0 calificaciones0% encontró este documento útil (0 votos) 237 vistas38 páginasGerardo Arriaga
La guitarra de cuatro ordenes en el siglo XVI
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Musica y Educacién, vol. 1, n. 2 (1988)
LA GUITARRA DE CUATRO ORDENES
EN EL SIGLO XVI.
CONVENIENCIA DE SU INCLUSION
EN LOS PROGRAMAS ACTUALES
DE LOS CONSERVATORIOS
GERARDO ARRIAGA *
OBJETIVO DEL PRESENTE TRABAJO
Nada hallaran de novedoso el erudito y el musicdlogo en
este articulo, en el que no pretendo ensanchar el conocimien-
to que la musicologia actual tiene de la guitarra renacentista.
Mi intencién es mas modesta: sintetizar lo que sabemos sobre
este instrumento en unas cuantas paginas, dirigidas principal-
mente al guitarrista y al profesor de guitarra. La musica de
guitarra renacentista forma un corpus muy especial dentro
del panorama musical del siglo xvi, y a pesar de que esta per-
fectamente catalogada! atin suele escucharse muy poco. Es
mas: dentro de ese movimiento de resurreccién de la musica
antigua al que asistimos en nuestros afios, la guitarra rena-
centista puede contarse entre los instrumentos mas olvidados.
Abundan los laudistas y vihuelistas; hay un buen numero de
ejecutantes de teorba, algunos de guitarra barroca y son con-
tadisimos los de guitarra renacentista.
Como muchos musicos, opino que hay que interpretar la
musica antigua en los instrumentos para los que fue escrita.
* Profesor de guitarra y musicélogo, residente en Espafia.
1 Cf. Brown 1967, Tyler 1975 y Tyler 1980.
369Sin embargo, considero indispensable la inclusion de musicas
antiguas en la ensefianza del joven guitarrista, siempre toman-
do en cuenta, por supuesto, el instrumento al que iban desti-
nadas: Ja musica de vihuela puede leerse en la guitarra mo-
derna muy satisfactoriamente; el laid renacentista ofrece al-
gunas dificultades por la octavacién de los bordones, pero ge-
neralmente puede interpretarse en instrumentos modernos sin
graves infidelidades; el latid barroco ya ofrece serios proble-
mas de transcripcion, y algunos instrumentos como la teorba,
el archilatid y la guitarra barroca desarrollaron un lenguaje
musical que es practicamente imposible de trasladar a la gui-
tarra de nuestros dias. La musica compuesta para guitarra re-
nacentista es hermana menor de la del laud y la vihuela y
puede, por lo tanto, ejecutarse en la guitarra moderna y aun
leerse directamente de la tablatura sin modificar nada sustan-
cial. Por ello, el que sea preferible y aun desable interpretar
esta musica en un instrumento original no implica que los
guitarristas modernos deban desconocer tan interesante re-
pertorio. Este articulo quiere ser una invitacién a ese acerca-
miento.
EVOLUCION HISTORICA DE LA GUITARRA
Suelen algunos autores de libros dedicados a la historia de
la guitarra (no todos, afortunadamente) comenzar su narracion
ab ovo, es decir, mas 0 menos desde Egipto y Mesopotamia, 0
por lo menos, Desde la Venida de los Fenicios. No pretendo
hacer yo lo mismo en este apartado, aunque me ha parecido
necesario sintetizar, en el menor espacio posible, el camino
recorrido por la guitarra a través de su historia, a fin de que
el lector pueda situar en su contexto el instrumento objeto
de este estudio.
Conocemos la existencia de un instrumento medieval llama-
do guitarra a través de diversos testimonios literarios. Hasta
la fecha estos testimonios no han sido estudiados en su tota-
lidad ni comparados con las fuentes iconograficas disponibles
Por ello, las noticias que nos proporcionan los investigadores
suelen ser contradictorias, y cualquier intento de definicion
370organoldgica de la guitarra medieval ha de ser necesariamen-
te incompleto y, por el momento, arriesgado. Quiza solo quede
clara una cosa de la familia de instrumentos medievales es-
pafioles de cuerdas pulsadas y provistos de mango: la division
de estos instrumentos en dos grandes grupos, los de caja en
forma de media pera (como el laud renacentista) y los de tapa
en forma de ocho (como la vihuela y la viola de mano italia-
na, en el Renacimiento). Es de suponer que la guitarra perte-
neciera a este Ultimo grupo, sobre todo si tomamos en cuen-
ta su posterior desarrollo.
A la falta de documentacién sobre la guitarra medieval he-
mos de afadir la no superviyencia de musica escrita para este
instrumento, Por todo ello, Ja historia de la)\guitarraycomien-
za en el siglo xvi, concretamente en Sevilla y en 1546. En este
afio y en aquella ciudad publica Alonso Mudarra sus Tres li-
bros de mtisica en cifras para vihuela. Al final del libro pri-
mero, Mudarra incluye cuatro fantasias, una pavana y una «ro-
manesca o guardame las vacas» para guitarra de cuatro orde-
nes, es decir, elifiStrumento que hoy llamamos guitarra rena-
centista. Estas seis piezas de Mudarra son los primeros docu-
mentos musicales para guitarra que se han conservado. A
partir de entonces, la guitarra de cuatro ordenes aparece en
varios libros musicales europeos, hasta que a finales del si-
glo xv1 se le afiade un orden de cuerdas: esta nueva guitarra
de cinco ordenes (hoy Hamada guitarra barroca) estaria des-
tinada a ser un instrumento popularisimo —tal vez el mas
popular de los instrumentos musicales— durante casi dos si-
glos. La guitarra barroca aparece en Europa nuevamente de
Ja mano de un espanol: el médico catalan Joan Carles Amat,
en 1586 0 mas probablemente en 1596?.
2 La cuestion de la primera edicion del libro de Amat es materia
de controversia. En realidad, el primer ejemplar conocido es de 1626,
pero la dedicatoria leva la fecha de 1596. En una edicién posterior,
de 1639, se lee en lugar de la dedicatoria una carta de un cierto fray
Leonardo de San Martin en la que se dice que el libro aparecié por
primera vez en Barcelona en 1586. Comtinmente se piensa que esta
fecha esta equivocada, y que la correcta es la que aparece en la edi-
cién de 1626: en efecto, en 1586 Joan Carles Amat tiene tan sdlo ca-
torce afios de edad. El primer libro de guitarra de cinco ordenes que
371sica «para
En realidad, lo que verdaderamente diferencia a los dos
instrumentos es, mas que el ntimero de cuerdas, la manera de
tafierlos: aparece con la guitarra de cinco érdenes el estilo
rasgueado. Corren nuevos tiempos: los acordes comienzan a
ser considerados como entidades verticales, mas que como
resultados sonoros de la marcha horizontal de las distintas
voces. La guitarra —a su manera simple y popular— supo
adaptarse muy pronto a esa revolucién del lenguaje musical
que hoy Ilamamos estilo barroco. Los primeros métodos de
guitarra de cinco érdenes —J. C. Amat (1596), Girolamo Mon-
tesardo (1606), Foriano Pico (1608)—, ensefian simplemente los
acordes basicos y la manera de acompafiar con ellos algunas
sencillas melodias. Podriamos decir que representaron en su
€poca una alternativa popular a las obras cultas de Viadana,
Peri, Agazzari, Caccini y los otros grandes musicos del primer
barroco 4,
se ha conservado es el de Montesardo (1606). Sobre Amat y las nume-
rosas ediciones de su libro véanse Pujol 1950, Hall 1978 y la intro
duccién de Monica Hall en Amat 1980.
* Bermudo 1555: f. 28v: «Guitarra avemos visto en Espafia de cinco
ordenes de cuerdas»; Fuenllana 1554: fols. 158-162v (véase el apartado
dedicado a las fuentes, ntim. 10, en el presente articulo); Playford 1652;
cf. Tyler 1975: 344-5.
