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Eyaculación Femenina

El documento describe un taller sobre eyaculación femenina en Bogotá, Colombia. Explica que la eyaculación femenina existe y es producida por las glándulas de Skene, ubicadas cerca de la uretra. También menciona que en el tantrismo se considera un néctar sagrado. Una participante del taller, Nataly, comparte su experiencia de eyacular en abundancia durante la penetración y alcanzar un estado de éxtasis.

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Eyaculación Femenina

El documento describe un taller sobre eyaculación femenina en Bogotá, Colombia. Explica que la eyaculación femenina existe y es producida por las glándulas de Skene, ubicadas cerca de la uretra. También menciona que en el tantrismo se considera un néctar sagrado. Una participante del taller, Nataly, comparte su experiencia de eyacular en abundancia durante la penetración y alcanzar un estado de éxtasis.

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EYACULACIÓN FEMENINA

por Nancy Prada Prada


Le pedimos a una escritora que participara en un
inusual taller de ‘squirting’ en Bogotá. Así fue su
búsqueda de la verdadera fuente del placer.

En la pared blanca se proyecta ampliada la imagen de una


vulva, sobre la que un dedo ubica cada parte al mencionarla:
—Aquí está el clítoris y aquí la uretra. Aquí, muy cerca, las
glándulas de Skene, las que producen la eyaculación. No hay
que confundirlas con las glándulas de Bartolini, que están
debajo de la entrada de la vagina, aquí.
Era el segundo piso de una casa en Santa Bárbara, en el norte
de Bogotá. Treinta y cinco personas, diez hombres entre ellas,
habíamos atendido la convocatoria virtual. “Eyaculación
femenina - La danza de la lluvia”, decía la pieza publicitaria que
citaba para un viernes de agosto a las ocho de la noche y
prometía un espacio para conversar sobre “todo lo que siempre
quisiste saber sobre el squirt y nunca te atreviste a preguntar”.
Incluía la imagen de un grupo de mujeres en bikini, muy
delgadas, muy blancas y muy rubias, que disparaban
sonrientes sus pistolas de agua.
—Primero habíamos puesto la imagen de una mujer que había
eyaculado, aunque no se veía ella, solo las sábanas mojadas,
pero siempre hay alguien que se ofende —me aclara Mario, el
conferencista, cuando le digo que semejante publicidad casi me
disuade de asistir.
Mario Manrique, abogado, 33 años, padre de un niño de 6,
divorciado, y ahora maestro en formación de kundalini yoga,
recita su explicación. Todo en él es largo. Es más alto que la
media colombiana. Lleva el cabello, tan oscuro como el bigote y
la barba, recogido en una cola de caballo que le alcanza la
mitad de la espalda mientras cede espacio al óvalo agudo de su
rostro. Usa un piercing en la ceja derecha y una manilla de
cuentas de madera en la muñeca izquierda. Aprieta los ojos y
sacude ligeramente los hombros antes de dar una respuesta,
un tic de bisagra entre el momento que ya fue y una idea
nueva.
—Si por un lado hay tabú —concluye Mario, antes del tic—, por
el otro hay banalización, como en los torneos de squirt.
Se refiere a estrategias publicitarias de algunas productoras y
distribuidoras de pornografía, como Sexmex, Pornhub o
Yonitale, en las que actrices porno compiten por ser la que más
rápido eyacule. Si bien la dimensión de tales eventos está lejos
de convertirlos en un verdadero “campeonato mundial de
orgasmos”, así es como se anuncia cada año la elección de la
nueva reina del squirt.
No obstante, las vacilaciones que llenan los textos virtuales al
respecto confirman que todo sigue estando bajo sospecha.
Saldría. Sería. Dicen que. Se hallaría. Estaría. “No tiene base
científica alguna”. Es una “supuesta” eyaculación. Entonces
Mario arranca por el comienzo.
—Primero, mis hermanos, la eyaculación femenina sí existe.
Luego nos cuenta que aprendió lo que sabe de manera
empírica. A fuerza de ensayo y error, con muchas mujeres. Una
suerte de trabajo de campo en eyaculación femenina.
—“Trabajo de cama”, como lo llamó mi maestra, María Ferrer.
***
En el tantra, un camino espiritual de origen indio que apunta a
la ampliación de la conciencia, la eyaculación femenina se
entiende como un néctar sagrado. Según sus practicantes, la
