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DILEMA

Este documento discute el distanciamiento entre el arte y las masas bajo el capitalismo, que reduce el alcance del arte y evita que el público desarrolle una conciencia crítica. Esto ha llevado a que el arte auténtico sea un arte minoritario. También analiza las diferencias entre el "arte de masas" y el "arte popular verdadero", el cual expresa las aspiraciones del pueblo en una época histórica a través de un contenido intelectual y moral profundo que trasciende su contexto. Finalmente, señ

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Este documento discute el distanciamiento entre el arte y las masas bajo el capitalismo, que reduce el alcance del arte y evita que el público desarrolle una conciencia crítica. Esto ha llevado a que el arte auténtico sea un arte minoritario. También analiza las diferencias entre el "arte de masas" y el "arte popular verdadero", el cual expresa las aspiraciones del pueblo en una época histórica a través de un contenido intelectual y moral profundo que trasciende su contexto. Finalmente, señ

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LECTURA:

EL DILEMA “ARTE DE MINORÍAS O ARTE DE MASAS

La sociedad capitalista ha creado un distanciamiento entre el arte y sectores


sociales amplios, la causa principal es la relación económico-social de este
modelo económico, que acorta el radio La sociedad capitalista ha creado un
distanciamiento entre el arte y sectores sociales amplios, la causa principal es
la relación económico-social de este modelo económico, que acorta el radio de
acción de la obra del artista, al tiempo que evita que el público cobre conciencia
de sí mismo –lo masifica- impidiéndole el goce apropiado de la obra de arte
como producto de lo humano, entendiendo que este goce sólo puede ser
producto de un proceso de reflexión y análisis de acción de la obra del artista,
al tiempo que evita que el público cobre conciencia de sí mismo –lo masifica-
impidiéndole el goce apropiado de la obra de arte como producto de lo
humano, entendiendo que este goce sólo puede ser producto de un proceso de
reflexión y análisis.

Por lo anterior, las producciones estéticas se han visto confinadas a un


reducido grupo de personas que no se encuentran dentro de la masa
cosificada, convirtiéndose entonces el arte verdadero, en un arte minoritario.
Este divorcio arte y pueblo, o bien, el fenómeno de arte de minorías, se debe,
además de las razones anteriormente citadas, a que el artista, en su afán de
afirmar su independencia y su subjetividad en un mundo cosificado, ha
acabado en gran parte por cortar los posibles lazos de comunicación como la
masa.

Esta falta de comunicación se encamina por dos rutas: el artista no logra


hacerse entender porque no ha querido o no ha podido forjar el lenguaje
adecuado que le permita objetivar su expresión; o bien, porque el espectador
enajenado no es capaz de desarrollar entender ningún tipo de lenguaje
objetivado a través de las obras de arte.
El arte para todos, aquel que rompe con el arte de masas y el arte minoritario,
está dirigido a la sociedad que, libre de las concepciones consumistas y
sectarias del capitalismo, esta integrada por hombres que sienten la necesidad
de una apropiación humana –no cosificada- de las cosas, y que encuentran en
la relación estética, una forma de satisfacer profundamente esta necesidad, y
en el objeto estético, una utilidad humana propia de ellos, entendida porque
tanto el artista como el receptor han logrado entablar un diálogo configurado a
través de lenguajes de significación compleja e intelectual.

Un arte para todos, podrá rebasar su condición histórica social y establecer un


diálogo, no sólo con los hombres de su época, sino con los de cualquier tiempo
y espacio. Lo anterior se logra debido a que, al ser el artista un hombre
entendido de su contexto, desarrolla un arte basado en un lenguaje analítico,
propio de su época y en relación dialéctica con los miembros de su sociedad,
es capaz de pernear su obra de los rasgos más importantes de su entorno –
situación histórico-social- derivando su trabajo en un verdadero testimonio
material de la condición humana. Esto, en combinación con un público no
masificado, no alienado –y de cualquier situación temporal-, genera un diálogo
rico y completo.

EL ARTE VERDADERAMENTE POPULAR

Uno de los errores más comunes es la confusión del arte popular con el
llamado arte de masas, que como ya se ha dicho anteriormente, es el pseudo
arte propio del hombre cosificado y enajenado de la sociedad capitalista. Al
tener esta confusión, se tiende también a identificar el arte verdadero con un
arte privilegiado y por tanto antipopular; o bien, a entender al arte popular como
un arte acerca del pueblo o populista en la que los medios expresivos se tiñen
de un supuesto “folklore”. Esta última concepción se limita a establecer una
relación epidérmica entre el arte y el pueblo, que conduce a un arte localista,
costumbrista o populista, y no a un arte verdaderamente popular.
El verdadero arte popular, en cambio, es aquel que en sus características
cualitativas expresa el talante y las aspiraciones del pueblo o de una nación en
una fase histórica de su existencia. Y, por sus características cuantitativas, está
en relación con la mayor parte de la población, precisamente, por revelar en su
contenido, la verdad de una sociedad (pero no necesariamente mediante una
temática populista o folklórica de las clases sociales).

Así, Adolfo Sánchez Vázquez cita a otros teóricos marxistas que enriquecen el
ideal de un arte popular, tal es el caso de Antonio Gramsci, que en su definición
de literatura popular comenta: “Se requiere un contenido intelectual y moral que
sea la expresión elaborada y completa de las aspiraciones más profundas de
un determinado público, de la nación-pueblo en una cierta fase de su desarrollo
histórico”[1], de lo que el autor deduce que la “belleza” (sentido estético) no
basta cuando no se halla encendida por un profundo contenido ideológico.

Entonces, el sentido del arte popular es establecer relaciones con las demás
estructuras sociales que conforman la polis, es decir, arte y política; para
generar con el diálogo de dichas estructuras, una dinámica social e histórica,
en donde el enfrentamiento con el arte, ponga a los individuos en relación con
la apreciación de la realidad y condición humana que el artista creador es
capaz de formular. El artista transfigura la realidad para hacer con ella una
nueva realidad que reside en la obra de arte; este acto es único en sí mismo y
perdura a lo largo del devenir histórico-real.

En el momento en el que el arte popular, comprometido con una ideología,


reflexiona acerca de su tiempo y condición, la obra se vuelve capaz de
trascender su momento, volviéndose anacrónica y representativa a la vez.

Es necesario que el artista pueda establecer un nexo con el pueblo, sin


embargo, esta relación no siempre es posible, pues en la sociedad masificada,
el productor de arte se ve imposibilitado para discernir dónde se hallan las
fuerzas sociales que estén dispuestas a entablar diálogos con él, por tanto,

[
dicho artista niega su estado de hombre social-agente dinamizador, para sólo
producir obras que complazcan las necesidades del mercado.

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