* Grossi da Viadana 1602; Peri 1600; Agazzari 1607; Caccini 1601
Sobre el bajo continuo en el primer barroco cf. Arnold 1931: 1-240. En
1611, Covarrubias escribe en su Tesoro, s. v. vigiiela: «Este instrumen-
to [la vihuela] ha sido hasta nuestros tiempos muy estimado, y ha avi-
do excelentissimos mtisicos; pero después que se inventaron las gui-
tarras, son muy pocos los que se dan al estudio de la vigiiela. Ha sido
una gran pérdida, porque en ella se ponia todo género de musica pun
tada, y aora la guitarra no es mas que un cencerro, tan facil de tafier,
especialmente en lo rasgado, que no hay moco de cavallos que no sea
musico de guitarra.»
372Los numerosos libros de guitarra que aparecen en el pri-
mer tercio de siglo xvi1 estan dedicados exclusivamente al es-
tilo rasgueado. Pero hacia 1630 el laudista, teorbista y guita-
rrista Giovanni Paolo Foscarini publica Il primo, secondo e
terzo libro della chitarra spagnuola, obra en la que aparece
una innovacion que perduraria durante un siglo: la mezcla de
rasgueado y punteado.
Durante los siglos xvi y xvii la guitarra de cinco érdenes
conocié un extraordinario florecimiento*, y al igual que en
el siglo xv se le afiadié un orden de cuerdas a la guitarra re-
nacentista, hacia la segunda mitad del siglo xviii la guitarra
barroca sufriéd idéntica transformacion. El tres de junio de
1760, el Diario Noticioso de Madrid publica el siguiente anun-
cio: En la calle de Atocha, casa del Granadino, se vende una
vihuela de 6 d6rdenes, hecha de su misma mano, buena para
acompanar; doce afios mas tarde, el once de septiembre de
1772, leemos en el mismo diario: Quien quisiere comprar una
guitarra de seis ordenes, hecha por el famoso sevillano, San-
guino, acuda al maestro Medina, que vive frente del Corral
de la Cruz®. Por esos mismos afios, en 1764, cierto Andrés de
Sotos publica en Madrid un método de guitarra, que no es
sino un plagio del libro Guitarra espatiola de Joan Carles Amat
y lo titula «Arte para aprender con facilidad la guitarra de cin-
co 6rdenes»’. Es decir, ya nuestra guitarra no se Ilama sim-
plemente guitarra espafiola; ya coexisten dos tipos de guitarra,
de cinco y de seis ordenes.
El primer documento en que encontramos musica para gui-
tarra de seis ordenes es, por el momento, la Explicacién para
tocar la guitarra de punteado por muisica o cifra, manuscrito
de Juan Antonio de Vargas y Guzman fechado en Veracruz en
17768. Nuevamente, las innovaciones en el instrumento par-
ten de Espafia —en este caso, de la Nueva Espania—.
5 Tyler 1980: 125-136 cita mas de ciento cincuenta impresos con
musica de guitarra entre 1606 y 1799.
* Ambos anuncios fueron publicados por Kenyon de Pascual 1983:
301-2.
7 E] subrayado es mio.
® De este manuscrito existen dos copias, una en la Newberry Libra.
ry de Chicago y otra en el Archivo General de la Nacién, México. Al
373Un ejemplo claro de la diferencia entre la guitarra espafio-
la y la guitarra fuera de Espafia en aquellos anos lo constitu-
ye Federico Moretti, guitarrista nacido probablemente en Na-
poles, pero afincado en Espafia desde su juventud. Moretti
escribe en Italia un método para guitarra de cinco érdenes,
que se imprime en 1792 °%. Cuando mas tarde, en 1799, su autor
reedita esta obra en castellano —ya viviendo en Espaha—, la
adapta para la guitarra de seis ordenes. En este mismo afio
se publican otras dos obras para la guitarra: la Escuela para
tocar con perfeccion la guitarra de cinco y seis brdenes, de An-
tonio Abreu y Victor Prieto, y el Arte de tocar la guitarra es-
pafiola por musica, ya enteramente dedicado a la guitarra de
seis érdenes, de Fernando Ferandiere. Del mismo afio de 1799
nos ha legado un manuscrito, conservado en la Biblioteca
Nacional de Madrid, escrito por Juan Manuel Garcia Rubio.
E] titulo del manuscrito es: Arte, reglas y escalas arménicas
para aprehender a templar y puntear la Guitarra Espariola de
seis brdenes segun el estilo moderno. Notese particularmente
lo de segtin el estilo moderno: son aifios-de cambio, en los que
ya se ha impuesto practicamente la guitarra de seis ordenes.
Solo queda un paso, que es la transformacidn de los érdenes
de cuerdas en cuerdas simples, para llegar a la guitarra de
Fernando Sor y de Mauro Giuliani, que es, en lineas genera-
les, la guitarra que seguimos usando hoy en dia".
final del ejemplar de México hay trece sonatas para dos guitarras de
seis Ordenes; la primera guitarra esta escrita en clave de sol y la se
gunda en clave de fa. Sobre estos manuscritos cf. Stevenson 1979 y
Arriaga 1985.
* No se conserva ningtin ejemplar de esta edicién italiana. Cf. Po-
selli_ 1973.
10 El lector que quiera_profundizar en la historia de la guitarra pue-
de leer, para el tema que nos ocupa, Tyler 1975. Una introduccion
general util es Turnbull 1978, Tyler 1980 es, hasta la fecha, el libro
mas fiable y cientifico sobre el tema: Sucinto e interesante es Char-
nassé 1985. Tonazzi 1971; Nickel 1972; Ragossnig 1978 y Radole 1979
son de dad. Zuth 1926 mantiene aun interés, a pesar del afio en
que se escribid; otro tanto puede decirse de Bueck 1926 y Bone 19722
—cuya primera ed. es de1914—. Evans 1977 tiene informaciones utiles,
sobre todo de caracter iconografico; lo mismo Bellow 1970 que, sin
embargo, hav que leer con reservas. A pesar de las pocas paginas que
dedica a la guitarra, Marcuse 1975 es, en el aspecto organolégico, un
374Resumiendo todo lo anterior en sentido inverso: la guita-
rra moderna desciende de la de seis érdenes de cuerdas, que
comenzo a utilizarse en Espafia en la segunda mitad del si-
glo xvii. Esta guitarra, a su vez, proviene de la de cinco or-
denes, hoy llamada guitarra barroca, que fue utilizada entre
la segunda mitad del siglo xvi y el final del siglo xviii. Por su
parte, la guitarra barroca fue el resultado de la adicién de un
orden de cuerdas a la guitarra de cuatro 6rdenes. Esta gui-
tarra de cuatro érdenes, hoy llamada renacentista, que se tocd
en Europa en el siglo xv1 y parte del xvii, es la protagonista
del presente articulo.
EL INSTRUMENTO
Desgraciadamente, no ha Ilegado hasta nuestros dfas nin}
guna guitarra de cuatro ordenes del siglo xvi, por Io que tene-
mos que confiar en la iconografia, las descripciones de los ted-
TicOs) ylaseguitarrasede.cinco Ordenes del siglo XVI que han so-
brevivido.
Gracias a estos testimonios sabemos que la guitarra rena-
centista era, en lineas generales, un instrumento pequefio, de
siete cuerdas repartidas en cuatro ordenes: la primera simple
y las otras tres dobles. En las portadas de los cuatro libros
de guitarra de Guillaume Morlaye y Simon Gorlier publico-
dos en Paris en 1551, 1552 y 1553", aparece un grabado de una
guitarra de cuatro drdenes sobre un libro abierto ”. La guita-
rra tiene siete clavijas, ocho trastes, aros laterales muy estre-
chos, rosa, y es muy similar, salvo en la forma de la cabeza,
a otro grabado publicado en Selectissima... in guiterna luden-
buen resumen. Una buena bibliografia es Lyons 1978. En cuanto a las
historias de la guitarra escritas en castellano, aunque me pesa, no me
atrevo a recomendar ninguna.
