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Tarde-Monadologia y Sociologia

1) El documento discute la teoría de las mónadas de Leibniz y cómo ideas similares están ganando apoyo científico. 2) Señala que la química, física y otras ciencias están moviéndose hacia una visión del universo compuesto de elementos discretos en lugar de continuo. 3) Argumenta que esto apoya la noción leibniziana de una multiplicidad de agentes espirituales elementales que componen el mundo.
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Tarde-Monadologia y Sociologia

1) El documento discute la teoría de las mónadas de Leibniz y cómo ideas similares están ganando apoyo científico. 2) Señala que la química, física y otras ciencias están moviéndose hacia una visión del universo compuesto de elementos discretos en lugar de continuo. 3) Argumenta que esto apoya la noción leibniziana de una multiplicidad de agentes espirituales elementales que componen el mundo.
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I.

Hypotheses fingo' Las mónadas de Leibniz han hecho camino a partir de su padre.
Por diversas vías independientes, ellas se deslizan a espaldas de los
propios sabios, en el corazón de la ciencia contemporánea. Resulta
notable que todas las hipótesis secundarias implicadas en esta gran
hipótesis, en lo que ella posee de esencial, o de leibniziana, están en
tren de ser establecidas científicamente. En primer lugar implica, en
efecto, la reducción a sólo una de estas dos entidades, la materia y el
espíritu, ambas confundidas en la segunda, y al mismo tiempo la
multiplicación prodigiosa de los agentes completamente espirituales
del mundo. Supone en otros términos la discontinuidad de los ele-
mentos y la homogeneidad de su ser. Por otra parte es solamente bajo
esta doble condición que el universo es traslúcido hasta el fondo a la
mirada de la inteligencia. Ahora bien, por un lado, el abismo que
separa el móvimiento de la conciencia, el objeto del sujeto, la mecá-
Setrata de una velada alusión a Newton, cuya célebre fórmula reza Ilirálnis non
fingo, es decir «no simulo hipótesis». nica de la lógica, a fuerza de haber sido interrogado mil veces y juzga-

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Gabriel Tarde Monadología y sociología

do insondable, ha dejado de ser puesto en duda, de ser reputado apa- digioso de organismos elementales, aisladamente egoístas y ávidos de
rente, aún hasta por los más audaces que han encontrado por todas desarrollarse a expensas de lo exterior, entendiendo por lo exterior
partes el eco. Por otro lado, los avances de la química nos conducen a tanto las células vecinas y hermanas, como las partículas inorgánicas
la afirmación del átomo, ala negación de la continuidad material que de aire, agua, o cualquier otra sustancia. No menos fecunda que la
el carácter continuo de las manifestaciones físicas y vivientes de la visión de Newton sobre este punto ha sido la de Schwann. Sabemos,
materia, lo extenso, el movimiento, el crecimiento, parecían superfi- gracias a su teoría celular, «que una fuerza vital, en tanto principio
cialmente revelar. Nada más sorprendente en el fondo que la combi- distinto de la materia, no existe ni en el conjunto del organismo, ni
nación de las sustancias químicas en proporciones definidas con ex- en cada célula. Todos los fenómenos de la vida vegetal o animal deben
clusión de las proporciones intermediarias. Ninguna evolución aquí, explicarse por las propiedades de los átomos (llamados elementos últi-
ninguna transición, todo es neto, brusco, marcado; y sin embargo mos de los que ellos están compuestos) ya sean fuerzas conocidas de
todo lo que hay de ondulante, de armoniosamente graduado en los la naturaleza inerte o fuerzas desconocidas hasta aquí». Ciertamente
fenómenos viene de ahí, tanto como la continuidad de los matices nada más positivista, más conforme a la ciencia sana y seria que esta
sería imposible sin la discontinuidad de los colores. Pero no es sola- negación radical del principio vital contra la cual el espiritualismo
mente la química la que al progresar parece encaminarnos a las vulgar tiene el hábito de protestar. Seve sin embargo hacia dónde nos
mónadas. Es también la física, lo son las ciencias naturales, es la histo- conduce esta tendencia llevada al extremo: a las mónadas, que col-
ria, lo son las matemáticas mismas. «Fue de una gran importancia, man la promesa más audaz del espiritualismo leibniziano. Así como
dice Lange, la hipótesis de Newton de que la gravitación de un cuer- el principio vital, la enfermedad, otra entidad tratada como una per-
po celeste no es otra cosa que la suma de la gravitación de todas las sona por los antiguos médicos, se pulveriza en desórdenes
masasde las que se compone. De ello resultaba inmediatamente que infinitesimales de elementos histológicos y, además, gracias sobre todo
las masas terrestres gravitan mutuamente las unas hacia las otras y, a los descubrimientos de Pasteur, la teoría parasitaria de las enferme-
además, que sucede del mismo modo en sus más pequefias molécu- dades, que explica esos desórdenes a través de conflictos internos de
las.» A través de esta visión mucho más original de lo que puede organismos minúsculos, se generaliza cada día más, e incluso con un
parecernos, Newton destrozaba, pulverizaba la individualidad del exceso que debe llevar a una reacción. Pero los parásitos también po-
cuerpo celeste, visto hasta allí como una unidad superior cuyas rela- seensus parásitos. Y así sucesivamente. ¡Aún lo infinitesimal!
ciones internas no se parecían en nada asus relaciones con los cuerpos Las nuevas teorías químicas se han formado por una vía análoga.
exteriores. Hacía falta un gran vigor de espíritu para resolver esta uni- «Aquí está el punto esencial y nuevo, dice Wurts. Se reporta a los
dad aparente en una multiplicidad de elementos distintos ligados entre elementos mismos las propiedades de los radicales. En otro tiempo,
sí de igual modo que con los elementos de otros agregados. Desde el estos eran considerados en bloque, se atribuía al radical considerado
día en que esta manera de ver ha sustituido al prejuicio contrario, es como un todo el poder de combinarse o de sustituir cuerpos simples.
que datan los progresos de la física y de la astronomía. Era el punto de vista fundamental de la teoría de los tipos de Gerhardt.
En esto los fundadores de la teoría celular se han mostrado como Hoy en día seva más lejos. Para descubrir y definir las propiedades de
los continuadores de Newton. Del mismo modo, ellos han quebra- los radicales remontamos hasta los átomos de los que están compues-
do la unidad del cuerpo viviente, lo han resuelto en un número pro- tos» (Théorie atomique, p. 194). El pensamiento del químico emi-
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Uabriel Urde Monadoiog1ay sociología

nente va más lejos que las palabras precedentes. De los ejemplos cita- verosimilitud que ciertas líneas débiles por él observadas se deben a
dos por él resulta que, entre los átomos de un radical, hay especial- elementos componentes de las sustancias que sobre nuestro planeta
mente uno de ellos cuya atomicidad, cuya avidez propia aún no satis- vemos como indescomponibles.
fecha, sobreviviente ala saturación de los otros, es la razón última de Los científicos qué viven en el trato familiar de los susodichos ele-
ser de la combinación operada. mentos no dudan de su complejidad. Mientras que Wurts se muestra
Del mismo modo que los astros, que los individuos vivientes, que favorable a la hipótesis de Thompson, M. Berthelot dice por su lado:
las enfermedades, que los radicales químicos, las naciones no son más «El estudio profundo de lasmasas elementales que constituyen nues-
que entidades por largo tiempo tomadas'por auténticos seres en las tros cuerpos simples actuales tiende cada día más a asimilarlas, no a
teorías ambiciosas y estériles de los historiadores llamados filósofos. átomos indivisibles, homogéneos y susceptibles de experimentar so-
Por ejemplo, ¿nose ha repetido lo suficiente que es una mezquindad lamente movimientos de conjunto, sino a edificios más complejos,
buscar la causa de una revolución política en la marcada influencia de dotados de una arquitectura específica y animados por movimientos
escritores, de hombres de Estado, de inventores de todo tipo, y que intestinos muy variados». Por otra parte, los fisiologistas no podrían
ella ha brotado espontáneamente del genio de la raza, de las entrañas creer en la homogeneidad del protoplasma, y en la célula no juzgan
del pueblo, actor anónimo y sobrehumano? Pero este cómodo punto activa y verdaderamente viva más que la parte sólida. La parte soluble
de vista, que consiste falsamente en ver en el fenómeno por otra parte casi por entero no es más que una provisión de combustibles y ali-
realmente nuevo e imprevisto que ha suscitado el encuentro de los mentos (o un montón de excrementos). Incluso, en la misma parte
verdaderos seres, la creación de un nuevo ser, no es bueno más que a sólida, si la conocemos mejor, habría que eliminar sin dudas casi todo.
título provisional. Una vez agotado, y rápidamente, por los abusos Y de eliminación en eliminación, ¿dónde desembocaríamos sino en
literarios que de él se han hecho, conduce a un retorno serio a un tipo el punto geométrico, es decir en la pura nada, a menos que ese punto
de explicaciones másclaras y más positivas, que dan cuenta de un acon- no sea un centro, como será explicado más adelante? Y de hecho, en
tecimiento histórico cualquiera únicamente a través de acciones indivi- el verdadero elemento histológico (que la palabra célula designa tan
duales, y particularmente a través de acciones de hombres inventivos mal) lo que hay de esencial a considerar no es su límite, su envoltura,
que han servido de modelo a los otros y que son reproducidos por sino ese foco central desde donde parece que él aspira a irradiar inde-
millares de ejemplares, especie de células-madres del cuerpo social. finidamente hasta la hora en qué la cruel experiencia de los obstáculos
Esto no es todo: esos elementos últimos en los cuales desemboca exteriores le genera la obligación de cerrarse para protegerse; pero aquí
toda ciencia, el individuo social, la célula viviente, el átomo quími- nos anticipamos.
co, no son últimos más que para la mirada de su ciencia particular. Ningún medio para detenerse sobre esta pendiente hasta lo
Ellos mismos son compuestos, nosotros lo sabemoS, sin exceptuar infinitesimal, que deviene, cosa seguramente desatendida, la clave del
incluso al átomo que, según la hipótesis de los átomos-remolinos de universo entero. De ahí quizás la importancia creciente del cálculo
Thompson, la más plausible o la menos inadmisible de las conjetu- infinitesimal; y por la misma razón, de ahí el brillante éxito momen-
ras aventuradas sobre este tema, sería un cúmulo arremolinado de táneo de la doctrina de la evolución. En esta teoría, un tipo específi-
elementos más simples. Las investigaciones de M. Lockyer sobre el co, diría un geómetra, es la integral de innumerables diferenciales
espectro del sol y de las estrellas lo han conducido a suponer con llamadas variaciones individuales debidas ellas mismas a variaciones
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GablielTarde Monadología y sociología

celulares, en el fondo de las cuales aparecen miríadas de cambios ele- lo finito por lo infinitesimal. Por eso la razón pura, la razón desnuda,
mentales. La fuente, la razón de ser, la razón de lo finito, de lo distin- jamás habría devenido esto; incluso estaría inclinada a ver en lo gran-
to, está en lo infinitamente pequeño, en lo imperceptible: tal es la de la fuente de lo pequeño, más que en lo pequeño la fuente de lo
convicción profunda que ha inspirado a Leibniz, y también a nues- grande, y le gustaría creer en tipos divinos completamente hechos ab
tros transformistas. initio que envolverían y penetrarían de un golpe una lonja de tierra de
Pero, ¿por qué semejante transformación, la que presentada como lo exterior a lo interior. De buen grado ella diría con Agassiz que,
una suma de diferencias netas, definidas, es incomprensible, se com- desde d comienzo, los árboles han sido bosques; las abejas colmenas,
prende fácilmente si se la considera como una suma de diferencias los hombres naciones. Este punto de vista no ha podido ser proscrito
infinitamente pequeñas? Mostremos ante todo que ese contraste es de la ciencia más que por la revuelta de los hechos contrarios. Para
real. Supongamos que, milagrosamente, un cuerpo desaparece, des- hablar sólo de los más vulgares, resulta que una inmensa esfera de luz
aparece del sitio A donde estaba, luego aparece, vuelve a ser en el sitio florecida en el espacio se debe a la vibración única, multiplicada y
Z distante un metro del primero, sin haber atravesado las posiciones contagiosa, de un átomo central de éter; que toda la población de una
intermedias: un tipo semejante de desplazamiento no puede hallar especiesedebe ala multiplicación prodigiosa de una primera y única
lugar en nuestro espíritu, mientras que no tenemos por asombrosa la célula ovular, suerte de brillo generador; que la presencia de la teoría
idea de ver pasar ese cuerpo de A a Z siguiendo una línea de posicio- astronómica verdadera en millones de cerebros humanos sedebe a la
nes yuxtapuestas. Sin embargo notamos que nuestro primer asom- repetición multiplicada de una idea aparecida tal día en una célula
bro no habría disminuido en nada si hubiéramos visto la desapari- cerebral del cerebro de Newton. Pero, una vez más, ¿qué resulta de
ción y reaparición bruscas que se efectúan a la distancia de medio allí? Si lo infinitesimal no difiriera de lo finito más que por el grado, si
metro, de 30, de 20, de 10, de 2 centímetros o de cualquier fracción en el fondo de las cosas como en su superficie captable no hubiera
perceptible de milímetro. Nuestra razón, sino nuestra imaginación, más que posiciones, distancias, desplazamientos, ¿por qué un despla-
quedaría tan pasmada en el último caso como en el primero. De igual zamiento, inconcebible como finito, cambiaría de naturaleza
modo, si se nos presentan dos especies vivientes distintas, muy aleja- deviniendo infinitesimal? Lo infinitesimal, por tanto, difiere
das o muy próximas, poco importa, un hongo y un labiado o dos cualitativamente de lo finito; el movimiento tiene otra causa que sí
labiados del mismo género, no conseguiremos jamás comprender, mismo; el fenómeno no es todo el ser. Todo parte de lo infinitesimal
tanto aquí como allá, que uno súbitamente y sin transición haya po- y todo retorna allí; nada, cosa sorprendente que no sorprende a nadie,
dido devenir el otro. Pero si se nos dice que en virtud de un cruce el nada aparece súbitamente en la esfera de lo finito, de lo complejo, ni
óvulo fecundo de uno ha sufrido una desviación de su itinerario ha- se extingue allí. ¿Qué concluir de esto sino que lo infinitamente pe-
bitual, extremadamente ligera primero, incrementada por grados lue- queño, de otro modo llamado el elemento, es la fuente y el fin, la
go, no encontramos ninguna dificultad en admitir eso. Diremos que sustancia y la razón de todo? Mientras que el progreso de la física
la imposibilidad de concebir la primera hipótesis se sostiene en un conduce a los flsicos a cuantificar la naturaleza para comprenderla, es
prejuicio formado en nosotros por asociación de ideas. Nada más notable que el progreso de las matemáticas conduzca a los matemáti-
cierto, y esto prueba justamente que la realidad, fuente de la expe- cos, para comprender la cantidad, a resolverla en elementos que no
riencia donde ha nacido este prejuicio, se somete a la explicación de tienen absolutamente nada de cuantitativo.
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Gabriel Tade Manado logia y sociología

Esta importancia creciente atribuida a lo infinitesimal a través del cationes sociales. De igual modo, si la materia fuera tan pasiva, tan
incremento de los conocimientos, es tanto más extraña cuanto que, inerte como se la cree, no veo por qué el movimiento, es decir el
bajo su forma ordinaria (siendo desechada la hipótesis de las mónadas) desplazamiento gradual, existiría, no veo por qué la forMación de un
es un simple manojo de contradicciones. Confío a M. Renouvier el organismo estaría sometida al tránsito por sus fases embrionarias,
cuidado de señalarlas. ¿Por cuál virtud el absurdo daría al espíritu obstáculo opuesto ala realización inmediata de su fase adulta que sin
humano la clave del mundo? ¿No es porque a través de esta noción embargo apunta desde el comienzo al impulso del germen.
completamente negativa, apuntamos sin alcanzarla, miramos sin ver- Nótese que la idea de línea recta no es propiedad exclusiva de la
la, una noción muy positiva que quizás nos hace falta pero que no geometría. Hay una rectilinearidad biológica, existe también una
menos debe figurar pour mémoire en el inventario de nuestro activo rectilinearidad lógica. En efecto, al igual que para pasar de un punto a
intelectual? Este absurdo podría no ser más que la envoltura de una otro, la abreviación, la disminución del número de los puntos inter-
realidad extraña a todo lo que conocemos, exterior a todo, al espacio puestos no podría ser indefinida y se detiene en el límite llamado
y al tiempo, a la materia y al espíritu... ¿Al espíritu? Si fuera así, la línea recta, del mismo modo, en el pasaje de una forma específica a
hipótesis de las mónadas debería ser rechazada... pero eso demanda otra, de un estado individual a. otro, hay una interposición mínima,
examen. Sean lo que sean, existirían pues los verdaderos agentes, esos irreductible, de formas y de estados a recorrer, la única que quizás
pequeños seres de los que decimos que son infinitesimales, existirían explique la repetición abreviada, por el embrión, de una parte de los
las verdaderas acciones,esaspequeñas variaciones de las que decimos tipos sucesivos de donde procede; y de un modo semejante, en la
que son infinitesimales. exposición de un cuerpo de ciencias, ¿no hay una manera de ir todo
De lo que precede parece aún resultar que esosagentes son autóno- derecho de una tesis a otra, de un teorema a otro, y esta no consiste en
mos, que esas variaciones tropiezan y se ponen trabas tanto como se ligarlas a través de una cadena deposiciones lógicas necesariamente in-
prestan ayuda. Si todo parte de lo infinitesimal, es que un elemento, termediarias? Necesidad verdaderamente sorprendente. Este orden
un único elemento, tiene la iniciativa de un cambio cualquiera, mo- racional, rectilíneo, de exposiciones el cual se adhiere y se fija en los
vimiento, evolución vital, transformación mental o social. Si todos libros elementales que resumen en algunas páginas la labor de siglos,
esos cambios son graduales, y continuos en apariencia, eso muestra coincide a menudo, pero no siempre, sobre algunos puntos pero no
que la iniciativa del elemento emprendedor, aunque secundado, ha sobre todos, con el orden histórico de aparición de los sucesivos des-
encontrado resistencias. Supongamos que todos los ciudadanos de cubrimientos de los que la ciencia es la síntesis. Quizás es así en la
un Estado adhieren sin excepción plenamente a un programa de reor- famosa recapitulación de la filagénesis por la autogénesis que sería la
ganización política nacido en el cerebro de uno de ellos y más rectificación y no solamente la aceleración prodigiosa de la vía más o
específicamente en un punto de ese cerebro; la entera refundición de menos tortuosa según la cual las formas ancestrales, las invenciones
eseEstado sobre este plan, en lugar de ser sucesiva y fragmentaria, será biológicas acumuladas y legadas en masa al óvulo, se han sucedido en
brusca y total, cualquiera que sea la radicalidad del proyecto. Es la las edades anteriores.
contrariedad de los otros planes de reforma o de los otros tipos de El verdadero apoyó que la doctrina de la evolución presta a las
Estado ideal, de los que cada miembro de una nación está pgseído a hipótesis monadológicas parecería más evidente aún si proyectára-
sabiendas o sin saberlo, la única que explica la lentitud de las rnodifi- mos ese gran sistema bajo las nuevas formas que está a punto de
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Gabriel Tarde Monadología y sociología

revestir y que desde ya comienzan a dibujarse. Puesto que el evolu- especie, también equilibrada de modo estable, y entonces permanece
cionismo mismo evoluciona. Evoluciona no por una serie o un cú- allí un tiempo, que para nosotros sería una eternidad.
mulo de ciegos tanteos, de adaptaciones fortuitas e involuntarias a los Ciertamente no he de discutir estas conjeturas. Me basta con notar
hechos observados, conforme a los procedimientos de transforma- que ellas están en tren de crecer, o más bien de progresar por debajo,
ción que en general él comete el error de atribuir a la naturaleza vi- todavía humildes, pero avasallantes, mientras que la selección natural
viente, sino por los esfuerzos acumulados de científicos y teóricos pierde terreno cada día, mostrándose más apropiada para depurar los
perfectamente alertas, conciente y voluntariamente ocupados en tipos que para perfeccionarlos, y para perfeccionarlos más que para
modificar la teoría fundamental para ajustarla lo mejor posible a los remodelarlos profundamente por sí sola. Añado que sea por una u
datos de la ciencia que les son conocidos, y también a las ideas pre- otra de las vías señaladas, forzosamente somos conducidos a poblar, a
concebidas que les son caras. Esta teoría es para ellos un tipo genérico llenar los cuerpos vivientes de átomos espirituales o cuasi espirituales.
que trabajan para especificar cada uno a su manera. Pero, entre esos ¿Quées en efecto esa necesidad desociedad dada como alma por M.
variados productos de la increíble fermentación suscitada por Darwin, Perrier al mundo orgánico, sino el hecho de pequeñas personas? Y
hay sólo dos que añaden o sustituyen ala propia idea del maestro una ¿quépuede seresa transformación directa, regular, rápida, imaginada
novedad verdadera y realmente fecunda. Quiero hablar en primer por los otros, si no es la obra de obreros ocultos que colaboran en la
lugar de la evolución por asociación de organismos elementales en or- realización de algún plan de reorganización específica concebido y
ganismos más complejos formulada por M. Edmond Perrier, y en querido en primer lugar por uno de entre ellos?
segundo lugar de la evolución por saltos, por crisis, la que indicada y
predicha hace años en los clarividentes escritos de Cournot, de nuevo
ha germinado espontáneamente aquí y allá en el espíritu de los cien-
tíficos contemporáneos. La transformación específicade un tipo pre-
existente en vista de una nueva adaptación ha debido operarse, según
uno de ellos, en un momento dado de una forma en cierta manera
inmediata (es decir, pienso, muy corta relativamente a la prodigiosa
duración de las especies una vez formadas, pero quizás muy larga
respecto a la brevedad de nuestra vida) y, añade, por un proceso regular
y no por tanteo. De modo similar, para otro transformista, la especie,
desde su formación relativamente rápida hasta su descomposición
que también lo es, queda realmente fijada dentro de ciertos límites,
porque ella está esencialmente en estado de equilibrio orgánico esta-
ble. Seriamente trastornado en su propia constitución por un cambio
excesivo de su medio (o por alguna revolución interna debida a la
rebelión contagiosa de algún elemento) el organismo no sale de su
especie más que para rodar en cierto modo sobre la pendiente de otra
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II.