naturaleza de los hombres es de fuego, por lo que se encienden
con facilidad pero se consumen pronto. De ahí que su trabajo
espiritual se oriente a mantener en el cuerpo toda la energía
que pierden en cada eyaculación. Las mujeres, en cambio, son
agua, y el agua puede durar mucho en hervor, así que en ellas
la energía se potencia, no conteniendo, sino derramando.
—La eyaculación de las mujeres es un evento sagrado, significa
compartir el néctar de la naturaleza femenina al que llamamos
amrita —me explica María, en su consultorio.
Tiene 41 años, un tercio de ellos dedicado a una exitosa carrera
corporativa como gerente de mercadeo. El encaje rojo de la
blusa añade color a su rostro bronceado de frente amplia. No
usa maquillaje. Su cabello castaño le cae sobre los hombros. Se
formó como profesora de esta corriente yóguica en Estados
Unidos y desde hace cinco años dirige la línea de tantra en
Dhakini, fundación que abrió junto con Samuel, su compañero,
con quien tiene una hija pequeña. Mientras come una porción
generosa de melón en cuadritos rociados con menta fresca,
continúa.
—La eyaculación solo puede ocurrir si la mujer entra en estado
de surrender, de rendición. Todas podríamos hacerlo, pero a la
mayoría no le ocurre porque tiene bloqueos emocionales.
Me explica que por eso es necesario liberar las misconceptions,
los prejuicios que se tienen en torno a la sexualidad, y
abandonar el enfoque goal oriented, porque al perseguir una
meta se deja de estar abierta a la magia del encuentro.
El background de María es evidente.
***
Entre los participantes del taller noto en particular a Nataly, la
mujer de cabello largo sentada en flor de loto sobre una silla
alta, a un costado del salón, que interviene en repetidas
ocasiones. Cuando hablamos a solas comienza por aclarar que
en cada mujer resulta distinto, pero que para ella sucede así:
primero estimulación oral, que le provoca una eyaculación
escasa, muy libre pero sin éxtasis. Luego penetración, que la
hace eyacular en abundancia. Solo al final viene el orgasmo.
—Es como caer en un mar, literal. Me dejo rendir y me caigo y
floto. Hoy puedo decirte que soy capaz de mojar un colchón
entero —afirma cuando hablamos de la cantidad.
Nataly Garzón dejó su trabajo como productora audiovisual
hace seis años, cuando abrió la tienda virtual Sexysentido.com,
proyecto que concibe como boutique sensual, “porque se trata
de despertar los sentidos para de verdad amar desde la
conciencia”. Tiene 35 años, 54 kilos, dos carreras, un marido y
una hija. Se inició en tantra hace cuatro años, junto a Mario, en
la escuela de María. El camino espiritual le ofreció otros
sentidos a lo que ya hacía desde el comienzo de su vida sexual:
eyacular.
—Hay unas parejas con las que sí y otras con las que no. Ahora
entiendo que se debe a la conexión.
Habla mucho de eso. De la confianza en la otra persona. De la
entrega. Del amor que se comparte en ese instante. De la
dedicación que debe prodigársele a su cuerpo para que ocurra.
Me recomienda el libro La mujer multiorgásmica.
Eventos como en el que nos encontramos tienen lugar cada vez
con mayor frecuencia alrededor del mundo. En Toronto,
Shannon Bell, profesora de Ciencias Políticas de la Universidad
de York, lleva más de dos décadas realizando talleres de
eyaculación femenina, fascinada con lo que el cuerpo es capaz
de hacer una vez sabe cómo. Está segura de que eyacular es
posible gracias a una técnica corporal que deviene en
declaración política. “Me dio una increíble sensación de poder y
control sobre mi cuerpo, además de muchísima diversión”,
declara en How to Female Ejaculate, el video que produjo en
2002. En Minnesota, la activista lesbiana Deborah Sundahl,
autora del libro Female Ejaculation and the G-Spot, realiza sus
propios talleres, que considera urgentes, pues, como la cita el
diario El Confidencial de Madrid, “hay 60 por ciento de mujeres
que aguantan su eyaculación sin saber qué es eso”. En Lima, el
colectivo de jóvenes La Manada Feminista convocó a su primer
taller de eyaculación femenina en septiembre de 2016, nada
menos que en el campus de la Pontificia Universidad Católica
del Perú.
***
Durante la vida embrionaria algunos cuerpos desarrollan una
glándula llamada próstata, mientras que otros desarrollan