1 Numeros 3, 6, 7 y 9 del apartado dedicado a las fuentes en este
articulo.
2 Cf. la edicién facsimilar de los libros (Gorlier-Morlaye 1980).
El grabado ha sido reproducido en muchos estudios modernos: cf. Ni-
ckel 1972: lam. 3; Turnbull 1978: 14m. 16b; Tyler 1975: 341; Ragossnig
1978: lam. 43; Tyler 1980: lam, 4a; Klier 1980: lam. 43
375En cuanto a los instrumentos originales, la guitarra mas
antigua que conocemos fue construida por Belchior Dias en
Lisboa, en febrero de 1581. Tiene cinco érdenes de cuerdas,
tapa inferior ligeramente abombada, aros muy estrechos y
es muy pequefia: su longitud total es de 76,5 cm., y el tiro de
las cuerdas mide 55,4 cm. Concuerda en espiritu con los gra-
bados de los libros de Morlaye y Phalése-Bellére menciona-
dos arriba, aunque es un instrumento diferente, por tener un
orden més de cuerdas. Se conserva en Londres, Royal College
of Music (Donaldson Collection, nam. 171)%. Otra guitarra,
probablemente también del siglo xv1, se ha conservado en la
coleccién particular de Robert Spencer, Londres. Es similar
a la de Belchior Dias, aunque algo mayor y con la tapa infe-
rior plana. La longitud de tiro es de 68 cm., y ha sido restau-
rada '’. Ambas guitarras pueden contener en el mango como-
damente diez trastes, que es el numero ideal, segun Juan Ber-
mudo "; sin embargo, en los grabados de Morlaye citados arri-
ba, la guitarra tiene solo ocho trastes. Podia llegar a tener in-
cluso cinco o seis, pero entrastada asi era, segtin Bermudo
(1555: f. 96v), propia de tafiedores cortos 0 abreviados en mzi-
Sica.
Como queda dicho arriba, el numero de cuerdas era de sic-
te (en Italia incluso fue llamada chitarra da sette corde), dis-
puestas en cuatro grupos: primera sencilla y tres ordenes do-
1+ Es el numero 13 del apartado dedicado a las fuentes en este ar-
ticulo; el mismo grabado fue reproducido ‘por Mersenne (1636, III,
£. 95), y modernamente puede verse en Tyler 1980: lam. 4b y Char-
nassé 1985: 27.
+4 Zavadivker 1978: 69, 72 y Charnassé 1985: 110.
** Cf. Baines 1966: 47; Nickel 1972: lam. 35; Tyler 1975: nota 4;
Turnbull 1978: lams. 14a-b y 28 c; Evans 1977: 27.
1¢ Cf. Evans 1977: 27 y Tyler 1980: 36, 37.
17 «No tan solamente diez trastes es buen medio para la vihuela,
sino también para la guitrra.» Bermudo 1555: f. 30.
376bles. La manera de afinar estas cuerdas es el tema del siguien-
te apartado.
AFINACION
Altura absoluta, altura musical fija, relacion intervalica
entre los distintos érdenes, afinacién real y afinacion imagi-
naria: he aqui cinco conceptos sobre los que baso la exposi-
cién del presente apartado. Para evitar confusiones los expli-
co brevemente a continuacion.
Si queremos conocer la altura absoluta de una cuerda o
de una afinacion es necesario el conocimiento exacto del 1 nu-
or segundo producidas
a al aire es, por
ejemplo, re y solamente re; aunque desconozcamos el nume-
ro de vibraciones por segundo de la nota producida por esa
cuerda, dentro de nuestro sistema musical le hemos dado el
nombre de re y no podemos darle ningun otro. Incluso pode-
mos determinar el re exacto de que se trata: re de la cuarta
linea en clave de sol; en este caso, la cuerda no puede ser ni
plo, entre el orden cuarto y el tercero hay un diapente (quinta
justa, tres tonos y medio): si el orden cuarto es do, el ter-
cero sera sol; si el cuarto es re, el tercero sera la, etc. Por
ultimo, llamo afinacidn real a la que estuvo efectivamente en
uso en la época vy puede corroborarse a través de las fuentes
musicales, y afinacidn imaginaria a los tipos de afinacién idea-
dos por los teéricos, pero que no fueron empleados (hasta
donde sabemos) en la practica musical.
En la transcripcion de musica de vihuela se han mezclado
frecuentemente los conceptos de altura musical fija y de rela-
cién intervdlica entre los distintos érdenes, debido principal-
mente a dos factores: las indicaciones de alturas proporciona-
377das por algunos vihuelistas —como Narvaez y Daza— al co-
mienzo de las obras y la necesidad de transcribir la musica
modal dentro de su ambito tedrico exacto (el primer tono ha
de terminar en re, el cuarto en mi, etc.). Esta disposicion me-
todologica ha sido llevada al extremo del absurdo en las trans-
cripciones vihuelisticas de Emilio Pujol. Dicho sea con el ma-
yor respecto y sin pretender quitar ningun mérito —pues lo
tiene, y mucho— a la obra del gran maestro catalan, hay que
reconocer que el hecho de que haya transcrito la musica de
Narvaez, Mudarra y Valderrabano como si la vihuela tuvie-
se siete afinaciones distintas, dificulta enormemente la lectu-
ra en cualquier instrumento de cuerda pulsada, hasta tal
punto que resulta mucho mas sencilla de leer la tablatura ori-
ginal que la transcripcion.
Bermudo, una vez mas, nos da la clave de estas afinaciones:
«Comunmente los tafiedores de vihuela que son diestros en
el arte de cifrar, y de poner en este instrumento cifras: yma-
ginan '§ comenzar la sexta cuerda en vazio en gamaut y algunas
veces en Are. Verdad es, que cifras he visto de buen tahedor
ser la sexta la tecla negra que esta entre Are yb mi”. Bien sé,
que por aqui y por otros lugares no acertaran todos a taiier.
Lo uno porque no esta usada la mano: y lo otro, porque es
menester para los sobredichos lugares mudar ciertos trastes.
Sabiendo el compas de poner los trastes 2! pueden ymaginar
la sexta en vazio en qualquier signo que quisieren, Puede ser
la sexta en vazio no solamente gamaut, o Are (segtin dicho
avemos), pero b mi, y Cfaut, y Dsolre® y qualquiera de los
otros signos differentes. Dixe serialadamente imaginar: porque
pintar las vihuelas, guitarras, bandurrias y rabeles 2, que ade-
lante vereys: no se hace porque de parte de los dichos instru.
18 Los subrayados en esta cita son mios.
+8 Vihuelas en sol y en la, respectivamente.
20 Vihuela en si bemol.
"1 La distancia exacta que han de guardar entre sf los trastes de
tripa en el mango del instrumento, 0 sea los distintos puntos en
donde hay que colocarlos.
22 Vihuelas en si, en do y en re.
23 Es decir, dibujar el diapasén de estos instrumentos con las no-
tas correspondientes segun una altura musical fija.