Creo que hay aquí suficiente para probar que la ciencia tiende a
pulverizar el universo, a multiplicar indefinidamente los seres. Pero,
decía más arriba, no tiende menos a unificar de manera nítida la dua-
lidad cartesiana de la materia y el espíritu. Por eso ella corre, no digo
a un antropomorfismo sino a un psicomorfismo inevitable. Efectiva-
mente no podemos concebir el monismo (esto ha sido dicho otras
veces, lo sé) más que de tres maneras: sea observando el movimiento
y la conciencia, la vibración de una célula cerebral por ejemplo y el
estado del espíritu correspondiente, como dos caras de un mismo
hecho, y engañándose uno mismo a través de esta reminiscencia del
antiguo Janus;sea haciendo derivar la materia y el espíritu, cuya natu-
raleza heterogénea no se niega, de una fuente común, de un espíritu
oculto e incognoscible, y no ganando con esto más que una trinidad
en lugar de una dualidad; seaen fin planteando decididamente que la
materia es del espíritu, nada más. Esta última tesis es la única que se
comprende y que realmente ofrece la reducción exigida. Pero hay dos
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Gabriel Tade
manado/0,0y sociología

formas de entenderlo. Con los idealistas, se puede decir que el uni- mente cualitativas de la sensación, sea que se trate de colores, de olo-
verso material, comprendidos en él los otros yo, es mío, exclusiva- res, de sabores o de sonidos, el contraste es demasiado chocante para
mente mío, que se compone de mis estados de espíritu o de su posi- nuestro espíritu. Poro si algunos de nuestros estados internos, distin-
bilidad en tanto que es afirmada por mf, es decir en tanto que él tos, en hipótesis, de la sensación, resultaran variables cuantitativamente,
mismo es uno de mis estados de espíritu. Si esta interpretación se como he intentado mostrarlo en otro lugar, ese carácter singular per-
rechaza, no queda más que admitir, con los monadologistas, que todo mitiría quizás tentar a través de ellos la espiritualización del universo.
el universo exterior está compuesto de almas distintas que la mía, En mi visión, los dos estados del alma, o más bien las dos fuerzas del
pero semejantes en el fondo a la mía. Aceptando este último punto alma llamadas creencia y deseo, de donde derivan la afirmación y la
de vista, resulta que se quita al precedente sus mejores fundamentos. voluntad, presentan ese carácter eminente y distintivo. Por la univer-
Reconocer que se ignora lo que es el ser en si de una piedra, de un salidad de su presencia en todo fenómeno psicológico del hombre o
vegetal, y al mismo tiempo obstinarse en decir que él es,es insosteni- del animal, por la homogeneidad de su naturaleza de un extremo al
ble lógicamente; la idea que se tiene de esto es fácil de demostrar, otro de su inmensa escala, a partir de la menor inclinación a creer y a
tiene por todo contenido nuestros estados de espíritu, y como hecha desear, hasta la certidumbre y la pasión, en fin por su mutua penetra-
la abstracción de nuestros estados de espíritu no queda nada, o no se ción y demásrasgos de similitud no menos sorprendentes, la creencia
afirma más que a ellos afirmando esta X sustancial e incognoscible, o y el deseo juegan en d yo, respecto a las sensaciones, precisamente el
nos vemos forzados a confesar que afirmando otra cosa no se afirma papel del espacio y del tiempo respecto a los elementos materiales.
nada. Pero en el fondo, si el ser en sí es semejante a nuestro ser, no Habría que examinar si esta analogía no recubriría una identidad, si
siendo ya incognoscible, deviene afirmable. en lugar de ser simplemente formas de nuestra sensibilidad, como lo
En consecuencia, el monismo nos encamina al psicomorfismo ha pretendido el más profundo analista, el espacio y el tiempo no
universal. Sólo que, ¿está el monismo en vías de demostrarse tanto serían por azar nociones primitivas o cuasi-sensaciones continuas y •
como de afirmarse? No. Es cierto que cuando vemos a físicos como originales por las cuales se traducirían en nosotros, gracias a nuestras
Tyndall, naturalistas como Haeckel, filósofos historiadores y artistas dos facultades de creer y de desear, fuente común de todo juicio yen
como Taine, teóricos de todas las escuelas, sospechar o convencerse consecuencia de toda noción, los grados y los modos de creencia, los
de que el hiato del adentro y del afuera, de la sensación o de la vibra- grados y los modos de deseo, ágentes psíquicos distintos de nosotros.
ción, es ilusorio, sus argumentos suelen no alcanzar; la concordancia En esta hipótesis, los movimientos de los cuerpos no serían más que
de sus convicciones y sus presentimientos tiene su importancia. especies de juicios o de designios formados por las mónadas' .
Pero, si ellos se proponen hacernos tocar con los dedos la identidad Vemos que si así fuera, la transparencia del universo sería perfecta,
que alegan, esta presunción pierde todo su valor frente ala discordan- y el conflicto manifiesto de dos corrientes opuestas de la ciencia con-
cia evidente de los términos yuxtapuestos que se trata de identificar, temporánea estaría resuelto. Puesto que, si por un lado ella nos lleva
entiendo yo el movimiento y la sensación.
Es que en efecto al menos uno de esos términos está mal escogido. ' Según Lote, si hay en el átomo algo espiritual, debe ser un placer y un dolor, más
Entre las variaciones puramente cuantitativas del movimiento, cuyas que una noción; yo pretendo justamente lo contrario (Prychologie physiologique de
desviaciones son ellas mismas mensurables, y las variaciones pura- Lote, p. 133).

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Gabriel Tarde Moiradologia y sociología

ala psicología vegetal, a la «psicología celular», pronto a la psicología nosescapa, yes unas horas más tarde, cuando pensábamos en otra cosa
atómica, en una palabra a una interpretación completamente espiri- completamente distinta, que ella acude espontáneamente a ofrecerse a
tual del mundo mecánico y material, por otro lado su tendencia a nosotros. ¿Cómo explicar esta revelación inesperada? Es que un secreta-
explicar todo mecánicamente, incluso el pensamiento, no es menos rio misterioso, un hábil autómata ha trabajado para nosotros mientras
evidente. En la «psicología celular» de Haeckel, es curioso ver alter- que la inteligencia (sería preciso decir nuestra inteligencia en nosotros,
narse de una línea a la otra esas dos maneras de ver contradictorias. mónada dirigente) descuidabaesosdetalles poco considerables...».
Pero la contradicción es sobrepasada por la hipótesis precedente, y La necesidad en que están los alienistas de recurrir aesas compara-
esto no puede ser más que: así. ciones de secretario, de bibliotecario íntimo, para explicar los fenóme-
Por otra parte esta hipótesis no tiene nada de antropomórfica. La nos de la memoria, es una fuerte presunción en favor de la hipótesis
creencia y el deseo poseenese privilegio único de comportar estados de las mónadas. Tanto que la teoría monadológica puede apropiarse
inconcientes. Ciertamente existen deseos, juicios inconcientes. Son sin ningún esfuerzo de la argumentación de los psicólogos ingleses y
los deseos implicados en nuestros placeres y en nuestras penas, los alemanes sobre este tema. Pero puesto que, después de todo, parece
juicios de localización y otros incorporados a nuestras sensaciones. necesario en ciertos casos ver como inconcientes ciertos estados del
Por el contrario, las sensaciones inconcientes, no sentidas, son mani- alma, remarcamos que a decir verdad, un deseo, un acto de fe, no
fiestamente imposibles; y si ellas son concebidas por algunos espíri- sólo pueden no ser sentidos, sino que incluso tampoco podrían ser
tus, es que sin saberlo entienden por esto sensaciones no afirmadas ni sentidos como tales, del mismo modo que una sensación no podría
distinguidas, o que, comprendiendo la necesidad muy real de admitir ser activa por sí misma. Ahora bien, por este carácter remarcable, las
estados inconcientes del alma, han visto erróneamente las sensaciones dos fuerzas internas que he mencionado se anuncian a nosotros como
como susceptibles de ser semejantes estados. Es más, los hechos, por objetivables en el más alto grado. Puesto que se aplican a sensaciones
lo demás muy sorprendentes, sobre los cuales se apoya la hipótesis de cualesquiera, tan radicalmente diferentes como puedan serlo, al rojo
una sensibilidad inconciente, van en general mucho más lejos de esta como al do o al re, al perfume de la rosa como al frío o al calor, ¿por
conclusión. Muestran que nuestra conciencia en nosotros, mónadas qué no se aplicarían también a fenómenos desconocidos y, lo admito,
dirigentes, elementos-jefes del cerebro, tiene por colaboradores nece- incognoscibles, distintos en hipótesis de las sensaciones, pero ni más
sarios, constantes, durante nuestra vida o principado cerebral, a innu- ni menos distintos de las sensaciones de lo que lo son ellas las unas de
merables conciencias distintas, cuyas modificaciones, exteriores res- las otras? ¿Por qué la sensación no sería vista como una simple especie
pecto a nosotros, son para ellas estados internos. «Ciertos fisiologistas, del género cualidad, y no admitiríamos que existen fuera de nosotros
dice M. Bail, que se interesan en la psicología, han probado que no marcas cualificativas enabsoluto sensacionales y pudiendo, tanto como
podríamos olvidar nada. Los trazos de las impresiones anteriormente nuestras sensaciones, servir de punto de aplicación a las fuerzas psí-
recibidas se acumulan en nuestras células cerebrales, donde permane- quicas por excelencia, la fuerza estática llamada creencia y la fuerza
cen indefinidamente latentes, hasta el día en que una influencia supe- dinámica llamada deseo? Es quizás por un sentimiento instintivo y
rior las evoca de la tumba donde ellas dormían sepultadas... Cuando confuso de esta verdad que se ha forjado sobre el tipo del deseo la
en el medio de una conversación buscamos acordarnos de un nom- idea de fuerza, en la que se ha buscado la clave del enigma universal.
bre, una fecha, un hecho, la información buscada muy a menudo se Schopenhauer ha quitado la máscara de esta noción llamándola casi
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Monadologlaysociologla
GabrielTarde

por suverdadero nombre, voluntad. Pero la voluntadesuna combi- nesy la perfecta legitimidad desuexplicación atravésdehechos fisio-
nación de la fe y del deseo, y los discípulos del maestro, entre otros lógicos, río podría reconocer lo mismo del deseo y de la creencia. A
Hartmann, han debido afiadir la idea a la voluntad. Habrían hecho mi modo de ver, el análisis no muerde sobre esas nociones
mejor en quebrar la voluntad y distinguir en ella susdos elementos. irreductibles. Existe una contradicción inadvertida en pretender, de
Aquello de lo que uno tiene el derecho de asombrarse,es que en el una parte, que un organismoesun mecanismo formado en virtud de
medio de tantas conjeturas filosóficas nadiehayapensadoaún, explí- leyespuramente mecánicas y, de otra parte, que todos los fenómenos
citamente al menos, en briscar en la objetivación de la creencia y no de la vida mental, comprendidos los dos mencionados más arriba,
del deseo la solución de los problemas de la física y de la vida. Digo son puros productos de la organización, creados por ella y no exis-
explícitamente,pues inconcientemente concebimos la materia, la sus- tiendo antesde ella. Si en efecto el ser organizado noesmásque una
tancia coherente y sólida, satisfecha y reposada, no solamente con la admirable máquina, debe serlo como todas las otras, en las cuales no
ayuda, sino también a imagen y semejanza de nuestras convicciones, sólo ninguna fuerza nueva, sino tampoco ningún producto radical-
como la fuerza de la imagen de nuestros esfuerzos. Sólo Hegel a en- mente nuevo podría sercreadoen virtud delasmás maravillosas dis-
trevisto esto, si se lo juzga por su pretensión de componer el mundo posiciones de engranajes. Una máquina noesmásque una distribu-
conseriesde afirmaciones ynegaciones. De ahí quizás, apesarde las ción y una dirección especialdefuerzaspreexistentes que la atraviesan
aberraciones y delasraras sutilezas,eseaire de arquitectural y magis- sin alterarse esencialmente. Ella no esmásque un cambio de forma
tral grandezaqueseliga asu obra en ruina y quemarca,en general, la dadaa los materiales brutos que recibe de afuera y cuya esencia no
propia superioridad de los sistemas sustancialistas de todos los tiem- cambia. Si por tanto los cuerpos vivientes, una vezmás, son máqui-
pos,desde Demócrito hastaDescartes, sobre lasmáscautivantes doc- nas, la naturaleza esencialdelos únicos productos y delasúnicas fuer-
trinas dinamistas. ¿Nohemos visto, dentro de nuestro brillante evo- zasresultantes desu funcionamiento quenosson conocidos hasta su
lucionismo actual, que lleva al extremo la idea leibniziana de fuerza, fondo (sensaciones, pensamientos, voliciones) nos revela quesus ali-
al monismo intentar rejuvenecer la sustanciadeSpinoza?Pues, como mentos (carbono, nitrógeno, oxígeno, hidrógeno, etc.) contienen ele-
la voluntad vahacia la certidumbre, como el movimiento de los astros mentos psíquicos ocultos. Particularmente, entreesos resultados su-
y de los átomos va hacia su aglomeración definitiva, la idea de fuerza periores delas funciones vitales, hay dos que son fuerzas y que, bro-
lleva naturalmenteala ideadesustancia,en la que,cansadadelas agita- tando del cerebro, no han pódido sercreadosen él a través del juego
cionesde un fenomenismo ilusorio, captando en fin realidades que se mecánico de vibraciones celulares.¿Podemosnegar que el deseo y la
dicen inmutables, se refugia un pensamiento idealista o materialista creenciaseanfuerzas?¿Novemos que con sus combinaciones recí-
cadauno asu turno. Pero, ¿cuáldeestasdos atribuciones hechasa los procas, laspasiones y los designios, ellos son los vientos perpetuos de
misteriosos nóumenos exteriores de nuestras dos cantidades interio- lastempestades de la historia, los saltos de agua que hacen girar los
resesla legítima? ¿Porqué no aventurar que lo son ambas? molinos políticos?¿Quéeslo que dirige eimpulsa al mundo, sino las
Diremos quizás queesepsicommfismoesuna solución muy fácil, creencias religiosas u otras, las ambiciones y las codicias? Estos pro-
peroademás ya ilusoria, y quees un engaño pretender explicar los ductos sonfuerzas tales que sólo con ellosseproducen las sociedades,
fenómenos vitales, físicos, químicos a través dehechos psicológicos, vistas aún por tantos filósofos como auténticos organismos. De este
todosmáscomplejos. Pero, si admito la complejidad delas sensacio- modo, ¡los productos de un organismo inferior serían los factores de
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Gabrid Tarde M o n a d o l o g í a y s o c i o l o g í a

una organización superior! Admitiendo pues el carácter dinámico de virtualmente en la célula madre! Decimos mejor, cuando le parece
esos dos estados del alma, la conclusión a la que uno no escapa, ob- bien, cuando eso es útil a su meta, a su plan cósmico particular de
servándolos por otra parte como productos, adquiere un grado de donde proceden todos sus movimientos, el elemento vital revela y
rigor mayor. Puesto que se sabe que las fuerzas empleadas por las despliega sus recursos ocultos. Confundido en una infinidad en el
máquinas salen siempre de allí menos desnaturalizadas que sus mate- montón indiviso del protoplasma, hace cesar su indivisión en el
rias primas. En consecuencia, si el deseo y la creencia son fuerzas, es momento debido, se cerca y sesecuestra con un grupo compacto de
probable que en su salida del cuerpo en nuestras manifestaciones vasallos, se reviste de murallas calcáreas; o bien alarga filamentos como
mentales, no difieran notablemente de sí mismas tales como eran a un marinero sus remos, y se mueve hacia su presa. Todas las aguas
su entrada, bajo la forma de cohesiones o de afinidades moleculares. contienen miríadas de estos seres vivientes unicelulares que se «cons-
El fondo último de la sustancia material estaría por allí entreabierto truyen un esqueleto... de esferas concéntricas tan transparentes como
para nosotros; y vale la pena examinar si, al seguir las consecuencias el cristal, y de una simetría y una belleza perfectas». Evidentemente
de este punto de vista, permanecemos de acuerdo con los hechos la única célula de la que se habla no cumpliría esos prodigios com-
adquiridos por la ciencia. Y yo tengo aquí la ventaja de poder apoyar- pletamente sola, yes preciso creer que ella simplemente ha sido el
me sobre los trabajos acumulados de Schopenhauer, de Hartmann y alma de un pueblo de obreros. Pero qué gasto de actos psíquicos
de su escuela, que han logrado según me parece demostrar el carácter supone semejante labor.
primordial y universal, no de la voluntad, sino del deseo. En verdad, uno tiene el derecho de preguntarse, al comparar las
Para no citar más que un ejemplo, he aquí una masade protoplasma invenciones celulares, las industrias celulares, las artes celulares, tal
donde no ha podido ser descubierto ningún índice de organización, como un día de primavera nos las expone, con nuestras artes, nuestras
«gelatina límpida como el blanco del huevo», dice M. Perrier. Esta industrias, nuestros pequeños descubrimientos humanos desplega-
gelatina sin embargo, añade él, ejecuta movimientos, captura anima- dos en nuestras exposiciones periódicas, si es cierto que nuestra inte-
les, los digiere, etc. Ella posee apetito, es evidente, y en consecuencia, ligencia y nuestra voluntad, grandesyo disponiendo de los vastos re-
una percepción más o menos clara de lo que apetece. Si el deseo y la cursos de un gigantesco estado cerebral, superan a aquellos pequeños
creencia no son más que productos de la organización, acuerdo fácil- yo confinados en la minúscula residencia de una célula animal o in-
mente de dónde vienen esa percepción y ese apetito de esta masa cluso vegetal. Ciertamente, si el prejuicio de creernos superiores a
heterogénea, pero ¿todavía no organizado? «Los movimientos de las todo no nos cegara; la comparación no correría en ventaja nuestra. En
esporas, dice M. Almann, de la Sociedad Real de Londres, parecen el fondo, esese prejuicio el que nos impide creer en las mónadas. En
con frecuencia obedecer a una verdadera volición, si la espora encuen- su esfuerzo secular por interpretar mecánicamente todo lo que ocurre
tra un obstáculo, ella cambia de dirección y retrocede invirtiendo el fuera de nosotros, incluso lo que más brilla en trazos de genio acu-
movimiento de suspestañas.» Un mecánico de ferrocarril no lo haría mulados, las obras vivientes, nuestro espíritu sopla en cierto modo
mejor. Sin embargo, esta espora no esmás que una célula liberada de sobre todas las luces del mundo en provecho de su única chispa. Sin
una planta inmóvil e insensible, a la cual negamos toda voluntad, duda alguna M. Espinas tiene razón en decir que un pocode inteligen-
toda inteligencia. ¡He aquí de este modo la inteligencia y la voluntad cia basta para explicar los trabajos sociales de las abejas y de las hormi-
que aparecerían de un golpe en la célula hija y no existirían ni aún gas. Pero si se concede esepoco y se lo juzga necesario para dar cuenta
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Gabriel Tarde Monadologla y sociología

deesos productos por lo demás muy simples, tanto como los de quelosdosreinosseconfunden in minimis. «Un diámetro de 1/3000
nuestras industrias, sedebe convenir que para producir la organiza- milímetros esmásomenos lo máspequeño que un microscopio nos
ción misma deesosinsectos, tan infinitamente superiores en todos permite ver distintamente, dice M. Spottiswoode. Pero los rayos so-
sustrabajos en complejidad, en riqueza, en flexibilidad de adapta- lares y la luz eléctrica nosrevelan la presenciadecuerpos infinitamen-
ción, seha necesitadomuchode inteligencia y de inteligencias. Con- te por debajo deesasdimensiones. M. Tyndall ha tenido la idea de
sentimos en hacer esta reflexión tan natural: puesto que el cumpli- medirlos en función delasondas luminosas... observándolosen masa
miento de la función socialmássimple, lamásbanal, lamás uniforme y notando los matices que esparcen.Esoscuerpos infinitamente pe-
desdesiglos, puesto que, por ejemplo, el movimiento de conjunto un queñosno sonsolamente moléculasgaseosas;comprenden aún orga-
tanto regular de una procesión o de un regimiento exige, lo sabemos, nismoscompletos, y el ilustre científico queacabamosde citar ha he-
tantaslecciones previas, tantas palabras, tantos esfuerzos,tantas fuerzas cho un estudio profundo de la considerable influencia queestos or-
mentalesdispensadascasi en pura pérdida, ¡qué nohace falta pues de ganismos minúsculos ejercen en la economía de la vida.»
energía mental, o cuasi mental, esparcidaaraudales,para producir esas PeroSinos atenemos a los límites del psiquismo, el buen sentido
complicadasmaniobrasdelasfunciones vitales simultáneamente cum- afirma que,en promedio, los seres muchomáspequeños que noso-
plidas, no por miles, sino por millones de actores diversos, todos — tros son mucho menos inteligentes, y siguiendo esta progresión es-
tenemosrazonesparapensarlo—esencialmenteegoístas,todos tan dife- tamosseguros de llegar, en el camino de la pequefiez creciente, a la
rentes entre ellos como los ciudadanos de un vasto imperio! no-inteligencia absoluta. ¡El buen sentido! Pasamos. El buen senti-
Sin dudassería preciso rechazaresta conclusión si estuviera proba- do también dice que la inteligencia es incompatible con una talla
do o fuera probable, por poco que lo fuera, quemásallá de un cierto desmesurada, yen esto, hay que reconocerlo, la experiencia le da la
grado de pequeñez corporal la inteligencia (no digo la inteligencia razón. Pero junten esasdos afirmaciones del buen sentido, yes cla-
sensitiva tal como la conocemos, sino el psiquismo, género del que ro queambasemanan, la una gratuita, la otra verosímil, del prejui-
toda inteligencia por nosotros conocida noesmásqueuna especie) es cio antropocéntrico. En realidad, juzgamos los seres tanto menos
imposible. De esta imposibilidad demostrada podríamos deducir a inteligentes cuanto menos los conocemos, y el error decreer no inte-
continuación quelos fenómenospsíquicossonresultados radicalmente ligente lo desconocido puede ir parejo con el error, del quese hablará
distintos desuscondiciones, aunque no obstante todos losseres inte- másadelante, de considerar lo desconocido como indistinto, indife-
ligentes o en general psíquicos observados por nosotros proceden de renciado, homogéneo.
parientes o deascendentes igualmente psíquicos, y aunque la genera- Habría queguardarsede ver en lo que precede un disimulado ale-
ción espontáneade la inteligenciaseauna hipótesis aúnmenos acep- gato a favor del principio de finalidad, tan justamente desacreditado
table, siesposible, que la de la generación espontáneadela vida. Pero ennuestros días bajo su forma ordinaria. Quizás, en efecto, desde el
por mucho que nossumerjamosenlas profundidades microscópicas, punto de vista del método, valga aúnmásnegar todo fin ala natura-
induso aún ultra-microscópicas de lo infinitamente pequeño, descu- leza, toda idea, que pretender unir todos sus fines y todassus ideas,
brimos siempre allí gérmenes vivientes y organismos completos, en comose lo hace, a un pensamiento, a una voluntad única. Singular
los cuales la observación y la inducción nos llevan a reconocer los explicación dada para un mundo donde todos los seresse devoran
caracteres de la animalidad tanto como los de la vegetación, puesto entre sí, donde encadaser el acuerdo de las funciones no es, cuando
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Gabriel Tarde Monadologlaysociologla

existe,másqueuna transacción de intereses y depretensiones contra- puramente simbólico deesasverdades; yes precisamente el servicio
rias, donde enestado normal, en el individuo mejor equilibrado, se que la afirmación delas mónadas podría brindar alas ciencias.
notan funciones y órganos inútiles, como en el Estado mejor gober-
nadoseproducen siempre aquí y allá disidencias desectas, particula-
ridades provinciales, religiosamente perpetuadas por los ciudadanos y
necesariamenterespetadas por los gobernantes, ¡aunque rompan la
soñada unidad! Por muy infinito quesesuponga el pensamiento, la
voluntad divina, por másquese pretenda que ellaseauna, deviene
desdeentonces insuficiente como explicación de las realidades. En-
tre su infinitud, que supone la coexistencia de los contradictorios, y
su unidad, que exige el acuerdo perfecto, esnecesario elegir, a me-
nos que milagrosamente no hagamos proceder la una de la otra, y
por turno, la primera de la segunda, luego la segundade la prime-
ra... Pero no abordaremosesos misterios. Ninguna inteligencia en
la materia o una materia llena de inteligencia; no hay punto medio.
Y a decir verdad, científicamente, eso remite a lo mismo. Pues su-
pongamos por un instante que uno de nuestros Estados humanos,
compuesto no de algunos miles sino de algunos cuatrillones o
quintillones dehombres herméticamente cerradose individualmen-
te inaccesibles (especie de China infinitamente máspopulosa aún y
máscerrada) nos fuera simplemente conocido por los datos de sus
estadísticos, cuyas cifras apoyándose en enormes númerosse repro-
ducirían con una regularidad extrema. Cuando una revolución po-
lítica o social, que nos sería revelada por un crecimiento o un hun-
dimiento bruscos de algunas deesascifras, se produjera enese Esta-
do, por muy seguros que estemos de que se trata allí de un hecho
causado por ideas y pasiones individuales, evitaríamos perdernos en
conjeturas superfluas sobre la naturaleza deesasúnicascausas verda-
deras, pero impenetrables, y nos parecería lo mássensato explicar
mal que bien las cifras anormales a través de comparaciones inge-
niosas con las cifras normales hábilmente manejadas.Así al menos
alcanzaríamos resultados claros y verdades simbólicas. No obstan-
te, sería importante de tiempo en tiempo acordarnos del carácter
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Acabamos de ver que la ciencia, luego de haber pulverizado el uni-
verso, llega necesariamente a espiritualizar su polvo. Arribamos sin
embargo a una objeción fundamental. En un sistema monadológico
o atomístico cualquiera, todo fenómeno no esmás que una nebulosa
resoluble en acciones emanadas de una multitud de agentes que son
otros tantos pequeños dioses invisibles e innumerables. Este politeís-
mo, iba a decir este midateismo permite explicar el acuerdo universal
de los fenómenos, tan imperfecto como es. Si los elementos del
mundo han nacido aparte, independientes y autónomos, no seve por
qué un gran número de entre ellos y un gran número de sus
agrupamientos (por ejemplo todos los átomos de oxígeno o de hi-
drógeno) se parecen sino perfectamente, como se lo supone sin sufi-
ciente razón, al menos en límites aproximadamente fijos; no se ve
por qué un gran número de entre ellos, sino todos, parecen estar
cautivos y sometidos y haber renunciado a esa libertad absoluta que
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Gabriel Tarde Menadología y sociología