glándulas de Skene. En ambos casos se produce en ellas
antígeno prostático. Las glándulas de Skene se localizan
alrededor de la uretra y colindan con la pared anterior de la
vagina, la que está más cerca del pubis. Gracias al médico
alemán Ernst Gräfenberg conocemos esa zona, de textura
rugosa, como punto G (aunque, en realidad, no es un punto,
como muchas búsquedas infructuosas sugieren, sino toda una
pared vaginal). Con la estimulación adecuada en el punto G las
glándulas de Skene se llenan de antígeno prostático, que es
expulsado con presión a través de sus orificios externos (a
veces ubicados dentro de la uretra, a veces junto a ella), por lo
que a este acontecimiento se le ha llamado también
eyaculación femenina.
Con una explicación parecida, Mario abrió el único de sus
talleres que no se detuvo en la teoría. Me cuenta que sucedió
hace tres años. En aquella ocasión, catorce personas, en su
mayoría psicólogos y terapeutas sexuales, se dieron cita en la
habitación acondicionada para yoga de un apartamento
capitalino. Cojines en el piso, flores, velas aromáticas. El
público, atento, aguardaba la anunciada demostración en vivo.
—Antes habíamos dictado solo una charla y se había
transmitido por Facebook. Una sexóloga, dedicada a terapias de
pareja, lo vio y me contactó. Elizabeth. Hablamos mucho. Le
conté que a mí me interesaba compartir esto, pero que tal vez
la única forma efectiva era mostrarlo. Muy loco yo que se lo
propuse sin más, pero más loca ella que me dijo “de una”.
Elizabeth está tendida en medio del salón, con las piernas
abiertas y la vulva expuesta. Mario, de pie junto a ella,
comienza a estimularla con una mano, mientras continúa las
explicaciones directamente sobre su piel. Abre los labios, señala
el lugar donde deben estar las glándulas, enseña el movimiento
correcto de los dedos, la intensidad que debe imprimírsele, la
constancia. Algunos toman apuntes.
—Entonces me doy cuenta de que no va a suceder. Se necesita
que sea verdad lo que uno está transmitiendo, pero lo vi solo
en ese momento. Lo que estaba haciendo era explicarle a un
público mientras me olvidaba de ella. Supe que así nunca iba a
pasar.
Mario se detiene, retira la mano de entre las piernas de
Elizabeth, le da la espalda al público y la mira a ella, a los ojos.
Se le acerca al oído y le susurra un inconfesable chiste interno.
Instala en medio de la sala un espacio privado, solo para los
dos. —Confío en ti—, le responde ella. Él le acaricia los senos,
sin dejar de mirarla y continúa bajando. Cuando finalmente se
instala de nuevo en su vagina, una pareja comienza a besarse.
Mario hace lo que antes dijo que debía hacerse, hasta que
Elizabeth eyacula. No ha dejado de mirarle el rostro, así que la
ve abrir los ojos, al final del placer, y sonreír. Él entiende que
es suficiente.
—Cuando volvimos a empezar ya no explicamos nada más. El
que entendió, entendió.
Solo después de que Elizabeth se viste y regresa al grupo, se
retoma la palabra. Todos tienen muchas preguntas, así que la
conversación se prolonga.
***
En nuestro taller también hubo espacio para las preguntas. Casi
siempre son las mismas.
—¿Lo que sale es orina?
—No, es antígeno prostático.
—¿Y por qué a veces huele a orina?
—Porque dada la cercanía de los conductos, puede contener
mínimas cantidades de úrea. Pero casi siempre es transparente
e inodoro. A veces me huele a coco.
A veces a avena cocida, dirá la Pornoterrorista, performer
española experta en estas lides.
—¿De verdad sale con presión?
—Sí, mucha. Pero según la postura se notará o no.
—¿La eyaculación femenina es lo mismo que un orgasmo?
—No, igual que la masculina. Hay orgasmos sin eyaculación y
eyaculaciones sin orgasmo.
—¿En serio es distinto a orinarse?
—En serio.
—Pero, ¿es como lubricar?
—No, es distinto. La lubricación es mucho más viscosa y
proviene de las glándulas de Bartolini.
—¿Y se siente como ganas de orinar?
—Parecido, porque al hincharse de líquido las glándulas de
Skene presionan la uretra.
—¿Y entonces?
—Entonces quien asume la energía masculina no debe parar y
quien asume la energía femenina no debe tensarse. La
sensación debe ser de entrega.
—¿Una mujer puede eyacular varias veces seguidas?
—Sí, y por eso la logística es importante. (Risas)
—No es tan chistoso cuando ves que el colchón se echó a