378mentos ello sea assi: sino que teniendo las vihuelas debuxadas,
facilmente (mirando a los signos que en ellas estan pintados)
puedan cifrar. Es pues este arte imaginario: para por él venir
con facilidad, y certidumbre a cifrar, que es lo que muchos
tafiedores dessean. De la manera que imagindredes ser la sex-
ta cuerda en vazio: assi terndn las claves sus asientos.» (Ber-
mudo 1555: f. 29 v.)}
De lo
rias. En la primera de estas afinaciones
imaginarias, Fray Juan Bemudo rinde tributo a tres autorida-
des: la de la Biblia, la de Boecio y la de la antigiiedad clasica:
«Andando a buscar el primero que usé la vihuela, o guita-
rra después del inventor Tubal (de lo qual da testimonio la sa-
cra scriptura)*4, de las palabras de Boecio en el capitulo veyn-
te del libro primero saqué lo que desseava. Dize este sancto
doctor trayendo por testigo a Nichomacho antiguo, que Mer-
curio fue el inventor de poner Ja musica en quatro cuerdas a
imitacién de los quatro elementos: y duré esta manera de ins-
trumento hasta el tiempo del gran musico Orpheo... De las
palabras de Boecio saco, que Mercurio uso guitarra: y Orpheo
la augmento y la hizo vihuela... Por lo qual me parecio resu-
citar la guitarra del gran Mercurio. La distancia de este instru-
mento en vazio es un diapasson: la qual se ordena desta ma-
nera. Desde la quarta a la tercera hay un diatessaron, desde
la tercera a la segunda un tono, desde la segunda a la prima
un diatessaron...%. Tiémplase por unisonus en la forma si-
24 Génesis, IV, 20-21. «Genuitque Ada label, qui fuit pater habitan-
tium in tentoriis atque pastorum. Et nomen frat is eius Iubal: ipse
fuit pater canentium cithara et organo.» Sobre Iubal o Tubal véase el
interesante articulo de Judith Cohen 1974.
® «Simplicem principio fuisse musicam refert Nicomachus, adeo
ut quatuor nervis tota constaret. Idque usque ad Orpheum duravit,
ut primus quidem nervus et quartus diapason consonantiam resona-
379guiente. Hollada la quarta en el quinto traste viene ygual con
la tercera en vazio. Hollada la tercera en el segundo traste
queda ygual con la segunda en vazio. La segunda se ha de ho-
llar en el quinto traste: para que venga igual con la prima»
(Bermudo 1555: lib. IV, cap. 66, fols. 96-97).
He aqui esta afinacion:
@ @ @ _@
Ejemplo 1 ea
Bermudo nos sigue hablando de afinaciones imaginarias;
a partir de la anterior desarrolla la siguiente *6:
@ @
Ejemplo 2
Nuestro autor anota otra
para guitarra de cinco ordenes.
rent. Medii vero ad se invicem atque ad extremos diapente, ac diates.
sarum, ac tonum. Nihil vero in eis esset inconsonum, ad imitationem
scilicet musicae mundanae, quae ex quatuor constat elementis. Cujus
quadrichordi Mercurius dicitur inventor.» Boecio, De musica libri
quinque, col, 1183.
26 «La guitarra de Mercurio se puede hazer (dentro del ambito, o
distancia del diapasson que tiene) en mejor temple, que sea mas al
tiempo: Abaxando la tercera un semitono: formara la dicha tercera
con la quarta una tercera mayor... De forma, que todas quatro cuer-
das heridas en vazio: hazen Musica.» Bermudo 1555: f, 97.
27 Bermudo 1555: f. 28v.
380son las que dizen Tos nuevos y @ 05 wigs, In alin 9 os
baxos... suelen Hamar a la cuerda quinta, yo la Ila-
maria quarta, y a la otra tercera, a la siguiente segunda y a
la mas alta prima. Baxa y alta llamo en comparacion de la mu-
sica: y no del sitio, o ugar que tiene en el instrumento... Sue-
len poner a la quarta de la guitarra otra cuerda, que Ilaman
requinta. No sé si cuando este nombre pusieron a la tal cuer-
da: formava con la dicha quarta un diapente, que es una quin-
ta perfecta: y por esto tomo nombre de requinta. Ahora no
tiene este temple: mas forman ambas cuerdas una octava:
segun tiene el laid, o vihuela de Flandes... Tiene esta guitarra
a los nuevos en vazio nueve puntos: y ordénanse de la manera
siguiente. Desde la quarta a la tercera ay un diatessaron: por
Jo que el tafiedor que la quisiere pintar ha de poner en la
quarta una g, que es gamaut, y en la tercera una c, que es
Cfaut. Desde la tercera a la segunda ay una tercera mayor:
por lo qual la segunda terna una e, que significa Elami. Desde
la segunda a la prima ay un diatessaron: y assi en la prima ha
de ser puesta una a, que significa alamire» (Bermudo 1555:
f. 96).
Es decir
Ejemplo 3
28 En éste y en los ejemplos siguientes ha de mirarse si la clave
de Sol tiene un 8 debajo: en ese caso, hay que leer a la octava grave,
como lee la guitarra moderna. Si no lo tiene, léanse notas reales.
381ecuérdese el grabado de los libros di
citado en el anterior apartado) y el mismo nom.
lo en Italia a la guitarra renacentista —chitarra da setle
corde—. Por ultimo, quisiera citar dos testimonios espafioles.
En 1611, Sebastién de Covarrubias escribe:
«Es la guitarra, vigiiela pequefia en el tamafio, y también
en las cuerdas, porque no tiene mas que cinco cuerdas, y al-
gunas son de solas las quatro érdenes. Tienen estas cuerdas
requintadas, que no son unisonos, como las de la vigiiela, sino
templadas en quintas, fuera de la prima que esta en ambos
instrumentos, es una cuerda sola» (Covarrubias, 1611: s. v. gui-
tarra).
La peregrina afinacién anotada por Covarrubias seria (to-
mando como base la afinacién de la guitarra de cinco 6r-
denes):
© O29 © ©
Ejemplo 4
a
Logicamente, no pudo estar en uso una afinacién tan ab-
surda. En realidad, Covarrubias considera demasiado etimo-
logicamente el término requintadas. Ya hemos leido arriba lo
que dice Bermudo sobre el particular: las cuerdas requinia-
das se afinan a la octava. Por otra parte, dudo mucho que hi
biera una guitarra de cinco érdenes en la que se afinaran tod:
las cuerdas, menos la prima, a la octava. A pesar de la inexac-
titud de estos datos, el articulo guitarra del Tesoro de Cova-
rrubias nos proporciona dos noticias interesantes: que la gui-
tarra era un instrumento pequefio —vigiiela pequefia—, en lo
que coincide con la iconografia, y que la prima era sencilla.
Otro testimonio espafiol en favor de la prima sencilla es el
libro Guitarra espariola, de Joan Carles Amat, cuya primera
382edicion aparecié probablemente en 1596, segun vimos en el
apartado segundo de este articulo. Dice Amat en el capitulo
primero de su libro:
«Esta guitarra espafiola de cinco érdenes esta compuesta
de nueve cuerdas: una en el orden primero, llamada prima, y
en los demas ordenes dos...» En el capitulo noveno: «... en
la guitarra de cinco ay un orden mas, que es el quinto: pero
quitado este, es mi mas ni menos como la de quatro.» Mas ade-
lante, en el mismo capitulo, leemos: «... el que quisiere saber
tocar la guitarra de cuatro érdenes siga todas las reglas, y el
mismo estilo desta guitarra de cinco érdenes, y haga cuenta
que el orden quinto estuviesse borrado de este librito.» Por
ultimo, al principio del mismo capitulo, el autor escribe: «Para
que los musicos de la guitarra de cuatro ordenes (que es la de
siete cuerdas) no me diessen culpa...» ®.
Concluyendo: todos los testimonios apuntan a que la pri-
mera cuerda era sencilla y no doble en la guitarra renacen-
tista espafiola, como lo era sin lugar a dudas en Italia y en
Francia.
Para dilucidar la segunda cuestion (si la afinacién indicada
por Bermudo corresponde a la del ejemplo 3, o si hay que ba-
jarla una octava), hemos de tomar muy en cuenta el sistema
hexacordal en el que, légicamente, se mueve el autor de la De-
claracién de instrumentos musicales. No es éste el lugar de
explicar dicho sistema; para nuestro intento basta con es-
cribir dos tablas con el nombre de las notas, segtn el sistema
general y segtin el particular de Juan Bermudo.
