0% encontró este documento útil (0 votos)
122 vistas40 páginas

Cortina - Lectura

LECTURA DE ETICA Y CIUDADANÍA
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
122 vistas40 páginas

Cortina - Lectura

LECTURA DE ETICA Y CIUDADANÍA
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

• 15599

1 3 edición: diciembre, 1994 22 edición: septiembre, 1995

HACERREFORMÁ
3! edición: juniot 1997
4a edición: febrero, 2000

C) del texto: Adela Cortina, 1994


© de esta edición: GRUPO ANAYA, S. A. - Juan Ignacio Luca de Tena, 15 28027 Madrid - Depósito Legal: M. 2.443 - 2000 - ISBN: 84-207-6403-5 - Plinted in Spain - Imprime: Lavel,
S. A. - Gran Canaria, 12 Polígono Los Llanos - Humanes (Madrid),
Reservados todos los derechos. El contenido de esta obra está protegido por la Ley, que establece penas de prisión y/o multas, además de las correspondientes indemnizaciones por daños y perjuicios. para quienes
reprodujeren, plagiaren. distribuyeren o comunicaren pùbllcamente, en lodo o en parte, una obra literaria. artlstlca o cien(ltlca. o su transformación. interprelación o ejecución arifstica lijada en cualquier tipo de
sopone o comunicada a través de cualquier medio, sin la preceptiva autorización.
1. Del monismo al pluralismo moral
Aquellas sociedades en las que ha existido una unión política entre
Iglesia y Estado de tal tipo que se han constituido como estados
confesionales, se han acostumbrado a regirse por un código.
dado por las personas facultadas para ello desde el
convenio correspondiente entre ambas instituciones. Este ha sido, sin
duda, el caso de España y de buena parte de países de América Latina,
en los que (ha estado vigente un código moral nacionalcatólico, es decir,
el código moral propuesto al Estado por una parte de la jerarquía
eclesiástica, ligada a un sector muy determinado de la sociedad;
concretamente, al sector política y económicamente dominante 12

En el mismo orden de cosas, otros países han vivido una experiencia


similar desde credos seculares, como ha ocurrido de forma
paradigmática en los países que han vivido bajo regímenes comunistas,
en los que tarnbién ha imperado un código moral único, una ideología
única, si bien de carácter laicista. Un determinado grupo, corno es
sabido, se arrogaba en exclusiva el derecho y la capacidad de juzgar
acerca de lo bueno y lo malo para los ciudadanos y para toda la
humanidad desde una ideología, como el materialismo histórico,
presuntamente científica. Cualquier concepción moral que

1 '2 De este punto me he ocupado pormenorizadamente en Elit•a mínima, Parte ll, y en Elira lle la emþresa, cap.
2.

37
no se atuviera a la ideología oficial, cualquiera que
discrepara de las interpretaciones admitidas por la 38
vanguardia del partido, quedaba tachada ipso-facto de
perversidad burguesa y tenía que ser llevada a la hoguera, Este ha sido el caso de España durante la época franquista,
como en los viejos tiempos. en la que estuvo vigente el código nacionalcatólico, es decir,
el expresivo de un sector determinado del catolicismo. Con
En todos estos países, fuera cual fuere el grado de respecto a él puede decirse que una parte de la ciudadanía lo
cerrazón, el advenimiento de la libertad religiosa y, con ella, aceptó como su código moral, otro sector creyente asumió
el fin del código moral único, sea religioso o secular, supuso una parte de él, pero criticando otra parte desde su propia
el comienzo de un período de auténtico desconcierto desde fe14, y otro sector lo repudió abiertamente. En todos estos
el punto de vista moral. Los ciudadanos se habían casos el referente social, el "personaje" era el mismo.
acostumbrado a tomar como referente las directrices de
aquellos «a quienes correspondía», bien para tenerlas por También en los países comunistas se vivió, como hemos dicho,
buenas, bien para asumirlas pero desde una distancia crítica, una situación de código moral único, en este caso comunista y
bien para rechazarlas abiertamente, situándose en la laicista, pero además acompañado de la imposibilidad de ejercer la
posición contraria, pero siempre teniendo esas orientaciones crítica en unos países privados totalmente de libertad de opinión,
oficiales COIno punto de mira. expresión y reunión, en los que la sociedad civil había sido abolida)
El individuo se encontró absolutamente inerme frënte a un Estado
Yes que con el código moral único —sea cristiano, musul- omnipotente, una vez disuelto ese tejido socaal, esa red de
mán, judío o laicista— ocurre lo que con los personajes del asociaciones mediadoras entre el individuo y el Estado, que
teatro moral inglés medieval, de los que nos habla Alasdair componen la voz crítica de una sociedad. Sin una sociedad civil
Maclntyre. Según él, tanto en ese tipo de teatro como en el potente —ésta es una de las lecciones que hemos aprendido del
teatro Nö japonés, aparecen una serie de personajes que el colectivismo de los Países del Este— peligran los derechos de los
público reconoce inmediatamente y que marcan el tono del inclividuos y de los grupos que no se adhieren incondicionalmente
drama, porque los restantes personajes los toman como al sistema. Por eso hoy en día pensadores como André Gorz 15,
referente, sea para guiarse en su conducta por sus palabras, Jürgen. Habermas 16, Michael Walzer17, John Keane18 y, entre
sea para 'actuar justamente por reacción a ellos. Quien no nosotros Víctor Pérez Díaz19, desde posiciones diversas, invitan a
sepa reconocer y comprender a esos personajes tampoco reconstituir y fortalecer la sociedad civil tanto en los antiguos países
entiende el conjunto de la obra13. comunistas como en las democracias liberales, con el fin de evitar,
entre otras cosas, que el poder estatal acabe engullendo a los
individuos.
(Algo similar ocurre con la trama dc las orientaciones
morales en países políticamente comprometidos con una
confesión religiosa o con una confesión laicista: que los Éste cs cl caso paradigmático de José Luis L. Aranguren en el conjunto de sus trabajos,
pero muy especialmente en Catolicismo día tras día o en la Ética. Ver los dos
ciudadanos la tornan como referente moral, sea para volúmenes primeros de sus Obras ComPIcIa., Trotta, Madrid, 1994.
acomodarse a sus prescripciones, sea para asumirla desde la 15 A. Gorz, Los caminos delParaíso. Laia, Barcelona, 1986.
crítica interna, sea para rechazarla abiertamente. 16
]. Habermas, Faktizitäl ltnd Geltltng. Suhrkamp, Frankfurt. 1992, cap. VIII. M.
Walzcr, "La idea dc la sociedad civil". Debats, ne 39 (1992).
13
A. Maclntyre, Tras la virtud, cap. 3. 18J. Keane, Democracia sociedad civil. Alianza. Madrid. 1992.
1
9 V. Pérez Díaz, La Inimarfa dr la sociedad civil. Alianza. Madrid, 1993.
39 a las personas no queda sino obedecer o rechazar de
plano pero, en este segundo caso, desde las directrices
Sin embargo, lo que —a mi juicio— no señalan dadas por otros legisladores distintos a los
abiertamente. estos autores es que el fortalecimiento reconocidos en el
de la sociedad civil requiere, como condición de
posibilidad, la potenciación de una ética compartida A. Cortina, Efica aplicada y democracia radical, cap. 9.
por tqdos los miembros de esa misma sociedad
porque, sin unos mínimos morales ccžmpartidos, mal
van a sentirse ciudadanos de un mismo mund020.

