Los Chamanes de México Volumen V - El Cerebro y Los Chamanes
Los Chamanes de México Volumen V - El Cerebro y Los Chamanes
VOLUMEN V
Jacobo Grinberg-Zylberbaum
Facultad de Psicología
U.N.A.M.
Instituto Nacional Para el Estudio de la Conciencia
I.N.P.E.C.
INTRODUCCIÓN
ANTECEDENTES
ELECTROFISIOLOGÍA DE LA COMUNICACIÓN HUMANA
ANÁLISIS MANUAL
PATRONES DE CORRELACIÓN INTERHEMISFÉRICA DURANTE
LA COMUNICACIÓN HUMANA ANÁLISIS AUTOMATIZADO
CORRELATIVOS PSICOFISIOLÓGICOS DE LA GRAVITACIÓN
LA TEORÍA SINTÉRGICA
VISIÓN EXTRAOCULAR
LA COMUNICACIÓN Y LAS FUNCIONES DE UNIFICACIÓN
LAS TÉCNICAS DE HIPERUNIFICACIÓN
LA COHERENCIA, EL HIPERCAMPO Y LOS ILOLES DE CHIAPAS
POTENCIALES PROVOCADOS EN ANIMALES DURANTE EL
APRENDIZAJE
AGRADECIMIENTOS
Los experimentos que se presentan en este trabajo y las ideas que los
motivaron, han sido el producto de colaboración con diferentes instituciones
y personas.
En particular, quisiera agradecer a la Facultad de Medicina de la UNAM, a la
Facultad de Psicología de la misma institución, a la Universidad Anáhuac, a
los Centros de Integración Juvenil, a la Secretaría de Educación Pública, al
New York Medical College, al Instituto Nacional Para el Estudio de la
Conciencia y al CONACYT.
Debo gratitud al Dr. Hector Brust Carmona, al Dr. Roberto Prado Alcalá, al
Dr. Juan José Sánchez Sosa, al Dr. Edwin Roy John y al Dr. Karl Pribram.
Especialmente quiero agradecer a mi maestro el Dr. Alberto Guevara Rojas
quien me ha enseñado a ser un mejor humano.
INTRODUCCIÓN
Este libro presenta un primer intento formal de integración de los resultados
obtenidos durante la investigación acerca de los chamanes de México.
En este primer intento se plantea la idea de que el cerebro humano es capaz
de funcionar en diferentes niveles de unificación consigo mismo y con el
medio que lo rodea. A medida que se incrementan los niveles de unificación,
aparecen funciones de complejidad creciente. La aparición de estas funciones
requiere de un desarrollo y un entrenamiento que solamente se consigue
manteniendo un estado de congruencia e impecabilidad. Se propone la idea
de que son los chamanes de México los que han logrado despertar la
activación de funciones complejas debido a su integridad y congruencia con
una serie de enseñanzas de las cuales son los principales herederos y
depositarios.
El libro está dividido en dos grandes secciones. La primera abarca hasta el
capítulo V inclusive y, presenta una serie de experimentos realizados en
condiciones estrictas de laboratorio demostrando que a medida que se
correlacionan mayor número de elementos neuronales, se activan funciones
complejas las que, para seguir manifestándose, requieren del sostén sintérgico
de la actividad de grandes poblaciones neuronales.
Además de otro, se hace un estudio de la función yoica y de la comunicación
humana como ejemplos de funciones complejas dependientes de procesos de
unificación de la actividad cerebral. Se menciona la existencia de la
comunicación directa como principal ejemplo de función compleja, la que
además caracteriza el funcionamiento de los chamanes auténticos.
La segunda parte del libro, después de proponer a la Teoría Sintérgica como
un cuerpo conceptual, se interna en el mundo chamánico presentando
manifestaciones de lo tratado en la primera parte, en la conducta y
cosmovisión de los hombres de conocimiento.
El lector que no esté interesado en los detalles de los experimentos que se
incluyen en los primeros capítulos puede obviar su lectura sin que esto
represente un obstáculo para entender el resto del libro.
Para el lector interesado, la lectura de los pormenores experimentales
enriquecerá su entendimiento de las postulaciones teóricas incluidas a lo
largo del texto.
Jacobo Grinberg-Zylberbaum
Capítulo I
ANTECEDENTES
INTRODUCCIÓN
Todo registro de la actividad electrofisiológica del cerebro es el resultado de
un conjunto de correlaciones entre la actividad de sus elementos neuronales.
A su vez, la actividad de uno de estos elementos neuronales o aún los
cambios de potencial de un axón, también resultan de la correlación sinergista
de la actividad de elementos más simples.
Bastarán algunos ejemplos para ilustrar las consideraciones anteriores.
Cuando con un microelectrodo, se registran los cambios de la magnitud de un
potencial de membrana, lo que realmente está detectando el instrumento de
registro es la suma de millones de movimientos iónicos; es decir, el producto
temporalmente correlacionado de multitud de procesos elementales. Cuando
por otro lado, un macroelectrodo, de dimensiones miles de veces superiores
al de cualquier neurona, es colocado sobre el cuero cabelludo para registrar la
actividad electroencefalográfica humana, lo que registramos es el producto
conjugado, y de nuevo temporalmente correlacionado, de una población
neuronal gigantesca.
Otro ejemplo de una actividad electrofisiológica que refleja la correlación del
funcionamiento de un gran número de elementos son los potenciales
provocados, Ya veremos más adelante como, con ellos, se puede demostrar,
además de la ley de correlación, otra muy importante que podría ser
enunciada de la siguiente forma”
“TODA ACTIVIDAD ELECTROFISIOLÓGICA SE ASOCIA CON
VARIABLES PSICOLÓGICAS, CUYA SUTILEZA Y COMPLEJIDAD
AUMENTAN CONFORME SE INCREMENTA LA POBLACIÓN
NEURONAL Y LA CANTIDAD DE CORRELACIONES ENTRE LOS
ELEMENTOS NEURONALES QUE LE DAN ORIGEN”.
Así, por ejemplo los componentes tardíos de los potenciales provocados, que
resultan de un número mayor de elementos neuronales correlacionados en el
tiempo, se asocian con procesos psicológicos más complejos que los primeros
componentes de los mismos potenciales provocados.
En las siguientes secciones de este capítulo presentaré alguna evidencia
experimental que apoya lo anterior.
Vale la pena recordar que un potencial provocado es una respuesta eléctrica
del cerebro ante un estímulo.
A) POTENCIALES PROVOCADOS EN EL CEREBRO DE
ANIMALES DURANTE EL APRENDIZAJE.
Este estudio cuyos detalles se encuentran incluidos en el Apéndice I fue
realizado con el objeto de estudiar las respuestas eléctricas del cerebro de
gatos durante un proceso complejo de aprendizaje. Cuando se presenta un
estímulo a un sujeto, su cerebro responde ante el mismo desarrollando un
potencial provocado, es decir, una respuesta eléctrica correlacionada a partir
de grandes poblaciones de neuronas.
Esta respuesta depende, en su magnitud y morfología de las características
físicas del estímulo y de la importancia que este tenga para el animal.
Así, un estímulo neutro como una luz que se asocia con la presentación de
comida, se convierte en un estímulo importante y significativo y ante él, el
cerebro del animal responde con potencial provocado de mayor magnitud que
ante un estímulo no asociado.
En este trabajo experimental, gatos fueron entrenados a responder en forma
específica ante la presentación de luces y sonidos que se asociaron con
comida, Al mismo tiempo que se entrenaban, la actividad eléctrica de sus
cerebros fue registrada en diferentes localizaciones de los mismos.
Los resultados del experimento demostraron que a medida que los animales
aprendían a asignarle significado a los estímulos, la morfología de los
potenciales provocados por ellos en diferentes zonas del cerebro se hacían
similares entre sí. Estos resultados demuestran que ante un aprendizaje
complejo el cerebro tiende a unificarse apoyando así la hipótesis que se
presentó al principio. En otras palabras, la unificación de la actividad cerebral
ante un estímulo, manifestada en la similitud de su respuesta ante el mismo
implica que una gran cantidad de neuronas se involucran en la codificación
de complejidad por lo que la complejidad se relaciona con el incremento del
número de elementos involucrados.
Estos resultados junto con los detalles de los procedimientos experimentales
utilizados están reproducidos en el Apéndice I para el lector interesado en
profundizar en este tema.
El lector que no tenga interés en los detalles experimentales puede seguir la
lectura del libro sin que esto represente problema alguno para su
entendimiento de las ideas expresadas en él.
B) POTENCIALES PROVOCADOS Y FORMACIÓN DE
CONCEPTOS[1]
El estudio anterior muestra que en una situación compleja, la actividad
cerebral incrementa su correlación manifiesta por un correspondiente
incremento en la similitud de la morfología de los potenciales provocados.
El experimento que presentaré a continuación demuestra indirectamente que
existe una relación positiva entre la complejidad de una función y el número
de elementos neuronales que intervienen en ella.
La morfología utilizada en este estudio fue el registro de potenciales
situaciones de distinta complejidad; la percepción geométrica de un estímulo
y la asignación de significado conceptual ante el mismo, o las llamadas
operaciones “exógenas” o “endógenas” del cerebro. Para comprender las
implicaciones de este experimento, es conveniente recordar que los
componentes de mayor latencia de los potenciales provocados implican (para
su aparición) la activación de mayor número de sinapsis y por ende de más
elementos neuronales, que los de menos latencia.
INTRODUCCIÓN
Es una experiencia común y familiar el que un mismo objeto pueda ser
percibido diferente dependiendo del humor, el estado de alerta y las
experiencias pasadas. Esta es la manera en que el mundo externo es percibido
por el cerebro y esto se logra cuando al menos un par de operaciones son
ejecutadas por él. Primero, a través de una transformación se construye una
representación interna compleja, pero fija, del universo externo y de los
objetos que forman parte de él. Segundo, es hecho un análisis de esta
representación. Este análisis implica la comparación de la información de
entrada con las memorias almacenadas, y la extracción de significado a partir
de la representación.
El cerebro tiene una gran capacidad para cambiar sus propias
representaciones de manera que podemos pensar, sin caer en una
exageración, que el mundo como lo percibimos es solo una descripción. Aún
los psicólogos experimentales saben que un cambio de experiencia o
disposición pueden tener efectos dramáticos sobre la manera en que un sujeto
percibe los objetos que lo rodean. Quizá el mejor ejemplo de esta plasticidad
sea el experimento hecho por Brauner y Minturn (1955) en el cual se mostró
que el mismo estímulo es identificado como “13” cuando el sujeto está
esperando números, y se vuelve “B” cuando espera letras. Desde un punto de
vista neurofisiológico, este hallazgo quiere decir que el cerebro tiene la
capacidad de cambiar sus propias señales de entrada independientemente de
las características físicas de los estímulos que las originan.
Donde, cuando y como ocurren estas operaciones cerebrales, es aún materia
de discusión entre neurofisiólogos contemporáneos. Algunos de ellos
sostienen que los cambios son iniciados y hasta ejecutados en las primeras
sinapsis de los sistemas aferentes (Hernandez Peón el al., 1957). Otros,
menos atrevidos pero más realistas, piensan que las operaciones se llevan a
cabo en niveles más centrales (Worden Y Marsh, 1963).
Desafortunadamente, una aproximación fenomenológica no puede iluminar y
satisfacer a estos dos estudiosos, porque sus cerebros occidentales, capaces
como son de cambiar sus señales de entrada, son completamente incapaces de
sentir su propia actividad.
Si no fuera por el desarrollo de técnicas electrofisiológicas, las cuales
permiten que un observador externo registre y mida las señales específicas
que son, en sí mismas, una manifestación más o menos directa de los
procesos de codificación del cerebro, preguntas similares a las planteadas
anteriormente permanecen sin contestación. En este sentido, la técnica de
promediación de potenciales provocados ha resultado ser una herramienta
excelente para la diferenciación de cambios sutiles en la codificación
cerebral, causados por diferencias en la configuración de los estímulos, la
historia de aprendizaje de un sujeto y hasta futuras expectancias (John, 1973).
Además se ha mostrado que algunos componentes de las morfologías de onda
de los potenciales provocados representan operaciones relacionadas
específicamente con los procesos de lectura de memoria (John et al., 1973),
mientras que otros son manifestaciones de la activación de entrada de
sistemas aferentes. Los procesos de lectura son, sin duda, operaciones
necesarias relacionadas con la asignación de significado a un estímulo. De
manera que, cuando un mismo estímulo es percibido con un significado
específico en cierta situación, pero completamente diferente en otra, puede
esperarse que sean excitadas diferentes memorias y que estas lecturas de
memoria pueden manifestarse como cambios en las morfologías de onda de
los potenciales provocados. Si estos cambios pudieran ser detectados, podrían
conocerse e identificarse las estructuras cerebrales relacionadas con la
extracción y el análisis del significado. Además sería posible saber el tiempo
exacto en que se lleven a cabo los cambios y podría lograrse un mejor
entendimiento de la secuencia de procesos cerebrales relacionados con el
tiempo, necesarios para identificar y asignar significado a un estímulo.
MÉTODO
Teniendo en cuenta las consideraciones anteriores, diseñamos un
experimento en el que fueron registrados potenciales provocados de ocho
sujetos humanos a los que se presentaba una línea vertical; en algunos casos
fue interpretada como el número “uno” y en otros como la letra “I”.
Usando el sistema internacional 10-20 de colocación de electrodos, fueron
colocados electrodos Grass en localizaciones central, parietal, temporal y
occipital y en la derivación frontal anterior derecha (sensor de movimientos
oculares). Después de este procedimiento, los sujetos (seis hombres y dos
mujeres, de cinco a 30 años de edad) se sentaban en una silla cómoda
localizada en un cuarto silente, en el que eran presentados estímulos de 30
mseg. de duración, entre intervalos de 400 mseg.