29 Cf. Amat 1980: 1, 37.38. El subrayado es mio,
8° La mejor exposicién del sistema hexacordal que conozco es, con
mucho, la de Juan José Rey Marcos 1978: 21-32. A ella remito al cu-
rioso lector.
383Sistema general:
Ejemplo 5 __+ 2 2 “ © . *
mt pe ee dale lm fat
peat abate
fabs coef dldwlre alae Het qaduet
ae ae a “a ze oo.
Wee bebe er fe dln ee treed
Sistema de Bermudo:
Ejemplo 6
eer
womb: gemavt Are
ote
claws He
alwre dentre
El sistema general fue, por supuesto, el mas empleado ™.
El de Bermudo tiene cinco notas menos, y por lo tanto, los
nombres de las notas 14, 15 y 16 varian en ambos sistemas.
A la luz de los nombres empleados para designar las notas
en los dos sistemas, recordemos la afinacién propuesta por
Bermudo para la guitarra de cuatro ordenes: 4.* = gamaut;
% Practicamente todos los tedricos mencionan el sistema. Baste
citar a tres, elegidos casi al azar: Durdn 1492: a 1: Martinez de Biz-
cargui 1511: a 2v-a 3v, y Espinosa 1520: a 4.
38432 = Cfaut; 2° = Elami; 1.° = alamire. Esto quiere decir que
la afinacién propuesta en el ejemplo 3 del presente apartado
nd concuerda con las instrucciones de Bermudo; en efecto,
gamaut es la nota 1 en los ejemplos 5 y 6, y no la nota 8;
Cfaut es la nota 4 y no la 11; Elami puede ser tanto la nota 6
como la 13, y por ultimo alamire puede corresponder, segtin
el sistema general, tanto a la nota 9 como a la 16, pero en el
de Bermudo solo se refiere a la nota 9 y no a la 16. Por lo
tanto, la afinacién indicada por Bermudo es:
®9@o6 9
Ejemplo 7
La afinacion correspondiente al ejemplo 3 se indicaria asi:
42 = Gsolreut; 3.2 = csolfaut; 2.* = elami; 1.2 = ala en el siste-
ma de Bermudo, o bien alamire en el sistema general.
Por otra parte, en varios lugares de la Declaracién de ins-
trumentos leemos que la diferencia entre vihuela y guitarra
son las dos cuerdas extremas de la vihuela: quitadas éstas, tene-
mos una guitarra. Si a la afinacién del ejemplo 3 afiadimos
una cuarta aguda y otra grave, el resultado seria:
© @ 9 @@ o
Ejemplo 8
oe
Es decir, una vihuela agudisima, casi podriamos decir im-
posible de tan aguda. La afinacién del ejemplo 7 soporta, en
cambio, perfectamente la adicién de una cuerda al agudo y
otra al grave:
©.6@ © 0 @ 2fn
Ejemplo 9
os
32 «No es otra cosa esta guitarra: sino una vihuela quitada la sexta
y la prima», f. 28v; «Digo, que si la vihuela quereys hazer guitarra a
los nuevos: quitalde la prima y sexta, y las quatro cuerdas que le que-
dan: son las de la guitarra», f. 96,
385Para la guitarra de Dsolre pongan en la quarta cuerda
una d, en la tercera una g, en la segunda una b quadrada, y en
la prima una e»:
oo 8 en
Ejemplo 13%
O bien:
Ejemplo 14
«La sexta guitarra comienza en Elami. Pongase a la quar-
ta una e, a la tercera una a, a la segunda una c, con sefial de
quadrado a la prima una f con sefial de b quadrado»:
Ejemplo 15
«Para la ultima guitarra se ponga al principio de la quar-
3° A partir de este ejemplo he bajado una octava; la afinacién de
esta guitarra coincide con las cuatro primeras cuerdas de la guitarra
moderna. El ejemplo 13 esta en notas reales, el 14, en escritura gui-
tarristica actual.
388ta una f, a la tercera una b pequeifia, a la segunda una d, a la
prima una g» *
Ejemplo 16
«..,avia desde la quarta
a la tercera a los nuevos un diatessaron: y a los viejos ay un
diapente, que es quinta perfecta» (f. 28v). Por ultimo, dice Ber-
mundo: «El] estudioso tafiedor por la inteligencia de lo ya di-
cho assi en las vihuelas, como en las guitarras puede pintar
siepte en este temple de los viejos» (f. 96v
dos afinaciones al azar, las de los ejemplos 3y 14, nos queda-
rian las siguientes afinaciones a los viejos:
© @@ 6
Ejemplo 17
= Oe
-
*6 Nétese que Bermudo sigue, logicamente, definiendo estas afina
ciones en términos hexacordales: en el ejemplo 10, A y D (maytisculas)
se refieren a los sonidos nimeros 2 y 5 del ejemplo 6, mientras que en
el ejemplo 12, a y d (minusculas) remiten a los sonidos 9 y 12 del ejem-
plo 6; las siete afinaciones —ejemplos 3 y 10 a 16—, van, pues, en sen-
tido ascendente; por lo tanto, las de los ejemplos 3, 10, 11 y 12 esta-
rian, de tomar en cuenta la altura musical fija, una octava baja ccn
relacién a mi transcripcién, mientras que los ejemplos 13-14, 15 y 16
estdn escritos a la altura expresada por Bermudo.
389Se trata de una vihuela grave, en Re.
¢Significa esto que la guitarra era también un instrumen-
to grave, que se afinaba segun el ejemplo 7? Responder a esta
pregunta es responder a la tercera cuestién que nos planteaba el
texto de Bermudo, es decir: ¢Las notas indicadas en los ejem-
plos de afinacién de instrumentos de la Declaracion repre-
sentan alturas musicales fijas?
De ninguna manera, por varias razones: el texto de Ber-
mudo citado al comienzo de este apartado, en el que nombra
arte imaginario al hecho de «pintar» vihuelas y guitarras; en
segundo lugar, los testimonios iconograficos y tedricos, que
coinciden undnimemente en que la guitarra era un instrumen-
to pequefio ¥ —recordemos el tiro de la guitarra de Belchior
Dias: 55,4 cm. Con esa longitud de tiro es practicamente im-
posible, con cuerdas de tripa, la afinacion del ejemplo 7—. Por
otra parte, el mismo Bermudo nos proporciona, en el capitu-
lo 65 del libro cuarto de su Declaracion otras seis afinaciones
distintas para Ja guitarra de cuatro ordenes, siempre mante-
niendo la misma relacion intervalica. La diferencia entre al-
tura musical fija y relacion intervdlica entre los distintos or-
denes es, en este caso, de la maxima importancia: en las afi-
naciones expresadas por Bermudo, tanto para la vihuela como
para la guitarra, solo tiene validez la relacién intervalica en-
tre los distintos érdenes; se alude a una altura musical, que
no es fija, simplemente para esclarecer y ejemplificar las in-
dicaciones.
En sintesis, la guitarra es un instrumento agudo, para el
que la afinacion del ejemplo 7 es imposible. Pero tampoco pue-
de admitirse que el ejemplo 3 constituya la unica afinacién
—la afinacién— de la guitarra renacentista espafola: cual-
quier afinacion es posible si se mantiene dentro del ambito
agudo y guarda la misma relacion intervalica entre los dis-
tintos ordenes.
* Hasta el mismo Bermudo, en aparente contradiccién con las
indicaciones de afinacién: «De mayor abilidad se puede monstrar un
tafiedor con la intelligencia, y uso de la guitarra: que con el de la vi-
huela, por ser instrumento mas corto», f. 96.
386He aqui las otras seis afinaciones a los nuevos que da
Bermudo *:
«Comenzara la segunda guitarra en Are, la quarta della sera
Are, la tercera Dsolre, la segunda Ffaut con sefial de b quadra-
do, que quiere dezir comengar la tal cuerda en la tecla negra
de entre Ffaut y gsolreut, la primera sera el mi de bfabmi.