implica su eternidad; no seveen fin por qué el orden y no el desor- mente)' ; y todasesasesferas queseentre-penetran son otros tantos
den, y ante todo la condición primera del orden, la concentración dominios propios acada elemento, quizás otros tantos espacios dis-
creciente y no la dispersión creciente, resultan desupuestaen relacio- tintos, aunque mezclados, que erróneamente tomamos por un espa-
nes.Tambiénpareceque hiciera falta recurriranuevashipótesis. Como do único. El centro decadaunadeesasesferasesun punto singulari-
complemento desusmónadascerradas, Leibniz hacedecadauna de zado por suspropiedades, perodespuésde todo un punto como cual-
ellasunacámaraoscuradonde el universo entero delasotras mónadas quier otro; y por otra parte siendo la actividad la esencia misma de
acuden a pintarse reducidas y bajo un ángulo especial; y además él todo elemento, cada uno de ellosestá por completo allí donde actúa.
ha debido imaginar la armonía preestablecida, de modo que, como El átomo, a decir verdad, aconsecuenciadeeste punto de vista suge-
complemento desusátomos errantes y ciegos, los materialistas de- rido naturalmente por la ley de Newton (que en vanose intenta ex-
ben invocar lasleyes universales o la fórmula única en la cual entra- plicar devezen cuando por presionesde éter), deja deser un átomo;
rían todasesasleyes, suerte decomando místico al cual obedecerían esun medio universal o aspirante al devenir, un universo en si, no
todos los seres y que no brotaría de ningún ser, suerte de verbo solamente, como lo quería Leibniz, un microcosmos, sino el cosmos
inefable e ininteligible que, sin haber sido jamás pronunciado por por entero conquistado y absorbido por un solo ser. Si así resuelto d
nadie, sería sin embargo escuchado en todas partes y siempre. Ade- espaciode algunamanera sobrenatural enespaciosrealeso dominios
más, atomistas o monadologistas, ellos se representan del mismo elementales,conseguíamos resolver del mismo modo la entidad va-
modo sus elementos primeros, fuentes, dicen ellos, de toda reali- cía del Tiempo único en realidades múltiples, endeseos elementales,
dad, como nadando en un mismo espacio y en un mismo tiempo, yano quedaría como última simplificación másque explicar las leyes
dosrealidades o pseudo-realidades de un género singular, que pene- naturales, la similitud, la repetición de los fenómenos y la multiplica-
trarían profundamente y de parte en parte las realidades materiales ción de los fenómenos semejantes (ondas físicas, células vivientes,
supuestas impenetrables, y sedan radicalmente distintas de ellas, a imitaciones sociales)através del triunfo de ciertas mónadasque han
pesar de la intimidad de esta penetración. Otros tantos caracteres, deseadoesasleyes, impuestoesos tipos, puesto su yugo, y pasado su
otros tantos misterios, que comprometen singularmente a la filoso- falsificación sobre un pueblo de mónadas uniformizadas y esclavas,
fía.¿Sepuedeesperar resolverlos al concebir mónadasabiertas que se pero todas nacidas libres y originales, todas ávidas, como sus con-
penetran recíprocamente en lugar deser exteriores lasunasalas otras? quistadores, de la dominación y de la asimilación universales. Tanto
Yo lo creo, y observo que, por eselado también, los progresos de la como el espacio y el tiempo, las leyes, otras entidades flotantes y
ciencia, no digo solamente contemporánea sino moderna, favore- fantásticas, encontrarían en fin deesamanerasuasiento y supunto de
cen la eclosión de una monadología renovada. El descubrimiento aplicación enlasrealidades reconocidas.Todas ellas habrían comenza-
newtoniano de la atracción, de la acción a distancia, y atoda distan- do, como nuestras leyes civiles y políticas, por ser proyectos, propó-
cia, de los elementos materiales unos sobre otros, muestra el caso sitos individuales. De estemodoseríarechazadade la formamás sim-
que hay que hacer respecto a su impenetrabilidad. Cada uno de
ellos, antaño visto como un punto, deviene una esfera de acción ' Según Laplace, el fluido grarífico, para emplear su expresión, se propaga
indefinidamente amplia (puesto que la analogía lleva a creer que la sucesivamente, pero con una velocidad que es por lo menos varios millones de veces
gravedad, como todas lasdemásfuerzas físicas, sepropaga sucesiva- más rápida que la luz. En un lugar él dice 50 millones, en otro 100 millones de veces.

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Gabriel Tarde.

ple la objeción fundamental que se puede hacer a toda tentativa


atomística b monadológica, de resolver el continuo fenoménico en
discontinuidad elemental. ¿Qué ponemos en efecto en lo disconti-
nuo último sino lo continuo? Allí ponemos, como será explicado
nuevamentemásadelante, la totalidad delos otros seres.En el fondo
decadacosa, hay cualquier cosa real o posible.

Peroestosupone ante todo que todacosaesunasociedad,que todo


fenómenoes un hecho social. Ahora bien, es notable por otra parte
que la ciencia tienda, por una continuación lógica desus tendencias
precedentes, a generalizar extrañamente la noción de sociedad. Ella
nos habla de sociedades animales (ver a este propósito el excelente
libro de M. Espinas), desociedadescelulares, ¿porqué no de socieda-
desatómicas? Iba a olvidar lassociedadesastrales, los sistemas solares
y estelares.Todaslasciencias parecendestinadasa devenir ramasde la
sociología.Sébien que, por una falsa inteligencia del sentido de esta
corriente, algunos han sido llevados a ver en lassociedades organis-
mos; pero la verdadesque, después de la teoría celular, los organis-
moshandevenido por el contrario,sociedadesdeunanaturaleza aparte,
ciudades a la Licurgo o a la Rousseau, exclusivas y salvajes, o mejor
aúncongregaciones religiosas deuna prodigiosa tenacidad equivalen-
te ala rarezamajestuosae invariable desusobservancias, invariabili-
dadque por otra parte no prueba nada contra lasdiversidades indivi-
duales y la fuerza inventiva desus miembros.
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Todo esto puede parecer extraño pero, en el fondo, lo es mucho
menos que una manera de ver aceptada hasta aquí corrientemente
por los científicos y los filósofos y de la que el punto de vista socioló-
gico universal debe tener por efecto lógico liberarnos. Es realmente
sorprendente ver a los hombres de ciencia, tan inclinados a repetir a
cada instante que nada se crea, admitir implícitamente como algo
evidente que las simples relaciones de diversosserespueden devenir ellas
mismas nuevos seres añadidos numéricamente a los primeros. Es sin
embargo lo que se admire, sin quizás dudar de ello, cuando estando
descartada la hipótesis de las mónadas, se intenta por cualquier otro
medio, y particularmente por el juego de los átomos, explicar estas
dos apariciones fundamentales, un nuevo individuo viviente, un nuevo
yo. A menos de negar el título de ser aesas dos realidades prototipos
de toda noción de ser, estamos forzados a convenir que, estando un
número determinado de elementos mecánicos puestos de cierta ma-

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Gabriel Tarde
Manado logia y sociología
neraenrelaciones mecánicas, un nuevo ser viviente que no estaba de ro deasociados (los ministros en un estado) quienes, cada uno bajo
repente existe yseañadeasu número; aúnmásrigurosamente debe- un aspecto particular, lo individualizan en ellos no menos entera-
mos admitir que, dado un número de elementos vivientes que se mente. Peroesejefe oesosjefes son siempre también miembros del
encuentran aproximados en forma adecuadaen el recinto de un crá- grupo, nacidos de su padre y madre y no de sus súbditos o de sus
neo,escreado en medio de ellos, por la simple virtud deesa proxi- colectivamente dirigidos. ¿Por qué el acuerdo de células nerviosas
midad, algo tan real, sino más, que esos elementos, como si. una inconcientes tendría el don continuo de evocarde la nada una con-
cifra pudiera verseengrosada por la disposición desusunidades re- ciencia en un cerebro de embrión, cuando el acuerdo de conciencias
movidas.Aunque enmascarado bajo la noción ordinaria de la rela-
humanasnunca habría tenidoesa virtud enuna sociedad cualquiera?
ción delas condiciones al resultado, de la cual las ciencias naturales
y sociales hacen un abuso tan grande, el absurdo mitológico que
señalo no está, en el fondo, en cierto modo menos oculto. Una vez
lanzados en esta vía no hay razón para detenerse; toda relación ar-
moniosa, profunda e íntima entre elementos naturales deviene crea-
dorade un elemento nuevo y superior, que asu turno colabora en la
creación de un elemento distinto y máselevado; a cada grado en la
escalade las complicaciones fenomenales del átomo al yo, al pasar
por la molécula cadavezmás compleja, por la célula o el plasmodio
de Haeckel, por el órgano y finalmente por el organismo, conta-
mos tantos seresnuevos creados como unidades nuevas aparecidas
y, hasta el yo, vamos sin obstáculo invencible sobre la ruta de este
error, dada la imposibilidad en la que estamos de conocer íntima-
mente la verdadera naturaleza de las relaciones elementales que se
producen ensistemasde elementos exteriores de los que no forma-
mos parte. Pero un grave escollo se presenta cuando llegamos a las
sociedadeshumanas; aquí estamos en nosotros, somos nosotros los
verdaderos elementos deesossistemas coherentes de personas lla-
madasciudades o estados, regimientos o congregaciones. Sabemos
todo lo que pasa allí. Ahora bien, por íntimo, por profundo, por
armonioso queseaun grupo social cualquiera, jamás vemos surgir
allí ex abrupto en medio de los sorprendidos asociados un yo colecti-
vo, real y no simplemente metafórico, maravilloso resultado cuyas
condiciones ellos serían. Sin dudas existe siempre un asociado que
representa y personifica al grupo entero, o bien un pequeño núme-
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GabrielTanie

pie la objeción fundamental que se puede hacer a toda tentativa


atomística b monadológica, de resolver el continuo fenoménico en
discontinuidad elemental. ¿Quéponemos en efecto en lo disconti-
nuo último sino lo continuo? Allí ponemos, como será explicado
nuevamentemásadelante, la totalidad de los otros seres.En el fondo
decadacosa, hay cualquier cosa real o posible.

Peroesto supone ante todo que todacosaesunasociedad, que todo


fenómenoes un hecho social. Ahora bien, es notable por otra parte
que la ciencia tienda, por una continuación lógica desus tendencias
precedentes, a generalizar extrañamente la noción de sociedad. Ella
nos habla de sociedades animales (ver a este propósito el excelente
libro de M. Espinas), desociedadescelulares, ¿porqué no de socieda-
desatómicas? Iba a olvidar lassociedadesastrales, los sistemas solares
y estelares.Todaslascienciasparecendestinadasa devenir ramasde la
sociología.Sébien que, por una falsa inteligencia del sentido de esta
corriente, algunos han sido llevados a ver en lassociedades organis-
mos; pero la verdadesque, despuésde la teoría celular, los organis-
moshandevenido por el contrario,sociedadesdeunanaturaleza aparte,
ciudades a la Licurgo o a la Rousseau,exclusivas y salvajes, o mejor
aúncongregaciones religiosas deuna prodigiosa tenacidad equivalen-
teala rarezamajestuosae invariable desusobservancias, invariabili-
dadque por otra parte no prueba nada contra lasdiversidades indivi-
duales y la fuerza inventiva desus miembros.
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Monadología y sociología
Gabriel Tarde
leyes recuerdan extrañamente los caracteres y los procedimientos de
Que un filósofo como Spencer asimile las sociedades a organis-
la vida; y de ahí ellas pasan por grados a una fase administrativa, in-
mos, no tiene nada de sorprendente y, en el fondo, nada de nuevo si
no es el extraordinario dispendio de erudición imaginativa puesta en dustrial, sabia, razonable, en una palabra mecánica, la que a través de
los grandes números de que dispone, y de los que el estadístico hace
provecho de esta visión. Peroes verdaderamente notable que un cien-
tífico, un naturalista de los más circunspectos como M. Edmond montones iguales, da lugar a la aparición de las leyes o pseudo-leyes
Perrier haya podido ver en la asimilación de los organismos a las so- económicas, tan análogas bajo tantas relaciones a las leyes de la física
y en particular de la estática. De esta asimilación, que se apoya sobre
ciedades la clave de los misterios vivientes y la última fórmula de la
una masa de hechos, y para la cual remito al Tratado del encadena-
evolución. Luego de haber dicho quesepuede comparar a un animal
oa un vegetal con una ciudad populosa, en la que florecen numerosas miento de las ideas fundamentales, resulta ante todo que el abismo
entre la naturaleza de los seres inorgánicos y la naturaleza de los seres.
corporaciones, y en la que los glóbulos sanguíneosson auténticos comer-
ciantes arrastrando tras de si en el líquido donde nadan el complicado vivientes (contrariamente a un error del propio Cournot sobre este
equipaje cuyo tráfico realizan, añade que del mismo modo que se ha- punto) no es infranqueable, puesto que vemos una misma evolu-
bían empleado todas las comparaciones que pueden proporcionar los ción, la de nuestras sociedades, afectar uno a la vez los rasgos de los
grados de parentesco para expresar las relaciones que los animales pre- segundos y los rasgos de los primeros. De ello resulta, en segundo
sentan entre sí, antes de suponer que ellos estuviesen unidos por un lugar, que si' un ser viviente es una sociedad, con mayor razón un ser
parentesco real, que ellos fuesen efectivamente consanguíneos, hasta puramente mecánico debe serlo también, puesto que el progreso de
nuestras sociedades consiste en mecanizarse. Por tanto, comparada a
el presente no se ha dejado de comparar los organismos a sociedades
o las sociedades a organismos, sin ver enesas comparaciones otra cosa un organismo y a un Estado, una molécula no sería más que una
suerte de nación infinitamente más numerosa y más avanzada,
que simples visiones del espíritu. Nosotros por el contrario hemos llega-
do... a la conclusión de que la asociación había jugado un rol considera- advenida en este período estacionario al que Stuart Mill llama por
nosotros período de todos sus deseos.
ble sino exclusivo en el desarrollo gradual de los organismos; etc.
Pero notamos ahora que la ciencia también asimila, y cada vez más, Vamos derecho a la objeción más engañosa que se ha hecho
los organismos a los mecanismos, y que ella reduce las barreras de sobre esta asimilación de los organismos, y a fortiori de los seres
físicos, a las sociedades. El contraste más sorprendente entre las
otro tiempo entre el mundo viviente y el mundo inorgánico. ¿Por
qué entonces la molécula, por ejemplo, no sería una sociedad tanto naciones y los cuerpos vivientes es que los cuerpos vivientes po-
como la planta o el animal? La regularidad y la permanencia relativas seen contornos definidos y simétricos mientras que las fronteras
de las naciones o el cerco de las ciudades se dibujan sobre el suelo
por las cuales los fenómenos de orden molecular parecen oponerse a
con una irregularidad caprichosa donde la ausencia de todo plan
los fenómenos de orden celular o vital no tienen nada que deba ha-
cernos rechazar esta conjetura, si con Cournot consideramos además trazado de antemano se hace sentir. M. Spencer, M. Espinas, han
respondido diversamente a esta dificultad, pero podemos, creo
que las sociedades humanas pasan, al civilizarse, de una fase bárbara y
yo, proponer una respuesta aún diferente.
en cierto modo orgánica a una fase fisica y mecánica. Durante la pri-
mera, en efecto, todos los hechos generales de su desarrollo ingenioso No es preciso negar el contraste señalado, él es muy real, pero es
e instintivo en su poesía, sus artes, sus lenguas, sus costumbres y sus susceptible de una explicación plausible; simplifiquémoslo para corn-
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GabrielTarde Monadologíaysociologla
prenderlo bien. Dejando de lado el carácter simétrico y definido de trucciones titánicas exigidas por ese desarrollo urbano en el sentido
las formas orgánicas, atengámonos solamente aese otro carácter, liga- vertical. Por otra parte, más allá de una elevación de algunos metros,
do al precedente, a saber que el largo, el ancho y el alto de un organis- los inconvenientes que resultan de ello prevalecen sobre las ventajas, a
mo nunca son extremadamente desproporcionados entre ellos. En consecuencia de la organización física del hombre, del que todos los
las serpientes y los álamos, la altura o la longitud prevalecen notable- sentidos, todos los órganos responden a las necesidades de una expan-
mente; en los peces chatos el espesor es mínimo comparado con las sión exclusivamente horizontal. Marchar y no trepar, ver delante de sí
otras dimensiones; pero en ningún caso la desproporción presentada y no a lo alto o de arriba abajo, etc., he aquí su naturaleza. En fin los
por las formas extremas es comparable a la que constantemente nos enemigos a los quesepuede temer no circulan por los aires, son errantes
muestra un agregado social cualquiera, y por ejemplo China que tie- sobre la tierra. Bajo este punto de vista, sería inútil para una nación
ne 3000 kilómetros de largo y de ancho, y solamente uno o dos ser muy alta. No es igual para los agregados celulares, animales o
metros de altura media, puesto que los chinos son de estatura peque- plantas. Por lo alto, tanto como por el costado, ellos pueden ser asalta-
ña y sus edificios muy bajos. De igual modo en un estado que consis- dos por lo imprevisto, deben ser fuertes en todos los sentidos. Luego,
ta en una única ciudad fortificada de la Edad Media, estrechamente los elementos anatómicos de los que se componen los cuerpos vivien-
apretada en su cinturón de murallas, y donde las casas dominantes tes no están constituidos de forma de comportar solamente una co-
por encima de las calles tengan numerosos pisos, el espesor es tam- ordinación horizontal. Nada seopone en consecuencia ala satisfacción
bién muy mínimo en relación ala extensión. Pero, ¿no comienza este indefinida del instinto de sociabilidad que les adjudicamos.
último ejemplo a meternos en la vía de la solución buscada? Es para Planteado esto, ¿no notamos que, cuanto más un agregado social
resistir mejor a los ataques de afuera que una ciudad se fortifica, se acrecienta su altura aexpensas de sus otras dos dimensiones, y dismi-
aglomera, que los pisos se superponen; si en las capitales modernas, nuye bajo este aspecto la distancia siempre considerable de su propia
donde ese apelotonamiento no está impuesto por la inseguridad de forma respecto a las formas orgánicas, también se aproxima más a
los tiempos, lascasas también tienden a elevarse cada vez más, es por ellas por la regularidad, por la simetría crecientes de su conformación
una razón que concurre a menudo con la precedente, es decir para exterior y de su estructura interna? Un gran establecimiento público,
satisfacer la necesidad experimentada por un número siempre cre- una escuela del gobierno, un cuartel, un monasterio son otros tantos
ciente de hombres de participar de las ventajas sociales de la mayor pequeños estados muy centralizados, muy disciplinados que confir-
concentración humana posible sobre el menor espacio posible. Si este man esta manera de ver. A la inversa, cuando un ser organizado, tal
vivo instinto de sociabilidad que hace a los hombres desear aglome- como el liquen, se presenta excepcionalmente bajo la forma de una
rarse, sea para defenderse mejor sea para desarrollarse más plenamen- mínima capa de células largamente difundidas, es de notar que sus
te, no encontrara un límite próximo e infranqueable, es probable que contornos son mal definidos y asimétricos.
viéramos naciones compuestas de racimos de hombres elevados por En cuanto ala significación de esta simetría que afecta de ordinario
los aires y apoyándose sobre el suelo sin difundirse en él. Pero es las formas vivientes, ella puede sernos proporcionada por otro tipo
apenas útil señalar por qué esoes imposible. Una nación tan alta como de consideraciones tomadas también de nuestras sociedades. Vana-
amplia sobrepasaría mucho la zona respirable de la atmósfera, y la mente intentaríamos dar cuenta de ello por simples motivos de utili-
corteza terrestre no suministraría materiales tan sólidos para las cons- dad funcional. Demostraremos tanto como se quiera con M. Spencer
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que la locomoción exigía el pasaje de la simetría radial a la simetría de vista que, siendo las sociedades celulares mil veces más antiguas
bilateral, menor pero más perfecta, y que ahí donde el mantenimien- que las sociedades humanas, la inferioridad de estas últimas no ten-
to de la simetría era incompatible con la salud del individuo o la dría nada de sorprendente. Además, ellas están limitadas en su pro-
duración de la especie (por ejemplo en los pleuronectiformes) la si- greso por el pequeño número de hombres que el planeta puede asen-
metría ha sido fundamentalmente perturbada. Pero no sedebe olvi- tar. El más vasto imperio del mundo, China, no tiene más que 300 o
dar que todo lo que ha podido ser mantenido de la simetría primiti- 400 millones de sujetos. Un organismo que sólo contuviera un nú-
va, probablemente esférica, es decir plena y vaga, de donde la vida ha mero equivalente de elementos anatómicos :Mimos estaría necesaria-
partido, y todo lo que ha podido ser obtenido de la simetría precisa y mente situado en los escalones bajos de la vegetación o de la animalidad.
verdaderamente bella en la que la vida se encamina al elevarse, ha sido Siendo apartada ahora la objeción extraída de las formas orgánicas
salvaguardado o realizado. De un extremo al otro de la vegetación y contra la asimilación de los organismos a los grupos sociales, es opor-
de la animalidad, de las diatomeas a las orquídeas, del coral al hom- tuno decir una palabra sobre otra objeción que no es poco importan-
bre, la tendencia a la simetría es evidente. ¿De dónde proviene esa te. Ala variabilidad de las sociedades humanas, incluso a las más len-
tendencia? Observamos que en nuestro mundo social, todo lo que es tas en variar, se opone la relativa fijeza de las especies orgánicas. Pero
obra, no del concurso de intenciones mezcladas que se traban, sino de si, como podría ser demostrado, la causa casi exclusiva de la diferen-
un plan personal ejecutado sin restricción, es simétrico y regular. El ciación interna de un tipo social debe ser buscada en las relaciones
monumento filosófico de Kant donde los volúmenes penden de los extra-sociales de sus miembros, es decir en su relación sea con la fau-
volúmenes, los capítulos de los capítulos; las instituciones adminis- na, la flora, el sol, la presión atmosférica de su país, sea con los miem-
trativas, financieras y militares de Napoleón lro; las ciudades edifica- bros de sociedades extranjeras, constituidos de otro modo, la diferen-
dasen Guinea por los ingleses, con calles trazadas a regla, cruzándose cia señalada no puede sorprender. Por la naturaleza misma de su dis-
en ángulo recto, desembocando en una plaza cuadrada, rodeadas de posición totalmente superficial, en absoluto voluminosa, casi sin espe-
pórticos rebajados; nuestras iglesias, nuestras estaciones, etc., todo lo sor, y por la dispersión extrema de sus elementos, en fin por la mul-
que brota, lo repito, de un pensamiento libre, ambicioso y fuerte, tiplicidad de los intercambios intelectuales e industriales de pueblo a
dueño de sí mismo y dueño del otro, parece obedecer a una necesidad pueblo, el agregado social de los hombres comporta una proporción
interna al hacer alarde del lujo de una regularidad y de una simetría notablemente pequeña de relacidnes intra-sociales, esencialmente con-
sorprendentes. Todo déspota ama la simetría; escritor, le hacen falta servadoras, entre sus miembros, e impide sostener entre ellos las rela-
las perpetuas antítesis; filósofo, las divisiones dicotómicas o ciones sociales omni-laterales que supone la forma globulosa de una
tricotómicas repetidas; rey, el ceremonial, la etiqueta, los desfiles mi- célula o de un organismo.
litares. Si esto es así, y si, como será mostrado más adelante, la posi- En apoyo de la visión precedente, es de notar que las células exte-
bilidad de hacer ejecutar integralmente, a gran escala, un plan perso- riores, cutáneas, las que poseen el monopolio de las principales rela-
nal, es un signo de progreso social, la consecuencia inevitable será que ciones extra-sociales, son siempre las más fácilmente modificables.
el carácter simétrico y regular de las obras vivientes atestigua el alto Nada más variable que la piel y sus apéndices; en las plantas, la epi-
grado de perfección alcanzado por las sociedades celulares y el despo- dermis es sucesivamente lampifia, peluda, espinosa, etc. Lo que no
tismo ilustrado al cual están sometidas. Nosotros no debemos perder puede explicarse simplemente por la heterogeneidad del medio exte-

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rior, supuesta como mayor que la del medio interno. Este último por extravagantes. En esta materia especialmente, el temor al ridículo
punto no está en absoluto establecido. Además y por consecuencia, sería el más antifilosófico de los sentimientos.
son siempre las células externas las que impulsan las variaciones del Asimismo todos los desarrollos que seguirán tendrán por objeto el
resto del organismo. La prueba de que esto es así es que los órganos de mostrar la profunda renovación que la interpretación sociológica
interiores de las especies nuevas, aunque modificados también en re- de todas las cosas deberá o debería hacer sufrir a todos los dominios
del conocimiento.
lación a la especie-tronco, siempre lo son menos que los órganos
periféricos, y parecen haberse dejado arrastrar rezagadamente sobre la Como preámbulo tomamos un ejemplo al azar. Bajo nuestro punto
vía del progreso orgánico' . de vista, ¿qué significa esta gran verdad de que toda actividad psíquica
¿Esnecesario señalar que, del mismo modo, la mayor parte de las está ligada al funcionamiento de un aparato corporal? Ella se reduce a
revoluciones de un Estado se deben ala fermentación interior produ- esto, que en una sociedad ningún individuo puede actuar socialmen-
cida por la introducción de ideas nuevas que las poblaciones limítro- te, revelarse de una forma cualquiera sin la colaboración de un gran
fes, los marineros, los guerreros provenientes de expediciones lejanas número de otros individuos, lo más frecuente desconocidos del pri-
como las cruzadas, importan continuamente del extranjero? Uno ape- mero. Los oscuros trabajadores que, a través de la acumulación de
nas se equivocaría al ver un organismo como una ciudad celosa y pequeños hechos, preparan la aparición de una gran teoría científica
cerrada conforme al sueño de los antiguos. formulada por un Newton, un Cuvier, un Darwin, componen de
Pasosobre otras objeciones secundarias que la aplicación del punto cierta manera el organismo cuya alma esese genio; y sus trabajos son
de vista sociológico encuentra en su camino. Puesto que, después de las vibraciones cerebrales cuya conciencia esesa teoría. Conciencia
todo, el fondo de las cosas nos es en rigor inaccesible y puesto que la quiere decir gloria cerebral, en cierto modo, del elemento más influ-
necesidad de hacer hipótesis para penetrarlo se nos impone, franca- yente y más potente del cerebro. Librada a sí misma pues, la mónada
mente adoptamos esta y la llevamos hasta el extremo. Hypotheses nada puede. Ahí reside el hecho fundamental, e inmediatamente sir-
fango, diría yo ingenuamente. Lo que hay de peligroso en las ciencias ve para explicar otro, la tendencia de las mónadas a reunirse. Esta
no son las conjeturas estrechadas de cerca, lógicamente seguidas hasta tendencia expresa, en mi sentir, la necesidad de un máximo de creen-
las últimas profundidades o hasta los últimos precipicios; son los cia dispensada. Cuando ese máximo sea alcanzado por la cohesión
fantasmas de ideas en estado flotante en el espíritu. El punto de vista universal, el deseo consumado se aniquilará, el tiempo terminará.
sociológico universal me parece ser uno de esos espectros que acosan Observamos por otra parte que los oscuros trabajadores de los que
el cerebro de nuestros especulativos contemporáneos. Vemos desde el acabo de hablar, pueden tener tanto o más mérito, erudición, fuer-
comienzo dónde debe llevarnos. Seamos excesivos a riesgo de pasar za mental, que el glorioso beneficiario de sus labores. Sea esto di-
cho de paso en atención al prejuicio que nos lleva a juzgar inferiores
' Para no citar más que un ejemplo de esto, «creo haber probado, dice M. C. Vogt a nosotros todas las mónadas exteriores. Si el yo no es más que una
(en 1879, en el congreso de naturalistas suizos, a propósito de el archaeoptétyx mónada dirigente entre miríadas de mónadas comensales del mis-
macroura, intermediario entre los reptiles y las aves), que la adaptación al vuelo (en los mo cráneo, ¿qué razón tenemos, en el fondo, para creer en su infe-
reptiles en tren de devenir aves) marcha de afuera hacia adentro, de la piel al esqueleto, rioridad? ¿Es necesariamente un monarca más inteligente que sus
y que este último puede permanecer aún perfectamente indemne... cuando la piel ya
ministros o sus súbditos?
ha llegado a desarrollar plumas.»

