoco. Habría
inventado cualquier excusa para tenerte cerca, no pensé siquiera en conquistarte,- sonrisa irónica –
Solo quería…tenerte.- Ava no pudo evitar sonreír, aquello todo sonaba a locura y se sentía como una
–Quizás tengas razón y debas preocuparte por mí, tengo todos los síntomas de ser una acosadora.-
le dijo con sinceridad, una broma de humor negro y sarcasmo, Ava negó sin perder la sonrisa.
Valeria tenía razón en que Amanda la protegería hasta de sí misma.
-Pareciera que hablas de una bruja que te ha hechizado.- dijo Ava, una media broma con algo de
verdad.
-He pensado que quizás lo sea.- fue la respuesta juguetona de Amanda, ambas rieron.
-Podemos ignorarlo o…vivirlo, explorarlo. Yo no creo que sea la más indicada para tomar una
decisión, aunque la lógica me impide arrastrarte en algo así en tu situación.- reconoció Amanda.
Finalmente Ava admitía lo que tanto había esperado, su consciencia se debatió entre el pánico de lo
que implicaba y lo que por primera vez deseaba tanto como para arriesgarse. ¿Conocerla? Una
simple palabra podía provocar muchas sensaciones. Nadie jamás había intentado “conocerla.”
Impresionarla, agradarle, besarle los pies, adularla, satisfacerla, se le ocurría muchos adjetivos,
excepto que alguien quisiera conocerla, por supuesto, no es que le daba la oportunidad a nadie de
acercarse demasiado. Quien entraba en su vida tenía claro desde el inicio que era temporal, sin
compromisos, la excusa eterna para evitar encaprichamientos y que no era del todo eficiente. Pero
contrario a lo que un exceso de intimidad y cercanía que no fuese sexual le producía, de Ava le
parecía una petición adecuada. Por alguna razón deseaba impresionarla y mostrarle lo mejor de sí
misma.
Ava estudió la expresión indescifrable de Amanda, que se había quedado en silencio por varios
minutos. No le parecía cómoda, como si hubiese escuchado precisamente lo que no deseaba, que
ella no se lanzara inmediatamente a sus brazos. Conocerse implicaba mucho más que una cama y la
atracción que sentían y quizás ese fuese el problema, los intereses no coincidían.
-Lo siento si no es lo que esperabas.- se obligó a decir con una punzada decepción.- finalmente
Amanda la miró fijamente, sorprendiéndola.
-Me parece bien. ¿Por qué lo dices? – alzó una ceja confundida.
-Porque…-Ava titubeó, realmente tenía que eliminar el mal hábito de asumir por Amanda y sus
reacciones –Nada, no te preocupes.- una mirada azul que la hizo removerse en la silla, suspiró
culpable –Pensé que te arrepentías, sé que no te gusta el compromiso…- la ceja se alzó más y
comprendió que había hablado de más, eso decían las revistas y Rosa –Asumí que solo quieres la
aventura, la noche y una vez satisfecha la curiosidad pues…no tendría sentido conocernos. Lo sé, lo
siento.- agregó ante el silencio y la seriedad de Amanda, que decidió que era buen momento para
que Ava conociera algo más sobre su ella.
-Y dices…que la bruja soy yo.- fue la respuesta de Ava a media voz, cuando pudo encontrarla, estaba
sonrojada y se esforzó por contener la oleada de calor que barrió su cordura por un instante.
-Has pedido conocernos.- le recordó Amanda con un brillo travieso y todas las intenciones al
descubierto en la mirada. Sin secretos.
-Sí, lo he pedido.- aceptó cruzando las piernas, incapaz de aliviar la incomodidad de su cuerpo, ella
solita se lo había buscado. Su cuerpo y sus deseos reaccionaban con Amanda como si tuviese un
interruptor a su presencia y era una mujer acostumbrada a seducir…y a tener.
-Nos veremos más tarde entonces.- agregó Amanda quebrando el momento a consciencia, la
reacción visible de Ava había incitado la suya propia. Era eso o un resultado mucho más peligroso.
Ava era una tentación para su autocontrol, un retroceso a sus tiempos de adolescencia y hormonas
revueltas. Una total maravilla de la naturaleza. Se puso de pie prácticamente en un salto –Necesito
recoger algunas cosas y revisar las auditorías que me quedan por hoy.- Ava parpadeó agradeciendo
el respiro, en ciertas batallas ella llevaba las de perder, Amanda le sostuvo la mirada sin darle
tregua.
-Entiendo, gracias otra vez por todo. Voy a comenzar a trabajar en lo que pediste. ¿Llegarás a la
cena? Así podré darte el informe.- fue una pregunta simple y muy reveladora, Ava temía equivocarse
cada vez que abría la boca y Amanda insistía en sorprenderla.
La petición fue tan natural, que Amanda sintió como si fuese parte de su vida diaria desde siempre,
así era todo con Ava y daba miedo, mucho miedo. La esperaría para cenar, en casa, le parecía tan
gracioso que tuviesen actitudes y comportamientos de una pareja cuando ni siquiera se acercaban a
más de un metro. Y como en otras ocasiones, Amanda no sentía la imperiosa necesidad de salir
corriendo en dirección contraria. Suspiró resignada, ni siquiera se tomaría la molestia de analizar que
significaba, no quería saberlo en realidad, no aún.
-Lo intentaré, pero creo que por hoy puedo hacer la excepción.- contestó, solo porque ella estaría
esperando y Ava lo comprendió sin necesidad de palabras. Esbozó una ligera sonrisa satisfecha,
gesto que provocó una mirada hambrienta en su acompañante y otra de esas sonrisas cargada de
secretos –Nos veremos entonces.- añadió antes de abandonar la habitación antes de arrepentirse de
ser tan caballerosa, o tan idiota.
Instintivamente el cuerpo de Ava se relajó, había estado tan tensa por la expectativa sobre lo que
podía ocurrir, que ni siquiera se percató. Ausente, se llevó una mano a los labios carentes de
atención y sensibles a causa del cosquilleo que la recorría con excitación. Una caricia de sus dedos
desató una avalancha de sensaciones y se estremeció otra vez. “Maldita sea.”
-Ay, para Ava, detente con esta locura.- murmuró aferrándose a los papeles como si de eso
dependiera su vida.
“Conocerse.” Los días que siguieron hicieron todo lo posible por aferrarse a la palabra. La última
conversación que habían tenido sobre el tema aclaró muchas cosas, pero también dejó otras en el
limbo. No tuvieron demasiada oportunidad de momentos a solas, entre las auditorías que Amanda
prácticamente revisaba a solas, a veces llegaba muy tarde, como otras no lo hacía. Ava se mantenía
concentrada en su trabajo, extrañando la presencia de Amanda, contando las horas del día y los
minutos para el momento en que compartían el informe diario sobre sus progresos y a la espera de
cualquier indicio por su parte, cualquier señal que quebrase la quietud educada que se había
establecido entre ambas.
A veces la sorprendía con la mirada azul intensa sobre ella cuando explicaba el informe y cada vez la
dejaba con la palabra en la boca y un insistente hormigueo por todo el cuerpo. Pero nada más. Ava
se sonrojaba, medio sonreía y continuaba con el monólogo, sin siquiera estar segura de sí Amanda la
escuchaba o no. Decidió ser más valiente y propiciar los acercamientos con excusas tan tontas, como
pedirle que le aclarase alguna duda. Entonces Amanda rodeaba el escritorio del despacho y se
inclinaba a su lado para mirar la pantalla del pc, mientras su aliento cálido golpeaba la piel sensible
en el cuello de Ava y enviaba oleadas de calor por todo su cuerpo. Solo el titubeo de Amanda y en
ocasiones el ligero temblor de su voz, le indicaba que aquellos acercamientos la afectaban tanto
como a ella. ¿Entonces por qué no la besaba?
Más de una vez había fantaseado con sentir un beso sobre la piel e inclinaba inconscientemente el
cuello, exponiéndolo a merced de sus labios y la caricia nunca llegaba. Cada vez estaba más sensible
y susceptible a todo lo que tenía que ver con Amanda y si a eso agregaba la frustración sexual entre
tanto calor y excitación, estaba a punto de agarrar una pulmonía. También sabía que la única
culpable de su estado era ella misma. Amanda había puesto sus cartas sobre la mesa y esperaba por
su decisión. Era su turno y no es que estuviesen jugando al póker como para no descifrar lo que se
gritaban en cada mirada. Francamente, había llegado al punto vergonzoso donde despertaba medio
desnuda y gimiendo, en más de una ocasión, el nombre de Amanda en sueños. ¿La habría escuchado
alguna vez? Si fue así jamás lo demostró. Ella tenía la decisión en las manos y era momento de dar
el paso de una vez por todas.
Entre la presión de la Empresa y la incertidumbre de su relación con Ava, Amanda juraba que al
menos una docena de músculos y tendones en su cuerpo estaban a punto de quebrarse. Se sentía
como una jodida cuerda de un violín afinado, excepto que a ella nadie le pasaba ni un dedo. Fue el
primer pensamiento ridículo del día y la reacción inesperada fue la carcajada que le salió del alma y
le hizo vibrar el cuerpo, un cambio agradable para variar. Era eso o salir, desnudarse y rozarse
contra un árbol como los osos. Otra carcajada, la tensión, el cansancio y el estrés le estaban
pasando factura, estaba a punto de volverse loca. Cada encuentro con Ava le provocaba un pequeño
infarto, iba a desarrollar hipertensión siendo tan joven por su culpa.
No tenía claro si lo hacía a propósito o no, pero cada vez que le tocaba acercarse a revisar cualquier
tontería de los malditos informes, se imaginaba a si misma lamiendo una porción generosa de piel en
el cuello de Ava. Tantos años leyendo fantasía vampírica y solo ahora llegaba a comprender lo que
sentía Drácula al respecto. Le tocaba huir a la ducha fría, un maratón al gimnasio y a sus propias
caricias, repitiéndose a sí misma que en la fantasía existían vampiros vegetarianos. Y seguro que era
un asco. Se cubrió el rostro con una mano y ahogó un suspiro cansado, el celular sobre el escritorio
de su oficina comenzó a sonar y contestó al instante.
-De maravilla, disfrutando de unas vacaciones obligadas.- respondió el hombre con humor, en el
fondo se escuchó el murmullo de una voz femenina, Amanda sonrió a medias –Laura te envía
saludos.
-Gracias, lo mismo para ella. Disfruta de tus vacaciones papá, no son obligadas, sino merecidas y
necesarias.
-Nath me llamó ayer.- comentó como si nada, Amanda se tensó, se suponía que su padre debía
alejarse de todo lo que le hacía daño –Me comentó que tienes una amiga en casa a quien estás
ayudando.- curiosidad simple en el tono, pero ella iba a matar a su hermano.
-Hija…- el tono paternal la ablandó –No necesito que me ocultes las cosas, estoy de vacaciones, pero
no para vivir ignorante de lo que ocurre en sus vidas. Te cedí el control porque confío en ti y créeme
que duermo mucho mejor y no me preocupo, ni me estreso. Pero si lo hago cuando me dejas al
margen.- le advirtió y fue un regaño justo, tenía que admitirlo. Siempre fue una persona privada y
su familia aprendió a mantenerse aparte y confiar que tomaba las decisiones adecuadas con su vida.
–Ahora cuéntame, quien es esa joven, también me dijeron que es muy hermosa.- Amanda suspiró
resignada, de nada servía ocultar las cosas a su padre. Lo cierto era que ella estaba sentada allí,
tomando decisiones y soportando la presión y también necesitaba un poco de apoyo y consejo. Su
padre siempre le había dado eso y en ese instante lo necesitaba como hija.
-Sí, es muy hermosa.- aceptó, no tenía idea de cuánto sabía su padre sobre el tema. Maldito
Nathaniel y su mala costumbre de ser inoportuno, o quizás oportuno. Le contó todo sobre Ava,
excepto lo relacionado con la compañía porque no quería arriesgarse a que su oficina estuviese
intervenida, pero al menos sí pudo desahogarse con respecto a lo que sentía.
-¿Conocerse? Vaya, eso es diferente.- reconoció su padre sorprendido -¿Estás lista para algo así? -
¡Dios! Se sentía como una adolescente, frunció el ceño.
-Sé que ella es la chica acusada de robo.- le soltó de pronto –Estás preocupada por el conflicto de
intereses, pero no se trata de la compañía, sino de ti.- Amanda abrió la boca y la cerró de pronto ¡Lo
sabía! Nathaniel era hombre muerto –Es inocente según Nath, ¿Qué te preocupa entonces?
-Es una caja de Pandora, no puedo poner mi posición aquí en riesgo, no puedo poner todo el trabajo
de tu vida en riesgo.
-Y para ti también espero.- la conversación terminó sin más presiones y Amanda lo agradeció
enormemente. Nathaniel se las iba a pagar todas juntas, ¿por qué tenía que entrometerse en su
vida?
Decidió irse temprano para llegar a tiempo a la cena, ver a Ava y pasar un rato con Sebástian le
alegraba el día y mejoraba considerablemente su dolor de cabeza. Tardó casi una hora en llegar a
casa y no fue para encontrar la tranquilidad que necesitaba. Cuando abrió la puerta, dejó el maletín
ejecutivo a un lado y se acercó a las voces que provenían del salón familiar al fondo de la casa.
Cuando Amanda apareció en la entrada del salón el corazón de Ava se desbocó en una carrera por la
meta. Había llegado temprano para la cena, como prometió que haría cada vez que fuese posible. Se
veía cansada y la tentación de levantarse y abrazarla fue tan intensa que casi se puso de pie en un
salto, de no ser porque los dos niños se abalanzaron sobre ella. Tyler y Daniela, de 5 y 3 años
respectivamente, sus sobrinos, hijos de Nathaniel, que los observaba desde un sillón y Andrea, Andy
como cariñosamente la llamaban, sentada junto a Ava.
-¡Tía! – exclamó Daniela corriendo hacia ella, seguida de su hermano. Amanda se arrodilló para
quedar a su nivel y enrollar uno en cada brazo.
-¡Vaya, si cada vez están más grandes! – exclamó fingiendo sorpresa, a pesar de que los había visto
la semana anterior. Evidentemente adoraba a sus sobrinos, lo que explicaba su experiencia con niños
y el trato con Sebástian.
Ava esbozó una media sonrisa sin apartar los ojos de la escena donde Amanda reía y bromeaba con
ellos y tuvo que reconocer, que cada faceta que lograba descubrir en la intrincada personalidad de la
mujer, le gustaba mucho más que la anterior. Cuando apartó la mirada, fue para encontrarse con
una Andrea muy sonriente.
-Es una tía consentidora, demasiado.- le dijo la mujer, pero Ava se sentía como si la hubieran
descubierto en una travesura y solo atinó a esbozar una sonrisa de disculpa.
-Hola Andy.- la saludó Amanda desviando su atención -¿Y esta sorpresa? – preguntó todavía con un
niño a cada lado.
-Rosa me prometió que no tendría que cocinar esta noche, además, tenía curiosidad por conocer a la
chica misteriosa de la que tanto hablan.- contestó con humor y muy relajada, obviamente no
existían celos verdaderos –Para que ustedes dos la cuiden tanto, tiene que ser alguien especial.- Ava
enrojeció y pidió en silencio que la tierra se la tragase. Amanda esbozó una sonrisa divertida, hasta
Nathaniel se unió a la ronda, pero ella solo tenía atención para una persona en ese instante en que
sus miradas se cruzaron.
-Lo es, ¿por qué crees que la tengo raptada en el castillo de mármol? – bromeó refiriéndose a la
mansión. El comentario quedó en el aire sorprendiendo a los adultos presentes. Ava abrió los ojos en
sorpresa, no se lo esperaba. Con algo tan simple había admitido su interés por ella públicamente,
frente a su familia y lejos de sentir pánico, el nudo que tenía en el pecho, se deshizo. La verdad ya
estaba fuera, así que le mantuvo la mirada serena y esperó.
Aturdida, Ava parpadeó varias veces ante el llamado de Andrea. El ruido de la conversación se fue de
pronto y solo las palabras de Amanda rebotaban en su cabeza. Le había lanzado la pelota a su
tejado, una vez más, reconociendo frente a su hermano y esposa que tenía un interés especial en
ella, el suficiente para involucrar a su familia. Y Ava estaba en blanco, sorprendida y con todas las
defensas abajo. Amanda esbozó una sonrisa satisfecha y después de besar a cada niño en la frente,
se acercó a la cesta donde jugaba Sebástian. El bebé la reconoció y se agitó entre sonrisa y ruiditos
húmedos.
-Eh tú, hola.- acarició los mechones de cabello rubio castaño del bebé. En poco tiempo había
desarrollado un cariño y un vínculo inusual con el niño, que le recordaba de cierta forma a su niñez,
aunque él no estaba solo. Ava lo amaba con tanta devoción que nunca notaría las carencias de tener
un solo padre –Necesita un cambio de pañales.- arrugó la nariz cuando le llegó el olor penetrante –
Vamos.- hablaba con el bebé, obviando al resto de los presentes que la miraban incrédulos y
sorprendidos –Ya regreso.
-Iré contigo.- se ofreció Ava de inmediato, todavía estaba algo aturdida. Cuando ambas abandonaron
la habitación, Andrea miró a su esposo con un gesto de desaprobación.
-Tú hermana está enfada contigo y con razón porque te equivocaste. Entre esa chica y ella hay más
que una atracción.
-Con más razón. Amanda es una mujer adulta que toma sus decisiones y si resulta un final feliz, no
querrás eso en tu consciencia.
-¿Cómo fue el día de hoy en la oficina? – preguntó para romper el hielo.- Amanda se tomó su tiempo
para entrar, acomodar a Sebástian en el cambiador y buscar el arsenal para limpiarlo. Dejó la
chaqueta sobre un sillón y se aplicó a la tarea.
-Agotador, estresante, el nivel de tensión está al máximo. Hoy se pelearon por un sobre de azúcar.-
comentó con una media sonrisa –Ya me he ganado unos cuantos apodos.
-No me lo puedo imaginar.- ironizó Ava, tenía una cierta confianza que surgía en momentos como
esos.
-Tal vez.- Amanda alzó una perfecta ceja negra en señal de que no le creía –Está bien, si escuché
algunos.- se rindió Ava.
-Adelante, quiero escucharlos.- Ava se percató que todo el asunto la divertía más que enojarla, así
que fue por lo fácil para no cruzar aguas pantanosas.
Por suerte no te gustan los chismes de pasillo.- la acusó Amanda entre risas, usando toallitas para
limpiar –Ese último me agrada.
-No me gustan los chismes, yo solo escucho.- se defendió –Además, tengo la impresión de que no te
importa en lo absoluto y hasta te divierte alimentar la fama.
-De eso soy culpable.- contestó Amanda con una sonrisa traviesa. Lo cierto era que sí, a veces lo
disfrutaba un poco. Mordió el labio distraída mientras terminaba de cambiar al bebé, tenía una idea
rondando en la cabeza, pero no podía decidir si era del todo adecuada considerando las
circunstancias –Estaba pensando.- hizo una pausa indecisa, sin mirarla directamente –Que llevas
encerrada aquí quien sabe cuánto, trabajando y eso no me parece saludable. Abrieron un nuevo
restaurante italiano que me gustaría probar y pensaba que podías acompañarme y así te distraes un
poco.- finalmente alzó la mirada, habían decidido conocerse y entre cuatro paredes sería imposible -
¿Qué dices?
-¿Hmm? – completamente distraída con el gesto de Amanda y sus labios, Ava se encontró
sorprendida. Un segundo atrás había pensado en un beso, en que esos labios se veían tan suaves,
sin poder evitarlo se sonrojó –Perdón.- una sonrisa de reconocimiento curvó los labios de Amanda.
Detalles como ese le alegraban el día, el hecho de que Ava se fijara en ella, develando un poco de
sus propios deseos. Últimamente no habían intercambiado más que comentarios de trabajo y tenía la
intención de cambiar eso.
-Perdonada.- respondió con un toque de diversión –En resumen, te invito a cenar mañana en la
noche, comida italiana. Es momento de que bajes la torre Rapunzel.- fue una broma mientras
tomaba a Sebástian en brazos –Este Príncipe ya está listo.- Ava se había quedado en silencio
observándola. Le maravillaba con la dulzura que trataba a su hijo, con verdadera preocupación y
naturalidad, el niño atraía completamente su atención cuando estaban juntos y eso le calentaba el
corazón con afecto y admiración hacia Amanda -¿Ava? – unos ojos increíblemente azules la miraron
interrogantes. Inspiró profundo antes de lanzarse de hacer la pregunta. No podía esperar más.
-¿Es una cita? – un arranque de valentía basado en el deseo y la esperanza de que en efecto, fuese
una cita. Su primera cita.
Amanda parpadeó sorprendida. Eso no se lo esperaba. Había disfrazado las intenciones en la petición
para no presionarla ni preocuparla, pero lo cierto era que estancada entre cuatro paredes, el estrés,
el trabajo y manteniendo la distancia con Ava estaba a punto de volverla loca. No obstante, se había
prometido a sí misma que solo avanzaría cuando Ava tomase la decisión o la iniciativa. Y allí estaba
la oportunidad. Consideró la respuesta un momento.
-¿Quieres que lo sea? – preguntó, las únicas palabras que le parecían seguras y sin asumir nada.
Sebástian balbuceaba y sostenía su cabello, ajeno a la tensión, Amanda le sostuvo la mirada a la
joven. Había anhelo, de algo y también temor, quizás era demasiado pronto para ella –Ava, tienes
que ayudarme aquí, no sé lo que piensas si no me lo dices. Pediste conocernos, no te estoy
presionando y la cena no tiene segundas intenciones ni compromisos. Será lo que quieres que sea.
El inicio de algo o simplemente la salida de dos amigas.- por mucho que quisiera lo contrario.
Perfecto. Ava se sentía nueve variedades de estúpida. “!Por favor! Que no se puede ser tan cobarde
en la vida.” Pensó irritada consigo misma. No desvió la mirada cuando respondió, a pesar del calor
que le cubría las mejillas.
-Me…gustaría que lo fuera, como parte de…conocernos.- sugirió finalmente y ambas respiraron
profundo.
Amanda esbozó una sonrisa tan sincera y alegre que iluminó todo su rostro y sus ojos y dejó a Ava
hipnotizada. “Vaya, es preciosa.” Por eso no se percató que Amanda había dado un paso hacia ella y
de la cercanía, hasta que unos ojos azules estuvieron a centímetros de ella. Sebástian gorjeó de
alegría y ambas sonrieron, hasta que Amanda alzó la mano y con el dorso de sus dedos acarició la
piel sonrojada, inconscientemente, Ava se inclinó al toque.
-Nunca he conocido a una mujer que se sonroje como tú.- comentó en un susurro –Se te ve
encantador, sobre todo si lo causo yo.- volvieron a sonreír -¿Estás segura sobre la cita?
Ava se estremeció ante los escalofríos calurosos, si es que eso tenía sentido, que la caricia de
Amanda provocó por todo su cuerpo. Ella solo estaba segura de una cosa. De sentirse justamente
así. Admiraba a la mujer frente a ella por muchas razones, profesionales, personales, pero para lo
que sentía en su presencia, no tenía una sola explicación lógica. Con un suspiro tembloroso asintió.
-Sí, lo estoy.- aunque corría el riesgo de que le rompieran el corazón. Amanda tenía muchos
encantos y Ava no hacía ningún esfuerzo por no rendirse a ellos. Los ojos azules se acercaron aún
más, brillantes, el aliento cálido golpeó en su rostro y llegó la caricia de unos labios en la mejilla
sonrojada. El corazón latió dolorosamente en su pecho y tembló cuando las chispas saltaron. Hasta
la propia Amanda inspiró bruscamente ante el impacto de un roce sencillo. Había subestimado la
atracción entre ellas. Por precaución y porque tenía el bebé en brazos, dio un paso atrás.
-Entonces una cita será.- murmuró Amanda cuando encontrar la voz, aunque su cuerpo estaba lleno
de sensaciones. “!Joder!¿Cómo iba a sobrevivir si Ava decidía que solo podían ser amigas? Siempre
le quedaba mudarse a otro planeta.”
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El estilo del restaurante era elegante e informal, una mezcla de tradición y modernidad con vistas
increíbles hacia el río y la ciudad. Llegaron cuando el sol se escondía completamente y el cielo se
tenía de rojos, naranjas y oscuridad, algo espectacular. Amanda había reservado y las esperaban a
la entrada, un vallet se llevó el auto y un recepcionista confirmó el nombre sonriente. Ava estaba
nerviosa, muy nerviosa, consciente de como atraían las miradas a medida que avanzaban entre las
mesas y más que eso, del calor suave que desprendía la mano de Amanda apoyada en la parte baja
de su espalda mientras la guiaba.
Tarde se había percatado de las repercusiones que su cita podía tener, su acompañante no era una
desconocida al ojo público y así lo fuera, su belleza y elegancia eran suficientes para atraer cada par
de ojos en el lugar, como de hecho hacía. Además, era una cita, su cita con Amanda Daynes. No era
solo que atraía las miradas, sino también lo que comentarían al respecto. Después de una búsqueda
curiosa en la web, descubrió que no era tímida ni ocultaba sus preferencias. De su brazo siempre
colgaban mujeres hermosas y sofisticadas, actrices, modelos, abogadas, nada como ella. No
tardarían en especular si era su nueva amante. La llegada a la mesa la distrajo de los pensamientos
nada apropiados para una cita, la propia Amanda apartó la silla para que tomara asiento y después
se ubicó frente a ella, admirando la vista que ofrecía la ciudad.
-Es impresionante.- comentó de pronto Amanda. La verdad es que estaba tan nerviosa como su
acompañante. Una sensación ajena ya, lejana, que se remontaba a su juventud cuando alguna vez
sintió algo semejante en sus primeras citas.
-Sí, es hermoso.- coincidió Ava, cambiando la mirada hacia el perfil de Amanda. Por mucho que el
atardecer sobre el Thamesis era una vista digna de óleos y fotografías, ella no podía apartar la
mirada de la mujer. ¿Qué había dicho sobre los encantos? Amanda se giró de pronto atrapándola.
-Hermosa es una palabra que yo usaría para describir otras cosas. Dijo mirándola, fue un cumplido
atípico, pero sincero. “Dios, suena a línea barata para conquistar en un bar. Cierra la boca Amanda.”
No es que lo pudiera evitar. Ava estaba impresionante en un vestido negro muy sencillo, de tirantes
finos y un escote discreto que revelaba la piel pálida y sedosa en la curva sus pechos y hombros. Un
poco más y había estado a punto de babear sobre ella cuando Ava bajó las escaleras en la mansión.
Vergonzoso. Ahora, los tonos rojos que se reflejaban a través del cristal encendían el cabello
recogido en un moño alto y los mechones sueltos al azar, maquillaje ligero, unos ojos verdes
expectantes y labios rojos y rellenos de los que nunca se podría saciar si tenía la oportunidad de
probarlos.
-¿Amanda? – la llamó Ava por tercera vez. Amanda la miraba como si fuera su cena y no de la que
estaba en el menú. El deseo estaba claramente reflejado en sus ojos azules y su cuerpo respondió al
impacto con una sensación agradable y cálida y más sonrojo. Amanda parpadeó saliendo del trance,
no se disculpó por admirarla, pero tampoco dijo nada al respecto, la tensión estaba allí y era
suficiente para que ambas fueran conscientes de la presencia de la otra. Ava agitó ligeramente el
menú –No tengo idea de que ordenar.- suspiró, mejor se acostumbraba a vivir permanentemente
con las mejillas encendidas.
-Perdón, es que las vistas son irresistibles.- contestó sin pensar. “!No más líneas baratas!.” Ava
sonrió y negó con humor, no le sorprendía el coqueteo y el hecho de que la halagaba la hacía sentir
muy bien. Decidió seguir el juego y olvidar las preocupaciones, ella había pedido una cita, con todas
sus consecuencias.
-Quien sabe.- contestó con la inspiración de valentía que la había llevado a pedir una cita. No tenía
idea de cómo coquetear con nadie, aunque de eso dependiera su vida y era cierto, pero los
comentarios juguetones con Amanda le salían naturales y tener a la mujer intrigada le gustaba. El
camarero salvó la conversación sirviendo el vino –Confiaré en ti para elegir.- respondió para Amanda
cuando el hombre preguntó por la orden de la noche.
Al inicio degustaron los platos en un agradable silencio. La conversación comenzó a fluir fácil y
Amanda mantuvo la actitud conquistadora en el límite, no era una cena para seducir a la amante de
turno y llevársela a la cama por mucho que lo deseara. Entre copas y varios originales, los temas
fueron muchos. Descubrieron que tenían la lectura en común, música, películas, opiniones muy
parecidas en diversos temas y en otros no tanto. Ava escuchó atenta la historia sobre sus inicios en
el diseño de joyas, como a pesar de su juventud Amanda había levantado su propio negocio desde
cero, con el dinero que le había dejado su madre como herencia. Solo en uno de los pasatiempos
favoritos de Amanda no estuvieron de acuerdo, por no decir que estaban en lados opuestos.
-No lo comprendo. No encuentro sentido a un montón de colores al azar.- rebatió Ava y Amanda
negó sin poder creerlo –Menos pagaría miles de libras por algo así. Es ridículo.
-No puedo, simplemente no puedo permitir que pienses así. El arte es expresión de emociones, de
sensaciones, ¿cómo no puedes comprender eso? –parpadeó incrédula.
-Con sentido significa que debe tener una forma concreta, que sea agradable para tus ojos y lo
entiendas. ¿No?
-Exacto.
-Decidido. Nuestra próxima cita será a lugar donde pueda convencerte de lo contrario.- afirmó
Amanda. Demasiado tarde para evitar el comentario, se encontró con la mirada divertida de Ava.
-¿Próxima cita? – repitió la joven evidentemente complacida, fue el turno de Amanda para
avergonzarse y sacar el pie de donde lo había metido.
-Lo siento, me dejé llevar por el debate. No tiene que ser una cita, una salida al museo está bien.-
esbozó una sonrisa nerviosa. Esa última sensación era demasiado familiar en presencia de Ava, que
ladeó ligeramente la cabeza.
-Será interesante.- concedió emocionada aunque tuvo cuidado de no revelarlo –Pero te advierto, fui
campeona de debates en la Universidad.- la desafió.
-Ah, una chica a la que le gusta los retos y la polémica.- Amanda la picó.
-Eso parece.
-La próxima salida corre por tu cuenta.- fue la respuesta de Amanda, segura de que por tal de
llevarle la contraria, Ava no fallaría en su próxima cita.
Por supuesto que no fue muy buena ocultando la reacción al respecto y Ava terminó riéndose en su
cara. De hecho, tenía la impresión de que la joven comenzaba a ser consciente del verdadero poder
que sostenía entre ellas y disfrutaba provocándola. Mientras llegasen al final de esas provocaciones,
Amanda estaba dispuesta a jugar y saborear cada minuto. El auto ya las esperaba cuando salieron y
Amanda distraída en la conversación y sus propios pensamientos, no se percató del paparazzi que
enmarcaba su salida desde el otro lado.
No era muy tarde cuando llegaron a la mansión en completo silencio y penumbras. Rosa estaba a
cargo de Sebástian y probablemente ambos dormían ya. Su hijo fue lo primero y con Amanda
siguiendo sus pasos visitaron la habitación del bebé por unos minutos. Todo tranquilo.
-Todavía es temprano, podemos tomarnos una copa en el salón.- sugirió Amanda. Ava estuvo de
acuerdo, ninguna quería terminar la noche aún. Y a Ava le gustaba la compañía de la mujer más de
lo que había aceptado, pero de todas formas, ella había acordado en lanzarse a la aventura. Ya
abajo, en una enorme habitación con bar y mesas de juego, Amanda se permitió un vaso helado de
Doble Black y esperó por la elección de su acompañante.
-¿Estás bromeando? – la sonrisa arrepentida de Ava respondió en silencio –Cuantas virtudes.- fue la
respuesta entre sarcástica y divertida de Amanda –Al menos esta noche acompáñame. ¿Una
excepción?- Ava pensó que ya hacía demasiadas excepciones en su vida cuando se trataba de
Amanda.
-¿Suave o fuerte?
-Como esta noche es una excepción, escoge algo que crees que me gustará. Algo que te guste a ti.
Como un niño con un nuevo reto, se frotó las manos para agregar dramatismo al momento y con la
risa de Ava en el fondo, preparó tres dedos de Grey Goose saborizado en naranja y dos cubitos de
hielo. Con una sonrisa desafiante se lo extendió a su invitada que no pudo contener la risa, mientras
Amanda se dejaba caer a su lado en el sofá expectante.
-¿Vodka?¿Tienes intenciones de embriagarme? Que sutil para la primera cita.- fue la broma de Ava.
En el vaso no había lo suficiente para causar ese estado, pero teniendo en cuenta su falta de
costumbre si que podía desinhibirla un poco y eso nunca era buena idea.
-Habladora.
-Hum…Interesante. Tomo nota.- una sonrisa sensual y cargada de malicia curvó sus labios –Es
tentador sí, pero prefiero que la persona esté en control de sus sentidos cuando…”!Whoa!” – se
detuvo de golpe, demasiado directo el comentario aunque fue inútil porque la frase inconclusa
dejaba el significado bastante claro –Creo que mejor me callo ahora.
Ava la observaba en silencio con una expresión seria. Ciertamente no necesitaba embriagarla para
llevarla a la cama, pero no se lo iba a decir, aún no. En cambio, se concentró en probar la bebida sin
desviar la mirada. Estaba haciéndolo a consciencia y bajo sus propios términos y Amanda necesitaba
saber eso. Si decidía terminar ebria y en su cama, sería por decisión propia.
-Yo también lo preferiría.- comentó casualmente y en un tono ligero mientras sorbía otro poco del
vodka que incendiaba su garganta. Palabras simples que tuvieron el efecto de una bomba en la
habitación.
El aire se cargó de una tensión insoportable en cuestión de segundos y cada vello en el cuerpo de
Ava se levantó. Sentía la mirada de Amanda sobre la piel caliente, una mirada oscura como un cielo
lleno de tormentas, igual de peligrosa. Claramente Amanda había reaccionado a su comentario, una
prueba más de la atracción tan intensa entre ambas. Se atrevió a mirarla y lo que vio reflejado en
sus ojos la estremeció como una hoja temblorosa arrastrada al viento.
“!Dios!” deseo, puro y simple, algo primitivo y básico como el impulso de arrastrarla hacia una cama
y hacerla gritar de placer. Era la promesa que bailaba en sus ojos. Y todo su cuerpo hormigueaba de
anticipación. El calor se acumuló en su vientre y entre las piernas humedeciéndola. Increíble como
una sola mirada podía excitarla como una adolescente, de hecho, con toda honestidad podía decir
que jamás un hombre le había provocado algo semejante. Se quedó inmóvil, a la espera, Amanda
estaba rígida a su lado y se asemejaba mucho a una pantera a punto de saltar sobre su presa,
hambrienta.
Amanda perdió el habla bruscamente, las palabras de Ava llegaban como una invitación, o quizás no,
pero para ella que llevaba toda la noche batallando contra sus impulsos era justo lo que le hubiese
gustado escuchar en ese momento. Todo su cuerpo estaba tenso de necesidad insatisfecha, la ropa
lastimaba la piel sensible y se aferró al vaso de wiskey para no extender los brazos y arrastrar a Ava
con ella cuando claramente se la podía imaginar desnuda y excitada sobre su cama. Sus hormonas
gritaron y se lanzaron de fiesta. “!Orden por favor!,” que ya no era una adolescente pero su cuerpo
reaccionaba como el de una. No ayudaba el hecho de que podía percibir la tensión de Ava,
consciente de que el ambiente relajado había cambiado. La joven no la miraba pero los cambios
sutiles en su respiración, el sonrojo en sus mejillas la delataban. No le sorprendería si alguna
estallaba en combustión interna con toda la electricidad que chispeaba a su alrededor y cosquilleaba
en su piel.
Finalmente sus miradas se encontraron y el escalofrío que se deslizó por su columna como una
serpiente, la impulsó de golpe hacia Ava. Todas las alarmas se dispararon en su cabeza. Cerca,
estaba demasiado cerca, lo suficiente para que el perfume suave de Ava embotara sus sentidos y el
calor de su cuerpo elevase la temperatura automáticamente. No había manera de que pudiese salir
de allí sin antes probar esos labios. Como si leyera en sus pensamientos, el pecho de Ava se alzó en
un suspiro y los entreabrió para ella. Vodka y naranja, todo impactó en su rostro, invitando a beber
directamente en ellos.
Ava ni siquiera fue consciente de cuanto se había inclinado hacia Amanda, sumergida en la oscuridad
tentadora de esos ojos. Sus labios se entreabrieron anticipando la caricia de una mirada azul que la
devoraba con un brillo determinado y cargado de deseo, una mirada que se cruzó directamente con
la suya esperando una señal para avanzar, o el rechazo para detenerse. “!No!” fue el grito frustado
en sus pensamientos y todo su cuerpo hizo eco en el. Había esperado demasiado. Lo necesitaba, de
una vez necesitaba probar los labios de Amanda y conocer el sabor de sus besos.
Alzó una mano temblorosa y acunó la mejilla en el rostro de Amanda con una caricia suave,
percibiendo el estremecimiento bajo la punta de los dedos. Fue un alivio saber que no estaba sola en
aquel caos de sensaciones y sentimientos. La piel caliente y sonrosada bajo el tacto, el cuerpo de
Amanda tenso, su mirada fija en ella, era una mujer tan hermosa, tan intensa y apasionada que
podía reírse a carcajadas de su tan temible apodo. La Reina de Hielo no le iba en lo absoluto, no
cuando el fuego abrasador de su mirada podía derretirle la piel. Extendió el brazo para dejar el vaso
sobre la mesita, sin perder un segundo el contacto visual, insegura y excitada, acortó la distancia
breve entre ellas y rozó sus labios contra los de Amanda.
Efímero, como el aleteo de una mariposa con la probabilidad de provocar una tormenta en la
habitación, o quizás al otro lado del mundo. El contacto envió un latigazo de placer por todo su
vientre hasta más allá en el sur. Ambas contuvieron el aliento, pero eso no la detuvo en lo absoluto.
Presionó una segunda vez más confiada y a punto de perder el control sobre sus impulsos, incluso se
atrevió a delinear el labio inferior con la punta de la lengua, humedeciéndolo, lo que causó que su
acompañante inerte inspirase bruscamente. Amanda le permitía tomar la iniciativa y el control
porque así lo había prometido, pero el azul en sus ojos se asemejaba a un mar embravecido por un
huracán. La estaba empujando al límite y lo deseaba, danzar con ella en la pasión que prometía su
mirada. Sonrió saboreando la victoria.
Amanda estaba muy cerca de perder la cabeza. Ava jugaba con su cordura y ella se lo permitía,
encendiendo su cuerpo con cada roce de labios, estaba tan tensa que aunque quisiera no podría
moverse. La deseaba tanto que temía dar rienda suelta a sus deseos y no poder detenerse. La
agonía era exquisita, dolorosa y una tortura, la clase de placer que no había sentido en mucho
mucho tiempo, o que quizás nunca había sentido en lo absoluto. Y eso era suficiente para que su
cerebro enviase una señal de pánico. Algo así podía ser tan placentero como destructivo y ella no
tenía la voluntad para detenerse. Cuando la lengua de Ava acarició sus labios, Amanda perdió el
control de sus emociones. La sonrisa de Ava fue todo lo que necesitó para avanzar. El vaso de
wiskey vacío cayó sobre al alfombra olvidado, cuando utilizó la mano libre para rodear la nuca
desnuda de Ava y atraerla en un gesto posesivo.
Fue un beso que demandaba y conquistaba a la vez, fue ella alimentando las llamas que ya ardían
sobre la piel y explorando cada centímetro de una boca y unos labios suaves y rellenos que se
deshacían entre los suyos como el chocolate más exótico y decadente con un toque de vodka. Y no
era la única exigiendo. Ava sostenía su rostro entre ambas manos, acariciando con su lengua la suya
cuando salieron al encuentro en perfecta sincronía y sin intimidarse por el ritmo hambriento y
demandante del beso. ¿Por qué debería cuando eso era exactamente lo que había deseado? No fue
una sorpresa cuando Amanda cayó de espaldas sobre el brazo del sofá, soportando el peso del
cuerpo femenino que se amoldaba sobre el suyo perfectamente. Ava tomaba el control y Amanda
contuvo la carcajada de satisfacción, embelesada por tanta pasión y entrega. Por primera vez no le
importaba ceder porque recibía de igual manera y la sensación era increíble. Tomar y dar, sin temor,
sin ser un juego de dominación y si de placer mutuo.
Ava no apartaba las manos de su rostro y Amanda tenía las suyas enredadas en el cabello rojo y
sedoso que ahora se esparcía suelto por la espalda y el rostro de ambas. Cada una aprovechaba el
aire en el breve instante en que sus labios se separaban para unirse nuevamente pero sin abandonar
el contacto y fue acuerdo mutuo cuando el beso remitió a un ritmo profundo y perezoso. En ese
instante fue todo sensaciones, el roce húmedo cada vez que invadían el espacio de la otra, alguna
mordida juguetona o la caricia a la línea de los dientes que en más de una ocasión terminaba en otra
mordida traviesa. Las caderas de Ava entre sus piernas, pelvis con pelvis, las puntas endurecidas en
los senos que rozaban contra la tela y arrebataban suspiros de necesidad y gemidos. Podían percibir
el fuego ardiendo bajo la piel, la llama intensa y constante que las consumía en un calor lento,
cuando antes las había azotado con un hambre voraz. El reflejo de sus propios deseos.
Ava fue la primera que perdió la batalla contra sus pulmones y quebró la unión para inspirar
profundo y recobrar el sentido. Temblaba de pies a cabeza y estaba segura que si intentaba ponerse
de pie, caería al suelo. Era lo más cerca que había estado un beso de provocarle un orgasmo. Sin
aliento apoyó la frente contra la de Amanda, su respiración cálida impactando contra su rostro y
maravillada por lo que acababa de ocurrir. Todavía sentía las corrientes ligeras de placer eléctrico
que partían desde sus labios hacia todo su cuerpo y se concentraban en ciertos lugares específicos.
-Por dios Amanda.- susurró sin palabras y por primera vez la mujer no tuvo que agregar.
Ambas rieron sin la menor intención de apartarse. Sus cuerpos aún vibraban por la intensidad de los
besos, pero de alguna manera supieron que en ese momento no llegarían a nada más. Eran
sensaciones y descubrimientos demasiado abrumadores y cada una necesitaba tiempo para
asimilarlo, sin embargo, no tenían que renunciar a la cercanía, ni a la calidez de los cuerpos unidos.
Amanda extendió los brazos hacia la espalda de Ava y los mantuvo allí en un abrazo y caricias
suaves por la extensión de la columna. Caricias tiernas, otra novedad. Ava por su parte, alzó la
mirada oscurecida aún por el deseo, un reflejo de la suya y con el pulgar acarició el labio inferior de
la mujer que yacía con ella.
-Sabía que te sentirías así, suave, como el Velvet.- susurró, en su opinión, el postre más exquisito
del mundo.
-Sí, me encanta.- Amanda sonrió traviesa, imaginando todas las cosas que se le podían ocurrir con
Velvet.
-Entonces me siento honrada de que te provoque pensamientos tan dulces.- una risa divertida –Seré
tu postre todas las veces que quieras. Siéntete en la libertad de venir y probar…- dejó la frase
inconclusa y esbozó una sonrisa sugestiva. Ava se inclinó para robar otro beso con una sonrisa y
después se refugió en el arco del cuello y en el abrazo de Amanda donde se sentía segura.
-Lo haré.- fue una certeza, tanto como el reconocimiento de que ahora que había probado sus besos
bien podía declararse adicta a ellos.
Inconscientemente se acomodaron de manera tal que Amanda no tuviese que soportar todo el peso
de su cuerpo, pero sin perder el contacto y la comodidad. La avalancha de sensaciones las había
agotado emocionalmente y entre el ritmo de las respiraciones pausadas y la calidez de los cuerpos
entrelazados, se deslizaron en un sueño profundo que no se interrumpió hasta que Rosa las encontró
a la mañana siguiente. Amanda fue la primera en reaccionar y regresar poco a poco a la consciencia,
no estaba en su habitación y la presencia de un cuerpo a su lado la desconcertó por un instante
hasta que recordó la noche pasada. El beso de Ava.
Por primera vez en mucho tiempo amanecía con una mujer a su lado, nunca pasaba la noche,
evitando la incomodidad de la mañana siguiente y trazando el límite de lo que sería la relación. Sin
compromiso. Una noche, un beso y Ava habían bastado para romper todas sus reglas. Observó a la
pelirroja dormida entre sus brazos, relajada completamente lucía incluso más joven y vulnerable,
además de muy hermosa. Si bien lo que más le cautivaba eran sus ojos verdes como la esmeralda
más pura, el rostro era exquisito, de ángulos delicados, nariz pequeña, un mentón desafiante y unos
labios ligeramente rellenos y rojos como dos pétalos de una rosa, apetecibles y adictivos como había
comprobado la noche anterior.
Sin querer resistir la tentación, se inclinó y los rozó despacio, como respuesta recibió un suspiro y la
mujer más joven se aferró más a su cuerpo como si eso fuera posible. Amanda esbozó una sonrisa y
se aventuró una segunda vez con un beso más exigente que le ganó un pequeño gemido y las
piernas de Ava se entrelazaron a las suyas. La sonrisa traviesa se amplió, por un despertar así quizás
valdría la pena amanecer cada mañana. Un pensamiento desconcertante pero igual de satisfactorio.
Le encantaba Ava en todos los sentidos, aunque la intimidaba el hecho de que estuviese tan
dispuesta a olvidar sus muros de defensa con ella.
La primera señal de cuanto continuaba cambiando fue que aceptó comenzar la relación entre ellas
conociéndose y para eso inevitablemente Ava entraría en su vida de muchas maneras que no podía
prevenir. Fue la tentación de los labios que presionaron sobre los suyos que la sacó de los
pensamientos y Amanda accedió a la demanda gentil de Ava que profundizó el contacto. Como era
de esperarse la chispa entre ellas encendió el calor nuevamente y se entregaron a un beso profundo
e intenso que las dejó sin aliento. Finalmente Ava abrió los ojos, brillantes y cargados de emociones
que nublaron la realidad por un instante. Estaba entre los brazos de Amanda y había despertado con
sus besos. Se sentía tan bien que asustaba.
-Buenos días.- respondió Amanda con una expresión relajada y en parte divertida -¿Estás bien? –
preguntó. A pesar de lo que habían compartido eran experiencias nuevas para Ava.
El tono de preocupación en la voz de Amanda la hizo sonreír, sabía lo que le preocupaba y por qué.
Pero lo que estaban compartiendo era algo que Ava deseaba y que en ese instante la hacía feliz.
