Y yo con este aspecto… ¡qué vergüenza!
El gallardo príncipe se apresuró a cogerla de las manos.
¿Vergüenza por qué? Es cierto que por mi cargo tengo una vida privilegiada y me
engalano con sedas y encajes, pero en el fondo soy como los demás chicos de mi
edad: me gusta la buena música, montar a caballo, conversar con amigos… ¡Por favor,
no te sientas mal ante mí, no hay razón para ello!
La muchacha sonrió tímidamente, dejando a Alexander todavía más fascinado.
Aún no sé tu nombre, ni de dónde eres, ni qué haces aquí tan sola.
Me llamo Rapunzel, y una bruja me mantiene cautiva.
Una… ¿bruja?
Sí, la mezquina bruja Gothel. Me separó de mis padres al nacer y me obligó a vivir
con ella hasta que, hace unos meses, presa de los celos y la envidia, decidió
encerrarme en esta fortaleza en medio del bosque.
El príncipe sintió una punzada en el alma ante semejante injusticia. ¿Cómo había
podido soportar esa dulce joven tan largo tormento?
Lo que me cuentas es terrible, pero tu sufrimiento ha terminado. Yo te ayudaré a
escapar y vendrás conmigo a palacio. Bueno, si así lo deseas.
Se quedaron mirando como dos tortolitos y ambos se dieron cuenta de que habían
caído en las redes del amor.
¡Oh, sí, llévame contigo, por favor!
Será un honor, mi preciosa Rapunzel.
Durante unos segundos sintieron que el tiempo se detenía, pero la magia del
momento desapareció cuando Alexander se vio obligado a volver a la cruda realidad.
¡Tenemos que irnos de este horrible lugar antes de que esa peligrosa bruja nos
descubra! Veamos, yo puedo bajar por tu trenza, pero, ¿cómo saldrás tú de aquí? ¡La
puerta de entrada está cerrada a cal y canto!
A Rapunzel se le ocurrió una solución.
Si me consigues un ovillo grande de lana y un par de agujas de tejer, fabricaré una
escalera. Cuando esté lista, la ataré a la pata de la cama y podré bajar por ella.
¡Amor mío, es una idea brillante! Mañana traeré lo que me pides. Esperaré a que la
bruja te visite y luego subiré yo. Y ahora, adiós. Pensaré en ti toda la noche.
¡Y yo en ti, amado príncipe!
Antes de abandonar la torre, Alexander la besó en los labios con dulzura. Después,
bajó apresuradamente por la trenza, montó en su caballo, y partió rumbo a palacio
flotando en una nube de amor.
—————–
Al día siguiente, cumpliendo su palabra, Alexander y Donner se agazaparon detrás
de los matorrales próximos a la torre. La bruja, cargada con la cesta de comida, no
tardó en aparecer.
¡Rapunzel, niña hechicera, lánzame tu cabellera!
Rapunzel obedeció y Gothel trepó como un mono por una liana. Terminado el encuentro
con la joven, bajó y se esfumó en la penumbra del bosque. Nada más perderla de
vista, el príncipe salió de su escondite y llamó a su enamorada:
¡Rapunzel, niña hechicera, lánzame tu cabellera!
La muchacha lanzó su melena trenzada y recibió al príncipe rebosante de felicidad.
¡Te he echado tanto de menos!
¡Y yo a ti! Toma las agujas y el ovillo. En los sótanos de palacio hay un enorme
taller de costura y el sastre me consiguió todo en un periquete. ¿Crees que tendrás
bastante lana?
¡Sí, muchas gracias! Empezaré a tejer ya mismo para terminar lo más pronto posible.
De acuerdo, amor mío, no te entretengo más.
Se despidieron con un beso muy romántico, Alexander bajó por la trenza, y Rapunzel
se puso a trabajar sin descanso. ¡Nada ansiaba más que recuperar su libertad y
casarse con el hombre de sus sueños! Calculó unas dos semanas en terminar la labor,
así que cada día se levantaba con los primeros rayos de sol y se ponía a tejer
hasta que oía la voz ronca de Gothel llamándola para subir. Entonces, enrollaba la
escalera y la escondía bajo la cama.