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Poresola extensión del punto de vista sociológico,, nuestro punto
de vista luminoso por excelencia, a la universalidad de los fenóme-
nos,está destinada a transformar radicalmente la relación científica
delas condiciones al resultado. Ella también le impone un cambio
profundo por otro lado. La principal objeción contra la doctrina de
lasmónadases, ya lo he dicho, que ella pone o parece poner tanto o
máscomplicación en la basede los fenómenos como en su cúspide.
Podemospreguntarnos,¿quéeslo que explicará la complejidad espi-
ritual de losagentesatravésdeloscualescreemos explicar todo? Des-
deya he respondido negando la complejidad alegada, si se supone
que la fe y el deseo son todo el ser de las mónadas. Pero se puede
suponer, yes mi parecer, quesu contenido nosereduceaesto. Pron-
to diré lo queademásles atribuyo. Retomandopues la objeción seña-
lada, la atacaré en su misma fuente, en el prejuicio tan extendido
según el cual el resultadoessiempremáscomplejo quesus condicio-

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Gabriel 'Tarde Monaddegía y sociología

nes, la acción más diferenciada que los agentes, de donde sesigue que tumbres, las vestimentas, los productos industriales, etc., difieren
la evolución universal es necesariamente una marcha de lo homogé- mucho menos de un punto a otro sobre un territorio dado, difieren
neo a lo heterogéneo, una diferenciación progresiva y constante. M. mucho más de un momento a otro en un tiempo dado.
Spencer tiene el mérito, notoriamente en su capítulo sobre la inesta- En cuanto a la fórmula inestabilidad de lo homogéneo, ella supone
bilidad de lo homogéneo, de haber formulado magistralmente esta que cuanto más una cosaeshomogénea, más su equilibrio interno es
apariencia erigida en ley. La verdad es que la diferencia va difiriendo, inestable, de modo que, en la hipótesis de su homogeneidad absolu-
que el cambio va cambiando y que dándose de este modo por fin a sí ta, ella no podría subsistir dos instantes seguidos sin alteración. Es
mismos, el cambio y la diferencia atestiguan su carácter necesario y notable sin embargo que el espacio sea el único tipo de homogenei-
absoluto; pero no está ni podría estar probado que la diferencia y el dad absoluta por nosotros conocido, admitiendo su realidad que M.
cambio aumenten en el mundo o disminuyan. Si observamos el Spencer afirma. ¿Cómo se hace, si la ley es verdadera, para que este
mundo social, lo único que nos es conocido desde adentro, vemos los sistema de puntos, de volúmenes perfectamente homogéneos, sub-
agentes, los hombres, mucho más diferenciados, individualmente más sista inalterable desde el nacimiento de los tiempos? Si se niega el
caracterizados, más ricos en variaciones continuas que el mecanismo carácter real del espacio, la argumentación no se sostiene más, pero la
gubernamental, los sistemas de leyes o de creencias, los diccionarios pretendida ley es contradicha por mil ejemplos que nos muestran la
mismos y las gramáticas, mantenidos a través de su concurso. Un homogeneidad relativa naciendo de la heterogeneidad, y de los cuales
hecho histórico esmás simple, más claro que cualquier estado espiri- los más sorprendentes son suministrados por la observación de las
tual de uno de sus actores. Es más, a medida que la población de los sociedades,sean humanas, sean animales. La agregación de los pólipos,
grupos sociales se incrementa y que los cerebros de los societarios se animales a menudo muy complicados, forma un polípero, suerte de
enriquecen de ideas y de sentimientos nuevos, el funcionamiento de vegetal acuático de los más rudimentarios. La agregación de los hom-
sus administraciones, sus códigos, sus catecismos, la estructura mis- bres en tribus o en naciones da nacimiento a una lengua, especie de
ma de sus lenguas se regularizan y se simplifican, más o menos como planta inferior de la que los filósofos estudian la vegetación, el crecimien-
las teorías científicas a medida que se llenan de hechos más numero- to, el florecimiento históricos, para emplear sus propias expresiones.
sos y diversos. Las estaciones de nuestros ferrocarriles están construi- He aquí por qué, lo repito, la introducción de un espíritu socioló-
das sobre un tipo más simple y más uniforme que los castillos de la gico en las ciencias sería sobre todo apropiada para curarlas del prejui-
Edad Media, aunque los primeros pongan a la obra recursos y traba- cio que combato. Veríamos entonces en qué sentido es preciso enten-
jos mucho más múltiples. Al mismo tiempo vemos que, si la marcha der ese gran y bello principio de la diferenciación, que M. Spencer ha
de la civilización diversifica en ciertos aspectos a los individuos hu- extendido tan felizmente sin conseguir no obstante conciliarlo tal
manos, no es más que a condición de nivelarlos gradualmente bajo como concuerda, creo yo, con el principio no menos cierto de la
otras relaciones a través de la uniformidad creciente de sus leyes, de coordinación universal. La nebulosa primordial, que nos aparece en
sus usos, de sus costumbres, de sus lenguajes. En general la similitud una lejanía sombría, no debe quizás su aire de homogeneidad, punto
deesosrasgos colectivos favorece la disparidad intelectual y moral de de partida de todas las teorías cosmogónicas, más que a nuestro dis-
los individuos cuya esfera de acción ella extiende; y por otra parte, si tanciamiento de ella. ¿Conocemos los sacrificios de diversidades an-
aconsecuencia del movimiento civilizador, las instituciones, las cos- teriores que han exigido la condensación de los elementos en átomos
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similares, de los átomos en moléculas y en esferas celestes, de las les», desde el infusorio hasta el hombre. Siendo los sólidos y los lí-
moléculas en células y así sucesivamente, en provecho de diversidades quidos más accesibles a nuestros sentidos que los gases, y estos más
posteriores y, lo admito, superiores, lo que no quiere decir mayores que la naturaleza etérea, vemos los sólidos y los líquidos como más
en número? Nosotros sabemos un poco mejor, y no conocemos ple- diferentes que los gases, yen física nosotros decimos el éter y no los
namente, lo que cuesta a salvajes libres y errantes aglomerarse en po- éteres (aunque Laplace emplea ese plural) como diríamos el gas y no
blados, y a poblados inmovilizar su torbellino alrededor de un eje de los gases, si estos nos fueran conocidos solamente por sus efectos
instituciones fijas. Pero cuando, a nuestros ojos, la diversidad provin- físicos, notoriamente análogos entre sí, con exclusión de sus propie-
cial de los usos, de las costumbres, de las ideas, de los acentos, de los dades químicas. Cuando el vapor de agua se cristaliza en mil agujas
tipos físicos, es sustituida por el nivelamiento moderno, la unidad de variadas o simplemente se licua en agua corriente, ¿es realmente esta •
pesos y medidas, de lenguaje, de acento, incluso de conversación, condensación, como uno está inclinado a pensarlo, un incremento de
condición necesaria de la puesta en relación, es decir de la puesta en las diferencias inherentes a las moléculas de agua? No, no olvidemos
obra de todos los espíritus y de su despliegue más libre y más caracte- la libertad de la que ellas gozaban antes en estado de dispersión gaseo-
rizado, las lágrimas de los poetas y de los artistas nos testimonian el sa,sus movimientos en todas las direcciones, sus choques, sus distan-
precio del pintoresco social sacrificado a esas ventajas. Por ser más cias infinitamente variadas. ¿Esto quiere decir que ha habido una dis-
ventajosas, pues responden a una mayor suma de deseos,¿las diferen- minución de diferencia? Tampoco, sino simplemente sustitución de
cias recientemente eclosionadas son más considerables que las anti- un tipo de diferencias, interiores, por otro tipo de diferencias, exte-
guas? No. Por desgracia, tenemos una inexplicable inclinación a ima- riores las unas a las otras.
ginar homogéneo todo lo que ignoramos. Siendo para nosotros los Existir es diferir, la diferencia, a decir verdad, es en un sentido el
antiguos estados geológicos del planeta mucho menos conocidos que costado sustancial de las cosas, lo que ellas tienen a la vez de más
el estado actual, vemos como cierto que ellos estaban menos diferen- propio y de más común. Es preciso partir de allí y negarse a explicarlo
ciados, prejuicio contra el cual Lyell protesta a menudo. Antes del para que todo se reconduzca, comprendido en esto la identidad de
telescopio, que nos ha revelado la multiformidad de las nebulosas, de donde erróneamente se parte. Puesto que la identidad no esmás que
los tipos estelares, de las estrellas dobles y variables, ¿no soñábamos un mínimum y en consecuencia una especie, y una especie infinita-
universalmente con cielos inmutables e incorruptibles, más allá del mente rara de diferencia, como el reposo no es más que un caso del
cielo conocido? Yen lo infinitamente pequeño, que ha permanecido movimiento, y el círculo más que una variedad singular de la elipse.
inaccesible a nuestras observaciones, aún más que lo infinitamente Partir de la identidad primordial, es suponer en el origen una singula-
grande, ¿no se sueña todavía con la piedra filosofal bajo mil formas, ridad enormemente improbable, una imposible coincidencia de seres
átomo idéntico de los químicos, protoplasma supuestamente homo- múltiples, ala vez distintos y semejantes, o bien el inexplicable mis-
géneo de los naturalistas? Pero en todo lugar donde un científico excava terio de un único ser simple y ulteriormente dividido no sesabe por
descubre, bajo lo indistinto aparente, tesoros de distinciones inespe- qué. En un sentido, es imitar a los antiguos astrónomos quienes, en
radas. Los animalillos pasaban por homogéneos. Ehrenberg los ve sus explicaciones quiméricas del sistema solar, partían del círculo y no
con el microscopio, y desde entonces, dice M. Perrier, «el alma de de la elipse, bajo el pretexto de que la primera figura eramás perfecta.
todos sus trabajos es la fe en la igual complejidad de todos los anima- La diferencia es el alfa y omega del universo; todo comienza por ella,
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Monadología y sociología
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leyesprosódicas; el verso hindú, el verso griego, el verso francés, poco
enlos elementos cuya diversidad innata, vuelta probable por conside- importa. Nuevo accesode uniformidad. ¿Paraquéesbueno esto en
raciones de diversos órdenes, justifica ella sola ante mis ojos su mul- definitiva? Paradesplegar mucho mejor los recursos imaginativos de
tiplicidad; todo acaba por ella, en los fenómenos superiores del pen- lospoetas y parahacer relucir su propio tinte. A medidaque el golpeteo
samiento y de la historia donde, rompiendo finalmente los estrechos rítmico delasalasde la poesíaseregularizade cierta manera,su vuelo,
círculos en los quesehabía encerrada ella misma, el torbellino ató- cosanotable, devienemás caprichosa. La prosodia de Víctor Hugo
mico y el torbellino vital, apoyándose sobre su propio obstáculo, se ensusreglas sutilesessimultáneamentemás complicada ymás rigu-
sobrepasaysetransfigura. Todaslas similitudes, todas las repeticiones rosaque la de Racine. Hubiéramos podido considerar a los científi-
fenoménicas no me parecen ser más que intermediarios inevitables cos y no a los poetas, la observación habría dado los mismos resulta-
entre las diversidades elementalesmáso menosapagadas y las diversi- dos. Cada científico trabaja aparte de los demás, aunque utiliza sus
dadestrascendentes obtenidas por este sacrificio parcial. trabajos, gradas a su lengua común; él pone su temperamento, su
Ahora bien, para decirlo mejor, en toda evolución quese prolonga alma, enlas investigaciones alascualesse libra; todo en éles caracte-
lo suficiente, observamos una sucesión y un entrecruzamiento de ca- rístico e individual.
pasfenoménicas alternativamente remarcables por la regularidad y el Si pudiéramos reunir conjuntamente en un mismo lugar todas las
capricho, por la permanencia y la fugacidad, de las relaciones que nos investigacionesqueelaboraunamisma cienciaenvíasde formación (la
presentan. Precisamente el ejemplo delassociedadesesmuy apropia- química orgánica, por ejemplo, la meteorología, la lingüística) ningún
do para lograr captar este gran hecho y para sugerir al mismo tiempo pandemoniumseríacomparableenrarezaaestehorno científico. Ahora
suverdadera significación, al mostrar que en esta serie donde la iden- bien, se forma allí un monumento impersonal, glacial y gris, donde
tidad y la diferencia, lo indistinto y lo caracterizado se utilizan recí- pareceráhaberse borrado el trazo mismo de los estados psicológicos
procamente variasvecesseguidas, el término inicial y el término final multicolores que la habrán edificado. No obstante aguarden. La cien-
esla diferencia, el carácter, lo que hay de extraño y de inexplicable que cia no podría serla última palabra del progreso. Supongámosla acaba-
seagita en el fondo de todo, lo que reaparece siempremás puro y más da, completa, condensada en un catecismo definitivo quese alojaría
vivo tras los apagamientos sucesivos. Hombres que hablan, todos fácilmente en un rincón detodaslasmemorias, quedaríaenel cerebro
diversos acentos, entonaciones, timbres de voz, gestos: he aquí el ele- humano muchísimamásenergía disponible para otrosempleosque no
mento social, verdaderocaosde heterogeneidades discordantes. Pero podemosimaginar actualmente. Entoncessevolvería claro que la siste-
ala larga, de ese Babel confuso se desprenden hábitos generales de matizaciónconsumada y la propagación universaldela ortodoxia cien-
lenguaje, formulables enleyes gramaticales. A su vez, por la puesta en tífica han tenido por última y suprema razón de ser el despliegue ex-
relaciones de un mayor número de hablantes conjuntos, estos no sir- traordinario de hipótesis, de herejías filosóficas,desistemas persona-
venmás que para poner de relieve el cariz propio de susideas: otro lese indefinidamente multiplicados, de fantasías líricas y dramáticas
génerode discordancia. Y ellas logran tanto mejor diversificar los es- extraordinarias, donde sesatisfaría plenamente encada espíritu, gra-
píritus del tipo, cuanto más fijas y más uniformes ellas mismas son. ciasalsaberimpersonal, la profunda necesidaddeuniversalizarsu matiz
Consideremos por ejemplo a los poetas. Ellos se apropian de la len- particular, de acuñar al mundo consu sello. La inteligencia llevada al
gua naciente para plegarla a su fantasía desordenada. Sin embargo, extremo terminará por no sermásque una ayuda-imaginación.
luego de un período de balbuceos,se formulan y seimponen ritmos,
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Ga briel Tank Monadología y sociología

¿Consideramos la evolución social bajo su aspecto económico, sus elementos, luego desaparecen nuevamente en los compuestos su-
administrativo, militar? Igual ley todavía. De una fase industrial pri- periores y así sucesivamente. Pero aquí, en las evoluciones sociales y
mitiva en la que cada uno hace lo que bien le parece y como bien le en las agregaciones sociales de las que formamos parte y en las que
parece,sepasa rápidamente a una segunda fase en la quese establecen tenemos la ventaja de captar a la vez las dos extremidades de la cade-
oficios, corporaciones con sus procedimientos fijos y tradicionales de na, la más baja y la más alta piedra del edificio, vemos manifiesta-
fabricación que parecen hechos para ahogar el genio devenido inútil o mente que el orden y la simplicidad son simples términos medios,
molesto; pero, por el contrario, a través de esta misma coacción, el alambiques en los que se sublima en cierto modo la diversidad ele-
genio de las invenciones y de las artes se fortifica y sale de allí incom- mental extremadamente transfigurada. El poeta, el filósofo esencial-
parablemente más fecundo. De la fase comercial primitiva sin nin- mente, y secundariamente, el inventor, el artista, el especulador, el
gún precio fijo y general, regateo perpetuo, favorable a la agudeza y político, el estratega: he aquí en suma las flores terminales de un ár-
astucia individuales, se pasa a los cursos uniformes y regulados de bol nacional cualquiera; para hacerlos eclosionar han trabajado gér-
nuestros grandes mercados modernos provistos de termómetros es- menes abortados de innatismos extra-sociales o antisociales que cada
peciales que llamamos bolsas; y a fin de cuenta, lejos de aniquilar la pequeño ciudadano ha aportado viniendo al mundo y que el falso
habilidad del individuo bajo la autoridad del número, esta regulari- nivelador, indispensable, de la educación ha hecho desaparecer para la
dad, esta fatalidad por así decirlo física de los hechos económicos en mayoría desde la cuna.
su conjunto, sirven de apoyo al impulso desenfrenado de la especula- Estos innatismos característicos, al mismo tiempo que son el pri-
ción y del espíritu de empresa que se apodera de ellos y que juega con mer término de la serie social, son el último término de la serie vital.
ellos, y donde estallan, en triunfos o en catástrofes bruscas, sin fór- Al intentar a su vez rehacerlos, atravesaríamos en primer lugar el tipo
mula posible, las mínimas particularidades psicológicas de los juga- específico, armoniosamente constituido y regularmente repetido desde
dores. A la incoherencia, a la rareza administrativas de una nación siglos, del que ellos son las variaciones, luego el período crítico du-
embrionaria, le siguen gradualmente la•unidad, la fijeza de las admi- rante el cual ese tipo ha estado formado por una coincidencia de cau-
nistraciones, la centralización de los poderes, todo para la mayor glo- sas múltiples y extrañamente yuxtapuestas, luego los tipos anteriores
ria de los hombres de Estado, maquinistas de esta máquina, quienes de los que él deriva y sus formaciones análogas, luego la célula, y
la emplean en el cumplimiento de hechos históricos, todos, como finalmente el protoplasma informe o multiforme según los capri-
susautores, sui generis, maravillosos accidentes del planeta. Finalmente chos repentinos que ninguna fórmula puede captar. Aquí también la
las hordas indisciplinadas de los bárbaros hacen lugar a nuestros be- diversidad pintoresca es el alfa y omega.
llos ejércitos maquinales donde el individuo ya no es nada, simple Pero el protoplasma, primer término de la serie vital, ¿no es el
instrumento, por otra parte, en manos de un gran capitán que le hace último término de la serie química? Este, rehecho a su turno, nos
librar alguna batalla distinta a cualquier otra, teniendo su nombre y
su fecha, donde se reproduce durante la acción su estado psicológico
' Estoy lejos de ponerlos en el mismo rango. Entre otras diferencias, podemos
particular, ampliado sobre la inmensa escala de un campo de batalla. esperar o soñar una vida de civilización consumada donde cada uno tendría su poesía,
Vemos pues a través de estos ejemplos que el orden y la simplici- su filosofía para sí, pero no su gran descubrimiento, no su gran premio de la lotería, no
dad, cosa extraña, se muestran en lo compuesto, aunque exteriores a su papel político o militar.