Ciertamente, individuos que se encuentran


casualmente en una comunidad política y no tienen
más remedio que convivir en ella, porque cambiar de
nación resulta harto dificil, pueden esforzarse por
elaborar códigos jurídicos para defender sus derechos
individuales. Pero el derecho es totalmente insuficiente
para crear en esos individuos la conciencia de que son
miembros copartícipes de una misma sociedad, que
sólo ellos pueden construir desde' valores ya
aceptados. Por eso importa hoy recordar —con Víctor
Pérez Díaz— el insustiuíble papel que la sociedad civil
ha jugado en países como España en la constitución de
un estado democrático, como también asignarle un
lugar prioritario en la profundización en la democracia;
pero este doble recuerdo no basta, sino que urge invitar
a esa misma sociedad a potenciar unos valores morales
que ya comparten, diseñando los trazos de una
auténtica ética•de la sociedad civil.

La falta de una ética semejante y el hecho de que,


tanto en los países confesional-religiosos como en los
confesional-comunistas, estuviera vigente
aparentemente un sólo código moral, acostumbró a un
buen número de ciudadanos a tomar una actitud de
pasividad en las cuestiones morales, dificil de superar
más tarde. Parece a tales ciudadanos pasivos que las
orientaciones morales han de venir de algún cuerpo de
legisladores especialmente designado para ello y que
40
país correspondiente. Con lo cual toaavía no hemos ganado lo
fundamental: darnos cuenta de que somos los ciudadanos quienes
hemos de hacer el mundo .moral.y, por. lo tanto, quienes hemos de
reflexionar acerca de qué sea lo justo y lo injusto, aunque sea
buscando la ayuda de asesores adecuados, el apoyo de gentes que
nos merecen confianza.

Ciertamente, no resulta fácil a una población habituada a un


código moral único tomar conciencia de que ella es las protagonista,
por eso en España, por ejemplo, el reconocimiento real de la libertad
religiosa en la Constitución de 1978 produjo una situación de
auténtico desconcierto: ¿el fin del reinado del código moral único
significaba el advenimiento de otro rey o la instauración de una
época de interregno? ¿Al monismo moral sucedían el vacío (es decir
el interregno), el politeísmo (es decir, la anarquía total), un nuevo
monismo solapado o el celebérrimo pluralismo?

2. No todas las opiniones son igualmente respetables


Durañte algún tiempo —recordemos— la incógnita quedó sin
despejar..Pante de la población pensaba que sin una fundamentación
religiosa de lo moral no tenía sentido hablar de moral alguna y, por
lo tanto, se aferraba a la idea de que el código moral de una sociedad
no puede ser más que aquel que tiene su fundamento en la fe
religiosa. Tomando como consigna la conocida afirmación de Ivan
Karamazov si Dios no existe, todo está permitido", pensaba este
sector de la población española que la nueva situación nos dividía
en dos bandos: los creyentes, orientados por una moral religiosa, y
los no creyentes, totalmente carentes de moral, para los que todo
vale, cualquier cosa está permitida.
Sin embargo, otra parte de la ciudadanía renegaba del código
moral único, pero curiosamente se empeñaba en afirmar que eso de
la moral es muy subjetivo y que cada
41
quien allá se las componga en esta materia. En el
terreno moral —afirmaban— es imposible llegar a un
21
J. Conill, El enigma del animalfantástico, Tecnos, Madrid, 199)