De forma, que a la quinta se ponga una A, a la tercera una
D, a la segunda una f con sefial de b quadrado y a la prima
una D quadrada»:
30,0, @ @
Ejemplo 10 o= os
«A la tercera guitarra se ponga en la quarta una b quadra-
da, en la tercera una E, en la segunda una G con sefial de
quadrado, y en la primera una c con sefial de b quadrado»:
© 0 @ @
Ejemplo 11
o
«Para la guitarra de Cfaut pongase a la quinta cuerda una
C, a la tercera una F, a la segunda una a, y a la prima una d»:
o_ @ @
Ejemplo 12 i= ote
34 Todas ellas contenidas en el libro IV, cap. 65 (f. 96v) de la De-
claracion.
387®@ @.@
Ejemplo 18
El temple de esta guitarra a los viejos se empleo también
en Francia: por ejemplo, el Second livre de ... guitare, de Gui-
llaume Morlaye, contiene, en el f. 29 un Bransle, y en el 29v
la misma pieza en otro tono, con afinacion «a los viejos» o
a corde avallée: ésta era la designacién francesa”. No obstan-
te, la inmensa mayoria de piezas, tanto francesas como es-
pafiolas, estan escritas para el temple a los nuevos, que como
su mismo nombre indica, es el resultado de una evolucidén.
Bermudo escribe: «... este temple [a los viejos] mas es para
romances viejos y musica golpeada: que para Musica del tiem-
po. El que uviere de cifrar para guitarra buena Musica: sea en
el temple de los nuevos» (f. 28v).
En cuanto a la cuarta cuerda requintada, o sea octavada,
de la guitarra renacentista espafiola, es dificil rastrear su pro-
cedencia. Cominmente se acepta que la vihuela no octavaba
las cuerdas graves, por lo que tal vez haya que buscar el ori-
gen de esta octavacioén en la vihuela de Flandes —el laud re-
nacentista—.
En el origen de la octavacién de la cuarta ha de estar, ne--
cesariamente, alguna de las dos afinaciones siguientes 38:
© @®@ @ @
Ejemplo 19
Sobre el Second livre de guitare, véase el apartado de las fuen-
tes, num. 9.
** A pesar de que para una guitarra renacentista original resulta-
ria demasiado grave, utilizo como afinacién bdsica la del ejemplo 14,
pensando en los guitarristas actuales.
390Ejemplo 20
En la del ejemplo 19 se procederia a sustituir una de las
cuartas por una cuerda més delgada, capaz de dar una oc-
tava alta; en la del ejemplo 20, a la inversa.
En 1601, en su Prattica musica vocale et strumentale, Sci-
pione Cerreto escribe *:
«...la Chitarra a sette Corde contiene quattro ordini, I’ac-
cordo del quale comincia in questa maniera, cioé le due quar-
te vacante, che saranno due Corde equali, come fussero due
prime staranno in G Sol Re ut sopr’acuto, le due terze vacante
in D la Sol Re acuto, le due seconde vacante staranno in F
faut Semitonato, e la prima Corda vacante stara in B mi so-
pr’acuto, como si vede in queste Notule qui apresso.
[Ejemplo 21a]
4. Corda 3. Corda 2. Corda ‘1. Corda
Ejemplo 21b
8° Cerreto 1601: 320.
40 En inglés, reentrant tuning, afinacién que vuelve de donde salid,
que vuelve a entrar, regresiva. No tenemos un equivalente castellano.
391ca
caso, en la tercera cuerda “!. La afinacién imaginaria del ejem-
plo 20 es, pues, en 1601 y en Napoles afinacion real (con un
tono de diferencia en el cuarto orden). Pero cdesde cuando?
€
n la primera fantasia para
guitarra de cuatro ordenes contenida en esta obra, su autor
escribe dos advertencias: «A de esta entrastada como vihuela
con diez trastes. A da tener bordén en la quarta» ”. De la ul-
tima de estas advertencias pueden sacarse dos conclusiones:
una, que casi con toda certeza aun no era admitida general-
mente la octavacion de la cuarta, y la otra, la mas interesante,
que es muy probable que Mudarra pensara en la afinacién re-
currente del ejemplo 20: en efecto, si indicara al ejecutante la
colocacién de un bordon en la cuarta pensando en la afinacion
del ejemplo 19, el resultado seria:
Ejemplo 22
Lo cual es materialmente imposible dadas las dimensiones
del instrumento. Es mas, aun admitiendo la posibilidad de una
afinacion muy aguda, como la del ejemplo 12, el resultado no
" Andando el siglo xvi1, la afinacién recurrente fue muy usada en
la musica italiana de guitarra de cinco érdenes: véase lo que dice Sanz
en su Instruccién de 1674 (Sanz 1979: p, LXV).
Mudarra 1980: p. 65 (= f. XX). Sobre Mudarra y sus Tres libros.
cf. Fuentes, en este articulo, num. |
392es muy satisfactorio para un instrumento tan pequefio como
la chitarra da sette corde:
@O@ ©
Ejemplo 23
Si, por el contrario, Mudarra piensa en una afinacion como
la del ejemplo 20, el resultado de su advertencia es la afina-
cién normal de la guitarra renacentista, la de nuestros ejem-
plos 3, 10, 11, 12, 13-14, 15 y 16.
¢Es posible concluir de estos datos que hubo una tradicién
de afinacion recurrente en las guitarras espafiolas anteriores
a 1546? No, desgraciadamente no hay por el momento suficien-
tes pruebas para afirmarlo. Pero tampoco es imposible que
asi fuera. Una prueba adicional es el hecho de que las inno-
vaciones en la guitarra generalmente partieron de Espajfia: la
primera musica impresa para cuatro y para cinco ordenes, la
adicion del quinto orden, el estilo rasgueado, la adicion del
sexto orden. Quiza la afinacién que describe Cerreto en 1601
refleje una tradicion muy antigua, probablemente de caracter
popular, que en Espafia hacia casi cincuenta afios que se ha-
bia perdido. Sin embargo, una prueba en contra de esta hipo-
tesis es la publicacion, en 1549, del libro de Melchiore de Bar-
beriis 8: solo tres afos después de la publicacién del libro de
Mudarra, la guitarra es tratada en Italia por un musico culto.
Todo esto es me onjetu Para volver al campo de la
realidad, nada mejor que resumir el presente apartado
‘* Fuentes, num. 2.
393Esto en cuanto a la relacion intervalica de los distintos érde-
nes, ya que no conocemos la altura musical fija, por lo menos
a través de las fuentes espafiolas. Sin embargo, se trataba de
un instrumento agudo, lo cual se deduce de su tamaiio: pue-
den ser validas las afinaciones propuestas en los ejemplos
3, 10 (que guarda relacién con la del ejemplo 21), 11, etc. El
guitarrista moderno o el ejecutante de guitarra barroca pue-
den incluso leer las obras de guitarra renacentista en las cua-
tro primeras cuerdas —u ordenes— de sus respectivos instru-
mentos. Pero la lectura es uno de los temas del apartado si-
guiente.
He aqui tres cosas distintas que a veces suelen integrarse
en un batiburrillo verdadero. Aunque parezca una perogru-
Hada decirlo, la notacién de Ja musica antigua, su lectura prac-
tica y su transcripcién a notacién moderna representan tres
niveles, interdependientes pero bien diferenciados, dentro de
la obra musical. El saber distinguirlos, por una parte, y rela-
cionarlos, por otra, constituye una de las claves del éxito o
fracaso en nuestro contacto con la musica.
Examinemos en primer lugar el aspecto notacional de la
musica de guitarra renacentista. Como es de esperar, esta es-
crita en tablatura, italiana en las fuentes nimeros 1, 2 y 10
y francesa en todas las demas.