La bruja nunca sospechó que Rapunzel había tramado un plan para escaparse con el
príncipe, y gracias a eso la muchacha pudo terminar la escalera en el tiempo
previsto. La mañana de la fecha elegida para fugarse con Alexander, Rapunzel se
despertó plenamente dichosa.
¡Qué ilusión! Hoy dejaré atrás esta cárcel para comenzar una nueva vida con
Alexander.
Todo parecía ir sobre ruedas, pero lo que son las cosas, justo ese día ocurrió una
fatalidad. Todo empezó cuando Gothel cambió el horario de visita y apareció por
sorpresa cuando Rapunzel estaba terminando de desayunar.
Te extrañará que venga a verte tan temprano.
La verdad es que sí. Usted siempre viene por las tardes, antes de la puesta de sol.
Ya, pero es que a las siete hay una asamblea de hechiceras y no quiero faltar a la
cita. ¡Hace siglos que no veo a mis maléficas amigas y hemos organizado una
merienda de esas que quitan el hipo!
Me alegro por usted. ¡Espero que disfrute la velada!
¡Descuida que lo haré! Toma, aquí te dejo el pan, un trozo de jamón y varias piezas
de fruta fresca.
Gracias, señora.
Venga, echa ya la trenza que tengo que amasar una torta de manteca para llevar a la
convención.
Rapunzel acató la orden y Gothel comenzó a bajar, pero por desgracia a Rapunzel se
le escapó un suspiro de lo más inoportuno:
¡Ay, esta mujer debe comer muchísimo porque pesa bastante más que mi príncipe!
La bruja, que tenía un oído envidiable, escuchó estas palabras y con la misma echó
marcha atrás. De un brinco, se plantó de nuevo en la alcoba.
¡¿Qué príncipe?!… ¡¿Me has estado ocultando que un príncipe viene a verte?!
¡Oh, no, señora! En realidad…
¡A callar, niñata! ¡¿Acaso piensas que soy estúpida?! Con todo lo que he hecho por
ti… ¡Eres una desagradecida!
Presa de la furia, la pérfida Gothel sacó unas tijeras de podar del bolsillo de su
mandil, cogió la trenza de Rapunzel, y se la cortó sin piedad.
¡Te lo mereces por traidora y embustera!
¡Oh, no, mi trenza!
¡Así aprenderás a no morder la mano de quien te da de comer!
Rapunzel comenzó a llorar amargamente mientras la bruja, como un sabueso,
registraba la estancia hasta el último recodo. Mirar debajo de la cama y descubrir
el pastel fue todo uno.
¡Ajajá!
Cogió la escalera de lana y la levantó como un trofeo.
Atando cabos lo entiendo todo… ¡Teníais pensado escaparos juntos!
Rapunzel no podía ni defenderse, solo lloraba sin parar.
¡No me van a conmover tus lagrimitas de cocodrilo! Pienso llevarte tan lejos que
ese príncipe tuyo jamás te encontrará. ¡De eso puedes estar bien segura!
Ató un extremo de la escalera a la pata de la cama, la lanzó por la ventana, y
obligó a Rapunzel a bajar por ella. Ya abajo, le vendó los ojos y rodeó su cintura
con un trozo de cuerda para llevarla como un perro con correa. La bruja Gothel
tenía una fuerza extraordinaria, así que escapar de sus garras era imposible
¡Hala, a caminar se ha dicho! Nos queda un largo trecho hasta el destino final.
Tardaron un par de horas en llegar al lugar más remoto y sombrío del bosque, un
paraje que ningún ser humano se atrevía a pisar. Allí la desató y le retiró la
venda.
¿Qué te parece tu nuevo hogar? No es lo más cómodo del mundo, pero algo es algo,
¿no crees?
¡Se lo suplico, no me deje aquí, por favor!
La bruja siguió hablando como si nada.
Cerca hay un riachuelo en el que podrás lavarte y beber. Comerás frutos silvestres,
y para dormir, te servirá esa cueva. Tiene alguna que otra gotera y dentro los
murciélagos campan a sus anchas, pero al menos pasarás las noches a cubierto.
Rapunzel estaba horrorizada.
¡Se lo imploro, no lo haga, no me deje aquí solita!