-Perfecta, es una manera en que podría despertar todos los días.- comentó en broma y medio en
serio, cuando la expresión de Amanda se transformó supo que había cometido un error. Sabía que
sus palabras insinuaban compromiso, aunque no las había dicho con esa intención. Intentó corregirlo
pero el beso sorpresivo se lo impidió. Otra vez quedaron sin aliento y Amanda la miraba con una
intensidad que no sabía interpretar. Las siguientes palabras las sorprendieron a ambas.
-Eso…lo podemos arreglar.- una promesa y el brillo de una esperanza mal oculta en los ojos de Ava,
envió una oleada cálida al corazón de Amanda. Ella también podría acostumbrarse a eso.
El día fue una completa distracción para ambas. Amanda estaba inusualmente distraída y cada
pensamiento se veía interrumpido por Ava y sus labios. Estuvo de tan buen humor y relajada que
sorprendió a la secretaria de su padre, atendió a varios clientes con amabilidad, un par de
conferencias, una llamada de Valeria que se irritó por tener que repetir la misma oración varias
veces y que preguntase unas diez más que le ocurría, todo sin perder la paciencia. Un record.
Podía decirle pero no quería, aún no. A media tarde pidió que no le pasaran más llamadas, revisó los
últimos diseños que Valeria le había enviado y que saldrían en la próxima colección de Dayne Design
y se los envió de regreso, todos menos uno. La imagen tridimensional de un anillo sencillo, banda
simple, fina en oro negro, con diamantes de 3mm incrustados en ascenso hasta la piedra principal,
otro diamante más llamativo que en ese instante se le antojaba cambiar por una esmeralda.
¿De dónde había salido ese pensamiento? Probablemente de dónde había salido también el hecho de
que la piedra combinaba perfecta con los ojos de Ava. Perfecto, simplemente perfecto. Con una
mueca salvó el diseño y cerró la laptop, quería marcharse a casa. El celular vibró sobre la mesa con
el rostro de Valeria y ya sabía por qué llamaba. Presionó el botón de aceptar.
-¿Cambios, qué cambios? – inquirió irritada –Esto tiene que enviarse mañana a primera hora, de
hecho, quería hacerlo esta noche por adelantado.
-Y lo tendrás, deja de molestar.- comenzaba a molestarse –Me voy a casa, buenas noches.
-Bien, procura enviarlo a tiempo.- le advirtió y recibió un gruñido de respuesta. Amanda había
colgado.
Ava compensó la noche de ausencia y pasó toda la mañana con su hijo ante la mirada atenta de
Rosa. En más de una ocasión tuvo la impresión de que la mujer quería decirle algo pero al final
decidió que eran ideas suyas. En cierto modo estaba avergonzada, Rosa las había visto en el sofá
dormidas, por suerte conservaron la ropa aunque faltó poco para perderla. Amanda y sus besos
estuvieron todo el día en su cabeza y estaba convencida que no saldrían de allí en mucho tiempo. No
era una cobarde que huía de las cosas difíciles, pero su situación allí era más que eso y se preguntó
si no estaba perdiendo la cabeza. ¿Cuánto había tardado en besarla? Un día, una tarde desde que
establecieron la norma para conocerse y no podía culpar a la otra mujer. Fue ella misma quien
propició el beso, quien se lanzó sobre Amanda y por supuesto que no la rechazó. Sus labios y su
cuerpo respondieron ante el recuerdo, impacientes por nuevas caricias y sin poder evitarlo se
sonrojó.
-Dios mío, parezco una adolescente.- murmuró avergonzada y de cierta forma lo era. Nunca había
estado con una mujer y Amanda sí, con muchas. Más hermosas y experimentadas.
-Me daré un baño y ya estoy de regreso.- le dijo, entonces se percató que no sabía nada de Amanda.
¿Dónde estaba? La respuesta llegó cuando a punto de entrar a su habitación Amanda salía de la suya
en pijamas y con el cabello recogido en una cola. Lucía como una jovencita. ¿Por qué no la había ido
a saludar?
-No quise molestar, Rosa me dijo que estabas trabajando.- comentó Amanda al ver la interrogante y
la decepción en la mirada verde. Le costó mucho no entrar al despacho y mantenerse al margen para
no abrumarla con su propia necesidad de verla. En cambio se concentró en modificar el diseño del
anillo y enviarlo a Valeria con nuevas instrucciones.
-Entiendo.- logró decir Ava, ella tenía otras cosas que hacer y el hecho de que se besaran no
significaba que actuarían como una pareja. Era estúpido y ella lo sabía -¿Tuviste un buen día en el
trabajo? – se recompuso y esbozó una media sonrisa.
-Algo así.- había estado impaciente por regresar con ella. Nadie nunca había ocupado tanto sus
pensamientos como Ava y eso la desconcertaba, pero fue así desde que la conoció y comenzaba a
aceptarlo por muy absurdo y peligroso que pudiera parecer –Estuve un poco preocupada y distraída.-
comentó molesta por la incomodidad entre ellas, evidentemente Ava no sabía cómo comportarse en
la situación y se maldijo por tanta inseguridad entre ellas.
-¿Ocurrió algo? – preguntó al instante, ella preocupada porque Amanda no la había saludado cuando
necesitaba descansar de toda la presión de la Empresa. Nunca fue una persona egoísta y no iba a
comenzar en ese momento.
-Nada relacionado con el trabajo o tu situación, no te preocupes.- le aclaró para tranquilizarla, Ava
frunció el ceño confundida y Amanda decidió ir directo al tema y arriesgarse. También cabía la
posibilidad que Ava estuviese arrepentida de lo que ocurrió – Hum...¿Me darás un beso o tengo que
ir yo? –Ava parpadeó sorprendida con el cambio tan radical y la petición. El corazón le dio un vuelco
y no pudo evitar la sonrisa tonta, pero al menos logró controlarse y no salir corriendo hacia sus
brazos, en cambio cruzó el pasillo a paso lento.
-¿Solo uno? – la mirada azul tormenta lejos de intimidarla le encendía la piel, a pesar de la tensión
que percibía en el cuerpo de Amanda esta no se movió, cediendo una vez más la iniciativa.
Ava la estudió lentamente. La mujer alta llevaba unos pantalones de pijamas azules con estrellitas y
una camiseta del mismo color, se veía adorable y en contraste con la imagen de seriedad y ejecutiva
sensual que también llevaba a la perfección. Lo sentía como algo íntimo, personal. Más que eso, el
deseo que se reflejaba en los ojos azules la hizo sentir atrevida y femenina, así que se acercó,
apoyando una mano a cada lado de las caderas de la pelinegra y se alzó en la punta de los pies hacia
sus labios. Los cuerpos se encontraron en cada curva y reclamó sus labios en un beso dulce y
sensual. Algo parecido a un gruñido vibró en el pecho de Amanda y por extensión en su cuerpo, los
pechos se rozaron sensibles y una mano rodeó la cintura de Ava en un gesto posesivo. Se detuvieron
cuando los pulmones se resintieron y varios gemidos se escaparon mutuamente, la temperatura
había subido escandalosamente en el pasillo. Amanda depositó un beso en la curva de la mandíbula
femenina, incapaz de alejar los labios demasiado tiempo de la suavidad tan exquisita, pero sabía que
tenía que detenerse.
-No, contigo nunca será solo uno.- dijo Amanda utilizando todo su autocontrol para no arrastrarla
con ella a la cama –Necesitas irte ahora.- sugirió retirando la mano y permitiendo que Ava
recuperase el control y la distancia. Casi maldijo ante la visión, labios inflamados, mejillas
sonrosadas, Ava sería su ruina, eso lo tenía claro.
-Ehm sí, necesito ducharme...Rosa, la cena.- respondió Ava sin ser capaz de ordenar las palabras y
aturdida, la mirada de Amanda era depredadora –Esto es difícil.- confesó sin importarle que fuese la
presa, estaba frustrada. Acto seguido se sonrojó intensamente por el atrevimiento. Amanda
parpadeó y soltó una carcajada espontánea, nunca hubiese esperado escuchar eso de la pelirroja y
resultó refrescante y un alivio saber que ella se sentía igual. Ava no pudo evitar una sonrisa
avergonzada –Lo siento, sé que lo haces por mí, porque te acusé injustamente.
-Esa no fue una acusación injusta Ava.- le rectificó, no iban a jugar a la víctima y el culpable –Quiero
llevarte a la cama, pero también te respeto y esto es algo que necesitas asimilar y decidir por ti
misma. No eres culpable de estar aquí y yo sí.
-Pude negarme a venir y no lo hice, soy adulta, como ahora puedo marcharme y rentar una
habitación, me pagas lo suficiente, incluso más. Y sin embargo...- se detuvo cuando percibió la
tensión en el cuerpo a su lado y alzó una mano por reflejo para acariciar la mejilla de su
acompañante -...No quiero hacerlo.- confesó y los músculos bajo su tacto automáticamente se
relajaron. Amanda se inclinó hacia la caricia, sorprendida por como algo tan simple podía aliviar la
tensión de todo un día.
-Por esto estaba distraída y quería regresar a casa.- dijo de pronto, con Ava al parecer no podía
contenerse. La declaración provocó una sonrisa emocionada en la pelirroja –Y por anoche.
-Es difícil concentrarse cuando paso el día contando los minutos para que lo hagas, para que
regreses.- respondió Ava, Amanda se merecía la misma sinceridad –Le temo a esto, es intenso,
desconcertante.- murmuró casi para ella misma más que para Amanda –Me cuestiono si no es que
estoy perdiendo la cabeza y si quizás termine perdiendo mucho más.
Amanda comprendió que hablaba de sentimientos y no solo de la atracción física entre ellas. Esperó
las alarmas que siempre se disparaban con palabras semejantes pero nunca llegaron, silencio total.
Una vez mucho años atrás ella creyó sentirse así por alguien, fue una declaración total de un amor, o
lo que creía que era amor de juventud. Iluso, romántico, ingenuo, sobre todo eso, ingenuo.
Cualquiera con un poco de experiencia hubiese sido capaz de ver el verdadero rostro de la mujer a la
que entregó todo. pero con 20 años descubriendo el mundo, la sexualidad. Las atenciones de una
mujer mayor, hermosa, sensual y experta en seducir jóvenes tontas la deslumbraron.
Todavía podía recordar la sonrisa condescendiente con que la detuvo y le rompió todos y cada uno
de sus sueños idílicos. Era una muñeca bonita pero inútil. Toda tierna y romántica, nada para lo que
tenía tiempo en su vida. Esas palabras no solamente quebraron sus ilusiones, sino también su
mundo, su amor propio, su orgullo. No estaba a la altura de alguien como ella, exitosa, hermosa y
rica, mientras viviera como una niña mimada, superficial, que derrochaba el dinero de su padre. En
eso tenía razón y gracias a ello estaba hoy donde estaba y había triunfado. Pero el resentimiento
estaba allí, causando que las palabras sinceras de otra persona le provocaran una oleada de rechazo
y no podía permitirlo. No podía permitir que después de tantos años influyera en su vida, a punto de
despreciar un sentimiento que por primera vez la hacía sentir tan viva. Inspiró profundamente antes
de hablar, arrepentida porque su silencio había provocado la tristeza de Ava.
-No Amanda, se cómo manejas tu vida. No tienes que decir una sola palabra, se a lo que me
expongo y aún así quiero esto.- firmeza y decisión absoluta.
-Eres una mujer valiente.- le acarició la mejilla –Pero estás equivocada, si tengo algo que decir sobre
eso.- una pausa para que le sostuviera la mirada –Yo también lo quiero, si vamos a perder algo será
juntas.- eso logró sorprender a la joven que abrió los ojos cristalinos. ¿ Qué le estaba diciendo? –
Tengo mis razones para comportarme como lo hago y ninguna es válida ahora. Dejaron de serlo
cuando te conocí. No puedo cambiar lo que dice una revista de mi pasado, solo puedo confiar en que
con el tiempo llegue la confianza.- dos lágrimas rodaron desde la mirada verde primavera –Tampoco
puedo predecir el futuro, pero a juzgar por el presente, creo que podemos tener uno muy bueno. No
pido que te lances a esto sola si yo no estoy dispuesta a lo mismo.- más lágrimas que le encogieron
el corazón, parecía que con cada palabra empeoraba el efecto y se sentía perdida. Pero confiaba en
sus instintos y la acogió en un abrazo sin palabras, que la hizo sentir tan vulnerable como se veía la
propia Ava.
Alivio, felicidad y esperanza, era lo que Ava sentía a cada palabra y necesitaba creerlo, que por el
tiempo que estuvieran juntas se entregaría tanto como ella estaba dispuesta a hacerlo. Sobre el
futuro no quería pensar. Tenía un probable juicio sobre la cabeza y no arrastraría a la otra mujer con
ella, pero mientras si podía disfrutar de un pedacito de felicidad que le brindaba la vida. Alzó la
mirada entre sus brazos y atrajo el rostro confundido hacia un beso suave y salado.
-Eso es suficiente para mí, confío en ti.- respondió con total entrega y Amanda se vió a si misma,
joven, ilusionada, aunque a diferencia de ella Ava tenía muy presente la realidad. Y se prometió a si
misma que no fallaría a esa confianza. Ava se limpió las lágrimas y sonrió –Tengo que dejar de hacer
estás cosas.- comentó ante la mirada interrogante de Amanda –Arruinar besos calientes con un
manantial de lágrimas.- ojos azules que la miraron con un toque de diversión y una carcajada que
cortó la tensión del momento.
-Por esta vez tu honor escapa intacto.- bromeó Amanda y la empujó ligeramente hacia la puerta –
Rosa nos va a matar, te espero abajo, quedarme aquí es demasiada tentación.
Ava tardó unos segundos en comprender el significado del comentario, hasta que se sonrojó
completamente y entró a su habitación con una sonrisa satisfecha. No le importaría nada compartir
la ducha con Amanda, la imagen de su cuerpo perlado con gotas de agua era devastadora.
-Necesito una ducha...fría.- se regañó en voz alta, a fin de cuentas la frustración era culpa suya.
Pero estaba feliz y no podía, ni quería evitarlo.
-Valeria, ¿a qué debo el placer? Dos llamadas en dos días, comienzo a preocuparme.
-Buenos días para ti también Amanda.- el tono de Valeria era una mezcla de preocupación e
irritación –Preocupada estoy yo. El anillo está precioso, lo que sea que te inspiró no lo dejes ir, te lo
digo en serio.- si ella supiera- Lo que quiero que me expliques, es por qué demonios lo vas a excluir
de la colección.
-Te lo juro, últimamente no eres tú.- se quejó su amiga, Valeria tenía sus sospechas y estaba
preocupada lo que la llevaba al segundo motivo de la llamada –Por cierto, pide a tu secretaria que
compre un ejemplar de cualquier revista de chisme. Hello, Ok Magazine, etc. Creo que las cosas
están a punto de salirse de control.- ¿Ahora qué? –Por último, Cartier concertó la reunión en Paris
mañana a las 9am, tienes que volar esta noche, no hay opción. Ya sabes que ese contrato es
importante, el más importante. Mantenme al tanto.- y con esa petición Valeria colgó.
La Ejecutiva miraba las fotos y el artículo con una mezcla de incredulidad, rabia y la sensación de
haber cometido uno de los errores más grandes de su vida. Maldijo mil veces en silencio al mundo y
a ella misma por ser tan descuidada. ¿Cómo no pensó en esto?¿Cómo pudo exponer todo así? La
impotencia era tan grande que tenía ganas de gritar y golpear a alguien. Necesitaba hablar con Ava
pero no tendría tiempo hasta su regreso de París. La reunión con Cartier era muy importante, una
oportunidad para trabajar en conjunto con una de las marcas más importantes en el mundo de la
joyería. Si tenía suerte, algunos de sus diseños serían confeccionados exclusivamente por Cartier.
-¡Maldita sea! –masculló frustrada y marcó al despacho de la casa esperando que Ava estuviese ahí.
-Residencia Daynes.- contestó la joven con seriedad, el dolor de cabeza remitió un poco de solo
escucharla.
-Oh, Amanda, que sorpresa.- el afecto en su tono era evidente y sonrió -¿Todo bien? Me alegra que
hayas llamado, estaba pensando en ti.- otra sonrisa, todavía no se acostumbraba a ser el objeto de
tanto afecto sincero.
-Sí, todo bien aquí en la Empresa y me alegra saber que me tienes presente.- Ava hizo un ruidito de
incredulidad, como si fuera posible –Se te escucha preocupada Amanda.- ¿Cuándo había aprendido a
descifrarla tan rápido?
-Lo estoy. Escucha, algo sucedió la noche de la cena, tomaron unas fotos, no sé cuándo, nunca me
percaté pero han terminado en cada reviste de chisme posible.- le dijo Amanda sin detenerse –Lo
lamento Ava, tu situación es delicada y yo la convertí en un circo. El artículo insinúa que eres mi
nueva amante, no conocen tu identidad aún, pero es cuestión de días que comiencen a investigar y
van a exponer hasta el último detalle de tu vida.
En el otro lado de la línea se hizo un silencio mortal. Ava estaba helada, entre el shock y el ataque
de pánico que le recorría el cuerpo. ¿Cada detalle de su vida expuesto? "Oh Dios, oh Dios." Había
esperado evitar algo así al menos hasta que interpusieran la demanda y los abogados la humillaran
frente a todos. Pero allí habría estado sola y su pasado nunca hubiese afectado a la mujer que la
salvó de la desgracia. "Oh Amanda, lo siento tanto." Controló las lágrimas y el sollozo antes de poder
hablar. Tenía que contarle todo, tenía que decirle que gracias a su pasado y malas elecciones, su
vida se convertiría en un infierno. Y por supuesto que nunca más querría saber de ella, no cuando le
había ocultado secretos que podían perjudicar su vida, su imagen y la confianza que depositó en ella.
-Amanda, necesito que vengas ahora a casa.- le dijo desesperada, la voz se le quebró –Necesito que
hablemos, es importante.
-No puedo, tengo que viajar a París en dos horas pero trataré de regresar lo antes posible. Te lo
prometo.- contestó sintiéndose miserable por lo que estaba provocando y no poder estar con ella en
ese momento.
-Por favor, necesito hablarte. Hay cosas que tienes que saber de mí, de mi pasado.- lo intentó
conteniendo el llanto –No quiero que lo sepas cuando una revista publique la peor versión de mí.
-Lo siento Ava, tendrá que esperar y créeme, nadie se siente peor que yo con todo esto. Además, no
creo que en tu pasado exista nada que pueda perjudicarme o supere lo que yo he hecho. No te
preocupes por mí, se manejarlo, estoy acostumbrada y lo prefiero a que caigan sobre ti y Sebástian.
Quédate tranquila, ¿Sí? Recuerda, estamos juntas en esto y yo no me arrepiento de esa cena.
Ava se quedó mirando el teléfono cuando Amanda colgó, con lágrimas silenciosas empapando sus
mejillas y la garganta cerrada en un nudo. Amanda estaba equivocada completamente. Decidida
salió en busca de Rosa y algo de información, minutos después marcaba el teléfono.
-Valeria, es Ava.- claramente la mujer conocía sobre el artículo y las fotos, estaba preocupada por
ella –Estoy bien, pero necesito un favor, es sobre Amanda.
-Necesito que me ayudes a salir de aquí, es demasiado tarde para lo que está por venir, pero al
menos esto lo puedo hacer bien por ella y desaparecer de su vida antes de perjudicarla.
-¿Qué?¿Desaparecer?¿De qué hablas? No Ava, primero Amanda me asesina y segundo, ella sabía lo
que hacía cuando tomó la decisión de llevarte a la casa.
-Valeria, mi pasado es una pesadilla que la va a perjudicar y mucho. Intenté decirle pero se marcha
a París y no es algo que puedo contar por teléfono.- la voz se le quebró una vez más –Cuando sepa
lo que hice nunca más querrá mirarme a la cara y sé, porque lo sé, que saldrá en esas revistas para
que el mundo lo vea.
-Ok, me has convencido, entiendo que es algo grave, voy para allá y antes de tomar una decisión
vas a contarme todo Ava. Quizás haya una manera de enfrentarlo, Amanda no te dejará marchar tan
fácil y no me lo va a perdonar a mí si te lo permito.
...........................
Amanda recogió la maleta en la estera del aeropuerto y salió casi corriendo hacia la salida. En París
no tuvo tiempo de nada, entre la reunión y la comida sorpresiva con la hija del Presidente de Cartier,
Amalia Jacques, una admiradora de su trabajo y la que había propiciado todo, no tuvo tiempo de
llamar para hablar con Ava, ni con Valeria siquiera para darle las buenas noticias. Prefirió regresar a
primera hora, sobre todo porque había pensado en Ava cada minuto y lamentó no poder llevarle un
regalo de recuerdo. Quizás podía remediar eso.
Camino a la salida se detuvo en una de las tiendas de souvenirs y escogió unos chocolates, cuando
se percató que la cajera la mirada fijamente. Probablemente la reconocía de alguna revista en la que
publicaban sobre ella con frecuencia, por curiosidad compró un ejemplar, intrigada por la evolución
de su historia con Ava. Lo había olvidado completamente con tantas cosas de que preocuparse,
comenzaba a cuestionarse si entre el trabajo de la Empresa de su padre y el lanzamiento de la nueva
colección era demasiado.
Ojeó la revista distraída hasta que una foto de página completa y un rostro muy conocido la congeló
en el lugar. Amanda parpadeó aturdida, de pronto era incapaz de escuchar y ver más allá de lo que
la página mostraba porque no era solo una foto. Un latido doloroso se instaló sobre la ceja derecha y
hubiese jurado que el estómago se le retorció hasta quedar en un nudo. La oleada de furia le
estremeció el cuerpo, la sangre le hervía bajo la piel y la foto estaba grabada a fuego en su retina.
Tenía que haber una explicación para lo que estaba viendo y recordó la desesperación de Ava
durante la llamada. No, se negaba a perder el control allí. Cerró la revista, pagó por todo y fue en
busca de un taxi mientras marcaba a Valeria y le informaba sobre el resultado de la reunión. Nada
sobre el artículo y le resultaba imposible creer que su amiga no estuviese al tanto. Cerró los ojos
contra el cristal frío, ignorando la punzada de dolor en el pecho, la decepción, la rabia y los celos que
le quemaban las extrañas como un veneno corrosivo. Inspiró profundo y lo bloqueó todo,
resguardándose en los muros que la habían protegido y que en ese instante necesitaba más que
nunca para sostener el control.
Valeria colgó la llamada con Amanda y miró a la mujer frente a ella. Ava estaba pálida, ojerosa, los
ojos rojos del llanto y las lágrimas que a ratos se le escapaban. La joven estaba hecha un desastre y
no era para menos, si antes la situación era delicada, había escalado a categoría infernal.
-Amanda está en camino. ¿Estás segura que no quieres que esté presente? – le preguntó y Ava
asintió.
-Será difícil, pero tienes mi apoyo. No te juzgo Ava y te comprendo, pero estoy fuera de la situación.
Se paciente y mantente firme con ella, le importas mucho.- la aconsejó antes de ponerse de pie y
salir del despacho.
Valeria esperó a su amiga en el salón del bar, era el primer lugar que visitaría a su llegada y no se
equivocó. Amanda entró en silencio, mortalmente seria y pálida con línea de tensión dibujadas en el
rostro. Lo sabía, ya lo sabía. Intercambiaron una mirada sin palabras en lo que Amanda se servía un
vaso de wiskey y que bebió de golpe. Valeria se acercó sabiendo que no era momento para palabras.
Le apretó el brazo en un gesto de apoyo, le dolía verla así y como cada oportunidad que llegaba a si
vida estaba manchada por algo.
-Lo siento, si sirve de algo yo le creo, intenta hacerlo tú también.- le dijo antes de marcharse, no
esperaba una respuesta.
.........................................................
Ava había pasado los dos días en un manojo de nervios, convencida de que cuando la verdad saliera
a la luz Amanda la echaría de allí y dolía. Hasta el último instante rezó para que las locuras que
cometió en su juventud no le trajeran mayores consecuencias pero no había contado con las de Ivy,
su hermana. Cada vez que ojeaba la revista se culpaba a sí misma por no haber sido capaz de
detenerla, de protegerla de si misma y el daño que se hacía. Ivy siempre fue descuidada, atrevida,
tenía la opinión de que todo debía vivirse intensamente porque cada día era único.
La tranquilidad fría con que Amanda impuso las condiciones de la conversación la golpeó más fuerte
que cualquier grito. Amanda podía estar enojada por muchas razones, por cómo quedaría su imagen
en la Empresa después de haberla ayudado, por su reputación ahora que estaba próximo el estreno
de su nueva colección. Pero en cuanto a ellas y lo que significaba para su incipiente relación, sobre
eso no sabía absolutamente nada. Estaba al borde de la desesperación y por mucho que quería
derrumbarse y llorar necesitaba tener aquella conversación. Ava inspiró profundamente y asintió
decidida.
-A los 17 años me marché de casa, no, en realidad nos marchamos de casa, mi hermana Ivy y yo,
en contra de la voluntad de nuestros padres. Yo podía quedarme, era la hija modelo, con excelentes
calificaciones y modales impecables, fue un dinero en educación bien invertido. Pero Ivy no. Ella se
convirtió en la rebelde, protagonizando escándalos, avergonzando a mis padres. Amenazaron con
enviarla a un internado fuera del país, era eso o marcharse de casa.- la historia sería más
compresible si comenzaba desde el inicio –Eligió irse de casa y yo con ella, era mi hermana, sé que
otra persona la habría abandonado a su suerte pero yo era la mayor, me sentía responsable de lo
que ocurría y que culpaba a mis padres de no comprender, de que ninguna de nosotras les importara
lo suficiente. Ivy a pesar de sus locuras era una niña que necesitaba a su madre y esa nunca estaba,
ellos nunca estaban.- en ese punto Amanda la miró brevemente, el dolor en su voz era sincero y
ahora se preguntaba dónde estaba la hermana, ¿cómo es que nunca se le había ocurrido preguntar
por su vida, por su familia? Ava estaba sola con un bebé, ¿y sus padres y Ivy? La pelirroja pareció
interpretar correctamente la interrogante en su mirada y respondió –Mis padres viven en Ascot.- dijo
a lo primero, Amanda alzó una ceja curiosa. Ascot era un pueblo de personas ricas, no se podía ser
un trabajador de clase media y costear una propiedad allí –Te sorprende, sí, mi padre es abogado,
tiene mucho dinero y negocios, nacimos en cuna de oro. En la sociedad y el mundo en que viven no
se permite otra imagen que no sea la de perfección, la familia feliz, a pesar de que todos saben que
mi padre tiene amantes, por eso nunca está y mi madre, entre amigas y compras, galas benéficas,
tampoco. En resumen, Ivy se rebeló, quería llamar la atención y lo logró.
-Ivy, fue la menor por dos minutos, gemelas, era parte de mí, crecimos juntas, yo...- la voz le falló.
-Sí, como dos gotas de agua. En un inicio nuestros padres presumían de tener dos muñequitas
perfectas.- comentó con ironía, encajaba en su vida también perfecta.
-No, nunca más, solo los llamé cuando...- se detuvo bruscamente y los ojos se le llenaron de
lágrimas –No importa. Ya no importa. Lo siento Amanda, no son las respuestas que estás buscando,
nada de eso interesa, solo lo que está aquí.- señaló la revista frente a ella –Esto es lo que debo
explicar. Amanda negó y alzó la mano para detenerla.
-Se trata de tu vida y yo quiero escucharlo. Llegarás a eso, estoy segura de que tiene mucho que
ver. Continúa.- le pidió, estaba interesada en todo lo que fuese parte de ella, quizá la ayudara a
comprender.
-No marchamos a Londres, tenía unos ahorros, renté una habitación barata y salí a buscar trabajo.
Ivy conoció un hombre, nos ofreció clases de baile y trabajar en su club. Sin trabajo, sin dinero, no
tenía idea de lo que estaba aceptando hasta que fue demasiado tarde.- Amanda se tensó al instante,
sabía que estaba a punto de escuchar cosas que no le iban a gustar. Comprendió exactamente lo que
Ava insinuaba. La prostitución de jóvenes era muy común, extranjeras o no, una presa fácil para
tipos como ese. Una rabia fría barrió con el poco control que estaba logrando recuperar, con mucha
suerte ese hombre nunca se cruzaría en su camino porque era capaz de sacarle la piel a tiras.
-¿Cómo lograste...? – preguntó Amanda y el tono de suspenso fue suficiente. Ava no podía explicar
cómo se sentía una joven de 18 años que prácticamente fue forzada a vender su cuerpo. Eran
recuerdos que había desterrado mucho tiempo atrás, pero que de vez en cuando encontraban el
camino de regreso a su vida, como ahora.
-Por ser gemelas teníamos nuestro propio show, en privado éramos muy codiciadas. Fue al inicio,
uno de los clientes cruzó el límite y Ivy terminó lastimada. Lo amenacé, que me marcharía de allí,
pero fue más porque decidió que era malo para el negocio, que por mis amenazas. Accedí a
quedarme y bailar, tenía la esperanza de así proteger a mi hermana. Comencé a pagarme los
estudios, era buena con los números, así que elegí economía. Reuní lo suficiente para abandonar el
lugar, terminar y encontrar un trabajo y lo hice, me fui de Londres.
-¿Y tú hermana?
-Se quedó. Yo no podía continuar, me rompió el corazón marcharme pero Ivy...- se le escapó un
sollozo –Ella se hundió cada vez más en las drogas, el dinero, aceptaba...
-¿Prostituirse?
-¿Y tú? – la pregunta se escapó antes de que pudiera contenerse. Ava había vivido un horror, pero
para Amanda ciertas línea no debían cruzarse y necesitaba saberlo. Siempre había elección.
-Lo intentaron, al inicio. No pude evitar que la primera vez...- eran momentos que había enterrado
tan profundo que a a veces se sentían ajenos, pero allí con Amanda tenía la piel al descubierto –La
segunda, me llevé un cuchillo pequeño y lo corté. Estuvo a punto de matarme pero Ivy se ofreció a
continuar con la condición de que todo el dinero fuese para ella. Lo hizo para protegerme.- intentó
sonreír pero fue más una mueca de tristeza y resignación –Tengo préstamos escolares, ganaba bien,
pero no lo suficiente.
Amanda tenía serios problemas en asimilar toda la información que recibía. En algún punto, quizás
cuando Ava insinuó que fue violada, la visión se le nubló completamente y una rabia ciega pulsaba
en su sangre como un veneno letal. Cada músculo de su cuerpo vibraba en tensión, quería encontrar
a esos malditos y hacerlos pagar y probablemente lo haría. Las fotos le mostrarían el camino directo.
Y Ava...¿de qué podía culparla?¿De querer cuidar de una hermana que estaba más allá de la
salvación? Ivy eligió su vida y si querían llamarla egoísta porque Ava finalmente cortó el lazo de
dependencia y se salvó de ese destino, a ella le daba malditamente igual. Solo quedaban varias
dudas que aclarar.
-¿Las fotos? – preguntó, Ava se puso de pie y rodeó el escritorio con la revista en la mano abierta de
par en par y se detuvo frente a ella.
-Esta soy yo.- señaló la imagen donde una pelirroja se colgaba de una barra semi-desnuda, aún
tenía las partes íntimas cubiertas.
-Lo sé, pero soy yo y no quiero mentirte.- contestó y Amanda agradeció la sinceridad, aunque no el
pinchazo de los celos y la furia dentada que todavía bullía en su interior –La otra foto...es Ivy.- la
mano le tembló y la revista se estremeció. Sin dudarlo, Amanda extendió el brazo, lanzó la revista a
un lado y atrajo a Ava hasta su regazo, que entre el shock y la sorpresa no pudo hacer más que
acurrucarse y llorar en el apoyo de la mujer que se había convertido en su pilar.
-¿Crees en lo que te he contado? – una pregunta tonta o no estuviesen allí, pero necesitaba
escucharlo en palabras. Amanda se giró un poco hasta quedar rostro con rostro y se tomó unos
segundos antes de asentir.
-Lo hago.
-¿Cómo?
-Simplemente lo sé.
-Cómo tú. Nunca se lo que estás pensando y me sorprendes siempre.- le confesó Ava sin perder la
ironía del tema –Me gustaría...daría todo por saber que estás pensando ahora, sobre nosotras.
Entiendo que todo esto puede perjudicarte mucho, así que estoy preparada para marcharme.- dijo
decidida aunque el dolor de esas palabras le apretó el pecho –Además ya sabes lo que hice para
ganarme la vida, mi foto está en todos lados y la de Ivy...es mi rostro, mi cuerpo, me siento sucia.-
expresó con rabia por como el destino le había jugado tan sucio cuando pudo ser feliz. Amanda
frunció el ceño irritada, no era justo que Ava se despreciara así y no le gustaba el camino que estaba
tomando la conversación –Te mereces a alguien mejor a tú lado –imaginarse a Amanda con alguien
más, alguna modelo o actriz fue tan doloroso como apartarse de su lado. Sin poder evitarlo las
lágrimas salieron otra vez y las apartó furiosa de un manotazo.
-No.- el tono severo de Amanda cortó el monólogo en el instante que detuvo a Ava de la mano –El
pasado no te define. Enfrentaste la vida porque tenías que hacerlo y conservaste tu integridad a
pesar de todo. No estás sucia Ava, al contrario, admiro tu valor porque eres una mujer fuerte que ha
superado lo impensable y se abrió paso en la vida. No eres Ivy, ya no tienes la responsabilidad de
cuidar de ella y mucho menos de llevar sus faltas como una carga.- le tomó el rostro y lo acercó para
besar sus labios, que se entreabrieron para recibirla en un beso angustiado. Amanda se apartó
depositando otro beso en la mejilla húmeda –Nada ha cambiado, lo que siento por ti sigue ahí.
Confieso que las fotos me descolocaron, sobre todo donde aparece...
-¿Todavía no crees que sea Ivy? Puedo probártelo.- estalló Ava casi saltando del sofá, estaba furiosa.
Con ella misma y sobre todo con Ivy por hacerle algo así, por no pensar en las consecuencias de sus
actos y le dolía sentirse así sobre su hermana por muchos errores que hubiese cometido.
-Ava, ¿Qué haces? Yo no he...- la frase murió cuando la pelirroja abrió la blusa casi de un tirón y un
par de botones saltaron por el aire -¿Qué...?
-Ivy tiene una marca de nacimiento en el muslo, se ve en la foto desnuda, es lo único que nos
diferencia.- le explicó mientras batallaba frustrada con el botón del pantalón.
-¡Basta ya! – Amanda saltó enojada cuando interpretó sus intenciones y capturó las delicadas
manos.
-¡Déjame!
-¡No!!Maldita sea! Te dije que no dudo de ti.- encerró ambos brazos detrás de la espalda de Ava y el
cuerpo semi-desnudo y agitado se retorció contra ella. Amanda gruñó de frustración, pero intentó
serenarse antes de hablar –Ava.- la llamó en voz baja junto al oído –No es así como quiero ver tu
cuerpo por primera vez, no en esta situación, ni en estas condiciones. Vas a privarnos de un
momento muy especial.- la suavidad sensual en la petición le produjo escalofríos y atravesó la
neblina de frustración y rabia hasta que se tranquilizó y entonces se sintió como una estúpida.
-Ya has visto mi cuerpo, la foto...- se justificó todavía temblando ligeramente. Derrotada y
arrepentida, alzó la mirada encontrándose con unos ojos azules cargados de preocupación y ternura.
Y eso la derritió.
-Oh...me estoy comportando como una demente, ¿cierto? Creo que he perdido la cabeza.- suspiró
agotada, apoyándose contra el cuerpo sólido.
-Puedes soltarme, no voy a desnudarme.- admitió Ava avergonzada por su arranque –Dios, es como
si constantemente estuviese en una montaña rusa de emociones.
-Yo diría que hace la vida más emocionante.- Amanda no la liberó de inmediato, en cambio, deslizó
los labios por el cuello femenino y mordisqueó la piel cálida. Ava se sobresaltó y su propio gemido la
tomó por sorpresa –Y tienes prohibido desnudarte...aún. Ese placer será solo mío.- le advirtió en
tono seductor, que provocó corrientes cálidas de deseo en ambas –Ese será tu castigo.- un suspiro
ahogado fue todo lo que abandonó los labios de Ava. Amanda se tomaba en serio lo de dejarla sin
palabras.
-Cumpliré todos los castigos que quieras.- aceptó Ava. Finalmente Amanda se apartó y le permitió
arreglar la ropa, aún tenían una conversación pendiente.
-Terminemos esto, pero como te dije ayer, lo haremos juntas.- dijo Amanda palmeando a su lado en
el sofá para que Ava lo ocupara. Esperó a que la pelirroja se acomodara y la rodeó con un brazo para
mantenerla cerca, la siguiente pregunta sería difícil y de algún modo intuía la respuesta -¿Dónde
está Ivy ahora? – silencio y un suspiro triste.
-Murió. Hace seis meses me llamó, que iba a regresar. Creo que de alguna manera presentía que no
le quedaba mucho tiempo.
-No. Ivy murió un mes después de dar a luz por complicaciones y sangrado. Su cuerpo estaba muy
maltratado y no lo soportó.
-¿Y el padre?
-No sé. Nunca me dijo quién era, creo que no lo sabía. Se inscribió al bebé solo como suyo, con
nuestro apellido. Me dijo que era lo único bueno y puro en su vida y que yo debía tenerlo.
-¿Pediste la adopción?
-Aún no, no tenía el dinero ni estaba en un buen lugar y ahora sin trabajo, con este escándalo me lo
quitarán si lo intento.- un escalofrío de terror y desesperación la recorrió. Su bebé era lo único que
tenía en el mundo, el único pedacito de su hermana. No lo había llevado en su vientre pero lo amaba
como si fuese su propio hijo.
-No, no lo harán, resolveremos eso después que se aclare este desastre a la prensa.- dijo Amanda
decidida –Pero no puedo mencionarte a ti Ava. Has protegido a tu hermana toda la vida y sé que
quieres ser justa, sé que ella estaría dispuesta a hacer lo mismo por ti. Ahora es Sebástian quien te
necesita.- la joven se tensó a su lado, la comprendía y lo sabía, que era lo mejor para ella, para
Amanda y para las posibilidad de adopción de Sebástian, pero no por eso dolía menos. Se sentía
horrible manchar la memoria y la imagen de su hermana así, pero no quedaba otra opción.
-Está bien.- aceptó con tristeza –Mis padres deben estar maldiciendo el día en que nacimos.
-Ellos mejor se quedan al margen de esto.- fue la respuesta cortante de Amanda. Esos señores eran
tan culpables de las desgracias de sus hijas como el hombre que se aprovechó de ellas –Podemos
demandar por tráfico de menores y enviar a la cárcel a esos bastardos pero sería un circo.
-No, prefiero que pase y se olvide, no quiero que Sebástian tenga que recordar a su madre así un
día.
-OK, al menos enviaré a mi abogado para asustar a las revistas y con suerte que consiga las fotos
originales.- y también descubrir quien las había vendido, pero eso no necesitaba decírselo a Ava –
Además él nos puedes orientar con el tema de la adopción.
Unos toques suaves interrumpieron la conversación que al menos había culminado en buenos
términos. Aunque no por eso Amanda olvidaba su enojo por lo sucedido. Ava intentó apartarse, no
quería comprometer a la mujer con demostraciones de afecto frente a su familia, no después de lo
que estaba en esa revista. Pero el brazo alrededor de su cintura no cedió ni un milímetro y cuando la
miró, Amanda negó la huida con un, "Adelante," a quien quiera que estuviese en la puerta. Nathaniel
y Valeria entraron en tropel a la habitación y Ava ocultó el rostro sonrojado. "Genial." Los cuatro se
quedaron mirando en silencio, evaluando la situación sin saber que decir, sobre todo los recién
llegados intentando no parecer muy sorprendidos por la posición íntima entre ambas mujeres.
-Gallina.- protestó la rubia –Pero cierto, lo llamé, estaba preocupada.- se encogió de hombros como
si eso fuese excusa suficiente.
-Ya veo.- Amanza cruzó las piernas acomodándose sin soltar a Ava que observaba el intercambio
nerviosa y queriendo desaparecer –¿Esperaban encontrar exactamente qué? – preguntó con
sarcasmo –Me alegra saber que intentan protegerla, aunque sea de mí.- concluyó con algo de
humor, era cierto que tenía su temperamento, pero tampoco para exagerar. ¿Oh sí?
-No es eso, solo queríamos asegurarnos que estuviesen bien.- rectificó su hermano –Y ayudar.
-Estamos bien, hemos aclarado lo sucedido y Valeria, ya que estás aquí y entre tus muchos talentos
tienes el de ser abogada, Ava necesita un consejo.- comentó la pelinegra –Siéntense de una vez.-
gruñó cuando todavía la miraron con cara de circunstancia.
-¿Qué necesitas saber? – la curiosidad era un defecto de su amiga. Ava no se apartó de Amanda,
necesitaba la seguridad de su abrazo y el apoyo en ese instante.
-Los requisitos que debo cumplir para la adopción de Sebástian y que posibilidades tengo.- explicó
Ava y la expresión en el rostro de Valeria fue más elocuente que cualquier respuesta. Ninguna
posibilidad.
-Lo siento Ava, ahora mismo sería pérdida segura. No importaría tanto si estuvieras casada o con
una pareja que demuestre que puede brindarle a Sebástian y a ti lo que necesitan y estabilidad.
Familia y economía, es lo principal. Pero estás sola y por ahora no cumples ningún otro requisito.
-Lo sé, lo he sabido todo este tiempo. Pero necesitaba preguntar.- reconoció abatida, le quedaba
rezar para que todo el escándalo no sacara a la luz, que tenía un bebé que no era suyo.
-¿Y si tuviera una pareja? – preguntó Amanda mordiéndose el labio distraída, una idea le rondaba la
cabeza.
-Bueno.- Valeria la miró con seriedad –Podría ser, la posibilidad es alta.- intercambió una mirada
intrigada con Nathaniel. Había visto esa expresión en Amanda otras veces, cuando estaba a punto de
tomar una decisión que no le gustaría a nadie y que solo ella comprendía. "Esto será interesante."
-Entonces, la solución es sencilla.- "Oh, estoy a punto de cometer una locura. ¡Otra! Lo sé." –Ava y
yo nos comprometemos y lo adoptamos...juntas. Silencio total.
Las reacciones fueron tan variadas como chistosas y Amanda rio entre dientes. Solo por ver sus
caras valía la pena. Nathaniel abrió los ojos como platos, Valeria alzó las cejas que llegaron hasta el
nacimiento del cabello y Ava la miraba como si estuviera loca. Y probablemente tenía razón, pero
cuando sus miradas se cruzaron y esbozó una sonrisa, Amanda supo qué hacía lo correcto y se
sentía correcto. Fue un segundo antes que el desconcierto estallara en la habitación.
-¡Infiernos! Esto si merece estar en la primera página de maldita revista.- exclamó Nath
emocionado.
-Concuerdo.- Valeria asentía asombrada –Nunca pensé escucharlo, ya había perdido la esperanza.
Me debes 100 euros, gané la apuesta.- le dijo al hombre.
-Están olvidando algo.- los interrumpió Amanda consciente de que Ava continuaba en silencio a su
lado.
-¿Qué? Hombre, deja que le cuente a papá cuando llegue esta noche.- comentó su hermano.
-Más te vale.- gruñó Amanda –Regresando al tema, Ava no ha dicho que sí, nadie ha ganado la
estúpida apuesta.- como respuesta Ava se aclaró la voz ligeramente.
Cuando la puerta se cerró y quedaron a solas Amanda se encontró de pronto inusualmente nerviosa.
Ava no parecía contenta, ¿y si la rechazaba? "!Agh! no seas estúpida Amanda, le has ofrecido una
solución al problema, no un matrimonio verdadero." ¿Qué importaba si la rechazaba? Algo se rebeló
dentro de ella, importaba, sí que importaba.
Ava no pudo escuchar más allá de la palabra compromiso. ¿Qué?! Cómo podía proponer algo tan
importante de manera tan descuidada! No era así como ella pretendía casarse, de hecho, nunca tuvo
intenciones de hacerlo. No después de que el infierno que vivió, la convenciera de que no existía el
amor y los finales felices. Lo peor es que no estaba molesta con la petición, su corazón había dado
un salto absurdo de alegría como si fueran las palabras que esperaba escuchar, seguido de un enojo
total por la forma en que se lo había pedido. Como si preguntara por el estado del clima. Un desastre
de emociones y sentimientos contradictorios. Amanda una vez más le ofrecía su ayuda de una
manera increíble, ¿y ella estaba cuestionando sus capacidades románticas? Por no hablar todo lo que
implicaba la petición.
-Amanda.
-Hmmm...
-No existe un candidato mejor y no dudo que le tienes cariño a Sebástia.- dijo Ava. Amanda
compartía con el bebé a diario, desde jugar con él y hacer voces tontas, hasta cambiar pañales o
simplemente tomarlo en brazos –Y no hablar de cómo lo consientes, pero...¿Un compromiso? Aunque
sea de esta manera es algo serio, una responsabilidad. ¿Por qué haces esto?
-¿Por qué no debo hacerlo Ava?¿Tanto te cuesta aceptar lo que viene de mí? – preguntó irritada –
Sentimos algo la una por la otra, no debería ser tan insoportable la idea.
-Ese es el punto Amanda, no es insoportable, todo lo contrario.- fue la respuesta directa de Ava –Es
absurdo, pero estoy más molesta por lo poco delicado de la petición que por un instante olvidé que
se trataba de una mentira.- Amanda pestañeó cuando la palabra "mentira" le causó una punzada,
pero Ava continuó aclarando –Hace mucho que dejé de soñar con cuentos de Príncipes y finales
felices, pero créeme que esto se siente muy cerca de algo así.- si con eso no la terminaba de
espantar.
La expresión de Amanda había cambiado a total seriedad. ¿Acaso Ava insinuaba que sentía algo más
que atracción por ella? Nunca antes había sido tan lenta para interpretar las palabras cuando
involucraban sentimientos. De la misma manera que se negaba a reconocer que más allá de hacer la
propuesta como una solución, existían otros motivos que aún no tenían nombre ni forma pero que
estaban allí.
-Entonces, por qué en vez de rechazarlo por lo que asumes, nos dedicamos a descubrir que tan
verdadero puede ser.- contestó igual de directa –Sé que no es así como cada mujer sueña que le
propongan matrimonio, pero nuestra situación nunca ha sido la ideal desde el inicio y sin embargo
nos dimos la oportunidad.
-Es cierto.- a veces encontraba inexplicable como era capaz de sentirse feliz cuando su vida pendía
de un hilo. Al menos de su parte la simple atracción comenzaba a tener un matiz más serio y eso la
asustaba –Pero lo que me ayuda a mí, te puede destruir a ti. Las fotos es el menor de los problemas
cuando estoy acusada de fraude millonario en tu empresa familiar.
-Aún. Pero esto también saldrá a la luz y me niego que caigas arrastrada conmigo. Quizás la solución
sea otra. Si estás dispuesta para adoptar a Sebástian, pídelo tú sola, te lo concederán de inmediato.-
esa era la verdadera solución por muy dolorosa que fuera –No necesitas atarte a mi cuando soy un
lastre peligroso para tu vida.- concluyó Ava aunque cada palabra se le clavaba en el corazón.
