Acción social y relación social Acción Social
La acción social (incluyendo tolerancia u omisión) se orienta por las acciones de
otros, las cuales pueden ser pasadas, presentes o esperadas como futuras
(venganzas por previos ataques, réplica a ataques presentes, medidas de defensa
frente a ataques futuros).
Los otros pueden ser individualizados y conocidos o una pluralidad de individuos
determinados y completamente desconocidos (el dinero, por ejemplo, significa un
bien de cambio, que el agente admite en el tráfico porque su acción está orientada
por la expectativa de que otros muchos, ahora indeterminados y desconocidos,
estarán dispuestos a aceptarlo también, por su parte, en un cambio futuro).
Es conveniente, también advertir que no toda acción externa tiene carácter social,
al menos, tal y como lo entiende Weber. La conducta intransitiva; por ejemplo,
arreglarse, sólo es social si esta conducta está orientada por las expectativas de
los otros.
Una persona se arregla para satisfacerse a sí misma (conducta no social), o bien
para satisfacer a los demás (conducta social). La conducta religiosa, como la
asistencia a la ceremonia de la misa es una conducta social; pero puede no serlo,
cuando ésta se concreta a la contemplación de una imagen representativa de Dios
o a la oración solitaria.
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No todo contacto interhumano es acción social sino sólo es social la acción con
sentido propio dirigido a otro, como por ejemplo el choque accidental de dos
automóviles no es acción social, es un fenómeno natural, pero si hay agresión
posterior o riña, esa si es acción social, ya que la acción está dirigida
conscientemente hacia el otro.
Asimismo se dará la acción social si conscientemente se trata de evitar el choque
entre dos vehículos.
¿Qué es la relación social?
En íntima conexión con el concepto de acción social encontramos el de relación
social. En ésta se puede observar siempre una conducta plural, o sea, la conducta
de varios actores quienes ponen una intención al actuar, y no sólo esto sino que
orientan su conducta por la idea de la reciprocidad, es decir, porque consideran
que su conducta, en cuanto a su intencionalidad, se encuentra mutuamente
referida.
Por otra parte, cabe advertir que del sentido subjetivo que los actores ponen al
actuar socialmente, se puede pasar al sentido objetivo de su conducta, si nos
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atenemos al rol que desempeñan, por ejemplo, el rol de maestro y el de alumno,
ya no descansa en consideraciones subjetivas, sino en el papel normativamente
pautado que dichos actores deben desempeñar.
Si nos atenemos al mero concepto de conducta plural que por el sentido encierra
se presenta como mutuamente referida, nos quedamos _como veremos_ en el
pensamiento de Weber en torno a la relación social, si avanzamos a los roles que
deben desempeñar los actores en la relación social nos aproximamos a una
concepción estructural – funcionalista de la relación social.
Para que se dé la relación social es necesaria la bilateralidad (entiéndase como
conducta recíproca). Ahora bien, el contenido de la relación puede ser diverso,
relaciones disociativas, enemistad, conflicto, competencias, relaciones asociativas,
amor sexual, amistad, asociación comercial. El concepto de relación social, no nos
dice nada sobre si entre los actores existe solidaridad o lo contrario, es decir el
conflicto.
Al ocuparnos del concepto de relación social según Wiese tenemos que vincularlo
al de proceso social ya que éste ilustre sociólogo no ofrece una consideración de
la relación social como algo separado del proceso social.
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La relación social y el conflicto, un breve acercamiento
Para enmarcar nociones vinculadas a los distintos métodos de resolución de
conflictos, como la negociación, la mediación y otros que iremos abordando en
este blog, es necesario tratar previamente los conceptos de relación social y
conflicto.
Nos remitiremos a Julien Freund, quien a partir de comparar situaciones concretas
por las que puede pasar cualquier grupo humano, como por ejemplo una familia,
en las que se presentan pretensiones antagónicas y otras en las que son visibles
relaciones de acuerdo.