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Gabriel Tarde Monadalogla y sociología

muestra los tipos moleculares cada vez menos complejos de la quí- vibrar de una cierta manera es idéntica en todos los átomos similares
mica orgánica y los tipos moleculares, también cada vez menos com- y que ellos no tienen otra. Es como si se dijera de un pinar o de una
plejos, de la química inorgánica, todos regularmente edificados y con- alameda oída a distancia y reconocible por su silbido, o por su mur-
sistiendo probablemente en ciclos armoniosos de movimientos pe- mullo particular, simple y monótono, que las hojas de pino y de
riódicos y ritmados, pero todos separados los unos de los otros por álamo consisten en un temblor característico e invariable. Así, como
las crisis tumultuosas y desordenadas de sus combinaciones, y de este la sociedad, como la vida, la química parece dar testimonio de la
modo llegamos por conjetura al átomo o a los átomos más simples necesidad de la diferencia universal, principio y fin de todas las jerar-
de los que los otros estarían formados. Pero, ¿está ahí el elemento quías y de todos los desarrollos.
inicial? No. Puesto que el átomo más simple es un tipo material, un En el corazón de las cosas está la diversidad, y no la unidad; para
remolino, se nos dice, un ritmo vibratorio de un cierto género, algo nosotros esta conclusión se deduce, por lo demás, de una observación
infinitamente complicado bajo toda apariencia. Más que nunca esta- general que un simple vistazo lanzado sobre el mundo y las ciencias
mos autorizados a afirmar esta complejidad a partir de las investiga- nos permite hacer. En todas partes una exuberante riqueza de varia-
ciones provocadas por la invención del radiómetro sobre los gases ciones y de modulaciones increíbles brota deesostemas permanentes
extremadamente rarificados donde el átomo gaseoso parece dejarse que llamarnos especies vivientes, sistemas estelares, equilibrios de todo
entrever individualmente. En ese mundo ultra-gaseiforme, por ejem- tipo, y termina por destruirlos y renovarlos enteramente; yen ningu-
plo, el rayo luminoso no marcha siempre en línea recta; más nos na parte sin embargo las fuerzas o las leyes a las cuales estamos habi-
acercamos al elemento individual, más variabilidad existe en los fe- tuados de dar el nombre de principios de las cosas parecen proponer-
nómenos observados. Ha sido establecido por Clerk Maxwell que las sela variedad por término o por fin. Las fuerzas están al servicio de las
moléculas de un mismo gasse mueven con velocidades muy diferen- leyes, se nos dice, y las leyesse aplican todas a los fenómenos en tanto
tes, aunque su velocidad media sea igual. «Es que en realidad, dice M. ellos son repeticiones perfectas y no repeticiones variadas; todos, ma-
Spottiswoode, de la Sociedad Real de Londres, la simplicidad de la nifiestamente, tienden a asegurar la reproducción exacta de los temas,
naturaleza que nosotros captamos ahora, es el resultado de una y la estabilidad indefinida de los equilibrios de todo tipo, a impedir
complejidad infinita, y bajo una aparente uniformidad, se halla una su alteración y su renovación. La gran manivela de nuestro sistema
diversidad de la que aún no hemos sondeado las profundidades y los solar está hecha para girar eternamente. Según Laplace, las dudas que
secretos.» M. Crooke se expresa del mismo modo a propósito de la podían subsistir sobre esto Leverrier las ha superado. Toda especie
materia radiante: «Los más grandes problemas del porvenir recibirán viviente quiere perpetuarse sin fin; hay algo en ella que lucha para
su solución en este dominio inexplorado (de lo infinitamente peque- mantenerla contra todo lo que seesfuerza en disolverla. Esto pertene-
ño), donde sin dudas se encuentran las realidades fundamentales, su- cea ella, como a todo gobierno, como al más frágil ministerio cuyo
tiles, maravillosas y profimdas.»¿Seexpresaría él de esta manera si se rol esencial es siempre el de decirse, el de creerse, el de quererse insta-
representara los elementos últimos, a la manera vulgar, como los ejem- lado en el poder eternamente. No existe un fósil vegetal o animal de
plares idénticos de un tipo uniforme? Debido a que toda sustancia una especie extinguida desde hace siglos que no haya tenido en sí una
química se traduce a nuestros ojos a través de una vibración especial seguridad legislativa, una certeza, fundada en apariencia, de vivir tan-
impresa en el éter, somos conducidos a creer que esta facultad de to como el planeta. Todo eso, que ha perecido, estaba llamado a du-
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Monadología y sociología
Gabriel Tarde

másque la imitación de los compatriotas y de los ancestros2 en el desodedesviacionesaccidentales quesepueda poneren paralelo con
sentido más amplio de la palabra. losdesórdenesorgánicos o las revoluciones sociales. Pero, puesto que
Si el elemento de una sociedadposee una naturaleza vital, el ele- actualmente existenheterogeneidades químicas, ha habido sin ningu-
mento orgánico de un cuerpo viviente poseeuna naturaleza química. na duda, en una época muy remota, formaciones químicas. ¿Han
Uno de los errores de la vieja fisiología era el de pensar que al entrar sido simultáneasesasformaciones?¿Sehan visto, en la misma hora,
en un organismo lassustancias químicas abdicaban todassus propie- el hidrógeno, el carbono, el nitrógeno, etc., aparecerenelsenode una
dades y sedejaban penetrar hasta su fuero interno y su arcano más misma sustancia amorfa, anteriormente no química? Si se estima
secreto por la influencia misteriosa de la vida. Nuestros nuevos improbable esto o, para decirlo mejor, imposible, estamos obligados
fisiologistas han disipado completamente este error. Una molécula a admitir que un primer tipo atómico transmitido por vibraciones, a
organizada pertenecepues simultáneamente ados mundos extraños partir de un punto—elde hidrógeno, por ejemplo—seha impuesto a
u hostiles el uno al otro. Ahora bien,¿sepuede negar que esta inde- través de toda o casi toda la extensión material, y que a través de
pendencia de la naturaleza química de los elementos corporales res- liberacionessucesivasdel hidrógeno primordial, operadasalargos in-
pectodesunaturaleza orgánicanosayudeacomprender las perturba- tervalos de tiempo, todos los demás cuerpos reputados simples —
ciones, las desviaciones y las felices modificaciones de los tipos vi- cuyospesosatómicos, lo sabemos, son a menudo múltiples exactos
vientes? Pero me parece quees preciso ir más lejos y reconocer que del de esteelemento—han sido formados. Pero, ¿cómo explicar se-
estaindependencia vuelve solamente inteligible la resistencia de cier- mejantesescisionesen la hipótesis de una perfecta homogeneidad de
tasporciones de los órganos ala aceptación del tipo viviente heredita- los elementos regidos primitivamente por la misma ley, que habrían
rio, y la necesidad en que a vecesse encuentra la vida, es decir la debido, meparece, consolidaratravésde la identidad desu estructura
colección delas moléculas quepermanecen dóciles, de transigir final- la identidad y la inmutabilidad de su naturaleza?¿Sedirá, por azar,
mente, a través de la adopción de un tipo nuevo, con las moléculas que los accidentes de las evoluciones astronómicas, donde los ele-
rebeldes. En efecto, no parece haber allí de propiamente vital más mentos primitivos estaban comprometidos, pueden haber produci-
que la generación (de la que la nutrición o regeneración celulares sólo do o provocado las formaciones químicas? Desgraciadamente, esta
uncaso) conforme al tipo hereditario. hipótesismeparecemuy daramentedesmentida por el descubrimiento
¿Estoestodo? Quizás no; la analogía nos invita acreer quelas leyes del espectroscopio. Puesto que, según este instrumento, todos los
químicas y astronómicas mismas no se apoyan sobre el vacío, que cuerposllamados simples, o varios de entre ellos entran en la compo-
ellasseejercen sobrepequeñosseresdesdeya caracterizados interna- sición delos planetas y delas estrellasmásalejadas,cuyas evoluciones
mente y dotados de diversidades innatas, en absoluto adecuadasa las han sido independientes unas de otras, el buen sentido dice que los
particularidades de las máquinas celestes o químicas. Es verdad que cuerpos simples han estado formados antes que los astros, como las
no percibimos en los cuerpos químicos ningún rasgo de enfermeda- telasantesque los vestidos. En consecuencia, el sucesivo desmembra-
miento de la sustancia primitiva no conlleva más que una explica-
2En las sociedades en progreso, uno imita cada vez más a sus compatriotas, yen ción: quesuspartículas eran dispares, y quesuscismas han sido cau-
general a todos sus contemporáneos, y cada vez menos a sus ancestros. Lo inverso de
lo que tiene lugar en las sociedades estacionarias. Pero en todas partes y siempre,
sadospor estaesencial disparidad. Existepues lugar parapensarque el
asociarse quiere decir asimilarse, es decir imitar. hidrógeno, por ejemplo, tal como existe hoy en día luego de tantas
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Gabriel Tarde Monadologlay sociología

eliminaciones o emigraciones sucesivas,es notablemente diferente del sehan vuelto más claramente probables y casi ciertas, a saber el carbo-
antiguo hidrógeno, mezcolanza de átomos discordantes. La misma no, es también aquel que se muestra a nosotros en estado de pureza
observación se aplica a cada uno de los cuerpos simples sucesivamen- bajo los aspectos más variados: diamante, grafito, carbón, etc. Uno
te engendrados. Al consumirse y reducirse, cada uno de ellos es afir- no se sorprenderá de que el cuerpo más rico en variedades revele los
mado en su equilibrio, hecho fuerte por sus propias pérdidas. Pero, si hímenesmás enérgicos y más manifiestos entre sus átomos constitu-
esto es así, es extremadamente poco probable, a pesar de la estabili- yentes... El carbono, he aquí el elemento diferenciado por excelencia.
dad extraordinaria adquirida de esa manera por los más viejos tipos «La afinidad del carbono con el carbono, dice Wurtz, tal es la causa
atómicos o moleculares, que la similitud entre los elementos que de la variedad infinita, de la multitud inmensa de las combinaciones
subsisten en cada uno de ellos sea completa. Para que la depuración del carbono; es la razón de ser de la química orgánica. Ningún ele-
de un tipo haya debido tener un término, basta que las diferencias mento posee en el mismo grado esta propiedad maestra del elemento
internas de sus elementos hayan dejado de ser de naturaleza para vol- carbono, esta facultad que poseen sus átomos de combinarse, de
ver imposible la existencia común de estos. Estos habitantes remacharse los unos a los otros, de formar esta armazón, tan variable
infinitesimales de ciudades misteriosas están tan lejos de nosotros3, en su forma, sus dimensiones, su solidez, y que sirve, en cierto modo,
que no hace falta asombrarse si el ruido de sus discordias interiores no de punto de apoyo a los otros materiales.»
nos llega, y sus diferencias interiores, si existen como yo creo, deben Después del carbono, los cuerpos que presentan en mayor grado
ser de una sutileza inapreciable para nuestros burdos instrumentos. esta capacidad de saturación parcial o total de sí por sí son el oxígeno,
Sin embargo, el polimorfismo de ciertos elementos afirma suficien- el hidrógeno y el nitrógeno; cosa notable, ¡precisamente las sustancias
temente que contienen disidencias, y conocemos lo suficiente para que la vida emplea! Por otra parte, un gran hecho debe darnos a re-
suponer alteraciones y mezclas en el fondo de las principales sustan- flexionar: la vida ha comenzado un día sobre este globo yen un pun-
cias que emplea la vida, en particular en el carbono. ¿Cómo admitir to. ¿Por qué en este punto y no en otro, si las mismas sustancias
que los átomos de una misma sustancia se acoplan entre ellos de estaban compuestas de los Inismos elementos? Admitamos que la
manera de formar lo que Gerhardt llama hidruros de hidrógeno, vida no seamás que una combinación química especial y muy com-
cloruros de cloro, etc., si se insiste en erigir en dogma la perfecta plicada. Pero, ¿de dónde ha podido nacer, si no es de un elemento
similitud de los átomos múltiples de una misma sustancia? ¿No su- diferente de los demás?
pone una unión semejante una diferencia por lo menos equivalente a
la diferencia sexual que permite a dos individuos de una misma espe-
cie unirse íntimamente, y sin la cual no podrían más que chocarse?
La inducción precedente se hallará confirmada si notamos que el
elemento en el seno del cual estas uniones de átomo a átomo similar
'Digo lejos de nosotros, no solamente por la inconmensurable distancia de su
pequeñez a nuestra inmensidad relativa, yen sentido inverso, de su eternidad relativa
aparente a nuestra pequeña duración (contraste muy extraño y tal vez imaginario),
sino también pnr la profunda heterogeneidadde su naturaleza íntima y de la nuestra.

84 8 5
VII.

En los dos apartados que preceden, hemos mostrado que el punto


de vista sociológico universal prestaría a la ciencia dos grandes servi-
cios, en primer lugar al liberarla de las entidades vacías sugeridas por
la relación mal comprendida de las condiciones al resultado, y falsa-
mente sustitutas de los agentes reales; en segundo lugar, del prejuicio
de creer en la similitud perfecta de esos agentes elementales. Pero se
trata allí de dos ventajas puramente negativas; y voy a intentar ahora
hacer ver qué informaciones más positivas podemos obtener por el
mismo método sobre la naturaleza íntima de los elementos. En efec-
to, no basta con decir que los elementos son diversos, es necesario
precisar en qué consiste su diversidad. Esto exige algunos desarrollos.
¿Quées la sociedad? Podríamos definirla desde nuestro punto de
vista: la posesión recíproca, bajo formas extremadamente variadas, de
todos por cada uno. La posesión unilateral del esclavo por el amo, del
hijo por el padre o de la mujer por el marido en el viejo derecho, no

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Monadaloglaysociologla
Gabriel Tarde
do: «Yo tengo» como hecho fundamental, lo poseído y lo poseedor
esmás que un primer paso hacia el lazo social. Gracias a la creciente
civilización, el poseído deviene cada vez más poseedor, el poseedor están dados ala vez como inseparables.
poseído, hasta que, a través de la igualdad de los derechos, de la sobe- Si el tener parece señalar el ser, seguramente el ser implique el tener.
ranía popular, del intercambio equitativo de los servicios, la antigua Esta abstracción vacía, el ser, nunca es concebida sino como lapropie-
esclavitud, mutualizada, universalizada, haga de cada ciudadano si- dad de algo, de otro ser, él mismo compuesto de propiedades, y así se
multáneamente el amo y el servidor de todos los otros. Al mismo sucede indefinidamente. En el fondo todo el contenido de la noción
tiempo, las maneras de poseer a sus conciudadanos y de ser poseído de seres la noción de tener. Pero la recíproca no esverdadera: el ser no
por ellos son cada día más numerosas. Toda función nueva, toda in- es todo el contenido de la idea de propiedad.
dustria nueva que se crea, hace trabajar a los nuevos funcionarios o Así pues, esesta la noción concreta, sustancial, que se descubre en
industriales en provecho de sus nuevos administrados o consumido- sí. En lugar del famoso cogito ergo sum, diría de buen grado: «Deseo,
res, que en este sentido adquieren un verdadero derecho sobre ellos, creo, por tanto tengo». El verbo Ser significa en unos casos tener, en
un derecho que no tenían antes, mientras que ellos mismos han otros ser igual a. «Mi brazo es caliente», el calor de mi brazo es pro-
devenido inversamente, por esta nueva relación de dos caras, la cosa piedad de mi brazo. Aquí es quiere decir tiene. «Un francés es un
de esos industriales o de esos funcionarios. Diría otro tanto de todo europeo, el metro es una medida de longitud». Aquí esquiere decir es
nuevo mercado. Cuando una línea de ferrocarril queseacabade abrir, igual a. Pero esta igualdad misma no esmás que la relación del conti-
permite a una pequeña ciudad de la llanura central aprovisionarse de nente al contenido, del género a la especie, o viceversa, es decir un
animales de mar por primera vez, el dominio de los habitantes se ve tipo de relación de posesión. Por lo tanto, en sus dos sentidos el ser es
incrementado con los pescadores del mar que ahora forman parte de él, reducible al tener.
y parejamente aumenta la clientela de estos últimos. Abonado a un Si a toda fuerza pretendemos extraer de la noción de Ser desarro-
periódico, poseo mis periodistas, quienes poseensusabonados. Yo po- llos que su esencial esterilidad no conllevan, somos conducidos a
seo mi gobierno, mi religión, mi fuerza pública, tanto como mi tipo oponerle el no-ser y a hacer jugar a ese término (con el que simple-
específico humano, mi temperamento, mi salud; pero sé también mente se objetiva y al vacío nuestra facultad de negar, como se obje-
que los ministros de mi país, los sacerdotes de mi culto o los gendarmes tiva en el Ser nuestra facultad de afirmar) un papel importante e in-
de mi distrito me cuentan en la cifra del rebaño cuya guarda tienen, sensato. A este respecto, el sistema hegeliano puede ser considerado
del mismo modo que el tipo humano, si se personificara en alguna como la última palabra de la filosofía del Ser. Somos conducidos
parte, no vería en mí más que una de susvariaciones particulares. también, en la misma vía, a forjar las nociones impenetrables, yen el
Hasta aquí toda la filosofía se ha fundado sobre el verbo Ser, cuya fondo contradictorias, del devenir y del desvanecimiento, vano cebo
definición parecía la piedra filosofal a descubrir. Sepuede afirmar que de antaño de los ideólogos del otro lado del Rhin. Por el contrario,
si hubiera sido fundada sobre el verbo Tener, muchos debates estéri- no hay nada más claro que las dos ideas de ganancia y de pérdida, de
les, muchos pataleos del espíritu sobre el mismo lugar habrían sido adquisición y de despojo, que tienen lugar en lo que llamaría la filo-
evitados. Imposible deducir de este principio, yo soy,a pesar de toda la sofía del Tener, para dar un nombre a lo que no existe todavía. Entre
sutilidad del mundo, ninguna existencia más que la mía; de ahí la ser o no ser no hay medio, mientras que sepuede tener más o menos.
negación de la realidad exterior. Pero pongan ante todo este postula- El ser y el no-ser, el yo y el no-yo: oposiciones infecundas que hacen
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Gabriel Tarde Monadolaglay sociología

olvidar las verdades correlativas. El opuesto verdadero del yo, no es el minio de cualquier elemento, existe su dominio condicionalmente
no-yo, es el mío; el opuesto verdadero del ser, es decir de lo poseedor, necesario, es decir cierto aunque no real, y que esta antigua distinción
no es el no-ser, es lo poseído. de lo real y lo posible,, en un nuevo sentido, no es quimérica.
La profunda divergencia, que seacentúa día a día, entre la corriente Ciertamente los elementos son tanto agentes como propietarios;
de la ciencia propiamente dicha y la de la filosofía, proviene del he- pero pueden ser propietarios sin ser agentes, y no pueden ser agentes
cho de que la primera, para su suerte, ha tomado por guía el verbo sin ser propietarios. Luego, su acción no se revela a nosotros sino
Tener. Todo se explica en su visión a través de propiedades, no de como un cambio acarreado a la naturaleza de su posesión.
entidades. Ella ha desechado la decepcionante relación de sustancia a Si se mira esto de cerca, se verá que toda la superioridad del punto
fenómeno, dos términos vacíos en los que el Ser es desdoblado; ella de vista científico sobre el punto de vista filosófico tiene por causa la
ha hecho un uso moderado de la relación de causa a efecto, donde la afortunada elección de la relación fundamental adoptada por los cien-
posesión no se presenta más que bajo una de sus dos formas, y la tíficos, y que todas las oscuridades, todas las discapacidades de la ciencia
menos importante, la posesión por el deseo. Pero ella ha usado am- le vienen del análisis incompleto de esa relación.
pliamente, y desgraciadamente, abusado de la relación de propietario Luego de miles de años, catalogamos las diversas maneras de ser,
apropiedad. El abuso que ella ha hecho consiste sobre todo en haberla los diversos grados del ser, y jamás hemos tenido la idea de clasificar
comprendido mal, al no ver que la verdadera propiedad de un pro- las diversas especies, los diversos grados de la posesión. Sin embar-
pietario cualquiera, es un conjunto de otros propietarios; que cada go la posesión es el hecho universal, y no hay mejor término que el
masa, cada molécula del sistema solar, por ejemplo, tiene por propie- de adquisición para expresar la formación y el crecimiento de un ser
dad física y mecánica no palabras tales como lo extenso, la movili- cualquiera. Los términos de correspondencia y de adaptación, pues-
dad, etc., sino todas las otras masas, todas las otras moléculas; que tos de moda por Darwin y Spencer, son más vagos, más equívocos,
cada átomo de una molécula tiene por propiedad química, no y no captan el hecho universal sino desde el exterior. ¿Es verdad que
atomicidades o afinidades, sino todos los otros átomos de la misma el ala del pájaro se adapta al aire, la aleta de los peces al agua, el ojo
molécula; que cada célula de un organismo tiene por propiedad bio- a la luz? No, del mismo modo que la locomotora no se adapta al
lógica, no la irritabilidad, la contractibilidad, la inervación, etc., sino carbón o la máquina de coser al hilo de la costurera. ¿Diremos tam-
todas las otras células del mismo organismo y especialmente del Mis- bién que los nervios vaso-motores, ingenioso mecanismo por el
mo órgano. Aquí la posesión es recíproca como en toda relación intra- cual se mantiene el equilibrio interior de la temperatura del cuerpo
social; pero ella puede ser unilateral, como en las relaciones extra- apesar de las variaciones de la temperatura exterior, están adaptados
sociales del amo y del esclavo, del pastor y su ganado. Por ejemplo, la aesas variaciones? ¡Singular manera de adaptarse a, esta de luchar
retina tiene por propiedad, no la visión, sino los átomos etéreos vi- contra! La locomotora está adaptada, si se quiere, a la locomoción
brando luminosamente, los cuales no la poseen; y el espíritu posee terrestre, el ala a la locomoción aérea, y esto quiere decir que el ala
mentalmente todos los objetos de su pensamiento, a los cuales no utiliza el aire para moverse, como la locomotora el carbón, como la
pertenece en absoluto. ¿Quiere esto decir que esos términos abstrac- aleta el agua. Este empleo, ¿no es una toma de posesión? Todo ser
tos, movilidad, densidad, peso, afinidad, etc., no expresan nada, no pretende, no ser apropiado a los seres exteriores, sino apropiárselos.
corresponden a nada? Ellos significan, creo yo, que más allá del do- Adherencia atómica o molecular en el mundo físico, nutrición en el
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Gabriel Tarde Monadología y sociología

mundo viviente, percepción en el mundo intelectual, derecho en el desde afuera. Todo lo que el químico puede hacer, es conjeturar el
mundo social, la posesión en sus innumerables formas no deja de átomo, con la certeza de no poder jamás actuar individualmente
extenderse de un ser a los otros seres, a través de un entrecruzamiento sobre él. La materia tal corno la comprende, tal como la emplea, es
de dominios variados cada vez más sutiles. una polvareda compacta de átomos distintos cuya distinción se borra
Variable en sus formas múltiples, ella lo es también en sus infinitos bajo la enormidad de su número y la continuidad ilusoria de sus
grados. Los astros, por ejemplo, se poseen entre ellos con una inten- actos. En el mundo viviente, pero inanimado (digo inanimado en
sidad que se agranda o decrece en razón inversa del cuadrado de su apariencia), ¿encuentra nuestra mónada un fantasma menos confu-
distancia. La vitalidad de los organismos, es decir la íntima solidari- so para atrapar? Parece. Desde ya aquí el elemento presiente al ele-
dad de sus partes, se eleva o baja continuamente. Del sueño profundo mento; la joven muchacha que cuida la flor la ama con una ternura
a la claridad de espíritu más perfecta, el pensamiento recorre una ex- que incluso ningún diamante le inspira.
tensa gama que marca el acrecentamiento de su particular imperio Peroes precisó arribar al mundo social para ver las mónadas captar-
sobre el mundo. Cuando se restablece la seguridad en un país trastor- seal desnudo y en vivo por la intimidad de sus caracteres transitorios
nado, ¿no se siente cada ciudadano más dueño de aquellos de sus plenamente desplegados el uno frente al otro, el uno en el otro, el
compatriotas cuyos servicios tiene el derecho de esperar, dicho de uno a través del otro. Aquí está la relación por excelencia, la posesión
otro modo, de todos sus compatriotas con cuya ayuda legítima cuen- típica de la que el resto no esmás que un esbozo o un reflejo. A través
ta más firmemente que antes? de la persuasión, a través del amor y el odio, a través del prestigio perso-
Cualquiera sea la forma de la posesión, física, química, vital, men- nal, a través de la comunidad de las creencias y de las voluntades, a
tal, social (sin hablar de las subdivisiones de las que cada forma es través de la cadena mutua del contrato, suerte de red estrecha que se
susceptible), hemos de distinguir ante todo si ella es unilateral o extiende sin cesar, los elementos socialesse sostienen y sesalvan de mil
recíproca, y en segundo lugar, si ella se establece entre un elemento maneras, y de su concurso nacen las maravillas de la civilización.
y uno o varios elementos distintos individualmente considerados, ¿No nacen las maravillas de la organización y de la vida de una
o entre un elemento y un grupo indistinto de otros elementos. Co- acción semejante, de elemento vital en elemento vital, sin dudas de
mencemos por decir una palabra de esta segunda distinción. Cuan- átomo en átomo? Yo me inclino a pensarlo por razones que seda muy
do entro en comunicación verbal con uno o varios de mis semejan- largo de explicar aquí. ¿No sería del mismo modo en las creaciones
tes, nuestras mónadas respectivas, desde mi punto de vista, se cap- químicas, en las formaciones astronómicas? La atracción newtoniana
tan recíprocamente; al menos es cierto que esta relación es la rela- seejerce seguro de átomo en átomo, puesto que las operaciones quí-
ción de un elemento social con elementos sociales tomados como micas más complicadas no la alteran en nada.
distintos. Por el contrario, cuando veo, cuando escucho, cuando Si esto fuera así, la acción posesiva de mónada a mónada, de ele-
estudio la naturaleza ambiente, las rocas, las aguas, las plantas mis- mento a elemento, sería la única relación verdaderamente fecunda.
mas, cada uno de los objetos de mi pensamiento es un mundo her- En cuanto a la acción de una mónada o al menos de un elemento
méticamente cerrado de elementos que sin dudas se conocen o se sobre un grupo confuso de mónadas o de elementos indistintos, o
captan entre ellos íntimamente, como los miembros de un grupo recíprocamente, no sería más que una perturbación accidental de las
social, pero que no se dejan abarcar por mí más que en bloque o bellas obras consumadas por el duelo o el himen de los elementos.
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Gabriel Tarde Monadología y sociología

servar los tipos vivientes, ellos imaginan una fuerza diversificante, poráneos, que atestiguan la aparición de nuevas ideas religiosas o po-
que no saben dónde ubicar. En general ellos la dispersan hacia fuera, líticas. Por ejemplo, las lentas usurpaciones de la potencia real sobre
en los accidentes del clima, del medio, de alimentación, de creci- la feudalidad, los tironeos de los parlamentos y de los reyes, de las
miento, y niegan reconocer en el seno de los organismos una causa comunas y los señores. Ese oscuro acto de Philippe le Bel, con el que
interna de diversidad. En segundo lugar, estén proyectados desde aden- semarca una nítida orientación hacia la lejana centralización adminis-
tro, estén provocados por el exterior, las variaciones específicas, los trativa de la Francia actual, tiene más valor para su historiador que el
factores del sistema darwiniano, son divergencias sin fin, rebeliones asunto de los templarios. Una constitución social puede ser mala, ella
sin programa, fantasías desordenadas. ¿No vemos sin embargo, bajo dura hasta que otra seaconcebida. Un sistema filosófico reinante puede
un gobierno estable y de un tipo definido, la esencial esterilidad, la ser falso, él se mantiene a pesar de las críticas hasta el día en que una
mutua neutralización de las oposiciones que no enciende ningún ideal nueva teoría llega a destronarlo.
político propio, ningún sueño de regeneración social? No concebi-
mos ni el triunfo de semejantes locuras en un cuerpo viviente, ni su
empleo posible; y sus duraciones mismas, supuestas elevadas a su
máximo astronómicamente admisible, son insuficientes por volver
lo menos probable del mundo el acuerdo fortuito de esas rupturas de
equilibrio, en un nuevo equilibrio vital, la fabricación de un nuevo
orden con esos desórdenes acumulados. Pero, en nuestra hipótesis, la
fuerza diversificante de los tipos, tanto como su fuerza conservadora,
tiene un apoyo captable interior al organismo, y tiene un sentido. Es
preciso ver en toda modificación espontánea, incluso la más fugaz, de
una especie viviente, el designio de otra especie que la afectaría con la
condición de amplificarse lo suficiente.
Entre las variaciones, en efecto, guardémonos de confundir las
que son producidas accidentalmente, desde afuera, por capricho, y las
que son debidas a la lucha establecida en el seno de cada organismo o
de cada estado, entre el ideal triunfante que lo constituye, y las ideas
comprimidas, sofocadas, aspirando a eclosionar, que rezongan bajo
su yugo. Las primeras son en su mayor frecuencia neutralizadas, las
segundas habitualmente dan su fruto solas. Todos los historiadores,
conciente o inconcientemente, hacen esta distinción. Al lado de los
grandes hechos que relatan a menudo para tranquilidad de su con-
ciencia, ellos ponen de relieve con un especial esmero, las mínimas
reformas, las mínimas discusiones apenas percibidas por los contem-
96 97
VIII.