Amanda soltó algo parecido a un gruñido frustrado.
-No, haremos esto juntas y no me arrastrarás contigo porque nada va a ocurrir. Sebástian necesita a
su madre, a la persona que lo ama de manera incondicional, no a una desconocida. Además...- se
inclinó hacia Ava en un beso sorpresivo, presionando los labios con la punta de la lengua, que se
abrieron gustosos para recibir el embate. Fue un momento corto pero intenso que las dejó agitadas y
sonrojadas –Hmmm...
-¿Devastadoras? Lo sé, pero estamos discutiendo un tema serio aquí.- dijo Amanda en broma y con
una sonrisita de suficiencia –Decía que en cuanto a mí, por primera vez la palabra compromiso,
incluso, matrimonio, no me provocan un ataque de pánico por el que quiero correr en la dirección
contraria. Me gusta la idea de amanecer junto a alguien y que ese alguien seas tú.- Ava contuvo el
aliento, era lo más parecido a una declaración que había escuchado de parte de Amanda y miles de
mariposas se agitaron en su estómago –Quizás, no has pensado por un instante, que seas tú la que
tengas dudas sobre esto. Por lo que significa y por lo que soy. Porque soy una mujer y jamás te
interesaste en una antes. Estarás en una relación pública y cuando salgas a la calle será de mi mano
y no de la de un Príncipe Azul. Será el beso de una mujer, el toque de una mujer y puede que no sea
suficiente. Y tener que lidiar con el hecho de que no todos aceptan tu elección de vida y te lo harán
saber, a veces de maneras desagradables. Aquí, encerrada entre cuatro paredes no has enfrentado
aún la realidad de lo que un cambio así significa.- un suspiro –Si se anuncia el compromiso
tendremos que salir y representarlo, sé que por Sebástian lo harás, pero es un motivo temporal y
una vez completado puedes elegir el camino que desees. En cambio, si entras en esto pensando en
nosotras, entonces yo esperaré...- Ava la silenció con un dedo sobre los labios.
-¿Una pareja?¿Una compañera que esté a tu lado? Puede que sea inexperta pero no soy ignorante.
Sé cómo se ven dos mujeres juntas y no es diferente a como se ve una pareja heterosexual. No me
trates como una tonta que no puede decidir y pensar por si misma.- le reprochó, aunque no estaba
molesta –Se de lo que hablas. Pero yo pedí conocerte, ¿recuerdas? Tu vida, lo que haces y quien
eres, forma parte de eso y estoy consciente de lo que significa. Me gustan los hombres.- se encogió
de hombros quitándole importancia, no es que tampoco hubiese estado con muchos –Ahora me
gusta una mujer.- la distinción de Ava le provocó una sonrisa, con "una" se refería solo a ella –Y esa
mujer es todo en lo que puedo pensar ahora. Si tomamos caminos diferentes no será porque me
atraiga más un hombre que una mujer, sino porque no encontramos en la otra lo que necesitamos
para ser felices. No dudes de mí y yo no lo haré de ti. Se de sobra que no estoy a la altura de tus
conquistas. Me querrán sacar los ojos cuando descubran que una simple contadora y stripper atrapó
a la soltera más codiciada de Londres y sé que el compromiso no las detendrá si quieren meterse en
tu cama. Para ellas no seré nadie y es cierto.
-¡Hey! – Amanda se quedó helada, no había considerado las inseguridades de Ava y era una estúpida
por eso. Negó suspirando por su ignorancia suprema –Un compromiso no las detendrá pero yo sí, no
te faltaré el respeto Ava, jamás he sido tan seria en algo como lo estoy siendo en esto. Y como tú,
solo puedo pensar en una mujer, una que ocupa todos mis pensamientos y fantasías.- agregó con
una voz sensual que le provocó un estremecimiento a la pelirroja -¿Aceptarás cumplirlas? Eso es
parte de mi propuesta, es una promoción.- se acercó al cuello de Ava y probó con la punta de la
lengua, robando un suspiro y obteniendo más piel para besar cuando ladeó la cabeza para permitir
más acceso.
-Soborno, chantaje y agrégale tortura Amanda.- las dos habían tenido su buena dosis de besos
calientes y húmedos y sus cuerpos estaban al límite de resistencia –Agregarán asesinato a la
demanda si no dejas de provocarme y me llevas a la cama de una vez. Ya sé que fui una estúpida y
has probado tu punto. ¡Dios! Sueno patética y necesitada.- Amanda se echó a reír sin abandonar el
recorrido.
-No tienes idea. He querido arrancarte la ropa desde el primer día. ¿Cómo crees que me siento yo?
Pasando las noches a base de duchas frías. Te he imaginado desnuda en mi cama todos los días.
-Basta Amanda.- suplicó ardiendo y ni siquiera la había tocado más allá de unos besitos en el cuello.
Se apartó con la poca voluntad que le quedaba –No te acerques otra vez a menos que vayas a
terminar lo que comenzaste. Me estás volviendo loca. Amanda esbozó una sonrisa lenta y sensual,
toda una burla. Sus ojos brillaban cargados de deseo y hambre.
-Bienvenida a mi mundo.
-Provocadora.
-Que puedo decir, eres irresistible.- contestó Amanda, Ava se sonrojó con el cumplido y le acarició la
mejilla –Hoy quiero no quiero que estés encerrada trabajando. Aprovecha la piscina y pasa el día con
el bebé, esta noche viene mi padre y su esposa a cenar, en realidad vienen todos.- la pelirroja abrió
los ojos en pánico –Una cena familiar, quiere conocerte.- Amanda se encontró a si misma
emocionada ante la perspectiva de presentar a su nueva prometida. Soltó una risita irónica, el
infierno estaba a punto de congelarse –No, no permitiré que te escondas. Ahora eres mi prometida.-
reafirmó con un beso casto en los labios –Y también parte de la familia.
-Pero...-¿parte de la familia? Lo decía con una sonrisa, como si fuese verdadero y realmente lo
deseaba. Ava añoraba tanto el calor familiar y pretender por unos instantes que podía permitirse la
felicidad, que terminó accediendo.
-Te buscaré antes de la cena, aún tengo algunas cosas que hablar con Valeria, disfruta el día.- y con
otro roce de labios se despidió. Ava, aún estaba aturdida por lo que había ocurrido y por la velocidad
con que su vida cambiaba constantemente.
-Prometida de Amanda.- murmuró sin poder creerlo, pero no pudo evitar la sonrisa en el rostro a
pesar de ser una locura.
Valeria y Amanda terminaron de concretar los últimos detalles sobre la colección, el lanzamiento y el
futuro con Cartier, cuando súbitamente ambas quedaron en silencio. Era el momento de la verdad,
cuando toda la situación y las decisiones tomadas se asentaban como verdaderas. Valeria que
llevaba demasiado conteniéndose fue la primera que habló.
-Nunca te había visto así.- Amanda alzó la mirada interrogante. ¿A que de todo se refería? –Como te
comportas con ella, lo que estás dispuesta a hacer por ella. Es...simplemente estoy sorprendida. Se
te ve feliz.- agregó las palabras correctas, la escena en el despacho la había convencido de eso.
Como le brillaban los ojos cuando se miraban, el abrazo protector y por último –Todavía no me
puedo creer que le ofrecieras compromiso.- suspiró desconcertada –Quiero que seas feliz Mandy, de
verdad, pro Ava está en una posición crítica. Podemos buscar otra solución.- Amanda permaneció en
silencio, las dudas de su mejor amiga eran lógicas y sin embargo, ella no tenía ni una sola razón
coherente para explicar lo que hizo o por qué lo hizo.
-No quiero otra solución.- respondió con seguridad y hasta ella se sorprendió. Una cosa era pensarlo
y otra muy diferente admitirlo en voz alta. Valeria la miró completamente seria y negó como si
todavía no creyera lo que sucedía.
-Te estás enamorando de Ava.- cuando escuchó las palabras, la certeza la golpeó con la fuerza de un
tren a toda velocidad. ¿Podía ser?¿O solo se trataba de una obsesión peligrosa?
-No lo sé. Desde el primer día ha sido diferente. Prácticamente salí corriendo a buscarla cuando la
despedí y la traje a casa. No tengo una respuesta, de verdad no la tengo.- era el momento de
sincerarse. Si ella no se entendía a sí misma, quizás alguien más podía hacerlo.
-Padeces los síntomas y ella también. Lo que temo es el daño que pueden hacerse la una a la otra.
Ava está en un momento vulnerable y tú cuidas de ella. Con su pasado puede que esté equivocada,
es muy fácil confundirse.
-También lo sé.
-Y aun así te arriesgas.- Valeria asintió en silencio, lo que había entre ellas era demasiado intenso
como para que ninguna fuese capaz de ver más allá. Era un desastre en potencia –Lo que decidas
estaré aquí.
-Gracias.- respondió Amanda agotada, pero las palabras de su amiga aún resonaban entre sus
pensamientos. ¿De verdad sentía algo más que simple atracción? Cuando la química entre dos
personas era tan fuerte, ciertas líneas se confundían en el proceso.
........................
Andrew iba entrando a su oficina después de otra discusión frustrada con varios miembros del board
sobre la presencia de Amanda en la Empresa y la falta de información en cuanto a la investigación.
No tenían nada, ni una sola pista y eso lo favorecía de muchas maneras por igual.
Desafortunadamente, su prima hacía un trabajo impecable en cuanto a los números y el dinero era
todo lo que interesaba allí. Pasando por el escritorio de su secretaria, una portada distintiva llamó su
atención, una portada que contenía el apellido Dayne. Curioso se llevó la revista al despacho y se
acomodó para ojearla. En la página 3 se detuvo impresionado por la foto que abarcaba media página
y reconoció el rostro de inmediato. La misma mujer que había visto en la mansión y que en otras
fotos se mostraba con Amanda. Soltó una carcajada satisfecho.
-Streaper y prostituta, ¿no la pudiste escoger mejor? – marcó un número en el teléfono de la oficina,
un ring después contestaron –Thomas ven a mi despacho.- cuando estuvo frente a él le mostró la
revista en el artículo, el hombre palideció y abrió los ojos como platos.
-¿Qué significa esto??Conoces a esta mujer? – inquirió nervioso, Andrew comenzó a preocuparse.
-Es la nueva amante de mi prima, la vi en la mansión hace unos días y ahora esto. Un escándalo así
es lo que necesito.- respondió con una sonrisa, Thomas lo miró con la boca abierta y sudando.
-¡No, no! Andrew, esto es malo, estamos jodidos.- exclamó desesperado -¡Es ella!!Es Ava Brenner, la
contadora que firmó los papeles, la que despidió! Si es su amante significa que trabaja con ella.- fue
el turno de Andrew de paliceder.
-Seguro. Es ella.
-Tengo que pensar sobre esto. No puedo creer que esa zorra se esté acostando con ella para sacarle
información. Tampoco es que ella tuviese acceso a otros documentos de Amanda no pueda
conseguir. No entiendo a que juega, pero si me acaba de entregar a su propio cabeza en bandeja de
plata.- dijo Andrew satisfecho consigo mismo, si podía quitárselo del medio y humillarla en el
proceso, iba a disfrutarlo –Convoca una sesión plena del board en la mañana. Nuestra CIO tendrá
que explicar por qué se revuelca con la responsable de un robo millonario en su propia empresa.
........................
Ava estaba en una esquina del sofá escuchando la conversación a su alrededor, sin poder distraerme
y bastante nerviosa. Sebástian estaba dormido y cargaba con el monitor a todos lados por
precaución. Amanda, Nath y Valeria discut'ian sobre negocios, tan pronto de joyería como de
arquitectura y los progresos de cada empresa familiar. Solo Andrea, la esposa de Nathaniel parecía
tan distraída y aburrida como ella. Era profesora de universidad y no se mezclaba mucho en esos
asuntos.
Desde su llegada a la mansión Andrea fue un apoyo, casi todos los días pasaba a conversar y si no
llamaba por teléfono, lo mismo Valeria aunque un poco menos por sus múltiples ocupaciones y
agradecía a ambas por eso. Eran su único apoyo, aparte de Amanda, y a las que de alguna manera
podía considerar amigas. Mientras que la propia Ava apenas superaba la humillación de las fotos y el
artículo que publicaron, ninguno de ellos la trataba de manera diferente. Su apoyo era incondicional
y Ava se sentía abrumada muchas veces.
-Ava, acompáñame a buscar una margarita antes de que muera por aburrimiento.- de pronto Andrea
estaba frente a ella y ni se había percatado –Cuando estos se reúnen es imposible, vamos.- Ava
esbozó una sonrisa insegura cuando tres pares de ojos se giraron para mirarla, ya estaba lo
suficiente nerviosa. Amanda le sonrió tranquila, Andrea tenía razón y sin querer la habían excluído.
-Lo siento.- se disculpó sincera –Me dejé llevar por la conversación. Si quieres ir no hay problema,
de todas formas mi padre debe estar por llegar.- recordó Amanda y los nervios de Ava se
intensificaron. Andrea rodó los ojos con el poco tacto de la mujer.
-Está bien.- aceptó Ava porque hasta ella necesitaba una margarita.
Ya en el salón de los juegos donde estaba el bar, Andrea sirvió dos copas y se sentaron a beber en
silencio. Sin poder evitarlo las mejillas de Ava enrojecieron con los recuerdos del beso compartido en
el mismo sofá donde estaba sentada. Por suerte para ella Andrea no tenía el poder de leer el
pensamiento.
-¿Estás bien? – fue la pregunta de la mujer que rompió el silencio. Bien era un término relativo
cuando se trataba de su vida donde las cosas sucedían sin una definición.
-Estoy.- fue todo lo que pudo responder –Supongo que ya sabes la noticia.
-Somos dos.
-¿Quieres decir que aceptarás la propuesta de Amanda? – preguntó y ante al silencio agregó –Creo
que deberías hacerlo.- Ava la miró sorprendida.
-Es una locura, todo esto lo es. Amanda no está pensando con claridad ni en las consecuencias. Mi
vida entera es un problema que afecta la suya directamente.
-Decisiones equivocadas.
-Y la mía también no aceptarlo. Ella se siente de alguna manera responsable por despedirme y
porque Sebástian no tenga que dormir en habitaciones de motel. Y no tiene por qué.
-Olvidas algo.- intervino su amiga –La atracción entre ustedes que cada vez es más evidente. La
forma en que te mira y cuida de ti es diferente como te protege, a ti, no solo al bebé.
-La atracción no justifica arriesgarse tanto.- rebatió Ava compartiendo sus inseguridades –Ya viste lo
que salió en esa revista y lo que no saben sobre la empresa. No lo vale.
-Una simple atracción no, no lo vale.- Andrea le dio la razón –Pero quizás algo más profundo sí.-
comentó casualmente.
En eso Andrea podía tener razón. Lo que había entre ellas no era simple atracción. La química
intensa existía pero algo más se manifestaba bajo la superficie. No solo por la respuesta física de su
cuerpo, sino por la calidez y la seguridad que un simple abrazo o gesto de Amanda –como despertar
juntas- le transmitía. Ava definitivamente nunca sintió algo parecido y tenía la sospecha de que su
corazón se estaba lanzando a una carrera por la meta a juzgar por como latía en ese momento.
¿Sería posible que Amanda sintiera algo de verdad por ella? La posibilidad la maravillaba y la
aterraba por igual, soñar siempre había sido peligroso en su vida.
-Profundo.- repitió ausente. La palabra tenía sentido, sus sentimientos por Amanda definitivamente
tenían corrientes profundas, más de lo que quería admitir –Dios.- dejó salir el aliento despacio en un
murmullo –Ni siquiera en la adolescencia sentí algo tan...ella transforma el mundo.- "Su mundo al
menos." Sonrió enterrando el rostro entre las manos sonrojada –Parezco una adolescente con su
primer enamoramiento.- se burló de si misma, Andrea la miraba con una sonrisa sincera.
A todos les preocupaba el comportamiento impulsivo de Amanda cuando de Ava se trataba, sobre
todo porque no tenían idea de los motivos de la joven para aceptar los cambios a los que Amanda
sometía su vida. El máximo desconcierto fue la propuesta de compromiso. Andrea supuso que era
una de las bromas de su esposo hasta que Valeria se lo confirmó y casi se ahoga con el café que
bebía en ese momento. Por supuesto que Ava lo aceptaría, dadas las condiciones que estaba su vida
y la posibilidad de perder a su sobrino. Andrea nunca la juzgaría por tomar esa decisión, ella era
madre y como Ava, estaba dispuesta por sus hijos a eso y más.
Pero también estaba Amanda, quien por alguna razón desconocida sufría alguna clase de embeleso
por Ava, que independiente de ser muy hermosa, tenía una mezcla de inocencia y vulnerabilidad que
la hacía parecer una muñeca rota. Lo cual explicaba cada decisión que Amanda tomaba en beneficio
de Ava, guiada por el deseo de protegerla, sin pensar en lo perjudicial que podía ser para ella.
Ayudaba saber que la otra joven estaba tan distraída y hechizada como Amanda. Si Andrea pudiese
poner un nombre a la situación, sin duda alguna era lo más parecido al amor a primera vista, eso sí
que era profundo. "A lo Romeo y Julieta."
-Creo que puedo decir sin temor a equivocarme, que no estás sola en eso. Amanda está
irreconocible, pensé que deberías saberlo.- era normal que Ava tuviese sus dudas, pero no que se
dejara dominar por ellas –Confía un poco más en lo que tienen, algo así vale la pena. Si Amanda ha
tomado la decisión de enfrentar lo que viene en un compromiso contigo, es un increíble paso en su
vida. Y queda por ti también decidir si estarás a su lado, porque no será nada sencillo.
-Lo haré, por supuesto que lo haré.- fue la respuesta seria, sin dudas. Aún si entre ellas los
sentimientos resultaban ser pasajeros, Ava estaría hasta el final. Le debía demasiado a Amanda.
-Entonces estarán bien.- le aseguró Andrea y las palabras suavizaron un poco los nervios de Ava, por
5 segundos...se escuchó un ruido en la puerta y voces nuevas. La cena familiar estaba a punto de
comenzar.
Para sorpresa de Ava el padre de Amanda y su esposa Marcela la recibieron con los brazos abiertos.
Harold Daynes era un hombre con un sentido del humor fresco y divertido mientras que Marcela, la
madrastra de los hermanos resultó ser una mujer dulce y amable, muy maternal que se preocupaba
inmensamente por sus hijastros, más que eso los consideraba hijos propios. Nathaniel la adoraba, la
aceptaba como una figura maternal que no tuvo, Amanda era otra historia. Mantenía un trato
agradable, cordial y sonreía con afecto a la mujer pero existía una línea invisible y de conocimiento
mutuo que Marcela no podía cruzar y esa línea se aplicaba a todos incluida ella.
Amanda se había encerrado tan profundo que aunque anhelaba sentirse parte de la familia, amada
por una madre, por una pareja, no tenía idea de cómo demostrarlo o pedirlo. Incluso entre las risas,
bromas y conversaciones se notaba como reprimía el exceso de emociones. Ya fuese en una sonrisa,
como en ahondar en experiencias y anécdotas demasiado personales o emocionales. Sin poder
evitarlo el corazón de Ava se encogió de tristeza. Ojalá y llegase el día en que ella pudiera contribuir
a cambiar un poco de eso. Súbitamente Amanda irrumpió en la conversación llamando la atención de
la mesa. Ava palideció, anunciaría el compromiso a su padre. "Oh Dios."
-Papá, tengo una noticia.- le dijo con una media sonrisa, parecía nerviosa. ¿Por qué? A fin de
cuentas no era una propuesta verdadera.
-Y esta vez eres el último en saber.- rió Nathaniel –No recuerdo la última vez en que alguno de
nosotros pudo sorprenderte.
-¿Una sorpresa? – preguntó Harold divertido –No tengo la culpa de que ustedes sean pésimos
guardando secretos.
Ava observaba el intercambio con los nervios en un hilo cuando una mano cálida sostuvo la suya
bajo la mesa, causando un ligero sobresalto. Amanda la observaba con una sonrisa y un brillo
intrigante en la mirada. Aquel era de los momentos en que esos ojos azules la aislaban del mundo.
Andrea estaba equivocada. "Profundo" no era la palabra adecuada para describir lo que sentía.
Amanda había estado intranquila toda la tarde desde que realmente procesó las palabras y las
consecuencias de lo que había hecho. Proponerle un compromiso a Ava con futuro al matrimonio.
Esa de todas, era la locura más grande que había cometido en su vida. Por un instante el pánico la
paralizó. La última vez que cometió un acto impulsivo basado en sentimientos terminó con el corazón
destrozado y las fantasías de un amor juvenil en pedazos. Un adiós a sus ideas de amor y romance.
Quizás por eso escudó la petición tras una fachada de conveniencia sin analizar demasiado por qué
de pronto estaba feliz y casi eufórica. A lo mejor fue un golpe de adrenalina por el temor al
compromiso, nada complicado. Ava le atraía, le tenía cariño y ayudarla a conservar a su bebé con un
compromiso era un precio insignificante a pagar por el futuro del niño. Sebástian necesitaba a su
madre, porque aunque no lo hubiese llevado en su vientre, Ava lo amaba tanto como si lo fuera. Una
ligera presión en la mano le indicó el regreso a la realidad, se había quedado en silencio y todos la
miraban esperando. Amanda parpadeó percatándose que antes de anunciar el compromiso
necesitaba despejar las dudas, una en particular.
-Si me permiten unos minutos.- anunció de pronto y se puso de pie provocando sorpresa general –
Ava por favor, ven conmigo.- ni siquiera titubeó en seguirla, aún unidas de la mano. Amanda la guio
hacia la biblioteca y cerró la puerta. Por un lado la duda parecía absurda teniendo en cuenta las
condiciones del compromiso. Por otro tenía total sentido y lógica –Nunca me diste una respuesta.-
Ava la miró sin comprender –Te propuse el compromiso pero nunca lo aceptaste. Ya sabes...- hizo un
gesto con la mano sin saber explicarse a sí misma por qué era importante -...El, "si, acepto." – la
joven mantenía la expresión de desconcierto en el rostro. Para ella todo estaba claro, había aceptado
desde el inicio y no todas sus razones involucraban la adopción -¿Te sientes forzada?¿Es eso?
Podemos buscar otras alternativas. Yo no quiero que esto sea otro motivo por el que te resientas.
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Inseguridad, comprendió Ava al instante. Amanda necesitaba una confirmación de que estaba allí por
las razones adecuadas y por voluntad propia. Porque quizás necesitaba la misma confirmación que
ella, de que Sebástian no era la única razón para aceptar el compromiso. Ambas necesitaban más
que eso. Era una extraña muestra de vulnerabilidad en la mujer a la que admiraba y un regalo que
suavizaba sus temores. No estaba sola en esa maraña de sentimientos.2
Ava se acercó con una media sonrisa, entrelazó las manos con ella y sin mediar palabra la besó. Con
suavidad y ternura, tomando el tiempo para acariciar los labios de Amanda con besos fugaces antes
de profundizar el contacto y comenzar una batalla de conquista. Amanda estaba tan sorprendida que
se entregó a las sensaciones y cedió el control, absorbiendo la calidez del cuerpo unido al suyo en
cada curva, los murmullos de satisfacción que emitía Ava y las corrientes de placer que recorrían su
propio cuerpo. Finalmente se apartaron agitadas y sonrojadas.
-Te lo juro.- gruñó Ava, eso de jugar a los besos la tenía en el límite. Apoyó la mejilla en el hombro
de Amanda y suspiró –Me gusta tener tu atención, solo yo y me gusta mucho más la idea de que el
compromiso de alguna manera te hace exclusiva para mí.- si Amanda elegía buscar otras mujeres no
podía evitarlo, pero el compromiso le daba la sensación de seguridad aún bajo las condiciones que lo
aceptó -¿Responde eso a tu pregunta? Ya estoy demasiado involucrada en esto, mucho más que
aceptar tu ayuda, mucho más que una atracción.- confesó con el corazón desbocado y la realización
de lo que verdaderamente sentía la golpeó con fuerza. Pero era una palabra que no podía
pronunciar, no aún, o quizás nunca. Ni siquiera ella estaba lista para admitirlo, menos Amanda para
escucharlo. El mensaje estaba claro en sus palabras. Se apartó ligeramente para mirarla a los ojos –
Sí, acepto.- pronunció con la esperanza de que resultara todo lo verdadero que deseaba que fuese.2
Amanda todavía se maravillaba con el efecto que Ava tenía sobre ella. Como era capaz de pronunciar
las palabras adecuadas para calmar sus dudas y aclarar muchas otras. Una sincronía increíble, como
si estuviesen conectadas a un nivel profundo, inconsciente, donde cada una brindaba a la otra
tranquilidad y seguridad. Jamás había sentido algo así, el deseo de pertenecer a ese vínculo, de estar
en el otro extremo de una conexión tan extraña como única. Había buscado y anhelado algo así toda
su vida y también había perdido la esperanza en las historias con finales felices, hasta el instante en
que Ava la miró a los ojos y aceptó ser suya. La emoción casi le provocó lágrimas en los ojos. Estaba
famélica de sentimientos, de emociones, había enterrado esa necesidad por mucho tiempo y se
abrazó a Ava como si su vida dependiera de ello, temblando como una hoja a causa de los recuerdos
profundos y algunos dolorosos que regresaban. Ava la sostuvo en silencio, sin preguntar aunque
preocupada.2
-¿Estás bien cariño? – el mote cariñoso se deslizó sin querer y Ava se mordió la lengua por
imprudente pero no hubo ninguna reacción. Continuaba envuelta en los brazos de su acompañante,
que con una inspiración profunda se apartó.
-Estoy bien, ahora sí.- rectificó con una sonrisa acariciando el rostro de la joven –No tengo dudas
Ava y me gusta la idea de la exclusividad tanto como a ti. Y también que me llames cariño.- bromeó
más relajada. Detestaba los nombrecitos cursis pero se trataba de Ava y en sus labios sonaba con
total sinceridad y además le gustaba –Regresemos a compartir la noticia. ¿Estás lista? –la joven
asintió nerviosa pero sonrió cuando salieron tomadas de la mano hacia el comedor.
Resultó que Harold se tomó la noticia del compromiso con una sonrisa satisfecha y emocionada que
no se borró ni siquiera cuando Amanda le explicó las condiciones que lo propiciaron. No hubo
reclamos ni advertencias, simplemente las felicitó y dio la bienvenida a Ava a la familia. Era como si
el hombre supiera todos los secretos del universo y ellos ninguno y por supuesto que los sabía. Su
hija no le ofrecía matrimonio a todas las madres solteras de Londres por mucha preocupación que
tuviera, solo a una, Ava.7
-¿Para cuándo será la boda? – preguntó muy natural y alrededor de la mesa intercambiaron miradas
confundidas y Amanda casi se atragantó. ¿Qué tan lejos tenían que llegar?
-Ehmm...Supongo que primero debe iniciarse el proceso de adopción.- aclaró Amanda confundida –
Estos meses que siguen serán un poco agitados con la nueva colección, la investigación.
-Mi boda no será una campaña de marketing.- resopló Amanda olvidando el pánico inicial.
-¿No? Debe ser que tu apellido no es Dayne y vives bajo una piedra. Lo será, tu misma te has
encargado de que las revistas te persigan, así que mejor vamos planeando una boda novita y por
todo lo alto.- concluyó Valeria sin inmutarse.
-¿Papá?
-Creo que tiene razón hija. Muchas personas no se lo tomarían bien si no reciben una invitación.-
Amanda también lo sabía. En las esferas sociales y de negocios en las que se movían ciertos
protocolos no podían olvidarse.
-Ava, ¿Qué quieres tú? – le preguntó Amanda de pronto. Se había mantenido en silencio a propósito
para evitar justamente eso. Estar en medio de la discusión. Ella ni siquiera había procesado aun lo
que sucedía cuando todo avanzaba tan rápido.7
-Lo que sea mejor para ti Amanda.- contestó, era lo mínimo que podía hacer para pagar todo el bien
que traía a su vida.
-Esa no fue la pregunta Ava.- fue la respuesta seria de Amanda. No le gustaban los shows de la
prensa y Ava ya estaba bajo suficiente presión.
-Creo que debe ser una cosa a la vez.- comentó Harold captando la inseguridad y la tensión de la
joven –Primero anunciar el compromiso, preparar la adopción y a partir de ahí decidir.
-Supongo que sí.- cedió Amanda que no había apartado la mirada de su futura prometida. Ava
suspiró de puro alivio y sonrió en agradecimiento a su futuro suegro. "!Oh Dios, Harold era el
suegro!." Un poco tarde para tener un ataque de nervios, observó ironía.
-Si es posible me gustaría pasar mañana para conocer a Sebástian.- dijo la esposa de Harold –Me
han hablado tanto de él.- el comentario desvió la atención del tema de la boda como era la intención
y Amanda se encogió de hombros. No tenía nada en contra de que su familia apoyase a Ava, en
especial su madrastra que representaba la figura materna en su vida y que Ava nunca tuvo.
-Pero...
-Puedes ir Ava. Pasas mucho tiempo aquí dentro. No te preocupes por los paparazzi, eso ya no
importa.- le aseguró Amanda, sabiendo que Ava prefería permanecer entre las cuatro paredes a
causar más revuelo.
La cena terminó sin más interrupciones. Nath y Amanda se retiraron al despacho con su padre unos
minutos para discutir asuntos de la Empresa, mientras Ava y el resto planeaban el paseo. Hasta
Valeria decidió unirse con la excusa de que no había tenido tiempo de hacer un regalo a Sebástian,
además de que Ava necesitaba un tiempo de chicas. Ava no pudo protestar. La familia de Amanda la
recibía con brazos abiertos y eso la abrumaba preguntándose cuando le tocaría despertar a la cruda
realidad. Las cosas así de buenas no duraban demasiado. Valeria también mencionó que se pondría
en contacto con el abogado familiar para comenzar el proceso de adopción. Cuando Harold y los hijos
abandonaron el despacho se despidieron con la promesa de una nueva cena familiar. Ya a solas, Ava
notó la ligera tensión en Amanda que no estaba ahí antes de la cena y sí después de la conversación
con su padre.
-¿Todo bien? – preguntó con cautela. Sabía que Amanda intentaba protegerla pero tampoco le
gustaba estar ignorante –No me ocultes lo que sucede, sobre todo si tiene que ver conmigo. Por
favor.- la mujer suspiró más relajada antes de responder.
-Tiene que ver con la empresa, pero se debe más al conflicto familiar con Andrew. No tiene
intenciones de detenerse, hará lo que sea para obtener el control.
-Imagino que te refieres a las fotos.- concluyó en voz baja y Amanda asintió, pero la cortó
rápidamente cuando fue a protestar –No, no se trata de ti. Fotos o no es una excusa detrás de otra y
ya estoy harta. Papá casi tuvo un infarto por el estrés y Andrew se supone que está para aliviar el
trabajo, pero está demasiado ocupado con las mujeres y no haciendo lo que debe. Lo quiero fuera y
este es mi momento. Nath y yo tuvimos esa conversación con papá. Lo voy a sacar de ahí aunque
sea a rastras.- Ava sabía que la guerra familiar no era su responsabilidad pero la tranquilidad de
Amanda sí. Asintió en silencio y de la mano la guió escaleras arriba, contenta cuando la pelinegra la
siguió sin cuestionar.
-Necesitas una ducha caliente para relajar, ve y espérame en la cama con la menor ropa posible.- le
pidió cuando estuvieron frente a la habitación. Amanda esbozó una sonrisa traviesa.
-¿Eso es una propuesta? – preguntó seductora. Ava rodó los ojos y la empujó hacia la puerta. Por
alguna razón las dos sabían que no era el momento correcto para más y ninguna quería equivocarse
en la relación naciente, lo cual era frustrante y especial a la vez de experimentar como las etapas de
cortejo que ya no existían.
Amanda fingió un suspiro decepcionado pero hizo lo que le pedía. Cuando Ava tocó ligeramente la
puerta de Amanda 20 minutos después tenía el corazón desbocado. La sugerencia le parecía ya una
mala idea de lo tentadora. Masculló por lo bajo una maldición que sonó muy parecido a "hormonas
adolescentes" y entró a la habitación encontrando una imagen inesperada. Algo muy parecido a la
ternura le calentó el pecho con la imagen, Amanda profundamente dormida. No le sorprendía con el
ritmo de trabajo y el estrés. Con cuidado se acercó a la cama, la cubrió con la sábana y apartó un
mechón negro del rostro. Dos orbes azules se abrieron de pronto, oscurecidas por el sueño, no hubo
palabras, solo un suspiro y un beso casto de buenas noches antes de apagar la luz y marcharse.
Momentos como ese, donde una simple mirada las conectaba a niveles tan profundos que era
incomprensible para ella, le confirmaban lo que ya sabía. Se estaba enamorando de Amanda.
Amanda recorrió la mesa ejecutiva llena de hombres trajeados con una mirada fría y cargada de
desprecio. Su padre les había advertido la noche anterior después de la cena que Andrew llevó su
“preocupación” a varios integrantes del board y habían convocado una sesión en pleno para discutir
el estilo de vida de su futura prometida y la imagen de la compañía. Decir que Amanda estaba
furiosa era quedarse corto y la sonrisa complacida de Andrew no ayudaba a mantener el
temperamento bajo control. Por eso Nathaniel estaba sentado estratégicamente a su lado, para
evitar un desastre si decidía rendirse a los impulsos de asesinar a alguien.
-Comiencen explicando por qué estoy perdiendo mi tiempo sentada aquí con tanto trabajo por
hacer.- el tono fue glacial, no iba a perder el tiempo con rodeos.
-Esto.- Andrew lanzó la revista a través de la mesa y no necesitaba mirarla para saber cuál –La
imagen de la compañía está en juego. Eres la CEO, temporal pero lo eres y decidiste llevar a cenar la
stripper de turno.- concluyó con toda la burla posible.
Cada persona presente estaba al tanto de la ambición de su primo y la rivalidad familiar. Por eso
estaban sentados en un cómodo silencio observando el circo. Amanda no podía culparlos. El mundo
del dinero era así y siempre quedaba mejor cuando otro hacía el trabajo sucio. Bajo la mesa
Nathaniel le presionó la rodilla ligeramente para calmarla, pero la furia de Amanda estaba contenida.
Por el momento.
-Debe ser que cuando sales a cenar con la esposa de algún hombre no perjudica a la Empresa.-
comentó casualmente –No obstante, para que duerman tranquilos. La joven que cenó conmigo no es
la misma de las fotos, es su hermana gemela que falleció hace unos meses.- informó con el mismo
tono de desprecio –Que cuestionen mi vida privada asquea. Que caigan en estos circos también. Yo
no los llamo para preguntar cuántas prostitutas han pagado este mes. Me molesta la hipocresía.-
varios se removieron incómodos en las sillas.
-No estás cuidando tus palabras Amanda.- le advirtió Enrique, uno de los integrantes más antiguos y
accionista –Y nos estás insultando.- el hombre siempre tuvo reputación de dudosa y peligrosa.
-¿Respeto? – Amanda soltó una carcajada sarcástica -¿Te molesta que los llame hipócritas? Todos
ustedes tienen más escándalos que luces en un árbol de navidad. Y ahora quien pondrá la
advertencia seré yo. El próximo que falte el respeto a mi prometida…- hizo una pausa para estudiar
el efecto de las palabras, entre rostros sorprendidos y el de Andrew pálido sonrió satisfecha –Van a
saber lo que es un escándalo de verdad. Por suerte no tendré que lidiar más con sus ridiculeces.- en
sincronía la puerta e abrió y Harold Dayne camino directamente a la cabecera de la mesa donde su
hija le cedió el asiento –Mi trabajo aquí está hecho.- dijo y tomó asiento a un lado de su padre.
-Señores.- dijo Harold a modo de saludo con el semblante serio. Era un hombre amable por
naturaleza pero con una debilidad, sus hijos –No voy a repetir las palabras de mi hija pero sepan que
reflejan exactamente mi opinión sobre este encuentro, que fue convocado sin informar y sin
autorización. Espero que no se repita. Ahora en asuntos más serios. He recibido una oferta de fusión
y he tomado la decisión de aceptarla.- soltó sin más y la habitación quedó en completo silencio por
los segundos en que tardaron en procesar las palabras. Después estalló el caos y las preguntas.
Amanda y Nathaniel intercambiaron miradas sorprendidas, ni siquiera ellos estaban al tanto.
………………………………………
El día de compras fue un éxito para Ava. Las tres mujeres que la acompañaron mimaron a Sebástian
con regalos, ropas, juguetes y cada artículo de antes no tenía, o había comprado de segunda mano,
ahora los podía escoger hasta en colores. No le permitieron protestar y más de una vez le
provocaron lágrimas. La familia de Amanda la adoptaba sin preguntas y juicios, todos dispuestos a
darle lo que tanto anheló.
-Este será mi regalo.- dijo Marcela, la esposa de Harold, colocando un libro con decoraciones en las
manos de Ava –Llévalo a casa y elige con Amanda el que más les guste.- la revista no era nada
menos que habitaciones temáticas de bebé y completamente decoradas –Es bueno que ambas
tomen decisiones juntas como futuras mamás.- Ava le sonrió sin saber que decir. Las palabras
tocaron algo que aún no asimilaba. Amanda también tendría derechos sobre Sebástian.
Abandonaron la tienda en dirección a otra más atrevida, Victoria Secret. Andrea y Valeria estaban
decididas a que Ava también tuviese regalos. Marcela simplemente sonrió cuando le pidió ayuda con
la mirada. La mujer se encogió de hombros. Era una conspiración. Se divirtieron a su costa, eligiendo
conjuntos atrevidos y sexys entre bromas de doble sentido y sugestivas. Ambas se sorprendieron al
saber que entre ellas no había intimidad, aún. Andy y Valeria intercambiaron miradas de intriga pero
prefirieron no comentar al respecto.
-¿Qué sucede? – preguntó Ava insegura -¿Es algo preocupante? – suspiró y bajó la cabeza fingiendo
revisar la lencería cuando una sensación desagradable le retorció el estómago. Realmente no quería
imaginar las razones por las que no habían terminado en una cama –Supongo que es porque tiene
de donde elegir.- comentó intentando contener la oleada de celos.
-No y no deberías pensar así.- la corrigió Valeria –Es cierto que no tiene la mejor reputación pero
créeme, ha cambiado mucho. No tiene ojos para nadie más, te respeta y quiere asegurarse de que
es lo que deseas y no te arrepentirás. No permitas que la inseguridad te gane y no te dejes intimidar
porque lo van a intentar, créeme.- de eso estaba segura. Cierta clase de mujeres no respetaba
absolutamente nada cuando se trataba de buena posición y dinero –Viene con el territorio, si no que
te diga Andy.
-En cada coctel tengo que sacar a las zorras a punta de garras.-confesó casualmente la usualmente
amable y risueña esposa de Nathaniel –Las miradas sugestivas, los escotes, no les importa si estás a
su lado. Es la maldición del apellido Dayne y tendrás que aprender a lidiar con ella.- Ava suspiró
profundo, no sabía cómo decirles que no tenía idea de cómo hacer algo así. No era ignorante ni
ingenua, tuvo su cuota de hombres adinerados que pagaban una fortuna para verla bailar y sabía
que algunas de sus compañeras aceptaban más que eso, incluyendo su propia hermana. Pero nunca
había estado del otro lado, siendo la esposa o prometida en este caso, que lo tenía que soportar.
-Quien lo diría. Que un día me iba a tocar la otra cara de la moneda.- comentó con ironía y alejando
las inseguridades por esa tarde.
-Bah, no te preocupes por eso. Vas a salir de aquí con todas las armas necesarias para mantener a
tu querida prometida hipnotizada.- se burló Valeria, ella y Andy riendo por el color rojo en las
mejillas de Ava. Salieron de la tienda tiendo y con varias bolsas en busca de Marcela para almorzar.
Unos minutos más tarde ingresaban a uno de los restaurantes más sofisticados del barrio, cuando
Ava se detuvo pálida en el pasillo junto a la mesa donde Marcela las esperaba. Valeria y Andy se
detuvieron también. Marcela no estaba sola y de inmediato se dirigió hacia ella.
-¡Ava! No vas a creer a quien acabo de encontrar.- anunció animada y completamente ignorante a el
caos que estaba a punto de desatarse.
Pero Ava si se lo creía, no es que la suerte estuviese de su lado y que aquel encuentro fuese del todo
casual, no se lo creía. La mujer pelirroja junto a Marcela la observaba fríamente con unos ojos
verdes idénticos a los suyos. Hubo un tiempo donde Ava se encogía ante esa mirada intimidante y
desprovista de emociones, ahora simplemente la enfurecía y le dolía saber que nada había cambiado.
-Ava.- la respuesta fue formal y educada, cuando la mujer se puso de pie –Un placer saludarte
Marcela, me retiro para no importunar.- se dirigió a su acompañante que asintió aún sorprendida con
la escena -¿Es posible que podamos hablar? – esa vez la atención fue para Ava que se obligó a
respirar profundo para no causar una escena. No tenía ningún deseo de cruzar palabras con su
madre, sabía el resultado de eso, humillación. Pero tal vez esa era su oportunidad para soltar de una
vez por todos los años de dolor y sufrimiento, por ella y por Ivy, aunque realmente dudaba que a su
madre le importara.
-No tengo…-comenzó Ava, pero un toque ligero la interrumpió. Siempre una mujer de recursos,
Valeria le extendió una tarjeta personal a la mujer.
-Llame aquí con la información.- le dijo y la mujer asintió marchándose con un adiós de cortesía. El
resto tomó asiento en un silencio incómodo.
-Lo siento Ava, no sabía.- se disculpó Marcela –Conozco a Cecilia hace años, nunca se me hubiese
ocurrido que era tu madre. Aunque ahora que lo pienso veo un poco de similitud.
-No importa, muy pocos conocen la historia. No tenías como saberlo.- la tranquilizó aunque estaba
tensa y preocupada -¿Preguntó algo?
-Supongo que lo sabremos. ¿Qué tan pronto puedes presentar los papeles de adopción? – preguntó a
Valeria.
-Mañana comienza el proceso.- respondió entendiendo por donde iba la preocupación de la joven –
No te preocupes, Sebástian será tu hijo.- le aseguró, pero Ava no estaba tan segura de eso.
………………………….
Amanda llegó a casa agotada y enojada, además de preocupada. Al instante preguntó por Ava y
Rosa la indicó que estaba en la habitación del niño, lo cual era comprensible teniendo en cuenta las
noticias que había recibido de Valeria. Primero pasó por su cuarto a ponerse cómoda y después fue
en busca de Ava. La habitación de Sebástian estaba casi a oscuras, pero la figura de Ava en el sillón
reclinable era inconfundible. Se acercó con cuidado de no asustarla y cuando se arrodilló frente a ella
descubrió que tenía las mejillas húmedas.
-¿Qué sucede? – fue la pregunta suave. No quería develar que ya sabía sobre el encuentro de su
madre. Le acarició la mejilla y entrelazó las manos con ella –Ven.- con un pequeño impulso la ayudó
a ponerse de pie y la guio fuera de la habitación –Dúchate y te espero en mi habitación, hoy no me
quedaré dormida.- eso le ganó una sonrisa a Ava –Las dos nos merecemos un respiro, pero antes…-
deslizó los dedos en una caricia por la piel suave del cuello y después los hundió en la cabellera roja
y sedosa, atrayendo el rostro de Ava en un beso lánguido y perezoso, diseñado para hacer olvidar.
Ella no se negó y aunque quiso desbordar la desesperación y el temor en sus labios, Amanda no se lo
permitió –Déjalo ir.- le advirtió antes de silenciar cualquier protesta mordisqueando sus labios e
invadiendo su boca, demandando toda la atención de sus sentidos y no se detuvo hasta que Ava se
rindió con el primer gemido –Así me gusta, ahora, ducha y no tardes.- la apartó ligeramente y se
despidió con un beso más casto en la frente. Con las piernas como gelatina y el cosquilleo del deseo
recorriendo su cuerpo, Ava se metió corriendo a su habitación. Tenía que reconocer que las tácticas
de distracción de Amanda eran infalibles.
Cuando Ava entró a la habitación de la pelinegra, se detuvo un segundo para admirarla. En un
pijama cómodo y revelador, Amanda estaba distraída con el control del enorme televisor instalado
frente a la cama. Con piernas interminables, un cuerpo delgado pero tonificado en cada músculo
visible, senos perfectos aunque pequeños y una piel pálida y suave que se moría por besar. El calor
familiar regresó a la sangre y se manifestó en el leve rubor que coloreó sus mejillas. La deseaba de
una manera emocionante y aterradora por igual. Si tan solo supiera que hacer con ese deseo.
-Una foto es más permanente.- bromeó Amanda desde la cama. Había sentido la mirada hambrienta
de Ava sobre ella y su cuerpo reaccionó al instante. Sin embargo no era el momento, no cuando
habían tantas cosas sin decir entre ellas –Acomódate.- palmeó la cama en el espacio vacío junto a
ella –El cine está listo.- Ava se desprendió de la puerta con una sonrisa y el sonrojo permanente.
Nunca fue tan indiscreta, pero con Amanda nada en su comportamiento era normal. Se acomodó en
las almohadas y por primera vez sin que Amanda tuviese que sugerirlo, buscó la seguridad de sus
brazos lo cual significaba que realmente lo necesitaba. Amanda no dijo una palabra y se distrajo en
hablar sobre la película para que su acompañante no percibiera la tensión –Sandra Bullock es de mis
preferidas y The Heat es para morirse de risa.- la pelirroja aceptó. Ella no tenía tiempo para
distraerse con un bebé por cuidar, además, necesitaba la fuerza silenciosa de Amanda para
mantener a rayas el temor que había surgido después del encuentro con su madre. Se preguntó si la
mujer a su lado tendría alguna idea porque no le preguntó nada. Por un lado se alegraba que
respetase su espacio, por otro, la parte de ella que era independiente y no estaba acostumbrada a
tener con quien compartir temores y preocupaciones la mantenía tensa y a la defensiva -¿Quieres
hablar sobre ello? – la pregunta la tomó por sorpresa y la rabia y el temor respondieron por ella.
-¿Para qué? Es evidente que Valeria te dio los detalles.- contestó irritada. Cuando escuchó su tono y
Amanda se tensó a su lado supo que había cometido un error y estaba liberando su enojo con quien
no debía. Amanda no se movió ni pronunció palabra, esperando. No se imaginaba lo que Ava sentía,
pero la reacción fue clara y le preocupaba que se lo guardara todo. Escuchó un suspiro y los labios
cálidos de Ava en su cuello, depositando un beso tentativo –Lo siento.- otro beso y la mano que
descansaba sobre el abdomen se coló bajo la camiseta del pijama. Amanda no podía negar que las
caricias se sentían bien y que su control ya estaba en el límite, pero Ava no respondió a su pregunta
y la distraía con algo íntimo que aún no compartían y que se podía salir de control por las razones
equivocadas. Enojada con la situación detuvo la mano de Ava y se apartó para mirarla directamente
a los ojos y lo que vio allí le encogió el corazón. Estaba aterrada.