¡Chitón! Teniendo en cuenta que me has traicionado, creo que estoy siendo bastante
generosa contigo. Y, por cierto, un consejo te voy a dar: no intentes huir porque
te desorientarías y no podrías salir sana y salva de este inmenso bosque. Lo mejor
será que aprendas a buscarte la vida en este ‘paraíso’.
Sabe que no podré sobrevivir en estas condiciones. ¡¿Qué va a ser de mí?!
¡Ay, pero qué pesada eres!… ¡Hala, ahí te quedas!
Sin ningún tipo de remordimiento, Gothel dejó a Rapunzel desamparada en el rincón
más tenebroso del reino. A continuación, regresó a toda velocidad al viejo
torreón. Al llegar, trepó por la escalera de lana, la retiró, y esperó al príncipe.
¡Esa cucaracha con corona se va a enterar de quién soy yo!
El bueno de Alexander, ajeno a todo, llegó puntual a su cita. A pesar de esperar un
buen rato, la bruja no apareció como de costumbre.
Se ve que hoy no va a venir. A lo mejor está enferma y se ha quedado en casa.
Era el día clave, el día de le escapada, y ardía en deseos de encontrarse con su
amada. Entusiasmado, se aproximó a la torre y la llamó:
¡Rapunzel, niña hechicera, lánzame tu cabellera!
La bruja tuvo que contener la risa al escuchar la llamada del príncipe.
¡Este mentecato remilgado se va a enterar de quién soy yo!
Agarró por un extremo la trenza que había cortado a Rapunzel y la dejó caer por la
ventana. El inocente Alexander empezó a subir, y cuando estaba a punto de alcanzar
el hueco, la malévola bruja gritó con áspera voz de grajo:
No busques a tu amada porque no está aquí… ¡Tu osadía será tu ruina!
Y en un terrible acto de maldad, soltó la trenza para que el príncipe cayera al
vacío y se estampara contra el suelo como un muñeco de trapo.
¡Esto por querer arrebatarme lo que es mío, niñato engreído!
Gothel había llevado a cabo su venganza, y como ya no le quedaba nada más que hacer
en la torre, bajó por la escalera de lana y se fue dejando al príncipe
inconsciente, completamente inmóvil sobre la hierba.
—————–
El hijo del rey tardó varias horas en recuperar el conocimiento.
¿Dónde… dónde estoy?
Extendió la mano derecha y pudo tocar a su fiel compañero de aventuras.
¡Oh, gracias por no separarte de mi lado! Esa pérfida bruja me la ha jugado y casi
consigue que… Donner, ¿qué me sucede? Algo va mal.
Por más que abría los ojos, todo era negro como el carbón.
No, no puede ser… ¡Auxilio, no veo nada!
Donner le lamió la mano para demostrarle cariño, para que supiera que no le dejaría
solo.
¡Mi bondadoso caballito, qué bien tenerte conmigo! A causa de la brutal caída me he
quedado ciego, pero esto no me va a desanimar. Tú serás mi guía y juntos
encontraremos a Rapunzel.
Tenía moratones por todas partes y le dolía cada músculo del cuerpo, pero rendirse
no iba con su personalidad valiente y luchadora. A tientas, se subió a la montura y
se dejó llevar.
¡No perdamos tiempo, Donner, vamos a rescatarla!
Durante semanas, amo y caballo deambularon por el bosque más grande del reino.
Pasaron hambre, sed y toda suerte de penurias, pero sentían que todo eso merecía la
pena si podían encontrar a Rapunzel. La esperanza era una llama siempre viva en el
corazón de Alexander.
Sé que tarde o temprano la encontraremos.
Los días se fueron sucediendo sin novedad hasta que una calurosa mañana de verano,
entre el trino de los pájaros y el rumor de las hojas sacudidas por el viento, el
príncipe percibió una voz que le resultó familiar.
Amigo… ¿estás escuchando lo mismo que yo? ¡Es una mujer, y está cantando! Búscala,
Donner, confío en ti.
Siguiendo el eco de la voz, el animal llegó a un riachuelo. En él, una muchacha
vestida con harapos remojaba los pies mientras entonaba una preciosa melodía.
Donner se acercó por detrás, y cuando se detuvo a pocos metros, Alexander se bajó y
exclamó:
Rapunzel… Rapunzel, ¿eres tú?
La muchacha se giró sobresaltada.
¡Alexander!…No me lo puedo creer… ¡Alexander!