acuerdo que no sea. casual, es imposible superar el


subjetivismo y alcanzar intersubjetividad, es decir, 42
afirmaciones que valgan, no sólo para mi misma, sino ficiente para comportarse moralmente, y además en un sentido
universalmente. determinado, por abiertos que sean los trazos del camino, obliga
en realidad a seguir las directrices racionales a cualquiera que
Curiosamente, quienes mantenían esta última desee vivir racionalmente.
postura creían ser muy progres y estar defendiendo un
"sano pluralismo moral", porque entendían que el Claro que siempre queda la salida de renuciar a la razón, pero
pluralismo consiste, 110 sólo en oponerse al monismo, no parece ésta una solución muy digna, habida cuenta de que una
sino también en afirmar que en las cuestiones morales "razón sentiente" —por decirlo con la tradición zubiriana— es la
todo es muy subjetivo, todo depende de las facultad que nos permite entendernos. Por eso el presunto
preferencias individuales. postmoderno opta más bien por rebajar las posibles exigencias
racionales, diciendo sencillamente que no hay fundamento alguno
Si a este subjetivismo moral añadía el progre en para lo moral en la razón, y que quien otra cosa defienda, es un
cuestión la —a su juicio— indiscutible sentencia de cavernícola, un poco más modernito que el monista religioso, pero
que es imposible encontrar fundamentación alguna para cavernícola al fin y a la postre.
lo moral, sea en la reliçrión, sea en la razón común a
toda persona corriente moliente, creía haber alcanzado Estar à la page renegar de cualquier intento de
las más altas cotas de postmodernidad y progresía. NO fundamentación, tachándolo de "pensamiento fuerte' , que es algo
sólo defendía frente a los cerriles y antediluvianos que suena como a hitleriano, y pasarse con armas y bagaje a las
monistas, aferrados al código único por temor a filas del "pensamiento débil", tan tolerante y democrático él, al
quedarse sin rastro de moral, que lo moral es muy menos en apariencia.
subjetivo, sino que además quedaba lo moral privado de
fundamento, con lo cual parecía haberse alcanzado tras
siglos de esclavitud el reino de la libertad.

Como dice Jesús Conill en El enigma del


animalfantástico, la postmodernidad puede entenderse
comQ un modo de interpretar la libertad, tras las huellas
de Nietzsche y Heidegger. Si ya la ética kantiana supusò
la defensa de la libertacl, más que la del deber, las
propuestas de Nietzsche y Heiclegger intentarían
liberarnos, no sólo de mandatos y deberes, sino también
de todo fundamento racional que venga a representar
algún tipo de exigencia normativam Las convicciones
son prisionesll —decía Nietzsche— y reconocer que en
la razón de todo hombre hay fundamento su-
No suele recordar el "pensador débil't que fue precisamente en
el pensamiento heideggeriano, raíz del actual pensamiento débil, Pero, regresando a la España de 1978 y a otros países
en el que pareció encontrarse más a sus anchas el nazismo en diversas fechas, muy especialmente los
hitleriano. Podía haber optado en principio por Kant, por aquello latinoamericanos, el panorama moral parecía plantearse
de que también era alemán, y además una gloria nacional, y, sin como una auténtica disyuntiva: o monismo troglodita,
embargo no debió gustarle mucho al nazismo aquel intento carpetovetónico por más señas, o pluralismo
kantiano de fundamentar en la razón que toda persona es fin en sí subjetivista. abida cuenta de; que "subjetivismo"
misma y no un simple medio, que todo ser racional posee un valor significa que en cues iones morales cada quien
absoluto y no se le puede utilizar para satisfacer preferencias
inclividuales y grupales. Admitir que tales principios están 22 Para la tradición ética zubiriana dc una "razón semiente", ver X. Zubiri, Sobre