-Quedamos en enfrentar esto juntas.- le dijo suave pero firme. Ava bajó la mirada avergonzada,
hasta que un dedo le alzó el mentón y se encontró con ojos azules cargados de preocupación –Está
bien sentirse mal, lo que no está bien es que me dejes fuera y permitas que lo que sientes se
interponga entre nosotras. Si no quieres hablar lo respeto y esperaré a que estés lista.
-¿Hasta cuándo Amanda? Un día te vas a cansar de lidiar con mis problemas.- respondió agobiada y
con tristeza. La sola idea era insoportable.
-Hasta que saquemos todo del medio. Estamos conociéndonos en circunstancias difíciles, es normal
que esto suceda. Llegará un día en que vas a tener que enfrentar los míos. No tengo una vida
sencilla y tampoco un carácter de rosas y solo va a funcionar si nos comunicamos.
-Es difícil a veces recordar que no estoy sola. Hoy…- Ava se detuvo para organizar las ideas -…Lo
olvidé. Lo siento de verdad. Mi madre…
-Cuando Ivy murió intenté decirles y nunca tomaron la llamada. No saben sobre Sebástian pero es
cuestión de tiempo, creo que Marcela puede haberle dicho sin percatarse. Ella lo controla todo, la
imagen es lo más importante y el bebé es la oportunidad perfecta de redimirse como la madre
abnegada que nunca fue y yo no tengo como protegerlo.- y tampoco tenía como protegerse ella del
dolor que aún le causaba el abandono y la indiferencia de sus padres.
-Tus padres no lo tocarán.- sentenció Amanda y Ava creyó en su palabra, porque lo necesitaba y
porque nunca había fallado en cumplirla.
-Gracias.
-Pero no te escondas otra vez y no utilices lo que existe entre nosotras para desviar la atención de
los problemas. Si necesitas tiempo dímelo, no te voy a presionar.
-Entiendo, lo siento.- intentó apartarse con la sensación de que había arruinado la noche, pero el
brazo alrededor de su cintura de lo impidió.
-Aún tenemos una película que ver.- le dijo la pelinegra con una media sonrisa y la acercó a su
cuerpo depositando un beso en la sien, antes de regresar la atención a la pantalla. Ava cerró los ojos
por un minuto, empapándose de la calidez y protección. La asustaba cuanto necesitaba la seguridad
y la fuerza de Amanda, cuanto dependía de ella y cuanto le iba a doler si tenía que renunciar…el solo
pensamiento le produjo escalofríos y se aferró más a la figura a su lado, que no la decepcionó
envolviéndola en un abrazo –Déjalo ir ya, estoy aquí y están a salvo. No estás sola.- se sentía bien
que por una vez la sostuvieran, así que Ava se abandonó con total confianza a la persona que ya
sostenía su corazón.
Ava despertó desorientada, aquella no era su habitación y el sonido del agua cayendo en la ducha
trajo los recuerdos de la noche anterior. Se había quedado dormida a media película, agotada
emocionalmente después de lo sucedido y avergonzada por su comportamiento con Amanda. La
mujer reaccionó paciente y comprensiva, pero un día eso se podía terminar si continuaba tentando la
suerte. Estiró los músculos con un bostezo, durmió profundo y eso le hizo bien para despejar un
poco los pensamientos complicados y la maraña de sentimientos. Temor, rabia, rechazo, dolor.
Todavía los tenía como un nudo en el pecho pero ya no le impedían pensar.
Cerró los ojos e inspiró el aroma a coco en la almohada, el shampoo de Amanda y sonrió
ligeramente. Ella era la razón por la cual su vida no estaba pies arriba, o caía en una crisis nerviosa.
Le debía tanto y la necesitaba de igual manera, la sensación era increíble por la seguridad que
brindaba a su vida y todo lo que la hacía sentir. No recordaba haber sido tan feliz desde el
nacimiento de Sebástian, e incluso eso estuvo teñido de dolor por la muerte de su hermana. Ahora la
felicidad la hacía olvidar el mundo y los problemas, por eso cuando regresaba a la realidad, como el
encuentro con su madre, la afectaba tanto.
-Woah, me siento como un marinero que encuentra una sirena tomando el sol. Muy afortunada.-
bromeó Amanda saliendo del baño envuelta en una bata afelpada y secando el cabello húmedo con
una toalla. Ava no tuvo de otra que echarse a reír, borrando de golpe cada pensamiento
problemático. Amanda tenía ese efecto.
-¿Utilizas esa clase de línea con todas las sirenas? – inquirió siguiendo el juego mientras la pelinegra
se sentaba al borde de la cama a su lado.
-Solo las que aparecen en mi cama con mirada tentadora.- contestó sin disimular el recorrido que
hizo a las piernas que el short corto de pijama no cubría y a los senos marcados bajo la camiseta
ligera. Con una mano acarició ligeramente el muslo descubierto y Ava contuvo el aliento –Dice la
leyenda que te hipnotizan con promesas y besos.- elevó un poco más la caricia, acercándose al
centro, observando con satisfacción las mejillas sonrosadas de su sirena y los pezones endurecidos.
Abandonó la toalla para inclinarse y besar la línea de la clavícula, la base del cuello y luego los labios
entreabiertos donde obtuvo acceso fácilmente y las lenguas se entrelazaron provocando gemidos y
estremecimientos antes de apartarse. –Entonces, cuando el marinero se asoma a la borda para
probar los labios de la sirena.- continuó la historia entre besos, impresionada de poder mantener un
hilo coherente cuando la frustración sexual estaba en el límite, succionando el labio inferior de Ava
se apartó ligeramente para observarla, excitada y temblando con los ojos verdes oscurecidos de
pasión –Lo lanzan al agua y lo arrastran a las profundidades del mar. A veces me siento así contigo.-
confesó, hechizada y en las profundidades de algo que aún no reconocía. La pasión todavía vibraba
entre las dos pero algo más serio transpiraba en las palabras a pesar de ser una metáfora. Amanda
no expresaba mucho abiertamente, por eso cuando lo hacía, siempre era de una manera especial.
Ava sonrió acariciando la mejilla y reconociendo en la mirada de su acompañante, la misma
profundidad en los sentimientos que compartían.
-Es bueno entonces que tengas una sirena propia para hacerte compañía.- respondió con sinceridad.
Todavía no podía explicarse como algo tan similar a una declaración de amor, quedaba perfecta
entre líneas cursis de novelas románticas, con las correspondientes mariposas en el estómago.
Definitivamente cursi –La misma sirena que te va a lanzar al mar si la vuelves a provocar cuando
sabes que no tienes tiempo de nada más.- la golpeó con la almohada y Amanda se largó a reír
porque ella no estaba en mejor estado.
-Es cierto que no tengo tiempo. Hoy regreso a mis oficinas a supervisar la colección, Valeria no
puede con todo.- con eso se percató que no le había contado los últimos acontecimientos y tampoco
quería perder el buen humor de la mañana -¿Te gustaría conocer el lugar? Conmigo. – preguntó con
duda. Con todo lo negativo que se expuso sobre ella no estaba segura si Ava se sentía preparada
para que las vieran juntas.
-¿Importarme? – contestó confundida, pero si ella lo propuso, ¿por qué le iba a importar? Las fotos.-
No Ava, no me importa. Ya tuvimos esta conversación. Eres mi prometida, quiero presumirte.-
agregó con humor y quedó pensativa mientras Ava trataba de asimilar la declaración y Amanda de
pronto marcaba un número en el teléfono –Valeria…No, no sucede nada. Quiero saber si ya tenemos
una modelo. Ok, no, no busques, después te aviso, lo hablaremos cuando llegue, no te preocupes.-
cuando regresó su atención a la pelirroja, esta la miraba con curiosidad sentada en la cama.
-¿Por qué tengo la impresión de que no me va a gustar lo que vas a decir? – adivinó Ava a lo que
Amanda rio divertida.
-No sé de qué hablas.- contestó inocente –Lo que voy a proponerte es un negocio y es en beneficio
de todos. Créeme que nunca mezclo lo personal con los negocios, además puedes negarte.
-No estás bien de la cabeza, definitivamente.- se removió para salir de la cama, la cabeza le daba
vueltas pero Amanda la detuvo.
-No es una decisión que tomé a la ligera. Lo que pretendo hacer es restaurar tu imagen, la de tu
hermana y desacreditar a todo el que intente lo contrario. Además de que tendrás la independencia
económica para cuidar de Sebástian.
-No.- sentenció escapando hacia la puerta. Era muy tentador porque apelaba a sus dos puntos más
débiles, el bebé y su hermana -¿Olvidaste que estoy involucrada en un fraude millonario?
-No y las posibilidades de que eso salga a la luz son muy pocas. Ava, que tu firma esté ahí no
significa que robaste el dinero solo que te utilizaron. Nadie puede probar que una de esas cuentas es
tuya, o que escondes una suma millonaria en Suiza. Cualquier abogado te exonera en 2 minutos.
¡Hasta yo puedo hacerlo! Y siendo mi prometida menos, tienes mucho a tu favor.- Amanda suspiró
frustrada –Piénsalo y confía en mí, se lo que hago. Es un riesgo calculado pero saldrá bien, te lo
aseguro. Si algo fuese a perjudicar la imagen no te lo propondría, me ha costado mucho llegar a
donde estoy.- en eso no podía cuestionarla.
-No soy modelo.- mencionó caminando en círculos –Mi rostro estará en todos lados.- se estremeció
al recordar las fotos en las revistas, todavía no superaba el golpe –Quiero hablar con Valeria y
asegurarme que esto de verdad no te afecta. Es mi condición y no sé si acepte después de eso.
-Hecho.- confirmó sin darle tiempo a dudar, más le valía a Valeria apoyarla en esto. Probablemente
tendría que empeñar unos cuantos favores para convencerla de que no era una locura, ella lo
entendería –Haremos una sesión de prueba una vez que las primeras joyas estén listas y si no te
sientes cómoda buscaré otra modelo.
-No tengo el porte y el estilo para lucir algo tan sofisticado, será un desastre.- se quejó Ava, la
pelinegra le lanzó una mirada de disgusto que le coloreó las mejillas.
-No quiero escuchar algo así otra vez. Sobre la 1 enviaré el auto a recogerte.
Ava sacudió la cabeza en negación y después de un beso casto como despedida, fue en busca de
Sebástian para comenzar el día. La rutina de familiaridad entre ellas era casi absurda, más cuando
aún no habían compartido la cama, al menos no para nada íntimo. Increíble. Y después estaban los
riesgos que tomaba con ella y a los que Ava no sabía cómo reaccionar. Su mundo giraba alrededor
de Amanda y que todas las nuevas oportunidades de su vida vinieran de ella la abrumaba un poco.
Se sentía como una amante mantenida y escondida, lo cual no tenía sentido. La presencia de su
madre la afectaba demasiado, con inseguridades, temores, aunque a estándares de ella había
logrado la meta para la cual fue educada. Encontrar un partido rico y subir en la posición social,
excepto que debía ser un hombre. Pues que mal por ella. No obstante, la duda estaba allí. De si no
se comportaba como su madre, disfrutando del dinero y la comodidad que le brindaban sin luchar
por lo suyo. Necesitaba hacer valer su tiempo para no sentirse como una inútil aprovechada.
-Escúchame antes de que rechaces la idea. Esto no fue una decisión que tomé a la ligera, tengo un
plan que va a beneficiar la colección, además de que será una publicidad increíble.
-Ok, continúa. Si es tan buena la idea como dices, puede que te la deje pasar. Te lo juro que me vas
a sacar canas verdes.
-Lo sé, pero te gustará.- sonrió triunfal –Quiero hacer una subasta y anunciarla el día de la
presentación.- comenzó Amanda ampliando la sonrisa –Tengo el diseño de 3 joyas únicas en la
colección. Elaboradas con diamantes y esmeraldas, cada una que comience en varios miles, no tengo
decidido el precio. Todo eso para una fundación de ayuda a jóvenes que han sufrido como Ava y su
hermana. Quiero ayudar y sé que puedo. Además de darle en las narices a todos y transformar la
tormenta de mierda que crearon las fotos, en una campaña de consciencia. Y de paso limpiar la
imagen de Ava y Ivy porque son víctimas. Otra razón por la que quiero a Ava de modelo.- concluyó
muy complacida consigo misma -¿Qué te parece? – preguntó a su amiga que la miraba con ambas
cejas alzadas.
-Tienes razón, la publicidad sería increíble con la atención que algo así va a generar. Además de la
subasta. En términos de negocios no tengo problemas.- le aseguró.
-Es porque lo hay y creo que no tengo ni que decir cuál es. ¿Ava aceptó esto? Las consecuencias,
como estará expuesta. La estás lanzando a un mundo que no es fácil y sé que aceptará lo que
propongas porque bebe los vientos por ti.- la idea del matrimonio fue la primera indicación de lo
mucho que las cosas podían salirse de control -¿Qué sientes por ella? Ava no es un proyecto de
caridad para arreglar. ¿La quieres?¿Hay algo más? Es increíble lo que propones, que la quieres
ayudar con el bebé, pero temo que sean las razones equivocadas y te engañes a ti misma. No
puedes continuar escondiéndote de lo que sientes, sea lo que sea. Tienes que sentarte con Ava y
escucharla, saber qué es lo que ella quiere y necesita.
-Quiere estar conmigo, me lo dijo.- contestó irritada porque en algo Valeria tenía razón. Ella tomaba
las decisiones y arrastraba a Ava después que nunca se negaba. Pensar que estaba siendo egoísta,
aún con las mejores intenciones la enojó consigo misma.
-La proteges, claro que quiere estar contigo.- presionó la rubia obteniendo la reacción que esperaba.
Amanda reaccionaba a la defensiva, siempre que los temas tocaban algún punto con el que no se
sentía cómoda.
-¡No! – saltó de la silla –No es eso, yo lo sé. Fue sincera cuando me dijo que aceptaba el compromiso
y quería una relación, una de verdad porque…- se detuvo de su paseo improvisado de un lado al otro
y miró a su amiga con los ojos abiertos de par en par.
-¿Por qué? Las palabras no te van a quemar la lengua, quiero escucharte.- la instigó Valeria –La has
escuchado, pero no asimilas lo que te dice, no la miras de verdad cuando te habla. ¿Comprendes? –
en silencio Amanda se dejó caer nuevamente en la silla y asintió –Ahora dime, ¿por qué estás tan
segura de que es sincera?
-Porque…me quiere de verdad.- murmuró todavía aturdida. ¿Cómo pudo ser tan ciega?
-¿Y tú? Sé que te gusta, que le tienes cariño, que la quieres proteger y al bebé. Se todo eso. Pero les
has creado una vida, una ilusión y ella se está enamorando. Le harás daño si no reconoces lo que
sientes y eres honesta. Tanto si la quieres o no, piénsalo.- concluyó la rubia convencida en que había
logrado su propósito. Amanda no dijo nada más y se puso de pi para marcharse.
-Ella quiere hablar contigo sobre este asunto, para asegurarse de que no va a perjudicar nuestra
imagen. Explícale todo y si no quiere no intentes convencerla. Enviaré por ella más tarde, voy a
trabajar en los diseños.- y con eso se marchó. Valeria suspiró y se hundió en la silla. Amanda en los
negocios era una genio, en lo personal, un desastre. Iba a cambiarse el nombre a Dr, Amor.
………………………..
Ava estaba hecha un manojo de nervios cuando el auto se detuvo en el parqueo subterráneo. Allí
todos sabían quién era y que tenía una relación con su jefa, la cual estaba de pie esperando por ella.
Además llevaba información importante en el sobre a su lado. Amanda se acercó abriendo la puerta
del Mercedez y extendiendo la mano para ayudarla. Esbozando una sonrisa leve la saludó con un
beso en los labios, que ya tenían ocurrencia común entre ambas. Amanda por su parte se sentía
extrañamente eufórica, teniendo a Ava allí, quería que las vieran juntas, no pretendía ocultarse, era
feliz y eso no se escondía, se mostraba al mundo y ellas lo necesitaban, no solo por la imagen, sino
porque se sentía bien y correcto. Rememorando las palabras de Valeria y con una mano de Ava entre
las suyas, la miró antes de preguntar.
-¿Esto está bien? – señaló los dedos entrelazados en un gesto claro de afecto y posesión. Ava sonrió
un poco inquieta pero asintió –Estás nerviosa.- no fue una pregunta -¿Segura que estás cómoda? No
tenemos que…
-Estoy perfecta y tú estás aquí.- afirmó con una ligera presión a las manos unidas y Amanda le
regresó una sonrisa con todos los dientes. Claramente estaba feliz por algo -¿Qué te tiene tan
contenta? – la pelinegra se encogió de hombros y entraron al elevador.
-Tú.- respondió sin más y con la sonrisa colgando, que Ava regresó con un sonrojo en las mejillas y
sorprendida. Amanda se dio palmaditas mentales por hacer sonrojar a su prometida. Sonaba hasta
bonito -¿Qué traes ahí? – se percató del sobre por primera vez.
-¿En serio? – preguntó con una sonrisa estúpida en el rostro. Debería estar preocupada y sin
embargo flotaba en una nube.-“Porque me quiere de verdad.”-
Ava se tensó cuando fue consciente de las miradas, todas la juzgaban. La stripper cazafortunas que
atrapó a la millonaria famosa. Envidia, celos y lujuria, esa que nunca faltaba. En la de Amanda en
cambio, se reflejaba la calidez y comprensión que la caracterizaba y algo más que le dio esperanzas
a su futuro juntas. Se preguntó si la pelinegra sabía lo mucho que revelaba cada vez que se
miraban. Segundos después todo desapareció, la máscara ejecutiva estaba de regreso. Bastó una
mirada fría para que los presentes encontraran los colores de la alfombra de lo más interesantes y se
apartaran al instante cuando abandonaron el elevador. Las guió hasta su oficina en silencio, solo
deteniéndose para informar a su secretaria (una rubia que parecía modelo y la miró con desprecio
mal disimulado) que no le pasara llamadas, ni la interrumpiera de no ser importante. Ava no detuvo
el impulso de acariciar el brazo de Amanda y sostener la mirada desafiante de la secretaria que no la
intimidó en lo absoluto. Zorra.
-¿Estás bien? Creo que no fue buena idea empujarte a venir. Es exponerte demasiado y no quiero
que te sientas incómoda, Valeria puede ir a la casa.- fue hacia el pequeño bar preparó agua gaseosa
fría y se lo entregó. Había una nota de intensidad en la voz de Amanda, además de la mirada en el
elevador y Ava presentía que algo había cambiado, muy sutil pero estaba allí. Bebió un sorbo y el
agua con gas le produjo una ligera punzada, pero también le aclaró la mente con la infusión de
burbujas.
-No.- contestó en voz baja –No voy a esconderme no tengo nada de qué avergonzarme. Estoy
acostumbrada a que me juzguen.- recordó en sus tiempos de baile, la mirada de las mujeres que la
valoraban como una prostituta y los hombres como un pedazo de carne.
-Pero yo no y no lo pienso tolerar aquí y tú tampoco debes hacerlo.- la regaño con suavidad. Se
inclinó tomando el rostro de Ava entre las manos y besándola despacio –Para mí vales más que
todos ellos juntos y nadie te va a despreciar así en mi presencia.- le prometió en un tono que no
admitía protestas –Ven, siéntate.- la llevó hasta su propia silla ejecutiva con una sonrisa mientras
que ella se sentó al borde del escritorio. Ava alzó una ceja intrigada.
-Nada, solo quiero que te relajes un poco.- contestó manteniendo una de sus manos entrelazada y
que acariciaba distraída con el pulgar.
-¿Qué tiene mi silla? – dijo inocente, cuando Ava alzó las cejas se echó a reír –Vale, soy culpable de
tener fantasías contigo en esa silla.- aceptó y Ava se sonrojó hasta la raíz –Tu preguntaste.
-Cierto, yo pregunté. Pero siempre imaginé que esa clase de fantasías incluían a las secretarias.-
aceptó a pesar del calor en las mejillas. Ava había deducido desde el inicio que su prometida no era
una persona tímida en lo absoluto y que si se contenía, era por darle el espacio que ella necesitaba
para adaptarse a su incipiente relación y por eso Ava se había prometido a sí misma no
decepcionarla –Y la tuya está más que dispuesta.- aseguró controlando la punzada de celos, pero sin
perder de vista la reacción de Amanda que rio divertida.
-Quizás.- ¿Para qué mentir? Era una emoción desconocida para ella hasta que la conoció.
-No tienes por qué.- con una sonrisa depredadora que le produjo escalofríos a Ava, descendió del
escritorio hasta sentarse sobre sus piernas, deslizando una mano por el cuello y enredando los dedos
en los cabellos rojos, alzando el rostro de Ava ligeramente. Le encantaba lo que veía, las mejillas
sonrojadas, las pupilas dilatadas y la ligera agitación en la respiración –Permite que te ilustre por
qué.- susurró sobre los labios abiertos antes de tomarlos en un beso categoría, “quiero devorarte
aquí y ahora,” al que Ava simplemente se rindió, cuando Amanda invadió su boca acariciando y
dominando por igual.
Un baile de roces húmedos que las dejó sin aliento pero que ninguna quería abandonar. Después que
Amanda utilizó una maniobra particularmente sensual y le arrancó un gemido, delineando el labio
inferior de Ava con la punta de la lengua y mordisqueando la carne suave, Ava decidió devolver el
favor y lanzó un ataque sorpresivo. Amanda sonrió cuando la lengua de Ava empujó entre sus labios
y se deslizó junto a la suya desafiante. Con el impulso terminó con la espalda contra el borde del
escritorio, sorprendida por el arrebato y disfrutando la pequeña contienda a pesar de las
consecuencias. Pasaría el día recordando ese momento y con la incómoda sensación de humedad
correspondiente. Solo de pensarlo tuvo que apretar los muslos para aliviar la sensación de vacío.
-Ava.- fue una advertencia oscura, con el cabello en un puño, tiró ligeramente para separarlas –Vas
a terminar desnuda sobre el escritorio.- le aseguró agitada y con los ojos oscurecidos de deseo. Ava
alzó una ceja en un gesto muy elocuente, “¿Y qué?,” Amanda estuvo a punto de perder los papeles y
responder a la invitación, cuando la puerta de la oficina se abrió de golpe y apareció Valeria con cara
de pocos amigos.
-¿Qué sucede? – preguntó irritada porque sabía que Valeria no estaría allí de no serlo.
-Angela Jacques apareció de la nada en la recepción y pidió verte de ser posible.- anunció y Amanda
la miró incrédula.
-Evaluar y no, no puedes.- respondió y ante la mirada curiosa de Ava que se había instalado en el
sofá, agregó –La representante de Cartier con la que se reunió en París está aquí. No avisó a nadie
pero no me extraña. Está subiendo y probablemente contando los minutos que tardamos en recibirla.
-Pues que mal, no acostumbro a besar los pies de nadie, ni siquiera a Cartier.- respondió irritada.
Valeria rodó los ojos pero no dijo palabra porque su amiga tenía razón. En el medio donde se movían
si cedías el más mínimo control estabas acabado –Aprovechen ustedes dos para conversar mientras
yo resuelvo esto. Después iré a buscarte.- le dijo a Ava con una caricia en al brazo –Lo siento, no
tenía previsto la interrupción.
-No es tu culpa, nos veremos más tarde.- le dio un beso en la mejilla y siguió a Valeria que
abandonaba la oficina.
Cuando Angela Jacques entró a la oficina Amanda la saludó con un apretón de manos firme y la
invitó a sentarse. Lo primero que notó fue que vestía más al estilo, salida de una revista y no como
una mujer de negocios. Decidió no mostrar reconocimiento al detalle, a veces funcionaba mejor
jugar al tonto.
-Me disculpo por no recibirte personalmente. ¿A que debo el placer de la visita? – preguntó con
cortesía.
-No es necesario, he sido yo el inconveniente. Sé que debes estar ocupada con el lanzamiento de la
colección.- concedió con una sonrisa –Me hubiese gustado ver algo del proceso.
-Voy a deberte eso. Los diseños ya se enviaron, si se está preparando la gala de presentación
aunque con un par de cambios.- Amanda esbozó una sonrisa divertida –Mi director de marketing ha
estado a punto re renunciar pero lo he convencido.
-¿Puedo sobornarte para que me reveles algo? – el tono de voz y la mirada de la mujer detuvieron a
Amanda. Sin quererlo se había metido en un terreno peligroso y Angela estaba enviando todas las
señales que no necesitaba. Buscaba algo más que negocios con la visita sorpresa y ese eran el tipo
de situaciones que terminaban en un problema porque no estaba interesada.
-No sería una sorpresa si lo hiciera. ¿Has pensado en la propuesta? – cambió el tema sutilmente y la
mujer lo permitió, por el momento.
-Quieren ver la colección primero.- contestó y Amanda contuvo el impulso de alzar una ceja. La
calidad y popularidad de sus diseños y joyas estaba más que comprobada. Expertos de todo el
mundo la valoraban como una diseñadora moderna, fresca y que representaba un reto para los
gigantes de la industria que mantenían lo clásico, pero que también debían innovar en las nuevas
tendencias. Cartier la mantenía al margen de estudio como la competencia y no como posible aliada
y Angela lo sabía. Además de tener motivos personales para aparecerse allí.
-Pero tengo algunas ideas para nuestro futuro acuerdo. Si es posible y podemos discutirlas en la
cena.- ofreció Angela casualmente y la pelinegra asintió despacio. No lanzaría el posible trato por la
ventana, aún y tal vez pudiese obtener más información -¿A las 8PM? El restaurante del hotel me
han dicho que es magnífico.- claro y su habitación estaba a un elevador de distancia.
-Perfecto.- confirmó la mujer y logrado el objetivo se puso de pie con una sonrisa –Hasta más tarde.
-Te acompaño al elevador.- ofreció Amanda cada vez más convencida de que tenía razón. Lo que le
faltaba.
Angela extendió la mano en forma de despedida y se aseguró de que estuvieran a la vista cuando
acarició con el pulgar la mano de Amanda que había correspondido el saludo. Con el doble de
irritación la retiró sin importarle ser brusca. No podía hacer una escena ni ponerla en su lugar como
se merecía, pero en la cena si lo haría. Cuando el elevador se cerró y se volteó, Valeria la observaba
con la ceja alzada y Ava estaba visiblemente tensa y muy seria. ¿Es que no iban a tener un momento
de tranquilidad? En silencio entraron a la oficina de la rubia. Intuyendo lo que la escena había
causado, Amanda se acercó a Ava mientras Valeria fingía interesarse en unos documentos y tomó su
rostro entre las manos. Ava ni siquiera era capaz de mirarla a los ojos y cuando lo hizo, vio la duda y
el temor. Maldiciendo internamente la besó, tomando por sorpresa a ambas mujeres. No era de las
personas que demostraban afecto públicamente y aunque Valeria era su amiga, tampoco había
presenciado nunca un beso así con ninguna de las ex parejas. Con una pequeña sonrisa desvió la
mirada y les dio privacidad. El compromiso le sentaba bien.
Ava se apartó agitada y con las mejillas rojas después del beso exigente y posesivo con que Amanda
la sorprendió. Casi podía sentir la tensión en el cuerpo junto al suyo y en la forma en que reclamó su
boca sin piedad. Un beso caliente y demandante que barrió de golpe el malestar de los celos. El
gesto descarado de la otra mujer, desechándola y desafiándola golpeó todas sus inseguridades. No
había sido difícil para Amanda descifrarlo y que la estuviese mirando con los ojos oscurecidos entre
el enojo y el deseo que cada vez resultaba más difícil de mantener a raya.
-No me interesa.- le dijo con firmeza y Ava le creyó porque Amanda jamás le había mentido. Esbozó
una sonrisa agradecida y tomó ambas manos entre las suyas.
-Lo sé.- admitió rozando sus labios en un beso suave –Andy y Valeria me advirtieron que tendría que
espantarlas con un palo.
-Te compraré uno de esos bastoncitos eléctricos.- dijo Valeria con una sonrisa maliciosa, que se
borró segundos después –Supongo que el trato de Cartier queda fuera.
-No sé, veremos que se puede salvar en la cena esta noche.- le lanzó una mirada de disculpa a Ava
que se mantuvo tranquila –Lo siento, ya había aceptado.
-Comprendo, es tu trabajo y no pretendo que lo cambies. Confío en ti.- respondió la pelirroja con
una ligera de manos –Estoy bien, de verdad.- y decía la verdad, a medias. Por un lado las palabras
de Amanda le daban seguridad, por otro, la idea de esa mujer tocándola de alguna manera le
producía impulsos nada amables.
-¿Ni un poquito celosa? – bromeó la pelinegra aunque todo el asunto la tenía preocupada.
-Amanda.- fue la advertencia de su prometida que la miró con una ceja alzada –No provoques.
-Jamás.- aceptó plantando un beso en los labios de Ava con una sonrisa seductora -¿Ahora me vas a
mostrar que traes ahí? – señaló el sobre amarillo.
-Información sobre la Empresa, creo que encontré algo y no estoy segura de que te vaya a gustar.-
comentó la pelirroja.
-Nada de ese tema me va a gustar.- las tres tomaron asiento y Ava mostró los papeles que había
encontrado.
-De las cuentas anteriores a que yo llegara no existen casi documentos y además, todas se
cancelaban después de la primera transacción y las Empresas desaparecían como fantasmas. Pero…-
señaló un papel con una serie de números específicos –Este número de cuenta bancaria sigue activo
en Suiza.- ambas mujeres la miraron interrogantes –Llamé para comprobar, sin dar ningún dato,
solo que el banco es suizo y la cuenta existe. Tenía que comprobar la información antes de decirte
algo.- se justificó con la mirada reprobatoria de Amanda y continuó explicando –Esa cuenta está
asignada a dos Empresas diferentes, una actual y otra que desapareció ya y de la cual por suerte
existía un registro. Es un error poco común en estos casos, pero existe y el apellido de la persona a
la que pertenece es Mazza.
-Lo siento. No sé el nombre de la persona, pero cuando llamé ese fue el apellido con el que el
operador me saludó. Cada cuenta anterior fue cancelada y el dinero desapareció. Esta no y creo que
es la única oportunidad de seguir la pista.- comentó esperanzada. Amanda que fue la primera en
recuperarse miró preocupada a su mejor amiga, pero Valeria negó con seriedad.
-Hazlo, no me preocupa. Esa familia es un asco.- dijo con desprecio la rubia y Ava se sorprendió.
Valeria usualmente era relajada y bromista, pero la verdad era que no sabía nada de ella y de su
vida. Al parecer no era la única con un drama familiar intenso –Me pregunto quién de todos será el
estafador.- ante la expresión confundida de Ava le explicó –A los 18 mi padre me echó de casa y me
desheredó porque supo de mi relación con otra chica, no, no fue Amanda. Mi padre y la madre de
Andrew son hermanos, son idénticos de ambiciosos y egoístas. Les importa la buena imagen, el
apellido y el dinero. La familia de Amanda, que siempre fue mi mejor amiga me acogió y Harold me
educó y apoyó como una hija más.
-Sí bueno, quizás no sea hija de mi padre como él afirma.-comentó con amargura.
-Lo sé, tenemos mucho en común.- logró esbozar una sonrisa sin humor –Lamentablemente se que
mi padre no es tan estúpido. Si está robando no deja pruebas, tiene que ser uno de mis tíos. Henry o
Katherine, la madre de Andrew. Imbéciles, ojalá pudiera ponerlos tras las rejas a todos.
-Quiero investigar esto y necesito a alguien de confianza y que lo pueda hacer oficial llegado el
momento. Lo consultaré con papá, está en medio de una fusión y quizás prefiera dejarlo todo así.-
comentó la pelinegra frustrada.
-Nos sorprendió ayer con eso. Está cansado, quiere retirarse y Nath y yo tenemos nuestros propios
negocios. Por un lado comprendo, por otro me da rabia que al final Andrew se salga con la suya
aunque todo depende de quién quede como mayoritario.- se puso de pie y caminó hacia el ventanal
de cristal. Las vistas de la ciudad y el río la ayudaban a despejar –Necesito que la llames Valeria,
quiero todas las pruebas y ella puede conseguirlas.- al ver el rostro tenso de su amiga agregó –
Pensé que al menos se trataban civilizadamente.
-Lo hacemos.
-Son negocios, solo dile que necesito verla si tú no quieres reunirte con ella.
-¿Es necesario involucrar a Valeria? – preguntó Ava que no comprendía, pero a quien quiera que
fuesen a llamar, estaba claro que no era una persona grata para la rubia.
-Ella ya está involucrada, su cara no es por eso. Es porque quien puede ayudarnos fue su ex novia.
Esa novia de la juventud con quien no se ha molestado en aclarar la situación de lo que sucedió.
-Mira quien viene a criticar.- rebatió Valeria –El pasado es pasado. ¿De qué sirve revolver las cosas?
Además, a ella es a quien debería importarle y nunca se preocupó por hacerlo tampoco.
-Por respeto a Ava me quedaré callada y la llamaré para explicar todo, igual considero que debes
estar presente.
-Estaremos.- la corrigió Amanda señalando a su prometida –Necesito que le expliques sobre las
cuentas y que buscar.
-Está bien.- respondió Ava, la verdad es que tenía curiosidad por conocer a la mujer que tanto
mencionaban.
-Resuelto el dilema, necesito salir a supervisar un tema de las joyas.- comentó Amanda –Y ustedes
dos creo que tenían algo de qué hablar.- se inclinó para despedirse de Ava con un beso suave y le
lanzó una mirada de advertencia a Valeria –Regreso en unas horas, puedes esperarme o irte a casa a
descansar y nos veremos más tarde.
-¿Tardas mucho?
-No sé y después tengo la maldita cena. No sé en qué estaba pensando cuando acepté.
-Es tu negocio y trabajas duro para mantenerte donde estás. Quédate tranquila, estaré un rato con
Valeria y después iré a casa con Sebástian.- la tranquilizó.
-Iré antes de la cena a verlos.- afirmó con otro beso y después se marchó apurada. Ava la observó
con una media sonrisa y cuando se giró Valeria la imitaba.
-La pobre, está rendida y no lo sabe.- bromeó la rubia, había que ser ciego para no verlo.
-Por favor, esa mujer ni siquiera tomaba de la mano a sus “novias” mucho menos repartía besos al
por mayor como hace contigo. Le sale como un reflejo natural y es increíble presenciarlo.- respondió
con sinceridad –Pero su defecto es lo que le cuesta reconocerlo ella misma, tenle paciencia, ¿sí?
-Eso es lo que me consuela.- dijo Valeria más tranquila, Ava era capaz de ver en su amiga mucho
más allá de las palabras no dichas. Su acompañante carraspeó llamando su atención y la miró con
una ceja alzada –Te mueres de curiosidad, ¿no? –Ava soltó la risa.
-Pues sí, la verdad es que nunca lo imaginé, excepto el día que te encontré con Amanda y de paso
estuve equivocada. ¿Qué sucedió? Y lo respetaré si no quieres contar.
-Tampoco es que sea un secreto. La conocí en la universidad, era muy amiga de Amanda, salíamos
juntas a todos lados, encantadora, seductora y protectora, ambas tenían eso en común y cada
lesbiana y hetero-curiosa, más bisexual, intentaba llamar su atención. Me di cuenta que me gustaba
por los celos. Llegó un momento en que verla con la zorra de turno me provocaba sacarle los ojos.
-Siempre bromeaba diciendo que estaba con otras, para llenar el espacio vacío porque yo la
rechazaba. Nunca la tomé en serio, me enfurecía como jugaba conmigo y que se acostaba con
cualquiera. Empezamos a distanciarnos y a pelear por tonterías y en una de esas fiestas, yo estaba
ebria y le dije todo, más bien la reclamé todo. El efecto del borracho.
-Pues sí.- se compadeció Ava escuchando la típica historia de amor de juventud no correspondido -¿Y
qué hizo?
-Completar el cliché. Me dijo que me amaba y que nunca se imaginó que yo sintiera lo mismo, que
bromeaba a ver si yo insinuaba algo y obtenía el efecto contrario. En eso tuve que darle la razón.
Para mí fue un golpe darme cuenta que me gustaba una chica, por la manera en que mi padre
hablaba del tema sabía que estaba prohibido para mí. Le tenía pánico, pero al final lo que sentía
pudo más.-suspiró esbozando una sonrisa soñadora y Ava estaba segura de que recordaba algún
momento lindo de la relación –Ella cambió e hizo todo lo posible por conquistarme, no es que fuera
difícil. Decidí olvidarme de los celos y acepté estar juntas. Fue…fueron unos meses perfectos y
hermosos donde me hizo sentir la persona más especial del mundo. Respetaba el hecho de que no
podía decir nada por mi padre, pero él lo supo y fue horrible cuando llegué a casa.- se estremeció al
recordar –Me amenazó con echarme, con dejarme sin dinero para continuar estudiando, me abofeteó
y me insultó y yo se lo permití. Rompí la relación al otro día sin explicaciones y me negué a verla. Lo
que le dije ese día…la herí de la peor forma, tenía miedo de lo que mi padre podía hacerle y
necesitaba alejarla.
-¿Ella lo supo?
-No.
-¿Nunca?
-No.
-¿Por qué? Te fuiste de casa de tus padres, pudiste explicarle y buscarla después.
-Lo sé.- suspiró Valeria rendida –Pero no podía, ella no quiso saber de mí, tampoco peleó por lo
nuestro. Simplemente aceptó la separación y me borró de su vida, no tardó en buscar otra y
regresar a las fiestas y diversión como si nada. Estuvo con todas.- escupió con rencor.
-¿Qué le dijiste? – inquirió Ava sabiendo que había mucho más en la historia.
-Que no la quería, que al final fue una experiencia bonita pero no valía el tiempo ni los problemas
que me podía causar.- contestó Valeria lanzando el lapicero al otro lado de la oficina –Ella no me
odió tanto como yo me odié a mí misma ese día.- hizo una pausa para tragar el nudo que le cerraba
la garganta, nunca olvidaría la expresión de dolor en sus ojos –Y el resto de los que siguieron.
-Lo entiendo, fue difícil para ambas, eras joven, tenías miedo y estabas sola. Además de que en
parte, la culpabas de lo que te sucedió.- comentó la pelirroja con suavidad y Valeria la miró
sorprendida. Nadie, ni siquiera Amanda lo había comprendido.
-Durante mucho tiempo yo también culpé a Ivy de lo que sucedió.- confesó Ava –Por su rebeldía
estaba en la calle, a pesar de que fue mi decisión de seguirla. Si ella hubiese sido más paciente…pero
no. Terminé bailando desnuda por dinero y por último, casi pierdo a Amanda por sus locuras.
Sebástian es un tesoro, pero fue una irresponsable y me dejó sola en la vida con él. En un futuro
tendré que explicarle a su hijo, que su madre se prostituía por drogas y dinero y al final le costó la
vida.- con una mano secó la lágrima que le recorría la mejilla –La amo y la culpo por igual y me
duele, es inevitable.
Valeria tardó un segundo en percatarse de que ella también estaba llorando y escondió el rostro
entre las manos, deshaciéndose en un llanto silencioso. Una persona, una palabra afin y los muros
que encerraban todo el dolor se vinieron abajo y los sentimientos pasados la golpearon con fuerza.
Dos brazos cálidos la sostuvieron con delicadeza y se permitió llorar porque lo necesitaba. Un rato
después, más calmada y ligera, se retocó el maquillaje y la sonrisa estaba de vuelta.
-Sabes, si Amanda no te aprecia es una tonta. Que agradezca que es mi hermana, o me lanzaría en
una pelea por ti.- le dijo con una sonrisa descarada y traviesa.
-Ay, si es que son iguales las dos.- se quejó Ava avergonzada pero aliviada de ver sonreír a su amiga
–No bromees con eso.- le advirtió alzando un dedo a modo de regaño –Ya en serio, opino que debes
hablar con tu ex y aclarar lo que sucedió. Nada cambia el pasado, pero hay puertas que se deben
cerrar para seguir adelante. Quién sabe si al menos pueden recuperar la amistad. Eras muy joven,
no te juzgues tan duramente por cómo te sentías y las decisiones que tomaste, date una
oportunidad, perdónate y a ella también.
-Lo pensaré, gracias Ava.- le dijo con sinceridad y conmovida –Para ser una persona que ha vivido y
sufrido tanto y sola no perdiste la sensibilidad ni el buen corazón.
-Hiciste mucho más.- suspiró y sacudió la cabeza despejando los pensamientos del pasado –Y bueno,
pasando el momento sentimental, hablemos de negocios.- con la misma facilidad de Amanda, Valeria
se desprendía de todo y regresaba a la máscara ejecutiva. Esas dos eran un caso perdido, pero las
admiraba por igual.
¿Alguna vez has considerado dedicarte al póker? – Ava no se resistió a preguntar -¿Cómo lo haces?
Pasar de un estado al otro.- Valeria se echó a reír.
-Sé que puede parecer un poco loco.- la justificó la rubia que ante la mirada incrédula de Ava se
sonrió –Vale, más que un poco. Pero ella es un genio en estas cosas y lo que propone es muy
atractivo y yo lo apruebo. Si te preocupa la imagen no lo hagas, muy al contrario, será un éxito y
confío en Amanda. Sospecho que está inspirada y hará maravillas porque se trata de ti y quiere
impresionarte.
-¿Impresionarme?¿Con qué? No lo necesita, si ya me pone como tonta nada más con una mirada.
-Lo sé, pero recuerdas cuando te dije que ella es un poco lenta. Bueno, esta es una de esas
ocasiones y a mí me conviene, al negocio le conviene y al mundo también.
-¡Hey! No me juzgues. Es mi deber hacer que todo lo que toque se venda como oro y el tuyo
mantenerla inspirada siendo su musa.- le guiñó el ojo sugestiva y la joven se sonrojó.
-Que exagerada, contarle algo a ustedes es la perdición.- Ava fingió disgusto pero lo cierto era que
disfrutaba de su amistad relajada con Andy y Valeria, algo que ni siquiera tuvo con su hermana –Si
la imagen no te preocupa, entonces que es.
-Tú,- respondió Valeria sin titubear –Ser la modelo es exposición total de tu vida, tu rostro en las
calles, la tv, fotos promocionales, todo. Tienes un bebé que será expuesto cada vez que salgas. Es
un milagro que no lo hayan descubierto aún. Por otro lado, el trabajo te dará la economía que
necesitas porque mientras se utilice tu rostro la empresa pagará por la imagen. Sé que Amanda va a
intentar minimizar la promoción, pero quizás te toque hacer alguna entrevista, donde ten por seguro,
te van a sacar preguntas privadas. ¿Realmente estás preparada para todo eso? – la pregunta del
millón y Ava se había quedado sin palabras asimilando todo –La verdad es que solo de tener una
relación con Amanda harán exactamente lo mismo, con la diferencia de que si aceptas, tienes la
oportunidad de una carrera y de ganar una fortuna. Además de que te protegeremos de todo lo que
sea posible.- concluyó la explicación con la lógica evidente.
-Esta es otra de las situaciones donde ella arriesga para que yo gane, ¿verdad? – Ava suspiró
negando.
-Ganamos todos créeme, en estas cosas siempre hay un riesgo. No es mi deber convencerte de que
aceptes, ella me lo prohibió. Debe ser tu decisión únicamente, porque debes entender la carga y
responsabilidad que representa.
Después de lo sucedido con las fotos Ava no podía decir que estaba cómoda con su nueva realidad,
pero estar con Amanda tenía su precio y ese era uno de ellos. Ser modelo en cambio, potenciaba sus
temores e inseguridades. Primero, porque conseguía un contrato de miles de euros solo por ser su
amante, lo que técnicamente no era cierto y después estaba su hijo. Por donde quiera iba a perder
su privacidad. Valeria tenía razón y se sentía injusto decepcionar a la mujer que tanto hacía por ella.
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-Me lo pensaré.
-La tendrás.
Pasaron un rato más entre conversaciones personales, beneficios del contrato y hasta chismes de los
famosos. Cuando fue evidente que Amanda no llegaría, Ava decidió regresar a la mansión. La
conversación con Valeria la había distraído de la cena que tenía su prometida con una mujer que
abiertamente la despreció y desafió. La tal Angela tenía la ventaja de un contrato importante y la
creencia de que Amanda no la iba a rechazar por una stripper barata. Ya en casa se dedicó a bañar y
dar de comer a Sebástian en un intento de ocupar su mente. Amanda apareció unas horas más
tarde, atrasada y corriendo para la cena, a la que vistió de manera formal, pantalones y blusa,
elegante y ejecutiva, nada que fuese a impresionar a la zorra francesa. La despidió con un beso
apasionado que le corrió todo el carmín de labios y la sacó una sonrisa a Amanda.
-Esos celos tuyos me encantan.- así la dejó la pelinegra y hasta Ava tuvo que reír. ¿Cómo podía
dudar de ella con esas miradas?
.....................
La cena en el hotel Hilton transcurrió entre formalidades y negocios, al menos en un inicio, pero
Angela no tardó en introducir comentarios sugerentes sobre sus intenciones para la noche y además
se las arregló para enojar a Amanda. Solo le bastó hacer un comentario inapropiado de Ava.
-Es una pena que te hayas visto involucrada en ese escándalo, ya hoy en día no se sabe que pasado
oscuro y perjudicial ocultan las personas. Y las que se esconden detrás de un rostro inocente son las
peores.- comentó la francesa con descuido. ¿De verdad era tan idiota? Ella había visto a Ava en su
trabajo, ¿Qué pretendía ganar con eso? En un intento por cambiar el tema Amanda se encogió de
hombros.
-No se puede opinar y juzgar sobre lo que no se conoce. Hay personas que no nacen privilegiadas.
-Tienes razón, pero también existen trabajos honrados que no implican prostituirse o desnudarse.-
continuó la mujer. No es que estuviese equivocada, pero en su caso los comentarios llevaban una
intención oculta. Angela interpretó la seriedad de Amanda como decepción por la situación a la que
la habían arrastrado y extendió la mano sobre la mesa cubriendo la suya a modo de consuelo –No
tenías como saberlo. Esa clase de mujeres son capaces de encantar y seducir a cualquiera, son
expertas.
Por segunda vez en el día Amanda retiró la mano obviando la delicadeza y la miró con frialdad. No
fue sorpresa encontrarse una mirada calculadora y astuta. Angela no tenía un pelo de idiota, sabía
perfectamente lo que estaba haciendo. Intentando doblegarla en un juego de poder y Amanda
respondía muy mal a los chantajes.
-Creo que voy a retirarme por esta noche.- dijo haciendo un gesto al camarero para pedir la cuenta
–Es una pena desperdiciar la cena.
-Es pena verdadera, realmente no puedo estar segura de que nuestros tiempos coincidan otra vez en
el futuro.- la mujer le sostuvo la mirada impasible y dejó la amenaza flotar entre ellas. Ya se había
tardado, o cumplía el capricho de irse con ella a la cama, o haría todo lo posible por bloquear su
trato con Cartier. Amanda esbozó una sonrisa fría antes de responder.