Primero era presentado un estímulo que era una línea vertical (número uno),
seguido por el número dos. Estos estímulos se repitieron 100 veces mientras
que un polígrafo Grass de 12 canales y una grabadora Mnemotron de 14
canales registraban los movimientos de los ojos y la actividad EEG. Después
de presentados estos números, se presentaba la misma línea vertical (ahora
interpretada como la letra I) seguida de la letra “K”, usando la misma
estimulación y aparatos de registro. Es importante enfatizar que el número
“uno” y la letra “I” era presentados usando exactamente el mismo estimulo
físico; una línea vertical. El hecho de que los sujetos interpretaran este
estímulo como un número o como una letra, se debió a las instrucciones
verbales que se les dieron y al contexto en el que aparecían. Las morfologías
de onda de los potenciales fueron promediadas usando una computadora
PDP-12 y se calculó la diferencia entre las ondas, la prueba “t” y los
coeficientes de correlación entre los potenciales provocados ante el número
“uno” y la letra “I”.
Se encontró que el 75% de los sujetos mostraban diferencias estadísticamente
significativas (al nivel p< 0.01) entre los potenciales provocados registrados
del lóbulo parietal (Pz, P4 y P3), 37% del lóbulo temporal (T4, T5 y T6) y
solo el 25% del lóbulo occipital. La diferencia más clara se encontró en el
lóbulo parietal en los componentes localizados entre 108 y 298 mseg. De
latencias (la mayoría alrededor de 168 mseg) de la morfología de onda de los
potenciales provocados (figura, 1.1).
Los coeficientes de correlación entre los potenciales provocados ante el
número “uno” y la letra “I” registrados entre las derivaciones Pz, T4 y 01,
tuvieron un valor promedio de 0.52, 0 0.43 y 0.83, respectivamente. Esto
quiere decir que los lóbulos parietal y temporal son más sensibles a cambios
en significado que el lóbulo occipital. Para descartar la posibilidad de que las
diferencias hubieran sido por las interacciones entre las dos letras y los dos
números, fue hecho un control en el que fueron presentados los números “1”
y “0” y las letras “I y “O”, usando en ambos casos los mismos estímulos
físicos. En este control, fueron obtenidos resultados similares; además, no
encontramos diferencias significativas relacionadas con la edad, sexo ni
movimiento de los ojos. Resultados similares fueron obtenidos cuando un
sujeto ensayaba sub vocalmente cada estímulo.
Si como lo indican nuestros resultados, los lóbulos parietal y temporal están
relacionados con el análisis del significado, puede esperarse entonces, que si
es extraído el mismo significado de dos estímulos físicos completamente
diferentes (por ejemplo una A versal y una a versalita), no surjan diferencias
en las morfologías de dos de los potenciales provocados en estas mismas
localizaciones de la corteza cerebral.
Figura 1.1 Ejemplos de potenciales provocados ante una línea vertical presentada en un contexto de
números (líneas 1 y 5) y dentro de un contexto de letras (líneas 2 y 6). Fueron obtenidas diferencias
claras y estadísticas en las derivaciones parietal y temporal, en los componentes de los potenciales
provocados localizados entre 150 y 200 mseg de latencia. Cada potencial provocado fue obtenido a
partir de 100 muestras. La diferencia entre las ondas y la prueba fue computada usando una máquina
PDP-12.
CONCLUSIONES
Sabemos que las características físicas de un objeto visual son decodificadas
con una latencia promedio de 50 mseg. A partir de la activación retiniana.
Este lapso de tiempo coincide con la latencia de los componentes tardíos o
secundarios de los potenciales provocados (Grinberg-Zylberbaum, 1980a;
1981).
De acuerdo con este estudio la asignación de significados (una operación
claramente más compleja que la percepción de formas) ocurre por lo menos,
100 mseg. más tarde. Es decir, involucra la activación de un número mucho
mayor de elementos neuronales. Este resultado experimental está de acuerdo
con la hipótesis presentada en el primer capítulo de este libro, a saber.
“TODA ACTIVIDAD ELECTROFISIOLÓGICA SE ASOCIA CON
VARIABLES PSICOLÓGICAS, CUYA SUTILEZA Y COMPLEJIDAD,
AUMENTAN CONFORME SE INCREMENTA LA POBLACIÓN
NEURONAL Y LA CANTIDAD DE CORRELACIONES ENTRE LOS
ELEMENTOS NEURONALES QUE LE DAN ORIGEN”.
C) RETROALIMENTACIÓN DE LA CORRELACIÓN
INTERHEMISFÉRICA[2]
En la sección anterior, se observó que los procesos que requieren de una
mayor cantidad de elementos neuronales, se asocian con funciones más
complejas que las que son capaces de activar menos elementos. Estos
resultados junto con los de la sección primera, indican que a medida que
aumenta la unificación y correlación de la actividad cerebral, se estimulan
funciones cada vez más complejas.
Un índice de unificación electrofisiológica, relacionada directamente con la
correlación de los elementos neuronales de la actividad fisiológica, se
observa en forma clara en los estudios de la coherencia cerebral. Una medida
de coherencia, es una medida de similitud entre patrones electrofisiológicos
registrados en diferentes porciones del sistema nervioso. Una alta coherencia
implica una alta similitud en la morfología de los patrones
electroencefalográficos promediados o analizados en una unidad de tiempo,
registrados en dos o más zonas, mientras que una baja coherencia implica lo
contrario.
Una medida de similitud parecida a la coherencia, es la correlación, la que
además de mostrar la semejanza de patrones electro fisiólogos registrados en
diferentes zonas cerebrales, muestra índices temporales de tal similitud.
En otras palabras, tanto la coherencia como la correlación indican la similitud
o diferencia entre la actividad eléctrica del cerebro, pero mientras que la
primera no toma en cuenta el tiempo, para la segunda el análisis temporal es
fundamental.
El experimento que se presenta a continuación, está dedicado al estudio de la
correlación inter y trans hemisférica en su relación con índices introspectivos
de la actividad psicológica de sujetos humanos.
La idea que motivó el experimento fue la de explorar cuáles correlativos
subjetivos podían hallarse relacionados con diferentes estados de correlación
de la actividad cerebral.
SUJETOS
Se estudiaron 11 sujetos adultos; 5 hombres y 6 mujeres de edades
comprendidas entre los 25 y 32 años.
REGISTROS
Se realizaron registros de la actividad EEG de los sujetos. Estos registros
fueron bipolares parieto-temporales (P3-T5 y P4T6); temporo-occipitales
(T5-01 y T6-02); y frontales.
MÉTODOS EXPERIMENTALES
Todos los experimentos fueron realizados en una cámara de Faraday
sonoamortiguada en donde los sujetos se sentaban mientras eran sometidos a
una técnica EEG de bioretroalimentación que consistía en lo siguiente:
Registros EEG bipolares en ambos hemisferios, derecho e izquierdo y de
porciones cerebrales anteriores y posteriores, eran visualmente presentados a
los sujetos en forma continúa utilizando un osciloscopio Techtronix de cuatro
canales, con memoria integrada. Después de un periodo de entrenamiento y
familiarización con las señales osciloscópicas los sujetos eran instruidos a
aumentar la similitud de los patrones electroencefalográficos presentados en
los cuatro canales, utilizando cualquier técnica interna escogida por ellos.
Cuando termina este periodo de entrenamiento aparecía una señal de ruido y
tres segundos después un barrido del osciloscopio.
La memoria osciloscópica fue usada para mantener “congelado” y visible este
patrón EEG. A los sujetos no se les permitía ver su patrón EEG hasta después
de reportadas sus experiencias internas asociadas con el momento en el que
se tomó la muestra EEG y más tarde se discutía y cuantificaba la relación
entre su actividad cerebral y su experiencia subjetiva. Esta cuantificación era
hecha por jueces independientes cuya tarea era medir la similitud entre los
patrones EEG construyendo una escala de correlación inter y
transhemisférica. En esta escala, el 4 significa identidad total, el 2 una
similitud media y el 0 ausencia total de similitud entre los patrones EEG.
Los once sujetos utilizaron esta técnica de correlación bioretroalimentada
durante un periodo de tres años que llevo para terminar el experimento. El
estudio duró tanto tiempo para concluir, debido a que los sujetos tuvieron que
ser entrenados antes de que la actual investigación de correlación comenzará.
Utilizamos tres técnicas diferentes de entrenamiento para mejorar la
sensibilidad de los sujetos, su capacidad discriminativa y para prepararlos a la
técnica de biorretroalimentación de correlación. El primer proceso de
entrenamiento consistió en la presentación visual (en un solo canal) de la
actividad EEG de los sujetos registrados por un par de electrodos localizados
en una derivación parieto-occipital. La tarea de los sujetos era identificar los
cambios de su experiencia subjetiva correlacionados con los cambios en el
patrón EEG. En las primeras presentaciones del patrón, era aparente la
carencia de sensibilidad interna y de discriminación de los sujetos en el
sentido de ser incapaces de notar cualquier cambio en su experiencia cuando
las morfologías EEG cambiaban. Los sujetos dijeron que poco a poco
aumentó su sensibilidad hasta que sintieron una sutil alteración subjetiva, que
comenzó a corresponder primero a grandes y después a menores cambios en
sus patrones EEG. Este aumento en la discriminación produjo un aumento
generalizado de sensibilidad y estados internos de capacidad discriminativa.
Cuando esta técnica de biorretroalimentación EEG era dominada, los sujetos
fueron entrenados en un segundo método de bioretroalimentación de
potenciales provocados. Aquí, registros occipitales, eran hechos
sincronizando el barrido osciloscópico con la aparición de un destello
reflejado en una pantalla blanca. Se les dijo a los sujetos que pusieran
atención al destello y a su experiencia interna durante su presentación.
Después, que observan las formas de los potenciales provocados por el
destello y finalmente que relacionarán la morfología de los potenciales
provocados con la cualidad y características de su experiencia interna.
Cuando los sujetos fueron capaces de identificar y correlacionar cambios en
los componentes de sus potenciales provocados con alteraciones de su
experiencia subjetiva, se introdujo una tercera técnica; en esta, los sujetos
eran instruidos para modificar uno o dos componentes de sus potenciales
provocados, utilizando cualquier medio de control que pudieran hallar,
excepto movimientos. Por último, a través de la modificación consciente y
voluntaria de su actividad cerebral, se les instruía en la técnica de
biorretroalimentación de su correlación interhemisférica descrita al principio.
RESULTADOS GENERALES
Antes de mencionar los resultados obtenidos con la técnica de correlación
interhemisférica, me gustaría mencionar algunas de las observaciones
derivadas del uso de las otras técnicas.
Primero, era claro que las características morfológicas del EEG estaba
relacionada con la cualidad de la experiencia subjetiva de nuestros sujetos.
Esta relación pudo ser más claramente apreciada en las esferas emotivas y
cognitivas. Por ejemplo, cuando un sujeto sentía un estado emocional “suave
y tierno”, la morfología de su trazado EEG era suave y sin cambios bruscos.
Cuando el sujeto se sentía ansioso, desorganizado e internamente caótico, su
trazo EEG también era desorganizado, irregular y caótico. En el mismo
sentido, cuando los procesos intelectuales de los sujetos eran claros y
organizados, su EEG también era claro y organizado.
Este isomorfismo era lateralizado; los procesos intelectuales tenían mejor
relación con la actividad EEG del lado dominante (hemisferio izquierdo) del
cerebro, mientras que las emociones se reflejaban en la actividad del
hemisferio derecho. Después de trabajar algunos meses con esta técnica,
algunos sujetos reportaron ser capaces de diferenciar su hemisferio izquierdo
del derecho en su experiencia interna y algunas veces tuvieron la impresión
de estar en un “lugar de unidad” desde el cual era posible la observación de
su actividad cerebral como si fueran testigos externos de ella. Cuando este
nivel de desarrollo era logrado, era claro que la relación entre la experiencia
subjetiva y EEG era isomórfica, únicamente mientras los sujetos estaban en el
proceso de aprendizaje.
Cuando terminaba el proceso y eran capaces de controlar con maestría su
actividad cerebral, aparecía una especie de independencia entre experiencia y
actividad cerebral. Esta independencia no carecía de sensibilidad como
cuando los sujetos fueron sometidos por primera vez a la técnica.
Las reacciones de nuestros sujetos, cuando fueron capaces de reconocer como
sus estados emocionales e intelectuales coincidían y estaban relacionados
con las características de su actividad EEG, eran deliciosas de compartir y
observar, constituyeron un incentivo motivacional muy poderoso para ambos,
los sujetos y el autor del experimento.
Durante la aplicación de la técnica de biorretroalimentación de potenciales
provocados, los sujetos reportaron diferentes experiencias relacionadas con la
aparición y modificación de la morfología de sus potenciales.
Desafortunadamente, las observaciones eran tan variables en su naturaleza
que nada puede decirse acerca de ellas, excepto una tendencia general de
sentir una sensación de desintegración del sentido de límites y diferencia
según los sujetos se fueron acercando a los primeros componentes de la
morfología de sus potenciales provocados.
En cambio esta tendencia se invertía cuando los sujetos focalizaban su
atención en los componentes de mayor latencia de sus potenciales
provocados. En este caso, los sujetos reportaban experiencias asociadas con
procesos conceptuales complejos y, en general, sus vivencias corresponden a
estados de mayor integración yoica.
RESULTADOS DE LA CORRELACIÓN
Se tomaron un total de 654 muestras de EEG en los cuales se logró
correlacionar la actividad cerebral con reportes verbales acerca de los estados
subjetivos.
El análisis de estas correlaciones que se presentaran a continuación, fue
realizado de la siguiente forma:
1) Se dividieron los índices de correlación inter y trans hemisférica en
cinco categorías:
0 - nula correlación
1 - baja correlación
2 - media correlación
3 - alta correlación
4 - máxima correlación
2) Para cada categoría, se revisaron los protocolos en los cuales se
anotaron los reportes verbales.