entrañados ya en la razón de cualquier ser humano supone el hombre. Alianza, Madrid, 1986, sobre todo caps. I y Aranguren, Elica. Revista
reconocer implícitamente que quien no los respete se comporta de Occidente, Madrid, 1958, parte cap. VII; D. Gracia, lùtüdamentos de
Bioática, Eudema, Madrid, 1988. pp. 3GG ss; A. Pintor-Ramos, Realidad y
como un animal, y no les debió gustar a los arios, altos y rubios, la sentido. Universidad Pontificia, Salamanca,
idea de verse relegadoš a la categoría de animales por su modo de 1993;]. Conil', "'La ética cle 7.111)iri", El Cimvo, ne 507-509 (1993), pp. 10 y
tratar a judíos, marxistas y cristianos. Resultaba obviamente 11
mucho más confortable un pensamiento, como el heideggeriano,
que se niega a fundamentar racionalmente y aconseja quedar a la
espera del ser. 44
No entro, por supuesto, en la tan traída y llevada polémica opina como quiere y no es posible llegar a más acuerdos que los
acerca de si en el heideggeriano Ser y tiempo estaba ya larvado contingentes, es decir, los que surgen de una feliz coincidencia, que
el nazismo, sino en algo mucho más sencillo: que, fuera ésta o se produce casualmente, pero con la misma casualidad podía no
no la intención de Heidegger, lo bien cierto es que un pensar haberse producido. Lo cual, como veremos, es politeísmo y no
que se limita a esperar el advenimiento del ser y no busca pluralismo.
razones compartidas para la moralidad, está concediendo en
realidad patente de corso a los poderosos para que hagan cuanto Ciertamente, la creencia de que la mencionada disyuntiva resulta
quieran, cón total impunidad racional y, por tanto, moral: desde insuperable y que entre el cerrilismo de los monistas y el de los
mangas y capirotes, a practicar sistemáticamente un genocidio subjetivistas tertium non datur, está muy extendida entre la
inmisericorde con aprovechamiento lucrativo incluido. población; sin embargo, es, afortunadamente, falsa y descansa en
una comprensión bastante deficiente de lo que sea el pluralismo
Por eso no apuesta este libro por pensamientos moral. Término que urge aclarar porque, si el pluralismo consistiera
débiles ni fuertes, porque semejante clasificación le en una multitud de opiniones que coinciden a veces por pura
parece bastante estúpida, sino que le importa averiguar casualidad, resultaría imposible a los ciudadanos de una sociedad
si en una sociedad pluralista, que ha superado la etapa pluralista construir un mundo juntos: las coincidencias casuales no
del código moral único, existen unos valores morales dan como para construir conjuntamente; dan, a lo surno, para viajar
compartidos entre los ciudadanos que les permiten u- a la vez en el mismo tren o en el mismo barco, cuando los pasajeros
abajarjuntos, y si esos valores tienen algún fundamento, coinciden en las mismas fecha y hora, pero no para construir.
base, o como decirse quiera, en una razón humana que,
como tal, sólo puede ser una razón sentiente22. Para eso se necesita algo más que una casual coincidencia que
viene de fuera: se necesita una voluntad comÚn nacicla desde el
interior de las personas, aunque esa voluntad se limite a unos
mínimos elementoŠ compartidos23. Tales míhirnos son en realidad
indispensables para hablar de pluralismo y no existen, en cambio,
en una sociedad en que impere el politeísmo axiológico.

3. No politeísmo, si no pluralismo
La expresión .npoliteísmo axiológico" fue acuñada por
Max Weber para describir uno de los resultado sociales-a
23 De tales mínimos vengo ocupándome desde Falirtc mínima, que llevaba este nombre por esa