Puesto que el seres el tener, se sigue de esto que toda cosa debe ser
ávida. Ahora bien, si hay un hecho que habría debido impresionar
todas las miradas, es efectivamente la avidez, la ambición inmensa
que de un extremo al otro del mundo, del átomo vibrante o el ani-
malillo prolífico al rey conquistador, llena y mueve a todos los seres.
Toda posibilidad tiende a realizarse, toda realidad tiende a universali-
zarse. Toda posibilidad tiende a realizarse, a caracterizarse netamente:
de allí ese desborde de variaciones por encima y a través de todos los
temas vivientes fisicos y sociales. Toda realidad, todo carácter una vez
formado tiende a universalizarse. He aquí por qué la luz y el calor
irradian y la electricidad se propaga con la rapidez que conocemos, y
la menor vibración atómica aspira a llenar el éter infinito sólo de ella
misma, presa que todas las otras le disputan. He aquí por qué toda
especie, toda raza viviente apenas formada, multiplicándose según
una progresión geométrica, pronto cubriría el globo entero si no se

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Gabriel Urde Manadología y sociología

enfrentaraafecundidades concurrentes, y no solamentelas especies y ta de ello, con qué justificar el pesimismo. ¡Para un único desarrollo,
lasrazas, sino las mínimas particularidades un poco nítidas, las enfer- millones defracasos! Nuestra noción de la materia traduce bien este
medadesmismas de cada una de ellas, lo que excluye la explicación carácter esencialmente contrariante del mundo que nos rodea. Los
teleológica de la fecundidad erróneamente consideradacomo medio psicólogos han dicho la verdad,másverdad de lo que ellos suponían;
en vista de la conservación de los tipos. He aquí en fin por qué una la realidad exterior noespara nosotrosmásque por la propiedad que
obra social cualquiera teniendo en sí un caráctermásomenos marca- ella tiene de resistiranosotros, resistencia por otra parte no solamente
do, un producto industrial, un verso, una fórmula, una idea política táctil, por su solidez, sino visual, por su opacidad, voluntaria por su
u otra aparecida un día en cualquier parte en el rincón de un cerebro, indocilidad anuestrosdeseos, intelectual porsu impenetrabilidad para
sueñacomo Alejandro la conquista del mundo, busca proyectarse a nuestro pensamiento. Cuandosediceque la materiaessólida,es como
travésde miles y millones de ejemplares por todas partes donde exis- sisedijera que ellaes indócil; apesarde la ilusión contrariasetrata de
ten hombres, y nosedetiene enesecaminomásque reprimido por el una relación de ellaconnosotros y no de ellacon ella la que especifica-
choque de su rival no menos ambicioso. Las tres principales formas mosdeesemodo tanto para el primer atributo como para el segundo.
dela repetición universal, la ondulación, la generación, la imitación, ¿Sehadeesperardel porvenir un remedio paraesteestadode cosas?
lo he dicho en otro lugar, son otros tantos procedimientos de gobier- No, si damos crédito alas inducciones que nos sugiere el ejemplo de
no e instrumentos de conquista que dan lugar a esos tres tipos de nuestrassociedades; la desigualdad entre los vencedores y los venci-
invasión física, vital, social: la irradiación vibratoria, la expansión ge- dos del mundo seacrecentarácadavezmás. La victoria de unos y la
neradora, el contagio del ejemplo. derrota de los otros devendrán cada día más completas. En efecto,
El niño nace déspota; el prójimo para él, como para los reyes ne- una de las señalesmás ciertas del progreso de la civilización en un
gros, no sirve másque para servirlo. Hacen falta añosde castigo y de puebloesquelasgrandesreputaciones, lasgrandesempresas militares
comprensión escolar para curarlo de este error. Podemos decir que o industriales, las grandes reformas, las reorganizaciones radicales
todas las leyes y todas las reglas, la disciplina química, la disciplina devienen allí posibles. Dicho de otro modo, el progreso de la civiliza-
vital, la disciplina social, son otros tantos frenos sobreañadidos y des- ción, atravésde la supresión de los dialectos y la difusión de una sola
tinados a contener este apetito omnívoro de todo ente. En general lengua, a través de la desaparición de las costumbres distintas y el
tenemos poca conciencia de ello, nosotros hombres civilizados, tira- establecimiento de un mismo código, a través de la alimentación
nizadosdesdenuestra mantilla. Aplastada en el germen nuestra ambi- uniforme de los espíritus mediante periódicos más codiciados que
ción aborta, pero¿cuán profundaespreciso que ellaseaparaque ala los libros, y por otros mil rasgos, consiste en facilitar la realización
menor fisura denuestros diques habituales, y apesarde tantos siglos cadavezmás integral, cadavezmás mutilada, de un único plan indi-
decoacción hereditaria, estalle todavía en la historia aquí y allá en vidual para lamasaenterade la nación. De suerteque miles de planes
borbotones tales como César o Napoleón 1ro? diferentes que en una fase menos avanzada habrían recibido,
Chocarse con su límite, con su impotencia constatada: ¡qué cho- concurrentemente con el elegido, un comienzode ejecución, son con-
que horrible para cualquier hombre y, ante todo, quésorpresa! Desde denados por esto a un ahogo fatal. Dice muy bien Stuart Mill
luego existe enesta pretensión universal de lo infinitamente pequeño (Économie politique): «Amedida que los hombres pierden las cualida-
alo infinitamente grande, yen el choque universal y eternoque resul- desdel salvaje,sevuelvenmás disciplinables, máscapacesde ejecutar
1O O 101
Monadologia y sociología
Gabriel Tarde
nes de veces superior a su exigüidad! ¡Qué tesoro de invenciones ad-
planes concertados de antemano y sobre los cuales no han sido con-
mirables, de ingeniosas recetas para explotar y conducir al otro, ema-
sultados, o de subordinar sus caprichos individuales a una determina-
nadas deesas células microscópicas cuyo genio y pequeñez deberían
ción preconcebida, y de hacer separadamente la porción que le ha
confundimos parejamente!
sido asignada en un trabajo combinado.»
Pero cuando hablo de conquista y de ambición a propósito de las
Ala larga, luego de siglos y siglos, se ve hacia dónde la sucesión de
sociedades celulares, esmás bien de propaganda y de abnegación que
un progreso semejante debe conducir a las naciones: a un grado de
debería hablar. Sin dudas, todo esto es metafórico, pero también es
esplendor frío, de pura regularidad que tendrá algo de mineral y cris-
preciso escoger bien los términos de sus comparaciones; y el lector
talino, y contrastará singularmente con la gracia extrafia, con la corn-
consentirá no olvidar tampoco que si la creencia y el deseo, en el
plejidad completamente viva de sus inicios.
sentido puro y abstracto eh que entiendo esas dos grandes fuerzas,
Por otra parte, de cualquier modo que fuera, la formación de toda
esasdos únicas cantidades del alma, poseen la universalidad que les
cosa por propagación a partir de un punto no es dudosa, para noso-
atribuyo, apenas hago una metáfora al llamar idea ala aplicación de la
tros es atenerse a los hechos positivos, y de allí extraemos el derecho
fuerza-creencia amarcas cualitativas internas sin no obstante ninguna
de admitir elementos jefes. Se me objetará la dificultad de descubrir,
relación con nuestras sensaciones y nuestras imágenes; al llamar in-
entre el pueblo de los sujetos de uno de esos Estados estelares o
tención a la aplicación de la fuerza-deseoa una de esas cuasi-ideas; al
moleculares, orgánicos o urbanos que yo imagino, el amo real, el
llamar propaganda ala comunicación de elemento a elemento, segu-
fundador, centro y foco deesasesferas y deesas irradiaciones de accio-
ramente no verbal, sino específicamente desconocida, de la cuasi-in-
nes similares armoniosamente repetidas y reguladas. Es que en reali-
tendón formada por un elemento iniciador; al llamar conversión a la
dad le trata aquí de centros y de focos infinitamente múltiples, con
transformación interna de un elemento en el cual entra, en lugar de
puntos de vista y a grados diferentes. Para no atenernos sino a los más
su propia cuasi-intención, la del otro, etc. Bajo el beneficio de esta
eminentes, existe aún, diríamos, en el seno del sol, el átomo conquis-
nota, proseguimos.
tador que, a través de su acción individual extendida gradualmente a
Cuando un imperio pretende extenderse, él envía sobre un único
toda la nebulosa primordial, ha roto el feliz equilibrio del que, se nos
punto del globo y no sobre un gran número de puntos a la vez dis-
asegura, esta gozaba. Poco a poco, su influencia atractiva ha hecho
tantes unos de otros, no un sólo hombre sino un numeroso ejército
una masa, mientras que, en su entorno, otros átomos, vasallos coro-
que, luego de haber conquistado ese punto, vuelca a otro lugar sus.
nados, agrupaban separadamente bajo su ejemplo algunas fracciones
devastaciones. Cuando el jefe de una religión piensa en difundirla, él
de su vasto imperio y redondeaban los diversos planetas. Y luego de
envía a todos los puntos cardinales, a todos lados donde pueda llegar,
este primer nacimiento de los tiempos, estos átomos triunfantes, imi-
misioneros aislados, dispersos, encargados de anunciar la buena nue-
tados ellos mismos por sus esclavos atractivos, ¿han dejado algún ins-
va y de ganar las almas a través de la persuasión. Ahora bien, constato
tante de atraer y de vibrar? ¿Ha disminuido su poder de condensación
que en esto los procedimientos por los cuales se ejecuta la propaga-
por haberse esparcido contagiosamente en el espacio ilimitado? No,
ción de los seres vivientes se asemeja a una propaganda apostólica
sus imitadores no son sus rivales solamente, sino sus colaboradores.
mucho más que a una anexión militar. Y que si se relaciona esta simi-
¡Qué prodigiosos conquistadores también los gérmenes
litud a cien otras, si se observa que cada especie viviente, corno cada
infinitesimales que consiguen someter a su imperio una masa millo-
103
102
Gabrid Tarde Monadokgía y sociología

iglesia o comunidad religiosa, es un mundo cerrado a los grupos riva- do él solo, en hipótesis, de formar un cuerpo de tropas en un país
les, y no obstante hospitalario, ávido de nuevos reclutas, un mundo extranjero, estaría en la impotencia absoluta de constituir allí un pe-
enigmático e indescifrable desde afuera, donde circulan palabras de lotón de cuatro hombres de los que sería el caporal.
orden misterioso, conocidas sólo por fieles, un mundo conservador Por estos caracteres diferenciales, la vida senos aparece pues como
donde uno se conforma escrupulosamente e indefinidamente, con una cosa respetable y sagrada, como una gran y generosa empresa de
una admirable abnegación, a los ritos tradicionales, un mundo muy salvación, de redención de los elementos encadenados en los estre-
jerarquizado en el que sin embargo la desigualdad no parece incitar chos lazos de la química; y es sin dudas desconocer su naturaleza el
revueltas, un mundo ala vez muy activo y muy regulado, muy tenaz considerar su evolución, con Darwin, como una serie de operaciones
y muy flexible, hábil en plegarse a las circunstancias nuevas y perseve- militares donde la destrucción es siempre la compañera y la condi-
rando en sus visiones seculares, uno se convencerá que no abuso de las ción de la victoria. Ese gran prejuicio reinante parece confirmado por
libertades de la analogía asimilando los fenómenos biológicos a las el penoso espectáculo de los vivientes que se devoran entre ellos; al
manifestaciones religiosas de nuestras sociedades antes que a su aspec- ver la garra de un gato lanzarse sobre un nido de pájaros, el corazón se
to guerrero, industrial, científico o artístico. encoge y se pone a maldecir el egoísmo y la crueldad de la vida. Ella
Bajo ciertas relaciones, un ejército parece asemejarse a un organis- no es sin embargo ni egoísta ni cruel, y antes de acusarla de este modo,
mo tan exactamente como un convento. Misma disciplina, misma deberíamos preguntarnos si no es posible interpretar sus acciones más
subordinación rigurosa, misma potencia del espíritu de cuerpo, en repulsivas de una manera apropiada para conciliar este horror con la
un organismo yen un regimiento. El modo de nutrición (es decir de admiración que la belleza de sus obras nos fuerza a experimentar.
reclutamiento) es también el mismo, por intususcepción, por incor- Nada más fácil desde el punto de vista de nuestra hipótesis. Cuando
poración de reclutas periódicos, por llenado de cuadros hasta un cier- un ser viviente destruye a otro para comerlo, los elementos que com-
to límite que nunca se franquea. Pero bajo otras relaciones no menos ponen el ser destructor se proponen quizás dar a los elementos del ser
importantes, la diferencia es notable: el reclutamiento transforma y destruido el mismo tipo de servicio que los fieles de una religión
regenera menos al conscripto, que la asimilación vital a la célula creen brindar a los secuaces de otro culto al destrozar sus templos, sus
alimentaria, o la conversión religiosa al neófito. La educación militar instituciones clericales, sus lazos religiosos, y al esforzarse en conver-
no penetra hasta el fondo del corazón. De ahí la menor tenacidad, la tirlos ala «verdadera fe». Lo que es destruido en este casoes el exterior
menor duración de las organizaciones militares. Sus transformacio- de los seres, de los elementos dotados de fe y amor, pero estos no son
nes, incluso en los bárbaros, son muy bruscas y frecuentes, a menos sacrificados. En general, es preciso reconocerlo, se trata de la vida
que su estado sea completamente rudimentario, yen esecaso su in- superior que absorbe y asimila la vida inferior, del mismo modo que
coherencia prohíbe compararlos a los seres vivientes, aún a los más son las grandes y elevadas religiones, cristianismo, islamismo, budis-
simples. Finalmente, cuando un ejército crece, cuando un regimiento mo, las que convierten a las fetichistas y no viceversd.
se reproduce, esta reproducción no opera jamás, como la de los seres Concebida así la vida, tengo necesidad de preguntar cómo pode-
vivientes, por la emisión de un elemento único alrededor del cual mos concebir la conciencia y la muerte. Llamo conciencia, alma, es-
vienen a agruparse elementos extraños. Es solamente por bipartición píritu, al triunfo pasajero de un elemento eterno que sale, por un
que un regimiento se reproduce; un único soldado u oficial, encarga- favor excepcional, de lo infinitesimal oscuro para dominar un pueblo
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GabrielTanie

de hermanos devenidos sus súbditos, los somete algún tiempo a su


ley transmitida por sus predecesores y ligeramente modificada por él Apéndice
o marcada por su sello real; y llamo muerte al destronamiento gra-
dual o súbito, la abdicación voluntaria o forzada de este conquistador La variación universal
espiritual quien, despojado de todos sus Estados, como Darío luego
de Arbela, Napoleón luego de Waterloo, o como Carlos Ven Saint-
Just y Diocleciano en Tesalónica, pero mucho más cabalmente aún
vuelto a poner al desnudo, entra en lo infinitesimal de donde ha par-
tido, en lo infinitesimal natal, apenado quizás, seguramente no inva-
riable, y ¿quién sabe? no inconciente.
No decimos pues ni la otra vida ni la nada. Decimos la no-vida,
sin nada prejuzgar. La no-vida, tanto como el no-yo, no es necesaria-
mente el no-ser; y los argumentos de ciertos filósofos contra la posi-
bilidad de la existencia luego de la muerte no se sostienen más que los
de los escépticos idealistas contra la realidad del mundo exterior. Que
la vida sea preferible a la no-vida, nada hay tampoco menos demos-
trado. Quizás la vida es simplemente un tiempo de pruebas, de ejer- I
cicios escolares y dolorosos impuestos a las mónadas quienes, al salir
de esta dura y mística escuela, se encuentran purgadas de su anterior A través de las consideraciones que seguirán, busco justificar en la
necesidad de dominación universal. Yo me persuado de que pocas de medida de lo posible una hipótesis que muy a menudo me ha servido
entre ellas, una vez depuestas del trono cerebral, aspiren a volver a de guía, no siempre sin embargo, y que consiste en identificar la esen-
escalar en él. Vueltas a su propia originalidad, a su independencia cia y el fin de todo ser con su diferencia característica, es decir en dar
absoluta, renuncian sin esfuerzo y sin retorno al poder corporal y, la diferencia por fin de sí misma.
durante la eternidad, saborean el estado divino en que las ha sumergi- La actividad del yo se expresa por una doble reacción contra las
do el último segundo de la vida, la exención de todos los males y impresiones del afuera. Lejos de ser el hecho de una simple yuxtapo-
deseos, no digo de todos los amores, y la certeza de poseer un bien sición, la ligazón de las imágenes y de las sensaciones se cumple en
oculto, durable eternamente. Así se explicaría la muerte, así se justifi- nosotros en virtud de un doble cemento: la creencia y el deseo. A
caría la vida, por la purgación del deseo... Pero esto es hipotetizar través de la creencia el yo se distingue y distingue; a través del deseo él
demasiado ¿Me perdona usted este exceso metafísico, amigo lector? se modifica y modifica. Ahora bien, del mismo modo que el objeto
de la fe essiempre un carácter diferencial captado por ella y añadido a
lo que ella ya ha captado, el objeto del deseo—osu efecto, la acción—
es siempre un cambio; no un cambio cualquiera, sino un cambio
cada vez más nuevo, cambiante y renovador, determinado por los
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Gabriel Tinde Apéndke «La variación universal»

cambios anteriores o posteriores del ser actuante y por los cambios pretende que lo sea la deseabilidad de ciertas acciones o de ciertas
exteriores de los otros seres, pues es cierto que nuestros deseos más impresiones. Lo acepto, pero si bien es obvio que deseamos única-
precisos comportan una parte de indeterminación por la quese muestra mente lo que es deseable, o lo que vemos como tal, es ininteligible
la necesidad que ellos tienen de ser acabados por los deseos del otro. que deseamos esta deseabilidad. Es la naturaleza misma de la acción o
Entonces así como deseamos, lo que es bien raro, la continuación de la impresión y no el placer que está ligado a ellas lo que buscamos
pura y simple de nuestra felicidad actual, consideramos sus instantes y lo que perseguimos. La proposición que combato sería verdadera
futuros como individualmente sentidos, es decir distintos, caracteri- aplicada a la voluntad propiamente dicha antes que al deseo. Tam-
zados por los cambios sucesivos que se consumarán alrededor nues- bién es preciso observar que, entre todos los placeres, entre todos los
tro. Pero con la mayor frecuencia, el deseo expira aún no habiendo bienes considerados en un momento dado, la voluntad escoge por
tocado su término, y algunas veces aún antes. La naturaleza tiene su meta el placer o el bien juzgado superior a los otros, juicio fundado
manera de apaciguar los deseos de nuestros corazones; ella nos los sobre la naturaleza intrínseca de las acciones que provocan ese bien o
sustrae y nos los reemplaza. Nada iguala el asombro del amor inge- eseplacer, y también sobre la apercepción más o menos confusa de la
nuo que por primera vez la sorprende en flagrante delito de una sus- doctrina particular, de la fe innata e involuntaria del ser deseante. Una
tracción semejante. Pero incluso el corazón más cansado se sorprende imagen de mujer (encuentro fortuito de rasgos) penetra y fermenta
acada instante de sobrevivirse. en el corazón; una idea (encuentro fiírtuito de recuerdos) entra y se
No me detendré a demostrar que el deseo o la necesidad de la agita en el espíritu; conquistar esa mujer, y amarla en la soledad, de-
conservación de sí no es el verdadero fondo de la naturaleza del ser; él mostrar esa idea y desarrollarla a solas: he aquí el fin de una vida. ¿Se
está subordinado al deseo y a la necesidad de desarrollo o de comple- lo ha escogido por ser lo más agradable? ¿Existe allí cálculo y egoísmo
mento de sí. Durar es cambiar. La duración, el tiempo, no esmás que refinados? No veo en esto más que una profunda necesidad de gene-
por y para los acontecimientos; y el yo, la duración de la persona, no ración y de descubrimiento, de desarrollo trascendente del ser en otros
esmás que por y para la serie de sus estados interiores. seres, y del espíritu en otros espíritus' .
Quizás se diga que no es el deseo de cambio el que nos es esencial, En el fondo, la felicidad, lago que acoge a un río, pero que no lo
sino el deseo de felicidad. En efecto lo parece, al no considerar el detiene, no es más que una armonía pasajera, una transición ascen-
deseo más que en su estado adulto yen el medio de los actos huma-
nos, que en apariencia se proponen la felicidad finura o presente por
único fin confesado o inconfesado. Es un lugar común entre los ma- ' Con su libertad de espíritu acostumbrada, Darwin sesepara a este respecto de la
escuela materialista en la cual se quisiera equivocadamente hacerlo entrar: «Es en
terialistas que la felicidad sólo puede ser deseada y que siempre lo es. muchoscasosprobable, dice Darwin (La DescendancedeIlsomme, p. 83, trad. Moulinié),
Pero a menudo el deseo precede a la experiencia del placer; el recién que los instintos se perpetúen por la sola fuerza de la herencia, sin el estimulante del
nacido capta el seno antes de conocer el sabor de la leche, el joven placer o de la pena. La ardilla en su jaula, buscando enterrar nueces que no puede
perro persigue su presa antes de haberla degustado. ¿Por qué suspira el comer, apenas puede ser considerada como empujada a dicho acto por pena o placer.
ingenuo estando próximo a lo que ama? Y nosotros, a decir verdad, También la opinión común de que el hombre debe estar incitado a toda acción por la
influencia de un placer o de una pena puede ser errónea.» Yaes mucho que d dude de
¿lo sabemos mejor? La felicidad está tan lejos de ser el objeto exclusi- ello. Conocemos la naturaleza deese espíritu, que no es nunca menos afirmativo que
vo del deseo que jamás puede ser su objeto propiamente dicho,. Se allí donde sucede lo más concluyente.
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Gabriel Tarde Apéndice «La variación univerial»