Loca de alegría, corrió hacia él y le abrazó con tanta fuerza que a poco estuvo de
derribarlo sobre la hierba.
Rapunzel, mi vida… ¡dime que no estoy soñando!
¡Soy yo, Alexander, soy yo! Sabía que algún día me encontrarías, amor mío.
¡No he hecho otra cosa que buscarte!
Alexander y Rapunzel se sintieron tan felices que empezaron a saltar, a bailar, a
reír… ¡Hasta el caballo se puso a relinchar loco de contento!
¡Al fin juntos para siempre, Alexander!
¡Hasta el fin de nuestros días, Rapunzel!
En plena explosión de alegría, la muchacha notó algo extraño en la mirada del hijo
del rey.
¿Me ocultas algo, Alexander? Hay algo diferente en ti… ¿Qué sucede, cariño?
El príncipe se sinceró:
Rapunzel, debes saber que no puedo verte. Gothel me dejó caer desde lo alto de la
torre y el golpe en la cabeza me dejó ciego.
Rapunzel le abrazó aún más fuerte.
¡Oh, no te preocupes, corazón mío! Yo te quiero con toda mi alma y siempre cuidaré
de ti. Conmigo a tu lado no tienes nada que temer.
Aunque Rapunzel sentía un amor incondicional por Alexander, sintió mucha pena por
él y no pudo evitar llorar. Cuando iba a rasgar un jirón de su viejo vestido para
enjugar sus lágrimas, unas gotas salpicaron las pupilas sin vida del príncipe. Fue
entonces cuando, como en todos los cuentos de hadas, ocurrió el milagro de amor.
Rapunzel… ¡puedo verte!
No entiendo… ¿Qué dices, Alexander?
¡Que he recuperado la visión! ¡Tus lágrimas me han curado!
Rapunzel y Alexander se abrazaron emocionados.
¡Oh, Rapunzel, soy tan dichoso que nada más puedo pedir a la vida!
Tenemos salud y amor. Ya nada nos falta, Alexander. ¡Somos muy afortunados!
Cogidos de la mano se acercaron al precioso caballo blanco y Alexander le dio unas
palmaditas en el cuello.
Sin tu ayuda y tus cuidados este sueño habría sido imposible de realizar. ¡Gracias,
amigo Donner, siempre recordaré lo que has hecho por mí!
Rapunzel acarició sus orejas respingonas y él se lo agradeció con un lametón
sorpresa en la frente.
¡Ja, ja, ja! ¡Qué simpático eres, caballito! Tú yo vamos a llevarnos muy bien.
La feliz pareja se subió al animal y Alexander dio la orden de partir.
¡Vamos, Donner, llévanos a palacio!
El heredero al trono y su prometida fueron recibidos con enorme alegría por la
familia real y todos los habitantes del reino. Cuenta la leyenda que esa misma
semana comenzaron a organizar su gran boda, y que Alexander quiso que su futura
esposa tuviera el mejor regalo al alcance de sus manos. Para ello, envió decenas
de emisarios por todos los rincones del país, con un único objetivo: localizar a
aquella pareja a la que, tantos años atrás, la malvada bruja Gothel había
arrebatado a su bebé.
El día que Anna y Robert se reencontraron en el salón del trono con su hija se
convirtió en el más emocionante de sus vidas. En cuanto al enlace real entre el
príncipe Alexander y la princesa Rapunzel, sobra decir que fue el más hermoso y
romántico que en el reino se recuerda.
-FIN-
Rapunzel
(c) CRISTINA RODRÍGUEZ LOMBA
Más información sobre el cuento original de Rapunzel
La versión original más conocida del cuento de Rapunzel es, sin duda alguna, la que
escribieron los Hermanos Grimm, en 1812, sin embargo, no es la primera.
El poeta napolitano Giambattista Basile la recopiló junto a otros cuentos populares
en un libro llamado Pentamerón bajo el nombre de Petrosinella, y se publicó tras su
muerte entre 1634 y 1636. La siguiente referencia a este cuento popular es
Persinette de Charlotte-Rose de Caumont en 1698, y después en 1790 Friedrich Schulz
escribió una nueva versión.