razón. Para el apartado próximo ver el cap. G dc Elica mínima y también el cap. 1'2 de Elirn
aþlicada y dcntoaacia radiraty el cap. 2 de Elicct de la empresa.
45
tos que condujo el célebre proceso de modernización,
su3 frido por los países occidentales desdë -lòs albores 46
de la •..Modernidad. Según la conocida descripción de
Weber, tendría este proceso un doble rostro: consistiría, superiores, porque no hay otros fines o valores desde los que
por una parte, en un progreso en la racionalización de calibrarlos 24.
las estructuras sociales y formas de pensar y, como
consecuencia de ese progreso, en un retroceso de Ahora bien, precisamente esos valores y fines últimos vinieron
aquellas formas de pensamiento religiosas y morales, justificados tradicionalmellte por las imágenes religiosas del
que rnantenían cohesionadas las sociedades. mundo y, puesto que la que se ha erigido
como racionalidad única, es impotente para tenerlos como su
negocio propio, van quedando relegados como irracionales, como
El procesó ;dè[Link]'ödéYnización occidental tendría enton- metas que se aceptan o se rechazan por algún tipo de fe, pero sobre
ces por comþQitéñtes un progreso en la racionalización las que no se puede argumentar. Al avance de la racionalidad
y un retroceso cléŠlås imágenes del mundo religiosas y morales mesológica acompaña, pues, como la otra cara de la moneda, el
compartidas; retroceso al que se ha denominado "desencantamiento desencantamiento religioso y axiológico del mundo y, como su
lt del mundo, porque aquellas creencias religiosas y morales que última consecuencia, el politeísmo axiológico.
mantenían el mundo "encantado", "hechizado", van diluyéndose
frente al avance inexorable de la racionalización. ¿Es que las Consiste el politeísm'o axiológico en creer que. las cues tiones de
imágenes religiosas son irracionales y por eso retroceden valores, y POR supuesto las cuestiones de valores •morales, son
necesariamente cuando prospera la razón? Obviamente para "muy subjetivas", que en el ámbito de los valores cada peršona
responder a una pregunta como ésta es necesario aclarar primero qué elige unajerarquía de valores u otra, pero la elige por una especie
entende9 mos por racionalización, porque en su comprensión radica de fé o corazonada. En realidad, si tuviera que tratar de convencer
la clave del enigma. a otra persona Cle la supe rioridad de la jerarquía de valores que ha
elegido, sería incapaz de aportar argumentos para convencerle,
En efecto, el progreso en la racionalización al que se refiere Max sencillamente porque tales argumentos no existen; por eso se
Weber consiste en la aplicación a las distintas formas de pensar y a produce en el terreno de los valores un politeísmo, porque cada.
los distintos ámbitos. sociales de un uso muy determinado de la uno "adora" a su dios, acepta su jerarquía de valores, pero es
razón: el uso llamado "racional-teleológico , "mesológico tr o bien imposible encontrar razones que puedan llevarnos a encontrar un
"instrumental". Se llama así porque se trata de una razón acuerdo argumentado. De ahí que cada quien opine como quiera y
perfectamente habituada a descubrir qué medios son adecuados para resulte imposible llegar racionalmente a un acuerdo intersubjetivo.
alcanzar los fines que se persiguen, como también a calibrar las
consecuencias de realizar determinadas acciones, pero que nada
quiere saber de valorar los fines últimos, porque ya no sabría desde 2'1Precisamente la crítica al imperialismo de la razón instrumental es uno de los empeños
dónde hacerlo. Los fines y valores últimos se aceptan o se rechazan, centrales de ia llamada "Escuela de Frankfurt" desde sus iniciadores, M. Horkhcimcr y T. H.
pero es imposible argumentar a favor de unos u otros, pretendiendo Adorno, hasta los representantes de la llamada 2 z generación", sobre todo, ] Habermas. Ver para
que son racionalmente todo ello M. Horkheimer y T.H. Adorno. Dialérlifß de la Ilustración. Trotta, Madrid, 1994
(Introducción ([Link].J. Sánchez); A. Cortina, C"liray utopia: la Efrttf'la de Fmnkfurl, Cincel.
Madrid, 1985.
47
Ciertamente en las sociedades con democracia liberal
está muy extendida la convicción de que las cuestiones pluralismo del sentir social no cumple su cometido si no
morales son muy subjetivas y de que el pluralismo cuenta con ese tipo de grupos.
consiste en tolerar las opciones ajenas. Por eso en los
debates de televisión sobre cuestiones morales se
acostumbra a invitar a representantes de posturas 48
totalmente enfrentadas sobre un tema, para que cada uno Añadirán también que escuchar voces discrepantes es lo que ayuda,
de ellos defienda su punto de vista, sin pretender en modo tanto a formar el propio juicio, como a cultivar la tolerancia,
alguno que'lleguen a un acuerdo. factores ambos sin los que es imposible un sano pluralismo. Yen
parte tendrán razón, pero sólo en parte.
Precisamente que se produjera un acuerdo entre los
interlocutores sería un fracaso para el programa en Porque si es verdad que nuestros debates no pueden ser sino
cuestión, porque "lo que vende" son las discusiones discusiones, más o menos agrias, entre interlocutores que parten del
agrias, los insultos y los portazos. Lo ideal para los desacuerdo y ni remotamente pretenden ponerse de acuerdo, entre
organizadores sería que al final del programa los otras razones, porque les parece imposible alcanzarlo, entonces no
presuntos contertulios llegaran a las manos, porque al hay pluralismo alguno, sino politeísmo craso. No puede haber
día siguiente sería la comidilla de todos los pluralismo entre ciudadanos con perspectivas tan absolutamente
espectadores: "¿Viste ayer la que se armó...? Yeso es lo diferentes como pueda haberlas entre un marciano y un selenita, si
importante en esta nuestra cultura de la imagen y el soni- es que tales seres existen, porque el pluralismo exige —como hemos
. clo: que 't se hable de", en el sentido de que se comente; dicho— al menos un mínimo de coincidencia, surgida desde dentro:
no que sea verdad, ni mucho menos que se hable para
Conviene, pues, aclarar que defender el subjetivismo moral es
tratar de llegar a un acuerdo. alistarse en las filas del politeísmo axiológico, y no en las de un
Encontrar ejemplos de este tipo de debates no sería sano pluralismo: el pluralismo, por su parte, es totalmente
dificil, sino todo lo contrario: bastaría èon enchufar el incompatible con el subjetivismo moral.
aparato de Lelevisión. Lo complicado sería más bien
encontrar contraejcmplos. Y si no, atiendan a un Y sucede que en las sociedades con democracia liberal es
programa sobre eutanasia, sin ir más lejos. Sin duda precisamente el pluralismo el que las hace posibles, porque el
habrá un representante de Pro Vida y otro de Derecho a pluralismo consiste en compartir unos mínimos morales desde-los
Morir Dignamente, se enzarzarán cn un pelea más o que es posible construir juntos una sociedad más justa, y en
menos desagradable, en la que mutuamente vendrán a respetar, precisamente desde esos mínimos compartidos, que cada
tacharse de inmorales y, después •de habersc echado los quien defienda y persiga sus ideales de felicidad. Ideales que, a mi
trastos a la cabeza, regresarán a sus casas sin haber modo de ver, configuran ya unos "máximos éticos" en los que no
modificado un ápice su punto de vista. tienen por qué estar de acuerdo todos los ciudadanos para convivir
—no sólo para coexistir—, desde el mutuo respeto y aprecio.
Sin duda aducirán en su descargo los organizadores
de tales debates que esos movimientos son justamente
Trataremos brevemente sobre qué sea eso de„los• mínimos y los
los que socialmente se preocupan dcl tema y, por lo
máximos, un tema que hoy es ineludible para construir una moral
tanto, que una discusión que pretenda reflejar el
cívica, una ética de la sociedad civi125
25
A. Cortina. Elica aplicada democracia radical, sobre todo cap. 12.