Freund pone como ejemplo las pretensiones de algunos integrantes de la familia
que quieren ver en la televisión un partido de fútbol, antagónicas con las de
quienes desean ver el estreno de una película. Podemos citar otros ejemplos
simples a nivel de la familia: a la mañana son varios que desean ducharse, hay
una única ducha y el tiempo es escaso para llegar al trabajo.
Pero también podemos encontrar ejemplos entre otros tipos de actores, de
relaciones sociales de otros niveles: Dos países discrepan acerca del uso que
debe darse a un río que oficia de frontera entre ambos, ya que el gobierno de uno
pretende construir una represa, y el otro alega cuestiones ambientales para
oponerse.
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Un grupo de traficantes de droga pretende manejarse con cierta impunidad en una
zona de cierta ciudad populosa, mientras que los padres de los jóvenes de ese
sector se oponen con vehemencia, y por su lado, el gobierno local toma algunas
medidas “tibias”, que no resuelven la cuestión.
Ligando lo anterior con el pensamiento de Max Weber, Freud (1995:22) define
relación social, como el comportamiento recíproco de dos o más individuos que
orientan, comprenden y resuelven sus conductas teniendo en cuenta las de los
otros, otorgando así sentido a sus actos. Este comportamiento se opone a otro,
que podemos llamar independiente, (Entelman, 2002:47) que no tiene en cuenta
las conductas de los otros integrantes del grupo.
De esa manera, Freud nos lleva a comprender que dentro de la cotidianeidad de la
relación social, coexisten multitud de situaciones, pudiendo distinguirse netamente
algunas en las que predomina la armonía de otras en las que no existe tal
armonía.
Podemos ver entonces que “conflicto” es una especie del género superior “relación
social” Ya tenemos entonces identificado el género próximo superior del conflicto:
la relación social que - como ya dijimos- es un comportamiento recíproco entre
actores sociales que orientan sus conductas según las de los otros y dan así
sentido a sus actos.
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Ahora bien, dentro de la relación social, podemos reconocer al menos los dos
tipos de comportamientos a los que hemos aludido arriba: aquellos en que se
aprecian pretensiones antagónicas y aquellos en los que éstas no se advierten. O
sea que dentro del género relación social, existe otra especie distinta del
conflicto, a la que podemos llamar por ahora una relación no conflictiva o
cooperativa.
La pregunta que se hace Entelman (2002:49) es qué criterio puede ayudarnos a
distinguir las relaciones conflictivas de las que no lo son. Se plantea para
contestarla, una analogía con el método de las ciencias naturales que consiste
en referir (habiendo distinguido previamente cuál es el género próximo superior,
que nuestro caso resultó ser la relación social) una especie, en base a la
diferencia específica con otra.
Nos hace falta entonces precisar la diferencia específica entre relaciones
sociales conflictivas y no conflictivas (aunque es de hacer notar que todos, en
base a la experiencia, tenemos una idea de esa diferencia).
Dado que el conjunto de las relaciones sociales se componen de una abigarrada
variedad de ellas, que admiten tantas clasificaciones como criterios elijamos, y
por lo tanto pueden ser agrupadas en incontables especies, necesitamos
encontrar un criterio adecuado a nuestro punto de vista que nos permita
distinguir relaciones conflictivas de aquellas que no lo son.
Entelman nos propone como criterio distintivo, la índole de los objetivos que
pretende cada miembro de la relación por medio de conductas
interdependientes con otro miembro. Si los objetivos son compatibles,
tendremos relaciones que originarán conductas cooperativas.
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Si por el contrario, los objetivos son incompatibles, las relaciones originarán
conductas conflictivas. No abordaremos ahora cuestiones tales como que la
incompatibilidad sea total o parcial, o que la incompatibilidad sea “real” o
simplemente percibida de esa manera por alguno de los miembros de la relación
social.
Por medio de identificar un género superior próximo y la diferencia con otra
especie que integra ese género (diferencia específica) hemos realizado una
aproximación a nuestro objeto de estudio – el conflicto- sin incurrir en el error de
generalizar desde una definición de alguna de sus subespecies.