3) Lo reportes verbales se dividieron en cinco categorías de la
siguiente forma:
0 - reportes de dispersión, desequilibrio y ansiedad.
1 - ansiedad disminuida
2 - relativa calma y sensación de integración.
3 - calma, equilibrio y contacto con el yo.
4 - total equilibrio e integración yoica
Esta división otorgó importancia a los índices de emocionalidad y contacto
yoico, porque los estudios piloto indicaron que estados bajos de correlación
interhemisférica se asociaban con estados internos de desequilibrio, mientras
que altos niveles de correlación interhemisférica se presentan cuando un
sujeto logra estar en contacto con su yo en equilibrio, calma e integridad.
Por ello, y con el objeto de comprobar si las observaciones piloto eran
correctas, se incorporó este eje de interacción-dispersión a la cuantificación.
Del total de 654 muestras, se tomaron al azar, cien muestras de actividad
EEG con su correspondiente análisis cuantitativo de contenidos.
Estos datos se presentan en la tabla 1.
Los resultados indican que existe una gran relación entre la correlación EEG
y los reportes verbales, ya que en 61 de las 100 muestras escogidas al azar, la
diferencia de mediaciones fue nula y en 31 de las muestras restantes, la
diferencia solo fue de un dígito. Es decir en el 92% de los casos, a medida
que aumentaba la correlación EEG, los sujetos reportaban estar más
calmados, centrados, equilibrados y en integración yoica. En cambio, a
medida que disminuía la correlación, los sujetos reportaban estados de
dispersión.
Por tanto, la unificación de la actividad cerebral, manifestada por la similitud
de la actividad EEG, está relacionada con estados de unificación interna,
equilibrio y paz.
Se hicieron algunas observaciones cualitativas generales, entre las que
destaca la relación de la correlación de la actividad del lóbulo frontal con
estados de mayor abstracción.
Otra observación interesante es la aparición de imágenes y contenidos de
pensamiento cuando la correlación disminuía y se activaban ondas rápidas
beta en el registro.
Para todos los sujetos cuando la correlación llegaba a ser máxima (4) se
reportaban estados de satisfacción interior intensa, paz y éxtasis, mientras que
cuando la correlación era nula (0) los sujetos reportaron estados de
dispersión, angustia y miedo junto con sensaciones de ausencia del centro
integrador; es decir, sensaciones de desintegración yoica. Dos ejemplos de
registros de correlación se presentan a continuación (figuras 1.3 y 1.4)
CONCLUSIONES
Este estudio indica que a medida que se incrementa la unificación de la
actividad cerebral se activan las funciones de mayor jerarquía del sistema, es
decir, aquellas que están asociadas con la integración yoica. Esto apoya la
hipótesis de que existe una relación directa entre la activación de procesos de
unificación y puesta en marcha de funciones complejas.
Estudios recientes de otros laboratorios están de acuerdo con lo anterior. Por
ejemplo, O’Connor y Shaw (1978) mostraron la existencia de una relación
entre los niveles de la coherencia interhemisférica en sujetos adultos y las
funciones de Witkin de dependencia-interdependencia del campo. Por otro
lado, Orme-Johnson y Haynes (1981) han encontrado una relación entre
estados meditativos y niveles de coherencia.
Por otro lado, resulta sumamente interesante haber obtenido claras muestras
de un isomorfismo entre la morfología de la actividad cerebral y las
características psicológicas sutiles de los estados subjetivos de los sujetos.
Puesto que este no es el tema de este libro, no se profundizará más en este
punto, pero se sugiere realizar más estudios acerca del mismo.
Capítulo II
ELECTROFISIOLOGÍA DE
LA COMUNICACIÓN
HUMANA ANÁLISIS
MANUAL
INTRODUCCIÓN
Hemos visto que existe una relación entre los niveles de complejidad de las
funciones psicofisiológicas y la unificación y la cantidad de elementos
neuronales activados.
Puesto que la comunicación humana es uno de los procesos de mayor
complejidad, se puede pensar que sus correlativos fisiológicos podrían estar
relacionados con algún índice de unificación de la actividad cerebral,
específicamente con la coherencia y la correlación interhemisférica. Que esto
es así, se deduce de los resultados de los siguientes experimentos.
EXPERIMENTO I
El experimento I fue realizado con pares de sujetos que se encontraban en
comunicación terapéutica; esto es, un analista y un paciente voluntario.
Escogimos este tipo de comunicación, ya que por la experiencia del analista,
pudimos establecer los criterios para calificar la comunicación, que serán
explicados más adelante.
Las sesiones se realizaron en cuartos semi silentes y en la cámara de Gesell;
con cada sujeto se realizaron seis sesiones consecutivas, en cada una de las
cuáles se tomó registro de cuatro derivaciones EEG por sujeto. De esta
manera al concluir el estudio de cada sujeto, teníamos un esquema completo
de las 20 zonas cerebrales de acuerdo al sistema 10-20 internacional. El
registro que fue monopolar se realizó utilizando un equipo ALVAR.
Simultáneamente fueron grabadas las sesiones con un equipo de videotape
Sony, para conservar la imagen y sonido de los sujetos durante el proceso de
comunicación.
Las grabaciones fueron analizadas posteriormente por el analista,
cuantificando el nivel de comunicación en una escala que iba de cero a diez;
siendo cero una ausencia de comunicación y diez una comunicación directa.
Los criterios para establecer esta calificación fueron: análisis de postura, de
relajación-tensión, de movimientos corporales y de verbalizaciones.
Con las calificaciones resultantes de este análisis se construyeron gráficas
cuantificando el nivel de comunicación en cada uno de los puntos analizados
que fueron elegidos al “azar”, procurando un intervalo aproximadamente
constante entre ellos. Por otra parte, en los mismos puntos del espacio
temporal que el análisis de video, se hizo el análisis de los registros EEG.
Ambos estudios se hicieron de manera independiente y a ciegas, o sea que el
analizador de los niveles de comunicación nunca conoció los resultados del
evaluador del EEG y viceversa.
En el análisis del EEG se correlacionaron pares de registros de sendas
derivaciones de acuerdo a su morfología y frecuencia. Cada punto de análisis
se estudió y comparó en cuanto a estos parámetros, teniendo la primera un
valor de 60% y la segunda uno de 40% que sumadas daban el valor de
coherencia total en una escala de 0 a 100 (los detalles del análisis se pueden
ver en el experimento 3), el cero implicando la ausencia total de similitud
entre los patrones y el cien una similitud total. Al igual que con el video, se
construyeron gráficas de los estados del EEG y finalmente se confrontaron
ambos grupos de datos.
En el experimento I, se intentó dar respuesta a tres preguntas:
Gráfica 1. Muestra la relación hallada entre el nivel de comunicación y la coherencia de las zonas T
izquierdos de un paciente y el terapeuta, en 7 diferentes puntos del registro. La correlación estadística
fue de r= +0.58. Esto indica que a medida que aumentaban los niveles de comunicación, los patrones
EEG en esta zona se hacían más similares, y diferían a medida que la comunicación bajaba. El eje
vertical X0.1.
Gráfica II. Presenta la correlación que se halló entre el nivel de comunicación y la coherencia de las
zonas centrales de un sujeto en 14 puntos del registro, siendo esto de r= -0.40. Esto significa que a
medida que aumentaba la coherencia cerebral del sujeto en estas zonas, disminuía el nivel de
comunicación y viceversa. El fenómeno fue altamente repetitivo. El eje vertical X0.1 en esta y en las
figuras B-3, B-4, B-5 Y B-6.
Gráfica III. Muestra el efecto contrario del que se encontró en la gráfica B-2. En la misma sesión y
analizando los mismos 14 puntos, la correlación estadística fue de r= +0.34. Significa esto, que
conforme aumentaba la coherencia cerebral de este sujeto en estas zonas, la comunicación aumentaba y
viceversa.
Gráfica IV. Está constituida por los 14 puntos que muestran la coherencia cerebral de cada uno de los
sujetos de las gráficas B-2 y B-3. La correlación estadística fue de r= -0.44 y esto implica que a medida
que aumentaba la coherencia cerebral en las zonas centrales de un sujeto, disminuía la coherencia en las
mismas zonas del segundo sujeto y viceversa.
EXPERIMENTO II
Este experimento tuvo un agregado importante, que fue la inclusión de una
tercera persona en el sistema de comunicación, comenzando así la etapa en la
que se estudió la comunicación en grupo. A continuación se expondrán
preliminares.
Partiendo de los hallazgos mencionados anteriormente, decidimos que para
eliminar algunas de las variables no controladas, sería importante que los tres
individuos estuvieran realizando el mismo tipo de actividad; de esta manera
seria más fácil detectar los cambios reales que se producían en la actividad
individual y la influencia que estos cambios ejercían sobre la actividad de los
demás.
Se registraron dos derivaciones bipolares en el lóbulo frontal de cada uno de
los sujetos en el momento en que se encontraban en una cámara semisilente.
Las instrucciones que se les dieron a estos fueron la de concentrarse con los
ojos cerrados en el entrecejo, dado que esto proporciona una sensación física
muy característica y fácilmente discriminable que consiste en un cosquilleo
acompañado de una ligera compresión en la zona, que aparece y desaparece
súbitamente.
En adelante nos referiremos a este fenómeno como “activación”. Cada uno de
los sujetos poseía un interruptor por medio del cual daba aviso al
experimentador en el momento en el que percibía estas sensaciones, así como
en el momento en que dejaba de tenerlas (activación y desactivación).
De esta manera, se pudieron analizar los datos obtenidos del EEG bajo tres
modalidades.
Por un lado se comparó la actividad EEG presentada por cada sujeto con la
de cada uno de los demás en las tres modalidades, y por el otro se buscaron
las variaciones específicas que pudieron presentar cada uno de ellos a lo largo
de la sesión para verificar posteriormente si estas variaciones correspondían a
cambios de modalidad.
El número de puntos analizados en cada una de estas situaciones particulares
se decidió procurando una similitud en cuanto a tiempo de duración de cada
estado.
El análisis arrojó los siguientes datos:
Figura 2.3. Muestra como un sujeto presenta un nivel relativamente bajo de coherencia, cuando no está
activado.
EXPERIMENTO III
Con el objeto de replicar y ampliar los trabajos anteriores, se llevó a cabo este
tercer estudio, que trató de encontrar relaciones entre patrones
electroencefalográficos y lo que hemos denominado “comunicación directa”.
Específicamente, se intentó que los sujetos probaran establecer relación con
sus compañeros, echando mano exclusivamente de contenidos subjetivos (se
procuró que las personas estudiadas estuvieran inmóviles, pero en una
situación de completa libertad para expresarse, sin reprimir ningún sentido
interno), al mismo tiempo que se realizaba un registro electroencefalográfico
(EEG) de varias zonas del cráneo, de dos o más personas.
PROCEDIMIENTO
En una campana de Faraday, dentro de una cámara silente, se sentaban
cómodamente de 2 a 4 sujetos bajo las siguientes condiciones: 1) oscuridad
casi completa, que solo dejaba ver contornos, sin poder apreciar detalles; 2)
sentados inmóviles a una distancia aproximada de 20 cm. Sin tocarse; 3)
generalmente ojos cerrados; 4) tratar de atender a su experiencia interna; 5)
intentar mantener lo más libre el pensamiento, sin reprimir ninguna
experiencia, y 6) procurar comunicarse, utilizando únicamente material
subjetivo, como puede ser por ejemplo: evocar imágenes, recordar eventos,
mantenerse en un estado apropiado para la recepción y emisión de mensajes.
Cada uno de los sujetos estaba alambrado con electrodos en la corteza frontal
(alrededor de F7, F3, F4, y F8), y en algunas ocasiones también en corteza
temporal (alrededor de T3, T5, T4, y T6), siendo el registro bipolar. Los
electrodos se conectaban con un sistema de amplificación y registro
(polígrafo Beckman de 8 canales), de modo que la actividad EEG de las
personas estudiadas eran registradas en papel polígrafo por un cierto periodo
de tiempo, generalmente de dos minutos (ensayo), en el que los participantes
trataban de no repetir ningún contenido subjetivo, al mismo tiempo que
ensayaban comunicarse. Posterior a esto, los sujetos reportaban verbalmente
que experiencias subjetivas recordaban, las cuales eran grabadas y escritas.
La eficiencia de este intento de comunicación, se cuantificaba comparando el
reporte verbal de los sujetos, en cuanto a semejanza o relación de su
contenido, de tal forma que si el reporte verbal de dos personas coincidían en
uno o más elementos, se consideraba a este como de nivel alto de
comunicación; por el contrario, si no había semejanza de elementos y cada
uno de los reportes difería en el tema, se le calificaba como de baja
comunicación. Se construyó una escala de 0 a 3, en la cual el cero significaba
completa ausencia de relación y el tres, comunicación directa.
Con el objeto de hacer más confiable esta apreciación, la evaluación de la
escala se llevó a cabo independientemente y a ciegas por dos investigadores,
comparándose posteriormente estas calificaciones.
Las dos apreciaciones tuvieron una correlación estadística de: r= +0.89,
siendo estadísticamente significativa con una probabilidad asociada de
ocurrencia por azar menor a 0.05. (ver tabla 2).
Más adelante tomando en cuenta esta cuantificación, se comparó esta con el
análisis de la actividad EEG de los sujetos (ver más adelante), haciéndose
esta confrontación “a ciegas”, es decir, se compararon las calificaciones del
análisis EEG sin conocer previamente las del reporte verbal.