La tablatura italiana emplea una pauta de cuatro lineaé,
que representan las cuerdas del instrumento: la linea inferior
la primera cuerda, la superior, la cuarta. Sobre esas lineas se
colocan ntimeros que indican el traste que hay que pisar con
la mano izquierda: 0 = cuerda al aire; 1 = primer traste;
2 = segundo traste, etc. Sobre las cifras se colocan los valo-
res ritmicos: ( = breve (Go bieng |): = semibreve
(eo); 3 = minima (J ); 4 = seminima ( J ); d = cor-
** La numeracion de las fuentes remite al apartado siguiente.
394chea dy y $ = semicorchea BH). Al principio de las
obras puede ponerse la indicacién de compas, aunque esto no
es indispensable, ya que en la pauta se escriben barras de
compas —a diferencia de la notacién mensural de aquellos
afios—. Otras veces, hay signos indicativos de velocidad al
principio de las obras. Asi, en Mudarra, 0) compas apries-
sa; C =ni muy apriessa ni muy a espacio, y ¢ despacio.
Dos cifras colocadas en sentido vertical, una sobre otra en
distintas lineas, se tocan simultaneamente. Los valores ritmi-
cos no se colocan sobre cada nota, sino cada vez que cambian:
las cifras sin valor ritmico tienen, consiguientemente, el valor
del ultimo signo escrito.
He aqui los primeros compases de una fantasia, de Alonso
Mudarra (Tres libros..., f. 23).
Ejemplo 24
- 2 b 4 o $8 6
x q ¢ & a
-13 ptt tts e
\ boy 7
; ot a ett on
e +
to 5-3-4 iz
Pape t ys} et 4ett ¥ ot *
Transcripcion del ejemplo anterior *:
* Version para guitarra en re (= cuatro primeras cuerdas de la
guitarra moderna. Se aplica aqui lo dicho en la nota 38).
395Ejemplo 25
En la tablatura francesa se empleaba, igualmente, una pau-
ta de cuatro lineas, pero se escribian letras en los espacios:
a = cuerda al aire; b = primer traste; c = segundo traste...;
i = octavo traste; k = noveno traste, etc. El primer espacio
(inferior) correspondia a la cuarta cuerda; sobre la linea su-
perior se escribia la primera. La signatura de compas podia
escribirse al principio de la obra (C, ¢, 3). Valores ritmicos:
| (semibreve, o ); [7 (minima, ¢ ); F (seminima, J );
F (corchea, d ): - (semicorchea, N Al igual que en la
tablatura italiana, los valores ritmicos no se indicaban sobre
cada nota, sino cada vez que cambiaban *. El siguiente ejem-
plo esta tomado del Premier livre de tabulature de guiterre,
de Adrian le Roy (Paris, 1551); son los primeros compases de
la fantasie seconde, que se encuentra en cl f. 3v%7.
*© Con la diferencia que aunque no cambiaran en varios compases,
se indicaba siempre el valor al inicio de cada compas.
*" Sobre el Premier livre, de le Roy véase el apartado siguiente, nui-
mero 4, El lector que quiera profundizar en el tema de las tablaturas
puede consultar Tyler 1980: 61-76 y Tonazzi 1971.
396Ejemplo 26
let
fers
Transcripcion del ejemplo anterior:
Ejemplo 27
En cuanto a la lectura de estas obras, recomiendo viva-
mente al guitarrista que la efectue directamente de la tabla-
tura original: ninguna transcripcion, por buena que sea, pue-
de suplir el placer de la lectura de las fuentes directas. Ade-
mas, hoy en dia podemos tener facil acceso a ellas a través de
numerosas ediciones facsimilares. Por otra parte, la tablatura
es un sistema sumamente sencillo, en el que el simbolo se ha
reducido a su minima abstraccion: las lineas o los espacios re-
presentan las cuerdas; Jos numeros o letr~s, los trastes, y
eso es todo. Recuerde el lector los numerosos métodos mo-
dernos para aprender guitarra sin maestro y sin esfuerzo (y
algunos hasta sin guitarra): la mayoria estan escritos en el
sistema de cifra, es decir, tablatura. James Tyler llega a decir,
397y estoy totalmente de acuerdo con él, que el sistema se puede
aprender en media hora *.
En realidad, es una tarea mucho mas dificil el transcribir
esta musica a notacion moderna que el tocarla en la tablatura
original. La complejidad y amplitud del asunto de la trans-
cripcién de la musica antigua me impide tratarlo aqui con
detalle. Quiero, no obstante, apuntar brevemente algunas
ideas.
En primer lugar, hay que elegir bien la afinacion. Como
hemos visto arriba, no es factible determinar una altura mu-
sical fija en las tablaturas de guitarra renacentista; por lo
tanto, la afinacion elegida deberia reunir dos cualidades: co-
modidad de lectura para el ejecutante moderno y conformi-
dad con el sistema tedrico renacentista. Muchas veces es di-
ficil —o imposible— reunir ambas cualidades en una trans-
cripcién: por ejemplo, no tendriamos que introducir notas
cromaticas extrafias al sistema (re b , la #, etc.), pero tampo-
co tendriamos que cambiar la afinacién en cada pieza. Gene-
ralmente los transcriptores se inclinan por una 0 por otra so-
lucion: el caso de Emilio Pujol es en este sentido muy signi-
ficativo. Sus transcripciones de musica de vihuela son inta-
chables bajo el punto de vista tedrico, pero poco menos que
ilegibles en la guitarra, salvo las de vihuela en mi. La triste
realidad es que Narvaez, Mudarra y Valderrabano siguen sien-
do desconocidos para el guitarrista, principalmente a causa
de esa manera de transcribir. Consideremos, por ejemplo, las
obras de guitarra de Alonso Mudarra transcritas por Pujol :
son sdlo seis obras, y Pujol las transcribe en tres afinaciones
distintas (guitarra en la, en do y en re). Lo mejor, ante la
imposibilidad de reunir en una sola version las dos cualida
des, es tomar el camino de en medio y realizar dos versiones:
una que facilite la lectura al guitarrista y otra que cumpla
hasta en sus minimos detalles los requisitos tedricos. Mi op!
nin es que hay que realizar la primera version para guitarra
48 «... tablature is, in fact, a beautifully clear method of notation
for plucked instruments —so simple and efficient that one can be pla-
ying from it within half an hour» (Tyler 1975: 342).
49 Mudarra 1949: nums. 18-23.
398en re (es decir, para las cuatro primeras cuerdas de la guita-
rra moderna)*® y a una clave; la segunda versién puede ir a
una o a dos claves, con una afinacion aguda correspondiente
al modo de la pieza: si es un protus ha de terminar en re;
deuterus en mi, tritus en fa y tetrardus en sol. Logicamente,
para ello hay que conocer en profundidad el sistema modal.
Por ultimo, considero que ninguna version puede conside-
rarse perfecta si no incluye la tablatura original, ya sea dibu-
jada o en impresion facsimilar. Con una transcripcién trilin-
giie quedan satisfechas las necesidades de todos los interesa-
dos en esta musica: facsimil para los intérpretes de instru-
mentos antiguos; version a una sola clave y en una sola afina-
cién para los guitarristas modernos; version a una 0 dos cla-
ves con afinaciones teoricas para el analisis y los ejecutantes
de otros instrumentos.
LAS FUENTES
1. Alonso Mudarra: Tres libros de musica en cifras para
vihuela. Sevilla, Juan de Leon, 1546.
En esta coleccién primordialmente dedicada a la vihuela
encontramos seis obras destinadas a la guitarra de cuatro or-
dens: cuatro fantasias, una pavana y una «romanesca 0 guar-
dame las vacas». Existen dos ediciones facsimilares y una trans-
cripcién moderna por Emilio Pujol (Mudarra 1949; 1980). Para
una descripcion detallada de} libro cf. Brown 1967: 1546u1.
2. Melchiore de Barberiis:
zia, Girolamo Scoto, 1549.