-Lástima. No te preocupes, siempre habrá oportunidades.- ordenó al camarero que cargara la cena a
su tarjeta antes de sellar la conversación –Los negocios se hacen basados en calidad y respeto, no
en juegos de sábanas. Si es así como pretendes jugar con tu reputación y la mía, no estoy segura de
que me interese trabajar con una compañía que no es capaz de valorar mi trabajo. Que tengas
buenas noches y saludos a tu padre.- se despidió sin darle tiempo a responder. Ya contactaría ella
directamente al hombre para aclarar su propuesta de una vez por todas. 13
.....................
Ava se encontró por enésima vez enredada entre las sábanas de la cama después de tantas vueltas.
No podía dormir, no podía apagar su mente y los posibles escenarios en que esa mujer seducía a su
prometía, se repetían una y otra vez.
Para ser la primera vez que experimentaba unos celos tan malditos, lo estaba llevando fatal. Miró el
reloj a su lado de la cama 9:30PM, ¿cuánto podía tardar la dichosa cena? Según la ley universal, si
pasaba de las 10 y no estaba de regreso era porque la francesa le había ganado la partida –Oh, voy
a enloquecer.- se quejó frotándose el pecho donde tenía un ardor muy molesto –Que horrible esto.
-¿Hablando sola? – escuchó la voz desde alguna parte de la habitación y se sobresaltó. Cuando
apartó la almohada del rostro, Amanda la observaba desde los pies de la cama con una sonrisa
divertida.
-Uff.- Ava soltó todo el aire avergonzada y regresó a ocultarse tras la almohada, no sin antes
escuchar la risa de Amanda. Unos segundos después la cama se hundió a su lado y el aroma del
perfume Light Blue le refrescó los sentidos.
-Ava, ¿me esperabas? – preguntó la pelinegra apartando el objeto que le impedía verla y la coaxionó
a que abriera los ojos mordisqueando el labio inferior. Disfrutaron de un beso suave hasta que dos
esmeraldas la miraron con una mezcla entre avergonzada y preocupada. Eso fue respuesta suficiente
–Nada ocurrió, la dejé plantada iniciando la cena porque es una imbécil arrogante.- con un suspiro
de alivio Ava enroscó los brazos alrededor de su cuerpo y se escondió en la curva del cuello
depositando un beso allí.
-Lo siento, no es que no confíe en ti, son mis inseguridades y que soy nueva en sentir estas cosas.-
confesó Ava con sinceridad.
-No creas, me costó no lanzarla por el hueco del elevador. No quería armar una escena.- Amanda se
echó a reír.
-Esa es mi chica.- bromeó y a Ava le brillaron los ojos. Valeria tenía razón y es que verdaderamente
nunca se había dedicado a mirar a la mujer entre sus brazos. Sus reacciones a cada gesto y palabra,
era hermoso provocar tantos sentimientos y a la vez aterrador –Voy a cambiarme.- al ver la
interrogante en los ojos de Ava asintió –Ya regreso.- unos minutos después estaba de vuelta en
pijamas, deslizándose bajo las sábanas al lado de Ava que inmediatamente se enroscó en su cuerpo
como un koala y provocó risas en Amanda –¿Día difícil? – recibió un asentimiento silencioso -
¿Hablaste con Valeria? – otro asentimiento –Ava.- le advirtió.
-Sí, hablé con ella, me explicó todo y me contó algo de su historia. Fue triste y la aconsejé un poco.
-Me sorprende que te haya contado, para ella es algo muerto y enterrado.
-Estás agotada.- murmuró Ava cuando percibió que la respiración de su acompañante se suavizaba.
Amanda ni siquiera le contestó, con otro suspiró entrelazó sus piernas y la acercó más a su cuerpo.
Como pudo, Ava extendió el brazo y apagó la luz en la mesa de noche, regresando a su posición
anterior. A esas alturas ya no se sabía quién se aferraba a quien por seguridad. A Ava le gustaba
pensar que era un deseo mutuo y se sentía maravilloso.
...................
Valeria marcó el número en su teléfono de la oficina y esperó nerviosa por una respuesta. Cuando
escuchó la voz del otro lado se quedó congelada y sin saber que decir, hasta que el tono insistente la
hizo reaccionar. 1
-Hola, soy yo.- logró contestar y fue la otra persona quien perdió las palabras.
-¿Valeria?
-Sí, Valeria.- después de años aquello no tenía por qué afectarle, pero la manera en que pronunció
su nombre le provocó un par de sensaciones que prefirió ignorar.
-¿Qué sucede?
-Por supuesto.- se hizo una pausa silenciosa -¿Algo más? – había una curiosidad oculta en la
pregunta, Valeria apretó el auricular, tenía las palabras en la punta de la lengua y no podía decirlas -
¿Valeria? – un suspiro irritado del otro lado.
-También necesito hablar contigo.- soltó de pronto en su tono más formal y ejecutivo -¿Cuándo
puedes venir a la oficina?
-Esta mañana tengo un par de horas libres.- contestó la otra mujer sorprendida, tenía una
oportunidad y no la iba a desperdiciar.
-Ok, te espero.
-Hasta más tarde entonces.- cuando escuchó la despedida, Valeria parpadeó como regresando a la
realidad y soltó el teléfono de golpe como si fuera una víbora venenosa a punto de morderla.
-Oh, ¿que hice? – farfulló frustrada y con el corazón desbocado. ¿En que estaba pensando? No
estaba preparada para enfrentarla. Pero ya estaba hecho y Ava tenía razón, no podía huir toda la
vida.
Una hora más tarde cuando le avisaron que su cita ya estaba subiendo solo tenía una opción para
huir, lanzarse por la ventana. Que dramática. No solo no estaba preparada para enfrentarla, sino que
también la conversación con Ava le hizo ver y recordar muchas cosas con las que había soñado la
noche anterior. Incluyendo como se sentía estar entre sus brazos y se percató de lo mucho que
extrañaba esa sensación. Los recuerdos podían ser traicioneros e inoportunos. Un toque en la puerta
le advirtió la llegada y no se arriesgó a ponerse de pie, le temblaban las piernas.
-Adelante.- cuando la figura entró a la habitación Valeria no le pudo quitar los ojos de encima. Se
había cruzado varias veces con ella durante los años pero siempre de lejos, a una distancia prudente
que no afectaba a ninguna. Además de que no frecuentaban los mismos círculos sociales ni
remotamente –Por favor toma asiento.- le indicó cortés y agradeció que su voz no delatara los
nervios que sentía -¿Algo para beber?
-No, estoy en horas de trabajo.- negó su invitada con educación y la observó fijamente –Tuve un
espacio y aproveché. Si me has llamado con tanta urgencia supongo que es serio.- omitió el hecho
de que la había llamado ella y no Amanda, después de evitarla durante casi 8 años. 4
-Sí, el tema es delicado, pero ya te lo explicará cuando aparezca, al parecer hoy se le pegaron las
sábanas.- se quejó irritada y frunció el ceño, esperaba que no fuese a causa de la francesa o no sería
la única en caer ventana abajo –Lo de ahora es algo personal.- confesó tensa, era el momento del
todo o nada. Cuando se atrevió a mirarla a los ojos vio una chispa de curiosidad, pero imperaba la
serenidad que siempre la caracterizó. Sin embargo, ya no podía leer aquellos ojos color miel como
antes, había una barrera entre ellas y fue la responsable de ponerlo allí. Con las memorias
regresaron las emociones y ver de primera experiencia como le era indiferente a alguien a quien amó
tanto, dolía. 7
-Si crees que puedo ayudarte en algo.- le pelinegra lo dejó en el aire porque no tenía idea de que
agregar, estaba desconcertada. La llamada de Valeria la sorprendió, solo escuchar su voz evocó toda
clase de emociones contrarias que se estaba esforzando mucho por contener. Además del cabreo
monumental, ¿la llamaba 8 años después para pedirle un favor?
-Que me escuches nada más.- en la seriedad del tono se percató también del temblor, Valeria estaba
nerviosa y eso la desconcertó aún más. La rubia se puso de pie y caminó hacia los ventanales de
cristal –Te mentí.- susurró tan bajo que casi no la escuchó.
-¿Qué pretendes lograr Valeria? Ocho años y sales de la nada con esto.
-Sí, 8 años en los que tampoco buscaste una respuesta.- le contestó en un tono duro y con una
buena dosis de reproche que sorprendió a ambas –Me conocías, fuiste mi amiga durante años y, ¿no
se te ocurrió pensar que sucedía algo?!Por Dios! Un día antes estaba en las nubes y mirándote como
una estúpida enamorada y al día siguiente me comporto como una perra indiferente.- hizo una
pausa, "enamorada," escuchar esa palabra le producía sentimientos encontrados –Es evidente que
algo iba mal.- agregó y se hizo el silencio. No había argumentos contra eso. Valeria suspiró agotada,
no había descansado nada y lo poco que pudo estuvo plagado de recuerdos, tanto felices como
dolorosos –Lo siento, no te llamé para convertir esto en una guerra de reclamos.- su acompañante
permaneció en silencio y ella regresó a refugiarse en las vistas de la ciudad –Mi padre lo descubrió.
Cuando llegué a casa estaba esperando.- escuchó a la mujer maldecir a sus espaldas pero no se
volteó a mirarla –No me digas que de saberlo hubieses hecho algo. Lo sé de sobra y ese era mi
temor. Tuve que negarlo todo, pero nada me libró de las amenazas, entre ellas expulsarte si me
acercaba otra vez a ti.- alzó la mano cuando vio el intento de protesta –El amor no te paga una
carrera, la beca era lo único que tenías y no podía protegerte de nada, ni siquiera pude protegerme
yo.- se tragó la amargura y fue hacia el bar a servirse algo fuerte –No se creyó una palabra, se
comportó con normalidad los días que siguieron hasta que la cocinera me llamó una tarde asustada.
Mi madre, una fanática del catolicismo lo convenció de internarme en una institución mental para
curar mi perversión. No podía regresar a casa y tuve que pedirle ayuda a Amanda y su familia. Por
supuesto, no hubo escándalo y mi salida fue silenciosa, les convenía, pero me quitó todo. Si no fuese
por Harold que me pagó la universidad y me acogió en su casa, me quedaba en la calle. 1
-No sé qué decir.- dijo la pelinegra. La confesión la dejaba sin palabras y en gran parte sintiéndose
miserable. Valeria le había roto el corazón en mil pedazos y tenía razón en que nunca buscó las
respuestas en su rencor. Nunca se sintió suficiente porque no tenía nada para dar a su novia rica,
por eso cuando Valeria le dijo que su relación no era importante se lo creyó y había pasado todos
esos años equivocada.
-Yo creo que sí. Me has dejado creer durante años que...
-¿Qué no fuiste suficiente? – terminó Valeria mirándola fijamente, estaba bien al tanto de las
inseguridades de su ex –novia, la mujer hizo un gesto y negó.
-No.- respondió con dureza –Que no significó nada para ti, que fue un experimento, una fase.
Pudiste decirme después.
-Me odiabas, lo dejaste claro.- la rubia se encogió de hombros y bebió otro sorbo de licor –Además,
yo no estaba en mi mejor momento. Fue una etapa difícil, de amargura y rencor.- un suspiro, en esa
etapa de concentró en los estudios y nada más –Quería que supieras, tienes derecho. Ya sé que me
he comportado como una imbécil, pero supongo que es mejor tarde que nunca.
-Necesitamos reunirnos para hablar, con tiempo. Quiero conocer toda la historia, esta vez sin omitir
nada.- le pidió su ex sin dar espacio a protestas, se sentía como la peor amiga y persona del mundo
y necesitaba empezar a corregir 8 años de errores y malentendidos. Mientras el mundo de Valeria se
derrumbaba a su alrededor, ella la había dejado sola.
-Está bien.- aceptó Valeria y la anticipación le produjo una sensación curiosa en el estómago. Los
malditos sueños le dejaron las emociones a flor de piel.
-Te llamaré y nos ponemos de acuerdo.- ambas asintieron, necesitaban aclarar todo y quizás como
propuso Ava, hasta podrían recuperar la amistad. Valeria hizo una mueca inconsciente, esa palabra
sonaba tan mal entre ellas.
El ruido de la puerta al abrirse las trajo de regreso al mundo que habían olvidado y ambas se giraron
para encontrar una Amanda mirándolas entre curiosa y sorprendida.
-Ontari Queen, vaya, esto sí que es una sorpresa.- se acercó a saludarla con un abrazo que su amiga
le devolvió –Con esa excusa de que los Detectives se casan con el trabajo ya no haces tiempo ni
para visitas. 3
-¿Llegando tarde al trabajo Dayne? Algunas cosas no cambian y yo que apenas tengo tiempo para
dormir.- la saludó con humor y las dos se echaron a reír. Habían sido compañeras de crimen, fiestas
y amores en la universidad a pesar de la diferencia de status social. Intercambiaron un par de
bromas más cuando Amanda captó la mirada triste y nostálgica de Valeria. Alzó una ceja
interrogante pero su amiga desvió la atención y decidió no insistir en ese momento.
Las tres se acomodaron entre papeles y comenzaron a explicar con detalle lo sucedido en la Empresa
y las pruebas que tenían hasta el momento. No muchas para un caso, pero las suficientes para
comenzar la investigación de manera discreta. Más de una vez Amanda notó el intercambio de
miradas entre ambas mujeres cuando creían que la otra no estaba mirando. Interesante. La reunión
no se alargó mucho puesto que Ontari tenía que regresar a su trabajo, pero aseguró que se
mantendría en contacto. Cuando las dos amigas se quedaron a solas, Valeria se distrajo con unos
papeles y Amanda se dedicó a observarla en silencio.
-Me siento como un pez en una pecera, ¿por qué me miras así? – se quejó incómoda.
-¿Y tú desde cuando eres tan sensible? – contestó Amanda, sabía la verdadera razón -¿Estás bien? –
la pregunta fue suave y preocupada. Valeria se rindió y soltó el lapicero, le dolía la cabeza por falta
de sueño y tenía el estómago destrozado por los nervios.
-No dormí nada.- confesó presionando el puente de la nariz –Toda la noche soñando, recordando.-
hizo una pausa –Estaré bien. Le conté una parte y fue...liberador. Quedó en llamarme porque quiere
que hablemos. Ava tiene razón, lo necesitaba. Es una excelente mujer, ¿sabes? No cometas la
tontería de apartarla.- le dijo entre ausente y distraída. Amanda no se lo tomó personal porque tenía
razón y porque no hablaba solo de ella ni de su relación.
-Que si te hace daño no tendrá que tratar más con ella. Ambas son mis amigas, pero tu bienestar
ante todo.
-¿Estás segura?
-Sí.- respondió un poco más firme y Amanda lo entendió como era, una señal para dejar el tema de
lado.
-Bueno, esta noche hay una exposición de arte y llevaré a Ava.- comentó Amanda sonriente y Valeria
se echó a reír olvidando sus malestares.
-Mencionas su nombre y te brillan los ojos. Estar enamorada te asienta.- Amanda la miró con los
ojos abiertos de par en par, cuando fue a rebatir la detuvo –Estoy feliz por ti, ya era tiempo. No la
dejes ir.
¿Alguna vez has considerado dedicarte al póker? – Ava no se resistió a preguntar -¿Cómo lo haces?
Pasar de un estado al otro.- Valeria se echó a reír.
-No me extraña.- esbozó una sonrisa y después suspiró –Amanda me propuso ser la modela de la
nueva colección y pienso que está loca. Un compromiso, ¿y ahora esto? Arriesga demasiado.- opinó
preocupada.
-Sé que puede parecer un poco loco.- la justificó la rubia que ante la mirada incrédula de Ava se
sonrió –Vale, más que un poco. Pero ella es un genio en estas cosas y lo que propone es muy
atractivo y yo lo apruebo. Si te preocupa la imagen no lo hagas, muy al contrario, será un éxito y
confío en Amanda. Sospecho que está inspirada y hará maravillas porque se trata de ti y quiere
impresionarte.
-¿Impresionarme?¿Con qué? No lo necesita, si ya me pone como tonta nada más con una mirada.
-Lo sé, pero recuerdas cuando te dije que ella es un poco lenta. Bueno, esta es una de esas
ocasiones y a mí me conviene, al negocio le conviene y al mundo también.
-¡Hey! No me juzgues. Es mi deber hacer que todo lo que toque se venda como oro y el tuyo
mantenerla inspirada siendo su musa.- le guiñó el ojo sugestiva y la joven se sonrojó.
-Que exagerada, contarle algo a ustedes es la perdición.- Ava fingió disgusto pero lo cierto era que
disfrutaba de su amistad relajada con Andy y Valeria, algo que ni siquiera tuvo con su hermana –Si
la imagen no te preocupa, entonces que es.
-Tú,- respondió Valeria sin titubear –Ser la modelo es exposición total de tu vida, tu rostro en las
calles, la tv, fotos promocionales, todo. Tienes un bebé que será expuesto cada vez que salgas. Es
un milagro que no lo hayan descubierto aún. Por otro lado, el trabajo te dará la economía que
necesitas porque mientras se utilice tu rostro la empresa pagará por la imagen. Sé que Amanda va a
intentar minimizar la promoción, pero quizás te toque hacer alguna entrevista, donde ten por seguro,
te van a sacar preguntas privadas. ¿Realmente estás preparada para todo eso? – la pregunta del
millón y Ava se había quedado sin palabras asimilando todo –La verdad es que solo de tener una
relación con Amanda harán exactamente lo mismo, con la diferencia de que si aceptas, tienes la
oportunidad de una carrera y de ganar una fortuna. Además de que te protegeremos de todo lo que
sea posible.- concluyó la explicación con la lógica evidente.
-Esta es otra de las situaciones donde ella arriesga para que yo gane, ¿verdad? – Ava suspiró
negando.
-Ganamos todos créeme, en estas cosas siempre hay un riesgo. No es mi deber convencerte de que
aceptes, ella me lo prohibió. Debe ser tu decisión únicamente, porque debes entender la carga y
responsabilidad que representa.
Después de lo sucedido con las fotos Ava no podía decir que estaba cómoda con su nueva realidad,
pero estar con Amanda tenía su precio y ese era uno de ellos. Ser modelo en cambio, potenciaba sus
temores e inseguridades. Primero, porque conseguía un contrato de miles de euros solo por ser su
amante, lo que técnicamente no era cierto y después estaba su hijo. Por donde quiera iba a perder
su privacidad. Valeria tenía razón y se sentía injusto decepcionar a la mujer que tanto hacía por ella.
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-Me lo pensaré.
-La tendrás.
Pasaron un rato más entre conversaciones personales, beneficios del contrato y hasta chismes de los
famosos. Cuando fue evidente que Amanda no llegaría, Ava decidió regresar a la mansión. La
conversación con Valeria la había distraído de la cena que tenía su prometida con una mujer que
abiertamente la despreció y desafió. La tal Angela tenía la ventaja de un contrato importante y la
creencia de que Amanda no la iba a rechazar por una stripper barata. Ya en casa se dedicó a bañar y
dar de comer a Sebástian en un intento de ocupar su mente. Amanda apareció unas horas más
tarde, atrasada y corriendo para la cena, a la que vistió de manera formal, pantalones y blusa,
elegante y ejecutiva, nada que fuese a impresionar a la zorra francesa. La despidió con un beso
apasionado que le corrió todo el carmín de labios y la sacó una sonrisa a Amanda.
-Esos celos tuyos me encantan.- así la dejó la pelinegra y hasta Ava tuvo que reír. ¿Cómo podía
dudar de ella con esas miradas?
.....................
La cena en el hotel Hilton transcurrió entre formalidades y negocios, al menos en un inicio, pero
Angela no tardó en introducir comentarios sugerentes sobre sus intenciones para la noche y además
se las arregló para enojar a Amanda. Solo le bastó hacer un comentario inapropiado de Ava.
-Es una pena que te hayas visto involucrada en ese escándalo, ya hoy en día no se sabe que pasado
oscuro y perjudicial ocultan las personas. Y las que se esconden detrás de un rostro inocente son las
peores.- comentó la francesa con descuido. ¿De verdad era tan idiota? Ella había visto a Ava en su
trabajo, ¿Qué pretendía ganar con eso? En un intento por cambiar el tema Amanda se encogió de
hombros.
-No se puede opinar y juzgar sobre lo que no se conoce. Hay personas que no nacen privilegiadas.
-Tienes razón, pero también existen trabajos honrados que no implican prostituirse o desnudarse.-
continuó la mujer. No es que estuviese equivocada, pero en su caso los comentarios llevaban una
intención oculta. Angela interpretó la seriedad de Amanda como decepción por la situación a la que
la habían arrastrado y extendió la mano sobre la mesa cubriendo la suya a modo de consuelo –No
tenías como saberlo. Esa clase de mujeres son capaces de encantar y seducir a cualquiera, son
expertas.
Por segunda vez en el día Amanda retiró la mano obviando la delicadeza y la miró con frialdad. No
fue sorpresa encontrarse una mirada calculadora y astuta. Angela no tenía un pelo de idiota, sabía
perfectamente lo que estaba haciendo. Intentando doblegarla en un juego de poder y Amanda
respondía muy mal a los chantajes.
-Creo que voy a retirarme por esta noche.- dijo haciendo un gesto al camarero para pedir la cuenta
–Es una pena desperdiciar la cena.
-Es pena verdadera, realmente no puedo estar segura de que nuestros tiempos coincidan otra vez en
el futuro.- la mujer le sostuvo la mirada impasible y dejó la amenaza flotar entre ellas. Ya se había
tardado, o cumplía el capricho de irse con ella a la cama, o haría todo lo posible por bloquear su
trato con Cartier. Amanda esbozó una sonrisa fría antes de responder.
-Lástima. No te preocupes, siempre habrá oportunidades.- ordenó al camarero que cargara la cena a
su tarjeta antes de sellar la conversación –Los negocios se hacen basados en calidad y respeto, no
en juegos de sábanas. Si es así como pretendes jugar con tu reputación y la mía, no estoy segura de
que me interese trabajar con una compañía que no es capaz de valorar mi trabajo. Que tengas
buenas noches y saludos a tu padre.- se despidió sin darle tiempo a responder. Ya contactaría ella
directamente al hombre para aclarar su propuesta de una vez por todas. 13
.....................
Ava se encontró por enésima vez enredada entre las sábanas de la cama después de tantas vueltas.
No podía dormir, no podía apagar su mente y los posibles escenarios en que esa mujer seducía a su
prometía, se repetían una y otra vez.
Para ser la primera vez que experimentaba unos celos tan malditos, lo estaba llevando fatal. Miró el
reloj a su lado de la cama 9:30PM, ¿cuánto podía tardar la dichosa cena? Según la ley universal, si
pasaba de las 10 y no estaba de regreso era porque la francesa le había ganado la partida –Oh, voy
a enloquecer.- se quejó frotándose el pecho donde tenía un ardor muy molesto –Que horrible esto.
-¿Hablando sola? – escuchó la voz desde alguna parte de la habitación y se sobresaltó. Cuando
apartó la almohada del rostro, Amanda la observaba desde los pies de la cama con una sonrisa
divertida.
-Uff.- Ava soltó todo el aire avergonzada y regresó a ocultarse tras la almohada, no sin antes
escuchar la risa de Amanda. Unos segundos después la cama se hundió a su lado y el aroma del
perfume Light Blue le refrescó los sentidos.
-Ava, ¿me esperabas? – preguntó la pelinegra apartando el objeto que le impedía verla y la coaxionó
a que abriera los ojos mordisqueando el labio inferior. Disfrutaron de un beso suave hasta que dos
esmeraldas la miraron con una mezcla entre avergonzada y preocupada. Eso fue respuesta suficiente
–Nada ocurrió, la dejé plantada iniciando la cena porque es una imbécil arrogante.- con un suspiro
de alivio Ava enroscó los brazos alrededor de su cuerpo y se escondió en la curva del cuello
depositando un beso allí.
-Lo siento, no es que no confíe en ti, son mis inseguridades y que soy nueva en sentir estas cosas.-
confesó Ava con sinceridad.
-No creas, me costó no lanzarla por el hueco del elevador. No quería armar una escena.- Amanda se
echó a reír.
-Esa es mi chica.- bromeó y a Ava le brillaron los ojos. Valeria tenía razón y es que verdaderamente
nunca se había dedicado a mirar a la mujer entre sus brazos. Sus reacciones a cada gesto y palabra,
era hermoso provocar tantos sentimientos y a la vez aterrador –Voy a cambiarme.- al ver la
interrogante en los ojos de Ava asintió –Ya regreso.- unos minutos después estaba de vuelta en
pijamas, deslizándose bajo las sábanas al lado de Ava que inmediatamente se enroscó en su cuerpo
como un koala y provocó risas en Amanda –¿Día difícil? – recibió un asentimiento silencioso -
¿Hablaste con Valeria? – otro asentimiento –Ava.- le advirtió.
-Sí, hablé con ella, me explicó todo y me contó algo de su historia. Fue triste y la aconsejé un poco.
-Me sorprende que te haya contado, para ella es algo muerto y enterrado.
-Estás agotada.- murmuró Ava cuando percibió que la respiración de su acompañante se suavizaba.
Amanda ni siquiera le contestó, con otro suspiró entrelazó sus piernas y la acercó más a su cuerpo.
Como pudo, Ava extendió el brazo y apagó la luz en la mesa de noche, regresando a su posición
anterior. A esas alturas ya no se sabía quién se aferraba a quien por seguridad. A Ava le gustaba
pensar que era un deseo mutuo y se sentía maravilloso.
...................
Valeria marcó el número en su teléfono de la oficina y esperó nerviosa por una respuesta. Cuando
escuchó la voz del otro lado se quedó congelada y sin saber que decir, hasta que el tono insistente la
hizo reaccionar. 1
-Hola, soy yo.- logró contestar y fue la otra persona quien perdió las palabras.
-¿Valeria?
-Sí, Valeria.- después de años aquello no tenía por qué afectarle, pero la manera en que pronunció
su nombre le provocó un par de sensaciones que prefirió ignorar.
-¿Qué sucede?
-Por supuesto.- se hizo una pausa silenciosa -¿Algo más? – había una curiosidad oculta en la
pregunta, Valeria apretó el auricular, tenía las palabras en la punta de la lengua y no podía decirlas -
¿Valeria? – un suspiro irritado del otro lado.
-También necesito hablar contigo.- soltó de pronto en su tono más formal y ejecutivo -¿Cuándo
puedes venir a la oficina?
-Esta mañana tengo un par de horas libres.- contestó la otra mujer sorprendida, tenía una
oportunidad y no la iba a desperdiciar.
-Ok, te espero.
-Hasta más tarde entonces.- cuando escuchó la despedida, Valeria parpadeó como regresando a la
realidad y soltó el teléfono de golpe como si fuera una víbora venenosa a punto de morderla.
-Oh, ¿que hice? – farfulló frustrada y con el corazón desbocado. ¿En que estaba pensando? No
estaba preparada para enfrentarla. Pero ya estaba hecho y Ava tenía razón, no podía huir toda la
vida.
Una hora más tarde cuando le avisaron que su cita ya estaba subiendo solo tenía una opción para
huir, lanzarse por la ventana. Que dramática. No solo no estaba preparada para enfrentarla, sino que
también la conversación con Ava le hizo ver y recordar muchas cosas con las que había soñado la
noche anterior. Incluyendo como se sentía estar entre sus brazos y se percató de lo mucho que
extrañaba esa sensación. Los recuerdos podían ser traicioneros e inoportunos. Un toque en la puerta
le advirtió la llegada y no se arriesgó a ponerse de pie, le temblaban las piernas.
-Adelante.- cuando la figura entró a la habitación Valeria no le pudo quitar los ojos de encima. Se
había cruzado varias veces con ella durante los años pero siempre de lejos, a una distancia prudente
que no afectaba a ninguna. Además de que no frecuentaban los mismos círculos sociales ni
remotamente –Por favor toma asiento.- le indicó cortés y agradeció que su voz no delatara los
nervios que sentía -¿Algo para beber?
-No, estoy en horas de trabajo.- negó su invitada con educación y la observó fijamente –Tuve un
espacio y aproveché. Si me has llamado con tanta urgencia supongo que es serio.- omitió el hecho
de que la había llamado ella y no Amanda, después de evitarla durante casi 8 años. 4
-Sí, el tema es delicado, pero ya te lo explicará cuando aparezca, al parecer hoy se le pegaron las
sábanas.- se quejó irritada y frunció el ceño, esperaba que no fuese a causa de la francesa o no sería
la única en caer ventana abajo –Lo de ahora es algo personal.- confesó tensa, era el momento del
todo o nada. Cuando se atrevió a mirarla a los ojos vio una chispa de curiosidad, pero imperaba la
serenidad que siempre la caracterizó. Sin embargo, ya no podía leer aquellos ojos color miel como
antes, había una barrera entre ellas y fue la responsable de ponerlo allí. Con las memorias
regresaron las emociones y ver de primera experiencia como le era indiferente a alguien a quien amó
tanto, dolía. 7
-Si crees que puedo ayudarte en algo.- le pelinegra lo dejó en el aire porque no tenía idea de que
agregar, estaba desconcertada. La llamada de Valeria la sorprendió, solo escuchar su voz evocó toda
clase de emociones contrarias que se estaba esforzando mucho por contener. Además del cabreo
monumental, ¿la llamaba 8 años después para pedirle un favor?
-Que me escuches nada más.- en la seriedad del tono se percató también del temblor, Valeria estaba
nerviosa y eso la desconcertó aún más. La rubia se puso de pie y caminó hacia los ventanales de
cristal –Te mentí.- susurró tan bajo que casi no la escuchó.
-Que mentí.- abandonó la vista segura de las ventanas y la enfrentó. Se lo debía, mirarle a los ojos
cuando le dijera la verdad –Aquel día te mentí.- repitió y se llevó una mano al pecho donde un puño
invisible la apretaba. Estudió las emociones que cruzaron en el rostro de su acompañante, sorpresa,
incredulidad y por último rabia. Aún si no le creía una palabra necesitaba decirlo.
-¿Qué pretendes lograr Valeria? Ocho años y sales de la nada con esto.
-Sí, 8 años en los que tampoco buscaste una respuesta.- le contestó en un tono duro y con una
buena dosis de reproche que sorprendió a ambas –Me conocías, fuiste mi amiga durante años y, ¿no
se te ocurrió pensar que sucedía algo?!Por Dios! Un día antes estaba en las nubes y mirándote como
una estúpida enamorada y al día siguiente me comporto como una perra indiferente.- hizo una
pausa, "enamorada," escuchar esa palabra le producía sentimientos encontrados –Es evidente que
algo iba mal.- agregó y se hizo el silencio. No había argumentos contra eso. Valeria suspiró agotada,
no había descansado nada y lo poco que pudo estuvo plagado de recuerdos, tanto felices como
dolorosos –Lo siento, no te llamé para convertir esto en una guerra de reclamos.- su acompañante
permaneció en silencio y ella regresó a refugiarse en las vistas de la ciudad –Mi padre lo descubrió.
Cuando llegué a casa estaba esperando.- escuchó a la mujer maldecir a sus espaldas pero no se
volteó a mirarla –No me digas que de saberlo hubieses hecho algo. Lo sé de sobra y ese era mi
temor. Tuve que negarlo todo, pero nada me libró de las amenazas, entre ellas expulsarte si me
acercaba otra vez a ti.- alzó la mano cuando vio el intento de protesta –El amor no te paga una
carrera, la beca era lo único que tenías y no podía protegerte de nada, ni siquiera pude protegerme
yo.- se tragó la amargura y fue hacia el bar a servirse algo fuerte –No se creyó una palabra, se
comportó con normalidad los días que siguieron hasta que la cocinera me llamó una tarde asustada.
Mi madre, una fanática del catolicismo lo convenció de internarme en una institución mental para
curar mi perversión. No podía regresar a casa y tuve que pedirle ayuda a Amanda y su familia. Por
supuesto, no hubo escándalo y mi salida fue silenciosa, les convenía, pero me quitó todo. Si no fuese
por Harold que me pagó la universidad y me acogió en su casa, me quedaba en la calle. 1
-No sé qué decir.- dijo la pelinegra. La confesión la dejaba sin palabras y en gran parte sintiéndose
miserable. Valeria le había roto el corazón en mil pedazos y tenía razón en que nunca buscó las
respuestas en su rencor. Nunca se sintió suficiente porque no tenía nada para dar a su novia rica,
por eso cuando Valeria le dijo que su relación no era importante se lo creyó y había pasado todos
esos años equivocada.
-Yo creo que sí. Me has dejado creer durante años que...
-¿Qué no fuiste suficiente? – terminó Valeria mirándola fijamente, estaba bien al tanto de las
inseguridades de su ex –novia, la mujer hizo un gesto y negó.
-No.- respondió con dureza –Que no significó nada para ti, que fue un experimento, una fase.
Pudiste decirme después.
-Me odiabas, lo dejaste claro.- la rubia se encogió de hombros y bebió otro sorbo de licor –Además,
yo no estaba en mi mejor momento. Fue una etapa difícil, de amargura y rencor.- un suspiro, en esa
etapa de concentró en los estudios y nada más –Quería que supieras, tienes derecho. Ya sé que me
he comportado como una imbécil, pero supongo que es mejor tarde que nunca.
-Necesitamos reunirnos para hablar, con tiempo. Quiero conocer toda la historia, esta vez sin omitir
nada.- le pidió su ex sin dar espacio a protestas, se sentía como la peor amiga y persona del mundo
y necesitaba empezar a corregir 8 años de errores y malentendidos. Mientras el mundo de Valeria se
derrumbaba a su alrededor, ella la había dejado sola.
-Está bien.- aceptó Valeria y la anticipación le produjo una sensación curiosa en el estómago. Los
malditos sueños le dejaron las emociones a flor de piel.
-Te llamaré y nos ponemos de acuerdo.- ambas asintieron, necesitaban aclarar todo y quizás como
propuso Ava, hasta podrían recuperar la amistad. Valeria hizo una mueca inconsciente, esa palabra
sonaba tan mal entre ellas.
El ruido de la puerta al abrirse las trajo de regreso al mundo que habían olvidado y ambas se giraron
para encontrar una Amanda mirándolas entre curiosa y sorprendida.
-Ontari Queen, vaya, esto sí que es una sorpresa.- se acercó a saludarla con un abrazo que su amiga
le devolvió –Con esa excusa de que los Detectives se casan con el trabajo ya no haces tiempo ni
para visitas. 3
-¿Llegando tarde al trabajo Dayne? Algunas cosas no cambian y yo que apenas tengo tiempo para
dormir.- la saludó con humor y las dos se echaron a reír. Habían sido compañeras de crimen, fiestas
y amores en la universidad a pesar de la diferencia de status social. Intercambiaron un par de
bromas más cuando Amanda captó la mirada triste y nostálgica de Valeria. Alzó una ceja
interrogante pero su amiga desvió la atención y decidió no insistir en ese momento.
Las tres se acomodaron entre papeles y comenzaron a explicar con detalle lo sucedido en la Empresa
y las pruebas que tenían hasta el momento. No muchas para un caso, pero las suficientes para
comenzar la investigación de manera discreta. Más de una vez Amanda notó el intercambio de
miradas entre ambas mujeres cuando creían que la otra no estaba mirando. Interesante. La reunión
no se alargó mucho puesto que Ontari tenía que regresar a su trabajo, pero aseguró que se
mantendría en contacto. Cuando las dos amigas se quedaron a solas, Valeria se distrajo con unos
papeles y Amanda se dedicó a observarla en silencio.
-Me siento como un pez en una pecera, ¿por qué me miras así? – se quejó incómoda.
-¿Y tú desde cuando eres tan sensible? – contestó Amanda, sabía la verdadera razón -¿Estás bien? –
la pregunta fue suave y preocupada. Valeria se rindió y soltó el lapicero, le dolía la cabeza por falta
de sueño y tenía el estómago destrozado por los nervios.
-No dormí nada.- confesó presionando el puente de la nariz –Toda la noche soñando, recordando.-
hizo una pausa –Estaré bien. Le conté una parte y fue...liberador. Quedó en llamarme porque quiere
que hablemos. Ava tiene razón, lo necesitaba. Es una excelente mujer, ¿sabes? No cometas la
tontería de apartarla.- le dijo entre ausente y distraída. Amanda no se lo tomó personal porque tenía
razón y porque no hablaba solo de ella ni de su relación.
-¿Estás segura?
-Sí.- respondió un poco más firme y Amanda lo entendió como era, una señal para dejar el tema de
lado.
-Bueno, esta noche hay una exposición de arte y llevaré a Ava.- comentó Amanda sonriente y Valeria
se echó a reír olvidando sus malestares.
-Mencionas su nombre y te brillan los ojos. Estar enamorada te asienta.- Amanda la miró con los
ojos abiertos de par en par, cuando fue a rebatir la detuvo –Estoy feliz por ti, ya era tiempo. No la
dejes ir.
-Entonces has las cosas bien para que ese pensamiento nunca se le ocurra. ¿De quién es la
exposición? – inquirió cuando tomó las invitaciones de la mesa. Miró el libro promocional y abrió los
ojos de par en par –Lo había olvidado completamente. ¿En serio ya están aquí?
Cuando Ava despertó sola en la cama encontró una nota con las indicaciones del día. Pasar tiempo
con su bebé, no trabajar y al parecer tenía una cita al spa, con maquillaje y peluquería incluidos.
¿Qué se traía entre manos Amanda? No es que fuese a protestar por las atenciones, pero las
sorpresas siempre la incomodaban un poco, más cuando implicaban salir y ser acosada por
reporteros y preguntas indiscretas. Por otro lado, cualquier duda de que Amanda tuviese alguna
reserva de mostrarse con ella desaparecía. La mujer tenía la cualidad de no necesitar palabras para
acallar las inseguridades, pequeños gestos como ese, en el momento indicado, despejaban las
dudas.
Se aseó y cambió para salir en busca de su hijo, a quien probablemente Rosa estaba malcriando
como cada mañana. El pensamiento la hizo sonreír, cuando más temprano escuchó a la mujer
hablando monerías a través del monitor, su manera de decirle que podía dormir un poco más.
Hablando de dormir, era la segunda noche que Amanda dormía a su lado y enrojeció de imaginar a
que conclusiones había llegado Rosa y el resto de las personas que trabajaban en la mansión. Bah,
como si no estuviera ya en la portada de cada maldita revista en el país. Sacudió la incomodidad que
le provocaba saber que no tenía, ni tendría vida privada y se prometió disfrutar del día.
Rosa no sabía nada sobre la sorpresa y aunque supiera, tampoco le iba a dar detalles. Ava se
entretuvo con Sebástian y conversando con la mujer hasta que el chofer se presentó para llevarla al
spa, según porque tenían el tiempo contado. La trataron como una reina y bendijo a Amanda por la
idea de un masaje que la relajó hasta casi quedarse dormida. Al parecer lo iba a necesitar. La
transformaron de pies a cabeza hasta que no se reconoció a sí misma, el evento al parecer era por
todo lo alto y ella cada vez más nerviosa. De regreso a la casa Amanda no apareció, Rosa le dijo que
estaba tomando un baño y que fuera a vestirse, que todo estaba en su habitación preparado. Y claro
que lo estaba.
Un vestido espectacular que hacía juego con sus ojos y un conjunto de joyas que si no se
equivocaba, pertenecían a una de las colecciones de Amanda. Si antes estaba nerviosa, ahora tenía
un nudo en el estómago. No obstante, se puso el magnífico vestido y las joyas que resaltaron
exquisitas en la palidez de su piel, lo siguiente… ¿Dónde estaba Amanda? Necesitaba hablar con ella
antes de poner un pie fuera de la casa. Decidida fue a buscarla a su habitación pero no la encontró,
atravesó el pasillo y comenzó a descender las escaleras cuando la vio al pie, de espaldas,
conversando con Rosa. Entonces Amanda se volteó y sus ojos se encontraron.
Como siempre, no fallaba en robar todo el aire de la habitación, ¿o era el de sus pulmones? Con su
presencia. La vio esbozar una sonrisa encantadora y feliz y supo que sus argumentos habían
desaparecido. No pretendía protestar por nada y arruinar esa expresión de felicidad en su rostro,
además de que la manera en que la miraba con pura adoración, que quería captura para siempre.
Ava se detuvo un escalón más arriba y la observó con atención. Se veía muy elegante, sexy e
imponente, la sensualidad en Amanda estaba en cada movimiento como si hubiese nacido con ella,
era natural. Llevaba el cabello recogido en una cola alzada y sencilla, pendientes de diamante
discretos y un traje de mujer muy casual y fashion con un lazo abierto en el cuello. Una imagen
arrebatadora, excepto por…
-¿Estás descalza? – inquirió al ver los pies desnudos y las uñas delicadas pintadas de rojo. Amanda
ni tomó en cuenta el comentario -¿Amanda? – comenzaba a preocuparse cuando la miraba con
expresión de no estar en ese mundo -¿Estás bien? – le tomó el rostro entre las manos.
-No.- susurró la pelinegra, aquello parecía grave –Es que…creo que estoy en el paraíso porque he
visto un ángel.- agregó con efecto dramático, Ava parpadeó sin poder creerlo.
-Tonta, pensé que era algo serio.- le golpeó el hombro ligeramente y recordó la razón por la que
estaba allí -¿A dónde vamos? Preparaste todo sin decirme una palabra Amanda.- no quería sonar
como un reproche y le encantaban sus detalles, pero le había incomodado un poco el que ni siquiera
se hubiese molestado en llamarla y avisarle. Entendía que estaba ocupada y con exceso de trabajo,
pero, ¿ni un minuto? Admitía que parte de su irritación tenía que ver con el hecho de que despertó
sola y Amanda no le había dedicado ni un segundo del día. Al instante se sintió como una
malagradecida, el spa, el vestido, las joyas, demostraban todo lo contrario. Cuando miró a la
pelinegra creyó ver algo de arrepentimiento en su mirada –Amanda, me encantan las atenciones y
las sorpresas cuando vienen de ti. Pero a veces me conformo con una llamada y escuchar tu voz en
el día. Gracias por esto, de verdad. No quiero arruinarlo.- dijo con una sonrisa y aunque no la vio
muy convencida tampoco lo rebatió. De pronto Amanda pareció recuperar la compostura.
-Te ves hermosa, dije la verdad cuando te comparé con un ángel.- muy cursi y a pesar de eso Ava
sonrió como una tonta y se sonrojó.
-Eres tú.- desvió la mirada hacia el collar de diamantes y los pendientes –Se ven exquisitas en ti.- el
juego lo acompañaba un brazalete pero decidió que no lo llevase. Quería sus manos completamente
libres para algo más.
-¿Son tuyas cierto?- preguntó Ava acariciando el collar, Amanda asintió –Tus diseños transforman a
cualquier mujer.
-No.- intervino rápidamente. El “cualquier” no le gustaba como adjetivo –No eres cualquier mujer,
eres mi prometida.- y lo dijo con una seriedad y convicción que la estremeció. Como si realmente lo
creyera y no fuese una propuesta con intereses –Ya me has dicho que sí y a pesar de las
circunstancias, quiero hacerlo real.- continuó Amanda y descendió la mirada. Era el momento
decisivo, donde, o corría lejos y negaba que las mariposas en su estómago no significaban nada, o se
lanzaba de lleno de una vez por todas –Eso, quiero que sea real.- repitió la palabra no por seguridad,
al contrario, necesitaba reafirmarlo y que la mujer frente a ella lo creyera. Extendió la palma,
mostrando la cajita negra de terciopelo que llevaba quemando su bolsillo toda la tarde –Yo…- la abrió
con manos temblorosas –Quiero más, si lo aceptas.- concluyó nerviosa bajo la mirada fija de la
pelirroja.
¿Y ahora qué?¿Debería haberse puesto de rodillas? Después repasó sus palabras mentalmente y
reprimió la irritación cuando nada en el discurso, de tres oraciones, para proponerse, ni una vez dio
paso al “sí, acepto.” Y con el silencio de Ava comenzó a ponerse más nerviosa. ¿Y si había cometido
un error revelando sus sentimientos tan rápido? Valeria le aseguró que la quería de verdad. ¿Que la
detenía del sí? Valeria también le dijo que prestara atención a los sentimientos de Ava y allí estaba,
otra vez arrastrándola en otro de sus impulsos. Cuando alzó la mirada se encontró con unos ojos
verdes sorprendidos y cristalizados por las lágrimas sin derramar.
Reflejaban una mezcla de inseguridad, temor, esperanza y felicidad. Ava deseaba un futuro con ella,
una familia y Amanda descubrió que todo lo que Ava quisiera, lo iba a tener. No porque le
interesaran las cosas materiales, sino porque le hacía desear exactamente lo mismo. Amor y familia
y eso Ava tenía que escucharlo antes de aceptar nada más. Miró la cajita todavía abierta en su mano
extendida, entregaba una parte de ella allí, se sentía vulnerable y expuesta, sin palabras para
expresarse pero no le importaba. Ella no importaba. Buscó los ojos de Ava transmitiendo la
seguridad que ambas necesitaban, por mucho que sus nervios estaban a punto de saltar de la
anticipación.
-Puedo esperar, si necesitas tiempo yo…- un dedo sobre los labios la silenció, nada estaba saliendo
como planeó.
-¿Es real? – la voz de Ava tembló. Cualquier otro asumiría que preguntaba por la esmeralda, pero
no, Amanda estaba consciente de que nada, excepto su respuesta interesaba en ese momento.
-Todo lo real que se siente.- respondió con el corazón desbocado, sabía que esas palabras y ese
momento cambiarían su vida. Tomó la mano de Ava y la llevó a su pecho donde retumbaba el latido,
la palma cálida se mantuvo allí, sintiendo –Lo hice para ti.- comenzó a explicar –Apenas tenías unos
días en casa, revisaba los diseños y era el único anillo de compromiso. Llevaba un diamante pero
imaginé tus ojos, como combinarían con una esmeralda y el color negro con tu piel. La imagen se
quedó y lo transformé. Creo que de alguna manera proyectaba un futuro contigo aún, sin ser
consciente.
-¿Es de tu nueva colección? – preguntó Ava impresionada, el anillo era precioso. Negro
completamente, con diamantes pequeños a cada lado de la banda y coronado con una esmeralda de
un verde muy similar a sus ojos. Puede que Amanda nunca pudiese ser capaz de decir las palabras,
pero momentos como ese y la mirada cargada de anhelos y deseos, bastaba para que Ava tuviese el
valor de decirlo por las dos. Pero antes la sorprendió una vez más.
-No, es único, no quise incluirlo.- suspiró agotada, cuando todas las emociones se arremolinaban así
no sabía cómo contenerlas. Quería ser feliz y quería que Ava fuese feliz, amarla y demostrarlo,
encontrar las palabras que necesitaba para decirlo, porque no admitiría dudas entre ellas. Y también
temía a su incapacidad de aceptar la felicidad y vivirla, de lastimar a la mujer maravillosa frente a
ella, que estaba convencida que a veces no merecía.