Se calificaba un segundo de actividad EEG de cada una de las derivaciones,
denominándose esta zona estudiada, “punto”. Cada ensayo se examinaba en
cinco puntos, consintiendo una sesión generalmente de cinco ensayos. El
análisis se realizó “a mano” (sin la ayuda de instrumentos) por no existir
equipo capaz, hasta la fecha, de llevar a cabo una comparación de tal
naturaleza.
Cada punto de análisis se estudió y comparó con los puntos del resto de las
derivaciones en cuanto a tres parámetros: 1) morfología; 2) frecuencia; 3)
fase; cada uno con un valor diferente, 1) 50%, 2) 30% y 3) 20%, que sumadas
daban el valor de la coherencia total en una escala de 0 a 100. El último
parámetro (fase) se introdujo en este tercer experimento con objeto de
proporcionar una nueva referencia que ayudará a hacer más fiel el análisis de
coherencia efectuado.
Esta tabla muestra las apreciaciones de dos observadores sobre la similitud de los reportes verbales (en
una escala de 0 a 3). La correlación estadística de las apreciaciones fue de: r= +0.89, siendo
estadísticamente significativa con una probabilidad asociada de ocurrencia por azar menor a 0.05.
RESULTADOS
Si comparamos la Tabla 2 con la Tabla 3, nos podemos dar cuenta de que los
reportes verbales que comparten calificaciones altas de los dos observadores,
generalmente coinciden (5 a 7) con gráficas en las que existe una correlación
alta, de por lo menos un par de coherencias. La Tabla 4 muestra las sesiones
en que esta relación fue más marcada. Presentamos a continuación dos
reportes verbales interesantes (uno muy relacionado y el otro no), con su
respectiva relación estadística (ver gráficas VII y VIII). El 16 de julio de
1979 dos sujetos alambrados en corteza frontal derecha e izquierda,
reportaron verbalmente lo siguiente: Sujeto 1. Primero, imagen de un trofeo
con unas manos hacia arriba; pensando en imágenes; al último “metiéndose”
a la meditación.
Sujeto 2. Se dejó ir; imagen de un trofeo deportivo de oro; muchas imágenes;
vio al sujeto tal y como está sentado; después imagen de la Patagonia y trofeo
de oro. La correlación estadística de los niveles de coherencia
interhemisférica de ambos sujetos fue de: r = +0.96 siendo estadísticamente
significativa con una probabilidad asociada de ocurrencia por azar menor de
0.05.
Esta tabla muestra comparativamente las apreciaciones tanto de los reportes verbales como de las
graficaciones.
CONCLUSIONES
En conclusión y de acuerdo con los resultados que se expresan antes, se
podría afirmar que la comunicación se hacía más efectiva entre los sujetos,
conforme más coincidía el nivel de su coherencia inter y/o interhemisférica,
independientemente de si fuera esta alta o baja.
Lo anterior está de acuerdo con la hipótesis inicial que señala una relación
estrecha entre procesos complejos o funciones de un alto grado de evolución
y la unificación de la actividad electrofisiológica del cerebro.
La comunicación humana en cualquiera de sus niveles, es una de las
funciones más complejas y reciente en la evolución de los organismos. El
hecho de que su correlativo electrofisiológico sea precisamente la coherencia
interhemisférica, indica que se asocia con procesos de unificación de la
mayor complejidad. Puesto que ya vimos antes, que la coherencia y la
correlación interhemisférica son la sustentación fisiológica de las
experiencias del yo y la función yoica es de las más complejas existentes, la
relación entre procesos de unificación y la complejidad funcional quedan
demostradas experimentalmente.
Capítulo III
PATRONES DE
CORRELACIÓN
INTERHEMISFÉRICA
DURANTE LA
COMUNICACIÓN
HUMANA ANÁLISIS
AUTOMATIZADO
INTRODUCCIÓN[4]
Hemos visto antes, que existe una relación entre la complejidad de una
función y el número y correlación de elementos neuronales que le dan origen.
Un ejemplo de esta relación se mostró en el capítulo anterior, en el cual se
describió una medida electrofisiológica (la coherencia interhemisférica)
asociada con el proceso complejo de la comunicación humana.
Cuando tuvimos la oportunidad de utilizar una computadora PDP 11-40
instalada en la Facultad de psicología, nos propusimos automatizar el cálculo
de la correlación interhemisférica, desarrollando un programa que permitió
por primera vez, graficar una serie de correlaciones interhemisféricas en
forma de patrones, y así volvimos a poner a prueba experimental la hipótesis
original con un método más estricto y confiable que el utilizado
anteriormente.
En este capítulo se presentan los resultados obtenidos durante los últimos
años, utilizando este cálculo de patrones de correlación interhemisférica.
MÉTODO
Sujetos adultos eran invitados a sentarse cómodamente en el interior de una
cámara de Faraday sonoamortiguada. Los sujetos eran instruidos a
permanecer tranquilos, en condiciones de oscuridad casi total, con los ojos
cerrados, sin proferir palabra alguna y estando separados uno del otro por
una distancia de aproximadamente 50 cm. En esta situación era
registrada la actividad electroencefalográfica del hemisferio derecho e
izquierdo de cada sujeto, en derivaciones bipolares fronto-occipitales. En
algunos sujetos también se utilizaron registros monopolares. La actividad
electroencefalográfica era amplificada utilizando un polígrafo Beckman con
filtros entre 3 a 45 hertz. La actividad electroencefalográfica, era captada en
una grabadora instrumental de FM y después transformada a dígitos mediante
un convertidor analógico digital y sometida a un análisis, utilizando una
computadora PDP 11-40. La mayor parte de los experimentos se realizaron
con parejas de sujetos; un total de 13 parejas han sido investigadas hasta la
fecha, además se han realizado estudios en cuatro tríos de sujetos.
La actividad encefalográfica de cada hemisferio, de cada sujeto era
digitalizada con un muestreo de 1 dato cada 4 milisegundos. Cada 64 datos
(256 mseg.) se realizaba un análisis de correlación utilizando el algoritmo
Producto-Momento de Pearson. Aproximadamente 320 correlaciones eran
analizadas cada 82 seg. de actividad electroencefalográfica. Estas
correlaciones fueron graficadas de tal forma, que se pudieran obtener
patrones de correlación interhemisférica de cada uno de los sujetos, durante
cada una de todas las sesiones, que en promedio duraban aproximadamente
15 minutos. Los sujetos eran interrogados para conocer las experiencias
subjetivas que habían tenido durante la sesión de comunicación. Se tomaron
10 muestras para cada condición experimental.
Se utilizó un esquema A-B-A’, para realizar algunos de los experimentos. En
el periodo A era registrada la actividad de cada uno de los sujetos en forma
independiente. Las gráficas de correlación interhemisférica así obtenidas se
denominaron gráficas correspondientes a una situación de control inicial.
Después de este periodo A de control inicial, los sujetos eran instruidos para
comunicarse dentro de la cámara de Faraday, y durante 15 min. en las
condiciones antes relatadas, se realizaban las grabaciones de la actividad
electroencefalográfica. A este periodo se le denominó periodo B, o período
experimental de comunicación en parejas. Este periodo de 15 minutos era
seguido inmediatamente después por un periodo A’ de control final, en el que
se volvía a registrar la actividad electroencefalográfica pero con los sujetos
aislados y sin comunicación. La instrucción durante el periodo B de
comunicación fue verbal y consistió en solicitarle a los sujetos que sintieran
su presencia mutua mientras permanecían en silencio y dejando fluir sus
pensamientos. Se aseguraba que los sujetos entendieran las instrucciones
anteriores, a través de un interrogatorio anterior y posterior a la sesión. El
interrogatorio posterior, además, permitía conocer el grado de éxito obtenido
durante la comunicación directa.
En algunos experimentos se instruyó a los sujetos para presionar un
interruptor cada vez que lograban sentir la presencia de su compañero. Los
interruptores estaban conectados con un generador de pulsos cuadrados, los
que eran grabados en cintas magnéticas simultáneamente con los registros de
la actividad EEG. El registro de los pulsos se utilizó para realizar
comparaciones con la actividad EEG y como medida objetiva de la
comunicación.
En ocasiones se realizaron registros en más de dos sujetos, estos registros se
denominaron registros de comunicación interhemisférica individuales, se
realizaron estudios que denominamos de concordancia electroencefalográfica
intersujetos. En estos estudios, lo que se hacía era: utilizando la misma
metodología A-B-A’ que en los estudios de correlación interhemisférica, la
actividad del hemisferio derecho de un sujeto era correlacionada con la
actividad del hemisferio derecho de otro sujeto, de la misma forma la
actividad del hemisferio izquierdo de un sujeto era correlacionada con la
actividad del hemisferio izquierdo de otro sujeto. De esta forma se obtuvieron
correlaciones entre la actividad electroencefalográfica de pares de sujetos.
Estas correlaciones tienen una densidad similar a las relaciones
interhemisféricas individuales, esto es aproximadamente 320 correlaciones
cada 82 segundos.
RESULTADOS
En la figura número 3.1, se observaron dos patrones de correlación
interhemisférica de dos sujetos en una sesión, durante la cual esta
comunicación se calificó como intensa y profundamente empática. En la
figura se observa además de los patrones de coherencia interhemisférica
individuales, la señalización que cada uno de los sujetos hacia. Utilizando un
interruptor, de los períodos en que se sentía en comunicación directa con su
compañero. Se observó que durante los 82 segundos que están registrados en
la figura, existen una gran cantidad de señales enviadas por los sujetos. Esto
indica que la comunicación era directa y al mismo tiempo se observa una
gran similitud en la morfología de los patrones individuales de la correlación
interhemisférica. Lo anterior muestra que durante la comunicación directa,
los patrones de correlación interhemisférica de cada sujeto se parece entre sí.
En la parte inferior de la figura se observan, mediante barras, los valores de
las medidas y las desviaciones estándar de las correlaciones al inicio (muestra
1) a la mitad (muestra 2) y al final de la sesión.
Con el objeto de analizar la dinámica y la evolución de esta similitud,
realizamos el siguiente experimento, que está ilustrado
Figura 3.1
En la figura 3.3. Aquí dos sujetos que nunca antes habían estado en
comunicación, son invitados a penetrar en la cámara de Faraday y se inicia el
registro de la actividad electroencefalográfica, mientras permanece con los
ojos cerrados, en silencio, sin tocarse y sin verbalizar. La sesión de registro se
dividió en 6 periodos de análisis que están mostrados en la figura, desde el
periodo 1 hasta el 6. En el periodo 1, se inicia la sesión. Uno de los sujetos la
inicia con un nivel de correlación interhemisférica muy alto, mientras que el
otro sujeto, muestra un patrón de correlación oscilante alrededor del valor
cero. A medida que continúa la sesión los dos patrones se vuelven cada vez
más similares entre sí, hasta que al final, en el periodo 6, los patrones son
prácticamente indistinguibles.
El resultado anterior rindió, que a medida que dos sujetos están en
comunicación directa, sus patrones de correlaciones interhemisféricas
individuales sufren una modificación que los hace volverse parecidos entre sí.
El análisis estadístico de los promedios de correlación de los sujetos, está
mostrando en la figura 3.3 Aquí se observan mediante barras, los promedios
de correlación durante los 6 periodos de análisis de la sesión y sus respectivas
desviaciones estándar. Se observa con claridad que a medida que transcurre la
sesión, los promedios de correlación interhemisférica individual se parecen
cada vez más entre sí y en el último periodo inclusive hay una superposición
de las desviaciones estándar, lo cual indica que no existen, al final de la
sesión, diferencias estadísticamente significativas entre las correlaciones
interhemisféricas individuales.
Figura 3.3. Una sesión de comunicación entre dos sujetos, fue dividida en 6 sesiones para fines de
comparación. Se muestran los patrones de correlación interhemisférica de dos sujetos durante los 6
periodos. Los sujetos no habían tenido sesión alguna de comunicación antes del periodo 1. En este se
observa una gran diferencia en los patrones de correlación conforme la sesión avanza hasta que, a su
término, los dos patrones son prácticamente indistinguibles entre sí.
Muestra mediante barras los promedios de correlaciones interhemisféricas y sus correspondientes
desviaciones estándar durante los 6 periodos de comunicación. Se observa que, a medida que transcurre
la sesión, aumenta la similitud en los promedios de correlación hasta que en la sesión 6 existe inclusive
una superposición de desviaciones estándar.
En el 70% de los casos los jueces consideraron que los pares de patrones
registrados simultáneamente en el mismo experimento, eran más similares
entre sí, que el resto de los pares.
Con el objeto de explorar si la modificación de los patrones de correlación,
durante la comunicación directa, tiene un sentido de incremento en la
correlación individual o de decremento durante el proceso, se realizó el
siguiente experimento: Se obtuvieron los patrones de correlación individual
de sujetos, durante una situación de control inicial y después estos sujetos se
colocaron en la situación de comunicación directa y se volvieron a registrar
sus patones. Se escogieron parejas de sujetos que difirieron notablemente en
los valores de correlación promedio, obtenidos en la situación de control
inicial y uno de estos casos se observa en la figura 3.5. En esta figura se
observan cuatro patrones de correlación interhemisférica individual en dos
sujetos, el sujeto X y el sujeto Y. En la situación control, que es la primera y
tercer línea, se observa que el patrón del sujeto Y, era relativamente bajo
oscilando alrededor de cero.
Figura 3.5.
CORRELATIVOS
PSICOFISIOLÓGICOS DE
LA GRAVITACIÓN
RESULTADOS
En general, los sujetos reportaron una gran dificultad en mantener el sonido y
aun en correlacionar sus experiencias con la aparición del mismo. Todos
acordaron que aquello que ocurría en términos de experiencia consciente, era
muy difícil de conocer. Esto es admirable porque al menos 2 de los sujetos
eran meditadores y uno de ellos tenía al menos 3 años de práctica del Yoga y
de la meditación. Así pues, el primer resultado fue que sea lo que fuere que
causaba un cambio de peso, eran (en términos de experiencia consciente)
muy difícil de asir o determinar. Al menos la mitad de los sujetos reportaron
que sintieron algo, pero que era imposible de verbalizar. El carácter inefable
de la experiencia se ejemplifica en la siguiente reporte de uno de los sujetos:
Sentí una sensación de transparencia y de paz, y el sonido apareció
cuando trataba de hacer algo que me es imposible decir que era.