Opera intitolata contina. Vene-
Principalmente dedicado al laid (veintidos obras para laud
solo y dos para dos laudes). Al final del libro van impresas cua-
tro fantasias para guitarra de cuatro ordenes. Estas fantasias
han sido publicadas por Koczirz (1921). Cf. Brown 1967: 1549..
50 Cf, el ejemplo 14.
3993. Simon Gorlier: Le troysieme livre... de Guiterne. Paris,
Robert Granjon y Michel Fezandat, 1551.
Es la primera coleccion integramente dedicada a la guitarra
renacentista que ha llegado hasta nuestros dias. Comprende
quince piezas (dos canones, un duo, once versiones para guita-
rra sola de chansons de diversos autores —Janequin, Sermisy,
Jacotin, etc—, y una parte del motete Benedicta es coelorum
regina de Josquin también para guitarra sola). Hay edicion
facsimilar (Gorlier-Morlaye 1980), con una util introduccién de
James Tyler. Cf. Brown 1967: 15511.
4. Adrian le Roy: Premier livre de tabulature de guiterre.
Paris, Adrien le Roy y Robert Ballard, 1551.
En total contiene veintiséis piezas para guitarra sola: dan-
zas (pavanas, gallardas, branles, allemandes), fantasias y arre-
glos de chansons. Hay edicion facsimilar (Le Roy-Ballard 1979),
con introduccioén de James Tyler. Algunas obras de este libro
estan transcritas y publicadas por Emilio Pujol (Le Roy, s. a.).
Cf. Brown 1967: 1551s.
5. Adrian le Roy: Tiers livre de tabulature de guiterre.
Paris, Adrian le Roy y Robert Ballard, 1552.
Treinta y dos composiciones para guitarra sola: preludios,
danzas versiones instrumentales de chansons de Sermisy, Ja-
nequin, Certon, etc. Hay edicion facsimilar (Le Roy-Ballard
1979) Cf. Brown 1967: 1552s.
6. Guillaume Morlaye: Le premier livre... de guiterne. Pa-
ris, Robert Granjon y Michel Fezandat, 1552.
Veintiocho composiciones para guitarra sola: fantasfas,
transcripciones de chansons, danzas. Hay edicién facsimilar
(Gorlier-Morlaye, 1980). Cf. Brown 1967: 1552s; y Heartz 1960.
7. Guillaume Morlaye: Quatriesme livre... de guyterne.
ed de la cistre. Paris, Michel Fezandat, 1552.
Veintiuna piezas para guitarra sola (fantasias, versiones de
villanescas y chansons, danzas) mas nueve para cistro. Hay
400edicion facsimilar (Gorlier-Morlaye 1980). Cf. Heartz 1960 y
Brown 1967: 1552s.
8. Gregoire Brayssing: Quart livre de tabulature de guite-
rre. Paris, Adrian le Roy y Robert Ballard, 1553.
Veinte obras para guitarra sola (fantasias, chansons). Hay
edicién facsimilar (Le Roy-Ballard 1979). Kennard ha trans-
crito y publicado tres fantasias de este libro (Brayssing 1956).
Cf. Brown 1967: 1553s.
9. Guillaume Morlaye: Le second livre... de Guiterne. Pa-
ris, Michel Fezandat, 1553.
Treinta y una composiciones para guitarra sola (fantasias,
versiones de musica vocal, danzas). Cf. Heartz 1960; Brown
1967: 1553s.
10. Miguel de Fuenllana: Libro de musica para vihuela
intitulado Orphénica Lyra. Sevilla, Martin de Montesdoca, 1554.
Dentro de esta enorme coleccién dedicada principalmente
a la vihuela encontramos nueve obras para guitarra de cua-
tro ordenes (seis fantasias, un crucifixus, el villancico Covarde
cavallero, de Juan Vazquez, para voz y guitarra, y el romance
Pasedbase el rey moro, también para voz y guitarra). Hay, ade-
mas, ocho piezas para vihulea de cinco ordenes (seis fanta-
sias, el villancico La mi sol la, de Juan Vazquez para voz y
vihuela y el Et resurrexit del Credo de la misa Ave Maria de
Morales, también para voz y vihuela). Las piezas para guitarra
de cuatro érdenes han sido publicadas por Koczirz (1922); hay
edicion facsimilar del libro (Fuenllana 1981) y transcripcién
de Charles Jacobs (Fuenllana 1978). Cf. Brown 1967: 1554s.
11. Adrian le Roy: Cinquiesme livre de guiterre. Paris,
Adrian le Roy y Robert Ballard, 1554.
Veinte chansons de diversos autores (Certon, Arcadelt, Bo-
nard, etc.), en versiones para voz y guitarra. Hay edicién fac-
similar (Le Roy-Ballard 1979). Cf. Brown 1967: 15544.
40112. Adrian le Roy: Second livre de guitarre. Paris, Adrian
le Roy y Robert Ballard, 1556.
Veintitrés chansons para voz y guitarra de cuatro érde-
nes. Hay edicién facsimilar (Le Roy-Ballard 1979). Cf. Brown
1967: 1556s.
13. Pierre Phalése y Jean Bellére (editores): Selectissima
elegantissimaque... in guiterna ludenda carmina. Lovaina y
Amberes, Pierre Phalése y Jean Bellére, 1570.
Con ciento ocho piezas, esta coleccién es, con mucho, la mas
extensa de las publicaciones renacentistas dedicadas a la gui-
tarra. Muchas composiciones estan tomadas (hoy diriamos fu-
siladas) de colecciones anteriores, aunque también encontra-
mos piezas que sdlo aparecen en este libro. El repertorio com-
prende chansons, danzas y fantasias. Cf. Heartz 1963; Brown
1967: 1570..
Para las fuentes de que tenemos noticia, pero que no han
Hegado hasta nosotros, cf. Brown 1967: 15502, 1551, 15686,
156?:, 1573:, 1578;, 158?s; en cuanto a las pocas fuentes del
siglo xvi y los manuscritos, cf. Tyler 1975: 347 y Tyler 1980:
123 ss.
CONCLUSION
La musica de guitarra renacentista, aunque es bien cono-
cida por el investigador y el estudioso de la historia de 1a mi-
sica, rara vez es escuchada y ni siquiera tiene cabida en los
programas de estudio de los conservatorios. Esta situacién sor-
prende, si tomamos en cuenta que su repertorio no es tan es-
caso ni tan inasequible: i 6 i del
siglo_xv1, el corpus esta_constituido por trescientas_cincuen-
ta_y_una_piezas_repartidas en trece_colecciones, doce de las
cuales estan actualmente disponibles en ediciones facsimilares
© versiones modernas. Este repertorio constituye una excelen-
te introduccién a la musica antigua, tanto para el estudiante
de guitarra actual como para el que se inicia en la practica de
402los instrumentos renacentistas de cuerda pulsada. En efecto,
el hecho de tener menos cuerdas que el latid o la vihuela vuel-
ve la lectura de sus tablaturas més sencilla; a esto hay que
afiadir el_cardcter de gran parte del repertorio que se cultivo
en Francia, ligero_y musicalmente_mas sencillo que las fanta-
sias espatiolas de vihuela o los ricercart italianos de laud. Apar-
te de ies Indiscutibles meéritos musicales del repertorio, sus
posibilidades pedagégicas son tales, que si alguna vez conta-
ramos con una escuela de musica antigua (aunque ello parece,
desgraciadamente, poco probable) habria que pensar seria-
mente en la inclusién de la guitarra renacentista en los prime-
ros grados, y entiéndase lo mismo para la guitarra moderna
—es incomprensible que no figure este repertorio en el grado
elemental de la ensefianza de guitarra—. Porque ademas esa
sencillez aparente no opaca el brillo del instrumento y de su
mtisica; como escribiera fray Juan Bermudo, de mayor abili-
dad se puede monstrar un taiedor con la intelligencia, y uso
de la guitarra que con el de la vihuela, por ser instrumento
mds corto.
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