Todas ellas están basadas en el cuento popular La doncella de la torre y se cree
que se inspiró en las historias de Santa Bárbara, a quien su padre encerró en una
torre para que no se relacionara con hombres y en un cuento persa titulado Rudaba,
que habla de una joven de largos cabellos dorados.
Todas estas versiones del cuento original son bastante similares y todas ellas son
menos amables e infantiles que las que se han escrito posteriormente. Estaban
dirigidas a adultos y pretendían moralizar a los lectores, no entretener ni enseñar
a los niños.
En el caso de Rapunzel, en el cuento original la bella muchacha encerrada en la
torre se queda embarazada del príncipe y la malvada bruja la destierra al desierto,
donde da a luz sola. El príncipe al enterarse de que ha perdido a su amada se
intenta suicidar y al caer de la torre se queda ciego.
Cuento corto de Rapunzel adaptado del original
Rapunzel es uno de los cuentos populares que más se ha traducido y adaptado a lo
largo de los años. Pero es quizá uno de los que más se ha suavizado en las
versiones posteriores a la de los Hermanos Grimm.
En las versiones que nos han llegado a partir del siglo XX se han ido suprimiendo
elementos de la historia original hasta llegar a la que conocemos hoy en día, mucho
más inocente e infantil que las primeras.
En las adaptaciones más modernas la doncella no se queda embarazada y el príncipe o
caballero no se intenta suicidar. Es la bruja malvada la que lanzándole un hechizo
le priva de la visión.
Resumen del cuento de Rapunzel
Había una vez, hace muchos años, un matrimonio que anhelaba profundamente tener un
bebé. Tras años esperando que su dicha se hiciera realidad, por fin la mujer quedó
embarazada.
Como consecuencia de su embarazo, la futura mamá comenzó a desear unos hermosos
frutos que crecían en un huerto perteneciente a una casa cercana, pero que estaba
habitada por una bruja malvada, por lo que no podían conseguirlos y cada día los
deseaba un poquito más hasta el punto de llegar a enfermar de antojo.
Su marido, desesperado ante la situación de su mujer embarazada se aventuró al
jardín de la hechicera y le robó algunos de esos apetitosos frutos para su mujer.
Al ver la mejoría de ésta al comerlos el marido continúo robándolos, hasta que un
día la malvada hechicera le sorprendió y para perdonarles la vida a él y a su mujer
le hizo prometer que le entregarían a la niña cuando naciera.
Así, al nacer la niña, la malvada hechicera la encerró en una torre sin puertas ni
escaleras, tan sólo con una ventana en lo alto. Durante muchos años la muchacha
creció con la única compañía de la bruja que, trepando por el dorado cabello de la
joven, subía a la torre.
Una mañana, un caballero escuchó la voz de la hermosa muchacha y curioso se acercó
encontrándola en lo alto de la torre, peinando su larga melena. El caballero trepó
por ella y llegó hasta la ventana donde Rapunzel quedó prendada del apuesto joven.
Pero pronto la malvada bruja descubrió la amistad de los muchachos y furiosa soltó
un maleficio que dejó ciego al caballero, que tuvo que deambular durante mucho
tiempo perdido por el bosque. Sin embargo, y pese a su ceguera, el joven buscó y
buscó hasta encontrar de nuevo la torre donde conoció a su amada Rapunzel y ésta,
al verle, comenzó a derramar lágrimas que al caer sobre el príncipe le devolvieron
la visión.
La versión de los Hermanos Grimm
La versión más famosa de Rapunzel es la que escribieron los Hermanos Grimm,
incluida en su obra Cuentos de la infancia y del hogar que se ha traducido a más de
170 idiomas.
Los Hermanos Grimm escribieron dos ediciones diferentes de esta obra, y
concretamente en el cuento de Rapunzel existen varias diferencias entre ambas. La
primera versión es de 1812 y la segunda de 1857 es un poco más suavizada y esta vez
con final feliz, del que carece la primera versión.
En la primera el príncipe deja embarazada a la joven, que inocente y sin saber lo
que la sucede le pregunta a la hechicera porqué sus ropas le quedan pequeñas, con
lo que la bruja descubre las visitas del príncipe y envía a la joven embarazada a
una tierra lejana, hostil y solitaria a dar a luz sola. Cuando el príncipe se
entera se tira de la torre y cae sobre un espino dañándose los ojos y quedando
ciego.