O este otro:
Tuve muchas imágenes, y de repente encontré un punto en común
para ellas, con más precisión, lo que estaba detrás de ellas en
términos de explicaciones, el sonido apareció en ese momento.
Este último reporte es extremadamente importante porque establece que el
cambio actual en el peso estaba relacionado con la extracción de una
abstracción, o al menos la cognición de una conceptualización. Con
frecuencia, los sujetos decían que el sonido se presentaba cuando sentían un
orden y una paz internos, o cuando sentían que eran capaces de trascender la
situación experimental y el sentimiento de estar dentro de una cámara silente.
Es imposible explicar la falta de control voluntario de tal experiencia, debido
al número limitado de sesiones realizadas hasta ahora. No obstante, hubo un
aumento claro en el número de sonidos, que al menos uno de los sujetos fue
capaz de activar a medida que era expuesto a la técnica. Esto puede verse en
la figura 4.2.
Así existe una indicación de que cambios gravitacionales pueden
incrementarse por medio del aprendizaje de esta técnica, aun cuando los
sujetos no sean capaces de verbalizar el programa actual que utilizaron.
En la tabla 4.1 se muestra a media de todas las medidas de las 29 sesiones.
Puede verse que el resultado más sobresaliente del experimento, es aquel
relacionado con un aumento en la coherencia, cada vez que se detectaba un
cambio en el peso. De hecho, de 28 sesiones, 24 muestran un aumento en la
coherencia cerebral. En la figura 4.3 algunos ejemplos de registros en los que
aparece este aumento son mostrados.
Otro resultado interesante es que la frecuencia del transductor era más similar
a la frecuencia de la actividad EEG del lóbulo frontal derecho.
Los resultados se sometieron a un análisis estadístico, encontrado que su
probabilidad de ocurrencia por azar es menor al 0.0001.
DISCUSIÓN Y CONCLUSIONES
Un aumento en la coherencia de la actividad EEG de los lóbulos frontales de
sujetos humanos, es correlativo en cambios en la salida de un transductor
localizado a 100 cms. de la cabeza del sujeto y completamente aislado a él.
No existe forma de entender cómo un cerebro pudo cambiar la actividad del
transductor sino diciendo que “algo” emergió del cerebro. Este algo fue capaz
de pasar a través de la jaula metálica de una cámara aislada de Faraday y de
dos paredes de madera hasta que alcanzó al transductor y a la pesa
suspendida del mismo.
Figura 4.3. En los periodos B se nota un incremento tanto de la coherencia cerebral como de la
actividad del transductor comparados con los periodos A.
LA TEORÍA SINTÉRGICA
Un cuerpo conceptual acorde con todos los datos experimentales descritos en
capítulos anteriores y congruente con las observaciones obtenidas en el
estudio de los Chamanes de México, es la Teoría Sintérgica. Esta se presenta
en este capítulo como un intento de ofrecer una integración teórica.
LA EXPERIENCIA
EL CEREBRO HUMANO
Dotado de doce mil millones de neuronas y de un número prácticamente
infinito de posibilidades de interacción entre ellas, el cerebro humano afecta
la red del espacio con un repertorio de posibilidades que sobrepasa el de
cualquier otro cuerpo conocido en el Universo.
La realidad es el resultado de la acción del cerebro en el campo cuántico. Lo
que denominamos objetos visibles, es precisamente el producto del conjunto
de distorsiones sobre la red, que las configuraciones energéticas del cerebro
provocan en el campo cuántico.
Existe una única ‘sopa energética’ de la que formamos parte junto con todos
los seres y objetos del Universo. Somos un solo Ser en múltiples
manifestaciones y participamos de un mismo proceso de creación de
realidades. Nuestra experiencia es el producto de nuestra interacción
alterando en forma específica el campo cuántico a través de la activación de
todos nuestros elementos energéticos. Esta última activación se denomina
‘campo neuronal’.
De acuerdo a la Teoría Sintérgica, la experiencia aparece como resultado de
la interacción entre el campo neuronal y el campo cuántico. Al crear la
experiencia, imponemos sobre la red del espacio-tiempo nuestra estructura
cerebral su actividad dinámica y unificadora; el campo neuronal. Por tanto, lo
que llamamos ‘realidad’ es la proyección de nuestra propia naturaleza. En
otros términos, el mundo visual que parece rodearnos no es externo a
nosotros sino parte nuestra. En ese sentido, todos vivimos inmersos dentro de
una sola mente y un solo Ser. De la misma manera, lo que percibimos
visualmente está localizado al final de un largo proceso que, como veremos
más adelante, dura por lo menos cincuenta milisegundos en ser completado
(Grinberg-Zylberbaum, 1979). Nosotros no percibimos los objetos tal y como
son en sí mismos, sino más bien nuestra reacción retardada ante ellos.
La interacción entre el campo neuronal y el campo cuántico no es un
fenómeno pasivo. El campo neuronal es capaz de ejercer una influencia
transformadora sobre el campo del espacio-tiempo. Esta influencia se
manifiesta en varios procesos como son la comunicación humana, la
gravitación, la visión extra-ocular, la materialización y desmaterialización de
objetos, la influencia de una mente sobre otros y los llamados fenómenos de
curación psíquica.
La realidad, incluyendo a la materia, es más una creación que una
reproducción. No somos espejos isomórficos que reflejan una realidad
externa y fija; por medio de la activación de nuestros campos neuronales,
creamos la experiencia.
ALGORITMOS NEURONALES
Dos, entre otros, han sido los procesos sobresalientes que han evolucionado.
Uno de ellos es la unificación progresiva de complejos sistemas
informacionales en algoritmos. El otro es la creación de campos energéticos.
En el primer caso, la naturaleza ha procedido creando estructuras unificadas
con un aumento en el número de elementos, como es el caso del átomo,
creado a partir de partículas elementales, de moléculas a partir de átomos, de
proteínas por moléculas complejas, de tejidos por proteínas, de órganos a
partir de tejidos y del cuerpo unificado por un sistema de órganos. Cada nivel
de organización de esta cadena, unifica elementos dispersos en conjuntos
algorítmicos de mayor constancia, coherencia y fuerza. Un algoritmo puede
definirse como una estructura, modelo o fórmula matemática que incorpora
grandes cantidades de información en un conjunto unificado. Es posible
decodificar de un algoritmo la información original de la cual fue derivado,
pero el algoritmo en sí mismo está más allá de estas unidades de información
en el mismo sentido que un observador neutral está más allá del contenido de
sus observaciones.
Cuando el cerebro apareció en la naturaleza durante la evolución, la
progresión algorítmica fue amplificada y acelerada. Ya no era necesario
esperar a que apareciera una nueva forma de materia o cuerpo organizado
para que la nueva información pudiera ser integrada. Este fue hecho por la
activación de circuitos neuronales capaces de incorporar información en
nuevos códigos y patrones neuronales. Un algoritmo neuronal puede ser
definido como un patrón de actividad neuronal en donde converge
información dispersa que es incorporada en su estructura lógica y energética.
Los algoritmos neuronales están apoyados por circuitos de convergencia
(Grinberg-Zylberbaum, 1976). Un buen ejemplo de estos algoritmos
neuronales son los patrones en el nervio óptico humano. Cada fibra en el
nervio óptico incorpora (como un algoritmo neuronal) información
convergente, procedente de los receptores retinianos. Otros ejemplos serían la
unificación de la información en las células complejas e hipercomplejas de la
corteza visual.
En cada nivel de unificación neuronal se algoritmiza más y más información.
El resultado de tal unificación es la activación de modos abstractos de
respuestas y experiencias.
En el segundo caso, a medida que aparecieron cerebros más complejos, los
campos energéticos (neuronales) activados por ellos, adquirieron
características de mayor densidad informacional, logrando modificar las
características del campo neuronal en forma más sofisticada. Ya veremos más
adelante cómo esto dio lugar a nuevas cualidades de la experiencia.
LA DURACIÓN DEL PRESENTE
Se requieren entre 50 y 60 milisegundos de actividad cerebral para crear el
percepto visual. En este intervalo, se activan la retina, los nervios ópticos, el
tálamo y la corteza, dando lugar a un campo neuronal de la adecuada
complejidad como para, al interactuar con el campo cuántico, crear un patrón
de interferencia con los suficientes detalles y con la necesaria densidad
informacional, para constituirse en nuestro mundo visual. De esta manera, el
mundo que percibimos es en realidad nuestro campo neuronal en interacción
con el campo cuántico. Por ello, vivimos dentro de nuestro propio cerebro y
la imagen visual que percibimos es la “pared interna” de nuestro propio
‘cuerpo energético’. Sin embargo, este mundo visual no es la totalidad de la
realidad sino más bien su inicio. Puesto que somos capaces de contemplar
conceptualmente nuestras imágenes y percatarnos de su existencia, existe un
nivel de la experiencia supra-perceptual que incluye dentro de sí lo visual sin
ser afectado por sus cambios y modificaciones. En otras palabras, el nivel que
incluye lo perceptual, lo trasciende y algoritmiza.
La duración necesaria para crear una imagen visual es la duración del
presente visual. El nivel conceptual que incluye y algoritmiza el precepto
aparece posteriormente, por lo que su duración es mayor. Esta duración del
presente conceptual es de alrededor de 165 milisegundos (Grinberg-
Zylberbaum y John, 1981) y es el tiempo necesario para que el sistema
cerebral ‘decante’ un patrón algorítmico, desde el cual se puede observar todo
el proceso previo. Esta operación de algoritmización se vuelve a repetir con
el procesamiento conceptual, dando lugar a un nivel de la experiencia, desde
la cual es posible contemplar la mente racional sin ser influido por ella
independientemente de sus modificaciones. Este nivel supra-racional incluye
todos los niveles previos a su aparición y los ‘percibe’ desde su algoritmo.
La duración del presente supra-racional es mayor que la duración del presente
supra-perceptual, de la misma forma que este es mayor que el perceptual.
Este incremento en la duración del presente permite que el sujeto de la
experiencia, localizando en el nivel supra-racional, viva en una atemporalidad
de su presente, lo que el sujeto de la experiencia identificado con el nivel
perceptual o con el racional, vive como futuro.
La capacidad predictiva basada en la intuición, se explica como dependiente
de la localización del sujeto en niveles cada vez de mayor expansión en la
duración del presente. Junto con esta expansión, acontece una unificación de
la experiencia. La experiencia del sujeto localizado en el nivel supra-racional
es más unificada que la del sujeto identificado con sus perceptos.
La unificación mimetiza los efectos observados durante los cambios
dimensionales. Así, para un ser bidimensional, una mano que se apoya en su
plano vivencial es percibida como cinco círculos independientes, mientras
que los mismos círculos son unificados en una mano para un ser
tridimensional.[6]
De la misma forma, un incremento en la duración del presente permite que el
mismo Observador observe un cuerpo humano unificado, que para una
duración del presente insignificante aparecería como un conjunto
desconectado de movimientos moleculares atómicos.
Un mosquito con una duración del presente mínima percibe el mundo como
una serie de eventos desconectados entre sí, mientras que un hipotético ser
galáctico con una duración del presente astronómica viviría el pasado,
presente y futuro de una civilización humana como un cuadro perceptual
atemporal.
La existencia del Observador capaz de contemplar la experiencia, no se puede
explicar racionalmente. Cualquier nivel de experiencia puede ser atestiguado
si se posee el entrenamiento adecuado. La identificación con el observador
produce un incremento ilimitado en la capacidad de unificación, puesto que
cada nuevo nivel de inclusión y algoritmización al que se llega, puede ser
observado. De hecho, la conducta profética de nuestros chamanes podría ser
explicada como una localización, por parte de ellos, en niveles de alta
expansión de la duración del presente y elevada unificación. Este tema será
tratado con mayor amplitud más adelante.
Un modelo muy claro e interesante de las operaciones algorítmicas de
inclusión, se puede observar en la disposición anatómica de los circuitos
cerebrales de convergencia.
En ellos, patrones neuronales que se transmiten en poblaciones axónicas son
reducidos a algoritmos, a través de una disposición anatómica de
convergencia en la cual, un elemento neuronal recibe información de muchos.
Ya mencione que estos circuitos se observan en la retina y en la corteza
cerebral. Las operaciones lingüísticas y la emergencia de la verbalización
conceptual derivan de la puesta en marcha de procesos neuronales de
inclusión, en los cuales, circuitos cerebrales de convergencia concentran en
un patrón neuro algorítmico, información que, previamente a esta inclusión,
permanecía desligada entre sí.
Puesto que el Observador es el unificador de la experiencia, podríamos
explicar su aparición como resultado de la activación de los más altos niveles
cerebrales de convergencia. Sin embargo, la posibilidad de acceso del
Observador a cualquier nivel del procesamiento, demuestra que no emerge ni
depende de la activación de circuitos cerebrales. Pareciera que no existe
dinámica energética capaz de explicar ni la aparición ni la localización del
Observador, ya que este trasciende cualquier elemento del proceso y a este en
su totalidad por su capacidad de autoalusión (ver más adelante)
EL FACTOR DE DIRECCIONALIDAD
De acuerdo a la Teoría Sintérgica, poseemos un mecanismo que permite
enfocar al Observador en diferentes orbitales permitidos. Este mecanismo se
denomina ‘factor de direccionalidad’ y está comandado por el observador en
su condición de Yo puro.