-Amanda.- la suavidad en el tono de Ava la obligó a mirarla, eso y las palmas delicadas que
encerraron su rostro.
-Lo hice otra vez, ¿verdad? Arrastrarte en mis cosas sin tomar en cuenta lo que sientes.- preguntó
derrotada y Ava sonrió.
-Es cierto que pasas como una tormenta, arrasando todo.- dijo y el cuerpo se tensó en sus manos –
No, mírame.- la mantuvo en el lugar cuando quiso apartarse y la besó con suavidad –Entraste así a
mi vida y me lo has dado todo, seguridad, felicidad y no pienso cambiarlo por nada, porque eres así.
No necesitas palabras para hacerme sentir especial.- respiró profundo –En cambio yo, es la única
manera que tengo. No dudes ahora, no de ti, mucho menos de mí, te quiero Amanda y más que
eso.- Ava se detuvo cuando dos ojos azules la miraron abiertos de par en par.
-¿Me quieres? – la pregunta implicaba tantas respuestas que Ava simplemente se quedó en silencio,
observando las emociones en el rostro de la mujer. Incredulidad, asombro, esperanza y una
pincelada de dolor que la enfureció. Alguien le había hecho daño en el pasado, todas las señales que
necesitaba estaban ahí y en ese instante le gustaría tenerla delante para sacarle los ojos.
-Por supuesto que te quiero Amanda, o nada ni nadie me hubiese convencido de aceptar lo que me
has ofrecido.- le acarició la mejilla –Quiero quedarme, quiero hacer todo contigo y quiero llevar ese
anillo, que sea real.- extendió la mano y esperó. Amanda que todavía la miraba embelesada,
reaccionó lo suficiente para deslizar el anillo en el dedo apropiado. Se veía precioso y más que eso,
simbolizaba que Ava era suya. La emoción apenas si le permitía hablar, así que se contentó con
deslizar los brazos alrededor de la cintura pequeña y abrazarla. Ava le correspondió al instante con
una sonrisa e igual de emocionada. No quería arruinar el momento llorando, estaba feliz, como
nunca se sintió en su vida, llena de sueños y en los brazos de la mujer que amaba. Se echó a reír y
la abrazó con fuerza –Te quiero Amanda.- reservaría las palabras mayores para el momento
indicado, aunque no estaba segura de cuanto más podría contenerse –Y mucho más.
Después de compartir el abrazo unos minutos, se apartaron para terminar de arreglarse y salir, con
Amanda insistiendo que sería una sorpresa y Ava recordándole que necesitaba zapatos. Ni que decir
que cuando Valeria llegó en la limusina iban atrasadas. No comentó nada sobre el anillo, pero si
sonrió cuando Amanda entrelazó su mano con la de Ava y comenzó a jugar con la joya distraída. Ava
y Valeria intercambiaron miradas, una soñadora, la otra divertida por la escena, aunque si era
honesta, la felicidad que irradiaban ambas mujeres le causaba algo de envidia y tristeza. Cuando la
limusina se detuvo Ava estaba tensa. Había reporteros, muchos y ruidosos a la entrada del lugar que
identificó como una galería de arte famosa. Cuando Valeria salió de primera se alborotaron con
preguntas y flashes, sobre todo porque sabían que Amanda la acompañaba siempre.
Dentro del auto la pelinegra presionó ligeramente la mano de Ava y sonrió a modo de disculpa. No
podía cambiar el mundo en que vivía, pero no la dejaría sola y ella tenía que aprender, porque esa
sería su vida de ahora en adelante. Con un suspiro adoptó la postura elegante que tantas clases de
etiqueta le inculcaron y aceptó la mano de Amanda que ya había salido y la esperaba junto a la
puerta. Apenas asomó la cabeza las luces la cegaron y el ruido fue ensordecedor. No esperaban su
aparición eso era evidente, pero eso no impidió los comentarios y preguntas indiscretas a medida
que avanzaban por la alfombra y subían los escalones. Amanda no contestó nada y tampoco posó
para las fotos levando del brazo a ambas mujeres. A la mañana siguiente estaría en cada revista del
país. Para cuando llegaron a la entrada Ava estaba tan tensa que le dolían los músculos del cuello, la
espalda y la mano con que se había aferrado a Amanda.
-Lo siento, ha sido una locura.- se disculpó, la próxima vez se tenía que pensar mejor las salidas
como esa.
-Te dije que nuestra próxima salida oficial era para cambiar tus conceptos de arte moderno.- le
recordó Amanda y ella se echó a reír.
-Digamos que esta artista es especial. Si alguien puede causarte una impresión es ella.
-Interesante, vamos entonces que ahora tengo curiosidad.- admitió Ava y la pelinegra sonrió
ganando la primera batallita de su guerra muy privada –No luzcas tan satisfecha contigo misma, la
noche es joven.
-Por eso, estoy ansiosa por escucharte decir que tenía razón.- y entre risas se adentraron en la
multitud.
Llegar a un cuadro de la exposición probó ser casi una misión imposible. Ava perdió la cuenta de
cuantos artistas, músicos, actores y políticos había conocido, la sonrisa complaciente estaba a punto
de quedársele permanente. Por supuesto que ignoró las miradas de envidia, otras curiosas y la que
no podía faltar de quienes habían visto las fotos, lujuria. Para crédito de Amanda que se mantuvo
con un brazo posesivo alrededor de su cintura, nunca permitió preguntas personales en cada
presentación y controlando los impulsos de insultar a más de uno cuando notaba las miradas sobre
Ava. Estaba claro que su aparición había generado comentarios y más de una mujer notó el anillo en
el dedo, como si fuera posible no hacerlo, resaltaba contra la piel de porcelana y la esmeralda
resplandecía, igual que su portadora.
Cuando se libraron de varias personas y se acercaron al primer cuadro Ava se quedó sin habla, era
impresionante, pero antes de que pudiera comentar un nuevo llamado las interrumpió. Se mantuvo
en silencio, pero la similitud del momento con lo que recordaba de sus padres le provocó una
sensación desagradable. El objetivo de aquellas presentaciones era socializar y para quienes se
movían en esferas altas, ganar nuevos favores. Sintió el beso en la mejilla de Amanda que se apartó
con un “lo siento,” y fue a reunirse con dos hombres a unos pasos de ella. Se sentía como una
esposa adorno, era de las situaciones que a veces ponían a prueba su decisión. Decidió concentrarse
en el cuadro que era magnífico.
Representaba el contorno de una mujer dormida de espalda, de hecho, solo esa parte ocupaba toda
la atención y también el diseño de un tatuaje intrincado en toda su extensión. El colores de la piel
eran tan exquisito, un dorado bronceado suave que casi no resistió la tentación de extender la mano
y tocarla. El artista era increíble, de eso no tenía dudas y su musa también, si es que existía la
modelo. Solo tenía ojos para Amanda pero la mujer en el cuadro evocaba una atracción distinta,
primaria, visceral y no le importaría terminar entre las sábanas con ella. Soltó una risita sonrojada.
-Y al final tendré que darle la razón.- habló para sí misma negando derrotada –Nada mal.
-¿El cuadro o la mujer? – preguntó una voz ligeramente grave a su lado, sobresaltándola.
-Ambos.- contestó sin dudarlo –Parece real y ella…es como si pudiera…- se detuvo percatándose de
que hablaba con una desconocida.
-¿Tentarte? – terminó la mujer y no pudo más que asentir –Te comprendo.- dijo esbozando una
sonrisa y sus ojos brillaron al recorrer el cuadro -¿Es tu primera vez aquí?
-Sí, mi…- se detuvo cuando no encontró la palabra adecuada para referirse a Amanda, ¿novia?
¿prometida? Vaya laguna –Pareja, insistió en cambiar mi perspectiva del arte y aquí estoy.
-¿Amanda? – inquirió la otra con una sonrisa y Ava hizo lo que pudo por controlar los celos. Con su
mala suerte era una de las ex, o de las futuras zorras que intentarían meterse en la cama de su
prometida y francamente aquella mujer la hacía sentir insegura. No era muy alta pero si hermosa,
con unos ojos de un azul claro y limpio, no más bonito que el de Amanda por supuesto, pero que en
conjunto, con el cabello rubio ondulado, la piel de porcelana y una voz seductora, presentaban un
desafío difícil. ¿Dónde estaba Amanda cuando la necesitaba?
-Cuando se propone algo puede ser cabeza dura.- continuó con una sonrisa divertida y disfrutando
de como los ojos de la pelirroja se estrecharon con expresión tensa. Típico de Amanda, dejar a la
chica sola como un corderito en medio de una manada de lobos –Oh, disculpa mi falta de educación.-
extendió la mano –Clarke Griffin, un placer.- Ava abrió los ojos en reconocimiento y con las mejillas
rojas, podía no saber nada de arte pero el mundo entero conocía a la renombrada artista y ella que
calificó una de sus obras con, “no está nada mal.”
-Ava Brenner.- respondió al saludo –Lo siento, no quise ofender tu obra, créeme que me impresionó
muchísimo.- dijo dividida en querer corregir la mala impresión y la duda de si estaba fraternizando
con una posible rival.
-No te preocupes, fuiste sincera. Soy capaz de interpretar cuando alguien admira de verdad mi
trabajo.- respondió quitando importancia al asunto.
-Es magnífico. Tienes mucho talento y una musa muy especial.- señaló al cuadro -¿Es una modelo? –
preguntó refiriéndose a la figura en el óleo.
-Justo aquí, observando como manoseas a mi esposa.- respondió una tercera mujer apareciendo casi
de la nada. Los ojos de la rubia resplandecieron mientras que la castaña alta de ojos verdes y
Amanda, intercambiaron una mirada seria y retadora antes de echarse a reír y saludarse con un
abrazo.
-Es como si no hubieran madurado nada, lo juro.- comentó Clarke a la pelirroja –Estudiamos juntas
en la universidad, conocí a Lexa por Amanda, eran un par de dementes, bueno, un trío de dementes
porque falta una.
-¡Hey rubia!, no me difames.- regresando junto a Ava, rodeó su cintura con el brazo y la acercó –
Creo que llegué un poco tarde a las presentaciones pero, esta es Ava mi prometida.- dijo con orgullo
y una sonrisa de felicidad genuina que provocó triple saltos al corazón de Ava.
-Lexa amor, enfócate en que Amanda se ha comprometido.- la mencionada y hasta Ava tenían
sonrisas en los labios, Lexa se aclaró la voz.
-Lo que quiero decir es, felicidades.- corrigió ante la mirada atenta de su esposa y Amanda imitó el
sonido de un látigo burlona –Y lindo anillo.
-Es porque no está, ha sido un diseño único y exclusivo.- contestó Amanda presumida.
-Aww, mírala, con regalitos para la novia y toda orgullosa.- siguió Lexa provocando, de jóvenes se
habrían lanzado la una sobre la otra en una pelea estúpida. De adultas y responsables
(dudosamente), insultos y burlas era lo más lejos que podían llegar sin que les jalaran las orejas
como niñas pequeñas. A esas alturas Clarke y Ava se mordían la lengua para no soltar una
carcajada. Amanda lejos de molestarse se echó a reír entre dientes.
-Lo dice la que tiene el culo al aire en cada óleo, porque su mujer tiene una mente pervertida.-
contra atacó sin importarle el lenguaje vulgar, Lexa se encogió de hombros, contra eso no tenía
defensa.
-Ustedes no evolucionan.- comentó Valeria llegando al grupo, ella ya había saludado a la pareja –La
prensa tendrá un día de fiesta si las escuchan. Al menos por esta noche, intenten comportarse como
las adultas que son.- las regañó a ambas que rodaron los ojos bufando.
Ava si estaba teniendo un día de campo. La exposición era maravillosa y los amigos de Amanda muy
familiares y amigables, pero toda su atención se la llevaba la pelinegra. Aquella era otra faceta para
descubrir, bromista, mucho más natural y juvenil, más libre. Una ventana al pasado del que conocía
muy poco y quería saber todo.
-Y pensar que cuando se reúnen las tres son lo peor.- comentó Clarke y Ava notó la tensión sutil en
Valeria. ¿Las tres? Dirigió la mirada interrogante a la artista rubia –Ontari.- le aclaró y comprendió el
cambio de su amiga –Que debe estar por aparecer. Lo siento Val.- le dijo cuando vio la mueca
incómoda de la mujer que se encogió de hombros quitando importancia al asunto.
-También es tu amiga, pero me hubiese encantado que te ahorraras la invitación a la zorra que trae
del brazo.- masculló bebiendo de su copa y lanzando miradas asesinas a un punto de la multitud.
-Ok, no ha sido una elección de acompañante inteligente.- admitió Lexa cuando miró –Pero han
pasado algunos años, si cambió podemos darle una oportunidad.
-Claro, ¿no deberías darle una oportunidad a Finn? – respondió Valeria con una sonrisa irónica, cada
vez estaba más frustrada y enojada. Lexa se tensó visiblemente y no respondió –Eso supuse, así que
mejor callada.- así las encontró la nueva pareja cuando llegaron a saludar, de entrada se supo que la
combinación no sería nada buena y que 8 años no habían cambiado mucho.
Ontari, me alegra que hayas podido venir.- salió Clarke evitando el silencio incómodo y cortando la
tensión. A fin de cuentas ella la había invitado y por mucho que quisiera la paz entre sus amigas,
tenía claro que no sería posible en un futuro cercano.
-No podía faltar, gracias a Lexa no te veo nunca.- contestó abrazando a la rubia.
-Nada de quejas, tómate unas vacaciones y visita New York.- se defendió Lexa.
-Touché.- admitió vencida, lo único que había hecho durante años era trabajar -¿Recuerdan a
Costia?- presentó a su acompañante que esbozaba una sonrisa muy satisfecha. Al menos una
persona de las presentes si la conocía y se percató de que posiblemente había cometido un error al
llevarla. Arriesgándose, buscó con la mirada a Valeria que la devolvió con frialdad. Ella sí que se
acordaba.
-Valeria, que gusto encontrarte.- el tono condescendiente y dulce de Costia rompió el contacto de
miradas y Ontari maldijo mentalmente su estupidez. La rubia esbozó media sonrisa bebiendo de su
copa.
-Igualmente Costia, ha pasado mucho tiempo, aunque ya veo que algunas cosas no cambian.-
respondió en un tono neutral, cualquiera diría que nunca habían sido enemigas hasta desearse
plagas.
-Cambian para bien.- dijo con una sonrisa que le provocó el efecto de un puño en el estómago.
Ontari observó el intercambio en apariencia educado y supo que su oportunidad para conversar con
Valeria y arreglar las cosas se había ido por la ventana. Cuando se giró al resto del grupo se
encontró con la mirada dura de Amanda y no la culpaba, se merecía el reproche. De todas las
personas que podía llevar escogió a la menos indicada y se dio cuenta también que se había dejado
manipular. Por supuesto que Costia insistió en ir, no porque le interesara el arte, sino porque Valeria
estaría allí. Suspiró y saludó brevemente a la prometida que acompañaba a la pelinegra, la
preocupación de su situación con Valeria ni siquiera le permitió asombrarse por la noticia y continuó
hacia las obras con la palabra de que más tarde se encontrarían.
-Bueno, al menos no corrió sangre.- dijo Lexa cuando se marchó la pareja –Las mujeres sí que saben
guardar rencor.
-¿Todavía lo dudas? – respondió Clarke –Honestamente esperaba que Ontari utilizara el sentido
común.
-El daño está hecho.- se unió Amanda escaneando con la mirada a las personas, específicamente a
Valeria –Vamos a continuar mirando, quizás si Ava se anima hasta compre algo con tu trasero al
aire.- se despidió sin perder la oportunidad de molestar a Lexa.
-¿Estás preocupada?- le preguntó Ava que se había mantenido en silencio, Amanda asintió -¿Quieres
ir a buscarla?- ofreció refiriéndose a Valeria, ella también quería asegurarse de que estaba bien.
-No, esta noche es para ti y ya has soportado suficiente drama. Hoy estoy en una misión.-le recordó
con una sonrisa agradecida. Para ella era importante que considerara a Valeria una amiga. Ava
sonrió cuando se detuvieron en un segundo óleo, tan espectacular como el primero. Aprovechando
que la rodeaba por la cintura con un brazo protector, se reclinó ligeramente en Amanda.
-Los colores que utiliza son perfectos, tiene un talento increíble y de la manera que representa a
Lexa, se nota lo mucho que la ama.- comentó Ava completamente embelesada.
-Sí, el amor de ellas siempre ha sido así, profundo. De los que puedes escribir miles de historias.
Siempre las envidié.- confesó la pelinegra –Quería algo así.2
-¿Las envidias aún?- preguntó en un tono suave, no la presión de una confesión de sentimientos,
sino la esperanza de un futuro. Contuvo el aliento y alzó la mirada para encontrarse dos orbes azules
que brillaban con intensidad.
-No, ya no.- fue la respuesta definitiva que le provocó una sonrisa a la pelirroja. Asintiendo besó la
mejilla pálida y regresó la atención al cuadro. Pasaron unos minutos en silencio, una junto a la otra
disfrutando de la cercanía.
-Creo...que quiero uno de esos, con el trasero de Lexa al aire.- dijo Ava de pronto y Amanda la miró
un segundo antes de estallar a carcajadas.4
-Por supuesto que sí, lo tendrás.- afirmó aun riendo y depositando un beso cariñoso en el cabello
rojo.
Pasaron el resto de la noche admirando el trabajo de Clarke y entre risas. Al final Amanda había
obtenido su tan ansiado "tenías razón" de Ava. Se cruzaron con Valeria un par de veces y se
despidieron de la artista y Lexa entre otra tanda de bromas e insultos. Y como no, Ava obtuvo su
pintura del trasero bronceado a pesar de las protestas porque fue una broma pero Amanda no cedió,
alegando que así al menos tendría un cuadro de su amiga y material para burlas futuras. Regresaron
solas a la casa, simplemente disfrutando del paseo en el auto y un abrazo cálido. Ava no pudo borrar
la sonrisa tonta, era su segunda cita con Amanda y no pudo pedir una noche mejor.4
................................
Ontari aprovechó que su acompañante se distraía con una estrella de cine para observar la multitud
de personas. Amanda ya se había retirado con la prometida, pero Valeria continuaba en la fiesta. Por
fin la localizó, escuchando una conversación aburrida a juzgar por el modo ensayado en que sonreía,
algunas cosas no habían cambiado y todavía podía encontrar vestigios de la joven que fue su ex
novia, su primer y único amor. ¿Para qué mentir? Todavía le hacía sentir cosas tan intensas como
contrarias. Ni siquiera 8 años eran capaces de borrar el dolor de un corazón roto. Como si hubiera
presentido su mirada sobre ella, sus ojos se cruzaron brevemente antes de que se volteara
apartándose del grupo con una disculpa. Decidida a no perder la oportunidad dejó a Costia que ni se
percató de la ausencia y fue tras Valeria. La siguió a una de las salas más alejadas y solitarias donde
se detuvo frente a un cuadro de lo que parecía ser una guerrera de ojos verdes.
-Nunca ha dejado de pintarla.- comentó a la figura que le daba la espalda y la vio asentir.
-Nunca ha dejado de amarla- fue la respuesta y Ontari dio un paso adelante para tener acceso al
menos a su perfil. Hubo una pausa silenciosa –Sabías que yo estaría aquí.- el comentario directo ya
lo esperaba, pero el tono desprovisto de toda emoción hacía rabiar a Ontari, le traía recuerdos
dolorosos.
-Lo sé, no me percaté hasta que fue tarde.- no tenía defensa contra eso.
-¿No? – Valeria sabía utilizar bien la ironía –Déjame adivinar, te insistió y no pudiste negarte.-
continuó y la pelinegra se mordió la lengua –Siempre ha sido la mala excusa para no reconocer
cuanto te manipula, aún después de tantos años. Ella sabía perfectamente que yo estaría aquí.
-Lo siento, ¿Qué quieres que te diga? – respondió alzando la voz un poco sin poder evitarlo. En su
trabajo era la mejor con un control de hierro sobre las emociones, pero un minuto con Valeria y todo
se iba al traste.
-¿Qué me digas? Nada, pero al menos que tengas algo de consideración.-la fachada comenzaba a
tambalearse –Algo de respeto por una vez en tu vida, que no le permitas burlarse en mi cara, ya que
cuando lo hacía a mis espaldas tampoco lo evitaste.-le soltó volteándose para encararla y Ontari fue
testigo de las emociones arremolinadas en los ojos azules que amó tanto -¿Crees que no lo sabía?
Cómo te lleno la cabeza de estupideces sobre mí. Que estaba experimentando, que no tenías nada
que ofrecerme y al primer niño que apareciera iba a dejarte.- le escupió cada palabra con rencor –No
era lo que ella decía, sino el hecho de que jamás la desmentiste y te quedabas callada. ¿Sabes por
qué? Porque también lo creías y estabas esperando a que yo cometiera el primer error. Por eso fue
tan fácil dar media vuelta y olvidarte de todo sin explicaciones ni razones. Elegiste creerle a ella y
sus mentiras.- olvidada estaba la máscara sin emociones, Valeria prácticamente vibraba de la
tensión y el esfuerzo por mantener la voz baja y las emociones a raya. Ontari por primera vez se
quedó estática y sin palabras porque Valeria tenía razón.2
-Parece...que tengo que disculparme por muchas cosas.- consiguió decir con la voz a medias.4
-Una persona se disculpa cuando no va a cometer el mismo error. Estás con ella y deberías regresar
a su lado.- contestó la rubia recomponiéndose y poniendo control otra vez sobre sus emociones.
-No me interesa, mientras esa mujer continúe en tu vida manipulándote no quiero saber nada.- "de
ti," se reservó lo último pero estaba implícito y Ontari lo encajó como el golpe que era.
-Y yo creo que ya hablamos lo suficiente.- rebatió, a pesar de que se sentía como una punzada
directa al corazón se mantuvo firme. Lo sacrificó todo una vez, no más.8
-No puedo sacarla de mi vida, ha sido mi amiga a pesar de todo y estuvo ahí cuando...- se detuvo
antes de cometer otro error, demasiado tarde.
-¿Cuándo te dejé? Por supuesto, antes y después, siempre esperando la oportunidad de meterse a tu
cama. Sonriendo cuando se exhibía contigo del brazo, mucho mejor si yo estaba presente.- recordó
con amargura como la mayoría de las veces dejaba la comida intacta de la rabia –Tú ya elegiste,
regresa con ella. Entre nosotras todo esta aclarado.- y sin darle tiempo a nada caminó hacia un
grupo de personas que la reconoció al instante y la incluyeron en la charla.
Dividida entre el impulso de tomarla del brazo y arrastrarla fuera de allí para conversar y la rabia
porque cada palabra certera le quemaba en la consciencia y la tristeza del rechazo, decidió
marcharse al instante. A medio camino encontró a Costia quien insistió en acompañarla de regreso a
la casa, con la excusa de que no lucía bien a pesar de las negativas. Pidieron un taxi y enseguida se
perdió en los pensamientos y las luces de la ciudad, incapaz de olvidar la mirada herida y las
palabras de Valeria.
-¿Cómo?
-A la exposición, no te interesan esas cosas, podías conseguir una invitación tu sola. ¿Por qué
insististe?
-Clarke nunca fue tu amiga.- le recordó seria –Fue por Valeria.- ni siquiera lo formuló como una
pregunta, el factor sorpresa daba mejor resultado. La mirada de Costia se enfrió.
-Admito que tenía curiosidad cuando me dijiste que hablaste con ella y que se iban a reencontrar. No
entiendo cuál es el problema.
-Todo el mundo lo sabía, aunque nadie se atrevió a mencionarlo nunca.- dijo con ironía –El padre
pagó mucho dinero para ocultar que tenía una hija lesbiana.4
-Conociendo la verdad, todavía me decías todas esas cosas, aun cuando supiste que me dejó porque
no tenía elección. No fuiste capaz de contarme la verdad, pero si de continuar envenenándome
contra ella.
-Valeria nunca te mereció, ¿crees que iba a caminar contigo de la mano? No fue a buscarte. ¿No lo
ves? Cuando se libró de su padre y pudo tener una relación contigo no lo hizo. ¡Llevas 8 años
sufriendo por alguien a quien claramente no le importas!- le dijo con crueldad y Ontari tuvo que
reunir toda su voluntad para no insultarla.
-Son sus errores, pero tú, tú me mentiste deliberadamente y alimentaste mi rencor hacia ella. Eso,
se llama manipulación.- estaba furiosa pero ni siquiera podía culpar a Costia por aprovecharse de sus
inseguridades para beneficio propio. Necesitaba salir de allí -¡Deténgase! – le ordenó al taxista al
instante, cuando el auto se detuvo prácticamente saltó fuera.
-¡Ontari!¿A dónde vas? – preguntó Costia nerviosa, no había calculado el efecto que sus palabras y
revelaciones podían causar. Valeria siempre fue una sombra entre ellas, pero hasta ese instante
nunca supo cuánto. Cuando quiso abandonar el auto Ontari se volteó enojada.
-¡No me sigas, no me llames, no te aparezcas en mi puerta hasta que decida que hacer contigo! – el
tono amenazador fue suficiente, aquello era serio. La lluvia comenzó a caer en pequeñas gotas
cuando el taxi se alejó con su ocupante.
.............................
Ava abrió los ojos respirando profundo y con la sensación de que estaba en un sauna. El calor era
insoportable, las gotas de sudor corrían bajo el pijama húmedo, sobre todo en la espalda donde se
concentraba la temperatura más alta. Aún desorientada trató de moverse pero el peso de un brazo
se lo impidió, además de un quejido. No estaba sola, Amanda se había colado en su cama. Recordó
que estuvieron conversando un poco sobre la situación de Valeria y un poco más sobre la historia de
Ontari y Costia, un drama típico de novela. Pero el presente era otra cosa, ya un poco más despierta
Ava dedujo correctamente que la fuente de calor era Amanda. Como manta para el invierno no tenía
precio, con el detalle de que no estaban en invierno.
Se liberó del agarre para encender la lámpara y el aire fresco la alivió un poco, Amanda soltó otro
quejido entre sueños y cuando se giró a mirarla también estaba empapada en sudor, con los cabellos
húmedos y el pijama echo un desastre. Cuando le tocó la frente estaba hirviendo. En la exposición se
había quejado de un malestar ligero, además de que se paseó por la casa descalza y con todo el
cansancio y estrés acumulado, no tuvo defensas para detener la infección. Se fue al baño en busca
de una toalla húmeda para refrescarla y limpiar el sudor antes de llamar a Rosa. Cuidar de un adulto
no podía ser más complicado que cuidar un bebé, pero Ava estaba a punto de llevarse una sorpresa.
-Amanda.- susurró despertando a la pelinegra que necesitaba darse un baño y cambiar el pijama
mojado. Más quejidos y movimientos inquietos, hasta que después de unos minutos abrió los ojos
opacos por la fiebre.
-Ayy, me estoy muriendo.- fueron las primeras palabras acompañadas de un gemido muy dramático
y la risa de Ava.2
-No, solo tienes un poco de fiebre, las consecuencias de caminar descalza sobre el piso helado de la
casa.
-Oh, mi cabeza, mi garganta.- se quejó llevando las manos al cuello -¿Segura que no estoy
muriendo?
-No.- respondió la pelirroja pasando la toalla por el rostro –Levanta la lengua.- indicó y puso el
termómetro que había encontrado en la cajita de primeros auxilios en el baño –Al menos tendrás
unos 38, iré por agua para que te tomes las pastillas y debes ducharte y cambiarte de ropa.
¿Necesitas que llame a Rosa? – Amanda negó.
-Es un malestar tonto, además estoy bien cuidada. ¿Te quedarás? – preguntó con expresión agotada
y esperanzada, ¿cómo iba a negarse?
-Por supuesto, tendré que avisar a Rosa para que cuide de Sebástian, no puedo acercarme a él o se
enferma.
-Lo siento.
-No te disculpes, es natural que alguien que tengas gripe. A veces pienso que con todos tus super
poderes no eres humana.- bromeó Ava.
-Deja de preocuparte, él estará bien y me alegra poder hacerte compañía al menos.- tuvieron que
repetir el procedimiento de la temperatura que arrojó 39 y Ava aprovechó para ir en busca de agua y
pijama limpia. Amanda tomó las pastillas y la ayudó a entrar a la ducha, manteniendo la puerta semi
abierta en caso de algún mareo repentino. Cambió las sábanas de la cama y esperó a que Amanda
saliera para ayudarla a acomodarse –Voy a ducharme, trata de descansar, apenas son las 3am.2
-Me sucede también.- contestó Ava con una sonrisa y le señaló el catálogo en la mesa de noche -
¿Puedes mirar y darme tu opinión? – Amanda asintió y comenzó a ojear la revista –Es la decoración
para la habitación de Sebástian, un regalo de Marcela.- le aclaró antes de entrar al baño. A la salida
la encontró en la misma posición y mirando las páginas -¿Te sientes mejor? – la pelinegra negó y se
encogió de hombros, Ava le tocó la frente –Creo que la temperatura comenzó a bajar. Si no estás
interesada puedes dejarlo.- le señaló el catálogo. Marcela le aconsejó que comenzaran a compartir
decisiones sobre Sebástian pero Ava no estaba tan segura de eso –Me gustaría que habláramos
sobre la adopción.- se decidió a sacar el tema porque a las 3AM mucho no podían hacer.
-¿Sobre qué?
-No Amanda, nada de eso. Me refería a ti, a cuanto quieres involucrarte en la adopción y con el
bebé, interactuar con él, tomar decisiones como su otra madre, o si simplemente tú presencia será
para firmar los papales. Espera...- alzó la mano cuando la pelinegra abrió la boca –Sé que le tienes
mucho cariño, que lo proteges pero no es lo mismo que ser su madre. Solo quiero saber qué papel te
gustaría tener en su vida, nada más.- le aclaró con suavidad aunque estaba a la expectativa.
Amanda a pesar del malestar la miraba con una expresión de sorpresa única.
-¿Quieres que sea su madre? – preguntó abriendo los ojos de par en par, expresión que Ava
interpretó como temor y la comprendía a pesar de albergar sus propias ilusiones.
-No por obligación, sé que un hijo es mucha responsabilidad y ya me has dado más que suficiente.
-Ava.- la detuvo y la tomó de ambas manos –Sebástian es tu hijo y se cuánto significa para ti, pero
me preocupa siempre tomar decisiones que lo involucren y te enojes. Lo adoro y nada significaría
más que poder ser parte de su vida junto a ti, si me lo permites. No sé nada de como criar a un niño,
pero confío en ti para guiarme. Es un privilegio maravilloso que me des un lugar en tu pequeña
familia.- le dijo con una sonrisa y la beso despacio antes de retroceder de golpe -¡Ugh! Lo siento,
voy a contaminarte. ¿Qué? – preguntó cuándo descubrió a Ava observándola con una expresión
extraña y una media sonrisa. Acto seguido los labios estaban buscando los suyos –Ava, no que...2
-Shh...- la silenció con otro beso más profundo hasta que la temperatura subió y no precisamente
por la fiebre –Te salva que estás enferma, porque si no.- apoyaron frente con frente y cuando alzó la
mirada le quedó claro que Amanda estaba dispuesta a olvidar su malestar –Créeme, estoy sufriendo
pero no es el momento.- como si el universo se confabulara contra ellas (o la escritora xD) y tal vez
era mejor así, aún les quedaba mucho por descubrir -¿De verdad estás dispuesta a cambiar pañales?
A preocuparte cuando se caiga y llore, llevarlo al colegio, ayudar con los deberes o aconsejarlo
cuando alguna chica linda como tú le rompa el corazón.- preguntó mirándola a los ojos y buscando
respuestas. Amanda simplemente asintió porque todas esas cosas significaban que Ava la incluía en
su futuro y en su vida.2
-Ah, si es una chica linda como yo, tendrá muy buen gusto, como su madre.- medio bromeó antes
de cambiar la expresión a una de total seriedad –Ya he cambiado pañales y lo consentiré cuando
llore, de una caída o de un corazón roto, o simplemente porque quiera hacerlo. Haré todo eso y más
porque seremos una familia.- respondió envolviéndola en un abrazo –Gracias. No mentía cuando te
dije que quiero todo contigo.- como respuestas recibió un beso suave en el cuello, un suspiro
profundo y un cuerpo que se amoldó al suyo buscando refugio, pero también brindando la calidez
que necesitaba. Amanda cerró los ojos y se dejó llevar por el sueño con una sonrisa.
Unas horas más tarde Amanda se tomaba una sopa caliente bajo la mirada atenta de Rosa y Ava, la
primera mascullando quejas sobre lo irresponsable que habían sido por no llamarla y que el doctor
decidiría si ya estaba bien o no, a pesar de que la fiebre había desaparecido. Ava lo observaba todo
con una sonrisa divertida. El teléfono sonó y la pelirroja contestó desde la cocina, dejando más
tiempo a Rosa que continuaba regañando a Amanda.
-¿Ava?
-Enferma, con fiebre, al parecer pescó un resfriado.- escuchó que la rubia se reía entre dientes y
rodó los ojos. Vaya manera de preocuparse por un amigo enfermo. Pero esas dos se entendían así –
Oye, ¿estás bien?- preguntó refiriéndose a la noche pasada.
-No, pero lo estaré.- contestó con un suspiro –En fin, te llamo por dos motivos. Pídele a Rosa que
compre las revista de chisme para el día, te aviso que no es agradable.
-Nunca lo es.
-Cierto. Lo otro es que tengo a tu madre en la línea, esperando una confirmación de donde y cuando
pueden reunirse. Siento ser portadora de malas noticias.
-No importa.- respondió Ava soltando el aire que había contenido sin percatarse –Dame un
segundo.- honestamente no sabía qué hacer ni cómo enfrentarse a su madre, ni si quería hacerlo. Se
acercó a la mesa donde Amanda la miraba con expresión preocupada. Era un alivio la comunicación
silenciosa entre ellas porque a veces no sabía cómo expresarse –Valeria dice que salió algo en las
revistas.- dijo y Rosa comprendió de inmediato abandonando el comedor para ordenar que trajeran
varios ejemplares. Amanda asintió esperando, algo le decía que no era la único –Tiene a mi madre al
teléfono y quiere reunirse conmigo.
-¿Y tú que quieres? – preguntó la pelinegra abandonando la cuchara para mantener toda su atención
en ella.
-No sé, por un lado quiero hablarle, por otro, nunca voy a estar preparada y Sebástian me preocupa.
-No puedes evitarla toda la vida. Mejor conocer sus intenciones desde ahora para prepararnos.-
entrelazó una de sus manos con dedos delicados y finos –Yo estaré aquí, si te sientes segura
entonces que venga.
-Y la tuya también, pero es tu decisión cuando quieres enfrentarla.- le dijo porque era lo correcto.
Personalmente Amanda esperaba que aceptara la oferta porque así ella podía estudiarla.
-Tienes razón.- alzó el teléfono aferrándose a la mano de Amanda –Esta tarde a las 3PM aquí en la
mansión. Y déjale saber que será su única oportunidad.
-Ok, pero quiero que vengas más tarde si es posible.- le advirtió a la rubia.
-Listo.- aceptó y entregó el teléfono a la pelinegra que saludó a su amiga y permaneció varios
minutos en silencio y asintiendo con el ceño fruncido. Cuando colgó estaba seria.
-La visita de Angela Jacques trajo problemas.- le dijo –Quiero que sepas que nada de lo que dicen
esas revistas es cierto. Ahora quiero que te relajes un poco, hace sol, ¿Qué tal la piscina?
-¿Una película?¿Billar?
-Una película estará bien, el día gris y frío se presta para estar en cama bebiendo chocolate
caliente.- comentó con una sonrisa –Extraño a Sebástian, Rosa me dijo que comió bien, está jugando
en su corralito y que necesitamos escoger la decoración.
-También me gustaría pasar tiempo con él cuando esté mejor.- afirmó Amanda y se ganó una
sonrisa de la pelirroja –Quiero conocerlo e ir aprendiendo sus caprichos y costumbres.
-Me parece perfecto, ya aprendió a ponerse de pie solo y se aventura a dar pasos pero bien agarrado
a los bordes.
-Sobre la revista, lo sé, supe que ella sería un problema y se lo importante que es este negocio con
Cartier para ti. ¿No hay nada que puedas hacer? – preguntó Ava acariciando su mano.
-Depende de cuanta influencia tenga ella sobre el padre y si el viejo es idiota. No obstante, yo no los
necesito tanto como ellos a mí y si no cierran el trato antes de que presente la nueva colección lo
van a lamentar.
-Tiene sentido y si hasta ahora ha funcionado es que estás en lo correcto. Entonces, ¿no necesitas a
Cartier?
-Me beneficiaría algo con ellos, pero no es indispensable. Mis críticas son maravillosas, cuando a ellos
los apuntan como diseños clásicos, pero pasados de moda.- se rió entre dientes –Esa mujer es una
idiota y pensar que ella misma sugirió la asociación y lo utiliza como chantaje de sábanas.
-Lo siento, si yo no estuviera de por medio te sería más fácil lidiar con ella.- dijo Ava y las palabras
le supieron amargas y estúpidas, la mirada de Amanda se lo confirmó.
-Voy a olvidarme de lo que has dicho.- contestó seria –Nunca me hubiese acostado con Angela, ni
siquiera estando soltera. No mezclo negocios con placer y además sería un suicidio, es una arpía.
En ese instante apareció Rosa con un par de revistas y las dejó sobre la mesa, anunciando también
que el doctor estaba por llegar. Cada portada mencionaba la exposición de Clarke y los asistentes.
Amanda ojeó la primera donde aparecían fotos de las dos y también con Valeria, sin ser una
sorpresa, también un primer plano del anillo que lucía Ava en el dedo. Era inevitable que especularan
sobre un posible compromiso y el hecho de que era una joya nunca vista y su estilo de diseño
inconfundible.
-Está en todos lados.- comentó Ava con aprehensión. Todavía le costaba verse tan expuesta al
mundo y los titulares con que se referían a su relación. “La millonaria y la stripper,” así de ofensivos
y vulgares –Me costará un poco adaptarme pero estaré bien.- se detuvo en una de las páginas con
otro titular sobre Amanda – “La heredera regresa a las andadas” –leyó en voz alta y le mostró el
artículo con la foto de Angela y ella en el restaurante, casualmente cuando la francesa tomó su mano
sobre la mesa –Mencionan un posible negocio con Cartier –Amanda bufó impaciente.
-No dudo que esto lo haya preparado ella. La noticia me aparta de la competencia e intimida a otros
que quieran ofrecerme algo. Ese fue el momento donde se insinuó y cuando la rechacé me amenazó
abiertamente.
-Hmm, vamos.- anunció la pelirroja tirando de la mano que las mantenía unidas –Quiero ver una
película.- se detuvo para besarla –Siento que tengas que pasar por todo eso pero yo estaré aquí, ¿sí?
Confío en ti.- aseguró Ava con sinceridad y la tranquilidad de esas palabras barrió todas las dudas de
Amanda.
………………….
Como prometió Rosa el doctor no tardó ni 20 minutos en llegar. Revisó a la pelinegra y decretó un
simple resfriado con tratamiento de líquidos y Advil para la fiebre. Para Ava recomendó lo mismo por
precaución. Al final Rosa las envió a la cama a descansar, orden que ambas siguieron al instante. La
película no las mantuvo despiertas por mucho tiempo a causa de la falta de sueño y el agotamiento.
Fue entrada la tarde, que Rosa despertó a la pelirroja avisando que su madre había llegado y la hizo
pasar al estudio. Ava se acomodó el cabello, se lavó el rostro pero no se molestó en cambiar el
pantalón de deportes y el sueter, no es que tuviese a nadie a quien impresionar aunque no negaba
que estaba muy nerviosa. Respiró profundo y entró al estudio donde su madre la esperaba en el sofá
ojeando una revista.
-Madre, a que debo la visita.- la saludó tomando asiento detrás del escritorio, donde se sentía segura
de alguna forma. La mirada indiferente y desaprobatoria de su madre siempre la intimidó y a pesar
de los años esa sensación estaba presente. La diferencia es que no iba a permitir que la dominara
otra vez. Cecilia Brenner la observó en silencio y Ava se obligó a sostenerle la mirada, al final con un
ligero asentimiento su madre desvió los ojos hacia la revista que sostenía.
-Estás comprometida.- fue la afirmación suave de la mujer mayor y Ava ocultó la sorpresa a tiempo.
Se le escuchaba muy cansada.
-Otra decepción para ti supongo.- no pudo evitar la respuesta sarcástica. Cecilia abandonó la revista
y negó.
-No Ava, si eres feliz no.- decir que la respuesta dejó sorprendida a Ava es quedarse corta y esa vez
fue demasiado para ocultar. Su madre suspiró y a pesar de la presencia elegante e impecable había
algo en sus ojos que no podía descifrar –Solo vine a advertirte que tu padre sabe sobre el bebé.- le
dijo y Ava palideció –No fuese importante si no estuviera a punto de comenzar su campaña política
para gobernador. La imagen de padre de familia y abuelo abnegado le viene perfecta. Piensa detener
el proceso de adopción y pelear por el niño.
-Lo intentará y es por eso que le presenté el divorcio.- confesó de una y vio a su hija caer sentada
en el sillón con lágrimas en los ojos –Quiero estar de tu lado en esto si me lo permites.
-¿Por qué? – se obligó a preguntar a pesar de que quería gritar de la rabia y la impotencia. Por otro
lado, la revelación de su madre también la dejó sin palabras.
-Un divorcio en medio de la campaña podrá su imagen por los suelos. Su nueva amante y jefa de
campaña lo convenció de utilizar la adopción y cuando me negué me propuso un trato, actuar como
la esposa dedicada mientras obtiene lo que quiere y no te quita el bebé, pero yo lo conozco, una vez
que acceda se lanzará igual.
-¿Por qué ayudarme?¿Por qué a mí y no a él? Llevas años de su lado, fuiste tú quien lo apoyó cuando
decidió enviar a Ivy a un internado.- le recordó con amargura.
-Eso no fue una equivocación Ava y lo sabes. Tu hermana estaba fuera de control y necesitaba
disciplina.- le respondió Cecilia con tranquilidad, no se iba a disculpar por intentar ayudarla de la
única forma que conocía -¿Dónde estarían ahora de haberla enviado a un colegio?¿Dónde estarías
tú? – por mucho que lo odiara su madre tenía razón. Ivy estaría viva y ella no hubiese tenido que
sufrir tanto. Pero la parte irracional de su niñez que sufrió el abandono de su madre cuando la
necesitaba, no estaba dispuesta a reconocerlo tan fácil.
-Lo único que necesitaba Ivy era a su madre que nunca estaba.
-Sí, las dos lo necesitaban y sin embargo, tú tenías buenas calificaciones y pensabas en el futuro
mientras Ivy exigía dinero para comprar y salir de fiesta. Yo sé que amabas a tu hermana, pero no
todo es blanco y negro y no todo es mi culpa. Sí, yo no estuve como una madre presente y amorosa,
es mi error y me toca vivir con eso, pero nunca permití que nada les faltara. No las echamos de
casa, ustedes decidieron marcharse para obtener una libertad, ¿Qué cuantos beneficios les trajo? Ella
eligió ese camino Ava, no tú, la seguiste por protegerla.- concluyó su madre y eso tampoco podía
rebatirlo.
-Tal vez, pero Ivy se consumió en los caprichos. Tu hermana no estaba interesada en el amor de sus
padres sino en su dinero. A la única persona que amaba era a sí misma y a ti, muy a su manera pero
lo hacía. La amabas incondicionalmente, lo sé y ella lo utilizó a su favor para presionarnos, te fuiste
antes de que pudiera evitarlo.
-¡No puedo creer que la culpes y la acuses de manipuladora para justificarte! – contestó con rabia,
pero más que eso porque tenía razón y muy en lo profundo lo reconocía. Que por mucho que quiso
cambiarla no pudo y que aunque quería culpar a sus padres por no estar ahí para ellas, Ivy escogió
su camino sola.
-Era de las dos la más parecida a tu padre.- dijo Cecilia y con eso fue suficiente para decir que había
heredado la ambición y el egoísmo que lo caracterizaba –Me buscó unos meses después de
marcharse.- ante eso Ava alzó la mirada, ¿Qué tanto ignoraba? –Quería dinero, no, necesitaba
dinero para ti, para comprar tu libertad. Asumí que no podía ser nada bueno y lo investigué. Te
había metido en un grupo de prostitución.- madre e hija se miraron fijamente y entonces Ava lo vio,
el dolor silencioso y la impotencia –Utilicé uno de los contactos de tu padre para enviar el dinero y
una advertencia, le ofrecí a Ivy la opción y no quiso. Intenté sacarte de ahí y estabas tan ciega
intentando protegerla y cambiarla que te rehusaste.- Cecilia apretó los labios y miró las revistas –No
fui la madre más ejemplar pero eran mis hijas y las amaba, incluso a Ivy. Puedes creerme o no,
quizás nunca perdonarme pero es cierto. Sé que debí hacer más por ambas, ya no puedo cambiar el
pasado, pero sí el presente.- se puso de pie y deslizó una tarjeta en la mesa –Estaré en el Hilton, la
habitación y mi teléfono para cuando tomes una decisión.- inspiró profundamente antes de hablar
otra vez –Me gustaría conocer a mi nieto si me lo permites, más adelante. Nunca quise esto para ti
Ava, todo el sufrimiento, pero me alegro que hayas encontrado la felicidad.- le dijo sinceramente
antes de marcharse.
Ava se quedó allí en silencio, quizás horas, reviviendo las palabras de su madre una y otra vez y
también las elecciones que tomó en su vida. Suyas y culpa de nadie, en eso Cecilia tenía razón. Solo
se percató de la hora cuando una Amanda muy preocupada entró al despacho y se sentó junto a ella
en el borde del escritorio.
-¿Estás bien? – pregunta tonta pero no sabía que decir, se había cruzado con Cecilia a la salida y
después de un breve saludo la mujer se marchó. Decidió darle un tiempo a Ava pero pasada la hora
se inquietó y decidió entrar. Recibió un suspiro cansado cuando acarició la mejilla húmeda y la joven
cubrió la mano con la suya buscando refugio en la calidez. Ya había agotado las lágrimas y estaba
abrumada por todas las revelaciones que necesitaba compartir. En un tono triste y cansado le contó
cada detalle de la conversación y el nuevo problema. Sebástian era su prioridad, en un futuro ya
decidiría que hacer con respecto a su madre –Entiendo que tienes emociones encontradas con
respecto a tu madre y tu hermana.- le dijo Amanda escogiendo las palabras con cuidado –Amabas a
tu hermana e intentaste protegerla de sí misma, eras joven cuando tomaste la decisión de marcharte
con ella y a mí me gusta pensar que todo ocurre por una razón. Lo intentaste Ava, guarda lo mejor y
deja ir la amargura y el rencor, la amaste incondicionalmente y ella a ti también, recuerda eso. En
cuanto a tu madre, es tu decisión si le permites regresar a tu vida, al parecer ella está dispuesta a
ganarse una oportunidad y ha dado el primer paso. También es la abuela de Sebástian, quien sabe si
es un nuevo comienzo para recuperar algo de la familia que siempre quisiste. Piénsalo, ¿sí? – Ava
respondió asintiendo en silencio y Amanda depositó un beso en la frente –Marqué en la revista la
decoración que me gustó para la habitación, ¿por qué no vas y lo revisas? Así podemos llamar de
una vez y tenemos la habitación lista para los cambios.- le sugirió como una excusa para distraerse y
Ava se lo agradeció.