dente entre la variedad de lo que nace y la actividad renovadora a la maneras de ver que aproximo bastaría ya para abrirnos los ojos; pues
que ella da nuevo temple. Y nosotros vamos a ver que esto es así en seve que negar la finalidad de los seres insensibles implica al mismo
todas las otras armonías o adaptaciones del universo. tiempo negar su realidad. A la inversa, si creemos que ellos son, es
preciso creer que ellos tienden.
II Ellos tienden, pero ¿aqué? Echemos un vistazo sobre el mundo.
Preguntémonos si esa armonía que es por todas partes visible, se
Hablo de otras armonías. Pero ¿hay otras? No, deben decir los muestra como una parada o como un término; si las discordancias
adversarios que yo he combatido. Si el deseo de felicidad es único y que se le rebelan y que ella debe algún día domar están allí para glori-
necesario, su necesidad es igualmente única y necesaria, y uno pierde ficar su triunfo final, o si, simple agente de transformación como lo
el derecho de distinguir, si no es por comodidad del discurso, entre el esla armonía de nuestras máquinas, ella es, por azar, el obrero de la
deseo y la necesidad. Se sigue de allí que las grandes oposiciones de la diferencia universal, de suerte que el Progreso ocurriría en vista del
belleza y la fealdad, del progreso y la decadencia, de la salud y la cambio y no el cambio en vista del Progreso.
enfermedad, se reducen a la del placer y el dolor y no se comprenden
sin ella. Por consecuencia, los seres insensibles, tales como las plantas,
no podrían tener meta. Para ellas no es ni un bien ni un mal morir o III
fracasar; cuando decimos que el agua o el sol le hacen falta, en reali-
dad nada les falta; su estado normal y sus anomalías son así mal lla- Es verdad que la diferencia produce la armonía y que a su vez la
mados; sus grados de perfección, fundados, entre paréntesis, sobre la armonía engendra la diferencia; y así sucesivamente. La armonía del
complicación de su estructura, desde el alga hasta las compuestas, son cuerpo humano tiene por causa la diversidad de sus órganos, y por
ideas que nos hacemos; ellas no desean nada, pues no tienen necesi- efecto su diferenciación cada vez más grande y la distinción cada vez
dad de nada, pues no obran en vista de nada; confesemos en fin que más tajante de la especie humana y de las otras especies próximas, y
no son nada en sí mismas. No sentidas, no vistas, no olidas, son más de los individuos humanos entre sí. La oponibilidad del pulgar a los
o menos lo que puede ser una frase de nuestras lenguas independien- otros dedos constituye una adaptación y de las más importantes. Es
temente de la boca que la pronuncia, donde sin embargo distingui- al diferenciarse de los otros dedos que el pulgar ha encontrado su
mos armonías maravillosas, una construcción y órganos, cualidades y adaptación, del mismo modo que los brazos del hombre forman con
fallas, pero todo relativo a nosotros. Es perfectamente lógico; y noso- sus piernas una adaptación no menos remarcable, completándose unos
tros encontramos aquí un dilema análogo al que proponen los con otros, pues esos órganos difieren entre ellos más que los órganos
idealistas que niegan el mundo exterior: los elementos materiales, correspondientes en los cuadrimanos. De ahí la complejidad
dicen ellos, son yoes, o no son nada. Se nos dice o se nos debe decir inmensamente superior de las acciones humanas. El más deseable de
ahora: toda la creación tiene por fin la felicidad, o ella no tiene fin, y los acuerdos, un feliz matrimonio, nace de la diferencia de los carac-
si se pretende que la creación insensible tenga un fin, es preciso vio- teres y de los sexos, yes generalmente fecundo en variaciones indivi-
lentar el sentido común y decir que ella es sensible, que ella sufre y duales, sea la de los niños, sea la de los esposos mismos, cuya activi-
padece. Es lo que ha hecho Hartmann. Pero la solidaridad de las dos dadseve redoblada. La adaptación industrial de nuestros productos a
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Gabriel Tarde A p é n d i c e «La variación universal»

una de nuestras necesidades, por ejemplo la de alimentarse o la de el fin común del que hablamos es siempre múltiple, limitado, cam-
vestirse, supone siempre una cierta complejidad en el producto, pie- biante, y no se muestra más que a una cierta altura de las realidades
dras frente a una gruta, madera, hierro, proporciones más o menos ascendentes; si de los acuerdos parciales del mundo surge perpetua-
regulares, una cierta variedad de alimentos; y cuanto más perfecta es mente un derroche de discordancias, si las diversas utilidades son in-
esa adaptación, en vías de progreso, más se desarrolla la necesidad útiles o perjudiciales las unas alas otras, sí las relaciones de las diversas
correspondiente, y exige de nuevas complicaciones para ser nueva- armonías son naturalmente inarmónicas, heterogéneas, no compara-
mente satisfecha. Y como además, la satisfacción de una necesidad bles, no mensurables, o no pueden conciliarse o armonizarse a su
hace nacer otra o más bien otras, el resultado más claro de los sucesi- turno más que parcialmente y mediante el sacrificio de la mayor par-
vos perfeccionamientos de nuestra industria, es no solamente la cre- te de dichas armonías; estaremos desde entonces autorizados a pensar
ciente exigencia, sino también la multiplicación de nuestras necesida- que el Universo pone su razón al servicio de su imaginación, sus leyes
des. Necesidad, madre de la industria, se dice proverbialmente; po- y sus organismos al servicio de sus fantasías, y que la Armonía no
dríamos también decir hija. Es a través de la diversidad de las partes explica todo, puesto que no explica su propio efecto.
de una obra de arte que se manifiesta la belleza, el acuerdo estético
entre esa obra de arte y nuestro gusto; y de ese acuerdo largo tiempo
repetido nace la sutil delicadeza del gusto crítico, tanto más exigente IV
cuanto que más satisfecho ha sido. El gusto penetra y analiza la obra
de arte y no menos es desarrollado, abierto y analizado por ella. Tocamos aquí consideraciones de una gravedad tal que debe con-
Pero si la diferencia y la armonía se engendran recíprocamente, solarnos de su infortunio. Cuando el científico se limita al estudio de
¿cuál de esos dos términos se presenta a nosotros como subordinado un organismo individual, considerado aisladamente, o de una fun-
al otro? Evidentemente aquel que no proporciona más que una expli- ción especial común a varias especies, la del vuelo, por ejemplo, o la
cación parcial de los fenómenos, mientras que el otro nos brinda de la vista, las ideas de finalidad y de progreso son una excelente guía
razón de todo. que lo ilumina en el laberinto de la vida. Salvo algunos órganos rudi-
Ahora bien, la idea de progreso supone la comparación entre dos mentarios (el pabellón externo de la oreja o las rudimentarias tetillas
estados uno de los cuales se juzga superior al otro, en virtud de una del hombre en nuestra especie) los órganos de cada uno de nuestros
común medida que leses aplicable; la idea de armonía supone la refe- cuerpos tienen por propiedad indiscutible el ser útiles los unos a los
rencia de las partes de un todo armonioso a un fin común que su otros, en vista del fin que cada uno de nosotros lleva en sí o se crea.
colaboración realiza. La medida común de los estados progresivos es Comparemos bajo una relación determinada dos individuos de dos
justamenteese fin común: superioridad quiere decir utilidad más grande especiesdiferentes, sea un águila y un gorrión bajo la relación de la
en relación a ese fin. Se trata por tanto de saber si la naturaleza es altura de su vuelo, o un molusco y un pájaro bajo la relación de la
esencialmente utilitaria. Lo es si todas sus obras se encaminan a un fin vista; el ala y el ojo del águila nos parecerán superiores al ala del go-
supremo y universal (distinto, en hipótesis, del cambio mismo). Pero rrión o al ojo del molusco. ¿Es una razón para pensar que el águila es
si la luz proyectada sobre los fenómenos por la idea de finalidad se superior al gorrión en el conjunto de su organización? No, pues sus
dispersa en mil resplandores vivos y cortos, y no llega jamás arriba; si destinos difieren, y si quisiéramos comparar sus dos destinos como
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Ga bri el Tarde Apéndice «La variación universal»

hemos comparado sus dos alas, nos haría falta el fin común para otras, las variaciones estériles y mal ajustadas a su época y a su medio,
juzgar la preeminencia de uno sobre el otro. No es que no existe una ¿no diremos nada deellas?,>¿no han tenido ellas también su razón de
cierta solidaridad entre un buen número de seres vivientes; el roble es ser? Y porque el derecho a la duración y a la repetición les fue negado,
útil al liquen que lo reviste, el rosal al gallarón que llega a invernar en ¿lenegaremos el derecho ala existencia? Ciertamente ellas la han usur-
una excrecencia de su corteza. Pero por más que solidaridades de este pado, si es preciso creer en el sistema de la armonía necesaria y univer-
género pudieran ligar a todos los seres organizados, no establecerían sal; y lo mejor enesesistemaes negar que ellas hayan aparecido. Pero
entre ellos una jerarquía, una armonía, por lá simple razón de que los ¿cómo negarlo? Ellas obstruyen nuestros caminos; no son una salpi-
individuos así ligados se prestan servicio, pero no lo hacen para alcan- cada accidental, sino el desborde habitual del río del Ser y de la Vida;
zar un fin común. Se emplean recíprocamente sin colaborar a nada. ellas nacen de todas nuestras armonías, naturales o sociales, como las
La forma de un diente revela la conformación general del individuo hojas nacen de los árboles para recubrirlos. ¡Qué de vidas muertas al
al cual pertenece; la conformación de ese individuo completo no nos nacer! ¡Qué de gérmenes impedidos de nacer, monstruosidades deci-
instruye en absoluto sobre la naturaleza de los otros individuos que mos, pero realidades sin embargo, las que aunque impropias para la
componen la fauna de su región. Todos los esfuerzos para elaborar vida terrestre, forman parte del plan divino! Y si observamos nuestras
una escala de perfección orgánica han sido vanos, a menos, sociedades, ¡qué de pasiones, qué de instintos incompatibles con el
remarquémoslo, que uno se haya resignado a fundarla sobre la simple orden social a inscribir entre los nacimientos de cada afeo! ¡Qué de
consideración de la complejidad de estructura. En cuanto ala hipóte- individualidades cuanto menos inútiles al mantenimiento y al per-
sis de un plan divino, ella es quimérica, entendida en el sentido de feccionamiento progresivo de la máquina social! Por una sola aptitud
una sinfonía general en la que todas las especies vivientes o extingui- conforme a las circunstancias en las que se produce, ¡qué de talentos
das compondrían las partituras; pero deviene la expresión más alta y inútiles, de vocaciones desviadas, de ambiciones sin presa y de supe-
más plausible de los hechos, la más conforme a nuestra manera de ver rioridades sin propósito! ¡Y tantos otros irremediables desacuerdos
si se entiende por eso una tendencia de cuatro o cinco tipos o temas que diré en un momento! ¡Y todo eso no sería bueno más que para
llamados ramificaciones a agotar toda la riqueza de modulaciones ser barrido, devuelto por defectuoso, por la naturaleza y la sociedad!
específicas o individuales que ellos encierran virtualmente, algunos ¿Ose dirá que la única utilidad de todo eso ha sido la de permitir la
de acuerdo, la mayoría en lucha, sea entre ellos, sea con las diversida- eclosión de un elegido aquí y allá entre esa multitud de postulantes?
des innumerables del medio exterior y terrestre, las cuales deben ser Peroesedesecho de destino, no lo olvidemos, somos todos nosotros,
igualmente consideradas como las variaciones planetarias de ese tema o casi todos, quienes sentimos enérgicamente, y no sabríamos sentir-
celeste que llamamos un sistema solar. Ha sucedido (sucede aún) que lo lo suficiente, la legitimidad de nuestro nacimiento. Nuestra pro-
algunas de esas modulaciones o variaciones emanadas de esas dos di- pia naturaleza humana, nuestra diferencia característica, está en noso-
ferentes fuentes, han convenido; a su turno ellas deben a dicho en- tros, sólo en nosotros, y sólo para nosotros; y si defiendo así nuestra
cuentro, y a la facultad de poder reproducirse mejor y diversificarse causa, no es para fomentar la envidia, sino al contrario para combatir-
que fue su consecuencia, el privilegio de haber devenido temas y de la a través de su verdadero antídoto, el orgullo, del que mi manera de
haber sobrevivido a sus efímeras hermanas. Como la reina de las abe- ver es la justificación y la rectificación. Lo que decía de dos animales,
jas, ellas fueron escogidas debido a que eran las más fecundas. Pero las de dos especies diferentes, podemos decirlo de dos hombres compa-
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Gabriel Tarde • Apéndice«Lavariación nniversal»

rados entre sí, las diferencias individuales alcanzan entre nosotros la útil ala comunidad (pues las necesidades de aquella son numerosas, y
profundidad de las diferencias específicas. Bajo tal relación, en vista vamos a ver que no tienen tampoco medida común) dejaremos esca-
de tal fin social determinado, cada uno de nosotros puede ser juzgado par la mayor parte de sus caracteres y los más importantes. Esto es
inferior a tal de sus semejantes; bajo otra relación, a tal otro; pero ¿lo quizás verdad, por extensión, en esos pequeños individuos celulares
sería a todos bajo todas las relaciones? Aún así, afirmo que no ten- que componen esasasociaciones llamadas nuestros cuerpos.
dríamos derecho de juzgarlo, en su ser absoluto (insondable por otra En el fondo, la única auténtica realización de la armonía no es ni la
parte, y rico quizás en virtualidades latentes), inferior a ninguno de sociedad, ni incluso el individuo, quien tiene igualmente necesidades
sus semejantes; le quedaría aún la singularidad de la combinación de múltiples y fines heterogéneos no siempre agrupados y conciliados;
todas sus inferioridades combinadas. Pero es un caso completamente esel órgano, es el apauto adaptado a tal necesidad determinada. Esto
imaginario y que no ha sido visto jamás; el más humilde se eleva por esasí de un ser viviente como de una ciencia, tal como la física, que es
algún lado, visible o inadvertido, poco importa. Él tiene su sello, su y será siempre el ensamblaje más o menos mal coordinado de teorías
tinte, su carácter único y, como tal, inapreciable, su diamante infinita- aisladamente muy bellas y muy bien ligadas, tales como la óptica y la
mente raro y de un precio realmente infinito, el que, tallado o no, no acústica, o la teoría del rocío en meteorología. Así también dos órga-
nos muestra jamás más que una de sus caras. La humanidad estaría nos que responden a la misma necesidad, a pesar de las barreras espe-
más tranquila si cada uno de sus miembros supiera atenerse a ello, cíficas o genéricas que los separen, son siempre mensurables, porque
apreciar ese tesoro escondido que lleva en sí mismo, y refugiarse con- el grado de su adaptación lo es siempre, y porque ello es todo su ser;
tra las injurias del destino en ese asilo inviolable. Desde ese punto de mientras que dos individuos, aún hermanos, no lo son jamás.
vista, la envidia y el desprecio parecerían irracionales; y nosotros esta- El individuo despliega al nacer un derroche de necesidades diver-
ríamos a salvo de las revoluciones que provoca arriba la opinión falsa sas, de fines múltiples, los que al no tener en principio fin común, no
de la inferioridad real de los aparentes inferiores, y que subleva abajo tienen común medida, de suerte quees teóricamente imposible deci-
la ilusión más humillante —revelada y disimulada bajo propósitos dir cuál de ellos es el mejor y debe prevalecer. Ellos se combaten y se
igualitarios—de la superioridad innata de los privilegiados. Concebi- mutilan entre sí en el individuo, como las especies y los individuos en
ríamos la igualdad verdadera, que no se funda sobre el nivelamiento el campo cerrado de la concurrencia vital. Uno se explica así que los
de las condiciones y la disipación de los caracteres, sino —como en el órganos que le correspondén (o que corresponden a cualquiera de
mundo de los artistas, en el que no hay rangos, sino emplazamientos ellos, porque no tienen representantes) se envuelvan con membranas
diversos— sobre la heterogeneidad de las aptitudes. protectoras, otras vecesse ericen con pestañas u otros medios de de-
Al observar esto de más cerca, la comparación de dos animales, aún fensa y se guarden de ese modo contra las invasiones de sus vecinos
de una misma especie, daría lugar a comentarios análogos. Más se con el mismo celoso esmero con que se arman las especies las unas
observa las bestias, según Darwin, mejor se leen los rasgos, poco apa- contra las otras. Es sólo a la larga que se establece un orden entre los
rentes, de su individualidad distinta, y uno llega a persuadirse de que deseos y las necesidades, pero gracias a la destrucción de la mayoría y
en rigor son incomparables. Hablando en general, si no captamos en a la esclavitud de la mayor parte de los sobrevivientes. Acabamos por
el individuo más que los aspectos bajo los cuales podemos nombrar- encontrar ese fin común de nuestros fines, pero no es más que uno de
lo legítimamente superior o inferior a sus semejantes, más o menos' ellos, que devasta y triunfa. Podemos decir que la forma actual de
116, 117
Gabriel Tarde Apéndice «La variación universal»

nuestros cuerpos, la ponderación mutua de nuestros órganos,es de V


algún modo el trazado de una frontera despuésde una guerra, el re-
sultado momentáneo de un tratado depaz. Hoy en día predomina la Si la idea de finalidad y de optimismo nos ilumina un momento
necesidaddeconocer, y el volumen del cerebroseagranda díaadía, si en el estudio de losseres vivientes y luegoseapaga, no sirve mucho
espreciso creera ciertos antropólogos. Muy bien,es la más compleja máspara guiamos en la conducta de la vida social, y para decidirnos
denuestrasnecesidades, y su dominio se justifica amis ojos. A través entre dosvíasen nuestras innumerables encrucijadas políticas, mo-
de la subordinación de los otros deseos que somete, ella crea una rales y económicas. Particularmente en el orden económico (tomo
armonía muy bella y muy amplia; pero todos los-libres instintos de la este razonamiento de Cournot, quien no sabría tocar ninguna cues-
naturaleza primitiva no están comprendidos allí, del mismo modo tión sin profundizarla) adoptamos legítimamente tal modo de lo-
que todas las formas animales o vegetales no figuran, poca falta ha- comoción, de cultivo del trigo, de explotación del hierro, de tejido
cen, enesta fauna y flora deanimales domésticos y plantas cultivadas del algodón o de fabricación del pan, con preferencia a tal otro,
que el hombre ha coordinado violentamente en un sistema armonio- porque en efecto está mejor adaptadoasu destino. Pero si nosotros
sopero artificial cuyo centro él es. abordamos la solución de un problema superior, de un ideal caro a
Si la armoníaestodo, ¿quérazónsenos da anteesosexiliados de la los utopistas, a los organizadores del trabajo e induso a los partida-
armonía que golpean asu puerta y que ella ha rechazado o aniquila- rios del laisser-faire, a saber la búsquedade la mejor y más produc-
do? En nuestro punto de vista, nada más fácil de explicar que su tiva organización industrial, la más útil (posible humanamente y
aparición, puesto que eran diferencias; nada más inteligible y más artificialmente según unos, providencialmente y naturalmente se-
racional quesu destrucción, puesto queera la condición de una nove- gún los otros), nosotros nos encontramos, contrariamente aunos y
dad.Pero¿porquécasi nadiesedigna aocuparsedeellas? Sin embar- aotros, en la imposibilidad de juzgar, en un gran número de casos
goellas tuvieron su lugar al sol. al menos, si tal decisión tomada nos aleja o nos aproxima a ese
Tan bello comosea el mundo, no esdespués de todo, másque la estado ideal. Lo que quiere decir, según nosotros, que ese estado
mutilación, la amputación necesaria del caos; tan bella comosea la ideal es ilusorio. ¿Por qué? Porque «llegamos a comparar entre sí
estatua, no essino un fragmento del bloque de mármol; y de lo que especies y productos diversamente útiles, respondiendo a necesida-
setrata esde explicar la estatua por los fragmentos del mármol. No desy gustos diversos, en razón de la complejidad de la organización
insistimos por otra parte sobre esta comparación peligrosa para las del hombre, de la variedad en la constitución de las sociedades hu-
ideasque aquí desarrollo. El órgano, he dicho, escasi la única encar- manas, de la diversidad de los temperamentos, de las razas, de las
nación de la armonía. Ahora bien, el órgano noesmásque un servi- costumbres, de los hábitos, de los tiempos y de los lugares; y el hilo
dor del individuo, el cual noesesencialmentemásque una variación. conductor (de finalidad y de optimismo) se nos escapa de nuevo:
Podríamosya concluir, pero conviene señalar de lo que precede ana- puesquisiéramos comparar doscosasheterogéneas que no son efec-
logías significativas en otros dominios del pensamiento. tivamente comparables, y que por consecuencia noseprestan a una
determinación de maximum y de optimum. Sin embargo la pen-
diente de nuestro espíritu nos lleva a buscar una medida común; y
como el juego de las instituciones de comercio nos ha familiarizado
118 119
Gabriel Tarde Apéndice ¿da variación universal»

con la idea de valor vendible, nos vemos inclinados a creer que el Un presidente, un congreso nacional, pueden demorarse en esco-
maximum de valor vendible corresponde exactamente a la idea de ger entre dos medidas, una quees favorable al gran cultivo, que da un
optimismo económico; pero es esa una suposición gratuita y que producto neto superior y un menor producto bruto, y la otra favora-
no resiste a una crítica imparcial.» (Cournot, Principes de la tbéorie ble al pequeño cultivo, que con más gastos y esfuerzo, alimenta un
desrichesses, p. 425)2. mayor número de vidas; o bien se tratará de saber si, con un presu-
Por la misma razón, la idea de una justicia 'distributiva perfecta, puesto restringido y que no permite responder a todas las prqmesas,
absoluta, armonía ideal de los corazones rectos, es inaplicable al conviene dotar con liberalidad las academias y los cuerpos sabios o
mundo; no va con la naturaleza de las cosas que la repudia. ¿Quién aumentar el pago de los maestros rurales, extender democráticamen-
pondrá en proporción equitativa la remuneración del trabajo de te o elevar aristocráticamente el nivel de instrucción; o en fin —lo que
Miguel Ángel y el salario de un albañil? Y aún cuando esa propor- incumbe, en gran medida, a la cuestión del librecambio— tendremos
ción y todas las otras que se adivinan fuesen descubiertas y realiza- que preguntarnos si es bueno o malo tomar una decisión que debe
das mañana, lo que sería un progreso, ¿no quedaría la inquietud ciertamente acrecentar la cantidad y el buen precio de los productos a
indeleble de las ventajas naturales, y la inquietud más imborrable expensas de su calidad, o viceversa. Son esos problemas cotidianos en
aún y fundamental que constituye el progreso, el destino más afor- política, como el que se impone ante una guerra inminente pero que
tunado de los hombres de mañana comparada a la suerte de los de se podría evitar mediante una satisfacción tal como una pequeña ce-
hoy? No nos contentemos con palabras, la tierra es inhabitable para sión territorial. La pregunta entonces es esta: la vida, interés mayor y
la justicia. El progreso la persigue y el progreso la niega. Esas dos supremo, la vida de 50 o 100 mil hombres que perecerán probable-
ideas se destruyen una a la otra. No existen más que justicias relati- mente en esta guerra, ¿tiene más o menos valor que la ventaja para 30
vas y morales opuestas que se combaten, y de las cuales la más fuer- o 40 millones de hombres de no sentirse humillados por la arrogante
te prevalece, quiero decir la más apropiada para favorecer el desplie- pretensión del extranjero? Evidentemente esos dos intereses son in-
gue de la diferencia humana. Existen también códigos, morales escri- comparables, y aunque me cueste, declaro ese problema tan insoluble
tas que sirven para medir ficticiamente la equidad de las acciones, para mi razón como el de la cuadratura del círculo. La vida y el honor
como el valor vendible lo amerita para los servicios' . no tienen común medida. En casos parecidos sin embargo, el hom-
bre de Estado duda muy poco; según los tiempos que corren, según
las corrientes de opinión —esosvientos de los que los políticos son los
2Es verdad que en nuestro estudio sobre la creencia, eldeseo,hemos refutado, desde
molinos—, prevalece la solución democrática o aristocrática, pacífica
el punto de vista de la próctica social, la idea de Cournot, y hemos mostrado que, gracias
al carácter cuantitativo de las creencias y los deseos, los bienes más heterogéneos o belicosa. El acuerdo se produce por los medios que conocemos,
pueden ser comparados en tanto quedeseables, para permitir ala voluntad sacrificar los como se ha hecho el acuerdo del hombre con los animales que él
unos a los e.ros con una razón social suficiente. Pero no es menos verdad que, en tanto subyuga. Un interés, momentáneamente más fuerte y más rico en
que sentidos, en tanto que experimentados en el fuero íntimo, esos bienes son energías transformadoras, somete al interés rival, quedando ileso para
incomparables y la preferencia concedida a unos sobre los otros injustificable...
ser abatido a su turno, luego de haber cumplido su rol.
3Incluso en materia de arte, donde la incomparabilidad de las obras es sin embargo
evidente, tan evidente como la de dos perfumes o de dos sabores,¿noseha imaginado un Las herramientas, las máquinas, esos órganos adicionales, esos
paliativo del mismo género, las reglas aristotélicas y las artes poéticas que les han seguido? miembros facultativos e intercambiables del hombre, son los únicos
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Apéndice «La variación universal»
GabrielTarele