Los cambios de focalización del Observador, los comanda el intento siendo
este un proceso de poder que acopla el nivel sintérgico del patrón de
interferencia con el estado de coherencia del cerebro del sujeto. Este proceso
generalmente posee un funcionamiento automático, ya que los orbitales
permitidos y su particular organización energética depende de las leyes
asociadas con el campo cuántico en sí mismo. En otras palabras, existe un
continuo sintérgico dentro del campo cuántico. Este continuo va desde un
polo de mínima coherencia, al que percibimos como material, y un polo de
máxima coherencia al que referimos como espacio puro. Puesto que el campo
neuronal también manifiesta un continuo sintérgico similar, en las zonas en
las cuales coincide la sintérgia de ambos campos se crean patrones de
interferencia congruentes. Los ‘orbitales de conciencia permitidos’. La
congruencia del patrón de intefenecina depende de la similitud de sintérgias
de los campos y no del intento del Observador.
Lo que depende del intento es la particular localización del Observador en
uno o varios orbitales permitidos. Tanto el intento como el Observador no
son mecanismos reducibles a patrones energéticos, sino procesos que no
pertenecen al Universo físico. El factor de direccionalidad es el puente de
unión entre el Universo de la energía y la realidad trascendente del
Observador.
EL PROCESADOR CENTRAL
El patrón de interferencia que da lugar a la estructura energética de la
experiencia no tiene ninguna cualidad en sí mismo. De la misma forma, los
grados de coherencia, complejidad, sintérgia e irradiación en el espacio del
campo neuronal, no tienen ninguna cualidad en sí mismos. Sin embargo, la
cualidad de cualquier percepto (táctil, auditivo, visual, etcétera) depende del
nivel sintérgico, coherencia, frecuencia, irradiación en el espacio y a la
localización de los campos en interacción. Por lo tanto, un nuevo factor debe
intervenir en orden de activar las experiencias cualitativas. Se ha postulado
(Grinberg-Zylberbaum, 1981, 1983b) que la estructura energética de la
experiencia se convierte en una experiencia consciente cuando un hipotético
‘Procesador central’ interactúa con los patrones de interferencia. El
procesador central y Observador es el Ser o el Yo puro, y su naturaleza debe
ser neutral con respecto a la materia y a la mente, y por lo tanto,
indescriptible en términos físicos. La existencia del Ser no pertenece al
Universo físico y siendo neutral con respecto a la mente, su naturaleza no
cambia con alteraciones en las experiencias sensoriales.
Cuando el procesador central interactúa con el patrón de interferencia, una
experiencia sensorial específica con una cualidad propia, aparece en la
conciencia.
Capítulo VI
VISIÓN EXTRAOCULAR
SUJETOS[8]
Se estudiaron 19 sujetos; 11 niñas y 8 niños de edades comprendidas entre los
5 y 13 años.
Todos los niños, sin excepción, gozaban de condiciones óptimas de salud
durante el estudio y manifestaron estar deseosos de participar en el mismo.
Ninguno de ellos tenía antecedente de visión extraocular ni entrenamiento
alguno en este tipo de fenómenos. Los niños pertenecían a 6 escuelas
diferentes y en todas ellas eran considerados muy inquietos y especialmente
renuentes para aceptar normas rígidas de disciplina y conducta. Por lo demás,
fueron catalogados como altamente inteligentes y despiertos. Aunque las
condiciones familiares variaron de niño a niño, no se observaron diferencias
notables que pudieron ser explicados por este factor, a excepción de una
notable destreza inicial en 5 niñas y 2 niños cuyas familias podrían ser
catalogadas como muy motivantes y con una situación de estabilidad óptima.
ENTRENAMIENTO
Previamente a la iniciación de los experimentos de detección de visión
extraocular, todos los niños recibieron un entrenamiento que duró entre una y
tres sesiones, mismo que se repetía en todas las sesiones de pruebas
posteriores a las iniciales. De esta manera, cada uno fue sensibilizado antes
de y durante todo el transcurso del experimento, hasta que adquirió una
destreza suficientemente automatizada para ya no necesitar entrenamiento
adicional.
Las características del entrenamiento se explican a continuación con la
secuencia en la cual ocurrió:
1. Con el niño cómodamente sentado y con la espalda recta, se
efectuaban tres ejercicios respiratorios que consistían en: a)
expulsión forzada de aire a través de las fosas nasales durante
60 segundos con los ojos cerrados, seguida de una
concentración de la atención en el entrecejo, durante 20
segundos.
MATERIALES UTILIZADOS
Se utilizaron una gran cantidad de materiales visuales. La siguiente es una
lista de algunos de ellos:
CONTROLES
Por supuesto que un fenómeno tan novedoso y extraño como la visión
extraocular, requiere (para poder ser aceptado como demostrado) controles
estrictos acerca de sus características y, aunque no pretendo haber agotado
todas las posibilidades de estudio del fenómeno, si puedo afirmar que no
tengo duda alguna acerca de la existencia del mismo. Bastará mencionar aquí,
algunos de los controles realizados para estimular a otros investigadores para
que se interesen en este fenómeno y realicen estudios por su propia cuenta.
12. Sobre todo en los niños más pequeños, se notó un ligero aunque claro
movimiento lateral de toda la cabeza, la que se inclinaba entre los 20 y 30
grados hacia el lado derecho o izquierdo en un plano que se dibujaba como
paralelo al plano del objeto. La impresión que se desprendía a partir del
movimiento de inclinación, era que el cuerpo del niño buscaba una
interacción más cercana entre el hemisferio derecho o izquierdo y el material
por decodificarse.
13. Al inicio del entrenamiento, se notó que el niño seguía los contornos de
los objetos antes de poder describirlos. En forma similar, colocaba sus dedos
por debajo de una letra u objeto al momento en que se iniciaba la descripción.
Esta observación se repitió en todos los casos estudiados, y constituyó una
evidencia acerca de la existencia de una sabiduría corporal que después se
lograba verbalizar.
RESULTADOS
Gran parte de los resultados ya se han descrito en las secciones anteriores,
por ello, en esta intentaré realizar una integración de todos los resultados
obtenidos, sin detenerme a procedimientos y detalles innecesarios.
El resultado más claro y básico que se desprende de este estudio, es la
posibilidad de percibir visualmente sin necesidad de usar los ojos y los
receptores retinianos. La finura del detalle de la visión extraocular parece ser
capaz de representar un mundo visual enteramente similar al que presenta la
visión retiniana, sin la necesidad de utilizar la complejidad colosal de la
estructura retiniana y presumiblemente sin la participación de las estructuras
cerebrales comúnmente encargadas de decodificar el mundo visual.
Una de las más llamativas observaciones y una de las que primero se
evidenciaron, es que los niños que parecían estar más en contacto con ellos
mismos, los más seguros e intensos en su identidad personal, fueron los que
con mayor facilidad adquirieron la visión extraocular.
El fenómeno existe y además, su desarrollo parece seguir una secuencia
lógica y repetida en los casos estudiados. Los niños que después de su
entrenamiento son confrontados con un material gráfico al que no tienen
acceso visual, utilizan las manos y sus dedos para recorrer este material,
intentando decodificarlo. En los casos más diestros, basta una sesión para que
el niño comience a ver extraocularmente; en los casos “comunes”, tres
sesiones. En su primera interacción, la mano comienza por “barrer” la página
del papel sin un plano o esquema predecible hasta que algo acontece que
hace, que los contornos de los objetos sean detectados.
Si la fotografía contiene una naranja, la mano del niño seguiría el contorno de
la misma durante algunos segundos, pero si se le pregunta al niño que es lo
que siente, este no podrá describir algo congruente con las características de
sus barridos manuales.
Si se le hace notar lo anterior, el niño súbitamente puede darse cuenta de que
debe haber un objeto redondo, pero la visión extraocular seguirá sin aparecer.
Pronto, el niño se cansa o impacienta de sus movimientos y decide dejar de
realizarlos. Permanece quieto con su mano encima del papel concentrado en
sus sensaciones y con una tendencia a inclinar su cabeza. En algunos casos,
después de esta concentración el fenómeno aparecía. En otros, el niño debía
recibir retroalimentación más detallada, quizá para descartar imágenes sin
correspondencia y fortalecer las congruentes con el material real. Ya sea de
una u otra forma, la visión extraocular aparecía en una especie de salto
cuántico cuantitativo, desde una casi total incapacidad de detección hasta una
casi total perfección de decodificación.
En realidad, toda la descripción anterior tenía como objeto llamar la atención
acerca de una notable característica del fenómeno de visión extraocular,
siendo esta su aparición súbita y todo-o-nada en un salto discreto indudable.
Una vez que lo anterior ocurría, el niño era capaz de percibir cualquier
material que se presentase con una exactitud de detalle y finura asombrosos.
Generalmente, la primera sesión en la que aparecía el fenómeno, implicaba
un gasto energético muy grande porque los niños manifestaban signos claros
de cansancio y en algunos casos se quejaban de dolores intensos en los ojos.
Estos dolores y el correspondiente cansancio disminuirán a partir de la
segunda detección. En los casos más avanzados, la visión extraocular dejaba
de implicar un gasto energético excesivo, porque el niño era capaz de realizar
detección sin mayor preparación y con una total naturalidad y maestría.
Cuando otros niños veían las ejecuciones de sus compañeros, manifestaban el
deseo de ejercitarlas por su propia cuenta. Cuando esto sucedía, el proceso de
aparición del fenómeno parecía acelerarse. Quiero decir con lo anterior, que
la ausencia de duda acerca de la veracidad del fenómeno y la confianza en el
entrenador, ejercieron una influencia facilitadora.
Intentando estudiar hasta donde la visión extraocular sigue las mismas leyes
de perspectiva y Gestalt que la visión retiniana, se realizaron una serie de
pruebas que se describen a continuación. Un niño fue solicitado para realizar
descripciones de sus experiencias mientras el material visual se alejaba de su
cuerpo sin que el niño estuviese enterado de la maniobra. Sin dudarlo, el niño
describió un fenómeno de alejamiento y no uno de reducción en el tamaño o
un cambio de material. En otras palabras, el niño percibió correctamente la
maniobra tal y como la hubiera detectado con su visión retiniana. De la
misma forma, en todos los casos pudieron describir correctamente la
maniobra. Continuamente se le presentaba al niño objetos en movimiento, y
también en todos los casos la detección e interpretación de los mismos fue
correcta.
Se presentaron prácticamente todos los colores del espectro con diversas
tonalidades de los mismos y en todos los casos se observó una adecuada
descripción de estos.
Cada niño (a pesar de seguir procedimientos similares de entrenamiento)
manifestaba un estilo personal durante la visión extraocular. Una niña, por
ejemplo, siempre realizó barridos rápidos con sus dedos frente al material
gráfico porque, de acuerdo con su descripción, así era más fácil y exacto.
Otro niño, prefería leer palabras y no ver fotografías. Otro más, prefería
figuras y no material de lectura. La lectura de palabras se ejercitaba en una
forma graduada, iniciándose con una detección de letras aislada generalmente
colocando un dedo debajo de la letra por leer. Bastaban unos minutos para
que el niño empezara a leer palabras completas (aun en idiomas desconocidos
para ellos), y más adelante la rapidez en la lectura se volvía similar a la usual
con visión retiniana. Dos excepciones a este último caso, fueron la de un niño
y una niña que leían extraocularmente con mayor rapidez que con visión
retiniana y que manifestaba más interés por hacerlo extraocularmente. Este
interés se aprovechó para adelantar a los niños en sus clases de lectura del
español.
De hecho, un interés de este estudio fue el de hallar una manifestación visible
de una capacidad “psicofisiológica” para motivar a los pequeños a que
aprendieran técnicas de contacto con su verdadera identidad. Por ello siempre
se enfatizaba la necesidad de realizar meditaciones, centradas en la
experiencia del uno mismo y en la pregunta acerca de ¿quién soy yo?
En este contexto, el autor manifiesta su ignorancia acerca de si otros métodos
de entrenamiento pudieran ser más efectivos que los empleados en este
estudio.
De hecho, algunos niños se dieron a la tarea de entrenar a sus amigos,
hermanos y conocidos, y de ejercitar sus habilidades por su propia cuenta con
resultados excelentes.
Una observación interesante es acerca de la edad en la cual la visión
extraocular se facilita. Obviamente se necesitaría una muestra mucho mayor
que la empleada aquí para contestar la pregunta. Sin embargo, algunas
conclusiones se pueden desprender de los intentos infructuosos que el autor
realizó con jóvenes de edad superior a los 16 años y con adultos todavía
mayores. Parecería que el fenómeno es difícil de evocar después de una edad
límite de alrededor de 15 años.
En ocasiones se realizaron meditaciones en grupo, en las que se visualizaban
luces y se estimulaba el contacto con el uno mismo. Siempre después de una
meditación de este tipo, la visión extraocular se facilitaba. Es impresión del
autor que el fenómeno se presenta con mayor intensidad y en una forma más
clara, cuando tanto el niño como el entrenador se encuentran tranquilos,
concentrados en sí mismos en un nivel, en el cual el sí mismo pierde
“fronteras”. En otras palabras, cuando existe un contacto auténtico con una
sensación de identidad que trasciende lo puramente personal.
Otra observación interesante es que el entrenador no necesita visión
extraocular para poderla enseñar.