-Deberías estar descansando.- la regañó sabiendo que tenía intenciones de ponerse a trabajar aún
enferma.
-Lo hago, no saldré de casa, solo necesito revisar un par de cosas, ¿sí?
-Está bien.- sin previo aviso la abrazó con fuerza –Gracias por siempre estar ahí cuando lo necesito.-
Amanda correspondió con una sonrisa.
-Tú haces lo mismo por mí.- después de un breve roce de labios la pelirroja se marchó, no sin antes
revisar que la fiebre estuviese bajo control.
Es él, Henry Mazza, o al menos está a su nombre. No quise insistir para no alertar sobre la
investigación y porque con eso tienes suficiente. Para avanzar necesito que sea oficial la denuncia.-
confirmó Ontari, había acudido a la llamada de Amanda sobre la nueva información y conversaban en
el estudio de la mansión.
-Lo sé, esto es suficiente. Joder con estos imbéciles, como si Valeria no tuviese suficiente ahora
arrastrar su apellido en un fraude.- masculló Amanda –Tengo que consultarlo con papá, quiere
vender la Empresa y destapar esto sería un problema.- no solo para su padre sino también para Ava.
-Es tu decisión, pero si han robado tanto dinero a estas alturas no es recuperable, sin hablar que los
juicios tardan años.- observó la detective.
-Sí, lo más que podré lograr es que dejen a Ava en paz, papá se deshaga de todo y se acaba este
asunto. El dinero está perdido.
-Es lo mejor Amanda, a estos niveles sería muy difícil exponer una estafa millonaria sin causar daños
a cada persona involucrada.- y lo decía por experiencia aunque no fuese su departamento. La
ejecutiva asintió y ambas quedaron en silencio. Ontari tenía la impresión de que la empresa no era el
único motivo por el que la había llamado y aunque no daba explicaciones a nadie, en ese caso era
una excepción. Amanda era su amiga, no la juzgó ni le retiró la palabra después de lo sucedido con
Valeria, porque no tuvo responsabilidad en la decisión, pero las cosas iban a cambiar muy rápido si
daba un paso en falso.
-¿Cuáles son tus intenciones? – fue la pregunta seria, su instinto no se había equivocado, Ontari le
sostuvo la mirada porque no tenía nada que ocultar.
-Aclarar las cosas con ella, si es posible recuperar algo de la amistad.- respondió sin titubear –No
puedo proyectar un futuro, llegaré hasta donde me lo permita.
-¿Y te conformas con eso? – la interrogante tenía un toque de desafío y reproche por igual, el resto
de la frase estaba implícita. Si se iba a conformar como la última vez, si iba a permitir que la
dominaran las inseguridades y la influencia de otras personas como Costia.
-No, pero no la puedo obligar a nada y ya me rompió el corazón una vez.- contestó con dolor –Por
ahora solo quiero limpiar el pasado, dejarlo atrás, es todo lo que puedo prometer.
-¿Y Costia?
-No hagas que me arrepienta de mediar en esto Ontari. Ya no son adolescentes, sé que Valeria te
hizo daño, pero no fuiste la única con el corazón roto ni la que perdió todo.
-Entonces conquístala, ya lo hiciste una vez y ahora sabes todos los errores que no puedes volver a
cometer.
-No sabes si ella siente lo mismo.- rebatió seria pero no podía evitar un pequeño suspiro de
esperanza ante la posibilidad. Amanda resopló incrédula.
-Valeria y tú nunca más pudieron tener una relación duradera o compromiso. Cualquier candidato
está lleno de defectos interminables y estúpidos, sin contar que jamás se interesó por otra mujer.
Ambas se casaron con el trabajo, así que yo diría que no estoy tan equivocada. Padecen los mismos
síntomas. Vale la pena arriesgarse que continuar con la incertidumbre de lo que hubiese sido.
-¡Ja!¿Y desde cuando sabes tú de relaciones? Si eres la primera en salir corriendo en dirección
contraria.- se burló Ontari, lo cierto es que el compromiso de su amiga la había tomado por
sorpresa.
-Yo me arriesgué y mira, estoy feliz, más no puedo pedir.-contestó sin dudarlo y con toda la
sinceridad posible.
-Me alegro, pero sabes que entre nosotras no es tan sencillo.- se lamentó. Amanda tenía razón y
nunca pudo superar su amor de juventud, no estaba segura si quiera que alguna vez iba a sentir
algo tan intenso. Si Valeria y ella tenían una oportunidad la iba a tomar. Ahora faltaba la opinión y
sentimientos de la rubia –No obstante, si ella siente algo quiero saberlo y ojalá sea suficiente para
comenzar otra vez.
-Bueno, hoy tienes la primera oportunidad y espero que no vuelves a cometer una estupidez como la
de anoche. Nadie es ciego Ontari, te has dejado manipular mucho tiempo y si quieres a Valeria en tu
vida Costia no puede estar.- le dijo Amanda y no había motivo para ocultar la verdad.
-Lo sé.
-Ok entonces, Ava me va a matar por esto, no sabe que estás aquí y Valeria vendrá a verla. Joder,
las dos me van a matar.- se quejó con dramatismo –Más te vale hacer las cosas bien Queen, o iré
por tu cabeza si pierdo a mi amiga y a mi prometida.- las dos se estaban riendo cuando se abrió la
puerta del despacho revelando a dos mujeres sorprendidas. Como si las hubiese invocado. Maldita
sea. Automáticamente Valeria miró a Ava y la expresión de sorpresa la descartó como culpable al
instante, Amanda en cambio tenía una expresión seria pero resignada, ella si sabía –Ontari vino a
traerme una información sobre la investigación.-lo cual también era cierto –Parece que en efecto, tu
tío está involucrado.- el comentario no rompió la tensión ni por un momento, la rubia simplemente
asintió y se dio media vuelta marchándose, Ontari no dudó un segundo en ponerse de pie y salir tras
ella. Ava en cambio, se acercó despacio al escritorio y en silencio verificó la temperatura -¿No me
vas a gritar? Valeria lo hará, de eso estoy segura.
-Por eso no tiene sentido que también lo haga yo.-contestó Ava con un deje de humor y Amanda
escondió el rostro al nivel de la cintura, rodeándola con los brazos, un gesto que la pelirroja
correspondió –Espero que sepas lo que haces porque Valeria se va a enfadar y mucho.- la mujer
murmuró algo que se perdió entre los pliegues de la tela -¿Qué?
-Digo, que entonces tendrás que asegurarte de que no te quedes viuda antes de tiempo.-bromeó
pero el asunto le preocupaba, con un suspiro alzó la mirada –Sé que todavía se aman, lo que no sé
es si serán capaces de superar las diferencias y el pasado.
-Es inesperado verte en este papel de Dra Amor.-le dijo Ava con ironía.
-Para que veas que soy una romántica.-respondió con una sonrisa de suficiencia y Ava se echó a reír.
…………………………
Ontari tuvo que correr casi para alcanzar a Valeria. Era increíble lo rápido que podía caminar
montada en tacones con la altura de la torre Eiffel, toda sexy y elegante. “Enfócate,” y eso hizo,
interponiéndose en el camino de huida.
-Valeria por favor, hablemos.-le pidió en voz baja, no quería imponer ni ordenar.
-No tenemos nada de qué hablar, lo dejé claro.-fue la respuesta fría aunque estaba rabiando. Con
Amanda por emboscarla y con Ontari por todo. Definitivamente la avalancha de recuerdos y
emociones la superaba y su temperamento estaba a flor de piel –Déjame en paz, lo hiciste durante
años, ¿a qué viene tanta insistencia?- soltó con sarcasmo.
-Ese fue mi error.-contestó Ontari con firmeza –Debimos tener esta conversación hace años.
-Apártate.
-No, me llamaste y yo fui. Te escuché, creo que merezco la misma oportunidad.-Valeria soltó una
carcajada irónica.
-La tenías hasta que me restregaste a esa zorra en la cara. ¡Sabías que no la soportaba! Esa mujer
fue la causante de la mitad de nuestras discusiones y todavía la llevas a la maldita exposición donde
estaban MIS amigos. Te soporté esas estupideces en el pasado, pero ahora ni muerta.-escupió las
palabras con rencor y desechando la fachada de indiferencia.
-¡Lo sé! Joder, sé que me equivoqué, por eso estoy aquí, para disculparme y decirte que ella está
fuera. Me dijiste que no podía aparecer en tu vida con Costia presente y ya no está, aún si lo
estuviera, tampoco le voy a permitir que intervenga.-pasó una mano por el cabello negro
desordenándolo y la rubia lo reconoció como el típico gesto de nervios –Una oportunidad, es lo único
que pido, ambas lo merecemos.-le suplicó y Ontari jamás suplicaba, ni siquiera el día en que
rompieron su corazón. Tenía razón y lo necesitaban. El tono fue lo que llegó hasta Valeria y debilitó
la resolución de marcharse, su ex siempre fue una mujer orgullosa y algo así tenía que costarle todo
su orgullo. El sacrificio valía más que mil disculpas.
-Supongo que Amanda puede cedernos el estudio.-respondió después de pensarlo unos segundos.
Precisamente la otra pareja estaba en el salón de regreso, Valeria apuntó a su amiga –Estás muerta,
vendré por ti después.-la pelinegra suspiró resignada y Ava le brindó una sonrisa de apoyo a Valeria.
Cuando la puerta del despacho se cerró tras ellas la tensión escaló a niveles espaciales. Valeria
estaba rígida, entre la rabia y las emociones que revivía constantemente con la presencia de Ontari.
El control se le escurría de las manos con cada día que pasaba. Las consecuencias de embotellarlas
durante años, ahora la superaban y estaba al borde de la asfixia. Tres días, tres miserables días
desde que su ex había aparecido en su vida y ya todo estaba patas arriba. Y no quería sentirse así,
se negaba a sentirse así. No tenía la costumbre de beber, pero recurrió a un trago de wiskey para
aclarar los sentidos, o al menos, mantener los nervios bajo el control.
-Tenías razón sobre lo que dijiste en el museo.-escuchó la voz arrepentida de la Detective y se giró
para mirarla esperando la explicación –Siempre pensé que era demasiado bueno para ser verdad,
que me amaras. Creeme que luché contra mis inseguridades, lo hice, pero no tenía nada que
ofrecerte y también permití que las alimentaran. Es cierto, vivía con el temor de que un día tu padre
iba a disponer de ti para casarte con el hijo de alguien importante y yo me quedaría con el corazón
roto. Las dos sabemos que jamás hubiese aceptado la relación.-suspiró y se dejó caer en una de las
sillas acolchonadas –Cada día con esa incertidumbre valió la pena porque te tenía a ti, pero también
en cierto modo minaba mi inseguridad. Yo estaba en el lado perdedor.-irónico cómo funcionaba la
vida cuando fue Valeria quien lo perdió todo y Ontari lo tenía más que presente –Lo siento, se que no
resuelve nada pero de verdad lo siento. Por no ver a través de tus palabras y por permitir que mis
inseguridades y otras personas me manipularan.-las dos sabían a quien se refería, pero lo cierto es
que no fue solo Costia quien aportó su opinión sobre el tema de su relación con Valeria.
-No cambia nada, pero lo agradezco de todas formas.-en ese sentido no podía reprochar algo en lo
que también fue culpable. Nunca la enfrentó sobre Costia, al menos no referente a los comentarios.
Quizás porque en el fondo sabía que un día probablemente se iban a cumplir, al final le rompió el
corazón como tanto predijo. No tenía una bola de cristal para saber que tendría el valor de desafiar a
su padre y largarse –Al final tú y todos tenían razón, no importaban los motivos, ocurrió.
-Importan mucho los motivos Valeria, no tuviste más opción y tomaste la decisión que creías
correcta.-la interrumpió con firmeza y negando –Me amabas lo suficiente para protegerme, ahora lo
sé. Pero pasé muchos años creyendo que no significó nada.
-¿Cuándo te di esa impresión? –rebatió por primera vez, el término pasado que Ontari utilizaba para
referirse a la relación y al amor la irritaron.
-No podía controlar como me sentía. Estaba allí con una beca, mis padres contando el dinero para la
comida y los gastos, con una novia que ya lo tenía todo en su vida y a la que quería ofrecer el cielo y
no podía.-respondió Ontari esperando por una vez que tomara su lugar y comprendiera –Con el
temor a terminar con el corazón roto y las inseguridades, no es que fuese la mejor compañía.
-Comprendo, ahora lo hago.-dijo Valeria con sinceridad, pero no desaparecía todo lo sufrido -¿Y
ahora? Dices que quieres estar en mi vida, yo tengo una posición pública, dinero, ¿cómo sé que no
se repite la historia?
-Porque aprendo de mis errores y ya no tengo 20 años.-contestó la Detective decidida –Si hay una
oportunidad de recuperarnos, aunque sea como amigas, la tomaré.-dijo y Valeria leyó en sus ojos la
determinación y la sinceridad.
-Está fuera. Me mintió. Ella siempre supo de ti, lo ocurrido con tu padre y jamás lo mencionó.-
respondió tensa y disgustada, le dolía apartarla así porque a pesar de todo Costia estuvo ahí para
ella en momentos difíciles, pero también esa amistad estaba formada a base de mentiras. Era
evidente que tenía sus propios intereses y prefirió envenenarla contra Valeria que decir la verdad. Le
daba rabia lo estúpida que fue y como se dejó manipular.
-Costará un tiempo creer en eso.-la rubia no vió el punto de mentirle –Nada me garantiza que
regrese corriendo a tu vida con una excusa y te convenza esta vez de cualquier otra cosa.-la
pelinegra se quedó en silencio, no podía reprocharle la desconfianza pero al menos aceptaba que
fuese parte de su vida.
-Ahora tenemos el tiempo a nuestro favor y ninguna le debe nada a nadie, somos adultas. Es
probable que esta no sea la única conversación que tengamos con respecto al pasado, pero hablo en
serio cuando digo que al menos quiero recuperar la amistad.- y con suerte la relación también –Ocho
años es mucho, necesitamos reencontrarnos, conocernos y hacer nuevas memorias para
desprendernos del pasado. Es lo que quiero yo, pero si no te sientes de la misma manera…
-No.- la cortó Valeria –Está bien lo que dices, me gustaría recuperar la amistad, conocemos el
pasado pero nada sabemos sobre el presente de ninguna.- reconoció, aunque la palabra amistad le
provocaba una sensación incómoda, ninguna podía ofrecer nada más que eso por el momento.
-Gracias por darme otra oportunidad, por darnos otra oportunidad.- se corrigió Ontari y no ocultó la
sonrisa. Ambas pretendieron que se refería a la amistad, pero sabían que la sensación idéntica de
mariposas en el estómago, no se debía a la posibilidad de recuperar una simple amistad.
-No me las des aún.- contestó la rubia, aunque la sonrisa era contagiosa. Quedaba mucho que
recorrer, una confianza por construir y el resto se lo dejaban al futuro y al destino –No tengo ni idea
de cómo hacer esto, lo reconozco. Si tienes alguna es el momento.
-Creo que para empezar, controlar tus impulsos de huir por la otra puerta cuando yo aparezco.-
bromeó Ontari y esbozó una sonrisa. Particularmente esa acción siempre le dolió.
-Es un inicio, no más huidas.- aceptó percatándose de la nota bromista que por lo general ocultaba
otras cosas. No obstante, no era momento para conversaciones profundas. Una por día llenaba la
cuota.
-¿Sería muy pronto si te invito a una café cuando salgamos de aquí? Y conversar un poco de cosas
mundanas.- ofreció la Detective y dejó la decisión Valeria. Si era pronto o no Valeria no estaba
segura, realmente no tenía idea de cómo actuar cuando se suponía que debía cambiar un
comportamiento grabado durante años. Mantenerse lo más lejos posible de Ontari. Le agradecía que
tomara la iniciativa y tratara la situación con naturalidad.
-Me parece bien, que fluyan las cosas y no pensarlo demasiado.- le dijo decidida a no poner trabas
entre las dos.
-Perfecto.- la pelinegra suspiró aliviada por un lado y nerviosa por el otro. Era el comienzo de algo
bueno, una segunda oportunidad en la vida lo cual no solía ser muy frecuente en la suya –Y por
favor, no te enojes con Amanda. Le insistí por una oportunidad y me amenazó como toda buena
amiga. Se preocupa por ti.
-Me hizo una encerrona, igual me las va a pagar.- negó la rubia que por un lado apreciaba la
protección y por el otro la maldecía por entrometida. Aunque eso al final también se lo tenía que
agradecer…a lo mejor en el próximo siglo –Vamos.
A la salida Ava y Amanda esperaban pacientes en el salón de estar, por si acaso corría sangre,
todavía no muy segura de quien. Valeria puso su mejor expresión de enojo con posibilidades de
asesinato y miró fijamente a su mal llamada amiga, que se encogió en el sofá aferrándose a la mano
de Ava como si de eso dependiera su vida. Permitió que el silencio escalara unos segundos
conteniendo la risa por la mirada de cachorro regañado y finalmente suspiró.
-Iremos a tomar un café.- comentó como si nada y Ontari rió entre dientes a su espalda. Ava sonrió
complacida y asintió a su amiga en aprobación, ella también quería ver a Valeria feliz. Amanda en
cambio, entrecerró los ojos pasando la mirada de una a otra hasta que se convenció de que la fiesta
iba en paz –Que sepas…- Valeria la señaló con un dedo –No he terminado contigo, esta me la
debes.- le advirtió y Amanda resopló irónica.
-Vaya amigos agradecidos que tengo.- pero al final las comisuras se le curvaron en una sonrisa –Me
alegra que al menos puedan ser civilizadas. Diviértanse.- agregó y Valeria rodó los ojos antes de
seguir caminando, Ontari sonrió con los ojos brillantes y le dijo un “gracias” apenas con un
movimiento de labios antes de salir tras ella. Amanda suspiró preocupada cuando sintió la caricia en
la mejilla.
-Eres muy buena amiga, la mejor. Ellas estarán bien, confía en que son adultas y aprendieron de sus
errores.- le dijo la pelirroja adivinando sus pensamientos, Amanda se inclinó apoyando la cabeza en
el hombro delicado y encantada cuando dos brazos la rodearon.
-Hmm, ¿y tú?¿Mereces ser feliz? – le preguntó tomándola desprevenida, la pelinegra alzó la mirada
confundida y le explicó –Siempre hablas de que otros merecen la felicidad, ellas porque han sufrido,
yo por mi pasado, pero, ¿y tú?¿Te permitirás a ti misma ser feliz? – ante el silencio continuó,
deslizando los dedos por las hebra suaves de cabello negro –También tú lo mereces, recuerda eso.-
le dijo con suavidad y besó los labios con ternura –Ambas lo merecemos.- finalmente Amanda
sonrió, si Ava estaba incluida en esa felicidad, entonces si la quería.
La decisión fue difícil. Cuando Amanda se reunió con su padre y su hermano para discutir lo que
habían encontrado, por muy indignados que estuvieran la solución era una sola. Por eso estaban los
tres y Ontari como invitada especial, nuevamente en presencia de los inversionistas reunidos
alrededor de la mesa presidida por Harold. Amanda no estaba contenta, pero lamentablemente a
veces se necesitaban decisiones frías y convenientes por mucho que les gustaría hacerlos pagar.
-Buenos días señores, iré al punto porque todos tenemos asuntos que atender. Como ustedes saben
hemos estado llevando a cabo una investigación discreta sobre el dinero perdido y finalmente
tenemos un resultado sólido. Amanda tendrá la palabra.- la sala permaneció en silencio y la
ejecutiva hizo el punto de mirar específicamente a Enrique Mazza –La Detective Queen se encuentra
con nosotros como testigo de esta conversación y dependiendo de la decisión que tomen se hace
oficial o no. En las carpetas frente a ustedes están las copias de lo que voy a presentar.- anunció y
los 15 hombres alrededor de la mesa se apresuraron a leer los papeles. Amanda sonrió con placer
cuando Enrique le lanzó una mirada fría, claro que había reconocido el nombre de la ex novia de su
hija. Paso a paso explicó la conexión entre las dos empresas fantasmas asignadas a la cuenta de
Suiza y finalmente el nombre del representante –Como pueden ver, el CEO de la última empresa y
dueño de la cuenta está presente en esta mesa. Algo muy estúpido si me preguntan, pero hey, no
todos los estafadores pueden ser brillantes. Gracias a Dios.
-¡Esto es falso!!No tengo nada que ver en la estafa, alguien me tendió una trampa! –gritó Charles
Mazza golpeando la mesa.
-Supuse que dirías eso.- continuó la pelinegra como si la interrupción careciera de importancia –Bajo
una investigación federal, le dinero que todavía está en la cuenta fue congelado y el Banco Suizo
entregó los documentos con tu firma de cuando abriste la cuenta y donde figuran ambas compañías
que utilizaste para estafar. Son las siguientes páginas.-los rostros alrededor de la mesa iban
enrojeciendo de rabia y Charles palidecía en contraste –Las pruebas están frente a ustedes señores.-
sabiamente el acusado permaneció en silencio, cualquier cosa que pudiera decir sería utilizada en su
contra y estaba atrapado. También captó el intercambio de miradas con Enrique que permanecía
impasible y eso confirmó sus sospechas. Estaban juntos en eso, con la diferencia de que al padre de
Valeria nunca podrían probárselo –Si se comienza una investigación estoy segura de que
encontraremos algo mucho más complejo y otros culpables.- esbozó una sonrisa cínica hacia la mesa
–Pero nadie quiere un escándalo, sería la ruina y ya la empresa nada en deudas. Así que lo más
lógico será llegar a un acuerdo dentro de esta sala.
Cuando tomó asiento al lado de su padre las voces se levantaron y comenzó el debate. La mayoría
pedía la cabeza de Charles y la devolución del dinero robado, la menos del que era responsable, pero
todos estaban de acuerdo en que la noticia no podía salir de allí. Para satisfacción de Amanda,
Enrique recibió su buena dosis de insultos y la mirada del hombre indicaba lo furioso que estaba. A
fin de cuentas el ladrón era de su familia y más de uno intuía que también estaba involucrado. Como
conclusión, Charles fue expulsado del grupo inversionista y tenía que cortar toda asociación con la
Empresa. El abogado corporativo, Hamilton, le entregó los documentos a firmar para el traspaso de
las acciones que tenía al fundador de la compañía y un documento para la privacidad de información.
Acto seguido Amanda indicó una vez más a Hamilton que entregó otro documento.
-Todos los que estaban muy convencidos sobre la culpabilidad de mi prometida, van a firmar. Como
verán, las fechas en los documentos la exoneran de cualquier responsabilidad en estas acciones.
Claramente alguien aquí se encargó de desviar la atención hacia ella y ocultar el verdadero culpable.-
concluyó con frialdad –Solo para que sepan, encontramos dos empresas pero al menos existen unas
10 más, lo que significa que probablemente entre ustedes existan otros estafadores.-las caras tensas
fueron el indicio de que ellos también habían llegado a esa conclusión –Firmen.- sin protesta cada
inversionista firmó el papel donde se exoneraba a Ava de toda responsabilidad con el dinero y les
impedía tomar cualquier acción legal futura contra ella, así como liberar información que insinuara su
participación en la estafa. Cuando Hamilton le entregó el documento suspiró aliviada. La noticia sería
una sorpresa para la pelirroja y no podía esperar para mostrarle la prueba de que estaba libre. Su
padre asintió antes de tomar la palabra por última vez.
-Ya anuncié antes que me retiro y voy a vender todas mis acciones. Como inversionistas les daré el
privilegio de comenzar las ofertas, tienen hasta el final de mes. Si no llegan a lo que pido, anuncio la
venta a compradores externos.-comentó Harold –Un requisito más de mi renuncia, el apellido Dayne
se borra en el nombre de la empresa una vez que se concluya la compra.
Terminada su intervención, Amanda abandonó el salón con Ontari y la acompañó hasta la salida. La
detective también tenía emociones encontradas sobre la reunión, pero por razones completamente
ajenas a los negocios. Enrique Mazza, el padre de Valeria y responsable de que hubiesen sufrido
tanto la había mirado con desprecio, Ontari no desvió la mirada y le regresó el favor. Ya no era una
adolescente sin recursos a la que podía intimidar y él lo supo, que dentro de no mucho tiempo se
encontrarían cara a cara y con su hija del brazo. Bastardo.
-Es increíble como los hombres así continúan libres, sin remordimientos.-dijo enojada, le hubiese
encantado ponerlo tras las rejas.
-Lamentablemente, pero hoy fue tu victoria. ¿Cómo te fue en la cita del café? –le preguntó Amanda
y la detective sonrió automáticamente –Ella es perfecta y cada vez está más hermosa.
-¡Eww! No, demasiada información.- se quejó la ejecutiva con una mueca y se echaron a reír –Me
alegro, espero que todo funcione.
-Seguro que sí.-contestó Amanda con una sonrisa, las puertas metálicas se cerraron y Hamilton se
materializó a su lado como un fantasma.
-Y tú tan imbécil como siempre. Estamos a mano.-ya acomodados en la privacidad del despacho le
contó la situación -¿Conoces a Henry Brenner?
-Todos los de nuestra especie nos conocemos. Escuché que tiene en camino una promoción grande y
es un tipo que desaparece a quien se le cruza.
-Sí y el bastardo quiere entrar en una batalla legal por quitarle a su bebé.-al ver la cara de confusión
de Hamilton le explicó su drama familiar, al final el abogado la miró incrédulo.
-Es un compromiso serio, ¿ella tiene algún documento para que no la acusen de quedarse con el niño
de manera ilegal?
-Un poder firmado por la hermana antes de fallecer donde la nombra tutora legal. Pero tú y yo
sabemos que un hombre como él tiene los recursos para obviar eso.
-Te pagaré los servicios para que le lleves un mensaje de mi parte.-le dijo y Hamilton esbozó una
sonrisa divertida, Amanda no estaba en su posición por gusto y la respetaba por eso. Tenía
pantalones y era astuta.
-Eh…no te cobraré por eso, el drama está muy interesante y ya sabes que tengo una vena
histriónica.-le respondió y la ejecutiva sonrió, el hombre era un hijo de puta con sentido del humor.
-No juego cuando se trata de las personas que me importan. Déjame saber su respuesta y si puedes
que te firme un papel, de que no intentará nada.
-Veré que puedo hacer, soy un abogado corporativo, recuerda eso.
-No quiero deberte favores Hamilton, prefiero escalar el Everest en bikini.-gruñó Amanda –Por lo
menos haz que valga la pena, intimídalo, amenázalo y tráeme un maldito papel.
-Largo.-resopló pero lo cierto es que estaba satisfecha y contenta, las cosas mejoraban para su
futuro con Ava. Y hablando de la pelirroja, mejor corría a casa a darle la noticia.
…………………………………..
Cuando Amanda llegó a la mansión soltó la chaqueta de su traje con pantalón, el maletín ejecutivo,
del cual solo necesitaba un papel y fue en busca de Ava con una idea bastante específica de donde
podía estar. La risa y los grititos alegres de Sebástian se escucharon apenas puso un pie en el
segundo piso y automáticamente sonrió también. Era imposible no contagiarse con la inocencia y
frescura con que disfrutaba la vida. El sentimiento de protección a veces era tan fuerte que la
sorprendía, pero por mucho que quisiera encerrarlos a ambos en una burbuja no era posible. Por eso
aprendía, atesorando cada momento que podía pasar con el bebé y su madre, que últimamente
habían sido muchos. Cuando se detuvo en la entrada de la habitación de Sebástian, se mantuvo en
silencio admirando la escena.
El bebé se sostenía tambaleando pero de pie, al borde del sofá y huía riendo al otro extremo cuando
Ava intentaba atraparlo. Ya le había dicho que le gustaba ponerse de pie solo y pasear la habitación
agarrado a cada cosa que encontraba disponible. El suelo estaba alfombrado con un material especial
de bebés que amortiguaba la caída por si acaso. En ese instante Sebástian se giró y lanzó otro grito
de alegría delatando su presencia. La emoción que sentía cada vez que la reconocía con tanta
alegría, a veces la abrumaba. Se deshizo de los tacones y avanzó hacia Ava que esbozó una sonrisa
de bienvenida y se inclinó a besar sus labios cuando se arrodilló a su lado. Fue un beso casto,
excepto que Amanda fue una segunda vez con un poco más de intensidad que dejó a Ava sonrojada
y agitada.
-Hum, eso fue una sorpresa agradable y que estés aquí temprano. Te ves relajada.-comentó la
pelirroja observando la sonrisa en los labios de Amanda y se contuvo para no besarla otra vez. No es
que fuesen a traumar a Sebástian con las típicas demostraciones de afecto que un hijo no quiere ver
de sus padres, pero los besos de Amanda tenían un efecto peligroso, se perdía en las sensaciones y
olvidaba el mundo a su alrededor. No es que Sebástian fuese a permitirlo, ahora que una de sus
personas favoritas estaba en la misma habitación. Esta vez el gritito fue de indignación, Amanda rio
girando para dedicarle toda su atención, extendiendo los brazos e incitándolo a caminar hacia ella.
-¿Cómo está mi pequeño Tarzán?-olvidada la indignación inicial, el bebé comenzó otra ronda de
risas, dividido entre dejarse caer y gatear hacia ella o…explorar un poco más sus nuevas habilidades.
En un saltó de fe, se alejó del sofá y en una carrerita de tres pasos cayó en los brazos de Amanda
que terminó pálida y con el corazón en la garganta, mientras Sebástian reía con la emoción de su
nueva hazaña. Ava se echó a reír a carcajadas con la expresión en el rostro de Amanda de: ¿Qué
rayos acaba de suceder? Y enternecida porque había estado presente en un momento tan especial.
-Son sus primeros pasos y los ha dado contigo.-le aclaró y vio como los ojos de la pelinegra se
cristalizaban de la emoción. A ella también se le escaparon un par de lágrimas –Es tu culpa por
llamarlo Tarzán, se lo ha creído.-con una sonrisa Amanda abrazó la pequeña figura inquieta, que en
ese instante intentaba escalar por su cuerpo.
-Tengo algo para ti.-señaló el papel a un lado en el suelo y esperó paciente, conteniendo la bola de
energía en sus brazos que se contentaba con tirar de su cabello y los botones de la camisa.
Hubo unos segundos de silencio en los que Ava leía y su rostro iba cambiando a medida que
comprendía el significado de cada palabra. Cuando finalmente alzó la mirada, habían tantas
emociones en el verde de sus ojos que Amanda contuvo el aliento. En ese instante iniciaba su futuro.
Esperanza, gratitud, alivio, la sensación de ser libre otra vez y algo mucho más profundo que ya no
podía ignorar. Ni siquiera pestañeó cuando Sebástian tuvo éxito en desprender un botón y lo lanzó
quien sabe a dónde, su mirada estaba fija en Ava, esperando con un poco de esperanza para si
misma. Sin una palabra de por medio Ava se acercó y tomó su rostro entre sus manos, con los ojos
brillantes de emoción. Un par de lágrimas silenciosas se deslizaron por las mejillas cuando estuvieron
a centímetros la una de la otra. Incluso Sebástian pausó un instante su racha de destrucción,
intuyendo que presenciaba un momento importante.
-Nunca podré agradecerte todo lo que has hecho por nosotros.-comenzó Ava en voz baja y
emocionada –Pero si puedo decirte que por todas y cada una de esas csas, por cada sonrisa, cada
abrazo, cada palabra es…-inspiró profundo y la besó con delicadeza y cada sentimiento posible, fue
breve pero suficiente para que ambas terminasen vibrando de la emoción –Te amo Amanda y ahora
mismo sería capaz de gritarlo a todo Londres porque quiero que lo sepan.
Una frase que tuvo el efecto de un tren a toda velocidad que derrumbó cualquier reserva y duda que
Amanda hubiese tenido de lo que significaba para Ava. No había temor ni dudas en sus ojos, solo el
brillo especial que reflejaba justamente eso, amor y se esparcía en su cuerpo como una caricia que
llegaba hasta el alma. La admiraba, a la magnífica mujer que le sonreía y le ofrecía el corazón sin
miedo. Era su turno para responder, porque las mismas palabras habían rondado en sus
pensamientos más de una vez y llevaban un significado verdadero. Pero se armaron en un nudo
cuando el temor arraigado de un recuerdo las detuvo. Hizo un esfuerzo por respirar profundo, porque
Ava no se merecía su silencio y ella también quería ser valiente, pero nada salió, ni un solo sonido y
otra clase de temor la paralizó, ¿Y si Ava se decepcionaba?
La pelirroja observó en silencio la gama de emociones en la mirada azul, alegría, amor (que estaba
allí aunque no fuese capaz de expresarlo aún) frustración y por último un destello de temor.
-Yo…-Amanda se tensó ante la incapacidad de expresar una palabra coherente que aliviara el nudo
de emociones, buenas y malas que se acumulaban -¿Me amas? – fue casi un susurro maravillado e
inseguro que Ava captó de inmediato. Algo le decía que esa inseguridad no tenía que ver con el
presente y el flash doloroso lo confirmó. Que esas mismas palabras antes le habían causado dolor.
Ava no perdió la sonrisa porque estaba feliz y porque Amanda necesitaba comprobar que era real.
Asintió despacio.
-Te amo.-como respuesta las orbes azules se iluminaron, apagando las sombras –No.-la detuvo
cuando la frustración de no poder expresarse empezó a ganar la batalla –No existen peros, ni
porqués, no hay dudas en lo que siento.-atrapó una lágrima silenciosa en la mejilla de su
acompañante –Y tampoco dudo de lo que sientes tú. Me lo demuestras cada día, en la forma en que
me miras, me besas y me proteges. Un día estarás lista para decirlo y yo estaré esperando. Mientras
recuerda…-alzó la mano y le mostró el anillo, Amanda pudo respirar un poco más antes de hablar.
-Es real, siempre ha sido real.-repitió recordando sus palabras junto a la escalera cuando le entregó
la joya, el símbolo de su compromiso.
-Lo sé cariño.-otro beso suave y las manitas de Sebástian que intervinieron curiosas con un diálogo
muy parecido al “mamamama.” Ambas mujeres se echaron a reír, repartiendo besos al pequeño
diablillo, quebrando así la tensión del momento, pero nunca la intensidad.
Decidieron pasar la tarde en familia, aunque Amanda reservó para una cena en la noche solo ellas
con motivo de celebración. Todo se sentía como un nuevo comienzo, estaba flotando en las nubes
desde la declaración de Ava y con una sonrisa permanente. La amaba y el sentimiento era
correspondido a pesar de que aún no reunía el valor para decirlo, estaba allí, como una bola de calor
en el centro de su pecho. Disfrutaron con Sebástin hasta que estuvo listo para dormir y Rosa se hizo
cargo. Por esa noche Amanda prefirió no manejar y dispuso del chofer. El restaurante era elegante
pero casual, más íntimo y la mesa que pidió estaba en una de las partes más discretas del salón,
donde podían hablar sin ser escuchadas. La conversación fue limitada, se comunicaban con sonrisas
y miradas que no necesitaban una sola palabra. Como si hubiesen desarrollado un lenguaje secreto,
solo entre ellas y las sensaciones eran únicas. Casi se arrepentía de haber salido de la casa, cuando
las miradas de Ava reflejaban una promesa que esperaba hacía mucho tiempo.
Irónicamente estaba nerviosa y necesitaba asentar las mariposas y la comida con un paseo. Ava
aceptó la sugerencia con una sonrisa, porque ella no estaba en mejores condiciones. Pasearon de la
mano por una de las calles más famosas, llena de boutiques en las que ocasionalmente se detuvieron
pero no compraron nada. Amanda si tomó nota de todo lo que Ava admiraba, más tarde se
arriesgaría a comprar algunas y enfrentar la reprimenda, pero no esa noche. Esa noche todo era
perfecto. Fue Ava la que puso fin al paseo cuando se hizo claro que Amanda evitaba el momento de
regreso. Se hubiese reído de la situación pero no quería incomodar más a la pelinegra que le regaló
media sonrisa nerviosa. Con resignación y ni tanta, se dejó guiar al auto mientras Ava ya
maquinaba su estrategia.
También estaba nerviosa pero determinada, por muy inexperta que fuese la deseaba y planeaba que
Amanda se olvidara de todo y le arrancase la ropa. Una vez dentro del auto y con el cristal oscuro
asegurando la privacidad, Ava puso en marcha el plan. En el segundo que Amanda parpadeó, la
pelirroja ya estaba sentada sobre ella.
-¿Te vas a lanzar puerta afuera al estilo 007? – bromeó cuando vio la expresión sorprendida. La
tomó con suavidad del mentón e hizo que la mirase –Yo también estoy nerviosa. ¿Recuerdas que es
mi primera vez? – Amanda soltó un suspiro y asintió.
-Lo siento, no sé qué me sucede.-admitió, pero si sabía. Nunca había estado con alguien que le
importara tanto y a quien quisiera hacer feliz. Ava decidió no responder y la besó.
No había nada de casto en la agresividad con que sus labios buscaban el contacto y no ofreció
resistencia cuando Amanda pidió entrada y se encontraron en un beso húmedo que provocó
escalofríos en ambas. Adiós nervios, pensó Ava cuando Amanda recorrió la piel de los muslos
desnudos y miles de corrientes eléctricas se dispararon hacia el punto al sur entre sus piernas.
Cuando el pulgar de Amanda recorrió la humedad de la tela, adiós ropa interior. Las caderas de Ava
de dispararon de una y enterró los dedos en el cabello negro, ahogando el gemido en los besos que
no se habían detenido.
-Ava, aquí no.- la detuvo cuando sintió su propio cuerpo reaccionar el calor acumularse en su
vientre.
En un momento de lucidez bajaron del auto y Ava casi la arrastró hacia la casa. Amanda se echó a
reír y subieron entre besos calientes y más de una caricia considerada no apta para el público. La
habitación de Ava estaba primero y entraron entre risas. Cuando se cerró la puerta se hizo el silencio
y el aire se cargó de anticipación y electricidad. Ava la guió hacia el borde de la cama donde cayó
sentada sin mucha elegancia y le daba igual, completamente atrapada en la mirada verde cargada
de fuego. La pelirroja se detuvo a unos pasos y con un gesto de los hombros dejó caer el vestido y
acto seguido el sostén, Amanda simplemente olvidó respirar. En otro paso se deshizo de los tacones
y se acercó hasta quedar entre sus piernas. La visión frente a ella era exquisita. Atrás quedaban las
sonrisas inocentes y surgía una diosa sensual con una mirada seductora que invitaba a todos los
pecados.
-Oh Dios.-susurró con reverencia, incapaz de apartar la mirada y deslizando las manos por las
caderas desnudas –Eres hermosa.-humedeció los labios secos y depositó un beso en el vientre
suave.
-Quiero verte.-pidió Ava con la respiración agitada y tirando de la blusa. Amanda se deshizo de casa
prenda excepto el sostén. Cuando Ava se inclinó sobre ella para ayudarla, no resistió la tentación de
lamer uno de los pezones rosados a su alcance. Escuchó el suspiro de Ava en el mismo instante en
que la prenda caía y después dos manos delicadas acariciando cada uno de sus pechos.-Se siente
increíble.-comentó la pelirroja rozando cada pezón duro con la punta de los dedos, completamente
maravillada –Tú sí que eres hermosa.-con una sonrisa traviesa y más confianza, Amanda atrapó el
otro pezón entre sus labios y aprovechó para liberarla de la ropa interior –No.-logró detenerla Ava
cuando depositó otro beso justo encima de su centro y casi se cae al suelo. No estaba segura de
poder mantenerse de pie si la seguía tocando así.
-¿No? –Amanda casi gruñó, ebria con el olor de la excitación que estaba justo al alcance de sus
labios.
-En la cama.-logró decir Ava, ¿cómo es que todavía le quedaban neuronas funcionando? Amanda
obedeció y se apartó lanzando la ropa interior y retrocediendo de espaldas hasta quedar extendida
en el centro de la cama, como una sirena a la orilla del mar. La mirada voraz de Ava se sentía como
una caricia y su cuerpo se tensó aumentando la excitación y con una sonrisa sexy esperó el primer
movimiento. Ava se relamió los labios como un gato y subió a la cama sin apartar la mirada de su
cuerpo –Quiero…-extendió la mano y con la punta de los dedos acarició el vientre desnudo y los
músculos se tensaron al instante. La miró a los ojos -…Quiero besarte en todos lados.-dijo sonrojada
y la sonrisa sexy se amplió.
-Es todo tuyo.-contestó la pelinegra y ni que se lo tuvieran que decir dos veces.
Ava la atrapó en un beso lánguido y sensual, que terminó con labios inflamados y cortas de oxígeno.
Después un beso en la mejilla y comenzó un camino por el arco del cuello, de vez en cuando
saboreando la piel con la punta de la lengua y emitiendo suspiros cálidos de placer. Amanda
simplemente se dejó hacer, disfrutando de las sensaciones maravillosas que le producía cada caricia,
aunque su cuerpo se estuviese asando a fuego lento. Cuando la boca cálida se cerró en uno de sus
pezones y succionó, se le escapó el primer gemido. Ava ya se había acomodado entre sus piernas y
con movimientos rítmicos, las caderas rozaban empujándolas un poco más al límite. Amanda se
arqueó con el cuerpo en llamas cuando los labios descendieron por el vientre y segundos después la
respiración de Ava impactaba en su centro húmedo. Con la punta de la lengua tentativa acarició el
clítoris e inmediatamente la detuvo.
-Otro día exploras a tu gusto pero hoy no creo que lo resista.-confesó Amanda con la voz ronca y la
mirada oscurecida de deseo. Ava lejos de tomarlo como un insulto a su inexperiencia, sonrió
orgullosa. Si había logrado llevarla casi al orgasmo sin tan siquiera tocarla era magnífico. La
pelinegra le sonrió de vuelta y tiró ligeramente de ella para atrapar los labios en otro beso. Con las
manos entrelazadas la guió justamente donde la necesitaba –Ahí.-los dedos de Ava se deslizaron
entre los pliegues y se arqueó como si hubiese recibido un latigazo de puro placer. Empujó los dedos
hasta la entrada y con un movimiento de caderas se deslizaron dentro. Ava gimió junto con ella,
embriagada con la visión de Amanda, sudorosa y temblando en sus manos. No había paciencia para
embestidas suaves cuando las caderas marcaron el ritmo, curvó los dedos y cuando se le escapó otro
gemido y otro, supo que tenía el punto preciso. Amanda estimulaba su propio clítoris con
movimientos rápidos y Ava no resistió la tentación de saborear succionando uno de los pezones y
luego el otro. El efecto fue instantáneo, cuando la humedad empapó sus dedos y los músculos
internos apretaron los dedos con fuerza. Su propio deseo se acumulaba en el vientre y entre sus
piernas, donde pulsaba casi dolorosamente sin poder aliviarlo. Pero por nada del mundo cambiaría lo
que estaba viviendo.
-Ava.-el gemido de Amanda fue tan sensual que casi se derrite y respondió a la petición de un beso
sin detener las embestidas. Amanda se dejó envolver y arrastrar en la corriente de fuego que barrió
con su cuerpo, cuando miles de luces estallaron tras los párpados cegándola. El orgasmo la dejó en
blanco, sin aliento y vulnerable de una manera que no había experimentado nunca. Tembló y algo
cálido cayó en sus mejillas junto a los besos suaves de Ava, con el calor de su cuerpo cubriéndola.
Eran lágrimas y comprendió por qué se le temía tanto al amor. Porque te desnudaba frente a la
persona que amabas y si tenías suerte, esa persona estaría ahí para abrazarte.
-Shhh,-el susurro apacible y tierno –Te amo, estoy aquí.-y dos brazos la sostuvieron hasta que no
hubo más lágrimas. Para quien no tenía una Ava era aterrador, pero no Amanda. Estaba segura
entre sus brazos y se sentía capaz de conquistar el mundo.–Gracias.-la escuchó decir cuando la miró
confundida, Ava sonrió –Por confiar en mí, por necesitarme como yo a ti.
-No tienes idea.- respondió con todas las emociones a flor de piel –Gracias a ti por amarme.-con un
beso para distraer, invirtió las posiciones –Es mi turno para impresionarte.- y ella no se iba con
rodeos. Lamió y succionó en el cuello donde el pulso latía desbocado, descendiendo con besos
húmedos hasta la clavícula, entre los pechos y por último mordisqueando un pezón duro que se
alzaba pidiendo atención. Ava se retorció y gimió pidiendo por favor y no era justo torturarla, no esa
noche. Trazando el camino con la punta de la lengua por todo el vientre, se posicionó cómodamente
entre las piernas abiertas.-Ava, mírame.-le pidió rodeando cada muslo con los brazos para
mantenerla en el lugar. Ava, que no podía pensar cuando toda la sangre se había ido al sur de su
cuerpo, se incorporó ligeramente y abrió los ojos, a tiempo para ver como los labios de Amanda se
cerraban sobre el clítoris duro e inflamado.
Todo su cuerpo se tensó y se dejó caer sobre la almohada gimiendo. Cada succión y presión con la
punta de la lengua, producían corrientes de placer, que subían por la línea de la columna como
flechas, estremeciendo todo hasta los cimientos. Una barrida de la lengua entre los pliegues, que sin
advertencia la penetró, le arrancó un grito de sorpresa y después la succión insistente, sin piedad en
el punto endurecido. La oleada de calor comenzó en el vientre y le recorrió el cuerpo bajo la piel
como un volcán en plena erupción. Tembló y se sacudió en el inicio del orgasmo más intenso de su
vida, cuando súbitamente dos dedos la penetraron, embistiendo dentro de su cuerpo en el punto
más íntimo y fue imposible detener la explosión. Amanda no se detuvo cuando el interior de Ava se
contrajo, embistió y bebió de ella hasta el último temblor y el último gemido de la mujer que se
estremecía. Con un último beso en el interior de los muslos, se recostó a su lado y la abrazó cuando
los sentimientos también la superaron. Ava se refugió en su pecho, buscando la misma fortaleza que
había brindado y se le escapó un sollozo cuando escuchó sus palabras, uno de felicidad.
-Te amo.-dijo Amanda con emoción y sin una duda de que cada palabra era cierta. Depositó un beso
en la frente cubierta de una capa de sudor fina y le alzó el rostro. Con una media sonrisa la besó –Ya
sé que parece el cliché después del sexo para algunos, pero para mí es cuando estoy al descubierto,
cuando te he estregado todo y no me queda más.-ella lo comprendía, pero Amanda necesitaba
decirlo porque Ava merecía saber que era la única poseedora de ese derecho y de ese momento –Te
amo a ti y a nadie más.-hubo un tiempo en que creyó que conocía el amor, pero no fue más que una
pálida ilusión, comparado con la inmensidad que le llenaba el corazón con la simple presencia de
Ava.