perder. Pero ya venden sábanas aislantes para eso.
—¿Esa eyaculación cumple alguna función biológica?
—Sí, ayuda a la regulación hormonal. Y quien la recibe puede
beberla. Los libros sagrados dicen que el amrita debe ser
tomado directamente de la fuente. Es como tomar un trago
muy fuerte. Y nutritivo.
—Pero ¿exactamente cómo se hace?
—Estimulando la zona G, con una parte del cuerpo o con un
objeto. Hay posiciones y movimientos que ayudan. También es
posible con sexo oral, pero para principiantes la mejor
alternativa son los dedos.
—¿Seguro que es una cosa distinta a orinarse?
—Seguro.
***
Noviembre de 2011. Una amiga cercana me pide que le
explique cómo es que algunas actrices porno tienen orgasmos
en los que expulsan líquido a gran velocidad. Tengo 31 años y
ya he terminado mi maestría en Estudios de Género. Le digo lo
que sé: que una amiga de un videochat de sexo me contó que
ellas tienen un truco, una jeringa bien acomodada que,
accionada en el momento adecuado, hace parecer que el chorro
sale de la vagina. Que la información seria es contradictoria.
Que solo conozco a dos personas que dicen haberlo visto, y que
ambos son hombres. Que aunque yo a veces dejo charcos en la
cama, nunca ocurre así, con propulsión. Que, dado lo anterior,
creo que los tales chorros son un mito.
Enero de 2013. La Pornoterrorista se presenta en Bogotá. Se
trata de Diana Jouvet, poeta y performer radicada en México,
una figura destacada de la escena posporno y del feminismo
punk que nos cautivó a muchas durante la primera década del
2000. Por primera vez en la ciudad, en un teatro del centro,
presenta su performance Pornopoética, hardcore queer. He
devorado sus textos y los de sus pares: el blog
Girlswholikeporno, María Llopis, Itziar Ziga. He escuchado por
internet sus entrevistas y sus talleres de eyaculación. Pero
Mario tiene razón: hay que verlo para terminar de creer. Esa
noche Diana sale al escenario completamente desnuda y recita
algunos poemas mientras se clava agujas en las cejas. Los hilos
de sangre terminan por empaparle el rostro. Suceden otras
cosas, y luego, lo que más espero: se tumba sobre un cubo de
madera y comienza a masturbarse. Lo suyo es otra cosa: un
grito de inconformidad, una afirmación de la existencia, y del
placer. Después le pide a alguien del público que le haga
fisting. No se me ocurre ofrecerme, aún no sé cómo hacerlo. El
teatro está lleno. Cerca de ciento cincuenta personas
atestiguamos la escena, en silencio, enfrente cada quien de sus
propias fantasías. De sus propios fantasmas. Finalmente, su
orgasmo explota en forma de chorro generoso, que alcanza las
dos primeras filas del público. Estoy ahí. Tengo la certeza de
que no hay truco.
Noviembre de 2014. Por fin me ocurre a mí. No siento
vergüenza. Estoy con mi pareja de años, solas en nuestra
cama, desconectadas del mundo, y nos dejamos estar en la
intimidad de ese acontecimiento, rito iniciático de los orgasmos
renovados que estaban por venir.
Agosto de 2018. Un mes antes me habían llamado de SoHo
para proponerme un texto sobre eyaculación femenina. El día
anterior, en Medellín, había tenido lugar un evento que incluía
entre sus conferencias una titulada ‘¿Quieres un squirt?’. Tal
vez de ahí el renovado interés de la revista. Pensé en mi deuda
con la amiga que siete años atrás me pidió explicaciones, en la
novia de la primera vez que continuó su trabajo de cama en
otras camas, en las amantes libres del presente. De ahí mi
renovado interés. Pronto encontramos la invitación al taller de
Mario. Llegué tan temprano que en la primera pasada vi todo
cerrado y seguí derecho. Regresé en punto de las ocho, ya con
la amiga que había invitado para no asistir sola. En la fila para
registrarse noté algunas parejas. Antes de que todas
termináramos de consignar nuestros nombres, el hombre de
aspecto alargado nos invitó a subir. Nos acomodamos en sillas
tapizadas de azul, dispuestas a manera de auditorio, frente a la
mesita que sostenía el video beam. En otra mesa, un velón
blanco encendido. Casi dos horas después, cuando iban a ser
las diez de la noche del viernes, la charla terminó. Afuera,
aguardaba la ciudad recién llovida. Adentro, nuevas ganas de
llover.

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