Los niños fueron cuestionados en muchas ocasiones acerca de sus
experiencias internas durante la visión extraocular. Algunos de ellos decían
que lo que veían era exactamente igual que lo que percibían normalmente con
los ojos abiertos. De hecho, en una ocasión una niña se prestó a ver televisión
con los ojos vendados describiendo a la perfección lo que sucedía en la
pantalla, como si el aparato estuviera dentro de ella. Otros niños describieron
la aparición de una pequeña pantalla dentro de su “mente” en la cual
aparecían las figuras presentadas. Ningún niño mencionó que tuviera que
crear conscientemente la imagen extraocular. Más bien, la imagen ocurría
“por sí misma” de igual forma en la que nuestras percepciones visuales
normales acontecen. La automatización de la imagen extraocular era clara
desde el surgimiento del fenómeno y no parecía facilitarse en forma notable,
con la práctica. Sin embargo, lo que sí acontecía a medida que el niño
utilizaba su habilidad extraocular, era que se estimulaban una serie de
fenómenos “adyacentes” al extraocular propiamente dicho. Tales fenómenos
ya se han descrito en parte, y consistieron en una destreza extraña que omitía
que el niño percibiera los órganos internos del cuerpo a través de la piel y que
detectara zonas corporales dañadas o enfermas, revirtiendo sus síntomas. Esta
capacidad de curar junto con la visión “intracorporea” serán discutidas más
adelante.
El último resultado que me gustaría enfatizar es la relación entre el fenómeno
extraocular y los cristales de cuarzo. En la sección de discusión, presentaré
una postulación teórica que pretenderá elucidar el efecto facilitador de los
cristales de cuarzo. Baste decir aquí que este efecto facilitador se observó en
por lo menos 5 infantes (3 niñas y 2 niños) y que su descubrimiento fue
sorpresivo. Una de las niñas del estudio se prestó para hacer una
demostración de su capacidad para ver un programa de T.V. Utilizando una
video grabadora Sony se proyectó una película inglesa a colores con
subtítulos en español; la niña manifestó una dificultad para leer los subtítulos
a una distancia de 5 metros con respecto a la pantalla (el equipo reproductor
tenía una pantalla de aproximadamente 60 cm. y era de tipo Sony), aunque
pudo describir los colores de las escenas y la acción dramatizada.
Mencionaba que aprecian líneas y puntos obstructores. Súbitamente, la niña
me solicitó un cristal que utilizo en mis meditaciones. Al sostener el cristal
con su mano derecha, la niña afirmó que las líneas y puntos distractores
habían desaparecido, pudo leer fluidamente los subtítulos de la película y
describir con lujo de detalles las escenas. El efecto fue tan dramático y claro
que a partir de ese momento se probó su bondad con otros niños. Dos niñas
afirmaron que el material gráfico que se les presentaba (una serie de
fotografías de paisajes) adquiría tridimensionalidad al ser extraocularmente
percibido, mientras un cristal de cuarzo era sostenido entre sus manos. Era,
afirmaron, como si con el cristal estuvieran dentro de la fotografía (en medio
del paisaje) y sin el cristal afuera y observándola como fotografía
bidimensional.
Por último, 2 niños y 2 niñas fueron capaces de incrementar la distancia
máxima en la que podían leer material impreso, con la ayuda de cristales de
cuarzo.
DISCUSIÓN
El mundo visual nos presenta tal apariencia de objetividad, realidad y
concretismo externo, que sus elementos, árboles, rocas, nubes, animales,
caras, edificios, etcétera, parecerían construir los elementos iniciales de un
proceso perceptual fenomenológicamente isomórfico.
De esta manera, rara vez nos percatamos de lo que vemos como objetos con
formas, colores, texturas diversas, no están allí dados en sí mismos esperando
ser vistos por una especie de espejo mágico que simplemente refleja sus
características sino que por el contrario son creados a través de un
procesamiento cerebral extraordinariamente complejo.
Puesto que no somos capaces de percibir el proceso neuronal responsable de
la creación de nuestras imágenes visuales, sino únicamente tenemos acceso al
producto final de tal procesamiento, suponemos que existe un exterior
independiente y separado al que tenemos acceso y nos olvidamos
(generalmente no existe razón para el olvido, puesto que la creación de la
experiencia como posibilidad jamás ha sido considerada por nosotros, por lo
que no existe nada que recordar) que lo que vemos es el producto de nuestra
transformación de un “exterior” al que no tenemos acceso en sí mismo.
De esta miopía es responsable el énfasis en lo material y el olvido de nosotros
mismos.
El fenómeno extraocular es una advertencia en contra de este engaño e
ilusión, de la misma forma en que la percepción retiniana lo debería ser.
En realidad, el fenómeno de la visión extraocular y la visión retiniana normal
no difieren en ningún aspecto esencial como intentaré demostrar en esta
discusión.
El aspecto más misterioso y esencial del proceso perceptual lo constituye la
transformación de la estructura energética del percepto a la cualidad de la
imagen. Esta estructura está dada por el patrón de interferencia resultante de
la interacción entre el campo neuronal y el campo cuántico. El procesamiento
cerebral y espacial que da lugar a esta estructura es colosalmente complejo y
todavía muy lejos de ser totalmente comprendido, pero en él no existen
cambios cualitativos “cuasimilagrosos”. En otras palabras, no existe luz ni en
la forma de campo neuronal, ni en este último, como tampoco en el patrón de
interferencia resultante de su interacción con el campo cuántico. En cambio,
si existe luz en la imagen visual.
Puesto que los reportes de los niños indicaron que ellos percibían una imagen
visual luminosa (aunque extraocularmente procesada), esta visión y la
retiniana no difieren en este aspecto. Ya mencioné la posibilidad teórica de
que sea un procesador central asociado con la activación neuroalgorítmica, o
la misma unificación energética de un campo neuronal de alta sintérgia
(creado por un sistema nervioso funcionando en una alta coherencia inter e
intra hemisféricas) el que al interactuar con la estructura energética del patrón
de interferencia, active la imagen cualitativa. No se pretende decir aquí que el
procesador central sea un circuito de alta inclusión por convergencia o un
algoritmo de alto poder de integración. Más bien, que es la activación de
estos procesos, los que de alguna manera se asocian con la puesta en marcha
de un centralizador. Se antoja pensar que cuando el sistema nervioso alcanza
un alto grado de unificación interna, los procesos energéticos que resultan de
la misma, hagan posible la interacción de ese sistema nervioso con algún
nivel energético espacial, representativo de la “totalidad” del Universo y que
ese contacto sea el responsable de la cualidad de la experiencia. En este caso,
el procesador central estaría más cercano a la “totalidad” que a la existencia o
puesta en marcha de algún circuito o campo neuronal específico.
La diferencia más notable entre la visión extraocular y la retiniana es, además
de la utilización o no de los ojos como transductores, la presencia o ausencia
de componentes visuales en el campo neuronal. En este sentido, la estructura
energética de la experiencia visual en la visión retiniana (es decir, cuando sí
existen componentes visuales en el campo neuronal), debe contener algún
tipo de amplificación morfológica energética de los patrones de interferencia
dados por la interacción de los componentes visuales de ambos, el campo
neuronal y el cuántico. En la visión extraocular (en ausencia de componentes
visuales del campo neuronal), el patrón de interferencia debe ser diferente por
lo menos en este factor de amplificación (el mismo debe estar ausente). Para
lograr decodificar una imagen a partir de tal ausencia, el procesador central
debería estar más activo que en la visión normal. Que este parece ser el caso,
lo demuestra el hecho de que los niños con mayor capacidad para ser ellos
mismos, eran los que más fácilmente lograban la visión extraocular y los
fenómenos adyacentes a ella como la visión intracorpórea. La existencia de
esta última es crítica para descartar la posibilidad de superficies dérmicas
mediadoras de la visión extraocular. Toda la evidencia reunida hasta la fecha
indica que, de ser necesaria, la zona corporal mediadora (es decir
transductora de la imagen en compensación de la retina) es a todas luces
inespecífica. En un mismo niño la zona variaba de localización (de la barbilla
a la espalda o de las palmas de las manos a la barbilla) y en cada niño, la zona
era diferente. Sin embargo, en todos se observó un desarrollo similar. El niño
empezaba a ver extraocularmente, estableciendo un contacto directo entre las
yemas de sus dedos y el material gráfico. Más adelante, lograba decodificar el
material, separando sus manos del mismo. Después realizaba movimientos de
barrido en el espacio entre su cuerpo y el material, utilizando sus manos. Más
adelante podía ver colocando sus manos y brazos ocultos detrás de su
espalda. Por último, el material podía ser colocado en la espalda del niño o el
niño podía caminar y describir lo que se localizaba adelante o atrás de su
cuerpo sin que aparentemente mediara alguna zona corporal. Este desarrollo
indica la existencia de un proceso de alejamiento o separación del cuerpo con
respecto a la visión extraocular. El más claro indicio de esta independencia
era la visión intracorpórea. Esta aparecía cuando se completaba el proceso
anterior.
Una observación que constituyó una verdadera sorpresa cuando apareció y
que es un hallazgo con posibilidades inmensas, es la relación entre la visión
extraocular y los cristales de cuarzo. Cuando los niños sostenían uno de ellos,
la imagen extraocular se focalizaba, adquiría mayor detalle y precisión, y en
el caso de material gráfico bidimensional, este adquiría una nueva dimensión
y se volvía tridimensional.
Una posibilidad de explicación de esta relación es que la estructura molecular
y atómica del cristal de cuarzo afecte a la estructura energética del campo
neuronal, modificando su morfología en una forma tal, que su interacción con
el campo cuántico produzca un patrón de interferencia cuyos componentes
visuales sean más fácilmente decodificados por el procesador central.
En escritos anteriores (Grinberg-Zylberbaum, 1981 a 1982) he postulado que
tanto la actividad cerebral como el campo neuronal y el mismo campo
cuántico son capaces de cambiar su organización informacional dentro de un
continuo sintérgico que varía desde un extremo de baja hasta otro de alta
sintérgia. En el extremo de baja sintergia, la organización informacional es de
baja redundancia y organización, y de pobre nivel de interacción entre partes.
En cambio, en el extremo de alta sintérgia, cada elemento de la organización
es altamente inclusivo, de gran poder algorítmico, la organización es elevada,
existen conexiones entre los elementos y la redundancia es máxima. Cada
elemento de alta sintérgia de una organización contiene a la totalidad de la
organización. Una organización o un espacio de alta sintérgia es más capaz
de dar lugar a propiedades emergentes, que un espacio de baja sintérgia. Un
cerebro en un estado de alta neurosintergia es un cerebro más coherente,
organizado, inclusivo e integrado y más centrado en sí mismo, que un cerebro
en un estado de funcionamiento de baja neurosintergia.
También se ha demostrado, que un cerebro en alta sintergia, es capaz de
comunicarse más fluidamente, alterar la fuerza gravitacional y establecer un
contacto directo con otros cerebros (Grinberg-Zylberbaum, 1982).
Si un cristal de cuarzo incrementara la organización sintérgica de un campo
neuronal, se esperaría que este último adquiriera una mayor capacidad para
interactuar con el campo cuántico y que esto facilitara fenómenos tales como
la visión extraocular.
La estructura molecular del cristal de cuarzo está de acuerdo con la idea de
que su efecto pueda ser un incremento en el nivel de sintérgia del campo
neuronal. Esta estructura consta de un átomo de silicio (Si) conectado con un
átomo de oxígeno (O) formando pirámides tetraédricas las que forman
espirales tridimensionales cuyos giros se repiten cada cuatro moléculas. La
primera molécula de cada espiral ocupa la misma posición que la cuarta y
esta misma disposición se repite a lo largo y ancho del cristal. La distancia
interatómica dentro de cada pirámide tetraédrica es de 1.61 + 0.03 A para la
distancia Si-O y el ángulo Si-O-Si es de 142°. La unidad cristalina
fundamental está formada por una espiral de cuatro moléculas, las que
pueden englobarse dentro de un cubo cuyos lados tienen una longitud de
4.913 A y 5.405 A respectivamente. La longitud de onda asociada con estas
dimensiones, es la que cae dentro del rango de los rayos X (entre 0.1 y 100 A,
siendo cada A= 10 cm.).
La alta redundancia, organización y simetría de los cristales de cuarzo podría
servir como un modulador energético del campo neuronal, el que al atravesar
el cristal mimetizara su estructura incrementando de esta forma su sintérgia.
Esta relación podría significar que el campo neuronal posee componentes de
frecuencia del orden de los rayos X. La capacidad de visión intercorpórea
manifestada por los niños más adelantados, indica que aquello que media su
experiencia perceptual debe estar asociado con un campo de alta capacidad
de penetración a través de cuerpos opacos. Si el campo neuronal posee una
longitud de onda parecida a la de rayos X, esto podría empezar a explicar el
fenómeno observado aquí y la evidencia de modificación del peso de objetos
localizados dentro de blindajes de metal, estudiada en otro experimento
(Grinberg-Zylberbaum, 1981a, 1982).
Por último, la característica discreta del fenómeno y su aparición cuántica o
todo o nada, merecen un intento de explicación. Debe existir alguna relación
entre esta característica y el desgaste energético que los niños sufrían durante
las primeras sesiones. Posiblemente el establecimiento de una interacción
directa con el campo cuántico y la decodificación del patrón de interferencia
“anómalo” (sin componentes visuales por parte del campo neuronal) requiere
de un gasto energético exagerado que permita traspasar algún umbral
desconocido.
Sea lo que fuere, el fenómeno de visión extraocular parece abrir posibilidades
de estudio y de entendimiento de la función cerebral hasta ahora ignorados.
Capítulo VII
LA COMUNICACIÓN Y
LAS FUNCIONES DE
UNIFICACIÓN
LAS TÉCNICAS DE
HIPERUNIFICACIÓN
LA COHERENCIA, EL
HIPERCAMPO Y LOS
ILOLES DE CHIAPAS
En el cerebro humano existen por lo menos dos niveles diferentes de
coherencias: una global y la otra local o específica. La coherencia global es la
coherencia básica del sistema cerebral, es decir la que mantiene unido, en el
nivel basal, todas las estructuras funcionales del sistema nervioso. Esta
coherencia basal es la responsable de la integración yoica básica del
individuo, impidiendo su desintegración o desmembramiento.