-Lo sé, solo importa que me ames, aquí y ahora.-el pasado se quedaba donde pertenecía, para
ambas –Y que yo también te amo, solo a ti.-respondió con otro beso y una caricia –Esta noche fue
increíble, nunca me sentí así.-confesó y no había secretos en su mirada donde mostraba su alma –
Jamás me atreví a soñar con que tendría a alguien como tú, que me amara.-dos lágrimas frescas
rodaron por las mejillas, idénticas a las de Amanda.
-Hemos aprendido muchas cosas las dos y me gusta pensar que tendremos muchos años para
continuar.-respondió y era una propuesta, una promesa del futuro.
-Lo tendremos.-dijo Ava con una sonrisa radiante y no pudo detener al bostezo. Amanda sonrió
orgullosa, la pelirroja rodó los ojos –Pensé que eso del orgullo después del sexo era un mito
masculino, ya veo que no. Te ves muy satisfecha de ti misma. Pero definitivamente tienes
habilidades, muy buenas habilidades.-alzó las cejas de manera sugerente y se echaron a reír.
-Tú tienes las tuyas, esta noche ha sido especial en muchos sentidos, ha sido mi primera vez
también. Nunca hice el amor con nadie, nunca me permití entregarme del todo. Solo hoy, solo
contigo.
-Eso es muy bueno, porque planeo que seamos muy felices y que momentos como este se repitan.
Ha sido increíble.
-Es un trato.-contestó Amanda con un bostezo y fue el turno de Ava que sonrió con picardía. Se
acurrucaron juntas y extendió las sábanas sobre los cuerpos desnudos, pero nada superaba la
sensación de estar piel con piel y dormir con el ritmo apacible de los latidos de un corazón. El de
Amanda junto al suyo.
…………………….
Era avanzada la mañana cuando Amanda entró a la oficina en su edificio. Llegaba tarde, algo inusual
y con una sonrisa estúpida en el rostro, pero después de la noche y espectacular despertar que había
tenido, era un milagro que se hubiese levantado de la cama. La noche fue especial y una
confirmación de que lo que sentía por Ava no tenía palabras suficientes para describirse y la
mañana…bueno, la mañana fue como disfrutar de la luna de miel por adelantado. Iba a ser difícil
mantener las manos lejos de Ava ahora que sabía lo suave y exquisita que era su piel. Estaba
reviviendo sus mejores momentos con una sonrisa, que obvió completamente la entrada de Valeria a
la oficina. La recién llegada se detuvo a observarla, notando ciertos cambios no tan sutiles en
Amanda que estaba radiante, además de perdida en un mundo que no era el presente.
-Amanda.-ni caso -¡Amanda! – alzó una ceja cuando su amiga tardó unos segundos en enfocarla –
Ok, ¿qué sucedió? Estás…-señaló en un gesto alrededor de la pelinegra –Tienes un brillo diferente,
toda sonriente. Asumo que la reunión de ayer fue bien y Ava está feliz.- con la mención del nombre
el rostro de Amanda se transformó en sonrisas y expresión soñadora. ¿Qué demonios? Si no lo veía
no lo creía.
-Fue perfecto.-contestó distraída, ¿estaban hablando de la reunión? Valeria entrecerró los ojos, tenía
la impresión de que hablaban de dos temas diferentes –Salimos a cenar y a celebrar, pero ayer antes
que eso me dijo que me amaba.-confesó todavía en Avalandia porque ni siquiera la miraba.
-Me alegro, pero eso se notaba. Hay que ser ciego para no ver que te ama y tú a ella.-comentó la
rubia aprovechando la oportunidad para obtener información como buena amiga que era -¿Se lo has
dicho? –Amanda asintió.
-Se sintió increíble, justo después que…-se detuvo de golpe cuando se percató del desliz, pero
Valeria la conocía demasiado bien y estalló en carcajadas.
-¡Al fin joder! Pensé que las tendría que atar a la cama. Por eso la sonrisa tonta. Es que tienes que
verte, te brillan los ojos y te he visto los dientes más veces en los cinco minutos que llevo aquí, que
en el resto de tu vida.
-No seas idiota.-le lanzó la pelota de estrés que tenía sobre el escritorio, Valeria la esquivó.
-No quiero detalles, pero si saber cómo fue y cómo te sientes.-eso último lo dijo con suavidad.
-Fue…-todas las emociones del día anterior, una en particular, le borraron las palabras. ¿Cómo
describir lo que sentía? –Me siento capaz de todo por ella, es increíble, como estar flotando
constantemente en una nube. No sé cómo ponerlo en palabras, ella es todo, magnífica, especial.
Decirle que la amaba fue tan fácil.-describió Amanda claramente emocionada y Valeria sonrió feliz.
-El amor es así, te da valor para todo.- y sobre eso la rubia tenía experiencia suficiente –Sé cómo te
sientes, felicidades, hasta la euforia se contagia.-dijo riendo y no mentía. Si Amanda era feliz, ella
también lo era, aunque no pudiese evitar la ligera punzada que le recordaba un pasado en el que ella
también se sintió así.
-Ahora solo faltas tú.-comentó Amanda que había captado el destello de nostalgia -¿Cómo van las
cosas con Ontari?
-Bien, hemos salido a tomar café, ponernos al día. Nada demasiado comprometedor, ninguna quiere
apresurarse ni equivocarse.-confesó la rubia con un suspiro –Ha pasado mucho tiempo y ya no
somos las mismas.
-Creo que la amistad es un buen comienzo, pero sean honestas la una con la otra. Sé que sientes
cosas por ella y Ontari por ti, como dices, hay que ser ciego y esta vez nada les impide estar juntas.
-¿Y si no es suficiente?
-No lo sabrás si te escondes detrás de la amistad y niegas lo que realmente quieres.-Amanda hizo
una pausa sabiendo que era más fácil decirlo que hacerlo, cuando ella misma había batallado contra
lo que sentía por Ava –Por cierto, Ava aceptó ser la modelo, llámala para que redacten el contrato y
demás, no quiero hacerlo yo directamente.
-Excelente.-respondió Valeria cambiando a modo negocios aunque su mente daba vueltas a las
palabras de Amanda.
-Me gustaría que supervises las sesiones de fotos, entrevistas y esas cosas. Ella es nueva en este
mundo y sé que mi presencia hará las cosas más difíciles, al menos hasta que se sienta cómoda.-le
pidió no queriendo dañar la carrera naciente de su prometida.
En eso Valeria podía comprenderla, la necesidad de proteger a quien se ama y Amanda siempre fue
muy buena en eso, una de sus grandes virtudes. Hablaron un poco más de la colección nueva, la
gala de presentación y la reunión con el board de la empresa. La rubia no se sorprendió con la
noticia de que su padre estaba involucrado aunque no pudiesen probarlo, lo cual no quitaba el enojo
y la impotencia, a que una vez más se salía con la suya.
-Ni tanto.-comentó Amanda –Si robó a la empresa, ahora tendrá que desembolsar unos cuantos
millones para poder quedarse con ella. Y esos van a la cuenta personal de papá y la familia, mientras
que la empresa sigue endeudada. Es la mejor venganza y bien jugada.- Valeria se echó a reír.
-A veces olvido quien es tu padre.-Harold Daynes era un hombre humilde y amable, para ella el
padre que no tuvo. La imagen de hombre de negocios despiadado e inteligente, que su hija había
heredado, le resultaba difícil de asimilar a veces –Me alegro que haya encontrado una manera de
hacer pagar a los hijos de…
-No te contengas.-se rió Amanda –Son unos hijos de puta, ah y Ontari estuvo allí, Enrique la
reconoció.- ahí sí que se sorprendió Valeria –Fue una pequeña satisfacción personal después de todo
lo que ha causado.-la rubia tenía sentimientos encontrados con el tema.
-Todavía puede dañarle la carrera Amanda, la prefiero lejos, mi padre sigue siendo un hombre
poderoso.- y la realidad era que hasta cierto punto aún le temía, no por ella, pero si por Ontari.
-Tú también tienes poder y no estás sola.- respondió su amiga con una mirada fría -¿Sabes? –
Continuó de manera casual –Entiendo que le temieras con 20 años pero no ahora. ¿Qué harás si
decide que la amistad renovada con Ontari no le gusta? Te amenaza y ¿la dejas otra vez? – palabras
duras pero necesarias –Si es así estás perdiendo el tiempo y dándole falsas esperanzas. Ontari es
una mujer fuerte, capaz de enfrentar muchas cosas. Es cierto que Enrique tiene poder y dinero, pero
nunca se iría a una guerra pública contigo y esa es tu carta de ventaja.-entrelazó una mano con
Valeria en un gesto raro de afecto pero que dio a la rubia el valor que necesitaba. Amanda la conocía
mejor que nadie, lo demostraba la comprensión en su mirada –Si Enrique se atreve a hacerte daño
una vez más, lo voy a destrozar y sabes que no seré la única, papá y Nath también. Tienes una
familia, no olvides eso y esa familia te va a proteger.- le dijo seria, no es que fuera la mejor
consolando, pero sus palabras nunca eran vacías. Valeria era su familia, su hermana aunque no
compartieran sangre. La rubia la abrazó con un par de lágrimas y sin palabras porque no eran
necesarias.
-Tú solo avisa cuando necesites esconder el cuerpo.- contestó y las dos rieron rompiendo la tensión y
el drama. Y Valeria estaba segura que el ofrecimiento iba en serio.
En las semanas que siguieron se desató un caos. Amanda, Valeria y Ava como la modelo de la nueva
colección, trabajaron a tope. Por supuesto, eso no impidió que la pareja continuara su luna de miel,
disfrutando de momentos a solas y con la familia. Finalmente decoraron la habitación de Sebástian y
Amanda visitó por primera vez una tienda de bebés con él y su madre, ese día Ava llegó a la
conclusión de que no la podía dejar sola. Peluche que el niño agarraba, peluche que Amanda quería
comprar, era tierno y desesperante a la vez y a Ava se le derretía un poco más el corazón cuando los
veía juntos. No por nada se convirtieron en la familia favorita de la prensa, que hicieron una
tormenta la primera vez que Sebástian salió con ellas, el niño reía y decía adiós a los fotógrafos que
estaban encantados con él.
En el tiempo libre Ava se reunió un par de veces con su madre en un intento de al menos recuperar
algo de la que fuese su relación familiar y tuvo que reconocer que había estado equivocada en
muchas cosas. Cecilia también tuvo una vida difícil con su padre y no era para nada, o quizás había
cambiado con los años, el ogro que su hermana describía y que ella misma tenía de imagen. Su
madre las amaba, aunque no siempre lo supo demostrar y resultó ser una abuela modelo para
Sebástian. La pelirroja decidió que a pesar de las diferencias, el bebé merecía tenerla en su vida.
Amanda también las acompañó un par de veces, porque era así de protectora y porque apoyaba a
Ava en su decisión de recuperar a su madre, hasta donde fuese posible.
El modelaje no fue la tortura que imaginó, sospechaba que mucho tenía que ver con Amanda y
Valeria, pero una vez que superó los nervios del inicio, lo disfrutó. Quien le iba a decir que su
experiencia como bailarina le serviría de algo. Las joyas eran maravillosas y Ava hizo todo lo posible
por desplegar la elegancia y sensualidad que merecían. Una tarde en particular Amanda fue a
presenciar la última sesión, una sorpresa agradable y la primera vez que Ava presenció un ataque de
celos, sutil, pero aún así ataque de celos. Cierto que el fotógrafo, un joven talentoso y atractivo,
parecía tener un crush repentino, coqueteaba con ella cuando tenía la oportunidad y a veces cruzaba
un límite o dos con algún roce, señalando las posiciones que quería, pero nunca más allá. Ava pasó
su juventud tolerando hombres más agresivos y no quería dar la impresión de ser una diva
malcriada y favorecida por su novia, quejándose en su primer trabajo. Para su mala suerte no se
percató que Amanda los observaba desde las sombras del set, ni siquiera ella la había visto. Los
comentarios sobre el bonito cuerpo, lo sexy, hermosa y natural, más el futuro prometedor iban de
foto en foto y Ava simplemente le sonreía con educación.
La paciencia de Amanda llegó al límite en un minuto, no le molestaban los halagos, pero si las
libertades y los toques “accidentales” ya había presenciado más de una vez, eso de los celos era algo
nuevo y bastante desagradable. La solución fue una mirada gélida de Amanda al fotógrafo que
palideció y se mantuvo estrictamente profesional. Incluso sugirió un par de tomas juntas que
quedaron espectaculares con el vestido y las joyas de Ava y el traje ejecutivo de pantalón que
llevaba Amanda, que la sorprendió en una de las fotos con un beso al que Ava se rindió. Para la
pelinegra, tan reservada y protectora de la privacidad entre ellas, ese beso era una declaración de
intenciones y como no, posesivo. La verdad es que formaban una pareja atractiva y elegante.
Por otro lado la noticia de que el proceso de adopción avanzaba sin traba, su familia estaba feliz,
aunque el padre de Ava no se había reunido con Hamilton el abogado, tampoco se había pronunciado
en contra. La pelirroja tenía el presentimiento de que el otro zapato estaba por caer.
-Está planeando algo, lo sé.- le dijo a la pelinegra cuando Hamilton llamó para informar que Henry
Brenner no respondía sus mensajes e intentos de comunicación.
Claramente el hombre se creía con el poder y jugaba con la desesperación de Ava, así que le ordenó
a Hamilton desistir del contacto y simplemente esperar. Dos podían jugar ese juego. La respuesta
llegó una semana más tarde cuando Brenner solicitó reunirse con ella, ni siquiera con Ava, primero
en su oficina, a lo que Amanda se negó y le dijo que si quería un encuentro que llamara a su
secretaria e hiciera la cita. Y así se encontraban cara a cara en el despacho de Amanda que lucía
relajada en su silla bajo la mirada inquisitiva y calculadora del hombre. Tenía que reconocer la
presencia intimidante y la frialdad en sus ojos, pero Amanda se enfrentaba a hombres como Henry
todos los días y para beneficio propio, este era un suegro del que no necesitaba ganar aprobación
ninguna. Evitó la sonrisa satisfecha y esperó paciente a que Henry revelase los motivos de su visita,
mientras el intercomunicador anunció una llamada entrante que respondió ante el silencio.
-El Presidente de Tiffany confirmó su llegada dentro de 30 minutos.- le anunció por el altavoz,
Amanda decidió que no iba a posponer sus negocios por nada del mundo.
-Que sean 45 minutos, te disculpas de mi parte. En cuanto llegue me avisas.- cortó la llamada y
regresó la atención al abogado. Su expresión no delataba nada, pero el que intencionalmente le
hubiese puesto un límite de tiempo a su visita de seguro que no le asentó bien –Su turno.- le indicó
y su suegro comprendió que estaba frente a una persona que no lo consideraba digno de su tiempo.
-Seré directo. Tengo intenciones de disputar la custodia de mi nieto, considero que mi esposa y yo
podemos darle una mejor vida, una familia.- entonó con la misma emoción de quien habla del clima.
La mención de Cecilia en todo eso apuntaba a dos opciones. Que la mujer estuviese mintiendo a Ava,
o que el imbécil era lo suficiente arrogante para creer que tenía control sobre su esposa. Decidió ir
con sus instintos y como en el póker, reconocer el comentario por lo que era, una cortina de humo
para obtener el control de la situación.
-Ya, ¿una familia y una vida como la de sus hijas?- respondió con el mismo tono desinteresado.
-No creo que nadie pueda cuestionar eso. Mis hijas tenían todo y decidieron marcharse, fue su
decisión.- dijo con dureza y Amanda hubiese creído el acto de padre abnegado, si no fuese capaz de
leer la frialdad calculadora en su mirada.
-Un padre más preocupado hubiese buscado a sus hijas menores de edad y las llevaba a casa.- cruzó
las manos sobre la mesa –En 30 minutos tengo una cita, ahora dígame, ¿por qué está aquí
realmente? Los dos sabemos que nunca le importaron sus hijas más allá de la imagen que daban,
menos el nieto que no sabía que existía y su esposa lo dejó. Lo sé porque almorcé con ella ayer, en
resumen, muestre las cartas de una vez, mi tiempo vale oro.- le soltó sin contemplaciones y con
provocación deliberada, no iba a manipularla.
-Ah, ya ve que no fue tan difícil.- y es que no podía evitar el sarcasmo -¿Y qué le hace pensar que
voy a darle ese dinero? – preguntó con el mismo desinterés –Tenía la impresión de que me
encontraba frente a un hombre inteligente, hasta hoy al menos lo ha sido. Imagine como influirá un
escándalo familiar en su nueva campaña.- le regresó la mirada fría, no le gustaba el chantaje, de
hecho, reaccionaba muy feo –Le sugiero que se mantenga lejos de mi familia, porque Ava será mi
esposa y Sebástian mi hijo y haré lo que sea necesario para protegerlos. Busque otra causa para su
campaña.- la advertencia fue clara y directa, no iba a obtener dinero porque de ese ella tenía uno
más. Sin embargo, obtuvo una reacción interesante, no le asustaban las amenazas, pero si se había
puesto tenso cuando afirmó que Ava sería su esposa.
-No voy a permitir que un nieto mío crezca en un ambiente como el suyo.- dijo con desprecio.
-¿Un ambiente como el mío?¿De amor y familia? No sabe lo que es eso ni aunque le baile en la cara.-
contestó con inocencia deliberada, iba a resultar que su suegro era homofóbico.
-De perversión.
-Buena suerte alegando la carta discriminatoria en una corte, siendo abogado asumo que sabe el
efecto que tiene.- dijo casi divertida y miró el reloj de pared. Hora de ponerse seria –Su tiempo se
terminó, ya hice las sugerencias necesarias, si no las toma está advertido. Valora que vale más, si su
ego o su carrera. Porque si ataca a mi familia, así sea con una mala frase, los 5 millones serán para
hundirlo. Que tenga un buen día.-lo despidió sin mirar y atendiendo la llamada que anunciaba la
llegada de su próxima cita. Su Secretaria se merecía un aumento por lo oportuna. Sin mediar otra
palabra y claramente furioso, Henry Brenner se marchó. Amanda no abusaba de su posición y dinero
si podía evitarlo, pero cuando se trataba de las personas que amaba no dudaba en lo absoluto. Y a
pesar de su arrogancia Henry entendió que tenía el poder de arruinarlo si se lo proponía. Ese día más
tarde en la casa y con Ava entre sus brazos, a la que sorprendió con una sesión intensa de besos
cuando llegó, le contó sobre la conversación.
-No me sorprende lo que hizo.- comentó la pelirroja resignada -¿Crees que intervenga?
-No.- fue la respuesta absoluta –Lo de hoy fue una prueba, quería medir a quien tenía de adversario.
Creo que imaginó que por ser mujer podía intimidar más fácil. Advierte a tu madre que quizás vaya
contra ella.
-Supongo que si sobrevivió todos estos años junto a él es porque sabe protegerse. De todas formas,
si necesita algo que no dude en pedirlo.- ofreció Amanda, su suegra daba la impresión de ser una
esposa de adorno, frágil y manipulable, lo cual estaba convencida de que era una imagen fabricada
muy a propósito.
-De todas formas la llamaré para que sepa.- Ava hizo una pausa y depositó un beso en el cuello a su
alcance -¿Es posible que este sea el inicio de una vida tranquila y feliz? – preguntó esperanzada.
Amanda la miró con una sonrisa y la besó en los labios, luego mordisqueó y tomó su boca por asalto
hasta que Ava olvidó las dudas y preocupaciones.
-Esa vida comenzó en el mismo instante en que decidí que fueras mía.-contestó con una sonrisa
satisfecha.
-Que arrogante.-se burló Ava, pero no tenía argumentos contra eso porque era cierto. Al inicio de su
relación podía haberle molestado un comentario así, ya no, no cuando Amanda la miraba como si
fuese lo más preciado en su mundo. Las narices rozaron juntas en un juego y besos robados porque
era imposible no tocarse.
-Te amo.- dijo Amanda y el corazón de Ava saltó varios latidos, porque ese susurro estaba cargada
de absoluta devoción. Le acarició el rostro con ternura a esa mujer que era suya, hermosa, leal y
protectora. De pocas palabras pero con un corazón enorme, que la amaba y la hacía sentir la
persona más afortunada del mundo.
…………………………….
Meses de trabajo, desvelo y estrés, pero todo había valido la pena por estar en ese instante. Ava
estaba radiante en la gala de presentación de la nueva colección, de la cual ella era la modelo. Con
un vestido blanco sin hombros y el cabello recogido en un dibujo elegante que lucía el cuello, un
collar de la colección a juego con brazalete, pendientes y por supuesto, su anillo de compromiso.
Estaba abrumada por la atención y a la vez encantada por los elogios, aunque algunos no fuesen tan
sinceros le daba igual. Nada podía empañar esa noche cuando tenía muchos motivos para estar feliz.
La adopción de Sebástian estaba completa, su padre no intervino y se mantuvo lejos de la familia y
su madre que la acompañaba esa noche, con toda la familia Dayne, tuvo mucho que ver con eso
además de Amanda. Amanda tenía que cumplir su papel de anfitriona y mujer de negocios, pero
cuando no estaba a su lado, sus miradas se buscaban y encontraban cada vez que tenían la
oportunidad. Además de que nunca estaba sola, siempre se las arreglaba alguno de ellos para estar
a su lado.
En ese instante Valeria, Andrea la esposa de Nath y Ontari la rodeaban monopolizando el espacio
para darle un respiro. La cantidad de personas que se acercaban a saludar, presentarse con
propuestas de trabajos futuros y halagos era increíble. Actrices, cantantes, políticos, escritores, J.K
Rowling la había saludado y Ava se contuvo para no dar saltos como una adolescente. Aquello la
superaba y es que el impacto de ver por primera vez su rostro en una valla gigante fue un golpe de
realidad, era conocida en el mundo entero, una celebridad y todavía le costaba asimilarlo. A veces se
sentía como voyeur cuando miraba alrededor del salón y su rostro estaba por todas partes, Amanda
se había reído cuando se lo comentó, además de que su respuesta de apoyo la derritió.
-Eres hermosa, yo lo sé y ahora el mundo lo sabe. Te mereces eso y mucho más.- le dijo con un
beso discreto en la mejilla porque había prensa y personas importantes y a pesar de todo, preferían
mantener su relación privada. Y todo seguía siendo increíble.
Ontari que acompañaba a Valeria a la gala, le entregó una copa de agua con limón para refrescar. No
se vería bien si terminaba ebria, le agradeció con una sonrisa y observó como de inmediato la mujer
se posicionaba junto a Valeria, que se colgó de su brazo en un gesto natural. Las dos progresaban en
su “amistad” a paso lento pero seguro y a nadie engañaban con las sonrisas cómplices y las miradas
de anhelo. Amanda estaba particularmente feliz porque Valeria era feliz y viceversa. Su vida de
pronto se había transformado en una novela romántica y llena de clichés.
-Ah, Amanda va a dar el discurso de apertura.- anunció Andrea y acto seguido la pelinegra, en un
traje de pantalón y chaqueta blanco, subió al pequeño podio improvisado. La música y las
conversaciones se detuvieron al instante.
-Buenas noches a todos y gracias por estar aquí.- saludó de inicio y comenzó los agradecimientos a
la Empresa, los trabajadores, el equipo de preparación y en general los involucrados –En este caso,
la diseñadora que soy yo.- bromeó y causó risas entre el público –A mi familia, papá, quien me ha
guiado hasta donde estoy hoy y me enseñó cada cosa que sé. Mi hermano Nath por su apoyo, junto
a Marcela y Andrea, Valeria, mi hermana, socia y compañera en crímen.- alzó la copa en dirección a
la rubia que respondió de igual manera -Y por último, a mi hermosa prometida que me ha
acompañado en este viaje y ha sido la musa que ha inspirado mucho de lo que verán hoy. Ava.-
agregó con una sonrisa conectando sus miradas –Por ella y para ella, les traigo una sorpresa.- se
escucharon murmullos en la multitud de sorpresa, Valeria sonrió divertida y Ava alzó una ceja
intrigada –Ava tampoco lo sabe, lo siento cariño.- se disculpó nada arrepentida pero por el término
cariñoso ya estaba perdonada. Otra sorpresa.
-¿Tú sabías sobre esto? – preguntó Ava a Valeria que le dio una sonrisa enigmática -Por supuesto
que sí.- afirmó la propia pelirroja.
-Por ahora disfruten de la colección y más tarde revelaré la sorpresa.- concluyó riendo cuando se
alzó un coro de protestas –Créanme que valdrá la pena, mujeres, que sus esposos que preparen la
chequera.- se despidió e hizo una línea recta hacia Ava que la esperaba impaciente.
-Sí, una sorpresa.-contestó rodeando la cintura con un brazo y atrayéndola –Quiero marcharme a
casa.- le susurró al oído –Con ese vestido te ves hermosa.- besó el lóbulo de la oreja y Ava se
estremeció en un sonrojo, no pudo hacer más que lanzarle una mirada de advertencia, otro error
porque Amanda la miraba con ojos oscurecidos de deseo. La mujer era un maldito peligro. Por suerte
la llamaron unos invitados, pero no se alejó sin antes robarle un beso que acumuló sensaciones a las
que ya le recorrían el cuerpo. Cuando miró a su alrededor, toda la familia Dayne la observaba con
una expresión divertida, excepto Valeria que sonreía con pura malicia.
-Ni se te ocurra.- le advirtió y la rubia, que la molestaba incansable porque no podían mantener las
manos lejos la una de la otra, soltó una carcajada y la dejó en paz por el momento. Amanda se tuvo
que marchar otra vez y ella quedó en conversaciones con su madre, pero dicha paz duró muy poco.
-¿Qué rayos hace ella aquí? – siguió Valeria más que enojada y Ava se convenció de que lo que fuese
no le iba a gustar. Localizó a Amanda de quien solo podía ver el perfil y como no, también a la rubia
que se había colgado de su brazo y estaba demasiado cerca. Fue el turno de Ava para enojarse.
-Alguien explique por favor.- pidió llegando a la conclusión de que la única ignorante era ella y eso
no mejoraba su ánimo. Las tres mujeres intercambiaron miradas, incluida Ontari.
-Una ex de Amanda.- contestó Valeria lo cual explicaba un poco la reacción pero no toda, así que
esperó por el resto –Ella es mucho mayor, estaba casada cuando se conocieron y Amanda muy
joven, 20 años. La sedujo, hizo promesas y le rompió el corazón.- el resumen perfecto para decir
que esa mujer había sido su primer amor, el que la marcó de por vida. A pesar de los celos y la
impotencia se obligó a respirar y observó a la pareja notando los cambios sutiles. Amanda estaba
rígida y fingía las sonrisas, manteniendo las distancias, no queriendo causar una escena.
Lamentablemente Ava tampoco podía hacerlo. Le dolía que Amanda no le hubiese contado, cierto
que el tema de las ex nunca salió a discusión, demasiado envueltas en su burbuja de felicidad. La
clase de fantasma que ninguna mujer deseaba y estaba a oscuras, además, era el pasado de
Amanda y algunas batallas se tenían que librar a solas.
Cuando Amanda alzó la mirada se llevó una sorpresa. Frente a ella con una sonrisa sensual estaba
Tatiana, la mujer que le rompió el corazón y que la marcó de por vida. Por suerte, años de práctica
escondiendo sus emociones la ayudaron a mantener una expresión neutra cuando la saludó
directamente.
-Amanda, felicitaciones por el éxito.- le dijo educadamente y con sinceridad lo cual la descolocó más.
Tatiana siempre fue una mujer arrogante, experta en manipular y la manera abierta y sincera con
que la miraba, provocaba sensaciones que no quería analizar. Estaba tan hermoso como siempre,
con curvas y labios rellenos, rubia de ojos azules y piel perfecta, en un tiempo de su juventud fue
como una adicción que se convirtió en pesadilla. Definitivamente tenía sentimientos encontrados.
-Tatiana, una sorpresa.- la saludó solo de palabra, no quería arriesgar un movimiento para el cual no
estaba lista –Gracias, ha sido un éxito hasta ahora.
-No lo dudo.-contestó la mujer con la mirada fija en ella -¿Podemos hablar? En privado si es posible.-
pidió extrañamente amable. El primer impulso fue negarse, era su fiesta, no podía desaparecer y
más que eso, allí estaba su familia y Ava, su prometida. “Oh Ava,” no dudaba que ya hubiesen
reconocido a Tatiana y su pasado con ella no fue un secreto a pesar de que estuvo casada cuando
fueron amantes. Increíble a donde llegaba la estupidez de la juventud. Pero también tenía
curiosidad, mucha, por conocer los motivos de su presencia allí y de aquel cambio que quizás fingía.
De cualquier manera era una puerta del pasado que necesitaba cerrar. Con un ligero asentimiento
que sorprendió a la rubia, pensando que se iba a negar y las guió a una puerta lateral que daba a un
salón privado. No se detuvo a pensar en las consecuencias y si en terminar el encuentro lo antes
posible. Cerrada la puerta Amanda se movió hacia las ventanas de cristal que reflejaban la ciudad.
-Ha pasado mucho tiempo.- años en que no la había visto más que de lejos en un evento social, o en
la portada de una revista. Tatiana se casó con un millonario ruso cuando era muy joven y el hombre
había fallecido unos años atrás heredando los millones.
-Sí.- fue la única respuesta con un toque de nostalgia, o quizás estaba leyendo demasiado en una
conversación de tres palabras. Hubo un silencio antes de que continuara –Quería disculparme.- dijo y
la pelinegra se obligó a mantener la mirada hacia afuera. Sus emociones con respecto a Tatiana
variaban entre los recuerdos de la pasión que compartieron y la rabia y el dolor que sintió cuando
rechazó lo que ella creyó en aquel momento que era amor. Eso la hizo sonreír, no podía estar más
equivocada y para su sorpresa, esa rabia y dolor ya no la quemaban. Formaban parte de un eco
pasado que le provocaba un poco de nostalgia y tristeza. Maravillada por el descubrimiento respiró
aliviada, era feliz y amaba a Ava, ese amor había sanado su corazón maltrecho y la hizo comprender
muchas cosas –Aquel día hice y dije cosas…innecesarias.- Amanda se giró curiosa.
-Pero ciertas, fuiste sincera y yo lo necesitaba.- se encogió de hombros con tranquilidad –Es pasado,
tenía una idea tonta de la vida.- poder hablar de eso sin amargura era increíble –Si algo, debo
agradecerte.
-Has cambiado.
-¿No lo hacemos todos? – le sostuvo la mirada, se dio cuenta de que podía y poco a poco iba
desapareciendo la sorpresa y las emociones confusas. Su vida era transparente y su futuro seguro
con la mujer que amaba.
-Leí que estabas comprometida, así que te creo.- comentó todavía sorprendida, Amanda esbozó una
sonrisa de pura felicidad y sus ojos…llenos de amor. A ella jamás la miró así, con deseo y admiración
pero nunca con el sentimiento que brillaba en su mirada y estaba allí para todo el que supiera mirar.
Se sorprendió ella misma con la punzada de dolor, había tardado demasiado. Cuando murió su
esposo tuvo intenciones de contactarla, disculparse y quién sabe si recuperar algo de lo que fueron,
ya era imposible –Me alegro por ti, eres feliz.- una afirmación y envidiaba a la mujer responsable de
esa felicidad.
-Lo soy, como nunca.- respondió porque era imposible no hacerlo, pero no lo hacía con intenciones
de minimizar lo que sintió en el pasado o como venganza. Simplemente no podía ocultarlo y no
quería hacerlo. T
atiana se movió hasta quedar frente a ella y admirar el perfil exquisito de la pelinegra. De joven
había sido hermosa, salvaje y apasionada y no había perdido ninguna de esas cualidades. Jamás
negó la atracción por ella, nunca pudo resistirse o no hubiese cometido la locura de convertirse en su
amante. Cierto que Sergei y ella tenían un acuerdo discreto, pero Amanda se metió bajo su piel de
manera peligrosa. Su esposo se lo había advertido.
-“Estás cruzando límites.” – le dijo un día que las encontró conversando y riendo, ella como la
adolescente que no era. No quiso aceptarlo y lo negó, pero Sergei no era ciego –“Es como la miras.”-
con el paso de las semanas no pudo negarlo más y entró en pánico, no por su marido, no era un
hombre celoso, sino porque sus vidas no eran compatibles. La respuesta de su esposo fue práctica
–“Rómpele el corazón.”
-¿Sabes? – hizo una pausa antes de mirarla –No todo fue mentira, si hubiese sido otra mujer con
otra vida.- era su manera de decirle que quizás el anillo que llevaba su prometida, hubiese sido suyo.
-No ibas a dejar a tu esposo.- afirmó Amanda serena, no sabía qué hacer con tantas confesiones,
pero al menos saber que no fue solo un pasatiempo, que hubo sentimientos, lo hacía más tolerable.
-No.- respondió Tatiana, ¿para qué mentir? –Y porque yo no era lo que necesitabas, aunque en el
momento pensaras lo contrario. Y de la manera en que brillan tus ojos cuando la recuerdas a ella,
me da la razón.
-Supongo que la vida da vueltas necesarias y te enseña.-no es que Amanda fue partidaria de esas
tonteras sobre el destino, pero si de que la vida solo se aprende con las experiencias, malas y
buenas. Sostuvo la mirada intensa de Tatiana y reconoció el deseo, la añoranza y algo más que ya
no tenía cabida en su mundo. Cuando la rubia alzó las manos para acariciar su rostro la detuvo,
estaban demasiado cerca, aliento con aliento y Amanda no sentía nada –No.- fue suave porque no
había necesidad de humillar, ni ser cruel –Lo siento, el pasado es pasado para mi.- así las encontró
Ava cuando abrió la puerta. Muy cerca y conectadas con una mirada. Tatiana asintió y dejó caer las
manos, convencida de que ya no quedaba nada.
-Tienes mucha suerte.- le dijo a Ava cuando pasó a su lado de salida, la pelirroja le sostuvo la
mirada y entonces lo vio, “oh.”
-Lo sé.- contestó segura aunque todavía estaba batallando con los celos y la sensación desagradable
que le paralizó el cuerpo cuando las encontró tan íntimas. Gracias a Valeria por insistir que fuese por
Amanda cuando desapareció.
-Adiós Tatiana y mucha suerte.- porque a pesar de todo la mujer también tenía derecho a ser feliz.
Cuando se cerró la puerta el silencio fue incómodo y Amanda tenía que dar explicaciones.
-No la besé.-fue lo primero, Ava la miró, ya lo sabía porque el pintalabios estaba intacto. Pero, ¿si no
aparecía a tiempo lo hubiese hecho? Amanda la conocía demasiado bien y encontró la duda en su
mirada –Tampoco lo hubiera hecho, no lo necesito, te amo y te respeto.
-No hay nada de que preocuparse, aclaramos las cosas y por los viejos tiempos para cerrar el
pasado.
-¿Incluía besarte? – inquirió Ava con sarcasmo.
-Sí, ella vino con las intenciones, aún siente cosas por ti.- Ava lo había visto reflejado en sus ojos y
la tristeza por haberlo perdido.
-Pero yo por ella no, fue un enamoramiento de juventud, ahora puedo ver la diferencia. Te amo a ti.-
concluyó con sinceridad. Ava se acercó y le lanzó los brazos al cuello, las palabras fueron suaves
pero en su mirada había fuego.
-No más habitaciones a solas con ella, ni con nadie.- casi lo gruñó como una orden y Amanda no
pudo evitar la risa.
-Está bien, habitaciones solo contigo.-contestó con humor y con un beso quedó zanjado lo que podía
haberse convertido en una catástrofe.
El resto de la fiesta Amanda no se apartó de su lado, por decisión propia y los demás sabiamente no
preguntaron por su encuentro con Tatiana y el hecho de que Ava las hubiese encontrado. Las
interrogaciones vendrían después. Tatiana no se marchó de la fiesta, pero tampoco se acercó más y
la pelirroja lo agradeció, a pesar de que las palabras de Amanda la tranquilizaron, la intensidad con
la mujer la miraba le provocaba impulsos poco aconsejables. Finalmente Amanda tomó la palabra
para revelar la sorpresa.
-No es secreto para nadie las imágenes que salieron en varias revistas sobre el pasado de mi
prometida. Lo cierto es que la joven en las fotos era su hermana gemela Ivy, una de las muchas que
deciden probar suerte y terminan arrastradas a mundos peligrosos de adicción.- dijo y recorrió a la
audiencia con la mirada –Ella falleció como consecuencia de ese mundo y dejó un bebé, que por
fortuna, tiene una segunda madre que lo ama y ha hecho cada sacrificio por él. Por eso es mi
intención crear una fundación para ayudar a esas jóvenes sin familia a tener un futuro, les pido que
lo tengan en cuenta esta noche.-encontró la mirada cristalina de Ava que se secaba una lágrima y le
sonrió, susurrando un “te amo” silencioso que captaron algunos y aplaudieron –Como dije, también
es una sorpresa para Ava, es una de las mujeres más valientes que he conocido y que ama
incondicionalmente. Ella ya tiene su final feliz, yo me aseguraré de eso.- agregó con una sonrisa
traviesa y se escucharon risas, incluida la de Ava. Valeria apareció a su lado y manipuló una de las
pantallas gigantes –Como parte de la colección existen tres diseños únicos en modelo y exclusivos y
las tres piezas se van a subastar.- se escucharon comentarios de excitación –Valeria tiene los
detalles, hagan sus ofrecimientos y al final de la noche se revelan los ganadores.- concluyó, Ava la
esperaba con los brazos abiertos y un beso de agradecimiento porque simplemente no tenía palabras
-¿Te gustó la sorpresa? – le preguntó aunque supiera la respuesta necesitaba estar segura.
-Tú eres increíble, si ya no te amara, hoy lo habría cambiado sin duda. Gracias por honrar su
memoria y por mi final feliz.- al final de la gala entre las 3 piezas se recaudaron 10 millones de libras
y no le sorprendió que Tatiana se llevara una de ellas. Fue Ava quien se le acercó personalmente y le
extendió la mano –Muchas gracias.-agradeció con sinceridad porque además, la mujer había donado
un millón extra.
-No es necesario, es una causa que apoyo y puedo comprender.- contestó la rubia –Yo tuve la suerte
de encontrar a mi esposo muy joven o mi destino hubiese sido otro. Lo siento por tu hermana.- a
pesar de su pasado con Amanda a la pelirroja se le hacía difícil despreciar a la mujer, con quien al
parecer, tenía mucho en común.
-Gracias y también por darle a Amanda la oportunidad de quedar en paz con el pasado.-aunque no
apreciaba el intento de besarla.
-A mi también. Fue un placer, si me disculpa.-se despidió porque no era mucho lo que podían
conversar sin tocar el tema delicado entre ambas –Buenas noches y gracias una vez más.- Amanda
la esperaba intrigada –Le agradecí nada más, lo correcto.- y lo era sin importar las diferencias que
tuvieran, o más bien, las cosas en común.
-¿Qué te parece si nos vamos de aquí? – sugirió Amanda rodeando la cintura y atrayéndola.
-Valeria se encarga, deja que me despido.- sin darle tiempo a protestar se acercó al micrófono y
anunció que se marchaba con su prometida a una noche romántica. Nadie se lo reprochó.
-¿Por qué estamos aquí? – preguntó intrigada pero aceptó la mano de Amanda que la guió fuera del
auto y al lobby del hotel.
-Pero…
-Sebástian está con Roa, nos llamará si hay una emergencia.-se adelantó la pelinegra sabiendo lo
difícil que era para Ava dejar al bebé –Esta noche es nuestra para disfrutar.-se dejó llevar a la suite
presidencial sin quejarse por los excesos y mimos interminables porque Amanda tenía razón, se
merecían un descanso lejos de todo. El lugar era enorme, con balcón, jacuzzi y ventanales de cristal
que mostraban el río y la ciudad. La pelinegra la abrazó y se apoyó en su cuerpo, rodeada por la
protección de sus brazos.
-A veces creo que es un sueño.-dijo en voz baja –Y tengo que contener los sentimientos negativos
que me dicen que nada tan bueno dura para siempre. Te amo, tanto que por momentos no sé qué
hacer, como funcionar si un día no estás. Es maravilloso sentir y a la vez aterrador.
-Lo sé, sé de temores, sé de desear lo imposible y ahora se de amar. Nuestro futuro es juntas, lo
que venga lo enfrentaremos juntas y estaré siempre que me quieras.- para no ser buena con las
palabras, Amanda tenía la capacidad de derretirle hasta los huesos.
-Nunca, nunca quiero dejarte ir.- fue la declaración seguida de un beso lleno de esperanza, de deseo
y amor. Se deshizo de la chaqueta blanca y comenzó con los botones de la camisa de Amanda
cuando la detuvo agitada.
-Espera un minuto.- aclaró cuando vio su decepción –Tengo una sorpresa más.- de la mano la llevó a
los ventanales donde se reflejaba el río a oscuras transitado por algunos barcos.
-Amanda, ¿qué?
-Mira hacia allá.- le dijo y así lo hizo. Amanda marcó un número en su teléfono y lo dejó sonar un
par de veces. De pronto en medio de las aguas oscuras surgió un letrero de luces lo suficientemente
grande para iluminar todo el espacio. Ava se quedó sin aliento y sin palabras de la sorpresa. El
corazón latía con tanta fuerza que lo sentía en la garganta y le impedía hablar.
“Marry me.”
Pedían las letras enormes, insistentes y haciendo testigo a toda la ciudad. Cuando se giró buscando a
la pelinegra, la encontró de rodillas en su traje blanco y con una sonrisa.
-Se mi esposa, sin nada más entre nosotras que amor. Por ningún motivo excepto que quiero pasar
el resto de mis días contigo, tener una familia y ese final feliz que te prometí.- se puso de pie
acariciando su rostro –Y porque te amo, solo por eso.- agregó mirándola atenta, esperando, no
necesitaba presionarla y no quería hacerlo. Ava la amaba y de eso no tenía una sola duda. La
pelirroja inspiró profundo antes de hablar, hubiese gritado la respuesta desde que la encontró
arrodillada pero la sorpresa y las emociones se lo impidieron.
-Sí.- susurró tomando el rostro de Amanda entre sus manos –Sí, porque te amo, un futuro y una
familia solo lo quiero contigo.- respondió y esa vez nadie pudo detener el beso, la ropa volando y
que cayeran a la cama, piel con piel, piernas entrelazadas, olvidando el cartel, el barco y el mundo
por una noche.
………………………
Todavía se maravillaba como había llegado viva al final de todos esos meses. El anuncio de la boda
causó furor general en la familia, la prensa y medio país. La verdad es que no sabía que fuese tan
importante, pero lo fue y estaba viva y cuerda. Gracias a dios. Siete meses más tarde y una boda a
punto de comenzar. Primero la convencieron con el vestido, Valeria amenazó con quemarlo si se le
ocurría llevar un traje, Marcela y Andrea se unieron con Ava para todos los detalles y ella se justificó
en el trabajo cada vez que pudo, aunque a petición de la pelirroja por la ilusión que le hacía, fueron
juntas a escoger el cake. Para que mentir, lo disfrutó, en general, disfrutaba cualquier momento con
Ava y Sebástian que ya estaba enorme y hablador. En ese instante el niño reía sentado con su
abuela materna, en un tuxedo infantil muy gracioso. También la convencieron de hacer la caminata
del pasillo hacia el altar improvisado, porque no podía negarle a su padre ese sueño y la entregó a
Nath que funcionaba como padrino de su parte junto con Ontari y Lexa, del otro lado, Valeria,
Andrea y Clarke, las damas de Ava. Su padre desapareció nuevamente para acompañar a la pelirroja
en su entrada, empezó la música y a ella se le aflojaron las rodillas.
-Deja que sea tu turno de estar parada aquí.- le soltó con maldad y la Detective dejó de reír, Lexa se
unió a la burla.
De pronto las conversaciones cesaron y al final del pasillo improvisado en el jardín apareció Ava del
brazo de su padre. Estaba hermosa en su vestido blanco, con el cabello recogido y una sonrisa
radiante. Y ¡Dios!!Cómo la amaba! Quería salir corriendo sí, pero para llevársela en brazos y
devorarla porque era suya, el amor de su vida. Sus miradas se conectaron y no dejaron de sonreír,
perdidas en una burbuja hasta que su padre la entregó con un beso y estuvieron frente a frente,
manos entrelazadas. Habían pasado la noche separadas, propuesta de Valeria para seguir la
tradición antes del matrimonio y Amanda la maldijo infinitamente. Ni todas las plagas de la tradición
iban a impedir que Ava fuese su esposa. El sacerdote comenzó la ceremonia en algún punto, pero
estaban demasiado idas en las promesas de cada mirada, hasta que con ligeros toques, Nath y
Valeria las trajeron de vuelta a la realidad, lo justo para intercambiar anillos, los votos y jurar el
“hasta que la muerte nos separe” y un minuto después eran esposa y esposa.
-Ya puedes besarme.- le dijo Ava en voz baja y con una sonrisa cuando Amanda se le quedó mirando
embelesada. Se sentía increíble ser el objeto de tanta adoración, de tanto amor, cuando la miraba
como lo más valioso de su mundo. Como no tenía palabras, Amanda simplemente la besó con
intensidad y una delicadeza que casi le saca lágrimas.
Las personas se acercaron en una avalancha a felicitar, pero antes que nadie ambas besaron y
abrazaron a su hijo. Sebástian era tan cercano a Ava como Amanda y la idolatraba, con apenas 1
año y 5 meses la imitaba en cada cosa que hacía. La perseguía a todos lados, incluyendo cuando se
sentaba a revisar papeles en el despacho y el niño se instalaba a jugar en el corralito solo por estar
con ella. Recibieron las felicitaciones y Amanda se mantuvo en un silencio poco característico, que se
rompió cuando estaban bailando.
-Es real Amanda, no voy a desaparecer.-se abrazó a la pelinegra, que le correspondió con un ligero
temblor –Puedes creerlo, ¿que eres mi esposa?- una broma pero el tono era posesivo.
-Ava Daynes, queda perfecto.- dijo por primera vez y Ava rió.
-Nunca, tú eres mi mayor tesoro, mi esposa.- suspiró todavía maravillada –Mi esposa, tardaré un
poco en creerlo.
-No te preocupes, que para convencerte nos queda el para siempre. Yo tampoco puedo creerlo.-
confesó Ava –Pero estás aquí, eres perfecta y eres mía y no cambiaría nada.
-Recuerda, solo habitaciones a solas conmigo.-masculló la pelirroja fingiendo enojo, Amanda se echó
a reír atrayéndola aún más hasta que nada, excepto la ropa las separaba.
-Solo contigo.- esbozó una sonrisa sensual y llena de cosas prohibidas que estremeció a Ava junto
con el escalofrío placentero que la recorrió después con sus palabras –Aunque recuerdo bien que
disfrutas mucho…fuera de las habitaciones.-las memorias vívidas del jacuzzi en el balcón a
medianoche la sonrojaron –En ese para siempre, compartiremos muchas, pero muchas más…