Así, hemos podido perfilar un concepto preliminar que denota características del
conflicto en general, sin incluir notas de las especies o subespecies del mismo.
Lo pasamos en limpio utilizando palabras de Entelman (2002:49): Conflicto es
aquella especie de relación social en la que distintos miembros de la relación
tienen objetivos incompatibles entre sí.
Una síntesis
Acción Social
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Acción social: Es aquel tipo de acción en donde el sentido aludido por su sujeto
o sujetos está referido a la acción de otros, orientándose por ésta en su
desarrollo (b). Los otros pueden ser individualizados y conocidos o
indeterminados y completamente desconocidos (Ej.: dinero); y su acción puede
ser pasada, presente o esperadas como futuras.
a) Pero no todo contacto entre humanos tiene carácter social. Para que sea
social, su sentido propio debe estar referido a la acción de otros (No es social el
choque entre dos ciclistas, pero si las consideraciones amistosas luego del
choque).
b) A su vez, de acuerdo a esta definición del término, como la acción no es
acción social si no está orientada por la acción de otros humanos, no se
considera de carácter social la acción puramente personal (por ejemplo la
conducta religiosa en el caso de la oración solitaria) u orientada por elementos
externos no humanos (por ejemplo la acción orientada por expectativas de
reacción de objetos materiales).
Tampoco se puede considerar acción social una acción por el sólo hecho de
presentarse de manera homogénea en muchos individuos (Ej.: mucha gente
abriendo el paraguas cuando comienza a llover) o cuando la acción de un
individuo es influida por la conducta de otros (Ej.: el caso de la acción individual
condicionada por la masa).
En este último caso puede darse una situación en la cual determinada situación
puede provocar una reacción en el individuo en el seno de la masa que no
tendría si estuviese aislado, pero sin que exista una relación significativa entre
la conducta del individuo y el hecho de su participación en una situación de
masa.
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Esta relación significativa entre los dos términos es lo que establece el carácter
social de la acción.
Esta definición excluye a la imitación (concepto desarrollado por Gabriel Tarde)
como acción social, por considerarse en el límite como una conducta reactiva a
la acción ajena. Tampoco puede considerarse social la acción de adoptar una
conducta aprendida porque es conveniente para nuestros fines, puesto que no
se orientó por la acción de otros sino por las probabilidades objetivas derivadas
de la observación. Esta acción fue determinada causalmente por la acción de
otros, pero no por el sentido en aquel contenido.
El límite de esta distinción es muy fluido. Esto se debe a que la orientación por
la conducta ajena y el sentido de la propia acción en modo alguno se puede
precisar siempre con toda claridad y sólo es plenamente consciente en la
minoría de los casos. Además, todas estas acciones tienen el mismo alcance
real que la acción social como se la define aquí. Por esto no puede separarse
con demasiada claridad "el influjo " de la "orientación de sentido", salvo que sea
un separación puramente conceptual.
Aclarado esto, la sociología no tiene que ver exclusivamente con la acción
social, sino que esta constituye el dato central, el dato que para la sociología
resulta constitutivo. Esto nada afirma sobre la importancia de este dato en
relación con los demás.
La orientación de la acción social, como de toda acción, puede ser (típicamente)
de carácter:
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I) Tradicional
II) Afectiva
III) Racional
IV) Con arreglo a valores
V) Con arreglo a fines
La acción real no está exclusivamente orientada por estos tipos, ni esta
clasificación es exhaustiva.
Relación Social
Es una conducta plural recíprocamente referida por el sentido que encierra y se
orienta por esa reciprocidad. Por referida se entiende que el actor presupone
una reacción de su contraparte frente a su acción, y es esta expectativa la que
orienta su acción y la que tiene consecuencias para el desarrollo de la acción y
la forma de la relación.
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El concepto de reciprocidad no dice nada sobre el contenido de la misma
(amistad o enemistad, amor u odio).
En tanto que característica conceptual, su contenido puede ser el más diverso y
siempre será una relación en tanto que exista ese mínimo de reciprocidad en la
acción (mutuamente referenciado) aunque no se presente en el contenido de
sentido.