Sobre este nivel basal de coherencia general, existe la coherencia específica o
local. Diferentes regiones del sistema “exploran” estados de especificidad
funcional y se manifiesta en ellos una deshomogeneización con respecto al
resto. Las zonas locales siempre se mantienen embebidas y sostenidas por la
coherencia basal pero, al mismo tiempo, la trascienden.
El resultado de la exploración de las zonas locales es, a la larga, la creación
de un nuevo y más evolucionado nivel de coherencia basal, al que llegará el
sistema cuando todo él acceda a penetrar en alguna avenida exitosa de
exploración realizada por alguna zona local. Sin la existencia de zonas locales
y de sus estados de deshomogenización, el sistema degeneraría en un estado
estático de equilibrio inconmovible y estéril. Sin el estado basal de
coherencia, el sistema perdería su cohesión yoica y se derrumbaría
desmembrado y desarticulado.
Por lo tanto, ambos, el nivel basal y los estados locales, son necesarios para la
supervivencia y el desarrollo de los sistemas cerebrales humanos.
EL HIPERCAMPO
Ahora bien, al igual que como ocurre con un cerebro individual, acontece con
un conjunto organizado de estos; es decir con una comunidad, una sociedad,
un país y el propio planeta en su totalidad.
Si en el interior del cerebro, la coherencia está dada sobre todo por la
interacción axónica entre elementos neuronales y por la correlación de la
actividad de grandes poblaciones de estos, en una sociedad cada cerebro
interactúa con el resto a través de la irradiación de sus cambios neuronales.
Cada campo neuronal del cerebro vivo, interactúa con la organización
energética del espacio y con otros campos neuronales. La interacción entre
todos los campos neuronales y la estructura básica del espacio-tiempo,
forman un hipercampo que todo lo llena y todo lo penetra.
El hipercampo también manifiesta, por lo menos, dos diferentes niveles de
coherencia; por un lado una coherencia hipocámpica basal y por el otro, una
coherencia hipocámpica local.
La hiper coherencia basal determina lo que la psicología conoce como
conciencia colectiva o conciencia global, la que forma, por así decirlo, el
“Yo” de una comunidad o de una sociedad. Simultáneamente, existen
individuos que se ajustan a la hipercoherencia global o basal y forman
“islotes” de deshomogenización. Estos islotes actúan en forma similar a las
zonas locales de coherencia, las que en el cerebro individual ejecutan labores
de exploración. En una sociedad, estos “islotes” son parte de grupos
disidentes, de los espíritus revolucionarios, de las organizaciones con ideales
particulares de las minorías, etcétera.
Si una comunidad pierde en coherencia basal y en ella únicamente subsisten
las zonas locales, esta comunidad está destinada a desaparecer,
desintegrándose por la falta de un espíritu comunitario. Si en cambio, en una
sociedad existe únicamente el consenso y la homogeneidad, termina por
estancarse en un estado de inmovilidad aburrida y constante.
Las zonas locales de deshomogenización sirven, en una sociedad, para que
esta se movilice en busca de un nuevo estado de equilibrio, idealmente más
evolucionado y abarcante. Ambas, la hiper coherencia basal y local son
necesarias e interdependientes.
Un individuo de una sociedad, siempre es afectado por el hipercampo de la
misma. Aunque esto es aplicable a todos y cada uno de los miembros de una
sociedad, existen individuos que son más sensibles y capaces de detectar el
hipercampo y por lo tanto, de conocer y experimentar los designios y el
camino de la conciencia colectiva. Estos seres privilegiados son aquellos que
han incrementado sus niveles de neurosintergia.
Precisamente en la categoría anterior se encuentran los verdaderos chamanes.
Un chamán se caracteriza, además de otras cosas, por su sensibilidad
incrementada y por su capacidad de decodificar información que para el resto
de la población pasa desapercibida.
Por otro lado, es posible suponer que el hipercampo pueda ser modificado y
que algunos individuos sean capaces de alterarlo más que otros. En realidad
en cualquier interacción con el hipercampo, siempre somos influidos por él,
pero también lo modificamos. De acuerdo a nuestros resultados
experimentales, a mayor coherencia interhemisférica, mayor es la capacidad
de afectar a otros cerebros y posteriormente también al hipercampo. Ya
veremos más adelante que el concepto de coherencia (aunque no con este
nombre) es importante para los iloles (chamanes) de Chiapas.
Existen varios indicadores objetivos de la penetración en estados de
interacción sensible con el hipercampo. Quizás el más conocido de estos sea
la aparición de eventos sincronísticos. Otros indicadores son la capacidad de
percibir el “futuro” y obviamente la capacidad de detectar, en forma directa,
el estado interno de otros seres humanos.
POTENCIALES
PROVOCADOS EN
ANIMALES DURANTE EL
APRENDIZAJE[9]
En este Apéndice se presenta un estudio experimental acerca de las relaciones
entre la actividad eléctrica del cerebro de animales y el proceso de
aprendizaje.
Puesto que este último implica un procesamiento complejo de la información,
la hipótesis del estudio es que los potenciales provocados ante estímulos
aprendidos manifiestan una similitud en sus morfologías en las diferentes
zonas cerebrales, indicando con ello un incremento en la correlación cerebral;
es decir, un aumento en los procesos de unificación del cerebro.
En otras palabras, que animales sometidos a un proceso de aprendizaje,
manifiestan una tendencia hacia estados de mayor correlación de su actividad
electrofisiológica. Que lo anterior es cierto lo demuestra el siguiente
experimento realizado en gatos, en el cual se observó una gran similitud en la
morfología de potenciales provocados, registrados en diferentes estructuras
cerebrales en etapas sumadas de condicionamiento.
En todos los casos, el entrenamiento conductual se realizó en una cámara de
reflejo semisilente, amortiguada para vibraciones mecánica y
electromagnéticamente aislada (cámara de Faraday).
En esta cámara los animales fueron enseñados a permanecer totalmente
inmóviles sobre la plataforma, esperando la presentación del estímulo
condicionado, luz y sonido.
Cuando el estímulo condicionado aparecía, el animal debía beber leche o
regresar a la plataforma.
RESULTADOS
Los resultados del experimento fueron los siguientes: en cinco gatos
sometidos al entrenamiento conductual ante la luz verde, el registro cerebral
en el núcleo caudado y en el tálamo mostró la aparición de un potencial
eléctrico bifásico y en ocasiones trifásico de polaridad negativa para la
primera deflexión, positiva para la segunda y negativa para la tercera (cuando
esta aparecía). La latencia de este potencial fue de 80 mseg. En promedio,
aunque variaba en proporción inversa a la intensidad del estímulo como
puede observarse en la figura 1.1. En esta figura se muestran los potenciales
provocados por estímulos luminosos de diferente magnitud, observándose
como la latencia aumenta conforme disminuye la intensidad del estímulo
luminoso. Es interesante hacer notar que la magnitud de los potenciales
provocados no variaba en esta misma situación de disminución en la
intensidad de los estímulos condicionados.
En cambio, la magnitud de los potenciales variaba, dependiendo de la etapa
de entrenamiento conductual en la que se encontraban los animales; así
durante la etapa de mantenimiento de la respuesta condicionada, la aparición
y la magnitud de estos potenciales permanecía relativamente estable mientras
que consecutivamente a la supresión de la aplicación del reforzamiento
(extinción), los potenciales disminuían de magnitud y su aparición se hacía
inconstante hasta que en la mayoría de los casos llegaban a desaparecer.
Durante la etapa de reacondicionamiento, las respuestas conductuales
correctas y las respuestas eléctricas aumentaban en tal forma que desde la
primera sesión de reacondicionamiento, el porcentaje conductual y eléctrico
fue de 80%.
Figura 1.1. La latencia del potencial registrado en el núcleo caudado y en el tálamo va siendo mayor
conforme disminuye la intensidad del estímulo luminoso. Al mismo tiempo, la magnitud de los
potenciales no sufre cambios. En A la intensidad fue de 3.5 bujia-pies, en B, de 2.5 bujia-pies, y en C,
de 1.5 bujia-pies.
Figura 1.2. La columna A ilustra los potenciales provocados por el EC registrados en el núcleo caudado
(NC) de tres gatos y en el núcleo centromediano talámico de uno de ellos durante la etapa del
mantenimiento del condicionamiento. En B dichos potenciales disminuyen o desaparecen durante la
extinción y en C reaparecen concomitantemente a la reinstalación del reforzamiento. En esta y las
figuras similares, cada trazo representa la suma fotografía de 5 barridos del osciloscopio.
OBSERVACIONES CUALITATIVAS
En esta sección se describen algunos cambios conductuales difíciles de
cuantificar que parecen coincidir con un considerable aumento de la
magnitud de los potenciales provocados. Estos cambios conductuales
ocurrieron siempre que el animal se enfrentaba a una situación de cambio o
de alteración en un esquema de condicionamiento (“incertidumbre”).
La primera de estas situaciones sucedió durante la primera sesión de
extinción de la luz verde en dos sujetos. Durante esta sesión, al parecer el
estímulo condicionado, la primera conducta de los sujetos fue salir de la
plataforma hacia el bebedero. Sin embargo, después de varias aplicaciones
del estímulo sin reforzamiento, los sujetos manifestaron una conducta de
voltear en dirección al foco, de la puerta del bebedero, daban uno o dos pasos
y se detenían, en otras ocasiones permanecían en la plataforma. Los
potenciales provocados en esta situación sufrieron un gran aumento en su
magnitud. Hacia el final de la sesión, cuando los sujetos permanecieron en la
plataforma en presencia del estímulo condicionado, los potenciales
empezaban a decrecer rápidamente hasta desaparecer en las subsiguientes
presentaciones.
La segunda situación sucedió durante la adquisición de una inhibición
condicionada. Durante la inhibición condicionada los animales aprendían a
inhibir sus respuestas hasta durante un segundo ante la presentación de la luz.
Figura 1.5. Ilustra el potencial provocado por el sonido (EC) registrado en el núcleo caudado (35), y en
el tálamo (25) durante la primera (A), la segunda (B) y la tercera (C) sesión de condicionamiento.
Figura 1.6. Registros de la actividad eléctrica del núcleo caudado (NC) y de las variaciones de voltaje
de la celda fotoeléctrica provocados por el movimiento del gato al ir de la plataforma al bebedero
(Mov.) y, la aplicación del sonido (líneas verticales en Mov.). En el trazo superior se muestran 5
superposiciones osciloscópicas durante la conducta acertada en la etapa de adquisición de la inhibición
condicionada. En el trazo inferior, el registro en las mismas circunstancias durante la conducta
catalogada como error (salir de la plataforma) en la inhibición condicionada (las líneas verticales en
Mov. están retocadas en beneficio de la claridad).
CONCLUSIONES
La similitud de los potenciales provocados registrados en el núcleo caudado,
en el tálamo y en la corteza frontal de los animales entrenados está de
acuerdo con la hipótesis que presente al principio de esta sección, es decir,
que existe un incremento en la correlación de la actividad cerebral durante
procesos complejos de aprendizaje.
Resultados y conclusiones similares se desprenden de los estudios
experimentales del grupo de E. Roy John (1973).
El hecho de que se observara un incremento en la magnitud de los potenciales
registrados durante la conducta de “incertidumbre” también está de acuerdo y
refuerza la conclusión anterior.
En todo este estudio no ocurrió una condición de complejidad mayor que la
que denomino “incertidumbre”. El hecho de haber obtenido respuestas
electrofisiológicas tan incrementadas y similares (en las estructuras
estudiadas) durante esta conducta tan compleja, indica que a medida que una
función se vuelve más complicada, aumenta la correlación de los elementos
neuronales que la sustentan.
REFERENCIAS
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[1]
Parte de esta sección fue publicada en Grinberg-Zylberbaum J. y Jon e.r., 1981. Evoked Potentials
and Concept Formation in Man. Physiology and Behavior. 27: 749-751.
[2]
Parte de esta sección fue publicada en Grinberg-Zylberbaum J. (1980b). Correlativos
electrofisiológicos de la Experiencia Subjetiva. Enseñanza e Investigación en Psicología. Vol. VI. No. 1
(11); 44-52.
[3]
Parte de este capítulo fue publicado en Grinberg-Zylberbaum J. 1982. Psychophysiological
Correlates of Communication, Gravitation and Unity. The Syntergic Theory. Journal
[4] Gracias a la ayuda de Miguel Angel Guevara, Daniel Zarabozo y Julieta Ramos, por el desarrollo de
los programas utilizados.
[5] Publicado en: Grinberg-Zylberbaum J, 1982. Psychophysiological Correlates of Communication,
Gravitation and Unity. Psychoenergetics. 4: 227-256.
[6]
Le debemos este ejemplo a Hinton y Ouspensky.
[7]
Por otro lado, lo que denominamos fuerza gravitacional guarda una relación inversa con la
coherencia, porque en espacios de alta coherencia no existe gravitación. Por ello y por lo anterior, la
fuerza gravitacional disminuye a medida que se incrementa la complejidad algorítmica de un espacio.
Estas relaciones podrían servir de base para la construcción de un motor gravitacional. Puesto que el
cerebro humano es capaz de afectar la coherencia del espacio amentándola o disminuyendola, el mejor
motor gravitacional está contenido en el cerebro. De hecho, ya existe evidencia experimentales acerca
de relaciones entre actividad cerebral y gravitación (Grinberg-Zylberbaum, 1981a) como vimos en el
capítulo V.
[8] Publicado en Grinberg-Zylberbaum J, 1983 La Luz Angelmática. EDAMEX. México.
[9] Parte de esta sección fue publicada en: Grinberg-Zylberbaum J., Prado Alcalá R. y Brust Carmona
H. 1973. Correlation of evoked Responses. Physiology and Behavior 10 (6): 1005-1009.