49
4. Eticas de mínimos y éticas de máximos
Si "politeísmo axiológico" significa que los ciudadanos de una sociedad

por

conviS-—1

Univer-
que ha sufrido el proceso de modernización "creen" en distintas jerarquías propios, con tal de que tales ideales se atengan a los
de valores y no pueden superar ese subjetivismo, es decir, que no pueden mínimos compartidos.
hacerlas ivns racionalmente. porque no hav •ar(rumell tos que lo
hagan posible, "pluralismo moral" significa, contrario, que los ciudadanos Este empeño en defender y potenciar unos mínimos
de esa sociedad que ha sufrido el proceso de modernización, comparten unos para que sea posible una convivencia real tiene sus raíces
mínimos morales, aunque no compartan la misma concepción completa de históricas en la nefasta experiencia de las guerras de
vida buena. religión, que asolaron Europa a fines de la Edad Media y
comienzos de la Moderna. Estas guerras tuvieron sin duda
En este sentido es en el que un buen número de pensadores, causas económicasy políticas, e incluso se debieron
tanto desde el "liberalismo político "2G, como es el caso también a motivaciones psicológicas de ambición y poder,
paradigmático de John Rawls, como desde lo que yo quisiera sin embargo, se revistieron con la capa de la intolerancia
llamar un "socialismo dialógico n , defendido por Karl Otto religiosa, y causaron tal número de matanzas, torturas y
Apel,Jürgen Habermas y cuantos defienden la llamada "ética todo tipo de sufrimiento físico y moral, que cuando
dialógicatt27, vienen pregun tándose hace ya algunos años cómo empezó a experimentarse en algunos países la posibilidad
es posible mantener una Sociedad pluralista, siendo así que en de que gentes con distintos credos religiosos convivieran
ella tienen que convivir ciudadanos que tienen distintas pacíficamente, respetando de forma tolerante sus
concepciones de felicidad. No digamos ya úna sociedad desacuerdos, pareció abrirse una nueva época: no tener el
multiculturalista, en que las diferencias no son las rc que existen mismo ideal de vida que el conciudadano no significaba
entre grupos formados en una misma cultura, sino entre distintas intentar elimiñarle; la convivencia pacífica con él era
culturas. ¿Cómo es posible, no sólo coexistan, sino que perfectamente posible, e incluso fecunda, siempre que se
convivan, como decíamos antes? compartiera con él la convicción de que todos los seres
humanos merecen igual respeto y consideración, y que
La respuesta bastante generalizada es la de que la vencia están perfectamente legitimados para desarrollar sus
es posible siempre que las personas compartan unos planes de vida, siempre que permitan a los demás actuar
de igual modo.
J. Rawls, Teoría de la Justicia, F,C.E., Madrid, 1978; Political [Link].
Columbia sity Press, 1993; Ch. Larmore, "Polilical Liberalism", Palilirtll Theon, vol. Esta nueva experiencia que, así enunciada, puede
18, ne 3 (1990) pp. 339-360; A. Cortina. Etira aplicada _y democracia. mdiral, cap. 2. parecernos una obviedad, no lo es, sin embargo. Y no sólo
27
Para ta ética del discurso ver, entre otros, A. Cortina, Razón comunicativa y porque a la humanidad le costó bastantes siglos de
'[Link] solidaria. Sígueme, Salamanca, 1985; [Link].a y utopía: La Escuela
Elira mínima; Elica sin moral; Efica aPlicada V democracia radiad: K.O. Apel. A. aprendizajer sino porque una cosa es aprender a formular el
Cortina, D. Michclini,.J. de Zan, Etica comunicativa. demarrar:ia.. Crítica, Barcelona. enunciado, otra bien distinta, ponerlo en práctica.
199 1; l. Gonill, El enigma del animal fantástico;J. Muguet7.a. Desde la pnplejid(td.
F.C.F.., Madrid 1 99•1 : V. Domingo García Etira de la ju.$/irio. Tecnos, Madrid, 1992.
Desde el siglo XVI en que algunos pensadores
empezaron a redactar escritos sobre la necesidad de la
50 tolerancia, las conductas intolerantes e intransigentes con
las concepciones de vida distintas de la propia siguen
mínimos morales, entre los que cuenta la convicción de siendo parte de
que se deben respetar los ideales de vida de los
conciudadanos, por muy diferentes que sean de los
51
la vida cotidiana, como se ha echado de ver en guerras
emprendidas por creyentes, en guerras emprendidas por 52
laicistas, y en la simple oposición a que existan gentes
que puedan pensar de manera distinta. Esta intolerancia, Obviamente, resulta imposible diseñar un modelo y unas
que llevamos metida en la masa de la sangre y que ha normas de justicia sin tener como trasfondo la idea de qué es lo
escrito buena parte de los capítulos más amargos de que los hombres tenemos por bueno, en qué nos parece que puede
nuestra pobre historia, puede ser superada: puede y debe consistir la felicidad. Si decimos, por ejemPIO, que tenemos por
serlo. injusta la actual distribución: de la riqueza y que es urgente
emprender la tarea de establecer un nuevo orden económico
Pero el camino para superarla no es el politeísmo nacional e internacional, será porque estamos convencidos de que
axiológico, no es el subjetivismo moral, sino el' pluralismo que poseer una cierta cantidad de riqueza es bueno para cualquier ser
consiste en respetar unos mínimos ya compartidos, desde los que humano, ya que así puede desarrollar con libertad algunos de sus
reconocemos, entre otras cosas, que cada quien es muy dueño de planes de vida, y además porque creemos que es bueno que exista
organizar su vida según sus propios ideales, y que es muy equidad en la distribución de los bienes sociales; no nos parece,