Una relación social es objetivamente unilateral cuando los actores enlazan a su
acción un contenido de sentido diverso (lo que en uno es amor, en el otro es
amistad). Objetivamente bilateral cuando el sentido se corresponde, de acuerdo
a las expectativas, en ambos actores.
Sin embargo, una acción apoyada en actitudes que signifiquen una
correspondencia de sentido plena es un caso límite.
La existencia de relación social consiste en la probabilidad, mayor o menor, de
que exista una acción con sentido determinado mutuamente referenciada siendo
por ahora indiferente en que se sustenta dicha probabilidad.
Es importante tener esto en cuenta para evitar la sustancialización de los
conceptos. Un "estado" deja de existir sociológicamente cuando desaparece la
probabilidad de que sobre la base de una cierta actitud de hombres
determinados se actúe de cierta manera con arreglo a un sentido determinable
en su término medio.
La probabilidad de que se desarrolle un acción con un sentido determinado,
siempre refiere a un sentido empírico y mentado por los actores, no de un
sentido normativamente justo o metafísicamente verdadero. Este contenido de
sentido, puede ser eventualmente formulado en forma de máximas o ser
pactado.
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Regularidades de hecho o de la acción social
Se entiende por regularidad el desarrollo de una acción repetida por los mismos
actores, extendida a muchos o ambas, cuyo sentido mentado es típicamente
homogéneo.
La sociología tiene un especial interés en estos tipos del desarrollo de la acción
en contraposición con la historia que le interesan las conexiones singulares.
Cuando la probabilidad de una regularidad en la acción de un grupo está dada
únicamente por el ejercicio de hecho dado por un punto orientador común de la
conducta, entonces se habla de uso. Hay varios tipos de usos:
I- Costumbre: el punto orientador de la conducta descansa en un arraigo
duradero. Puede considerarse como moda cuando el punto orientador de la
conducta es la novedad de la acción en cuestión.
II- Situación de intereses: los individuos orientan su acción racionalmente con
arreglo a fines por expectativas similares.
En el caso de la situación de intereses la acción no es orientada por normas o
costumbres, sino por los intereses subjetivamente apreciados y conocimientos
subjetivos del actor. Aun así surgen regularidades y continuidades en la acción
que en muchos casos son más estables que aquellas acciones orientadas por
costumbres o normas, estas últimas entendidas como obligatorias (garantizadas
exteriormente, se le exige al actor que actúe conforme a ellas). Esta estabilidad
aumenta a medida que los actores proceden con mayor rigor en su actuación
racional con arreglos a fines, ya que se reducen las divergencias en sus
reacciones ante una situación dada.
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La estabilidad de la costumbre se apoya en el hecho de quien no orienta su
acción con respecto a ella se enfrenta a lo sumo con incomodidades e
inconveniencias por ser su conducta "inapropiada".
La estabilidad de la situación de intereses se apoya en el hecho de quien no
orienta su conducta con respecto a los intereses ajenos "no cuenta" con ellos, lo
que acarrea consecuencias no previstas ni deseadas por él, poniendo en
peligros sus propios intereses.
La comparación entre la estabilidad de ambos usos se encuentra en estrecha
relación con la noción de validez.
Se destaca como un elemento esencial de la racionalización (instrumental) de la
conducta la sustitución de la íntima sumisión a las costumbres y normas, que se
cristaliza en la adaptación planeada a una situación objetiva de intereses.
La racionalización con arreglo a fines (instrumental) avanza en detrimento de las
acciones afectivas y de la racionalización con arreglo a valores (valorativa)
Bibliografía:
Azuara Pérez Leandro, (2006). Sociología, México, Porrúa, pp. 48 – 50
Sitio de apoyo:
Acción y relación social, Extraído el 07 de noviembre de 2009 desde:
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Relación Social y Conflicto, Extraído el 07 de noviembre de 2009 desde:
http://conflictologia.com.ar/blog/?p=7
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