real e indefinidamente perfectibles; su resultado al menos parcial, la La heterogeneidad:¡esla eterna piedra en el camino de la utilidad,
civilización, no comportamásque un progreso temporario, a menu- de la finalidad, de la armonía! No esjamás la finalidad la que obsta-
do dudoso, y siempre exclusivo. Un mecanismo perfeccionado aña- culiza ala heterogeneidad, sino al contrario. Pero llega un momento
deasus ventajas las de lo viejo, a menudo sin perder nada en ello; enque esta corta el camino de la armonía de la que procede, como
pero el género humano, que cambia en cada siglo el pelaje de su para decirle quehahechosu obra.
civilización, no avanza sin perder muchas joyas en su camino, presa
inatrapable de la muerte; semejante aese rico peregrino de la Edad
Media que dejaba caeracadapaso, y jamás recogía, sus tapados de VI
terciopelo y oro. La organización laboriosa y sangrienta de nuestras
sociedades, de la que nosotros somos testigos, nos instruye quizás Nó hay que buscar en otro lugar más que en esta verdad grave y
sobre los esfuerzos, las proscripciones y las inmolaciones igualmen- dolorosa la causa del empobrecimiento o del intermitente oscureci-
te necesarias que la formación de los organismos vivientes, a la cual miento de la idea del deber. Son horas en las que la pasión habla tan
no asistimos, ha debido costar. Por lo menos es extraño, y. desde fuerte al corazón del hombre y le muestra adelante una felicidad tan
luegoes triste que, en un siglo en el que las fábricas funcionan cada grandeen el prohibido Edén que, siespreciso violar leyespara alcan-
vez mejor, cuandoseperfeccionan todas las máquinas, comprendi- zarlo, le es imposible considerar el bien individual o social (paz do-
da la gran máquina administrativa, cuando los efectos del frota- méstica, educación de los nifios, alegrías de la conciencia) protegido
miento de las poleas y delas ruedas de engranajeseatenúancada día por esasleyes, como preferible aese bien de otra naturaleza, a esa
graciasa ingenierosmás inteligentes, escuchemos gritar cadavez más felicidad desgarradora que lo obsesiona. ¿Con qué derecho le exigi-
fuerte los engranajes humanos del mecanismo social, lasclases como mosque sacrifique uno deesosintereses al otro, el uno corto y po-
los Estados, tanto más heridos cuanto más próximos los intereses tente, al otro apacible y durable? La conciencia aquísenubla;es bue-
rivales y a menudo realmente antagonistas aunque solidarios, ene- no que el honor, la religión, la voluntad la reanimen a tiempo y la
migos aunque ligados en conjunto, de los que Bastiat canta, eco de saquen del borde resbaladizo deesas reflexiones.
Leibniz, ¡la armonía preestablecida! De este modo, ¡el deber mismo llega a encallar contra el arrecife
Por lo demás,aunquesetrate deuna determinada necesidada satis- universal! Y sin embargo ¡él há sido concebido precisamente, por lo
facer, como la necesidadde transporte, y aunquelas antinomias prece- menosen parte, para cortaresosnudos gordianos nacidos del conflic-
dentes noseexciten,muchasvecesla dificultad deescogernoes menor. to de los intereses! Él lo logra a veces, pero no siempre; nosotros
Cuando una comisión delos principales interesadossereúnepara esco- vamos a ver cuándo y cómo.
ger entre varios trazadosproyectadosdeuna línea de ferrocarril, la deli- La naturaleza y el nacimiento deesenoble principio y del profun-
beraciónessiempre muy penosa, porque, independientemente de los do sentimiento que envuelve, lascausasde su potencia y los límites
móviles secretoseinconfesados de los miembros de la comisión, cada desu dominio, ameritarían detenernos un instante. Peroes preciso
trazado, incluso el peor, presenta ventajasespecialesque no encontra- limitarse. Ciego o conciente, reposasiempre sobre un juicio de supe-
mosen nosotros, incluso en el mejor; y porque siempre hay que com- rioridad indiscutible, para no decir absoluto: en el primer caso, el del
pararcosasparcialmente yen cierto sentido no comparables. maestro que ha comandado; en el segundo, el del fin apercibido o
122 123
-,Gabrielnrde Apéndice «La variación universal»

demostrado. También participa de la evidencia o de la arbitraria alter- solamente «Hay que hacer esto», sea porque la idea de aquello actúa
nativa de ese juicio. Su carácter extrañamente ingenioso consiste en sin aparecer por su indiscutible preeminencia, y seacrecienta sin cesar
exigir el sacrificio del interés o de la vida individual a la utilidad gene- al sustraerse (tal como la idea de salud eterna para los verdaderos cre-
ral, juzgada superior, imprimiendo la idea del mayor valor posible al yentes); sea por el efecto de un simple cálculo utilitario muy sutil,
acto mismo por el cual el individuo que se sacrifica expresa su propio que podría expresarse así: es útil, en ciertos casos, no pensar en la
no-valor. Eco del pasado, legado de las generaciones extintas y de utilidad de su acción. Por ejemplo, para su propio bien y para el bien
nuestros primeros años, él se ha formado bajo el imperio de ilusiones del ejército, es sabido que el soldado debe dejarse conducir sin pre-
saludables y necesarias que nos hacían creer en la infalibilidad, en la guntarse si se lo lleva a la victoria o a la derrota, a la vida o a la muerte.
omnipotencia, en la autoridad sin límites de nuestros antepasados o El principio del deber procede, decimos, de la idea de lo útil pero, al
de nuestros maestros. Cosa extraña, en verdad, que el único ser vi- igual que esta, deriva él mismo del sentimiento del placer que sacrifi-
viente que no ve alrededor suyo más que inferiores, sea el único en ca o domina, y de la energía del deseo que emplea o somete. Nota-
concebir superioridades. Añadan a ese aspecto supersticioso, a esa bles ejemplos de altera-ción progresiva, de metamorfosis transfigurarte.
obcecación voluntaria de la razón subyugada, el germen innato de Podemos entrever las fases graduales y continuas de esta derivación
compasión; añadan a esa necesidad de creer en alguien más allá de sin probar nada contra la irreductibilidad de esos conceptos. La con-
nosotros mismos, la necesidad de amar a alguien o a algo más que a la tinuidad de los matices supone la discontinuidad de los colores. El
vida. Lo que el deber añade a la fe es el amor. deber no es más que nuestros deseos superiorizados de cierto modo,
Como tantos otros sentimientos, el sentimiento del deber sobre- más o menos como la realidad exterior no esmás que nuestras creen-
vive a las creencias que lo han hecho nacer. Las ha reemplazado. Lejos cias y nuestras sensaciones exteriorizadas. No vemos razón para negar
de debilitar la civilización, al despojarla de sus prestigios, afirma sus a aquel antes que a esta. El mismo impulso trascendente que, más allá
fundamentos por la precisión e importancia singular de los fines que y através de nuestras sensaciones, nos fuerza a afirmar el ser indepen-
le propone, y por la desproporción creciente que establece entre el diente de las cosas, nos fuerza a afirmar los derechos del prójimo más
interés estacionario del individuo y el interés general que gana cada allá y a través de nuestros goces, y nuestros deberes más allá y a través
día en esplendor. Nuestra edad madura, que lo recibe con una parte de los deseos. El deber, en ese sentido, es a lo útil lo que lo real es a lo
de su naturaleza y de su fuerza primordial, le presta una naturaleza y posible. Lo útil nos dice «si quieres eso, haz esto», necesidad pura-
una energía nuevas, extraída unas veces de la noción precisa de la uti- mente lógica y condicional. El deber nos dice «quiere eso».
lidad común o de la belleza interior a realizar, otras veces en la expe- Pero, por grande y por cierto que sea el deber, los filósofos se han
riencia de la incertidumbre de los acontecimientos y de esta frecuente abusado, tanto que han invocado su testimonio a favor de un equili-
dificultad: la necesidad de actuar opuesta a la imposibilidad de deci- brio y de una armonía universal.
dir racionalmente. La obediencia al deber ofrece dos grandes ventajas: Él atestigua formalmente lo contrario a través de sus luchas inter-
libera con mucha frecuencia de prever y siempre de lograr. nas y sus combates contra sí mismo, a través de las nuevas antinomias
El deber se muestra todas las veces que el fin de uno de nuestros que crea y por aquellas que destaca o resuelve. ¿Nunca esmás claro y
actos, aunque presente en el fondo de nuestro espíritu, no se afirma, más fuerte que en tiempos de guerra? ¿Por qué? Porque la meta a
de suerte que ya no decimos «Hay que hacer esto para aquello» sino alcanzar, la victoria o la salvación, es entonces de una simplicidad
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Gabrieninde Apéndice «La variación universal»

desacostumbrada. Ahora bien, nunca es tan potente sobre el campo Otras veces, es verdad, el problema esmás simple. Un capitán no
de batalla como al suicidarse. Libera a los, soldados, es verdad, de la dudará en sacrificar diez mil hombres para la salvación de cien mil.
preocupación de preguntarse lo que tienen que hacer, lo que deben Aquí los intereses son de la misma naturaleza. ¿Tienen sin embargo
elegir; pero ¿a qué precio es resuelta esa dificultad insoluble de la una común medida? No, puesto que no forman una cantidad. Para
elección utilitaria? ¡Al precio de un conflicto de otro modo misterio- cada soldado la vida es todo. ¿Cómo podrían varios todos reunidos
so de deberes que se entrecruzan cuando dos ejércitos igualmente va- formar un todo más grande que cada uno de los todos elementales? A
lientes, igualmente disciplinados, obedientes ala misma voz juzgada menos que no entendamos la idea de totalidad en dos sentidos dife-
divina, se destruyen entre sí! ¿Qué decir después de esto? ¿No parece rentes, sin relación entre sí, heterogéneos; y enese caso, ¿reaparece la
que el principio del deber organiza nuestras acciones de la misma insolubilidad? Las vidas humanas adicionadas no forman más que un
manera que el principio de la vida organiza los cuerpos: dividiéndo- número aparente, una cantidad aparente. Sin embargo esta apariencia
los y armándolos los unos contra los otros? es tan necesaria y tan aceptada, que estamos autorizados en la práctica
Aquí, como en el inapagable desacuerdo, en el cisma secular de la a extraer de allí una de las premisas del silogismo moral.
política y la moral, ¡la impotencia de la armonía del mundo en supri-
mir ciertos hiatos de otra forma que reemplazándolos es manifiesta!
Por otra parte, si la preocupación de la deliberación le es ahorrada VII
al soldado, no es más que relanzada y acumulada sobre el jefe. La
guerra, en su ánimo, puede encontrarse en guerra con la civilización; En estas dos proposiciones vulgares, a saber que el individuo vi-
el amor ala patria con el amor a la verdad, a la ciencia y al arte. ¿Cuál viente tiende a multiplicarse, y que la naturaleza se preocupa de la
cederá? Aquí también, ¿dónde se mostrará la común medida? El in- especie y no del individuo, encuentro implícitamente contenida, al
cendio de la biblioteca de Estrasburgo por los prusianos en 1870, fue combinar ambas, la verdad que desarrollo—laarmonía por la diferen-
evidentemente vandalismo, porque no era rigurosamente necesario cia—.¿Quéespues estaespeciea la que el individuo es sacrificado? Un
para la toma de la ciudad, pero acepto que haya sido indispensable, y grupo desordenado de seres dispersos, una serie irregular de genera-
que el comandante de los sitiadores, hombre enamorado del culto a ciones, de modificaciones naturales, o de acontecimientos históricos,
las ciencias, haya estado convencido de que la pérdida de los viejos si se trata de una especie sociable. ¿Hay allí algo comparable al grupo
manuscritos contenidos en ese monumento dejaría en nuestros co- armonioso de las células que constituyen el organismo individual, al
nocimientos históricos lagunas irreparables. ¿Qué hubiera debido desarrollo acompasado de las fases de su existencia, e incluso a la serie
hacer? Omar no habría dudado' , ni yo tampoco; y creo efectivamen- siempre más o menos racional de sus acciones dirigidas hacia un fin?
te que la humanidad me daría la razón. Pero la insolubilidad racional Si la armonía fuera el término y el puerto de las fuerzas del mundo,
del problema no es menor. ellas se detendrían sin duda en el individuo viviente' , y no irían más
lejos; le prohibirían multiplicarse al reproducirse; se preocuparían poco

4La Biblioteca de Alejandría, que fue la más grande de la antigüedad, terminó su 5Nota: Comparado al órgano, el individuo es una discordancia; comparado a la
larga vida al ser incendiada por el califa Omar en el afio 644 (N. de tr.) especie o ala sociedad, es una armonía relativa.
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Gabriel Tarde A p é n d i c e «La variación universal»

de hacer servir el instinto generador del individuo para la formación tiempos merovingios, tan bárbaros y me7clados como son, nos atraen
de un ser incoherente, diseminado, informe, llamado especie en el más, o nos dejan menos prontamente, que la explicación de nuestro
mundo animal y sociedaden la esfera humana. código civil, incluso en sus partes más acabadas, o el detalle de las
¡No bastaba pues con tener una buena pareja en alguna parte sobre máquinas y los empleados que componen el sistema de iluminación
la tierra, un hombre y una mujer amándose y recogiendo frutos! ¡Ha- de una ciudad (a pesar del interés que algunos escritores han sabido
cían falta tribus, naciones, multitudes y amontonamientos de hechos prestar a cuestiones deese género). Seguramente, nada mejor coordi-
—llaniados historia— que esas multitudes acumulan al desenvolverse! nado que las instituciones parisinas; todo es allí obra maestra, desde
¿Por qué eso, si el universo ama ante todo el orden? ¿Por qué la armo- las ramificaciones de los alcantarillados hasta la organización interna
nía individual es sacrificada al orden social? Y ¿de dónde nos viene del Banco de Francia; esto es interesante para analizar un momento,
este insuperable error, tan contrario a nuestro interés, de vernos, no- para comprender; pero cuando esoes comprendido una vez, no pen-
sotros, con nuestros equilibrados órganos, nuestro maravilloso cuer- samosmás en ello, nos avergonzaría confesar que hemos contemplado
po, nuestros sentidos admirables, como inferiores a ese grosero en- esascosas. Se contempla un motín en una calle, y uno se cree filóso-
samblaje de engranajes administrativos, financieros, judiciales, de ins- fo. Uno lo es, en efecto, pero a condición de inscribir ala cabeza de su
tituciones aisladamente bastante mal construidas y todavía peor ajus- filosofía Diferencia y no armonía. Sin ello estaría en contradicción
tadas conjuntamente? ¿De dónde nos viene —si no es quizás de la consigo mismo. Efectivamente, no existe razón de ser más ávida.de
tendencia universal que seexpresa en nuestros gustos—esa inclinación conocer los acontecimientos accidentales y únicos de la historia que
que nos lleva a contemplar ante todo lo que esta tierra tiene de más la de los mecanismos sociales. Estos son realmente por aquellos; las
extraña y de más desordenada, la belleza pintoresca de sus paisajes, y a instituciones sociales, (administración, justicia, clero, gramática y dic-
salir allí a menudo en el intervalo de nuestros estudios, y volver a cionario del idioma nacional, magistratura, etc.) están subordinadas a
poner nuestros ojos sobre esa deliciosa rareza, luego de haber pasado lo que es su confluente, su luz y su término: el estado social en un
algunas horas o algunos días de nuestra vida en apreciar la naturaleza momento dado, la situación histórica. Y tenemos razón de tomar más
bajo sus aspectos regulares y armoniosos, en sus leyes, en sus elemen- gusto por ver desenvolveresassituaciones en nuestras crónicas y nues-
tos, en sus plantas y sus formas animadas? ¿Quién podría pasar, ob- tras historias, que por estudiar nuestros códigos, del mismo modo
servando la más bella flor o el más bello cuerpo, o estudiando la más que tenemos razón de preferir-la vista del mar y de los accidentados
bella teoría, el mismo tiempo que se pasa viendo —alpasear, sentado acantilados que lo quiebran, al examen de una concha recogida de la
o acostado sobre la hierba— las copas de los árboles balancearse, un río arena, aunque la concha esté mucho más regularmente dibujada que
correr, un horizonte ondular? Por todas partes se muestra esta predi- los acantilados y el mar.
lección de nuestro gusto por lo pintoresco, menos penetrante y más Así pues, del mismo modo que el individuo, tan maravillosamen-
atrayente que lo orgánico. Homero nos hechiza por la semi-precisión te organizado como es, está subordinado a ese caos que llamamos
de sus imágenes, por sus episodios, por la incompleta disposición de una sociedad y una historia; en la sociedad considerada abstractamente,
su plan; preferimos esta marcha libre a la simetría de las obras más vemos las partes mejor dispuestas, las más regulares, simplemente
perfectas, es decir mejor organizadas. Preferimos la lectura de la his- servir a aquello que hay de más extraño, pero también de más varia-
toria al estudio de las instituciones sociales; los propios relatos de los do: la novedad social incesante. Añadamos en fin que en el individuo
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Gabriel Tanie Apéndice ‹la variación universal»

mismo, tomado separadamente,deberíamos chocarnos con una sub- y siembra un germen nuevo sobre sus vestigios. La piedra pulida,
ordinación análoga. ¿No comanda nuestro cerebro a todos nuestros parece,era tallada con un arte maravilloso en el momento en que la
órganos?Abramosesecerebro. ¿Quévemos allí? ¡Qué caos! Si nues- invención del bronce lanza a la nadaese tipo de industria estética-
tros sentidos son admirables aisladamente,¿nohay algomás incohe- mente tan bello, pero prácticamente inferior ala metalurgia. Apenas
rente que su resultado y su fin, nuestro espíritu, nuestro estado de el cristianismo ha recibido su fórmula más completa en el monu-
ánimo en un instante dado?Y nuestra memoria, ¡qué desorden! Si se mento teológico deSantoTomásdeAquino, comienzaaser atacado
intenta poner algún orden en nuestras ideas, bajo forma de teoría o vivamente poresaseriedegrandeslibrepensadoresquesecontinúa en
desistema,¿noesclaro queesesistema aspira ante todo aser pensado, Lutero para desembocar en Voltaire y en el positivismo actual. La
que no esnada si no espensado, que no hay nada de real en él que mayor parte de los animales, la mayor parte de las plantas decaen
aquello queespensado,esdecir lo que llegaaocupar un lugar entre las prontamente luego de su apogeo; a menudo su himen precede in-
impresiones, voliciones,deseos,imágeneseideasdetoda proveniencia mediatamenteasumuerte.Pareceque, si la armonía fuera verdadera-
que componen el estado del lector al momento en que piensa ese mentedeseadapor el principio interior délascosas,losseres deberían
sistema, o más bien cada una de las partes o de lasfasessucesivas de descansarlargo tiempo en ella, conservarla, retenerla, en lugar de atra-
esesistema, jamás todo a la vez? Un sistema juega en un espíritu el vesarla tan rápidamente como un desfile terrible pero inevitable.
papel de un animal en un paisaje. El pintor ha hecho el animal en La verdad que yo expresoesproclamada por el firmamento. ¿No
vista del paisaje, y no el paisaje en vista del animal. El animal no sirve es la más bella encarnación de la armonía un sistema solar
sino para diversificar elpaisaje; el sistema no sirve sino para renovar d individuamente considerado? ¿Noes la más bella encarnación de la
espíritu. ¡Un sistema! Pero él no existe a título de realidad; en un diferencia el agrupamiento desordenado deesosuniversos? El cielo
momento dado, no existen jamás más que fragmentos y aspectos estrelladoes un bello desorden producido por la formación de los
dispersos de sistema, pensados por uno o varios espíritus; del mis- diferentes órdenes que lo componen. El nombre que los antiguos
mo modo que el paisaje del pintor nos presenta, no el animal, sino dabana los astros, signa,es decir puntos de referencia, distinciones
uno de susaspectos, una desusactitudes. ¡Yesaesepintoresco mental visibles,esquizás, en el fondo, el más justo quesele pueda dar. Para
—análogoal pintoresco natural y al pintorescosocial—quevana desem- ellos, el espacioinmensosediferencia; un espaciosedistingue de otro;
bocarlas funciones combinadas de nuestros maravillosos órganos, los lo indefinido deviene discernible, inteligible, existente; y graciasa los
latidosacompasadosdel corazón, el ritmo dela respiración, las contrac- rayosde luz queesosastros envían y que llenan su intervalo vivifica-
cionesde los músculos, las vibraciones de la admirable red nerviosa! do, cada punto de lo extensose individualiza en cierto modo al deve-
La mejor prueba de que la armonía y la perfección no son el fin de nir el punto singular de intersección de ciertos rayos luminosos bajo
lascosasesqueapenasunacosa linda con suestadomás perfecto, está un cierto ángulo. Comparen este estado del espacio con aquel que
generalmente cerca de su término y a la víspera de ser reemplazada. resultabade la difusión uniforme deesasustancia primordial de don-
Esa flor de cortesía y conversación deliciosas que la monarquía fran- delos mundos han probablemente salido. Pero¿noesestemásque el
cesahabía cultivado durante dos siglos llegaba a la hora de su más lado superficial de la cuestión? ¿No hay lugar para pensar también
bello florecimiento, si le creemosalas memorias de la época, justo en que la multiplicidad inarmónica de los mundos favorece el floreci-
el momento en que el arado de la Revolución de 1789 pasasobre ella miento exuberante de todas las variedades imaginables de la materia,
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Gabriel Tarde Apéndice«Lavariación universal»

de la vida y de la inteligencia? Lo que yo decía de las especies animales salud, la felicidad, el orden social y moral, el acuerdo del produc-
y de las sociedades humanas, puedo decirlo de los cúmulos de estre- to industrial con la necesidad correspondiente, y de la obra de arte
llas. ¡No bastaba pues que existiera en alguna parte, en un rincón del con el gusto, o del individuo con su medio, no nos han parecido
cielo un mundo perfecto, un maravilloso sistema solar, formado por ser, al igual que ese mismo individuo, organismo o yo, más que
toda la materia cósmica! Era necesario que hubiera innumerables puntos de intersección, diferencias alternativamente convergentes
mundos, un vasto campo abierto a las combinaciones infinitas. Era y divergentes, focos en los que nimiedades combinadas forman
necesario que el lazo deesas armonías siderales fuera laxo o nulo, sus un ser original, en los que cualidades por separado susceptibles de
relaciones fortuitas y accidentales, y que sin embargo la mayor belleza grados y de medida, componen una realidad sui generis, radiante
del universo brotara de allí, y que en todos los pueblos yen todas las de novedades imprevistas y maravillosas.
lenguas, el cielo, es decir el caos fijo y luminoso, fuese juzgado supe- Estamos pues en derecho de afirmar que la diferencia es la causa y
rior a la tierra, es decir ala regularidad, a la armonía relativa. el fin, y la armonía el medio y el efecto, que el progreso es en cierto
modo la crisálida en la que el cambio, detenido en apariencia, renun-
VIII cia a reptar para aprender a volar. ¿Por qué sorprendernos de esto? El
progreso no es, en suma, más que una parte del cambio, una especie
Pero detengámonos; son ya suficientes pruebas o inducciones de- de cambio, la superioridad no esmás que una especie de diferencia, el
terminantes. Incluso no abordamos el campo de la estética, en el que orden no esmás que una especie de libertad, como el placer no es más
la crítica ha renunciado desde hace mucho tiempo a evaluar las obras que una especie de sensación. Ahora bien, del mismo modo que el
de arte y seha resignado a caracterizarlas, resignación que la ha ensan- placer es esencialmente un estimulante de la actividad moral, el pro-
chado, transfigurado y hecho más profunda. Cierto es que cuanto gresoes esencialmente renovador, toda armonía es perturbadora o al
más armoniosamente son concebidos dos cuadros, y a través de la menos agitadora, todo orden es liberador, y toda superioridad, belle-
subordinación de los detalles al conjunto, de lo accesorio a lo esen- za, o genio no es más que fecundidad. «El genio, decía Ghoete a
cial, elaboran su atracción distinta, más difícil es clasificarlos y subor- Eckermann, es la fecundidad.»
dinarlos el uno al otro. Ahora concluimos. Hemos buscado por to- Por muy paradojal que pueda parecer a primera vista este resulta-
das partes el fin supremo, el término absoluto y realmente para sí del do, lo es mucho menos que un resultado análogo pero más limitado,
que depende este mundo. Lo hemos requerido en la idea de vida, en según me parece, que se ha despejado en este siglo de los descubri-
la idea de felicidad, en la idea de utilidad, en la idea de deber, en la mientos de la ciencia. La teoría de la transformación de las fuerzas y
idea de bello. Por todas partes hemos visto a la naturaleza de las cosas, de la conservación inmutable de la fuerza se reduce, en el fondo, a
esencialmente heterogénea, resistir aesasdiversas armonías, igualmente esta explicación universal: el movimiento por el movimiento. ¿Por qué
heterogéneas, que la doman un instante para desembocar en nuevas y no más bien el cambio por el cambio? Yo me he cuidado al menos de
más radicales heterogeneidades que ellas no explican. Por todas partes añadir: «y en el cambio», lo que establece entre las dos doctrinas una
la ausencia de una medida común, con la excepción del máximo de profunda brecha, y nos salva del precipicio de la sustancia idéntica y
diferencia y de cambio, nos ha revelado la ausencia de cualquier otro monótona en el que M. Herbert Spencer nos lanza y nos abisma.
término final. Todas las adaptaciones producidas sucesivamente, la
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