posible que esos ideales valgan la pena, aunque nosotros no los por tanto, que el ideal de vida buena de una sociedad pueda
compartamos plenamente. ¿A qué se refieren exactamente los realizarse sin atender a unos mínimos de justicia.
mínimos y a qué los máximos?
Esto es totalmente cierto, y por eso tienen razón quienes dicen
Según algunas voces, cuya opinión comparto que no puede separarse de una forma tajante entre lo justo y' lo
plenamente, la fórmula mágica del pluralismo bueno, ni, por tanto, pensar en qué cosas pueden ser exigibles a
compartir unos mínimos morales de toda persona sin tener cierta idea de qué es lo que hace felices a
justicia, aunque discrepemos en los máximos de las personas. Sin embargo, también es verdad que quienes
felicidad. Y tal fórmula podría explicitarse más tenemos por necesario distinguir entre lo justo y Io bueno no
pormenorizadamente en el siguiente sentido. estamos pensando en ninguna separación tajante, por que
sabemos que en la vida cotidiana nos planteamos las exigencias
de justicia como aquellos bienes básicos, mínimos, de los que
5. La fórmula mágica del- pluralismo: creemos que toda persona debería disponer para realizar sus
exigencias de iusticia- invitación a la felicidad aspiraciones a la felicidad28. Para entender a qué nos referimos,
Es convicción bien extendida en el ámbito filosófico sería bueno que practicáramos algunos experimentos mentales,
la de que en el amplio conjunto del fenómeno moral como los siguientes.
cabría distinguir dos lados, que sin duda en las Imaginemos que pasamos una de las mil encuestas que en este
conciencias de las personas de carne y hueso están unidos país se pasan diariamente, preguntando a los encuestados qué
de forma inseparable, pero que pueden y deben analizarse tienen por bueno, qué les hace felices, y unos contestan que cifran
por separado sencillamente porque un análisis de este tipo su felicidad en adquirir profundos conocimientos, otros en
resulta sumamente fecundo para construir y fortalecer disfrutar del cariño de perso-
una sociedad pluralista. Se tFata de la célebre distinción
entre "lo justo" y "10 bueno" o, dicho de otro modo, entre 28 En este sentido se pronuncia también J.S. Mill en El utilitapismo, Alianza, Madrid, cap. V.
las exigencias de justicia las• invitaciones a la felicidad.
53
nas amigas, otros, en tratar de conseguir el bienestar
de los menos afortunados. Y, supongamos que pueda tener acerca de la felicidad, acerca de cómo
acontinuación pasarnos otra encuesta preguntando esta organizar el conjunto de bienes
vez en qué razones se apoyan para tener esos ideales
por buenos, por felicitantes. Las respuestas podrían ser
asimismo de lo más variado: desde apelar a la propia 54
experiencia de IO gratificante que les ha resultado en que puede perseguirse para llevar una vida en plenitud. Estamos
ocasiones disfrutar de esos bienes, hasta recurrir a la preguntándonos, cómo juzgar acerca de cuestiones de justicia, y
autoridad de algunas ciencias, o también de personas tendremos que hacer grandes esfuerzos por recordar que sólo
que les merecen crédito, o a creencias religiosas.
oficiamos de sociólogos, para no en tablar una agria diŠcusión con
aquellos de los que discrepemos. Porque ¿es verdad que quien
Por continuar el experimento, imaginemos ahora defienda el derecho de toda persona a vivir y a los medios
que nosotros mismos tenemos una concepción necesarios para hacerlo dignamente, puede contemplar con
diferente de qué tipo dc vida proporciona felicidad, respetuosa tolerancia a quien niega tales derechos a algunas
como también una forma de fundanento diferente, ¿nos personas? ¿No hemos de reconocer más bien que en cuestiones de
asistiría algún derecho para recriminar a cualquiera de justicia no cabe sólo narrar experiencias personales, sino que
las personas encuestadas por su forma de entender la "nace de dentro exigir que tales exigencias se satisfagan?
felicidad y por su modo de fundamentarla? ¿Podríamos
esgrimir razones para exigirles que cambiaran de ideal La verdad es que no hacen falta grandes experimentos mentales,
de felicidad, o bien tendríamos que conformarnos con sino que, con sólo escuchar y leer las noticias diariamente, sobra
hablarles del nuestro y comentarles cómo desde nuestra material para percatarse de que en cuestio nes de justicia un
propia experiencia o desde nuestra propia convicción ciudadano adulto es intransigente, mientras que, en lo que se
nos ha resultado gratificante? refiere a proyectos de felicidad, un ciudadano adulto es tolerante,
aunque pueda estar convenciclo del profundo valor del suyo.
Cambiando ahora de tercio, pero intentando
completar nuestro experimento, supongamos que De experimentos como éstos, ampliables casi al infinito, venimos
pasamos otra encuesta a las mismas personas, a concluir que, aunque en la vida cotidianajusticia y felicidad sean
preguntándoles si creen, por ejemplo, que todo ser dos caras de una misma moneda, las cuestiones de justicia se nos
humano tiene derecho a la vida y a los medios presentan como exigencias a las que debemos dar satisfacción, si no
necesarios para poder vivirla dignamente, y que de queremos quedar por debajo de los mínimos morales, mientras que
nuevo nos encontramos ante respuestas diversas: unos los ideales de felicidad nos atraen, nos invitan, pero no son exigibles.
entienden que seres humanos de determinadas razas no
tienen tales derechos, o que no los tienen algunos Y aquí radica otra de las diferencias entre felicidad yjusticia:
minusválidos, mientras que otros responden, por el que mientras en una sociedad pluralista los ideales de felicidad
contrario, que toda persona tiene derecho a la vida y a pueden ser distintos, y resultaría irracional la conducta de quienes
los medios necesarios para desarrollarla dignamente. se empeñaran en exigir a todos sus conciudadanos que se atengan
al que ellos tienen por adecuado, no sucede lo mismo con las
Es evidente que en este caso no estamos convicciones de justicia. Cuando tenemos algo porjusto, nos
experimentando con las convicciones que el público
sentimos impelidos a intersubjetivarlo, a exigir que los demás
también lo tengan por justo,
55
porque ciertamente existe una gran diferencia entre los
juicios "esto es justo" y "esto me convienen , pero también 56
entre los juicios "esto es justo" y "esto da la felicidad".
otros a seguirlos, con tal de que respete unos mínimos de
Si digo "esto me conviene", estoy expresando justicia, entre los que cuenta respetar los proyectos de los
simplemente mi preferencia individual por algo, y si digo demás; en lo que se refiere a los mínimos de justicia, debe
"esto nos conviene" amplío la preferencia a un grupo; respetarlos la sociedad en su conjunto y no cabe decir que
mientras cuando afirmo "esto es justo" estoy aquí vale cualquier opinión, porque las que no respetan esos
confiriéndole un peso de objetividad que queda más allá mínimos tampoco merecen el respeto de las personas.
de preferencias personales y grupales: estoy apelando a
modelos intersubjetivos, que sobrepasan con mucho el Como conclusión de este apartado podemos decir, pues, que el
subjetivismo individual o grupal. fenómeno moral tiene sobre todo dos facetas, que son la justicia
y la felicidad.
Decir que 't esto hace feliz" es, por contra, bastante más
arriesgado, porque ¿quién se atreverá a decir que esto es
lo que hace felices a todos los seres humanos, aunque
En el terreno de la felicidad tiene sentido dar consejos,
parte de ellos se niegue a aceptarlo? asesorar, sugerir a otra persona cómo podría alcanzarla, bien
desde la propia experiencia, bien desde la confianza que
Y esta doble faceta de la moral es la que provoca otros nos merecen y que indican que ese es un buen camino.
grandes confusiones en una sociedad que ha pasado de Decíamos que son éticas de máximos las
tener un código moral único a proclamar el pluralismo.
que aconsejan qué caminos seguir para alcanzar la felicidad,
En efecto, escarmentada de la intransigencia del cómo organizar las distintas metas que una persona se puede
monis mo moral y totalmente en guardia 'ante cualquiër
proponer, los dintintos bienes que puede perseguir para
apariencia de intolerancia, cree que "pluralismo" significa
tolerar todo, aceptar que todo vale y que cualquier opinión es lograr ser feliz. Aquí no tiene sentido exigir lo que se debe
igualmente respetable. Por otra parte, esa .misma sociedad se hacer: aquí no tiene sentido culpar a alguien de que no
percata de que todo no le da lo mismo, que le indignan la experimente la felicidad como yo la experimento.
corrupción, la violación de los derechos humanos, la
injusticia, y que no está dispuesta a tolerarlos porque le parece En el terreno de la justicia, en cambio, es en el que tiene pleno
inhumano. Con lo cual anda bastante confundida al menos por sentido exigir a alguien que se atenga a los míniInos que ella pide,
un largo período de tiempo. y considerarle inmoral si no los alcanza. Por eso éste no es el
ámbito de los consejos, sino .de las normas; no es el campo de la
En nuestro país este período ya ha pasado y ha llegado prudencia, si no de una razón práctica que exige
el momento cle aclarar que la fórmula del pluralismo no intersubjetivamente atenerse a esas normas.
es "todo vale", sino: en lo que respecta a proyectos de
felicidad, cada quien puede perseguir los suyos e invitar Si quisiéramos establecer una comparación entre las éticas de
a la justicia y las de la felicidad, la resultante sería la siguien te:
Eticas de mínimos Eticas de máximos
Etica de la Justicia Etica de la Felicidad
Lo justo Lo bueno
57
Razón práctica Prudencia
Normas Consejos
Exigencia Invitación
En lo que respecta a la ética de la sociedad civil es
fundamentalmente una ética de la justicia, una ética de KEANE,J.: Democracia y sociedad civil. Alianza, Madiid, 1992.
mínimos y no de máximos; mientras que, como veremos, RAWLS,J: Temía de lajusticia. F.C.E., 1978. Political Liberalism. Columbia
las éticas liga7 das a religiones son fundamentalmente UniversityPress, 1993.
éticas de máximos29•.
WALZER, M: Esferas de 1ŒJusticiŒ F.c.E., México, 1993.
WEBER, MAX: El político el científico. Alianza, Madrid, 1967. ZUBIRI,
Como el asunto de este libro es la ética de la sociedad
XAVIER: sobre el hombre. Alianza, Madrid 1986.
civil, diremos que sus mayores problemas consisten en
averiguar quiénes están legitimados para decidir qué es Io
moralmente correcto en una sociedad pluralista, quiénes
son los agentes de moralización, cuáles son los mínimos
que la componen y cómo se articula con las éticas de
máximos. De todo ello intentaremos ocuparnos en los
capítulos que siguen.

29 Ver cap. 8 de este mismo libro.

58 59

BIBLIOGRAFíA
APEL, KARL ŒrO: Estudios éticos. Alfa, Barcelona, 1986.
CORTINA, ADELA: Ética Tecnos, Madrid, 1986.
KANT, 1: ¿Qué es la Ilustración?

También podría gustarte